Está en la página 1de 9

TECNOLÓGICO DE ESTUDIOS SUPERIORES

SAN FELIPE DEL PROGRESO

MATERIA
DESARROLLO SUSTENTABLE

TEMA
DESARROLLO SUSTENTABLE UNA RESPONSABILIDAD
SOCIAL

ALUMNO: PEDRO ANTONIO CÁRDENAS MENDOZA

DOCENTE: I.Q NALLELY GUERRERO VIDAL


INGENIERÍA QUÍMICA

GRUPO
501

SAN FELIPE DEL PROGRESO A 05 DE NOVIEMBRE DEL


2018
RESUMEN

En este ensayo profundizaremos en la importancia que tiene el desarrollo


sostenible en relación con la vida humana, y las consecuencias que cada uno de
nuestros actos conlleva, la forma de ver de cada uno y las causas probables que
hacen poner en riesgo al planeta tierra, la forma de como este nos proporciona cada
uno de los elementos necesarios para la sobrevivencia no solo para los seres
humanos sino para cada uno de los seres vivos, trátese de plantas, animales, peces,
microorganismos y más. Verlo desde un punto de vista diferente en el cual se trate
de concientizar y dar a conocer el sin fin de causas que hacen que este planeta
cada día se ponga en mayor riesgo y la importancia que las grandes empresas le
dan a este ámbito ecológico.

DESARROLLO SUSTENTABLE UNA RESPONSABILIDAD SOCIAL

¿Cuál será el futuro de la humanidad si no se empieza a tomar en serio el


desarrollo sostenible?

El mundo se acabará si no hacemos algo al respecto.

A pesar de que se oye hablar mucho sobre “Desarrollo Sostenible” en medios de


comunicación o libros, poco concientizamos al respecto, y esta palabra a veces se
mal emplea o pervierte en el lenguaje político, económico y social a nivel grupal; ya
que nuestra sociedad de consumo origina miles de millones de toneladas de
residuos: productos industriales de desecho, objetos viejos y usados, embalajes y
residuos agrarios. Estos inconvenientes surgen del mal reparto espacial de la gente,
industrias y riqueza. La acumulación industrial, la densa congregación de la
población en áreas metropolitanas y grandes ciudades, y la progresiva deserción
del campo nos daña doblemente; entre tanto, la calidad de vida urbana se deteriora
y las áreas agrícolas cultivadas durante siglos se convierten en tierras infecundas.
El crecimiento demográfico mundial ha crecido exponencialmente y su ritmo parece
no detenerse, especialmente en los países en vías de desarrollo. De igual manera,
los patrones de consumo de estas poblaciones se incrementan, demandando cada
vez un mayor número de bienes que en última instancia provienen de los recursos
naturales.

Pero ¿qué es el desarrollo sostenible? El desarrollo sostenible trata de satisfacer


las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer por ello, las
posibilidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades,
dicha definición fue establecida por la Naciones Unidas en 1992 en Río de Janeiro.

La actividad humana ha sido siempre causa de la generación de residuos y


de contaminación. Todavía no se ha sobrepasado el aforo de rehabilitación de
nuestro planeta, pero esta capacidad se está llevando a sus límites. Por lo tanto, se
reconoce casi generalmente que debemos conciliar nuestra actividad económica y
social a lo que la tierra puede sobrellevar; no pueden existir respuestas
fraccionadas, y la sociedad de manera general, debe admitir esta verdad.

Cuestión que no se ha subsanado con el progreso de la humanidad, sino que cada


vez puede considerarse de verdaderamente alarmante. Esta preocupación por el
medio ambiente estuvo prácticamente ausente en el siglo XIX, pero que empezó a
cobrar relevancia a lo largo de las últimas siete décadas del siglo XX y esta primera
década del siglo XXI; conciencia que se va tomando de acuerdo a la gravedad que
confrontan el diagnóstico ambiental global.

En la época de posguerra por ejemplo, los primeros acercamientos de la economía


en el lenguaje de la sostenibilidad planteaban como su principal preocupación el
aseguramiento del nivel de empleo de la mano de obra y los recursos productivos,
para con esto asegurar el ingreso necesario que sostuviera la demanda efectiva, a
través de un proceso constante y sostenido de inversiones.

Pero los países desarrollados se dieron cuenta en los años 1970 que su prosperidad
se basa en el uso intensivo de recursos naturales finitos, y que, por consiguiente,
además de las cuestiones económicas y sociales, un tercer aspecto estaba
descuidado: el medio ambiente. Por ejemplo, la huella ecológica mundial excedió la
capacidad “biológica” de la Tierra para reponerse a mediados de los años 1970.

Dándose cuenta de que la creciente actividad económica sin más criterio que el
económico produce, tanto a escala local como planetaria, reportaba graves
problemas medioambientales que podían llegar a ser irreversibles.

Al problema de la viabilidad se añade un problema de equidad: los pobres son los


que más sufren la crisis ecológica y climática, y se teme que el deseo legítimo de
crecimiento en los países subdesarrollados hacia un estado de prosperidad similar,
basado en principios equivalentes, implique una degradación aún más importante y
acelerada por la biosfera. Si todas las naciones del mundo adoptaran el modo de
vida americano (que consume casi la cuarta parte de los recursos de la Tierra para
el 7% de la población) se necesitarían de cinco a seis planetas como la Tierra para
abastecerlas. Y si todos los habitantes del planeta vivieran con el mismo nivel de
vida que la media de Francia, se necesitarían al menos tres planetas como la Tierra.

Las ventajas del desarrollo sostenible en sí son muchas, empezando porque un


manejo adecuado de nuestro entorno nos garantiza que por lo menos tendremos un
sitio estable a lo largo del tiempo en cuanto al clima y un sistema responsable en el
largo plazo si nos referimos a la flora, fauna y al correcto ciclo de los ecosistemas.
En teoría, las ventajas de un método para administrar de manera globalizada el
entorno que nos rodea son que estas serían mundialmente compartidas y
ejecutadas por todos, según nuestro grado de capacidad para afrontar los posibles
costos que el desarrollo sostenible puede generar, es decir, de una manera
equitativa y justa.

Sin embargo, este panorama no satisface los requerimientos de muchos políticos,


que argumentan que el costo de una sociedad sostenible significaría pérdida de
empleos y decrecimiento económico. Y muchos creemos que su visión es a muy
corto plazo. Pero según la ONU, hacer frente al problema del cambio climático y
encaminarnos a la consecución de un ambiente más sostenible, costaría un
porcentaje ínfimo de los presupuestos de los países (principalmente por la reducción
de emisiones, inversiones en eficiencia y nuevos tipos de energía), con lo que se
crearían nuevos empleos de investigación.

El crecimiento económico que se pierda por las regulaciones ambientales sería poco
comparado con la total parada de los medios de producción de un futuro y caótico
mundo, donde nos lamentaríamos de no haber actuado antes cuando los costos
relativos eran mucho menores para solucionar el problema.

Sin embargo, falta mucha conciencia, especialmente en los países más


desarrollados, que tienen la mayor responsabilidad por sus grandes emisiones de
gases, y según el principio de equidad, son los que deberían pagar más, al menos
en un mundo de responsabilidades y acciones compartidas.

Si bien sabemos al hablar de responsabilidad social, pareciera que solamente las


grandes empresas están contribuyendo al deterioro de nuestro planeta; pero ¿Qué
hay de los cientos de millones de personas que lo habitan? ¿Están conscientes de
los daños que ocasionan con el simple hecho de tirar una botella?

Una Empresa Socialmente Responsable es la que cumple con un conjunto de


normas y principios referentes a la realidad social, económica y ambiental que se
basa en Valores, que le ayudan a ser más Productiva pero muy poca gente sabe
que la responsabilidad social no solo delimita a las empresas sino a cada uno de
nosotros ya que es un compromiso o cargo que los miembros de una sociedad, ya
sea como personas, como parte de algún grupo o empresa tienen tanto entre sí
como para la sociedad en general, si bien una Empresa Socialmente Responsable
establece como principales estándares en su cultura organizacional, la ética, la
moral, y todo lo que se refiere a valores dignidad humana, el bien común,
participación social, calidad de vida cuidado del medio ambiente y desarrollo
Humano, esto genera una actitud positiva al impacto que una decisión tiene en la
sociedad. De igual manera puede ser meramente ética o hasta legal, a diferencia
que esta última tiene el poder para llevarlo a cabo. ¿Es necesario esperar a tal grado
que tirar un simple desecho llegue a convertirse en un crimen? No.
Hay que concientizarse y ver estos problemas con una visión en el futuro de manera
responsable.

Desde hace relativamente poco, unos 50 años el ser humano ha tomado cierta
conciencia, en el tema de la contaminación y la preocupación por el futuro de los
habitantes del planeta, a pesar de este interés, realmente solo se ha quedado en
eso, en interés, ya que son pocos los proyectos para parar en seco esta destrucción
planetaria.

Hay ciertos países, como el nuestro, que apuestan por introducir a gran escala
energías renovables, reciclan gran porcentaje de residuos, etc., otros muchos son
los que no quieren comprometerse de ningún modo, ni siquiera de una manera lenta
y paulatina.

Para reforzar conceptos de valoración y conciencia en beneficio del desarrollo


sostenible, se debe trabajar de manera integral en la opinión pública y la educación;
que permitan esclarecer el concepto de manera colectiva. La educación debe
implicar a todos los sectores; y la educación debe ser una educación para toda la
vida. Tiene que ver entonces, con un cambio de valores, conductas y estilos de vida;
donde es necesaria la especial implicación de los gobiernos y agentes locales.

En conclusión, estamos enfrentados ante las propuestas que la humanidad debe


tomar: El de la acción en cuanto al desarrollo sostenible, la responsabilidad social
con el medio ambiente tanto como empresas como de manera individual, con todas
las limitaciones y sacrificios que en el futuro cercano significan (autos menos
potentes y restricciones en el uso de la energía de cualquier origen) y las ventajas
que en el largo plazo esperamos (mejor calidad de vida y un ambiente más
sostenible) ó continuar con el actual modelo de hablar y no hacer nada, con todos
los placeres que significan para los próximos 15 o 20 años, pero con repercusiones
probablemente irremediables e irreversibles para el resto de la historia.
Allí están, todo está por hacer, sólo la voluntad política de los pueblos y sistemas
de gobierno globales más eficientes y justos podrán determinar nuestro futuro de la
forma más correcta e inteligente.

RESPONSABILIDAD SOCIAL EN MÉXICO

El boom de la responsabilidad social, tal y como lo conocemos actualmente, tiene


poco más de veinte años. Antes de ello hay antecedentes muy claros, sin embargo,
los sucesos más determinantes que señalaron el cambio de los corporativos hacia
una senda más responsable, no tienen ni siquiera tres décadas.
El Informe Brundtland, que diera origen al término “Desarrollo Sustentable” vio
la luz apenas en 1987; instituciones como el GRI o el Pacto Mundial, no nacieron
sino hasta 1997 y 1999, respectivamente; el libro NO LOGO que desató una lluvia
de críticas a las compañías debido a sus comportamientos sociales cuestionables,
se publicó apenas en el 2000.

En este marco, la responsabilidad social es una disciplina empresarial muy joven,


no obstante, el nombre de ésta ha cambiado una y otra vez. No es raro encontrar
términos como responsabilidad corporativa, ciudadanía
corporativa, Environment, Social and Government (ESG), especialmente en
círculos bursátiles y sí, también desarrollo sustentable, para denominar dentro de
las empresas prácticamente un mismo concepto: el proceder responsable de las
operaciones de una compañía respecto de su gobierno, la sociedad y el medio
ambiente.

Si la RSE es joven como disciplina corporativa, el alineamiento de las empresas


para con ésta lo es aún más. Aquellas que parecen haber entendido a profundidad
el tema, actualmente suelen sentirse más cómodas con el término sustentable que
con el calificativo socialmente responsable. Así, el cargo que está naciendo en
estas organizaciones, cada vez con mayor fuerza, es el Chief Sustainability
Officer (CSO).
¿Por qué el término responsabilidad social está cediéndole paso al de desarrollo
sustentable dentro de las organizaciones? Puede haber varias razones, sin
embargo, una de las que parece más sólida es que la etiqueta “social” no termina
por convencer a muchos de que también puede englobar cuestiones ambientales.
En ese sentido, la palabra sustentabilidad es mucho más generosa, ya que por
definición contempla resultados sociales, ambientales y económicos, conocidos
como la triple cuenta de resultados o triple bottom line, y que son la base de todo
reporte de sustentabilidad (o sostenibilidad, como se le quiera llamar).
En contraposición a lo anterior, algunas empresas que se resisten a este cambio
de RSE a Desarrollo Sustentable, sugieren que a la sustentabilidad le hace falta
ese componente de “gestión de stakeholders” que tiene la RSE como base; ese
diálogo con los grupos de interés que se constituye como el principal activo
intangible de una empresa responsable; sin embargo, eso no parece importunar
mucho a los corporativos que están moviendo sus estrategias hacia esta
denominación.
Un buen ejemplo de lo anterior lo vemos con Google, quien opina que ya trabaja
líneas que apuestan por la sostenibilidad y no piensa que éstas deban ir
acompañadas de una ‘gestión’ de Responsabilidad Social, de manera que no
desarrolla órganos específicos para ello, como los tradicionales comités de RSE
tan presentes en muchas compañías; Google simplemente ejecuta en pro de su
negocio dentro de lo que denomina un marco estratégico de desarrollo
sustentable.
Mientras esta transición ocurre en Europa, en México aún nos estamos peleando
por comprender el concepto, y las empresas se lanzan en pos de conseguir
distintivos y certificaciones sin siquiera saber para qué o por qué lo hacen. Es decir,
ignoran que el alinear la planificación estratégica a un modelo socialmente
responsable o sustentable (a fin de cuentas, es terminología), le otorga a la
empresa beneficios que de otra forma jamás obtendrían. En vez de ello, siguen
pensando que ser socialmente responsables es un sello que pueden poner en su
papelería corporativa, en sus empaques, camiones y fachadas cual si fuera un
trofeo para ostentar con sus clientes… En ese entendimiento, les falta muchísimo
camino que recorrer en la senda de la responsabilidad, y mucho más aún en la de
la sustentabilidad.

CONCLUSIÓN
Como ya se ha mencionado constantemente en los últimos años, el problema del
cambio climático, de la sustentabilidad de los recursos naturales, ya no solo es
problema de los gobiernos o de las empresas. Es problema socialmente, lo que
implica que es problema de la sociedad, de cada individuo que constituye esa
sociedad. Es problema de cultura, de valores; si nosotros como sociedad creamos
conciencia individualmente, como sociedad, superaremos muchísimas barreras, las
cuales nos impiden ser individuos socialmente responsables. Si acostumbramos
como individuos a aportar de manera sustentable a la sociedad, disminuiríamos un
poco la problemática que nos acusa. Si ensañamos a nuestras futuras
generaciones, es más si les inculcamos, desde no tirar una simple envoltura a la
calle, y a separar nuestros residuos, haremos de nuestra sociedad, y nuestro
planeta, mucho mejor.

Referencias

http://siteresources.worldbank.org/EXTENVIRONMENT/Resources/EvalSumm_esp.pdf. (s.f.).

http://www2.inecc.gob.mx/publicaciones/libros/363/cap22.html. (s.f.).

https://es.wikipedia.org/wiki/Desarrollo_sostenible. (s.f.).

https://www.expoknews.com/de-la-responsabilidad-social-hacia-el-desarrollo-sustentable/. (s.f.).

Pichardo Muñiz, A. (1998). Calidad de Vida y Desarrollo Sostenible.

Site, N. I. (s.f.).