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El acceso de las mujeres a la investigación matemática en España (1868-1936)

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Elena Ausejo
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20/10/12 .: MATEMATICALIA :. - Educación

.: MATEMATICALIA :.
R E V I S T A D I G I T AL D E D I V U L G AC I Ó N M AT E M Á T I C A buscar...
P R O Y E C T O C O N S O L I D E R I N G E N I O M AT H E M AT I C A 2 0 1 0
ISSN: 1699-7700

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Ma te m a ti c a l i a
P ortada V ol. 6 , no. 2 (jun. 2 0 1 0 ) E duc ac ión
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Presentación Escrito por Redacción Matematicalia


lunes, 14 de junio de 2010
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Recibido: martes, 11 mayo 2010
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Novedades Editoriales El acceso de las mujeres a la investigación matemática en España


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corre ctam e nte bajo Inte rne t 1. Introducción
Ex plore r 9 los núm e ros
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ne ce sario tener activada la Los protagonistas de la investigación científica en la historia representan, en términos cuantitativos, una
opción de compatibilidad con
minoría auténticamente minoritaria dentro de una élite intelectual que se desenvuelve en medios sociales de
versiones anteriores de l
nave gador. analfabetismo masivo (ca. 90% de la población). Así fueron las cosas hasta que el proceso político de
ascenso al poder de la burguesía, combinado con el fenómeno de la industrialización, pusieron de relieve no
sólo la necesidad de educar a la ciudadanía, sino también la conveniencia de considerar los contenidos
Núm e r o s Pub l i c a d o s
científicos en el proceso educativo. A medida que las ciencias fueron demostrando su utilidad en términos
Vol. 7, no. 4 (dic. 2011) productivos fue abordándose su paulatina institucionalización y profesionalización, en un lento proceso que
Vol. 7, no. 3 (sep. 2011) va desde las primeras sociedades científicas del siglo XVI hasta las Facultades de Ciencias del XIX.
Vol. 7, no. 2 (jun. 2011)
Con esto no se afirma que todo desarrollo científico en la historia venga directamente determinado por sus
Vol. 7, no. 1 (mar. 2011)
aplicaciones prácticas como demuestran bien tempranamente los Elementos de Euclides , pero sí que los
Vol. 6, no. 4 (dic. 2010) números de la actividad científica, en términos de recursos humanos y materiales, no son socialmente
Vol. 6, no. 3 (sep. 2010) significativos hasta la época contemporánea.
Vol. 6, no. 2 (jun. 2010)
Pues bien, de esta actividad científica, en tanto que actividad social, las mujeres se vieron, con carácter
Editorial general, excluidas; aunque haberlas, las hubo. Fueron, por tanto, la minoría de la minoría. El proceso de su
C iencia
C omunicación
incorporación a la actividad científica corre paralelo al de su incorporación a la actividad social y tiene, en
C ultura cada territorio del planeta, características propias en virtud de condicionantes, más que científicos,
Economía eminentemente sociales.
Educación
Internacional Un factor determinante a tener en cuenta es el de la profesionalización. En términos históricos, la ciencia ha
Multimedia despegado en cada territorio cuando ha sido posible mantener una comunidad suficientemente numerosa
Nacional dedicada a esta actividad a tiempo completo, esto es, cuando se produce la profesionalización. Para las
Sociedad
Tecnología
ciencias físico-matemáticas, la astronomía fue la actividad profesionalizante clásica y la ingeniería la
Pasatiempos moderna, pero avanzada ya la Industrialización sólo la química era capaz de ofrecer grandes oportunidades
Humor inmediatas de profesionalización. No obstante, la apuesta generalizada por las ciencias realizada por la
Vol. 6, no. 1 (mar. 2010) reforma Humboldt de la universidad prusiana ofreció solución a este problema combinando la docencia y la
Vol. 5, no. 5 (dic. 2009) investigación: las Facultades de Ciencias formarán matemáticos, físicos, químicos y naturalistas que
tendrán una salida profesional prácticamente garantizada en la docencia no universitaria; una selección de
Vol. 5, no. 4 (oct. 2009)
ellos se dedicará a la docencia universitaria, que llevará aparejada el imperativo de investigación.
Vol. 5, no. 3 (jun. 2009)

Vol. 5, no. 2 (abr. 2009) En este contexto, el presente estudio del acceso de las mujeres a la investigación matemática en España
examina su proceso de incorporación a la educación superior, en las Facultades de Ciencias, a la
Vol. 5, no. 1 (feb. 2009)
comunidad científica, en las sociedades científicas, y a la profesionalización, tanto en docencia como en
Vol. 4, no. 5 (dic. 2008) investigación.
Vol. 4, no. 4 (oct. 2008)

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Vol. 4, no. 3 (jun. 2008)


2. El acceso de las mujeres a la educación matemática superior en España
Vol. 4, no. 2 (abr. 2008)

Vol. 4, no. 1 (feb. 2008) Partiendo como premisa de la dependencia funcional entre disciplina y profesión, en el sentido de que la
Vol. 3, nos. 4-5 (oct.-dic. autonomía de una disciplina académica depende de la existencia de carreras profesionales especializadas
para sus graduados, no cabe hablar de profesionalización en la ciencia española hasta el Real Decreto del
2007)
Ministerio de Gobernación de 8 de junio de 1843, que crea una Facultad de Filosofía en Madrid con el
Vol. 3, no. 3 (jun. 2007)
mismo rango que las demás facultades mayores y unas expectativas laborales en la enseñanza[1]. De su
Vol. 3, no. 2 (abr. 2007) Sección de Ciencias nacerán, mediante la Ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1857 la
Vol. 3, no. 1 (feb. 2007) famosa Ley Moyano , las Facultades de Ciencias propiamente dichas, que se organizan en tres secciones:
físico-matemáticas, químicas y naturales inicialmente; Exactas, Físicas y Naturales a partir del reglamento
Vol. 2, no. 5 (dic. 2006)
de 7 de noviembre de 1858. Estas Facultades otorgan los grados de bachiller, licenciado y doctor en
Vol. 2, no. 4 (oct. 2006) Ciencias con un plan de estudios común para el grado de bachiller y especializado por secciones para la
Vol. 2, no. 3 (jun. 2006) licenciatura y el doctorado. Ahora bien, en 1860, la única facultad completa, capaz de impartir los tres
grados, era la de Madrid, aunque otras seis (Barcelona, Granada, Santiago, Sevilla, Valencia y Valladolid)
Vol. 2, no. 2 (abr. 2006)
podían impartir hasta el grado de bachiller.
Vol. 2, no. 1 (feb. 2006)

Vol. 1, no. 4 (dic. 2005) La exclusión de las mujeres de esta ordenación universitaria no fue expresa, sino sobreentendida una
constante en la historia de las mujeres, derivada de su invisibilidad social . Fue en el Sexenio
Vol. 1, no. 3 (oct. 2005)
Revolucionario, al amparo de los decretos de 21 y 25 de octubre de 1868 del Ministro Ruiz Zorrilla, que
Vol. 1, no. 2 (jun. 2005) proclamaban una amplia libertad de enseñanza y reorganizaban la enseñanza secundaria y superior,
Vol. 1, no. 1 (abr. 2005) cuando las mujeres plantearon una lectura moderna de la normativa legal, en el sentido de considerar
permitido todo aquello no expresamente prohibido. La sorpresa, seguida de un intenso debate sobre la
conveniencia de permitirles matrícula, asistencia, derecho a examen, título oficial y habilitación para el
ejercicio profesional se materializó en un rosario de solicitudes por parte de las interesadas y de Órdenes
de la Dirección General de Instrucción Pública, en sentido restrictivo a partir de 1882-83, que se
estabilizaron con la Real Orden de 11 de junio de 1888, por la que se les exigía el permiso expreso de la
autoridad para su ingreso. En estas condiciones, hasta 1900 se licenciaron 25 mujeres y se doctoraron 7,
ninguna en ciencias. Las tres mujeres que aparecen matriculadas en Facultades de Ciencias cursan el
primer curso preparatorio para la Facultad de Farmacia. Se trata de Mª. Dolores Martínez Rodríguez
(Valencia, 1888-89), Mª. Blanca de Lucía Ortiz (Sevilla, 1889-90) y Mª. Dolores Pujalte Martínez (Valencia,
1897-98 y 1898-99). Desconocemos cuál era la licenciatura a que aspiraba Dolores Closas Morera, la
primera mujer matriculada en una Facultad de Ciencias (Barcelona, 1886-87), que en 1887 vio anulada su
matrícula una vez superados los exámenes en virtud de una interpretación restrictiva de las Reales Órdenes
de 16 de marzo de 1882 y 25 de septiembre de 1883, en lugar de una interpretación favorable de la Orden
Telegráfica de 19 de octubre de 1882. Se diría que este episodio, que ilustra el calvario normativo,
interpretativo y, en definitiva, obstaculizador al que las mujeres estaban sometidas, sirvió de escarmiento y
aviso para navegantes, porque pese a la apertura parcial de 1888, la siguiente solicitud de matrícula en la
Universidad de Barcelona no se produjo hasta 1895, tras 13 años sin ingresos femeninos, y también fue
denegado en primera instancia. La situación no mejoró en la primera década del siglo, cuando una de las
dos únicas mujeres matriculadas en Facultades de Ciencias (Pilar López Barea, Valencia, curso 1906-07)
no terminó sus estudios, aunque María Sordé Xipell, matriculada en Barcelona desde 1906-07 a 1911-12, sí
se convirtió, tras aprobar su examen de grado el 11 de febrero de 1914, en la primera española licenciada en
ciencias, única entre las 28 licenciadas universitarias ingresadas entre 1900 y 1910 [10].

Cabe tomar 1900, fecha de creación del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, como una especie
de mayoría de edad de la instrucción pública española, en el sentido de que la envergadura de sus asuntos
mereció ya la exclusividad de un ministerio, que no podía sino producir un nuevo plan de estudios: el Plan
García Álix, promulgado por Real Decreto de 3 de agosto de 1900, sirve bien para determinar el estado final
de la configuración de la ciencia como disciplina en la España del siglo XIX y como punto de partida del
siglo XX desde el punto de vista de la autonomía académica.

Con este plan, las secciones en que se divide la Facultad de Ciencias pasan a ser cuatro: Exactas,
Físicas, Químicas y Naturales. Como de costumbre, la única Facultad completa sigue siendo la de Madrid,
el único centro que tiene sección de Naturales. La Universidad de Salamanca no tiene Facultad de Ciencias
y de las ocho restantes, sólo tres tienen secciones completas: Barcelona (tres: Exactas, Físicas y
Químicas), Zaragoza (dos: Exactas y Químicas) y Valencia (una: Químicas). Dicho de otra manera, la
química aparece ya como disciplina destacada entre las científicas, con cuatro facultades en el cuadrante
nororiental de la península, seguida por Exactas, con tres facultades en el eje Madrid-Barcelona, y Físicas,
con dos facultades en las dos principales ciudades del país. Que la química fuera la sección más
implantada se explica por su mayor aplicabilidad inmediata y consecuentemente mayor salida profesional
. La situación de las matemáticas se debe a su creciente presencia en la enseñanza. De la sección de
Físicas cabe decir que con el nuevo plan de estudios no era difícil dotarla, especialmente recurriendo al
procedimiento de acumulación de cátedras, habida cuenta de que compartía con Exactas nueve de las doce
asignaturas los dos primeros años eran comunes, el tercero lo era en dos de las tres asignaturas y el
cuarto ya sólo en una de tres . Es decir, en virtud del plan de estudios, la dotación de una sección
completa implicaba la posibilidad de completar determinados cursos de otras secciones: así, no sólo la de
Exactas aseguraba las tres cuartas partes de los estudios de la de Físicas, sino que la sección de
Químicas aseguraba los dos primeros años de Exactas y Físicas más dos de las tres asignaturas de los
respectivos terceros cursos y el primer año de Naturales.

Desde el punto de vista doctrinal, el Plan García Álix no resiste el juicio de la historia: era insuficiente en
todos sus niveles, pero especialmente errado en su enfoque matemático, totalmente centrado en la
geometría y orientado hacia el estudio de ramas de la misma ya obsoletas geometría descriptiva y de la
posición . Además, parece un sarcasmo tener a los futuros químicos estudiando geometría métrica y
analítica ya en el siglo XX. Nadie ha podido todavía determinar con detalle los enlaces directos que Eduardo
Torroja Caballé (1845-1918), el catedrático de Geometría de la Universidad Central de Madrid y a la sazón
jefe de filas de la incipiente comunidad matemática española, pudo tener con el nuevo Ministerio, pero su
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jefe de filas de la incipiente comunidad matemática española, pudo tener con el nuevo Ministerio, pero su
exhibición de poder fue nefasta para el desarrollo de la ciencia española en general y de las matemáticas en
particular.

Este es, pues, el marco de referencia en el que se forman las primeras mujeres matemáticas en España a
partir de 1910, cuando se regula su admisión universitaria de pleno derecho, en condiciones de igualdad con
los varones. En términos generales el ritmo de incorporación fue lento [4], pero cabe destacar que en las
Facultades de Ciencias fue más rápido que en el conjunto de la universidad. Así, en el curso 1915-16 eran
mujeres el 1,8% de los estudiantes universitarios y el 1,5% de los estudiantes de ciencias; en el curso
1932-33 eran mujeres el 6,3% de los estudiantes universitarios y el 11,1% de los estudiantes de ciencias.
Por tanto, en las Facultades de Ciencias las mujeres habían rebasado ya la barrera del 10%, cosa que no
había ocurrido en el conjunto de la universidad. En términos relativos, el porcentaje de mujeres estudiantes
de ciencias frente al de mujeres estudiantes universitarias había pasado del 13,1% al 20,8%. Estos datos
permiten constatar que todos los mitos del discurso sexista sobre la incapacidad de las mujeres para la
actividad científica cayeron en España en cuanto se normalizó el marco legal en términos de igualdad. Sin
embargo, conviene recordar que los números absolutos de mujeres estudiantes seguían siendo modestos:
388 en el curso 1915-16 (51 en las Facultades de Ciencias), 2051 en el 1932-33 (427 en las Facultades de
Ciencias). Seguían siendo la minoría de la minoría[2].

En cuanto a las Matemáticas, disponemos de los datos de las promociones en el caso de una de las tres
Facultades de Ciencias que contaban con Sección de Exactas, la de Zaragoza [15]. En la Universidad de
Zaragoza el porcentaje de mujeres en el curso 1932-33 era del 7,6%, superior por tanto a la media nacional.
También en su Facultad de Ciencias el ritmo de incorporación superaba la media nacional, habiendo pasado
del 1,4% del curso 1915-16 al 14,5% de 1932-33. En Zaragoza se licenciaron 739 estudiantes entre 1882 y
1936. La primera incorporación femenina se produjo en 1915 con una única mujer, Donaciana Cano Iriarte,
en la Sección de Químicas. No obstante, la presencia de mujeres egresadas no fue constante hasta la
promoción 1925-29 y fue siempre menor que 10, alcanzándose el máximo de 9 en el periodo republicano
(promociones 1931-35 y 1932-36). Pues bien, de las 39 mujeres que se licenciaron entre 1919 (promoción
1915-19) y 1936 (promoción 1932-36), 10 lo hicieron en matemáticas (25,7%). Este dato sitúa la preferencia
de las mujeres por las matemáticas en un lugar intermedio entre la química (66,6%) y la física (7,7%).
Éstos son los datos de que disponemos:

Lo más llamativo es, sin lugar a dudas, la mayoritaria presencia de religiosas, que acaso podría indicar que
la Iglesia Católica se preparaba para la formación de las nuevas élites femeninas.

3. El acceso de las mujeres a la investigación matemática en España

El anteriormente citado reglamento de 7 de noviembre de 1858 enuncia con claridad los fines de las
Facultades de Ciencias, a saber, formar profesores y dar «la preparación necesaria a los alumnos de
aquellas carreras que exigen otros preliminares además de la segunda enseñanza». Es decir, se reconoce
con toda claridad que sus estudios «no son de aplicación inmediata», por lo que cuesta distinguir «lo
necesario de lo meramente útil», y se opta, en razón de las limitaciones presupuestarias, por sacrificar la
orientación investigadora en función de un punto de vista práctico que, en el caso de las facultades de
Ciencias, pretende llenarlas de contenido encomendándoles la misión de servir de preparatorio para el
ingreso en las Escuelas Especiales: se exigen tres años de estudio en la Facultad de Ciencias para
ingresar en las escuelas de Caminos, Montes e Industriales, dos para Agrónomos.

Desafortunadamente los ingenieros de Estado que no los industriales , a la sazón el núcleo profesional
científicamente mejor formado de la sociedad española, vieron esta disposición como una intromisión en su
autonomía corporativa, lo que dio lugar a una larga polémica que traspasó el siglo entre científicos
especialmente matemáticos e ingenieros, aparentemente centrada en torno a los contenidos y la
orientación de la formación de los ingenieros, pero que encubría fuertes tensiones por el control de la
enseñanza y el reconocimiento académico y profesional de la respectiva cualificación. Hasta finales del
siglo los catedráticos de Ciencias tendrán que ver cómo las escuelas especiales, cuyo profesorado ni
necesita ser doctor ni es reclutado por oposición, suspenden a los estudiantes procedentes del preparatorio
de la Facultad de Ciencias en sus durísimas pruebas de ingreso, para las que sólo se obtiene preparación
adecuada en la enseñanza privada, lo que supone una deslegitimación permanente de la que se imparte en
la Universidad; tendrán también que soportar que las escuelas especiales, excepto arquitectura e ingeniería
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la Universidad; tendrán también que soportar que las escuelas especiales, excepto arquitectura e ingeniería
industrial, no convaliden a los licenciados en ciencias parte alguna de su expediente, otra nueva
deslegitimación. Pero, además, la licenciatura y el doctorado en ciencias no conseguirán reconocimiento
específico en las instituciones que van desarrollándose a lo largo del siglo, como el Observatorio
dependencia de la Facultad de Ciencias de Madrid que no exige la licenciatura en ciencias en las
oposiciones que convoca o el Instituto Geográfico, que recluta a su personal entre en los cuerpos
facultativos militares sobre todo y civiles, no entre los doctores en ciencias con Astronomía y Geodesia
cursadas [2]. La enseñanza privada o la cátedra como únicas salidas en un país con una sesentena de
institutos resultaron durante todo el siglo insuficientes.

Mención aparte merece la cuestión del doctorado, grado que desde este momento se exige para el acceso
a la cátedra universitaria. El doctorado deja de ser un grado honorífico para pasar a obtenerse mediante la
defensa de una tesis que, desde luego, todavía no se concibe como un trabajo de investigación original, sino
de síntesis histórica entendida como puesta a punto o recopilación de conocimientos, es decir, el estado
actual de los conocimientos sobre un determinado tema.

Pues bien, sobre este marco general de referencia legal sucesivamente parcheado y reformado se iniciará
la lenta conformación de la comunidad científica española, que en el último cuarto del siglo empieza a dar
muestras de cierta vitalidad.

En el terreno de las matemáticas se forma en la Universidad Central de Madrid, bajo el liderazgo de Eduardo
Torroja Caballé, un primer núcleo de investigación en torno a la geometría proyectiva aprovechando la
expectación que su utilidad provoca en el país en vías de industrialización, siguiendo una línea de aplicación
a la estática gráfica y el cálculo gráfico iniciada en centros como el Zurich Polytechnikum por Theodor
Reye (1838-1919) , la Scuola degli Ingegneri de Roma o el Politécnico de Milán por Luigi Cremona (1830-
1903) [11].

Con el cambio de siglo, días antes que el Plan García Álix propiamente dicho, el 28 de julio, se promulgó el
Real Decreto que vino a definir la tesis doctoral como trabajo de investigación «sobre un punto doctrinal o de
investigación práctica». Por esa vía, la del doctorado, y a través de una institución fuera del control
universitario, la Junta para Ampliación de Es tudios e Investigaciones Científicas (JAE), conseguiría despegar
la ciencia española en el primer tercio del siglo XX.

En lo que a las matemáticas respecta, el siglo XX se inaugura con la creación de dos instituciones
científicas de capital importancia en el proceso de homologación de España a los estándares europeos: la
citada Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (1907) y la Asociación Española
para el Progreso de las Ciencias (AEPPC, 1908), que a su vez alumbrarán el Laboratorio y Seminario
Matemático (LSM, 1915) y la Sociedad Matemática Española (SME, 1911) respectivamente. La SME
supone, pese al cúmulo de problemas y tensiones que jalonan su devenir a lo largo del primer tercio del
siglo XX, la estabilización de un foro centralizador y canalizador de las relaciones profesionales entre los
matemáticos españoles y de éstos con el exterior, y la consolidación de una publicación académica
especializada la Revista Matemática Hispano-Americana que representa la línea más avanzada de la
expresión matemática en castellano en el contexto internacional [5]. El LSM significa el reconocimiento
institucional de la investigación como actividad necesaria y suficiente para la justificación social de los
matemáticos y su desarrollo de una línea de trabajo paralela a la investigación en el terreno de la
preparación de profesores de enseñanza secundaria no deja de suponer una muy peculiar y sui generis
realización de la doble función docente e investigadora que caracteriza a la moderna profesión matemática
[6].

En todo caso cabe señalar que, aunque ambas iniciativas son de capital relevancia en el proceso de
institucionalización y profesionalización de la comunidad matemática española, también ofrecen fiel reflejo
de la problemática asociada a estos procesos. La SME muestra una hiperconcentración de la actividad en
Madrid como resultado de una estructura nacional centralista que, en el caso que nos ocupa, se manifiesta
en el exclusivo monopolio que sobre la concesión del grado de doctor ostenta la Universidad Central de
Madrid (¡hasta 1954!), lo que dificulta enormemente la consolidación y el desarrollo de los núcleos
investigadores en las universidades de provincias. En cuanto al LSM, aunque su fundación supone una
incorporación pionera a las modernas corrientes de creación de institutos de investigación, no se debe
soslayar el hecho de que su mismo nacimiento y las tensas relaciones con la universidad que jalonan su
existencia no son sino expresión manifiesta de las dificultades que entraña la implantación del imperativo de
investigación en la rancia rutina que mayoritariamente prevalece en el clan matemático de la Universidad
Central.

Aceptando la pertenencia a la SME como muestra inequívoca de adscripción a la comunidad matemática


española, la publicación de la Lista de Socios de la Sociedad Matemática Española, con inclusión de una
referencia a la situación profesional de sus miembros en el sexto número del primer volumen (febrero 1912)
de la Revista de la Sociedad Matemática Española, permite una aproximación cuantitativa al grado real de
profesionalización de dicha comunidad. Mediante una agrupación de categorías que permita el análisis
comparativo y el establecimiento de conclusiones, el panorama en números redondos muestra, sobre 359
socios, un 38% de enseñantes, un 25% de indecisos, un 18% de técnicos (ingenieros, funcionarios,
astrónomos, estadísticos,…) y un 9% de varios (junto al 10% de extranjeros y de profesión desconocida).
Esta clasificación, discutible en el detalle como casi todas, viene a mostrar que la comunidad matemática
española sólo estaba profesionalizada según los estándares prusianos que acabarían por imponerse
internacionalmente al 56% en el supuesto más optimista (uniendo enseñantes y técnicos) al 38% en un
sentido más estricto . La segunda conclusión relevante es que, junto a un porcentaje de amateurs bastante
discreto (el 9% de varios), aparece una cuarta parte de la sociedad en expectativa de destino. En efecto,
junto a los 57 estudiantes, cuyo 16% representa un porcentaje anormalmente elevado en una sociedad
científica especializada, figura casi un 9% de licenciados y doctores en ciencias 26 y 9, respectivamente
a los que cabe suponer, por su modo de autodefinirse y a falta de datos más concretos sobre cómo se hizo
20/10/12 .: MATEMATICALIA :. - Educación
a los que cabe suponer, por su modo de autodefinirse y a falta de datos más concretos sobre cómo se hizo
efectivamente la recogida de los datos profesionales, en paro o en una ocupación no científica, pero con
interés en expectativa de, quizás explicitar su relación con la ciencia.

Pues bien, mediante las listas de socios de la Sociedad Matemática Española publicadas desde su
fundación hasta la Guerra Civil (la última en 1932) y las publicaciones de la SME (Revista de la Sociedad
Matemática Española y Revista Matemática Hispano-Americana), podemos constatar la participación de 11
mujeres, de las cuales 3 fueron miembros de la Junta Directiva, que sólo careció de representación
femenina inicialmente (hasta junio de 1912) y entre 1921 y 1926.

En primer lugar aparecen Josefa Barrera y María de la Rigada, ambas profesoras de la Escuela Normal
Superior de Maestras de Madrid y Vocales Adjuntas hasta diciembre de 1920 (Barrera desde junio de 1912,
De la Rigada desde noviembre de 1913). Josefa Barrera, viuda de Castilla, aparece además como socia de
la AEPPC en 1912. La permanencia como socia de María de la Rigada en la SME puede constatarse hasta
1928. Se trata, con toda seguridad, de Mª. Encarnación de la Rigada y Ramón, importante personalidad en
el terreno de la educación especial y social y autora de una Aritmética Elemental junto a Mercedes Tella y
Comas publicada en Madrid en 1896 y reeditada en 1924 [8].

Seguidamente, en octubre de 1914, se incorpora, presentada por José Mingot Shelly y Vicente García de
Robles Vegas, María Oña, cuya permanencia como socia consta hasta abril de 1917.

En 1924 la Revista Matemática Hispano-Americana publica los primeros ejercicios resueltos por una mujer,
Mª. del Carmen Martínez Sancho, que repite en 1925 junto con Águeda Gimeno de Priego, Córdoba y
Mª. del Pilar Martínez E., en 1926 también con Águeda Gimeno y en 1927 de nuevo en solitario.

En 1925 se incorporan como socias Felisa Martín (hasta 1928), Josefa V. García de Logroño y Martínez
Sancho (ambas hasta 1932); en 1927 lo hace Águeda Gimeno (hasta 1932).

En 1933 aparecen Mª. Dolores Pardo Gayoso, catedrática de Matemáticas del Instituto de Ceuta, e Irene
Roig Mota, catedrática de Matemáticas del Instituto de Orihuela; en 1935 figura Mª. Silvia Colino como
suscriptora de la Revista Matemática Hispano-Americana.

Cabe señalar que Felisa Martín es, con toda probabilidad, Felisa Martín Bravo, primera doctora en Físicas
(1926) y primera mujer incorporada al Laboratorio de Investigaciones Físicas de la JAE, y que Mª. Dolores
Pardo Gayoso había colaborado con Blas Cabrera y Arturo Duperier en la Sección de Electricidad y
Magnetismo del Instituto Nacional de Física y Química durante el curso 1931-32 [12]. Pardo Gayoso
aparece como excedente en el momento de la resolución de su expediente de depuración (14 de agosto de
1943) y Roig Mota en Alcoy cuando es sancionada con traslado fuera de la provincia e inhabilitación para el
ejercicio de cargos directivos y de confianza en instituciones culturales y de enseñanza [14, pp. 539-540 y
BOE 27 de agosto 1942, p. 6522].

Es particularmente destacable el nombramiento como vocal de la Junta Directiva, el 8 de enero de 1927, de


Mª. del Carmen Martínez Sancho, que el 27 de febrero de ese mismo año se convertiría en la primera mujer
doctora en matemáticas en España con una tesis en geometría diferencial sobre espacios de Bianchi ,
una especialidad que se estaba recibiendo en España en paralelo con la mecánica relativista y que se
desarrollaría en los años siguientes. Posteriormente, en mayo de 1928, fue nombrada miembro del Comité
de Redacción de la Revista Matemática Hispano-Americana, donde se encuentran pruebas del
reconocimiento y la consideración de que gozó en la SME por su doctorado y al convertirse también en la
primera mujer catedrática de Matemáticas en España (en el Instituto de Ferrol) [13, pp. 509-510].

En cuanto al Laboratorio y Seminario Matemático, allí se estableció inicialmente la matemática italiana


como principal punto de referencia para el proceso de modernización de la matemática española que se
articuló mediante el envío de becarios al extranjero para la formación de postgrado y la contratación de
profesores invitados procedentes de diferentes universidades europeas.

Las líneas de investigación en un primer periodo (1915-20) se centran en torno a la geometría proyectiva
que todavía constituía toda una red internacional de trabajo , el análisis matemático Hurwitz, Fueter y
Polya en Zurich son el referente internacional de esta vertiente y la nomografía y el análisis numérico lo
que significa una tímida introducción de Runge en España . En un segundo periodo (1920-30) la
investigación girará, fundamentalmente, en torno a la mecánica relativista y la física matemática (con Levi-
Civita y Weyl como referentes extranjeros).

En el análisis del Laboratorio y Seminario Matemático de la JAE se contabilizan los nombres de 75


individuos que aparecen relacionados de una u otra manera con la actividad matemática desarrollada en su
seno a lo largo de los veinte años comprendidos entre 1915 y 1935. De ellos, 36 son aspirantes al
magisterio secundario es decir, preparan las oposiciones para ejercer en la enseñanza secundaria , 33
aparecen como investigadores y 10 de los que 4 proceden del grupo de investigadores son citados como
directores de investigación. De estos 75 nombres, 35 aparecen como autores en las publicaciones
periódicas de matemáticas españolas del momento. Por tanto, cabe decir que los investigadores del
Laboratorio estaban produciendo matemáticas normales según los estándares internacionales al uso, sin
que quepa objetar nada respecto de su rendimiento medio ni, en términos generales, respecto de la
modernidad de su producción. Sin embargo, 35 es un número tan modesto en términos de capital humano
que no cabe otra opción que concluir que las matemáticas fueron en el primer tercio del siglo XX un lujo que
la sociedad española todavía no se pudo permitir.

Pues bien, la única mujer en este colectivo es, precisamente, la primera doctora en matemáticas en
España, cuya biografía científica conocemos con el detalle necesario [13] para explicar esta aparente
escasez de vocaciones matemáticas en comparación, sobre todo, con la química. Como ya se ha apuntado
anteriormente, los datos de la Universidad de Zaragoza sitúan a las licenciadas en matemáticas en una
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anteriormente, los datos de la Universidad de Zaragoza sitúan a las licenciadas en matemáticas en una
proporción de 1 a 4 respecto de las licenciadas en química y física. Que esta relación no se conserva en el
nivel de la investigación se constata sin más que considerar que entre 1931 y 1937 fueron 36 las mujeres
que pasaron por el Instituto Nacional de Física y Química (INFQ) de la JAE [12].

Por una parte, cabe considerar la política de becas de la JAE: de las 18 pensiones individuales a mujeres
dedicadas a estudios científicos, 2 fueron para matemáticas, lo que sitúa a las matemáticas en una
proporción de 1 a 10 respecto del conjunto de disciplinas científicas. Pero la proporción de mujeres en el
LSM respecto del INFQ ni siquiera alcanza este umbral, y ello pese a que la propia biografía de Martínez
Sancho muestra que no cabe achacar a la falta de oportunidades profesionales la escasez de vocaciones
matemáticas, puesto que el LSM combina adecuadamente la investigación con la docencia en un momento
histórico en el que el magisterio secundario constituía una salida profesional de alto atractivo y
consideración social. De hecho, Carmen Martínez Sancho, que también fue la primera mujer pensionada por
la JAE para realizar estudios postdoctorales en el extranjero, tras permanecer en Berlín durante 18 meses a
partir de enero de 1931 trabajando con Schur y Bieberbach, no dudó a su regreso según su propio
testimonio en interrumpir su actividad investigadora para incorporarse al recién inaugurado Instituto-Escuela
de Sevilla, acaso porque en el entorno de las fuerzas de progreso asociadas a la Institución Libre de
Enseñanza la educación era el primer y principal terrero de acción social y política.

La clave de la escasa vocación matemática entre las primeras licenciadas en ciencias podría estar,
conforme al testimonio de la propia Martínez Sancho, en el factor humano: ella perteneció a una de las
pocas promociones que tuvieron a una personalidad de impacto en la matemática española del primer tercio
del siglo XX como profesor en Madrid de forma regular. Nos referimos a Julio Rey Pastor, al que ella misma
reconoce como determinante en la orientación de su vocación matemática recuérdese lo fácil que
resultaba redirigirse desde las matemáticas a la física e incluso a la química . En este contexto, la carrera
argentina de Rey Pastor dejó el campo libre para la influencia de personalidades del empuje de Blas
Cabrera, Enrique Moles o Miguel Catalán lo que, combinado con la atractiva formación disponible en el
Laboratorio Foster de la Residencia de Señoritas, disminuyó sensiblemente el peso del platillo de las
matemáticas en la balanza de la ciencia.

No obstante, conviene destacar que tanto Álvarez Ude en la dirección de las labores docentes como Plans
en las investigadoras consiguieron mantener y potenciar la actividad del Laboratorio y Seminario
Matemático, pese a las prolongadas ausencias de Rey Pastor.

En el plano personal, es interesante señalar que Carmen Martínez Sancho, que comparte con tantas
pioneras de la ciencia española un entorno familiar próximo a la Institución Libre de Enseñanza, que
fomenta la educación de las mujeres para lo que la figura del padre es fundamental , contó además a
diferencia de otras con el apoyo de su marido, Alberto Meléndez, lo que le permitió continuar en su cátedra
tras el matrimonio incluso tras el advenimiento del franquismo, una vez superado, eso sí, el correspondiente
expediente de depuración [14, p. 524]. Ya en los años cincuenta, su condición de temprana viuda y madre
la protegió de la política de obstrucción sorda al ejercicio profesional de las mujeres, tan habitual en la
época, llegando a incorporarse como auxiliar de Matemáticas para químicos a la Universidad de Sevilla.

En esta posición universitaria Carmen Martínez Sancho no fue la primera mujer matemática, pues ya en el
curso 1931-32 María Capdevila d’Oriola, la segunda matemática pensionada por la JAE, había sido auxiliar
de Astronomía General y Física del Globo en la Universidad de Barcelona. A falta de un estudio más
detallado sabemos [13, p. 515] que Capdevila se licenció en Exactas por la Universidad de Barcelona en
1928 y, en ese mismo año, fue nombrada catedrática interina de Matemáticas del Instituto Nacional de
Zafra. En 1930 ganó la cátedra de Lengua y Literatura Francesas del Instituto de Alcoy y en 1933 la de
Matemáticas del Instituto de Figueras. En 1934 la pensión de la JAE le permitió pasar 9 meses en la
Sorbona estudiando Teoría de Funciones con Gaston Julia. También en este caso consta la superación de
expediente de depuración, aunque su confirmación en el cargo (que no es de catedrática) por Resolución de
3 de agosto de 1939 la sitúa en Logroño [14, p. 525]. Sin embargo, pese a haber cursado las asignaturas
del doctorado en la Universidad Central de Madrid, no consta que se doctorara con anterioridad a la Guerra
Civil [9], lo que deja a Martínez Sancho no sólo como primera, sino también como única doctora en
matemáticas del periodo considerado. La normalización de la presencia femenina en la comunidad
matemática española iba a tener que esperar aún varias décadas.

Referencias

[1] ^ E. Ausejo: La enseñanza de las ciencias exactas, físicas y naturales y la emergencia del
científico. En M. Silva, ed.: El Ochocientos: profesiones e Instituciones civiles. Técnica e
ingeniería en España, vol. V. Real Academia de Ingeniería, Institución Fernando el Católico,
Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2007, pp. 507-550.
[2] ^ E. Ausejo: Quarrels of a Marriage of Convenience: on the History of Mathematics Education
for Engineers in Spain. International Journal for the History of Mathematics Education 2
(2007), 1-13.
[3] ^ E. Ausejo: El oficio de matemático en la Edad Contemporánea (1808-1936). En L.
Español, ed.: Matemática y Región: La Rioja. Instituto de Estudios Riojanos (IER),
Logroño, 1998, pp. 211-226.
[4] ^ E. Ausejo, C. Magallón: Women's Participation in Spanish Scientific Institutions (1868-
1936). Physis, Rivista Internazionale di Storia della Scienza (N.S.) 31 (1994), 537-551.
[5] ^ E. Ausejo, A. Millán: The Spanish Mathematical Society and its periodicals in the first third
of the 20th century. En E. Ausejo, M. Hormigón (eds.): Messengers of Mathematics:
European Mathematical Journals 1800-1946. Siglo XXI, Zaragoza, 1993, pp. 159-187.
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[6] ^ E. Ausejo, A. Millán: La organización de la investigación matemática en España en el
primer tercio del siglo XX: El Laboratorio y Seminario Matemático de la Junta para
Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (1915-1938). LLULL, Revista de la
Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas 12 (1989), 261-308.
[7] ^ R.M. Capel: El trabajo y la educación de la mujer en España (1900-1930). Ministerio de
Cultura, Madrid, 1982.
[8] ^ M.C. Colmenar: Contribución de Mª. Encarnación de la Rigada a la Educación Especial y a
la Educación Social. En M.R. Reyes Berruezo, S. Conejero, coords.: El largo camino hacia
una educación inclusiva: la educación especial y social del siglo XIX a nuestros días.
Actas XV Coloquio de Historia de la Educación, Pamplona-Iruñea, 29, 30 de junio y 1 de
julio de 2009, Vol. 1. Universidad Pública de Navarra, Pamplona, 2009, pp. 593-604.
[9] ^ J.J. Escribano, L. Español, M.A. Martínez García: El doctorado en matemáticas durante la
II República española. LLULL, Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias
y de las Técnicas 30 (2007), 51-64.
[10] ^ C. Flecha: Las primeras universitarias en España 1872-1910. Narcea, Madrid, 1996.
[11] ^ M. Hormigón, A. Millán: Projective Geometry and applications in the second half of the
Nineteenth Century. Archives Internationales d'Histoire des Sciences 42 (1992), 269-289.

[12] a b C. Magallón: Pioneras españolas en las ciencias: las mujeres del Instituto Nacional de
Física y Química. Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Madrid, 1998.
[13] a b c A. Millán: Sobre la incorporación de la mujer a la actividad científica en España: la primera
doctora en Matemáticas. En R. Codina, R. Llobera, eds.: Història, Ciència i Ensenyament.
EU del Professorat d'EGB / Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las
Técnicas, Zaragoza, 1990, pp. 505-515.
[14] a b c O. Negrín: La depuración del profesorado de los Institutos de Segunda Enseñanza.
Relación de los expedientes resueltos por el Ministerio de Educación Nacional (1937-
1943). Historia de la Educación 24 (2005), 503-542.
[15] ^ M. Tomeo: Biografía científica de la Universidad de Zaragoza. Universidad de Zaragoza,
Zaragoza, 1962.

[1] El decreto hace referencia al «derecho a aspirar al profesorado [...] á cuantos se reciban á los grados académicos de la
facultad de filosofía». Sobre la profesionalización científica en España véase [1], sobre la profesionalización matemática [3].

[2] Quizás convenga recordar aquí que en 1900, en España, el 71,4% de las mujeres y el 55,8% de los hombres eran analfabetos
(descontando los habitantes menores de 10 años, 66% y 45,3% respectivamente) [7, pp. 363-365].

Sobre la autora
Elena Ausejo, doctora en Ciencias Matemáticas, es profesora titular de Historia de la Ciencia en
la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza, directora de LLULL, Revista de la
Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, miembro del Comité Español
de Historia de la Ciencia (ICSU), y secretaria de la Comisión Internacional de Historia de las
Matemáticas (ICHM).

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