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EL SIGNIFICADO DE LAS PUERTAS DESTRUIDAS – LA RESTAURACION

En el libro de Nehemías este varón de Dios vuelve de la cautividad a Jerusalén


para reconstruir la muralla fortificada y sus puertas que habían sido destruidas
cuando el pueblo de Judá fue llevado prisionero a Babilonia.

El primer paso que da Nehemías es hacer una recorrida a caballo por la ciudad
destruida en la soledad de la noche, Este muro casi destruido tenía diez puertas
con sus cerrojos, que habían sido quemadas. Rodeaba la ciudad de Jerusalén.

Por lo tanto, entre puerta y puerta había una distancia de varios kilómetros. El
muro debía ser restaurado a lo alto y a lo ancho y volver a hacer las puertas con
sus cerrojos colocándolas nuevamente.

Todo esto es la observación de los hechos, pero quiero interpretar lo que significa
para un creyente: Restauración. Restaurar significa volver a ser lo que era en su
principio.

Los que volvieron a la tierra después de setenta años de cautiverio venían con
una profunda necesidad: volver a ser lo que Dios quiso que fueran desde un
principio.
Y COMENZARON, COMO ADVERTIMOS, POR EL CORAZON DE LAS COSAS.
Trabajando desde adentro hacia afuera. No comenzaron levantando los muros,
ni tampoco edificando el templo.

Primeramente, edificaron el Altar de Dios. No había otro modo para encontrar


de nuevo la comunión original-. Hay muchos fracasos y pecados para dejar atrás.

Hoy necesitamos también una restauración, Hay muchos altares caídos y


debilitados, muchas murallas derribadas.

Recorramos nuestro templo interior. ¿Está allí el fuego del Espíritu Santo? ¿Cómo
hacer para acarrear fuera los escombros? ¿Cómo están las defensas? Todo debe
comenzar con el verdadero arrepentimiento y el perdón de Dios, no importa
cuánto tiempo pasó desde que aceptaste a Jesucristo como tu Salvador personal.

De esta manera volverá a reverdecer nuestro espíritu convirtiéndonos en una


morada preparada para Dios.

Comencemos por la Puerta de las Ovejas, la que servía para que entrasen los
animales para sacrificios. Nosotros tenemos el sacrificio del Cordero de Dios sin
pecado que murió en la cruz por nosotros, llevando EL en esa cruz todos los
pecados del mundo y todas nuestras enfermedades.

Nuestro primer sacrificio es crucificar el ego. Dios resiste a los soberbios y da


gracia a los humildes. No podemos salvarnos a nosotros mismos sino matamos
el orgullo.

La Puerta del Pescado. Los peces tienen mucho que ver con el andar de Cristo
en esta tierra. El le dice a Pedro que debía ser pescador de almas. Nosotros
también somos sus discípulos y echamos nuestras redes de amor, de consolación
y somos la luz del mundo para los que estén en tinieblas hablando de la
resurrección de Cristo y su poder salvador, sanador y restaurador.

La Puerta Vieja. Es la puerta de la única verdad desde antes de la fundación del


mundo. Yo soy el camino la verdad y la vida, y nadie viene al Padre sino es por
mí. (Juan 14:6) La Puerta de la Verdad antigua, la única en la que debemos
apoyarnos. Entrar y salir por El. Jesús es la Puerta.

La Puerta del Muladar. Por ahí se sacaba la basura. Debemos mantener nuestra
alma y corazón limpios, sin pecado, perfeccionándonos en la santidad y el temor
de Dios. El pecado oculto produce enfermedad. Recordemos en el capítulo 7 del
libro de Josué.

Este había ordenado a su pueblo que no se quedaran con nada del botín del
enemigo, pero Acán escondíó en su tienda un manto babilónico y oro por codicia.
La consecuencia fue que todo el pueblo sufrió una gran derrota en Hai muriendo
mucha gente por el pecado de un solo hombre. Jehová le dijo a Josué que Acán
y toda su familia debían ser destruída por su desobediencia-.
Realmente necesitamos arrepentimiento y restaurar el pecado por nosotros
mismos y nuestra familia.

La Puerta de la Fuente. Dijo Jesús a la mujer samaritana en Juan 4 “El agua que
yo te daré de beber es una fuente que salta para vida eterna. Esta puerta estaba
al final del estanque de Siloe, el cual estaba en la ciudad del rey David. Siloe
significa el enviado y tiene mucho que ver con el Señor Jesucristo quien fue
enviado por el Padre Celestial.

La puerta de las Aguas. Símbolo de la Palabra de Dios. Era la única parte del
muro que no tenía que repararse. El Señor dijo “Los cielos y la tierra pasarán,
pero mis palabras no pasarán. La Palabra es el mismo Jesucristo. El es el Verbo
hecho Carne. ”En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo
era Dios.” (Juan 1:1)

La puerta de los Caballos. Por aquí pasaban estos animales con los cuales las
personas se dirigían de un lado a otro. También en diversos lugares se los
compara con la fuerza. En Apocalipsis a la apertura de cada sello hay cuatro
caballos en el capítulo 6. El blanco, salió venciendo para vencer, el bermejo,
simboliza la guerra, los conflictos, el negro, significa la escases, el hambre, y el
cuarto, el amarillo, la muerte.

La Puerta del Valle. Esta puerta es la puerta del valle de la esperanza. Así dice
en Oseas 2:15 cuando le promete a la mujer adúltera, comparada con el pueblo
de Israel que si se arrepiente y regenera le dará el valle de Acor, que quiere
decir aflicción en extremo, por puerta de esperanza. Y nunca más lo llamará
Baalí, amo, sino Ishi, esposo.

Esta es la promesa de las Bodas del Cordero, la unión de la Iglesia, la Novia, con
el Esposo, Jesús, para toda la eternidad.

La Puerta del Oriente. Esta era la puerta del Amanecer, Se abría y solo se veía
el sol cuando se asomaba y llegaba al cenit. Esa puerta es la que necesitamos
tener todos abierta en nuestra vida para respirar el aire puro de la gracia de
Dios. Un nuevo amanecer es renacer a una vida limpia, sin pecado. Esto ocurre
cuando nos arrepentimos y aceptamos a nuestro Señor Jesucristo como Salvador
de nuestra vida. Cuando salimos del momento más oscuro, es ahí cuando
comienza a brillar la luz de Cristo, nuestro Sol de Justicia.

La Puerta del Juicio. En la Palabra de Dios hay referencias diversas con respecto
y justicia están juntos cuando se refieren a Dios. Lo esencial es saber que el
Señor Jesucristo es nuestro Juez máximo y solo nos debe importar que el juicio
que El nos haga esté de acuerdo a su justicia. No hay otra.

Nuestro Restaurador, el Edificador de su Iglesia, Jesús, está con nosotros Su


sangre, su perdón, su gozosa energía, su amor, sus poderosas manos están
extendidas sobre nosotros, los que tenemos la profunda necesidad de su
restauración. Por lo tanto, edifiquémonos, levantémonos abriendo la puerta del
amanecer todos los días de nuestra vida.