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LA VITALIDAD DE RUBENS (1577-1640)

Por su manera de entender su carrera y sus logros, Rubens es heredero de


Leonardo da Vinci, de Miguel Ángel, de Rafael y de Tiziano. Como ellos,
trabajó para los mecenas más importantes de su tiempo.
Pintó todo tipo de temas y fue también un extraordinario dibujante. Rubens
pintó muchísimo: aún conservamos más de 1500 cuadros suyos.
A menudo trabajó a gran escala y contó con la ayuda de un taller, en el que
llegaron a trabajar en torno a veinticinco ayudantes.
Como en el caso de sus predecesores, su principal herramienta expresiva es el
cuerpo humano.
En sus cuadros creó un mundo de gran intensidad intelectual, en el que los seres
humanos parecemos capaces de desarrollar todo nuestro potencial.
Rubens no fue solo un pintor, fue un cosmopolita, que conocía bien al menos
cinco idiomas, y que como él mismo dijo, se sentía en casa en cualquier país.

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Fue un profundo conocedor de la cultura y el arte de la Antigüedad
y reunió una biblioteca mayor que la de ningún otro artista europeo del
momento. A ojos de sus contemporáneos fue, sin duda, el pintor de mayor éxito
del siglo XVII. Rubens es un pintor flamenco, así conocemos a los pintores que
trabajan en la actual Bélgica.
Nació en 1577 y maduró lentamente como artista. En 1600, a los
veintitrés años, se trasladó a Italia donde permaneció durante ocho años. Allí se
dedicó fundamentalmente a estudiar el arte del pasado, tanto el antiguo como el
más reciente.
Este dibujo lo hizo Rubens en Italia: nos muestra un Rubens muy personal, que
busca aprender a dotar de intensidad expresiva sus figuras.

El hombre de espaldas, que vemos sobre un taburete, lo ha tomado de un


cuadro de Caravaggio. Aquí lo vemos más de cerca. Rubens está ensayando con
las caras y con el movimiento de los cuerpos.

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Fijaos también en la variedad y vitalidad de los trazos. La inscripción de
la parte superior del dibujo, dice en latín que los gestos deben ser más amplios,
con los brazos más extendidos. En este otro detalle vemos de nuevo la frescura y
espontaneidad del dibujo.
Rubens estudió a muchos artistas buscando aprender distintas cosas de cada
uno de ellos. Su principal fuente de inspiración para pintar expresiones fue "La
última cena" de Leonardo da Vinci.
Este dibujo es más o menos de la misma fecha. También lo hizo Rubens en
Italia. Aquí estudia otra de sus herramientas principales, el movimiento del
cuerpo humano.

Vemos una misma figura desde tres puntos de vista. Rubens aquí no ha
usado un modelo real, sino una pequeña escultura que muestra una cosa
peculiar: un cuerpo sin la piel, en el que se ve el tejido muscular.
Esto se nota sobre todo en las cabezas. El interés en los estudios anatómicos
había puesto de moda este tipo de escultura.

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Rubens también se centra en modelar el volumen para que parezca tener tres
dimensiones. Los dos dibujos que hemos visto resumen las principales
herramientas de Rubens: la expresión de los rostros y el movimiento de los
cuerpos. En la época que estamos estudiando, la capacidad de un artista para
utilizar estas herramientas definía su calidad.

Rubens pintó numerosos altares y cuadros religiosos para la Iglesia católica. La


mayor parte los hizo en Amberes, donde estaba su estudio y donde centró su
carrera.
Este cuadro de Santo Tomás forma parte de un grupo de trece imágenes que
mostraba a los apóstoles y a Cristo. Lo pintó al poco de regresar de Italia a
Amberes.

En ese momento sus principales fuentes de inspiración eran el arte de Miguel


Ángel y las esculturas antiguas. Estas influencias se notan en la
monumentalidad de la figura: se parece más a nuestra idea de un dios clásico
que a un santo.

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Para Rubens, la religiosidad militante y combativa de principios de
siglo XVII, demandaba este tipo de imagen.
Si miramos de cerca la cabeza observamos dos cosas: a pesar de la impresión de
volumen que transmite, hay muy poca pintura; en la zona de la barba vemos que
un tono anaranjado se transparenta a través de la capa de pintura, es el color de
una capa de preparación que se ha aplicado a la madera antes de pintarla.

Observad también otra cosa en este detalle de la barba y el pelo: el contraste


entre las líneas cóncavas y convexas. Esta contraposición es muy característica
del lenguaje pictórico de Rubens. El contraste entre las curvas transmite
sensación de fuerza, de energía que se va acumulando.

Esta es Clara, la primera hija de Rubens. Nació en 1611, aquí debe tener unos
cinco años, y moriría doce años más tarde.
Este es uno de los retratos infantiles más bonitos que se han pintado jamás.
Es una imagen muy tierna, que refleja tanto el aspecto de la niña como la
mirada de su padre, el amor que él siente por ella. Una de las mejores
características del arte de Rubens es la sensación de vida que transmite.
Rubens parece sentir con mayor intensidad que cualquiera de nosotros, parece
más sensible a cosas como los placeres y las penas del amor, o la
belleza que encuentra en la naturaleza, por ejemplo.
Esta intensidad la transmite a su pintura, en la que encontramos una gran
pasión por la vida.

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Fijaos aquí en la maravillosa vitalidad que vemos en los ojos y la sonrisa
de la niña.
Como en el cuadro anterior, las formas se definen a partir del contraste entre
curvas cóncavas y convexas, que vemos en la zona del pelo, y en los contornos
de la boca, y en la nariz.

Rubens pintó muchos cuadros mitológicos: este no es uno de los más famosos
pero en mi opinión, sí que es uno de los más hermosos.
Cuenta la historia de Faetón, hijo de Helios, el dios del sol, que surcaba los
cielos con su carro iluminando el universo.
Faetón le imploró una y otra vez que le dejase conducir el carro, hasta que,
como hijo que era, le convenció. Pero Faetón no estaba preparado para la tarea,
pronto perdió el control de las riendas y el carro cayó hacia la tierra,
incendiándola, como se ve en la parte inferior derecha de esta imagen.
Ante el peligro de que todo ardiese, intervino Zeus, el padre de los dioses.

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Con un rayo destruyó el carro, y con él, también a Faetón. La imagen refleja la
intensidad trágica del momento. Una de las cualidades más sobresalientes
de Rubens, como de todos los grandes pintores, es su valentía.
El despliegue de relámpagos y las posiciones que adoptan las figuras y los
animales son asombrosos, y de la máxima dificultad para un pintor.
Este es el tipo de escena que Rubens pudo pintar gracias a estudios como los
que hemos visto antes.
Las jóvenes que se ven en la escena son las Horas, algunas intentan controlar a
los caballos, sus alas de insectos se basan en las representaciones de estas
mismas figuras en el arte antiguo.

Este cuadro es grande, mide cerca de tres metros de ancho. Data de hacia 1630,
cuando la pintura de Rubens se había vuelto más sensual.
Aquí vemos a mujeres y hombres con atuendos del siglo XVII, en un jardín que
comparten con varios Cupidos. A la izquierda, uno de ellos anima a una pareja a
adentrarse en el jardín.
La escultura de la derecha muestra a Venus, diosa del amor, sentada sobre un
delfín.
Al fondo, en el interior del templo, están las tres gracias, que también se
asociaban con el amor en la mitología.
Debajo vemos a una pareja con clara intención sexual.

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La combinación de figuras mitológicas y contemporáneas y el ambiente
de placentera sensualidad, son herederos del arte de Tiziano. Rubens contrajo
matrimonio por segunda vez en 1630, es posible que esa fuese su motivación
para pintar este cuadro.
Lo digo porque el niño que revolotea por encima de las figuras en la parte
central del cuadro, no es un Cupido: la antorcha que lleva lo identifica
como Himeneo, el dios que presidía las bodas. En cualquier caso, el cuadro
refleja el feliz momento personal que vivía Rubens en torno a esos años y hasta
su muerte, en 1640.
El estilo tardío de Rubens inspiró el cambio artístico que tuvo lugar en Francia,
a principios del siglo XVIII. En los debates artísticos que se daban en París, el
arte de Rubens se veía como el contrapunto del de Poussin.
La pintura de temas placenteros y sensuales que se pusieron de moda en ese

momento, deben mucho al ejemplo de este cuadro.