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Stanislav Grof Charles Tart Willis Harman Kenneth Ring David Fontana Ravi Ravindra Anne Baring Michael Grosso Peter Fenwick Mark Woodhouse y otros Edicién a cargo de David Lorimer K airos = La conciencia es el tema de vanguardia en los circulos cien- tificos. Con los avances mas recientes en el estudio del cerebro, las cuestiones relacionadas con la mente y la conciencia han ad- quirido inmensa importancia tanto para los cientificos como para los tedricos. {Es posible que sdlo seamos “un montén de neuronas” que revelardn su secreto en el laboratorio? 0 jser4 que nuestra mente y nuestra conciencia de nosotros mismos radica en una dimensi6n que esta mas alla de la investigacién material? Ademas, {c6mo justificar los fenémenos “parapsi- coldégicos” en los que la conciencia parece desafiar los limites del tiempo y del espacio? Las contribuciones mas recientes a tan fascinante tema se debaten en Mas alld del cerebro, mostrando que ha Ilegado la hora de un replanteamiento radical de nuestras teorfas y méto- dos para investigar la mente humana. David Lorimer es el antiguo director de la Red Cientifica y Médica, un grupo internacional de académicos y profesionales dedicados a una exploracién abierta de los limites de la ciencia. Ha sido el responsable de la edicién de El espiritu de la cien- cia, publicado también por Kairés. BN: 84- 7245- Ist 549-1 MAS ALLA DEL CEREBRO La expansion de la conciencia Edicion a cargo de David Lorimer Traduccion del inglés de Vicente Merlo editorial airds Numancia, 117-121 08029 Barcelona www.editorialkairos.com Titulo original: THINKING BEYOND THE BRAIN © 2001 Scientific and Medical Network, and Floris Book. © de la edicién espafiola: 2003 by Editorial Kairés, S.A. Primera edicién: Mayo 2003 LS.B.N.: 84-7245-549-1 Depésito legal: B-22.888/2003 : Fotocomposicién: Grafime. Mallorca 1. 08014 Barcelona Impresi6n y encuadernacién: Romanya-Valls. Verdaguer, 1. 08786 Capellades Todos los derechos reservados. No est4 permitida la reproduccién total ni parcial de este libro, ni la recopilaci6n en un sistema informatio, ni la transmisin por medios electrénicos, mecénicos, por fotocopias, por registro 0 por otros métodos, salvo de breves extractos a efectos de reseffa, sin la autorizacién previa y por escrito del editor o el propietario del copyright. SUMARIO IntroducciOn 2... 6... cece cece neces David Lorimer LA NECESIDAD DE UNA NUEVA CIENCIA DE LA CONCIENCIA .......... 50000 eee e eee Hacia una ciencia de la conciencia: ,Necesitamos una nueva epistemologia? ..............00ee ee Willis Harman El cerebro, la mente y mas alla de ellos ......... Peter Fenwick CONCIENCIA Y PARAPSICOLOGIA .......... La visién mental: la visién sin ojos en los ciegos .... Kenneth Ring Estados alterados mediante la meditacién y los SUCTIOS 26... cee eee cette David Fontana Investigaci6n Psi y Psicologia transpersonal: algunos puntos de apoyo mutuo ............... Michael Grosso ..29 FRONTERAS EN LA CONCIENCIA Y EN LASANACION .. Tluminaci6n y oscurecimiento Charles T. Tart Estados no-ordinarios de conciencia: potencial sanador y heuristico .............0.006 167 Stanislav Grof Implicaciones cientificas de la medicina alternativa y complementaria ...............006 195 Marilyn Schlitz y Willis Harman La presencia de otros mundos en psicoterapia YCurACION 2... cece eee eee 215 Roger J. Woolger HACIA PERSPECTIVAS MAS AMPLIAS ACERCA DE LA CONCIENCIA ............6005 251 La conciencia y el monismo de la energia ........ 253 Mark Woodhouse La identidad individual: mas alld de la identificacién con el cuerpo .............00 000 275 Ravi Ravindra La bella durmiente: el despertar del instinto en laconciencia ......... 6 cece cece eee 293 Anne Baring Bibliografia .. 0... 6.6... cece ee eee eect e ee eee ee 325 Indice 6.0... eee cece cee cece eee nett 337 MAS ALLA DEL CEREBRO INTRODUCCION DaviD LORIMER David Lorimer fue director de la Red Cientifica y Médi- ca desde 1986 hasta el afio 2000. Actualmente es consejero de la Red y contintia editando sus revistas. Es autor de: Sur- vival? Body, Mind and Death in the Light of Psychic y de Whole in One. Es también editor: de The Circle of Sacred Dance-Peter Deunov's Paneurythmy; Prophet for our Times, y Gems of Love. Mas recientemente ha editado El espiritu de la ciencia |Barcelona: Kairés, 2000] y Wider Horizons. Se formé en Eton y en las Universidades de St. Andrews y Cam- bridge. Después de una temporada como ejecutivo de un banco mercantil, pasé un buen ntimero de afios ensefiando lenguas modernas y filosofia en el Winchester College. Es también jefe de Departamento del Wrekin Trust, vicepresi- dente de la Asociacié6n Internacional para el Estudio de Ex- periencias Cercanas a la Muerte (Reino Unido) y actual pre- sidente de la Sociedad de Swedenborg. Mas alld del cerebro Durante ajfios, la ciencia -dominada a mediados del siglo Xx por el conductismo- presté poca atenci6n (0 ninguna) a la conciencia. Resulta sintomatico que Peter Fenwick, que co- menz6 su investigacién neurofisiolégica hace casi cincuenta afios, no pudiese encontrar el término “conciencia” en el in- dice de ninguno de los libros de texto que consult6. Todo esto cambi6 en la década de 1990, la década del cerebro. Se hicieron numerosos avances en neuroimagen, pero el proble- ma central, que consistié en la exacta relacién entre la con- ciencia y el cerebro, permanecié sin resolver. Comenzaron a aparecer libros populares, algunos con titulos audaces, como el de Daniel Dennett, La conciencia explicada (alguien apunté con acierto que mds que explicada habia sido elimi- nada), se fundé el Journal of Consciousness Studies, y por todo el mundo se sucedieron conferencias sobre la concien- cia. La mayoria de estos encuentros dedicaban poco espacio al tipo de problemas humanos que aborda este libro, el cual cuestiona la premisa de la mayor parte de la ciencia y de la psicologia moderna: que la conciencia se basa completamen- te en el cerebro y que no puede existir aparte de él. Un grupo de personas creyeron que habia que hacer algo para compen- sar la ortodoxia dominante. Considerando esto, en el encuentro anual del Instituto de Ciencias Noéticas en Chicago, en 1993, se pensé en realizar una serie de conferencias sobre “Mas alld del cerebro” (titulo del libro de S. Grof Beyond de Brain [Psicologia transperso- nal: Kairés}). Conversaciones con Willis Harman, presidente del Instituto, y Marilyn Schlitz, directora de investigacién, junto con Barbara Hancock, de la Lifebridge Foundation, y Bob Lehman, del Fetzer Institute, dieron como resultado un plan para agosto de 1995, que consistid en celebrar juntos un congreso en el St. John College, Cambridge. Este primer en- cuentro estuvo precedido por un simposio de un dia que ana- liz6 el articulo de Willis Harman (que puede leerse en este 10 Introduccién volumen) y alrededor de veinte comentarios escritos acerca de éste. Al congreso, subtitulado “Nuevas vias en la investi- gaciOn sobre la conciencia”, asistieron unas trescientas per- sonas. E] segundo congreso, celebrado en 1997, se centré en “Fronteras en la conciencia y en la curacién”, mientras que el encuentro de 1999 examin6 la cuestién “{Se extiende la iden- tidad individual mas all4 del nacimiento y la muerte?”. Un cuarto encuentro, en agosto de 2001, se centra en “Perspecti- vas cientificas y espirituales acerca de la meditacién”. Enfoques sobre la conciencia Repasando los anales de los Congresos de misticos y cientificos, que se hallan en su vigésimo cuarto aiio y han sido publicados como El espiritu de la ciencia, un volumen similar a éste, descubrimos que el encuentro de 1980 se titu- 16 “Una ciencia de la conciencia”, en un momento en el que estas palabras ni siquiera se ofan juntas. Sin embargo, tanto la Scientific and Medical Network como el Institute of Noe- tic Sciences se fundaron en 1973. Y la “Unidad de investiga- cién de la experiencia religiosa” fue establecida en Oxford en 1969 por el zodlogo sir Alister Hardy. El centro guarda en sus archivos unos cinco mil casos de experiencias espiritua- les y religiosas. Hardy se hallaba poderosamente influido por William Ja- mes, cuya obra cldsica Las Variedades de la experiencia re- ligiosa procede de 1903 y contiene el texto de sus Conferen- cias Gifford, pronunciadas en la Universidad de Edimburgo en 1901-1902 (hace mds de cien afios). William James era al mismo tiempo filésofo, psicélogo e investigador psiquico, y acufié el término “empirismo radical”, significando que la ciencia deberia tener en cuenta todo el espectro de la expe- riencia humana. Un libro reciente de Eugene Taylor —William i Mas alld del cerebro James on Consciousness Beyond the Margin— muestra c6mo James fue olvidando el modo experimental de psicologia im- portado de Alemania. Después de su muerte, Harvard recha- z6 una dotaci6n para una ctedra de investigacidn psiquica, y la psicologia se embarcé en su agenda conductista, respecto a lo cual puede decirse que supuso un retroceso de décadas en el estudio de la conciencia. Los conductistas levaron la perspectiva de tercera persona a su conclusién légica (y au- tocontradictoria) declarando que la conciencia no existia. Pa- recfa escaparseles que tenfan que ser conscientes para poder realizar tal afirmacion. Es en la década de 1990 cuando se re- toman los hilos que James se hallaba tejiendo cien afios an- tes. James era consciente, al igual que lo era Edwin Burtt en su obra cldsica de 1924 Fundamentos metafisicos de la cien- cia moderna, de que toda la ciencia se hallaba sostenida por un sistema metafisico, lo reconociera 0 no: «las articulacio- nes de tales presupuestos metafisicos chirrfan a cada paso». Burtt afirma que los presupuestos de Newton, desgajados de su deismo y reducidos a un materialismo mecanicista, se transmitieron de manera implicita e inconsciente durante ge- neraciones de cientificos. Entre quienes se hallan centrados en los estudios sobre la conciencia hay dos orientaciones principales: aquellos que siguen el método occidental tradicional que consiste en mirar de fuera hacia adentro como observadores desapegados (la perspectiva de tercera persona), y aquellos interesados en ex- plorar la naturaleza de su propia conciencia. Las tradiciones meditativas orientales se encuentran en esta ultima categoria, pero —como indica Ravi Ravindra— el yoga posee su propia forma de objetividad a través de una rigurosa auto-observa- cién y entrenamiento de la mente. Ken Wilber y Willis Har- man han escrito también elocuentemente sobre la necesidad de una transformacién del conocedor. Escritores como Har- man, Ravindra y Wilber son los pioneros de una emergente 12 Introduccién ciencia del espiritu. El primer grupo se centra en el experi- mento, mientras que el ultimo lo hace en la experiencia. Como Wilber ha defendido en varias ocasiones, una ciencia de la conciencia integral o mds adecuada requiere un espec- tro de disciplinas o enfoques complementarios. Otra distincién radical en el enfoque, igualmente relacio- nada con las perspectivas de primera y de tercera persona, puede trazarse entre aquellos que aceptan que la conciencia depende por completo de los procesos cerebrales, y aquellos que mantienen que la conciencia puede en algtin sentido existir «mas alld del cerebro». En su conferencia Ingersoll sobre la inmortalidad, en la que desarrolla las ideas de R.C.S. Schiller, William James distingue entre las teorfas para las cuales la conciencia es producida por procesos cerebrales, y las que establecen que la conciencia es, de algtin modo, fil- trada por o transmitida a través del cerebro. Las teorias del primer grupo, a las que podemos Ilamar “productivas”, con- ducen inexorablemente a la prediccién de que la conciencia se extingue con la muerte del cuerpo, mientras que las del otro grupo, 0 teorias “transmisoras”, dejan abierta la posibi- lidad de que un aspecto del yo pueda sobrevivir a la muerte del cerebro. Las teorfas “productivas” necesariamente consi- deran que los procesos cerebrales causan las experiencias conscientes, mientras que las “transmisoras” insisten en que esta aparente causacién puede que no represente, en realidad, sino una correlacién entre los procesos cerebrales y la expe- riencia subjetiva consciente. La mayoria de los filésofos y cientificos famosos y mas influyentes, como Francis Crick y Daniel Dennett, simplemente dan por supuesto que no so- mos «mds que un paquete de neuronas», pero sélo pueden mantener esta afirmaci6n ignorando la evidencia de la parap- sicologia y la experiencia mistica profunda que se presenta en este volumen. Dualistas como sir John Eccles y sir Karl Pop- per son ejemplares raros y extrafios a la moda. 13 Mas alld del cerebro Constituye un rasgo curioso de la ciencia y la medicina modernas que sus defensores estén interesados en la experien- cia normal y en las condiciones anormales (0 subnormales), pero ignoren de manera deliberada las experiencias paranor- males o supranormales (“experiencias humanas excepciona- les” o EHE) que podrian ampliar su comprension y situarla en un contexto m4s amplio. Willis Harman pone el dedo sobre las razones metafisicas que subyacen a este rechazo 0 esta ne- gaciOn. Si uno se siente participe de una filosofia materialista, basada en el cerebro, que excluye la posibilidad de experien- cias paranormales, entonces es muy reacio a aceptar el reto que estas experiencias lanzan abiertamente a la visién estable- cida. Las implicaciones de esta exclusion, de cara a la investi- gaci6n, son analizadas con gran firmeza por el investigador de Estonia, Undo Uus, en su libro Blindness of Modern Science. Si se basa la propia investigacion en la premisa de que la con- ciencia es un subproducto de los procesos cerebrales, las res- puestas dadas por el investigador es muy probable que refle- jen el punto de partida adoptado; muchas cuestiones interesantes permanecen sin examinar e incluso resulta dificil convencer a los comités de ética del cardcter practico de la in- vestigacién sobre ECM (experiencias cercanas a la muerte) que trata de poner a prueba la hipotesis de que los experimen- tadores pueden tener experiencias extra-corp6reas mientras se hallan inconscientes. La experiencia cercana a la muerte ofrece un fascinante estudio de las actitudes hacia la naturaleza de la conciencia. Los enfoques neuro-fisiol6gicos convencionales enfatizan factores como la anoxia cerebral (disminucién del oxigeno que llega al cerebro), hipercarbia (exceso de CO: en el cere- bro) y el efecto neuroquimico de las drogas. Presuponen que estos factores son causales y los combinan, si hace falta, con la afirmaci6n de que toda experiencia visual es una alucina- cién. Las experiencias extra-corpéreas (EEC) veridicas, 14 Introduccion como las analiza en este volumen Kenneth Ring, constituyen los fenémenos mas interesantes dado que la impresién subje- tiva resulta verificada en tales casos por una tercera persona, de modo que las percepciones del experimentador se ven obligadas a ser mds 0 menos adecuadas. Es dificil —si no im- posible— dar cuenta de esto mediante las teorfas convencio- nales de la percepcién visual, aunque se han hecho intentos, como el de Susan Blackmore en su libro Dying to live. La fuerza de la obra de Kenneth Ring radica en que considera experiencias aparentemente visuales del ciego y aplica a to- dos los casos una teoria de la “visién mental”. Como sefiala Peter Fenwick en su articulo, las experien- cias cercanas a la muerte se convierten en profundas expe- riencias misticas en las que el experimentador llega a un co- nocimiento —o gnosis— que conduce mas alld de la division ente sujeto y objeto, conocedor y conocido. Quien tiene la experiencia encuentra un ser de luz que emana también amor, paz y gozo, informando que la experiencia es mas —no menos— real que la realidad ordinaria. Por ello no necesitan, posteriormente, ser convencidos de la existencia indepen- diente de una dimensién espiritual, o de que su esencia so- brevive a la muerte; lo saben por experiencia directa. Este tipo de afirmacién deja al investigador-en-tercera-persona en una posicién-limbo, pues no le queda més que su razén y los informes subjetivos. E] mismo no ha sido iniciado. Vale la pena recordar que el propésito fundamental de la iniciacién en toda tradicién mistérica era una experiencia de muerte y renacimiento, de tal manera que el iniciado conocia su in- trinseca inmortalidad por experiencia directa, sin tener que hacerlo por fe. El investigador-en-tercera-persona s6lo pue- de llegar hasta aquf; si quiere adquirir un auto-conocimiento mas profundo, tiene que sufrir una transformacién espiritual por la cual adquiere el tipo de conocimiento que sélo puede derivarse de la experiencia interna. Mas alld del cerebro La necesidad de una nueva ciencia de la conciencia Este volumen se divide en cuatro partes: a) La necesidad de una nueva ciencia de la conciencia, b) La conciencia y la parapsicologia, c) Fronteras en la conciencia y en la cura- cién, y d) Una perspectiva mds amplia de la conciencia. Co- mienza con la pregunta de Willis Harman al simposio de Cambridge en 1995: {se necesita una nueva epistemologia cientifica para progresar en la investigacién de la concien- cia? La pregunta es mas bien filoséfica que cientifica, y los cientificos pueden estar tentados a ignorarlo con la idea de que (como Harman solia decir) «la filosofia de la ciencia in- teresa tanto a los cientificos como la ornitologia a los paja- Tos». Las respuestas que se ofrecen aqui, no sdlo consideran que la cuesti6n es fundamental, sino que ademis la contestan de manera afirmativa, como el propio Harman hace. El enumera una serie de rasgos subjetivos de la conciencia que necesitan recibir atencién: la intencionalidad, la aten- cién, la memoria, la creatividad, la subjetividad y la sincroni- cidad. A partir de ahi se pregunta: «jqué tipo de epistemolo- gia, de marcos conceptuales y de metdforas organizadoras pueden emplearse para ayudarnos a entender las miiltiples fa- cetas y dimensiones de la conciencia consideradas simultd- neamente?». Nos insta, con toda razén, a tener en cuenta los efectos de los procesos inconscientes sobre nuestro pensa- miento, pues puede ser «un factor potencialmente fundamen- tal en la construccién de la forma particular de ciencia de cualquier sociedad». E] niicleo de su discurso es que la cues- tién epistemoldégica constituye el meollo central y decisivo en la investigacién sobre la conciencia. Puesto que no pode- mos estar de acuerdo sobre los enfoques epistemoldégicos fundamentales, es poco probable que logremos un consenso sobre la naturaleza de cualquiera de los rasgos subjetivos de la conciencia antes mencionados. E] mismo propone una 16 Introduccién «metafora de la conciencia», sugiriendo que esto «nos permi- tiria obtener una visién mas clara desde una perspectiva ven- tajosa similar al idealismo filos6fico, sin tener que compro- meterse con una posicién ontolégica que insiste en que la conciencia es la realidad ultima». Sigue proponiendo unas cuantas caracteristicas de una nueva epistemologia para el es- tudio de la conciencia, las cuales son adoptadas por otros au- tores antes de ocuparse de las cuestiones ontoldégicas plantea- das por la investigacién sobre la conciencia. Aqui saca a colaci6n la cuestién mas profunda concerniente a la naturale- za de la realidad como la considera la filosofia perenne y la transmite Ken Wilber en uno de sus ensayos. Hay una impor- tante correspondencia entre la epistemologia (cémo conoce- mos) y la ontologia (lo que puede ser conocido): una episte- mologia participativa mds amplia y profunda abre nuestras facultades innatas para revelar mundos sutiles detras de las apariencias. Peter Fenwick reclama una nueva ciencia de las llamadas cualidades secundarias. Celebra los avances en la elabora- cién de imagenes del cerebro, lo cual ha permitido aumentar considerablemente los detalles de nuestro conocimiento de las funciones cerebrales, pero afirma que esto deja a la con- ciencia fuera del cuadro y, por tanto, resulta incompleto. Ras- trea el enfoque mecanicista hasta Galileo y Descartes, dando como resultado el desarrollo de lo que Ilama una «ciencia de las cualidades primarias». La principal dificultad con la ac- tual teoria de la identidad mente-cerebro es que «no ofrece ninguna explicacién de la conciencia, cuando en realidad constituye la base misma de nuestra percepcién del mundo y de nuestra formulacién de la ciencia». Un ulterior problema es que tal visién materialista y determinista impide cualquier noci6n coherente de libertad (una consideracién que tiene implicaciones importantes para el Derecho, dado que se basa en la nocién de responsabilidad moral individual). Mas alld del cerebro Fenwick contintia esbozando la teorfa de la «causalidad descendente», defendida por el premio Nobel Roger Sperry como modo de rescatar esta situacién, y sefiala cudntas de nuestras respuestas a las situaciones dependen del significado que les damos subjetivamente. Su propia investigacién sobre experiencias cercanas a la muerte le ha convencido de que quienes las experimentan entran en contacto realmente con una estructura mas profunda del universo que se halla susten- tada por el amor y la luz, de tal modo que una nueva teoria unificada de la conciencia tiene que encontrar algtin modo de tener en cuenta estas intuiciones. El mantiene que tal teorfa deberd tener tres componentes: «un papel detallado de los mecanismos cerebrales, una explicacién de la accién de la mente fuera del cerebro y una explicacién de la libre volun- tad, el significado y el propésito. Tendra también que ofrecer una explicacién de los estados mentales mds amplios, inclu- yendo las experiencias misticas y las experiencias cercanas a la muerte». La conciencia y la parapsicologia He mencionado ya la obra de Kenneth Ring anteriormen- te, al comentar las experiencias extra-corporeas. Ring es uno de los investigadores de experiencias cercanas a la muerte mejor informado y mas cuidadoso, cuyo libro Lessons from the Light sintetiza lo que ha aprendido en veinte afios de in- vestigacion. En su capitulo asume un reto particular, a saber: la cuestion de si los ciegos que gozan de experiencias cerca- nas a la muerte ven algo, y si la calidad de la experiencia se asemeja a la de aquellos sujetos que si ven. Al contestar de manera afirmativa ambas preguntas tiene mucho cuidado en explicitar el significado de “ver”. Se pregunta si existe «otro tipo de conciencia que entra en juego cuando, sea uno ciego 18 Introduccion ono, un individuo accede a un estado de conciencia en el que el sistema sensorial no resulta ya funcional». Su teoria de la “visi6n mental” me parece de lo mds fértil y es coherente con los informes de los misticos y visionarios de todas las épocas: somos seres multidimensionales que caemos en las redes de maya si tomamos el mundo fisico como Ia tinica realidad en la David Fontana aporta una gran familiaridad con las tradi- ciones espirituales orientales, asi como una amplia experien- cia practica, a su andlisis de los estados alterados en los sue- fios y en la meditacién. Introduce una serie de métodos de exploraci6n interior: la indagaci6n, la toma de conciencia, la meditacién y el yoga del suefio. Al igual que Charles Tart, Fontana hace hincapié en la no-separatividad de la vida, re- cordandonos que es éste el verdadero significado del término budista anatta, generalmente traducido como no-yo y asocia- do con la auto-aniquilacion. Es un estado mas alla de la sepa- ratividad, de modo que «cuando surgen los opuestos, se pier- de la mente-de-Buda». Las prdcticas que introduce no se dirigen a un discursivo saber-acerca-de, sino a la cognicién directa del conocimiento 0, de modo més preciso, del auto- conocimiento délfico. Michael Grosso plantea el tema de la relaci6n entre la pa- rapsicologia y la psicologia transpersonal. Comienza con la cuestidn de la supervivencia, explicando por qué la conside- ra importante, introduciendo observaciones sobre la espiri- tualidad y la comprensién de la naturaleza de la realidad. Lleva a cabo una valoracién de los puntos fuertes y de las debilidades de la evidencia que existe acerca de la supervi- vencia. Dado el interés de este campo, considera sorprenden- te el que la investigacién reciente no haya causado mas re- vuelo, y se pregunta por nuevos caminos posibles para avanzar en este campo. En este punto introduce la psicologia transpersonal, centrandose en tres aspectos de las experien- 19 Mas alld del cerebro cias cercanas a la muerte: las experiencias extra-corporeas, el encuentro con familiares fallecidos y, finalmente, la expe- riencia de la luz. Aqui, la clave esta en el reconocimiento ex- periencial de que el yo es algo mas que la personalidad super- ficial y de que su naturaleza profunda se halla intimamente relacionada con la luz. Ademés, cada una de estas caracteris- ticas tiene un aspecto equivalente que puede ser investigado, permitiendo un cierto progreso en este campo. Todo ello con- duce a uno de los puntos centrales en Grosso, a saber: que la parapsicologia «justifica la creencia de que habitamos un uni- verso en el cual hay una base para experiencias transpersona- les», e invita a una convergencia creativa de intuiciones pro- cedentes de ambos campos. Fronteras en la conciencia y en la curacion El texto de Charles Tart conserva el caracter informal de su presentaci6n oral, ampliamente considerado como el mo- mento culminante del congreso de 1995. Acufia el término «oscurecimiento» para caracterizar el hecho de que la psico- logia moderna parece saber mds de los obstdculos para la ilu- minaci6n que de la propia iluminacién. Asi como Peter Fen- wick buscé en vano la palabra “conciencia” en los manuales de los afios cincuenta, Charles Tart descubrié una ausencia similar al buscar el término “iluminacién” en los manuales contempordneos de psicologia. A partir de ahi, nos ofrece un caso clasico de experiencia de iluminacién (comparado mds tarde con la célebre experiencia de Richard Maurice Bucke), exponiendo muchos detalles interesantes antes de pasar a sus presupuestos acerca de la conciencia y la iluminacién: que la conciencia cotidiana es una subserie de todas las posibilida- des y constituye un estado relativamente reducido e incluso distorsionado (veremos que Ravi Ravindra coincide con esta 20 Introduccion afirmacién). Desde esta perspectiva, estamos atrapados en lo que él llama realidad virtual bio-psiquica, que el Buda consi- deraria equivalente a samsara, todo ello causa de sufrimien- to. Si el sentido de separacién se relaciona con el sufrimiento, entonces un paso en direcci6n hacia la iluminacién es un paso hacia la totalidad, la apertura, la compasién y la humildad. Esto puede lograrse a través de disciplinas meditativas, que el mismo Tart practica. Ello exige participacién mds que des- apego, produciendo un cambio gradual en la cualidad de la conciencia y, por tanto, de la vida; esto deberia, ciertamente, interesar a la psicologia. Stanislav Grof ofrece una importante sintesis de su traba- jo con estados no-ordinarios de conciencia durante un perio- do de cuarenta afios. Junto con Charles Tart, fue uno de los pioneros modernos de la psicologia transpersonal, siguiendo los pasos de Carl G. Jung y Abraham Maslow. Grof acuiié el término «holotrépico» para estados «orientados hacia la to- talidad». Rastrea tales estados a lo largo de la historia huma- na, especialmente a través de las tradiciones chamanicas, y esboza su historia en relacién con la psiquiatria. Aduce que: «si estudiamos sistematicamente las experiencias y observa- ciones asociadas con los estados no ordinarios de conciencia (ENOC) 0, mas especificamente, con estados holotrépicos, esto nos lleva inevitablemente a una revisi6n radical de nues- tras ideas fundamentales sobre la conciencia y la psique hu- mana, y a una psiquiatria, una psicologia y una psicoterapia completamente nuevas». Esto implica una nueva cartografia de la conciencia (y ciertamente de la realidad), una compren- sién mds amplia de la sanacién y de la psicopatologia, un modelo ampliado de psicoterapia y una revisi6n del papel de la espiritualidad en la vida. A continuacién, su texto se cen- tra en una de las areas principales de su trabajo: lo transper- sonal. Su conclusién —desde mi punto de vista, correcta— es que «las observaciones procedentes de la investigacién de 21 Mas alld del cerebro los ENOC representan un serio reto a la psiquiatria y la psi- cologia y exigen una revisi6n radical de nuestra manera de pensar en esas areas». El reto, como él lo contempla, no con- siste en reaccionar con desdén, sino en dar la bienvenida a las nuevas oportunidades ofrecidas por tales ideas, en el espiritu de la verdadera ciencia: «entusiasmo y un gran interés en ta- les anomalias, unido a un saludable escepticismo critico». Como resultado, afirma: «se mostrar4 con claridad también que la ciencia materialista tiene una imagen incompleta e in- adecuada de la realidad y que sus ideas sobre la naturaleza de la conciencia y la relaci6n entre la conciencia y la materia (especialmente, el cerebro) tienen que ser revisadas de ma- nera radical». Grof ofrece evidencia més que suficiente acer- ca de la necesidad de tal revisién. EI siguiente capitulo, de Marylin Schlitz y Willis Harman, muestra cémo la ciencia biomédica moderna se sostiene so- bre los mismos presupuestos metafisicos y epistemolégicos que la ciencia moderna en general. En estas consideraciones, aplicadas a la medicina, resulta central la eficacia causal de la conciencia: ,es s6lo un sub-producto epifenoménico de los procesos cerebrales, o puede intervenir intencionalmente en el proceso terapéutico? Las investigaciones sobre el efecto placebo sugieren que puede intervenir, y de hecho lo hace: los pacientes no son simplemente receptores pasivos del tra- tamiento. Los autores consideran de manera especifica unos cuantos modelos médicos que no parecen ser compatibles con la cosmovisién cientifica estandar. Entre estos se hallan las “energias sutiles” (como el chi), la accién de la homeopa- tfa, la intencionalidad en la auto-sanacién y el diagnéstico in- tuitivo. Invitan a los lectores a tener en cuenta algunos pre- supuestos ontoldgicos alternativos y sugieren que el cuadro seria muy distinto si en lugar de la fisica fuese la biologia la que se considerase la ciencia modélica, especialmente la no- cién de “holén” expuesta por Arthur Koestler y elaborada 22 Introduccion por Wilber como subseries de holarquias. También proponen una serie diferente de presupuestos epistemoldégicos que son participativos y experienciales, junto a una metdafora deriva- da de la misma experiencia consciente. Tampoco deberiamos menospreciar, como Willis Harman sefiala en su ensayo in- troductorio, el papel y el poder del inconsciente. Los autores conffan en un cambio de todo el sistema, pero los aconteci- mientos en los cinco afios pasados, en Estados Unidos, su- gieren un proceso més gradual, una apertura constante al pa- pel de la espiritualidad en la salud y en Ja medicina que surja desde las raices. El ambicioso texto de Roger Woolger analiza «la presen- cia de multiples mundos, espirituales y visionarios, que interactdan y se interpenetran mutuamente». Tiene en cuenta desde los modelos de la conciencia como campo de energia hasta las teorfas que ven la materia como emanacién del es- piritu y propone una ontologia espiritual que considera la conciencia como lo primordialmente real. Resulta obvio que las experiencias del propio Woolger, asi como las de sus clientes, son inexplicables desde una comprensién completa- mente materialista. Esto significa que «la dimensi6n espiri- tual es distinta de (y de un orden superior a) los campos de energia a través de los cuales se manifiesta el espiritu en el mundo fisico». Ahora bien, hay dimensiones intermedias que constituyen el Ambito de lo “imaginal” (mundus imaginalis), para utilizar el término de Henri Corbin. Woolger amplia nuestra concepcién de la imaginacién hacia su verdadero significado creativo y traza paralelismos con el mismo tipo de tradiciones chamanicas a las que se referia Stan Grof. Da cita a una serie de misticos y poetas para ilustrar su tesis ({se puede despreciar a la ligera las experiencias e intuiciones de aquellos considerados los seres humanos més excelentes de su generaci6n?). Quizds no han conocido los detalles pre- cisos del mundo externo, pero estaban familiarizados con los 23 Mas alld del cerebro recovecos de las dimensiones internas, que son quizds menos cambiantes, a pesar de su dinamismo. Lo atemporal trascien- de la relatividad del tiempo. Una perspectiva mds amplia de la conciencia Mark Woodhouse nos ofrece una teoria multidimensional, denominada «monismo de la energia», en la que trata de inte- grar tanto los fenémenos de orden cientifico como los de or- den espiritual. Propone que todo procede de una fuente co- min y est4 sostenido por ella; que todo tiene un aspecto consciente y un aspecto energético; que «todos los niveles 0 dimensiones estan no s6lo interconectados, sino que también se hallan “inter-fusionados” (0 “entre-fundidos”) en una asi- metria jerarquica»; que todos los objetos y los sucesos son tanto totalidades como partes; que el «cambio hace entrar en juego el lenguaje de formas de ondas, frecuencias, entrelaza- miento de fases, series arménicas, etc., pero no se reduce a ello», y que la realidad del sentido comin ocupa los niveles inferiores del espectro. Woodhouse desarrolla los argumentos de su teoria, al mismo tiempo que critica otras teorias y res- ponde a las objeciones presentadas a la suya. Mas tarde la aplica a las experiencias extra-corpéreas, la sanacién clarivi- dente, la continuidad de la identidad y la psiconeuro-inmuno- logia. Su exposicién me parece enormemente interesante, y espero que su contribuci6n anime a los lectores a bucear en su Paradigm Wars, para una exposicién mds completa. La aportacién de Ravi Ravindra presenta una perspectiva india perenne sobre la naturaleza del yo y la identidad. Enfa- tiza la transformacién del yo limitado en un yo menos limita- do y mas integrado: «de la identificaci6n de uno mismo ex- clusivamente con el cuerpo a una més cercana a la identidad suprema de uno mismo con el todo». El centro del ser se diri- 24 Introduccion ge desde el ego hasta dios. La deseada transformacién se aso- cia con un refinamiento del yo y de los cuerpos sutiles hacia una eventual liberacién que supera la necesidad de reencar- nar. En esta concepcién estamos condenados a reencarnarnos hasta que alcanzamos la libertad de este estado sublime. La reencarnacién no es lo mismo que nacer de nuevo; nacer de nuevo, como insiste Ravindra, significa nacer de lo Alto. Tampoco ha de identificarse lo eterno con lo sempiterno, pues esto tiltimo implica extensién en el tiempo, mientras que lo eterno es una cualidad de ser que trasciende el tiempo. El mayor temor de los santos, observa Ravindra, es «el de morir sin haber sido aniquilado, sin haber muerto a su identidad egoica». Al hacer esto se produce una apertura a lo Alto y «nuestra conciencia ya no queda limitada a una pequefia apertura en el vasto espectro de la conciencia». En todo ello, Ravindra nos recuerda la primacfa de lo espiritual, no sélo so- bre lo fisico, sino también sobre lo psiquico, y al hacer esto distingue lo esencial de lo inesencial en la vida humana. La contribucién de Anne Baring parte también de su expe- riencia personal situdndola en el marco mds amplio de la evo- lucién y despertar de la conciencia, lo cual constituye un pro- ceso de exploracién y descubrimiento. Como telén de fondo de nuestro estado actual nos hace retroceder hasta mas all4 de la escision entre el hombre y la naturaleza, lo masculino y lo femenino, la mente y la materia, argumentando que tales di- visiones representan una fase necesaria en la evoluci6n de la conciencia (ilustra este ultimo punto con referencias a la Cai- da). A la pregunta “jqué hay mas alld del cerebro?” responde: «el reino perdido del alma», el cual pasa a explorar a través del cuento de hadas de La Bella Durmiente. Ve \a historia como una alegoria para nuestro tiempo, en un momento en el que necesitamos urgentemente unir el Cielo y la Tierra, la ca- beza y el corazon, el principio solar de la conciencia y la pro- funda sabiduria instintiva. Hemos perdido el alma, pero pue- 25 Mas alld del cerebro de ser recuperada a través del viaje del héroe en el curso del cual tiene que confiar en su sabiduria intuitiva para ser guia- do. El siguiente tema del que se ocupa relaciona la evolucién del cerebro con la evoluci6n de la conciencia. Sefiala cémo podemos creer que actuamos racionalmente, cuando en reali- dad somos movidos por impulsos mds arcaicos que proceden de zonas mas arcaicas del cerebro: «nuestro sistema de cre- encias, sea religioso o cientifico, asi como nuestros modos de relacionarnos como individuos y naciones, se hallan profun- damente enraizados en respuestas instintivas inconscientes que tienen su origen en fases anteriores de nuestra evolu- cién». Esto ayuda a comprender nuestras resistencias al cam- bio como un reto a nuestros sistemas de creencias existentes. El camino creativo y progresivo que nos queda pasa por la tradicién alquimica, un proceso que encarna de modo quin- taesencial la transformacion y la unién de los opuestos en una nueva integracién: «al despertar a nuestra alma, al descubrir cémo relacionarnos con ella, transformarla, sanar sus heridas y escuchar su guia, recibir sus suefios y reconocer sus visio- nes, ayudamos a que se produzca la unién entre la bella dur- miente y el principe, y eventualmente, también, ese matrimo- nio sagrado con el fundamento del ser, que constituye el glorioso destino de la raza humana». E] texto de Anne Baring es enormemente evocativo, y su visién constituye la tarea més profunda de nuestro tiempo. Es el lugar idéneo para con- cluir el libro. David LoRIMER Fife, febrero, 2001 26 LA NECESIDAD DE UNA NUEVA CIENCIA DE LA CONCIENCIA HACIA UNA CIENCIA DE LA CONCIENCIA: {NECESITAMOS UNA NUEVA EPISTEMOLOGIA? WILLIS HARMAN El profesor Willis Harman fue presidente del Instituto de Ciencias Noéticas (IONS, en inglés) desde 1977 hasta su muerte en 1997. El instituto, que co-patrociné los tres prime- ros congresos «Mas alld del cerebro», lo fundé en 1973 el as- tronauta Edgar Mitchell. Antes de su nombramiento en IONS, Harman fue un destacado cientifico social en SRI international en Menlo Park, California, donde inicié un programa de in- vestigacién para explorar el futuro nacional y global. Fue tam- bién miembro fundador de la Academia Mundial de Negocios y profesor emérito de Sistemas de Economia e Ingenieria en la Universidad de Stanford. Fue miembro de la junta directiva de la Universidad de California desde 1980 hasta 1990. Su pasién por la epistemologia de la ciencia, reflejada en el articulo que viene a continuacién, resulta evidente en su ultima obra edita- da New Metaphysical Foundations of Modern Science (1994). Entre sus otras obras se hallan: An Incomplete Guide to the Fu- ture (1979), Changing Images of Man (1982, con O.W. Mar- kley), El cambio de mentalidad: la promesa del siglo xxi (1988) y Creative Work (1990, con John Hormann). 29 La necesidad de una nueva ciencia de la conciencia El simposio en el que vamos a participar formula una pre- gunta directa e importante, para la cual esperamos una respuesta fecunda, aunque quizds no una contestacién defini- tiva: «jHace falta una nueva epistemologia cientifica para que se Ileve a cabo el deseado progreso en la investigacién sobre la conciencia?». Esto implica otras cuestiones, como la de qué significa “epistemologia cientifica” y qué queremos decir con el tér- mino “conciencia”. Qué significa “epistemologia de la ciencia”’? La epistemologia se ocupa fundamentalmente de la pre- gunta {c6mo sabemos lo que creemos que sabemos? No exis- te una unica epistemologia de la ciencia; la epistemologia de la fisica es muy diferente de la de la antropologia cultural, por ejemplo. No obstante, como la epistemologia reduccio- nista y positivista de las ciencias fisicas ha demostrado ser tan poderosa en lo que respecta a prediccién, control y gene- raci6n de tecnologias, tiende a dominar. En esta epistemo- logia dominante, la conciencia se considera epifenoménica, explicable, en ultima instancia, en términos de sus presuntas causas fisicas. El concepto «empirismo radical» de William James (1912) implica una epistemologia muy distinta. Como toda forma de empirismo, admite datos de los sentidos, pero abar- ca también el amplio espectro de las realidades internas arti- culado en el interior de la vida subjetiva de la persona. En sus Essays in radical Empiricism, James define dicho término del siguiente modo: «Para ser radical, un empirismo no debe ni admitir en sus construcciones ningtin elemento que no sea di- rectamente experimentado, ni excluir de ellas ningtin elemen- to que sea directamente experimentado. Para esta filosofia, 30 Hacia una ciencia de la conciencia:... las relaciones que conectan las experiencias deben ser ellas mismas relaciones experimentadas, y todo tipo de relacién experimentada ha de considerarse tan “real” como todo lo de- ms en el sistema (dado que sus efectos son reales)». En realidad son dos las preguntas que tenemos que plan- tearnos: {Se necesita una nueva epistemologia para conducir una investigacién cientifica sobre la conciencia? Y, de ser asi, {tiene implicaciones para las ciencias biolégicas e inclu- so fisicas? ¢Qué entendemos por “conciencia”? Entre los muchos aspectos de la conciencia que necesitan ser tratados se hallan la intencionalidad, la atencién, la sub- jetividad, la creatividad, la memoria y la sincronicidad. Intencionalidad. Algo como la intencionalidad parece ha- Harse en todos los niveles de la vida, desde los micro-orga- nismos hasta esas colonias de micro-organismos que consti- tuyen nuestros cuerpos fisicos. La ciencia dominante tiende a pensar la intencionalidad como epifenoménica, es decir, causada por los procesos fisicos y quimicos subyacentes y comprensible gracias a ellos. Por otra parte, toda nuestra ex- periencia prdctica supone la intencionalidad como una reali- dad causal. Atencion. William James definié la atencién en Princi- pios de psicologia como «la toma de posesi6n por la mente, de forma clara y vivida, a partir de un ntimero de posibles ob- jetos o trenes de pensamientos». La atenci6n selectiva es una forma particular de la intencionalidad y presenta un rompe- cabezas parecido. Memoria. Todos los organismos parecen capaces de apren- der, lo que equivale a decir que exhiben alguna forma de me- moria. Solemos suponer que la memoria representa informa- 31 La necesidad de una nueva ciencia de la conciencia cién almacenada de algtin modo en el organismo. Pero ese tipo de conceptualizacién no parece poder dar cuenta de todos los aspectos de la memoria. La memoria, al parecer, debe ser, al menos parcialmente, algo mas alla del organismo fisico, algo distinto de los estados de una red neuronal. Creatividad. Los estudios de los organismos —llevados a cabo por las ciencias naturales-, a partir de los micro-orga- nismos, nos ofrecen muchos ejemplos de lo que parece ser una conducta creativa. Para el cientifico dominante, la apa- tiencia de creatividad (como de intencionalidad), en lugar de ser un factor causal, es algo que hay que rechazar. Subjetividad (incluyendo la conciencia del yo). La cien- cia dominante ha tendido a proclamar que se ocupa de datos objetivos (de lo que es piblicamente observable). Si tenemos en cuenta que la percepci6n se halla culturalmente condicio- nada, estas presuntas diferenciaciones agudas entre lo subje- tivo y lo objetivo se vienen abajo. A pesar de que todos so- mos conscientes de la medida en que todos los aspectos de la percepcién resultan afectados por los contenidos y los proce- sos de la mente inconsciente, la validez de la epistemologia de la ciencia occidental no ha sido nunca sistemdticamente teplanteada a la luz de este hecho. Mas alla de la posibilidad de un sesgo no reconocido, yace una cuestién epistemoldégica mas profunda. Algunos in- telectuales (por ejemplo, el filésofo francés Henri Bergson) han defendido que no poseemos un tnico modo de establecer contacto con la realidad (a través de los sentidos fisicos), sino dos (siendo el otro modo de orden subjetivo, a través de la experiencia interna y la intuicién profunda). Si aceptamos eso, nos vemos conducidos a una epistemologia completa- mente diferente. Sincronicidad. Carl G. Jung introdujo el término «sincro- nicidad» para referirse a dos o mds acontecimientos, separa- dos por el tiempo o el espacio, entre los que no parece haber 32 Hacia una ciencia de la conciencia.... posibilidad de conexién fisica en ningtin sentido conocido, y que sin embargo parece que hay una conexi6n significativa entre ellos. Jung es muy claro sobre el hecho de que dicha significatividad no ha de interpretarse como un sentimiento meramente subjetivo. La sincronicidad —insiste— «postula un significado que existe a priori en relaci6n a la conciencia hu- mana y existe obviamente fuera del ser humano». Eleccién de estrategia. Podria parecer una estrategia ra- zonable centrarse en los aspectos mds simples y mds asequi- bles de la conciencia, avanzando hacia los aspectos més complejos o recdnditos a medida que se va progresando paso a paso. No obstante, existe una estrategia alternativa que tie- ne mas de un precedente en la historia de la ciencia. Recor- demos el origen de la hip6tesis evolucionista. A mediados del siglo x1x habia mucho que aprender del estudio indepen- diente de la gran variedad de micro-organismos, plantas y animales que pueblan el planeta. Pero Charles Darwin de manera audaz Ilevé su atencién a la pregunta sintetizadora siguiente: ,Cé6mo podemos entender todos estos aspectos al mismo tiempo? El resultado fue el concepto de evoluci6n, en torno al cual se organiza actualmente casi toda la biologia. Una situacién andloga se da en el estudio de la concien- cia. Dirfase que necesitamos algiin tipo de marco conceptual en el cual entender un amplio espectro de fenémenos y expe- riencias, incluyendo los aspectos anteriormente menciona- dos: la imaginacién, los estados de conciencia, los relatos de intuicién creativa asombrosa, experiencias fuera del cuerpo y experiencias cercanas a la muerte, memorias de otras vi- das, experiencias misticas, habilidades psiquicas extraordi- narias, etc.' 1. Esto no es sugerir que todos los informes de experiencias o fenémenos anémalos han de creerse, del mismo modo que no todas las percepciones sensibles de todo el mundo son fiables. Pero cuando los informes son suficientemente persistentes, in- cluso cuando los fenémenos parezcan erréticos, ha de concederse una cierta validez. 33 La necesidad de una nueva ciencia de la conciencia Asi pues, la estrategia alternativa se sugiere por sf misma, a saber: concentrarse en la pregunta ,qué tipo de epistemo- logia, marco conceptual o metaforas organizadoras pueden utilizarse para ayudarnos a entender las mtiltiples facetas y dimensiones de la conciencia consideradas simulténea- mente? Todo ello supone un dilema intrinseco referente a la epis- temologia de la ciencia que se tiene poco en cuenta. Para tener confianza en la visién cientifica de la realidad, debemos con- testar la pregunta epistemoldgica: {cémo conocemos aquello que pretendemos conocer cientificamente? Nuestra concep- cién de la realidad se halla inevitablemente determinada, en parte, por dicha realidad y, en parte, por los procesos mentales a través de los cuales Ilegamos a tal concepcién. Ahora bien, para saber acerca de esos procesos necesitamos ya un estudio cientifico de la mente, para lo cual necesitamos una epistemo- logia cientifica, lo cual nos conduce de nuevo, con una circu- laridad frustrante, a la pregunta inicial. Esta circularidad implica que incluso si los resultados de generaciones de investigacién cientifica parecen converger hacia una imagen determinada de la realidad, es aconsejable un profunda precaucion respecto a la fe que ponemos en esta imagen. (Este punto lo ha sefialado de otro modo Thomas Kuhn, 1970.) En cualquier caso, este dilema sugiere que en la btisqueda de la epistemologia adecuada para el estudio de la conciencia, necesitamos prestar especial atenci6n a lo que sabemos acerca de los procesos mentales inconscientes. Toda la investigacién sobre la percepci6n, la hipnosis, la represién, la atencién selectiva, la imaginacién mental, el dormir y los suefios, la memoria y la recuperaci6n de la me- moria, la aculturaci6n, etc, sugiere que la influencia del in- consciente sobre el modo en que nos experimentamos a no- sotros mismos y a nuestro entorno puede ser mucho mayor de lo que habitualmente tenemos en cuenta. La propia cien- 34 Hacia una ciencia de la conciencia.... cia nunca ha sido re-examinada por completo a la luz de esta omnipresente influencia, recientemente descubierta, de la mente inconsciente del cientifico. Los contenidos y los pro- cesos del inconsciente influyen (de forma individual y colec- tiva) la percepcion, el “pensar racional”, la apertura a la evi- dencia que supone un reto, la habilidad para contemplar marcos conceptuales y metéforas alternativos, los intereses y desintereses cientificos, el juicio cientifico, todo ello en una medida indeterminada. Lo que esto implica es que debemos aceptar la presencia de procesos y contenidos inconscientes, no como una perturbacién menor, sino como «un factor de fundamental importancia en la construccién de cualquier for- ma particular de ciencia de la sociedad». Al comprender que la influencia del inconsciente sobre el modo en que nos experimentamos a nosotros mismos y a nuestro entorno puede ser mucho mayor de lo que habitual- mente se tiene en cuenta, tenemos que re-examinar la tan ca- careada “objetividad” de la ciencia. La investigaci6n sobre la percepcién deja claro que la ciencia se ha construido sobre la base de la experiencia subjetiva de los cientificos inter- subjetivamente compartida, de modo que la diferencia entre los llamados datos “objetivos” (por ejemplo, la lectura de la medida de un instrumento) y los datos “subjetivos” (por ejemplo, una imagen interior) es s6lo cuestién de grados. Esto ha sido ampliamente tratado por Max Velmans (1993). ¢éCudles son los temas cruciales en la investigacién de la conciencia? Estamos sugiriendo que la cuestién epistemoldgica es qui- 24s la mas importante y decisiva en la investigacién sobre la conciencia. La falta de consenso respecto a la epistemologia conduce a la incapacidad de resolver cuestiones como la de si 35 La necesidad de una nueva ciencia de la conciencia la intencionalidad es causada o causal, si la subjetividad es epifenoménica o reveladora, si la memoria es solamente in- formacion almacenada en el organismo fisico o es, en cierta medida, no dependiente del organismo fisico, si la sincronici- dad es mera coincidencia accidental 0 no. Una cuestién no bastante planteada es la de si el suefio acariciado, durante siglos, de una ciencia puramente nomo- tética (esto es, una ciencia en la que todos los fenémenos es- tén gobernados por leyes cientificas que nunca son violadas) es en realidad un objetivo auténtico o no. Si la intencionali- dad puede ser causal (algo que damos por supuesto en todos los asuntos practicos), entonces estamos ante algo que no es tenido en cuenta por las leyes cientificas. En este caso, la ciencia nomotética no puede ser mds que una concepci6n li- mitada que describe lo que ocurre bajo condiciones en las que la conciencia (la intencionalidad) en tanto factor casual no interfiere. Ese tipo de ciencia sigue siendo util para pre- decir, controlar y disefiar tecnologias manipuladoras. Pero esa ciencia no esté, en modo alguno, cualificada a fin de ofrecer una cosmovisién adecuada para guiar las decisiones individuales y sociales. La seleccién de una epistemologia apropiada se complica en la medida en que la epistemologia implica una ontologfa. Prejuicios ontolégicos no confesados en la concepcién occi- dental crean resistencias ante la meta declarada de una cien- cia de la conciencia. Analizaremos esta cuesti6n brevemente en una seccién independiente, mds adelante. Otra cuestién relacionada es qué modelos y metdforas se pueden permitir. En la ciencia, como en la vida cotidiana, empleamos metdforas para comprender 0 comunicar lo no familiar en términos de lo familiar. Ahora bien, se producen graves malentendidos cuando estos modelos y met4foras son erréneamente considerados la “verdadera” descripcién de la realidad. Cuando esto ocurre, la gente se siente impulsada a 36 Hacia una ciencia de la conciencia.... defenderlos y a aplastar las concepciones rivales. Muchos de los conflictos en la historia de la ciencia (y en la historia de la religi6n) han sido batallas entre grupos en los cuales cada uno insistfa en que sus metdforas expresan “realmente” cémo es la realidad. Constituye una caracteristica de la ciencia moderna el per- mitir unos tipos de metdforas y deslegitimar otros. Se consi- dera perfectamente aceptable utilizar metdforas que derivan de manera directa de nuestra experiencia del mundo fisico (como “particulas fundamentales”, ondas actsticas), asi como metdforas que representan aquello que puede medirse s6lo en términos de sus efectos (como campos gravitaciona- les, electromagnéticos o cudnticos). Mas recientemente ha Iegado a ser aceptable utilizar metaéforas mds holistas y no cuantificables, como, por ejemplo, organismo, personalidad, comunidad ecoldgica, Gaia, universo, etc. Sin embargo, es tabi emplear “metdforas de la mente” que son no-sensibles, metdéforas que se inspiran en imagenes y experiencias familiares a nuestra conciencia interna. Asi, no se me permite decir (cientificamente) que algunos aspec- tos de mi experiencia de la realidad recuerdan la experiencia que tengo de mi propia mente (por ejemplo, indicar que al- gunos aspectos de la conducta animal dan la impresién de basarse en alguna mente supraindividual no fisica, o que existe en la conducta instintiva y en la evoluci6n algo como la experiencia que tengo, en mi propia mente, de propdsito). La postura epistemoldgica, implicita o explicita, del cien- tifico “duro” es que sabemos lo que sabemos a través de la observacién empirica de observaciones e intervenciones cuantificables y repetibles en el mundo fisico. Ahora bien, una actitud menos dogméatica mantendria que la realidad tie- ne muchos aspectos y nunca se agota en un modelo o una metéfora. Por ejemplo, la aceptacién de la metdfora de la conciencia nos permitiria obtener una mayor comprensién 37 La necesidad de una nueva ciencia de la conciencia desde una perspectiva privilegiada parecida al idealismo fi- los6fico, sin tener que compartir una posicién ontolégica que insiste en que la conciencia es la realidad ultima. Hacia una epistemologia para la investigacién sobre la conciencia La propuesta de una epistemologia introspeccionista 0 fe- nomenolégica para tratar el aspecto subjetivo de la concien- cia no es un desarrollo nuevo en la ciencia. En el pasado, la propuesta fue rechazada de modo contundente por razones que parecian vdlidas en ese momento. Ahora bien, ciertos cambios culturales evidentes durante las ultimas décadas au- mentan la verosimilitud de que tal enfoque pudiera lograr ahora una aceptacién paulatina en la comunidad cientifica. Un reciente esfuerzo a fin de identificar una epistemolo- gia adecuada para el estudio de la conciencia en el sentido mas amplio dio como resultado las nueve siguientes carac- teristicas.? 1. La epistemologia sera radicalmente empirica (en el sen- tido indicado por William James) entendiendo por esto el he- cho de ser fenomenoldgica o experiencial en una acepcién amplia (es decir, incluird la experiencia subjetiva como datos primarios, en lugar de limitarse practicamente a los datos pro- cedentes de lo sentidos fisicos) y se ocupard de la totalidad de la experiencia humana (dicho de otro modo, ningtin fendéme- no del que se tenga informacién se descartaré alegando que 2. Estas nueve caracteristicas surgieron en un retiro que se lev a cabo en Tomales Bay, California, del 3 al 6 de diciembre de 1992. En él, quince cientificos y fil6so- fos intentaron analizar la cuestiGn de una epistemologia adecuada para la investi- gaci6n sobre la conciencia. Quiero reconocer con agradecimiento, en particular, las contribuciones de Max Velmans, Eugene Taylor, Michael Scriven y Ron Brady. El retiro fue organizado por el Instituto de Ciencias Noéticas de Sausalito, Cali- fornia. Un desarrollo mas completo puede verse en Harman y De Quincey (1994). 38 Hacia una ciencia de la conciencia.... “viola conocidas leyes cientificas”. Asi pues, la conciencia no es una “cosa” que ha de ser estudiada por un observador que se halla fuera de ella, la conciencia implica la interaccién en- tre el observador y lo observado 0, si se prefiere, la experien- cia de observar. 2. Intentar4 ser objetiva, en el sentido de ser abierta y ca- rente de sesgos ocultos, al tiempo que se ocupa tanto de la experiencia “externa” como de la experiencia “interna” (sub- jetiva) en cuanto fuentes de datos. 3. Insistird sobre la investigacién abierta y la validacién publica (intersubjetiva) del conocimiento. Al mismo tiempo, reconocer4 que estas metas pueden cumplirse, en un mo- mento dado, sélo de modo incompleto, especialmente en la btisqueda de conocimiento que incluye una comprensién més profunda de la experiencia interior. 4. Pondra énfasis en la unidad de la experiencia. Simpa- tizar4 en ello con una concepci6n holista en ta que las partes se entienden a través de la totalidad, sin excluir, por ello, un enfoque reduccionista que busque comprender el todo a tra- vés de las partes. Asi pues, reconoceré la importancia de los significados subjetivos y culturales en toda experiencia hu- mana, incluyendo experiencias (como las religiosas 0 las in- terpersonales) que parecen sobre todo ricas en significado aunque puedan ser inefables. En una visi6n holista, tales ex- periencias altamente significativas no se explicardn redu- ciéndolas a combinaciones de experiencias mds simples 0 a eventos fisiolégicos y bioquimicos. Antes bien, en un enfo- que holista, los significados de las experiencias pueden com- prenderse descubriendo sus interconexiones con otras expe- tiencias significativas. 5. Reconocerd que la ciencia tiene que ver con modelos y metdforas que representan ciertos aspectos de la realidad ex- perienciada, y que ha de permitirse cualquier modelo y cual- quier metd4fora que sea itil y ayude a organizar el conoci- 39 La necesidad de una nueva ciencia de la conciencia miento, aun cuando dé la impresién de que entra en conflicto con otro modelo que también es til. (El ejemplo clasico es la historia de los modelos ondular y corpuscular en la ffsica). 6. Por tanto, reconocerd la naturaleza parcial de todos los conceptos cientificos de causalidad. (Por ejemplo, la “causa- lidad ascendente” de la accién fisiomotriz resultante de un estado cerebral no necesariamente invalida la “causalidad descendente” implicada en la sensaci6n subjetiva de la voli- cién.) En otras palabras, cuestionara implicitamente la pre- sunci6n de que una ciencia nomotética (ciencia caracterizada por sus “leyes cientificas” inviolables) pueda tratar adecua- damente la causalidad. 7. Sera participativa en su reconocimiento de que la com- prensién procede, no sélo del hecho de ser desapegado, ob- jetivo, analitico y friamente clinico, sino también de la coo- peracion con lo observado, o la identificacién con ello y del hecho de experienciarlo subjetivamente. Esto supone una verdadera relacién entre el investigador y el fendmeno, el in- dividuo o la cultura que esta siendo investigada: una actitud de “explorar juntos” y compartir comprensiones. 8. Gozara del reconocimiento del inevitable papel de las caracteristicas personales del observador, incluyendo los procesos y los contenidos de la mente inconsciente. Sigue el corolario que afirma que para ser un investigador competente ha de existir la voluntad de arriesgarse a ser profundamente transformado a través del proceso exploratorio. 9. A causa de esta potencial transformacién de los obser- vadores, una epistemologia que ahora se acepta puede tener que ser reemplazada mas tarde por otra mas satisfactoria se- gtin los nuevos criterios para los cuales ella ha establecido los fundamentos intelectuales y experienciales. Hacia una ciencia de la conciencia.... La posibilidad de diferentes presupuestos ontolégicos Si algo como la epistemologia anteriormente esbozada se adoptase por la comunidad cientifica que intenta construir una verdadera ciencia de la conciencia, parece que habria que pres- tar una seria atenci6n a la exploracion interior que se ha produ- cido durante miles de afios en las tradiciones espirituales del mundo. La destilacién de estas exploraciones se denomina a veces “filosofia perenne”, y existen implicaciones ontoldgicas que han sido examinadas en un articulo por Ken Wilber (1993). Basada en algunas exploraciones muy sofisticadas (por més que se consideren precientificas), esta antigua concep- cin se articula en torno a la siguiente proposici6n: «La reali- dad, segtin la filosofia perenne, se compone de diversos gra- dos o niveles que se extienden desde el inferior, mds denso y menos consciente, hasta el mas elevado, mas sutil y mds cons- ciente. En un extremo de este continuum del ser 0 espectro de la conciencia se halla lo que en Occidente denominamos “ma- teria” o lo no-sentiente y no-consciente, y en el otro extremo se halla el “espiritu”, la “divinidad” 0 lo “supra-consciente” (considerado también el fundamento omniabarcante de toda la serie...). La tesis central de la filosofia perenne es que «los hombres y las mujeres pueden crecer y desarrollarse (0 evolu- cionar) a lo largo de toda la jerarquia hasta el Espiritu mismo, realizando alli la “suprema identidad” con la Divinidad». Una afirmacién fundamental de esta “sabiduria perenne” es que el mundo de los objetos materiales se halla de algtin modo inmerso en un universo vivo, el cual a su vez se en- cuentra en el seno de un ambito de conciencia o Espiritu. De modo similar, una célula se halla en un 6rgano, que se en- cuentra en un cuerpo, inserto en una sociedad, y asi sucesi- vamente. Las cosas no existen separadas (ni pueden ser se- paradas); todo forma parte de esta “gran cadena del ser”. 41 La necesidad de una nueva ciencia de la conciencia Como Wilber indica, la ciencia occidental se limité al ex- tremo material del continuum y a la “causalidad ascendente”. Con esa restriccién se impuso la fe en la que, al final, una ciencia nomotética podria representar adecuadamente la rea- lidad (una fe en la que los fendmenos estén gobernados por “leyes cientificas” cuantificadas, inviolables). A partir de di- cha limitacién se impuso tanto el poder de la ciencia moderna (fundamentalmente el poder de crear tecnologia manipulado- ra) como la limitacién de su epistemologia. También a partir de ella brotaron toda suerte de “problemas” clasicos como “el problema mente-cuerpo”, “la accién a distancia”, “libre albe- drio versus determinismo”, “ciencia versus espiritu”, etc. Esta limitacién de la ciencia a s6lo una porcién de la “gran cadena del ser” fue util y justificable durante un perio- do particular de la historia. El unico error cometido fue que- dar tan impresionados con los poderes de predicci6n y con- trol de la ciencia que estuvimos tentados de creer que ese tipo de ciencia podria conducirnos a una comprensi6n de la totalidad. De manera fundamental, no hay raz6n para supo- ner que la ciencia reduccionista pueda ofrecer alguna vez una comprensi6n adecuada de la totalidad. Lo que debe hacerse ahora, segtin Wilber, es conservar la apertura mental del espiritu cientffico y la tradicién de vali- daci6n abierta y ptiblica del conocimiento (esto es, abjurar de cualquier sacerdocio cientifico), pero abrir el campo de in- vestigaci6n a todo el continuum y a la causalidad tanto as- cendente como descendente. Si eso se realizar4 pronto en la ciencia es una buena pregunta. Ahora bien, a la vista del cam- bio cultural que parece estar sucediendo, concediendo cada vez mds importancia a lo trascendental, puede que haya cada vez una mayor insistencia colectiva en que se produzca algtin desarrollo de este tipo en la ciencia, si la ciencia ha de conservar su posici6n actual en tanto tinica autoridad cogniti- va generalmente aceptada en el mundo moderno. 42

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