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Joel 2:13

Versículos Conceptos
Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al SEÑOR vuestro Dios, porque El es
compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de {infligir} el
mal.

Oseas 14:1
Versículos Conceptos
Vuelve, oh Israel, al SEÑOR tu Dios, pues has tropezado a causa de tu iniquidad.

Zacarías 1:3
Versículos Conceptos
Diles, pues: ``Así dice el SEÑOR de los ejércitos: `Volveos a mí' --declara el SEÑOR de los ejércitos--
`y yo me volveré a vosotros' --dice el SEÑOR de los ejércitos.

Nehemías 1:9
Versículos Conceptos
pero {si} volvéis a mí y guardáis mis mandamientos y los cumplís, aunque vuestros desterrados estén
en los confines de los cielos, de allí los recogeré y los traeré al lugar que he escogido para hacer
morar allí mi nombre."

Job 22:23
Versículos Conceptos
Si vuelves al Todopoderoso, serás restaurado. Si alejas de tu tienda la injusticia,

Jeremías 24:7
Versículos Conceptos
``Y les daré un corazón para que me conozcan, porque yo soy el SEÑOR; y ellos serán mi pueblo y yo
seré su Dios, pues volverán a mí de todo corazón.

Lamentaciones 3:40
Versículos Conceptos
Examinemos nuestros caminos y escudriñémos{los,} y volvamos al SEÑOR;

Oseas 6:1
Versículos Conceptos
Venid, volvamos al SEÑOR. Pues El {nos} ha desgarrado, y nos sanará; {nos} ha herido, y nos vendará.

Oseas 12:6
Versículos Conceptos
Y tú, vuelve a tu Dios, practica la misericordia y la justicia, y espera siempre en tu Dios.

Josué 7:20
Versículos Conceptos
Y Acán respondió a Josué, y dijo: En verdad he pecado contra el SEÑOR, Dios de Israel, y esto es lo
que he hecho:
1 Samuel 15:24-25
Entonces Saúl dijo a Samuel: He pecado; en verdad he quebrantado el mandamiento del SEÑOR y
tus palabras, porque temí al pueblo y escuché su voz. Ahora pues, te ruego que perdones mi pecado
y vuelvas conmigo para que adore al SEÑOR.

Mateo 27:3-4
Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que {Jesús} había sido condenado, sintió
remordimiento y devolvió las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,
diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: A nosotros, ¿qué? ¡Allá tú!

Isaías 59:20
Versículos Conceptos
Y vendrá un Redentor a Sion y a los que en Jacob se aparten de la transgresión --declara el SEÑOR.

2 Crónicas 15:4
Pero en su angustia se volvieron al SEÑOR, Dios de Israel, y le buscaron, y El se dejó encontrar por
ellos.

Jeremías 4:1
Versículos Conceptos
Si has de volver, oh Israel --declara el SEÑOR-- vuélvete a mí. Si quitas de mi presencia tus
abominaciones, y no vacilas,

Jeremías 3:12
Versículos Conceptos
Ve y proclama estas palabras al norte, y di: ``Regresa, infiel Israel" --declara el SEÑOR--, ``no te
miraré con ira, porque soy misericordioso" --declara el SEÑOR--; ``no guardaré rencor para siempre.

Jeremías 3:14
Versículos Conceptos
``Volved, hijos infieles" --declara el SEÑOR--, ``porque yo soy vuestro dueño, y os tomaré, uno de
{cada} ciudad y dos de {cada} familia, y os llevaré a Sion."

Jeremías 3:22
Versículos Conceptos
Volved, hijos infieles, yo sanaré vuestra infidelidad. Aquí estamos, venimos a ti, porque tú, el SEÑOR,
eres nuestro Dios.

Isaías 31:6
Versículos Conceptos
Volved a aquel de quien tan profundamente os habéis apartado, oh hijos de Israel.

Isaías 55:7
Versículos Conceptos
Abandone el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al SEÑOR, que
tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar.

Oseas 14:2
Versículos Conceptos
Tomad con vosotros palabras, y volveos al SEÑOR. Decidle: Quita toda iniquidad, y acépta{nos}
bondadosamente, para que podamos presentar el fruto de nuestros labios.

Malaquías 3:7
Versículos Conceptos
Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis estatutos y no los habéis guardado.
Volved a mí y yo volveré a vosotros --dice el SEÑOR de los ejércitos. Pero decís: `` ¿Cómo hemos de
volver?"

Jeremías 15:19
Versículos Conceptos
Entonces dijo así el SEÑOR: Si vuelves, yo te restauraré, en mi presencia estarás; si apartas lo
precioso de lo vil, serás mi portavoz. Que se vuelvan ellos a ti, pero tú no te vuelvas a ellos.

Deuteronomio 4:30
Versículos Conceptos
En los postreros días, cuando estés angustiado y todas esas cosas te sobrevengan, volverás al SEÑOR
tu Dios y escucharás su voz.

Isaías 19:22
Versículos Conceptos
Y el SEÑOR herirá a Egipto; herirá pero sanará; y ellos volverán al SEÑOR, y El les responderá y los
sanará.

Isaías 10:21
Versículos Conceptos
Un remanente volverá, el remanente de Jacob, al Dios poderoso.

Salmos 51:13
Versículos Conceptos
{Entonces} enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti.

Deuteronomio 30:2
Versículos Conceptos
y vuelvas al SEÑOR tu Dios, tú y tus hijos, y le obedezcas con todo tu corazón y con toda tu alma
conforme a todo lo que yo te ordeno hoy,

1 Samuel 7:3
Versículos Conceptos
Entonces Samuel habló a toda la casa de Israel, diciendo: Si os volvéis al SEÑOR con todo vuestro
corazón, quitad de entre vosotros los dioses extranjeros y las Astorets, y dirigid vuestro corazón al
SEÑOR, y servidle sólo a El; y El os librará de la mano de los filisteos.

Santiago 4:8
Versículos Conceptos
Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores; y vosotros de doble
ánimo, purificad vuestros corazones.
Hechos 16:31
Versículos Conceptos
Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y {toda} tu casa.

En búsqueda de una auténtica conversión


El sentido original de la palabra “conversión” (del griego: metanoia ) se ha perdido bastante debido
a una reducción moralista y voluntarista del término. Muchas veces se simplifica en afirmaciones
como “cambiar de actitud”, “tener un mayor compromiso”, “ser más solidario”, etc. Otras veces se
afirma: “la conversión es toda la vida”, lo que esconde una postergación constante y el riesgo de no
convertirse nunca. Aunque es cierto que la conversión no es de una vez para siempre y requiere una
renovación constante, especialmente predicada en cada cuaresma, no es menos cierto que esta
expresión refiere a un momento decisivo en la vida: decidirse por Dios de modo radical (hasta las
raíces).

¡Quiero y no quiero!

La experiencia de la propia contradicción frente a Dios es una constante en la vida cristiana, en esa
tensión entre la gracia y el pecado, entre desear y buscar a Dios y no dejarse amar por él, parándose
en las propias seguridades. San Pablo y San Agustín hablan de ello con profunda claridad. Nuestro
corazón inquieto busca a Dios, ansiamos ser amados incondicionalmente y anhelamos su presencia.
Pero también lo evitamos, huimos de él y no queremos correr el riesgo de acercarnos demasiado.
Muchas veces se mantiene a Dios a cierta distancia, “cerca, pero no tanto”. ¡No es fácil dejarse amar
por un amor ilimitado! Asusta un poco.

El primer obstáculo a la propia conversión es dejar a Dios en un papel muy limitado en nuestra vida,
como alguien más, como algo más, entre otras cosas. Estamos dispuestos a hacer muchas cosas por
Dios, pero no a darle el corazón, no a entregarle la vida entera. Incluso nuestras ocupaciones
religiosas pueden ser una excusa para evitarlo. Si queremos permitir sinceramente a Dios entrar en
nuestras vidas y transformarlas, es preciso cambiar radicalmente nuestro modo de pensar y de vivir.
Metanoia es un cambio radical de mente y corazón, un giro decisivo hacia Dios, haciéndole el centro
de toda la existencia.

Cuanto más cerca estamos de Dios, con mayor claridad nos damos cuenta lo grande que es el muro
que hemos levantado para defendernos de su amor. Nos aferramos a nuestras propias seguridades:
dinero, actividades, relaciones, convicciones intelectuales, carrera, imagen, salud, aspecto físico,
logros, etc. En estas cosas encontramos nuestra seguridad y ocupan el lugar de Dios. Esto es a lo
que la Biblia llama “idolatría”.

No dejarse amar

Todos somos libres de rechazar el amor de Dios, porque el amor verdadero no se impone, ni
presiona a nadie. El pecado no es otra cosa que este rechazo, blindarse contra su amor diciéndole:
“no gracias, no te necesito, por ahora no, así estoy bien”. Por eso todo pecado es una forma de
autoensalzamiento, de intentar construirse la felicidad de espaldas a Dios.

Cuando no nos dejamos amar por Dios, edificamos un muro alrededor de nuestro corazón y, con el
tiempo, nos convertimos en prisioneros de nuestra propia torre de Babel, encerrados en nuestra
propia fortaleza. Y esto repercute en nuestras relaciones con los demás, porque cuando tengo
miedo del amor, los demás se convierten en una amenaza constante para mí, y me relaciono
superficialmente con los demás, no desde mi autenticidad.

En cambio, cuando le creo a Dios, cuando en lo más profundo de mi corazón me sé amado, puedo
abrirme a los demás sin prevenciones ni miedos.

Cambio de mente y corazón

Cuando dejamos entrar el amor, nace el arrepentimiento y comienza la liberación del corazón. El
arrepentimiento de corazón llega hasta las lágrimas, pero solo así podemos liberarnos de la muralla
que hemos construido. Estar ante el amor que Dios nos tiene y dejarse desarmar por ese amor, es
el principio de la transformación. Dios quiere nuestra felicidad más que nosotros mismos, pero sabe
que es necesario que dejemos de defendernos para abrirnos a una felicidad que supera todo lo que
nosotros podamos construir con nuestras propias fuerzas. El amor no puede inventarse, solo puede
recibirse desde nuestra vulnerabilidad.

La metanoia implica dejar que nuestra identidad, nuestro yo más profundo, alcance su pleno
desarrollo con la fuerza del Espíritu Santo, llevándonos sin miedo a ser quienes estamos llamados a
ser. Dios tiene una opinión de nosotros mucho mejor que la nuestra, y puesto que nos conoce mejor
(Sal 139), quiere liberarnos de todos nuestros miedos, presiones, ataduras y defensas que hemos
construido.

La pureza del corazón requiere ser liberada, de todo lo que estorba, en el fuego del amor que hace
nuevas todas las cosas. “Ser como niños” significa también dejarse regalar sin resistencias de
nuestro “adulto” orgullo.

¿Qué es propiamente la conversión?

La Biblia nos enseña que la conversión es un cambio profundo de corazón y mente; un giro decisivo,
una reorientación total hacia Dios, cuyo resultado es un nuevo modo de vida, un cambio radical en
nuestras prioridades y escala de valores. Es un rendirse ante su amor, con la confianza de quien se
deja abrazar y puede llorar y reír a la vez, sabiendo que él es nuestro verdadero hogar, nuestra
verdadera patria, nuestra paz y nuestra fortaleza. Se trata de una revolución en el interior de
nosotros mismos, dejándose conmover totalmente, hasta los cimientos.

Conversión es decisión por Jesucristo, por la vida definitiva en el Espíritu. La experiencia de la


conversión es algo que acontece una vez en la vida y luego se madura a lo largo de toda la existencia,
a través de un retorno cada vez más profundo a esta primera conversión o “amor primero” (Ap. 2,4).
La conversión auténtica mueve a una autoentrega a Dios, una autodonación confiada y un deseo
ardiente de dar a conocer esta experiencia a los demás. Un termómetro para ver si ha acontecido
en nuestra vida la metanoia es nuestro deseo de dar a conocer a Jesús a los demás, nuestra pasión
por Dios y por el Evangelio, nuestra alegría por ser amados, nuestra libertad para no vivir acorde a
lo que otros esperan de mí y de vivir un estilo de vida donde las prioridades las ponga el Evangelio
y no nuestros miedos o intereses egoístas.

Es ilusorio creer que la conversión es algo alcanzado de una vez para siempre, pero afirmar que es
algo que dura toda la vida, no puede ser una excusa para postergarla.
Una pregunta incómoda

¿Dios es de verdad lo más importante de nuestra vida? Cuando pensamos en vivir de cara a Dios por
encima de todas las cosas, podemos preguntarnos: Si decimos que Dios es el centro de nuestro
corazón… ¿llena realmente su amor nuestras vidas? Si es así, ¿por qué somos tan sensibles a lo que
opinen de nosotros? ¿por qué estamos tan pendientes de nuestra imagen? ¿por qué hay tanta
ambición y autosuficiencia en nosotros? ¿por qué escasea tanto la austeridad y el desprendimiento?
¿por qué mostramos tan poco interés por las terribles necesidades de los más pobres? ¿por qué no
deseamos ardientemente que todos se encuentren con Jesús?

Si alguna vez hemos vivido una auténtica experiencia de conversión y se ha enfriado el corazón
llenándose de nuevas seguridades, es preciso volver a ese abrazo del Padre que nos haga llorar
nuevamente, para poder alegrarnos con una alegría indescriptible, la alegría del cielo en nuestro
corazón.

Ya es tiempo de volver a los caminos del Señor

Lectura de Hoy:
Daniel 4:34-37 (Da un clic en el pasaje para leerlo)

Versículo clave:
“Cuando se cumplió el tiempo, yo, Nabucodonosor, levanté los ojos al cielo. Recuperé la razón, alabé
y adoré al Altísimo y di honra a aquel que vive para siempre.” Daniel 4:34

Ya es tiempo de volver a los caminos del Señor


(No olvides leer las instrucciones del lado izquierdo antes de comenzar)

Muchos de nosotros hemos escuchado la historia que contó Jesús en el capítulo 15 del Evangelio de
San Lucas la cual conocemos como “El hijo pródigo”. Si no la conoces te invito a leerla con
detenimiento analizando el corazón de cada uno de los personajes y sobre todo el del padre. Esta
historia trata de un padre que tenía dos hijos, uno de ellos le pidió la parte de su herencia al padre
y se fue a malgastarla en lo que la versión Nueva Tradicción Viviente define en el versículo 13 del
mencionado capítulo como una “vida desenfrenada“. Desde el día que salió de casa de su padre
parecía que cada vez estaba más lejos de algún día volver, cuando el dinero se le acabó llegó la
escasez y por si fuera poco la ciudad donde vivía fue azotada por una gran hambruna, ¡nada peor
que ser pobre y además serlo en un lugar donde ni los ricos tienen para comer! Fue hasta que
trabajando en el campo de alguien más cuidando a los cerdos y deseando saciarse de su comida que
el versículo 17 nos dice: “Cuando finalmente entró en razón“, la versión Reina Valera 1960 lo traduce
así: “Y volviendo en sí“. ¡Algo sucedió en el corazón de este hombre que lo hizo reaccionar! Con toda
su pobreza, hambre, mal aspecto y vergüenza encontró la lucidez para reconocer que nadie lo
amaba como su padre y que en su casa nada le hacía falta. ¿Hace cuánto tiempo que te alejaste del
camino del Señor? ¿cuántos días, semanas o meses llevas caminando en dirección opuesta a su
amor y su perdón?, ¿qué te hace falta para entrar en razón, para volver en ti mismo y reconocer que
fuera de su casa nada te llena ni te hace feliz como sí lo hacía Él?

Regresa tu mirada al Señor


“Cuando se cumplió el tiempo, yo, Nabucodonosor, levanté los ojos al cielo. Recuperé la razón, alabé
y adoré al Altísimo y di honra a aquel que vive para siempre”. El apóstol Pablo menciona en el
capítulo 3 de su carta a los Colosenses el siguiente consejo: “Pongan la mira en las cosas de arriba,
no en las de la tierra“. Porque ¿no es verdad que es cuando bajamos nuestra mirada del Cielo y la
ponemos en nuestras circunstancias que nuestro corazón se empieza a enfriar al llenarse de duda,
envidia, comparación y orgullo?, ¿no fue un evento no comprendido en tu vida, un mal trato de
alguien más o un deseo de satisfacer tus ojos o tu cuerpo lo que te alejó de Dios la última vez que
estuviste varios días sin orar, sin leer la Biblia y sin buscarlo? El apóstol Juan lo dice de la siguiente
manera en el capítulo 2 de su primera carta: “Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el
placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y
posesiones“. Lo que sea que te haya hecho quitar tu mirada del Señor, ¡tarde o temprano te darás
cuenta que no valía la pena irte tras de ello! Al rey Nabucodonosor le sucedió en nuestra lectura
bíblica del día de hoy, tras un tiempo de vivir en oscuridad, sufrimiento y pobreza física, emocional
y espiritual un buen día al fin “levantó sus ojos al cielo” y en ese instante recuperó la razón y su
primera decisión al hacerlo fue alabar y adorar al Altísimo, darle la honra, el respeto y el lugar que
le correspondía al Señor en su vida. ¡Regresa tu mirada al Cielo! Dale al Señor el reconocimiento que
merece, dobla tu rodilla una vez más ante Jesucristo y déjalo tomar el control de tu vida una vez
más, es la mejor decisión que habrás tomado en mucho tiempo.

Regresar a Dios te hará volver a ser tú mismo


Dios quiere que vivas sin vergüenzas, sin remordimientos, sin amargura, sin heridas del pasado, sin
hábitos que te controlan, sin inmoralidad inundando tu mente y todo tu cuerpo, dicho de otro
modo: quiere que seas libre del pecado. ¿Podremos ser capaces al fin de hacer las declaraciones
que hizo el rey Nabucodonosor?: “Tu dominio Señor es permanente, todos los hombres de la tierra
ni todas las mujeres se comparan a ti, Tú haces lo que quieres en el Cielo y en la tierra, nadie puede
detenerte“. Porque entre más lejos hayamos estado del Señor más del pecado se habrá adentrado
en nosotros y entre más pecado hayamos practicado más podremos admitir que el fin del pecado
es muerte, tristeza, dolor, suciedad, pesadez, soledad, infelicidad y amargura. ¡Qué diferente era la
vida al lado del Señor! Cuando teníamos la seguridad y certeza que Él tenía todo bajo control, que
Él era nuestro mayor tesoro, nuestra recompensa, nuestro Salvador y quien dirigía todo lo que
sucedía en nuestra vida. ¡Qué diferentes éramos cuando nuestro corazón lo gobernaba la paz del
Señor, su amor y su misericordia! ¿Estás listo para volver? Dios te está esperando, quiere restaurar
su diseño original en ti, sanar tus heridas, perdonar tus pecados y ayudarte a enfrentar las
consecuencias de tus malas decisiones hasta que vuelvas a una vida de plenitud y libertad.

Conclusiones
“Cuando recobré la razón, también recuperé mi honra, mi gloria y mi reino. Mis asesores y nobles
me buscaron y fui restituido como cabeza de mi reino, con mayor honra que antes”. Cuando
Nabucodonosor “recobró la razón” y reconoció que Dios era el Señor de todo y quien gobernaba
todas las naciones su vida comenzó a ser restaurada al grado que ¡volvió a sentarse en el trono de
su reino con mayor honra que antes! Este rey había sido removido de su trono y enviado a vivir en
el monte como animal salvaje como castigo por su soberbia y su rechazo a la Palabra de Dios y ahora
que su honra había regresad, ¡había aprendido la lección!: “Ahora, yo, Nabucodonosor, alabo,
glorifico y doy honra al Rey del cielo. Todos sus actos son justos y verdaderos, y es capaz de humillar
al soberbio”. Será tu decisión y solamente tu decisión quien te haga volver al camino del Señor,
solamente tú puedes escoger cuándo volver a orar cada día, cuándo sentarte a leer la Biblia y a
buscar su corazón, cuándo doblar tu rodilla y reconocer ante Él que has fallado, pecado y que tienes
un hambre insaciable por volver a su camino, por su perdón, su amor, su paz y su restauración.
¡Vuelve a casa! ¡Vence tu orgullo y tu vergüenza! ¡Dios no quiere que estés mendigando amor,
atención ni provisión en ningún lado cuando Él está lleno de riquezas que está dispuesto a volver a
compartir contigo! Esto es lo que Jesucristo dijo que hace el Padre con todos sus hijos que reconocen
su condición y deciden volver a Él: “Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de
amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó… su padre dijo a los sirvientes:
“Rápido, traigan la mejor túnica que haya en la casa y vístanlo. Consigan un anillo para su dedo y
sandalias para sus pies. Maten el ternero que hemos engordado. Tenemos que celebrar con un
banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ahora ha vuelto a la vida; estaba perdido y ahora
ha sido encontrado”.

Ideas para tu Oración de Hoy


1. Tal vez no te has alejado completamente de Dios como lo hizo este hombre en la parábola del
Hijo Pródigo pero, ¿qué tan cerca está tu corazón del Señor?, ¿hace cuánto que no regresas al
camino de la oración y la lectura de la Biblia cada día?, ¿habrá alguna raíz de amargura, falta de
perdón o resentimiento creciendo en tu corazón? Dobla tu rodilla ante tu Salvador, renueva tu
compromiso de buscarlo y amarlo, perdona y pide perdón, dale gracias por su misericordia y déjate
lavar, restaurar y renovar por su Gracia y su Amor.

¿Perdona Dios al cristiano caído?


Pregunta: ¿Puede un hermano ser restaurado cuando ha caído en la práctica del pecado? ¿Lo
perdonará Dios?

Respuesta:

Sí. Si un cristiano se arrepiente, Dios perdona y es restaurado a la comunión con Dios. Debe ser
restaurado a plena comunión con la iglesia del Señor, es decir que debe ser perdonado por sus
hermanos. (Esto es comúnmente llamado: "reconciliarse".) "Hermanos, si alguno de entre vosotros
se ha EXTRAVIADO DE LA VERDAD, y alguno le hace VOLVER, sepa que el que haga volver al
PECADOR DEL ERROR de su camino, SALVARA DE MUERTE UN ALMA, y cubrirá multitud de pecados"
(SANTIAGO 5:19,20). En este texto encontramos varias verdades importantes. (1) Un cristiano puede
extraviarse y perder su alma eternamente. No se trata de un error que no afecta el destino del alma,
sino de ser pecador nuevamente destinado a la MUERTE del alma, o sea la separación de Dios, la
PERDICIÓN. (2) No solamente debemos permitir que un cristiano extraviado vuelva sino que
debemos hacer todo lo posible por animarlo a volver. (3) Si un cristiano que ha caído en la práctica
del pecado VUELVE (es decir se arrepiente y vuelve al camino o sea la vida que Dios exige de Sus
hijos) es RESTAURADO, sus pecados son perdonados y tiene nuevamente la SALVACIÓN DEL ALMA.

En I CORINTIOS 5:1-5 tenemos el ejemplo de un cristiano que todavía se reunía con la iglesia pero
estaba PRACTICANDO LA FORNICACIÓN. Este tenía que ser QUITADO DE ENTRE ELLOS ( I Corintios
5:13 ), "entregado a Satanás" (I Corintios 5:5), no para que ya no volviera sino para que reconociera
el error en que se encontraba, y que luego cambiara su modo de actuar para la salvación del espíritu.
El propósito de manifestar a este hermano que ya no tenía comunión con el pueblo de Dios sino que
estaba en manos de Satanás era "para destrucción de la carne" o sea para "matar lo terrenal" en su
vida (lea Colosenses 3:5; Romanos 8:13). Es decir, en términos directos: para que dejara de andar
conforme a la carne – en fornicación – y volviera a andar conforme al Espíritu Santo para así lograr
la salvación de su espíritu – su vida interior. Parece que esto mismo sucedió. La iglesia en Corinto
siguió el mandamiento de Dios en I Corintios 5. Más tarde cuando Pablo escribió su segunda carta a
los corintios, les dio otra orden con respecto al mismo caso ya que el hombre se había arrepentido
– la acción de disciplina tuvo éxito – fue restaurado. Entonces les dijo Pablo: "Le basta a tal persona
esta REPRENSIÓN hecha por muchos; así que, al contrario, vosotros más bien debéis PERDONARLE
Y CONSOLARLE, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que
confiaréis el amor para con él" (II Corintios 2:6-8; lea 2:9-11).

Debe quedar claro, sin embargo, que mientras un cristiano persista en la práctica de algún pecado,
como por ejemplo: no amar a su hermano, no hay comunión con Dios (I Juan 1:6; 2:9,11). Para que
vuelva a tener comunión con Dios por medio de la sangre de Cristo, tendrá que VOLVER al camino
de Dios, es decir a la LUZ (I Juan 1:6,7). (Note que la práctica del pecado que impide la comunión
con Dios no es solamente fornicar, hurtar, matar o ser borracho sino que incluye también en este
caso aborrecer a su hermano en Cristo). Pero si volvemos a la luz podemos estar seguros que nuestro
abogado – Jesucristo – por medio de Su sangre nos limpia y recibimos el perdón de Dios.

NO PODEMOS PRACTICAR ALGÚN PECADO y al mismo tiempo SER DE DIOS. "El que practica el
pecado ES DEL DIABLO" (I Juan 3:8). "Todo aquel que es nacido de Dios, NO PRACTICA EL PECADO,
PORQUE la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios" (I Juan
3:9). Esto claramente NO quiere decir que el cristiano no COMETE pecado (I Juan 1:8,10), sino que
no PRACTICA el pecado. Si un cristiano practica el pecado es porque ya no es de Dios sino del diablo.
PERO esto no quiere decir que no puede volver a ser DE DIOS. Pero por el momento PERMANECE
EN MUERTE (vea I Juan 3:14,15). Esto mismo nos ayuda entender que hay "pecado de muerte" y
hay "pecado no de muerte" (I Juan 5:16,17). "TODA INJUSTICIA es pecado" (I Juan 5:17). La "paga"
de cualquier pecado (si persistimos en él) es MUERTE (Romanos 6:23). La frase "pecado DE muerte"
literalmente significa "pecado PARA muerte" o sea "pecado A LA muerte" (versión LA BIBLIA DE LAS
AMÉRICAS). ¿Cuál es el pecado por el cual no hay perdón? El pecado que practicamos hasta morir.
El cristiano puede pedir a Dios que perdone a su hermano cuando comete pecado. Pero cuando su
hermano persiste en el pecado, no puede pedir que Dios le perdone. Lo que tiene que hacer es
tratar de RESTAURARLO (Santiago 5:19,20), porque sin el arrepentimiento NO HAY PERDÓN.

Si nos preguntamos, " ¿cuántas veces puede uno arrepentirse y recibir el perdón de Dios?",
podemos leer Mateo 18:21-35 que al mismo tiempo enseña que nosotros también debemos
perdonar a nuestros hermanos que vuelven a la luz.

Algunas personas enseñan que "pecado de muerte" es un pecado específico (muchos dicen que es
la fornicación). Pero ya vimos el ejemplo en Corinto de un hermano fornicario que tuvo la
oportunidad de arrepentirse para ser salvo. No es un pecado específico sino que parece ser
cualquier pecado que practicamos hasta la muerte.

Frecuentemente citan en contra a esta enseñanza Hebreos 6:4-6 y 10:26-31. Por supuesto, las
Escrituras no se contradicen unas a otras. Por tanto, vamos a estudiar estos pasajes en su contexto
para ver lo que realmente enseñan.

HEBREOS 6:4-6 Este texto NO enseña que Dios no puede perdonar a estos hermanos que han
recaído. Si ellos se arrepintieran, Dios les podría perdonar. Lo que el texto enseña es que ES
IMPOSIBLE QUE SEAN OTRA VEZ RENOVADOS PARA ARREPENTIMIENTO. No pueden ser restaurados
a la comunión con Dios porque no están dispuestos a volver a la luz de Dios. Han endurecido el
corazón tanto que la verdad de Dios no penetra en sus corazones para producir en ellos el
arrepentimiento. Esto si es pecado de muerte. (Compare I Timoteo 4:1,2; Hebreos 3:7-15)
HEBREOS 10:26-31 En LA BIBLIA DE LAS AMÉRICAS se traduce de la siguiente manera: "Porque si
continuamos pecando voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya
no queda sacrificio alguno por los pecados" (Hebreos 10:26). Esta traducción presenta más
claramente que se trata nuevamente de PRACTICAR el pecado, o sea de CONTINUAR en el pecado.
En este caso no hay sacrificio que sea aceptable a Dios para nuestra salvación. Cuando uno rechaza
a Cristo y Su sacrificio, YA NO LE QUEDA NADA. No le queda más sacrificio por los pecados. ¿Por
qué? Porque según Hebreos 10: los sacrificios de animales "nunca pueden quitar los pecados". Y
según Hebreos 10:12 Cristo ya hizo todo lo que el iba a hacer para lograr nuestra salivación: "Cristo,
habiendo ofrecido UNA VEZ PARA SIEMPRE un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la
diestra de Dios". Si rechazamos este sacrificio de Cristo (y esto es lo que hacen las personas
mencionadas en Hebreos 10:26-31 y toda persona que deja el camino del evangelio verdadero), no
hay ningún otro sacrificio que pueda quitar nuestros pecados. Tenemos que volver a Cristo y Su
sacrificio o NO HAY MAS SACRIFICIO por los pecados, ni habrá en el futuro (vea Hebreos 9:27,28).

A veces se enfatiza que el pecado VOLUNTARIO del cristiano es el que no tiene perdón. Es cierto
que a veces cometemos pecados por falta de conocimiento (estos son los pecados involuntarios).
Pero ¿quién podrá decir que no ha cometido algún pecado VOLUNTARIAMENTE? (NO OLVIDE I JUAN
1:8,10). Todo cristiano ha cometido algún pecado voluntariamente. Pero esto no quiere decir que
ya no puede ser perdonado.

Lo que el Espíritu Santo describe en Hebreos 10:26-31 es un cristiano que ha RETROCEDIDO


(Hebreos 10:38,39). Es aquel que (en el contexto de este libro) ha vuelto al judaísmo con sus
sacrificios que NUNCA PUEDEN QUITAR LOS PECADOS (aplicable a volver a cualquier sistema
humano de salvación). Creo que podremos ver esto si analizamos la descripción de estas personas
en Hebreos 10:

(1) Continúan pecando voluntariamente (10:26). (2) No mantienen firme la profesión de su


esperanza (10:23). (3) Han dejado de congregarse (10:25). (4) Son adversarios de Dios (10:26). (5)
Se comparan con aquellos que violaban la ley de Dios (10:28). (6) Pisotean al Hijo de Dios (10:29).
(7) Tienen por INMUNDA la sangre de Cristo (10:29). (8) Hacen afrenta al Espíritu de gracia (10:29).
(9) Retroceden (10:38,39).

Claramente son cristianos que han cambiado totalmente. Han rechazado a Cristo y Su sacrificio. Ya
no quieren seguir conforme al Nuevo Pacto. Retroceden (vuelven) a su antigua vida y religión en
busca de otro sacrificio por los pecados: otro sistema de salvación. Les asegura que NO LO VAN A
ENCONTRAR porque aparte de Cristo y Su Pacto NO HAY SALVACIÓN sino solamente "una horrenda
expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios" (10:27). Si
continuamos pecando voluntariamente y rechazando a Cristo podemos estar seguros que estamos
cometiendo "pecado de muerte". Nuestra única esperanza es el arrepentimiento. La actitud del
cristiano fiel hacia estos hermanos se describe claramente en II Timoteo 2:23-26. "Por si quizá Dios
les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están
cautivos a voluntad de él" (II Timoteo 2:25,26).

Vea también Apocalipsis 2:4,5,14-16,20-22; 3:1-3,15-19. En estos textos encontramos el mensaje de


Cristo a cristianos que estaban practicando el pecado. El mensaje NO ES: Ya pecaron
voluntariamente. Por tanto, ya no hay perdón para ustedes. EL MENSAJE ES: ARREPIÉNTETE. De otra
manera serás condenado.
"Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa
que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá
multitud de pecados" (Santiago 5:19,20). "Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta,
vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti
mismo, no sea que tú también seas tentado" (Gálatas 6:1).

¿Qué debo hacer cuando he pecado después de ser salvo?

Cuando nos arrepentimos ante Dios por primera vez y recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador,
fuimos perdonados de todos nuestros pecados. ¡Cuanta paz inundó nuestros corazones! Y la Palabra
de Dios nos asegura que nuestra salvación es para toda la eternidad y nunca puede ser anulada.

Aunque que fuimos salvos, por experiencia sabemos que no estamos exentos del pecado, a pesar
de nuestras mejores intenciones y esfuerzos por evitar el fracaso de todas maneras pecamos. ¿Qué
debemos hacer? La Palabra de Dios nos dice que debemos confesar al Señor nuestros pecados.

Confesar a Dios los pecados que cometemos después de ser salvos es absolutamente crítico para
nuestra vida como creyentes. En esta entrada, cubriremos la razón por la cual es necesario que
confesemos nuestros pecados, qué significa confesar, cómo debemos confesar y cuales son los
resultados de confesar.

La razón por la cuál confesamos: el pecado interrumpe nuestra comunión con el Señor Nuestro Dios
es un Dios amoroso, pero Él también es santo y justo. Dios no puede tolerar el pecado, de modo que
los pecados que cometemos crean una barrera entre Él y nosotros e interrumpen nuestra comunión
con Él.

Incluso en nuestras relaciones humanas, podemos darnos cuenta de cómo esto puede suceder.
Supongamos que ofendió a su amigo al decir cosas que lo hieren y nunca le pide disculpas. Ambos
sienten que ha habido un distanciamiento entre los dos, no obstante no pueden estar a gusto
cuando se ven sino hasta que se aclaren las cosas por medio de disculparse.

Esto llega a ser aún más real en nuestra relación con el Señor. Cuando cometemos un pecado,
nuestra conciencia nos hace saber que hemos ofendido al Señor. Nuestra relación amena y dulce es
interrumpida. Nos hemos rebelado con el Señor, y ese pecado es ahora una barrera entre Dios y
nosotros, perturbando nuestra comunión con el Señor.
De modo que la razón por la cual es necesario que confesemos al Señor nuestros pecados es que
aunque nuestra salvación es inmutable, nuestros pecados interrumpen la comunión con el Señor.

El significado de confesar: admitir o reconocer nuestro pecado


Antes que nada, ¿de qué manera nos damos cuenta que hemos pecado? 1 Juan 1:5 nos dice que
“Dios es luz”. De modo que cuando Dios nos alumbra, Él expone nuestros pecados y faltas, y
comenzamos a estar consciente de ello. El sentido de culpa que resulta en nuestra conciencia es
intransigente y no puede ser reprimido por cualquier tipo de razonamiento o excusa de nuestra
parte. En lugar de querer explicar nuestro pecado o tratar de cubrirlo, debemos reconocer lo que
Dios considera pecado y pedirle que nos perdone.

Salmos 32:5 es un buen ejemplo de esto. El salmista dijo: “Mi pecado reconocí ante Ti, y no cubrí mi
iniquidad. Dije: Confesaré a Jehová mis transgresiones. Y Tú perdonaste la iniquidad de mi pecado”.
Así que podemos ver que confesar a Dios nuestros pecados significa reconocer nuestros pecados y
no intentar cubrirlos. Significa admitir nuestros pecados y faltas al Señor. Nuestra actitud y oración
es estar de acuerdo con el juicio de Dios para nuestro pecado y decir: “Sí Señor, esto es pecado”.

La manera de confesar al Señor cuando sabemos que hemos pecado


Tan pronto nos damos cuenta de que hemos pecado y ofendido al Señor, es preciso que
confesemos. Pero ¿Cómo?

Confesamos nuestros pecados cuando oramos a Dios mismo. No importa si es una transgresión
pequeña o un pecado serio, es necesario que admitamos nuestro pecado inmediatamente al Señor
en oración y le pidamos que nos perdone.

No es necesario ir a cierto lugar y decirle a una persona en específico o esperar el momento


adecuado para confesar nuestros pecados. Dondequiera que estemos podemos orarle al Señor y
tan pronto como estemos conscientes de nuestro pecado, podemos confesarlo directamente a Él.
Debido a que el Señor está con nosotros en nuestro espíritu, podemos orar en cualquier momento
para confesar nuestros pecados.

Un ejemplo: confesar en nuestra vida diaria


Digamos que en el lugar donde trabaja hay una reserva de libretas y bolígrafos. Ya que son el tipo
de libreta y bolígrafos que le gustan, se lleva algunas para usarlas en su casa. En la mañana, mientras
vuelve su corazón al Señor para pasar tiempo con Él, Él lo alumbra y condena su conciencia de haber
tomado algo que no le pertenece. Durante este momento, es probable que razone con ese
sentimiento y se diga a sí mismo: “la oficina tiene mucho de estas cosas y no les hacen falta”. O
puede seguir el sentir de condena y culpa en su conciencia y admitir ante el Señor que lo que hizo
estuvo mal.

Cuando usted decide hacer caso al sentir que el Señor le está dando, inmediatamente puede orar y
decirle: “ Si Señor, tienes razón. Confieso haber tomado estas cosas de Ti. Lo siento y te pido que
me perdones Señor. Gracias Señor por haber derramado Tu sangre preciosa para quitar mi pecado”.

Debemos notar que esta oración tan sencilla no promete que hemos de mejorar; eso no es parte de
nuestra confesión. Lo que se requiere es que reconozcamos nuestro pecado y declarar nuestra fe
en la obra del Señor en la cruz.

Porsupuesto, en este ejemplo, después de haber confesado al Señor, es necesario regresar los
artículos al lugar de trabajo y no quedarse con ellos. El pecado en este ejemplo quizás sea pequeño,
incluso insignificante, no obstante, en principio, todo pecado, ya sea grande o pequeño, debe ser
confesado, ya que cada pecado interrumpe nuestra comunión con Dios.

Los resultados de confesar: el perdón y el limpiar

En 1 Juan 1:9 un versículo escrito para los creyentes, vemos los resultados de confesar nuestros
pecados:

> “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y
limpiarnos de toda injusticia”.
Si confesamos, el resultado es que somos perdonados y limpiados.

La nota 2 de este versículo explica lo que significa que Dios sea fiel y justo para perdonarnos nuestros
pecados:

“Dios es fiel a Su palabra (v. 10) y justo con relación a la sangre de Jesús Su Hijo (v. 7). Su palabra es
la palabra de la verdad de Su evangelio (Ef. 1:13), la cual nos dice que Él nos perdonará los pecados
por causa de Cristo (Hch. 10:43); y la sangre de Cristo ha satisfecho Sus requisitos justos para que Él
pueda perdonar nuestros pecados (Mt. 26:28). Si confesamos nuestros pecados, Dios, conforme a
Su palabra y con base en la redención efectuada mediante la sangre de Jesús, nos perdona porque
Él tiene que ser fiel a Su palabra y justo con relación a la sangre de Jesús; de otro modo, Él sería
infiel e injusto. Debemos confesar los pecados para que Él nos pueda perdonar. Tal perdón, cuyo fin
es restaurar nuestra comunión con Dios, es condicional, pues depende de nuestra confesión”.

Al confesar nuestros pecados recibimos perdón, un perdón que se basa firmemente en la justicia de
Dios.

Además, la nota 3 del mismo versículo explica lo que significa “limpiarnos de toda injusticia”:

“Perdonarnos es liberarnos de la culpa de nuestros pecados, mientras que limpiarnos es lavarnos


de la mancha de nuestra injusticia”.

Cuando confesamos nuestros pecados, somos perdonados, limpiados y nuestra comunión con el
Señor es plenamente recobrada debido a que el obstáculo de nuestro pecado es eliminado.
¡Alabado sea el Señor!

11 consejos para recuperar la paz espiritual después de haber pecado

Hace algunos días terminé el libro “La paz interior” de Jacques Philippe. Es un libro espiritual muy
breve, con un lenguaje sencillo y lleno de enseñanzas muy hermosas sobre importancia de cultivar
la paz espiritual en la vida cristiana. La obra repasa todas aquellas acciones y situaciones, propias o
ajenas, que nos hacen perder la paz interior; por ejemplo, cuando perdemos la paz porque no
aceptamos nuestro pasado, porque no nos gusta cómo somos o cómo son los demás, etc. Ofrece
además reflexiones y consejos prácticos para mantener esa paz en cada una de las situaciones
tratadas.

Entre esos consejos, me parecieron particularmente sugerentes y útiles los que enfrentaban el
problema de la pérdida de la paz espiritual a partir de nuestros propios pecados. ¿A quién no le ha
ocurrido? Cuando pecamos nos sentimos culpables por nuestras acciones y eso es algo muy sano;
sin embargo, no es infrecuente que ese sentimiento de culpa degenere y nos lleve a experimentar
remordimientos y angustias que poco o nada tienen que ver con el Dios misericordioso en el que
creemos. Por esta razón, quiero repasar con ustedes 11 de los varios consejos que el libro ofrece
para enfrentarnos como Dios manda a nuestros propios pecados.

Todos los textos debajo de cada imagen son extractos breves de la obra.

(Quienes quieran comprar el libro en formato electrónico o físico pueden hacerlo en este link)
Vota por los consejos que consideras más importantes con las flechas de la mano izquierda y no
olvides dejarnos un comentario para saber si este material te pareció útil 😉

Caí en pecado, ¿qué debo hacer para restaurarme?

Si has llegado hasta este artículo debe ser porque estas pasando por la peor situación de tu vida:
haber caído en pecado, o simplemente porque quieres informarte. Cualquiera que sea tu caso, mi
intensión es ayudarte a escapar de ese pantano que te devora poco a poco.

Seguramente hoy te estas sintiendo basura, te remuerde la conciencia de haberle fallado a tu Dios.
No quisiste hacerlo. Jamás pensaste llegar hasta donde llegaste. Como pudiste ceder si tu estabas
tan apegado a Dios. Tal vez estas sean las palabras que martillen tu mente mientras recuerdas
aquello que hiciste y te apartó de la presencia de Dios. Y tal vez aun, has decidido dejar la iglesia y
dejar a Dios. Crees que nunca estuvo a tu lado cuando estabas a punto de ceder al pecado, y es más,
ahora mismo crees que Dios no existe.

Claro está que todo lo que piensas ahora mismo sobre ti y Dios es consecuencia de tu pecado.

Ahora bien, cediste al pecado, el Espíritu Santo te apartó de ti, toda conexión intima con Dios ha
sido rota. ¿Que debes hacer para restaurarte?

1.- No te Auto Juzgues.


Esto es lo que le pasó a Judas. Dejó que sus pensamientos de culpa lo llevarán al suicidio. Jamás
pensó que aquel Jesús que seguía fuera capaz de perdonar todo lo que había hecho, y mucho menos
pensó que el perdón de Dios pudiera alcanzarle. En la situación pecaminosa en la que te encuentras
hoy, juzgarte tú mismo es lo último que debes hacer, pues satanás te tiene aprisionado, y tus
pensamientos están siendo controlados por él.

2.- Reconoce que has pecado (arrepentimiento).


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Reconoce que necesitas ayuda para salir del pantano en que te encuentras. No trates de hacerte
juicio con tus propios pensamientos (vuelve a leer el primer paso). A estas alturas satanás te está
diciendo que eres tan impuro que Dios jamás te miraría, que jamás te va a perdonar.
«Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado
tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.»
[1 Juan 2:1]
No trates de culpar a nadie, ni siquiera a Dios. El que accedió al pecado fuiste tú y únicamente tú.
Eres responsable de tu salvación. Reconocer que has pecado y que necesitas de Dios es lo primero
que debes hacer. Y a estas alturas satanás te está haciendo recordar tu pecado a cada instante con
la intensión de que te sientas más indigno del perdón de Dios. Pero no lo tomes así, recuerda tu
pecado con la intensión de hallar perdón y fortalecerte en Dios.

«Recordar y confesar nuestro pecado es como sacar la basura: una sola vez no es suficiente.»
[Cornelio Plantinga, Jr.]
(Te recomiendo leer también: ¿Cuál es el verdadero arrepentimiento?)
Algo que nunca debes olvidar es que el pecado no le hace nis cosquillas a Dios. Así que no tienes
porque sentirte tan impuro como para no recibir perdón de Él.
«El hombre salvado y regenerado podrá caer en acciones carnales que manchen su testimonio,
pero, impulsado por el Espíritu Santo y conocedor de la voluntad de Dios mediante la Biblia, será
restaurado y convertido en foco vital que irradie amor y espíritu de sacrificio en beneficio de sus
semejantes.» [Ernesto Trenchard]
Al final, por más que te desgarres gritando que ya Dios jamás te mirará con ojos de amor, te darás
cuenta que Dios siempre estuvo cercano a ti esperando que vayas a sus brazos. Puedes encontrar
respuesta de parte de Dios en citas bíblicas sobre el perdón tal como la siguiente:
«Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades,
ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar
del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.» [Ro. 8.38-39]

3.- Aléjate de quién te haga recordar lo cometido.


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Después de haber caído satanás va aprovechar todas las oportunidades para recordarte lo que has
hecho. Te exhorto que hasta este punto ya debes haber arrancado cualquier vinculo con la persona
que has cometido pecado. Puesto que si sigues junto a ella seguirás pecando y jamás podrás
restaurarte.

Si no te has dado cuenta, ingresar a cualquier tipo de pecado se debe a la falta de intimidad con
Dios. Y claro, hoy en día las personas vivimos un cristianismo emocional. Veo jóvenes metidos en
iglesias solo por buscar pareja. Y si estas frío(a) espiritualmente, alguien que finja estar en
''Santidad'' será tu perdición.

En una carta una señorita me escribió lo siguiente:


Mis padres le permitieron vivir en mi casa por hospitalidad y confianza ya que veíamos en el mucha
santidad. Cierto día me enteré que estaban comentado que yo le gustaba. Y pues me sorprendí ya
que de mi nadie se fijaba y menos un chico con tanta unción. El comenzó a coquetear y pues a mi
me sorprendía mas y mas que él en su madurez espiritual se fijara en mi...
No es que quiera justificar a ninguno, solo te doy un ejemplo de lo que pueda suceder (o si es que
así te ha sucedido). Y pues como parte de tu proceso de restauración debes aceptar que tu también
tuviste parte al ceder al pecado. Nadie te obligó.

4.- Busca intimidad con Dios.


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Como ya dije en antes, hasta aquí tu relación con Dios está totalmente rota. El Espíritu Santo se ha
apartado de ti y con ello alejaste a Dios. Pero cuando estas a solas sientes un vacío en tu corazón,
sientes el deseo de querer correr a los brazos de tu Padre, pero crees que jamás te va a recibir
porque eres muy impuro(a), y mucho menos, que Él te va a dar perdón de pecados.
«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz
fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.»
[Is. 53:5]

En la condición en la que hoy te encuentras no tienes deseo de nada Espiritual. «Porque el deseo de
la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro,
de manera que no podéis hacer lo que deseáis.» [Ga. 5:17] Así que es momento de nadar rió arriba
por tu vida. Ora aunque no tengas ganas, aunque satanás empiece a turbar tu mente con aquello
que has hecho, e incluso, aunque te estés muriendo de sueño. Comienza haciéndote de una rutina
de oración. Lee la Biblia aunque te parezca aburrida. Mientras más la escudriñes, más fortaleza
espiritual empezarás a tener. Leer la Palabra de Dios vivificará tu alma y empezarás a matar la carne
que ahora es en ti más fuerte.

5.- Apártate de todo aquello que te contamine más.


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Ahora tienes una gran batalla espiritual. Y estando en medio del mundo en que vivimos, soy
consciente de decir que es un poco complicado. Mientras luchas por restaurarte te exhorto a
apartarte de todo aquello te contamine más. Estando en pecado tu alma, por medio de satanás,
querrá seguir metido en más pecado. Así que has a un lado todo tipo de música no cristiana (por
más sanas que sean para ti son un peligro), películas y programas de TV con contenido erótico,
revistas y páginas web con contenido sexual.

Se que no va a ser fácil, pero si te tomas de la mano de Dios y estas dispuesto a restaurarte, todo es
posible. Sé valiente y constante. Te aseguro que saldrás del pantano en que te encuentras y muy
pronto estarás dándole la Gloria a Dios.

Y por último recuerda lo que escribió Pablo a los Romanos:


«Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que
son llamados conforme a su propósito.» [Ro. 8:28]
Toda está amarga experiencia muy pronto será un maravilloso testimonio que te servirá para ayudar
a levantar a otros que han caído. Y tendrás una esplendida madurez espiritual, en ello lo que estas
pasando coopera para bien.

¿Dios seguirá perdonándote, si cometes el mismo pecado una y otra vez?

Pregunta: "¿Dios seguirá perdonándote, si cometes el mismo pecado una y otra vez?"

Respuesta: Para mejor responder a esta pregunta, vamos a ver dos potentes pasajes de las
Escrituras. El primero se encuentra en el libro de los Salmos: "Cuanto está lejos el oriente del
occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones." (Salmo 103:12 ). Uno de los trucos más
eficaces que Satanás intenta con los cristianos es convencerlos de que nuestros pecados no son
perdonados realmente, a pesar de las promesas de la Palabra de Dios. Si verdaderamente hemos
recibido a Jesús como Salvador por la fe, y todavía tenemos una sensación incómoda preguntando
si hay o no un perdón cierto, esto puede provenir de influencias demoníacas. Lo odian los demonios
cuando la gente es rescatada de su alcance, y tratan de sembrar semillas de duda en nuestras
mentes de la realidad de nuestra salvación. En su vasto arsenal de trucos, una de las herramientas
más grandes de Satanás es recordarnos constantemente de nuestras transgresiones pasadas, y las
utiliza para probar que Dios no podía perdonar o restaurar. Los ataques del diablo lo hacen un
verdadero desafío para nosotros simplemente descansar en las promesas de Dios y confiar en Su
amor.

Pero este Salmo también nos dice que Dios no sólo perdona nuestros pecados, sino que los quita
completamente de Su presencia. ¡Esto es algo profundo! Sin lugar a dudas, esto es un concepto
difícil de captar para los seres humanos, por eso es tan fácil para nosotros preocuparnos y
preguntarnos sobre el perdón en lugar de simplemente aceptarlo. La clave reside en simplemente
renunciar nuestras dudas y nuestros sentimientos de culpabilidad, y descansando en Sus promesas
de perdón.

Otro pasaje es 1 Juan 1:9, "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados y limpiarnos de toda maldad." ¡Qué increíble promesa! Dios perdona a Sus hijos cuando
pecan si sólo vienen a Él en una actitud de arrepentimiento y piden perdón. La gracia de Dios es tan
grande que puede limpiar el pecador de su pecado para que se convierta en un hijo de Dios. Incluso
cuando tropezamos, podemos ser perdonados aún.

En Mateo 18:21-22, leemos: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré
a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun
hasta setenta veces siete.” Pedro probablemente estaba pensando que estaba siendo generoso. En
lugar de pagar con igual retribución a una persona que había cometido un pecado contra él, Pedro
sugirió dar al hermano algún margen de maniobra, diga, hasta siete veces. Pero se acabarían el
perdón y la gracia el octavo tiempo. Pero Cristo desafió las reglas de la economía de gracia sugerida
por Pedro diciendo que el perdón es infinito para aquellos que realmente lo están buscando. Esto
sólo es posible por la gracia infinita de Dios que se hace posible a través de la sangre derramada de
Cristo en la Cruz. Por el poder perdonador de Cristo, podemos siempre ser hechos limpios después
de pecar, si humildemente lo buscamos.

Al mismo tiempo, debe ser observado que no es bíblico para una persona pecar habitual y
continuamente como un estilo de vida y todavía ser un creyente (1 Juan 3:8-9). Por esta razón Pablo
amonesta, “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os
conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? (2
Corintios 13:5). Como cristianos, tropezamos, pero no vivimos una vida de pecado continuo, sin
arrepentimiento. Todos nosotros tenemos debilidades y podemos caer en pecado, aun cuando no
lo queremos hacer. Incluso el apóstol Pablo hizo lo que no quería hacer por el pecado que obraba
de su cuerpo (Romanos 7:15). Como Pablo, la respuesta del creyente es odiar el pecado,
arrepentirse de ello y pedir la gracia divina para superarlo (Romanos 7:24-25). Aunque nosotros no
necesitamos caer debido a la suficiente gracia de Dios, a veces lo hacemos porque confiamos en
nuestra fuerza insuficiente. Cuando nuestra fe se debilita y, como Pedro, negamos nuestro Señor en
palabra o en vida, aún así todavía hay oportunidad de arrepentirse y ser perdonados de nuestros
pecados.

Otro de los trucos de Satanás es hacernos pensar que no hay esperanza, que no hay ninguna
posibilidad de que podamos ser perdonados, sanados y restaurados. Él intentará hacernos sentir
consumidos y atrapados por la culpa para que no nos sentemos dignos ya del perdón de Dios. Pero,
¿desde cuándo éramos dignos de la gracia de Dios? Dios nos amó, nos perdonó y nos escogió para
estar en Cristo antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4-6), no por nada que hicimos nosotros,
pero “a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos
en Cristo.” (Efesios 1:12). Nosotros siempre debemos tener en cuenta que no hay lugar donde
podemos ir que la gracia de Dios no nos puede alcanzar, y no hay ninguna profundidad a la cual nos
podemos hundir que Dios ya no es capaz de sacarnos. Su gracia es mayor que todos nuestros
pecados. Si estamos recién empezando a vagar, o ya estamos hundiéndonos y ahogándonos en
nuestro pecado, la gracia puede ser recibida.

La gracia es un regalo de Dios (Efesios 2:8). Cuando pecamos, el Espíritu nos convencerá del pecado
de tal modo que una tristeza según Dios resultará (2 Corintios 7:10-11). Él no condenará nuestras
almas como si no hubiere esperanza, porque ya no hay ninguna condenación para los que están en
Cristo Jesús (Romanos 8:1). La convicción del Espíritu dentro de nosotros es un movimiento de amor
y gracia. La gracia no es una excusa para pecar (Romanos 6:1-2) y no debe atreverse a ser abusada,
lo que significa que el pecado debe ser llamado "pecado", y no puede ser tratado como si es sin
daño o inofensivo. Creyentes impenitentes necesitan ser amorosamente confrontados y guiados a
la libertad, y los incrédulos necesitan que les digamos que necesitan arrepentirse. Pero, enfaticemos
también el remedio, porque nos ha sido dado gracia sobre gracia (Juan 1:16). La gracia es cómo
vivimos, cómo somos salvos, cómo somos santificados, y cómo seremos guardados y glorificados.
Recibamos gracia cuando pecamos, por arrepentirnos y confesar nuestros pecados a Dios. ¿Por qué
vivir una vida pecaminosa cuando Cristo ofrece hacernos espiritualmente sanos y rectos ante los
ojos de Dios?

¿Qué hago si he cometido pecado sexual?

Los Cristianos no están exentos de pecado sexual. Si Usted es una persona que ha caído en
fornicación, adulterio, pornografía, homosexualidad, lesbianismo, bestialidad o en cualquier otra
desviación sexual, entonces, Usted necesita detenerse. Necesita confesar sus pecados al Señor y
romper con sus relaciones que lo llevan a pecar o a ser más tentado por el pecado. Esto podría ser
difícil de escuchar, pero es necesario hacerlo.

El impulso sexual es muy poderoso, Es tan poderoso que éste puede alterar el pensamiento de una
persona y sus emociones. Lleva a endurecer el corazón y movernos a tomar decisiones irracionales
y pecaminosas. Dios ha creado el sexo sólo para el lecho matrimonial. Dios quiere que Usted sea
puro en mente y cuerpo, reservando la unión sexual para el contexto apropiado dentro del
matrimonio para que de esa forma Usted pueda honrar adecuadamente a Dios y a su esposa.
Cuando se falla en esto, se comete un serio pecado. Pero no todo está perdido.

Hay perdón en Cristo


Todo pecado sexual en su vida puede ser perdonado. La sangre de Cristo es demasiado poderosa
para que sea derrotada por su pecado. Jesús pagó un gran precio en la Cruz (1 P 2:24). Él la derramó
y dio Su vida, y si Usted es Cristiano, entonces, Usted ha sido comprado por un gran precio. Usted
ya le pertenece al Señor y Él siempre anhela tener relación con Usted (1 Co 1:9). Todo lo que necesita
saber es que debe confesar a Dios su pecado y arrepentirse de éste. Esto significa que Usted debe
dejar de cometerlo. Usted está llamado por Dios para la pureza, no para la inmoralidad sexual.

1ª Corintios 6:18: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera
del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.”
Efesios 5:3: “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aún se nombre entre vosotros, como
conviene a santos;”
Colosenses 3:5: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones
desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;”
1ª Tesalonicenses 4:2: “Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; 3pues la
voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; 4que cada uno de vosotros
sepa tener su propia esposa en santidad y honor; 5no en pasión de concupiscencia, como los gentiles
que no conocen a Dios;”
La palabra Griega para “inmoralidad” es “porneia” la cual significa “relación sexual ilícita”; por
ejemplo: fornicación, homosexualidad, lesbianismo, bestialidad, etc. La palabra "pornografía" tanto
en Inglés como en Castellano deriva de la palabra “porneia”. Así, Usted puede ver que Dios desea
su santidad. Después de todo, esta es la razón por la cual Usted es Cristiano: para honrar, glorificar
a Dios y vivir para Él.

Repito, si Usted se encuentra en algún pecado sexual, deténgalo, confiéselo, rompa toda relación
de tentación con su respectiva situación, y busque al Señor. Si Usted falla nuevamente, entonces,
vaya de nuevo a la Cruz. Nunca se rinda de ir a Jesús y de recibir el perdón que Usted necesita. Nunca
piense que el Señor Jesús dejará de amarlo; nunca dude de Él; de Su amor y que Él conoce sus luchas.

Entonces, después de que se ha arrepentido, busque a alguien en quien pueda confiar y pídale que
ore por Usted regularmente. Es muy cierto que derrotar el pecado sexual no puede llevarse a cabo
sólo. Algunas veces, necesitamos la fortaleza del Cuerpo de Cristo.

¿Qué hay si no me arrepiento de mi pecado?


Si Usted es un Cristiano involucrado en pecado sexual entonces Usted sabe que el Espíritu Santo lo
ha estado convenciendo de ese pecado. Si Usted no siente ninguna convicción, entonces, o Usted
no es salvo o está tan endurecido por el pecado que ha cometido que no ha permitido rendir su vida
verdaderamente a Dios. Este es el caso en 1ª Corintios 5:5 donde un hombre estaba fornicando con
la esposa de su padre: “el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el
espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.” Tenga la seguridad de que Dios toma esto seriamente.
Él tomará su vida para salvar su alma. Éste es un movimiento de amor por parte de Dios.

Si Usted está leyendo esto, entonces, el Señor lo ha dirigido a Usted hasta aquí ya que Él quiere que
Usted conozca acerca de este tema. Si está en tal clase de pecado, Usted sabe lo que el Señor
requiere de Usted. Si no está en este pecado, entonces, dele a Dios gracias por Su misericordia y
continúe buscando la Santidad del Señor.