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CARTA 69

FREUD 1897
EL ANTES Y EL DESPUES

El contenido de la carta 69 a Fliess marcó un antes y un después en la teoría psicoanalítica. Freud se


desprendió de la fascinación causada por el espectáculo Charcoteano, no se alío al discurso hegemónico de
la época que sostenía la moral burguesa y no es por ser el primero en mencionar la sexualidad infantil, que
ya había sido introducida anteriormente, sino por otorgarle a esta un estatuto diferente y fundamental en la
constitución subjetiva. Comenzó con esfuerzo y no sin oposiciones en la comunidad científica un recorrido
en un campo inexplorado de la investigación que conllevó a la conceptualización de un sujeto más allá del
individuo.
El psicoanálisis se abrió paso a partir del estudio de las mujeres histéricas. En aquel entonces lo que fascinó a
Freud fue el espectáculo proporcionado entre aquellas mujeres y Charcot, quien a través del método
hipnótico intentaba la cura, el levantamiento de los síntomas. Esto le permitió vislumbrar la etiología sexual
de la histeria desvinculando la enfermedad de su base anatomofisiologica.
De este modo Freud empezó a creer en el relato de estas mujeres, los llamados síntomas histéricos
(parálisis, cegueras, anestesias o dolores localizados, ahogos, desvanecimientos, etc) de los cuales padecían
estaban relacionados con episodios traumáticos que no eran de causalidad física sino psíquica.
En “Estudios sobre la histeria” (1893-1895) Freud concluyó que los síntomas existían como resultado de los
efectos que ejercían en el psiquismo de los pacientes experiencias traumáticas del pasado que no habían
sido olvidadas sino reprimidas (surgiendo en esta época el concepto de represión). Freud llegó a la
conclusión de que ello era una consecuencia de vivencias de abuso sexual.
Los relatos de Ana. O, Lucy. R, Emmy Von. R, Elizabeth Von. R, entre otras, le permitieron afirmar que la
génesis de los síntomas encubría incidentes presentes de forma precoz relacionados con experiencias
sexuales vinculadas en la más temprana infancia, que posteriormente a la edad adulta se manifestaban
como neurosis, esto fue lo que condujo a Freud a la teoría de la seducción, teoría que comenzó a elaborar en
1893, reafirmándola entre 1895 y 1897. Desde el punto de vista cronológico se viò inducido a hacer
retroceder cada vez más lejos en la infancia las escenas de seducción traumatizantes, no sólo le atribuyó un
papel preponderante a las escenas infantiles sino que también le permitió pensar y comenzar a explicar en
su origen el mecanismo de la represión.
En ese momento la teoría suponía que el trauma se producía en dos tiempos; el primero, el de la seducción
propiamente dicha que consistía en que el acontecimiento sexual era producido desde el exterior por un
sujeto adulto a un sujeto incapaz de emoción sexual, esa escena no era objeto de represión. Pasado un
tiempo; el de la pubertad un acontecimiento nuevo que no comportaba necesariamente una significación
sexual en sí misma, evocaba por algunos rasgos asociativos el recuerdo del primero. Freud señalaba que el
recuerdo producía un efecto mucho mayor que el acontecimiento mismo. Por esta incapacidad emocional, la
seducción produce un susto, es por la no-preparación del sujeto ante una irrupción que lo toma por
sorpresa.
Remitiéndonos al artículo sobre “Neuropsicosis de defensa” (1894) Freud afirmaba que los traumas que
provocan la histeria debían pertenecer a la primera infancia (época anterior a la pubertad) y su contenido
debía consistir en una irritación de los genitales (procedimiento que se asemejaba al coito).
Mientras duró la teoría del trauma psíquico el Complejo de Edipo, la sexualidad infantil y las fantasías
inconscientes quedaron suspendidas. Si bien Freud realizó un giro en su teoría psicoanalítica, la teoría del
trauma no fue abandonada totalmente puesto que hasta el fin de su vida no dejo de sostener la existencia,
la frecuencia y el valor patógeno de las escenas de seducción efectivamente vividas por los niños. Años más
tardes en “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) Freud reconoció que con las escenas de seducción había
encontrado por primera vez el Complejo de Edipo; de la seducción de la niña por el padre al amor edípico de
la niña hacia el padre (deseos incestuosos). En elaboraciones posteriores también se encontraron elementos
esenciales del esquema sostenido como: los tiempos del trauma y la resignificación con posterioridad que
desarrollo en “historia de una neurosis infantil” (1918).
Fue a partir de la carta a Fliess del 21 de Septiembre de 1897 (Carta 69) en donde Freud marcó un antes y un
después en la teoría, a partir del cuestionamiento que inició con la célebre frase “ya no creo más en mi
neurótica”. Cabe destacar la existencia de esta cita en las diferentes traducciones; para López Ballesteros el
gran secreto que Freud comunico es ”ya no creo más en mis neuróticos”, en José Etcheverry la traducción es
“ya no creo más en mi neurótica”, la diferencia radica principalmente en que “mi neurótica” se refería a la
teoría que había sostenido hasta entonces y no al relato de sus pacientes. Así se abrió paso al concepto de
fantasía inconsciente, a la teoría de la sexualidad infantil, y al Complejo de Edipo.
Ahora bien para releer a Freud en su carta 69 nos propusimos seguir algunos de los puntos que el menciona
como los principales motivos causa del abandono de la teoría de la seducción, a modo de comprender la
importancia que implicó en la historia de la teoría psicoanalítica.
Freud inicia la carta diciendo a Fliess “(…) y enseguida quiero confiarte el gran secreto que poco a poco se
me fue trasluciendo en las últimas semanas. Ya no creo más en mi neurótica. (…) por eso he de presentarte
históricamente los motivos de mi descreimiento”.
- Presentó un primer grupo de motivos: “las continuas desilusiones en los intentos de llevar mi
análisis a su consumación efectiva, la deserción de la gente que durante un tiempo parecía mejor
pillada, la demora del existo pleno con que yo había contado y la posibilidad de explicarme la
posibilidad de los éxitos parciales de otro modo (…)”. Con esto Freud afirma que descree del
método hipnótico hasta el momento utilizado porque la cura de los síntomas histéricos era parcial,
evidenciándose que con el tiempo reaparecían. Otra cuestión importante a destacar era que no
todos los pacientes se sometían a los efectos de sugestión.
- Un segundo grupo de motivos lo enuncia de esta manera “Después, la sorpresa de que en todos los
casos el padre hubiera de ser inculpado como perverso, sin excluir a mi propio padre, la intelección
de la inesperada frecuencia de la histeria en todos cuyos casos debiera observarse idéntica
condición cuando es poco probable que la perversión contra niños esté difundida hasta ese punto.
(la perversión tendría que ser inconmensurablemente más frecuente que en la histeria, pues la
enfermedad solo sobreviene cuando los sucesos se han acumulado y se suma un factor que debilita
a la defensa).” Hasta el momento para Freud detrás de todos los síntomas neuróticos existían
abusos perpetrados en la infancia por un adulto generalmente varón y familiar, con lo cual el abuso
hacia niñas y niños se sostenía como algo normal propio de la neurosis, es decir que no solamente
aludía a las perversiones.
- “en tercer lugar, la intelección cierta de que en lo inconsciente no existe un signo de realidad (…)”
Por entonces la preocupación del autor residía en distinguir los estímulos precedentes del mundo
exterior, de los estímulos internos y distinguir la posible confusión entre lo que el sujeto percibe y lo
que meramente se representa. Uno de los presupuesto fundamentales que presenta Freud en su
artículo “Proyecto de psicología” (1895) es el de que en su origen, el aparato psíquico no dispone de
un criterio para distinguir una representación fuertemente catectizada, del objeto satisfactorio y la
percepción de este. La percepción se halla en relación directa con los objetos exteriores reales y
proporciona los “signos de realidad”, pero estos pueden ser por las catexis de un recuerdo. En esta
etapa de pensamiento freudiano no es una prueba, prueba de realidad, lo que decide sobre la
realidad de lo que se representa, sino un modo de funcionamiento interno del aparato psíquico,
como así también el mundo interior no es del todo homologable a realidad psíquica sino que en el
sentido más estrictamente Freudiano realidad psíquica es un núcleo resistente, es decir, el núcleo
verdaderamente real inconfundible con la realidad material.
- Otro grupo de motivos: (…) de suerte que no se puede distinguir la verdad de la ficción investida
con afecto. (según esto, quedaría una solución: la fantasía sexual se adueña casi siempre del tema
de los padres.)”. En esta frase Freud comienza a profundizar el concepto de fantasía inconsciente.
Históricamente la idea de fantasía ya había sido utilizada por él, en diferentes artículos, carta 52
(1896) refiriéndose a lo oído por los niños en épocas tempranas, comprendido con posterioridad; en
esta misma carta sienta las bases de lo que será su concepción del inconsciente, distinguiendo por
un lado la percepción y por otro lado la conciencia de los signos perceptivos. En el manuscritos L
plantea la concepción de fantasía como parapetos psíquicos edificados para bloquear el acceso a la
memoria; en el manuscrito N explica que el mecanismo de la poesía era el mismo que el de la
fantasía en la histérica.
Es en la carta 69 donde plantea la fuerza de las fantasías como la de las vivencias reales,
vislumbrando la importancia de otra realidad, la realidad psíquica. Pues, las fantasías aunque no
basadas en acontecimientos reales poseían el mismo nivel patógeno para el sujeto, que Freud
atribuyó a las “reminiscencias” (relatos sostenidos por las histéricas). Se planteaba por entonces, el
problema teórico de la relación entre la fantasía y los acontecimientos reales; el interés se centraba
en saber si estos últimos aportaban la base material, es decir, el contenido, para la fantasía.
Retomando: la idea de realidad psíquica ligada a los procesos inconscientes sustituye a la realidad
exterior, en su acepción más estricta designaría el deseo inconsciente y la fantasía que está ligada al
mismo. La fantasía guarda la más estrecha relación con el deseo y un término freudiano lo
atestiguaba en aquella época: fantasía de deseo. Para Freud el deseo tiene su origen en la
experiencia de satisfacción descripta en el “Proyecto de psicología” (1895). La fantasía sugería
inevitablemente la oposición entre la imaginación y la realidad perceptiva (material). Fantasía
definida como producción puramente ilusoria, línea que continúa sosteniendo en textos posteriores
tales como “Los dos principios del funcionamiento psíquico” (1911) contraponiendo mundo interior,
que tiende a la satisfacción por ilusión, a un mundo exterior, perceptivo, regido por el principio de
realidad.
Considerando lo planteado en relación al contenido de las fantasías, Freud se aparta de la idea de
materialidad y plantea la existencia de esquemas inconscientes que trascienden lo individual, van
más allá de la experiencia singular del sujeto, de lo experimentado y vivido, y se transmiten
hereditariamente, están son las “fantasías originarias”: la vida intrauterina, la escena originaria,
castración y seducción. Estas constituirían el patrimonio trasmitido filogenéticamente y por ello
quedaría explicada la universalidad de estas fantasías. Lo que de hecho fue realidad en la
prehistoria, quedaría dotado de una consistencia, organización y eficacia, expresada y contenida
bajo el termino realidad psíquica. Este hallazgo es el resultado de la búsqueda de la estructura de la
fantasía distinguiéndola del acontecimiento real. Este esquema inconsciente, independiente
afirmaría la existencia de una estructura pre subjetiva, reducido el contenido de las mismas a un
denominador común; que es el origen:
- La vida intrauterina: la vida originaria en el seno materno.
- La escena originaria: relación sexual entre los padres que daría origen al sujeto.
- Escena de seducción: origen de la sexualidad.
- Castración: origen de la diferencia de los sexos; compuesta por la fusión de lo oído por los niños, en
relación a la prohibición de la satisfacción erótica y lo visto, en relación a los genitales femeninos.
Con la postulación de la trasmisión filogenética se produce el esclarecimiento en Freud de su
preocupación, en relación a la escena originaria, planteando que si esta es el recuerdo de lo vivido
por el sujeto o es un puro real. El puro real refiere a la realidad psíquica, a ese núcleo resistente que
mencionábamos anteriormente.
- Otro punto que destaca de la carta 69 “(…) Lo inconsciente nunca supera la resistencia de lo
consiente, se hunde también la expectativa de que en la cura se podría ir en sentido inverso hasta
el completo domeñamiento de lo inconsciente por lo consiente…” uno de los motivos principales en
relación al abandono de la hipnosis y la sugestión, fue principalmente por la resistencia masiva que
oponían a estas técnicas algunos pacientes. En “estudios sobre la histeria” había propuesto que los
recuerdos eran presentados según su grado de resistencia y agrupados en forma de capas alrededor
de un núcleo patógeno, sosteniendo que al acercarse al núcleo la resistencia era mayor, momento
de la teoría psicoanalítica donde intenta considerar la resistencia inherente al tratamiento.

El recorrido a través de la carta 69, nos permitió ubicar la afirmación histórica de que la histeria, o mejor
dicho el estudio sobre ella es la piedra inaugural del psicoanálisis. Inicio de la posterior teorización sobre
la neurosis. Freud descubre el vinculo entre el síntoma somático y la causa de este síntoma, pero
desprendiéndose de su formación neurológica logra ubicarlo en otro orden: el orden psíquico,
derivándose desde allí un nuevo cuerpo, diferenciado y delimitado por las representaciones propias del
sujeto, como así también un nuevo discurso, apartándose de la clínica amarrada a la mirada para
otorgarle primacía a la escucha, al decir, al decir de lo no sabido, al decir del sujeto del inconsciente.
Mariel Roico
Giselle Longinotti
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