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LITERATURA LATINA

La épica en Roma

La Lírica y la Elegía

Sátira y Epigrama

La Novela Romana

La Historiografía

El Teatro en Roma

La Oratoria Romana

La Filosofía en Roma

La Epistolografía

Técnicos y Juristas
EPICA ROMANA
LA ÉPICA ROMANA
1.- CARACTERÍSTICAS DEL GÉNERO.
ORÍGENES Y PRECEDENTES.
Se entiende por épica aquellas manifestaciones literarias de carácter narrativo que
cuentan con un lenguaje solemne y majestuoso las hazañas legendarias de héroes o los
orígenes míticos de un pueblo. La épica surge en las culturas primitivas vinculada con la
tradición oral: son composiciones que se transmiten oralmente, generalmente con
acompañamiento musical y que no tienen ni un único autor ni un texto fijo. A este estadío
pertenecen las dos grandes epopeyas de la India - el Ramayana y el Mahabarhata -, y los
poemas homéricos. Precisamente la enorme influencia que ejerce en toda la civilización
occidental la cultura griega hace que, a partir de la Iliada y la Odisea, la épica se
convierta en un género literario con características bien definidas. Surge de esta forma el
poema épico o épica culta, producto de la voluntad de su autor que escoge el tema y
utiliza conscientemente los recursos estilísticos a su alcance. A este último tipo de poesía
pertenecen todas las obras de carácter épico de la literatura latina. En origen y desarrollo
del género épico en Roma podemos observar tres características fundamentales:
*Influencia homérica.
*Utilización de la historia nacional como argumento épico.
*Influencia de la poesía alejandrina
Como ya se ha dicho los dos poemas homéricos son el punto de arranque de toda la épica
occidental. En Roma Livio Andrónico, poeta tarentino del siglo III a. de J.C., tradujo, o
más bien realizó una versión libre de la Odisea en versos saturnios. Esta obra, que dio a
conocer los poemas de Homero en Roma, ejerció una enorme influencia y fue utilizada
en las escuelas.
Desde época muy temprana los autores latinos sustituyen los elementos míticos y
legendarios por sus propias gestas históricas como tema de sus poemas épicos. Las
primeras obras originales de género épico son epopeyas nacionales y, en cierto sentido,
así se pueden considerar también los dos grandes poemas épicos que se nos han
conservado completos: La Eneida y La Farsalia. El primer poeta que escribe una obra de
estas características es Nevio, que a fines del siglo II a. de J.C. publicó con el titulo de
Bellum Punicum un poema en versos saturnios sobre la primera guerra púnica en la que
había participado personalmente. Entre los poetas que cultivaron el género épico con
anterioridad a Virgilio destaca por su importancia Ennio, con quien la épica latina se
consolida definitivamente. Su poema Annales es considerada como la epopeya nacional
romana hasta la aparición de la Eneida. Era una obra en 18 libros, de los que sólo se
conservan fragmentos, sobre la historia de Roma hasta su época. Su importancia en el
desarrollo del género es grande, no sólo porque fue el primero en utilizar el hexámetro,
verso tomado del griego y del que la épica toma el nombre, sino también porque fue el
creador de un lenguaje épico en Roma. Toda la obra de Ennio contiene un sentimiento
típicamente romano: un gran amor y admiración por Roma y por las hazañas de sus
héroes.
A comienzos del siglo I a. de J.C. se descubre en Roma a los poetas griegos del siglo III
que, reunidos en Alejandría, habían creado una poesía mitológica erudita. De la
influencia de este tipo de poesía surgen en Roma una serie de poemas narrativos extensos
de tema mitológico, escritos en hexámetros. A este tipo pertenecen los "epilios" de los
neotéricos y, muy especialmente, las Metamorfosis de Ovidio.
2.- VIRGILIO, EL POETA DEL PRINCIPADO.
2.1.- Datos biográficos y perfil humano.
La existencia de tres buenas biografías de Virgilio ponen de evidencia la extraordinaria
popularidad y estima de que gozó el poeta en su propia época. La más extensa de estas
"vitae" es la escrita por Suetonio y reproducida después por Donnato. Además de estas
biografías cercanas en el tiempo al poeta, también el propio Virgilio esparce por sus
obras datos personales que nos dan una buena información de primera mano.
Publio Virgilio Marón constituye una de las cimas de la literatura latina, siendo uno de
los autores clásicos que ejerció en la literatura posterior una influencia más duradera y
permanente. Junto con HORACIO y OVIDIO personifica la edad de oro que para la poesía fue la
época de Augusto. Nació en una aldea cercana a Padua en el año 70 a. de J.C. y perteneció a una familia de
clase media. Conviene señalar que, igual que ocurre con Livio, Horacio, Ovidio y tantos otros autores
latinos importantes, Virgilio no era romano sino italiano, de la ribera del Po, y que, por elección propia
pasó gran parte de su vida en la ribera del golfo de Nápoles; por este motivo algunos estudiosos del poeta
señalan que en su persona, como en su obra, se realiza la unidad de Italia. Fue educado en Cremona y
Mediolanum (Milán), estudiando con posterioridad filosofía y retórica en Roma. Murió en Brindis, el 19 a.
de J.C., al regreso de un viaje a Grecia que había realizado para conocer "in situ" los lugares en los que se
desarrollaba la Eneida. Fue llevado a Nápoles y enterrado en las afueras de esta ciudad.

Vivió una época de profunda crisis en el mundo romano y asistió a los cambios que supuso el gobierno de
Augusto, colaborando activamente y de buen grado en ellos. Aunque era persona de carácter tímido y poco
comunicativo, sin embargo estaba muy relacionado con los grupos cercanos a Augusto y con el propio
emperador; se sabe que, habiéndose visto afectadas sus tierras familiares por las expropiaciones llevadas a
cabo por Augusto para asentar a los veteranos de las guerras contra los asesinos de César, les fueron
devueltas o cambiadas por otras gracias a la intervención de Galo y Asinio Polión. Perteneció en un primer
momento al "circulo de Polión", trasladándose después al de Mecenas, el gran amigo de Augusto y
protector de artistas que colaboró con él en el intento de renovación de las costumbres y tradiciones
romanas antiguas. Virgilio, profundamente identificado con los proyectos de Augusto, es el máximo
representante de una poesía al servicio de los valores tradicionales de patriotismo y religiosidad que
propugnaba el emperador. Aunque Virgilio es conocido gracias a la Eneida, ésta es su última obra. En su
juventud estuvo relacionado con el grupo de poetas conocidos como neotéricos y publicó una serie de
poemas de gusto alejandrino recogidos en una libro titulado Appendix Vergiliana. Entre los años 42 y el 39
a. de C. escribe la Bucólicas, que son la primera manifestación de la poesía augústea. Son diez
composiciones de tema pastoril. Desde el 36 al 29 a. de C. trabajó Virgilio en las Geórgicas. Con este
poema pretende apoyar la política de Augusto tendente a restablecer, una vez acabadas las guerras civiles,
los modos de vida vinculados a la labor agrícola y a la vida campesina; su intención es proponer como ideal
la vida en armonía con la naturaleza, que proporciona paz y contento, aunque no esté exenta de dureza y
contratiempos.

Virgilio fue un poeta admirado y reconocido ya en vida; son muchas las anécdotas sobre las
manifestaciones espontáneas de cariño y reconocimiento que provocaba su presencia en lugares públicos;
gozó de un reconocimiento importante en todas las épocas, y es uno de los autores más influyentes en todos
los momentos de la civilización occidental. Su fama se basó en un primer momento en su carácter de poeta
épico que había puesto de manifiesto la grandeza de Roma, pero su enorme importancia y su influencia
posterior se debe a la perfección técnica de sus versos así como a su profunda humanidad y amor a la
naturaleza.

2.2.- LA ENEIDA.

2.2.1.- Tema y Estructura.

Virgilio dedica los diez últimos años de su vida, del 29 al 19 a. de C.- a escribir la Eneida, un poema épico
en hexámetros que iba a eclipsar todas las obras épicas precedentes de escritores romanos e iba a fijar las
características del genero para los escritores épicos posteriores. En este poema se ensalza el origen y
crecimiento del poder romano. Ciertamente por los años en que Virgilio comienza a escribir la Eneida se
producen los hechos centrales que inician el principado de Augusto: Octavio regresa victorioso de Accio, la
paz en el imperio es total, se concede el titulo de "Principe" y de "Augusto" a Octavio; en resumen, Roma
vive unos momentos de gloria que pudieron inducir al poeta a lanzarse por los caminos de la épica. Al
parecer el deseo de Mecenas y del círculo de intelectuales próximo a Augusto era que el poema se hubiera
centrado en la figura del propio emperador; el logro de Virgilio fue prescindir de la glorificación personal y
unir los destinos de Roma y de Augusto en la glorificación de los orígenes míticos de la ciudad. Para ello se
sirve de la leyenda de Eneas, padre mítico de Roma y, al mismo tiempo, antepasado divino de Augusto.

El tema central del poema es, pues, la leyenda de Eneas, el héroe troyano que sobrevivió por mandato de
los dioses a la destrucción de Troya y, tras un largo viaje, fundó un asentamiento troyano en Italia. La
intencionalidad política de la Eneida es evidente ya en la elección del tema. Escogiendo la leyenda de
Eneas como fundador de Roma, Virgilio relacionaba ésta definitivamente con la cultura griega. Por otra
parte, se hacía descender "la gens Iulia", a la que Augusto pertenecía, de Iulo, el hijo de Eneas; de esta
forma, como según la leyenda Eneas era hijo de la diosa Venus, se establecían unos orígenes divinos para
el emperador. Virgilio presentaba así el régimen de Augusto como el heredero natural del glorioso pasado
romano: Roma y Augusto quedaban de esta manera identificados de forma mucho más sutil y eficaz.

Como obra literaria la Eneida es un poema de una extraordinaria complejidad. Sin duda Virgilio se inspiró
en los poemas homéricos, pero al mismo tiempo, abandonando su primera vinculación con los "poetae
novi", se aproxima a la épica arcaica de Ennio y de Nevio, que habían ensalzado a los héroes de su historia
nacional mezclando hechos históricos con aspectos legendarios. Virgilio logra unir en el poema el presente
y el pasado, la historia y la leyenda con gran habilidad; las hazañas de Augusto y los logros y aspiraciones
de su recién nacido Principado aparecen en el poema, no expuestos directamente como materia narrativa,
sino en forma de disgresión profética o fabulosa: en el libro I, Jupiter pasa revista a la historia de Roma
hasta la época de augusto; en el libro VI la sombra de su padre, Anquises revela a Eneas el destino de
Roma como dominadora y civilizadora de pueblos; por último, Virgilio aprovecha el recurso épico a la
descripción de las armas, tomado directamente de Homero, para realizar una descripción de la historia de
Roma que culmina con la victoria de Accio y el triunfo de Octavio Augusto. La Iliada y la Odisea le
sugirieron la composición del poema en dos partes: los seis primeros libros, en los que se narra la
peregrinación de Eneas desde la destrucción de Troya hasta su llegada a Italia, recogen el modelo de la
Odisea; los otros seis, que recogen las alternativas en la lucha por la conquista de Italia, recuerdan a la
Iliada. A la influencia homérica se debe también la presencia de los dioses y sus interferencias en la vida
humana.

Por otra parte, Virgilio se mantiene en la Eneida fiel al concepto romano de épica: es un poema nacionalista
en el que no sólo Roma sino también Italia forma parte de los acontecimientos. Junto a la maquinaria
mitológica, tomada del mundo homérico, aparecen en el poema, tratadas con gran respeto, antiguas
creencias y prácticas religiosas, que estaban profundamente ancladas en la tradición romana. Es un poema
que enaltece los sentimientos de piedad y religión, rasgos característicos de la antigua Roma y que Augusto
intentaba restaurar. Eneas se nos presenta guiado paso a paso por la voluntad de los dioses en su tarea de
establecer los "Penates" troyanos en Italia. Virgilio, aún reconociendo su deuda con Homero, supo imprimir
a su obra un profundo sello de "romanidad": pretendió reflejar los principios de la restauración religiosa y
moral que se estaba realizando durante el Principado de Augusto.
El poema comienza cuando Eneas y sus compañeros llevan ya algunos años vagando en busca de la tierra
donde, según el mandato de los dioses, han de fundar una nueva ciudad. Eneas, con los Penates de la
destruida Troya, con su padre Anquises y su hijo Ascanio vaga, asistido por su madre Venus, durante
mucho tiempo por el mar, cuando una tempestad los arroja a las costas de África. Allí se está levantando
Cartago, la futura rival de Roma. Recibido hospitalariamente por la reina Dido, Eneas hace un relato de la
destrucción de Troya y de los acontecimientos posteriores. Narra a continuación Virgilio los amores de
Eneas y Dido, que se ven obstaculizados por Jupiter, quien recuerda a Eneas la misión encomendada por
los "hados"; Eneas parte y Dido se quita la vida. Estos episodios ocupan los primeros cuatro libros y
destacan de entre ellos la destrucción de Troya, narrada con tono verdaderamente épico en el libro II, y los
amores de Dido y Eneas, que ocupan todo el libro IV de un gran valor dramático y centrado en torno a la
figura de Dido, uno de los personajes más logrado del poema. La primera parte del poema termina con el
descenso de Eneas al infierno, narrado en el libro VI; allí contempla los espíritus de personas desaparecidas
y recibe de su padre Anquises una visión profética sobre sus descendientes. Es éste un libro de una gran
belleza formal y dotado, al mismo tiempo, de un importante contenido ideológico y filosófico; en él se
exponen las ideas de Virgilio, tomadas del Neoplatonismo, acerca de la vida de ultratumba y de la
reencarnación.

Los seis libros siguientes, de mayor contenido narrativo y tono épico, narran la llegada a Italia de Eneas y
sus compañeros y sus luchas principalmente con los Rútulos por el dominio de Italia. Destacan en estos
libros algunos episodios, como el de Niso y Euríalo (libro IX) de gran valor dramático, el ataque de las
amazonas dirigidas por Camila y, muy especialmente, el combate final entre Turno y Eneas que termina
con la victoria de este último.

2.2.2.- Lengua y estilo de la Eneida.

Desde el punto de vista de la evolución del género épico, la Eneida se distancia de todos los poemas
anteriores: por primera vez en un poema épico se insertan en la narración recursos y tonos literarios
dramáticos y líricos. El estilo de la Eneida es nuevo; Virgilio varía el tono del poema según los momentos y
alterna con gran naturalidad la solemnidad épica con el lirismo más puro y con momentos de fuerte
dramatismo. Probablemente no alcanza la grandeza de Homero, pero construye una obra de gran
humanidad; este es el rasgo más característico de Virgilio: el poeta canta al hombre que sufre para obedecer
su destino y no al guerrero que combate. En este carácter lírico de la Eneida, que tan bien se adecua al
propio carácter del poeta, se observa la influencia del "epilio" alejandrino. Aunque Virgilio imita a Homero
y se inspira en él, su concepción de la poesía es ya muy distinta. Homero es el representante paradigmático
de una épica primitiva, pensada para ser recitada generalmente con acompañamiento musical; su intención
era exclusivamente cautivar y entretener. Virgilio, por su parte, es un poeta erudito: su obra es producto de
un intenso estudio de la fuentes y de los modelos tanto griegos como latinos.

Uno de los aspectos más criticados del poema virgiliano es el tratamiento de los personajes, en concreto el
de Eneas. Se acusa a Virgilio de crear un personaje excesivamente frío, atento solamente a la voluntad de
los dioses y con poca vida. El rasgo más característico de Eneas es la "pietas" y es más un héroe humano
que un héroe guerrero como los homéricos. El segundo personaje en importancia es Dido, cuyos amores
con Eneas son el centro del libro IV; este personaje está tomado de la tradición épica latina: Nevio ya la
había introducido en su poema. Virgilio nos la presenta como una víctima de los dioses. La figura de Dido
desmiente a quienes consideran que Virgilio era demasiado blando como para crear caracteres fuertes; es
Dido, quizá, la figura más lograda de la Eneida y está llena de fuerza y pasión humana.

La Eneida es una obra de extraordinaria perfección estilística y métrica, aunque su autor pidió en su
testamento que se destruyera por considerarla inacabada. A pesar de los deseos del poeta, Augusto dio
orden de que se publicara sin añadir nada, por ese motivo encontramos versos incompletos. Virgilio es el
creador de un lenguaje poético clásico de extraordinaria perfección formal. Su estilo se caracteriza por la ya
comentada variedad de tonos y por la cuidada selección de términos: alterna la utilización de neologismos
(términos nuevos) y de arcaísmos que dan solemnidad al texto. Logró además una perfecta adaptación del
hexámetro a la lengua latina.

3.- LUCANO O LA ÉPICA ANTICLÁSICA.


3.1.- Datos biográficos y perfil humano.

El poeta de origen español Lucano protagoniza hacia mediados del siglo I de nuestra era el único intento de
renovar la épica, apartándose de forma consciente e incluso oponiéndose activamente a la concepción épica
virgiliana, considerada clásica y que ejercía una influencia total sobre los poetas épicos posteriores. Lucano
es el representante en el campo de la épica de un estilo nuevo, anticlásico y vinculado al movimiento
estoico que, de la mano de Séneca el Filósofo, se impone en los primeros años del reinado de Nerón.

Marco Anneo Lucano era hijo de Anneo Mela, hermano menor de Séneca el Filósofo con quien el poeta
mantuvo una estrechísima relación y al que probablemente debe su inclinación por el estoicismo. Nació en
Córdoba en el 39 d. de C., aunque fue llevado casi inmediatamente a Roma donde recibió una esmerada
educación. Estudió filosofía con el estoico Cornuto, completando su formación, como era frecuente entre
las familias distinguidas, con una estancia en Atenas. Gozó en sus primeros años de la amistad del
emperador Nerón que lo admitió en su círculo. Esta situación varió años más tarde por razones que no se
conocen exactamente, pero a las que no parecen ser ajenos los celos de Nerón ante el talento poético de
Lucano y su éxito literario. Lo cierto es que a partir de un determinado momento se le prohibió escribir
poesía y el ejercicio de la abogacía en los tribunales. Acusado de participar en la conjura de Pisón fue
finalmente obligado a suicidarse, igual que su tío Séneca, en el 65 d. de C, a la temprana edad de 26 años.
Lucano fue un autor muy precoz y extraordinariamente prolífico; sólo conservamos completo un poema
épico-histórico, la Farsalia, pero nos han llegado los títulos así como noticias diversas de otras catorce
obras, entre las que figuran obras dramáticas, discursos, sátiras y poemas varios.

3.2.- La Farsalia.

3.2.1.- Composición y estructura del poema.

La única obra de Lucano que se nos ha conservado es la Farsalia, poema épico-histórico en hexámetros que
tiene como tema la guerra civil entre César y Pompeyo, representante del partido republicano. La obra se
compone de diez libros, aunque parece ser que Lucano tenía pensado escribir doce. El poema está
inconcluso y su redacción se vio interrumpida en el libro X por la muerte de su autor. Tampoco tenemos
información sobre con qué acontecimiento histórico debía terminar, aunque la idea más extendida es que
pretendía finalizar el poema con la muerte de César. De hecho la obra sólo llega hasta la guerra de
Alejandría y todo lo demás pertenece al campo de las conjeturas. Generalmente se piensa que el poema fue
compuesto en dos períodos distintos. Los tres primeros libros los escribiría Lucano antes de su
enfrentamiento con Nerón, y tratan de los comienzos de la guerra civil de un modo relativamente favorable
a César; en los siete libros restantes, publicados después de la muerte de su autor, predomina un intenso
republicanismo.

El poema de Lucano presenta varios problemas a la crítica; el primero de ellos es el de título del mismo.
Parece ser que el titulo originario y el que aparece en los manuscritos más antiguos era Belli civilis libri y
que el nombre de Farsalia, con el que se la designa habitualmente, se debe a una interpretación, al parecer
errónea, del siguiente verso del poema: "Pharsalia nostra vivet" (nuestra Farsalia vivirá, Phars. 9,985).

Problema también muy debatido es el género -historia, retórica o poesía-, al que se debe adscribir la
Farsalia. Es éste un problema estrechamente vinculado al tema elegido por el poeta para su poema, uno de
los aspectos en los que Lucano resulta profundamente innovador. La elección de un tema histórico reciente
contradice abiertamente no ya el paradigma de poesía épica fijado por Homero y Virgilio, sino también los
principios teóricos enunciados por Aristóteles acerca de la épica; según el filósofo griego en la epopeya era
necesario narrar hechos universales, atemporales, que pudieran haber ocurrido, pero no hechos ocurridos
realmente. Según esta concepción, el poema de Lucano no sería épica sino historia versificada; ésta es la
opinión que expresa Petronio en el Satiricón y que sostienen la mayor parte de los partidarios del
clasicismo. Por otra parte el tono declamatorio, sentencioso y retórico de la obra hace decir a Quintiliano
sólo unos años más tarde que Lucano "debe ser imitado más por los oradores que por los poetas". Se puede
considerar a Lucano un historiador épico y filosófico, que utiliza el tema histórico no como un pretexto
sino como un vehículo de sus ideas y de su arte.

Desde el comienzo del poema, Lucano rompe abiertamente con las convenciones que para el género épico
estaban fijadas desde Homero. En este sentido es significativo su renuncia a invocar a las Musas, a Apolo o
a cualquier otra divinidad helénica. Niega así la necesidad de modelos griegos para un poema que él
considera específicamente romano. Rompiendo de esta manera con la épica heroica, se vincula con una
cierta épica italiana menos conocida que, a la manera de Nevio, extraía sus temas de la historia reciente de
los pueblos de la península. A esta tradición italiana debe Lucano toda una serie de elementos fantásticos y
maravillosos como sueños proféticos, escenas de migromancia, augurios y prodigios que pueblan la
Farsalia.

En general la obra es anticlásica. Las características especiales de la Farsalia que hacen de ella un poema
épico revolucionario son las siguientes:
a) El ya comentado cambio temático. El poema es exclusivamente histórico. Renuncia a, los elementos
míticos tradicionales. La idea que domina el poema, muy cercana al pensamiento estoico, es que el propio
pueblo romano ha conducido a Roma a su situación de decadencia con la corrupción y las discordias
civiles.

b) La ausencia de dioses y de aparato mitológico. Lucano destierra completamente a los dioses de su obra.
Estos no tienen ninguna incidencia en el desarrollo de la acción. En el centro del poema está el hombre
responsable único de sus actos. El "fatum" (destino) de los estoicos hereda parte de las funciones atribuidas
a los dioses en la épica tradicional.

c) Al no poder explicarse los acontecimientos por intervención divina, los hechos se explican de forma
racional. Las causas de la guerra civil, por ejemplo, fueron minuciosamente analizadas.

d) Por último, también rompe la tradición virgiliana el hecho de que la Farsalia no tenga un héroe unívoco.
Hay tres figuras en la obra con entidad suficiente para ser considerados héroes: César, Pompeyo y Catón;
pero Lucano no se inclina con claridad por ninguno de ellos, aunque parece que sus simpatías están del lado
de Catón; hay autores que se inclinan por considerar que el héroe del poema es alguna de estas
personificaciones abstractas como la Libertad o el Destino.

En su conjunto es una obra más trágica que la Eneida, porque sus personajes, determinados por la
Fatalidad, tienen poco campo de actuación; pero, al mismo tiempo, es menos humana, porque en ella hay
poca ternura y piedad, cualidades que sí tenían una fuerte presencia en el poema virgiliano.

3.2.2.- El estilo de Lucano.

Lucano es un representante de los gustos anticlásicos de la época neroniana y, tanto en el contenido como
en la forma, intenta iniciar un nuevo camino para la épica, alejándose del modelo establecido por Virgilio y
que nadie osaba cuestionar. Lucano inicia un camino verdaderamente revolucionario. El primer rasgo que
destaca en su obra, como ya hemos comentado, es el uso y abuso del tono retórico, que se manifiesta con
diversos procedimientos: amplificaciones, repetición de ideas, aliteraciones, quiasmos, etc. Utiliza con
frecuencia descripciones coloristas y discursos artísticamente elaborados, así como sentencias y frases
lapidarias que se han convertido en citas célebres. Era excesivamente enfático y colorista, pero poseía
cualidades como poeta que se ponen de manifiesto cuando se olvida de la filosofía y logra moderar su
tendencia a enfatizar; sus hexámetros se suceden entonces fluidos y armoniosos.
LIRICA ROMANA
1.- POESÍA LÍRICA
1.1.- Concepto de Poesía Lírica
1.1.1.- Antecedentes Griegos
Caracteriza a la poesía lírica la polimetría, la musicalidad y la expresión de sentimientos
personales muy variados, desde el más dulce amor hasta el odio más enconado. Se
diferencia de la moderna sobre todo en los contenidos, formas y modos de comunicación:
era fundamen-talmente pragmática y estaba íntimamente vinculada a la realidad social y
política, a la acción concreta del individuo dentro de la sociedad.
Por otra parte su contenido constante era el mito, que constituía el punto de referencia
ejemplar, el alma y la vida de la poesía lírica (aunque a veces no pasase de constituir un
tópico aparato literario), la cual no estaba destinada a ser leída, sino a ser recitada ante un
público por un individuo aislado o un coro con el acompañamiento de algún instrumento
musical. Y de ahí, fundamentalmente, que en el ámbito cultural griego, el vocablo "lírica"
designase a la poesía cantada al son de la lira (o cualquier otro instrumento de cuerda
similar).
Se caracterizaba asimismo no sólo por la variedad de contenidos, sino también por la
variedad en estructuras y formas métricas, siempre en composiciones breves. En
cualquier caso la primera definición nos remonta a un concepto extralingüístico para
pasar después a una fijación mayor en el contenido personal e intimista, dando lugar a la
elegía, como luego comentaremos.
1.1.2.- Poesía Lírica en Roma
La lírica latina comienza en Roma mucho más tarde que la épica o el teatro,
concretamente a finales del siglo II a.C., en plena influencia helenística y cuando las
circunstancias políticas y sociales habían abocado los ánimos de los ciudadanos cada vez
más hacia la intimidad y la vida privada. Las convulsiones sociales que propiciaron la
falta de ideales comunes que justificasen una épica nacional, hacen brotar una serie de
composiciones breves y delicadas en las que se renuncia a todo lo que sea grandeza,
volcándose en la intimidad de las pequeñas cosas.
Las características de esta nueva poesía siguen siendo semejantes a las de la lírica griega
(mitología, polimetría, etc.), pero la diferencia es que los romanos escribieron poca
poesía lírica propiamente dicha y además fue un producto completamente literario no
arraigado en la costumbre social, pensado para ser leído y no cantado. En este marco
afloró en primer lugar el círculo de Lutacio Cátulo y sus célebres epigramas eróticos, a
quien podemos considerar como precedente de los neotéricos, verdaderos artífices y
abanderados de toda una renovación literaria y estética.
1.2.- Los Neotéricos
Son llamados así un grupo de poetas (no una escuela), considerados como los
renovadores cultistas de la poesía latina del momento. Propugnaban el abandono de la
épica en aras de unas pequeñas composiciones en las que predominaban la pureza
estética, la propiedad en el lenguaje, la selección del vocabulario y la polimetría,
buscando siempre la perfección métrica. Básicamente insisten en un nuevo tratamiento
poético que gira en torno al culto a la forma perfecta y a la introducción de una nueva
temática.
La obra maestra que tenía que escribir el neotérico romano para graduarse de "doctus
poeta" era un epilio. El epilio o pequeña epopeya es un excelente testimonio del gusto
alejandrino, que odiaba la gran epopeya. El concepto de poema corto y gracioso es
consustancial a la palabra epylion en toda la Antigüedad, cuyo ejemplo más
representativo es el, por otra parte, poema más extenso de Catulo, Las bodas de Peleo y
Tetis (64), en 408 hexámetros:
-escenas coloristas del mundo mítico, -moralizadoras reflexiones finales, -añadidos en
estrecha conexión interna y externa con el tema principal, -acentuación del elemento
erótico, -arte descriptivo brillante, etc.
Otros representantes del arte neotérico del epilio son los poemas Culex y Ciris,
pertenecientes a la Appendix Vergiliana y, como toda ella, atribuidos a Virgilio. Ésta en
concreto y el estilo en general de los poemas de esta "escuela" influyeron notablemente
en obras capitales de la literatura posterior como las Metamorfosis de Ovidio. El término
"neotéricos" fue acuñado por Cicerón (neotérico arrepentido y a quien irritaban
especialmente) de una manera un tanto despectiva, y se generalizó en la Antigüedad
tardía. La generación que los representa abarca desde la dictadura de Sila (82-79 a.C.)
hasta el período comprendido entre las batallas de Farsalia y Accio (48-31 a.C.). La
mayoría proceden de la Galia Transpadana; y en cuanto a sus concomitancias poco más
podemos decir, salvo que están más unidos por los rechazos que por intereses o
propósitos comunes.
Así pues, rechazan a Ennio y se unen en un intento de imitar a los poetas alejandrinos
(Calímaco, especialmente), que ejercerían una gran influencia en su forma de componer:
vocablos, construcciones sintácticas, doble espondeo para terminar el hexámetro,
introducción y pronunciación a la griega en el alfabeto latino de la "y" y la "z"...).
Defienden el arte por el arte en un alarde de erudición y subliman las más nimias
vivencias personales encuadrándolas en un preciosismo exagerado y en un ansia
desmedida por la perfecta ejecución formal. Algunos de sus autores más cualificados son:
-Helvio Cina, con su obra Zmyrna, que tardó nueve años en componer y supone una de
las muestras más representativas del grupo. -Valerio Catón, autor de una de las
producciones eróticas más celebradas: Lydia, así como su poema de técnica calimaquea,
Dyctinna. -Licino Calvo, quien destaca en literatura epitalámica y erótica, especialmente
por el poema elegíaco a su esposa muerta, Quintilia. -Cornificio, Furio Bibáculo,
Terencio Varrón, etc...
1.2.- CATULO
Máximo representante de los poetae novi o neotéricos, es el único autor del que se nos
han conservado todos sus poemas y uno de los poetas latinos más populares hoy día. En
realidad su inclusión en el apartado de la poesía lírica se debe fundamentalmente a su
calidad de líder de los neotéricos, pues propiamente líricas tiene escasas composiciones,
entre las que podemos mencionar los poemas 11-17-30-34-51-61 y otros. Por otra parte
todavía hoy se discute su pertenencia al movimiento elegíaco, aunque por una cuestión
meramente formal. En cualquier caso, lírico o propiamente elegíaco, Catulo merece
comentario aparte.
Aunque parte de su atractivo radica en su versatilidad, se le recuerda ante todo como
poeta amoroso y en esto influyó sobremanera en los grandes elegíacos que le sucedieron:
Tibulo, Propercio y Ovidio; efectivamente, fue el primer poeta latino que describió el
desarrollo de un proceso amoroso de una manera profundamente intensa. Cayo Valerio
Catulo, nacido en Verona (84.54 a.C.), tuvo una vida breve, pero intensa, aunque sin
acontecimientos extraordinarios. Era hijo de una familia provinciana, que aún sin grandes
bienes de fortuna, pudo dotarle de una excelente educación y facilitarle un trato social
elevado: políticos, aristócratas, intelectuales. Su padre se preciaba de la amistad con
César, sentimiento que Catulo no compartía. Tuvo poca inclinación por los cargos
oficiales y el comercio, y gustaba, por el contrario, del otium, de la vida social, del trato
con los amigos, de las mujeres, del arte poético...
El actual Corpus Catuliano que poseemos consta de 116 poemas y podemos vertebrarlo
en tres partes claramente diferenciadas:
* La primera parte, del poema 1 hasta el 60, comprende poemas líricos cortos, en metros
y contenidos variados: Así encontramos incidentes de la vida diaria, expresiones de
amistad, sátiras, críticas políticas, poemas de amor e, incluso, un himno a Diana y la
traducción (51) de un célebre poema de Safo.
* La segunda parte, del poema 61 hasta el 68, se caracteriza por una mayor extensión de
las poesías e importancia del asunto: himnos nupciales, elegías epistolares, y hasta una
breve epopeya con motivos mitológicos. Aquí Catulo se nos revela como el poeta doctus,
de influencia alejandrina y carga erudita hasta el punto de versionar dos poemas de
Calímaco.
* La tercera parte, del poema 69 hasta el 116, es parecida en cuanto al contenido a la
tercera parte, pero se caracteriza por su forma métrica común, el dístico elegíaco, y
además porque expresa los sentimientos del poeta de una forma más tradicionalmente
romana.
Catulo escribió, pues, básicamente dos modos de poesía:
*poemas yámbicos o mélicos (de corta extensión) y epigramas en dísticos elegíacos, que
en su mayoría reflejan sentimientos personales o impresiones vividas y
*poemas total o predominantemente narrativos, en los que o no se alude en absoluto a su
persona o sólo para dar pretexto a una extensa digresión, donde el preciosismo y la
precisión técnico-poética dominan absolutamente.
En suma, Catulo se nos presenta como la figura más destacada entre los poetas jóvenes de
su época, que buscaban la inspiración no en sus antepasados romanos sino en los griegos,
tanto en los poetas cultos y esmerados de la época helenística, como en los poetas líricos
más directos de siglos precedentes, como Safo.
En él se resumen todas las características de los neotéricos en cuanto a temática:
-poesía erótica -descripciones de la naturaleza -pasquín político -sátira privada
-epitalamios de influencia mitológica...
Y de la misma manera se observa en conjunto la influencia de los líricos griegos:
-preocupación por la consecución de formas perfectas -selección del vocabulario
-introducción de nuevos metros y temas -sentimentalismo -plasmación de vivencias
personales.
Para terminar haremos alusión a las dos circunstancias vitales determinantes que
marcaron su vida y su obra: *la infidelidad de Lesbia *la muerte de su hermano.
En la vida del poeta se mezclan momentos de felicidad, demasiado breves, con momentos
de abatimiento y autodestrucción. La pasión desencantada junto con el angustioso drama
de la muerte de su hermano le hacen llegar a una revelación íntima que llena de luz su
alma, indecisa entre el odio y el amor: llega la hora amarga de la resignación.
Observamos un sólida entereza, insospechada en alguien que creció en medio de un
mundo galante, de disipación y amores livianos. La angustia catuliana, el dolor que
apenas encuentra alivio, son el testamento profundamente humano del primer elegíaco
que intentó sobrellevar la carga de un amor burlado, de una vivencia asumida en su
integridad y que, gracias a ello, pudo proporcionarle una visión trascendental y serena a
su existencia.
A través de los breves retratos de su pasión observamos un tesoro de expresiones y
motivos populares y de la tradición poética. Su lengua surge del habla familiar y nos
sumerge de lleno en la sociedad romana de la época. Fue, en suma, uno de los fundadores
de la escuela "modernista" de la poesía latina, el primer lírico de esta literatura y un autor
cuya obra reúne todas las cualidades técnicas y emotivas necesarias para llegar al
equilibrio deseado. Ello la ha convertido en uno de los "corpus" más armónicos y
atractivos de cualquier autor lírico latino.
1.3.- HORACIO
Quinto Horacio Flaco (65-8 a.C.) nació en Venusia (Apulia), hijo de un liberto que
ejercía el cargo de recaudador de impuestos en las subastas. Con gran sacrificio de su
familia, recibió una esmerada educación en Roma y más tarde en Grecia,
entusiasmándose con la filosofía epicúrea. Se enroló en el ejército de Bruto y combatió
en Filipos con el grado de tribuno militar.
Tras la derrota volvió a Roma y compró un puesto de amanuense de los cuestores para
poder vivir. Allí empieza a escribir con amargura sus Épodos y Sátiras, trabando amistad
con Virgilio, quien lo presentó a Mecenas, al cual le unió una profunda amistad durante
toda su vida. No se casó nunca. Se dedicó por completo a su actividad literaria,
permitiéndose incluso rechazar el cargo de secretario particular del "princeps", que el
propio Augusto le había ofrecido.
1.3.1.- Obra Lírica
No estudiaremos la obra completa de Horacio, por pertenecer parte de ella a otros
géneros literarios tratados en diferentes temas. Así pues, baste con mencionar las Sátiras
o Sermones y las Epístolas, para pasar al estudio detallado del resto de su producción
poética. No en balde él mismo afirmó que no todo lo que había escrito en verso era
poesía.
1.3.1.1.- Épodos
Llamados por Horacio Iambi, fueron escritos en el intermedio de las batallas de Filipos
(42 a.C.) y Accio (31 a.C.), es decir, contemporáneos de los Sermones e inmediatamente
anteriores a las Odas. Están a media distancia entre la poesía satírica y lírica y con ellos
Horacio aspiró a convertirse en el Arquíloco romano. Efectivamente, adopta la estrofa
yámbica, mezclándola con otros ritmos y fijando desde aquí las reglas de la métrica
latina. Reúne aquí 17 poemas cortos, de tono violento y agresivo sobre temas muy
diversos: junto a las deprecaciones contra las guerras civiles, aparecen las invectivas
contra personas de la vida pública o privada, contra sus enemigos literarios o contra
mujeres perversas... No obstante, también hay un poema de tema bucólico, el
conocidísimo Beatus Ille, en el que canta la vida del campo frente a las complicaciones
de la vida urbana.
1.3.1.2.- Odas (CARMINA)
Escritas entre el 30 y el 20 a.C., se trata de composiciones líricas agrupadas en cuatro
libros, con las que intenta crear una poesía lírica que rivalice con la griega; naturalmente
utiliza temas y metros líricos griegos, estrofas eólicas sobre todo. En los primeros libros
de Odas, Horacio apoya las intenciones morales y religiosas de Augusto, incluyendo una
temática muy variada: *Temas político-nacionales, centrados en el valor educativo de la
guerra y en la predicación de la vida serena y la aurea mediocritas, como medio de freno
para las ambiciones y ansia de novedades provocadas por la guerra civil. Igualmente
habla del sometimiento de los pueblos bárbaros para garantizar la paz de Roma y dedica
también poemas de alabanza a Augusto.
Tanto gustaron al "princeps" estos cantos, entre los que se encuentran las llamadas Odas
Nacionales, que pidió a Horacio que compusiera un himno para los Juegos Seculares del
17 a.C. (destinados a conmemorar la paz definitiva en Oriente, tras el sometimiento de
los Parthos), al que se denominó Carmen Saeculare.
* Temas religiosos, donde Horacio usa a los dioses como un mero artificio literario.
* Temas de ética y moral, donde se pueden incluir también alguno de tipo erótico y otros
de tipo profano (la alegría de los banquetes, la tranquilidad de la vida del campo, amores
propios y ajenos...), pero donde fundamentalmente se deja ver la influencia de la filosofía
epicúrea que Horacio profesaba, en clara contradicción con su carácter típicamente
romano: se ha de vivir el presente, disfrutando de la vida ("carpe diem"), pero de una
manera sensata, con calma y tranquilidad, evitando el ansia de riqueza y las esperanzas
infundadas, que fueron, según él, las causantes de la crisis romana. En el fondo Horacio
entiende el deber por encima de los placeres del alma.
Por otro lado, en el libro IV de las Odas Horacio se nos presenta de forma diferente a los
anteriores: es un libro más personal e íntimo, como el apogeo del hombre, ya anciano,
que ve pasar su vida y agudiza sus sentimientos; ante la tristeza de la muerte busca la
inmortalidad que puede conferirle la poesía y, como tal instrumento de recuerdo, la alaba.
Aquí desaparece el anonimato y se confiesa abiertamente sin seudónimos.
En realidad toda la lírica de Horacio, en sus aspectos más elevados, no es otra cosa que
una meditación en torno a la muerte: ésta es el hilo conductor de su mundo. Pero su
pesimismo no es absoluto, como lo demuestra su evolución fatigosa desde el epicureísmo
al estoicismo, manifestada en su producción lírica donde supo aunar los aspectos
ambiguos de la vida humana.
Por otra parte, la posición señera de Horacio como uno de los mayores poetas latinos se
basa en la perfección formal que muestra su poesía y en la profundidad y detalle de su
propio retrato: aparece como uno de los hombres más agradables, urbanos, graciosos,
tolerantes, observadores, amantes de las cosas buenas de la vida y de su país que
podamos imaginar.
Precisamente esta capacidad de observación lo aleja definitivamente, en un tema tan
común en la lírica como el amoroso, de Catulo y, sobre todo, de los elegíacos Tibulo y
Propercio. En Horacio las pasiones son contempladas con un espíritu de observación casi
objetivo como si el autor no estuviera implicado en ellas: ante la belleza de Cloe, no
ejercita el sentimiento, sino la fantasía.
Muestras fundamentales de su producción lírica y reflejo de sus preocupaciones vitales
permanentes son las siguientes Odas: "Tu ne quaesieris, scire nefas..." (I,11) "Rectius
vivis, Licini,... (II,10) "exegi monumentum aere perennius..." (III,30) "Diffugere nives,
redeunt iam gramina campis..." (IV, 7)
1.3.2.- Cuestiones estilísticas y Pervivencia
El mismo Horacio manifiesta sus gustos literarios en la Epistula ad Pisones, verdadero
tratado de preceptiva literaria, denominado también Ars Poética. Pueden resumirse en las
siguientes características:
-Plasticidad: consiste esta cualidad en dar forma, relieve y límites a lo que se está
escribiendo. Horacio es insuperable en la descripción tanto de motivos de la naturaleza,
como de sus ideas y sentimientos, personificándolos si es necesario por medio de
divinidades alegóricas: intenta llegar al entendimiento a través de los sentidos.
-Sentido del equilibrio: intenta llevar a la literatura la idea epicúrea de la moderación que
cultivó durante toda su vida. Insiste en la importancia del orden y combinación de las
palabras como principio fundamental del lenguaje poético. La "callida iunctura", como
definición del estilo de Horacio, se ha convertido en frase proverbial: la acertada e
inteligente combinación del acervo lingüístico cotidiano para lograr un efecto nuevo.
-Sentido de la perfección: es la cualidad más acusada y característica, aunque pueda
hacerle perder a veces sentimiento y espontaneidad. Horacio utiliza en todo momento la
palabra o construcción exacta, trabaja una y otra vez los versos hasta dejarlos perfectos;
la estructura de sus composiciones es armónica y rigurosa, todo en consonancia con la
alta misión social que el poeta se atribuye, de ser educador e intérprete de los
sentimientos de la sociedad.
Para terminar podemos decir que los temas y formas usados por Horacio no constituyen
una innovación en sí dentro de la lírica romana, pues ya se tenía el precedente de Catulo.
Pero lo que sí supone una aportación original es su estilo dialéctico en que la tradición
romana arcaica se sintetiza con las nuevas tendencias alejandrinas de su época,
apoyándose en los líricos griegos antiguos y recreándolos, frente a los "Poetae Novi" que
siguieron los modelos helenísticos. Horacio supera todo lo anterior partiendo de unos
elementos conocidos. Tuvo un grupo de sucesores que imitaron sus formas líricas,
aunque luego en la Edad Media sus Odas no fueron leídas. En el Renacimiento cobraron
de nuevo una gran aceptación, así como en el siglo XVIII, cuando la filosofía de
moderación preconizada por Horacio asumió un papel preponderante.
2.- La obra elegíaca de OVIDIO
2.1.- Datos biográficos y Perfil humano
La terrible atracción que Ovidio (43 a.C.-17 d.C.) sentía hacia la poesía, queda patente
por su propia mano: "Et quod temptabam scribere, versus erat". Espíritu libre y personaje
económicamente independiente, nunca quiso sentirse vinculado a nadie, por lo que evitó
su adscripción a círculo literario, sistema filosófico o programa educativo alguno.
El tremendo golpe de infortunio en su vida del año 8 d.C., el destierro a Tomis, su gran
tragedia, significó paradójicamente su consagración como poeta elegíaco. No entraremos
a comentar los motivos del destierro, salvo insistir que éste le llegó en uno de los
momentos de su vida más dichosos y centrados en Roma, con un matrimonio feliz, como
poeta célebre y en medio de un círculo de amigos con quienes congeniaba.
Desde luego, la impresión que el castigo produjo en el poeta, que entonces contaba con
51 años, fue espantosa. De hecho, de los tres grandes autores romanos que tuvieron que
asumir el exilio (Cicerón, Séneca y Ovidio) es Ovidio el que con más dureza y
persistencia fue afectado. Una vez en Tomis hizo todo lo posible por conseguir el perdón
y regresar a Roma, pero todo fue inútil, incluso tras la muerte de Augusto. Sólo su amor a
la poesía le libró de la desesperación total; murió en el destierro.
2.2.- Desarrollo y características de su poesía
Hombre de extraordinaria facilidad para versificar, no muestra demasiados requisitos por
cuestiones profundas, lo cual le ha valido la acusación de dejarse dominar por su talento,
en vez de dominar a éste. Efectivamente, no se detiene lo suficiente a seleccionar lo que
creaba con tanta naturalidad y cae a veces en repeticiones y lugares comunes; con todo,
su poesía es de una perfección formal pocas veces igualada y superior sin duda al
contenido.
La obra de Ovidio es rica en formas y facetas, pero toda ella está centrada sobre un tema
único: Eros es el dios a quien este poeta rinde culto, por supuesto de una manera muy
especial. A pesar de que el tema que nos ocupa es el Ovidio elegíaco, realizaremos un
resumen del conjunto de su producción:
*poemas eróticos de juventud: -Elegíacos: Amores y Heroidas. -Didácticos: Ars
Amatoria, Remedia amoris y De medicamine faciei femineae.
*obras maestras: -Fasti (incompleta): relación de fiestas, costumbres y leyendas del
calendario romano. Estaba dedicada a Augusto y escrita en seis libros en dísticos
elegíacos. -Metamorfosis: es el gran poema épico, plagado de narraciones mitológicas y
escrito en hexámetros.
*poemas desde el exilio, fundamentalmente elegíacos: -Poemas didácticos: Halieutica y
Phaenomena. -Poemas injurioso en dísticos elegíacos: Ibis. -Elegías: Tristia, Epistulae ex
Ponto.
Pasando ya a la producción propiamente elegíaca podemos destacar variados aspectos en
cada una de sus obras:
*Amores: se trata de un conjunto de elegías de tema amoroso, dedicadas muchas de ellas
a una tal Corina. Él mismo afirma haber trastocado su primera intención de escribir un
poema épico, cambiándolo por una elegía amorosa, tras ser herido por los dardos de
Cupido: y no debe andar muy lejos de la verdad, pues en la composición se observa cierto
convencionalismo y rasgos de erudición. Destaca esta obra por la precisa presentación de
un sentimiento, de una sensación, dentro de un marco escasamente delimitado. Ovidio es
insaciable en el amor, tanto en gozarlo como en cantarlo, pues es el impulso que hace
latir con más fuerza el corazón del hombre, apareciendo con más claridad su naturaleza.
* Heroidas: son las cartas apasionadas o epístolas poéticas que Ovidio atribuye a heroínas
míticas dirigidas a sus maridos o amantes: Penélope a Ulises, Dido a Eneas, etc. El
apasionamiento del ardor solitario se derrama en estas escenas representando situaciones
modelo: se suceden alternativamente el anhelo y los celos, la tristeza y la ira, los
recuerdos y esperanzas, las quejas y acusaciones... hasta formar una galería dramática que
en sucesivos contrastes entre sus protagonistas sondea, complementándose unos a otros,
la diversidad de emociones y conmociones humanas.
* Tristia: se trata de doce libros con casi cien poemas, que estuvieron terminados
alrededor del año 12 d.C. Aquí no nombra a los destinatarios de estas cartas poéticas
personales, según él mismo afirma, para no comprometerlos. A pesar de que muchos
poemas empalman con la gran tradición elegíaca (p.e. la estremecedora despedida de
Roma), la mayoría fatigan por su tono quejumbroso y deprimen por la autohumillación en
su desdicha. Especial interés tiene el dedicado a su autobiografía (4, 10), que como sello
poético debía cerrar la colección.
* Epistulae ex Ponto: son cuatro libros de cartas en dísticos elegíacos y dirigidas a su
mujer y a influyentes amigos, pidiendo insistentemente que intercedan por él para que le
sea levantado el exilio. El lector moderno se siente cansado por su monótona actitud de
queja, que por otra parte no nos debe extrañar, tratándose de un poeta marcado por el
sello de la elegancia de Roma.
SATIRA y EPIGRAMA
SÁTIRA
1.- Características del género
El término "satura" designa un género literario que, si bien recibe influencias del drama
griego y de las diatribas de los filósofos cínicos, se desarrolla por primera vez en Roma
como tal género con características bien definidas; por este motivo Quintiliano se jactaba
de que "la sátira al menos es un logro totalmente romano".
El origen del término "satura" es oscuro: ya en la Antigüedad se proponían diversos
orígenes para el mismo, sin que existan razones de peso para proponer unos por encima
de los otros. La historia del desarrollo de la sátira como género literario es larga,
pudiéndose rastrear hasta cuatro tipos de composiciones de carácter satírico. En primer
lugar el historiador tito Livio, al hablar de los comienzos del teatro en Roma, nos informa
de una "satura dramática" en las que se mezclaban cantos, música y mimo. Las
informaciones sobre este tipo de representaciones son prácticamente nulas y, desde luego,
no parece que hayan ejercido ninguna influencia en el desarrollo de la sátira como género
independiente.
Un segundo grupo de escritos satíricos lo forman composiciones de carácter burlesco y
moralizador, pero en las que no se incluían, al parecer, ni invectivas ni ataques
personales. Algunas obras del polifacético poeta Ennio (239-169 a. C.) fueron de este
tipo. Publicó al menos cuatro libros (algunos autores hablan de seis), de poemas cuyas
característica fundamental era la mezcla de elementos diversos tanto desde el punto de
vista de la forma como del contenido: no sólo estaban escritas en diversos metros,
incluyendo fragmentos en prosa, sino que su contenido oscilaba entre la fábula, el
episodio autobiográfico y algunos poemas típicamente satíricos con críticas de
costumbres de su época.
El tercer tipo de sátira es precisamente el que define el género: composiciones sobre
diversos temas pero en las que se incluye una crítica mordaz desde un punto de vista muy
personal de personas concretas y de la sociedad en general. Lucilio es el creador del
género; Horacio, Persio y Juvenal son sus máximos representantes.
Por último desde época muy temprana se desarrollaron composiciones satíricas que
seguían el modelo de Menipo y que por ese motivo se titularon sátiras menipeas. Eran
composiciones en las que se repartían desigualmente prosa y verso con una
intencionalidad más didáctica que crítica. Varrón fue el primero en escribir este tipo de
composiciones .La Apocolocyntosis de Séneca y el Satiricón de Petronio también se
incluyen en este apartado.
2.- LUCILIO: el creador del género
Horacio fue el primero en otorgar a Lucilio de Suessa Aurunca el privilegio de ser el
creador de la sátira como género literario autónomo. No existe ninguna "vita" que nos
aporte datos fidedignos sobre su vida, aunque, al ser la sátira un género muy personal,
podemos obtener alguna información de los fragmentos que nos han llegado de sus
Saturae. Sabemos que nació en Suessa Aurunca, localidad de la Campania, hacia el 180 a.
de C. y que estuvo muy vinculado con el círculo de los Escipiones, sirviendo en la
caballería en Hispania a las órdenes de Escipión. De familia acaudalada, escribió en
provecho y en defensa del grupo de aristócratas reunidos en torno a los Escipiones y que
propugnaban reformas moderadas en el terreno social y político. Murió a edad avanzada
en Nápoles entre el 102 y el 101 a. C.
Comenzó a escribir en su madurez, al regreso de la campaña de Hispania. Escribió 30
libros de los que sólo nos han llegado 1.375 versos. En los primeros libros utilizó una
gran variedad de metros pero posteriormente utilizó solamente el hexámetro, que desde
entonces es propio de la poesía satírica. Mantuvo sin embargo siempre una gran variedad
temática: ataques contra personajes corruptos y contra los vicios imperantes en la
sociedad de su tiempo, testimonios autobiográficos, críticas literarias y filosóficas, etc.
Lo más característico de Lucilio es que, por encima de la diversidad temática se impone
siempre la crítica y los ataques mordaces, de carácter personal, lo que confiere a la
"satura" esa nota distintiva que ha llegado hasta nuestros días.
Lucilio escribe en el lenguaje normal de la calle (sermo cotidianus), alejándose de la
selección de vocablos típicas del lenguaje poético y marcando de esta forma diferencias
con la poesía épica. Los términos groseros e incluso obscenos son propios del género y
Lucilio los utiliza con normalidad. Pero su estilo es poco cuidado y Horacio le criticaba
su abandono a la inspiración fácil y su falta de autocrítica que le llevaban a expresar sus
ideas de forma tosca y con descuido; de cualquier forma, sus defectos literarios no fueron
un obstáculo para que, trazando un cuadro vivo y crítico de la sociedad de su tiempo,
estableciera de forma clara los rasgos fundamentales de un género típicamente romano.
3.- HORACIO: Sermones y Epistulae
Si Lucilio es considerado como el fundador del género satírico, a Horacio, su continuador
como él mismo se proclama, le cabe el mérito de haberlo llevado a la perfección formal.
Las diferencias entre Lucilio y Horacio son notables tanto en los aspectos de contenido
como en los formales. Las sátiras de Horacio carecen de la fuerza y de la dureza crítica de
Lucilio; las circunstancias políticas de la época de Horacio no permitían, a pesar de que el
poeta pertenecía al círculo de amigos de Augusto, llevar la crítica y los ataques
personales a los extremos a que se habían llevado en los primeros siglos de la República.
Por este motivo no encontramos en Horacio referencias críticas sino a personas
difícilmente identificables. El poeta dedica pues sus esfuerzos a perfeccionar los aspectos
formales del género, única cosa que encuentra criticable en su antecesor. Se incluye así
en esa tendencia propia de la poesía de la época de Augusto que, aún reconociéndose
heredera de los poetas arcaicos, retoman sus metros y temas para darles su definitiva
forma clásica. Con Horacio la poesía satírica en hexámetros alcanzó un alto nivel de
refinamiento artístico que se aleja de la rudeza de Lucilio.
En realidad Horacio no tituló ninguna de sus obras Saturae, pero la tradición manuscrita
nos ha transmitido como obras satíricas del poeta dos libros con el titulo de Sermones y
otros dos bajo el epígrafe de Epistulae, ambos en hexámetros, como es ya propio de la
sátira desde Lucilio.
La vida de Horacio ocupa toda la segunda mitad del siglo I a. de C. (65-8) y su obra
satírica ocupa el comienzo y el final de su labor poética, debiendo situarse entre ambas su
producción lírica. Este hecho explica que podamos dividir la obra satírica de Horacio en
dos grupos con características propias: por un lado estarán las composiciones escritas
entre el año 45 y el 30 y por otro las producidas entre el 23 y el 13 a.C.
En el primer grupo tenemos que situar los Sermones, escritos en el período anterior al
gobierno de Augusto y en los que se percibe una mayor dureza en el tono de lo que será
habitual en las obras posteriores. En el libro primero Horacio realiza una crítica moral y
literaria y en alguna de ellas introduce elementos autobiográficos; los temas son variados:
la alabanza del justo medio (est modus in rebus), la crítica de la rigidez y la
intransigencia de los estoicos hecha desde una perspectiva epicúrea y, junto a estos temas
filosóficos, otros como relatos de viajes (recogiendo una tema ya tratado por Lucilio). En
el libro segundo el poeta escoge la forma de discusión libre (diatriba) entre interlocutores
anónimos que habían popularizado algunos filósofos griegos, en especial los cínicos; la
sátira se transforma así en una "charla" (sermo) animada que permite tratar con distintos
puntos de vista diversos temas: fábulas, confidencias, teoría literaria, reflexiones
personales y filosóficas, etc.
Todas sus composiciones satíricas, a las que el poeta seguía llamando Sermones, a partir
del año l30-29 tienen forma de cartas en verso por lo que se nos han transmitido como
Epistulae. Este segundo grupo de sátiras recogidas en dos libros es una obra de madurez y
en ellas predomina sobre todo el tono didáctico. Dentro de esta obra tienen un interés
muy especial tres cartas extensas en las que Horacio hace una crítica estética de la
evolución de la literatura romana; dos de ellas nos han llegado formando parte del libro
segundo, mientras que la tercera se considera una obra especial titulada De Arte Poetica.
En la primera de estas cartas, dirigida a Augusto, trata el poeta de las relaciones entre la
literatura griega y la romana; la segunda está dirigida a Floro, al que con un tono muy
personal desaconseja que se dedique a la poesía; por último, la titulada De Arte Poetica,
dirigida a los Pisones, es un análisis extenso y técnico del arte literario.
Tanto en los Sermones como en las Epistulae el objetivo de Horacio era llevar a la mayor
perfección formal la sátira y consolidad sus posibilidades artísticas. El lenguaje, la
selección de palabras, el tono que puede ser culto o popular según el tema tratado,
resultan ser instrumentos perfectos para la consecución de ese objetivo.
4.- La sátira de la época de Nerón: PERSIO
Se ha comentado ya que las circunstancias políticas que se imponen en Roma con la
llegada del principado destierran de la sátira el ataque personal y la crítica mordaz: así se
ha comentado a propósito de Horacio. A lo largo del siglo I d. C. el ambiente de
reprensión y de desconfianza se acentúa y la sátira se va volviendo cada vez más
abstracta y retórica, perdiendo contacto con la realidad cotidiana. A esta época pertenece
la obra de Persio.
Aulo Persio Flaco era de origen etrusco; nació en Volterra en el año 34, en el seno de una
familia de orden ecuestre. Huérfano de padre a muy temprana edad, marchó a Roma
donde recibió una esmerada educación. Murió prematuramente en el año 62, cuando sólo
contaba 28 años. Sus seis sátiras fueron publicadas después de su muerte por el lírico
Cesio Baso, a quien Persio había dirigido la última de ellas. Fue discípulo del filósofo
estoico Anneo Cornuto y la influencia de éste sobre el poeta es enorme tanto en su obra
como en su vida. Aunque no participó en la vida política, se movió en los ambientes de la
oposición estoica al gobierno del emperador Nerón.
Persio tomó la inspiración y los temas de la filosofía estoica, a cuyo servicio puso su
poesía. En todo momento, incluso cuando habla de teoría literaria, se sitúa en una
posición moralizadora y convierte su obra en una exposición de la rígida moral del
estoicismo de la época de Nerón.
Su obra no es muy extensa, no sólo a causa de su temprana muerte sino muy
especialmente porque no era poeta de inspiración fácil: escribía, según afirma su biógrafo
con poca continuidad y lentamente (scriptitavit raro lentoque). Escribió en total seis
sátiras. La primera trata de los problemas generales de la poesía y expone su posición al
respecto. En las restantes se desarrollan los temas particularmente queridos para los
estoicos: el verdadero espíritu de la religión, la educación, la libertad y el desprecio de la
riqueza.
Persio es un poeta de una gran obscuridad. Persigue el lenguaje coloquial, pero se deja
llevar por la corriente imperante de su época de utilizar recursos expresivos tomados de la
retórica. Su obra es una mezcla de discursos, monólogos, interrogaciones retóricas y
antítesis. Por todo ello su lengua es poco clásica, difícil, llena de metáforas
desconcertantes y de palabras obscuras.
Fue muy valorado en la Antigüedad y durante la Edad Media, muy probablemente por el
contenido moralizante de su obra pero en la época actual ha sufrido, frente a los otros
poetas satíricos romanos, una creciente desvalorización.
5.- El último gran poeta satírico: JUVENAL
Es característico del género satírico su carácter fuertemente personal, que hace que la
vida del autor se transparente en su obra y que sean frecuentes las alusiones
autobiográficas; así lo hemos visto en Lucilio, en Horacio y en Persio. Sin embargo ésta
es la primera diferencia entre Décimo Junio Juvenal y sus predecesores: Juvenal en sus
sátiras no nos cuenta gran cosa sobre sí mismo; sí nos informa su obra sobre sus
sentimientos ante la sociedad de su tiempo y, en definitiva, sobre su talante interior, pero
no hay apenas alusiones a su vida personal.
Se sabe que nació en Aquino, ciudad del Lacio meridional, hacia el año 60 y que murió a
edad avanzada con posterioridad al 127. Parece ser que era hijo de un liberto adinerado y
que vivió la vida difícil de los clientes que recoge él mismo en sus sátiras. De los escasos
datos que tenemos parece desprenderse que hizo carrera militar y recibió una sólida
formación retórica.
La juventud y parte de la madurez y de Juvenal transcurre durante el funesto reinado de
Domiciano, prototipo de tirano que estableció un auténtico régimen de terror y que marcó
definitivamente al poeta. En el año 96 muere Domiciano y se inicia con Nerva y sus
sucesores una época de restauración política, social y moral; es éste el momento que
Juvenal, ya de mediana edad, elige para comenzar a publicar sus 16 sátiras en cinco libros
ordenados por el mismo autor.
En la sátira inicial del libro I que, como ocurre en sus predecesores, tiene carácter
programático, expone su deseo de escribir sátiras a la manera de Lucilio, realizando una
agria crítica de la sociedad de su tiempo. Sin embargo el poeta declara en esa misma
sátira que sólo hablará de personas ya muertas, de manera que dirige su indignación
tantas veces sofocada contra la época de Domiciano. La sátira IV es particularmente
ilustrativa de cuáles son los motivos y las intenciones del poeta: desahogarse del horror
experimentado en el inmediato pasado y resarcirse del obligado silencio. La crítica
alcanza tanto al emperador, al que se censura su arbitrariedad y su crueldad, como a la
clase senatorial, inclinada a la adulación y a la delación. Sin embargo esta crítica se hace
extensiva al presente porque los defectos de la sociedad se perpetuaban y se hacían
difíciles de eliminar.
La actividad literaria de Juvenal duró aproximadamente unos treinta años y, como es
natural, se observan diferencias en el contenido entre las primeras composiciones y las
últimas; con el paso del tiempo disminuye la virulencia de los ataques y aborda
cuestiones morales y narraciones de menor carga satírica.
En el campo de la lengua y el estilo, Juvenal aporta a la sátira toda su formación y su
experiencia de retórico. Destaca sobre todo en las descripciones rápidas y concisas,
sacadas de la observación de la realidad. Su utilización de la lengua es admirable por su
fuerza y por su poder evocador. Juvenal es, al mismo tiempo que uno de los máximos
representantes de la sátira romana, el punto y final de este género, el más típicamente
romano.
EPIGRAMA
1.- Características del género
Etimológicamente el término epigrama se usa para referirse a las composiciones
destinadas a ser grabadas en piedra. Así pues los primeros epigramas fueron
composiciones breves pensadas para su inscripción con carácter votivo o funerario. Este
tipo de epigrama arcaico está perfectamente documentado en Roma, pudiendo adscribirse
a este tipo de poesía los primitivos "elogia" (composiciones laudatorias en honor de
difuntos) todavía en versos saturnios.
El epigrama literario, difundido extraordinariamente en época helenística, tiene su origen
en estas inscripciones y de ellas toman gran parte de las características del género:
brevedad, concisión, ingenio y vivacidad expresiva. El epigrama literario, concebido para
ser leído o recitado, extiende su temática y pasa a expresar la más variada gama de
sentimientos; encontramos epigramas eróticos, satíricos, costumbristas, festivos y, por
supuesto, fúnebres.
En Roma los primeros epigramas literarios datan de finales del siglo II a. C. y, siguiendo
la moda alejandrina, describen en dísticos elegíacos sentimientos amorosos. En la
segunda mitad del siglo I a. C. encontramos dentro de la variada obra de C. Valerio
Catulo una importante serie de epigramas en los que narra los vaivenes de su relación con
Lesbia así como puyas y críticas a competidores y enemigos. Igualmente en la Appendix
Vergiliana, obra al gusto neotérico y que se piensa que fue escrita por Virgilio en su
juventud, figuran una serie de epigramas recogidos con el nombre de Catalepton
("composiciones ligeras").
2.- MARCIAL
Sin embargo el epigrama como forma literario alcanzó su configuración definitiva con
Marco Valerio Marcial (aprox. 40 d. C- 103/104); él es el único escritor que adopta el
epigrama como forma exclusiva para expresar sus ideas y sentimientos, dando a esta
composición el carácter que actualmente tiene.
Nació Marcial en Bílbilis, una pequeña población situada en la Hispania Tarraconense.
En el 64 marchó a Roma donde, falto de medios económicos, tuvo que adaptarse a la vida
de "cliente" sometido a la protección de patronos. La mayor parte de su vida transcurre en
Roma, pues ya no regresaría a Bilbilis hasta el 98, sólo unos años antes de su muerte,
cuya fecha exacta no se conoce; el único dato que nos permite realizar alguna suposición
en torno a la muerte de Marcial es que Plinio el Joven hace alusión a la misma en una
carta fechada en el 104. Sin embargo, a pesar de su prolongada ausencia, la vinculación
del poeta con su tierra española es uno de sus rasgos definitorios; su poesía deja entrever
un amor obstinado por su tierra, sus paisajes y, muy especialmente, por el tipo de vida
que allí se puede vivir.
Marcial escribía poesía para ganarse la vida; sus primeros epigramas fueron obras de
ocasión. La primera colección figura como un libro aparte y se titula Liber
spectaculorum; fue compuesto para celebrar la inauguración del Coliseo (anfiteatro
Flavio) por el emperador Tito y describía los espectáculos que allí se sucedieron. De esta
obra conservamos treinta y tres poemas interesantes por la información que proporcionan
sobre este tipo de espectáculos. Al Liber spectaculorum siguieron dos nuevas obras
ocasionales: Xenia y Apophoreta; eran pequeños poemas dedicados a acompañar los
regalos que se intercambiaban con motivos de las Saturnales. Los Xenia y Apophoreta
aparecen recogidos como los libros 13 y 14 de los epigramas.
A partir del año 86 comienza a publicar su obra más importante: alrededor de 1.500
epigramas agrupados en doce libros y basados en la observación burlona de la vida.
Suelen ser composiciones breves, en la que se expresa con concisión y acierto una idea.
El metro más utilizado es el dístico elegíaco, aunque utiliza también con frecuencia el
coliambo y el endecasílabo. En algunos de los libros coloca como introducción un
prefacio en prosa en el que se defiende de las críticas.
La poesía de Marcial no se explica sin la ciudad de Roma; por todas partes se muestra en
sus epigramas con gran realismo los distintos tipos humanos que se movían por la
corrompida sociedad romana de la época de los Flavios: cazadores de fortuna, delatores,
glotones, etc... No faltan tampoco las alusiones personales y así se reflejan en su obra las
dificultades de su vida de cliente, sus quejas por la tacañería de los patronos e incluso su
demanda de regalos y préstamos. Las composiciones dedicadas al emperador Domiciano
son abiertamente aduladoras, sin que parezca que esto le resultara humillante:
consideraba la adulación un medio para sobrevivir, y lo cierto es que gracias a ella
consiguió de Tito y Domiciano ciertos honores y compensaciones.
Como obra literaria los epigramas de Marcial responden a una postura de reacción contra
los usos y modos literarios imperantes en su tiempo. Era ésta una época en la que
predominaba un gusto clasicista que llenaba las obras de adornos mitológicos y retóricos,
imponiéndose las declamaciones y descripciones de carácter épico. En el uso de la lengua
se rechazaban las expresiones vulgares, el "llamar a las cosas por su nombre", el
detenerse en asuntos desagradables sórdidos u obscenos. A todo esto opone Marcial su
obra.
En primer lugar, frente a las grandes composiciones narrativas él se inclina por el
epigrama, la forma más humilde de poesía; en segundo lugar reclama su derecho a
expresarse con "la cruda verdad de las palabras" (lasciva verborum veritas). Consigue de
esta forma una claridad de expresión difícilmente imitable y la sencillez de sus versos, a
pesar de estar hechos con gran cuidado, da impresión de improvisación.
La intención de Marcial es simplemente representar la vida de la sociedad de su tiempo,
sin falsos pudores y sin tapujos, quizá por ese motivo en ocasiones resulta excesivamente
obsceno. Su actitud es más de cansancio y hastío que de indignación ante los vicios y
defectos de la sociedad; busca provocar más la risa o la burla que la reprobación. La
actitud de Marcial está lejos de la propugnada por los poetas satíricos porque no tiene
intención moralizadora, no intenta provocar un cambio de actitud sino simplemente
observar la realidad desde su aspecto más risible y jocoso. Además, y este es otro rasgo
que lo separa de los poetas satíricos, nunca utiliza la invectiva o el ataque personal; las
personas a las que se refieren sus epigramas son en la mayor parte de los casos
imaginarias. Este deseo de no realizar ataques personales lo expuso con un verso que,
libremente traducido, resume ese dicho popular que reza así: "se dice el pecado, pero no
el pecador" (parcere personis, dicere de vitiis).
Su servilismo al dirigirse a los emperadores, la libertad en el uso de la lengua y la
obscenidad de que son frecuencia hace gala motiva que su valoración haya variado según
las épocas. En su tiempo tenía gran aceptación por el pueblo, mientras despertaba críticas
airadas entre los poetas que respetaban las tendencias de la poesía clasicista. Lo cierto es
que con su forma directa de escribir, con su ingenio y vivacidad dio al término epigrama
las características con las que ha pasado a la literatura actual
NOVELA ROMANA
LA NOVELA EN ROMA
1.- CONCEPTO Y DELIMITACIÓN DEL GÉNERO
El problema fundamental que nos encontramos al tratar la Novela en la Antigüedad
clásica es el de su indefinición. Los griegos habían fijado un nombre y unas
características para cada género literario y esta clasificación había quedado
definitivamente establecida. Pero las primeras novelas surgen en época muy tardía y no
encuentran acomodo en los géneros tradicionales.
Ante la necesidad de definir de alguna manera este nuevo tipo de literatura se la relaciona
por su carácter narrativo con la historia y por los argumentos narrados con la comedia. A
principios del siglo V p.C. un escritor latino, llamado Macrobio define la novela como
narraciones ficticias de tema amoroso cuya finalidad es la pura diversión. Es un producto
de un mundo en decadencia; tanto la sociedad helenística de la que es reflejo la novela
griega, como la romana de la época imperial, en la que se sitúa la novela romana, son
mundos en crisis política, social y religiosa. Típico producto de este mundo sin fronteras
es la novela, género abierto en el que se mezclan historia y ficción, prosa y poesía,
amores y aventuras. Todas las novelas de la Antigüedad clásica, sean griegas o latinas,
tienen algunos rasgos comunes por encima de las diferencias que más tarde señalaremos.
Quizá el elemento común por excelencia sea la presencia del tema amoroso como núcleo
de la trama; este contenido erótico sitúa la novela en la esfera de la vida privada,
individual: su intención es la pura diversión y es ajena a los acontecimientos políticos y
sociales. Es rasgo también general el continuo viajar de los protagonistas, que posibilita
la complicación de la trama inicial con múltiples aventuras.
A pesar de esas características comunes que acabamos de señalar, en el conjunto de
novelas de la antigüedad se pueden distinguir con claridad dos grupos con notables
diferencias entre sí. Tenemos, en primer lugar, las novelas románticas, idealistas, escritas
en griego y vinculadas al mundo helenístico: son obras de evasión en las que se mezcla la
trama amorosa con relatos de viajes y aventuras azarosas. Por otra parte, encontramos
una novela cómica, originada en el mundo romano, con unas características específicas
en su técnica literaria y en su intención. A este tipo de relato cómico, que no se da en el
mundo griego, pertenecen las dos únicas novelas latinas: El Satiricón de Petronio y El
Asno de Oro de Apuleyo. Estas dos obras, de las que más tarde nos ocuparemos por
separado, tienen rasgos afines que nos permiten de alguna manera caracterizar el género
de la novela en Roma.
El primer elemento característico de la novela latina es su tono satírico. Como ya hemos
tenido ocasión de señalar en numerosas ocasiones, el componente satírico es propio del
carácter itálico e impregna gran parte de sus manifestaciones literarias. Las novelas
romanas incluyen parodias de todo tipo sobre cuestiones religiosas, literarias y sociales.
A través de las aventuras de los protagonistas se traza un cuadro caricaturesco de una
sociedad decadente, pero su intención no es moralizante: el protagonista de la novela
latina no intenta cambiar el mundo que le es hostil, sólo intenta sobrevivir en él.
En el aspecto formal las dos novelas latinas se caracterizan por su perfección: los autores
desean mostrar su ingenio y su manejo de la lengua; en este aspecto son deudores de las
escuelas de Retórica, que contaban con ejercicios para desarrollar la narración de una
acción completa. A pesar de su carácter popular, la novela cómica por su fina ironía no
puede ser entendida en profundidad sino por un público que tenga una educación literaria.
Tanto Petronio como Apuleyo complican la trama con gran cantidad de aventuras,
insertando en medio de la obra relatos novelescos, independientes con entidad y valor
artístico propios, y todo ello sin que se deteriore el sentido del conjunto. La novela latina
es, pues, un género literario con características propias en el que confluyen las influencias
de los cuentos milesios, la sátira y el mimo.
2.- EL SATIRICÓN
2.1.- El autor: PETRONIO
El Satiricón es una de las obras antiguas cuya transmisión ha sufrido mayor número de
vicisitudes; no sólo nos ha llegado en estado fraccionario sino que ha ido apareciendo en
épocas distintas y en diferentes manuscritos. La obra presenta a sus estudiosos gran
cantidad de cuestiones entre las que se sitúan la fecha de su composición y la
identificación de su autor; cuestiones ambas, como veremos a continuación,
estrechamente relacionadas entre sí. La fecha en que se escribió el Satiricón es una
cuestión abierta para la que no existe solución definitiva. Se han propuesto diversas
fechas que van desde la segunda mitad del siglo I de nuestra era como fecha más
temprana, hasta cualquier fecha del siglo II; algunos incluso han propuesto una
cronología más tardía, retrasando su composición hasta el siglo III. En la actualidad la
mayor parte de los estudiosos de esta obra, apoyándose en la situación económica y
social que se refleja en la misma y, muy especialmente, en sus referencias literarias y
culturales, se inclinan a favor de la composición en los últimos años del reinado de
Nerón.
En algunos de los manuscritos figura el nombre del autor como Petronius Arbiter. Los
estudiosos que proponen los años finales del reinado de Nerón como fecha para el
Satiricón, identifican este Petronius Arbiter de los manuscritos con un consular del
mismo nombre, al que el historiador Tácito se refiere en los Anales (libro XVI, 18-19).
Este personaje de la corte neroniana es descrito de forma inusualmente minuciosa como
un aristócrata de gustos refinados, con una capacidad inagotable para procurarse nuevos e
inusitados placeres pero también, como demostró siendo procónsul de Bitinia, con una
considerable capacidad e inteligencia cuando desempeñaba cargo de responsabilidad.
Este noble perteneció al grupo de íntimos de Nerón, fue su favorito y, en palabras del
propio Tácito, era considerado por el propio emperador su "arbiter elegantiae"; la
coincidencia de este apelativo atribuido al Petronio de la corte neroniana con el
"cognomen", ciertamente raro, del autor del Satiricón ha propiciado que ambos se
identifiquen.
Tácito nos informa también sobre la fecha y la circunstancias de la muerte de Petronio. A
causa de la envidia y la intriga de otros personajes de la corte, fue acusado de tener
amistad con uno de los participantes en la conjura de Pisón. Sin esperar a ser condenado
se dio muerte serenamente en el año 66, manteniendo en la muerte la misma postura
epicúrea que había mantenido en vida. Tácito contrapone el comportamiento sencillo y
elegante de Petronio en estos últimos momentos con la actitud solemne y engolada de los
estoicos, Catón y Séneca por ejemplo, en las mismas circunstancias.
2.2.- Contenido y estructura de la obra
Como ya hemos señalado. El Satiricón nos ha llegado extraordinariamente fragmentada;
parece que debía tener al menos dieciséis libros, porque se nos han transmitido parte del
XIV, XV y del XVI. Los fragmentos que tenemos sólo abarcan algunos pequeños
episodios, si exceptuamos un episodio que nos ha llegado completo y que se conoce
como La cena de Trimalción.
La obra, una de las más bellas y originales de la época imperial, es extraordinariamente
compleja, no sólo por su trama sino también por la gran cantidad de géneros que, como
tendremos ocasión de ver más adelante, confluyen en ella. Si aceptamos, como venimos
haciendo, la fecha de segunda mitad del siglo I para su composición, se trataría de la más
antigua de las novelas conservadas, aunque sea de forma incompleta.
En relato principal está en primera persona y se centra en las vergonzosas aventuras del
propio narrador, Encolpio, y de su amante Gitón, joven hermoso y carente de escrúpulos.
Queriendo hacer una parodia de la Odisea de Homero, Petronio nos muestra a Encolpio
zarandeado de un lado a otro a causa de la ira de Príapo, obsceno dios de la fertilidad,
como Ulises lo era a causa de la ira de Poseidón. Pero en esta obra, que toma como base
una humanidad degenerada y grotesca, no hay nada heroico.
En la primera parte de sus aventuras están acompañados por Ascilto. Los tres personajes
carecen completamente de moral, pero demuestran gran inteligencia en sus aventuras por
las ciudades helenizadas de Italia del Sur. En la segunda serie de aventuras acompaña a
Encolpio y a Gitón un nuevo personaje: Eumolpo; se trata de un viejo poeta sentimental y
sin escrúpulos con quien viajan a Crotona. En el relato principal se insertan numerosos
episodios menores con entidad y valor literario propio, novelas dentro de la novela. El
conjunto forma una serie de aventuras extravagantes, eróticas la mayor parte de las veces,
en las que se reúnen personajes de todo tipo: ladrones, fanfarrones, pervertidos, retores,
doncellas y matronas dominadas por la lujuria, etc... Es, quizás (entre otras cosas), la
primera novela de pícaros, que, moviéndose en un mundo en descomposición, intentan
sobrevivir en él.
El episodio más extenso y de mayor entidad de los conservados es el llamado La cena de
Trimalción. Este episodio ha aparecido aparte y en un manuscrito distinto al resto de los
fragmentos. Narra un banquete ofrecido por Trimalción, liberto recientemente
enriquecido, y al que son admitidos el joven Encolpio y sus acompañantes. El anfitrión y
su esposa Fortunata hacen ostentación de su riqueza tanto en la decoración de la casa
como en la profusión de suntuosos platos para sus invitados. El tema le sirve a Petronio
para trazar una viva caricatura de la vulgaridad de esta clase de nuevos ricos que
proliferaban en la época imperial. Durante la comida se suceden incidentes grotescos y
conversaciones ridículas; se incluyen también relatos cortos como el hombre-lobo y el de
las brujas malvadas. Toda la escena está narrada con una vivacidad y un realismo
verdaderamente brillante y asombroso; el ridículo personaje de Trimalción con sus rasgos
caricaturescos es una figura compleja: engreído y pagado de sí mismo por un lado,
amable y de buen corazón por otro; preocupado por su salud y su muerte, pero deseoso de
disfrutar de todo lo que su buena situación pueda ofrecerle. Petronio traza en esta imagen
del nuevo rico una de las figuras más lograda de la literatura romana. Mención aparte
merece dentro del estudio de la estructura de la obra las narraciones cortas, que se pueden
considerar, como ya hemos dicho anteriormente, verdaderas novelas dentro de la novela.
De entre ellas se pueden destacar la del hombre-lobo y la de las brujas maléficas,
incluidas ambas en La cena de Trimalción, así como la de la Matrona de Éfeso y el
Muchacho de Pérgamo, puestas ambas en boca del poeta Eumolpo, compañero de
Encolpio y Gitón en la segunda serie de aventuras. Los cuentos del muchacho de
Pérgamo y de la viuda de Éfeso, relacionados con los cuentos milesios, tienen mayor
interés literario. El primero aborda el tema de la homosexualidad: el segundo cuenta con
tono picante la seducción de una viuda por parte de un soldado en la propia cámara
sepulcral de su marido. El cuento de la viuda de Éfeso pertenecía a la tradición popular y
tiene un antecedente claro, aunque muy esquemático, en una fábula de Fedro.
Por último encontramos en El Satiricón, además de gran número de pequeñas poesías,
dos poemas extensos, que merecen ser tenidos en cuenta en un comentario de la
estructura de la obra petroniana. El primero de ellos canta la destrucción de Troya, y se
encuentran en él no sólo ecos del libro II de la Eneida sino también de otras versiones
griegas. El segundo, bastante más interesante desde el punto de vista de la teoría literaria,
es un largo poema sobre la guerra civil; algunos quieren ver en él una crítica o parodia de
La Farsalia de Lucano. Este tipo de poemas apoya la tesis de los que piensan que
Petronio escribía para un público entendido, capaz de reconocer y valorar las alusiones a
autores y obras dispersas por la novela.
2.3.- Valor literario del Satiricón
Con El Satiricón Petronio consigue una obra totalmente nueva y original, que se adaptaba
bien al gusto de la época y representaba a la perfección el espíritu escéptico y epicúreo de
su autor. En su conjunto es una obra difícilmente clasificable, en la que se reconocen
rasgos de distintos géneros, sin que ninguno de ellos la expliquen en su totalidad. La
mayor parte de los estudiosos de Petronio han puesto en relación su obra con la sátira
menipea, con los cuentos milesios, con la novela helenística y con los libros de crítica
literaria.
Quizá la relación más evidente sea con la sátira menipea popularizada por Varrón: era
éste un subgénero todavía vivo en esta época, como lo evidencia la difusión de La
Apocolocyntosis Divi Claudii de Séneca, y que daba salida al genio satírico romano.
Aunque no se pueda reducir de ninguna manera El Satiricón a una sátira menipea, hemos
de reconocer el influjo de ésta en su tono paródico y burlesco, en la caracterización de los
personajes y, muy especialmente, en la ya comentada mezcla continua de prosa y verso
(prosimetrum).
Visible es también su relación con las fabulae milesiae. Estas narraciones cortas, que
incluían relatos de viajes y que tenían alto contenido erótico, surgen en Asia Menor en el
siglo II a. C.; su cultivador principal es Arístides de Mileto y se difunden rápidamente por
el mundo romano desde la época de Sila (principios del siglo I a. de C.). Es un género
menor, de fundamento popular que se caracteriza por la brevedad, la obscenidad y la
agudeza picante. Una serie de rasgos tanto argumentales como puramente formales
acercan la obra de Petronio a estas narraciones milesias. Pueden tener este origen el tema
de la impotencia viril así como la existencia de aventuras de viajes y navegaciones. Es sin
duda aportación de las fabulae milesiaela concatenación de distintos episodios, que
brotan unos de otros sin que se pierda el hilo conductor.
Por último, no se puede soslayar la existencia de pasajes completos, como los dos poemas
ya comentados, con un valor innegable de crítica literaria. Se puede, pues, concluir que El
Satiricónes una obra distinta, original y extraordinariamente compleja, en la que,
partiendo formalmente de la sátira menipea, el autor introduce rasgos descriptivos
tomados de las novelas de viajes, así como una parodia de las novelas de amor.
También en el estilo literario Petronio muestra una extraordinaria variedad que se adecua
perfectamente a la complejidad argumental. Desde el punto de vista lingüístico El
Satiricón es un documento de un extraordinario valor. Todos los tonos literarios están
absolutamente mezclados en perfecta consonancia con el tema narrado y con la
caracterización del personaje; los pasajes cómicos se alternan con los trágicos, y a los
puramente burlones suceden otros de gran patetismo. Básicamente se distinguen en
Petronio dos estilos distintos, por un parte, el del narrador y los personajes educados; por
otra, el que se atribuye a Trimalción y su entorno. De nuevo vemos el contraste, ahora en
un plano lingüístico; junto a las expresiones solemnes y retóricas de los círculos
cultivados se nos presenta el lenguaje popular a veces sencillo, a veces vulgar y soez.
Como toda la literatura de la época, El Satiricón tiene en su conjunto aspecto barroco,
destacando el extraordinario realismo en la descripción de la sociedad de su tiempo, tanto
en los aspectos morales y de costumbres como en los lingüísticos.
Es difícil hallar pruebas de la influencia de Petronio en la literatura posterior. A partir del
siglo XVI, más bien hacia final del mismo, parece que empiezan a circular por Europa
sucesivas ediciones de los fragmentos, hasta entonces descubiertos, del Satiricón. Según
el erudito del siglo XIX Menéndez y Pelayo, la influencia de Petronio en la literatura
española es prácticamente nula. El primer escritor español que cita expresamente a
Petronio es Quevedo, que alaba el estilo del escritor latino y lo considera entre los más
grandes escritores de la antigüedad.
3.- EL ASNO DE ORO
3.1.- El autor: APULEYO
La mayor parte de la información sobre la vida de Apuleyo la obtenemos de su propia
obra. Aunque su fama descansa especialmente en su obra de ficción Las Metamorfosis o
El Asno de Oro, la única novela de la literatura latina que nos ha llegado completa,
Apuleyo es un prolífico escritor que escribe de filosofía y ciencia y que ejerce además la
abogacía. Dos de sus obras - Floridas y La Apología- proporcionan información directa
sobre su autor, mientras que también de la novela El Asno de Oro pueden obtenerse de
forma indirecta algunos datos.
Sabemos que, al igual que la mayor parte de los escritores del siglo II de nuestra era,
nació en África, concretamente en Madaura, ciudad situada en Numidia. Desconocemos
la fecha exacta de su nacimiento, aunque se fija en torno al 125 d. de C. Conocemos
también que su padre, que había llegado de Italia entre los veteranos que repoblaron
Madaura, llegó a tener un puesto importante en el gobierno municipal y que gozó de una
más que desahogada posición económica.
Apuleyo recibió una educación esmerada, como correspondía a la situación social y
económica de su familia. Los primeros estudios los realizó en Cartago, la ciudad más
importante de la provincia y una de las más importantes del Imperio; el escritor manifestó
siempre en sus escritos gran cariño y gratitud por esta ciudad y por la formación que ella
recibió. Al quedar huérfano, coincidiendo casi con el final de su etapa de formación en
Cartago, entra en posesión de una herencia importante que le permite completar su
educación, viajando por Oriente, Grecia e Italia. Pasa una larga temporada en Atenas que
seguía manteniendo su prestigio y era un centro de atracción intelectual. En Atenas
Apuleyo, espíritu inquieto y deseoso siempre de conocer profundamente todas las cosas,
se interesa fundamentalmente por la filosofía, que pasa a ser su principal preocupación;
conoce el aristotelismo y el platonismo, del que se declara seguidor y así le gusta referirse
a sí mismo como "filósofo platónico". A su amor por la filosofía añade también su afición
por las religiones orientales y por los cultos mistéricos tan en boga en ese momento en
todo el mundo romano; durante su estancia en Grecia y Oriente se hace iniciar en varios
ritos mistéricos y participa en toda clase de cultos. Es importante esta faceta de la
formación de Apuleyo para comprender en profundidad algunos aspectos de su novela, El
Asno de Oro.
Durante un cierto tiempo residió también en Roma, donde estudió retórica y ejerció como
abogado. Completada su formación Apuleyo se establece en Cartago, desde donde
difunde tanto en latín como en griego (in utraque lingua) sus conocimientos filosóficos,
religiosos y retóricos. Como los nuevos sofistas entre los que se cuenta, pronuncia
conferencias que han quedado recogidas, al menos en parte, en Las Floridas.
Episodio importante en la vida de Apuleyo es su matrimonio que motivó su
encausamiento acusado de magia. En un viaje a Alejandría, cuando era joven, cayo
enfermo y fue atendido por una viuda rica, bastante mayor que nuestro escritor y madre
de un amigo. A pesar de la diferencia de edad Apuleyo contrajo matrimonio con ella. Los
parientes de Pudentia presentaron una demanda contra él, acusándole de haber utilizado
la magia para seducirla. Apuleyo asumió su propia defensa, que se nos ha conservado en
su Apología, cuyo verdadero titulo es De magia o Pro se de magia. Su defensa constituyó
un rotundo éxito y fue absuelto.
En el último período de su vida, establecido en Cartago, gozó del reconocimiento de sus
conciudadanos; tuvo un puesto destacado en la sociedad, llegando a ser sacerdote del
culto imperial. Las últimas noticias sobre nuestro autor se sitúan en el año 174, en el que
sabemos que pronunció un discurso ante el procónsul Escipión Orfito; a partir de este
momento se pierde totalmente su rastro. Se piensa que debió morir en África en torno al
180 d. de C.
Aunque en el presente tema sólo nos vamos a ocupar de la novela El Asno de Oro, una de
las últimas obras de su autor, conviene recordar que Apuleyo fue escritor con una
abundantísima producción que abarca obras de filosofía, discursos y poesía. Por La
Apología o por referencias de los gramáticos conocemos más de veinte títulos de obras
atribuidas a Apuleyo, de las que una gran parte se han perdido. Hacemos a continuación
una breve relación de sus obras principales, sin incluir El Asno de Oro.
*Tratados filosóficos: De Platón y su doctrina: Del mundo; Sobre la interpretación; Sobre
el dios de Sócrates.
*Obras oratorias: Pro se de magia o Apologia; Florida.
3.2.- Contenido y estructura de la obra
La fama de Apuleyo va unida más a su novela El Asno de oro que a sus obras filosóficas
y oratorias. El autor construye en once libros, probablemente en el momento de su
madurez creadora, una novela de aventuras con un fondo místico-religioso. El episodio
central de la obra es la transformación por arte de magia en asno de Lucio, un joven de
Corinto, y las peripecias que sufre hasta recuperar su forma humana gracias a la
intervención milagrosa de Isis. Los estudiosos de la novela latina han centrado sus
discusiones en torno a varias cuestiones fundamentales: el título de la obra, las fuentes
utilizadas por su autor y, por último, el género al que la obra se adscribe.
El título que originariamente llevó el libro y que nos transmite la tradición manuscrita es
el de Metamorfosis, con el que se alude tanto a la transformación del protagonista en
asno, núcleo central de la obra, como a otros cambios y hechizos de los que el libro está
lleno. Ya desde la Antigüedad se popularizó un segundo título, que hizo mayor fortuna:
El Asno de oro. San Agustín (354-430), buen conocedor de la obra de Apuleyo, se refiere
a la novela como "los libros que con el titulo de Asno de Oro escribió Apuleyo" (La
ciudad de Dios XVIII,18). Una vez admitido el título, se discute si el adjetivo "aureus"
(de oro) hace referencia al carácter excepcional del asno que piensa y razona como un
hombre, o más bien tiene otro significado dentro de la simbología de los cultos de Isis.
Fuera de toda duda está que Apuleyo sigue alguna narración griega y así lo declara él
mismo en el prólogo de la obra: "Fabulam graecanicam incipimus" (iniciamos una fábula
de origen griego). Una obra con la misma anécdota central y escrita en griego, aunque de
extensión notablemente más reducida, nos ha llegado entre los escritos de Luciano, autor
contemporáneo de Apuleyo. La autoría de esta obra no es aceptada por todos los
especialistas y muchos hablan de ella como un Pseudo-Luciano. Posteriormente, en el
siglo IX, Focio, patriarca bizantino y estudioso de la literatura grecolatina, hace
referencia a unas Metamorfosis de un tal Lucio de Patras en varios libros. Basado en ese
testimonio se postula la existencia de un original griego que estaría en la base tanto de la
obra de Apuleyo como del Pseudo-Luciano. Apuleyo interpreta libremente el modelo
precedente: lleva a cabo numerosas modificaciones, añade episodios nuevos sacados de
otras fuentes literarias; cambia nombres y circunstancias y, sobre todo, impregna la obra
de su espíritu, de su particular afición por la magia y por los misterios. El resultado es
una obra totalmente nueva, con una intención simbólica y que consigue mejorar
notablemente tanto el original griego con el Pseudo-Luciano.
El Asno de Oro resulta una obra de difícil clasificación. El propio autor en el prólogo
afirma que va "a tejer en esta charla milesia fábulas de origen griego"; de esta forma
queda establecida la relación de la novela de Apuleyo con esa tradición narrativa oriental,
que ya hemos comentado a propósito del Satiricón y que tenía como características
fundamentales su brevedad y su tono erótico, casi obsceno. Obtiene también materia e
inspiración de la fabulística sacra, que surgía en torno a los templos y sectas y que
difundían vida y milagros de dioses, hechizos de los magos, apariciones, resurrecciones y
toda clase de portentosas y extrañas aventuras. Con todo este material construye un relato
de una extraordinaria fantasía, al que se añaden algunos elementos satíricos y burlescos y,
por último, una intencionalidad místico-religiosa. Si comparamos la novela de Apuleyo
con la ya comentada de Petronio, dos rasgos las diferencian fundamentalmente: en un
plano formal hay que señalar como elemento diferenciador la ausencia de versificación
en el Asno de Oro; por otra parte, desde el punto de vista de la intencionalidad se debe
insistir en el tono místico-religioso de la obra de Apuleyo, totalmente alejado de las
pretensiones de Petronio.
La novela adopta la forma de un relato narrado en primera persona por un joven de buena
familia, llamado Lucio. La obra consta de once libros en los que se narran múltiples y
fantásticas aventuras, cuyo nexo es la persona de Lucio, transformado en asno. Podemos
estructurar la obra en los siguientes bloques:
Primer bloque: Lo forman los hechos narrados entre el libro primero y el tercero. El joven
Lucio, dominado por una malsana curiosidad por los hechizos y encantamientos, llega a
Tesalia, la supuesta patria de la magia. Allí escucha pavorosas aventuras de
encantamientos que no hacen sino acrecentar su curiosidad. Se hospeda en casa de un
viejo usurero llamado Milón, cuya mujer practica la magia con la colaboración de su
criada; Lucio seduce a Fotis, la criada, e intenta así conocer las artes de hechicerías de su
ama. Por un error en los encantamientos se ve convertido en asno, conservando su
facultad de raciocinio. El libro tercero termina con el saqueo de la casa de Milón por unos
ladrones que se llevan con ellos al asno junto con todas las caballerías.
Segundo bloque. En los libros cuarto, quinto y sexto se narran las desventuras de Lucio
mientras está en poder de los ladrones. El episodio más importante de este bloque y el
relato de mayor valor literario de todo El Asno de Oro lo constituye la fábula de Cupido y
Psique, auténtico relato independiente que comienza hacia la mitad del libro cuarto y se
extiende casi hasta el final del sexto. La narradora es una anciana que pretende distraer a
una joven capturada por los ladrones. Este cuento se remonta a las tradiciones primitivas
de Grecia, pero es Apuleyo el primero que lo fija por escrito. El hermosísimo cuento
narra la historia de Psique una joven de extraordinaria belleza de la que el dios Cupido se
enamora. El dios, que había prohibido a la joven que lo contemplara, sólo se reunía con
ella al caer la tarde. Una noche, movida por la curiosidad, Psique, mientras Cupido
duerme, acerca una lámpara de aceite para poder verlo; el dios despierta y, enfadado por
su desobediencia, la abandona, Psique inicia la búsqueda de su amante por toda la tierra,
sometida a pruebas inhumanas por parte de los dioses. Finalmente Júpiter consiente el
reencuentro de los amantes y Psique asciende al cielo. Esta fábula, que ha inspirado a
escritores y artistas de todos los tiempos, por su contenido simbólico ha sido objeto de
gran número de interpretaciones, incluidas algunas de inspiración cristiana; entre las
interpretaciones propuestas, quizá la más acorde con el platonismo de su autor sea aquella
que ve en Psique una alegoría del alma que busca su perfección en la unión con la
divinidad. Terminada la narración, el asno intenta escapar en compañía de la joven. Es
capturado y conducido de nuevo a la cueva, donde los ladrones deciden matarlo. De esta
manera concluye el libro VI.
Bloque tercero (libros VII, VIII, IX y X). El libro VII se inicia con el rescate de la joven
por su prometido. Ambos jóvenes se llevan con ellos al asno Lucio. Comienza entonces
un peregrinar del asno por distintos amos, que lo tratan de forma desigual y con los que
corre múltiples aventuras. Finalmente, se descubren sus facultades extraordinarias y lo
llevan a exhibirse en el teatro con una mujer depravada; logra escapar y con el relato de
su evasión termina el libro X.
El libro XI merece ser considerado aparte por cuanto narra la intervención de Isis,
devolviendo su forma humana a Lucio. La mayor parte del libro se consagra a la
ceremonia de iniciación de Lucio en los cultos de Isis.
3.3.- Valoración literaria
El estilo del Asno de Oro mereció elogios unánimes desde la antigüedad hasta casi
nuestros días. Su lengua barroca y con gran carga retórica resulta quizá algo extraña a los
gustos contemporáneos. Son características de nuestro autor, que comparten los otros
grandes autores del siglo II, la artificialidad y la extravagancia verbal tomadas de la
segunda sofística. Apuleyo es un maestro de la llamada elocutio novella, que consigue
sorprendentes efectos expresivos combinando arcaísmos y helenismos, vulgarismos y
neologismos. Es notable en él la influencia de la oratoria asiánica, usando gran variedad
de palabras con finales iguales (homoioteleuton) así como aliteraciones y rimas. En
resumen la novela de Apuleyo constituye una importantísima muestra del estilo de la
época de los Antoninos.
La influencia de la novela de Apuleyo a partir del Renacimiento ha sido muy importante.
En el Renacimiento italiano hemos de destacar su influjo sobre Boccaccio, que manifestó
su interés por la novela de Apuleyo transcribiendo él mismo el manuscrito de Monte
Casino. Se ha de destacar también la importancia del Asno de Oro en el desarrollo de la
novela picaresca española: su influjo se observa en el Lazarillo de Tormes, en el Gusmán
de Mateo Alemán y en La pícara Justina. Conviene también citar la influencia que en la
literatura occidental ha tenido la fábula de Cupido y Psique; podemos encontrar su
influencia en Boccaccio, Calderón y La Fontaine. La literatura moderna alemana prestó
especial atención al mito de Cupido y Psique y a sus representaciones plásticas.
HISTORIOGRAFIA ROMANA
1.- CONSIDERACIONES PREVIAS
1.1.- Definición del género y evolución histórica.
La Historiografía en la Antigüedad es un género literario en prosa que tiene como objeto
los sucesos acaecidos a un determinado pueblo. La Historia es, por tanto, materia
literaria: las leyendas y sucesos recibían un tratamiento que, pretendiendo reflejar la
verdad histórica de los mismos, fuese a un tiempo una obra de arte.
La Historiografía romana nace en el último tercio del siglo III .a.C. De hecho, la primera
obra histórica completa latina, por así decirlo, se remonta a los Orígenes de Catón, donde
la historia de Roma se ve reflejada a través de un prosa cortada y simple a la que daba
marco el lenguaje jurídico, religioso y legal existente en el época. De hecho fue el último
género literario cultivado a un digno nivel cuando ya la oratoria, la filosofía, la comedia,
la tragedia..., incluso la poesía, habían alcanzado su apogeo.
Así con todo, la influencia del mundo griego en el nacimiento del género en Roma es de
importancia capital para entender la evolución del mismo, hasta el momento en que el
espíritu romano adquiere conciencia de su idiosincrasia y se desgaja tanto en la lengua,
como en la temática, estilo y pretensiones de su genial maestro. Evidentemente sus
épocas están condicionadas por las vicisitudes de la historia política, pero no se
identifican necesariamente con ellas:
* Primera Época: Comienza propiamente con las Guerras Púnicas, al convertirse Roma
en una gran potencia. Hasta entonces los datos recogidos estaban a cargo de los
pontífices, a maneras de crónicas anuales con la relación de los principales sucesos
acaecidos. Pues bien, en esta primera etapa la Historia estaba presente para los romanos
de muchas maneras, pero principalmente:
a) A través de los restos de su patrimonio arqueológico, donde la epigrafía, gracias al
carácter lapidario del latín, aumentaba su eficacia y
b) A través del poder de la palabra y la tradición retórica, que conformaban totalmente la
estructura social de Roma. Los primeros analistas empezaron escribiendo en griego,
cumpliendo una importante función diplomática y propagandística (se trataba de hacer
accesible la historia de Roma al vasto mundo helenizado) hasta llegar a Catón (234-149
a.C.) quien además de suponer la adopción del latín como medio de expresión, concibió
la narración histórica desde el punto de vista del orden lógico de los sucesos y con la
temática de Italia como eje central de la misma: ya no se trata de "Roma y el mundo
helénico", sino de "Roma e Italia".
De esta época datan un sinnúmero de leyendas, que entrelazadas con los escasos datos
objetivos que se poseían, contribuyeron a la reconstrucción imaginaria y exaltada de una
historia de Roma donde el patriotismo exagerado y la gloria de la URBS dominan sobre
cualquier otra finalidad. La política del momento manda y se carece del más elemental
sentido crítico. Para todos ellos la Historia es una escuela de civismo y un instrumento de
gobierno: de hecho está al servicio de una forma de actuación política, que reflejaron
individuos de elevado rango social, cuya autoridad y "gravitas" primaba frente al rigor
histórico y las cualidades literarias, y que tenían acceso a la documentación necesaria
para evocar el relato de los procesos históricos.
No obstante, a partir de la segunda mitad del siglo II a.C. se produce un gran cambio en
el género en torno al círculo de los Escipiones, aristócratas progresistas en manifiesta
oposición al conservadurismo de Catón, con los llamados propiamente "historiadores",
donde la necesidad de cuidar artísticamente la elaboración formal de la narración
histórica adquirió una importancia capital. La tendencia no varía demasiado en cuanto a
los contenidos, y la característica fundamental mencionada en los párrafos anteriores
sobre el historiador-político se mantiene.
* Segunda Época: Comienza propiamente tras la etapa de transición posterior a Sila (138-
78 a.C.), con los grandes historiadores de Roma de finales de la República, donde la
crisis del sistema manifiesta entonces la necesidad de las monografías que reflejen por un
lado la decadencia y crítica de las costumbres y por otro los éxitos militares y la
justificación política de los mismos. Entramos en la etapa definitiva para la conformación
del género.
Con estos historiadores y el resto de literatos, fundamentalmente autores de prosa
(comenzamos la Edad de Oro de las letras romanas), una vez asimilados los primeros
gérmenes del helenismo, el nivel cultural romano se va elevando paulatinamente y los
hombres de acción se sienten cautivados por los problemas de lengua y estilo; el
empirismo es sustituido por un estudio racional de los diferentes géneros literarios; se
introduce la crítica y la erudición, esparciéndose el buen gusto y las obras de arte: la
Grecia vencida acabó de cautivar por completo a la Roma vencedora.
* Tercera Época: Durante el Principado, con unas características formales semejantes al
final de la etapa anterior (seguimos en la Edad de Oro de las letras romanas, pero
dominando ahora los géneros en poesía) las dos tendencias políticas quedan patentes:
- Los partidarios del régimen realizan biografías de Césares y su entorno.
- La oposición se mantenía en la defensa de las formas republicanas tradicionales, a
través de la crítica directa al César o el pesimismo resignado a lo largo de la exposición
de la trayectoria histórica de Roma.
* Cuarta Época: A partir del siglo III d. C. sigue aún más acentuada la paradoja entre el
programa político y la reglamentación estricta de todas las esferas de la vida: a esta época
pertenecen tanto el desbordamiento panegírico como la manipulación histórica. Quinta
Época: con la caída del Imperio Romano de Occidente el año 476 d. C. no se extingue
propiamente la historiografía romana como tal, pero sí se acentúa el deterioro a partir de
la creación del género de la Historia Eclesiástica en la época de Constantino a cargo de
Eusebio, y la continuación en la obra de Aurelio Agustín De Civitate Dei.
2.- JULIO CÉSAR: La prosa clásica a través de la propaganda política.
2.1.- Datos biográficos y perfil humano.
Cayo Julio César (100-44 a.C.) es uno de los grandes historiadores romanos, no sólo por
su gran personalidad, sino también por el carácter único en su género de su obra literaria.
Narrar la vida de César equivale a escribir la historia de su época, caracterizada por dos
notas fundamentales:
- La crisis de la República, como institución, y - La lucha de individualidades por el
poder.
Además de historiador, y antes de ello, fue la personalidad política más importante de su
época, el protagonista de la evolución fundamental por la que Roma pasó de un régimen
republicano oligárquico a otro basado en el poder personal. No en vano se le han
adjudicado definiciones populistas, pero rigurosamente ciertas, que retratan a la
perfección al personaje y su circunstancia: "Julio César fue un dictador que quería ser
rey, pero fue asesinado en el Senado".
Nacido de ilustre familia, este "monstrum activitatis" al decir de Cicerón, comienza
tardíamente una carrera política que, sin embargo, fue deslumbrante: recorrió todas las
magistraturas y desempeñó además otros cargos públicos de gran prestigio como el de
Pontífice Máximo; formó con Pompeyo y Craso el primer triunvirato; conquistó la Galia
y derrotó finalmente a Pompeyo en la Guerra Civil (Farsalia, 48 a.C.).
A partir de entonces asumió todos los poderes y aún participó en varias empresas bélicas,
como la guerra en Alejandría en defensa de Cleopatra, la guerra contra Mitrídates y de
nuevo contra partidarios de Pompeyo... hasta que fue asesinado el día de los Idus de
Marzo (15) del año 44 a.C.: su talante conciliador y sus numerosas reformas legislativas y
sociales no fueron suficientes para ganarse las simpatías de todos los senadores, algunos
de los cuales aterrados ante la idea de la pérdida de poder que conllevaría al final la
República, promovieron la conspiración que acabó con la vida de uno de los estadistas y
autores literarios más influyentes y fundamentales en la relación y desarrollo del proceso
histórico.
2.2.- Obra literaria
Como hemos señalado anteriormente, Cesar combinó la política con la literatura,
destacando como extraordinario orador y escribiendo obras sobre distintos temas. De
todas ellas nos centraremos en las dos que nos han llegado completas y que en cierta
forma enmarcan su evolución personal y pretensiones políticas de manera definitiva.
Se trata de las tituladas genéricamente Commentarii Rerum Gestarum, acerca de dos de
las más grandes acciones bélicas que llevó a cabo: la guerra de las Galias (58-52) (De
Bello Gallico) y la guerra civil (49-48) (De Bello Civili); tipo de género literario, que
como hemos comentado en el apartado anterior, era propiciado por la situación política
del momento: de hecho, tanto la justificación de la actuación política y militar personal,
como las opiniones de los políticos de vanguardia expresadas a través de intensos debates
en todos los géneros, son una nota habitual en las grandes crisis.
En esta línea los Commentarii de César no se pueden juzgar con los criterios de
objetividad absoluta de la moderna investigación histórica ni con los criterios artísticos de
la historiografía. Y por otra parte, como todos los informes romanos de campañas
militares, los de César perseguían también objetivos políticos: no se trataban sólo de un
material de archivo, sino más bien de un eficaz instrumento para influir sobre la opinión
pública.
De Bello Gallico ("Sobre la guerra de las Galias") es una obra que consta de ocho libros,
cada uno de los cuales se corresponde con un año de la campaña de conquista que él llevó
personalmente a cabo entre el año 58 y el 51 a.C. De estos libros sólo el VIII no es obra
de César, sino de su lugarteniente, Aulo Hircio.
Respecto a los contenidos, en una primera visión superficial, podemos decir que tras una
descripción geográfica de la Galia el autor va siguiendo sus conquistas y enfrentamientos
con los diversos pueblos galos:
- Campañas contra los Belgas - Campañas contra los Germanos - Expediciones a Britania
- Levantamiento general de la Galia dirigido por Vercingetórige y - Triunfo final de
César con la toma de Alesia
No se tiene certeza sobre si fueron escritos año tras año o todos los libros juntos una vez
terminada la guerra; en cualquier caso parecer ser que fueron editados como obra unitaria
en los años 51-50 al solicitar su autor de nuevo el consulado.
De Bello Civili ("Sobre la guerra civil") consta de tres libros en los que se narra el
enfrentamiento del propio César con Pompeyo para hacerse con el poder en Roma.
Comienza con la exposición de las causas de la guerra y sigue con los sucesos principales
de la misma:
-paso del Rubicón por César. -huida de Pompeyo hacia Oriente -toma de Marsella
-derrota en Hispania de los lugartenientes de Pompeyo -enfrentamiento y derrota
definitiva de Pompeyo en Farsalia y, por último, -huida de éste a Egipto y su posterior
asesinato.
Los libros de De Bello Civili debió escribirlos entre el 49-48 y el 44, pero tampoco en
este caso se aducen pruebas convincentes sobre la fecha exacta de su publicación.
En cuanto a su estilo y valor literario, éste es indiscutible y aquél posee una serie de
rasgos que merecen la pena destacarse: Si hemos de hacer caso a Cicerón, sus formas de
expresión era nudi et venusti, es decir "simples y elegantes"; y efectivamente, la pureza
de la lengua empleada tanto en el léxico como en la construcción sintáctica así parecen
confirmarlo: la selección del primero alrededor de un vocabulario básico restringido a
unos 1.200 términos lo hacen de una claridad meridiana en su interpretación, así como en
el uso de la sintaxis y expresiones habituales, siempre dentro de la normas lingüísticas
más rigurosas.
Algunos de sus rasgos más característicos es el uso del estilo indirecto en los discursos,
dejando el estilo directo casi exclusivamente para expresar emociones. Llama también la
atención el hecho de que siempre se refiera a sí mismo en tercera persona, con lo que el
relato gana claridad y distanciamiento, provocando en los lectores una impresión de
objetividad.
Su innegable calidad literaria queda reflejada a través de una persuasiva naturalidad,
claridad y concentración de su prosa, la coherencia de las construcciones y la fuerza
sugestiva de las descripciones, dotadas de un tono lacónico y preciso, aún en momentos
de intenso dramatismo. En último término, su estilo certifica lo que sus contenidos
manifestaron más explícitamente: una voluntad portentosa y temible.
2.3.- Justificación de su obra.
Evidentemente la obra de Cesar requiere una segunda lectura, que interprete y justifique
la mera narración de los hechos reseñados en el apartado anterior. El hecho de que estas
dos obras históricas se refieran a acciones de las que él mismo es el principal protagonista
pone en evidencia su carácter político y propagandístico: trata de justificar su política
militar dando una visión favorable de la misma, puesto que la legalidad de sus
actuaciones era puesta en duda.
Para un maestro de la acción como César, la organización de la opinión pública no debía
resultar un impedimento en la consecución de sus planes; poseía la capacidad de
concentrar los sucesos dirigiéndolos en línea recta hacia su resultado: la victoria. César
no perseguía ideales abstractos, sino únicamente el poder personal; sin embargo podemos
matizar sus objetivos a través del análisis de sus dos obras.
* En De bello Gallico, gracias a los informes que mandaba (verdadera "memoria oficial"
del momento), documentación detallada al hilo de los acontecimientos y de primerísima
mano, además de inundar Roma con noticias sobre la geografía, idiosincrasia y
personalidades de los pueblos galos, germanos y britanos, naturalmente no dejaba atrás
otros aspectos de interés, como:
-Los éxitos de su diplomacia y su estrategia, a través de su política de alianzas, de
amistad (amicitia) y compromisos de servicio (beneficium), mediante los cuales los
pueblos, antiguos adversarios, pasaban ahora a estar bajo su protección (in fidem
accipere).
-El comportamiento ejemplar de sus oficiales y tropas, a los que su coraje y el valor de su
verbo era capaz tanto de animar en momentos de decaimiento como de disciplinar en
plena crisis.
-La grandeza, incluso, de personajes enemigos, como el caso de Vercingetórige... para
realce de la suya propia.
-Sus propias realizaciones, manifestando tanto los hilos rectores de su política como los
rasgos dominantes de su personalidad, retratándose como el mantenedor de la tradición
romana y la encarnación de la virtus, que le hacían acreedor a ejercer como caudillo de
ese gran pueblo.
Efectivamente, ya desde el principio de la obra (Gallia est omnis...) indica con claridad
que su pensamiento estaba puesto en el dominio total de las Galias; todos los conflictos y
operaciones individuales se subordinan a esta idea. De hecho el conflicto bélico en las
Galias se presenta ante la oposición senatorial como una guerra "defensiva" en ayuda de
unos aliados amenazados. De esta manera la hábil dramatización de los peligros y la
iterativa discriminación de los adversarios creaban un telón de fondo contra el que su
prudencia, su honestidad, su energía y su buen hado destacaban ejemplarmente.
Al mismo tiempo, hábil y persuasivamente, iba fundamentando sus legítimas
pretensiones -tan discutibles como otras- y preparando el terreno al argumento y la
conservación de la propia dignitas, objetivo personal prioritario. en esta época la
autoridad radicaba aún de manera preponderante en la persona y no estaba
institucionalizada: de hecho a César, a pesar de su adscripción a los "populares", ni las
instituciones ni los programas le interesaron nunca, pues siempre personalizó su
pensamiento político y militar. Por eso acabó imponiendo su persona con un carácter
absoluto.
* En De bello Civili, narración de un episodio políticamente mucho más complicado, se
muestra a un César defensor del pueblo romano frente a la soberbia y arbitrariedad del
Senado. No fue él, sino sus enemigos, quienes desencadenaron la escalada de la discordia
política, los que deseaban la lucha... aunque luego fuese él quien le recondujese con mano
firme y enérgica al resultado apetecido. La proverbial clementia cesariana, de la que ya
había hecho gala en su obra anterior, se manifiesta aquí en toda su generosidad para con
los vencidos, evitando el derramamiento de sangre gratuito. Asimismo su insistencia por
demostrar que gozaba del favor del pueblo itálico e incluso de parte de las tropas
enemigas, le retrataba como un hombre capaz de mantener la disciplina, imponer su
soberana energía y al mismo tiempo manifestar justicia, moderación y generosidad. En
suma, tanto un suceso como el otro responden realmente a unos cálculos cuidadosamente
elaborados por César que le conducirían a la conquista del poder, estableciendo sin
fisuras la base de su autoridad:
-la guerra de las Galias, con la rápida difusión de sus éxitos le proporcionó prestigio
militar; -con la guerra civil logró desembarazarse de Pompeyo, anulando al mismo
tiempo el poder del Senado.
Parece, pues, que los Commentarii son una obra maestra de propaganda política, donde
las verdades no están abiertamente falseadas, pero sí disimuladas o desvirtuadas siempre
en beneficio de su autor.
3.- SALUSTIO: Retrato de la decadencia de la sociedad republicana
3.1.- Datos biográficos y perfil humano
C. Salustio Crispo (86-35 a.C.) procedía de la región de la Sabina, de familia plebeya,
pero acomodada. Se trasladó muy joven a Roma con intención de hacer carrera política
como "homo novus", pero fracasó: Efectivamente, desempeñó algunos cargos, como
cuestor y tribuno de la plebe, pero su vida privada (que no fue mejor ni peor que la de la
clase dirigente del momento) le valió como excusa para ser expulsado del Senado en el
año 50 a.C. En realidad su persistente oposición a la clase aristocrática senatorial pudo
contribuir en gran medida a una determinación de tal magnitud.
No obstante, su rentable amistad con César le sirvió para conseguir en el 46 a.C., tras los
avatares de la Guerra Civil, el cargo de gobernador de la provincia de Africa Nova, donde
acumuló una enorme fortuna de dudosa procedencia y que le obligó a hacer frente a una
denuncia de concusión; denuncia que no prosperó gracias de nuevo a su amistad con
César. Muerto el dictador se convenció de la inanidad de este tipo de vida: desde
entonces se retrajo voluntariamente de toda actividad política y de las habituales de la
aristocracia romana, dedicándose a la redacción de sus estudios históricos.
Hasta aquí los datos biográficos, que resultarían totalmente incompletos sin un pequeño
análisis de su evolución vital en el entorno socio-político en que le tocó desarrollarse y
que nuestro autor se esforzó por reflejar desde su personalísimo punto de vista. El sistema
republicano estaba ya abocado a una "crisis sin alternativa", que la rigidez de la clase
aristocrática se empeñaba en no interpretar como tal: los cambios socio-económicos que
la expansión del dominio romano fue ocasionando, junto con la falta de un adversario
exterior (metus hostilis), produjeron una serie de factores funestos, que dieron comienzo
a la alarmante descomposición interna:
-adquisición de riquezas y lujo -incompetencia de la clase rectora -debilitación de la
voluntad de resistencia, arrojo e intrepidez de la juventud romana -brutalidad en el
desempeño del Imperio -violación de los deberes morales para con los aliados
-destrucción de la economía del minifundio para el campesinado libre, por la
competencia de la mano de obra servil -el despojo sistemático de las provincias -el
aprovechamiento abusivo del ager publicus -la concentración creciente de grupos de
población proletarizados en la capital sin la contrapartida de puestos de trabajo
suficientes...
Todo ello y algo más, constreñido en el marco limitado del mantenimiento de las mores
maiorum a ultranza, condujo a gravísimas tensiones sociales que buscaban
desesperadamente una válvula de escape para descargarse... y no faltaban "salvadores"
empeñados en el poder personal como única solución a los conflictos. En realidad, el
régimen republicano se mantenía mientras los intereses que lo combatían se opusiesen
entre sí.
Sea como fuere, Salustio se vio fascinado por la interpretación de la época tumultuosa y
revolucionaria que le tocó vivir; su concepción moralista de la Historia, con la aportación
de ideales y consideraciones éticas, coincide con la realidad política del momento,
convirtiéndose en el intérprete de la crisis de la República, del progresivo deterioro de las
antiguas instituciones y del surgir, sobre sus ruinas, de un nuevo estado: la nobleza y su
mundo cerrado, el concepto de plebe y su participación en la política como mero
comparsa, la demagogia, la corrupción administrativa, la crisis de valores (patria, libertad
y familia)... en suma, del resquebrajamiento del sistema.
3.2.- Obra literaria
La obra de Salustio no es muy copiosa. En los casi siete años que pudo dedicar a ella
compuso dos monografías y una extensa obra de historia de la época, de autenticidad
indiscutida:
-De Coniuratione Catilinae: en ella trata la Conjuración de Catilina que tuvo lugar el 63
a.C., durante el consulado de Cicerón. Realiza un relato extenso de las causas lejanas de
la conjuración, así como de la ambiciones de Catilina, noble degenerado y sin escrúpulos.
-Bellum Ingurthinum: en ésta trata la guerra de Jugurta rey de los númidas, entre los años
111 y 105 a.C., con el pueblo romano, contra cuya voluntad se había proclamado rey y el
"gigantesco escándalo colonial" que desveló a raíz de ésta.
-Historiae: era su obra más ambiciosa y madura, que abarcaba en cinco libros los doce
años transcurridos desde la muerte de Sila en el 78 hasta el 67 a.C. De esta obra sólo nos
quedan algunos fragmentos, cuatro discursos y dos cartas.
3.3.- Concepción de la Historia: pretensiones y ética
Salustio es el creador de la Historia como género literario. Ésta es ante todo un arte para
él: una narración histórica, más que Historia propiamente dicha, en función de unos
objetivos morales concretos. No era ningún investigador de temas de historia militar, lo
que le fascinaba era ante todo el ser humano, los sucesos del acontecer histórico y la
atmósfera de la época. Por eso, el valor informativo de sus excursos históricos y
geográficos es muy variable, a pesar de él los considere dignos y altamente
documentados: "Mihi multa legenti, multa audienti".
Siente directa y conscientemente la influencia de Tucídides: los discursos, cartas y
disgresiones no son adornos, sino que valiéndose en ellos del retrato de un personaje
(César, Catón, Mario, etc.) hace toda una serie de consideraciones éticas sobre su época
al tiempo que refleja la actualidad contemporánea.
Salustio penetra en su tema como dogmatizador, por lo cual frecuentemente comete
errores o descuidos, porque no es la precisión histórica lo que le interesa, sino la
narración de unos hechos con sus causas y consecuencias, así como la posibilidad de
esclarecer el desarrollo del proceso de la degeneración en que la República se vio
inmersa.
Así pues, no es sólo el individuo el objeto de su observación meticulosa; también es
notable la pintura que realiza de las clases sociales y de los partidos políticos: la
confrontación con un pasado idealizado, regido por la virtus, hizo que le atribuyera el
proceso de decadencia a la excesiva ambitio, avaritia y luxuria, que proliferaban por
doquier, así como a la discordia y al irreflexivo abuso del poder por parte de las distintas
factiones (partidos políticos), de quienes se convirtió en un crítico feroz. Para Salustio no
es la "Tyche" la que hace imprevisible el devenir, sino el hombre genial que actúa con
sentido de la responsabilidad. Considera su misión perpetuar el recuerdo de la extremas
realizaciones humanas, en el bien y en el mal, para excitar admiración o aborrecimiento y
ofrecer criterios para la conducta futura.
En suma, podríamos decir que los dos aspectos fundamentales de la concepción histórica
de Salustio, se resumen en estas dos notas, que matizaremos jalonadas de comentarios
concretos sobre las dos monografías:
a) Concepción moralizante de la historia: En los prefacios de sus monografías reflexiona
sobre la brevedad de la vida, la superioridad del espíritu sobre el cuerpo y, por lo tanto, la
supremacía de las acciones de aquél sobre las de éste, la corrupción de las costumbres y
el desprecio de los bienes materiales... aunque todo ello resulte poco convincente en boca
de alguien que había amasado con muy pocos escrúpulos una enorme fortuna. No pinta
las cosas con el contraste del blanco y del negro, sino que lo mismo hace creíble la
grandeza del criminar (Catilina) que las sombras y peligros del héroe de la plebe (Mario).
A final echa por la borda todas las idealizaciones y atiende siempre a presentar por el haz
y el envés todas las realizaciones humanas.
De esta manera Salustio se muestra imparcial cuando se trata de juzgar a un personaje,
pero no lo es cuando se trata de juzgar ideas, pues su propio color interpretativo luce
brillante ante un tema capital de permanente actualidad como es, la lucha mortal entre la
moral y el poder.
b) Sentido dramático de la Historia: Esta característica domina en profundidad toda su
obra, lo que lleva a la elección de personajes y situaciones conflictivas. El tema de
Catilina lo vio justificado "sceleris atque periculi movitate"(4,4), mientras que Jugurta lo
impresionó porque "tunc primum superbiae nobilitatis obviam itum est" (5.1). Salustio
penetra profundamente en el alma de estos individuos fuera de lo corriente; y de esta
profunda observación psicológica se obtienen magníficos retratos, tanto de los
protagonistas como de los personajes secundarios que en conjunto exponen los aspectos
relevantes de la decadente sociedad romana que Salustio se esforzó en retratar.
Respecto al tema de ética, mucho se le ha achacado a Salustio la falta de identidad entre
su obra y su vida: dogmática y moralizadora/licenciosa y disipadora. Su declaración de
intenciones (pulchrum es bene facere rei publicae, etiam bene dicere haud absurdum est)
aclara bastante la situación: "Es hermoso servir bien al Estado, y no está de más decir sus
alabanzas" (Cat., 3,1). En su edad juvenil se dedicó a actuar ("facere") en política y
cuando ésta ya no pudo ofrecerle una gloria duradera con la potencia de su inteligencia,
se volcó en su oficio de historiador, aportando sus consideraciones personales para el
nuevo orden salvador.
Tras una experiencia negativa, Salustio llegó a una especie de reflexión regeneradora, se
dedicó a un otium prematuro, donde podría prestar un servicio eficaz, exponiendo ante
las nuevas generaciones las lecciones del pasado: su dedicación a la Historia es una
vuelta a los dominios del espíritu. De todas maneras su imperiosa necesidad de
autojustificación imprime a sus obras un cierto tono sospechoso de culpabilidad, apoyado
en otras evidencias como su aparente adscripción a los "populares", que bajo una capa de
democracia e igualitarismo, deja entrever que era tan clasista como los aristócratas a
quienes ataca.
Efectivamente, nunca se convirtió en portavoz de la plebe, de quien supo reflejar su
miseria, pero aún así debemos dejar un margen de confianza para alguien que en continua
regeneración y acorde con la evolución de los tiempos supo reconocer y lamentarse de la
situación a la que otros como él habían abocado a la República.
3.4.- Cuestiones estilísticas
Su arte de narrador histórico le ha conquistado la admiración general tanto en la
Antigüedad como, incluso, actualmente, a través de aspectos muy concretos como:
-la estructura armónica de las monografías, -el interés oportunamente despertado y
mantenido hasta el final, -las caracterizaciones convincentes a pesar de la simplicidad
psicológica y -el lenguaje impregnado de rudeza arcaica.
Salustio fue un brillante estilista: su estilo es producto de un deliberado esfuerzo por
reaccionar contra la moda imperante impuesta por Cicerón. Ya hemos hablado de la
influencia de Tucídides, también de Catón, cuyo lenguaje arcaico y concisión se ven
apoyados por períodos abruptamente escindidos y de un efectismo patético. Su lenguaje
queda impregnado de antítesis vibrantes, desequilibrio y divergencia en la formulación.
Su lengua se sale de lo corriente, buscando el colorido arcaico en aliteraciones y otros
recursos. La objetividad de Catón se condensa en lacónica concisión: la brevitas es el
ideal (paucis absolvam, Cat. 4,3), lo cual entraña el peligro de la obscuritas... Destaca en
su prosa la sobriedad, suprimiendo toda palabra innecesaria, así como el uso de la
asimetría o variatio, uso del infinitivo y del presente históricos, empleo abundante de
frases participiales al estilo griego, así como el matiz causal para el ablativo absoluto,
adverbios y conjunciones temporales (ubi) abundantes...
Pero lo que más caracteriza a Salustio, lo que más le preocupaba fundamentalmente a la
hora de escribir, y ello se reflejó en el lenguaje, es su interés por manifestar las causas
últimas, lo cual le proyecta al futuro, en una línea similar a Tucídides (que alcanzaría su
máxima expresión en Tácito). Ambos son investigadores de las causas, a pesar de las
profundas diferencias entre ellos: Tucídides entiende; Salustio sentencia.
El empeño por comprender la Historia a partir de su acontecer, dirigido por el valor del
bonum publicum, nos demuestra que Salustio no es un escritor partidista, ni un
dogmático filósofo, ni un científico erudito, sino un hombre que gracias a su afán de
elevarse hasta la verdad eterna, llegó a ser el historiador de la República romana.
4.- TITO LIVIO: el entusiasta creador de la Historia Romana
4.1.- Datos biográficos y perfil humano
Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.) nació en la ciudad de Padua (Patavium). Procedía de familia
acomodada y burguesa, amante de las tradiciones y de la paz, donde el respeto profundo a
la religión y un espíritu de casta más acusado aún que el de la propia aristocracia romana
(propio de la nobleza provincial) determinaría de manera fundamental el planteamiento y
desarrollo de su obra literaria.
Marchó a Roma en el año 30 a.C., entrando en contacto con Augusto, con cuyo programa
patriótico se identifica y quien respetaba con simpatía las tendencias republicanas del
literato. Totalmente alejado de la vida política (por primera vez no se da el binomio
senador/historiador) Tito Livio consagra toda su vida a las investigaciones que le exige su
obra literaria: la historia romana. Transcurre así plácidamente su existencia, alterada
únicamente por la publicación progresiva y exitosa de las sucesivas "décadas".
En el nuevo Estado fundado por Augusto, que quería ser una república "restaurada", la
posición del Princeps, absolutamente preeminente, se conciliaba mal con los viejos
ordenamientos: de ahí que resulte inevitable una llamada al pasado. Y éste es
precisamente el elemento más característico de Livio: la recuperación integral del pasado.
En los 142 libros de su obra Ab Urbe Condita narró la historia de Roma desde los
orígenes hasta su tiempo; la obra concluía con la muerte de Druso en el año 9 a.C.
La vuelta al pasado, a la tradición y a los orígenes es el único medio para él de superar la
historia reciente hecha de revoluciones, guerras civiles y posiciones irreconciliables: así
pues el programa de gobierno de Augusto, su voluntad de restauración y de orden
encontraron en este "republicano" el portavoz más afín que imaginarse pueda, y de esta
manera su obra, junto con la Eneida de Virgilio, se convierte en la abanderada literaria
del programa político de Augusto, con la glorificación de los comienzos de Roma y su
innegable vocación de dominadora de pueblos.
4.2.- Obra Literaria
Los 142 libros de Ab Urbe Condita no tratan todos los períodos con la misma amplitud;
los primeros siglos de la historia de Roma están resumidos en unos pocos libros y la
narración de los sucesos se va haciendo más extensa a medida que avanza en el tiempo y
se va aproximando a la época del autor. En el prefacio de la obra expone Tito Livio los
motivos que le han impulsado a acometer tamaña empresa: "Será para mí una satisfacción
haber contribuido a evocar los hechos gloriosos del pueblo que está a la cabeza de todos
los del universo".
La obra, debido a su enorme extensión (unas 7.000 páginas impresas actuales), se
comenzó a publicar en grupos de diez libros que se conocen con el nombre de "décadas".
Desgraciadamente se ha perdido en su mayor parte; sólo se nos han conservado tres
décadas y media, es decir, 35 libros de los que, además, los últimos están incompletos.
Los libros conservados son los siguientes:
*Década primera (libros del 1 al 10) *Década tercera (libros del 21 al 30) *Década cuarta
(libros del 31 al 40) *La mitad de la Década quinta (libros del 41 al 45)
Además quedan las recopilaciones o resúmenes (periochae) de cada libro, atribuidas a
Floro (siglo II d. C.) que nos dan una idea del contenido de toda la parte que se ha
perdido.
La década primera trata los acontecimientos ocurridos desde la fundación de Roma (753
a.C.) hasta el 293 a.C. con el desastre de las Horcas Claudinas en las guerras Samnitas.
Las dos décadas y media restantes abarcan en sucesión cronológica desde el año 221 a.C.
(2ª guerra púnica) hasta el 167 a.C., fecha en que se produce el sometimiento de
Macedonia por L. Emilio Paulo con la batalla de Pidna. El proyecto inicial era ambicioso,
desproporcionado para las fuerzas de un solo historiador, sin embargo fue llevado a cabo
con una tenacidad y entusiasmo extraordinarios, animado su autor por el éxito de su
publicación y por su popularidad creciente. Trabajó en ella durante 40 años, llegando
hasta 142 libros de los 150 que pretendía.
4.3.- Concepto de la Historia. Las Fuentes
Frente a las monografías que habían caracterizado a sus dos grandes predecesores (César
y Salustio), Tito Livio escribe una gran historia nacional, cuyo único tema es Roma
("fortuna populi romani") y cuyos únicos actores son el Senado y el pueblo de Roma
("senatus populusque romanus"). Entronca así Tito Livio en su concepción de la Historia
con los primitivos analistas, cuyos testimonios nos transmite en su primera década.
Su propósito general es ético y didáctico; sus métodos fueron los del griego Isócrates del
siglo IV a.C.: es el deber de la Historia decir la verdad y ser imparcial, pero la verdad
debe presentarse con una forma elaborada y literaria. Coincide con Salustio en la
concepción moralista y ejemplarizante de la Historia: "es preciso conocer su historia (de
Roma) para imitar lo bueno y rechazar lo malo". Con la exaltación a ultranza de Roma
pretende desarrollar en sus conciudadanos el amor a la patria, el respeto al mos maiorum,
la concordia civil y la religiosidad profunda. Livio se limitó a amoldarse a unas
circunstancias históricas, en las que la tradición era un dogma oficial, un credo nacional:
no creer en la tradición era casi un crimen, un atentado contra la majestad del Estado. El
historiador se convierte en moralista presentando tanto modelos a imitar como ejemplos
que deben evitarse.
Nada más práctico que el hombre de Roma y Livio eleva su pragmatismo hasta cotas de
gran nobleza: no se trata de defender intereses personales, familiares o partidistas; ni
siquiera de abogar por el senado o la plebe: se trata de servir a la patria entera, de ayudar
a su resurgimiento moral, de presentar a sus conciudadanos para su educación política y
moral la imagen de una República dirigida por los mejores, en la que todos acaban
olvidando sus intereses personales en aras del interés supremo del Estado. Livio huye del
pasado reciente y de la actualidad contemporánea. Busca, sobre todo, las pruebas de
grandeza proporcionadas por el pueblo romano e indaga los motivos de su superioridad.
El respeto de este escritor frente a la tradición y sus transmisores era tan grande, su pietas
hacia lo heredado de sus antecesores tan determinante, que intentaba siempre eliminar
contradicciones y armonizarlo todo: su indiscutible realización consistió en la síntesis
conservadora de la tradición histórica romana y en su transmisión por medio de un estilo
que resultaba atractivo para los contemporáneos de la era augústea.
La resignación del autor frente a las tempestades del pasado reciente y a veces, incluso, el
escepticismo frente al deseado cambio, se hacen patentes en no pocos pasajes de su obra.
No obstante, él estaba profundamente convencido de la primacía del pueblo romano,
proyectando su vocación de dominadora del orbe hacia atrás, a los comienzos de su
historia: Roma era, para Livio, la "in aeternum urbe condita" (4,4,4). La religión, las
normas del Derecho y la política condicionaban a partes iguales la forma de vida del
hombre romano. Livio concretó las infinitas variantes de las mores maiorum, que
constituían una monumento a la antigua romanitas en dos aspectos fundamentales: la
pietas y la virtus. Y a éstas las diversificó en otras como: moderación, equidad, tesón,
disciplina, respeto a la autoridad e indulgencia hacia los vencidos; de la guerra sólo la
justa ("bellum iustum") y de manera leal... según Livio, la dominación romana era el
imperium justo y moderado de los mejores.
El método histórico utilizado deja mucho que desear. Utiliza como fuente a los primeros
analistas y a Polibio, pero su nacionalismo exacerbado le lleva a deformar la realidad en
detrimento de las naciones extranjeras. Su espíritu crítico es prácticamente nulo, aunque
él intenta ser honesto y con frecuencia expone opiniones distintas sobre algún suceso para
que el lector contraste y saque sus propias conclusiones.
En su larguísima narración, Livio acredita tradiciones míticas y fabulosas, con historias
suculentas para la sociedad y educativas para la juventud, que él intenta hacer
verosímiles, y en vez de someter a una crítica sistemática a las fuentes, por el contrario
opera en ellas verdaderas y propias deformaciones en sentido filorromano. No es un
historiador científico ni intuitivo como Tucídides. Y si añadimos su inexperiencia militar
y política, junto con su escasa documentación de las condiciones económicas o de la vida
social de Roma, su credibilidad podría quedar en entredicho.
Sin embargo Livio vive profundamente la historia de Roma y, aunque es un historiador
de gabinete que no viaja ni conoce personalmente los escenarios de los hechos que
describe, su capacidad psicológica, su profunda fe en lo humano y su exacto
conocimiento de la dignidad del hombre y de sus posibilidades, le facultan como un
psicólogo excepcional para intuir el alma de los individuos y de los grupos. Por ello sus
retratos, discursos y descripciones de multitudes tuvieron tanto éxito. A través de su obra
está siempre presente el alma de Roma, que se revela en todos los actos de la comunidad
nacional: Livio escribe una historia colectiva: "Res gestae populi romani".
Su historia no es económica, en cierto sentido es social, por el importante papel que
juegan los problemas políticos; es también una historia militar y diplomática y, ante todo,
una historia cultural y del espíritu en la medida que presenta la encarnación del alma
romana en el curso del tiempo y la excepcional visión sobre cómo contemplaba un
romano, desde la cima, su pasado.
4.4.- Cuestiones estilísticas
Fuera de toda duda está la altísima categoría de Tito Livio como escritor. Se sitúa en una
época de transición: la prosa había alcanzado su apogeo en la generación anterior con
César y Cicerón y comenzaba ahora a decaer, mientras que la poesía alcanzaba su
máximo esplendor. La poesía domina de tal forma este período que incluso va a
impregnar a la prosa de sus características: Tito Livio escribe una prosa imbuida de
connotaciones poéticas.
La herencia de Cicerón se deja sentir en los períodos largos, amplios y cadenciosos, en
una prosa elocuente, clara, ordenada y completa y, por último, en el abuso de los
discursos. Y fue precisamente a través de ellos que supo investigar en el alma y las
circunstancias de cada personaje, aunque como literato, inexperto en política, no fuera
capaz de aprehender el crucial problema político de su época. En realidad Livio asimiló y
moldeó desde la época augústea un concepto global de la historia de Roma que respondía
perfectamente a las expectativas de su tiempo; se comprende que su éxito fuera
inmediato: varias generaciones de ciudadanos aprendieron por medio de la tradición
transmitida por Livio a conocer a su patria. Creó al romano-tipo representativo de las
gentes de Roma y con él una imagen digna y respetable ante los pueblos conquistados.
5.- TÁCITO: un "tribunal de la Historia" a través de un investigador de las causas.
5.1.- Datos biográficos y perfil humano
El género histórico, que tuvo ilustres representantes en la época de la República (César,
Salustio, Tito Livio), conoce un renacimiento en los últimos años del siglo I y en los
primeros de II d. C. con la figura de Publio Cornelio Tácito (55-120 d. C.), el gran
historiador del Imperio bajo los Flavios.
Tenemos muy poca información biográfica, pese a ser uno de los más grandes escritores
latinos e, incluso, las fechas de nacimiento y muerte son aproximadas. Procedía sin duda
de familia distinguida, posiblemente de la Galia Narbonense, y estudió Retórica y
Filosofía con buenos maestros. Estuvo vinculado por matrimonio con la clase dirigente,
ya que su esposa era hija de Julio Agrícola, alto dignatario imperial, conquistador y
gobernador de Britania.
En Tácito tomó la palabra una vez más un miembro de la clase senatorial dirigente buen
conocedor de la Retórica, un hombre que había recorrido con éxito el cursus honorum,
coronándolo con el desempeño de los cargos de pretor (año 88) y de cónsul (año 97). Su
experiencia del tiránico reinado de Domiciano (81-96) le indujo a escribir sobre la difícil
y penosa supervivencia en la vida pública bajo el mandato de semejante emperador en la
introducción de una de sus primeras obras (Vida de Agrícola) y esta visión fatalista y
amarga marcaría de manera determinante el resto de su obra.
A pesar de ello se hizo famoso en vida y gozó de la amistad de insignes colegas como
Plinio el Joven. De modo parecido a su predecesor y modelo Salustio, también organizó
su vida y su obra en dos fases principales. Hasta los 40 años su vida fue la normal de un
orador y abogado, pero después siguió el período de actividad pública, el período de
trabajo literario; en su obra, a las tres monografías preparatorias siguieron los dos grandes
relatos históricos.
5.2.- Obra Literaria
1º) De vita Iulii Agricolae: publicada en el 98, se trata de una biografía apolegética de su
suegro, en la que no sólo relata una descripción de la ocupación romana de Britania (de la
que poseía información privilegiada), sino que también pasó revista a las condiciones
necesarias para la libertad individual y el trabajo historiográfico, así como al problema de
la conducta a seguir por la clase dirigente bajo un gobierno tiránico: habla de la pérdida
de la vida... "nosotros no sólo hemos sobrevivido a aquellos otros, sino a nosotros
mismos" (3,2).
2ª) De origine et situ Germanorum ("Sobre el origen y establecimiento de los
Germanos"), llamada popularmente Germania, pudo haberse escrito sobre el 98 y supone
una joya etnográfica sobre los Germanos hasta el punto que se ha llegado a considerar un
documento complementario sobre las dos grandes obras históricas (al estilo de César) que
luego va a acometer.
Aquí Tácito relaciona de una manera consecuente a Roma con un mundo ejemplar ajeno
a ella, haciendo uso de criterios y categorías romanos. Lo mismo que la comparación del
presente con el pasado, la de lo romano con lo foráneo, la imagen utópica del "salvaje
noble" no corrompido, sirve a su tendencia dirigida más bien a criticar la decadencia y
corrupción romana del momento que a presentar la actitud germánica: religio, virtus,
simplicitas, libertas... eran el compendio de virtudes primitivas que Roma nunca debió
perder.
3ª) Dialogus de Oratoribus: publicado sobre el año 100 y de corte claramente ciceroniano.
En esta obra Tácito trata la decadencia de la oratoria en contraste con el florecimiento de
épocas anteriores... y, evidentemente, la mirada del historiador sobrevoló sobre las
realidades históricas y no sólo sobre las limitaciones literarias, poniendo de manifiesto las
interdependencias existentes entre los desarrollos políticos y los espirituales, con el
ejemplo y pretexto de la elocuencia.
4ª) Historiae: fue terminada hacia el año 110. Se componía de 14 libros y comprendía el
período, vivido por el autor, que va desde la muerte de Nerón hasta la de Domiciano (69-
96 d.C.); es decir, se ocupa del período de gobierno de seis emperadores: Galba, Otón,
Vitelio (un año), Vespasiano, Tito y Domiciano. Solo se nos han conservado los cuatro
primeros libros y parte del quinto. Ofrece una imagen especialmente desgarradora de los
acontecimientos acaecidos entre el 69 y el 70: "período lleno de catástrofes, horrendo en
sus luchas, desgarrado por los motines, sangriento incluso en la paz".
5ª) Annales ab excessu divi Augusti: fueron compuestos después del 113, pero abarca el
período histórico inmediatamente anterior a las Historiae: desde la muerte de Augusto a
la de Nerón (14- 68 d. C.); es decir, los reinados de Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.
Se componía de 16 libros de los que se conservan los seis primeros (el quinto y el sexto
sólo en parte) y los seis últimos (el undécimo y el decimosexto mutilados).
5.3.- Concepción de la Historia. Las Fuentes
Tácito es un historiador bien documentado; sus fuentes son múltiples y variadas: utiliza
los trabajos de otros historiadores de la época estudiada y documentos oficiales (registros
públicos, actas, archivos del Senado...) y, en la medida de lo posible, sus propias
experiencias (ya que trata temas muy cercanos y que le son bien conocidos), el testimonio
ocular de los testigos y protagonistas y fuentes orales variadas.
Pero su espíritu científico no acepta sin crítica ninguna de las fuentes; discute la autoridad
de cada testimonio y se decide por la versión más probable cuando hay discrepancia.
Lejos de su ánimo la relación de leyendas antiguas de Tito Livio, así como la intención
de hacer una historia completa de Roma: es el Imperio, aquello de lo que él puede
atestiguar directamente, el objeto de su estudio. En la interpretación de los hechos, Tácito
revela un afán de sinceridad y objetividad, como pone de manifiesto al comienzo de las
Historias (neque amore et sine odio, "sin afecto ni rechazo", 1,1,3) o en la famosa
formulación del comienzo de los Anales (sine ira et studio, "sin ira ni prejuicios"). Con
ello, desde luego, no se proclama en absoluto la neutralidad.
Lucha con el problema de la libertas, pero la de su clase, la clase dirigente, cuyos puntos
de vista expone con vehemencia. Para él, desde Mario y Sila, la historia de Roma es la
historia de una esclavitud en la que sólo cambian los opresores, consecuencia de la
demoníaca posesión del hombre por el poder. En el Principado romano veía un sistema
de dominio basado en la hipocresía, la falsedad, la corrupción, la falta de principios, el
oportunismo, el servilismo y la arbitrariedad llevada a lo absoluto; un sistema de dominio
caracterizado por el enmascaramiento de las estructuras de poder y la ocultación de la
realidad: sus retratos no se limitan a los "principes", sino que abarcan todo su entorno
(parientes, libertos, colaboradores, militares...).
Sin embargo, Tácito estaba convencido de la necesidad del Principado: el inmenso
volumen del Imperio exigía una gestión centralizada y, por otra parte, el sistema se
hallaba legitimado para la mayoría por las guerras civiles. Así pues, habituado a buscar
diferencias de matices, podía apreciar en su justo valor los aspectos positivos del sistema.
Efectivamente, raras veces se conforma con trazar el curso histórico en los puntos
cruciales del acontecer bajo una única perspectiva. Tácito se complace en la bipolaridad,
las antítesis, los contrastes, el juicio enfrentado a un despliegue de posibilidades, la
alternancia de los puntos de vista y las interdependencias de personas o grupos, poniendo
así al descubierto los hondos problemas y las violentas contradicciones del Principado
romano.
Políticamente él no es un "republicano", pero se manifestaba profundamente pesimista
sobre la habilidad de Roma para encontrar un buen emperador; y como juzga imposible la
restauración de la libertad, su ideal político es la monarquía que "concilia dos cosas hasta
entonces inconciliables: el principado y la libertad; por tanto, hay que desear buenos
emperadores y soportarlos tal como sean" (Hist. 6,8).
Como Salustio y Tito Livio tiene una concepción moralista de la Historia y asume así el
papel de censor; hasta tal punto esto es así que Tácito convierte su obra en un auténtico
"tribunal de la Historia" de corte pesimista y severo en cuanto a las limitaciones y culpas
del ser humano, pero sin llegar a renunciar por ello a la consecución de la virtud. Para él
la función de la obra histórica es "registrar la virtud y asegurar que la corrupción fuera
denunciada y los vicios refrenados al pensar en la posteridad" (An.3,65). Esto, su amargo
pesimismo y su retoricismo le hacen inconscientemente falsear los hechos y recargar las
tintas en uno u otro sentido, lo que dificulta mucho su indudable deseo de objetividad.
Por otra parte, Tácito concibe la historia como un drama de almas: son los individuos los
que hacen la Historia, por eso no critica a las instituciones, sino a los personajes que las
presiden y a su corte. A través de impresionantes psicodramas (cuyo mejor ejemplo son
los retratos de las muertes de Séneca, Lucano y Petronio), demuestra una gran maestría
en el arte del conocimiento humano. La virtus, la gran actitud viril, reservada sólo a unos
pocos portadores, es lo que aclara y hace soportable lo sombrío de la existencia.
En resumen, para Tácito la Historia es: *una obra de justicia y una enseñanza, *una obra
artística *una obra de carácter científico: los hechos se explican por sus causas, como la
ciencia explica los fenómenos naturales.
A través de la reproducción del pasado, la toma en consideración del presente y el
enjuiciamiento del futuro, Tácito logró una síntesis comprensiva histórica de su propia
existencia y de la de cualquier ser humano.
5.4.- Cuestiones Estilísticas y Pervivencia
Son los valores literarios y de estilo los que han hecho que Tácito ocupe un puesto de
honor en la literatura latina: eleva hasta sus extremos las posibilidades lingüísticas del
latín. Al igual que Salustio, y aún más que él, huye de la prosa sobrecargada y adornada y
comparte con él no pocos recursos de estilo:
-empleo de arcaísmos, aliteraciones y antítesis -rechazo de las formas comunes y
habituales de expresión -uso de giros poéticos de efecto trágico -tendencia al
desequilibrio sintáctico, a la asimetría, al cambio de expresión dentro de un mismo
razonamiento.
TEATRO ROMANO
EL TEATRO ROMANO
1.- INTRODUCCIÓN
El teatro era el único género literario que en la época de la helenización de la cultura
latina se había enriquecido ya en Roma con una rica tradición popular. Efectivamente, el
carácter itálico se distinguía por una tendencia a la chanza, a lo grotesco y a lo mordaz (el
italum acetum a que se refirió Horacio) que desde antiguo se plasmaba en
representaciones improvisadas de gran raigambre popular. Entre estas manifestaciones
preliterarias relacionadas con la escena destacan las "farsas atelanas" y el "mimo".
Las farsas atelanas surgen entre los oscos y son pequeñas representaciones bufas basadas
en la vida cotidiana y en la que aparecen tipos fijos representados por actores no
profesionales cubiertos por máscaras: el viejo estúpido (Puppus), el jorobado (Dosenus),
el glotón (Buccus), y el joven atolondrado (Maccus). Cuando por influencia de la
helenización de la escena romana comienzan a representarse tragedias, las atelanas pasan
de ser un género dramático menor a representarse a continuación de las mismas como
exodium.
El mimo era representaciones en que las tanto hombres como mujeres sin máscaras daban
vida a escenas de la vida diaria partiendo de un texto en prosa. En la evolución del teatro
romano va adquiriendo cada vez mayor popularidad, desplazando a las atelanas en el
exodium de las tragedias.
El origen del teatro y de las representaciones dramáticas regladas debe vincularse a la
helenización general de la cultura romana tras la primera guerra púnica; la presencia de
tropas romanas en el sur de Italia y en Sicilia no es ajena a este helenización. El teatro es
el más claro ejemplo, aunque no el único, de esta habilidad de la civilización romana para
apropiarse de manifestaciones artísticas de otros pueblos impregnándolas de su propio
espíritu. Según la tradición las primeras representaciones dramáticas se deben a Livio
Andrónico (c.284/204 a. de C.), a quien se le encargó, al parecer en el 240, la puesta en
escena de un tragedia y una comedia traducidas del griego para celebrar los "ludi
Romani" con motivo del fin de la primera guerra Púnica.
En la denominación que la literatura latina utiliza para las obras dramáticas no se habla
de tragedias y comedias; el término habitualmente utilizado para cualquier tipo de
representación es "fabula". La distinción entre unas formas dramáticas y otras se basa
más bien en el origen del asunto tratado y en la caracterización de los personajes en
escena. Distinguían así los siguientes tipos de dramas:
TRAGEDIA
Fábula crepidata o coturnata: Tragedia de asunto griego; se caracterizaba porque los
actores usaban el "coturno" o bota alta característica de los actores trágicos griegos.
Fábula praetexta: tragedia cuyo tema se basa en la leyenda o en la historia romana. Toma
el nombre de la toga orlada que llevaban los hombres ilustres en Roma.
COMEDIA
Fabula palliata: comedia latina de asunto griego. Recibía este nombre porque los actores
se cubrían con el "pallium" o manto griego. Fabula togata: comedia sobre temas y
personajes romanos. Los actores vestían la toga.
Tampoco existió en Roma en los primeros tiempos una especialización de los
dramaturgos en trágicos y cómicos. Los iniciadores del género, Livio Andrónico y Nevio,
escribieron indistintamente obras de argumento trágico y cómico, sólo a partir de Plauto
se observa una tendencia a ceñirse a uno de los géneros. Los distintos tipos dramáticos
tuvieron desigual suerte en su desarrollo y, de la misma forma, su conservación y
transmisión también ha sido desigual. La tragedia de argumento griego (fabula crepidata)
y, en bastante menor medida, la de asunto romano se cultivó con cierta asiduidad entre el
240 y el 90 a. de C., fecha en que muere Accio, el último trágico de la época de la
República. Sin embargo conocemos poco de esta actividad dramática: los nombres de
varios autores -Ennio, Pacuvio y Accio-, además de algunos títulos y fragmentos. A partir
de este momento la tragedia decayó y no se tiene noticia de ninguna tragedia en el último
siglo de la República. En la época del imperio el gusto del pueblo por los espectáculos
circenses y por el mimo relegó la producción dramática, y más concretamente la de
asunto trágico, a los círculos intelectuales donde era recitada; se cargan así las tragedias
de ese tono retórico característico de la mayor parte de la literatura de la época de
Claudio y Nerón. De este período conservamos las tragedias escritas por Séneca el
Filósofo, únicas que nos han llegado completas y entre las que se incluye una praetexta,
que no debe considerarse obra suya.
La fabula palliata está en cambio magníficamente documentada en las obras de los dos
grandes cómicos de los primeros siglos de la República: Plauto y Terencio. La comedia
dejó prácticamente de escribirse y representarse en el siglo I a. de C., ante la competencia
del mimo que había ido evolucionando hacia un tipo de farsa licenciosa, con gran número
de personajes y que llegó a ser extraordinariamente popular.
Aunque la mayor parte de las obras dramáticas que nos han llegado están basadas en
originales griegos, sin embargo la libertad en el trabajo de adaptación es total. Los
autores latinos no sólo introducen situaciones nuevas y referencias a su momento
histórico, sino que también utilizan en una misma obra argumentos de distintos originales
griegos e incluso escenas de autores distintos. Este procedimiento se conoce con el
nombre de contaminatio y es particularmente visible en las comedias de Plauto y
Terencio.
2.- LA COMEDIA
2.1.- Características generales
El desarrollo de la comedia literaria basada en originales griegos (fabula palliata) se vio
mediatizado por la existencia desde antiguo, según hemos señalado más arriba, de formas
escénicas muy elementales (atelanas, carmina fescennina, mimo), pero profundamente
arraigadas en el gusto popular. Nevio consiguió, sin apartarse de los modelos griegos,
introducir en sus comedias algunas notas de color itálico que acercó la palliata al público;
en esta línea continuó Plauto que consiguió para la palliata un nivel general de
aceptación. Sin embargo la competencia con las formas dramáticas autóctonas fue una
constante en la evolución de la comedia en Roma, y en la preferencia del público por
ellas está la clave de la corta vida de la comedia en comparación con otros géneros
también tomados de Grecia.
La fabula palliata se inspira directamente en la Comedia Nueva ateniense; se denomina
así a la última fase de la comedia ateniense que se desarrolla aproximadamente entre el
325 y el 263 a. de C. Los máximos representantes de esta Comedia Nueva son Dífilo,
Filemón y Menandro. Era una comedia de costumbres que reflejaba la vida privada de las
clases acomodadas. En esta comedia burguesa la acción gira en torno a la vida y
costumbres de una serie de tipos fijos: el esclavo avispado, el viejo avaro, el joven
enamoradizo, soldados fanfarrones, cortesanas desenvueltas, doncellas honestas, etc. Las
situaciones de la comedia nueva eran atemporales y se podían fácilmente adaptar a otro
tiempo y a otro lugar.
Como ya se ha dicho, a partir de Nevio fue práctica habitual la contaminatio: utilizar más
de un original e incluso en ocasiones más de un autor como modelo. Los autores romanos
utilizaron la forma griega para acentuar lo que en la comedia más se aproximaba al gusto
de los espectadores romanos: las situaciones equívocas, los dobles sentidos, la parodia,
etc. Se produjo en cierto sentido una latinización de la comedia que culmina cuando se
ponen en escena tipos y costumbres de la vida cotidiana de Roma, surgiendo así la fabula
togata.
La fabula palliata tenía una estructura formal tomada de sus modelos griegos y, aunque
no siempre encontramos la misma estructura, podemos distinguir en ella las siguientes
partes:
*Didascalias: son obras de los gramáticos posteriores. en ellas se consignan el nombre del
autor, titulo de la obra, datos sobre la fecha y circunstancias de su estreno. Igualmente se
recoge el nombre de la obra griega utilizada como modelo y el de su autor. No siempre
han existido o se han conservado; todas las obras de Terencio se nos han transmitido con
su didascalia correspondiente, sin embargo la mayor parte de las comedias de Plauto
carecen de ellas.
*Argumento: es un resumen de la obra realizado también por los gramáticos posteriores.
*Prólogo: exposición del argumento a cargo de un actor o de un personaje simbólico. Los
prólogos de las comedias latinas son una magnífica fuente de información sobre el teatro
de siglo II a. de C. Los prólogos de Plauto son joviales, pretenden divertir y, además de
su carácter expositivo, incluyen chistes y advertencias jocosas a los espectadores. Los
prólogos de las comedias de Terencio tienen una mayor profundidad y contienen la
réplica del autor a los ataques de que era objeto; dada la importancia de los prólogos en
las obras de Terencio, volveremos sobre ellos al ocuparnos de su autor.
*Diálogo o diverbia: partes dialogadas en verso.
*Cantica: parte del texto de las comedias que se cantaba con acompañamiento de flauta.
En el teatro de Plauto, como veremos más tarde, estas partes cantadas tienen un
amplísimo desarrollo.
2.2.- Autores de palliatae
Aunque Livio Andrónico y Ennio cuentan entre sus obras dramáticas con algunas
comedias, con anterioridad a Plauto sólo Nevio mostró mayor inclinación hacia este
género. Ya hemos aludido a su tendencia a introducir en sus comedias tópicos itálicos
para acercarlas al público. Poco sabemos sobre el carácter y estilo de sus comedias
porque sólo tenemos escasos fragmentos, pero los títulos -Los carboneros, El alfarero, El
adivino...- sugieren temas de la vida común. Sin duda alguna podemos conocer de forma
bastante exacta el desarrollo de la comedia latina gracias a la obra de dos grandes
comediógrafos de la época republicana: Plauto y Terencio.
2.2.1.- PLAUTO (c 255 a.C.- 189 a. C.)
Fue el más popular de los autores de comedias y dominó absolutamente la escena romana
desde el 215 a. de C., fecha de su primer éxito escénico, hasta el 184 a. de C., año de su
muerte o, al menos, de su última representación. Plauto nació en Sarsina, ciudad de
Umbria, hacia el 255 a. de C. y abandonó pronto esta ciudad. La mayor parte de las
informaciones que poseemos sobre la vida y obra de Plauto proceden de Varrón, erudito
del siglo I a. C., que dedicó grandes esfuerzos a llevar alguna claridad sobre las
circunstancias de la vida del poeta umbro. Se sabe que en su juventud trabajó en el
entorno de compañías dramáticas (Varrón utiliza la fórmula in operis artificum
scaenicorum), donde pudo adquirir su conocimiento poco común de los aspectos técnicos
y del repertorio tanto griego como romano. Al parecer posteriormente se dedicó al
comercio y fracasó; como consecuencia del endeudamiento provocado por su actividad
comercial se vio forzado a trabajar como esclavo en un molino. En esta situación escribe
tres comedias que obtienen un rápido éxito y que lo convierten, ya hasta su muerte, en el
ídolo de los espectadores. Desde el 215 y durante un trentenio aproximadamente produce
para la escena un abundantísimo número de comedias.
Plauto es el primer poeta romano que se especializa en un sólo género literario; sus
contemporáneos Nevio y Ennio no sólo conjugan dentro de la actividad dramática
comedia y tragedia, sino que, probablemente llevados por el ambiente heroico de estos
primeros años de expansión de Roma, componen también poemas épicos. En Plauto no
encontramos alusión alguna al momento político, ni utilización satírica de cosas o
personas relacionadas con el Estado: su elección es el género cómico que se acomoda a
su talante jovial e inclinado a la risa fácil sin segundas intenciones. En este sentido Plauto
es una personalidad excepcional en la literatura latina; sus obras están llenas de la gran
alegría de vivir y del espíritu burlón de su autor.
De la enorme popularidad de Plauto da fe el hecho de que ya en el momento de su muerte
circularan como suyas unas ciento treinta comedias. Varrón, en su estudio sistemático de
la obra plautina, estableció como auténticas sin ningún género de dudas veintiuna
comedias de esas ciento treinta atribuidas. Todas sus obras son palliatae, basadas en
originales griegos de la "Comedia Nueva"; su relación según el orden en que aparecen en
los manuscritos es la siguiente: Amphitruo, Asinaria, Aulularia, Captivi, Curculio,
Casina, Cistellaria, Epidicus, Bacchides, Mostellaria, Menaechmi, Miles Gloriosus,
Mercator, Pseudolus, Poenulus, Persa, Rudens, Stichus, Trinummus, Truculentus y
Vidularia, ésta última está en estado fragmentario.
En estas comedias se repiten con escasas variaciones tipos y situaciones, de forma que
resulta difícil, por no decir imposible, establecer un criterio de clasificación; el único
título que conviene a todas es el genérico de "comedia de enredo" con múltiples
complicaciones y situaciones cómicas. Sin embargo, con algunas reservas y para facilitar
su aprendizaje, se pueden agrupar las comedias plautinas bajo los siguientes epígrafes:
*Comedias basadas en el equívoco o cambio de personas: Bacchides, Amphitruo,
Menaechmi.
*Comedias basadas en el "reconocimiento", es decir en el descubrimiento del verdadero
origen y condición de determinadas personas y que da lugar a un súbito cambio de
fortuna: Cistellaria, Curculio, Epidicus, Poenulus.
*Farsas cómicas. Asinaria, Persa, Casina.
*Comedias de caracteres: Pseudolus, Truculentus.
*Comedias en las que confluyen motivos y situaciones: Aulularia, Captivi, Trinummus,
Miles Gloriosus.
Plauto no oculta en ningún momento que sus obras están basadas en otras griegas; utiliza
para referirse a su trabajo el término "vertere" (traducir) y, en ocasiones, cita el autor y la
obra que utiliza como modelo. Sin embargo, como hizo Nevio con anterioridad, maneja
los modelos griegos con una absoluta libertad; no sólo mezcla fragmentos de distintas
obras y de distintos autores griegos (la ya comentada contaminatio, de la que Plauto hace
un amplio uso), sino que además modifica el original cortando o añadiendo, insertando
recursos cómicos típicamente itálicos, recreando situaciones con mayor fuerza cómica y,
en definitiva, dando lugar a una comedia totalmente diferente, profundamente romana. La
finalidad última del teatro plautino es divertir: pretende conseguir un efecto cómico en
cada escena, aunque para ello tenga que sacrificar la lógica interna de la acción. Para
lograr el efecto cómico deseado no le importa al autor caer en contradicciones,
anacronismos e incongruencias; la caracterización de los personajes es a veces
extravagante y las situaciones se alargan frecuentemente más allá de lo verosímil, Todo
ello contribuye a dar a las comedias de Plauto un carácter fantasioso que es su principal
virtud y que las convierte en intemporales.
También en el campo de la estructura formal se distancia Plauto de sus modelos griegos,
creando una forma nueva de comedia con entidad propia. Como ya se ha comentado,
desde Livio Andrónico el teatro romano concede mayor importancia a las partes cantadas
que el teatro griego; Plauto acentúa esta tendencia, creando una comedia en la que la
parte dialogada o recitada (diverbia) ocupa en la mayor parte de las obras sólo un tercio
del total. Los cantica se enriquecen en su estructura y en su métrica; no sólo incluyen
parlamentos y recitados al son de flauta, también se encuentran fragmentos
melodramáticos (arias, solos, duos) interpretados con acompañamiento instrumental. Este
carácter melodramático de las comedias de Plauto, unido a su lenguaje cotidiano y
popular de gran fuerza cómica, les confiere un carácter propio e inconfundible.
Plauto gozó siempre de una gran acogida entre el público y sus comedias se siguieron
representando con gran éxito mientras existió una tradición teatral viva en Roma. Durante
el clasicismo de los últimos años de la República y de la época de Augusto la popularidad
de Plauto sufre un cierto retroceso por influencia de los grandes poetas del momento, en
particular Horacio, a quienes disgustaba en general la literatura de la época arcaica. A
partir del Renacimiento Plauto vuelve a ser leído y representado, ejerciendo sus obras
gran influencia en el teatro inglés del siglo XVI. Como muestra de esta influencia de las
comedias plautinas en el teatro europeo de los siglos XVI y XVII baste decir que La
comedia de los errores de Shakespeare utiliza el argumento de Menaechmi y que El avaro
de Moliére recuerda al Euclión de la Aulularia
2.2.2.- TERENCIO (185-4? a. C.)
La vida del segundo de los grandes comediógrafos latinos está marcada por dos factores
determinantes: por un lado, su brevedad, ya que no se extendió más allá de veinticinco o
treinta y cinco años; por otro, su estrechísima relación con la aristocracia filohelénica que
se reunía en torno a los Escipiones y que es un factor imprescindible para entender las
comedias de Terencio.
Publio Terencio Afer nació en Cartago, en el norte de África; su fecha de nacimiento es
incierta. Suetonio, biógrafo del siglo I de nuestra Era que escribió una extensa "vita" del
poeta, da como fecha para su nacimiento el 185/184 a. de C.; sin embargo, algunos
estudiosos de la literatura latina proponen adelantar la fecha hasta el 190. Se sabe con
seguridad que, siendo todavía adolescente, llegó a Roma como esclavo del senador
Terencio Lucano, quien le dio una esmerada educación y le concedió la libertad. Como
era costumbre adoptó el "nomen" de su patrón, Terencio, y mantuvo en el "cognomen",
Afer, la referencia a su procedencia geográfica.
Probablemente en casa de su amo y protector conoció y se ganó la benevolencia de los
espíritus cultos y refinados de la ciudad. Roma vivía un momento excepcional,
comenzaba su expansión victoriosa por el Mediterráneo oriental, y parte de la aristocracia
romana había adoptado el ideal cultural griego; en el llamado Círculo de los Escipiones
se reunían filósofos (Panecio), historiadores (Polibio), retores (Leilo) y poetas (Lucilio),
todos movidos por el mismo deseo de difundir e integrar en la literatura latina las formas
literarias griegas. A este mundo culto y refinado pertenece Terencio y con frecuencia se
le ha considerado como su portavoz. En el año 160 a. C. emprendió un viaje a Grecia por
causa que desconocemos y en el transcurso del mismo, en circunstancias igualmente
oscuras, falleció. Suetonio da como fecha de su muerte el 159.
La corta carrera dramática de Terencio se extiende por espacio de seis años; entre el 166
y el 160 escribió seis comedias palliatas, cuyas fechas de estreno conocemos
perfectamente, ya que todas se nos han transmitido con su correspondiente didascalia. La
mayor parte de sus comedias siguen originales griegos de Menandro, el más moderado y
moral de los autores del Comedia Nueva. La relación de las comedias de Terencio según
el orden de su representación es el siguiente:
*Andria ("La mujer de Andros"), estrenada en el 166. *Hecyra ("La suegra"). El primer
estreno, que fue un sonoro fracaso, tuvo lugar en el 165. *Heautontimoroumenos ("El
atormentador de sí mismo), en el 163 *Eunuchus ("El eunuco"), en el 161 *Phormio
("Formión"), en el 161 *Adelphoe ("Los hermanos"), en el 160. En este mismo año tiene
lugar el segundo y tercer intento de estreno de Hecyra, que sólo en el tercer intento
consigue el éxito.
Como se puede observar, a diferencia de Plauto, el éxito de público no fue para Terencio
algo inmediato, si bien cuando se produjo, en concreto con el Eunuchus, éste fue rotundo.
Pero no sólo tuvo que enfrentarse el poeta con la indiferencia y frialdad del público en
sus primeras obras, sino que durante toda su corta carrera dramática tuvo que hacer frente
a la crítica de otros poetas dramáticos y literatos. A defenderse de estos ataques consagró
el poeta los prólogos de sus comedias, y en ello es totalmente original. El prólogo, como
ya hemos señalado, era un elemento fundamental en las obras dramáticas.
Generalmente en Grecia, tanto en la tragedia como en la comedia, se utilizaba el prólogo-
exposición, en el que se presentaba de forma concisa el tema de la pieza teatral. Muy
excepcionalmente, la Comedia Nueva añadía a la exposición de la trama el elogio de la
obra y de su autor (prólogo-elogia). Plauto utiliza todo tipo de prólogo, aunque prefiere el
prólogo-benevolencia. Terencio rechaza los prólogos-exposición por considerarlos
groseros y convierte los suyos en prólogos literarios en los que intenta dar respuesta a las
acusaciones que se le formulaban, razonaba sobre los modelos utilizados y exponían sus
ideas sobre su obra. El conjunto de los prólogos terencianos son una magnífica fuente
para el estudio de su autor. Las respuestas de Terencio nos permiten conocer qué críticas
se le formulaban. Se le acusaba de aceptar colaboración de sus nobles amigos para
escribir sus comedias, de plagiar trozos y personajes de otros autores romanos, de
"contaminar" los originales griegos y de debilidad de estilo.
Después de la muerte de Plauto los gustos habían cambiado y los círculos literarios no
aceptaban de buen grado la latinización de los originales griegos. Terencio se somete al
gusto imperante y mantiene en sus comedias el ambiente griego. Huye deliberadamente
del chiste fácil, de las tramas complicadas, del recurso a la caricatura, en definitiva de
todo aquello que había conferido a las comedias de Plauto su peculiar estilo. En Terencio
toda la comedia gira en torno a la caracterización de los personajes, las inconsecuencias y
el contraste entre ellos es el medio escogido por el poeta para provocar la hilaridad, que
siempre será moderada, más próxima a la sonrisa que a la abierta risa de Plauto. Quizá
este sea unos de los puntos débiles de la obra de Terencio: sus obras son de un gran altura
desde el punto de vista lingüístico, la caracterización psicológica de los personajes está
lograda, pero el conjunto carece de fuerza cómica. La nota dominante de sus comedias no
es la burla, sino más bien la piedad, la ternura y la melancolía.
Sus personajes son amables y no guardan relación alguna con los estereotipos
caricaturescos pintados por Plauto. En las comedias de Terencio los esclavos son
serviciales, los hijos respetuosos, los padres afectuosos y preocupados, las matronas
respetables, etc. En conjunto traza unos cuadros de menor efecto cómico, pero de gran
valor humano.
Terencio pretende escribir obras de teatro de un elevado nivel artístico. Su lengua es de
gran pureza y elegancia. Desde la época imperial se le proponía como modelo de "sermo
urbanus". En resumen, Terencio por sus conocimientos literarios, por sus gustos
elevados, por su estilo elegante alejado de toda vulgaridad,es un representante cualificado
de lo que en su época se llamó "humanitas", cualidad que el propio poeta resumió
admirablemente en este conocidísimo verso: Homo sum: humanum nil alieni puto
(Heautontimoroumenos v.25).
3.- LA TRAGEDIA
3.1.- La tragedia en la época de la República
Como ya se ha indicado la tragedia comienza en Roma después de la conquista de
Tarento en el 272 a. de c., que supuso a su vez la "conquista" de Roma por la cultura
griega, según recoge el célebre verso de Horacio: Graecia capta ferum victorem cepit.
Desde esta época hubo poetas que tradujeron o vertieron al latín dramas griegos, Se
piensa generalmente que la tragedia no alcanzó nunca en Roma la popularidad que
lograron la comedia y otras formas escénicas. Quizá la razón de esta opinión generalizada
resida en que sólo nos quedan escasos fragmentos de las tragedias de la época
republicana y su carácter retórico los hace poco atractivos. Pero lo cierto es que la
tragedia tuvo una larga vida en Roma; se siguió representando por espacio de más de
doscientos años y los romanos de la época clásica conocían y apreciaban a Ennio,
Pacuvio y Accio como grandes trágicos.
3.2.- La tragedia durante el Imperio: SÉNECA.
Durante los primeros años del principado de Augusto se confirma la tendencia a la
desaparición de la tragedia y de otras formas de drama literario con pretensiones
escénicas. Ya en gran parte del último siglo de la República se había constatado la
ausencia de otras nuevas para su representación. Por otra parte, el paso del tiempo había
dado lugar a cambios tanto en el estilo como en los gustos literarios, lo que hacía que las
obras de los tragediógrafos republicanos parecieran cada vez más arcaicas y rudas a
medida que pasaba el tiempo. El público romano, menos cultivado que el griego,
mostraba preferencia por los espectáculos circenses y, dentro de los espectáculos
escénicos, el mimo, las atelanas y las pantomimas sustituyeron a las obras dramáticas de
mayor valor literario. De esta forma en el siglo I d. C. la tragedia se convierte en un
ejercicio literario dedicado exclusivamente al recitado y la lectura en círculo literarios e
intelectuales. La última representación de una tragedia nueva de la que se tenga noticia
oficial tuvo lugar en el año 29 a. C; se trata de la puesta en escena del Thiestes de Lucio
Varo Rufo promovida por el propio Augusto para celebrar su victoria en Actium. Algo
más tarde tenemos noticias de una segunda tragedia del poeta Ovidio titulada Medea.
Ambas obras de la época augústea se han perdido completamente y sólo conocemos los
títulos y referencias de los estudiosos de los géneros literarios como Quintiliano.
Dado este estado de cosas, resulta sorprendente que precisamente las únicas tragedias que
se nos han conservado completas se sitúen en este período en el que su representación
había caído en desuso. Efectivamente, existe un "corpus" de diez tragedias, integrado por
nueve "fabulae coturnatae" más una "praetexta", atribuidas a Séneca el Filósofo (5-65 d.
de C). De ese conjunto de obras, ocho son con toda seguridad de Séneca: Hércules
Furens, Troades, Phoenissae, Medea, Phaedra, Oedipus, Agamemnón, Thyestes; una,
Hércules Oateus, es de atribución dudosa y la "praetexta", titulada Octavia, no puede ser
de ninguna manera obra suya.
No se sabe exactamente qué lugar ocupan cronológicamente las tragedias en el conjunto
de la extensísima obra de Séneca. Generalmente se ha considerado que fueron escritas en
su primera época, con anterioridad a la redacción de sus tratados filosóficos, pero lo
cierto es que no hay ningún dato objetivo que corrobore dicha opinión.
En cuanto a la relación de las tragedias senequianas con sus originales griegos, hay que
decir queSéneca sigue la práctica habitual en el teatro latino y mezcla distintas obras
griegas en una misma tragedia. Utiliza en mayor medida como modelo las obras de
Eurípides que la de los dos trágicos anteriores. Aunque sigue habitualmente las versiones
tradicionales de los mitos, difiere notablemente en su tratamiento escénico; Séneca
demuestra un gusto especial por los detalles truculentos, por la desmesura en la expresión
de los sentimientos y pasiones que lo alejan de la tragedia clásica griega; sus personajes,
cuyo análisis psicológico es riquísimo, tienen un código de valores morales radicalmente
distinto al de los personajes de Eurípides. Su estilo es marcadamente retórico,
caracterizado por la precisión y el laconismo que se expresa frecuentemente por medio de
aforismos y sentencias. Las tragedias de Séneca no tuvieron gran influencia en su época,
pero en cambio ejercieron un profundo influjo a partir del siglo XV en el teatro italiano e
inglés.
Los manuscritos de las obras de Séneca recogen también una tragedia praetexta, titulada
Octavia. Es la única obra de su género que se nos ha conservado, pudiéndose afirmar hoy
con toda certeza que no es el filósofo cordobés y que debe fecharse en una época
ligeramente posterior, durante el reinado de los primeros Flavios. Utiliza como
argumento la desdichada vida de Octavia, hija de Claudio y Mesalina, obligada a casarse
con Nerón y asesinada después en el exilio.
ORATORIA ROMANA
LA ORATORIA ROMANA
1.- CARACTERÍSTICAS DEL GÉNERO: ORATORIA Y RETÓRICA
El arte de utilizar la palabra en público con corrección y belleza, sirviéndose de ella para
simultáneamente agradar y persuadir, tuvo en Roma un uso temprano y prolongado.
Favorecía su desarrollo el sistema político de la República basado en la consulta popular,
y, de hecho, se mantuvo vivo y con fuerza mientras la constitución republicana subsistió;
una vez que se imponen formas de gobierno basadas en el poder personal, la oratoria,
falta del ambiente de libertad que necesita, languidece y se transforma en un puro
ejercicio de retórica. En unas culturas como las clásicas eminentemente orales, la oratoria
impregnaba gran parte de la vida pública y su valor era reconocido en los tribunales
(discursos judiciales), en el foro (discursos políticos) y en algunas manifestaciones
religiosas (elogios fúnebres). El pueblo romano, extraordinariamente aficionado a los
discursos, sabía valorar y aplaudir a los oradores brillantes, e intervenía en las
discusiones entre las distintas escuelas y tendencias.
La oratoria comienza a practicarse en época muy temprana; el primer discurso del que
tenemos constancia es el pronunciado por Apio Claudio el Ciego (dictador en el 312 a. de
C.), con motivo de la guerra contra Pirro; sin embargo sólo comenzó a cultivarse como
un arte en los años difíciles de las guerras púnicas. Durante estos primeros años la
oratoria se desarrolla teniendo como elemento fundamental la improvisación delante de
un auditorio, sólo bastante más tarde, cuando se obtiene conciencia de su valor literario,
empiezan a fijarse por escrito.
Dejando a un lado su decisiva importancia en la vida política de Roma, el "arte del bien
hablar" se convierte también en un instrumento educativo de primera magnitud y en la
principal causa del desarrollo de la prosa latina, ya que pronto, a la pura actividad
oratoria en el foro y en las asambleas, sucede la reflexión teórica sobre la misma,
desarrollándose entonces una disciplina nueva en Roma, la retórica, que había surgido en
Grecia en el siglo V a. de C. como una sistematización de técnicas y procedimientos
expositivos necesarios para el orador. Como en todas las manifestaciones culturales, en la
evolución de la oratoria y, muy especialmente, de la retórica tiene una importancia
decisiva la progresiva helenización de la vida romana a partir del siglo II a. de C. Es éste
un momento apasionante en la historia política y cultural de Roma, en el que, frente a los
continuos éxitos en política exterior, comienzan a manifestarse en el interior de la ciudad
los enfrentamientos y contradicciones que van a desembocar en las guerras civiles del
último siglo de la República. Es la época de los Escipiones, de Catón y de los Gracos; por
primera vez en un ambiente de libertad se enfrentan y se contrastan distintas maneras de
entender el papel de Roma en el mundo, lo que estimula el desarrollo tanto de la
elocuencia como de la retórica.
Las escuelas de retórica griegas encuentran en Roma un campo más amplio que en las
ciudades helenísticas, puesto que sus enseñanzas se podían poner a prueba ante el público
en el Senado o el foro, tratando no meros ejercicios escolásticos sino cuestiones de
actualidad que apasionaban a la ciudad; por este motivo a mediado del siglo II a.C. son
muchos los maestros de retórica que acuden a Roma desde Asia menor. Sin embargo no
se puede decir que este proceso de paulatina implantación de las escuelas de retórica se
realizara sin oposición. Esta oposición al establecimiento de las escuelas de retórica por
parte de los más conservadores, que cristaliza en el decreto de expulsión de retores y
filósofos en el 161 a. de C., es un episodio más del enfrentamiento que durante este
segundo siglo a. de C. se vivió en Roma entre la facción conservadora, cuyo máximo
representante fue Catón el Censor, y el grupo filohelénico que se reunía en torno a los
Escipiones. Finalmente los estudios de retórica terminan imponiéndose y constituyendo,
junto con la gramática, la base indispensable de la educación de los jóvenes de las
familias acomodadas que, como preparación imprescindible para la vida política o el
ejercicio de la abogacía, aprendían la "técnica oratoria".
La retórica convierte la práctica de la oratoria en un arte perfectamente reglado, cuyos
principales principios son:
a) Para la elaboración de buenos discursos es imprescindible el conocimiento de los
distintos recursos oratorios que se estudian en las diferentes partes de la retórica:
* Inventio: trata sobre el contenido de las ideas y de las argumentaciones.
* Ordo o dispositio: estudia la disposición u ordenación de las ideas del discurso.
* Elocutio: esta tercera parte de la retórica se refiere a la expresión lingüística del
discurso; la elección y colocación de las palabras, el ritmo condicionado por éstas;
correcta utilización de las figuras retóricas.
* Memoria: proponía pautas para memorizar.
* Pronuntiatio o declamatio: desarrollaba técnicas para la declamación
b) Según la finalidad del discurso se distinguían tres géneros de elocuencia:
* genus laudativum: era utilizado en los discursos pronunciados en ceremonias
relacionadas con la religión (laudationes funebres y elogia).
* genus deliberativum: era el propio de la oratoria política.
* genus iudiciale: propio de los discursos de acusación y defensa ante los tribunales.
c) También el estilo o tono de los discursos debía adecuarse a los distintos géneros de
elocuencia, distinguiéndose también tres tipos de estilo o genera dicendi:
*Genus grande (estilo elevado) *Genus medio (estilo medio) *Genus tenue (estilo
elegante)
En el ámbito de la retórica se distinguen tres escuelas que proponen distintos modelos de
elocuencia, tomados todos del mundo griego:
*Escuela neo-ática: tenía como modelo el estilo de los escritores de la época clásica de
Atenas. Propugnaba un tipo de oratoria espontánea, carente de artificio y de excesivos
adornos; consideraba que la mejor elocuencia era la que lograba una más completa
exposición de los hechos. Esta tendencia tuvo dos maestros C. Licinio Calvo (82/c. 47
a.C.) y M. Junio Bruto (85/42 a. C.)
*Escuela asiánica: sigue el estilo de la oratoria griega que se desarrollaba en las ciudades
de Asia. Se caracteriza por su tono brillante, exuberante y florido. El máximo
representante de esta tendencia fue Hortensio (114-50 a. de C.).
*Escuela rodia: a partir del siglo II a. de C. la isla de Rodas se convierte en el mayor
centro de cultura del Mediterráneo oriental, destacando entre sus enseñanzas la de
retórica. Proponía un estilo próximo al asianismo aunque más moderado. En Rodas se
formó Cicerón.
Los dos últimos siglos de la República, y muy especialmente el primero de ellos en el que
destaca la irrepetible figura de Cicerón, conocen un desarrollo extraordinario de la
oratoria, que impregna todas las manifestaciones literarias y que conduce a la prosa latina
a una perfección formal difícilmente superable. La notable preparación técnica de los
oradores y las enseñanzas estilísticas de las escuelas de retórica no son ajenas a la
musicalidad y claridad de la prosa clásica.
Con el agotamiento del sistema republicano y la llegada de augusto al poder, la práctica
de la oratoria, privada de las condiciones políticas que la justificaban, desaparece. Las
escuelas de retórica siguen manteniéndose con una finalidad educativa y conservando su
influencia en la lengua y literatura latinas, pero la oratoria se convierte en pura
declamación.
2.- LA ORATORIA ANTES DE CICERÓN
Como hemos señalado en el apartado anterior la práctica de la oratoria se desarrolla
propiciada por determinadas circunstancias políticas y al calor de episodios concretos;
sólo más tarde, cuando se tiene conciencia del valor literario de los discursos, comienzan
éstos a fijarse por escrito. Esta es la razón de que sólo conozcamos la oratoria
preciceroniana por escasos fragmentos y por referencias indirectas. Además del propio
Cicerón, que en su tratado de retórica Brutus traza una completa historia de la elocuencia
romana, tenemos también los escritos de Gelio, un erudito del siglo II d. C., que recopiló
gran cantidad de material sobre obras de la antigüedad y que es una inestimable fuente de
información.
Aunque Cicerón nos habla del discurso pronunciado por Apio Claudio el Ciego como el
primero del que tenemos noticias, y Gelio recoge un fragmento de un discurso de P.
Cornelio Escipión el Africano, sin embargo el primer orador del que tenemos noticias
concretas y algunos fragmentos es Catón el Censor (234/149 a. de C.). En los fragmentos
conservados se observa la fuerza y la vivacidad de este orador, defensor a ultranza de las
costumbres latinas frente a las influencias helénicas. Escribió más de 150 discursos; de
aproximadamente 80 nos han llegado fragmentos.
En el extremo opuesto a la postura de Catón se sitúan los oradores pertenecientes al
llamado Círculo de Escipión como el propio Escipión Emiliano (185/129 a. de C.) y Lelio
(cónsul en el 140 a. de C.). Ambos eran oradores brillantes y sobresalían sobre todo por
su elevada cultura. Se debe destacar sobre todo su influencia en la difusión de la cultura
griega en Roma.
En Tiberio Graco (163/133 a. de c.) y en su hermano Cayo (154/121 a. de C.) comienza a
evidenciarse la influencia de Grecia y en particular de las tendencias asiánicas. Tiberio se
distinguía por un elocuencia mesurada y una dialéctica cuidada; su hermano Cayo por el
contrario usaba una oratoria encendida, capaz de enardecer a la multitud; Cicerón afirma
que superaba a todos los oradores de su tiempo en vehemencia oratoria.
La pareja de oradores formada por Marco Antonio (143/87 a. de C.) y Marco Licinio
Craso (140/91 a.) dominó el foro romano en los últimos años del siglo II.
Hortensio Hórtalo, sólo ocho años mayor que Cicerón, fue su principal rival en los
tribunales. Hortensio representa el momento culminante del asianismo romano. Por
último, Cicerón se refiere frecuentemente al historiador y político Julio César como el
más ingenioso y dialéctico de los oradores romanos.
Conservamos también de los primeros años del siglo I a. de C. un tratado de retórica
anónimo, conocido por el nombre de la persona a quien está dirigida como Rhetorica ad
Herennium (entre el 86 y el 82 a. de C.). Es una obra bastante compleja y consta de
cuatro libros en los que se desarrollan, con mayor o menor amplitud, las partes de la
enseñanza retórica (inventio, elocutio, dispositio, memoria y pronuntiatio). Esta obra
sigue las enseñanzas de la Escuela Rodia y difunde sus principios.
3.- CICERÓN: La prosa latina elevada al clasicismo
3.1.- Datos biográficos y perfil humano
En los primeros decenios del siglo I a. de C. Roma vive un renacimiento cultural,
especialmente visible en el campo de la literatura, que tiene como una de las figuras
señeras la de Marco Tulio Cicerón, al que muchos estudiosos de la literatura consideran
digno de dar nombre a la época.
En la personalidad de Cicerón confluyen la cantidad de aspectos y matices que lo
convierten en una figura controvertida y desigualmente valorada, pero ciertamente
irrepetible. Hombre de acción, pero simultáneamente hombre de reflexión, tiene que ser
estudiado como estadista, orador, estudioso de retórica, filósofo, en suma, sabio. Fue ante
todo un hombre de cultura; inició una nueva etapa, intentando superar los antagonismos
entre lo griego y lo romano que habían dividido a los hombres de las letras de la centuria
anterior (recuérdese los enfrentamientos entre el Circulo de los Escipiones y Catón el
Censor). Buen conocedor y admirador de la cultura griega, pero profundamente romano
en sus sentimientos, recoge las ideas del helenismo y las adapta y adecua a la tradición
romana. Nació en Arpino, una pequeña ciudad del Lacio meridional, en el año 106 a. de
C. Perteneció a una familia de agricultores, de buena situación económica y conocida
aunque no patricia. Este origen provinciano, campesino y no patricio de Cicerón explican
algunos rasgos de su personalidad. El primero de ellos es su conservadurismo en
cuestiones de tradiciones y del respeto a las costumbres ancestrales (mos maiorum), que
era mucho más vivo en las ciudades campesinas italianas que en Roma. En segundo
lugar, en su carrera política, no teniendo ningún antepasado que hubiera desempeñado
magistraturas superiores, Cicerón debió vencer la resistencia que la nobleza romana ponía
al desempeño de las máximas magistraturas por alguien ajeno a ella; siendo un "homo
novus" ("a me ortus et per me nixus ascendi.."), recorrió todas las magistraturas del
"cursus honorum", llegando a desempeñar el consulado y ganándose así el derecho a
pertenecer al Senado de Roma. En un gran número de sus discursos se refiere a este
hecho, manifestando su legítimo orgullo y mostrando una autocomplacencia que, aunque
comprensible, se le ha censurado frecuentemente.
Excepcionalmente dotado para la práctica de la elocuencia, su familia lo envía a Roma
donde frecuenta a los mejores oradores (Marco Antonio y Licinio Craso) y juristas (Q.
Mucio Escévola) de la época. A partir del año 81 comienza a intervenir con éxito como
abogado en procesos civiles y penales. En el año 79 interrumpe esta actividad y pasa dos
años, del 79 al 77, en Atenas y en Rodas, donde frecuentó las enseñanzas de Milón.
De vuelta a Roma inicia su "cursus honorum" desempeñando el cargo de cuestor en
Sicilia, al parecer con eficacia y dejando un buen recuerdo entre los sicilianos. Siguió
desempeñando regularmente las magistraturas hasta alcanzar en el año 63 el consulado.
Cicerón, un "homo novus", sin antepasados ilustres, se convirtió en el máximo valedor de
la oligarquía senatorial que lo apoyó. Durante su consulado reprimió duramente el intento
de Catilina de hacerse con el poder, lo que le valió el titulo de "pater patriae".
El momento más difícil en la vida política de Cicerón comienza con la formación del
triunvirato entre César, Pompeyo y Craso. Los triunviros lo condenaron al exilio por
algunas decisiones tomadas durante su consulado. Cicerón soportó mal su alejamiento de
Roma que duró poco más de un año (de marzo del 58 a Agosto del 57). Cuando las
inevitables tensiones entre las dos personalidades fuertes del triunvirato, César y
Pompeyo, desembocaron en la guerra civil, Cicerón, no sin vacilaciones, tomó partido,
como la mayor parte del Senado, por Pompeyo. El triunfo de César, que siempre se portó
de forma generosa con él, y su posterior dictadura lo obligaron a dejar la vida pública:
desde el triunfo de César en Farsalia (año 49) hasta su asesinado en el 44, Cicerón vive
un productivo retiro, dedicado a sus tratados de retórica y filosofía.
La muerte de César lo devuelve a la vida política en un intento inútil de restaurar la
República; entendiendo que el mayor obstáculo para sus pretensiones era Marco Antonio,
dirigió contra éste durísimos ataques que quedaron recogidos en sus últimos discursos,
conocidos como Filípicas. Cuando se forma el segundo triunvirato, Marco Antonio sitúa
en su lista de proscripciones el nombre de Cicerón; fue asesinado por los soldados de
Antonio en diciembre del 43, a la edad de 64 años.
La compleja personalidad de cicerón ha sido valorada de forma desigual, siendo grande el
número de sus detractores. Si bien es unánime el reconocimiento de sus innegables y
excepcionales dotes de orador y hombre de letras, su valoración como hombre y como
político dista mucho de ser tan positiva. Efectivamente, Cicerón se nos muestra como un
hombre de extensa cultura y de gran elocuencia, pero al mismo tiempo vanidoso,
fanfarrón, indeciso y, en algunas ocasiones, falto de la dignidad que se debe exigir a un
hombre de su talla política.
Aunque todos los rasgos negativos de su personalidad que se han reseñado son ciertos,
puede aducirse en su descargo el hecho de que él mismo nos ha presentado su
personalidad sin ningún recato; Cicerón, orador por encima de cualquier otra cosa, habló
demasiado de sí mismo y nos mostró sus defectos, dudas y vacilaciones. Las sombras,
justificadas o no, sobre la actuación pública de Cicerón, no impiden considerarlo como
una personalidad completa, en la que se funden acción y pensamiento.
3.2.- Discursos
Entre las múltiples actividades que Cicerón desarrolló, una llama la atención por encima
de todas las demás: su actividad oratoria. Al parecer pronunció Cicerón al menos 106
discursos, de los que conservamos 58. No conocemos los discursos tal como fueron
pronunciados, ya que con toda probabilidad los retocaba antes de publicarlos. Aunque la
mayor parte de los discursos ciceronianos tienen una importante carga política, se pueden
clasificar en dos grupos atendiendo a su intencionalidad y a la circunstancias en que se
pronunciaron.
*Discursos judiciales: son discursos de defensa (orationes pro) o de acusación (orationes
in..) ante los tribunales. En este grupo se incluyen tanto las causas civiles (pleitos de
ciudadanía, derecho de familia, etc..) como las penales.
*Discursos políticos: pronunciados ante el Senado.
Ante la imposibilidad de tratar con detenimiento por razones de espacio todos los
discursos de Cicerón, seleccionamos de ambos apartados por orden cronológico los más
representativos. La actividad oratoria de Cicerón comienza en los años de la dictadura de
Sila. Los discursos más antiguos son Pro P. Publio Quinctio (año 81) y Pro S. Roscio
Amerino (año 80). Son interesantes, además de por ser la primera muestra de oratoria
ciceroniana, porque hábilmente, aún manteniendo la natural cautela, manifiesta el autor
su protesta contra los horrores de esta época.
Después de su estancia por razones de estudio en Grecia y en Rodas, su cargo de cuestor
en Sicilia le va a proporcionar la ocasión para su primer gran éxito en el campo de la
oratoria. Efectivamente, en el año 70 los sicilianos le piden que los represente en la causa
contra su ex-gobernador, C. Verres, al que acusaban de los gravísimos delitos de
extorsión y corrupción. La defensa estaba a cargo de Hortensio Hortalo, hasta el
momento el orador más conocido y estimado. En sus Orationes in C. Verrem,
comúnmente conocidas como Verrinas, Cicerón escribe cinco demoledores discursos, de
los que sólo dos fueron realmente pronunciados, ya que Verres huyó de Roma,
renunciando a su defensa. El conjunto de las Verrinas constituye una obra maestra de la
oratoria y en ellas Cicerón realiza un alegato contra las habituales prácticas
extorsionadoras de los magistrados en las provincias.
En el año 66, desempeñando el cargo de pretor, pronuncia el que se considera su primer
discurso político: Pro lege Manilia o De imperio Cn. Pompeii (En apoyo de la ley Manilia
o Sobre el mando de Cn.Pompeyo). Fue pronunciado ante el pueblo en apoyo de la
propuesta de que se le concediera a Pompeyo el mando supremo de las tropas romanas en
la lucha contra Mitrídates.
Durante su consulado, como ya hemos comentado anteriormente, se produce el gravísimo
episodio protagonizado por Catilina, patricio romana que, derrotado en las elecciones al
consulado por segunda vez, planeó la toma violenta del poder. Enterado de sus planes,
Cicerón pronuncia en el Senado su primera Oratio in L. Catilinam estando éste presente,
y provoca su precipitada salida de Roma. Las dos Catilinarias siguientes son discursos
ante el pueblo, explicando la marcha de los acontecimientos y las medidas tomadas. Por
último, una vez reprimida la conjuración y detenidos sus promotores, pronuncia ante el
Senado un último discurso In L. Catilinam sobre el tema del castigo que debía imponerse
a los conjurados. Estos cuatro discursos, conocidos con el nombre de Catilinarias,
constituyen por su estudiada brevedad y contundencia la cima de la oratoria ciceroniana.
Entre los discursos judiciales pronunciados en este momento de máxima plenitud destaca,
por el tema tratado, el pronunciado en el año 62 en defensa del poeta Arquias (Pro Archia
poeta). Se trata en principio de una causa sobre derechos civiles en la que se defiende la
concesión de la ciudadanía al poeta griego Arquia; este motivo le sirve como pretexto al
orador para hacer un apasionado elogio de la literatura.
En el último decenio que precedió al estallido de la guerra civil, pronuncia Cicerón una
serie de vehementes discursos sobre el uso de la violencia en los enfrentamientos
políticos. A este grupo pertenece el Pro Milone (año 52), último discurso de Cicerón
antes de la dictadura de César. Milón es acusado del asesinato de Clodio y Cicerón
intenta, aunque sin éxito, demostrar que actuó en defensa propia. El discurso que nos ha
llegado, uno de los más perfectos de su autor, no fue el que realmente pronunció, sino
una reelaboración.
Conocidos son también la serie de discursos pronunciados durante la dictadura de César
(del 46 al 45) en defensa de antiguos adversarios del dictador. Son Pro M. Marcelo, Pro
Qu.Ligario y Pro rege Deiotaro. Los tres utilizan como argumento los lugares comunes
sobre la clemencia generalmente reconocida y alabada en César.
Después de la muerte de César, Cicerón dirige contra Marco Antonio una serie de
apasionados discursos (In M. Antonium orationes XIV); el propio autor las llamó
Filípicas, en recuerdo de las que pronunciara Demóstenes contra Filipo de Macedonia. La
decimocuarta Filípica, que celebra la derrota de Antonio en Módena (21 de abril del 43),
es la última muestra vibrante y apasionada de la oratoria ciceroniana antes de morir a
manos de los soldados de Antonio apenas unos meses después (Diciembre del 43).
Este rapidísimo recorrido por los más importantes discursos ciceronianos pone de
manifiesto hasta qué punto la actividad oratoria y la propia vida de Cicerón son
inseparables. Se puede seguir su trayectoria política, analizando sus discursos. Todos los
avatares de su intensa vida pública, que brevemente hemos reseñado, están marcados por
sus discursos: las Verrinas lo encumbraron a la fama; las Catilinarias, su gran éxito como
cónsul, provocaron su destierro y, finalmente, las Filípicas fueron la causa de su muerte.
3.3.- Tratados de Retórica
Además de su prolija actividad oratoria que ha quedado someramente reflejada en el
apartado anterior, debemos a Cicerón las más completas y acabadas obras de retórica de
la literatura latina; también en este aspecto volvemos a encontrar al hombre de acción y al
de pensamiento.
Ya en sus años de formación, aproximadamente hacia el 85, antes de su viaje a Grecia,
escribe un primer tratado titulado De inventione. Es una obra de juventud, de escaso
relieve dentro de la obra ciceroniana. El tratado representa el fruto de las enseñanzas
recibidas por numerosos maestros griegos sobre el arte de la elocuencia. No pretendía ser
más que un manual que difundiera los preceptos de la escuela rodia.
Para sus principales tratados de Retórica, escritos en su madurez y en los que pretende
difundir los frutos de su experiencia así como sus ideas sobre la educación, Cicerón
utiliza la fórmula del diálogo, tomada de la filosofía griega. En el 55, a si regreso del
destierro, publica los tres libros del De Oratore. Es la más lograda de sus obras sobre el
arte de la oratoria y está dedicado a su hermano Quinto. Nos presenta una conversación,
situada en el 91 a. de C., entre los principales oradores y juristas de la época (Craso, M.
Antonio, Qu.Mucio Escévola etc...).
Pretende Cicerón exponer en tres libros los principios que subyacen a la práctica de la
oratoria. Los temas tratados se distribuyen de la siguiente manera:
-En primer lugar se reflexiona en el diálogo sobre las cualidades que debe tener un buen
orador. La discusión enfrenta a quienes piensan que para ser un buen orador basta el
conocimiento de la técnica oratoria y a los que, como Cicerón, consideran imprescindible
unas cualidades naturales previas (natura). Para Cicerón en el buen orador se han de dar
combinadas las siguientes características:
* Disposición natural * Una cultura sólida y lo más extensa posible. * Conocimiento de la
técnica del discurso.
-Continúa con el estudio de la metodología o técnica oratoria que abarca tanto las fases
de elaboración del discurso como las partes del mismo:
Fases de elaboración del discurso
*inventio: búsqueda de argumentos adecuados o probatorios *dispositio: distribución de
los argumentos según un plan adecuado. *memoria: para recordar cada cosa en el lugar y
momento oportunos. *elocutio: arte de utilizar la expresión formal, las figuras y las
palabras más convenientes. *actio: todo lo relativo a la entonación, gestos, expresiones,
etc.., que contribuyen a dar mayor eficacia al discurso.
Partes del discurso
*exordium o introducción. *narratio o exposición del tema. *argumentatio que tiene dos
aspectos: probatio o aportación de argumentos y refutatio o rechazo de objeciones reales
o posibles. *peroratio o conclusión.
-Particular importancia tiene en el De Oratore el estudio de la "elocutio" y en particular
del "ornatus", que en gran medida se basa en el "numerus" o ritmo oratorio.
En el año 46 escribe sendos tratados dedicados a Bruto, el titulado Brutus y el Orator, en
los que defiende su trayectoria como orador y crítica el aticismo que se estaba
imponiendo entre la juventud romana. Los dos tratados suponen una justificación por
parte del propio autor de su propia obra.
En el Brutus, que lleva como segundo título "De claris oratoribus", traza una
completísima historia de la elocuencia en Roma que culmina en él mismo, precedida de
algunos comentarios breves sobre la oratoria griega. Es una obra que resulta
imprescindible como fuente para conocer cualquier aspecto sobre la elocuencia romana.
Está escrita en forma de diálogo entre Bruto, Atico, el amigo de Cicerón, y éste mismo.
En el centro del diálogo está la controversia entre los aticistas, representados por Bruto y
partidarios de la sobriedad más absoluta, y el estilo ciceroniano, que aún siendo sobrio no
excluía la elegancia y los adornos.
El Orator, a pesar de los años transcurridos y de los cambios operados en su autor, parece
la continuación y el complemento del De Oratore. El tratado consta esencialmente de tres
partes: *En la primera expone la teoría de los tres estilos o genus dicendi: es necesario
saber variar, adoptando ya el estilo tenue, ya el medio, ya el sublime, según el tipo de
causa y las distintas partes de un mismo discurso. Propone como modelo insuperable en
este aspecto a Demóstenes. *Traza a continuación el retrato del perfecto orador. *En
tercer lugar se centra en el estudio del ornatus profundizando en la doctrina del ritmo
oratorio y en la forma de conseguir un estilo en el que domine la elegancia (venustas). El
Orator representa con el De oratore, al que, como ya hemos dicho continúa y completa, la
cumbre de la obra de Cicerón como retor; es una obra de gran valor técnico en la que su
autor vuelca toda su enorme experiencia y madurez literaria.
Como prólogo a su propia traducción de algunos de los discursos de Demóstenes y
Esquines, escribe un pequeño tratado titulado De oprimo genere oratorum. Este pequeño
tratado le sirve para volver de nuevo a su polémica contra los aticistas, a los que acusaba
de ser demasiado estrictos en su utilización de un estilo sencillo y totalmente desprovisto
de ornamento; a estos aticistas que tenían como máximo modelo a Lisias, les propone en
De optimo genere oratorumel ejemplo de Demóstenes, orador que también escribía en
griego ático pero que poseían un absoluto dominio de todos los géneros oratorios. Con
este ejemplo quería concluir que era impropio utilizar el término aticismo para designar
un tipo sencillo de oratoria.
3.4.- Valoración literaria
El latín de Cicerón representa el punto culminante de la prosa latina; en este aspecto sólo
su contemporáneo Julio César se le puede comparar. Precisamente la coincidencia en el
tiempo de estos dos prosistas geniales convierte a esta primera mitad del siglo I a. C. en
la época clásica de la prosa latina.
Con sus discursos, tratados y cartas Cicerón dominó todo el campo de la prosa latina. La
razón última de su éxito como orador y como educador reside en su dominio único de los
aspectos formales de la lengua. Excepcionalmente dotado para la oratoria, tenía el don de
transformar inmediatamente los pensamientos en palabras artísticamente dispuestas y
fácilmente comprensibles. Era un brillante estilista que cuidaba esmeradamente la
simetría (concinnitas) en la expresión de las ideas.
Su estilo oratorio era el de llamada "escuela de Rodas" que se movía en un punto
intermedio entre el asianismo y el aticismo. En sus tratados retóricos censura el aticismo
por su estilo árido e inerte y por su excesiva rigidez: el verdadero orador sabe usar,
adaptándolo al momento y a las circunstancias, el estilo humilde, el medio y el sublime.
A lo largo de su dilatada carrera oratoria, Cicerón va evolucionando hacia un estilo más
sobrio y sencillo aunque no totalmente desprovisto de adornos.
Escribió en un latín claro, limpio, sin afectación. Cuidó de forma muy especial la
musicalidad y el ritmo de las frases, de forma que podía construir períodos
complejísimos, pero extraordinariamente cadenciosos, sonoros y rítmicos. Como orador
manejaba a la perfección recursos como disgresiones, historias, citas y metáforas. Su
prosa fue un modelo para autores posteriores y un ejemplo de estilo para muchos
escritores de la actualidad.
Desde la Edad Media hasta el siglo XIX la influencia de cicerón sobre la literatura y el
pensamiento occidental fue muy profunda. Se considera digna de admiración la
"humanitas"ciceroniana, esa perfecta unión del hombre de acción y del hombre de
pensamiento a que frecuentemente nos hemos referido.
4.- RETÓRICA Y ORATORIA EN EL SIGLO I d. C.
4.2.- Quintiliano: la reacción clasicista
Marco Fabio Quintiliano es el máximo representante de la elocuencia romana en este
siglo, así como el abanderado de la reacción clasicista, que contra los excesos del
retoricismo imperante en la época de Nerón, se inicia en los primeros años de la dinastía
Flavia, consolidándose en la centuria siguiente.
Como muchos de los principales escritores de este siglo, los Sénecas, Lucano, Marcial...,
era de origen español; había nacido en Calagurris (Calahorra), en la provincia hispana de
la Tarraconense, poco antes del 40 d. de C. Marchó pronto a Roma, donde se formó con
los más importantes retores de la época. En los últimos años del reinado de Nerón regresó
a España, hasta que es llamado de nuevo a Roma en el año 68 por Galba y ya permaneció
en ella hasta su muerte aproximadamente en el año 96.
Con la llegada de la dinastía Flavia al poder, Quintiliano alcanza, en calidad de profesor
de retórica, la más alta fortuna. En primer lugar el emperador Vespasiano lo nombra
profesor con un sueldo a cargo del Estado, siendo así el primer profesional remunerado
de retórica; más tarde, cuando ya se ha retirado a escribir su tratado, Domiciano, el último
emperador de los Flavios, le confía la educación de sus sobrinos. En contraste con su vida
pública que transcurrió de forma feliz en medio de la fama, su vida privada fue muy
desgraciada ya que perdió muy pronto a su mujer y a dos hijos de corta edad. Se
desconoce la fecha exacta de su muerte, aunque debió ocurrir en Roma en torno al año 95
o 96.
Hacia el año 90 comenzó la composición de su obra fundamental, la Institutio
Oratoria(Educación del orador). Con anterioridad había escrito un opúsculo, al que ya nos
hemos referido en el apartado anterior, titulado De causis corruptae eloquentiae, que se
ha perdido y en el que analizaban las causas del declive de la elocuencia. Convencido de
que la elocuencia había decaído por la pésima influencia de las nuevas escuelas de
retórica, propone como remedio, primero con su trabajo docente y más tarde con su
tratado, un retorno a la tradición fundada en Cicerón. La virtud principal que Quintiliano
pretendía enseñar era el equilibrio: su ideal de elocuencia y de estilo estaba en la justa
distancia entre los dos extremos.
La Institutio Oratoria es un tratado en doce libros que desarrolla toda la enseñanza y el
pensamiento de Quintiliano; la obra es un fiel reflejo de su método y sus experiencias en
la educación e instrucción de los jóvenes. Como el propio título indica no es un tratado de
retórica según los esquemas tradicionales; existe, por supuesto, una parte técnica, pero
inscrita en un diseño más amplio que ofrecía un cuadro completo de la educación e
instrucción a la que se debía someter el futuro orador para llegar a ser un hombre de
sentimiento, de buen gusto y de notable saber. Con cierto espíritu enciclopédico
incorpora a su sistema educativo todos aquellos conocimientos que indirectamente
pueden contribuir a la formación del orador; para Quintiliano seguía siendo válida la
clásica definición del orador como "vir bonus dicendi peritus". En resumen, los doce
libros de la Institutio Oratoriae tratan de la educación del orador desde su infancia, de la
composición y estructura de un discurso, de la elección de argumentos, de la declamación
y de las finalidades morales y prácticas de un orador perfecto.
Una parte importante de la Institutio Oratoria la constituye la crítica literaria. Para hacer
frente a la decadencia de la elocuencia Quintiliano propone la lectura de los clásicos y,
por encima de todo el ejemplo de Cicerón, al que considera como la encarnación de la
elocuencia romana. Su característica principal en sus juicios críticos es la moderación y la
falta de dogmatismo: sabe mirar las obras de los distintos autores y épocas con
generosidad e independencia de criterio.
Incluso a aquellos que habían representado todo lo que él combatía, como Séneca y
Lucano, sabe reconocerles lo que de válido tienen sus obras, sin que la descalificación sea
total.
LA FILOSOFIA EN ROMA
1. INTRODUCCIÓN.

Los romanos comprendieron pronto que no puede separarse la palabra de la sabiduría, lo que hace que, si
bien no se conservan suficientes textos teóricos anteriores al siglo I a. C., ciertas ideas confirman que la
filosofía era algo que estaba presente en el sentir y en el obrar de los romanos desde muy antiguo. El
romano, hombre práctico por excelencia, no se preocupó demasiado por las teorías sobre el origen y
constitución del universo, su gran aportación a la filosofía fue, fundamentalmente, a través de la ética, la
moral y la filosofía del comportamiento. Los romanos se interesaron por la filosofía en la medida en que
ésta suponía una guía práctica para la vida. En esta línea se movieron tanto los tres grandes autores que
configuraron lo que constituye el corpus de la filosofía romana (Lucrecio, Cicerón y Séneca), como otros
que han resultado menos influyentes debido a la lamentable pérdida de sus obras. Los primeros atisbos que
se dan en Roma de algo que pueden considerarse filosofía no son sino una serie de reflexione morales
como las Sententiae de Apio Claudio el Ciego o las Sententiae que, con vistas a la educación de su hijo,
escribió Catón el Censor.

No obstante hay que reconocer que Roma experimentó muy pronto la influencia de la filosofía griega,
sobre todo del Pitagorismo que se venía desarrollando en el sur de Italia desde finales del siglo VI a. C., y
que penetró en Roma hacia finales del siglo IV. Pero no es sino tras la derrota del rey Perseo de Macedonia
por obra de Paulo Emilio en la batalla de Pidna en el 168 a. C., en la que, entre otras cosas, éste se apoderó
de la biblioteca de Perseo, cuando Roma descubre la grandiosidad de la civilización y cultura griega y con
ella de la filosofía. Antes, incluso, se había expulsado de Roma a algunos filósofos griegos po considerarlos
elementos subversivos. En el año 155 a. C., los filósofos griegos Carneades, Diógenes y Critolao,
representantes principales de la escuela académica, del estoicismo y de la escuela peripatética de Atenas,
fueron en una embajada a Roma y eso contribuyó a que el mundo romano entrase de lleno en la filosofía.

2. PRINCIPALES ESCUELAS FILOSÓFICAS EN ROMA.

2.1. EPICUREÍSMO.

Los epicúreos se planteaban fundamentalmente la búsqueda de la felicidad. No admitían la intervención de


la divinidad en los aconteceres humanos y consideraban como bien supremo el placer que consistía en la
ausencia de dolor y propugnaban una inhibición ante los asuntos concernientes al Estado, así como una
crítica de las tradiciones. Precisamente esa defensa del apoliticismo fue lo que impidió que el Epicureísmo,
salvo el caso del poeta Lucrecio, arraigase en Roma.

2.1.1. Lucrecio

2.2. ESTOICISMO.

Esta doctrina filosófica, para la que el Universo está animado por una llama divina, el "Logos" o Mente, de
la que tiene parte todo ser humano, y que cree que la finalidad de la vida, la felicidad, consiste en la Virtud,
es decir, en la conformidad de la acción humana con las leyes de la naturaleza, que no son más que el orden
divinamente impuesto al mundo, y que predica la sociabilidad natural del hombre, tuvo en Roma muchos
adeptos. Hay que destacar dos importantes épocas del desarrollo del Estoicismo en Roma.

2.2.1. Época temprana.

Es el momento de su llegada a Roma y de su implantación con la ayuda de influyentes personajes que


admiraban profundamente la cultura griega. Como notables autores de esta doctrina filosófica destacan en
la primera época:

2.2.1.1. Panecio de Rodas. (184-110 a. C.), fue amigo y consejero de Escipión Emiliano. No se nos
conservan obras, sino referencias en otros autores.

2.2.1.2. Posidonio de Apamea. (135-51 a. C.) Fue profesor de grandes personalidades como Varrón,
Cicerón o Pompeyo. Conocemos algo de su filosofía a través de referencias que nos dan otros autores como
su discípulo Cicerón.

2.2.2. Época posterior.

Culmina el desarrollo de esta doctrina filosófica, si bien pasa por circunstancias políticas adversas como la
expulsión de filósofos de Roma que se llevó a cabo bajo el reinado del emperador Domiciano. Como
autores más sobresalientes de este periodo tenemos:

2.2.2.1. Lucio Anneo Séneca. (Córdoba 4, Roma 65 d. C.)

2.2.2.1.1. Datos biográficos. Aunque nacido en Córdoba, pasó casi toda su vida en Roma, donde recibió
una esmerada educación y, por consejo de su padre Séneca el Retórico, decidió comenzar su carrera
política. Tuvo problemas en tiempo del emperador Calígula y sólo su débil salud que hacía suponer que
fallecería pronto, lo libró de la sentencia de muerte. En tiempo del Emperador Claudio fue, por instigación
de Mesalina, desterrado a Córcega, donde permaneció ocho años, hasta que fue reclamado, a instancias de
Agripina la nueva esposa de Claudio, para hacerse cargo de la educación del joven Nerón. Una vez que
Nerón llegó al trono Séneca desempeñó un gran papel como consejero del emperador, siendo prácticamente
él quien gobernó los diez primeros años del reinado de Nerón. Cuando el emperador empezó a prescindir
de él, se retiró a la vida privada. Acusado de pertenecer a la conjura de Pisón, fue sentenciado a muerte y se
suicidó, abriéndose las venas, dando con su muerte quizá el mejor testimonio de los ideales estoicos que
había proclamado en vida. Su esposa Paulina quiso imitar su ejemplo y suicidarse también, pero el
emperador no lo permitió y ordenó que se le restañasen las heridas.

2.2.2.1.2. Producción filosófica. Aunque Séneca cultivó también otros géneros literarios (tragedias y la
sátira contra Claudio), lo más relevante de su producción literaria lo constituyen sus obras filosóficas, en
las que expone el ideal de la filosofía estoica. Estas obras podemos dividirlas en cuatro bloques:

*Consolaciones: Escribió tres, dos dedicadas a amigos que pasaban por circunstancias altamente adversas,
en ellas les da sabios consejos para que no les falle el ánimo; son las dirigidas a Polibioy a Marcia. La
tercera es la dirigida a su madre Helvia, para confortarla de su pesar por el destierro del filósofo a Córcega.
*Diálogos: Son pequeñas obras, que no son propiamente diálogos, sino ensayos sobre problemas de moral.
Los temas tratados en ellos son muy variados, desde cómo debe ser la clemencia de los gobernantes, hasta
cómo debe el sabio aprovechar su tiempo de ocio; los títulos de dichos diálogos son: De providentia; de
constantia sapientis; de ira; de uita beata; de otio; de tranquillitate animi; de breuitate uitae; de beneficiis;
de clementia.

*Naturales quaestiones. Son siete libros dedicados a Lucilio donde realiza, a la luz de la filosofía estoica,
un examen de los fenómenos naturales. Más que una obra científica es un tratado filosófico en el que su
propósito era encontrar en la naturaleza un fundamento para la ética estoica y exponer su concepción sobre
la divina providencia.

*Epistulae morales (cartas a Lucilio). Son 124 cartas distribuidas en diez libros, que si bien tienen un
destinatario al que Séneca alude en todas ellas, van destinadas a un público más amplio. Constituyen un
verdadero tratado de dirección espiritual. Para Séneca la filosofía no es sólo una búsqueda desinteresada de
la verdad, sino el profundo deseo de vivir conforme a la verdad y a la naturaleza. Aunque todos los
hombres necesitan de la filosofía, no todos pueden dedicarse a ella; por eso es obligación del sabio enseñar
a los demás. La misión del intelectual es buscar no sólo su propia perfección, sino también la de los otros.
Sólo la vida de acuerdo con la verdad hace al hombre libre y semejante a Dios; idea que está muy cercana a
la frase evangélica "Veritas liberabit uos".

2.2.2.1.3. Ideario filosófico de Séneca. Las principales ideas que dominan la filosofía de Séneca son:

*El dominio espiritual sobre los reveses de la fortuna. *Reafirmar la serena placidez del ánimo,
reivindicando los tres pilares estoicos de la firmeza: alegría, prudencia y voluntad. *Desprecio por la
riqueza, pero uso benefactor de ella. *Dignidad individual del ser humano sólo por el hecho de serlo. *El
contenido de la existencia forma la uirtus, que es el sumo bien, valorando más el esfuerzo por conseguirla
que su propia consecución. *Rechazo a la ira, la angustia y el aburrimiento. *Supremacía del alma sobre el
cuerpo. *La idea de Dios como mente del Universo y de la Providencia como un espíritu divino que revive
en el hombre.

2.2.2.1.4. Valoración literaria y pervivencia. El estilo literario de Séneca es brillante, lleno de colorido y de
artificios retóricos como era propio de su formación. Ha sido muy imitado y traducido. No sólo se le
admira por su estilo literario, sino ante todo por sus ideas. Séneca fue muy admirado en su tiempo; fue
objeto de juicios contradictorios y decayó su simpatía con la reacción clasicista que vino tras la muerte de
Nerón; pero pronto su éxito fue rehabilitado, sobre todo después que Tácito habla de su renuncia al poder y
de su muerte. El cristianismo antiguo y la Edad Media lo consideraron un precristiano por haber tocado
temas morales relativos a dignidad del hombre. Se le ha reprochado, a veces, la frecuente contradicción
entre la elevada moral que predica en sus escritos y su vida; pero, pese a todo, su influencia ha sido
decisiva en todos los grandes pensadores de Occidente.

2.2.2.2. Epicteto (50-130 d. C.) Desarrolló gran parte de su labor en Roma de donde fue expulsado por el
emperador Domiciano por la opinión del filósofo a su tiranía. Escribió en griego.

2.2.2.3. Flavio Arriano. Discípulo de Epicteto, recoge sus lecciones e ideas y las publica con el título de
Diatribas.

2.2.2.4. Marco Aurelio. (161-218 d. C.) Con el cambio de los tiempos el estoicismo llegó a resurgir de
nuevo en Roma y uno de sus más eximios cultivadores fue el emperador Marco Aurelio, que supo
compaginar sus ocupaciones políticas y sus campañas militares con sus aficiones filosóficas cuyo reflejo
transmitió a la legislación y a la administra ción del Imperio. Su obra Meditaciones, escrita en griego y
siguiendo las enseñanzas de Epicteto, puede considerarse como la última obra de la filosofía estoica en la
antigüedad. Recoge en ella los tópicos de la filosofía estoica, insistiendo en la idea religiosa de la
providencia divina que todo lo orienta hacia el bien del universo y del hombre capaz de valorar el
verdadero bien. La gran lección de este emperador filósofo fue su constante esfuerzo por acomodar su
conducta pública y privada a sus convicciones filosóficas.

2.3. ECLECTICISMO.

Puede considerarse como una mezcla de las ideas de la filosofía epicúrea y estoica junto con otras
tendencias filosóficas de la época como las ideas de los filósofos cínicos, incorporando a su modo de vida
lo que ven que de cada una de las demás escuelas filosóficas se adapta más al carácter romano. Los autores
más destacados de esta escuela son:

2.3.1. Marco Terencio Varrón. (116-27 a. C.).

Fue un autor polifacético que cultivó multitud de géneros literarios. En su ideario filosófico reconocía la
existencia de un dios único, alma del mundo, que gobierna según la razón. Admitía que la felicidad se
alcanza cuando el hombre se realiza en su totalidad y que la vida era una mezcla hecha tanto de placer
como de acción. Entre sus obras de carácter filosófico destacan De philosophia y De forma philosophiae,
pero lo más notable de su producción filosófica son los Logistorici, 76 libros de discusiones histórico-
filosóficas que contienen diversos tratados al estilo ciceroniano: Atticus de numeris, Metellus de
ualetudine, Pius de pace, etc. De estas obras se nos han transmitido fragmentos y referencias en las obras de
otros autores. La influencia de la filosofía cínica la hallamos en sus Sátiras Menipeas.

2.3.2. Marco Tulio Cicerón. (106-43 a. C.)

2.3.2.1. Datos biográficos. Nació en Arpino en el seno de una familia acomodada pero que no tenía
antecedentes en el desempeño de magistraturas políticas. Recibió una esmerada formación en Roma y la
completó en Atenas y Rodas. Desempeñó todas las magistraturas políticas y durante su consulado en el año
63 descubrió la Conjura de Catilina, a la que puso fin consiguiendo la condena a muerte de los implicados,
este hecho lo encumbró hasta tal punto que se le concedió el honroso título de pater patriae; pero unos años
después, al llegar su rival político Clodio al tribunado de la plebe, Cicerón fue desterrado de Roma y sus
bienes fueron confiscados. Con el favor de Pompeyo y de otros personajes influyentes, le fue levantado el
destierro, volvió a Roma en olor de multitudes y se le restituyeron sus bienes, pero ya su estrella política
había empezado a declinar. En la guerra civil entre César y Pompeyo estuvo de parte de éste, el vencedor
César lo perdonó como a otros muchos, pero Cicerón, desilusionado por los acontecimientos políticos y
abatido por las vicisitudes en el plano personal (divorcio de su esposa Terencia después de más de 25 años
de matrimonio, nuevo matrimonio con la joven Publilia con la que parece que no consiguió vivir en
armonía, muerte de su querida hija Tulia y nuevo divorcio de Publilia), se retiró de la escena política, para
reaparecer, fugazmente, tras el asesinato de César y enfrentarse abiertamente a Marco Antonio, lo cual hizo
que éste lo pusiera en las listas de proscritos y que fuese vilmente asesinado a finales del año 43 a. C.

2.3.2.2. Producción filosófica. Cicerón introdujo en Roma las doctrinas filosóficas griegas, haciendo
accesible a los romanos algo que hasta entonces había estado reservado a la élite culta conocedora del
griego. No crea una obra original, pero su mérito reside en su capacidad de síntesis , en su claridad
expositiva, la creación de una terminología filosófica de la que carecía la lengua latina. Dentro de su
eclecticismo muestra una especial predilección por Platón. Sus tratados filosóficos pertenecen a dos etapas
muy diferentes de su vida: una primera etapa, posterior a su vuelta del destierro, en la que Cicerón aún tiene
esperanza en el restablecimiento del antiguo régimen republicano, es la época en que escribe sus *Tratados
de filosofía política:

**De Re publica. Obra en seis libros, que sólo se nos ha conservado de forma fragmentaria. Expresa la
síntesis idealista de su pensamiento político con una entrega total y desinteresada al servicio de la patria;
como idea principal de este tratado destaca la primacía absoluta del derecho sobre la violencia. El
fragmento más amplio y significativo de esta obra es el conocido como Sueño de Escipión.

**De Legibus. Cicerón sostiene aquí la existencia de una ley mora natural, grabada en el alma de los seres
humanos y rectora del mundo. Cicerón funde las dos clases de justicia donde la primordial es aquella que
da a cada uno lo suyo. Relaciona las leyes con el Estado, combinando la filosofía griega y el pensamiento
jurídico romano.

Una segunda etapa, posterior a la victoria de César sobre Pompeyo en la que Cicerón, desengañado de la
política y abatido por sus propios infortunios, escribe obras filosóficas de clara intención ética y siempre
siguiendo la pauta del filósofo académico Carneades. Las obras correspondientes a esta etapa son:

*Tratados morales:

**Paradoxa Stoicorum, tratado de índole preparatoria a la filosofía donde defiende las tesis de los filósofos
estoicos. **Hortensius, tratado concebido como invitación a la filosofía; no se nos ha conservado, pero
sabemos que fue la obra que influyó decisivamente para que San Agustín se dedicara al estudio filosófico.
**Academica, explicaciones sobre la teoría del conocimiento como el reconocimiento de la Verdad. **De
finibus bonorum et malorum, expone las teorías de las diferentes escuelas filosóficas sobre el Bien
Supremo, concluyendo que la virtud es suficiente para alcanzar la felicidad. **Tusculanae disputationes,
tratado en cinco libros donde defiende la inmortalidad del alma y elimina los miedos a la muerte y al dolor.
**De officiis, plantea el conflicto entre lo honesto y lo útil, llegando a la conclusión de que hay que
sacrificar el interés personal ante las exigencias de la ley natural y del interés del Estado y la sociedad.
**Cato maior de senectute, reflexiones sobre la vejez que da al hombre el impulso para sublimarse y
espiritualizarse en el apartamiento de la política y en la búsqueda de la verdadera gloria que nace de la
virtud. **Laelius de amicitia, pequeño tratado en el que pone de relieve que la verdadera amistad busca su
fundamento en la moralidad pura y justifica la ternura de los sentimientos. *Tratados religiosos: **De
natura deorum, refuta en tres libros la teoría de Epicuro de que los dioses aunque existen, no se preocupan
de los hombres. Según Cicerón el mundo ha sido creado y está gobernado por la providencia divina como
defienden los estoicos. **De diuinatione, En los dos libros que constituyen esta obra refuta las creencias de
los estoicos en un arte adivinatoria.

2.3.2.3. Ideario filosófico de Cicerón. Cicerón fue el primero en proponer una filosofía de la esperanza, del
progreso y del juicio provisional. Al comprender la marcha del pensamiento como un progreso infinito
hacia una Verdad que está por encima de dicho pensamiento, lo asume conciliando una filosofía de la
esperanza y una experiencia de la inquietud: "la verdadera felicidad no consiste en la posesión, de suyo
imposible, de la Verdad, sino en la búsqueda nunca acabada y nunca frustrada de la misma". Afirma que la
virtud basta par alcanzar la felicidad, esforzándose por conciliar el respeto hacia el cuerpo y los bienes que
le son propios con el primado absoluto del espíritu. Con Cicerón el lenguaje, la cultura, la gloria y la
excelencia, la virtud, la educación del hombre, el deber, la amistad, el amor, lo conveniente, etc, son
conceptos reelaborados y asumidos a partir de la philantropía y la paideia griegas. Estaba convencido de
que todos los seres humanos poseían una chispa divina, que unía el hombre al hombre y exigía que se
tratasen unos a otros con respeto mutuo. El humanismo ciceroniano es aún hoy el ideal en que se basa gran
parte de a civilización actual, reconociéndole el esfuerzo por fundir en una unidad de análisis la condición
humana y la educación del hombre, mediante el lenguaje, la belleza y el amor.

2.3.2.4. Valoración literaria y pervivencia. Cicerón llevó la prosa latina a su más alto grado de perfección.
Su lenguaje es de una belleza y elegancia insuperable, con una constante preocupación por usar siempre
términos y expresiones de la más pura latinidad. Su figura se yergue como la cumbre más alta del Siglo de
Oro de la literatura latina. Su influencia en los escritores posteriores ha sido siempre constante,
acrecentándose sin cesar en la Edad Media y alcanzando su máximo nivel con los eruditos del
Renacimiento, que supieron ver en él el ideal de hombre culto, brillante, humano y práctico en el
desempeño de sus funciones ciudadanas y hasta tal punto lo tenían como modelo que la mayoría de
escritores renacentistas se preciaban de no escribir una sola palabra latina que no hubiese utilizado Cicerón.

2.4. PLATONISMO MEDIO Y NEOPLATONISMO.

En estas escuelas filosóficas se encuentra un intento de unidad entre la filosofía platónica y aristotélica. Se
trata de una postura ecléctica que da también entrada a las exigencias religiosas de tipo oriental, a
elementos pitagóricos, etc.

2.4.1. Apuleyo (127-170 d. C.)

2.4.1. Datos biográficos.

2.4.2. Escritos filosóficos. Pese a ser muy conocido por su novela El asno de oro, no puede dudarse que
Apuleyo fue un gran amante de la filosofía y como tal debe entenderse el conjunto de sus numerosas obras
de contenido muy variado pero que todas ellas tienen como denominador común el reflejar la curiosidad
del científico y entusiasmo del escritor filosófico. Conservamos en este campo tres tratados: *De Platone et
eius dogmate. Síntesis introductoria a la física y a la ética de Platón, interesante por la transmisión de las
doctrinas del platonismo medio. *De deo Socratis. En esta obra lo más llamativo es el desarrollo del
problema de los "démones", esos seres misteriosos e intermedios entre los dioses y los hombres. Termina
con una invitación a los lectores a abrazar la sabiduría. *De mundo. En esta obra se insiste más en la
armonía del mundo que en la eternidad del mismo. En ella se distancia bastante de las doctrinas de Platón y
de Aristóteles.

Los filósofos latinos posteriores a Apuleyo se caracterizan más por la erudición que por la especulación
filosófica y se les incluye dentro del Neoplatonismo. El autor más importante de esta escuela filosófica fue
Boecio (480-524 d. C.) que, después de haber desempeñado las más importantes magistraturas, fue acusado
por el Senado de alta traición por las relaciones que, según se sospechaba, sostenía con Bizancio, y en
consecuencia fue condenado a muerte. En el tiempo que transcurrió entre su condena y su ejecución
escribió una famosa obra en cinco libros titulada De consolatione philosophiae en la que nos ofrece una
perspectiva madura tanto espiritual como artísticamente de su concepción del mundo. Es un diálogo entre
el propio autor que espera ser ejecutado y la Filosofía personificada, que le recuerda su condición de ser
dotado de una naturaleza inmortal destinada a la unión con Dios.
LA EPISTOLOGRAFIA ROMANA
INTRODUCCIÓN A LA EPISTOLOGRAFÍA ROMANA.

1.1. Concepto.

Pertenecen al género epistolográfico aquellas obras que están escritas en forma de carta. Sin embargo, al
evolucionar sobrepasando los límites de la simple comunicación, llegó a conformar una suma de géneros
literarios de amplio espectro (cartas privadas, públicas, oficiales, abiertas, doctrinales o científicas,
poéticas, etc.), cuyo único punto en común consistía en la denominación de "epistula" y en la presencia de
un destinatario. Cualquier tema como puede ser la filosofía, la poesía didáctica, un tratado sobre
poética,etc., puede, en manos de un autor excepcional, en cuanto tenga un destinatario convertirse en una
epístola aunque se trate de una obra muy alejada de lo que en principio abarcaban los límites de dicho
género.

El progreso del correo y la progresiva mejora de las comunicaciones favoreció notablemente el desarrollo
del género epistolar

1.2. Características del género epistolar.

- El género abarca una muestra heterogénea en contenido y forma; por tanto, pueden encontrarse temas
variadísimos que van desde la simple invitación a cenar o una recomendación, hasta cuestiones filosóficas
de altura, protestas amorosas o fríos comunicados oficiales, como mensajes cifrados de los ejércitos. El
género epistolar es un valioso documento para conocer acontecimientos históricos, así como para un
estudio del latín familiar usado en la intimidad entre dos amigos. Todos los autores utilizaron el género
epistolar incluso los historiadores en cartas fingidas de unos personajes a otros; pero hubo autores que
configuraron el género de forma definitiva.

- Respecto a las características formales del género llama la atención el hecho de que no se elaboró una
teoría sobre el arte de la epistolografía, salvo pequeños apartados en los tratados de Retórica. Sí hay una
regulación de sus usos y formularios: - el pasado epistolar, - los datos normalmente adjuntados: nombre del
remitente (nominativo) seguido del nombre del destinatario (dativo), el saludo, a veces en abreviatura, etc.
(Ejemplo: Seneca Lucilio salutem dat.) (S. V. B. E. E. V. = Si uales bene est, ego ualeo.), despedidas tipo
"uale" o "cura ut ualeas".

1.2. Clasificación y tipos de cartas.

Carta privada. Esta denominación es poco afortunada ya que muchas de las cartas privadas de autores como
Cicerón se publicaron sin que fuera ése su objetivo; tiene unas características que la distingue como tal;
estas características son: *Está dirigidas a un destinatario determinado. **Es comprensible sólo para él.
***Surge de una situación concreta. **** Suele ser breve, aunque con el tiempo la extensión se hizo más
bien elástica. En cuanto al contenido, Cicerón nos habla de dos tipos: cartas destinadas a infomar al ausente
y cartas que tratan de comunicar la propia alegría y que mantienen un tono jovial frente a las que tratan de
consolar a alguien en la desgracia y cuyo tono es más grave y serio.

Carta pública. Se identifica por los siguientes rasgos: **Se destina a un público amplio; por tanto el nombre
del destinatario es secundario. **No hay secretos en ella y el aspecto pesonal carece de intimidad. ***El
contenido es de carácter general. ****La forma suele ser más cuidada.

Carta oficial. Su objetivo es establecer o mantener una relación oficial entre indviduos o comunidades; su
publicidad es restringida pero suele tener una forma muy cuidada.

Carta abierta. Aquí se exponen las propias convicciones morales, políticas o sociales; es extensa y va
dirigida a un público más amplio que el destinatario; abundan en ella los recursos retóricos y trata de influir
en la opinión pública en general.

Carta doctrinal o científica. Trata sobre cuestiones filosóficas y morales o científicas; su público es muy
amplio. Se trata de pequeños tratados y su semejanza con una carta privada es casi nula.

Carta proemio o de dedicación. En realidad se trata de una introducción a una obra literaria, en la que se
menciona el destinatario de la misma; como la dedicatoria a Mecenas de las Geórgicas de Virgilio o las
dedicatorias que aparecen en la obra de Fedro, Estacio o Marcial.

Carta poética. Se cultivó mucho en Roma la epístola en verso de contenido variado y dirigidad a un
personaje determinado.Las más importantes son las de Horacio y las que Ovidio escribe desde el destierro;
las Heroidas de Ovidio también pertenecen a este tipo.

2. CICERÓN.

Se nos han transmitido más de 900 cartas, que pueden ser la mitad de las que escribió. Fechadas desde el
año 68 a.C. hasta poco antes de su muerte, pueden clasificarse de la siguiente manera: -16 libros de cartas
Ad Atticum, su amigo íntimo. -16 libros de cartas tituladas Ad familiares, donde se comunica con su mujer,
hijos, amigos, etc. -3 libros de cartas a su hermano Quinto (Ad Quintum fratrem). -2 libros de cartas a
Marco Bruto (Ad Brutum), el asesino de César.

Cicerón escribe en algunas como si hablara, con vivacidad, espontaneidad y lenguaje llano, en otras el
estilo es más elevado y parecido al de los discursos, sobre todo cuando trata de cuestiones políticas. En
todo caso son un testimonio único de su época. Junto a las cartas del propio Cicerón hallamos también
respuestas de algunos personajes de los que mantuvieron correspondencia con el insigne orador.

3. SÉNECA.

Lucio Anneo Séneca (4 a.C.-65 d.C.). Cartas a Lucilio. Ocupa Séneca con esta obra un destacado lugar
entre los escritores de epistolografía. Son 124 cartas distribuida en diez libros, que si bien tienen un
destinatario al que Séneca alude en todas ellas, van destinadas a un público más amplio. Constituyen un
verdadero tratado de dirección espiritual. Para Séneca la filosofía no es sólo una búsqueda desinteresada de
la verdad, sino el profundo deseo de vivir conforme a la verdad y a la naturaleza. Aunque todos los
hombres necesitan de la filosofía, no todos pueden dedicarse a ella; por eso es obligación del sabio enseñar
a los demás. La misión del intelectual es buscar no sólo su propia perfección, sino también la de los otros.
Sólo la vida de acuerdo con la verdad hace al hombre libre y semejante a Dios; idea que está muy cercana a
la frase evangélica "Veritas liberabit uos".

4. PLINIO EL JOVEN.

Plinio el Joven (62-114 d.C.) nos ha dejado diez libros de cartas que constituyen un cuadro con infinidad de
detalles sobre su tiempo. El marco temático es rico y atractivo: descripciones de paisajes y villas, alabanza
de personas, aspectos históricos, literarios y personales, cuestiones educativas, etc. Ofrece una agradable
imagen de la vida social y literaria, retratando a personajes y describiendo escenarios de la vida de las
clases superiores, con gran elegancia formal.

Es importante la correspondencia que, sobre asuntos relacionados con el gobierno, mantiene con el
emperador Trajano; junto a las cartas de Plinio se hallan las respuestas del emperador.

5. AUTORES MENORES.

5.1. Autores paganos: Frontón y Símaco.

-Marco Cornelio Frontón (100-166 d.C.) fue un apreciable orador y llegó al consulado en el año 143 d.C.
Su fama se debe a la correspondencia que mantuvo con el emperador Marco Aurelio, su discípulo.

- Quinto Aurelio Símaco (345402 d.C.) goza de un lugar en la literatura romana por sus cartas, unas 900
agrupadas en diez libros que su hijo publicó póstumamente: los nueve primeros libros son de contenido
privado, mientras que en el décimo se contiene la correspondencia e instancias oficiales.

5.2. Autores cristianos.


Los autores cristianos cultivaron con gran profusión el género epistolar, sobre todo el tipo de cartas abiertas
(en la que se exponen las propias convicciones morales de manera extensa y dirigidas a un público más
amplio que el destinatario nominal de las mismas).

Entre otros autores destacan: San Cipriano, Ausonio, San Jerónimo, San Agustín y Sidonio Apolinar.

6. LA EPÍSTOLA POÉTICA.

Aunque estén escritas en verso, hay que tener en cuenta que se trata de obras con un destinatario y que,
como ocurre con las epístolas poéticas de Ovidio, presentan rasgos tan típicos del género como es el saludo
y la despedida. Los autores mas sobresalientes en la epistolografía poética son:

6.1. Horacio.

Sus dos libros de Epístolas contienen un total de 23. Las del libro I son mayoritariamente de contenido
filosófico-moral, aunque las hay de temas diversos, sobre la felicidad, la paz del alma que procede del
dominio del hombre sobre sus pasiones, la saludable vida del campo, relaciones con los poderosos, etc. Las
del libro II contienen, sobre todo, teorías literarias, siendo la más famosa la Epístola a los Pisones (hijos de
su amigo Pisón), conocida también como Ars poetica. En ella hallamos todo un corpus de teoría de la
literatura, que ha ejercido influencia en todos los tratados de poética posteriores. Están escritas en
hexámetros.

6.2. Las Heroidas y las obras del destierro de Ovidio.

6.2.1. Las Heroidas. Son quince epístolas generalmente de heroínas legendarias a sus amados (Dido a
Eneas, Penélope a Ulises, Enone a Paris, etc); hay también algunas respuestas de los amantes y una que no
es de una heroína de leyenda, sino de una mujer real, la epístola de la poetisa griega Safo de Lesbos a su
amante Faón. Están escritas en dísticos elegíacos.

6.2.2. Las obras del destierro. Sobre todo las Epistulae ex Ponto; son cuatro libros de
cartas escritas en dísticos elegíacos a diferentes personajes romanos intentando que
aboguen por él en Roma para que le sea levantado el destierro; están llenas de
desgarradoras quejas y de reconocimiento de esa culpa, que no sabemos en qué consistió,
pero que le llevó a acabar su vida lejos de Roma.
ESCRITORES TÉCNICOS, esp. JURISTAS
XI.1. LA LENGUA TÉCNICA.

El concepto de "lengua técnica" se configura como una serie de subgrupos lingüísticos, cuyas
características comparten una serie de individuos que participan de un campo común del conocimiento, que
se ha esforzado por crear una terminología precisa con una doble finalidad: - ser entendidos con claridad, -
expresar un estilo propio.

Evidentemente, dada la variedad de campos que configuran el saber y la particular concepción de la ciencia
y la técnica en Roma, donde este tipo de obras no son tratados propiamente especialistas, sino más bien
obras literarias escritas por hombres con espíritu enciclopédico, que acumulan conocimientos y quieren
divulgarlos, resulta obligatorio preguntarse hasta qué punto puede caracterizarse con rasgos homogéneos la
literatura científica romana y si puede hablarse de una lengua especial o "grupo" con respecto a la lengua de
los científicos.

Los rasgos principales que definen al concepto en cuestión serían: 1) Precisión terminológica y
modificaciones léxicas, creando mediante diversos procedimientos, como pueden ser los neologismos,
préstamos tomados del griego ya sea directamente, ya buscando su equivalente latino, formando sustantivos
abstractos, etc., una lengua propiamente técnica.

2) Interés por la precisión y claridad, más que por la pureza de estilo o la calidad literaria.

3) Empleo de rasgos morfosintácticos tomados de la lengua popular con lo que la lengua técnica contribuyó
a la vulgarización lingüística.

4) Concisión, el autor escribe sobre una materia concreta, su obra se dirige a iniciados o expertos en el tema
por lo cual pueden darse por sobreentendidos una serie de términos y conceptos, evitando redundancias.

Es preciso establecer una especial distinción entre la jurisprudencia y el resto de saberes. La veneración
romana por el Derecho, lo ha convertido en una ciencia profundamente autónoma, a la que se dedicaron los
romanos de las clases elevadas y cultas, cuya formación se deja sentir en sus obras escritas. Además, frente
a la autoridad de las fuentes griegas en el resto de materias, la lengua jurídica destaca por su tradición
propia y por el respeto que, generación tras generación, manifestó por ella la sociedad romana.

XI.2. CLASIFICACIÓN DE LAS CIENCIAS Y AUTORES.

XI.2.1. AGRICULTURA.

Los tratados de Agricultura responden mucho más que otros a una finalidad práctica y fueron tenidos en
gran estima por el conjunto de la población. No debe extrañarnos puesto que la Agricultura fue en Roma la
base no sólo de la economía, sino también de un estilo de vida.

Los principales autores son:

- Catón (234-149 a. C.): Además de ser historiador y orador escribió sobre Agricultura. Su tratado De agri
cultura es el primero conocido sobre la materia. Escrito en tres libros, tiene dos partes claramente
diferenciadas:

1ª.- trata ordenadamente sobre la compra del terreno, la buena administración, el material agrícola, el
rendimiento, los cultivos, etc.

2ª.- hay una recopilación caótica de temas, llegando a dudarse de su autenticidad. Su estilo es conciso, seco,
sin pretensiones literarias y lleno de máximas y sentencias.

-Varrón (116-27 a. C.): Es el mayor enciclopedista de la historia literaria latina. Su aportación en este
campo es el tratado De re rustica, compuesto en tres libros:
- el libro primero explica qué es la agricultura, - el libro segundo trata sobre la ganadería, - el libro tercero
está dedicado a los animales de corral.

La obra va dirigida al gran latifundista, no al pequeño agricultor de tipo medio.

-Columela (mitad del siglo I d. C.): gaditano del que conservamos un libro sobre los árboles, De arboribus,
y otro, De re rustica, considerado el tratado de Agricultura más amplio y completo que nos ha legado el
mundo romano. En doce libros trata todos los asuntos relacionados con esta ciencia.

-Paladio (siglo V d. C.): autor de un calendario agrícola en trece libros que alcanzó gran difusión en la Edad
Media.

XI.2.2. ARQUITECTURA E INGENIERÍA.

Es la segunda ciencia fundamental para el mundo romano por su vocación imperialista, que precisaba de
ella para su proceso de conquista y colonización. Los principales autores son:

- Vitrubio (siglo I a. C.): su tratado De architectura está escrito en diez libros y hace referencia a otras
ciencias, como la Aritmética, la Geometría, la Medicina, etc. Su lengua es correcta y, a veces, elegante,
pero el conjunto de la exposición resulta confuso y lleno de grecismos sin traducir.

- Frontino (40-103 d. C.): inspector de aguas, se sirve de la experiencia que le proporcionó su cargo para
escribir De aquae ductu urbis Romae, en dos libros, que tratan de la importancia de los acueductos para el
abastecimiento de las ciudades. Su estilo, lleno de vulgarismo, logra una exposición clara y precisa desde el
punto de vista técnico.

XI.2.3. MEDICINA, FARMACIA Y VETERINARIA.

a) Medicina: destaca Celso (siglo I d. C.): autor de una obra enciclopédica titulada Artes, en la que trataba
las distintas ciencias. De los veinte libros de que constaba sólo se han conservado los ocho últimos con el
nombre genérico De re medica, que suponen una síntesis de la medicina griega, en especial de Hipócrates y
de Asclepiades de Prusia.

b) Farmacia: tiene como máximo exponente a Escribonio Largo que escribió Compositiones
medicamentorum.

c) Veterinaria: las obras dedicadas a la Veterinaria aparecieron tardíamente, destacando Vegecio(finales del
siglo IV d. C.), quien en su obra Epitoma rei militaris dedica una gran extensión a las enfermedades de los
caballos y los mulos.

XI.2.4. GEOGRAFÍA.

Destacan dos autores: - Pomponio Mela (siglo I d. C.): de origen hispánico, es el autor del tratado más
antiguo sobre Geografía: Chorographia, en tres libros, está en la línea de los periplos griegos, siguiendo de
oeste a este la costa sur del Mediterráneo y luego vuelve de este a oeste por la costa norte. Destaca la
descripción de la Bética.

-Avieno (siglo IV d. C.): sólo se conserva una parte de su obra Descriptio orbis terrarum, titulada Ora
maritima.

XI.2.5. CIENCIAS NATURALES.

Nos centraremos en las obras de dos autores: -Plinio el Viejo (23-79 d. C.): escribió en treinta y siete libros
su obra Naturalis Historia. Es un trabajo de compilación de las más diversas fuentes, que abarca desde la
formación del universo hasta la fisiología humana, zoología, etc.

- Séneca el filósofo (siglo I d. C.): en la última época de su vida escribió la obra titulada Naturales
Quaestiones, dividida en siete libros sobre cuestiones físicas, aunque él nunca distinguió entre Ciencia y
Filosofía.

XI.2.6. GASTRONOMÍA.

-Apicio (siglo I d. C.): es el autor del único recetario de cocina de la Antigüedad, compuesto en diez libros
De re coquinaria en el que expone las diferentes formas de aderezar los pescados así como las carnes de
caza y las aves de corral, a base de numerosas salsas.

XI.2.7. GRAMÁTICA.

Las obras conservadas más importantes pertenecen a Varrón (116-27 a.C.), que escribió De lingua latina,
Cesio Baso, cuya vida se desarrolló en el siglo I d. C. y que escribió una obra titulada Sobre los metros, de
la cual sólo se han conservado fragmentos y que fue una obra que sirvió de referencia a todos los
metricólogos latinos posteriores. Marciano Capela que en su obra De nuptis Mercurii et Philologiae trata
los temas del Triuium (gramática, dialéctica y retórica) y el Cuadriuium(geografía, astronomía, música y
aritmética) medievales y San Isidoro de Sevilla (siglo VI d. C.), autor de las Etymologiae que es el mayor
compendio medieval de saberes, no sólo lingüísticos, sino relativos a multitud de materias basándose en la
explicación etimológica de las palabras.

XI.3. EL DERECHO.

XI.3.1. La Ciencia Jurídica. Sin lugar a dudas el Derecho es una aportación fundamental y, por supuesto, la
más genuina del pueblo romano al mundo occidental.

En sus orígenes la jurisprudencia comienza como una ciencia secreta, algo mágica y ligada a la religión.
Con la República y, sobre todo, con a publicación de la Ley de las Doce Tablas, se constituirá como ciencia
autónoma -separada de la religión-.

XI.3.2 Etapas y autores juristas más importantes.

XI.3.2.1. Época republicana (449-27 a. C.)

No podemos referirnos a autores concretos hasta la promulgación de la Ley de las Doce Tablas (449 a. C.).
En época republicana los juristas empiezan a ocupar los cargos de la administración pública. Se pueden
distinguir dos épocas:

1ª.) De comienzos del siglo III hasta mediados del siglo II a. C., centrada en las consultas jurídicas
públicas. A esta época pertenecen las obras:

- Ius Flauianum,de Cneo Flavio. - Ius Aelianum y Tripertita, de Sexto Elio. - Venalium leges, de Manilio.

2ª) Desde la segunda mitad del siglo II a. C. hasta nuestra era, en la que se profundiza en el estudio del
Derecho. Destacan en ella la obra Regula Catoniana, de M. Porcio Catón, y los tres grandes fundadores del
Derecho civil: Manio Manilio, Marco Junio Bruto, y Publio Mucio Escévola.

XI.3.2.2. Época clásica (siglos I -III d. C.)

Es en esta época cuando la Jurisprudencia alcanza su máximo esplendor, a pesar de que a partir de Augusto
la posibilidad de juicio de los magistrados se transfiere totalmente al emperador. El éxito se concreta en tres
aspectos:

1.- la concesión del ius publice respondendi que el emperador concede a los juristas eminentes. 2.- la
formación del consilium principis , integrado por juristas. 3.- la exigencia de ser experto en Derecho para
integrarse en la carrera civil de la Administración.

Se pueden distinguir varias etapas: 1ª) hasta finales del siglo I y comienzos del siglo II: los juristas se
encuadran en dos escuelas- los Sabinianos y los Proculeyanos-, que representan la innovación frente a la
tradición y consolidan el Derecho como ciencia.
2ª) desde el siglo II hasta finales del siglo III, en la que destacan los nombres de Juvencio Celso Digesta),
Salvio Juliano (Digesta) y, especialmente, Sexto Pomponio Gayo (Institutiones).

3ª) Finales del siglo III, a pesar de la decadencia, aparecen los tres juristas que serán la base del Digesto de
Justiniano: Emilio Papiano, Julio Paulo y Domicio Ulpiano.

XI.3.2.3. Época postclásica (siglos III al V d. C.)

En esta época la crisis está presente por doquier, y los juristas se limitan a tomar de los principios clásicos
lo más adecuado a tales circunstancias. Los escasos autores destacables son: Carisio y Hermogeniano.

XI.3.2.4. Época de Justiniano (siglo VI d. C.)

A principios del siglo VI aparece la Lex Romana Visigothorum o Breviario de Alarico, que alcanzó gran
difusión en Europa, pero la gran obra se debe al emperador de Bizancio Justiniano, que recopiló, entre 528
y 533, todo el Derecho Romano conocido en su época en una obra que es conocida desde entonces con el
nombre de Corpus Iuris Ciuilis, repartida en cuatro bloques:

- Institutiones (dirigida a estudiantes). - Digesta o Pandectae (textos de jurisconsultos clásicos) - Codex


(leyes imperiales) - Nouellae (adiciones posteriores).