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Género en la literatura colombiana marginal: una

aproximación filosófica a la obra de Andrés Caicedo

Estefanía Calderón Potes

A partir de una aproximación al lenguaje como dispositivo estratégico destinado a la


construcción de los sujetos a través de la subordinación de los cuerpos, podemos
plantear la literatura como una posibilidad de subversión de género, más
específicamente el caso de la obra del escritor caleño Andrés Caicedo partiendo de la
noción de que el carácter reiterativo y performativo del lenguaje es el mecanismo que
perpetúa y revitaliza las normas, la disciplina y el orden social, entre otros, pero
posibilita a su vez la transformación de estas.

En el caso particular del género, este sometimiento del individuo y del deseo ocurre
a través de la normalización y la repetición de la jerarquía sexual donde la
heterosexualidad es normativa y obligatoria. Esto permite a su vez la desestimación
de aquellas ‘identidades’ o ‘conductas’ consideradas abyectas. Es así como el
lenguaje, articulado de manera rigurosa y permanente en toda una serie de prácticas
sociales y de políticas, crea una realidad de la que el sujeto subordinado difícilmente
puede escapar y arroja a muchos a la marginalidad.

Que el género sea construido performativamente significa que uno deviene un


género determinado a partir de la repetición de una serie de actos, discursos, gestos,
estilos y modos de ser que conforman diversas formas que los agentes tienen
disponibles para presentar sus comportamientos generizados. Cabe resaltar que la
teoría performativa se opone a otras teorías expresivistas del género, pues supone
que los diversos actos que un individuo lleva a cabo a lo largo de su vida no son la
expresión de una identidad de género anterior al momento en el que tienen lugar,
sino que son aquello que produce, retrospectivamente, la ilusión de poseer tal
identidad. En pocas palabras, el género no es algo que se es naturalmente ni algo que
se elige voluntariamente, sino algo que se actúa socialmente. Como indica la filósofa
norteamericana Judith Butler, “es una práctica de improvisación en un escenario
constrictivo” (Butler, 2006: 13).

Es posible creer, entonces, que la literatura se nos ofrece como un lugar desde donde
cuestionar las normas y transformar las estructuras sociales que nos determinan y
llegar así a una apertura y sensibilización hacia todos aquellos que se encuentran en
el margen y desean el reconocimiento de sus derechos. Asunto de primera
importancia si se tienen en cuenta el fortalecimiento de los movimientos defensores
de las causas de índole sexual y el creciente interés por los estudios de género, cuyas
reivindicaciones parecen cobrar más y más protagonismo en nuestro país y el mundo
entero.

En tanto que el lenguaje opera como una herramienta de dominación y la literatura


es una expresión de este, podríamos afirmar que una obra literaria también encierra
la posibilidad de ser el catalizador del cambio en la realidad ya que el individuo –
autor o lector-, lejos de ser un simple repetidor de palabras y estructuras, es un
agente activo del mismo. Es a partir de esta idea del individuo como agente activo
que las categorías normativas pueden ser puestas en tela de juicio. Así, la frontera
que separa lo real de lo irreal se desdibuja.

Al respecto, Butler advierte: “es en ese momento cuando nos damos cuenta de que
lo que consideramos «real», lo que invocamos como el conocimiento naturalizado
del género es, de hecho, una realidad que puede cambiar y que es posible replantear,
llámese subversiva o llámese de otra forma” (Butler, 2007: 28).

Así, sin un cambio en nuestra propia concepción de lo posible y lo real, la posibilidad


de que se pueda abrir un debate sobre el carácter construido del género es imposible.
Entonces, ¿cómo se puede producir este cambio en nuestra concepción de lo posible
y lo real? ¿Puede producirse en expresiones como la literatura, el cine y la música?
¿Ofrece la obra de Andrés Caicedo esa posibilidad?

Mi trabajo de investigación tiene como objetivo principal hacer un análisis crítico y


filosófico de algunos de los quince cuentos recogidos en Calicalabozo, obra póstuma
del escritor caleño, centrándose en las subjetividades de género construidas en este
universo fragmentado con el fin de identificar suficientes ejemplos de subversión de
género en una de las obras más originales y más adelantadas para la época en la
literatura colombiana. Específicamente en el caso de los cuentos escogidos, los
personajes que habitan estos relatos - travestis, prostitutas y jóvenes, entre otros-,
intentan ser felices en medio de una ciudad que les excluye y los margina. De ahí que
podamos afirmar que la obra de Caicedo nos ofrece un mundo sensible de “sujetos
en el límite, interdependientes y vulnerables”.

Con estos relatos lo que buscaremos demostrar es que, bajo el prisma del concepto
de subversión, la obra de Caicedo puede apreciarse como una suerte de repetición
desestabilizante que ha conseguido resignificar algunas de las normas opresivas de
la literatura tradicional colombiana: precisamente, a partir de esos personajes
marginales caicedianos, y del esfuerzo mismo del autor por pensar estas vidas y
acudir a formas de significación literarias no convencionales.

Calicalabozo fue publicado, en primer lugar, bajo el título de Destinitos fatales en


1984 y sería solo hasta la segunda edición que recibiría tan sugerente nombre, en
un esfuerzo por buscar una unidad temática. Los cuentos fueron escritos en un
periodo que va desde el año 1966, con el relato Infección y culmina con Berenice,
cuento escrito en 1975, dos años antes de que el autor se suicidara ingiriendo
sesenta pastillas de secobarbital.

En Calicalabozo, Caicedo concibe el espacio urbano como una máquina de deseos,


un lugar donde todos viven para desear o ser deseados. En el caso del cuento
Besacalles, cuyo personaje principal intenta ser feliz en medio de una ciudad que le
excluye, se da voz a una travesti caleña que recorre las calles en busca de muchachos
para llevárselos al río. En el relato, poco a poco Caicedo va inmiscuyéndonos en la
vida de este personaje que a través de su vulnerabilidad y “penoso destino” se revela
como una herramienta potencial de resistencia al sugerirnos que ser vulnerable no
equivale a ser víctima.

Pero, esa aproximación filosófica desde la teoría de género y la teoría literaria


propiciará una lectura no solo de las posibilidades subversivas de género de su
obra, sino también la posible construcción de una llamada ‘caleñidad’. ¿Caleñidad
subversiva, acaso? ¿Quiere Caicedo representar la caleñidad o es este el deseo
nostálgico -como el trasegar de Besacalles a orillas del río- de los propios caleños?
¿A quién consuela que podamos hablar de caleñidad en su obra? A los caleños
quizás más que a Caicedo.

Bibliografía

Butler, Judith (2006), Deshacer el género, Trad. Patricia Soley-Beltrán, Barcelona:


Paidós.

Butler, Judith (2007), El género en disputa, El feminismo y la subversión de la


identidad, Barcelona: Paidós.

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