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HIMNO NACIONAL DE

LA REPÚBLICA DE COLOMBIA

Grupo Scout 41 Oreste Sindici


INTRODUCCIÓN

Hermanos Lobatos, Scouts, Rovers y dirigentes del grupo 41


Oreste Sindici, pensé en escribir este documento un día como
cualquier otro, en una de nuestras reuniones de grupo, al ver
que en el momento de cantar una estrofa diferente a la primera
del Himno Nacional casi ninguno la sabíamos y me convencí
mucho más de realizarla cuando alguien insistió en cantar cada
mes una estrofa del Himno y ninguno se dio mañas, ese día me
convencí de que los muchachos pertenecientes al grupo
deberían conocer nuestro himno al derecho y al revés (por
aquello del nombre), y sobre todo del hombre del cual nuestro
grupo lleva orgullosamente su nombre, Oreste Sindici, por eso
este documento lleva una pequeña reseña sobre su vida y obra,
y por si acaso está escrita cada una de las estrofas del Himno
Nacional, para que lo conozcamos y algún día lleguemos a
cantarlo completo.
Espero que les guste mucho y lo aprovechen.

BUENA CAZA Y BUEN REMAR

Martha Liliana Rojas Nossa


Castor Alegre
Oreste Sindici Topai nació el 31 de mayo de 1828 en
Ceccano, cerca de la ciudad de Roma, donde se
levanta un castillo medieval conocido con el nombre
de Sindici.
Sus padres eran los señores Vicente Sindici y Teresa
Topai.
El jovencito Sindici se refugió en casa de su tío el
sacerdote Jacobo Sindici, y por su afición y aptitudes
para la música y el canto ingresó al célebre
conservatorio de Santa Cecilia en Roma donde estudió
varios años. Después entró a una compañía de opera
que lo contrató como tenor y después de alcanzar
buenos triunfos en el viejo mundo vino a Colombia en
1863 y se exhibió con gran éxito en el Teatro
Maldonado en Bogotá. En 1866 se retiró de la escena
teatral y decidió organizar su vida, para ello se casó el
11 de febrero de 1866 con su novia Justina Jannuat y
cuatro hijos alegraron su matrimonio, Teresa Eugenia
Justina, Oreste Justino Vicente María, María Teresa
Atilia y Emilia Justina Eugenia Sindici Jannuat.
Años después el señor José Domingo Torres
partidario del doctor Rafael Núñez descubrió los
“versos patrióticos” compuestos por el presidente en
1850 y le brotó la idea de ponerles música, para esto
acudió al maestro Oreste Sindici el cual le dijo a Torres
después de un tiempo de estar pensando en la tonada
que la letra no se ajustaba a la idea de música que él
tenía, que solicitara al autor la rehiciera. El Sr.
presidente atendió la insinuación, rehízo los
alejandrinos y resolvió quitarles el sentido local que
tenían y volverlos nacionales.
Tiene el municipio de Nilo en Cundinamarca el
privilegio de haber sido en su jurisdicción donde el
maestro Oreste Sindici Topai compuso la música del
himno de la patria y de haberse escuchado en un
preestreno popular, cantado por parroquianos
nilenses el domingo 24 de julio de 1887 en la plaza
central.
Finalmente fue presentado al pueblo el 11 de
noviembre en el día de conmemoración de la
independencia de Cartagena de Indias y estrenado el 6
de diciembre del mismo año, ejecutado por la orquesta
y coros dirigidos por el maestro Oreste Sindici, en el
salón de grados, esquina de la calle 10, frente al
palacio de San Carlos en Bogotá.
Setenta y seis años tenía el maestro Oreste
Sindici cuando la arteriosclerosis, acentuada por su
persistente abuso del tabaco, dio cuenta de su
existencia. El martes 12 de enero de 1904 murió en
medio de la triste desolación de sus hijas Eugenia y
Emilia.

Nuestro himno nacional lo consagró la opinión


pública desde su estreno el 11 de noviembre de 1887.
Sus fibras rebosaron de amor patrio cuando se
escucharon los sonoros acordes del maestro Sindici.
Largos años pasaron cuando lo adoptó oficialmente la
nación por medio de la Ley 33.
HIMNO NACIONAL DE COLOMBIA

Coro

¡Oh gloria inmarcesible!


¡Oh júbilo inmortal!
En surco de dolores
el bien germina ya.

El coro expresa una impresión de asombro frente a la


majestad y el esplendor de la fama y el honor de todo
cuanto significa la “gloria inmarcesible” que no se puede
marchitar y debe estar viva, lozana y fresca
permanentemente.
“Oh júbilo” es la sorpresa que causa el estar alegre, el
regocijo, que debe ser “inmortal”, porque no puede morir.
“En surco de dolores”, hace referencia a la huella que dejó
la pena de la guerra de independencia, donde finalmente
brotó y creció el “bien”.
I ESTROFA

Cesó la horrible noche,


la libertad sublime
derrama las auroras
de su invencible luz.
La humanidad entera
que entre cadenas gime,
comprende las palabras
del que murió en la Cruz.

Dice el autor que se acabó ese terrible temor que produce


la confusión de la guerra. Que el hombre tiene la facultad
natural de no ser esclavo y que este derecho es como la
luz del amanecer, que no se puede vencer.
Luego se refiere al hombre que expresa su dolor por estar
atado con cadenas, pero que entiende la ley del amor que
nos enseñó Cristo desde lo alto de la Cruz.
II ESTROFA

Independencia grita
el mundo americano;
se baña en sangre de héroes
la tierra de Colón.
Pero este gran principio:
“el rey no es soberano”
resuena, y los que sufren
bendicen su pasión.

Esta estrofa afirma que los habitantes de esta parte del


mundo, manifestaron su deseo de independencia de
España y por eso sus territorios se cubrieron de la sangre
de nuestros compatriotas.
Al escuchar esa verdad “el rey no es soberano”, quienes
padecían persecución o estaban presos alabaron su
propio sufrimiento pues sabían que contribuían a la
independencia.
III ESTROFA

Del Orinoco el cauce


se colma de despojos;
de sangre y llanto un río
se mira allí correr.
En Bárbula no saben,
las almas ni los ojos
si admiración o espanto
sentir o padecer.

Vincula el poeta al río Orinoco para resaltar el baño de


sangre a que fueron sometidos estos pueblos por los
colonizadores.
Cuando Bolívar sitió a Puerto Cabello, en la colina de
Bárbula se libró el más encarnizado combate. El joven
capitán granadino, Atanasio Girardot, subió con la
bandera tricolor y al coronarla fue abatido. Este hecho
heroico produce admiración o espanto.
IV ESTROFA

A orillas del Caribe


hambriento un pueblo lucha.
Horrores prefiriendo
a pérfida salud.
Oh, sí, de Cartagena
la abnegación es mucha,
y escombros de la muerte
desprecia su virtud.

En las riveras del Mar Caribe las gentes no tienen medios


de subsistencia, pero prefieren las atrocidades a la
deslealtad y a la traición. Como ejemplo está Cartagena
de Indias, sitiada durante ciento ochenta días por Pablo
Morillo.
V ESTROFA

De Boyacá en los campos


el genio de la Gloria,
con cada espiga un héroe
invicto coronó.
Soldados sin coraza
ganaron la victoria;
su varonil aliento
de escudo les sirvió.

Es la exaltación del genio y el mando militar de Bolívar, al


coronar con espigas de trigo, fruto de la tierra boyacense
a sus invictos soldados de Paya, Bonsa, Gámeza, el
Pantano de Vargas y el Puente de Boyacá.
También resalta el valor de los combatientes que sin
armadura de hierro y solo escudados por su ánimo y su
valor alcanzaron el triunfo.
VI ESTROFA

Bolívar cruza el Ande


que riegan dos océanos
espadas cual centellas
fulguran en Junín
Centauros indomables
descienden a los llanos,
y empieza a presentirse
de la epopeya el fin.

Se refiere a la acción heroica del Libertador al cruzar con


sus ejércitos las alturas de los Andes, para llevar la libertad
a Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia y como sus espadas
resplandecieron para vencer al enemigo en el campo de
Junín.
Eran como aquellos hombres mitológicos, mitad hombre
y mitad caballo, que sin poderse sostener bajaban con
toda su furia a la llanura para terminar su acción.
VII ESTROFA

La trompa victoriosa
en Ayacucho truena;
y en cada triunfo crece
su formidable son.
En su expansivo empuje
la libertad se estrena,
del cielo americano
haciendo un pabellón.

En cada triunfo bolivariano el sonido de las trompetas de


guerra crece.
En Ayacucho son un estruendo, alimentadas por las voces
de Sucre, quien le dice a sus tropas: ”Soldados, de los
esfuerzos de hoy depende la suerte de Sur América. Que
un nuevo día de gloria corone vuestra admirable
constancia”.
Sonó el “bambuco”, ejecutado por la banda de batallón
“Voltígeros” y fue tal empuje de la carga que por primera
vez la libertad alcanzó toda la América, como si la cubriera
una sola bandera nacional.
VIII ESTROFA

La virgen sus cabellos


arranca en agonía
y de su amor viuda,
los cuelga del ciprés.
Lamenta su esperanza
que cubre losa fría,
pero glorioso orgullo
circunda su alba tez.

Recuerda una antigua costumbre, mantenida por varias


tribus indígenas, según la cual la mujer soltera y virgen se
dejaba crecer el cabello y solo se lo cortaba cuando se
casaba, entraba a un monasterio o cuando fallecía su
amado. Una señal de infinito dolor era raparse la cabeza.
El ciprés es un árbol que se siembra casi siempre en los
cementerios. Cuando ellas perdían a su prometido en la
guerra demostraban con llanto su pesar, se cortaban los
cabellos y los colgaban de los cipreses, pero al mismo
tiempo se sentían dignas de honor y esto se les dibuja en
sus blancos rostros.
IX ESTROFA

La patria así se forma


Termopilas brotando:
constelación de cíclopes
su noche iluminó.
La flor estremecida
mortal el viento hallando
debajo los laureles
seguridad buscó.

Esta estrofa es muy simbólica. Para constituir la patria se


necesitan soldados como los trescientos espartanos que
defendieron el paso de las Termopilas. Todos murieron
batallando, menos uno, que al regresar a su casa su propia
madre pidió la pena capital por cobarde.
Eran tan fuertes nuestros soldados que parecían los
mitológicos gigantes del cielo y de la tierra. Estos bravos
batalladores iluminaron las tinieblas después del
crepúsculo del imperio español.
La naciente república se estremeció al verse sujeta a la
muerte, por esto buscó su seguridad bajo los mandos
militares.
X ESTROFA

Más no es completa gloria


vencer en la batalla
que al brazo que combate
lo anima la verdad.
La independencia sola
el gran clamor no acalla;
si el sol alumbra a todos,
justicia es libertad.

Para llegar al triunfo debe buscarse la conformidad entre


lo que se dice con lo que se siente o piensa.
La sola emancipación no silencia los gritos de quienes
piden justicia y esta no se logra mientras no exista una
verdadera democracia.
XI ESTROFA

Del hombre los derecho


Nariño predicando
el alma de la lucha
profético enseñó.
Ricaurte en San Mateo,
en átomos volando,
“deber antes que vida
con llamas escribió”.

La última estrofa está dedicada a dos de los más grandes


patriotas: Antonio Nariño y el capitán Antonio Ricaurte.
Nariño con gran visión tradujo y enseñó los 17 artículos
de la Declaración de los Derechos Humanos y del
Ciudadano, como esencia de la causa de independencia.
El capitán Antonio Ricaurte, se inmortalizó en 1814, al
volar la casa de la Hacienda de San Mateo donde se
guardaba el parque de municiones de los patriotas, para
que no cayera en manos de los españoles. Este hecho
hizo expresar a Núñez bellamente: “deber antes que vida,
con llamas escribió”.
Estribillo de la introducción de trompetas:

“Hoy que la madre patria se halla herida,


hoy que debemos todos combatir,
Demos por ella nuestra vida,
que morir por la patria no es morir,
es vivir”.