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LA MISIÓN A LA LUZ DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES (I)

Vamos a empezar por el principio. Guardamos un momento de silencio para sentir la presencia
del Señor en medio de nosotros. Es Jesús resucitado el que está en medio de nosotros y como los
discípulos cuando se les apareció les abrió la inteligencia de las Escrituras.

Vamos a pedirle al Señor que nos abra el corazón y también la inteligencia de las Escrituras,
porque hay cosas que se comprenden y se llegan a entender desde el corazón. Como decía el zorro al
principito: “Lo importante es invisible a los ojos, sólo se ve bien con el corazón”.

Te pedimos, Señor, que abras nuestro corazón y nuestra mente para descubrirte presente y que,
guiados por tu Espíritu podamos comprender esa Misión que tú confías a la Iglesia y a cada uno de
nosotros. Te lo pedimos a ti que eres el Hijo de Dios, nuestro hermano y nuestro Señor. Te lo pedimos
junto con el Espíritu Santo para que tu reino sea anunciado hoy hasta que tú vuelvas. Amen.

El libro de los Hechos de los Apóstoles (HA) tiene 28 capítulos.

Es bueno que después vosotros podáis ir leyéndolo. En cuanto a la bibliografía que es muy
amplia, encontraréis una selección en una hoja aparte, y os aconsejo unos libros que son encantadores.
Hay unos comentarios sobre los HA de J.L. Sicre, en tres volúmenes, en los que va alternando los HA con
las cartas que escribió Pablo. El primer volumen es: “Hasta los confines de la tierra”: “La fuerza del
Espíritu” que está relacionado con los doce primeros capítulos, incluso con el capítulo trece y catorce.
Luego, el segundo volumen es “Hasta los confines de la tierra: el Macedonio”. Son los viajes de Pablo. El
tercer volumen: “Hasta los confines de la tierra: la Profecía”, en el que hace relación con esa profecía de
Agabo cuando le dice a Pablo que le esperan sufrimientos. Pablo, aunque realmente era de la región de
Cilicia y concretamente de la ciudad de Tarso, da la impresión, viendo su obstinación, que, quizá, algo de
aragonés debía tener, porque él se empeñó en ir a Jerusalén, a pesar de aconsejarle insistentemente que no
fuera y, contra viento y marea, fue.

En cada uno de estos libros, Sicre va alternando y explicando las cartas que escribió Pablo.
Algunos conocéis “El Cuadrante”. Hay otro que corresponde a la parte dialogada, novelada: “Memorias
de Andrónico”. Éste era hijo de Teófilo, al que se dirige Lucas. Teófilo ha muerto y Andrónico con su
mujer, sus hijos y sus nietos, en reuniones familiares, nos dan un poco la idea de lo que podrían ser los
grupos de estudio de la Biblia: van leyendo el texto y lo van comentando. Son unos comentarios muy
originales de un gran exegeta español, utilizando un método muy entretenido y ameno, al alcance de
todos.

Los Hechos de los Apóstoles son la segunda parte de una gran obra de Lucas.

La primera parte es el Evangelio y la segunda parte los Hechos de los Apóstoles. No se narran los
hechos de todos los apóstoles. Hay un tema fundamental tanto en el Evangelio como en los HA que es el
“Camino”.

Jesús, en el Evangelio, empieza su camino hacia Jerusalén, subida a Jerusalén a partir de Hch
9,51: Jesús decide subir a Jerusalén (el texto griego dice “endureció su rostro hacia Jerusalén). Podríamos
traducirlo en español como “afrontó su destino (subida a Jerusalén)”. Afrontar es mostrar la frente. “Con
valentía” (“parresía”).

Ese camino de subida a Jerusalén, lo presenta Lucas como un camino de “éxodo”, de salida. Ese
camino de salida lo vemos en la Transfiguración donde se le aparecen Moisés y Elías –representantes de
la Ley y los profetas, esos dos personajes del AT, es decir, de la Revelación, donde se expresa la voluntad
de Dios– , hablando con Jesús de su “éxodo”. Dicho éxodo de Jesús está haciendo referencia a ese camino
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que conduce a Jerusalén, un camino que será subir a la cruz, para culminar en la liberación de Jesús: su
subida de la cruz a la gloria, como revelará a los discípulos de Emaús (Lc 24,26).

En el cap. Primero. Lucas nos dice cómo hizo para relatar los hechos narrados que están
dirigidos a cristianos de la segunda generación. Ya han muerto los apóstoles. Se trata de una comunidad
cristiana que está viviendo dentro del imperio romano como ciudadanos romanos, a quienes se les plantea
un dilema, como también a nosotros hoy. A veces, tenemos que combinar dos fidelidades, una como
ciudadanos, allí donde vivimos con unas estructuras sociales, políticas, económicas… y también otra: la
fidelidad a Jesucristo.

A veces, hay conflictos entre esas dos fidelidades y hay que elegir. En África se dice que “un solo
pie no puede seguir dos caminos al mismo tiempo”. Los cristianos, cuando había conflicto, elegían a
Jesucristo, lo cual llevaba consigo la marginación, la persecución e incluso la muerte. No digo martirio
porque la palabra martirio es lo mismo que la palabra testimonio. El testimonio llevado hasta el final es
dar la vida. De hecho en el Apocalipsis Jesús se presenta como el “Testigo fiel”, él es el primer mártir, el
mártir por excelencia. Cuando Jesús envía a su Iglesia para dar testimonio es un testimonio martirial.

Jesús termina su vida terrena viviendo su éxodo particular: salir de unas instituciones religiosas, de
una religión que no es salvadora. Es una religión manipulada, manipuladora, dominante y opresora.

En S. Lucas hay dos palabras para hablar de Jerusalén. Una, en griego “Yerusalem”, indeclinable,
para hablar no de la ciudad sino a la institución político-religiosa, cuyo centro es el Templo. Hay otra
palabra que es declinable: “Yerosólyma” que se refiere a Jerusalén como ciudad. El éxodo de Jesús
consiste en “salir de Jerusalén”, para ir al Padre.

En los HA, Lucas se dirige realmente al mismo personaje del Evangelio: Teófilo. “Puesto que
muchos se han puesto a relatar los hechos que nos han acontecido… los que lo vieron… yo también he
pensado, ilustre Teófilo, escribirte todo, por orden y exactamente…” (Lc 1,1-4). En la introducción de los
HA, Lucas dirige al mismo personaje: “En la primera parte, querido Teófilo, conté todo lo que Jesús hizo
desde el principio…” (Hch 1,1-2).

En esta obra que tiene dos partes, el cap. 24 de la primera, es decir del Evangelio, y especialmente la
última parte de la aparición del resucitado a los apóstoles y el comienzo de la segunda (Hch 1,1-11)
forman como un díptico, es decir, dos cuadros unidos por unos goznes: el final del Evangelio (Lc 24,36-
53) y el comienzo de los HA (Hch 1,1-11). Ambos textos narran prácticamente lo mismo, aunque no del
todo, pues el comienzo de los HA presenta un resumen de la primera parte de la obra con algunas
diferencias.

Fijaos que, en Lc 24,36ss., dice: Le dieron pescado, lo tomó y les dijo: “Esto es lo que os decía
cuando todavía estaba con vosotros (la presencia física de Jesús) que tenía que cumplirse en mí todo lo
escrito en la Ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Es la única vez que se habla de la división
que hay en la Biblia hebrea. La ley (la Torá), los profetas y los salmos. En ellos se revela el destino de
Jesús. “Entonces le abrió la inteligencia para que comprendieran la Escritura…” Porque no se habían
enterado de nada. Ahí tenemos, como ejemplo, a los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35): Jesús se les
aparece, pero desde la tristeza y el desencanto se atreven a hacerle toda una catequesis a Jesús desde lo
que se comprende, pero sin fe. A lo que Jesús les responde: “Pero qué torpes sois. ¿Acaso no tenía que (=
no era el plan de Dios) padecer eso el Mesías para entrar en su gloria?” (Lc 24,26).

No hay otro camino para llegar a la gloria que pasar por el camino de la cruz: para subir a la
gloria, hay que subir a la cruz. A la libertad sólo se pasa por el “éxodo”. El éxodo pasa siempre por la

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muerte. Luego Pablo, en la carta a los romanos, hablando del bautismo utilizará los mismos términos y
maneras y esto hay que vivirlo en la historia de cada día.

Luego Jesús les va explicando todo lo que decían de él la Ley y los Profetas. Es en la fracción del
pan, el signo de la Eucaristía cuando se les abren los ojos, se llenan de alegría y reconocen al resucitado.
No habían comprendido nada. Jesús les abre los ojos de la inteligencia.

La cuestión está en que llegamos a los HA y vemos que no han comprendido nada.

“En la primera parte, querido Teófilo, conté todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio hasta que
después de dar instrucciones por medio del ES a los discípulos que había elegido fue llevado al cielo…”
Eso es lo que ha contado en Lc 24,36-49: “Así está escrito, que el Mesías tenía que padecer y resucitar al
tercer día de la muerte, que en su nombre predicaría penitencia y absolución de los pecados a las naciones
empezando por Jerusalén (no tanto por la ciudad sino por la institución). Vosotros sois testigos de ello. Yo
os envío lo que el Padre prometió. Por eso quedaos en la ciudad, no en la institución, sino en la ciudad” El
texto dice “sentaos”. Permaneced sentados, quietos parados. No toméis ninguna iniciativa. Cosa que
veremos en el primer capítulo de los HA, donde Pedro no obedeció, seguía siendo rebelde. Quedaos en la
ciudad hasta que desde el cielo os revistan de fuerza. Después los condujo fuera (cf. Lc 24,50-53), fuera
de la institución, fuera de la ciudad, hacia Betania, y alzando las manos los bendijo y mientras los
bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén, no
a “Yerosólyma”, sino a la institución, pero muy contentos y pasaban el tiempo en el Templo.

Les costó mucho realizar su propio camino de éxodo, de salida. Entonces, en el primer cap. Nos dice “Se
nos había presentado vivo durante cuarenta días. Lucas dice que llegar y pum ¿de dónde salen los
cuarenta días? Ya sabéis que la cifra 40 es un número simbólico: Jesús 40 días en el desierto antes de
comenzar su misión, el pueblo permaneció 40 años en el desierto en el éxodo hasta llegar a la tierra
prometida, Moisés permaneció 40 días con sus 40 noches en el Sinaí hasta recibir la revelación de Dios,
la Ley. Elías, huyendo de la pérfida Jezabel, durante 40 días con sus 40 noches anduvo a través del
desierto para ir al Sinaí, al Horeb donde se le apareció el Señor con una novedad, la experiencia del Dios
misericordioso y liberador, ya no era ese Dios terrible del trueno y la tormenta, de la tempestad, sino el de
la calma brisa, el Dios del silencio. Dios habló en el silencio. Y en el silencio Elías reconoció la presencia
de Dios y fue enviado a Misión.

La Misión no es posible sin un encuentro personal con el Señor. Y el resucitado, durante 40 días, es
necesaria esa experiencia personal, que no quiere decir individual, porque está contrapuesto a
comunitario. Es una experiencia comunitaria y personal. Aquí están reunidos los 11.

Los rabinos, cuando cumplían los 40 años recibían el diploma de rabino y podían enseñar.

Aquí hay algo más que un relato histórico. Es el tiempo necesario de maduración, de conocimiento,
encuentro personal con el resucitado.

¿Para qué? Después de su pasión con muchas pruebas y hablando del reinado de Dios. Estando comiendo
con ellos les encargó que no se alejasen de Jerusalén, de la ciudad, sino que esperasen lo prometido por el
Padre.

Les dio pruebas de que estaba vivo. ¿Cómo vas a dar testimonio de que Jesús está vivo si no tienes la
experiencia? No es una experiencia física sino una experiencia espiritual. El resucitado ya no es accesible
a nuestros ojos.

Fijaos que cuando dice “se apareció”, se traduce por “se hizo ver”. Cuando se hace ver el resucitado, tiene
que dar signos de que es él, de que es el que vivió con ellos y por eso les dice “¿Tenéis algo de comer?”,
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“mirad mis manos y mis pies”, “mete la mano en el costado”, para que vean que el resucitado y el Jesús
terreno son el mismo.

Son unos signos, hoy diríamos sacramentos, para identificar al resucitado con el Jesús histórico. Eso es lo
que hace durante esos 40 días (Hch 1,3). Luego en Hch 1,5 dirá: “Juan bautizó con agua, pero vosotros,
dentro de poco seréis bautizados con el Espíritu Santo…” (cf. Hch 2,1-4.17-18.33.44-48; 4,31; 10,44-47;
11,15-16; 19,1-6).

“¿Es ahora cuando vas a restaurar la soberanía de Israel?” (Hch 1,6). ¡Después de 40 días! ¡Qué
duros eran de mollera! Y nosotros también, cuando nos decimos “es que nosotros…”, pero ellos tampoco
comprendieron. No nos desanimemos. El privilegio que tenían era el de haberle conocido al Jesús terreno
y ¿de qué les había servido? No había una experiencia espiritual de reconocimiento en el resucitado al
Jesús terreno. Eso es la obra del Espíritu, la obra de Dios.

“Les contestó: no os toca a vosotros marcar los tiempos y las circunstancias que el Padre ha fijado con
exclusiva autoridad, pero recibiréis la fuerza del ES que vendrá a vosotros. Seréis testigos míos en
Jerusalén (ciudad e institución), Judea y Samaría y hasta el confín del mundo” (Hch 1,7-8).

Fijaos que este versículo 8 del cap. 1 es el programa de la Misión. El camino de la misión de Jesús,
guiado por el ES. Jesús siempre fue guiado por el ES, hasta el final, siempre obedeciendo al ES. En el
bautismo el ES desciende sobre Jesús. En el cap. 4 de Lc, cuando se presenta en la sinagoga de Nazaret
dirá: “El ES está sobre mí porque me ha ungido…” (Lc 4,18). La profecía de Isaías se cumple en Jesús.
Aquí tenemos la homilía más corta de la historia: “Esto que habéis escuchado se cumple hoy” (Lc 4,21).

Tuvieron que recibir la fuerza del Es, pero mientras tanto tienen que permanecer quietos paraos en la
ciudad. Hasta que no reciban el ES no tienen que mover ni un pelo

“Dicho esto se elevó y una nube se lo quitó de la vista” (Hch 1,9). Eso no quiere decir que Jesús no esté
ya presente. Es otra presencia. Ya no es la presencia física, sino mística y espiritual. El programa es:
“seréis mis testigos en Judea, Samaria y hasta el confín del mundo” (Hch 1,8).

Pero si eso estaba tan claro ¿por qué les costó tanto a la primera comunidad abrirse a la misión universal?
Son palabras no del Jesús histórico, sino del resucitado. Hay que asimilarlo desde la experiencia espiritual
del Espíritu que es el que condujo la misión de Jesús y es el que conduce la misión de la Iglesia. Y la
misión de la Iglesia es también actual. Hoy se habla mucho de “Iglesia en salida”. Esperemos que no se
convierta en un simple eslogan… El camino de la Misión es un camino de éxodo: salir del terreno trillado
y guiados por el ES ir abriendo caminos nuevos

Ahora bien, cuando surge una novedad reaccionamos diciendo “siempre se hizo así”.

Hay que estar atentos a la guía del ES. La Iglesia descubrió la Misión universal guiada por el Espíritu de
Jesús. Jesús, en el Evangelio, fue dando signos de apertura a los gentiles, atravesando fronteras fuera del
terreno sagrado de la tierra prometida, acogiendo a los que estaban marginados y fuera de la institución,
derribando barreras y fronteras (cf. Mt 8,5-13; Lc 7,2-10; Mt 15,21-28; Mc 7,24-29). La Iglesia lo fue
interpretando así guiada por el ES (Hch 10-11). Ya lo decía san Juan “El ES os conducirá a la verdad
plena” (Jn 16,13).

Eso hay que asimilarlo interiormente. Es lo que tuvo que hacer la Iglesia. Ya veremos las resistencias que
hubo.

“Seguían con los ojos fijos en el cielo mientras él se marchaba, cuando dos ángeles vestidos de blanco…
Hombres de Galilea ¿qué hacéis allí mirando al cielo?”… (Hch 1,10-11).
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La ascensión de Jesús la presenta Lucas como un arrebato, según el modelo del rapto de Elías (2 Re 2 2,1-
15): Deshacen el camino desde la tierra prometida y atraviesan el Jordán. Tras el arrebato de Elías, Eliseo
golpeó el agua del Jordán con el manto de Elías, las aguas se separaron y él pudo regresar a la tierra
prometida: había recibido los dos tercios del espíritu profético de Elías. “Se ha posado sobre Eliseo el
espíritu de Elías”.

Lucas se está inspirando, probablemente, en este texto de Elías y Eliseo. ¿Qué hay detrás de todo esto?
Sabemos que durante su vida terrena la familia de Jesús no creía en él, aunque dos de los discípulos eran
parientes de Jesús, Santiago y Judas Tadeo. Creían que estaba loco y fueron a buscarlo (Mc 3,21; cf. Jn
7,5). Qué vergüenza, nuestro hijo nos está avergonzando. Es lo que le dirá Cesto a Pablo antes de
mandarlo a Roma preso: “Está loco, Pablo; las muchas letras te han vuelto loco” (Hch 26,24).

La cuestión era ¿quién iba a heredar el espíritu profético, mesiánico de Jesús? Normalmente los que le
habían visto elevarse. Esos, recibiendo la fuerza del Espíritu, del que se hablará en el cap. 2, son aquellos
a los que se les dice: “seréis mis testigos en Jerusalén, Judea y Samaría y hasta el confín del mundo” (Hch
1,8).

Después de eso se volvieron a Jerusalén (institución). El texto griego no pone Yerusólyma, sino Jerusalén
(institución), respetando la Ley, claro: desde el monte de los Olivos que dista de Jerusalén lo que se puede
caminar un sábado. “Cuando llegaron subieron al piso superior donde se alojaban: Pedro, Juan, Santiago,
Andrés, Felipe. Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón y Judas. Todos ellos con algunas
mujeres, la madre de Jesús y sus parientes persistían unánimes en la oración (Hch 1,11-14).

Y sus parientes, aquellos que no creían en él, ahora están allí, después de la muerte de Jesús, par a ver
quién va a heredar. Había uno que había desaparecido del grupo. Judas. Y Jesús les había dicho: quietos
parados en la ciudad “hasta que recibáis la fuerza de lo alto”. Sin embargo, Pedro se levanta, un día, y da
un golpe de mano. Se puso en pie delante de los hermanos, 120, fijaos que esta cifra es 12 x 10. Diez es el
número más pequeño para que los judíos puedan reunirse y hacer comunidad para la oración. Doce es el
número simbólico de las 12 tribus de Israel. Lo cual hace referencia al pueblo de Israel (120 personas)
reunido y dijo: “Queridos hermanos, tenía que cumplirse…” (Hch 1,16-19). Aquí hay dos cosas: el
`puesto de apóstol como los doce tiene que quedar desolado, pero el ministerio que lo ocupe otro.
Entonces hacen una oración, lo ponen todo en nombre de Jesús. Echan a suertes, algunos dicen que
echaron a suertes con el “Urim y Tumin” esas piedras que el sumo sacerdote llevaba para la adivinación.
El término griego indica que se trata más bien como de unas bolitas, piedras… y votaron. Habían
presentado a dos, uno José Barsabás, el Justo, que aparecerá luego y Matías. Y rezaron: “Tú, Señor, que
conoces los corazones…” para ocupar el puesto de este ministerio apostólico (Hch 1,24-25), del
ministerio, no del grupo. La suerte tocó a Matías y fue incorporado al grupo de los doce apóstoles (Hch
1,26).

Esto lo estudia muy bien Joseph Rewuskam: los candidatos tienen que ser alguien que haya conocido a
Jesús desde el comienzo, desde el bautismo hasta que fue arrebatado al cielo. ¿Qué es lo que consigue
Pedro? Excluir a los parientes de Jesús como pretendientes a la herencia de Jesús, o sea, cortarles las alas.
Pedro completa el grupo de los doce y una vez que el grupo de los 12 estuvo reconstituido, a los demás ya
no se les llama apóstoles. El grupo estaba cerrado. Pedro cierra el grupo de los doce para cerrarles el
camino a los parientes. Aunque Santiago, un pariente, fue el que se quedó de jefe de la comunidad de
Jerusalén, los fieles a la Ley de Moisés.

A Pedro no le salió del todo el tiro por la culata, pero sólo en parte, pues hubo muchas tiranteces. Nos
hacemos a veces unas ideas rocambolescas de la primera comunidad, en realidad está muy cerca de lo que
vivimos nosotros en nuestra familia SMA.

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Llegamos a Pentecostés donde estaban todos reunidos (Hch 2). Aquí “la casa” está haciendo referencia a
la comunidad, a la Iglesia. Se llenaron todos del ES, cumpliéndose la promesa que el Padre había hecho
por medio de Jesús.

“Residían en Jerusalén judíos piadosos venidos de todos los países del mundo…partos, medos, habitantes
de Mesopotamia…” (Hch 2,5-11).

Os voy a mostrar un esquema para que veáis que aquí se está hablando de la lista de las naciones que
representan los cuatro puntos cardinales. Esto nos puede ayudar a comprender la misión universal. Si nos
fijamos en los pueblos enumerados en esta lista de las naciones presentes en el acontecimiento de
Pentecostés (en los HA se narran varios “pentecostés”), los quince pueblos o naciones están ordenados
siguiendo una línea imaginaria que enlaza con los cuatro puntos cardinales. Hay una línea imaginaria
central que enlaza los 4 puntos cardinales pasando por el centro. Y en el centro está Judea con su capital
Jerusalén donde residían de forma provisional los representantes de toda la humanidad de ese momento.
Lo cual quiere decir que hoy día tendríamos que tenerlo en cuenta. Hay como un movimiento rectilíneo
que parte de Oriente (primer grupo). Pasa por el centro, viene hacia el Norte (segundo grupo) y va hacia
Occidente para volver hacia Oriente (tercer grupo). Los cuatro puntos cardinales.

En el punto de partida están los partos, medos, elamitas. Que están en el Este de Judea y Jerusalén (Irak,
Irán…) Son los pueblos de los antepasados. De allí se sube a Mesopotamia hasta las orillas del Jordán y
luego va hacia el centro, Judea. Sube hasta El Ponto y Capadocia, la actual Turquía. Es la parte de
Galacia, la capital. Es la actual Ankara (Alcira) donde Pablo fundó una iglesia a la que escribió una carta:
la carta a los Gálatas. De allí parte hacia Asia, la parte occidental de Turquía, cuya capital es Éfeso. De
allí pasa a Frigia y Panfilia, que son dos regiones de Turquía y de allí baja a Egipto.

Todo esto son los habitantes por derecho propio que estén en el centro de la tierra. Luego pasa hacia el
Oeste, Libia, la región de Cirene para subir a los “sobrevenidos”. Están los habitantes del pasado, los
habitantes “por derecho propio” y los “sobrevenidos”: romanos, cretenses y árabes.

En esta lista se echa de menos a Siria, así como Macedonia y Grecia. Lucas no ha pretendido ser
exhaustivo. No pretende poner una lista completa de las naciones existentes. Menciona una línea
imaginaria por los 4 puntos cardinales. En el centro están las naciones, por criterios geográficos:
Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto… pueblos por derecho propio. A cada lado, siguiendo criterios
étnicos, cita a los pueblos del pasado. Luego, en la otra parte están los “sobrevenidos”, pero tiene mucho
cuidado en precisar, a propósito de los romanos, que son los actuales invasores de Palestina y se habla de
“judíos y prosélitos”. El texto habla de romanos residentes, judíos y prosélitos, no de los invasores.
Porque había romanos que habían ido “provisionalmente” por la Pascua y allí estaban en peregrinación.

Están los cretenses y árabes. Ahí está presente el expansionismo de los cretenses y los árabes que apuntan
en el horizonte. El horizonte se abre, porque el mensaje tiene que ir hasta los confines de la tierra.

Luego viene el primer discurso de Pedro. Creen que está borracho, pero no, “esto no es fruto del vino sino
que se ha cumplido la profecía de Joel que había profetizado: “vuestros hijos e hijas profetizarán” (Hch
2,17-18). Llegará el momento en que todo un pueblo será pueblo de profetas y eso sucede hoy. Son los
famosos discursos de los HA. Tengo aquí una sinopsis de los discursos por si los queréis copiar.

El caso es que se preguntan a un momento dado:

- ¿Qué es lo que tenemos que hacer?

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Se les contesta:

- Arrepentíos, bautizaos y recibid el ES (Hch 2,37-38).

Se convirtieron una multitud (3.000) y se crearon las primeras comunidades. Todo parece muy bonito y a
partir de Hch 2,42: la primera comunidad cristiana. Esa comunidad cristiana nunca existió como tal.
Lucas está presentando una comunidad ideal, modelo en el que todas las comunidades de todos los
tiempos deberán mirarse como en un espejo de lo que tiene que ser la comunidad de los discípulos de
Jesús

“Eran asiduos en escuchar las enseñanzas de los apóstoles… en la fracción del pan y en las oraciones…”
(Hch 2,42-47). No creáis nunca que nosotros convertimos a la gente, el que cambia los corazones y añade
gente a la comunidad es el Señor. Seamos humildes, que a veces nos pasamos de rosca.

Empieza ya el ministerio de los apóstoles. Han recibido los poderes de Jesús y Pedro va al templo (Hch
3), encuentra allí a un paralítico que estaba pidiendo limosna y “le da lo que tiene: “en nombre de Jesús
de Nazaret… y llega el conflicto. Pasa como con el ciego de nacimiento (Jn 9). Los llaman porque eso
puede crear problemas. El obrar, el trabajo de humanización puede entrar en conflicto con aquellos a los
que defendiendo la religión del “siempre se ha hecho igual”, se pone en tela de juicio una religión que no
libera sino que oprime. Entonces viene el interrogatorio, el pedir explicaciones… los otros pueden verse
amenazados de que les estás derribando el chiringuito.

Primer interrogatorio. Aquí se está reproduciendo todo lo que le pasa a Jesús en su ministerio. La religión
opresora está pidiendo continuamente explicaciones. “¿Qué signo haces? ¿Qué pretensiones tienes?”…
Se aprovecha la ocasión para dar testimonio. En Hch 4, los llaman y les piden cuentas Les prohíben
hablar en “ese nombre”, con desprecio. Eso es una manera muy sutil de “perseguir”, las persecuciones no
siempre son violentas. En Hch 8, veremos como esas palabras llegan a ser asesinas. La vida de Jesús fue
un proceso judicial, hasta que al final las palabras las llevaron a los hechos. Los meten en la cárcel y la
comunidad está reunida en oración para su liberación y rezan para predicar con franqueza, con valentía,
para hablar claramente… (Hch 4.24-30). La consecuencia (Hch 4,31) nos recuerda el Hch 2: tembló el
lugar, se llenaron del ES y anunciaban el mensaje con valentía… sin buscar el lenguaje políticamente
correcto…porque no queremos que se nos vayan los clientes. Pero Jesús no envía a la Iglesia a hacer
clientes, sino discípulos:

“Id y haced discípulos de todas las naciones” (Mt 28,19-20), no clientes. Al cliente se le da siempre la
razón, se le ofrecen rebajas. Sin embargo, Jesús llama al discipulado y muchos reaccionan diciendo: “Este
lenguaje no se aguanta” y muchos se fueron (Jn 6,66). Jesús se dirige a los doce y les pregunta:
“¿También vosotros os queréis ir?”. Pedro responde: “sólo ti tienes palabras de vida eterna” (Jn 667-69).
La realidad es que también lo abandonaron. Jesús está dispuesto a quedarse solo; él tenía una misión y un
lenguaje que anunciar, como la iglesia hoy. El testimonio tiene que ser claro, franco, valiente y libre. La
“parresía” tiene que estar presente también en la Iglesia.

Durante años, y años de un pasado reciente hemos tenido un concepto de Iglesia-clientela. Me acordaré
siempre de González Ruiz cuando en Montesa despotricó contra Juan Pablo II “Este hombre tiene un
concepto de Iglesia-clientela”

Esto debe conducirnos a tener un sentido crítico hacia nosotros mismos.

Luego viene la comunidad de bienes. Otro sumario sobre la primera comunidad: “Un tal José a quien los
apóstoles llamaban Bernabé, que significa consolado, levita y chipriota de nacimiento… (tío de Juan
Marcos, que fue con Pablo en la misión a los gentiles).Este Bernabé poseía un campo y lo vendió…”

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(Hch 4,32-37). Pero, en esa comunidad no es oro todo lo que reluce: se habla de un tal Ananías y de su
mujer… que intentaron engañar, no sólo a la comunicad, sino también al ES… (Hch 5,1-10).

Esto me recuerda la colecta de Banikani donde había gente que no depositaba nada, pero que hacían el
gesto… Esa primera comunidad no era perfecta; las nuestras tampoco. Lo que tenemos que hacer es estar
en proceso de conversión continua.

Son liberados milagrosamente…El camino de la misión es un camino imparable. Las persecuciones sólo
sirven a la expansión del testimonio. Intervención de Gamaliel, un hombre sensato… (Hch 5,17-42).

LA MISIÓN A LA LUZ DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES (II)


Diferencia entre el Jesús histórico y el resucitado

- En la misión de Jesús terreno, como envía a sus apóstoles a la misión por donde tenía que pasar él
les dice: id a las ovejas descarriadas de Israel. Y cuando él está fuera y le piden un milagro dice:
Yo he sido enviado sólo a las ovejas descarriadas de Israel.

La primera parte de la misión del Jesús terreno era dirigida al pueblo de Israel. El Jesús resucitado y el
terreno es el mismo, lo que pasa es que la experiencia del Jesús resucitado es una experiencia mística.
Ellos lo ven “comieron con él”. La experiencia de los que lo conocieron en su vida terrena es una
experiencia que tiene que tener toda la Iglesia. En la primera carta de San Juan: “Los que hemos comido
con él os anunciamos…” Eso es lo que tiene que hacer la Iglesia. Desde la fe tenemos que ver. Ver es
tener la experiencia del resucitado. No es una experiencia física. Una frase como “No verán la muerte”
quiere decir que no experimentarán la muerte.

Ver al Jesús resucitado es experimentar que Jesús está vivo, presente. Eso es obra del Es. Cuando
celebramos la Eucaristía participamos, comemos con Jesús como los discípulos de Emaús comieron con
Jesús. También la Iglesia de hoy día está invitada a ver, tener la experiencia de Jesús vivo, presente en
medio de nuestra historia y saber que ese Jesús que experimentamos es el mismo que el Jesús de Nazaret
que vivió y murió.

En los relatos de las apariciones se está insistiendo en unas comunidades que ya no conocieron al Jesús
terreno es el mismo que el que vivió en Palestina. El Jesús resucitado sin el Jesús terreno es un mito. Es el
mismo Jesús; lo que pasa es que ya no tenemos acceso de la misma manera que tenían acceso los que
vivieron en su vida terrena con él, pero ellos, al final también tuvieron acceso al resucitado por medio de
la fe. Cuando las mujeres fueron al sepulcro no lo vieron; ellas y los apóstoles tuvieron que creer al
mensaje de Jesús, pero a él no lo vieron.

“Jesús no está aquí. Ha resucitado” Ese es el mensaje que viene de la parte de Dios. Si no se cree eso todo
lo demás sobra. El acceso al Jesús resucitado es a través de la fe y tenemos acceso a la fe por medio de la
predicación. El sepulcro vacío podía significar dos cosas: que habían robado el cuerpo como pensó María
Magdalena o si no estaba allí era porque había resucitado. Pero fue el discípulo amado el que vio y creyó,
vio unos signos que le llevaron a decir “esto no es un robo”

Luego vienen ya la escenificación de las apariciones, pero había una resistencia: se tenía que hacer ver,
reconocer.

Es el ES el que nos hace conocer al Jesús resucitado, el mismo que padeció y murió crucificado en
Palestina. Porque si no hubiese resucitado, el Jesús histórico hubiese sido la gran mentira, un fracaso,
pero si creemos en el Resucitado sin creer que éste y el Jesús histórico es el mismo, queda reducido a un
mito. Es el problema que tuvieron las primeras comunidades: creer que ese Jesús histórico era el Hijo de
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Dios. Luego en la comunidad de san Juan –tal como aparece en las cartas– el problema era creer que el
Jesús resucitado, Hijo de Dios, era realmente hombre, por lo que cayó en el docetismo, pues negaban la
realidad histórica y humana del Hijo de Dios.

Jesús sólo podía salvar lo que había asumido. Si Jesús no asume verdadera y realmente nuestra
humanidad con todas las consecuencias de ser hombre, no nos hubiese salvado. Pero si ese hombre, Jesús,
no fuera el Hijo de Dios, exaltado por Dios en la resurrección, tampoco nos hubiese salvado.

Testimonio y persecución: El testimonio siempre termina en persecución como vemos s lo largo del
libro de los Hechos. Dios asiste siempre a su Iglesia pasando a veces por la persecución, a la hora de dar
un testimonio que a veces va hasta el don de la vida, hasta la muerte. Pero el testimonio no fue siempre
ejemplar en toda la Iglesia. Hemos visto el caso de Ananías (Hch 5,1-11). Esa comunidad compleja de
judíos de Palestina y judíos helenistas, de cultura griega no iba tan bien (Hch 6,1-6). Se habla de
solidaridad, de comunión de bienes… La elección de los siete fue para resolver un problema. En la Iglesia
ha habido siempre sectas, grupos, favoritismo. Los judíos de Palestina no atendían a las viudas y
huérfanos de los cristianos que venían de judíos de cultura griega. Fueron a ver a los apóstoles que les
dijeron que lo arreglasen ellos porque los apóstoles estaban para a oración y predicación. Eligieron a siete
diáconos que eran por los nombres de cultura griega; eran los servidores de la mesa, de la parte material
de la misión, pero no se limitaron a eso, vemos que Esteban era una persona llena del ES y dio testimonio
hasta el final (Hch 6.8-8,2).Vemos que está reproduciendo la misma escena que Jesús en su pasión: “Este
hombre no para de hablar en contra del Lugar Santo y de la Ley ” (Hch 6,13; [Mc 14,57-58; Mt 26,60-61];
Hch 7,55-56; Lc 22,69; Hch 7,59-60; Lc 23,34.46).
Cada cristiano en nuestra vida tenemos que identificarnos con Jesucristo en todo momento, saber leer
nuestra vida y nuestra misión, con los pros y contras, a la luz de la vida de Jesús. Es el mismo ES el que
nos guía. Según Hch 7,58; 8,1, se produce una persecución en la que Pablo está de testigo, pero hay
testigos que son cómplices. Guardaba los vestidos, no tira una piedra pero no impide el apedreamiento

Persecución y evangelización: En Hch 8,1-4, se cuenta que se produjo una persecución contra la Iglesia
y se dispersaron. A veces los problemas, las persecuciones son la manera como Dios nos habla por su ES
para salir en misión, no para quedarse encerrado. Han recibido la fuerza del ES, se dispersan y por donde
pasan van anunciando el Evangelio. Esta persecución no era contra los cristianos de origen judío, sino
contra los cristianos-judíos de cultura griega representados por Esteban. Ellos aprovecharon esos
momentos en la dispersión para anunciar el Evangelio. Es así como se va cumpliendo el proyecto
misionero que Jesús confía a la Iglesia.

Estamos acostumbrados a vivir en situaciones de cristiandad en que todos nos echan la mano por la
espalda. La cruz forma parte de la misión. Una misión sin cruz no es una misión cristiana. Los
acontecimientos en Níger han sido una oportunidad para que el Espíritu nos hiciera comprender que hay
que salir a anunciar el Evangelio, pues en ello va el futuro de la misión. Si Jesús hubiese obrado con
cobardía se hubiese muerto de viejo. En la película “La última tentación” de Jesús, hecha por un director
judío, presenta esta última tentación en la tuvo en la cruz: “si eres el Hijo de Dios baja de la cruz y
creeremos en ti” (Mt 27,40 y paralelos). La tentación es escenificada con Jesús imaginando su vida
bajando de la cruz, casándose con María Magdalena y se muriendo de viejo. Pero la película no termina
así, sino con el triunfo de Jesús sobre la tentación, rechazando bajar de la cruz y muriendo en ella.

Toda la vida de Jesús fue una tentación para apartarlo de la misión que Dios le había confiado, pero él
permaneció fiel hasta el final.

La Iglesia siempre tendrá la tentación de hacer una mala lectura de los acontecimientos de nuestra vida:
apartarnos de la misión que Jesús nos encomienda. El ES nos habla a través de las personas y a través de
los acontecimientos. En hebreo la palabra “dabar” significa “palabra” y “acontecimiento”. Los
acontecimientos históricos son palabra de Dios. Dios nos habla por los acontecimientos, pero también por

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el silencio, el silencio de Dios es palabra. ¿Os acordáis de la escena en que Jesús está en el huerto de los
Olivos? “Padre, si es posible que pase de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc
22,40 y paralelos). La respuesta de Dios fue el silencio. Y Jesús interpretó el silencio del Padre como
palabra y siguió adelante.

Tenemos que interpretar a través de nuestra fe nuestros acontecimientos, nuestra vida, incluso los
momentos de crisis que tenemos en la fe, como los místicos españoles que nos hablan de la “noche
oscura”. También pasó Jesús por la noche oscura. “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?”
Sal 22,1 y sigue un poco más adelante: “Tú eres mi Dios” (Sal 22,11) y lo termina en acción de gracias
(Sal 22,23ss.).

Jesús supo leer su propia vida y sus momentos de oscuridad, siendo Hijo de Dios, porque asumió nuestra
realidad. “Y aun siendo hijo aprendió a obedecer” (Heb 5,8). La obediencia es complicada y se aprende y
su aprendizaje es doloroso “con gritos y lágrimas pidió al que podía liberarlo de la muerte y por su piedad
fue escuchado” (Heb 5,7), pero pasando por la muerte.

Si buscamos el triunfo de la misión en un triunfo profano suprimiendo la cruz de nuestra vida misionera
estamos fuera de lugar, no conseguiremos nada.

La misión en Samaría: Uno de los diáconos va a evangelizar Samaría, Felipe (cf. Hch 8,26ss.). El
programa de la misión de Jesús se realiza a través de la historia. Es llevar adelante la misión que nos ha
encomendado Jesús. Eso es válido hoy.

Ver también que la misión es también una obra de acompañamiento guiado por el ES. Todos conocéis la
historia de Felipe con el etíope. Felipe se deja llevar por el ES. ¿Entiendes lo que estás leyendo? Si nadie
me lo explica… Felipe explica y el otro pide el bautismo. El ES arrebata a Felipe y lo lleva a otro sitio.
Contemplando mi vida misionera me doy cuenta de que a pesar mío he ido por donde no quería o sabía.
Es el ES el que abre el corazón de la gente; eso se ve en la experiencia misionera de Pablo.

Todos nosotros tenemos experiencias de misión muy cercanas a las que leemos en los HA. Cuando yo
estaba en Niki, iba con regularidad a un pueblo en la carretera de N’dali: Serekalé. Dirigiéndome a
Serekalé, pasaba delante de Koni. Yo quería entrar en ese pueblo y sabía cómo hacer, hasta que unos
jóvenes vinieron de Koni a Serekalé y me dijeron: padre, venga a visitarnos, porque lo vemos pasar
delante de nuestro pueblo y nos preguntamos cuando se parará aquí… Dios les condujo a ellos y a mí
también. Así comenzó la comunidad de Koni

Conversión y vocación misionera: A Dios le gusta sorprender y si no nos dejamos sorprender por él,
llegaremos a decir: “Siempre se ha hecho así” y así estaremos bloqueados. Pablo iba persiguiendo a la
Iglesia y se encontró con Jesús (Hch 9). La misión no es posible ni la vocación misionera sin un
encuentro personal con Jesucristo. Y a veces nos quedamos deslumbrados: “Y ¿Quién eres?”. “Yo soy el
que persigues” Y se tuvo que dejar acompañar hasta que se le abrieron los ojos. Aquí está anunciando ya
la apertura a la misión universal, pero no fue él el primero que se abrió a ella. Pedro (os invito a leer Hch
10 y 11 porque hay que saber interpretar otros acontecimientos) no había salido todavía de la institución
judía y tiene una visión. “Mata y come”. “Yo jamás, siempre he sido fiel a la ley judía” “No llames
impuro lo que Dios ha creado”, por tres veces y lo vienen a buscar y va a casa de un pagano, Cornelio;
habla de Jesús y se renueva la escena de Pentecostés, desciende el ES y empiezan a hablar en lenguas.
“Pues, si han recibido el ES como nosotros ¿qué impide el bautismo?”. Apertura al mundo gentil. Pero la
comunidad no acepta eso y le llama al orden.

La apertura a la misión universal es complicada y no siempre es evidente y hay que dejar al ES que nos
abra el corazón, la mente y los ojos porque nos podemos contentar con poco. La misión siempre tiene que
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ir cruzando fronteras, no sólo físicas, que son fáciles de pasar, fronteras mentales, etnológicas, teológicas,
espirituales, culturales… y mientras no pasemos esas fronteras, la misión “ad extra” no será real, esa que
es nuestra vocación misionera, no es solo física y geográfica, es personal, cultural… Y ahora que estamos
viviendo en un mundo multi-cultural y multi-religioso hay que tenerlo presente y saber leer.

Llega un momento en que la persecución no se limita a esa comunidad cristiana de los helenistas; llega a
los apóstoles y en la fiesta de la Pascua arrestan a Santiago y a Pedro (Hch 12). Al primero que ejecutan
es a Santiago: “Señor, haz que nos sentemos…” (Mc 10,35-40). Santiago es el primero en beber el cáliz y
Pedro es liberado milagrosamente, una vez más; ha empezado su éxodo misionero saliendo del ámbito del
judaísmo, abriéndose al ámbito del paganismo y una vez liberado va, no a una comunidad judía que
estaba presidida por Santiago el menor, el hermano de Jesús, sino a casa de una tal María, la madre de
Juan Marcos, chipriotas, una comunidad de cultura griega. Lo recibe la madre de Juan Marcos, sobrino de
Bernabé (eso nos va a dar pistas sobre la vida misionera, cosas que vivimos también nosotros). Aquí es
donde Pedro termina su éxodo. Pedro deja Jerusalén y el que se queda en Jerusalén es Santiago, el
hermano del Señor. “Cuando seas mayor otros te ceñirán e irás allí donde no quieras”… (Jn 21,18), a otro
lugar. El caso es que Pedro ya no es el mandamás de la Iglesia de Jerusalén. Estará allí para la asamblea
de Jerusalén, pero Pedro desaparece de la circulación. Pedro termina su éxodo. Es importante saber que
nuestra vida la dirige Dios, el ES y que un día también nosotros iremos a otro lugar. Nosotros no somos
quien para fijarnos los objetivos de la Misión, sino el ES.

(Os voy lanzando pistas para que podamos reflexionar y leer nuestra vida misionera a la luz de los HA).

La misión a los gentiles (Hch 13-28): Luego empieza la apertura a los gentiles, también promovida por
el ES, precisamente en Antioquía, capital de Siria, donde hay una comunidad mixta (Hch 13). En esta
comunidad el ES, cuando estaban en oración, dijo: “Separadme a Bernabé y a Pablo”. Pablo que era
fariseo, el “separado” (los fariseos eran los separados) pasa de ser el separado del judaísmo a ser un
separado del cristianismo para la misión. Pues, cuando Dios elige es para una misión y los enviaron.

Primer viaje misionero de Pablo (Hch 13-14): Así empieza el primer viaje misionero a los gentiles. La
comunidad envía en misión. Bernabé y Pablo fueron a la patria de Bernabé, el jefe del equipo misionero,
a Chipre, y de la isla pasaron al continente, al sur de Turquía. Subiendo pasaron por varias ciudades
fundando comunidades y allí tuvieron un conflicto como la historia de Simón el Mago (Hch 8,9-24): otro
Mago que vivía del cuento y tenía miedo de que les destruyera el chiringuito (Hch 13,8-11). Llegan hasta
Antioquía de Pisidia y allí Pablo empezó a hablar en la sinagoga a los judíos, pero cuando hay algún
rechazo se dirige a los paganos. Esto se repetirá muchas veces en los diversos viajes de Pablo (Hch 13,14-
52).

La misión tiene siempre un punto de partida: Antioquía y un punto de llegada, la comunidad que los ha
enviado: Antioquía. En este viaje Bernabé se lleva a su sobrino, Juan Marcos, que los abandonó porque
por la región que tenían que pasar eran sitios peligrosos. Ciertamente se viajaba mucho en aquella época,
pero los viajes eran peligrosos (ver 2 carta a los Corintios), hambre, ladrones, naufragios, etc. Hoy día,
vivimos en la misión situaciones semejantes. Por ejemplo, hay pueblos en Costa de Marfil donde
actualmente es muy complicado ir a los pueblos por la noche, todo el mundo está armado, cortan los
caminos y no hay ninguna seguridad.

Concilio de Jerusalén (Hch 15,1-29): Cuando vuelven ellos cuentan en la comunidad todo lo que les
había pasado, pero siempre están los cristianos conservadores e intolerantes que como moscas cojoneras
intentan imponer su visión: los cristianos convertidos del paganismo se tienen que circuncidar, sin saber
por qué éstos tienen que aceptar la ley de Moisés, es decir, hacerse judíos para poder ser cristianos.

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La carta a los Gálatas nos informa bien sobre estos problemas. ¿Hay que hacerse judío para poder ser
cristiano? ¿Hay que hacerse europeo u occidental para ser cristiano? ¿Qué hacemos de las culturas
africanas? La formación que se recibe en los seminarios de África ¿es una formación idónea para una
inculturación del Evangelio? Las asignaturas son las mismas en todas partes, los métodos los mismos.
Son cosas a tener en cuenta en la evangelización. ¿Hasta qué punto no estamos repitiendo estos esquemas
de las primeras comunidades cristianas? Lo importante es el Evangelio. Éste es el que debe inculturarse.

La inculturación del mensaje cristiano en el mundo griego fue un reto. ¿Hasta qué punto hemos aceptado
el reto hoy día de una cultura, en la que debe inculturarse el Evangelio? ¿Qué apertura tenemos hacia las
nuevas culturas, en nuestro mundo actual?

La misión siempre nos tiene que plantear retos. Ahora se habla mucho de primera evangelización. ¿Qué
vamos a hacer? Ahí está el problema. Hablamos mucho, demasiado, pero no sabemos cómo hacer. Hay
cosas que tenemos que pulir. Algo tenemos que aprender de esta primera comunidad. Llevaron eso a la
asamblea de Jerusalén y lo discutieron. Ellos, Pablo y Bernabé, estaban ante un tribunal, con un abogado
defensor: Pedro que ya había tenido la experiencia de Cornelio. ¿Por qué vamos a países de misión
imponiendo unas cosas que nosotros mismos no somos capaces de vivir? Este camino de la inculturación
es un camino largo, muy largo. Por otro lado está Santiago el Menor, responsable en ese momento de la
comunidad de Jerusalén, más bien partidario de la circuncisión y de la Ley de Moisés. Por fin, tras una
larga discusión, llegan a un acuerdo razonable de mínimos para contentar a las dos partes, en la que
deciden que los gentiles convertidos al cristianismo no tienen que circuncidarse, pero deben respetar
cuatro prohibiciones: que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, uniones ilegítimas, comer sangre o
carne de animales estrangulados (Hch 15,1-21).

Entonces era un problema comer carne sacrificada a los ídolos, la cual se vendía en el mercado Unos se
escandalizaban y a otros les daba igual. En esos asuntos el principio que debe funcionar es el de la
caridad, no escandalizar (cf. 1 Cor 8,1-13). Si comer esa carne para mí no plantea problema alguno, pero
puedo escandalizar a alguien más débil en la fe, me privo. Ya comeré otra cosa. Luego viene la
fornicación donde entran los matrimonios incestuosos, entre familiares (eso planteó un problema en la
primera comunidad). Comer sangre o animales estrangulados. Cuatro prohibiciones: Sí, pero… Eso lo
promueve el que dirige la comunidad de Jerusalén que es de línea conservadora. Llegan a un
entendimiento: el ES y nosotros… (Hch 15,28). Lo importante es saber dialogar, conscientes de que el ES
dirige el diálogo en la Iglesia. Todo el mundo tiene que echar agua en su vino.

El segundo viaje (Hch 15,36-18,22): En el segundo viaje Bernabé y Pablo tuvieron sus desavenencias a
causa de Juan Marcos, porque Bernabé quería llevarlo consigo, a lo que Pablo se negó y se separaron,
Pablo se fue con Silas y Bernabé con su sobrino. Son conflictos en la vida misionera, en los equipos
apostólicos. Pero eso no quiere decir que Bernabé y Pablo fuesen enemigos de por vida. Pablo quería ir a
algunos sitios “pero el ES nos lo impidió” (Hch 16,6-7). ¿Cómo? Sabiendo leer, examinar, discernir las
circunstancias: por enfermedad, haber perdido el barco… Pablo leía en su vida y circunstancias por dónde
le conducía el ES. “El ES nos impidió ir a tal sitio… otras veces lo favorece…” Pablo es un hombre que
se deja guiar por el ES. Luego llega el momento en que tienen que dar el salto al continente europeo.
Entonces tiene la visión del macedonio (Hch 16,9-10). Se le aparece en sueños y le pide que vaya a
ayudarles. Y organiza el viaje, va a Samotracia y luego a Filipos que era la patria de Alejandro Magno,
una ciudad importante; como no había sinagoga va allí donde se reúne la gente, a la orilla del río donde se
encuentra un montón de mujeres (Hch 16,11ss.).

Desde el principio son las mujeres las que escuchan la palabra 16, 11… “El Señor le abrió el corazón…”
Porque quien abre el corazón es siempre el Señor. Podemos hablar muy bien, utilizar argumentos…pero

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el que cambia el corazón es el Señor. Lidia, conversión y hospitalidad a Pablo. No hay que renunciar a
que te acoja la gente

Hay que acoger y dejarse acoger. Uno sólo puede practicar aquello que ha aprendido. Sólo aquel que tiene
experiencia de ser amado puede amar. No nacemos sabidos, vamos aprendiendo y luego vamos poniendo
en práctica lo que hemos aprendido. Que no se nos acabe la capacidad de aprender. La misión es algo que
se tiene que seguir aprendiendo, siempre hay algo que aprender de los demás.

¿Dificultades en la misión? Siempre las hay: le pegan una paliza a Pablo, lo meten en la cárcel, pues
había gente que se sentía ofendida porque les había derribado el chiringuito: tenían una niña adivina. Ante
la dificultad y la injusticia hace valer sus derechos: alega su ciudadanía romana (Hch 16,35-40).

Esa persecución hizo que la misión continuara. Siempre se repite lo mismo, recordad los compañeros que
a pesar de las dificultades han seguido en la misión, cuando los demás se van. El Fundador dice que el
misionero no está destinado a ser un párroco instalado, es un evangelizador itinerante: fundar iglesias,
crear un clero local e ir a otro lugar. Se hacían prospecciones y se iba subiendo hacia el norte. Es muy
interesante la lectura del libro sobre la evangelización del Benín. El viaje que hizo Mons. Steintmetz hasta
Pira: evitaron Abomey, subieron hasta Pira y luego fueron a Dassa y más tarde a Zagnanado, en aquella
época… Otro caso es el del P. Borguero fue a visitar al rey de Abomey y para impresionarlo se vistió con
la capa pluvial e hizo la procesión entre Cana y Abomey donde tuvieron que tapar a todos los vudú del
camino… y luego hizo toda una prospección por toda la costa hasta Fernando Poo… esa es la vida
misionera, estudiar sitios para fundar comunidades. Todo esto nos recuerda los viajes misioneros de
Pablo, pues eso es lo que hacía Pablo. Hoy pueden cambiar ciertas cosas, pero lo que no cambia es este
espíritu de aventura, porque no estamos destinados a ser párrocos residentes, aunque es una tentación
olvidándonos de la primera evangelización.

Pablo en Atenas (Hch 17,1-34): Siguen el viaje, van a Tesalónica y en todas partes dificultades. Va a
Atenas, discute con los judíos y después con los filósofos de Jesucristo y la resurrección ¿dos
divinidades? Lo llevan al areópago y allí piensa echarles el gran discurso de adaptación, de cultura. Un
discurso bien estructurado. ¿Resultado? Más que éxito clamoroso es un fracaso, porque en la misión
también se puede fracasar. Pablo no era el primero. También Jesús pasó por esta amarga experiencia:
fracasó en su pueblo. Un profeta nunca es bien recibido en su país, (cf. Lc 4,16-30). Tampoco es el
último, pues todos hemos conocido fracasos es nuestra vida misionera. El Fundador tuvo unos cuantos.

Alguno se juntó pero no creo que le quedase un buen sabor de boca de esta visita. En Corinto donde unos
y otros se dicen de Apolo, de Cefas… Pablo aprendió la lección y anunciaba a Jesucristo muerto y
resucitado, escándalo para los judíos y necedad para los gentiles (1 Cor 1,10-25). Ese es el Jesús que
Pablo anuncia y la que se le armó. En todos los sitios donde va Pablo encuentra problemas. La misión no
siempre es bien aceptada, pero él sigue adelante y siempre va a las sinagogas y cuando lo rechazan se
dirige a los gentiles, a los paganos que son quienes responden.

¿Qué Jesús anunciamos nosotros? ¿Cuál es nuestro discurso misionero? ¿Qué testimonio anunciamos?
¿Buscamos clientes o discípulos de Jesús muerto y resucitado?

Aquí la gente está muy resabiada por un testimonio que damos o hemos dado, o porque el mensaje no es
aceptado. El mensaje es el mensaje de Jesús y unos lo aceptarán y otros no.

Terminado este segundo viaje, se dirige a Antioquía (Hch 18,22), ya lo reciben con una cierta frialdad por
todo lo que había pasado y porque el líder era Bernabé. Antes lo despedían, lo enviaban, pero al tercer
viaje, después de estar algún tiempo se fue a visitar las comunidades. Ya no lo envía nadie. Las relaciones
con la comunidad se han enfriado. Hay un proverbio que dice que “El hombre no es como la sal que vale
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para todas las salsas”. En la carta a los Tesalonicenses, Pablo dirá que él no ha venido para agradar a los
hombres sino para agradar a Dios (1 Tes 2,4-6).

Tercer viaje misionero (Hch 18,23-21,14): Comienza el viaje dirigiéndose a Éfeso, capital de la
provincia de Asia. Allí hay alguien que habla muy bien, Apolo. Apolo se va a Corinto y Pablo se queda
dos años en Éfeso donde vivió de su trabajo. Un matrimonio expulsado de Roma por Claudio, Aquila y
Prisca o Priscila. Trabajaban las lonas, cueros, hacían las velas y Pablo, que había aprendido el oficio,
trabaja con ellos. De los corintios, que eran muy orgullosos no quería ni agua. Apolo tuvo que ser
adoctrinado por Aquila y Prisca porque solo conocía el bautismo de Juan. Es de allí donde Pablo escribe a
los corintios que le hicieron sufrir mucho. No le hicieron la vida fácil. Como testimonio escrito tenemos
la primera y segunda carta a los Corintios. (Vosotros vivís de cerca las dificultades que hay actualmente
en las comunidades cristianas, dificultades internas y externas). Termina el viaje, después de la
evangelización de Éfeso, despidiéndose de la comunidad y volviendo a Jerusalén “encadenado por el ES”
(Hch 20,22; 21,10-14).

Cuarto viaje: de Jerusalén a Roma (Hch 21,15-28,31): Vuelve a Jerusalén. Aquí tenemos dos partes: la
primera es su estancia en Jerusalén (Hch 21,15-23,30) y la segunda es su estancia en Cesarea y el viaje a
Roma (Hch 23,31-28,31). En Jerusalén, los judíos organizan un tumulto, lo cogen preso los romanos y lo
llevan a Cesarea porque lo querían linchar. Allí estaba Félix, que estaba casado con una judía, Drusila.
Era un hombre corrupto al que sucede otro procurador romano, Festo y es entonces cuando apela al Cesar.
“Yo tengo aquí alguien que iba a liberar pero como ha apelado al Cesar…” (Hch 25,21; 26,32). Tras
muchas peripecias llega preso a Roma. Allí estaba en arresto domiciliario que se lo pagaba, como había
vivido antes de su trabajo.

Según Hch 28,16.30. Pablo estaba en prisión domiciliaria. Allí convocó a los judíos principales (Hch
28,17-28). Se repite la vida de Jesús. Se confabulan las autoridades religiosas y las políticas para ir contra
la evangelización. La historia se repite, como podemos ver, por ejemplo en Brasil con la ley de la
seguridad nacional que acusaban a las comunidades de base de ser comunistas. Es lo que hicieron con
Jesús, a Jesús le robaron su muerte. Para que no muriera mártir lo entregaron a los romanos. Herodes
Agripa y Festo, judaísmo con el imperio romano, enemigos mortales harán pactos para ir contra una
Iglesia evangelizadora que no les baila el agua.

Habrá pactos de religiones laicas, agnósticos,…contra la religión

¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, pues de ese modo trataban sus padres a los falsos
profetas” (Lc 6,26; Mt 5,12). Seamos, pues, cautos para que los comentarios de la gente no nos impidan
llevar a cabo la misión con fidelidad, valentía y libertad.
Pablo anunciaba el Evangelio con libertad y allí terminan los HA. ¿Qué significa? Es un final abrupto y
significa que el libro de los HA no está terminado de escribir. Es un final abierto que tenemos que
continuar escribiéndolo cada generación cristiana. También la nuestra. En las misiones se antes escribía el
“Journalier”: el diario de la misión para las generaciones futuras. Esta buena costumbre, creo yo que se ha
ido perdiendo. Si es así, es una lástima, porque tenemos que seguir escribiendo los Hechos de los
Apóstoles.

LA MISIÓN A LA LUZ DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES (III)


Como ya hemos dicho, la obra de Lucas tiene dos partes: el Evangelio y los Hechos de los
Apóstoles (Hch), continuidad de la misión de Jesús. Narran el camino de la salvación, un camino que
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hasta Juan Bautista que era de preparación. Es con Jesús que con quien comienza ese camino de salvación
que continúa bajo la guía del Espíritu Santo (ES) en la Iglesia: la obra de Jesús la continúa la Iglesia, no
sólo de los orígenes, sino la de todos los tiempos.
El libro de los Hechos se puede dividir en dos partes. La primera va hasta el cap. 12 que es el
testimonio de la Iglesia entre los judíos, aunque en los caps. 10 y 11 se muestra cierta apertura a los
paganos con la familia de Cornelio, que no era judío, pero era un “simpatizante”, lo que se denomina
como un “piadoso”, un devoto de la religión de Israel.
A partir del cap. 13, Pedro desaparece prácticamente de la escena, con una breve aparición en el
cap. 15, durante la Asamblea de Jerusalén. Con Pedro actuaba Juan y Santiago. A partir del cap. 13
comienza la misión a los paganos, propiamente dicha. En la comunidad de Antioquía, el ES dice de
apartar a Bernabé y a Pablo “para la misión que el resucitado los había destinado para ser testigos ante
reyes y gobernadores”. La actividad misionera toma otros matices, pero es la continuación de la misma
misión confiada por Jesús en Hch 1,8.
Ese camino que ha iniciado Jesús es el camino de la Iglesia, pero el protagonista de este camino
es siempre el ES, el mismo que guió a Jesús y el que, ahora, guía a la Iglesia. La Iglesia, en este camino,
sufrió sus más y sus menos, luces y sombras. La misión encomendada por el resucitado se abrió camino
penosamente, con muchas resistencias (ver caps. 10-11). Para la apertura hacia la misión hubo que estar
atentos a la voz del ES, porque es su voz la que guía, voz que la comunidad tiene que discernir para
interpretarla correctamente.
El testimonio de la Iglesia misionera será como el de Jesús, con “parresía”, es decir, con libertad,
franqueza y valentía. Ese es el camino de la Iglesia hasta nuestros días porque la Iglesia es una Iglesia
misionera que no puede encerrarse en sí misma. La Iglesia no tiene sentido si no es para la misión. Así
como Jesús, en el Evangelio, no se predica a sí mismo, sino que predica la llegada del Reino de Dios, lo
mismo sucede con la Iglesia. Por eso, el objetivo de la misión de la Iglesia no es predicarse a sí misma
sino predicar a Jesucristo. Esa es la prioridad de la Misión. La fidelidad a esa misión pasa por
dificultades, persecuciones…, como Jesús.
La experiencia de esta Iglesia de los primeros tiempos sirve para que la tengamos como modelo
de misión. El final del libro de los Hechos tiene lo que se llama un final “abierto”, o sea, que nuestra
generación actual debemos escribir los capítulos que nos corresponden a ese libro de los HA. Eso
debemos hacerlo desde la oración, desde la apertura y fidelidad al ES. Es un trabajo de Iglesia, no de
francotiradores.
De la misma manera que Jesús fue rechazado y tuvo que sufrir rechazo y muerte, como ya lo
habían sufrido los profetas que lo anunciaron, Jesús fue fiel a la misión y nosotros asumimos esa fidelidad
porque somos un pueblo de profetas (Hch 2,17-18; 13,1; 11,28; 21,9-11) . La misión de la Iglesia, que es
profética, no se reduce a la denuncia, ya que, como en el Antiguo Testamento, el profeta denuncia y
anuncia porque es un hombre de esperanza.
La misión de la Iglesia es, al mismo tiempo, de acompañamiento, un trabajo de humanidad para
hacer descubrir a Jesús y luego desaparecer discretamente una vez realizada la misión. Felipe, que estaba
evangelizando en Samaría, fue, conducido por el ES, al encuentro de un extranjero, simpatizante del
judaísmo, lo acompañó en su descubrimiento de Jesucristo y, una vez bautizado, desapareció, apareciendo
luego en Azoto para continuar la misión (Hch 8,26-40). No somos propietarios de la misión, somos
únicamente servidores: el propietario de la misión es el Señor.
Eso es lo que nos está señalando la Iglesia de los HA que forma parte de nuestro carisma SMA.
Nuestro fundador decía que no tenemos que hablar de “mi misión”. El único que ha dado la vida por
nosotros y por nuestra salvación es Jesucristo, nosotros no hemos dado la vida en rescate de nadie.

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Nuestra vocación misionera es la de ser testigos ambulantes del Resucitado. Felipe es un ejemplo, como
Pablo en la segunda parte de los Hechos.
Trabajar por el anuncio de Jesús y saber retirarse a tiempo, habiendo asegurado la fundación de
las comunidades cristianas y su continuidad en fidelidad a la misión encomendada por el Señor. (Si no te
retiras a tiempo te retiran). Hay que saber desaparecer discretamente como desapareció el Bautista. El que
tiene a la esposa es el esposo y nosotros no somos nada más que amigos del esposo que, cuando oyen la
voz del esposo, se alegran, pues es preciso que Él crezca y nosotros disminuyamos (cf. Jn 3,29-30). No
tenemos derecho de robar al Señor su esposa. Esto lo entendió perfectamente nuestro Fundador y nos lo
transmitió en sus escritos, indicándonos cuál tiene que ser nuestra actitud misionera si queremos ser fieles
al espíritu del evangelio y de la SMA. Este es un mensaje muy importante para los misioneros, para cada
uno de nosotros, misioneros de la SMA.
Lo que Lucas está diciendo son sabias instrucciones a la Iglesia de su tiempo y de todos los
tiempos a la hora de cumplir este mandato de Jesús, de ser testigos y testigos sólo pueden ser los que han
visto y puede contar lo que ha visto, el que tiene experiencia de Jesús. Sin esta experiencia la misión no es
posible.
¿Qué nos sugiere todo esto?
Nos está sugiriendo la presencia del ES. Uno desaparece después de realizar la misión. Pero
continúa la presencia del ES en la Iglesia, en las misiones y en cada uno de nosotros. La presencia del
Espíritu estaba muy viva en los primeros cristianos. Debemos reconocer humildemente que esa presencia
del ES no ha formado parte de nuestra educación como cristianos y, a menudo, en nuestra formación
misionera y, por eso, nos creemos muchas veces más importantes de lo que en realidad somos.
El Espíritu Santo habla, pero hay que saber interpretar lo que el Espíritu dice a la Iglesia (Ap 2-3).
Para ello hay que tener oídos de discípulo (Is 50,4). El resucitado aparece en el libro del Apocalipsis
como aquel que mantiene firmemente a esas siete iglesias que simbolizan la Iglesia universal, esas
iglesias de los capítulos dos y tres. Es aquel que dirige a la Iglesia y cuando corrige a las diversas iglesias,
al final aparece siempre: “El que tenga oídos que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap 2,7.11.
17.29; 3,6.13.22). Esa interpretación y discernimiento no es exclusivamente individual, sino que es
personal y comunitario. En el cap. 10 y 11 del Apocalipsis se habla de los testigos, cuyo testimonio es un
testimonio martirial con todas las dificultades que se presentaban a todos los que no querían tener la
marca de la Bestia, sino la marca de Cristo. Todo lo que había de marginación en la sociedad, como
consecuencia de la fidelidad del testimonio cristiano.
Hay que interpretar y sólo se puede hacer desde la fe y la oración, para hacer un análisis
comunitario. Hay que educar no sólo el oído de la inteligencia, sino también el del corazón para no
cerrarse a la voz del Espíritu que nos puede estar pidiendo cosas que no nos gustan, como le sucedió a
Pablo (cf. Hch 20,22-24).
La misión es la misión de la Iglesia que terminará cuando ese que ascendió “volverá como lo
habéis visto ascender” (cf. Hch 1,11). Hasta que no vuelva la misión de la Iglesia continúa, pues tiene que
ir hasta los confines de la tierra, tal y como hizo Pablo llevando su testimonio hasta Roma que es el
corazón, la capital del Imperio. Y los imperios se suceden, pues siempre habrá un imperio al que ir para
anunciar el Evangelio. Hay que ir al corazón de esos imperios que simbolizan los confines de la tierra.
Imperios dominados por la Bestia, simbolizada en la encarnación concreta de la política opresora y
corrupta, el dinero explotador y esclavizador, el sexo como negocio degradante de la persona, tal y como
podemos ver en el Apocalipsis (cf. Ap 13; 17; 18).

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Los que vivieron la época dura y menos dura de la revolución en el Benín recuerdan el eslogan:
“Listos para la revolución, la lucha continúa”. Nosotros podríamos también decir: “Listos para la misión,
la misión continúa”. El Espíritu nos marca y nos va haciendo comprender sus intenciones.
Discernir y dejarse aconsejar. En la misión el jefe del equipo era Bernabé y en un momento dado
Bernabé pasó a un segundo plano y surgió Pablo. Saber trabajar desde la discreción. Los compañeros que
tenemos, mayores y jubilados siguen trabajando para la misión, el ES les hace comprender otra manera de
trabajar desde el interés, desde la oración… Hay algunos que han sido más visibles, otros menos, pero sin
hacerse la competencia.
El Bautista supo pasar a segundo plano y dejar el protagonismo a aquel que tenía derecho. Es un
fracaso si dejo una misión y la gente se acuerda de mí y no de Jesucristo o más que de Jesucristo. ¿A
quién he predicado? ¿A quién he anunciado? Somos unos servidores inútiles que hacemos lo que tenemos
que hacer y no siempre. La misión sólo se puede vivir desde la humildad. Saber que cada uno tiene unos
dones que debe hacerlos fructificar en bien de los demás. Pues la misión de la Iglesia no es una cosa
abstracta. Las misiones particulares de cada uno en el aquí y ahora forman parte de la misión de la Iglesia
aunque sólo sea fregar platos, según los dones del Espíritu. Y luego están los cristianos que van por libre.
Esa misión personal ¿es de Iglesia?
Por supuesto. “Venid, benditos de mi Padre […] Pero, ¿cuándo te vimos así? Cuando lo hicisteis con uno
de esos pequeños” (cf. Mt 25,34-40). Todo el que trabaja por una humanización de una humanidad
deshumanizada forma parte del reino de Dios. Por eso, el trabajo de la misión no se resume a hablar.
Como dice el refrán español: “a Dios rogando y con el mazo dando”. Proclamar el reino y hacer el bien.
Los milagros de Jesús son unos hechos contra todo lo que deshumaniza al hombre. Todo el que trabaje
por la humanización del hombres está dentro del proyecto de Dios, dentro de la misión de la Iglesia,
aunque “no sea de los nuestros” (cf. Lc 9,49).
Diaconía en griego significa servicio y ministerio. El ministerio es un servicio. Diácono es, en
griego, el que sirve a la mesa, el camarero. Por eso los siete diáconos son aquellos elegidos por la
comunidad para que se ocupen de las viudas y huérfanos en una comunidad de hermanos (Hch 6,1-6).
Cuando Jesús utiliza ese término es en contra de los que tienen el poder y tiranizan. Cuando utiliza el
término “Hijo del Hombre” puede significar varias cosas: para hablar en tercera persona de sí mismo,
“No he venido a ser servido sino a servir y dar la vida por los demás”. Es en el don de la vida donde se
expresa el servicio. Esa es la diaconía (cf. Mc 10,42-45).
Diaconía es trabajar por y para la misión. En Lucas 8,1-3 Jesús iba por las aldeas anunciando el
Reino, acompañado por los discípulos y había un grupo de mujeres que habían sido curadas por Jesús,
algunas de alto rango, que servían (DiëKónoun) a Jesús, a la misión, con sus bienes. Todo aquello que no
sólo es dar, sino darse por el servicio del Reino, eso es diaconía, eso es servicio.
Cuando Pablo se dirige a ciertas iglesias, como la de Filipos, está hablando a todos los cristianos
con los obispos y diáconos (cf. Flp 1,1). Estos términos toman ya aquí un carácter que va más allá del
significado normal en griego clásico, pues vienen ya a indicar un ministerio ordenado por la imposición
de manos. La Iglesia fue progresando en su organización. Al principio no había diferencia entre
presbíteros y obispos. Presbítero es el anciano, el embajador. Epíscopos es el vigilante, el visitador, los
“PéKuDôT” del AT, el administrador. Cuando se llega a San Ignacio de Antioquía hay un acaparamiento
de carismas en la persona del “epíscopos”: tiene todos los carismas.
A partir del Vaticano II se van recuperando todos estos servicios eclesiales. En el NT aparecen
también diaconisas al final de la carta a los romanos (cf. Rom 16,1). En las cartas pastorales, cuando se
habla de presbíteros, epíscopos y diáconos se habla también de las mujeres. ¿Se trata de las mujeres de los
diáconos o de mujeres diaconisas?

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Ahora bien, ¿son intocables estos ministros? Si leemos Gal 2,11-14… vemos que por encima de
las personas y los cargos está el Evangelio y la fidelidad al mismo. Aquí todo el mundo es censurable.
Antes de que llegaran los de Santiago, los de la circuncisión, Pedro compartía la mesa con los cristianos
de origen pagano, es decir, incircuncisos. Pero con la llegada de los partidarios de Santiago, se
distanciaron y arrastraron a la simulación a los cristianos de origen judío, incluido hasta Bernabé.
Entonces, en presencia de todos, se dirige a Pedro y le reprocha su comportamiento: “Si tú siendo judío
vives como gentil y no como judío, ¿cómo puedes forzar a los gentiles a judaizar?” (Gal 2,14). Nosotros,
judíos de nacimiento, somos conscientes de que la justificación no viene por las obras de la ley sino por la
fe en Jesucristo (cf. Gal 2,15-16). ¿Quiere esto decir que si eres cristiano ya no hay que cumplir la Ley?
Si como cristiano crees que te justificas cumpliendo la Ley de Dios, te estás cargando el Evangelio, lo que
salva es la fe en Jesucristo que nos invita a ser fieles al Señor (cf. Gal 2,17-18).
Pablo se enfrentó a Pedro y después tuvo que sufrir las consecuencias, aunque las relaciones no se
rompieron. Pablo defendía la fidelidad al Evangelio porque la ruptura de mesa y nada menos
protagonizada por la persona de Pedro significaba que los cristianos venidos del paganismo no
compartían tampoco la mesa de la Eucaristía con los cristianos venidos del judaísmo. Había ruptura de
mesa y eso era muy grave.
A modo de ejemplo, con todas las cautelas y reservas necesarias, tenemos el caso, parece ser hace
años, que hubo compañeros de la India que por problemas de castas no podían compartir el cáliz de la
Eucaristía, porque eran de castas diferentes. Creo y espero que en la actualidad esto ya esté superado.
Pero este problema, entre otros muchos, también los sufrió el Fundador, en su tiempo de misionero en la
India. ¿Acaso no tenemos, pues, un camino de conversión a recorrer, para llevar a cabo la misión de
evangelización?, porque todos, en un momento u otro de nuestra vida, ponemos impedimentos a vivir la
comunión eclesial, provocando el desconcierto e incluso el escándalo a la hora de llevar a cabo la misión
evangelizadora.

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