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1 Dulzura y domini La humanidad a imagen de Dios eUna reflexién teolégica a propésito del medio ambiente? Estar al corriente de las actuales cuestiones ecolégicas nos pue- de llevar a comprender, en cierta medida, sus causas; sohre todo si se considera que el poder efectivo est en manos de potencias financieras que parecen no ser sensibles mds que a sus propios in- tereses, o al menos al interés del sistema que las enriquece. Es justo esta situacion la que requiere urgentemente la movili- zacién de todas las fuerzas vivas de la humanidad para cuestionar e Intentar modificar conjuntamente las politicas econémicas y las practicas concretas que generan, en todos los lugares, tantas in- (GeptiaesiibobTERes; es! como cuestionar y denuncar a quienes izan 0 mantienen focos de guerra y a quienes atentan cada vez ‘con mayor gravedad contra la casa comtin de la humanidad?, Los cristianos no podemos permanecer indiferentes a este gra- ve desefio, Pues el problema ecolégico es un asunto que concierne Un vinculo intrinseco une la justica, fa paz y la salvaguardlia de ta natu- ‘aleza, como lo sostiene et tema del proceso coneilar desarrallado en Bailes (1989) y en Sed (1990). Véanse al respecto las observaciones de 1M. AUseRr, ‘Justice-Pabx-Création». 27 | i (GitedeBISSEEESRUMENCD, Es, pues, nuestra responsabilidad in- formarnos, tratar de comprenderlo, inventar, en didlogo con los demas, acciones apropiadas al respecto y luchar juntos para pro- mover una politica y una ética nuevas. Para realizar todo este esfuerzo, no es necesario creer en Dios, ni profesar una determinada confesi6n de fe. La Interpelacién afec- ta directamente a nuestra condicién humana te cristiano, fa inter a Por ese mismo hecho, ella, Por eso es pertinente uularmente con otros cristianos, pare ve eo discurso creyente la luc ‘Sin embargo, hay algo que nunca se debe obviar. Esta busque- da comtin de los cristianos es siempre susceptible, al menos en ‘Occidente, de un efecto perverso: el de poner en peligro la solida- ridad en la lucha con quienes no comparten ia misma opcién de fe. Ya sea porque los cristianos, preocupados por la especificidad, ge- neren sus propios medios de lucha que otros veran como compe- titives; o ya sea porque lus 110 Cristianos leinan que Sus esfuerzos sean aglutinados en el interior de un discurso religioso que les pri- ve de su diferencia. Para mi, esto tiene dos consecuencias: por una parte, el discur- 's0 teoldgico debe permanecer en un segundo plano con relacién a cus so Y agresivo y reductor para otros. Releer los relatos biblicos de la creacion Después de haber presentado brevemente el discurso teolégico a propésito de la cuestién ecolégica, lo que importa ahora es pre- cisar el enfoque de! tema. Elaboraré mi reflexién a partir de los textos biblicos que evocan la creacién, No se trata, claro esta, de 28 ls iilspensable Sellatidad con todos ls hombres y mujeres de buena voluntad; y por otra, el lenguaje creyente debe tener en b los problemas de hoy’ 9. Se trata més bien de provocar nuestra reflexion cetogando TSS TSVARESUUEUDYSORTIED ‘Biblia’ Se trata de alguna manera de liberar nuestra provia pa~ fe al ponemos a la sstimonio de esa gente Esta tarea es importante, tanto més cuanto que, histéricamen- te, cer la creacién no sé: lo ha tenido efectos positivos. Al situar al ser humano en el centro del esta lec- tura ido, cuyas Por otro lado, la fe crstiana en un Doser en fo resuecen he ‘lerivado 8 menudo sutiente hacia un optimismo que postula que toda las ue RIREMGRE todas as manera, 0 también ha podido producir cierta indiferencia ante los problemas quan Pero éestamos tan seguros de que todo aca~ bard bien? éComo no plantear, al menos, la pregunta sobre Ausch- witz, 0 sobre los estragos actuales del hambre? Voy, pues, a leer la Biblia, a releer esos . Para ver si hablan de! dominio absoluto de! ser humano sobre el ® Por una parte, al confesar a Dios como Creader y Seftor del universo, el relato del Génesis desacraliza el mundo. Si el sol, las flores, los &rboles o los as {ros son divinizados en una cultura sacral que decimos primiiva, ya no pueden serlo cuando se afirma que un Dios tic crea todo. El universo es cosa profa= fa. Por otra parte, el Génesis sitia al ser humano en el centro del universo y 19 hace, creado a imagen de Dios, el sefior de la tierra entera, Como dice R. Bert- houzoz: Dios he ordenado, explictamente, todo el universo para el provecho y la dominacién del hombre. En «Pour une éthique de environnement», 72. E- ta doble idea ha abierto ampllamente las puertas al dominio técnico-cientifico {que considera la naturaleza como un objeto de experimentacion y de transfor- ‘macién por el ser humano. Se pueden ver, a este propésto las reflexiones de 3. Dosé, «Lthomme devant dans, contre, avec la nature». A'veces, la interpre~ ‘acién de Génesis 1 ha contribuido a defender el esfuerzo cientitico y técnica Contra reacciones oscurantistas, pero No por eso es responsable de los excesos. ela pretenida eivlzacian técrico-cientfica liberal, como lo afirma L. Wee en ‘The Historical Roots of Our Ecolagic Crisis»; han podido interverir otros fac ‘ores. Pero serla igualmente demasiado facil salir sin mas del atoladero (véa~ se R. Beersouzoz, «Pour une éthique de l'environnement», 71-75), 29 Uuniverso®, La interpretacién que propongo es de mi propia cose- cha, y la considero bien fundamentada porque se apoya en un anilisis atento y riguroso de los textos*. No pretendo absolutizar una interpretacién basada en la situacidn, Es, en suma, el fruto de ‘i eilogo de exegeta y de teélogo con dichos relatos blicos. Los tres primeros capi é miticos sobre la creacién. egun la hipétesis clésica, el primero data del siglo VI.a.C., mientras que el segundo es varios siglos anterior, ‘0 quizés menos*. Mi interpretacién no tiene pretensiones cientificas, es més bien de naturaleza filos6fica, Se t damental El pensar prese en ele se nutre dela experience del POCOSNUGMEMOD ‘experiencia d jonde Israel descubre a su Dios cor j; experiencia de la alianza, que e Dios quiere entrar en relacién con miras a una di- J , donde resplan- . En los relatos miticos del comienzo del Génesis, esos descubrimientos sobre Dios estén como proyec- 3 Muchos afirman que es preciso leer de otra manerg el primer capftulo del Génesis (véase p. e). G. Fourez, «La Genese: un appel a veller sur la terre>), ero pocos lo demusstran. R. Berthouzo2 lo ergumenta a partir de le concep” in del poder real en Israel: su propésito es pertinente, pero no se funda- menta sabre dicho text, R. Bexmcuzce, «Pour une éthigue de Fenvrenne- * Mi reflexién se inspira en la interpretacion de P. Beaucian, «Au com- ‘meneement Dieu parte ou les sept jours de Ia création», y «Création et fonda- tion de a Loi en Gn 1, 1-2, da». > Esto se discute hoy. Véase p. e}, M. Verwente, «Genesis 1, 1-2, 4a. The Compositional Texture of the Priestly Overture to the Pentateuch>, 55-64. 30 La humanidad a imagen de Dios: éDuefia de la tierra? En Génesis 1) 1-2, 42 el rel la creacién del universo cul- mina con fa ‘cresdén de a humenided (202m), que el Creador po- ne en situacién de dominio: Dios les bendice y Dios les dice: Creced, muitipicaos, lend ia tierra y sometedia; dominad tos peces del mar, las aves del celo y todos los animales que se mueven sobre fa tierra (1, 28, véase también 1, 26). En este relato, la ma@StfaldelDI0s? al final de los seis dias de creacién y ultima obra divina. En el Salmo 8, el salmista exclama: Lo hiciste poco menos que un dios, Jo has coronado de gtoria y honor, le has dado ef mando sobre fas obras de tus manos; todo lo has sometido bajo sus pies (8, 6-7). Sin embargo, en Génesis 2, 4b-3, 24 la imagen es un poco di- ferente. El hombre, var6n, es creado en primer lugar, en un de- sierto; después, todo lo demas se crea para eSSSaaGEENEES A partir de relatos como éste, se dice ~y es ciertamente per- tinente sefialar- que por su dominio sobre el universo el ser hu- mano es imagen de Dios. Ast, algunos exégetas afirman que por esta dominacién (sobre lo creado y sobre los animales) ef ser humano es imagen de Dios: es el rey de los animales y del mundo terrestre, de la misma manera que Dios reina sobre el cosmos entero. Esta es, pues, su vocacién, en la que encuentra su cumplimiento: ompaeyecry’ que estos textos dan al ser humano un lugai Sobre la tierra, es nada menos que el Si no participa en el mun- do de arriba, (..) El hombre se re- 31