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AFROCOLOMBIANIDAD

POR
JOSE ANTONIO CADENA CASTRILLON

EN LA CLASE DE CIVICA
PROFESOR: LUIS ANTONIO COHEN

GRADO 7°C

COLEGIO DIOCESANO SAN JOSE

2018
1. AFRODESCENDIENTES Y AFROCOLOMBIANOS

Afrocolombiano se llama a aquellos colombianos descendientes de


personas de raza negra de África. Se suele denominar a este grupo
humano como negros, morenos, mulatos, niches y otras denominaciones y
eufemismos populares, además de afrodescendientes y las referidas a los
raizales del Archipiélago de San Andrés y a los habitantes del San Basilio
del Palenque.

El aporte de sus expresiones en la vida nacional es destacable. La cumbia,


uno de los ritmos nacionales por excelencia, y el sancocho, el plato típico
más extendido, habrían sido imposibles sin su participación. El nombre de
Macondo, crucial en la creación de Gabriel García Márquez, tiene origen
africano. Entre los aportes que la Unesco reconoce como Patrimonio
Inmaterial de la Humanidad está la fiesta de San Francisco de Asís en
Quibdó las músicas de marimba y cantos tradicionales del Pacífico norte,el
espacio cultural de Palenque de San Basilio y el carnaval de Barranquilla.

Su historia inicia con la esclavización de africanos traídos a Colombia por


los españoles y los británicos en la primera década del siglo XVI. Hacia
1520, los africanos eran traídos de lugares como el Congo, Angola, Ghana,
Costa de Marfil, Guinea, Sierra Leona, Senegal y Malí para reemplazar la
población nativa que rápidamente disminuía. Su población creció
exponencialmente con la trata trasatlántica o comercio triangular. El largo
proceso de manumisión iniciado en 1851 solo benefició a sus
esclavizadores, pero fue el inicio de un poblamiento y repoblamiento libre
que hoy llega a representar el 90 % de la población en el Pacífico
colombiano, Otras regiones del país tienen porcentajes importantes y casi
desconocidos, como los más de 110 mil afrodescendientes en Bogotá

Las comunidades negras o afrocolombianas, constituyen varias


comunidades que viven de acuerdo con la forma cultural desarrollada por
las etnias de procedencia africana, una vez asentadas en el territorio
colombiano y se encuentran ubicadas especialmente en la zona Pacífica y
en la zona Andina del País.

La Ley 70 de 1993 define las Comunidades negras como el conjunto de


familias de ascendencia afrocolombiana que poseen una cultura propia,
comparten una historia y tienen sus propias tradiciones y costumbres dentro
de la relación campo - poblado, que revelan y conservan conciencia de
identidad que las distinguen de otros grupos étnicos.
Actualmente, en nuestro país habitan 4.377.996 miembros de los grupos
afrodescendientes.

2. Huellas o Herencia afro o africana en el caribe colombiano.

Es común escuchar la afirmación "en el Pacífico es fácil que la población se


identifique como afrodescendiente, pero en el Atlántico no", su población
reivindica la ubicación geográfica y prefiere ser reconocida como caribeña.
De la mano de una investigadora reconocida en el marco nacional e
internacional como Nina S. de Friedman encontramos, entre otras, las
siguientes huellas de Africanía en el Caribe:

a) El Carnaval de Barranquilla: El estudio del carnaval contemporáneo en


Barranquilla, Santa Marta y Ciénaga, ha permitido encontrar en el ritual una
historia de su organización que se remontan hasta los tiempos en que los
esclavizados se organizaron en Cabildos.

Las rivalidades tribales africanas que fueron estimuladas por la sociedad


esclavista de la colonia se plasmaron en Cartagena con identidades de
memoria africana - Carabalí, Mina, Mandinga, Congo, Arará - propiciando
una proyección cultural en el Carnaval que se arraigó en Barranquilla: Los
Congos, una danza de hombres. La danza ha llegado hasta nuestros días
como un ritual de guerreros ataviados con colores fulgurantes enormes
bonetes con colas tapizadas de símbolos y el desafío de los sables que
alterna con el reto del toque de tambor de cada grupo. Los recuerdos del
hábitat de la selva y de las sabanas africanas aunados al ambiente del
trópico suramericano se expresan en manadas de máscaras de animales
danzantes: Tigres, micos, pájaros, perros, toros, insectos enmarcan a los
congos que danzan batallas alegóricas de defensa territorial en sus barrios.
Luego se desplazan en representación teatral por las calles céntricas de la
ciudad. El carnaval con el paso de los años y las urgencias de afirmación
de identidades regionales en el país, se ha convertido, no sólo en un perfil
del Caribe colombiano, sino que ha sido adoptado como uno de los
símbolos de la nacionalidad cultural colombiana.

b)La música costeña: Entre los ritmos musicales denominados costeños


están la cumbia, el bullerengue, el chandé, el mapalé, el abozao, la gaita o
porro tapao, el vallenato, los cantos de zafra, de vaquería y los cantos de
Lumbalú.
La cumbia, una danza de hombres y mujeres, es otro de los símbolos
regionales de cultura negra que han sido adoptados como emblemas de
nacionalidad; empezó a configurarse en el ámbito de la esclavitud en
Cartagena de Indias para las fiestas religiosas españolas de La Candelaria:

"hombres y mujeres en gran ruedo, pareados pero sueltos, sin darse las
manos, dando vueltas alrededor de los tambores, las mujeres enfloradas la
cabeza con profusión ...Balanceándose en cadencia muy erguidas mientras
el hombre ya haciendo piruetas dando brincos, ya luciendo su destreza en
la cabriela, todo al compás...
Bailaban a cielo descubierto al son del atronador tambor africano"

(Posado Gutierrez 1929)


Con el correr de los tiempos, la cumbia definió sus perfiles, los músicos se
subieron a tocar en tarimas altas alrededor de las cuales negros, mestizos y
mulatos disfrutaron las fiestas. Durante muchos años, antes de que las
danzas populares fueran integradas al carnaval de Barranquilla, allí los
grupos danzantes se reunían en barrios tradicionales como Rebolo a bailar
en sitios llamados cumbiambas. Este término produce la voz cumbia y a su
vez se relaciona con el vocablo cumbancha cuya raíz kumbaproviene del
occidente africano: es gentilicio mandinga, también el país del Congo y su
rey se llamó rey de Cumba. Además entre los congos el término, significa
gritería, escándalo, regocijo y nkumbi es un tambor.

Se reconoce que la cumbia también tiene influencia de las tradiciones


indígenas por el uso de las gaitas y de la española por el atuendo, pero su
ritmo dominante es el de los tambores africanos, y la cadencia del cuerpo
evoca las danzas sagradas y guerreras de algunas tribus de la madre
África.

El Vallenato es una canción con ascendiente y presencia negra. Tiene sus


raíces en los cantos de trabajo en las haciendas y también en los grupos de
bogas en la colonia. El vallenato canta y narra, es mordaz con humor y
gracia, es crítico en la política, la religión y el trabajo, gime con el amor y
llora con el desamor. Sus narrativas siguen viajando de pueblo en pueblo y
son un registro de leyendas, mitos, e historias en amplias regiones que son
ganaderas y están pobladas por descendientes de "cimarrones negros, de
negros libres y, desde luego, del resto de gentes que allí confluyeron".

Igual que en el caso de la cumbia, para ser fieles a la investigación, es


preciso reconocer la influencia de las coplas españolas en la mayoría de los
versos que hoy hacen parte de la música popular en Colombia, no obstante
vale recalcar que la esencia narrativa del Vallenato, la expresión gestual de
sus interpretes y, por encima de todo, la intención de la canción es la
entrega de un mensaje. El cantor arruga el rostro, gesticula, se comunica.
El acordeonero es capaz de dejar el instrumento para hablar con las
manos. Aquí no se puede menos que evocar la figura del griot de los
territorios africanos del occidente, en el antiguo Mali en el siglo XVI vestido
con máscaras de pájaros recitaba la historia, la leyenda, la genealogía, la
sabiduría de la artesanía y de la religión. Eran una especie de casta de
juglares, a la vez poetas y músicos encargados de preservar la tradición.

Entre los instrumentos tradicionales con que se toca el Vallenato está la


guacharaca, que es un instrumento de fricción, hecho del tallo de una caña
a la que se tallan estrías. Con una costilla de res o con un trinche se raspa
la caña. La guacharaca fue el primer instrumento que con voz similar a la
de una pava silvestre, que anuncia la lluvia, se unió a los cantos de
vaquería de donde saldría el vallenato. El acordeón es un instrumento típico
de muchos puertos del mundo, que parece haber llegado a Colombia y al
vallenato a finales del siglo XIX. La trilogía básica la completa la caja, de
clara estirpe africana, con memoria de tambores, con un parche que
inicialmente era de la piel del buche del caimán, y después fue
reemplazado por cueros de venado, chivo o carnero.

Con el tiempo, al vallenato han ingresado otros instrumentos y de él han


surgido otros ritmos que lo han convertido en un pozo de creatividad:
Puyas, merengues, sones, paseos o tamboras, forman una intrincada
genealgía musical. Esta confluencia ha contribuido a que el vallenato se
haya constituido en otro símbolo de la identidad cultural de Colombia. Tiene
la inagotable huella del legado africano, no sólo en la conformación socio-
histórica del hecho artístico, sino en la misma esencia del fenómeno
musical.

d) Africanías en la obra de Gabriel García Márquez: El premio Nóbel de


Literatura, que constituye una gloria para Colombia, construye una realidad
fantástica ubicada en Macondo; este vocablo, en la lengua bantú,designa al
plátano y conlleva significados mágico-religiosos. El autor De Granda afirma
que Macondo es un símbolo de "la sociedad abigarrada, multirracial,
mulata, que describe García Márquez y que corresponde por entero a la
fisonomía de un territorio en el que indios, blancos, y sobre todo africanos,
han vivido juntos durante varios siglos"[58]. Este territorio es zona de
cultivos intensos de plátano y, de acuerdo con García Márquez, el nombre
es una memoria de sus años infantiles y jóvenes en las vecindades de
Aracataca, donde existía una hacienda con ese nombre.
e) El Palenque de San Basilio: En las tierras de plátanos y de ganados, en
las cercanías de Cartagena, pervive hasta nuestros días huellas de la
presencia africana en la vida cultural y social del Palenque de San Basilio.
Dueños de una lengua criolla propia, considerada como una reliquia
lingüística en América, tiene vocablos bantúes de las hablas Ki-kongo y
kimbundu.

3. Música Afrocolombiana

Las músicas afrocolombianas son herederas de múltiples tradiciones del


áfrica occidental. Toques de tambor y de marimba, sonajeros y cantos eran
utilizados por la gente africana para invocar a sus ancestros, celebrar los
nacimientos y despedir a los muertos. Estas prácticas, creencias y saberes
musicales, colmados de una profunda espiritualidad, también atravesaron el
Atlántico. A pesar de que muchas de estas manifestaciones culturales son
constitutivas de las identidades regionales y nacional, son muy pocos los
estudios que nos explican cómo los legados esteticos y sonoros africanos
se adaptaron a las nuevas realidades geográficas e históricas durante el
periodo colonial y republicano. No obstante, es innegable que la música,
junto con la literatura, las danzas y la ejecución de instrumentos musicales,
es el modo de expresión cultural por excelencia de las culturas
afrocolombianas contemporáneas. Al igual que en áfrica, la música sigue
acompañando cada uno de los ciclos vitales de las personas
afrocolombianas: festeja la vida, llora la muerte, se regocija en la buena
cosecha, rememora la historia de resistencia, invoca a dios, incentiva el
amor y exalta la sensualidad.

En cada región del país habitada por descendientes de africanos, la música


afrocolombiana posee matices y personalidades diferentes. Esta diversidad
tiene que ver con los orígenes de quienes llegaron a cada comarca y con
las interacciones que crearon con los pueblos que las habitaban. Durante
este complejo proceso de recreación cultural algunas tonadas africanas se
mezclaron entre sí, otras se mantuvieron integras, como es el caso de los
cantos de muerto de San Basilio de Palenque, y las demás impregnaron las
tradiciones indígenas y europeas que ya existían en el Nuevo Mundo. Sea
cual fuere el espacio regional en el cual tuvieron lugar estos procesos de
recreación cultural, siempre se respetó la naturaleza ritual o profana de los
ámbitos de ejecución.

Las tonadas que mantienen herencias africanas exhiben una serie de


características fundamentales: la primera, un marcado trasfondo mágico-
religioso que está asociado con ceremonias rituales. Dentro de estas se
pueden destacar las prácticas fúnebres, los ritos asociados al nacimiento y
las ceremonias de iniciación de los adolescentes. También se identifican
por ser alegres y explosivas. Mantienen una estructura musical polirritmica
que se refleja en la combinación de los acentos en cada línea percusiva.
Esta particularidad es claramente discernible en los gestos del tamborero,
en el acompañamiento con batir de palmas y en todos aquellos sonidos
guturales, resoplidos y silabas guas que se producen en el momento de
mayor auge de la interpretación.

4. Ubicación de los Afros en nuestro país

Colombia tiene la tercera mayor población de afrodescendientes en


América Latina. De acuerdo con el censo de 2005, el gobierno estima que
los afrodescendientes constituyen el 10,6% de la población total
(Afrocolombianos: 4.311.757). Esto es un 16% por debajo de las
estimaciones anteriores del gobierno en el 2002, que ponen la población
afrodescendiente total al 26% y que es la cifra sigue siendo utilizado
actualmente por las Naciones Unidas.

Los descendientes de africanos están presentes en todas las ciudades


importantes en el país. Se cree que hay 1 millón de estar en la capital de
Bogotá. Las regiones costeras de Colombia pueden tener poblaciones
afrocolombianas que son tan altas como el 90%, como en el caso del
Pacífico, o el 60% en la costa atlántica. El departamento del Chocó es el
estado con mas afrodescendientes, seguido de Magdalena (72%), Bolívar
(66%) y Sucre (65%). Valle del Sur, el norte del Cauca y Urabá tienen 65%
poblaciones negras.

El Departamento de Colombia Nacional de Estadísticas (DANE) ha


reconocido que hay cuatro grupos afrocolombianos distintas en el país y
que dos de ellos hablan su propio idioma nativo. 'Bande' es hablado por las
comunidades afrocolombianas que viven en las islas del Archipiélago de
San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y 'palenquero', que es hablado
por las comunidades de San Basilio de Palenque, reconocido desde 1603
como el primer asentamiento libre de América.

Más del 70% de los Negros viven en áreas urbanas y pre-urbanas. En este
frágil ecosistema afrocolombianos son campesinos (campesinos) y ven a sí
mismos como los guardianes naturales de la biodiversidad del país de los
que dependen para su subsistencia y el mantenimiento de su identidad
cultural. Afrodescendientes practican la diversidad de cultivos, mientras que
la delegación de la cría de animales y otras tareas agrícolas a los indígenas
Embera, una relación que ha llevado a la tensión, aumenta la presión sobre
las tierras disponibles.

En la zona de Palenque de San Basilio, única lengua criolla y ritos existen y


se pueden remontar a África. La música popular del siglo 20 Porro, Cumbia
y Vallenato han originado en la costa del Caribe, donde las influencias
africanas son fuertes. Los pueblos indígenas de las islas, conocidas como
raizal, son los descendientes de los colonos originales, los esclavos
africanos, amerindios y los emigrantes británicos y número 24.444, según
las estadísticas oficiales (ACNUDH, 2004). La mayoría de los raizales habla
criolla e Inglés y son predominantemente de la fe protestante (ACNUDH,
2004).

5. Participación afrocolombiana en la independencia de nuestro país

La participación de los negros en la guerra de Independencia fue decisiva a


pesar de su anonimato en la historiografía oficial. En uno y otro bando
combatieron por su libertad: "De 1811 a 1814 los negros serán realistas y
de 1815 en adelante serán patriotas". Los esclavos fueron en un principio
realistas, ya que fueron los españoles los primeros en reconocer su
potencialidad militar y los primeros en ofrecerles la libertad a cambio de su
servicio en el ejército y porque en las filas patriotas estaban sus enemigos,
los esclavistas.

Cuatro días antes de iniciarse la batalla de Palacé, el gobernador Tacón y


el Cabildo de Popayán ofrecieron la libertad a los esclavos que ingresasen
en sus tropas. Anteriormente se habían ganado el apoyo de los negros
libres del Patía que veían en las fuerzas de las ciudades confederadas un
ejército de los esclavistas del Norte y, en consecuencia, una amenaza para
su libertad. Desde entonces, además de hacer parte de las fuerzas
regulares del ejército realista, se conformaron las famosas guerrillas del
Patía que hasta último momento mantuvieron en jaque a las fuerzas
patriotas y sólo en 1822, por intermedio de Obando, pasaron a hacer causa
común con las fuerzas republicanas.

Otro tanto hicieron las autoridades realistas de Santa Marta, Venezuela y


Perú. La participación de los negros y mulatos en la reconquista española
era considerable; particularmente con Sámano en el sur de la Nueva
Granada y con Tomás Boves en Venezuela.

Bolívar, que ante la Reconquista Española había buscado refugio en


Jamaica, se trasladó a Haití, primera República Negra de América y el
mundo, logrando un buen acuerdo en 1816 con su presidente Alejandro
Petión: éste se comprometió a entregar varios miles de mosquetes, pólvora,
pedernal, una imprenta y provisiones y Bolívar asumió el compromiso de
abolir la esclavitud.

La propuesta de Bolívar era la de que si los negros deseaban sinceramente


la libertad debían estar dispuestos a luchar y morir por ella. Todos los
hombres negros entre los catorce y los sesenta años fueron llamados a
escoger entre luchar por la libertad o permanecer en la esclavitud, incluso
amenazando a aquellos ya libres, con perder este derecho si no se
alistaban en el ejército patriota.

En un decreto de 1816, afirmaba Bolívar refiriéndose a los negros “El


nuevo ciudadano que rehusé tomar las armas para cumplir con el sagrado
deber de defender su libertad quedará sujeto a servidumbre, como también
sus hijos menores de catorce años, su mujer y sus padres ancianos”...

Bolívar veía en la libertad de los esclavos, tanto un bien en sí mismo como


una arma política contra el enemigo, pero veía también en el servicio
armado una oportunidad para disminuir a la población esclava. El
levantamiento violento de los esclavos en Haití era un fantasma que
atemorizaba a los blancos criollos.

El reclutamiento de esclavos para el ejército patriota fue la política más


decidida de Bolívar contra la esclavitud, política que encontraba cada vez
mayor rechazo entre la aristocracia esclavista y que como se verá más
adelante, hallaba eco en el gobierno de Santander. A los esclavistas no les
satisfacían los bonos de deuda pública que recibían como compensación
por los esclavos reclutados en el ejército.

La abolición de la esclavitud no era deseable para la élite criolla que


terminó apropiándose del proceso contra la dominación española. Si bien
querían la independencia como funcional a sus intereses, se oponían a la
libertad de los esclavos en la medida que ésta les perjudicaba.

El 15 de febrero de 1819 se reunió el Congreso de Angostura convocado


por Bolívar, el cual tenía entre sus funciones confirmar legalmente las
medidas de guerra tomadas por éste, entre ellas la de la libertad para los
hijos de los esclavos después de los diez y ocho años. Después de diez
meses de deliberaciones sobre la esclavitud sólo se logró, a través del
Decreto del 11 de enero de 1820, la declaración formal del principio según
el cual, ningún hombre podía ser propiedad de otro, también la proscripción
del comercio de esclavos y, lo que es clave, decidió el carácter gradual de
la emancipación de la esclavitud con el único pretexto de que "es necesario
hacer de ellos hombres, antes que ciudadanos". Este mismo decreto
estableció posponer su cumplimiento hasta tanto el próximo congreso
hubiese aprobado las leyes que permitieran ponerlo en vigencia.

Entre tanto Bolívar ordenó el reclutamiento de 5.000 esclavos de las


regiones occidentales para continuar la Campaña Libertadora del Sur. Dos
cartas cruzadas entre Santander y Bolívar son muy ilustrativas de las
posiciones que sobre la libertad de los esclavos se tenía al momento:

Escribía Bolívar a Santander, explicando la orden de reclutamiento de


esclavos en el ejército: “las razones militares que he tenido para ordenar la
leva de esclavos son obvias. Necesitamos de hombres robustos y fuertes
acostumbrados a la inclemencia y a las fatigas, de hombres que abracen la
causa y la carrera con entusiasmo, de hombres que vean identificada su
causa con la causa pública y en quienes el valor de su muerte sea poco
menos que el de su vida” (Carta de Bolívar a Santander, abril/1820, citada
por Bierck).
Las razones políticas eran aún más poderosas. Se había declarado la
libertad de los esclavos de derecho y aun de hecho..."Todo gobierno libre
que comete el absurdo de mantener la esclavitud es castigado por la
rebelión y algunas veces por el exterminio como en Haití". "La avaricia de
los colonos (en Haití) hizo la revolución porque la República francesa
decretó la libertad y ellos la rehusaron" (Carta de Bolívar a Santander
mayo/1820, Idem).

Para los criollos más lúcidos el temor a un levantamiento negro contra la


esclavitud era una razón más poderosa que la libertad misma para
promover la emancipación de los esclavos.

Otros sectores, con Santander a la cabeza, pensaban diferente con relación


a este tema, como se desprende de la siguiente carta de Santander a
Bolívar sobre el reclutamiento de tres mil esclavos de los cinco mil
solicitados por Bolívar: "Tres mil hombres que valen $300.000 pesos oro es
otro caudal de que se priva a los amos; tres mil hombres cuyo destino es
sacar oro, son otros tantos brazos que no se emplearán más".

El 21 de julio de 1821 fue aprobada por el Congreso de Cúcuta la Ley de


Manumisión de los Esclavos, llamada también de libertad de vientres: se
confirmó la liberación gradual de los esclavos definida por el Congreso de
Angostura "para no poner en peligro la paz de la nación y los derechos de
los propietarios", se sostuvo. La ley ordenaba la liberación gradual de todos
los esclavos y los nacidos a partir de esa fecha, una vez cumplidos los diez
y ocho años. Se ordenó el establecimiento de un impuesto sobre las
herencias para la formación de un fondo de manumisión destinado a la
indemnización de los propietarios de esclavos por la liberación de los
mismos y la creación de juntas de manumisión, encargadas de la ejecución
de la ley y del fondo de manumisión en los diferentes lugares.

La incapacidad de los esclavos para asumir su libertad a causa de su


ignorancia y degradación moral con consecuencias graves para la paz
pública y el atropello que se cometía a la propiedad privada con el despojo
a los esclavistas, fueron los argumentos que se impusieron para aprobar
una ley formal e inoperante. El Congreso de Cúcuta, favorable a los
intereses esclavistas, optó por el camino de la lenta y cruenta
descomposición del sistema esclavista.

Ha sido costumbre de nuestras clases dominantes que cuando quieren


burlar las aspiraciones populares expiden leyes con las cuales responden a
éstas aparentemente, para convencer a los incautos de su buena fe. Esto
ha sido heredado de los españoles y explica, en parte, nuestra condición de
país de leyes.

Como era de esperarse, las precarias disposiciones del Congreso de


Cúcuta sobre la manumisión de los esclavos no tuvieron ninguna
aplicación: las juntas de manumisión no se constituían y si se hacía, no
funcionaban; el impuesto sobre las herencias para el fondo de manumisión
no se cobraba, ni se pagaba y los esclavos jóvenes y recién nacidos
dejaron de cumplir años, ni siquiera eran registrados sus nacimientos.

"Desde el año 1821 hasta 1831, no he asentado en los libros parroquiales


de Micay una sola partida en que conste el nacimiento de alguno de estos
jóvenes; en los de Timbiquí se nota igual falta en los años 1822 - 1828 -
1830 - 1832 - 1836 - 1837", decía el Jefe Político del Cantón de Micay.

La situación social se deterioró y se alteró el orden público en las zonas


esclavistas. Los negros, burlados es sus aspiraciones de libertad,
traicionados en los compromisos adquiridos, realizaron revueltas aisladas
en 1824, 1825, 1826 y 1827. Incluso el fracasado movimiento del Almirante
Padilla fue concebido como parte de este proceso de rebelión. Finalizada la
guerra de Independencia, los negros fueron licenciados del ejército por
orden de Santander, en 1826.
En 1839, el concierto forzoso de los manumisos que el Congreso de Cúcuta
había establecido hasta los diez y ocho años se amplió hasta los
veinticinco.

En junio de 1839, con el levantamiento del padre Villota en Pasto, se inició


la Guerra de los Supremos.

La Guerra de los Supremos tenía como razón aparente motivos religiosos -


la supresión de unos conventos en Pasto -, pero en realidad fue un
movimiento de la provincia contra el centralismo bogotano. José María
Herrán y Tomás Cipriano de Mosquera utilizaron esta guerra para promover
sus intereses políticos. Obando fue prácticamente obligado a sublevarse.
En el contexto de la Guerra de los Supremos los esclavos y los negros
libres bajo el mando de José María Obando encontraron las condiciones
propicias para desarrollar la fuerza necesaria y enfrentar a los
terratenientes esclavistas, particularmente en el Norte del Cauca.

Obando decretó que todos los esclavos que se uniesen a sus fuerzas
serían liberados y sus propietarios compensados con los fondos de
manumisión, por lo cual muchos de ellos se unieron a su ejército, mientras
otros aprovecharon el desorden para escapar de minas y haciendas.

Toda la frustración acumulada con la ley de manumisión se desbordó: la


militancia en las tropas de Obando y las guerrillas de los negros que se
habían fugado de las haciendas aprovechando el caos político reforzaron
las tradicionales fuerzas de resistencia del cimarronaje, las que adquirieron
tal fuerza que a partir de esta época, a pesar de los esfuerzos militares de
los hacendados y del gobierno, no pudieron ser controladas sino después
de la guerra de los Mil Días y dominada la última guerrilla negra para 1919.

La Guerra de los Supremos contribuyó a ampliar más aún la


descomposición del sistema esclavista en el Cauca y a una mayor
polarización entre esclavistas y esclavos, enfrentándolos en una lucha
militar abierta en el Norte del Cauca. Desde ese momento el mayor
problema de orden público del Cauca se localizó en esta región,
especialmente durante toda la segunda mitad del siglo XIX y por los menos
la primera década del siglo XX, lapso de tiempo coincidente con la
formación del campesinado negro, el cual siempre contó con apoyo armado
en su lucha por la tierra.