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ECONOMIA CREATIVA O NARANJA FUENTE DE

DESARROLLO PARA EL PAIS

Enunciado del problema.

La economía creativa ha tenido un fuerte desarrollo en los últimos años,


por parte de discursos académicos, como elemento explicativo del desigual dinamismo
de ciudades y territorios. Entre estas perspectivas aparecen, sin embargo, voces
críticas que plantean la necesidad de definir con más detalle el componente de los
sectores creativos y las tendencias apuntadas por algunos trabajos (concentración
metropolitana, especialización funcional, etc.). En el caso de América Latina son
aún escasos los trabajos sobre esta temática, siendo necesario abrir dos vías
complementarias: los análisis a diferentes escalas espaciales, y la adecuación de las
teorías científicas a la realidad (o realidades) del continente.
En las últimas décadas se ha dado una profusión de estudios que ponen su acento en
la importancia de la llamada economía creativa o naranja en el crecimiento económico
y el desarrollo territorial, especialmente en ciudades que habían pasado por un
proceso de reconversión económica en la década de los setenta y que requerían
nuevos modelos de desarrollo para recobrar su dinamismo. “Las ciudades creativas
desempeñan un papel cada vez más importante para mejorar el dinamismo, la
resiliencia y la competitividad general de nuestra economía nacional. Las ciudades
creativas se han convertido en el lugar clave para la creación de valor económico al
apoyar la innovación, la resiliencia y la mejora de la calidad” (Gertler, 2004)
Más recientemente, otros autores han destacado el potencial de la economía cultural
y creativa para convertirse en el nuevo motor de la economía de los países
desarrollados tras el frenazo sufrido por los servicios financieros después de la crisis
económica de 2008 (Pratt, 2009: 495) o en regiones como América Latina para actuar
como nuevos nichos de empleo de calidad (Buitrago y Duque, 2013).
El interés en situar a la economía creativa como motor de crecimiento ha sido incluso
objeto de atención de organismos supranacionales como la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la Unión Europea, o la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(UNESCO). Así, la idea de la cultura como un motor para el desarrollo económico
y la creación de una “imagen de ciudad” se difunde a lo largo del planeta con fuerza
creciente, habiéndose extendido el interés por introducir este concepto en las agendas
políticas de muchas ciudades, que buscan convertirse en nodos de la economía
creativa mundial (Martí-Costa y Pradell, 2012).
Los Indicadores UNESCO de Cultura para el Desarrollo (IUCD) demuestran el papel
motor y facilitador que tiene la cultura en el desarrollo sostenible. Gracias a una
metodología innovadora, este instrumento normativo y de promoción que permite
evaluar, a través de datos cuantitativos, la relación multidimensional existente entre la
cultura y el desarrollo.
El estudio de siete dimensiones clave de la cultura y del desarrollo a través de 22
indicadores centrales, responde a las necesidades y características de los países de
ingresos medios y bajos. La abundancia de los datos cuantitativos producidos a través
de la aplicación de los IUCD, promueve políticas culturales mejor informadas y la
integración de la cultura en estrategias de desarrollo, contribuyendo así a la aplicación
de la Convención de la UNESCO sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad
de las Expresiones Culturales.
La metodología IUCD es el resultado de un proceso de investigación de cuatro años
(2009-2013). A finales de 2013, el proyecto se había implementado en 11 países del
mundo, demostrando su potencial para impactar de forma concreta en las políticas
culturales.
Ecuador empezó la implementación de los IUCD en enero de 2012 y finalizó el proceso
en diciembre de 2012. En Ecuador, el papel de la cultura en el desarrollo ha sido
reconocido en documentos clave como el Plan Nacional para el Buen Vivir 2009-2013,
donde el rol de la cultura en el bienestar está vinculado a la afirmación de una identidad
nacional y al fortalecimiento de las diferentes identidades y del multiculturalismo, el
desarrollo tiene un sentido amplio, incluyendo no sólo el crecimiento económico, sino
también el logro de "Sumak Kawsay", que significa “vida plena” en quechua. Una vida
plena incluye relaciones entre los seres humanos, los antepasados, la naturaleza, la
comunidad, el pasado y el futuro.
Aunque la importancia de la cultura para el bienestar general está reconocida, el reto
ahora está en garantizar que todos los beneficios de la cultura sean considerados, y que
la cultura sea sistemáticamente incorporada como una definición y un componente
sostenible en los planes nacionales de desarrollo.

Formulación del problema

¿Cómo definir y delimitar la economía creativa o Naranja?


Economía naranja
Es el conjunto de actividades que de modo encadenado permiten que las ideas se
transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su
contenido de propiedad intelectual.
El universo naranja está Compuesto por:
1. La economía cultural y las industrias creativas, en cuya intersección se hallan
las industrias culturales convencionales.
2. Las áreas de soporte para la creatividad

En su informe de 2008 la ONU afirmó que la economía creativa, considerada como un


interfaz entre creatividad, cultura, economía y tecnología, tiene el potencial de generar
ingresos, puestos de trabajo y beneficios por exportación, promoviendo al mismo tiempo
la inclusión social, la diversidad cultural y el desarrollo humano. Por estas razones la
economía creativa ya ha empezado a ser una de las principales componentes del
crecimiento económico, del empleo, del comercio, de la innovación y de la cohesión
social en la mayoría de las economías avanzadas. La economía creativa también parece
ser una opción factible para los países en vías de desarrollo.
Dicho informe fue elaborado gracias a la cooperación de cinco grandes organizaciones
internacionales (UNCTAD, UNDP, UNESCO, WIPO e ITC) e implicó la aceptación oficial
de que la economía creativa conforma un sector específico en las economías del
conocimiento. En base a estudios empíricos, la ONU mostró que la economía creativa
(Howkins 2001) es uno de los sectores más dinámicos del comercio mundial. En el
período 2000-2005, el comercio de ese tipo de bienes y servicios creció anualmente un
8’7 %, porcentaje muy superior al del crecimiento de la economía mundial. En su
segundo informe sobre la economía creativa, publicado en 2010, la ONU subrayó que
el sector había resistido mejor que otros el impacto de la crisis financiera.
En 2008, a pesar del descenso de un 12 % en el comercio global, el comercio de bienes
y servicios creativos continuó su expansión a nivel mundial, llegando a 592 billones de
dólares y presentando un crecimiento anual medio del 14 % durante el período 2002-
2008. Esto vuelve a confirmar que las industrias creativas han sido uno de los sectores
más dinámicos de la economía mundial.
Esta serie de informes de la ONU, que ha tenido continuidad posteriormente, parte de
la hipótesis de que en el mundo globalizado está surgiendo un nuevo paradigma de
desarrollo, que vincula aspectos económicos, culturales, tecnológicos y sociales, tanto
a escala macro como a escala micro.
Autores como Garnham han afirmado que “la elección del término creativo en lugar de
cultural es una referencia abreviada a la sociedad de la información y a aquel conjunto
de análisis económicos y razonamientos sobre políticas públicas al que esta remite” (N.
Garnham 2011, p. 31).
Se produjo un debate intenso, pero los informes de la ONU en 2008 y 2010 han puesto
de manifiesto que la idea de las industrias creativas, e incluso la de una economía
creativa, se han ido extendiendo por todo el mundo, sin perjuicio de que ese tipo de
economía pueda ser entendida y teorizada de muy diversas maneras.
Según la ONU, los datos empíricos muestran claramente que “la creatividad tiene un
aspecto económico, que resulta observable por el modo en que contribuye al
emprendizaje, nutre a la innovación, aumenta la productividad y promueve el
crecimiento económico”. Esa componente económica del sector SCC es muy relevante
en cualquier economía porque:
 La economía creativa está profundamente enraizada en las economías
nacionales. Al producir empleo y beneficios económicos en los servicios
relacionados con ella y en sectores manufactureros, favorece la diversificación
económica y genera retornos, comercio e innovación.
 También ayuda a revitalizar áreas urbanas en declive, a abrir y desarrollar áreas
rurales alejadas y a promover la conservación de los recursos medioambientales
y del patrimonio cultural de los países.
 La economía creativa tiene importantes aspectos sociales, culturales y
medioambientales, genera empleo, entre un 2 % y un 8 %, dependiendo de los
subsectores.
 Favorece la cohesión social, al vincular a las comunidades en torno a la cultura.
 Contribuye al equilibrio de género, puesto que el empleo femenino es frecuente
en algunos subsectores culturales y creativos.
 Se relaciona estrechamente con los sistemas educativos.
 Genera valor cultural, no sólo económico; en particular, genera identidad, uno de
los valores culturales relevantes, según la ONU; pero también diversidad cultural.
 Contribuye al desarrollo sostenible, y no sólo en términos medioambientales,
sino en relación al capital cultural de una comunidad, incluido el paisaje,
entendido como paisaje cultural.
 Puede aportar mucho a lo que el UNCTAD denomina equidad intergeneracional,
y también a la equidad intrageneracional.
Por tanto, la ONU tuvo muy clara la condición estratégica del sector cultural y creativo,
y ello en términos económicos, culturales, sociales, medioambientales y educativos.
Las industrias creativas son intensivas en conocimiento y requieren habilidades
específicas, así como una fuerza de trabajo altamente cualificada, pero también son
intensivas en trabajo, especialmente aquellas con una alta concentración de inputs
creativos, como sucede en el caso del teatro o en la producción cinematográfica.
¿Qué importancia alcanza la economía creativa en Ecuador?
Las industrias culturales y creativas son sectores dinámicos y en rápida expansión en la
economía mundial. Estas industrias contribuyen al crecimiento nacional, permitiendo la
diversificación de las economías nacionales generando ingresos y creación de empleo.
Además, contribuyendo a la creación, producción y transmisión de contenido simbólico,
sus efectos se extienden a beneficios no económicos. Contribuyen por ejemplo a
la expansión de las oportunidades de la gente en participar en la vida cultural y en la
promoción de la diversidad cultural.
La Dimensión Economía analiza la contribución del sector cultural al desarrollo
económico mediante la evaluación del aporte de las actividades culturales al PIB, el
papel de la cultura como proveedor de empleo, y cómo los bienes y servicios culturales
están valorados a través de las transacciones comerciales.
La cultura importa en Ecuador: los indicadores IUCD destacan el potencial del sector
de la cultura en Ecuador para el desarrollo económico y el bienestar, y subrayan al
mismo tiempo ciertos obstáculos existentes que inhiben el alcance de su potencial total.
La importante contribución del sector cultural al PIB (4.76% del PIB total) y el porcentaje
de la población con ocupaciones culturales (2.2% del total de la población ocupada),
indican que existe un alto nivel de producción nacional. Sin embargo, la participación en
actividades culturales fuera del hogar (8.4%) requiere mayor apoyo para mejorar aún
más el consumo interno de bienes y servicios culturales (3.41% del total de los gastos
de consumo de los hogares) y desarrollar todo el potencial de las industrias culturales a
nivel nacional.
Existe un alto nivel de reconocimiento del potencial de la cultura para el desarrollo entre
las autoridades públicas y una base para una buena gobernabilidad de la cultura para
el desarrollo, reflejado por los resultados muy positivos de los indicadores de los marcos
normativo, político e institucional para la cultura, la participación de la sociedad civil y la
sostenibilidad del patrimonio. Sin embargo, los obstáculos persisten en cuanto a la
distribución de las infraestructuras culturales en Ecuador, no sólo limitando las
oportunidades de acceso a la vida cultural, sino también desfavoreciendo la producción
cultural, la difusión y el disfrute de la misma. Del mismo modo, aunque las instituciones
públicas ofrecen una importante oferta para la educación artística en los años de
formación clave (17%), y una oferta bastante variada de programas relacionados con la
cultura en la educación nacional técnica y superior (universitaria), se podría generar un
apoyo adicional para fomentar las industrias culturales a través de una diversificación
de los programas de gestión cultural facilitando de esta manera el surgimiento de una
clase dinámica cultural y el desarrollo de empresas e instituciones culturales
competitivas y gestionadas con éxito.
Mientras que los esfuerzos del gobierno ya han establecido los requisitos básicos para
un contexto político, económico, jurídico, social y cultural favorable para beneficiar de la
cultura como un medio de expresión y satisfacción, ilustrados por el sentimiento
compartido por una mayor parte de la población ecuatoriana de tener control sobre sus
vidas y vivir la vida que desean puede ser necesario un apoyo adicional para permitir
que esa libertad alimente las industrias culturales y creativas dinámicas. Aunque los
objetivos nacionales destacan el deseo de consolidar el sector, los objetivos definidos a
nivel nacional para promover el crecimiento aún no se están cumpliendo, como en el
caso de la proporción de los contenidos de ficción nacional en la televisión pública (6%)
y el porcentaje de ecuatorianos que utilizan Internet (34.1%).
Aumentando el acceso y la participación en las actividades culturales, el potencial de la
cultura puede ser mejorado para reforzar los sentimientos de comprensión mutua,
solidaridad y confianza, contribuyendo a una mayor confianza interpersonal (16.6%).
Del mismo modo, mientras que la diversidad cultural internacional ya es promovida a
través de programas de idiomas en las escuelas, el fortalecimiento de la promoción del
multilingüismo (62.5%) aumentando el acceso a los idiomas locales e indígenas, puede
promover la comprensión intercultural entre los pueblos de Ecuador. Para que la cultura
siga contribuyendo al bienestar, el enfoque debe estar también en el fomento de una
imagen positiva de la igualdad de género para el desarrollo. Los resultados objetivos de
la igualdad de género no se traducen en opiniones subjetivas en cuanto a su importancia
para el desarrollo, y señalan una necesidad de aumentar la promoción y las medidas
en ámbitos clave como la fuerza de trabajo y la participación política.
¿En qué medida la distribución de la economía creativa contribuye a transformar
la estructura territorial?
ECONOMIA
La Dimensión Economía analiza la contribución del sector cultural al desarrollo
económico mediante la evaluación del aporte de las actividades culturales al PIB, el
papel de la cultura como proveedor de empleo, y cómo los bienes y servicios culturales
están valorados a través de las transacciones comerciales.
En 2010, las actividades culturales contribuyeron al 4.76% del Producto Interior Bruto
(PIB) en Ecuador, indicando que la cultura es responsable de una parte importante
de la producción nacional, y que ayuda a generar ingresos y mantener los
sustentos de sus ciudadanos. El 57.4% de esta contribución proviene de las actividades
culturales centrales y el 42.6% de actividades de apoyo o equipamiento. Al examinar la
contribución de la cultura al PIB por sectores de la economía, la mayor parte de la
contribución de la cultura entra en el sector de la Información y la Comunicación (42.6%),
mientras que el segundo mayor porcentaje corresponde a Actividades Profesionales
Científicas y Tecnicas (20.8%), que incluye la publicidad, el diseño y la arquitectura. La
contribución general de la cultura a la economía nacional no es insignificante si se
compara con la contribucion de otras industriales importantes, tales como: cárnicas
y productos elaborados (4.8%), otros cultivos agrícolas (3.6%), cultivo de banano,
café y cacao (2.6%), o fabricación de productos de refinería de petróleo (2.0%).
Aunque ese dato es de por sí relevante indicando un sector dinámico, la contribución de
la cultura al PIB está subestimado por este indicador, ya que sólo tiene en cuenta las
actividades culturales privadas y formales, excluyendo la contribución de las actividades
culturales locales en el sector informal, así como actividades culturales ofrecidas por
organismos públicos o instituciones sin fines de lucro, los cuales representan
componentes importantes de la producción cultural en Ecuador.
EMPLEO CULTURAL: 2.2% (2010)
En 2010, el 2.2% de la población empleada en Ecuador tenía ocupaciones culturales
(134,834 personas). El 87% de estos individuos tenía ocupaciones en actividades
culturales centrales, mientras que el 13% realizaba ocupaciones en actividades de
equipamiento/apoyo. Los subsectores que más contribuyeron al empleo nacional
incluyen artesanos textiles y del cuero (27.9%), arquitectos (7.0%), diseñadores gráficos
y multimedia (5.6%), profesionales de marketing y publicidad (5.5%) e impresores
(4.4%).

Estos datos indican que gracias a las ocupaciones culturales, muchos ecuatorianos
se benefician de la generación de ingresos y de una mejor calidad de vida. Por otra
parte, las ocupaciones culturales permiten la creatividad y el ejercicio de los
derechos culturales, y gracias a las características únicas del sector de la cultura y de
su dependencia de micro, pequeñas y medianas empresas locales, el empleo cultural
también facilita la distribución de la riqueza a los más necesitados.
GASTO CULTURAL: 3.41% (2003)
En 2003, el 3.41% de los gastos de consumo de los hogares de Ecuador se dedicaron
a actividades, bienes y servicios culturales (403,066,224.24 USD). El 47% se gastó en
bienes y servicios culturales centrales, y el 53% en bienes y servicios de
equipamiento/apoyo. La compra de libros fue responsable de la mayor parte de
gastos de los bienes y servicios centrales (15.6%), seguido por el consumo de
servicios culturales (10.3%). Los servicios culturales incluyen las entradas a cines,
museos, teatros, conciertos, parques nacionales y sitios patrimoniales, y, el alquiler de
equipos para la cultura (televisores, videocasetes, etc.). La compra de equipos para la
recepción, grabación y reproducción de sonido e imágenes (31%), tales como
televisores, radios, equipos de música, etc.), y la compra de equipos para el
procesamiento de la información (16%), fueron responsables de los mayores gastos en
bienes y servicios de equipamiento y apoyo.

Este resultado muestra una importante demanda de los bienes culturales, aunque se
pueden observar, según los quintiles de ingresos, variaciones en el consumo de bienes
y servicios culturales, sugiriendo que un aumento en el consumo de bienes culturales
corresponde a un aumento del poder adquisitivo. Así es, mientras que el quintil de
menores ingresos gasta el
2.12% de sus gastos totales del hogar en cultura, los hogares del quintil con ingresos
más altos gastan el 4.28% en cultura. Por otra parte, entre los quintiles de ingresos,
cabe señalar que los hogares con ingresos bajos gastan proporcionalmente más en
bienes de equipamiento/apoyo, que suelen ser un requisito para acceder a
determinadas formas de contenido cultural, mientras que los hogares más
acomodados gastan proporcionalmente más en bienes y servicios culturales
centrales. Estos datos deben tenerse en cuenta al analizar las políticas y mecanismos
existentes para permitir a las personas de todos los grupos de ingresos, participar en
las actividades culturales y en el consumo de bienes y servicios culturales.
Justificación del problema

En el mundo contemporáneo se ha evidenciado que algunos sectores pueden llegar a


no ser productivos en el largo plazo por sus limitaciones y falta de sustentabilidad en
sus procesos. En la era de la información, la cual caracteriza al siglo XXI, las
interconexiones y el valor de lo intangible frente a lo material se presentan como un
factor de competitividad para el mundo globalizado, lo cual orienta a los empresarios a
adaptarse a las nuevas demandas. Es necesario dar un paso más allá de la economía
convencional, empezar a hablar de la economía creativa, que según las estadísticas
representa ser uno de los sectores de la economía de más rápida expansión a nivel
mundial como consecuencia de la generación de ingresos, la creación de fuentes de
empleo, las exportaciones y su componente social al referirse al bienestar y calidad de
vida (UNESCO, 2013:1). Para hablar de industrias creativas es necesario definir el
Concepto de economía creativa debido a que los dos términos se complementan.

La economía creativa está basada en una nueva forma de pensar y hacer que centra su
atención en el talento y en las capacidades de las personas para la generación y
explotación de conocimientos e información que crean valor agregado.
La economía creativa es utilizada en el siglo XXI como estrategia de desarrollo de varios
países desarrollados como el Reino Unido donde uno de cada cinco empleos pertenece
a esta rama, Dinamarca cuyo incidencia en el PIB es de 5,3%, Países Bajos, Alemania
y Estados Unidos. Por otro lado, algunos países en vías de desarrollo como Brasil y
Colombia comenzaron a incursar su economía creativa en el ámbito global al poner
práctica políticas para incentivar su desarrollo, no obstante el potencial y las
capacidades de esta economía permanecen ocultas aunque cuentan con material
creativo ligado a la diversidad cultural y talentos (Economía creativa, 2011:1).
Dentro de la economía creativa, la creatividad es el factor de la producción más
representante, mientras que el capital queda en segundo plano, es por eso que aquellos
que son poseedores de las ideas son más poderosos que los que poseen las máquinas
(Howkins, 2001).
La creatividad, entendida como capacidad de aportar respuestas nuevas y más
eficaces frente a los retos a que se enfrentan individuos, sociedades o territorios, se
ha convertido en concepto de uso cada vez más frecuente en la bibliografía
internacional de los últimos años. El interés que suscita la referencia a las
industrias creativas, la clase creativa o la ciudad creativa ha multiplicado la bibliografía
científica dedicada a estas cuestiones, pese a las frecuentes imprecisiones que
acompañan la traslación del concepto al ámbito de los estudios sobre desarrollo
territorial. Como han señalado varios autores (Tremblay, 2008), aunque el origen de
las industrias culturales, embrión del concepto de economía creativa, se encuentra en
los trabajos de Adorno (1964) habrá que esperar hasta los años setenta para que
estas ideas calen en los trabajos académicos y hasta los noventa para que sean
absorbidos por el concepto de economía creativa.
Las industrias creativas fueron impulsadas inicialmente por Nueva Zelanda y Australia
(informe Creative Nation, 1994), pero quien más insistió en su importancia estratégica
fue el Gobierno británico, particularmente durante los mandatos de Tony Blair y Gordon
Brown. El Department of Culture, Media and Sports creó en 1997 la Creative Industries
Task Force, que en 1998 presentó el informe Creative Industries Mapping Document en
el que se proponía y desarrollaba una nueva metodología para medir conjuntamente el
sector cultural y creativo, distinguiendo en él trece subsectores: Publicidad, Arquitectura,
Artes y Antigüedades, Artesanías, Diseño, Moda, Cine y Vídeo, Software de
entretenimiento, Música, Artes Escénicas y Radio-televisión. Dicha propuesta ha tenido
mucha influencia en todo el mundo, sobre todo en los países de la Commonwealth. En
el Reino Unido supuso la primera tentativa seria de medir la contribución económica de
las industrias creativas en su conjunto. Los datos que presentó sorprendieron: el informe
atribuyó al sector un peso económico del 4 % del producto industrial bruto (PIB) en 1998.
En el informe de 2001, más amplio y sistemático, se detectó un crecimiento del sector
de un 16 % durante el bienio 1997-98, siendo así que la economía británica había
crecido un 6 % en dicho período. En conjunto, el sector SCC aportó un porcentaje del 5
% del PIB en 2001. Este porcentaje ha seguido creciendo en Gran Bretaña en los últimos
años, hasta superar en 2010 el 9 %
En el informe de 2001, el DCMS definió las industrias creativas como:
“aquellas industrias que tienen su origen en la creatividad, habilidad y talento
individuales y que tienen el potencial de crear riqueza y empleo mediante la generación
y explotación de la propiedad intelectual”.
Esa definición fue adoptada por otros países, los cuales siguieron el modelo británico,
aun introduciendo algunas variaciones: Nueva Zelanda (2002), Australia (2003),
Singapur (2003) y Hong Kong (2003)31.
Austria publicó en 2003 un estudio sobre el sector industrial y creativo, partiendo
también del modelo británico32. Tanto en sus estudios estadísticos como en sus
políticas públicas, todos esos países aceptaron la importancia estratégica de las
industrias creativas y desarrollaron instrumentos para medirlas y compararlas.
En su libro de 2001, John Howkins añadió incluso la generación de conocimiento
científico al sector creativo. De seguir ese criterio, las actividades de investigación y
desarrollo pasarían a formar parte de la economía creativa, cosa que pocos países han
aceptado. También tuvo mucha repercusión un libro de Caves (2000) en el que señaló
agudamente una serie de especificidades de las industrias creativas, en particular la
incertidumbre (“nobody knows”) en relación al éxito o al fracaso de las propuestas
creativas.
La clasificación de la UNCTAD plantea una distinción inicial entre actividades
artísticas de diversa índole o relacionadas con el patrimonio cultural y downstream
activities publicidad, diseño, edición, productos audiovisuales y multimedia, junto a
otras actividades similares. Con esa base, divide los sectores culturales y creativos en
cuatro grupos.

El primero de ellos, definido como Heritage (Conocimiento tradicional), estaría


relacionado con la existencia de recursos patrimoniales, englobando los espacios
culturales (bibliotecas, museos, archivos, etc.) y las actividades culturales
tradicionales (artesanía, tradiciones, festivales, etc.). Un segundo grupo, Arts (Artes),
abarcaría sectores relacionados con el mundo del arte, las actividades artísticas y de
espectáculos. La tercera categoría, Media (Medios), desarrolla productos creativos
dirigidos a un público amplio, bien publicaciones (libros, revistas, etc.) o productos
audiovisuales (cine, televisión, radio, música, etc.). Por último, las llamadas Functional
Creations (Creaciones funcionales) engloban aquellas actividades volcadas hacia las
demandas del mercado, bien sean diseño, software (videojuegos, contenidos
digitales, etc.), o servicios que requieren de un importante componente creativo
(arquitectura, publicidad, etc.).

En América Latina, algunos estudios han puesto de manifiesto la importancia del


sector creativo y de las artes y cultura en la región a partir de tres ideas básicas.
 En primer lugar, existen casi diez millones de creadores potenciales al año
que son nativos digitales, lo que supone un potencial demográfico importante
familiarizado con las tecnologías de la información y la comunicación que puede
entrar a formar parte de estos sectores económicos.
 En segundo lugar, los sectores creativos, con un total de unos 10.262.000
trabajadores en Latinoamérica y Caribe, serían un ámbito de la economía
capaz de generar empleos, riqueza y, sobre todo, oportunidades en nichos de
actividad poco explotados en la región.
 Finalmente, el empleo creativo podría ser un factor más en el proceso de
integración regional de América Latina, dado que las escalas necesarias para
sacarle el mejor provecho a las oportunidades que ofrece la economía creativa
requieren que la región se abra hacia adentro tanto o más que lo que se abre
hacia afuera para que los contenidos agreguen más valor a las exportaciones
de la región hacia el mundo es clave que la región se llene primero de sus
propios contenidos.
Tipo de investigación

Investigación Histórica:
Esta investigación es histórica porque dependemos de datos observados por
otras personas, estos datos son de dos clases: fuentes primarias, derivadas de
la observación y registro directo de acontecimientos por su autor; fuentes
secundarias, cuyo autor informa observaciones realizadas en primer lugar por
distintas personas.

Investigación documental:
Esta investigación es documental porque se hizo recolección, selección, análisis
y presentación de información coherente a partir del uso de documentos.
Recopilación adecuada de datos e información que permitió redescubrir hechos,
sugerir problemas, orientar hacia otras fuentes de investigación
El uso de diferentes técnicas e instrumentos para la localización y clasificación
de datos, análisis de documentos y de contenidos

Investigación descriptiva:
Esta investigación es documental porque tratamos de determinar cuál es la
situación actual del país y de la región frente a la economía creativa o naranja
Marco de referencia

Marco Teórico

Industrias culturales
Industria cultural: estructura funcional del medio, interpretaciones actuales y
trascendencia del término.

La Industria cultural Zallo la define como:


“un conjunto de ramas, segmentos y actividades auxiliares industriales productoras y
distribuidoras de mercancías con contenidos simbólicos, concebidas por un trabajo
creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinadas finalmente a los
mercados de consumo con una función de reproducción ideológica y social”.

El término de industrias culturales fue planteado por los filósofos alemanes


Theodor Adorno y Max Horkheimer. Ellos se referían a la producción de cultura
de masas y el uso económico de esos bienes culturales en una sociedad
capitalista, así como a su destino en esa misma sociedad. Theodor Adorno, no
consideraba el cine, la radio o la televisión como expresión de la cultura, y sí
productos de la industria cultural ofrecidos a las masas en su conjunto, para
incrementar el consumo masivo de estos productos.

Industrias culturales, según la UNESCO (Portal de la Cultura de América Latina y


el Caribe, 2010), abarca aquellas industrias que combinan la creación, la
producción y la comercialización de contenidos que son inmateriales y culturales
en su naturaleza.

Las industrias culturales suelen ser llamadas también de primera comunicación (Dr.
Eduardo Vizer, 2011). De hecho el siglo XX es considerado el siglo de la primera
comunicación, pues se basó en el congelamiento del tiempo y su reproducción
tecnológica.

Desde el punto de vista del consumidor, las industrias culturales, tienen una
naturaleza de bienes indivisibles e inagotables, como la de todos los productos
basados en la información, porque necesitan de intermediarios para seleccionar
las obras y guiar el consumo. Ellos son los críticos y espacios mediáticos
especializados, pero también las marcas y los sellos editoriales (Quiroz, 2006, p.
114)

Las industrias culturales pueden ser identificadas como un grupo de sectores que
ofrecen: servicios en los campos de entretenimiento, educación e información p.ej.
películas, música grabada, medios impresos o museos) y productos manufacturados a
través de los cuales los consumidores elaboran formas distintivas de individualidad,
autoafirmación y manifestación social (p.ej. ropa de moda o joyería) (Traducción de
Scott, 2004, Definición de industrias culturales adoptada en estudio del BID para
América Latina y el Caribe (Quartesan et al., 2007)
Industrias creativas
Las industrias creativas son aquellas que están basadas en la creatividad, talento y
habilidades individuales. Tienen el potencial para la creación de riqueza y empleo a
través del desarrollo de la propiedad intelectual. (Definición de industrias creativas
del DCMS (2001)
Si bien los términos Industrias Culturales e Industrias Creativas en algunos casos
parecen ser casi intercambiables, la diferencia entre los dos tipos de industrias radica
en lo que genera el valor del bien o servicio producido. Por ejemplo, los bienes y
servicios producidos por las industrias culturales son fruto de la herencia, el
conocimiento tradicional y los elementos artísticos de la creatividad. Por otro lado, las
industrias creativas derivan su producción de la creatividad individual, la innovación, las
habilidades y el talento en la explotación de la propiedad intelectual.
En general, tanto las industrias culturales como las creativas están relacionadas con el
aprovechamiento de la noción de propiedad intelectual, pero éstas no son las únicas
que generan valor a partir de los derechos de autor. Precisamente, la OMPI divide las
industrias protegidas por derechos de autor en cuatro grupos:
 Industrias que dependen principalmente del derecho de autor
 Industrias interdependientes del derecho de autor
 Industrias que dependen parcialmente del derecho de autor
 industrias de apoyo.
Según la OMPI (2003), las industrias que dependen principalmente del derecho de autor
son aquellas que se dedican a la creación, producción y fabricación, interpretación o
ejecución, radiodifusión, comunicación y exhibición, o distribución y venta de obras y
otro material protegido por el derecho de autor.
Las industrias interdependientes del derecho de autor se dedican a la producción y venta
de equipos cuya función consiste, total o principalmente, en facilitar la creación, la
producción o la utilización de obras y otro material protegido. Las industrias que
dependen parcialmente del derecho de autor son aquellas para las cuales parte de sus
actividades está relacionada con las obras y otro material protegido y puede consistir en
la creación, producción y fabricación, la interpretación o ejecución, la radiodifusión, la
comunicación y la exhibición, o la distribución y venta. Finalmente, las industrias de
apoyo generan productos y servicios para facilitar la radiodifusión, la comunicación, la
distribución o la venta de obras y otro material protegido, pero se dedican a otro tipo de
actividades no protegidas por el derecho de autor (transporte, telefonía, etc.).
De acuerdo con estas definiciones, las industrias culturales incluyen actividades como:
artes escénicas, producción audiovisual (sin incluir videojuegos), artes visuales,
editorial, música y artesanías. Las industrias creativas incluyen, además de las
anteriores actividades, otras como: videojuegos y diseño industrial. Finalmente, las
industrias protegidas por el derecho de autor incluyen en las industrias básicas, además
de varios de los anteriores, sectores como bases de datos de software y sociedades de
gestión colectiva de derechos de autor; así mismo, las industrias interdependientes
incluyen equipos necesarios para la producción de los bienes y servicios como por
ejemplo: pintura, escultura, fotografía y artes gráficas
Marco epistemológico

Economía creativa
El término “economía creativa” fue popularizado en 2001 por el escritor y gestor de
medios de comunicación británico John Howkins, que lo aplicó a 15 industrias que iban
desde las artes hasta la ciencia y la tecnología. Según los cálculos de Howkins, en el
año 2000 la economía creativa tenía un valor de 2.2 billones de dólares estadounidenses
a nivel mundial y crecía al año a una tasa de 5%. La noción es, y sigue siendo, muy
amplia, porque no sólo abarca bienes y servicios culturales, sino también juguetes y
juegos, así como todo el ámbito de “investigación y desarrollo” (I+D).
Por tanto, aun cuando reconozca las actividades y los procesos culturales como el
núcleo de una nueva y poderosa economía, también se ocupa de manifestaciones
creativas en ámbitos que no serían contemplados como “culturales”.

Industrias culturales
El término “industrias culturales” se remonta a los primeros trabajos, en las décadas de
1930 y 1940, de la Escuela de Frankfurt, que mordazmente denunció la mercantilización
del arte en tanto que aportaba una legitimación ideológica a las sociedades capitalistas
y la aparición de una industria cultural popular.
Esta visión pesimista sobre la relación entre la cultura y la empresa capitalista todavía
es mantenida por algunos.
Este es, especialmente, el caso de la izquierda, sobre todo en el contexto de debate
actual sobre la amenaza de la homogeneización cultural global.
Esta visión también se basa en una perspectiva de la cultura y la economía como
mutuamente hostiles, cada una guiada por lógicas tan incompatibles que, cuando ambas
convergen, la integridad de la primera siempre se ve amenazada.
No obstante, a comienzos de los años 60, muchos analistas empezaron a reconocer
que el proceso de mercantilización no siempre o no necesaria mente acaba resultando
en degeneración de la expresión cultural. De hecho, a menudo sucede lo contrario,
porque los bienes y servicios generados industrialmente (o digitalmente) poseen
claramente muchas cualidades positivas. Por consiguiente, en la década de 1980, el
término industrias culturales ya no implicaba connotaciones peyorativas y empezó a ser
utilizado en círculos políticos y académicos como una calificación positiva.
Con el término, se hacía referencia a formas de producción y consumo cultural que
tenían un elemento expresivo o simbólico en su núcleo.
También fue propagado por la UNESCO en la década de 1980 y ha pasado a abarcar
campos muy diversos como la música, el arte, la escritura, la moda, el diseño y las
industrias de los medios (por ejemplo: la radio, la industria editorial el cine y la
producción de televisión).
Su alcance no se limita a la producción intensiva con base en la tecnología, en tanto
que una gran parte de la producción cultural de los países en desarrollo es artesanal.
La inversión en artesanía rural tradicional, por ejemplo, puede beneficiar a las artesanas,
dándoles la posibilidad de que tomen las riendas de su vida y generen ingresos para
sus familias, sobre todo en áreas en las que las oportunidades para conseguir otras
fuentes de ingreso son limitadas.
Todos estos ámbitos productivos tienen un valor económico significativo, pero también
son vectores de profundos significados sociales y culturales.
Industrias creativas
El término industrias creativas se aplica a un conjunto productivo mucho más amplio,
incluyendo los bienes y servicios que producen las industrias culturales, así como
aquellas que dependen de la innovación, incluyendo muchos tipos de investigación y
des- arrollo de software. La expresión empezó a introducirse en la formulación de
políticas, por ejemplo, en la política cultural nacional de Australia de principios de 1990,
seguida por el influyente Ministerio de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte del
Reino Unido, que promovió la transición para pasar de industrias culturales a industrias
creativas al final de la década. Este uso también tiene su origen en la asociación que se
comenzó a hacer entre creatividad, desarrollo económico urbano y planificación de la
ciudad. Así, recibió un primer impulso muy significativo a través del importante trabajo
llevado a cabo por el consultor británico, Charles Landry, sobre la “ciudad creativa”. Un
segundo y suma- mente influyente impulso a nivel internacional fue el trabajo de Richard
Florida, teórico norteamericano de estudios urbanos que reflexionó sobre la “clase
creativa” que las ciudades necesitaban atraer con el fin de garantizar un desarrollo
exitoso. Esta “clase creativa” resulta ser una agrupación muy amplia de muchos tipos
distintos de trabajadores técnicos, directivos y profesionales (no sólo trabajadores
creativos de industrias creativas y culturales), quienes producen innovación de varios
tipos. Juntos, forman la “clase” que Florida tomó como fuente de energía innovadora y
dinamismo cultural en las sociedades urbanas de hoy en día.

Creatividad e innovación cultural


Los críticos de la agenda de las industrias creativas, y, con mayor motivo, del
pensamiento de la economía creativa, opinan que los términos tienden a desdibujar las
fronteras entre “creatividad” en un sentido muy general y las cualidades expresivas que
caracterizan los bienes y servicios culturales. También piensan que el término
“creatividad” se usa de forma demasiado amplia. Es cierto, por supuesto, que el término
“creatividad” en sí mismo siempre ha estado abierto a múltiples definiciones y que nunca
ha habido tantas como en la actualidad. Incluso en el ámbito de la psicología, donde la
creatividad individual ha sido extensa- mente estudiada, existe poco consenso en cuanto
a su naturaleza y localización precisa, o en cuanto a si es un atributo personal o un
proceso.

En una variante del pensamiento reciente de la economía creativa, algunos alegan que
las industrias culturales y creativas no sólo impulsan el crecimiento a través de la
creación de valor, sino que también se han convertido en elementos clave del sistema
de innovación de toda la economía. Según este punto de vista, su importancia primordial
radica no sólo en la contribución de las industrias creativas al valor económico, sino
también en los modos en los que estimula la aparición de nuevas ideas o tecnologías, y
los procesos de cambio transformativo.
Por tanto, la economía creativa debería ser vista “como un complejo sistema que obtiene
su ‘valor económico’ a partir de la facilitación de la evolución económica; un sistema que
produce atención, complejidad, identidad y adaptación a través del recurso primario de
la creatividad”.3 Según esta visión, las industrias culturales y creativas son pioneras,
nutriendo de disposiciones sociales generales que estimulan la creatividad y la
innovación, y con las que se trabaja en beneficio del conjunto. No obstante, los críticos
destacan que los mecanismos que permiten que esta creatividad se irradie nunca se
identifican con claridad, aunque parece completamente plausible que las expresiones
culturales pueden ser una fuente de ideas, historias e imágenes que pueden ser
reproducidas en otras formas en diferentes sectores económicos. Análisis recientes de
tablas de in- sumos y productos encuentran pruebas poco sólidas de que las empresas
con cadenas de suministro vinculadas a las industrias creativas sean más innovadoras
que aquellas que no tienen ese vínculo. Sin embargo, eso no dice mucho sobre esta
relación y, por tanto, no ofrece indicios en lo que se refiere a la causalidad.
Puede ser que simplemente las empresas más innovadoras compren más insumos de
la industria creativa como diseño, posicionamiento de marca o publicidad.
Es difícil alegar, por tanto, que todos los aspectos de la creatividad económica, social o
política son generados únicamente (o incluso, principalmente) por los procesos mismos
de las industrias culturales y creativas. Por este motivo, el término “economía creativa”
será utilizado en este Informe para favorecer las actividades que impliquen creatividad
cultural y/o innovación. La mayor parte de los estudios de caso y los ejemplos son, por
tanto, extraídos de actividades que también podrían ser clasifica- das como industrias
culturales, con el objeto de revelar las relaciones cada vez más simbióticas entre cultura,
economía y lugar. El potencial social emancipador de esta última está implícito en su
misma constitución, y el caudal de expresión es en sí mismo un medio para encontrar
formas de liberación. Este potencial no puede separarse de factores que sustentan el
éxito de las industrias creativas en términos exclusivamente económicos.
Contexto y contornos de la economía creativa
Porque difiere de otros sectores económicos, la economía creativa necesita políticas
modificadas. En este ámbito, la formulación de políticas ha tendido a seguir modelos
industriales genéricos, a pesar del hecho de que la economía creativa funcione de forma
distinta. El enfoque que existe en este ámbito sigue siendo demasiado uniformizador, lo
que perjudica la particularidad local y regional.
Por consiguiente, hay pocos marcos políticos actuales que estén bien posicionados
para alentar un enfoque como éste. La economía creativa se diferencia de otros sectores
a través de sus formas organizacionales y el riesgo de mercado asociado con nuevos
pro- ductos. La microempresa es más común en este sector que en otros, sobre todo
en los países en desarrollo. Pero incluso allí, hallamos tres niveles: productores
independientes de pequeña escala; sucursales semiindependientes que trabajan para
empresas más grandes; y compañías muy grandes (a menudo, multinacionales) en
ámbitos como el cinematográfico y el editorial.
La economía creativa está simultáneamente vinculada a los sectores público, no
lucrativo e informal, por lo cual se convierte en un complejo híbrido. Además, sólo un
aspecto de la economía creativa se expresa en información de precios e ingresos,
mientras que otros parámetros cruciales de su éxito están más vinculados a identidades
y valores intrínsecos. Su gobernanza, entonces, requiere conciencia de una especie de
complejidad que atraviesa una serie de inquietudes políticas.
También requiere nuevos enfoques, de cara a las emergentes y libremente configuradas
redes de productores y consumidores culturales que impulsan la innovación. Todo esto
es muy distinto a los intereses e instituciones sumamente visibles y de gran escala en
que la mayoría de las políticas culturales aún tienden a centrarse, y que continúan
siendo la fuente de subvenciones y apoyos.
Como la economía creativa es de alto riesgo y difícil gestión, a las grandes
organizaciones que puedan extender el riesgo a una cartera de productos y servicios
les será más fácil prosperar. En cuanto a los bienes materiales, las grandes economías
de escala tienen el control de la producción y de los sistemas de distribución, por lo
que son una barrera significativa para entrar en el mercado. En la mayoría de las
actividades relacionadas con la economía creativa, los ingresos reales provienen de la
venta al por mayor, por ende, para los nuevos integrantes es muy difícil abrirse camino
en merca- dos establecidos. A su vez, la predominancia de los países del Norte global
presenta un desafío de enormes proporciones para cualquier nuevo integrante,
especialmente del Sur global, aunque también es cierto que los mercados se crean en
torno a bienes y servicios que representan motivos e idiomas locales. En otras palabras,
las industrias culturales y creativas son intrínsecamente idiosincrásicas y se benefician
de las dinámicas de la competencia imperfecta. Aun así, en todos los entornos de
países en desarrollo, los vínculos históricos, las relaciones y las trayectorias
dependientes son factores cruciales para el éxito.
Estado del arte

La globalización ha permitido que la economía creativa gane espacio en el tejido


empresarial de las grandes ciudades del mundo.
El comercio de bienes y servicios creativos en el 2012 generó un total de 547,000
millones de dólares, BID (2017)
Los países exportadores de petróleo en los últimos años ¡cayeron! especialmente en
2016.
Ajustar las políticas públicas para promover la innovación y la diversificación de sus
economías. El espectador (2017).
Hipótesis

La economía creativa así como las industrias culturales y creativas contribuyen


al desarrollo del país.
Las industrias creativas al ser sectores que se desarrollan, crecen de forma rápida las
cuales tienen varias fortalezas que las hacen únicas y competitivas a nivel local e
internacional. Es necesario dividir los aspectos internos positivos que poseen las
industrias creativas en el Ecuador debido a las diferentes realidades que se presentan,
y una economía en vías de desarrollo con poco conocimiento sobre la materia.
Los impactos en la sociedad son otras fortalezas con las que cuentan los sectores
creativos como por ejemplo la generación de trabajo, la igualdad de género, inclusión
social de minorías, la creación de clústeres que aglomeran personas que se encuentran
dentro de estos ámbitos para potenciar su funcionamiento y conectividad, esto ligado a
la infraestructura que con ayuda del gobierno central y sus divisiones han podido lograr
ofrecer espacios óptimos para el desarrollo de estas actividades.
El dinamismo en la economía representado por el Valor Agregado Bruto y la tasa de
crecimiento muestran que los sectores creativos pueden ser comparados con otros
sectores económicos fuera de este ámbito, al tomar en cuenta la importancia para la
economía.
Las industrias creativas en el Ecuador se basan en contar con un antecedente
patrimonial y cultural, las prácticas ancestrales son un símbolo de identificación, el
talento de los ciudadanos, el interés en la cultura, la pluriculturalidad de la población y
la diversidad de idiomas son otros ejemplos. La creación de empleos es otra fortaleza
junto con la generación de nuevas empresas, emprendimiento creativos y culturales al
igual que la consideración de las actividades culturales y las leyes emitidas para
fortalecer y proteger estas industrias.
El Ecuador al ser parte de algunos grupos de integración como el MERCOSUR y la
CAN, a través de sus planes para incentivar las industrias creativas, cuenta con varias
oportunidades para potenciar los sectores en el ámbito internacional, en el desarrollo
económico y social al integrarse a mercados regionales para competir con empresas
multinacionales y superar las limitaciones de los mercados internos como por ejemplo
en tamaño y poder adquisitivo. La cooperación es una característica esencial para
fomentar la interacción con otros países como por ejemplo el intercambio de
conocimientos, know-how y tecnología (Quatesan, Romis y Lanzafame, 2007: 28).

En el Ecuador el aspecto que mayor debilidad posee es la falta de flujo de información.


El término industrias creativas al ser desconocido por los ciudadanos causa que el
emprendimiento en estos sectores pueda llegar a ser cauteloso, en cierto punto
desmotivador al no percibir las ventajas que puede traer relacionado con la carencia de
cifras que permitan comparar resultados, oscurece el panorama y las oportunidades que
los sectores representan.
Encuestas de Investigación

Formato
Conclusiones
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