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EL DELITO DE DETENCIÓN ILEGAL
ANALISIS JURISPRUDENCIAL DEL
TIPO EN LOS CÓDIGOS PENALES
DE 1870, 1944 Y 1995

José Manuel Barranco Gámez.

1
José Manuel Barranco Gámez.

Abogado.
Licenciado en Derecho.
Licenciado en Criminología.
Detective Privado.
Máster en Prevención de Riesgos Laborales
Técnico Superior en PRL de las tres Especialidades.

JUS NON IN SINGULAS PERSONAS, SED GENERALITER


CONSTITUITUR

2
INDICE

EL DELITO DE DETENCIÓN ILEGAL


ANALISIS JURISPRUDENCIAL DEL TIPO
EN LOS CÓDIGOS PENALES DE
1870, 1944 Y 1995

1. ANTECEDENTES HISTÓRICOS.
I. DERECHO ROMANO.

II. DERECHO MEDIEVAL.

2. CÓDIGOS PENALES ESPAÑOLES.


I. INTRODUCCIÓN.

II. CÓDIGO PENAL DE 1822.

III. CODIGOS PENALES DE 1848 Y 1850.

IV. PENAL DE 1870.

3. CÓDIGO PENAL DE 1944.

I. INTRODUCCIÓN.

II. ARTÍCULOS DEL CÓDIGO PENAL.

III. SUJETO ACTIVO.

IV. SUJETO PASIVO.

V. BIEN JURÍDICO PROTEGIDO.

VI. ANALISIS DEL TIPO PENAL CONCRETO.

3
VII. MEDIOS COMISIVOS.

VIII. DELITO PERMANENTE.

IX. ANTIJURIDICIDAD.

X. CULPABILIDAD.

XI. CONCURSO.

4. CÓDIGO PENAL DE 1995.

I. INTRODUCCIÓN.

II. CONCEPTO DE DETENCIÓN ILEGAL.

III. BIEN JURÍDICO PROTEGIDO.

IV. SUJETOS DEL DELITO.

V. EL FUNCIONARIO COMO SUJETO ACTIVO.

VI. ANALISIS DEL TIPO BÁSICO.

VII. ELEMENTOS SUBJETIVOS.

VIII. EL ERROR DE PROHIBICIÓN.

IX. EL SUBTIPO ATENUADO.

X. ATENUANTE DE ARREPENTIMIENTO ESPONTANEO.

XI. SECUESTRO.

XII. TIPOS AGRAVADOS.

XIII. ANTIJURIDICIAD.

XIV. RESOLUCIONES MANIFESTADAS.

XV. CONCURSO.

1. DELITO DE DETENCIÓN ILEGAL EN


CONCURSO CON EL DELITO DE ROBO.

2. DELITO DE DETENCIÓN ILEGAL EN


CONCURSO CON EL DELITO DE AGRESIÓN
SEXUAL.
4
5. REGLAS PENOLÓGICAS EN EL CONCURSO MEDIAL.

6. LA JURISPRUDENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO.

I. JURISPRUDENCIA REFERENTE AL CÓDIGO PENAL DE 1870.

1. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 26


DE DICIEMBRE DE 1870.

2. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 13


DE NOVIEMBRE DE 1871.

3. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 5 DE


MARZO DE 1873.

4. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 29


DE MAYO DE 1874.

5. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 15


DE MARZO DE 1877.

6. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 21


DE NOVIEMBRE DE 1877.

7. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 12


DE DICIEMBRE DE 1877.

8. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 9 DE


MAYO DE 1878.

9. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 22


DE ABRIL DE 1881.

10. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 15


DE OCTUBRE DE 1881.

11. SENTENCIA DEL TRIBUNALSUPREMO DE 25 DE


MAYO DE 1882.

12. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 24


DE OCTUBRE DE 1882.

13. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMOS DE 26


DE MAYO DE 1884.

5
14. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 19
DE NOVIEMBRE DE 1884.

15. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 19


DE NOVIEMBRE DE 1884.

16. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 20


DE ABRIL DE 1885.

17. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 3 DE


JUNIO DE 1885.

18. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 13


DE OCTUBRE DE 1885.

19. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 15


DE OCTUBRE DE 1885.

20. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 20


DE JUNIO DE 1887.

21. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 30


DE NOVIEMBRE DE 1887.

22. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 19


DE ABRIL DE 1884.

23. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 1 DE


MARZO DE 1889.

24. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 28


DE SEPTIEMBRE DE 1889.

25. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 21


DE ENERO DE 1890.

26. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 12


DE MARZO DE 1891.

27. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 5 DE


NOVIEMBRE DE 1892.

28. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 27


DE NOVIEMBRE DE 1894.

29. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 29


DE ABRIL DE 1896.
6
30. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 21
DE MAYO DE 1896.

31. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 10


DE JULIO DE 1900.

II. JURISPRUDENCIA REFERENTE AL CÓDIGO PENAL DE 1944.

1. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 20


DE ABRIL DE1953.

2. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 8 DE


OCTUBRE DE 1957.

3. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 17


JUNIO DE 1958.

4. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 18


DE NOVIEMBRE DE 1958.

5. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 16


DE ABRIL DE 1959.

III. JURISPRUDENCIA REFERENTE AL CÓDIGO PENAL DE 1995.

1. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 8 DE


NOVIEMBRE DE 2016.

2. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 28


DE OCTUBRE DE 2016.

3. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 20


DE OCTUBRE DE 2016.

4. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 13


DE OCTUBRE DE 2016.

5. SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 11


DE NOVIEMBRE DE 2016.

7. BIBLIOGRAFÍA.

7
RESUMEN

El delito de detención ilegal es una penal instantánea que se consuma desde el


momento mismo en que la detención o encierro tuviera lugar, de ahí que en principio el
mayor o menor lapso de tiempo durante el cual se proyecta el delito es indiferente, pues
lo esencial es la privación de libertad, aunque sea por breve espacio y el ánimo del autor
orientado a causarla.

En cuanto al dolo específico, el elemento subjetivo de este delito no requiere que


el autor haya obrado con una especial tendencia de desprecio a la víctima diversa de la
que ya expresa el dolo, en tanto conocimiento de la privación de libertad ambulatoria de
otra persona. Consecuentemente comprobada la existencia del dolo, ningún propósito
específico se requiere para completar el tipo subjetivo, y por lo tanto, la privación de
libertad, reúne todos los elementos del tipo, siendo irrelevantes los móviles, pues el tipo
no hace referencia a propósitos ni a finalidades comisivas.

PALABRAS CLAVES

Privación de libertad, libertad ambulatoria, libertad de movimiento, libertad de


traslación, encerrar, detener, retener, acto coactivo, elemento subjetivo, tendencia de
desprecio, intención, ánimo del sujeto, error, antijuridicidad, causa de justificación,
concurso, de normas, real, ideal, iter criminis, lapso de tiempo, consumación.

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EL DELITO DE DETENCIÓN ILEGAL
ANALISIS JURISPRUDENCIAL DEL TIPO
EN LOS CÓDIGOS PENALES DE
1870, 1944 Y 1995

1. ANTECENDENTES HISTÓRICOS

I. DERECHO ROMANO

En el Derecho romano, se recogían las figuras de la. vis, el plagium y las


carceres privatae. Entre las más graves categorías de vis, entendida como coacción, la
lex Julia de vi publica y vi privata (D. 48, 6; D. 48, 7) castiga la violenta privación de
libertad y el rapto. La lex Fabia (D. 48, 15), promulgada durante la República, prevé el
plagium, esto es, la dolosa usurpación del dominio sobre determinadas categorías de
personas.

Tal figura guarda un parentesco con el furtum; de tal suerte, cuando el sujeto
activo se apropia de un esclavo, existen grandes dificultades para deslindar aquella
figura del furtum.

El Derecho justinianeo (Theodosius I. C. Th. 9, 11, 1; C. just. 9, 5) prohíbe el


mantenimiento de las cárceles privadas, por la consideración de que tal conducta
implica, como usurpaci6n de un poder oficial por el particular, un delito de lesa
majestad.

II. DERECHO MEDIEVAL

El Fuero Juzgo, el Fuero Real y las Partidas incriminan diversas conductas


atentatorias a la libertad de movimientos. El Fuero Juzgo castiga al "omne que encierra
por fuerza al sennor, o a la duenna en su casa o en su corral, o mandare a otros omnes
que los non dexen salir", así como el "sacar por fuerza al sennor o a la duenna fuera de
su casa, asi que no puede it a su casa", y, finalmente, el "prender cosa ajena sin
mandado del rey, o de juez e que escriben to que fallan en ella" (ley IV, tit. I, libro
VIII).

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En otros lugares se sancionan también otros comportamientos lesivos de la
libertad: "si algun omne detoviere por fuerza a aquel que va su camino" (ley IV, tit. IV,
libro VI); por último, bajo el epígrafe del tít. IV, libro VII ("de los que prenden los
omnes por fuerza, e los venden en otra parte") se castiga a "todo omne libre que roba
siervo aieno".

El Fuero Real en su ley XII, tít. IV, lib. IV, pena al que "a otro encerrare en su
casa en la que morare. . . o en otra casa agena", así como al que "echare a otro de su
casa por fuerza, asi que le desapodere de las cosas que y tiene”. . . ; en la ley IV, tít. . V,
a "todo home que presiere a otro sin derecho", agravando la sanción cuando "le metiere
en casa, o en fierros, o en otra presion"; finalmente, en la ley VIII, tít. VI, libro IV,
castiga al que "prendere a otro sin mandado del Alcalde o del Merino", y en el tít. XIV,
libro IV, a "los que venderen los hombres libres, o los siervos de otros".

En las Partidas el legislador castiga la conducta de "cuando un ome a otro corre,


o sigue en pos del con intencion de lo ferir, o de lo prender; o cuando lo encierra en
algum lugar o le entra por fuerza en la casa; o cuando le prende, o le toma alguna cosa
por fuerza de las suyas e contra su voluntad" (ley VI, tít. IX, P. VII). En la ley XV, tít.
XXIX, se sanciona la construcción y use de las cárceles privadas.

En la Novísima Recopilación se prohíbe el "prender a -otra persona" (libro XII,


tít. XV, ley V). En otros lugares de este propio cuerpo legal (libro IV, tít. XXX, ley XII,
y libro V, título XXXIII, ley IV) se castiga a los Ministros de Corte y Villa y a los
alguaciles el "prender sin orden de los jueces a persona alguna y no en los casos de
hallarla cometiendo delito".

2. CÓDIGOS PENALES ESPAÑOLES

I. INTRODUCCIÓN

Los Códigos penales1 que abarcan todo el siglo XIX se encuentran fuertemente
determinados por sus principales redactores o relevantes personajes intervinientes en los
debates del legislativo. De la misma forma, los ministros de Gracia y Justicia
correspondientes dejaron su impronta en la redacción definitiva de los libros, pasando a
la posteridad firmando los textos, destinatarios sempiternos de las órdenes reales o
presidenciales de entrada en vigor.

El lenguaje empleado en los respectivos ordenamientos es propio del momento.


Elegante, preciso y rico en formulaciones, no es especialmente farragoso ni repetitivo;

1
García Valdés C. La Codificación penal y las primeras recopilaciones legislativas
complementarias. AHDE, tomo LXXXII, 2012.

10
cuando lo fuere, así en las ejemplificaciones del Código de 1822, el precedente no será
el modelo posterior. Y es que los responsables son académicos, profesores,
historiadores o jurisconsultos, es decir personas verdaderamente preparadas en Derecho
y, además, de elevada cultura multidisciplinar, que ocuparon distintos y elevados cargos
públicos y que, desde luego, escriben bien, de manera concisa, inteligible y expresiva,
conociendo el alcance de las paráfrasis; por eso, muchas de sus frases han quedado para
la posteridad, repitiéndose con harta frecuencia, incorporándose al lenguaje habitual,
siendo así que el profundo conocimiento, envuelto en una excelente literatura, se revela
a cada renglón de la lectura y en cada precepto legal.

II. CÓDIGO PENAL DE 1822

Desde un punto de vista rigurosamente histórico, el Código penal de 1822 es


todavía Antiguo Régimen, no obstante aciertos, verdaderamente originales, como traer a
su articulado la definición de delito (art. 1), lo que harán en lo sucesivo el resto de
normas ordinarias. La presencia del ostentoso aparato que rodea a la ejecución de la
pena de muerte (arts. 39 y ss.) es, sin embargo, buena prueba de lo manifestado
anteriormente. La alargada sombra de Bentham planea sobre lo regulado. Extensísimo y
prolijo, con 816 artículos, no es, desde luego, un texto moderno; pero fue el primero, el
que nunca se olvida entre los especialistas, el que siempre ha merecido sus parabienes.
Tal vez su esperada y deseada irrupción en el panorama legal, que se regía por los textos
recopilatorios pasados, como señalaba el Ordenamiento de Alcalá, fue el motivo de
tanta alabanza que, si bien técnicamente no se merecía en su totalidad, sí era acreedor de
aquélla como nuevo hallazgo. Este texto de 1822, sancionado realmente, por Fernando
VII, el 8 de junio y promulgado el 9 del mes siguiente 28, se encuentra separado en un
título preliminar, que abarca lo que podríamos llamar la Parte General y, en vez de
hablar de Libros, como se efectuará a partir del siguiente en el tiempo, lo hará en Partes
que, atenientes a la propiamente Especial, son dos, relativas a los delitos contra la
sociedad –que incluye los que después se segregarán y serán contra la autoridad estatal–
y contra los particulares, de mucha menor amplitud. Frente a la buena decisión, ya
citada, de incluir una primera definición formal del delito y distinguir la tentativa de la
consumación, con consecuencias punitivas (arts. 5 y ss.) o diferenciarse la autoría de la
complicidad y otros partícipes (arts. 12 y ss.), no se contempla un catálogo preciso de
circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, es decir de eximentes,
agravantes o atenuantes, salvo la mención de la excusa del culpable por determinadas y
tasadas situaciones, como cometer la acción forzado (art. 21), es decir lo que luego
constituirá la fuerza irresistible; por la minoría de edad de siete años o la de diecisiete
sin discernimiento (arts. 23 y ss.) y por actuar el procesado estando dormido o demente

11
(art. 26). En el caso de ser el autor menor de la postrera edad indicada y haber obrado
con discernimiento, siendo reo de pena capital o trabajos forzados, se conmutarán estas
penas por la de reclusión (art. 65). Será al tipificarse el delito de homicidio cuando el
legislador se acuerde de causas justificativas excluyentes tales como la defensa legítima
(art. 621), que puede considerarse como plasmación expresa de una acepción primitiva
y embrionaria de la teoría de los elementos negativos del tipo.

Tuvo una vigencia muy breve. Basado en las doctrinas de la Ilustración,


particularmente en las de Bentham y Beccaria. Constaba de un Título Preliminar y dos
Partes, la primera dedicada a los "Delitos contra la Sociedad" y la segunda a los
"Delitos contra los Particulares.
Establece el principio de legalidad de los delitos y las penas, y en muchos
aspectos ha sido seguido por los Códigos posteriores como la definición legal del delito,
catálogos de atenuantes y agravantes, o la responsabilidad civil. Curiosamente, se atenía
en el castigo de las "culpas" -o delitos culposos- al principio de excepcionalidad o
concreción caso por caso.
Castiga dentro del capítulo IV del título I de la Parte I, bajo el epígrafe "de los
delitos contra la libertad individual de los españoles", en los artículos 243 al 246, las
distintas modalidades de detención efectuadas por funcionarios públicos y particulares.
Más adelante, bajo el epígrafe "de los raptos, fuerzas y violencias contra las personas; y
de la violación de los enterramientos", del capítulo IV, tít. I, parte segunda, se
incriminan los actos de fuerza relacionados con la detención

III. CÓDIGOS PENALES DE 1848 Y 1850

Con la nueva reacción absolutista se restablece el Derecho Penal del Antiguo


Régimen, que sólo desaparece definitivamente cuando, después de algunos Proyectos
fallidos, la Comisión General de Códigos, redacta el Proyecto que acaba convertido en
el Código Penal de 1848, denominado Código Pacheco.

En el Real Decreto de 19 de marzo de 1848, promulgador del primer Código


penal duradero que hemos tenido en España, disponía su artículo segundo: "El
Gobierno propondrá a Las Cortes dentro de tres años o antes si lo estimase conveniente,
Las reformas o mejoras que deben hacerse, acompañando las observaciones que
anualmente deben dirigirse los tribunales."

Se trata de un texto liberal y autoritario. Acoge la clasificación tripartita de las


infracciones penales y respecto a la culpabilidad se basa en principio del "versari in re

12
illicita" o responsabilidad por el resultado. La reforma de 1850 supuso un mayor
endurecimiento, castigándose con carácter general la conspiración y proposición para
delinquir, y prescindiendo del principio de la legalidad de las penas, lo cual constituye
un caso único en la Codificación española.

El Código de 1848 declaraba punibles la conspiraci6n y la proposición para


cometer un delito solamente en los casos en que la ley las penaba especialmente (art. 4).
El del 50 en todos los delitos. Comparando estas mudanzas de criterio a través de las
distintas versiones de nuestro Código, Jiménez de Asúa ve en ellas "el termómetro para
medir el calor de las convicciones liberales".

Los Códigos posteriores, a partir del de 1848, adoptan una estructurara similar a
la actual, en cuanto castigan, de una parte, los actor atentatorios a la libertad efectuados
por los funcionarios en el ejercicio de sus cargos, y de otra, los actos realizados por los
particulares; con ello sigue el legislador español la sistemática adoptada por el Código
penal francés -arts. 114 y ss ., por un lado, y 341 y ss ., por otro-.

IV. CÓDIGO PENAL DE 1870

La Constitución de 1869 obligó a reformar el Código penal con gran rapidez. El


Código penal de 1870 se debe al regente, general Francisco Serrano, siendo ministro de
Gracia y Justicia Eugenio Montero Ríos.

Aprobada en las Cortes la autorización, se publicó la Ley de 17 de junio de


1870, conforme a la cual fue publicado el Código con fecha 30 de agosto.

Los objetivos perseguidos por los reformadores de 1870 y hasta qué punto los
consiguieron. Fue propósito de los legisladores:

A) Proteger penalmente la Constituci6n de 1869 tanto en la organización de los


poderes políticos de la naci6n como en el reconocimiento de los derechos individuales.

B) Humanizar el Código conforme a los ideales mitigadores de los partidos


representados en las Cortes, cuyas ideas en materia penal procedían de la Ilustración.

C) Corregir algunos preceptos que aparecían defectuosos técnicamente


considerados y aun en el común sentir de las gentes.

El Código de 1848 tenía 38 penas: de ellas 12 privativas de libertad, 5


restrictivas de la misma, 6 privativas de derechos, 5 pecuniarias y 2 infamantes. Ya
hemos visto, al hablar de la humanización del Código, la supresior1 real de algunas. En

13
cambio es aparente la, desaparición de la prisión y el presidio menor, porque quedaron
abarcadas en la mayor duración del presidio y la prisión correccionales en el Código de
1848 se contaban las penas contra la libertad por años o por meses, sin que al legislador
le hubiera importado que el límite superior de la pena menos grave coincidiera con el
inferior de la inmediata más grave, o mediare un lapso de tiempo entre los límites de
una y otra. En cambio, los legisladores del código de 1870, con detallismo de contables
añadieron a los años y meses de cada pena o grado de la misma la famosa coletilla "y un
día". Como los tribunales aplican en muchos casos el mínimo de la penalidad en la ley
establecida para cada delito.

El Código penal de 1870 pena -en la sección "de los delitos cometidos por los
funcionarios públicos contra el ejercicio de los derechos individuales sancionados por la
Constitución", encuadrada dentro, del título "Delitos contra la Constitución"-, conforme
al artículo 210, a "el funcionario público que detuviere a un ciudadano, a no ser por
razón de delito, no estando en suspenso las garantías constitucionales”.

Tal configuración del precepto descansa en el propósito de ofrecer una sanción


al derecho consignado en la Constituci6n de 1869, artículo 2°, de que "ningún español
ni extranjero podrá ser detenido ni preso sino por causa de delito". La discriminación
legal de distintas modalidades de detención según su duración, con la consiguiente
agravación de la pena, responde, a la creciente valoración conferida por el legislador a
la libertad frente a los actos atentatorios de sus funcionarios.

La situación sistemática de este precepto, incluido dentro del título "delitos


contra la Constitución", recuerda en parte la del artículo 114 -del Código penal francés,
ubicado dentro del capítulo de los "crímenes y delitos contra la Constitución”. El
legislador de 1870 circunscribe la espera de los autores del delito del artículo 495 a los
particulares, según los términos de "el particular que encerrare o detuviere a otro. . . ...
Tal expresa mención al particular fue introducida, al objeto de evitar pudieran dictarse
en España resoluciones similares a las sentencias francesas conforme a las cuales tanto
los particulares como los agentes de la Autoridad en concepto de tales, se hallan
comprendidos en el artículo 341 del Código francés -correspondiente al referido artículo
495 del español-. Al interrogante de si la utilización por la ley de la expresión "el
particular" es suficiente para rechazar como reo del delito al funcionario público que
encierra o detiene a una persona sin obrar en el ejercicio de su cargo, dan los
comentaristas una respuesta negativa: donde falte el abuso de funciones, por no actuar el
funcionario como tal, el hecho cambia de naturaleza para constituir -el delito del
artículo 493.

14
Los Códigos penales posteriores introducen en esta regulación modificaciones
que no afectan a la presente cuestión del sujeto activo. Históricamente no puede, pees,
ponerse en duda el que la distinción entre los dos grupos de infracciones examinadas
radica en su diversa naturaleza y no en la simple cualidad personal de sus autores.

La primera modalidad se propone la protección de la libertad, como, derecho


reconocido por la Constitución o las leyes fundamentales, de los abusos que puedan
producirse en el ejercicio de las facultades limitativas de libertad por parte de los
funcionarios. El segundo grupo persigue la protección de la libertad en sí misma, al
margen de todo reconocimiento estatal y con independencia del modo en que la lesión
se produzca. En caso de admitir que uno y otro grupo de preceptos dan vida a un mismo
delito que solo difiere por la cualidad personal del actor, debería concluirse, por la
suavidad incomparablemente mayor de las penas del artículo 184 respecto a las de los
480 a 483, que la cualidad de funcionario representa aquí una circunstancia atenuante,
un extraordinario privilegio.

Debe, por lo demás, tenerse en cuenta que el propio Tribunal Supremo atiende al
carácter con que el sujeto practica la detención a efectos de calificar la conducta en una
u otra clase de delitos privativos de libertad (sentencias de 26 diciembre 1870, 20
febrero 1884).

De todo lo dicho se desprende que los preceptos del artículo 184, de una parte, y
los de los artículos 485 y ss. de otra, contienen delitos distintos. El artículo 184 no
persigue, como estos últimos, la protección de la libertad en si misma, sino el amparo de
ella en cuanto ha sido reconocida por la ley, o mejor por el Estado, y en cuanto la
agresión proviene de un ejercicio de funciones públicas; el mencionado precepto se
propone, pues, garantizar el legítimo uso por parte de los funcionarios de sus facultades
privativas de libertad. El objeto jurídico de uno y otro grupo de delitos es, pues, distinto.
Y diferente lo será, por tanto, también el sujeto pasivo: de los 480 a 483, la persona
individual; del 184, la comunidad. Por esta razón, mientras que el consentimiento del
detenido producirá el efecto de excluir el injusto en el primer grupo de infracciones,
carecerá de toda relevancia en el segundo.

El delito del articulo 184 lo realizara el funcionario público que actué con
carácter de tal, es decir, en el ejercicio de sus funciones; se estimará, pues, esta
infracción siempre que la detención se produzca bajo la apariencia de legalidad que
proporciona el uso -y abuso- de las facultades legitimas. Sujeto activo de las figuras
previstas en los artículos 480 y ss. lo será, en cambio, tanto el propio particular como el
funcionario que no actúe en la situación antes descrita.

15
3. CÓDIGO PENAL DE 1944

I. INTRODUCCIÓN

El texto2 articulado que vio la luz fue previamente sometido a revisión de una
Comisión nombrada por OM de 21 de octubre de 1944, en la que figuraban los
magistrados de la Sala Segunda del Tribunal Supremo y un reducido número de
funcionarios del Ministerio fiscal, y a dictamen del Consejo de Estado. Se aprobó por
Decreto de 23 de diciembre de 1945, denominándose «Código Penal reformado, texto
refundido de 1944». En esencia, supuso una breve reforma provisional del anterior de
1932. … Muestras de la severidad del Código de 1944 lo constituyen la apreciación
obligatoria de las agravantes por parte del juzgador, antes voluntaria; la imposición de
una pena notablemente más grave a partir de la segunda reincidencia; la creación de dos
nuevas agravantes de publicidad y de lugar sagrado; el castigo en todo caso de los actos
preparatorios de proposición, conspiración y provocación para delinquir; la previsión de
nuevos delitos cualificados por el resultado, etc.… El Código mantuvo la pena de
muerte (no como pena única, a diferencia del Código de Justicia Militar) y la
complicada escala de penas de privación de libertad que había establecido el Código
liberal moderado de 19 de marzo de 1848, determinando la aplicación de la pena en
cada caso conforme a la gravedad del hecho cometido, según los tradicionales
principios retribucionistas, aunque recogió e incorporó diversas figuras que respondían
a principios de prevención y que atienden a la personalidad del delincuente, tal como la
sus-pensión condicional de la condena, el sistema progresivo, la libertad condicional y
la redención de penas.

Experimentará numerosas reformas a lo largo de los años, llegándose a publicar


un texto revisado en 1963 y otro refundido en 1973, sin olvidar luego las
modificaciones inspiradas en el nuevo sistema democrático y, más exactamente, en la
C.E. de 1978, que alcanzan su punto culminante con la L.O. 8/1983, de 25 de junio, de
reforma urgente y parcial del C.P.
El "Texto Refundido de 1944" enlaza, a través del de 1932, con el de 1870 y, en
definitiva, con el de 1848. Consta de 604 artículos, distribuidos en 3 libros. El art. 604
es la disposición final derogatoria.
Se caracteriza por los siguientes aspectos:

 Restablecimiento de la pena de muerte (La ley 5-7-1938 restableció la pena de


muerte, dentro del Código de 1932, para determinados delitos, como parricidio,
asesinato, robo con homicidio).
 Se castiga la conspiración, proposición y provocación.

2
Andrés Laso A. Legislación penal, procesal penal y penitenciaria tras la guerra civil española.
Revista Jurídica de Castilla y León. Número 35, enero 2015.

16
 Se introduce la redención de penas por el trabajo.
 Sigue en vigor la Ley de Vagos y Maleantes de 1933, sometida, eso sí, a varias
reformas parciales. Su derogación se produciría finalmente con la Ley de
Peligrosidad y Rehabilitación Social de 4-8-1970, que conserva las medidas de
seguridad predelictuales.

Texto revisado de 1963 y Texto refundido de 1973


 El Texto revisado de 1963 (no es un verdadero Código Penal, sino como hemos
dicho texto revisado del C.P. de 1944). Recoge la estructura general del de 1944
y su contenido continúa llegando hasta el art. 604.
 El Texto refundido de 1973, no es un verdadero C.P., sino que refunde los textos
anteriores, experimentará un gran listado de reformas (producidas desde los años
1983 a 1992)

II. ARTÍCULOS DEL CÓDIGO PENAL

Las figuras de delito contenidas en el capítulo primero ("detenciones ilegales'')


del título XII ("delitos contra la libertad y seguridad") del libro II del Código penal, se
agrupan en torno al tipo básico del primer párrafo del artículo 480, que reza según el
tenor siguiente: "El particular que encerrare o detuviere a otro privándole de su libertad,
será castigado con la pena de prisión mayor".

TITULO XII

De los delitos contra la libertad y seguridad

CAPITULO PRIMERO

DE LAS DETENCIONES ILEGALES

480. El particular que encerrare o detuviere a otro, privándole de su libertad, será


castigado con la pena de prisión mayor.

En la misma pena incurrirá el que proporcionare lugar para la ejecución del


delito.

17
Si el culpable diere libertad al encerrado. o detenido, dentro de los tres días de su
detención, sin haber logrado el objeto que se propusiere ni haberse comenzado el
procedimiento, las penas serán de prisión menor y multa de. 5.000 a 10.000 pesetas.

481. El delito previsto en el artículo anterior será castigado con la misma pena y
multa de 5.000 a 100.000 pesetas, sin perjuicio de las demás responsabilidades en que
incurriere el culpable:

1.° Si el encierro o detención hubieren durado más de veinte días.

2.° Si se hubiere ejecutado con simulación de autoridad pública.

3° Si se hubieren causado lesiones graves a la persona encerrada o detenida, o se


la hubiere amenazado de muerte.

4.° Si se hubiere exigido rescate para ponerla en libertad.

482. El particular que, fuera de los casos permitidos por la Ley, aprehendiere a
una persona para presentarla a la autoridad, será castigado con las penas de arresto
mayor y multa de 5.000 a 10.000 pesetas.

483. El reo de detención ilegal que no diere razón del paradero de la persona
detenida, o no acreditare haberla dejado en libertad, será castigado con la pena de
reclusión mayor.

Sobre tal tipo básico se erigen dos figuras privilegiadas : a) Conforme a la


primera, contenida en el párrafo tercero del artículo 480, "si el culpable diere libertad al
encerrado, o detenido, dentro de los tres días de su detención sin haber logrado el objeto
que se propusiere, ni haberse comenzado el procedimiento, las penas serán de prisión
menor y multa de 5.000 a 10.000 pesetas"; b) según la segunda de estas figuras,
consignada en el artículo 481, "el particular que fuera de los casos permitidos por la
Ley, aprehendiere a una persona para presentarla a la autoridad, será castigado con has
penas de arresto mayor y multa de 5.000 a 10.000 pesetas". Por otro lado, el legislador
castiga con particular rigor: a) las detenciones agravadas por su duración o por implicar
un ataque a un bien distinto al de la libertad, en el artículo 481 b) la negativa a dar razón
del paradero de la víctima, o a acreditar haberla dejado en libertad, en el artículo 483.

III. SUJETO ACTIVO


18
Evidentemente3 el particular es idóneo sujeto activo de la presente infracción. La
cuestión la suscita e1 tratamiento de la realización de la conducta descrita en el artículo
480 por los funcionarios públicos. Deben los mismos ser siempre excluidos de la esfera
del articulo 480 y castigados en todo caso con la pena prevista en el 184 o debe, por el
contrario, atenderse al carácter u ocasión con que se efectúa la conducta atentatoria a la
libertad, para estimar una a otra disposición legal.

CAPITULO II

DE LOS DELITOS COMETIDOS CON OCASIÓN DEL EJERCICIO

DE LOS DERECHOS DE LA PERSONA RECONOCIDOS POR LAS LEYES

Sección 1ª Delitos cometidos por los particulares

con ocasión del ejercicio de los derechos de la persona

reconocidos por las Leyes

184. El funcionario público que practicare ilegalmente cualquier detención


incurrirá en la pena de suspensión si la detención no hubiere excedido de tres días, en
las de suspensión y multa de 5.000 a 10.000 pesetas si, pasando de este tiempo, no
hubiere llegado a quince; en la de inhabilitación absoluta sí, no habiendo bajado de
quince días, no hubiera llegado a un mes; en la de prisión menor, si hubiere pasado de
un mes y no hubiere excedido de un año, y en la de "prisión mayor, si hubiere pasado de
un año,

185. El funcionario público que dilatare el cumplimiento de un mandato judicial,


para que se ponga en libertad a un preso o detenido que tuviere a su disposición-, será
castigado con las penas señaladas en el artículo anterior, en proporción al tiempo de la
dilación.

186. Incurrirá en la pena de suspensión el funcionario público que, no siendo


autoridad judicial, detuviere a una persona por razón de delito y no le pusiere a
disposición de la Autoridad competente en las setenta y dos horas siguientes a la en que
se hubiere practicado la detención

187. Incurrirán en la pena de suspensión:

3
Córdoba Roda J. El delito de detenciones ilegales en el código penal español. AHDE.

19
1.° El funcionario de prisiones o cualquier otro funcionario público que recibiere
en calidad de detenido a cualquier persona y dejare transcurrir veinticuatro harás sin
ponerlo en conocimiento de la autoridad judicial.

2.° El funcionario de prisiones o cualquier otro funcionario público que no


pusiere en libertad al detenido que no hubiere sido constituido en prisión en las setenta y
dos horas siguientes a la en que aquél hubiere puesto la detención en conocimiento de la
autoridad judicial.

3.° El funcionario de prisiones o cualquier otro funcionario público que ocultare


un preso a la autoridad judicial.

4.° El funcionario de prisiones que, sin mandato de autoridad judicial, tuviere a


un preso o sentenciado incomunicado o en lugar distinto del que le corresponda.

5.° El funcionario de prisiones que impusiere los presos o sentenciados


privaciones indebidas o usare con ellos de un rigor innecesario.

6.° El funcionario de prisiones que negare a un detenido o preso, o a quien le


representare, certificación de su detención o prisión, o que no diere curso a cualquier
solicitud relativa a su 1ibertad.

7.° El funcionario de prisiones que retuviere a una persona en el establecimiento


después de tener noticia oficial de su indulto o de la extinción de su condena.

188. Incurrirán en la pena de suspensión:

1.° La autoridad judicial que no pusiere en libertad o no constituyera en prisión


por auto motivado a cualquier detenido dentro de las setenta y dos horas siguientes a la
en que aquél hubiere sido puesto a su disposición.

2.° La autoridad judicial que, fuera del caso expresado en el número anterior,
retuviere en calidad de preso al detenido cuya .libertad proceda.

3.° La autoridad judicial que decretare o prolongare indebidamente la


incomunicación de un preso.

4.° El Secretario del Tribunal o Juzgado que dejare transcurrir el término fijado
en el número 1º de este artículo sin notificar al detenido el auto construyéndolo en
prisión o dejando sin efecto la detención.

5.° El Secretario de Tribunal o Juzgado que dilatare indebidamente la


notificación de auto alzando la incomunicación o poniendo en libertad a un preso.

6.° El Secretario de Tribunal o Juzgado que dilatare dar cuenta a éstos de


cualquier solicitud de un detenido o preso, o de su representante, relativa a su libertad.
20
Cuando la demora a que se refieren los números anteriores hubiere durado más
de un mes y no hubiere excedido de tres, incurrirán los culpables en la pena de
inhabilitación absoluta y multa de 5.000 a 25.000 pesetas, y si hubiere excedido de
dicho tiempo, en la de inhabilitación absoluta y multa de 5.000 a 50.000 pesetas.

189. El funcionario público que, fuera de los casos permitidos por las leyes,
desterrare a cualquier persona o la compeliere a mudar de domicilio o residencia, será
castigado con la pena de destierro y multa de 5.000 a 25.000 pesetas.

190. El funcionario público que deportare o extrañare del territorio de la Nación


a cualquier persona, fuera de los casos previstos por las leyes, será castigado con la pena
de confinamiento y multa de 5.000 a 50.000 pesetas.

Debe, por lo demás, tenerse en cuenta que el propio Tribunal Supremo atiende al
carácter con que el sujeto practica la detención a efectos de calificar la conducta en una
u otra clase de delitos privativos de libertad (sentencias de 26 diciembre 1870, 20
febrero 1884). De todo lo dicho se desprende que los preceptos del artículo 184, de una
parte, y los de los artículos 485 y ss., de otra, contienen delitos distintos. El artículo 184
no persigue, como estos últimos, la protección de la libertad en sí misma, sino el
amparo de ella en cuanto ha sido reconocida por la ley, o mejor por el Estado, y en
cuanto la agresión proviene de un ejercicio de funciones públicas; el mencionado
precepto se propone, pues, garantizar el legítimo use por parte de los funcionarios de sus
facultades privativas de libertad. El objeto jurídico de uno y otro grupo de delitos es,
pues, distinto. Y diferente lo será, por tanto, también el sujeto pasivo de los artículos
480 a 483, la persona individual; del 184, la comunidad. Por esta razón, mientras que el
consentimiento del detenido producirá el efecto de excluir el injusto en el primer grupo
de infracciones, carecerá de toda relevancia en el segundo. El delito del articulo 184 lo
realizará el funcionario público que actué con carácter de tal, es decir, en el ejercicio de
sus funciones, se estimará, pues, esta infracción siempre que la detención se produzca
bajo la apariencia de legalidad que proporciona el use -y abuso- de las facultades
legitimas. Sujeto activo de las figuras previstas en los artículos 480 y ss. lo será, en
cambio, tanto el propio particular como el funcionario que no actué en la situación antes
descrita.

IV. SUJETO PASIVO

La respuesta a los distintos interrogantes suscitados por la determinación del


sujeto pasivo del delito de detenciones, está íntimamente entrelazada a otras cuestiones.

21
1) Puesto que el bien jurídico protegido está representado por la capacidad de
autodeterminación del hombre en el espacio físico, sujeto pasivo del presente delito lo
será todo aquel que tenga la facultad de querer, como proceso meramente psicológico,
no valorado, respecto a su situación en tal espacio; también, pues, los inimputables, en
cuanto son titulares de esta capacidad, podrán ser sujetos pasivos de las detenciones
ilegales; un niño o un enajenado pueden, indudablemente, ser detenidos.

2) Si para -el presente delito de privación de libertad basta con la ausente


voluntad de la víctima, el objeto de la acción no vendrá dado por la voluntad actual sino
por la voluntad abstracta o potencial, de movimiento.

V. BIEN JURÍDICO PROTEGIDO

La "libertad" que tutela el artículo 480 no es la libertad genéricamente


considerada, objeto de protección en el título XII del Libro II y concretamente en la
figura legal de coacciones del artículo 496, sino una modalidad de aquella. La ley no
piensa aquí en la referida noción genérica, sino en la especie representada por la libertad
de locomoción. La "libertad" del texto del artículo 480, discrepante de la del epígrafe
del título XII equivale a la capacidad del hombre de fijar por si mismo su situación en el
espacio físico. Tal bien se presenta como posibilidad exterior. Resulta, al respecto,
irrelevante el que a esa capacidad externa acompañe una libertad interna, el que
concurra, o no, la facultad de discernimiento. Para que la libertad pueda ser objeto de la
privación constitutiva del delito de detenciones, no se requiere, el que las presiones
extrañas sean percibidas por el sujeto. La libertad tutelada por la ley tiene, pues, un
claro matiz potencial. El bien protegido es el de la libertad de todo hombre, como
capacidad existente con independencia de su situaci6n en el orden social. Así, la
privación de libertad del Jefe del Estado, y el empleo de fuerza o intimidación para
impedir a un ministro concurrir al Consejo, integran los delitos de los artículos 144,
número 1, y 161, número 2, del Código penal. La libertad, tanto la tutelada en el
capítulo de las "detenciones ilegales", como la más amplia protegida en el titulo general
de los "delitos contra la libertad", representa un bien relativo. La organización social
impone una serie de limitaciones al despliegue del comportamiento humano, cuyo
número y calidad, al no poder ser determinados de una vez para siempre, impiden una
fijación absoluta de la esfera de libertad correspondiente a cada hombre.

VI. ANALISIS DEL TIPO PENAL CONCRETO

22
El comportamiento incriminado en el artículo 480 estriba en el encerrar o
detener a otro que le prive de su libertad. El legislador castiga el encierro y la detención
privativos de este bien. La ley española no sanciona toda sustracción de la libertad, sino
únicamente dos modalidades de esa, a saber, el encierro y la detención. Estos dos
hechos no representan medios de comisión del resultado criminal, modalidades de
acción, sino especies del evento incriminado, formas de la privación de libertad.

La "libertad", equivale a la capacidad del hombre de fijar por sí mismo su


situación en el espacio físico. La "libertad" a la que el legislador se refiere en el tipo del
articulo 480 y en los restantes preceptor contenidos en el primer capítulo del título XII,
representa, conforme vimos, una especie del concepto genérico. La ley no piensa aquí
en la libertad genéricamente considerada, tal como sucede en el epígrafe del título XII,
sino en la de locomoción. El tipo del artículo 480 exige, para su consumación, la
privación del referido bien. Tal privación, en cuanto es de libertad, debe entenderse
referida a la capacidad de autodeterminación, no a las proporciones del espacio físico en
el que esta capacidad se realiza; es decir, para la figura criminal del artículo 480 es
necesario que al sujeto se le sustraiga la indicada posibilidad o capacidad. El
simplemente dificultar el ejercicio de la misma, en cuanto no implica aun una privación,
será, pues, insuficiente para el tipo.

La privación de libertad debe estribar en un encierro o en una detención.


Encierro y detención son las dos únicas modalidades típicas de la privación de libertad.

A) "Encerrar" equivale a situar a una persona en un lugar no abierto. Comete así


esta conducta quien cierra la puerta de la habitación en la que una persona se encuentra.
Encierra también quien hace ingresar a un supuesto enfermo mental en un sanatorio
psiquiátrico: "El ingreso forzoso en un establecimiento psiquiátrico, cuando conste al
agente la normalidad mental del individuo recluido, significa, sin duda, la comisión del
delito previsto en los artículos 408 y tres sucesivos, del Código" (S. 28 abril 1950).

B) "Detener" equivale a la aprehensión de una persona a la que se le priva de la


facultad de alejarse. La detención se produce tanto cuando se sujeta a una persona en un
lugar fijo, como cuando se le sustrae la posibilidad de alejarse de un punto en
movimiento; esto último sucederá cuando se arresta a una persona y se le traslada a un
determinado lugar.

Para que el delito se dé basta con la concurrencia de cualquiera de las dos


conductas típicas: la de encierro o la de detención. De producirse ambas, deberá
apreciarse una sola infracción de detenciones ilegales en virtud de la absorci6n de la
segunda modalidad por la primera.

Se excluye la posibilidad de castigar aquellas conductas que, si bien atentan a la


libertad motriz, no se manifiestan en ninguna de estas dos especies. De tal suerte, no

23
integraran esta infracción el impedir la entrada a un determinado lugar o el obligar al
abandono de un cierto punto.

Los actos contrarios a la libertad motriz no constitutivos de las modalidades


típicas del artículo 480, podrán dar lugar a la estimación del delito de coacciones.

VII. MEDIOS COMISIVOS

Se aprecia una naturaleza claramente objetiva del encierro y detención


privativos de libertad. Encierro y detención no representaran modalidades de acto en el
presente delito, sino especies del resultado de privación de libertad. La cuestión de los
medios para la comisión del delito habrá, pues, de ser resuelta con un criterio
necesariamente amplio: todo el que realice un encierro o detención privativa de libertad
deberá ser castigado conforme al artículo 480. Puesto que la ley no efectúa una
enumeración de los medios, deberá el intérprete estimar la presente infracción con
indiferencia del instrumento interpuesto para la práctica del encierro o detención. El
criterio para la estimación de tal resultado de privación habrá de ser necesariamente
relativo. El legislador habla, en efecto, de la "privación de su libertad", esto es, de la del
respectivo sujeto. De ahí que, como justamente se ha destacado, deba atenderse con un
criterio relativo a las particulares circunstancias del caso, para saber si se ha producido
la privación de libertad del sujeto respectivo. Dada la no limitación legal de medios,
tanto la fuerza como la amenaza y el engaño son medios apropiados. Todo instrumento
adecuado para privar a otro de la libertad ambulatoria será idóneo. La Jurisprudencia
española no so1o ha estimado el delito de detenciones ilegales en los casos de
interposición de fuerza, sino que ha aceptado la posibilidad de su comisión por amenaza
y por provocación, o mantenimiento, de un estado de error. La privación de la libertad
motriz puede producirse tanto por acción como por omisión. Encierra tanto aquel que
echa la llave de la puerta de la habitación en la que otro se encuentra como quien se
abstiene voluntariamente de abrir esa puerta.

VIII. DELITO PERMANENTE

Al abordar el estudio de la naturaleza del presente delito se suscita la cuestión de


si la privación de libertad en sus modalidades -de encierro. y detención requiere, o no, el
transcurso de un determinado espacio de tiempo. Se trata de dar respuesta, a la
trascendental cuestión, significativa para los capítulos de justificación, participación, y

24
prescripción, de si nos hallamos ante un delito instantáneo o ante, uno permanente. La
respuesta al problema planteado exige distinguir, las modalidades de encierro y
detención, la especie del género. Mientras que el encierro privativo de libertad no puede
ser concebido sin el transcurso de un cierto tiempo, la detención no excluye la
posibilidad de la consumación instantánea. Carece, en efecto, de sentido hablar de
encierro si la privación de libertad se reduce a un instante; nada afecta, por el contrario,
a la calificación de detención el que la misma no se haya prorrogado en el tiempo más
que un momento. Son delitos permanentes aquellas infracciones en las que el proceso
ejecutivo y, por tanto, el estado antijurídico se prorroga en el tiempo a causa del
perdurar de la conducta del sujeto. En esta clase de delitos, a diferencia de los
instantáneos, la consumación no se produce en un momento, sino en un periodo de
tiempo. Junto a las infracciones en las que la perduración del estado antijurídico es
imprescindible para la existencia misma del delito, existen otras en las que tal
persistencia no es indispensable, pero si se verifica no da lugar a una multiplicidad de
infracciones, sino a un delito único. A las primeras se les llama delitos necesariamente
permanentes, a las segundas, eventualmente permanentes.

Es preciso establecer una distinción entre las diversas modalidades de la


infracción. Las detenciones ilegales en su variedad de encierro constituyen un delito
necesariamente permanente, mientras que en su modalidad de detención, integran tan
so1o un delito eventualmente permanente.

En términos, generales, cabe afirmar que el tipo requerirá de la voluntad


contraria de la víctima en todos aquellos casos en los que la acción delictiva precise de
la interposición de amenaza o de la aplicaci6n de fuerza. En virtud de tal criterio, como
quiera que las detenciones ilegales pueden producirse también por medios distintos a
estos, engaño, el, presente delito simplemente requerirá la ausencia de la voluntad del
titular del bien jurídico.

Tal cuestión se halla íntimamente entrelazada a la de si la privación de libertad


ha de ser entendida en un sentido objetivo o subjetivo; esto es, a la de si para la
consumación del presente delito es preciso que al sujeto se le prive objetivamente de su
facultad motriz con: independencia de sus representaciones, o si se requiere, por el
contrario, el que el mismo se, sienta privado de su libertad ambulatoria con indiferencia
de la realidad objetiva de la agresión.

La respuesta a la presente cuestión se desprende del examen de los medios para


la realización del delito, antes examinados. Todo el, que efectué un encierro o detenci6n
privativo de libertad deberá ser castigado, conforme al artículo 480; puesto que la ley no
realiza una enumeraci6n de los medios, deberá estimarse el presente delito con
indiferencia del instrumento interpuesto para la práctica del encierro o detención, ya
esté representado aquel por fuerza, amenaza o provocaci6n, o mantenimiento, de un

25
estado de conciencia errónea. De ello se deriva el que el encierro o detención privativa
de libertad concurre tanto de una parte en supuestos en los que la sustraci6n de dicho
bien tiene una naturaleza meramente objetiva -encierro de un ebrio-, como de otra, en
casos en los que tiene un carácter simplemente subjetivo.

IX. ANTIJURIDICIDAD

La figura básica de detenciones ilegales prevista en el primer párrafo del artículo


480 no contiene una expresión que refleje la antijuricidad. Si, en cambio, se hace
menci6n a esta característica en el epígrafe ("Detenciones ilegales") del capítulo
primero del título XII, así como en el texto del artículo 482, referido al "particular que
fuera de los casos permitidos por la ley aprehendiere a una persona para presentarla a la
Autoridad". La omisión del requisito de contrariedad al Derecho en la redacci6n del
artículo 480, correcta. La simple aplicación de los principios generales de justificación,
expresados en el artículo 8.°, número 11, del Código penal, conducirá a excluir la
antijuricidad de las conductas en las que el sujeto obra en el ejercicio legítimo de un
derecho. Supuestos dotados de un mayor interés.

1-Privación de libertad de los hijos. Facultades privativas de libertad


corresponden sobre la base del derecho de corrección, y conforme al artículo 156 del
Código civil, a los padres. La detención efectuada en el ejercicio de tales facultades
será, pues, conforme a Derecho.

2-Privación de libertad de enfermos mentales. La privación de libertad de un


enfermo mental, ya en forma de detención, ya de encierro, efectuada con observancia de
los requisitos previstos por los Decretos reguladores de la materia, será adecuada a
Derecho. Si el autor ha omitido algunos de los requisitos prescritos, su conducta no
quedara justificada, por ausencia de la nota de legitimidad en el ejercicio del derecho.
Podrá, sin embargo, estimarse la eximente incompleta del número 1 del artículo 9,
siempre que el requisito ausente no afecte a la esencia de la eximente. Si objetivamente
no concurre un derecho en favor del autor, pero este cree erróneamente que ejercita
legítimamente una facultad conferida por el ordenamiento jurídico, deberá estimarse en
favor de aquel un error excusante; de ser tal error imputable a culpa, deberá apreciarse,
conforme a la concepción tradicional, el delito del artículo 565. Ese error sobre la
concurrencia de un derecho podrá basarse en una viciosa apreciación fáctica o jurídica:
el medico que interna en un hospital psiquiátrico a una persona sana creyéndola
enferma, incurrirá en un desconocimiento de la primera especie; por el contrario, quien
encierra permanentemente en su case a un familiar demente suponiendo que se
encuentra legitimado para una tal acción, sufrirá la otra especie de error.

26
3-Detenciones efectuadas en ejercicio de las facultades conferidas por los
artículos 490 y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

La Ley de Enjuiciamiento criminal, en sus artículos 490 y 491, confiere a los


particulares, para determinados supuestos, la facultad de detener.

A) El artículo 490 enumera los casos en que una persona está autorizada para
privar a otra de su libertad. El sujeto que haciendo use de los derechos conferidos por
este precepto detuviere a otro, realizara, pues, una conducta justificada: en relación al
artículo 482 del Código penal, el ejercicio de la facultad consignada en el artículo 490de
la Ley de Enjuiciamiento Criminal, excluirá el elemento de antijuricidad ("fuera de los
casos permitidos por la ley") propio de aquella figura legal.

B) Conforme al artículo 491, "el particular que detuviere a otro justificara, si


este lo exigiere, haber obrado en virtud de motivos racionalmente suficientes para creer
que el detenido se hallaba comprendido en algunos de los casos del artículo anterior".
Tal precepto, dotado de una significación superior a la meramente procesal, impone la
exigencia de que el autor de la conducta privativa de libertad crea racionalmente en la
concurrencia de alguno de los casos recogidos en el artículo 490, para que su acto
resulte autorizado. Ello suscita la importante cuestión de si la creencia racional de que el
detenido se halla comprendido en alguno de los supuestos del artículo anterior,
representa simplemente el elemento subjetivo que debe concurrir junto a la situación
objetiva, para autorizar la conducta privativa de libertad, o de si, por el contrario,
encierra la significación mayor de determinar por sí sola, independientemente de cual
sea la situación objetiva, la licitud de la detención.

La solución correcta viene dada por el segundo extremo de la alternativa. En su


favor concurren las siguientes razones.

Primero, el propio tenor del texto legal parece conducir a tal entendimiento; así,
cuando dice: "justificara. . . haber obrado en virtud de motivos racionalmente suficientes
para creer que el detenido se hallaba comprendido en alguno de los casos del artículo
anterior", obliga, según parece a entender que debe estimarse tal precepto en todos
aquellos supuestos en los que el detenido no se hallaba realmente comprendido en
alguno de los casos del artículo 490.

Segundo, tal interpretación es la que corresponde a la probable ratio del


precepto. El legislador, cuando habla de la justificación que puede exigir el detenido,
parece estar refiriéndose al supuesto de detención infundada, efectuada de buena fe por
el autor. Además, el precepto del articulo 491 guarda una similitud y paralelismo con el
número 4 del artículo 492, que impone, a las autoridades y agentes de la policía judicial,
la obliqaci6n de detener en supuestos en los que objetivamente no concurre una
situación justificativa de la privación de libertad. La creencia de que el detenido se

27
hallaba comprendido en alguna de los casos del referido artículo 490, exige, para la
estimación de1 artículo 491, algo más que una simple representación subjetiva.
Indudablemente el artículo 491, al igual que el número 4 del artículo 492, solo puede ser
estimado cuando esa creencia merece la calificación de fundada conforme a una escala
objetiva. La apreciación de uno y otro precepto no se abandona a la conciencia personal
del autor. Solo cuando conforme a un criterio objetivo hubiera debido considerarse, en
atención a las circunstancias concurrentes, la representación del sujeto como racional,
deberá aplicarse el articulo 491 o el 492, número 4. Por lo demás, así se desprende ya
del propio tenor de la ley "motivos racionalmente suficientes para creer. . .".

Por último, se suscita la cuestión del tratamiento jurídico-penal de la conducta


del particular que detiene a una persona, en alguno de los casos permitidos por la Ley, y
demora su entrega a la Autoridad más allá del plazo consignado en el texto legal. La
Ley de Enjuiciamiento criminal establece, en su artículo 496, que "el particular,
Autoridad o Agente de Policía judicial que detuviere a una persona en virtud de lo
dispuesto en los precedentes artículos, deberá ponerla en libertad o entregarla al Juez
más próximo al lugar en que -hubiere hecho la detenci6n, dentro de las veinticuatro
horas siguientes al acto de la misma. Si demorase la entrega incurrirá en la
responsabilidad que establece el Código penal, si la dilación hubiere excedido de
veinticuatro horas.

Tal precepto, por el que se asimilan las detenciones de los particulares a las de
los funcionarios públicos, está en desacuerdo con el artículo 186 del vigente Código
penal. Este último precepto ha ampliado el referido plazo de veinticuatro a setenta y dos
horas con la finalidad de armonizar el tipo penal a lo dispuesto por el artículo 18 del
Fuero de los Españoles; ello ha llevado, sin embargo, consigo la discordancia entre el
artículo 186 del Código penal y el 496 de la Ley de Enjuiciamiento criminal que, al
mantener el plazo de veinticuatro horas, exige la oportuna corrección que lo adapte al
texto de la nueva ley penal. El particular, pues, que demorare más de setenta y dos horas
la entrega del detenido a la Autoridad judicial realiza una conducta cuya calificación
resulta difícil. Los preceptos cuya aplicación se discute son los consignados en los
artículos 480 y 482 del Código penal. El segundo de ellos, al no establecer plazo alguno
para la entrega del detenido, deberá ser aplicado en cuanto la finalidad de entrega a la
Autoridad resulte probada, pese a que tal entrega se demore más allá de las setenta y dos
horas. De ser ello así, y apreciarse en el supuesto que estudiamos la existencia del delito
del artículo 480, se llegaría a la absurda consecuencia de que la detenci6n prorrogada
después de las setenta y dos horas siguientes a la aprehensión merece un tratamiento
más severo cuando este último acto estaba legitimado que cuando no lo estaba. Sin
embargo, el artículo 482 no puede ser aplicado por la sencilla razón de que el mismo
solo lo ha de ser en los supuestos de aprehensión inicialmente ilícita. A la vista de todo
ello, no cabra más conclusión que la de dejar impune la conducta descrita; el artículo
496 de la Ley de Enjuiciamiento criminal consignara, pues, en su primer párrafo, una
28
norma imperativa cuya infracción só1o irrogara responsabilidad criminal para los
funcionarios públicos.

4-Consentimiento de la víctima. Si la detenci6n ilegal requiere, al menos, la


ausente voluntad del ofendido, es claro que el consentimiento libremente prestado por
parte de este excluirá la tipicidad misma de la conducta. De ahí se desprende también
que el consentimiento desplazara el tipo, en cuanto tenga por objeto a la concreta
privación de libertad; una renuncia al total bien de la libertad es como tal irrelevante. El
consentimiento excluye el delito en cuanto es prestado por el sujeto pasivo, es decir, por
el titular del bien jurídico. Como en las detenciones del artículo 184 titular del bien
jurídico no lo es el objeto de la acción, sino la colectividad, el consentimiento del
detenido resultara irrelevante.

X. CULPABILIDAD

La figura del primer párrafo del artículo 480 aparece objetivamente descrita: "el
particular que encerrare o detuviere a otro privándole de su libertad”. El legislador no
só1o ha omitido la inclusión de todo elemento subjetivo, sino que, además, no ha
limitado, según vimos, los medios susceptibles de originar la estimación del presente
delito: cualquiera que produzca el encierro o la detención privativos de la libertad
ambulatoria, será típico. La previsi6n en el tercer párrafo del mencionado artículo 480
de la modalidad atenuatoria de quien "diere libertad al encerrado o detenido, dentro de
los tres días de su detención, sin haber logrado el objeto que se propusiere. . .", suscita
el interrogante de si una tal disposición desvirtúa o no la naturaleza objetiva y causal del
tipo del primer párrafo del artículo 480. El precepto de este tercer párrafo establece una
atenuación para, cuando, aparte de los otros dos requisitos de puesta en libertad dentro
de los tres días de la detención y no comienzo del procedimiento, a la consumaci6n no
haya seguido el agotamiento del delito. No cabe, en efecto desconocer que en la realidad
del acontecer vital la detención es preordenada, de ordinario, por el sujeto a la
consecución de una determinada meta, lícita o ilícita. El "objeto que se propusiere" del
artículo 480, tercer párrafo, estará constituido, pues, por la meta perseguida por el autor.
No debe estimarse sin embargo, que de la existencia de ese tercer párrafo deba
desprenderse la consecuencia, respecto al primero, de que solo es estimable el delito de
detención cuando la conducta privativa de libertad represente un acto interpuesto para la
consecución de un ulterior resultado. Del tercer párrafo del artículo 480 no tiene por qué
derivarse la inclusión en el primero de un elemento subjetivo, esto es, la estimación
únicamente de tal infracción cuando la detención es final. El tercer párrafo del artículo
480 representa, simplemente un tipo atenuado que no tiene por qué referirse a la
totalidad de supuestos comprendidos en el tipo básico. El que se imponga una
mitigación dela pena cuando, además de otros requisitos, concurra el de no haber

29
alcanzado el autor su objeto, no implica lógicamente la limitación del tipo básico de
detenciones a los supuestos en los que el autor haya planeado la detención como medio
para alcanzar una ulterior meta. Además, el tipo atenuado únicamente puede ser
estimado cuando la finalidad perseguida tiene un carácter concreto -la ley habla de "el
objeto que se propusiere"-, no es posible; que la contestación al interrogante suscitado
pueda ser otra. De lo contrario, es decir, de exigirse, para las detenciones ilegales
correspondientes al tipo básico, el que el actor se haya propuesto siempre un
determinado "objeto", debería llegarse a la inadmisible conclusión de rechazar la
estimación de tal delito cuando la finalidad de la conducta privativa de libertad sea
imprecise, satisfacer un afán de venganza personal.

En conclusión, la interpretación del artículo 480 muestra la figura del delito de


detenciones ilegales como un tipo objetivo y causal desprovisto de elementos
subjetivos. Realizara ese tipo tanto quien voluntariamente encierre o detenga a otro
como quien culposamente produzca la privación de libertad, el vigilante de un museo
que cierra la salida sin cerciorarse antes si se halla en e1 algún visitante-. Las
detenciones ilegales no requieren. pues, elemento subjetivo alguno, por cuanto un tal
elemento no es exigido, ni expresa ni tácitamente, por la Ley; y, al no darse un tal
requisito subjetivo, las detenciones ilegales podrán ser estimadas, tanto cuando concurra
dolo, como cuando exista imprudencia, respecto a la privación de libertad.

La exigencia del referido dolo especifico por parte de la jurisprudencia, no se


desprende, sin embargo, de la estimación de algún elemento subjetivo, expreso o tácito,
en el delito de detenciones, sino de una confrontación entre los tipos de detenciones y
coacciones. En conformidad a ello la ausencia del mencionado ánimo no provocara la
incriminación por imprudencia, sino la estimación del delito de coacciones. En este
punto importa asimismo destacar el que la jurisprudencia rechaza la apreciación del tipo
de detenciones cuando el acto privativo de la libertad ambulatoria representa solo un
medio para la consecución de una ulterior meta. Así, la sentencia de 20 noviembre 1935
declaro que "comete el delito del artículo 488 (coacción) el que encierra a su mujer en
una habitación, privándola de toda comunicación con el exterior, con el propósito de
que ante tal situación solicitara abandonar el domicilio conyugal”; asimismo debe
tenerse en cuenta que en la resolución de 16 de abril de 1959, la finalidad de la
detención -que se interrumpió antes de que la víctima fuera ingresada en un hospital
psiquiátrico- de "evitar que los bienes de esta fueran a parar a personas extrañas a la
familia", posiblemente ha contribuido, junto a la frustración del encierro, a la
desestimación de las detenciones.

De todo ello se desprende la insuficiencia, según la doctrina jurisprudencial, de


la simple voluntad de encierro o detención para el dolo del presente delito. La creencia
en el ejercicio de un derecho, o la presencia de una finalidad justa, desplazaran el dolo
específico, imprescindible, según el Tribunal Supremo, para el tipo de detenciones
30
ilegales. Ello conduce a afirmar la necesidad de que, para el dolo del presente delito,
exigido por la jurisprudencia, no solo concurra la voluntad de privación de libertad,
sino, además, una cierta representación de la cualidad ético-social del acto. Esta
segunda exigencia la formulamos nosotros aquí, en la construcción positiva del dolo,
por cuanto la creencia en el carácter justo de la conducta o de la meta última de actuar,
excluye el dolo especifico. Este Segundo elemento intelectual ha sido introducido por la
jurisprudencia, pese a no implicar el tipo del artículo 480 ningún elemento subjetivo ni
normativo similar al del artículo 184. El hecho no obstante de que, pese a no entrañar
aquella figura legal ningún elemento de orden valorativo, se de en la misma una
inversión, respecto a las restantes, de la relación entre tipo y antijuricidad -la tipicidad
de la acción no implica de ordinario su anti-juricidad-, puede haber sido aquí decisiva.
Distintas a estos criterios jurisprudenciales son las conclusiones a las que lleva la
rigurosa interpretación del texto legal: entendimiento, del tipo de detenciones ilegales
corno tipo objetivo que permite la incriminación, tanto a título de dolo como de
imprudencia; atribución -de eficacia excusante a la creencia en el ejercicio legítimo de
un derecho.

Llegado a este punto se suscita la cuestión de que tratamiento jurídico-penal


corresponde a los supuestos en los que falta el elemento subjetivo, peculiar, según la
jurisprudencia, de las detenciones ilegales. La respuesta a esta pregunta exige la
discriminación de varios supuestos. En primer lugar, está ausente la voluntad de
encierro o detención, deberá rechazarse no solo la estimación del delito del artículo 480,
sino además, en conformidad a la doctrina jurisprudencial que exige el referido dolo
especifico, la incriminación a título de imprudencia. La solución ha de ser distinta: la
estructura claramente objetiva del tipo de detenciones permite incriminar tanto la
conducta dolosa como la culposa. En segundo lugar, si se da la voluntad de encierro o
detención, pero el sujeto se propone la consecución de una meta ético-socialmente
plausible, según el sentido y alcance que a tal elemento le ha atribuido la jurisprudencia,
deberá rechazarse, conforme a esta doctrina, la aplicación del artículo 480, tanto en sí
mismo como en su relación al 565 -la inclusi6n en el tipo de un elemento subjetivo
excluirá en rigor esta posibilidad-. La solución dada por la jurisprudencia ha sido, según
los casos, la absolución (sentencias de 30 noviembre 1887, 24 octubre 1882) o la
estimación de un delito 6stinto -coacciones- (sentencia 28 abril 1950). Conforme
indicamos ya anteriormente, desde nuestra interpretación del tipo de detenciones
ilegales, nada obsta, sin embargo, a la aplicación del artículo 565. En relación a este
punto, se suscita la cuestión de si algún sector de la serie de supuestos que estamos
ahora examinando -acción voluntariamente privativa de libertad, pero en la creencia,
evitable o inevitable de obrar en el ejercicio legítimo de un derecho- resulta
comprendido dentro del artículo 482 del Código penal ("el particular que fuera de los
casos permitidos por la ley aprehendiere a una persona para presentarla a la
Autoridad"). La simple lectura del precepto parece conducir a una respuesta afirmativa;

31
al parecer, todos aquellos supuestos en los que el sujeto aprehende a una persona para
entregarla a la Autoridad, creyendo culposamente en la presencia de alguno de los casos
en los que la ley permite la detención, debería tener cabida dentro del artículo 482.
Resulta, sin embargo, dudoso el que, dado el sentido atribuido por el Tribunal Supremo
a este precepto, puedan comprenderse dentro de él los referidos casos de culposa
creencia en el ejercicio legítimo de un derecho. Según la sentencia de 5 de abril de
1924, en la que se manifiesta un criterio similar al imperante en la jurisprudencia
respecto al artículo 184, "el delito previsto en el artículo 497 del Código penal se
comete con el hecho de aprehender a una persona, aun para entregarla a la Autoridad,
cuando no se obra en cumplimiento de ningún deber ni se ejercita derecho alguno, sino
por fines de odio u otros no legales". Esta finalidad, que el Tribunal Supremo exige para
el delito del artículo 482, resultara, a nuestro juicio, incompatible con la culposa
creencia de ejercitar legítimamente un derecho al practicar la detención. Por último,
procede recordar que la presencia de una mete trascendente a la simple privación de
libertad, ha dado lugar a la trasmutación del tipo de detenciones en el de coacciones.

XI. CONCURSO

A) En primer lugar, y dentro del propio marco del artículo 480, número 1, de
producirse sucesivamente las conductas de detención y encierro, deberá apreciarse un
solo delito de detenciones ilegales, en virtud de la absorción de la primera actividad por
la segunda.

B) Simultanea privación de libertad de varias personas. La cuestión estriba en


averiguar si debe apreciarse en tal supuesto una o varias acciones. Quien por un solo
acto de su voluntad, o con mayor rigor, por una única manifestación volitiva, sustrae la
libertad a varias personas, realiza un solo delito de detenciones ilegales, o práctica, por
el contrario, tantas infracciones cuantas sean las personas privadas de sus facultades
motrices. La dirección de la voluntad a varios resultados originara, pese a la unidad de
la manifestación volitiva, multiplicidad de acciones y hechos, con la consiguiente
aplicación de los artículos 69 y 70 del Código penal. La estimación, pues, de pluralidad
de acciones, en los supuestos de multiplicidad de resultados causados por una sola
manifestación volitiva, estará sometida a la circunstancia de que esos eventos, todos y
cada uno de ello, sean abarcados por la finalidad. De ahí que respecto a aquellos que no
sean objeto de tal dirección volitiva, sino que estén vinculados a su autor por una simple
relación de previsión o previsibilidad, no deba apreciarse la existencia de una acción,
integrante de un delito unido en concurso real a los restantes. En suma, siempre que por
una sola manifestación volitiva hayan sido causados varios resultados, se apreciara la
existencia de tantas acciones, y delitos unidos en concurso real, cuantos sean los
32
resultados abarcados por la finalidad, es decir, por e1 dolo -discrepante es la
jurisprudencia por su restrictiva interpretación de esta finalidad-, cuantos sean, pues, en
último término, los fines jurídico-penalmente relevantes del autor. En aplicaci6n de ello,
si en la simultánea detención de varias personas el autor ha abarcado en su finalidad la
privación de libertad de todas y cada una de ellas, deberán apreciarse tantas acciones, y
delitos en concurso real (arts. 69 y 70), cuantos sean los sujetos detenidos. Por el
contrario, respecto a aquellos detenidos cuya privación de libertad no ha sido abarcada
por el dolo, sino por la culpa, no sabrá estimar la presencia de una acción, por ausencia
de finalidad, en la manifestación volitiva desencadenante del resultado culposo;
recuérdese que, para la averiguación del número de acciones lo decisivo no lo es el
número de los tipos cometidos, sino únicamente el de las acciones -definidas por la
finalidad-, como actos volitivos susceptibles de valoraci6n independiente. Al no integrar
de por si una acción, es decir, una acción que se sume a las otras detenciones
intencionales, la manifestación volitiva desencadenante del resultado culposo, deberá
entenderse que la imprudente privación de libertad integra uno de los delitos a los que
da lugar el hecho, finalmente productor, por otra parte, de las detenciones de los
restantes sujetos. El articulo 71 (“…un solo hecho constituye dos o mis delitos… ") será
el aquí aplicable.

C) Concurso entre el tipo del artículo 480 y otras infracciones del Código penal.

a) Si para conseguir la detención se ha producido otro delito, una falsedad,


deberá aplicarse el artículo 71, precepto 2.° ("…uno de ellos sea medio necesario para
cometer otro…") . Importa, no obstante, tener en cuenta que la sentencia de 16 abril
1959, estimó la existencia tan solo del delito de falsedad, y no también la del de
detenciones, en la conducta de un médico que expidió, a sabiendas y con conciencia de
su ulterior eficacia, un certificado falso acerca del estado mental de una persona sana,
que determino el que otro individuo privara al supuesto enfermo de su libertad motriz.

b) Graves dificultades suscitara el supuesto de que la detención haya sido


precedida de coacciones, pues al proteger estos delitos distintas esferas de la libertad, y
al no constituir las coacciones un tipo residual de las detenciones, no cabra, sin más,
hablar de la absorción de la primera conducta por la segunda. Deberá, pues, estimarse,
según los casos, concurso conforme al artículo 71 (“…cuando uno de ellos sea medio
necesario para cometer otro… ") o concurso según los artículos 69 y 70.

c) Aquellos casos en los que el sujeto persigue, por la detención, el que la


víctima se abstenga de una determinada conducta, la suscripción de un contrato, la
asistencia a una reunión. Como quiera que el sujeto habrá realizado por un solo hecho
dos tipos protectores de distintas esferas de la libertad y, por tanto, de diferentes bienes
jurídicos, deberá juicio, aplicarse el primer precepto del artículo 71. Pese a ser esta, la
solución a que la regulación del Código conduce, creemos que, de suscitarse tales

33
cuestiones en la realidad, la jurisprudencia se inclinara a estimar solo el delito de
detenciones, por absorción o consunción del de coacciones en aquel.

A estos efectos resulta interesante la sentencia del TS de 04/02/1987, que recoge


un supuesto de robo con intimidación y detención ilegal. El procesado José Francisco,
puesto de común acuerdo el día 22 de marzo de 1984 tras haberse apoderado de un
turismo Seat-124 B-5605-BV por cuyo hecho se siguen actuaciones aparte, penetraron
en el Parking del inmueble n.° 1 de la Avenida Martín Pujos de la localidad de
Badalona, tras el turismo marca Peugeot 505 matrícula N-....-NQ que, su propietario
Jesús pretendía aparcar y tras hacerle parar y amedrentarle con dos "punzones" se
apoderaron, en beneficio propio, de 30.000 ptas. en metálico y diversos objetos que
aquél portaba tasados pericialmente en 38.100 ptas. habiéndose recuperado y entregado
a su legítimo propietario parte de los mismos por 20.000 ptas; tras lo cual y siempre
esgrimiendo dichos punzones, tras obligar a su propietario a introducirse en su interior a
fin de que no los delatara demasiado rápidamente, se apoderaron, con ánimo de huir del
lugar y de dar una vuelta, del turismo Peugeot mencionado, el cual fue conducido por el
ya juzgado de los procesados, mas al salir por la puerta del parking dada la total
impericia de su conductor, colisionó con los laterales de la misma, causando
desperfectos por un valor de veintiocho mil pesetas, momento en que Jesús consiguió
saltar del vehículo, sin poder impedir que aquellos lograran escapar en el mismo, el cual
abandonaron poco después en la calle Teyá de Badalona.

La referida sentencia estimó que los indicados hechos probados son legalmente
constitutivos de A) un delito de robo con intimidación comprendido y penado en los
artículos 500, 501 n.° 5 y párrafo último del Código Penal, y B) un delito de utilización
ilegítima de vehículo de motor del artículo 516 bis, párrafos 1 , 4 y 5 en relación con el
n.° 5 y párrafo último del artículo 501 del Código Penal, considerando autor de los
mismos al procesado, con la concurrencia de la circunstancia modificativa de la
responsabilidad criminal agravante de reincidencia del artículo 10 n.° 15 del Código
Penal.

Como claramente establece el párrafo cuarto del artículo 516 bis del Código
Penal, la utilización ilegítima de un vehículo de motor se castiga con las penas
establecidas en el artículo 501 cuando en la ejecución del hecho se empleare violencia o
intimidación. Si se tiene en cuenta que, conforme al tipo básico, la acción del delito que
se estudia consiste en usar, unida a la falta de consentimiento del dueño del vehículo y
sin ánimo de hacerlo propio, pronto se advertirá que, a un robo con intimidación en las
personas puede seguir la consumación del tipo agravado si sé emplea intimidación
bastante para conseguir el vehículo y hacer uso del mismo (así, sentencias de 28 de abril
y 27 de mayo de 1986, por más recientes), infracciones que concurren en régimen de
concurso real (sentencias de 4 de noviembre de 1985 y 27 de mayo de 1986).

34
Finalmente, y como es harto conocido, se reputan autores, bien por el número
1.° o en concurrencia con el 3.° del artículo 14 del Código Penal a todos aquellos que
vayan participando en el uso del vehículo ajeno a sabiendas de la falta de autorización
del dueño (sentencias de 19 de octubre de 1982 y 22 de abril de 1986). Conforme a esta
doctrina son autores del segundo delito quienes tras haber atracado a su víctima
haciéndola apearse del coche que conducía y con el fin de que no les delatara con
prontitud y con ánimo de huir del lugar y dar una vuelta, amenazando al dueño del
coche con sendos punzones que portaban los procesados le obligan a introducirse de
nuevo y sentándose todos, uno de ellos al volante, lo conduce con tal impericia que
colisiona a la salida del parking, momento que es aprovechado por la víctima para huir y
proseguir su marcha los asaltantes, sin que quepa la menor objeción en la coautoría del
ahora recurrente el hecho de que no fuera el conductor y sí mero ocupante del vehículo,
procediendo, en consecuencia, la desestimación del único de los motivos del recurso.

4. CÓDIGO PENAL DE 1995

I. INTRODUCCIÓN

TÍTULO VI

Delitos contra la libertad

CAPÍTULO I

De las detenciones ilegales y secuestros

Artículo 163.

1. El particular que encerrare o detuviere a otro, privándole de su libertad, será


castigado con la pena de prisión de cuatro a seis años.

2. Si el culpable diera libertad al encerrado o detenido dentro de los tres


primeros días de su detención, sin haber logrado el objeto que se había propuesto, se
impondrá la pena inferior en grado.

3. Se impondrá la pena de prisión de cinco a ocho años si el encierro o detención


ha durado más de quince días.

4. El particular que, fuera de los casos permitidos por las leyes, aprehendiere a
una persona para presentarla inmediatamente a la autoridad, será castigado con la pena
de multa de tres a seis meses.

35
II. CONCEPTO DE DETENCIÓN ILEGAL

El delito de detención ilegal supone la privación de la libertad ambulatoria del


sujeto pasivo mediante conductas que puedan ser comprendidas en el significado de los
verbos encerrar o detener. Es una infracción instantánea que se consuma desde el
momento mismo en que la detención o el encierro tienen lugar, aunque el tiempo es un
factor que debe ser valorado, pues para la consumación es preciso un mínimo relevante.

Pasando a ocuparnos de las detenciones ilegales y secuestros, el art. 163 CP


dispone las reglas siguientes:

- Se castiga al particular que encerrare o detuviere a otro, privándole de su


libertad.

- Se impone la pena inferior en grado si el culpable diera libertad al encerrado o


detenido dentro de los tres primeros días de su detención, sin haber logrado el objeto
que se había propuesto.

- Se impone una pena agravada si el encierro o detención ha durado más de


quince días.

- Se impone una pena atenuada al particular que, fuera de los casos permitidos
por las leyes, aprehendiere a una persona para presentarla inmediatamente a la
autoridad.

III. BIEN JURÍDICO PROTEGIDO

El bien jurídico protegido por el tipo penal de la detención ilegal es la libertad


individual y consiste en encerrar o detener a una persona, privándola de su libertad,
afectando dentro de aquel género a la libertad deambulatoria. Su forma comisiva está
representada por los verbos nucleares de "encerrar " o"detener" que representan actos
injustamente coactivos para una persona, realizados contra su voluntad o sin ella,
afectando a un derecho fundamental de la misma cual es el de la libertad deambulatoria
consagrada en el art. 17.1 CE. Libertad que se cercena injustamente cuando se obliga a

36
una persona a permanecer en un determinado sitio cerrado ("encierro") o se le impide
moverse en un espacio abierto ("detención").

La libertad es un atributo de la personalidad y constituye el ámbito de poder que


todo ser humano necesita para actuar para desarrollar su vida y elegir entre distintas
opciones. El derecho a la libertad es uno de los fundamentales de nuestro ordenamiento
jurídico, no sólo por venir recogido expresamente en el artículo 17 de la Constitución,
sino porque en su artículo primero se señala a la libertad como uno de los valores
superiores de nuestro ordenamiento jurídico. El derecho a la libertad está expresamente
recogido en los textos de derechos humanos internacionales, suscritos por España y que
también son de aplicación en nuestro país, conforme a lo dispuesto en el artículo 10 de
la propia Constitución. Así, la Declaración Universal de Derecho Humanos de 10 de
diciembre de 1948 prohíbe la detención arbitraria (artículo 9); el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos de Nueva York de 16 de diciembre de 1966 establece
además que la detención sólo podrá acordarse por las causas legalmente previstas y, de
forma mucho más precisa la Convención para la Salvaguardia de los Derechos del
Hombre y de las Libertades Fundamentales, hecha en Roma el 4 de noviembre de 1950,
establece con todo detalle los supuestos en que una detención es legítima, tales como la
condena por Tribunal competente, la desobediencia a una orden legal de un Tribunal, la
necesidad de garantizar la ejecución de una obligación legal, la necesidad de hacer
comparecer ante un Juez si hay sospecha de criminalidad, para evitar la fuga o para
evitar la comisión de una infracción, la detención de menores para someterlos a
vigilancia educativa, la detención de enajenados, toxicómanos, alcohólicos, vagabundos
o de personas susceptibles de propagar enfermedades contagiosas y la detención de
extranjeros para impedirles la entrada en territorio nacional o para proceder a su
expulsión.

IV. SUJETOS DEL DELITO

El sujeto activo vendrá integrado por cualquier persona salvo los que tengan la
condición de funcionario público en cuyo caso se aplica el art. 167.

Por su parte, el sujeto pasivo vendrá integrado por cualquier persona incluso
aquéllas cuya capacidad ambulatoria se encuentre limitada pero con las excepciones
derivadas del principio de especialidad ya que el Código Penal contempla figuras
específicas de detención ilegal en relación con los menores, incapaces, funcionarios
públicos y los delitos contra la Corona.

37
V. EL FUNCIONARIO COMO SUJETO ACTIVO

En cuanto al delito cometido por autoridad o funcionario, se ha planteado la


cuestión de determinar cuál sea el criterio diferenciador que permita distinguir el art.
167 del delito del art. 530 CP que castiga a la autoridad o funcionario público que,
mediando causa por delito, acordare, practicare o prolongare cualquier privación de
libertad de un detenido, preso o sentenciado, con violación de los plazos o demás
garantías constitucionales o legales.

En este sentido, la jurisprudencia ha declarado que el art. 530 CP se aplicaría a


las privaciones de libertad inicialmente lícitas y fundadas en una causa por delito que
devienen ilegales por la infracción de las garantías del detenido mientras que el art. 167
CP se aplicaría a las privaciones de libertad originalmente ilícitas ya obedezcan a
motivaciones privadas del responsable o a motivaciones relacionadas con el servicio.

CAPÍTULO V

De los delitos cometidos por los funcionarios públicos contra las garantías
constitucionales

Sección 1.ª De los delitos cometidos por los funcionarios públicos contra la
libertad individual

Artículo 529.

1. El Juez o Magistrado que entregare una causa criminal a otra autoridad o


funcionario, militar o administrativo, que ilegalmente se la reclame, será castigado con
la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses
a dos años.

2. Si además entregara la persona de un detenido, se le impondrá la pena


superior en grado.

Artículo 530.

La autoridad o funcionario público que, mediando causa por delito, acordare,


practicare o prolongare cualquier privación de libertad de un detenido, preso o
sentenciado, con violación de los plazos o demás garantías constitucionales o legales,
será castigado con la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por
tiempo de cuatro a ocho años.

Artículo 531.
38
La autoridad o funcionario público que, mediando causa por delito, decretare,
practicare o prolongare la incomunicación de un detenido, preso o sentenciado, con
violación de los plazos o demás garantías constitucionales o legales, será castigado con
la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de dos a seis
años.

Artículo 532.

Si los hechos descritos en los dos artículos anteriores fueran cometidos por
imprudencia grave, se castigarán con la pena de suspensión de empleo o cargo público
por tiempo de seis meses a dos años.

Dispone el artículo 530 del Código Penal que "La autoridad o funcionario
público que, mediando causa por delito, acordare practicare o prolongare cualquier
privación de libertad de un detenido, preso o sentenciado, con violación de los plazos o
demás garantías constitucionales o legales, será castigado con la pena de inhabilitación
especial para empleo o cargo público por tiempo de cuatro a ocho años".

Los requisitos necesarios para la existencia de tal delito, son los siguientes:

a) un sujeto agente que sea autoridad o funcionario público, según definición del
art. 24 del Código Penal, en el ejercicio de sus funciones, lo que permite entender que se
trata de un delito especial propio.

b) que la actuación de dicho sujeto agente se realice en una causa por delito,
como dice el texto legal: "mediando" causa penal por delito.

c) que la acción consista en acordar, practicar o prolongar una privación de


libertad.

d) que esa conducta se refiera a un detenido, preso o sentenciado.

e) que la privación de libertad viole plazos u otras garantías constitucionales o


legales.

f) que el agente obre dolosamente, teniendo conciencia plena que la privación de


libertad que acuerde, practique o prolongue es ilegal, ya que en caso de imprudencia
grave se aplicará el art. 532 del propio Código.

No es sencillo diferenciar esta modalidad de detención ilegal de la prevista en el


artículo 530 del mismo Código Penal que tipifica la vulneración, por parte de una
autoridad o funcionario público, de las garantías que al detenido le otorga el artículo 17
de la Constitución . Se señala como nota distintiva que el artículo 530 requiere que

39
medie causa por delito, lo que permite una privación de libertad inicialmente lícita, lo
que no sucede en el supuesto del artículo 167, en el que se dice expresamente "sin
mediar causa por delito”.

Esta distinción da lugar a que mientras la detención ilegal por falta de causa
legítima que la justifique pertenece al tipo penal del artículo 167, referido así a las
privaciones de libertad irregulares en el fondo, la del artículo 530 exige que medie causa
por delito, estando su ilicitud determinada por el hecho de incumplirse las garantías
institucionales de carácter constitucional y legal. Garantías de las que a su vez debe
excluirse el supuesto del incumplimiento del deber de informar de sus derechos al
detenido, ya que es objeto de específica tipificación en el artículo 537 del Código Penal.
En consecuencia, con esta excepción, el tipo del artículo 530 queda reservado a los
casos de detención justificada pero en la que se produce luego el incumplimiento de los
plazos legales, como expresamente prevé el tipo penal, o la inobservancia de las
restantes exigencias, como la de no poder exceder la detención del tiempo estrictamente
necesario (arts. 17.2 CE y 520 LECrim), o de las garantías del artículo 520, a salvo lo
relativo a la información de derechos cuyo incumplimiento ya hemos dicho origina el
delito del artículo 537 y no el del 530 del Código Penal.

VI. ANALISIS DEL TIPO BÁSICO

Los verbos nucleares del tipo de detención ilegal son "encerrar" y "detener". En
ambos casos, se priva al sujeto pasivo de la posibilidad de trasladarse de lugar según su
voluntad. En ambos casos también se limita ostensiblemente el derecho a la
deambulación en tanto se impide de alguna manera el libre albedrío en la proyección
exterior y física de la persona humana. Si encerrar supone la privación de la libre
deambulación porque se tiene a la persona dentro de los límites espaciales del largo,
ancho y alto, detener en cambio implica también esa limitación funcional aunque de
distinta forma ya que, sin necesidad de encerrar materialmente, se obliga a la
inmovilidad. Dicho delito se proyecta desde tres perspectivas. El sujeto activo que
dolosamente limita la deambulación de otro, el sujeto pasivo que anímicamente se ve
constreñido -o físicamente impedido en contra de su voluntad, y por último el tiempo
como factor determinante de esa privación de libertad, aunque sea evidente que la
consumación se origina desde que la detención se produce. El tipo descrito en el art. 163
CP es un delito que se caracteriza por la concurrencia de los siguientes requisitos:

1) el elemento objetivo del tipo consistente en la privación de la libertad


deambulatoria de la persona, tanto encerrándola físicamente, como deteniéndola, es
40
decir, impidiendo su libertad de movimientos, sin que sea preciso entonces un físico
"encierro". Y que esa privación de libertad sea ilegal.

2) el elemento subjetivo del tipo, el dolo penal, consiste en que la detención se


realice de forma arbitraria, injustificada, siendo un delito eminentemente intencional en
el que no cabe la comisión por imprudencia

La conducta básica que castiga el Código Penal en el artículo 163.1 es la


siguiente: "El particular que encerrare o detuviere a otro, privándole de su libertad, será
castigado con la pena de prisión de cuatro a seis años"

La forma comitiva se contiene en los verbos "encerrar o detener" y suponen un


acto coactivo por el que se priva de la libertad de movimientos a un individuo. La
libertad se coarta cuando a alguien se le obliga a permanecer en un determinado lugar
(encerrar) o cuando se le impide moverse libremente (detener).

la doctrina del Tribunal Supremo el delito de detención ilegal exige un dolo


específico, es decir, la voluntad de privar a otro de su libertad durante cierto tiempo y si
tal propósito no resulta evidente por las circunstancias del caso no se cometería este
delito (Sentencia del Tribunal Supremo 48/2003 de 23 de enero). El dolo o voluntad
consiste en una actuación intencionada, consciente de la ilicitud de la conducta. Son
irrelevantes los motivos por los que se realice la conducta pero lo determinante es que
se quiera privar de libertad al sujeto (Sentencias del Tribunal Supremo 1627/2003 de 8
de octubre 1075/2001 de 1 de junio). Los medios comisivos son muy amplios y no
requieren empleo de fuerza. Así, se ha reconocido este delito en ingreso de una anciana
mediante engaño en un centro psiquiátrico o el rapto de una mujer mediante engaño.
También se ha considerado en algún caso la existencia de este delito respecto de
mujeres emigrantes que son traídas a España mediante engaño y son forzadas a ejercer
la prostitución obligándolas a permanecer encerradas en determinados lugares. El delito
para estimarse consumado no requiere un lapso más o menos dilatado de encierro,
cuestión que podrá influir en la determinación de la pena, sino que se consuma desde el
momento mismo de la privación de libertad (Sentencias del Tribunal Supremo 307/2000
de 27 de febrero, 574/2000 de 31 de marzo, 14/2001 de 1 de enero, 164/2001 de 5 de
marzo, 610/2001 de 10 de abril, 496/2003 de 1 de abril, 1400/2003 de 28 de octubre,
1424/2004 de 1 de diciembre y 601/2005 de 10 de mayo).

Como comentario a este tipo delictivo conviene traer a colación la Sentencia del
Tribunal Supremo, de 8 de octubre de 2007 donde se resume de forma precisa los
41
elementos y caracteres de este delito y en la que se distingue la detención ilegal de las
coacciones, que serían privaciones de libertad de poca entidad y no directamente
encaminadas a la privación de libertad (piénsese en la persona que no deja salir a otra de
un establecimiento durante un breve lapso de tiempo porque quiere discutir con él) y se
distingue de otras privaciones de libertad que acompañan a otros delitos distintos como
el robo. La citada sentencia señala lo siguiente: "Daremos respuesta casacional ahora al
motivo nuclear, que es la correcta calificación jurídica que debe aplicarse al suceso
central que padece Valentina, sin perjuicio de las graves lesiones infligidas a dicha
menor, que acometeremos más adelante, y que constituye la esencia de los motivos
primero del Ministerio Fiscal, tercero de la acusación particular, y primero también de
la defensa de Cristóbal. Los primeros interesan la aplicación del delito de detención
ilegal, y este último reprocha la calificación de delito de coacciones, a la que llegó la
Sala sentenciadora de instancia, entendiendo que los hechos son atípicos.

El delito de coacciones, definido en el artículo 172 del Código penal, se


caracteriza por el compelimiento al sujeto pasivo para impedir a otro hacer lo que la ley
no prohíbe, o para compelerle efectuar lo que no quiera, sea justo o injusto. Es evidente
el género, respecto de otros, particularmente la detención ilegal, cuando de privación de
libertad se trata, que es la especie. Cuando se atenta contra el valor libertad,
constitucionalmente proclamado, en su vertiente de libertad de movimientos,
difícilmente podrá concurrir aquél, porque el concurso de normas se ha de solucionar
conforme al principio de especialidad. En efecto (cf. Sentencia del Tribunal Supremo
285/2004, de 5 de marzo), los verbos nucleares del tipo de detención ilegal son
"encerrar" y "detener". En ambos casos, se priva al sujeto pasivo de la posibilidad de
trasladarse de lugar según su voluntad. En ambos casos también se limita
ostensiblemente el derecho a la deambulación en tanto se impide de alguna manera el
libre albedrío en la proyección exterior y física de la persona humana. Si encerrar
supone la privación de la libre deambulación porque se tiene a la persona dentro de los
límites espaciales del largo, ancho y alto, detener en cambio implica también esa
limitación funcional aunque de distinta forma ya que, sin necesidad de encerrar
materialmente, se obliga a la inmovilidad (ver en este sentido la Sentencia de 28 de
noviembre de 1994).

Dicho delito se proyecta desde tres perspectivas. El sujeto activo que


dolosamente limita la deambulación de otro, el sujeto pasivo que anímicamente se ve
constreñido -o físicamente impedido- en contra de su voluntad, y por último el tiempo
como factor determinante de esa privación de libertad, aunque sea evidente que la
consumación se origina desde que la detención se produce.
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El tipo descrito en el artículo 163 del Código Penal es un delito que se
caracteriza por la concurrencia de los siguientes requisitos:
1) El elemento objetivo del tipo consistente en la privación de la libertad
deambulatoria de la persona, tanto encerrándola físicamente, como deteniéndola, es
decir, impidiendo su libertad de movimientos, sin que sea preciso entonces un físico
"encierro". Y que esa privación de libertad sea ilegal.
2) El elemento subjetivo del tipo, el dolo penal, consiste en que la detención se
realice de forma arbitraria, injustificada, siendo un delito eminentemente intencional en
el que no cabe la comisión por imprudencia.
Los jueces "a quibus" parecen querer ver solamente el encierro en una
habitación, a modo de celda carcelaria, como el único modo de comisión delictiva del
tipo definido en el artículo 163 del Código penal. Pero también satisface las exigencias
de tal tipo penal la "detención", es decir, la privación de movimientos, que en este caso
está caracterizada por una clara e inequívoca situación de intimidación (incursa en el
marco intimidatorio que se describe en la sentencia recurrida), y que, sin embargo, no
dejan de apreciar (en este caso, correctamente), en el relato fáctico de lo sucedido. Es
por ello que el Ministerio Fiscal, con todo acierto, argumenta que, aun considerando que
no se ha producido ese "encierro" en una habitación concreta, como parecen descartar
los jueces "a quibus" al finalizar el tercer hecho probado, el conjunto de hechos que el
Tribunal declara probados integran el delito de detención ilegal, y no el de coacciones
por el que se condena. En efecto, la jurisprudencia de esta Sala puntualiza que la
distinción entre ambos surge de dos elementos sustanciales: en primer lugar, que se
elimine la capacidad del individuo para hacer efectiva su decisión acerca del lugar
donde desea permanecer o a donde desea dirigirse; y en segundo lugar, que tal privación
de libertad se haya extendido durante un periodo de tiempo mínimamente relevante, lo
que excluye el delito en caso de privaciones de libertad instantáneas o fugaces, o bien en
aquellas otras que han de considerarse absorbidas por la comisión simultánea de otro
delito, como ocurre en los robos violentos o en las agresiones sexuales, por solo poner
dos ejemplos. Fuera de ello, el delito se consuma en el instante mismo en que se priva a
otro de la libertad ambulatoria por cualquiera de los verbos nucleares "encerrar" o
"detener", sin que requiera un especial elemento subjetivo de desprecio a la víctima
distinta de la que supone el dolo como expresión del conocimiento y voluntad de privar
a otra persona de dicha libertad ambulatoria.

VII. ELEMENTOS SUBJETIVOS

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Se trata de una conducta dolosa, bien entendido que el dolo no debe confundirse
con el móvil "pues en tanto que el primero es único e inmediato, el segundo es plural y
mediato, (amistad, afinidad ideológica, etc...) de modo que mientras no se incorpore el
móvil o animo especial al tipo de injusto, no tendrá ningún efecto destipificador y sólo
podrá moverse en el ámbito de las atenuantes o agravantes genéricas o especificas que
le recojan.

Ahora bien el tipo penal del art. 163 del Código Penal no hace referencia a
propósitos ni a finalidades comisivas, por tanto, son irrelevantes los móviles
(SSTS.1075/2001 de 1.6, 1627/2002 de 8.10, 137/2009 de 10.2). Consiguiente, no es
menester para la comisión de este delito un dolo específico o un elemento subjetivo del
injusto bastando con que el acusado tenga una idea clara a la ilicitud de su conducta.
(SSTS. 1964/2002 de 25.11, 135/2003 de 4.2), esto es, el dolo del autor consiste en
tener conocimiento de la privación de libertad del sujeto pasivo con independencia de
cuales sean los móviles o ulteriores intenciones del agente - que en su caso pueden dar
lugar a los concursos correspondientes (robo con violencia, agresiones sexuales,
allanamiento morada...)-, de la misma forma que la detención admite varias formas
comisivas, no requiriendo, necesariamente fuerza o violencia (STS. 53/99 de 18.1) ya
que dada la amplitud de los términos en que se expresa el art. 163.1 está permitido
cualquier medio comisivo (STS. 1045/2003 de 18.7) incluido el intimidatorio (STS.
1536/2004 de 20.12), y los procedimientos engañosos (STS. 8.10.92) e incluso el de
broma (SSTS. 367/97 de 19.5, 1239/99 de 21.7). Por su parte el delito de coacciones se
comete cuando, sin estar legítimamente autorizado, se impidiere a otro con violencia
hacer lo que la Ley no prohíbe o se le compeliere a efectuar lo que no quiere, sea justo o
injusto (art. 172 CP).

Es cierto que la detención ilegal típica se perfila más nítidamente en los casos de
"encierro o internamiento" en un lugar del que no es posible salir la víctima; y por el
contrario la simple "detención o inmovilización" de una persona puede presentar
dificultades para su concreción en el tipo, ya que su duración puede ser momentánea o
más o menos duradera y presentar afinidad con otras figuras delictivas como las
coacciones.

Sin embargo, el elemento subjetivo del injusto es el factor determinante de la


diferenciación pues la detención ilegal es una modalidad delictiva eminentemente
dolosa que exige el propósito claro y definido de privar al sujeto de su capacidad
deambulatoria (SSTS. 16/2005 de 21.1, 371/2006 de 27.3). En este sentido la STS.
188/2005 de 21.2, estima que no estando acreditado el ánimo de lucro, ni la intención de
privar a la víctima de su libertad de movimientos, pero si la violencia para obligarla a

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hacer lo que no quería, el delito cometido es el de coacciones y no el de robo ni el de
detención ilegal (STS. 96/2005 de 3.2; 540/2006 de 17.5; 654/2006 de 16.6).

El delito de detención no ataca la libertad genéricamente considerada, sino solo


un aspecto de ella, la de movimientos. Es pues, el principio de especialidad concertado
con ese dolo, el que perfila la diferencia entre las coacciones y la detención ilegal,
SSTS. 53/99 de 18.1, 1239/99 de 21.7, 371/2006 de 27.3, 137/2009 de 10.2 que precisa:
"que uno y otro delito constituyen delitos contra la libertad de las personas, de tal modo
que el delito de coacciones es el género y el de detención ilegal es un delito especial que
tiene por objeto privar a una persona de la libertad de deambulación. De ahí que la
jurisprudencia haya precisado que la relación entre ambas figuras delictivas, más que
por la duración o permanencia de la situación, se refiere al principio de especialidad, en
el sentido de que lo que caracteriza fundamentalmente al delito de detención ilegal es la
voluntad de privar de la libertad deambulatoria a una persona. El delito de detención
ilegal no ataca la libertad personal genéricamente considerada, sino sólo un aspecto de
ella, la de movimientos. Consiguientemente, es el principio de especialidad el que
permite establecer la diferencia entre el delito de coacciones y el de detención ilegal.

Por tanto la duración de la detención no sirve para distinguirla necesariamente


de la coacción, ya que, la detención es la consumación instantánea y no precisa por
tanto de duración determinada; por eso se insiste por la Sala Segunda del TS en marcar
la diferencia entre ambos tipos delictivos, atendiendo al principio de especialidad para
apreciar la detención ilegal si los medios violentos se enderezaron a privar de otro de su
voluntad ambulatoria (SSTS. 445/99 de 23.3; 2121/2001 de 15.11), pero sin desdeñar el
factor temporal o mínimo soporte temporal aunque valorado en la medida que sirve para
explicar la intención de atentar entre la libertad de movimientos, más que referido solo a
la duración en si (SSTS. 53/99 de 18.1, 801/99 de 12.5, 655/99 de 27.4, 610/2001 de
10.4).

Así en SSTS. 192/2011 de 18.3 y 167/2012 de 1.3 se ha dicho que no es difícil


convenir en la fijación de cuerpo de doctrina jurisprudencial, diferenciando el delito de
detención ilegal del de coacciones.

a) Desde la perspectiva del bien jurídico protegido. La ofensa de la libertad de la


víctima, es más genérica en la coacción y más específica en la detención ilegal. En este
se refiere a la libertad de deambulación o traslado en el espacio, tanto si se obliga al
sujeto a permanecer en un lugar como si le obliga a abandonarlo, trasladándose a otro.
(SSTS. 7/4/2006; 20/1/2009; 10/02/2009 y 27/10/2010).

b) En cuanto al comportamiento tipificado se han subrayado diversas


características en lo objetivo:

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1ª. - La acción típica de la detención implica generalmente un acto material de
encierro o internamiento, siquiera no de manera necesaria, pues también puede consistir
en el impedimento para moverse en el espacio abierto, la detención por mera
inmovilización (STS de 1.10.2009).

2 ª.- Para lo que no es ineludible el uso de fuerza o intimidación que debe


concurrir en la coacción. (SSTS de 02/11/1992 y 22/12/2009). Pero lo ineludible es que
el constreñimiento de la libertad del sujeto pasivo provenga de una acción del sujeto
activo, de tal suerte que el comportamiento de éste sea la causa de aquél por estar
objetivamente y... también subjetivamente, ordenada a tal específico fin.

3ª.- Lo que se relaciona con el parámetro tiempo que, en la detención suele


traducirse en una cierta persistencia de la privación de libertad, siendo más propio de la
coacción su manifestación como actuación de efectos instantáneos. Siquiera aquél factor
tampoco es ineludible en la detención ilegal, en cuanto se admite que es de
consumación instantánea, diluyéndose entonces, en la práctica, la línea de separación
entre ambas figuras delictivas (SSTS 27/03/2006 y 22/12/2009). Por ello suele exigirse
una duración que alcance el indeterminado canon de un mínimo relevante (STS
08/10/2007);

c) Cobra por ello relevancia el factor subjetivo que da sentido al comportamiento


del sujeto activo. La funcionalidad del comportamiento a la estrategia del autor en
cuanto ésta va precisamente encaminada a privar de la específica libertad de
deambulación del sujeto pasivo. Ese proyecto criminal es el único exigido y debe
diferenciarse de cualesquiera otros motivos concurrentes en el autor.

El delito de coacciones consiste en compeler, imponer, constreñir o presionar a


otro para que lleve a cabo una conducta que no desee, sea justa o injusta, o impedirle la
realización de los actos que quiere ejecutar, debiendo la acción típica revestir la
necesaria intensidad para diferenciarla de la coacción leve (STS. 167/2007 de 27.2).

La vis o fuerza empleada por el sujeto activo del delito de coacciones no sólo
comprende los casos de violencia física como tal, sino que incluye cualquier ataque a la
voluntad de la víctima, pues con ello también se limita su libertad. Y en este sentido, el
concepto de violencia ha ido ampliándose para incluir también la intimidación o "vis
compulsiva" e incluso la fuerza en las cosas o "vis in rebus" siempre que repercuta en la
libertad de la persona para el pacifico disfrute de sus derechos (SSTS. 628/2008 de
15.10, 982/2009 de 15.10). La mera restricción en la libertad de obrar supone de hecho
una violencia y, por tanto, una coacción, siendo lo decisorio el efecto coercitivo de la
acción más que la propia acción. Esta utilización del medio coercitivo ha de ser
adecuada, eficaz y causal respecto al resultado perseguido (STS. 843/2005 de 29.6).

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Siendo así la diferencia entre el delito de coacciones del art. 172.1 y la coacción
leve, debe afirmarse desde la valoración de la gravedad de la acción coactiva y la
idoneidad de los medios empleados para la imposición violenta, teniendo en cuenta la
personalidad de los sujetos activo y pasivo, sus capacidades intelectivas y todos los
factores concurrentes, ambientales, educacionales y circunstanciales en los que se
desenvuelve la acción (SSTS. 1367/2002 de 18.7, 731/2006 de 3.7).

Es admisible condenar por coacciones cuando se ha acusado por detención


ilegal, teniendo en cuanta el carácter general y residual del tipo de coacciones, del que
tan solo se excluyen por su especialidad las que consisten en la privación de la libertad
ambulatoria, que son una peculiar forma de coacción, con lo que no aparece que se haya
causado mengua ni menoscabo alguno a los derechos de los acusados a defenderse y a
la vigencia del principio de contradicción en el proceso a que han sido sometidos, ni se
les ha causado perjuicio alguno por imponérsele pena superior a las solicitadas, si se les
imponen las correspondientes al delito de coacciones ya que son notablemente
inferiores (SSTS. 1984/2002 de 9.12, 1191/2005 de 10.10, 611/2009 de 20.1).

VIII. EL ERROR DE PROHIBICIÓN

Este error se configura como el reverso de la conciencia de antijuricidad y como


recuerdan las SSTS. 17/2003 de 15.1, 755/2003 de 28.5 y 861/2004 de 28.6, la doctrina
y la ley distinguen entre los errores directos de prohibición, es decir, los que recaen
sobre la existencia de la norma prohibitiva o imperativa, y los errores indirectos de
prohibición que se refieren a la existencia en la ley de la autorización para la ejecución
de una acción típica (causa de justificación) o a los presupuestos de hecho o normativos
de una causa de justificación. En este sentido la STS. 457/2003 de 14.11, que el error de
prohibición, consiste en la creencia de obrar lícitamente si el error se apoya y
fundamenta en la verdadera significación antijurídica de la conducta. Esta creencia en la
licitud de la actuación del agente puede venir determinada por el error de la norma
prohibitiva, denominado error de prohibición directo, como sobre el error acerca de una
causa de justificación, llamado error de prohibición indirecto, produciendo ambos la
exención o exclusión de la responsabilidad criminal, cuando sea invencible. En los
casos de error vencible se impone la inferior en uno o dos grados, según el art. 14.3 del
Código Penal.

Ahora bien la cuestión de evitabilidad del error de prohibición ha sido planteada


generalmente – como precisa la STS. 755/2003 de 28.3 antes citada - en relación a
errores directos sobre la norma. Los criterios, referentes a la evitabilidad, por lo tanto, se
refieren básicamente a la posibilidad del autor de informarse sobre el derecho. Pero, el

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error indirecto sobre la ilicitud de la acción, como se dijo, puede provenir tanto de un
error sobre los hechos....o sobre la significación normativa del hecho. Aquí no se trata
sólo de casos en los que el autor podía informarse de la existencia de la causa de
justificación en el orden jurídico, sino también de casos, en los que, en las
circunstancias del hecho, cabe exigir al autor una comprobación más o menos profunda
respecto de los presupuestos de hecho o de la necesidad de su acción.

No obstante para que el error comporte la exención de la responsabilidad


criminal es esencial que sea probado por quien lo alega (SS. 20.2.98 y 22.3.2001), y
como se decía en las STS. 1171/97 de 29.9 y 302/2003 de 27.2:

a) queda excluido el error si el agente tiene normal conciencia de la antijuricidad


o al menos sospecha de lo que es un proceder contrario a Derecho (Sentencia de 29
noviembre 1994), de la misma manera y en otras palabras (Sentencia de 16 marzo
1994), que basta con que se tenga conciencia de una alta probabilidad de antijuricidad
no la seguridad absoluta del proceder incorrecto.

b) no es permisible la invocación del error en aquellas infracciones cuya ilicitud


es notoriamente evidente, la STS. 11.3.96, afirma que no cabe invocarlo cuando se
utilizan vías de hechos desautorizadas por el Ordenamiento Jurídico que a todo el
mundo le consta están prohibidas pues su ilicitudes notoriamente evidente.

La apreciación del error de prohibición no puede basarse solamente en las


declaraciones del propio sujeto, sino que precisa de otros elementos que les sirvan de
apoyo y permitan sostener desde un punto de vista objetivo, la existencia del error. El
análisis debe efectuarse sobre el caso concreto, tomando en consideración las
condiciones del sujeto en relación con las del que podría considerarse hombre medio,
combinando así los criterios subjetivo y objetivo, y ha de partir necesariamente de la
naturaleza del delito que se afirma cometido, pues no cabe invocar el error cuando el
delito se comete mediante la ejecución de una conducta cuya ilicitud es de común
conocimiento.

IX. EL SUBTIPO ATENUADO

El artículo 163.2 castiga con pena inferior en grado "si el culpable diera libertad
al encerrado o detenido dentro de los tres primeros días de su detención, sin haber
logrado el objeto que se había propuesto"
Este tipo penal atenúa o reduce la penalidad del delito sobre la base del
arrepentimiento del autor. Requiere que éste ponga en libertad a la víctima dentro de los

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tres primeros días, pero de forma espontánea, porque si la libertad se logra por otros
cauces, bien porque ésta es rescatada o se da a la fuga, la atenuación no se aplicaría. Por
otra parte, debe concurrir el elemento subjetivo de que el autor no haya conseguido el
objetivo que se había propuesto con su acción ilícita, ya que si éste se ha consumado y
la detención es de corta duración precisamente por la consecución del objetivo tampoco
sería de aplicación la atenuación prevista en el precepto.

El artículo 163.4 dispone que "el particular que, fuera de los casos permitidos
por las leyes, aprehendiere a una persona para presentarla inmediatamente a la
autoridad, será castigado con la pena de multa de tres a seis meses"
Se discute si esta previsión legal puede aplicarse a aquellos casos en que un
particular detiene a otro fuera de los casos establecidos en las leyes. Se trataría de un
supuesto de error, vencible o invencible, para cuya solución debe acudirse al artículo 14
del Código Penal. También puede aplicarse este tipo en casos en que un particular
detiene a otro, a sabiendas de que es ilegal. En tal supuesto, si lo presenta
inmediatamente a la autoridad (policía, fiscal o juez) se le aplicará la atenuación de
pena.
Conviene recordar que los particulares pueden detener a cualquier persona en los
supuestos previstos en el artículo 490 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, pero están
obligados a ponerlos a disposición de la autoridad más próxima de forma inmediata o
dentro de las 24 horas siguientes, según establecen los artículos 496 de la Ley de
Enjuiciamiento Criminal. Los supuestos en que pueden detener son los siguientes: A
quien intentare cometer un delito, al delincuente in franganti, al que se fugare de una
cárcel o de una conducción para ingresar en prisión, al que se fugare estando detenido y
a los imputados o procesados que estén en situación de rebeldía.
Artículo 168. La provocación, la conspiración y la proposición para cometer los
delitos previstos en este Capítulo se castigarán con la pena inferior en uno o dos grados
a la señalada al delito de que se trate.

X. ATENUANTE DE ARREPENTIMIENTO ESPONTANEO

En relación a la atenuante de arrepentimiento espontaneo, el nuevo Código


desdobló en la 4ª y 5ª la antigua atenuante suprimiendo el elemento psicológico de que
el triple comportamiento (reparar, dar satisfacción o confesar) se debiera a supuestos de

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arrepentimiento espontaneo, del que prácticamente había prescindido la jurisprudencia
(SSTS. 1450/94 de 5.7, 508/95 de 27.6) y ha ampliado el elemento cronológico.

El arrepentimiento como atenuante, ha seguido pues, en la jurisprudencia una


tendencia en que ha ido perdiendo importancia el factor subjetivo de pesar y contrición
para irse valorando más el aspecto objetivista de realizar actos de colaboración a los
fines de la norma jurídica, facilitando el descubrimiento de los hechos y de sus
circunstancias y autores o realizando actos de disminución o reparación del daño
causado (STS.6.10.98), y en todo caso habría de recogerse en el relato de hechos en que
hayan podido consistir las actuaciones colaboradores o reparadoras llevadas a cabo por
el condenado (STS. 28.5.99).

Igualmente solo puede verse favorecido con la atenuante la declaración sincera,


ajustada a la realidad, sin desfiguraciones o falacias que perturben la investigación,
rechazándose la atenuante cuando se ofrece una versión distinta de la luego comprobada
y reflejada en el "factum", introduciendo elementos distorsionantes de lo realmente
acaecido. Se desautoriza la confesión falsa o tendenciosa, aunque no es necesario que
coincida en todo (STS. 22.1.97, 31.1.2001). En resumen "quedan excluidos aquellos
supuestos con confesión falaz (STS.734/96 de 16.10), sesgada o parcial, ocultando datos
relevantes (SSTS 965/96 de 30.11, 864/97 de 13.6 y 296/2002 de 20.2). Tal exigencia
de veracidad en nada contradice los derechos constitucionales "a no declarar contra si
mismo" y "a no confesarse culpable" puesto que ligar un efecto beneficioso o la
confesión voluntariamente prestada, no es privar del derecho fundamental a no confesar
si no se quiere (STC. 75/87 de 25.5).

Por eso, no cabe su apreciación cuando la confesión resulta tendenciosa,


equivoca, falsa, ocultando o tergiversando aspectos relevantes o esenciales de la
realidad con el propósito espúreo y falaz de eludir o reducir la responsabilidad derivada
de la acción.

XI. SECUESTRO

En cuanto al delito de secuestro, el art. 164 CP castiga el secuestro de una


persona exigiendo alguna condición para ponerla en libertad. Si en el secuestro se
hubiera dado la circunstancia del artículo 163.3, se impondrá la pena superior en grado,
y la inferior en grado si se dieren las condiciones del art. 163.2.

XII. TIPOS AGRAVADOS

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En cuanto a los tipos agravados comunes a la detención ilegal y al secuestro, el
Código Penal contempla tres posibles agravaciones:

Primero, el art. 165 CP impone una pena en su mitad superior si la detención


ilegal o secuestro se ha ejecutado con simulación de autoridad o función pública, o la
víctima fuere menor de edad o incapaz o funcionario público en el ejercicio de sus
funciones.

Segundo, el art. 166 CP impone la pena superior en grado a el reo de detención


ilegal o secuestro que no dé razón del paradero de la persona detenida, salvo que la haya
dejado en libertad.

Tercero, el art. 167 CP castiga a la autoridad o funcionario público que, fuera de


los casos permitidos por la ley y sin mediar causa por delito, cometiere alguno de los
hechos descritos en los artículos anteriores.

En el supuesto de desaparición de la víctima la doctrina criticó tradicionalmente


este precepto por considerarlo contrario a las exigencias del principio de culpabilidad en
la medida en que la exigencia al culpable de dar razón del paradero de la víctima
implicaría una inversión de la carga de la prueba.

Por su parte, la jurisprudencia declaró, en relación con el llamado Caso Nani,


que la agravación de la pena se fundamenta en la posición de garantía de la seguridad
del detenido que asume la persona le priva de libertad por lo que el simple hecho de no
dar razón de su paradero justifica la agravación con independencia de que el detenido
hubiese o no hubiese fallecido.

Finalmente, en caso de aparición de la víctima tras la imposición de la condena,


algunos autores sostienen que sólo sería aplicable el indulto al no existir remedio legal.

Por su parte, otros sostienen que procederá el recurso de revisión del art. 954 de
la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

XIII. ANTIJURIDICIDAD

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En materia4 de detenciones ilegales, se presentan múltiples problemas de ilicitud
y justificación:

A- Casos de detención previstos por la ley: son los supuestos previstos en los
artículos 490 y siguientes de la LECr que faculta a particulares y a funcionarios públicos
para practicar la detención de personas en determinados casos, como la detención de
quien intenta cometer un delito, del delincuente in fraganti, del procesado o condenado
en rebeldía, del fugado, entre otros. El error vencible sobre la concurrencia de tales
presupuestos puede tratarse, bien como error de tipo, que da lugar a la impunidad (pues
no caben detenciones ilegales imprudentes), bien como error de prohibición (rebaja en
pena). Esta última solución puede admitirse cuando el error no versa sobre el
presupuesto fáctico de la habilitación legal (por ejemplo, creemos que la persona que
estamos deteniendo es la que justamente acaba de robar una joyería, a la que hemos
confundido al salir al mismo tiempo que el ladrón: error de tipo).

B- Consentimiento: siendo la libertad ambulatoria un bien jurídico individual en


principio disponible, el consentimiento informado de un sujeto pasivo capaz exime de
responsabilidad criminal por detención, incluso cuando la revocación del
consentimiento no pueda tener efectos por razones fácticas.

C- Los casos de internamiento forzoso por razones de salud mental del sujeto
(incapacitaciones acordadas judicialmente con internamiento) o incluso privaciones de
libertad por razón de salud pública conforme a la LO 3/1986, de 14 de abril, de medidas
especiales en materia de salud pública que impliquen privación o restricción de la
libertad u otro derecho fundamental, son también supuestos legales de privación de
libertad.

D- Históricamente, el hoy desaparecido derecho de corrección justificaba


pequeñas privaciones de libertad de contenido sancionador-educativo (padre que
encierra a su hija adolescente menor de edad en su habitación para impedir que salga de
fiesta o como castigo por un comportamiento grave). Podría seguir considerándose una
conducta justificada de acuerdo con el ejercicio legítimo del derecho-deber de los
padres de educar a los hijos (estricta necesidad y proporcionalidad de la medida).

E- En el ámbito de la violencia doméstica, se han apreciado situaciones de


necesidad o incluso de miedo insuperable (mujer que encierra con llave a su marido en
una habitación para evitar ser agredida).

4
García Albero Ramón. Los Delitos contra la libertad y contra la libertad sexual. Fundación para
la Universitat Oberta de Catalunya.

52
XIV. RESOLUCIONES MANIFESTADAS

En cuanto a las resoluciones manifestadas, el art. 168 CP dispone que la


provocación, la conspiración y la proposición para cometer los delitos previstos en este
capítulo será castigada con la pena inferior en uno o dos grados a la señalada al delito de
que se trate.

XV. CONCURSO

1. DELITO DE DETENCIÓN ILEGAL EN CONCURSO CON EL


DELITO DE ROBO

La cuestión, reiteradamente estudiada por la jurisprudencia de la relación


concursal entre los delitos de robo con violencia o intimidación y el delito de detención
ilegal.

Numerosos precedentes jurisprudenciales, entre otras SSTS. 385/2010 de 29.4,


424/2015 de 22.6, 863/2015 de 30.12, que el delito de robo absorbe la pérdida
transitoria de libertad cuando se realiza durante el episodio del hecho, y está pues
comprendida dentro de la normal dinámica comisiva, siempre que quede limitada al
tiempo estrictamente necesario para efectuar el despojo según el "modus operandi" de
que se trate.

Por el contrario, el delito de detención ilegal adquiere autonomía propia respecto


del robo cuando la privación de libertad es gratuita e innecesaria porque se prolonga
más allá de lo que sería necesario para consumar el desapoderamiento.

En el primer caso nos encontraríamos ante un concurso de normas que se


solucionaría según la regla 3ª del artículo 8º del Código Penal, absorbiendo el delito de
robo el de detención ilegal según la técnica de la consunción. En el segundo caso, se
produciría una situación de concurso real de delitos, en cuanto la detención ilegal
quedaría fuera del ámbito del robo, adquiriendo autonomía propia e independiente del
delito contra el patrimonio, debiendo sancionarse por separado cada una de las
infracciones. Existe, no obstante, un tercer supuesto o variante, intermedio entre los
mencionados, que tiene lugar cuando la privación de libertad de la víctima del robo no
está completamente desvinculada del ilícito acto depredador (supuesto primero), ni se
desarrolla durante el tiempo estrictamente imprescindible del episodio central del delito
contra el patrimonio (supuesto segundo), sino que, aunque no pierda su relación con la
actividad depredatoria, la privación de libertad de la víctima alcanza entidad propia y es
53
penalmente reprochable por sí misma, aunque por el contexto en que se desarrolla ha de
considerarse como un medio para alcanzar el objetivo pretendido por los autores de
suerte que deberá ser contemplada como un instrumento al servicio del proyecto de
apoderamiento de los bienes ajenos. Dicho en otras palabras, se trataría de un delito
cometido como medio necesario para cometer el principal perseguido por los autores,
por lo que estaríamos ante un concurso medial o instrumental contemplado en el art. 77
C.P. De manera más amplia, pero en igual sentido, la sentencia 1706/2002 de 9 de
octubre, establece: "Existe una doctrina muy abundante en esta Sala en relación a estos
casos en que, junto al robo con intimidación o violencia en las personas (art 242 CP),
aparece una privación de libertad de la víctima que podría encajar en el delito del art.
163. Podemos distinguir varios supuestos distintos para examinar cómo han de
resolverse los problemas que se suscitan acerca de si hay un concurso de normas a
resolver conforme al art. 8 CP o un concurso de delitos, real (art.73) o ideal (art. 77)
según los casos.

La regla fundamental para conocer si estamos ante un concurso de delitos o de


normas ha de ser necesariamente una valoración jurídica por la cual, si la sanción por
uno de los dos delitos fuera suficiente para abarcar la total significación antijurídica del
comportamiento punible, nos hallaríamos ante un concurso de normas; y en el caso
contrario ante un concurso de delitos.

Veamos tres supuestos diferentes:

1º- El que podemos considerar ordinario, que parte de la concepción de que en


todo delito de robo con violencia o intimidación en las personas hay siempre una
privación de la libertad ambulatoria, consecuencia necesaria del acto de amenaza o de
fuerza física que paraliza los movimientos de la víctima. Habría aquí ese concurso de
normas, con particular aplicación de la regla de la absorción del nº 3º del art. 8 C.P.,
porque el precepto más amplio o complejo -el mencionado robo- consume en su seno
aquel otro más simple –la detención ilegal-.En este supuesto encajan no sólo los casos
de comisión más o menos instantánea o breve del robo, sino también aquellos otros en
que, por la mecánica de la comisión delictiva elegida por el autor, hay alguna
prolongación temporal, de modo que también el traslado forzado de un lugar a otro de la
víctima o de un rehén o su retención mientras se obtiene el objeto del delito se considera
que forma parte de esa intimidación o violencia que se utiliza contra el sujeto pasivo. Si
hay una coincidencia temporal entre el hecho de la obtención del elemento patrimonial
y el de la privación de libertad ambulatoria, puede aplicarse esta regla de la absorción.
En este grupo habría que incluir, en principio, los casos tan frecuentes de obtención de
dinero con tarjetas de crédito mediante el traslado forzado de la víctima a un cajero
automático.

54
2º.- Otro supuesto es aquel en que no se produce esa coincidencia temporal,
pues, consumado el hecho de la apropiación material del bien mueble ajeno, se deja a la
víctima o a algún rehén atado, esposado, encerrado, en definitiva impedido para
moverse de un sitio a otro. Si ello se hace en condiciones tales que el autor del hecho
puede pensar que esa privación de libertad posterior al hecho de la consumación del
robo ha de ser, no por unos breves momentos, ordinariamente el necesario para poder
escapar, sino que cabe prever que tardará algún tiempo en verse libre, nos hallaríamos
ante un concurso real de delitos, el primero de robo, y el posterior de detención ilegal a
castigar conforme al art. 73 CP. Véase en este sentido la sentencia de esta Sala de 12 de
junio de 2001 que excluyó dos delitos de detención ilegal porque la liberación de los
dos encerrados en el búnker del supermercado se produjo transcurridos unos cuarenta y
cinco minutos. Los empleados del establecimiento tardaron ese tiempo en encontrar el
mando a distancia con el que abrir la puerta, circunstancia no imputable a los acusados
al no ser previsible para ellos.

3º.- Por último, puede ocurrir que sí exista esa coincidencia temporal entre los
dos delitos, pues la detención se produce durante el episodio central del robo, es decir,
mientras se están realizando las actividades necesarias para el apoderamiento de la cosa;
pero ello durante un prolongado periodo de tiempo durante el cual simultáneamente se
está produciendo el despojo patrimonial y el atentado a la libertad personal.

Desde el punto de vista del criterio de la valoración jurídica, hay que decir en
estos casos la significación ilícita de la detención tiene tal relevancia que no cabe
afirmar su absorción en el robo como elemento integrante de la violencia o intimidación
propia de este último delito. Nos encontraríamos entonces ante un concurso ideal de
delitos del art. 77 CP. Así se vienen pronunciando en los casos de duración claramente
excesiva, aunque hay que comprender la dificultad que existe para distinguir este
supuesto del examinado en primer lugar. Véanse las sentencias de este tribunal de 8 de
octubre de 98, 3 de marzo de 1999, 11 de septiembre de 2000 y 25 de enero de 2002.
Las tres últimas contemplan casos de tres horas en la privación de libertad transcurridas
mientras los autores del robo tenían retenida a la víctima a la que pretendían despojar de
su dinero usando su tarjeta en uno o varios cajeros automáticos. Tan larga privación de
libertad no puede considerarse consumida en la violencia o intimidación personal que
acompaña a estos delitos de robo. Es necesario aplicar las sanciones de los dos delitos
para abarcar la total ilicitud punible de estos comportamientos". Y en la de 12 de marzo
de 2004, en un caso con ciertas semejanzas al presente, se aplica el concurso de
delitos, no el de normas, a un caso en el que la duración del robo y de las detenciones
ilegales duró 45 minutos, porque "ni el tipo de robo ni el de detención abarcaron por sí
solos al contenido del injusto".

El concurso será el previsto en el artículo 77 del Código Penal, cuando la


detención sea medio necesaria para cometer el robo o se produzca durante la dinámica
55
comisiva del mismo. Así en los casos de detención para despojar a la víctima de sus
cosas muebles o para asegurar la ejecución del robo o la fuga del culpable (SSTS.
1008/98 de 11 de septiembre, 1620/2001 de 25 de septiembre, 1652/2002 de 9 de
octubre).

A este respecto, debe recordarse que el TS ha apreciado el concurso ideal/medial


de los delitos de detención ilegal y robo en supuestos en los que la privación de libertad
ha durado 15 minutos (STS 1372/2011, de 21 de diciembre); 20 minutos (STS
809/2010, de 29 de septiembre); 20 minutos (STS 372/2010, de 29 de abril); 30 minutos
(STS 609/2013, de 28 de junio); 50 minutos (STS 878/2009, de 7 de septiembre); y una
hora (STS 50/2004, de 30 de junio).

2. DELITO DE DETENCIÓN ILEGAL EN CONCURSO CON EL


DELITO DE AGRESIÓN SEXUAL

El concurso medial parece encontrar su fundamento en la existencia de una


unidad de pensamiento y la voluntad que el Legislador asimila al caso de unidad de
acción, si bien evidentemente no basta tal relación de medio a fin en el propósito del
sujeto activo, pues la Ley exige que sea necesaria, esto es, que no obedezca a una mera
conveniencia o mayor facilidad para cometer el delito, sino que haya una conexión
instrumental de carácter objetivo, situada más allá del mero pensamiento o deseo del
autor de los hechos para entrar en el ámbito de los imprescindible según la forma en que
realmente ocurrieron.

Es decir, como precisa la STS. 1180/93 de 21.5 la dificultad está en determinar


en cada caso si concurre o no la mencionada necesidad concluyendo que para la
existencia de concurso medial no basta el propósito de una relación de medio a fin
existente simplemente en el ánimo del sujeto, sino que entre los diversos medios
constitutivos de diferentes delitos ha de haber una conexión de necesidad de carácter
objetivo a deducir en cada supuesto de los distintos elementos concurrentes en el caso,
de modo tal que pueda decirse que uno de ellos fue imprescindible para la comisión del
otro.

En el mismo sentido, había afirmado la STS. 9.2.90 que para que proceda la
estimación del concurso ideal no basta la preordenación psíquica o sea que la necesidad
ha de ser contemplada en el aspecto objetivo y real, de manera que al aplicar el juicio
hipotético resulte que el segundo delito no se hubiera producido, de no haber realizado
previamente él o los que le hubieran precedido, pues el precepto atiende a la unidad del
hecho en el aspecto ontológico del ser y su causalidad efectiva y no en el orden
teleológico individual. Igual las SSTS. 172/08 de 14.2, 326/98 de 2.3 y 123/03 de 3.2.
56
Admitida la continuidad delictiva, resulta obvio que no puede hablarse de concurso
medial entre la agresión sexual y la detención ilegal pues esta se prodce una vez
concluida la dinámica comisiva de la agresión sexual, esto es una vez terminada la
conducta típica de la violación, nos encontramos ante un concurso real, pues la agresión
sexual concurre con la detención ilegal en lo que esta excede de la violencia o
intimidación necesaria para aquella (SSTS. 19.4.97, 17.1.2001, 11.6.2002), la
autonomía del delito de detención ilegal supone que la privación del derecho
fundamental a la libertad tenga una existencia sustantiva y propia, con independencia de
la propia retención derivada de la agresión sexual.

5. REGLAS PENOLOGICAS EN EL CONCURSO MEDIAL

De conformidad con la Circular 4/2015 de la Fiscalía General del Estado, sobre


la interpretación de la nueva regla penológica prevista para el concurso medial de
delitos, las novedades de la reforma operada por LO 1/2015 se ciñen a los efectos
penológicos de cada modalidad concursal, no afectando al concepto de uno y otro
concurso. El CP se limita a distinguir dos supuestos: cuando un solo hecho constituya
dos o más delitos (concurso ideal), y cuando uno de ellos sea medio necesario para
cometer el otro (concurso medial).

Siguen siendo pues, aplicables, los criterios jurisprudencialmente consolidados


para determinar cuándo nos encontramos ante un concurso medial. Debe partirse de que
en el concurso medial no hay un solo hecho sino dos perfectamente diferenciados, pero
interconectados en una relación teleológica de medio a fin, relación de necesidad que
debe ser entendida en un sentido concreto y taxativo, no bastando el plan subjetivo del
autor sino que será preciso que en el caso concreto un delito no pueda producirse
objetivamente sin otro delito que esté tipificado como tal de forma independiente. La
dificultad para determinar la existencia del concurso medial estriba en dar un concreto
contenido a la expresión "medio necesario" que exige el presupuesto del concurso. Ha
sido la jurisprudencia la que ha ido aquilatando los supuestos.

La voluntad del autor no es suficiente para la configuración de este concurso


ideal impropio, pues el Código exige que la relación entre los delitos sea necesaria, lo
que deja fuera del concurso aquellos supuestos sujetos a la mera voluntad, a la mera
conveniencia o a la mayor facilidad para la comisión del delito, siendo preciso que la
conexión instrumental sea de carácter objetivo, superador del criterio subjetivo, que
entre en el ámbito de lo imprescindible en la forma en que realmente ocurrieron los

57
hechos delictivos concurrentes (SSTS nº 336/2014, de 11 de abril, 504/2003, de 2 de
abril).

Un criterio seguro para la determinación de la "necesidad" es el de comprobar si


en el caso concreto se produce una conexión típica entre los delitos concurrentes. Así,
cuando en la comisión de un delito fin, por ejemplo la estafa, el engaño típico se
materializa a través de otro delito, por ejemplo, falsedades, uso de nombre supuesto,
etc., teniendo en cuenta las exigencias de conexión lógica, temporal y espacial, esa
acción ha de ser tenida por necesaria para la consideración de delito instrumental (STS
nº 504/2003, de 2 de abril). En todo caso el requisito de que el primer delito sea un
medio necesario para cometer otro no significa que deba ser absolutamente
imprescindible para la comisión del segundo.

A efectos de prescripción, debe recordarse que cuando conjuntamente se


enjuician varios delitos se aplica a todos el plazo del más grave (STS nº 1016/2005, de
12 de septiembre, con cita de otras) lo que en numerosas sentencias se ha declarado, en
concreto, respecto del concurso medial.

En los robos y detenciones ilegales “cuando la privación de libertad


deambulatoria de la víctima se ejecuta en el seno de un delito de robo con violencia o
intimidación la regla fundamental para conocer si estamos ante un concurso de normas
(art.8 CP) o de delitos, real (art. 73) o medial (art. 77) ha de ser una valoración jurídica
según la cual, si la sanción por uno de los delitos fuera suficiente para abarcar la total
significación antijurídica del comportamiento punible nos hallaríamos ante un concurso
de normas; y en caso contrario, ante un concurso de delitos, real o ideal (SSTS nº
1372/2011, de 21 de diciembre; 1424/2005, de 5 de diciembre). Si la privación de
libertad es un instrumento necesario y proporcionado para el apoderamiento de la cosa
habrá concurso de normas, con absorción de la detención ilegal por el robo violento; en
caso contrario estaremos en un concurso de delitos (SSTS nº 479/2003, de 31 de marzo;
12/2005, de 20 de enero; 383/2010, de 5 de mayo y 1323/2009, de 30 de diciembre).

Las posibilidades en los robos y detenciones ilegales son, básicamente, tres:

1) Se descarta el concurso de delitos en los supuestos de mínima duración


temporal, en los que el compromiso de la libertad queda ceñido al tiempo y la ocasión
del despojo conforme a la dinámica comisiva empleada. De esta manera, el robo
absorbe (art. 8.3 CP) al posible delito de detención ilegal ya que per se afecta, aun
cuando sea de modo instantáneo, a la libertad ambulatoria del perjudicado (SSTS nº
501/2004 de 14 de abril y 430/2009, de 29 de abril).

2) Habrá concurso medial de delitos cuando la detención sea medio necesario


para cometer el robo y se produzca durante la ejecución de éste, si la privación de
58
libertad por sí misma en su ejecución y circunstancias (inmovilización, encierro,
ataduras etc.) tiene una relevancia tal que rompe la estricta relación de funcionalidad,
afectando de manera autónoma al bien jurídico tutelado por el delito de detención ilegal,
que, por ello, resultaría desprotegido con la sola aplicación del delito contra la
propiedad (vid. en esta línea, STS nº 178/2007, de 7 de marzo, entre muchas).

3) El concurso sería real cuando la privación de libertad tenga lugar después de


cometido el robo o se prolongue de manera gratuita, desde el punto de vista de la
necesidad de asegurar el fin perseguido por este, para el que, por ello, en el exceso o la
prolongación, ya no sería medio (STS nº 273/2003, de 28 de febrero, también entre
muchas otras).

Es obvio que para la detención ilegal no es precisa, en sentido objetivo, la


causación de lesiones físicas, por lo que su concurrencia será de acuerdo a las normas
del concurso real (STS nº 590/2004, de 6 de mayo).

En cuanto a las agresiones sexuales y detenciones ilegales “cuando la privación


de libertad de la víctima no está completamente desvinculada del ilícito acto (de
agresión sexual), ni se desarrolla durante el tiempo estrictamente imprescindible del
episodio central del delito (de agresión sexual),- aunque no pierda su relación con la
actividad atentatoria a la libertad sexual-, la privación de libertad de la víctima alcanza
entidad propia y es penalmente reprochable por sí misma, aunque por el contexto en que
se desarrolla ha de considerarse como un medio para alcanzar el objetivo pretendido por
los autores, de suerte que deberá ser contemplada como un instrumento al servicio del
proyecto perseguido. Dicho en otras palabras, se trataría de un delito cometido como
medio necesario para cometer el principal perseguido por los autores, por lo que
estaríamos ante un concurso medial o instrumental contemplado en el art. 77 CP”
(SSTS nº 48/2012, de 1 de febrero, 1024/2011, de 11 de octubre, 1250/2009, de 10 de
febrero).

La STS nº 1302/2011, de 29 de noviembre, considera que el allanamiento previo


a la violación está en relación instrumental y aprecia concurso medial entre ambos.

La LO 1/2015 modifica el art. 77.3 y establece la nueva penalidad del concurso


medial.

Se establece literalmente que se impondrá una pena superior a la que habría


correspondido, en el caso concreto, por la infracción más grave, y que no podrá exceder
de la suma de las penas concretas que hubieran sido impuestas separadamente por cada
uno de los delitos. Dentro de estos límites, el juez o tribunal individualizará la pena
conforme a los criterios expresados en el artículo 66. En todo caso, la pena impuesta no
podrá exceder del límite de duración previsto en el artículo anterior.

59
El Legislador de 2015 opta por diseñar un sistema para determinar la pena
aplicable al concurso medial que pivota en torno a una pena híbrida que se forma con
las penas de las infracciones concurrentes, con unos límites cuantitativos comprendidos
entre un mínimo (la prevista para el delito más grave, umbral que habrá de ser excedido
en la concreción final) y un máximo (la suma de las penas concretas que se hubieran
impuesto a los delitos de haberse castigado por separado, límite que no podrá ser
sobrepasado). Una vez establecido el mínimo y el máximo, este marco cuantitativo
constituirá una nueva pena, a la que habrán de aplicarse los criterios del art. 66, como
mecanismo final de individualización a fin de abarcar el desvalor total del complejo
concursal.

Se debe entender que la pena superior implica una pena más elevada a la
representada por la pena concreta imponible para el delito más grave, pero dentro del
mismo marco penal.

La primera operación es la de seleccionar la infracción más grave, que será


aquella que lleve aparejada una pena más grave, conforme al art. 33 CP. En el caso de
que todas las penas sean de igual gravedad, cabe optar por cualquiera de ellas. Para
determinar cuál de los delitos es “la infracción más grave”, habrá de tenerse en cuenta el
grado de ejecución y la participación (arts. 62 y 63 CP), en cuanto constituyen -según
cualificada doctrina- formas de tipicidad autónomas que el Código Penal incorpora a su
Parte General por razones sistemáticas, así como las eximentes incompletas (art. 68
CP), y el error de prohibición vencible (art. 14.3 CP), en cuanto constituyen institutos
con eficacia limitadora del marco penal aplicable al delito.

Dentro de este marco, la tarea de concreción de la pena se completará mediante


la aplicación de todas las reglas del art. 66 CP concernientes al juego de las
circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal de naturaleza común. En
todo este trabajo de individualización de la pena se atenderá exclusivamente a las
circunstancias concurrentes en el delito más grave, sin entrar a valorar, de momento, las
circunstancias subjetivas y objetivas que acompañaron a la comisión del otro delito en
concurso.

La pena resultante para la infracción más grave, en su concreta expresión, es la


que va a delimitar el umbral de esa pena única que el precepto analizado destina a
abarcar el completo desvalor de los delitos concurrentes.

Definido el umbral de la sanción aplicable al conjunto de las infracciones, el


techo o límite superior vendrá dado por la adición de las penas concretamente
imponibles a cada delito concurrente, tras haberse apreciado en cada uno de ellos las
circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal respectivamente aplicables.

60
Determinados ya techo y suelo, el siguiente paso previsto en la norma es la
individualización final de la pena “dentro de estos límites” y “conforme a los criterios
expresados en el artículo 66” según su tenor literal. El mandato de operar dentro de los
límites les confiere un carácter infranqueable, lo que permite afinar el sentido que ha de
otorgarse al segundo inciso, que no alude a las “reglas” del artículo 66, sino a sus
criterios o fórmulas de moderación equitativa. En esta segunda fase, se ponderarán de
modo conjunto las circunstancias concurrentes en ambos delitos para delimitar la pena
que habrá de abarcar el desvalor de ambas conductas, aunque sin posibilidad de
traspasar, sea por elevación, sea por degradación, los límites definidos por la previa
aplicación de las reglas de los arts. 61 a 72 CP a las infracciones en concurso.

La concreta pena final imponible al concurso medial habrá de ser


necesariamente una pena más elevada a la que concretamente correspondería al delito
más grave, pero nunca superior a la suma de las penas imponibles a cada uno de los
delitos concurrentes. Este incremento punitivo habrá de definirse, respetando el
principio de proporcionalidad, valorando la entidad y las circunstancias concurrentes en
ambos delitos de modo que se abarque el desvalor de los delitos en concurso, pero sin
sujeción a las reglas del art. 66 CP, cuya operatividad ya se ha agotado en la concreción
de las penas imponibles a todos los delitos concurrentes.

Habrán pues de ponderarse exclusivamente en la concreción final de la pena los


criterios del art. 66.1.6ª (circunstancias personales del delincuente y mayor o menor
gravedad de los hechos), por lo que no será preciso delimitar una mitad inferior y una
mitad superior En esta última operación individualizadora habría de ser valorada en
conjunto la entidad jurídico penal de los hechos, tratando de dar respuesta al total
desvalor del complejo concursal.

Siempre habrá de operarse con tres límites:

1) la pena final habrá de ser superior a la concretamente imponible para el delito


más grave.

2) la pena final no podrá superar la suma de las penas concretas que hubieran
sido impuestas separadamente por cada uno de los delitos.

3) la pena final no podrá exceder del límite de duración previsto en el art. 76.

Cuando las penas imponibles por los delitos que integren el concurso medial
sean penas heterogéneas (un delito sancionado con prisión y el otro con multa) el tope
mínimo se cifrará en la pena concreta que correspondería al delito sancionado con
prisión y el tope máximo se integraría por las penas concretas que corresponderían al
delito sancionado con prisión y al delito sancionado con multa.

61
Un ejemplo puede ilustrar las operaciones a realizar: si se trata de una acusación
por robo con intimidación (art. 242 CP, pena de dos a cinco años) en el que concurre la
atenuante de reparación del daño, en concurso medial con una detención ilegal (art. 163
CP, pena de cuatro a seis años), en la que concurre la agravante de reincidencia, ambos
delitos consumados y en concepto de autor, las operaciones a realizar serían las
siguientes:

Determinación de la pena imponible al delito más grave: sería el de detención


ilegal en el que concurre reincidencia: se impondría la mitad superior, y por tanto, la
pena de cinco años y un día, por ejemplo.

Determinación de la pena imponible al delito menos grave: robo con


intimidación concurriendo una atenuante: se impondría, por ejemplo, (partiendo de que
en el caso concreto no concurre ningún factor que justifique una mayor punición) el
mínimo de la mitad inferior: pena de dos años de prisión.

Determinación del tope máximo imponible: suma de las penas concretas


imponibles a los delitos concurrentes: siete años y un día de prisión.

Por tanto, dentro de la horquilla que va desde los cinco años y un día (umbral
que ha de ser excedido) a los siete años y un día de prisión (límite que no podrá ser
sobrepasado), habrá de concretarse la pena finalmente individualizada. Dentro de este
marco abstracto y para llevar a cabo la individualización final habrían de aplicarse los
criterios del art. 66.1.6º CP, teniendo en cuenta la gravedad de ambos hechos y las
circunstancias del autor y, consecuentemente, podría aplicarse, por ejemplo, la pena de
cinco años y seis meses de prisión.

Pese a lo que parece ser la voluntas legislatoris, es lo cierto que con este nuevo
sistema en ocasiones los hechos pueden ser sancionados con una pena inferior a la que
correspondería conforme a la regla penológica prevista para el concurso ideal.

En realidad, el nuevo sistema vendría a otorgar mayores márgenes de


discrecionalidad al Juzgador a la hora de concretar la pena imponible en supuestos de
concurso medial, pero siempre con dos límites: la pena resultante nunca puede ser igual
o inferior a la pena concreta imponible por el delito más grave (lo que viene impuesto
por la naturaleza de las cosas pues en otro caso, el concurso medial podría penarse con
pena inferior a la que correspondería si sólo se hubiera cometido un delito) y nunca
puede ser superior a la que se impondría castigando los hechos por separado (lo que
igualmente viene impuesto por el propio reconocimiento del concurso medial como
supuesto singular y privilegiado respecto del concurso real).

En relación con el concurso medial, las novedades de la reforma operada por LO


1/2015 se ciñen a sus efectos penológicos, no quedando afectado su concepto. Siguen

62
siendo pues, aplicables, los criterios jurisprudencialmente consolidados para determinar
cuándo nos encontramos ante esta modalidad de concurso.

El art. 77.3 CP no remite a la pena superior en grado, sino a “una pena superior a
la que habría correspondido”. Esta pena superior implica una pena más elevada a la
representada por la pena concreta imponible para el delito más grave, sin que en ningún
caso pueda exceder de la suma de las penas concretas imponibles por los delitos en
concurso.

La reforma operada por LO 1/2015 sanciona el concurso medial con una pena
híbrida o pena síntesis que se forma con las penas de las infracciones concurrentes, con
unos límites cuantitativos comprendidos entre un mínimo (la pena concreta que se
impondría al delito más grave) y un máximo (la suma de las penas concretas que se
impondrían a los delitos para el caso de que se castigaran por separado). Para
individualizar dentro de los límites de esta pena síntesis la concreta pena imponible
habrán de aplicarse los criterios del art. 66.1.6ª CP (circunstancias personales del
delincuente y mayor o menor gravedad del hecho). Esta individualización final debe
estar orientada hacia la traducción penológica del desvalor total del complejo delictivo.
La pena final habrá de ser siempre superior en al menos un día a la concretamente
imponible al delito más grave.

En la operación de individualización final no se han de aplicar las reglas del art.


66 CP, cuya funcionalidad ya se ha agotado en la construcción de los límites mínimo y
máximo de la pena síntesis.

Nunca podrá imponerse una pena igual o inferior a la pena mínima imponible al
delito más grave.

6. LA JURISPRUDENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO

I. JURISPRUDENCIA REFERENTE AL CÓDIGO PENAL DE 1870

1-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 26 DE DICIEMBRE DE


1870

POR INFRACCIÓN DE LEY.

63
Detención ilegal. Sentencia de 26 de Diciembre de 1870, declarando no haber
lugar al recurso de casación interpuesto por José Miramontes Fabián contra la sentencia
pronunciada por la Sala tercera de la Audiencia de la Coruña, en causa seguida al
mismo por el mencionado delito de detención ilegal. En sus considerandos se establece:

Que el hecho de proceder al arresto de una persona para presentarla a la


Autoridad, sin que por aquella se diere motivo para ello, constituye un delito previsto
por el Código penal, de detención ilegal.

En la villa y Corte de Madrid, a 26 de Diciembre de 1870, en el recurso de


casación por infracción de ley que ante Nos pende, interpuesto por José Miramontes
Fabián contra la sentencia pronunciada por la Sala tercera de la Audiencia de la Coruña,
en causa seguida al mismo en el Juzgado de primera instancia de Betanzos, por
detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que habiendo ido el Cura párroco de Santa Marta de Babio y su


unido de Santa Marina de Rois a la iglesia de este último punto al anochecer del día 5
de Setiembre de 1869, acompañado de Jacinto Salorio, Ángel Pérez y José María Naya,
con el fin de ver si había alguna novedad en ella y de renovar el aceite de la lámpara, al
salir de dicha iglesia se presentó en el atrio de la misma José Miramontes, el cual, en
concepto de Jefe o cabo de ronda, preguntó al Párroco a qué había ido allí, pues no
podía entrar a aquella hora; y habiéndole contestado el Cura que usara de su derecho, y
bajándose del atrio para montar en su caballería y marcharse, muchos de los vecinos que
obedecían al Miramontes, entre ellos mujeres y niños, procuraron impedírselo, aunque
sin conseguirlo, persiguiendo a sus acompañantes Jacinto Salorio y José María Naya, y
deteniendo arrestado hasta la mañana siguiente para presentarle a la Autoridad a Ángel
Pertz, que se quedó cuidando de la caballería a la puerta de la iglesia mientras
estuvieron en ella el Cura y sus otros dos acompañantes: Resultando que el hecho de la
detención consta en el parte del Celador José Fernández al Alcalde del distrito, en las
declaraciones de los testigos del sumario y en la indagatoria de José Miramontes, en la
cual lo confesó: Resultando que si bien el José Miramontes había sido electo cabo de
ronda de la parroquia, y le tocaba su servicio todos los domingos, las rondas, según
declaración del Alcalde del distrito, habían cesado con bastante anterioridad al 5 de
Setiembre de 1869, sin que conste que se hubiese comunicado esta orden de cesación al
Miramontes: Resultando que seguida la causa por todos sus trámites, dictó sentencia el
Juez de primera instancia, que revocó la Sala expresada, condenando a José Miramontes
a la pena de diez días de arresto menor y multa de 120 pesetas, y a la cuarta parle de

64
costas y gastos del juicio y prisión subsidiaria, caso de insolvencia por la multa:
Resultando que contra esta sentencia interpuso el procesado en tiempo y forma recurso
de casación por infracción de ley, fundándolo en los párrafos primero y cuarto del art.
4.° de la ley provisional sobre el establecimiento del recurso de casación en los juicios
criminales, puesto que la detención del Ángel Pérez no la había verificado el mismo
Miramontes, sino los que le acompañaban; y si estos lo hicieron por su orden, es forzoso
convenir que Miramontes obraba como agente de la Autoridad, deteniendo a un
individuo sospechoso para presentarlo a la misma, según las facultades y deberes
inherentes a su cargo; infringiéndose, por tanto, al penarle, el art. 407 del Código penal
antiguo, sustituido por el 497 del nuevo, toda vez que el capítulo de detenciones
ilegales, tanto en uno como en otro Código, se refiere a las llevadas a cabo por
particulares, y no califica ni puede calificar como tales detenciones ilegales las que por
sospechas fundadas verifiquen los agentes de la Autoridad, en uso de sus atribuciones y
en cumplimiento de sus deberes, supuesto que estas no constituyen delito: Resultando
que admitido el recurso por la Sala segunda de este Tribunal Supremo, se pasó a esta
tercera, donde ha sido sustanciado en forma.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que de los hechos consignados por la Sala tercera de la Audiencia


de la Coruña y admitidos como probados resulta que José Miramontes Fabián procedió
al arresto del Ángel Pérez para presentarlo a la Autoridad, sin que por éste se diese
motivo para ello, y que tanto en el caso de que Miramontes fuese a la sazón cabo de
ronda o no lo fuese, dicho acto infundado constituye de todas maneras un delito previsto
por el Código penal: Considerando que también de los hechos consignados y admitidos
en la sentencia aparece que, aunque Miramontes había sido cabo de ronda, estas habían
cesado con bastante anterioridad a la fecha en que se verificó la detención que ha dado
lugar a este procedimiento, si bien no se le hubiese comunicado a aquel, razón por la
cual, siendo para la Sala sentenciadora un precedente admitido y constante en mérito de
lo manifestado por el Alcalde del distrito, que no tenía en aquel momento delegación de
la Autoridad, no podían serle aplicables las penas más graves que se imponen por el
mismo delito a los que tienen dicho carácter.

Considerando que, por consiguiente, este recurso no se encuentra comprendido


en los casos 1° y 4° de la ley provisional sobre recursos de casación en los juicios
criminales de 18 de Junio último; Fallo: Fallamos, que debemos declarar y declaramos
no haber lugar al recurso de casación interpuesto por José Miramontes Fabián.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación interpuesto por José Miramontes Fabián, al que condenamos en las costas; y

65
remítase certificación de esta sentencia a la Audiencia de la Coruña para los efectos
consiguientes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicara en la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, pasándose al efecto las copias necesarias, lo
pronunciamos, mancamos y firmamos.

2-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 13 DE NOVIEMBRE


DE 1871

ADMISIÓN.SALA SEGUNDA

Detención ilegal. Sentencia de 13 de Noviembre de 1871, declarando no


haber lugar a la admisión del recurso de casación interpuesto por D. Eugenio Barcenilla
y D. Francisco Bañuelos contra la pronunciada en 3 de Julio del propio año por la
Audiencia de Burgos.

El Tribunal Supremo tiene que aceptar los hechos como consten


consignados en la sentencia de que se trata con sujeción el artículo 7.°de la ley de 18 de
Junio de 1870.

En la villa y Corte de Madrid, a 13 de Noviembre de 1871, en et expediente


núm. 946, pendiente ante Nos, sobre admisión del recurso de casación propuesto por
Francisco Bañuelos y Bañuelos y D. Eugenio Barcenilla.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que el Alcalde de Bañuelos D. Eugenio Barcenilla, sin más motivo


que haber visto al Párroco del mismo pueblo D. Ignacio Marlasca dirigirse el 16 de
Marzo último a la iglesia parroquial por caminos extraviados para decir misa, dio orden,
que ejecutó el Síndico D. Francisco Bañuelos, para que en cuanto acabase de celebrar
fuese detenido y llevado en este concepto a casa de un vecino, desdé donde se trasladó
al día siguiente por una pareja de la Guardia civil a la cabeza del partido, a disposición
del Juez de primera instancia, bajo el pretexto de que había desacatado a la autoridad del
Alcalde al comunicarle la orden Resultando que no consta el acto de desacato que se le
atribuye, ni que se dictare auto motivado de detención, pues no se instruyeron las
diligencias convenientes. Resultando que la Audiencia de Burgos, a donde se remitió la
causa en consulta, por sentencia de 3 de Julio último declaró que los hechos probados,
como lo estaban, constituían el delito de detención, ilegal, del que eran responsables el
Alcalde Barcenilla y el Regidor Síndico Bañuelos: vistos el art. 2. de la Constitución
política de 1869; el 11, 18, 23, 28, 64, 82, regla 1, y 210 del Código penal reformado,
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más favorable en este caso que el de 1850, y el 12 de la ley sobre reforma del
procedimiento, los condenó en 12 pesetas de multa a cada uno, con las costas
Resultando que contra esta sentencia se ha interpuesto recurso de casación por
infracción de ley, apoyado en los artículos 2.° 3.° y í.°, y números primeros de cada uno,
citando como infringidos el 295 del Código antiguo, vigente cuando tuvo lugar la
comisión del delito, porque el Alcalde, ya como Autoridad administrativa, ya como
judicial, pudo mandar detener al Párroco y ponerle a disposición del Juez de primera
instancia si entendió que había cometido el delito de desacato; el 210 del reformado,
puesto que, según la letra de este artículo, sólo hay responsabilidad cuando las
detenciones acordadas y llevadas a cabo lo son por motivos que no constituyen delito, y
precisamente por causa de él detenido el Párroco; y que con arreglo a la jurisprudencia y
doctrina legal no se considera que hay detención ilegal en aquella que el detenido es
puesto a disposición del Juez competente dentro de las veinte y cuatro horas: que el
Alcalde mandó detenerle momentáneamente para enterarse de si tenía alzada la
detención que había estado sufriendo en la cabeza del partido, pues era de su deber
averiguar lo que hubiere sobre el particular, y le puso en seguida a disposición del Juez
de primera instancia por haberle desacatado.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que este Tribunal Supremo tiene que aceptar los hechos como
vengan consignados en la sentencia de cuya casación se trate, con sujeción al art. 7° de
la ley de 18 de Junio de 1870. Considerando que la alegación del recurrente acerca del
delito de desacato que se supone cometido por el Párroco Marlasca contra la Autoridad
del Alcalde, está en contradicción con los hechos consignados en la sentencia; pues se
establece en ellos que no consta el acto constitutivo del delito que en este sentido se le
atribuye, y por consiguiente que no hay motivo fundado paradla admisión del presento
recurso.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar á la del interpuesto


por D. Eugenio Barcenilla y D. Francisco Bañuelos, a quienes condenamos en las
costas; y comuníquese ésta decisión al Tribunal sentenciador á los efectos
correspondientes.

Así por esta sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e insertará en la


Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

3-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 5 DE MARZO DE 1873

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ADMISIÓN. SALA SEGUNDA.

Detención ilegal. Sentencia de 5 de Marzo, declarando no haber lugar a la


admisión del recurso de casación interpuesto por Feliciano Cuenca y Gomicias y sus
hijos Francisco y José Cuenca y Vilches contra la pronunciada por la Sala de lo criminal
de la Audiencia de Valencia, en causa seguida a los mismos por el mencionado delito.

En sus considerandos se establece:

Que conforme a lo prescrito terminantemente en el art. 7." de la ley de casación


de 18 de Junio de 1870, el Tribunal Supremo tiene que aceptar los hechos cerno estén
consignados en la sentencia, y en ellos han de fundarse las infracciones que con arreglo
al art. 4º se aleguen.

En la villa y Corte de Madrid, a 5 de Marzo de 1873, en el expediente núm.


2.235, pendiente ante Nos, sobre admisión del recurso de casación interpuesto por
Feliciano Cuenca y Gomicias y sus hijos José y Francisco Cuenca Vilches

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que éstos en la tarde del 23 de Diciembre de 1871, hicieron entrar al


niño D. Andrés Lapeire, de doce años, en casa de los mismos en Gandía con el pretexto
de enseñarle una zambomba y en ella se apoderaron del niño con el propósito de exigir
rescate a su padre; verificando la detención los hermanos Florencio y Victoriano
Alberola, quienes le condujeron en una caballería a una cueva situada en el barranco de
Paomar, término de Tabernas de Valdignas, donde permaneció algunas horas custodiado
por Mariano Grau; pero como el niño detenido no oyera las voces de los que le
guardaban, porque según manifestación del Grauabandonó espontáneamente, supuesto
así que le fue posible, y sé salió aquel corriendo a la ventura, encontrando la carretera y
el tranvía, regresando a casa de su padre en las primeras horas de la mañana siguiente.

Resultando que la Sala de lo criminal de la Audiencia de Valencia, por sentencia


de 4 de Diciembre de 1872, declaró que los hechos probados constituían el delito de
detención ilegal de D. Andrés Lapeire con privación de su libertad por algunas horas, la
que recobró sin intervención de los criminales, habiendo tenido en el mismo la
participación de autores los procesados Feliciano, José y Francisco Cuenca, con las
circunstancias agravantes de haber obrado con premeditación conocida, astucia y abuso
de superioridad, y sin ninguna atenuante; y con arreglo a los artículos 495, circunstancia
7, 8.a y 9.a del 10, regla 3a del 82 y demás concordantes del Código penal, les condenó
en doce años de prisión mayor y accesorias correspondientes.

Resultando que a nombre de dichos tres procesados se ha interpuesto recurso de


casación contra la sentencia que antecede apoyado en los núm. 3.°, 4.° y 5.° del art. 4.°
de la ley sobre su establecimiento en lo criminal, y citando como infringidos en primer
68
lugar el art. 495 del Código, porque la detención del niño Lapeire no llegó con mucho á
tres días, y si recobró la libertad fue porque en cierto sentido se la devolvieron los
mismos procesados en el hecho de abandonar espontáneamente su custodia; también
supusieron infringidos el art. 10 en sus circunstancias 7.a, 8.a y 9.a, y el 79 del citado
Código, porque de los hechos probados no se deducía la existencia de premeditación
conocida, y sí sólo de que se tenía proyectado hacia algún tiempo llevar a cabo la
detención del indicado Lapeire, ni tampoco la de astucia, pues únicamente se valieron
los recurrentes de un pretexto o simple engaño para atraer al detenido a su casa, lo que
por otra parte era absolutamente preciso; y tan inherente al delito que sin ello no hubiera
podido cometerse, ni tampoco la de abuso de superioridad, porque nada ejecutaron los
procesados prevaliéndose de ella, ya que la detención no fue violenta, sino que se
ejecutó con artificio, excluyendo dicha circunstancia la de astucia, y por último,
consideraron también infringidos el art. 9.°, circunstancia 8.a, por no haberse apreciado
como atenuantes análogas la buena conducta anterior de los procesados, su espontánea
confesión, y el ningún mal producido por el delito.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que conforme a lo prescrito terminantemente en el art. 7.° de la


ley de casación de 18 de Junio de 1870, este Tribunal Supremo tiene que aceptar los
hechos como vengan consignados en la sentencia, y en ellos han de fundarse las
infracciones que con arreglo al art. 4.° se aleguen: 2.° Considerando que las alegadas en
el presente recurso no se fundan en los hechos que se han aceptado y admitido como
probados en la sentencia, antes al contrario, están en oposición con ellos, siendo sólo
apreciaciones gratuitas las que se hacen para deducir dichas infracciones, puesto que si
el joven Andrés Lapeire se fugó de la cueva donde le habían lie vado, no fue por la
voluntad de sus agresores.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar a la admisión del


recurso propuesto á nombre de Feliciano Cuenca y Gomicias, y sus hijos Francisco y
José Cuenca y Vilches, y los condenamos en las costas; comuníquese esta resolución a
la Sala sentenciadora a los efectos oportunos.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

4-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 29 DE MAYO DE 1874

69
CASACIÓN.

Detención ilegal. Sentencia de 29 de Mayo, declarando no haber lugar al recurso


de casación interpuesto por Baldomero Chave y Vega contra la pronunciada por la Sala
de lo criminal de la Audiencia de Oviedo, en causa seguida al mismo por el mencionado
delito.

En sus considerandos se establecerán el Tribunal Supremo tiene que aceptar los


hechos como estén admitidos por la Sala sentenciadora en la sentencia de cuya casación
se trate.

En la villa y Corte de Madrid, a 29 de Mayo de 1874, en el recurso, de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por Baldomero Chave y Vega
contra la sentencia de la Sala de lo criminal de la Audiencia de Oviedo, en causa
seguida al mismo en el Juzgado de primera instancia de Lena) por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que en la noche del 5 de Mayo de 1873 Baldomero Chave y Vega,


cabo de Voluntarios movilizados del destacamento situado en Pola de Lena, se retiró a
su alojamiento en la casa de Doña Rosa Escalada; y como tardaran en bajar a abrir la
puerta de la calle, comenzó a golpearla con la culata del fusil que llevaba hasta el punto
de abrirla, causando, en ella un daño que se reguló en 4 pesetas 50 céntimos: que
entrando en el mismo cuarto donde la Doña Rosa dormía, la hizo levantar de la cama,
conduciéndola contra su voluntad a la cárcel de la villa, acompañándola su criada y sus
dos hijos pequeños, pretendiendo del Alcaide la encerrase, a lo que éste se negó,
sentándose la Doña Rosa en la escalera, acometiéndola un desmayo, consintiendo al fin
Chave, después de pasado un poco tiempo, que aquella volviese a su morada:
Resultando que la Sala, declarando que el hecho constituía el delito de detención ilegal,
del que era autor Baldomero Chave y Vega, condenó a éste en la pena de veintiún meses
de prisión correccional, con su accesoria, multa de 125 pesetas y pago de costas:
Resultando que contra esta sentencia interpuso el procesado recurso de casación por
infracción de ley, que fundó en los párrafos tercero y quinto del art. 798 de la Ley de
Enjuiciamiento criminal, citando como infringidos: 1.° El párrafo segundo del art. 3.°
del Código penal, pues el hecho debió calificarse de delito frustrado y no de delito
consumado, como lo ha hecho la Sala sentenciadora, toda vez que el procesado no dio
principio al acto de la detención, y esta no puede existir sin la privación, siquiera sea
momentánea, de la libertad de la persona detenida.

Los artículos 66 y 81 en su regla 3.", porque no existiendo ninguna circunstancia


agravante y sí la muy atenuante de haber obrado el procesado a impulsos de la
incomodidad que le produjo el llegar a su alojamiento lleno de cansancio y fatiga y no

70
encontrar quien le abriese la puerta, ha debido rebajarse la pena, según disponen los
referidos artículos.

FUNDAMENTOS DE DRECHO

Considerando que de los datos consignados y admitidos como probados resulta


que en la noche del 5 al 6 de Mayo de 1873, y en hora bastante avanzada de ella, se
presentó el procesado en la casa de Doña Rosa Escalada, la hizo levantar de la cama y a
la fuerza la condujo a la cárcel, pretendiendo del Alcaide la encerrase; y negándose éste
a ello, pasado un poco tiempo regresó la Doña Rosa a su morada. Considerando, en
virtud de lo expuesto, que por el hecho de haber sido conducida a la fuerza la Doña
Rosa, detenida y privada de su libertad, aunque fuese por pocos momentos, se cometió
por el procesado el delito consumado de detención ilegal, practicado por un particular y
comprendido en el art. 495 del Código, penado en el párrafo tercero del mismo por
concurrir todas las condiciones y circunstancias que en él se exigen. Considerando que
de los mismos datos consignados no se desprende la circunstancia atenuante 7.a del art.
9.° del expresado Código, como así se ha apreciado en la sentencia. Considerando que
al calificar la Sala sentenciadora el hecho de autos como delito consumado de detención
ilegal, realizada por un particular, no ha cometido error de derecho ni ha infringido los
artículos citados en la defensa.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación que contra la sentencia dictada en 12 de Noviembre de 1873 por la Sala de lo
criminal de la Audiencia de Oviedo interpuso Baldomero Chave y Vega, a quien
condenamos en las costas: remítase la certificación correspondiente a la expresada Sala
por el conducto prevenido.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará én la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, pasándose al efecto las copias necesarias, lo
pronunciamos, mandamos y firmamos.

5-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 15 DE MARZO DE 1877

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY.-SALA SEGUNDA

Detención ilegal. Sentencia de 15 de Marzo, declarando no haber lugar al


recurso de casación interpuesto por D. Nicanor Gaian y Prats contra la pronunciada por
la Sala de lo criminal de la Audiencia de Cáceres, en causa seguida al mismo por el
mencionado delito.
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En sus considerandos se establece:

Que según el núm. 1.° del art. 798 de la Ley de Enjuiciamiento criminal, se
infringe la ley cuando los hechos que en la sentencia se declaren probados sean
calificados y penados como delitos, no siéndolo por su propia naturaleza o por
circunstancias posteriores que impidan penarlos.

En la villa y Corte de Madrid, a 15 de Marzo de 1877, en el recurso de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. Nicanor Galán y Prats
contra la sentencia que dictó la Sala de lo criminal de la Audiencia de Cáceres, en causa
seguida en el Juzgado de Fregenal de la Sierra, por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

que por ausencia legítima del Promotor fiscal de dicho Juzgado se ofició al
sustituto D. Bartolomé Claros, en 28 de Octubre de 1873 para que durante aquella se
encargase de la Promotoría, lo cual se puso en conocimiento oportunamente del Fiscal
de la Audiencia, y habiendo regresado el propietario en 29 sin que se pudiese encargar
todavía por motivos de salud del despacho de los negocios, al trasladarse en 31 el
suplente desde Higuera la Real a la cabeza de partido a resignar el cargo en manos del
propietario, fue sorprendido en el camino por dos Agentes de la Autoridad local, los
cuales le exigieron la presentación de la cédula de vecindad; y como contestase que no
la llevaba porque aún no se habían empezado a repartir en el pueblo de su domicilio, le
condujeron a la cárcel de orden del Alcalde D. Nicanor Galán, en clase de detenido,
donde permaneció hasta el anochecer de aquel día, en que fue puesto en libertad.
Resultando que formada causa contra el citado Alcalde a consecuencia de este hecho,
manifestó en su declaración de inquirir que el Jefe de los municipales comunicó la
orden del Gobierno de la República de detener a cuantos sé encontrasen desprovistos de
cédulas de empadronamiento fuera del término de su respectiva residencia o vecindad,
ignorando cuando se procedió a la de D. Bartolomé Claros que estuviera desempeñando
las funciones de Promotor fiscal sustituto, lo cual tampoco le eximia de ir provisto del
mencionado documento. Resultando que después de haberse hecho constar en la causa
que en la época en que tuvo efecto la mencionada detención se encontraban en suspenso
las garantías constitucionales, calificó la Sala este hecho del delito de detención
arbitraria, comprendido en el art. 210 del Código, y condenó a su autor Galán a 600
pesetas de multa y parte de las costas. Resultando que contra esta sentencia se ha
interpuesto a nombre del mencionado Alcalde recurso de casación por infracción de ley,
que se fundó en el núm. 1.° del art. 798 de la de Enjuiciamiento criminal, designando
como infringidos: El 8 El 1.° del Código penal, porque no fue la intención del recurrente
cometer el delito de detención arbitraria.

72
El 210 del mismo, porque no reunía el hecho las condiciones indispensables que
dicho artículo establece.

El 8.° en su circunstancia 11, porque habiendo obrado en virtud de obediencia


debida, debió ser declarado exento de responsabilidad.

La doctrina de que, suspensas como estaban las garantías constitucionales, pudo


la Autoridad gobernativa por razones de orden realizar lícitamente la detención; cuyo
recurso fue admitido.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que según el núm. 1.° del art. 798 de la Ley de Enjuiciamiento criminal,
se infringe la ley cuando los hechos que en la sentencia se declaren probados sean
calificados y penados como delitos o faltas, no siéndolo por su propia naturaleza o por
circunstancias posteriores que impidieren penarlos. Considerando que una vez admitido
como probado por la Sala sentenciadora que la detención de D. Bartolomé Claros,
consentida y autorizada por el Alcalde D. Nicanor Galán, no se llevó a efecto por razón
de delito que aquel hubiese cometido, ni por razón de orden público en el verdadero
sentido de la frase, sino por una falta, como la de la cédula personal, subsanable con la
sanción penal que le es respectiva, y con la garantía que a la persona de Claros prestaba
desde luego su carácter de Promotor fiscal sustituto del Juzgado en cuya capital
funcionaba el mencionado Alcalde y se llevó a efecto la detención. Considerando que
con estas circunstancias ésta no puede menos de considerarse ilegal al tenor de los
artículos 210 y 1. del Código penal, no infringidos por consiguiente, y sí rectamente
aplicados por la Sala sentenciadora. Considerando que tampoco existe la infracción del
art. 8. en su núm. 11, porque la existencia del delito y delincuencia ya reconocidas del
Alcalde D. Nicanor Galán excluyen el contrario concepto de que obrase de otro modo
que infringiendo el deber y con notorio abuso el ejercicio de su cargo. Considerando en
su virtud que no autoriza este recurso el número 1° del art. 798 ya citado por la
infracción de la ley penal en los artículos que se invocan por el recurrente.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación por infracción de ley interpuesto por D. Nicanor Galán y Prats, al que
condenamos en las costas y al abono, si llegare á mejor fortuna, de 125 pesetas por
razón del depósito que ha debido constituir; y comuníquese al Tribunal sentenciador, a
los efectos correspondientes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.
73
6-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 21 DE NOVIEMBRE
DE 1877

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. -SALA SEGUNDA

Detención ilegal.-Sentencia de 21 de Noviembre, declarando no haber lugar al


recurso de casación interpuesto por D. Gabino Cámara y Torres contra la pronunciada
por la Sala de lo criminal de la Audiencia de Valladolid, en causa seguida al mismo por
el delito mencionado.

En sus considerandos se establece:

Que conforme al caso 1.° del art. 798 de la Ley de Enjuiciamiento criminal, se
infringe la ley cuando los hechos que en la sentencia se declaren probados sean
calificados y penados como delitos o faltas, no siéndolo por su propia naturaleza o por
circunstancias posteriores que impidieren penarlos.

En la villa y Corte de Madrid, a 21 de Noviembre de 1877, en el recurso de


casación por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. Gabino Cámara y
Torres contra la sentencia que dictó la Sala de lo criminal de la Audiencia de Valladolid,
en causa seguida en el Juzgado de Sahagun, por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que D. Gabino Cámara, Comisionado ejecutor de apremio nombrado


por el Alcalde de Cea para la cobranza de las contribuciones municipales de aquel
pueblo, embargó al deudor en dicho concepto Manuel Moran varios bienes, entre ellos
dos carrales que, aunque tenía Moran en su poder, pertenecían a Manuel Moral y
Alejandro Fernández: que anunciado el remate de estos efectos para el 19 de Agosto de
1875, presentáronse los tres expresados en la Casa Ayuntamiento, en donde se
encontraba en una de sus habitaciones dicho Comisionado con dos Guardias civiles que
lo auxiliaban en el desempeño de su cometido, y en otra el Juez municipal con el
Secretario dedicados a asuntos judiciales; y Moral y Fernández reclamaron al referido
Comisionado sus carrales, el cual contestó que los pidiesen por escrito; y entonces dijo
Moran que el Comisionado ejecutor no sabía lo que se hacía, pues por haber embargado
cosas que no eran suyas resultaban aquellos inconvenientes; con cuyo motivo ordenó el
ejecutor a los guardias que por su cuenta y riesgo arrestaran al Moran, el cual, después
de haber asistido a petición del Juez municipal a un juicio de faltas en que era actor, fue
conducido a la cárcel, donde permaneció ocho días hasta que fue puesto en libertad:
Resultando "que á virtud de denuncia del Moran se formó causa por detención arbitraría
contra el ejecutor Cámara, en la cual dictó sentencia la Sala de la Audiencia declarando
que el hecho referido constituía el delito de detención arbitraria o ilegal, ejecutado por
74
funcionario público, verificada, no por razón de delito, que duró más de tres días y no
llegó a quince, sin circunstancias apreciables; y condenó a Cámara a un año y seis
meses de suspensión del cargo de Comisionado ejecutor de apremio, quedando
inhabilitado para ejercer este cargo y otro análogo por el tiempo de la condena, a 45
pesetas de indemnización al ofendido y en las costas: Resultando que, previo el
correspondiente depósito, se ha interpuesto contra esta sentencia a nombre del
procesado recurso de casación por infracción de ley, con arreglo al caso 2.a, así dice,
refiriéndose sin duda al 1." del art. 798 de la de Enjuiciamiento criminal, designando
como infringido el 210 del Código penal y dos sentencias de este Tribunal; porque
encontrándose en suspenso las garantías constitucionales, no cometió delito el ejecutor;
cuyo recurso fue admitido.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que, conforme al caso 1.° del art. 798 de la Ley de Enjuiciamiento
criminal , se infringe la ley cuando los hechos que en la sentencia se declaren probados
sean calificados y penados como delitos o faltas, no siéndolo por su propia naturaleza o
por circunstancias posteriores que impidieren penarlos: Considerando que el hecho
admitido como probado por la Sala sentenciadora, y el recurrente reconoce, de haber
ordenado y prolongado por ocho días la detención de Manuel Morán, no por razón de
delito que cometiese, sino por la contestación, que juzgó poco respetuosa, de que como
Comisionado ejecutor no sabía lo que se hacía, pues por haber embargado cosas que no
pertenecían al Moran resultaban aquellos inconvenientes, es sin duda alguna
constitutivo del delito de detención ilegal, que califica y pena la sentencia recurrida al
tenor del art. 210 del Código penal: Considerando que para estimarlo así la Sala
sentenciadora, no sólo consultó en los hechos probados la ya indicada circunstancia de
no haber incurrido Moran en delito alguno, sino que, aun admitida la suspensión de
garantías constitucionales, la detención no fue ordenada por motivo alguno relacionado
con el orden y sosiego públicos, ni por persona constituida en Autoridad, sino por un
funcionario ejecutor de acuerdo dimanado de la Autoridad del Alcalde, y por causa
hasta cierto punto personal, que hace más injustificable y arbitraria dicha detención:
Considerando, en su virtud, que no autoriza este recurso el ya mencionado núm. 1. del
art. 798, ni aparece infringido el art. 210 del Código penal vigente

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación por infracción de ley interpuesto contra la sentencia de la Sala de lo criminal
de la Audiencia de Valladolid por D. Gabino Cámara y Torres, al que condenamos en
las costas y a la pérdida del depósito constituido, con la aplicación ordinaria; y
comuníquese al Tribunal sentenciador a los efectos correspondientes.

75
Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid y en la
Colección legislativa, pasándose las copias necesarias, lo pronunciamos, mandamos y
firmamos.

7-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 12 DE DICIEMBRE DE


1877

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. SALA SEGUNDA

Detención arbitraria. Sentencia de 12 de Diciembre, declarando haber lugar al


recurso de casación interpuesto por Don Domingo Serrano Gómez contra la
pronunciada por la Sala de "vacaciones de la Audiencia de Cáceres, en causa seguida al
mismo por el delito mencionado.

En sus considerandos se establece: Que el art. 213 del Código penal, en su núm. 2. °,
castiga al Alcaide de la cárcel o cualquiera otro funcionario público que no pusiese en
libertad al detenido que no hubiera sido constituido en prisión en las setenta y dos horas
siguientes a la en que se hubiere puesto la detención en conocimiento de la Autoridad
judicial; y que según el art. 1 del Código penal, se reputan voluntarios todos los actos y
omisiones penadas por la ley, cuando no resulta lo contrario.

En la villa y Corte de Madrid, a 12 de Diciembre de 1877, en el recurso de


casación por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. Domingo
Serrano Gómez contra la sentencia pronunciada por la Sala de vacaciones de la
Audiencia de Cáceres, en causa seguida al mismo en el Juzgado de primera instancia de
Jaraudilla, por detención arbitraria.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que en la tarde del 11 de Junio de 1875, teniendo sospechas la


Guardia civil de que Pedro Muñoz tuviera, participación en cierto delito de robo,
procedió a su detención, poniéndolo al siguiente día a disposición del Juzgado
municipal de Villanueva de la Vera: que no hallándose en aquella ocasión en el pueblo
el Juez municipal propietario D. Benigno Gómez, el Secretario del Juzgado invitó al
suplente D. Juan Frías a que firmara el recibo del detenido y el oficio de su remisión al
Alcalde D. Diego Serrano, como lo verificó: Resultando que Pedro Muñoz permaneció
detenido en el depósito municipal basta el día 18 del propio mes de Junio: Resultando
que instruidas diligencias, y declarando procesados, entre otros, el Alcalde D. Diego
Serrano, éste manifestó que en la tarde del referido día se le presentó el Muñoz,
acompañado del portero del Juzgado municipal, quien se lo entregó con un oficio del
Juez suplente para que estuviese en el depósito en clase de detenido; que le llamó la
atención que el Muñoz siguiera en este estado durante ocho días, hasta que recibió otro
76
oficio del Juez municipal para que le pusiera en libertad: Resultando que la Sala,
declarando que el hecho constituía el delito de detención ilegal, definido y penado en el
párrafo segundo del art. 213 del Código penal, de que era autor Don Diego Serrano
Gómez, condenó al mismo en la pena de 300 pesetas de multa, indemnización de 30 a
Pedro Muñoz, con la responsabilidad personal subsidiaria, caso de insolvencia, y mitad
de costas: Resultando que contra esta sentencia interpuso el procesada recurso de
casación por infracción de ley, que fundó en el caso 1.° del art. 798 de la de
Enjuiciamiento criminal, citando como infringidos los artículos 210, 212, 213, 1°, 581 y
605 del Código penal, porque en el hecho de autos no hubo por parte del Alcalde
intención de delinquir, sino más bien descuido o negligencia, si bien disculpable por la
creencia en que estuvo de que el Juez municipal hubiera dispuesto ya la soltura o
procesamiento del detenido, y porque además cuando ocurrió la detención estaban en
suspenso las garantías constitucionales, en las cuales descansa la responsabilidad de las
Autoridades y sin las cuales esta responsabilidad no existe.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que si bien el art. 213 del Código penal, en su núm. 2.°, castiga al
Alcaide de la cárcel o cualquiera otro funcionario público que no pusiere en libertad al
detenido que no hubiera sido constituido en prisión en las setenta y dos horas siguientes
a la en que se hubiere puesto la detención en conocimiento de la Autoridad judicial; y
que según el art. 1 del Código penal, se reputan voluntarios todos los actos y omisiones
penados por la ley, cuando no resulta lo contrario; los hechos consignados en la
sentencia demuestran claramente, que el acusado no tuvo intención de delinquir, porque
con razón debía presumir que el Juez municipal tenía conocimiento de que Pedro
Muñoz había sido detenido por la Guardia civil y puesto a disposición de la Autoridad
judicial porque ésta le oficiaba para que le recibiera en el depósito municipal; y además,
estando en suspenso las garantías constitucionales cuando se acordó la detención, no
podía el recurrente contrariar ni limitar ésta con arreglo a lo dispuesto en el artículo
citado del Código, porque el 210 permite al funcionario público detener al ciudadano en
las circunstancias expresadas: Considerando, por tanto, que al calificar y penar la Sala
en el caso presente como delito la omisión de que ha sido acusado el recurrente, ha
incurrido en el error de derecho que expresa el caso 1.° del art. 798 de la Ley de
Enjuiciamiento criminal, e infringido el art. 213 del Código penal.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos haber lugar al recurso de casación


interpuesto por D. Domingo Serrano Gómez: casamos y anulamos la sentencia
pronunciada por la Sala de vacaciones de la Audiencia de Cáceres; y con devolución del
depósito al recurrente, líbrese a dicha Audiencia certificación de esta sentencia y de la
que a continuación se dicta.

77
Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta, de Madrid é
insertará en la Colección legislativa, pasándose al efecto las copias necesarias, lo
pronunciamos, mandamos y firmamos.

8-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 9 DE MAYO DE 1878

ADMISIÓN. SALA SEGUNDA

Detención ilegal y estafa frustrada. Sentencia de 9 de Mayo, declarando no haber


lugar a la admisión del recurso de casación interpuesto por Miguel Gasch y Colomer
contra la pronunciada por la Sala de lo criminal de la Audiencia de Valencia, en causa
seguida al mismo y otros por el mencionado delito.

En sus considerandos se establece: Que la apreciación de la prueba es de la


exclusiva competencia de la Sala sentenciadora, sin que sobre los hechas consignados
en la sentencia pueda permitirse discusión, según dispone el art. 838 de la Ley de
Enjuiciamiento criminal.

En la villa y Corte de Madrid, a 9 de Mayo de 1878, en el recurso de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por Miguel Gaschy Colomer
contra la sentencia que dictó la Sala de lo criminal de la Audiencia de Valencia, en
causa seguida en el Juzgado del cuartel de Serranos de la misma, por detención ilegal y
estafa frustrada.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que a consecuencia de haber comunicado a principios de Septiembre


de 1875 Juan Jesús Andreu a Francisco Sotos que se veía perseguido porque se trajo
10.000 duros de la facción, púsose Sotos de acuerdo con Lorenzo Alonso, Francisco
Daroqui, Ramón Anchelergues y Miguel Gasch, los cuales, simulando una orden de la
Autoridad gubernativa por la cual se le mandaba fusilar donde quiera que fuese habido,
de que era portador Anchelergues, cabo de orden público, lo llevaron detenido y lo
tuvieron encerrado en calidad de preso algunas horas del día 20 del citado mes:
Resultando que habiéndose presentado por la tarde de aquel mismo día Miguel Gasch
en el local destinado a la prisión de Andreu, aseguró a éste que la orden del fusilamiento
era cierta; pero que todo podría arreglarse si contribuía con 84.000 reales; mas como el
detenido expresase que no podía dar más que 10.000 ó 2.000, fue aceptada la promesa,
y convenidos en que la entrega se haría en el pueblo de Manuel, fue puesto en libertad
para que acompañado de Lorenzo partiese y realizara a éste la entrega de la cantidad
ofrecida: Resultando que habiendo marchado ambos al siguiente día, pudo Andreu, que

78
sospechaba ya el engaño de que era víctima, hacerlo entender al Alcalde de la expresada
localidad, el cual, auxiliado por la Guardia civil, aprehendió a Alonso y después a los
demás confabulados en el mismo delito: Resultando que la Sala calificó estos hechos de
los delitos de detención ilegal ejecutada con simulación de Autoridad y amenaza de
muerte y de estafa frustrada, de que eran autores los cinco referidos, dos de ellos con
circunstancias agravantes; y condenó a Daroqui y Anchelergues a diez y ocho años de
reclusión a cada uno, y a diez y siete, cuatro meses y un día a cada cual de los restantes,
accesorias y costas: Resultando que contra esta sentencia se preparó por todos los
procesados recurso de casación por infracción de ley, que tres Letrados designados de
oficio estimaron improcedente respecto de los cuatro primeros procesados, por lo que se
declaró así en auto de esta Sala de 1° de Abril próximo anterior, y sostuvo sólo el
defensor nombrado por Miguel Gasch, fundándolo en los números 3° y 4° del art. 798
de la Ley de Enjuiciamiento criminal, designando como infringidos el 12 de la ley de 18
de Junio de 1870; la 21, tít. 16 de la Partida 3.a, y el 495 y siguientes del Código penal,
porque en la causa no hay datos bastantes para haber calificado a Gasch de autor del
delito de detención arbitraria: Resultando que el Ministerio fiscal se ha opuesto a la
admisión de este recurso porque se funda en hechos diversos de los que la Sala acepta
en su sentencia.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que la apreciación de la prueba es de la exclusiva competencia de


la Sala sentenciadora, sin que sobre los hechos consignados en la sentencia pueda
permitirse discusión, según dispone el art. 838 dé la Ley de Enjuiciamiento criminal:
Considerando que el recurso interpuesto a nombre de Miguel Gasch y Colomer se funda
en la falta de prueba contra la apreciación que ha hecho la Sala.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar a la admisión del


recurso de casación que contra la sentencia pronunciada por la Sala de lo criminal de la
Audiencia de Valencia ha interpuesto Miguel Gasch y Colomer, al que condenamos en
las costas, y a que cuando mejore de fortuna satisfaga 125 pesetas por razón de
depósito; y remítase a la expresada Sala 1ª correspondiente certificación.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid y en la


Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

9-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 22 DE ABRIL DE 1881

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. -SALA SEGUNDA

79
Detención ilegal. Sentencia de 22 de Abril, declarando no haber lugar al recurso
de casación interpuesto por D. Juan Fustegueras contra la pronunciada por la Sala de lo
criminal de la Audiencia de Barcelona, en causa seguida contra el mismo, por dicho
delito.

En sus considerandos se establece: Que para que no sea ilegal la detención, es


necesario, según el art. 210 del Código penal, que se hallen en suspenso las garantías
constitucionales o que resulte probado que la detención, fuere debida por causa de
delito.

En la villa y Corte de Madrid, a 22 de Abril de 1881, en el recurso de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. Juan Fustegueras contra la
sentencia pronunciada por la Sala de lo criminal de la Audiencia de Barcelona, en causa
por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que ante el Juzgado de primera instancia presentó denuncia Juan


Rovira, manifestando que, estando trabajando en un campo de su propiedad el 24 de
Junio de 1879, fue detenido entre una y dos de la tarde por el alguacil del Ayuntamiento
y dos individuos del somaten, por orden del Alcalde D. Juan Fustegueras, y conducido a
la cárcel, se le puso un centinela de vista, con orden de que nadie le hablara, de donde
fue trasladado a casa del alguacil, en la que permaneció incomunicado, y después por la
noche se le puso en la cuadra de la casa del Alcalde hasta las seis de la mañana del día
siguiente, que fue entregado a la Guardia civil para que le condujeran a Solsona ante el
Jefe de dicho cuerpo: Resultando declarado probado el hecho de la detención, como el
que fue conducido por la Guardia civil de orden del Alcalde al Jefe de dicho instituto
residente en Solsona, el que mandó poner en libertad al detenido: Resultando que
indagado el D. Juan Fustegueras, declaró haber dispuesto la detención del Rovira,
porque era tenido por sospechoso y ratero, porque había oído decir que por 25 duros
daría un tiro al Juez municipal, y porque no le entregaba una escopeta, que sabía tenia y
aseguraba se la habían robado, hechos sobre los que articuló prueba y afirmaron algunos
testigos: Resultando que la Sala ha calificado los hechos de detención arbitraria,
comprendidos en el art. 210 del Código penal , y ha condenado a D. Juan Fustegueras
en 200 pesetas de multa, y en las costas: Resultando que, previo depósito, se ha
interpuesto recurso de casación por infracción de ley, fundado en el art. 862, número 1.°
de la Compilación, y citando infringidos los artículos del Código penal 1.a y 210,
porque los hechos consignados en la sentencia no constituyen delito, ni es por tanto
aplicable el 210 el 644 de la Compilación, en sus casos 3º y 4°, pues el Alcalde al
disponer la detención de Rovira cumplió con los requisitos prevenidos en las citadas
disposiciones; y la sentencia de este Supremo Tribunal de 10 de Febrero de 1873.

FUNDAMENTOS DE DERECHO
80
Considerando que el art. 210 del Código penal dispone que el funcionario
público que detuviere a un ciudadano, a no ser por razón de delito, no estando en
suspenso las garantías constituciones, incurrirá en la pena de multa de 125 a 1.250
pesetas si la detención no hubiese excedido de tres días: Considerando que en la época
en que el Alcalde D. Juan Fustegueras mandó detener y detuvo a Juan Rovira no
estaban en suspenso las garantías constitucionales, y en el segundo y tercer resultandos,
únicos que en la sentencia recurrida se declaran probados, no se dice ni se indica que la
detención fuese por causa de delito; y faltando esos requisitos que terminantemente
exige la ley para que la detención no se tenga por ilegal y arbitraria, la Sala
sentenciadora, al calificar de delito la de Juan Rovira, no ha infringido el citado artículo
210, aplicando su sanción: Considerando que aun en el supuesto de que el Alcalde
detuviese a Rovira por tener motivos racionalmente bastantes para creer en la existencia
de un hecho que presente las caracteres de delito, y del mismo modo presumir que tenía
en él participación, dicha Autoridad faltó a lo que dispone el artículo 4.° de la
Constitución y el 641 de la última Compilación de las leyes de procedimiento criminal,
no entregando dentro de las veinticuatro horas el detenido a la Autoridad judicial.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación interpuesto por D. Juan Fustegueras contra la sentencia de la Sala de lo
criminal de la Audiencia de Barcelona, al que condenamos en las costas y pérdida del
depósito que ha constituido; y comuníquese a la misma esta resolución a los efectos
prevenidos en la ley.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, pasándose al efecto las copias necesarias, lo
pronunciamos, mandamos y firmamos.

10-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 15 DE OCTUBRE DE


1881

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. SALA SEGUNDA

Detención ilegal. Sentencia de 15 de Octubre, declarando haber lugar al recurso


de casación interpuesto por D. José Peláez y Rodríguez contra la pronunciada por la
Sala de lo criminal de la Audiencia de Granada, en causa seguida al mismo por el
indicado delito.

En sus considerandos se establece: Que el Juez municipal que en funciones de


primera instancia impone a unos testigos la multa y consiguiente responsabilidad
personal subsidiaria que autoriza el art. 563 de la Compilación, del Enjuiciamiento
81
criminal, obra en uso de las atribuciones que le confiere este precepto legal, sin que su
determinación pueda ser juzgada con arreglo al art. 210 del Código, ni estimarse como
delito.

En la villa y Corte de Madrid, a 15 de Octubre de 1881 en el recurso de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. José Peláez y Rodríguez
contra la sentencia que dictó la Sala de lo criminal de la Audiencia de Granada, en causa
seguida contra el mismo por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que decretada la celebración de una diligencia de careo en causa que


se seguía en el Juzgado de guardia por lesiones contra Francisco Hernández y otros,
comparecieron, entre otros testigos, Domingo Conejo y Andrés Villegas, los cuales
fueron amonestados por el Juez municipal en funciones de primera instancia D. José
Peláez y Rodríguez para que dijesen verdad, toda vez que otros testigos aseguraban que
aquellos sabían más que los que habían declarado; fundado en lo cual les impuso dicho
Juez la multa de 50 pesetas y prisión subsidiaria por insolvencia; y como manifestasen
que carecían de bienes, fueron constituidos en la cárcel para el cumplimiento, de
aquella, formándose causa contra ellos por falso testimonio, siendo excarcelados cuando
trascurrieron los diez días, y absueltos por ejecutoria de la Audiencia, que mandó
proceder contra el Juez por detención arbitraria: Resultando que formada esta causa,
dictó en ella sentencia la referida Sala, declarando que los hechos mencionados
constituían dos delitos de prisión ilegal, comprendidos en el art. 210 del Código; y
condenó a su autor a un año y cinco meses de suspensión del cargo de Juez municipal e
interino de primera instancia, y sus análogos por cada uno de ellos, y en las costas:
Resultando que contra esta sentencia se ha interpuesto, a nombre del mismo, recurso de
casación por infracción de ley con arreglo a los números 1.º y 3.° del art. 862 de la
Compilación general de Enjuiciamiento criminal, designando como infringidos: 1.° El
1.° del Código penal, por no constituir delito los hechos referidos. 2.° El 574 de la
Compilación citada, que autoriza a los Jueces para imponer multas, y la prisión
subsidiaria por lo tanto a los testigos que se resisten a declarar; Y 3.º El 210 de dicho
Código, porque este artículo exige que la detención sea por causa de delito, y en el
presente caso existió esta razón o motivo, puesto que se formó causa a los expresados
testigos por falso testimonio, que es delito según el Código; cuyo recurso fue admitido.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que, según el art. 210 del Código penal, el funcionario público
que detuviere a un ciudadano, a no ser por razón de delito, no estando en suspenso las
garantías constitucionales, incurrirá en las penas que en el mismo artículo se
especifican, según el tiempo que hubiese durado la detención.

82
Considerando que las detenciones ilegales a que hace referencia el citado
artículo no son aquellas que a los ciudadanos se hagan sufrir en concepto de penas, de
correcciones o de responsabilidad personal subsidiaria, impuestas por Autoridad
competente, en uso y ejercicio de las atribuciones propias de la misma; y que si esta
Autoridad, al imponer tales castigos hubiese infringido las leyes, cuya exacta aplicación
le está encomendada, se le deberá exigir la responsabilidad en que hubiese incurrido,
con arreglo a disposiciones distintas, según la naturaleza de la infracción: Considerando
que D. José Peláez y Rodríguez, imponiendo como Juez municipal, en funciones de
Juez de primera instancia de Guadix, a los testigos de la causa mencionada Domingo
Conejo y Andrés Villegas la multa y consiguiente responsabilidad personal subsidiaria
que autoriza el art. 503 de la Compilación de disposiciones vigentes sobre
Enjuiciamiento criminal, obró en uso de las atribuciones que este precepto legal le
confería, sin que por lo tanto su determinación pueda ser juzgada con arreglo al art. 210
del Código, ni estimarse que con relación a él constituya delito: Considerando, en su
virtud, que la Sala sentenciadora, haciendo aplicación de ese mismo artículo al caso
presente, ha incurrido en el error de derecho alegado por la parte recurrente.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos haber lugar al recurso interpuesto


por D. José Peláez y Rodríguez contra la sentencia que en 7 de Abril último dictó la
Sala de lo criminal de la Audiencia de Granada, la cual casamos y anulamos: remítase
certificación de ésta y de la que a continuación se dicta a los efectos consiguientes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gacela de Madrid y en la


Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

11-SENTENCIA DEL TRIBUNALSUPREMO DE 25 DE MAYO DE 1882

COMPETENCIA. SALA TERCERA.

Detención ilegal. Sentencia de 25 de Mayo, decidiendo a favor del Capitán


General de Cataluña la competencia suscitada con la Sala de lo criminal de la Audiencia
de Barcelona, sobre conocimiento de la causa formada al Teniente de la Guardia civil D.
José Rogel por el expresado delito.

En sus considerandos se establece: Que según lo dispuesto en el núm. 1.° del art,
53 de la, Compilación sobre el Enjuiciamiento criminal, la detención ilegal no es delito
que produzca desafuero.

83
En la villa y Corte de Madrid, a 25 de Mayo de 1882, en los autos de
competencia, que ante Nos penden, para decidir la sustanciada entre la Sala de lo
criminal de la Audiencia de Barcelona y el Capitán general de Cataluña, sobre
conocimiento de la causa formada al Teniente de la Guardia civil D. José Rogel por
detención ilegal de D. Juan Bautista Romañach, Juez municipal de Rosas.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que el día 23 de Noviembre de 1879 un cabo y dos individuos de la


Guardia civil del puesto de Castelló de Ampurias entraron en una casa o establecimiento
de bebidas del pueblo de Rosas con el fin de sorprender a las personas que creían
estaban allí jugando a juegos prohibidos; y hallándose presente el Juez municipal D.
Juan Bautista Romañach, dirigió a los guardias algunas palabras que dieron lugar a que
el cabo dirigiese una denuncia a su Jefe superior, el cual ordenó al Teniente Rogel la
instrucción de diligencias sumariales en averiguación de las amenazas e insultos
dirigidos por dicho Juez a la Guardia civil: Resultando que cumpliendo el Teniente
Rogel las órdenes recibidas, instruyó el sumario y detuvo al Juez municipal, el cual
permaneció en la cárcel más de setenta y dos horas, y denunció el hecho a la Autoridad
judicial: Resultando que formada causa, primeramente por la jurisdicción ordinaria
contra el Juez municipal Romanach por los supuestos insultos y amenazas a la Guardia
civil, el de primera instancia de Figueras, después de haber dejado expedita su
Jurisdicción a la de Guerra, absolvió libremente al Juez municipal: Resultando que
posteriormente se siguió causa ante el mismo Juzgado contra el Teniente Rogel por la
detención de Romañach; y comprendiendo que se trataba del delito de detención ilegal y
no del de atentado, se inhibió en favor de la jurisdicción militar por auto de 9 de Abril
de 1880, el cual fue revocado por la Sala de lo criminal de la Audiencia de Barcelona
por otro de 12 de Noviembre del mismo año, en virtud del que el Juzgado de Figueras
continuó la causa, dictando sentencia condenatoria en 22 de Noviembre de 1881,
elevándose en consulta a la Audiencia del territorio: Resultando que el Juzgado de
Guerra requirió de inhibición a la Sala de lo criminal de la Audiencia de Barcelona,
fundándose en que el delito atribuido al Teniente Rogel es y debe considerarse de
detención arbitraria o ilegal, y por tanto que no causa desafuero: Resultando que la
expresada Sala declaró no haber lugar al requerimiento en razón a que el hecho procesal
reviste caracteres de delito de atentado contra la Autoridad, y por consecuencia
comprendido en el párrafo sexto, art. 52 de la Compilación reformada de disposiciones
del Enjuiciamiento criminal, citando además en apoyo de su competencia el art. 24 de
dicha Compilación por tratarse de un incidente surgido de la causa principal.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

84
Considerando que la causa que se instruye contra el Teniente de la Guardia civil
D. José Rogel no es un incidente de la que se instruyó contra D. Juan Bautista
Romañach, y de consiguiente no puede tener aplicación al presente caso lo prescrito en
el artículo 24 de la Compilación: Considerando que el hecho que ha motivado la
referida causa contra Rogel no reviste los caracteres del delito de atentado contra una
Autoridad judicial, y sí de detención ilegal, que no produce desafuero, y por ello es
competente para conocer de la misma la jurisdicción de Guerra, según lo dispuesto en el
número 1° del art. 53 de la referida Compilación;

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos que el conocimiento de esta causa


corresponde al Capitán general de Cataluña, al que se remitirán todas las actuaciones;
poniéndose esta decisión en conocimiento de la Sala de lo criminal de la Audiencia de
Barcelona: Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid en el
término de diez días, y a su tiempo en la Colección legislativa, lo pronunciamos,
mandamos y firmamos.

12-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 24 DE OCTUBRE DE


1882

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. SALA SEGUNDA

Detención ilegal. Sentencia de 24 de Octubre, declarando haber lugar al recurso


de casación interpuesto por Nicanor Vallegera y Rico contra la pronunciada por la Sala
de lo criminal de la Audiencia de Valladolid, en causa seguida contra el mismo por el
expresado delito.

En sus considerandos se establece: Que el marido, como jefe de la familia y con


potestad sobre su mujer, tiene la obligación de protegerla, no pudiendo considerársele
responsable de la detención ilegal que pena el art. 496 del Código penal, cuando recluye
a aquella en una de las habitaciones del domicilio conyugal para impedir que se
suicidara, como ya lo había intentado por dos veces, arrojándose por el balcón.

En la villa y Corte de Madrid, a 24 de Octubre de 1882, en el recurso de


casación por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por Nicanor Vallegera y
Rico contra la sentencia que dictó la Sala de lo criminal de la Audiencia de Valladolid,
en causa seguida en el Juzgado de Béjar, por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que Criselda Gradillas, mujer legítima del que hoy recurre Nicanor
Vallegera, se arrojó desde una ventana de su casa a la calle en Marzo de 1877, y
habiendo obtenido la curación de las lesiones que recibió en la caída, volvió a tirarse a

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la calle por la misma ventana a los ocho o nueve meses, a consecuencia de lo cual, su
marido, después de mandar poner una reja en la expresada ventana, tuvo encerrada a la
referida su mujer en una habitación de la propia casa, sin permitirle que saliera de ella
por espacio de dos a tres años, al cabo de los cuales, o sea el 14 de Abril de 1880, fue
avisado el médico titular de Candelario D. Eduardo Santero, para que le curase unas
lesiones contusas que la expresada Griselda Gradillas se había producido en la cabeza
dándose golpes con la pared: Resultando que a consecuencia de parte de dicho
Facultativo se formó la correspondiente causa, en la que Nicanor Vallegera declaró que
si había tenido encerrada a su mujer, asistida por su hermana y sobrina, había sido para
impedir que repitiese su conato de suicidio, y los Médicos que reconocieron a la
lesionada, declararon que estaba en su cabal juicio: Resultando que en el término de
prueba se hizo constar también en la causa que varios parientes, entre ellos su hermano,
habían ido a visitarla; que había ido a confesar, y la había sacado al jardín a pasear, y a
consecuencia de reconocimiento pericial se acreditó que en la habitación donde estuvo
encerrada Griselda Gradillas no había humedad en su pavimento, paredes ni techo, y
que era clara y alegre: Resultando que la referida Sala, en su sentencia de 10 de Mayo
último, declaró que el referido hecho de haber tenido Nicanor Vallegera encerrada a su
mujer por dos o tres años, constituía el delito de detención ilegal comprendido en los
artículos 495 y 496, núm. 1.° del Código penal, y lo condenó a catorce años, ocho meses
y un día de reclusión, accesorias, indemnización y costas: Resultando que contra esta
sentencia se ha interpuesto a nombre de dicho procesado, con el correspondiente
depósito, recurso de casación por infracción de ley, con arreglo al núm. 1. del art. 862
de la Compilación de disposiciones sobre Enjuiciamiento criminal, designando como
infringidos los del Código penal 1.°, 495 y 496, porque el hecho que había ejecutado no
constituía el delito; cuyo recurso fue admitido.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que el marido es el jefe de la familia, y tiene por tanto cierta


potestad sobre la mujer y la obligación de protegerla e impedir los actos que puedan
perjudicarla; que a un fin de esta clase se debía la reclusión en que Nicanor Vallegera,
marido de Griselda Gradillas, tuvo a ésta por el tiempo antes expresado en una de las
habitaciones del domicilio conyugal, puesto que su objeto fue impedir la realización del
suicidio que aquella había intentado por dos veces, arrojándose por el balcón:
Considerando que dicha reclusión se llevó a efecto sin amenazas, malos tratamientos de
ninguna especie, ni otro propósito que el de evitar la realización de un mal, y durante
ella no estuvo privada por completo de su libertad, ni de reclamar la protección de la
Autoridad contra aquella medida, si la consideraba criminal o abusiva, según se
desprende de los hechos comprendidos en el resultado 9.° de la sentencia recurrida:
Considerando que bajo tales conceptos, y aunque en rigor pueda tacharse aquella
precaución de excesiva, ya por el vínculo que une al recurrente y la ofendida, por el
motivo que determinó su encierro en una de las habitaciones de la casa, y por la forma
86
en que se realizó en todo el tiempo de su duración, no puede calificarse aquel hecho de
detención ilegal comprendido en el art. 495 del Código penal que castiga al particular
que encerrare o detuviere a otro, privándole de su libertad, y por consiguiente al darle
aquella calificación la Sala sentenciadora e imponer al procesado la pena señalada en el
496, ha incurrido en el error de derecho que se invoca en el recurso, e infringido los
referidos artículos por su aplicación indebida.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos haber lugar al recurso de casación


interpuesto por Nicanor Vallegera y Rico contra la sentencia que en 10 de Mayo último
dictó la Sala de lo criminal de la Audiencia de Valladolid, la cual casarnos y anulamos;
devuélvase el depósito constituido, y diríjase a dicha Sala certificación de esta sentencia
y de la que a continuación se dicta a los efectos consiguientes.

Así por esta nuestra sentencia que se publicará en la Gacela de Madrid y en la


Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

13-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMOS DE 26 DE MAYO DE


1884

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. SALA SEGUNDA

Detención arbitraria. Sentencia de 26 de Mayo, declarando no haber lugar al


recurso de casación interpuesto por Don César Pombo Villamuriel, querellante, contra
la pronunciada por la Sala de lo criminal de la Audiencia de Burgos, en causa seguida
en única instancia contra D. Lino Villa Ceballos, por el expresado delito.

En sus considerandos se establece: Que los Alcaldes tienen facultad para instruir
expedientes en la multitud de servicios que les están encomendados, siendo por tanto
forzoso el que también puedan hacer comparecer ante su Autoridad a las personas cuyas
declaraciones hayan de constar en aquéllos, siendo únicamente responsables
criminalmente, cuando con el pretexto de hacer uso de aquella facultad, habían
intención de molestar o vejar a un vecino; lo cual no sucede cuando la detención del que
va a declarar en un expediente de aquella clase se dispuso gubernativamente y sin más
objeto que el de evitar que se ausentase antes de dejar extendida la diligencia
correspondiente.

En la villa y Corte de Madrid, a 26 de Mayo de 1884, en el recurso de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. César Pombo Villamuriel,
querellante, contra la sentencia pronunciada por la Sala de lo criminal de la Audiencia

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de Burgos, en causa seguida ante la misma en única instancia contra D. Lino Villa
Ceballos, por detención arbitraria.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que en 15 de Marzo de 1882 se denunció por Dionisio López,


caminero municipal, al Alcalde de Santander D. Lino de Villa Ceballos que el vecino D.
César Pombo había construido una pared sin autorización alguna, por lo que se acordó
su demolición, requiriéndose al efecto a dicho Pombo, sin perjuicio de exigirle la
correspondiente multa; y habiendo apelado el interesado contra dicho acuerdo, fue
confirmado por el Gobernador civil de la provincia, en cuya virtud empezó aquél los
trabajos, que suspendió después de haber derribado una cuarta parte de la pared; e
instruidas diligencias para continuar por Administración las obras de derribo, fue
llamado Pombo a la Casa de Ayuntamiento, donde se le hizo esperar en uno de los
cuartos de la planta baja, por hallarse ocupado el Alcalde en otros asuntos: Resultando
que en 20 del siguiente Abril D. César Pombo denunció al Juzgado el hecho de que a la
hora de las diez menos cuarto de la noche anterior había sido avisado de palabra por
varios guardias en distintos sitios para que se presentara en la Casa Ayuntamiento,
como lo verificó, haciendo saber su llegada al Alcalde: que habiéndole manifestado el
Jefe de la guardia municipal que aquél tardaría en recibirle por estar ocupado, expresó
que esperaría en los portales, lo que le impidió el Jefe, diciendo que estaba detenido de
orden del Alcalde: que a las; once de la noche pasó al despacho de éste, quien le rogó
esperase la llegada de documento o expediente, a lo que observó que no podía acceder,
pues quería ir a casa a tranquilizar a la familia, y entonces el Alcalde dispuso su
traslación al arresto municipal, donde estuvo incomunicado hasta la una y media de la
madrugada, en que le recibió declaración jurada acerca de las palabras que tuviera con
un empleado de la oficina del Arquitecto municipal; y que al retirarse supo que muchas
personas intentaron verle, lo que no consiguieron por su incomunicación: Resultando
que de los anteriores hechos consignados en la denuncia sólo estima la Sala
sentenciadora que en la referida noche fue rogado Pombo por el Alcalde a presencia del
Secretario particular y Jefe de la guardia (sin duda que esperase) después de haber sido
avisado en distintos puntos para su presentación en la Alcaldía con objeto de ser
interrogado acerca de los motivos que hubiera tenido para proceder según lo hizo, a
cuyo ruego no accedió, pretextando tenía que ausentarse; por lo que dicho Alcalde le
indicó entonces cuan necesaria y precisa: era su concurrencia, insistiendo en rogarle que
permaneciera en las Casas Consistoriales hasta que se terminaran las investigaciones
que estaba practicando: que negándose también Pombo, salió precipitadamente en busca
de su coche, siendo entonces alcanzado por un guardia, por haber indicado el Alcalde al
Jefe que adoptara las medidas convenientes a fin de que no se alterase el orden público
y penetrara (debe ser D. César Pombo) en las oficinas, en una de las que debía
permanecer sin carácter de detención e incomunicado, cuya habitación estaba
convenientemente amueblada, así como el local donde estuvo aquél; y que después de
88
manifestar lo que estimó procedente acerca del hecho por que fue llamado, le ordenó el
Alcalde que podía retirarse, como lo verificó: Resultando que la Sala de lo criminal de
la Audiencia de Burgos, por sentencia de 10 de Enero del corriente año, absolvió a D.
Lino de Villa Ceballos, declarando las costas de oficio, por no constituir delito de
detención arbitraria los hechos perseguidos, toda vez que el prevenir el Alcalde a D.
César Pombo que esperase en uno de los cuartos de la Casa Ayuntamiento no era un
mandato expreso de detención cual la ley lo requiere, máxime teniendo en cuenta que la
espera fue rogada, y que no aparecía probada la incomunicación que se denunció:
Resultando que contra la anterior sentencia ha; interpuesto el querellante D. César
Pombo recurso de casación por infracción de ley, fundado en el núm. 2.° del art. 862 de
la Compilación de Enjuiciamiento criminal, citando las siguientes infracciones: 1. El
art. 1.° del Código penal, puesto que no se consideraba como delito una acción
voluntaria expresamente penada por la ley; Y 2.a Él art. 210 del mismo Código, por no
haber castigado al Alcalde de Santander, que sin mediar causa de delito ni estar en
suspenso las garantías constitucionales, detuvo a D. César Pombo, mereciendo por ello
la pena en dicho artículo determinada.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que no pudiéndose desconocer la facultad que los Alcaldes tienen


de instruir expedientes relativos a la multitud y variedad de servicios que por razón de
su cargo les están encomendados, es forzoso que también la tengan para hacer
comparecer ante su Autoridad a las personas cuyas declaraciones deban constar en
aquéllos, y que solamente cuando con el pretexto de desempeñar funciones de esta clase
se intentase molestar o vejar de cierta manera a un vecino, podría ser responsable;
criminalmente el funcionario que así procediese, como autor de alguno de los delitos o
faltas definidos en el Código, según la índole de la vejación causada: Considerando que
si bien los hechos, tales cuales aparecen denunciados por D. César Pombo, podrían ser
constitutivos de una verdadera detención ilegal, no es menos cierto que en la sentencia
recurrida, a que es preciso atenerse para la resolución del presente recurso, no se
consignan ninguno de aquellos extremos característicos de la detención, por no haberlos
sin duda conceptuado probados bajo su responsabilidad el Tribunal a quo con cuya
preterición por una parte y explicación que por otra se hace de la conducta del Alcalde
de Santander D. Lino de Villa Ceballos queda reducido el acuerdo de éste a una simple
medida gubernativa, tomada con el objeto de que D. César Pombo declarase en
determinado expediente, y con el de que después de haberse presentado al efecto en el
Ayuntamiento no se ausentase sin dejar extendida la diligencia correspondiente; medida
gubernativa que no llega a traspasar sus propios y naturales límites para penetrar en los
de la esfera penal, aun cuando no aparezca satisfactoriamente explicada en cuanto a su
urgencia y conveniencia: Considerando que en este concepto la Sala sentenciadora no
ha incurrido en error de derecho ni cometido las infracciones que se le atribuyen, al

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absolver a D. Lino de Villa Ceballos del delito de detención, por razón del cual ha sido
acusado.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación interpuesto contra la sentencia de la Sala de lo criminal de la Audiencia de
Burgos por D. César Pombo, a quien condenamos en las costas de dicho recurso y a la
pérdida del depósito constituido por el mismo, al cual se dará la aplicación de ley;
comunicándose esta decisión al Tribunal sentenciador, a los efectos correspondientes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gacela de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

14-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 19 DE NOVIEMBRE


DE 1884

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. SALA SEGUNDA

Coacciones electorales.-Sentencia de 19 de Noviembre, declarando no haber


lugar al recurso de casación interpuesto por Ildefonso Matilla Ruiz contra la
pronunciada por la Sala de lo criminal de la Audiencia de Valladolid, en causa seguida
al mismo, a instancia de D. Manuel José Camacha y otro, por el expresado delito.

En sus considerandos se establece: Que el Teniente Alcalde que ordena la


detención de un Diputado provincial y elector del distrito y la de un Notario, sin más
objeto que evitar que presenciaran el escrutinio general para la elección de Diputados, y
que el último levantara acta de los abusos que se cometieran, no sólo cohibía con un
acto ilegal el derecho del elector, sino que incurría en la responsabilidad que señala el
artículo 126 de la ley de 28 de Diciembre de 1878.

En la villa y Corte de Madrid, a 19 de Noviembre de 1884, en el recurso de


casación por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. Ildefonso Matilla
Ruiz contra la sentencia, de la Sala de lo criminal de la Audiencia de Valladolid, en
causa procedente del Juzgado de primera instancia de Toro, seguida al Matilla a
instancia de D. Manuel José Camacha y D. Román de la Higuera, por coacciones
electorales.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que a las tres y media del 21 de Agosto de 1881 comparecieron ante
el Juzgado de Toro, Toribio Paulla Herce y Miguel Alonso García, denunciando que al
dirigirse el Notario de la ciudad de Toro D. Manuel José Camacha al colegio electoral
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de la sección de Pozo Antiguo para levantar acta de lo que allí ocurriese, fue detenido y
preso por el procesado D. Ildefonso Matilla y Ruiz, auxiliado de Domingo Villamarín,
conduciéndole a casa de éste, en donde continuaba detenido a la una de la tarde, en que
salieron los comparecientes: que a las once de la mañana fue el mismo procesado a la
casa de Feliciano Álvarez, en que se hospedaba D. Ramón de la Higuera, Diputado
provincial y elector del distrito, a quien llamó y le dijo se pusiera a sus órdenes,
deteniéndole y conduciéndole a casa de Villamarín, y que a los denunciantes también
les negó el denunciado la entrada en el colegio electoral: Resultando que practicadas las
debidas diligencias, en oportuno estado dictó sentencia en 21 de Abril último la Sala de
lo criminal de la Audiencia de Valladolid en la que, calificando los hechos expuestos
como constitutivos de un delito de coacción electoral, del que aparecía autor el
procesado D. Ildefonso Matilla Ruiz con la circunstancia atenuante de arrebato y
obcecación: vistos los artículos 125, 126, 127 en su caso 7.°, 133 y 134 de la Ley
electoral de 28 de Diciembre de 1878, y los artículos 9.°, circunstancia 7.a y otros de
aplicación general, todos del Código penal, le condenó a dicho procesado en seis meses
y un día de prisión correccional, accesorias, multa de 100 pesetas, costas e
inhabilitación de seis años y un día para el cargo de Teniente Alcalde y otros análogos:
Resultando que contra esta sentencia se ha interpuesto a nombre de D. Ildefonso Matilla
Ruiz recurso de casación por infracción de ley, autorizado por los artículos 848 y caso
1.° del artículo 849 de la Compilación reformada sobre el Enjuiciamiento criminal,
citando como infringidos: 1.° El art. 127, núm. 7.° de la Ley electoral de 28 de
Diciembre de 1878 en relación con el 125 de la propia ley, puesto que para que exista el
delito de coacción electoral es preciso que los detenidos fuesen electores en la sección o
colegio donde se hace la detención, y D. Manuel José Camacha y D. Román de la
Higuera no lo eran. 2.° El mismo artículo y número en relación con el 125 de la
mencionada ley, y el art. 1.° del Código penal, puesto que la sentencia recurrida no
estima que la detención de los señores Camacha e Higuera fuera contraria a alguna ley o
reglamento, circunstancia por todo extremo indispensable para que la coacción pueda
estimarse como comprendida entre las que pena el artículo 126 de la Ley electoral de 28
de Diciembre de 1878.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que todo acto contrario a la ley, cometido por funcionario público
y con objeto de cohibir a un elector su derecho, oponiéndose al impulso de su libre
voluntad, así como la detención y privación de libertad de una persona el día de la
elección de Diputados a Cortes, constituye una de las coacciones que castiga con prisión
correccional y multa de 100 a 5.000 pesetas, el art. 126 de la ley de 28 de Diciembre de
1878 Considerando que al ordenar el Teniente Alcalde de Pozo Antiguo D. Ildefonso
Matilla, la detención de D. Román de la Higuera, Diputado provincial y elector del
distrito, y la de Don Manuel José Camacha, Notario de Zamora, sin otro objeto que el
evitar que presenciaran el escrutinio general para la elección de un Diputado a Cortes,
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que tenía lugar en dicho pueblo, cabeza de sección, y que éste último pudiera levantar
acta de los abusos que se cometieran, no sólo desatendía el recurrente Matilla como
funcionario público, la prohibición de cohibir a un elector su derecho con un acto ilegal,
como era la privación infundada de libertad, sino que por solo este hecho, llevado a
efecto en el día en que ocurrió, y sean cuales fueren las circunstancias de las personas
objeto del mismo, incurrió aquél en la responsabilidad antes señalada, como con acierto
ha estimado la Sala sentenciadora, aplicando justamente, entre otros, los artículos 125 y
127, núm. 7.°, de la ley de 28 de Diciembre de 1878 , que no ha infringido, ni por
consiguiente cometido el error de derecho en que se apoya el recurso.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación interpuesto por D. Ildefonso Matilla, al que condenamos en las costas, y a la
pérdida del depósito constituido; y comuníquese esta decisión al Tribunal sentenciador a
los efectos consiguientes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid é


insertará en la Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

15-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 27 DE ENERO DE


1885

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. SALA SEGUNDA

Detención ilegal. Sentencia de 27 de Enero, declarando no haber lugar al recurso


de casación interpuesto por Agapito Fontán contra la pronunciada por la Audiencia de
lo criminal de Pontevedra, en causa seguida contra D. José María Vieites Fornos.

En los considerandos se establece:

1.° Que la legitimidad de la detención acordada por una Autoridad o agente no


depende de la realidad jurídica y menos judicial de un delito que en la ocasión de
cometerse no se juzga definitivamente ni puede juzgarse por falta de elementos y de
competencia, como con repetición ha dicho este Tribunal, de los caracteres del hecho,
de los males pueda racionalmente inferir tal calificación la Autoridad o funcionario a
quien la ley deja en aquel momento su apreciación para el efecto urgente de suspender
la libertad del ciudadano.

2. Que la responsabilidad en que puede incurrir el Alcalde que detiene de una


persona y cuya libertad no decreta dentro de las veinticuatro horas siguientes ni
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tampoco los somete a la Autoridad judicial en el mismo plazo, es sustancialmente
distinto de la que señala el art. 210 del Código penal.

En la villa y Corte de Madrid, a 27 de Enero de 1885, en el recurso de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por Agapito Fontán Illas, parte
actora, contra sentencia de la Audiencia de lo criminal de Pontevedra, en causa
procedente del Juzgado de instrucción de Puenteáreas contra D. José María Vieites
Fornos por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que la indicada sentencia, dictada en 30 de Agosto último, contiene


los resultandos siguientes: Primero. Que el día 4 de Diciembre de 1881, hallándose
celebrando sesión pública el Ayuntamiento de Puenteáreas, penetró en el salón Agapito
Fontán acompañado de varias personas, y avanzando a la plataforma reconvino al
Alcalde Presidente D. José María Vieites Fornos por la excesiva cuota de contribución
de consumos que se le había impuesto; y como el Secretario del Ayuntamiento le
contestase no tenía razón para considerarse agraviado, se promovió con tal motivo un
incidente desagradable, prorrumpiendo en voces descompuestas altamente
inconvenientes, sin que dicho Alcalde lograse ser obedecido, por lo que creyendo
fundadamente que se trataba de alterar el orden público, acordó la detención del Fontán,
que fue conducido a la cárcel, poniéndolo en libertad a las trece horas; hechos probados:
Segundo. Que terminado el sumario y pasado respectivamente para calificación al
acusador privado y Ministerio fiscal, éstos han formulado por su orden las siguientes
conclusiones: que el hecho constituye el delito de detención ilegal comprendido en el
art. 210 del Código penal; que era único autor el procesado D. José María Viertes
Fornos; que en la comisión del delito no habían concurrido circunstancias modificativas
de la responsabilidad-criminal, y que el acusado había incurrido en la pena de 500
pesetas de multa y en pago de las costas; con cuyas conclusiones no se conformó la
defensa del procesado, fundándose en que el hecho no era calificable de delito de
detención ilegal.

Tercero. Que en el acto del juicio oral y después de examinar las pruebas, el
Ministerio público, visto lo contradictorio de las mismas, abandonó la acusación,
modificando las conclusiones de su escrito de calificación en sentido de que se
absolviese libremente al procesado con declaración de las costas de oficio, a cuya
petición se adhirió la defensa, sosteniendo las suyas la acusación privada; Resultando
que aquel Tribunal, estimando que la detención de Fontán se llevó a cabo por razón de
orden público en uso de las atribuciones gubernativas del Alcalde Vieites, absolvió a
éste, declarando de oficio las costas: Resultando que contra la anterior sentencia se ha
interpuesto a nombre de Fontán recurso de casación, fundado en el caso 2.° del art. 849
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de la Ley de Enjuiciamiento criminal, citando como infringidos por no haberse aplicado
el art. 210 del Código penal, a pesar de no haberse llevado a cabo la detención por razón
de delito: Resultando que admitido el recurso fue impugnado por la defensa del
procesado y apoyado también in voce por el Ministerio fiscal.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que el art. 492 de la Ley de Enjuiciamiento criminal manda que la


Autoridad o agente de policía detenga a quien intente cometer un delito en el momento
de ir a cometerlo y al delincuente infraganti, que lo es según el 779 el de delito que se
estuviere cometiendo o se acabase de cometer cuando su ejecutor sea sorprendido:
Considerando que la legitimidad de la detención acordada por una autoridad o agente,
no depende de la realidad jurídica y menos judicial de un delito, que en la ocasión de
cometerse no se juzga definitivamente ni puede juzgarse por falta de elementos y de
competencia, sino como con repetición ha dicho esta Sala, de los caracteres del hecho,
de los cuales pueda racionalmente inferir tal calificación la Autoridad o funcionario a
quien la ley deja en aquél momento su apreciación para el efecto urgente de Suspender
la libertad del ciudadano: Considerando que los hechos consignados como ciertos, tanto
por la desobediencia que expresan hacia el Alcalde, como por el tumulto producido en
el acto público celebrado por el Ayuntamiento, como por el fundado temor que la
sentencia -reconoce-que aquél abrigaba de que se alterase, sin duda de modo más grave,
el orden, que toda Autoridad tiene el deber de mantener allí donde ejerce sus funciones,
pudieron ofrecer caracteres de delito cuando se llevó a cabo la detención de Fontán,
indicado entonces como su autor: Considerando que dado este carácter de los hechos
ocurridos a presencia del Alcalde, al acordar éste la detención del recurrente no incurrió
en la sanción señalada en el art. 210 del Código penal para el funcionario público que
detiene a un ciudadano por razón distinta de delito, porque causa de delito determinó tal
acuerdo, ajustado a las disposiciones de la Ley de Enjuiciamiento criminal:
Considerando que obligado el Alcalde desde la detención por el párrafo segundo del art.
4.° de la Constitución de la Monarquía y por el 496 de la Ley de Enjuiciamiento citada á
decretarla libertad del detenido o a someterlo a la Autoridad judicial dentro de las
veinticuatro horas siguientes, si al adoptar aquella resolución pudo incurrir en cierta
responsabilidad por inobediencia, en su cualidad de agente de la policía judicial, a lo
mandado en el art. 284 de la propia ley, porque de su acto y del de Fontán no dio
conocimiento al Juez, la índole y carácter de esa responsabilidad, como sustancialmente
diferente a la que señala el art. 210 del Código penal , no puede determinar la infracción
de éste; y Considerando, por tanto, que la Audiencia de lo criminal de Pontevedra, no ha
infringido la disposición legal invocada por el recurrente, ni cometido en consecuencia
el error de derecho que sobre tal supuesto se le atribuye.

FALLO

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Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de
casación interpuesto por D. Agapito Fontán, a quien condenamos en las costas y a la
pérdida del depósito constituido; lo que se comunique al Tribunal sentenciador a los
efectos procedentes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gacela de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, lo pronunciamos mandamos y firmamos

16-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 20 DE ABRIL DE 1885

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. SALA SEGUNDA

Detención ilegal. Sentencia de 20 de Abril, declarando no haber lugar al recurso


de casación interpuesto por D. Juan María García Cantero contra la pronunciada por la
Audiencia de lo criminal de Linares, en causa seguida contra el Alcalde de Lopera D.
Eduardo Alcalá, por el expresado delito.

En sus considerandos se establece: Que la detención, llevada a cabo por un


Alcalde, de persona que le había desobedecido, poniendo desde luego al sujeto a
disposición de la Autoridad judicial, y por tanto, antes de cumplirse las veinticuatro
horas, no es delito.

En la villa y Corte de Madrid, a 20 de Abril de 1885, en el recurso de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. Juan María García
Cantero contra el auto pronunciado por la Audiencia de lo criminal de Linares, en causa
por detención ilegal contra el Alcalde de Lopera D. Eduardo Alcalá.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que el referido auto, dictado en 10 de Diciembre último, contiene los


siguientes: Resultando que el día 19 de Septiembre último comunicó varias órdenes el
Alcalde de Lopera al querellante D. Juan María García Cantero para que prestara un
servicio acordado por el Gobernador de la provincia, cuyas órdenes el Cantero no
obedeció bajo fútiles pretextos, en vista de lo que el referido Alcalde procedió a la
detención del citado García Cantero, constituyéndolo en la cárcel y poniéndolo a
disposición del Juez municipal, habiendo estado detenido seis horas próximamente;
cuyos hechos declaramos probados: Resultando que el referido día, y poco tiempo
después de ser detenido el ya citado García Cantero, pasó aviso el Alcalde de Lopera al
Juez municipal de dicha villa, poniendo a su disposición al detenido por haberle
desobedecido, cuya Autoridad empezó a instruir las oportunas diligencias, habiendo
puesto en libertad al referido García Cantero a las pocas horas de su detención, dando
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parte al Juzgado de la instrucción de la causa; cuyos hechos declaramos probados:
Resultando que la Audiencia de Linares, fundándose en que los hechos denunciados por
el hoy recurrente García Cantero no constituyen delito, puesto que su detención no
excedió de veinticuatro horas, dentro de cuyo tiempo fue puesto á disposición de la
Autoridad judicial, desestimó la querella formulada contra el Alcalde de Lopera, y le
condenó expresamente en las costas por haber obrado con mala fe: Resultando que
contra el referido auto ha interpuesto Don Juan María García Cantero recurso de
casación por infracción de ley, que autorizan los artículos 848, caso 5.°, en relación con
el 852 de la de Enjuiciamiento criminal, citando como infringidos: 1.° El art. 210 del
Código penal, cuyo precepto, contra lo afirmado por la Audiencia, de que las
Autoridades pueden detener a todo ciudadano, poniéndolo a disposición de la Autoridad
judicial dentro de veinticuatro horas, sólo concede a los funcionarios públicos derecho
para estas detenciones por razón de delito o estando en suspenso las garantías
constitucionales. 2.° El art. 4.° de la Constitución de la Monarquía, que prohíbe la
detención, a no ser en los casos y en la forma que prescriben las leyes, o sea por razón
de delito. 3. El art. 312 de la Ley de Enjuiciamiento criminal, por cuanto, admitida la
querella y existiendo un sumario, este no puede terminarse más que por sobreseimiento
o por sentencia. 4.° Los 622 y 627 de dicha ley, en cuanto previenen que el sumario, una
vez incoado, debe proseguirse hasta su terminación, y que esto no puede tener lugar sin
audiencia de la parte querellante. 5.° Los artículos 634 y siguientes del cap. 2.°, tít. 11,
libro 2.° de la misma ley, que estatuyen el régimen y formalidades bajo las cuales puede
sobreseerse una causa con la declaración de que el hecho no constituye delito, sin
celebración de juicio oral. 6.° El 741 de la repetida ley, en cuanto presupone, para dictar
sentencia, la existencia del juicio, y el auto recurrido es sustancialmente una sentencia
dictada sin audiencia del querellante ni del Ministerio público.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que, según el art. 313 de la Ley de Enjuiciamiento criminal, el


Juez de instrucción, y en su caso la Audiencia o Tribunal correspondiente, desestimará
la querella cuando los hechos en que se funde no constituyan delito, o cuando no se
considere competente para instruir el sumario objeto de la misma: Considerando que la
detención de D. Juan María García Cantero, ordenada por el Alcalde de Lopera, que
sirvió de fundamento a la querella de que procede el actual recurso de casación, no
constituye realmente ninguno de los hechos punibles previstos y castigados en el art.
210 del Código penal, que se supone infringido, puesto que, según lo consignado en el
auto reclamado, la referida detención fue ejecutada por el delito de desobediencia
atribuido al expresado García Cantero, y sobre el cual se formó y se halla pendiente la
correspondiente causa, en cuya virtud la Audiencia de lo criminal de Linares, al
desestimar, dentro de sus facultades, la mencionada querella, por no constituir delito los
hechos objeto de la misma, no ha cometido la infracción del citado artículo, ni, por
consiguiente, el error de derecho que ha servido de fundamento al primer motivo del
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presente recurso: Considerando, en cuanto a los demás motivos alegados, que aunque
no se hallaren, como se hallan, completamente resueltos en el anterior razonamiento, no
refiriéndose a leyes de carácter puramente penal, serían de todos modos desestimables,
conforme a la jurisprudencia repetidamente establecida por este Supremo Tribunal.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación por infracción de ley, interpuesto contra el auto dictado por la Audiencia de lo
criminal de Linares por D. Juan María García Cantero, a quien condenamos en las
costas y a la pérdida del depósito constituido; y comuníquese esta resolución a la
expresada Audiencia a los efectos correspondientes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, sacándose al efecto las copias necesarias, lo
pronunciamos, mandamos y firmamos.

17-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 3 DE JUNIO DE 1885

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY.-SALA SEGUNDA

Estafa, detención ilegal.-Sentencia de 3 de Junio, declarando no haber lugar al


recurso de casación interpuesto por D. José Zaragoza y Antón contra la pronunciada por
la Sala de lo criminal de la Audiencia de este distrito, en causa seguida contra.
Alejandro Peré y Gubernall, por el expresado delito.

En los considerandos se establece:

1.° Que no son de estimar los motivos de casación que no se fundan en los
hechos declarados probados.

2.° Que el que acude a los Tribunales de justicia, demandando ejecutivamente a


su deudor, y obrando en todo con respecto a los bienes embargados y depositados en
conformidad a lo convenido terminantemente con éste, no practica ningún acto de
apoderamiento para hacerse pago de su crédito, que pueda estar comprendido en el art.
511 del Código penal.

En la villa y Corte de Madrid, a 3 de Junio de 1885, en el recurso de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. José Zaragoza y Antón
contra la sentencia pronunciada por la Sala de lo criminal de la Audiencia de esta Corte,
en causa contra D. Alejandro Peré y Gubernall, por estafa y detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

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Resultando que por documento privado de 9 de Marzo de 1880 D. Alejandro
Peré y Gubernall subarrendó por cuatro años a D. José Zaragoza y Antón el Restaurante
de la Casa rústica del Parque de esta Corte, bajo las condiciones que, el material que por
inventario aceptaba y recibía, ascendía a 70.0.00 reales, pagaderos en cuatro años,
amortizando en cada uno 17.0.00 reales, pagaderos a 2.917 los días 15 de los meses de
Mayo y Octubre; el pago del alquiler, que era de 30.000, se haría por meses
adelantados, por separado el de los géneros existentes en la cueva; el seguro contra
incendios lo abonaría Zaragoza, quien tomaría a su cargo todas las responsabilidades
contraídas por Peré con el Ayuntamiento, conservando Peré el cuarto que ocupaba, con
la asistencia diaria de comida y servicio adecuado a su persona, y que para el seguro
cumplimiento del contrato, que empezaría a regir en 15 de Marzo, quedaría el
establecimiento, hasta el completo pago, a nombre de Peré, como dueño de los objetos
que en él existían, sin que nadie sin su permiso, pudiese disponer de ellos o de parte de
ellos, pero pudiendo retirar Zaragoza, siempre que lo tuviera por conveniente, los
efectos, muebles y demás enseres que aportase: Resultando que Peré demandó a
Zaragoza sobre pago de 86.510 rs. 53 cents., procedentes del disfrute del
establecimiento, y acordado el mandamiento de ejecución en 10 de Marzo de 1881, se
procedió, por no haberla satisfecho en el acto del requerimiento, a la ratificación, del
embargo preventivo y a la confrontación de los efectos; pero habiendo tratado ambas
partes de las bases para la transacción, acordaron alzar el embargo de los depositados, la
guarda de vista del alguacil y la entrega en el acto a Peré de todos los efectos
embargados en calidad de depósito y bajo la garantía de su crédito, y por el mismo
acuerdo se suspendió la diligencia, que firmaron la comisión del Juzgado, el depositario
anterior y los interesados: Resultando que por el contrato de 1. de Febrero de 1881, que
sirvió de base a la referida demanda, Zaragoza y Peré declaraban que no habiendo
satisfecho el primero el precio de los efectos y vinos cedidos por el segundo, ni lo
demás que se estipuló en Marzo del año anterior, y siéndole deudor de la citada suma,
reconocía a su favor este débito y se obligaba á pagarlo en dinero o efectos, a elección
de Peré y tasación de peritos, y como Zaragoza necesitase extraer efectos del local para
usar de ellos en otro sitio, deseando mientras efectuaba el abono del crédito garantir á
Peré, consentía que éste señalase los efectos y géneros que habrían de responder al
cumplimiento de lo estipulado y en que quedasen en la Casa rústica en poder del
acreedor, con el derecho de disponer libremente de todos ellos y hacerse pago de su
crédito, caso necesario: Resultando que en el contrato celebrado entre el Ayuntamiento
de esta Corte y D. Alejandro Peré se estipuló que en la Casa rústica no podrían alojarse
huéspedes ni existir más lecho que el del guarda, por lo que la Comisaría del Parque,
con conocimiento del abuso que había hecho Peré, le previno que cambiasen de
domicilio inmediatamente las personas que no tenían derecho a ello, y en su
consecuencia, ordenó a Zaragoza que desalojase la Casa rústica; pero negándose
tenazmente, hizo constar esta negativa por nota que firmó con tres testigos, quedando
avisado o despedido desde aquel día: Resultando que el referido Peré, á presencia de
98
dos guardias, de Orden público, a quienes llamó al efecto, sacó a un pasillo, bajo su
responsabilidad, según les dijo, la cama, butacas, sillas y otros efectos de Zaragoza, los
cuales recogieron y cargaron las personas a quienes éste lo encargó, sólo a presencia de
su esposa y por la insistencia de Peré; constando, por último, que se adjudicaron a éste
por las dos terceras partes de la tasación, por falta de licitadores en la subasta, los bienes
embargados a Zaragoza: Resultando que éste dedujo querellas contra Peré,
atribuyéndole los delitos de detención ilegal, estafas, retención de muebles y efectos y
allanamiento de morada, y seguida por sus trámites la causa formada con tal motivo, la
Sala de lo criminal de la Audiencia de esta Corte, aceptando por su sentencia de 6 de
Marzo último los fundamentos de hecho, los de derecho, las citas legales y las
declaraciones de la consultada y apelada, en que se declara que los hechos no
constituyen tales delitos, absolvió libremente al procesado, condenando al querellante
en las costas de ambas instancias: Resultando que contra la referida sentencia ha
interpuesto D. José Zaragoza recurso de casación por infracción de ley, autorizado por
los artículos 848, núm. 1. y 849, números 2.°, 3.° y 4.° de la Compilación reformada,
citando como infringidos: 1.° El art. 495 del Código, por no haberse aplicado
debidamente, pues constituye el delito que castiga el hecho de haber encerrado Peré a la
esposa y criada de Zaragoza, clavando puertas y ventanas. 2.° El 504, párrafo segundo,
que tampoco se ha aplicado debidamente, porque los hechos ejecutados por Peré,
demuestran que cometió el delito de allanamiento de morada. 3.° El 548, números 1.° y
5.°, al negarse la existencia del delito y no aplicarse, por tanto. 4.° El 511, que no se
aplica, a pesar de estar probado con documentos auténticos y diligencias judiciales la
existencia y comisión del delito. 5.° El 604, números 3.° y 5.°, de que se ha hecho caso
omiso, estando probado que Peré al encerrar a la esposa del recurrente y con
anterioridad venía amenazándola y llevó a cabo su detención.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que de los hechos consignados en la sentencia recurrida no


aparece declarado probado dato ni particular alguno relativo a la supuesta detención
ilegal atribuida a D. Alejandro Peré y concerniente a' la infracción del art. 495 del
Código penal, alegada como primer motivo del presente recurso: Considerando que
habiendo conservado D. Alejandro Peré los derechos de arrendatario de la Casa rústica
del Retiro, y siendo morador de dicha casa, juntamente con el subarrendatario Don José
Zaragoza, es indudable que aquél, entre los actos que se le-atribuyen y se relacionan en
el fallo reclamado, no ejecutó ninguno de los que, propia y legalmente, caracterizan el
delito de allanamiento de morada, previsto en el art. 504 del expresado Código, que
también con evidente error se ha supuesto infringido por la representación del
recurrente: Considerando que tampoco de los referidos hechos declarados probados en
la mencionada sentencia aparece extremo ni circunstancia alguna de las que constituyen
el delito de estafa y se enumeran en los números 1, y 5.° del art. 548 del Código citado,
por lo cual resulta igualmente desestimable el tercer fundamento de casación alegado en
99
el actual recurso Considerando que habiendo D. Alejandro Peré acudido ejecutivamente
a los Tribunales como acreedor de D. José Zaragoza, y obrado en todo, con respecto a
los bienes embargados y depositados, en conformidad a lo convenido terminantemente
por el propio deudor, es indudable que no practicó ningún acto de apoderamiento para
hacerse pago de su crédito, incurriendo en la sanción penal del art. 511 del repetido
Código, y por consiguiente, que dicho artículo no ha sido infringido en la sentencia de
que queda hecho mérito: Considerando, por último, que en el tan mencionado fallo del
Tribunal a quo ni siquiera se relacionan hechos de los que fundadamente puedan
deducirse amenazas de ninguna clase, y por lo tanto, que no resulta cometida la
infracción del art. 604 expuesta como el postrero de los motivos de casación que
cumplida y ordenadamente se dejan examinados.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación por infracción de ley interpuesto contra la sentencia dictada por la Sala de lo
criminal de la Audiencia de esta Corte por D. José Zaragoza y Antón, a quien
condenamos en las costas y a la pérdida del depósito constituido; y comuníquese esta
resolución al Tribunal sentenciador a los efectos procedentes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid, e


insertará en la Colección legislativa, sacándose al efecto las copias necesarias, lo
pronunciamos, mandamos y firmamos.

18-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 13 DE OCTUBRE DE


1885

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. - SALA SEGUNDA

Detención ilegal. - Sentencia de 13 de Octubre, declarando no haber lugar al


recurso de casación interpuesto por Don José Belanzarán y Galarraga contra la
pronunciada por la Sala de lo criminal de la Audiencia de la Habana, en causa seguida
al mismo por el expresado delito.

En su único considerando se establece: Que el Alcalde municipal que destina a


una persona a determinados trabajos y por haberse resistido a ellos es detenida por ocho
días en la cárcel con aquiescencia y autorización de dicha. Autoridad, es responsable del
delito que señalan los artículos 192 y 193 del Código penal vigente en Cuba.

En la villa y Corte de Madrid, a 13 de Octubre de 1885, en el recurso de


casación por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. José Belanzarán

100
y Galarraga contra la sentencia que dictó la Sala de lo criminal de la Audiencia de la
Habana, en causa seguida en el Juzgado de Cárdenas por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que en Agosto de 1883 el Alcalde municipal de Cárdenas D. José


Belanzarán expidió una orden escrita y firmada de su mano destinando a Ruperto
Basarte a los trabajos del Hospital o de las calles, cuya orden entregó al brigada D. José
María Caballero, y éste procedió a su cumplimiento; mas como Basarte se negase a
cumplirla, fue puesto en el vivac, donde permaneció ocho días: Resultando que la
referida Sala calificó estos hechos como constitutivos del delito de arrogación de
funciones judiciales cometido por funcionario público contra el ejercicio de los
derechos individuales sancionados por la Constitución, y condenó a su autor D. José
Belanzarán a un año, cuatro meses y veintiún días de suspensión en el cargo de Alcalde
municipal, e inhabilitación por el tiempo de la condena, y a sufrir ocho días de arresto
en el cuartel municipal de Cárdenas y en las costas: Resultando que contra esta
sentencia, y con depósito de 200 pesetas, se ha interpuesto por dicho procesado recurso
de casación por infracción de ley, fundado en los números lc y 3.° de la regla 56 de la
ley para la aplicación del Código penal en Cuba y Puerto Rico, y se designan como
infringidos: 1.° Los artículos l.° y 192 del Código penal de 1870, porque los hechos
contenidos en la sentencia no constituyen delito, y menos el comprendido en el segundo
de dichos artículos. 2.° El 193 del mismo, por la razón anteriormente expuesta. 3.° El
mismo art. 193, porque aun en la hipótesis de que constituyeran delito, no debía
imponerse la pena de los ocho días de arresto; y 4.° En este último caso el 200, que a lo
más debió ser aplicado; cuyo recurso fue admitido é impugnado in voce por el
Ministerio fiscal.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que establecido como un hecho indiscutible que por virtud de la


orden dictada por el recurrente D. José Belanzarán y Galarraga, Alcalde municipal de
Cárdenas, destinando por ocho días a Ruperto Basarte a determinados trabajos públicos
en sustitución de los que, con la aquiescencia y autorización de aquél, se le detuvo por
igual tiempo en la cárcel del pueblo, claro y de un modo evidente se demuestra que
dicho Belanzarán incurrió en la responsabilidad que señalan los artículos 192 y 193 del
Código penal aplicable a Cuba, porque arrogándose atribuciones judiciales sin estar
autorizado por una ley, hizo sufrir a otro un castigo, como fue al fin el arresto
equivalente a una pena personal de las que el derecho reconoce, y al condenar al
mencionado Belanzarán la Sala de la Audiencia de la Habana en un año, cuatro meses y
veintiún días de suspensión, con sus accesorias, haciéndole sufrir además ocho días de
arresto, no ha infringido los citados artículos ni demás que se señalan en el recurso, ni
incurrido por igual razón en los errores de derecho que en él se invocan.

101
FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso que


contra la expresada sentencia de la Audiencia de la Habana interpuso D. José
Belanzarán y Galarraga, al que condenamos en costas, y pérdida del depósito
constituido; lo que se comunique a dicha Audiencia a los efectos procedentes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid y en la


Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

19-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 15 DE OCTUBRE DE


1885

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. -SALA SEGUNDA

Detención ilegal.-Sentencia de 15 de Octubre, declarando haber lugar al recurso


de casación interpuesto por D. José Belanzarán y Galarraga contra la pronunciada por la
Sala de lo criminal de la Audiencia de la Habana, en causa seguida al mismo por él
expresado delito.

En sus considerandos se establece: Que la privación de libertad, impuesta por un


Alcalde sin carácter de pena y sin causa justificada, durante diez y seis horas no
constituye delito contra el ejercicio de los derechos individuales, sino la detención
arbitraria que castiga el art. 198 del Código penal de Ultramar.

En la villa y Corte de Madrid, a 15 de Octubre de 1885, en el recurso de


casación por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. José Belanzarán
y Galarraga contra la sentencia que dictó la Sala de lo criminal de la Audiencia de la
Habana, en causa seguida en el Juzgado de Cárdenas, por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que en la noche del 26 de Noviembre de 1882 pasaban D. Leopoldo


Acevedo, D. Ramón Canales y D. Leónidas Fondevila, alumnos del Colegio que en la
ciudad de Cárdenas tiene D. Alejandro Muro, por junto a la casa del Alcalde municipal
D. José Balanzarán, y en este acto Fondevila, para burlarse de su condiscípulo Canales
que la hecho de guapo, se llevó los dedos a la boca e imitó el sonido de una trompetilla:
Resultando que por creer el referido Alcalde municipal que se burlaban de él, envió al
referido Colegio a un sereno, con orden de llevar a su presencia á Canales y Acevedo,
como lo verificó, y esta Autoridad los mandó en el acto al vivac, donde estuvieron
detenidos hasta la una de la tarde del día siguiente: Resultando que la referida Sala
calificó estos hechos como constitutivos de delito, cometido por funcionario público
contra el ejercicio de los derechos individuales, previsto en el art. 192 y penado en el
102
caso 3. de dicho artículo y en el 2.° del 193 del Código penal vigente en Cuba, y
condenó a su autor Don José Belanzarán a un año, cuatro meses y veintiún días de
suspensión del cargo de Alcalde municipal, que ejercía, a sufrir diez y seis horas de
detención y en las costas: Resultando que contra esta sentencia, y con depósito de 200
pesetas, se ha interpuesto por dicho procesado recurso de casación por infracción,
fundado en los números 1.° y 3.° de la regla 56 de la Ley provisional para la aplicación
del Código penal en dicha isla, y designando como infringidos: 1. El art. 1.° de dicho
Código, en relación con los artículos 25 y 35 del bando de buen gobierno dictado para
hi referida provincia y aprobado por Real orden de 4 de Febrero de 1843, porque el
Alcalde procesado no delinquió, obrando según las facultades que dicho bando le
confería.v2.° El 192, núm. 3.° del expresado Código, porque el acta ejecutado por el
Alcalde, no constituye el delito que este artículo castiga, puesto que lo impuso como
equivalente a pena personal. 3.° El 193, por las mismas razones.- 4.° El 198, porque en
todo caso constituiría el hecho el delito de detención arbitraria; y 5. Los 23, y 24, que
establecen que la detención no se reputa pena, cuyo recurso fue admitido e impugnado
in voce por el Ministerio fiscal.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que comete delito contra el ejercicio de los derechos individuales,


sancionados por la Constitución, conforme establece el art. 192 del Código penal de
Ultramar, el funcionario público que, sin estar autorizado por una ley, impusiere algún
castigo equivalente a pena personal, arrogándose atribuciones judiciales, y que
conforme al 198 del mismo Código, incurre en el cielito de detención arbitraria el
funcionario público que detuviere a una persona sin estar autorizado por una ley, a no
ser por razón de delito, no estando en suspenso las garantías constitucionales:
Considerando, por tanto, que la privación de libertad que durante diez y seis horas
sufrieron los jóvenes Acevedo y Canales por orden del recurrente, que como Alcalde la
acordó sin causa justificada, constituye detención arbitraria, prevista en el referido art.
198 del Código de Ultramar, y penado, no habiendo excedido la detención de tres días,
con multa de 325 a 3.250 pesetas: Considerando que en tal concepto, no revistiendo la
privación de libertad acordada por el recurrente carácter de pena por no haberse
determinado previamente como castigo concreto sino el de detención arbitraria, el
Tribunal sentenciador, al no estimarlo así, ha incurrido en error de derecho e infringido
el citado art. 198 del Código penal de Ultramar, dando lugar a la casación que establece
el núm. 3 de la regla 56 de la ley para la aplicación del referido Código en Cuba y
Puerto-Rico.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos haber lugar al recurso interpuesto


por D. José Belanzarán y Galarraga contra la expresada sentencia que dictó la Sala de lo

103
criminal de la Habana, la cual casamos y anulamos, declarando de oficio las costas del
recurso; devuélvase el depósito constituido y remítase a dicha Sala certificación de esta
sentencia y de la que a continuación se dicta a los efectos procedentes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gacela de Madrid y en la


Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

20-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 20 DE JUNIO DE 1887

CASACIÓN POR QUEBRANTAMIENTO DE FORMA

Detención ilegal.-Sentencia de 20 de Junio, declarando no haber lugar al recurso


de casación por quebrantamiento de forma interpuesto por María Juana, Juan Antonio y
José Antonio Irazustabarrena, contra la pronunciada por la Audiencia de lo criminal de
San Sebastián, en causa seguida a los mismos por el expresado delito.

En sus considerandos se establece: Que, según jurisprudencia constante de este


Tribunal Supremo, los fallos que condenan y absuelven a los procesados, resuelven
implícitamente, por lo general, todos los puntos alegados por la acusación y por la
defensa.

En la villa y Corte de Madrid, a 20 de Junio de 1887, en el recurso de casación


por quebrantamiento de forma, que ante Nos pende, interpuesto por María Juana, Juan
Antonio y José Antonio Irazustabarrena y Murua contra la sentencia pronunciada por la
Audiencia de lo criminal de San Sebastián, en causa seguida a los mismos y otros en el
Juzgado de instrucción de Tolosa por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que en 1.° de Mayo de 1885 un vecino de San Sebastián denunció al


Fiscal de la Audiencia de lo criminal de la misma ciudad que en el caserío de
Sagastiberri, del pueblo de Gainza, se hallaba Lorenzo Irastorza encerrado por su
familia en un cuarto, con una cadena al pie, desde 1883; y comenzado sumario a
instancia de aquel funcionario, se constituyó con el Juzgado de instrucción de Tolosa en
el lugar indicado, encontrando en efecto al sujeto que se mencionaba en una habitación
reducida de la planta baja del caserío, amarrado con una cadena, clavada al suelo, que
sólo le permitía los movimientos indispensables para satisfacer las necesidades
naturales y echarse en un colchón, observándose por el aspecto físico del recluso que se
hallaba atendido en su alimentación: Resultando que de las averiguaciones practicadas,
apareció que María Juana Irazustabarrena y Juan Bautista Irastorza, madre y hermano
del Lorenzo, convinieron en encerrar a éste, a cuyo efecto, en Enero de 1883, reunidos
104
en la expresada casería, seis sujetos a quienes citó el Juan Bautista, entre ellos Juan
Antonio y José Antonio Irazustabarrena, al regresar del monte el Lorenzo, con una
carga de hoja seca y en actitud pacífica, se arrojaron todos sobre él, y sin hacer
resistencia, le ataron y condujeron al cuarto donde permaneció encerrado poniéndole la
cadena que su madre y hermano habían adquirido, y que remachó y clavó al suelo el
herrero del pueblo; que el referido Lorenzo, cuyo padre murió afectado de enajenación
mental, era considerado en la localidad como persona cuya cabeza no se hallaba en
estado normal, notándosele algunas extravagancias y rarezas, aunque sin ejercitar actos
agresivos contra nadie ni causar daños; asegurando su madre y hermano que algunas
veces había amenazado a la primera con una hacha, por lo que acordaron su reclusión; y
que reconocido el mismo detenido por varios Facultativos, declararon unánimes que
padecía de enajenación mental, variando en la clasificación de la dolencia y
conviniendo en que era un loco pacífico, aunque sin afirmar que no pudiera tener alguna
exaltación: Resultando que celebrada la vista previa que la ley establece, después de
terminado el sumario, durante el cual falleció antes de ser declarado procesado, Juan
Bautista Irastorza, hermano del recluido Lorenzo, solicitó el Ministerio fiscal el
sobreseimiento libre, conforme al núm. 1.° del art. 641 de la ley de Enjuiciamiento
criminal; pero no estando conforme con tal pretensión la Audiencia de lo criminal de
San Sebastián, porque, a su juicio, la forma en que estuvo detenido el mencionado
sujeto durante tres años, sin que apareciera bien definido que hubiese dado motivos
graves para ello, pudiera constituir delito, y estimaba, por tanto, que procedía la apertura
del juicio oral, visto el art. 644 de la ley de Enjuiciamiento criminal, mandó remitir la
causa al Fiscal de la Audiencia territorial de Pamplona, quien se manifestó conforme
con el parecer del Tribunal, al que devolvió el proceso: Resultando que declarado
abierto el juicio oral, y comunicado aquél nuevamente al Fiscal de la Audiencia de lo
criminal, formuló su escrito de conclusiones provisionales, consignando en la segunda
que de los hechos referidos en la primera, no resultaba en su concepto debidamente
justificada la perpetración de delito alguno; que esta opinión se confirmaba por la
conducta observada por el Juez instructor al principio del proceso, pues al constituirse
con el Fiscal á virtud de la denuncia en el domicilio del recluido Irastorza y encontrarse
en la situación descrita, no se hubiesen retirado sin tomar determinación alguna, a no
estar convencidos de que se hallaba efectivamente enajenado; que la afección de aquel
sujeto, según constaba de la causa, era anterior a su reclusión, la que no tuvo otro objeto
que el de precaver un mal grave; y después de exponer los datos sumariales que lo
comprobaban así, se añade que tales antecedentes se hallaban confirmados por el
dictamen de dos Facultativos, que si no podían precisar la fecha de la locura, expresaban
que debía ser larga y anterior a la reclusión, y que tal enfermedad era hereditaria, pues
de ella falleció el padre del detenido; y, por último, se indica alguna observación para
demostrar que tampoco era admisible la sospecha apuntada de ser los intereses de
familia causa de la reclusión de Irastorza: Resultando que la defensa de María Juana,
Juan Antonio y José Antonio Irazustabarrena, al contestar a dicho escrito de
105
conclusiones fiscales, prestó completa conformidad a todas ellas, estableciendo que no
aparecía justificada la perpetración de delito alguno, por lo que debían ser aquéllos
absueltos libremente, con todos los pronunciamientos favorables; pero en el acto del
juicio oral, y en vista del resultado de las pruebas practicadas, el mencionado Ministerio
público reformó sus conclusiones, consignando en las definitivas que de los hechos de
que se trataba aparecía la comisión del delito definido en el art. 495, cuya sanción penal
estableció el núm l.° del 496 del Código penal, siendo responsables de él, como autora,
María Juana Irazustabarrena, madre del recluido, y cómplices los demás procesados,
con las circunstancias atenuantes 3.a y 8.a del art. 9.° del dicho Código , pidiendo, en su
consecuencia, que se les impusieran las penas que respectivamente estimó que
procedían; sosteniendo en dicho acto la defensa de los acusados sus conclusiones
provisionales: Resultando que la Audiencia de lo criminal de San Sebastián, por
sentencia de 2 de Abril de 1887, en cuyos resultandos hizo sucinta relación de las
conclusiones sostenidas por ambas partes, calificó los hechos como constitutivos del
delito de detención ilegal, previsto en los artículos antes citados, del cual eran
responsables como autores todos los procesados, entre ellos María Juana, Juan Antonio
y José Antonio Irazustabarrena y Murua, sin circunstancias atenuantes ni agravantes; y
en su consecuencia, les condenó en catorce años, ocho meses y un día de reclusión a
cada uno, accesorias y parte de costas; disponiendo además que, en atención al estado
de demencia en que parecía hallarse Lorenzo Irastorza, ingresara en observación en un
establecimiento de enfermos de su clase y que se le proveyera de curador ejemplar:
Resultando que las defensas de dichos tres procesados interpusieron recurso de casación
por quebrantamiento de forma contra la anterior sentencia, y anunciaron á la vez el de
infracción ley, que prepararon igualmente los demás procesados, fundando el primero
en el núm. 2.° del art. 912 de la de Enjuiciamiento criminal, por cuanto habiendo
aceptado y hecho suyas las conclusiones provisionales del Ministerio fiscal, en la
segunda de las que se consignaba como hecho demostrado por dictámenes facultativos
el estado de demencia de Lorenzo Irastorza cuando fue recluido, cuyo hecho se sostuvo
con fundamento en el acto del juicio oral, como prueba de la inexistencia de todo delito,
la sentencia lo omitía, a pesar de su importancia, y dejaba de resolver acerca de él:
Resultando que admitido el recurso en la forma por dicho Tribunal sentenciador, elevó a
este Supremo la causa original, con citación y emplazamiento de las partes.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que sólo procede el recurso de casación por quebrantamiento de


forma, con arreglo al núm. 2.° del art. 912 de la ley de Enjuiciamiento criminal, cuando
no se hayan resuelto en la sentencia todos los puntos que hubieren sido objeto de la
acusación y de la defensa: Considerando que, según jurisprudencia establecida de un
modo fijo y constante por este Tribunal Supremo, los fallos en que las Audiencias
condenan o absuelven a los procesados deciden implícitamente, por lo general, todos los
puntos alegados por la acusación y por la defensa, y que en el presente caso, no sólo ha
106
condenado la Audiencia de San Sebastián a los procesados írazustabarrena como
autores del delito de detención ilegal, definido en los artículos 495 y 496 del Código,
sino que después de consignar y apreciar en la sentencia el particular referente al estado
de las facultades mentales del ofendido Lorenzo Irastorza, ha acordado lo que ha
juzgado conveniente acerca de ese punto, todo lo que demuestra que no ha incurrido
dicha Audiencia en el quebrantamiento de forma invocado por los recurrentes.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación por quebrantamiento de forma, interpuesto contra la expresada sentencia de la
Audiencia de lo criminal de San Sebastián por María Juana, Juan Antonio y José
Antonio írazustabarrena y Murua, a quienes condenamos en las costas; particípese esta
resolución a dicha Audiencia, y pase la causa a la Sala segunda de este Tribunal
Supremo, en cuanto al recurso anunciado por infracción de ley.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gacela de Madrid y en la


Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

21-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 30 DE NOVIEMBRE


DE 1887

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY.-SALA SEGUNDA (distinto motivo


de casación, iban independientes)

Detención ilegal.-Sentencia de 30 de Noviembre, declarando haber lugar al


recurso de casación interpuesto por María Juana y otros contra la pronunciada por la
Audiencia de lo criminal de San Sebastián, en causa seguida a los mismos por el
expresado delito.

En sus considerandos se establece: Que es elemento jurídico del delito de


detención ilegal como de todo hecho justiciable, la lesión o perturbación de un derecho,
por cuya razón cuando no existe ésta ni en la intención del agente ni en el resultado de
su acción, no se comete aquel delito, que pudiera ser más bien el ejercicio de un derecho
o el cumplimiento de una obligación, como sin duda tiene lugar con relación al deber
que tiene la familia de un demente de sujetarle en su propia casa o en hospitales
dedicados a esta clase de enfermos.

En la villa y Corte de Madrid, a 30 de Noviembre de 1887, en el recurso de


casación por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por María Juana y José
Antonio Irazustaharrena, Juan Bautista Machain, José María Irún y Miguel Francisco

107
Echevarría, contra la sentencia que dictó la Audiencia de lo criminal de San Sebastián,
en juicio oral y causa instruida en el Juzgado de Tolosa por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que dicha sentencia, dictada en 1.° de Abril último, contiene los
siguientes resultandos: Primero. Que Juan Zubillaga, habitante en el caserío Illana del
barrio del Antiguo, de esta ciudad, compareció ante el señor Fiscal de esta Audiencia en
1.° de Mayo de 1885, manifestándole que le constaba que en el caserío Sagastiberri, del
pueblo de Gainza, había un hombre, llamado Lorenzo Irastorza, a quien desde el año de
1883 le tenía encerrado su familia en un cuarto con una cadena al pie; hecho probado.

Segundo. Que comenzada la instrucción del proceso á instancia del Ministerio fiscal, se
constituyó éste con el Juzgado instructor en el lugar en que se decía estaba el Lorenzo
Irastorza, encontrándole, en efecto, en una habitación reducida de la planta baja del
caserío Sagastiberri, amarrado con una cadena clavada en el suelo, que no le dejaba
otros movimientos que los naturales de orinar y defecar, y el de echarse en un colchón
que tenía en el suelo con ropa para cubrirse, estando al parecer atendido en su
alimentación, como lo demostraba su estado físico; hechos probados.

Tercero. Que María Juana Irazustabarrena y Juan Bautista Irastorza, madre y


hermano respectivamente de Lorenzo Irastorza, convinieron en encerrar a éste, a cuyo
efecto el Juan Bautista se dirigió a Juan Bautista Machain, José María Irán, Miguel
Francisco Echevarría, Juan Martín Martínez, Juan Antonio y José Antonio
Irazustabarrena, citándoles para que se reunieran en la cacería de Sagastiberri, si bien á
cada uno individualmente no se le dijo que iban a venir los demás; hechos probados.

Cuarto. Que al anochecer de un miércoles del mes de Enero de 1883, reunidos


los ya citados, llegó a la casería Sagastiberri Lorenzo Irastorza, que venía del monte con
una carga de hoja seca, en actitud completamente pacífica; se arrojaron todos sobre él, y
sin que hiciera la menor resistencia le ataron los brazos, le condujeron al cuarto en que
por espacio de estos años ha permanecido, le ataron la cadena que su madre y hermano
habían de antemano adquirido para este objeto, y el herrero del pueblo, Miguel
Francisco Echevarría, se la colocó, la remachó y clavó en el suelo; hechos probados.

Quinto. Que Lorenzo Irastorza, cuyo padre había fallecido afectado de


enajenación mental, se le consideraba en su pueblo como muchacho cuya cabeza no
regía en estado normal, por reconocérsele algunas extravagancias de carácter,
significadas por un silencio taciturno a veces, por leer precipitadamente y sin concierto
en su libro de misa, cuando estaba en la iglesia, mirando a todas partes y riéndose, y por
algunas otras rarezas que no le impedían practicar sus deberes de católico, sin que
ejecutara ningún acto agresivo contra nadie, ni causar daño en cosas ni en haciendas;
hechos probados.

108
Sexto. Que María Juana Irazustabarrena y Juan Bautista Irastorza, madre y
herniauo ya difunto, dicen que a la primera la había amenazado algunas veces con un
hacha, y que por eso acordaron su reclusión.

Séptimo. Que la referida madre y hermano consultaron con el Letrado de Tolosa,


U. Miguel Sarasola, qué era lo que había que hacer para recluir a su hijo y hermano en
un manicomio; desistiendo de esta idea por los gastos- que ocasionaba a los mismos,
llevaron al Lorenzo unos días a Villafranca para que le viera el Facultativo D.
Marcelino Aguirrezabala, quien manifiesta que en aquella época (Julio del año 73) no
notó en el Lorenzo ninguna perturbación mental, toda vez que contestaba a las
preguntas que se le dirigían con mucha lucidez y claridad, siendo a la vez su memoria
fiel y los juicios exactos; hechos probados.

Octavo. Que reconocido en la actualidad Lorenzo Irastorza por varios


Facultativos, todos unánimemente declararon que Lorenzo Irastorza padece de
enajenación mental, si bien varían en la clasificación de la dolencia, conviniendo, sin
embargo, en que es un loco pacífico, aun cuando no podían afirmar que no pudiera tener
alguna exaltación; hechos probados.

Noveno. Que no consta en el proceso si el Ministerio fiscal y el Juzgado


adoptaron alguna determinación respecto a la reclusión de Lorenzo Irastorza en el modo
y forma que estaba sometido por su familia, si bien hace presumir que así lo hicieran,
como directores del procedimiento, toda vez que aparece que para la observación
médica fue trasladado á una casa de Villafranca, mediante el pago del hospedaje, para
permanecer en ella.

Resultando que la referida Audiencia calificó los hechos expuestos como


constitutivos de detención ilegal, previsto en el artículo 495 del Código penal, y
castigado en el 496, de que eran autores los cinco que recurren y otros dos más, a cada
uno de los cuales condenó a catorce años, ocho meses y un día de reclusión, accesorias
y costas: Resultando que contra esta sentencia se preparó por los siete procesados
recurso de casación por infracción de ley, que no interpuso Juan Antonio
Irazustabarrena, por lo que se declaró respecto de él firme la sentencia por auto de esta
Sala en 30 de Septiembre último, así como también se sobreseyó en este recurso con
relación a Juan Martín Martínez por haber fallecido: Resultando que por parte de María
Juana y José Antonio Irazustabarrena se formalizó recurso, que se fundó en los números
1.°, 3 .° y 5.° del art. 849 de la ley de Enjuiciamiento criminal, designando como
infringidos: 1. El art. 1.° del Código penal, porque no hubo malicia en el acto ejecutado,
ni por consiguiente, intención de delinquir.2.° Les 495 y 496 del misino Código, porque
la detención no fue ilegal. 3.° El 8 del Código penal, en su núm. 10, porque habiendo
obrado los recurrentes por miedo insuperable de un mal mayor, debieron ser declarados
exentos de responsabilidad criminal. 4.° El 581, porque cuando más, debió estimarse

109
que obraron con imprudencia. 5.° El 9.°, en su núm. 1.°, porque la circunstancia de
exención, si no fuera estimada en esa forma, debió apreciarse como atenuante. 6.° El 10,
en su circunstancia 1, porque debió estimarse la del parentesco en este caso como
atenuante. Resultando que también por parte de Juan Bautista Machain, José María Irún
y Miguel Francisco Echevarría se interpuso igual recurso, fundado en el mira l.° del art.
849 dé la ley de Enjuiciamiento citada, señalando las siguientes infracciones: 1. El art.
1. del Código penal, porque no hubo malicia ni intención. 2. Los 495 y 496, por las
razones expuestas para este motivo en el anterior recurso.

3." La ley 8.a, tít. 9. ° de la Partida 7.a, que permite ejecutar lo que los recurrentes
practicaron; cuyos recursos fueron admitidos y apoyados 'in voce por el Ministerio
fiscal.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que es elemento jurídico del delito de detención ilegal, como de


todo hecho justiciable, la lesión o perturbación de un derecho; y cuando ésta no existe,
ni en la intención del agente ni en el resultado de su acción, no se comete el atentado
contra la libertad humana que pena el art. 495 del Código, porque sin tales elementos, la
detención no sería ilegal, y podría ser por parte del que la ejecutase, o el ejercicio de un
derecho, o el cumplimiento de una obligación: Considerando que, no ya un derecho,
sino un deber es el que tiene la familia del demente de sujetarlo, bien en su propia casa,
bien en hospitales dedicados a esta clase de enfermos; porque si tales precauciones no
tomara el jefe de la familia o guardador del demente, y en su defecto la sociedad, su
estado de libertad podría ser peligroso a las personas y a las propiedades y aun al mismo
enfermo: Considerando que los hechos probados de la enajenación mental de Lorenzo
Irastorza, cuya enfermedad padeció también su difunto padre; la posibilidad de que
pudiera tener alguna exaltación, y los más elocuentes aún de ser la madre, el hermano,
los parientes y convecinos del pueblo los que sujetaron con la cadena al demente,
evidencian que ni aquella madre, ni su otro hijo Juan Bautista, ya difunto, ni los demás
que ayudaron a sujetar y amarrar al desgraciado enfermo, tuvieron intención de cometer
ni cometieron el delito de detención ilegal; antes al contrario, la madre y el hermano del
enfermo cumplieron un penoso deber, ya que por miedo a los gastos del expediente
gubernativo no podían llevar al enfermo a un manicomio, y los demás que a! acto
concurrieron no hicieron otra cosa que prestar un servicio de amistad y de caridad á
aquella infeliz madre, que demandó su auxilio: Considerando que también es de tener
presente para la mejor apreciación y calificación de los hechos que se consignan como
probados en la sentencia recurrida que al enfermo Lorenzo Irastorza se le halló en
condiciones de satisfacer sus necesidades naturales, con un colchón y ropa para
abrigarse, denotando su estado físico que estaba atendido en su alimentación; es decir,
que aquella infeliz madre no era cruel ni abandonada para con su hijo, y que quizá era
menor su dolor asistiendo y cuidando por sí misma a su desventurado hijo, que si se
110
hubiera desprendido de él llevándolo a un hospital de dementes: Considerando, por lo
expuesto, que al calificar y penar la Audiencia de lo criminal de San Sebastián como
detención ilegal, prevista y castigada en el art. 495 del Código los hechos que se
expresan en la sentencia recurrida, ha incurrido en el error de derecho e infracción legal
que alegan los recurrentes.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos haber lugar a los recursos de


casación por infracción de ley que han interpuesto María Juana y José Antonio
Irazustabarrena, Juan Bautista Machain, José María Irún y D. Miguel Francisco
Echevarría contra la sentencia dictada por la Audiencia de lo criminal de San Sebastián,
la que casamos y anulamos, declarándolas costas de oficio; y comuniqúese esta
resolución, con la que a continuación se dicta, a la expresada Audiencia a los efectos
procedentes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gacela de Madrid y en la


Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

22-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 19 DE ABRIL DE 1884

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY. -SALA SEGUNDA

Detención arbitraria.-Sentencia de 19 de Abril, declarando no haber lugar al


recurso de casación interpuesto por Don Francisco Moltó Valor contra la pronunciada
por la Audiencia de lo criminal de Alicante, en causa seguida al mismo por el expresado
delito.

En los considerandos se establece:

. Que el Alcalde que detiene a una persona por no llevar documentos que
acreditasen su personalidad, incurre en la responsabilidad que pena el art. 210 del
Código, y en la que también consigna con relación al mismo artículo el 496 de la ley de
Enjuiciamiento criminal, si dejare pasar veinticuatro horas sin poner al detenido a
disposición del Juez más próximo.

2.° Que no constituyendo delito el hecho de no llevar documentos que acrediten


la personalidad, ninguna ley autoriza ni a los Alcaldes ni a los Gobernadores civiles
para detener a ciudadanos españoles por dicha causa.

111
la villa y Corte de Madrid, a 19 de Abril de 1888, en el recurso de casación por
infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. Francisco Moltó Valor contra
sentencia de la Audiencia de lo criminal de Alicante, en causa instruida al mismo en el
Juzgado de Alcoy por detención arbitraria.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que la indicada sentencia, dictada en 21 de Diciembre último,


contiene los resultandos siguientes: Primero. Que la presente causa tuvo principio por
querella que interpuso el Ministerio fiscal en 25 de Mayo último en virtud de la
denuncia que Francisco Paya Esteve había dirigido al Exorno. Sr. Presidente de esta
Audiencia, manifestando que el Alcalde de Alcoy, D. Francisco Moltó Valor, le había
detenido arbitrariamente, quedándose, al ir a reclamársela, con la cédula personal que el
día antes le había entregado; hecho que no se declara probado.

Segundo. Que en la noche del 22 de Marzo referido, el entonces Alcalde de


Alcoy D. Francisco Moltó Valor, a pretexto de que la población se hallaba amenazada
de una huelga de tejedores porque algunos fabricantes no querían avenirse a las tarifas
que tenían establecidas, y teniendo presente una carta reservada que con fecha 20 le
había dirigido el Sr. Gobernador de la provincia, previniéndole vigilase a los
sospechosos, pues habían circulado rumores de alteración del orden público, y
estimando el Moltó pudiera tener participación en los sucesos Francisco Paya Estove,
vecino de Onil, que accidentalmente se encontraba en Alcoy, y que por sus ideas
políticas había tomado parte otras veces en alzamientos y revoluciones, le llamó por
medio de uno de sus dependientes; y presentándose el Paya en las Casas Consistoriales,
el D. Francisco Moltó le preguntó por el objeto de su presencia en aquella población; y
como le contestase de una manera poco satisfactoria, le ordenó exhibiese la cédula
personal, que dijo no tenerla, por lo que le previno que para el día siguiente la
presentase, o una persona a su satisfacción que lo abonase, pues de lo contrario le
pondría a disposición del señor Gobernador civil de la provincia, hechos que estimamos
y declaramos probados.

Tercero. Que en la mañana del siguiente día 23 de Mayo le ferido. Francisco


Paya Esteve se presentó en la Casa Consistorial acompañado de Mauro Giráklez, alias
Papis; y reclamando al Alcalde D. Francisco Moltó la cédula personal, éste llamó a uno
de sus dependientes y le ordenó llevase al Paya a la cárcel detenido por indocumentado,
pasando comunicación a la Guardia civil para que lo condujese a disposición de la
Autoridad civil de la provincia, a quien inmediatamente enteró de la detención del Paya
y la resolución adoptada, sin que dicha superior Autoridad desaprobase lo ejecutado por
el Alcalde; cuyos hechos declaramos probados.

Cuarto. Que sobre las ocho de la mañana del 24 de dicho mes, cumpliendo la
orden del Sr. Moltó, una pareja de la Guardia civil se presentó en la cárcel donde se
112
hallaba detenido el Francisco Paya: y llevándoselo, lo condujo hasta el empalme de las
carreteras de Villena y Jijona, y serían las nueve de la misma mañana lo entregaron a la
pareja de Ibi, en donde estuvo detenido ocho días; después lo llevaron a Villena,
permaneciendo allí dos días también, y luego lo trasladaron a esta ciudad, donde se le
puso inmediatamente en libertad por orden de la Autoridad a cuya disposición había
sido conducido; hechos probados.

Quinto. Que el descontento y alarma que existía entre los tejedores y fabricantes
de la ciudad de Alcoy por la fecha a que se refieren los anteriores resultandos, sin
manifestación alguna ostensible, desapareció con la intervención tan sólo del Alcalde.
Sr. Moltó, a quien habían acudido algunos individuos del Jurado del gremio de tejedores
manifestándole que no se consideraban con fuerza moral bastante para conjurar el
conflicto y creían necesaria su mediación; hechos que declaramos probados.

Sexto. Que por la carta reservada fecha 20 de Mayo que el Sr; Gobernador
dirigió al Alcalde D. Francisco Moltó prevenía a éste vigilase a los sospechosos, y le
encargaba le diese cuenta de todo lo que creyese hiciera sospechar la existencia de
trabajos de los revolucionarios; y por el telegrama cifrado que le dirigió con
posterioridad le manifestaba habérsele anunciado una huelga de obreros para un día
próximo, y le encargaba que a todo trance sostuviera el orden, interviniendo primero
con medios persuasivos, y en caso necesario con la fuerza; cuyos hechos declaramos
probados.

Resultando que aquel Tribunal, estimando ilegal la detención de Paya, fundada


en falta de documentos que acreditasen su personalidad, condenó al Alcalde de Alcoy,
D. Francisco Moltó, a un año y cinco meses de suspensión del cargo de Alcalde y al
pago de costas: Resultando que contra esta sentencia se ha interpuesto a nombre del
procesado recurso de casación, fundado en los números lu, 3.°, 4.°, 5.° y 6.° del art. 849
de la ley de Enjuiciamiento criminal, señalando como infringidos:

1.° El art. 1.° del Código penal, en relación con el 210, por indebida aplicación,
puesto que Paya fue detenido por razones suficientes, conforme al mismo Código y
leyes vigentes.

2.° El art. 8.° del mismo Código en sus circunstancias 11 y 12, porque el Alcalde
procedió dentro de su deber y en justa obediencia al Gobernador de la provincia.

3.° El art. 13 del Código penal; porque habiendo algún hecho justiciable, no
sería de él autor el procesado;

4.° Subsidiariamente el mismo art. 210 del Código penal: porque de ser
aplicable, lo sería sólo en cuanto a la primera de las penalidades que en él se establecen
y no a la segunda, a causa de que los hechos posteriores a la entrega del detenido por el
Alcalde no son a éste imputables.
113
Resultando que admitido el recurso, fue apoyado en el acto de la vista por el
Ministerio fiscal.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que el art. 210 del Código penal castiga al funcionario público
que, no estando en suspenso las garantías constitucionales, detuviere a un ciudadano, a
no ser por razón de delito: Considerando que el primero de los considerandos de la
sentencia reclamada afirma, de conformidad con los hechos establecidos en los
resultandos, que la causa de la detención de Paya fue la de no llevar los documentos que
acreditaran su personalidad; omisión que no es constitutiva de delito: Considerando que
no habiendo procedido el Alcalde de Alcoy a la detención de dicho Paya por razón de
presunta responsabilidad criminal de éste, la cual, en su caso, le hubiera obligado a
poner al supuesto reo a disposición de la Autoridad judicial por virtud de lo mandado en
los artículos 282, 284 y 496 de la ley de Enjuiciamiento criminal, incurrió en el delito
por que ha sido penado, como hubiera incurrido, según lo dispuesto en la última de esas
citadas disposiciones, aun en el caso de proceder por causa de delito, por el mero hecho
de dejar transcurrir veinticuatro horas sin someter el delito al Juez más próximo al lugar
de la detención: Considerando que ninguna ley del Reino autoriza a los Alcaldes ni a los
Gobernadores civiles para detener a ciudadanos españoles por carecer en un
determinado momento de documentos justificativos de su personalidad, y que, por lo
tanto, el recurrente no cumplió deber ninguno al ejecutar el hecho procesal, y tampoco
el de obediencia, que en este caso no sería debida a órdenes que no constan de su
inmediato superior jerárquico: Considerando que responsable exclusivamente el Alcalde
de la detención, lo es de la duración de ésta, como consecuencia directa y también
exclusiva de su acto, supuesto que para llevarla a cabo empleó un medio que no por ser
el ordinario deja de ser generalmente dilatorio, sin culpa de otras personas.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso


interpuesto por D. Francisco Moltó Valor, a quien condenamos en costas y a la pérdida
del depósito constituido; lo que se comunique a la Audiencia de lo criminal de Alicante
para los efectos procedentes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gacela de Madrid e


insertará en la Colección, legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

23-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 1 DE MARZO DE 1889

114
CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY.-SALA SEGUNDA

Detención ilegal-Sentencia de 1.° de Marzo, declarando haber lugar al recurso


de casación interpuesto por D. Joaquín Yagüe e Ibáñez contra la pronunciada por la Sala
de lo criminal de la Audiencia de Barcelona, en causa seguida a su instancia contra José
Soldevila Soler por el expresado delito.

En sus considerandos se establece:

Que el Alcalde que sin fundado motivo detiene a una persona desde las ocho
hasta las once de la noche, ejecuta un acto que puede constituir delito, por cuya razón no
procede sobreseer en la causa instruida con dicho motivo, según el art. 852 de la ley de
Enjuiciamiento criminal.

En la villa y Corte de Madrid, a 1 de Marzo de 1889, en el recurso de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. Joaquín Yagüe e Ibáñez
contra el auto de sobreseimiento pronunciado por la Sala de lo criminal de la Audiencia
de Barcelona, en causa seguida a su instancia contri; José Soldevila Soler por detención
ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que el indicado auto, dictado en 23 de Agosto último, contiene los


siguientes: Resultando que las presentes diligencias se han instruido por haber
denunciado D. Joaquín Yagüe que en 1885, cuando atravesaba España el período del
cólera, el denunciante facilitaba a sus convecinos un piano que tocaban y bailaban; que
por una mala voluntad trataron de prohibírselo, y el día 22 de Agosto, hallándose unos
30 vecinos reunidos, se presentaron el Alcalde José Soldevila el Alcalde del barrio, un
sereno y un alguacil conduciendo el piano a la Alcaldía; que presentándose el
denunciante, le puso detenido y no le soltó sino a instancia de algunos vecinos, y como
esto constituía un delito de detención arbitraria, lo denunciaba para que se instruyera el
correspondiente sumario: Resultando que ratificado el denunciante, se formó el
correspondiente sumario, en el que declaró Soldevila manifestando que en virtud de
varias quejas de los vecinos de la Torre de Yagüe en que decían que todas las noches, y
hasta una hora muy avanzada, se les molestaba con bailes escandalosos, mandó a dos
guardias civiles que toda vez que Yagüe no tenía autorización le previnieran en buenos
términos cesara de dar bailes; que en vista de que no cesaba fue avisado nuevamente por
el Alcalde de barrio y cabo de serenos, contestándoles Yagüe en malos términos; que
entonces ordenó a un alguacil y al sereno que a todo trance cesaran aquellos bailes, y en
caso de desobediencia acompañaran al Yagüe a su presencia; que a las ocho y media
tuvo noticia que se había detenido al Yagüe personándose en las Casas Consistoriales;
que allí aquél le dirigió algunas frases inconvenientes, por lo que hubo de devolverle a
la prevención; pero más tarde reconoció su falta, y por intermediación de algunos

115
vecinos fue puesto en libertad: Resultando que por esta desobediencia se siguió causa
contra Yagüe en la que fue el mismo declarado procesado y se le absolvió por no haber
quedado justificado el hecho: Resultando que los hechos denunciados por Yagüe fueron
aseverados por varios vecinos, y que dicho Yagüe estuvo detenido desde las ocho a las
once poco más o menos de la noche: Resultando que la Sala de lo criminal de la
Audiencia de Barcelona, por auto de 23 de Agosto último, de acuerdo con lo solicitado
por el Ministerio fiscal, estimando que no aparece justificado el delito de detención
ilegal, vistos los artículos 633 , 634 y 637 de la ley de Enjuiciamiento criminal,
sobreseyó libremente, declarando de oficio las costas: Resultando que contra este auto
se preparó recurso de casación por infracción de ley por D. Joaquín Yagüe é Ibáñez, que
se ha interpuesto fundado en el art. 848, núm. 4°, y 2° del 849 de la ley de
Enjuiciamiento criminal, citando como infringidos los artículos del Código penal 210,
212 y 637, y 852 de la ley de Enjuiciamiento criminal, en cuanto se ha sobreseído
apareciendo probada la comisión de un hecho que constituye delito: Resultando que en
el acto de la vista fue apoyado el recurso por el Ministerio fiscal.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que se entiende infringida la ley en los autos de sobreseimiento,


según así lo dispone el art. 852 de la ley de Enjuiciamiento criminal, cuando aparece
que no se han estimado como delitos o faltas, siéndolo o presentando caracteres de tales
los hechos consignados en dichos autos: Considerando que dado por cierto que el
denunciado Don José Soldevila y Soler, como Alcalde, sin motivo al parecer fundado,
desde las ocho hasta las once de la noche tuvo detenido al denunciante D. Joaquín
Yagüe é Ibáñez, sin responsabilidad penal, sin que se entienda que hoy se prejuzga,
parece deducirse de este hecho que reviste los caracteres de delito por el cual ha sido
indagado y tratado como reo, y al dictar la audiencia de Barcelona el auto de
sobreseimiento recurrido, ha infringido los artículos del Código que se citan en el
recurso, incurriendo en el error de derecho que en el mismo se alega.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos haber lugar al recurso de casación


por infracción de ley interpuesto por Don Joaquín Yagüe e Ibáñez contra el auto de
sobreseimiento dictado por la Sala de lo criminal de la Audiencia de Barcelona en 23 de
Agosto último, el cual casamos y anulamos, declarando de oficio las costas de este
recurso; y comuníquese esta resolución, con la que a continuación se dicta, al Tribunal
sentenciador a los efectos procedentes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, sacándose al efecto las copias necesarias, lo
pronunciamos, mandamos y firmamos.

116
24-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 28 DE SEPTIEMBRE
DE 1889

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY.-SALA SEGUNDA

Detención ilegal y usurpación de atribuciones.-Sentencia de 28 de Septiembre,


declarando no haber lugar al recurso de casación interpuesto por D. Manuel Romero
Sánchez contra la pronunciada por la Audiencia de lo criminal de Huelva, en causa
seguida al mismo por el expresado delito.

En sus considerandos se establece:

Que no puede prosperar un recurso de casación que se funda en suponer que el


procesado no es autor de hecho alguno punible, cuando resulta que, aunque no lo fuera
del que había sido objeto de calificación, lo seria de otro sobre el cual versó la causa y
la, acusación, y que esta Sala debería estimar para los efectos de la casación lo mismo
que pidió y apreciarlo la Audiencia para los de la sentencia condenatoria.

En la villa y Corte de Madrid, a 28 de Septiembre de 1889, en el recurso de


casación por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por D. Manuel Romero
Sánchez contra sentencia de la Audiencia de lo criminal de Huelva, en causa procedente
del Juzgado de instrucción de Aracena, seguida al Romero y otros por detención ilegal y
usurpación de atribuciones:

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que la referida sentencia, dictada en 13 de Mayo último, contiene los


resultandos siguientes: Primero. Qué próximo á hora de seis de la tarde del 2 de Mayo
de 1887, transitaba D. Lorenzo Fernández Sánchez por una calle próxima a la plaza de
la villa de Jabugo, llevando en las manos unos libros, y saliéndole al encuentro el
segundo Teniente de Alcalde, D. José Billido le dijo que ya que estaba con los libros, y
que los llevara a su casa o iba a la cárcel, contestándole el Fernández que iban
destinados a otro punto y no a su casa, disponiendo entonces dicho Teniente de Alcalde
fuese conducido a la cárcel, en la cual ingresó a la hora de seis de dicha tarde, y
permaneciendo en ella hasta hora de nueve del siguiente día 3, no permitiéndole en
aquella noche le fuese llevada cama para descansar ni comunicarse con persona alguna;
hechos probados.

Segundo. Que al ser puesto en libertad el D. Lorenzo Fernández se le entregó la


cédula de una orden suscrita por el Alcalde D. Manuel Romero Sánchez, y refrendada
por el Secretario de la Municipalidad, D. Francisco Hidalgo Cruz, la que expresaba que
117
por parte dado por el Teniente de Alcalde, D. José Bellido, en el que manifestaba que
encontrándose en la plaza se había aproximado a él D. Lorenzo Fernández Sánchez
haciendo mofa de las disposiciones del Gobierno de S. M. concediendo una Biblioteca
popular al Ayuntamiento con libros viejos, con los cuales comparaba los volúmenes
viejos que traía, por lo cual se le imponía al Fernández Sánchez veintidós horas de
arresto y la multa de 15 pesetas, que satisfará en el término de diez días, y pasados los
cuales, sufrirá el apremio del 5 por 100 diario; hechos probados.

Quinto. Que aprobado el sumario por este Tribunal, fueron conclusiones


definitivas del Ministerio fiscal constituir los hechos objeto del procedimiento los
delitos de detención ilegal y usurpación de atribuciones, responsable del primero, como
autor, D. José Bellido Sánchez, y de los dos, D. Manuel Romero Sánchez y D.
Francisco Hidalgo Cruz; y apreciándole al D. José Bellido la circunstancia agravante 18
del art. 10, sin ninguna otra modificativa, solicita contra el primero la pena de 1.000
pesetas de multa, y contra los otros dos, cinco años de suspensión y costas; por la
acusación privada, responsables los tres procesados de los dos delitos expresados,
solicitando para Don José Bellido Sánchez multa de 1.000 pesetas, a D. Manuel Romero
Sánchez cinco años de suspensión, y a D. Francisco Hidalgo Cruz dos años y un día de
la misma pena, y las costas por terceras partes; y por las respectivas defensas la libre
absolución; celebrado el juicio, se justificaron los hechos del modo que se deja
expresado en los resultandos declarados probados, y después de aducir acusaciones y
defensas las razones que creyeron conducentes en apoyo de sus respectivas
pretensiones, se declaró concluso el acto y la causa para dictar sentencia.

Resultando que el Tribunal sentenciador, estimando que el hecho constituye el


delito de detención arbitraria, de que son autores D. José Bellido Sánchez y D. Manuel
Romero Sánchez, sin circunstancias modificativas, les condenó a la pena de multa de
500 pesetas y en las costas: Resultando que a nombre del procesado Romero se ha
interpuesto recurso de casación, fundado en el caso 4.° del art. 841 de la ley de
Enjuiciamiento criminal, citando como infringidos los artículos 11 y 13, en relación con
el 210 del Código penal, por cuanto de los hechos probados no se deduce la
participación del recurrente en el hecho por que se le castiga: Resultando que en el acto
de la vista el Ministerio fiscal coadyuvó el recurso.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que aun cuando el hecho realizado por D. Manuel Romero


Sánchez no fuese determinante de su participación como autor en el delito de detención
ilegal que ha motivado su condena, constituiría por sí independientemente de la
perpetración de dicho delito otro delito distinto, ya sea el comprendido en el art. 204, ya
el que define y castiga el párrafo segundo, del 389, por haber impuesto ilegalmente a D.
Lorenzo Fernández una pena de arresto y multa, siquiera no llegaran a cumplirse, o sea

118
sin que resulte autorizado para ello por ley, ordenanza ni reglamento alguno:
Considerando que el referido hecho fue objeto del procedimiento y calificación de las
partes acusadoras, por lo que cualquiera que sea el error cometido por el Tribunal
sentenciador al fijar dicha calificación, error que no es objeto del presente recurso, no lo
hay en conceptuar al recurrente como autor de un acto punible con arreglo al Código,
sobre el que versó la causa y la acusación, que esta Sala debe estimar para los efectos de
la casación como hubiera podido apreciarle la Audiencia de Huelva para los de la
sentencia condenatoria.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declararnos no haber lugar al recurso


interpuesto por D. Manuel Romero Sánchez, al que condenamos en las costas y A la
pérdida del depósito constituido; y comuníquese esta resolución al Tribunal
sentenciador a los efectos consiguientes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gacela de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

25-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 21 DE ENERO DE


1890

CASACIÓN POR INFRACCIÓN DE LEY.-SALA SEGUNDA

Cohecho.-Sentencia de 21 de Enero, declarando no haber lugar al recurso de


casación interpuesto por José Romero Ortuño y Antonio Moltó Antolín contra la
pronunciada por la Audiencia de lo criminal de Alicante, en causa seguida a los mismos
por el expresado delito.

En sus considerandos se establece:

Que ya sea legal o ilegal la detención verificada en varias personas, cometen el


delito que pena el art, 398 del Código, los guardias de seguridad que, por una promesa
de cantidad en metálico, por cierto no cumplida, dejan de llevar al Gobierno civil a los
que como sospechosos e indocumentados habían detenido.

En la villa y Corte de Madrid, á 21 de Enero de 1890, en el recurso de casación


por infracción de ley, que ante Nos pende, interpuesto por José Romero Ortuño y
Antonio Moltó Antolín contra la sentencia pronunciada por la Audiencia de lo criminal
de Alicante, en causa por cohecho.

ANTECEDENTES DE HECHO

119
que por dicha Audiencia se dictó la expresada sentencia en 8 de Octubre último,
consignando los hechos en el siguiente: Resultando que constituido en este día el
Tribunal del Jurado, y practicadas las pruebas propuestas y admitidas como pertinentes,
ha contestado las preguntas formuladas sobre los hechos que motivaron este proceso,
personas responsables y circunstancias que hubieran concurrido en su ejecución,
pronunciando el siguiente veredicto: "Los jurados han deliberado sobre las preguntas
sometidas a su resolución, y bajo juramento que prestaron, declaran solemnemente lo
siguiente: a la primera pregunta: José Ramos Ortuño ¿es culpable de haberse abstenido
de algún acto que debiera practicar en la ejecución de los deberes de su cargo, por la
promesa que se le hiciera de entregarle dos pesetas, hecho que tuvo lugar el día 2 de
Mayo último, en el que estando paseando por esta ciudad Vicente Andrés Llopis, vecino
de Teulada, en compañía de dos sujetos más, se le acercaron los guardias de seguridad
José Romero Ortuño y Antonio Moltó Antolín, y creyéndolos sospechosos, les pidieron
las cédulas de vecindad, y como manifestaran que no las tenían, les preguntaron si
llevaban armas, ocupándoles tres navajitas que dicen llevaban para cortar pan,
manifestándoles aquellos guardias que les costaría pagar una multa de 20 pesetas, pero
que si les daban a ellos dos, que les devolverían las navajas y les dejarían estar, y por
esta promesa les devolvieron las navajas; como quiera que se fueran a la posada y no
salieran en seguida, se presentaron en ella los referidos guardias y se llevaron detenido a
Llopis al Gobierno civil? Sí A la segunda: Antonio Moltó Antolín, ¿es culpable del
hecho relativo en la pregunta anterior y por el que ha sido igualmente procesado con su
compañero Romero Ortuño? Sí. Resultando que la Audiencia de lo criminal de
Alicante declaró que los hechos origen y fundamento de este proceso por el resultado
del veredicto del Jurado constituyen el delito de cohecho, previsto y castigado en el art.
398 del Código penal, del que son responsables, en concepto de autores, José Romero
Ortuño y Antonio Moltó Antolín, sin circunstancias modificativas; y vistos los artículos
citados y demás concordantes de aplicación con la calificación establecida, condenó a
ambos autores a la pena de tres meses y once días de arresto mayor con sus accesorias y
cuatro pesetas de multa a cada uno, e inhabilitación por diez años para el cargo que
desempeñaban y otros análogos, y en las costas de por mitad: Resultando que contra
esta sentencia se preparó recurso de casación por infracción de ley por ambos
procesados que se ha interpuesto, fundado en los artículos 847 y 848, núm. 1°, y 849,
números 1. y 3.°, de la ley de Enjuiciamiento criminal , citando como infringidos: 1. El
art. 398 del Código penal, por aplicación indebida, pues el hecho de autos no constituye
el delito que el mismo determina.

2.° El art. 1. de dicho Código, en igual concepto, en cuanto se castiga en


concepto de delito una omisión que no está penada por la ley.

3.° El art. 4.° de la Constitución, que no se ha tenido presente por la Sala al


hacer aplicación del 398 al hecho de autos.

120
4.° El art. 210, en relación con la anterior infracción, y cuyo precepto no ha
tenido presente la Sala sentenciadora.

Resultando que en el acto de la vista fue apoyado el recurso por el Ministerio


fiscal.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que incurre en la responsabilidad penal que señala el art. 398 del
Código, el funcionario público que, por dádivas recibidas o prometidas, se abstuviere de
un acto que debiera practicar en el ejercicio de los deberes de su cargo: Considerando
que fuese o no legal la detención de Andrés Vicente Llopis, realizada por los procesados
José Romero Ortuñoy Antonio Moltó Antolín, guardias de seguridad de la ciudad de
Alicante, la verdad es que éstos, según terminantemente declara en su veredicto el
Jurado por la promesa incumplida de darles dos pesetas, dejaron primeramente de
detener y llevar al Gobierno civil á dicho Llopis y otros dos más, que después de
parecerles sospechosos y de haberles recogido tres navajas, se hallaban
indocumentados, y este hecho, por sí solo, determina el delito de cohecho antes
definido, porque, como se ve, faltaron aquellos dos funcionarios públicos á sus deberes
por la dádiva que esperaban: Considerando que en este concepto jurídico funda su fallo
la Audiencia de Alicante, sin infringir el artículo del Código citado, ni demás que se
invocan en el recurso, ni incurrido en los errores de derecho que le sirven de apoyo.

FALLO

Fallamos, que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación por infracción de ley interpuesto contra la sentencia pronunciada por la
Audiencia de lo criminal de Alicante por José Romero Ortuña y Antonio Moltó Antolín,
a quienes condenamos en las costas por iguales partes y al pago de 125 pesetas por
razón de depósito, cuando mejoren de fortuna, y que han dejado de constituir por su
insolvencia; comuníquese esta resolución al Tribunal sentenciador a los efectos
oportunos.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección legislativa, sacándose al efecto las copias necesarias, lo
pronunciamos, mandamos y firmamos.

26-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 12 DE MARZO DE


1891

121
Casación por infracción de ley.-Detención ilegal.-Sentencia declarando no haber
lugar al recurso interpuesto por D. Adolfo Abellán Lorente contra la pronunciada por la
Sala de lo criminal de la Audiencia de Albacete. En sus considerandos se establece:

Que se aplican rectamente los artículos 204 y 205 del Código penal al calificar y
penar como constitutivo del delito de arrogación de atribuciones judiciales el hecho de
haber detenido un Alcalde a una persona imponiéndole por sí y ante sí un arresto de
varios días, aun cuando no llegara a cumplir más que uno, por haberle dispensado el
resto de la pena.

Que el art. 212 de dicho Código no autoriza ni deja sin sanción penal las
detenciones arbitrarias, aunque se ponga al detenido en libertad antes de que transcurran
veinticuatro horas, porque la detención, para ser legítima y lícita, necesita tener un
fundamento racional de delito que la motive.

Que no puede estimarse como estímulo suficientemente poderoso para producir


arrebato y obcecación la pretensión fundada o infundada de un contribuyente de que se
le admitiese el pago de un impuesto en determinadas condiciones, deducida en términos
que ni aun siquiera puedan ser considerados como irrespetuosos.

En la villa y corte de Madrid, a 12 de Marzo de 1891, en el recurso de casación


por infracción de leyque ante Nos pende, interpuesto por don Adolfo Abellán Lorente,
contra la sentencia pronunciada por la Sala de lo Criminal de la Audiencia de Albacete,
en causa por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que vista en juicio oral y público la referida causa, dicha Audiencia
dictó la expresada sentencia en 15 de Diciembre último, consignando los hechos en el
siguiente: Resultando que en la mañana del 5 de Noviembre de 1887, hallándose en las
Casas Consistoriales dela villa de Ontur D. Joaquín Alcántara, D. Fructuoso Esquer y D.
Salvador Moreno, vecinos de la misma, con el fin de pagar las cuotas que por consumos
pudieran adeudar, pidió el primero el recibo o recibos talonarios al Recaudador, y como
le contestase que tenía orden del Alcalde de no admitir el pago de la expresada
contribución sin hacer a la vez el del reparto municipal, después de examinarlos dijo el
Alcántara que no conocía disposición alguna legal que prohibiese hacer el pago de una
contribución sin realizar al mismo tiempo el de otra distinta, en cuyo acto intervino el
alcalde D. Adolfo Abellán, manifestando, visiblemente excitado, que no comprendía la
oposición sistemática que le hacía a la indicada contribución, y como el Alcántara le
hiciese algunas observaciones, estimando que se le desacataba, amenazó a aquél con
llevarle arrestado por tres días, y mandó al alguacil que mandase a una pareja de la
Guardia civil, la cual le condujo a su casa, donde por disposición del mencionado
Alcalde había de permanecer tres días, pero le levantó el arresto en la mañana del día

122
siguiente; hechos que se declaran probados: Resultando que la Sala de lo criminal de la
Audiencia de Albacete declaró que los hechos probados constituyen el delito de
arrogación de atribuciones judiciales, previsto y penado en los artículos 204, número 8°,
y 205, párrafo primero del Código penal, del que es responsable en concepto de autor D.
Adolfo Abellán Lorente, sin circunstancias modificativas; y vistos los artículos citados
y demás concordantes de aplicación del referido Código, condenó a dicho autor a la
pena de un año y cinco meses de suspensión, a un día de arresto en su casa, y al pago de
las costas: Resultando que contra esta sentencia se preparó recurso de casación por
infracción de ley por parte de dicho penado, que con el depósito de 125 pesetas se ha
interpuesto, fundado en los artículos 847, 848, núm. 1.°, y 849, números 1.° y 5.°,
citando como infringidos: 1.° Los artículos del Código penal 1.°, 204, núm. 3.°, y 205,
párrafo primero, por aplicación indebida: 2.° Y para el caso de no estimarse la anterior
infracción, el 9.°, en su núm. 7.°, por inaplicación: Resultando que en el acto de la vista
fue impugnado el recurso por el Ministerio fiscal.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que según los hechos probados de la sentencia recurrida, D.


Adolfo Abellán no se limitó a detener a D. Joaquín Alcántara porque con error o sin él
supiera que había cometido un delito del que en su caso habrían de conocer las
Autoridades judiciales, sino que por sí y ante sí le impuso un arresto de tres días,
siquiera no llegara a cumplir más que uno por haberle dispensado el resto de la pena; y
que esto supuesto, la Audiencia de Albacete ha aplicado rectamente las disposiciones de
los artículos 204 y 205, que se refieren a un caso muy diferente del que define el art.
212 invocado por el recurrente: Considerando que tampoco el art. 212 autoriza o deja
sin sanción penal las detenciones arbitrarias si se pone al detenido en libertad antes de
que transcurran veinticuatro horas, pues siempre es preciso que la detención tenga un
fundamento racional del delito, y en el caso del presente recurso no existió semejante
fundamento racional, por no serlo, como no lo es, el que D. Joaquín Alcántara hiciera
observaciones sobre si debía admitírsele el pago relativo a la contribución de consumos,
aun cuando no lo hiciese del referente al reparto municipal.

Considerando que tampoco puede estimarse como estímulo natural


suficientemente poderoso para producir arrebato y obcecación la pretensión fundada o
infundada del Alcántara de que se le admitiese sin dicha condición el pago que deseaba
realizar, ni las observaciones que para apoyarlo hiciera, puesto que no consta que fueran
siquiera irrespetuosas; y que esto supuesto, la Audiencia de Albacete no ha incurrido en
ninguno de los errores que se la atribuyen.

FALLO

Fallamos que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación por infracción de ley, interpuesto contra la sentencia pronunciada por la Sala
123
de lo criminal de la Audiencia de Albacete, a nombre de D. Alfonso Abellán Lorente, a
quien condenamos en las costas y a la pérdida del depósito constituido, al cual se dará la
aplicación que la ley señala; comuníquese esta resolución al Tribunal sentenciador a los
efectos oportunos.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e


insertara en la Colección Legislativa, sacándose al efecto las copias necesarias, lo
pronunciamos, mandamos y firmamos.

27-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 5 DE NOVIEMBRE


DE 1892

Casación por infracción de ley. - Detención ilegal -Sentencia declarando no


haber lugar al recurso interpuesto por José Agulló contra el auto dictado por la
Audiencia de lo criminal de Alicante. En sus considerandos se establece:

Que la obligación de detener a una persona, impuesta por el artículo 492 de


la ley de Enjuiciamiento criminal a la Autoridad o agenten de la policía judicial, no
supone como necesaria para el cumplimiento de este deber la existencia indubitada de
un delito, sino que basta para que la detención sea perfectamente legal, con arreglo al
párrafo cuarto del citado artículo, que la Autoridad o agentes que la llevan a efecto
tengan motivos racionalmente bastantes para creer, en la existencia de un hecho que
presente los caracteres de delito, y que los mismos motivos de racionalidad haya para
creer que la persona que se intenta detener haya tenido participación en él.

En la Villa y corte de Madrid, a 5 de Noviembre de 1892, en el recurso de


casación por infracción de ley que ante Nos pende, interpuesto por José Agulló Pérez
contra auto de la Audiencia de lo criminal de Alicante, en causa seguida a José Rives
Sales en el Juzgado de instrucción de Alcoy por detención ilegal.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que el expresado auto, dictado el 30 de Abril último, consigna


los siguientes resultandos: Primero. Que incoado este procedimiento por el Juzgado de
instrucción de Alcoy, a virtud de testimonio deducido de otro sumario que se siguió en
esta ciudad por allanamiento de morada y otros delitos, del cual aparece que el día 18 de
Agosto de 1891 se hallaba el guardia municipal de la ciudad de Alcoy, José Rives
Sales, en las inmediaciones de la calle de 8an Juan, y observando que con dirección a
ésta se dirigía mucha gente, produciendo escándalo, lo verificó él también, llegando a la
casa núm. 13, habitada por José Agulló Pérez, viendo en el patio de la misma muchos
muebles que sacaban y cargaban en un carro, y como oyese gritos en el interior,
preguntó a José Buch qué ocurría, contestándole éste que no era nada, pues que se
124
estaba llevando unos muebles que allí tenía en cuya ocasión se personó el José Agulló
Pérez, y pretextando ser los muebles de su pertenencia, comenzó a maltratar a los
jornaleros que los transportaban, teniendo necesidad de intervenir el indicado agente
José Rives Sales y de amonestar por tres o cuatro veces al Agulló por la conducta que
observaba con los referidos jornaleros, acompañada la última con la advertencia de
llevarle a la cárcel; y como el Agulló continuase empujando a los repetidos trabajadores,
faltando al respecto y desobedeciendo las órdenes del expresado guardia municipal
Rives éste le mandó que le siguiese, conduciéndole a la casa de Ayuntamiento, en donde
fue entregado a su compañero el guardia municipal José Sendra, para que lo llevase a la
cárcel en calidad de detenido, lo que, con efecto, cumplió: Segundo. Que según consta
por una certificación del Director de las cárceles de Alcoy, testimoniada en autos, el
guardia municipal José Sendra, a las nueve de la noche del indicado día 18 de Agosto
último, por orden de la Autoridad gubernativa, entregó al llavero de dicha cárcel al
detenido José Agulló Pérez, cuya detención le fue levantada a la una de la madrugada de
la misma noche, por orden que le dio el cabo de serenos como Autoridad nocturna,
habiendo durado, en su consecuencia, la detención sólo cuatro horas: Tercero. Que por
el expresado hecho fue declarado procesado el guardia municipal José Bives Sales,
como supuesto autor de un delito de detención ilegal, y declarado concluso el sumario
por el Juzgado instructor, confirmado por la Sala, se celebró la vista que preceptúa el
art. 632 de la ley de Enjuiciamiento criminal, en cuyo acto el Ministerio fiscal solicitó el
sobreseimiento libre, fundado en-el número 2.° del art. 637 de la citada ley, y la
representación del acusador privado, José Agulló Pérez, la apertura del juicio oral:
Resultando que la Audiencia sentenciadora, estimando que el guardia Rives pudo creer
que el detenido Agulló había incurrido en delito de desobediencia, que la detención no
pasó del tiempo marcado en la ley, y que, por consiguiente, no existen motivos para
exigir responsabilidad al procesado guardia municipal José Rives Sales, sobreseyó
libremente en la causa, por no ser los hechos origen de la misma constitutivos de delito,
con las costas de oficio: Resultando que contra el auto anterior ha interpuesto recurso de
casación por infracción de ley el acusador privado José Agulló, apoyándole en los
artículos 848, núm. 4°, 852 y núm. 2° del 849 de la ley de Enjuiciamiento criminal,
citando como infringidos: Los artículos 1° y 210 del Código penal, pues la detención de
Agulló por el guardia Rives reviste caracteres de delito, cualquiera que fuese el tiempo
que la detención durase; y 2.° El art. 492, núm. 4.°, de la ley de Enjuiciamiento
criminal, por aplicación indebida, ya porque el guardia no tuvo motivos para estimar
como delitos los hechos atribuidos a Agulló, y lo prueba que no practicó nada de lo que
previenen los artículos 262, 282 y 281 de la misma ley, ya porque ese núm. 4.° del art.
492 está subordinado al número anterior del propio artículo, o sea al 8.° Resultando que
el Ministerio fiscal impugnó oralmente el recurso.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

125
Considerando que la obligación de detener a una persona, impuesta por el
art. 492 de la ley de Enjuiciamiento criminal a la Autoridad o agentes de la policía
judicial, no supone como necesaria para el cumplimiento de este deber la existencia
indubitada de un delito, sine que basta para que la detención sea perfectamente legal,
con arreglo al párrafo cuarto del citado artículo, que la Autoridad o agentes que la llevan
a afecto tengan motivos racionalmente bastantes para creer en la existencia de un hecho
que presente los caracteres de delito, y que los mismos motivos de racionalidad haya
para creer que la persona que se intenta detener haya tenido participación en él:
Considerando que ambos elementos concurrieron en el acto ejecutado por el agente
Rives al proceder a la detención del Agulló Pérez, porque tanto si se atiende a la
persistente y tenaz resistencia de éste a obedecer las órdenes de aquél para que dejase de
maltratar a los jornaleros, como a las violencias que sobre ellos ejecutaba para impedir
les el transporte de unos muebles que una tercera persona les había mandado, en uno y
en otro caso pudo racionalmente creer que esos hechos presentaban ya los caracteres del
delito que pena el art. 265 del Código, o bien el castigado en el 510, sin que en cuanto a
la participación que en esos hechos tuvo el recurrente se le pudiera ocurrir duda alguna,
puesto que los realizaba a su presencia: Considerando, por lo expuesto, que detenido
legalmente José Agulló por el agente Rives, no cometió éste delito alguno al llevarla a
efecto, y por lo tanto, no ha incurrido en error de Derecho el Tribunal a quo al dictar el
auto de sobreseimiento libre en favor del procesado Rives, por no haber hecho
justiciable que perseguir ni castigar.

FALLO

Fallamos que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso que


contra el auto de sobreseimiento libre dictado por la Audiencia provincial de Alicante
ha interpuesto José Agulló Pérez, al que condenamos en las costas y al pago de 1.000
pesetas por razón de depósito, si mejorase de fortuna; comuníquese esta resolución al
Tribunal sentenciador, a los efectos oportunos.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección Legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

28-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 27 DE


NOVIEMBRE DE 1894

Casación por infracción de ley en asunto de Ultramar.- Detención ilegal.-


Sentencia declarando no haber lugar a la admisión del recurso interpuesto por Pedro
Galis y Carricari contra la pronunciada por la Audiencia de la Habana. En sus
considerandos se establece:

126
Que no es admisible el recurso de casación por infracción de ley, cuando se
consignan al interponerle hechos contrarios a los admitidos como probados en la
sentencia contra la cual se reclama.

En la villa y corte de Madrid, a 27 de Noviembre de 1894, en el recurso de


casación por infracción de ley que ante Nos pende, interpuesto por Pedro Galis y
Carricari contra la sentencia pronunciada por la Sala de lo criminal de la Audiencia de
la Habana, en causa instruida al mismo en el Juzgado de Jesús María por dos delitos de
detención ilegal y una falta incidental de lesiones.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que la referida sentencia, dictada en 25 de Enero último,


contiene los siguientes resultandos: Primero. Resultando probado que D. Pedro Galis,
escribiente particular del celador del barrio de Chaves, acompañado de otro individuo
desconocido, entraron al mediodía del 16 de Abril último en la casa- núm. 159 de la
Calzada de Vives, y bajo el pretexto de que allí se estaba jugando a juegos prohibidos,
condujo a la celaduría a Don Felipe González, a quien metieron en el cepo, diciéndole
Galis que no saldría de allí mientras no pagara 25 pesos: Segundo. Resultando probado
que poco después volvieron a la mencionada casa y detuvieron con igual pretexto a D.
Francisco de Lucas Blanco, a quien hicieron conducir por una pareja de Orden público a
la celaduría, lo metieron también en el cepo, y Galis le golpeó además con un bastón,
causándole contusiones leves, y repitió a ambos la exigencia de dinero para conseguir su
libertad: Tercero. Resultando probado que dicho Galis llamó a la celaduría al sereno del
barrio, D. Antonio Fernández Festar, para que identificara a Blanco y González, a los
cuales conocía y vio en el cepo, y por encargo de ellos trató de arreglarse con Galis, del
cual obtuvo por fin que los dejara en libertad, mediante la entrega de un centén y 5
pesos plata que Fernández dio a Galis, y éste recomendó a González y Blanco que
guardaran reserva acerca de lo ocurrido: Cuarto. Resultando probado que el celador de
Chavos participó al terminar aquel día a su Jefe, en oficio escrito por D. Pedro Galis,
que no había ocurrido novedad en el barrio: Resultando que la Sala sentenciadora,
estimando que los hechos constituyen dos delitos de detención ilegal, previstos y
castigados en el primer párrafo del art. 500 del Código, y una falta incidental de
lesiones, y que es autor Pedro Galis y Carricari, sin circunstancias genéricas, le condenó
por cada uno de los delitos a la pena de ocho años y un día de prisión mayor, accesorias
y costas, y por la falta, a once días de arresto menor y pago de 51 pesetas 50 céntimos,
en concepto de indemnización: Resultando que a nombre del procesado se ha
interpuesto recurso de casación por infracción de ley, autorizado por el párrafo tercero
del art. 849 de la de Enjuiciamiento criminal vigente para Cuba, y alegando que
evidente el error en que incurrió la Sala sentenciadora, porque lo que hizo Galis fue
detener a dos personas para presentarlas a la Autoridad, resultan cometidos, no dos
delitos, sino seis, o sean dos de detención ilegal, dos de fidelidad (así dice) en la
127
custodia de presos y dos de estafa, comprendidos, bien en el núm. 1.°, bien en el 4.° del
art. 659 del Código penal de Cuba, y cita, por consiguiente, como infringidos: 1.° El art.
500 del Código penal vigente en Cuba, en cuanto lo ha aplicado a pesar de la excepción
que contiene: 2.° Los artículos 302, 370 y 559, bien en su núm. 1.° o bien en el 4.°,
todos del mismo Código, en cuanto no los ha aplicado debiendo hacerlo: Resultando
que el Ministerio fiscal se opone a la admisión del recurso, porque si bien refiere los
hechos como la sentencia los adiciona en términos que los trastorna y hace variar su
concepto, pues al razonar acerca del error que se supone cometido, dice que Galis lo que
hizo fue detener a dos personas para presentarlas a la Autoridad, extremo que no consta
entre los hechos declarados probados, y que por ello no es posible que sirva de base a la
discusión.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que el recurrente Pedro Galis Carricari no parte para plantear


la cuestión que con sus reclamaciones suscita de los hechos que se admiten como
ciertos en la sentencia recurrida, sino que los presenta bajo faz distinta, puesto que
expresa haber detenido a dos personas para presentarlas a la Autoridad, siendo así que,
no sólo no consta semejante extremo, sino que, por el contrario, se afirma en el fallo de
la Audiencia de la Habana que, como escribiente de un celador, y bajo el pretexto de
que jugaban, llevó a dos sujetos a la celaduría, les exigió dinero para ponerles en
libertad, y participó luego a su Jefe que no había ocurrido novedad: Considerando, por
tanto, que no es posible admitir el presente recurso, por oponerse a ello la constante
jurisprudencia de esta Sala, en armonía con las prescripciones del art. 849 de la ley de
Enjuiciamiento criminal: Considerando, además, que tampoco expone el recurrente con
la debida claridad las razones en que apoya sus pretensiones.

FALLO

Fallamos que debemos declarar y declaramos no haber lugar a la admisión


del recurso interpuesto por Pedro Galis y Carricari, al que condenamos en las costas, y
al abono, si viniere a mejor fortuna, de 125 pesetas, por razón de depósito, que por su
insolvencia no ha constituido; lo que se comunique al Tribunal sentenciador a los
efectos consiguientes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección Legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

29-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 29 DE ABRIL DE


1896

128
Casación por infracción de ley en asunto de Ultramar. -Atentado a los
agentes de la Autoridad y detención arbitraria.-Sentencia declarando no haber lugar al
recurso interpuesto por Wenceslao Segarra y Padilla contra la pronunciada por la
Audiencia de Puerto Rico. En sus considerandos se establece:

Que constituyen los delitos, de atentado y detención arbitraria los hechos


realizados por el procesado de haber acometido en el ejercicio de sus funciones a un
Secretario del Juzgado municipal, que, acompañado del alguacil y testigos, se
constituyó en la casa de aquél con el objeto de cumplimentar una orden del Juez de
instrucción, y de haber asimismo, sirviéndose de su carácter de Alcalde, procedido a la
detención durante algunas horas de la indicada comisión del Juez del partido:

Que es inadmisible el recurso por infracción de ley cuando se niega la


existencia del delito, que resulta evidente de los hechos consignados en el Fallo.

En la villa y corte de Madrid, á 21 de Abril de 1S96, en el recurso, de


casación por infracción de ley que antes Nos pende, interpuesto por Wenceslao Segarra
y Padilla contra sentencia dé la Audiencia de Puerto Rico, pronunciada en causa
instruida al mismo en el Juzgado de Foa baja por atentado a un agente de la Autoridad y
detención arbitraria.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que la referida sentencia, dictada en 27 de Noviembre: de 1894,


contiene el siguiente: Primero, Resultando que con fecha 20 de Septiembre de 1892, al
constituirse el Secretario del Juzgado municipal de Vega baja en la casa Ayuntamiento,
donde tenía su morada el Alcalde D. Wenceslao Segarra y Padilla, acompañado dicho
Secretario del alguacil D. Justo Roque y los testigos D. Justino Rodríguez y D. Manuel
Enríquez, a cumplimentar una carta orden del Sr. Juez de instrucción de Vega baja, les
acometió en el momento en que se daba lectura de dicha carta orden, con el propósito de
sustraérsela, y como no lo obtuviera, detuvo al Secretario, alguacil y testigos en el
depósito municipal, donde estuvieron dos horas; hechos probados: Resultando que
dicho Tribunal condenó a Wenceslao Segarra y Padilla, como autor de los delitos de
atentado a un agente de la Autoridad, con la concurrencia de la circunstancia 2.a del art
259 del Código penal, y de otro de detención arbitraria, sin circunstancias modificativas
de la responsabilidad criminal, por el primero, a un año, ocho meses y veintiún días de
prisión correccional, accesorias, multa y costas, y por el segundo, a la pena de multa de
893 pesetas y costas: Resultando que a nombre de Wenceslao Segarra Padilla se ha
interpuesto recurso de casación por infracción de ley, autorizado por los párrafos
primero, tercero y sexto del art. 849 de la de Enjuiciamiento criminal vigente en Cuba y
Puerto Rico, citando como infringidos: 1.° El art. 1.°, en relación con el último párrafo
del 259 del Código penal vigente el Ultramar, por aplicación indebida en lo que se
refiere al atentado, porque no se cometió; según resulta; de la sentencia; y el núm. 1.°
129
del art. 258, 1.° del 237 y. 260, porque se declara que Segarra no puso mano sobre el
agente ni sobre las personas que le acompañaban: El mismo art. l°, en relación, con el
198, y circunstancia 12, articulo 8l°, del Código, penal por haberse aplicado aquél en
cuánto al delito de detención arbitraria, que tampoco cometió Segarra, puesto que si
detuvo, lo hizo en uso de sus atribuciones, cumpliendo su deber y en ejercicio legítimo
de su cargo, como Alcalde Presidente del Ayuntamiento de Foa baja: Resultando que
admitido el recurso, impugnado totalmente por el Ministerio fiscal en el acto de la vista.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que los hechos imputados al recurrente Wenceslao Segarra y


Padilla determinaron dos delitos: uno de atentado a los Agentes de la Autoridad, y otro
de detención arbitraria de los mismos; pues ejecutándose el primero cuando se acomete,
se intimida gravemente o hace resistencia igualmente grave a aquellos funcionarios en
el ejercicio o con ocasión de sus cargos, según así prescribe el inciso 2 ° del art. 258 del
Código penal, aplicable a Puerto Rico, y el segundo, conforme al art. 190 del mismo
cuerpo legal, cuando un funcionario público, sin causa de delito, detuviere a una
persona sin estar autorizado por una ley; Segarra, Alcalde de Foa baja, al constituirse en
la casa de Ayuntamiento, donde él vivía, una Comisión del Juez de instrucción del
partido, con objeto de cumplimentar una orden de dicho Juez, Comisión compuesta del
Secretario del Juzgado municipal, un alguacil y dos testigos, la acometió e intentó
sustraer la mencionada orden, y como no lo consiguiera, detuvo ilegal y
caprichosamente en el depósito municipal, por tiempo de dos horas, a las personas
indicadas: Considerando que el recurso interpuesto a nombre de Segarra se limita a
negar, sin razón fundada, que éste haya cometido ni el atentado ni la detención
arbitraria, y como, según lo expuesto, resulta lo contrario, no se han infringido en el
fallo I09 artículos antes citados, y demás qué se invocan en el recurso, ni se ha incurrido
en los errores de derecho que le sirve de apoyo.

FALLO

Fallamos que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso


interpuesto contra la expresada sentencia por D. Wenceslao Segarra y Padilla, a quien
condenamos en las costas, y al abono, si mejorase de fortuna de 125 pesetas, por razón
de depósito, que por su insolvencia no ha constituido; y comuníquese a la Audiencia de
Puerto Rico para los efectos procedentes.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid, e


insertará en la Colección Legislativa, lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

30-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 21 DE MAYO DE


1896
130
Casación por infracción de ley.-Detención ilegal.-Sentencia declarando no
haber lugar a la admisión del recurso interpuesto por Francisca López Suárez contra el
auto pronunciado por la Audiencia de Granada. En sus considerandos se establece:

Que según la ley de Enjuiciamiento criminal, para la viabilidad de los


recursos por infracción de ley es de inexcusable necesidad se Acepten por el recurrente
en toda su integridad los hechos probados de sentencia reclamada, sin ser, asimismo,
lícito, discutir la apreciación de la prueba que haga la Sala sentenciadora, en virtud de
atribuciones ajenas, a todo motivo de discusión.

En la villa y corte de Madrid, a 21 de Mayo de 1896, en el recurso de


casación por infracción de ley que ante Nos pende, interpuesto por Francisca López
Suárez contra el auto de la Audiencia provincial en pleno, de Granada, pronunciado en
el incidente de recusación del Juez interino de instrucción de Motril, D. Luis Vinuesa y
Molina, propuesta por D. Florencio Moreu Auger en la causa que a éste se sigue a
instancia de aquélla, y otra por detención ilegal y otros delitos.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que el indicado auto, dictado en 4 de Octubre último, contiene


los siguientes: Primero. Resultando que en causa instruida en el Juzgado de Motril a
instancia de Francisca López Suárez y María Conde Suárez contra D. Florencio Moreu
Auger y consortes, sobre detención ilegal y otros delitos, incoada bajo el núm. 11 del
corriente año, se promovió por parte del procesado Moreu Auger incidente de
recusación del Jaez accidental o interino de aquel partido, D. Luis Yinuesa Molina,
fundado en las causas 9 a y 11.a del art. 54 dé la ley de Enjuiciamiento criminal, por ser
el Yinuesa enemigo personal y político del Moren y tener interés manifiesto en el
proceso: Segundo. Resultando que no habiéndose inhibido dicho Juez interino del
conocimiento de la indicada causa, por no considerarse comprendido en las causas en
que se fundó la recusación, se formó la oportuna pieza separada, que remitida a esta
Audiencia provincial, a quien correspondía la decisión del incidente, y en la que se ha
instruido y sustanciado por el Magistrado más moderno, D. Manuel Castro Tejeiro:
Tercero, Resaltando que oído el Ministerio fiscal, el recusante y las acusadoras privadas
en la causa de que se deja hecho mérito, únicas partes que se personaron en el incidente,
se recibió éste a prueba, y dentro de su término, a instancia del dicho recusante, se han
examinado cinco testigos ante el Juez de instrucción de Motril, a quien se comisionó en
forma para ello, con remisión del oportuno interrogatorio de preguntas y lista de los
mencionados testigos; ser cierto, público y notorio en Motril que D. Luis Yinuesa,
desde que sufrió cierto atentado en que le llenaron, la cara de materias fecales, viene
enemistado con D. Froreneio Moreu, por creer que éste mandó que se hiciera tal cosa
con Yinuesa; que una de las denunciantes, que ha sido costurera del D. Luis Yinuesa,
alardea públicamente de que éste la dirige y apoya, y que entre Vinuesa y Moreu existe

131
enemistad política profunda, particularmente por parte del primero, quien imputa a sus
contrarios determinados disgustos que sufriera: Cuarto. Resultando que la parte de
María Conde Suárez interesó como medio de prueba que se autorizara al Procurador que
en Motril representaba a aquéllas para dirigir preguntas a los testigos que habían de
examinarse a instancia de Moreu; que se desglosara y uniese a esta pieza separada la
denuncia que dio lugar a la cansa de donde la misma procede, y que se trajese
certificación de ciertos particulares de la otra denuncia que hiciera y declaraciones que
prestara Yinuesa en un proceso que se instruye sobre tentativa de asesinato al mismo;
habiéndose denegado la autorización para repreguntar a dichos testigos en la forma
pretendida; acordándose que presentando, la parte Francisca López y María Conde
interrogatorio de repreguntas, proveería; denegándose también el desglose y unión a
esta pieza separada de la referida denuncia, mediante hallarse en sumarió la causa en
que se encontraba y ser necesaria en ella, y se denegó igualmente la traída de la
certificación de los indicados particulares, por referirse a otra causa que ocupaba el
estado de sumario; por lo cual la parte de la Suárez y la Gonde no hicieron prueba
alguna en justificación de sus pretensiones: Quinto. Resultando que señalado día para la
vista de esta pieza separada, tuvo lugar en 19 del corriente mes, con asistencia del
Ministerio riscal y de los defensores de las partes; solicitando dicho Ministerio, así
como la parte recusante, que se accediera a la recusación, y la de Francisca López y
María Conde, que se declarase no haber lugar a ella: Resultando que la Audiencia
provincial en pleno de Granada declaró haber lugar a la recusación propuesta, sin hacer
expresa condenación de costas, fundándose en que se ha probado por parte de Moren la
existencia de las causas en que la fundó, sin que las querellantes hayan dado prueba
alguna en contrario: Resultando que a nombre de Francisca López Suárez se ha
interpuesto recurso de casación por infracción de ley, fundado en el párrafo segundo del
art. 863, en relación con el núm. 8.° del 848, y párrafo segundo del 69 de la ley de
Enjuiciamiento criminal, citando (como infringido el art. 54, en sus núm. 9 y 11 de la
misma ley, por estimar que existen en el Juez Vinuesa enemistad con Moren e interés
directo en la causa que a éste se sigue, cuando de los resultandos del auto, donde se
consignan las declaraciones de los testigos, no aparecen concretadas y corroboradas las
causas de recusación que deben tenerse por arbitrariamente supuestas en el caso
presente, y cuando a mayor abundamiento, aparece de expresados resultandos que se
denegó a las denunciantes el derecho indiscutible de repreguntar a los testigos de
referencia: Resultando que la representación de Moren se opone a la admisión del
recurso por no ajustarse a las disposiciones de la ley procesal ni cumplirse los requisitos
necesarios para que pueda ser admitido, toda vez que dicha ley, tratándose de autos, no
exige que los hechos se declaren probados precisamente en los resultandos, cómo
cuándo se trata de sentencia, y también porque siendo necesario para que pueda
interponerse el recurso que la resolución recurrida contradiga expreso precepto legal, el
recurrente no cita el que a su entender contradice el auto recurrido, sin que pueda
entenderse como tal la única infracción legal que alega, pues ésta se refiere a las causas
132
de recusación que el Tribunal ha declarado probadas, sin que sea posible impugnarlas en
recurso de casación: Resultando que instruido el Sr. Fiscal del recurso, se mandó
celebrar vista sobre su admisión.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que, según la ley de Casación, es requisito indispensable,


para que puedan admitirse los recursos de esta clase, que en sus fundamentos no se
contradigan ni discutan los hechos declarados probados por la sentencia contra que se
recurre; antes, por el contrario, han de aceptarse en su integridad, sin que se puedan
contradecir ni discutir, oponiéndose a la apreciación que de la prueba dada en ellos haya
hecho la Sala sentenciadora, en virtud de su exclusiva competencia: Considerando que
los fundamentos en que el presente recurso se apoya consisten en no haberse probado
por parte de D. Florencio Moreu Anger la existencia de las causas en que fundó la
recusación del Juez interino de instrucción de Motril, D. Luis Vinuesa Molina,
contradiciendo la apreciación de la prueba consignada en el auto recurrido, en que
estima debidamente justificadas las cansas de recusación alegadas, y en su
consecuencia, carece del requisito indispensable para que pueda ser admitido.

FALLO

Fallamos que debemos declarar y declaramos no haber lugar a la admisión


del recurso interpuesto contra el expresado auto por Francisca López Suárez, a quien
condenamos en las costas y al pago, si mejorase de fortuna de 1.000 pesetas, por razón
de depósito, que por su insolvencia no ha constituido; y comuníquese a la Audiencia
provincial de Granada para los efectos procedentes, con devolución del incidente de
recusación que remitió.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Gaceta de Madrid e


insertará en la Colección Legislativa lo pronunciamos, mandamos y firmamos.

31-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 10 DE JULIO DE


1900

Competencia. Detención ilegal. Auto decidiendo en favor de la jurisdicción


de Guerra la sostenida entre el Capitán General de Cataluña y el Juez de instrucción de
Lérida, en la causa contra Felipe Ungo Ángulo.

En sus considerandos se establece:

Que indicándose la posibilidad de haberse cometido un delito de detención


ilegal por un individuo de la Guardia civil en actos del servicio, corresponde conocer de

133
la causa a la jurisdicción de Guerra, según dispone el núm. 1.° del art. 5.° del Código de
Justicia militar.

En la villa y corte de Madrid, a 10 de Julio de 1900, en el recurso de


casación por infracción de ley que ante Nos pende.

ANTECEDENTES DE HECHO

Resultando que en causa que se sigue en el Juzgado de instrucción de


Lérida sobre supuesto delito de desacato por el denunciado Cándido Gómez Vera, se
han hecho manifestaciones de hechos que pueden ser constitutivos de un delito de
detención ilegal, y responsable del mismo el cabo del puesto de Villanueva de la Barca,
Felipe Ungo Ángulo: Resultando que dirigido oficio al Jefe de la Guardia civil por el
Juzgado de Lérida para la comparecencia del expresado cabo, el Capitán General de
Cataluña requirió de inhibición a dicho Juzgado, de conformidad con el dictamen de su
Auditor en cuanto al delito de detención ilegal aludido, a lo cual contestó el Juez de
Lérida que no podía acordar sobre la inhibición propuesta, por no existir sumario
especial sobre el hecho y no haber prestado el cabo Ángulo la declaración acordada; e
insistiendo en su inhibición la Autoridad militar, ha elevado lo actuado a este Supremo
Tribunal para la resolución del conflicto: Resultando que el Sr. Fiscal de este Tribunal
entiende que la presente competencia debe resolverse en favor de la jurisdicción de
Guerra, en atención a que se trata de investigar si por un individuo de la Guardia civil se
ha cometido un delito de detención ilegal, delito que no es de los que causan desafuero,
conforme al art. 13 del Código de Justicia militar, sin que esté indicada ni siquiera
formulada indicación de responsabilidad contra otra persona que un militar sujeto a la
jurisdicción de Guerra, según el art. 6.°, núm. 1.°, del expresado Código.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Considerando que si bien el Juez de Lérida no ha instruido diligencias


especialmente sobre la detención ilegal de que hizo indicaciones en su declaración
Cándido Gómez Vera, el haber dictado una providencia en el supuesto de la posibilidad
de que exista delito, e interesar la comparecencia del cabo de la Guardia civil en
concepto de presunto autor del mismo, son elementos que permiten resolver desde luego
el conflicto jurisdiccional suscitado: Considerando que por tratarse de la investigación
de un hecho, que si constituyera el delito de detención ilegal no produciría desafuero,
según el art. 13 del Código de Justicia militar, y haberlo además realizado un individuo
del instituto de la Guardia civil en servicio activo, sometido, por tanto, a tenor del art.
5.° del propio Código, a la jurisdicción de Guerra, a ésta corresponde el conocimiento
del proceso en que han de depurarse la realidad del delito y responsabilidades en su caso
exigibles.

FALLO

134
Se declara que el conocimiento de la expresada causa corresponde a la
jurisdicción de Guerra, a la que se remitirán las actuaciones, con certificación de éste
auto, y del mismo al Juzgado de instrucción de Lérida; publíquese esta resolución en la
Gaceta de Madrid dentro del término de diez días, y a su tiempo en la Colección
Legislativa.

II. JURISPRUDENCIA REFERENTE AL CÓDIGO PENAL DE 1944

1-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 20 DE ABRIL DE 1953

Casación por infracción de ley.-Detención ilegal.-Declarando no haber lugar al


recurso interpuesto por Francisco Estremera contra la pronunciada por la Audiencia de
Santa Cruz de Tenerife, en causa seguida al mismo.

En sus considerandos se establece:

Que el delito de detención ilegal, tal como se establece en el artículo 184 del
Código Penal, no exige sino dos condiciones: que sea funcionario público con
facultades para ello el que practique la detención, y que ésta se haga ilegalmente, es
decir, que no siendo por razón de delito ningún otro motivo que se haya querido tener
en cuenta la legítima. Siendo inaceptable la alegación de que la detención no excedió de
veinticuatro horas, y por ello no puede existir delito, pues el citado artículo 184 no pena
el plazo como determinante de la culpabilidad, sino tan sólo en orden a la medida de la
pena.

Que en el caso aludido, el artículo 40 de la ley de Orden Público, que se invoca


como infringido, nunca puede servir para apoyarse en el número 1.° del artículo 849 de
la Ley adjetiva.

Resúltando que por la mencionada Audiencia se dictó, con fecha 6 de julio de


1951, la sentencia que contiene el siguiente primer Resultando: "Probado, y así se
declara, que el procesado, en ocasión de desempeñar el cargo de Inspector de la
Comisaría de Vigilancia de esta capital, por cuestiones de índole particular y rencillas
personales, procedió a la detención el día 9 de septiembre de 1948, de D. Sebastián
Rodríguez González, quien ingresado en el calabozo de la Comisaría, con orden firmada

135
de dicho Inspector, donde permaneció hasta el día siguiente, en que puesto en libertad
por orden del señor Gobernador civil, sin que se hubiere instruido diligencia ni atestado
alguno contra el Rodríguez González.

La referida sentencia estimó que los indicados hechos probados, eran


constitutivos de un delito de detención ilegal, previsto y penado en el primer particular
del artículo 184, del Código Penal, del que era autor el procesado, sin la concurrencia de
circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal.

Considerando que el delito de detención ilegal, tal como se establece en el


artículo 184 del Código Penal vigente, no exige para que exista, sino dos condiciones:
que sea funcionario público con facultades para ello, el que practique la detención, y
que ésta se haga ilegalmente, es decir, que no siendo por razón de delito, ningún otro
motivo que se haya querido tener en cuenta la legítima, pues la Ley emplea las palabras
cualquier detención o sea, sin distinción alguna, por lo que siendo esto así, el primer
motivo del recurso de casación por infracción de Ley, que acogiéndose al número .1.°
del artículo 849 de la Ley procesal penal, formulada la representación del procesado, no
puede prosperar, toda vez que la declaración de hechos probados pone de manifiesto
que el procesado, que desempeñaba el cargo de Inspector de la Comisaría de Vigilancia
de Santa Cruz de Tenerife, si procedió a la detención de Sebastián Rodríguez por
cuestiones de índole particular y rencillas personales, es decir, que para nada consta que
fuese por razón de delito, y es inaceptable también la alegación del recurrente de que
como la detención no excedió de veinticuatro horas, no puede constituir este delito,
pues, el citado artículo 184 del Código Penal vigente no señala el plazo como
determinante, de la culpabilidad o no del acusado, sino que lo fija tan sólo en orden a la
medida de la pena, para imponer solamente la de suspensión si la detención no excedió
de tres días: Considerando que la absoluta carencia de base del motivo segundo es tan
notoria, que su desestimación surge como lógica consecuencia, toda vez, que el artículo
40 de la ley de Orden Público que se invoca como infringido, nunca podría servir para
apoyarse en el número 1.° del artículo 849 de la Ley adjetiva, y además no consta para
nada de los hechos probados que se hubiese declarado el estado de alarma, cuando la
detención ilegal tuvo lugar: Considerando que el tercer motivo del recurso, que se acoge
al número 2.° del artículo 849 de la ley de Enjuiciamiento Criminal tampoco puede
correr menor suerte, pues tanto la certificación librada por el Secretario de la Comisaría
con el visto bueno del Comisario, sobre los antecedentes del detenido, como la minuta
que el procesado dirigió al Comisario, no pueden merecer el carácter de documentos
auténticos, y en todo caso, tampoco justificarían la legalidad de la detención, pues, de
ellos no aparece, no ya la existencia indubitada de algún delito, sino por lo menos
hubiera motivos racionales para creer en qué tuvo lugar y en la participación en el
mismo del detenido.
136
Fallo: Fallamos que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso
por Infracción de Ley, interpuesto por Francisco Estremera de Torre contra la sentencia
dictada por la Audiencia de Santa Cruz de Tenerife, en causa seguida al mismo, por
detención ilegal.

2-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 8 DE OCTUBRE DE


1957

Resultando que el procesado José Antonio, que a la sazón desempeñaba


provisionalmente la Secretaría del Juzgado de Paz de Villafranca de Córdoba, con
ocasión de que la querellante, doña Estefanía, que en su casa lo había hospedado,
encontró una carta que a su juicio podía menoscabar y perjudicar en el concepto público
el prestigio del procesado, decidió, antes de formar un juicio prematuro y velando por la
reputación de su industria, acudir a aquellas personas que dentro de la mayor discreción
pudieran asesorarla. Así fue, en efecto, y en el deseo de la mayor mesura y silencio
consultó a un Sacerdote, un Letrado y el hermano de la dicha señora, a los que acudió
para que todos, una vez formado su criterio y en conciencia, le dictasen la norma a
seguir. Lo que se quiso que fuese de carácter confidencial no llegó a serlo, quizá por
alguna indiscreción, por lo que al tener noticia el procesado señor José Antonio -y en su
legítimo deseo de recuperar aquella carta-, valiéndose del cargo de Secretario del
Juzgado de Paz que provisionalmente desempeñaba, sin abstenerse en la actuación
como parte interesada que era, por y ante sí, sin providencia alguna del Juez que así lo
ordenara, decidió qué por el pregonero del lugar se publicase que quien supiera algo de
las ofensas hechas por la querellante con respecto al procesado, fuese a declararlo, y
además ordenó la inmediata presentación ante el Juzgado de la referida doña Estefanía,
que al no recibir la correspondiente cédula de citación se negó a concurrir-, y al no
asistir al imperioso llamamiento el procesado -siguiendo su propio criterio y sin dar
cuenta al señor Juez- ordenó a una pareja de la Guardia Civil que ingresaran a la
querellante en el Depósito Municipal, en el que permaneció del 8 al 9 de octubre del año
ya referido de 1952, sin mandamiento ni documento alguno que justificase tanto la
razón de su ingreso como la de su salida, y sin que se hubiesen practicado diligencias
algunas en cuanto a los hechos base de este sumario, ni conste antecedente alguno
respecto a los mismos.

La referida sentencia estimó que los indicados hechos probados eran


constitutivos de un delito de detención ilegal, previsto y castigado en el artículo 184 del
Código Penal, siendo autor el procesado, sin la concurrencia de circunstancias
modificativas.

Considerando que al dictar el Tribunal de instancia la sentencia recurrida no


infringió lo dispuesto en los artículos 184 del Código Penal, en su relación con el
137
número primero del artículo 492 de la ley de Enjuiciamiento Criminal, como se sostiene
por el recurrente en el motivo único de su recurso, porque ni los Secretarios de la
Justicia Municipal, cualquiera que sea su grado, son Agentes de la Policía Judicial, ni
pueden, sin invadir funciones propias de la Autoridad Judicial a quienes sirven, o deben
servir, con su misión específica de asistencia y fe decretar en actuaciones de justicia
detenciones, cualquiera que fuera la razón y procedencia de su dictado, ni cabe, por
tanto, que se pretenda justificar la conducta de dicho recurrente mediante una extensión
de su cargo en la forma que la Audiencia estimó probado, por todo lo cual no es dable
acoger el recurso de referencia

Fallo: Fallamos que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación por infracción de Ley interpuesto por José Antonio, contra la sentencia dictada
por la Audiencia de Córdoba en causa seguida al mismo por detención ilegal.

3-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 17 JUNIO DE 1958

Resultando probado y así se declara, que les procesados Juan Antonio y


Evaristo, el día 23 de agosto de 1956, puestos de común acuerdo, en el pueblo de
Respaldiza, y siendo las veintiuna horas, aproximadamente, a unos quince metros de la
bifurcación de la carretera de Murga, en dirección a Amurrio, salieron al paso por un
portillo allí existente, de Frida, sirvienta en la mentada localidad de Narciso, que llevaba
a un niño de siete años, llamado Pedro Francisco, nieto de aquél, a su vez acompañada
de la joven de dicha localidad Esther. El procesado Evaristo preguntó quién era el
chiquillo que Frida llevaba de la mano, contestándole ésta que era de sus señores; algo
detrás del procesado aludido se encontraba su coprocesado Juan Antonio, con la cara
tapada con un pañuelo, ambos llevaban sombrero, y este último portaba una pistola que
después se comprobó ser de las de juguete; ambos procesados cogieron al niño Pedro
Francisco , dándose a la fuga, en cuyo momento la sirvienta y su compañera, Esther,
salieron corriendo hacia la casa de teléfonos de dicha localidad, donde dieron cuenta de
lo ocurrido; los dos citados procesados llevaron al indicado menor a una casa
semiderruida, sita en una ladera inmediata al monte Begaza, del término de Murencar,
advirtiéndole, para que no gritase y no se asomase a la ventana, casa denominada
Castaños, donde a las cinco y media de la madrugada del día 24 del expresado mes de
agosto, fue encontrado dicho niño, en las inmediaciones de dicha casa, por haberlo
puesto en libertad, el que seguidamente se entregó a su abuelo, don Narciso en el pueblo
de Respaldiza. Cuando los mentados procesados el mismo día de los hechos, dejaron en
la referida casa deshabitada al Pedro Francisco, regresaron a Respaldiza, situándose en
las cercanías de la casa habitada por los padres del niño, y al pasar Andrés, que venía
acompañando a Esther a la casa de ésta, les echaron el alto, al mismo tiempo que hacían
ruido como de cargar una pistola, diciéndoles que aquella misma noche debían de

138
presentar en el puente llamado de Serral de la cantidad de sesenta mil duros y que
devolvían al niño, y que de lo contrario se verían cualquiera que fuese, bajo el fuego de
sus pistolas.

El procesado Juan Antonio, aproximadamente un mes antes de la realización de


los hechos que quedan relatados (conviniendo) ofreció a los otros procesados Víctor y
Félix, la intervención en los hechos que quedan relatados, conviniendo en que el Víctor
vigilaría durante el tiempo que estuviesen realizando los hechos los otros y, además,
cortaría los hilos del teléfono; y el Félix habría de ir con aquéllos a sustraer al menor;
estos procesados aceptaron y resolvieron su intervención en los hechos, si bien no
llegaron a intervenir por no haberles avisado los otros procesados.

Resultando que los hechos declarados probados en la expresada sentencia se


estiman legalmente constitutivos de un delito de detención ilegal de los artículos 480 y
481, número cuarto del Código Penal y también de una conspiración punible para
cometer un delito del párrafo primero del artículo 4.° y párrafo tercero del 52 del
expresado Código.

Considerando que para la calificación jurídica de los actos humanos ha de


atenderse primordialmente el ánimo e intención perseguida por el agente, siempre que la
acción ejecutada revele de una manera inequívoca el fin perseguido, porque entonces se
establece una adecuación perfecta entre la intención y el resultado, y la función de los
Tribunales se concreta a aplicar la Ley al acto querido y realizado por el sujeto; y así,
cuando dos o más personas se conciertan para apoderarse del dinero de otra, y para
lograrlo secuestran a una persona de la familia de la víctima exigiendo una cantidad por
el rescate, se pone de manifiesto la voluntad perseguida por los sujetos del delito;
atentar a los bienes patrimoniales ajenos, no a la libertad, pues si ésta es atacada en la
persona de quien se ha elegido como materia de rescate, lo es sólo en cuanto sirve de
instrumento o medio para el logro del fin lucrativo que se persigue; quedando así
relegado el ataque a la libertad a un plano secundario, al ser mera fase evolutiva del
proceso delictivo contra la propiedad; y al ser medio y no fin de la actividad punible, no
puede esta privación de libertad configurar un delito específico del título XII del Libro
II del Código Penal, donde la libertad y seguridad son los bienes directamente
protegidos, pero sí sirve para matizar una figura delictiva del capítulo primero del título
XIII, donde en el número segundo del artículo 501 se prevé como una de las
circunstancias cualificativas del robo el valerse parai realizarlo del secuestro de
personas; quedando así perfectamente diferenciadas las dos clases de delitos
perseguidos en cada uno de los citados capítulos del Código los del capítulo XII, en que
el bien directamente atacado es la libertad, y que no se desnaturaliza, porque para
recobrarla se exija dinero, aunque ello sirva para agravar la pena, que es el caso del
número cuarto del artículo 481; y los del capítulo primero del título XIII-robos-, donde
el ataque se dirige a los bienes inmuebles ajenos, y el secuestro-privación de libertad de
139
un tercero simple medio para lograr el apoderamiento de esos bienes; y al no entenderlo
así la Sala sentenciadora y calificar como delito de detención ilegal el secuestro de un
niño para obtener de su padre determinada cantidad por el rescate, aplicó indebidamente
el citado artículo 481 al caso enjuiciado y dejó de aplicar los artículos 500 y 501,
número segundo del Código Penal, haciendo viable el recurso interpuesto por el
Ministerio fiscal por la infracción de esos preceptos, al amparo del número primero del
artículo 849 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Fallo: Fallamos que debemos declarar y declaramos haber lugar al recurso de


casación por infracción de ley interpuesto por el Ministerio fiscal contra la sentencia
que en 18 de noviembre de 1957 dictó la Audiencia Provincial de Vitoria, cuya
sentencia casamos y anulamos con declaración de las costas de oficio.

4-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 18 DE NOVIEMBRE


DE 1958

Resultando que el día 10 de mayo de 1957, Mariano, empleado del


Ayuntamiento de Logrosán, fue citado para que compareciera en el despacho del
Secretario de la Corporación, el procesado don Marco Antonio, para que se aviniese a
llevar a su mujer, que padecía una enfermedad grave y contagiosa, al Hospital de
Cáceres, y bajo la amenaza de que, de no conformarse, se le deducirían 400 pesetas de
su sueldo, las que entregarían a su suegra, para que ella se encargase de acompañarla.
Como con esta intimación no acudiese, se le citó nuevamente sin la advertencia de que
si, además, seguía observando tan mala conducta, se le privaría de la ayuda familiar que
sólo se entregaría a su mujer, y se le abriría expediente para su expulsión. Acudió
Modesto a esta segunda llamada y se entrevistó con el procesado y mostrándose
totalmente de acuerdo con la recepción de las 400 pesetas y con el encargo de llevar a
su mujer al Hospital de Cáceres. Pero manifestando éste pleno acuerdo con la propuesta,
penetró en el mismo despacho la suegra de Mariano, quien al verla se encolerizó y se
trabó una discusión con ella que intentó cortar el procesado, amenazando reiteradamente
a Mariano con encerrarlo en la prevención si no se callaba. Ante esta reiterada amenaza
en la excitación propia de la riña y estimando que la presencia de su suegra obedecía a
querer llevar a cabo la intimación que se le había hecho de privarle de la ayuda familiar
con la finalidad apuntada al principio de esta resolución, Mariano dijo, dirigiéndose a
los presentes, que lo que estaban era dándole la razón a su suegra y quitándosela a él, y
lo que querían era robarle el dinero a él para dárselo a su suegra. Llevó a cabo entonces
el procesado su amenaza y ordenó al alguacil que condujese y encerrase en la
prevención a Mariano, que encerrado estuvo desde las siete y cuarto de la tarde del día.
10 de mayo, hasta las once de la mañana del día siguiente. Hechos probados.

140
Resultando que en la expresada sentencia se estimó que los hechos declarados
probados eran legalmente constitutivos de un delito de detención ilegal del artículo 184
del Código Penal, y reputándose autor del mismo al procesado Marco Antonio, sin
circunstancias modificativas.

Considerando que de la relación circunstanciada de hechos que declara probados


la sentencia de instancia, resulta, sin género de duda, que el procesado recurrente
cometió, en la ocasión de autos, el delito de detención ilegal previsto y sancionado en el
artículo 184 del Código Penal, como acertadamente fue calificado por el Tribunal "a
quo", porque dicho procesado, que es funcionario público, por su cargo de Secretario
del Ayuntamiento de Logrosán, ordenó, sin facultades para ello, la detención de un
empleado de la Corporación municipal, sin que estuviera éste en ninguno de los casos
que se enumeran en el artículo 490 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, detención que
tuvo lugar en la prevención de dicho pueblo, donde estuvo encerrado el perjudicado
desde las siete y cuarto de la tarde del día 10 de marzo de 1957 hasta las once de la
mañana del siguiente día, por lo que esta injustificada conducta del recurrente está
sancionada con la pena de suspensión, por no haber excedido la detención de tres días,
según se establece en el primero de los supuestos del mencionado artículo 184 de la Ley
sustantiva penal, precepto que, por tanto, no ha sido infringido como se alega en el
único motivo del recurso, el que, en su consecuencia, tiene que ser desestimado.

Fallo: Fallamos que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación por infracción de ley interpuesto por Marco Antonio, contra la sentencia
pronunciada por la Audiencia Provincial de Cáceres, con fecha 21 de enero del año en
curso, en causa seguida al mismo por delito de detención ilegal. Condenamos al
recurrente en las costas del presente recurso y a la pérdida del depósito de 250 pesetas
constituido, al que se dará el destino legal. Comuníquese esta resolución al Tribunal
sentenciador, a los efectos legales procedentes, y publíquese en la colección legislativa.

5-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 16 DE ABRIL DE 1959

Resultando probado, y así se declara, que en la ciudad de Tárrega, punto de su


naturaleza, vivía y ha vivido siempre la anciana, a la sazón de 81 años de edad, doña
Begoña, perteneciente a una familia distinguida y acomodada de la localidad, y en los
últimos años en compañía de una hermana, también de avanzada edad, llamada Dolores,
habiendo depositado, una y otra desde hace bastantes años toda su confianza en don
Guillermo, industrial sastre, residente en el indicado pueblo, y que administraba el
caudal de las dos citadas, consistente, al parecer, en propiedades rústicas de
considerable valor y varias casas. En esta situación, el hoy recurrente Alonso casado

141
con Elisa, prima carnal de doña Begoña y única pariente dentro del cuarto grado civil de
la misma, y el yerno de aquél, Mariano, concibieron la idea de sustraer por cualquier
medio a doña Begoña, a la influencia notoria de que en su ánimo ejerciera el repetido
administrador para evitar que en su día los bienes de ésta fuesen a parar a personas
extrañas a la familia, y a tal fin intentaron trasladar voluntariamente a dicha señorita a
Barcelona, bajo el pretexto de consultar a un especialista acerca de una supuesta
afección cardíaca que afirmaban padecía; pero como la interesada no mostraba el menor
deseo de abandonar su domicilio ni su mismo médico de cabecera, que no prescribió
semejante consulta, accediese a acompañar a la presunta enferma en su viaje, se desistió
de ello y se urdió una trama distinta. El también procesado Mariano consultó el caso
con el también acusado Gerardo, abogado ejerciente en Barcelona e íntimo amigo suyo,
quien aconsejó se internase a doña Begoña en un manicomio, previos los documentos y
certificados necesarios, acudiendo al médico especialista Cornelio, psiquíatra, que
ejerce su profesión en Reus y Barcelona, y pasa también frecuente visita en esta capital
de Lérida, para que reconociese a la presunta demente y facilitara la oportuna
certificación, mediante la que llevar a cabo el traslado de aquélla a un sanatorio de
Barcelona, donde residen Mariano y su esposa e hija de Alonso. Decidido de antemano
y por consejo del doctor Cornelio el internamiento de la anciana en la Residencia «Él
Pinar», dependiente del Instituto Frenopático y establecimiento para enfermos mentales,
que funciona en régimen abierto, el mencionado doctor se desplazó a la ciudad de
Tárrega, y tras una entrevista con doña Begoña, sostenida el día 11 de noviembre del
año 1955, que duró unos veinte minutos, en lo que el citado facultativo se limitó a
hacerle diferentes preguntas y tomarle el pulso en presencia de la criada de la casa y
otras vecinas, que negaron rotundamente que doña Begoña ingiriera con exceso bebidas
alcohólicas, como propalaban sus interesados familiares, sin cambiar impresiones con el
doctor Jesús, médico de cabecera, como arriba queda dicho, no se prestó al proyectado
viaje a Barcelona, si bien en un principio accediera a tal solicitud, expidió con fecha 12,
o sea al siguiente día de su visita, dos certificados, extendidos en el papel
correspondiente, uno del modelo A, o corriente para toda clase de enfermos, y otro del
modelo F, especial para dolencias mentales, en los que hacía constar con entera
conciencia de su inexactitud y de que el dictamen no reflejaba el verdadero estado
psíquico de su visitada que ésta padecía alcoholismo crónico con episodios de
intoxicación aguda y peligrosidad para sí misma y los demás durante la embriaguez, con
ataques sincópales epilépticos e ideas de persecución contra sus familiares, que cree que
quieren matarla, dolencia para cuyo tratamiento debía ingresar en un establecimiento
psiquiátrico.

Una vez en posesión de los certificados expedidos por el doctor Cornelio,


Alonso suscribió un impreso asumiendo los gastos de estancia y medicación de doña
Begoña en el Instituto Frenopático, y al siguiente día de reconocida ésta, o sea el 12 de
noviembre de 1955, y en dos taxis, se trasladaron a Tárrega los procesados Alonso,

142
Mariano, los hermanos Elisa e Jesús Luis, Gerardo, el médico Jose Enrique y el
enfermero Gaspar, estos dos últimos encargados por el director del referido centro
sanatorial para asistir y transportar al mismo a la paciente. Una vez en la repetida
localidad, se personaron en la casa de doña Begoña todos los nombrados, salvo Jesús
Luis, que quedó a la puerta, y después de breve conversación con la anciana, que se
opuso reiterada y tenazmente a abandonar su domicilio, y no obstante las protestas de la
sirvienta María Rosario, a la que se impidió por unos momentos salir de la cocina, por
los sanitarios dichos se aplicó a la anciana una inyección de narcovenol, que le produjo
un sueño pasajero y facilitó su subida al vehículo automóvil, que ocupó en unión del
chófer, médico Jose Enrique, enfermero Gaspar y Víctor, emprendiendo la marcha en
dirección a Barcelona, seguidos de otro coche, en que iban los restantes mencionados
procesados. El abogado Gerardo conminó a la indicada sirvienta con llamar a la Guardia
Civil si no cejaba en su actitud, y Alonso la despidió, abonándole el salario que dijo
percibir de su ama, con cincuenta pesetas de propina, y cerró la casa, guardándose la
llave de la puerta. Denunciados los hechos al Juzgado Comarcal por el señor Guillermo,
administrador de dicha Begoña, se procedió con toda rapidez, y los ocupantes de los dos
taxis fueron alcanzados y detenidos en Martorell, y aquélla, que había insistido en su
negativa al pasársele los efectos de la inyección, inmediatamente retornada a su
domicilio, todos ellos perfectamente convencidos de que su parienta no adolecía de
demencia, ni estaba alcoholizada, ni menos fuera preciso su internamiento por razones
de peligrosidad. El doctor Cornelio obró de acuerdo con los familiares de doña Begoña,
y tanto el médico interno en el Instituto Frenopático, Jose Enrique, como el enfermero
del propio establecimiento, Gaspar, eran ajenos a la interesada confabulación de
aquéllos, y se limitaron a desempeñar el encargo que se les confiara, sin sospechar que
aquella señora se hallase en posesión de sus facúltales mentales, ya que pensaron que su
reacción era la normal en presuntos dementes en análogas circunstancias.

Resultando que la expresada sentencia estimó que los indicados hechos


probados eran legalmente constitutivos de dos delitos: uno, de detención ilegal, en
grado de frustración, previsto y castigado en el artículo 480, párrafo primero, del
Código Penal, y otro, de falsedad consumada en documento privado con ánimo de
perjudicar a tercero, definido y sancionado en el artículo 306, en relación con el 302,
número cuarto, ambos del propio Código.

Considerando que el hecho probado de siete procesados personarse en casa de la


ofendida y, contra la oposición reiterada y tenaz de ésta y las protestas de su sirvienta,
los dos sanitarios absueltos aplicaron a dicha señora una inyección de narcovenol, que le
produjo sueño pasajero y facilitó su subida a un automóvil, en el que emprendieron la
marcha en dirección a otra ciudad, seguidos de otro coche en el que iban los demás
procesados, los que fueron alcanzados y detenidos antes de llegar a su destino,
constituye el delito de coacciones, como ha declarado la doctrina de esta Sala al
distinguir el referido hecho punible del de detención ilegal, estableciendo que, mientras
143
éste tiende a la pérdida durante algún tiempo o a la limitación del uso de las facultades
ambulatorias, aquél comprende cuantas otras torceduras de la voluntad ajena se
produjeran con violencia, para obligarla a efectuar lo que no quisiera, por lo que el
empleo de violencia bajo sus dos aspectos de fuerza o intimidación por parte de quienes
no estuvieran autorizados para ejercerla integra el delito del artículo 496 del Código
Penal, aunque el fin que se persiguiere no fuese injusto y, en cambio, el ingreso forzoso
en un establecimiento psiquiátrico, cuando constare al agente la normalidad mental del
individuo recluido, significa la comisión del delito de detención ilegal del artículo 480,
y en tal virtud procede acoger en la forma expuesta los motivos primero, segundo,
tercero, cuarto, quinto, octavo y noveno en cuanto impugnan la aplicación al caso de
autos del artículo 480 del Código Penal, así como el noveno en cuanto postula la
calificación aceptada del artículo 496 del referido Código.

Considerando por lo que respecta a la impugnación del procesado Cornelio,


objeto de los motivos sexto y séptimo del recurso, fundados respectivamente en
infracción de los artículos 480 y 302, número 4.º. y 306 del Código Penal, debe ser
acogido, ya que se le sanciona como responsable en concepto de autor del delito de
detención ilegal, sin haber estado presente en el momento de la realización de los
hechos aludidos en el anterior Considerando, por ser principio constantemente
mantenido por esta Sala el de que la responsabilidad penal sólo se contrae por la propia
conducta manifestada en alguna de las formas que la ley sanciona como punibles, y, en
consecuencia, procede su absolución del citado delito de detención ilegal; pero, en
cambio, debe mantenerse la condena por el delito de falsedad documental contenido en
los dos certificados facultativos expedidos por dicho procesado, uno en el modelo A.,
general para toda clase de enfermos, y otro en el modelo F., especial para dolencias
mentales, no en cuanto los mismos consignan un diagnóstico médico y el tratamiento
debido aplicar, que sería el ingreso en establecimiento psiquiátrico, sino porque el
procesado hacía constar, con entera conciencia de su inexactitud y de que el dictamen
no reflejaba el verdadero estado psíquico de la visitada, que ésta sufría padecimientos
que expresan, pues no cabe reputar que falta en este caso la voluntaria alteración de la
verdad sobre un extremo esencial, ya que es suficiente la conciencia plena de la
inexactitud de lo que se certifica y la eficacia de la inexactitud certificada, que motivó la
actuación del personal sanitario de un instituto frenopático, personal que, por ser ajeno a
la confabulación de los procesados, fue absuelto por la Audiencia, y aunque la
certificación de que se trata constituyó el elemento básico para llevar a cabo el
proyectado internamiento sanatorial, no puede repetirse la sanción por un solo hecho, en
virtud del principio «non bie in idem», o sea por la falsedad de documento privado, que
se mantiene, y el de detención ilegal a que le condena la Audiencia, y del que debe ser
absuelto.

Fallo: Fallamos que debemos declarar y declaramos haber lugar en su totalidad


al motivo sexto y haber lugar parcialmente en la forma expuesta a los restantes motivos
144
del recurso de casación por infracción de ley interpuesto contra sentencia pronunciada
por la Audiencia Provincial de Lérida en causa seguida a los mismos por detención
ilegal con fecha 26 de marzo de 1958, cuya sentencia casamos y anulamos con
declaración de las costas de oficio y devolución a los recurrentes de los depósitos
constituidos. Comuníquese esta sentencia y la que seguidamente se dicte a la referida
Audiencia, a los efectos, legales oportunos.

Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la colección legislativa, lo


pronunciamos, mandamos y firmamos.

III. JURISPRUDENCIA REFERENTE AL CÓDIGO PENAL DE 1995

1-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 8 DE NOVIEMBRE DE


2016

La Sala II del Tribunal Supremo ha confirmado la condena de 91 años y 11


meses de cárcel al miembro de ETA E. G. A. por el intento de atentado contra el
entonces Rey J. C. I en la inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao en octubre de
1997, en el que los terroristas mataron a un miembro de la Ertzaintza que les sorprendió
cuando intentaban descargar en la zona unas jardineras que contenían las granadas con
las que iban a cometer la acción.

El Supremo confirma íntegramente la sentencia de la Audiencia Nacional de 6


de mayo de este año, que consideró a G. autor de un delito contra la Corona en grado de
conspiración, otro de homicidio, dos de detención ilegal, coacciones, depósito de armas
de guerra, tenencia ilícita de arma corta y falsificación de documento oficial.

El día 13-10-1997 el acusado, junto con Bernabe , cargaron las jardineras en una
furgoneta a la que, para evitar su identificación, sustituyeron sus placas de matrícula X-
....-MX por las inauténticas VU-....-UC, y se dirigieron hasta las inmediaciones del
museo. Sobre las 16:00 horas, una vez en dicho lugar y tras descargar una de las
jardineras, fueron sorprendidos por dos agentes de la Ertzaintza que se interesaron por
lo que hacían y trataron de comprobar la matrícula, ante lo que el acusado de forma
sorpresiva y sin dejar a su víctima capacidad de reacción, para evitar su detención y a
sabiendas de que con ello podía ocasionarle la muerte, desde una distancia aproximada
de 1 metro, hizo uso de la pistola semiautomática FN-Browning, modelo HP-1945 que
portaba, disparando en dos ocasiones sobre el tórax del Ertzaintza D. Teodoro
ocasionándole la rotura de la aurícula izquierda y un hemotórax bilateral que determinó
su fallecimiento.

145
Acto seguido el acusado huyó por la calle Henao, donde obligó a punta de
pistola al conductor del vehículo marca Fiat, modelo Marea, matrícula WE-....-WR
llevarle hasta las inmediaciones de la estación de metro de Sarriko en la calle Benidorm,
donde se apeó. Una vez en dicho lugar, sobre las 16:30 horas, el acusado se introdujo en
el vehículo Citroen C25 DU- -DL el cual estaba estacionado en doble fila en el cruce de
las calles Mediterráneo y Durrio y, exhibiendo la citada arma, obligó a su conductor a
trasladarle hasta el hospital de Usansolo de la localidad de Galdácano en cuyo
aparcamiento exterior se apeó.

En las inmediaciones del citado centro hospitalario, sobre las 17:50 horas, el
acusado, tras amedrentar con el arma de fuego a su usuaria Doña Filomena , obligó ésta
a apearse del vehículo marca Volkswagen, modelo Polo, matrícula XU-....-XV, huyendo
a bordo del mismo y dejándolo aparcado a la altura del no 8 de la C/ Aragoa de
Arrasate- Mondragón (Guipúzcoa).

La Audiencia de instancia dictó el siguiente pronunciamiento:

"Fallamos: "Que debemos condenar y condenamos a Salvador como autor


criminalmente responsable de (entre otros delitos): Dos delitos de detención ilegal con
finalidad terrorista la pena para cada uno de ellos de 12 años y 6 meses de prisión, con
la accesoria de inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena.

En el cuarto de los motivos de la impugnación denuncia otro error de derecho


por la indebida aplicación del art. 572 en relación con los arts. 163 y 172.

El recurso se plantea aduciendo una incomprensión por el número de condenas


por delito de detención ilegal y de coacciones al entender que el delito de coacciones
absorbe los delitos de detención ilegal más específicos. No asiste razón al recurrente.
Este lo ha sido, entre otros delitos, por dos detenciones ilegales, las correspondientes a
los dos coches que utilizó en la huida obligando a sus conductores que lo llevaran a
determinados lugares, en tanto que la condena por delito de coacciones se refiere a las
realizadas contra la conductora de un tercer vehículo a la que obligó a apearse de su
coche con el que continuó la huida.

Se trata de tres acciones distintas, por lo tanto, tres delitos, que agreden distintos
bienes jurídicos, la libertad, en las coacciones, y la libertad deambulatoria, en la
detención ilegal, por un espacio temporal suficiente para afirmar la lesión a este último
bien jurídico como especifico respecto de la libertad genérica de las víctimas.

El recurrente se limita a cuestionar la pluralidad de delitos cuando desde el


hecho probado resulta una pluralidad de agresiones a bienes jurídicos.

El motivo se desestima.

146
Fallamos: que debemos declarar y declaramos no ha lugar al recurso de casación
por infracción de Ley, de precepto constitucional y quebrantamiento de forma
interpuesto por la representación del acusado Salvador , contra la sentencia dictada el
día 6 de mayo de 2016 por la Audiencia Nacional, Sección Segunda ,en la causa seguida
contra el mismo, por delito contra la corona, falsificación en documento oficial,
homicidio, depósito de armas de guerra, tenencia ilícita de armas y coacciones.

2-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 28 DE OCTUBRE DE


2016

Detención ilegal: Aplicación del subtipo privilegiado del artículo 163.2 del CP:
Se fundamenta en razones de oportunidad criminológica, a fin de favorecer el
desistimiento del delito desde un cierto arrepentimiento. Necesidad de que responda a
un acto libre, voluntario y espontáneo del sujeto activo, sin haber logrado el propósito
impulsor de la acción delictiva. Daño moral: Perjuicio indemnizable pese a la
inexistencia de parámetros para la evaluación de su alcance, cuando no consistan en
alteraciones médicamente apreciables. Detención ilegal: Aplicación del subtipo
privilegiado del artículo 163.2 del CP: Se fundamenta en razones de oportunidad
criminológica, a fin de favorecer el desistimiento del delito desde un cierto
arrepentimiento. Necesidad de que responda a un acto libre, voluntario y espontáneo del
sujeto activo, sin haber logrado el propósito impulsor de la acción delictiva. Daño
moral: Perjuicio indemnizable pese a la inexistencia de parámetros para la evaluación de
su alcance, cuando no consistan en alteraciones médicamente apreciables.

Siguiendo un plan ideado al efecto y en el que intervenían otras personas, en la


tarde del 23 de julio de 2004 los procesados contactaron y se citaron en un bar del barrio
de Matogrande de A Coruña con el nacional camerunés (entonces) Justino Ildefonso
(nacido en 1975), el cual les propuso un negocio de billetes tintados, timo al que los
acusados pensaban que se dedicaba u otro trato irregular y en el que fingieron caer para
facilitar que Justino Ildefonso less acompañara a Pontedeume; para ello y de cara a
concretar la ficticia compra de esos billetes falsos, se trasladaron los tres en un vehículo
Audi conducido por Edmundo Domingo a una casa a disposición de los procesados.

Al llegar a la vivienda rural, los acusados y para saldar deudas, u obtener


información, o contactos relacionados con otros fraudes o asuntos ilícitos en que creían
que había participado Justino Ildefonso o conocidos suyos y así recuperar de ellos
dinero invertido en tales operaciones retuvieron a la fuerza a Justino Ildefonso,
manteniéndole ocasionalmente atado, siempre vigilado por Borja Guillermo y Mauricio
Ezequias e intimidado verbalmente o con exhibición de alguna arma blanca o pistola de

147
indefinidas características, si bien en un momento se le permitió usar su teléfono para
comunicar con un amigo vinculado al asunto de los pseudobilletes

Sobre las 2 horas del siguiente día 24, los que guardaban a Justino Ildefonso
decidieron transportarlo a otro lugar no acreditado. A tal fin, los procesados Baldomero
Teófilo -mayor de edad y sin antecedentes-, Borja Guillermo y el otro no enjuiciado lo
introdujeron atado con cuerda plástica de pies y manos en el maletero del BMW-318.I,
G-....-GZ , coche que, conducido por Baldomero Teófilo salió de la finca, perdió el
control y salió de la vía impactando contra un talud de tierra; los acusados que lo
utilizaban abandonaron el coche y huyeron campo a través dejando en el maletero a
Justino Ildefonso, que fue rescatado por otro conductor minutos después y luego
auxiliado por la Guardia Civil.

La Audiencia de instancia emitió el siguiente pronunciamiento: Fallamos que


condenamos a los procesados, como autores responsables de un delito de detención
ilegal, ya definido.

El artículo 163.2 Código Penal establece la pena inferior en grado a la fijada


para el delito de detención ilegal en el párrafo 1º, cuando el culpable diera libertad al
detenido dentro de los tres primeros días de su detención sin haber logrado el objeto que
se había propuesto. Se configura así como un tipo privilegiado que tiene su fundamento
en la oportunidad criminológica de favorecer el desistimiento desde un cierto
arrepentimiento que -precisamente por ello- exige de tres condiciones fijadas
expresamente por el legislador: 1) Que sea el autor quien dé libertad al detenido o
encerrado; 2) Que el autor no haya conseguido aquello que perseguía obtener mediante
la detención, pues en caso contrario la privación de libertad de la víctima carece ya de
interés para aquel y su conducta viene despojada del desistimiento o arrepentimiento
que la norma pretende privilegiar y 3) Que la liberación de la víctima tenga lugar en el
plazo de tres días, por contemplarse por el legislador que más allá de ese plazo, la
afectación del bien jurídico individual que el tipo penal protege, resulta tan marcada,
grave y profunda, que no se justifica un trato privilegiado al responsable, por más que
concurran el resto de presupuestos antes analizados.

Respecto al acto de liberación, la jurisprudencia de esta Sala ha destacado


que la conducta del culpable ha de responder a un acto voluntario, libre y espontáneo,
pues estas premisas son los marcadores del arrepentimiento que trata de privilegiar el
precepto. Es cierto que nuestra jurisprudencia recuerda que la voluntad de la liberación
no sólo se manifiesta de un modo directo (poniendo en libertad al detenido), sino
también indirecto. Reiteradas sentencias destacan que puede apreciarse también la
voluntariedad de la liberación en todos aquellos supuestos en los que facilite la huida o
posibilite la autoliberación del detenido (por la forma de la inmovilización, por el lugar
donde se le retiene, por el abandono de la vigilancia o por cualquier otra variante), así

148
como en aquellos casos en los que la presencia de terceras personas que auxilien a la
víctima sea segura e inmediata y dicha representación haya sido tenida en cuenta por los
acusados (SSTS 556/03, 10-4 o 612/05, de 12-5). En todo caso, la premisa esencial para
la apreciación del tipo privilegiado es la concurrencia de un arrepentimiento durante la
fase comisiva del delito, por lo que no resultará procedente cuando la liberación venga
mediatizada en modo alguno y resulte por ello ajena a la determinación del culpable; lo
que se aprecia en todos aquellos supuestos en los que el abandono de la actuación
delictiva responde, no a la voluntariedad del autor, sino a la actuación de las fuerzas
policiales, del propio detenido o de otros particulares.

Lo expuesto muestra la injustificación del recurso. La sentencia declara


probado que los acusados condujeron a su víctima a una vivienda sita en la localidad de
Centroña-Pontedeume, donde le golpearon, le amenazaron con armas y le retuvieron
atado en determinados momentos. En un relato fáctico que debe ser respetado en
atención al motivo por el que se articula el recurso, se declara probado que los
recurrentes decidieron trasportar a su víctima a otro lugar no acreditado y que, para ello,
lo introdujeron en el maletero de un vehículo, atado con cuerda plástica de pies y
manos. Precediendo su ruta otros dos vehículos que habían de avisar a quienes retenían
a Justino Ildefonso sobre la presencia de cualquier dotación policial que pudieran
encontrarse eventualmente en el camino, el turismo en el que trasportaban al
secuestrado terminó perdiendo el control en la rotonda de salida de la autovía A-6 (sita
al kilómetro 469, en la localidad de Baralla) y vino a estrellarse contra un talud de tierra.
La sentencia declara probado que los acusados que utilizaban el automóvil "
abandonaron el coche y huyeron campo a través dejando en el maletero a Justino
Ildefonso ", mostrándose que el accidente vino determinado por la persecución a la que
fueron sometidos por agentes de la Guardia Civil, que conocían de la actuación delictiva
por una intervención telefónica acordada por el Juzgado instructor. En tal sentido, por
más que el recurso destaque el extremo de la sentencia en el que se recoge que Justino
Ildefonso "fue rescatado por otro conductor minutos después y luego auxiliado por la
Guardia Civil", no procede la aplicación del tipo privilegiado contemplado en el párrafo
2º del artículo 163 del CP. Su operatividad precisaría, como se ha dicho, de una
liberación asentada en la decisión voluntaria de los acusados, lo que aquí no se da, pues
la sentencia refleja una determinación por mantener la privación de libertad orientada a
la consecución de sus fines, así como que adoptaron todas las cautelas precisas para
alcanzar con éxito su determinación; lo que si no aconteció fue sólo consecuencia de la
persecución policial a la que fueron sometidos y de la descontrolada carrera que se
vieron obligados a abordar quienes retenían a Justino Ildefonso. Los acusados, ni
liberaron voluntariamente a su víctima, ni asumieron que su abandono llevaría a su
liberación y actuaron así precisamente por ello. La cesación de la privación de libertad
del secuestrado, exclusivamente deriva de que los acusados -priorizando su fuga sobre
la intencionalidad delictiva que albergaban- huyeron a pie campo a través, abandonando

149
a la víctima a su suerte, en el interior del maletero, con una cinta adhesiva en la boca
(según refirió quien le liberó) y atado de pies y manos. Sólo la intervención de un
ciudadano que se acercó al vehículo siniestrado y que escuchó los golpes del
secuestrado cuando ya se disponía a abandonar el lugar, posibilitó una liberación que no
tiene su origen en una opción voluntaria de los acusados, sino pese a ella.

3-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 20 DE OCTUBRE


DE 2016

Expresamente se declara probado que los acusados alrededor de las 02:00


horas de la madrugada del sábado 10 de diciembre de 2011 se encontraron con Mariano
cuando éste iba acompañada de su amigo Victoriano del que se encontraba un poco
distanciado, y obligaron a Mariano a subir en contra de su voluntad en un vehículo todo
terreno conducido por Luis Angel, propinándole golpes. Seguidamente, a escasos
metros, obligaron e introdujeron por la fuerza en el vehículo a los hermanos Amadeo y
Eladio, de 20 y 17 años de edad respectivamente, por creerlos responsables a todos ellos
de participar en un robo de dinero ocurrido poco antes en el domicilio del padre de Luis
Angel.

Emprendieron así la marcha en el vehículo llegando a una nave existente en


el PK 0,000 de la carretera HU-4200 sentido Aldea de los Cabezudos de la localidad de
Almonte. Una vez ataron manos y pies a Mariano, Amadeo y Eladio con unas cuerdas
de color naranja. Uno de los acusados rodeó entonces el cuello de Mariano con una
cadena metálica y lo colgó de una polea u objeto similar dejándolo suspendido y sin
contacto con el suelo, así como subieron a Eladio en una mesa blanca de plástico para
colocarle una cadena de metal en la atadura de las manos por detrás del cuerpo, y
colgarla de un gancho en el techo.

Eladio y Amadeo insistieron en decirles que no tenían nada que ver con
ningún robo, llorando el primero de ellos, y en un momento les dijeron que eran hijos de
"Perico" por lo que fueron puestos en libertad al ser su padre conocido de los acusados,
trasladando a los hermanos de nuevo al pueblo y quedando sólo Mariano en la nave
colgado del techo de la forma descrita.

En esa situación Mariano se balanceó hasta lograr apoyarse en una de las


mesas de plástico que habla en la nave y pudo descolgarse, saliendo del lugar para llegar
maniatado al pueblo donde acudió a la casa de su amigo Victoriano quien comprobó el
estado de pánico en que se encontraba Mariano y las marcas que habían dejado golpes y
ataduras. Después fue asistido médicamente emitiéndose informe a las 5:50 horas y dio
parte a la Guardia Civil de lo que le había sucedido formalizando denuncia a las 07:00
horas.

150
Como consecuencia de lo expuesto Mariano sufrió lesiones equimóticas en
reborde derecho orbitario y cuello; contusión en parrilla costal izquierda; lesiones
erosivas en ambas muñecas y traumatismo en rodilla derecha con herida erosiva y
hematoma en su cara interna, de las que curó en seis días sin impedimento tras recibir
primera asistencia.

Los hermanos Eladio y Amadeo no acudieron a centro médico alguno por el


miedo ocasionado por la actuación de los acusados.

La Audiencia de instancia dictó el siguiente pronunciamiento: CondenamoS


a los acusados como autores responsables de tres delitos de detención ilegal ya
definidos sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad
criminal a tres penas de cuatro años de prisión, tres años de prisión y tres años de
prisión respectivamente y para cada uno de ellos, junto con las accesorias de
inhabilitación para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de las
condenas; así como a la pena de un mes de multa con cuota diaria de seis euros (180
euros, con un día de responsabilidad personal subsidiaria por cada dos cuotas
impagadas).

En el recurso interpuesto por los acusados, lo aducido es vulneración del


derecho a la presunción de inocencia (art. 24,2 CE). El argumento es que la condena de
Luis Angel y Baldomero se sustenta en el testimonio de las tres supuestas víctimas de la
detención ilegal, que no reúnen los requisitos precisos para convertirse en prueba de
cargo. De Mariano se dice que pudo estar animado por un móvil espurio porque el padre
de Luis Angel, hora antes de aquella en que se sitúan los hechos, había denunciado a
Mariano como autor del robo de su vivienda. Se indica la existencia de contradicciones
entre lo manifestado por Mariano y por (su amigo) Victoriano, que estaba con él cuando
fue detenido y con la primera que habló luego de escapar, y que interpretó que los que le
hicieron subir al coche eran familiares que lo hacían porque se gastaba el dinero en
drogas. También se habla de contradicciones entre lo manifestado por Mariano y por los
hermanos Eladio y Amadeo, relativas a distintos extremos sobre la forma de ejecución
de los hechos. Se cuestiona la veracidad de lo dicho por Mariano, en el sentido de que
cuando estaba colgado por el cuello y con las manos atadas a la espalda pudo llamar por
teléfono a la Guardia Civil. Se advierte de la existencia de contradicciones en las
declaraciones de los hermanos Eladio Amadeo, de los que, además, se subraya que no
acudieron nunca a declarar ni tampoco al médico por las supuestas lesiones.

Sobre la identificación de los recurrentes como autores, se manifiesta que


con Mariano no se realizó nunca una rueda, sino solo reconocimientos fotográficos
policiales que no fueron nunca convalidados ni en la instrucción donde no los ratifico ni
en el juicio, al haber fallecido antes. Los hermanos Eladio y Amadeo, el 11 de enero de
151
2012, hicieron reconocimientos fotográficos, indebidos, se dice, porque ya se
encontraban en prisión Baldomero y Hipólito. Luego, en la rueda realizada el 5 de
noviembre de 2012 ambos dijeron albergar algunas dudas. Pero luego, en la del 12 de
diciembre de 2013, Amadeo no fue capaz de identificar, para luego en una segunda
rueda señalar, sin seguridad, a uno de los expuestos. Y Eladio reconoció en una primera
rueda a una persona ajena a la causa, y en la segunda a Baldomero que formó parte de
las dos. La rueda, además, fue impugnada, pues el letrado de la asistencia entendió que
el agente policial que colocó a sus integrantes, había tenido la posibilidad de
comunicarse con el testigo; aparte de por su composición (uno de los que la formaban
era el camarero de la cafetería existente frente al juzgado y llevaba un chaleco con el
nombre de la misma).

Sostienen asimismo los recurrentes que los testimonios inculpatorios carecen


de corroboraciones. Esto porque la documentación fotográfica de las lesiones no avala
lo dicho por Mariano acerca del modo como se le produjeron, al ser posible efecto de la
reducción policial de la que había tenido que ser objeto días antes, y que motivó un
traslado al servicio de urgencias. Además, de ser cierto el trato que dije haber recibido
(puñetazos en cara y cabeza, golpes en las costillas, golpes con un palo de plástico duro,
y suspensión por el cuello con cadenas) resultaría incompatible con los leves
traumatismos descritos. Se señala incluso que la propia Audiencia de Huelva al resolver
el recurso interpuesto contra la decisión de archivar la causa razonó expresamente que
"la erosión en el cuello de quien aparece como presunta víctima no [es] reflejo material
de una acción como la que se describe. De la intervención sobre la nave donde se
habrían producido los hechos, donde se hallaron algunas cuerdas y huellas sobre el
polvo de las meses, se señala que la misma tuvo lugar dos meses más tarde (el 6 de
febrero de 2012, lo que le privaría de valor a esos datos; sin contar con que no se llevó a
cabo ninguna indagación sobre huellas o material biológico. Se apunta también que el
perfil psico-patológico de Mariano, motivados por su severa adicción a drogas, con
diversos ingresos psiquiátricos, resta fiabilidad a su testimonio, algo reconocido,
además, por el forense en su informe sobre evaluación de su fiabilidad como declarante.

Se quejan los recurrentes del tratamiento de su prueba de descargo. En


concreto, de la coartada ofrecida por Baldomero, que, desde el primer momento, dijo
haber estado trabajando en un pub de Almonte la noche de los hechos, dato confirmado
por el propietario de este y el también camarero Luis Alberto. Y también de que no se
haya tomado en consideración el dato de que Celestino hubiera declarado que
Baldomero llegó a la casa cobre las 3,20 o 3,30, tranquilo y permaneció en ella hasta las
20 horas del día siguiente.

Se tacha de error la conclusión de la sala de que los hechos denunciados


tuvieron lugar ente las 2 y las 3,30 de la madrugada: por la propia complejidad de los
incidentes relatados; porque Mariano dijo en el juzgado que "desde que lo amarraron
152
hasta que escapó transcurrieron aproximadamente dos o tres horas", y habría que tener
en cuenta el inicio de este curso de acción fue precedido de otras diversas vicisitudes.
Los hermanos Eladio Amadeo, en su primera declaración, sitúan el inicio de los hechos
en las 3 de la madrugada. El parte de asistencia a Mariano es de las 5,50 horas, debiendo
tenerse en cuenta que este acudió a casa de su amigo Victoriano y de allí al centro de
salud. Así, según los perjudicados las acciones que los afectaron habrían comenzado a
la 1,40 prolongándose hasta casi las 5 de la mañana, lo que contrasta con la conclusión
de la sala que los ubica entre las 2 y las 3,30.

principio de presunción de inocencia da derecho a no ser condenado sin


prueba de cargo válida, que -salvo los casos excepcionales constitucionalmente
admitidos- es la obtenida en el juicio, que haya sido racional y explícitamente valorada,
de forma motivada, en la sentencia, y se refiera a los elementos nucleares del delito. Por
otra parte, cuando se trata de la prueba habitualmente denotada como indiciara, para que
una conclusión incriminatoria con este fundamento resulte atendible, según
jurisprudencia asimismo muy conocida, es preciso que los hechos indicadores o hechos-
base sean varios, estén bien probatoriamente acreditados y viertan sobre el hecho
principal u objeto de imputación; y que la inferencia que, realizada a partir de aquéllos
conduce a este último, sea racional, fundada en máximas de experiencia fiables, y
cuente con motivación suficiente. Hay que ver si el tratamiento de la prueba por parte de
la Audiencia se ajusta a este canon y la respuesta es que sí, por lo que se dirá.

En realidad, lo esencial del porqué de la positiva valoración probatoria que


se expresa en la sentencia, ha quedado ya dicho: la intervención violenta sobre Mariano
está fuera de duda, por sus propias afirmaciones y por el respaldo que estas reciben de
las de los hermanos, implicados de la misma forma violenta en idénticas vicisitudes. En
este contexto, se ha dicho, no existe la menor base para dudar de la identificación por el
primero de sus agresores, uno de los cuales fue asimismo identificado por los hermanos.
Y, además, concurre la existencia de un motivo, ciertamente inaceptable, pero que
explica suficientemente la iniciativa de semejante brutal actuación en el caso de
Mariano, tenido en ese momento por autor de un robo en la casa del padre de Luis
Angel.

declaración de Mariano en el Juzgado de Instrucción, ya se ha dicho, fue


prestada en régimen de contradicción, y correctamente introducida en la vista (por su
fallecimiento) por el cauce del art. 730 Lecrim.

Se cuestiona la pertinencia de las declaraciones de Mariano y de su amigo


Victoriano en el Juzgado de Paz de Almonte, por la naturaleza del órgano receptor y
porque en ningún momento pudieron ser sometidas a contradicción. Pero sucede que,
por lo ya razonado en el examen de este y el anterior recurso, puede muy bien

153
prescindirse de ambas, al contarse con los aludidos testimonios de cargo, de Mariano y
de los hermanos.

El ahora recurrente se ha empleado con encomiable rigor analítico en traer a


primer plano algunos datos poco creíbles e incluso chocantes, que en el caso de Mariano
pudieran atribuirse a su peculiar personalidad bajo el efecto de un dilatado consumo de
drogas. Pero lo cierto es que los datos relativos a la privación de libertad, primero en el
auto, y al sucesivo encierro en la nave, con inmovilización mediante cuerdas y demás,
es algo que queda fuera de discusión, porque sus manifestaciones aparecen
rigurosamente corroboradas por las de los hermanos Eladio Amadeo .

En este punto se hace particular hincapié en la posible falta de


correspondencia entre la naturaleza y pluralidad de los golpes recibidos y los estigmas
registrados. Solo en Mariano, porque los hermanos no llegaron a ser vistos por el
médico. Más de nuevo se trata de datos marginales (como los ciertamente
rocambolescos, relativos al uso del teléfono por Mariano), probablemente
sobredimensionados bajo los efectos de la privación de libertad y la brutalidad de la
agresión soportada. Pero lo cierto, no importa insistir, es que la primera existió,
impuesta por la fuerza a quienes fueron arrancados violentamente de la calle en horas
nocturnas, y que en el caso de Mariano y de uno de los hermanos se produjo el ya
referido levantamiento del suelo mediante una cadena. Y, en fin, tampoco es relevante
en el contexto la relativa imprecisión en lo que se refiere a la duración total de las
vicisitudes de referencia, siendo por demás razonable que la sala de instancia haya
operado, como lo hace, a la baja.

También se ha cuestionado la identificación llevada a cabo por estos últimos.


Y hay que decir que con toda razón. Primero, porque, salvo en el caso del "tal
Baldomero ", dieron claras muestras de no conocer a ninguno de los otros dos captores,
y, además, de no estar seguros de poder identificarlos. Y si esto era así en la proximidad
de los hechos, con cuánto mayor motivo no habría de serlo prácticamente un año de
distancia, que es cuando se produjeron las ruedas, justamente cuestionadas.

Por último, no es en absoluto irrazonable que el tribunal haya desatendido la


coartada de Baldomero, perfectamente identificado por las tres víctimas y localizado en
el lugar de los hechos durante todo su desarrollo.

Pues bien, a tenor de todas estas consideraciones, solo cabe concluir que el
examen por parte de la Audiencia de los elementos probatorios aportados al juicio debe
entenderse correcto, y el motivo ha de rechazarse.

3-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 13 DE OCTUBRE


DE 2016
154
Hechos Probados. Don Gumersindo, también conocido por Román, puesto
de común acuerdo con otras personas respecto de las cuales ya ha sido celebrado el
juicio correspondiente, en la tarde del día 16 de septiembre de 2009 se dirigió al
domicilio de Cosme y su esposa Enriqueta, y provisto con dos pistolas detonadoras
para las que no se requiere licencia y con carnés y placas de policía falsas, vestidos con
camisetas con anagramas de la policía, a la llegada de los anteriores en su vehículo al
domicilio, con sus dos hijos menores de edad en el interior, les interceptó y sin mediar
palabra, todos ellos les abordaron diciéndoles que eran policías, y tras exhibirles sendas
pistolas los sacaron del vehículo, engrilletando al matrimonio por la espalda, llevándose
el acusado junto con otros hacia el portal de su casa, donde engrilletado lo pusieron de
rodillas en el suelo, estando ya en el interior del portal el acusado Martin, golpeándolo,
al tiempo que el acusado Jose Ángel se llevaba a Enriqueta junto con sus hijos menores
en el coche de ésta y conduciéndolo el acusado hacia Madrid. Como quiera que la
intención de los acusados era acceder al domicilio de estos y Cosme no portaba las
llaves del mismo, el acusado ordenó telefonear a Jose Ángel para que volviera con
Enriqueta, quien tenía las llaves por lo que a la altura de Azuqueca de Henares, el
acusado Jose Ángel se dio la vuelta con el vehículo, y al llegar a la c/ Caravanas,
sacaron del mismo a Enriqueta, llevándola junto con su marido al interior del domicilio,
quedándose Jose Ángel con los menores en el coche.

Una vez en el interior del domicilio, al que accedieron sin el consentimiento


de Cosme y Enriqueta, el acusado junto con los demás registraron la casa, y ante la
petición de Enriqueta de que le llevaran a sus hijos, accedieron los acusados, subiendo a
los menores al interior llevándoselos con sus padres, permaneciendo en esta situación
varios minutos, sin ninguna posibilidad de movimiento, dado que eran vigilados en todo
momento, hasta que los acusados se fueron del domicilio al percatarse de la presencia
de la Policía Nacional que fue alertada por varios vecinos que vieron que los acusados
se identificaban como policías.

Como consecuencia de estos hechos Cosme sufrió heridas consistentes en


equimosis en muñecas para las que requirió de una primera asistencia sin tratamiento
médico tardando en curar 1 día no imperativo".

La Audiencia Provincial de Guadalajara, dictó sentencia con el siguiente


pronunciamiento: Fallamos: Que debemos condenar y condenamos a don Gumersindo
como autor de ellos de dos delitos de detención ilegal del art. 163.1º en relación al art.
165 ambos del C. Penal, al haberse cometido los hechos con simulación de autoridad, y
sin la concurrencia de circunstancias modificativas de responsabilidad criminal, a la
pena de cinco años de prisión por cada uno de los dos delitos cometidos, y accesorias

155
legales con inhabilitación especial del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de
la condena.

Que debemos condenar y condenamos a don Gumersindo como autor de un


delito de allanamiento de morada del art. 202.2º CP, al haberse ejecutado los hechos con
violencia e intimidación, y sin la concurrencia de circunstancias modificativas de
responsabilidad criminal, a la pena de prisión de un año y multa de seis meses con una
cuota diaria de seis euros, al no constarnos ingresos y como mínimo razonable, con
arresto sustitutorio en caso de impago del art. 53 del Código Penal y accesorias legales
con inhabilitación especial del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la
condena.

En el Recurso interpuesto, el segundo de los motivos, al amparo del art.


849.1 de la LECrim, reivindica infracción de ley, por falta de aplicación de la
circunstancia atenuante de la responsabilidad criminal prevista en el art. 21.4 del CP.

Razona la defensa que Román se personó mediante escrito ante el decanato


de los Juzgados de Guadalajara interesando que se le tuviera por personado. Solicitó
declarar voluntariamente desde el momento mismo de su vuelta a España, al tener
noticia de la existencia del procedimiento.

El motivo es inviable.

Hemos dicho en numerosos precedentes -recordábamos en la STS 25/2013,


16 de enero - que la atenuante de confesión prevista en el art. 21.4 del CP encuentra su
justificación en razones de política criminal (cfr. SSTS 767/2008, 18 de noviembre;
527/2008, 31 de julio y 767/2008, 18 de noviembre). Al Estado le interesa que la
investigación de los delitos se vea facilitada por la confesión -siempre voluntaria y
espontánea- del autor del hecho. Con ello se simplifica el restablecimiento del orden
jurídico por aquel que lo ha perturbado, se refuerza el respaldo probatorio de la
pretensión acusatoria e incluso se agiliza el ejercicio del ius puniendi. Quien
voluntariamente confiesa su participación en el hecho delictivo, rebaja la intensidad del
juicio de reproche y demuestra una menor necesidad de pena. La aplicación del
beneficio asociado a la atenuante exige, además de que la autoinculpación se verifique
ante las autoridades, que esa confesión se produzca antes de que el acusado conozca que
el procedimiento se dirige contra él. La veracidad de la confesión cierra el círculo de los
presupuestos que esta Sala viene exigiendo para su apreciación.

Ninguna de estas exigencias concurre en el presente caso. La defensa


pretende identificar el acto procesal de personarse en un procedimiento que se sigue
contra el recurrente con el acto de confesar su participación en los hechos. Esa
participación no ha sido admitida, ni siquiera en el momento de la formulación del
156
recurso de casación. No ha existido, por tanto, un verdadero acto de confesión tardía. La
voluntaria asunción del estatuto de parte pasiva de un procedimiento nada tiene que ver
con la voluntaria admisión de los hechos imputados.

El motivo decae por imperativo de los arts. 884.3 y 4 y 885.1 y 2 de la


LECrim.

El tercer motivo es renunciado. En el cuarto se aduce, al amparo de los arts.


5.4 de la LOPJ y 852 de la LECrim, infracción de los arts. 24.2 de la CE y 520 de la
LECrim.

Arguye la defensa que a Román no se le permitió ser asistido por Letrado de


su elección. No fue respetada su designación ni se le facilitaron los medios para ejercer
su derecho. Se vulneró así su derecho de defensa, conforme a una jurisprudencia de la
que el recurrente cita algunos de sus más destacados pronunciamientos.

No tiene razón la defensa.

Como señalan los Jueces de instancia, no deja de ser llamativo que la


primera reivindicación del recurrente por este tema se produjera en el turno de
intervenciones que habilita el art. 786.2 de la LECrim, ya abiertas las sesiones del juicio
oral. Pero más allá de esta idea, lo aducido por la defensa no es sino una mera alegación
estratégica que se desvanece cuando se comprueba que a los folios 166 y siguientes del
Tomo I consta la declaración del acusado, en cuyo acta se recoge el requerimiento que
se le realizó para que designara Abogado, requerimiento desatendido y que provocó la
asistencia del Letrado del turno de oficio. Se trata de un interrogatorio al que asistieron,
además del Abogado así designado, el Ministerio Fiscal. El silencio y la aceptación de
esa dirección letrada sólo fueron matizados al inicio del juicio oral.

Al margen de lo anterior, nada consta acerca de qué tipo de indefensión pudo


haber sufrido Román como consecuencia de la asistencia del profesional del Turno de
Oficio o qué diligencia dejó de practicarse por razón de su desidia profesional.

En definitiva, no hubo menoscabo del derecho de defensa y el motivo ha de


ser desestimado (art. 885.1 y 2 LECrim).

La desestimación del recurso conlleva la condena en costas, en los términos


establecidos en el art. 901 de la LECrim.

Fallo: Que debemos declarar y declaramos no haber lugar al recurso de


casación, interpuesto por la representación legal de Román, conocido también por
Gumersindo, contra la sentencia de fecha 18 de enero de 2016, dictada por la Sección
Primera de la Audiencia Provincial de Guadalajara, en la causa seguida por los delitos

157
de allanamiento y detención ilegal y condenamos al recurrente al pago de las costas
causadas.

5-SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO DE 11 DE NOVIEMBRE


DE 2016

Probado y así se declara que la acusada Esperanza mantuvo una relación


sentimental con Felicísimo que finalizó en los últimos meses del año 2009. En un
momento no determinado de los meses siguientes, ésta, conociendo las finanzas de
Felicísimo por la relación que había mantenido con él, el acusado Andrés y el ya
condenado por estos hechos Nicanor, idean un plan que tiene como finalidad lograr que
Felicísimo les haga entrega de la mayor cantidad de dinero posible durante el tiempo
que le retuvieran en contra de su voluntad.

A tal fin, Esperanza llama a Felicísimo y haciendo creer a este que tenía
interés en retomar la relación sentimental y que con tal intención ésta se encontraría en
el lugar que convinieran, logrando fijar una cita y que el perjudicado se creyera que iba
a encontrarse con ella, desplazándose desde la isla de Fuerteventura donde se
encontraba, acudiendo el día 16 de mayo de 2010 sobre las 22 horas al aparcamiento
anexo a un restaurante situado en Playa del Águila, término municipal de San
Bartolomé de Tirajana, pero al llegar al aparcamiento, lejos de encontrase su amada
Esperanza, acudieron a la cita Andrés y Nicanor, y a los que conocía el perjudicado, por
ser pareja de Esperanza el primero y por ser padre de la única hija de Esperanza el
segundo.

Ambos sabían a través de Esperanza que Felicísimo acudiría al lugar por


haber concertado una cita con ésta. En el momento en que Felicísimo llega conduciendo
su vehículo, el acusado Andrés y Nicanor le golpean y tras introducirse Andrés en la
parte de atrás del vehículo de Felicísimo, privándole de su libertad ambulatoria,
esgrimiendo un arma de fuego le obliga a conducir hasta una zona deshabitada situada
en el Barranco del Águila, mientras Nicanor les siguió en otro vehículo hasta el
descampado.

Una vez allí, haciendo uso de la pistola que portaban, ambos golpean con
fuerza reiteradamente a Felicísimo en la cara con la pistola y con los puños en diversas
partes del cuerpo y, con intención de enriquecerse de forma ilícita, hacen que el acusado
les entregue dos tarjetas bancarias para, tras obligarle a revelar el número secreto de
ambas, dirigirse Andrés, ya en horas de la madrugada del día 19 de mayo a diversos
cajeros de la zona y realizar 15 extracciones de 300 euros cada una, lo que hace un total
de 4.500 €, ocasionándole unos gastos por comisión de 45 euros, mientras el acusado
permanecía con Felicísimo en el mismo lugar.

158
Una vez realizado lo anterior, ambos retienen al perjudicado toda la noche,
hasta las 9 de la mañana, hora en que, con ánimo de ilícito enriquecimiento y tras
proporcionar Esperanza a Andrés su número de cuenta por teléfono, le conminan a
llamar a un banco suizo en que tiene una cuenta bancaria abierta y realizar una
transferencia a otra cuenta de la que Esperanza es titular por valor de 15.000 euros (el
máximo permitido), sustrayéndole con igual ánimo un teléfono móvil, un ordenador y
un disco duro que han sido pericialmente tasados en 975 euros.

Después de los hechos descritos, el acusado condujo a Felicísimo a la Clínica


Roca, volviendo Andrés al apartamento que había alquilado Esperanza y donde se
hospedaban Nicanor y Andrés, abandonando ambos la isla horas después hacia Sevilla y
de allí a Málaga. Felicísimo anuló la transferencia mencionada esa misma mañana,
reintegrando en su cuenta la citada cantidad.

Como consecuencia de la acción del acusado, Felicísimo sufrió lesiones


consistentes en traumatismo craneofacial con fracturas en la base del cráneo y macizo
facial, fractura en la meseta tibial derecha y lesión del ligamento deltoideo del tobillo
derecho que requirieron para su sanidad de tratamiento consistente en intervención
quirúrgica, tardando en curar de sus lesiones 374 días, todos ellos de carácter
impeditivo, 11 de ellos hospitalizado y alcanzando la sanidad con secuelas consistentes
en limitación de movilidad de la rodilla derecha en grado leve y material de
osteosíntesis".

La Audiencia de instancia dictó el siguiente pronunciamiento: Fallamos: Que


debemos condenar y condenamos a los acusados como autores criminalmente
responsables del delito (entre otros) de detención ilegal a las penas de: cinco años de
prisión.

En el motivo segundo del recurso, se aduce la aplicación indebida del


artículo 163 CP "puesto que la acción típica del delito de detención ilegal debió quedar
absorbida por el delito de extorsión" y subsidiariamente reclama la existencia de un
concurso medial entre ambos delitos, lo que conllevaría la infracción del artículo 77 del
texto punitivo.

Nuestra jurisprudencia ha admitido la unidad delictiva, y por ello el concurso


de normas, (artículo 8 CP), cuando una infracción típica es inherente a la comisión de
otro tipo delictivo. Así, en el binomio robo con violencia o intimidación, o extorsión
como sucede en el presente caso, y detención ilegal cuando ésta abarca el tiempo
imprescindible para cometer el delito contra el patrimonio, siendo muy abundante la
jurisprudencia que ha analizado la relación concursal desde la triple perspectiva del
concurso de normas, medial o ideal o real. Ahora bien, valorando el aspecto cuantitativo
de la relación cuando la privación de libertad es desproporcionada en relación con la

159
ejecución del delito contra el patrimonio la solución no es otra que la del concurso real
(artículo 73 CP).

En el presente caso se trata de una privación de libertad de la víctima que


según el hecho probado, cuyo contenido no es objetable utilizando la vía del artículo
849.1 referida, abarca desde las 22 horas del día 16/05/2010 hasta las 9 de la mañana del
siguiente día. En dicho lapso de tiempo el coacusado Andrés, después de obtener dos
tarjetas bancarias de la víctima, tras obligarle a revelar el número secreto de ambas, se
dirigió a diversos cajeros de la zona y realizar 15 extracciones de 300 euros cada una,
mientras el ya condenado permanecía con aquélla en el mismo lugar. Realizado lo
anterior, "ambos retienen al perjudicado toda la noche, hasta las 9 de la mañana, hora en
que, con ánimo de ilícito enriquecimiento y tras proporcionar Esperanza a Andrés su
número de cuenta por teléfono, le conminan a llamar a un banco Suizo en que tiene una
cuenta bancaria abierta y realizar una transferencia a otra cuenta de la que Esperanza es
titular por valor de 15.000 euros (el máximo permitido).....". La explicación del lapso de
tiempo transcurrido, y el fundamento de pretender la absorción de la detención ilegal en
el delito de extorsión, "es que la privación de libertad no fue en ningún caso ni gratuita
ni caprichosa sino que, antes bien estaba condicionada la transferencia que por razones
operativas bancarias según el testimonio de la propia víctima, tenía que practicarse
transcurridas unas horas...".

El argumento es inasumible por cuanto justificar la privación de libertad de


una persona en un hecho no solo ilícito sino delictivo contraviene las más elementales
reglas de la razón jurídica, ética o social. Por lo tanto, vacío el argumento, o más bien
pretexto, de cualquier fundamento, la pretensión del concurso de normas debe ser
desechada. Pero es que además en cualquier caso la desproporción sería evidente por
cuanto si nos ceñimos al núcleo del acto depredatorio la llamada telefónica al banco
Suizo en ningún caso podría conllevar una privación de libertad de 11 horas.

Subsidiariamente se pretende que los hechos probados resisten la


consideración de una relación medial entre ambos delitos. El artículo 77 CP se refiere a
ésta pero subordinándola a los casos en que un hecho delictivo "sea medio necesario
para cometer el otro". Pues bien, nuestra jurisprudencia ha señalado con carácter general
que la inclusión de toda violencia en el plan del sujeto no basta para otorgarle carácter
medial, puesto que la medialidad precisa una relación de necesariedad instrumental
objetiva: no basta tal relación de medio a fin en el propósito del sujeto activo, pues la
ley exige que sea necesario, esto es, que no obedezca a una mera conveniencia o mayor
facilidad para cometer el delito, sino que haya una conexión instrumental de carácter
objetivo, situada más allá del mero pensamiento o deseo del autor de los hechos para
entrar en el ámbito de lo imprescindible según la forma en que realmente ocurrieron
(ver entre otras, SSTS 201/2009 o 878/2009 , donde se acepta en la última el concurso
medial/instrumental, pero la detención abarcó 50 minutos).
160
El motivo también debe ser desestimado.

La primera parte del motivo tercero acaba de tener respuesta denegándose el


concurso medial de los delitos de extorsión y detención ilegal, afirmando la existencia
del concurso real.

Subsidiariamente plantea la aplicación del delito continuado, artículo 74.1


CP, a las infracciones relativas a la extorsión y al delito de robo con fuerza en las cosas
por los que ha sido condenada la recurrente junto con el de detención ilegal.

El delito continuado es una creación doctrinal y jurisprudencial, reconocida


por el legislador en la reforma del Código Penal de 1983 (artículo 69 bis) que constituye
una excepción al principio general de acumulación material de penas en los concursos
de infracciones, aplicándose la regla de la absorción con agravación de la pena señalada
para la infracción más grave de las reunidas bajo el título de la continuidad delictiva.
Esta se produce básicamente cuando se da una pluralidad de hechos típicos
constituyendo cada uno de ellos un delito distinto y tiene su fundamento en la existencia
entre los mismos de una unidad subjetiva/objetiva que se revela como un proceso
continuado unitario, fuera de los casos de unidad natural de acción, y por ello se habla
de la existencia de una unidad jurídica o de una unidad típica de acción en sentido
amplio.

El vigente artículo 74.1 CP, antes el 69 bis, fija positivamente los requisitos
que deben concurrir para apreciar la continuidad delictiva, sustancialmente análogos los
que la jurisprudencia venía reconociendo antes de su incorporación al texto del Código
Penal: cuando en ejecución de un plan preconcebido o aprovechando idéntica ocasión el
sujeto activo realice una pluralidad de acciones u omisiones que ofendan a uno o varios
sujetos e infrinjan el mismo precepto penal o preceptos de igual o semejante naturaleza,
añadiendo el apartado tercero que quedan exceptuadas de lo establecido en los apartados
anteriores las ofensas a bienes eminentemente personales, salvo las constitutivas de
infracciones contra el honor y la libertad e indemnidad sexuales que afecten al mismo
sujeto pasivo.

Según ello las condiciones objetivas y subjetivas que nuestra jurisprudencia


ha venido exigiendo para la aplicación del delito continuado, antes y después de 1983,
en sentido amplio, son los siguientes:

a) debe tratarse de una pluralidad natural de hechos diferenciables entre sí


imputados al acusado y que no hayan sido juzgados anteriormente.

b) la existencia de un dolo unitario que equivale, desde el punto de vista


subjetivo, a la unidad de designio o propósito del sujeto que se traduce en una
culpabilidad homogénea que sirve de denominador común de las distintas infracciones.

161
c) la unidad del precepto penal violado o bien de igual o semejante
naturaleza.

d) también desde el punto de vista objetivo la homogeneidad "del modus


operandi" o que se trate de dinámicas comisivas semejantes.

e) la identidad del sujeto activo, no siendo precisa la de los sujetos pasivos,


elemento subjetivo.

f) que las diversas infracciones se hayan desarrollado dentro de un razonable


marco de aproximación en el espacio y en el tiempo.

g) como ya hemos señalado que los bienes jurídicos atacados no sean


eminentemente personales salvo la excepción contenida en el artículo 74.3 CP (SSTS,
entre muchas, 1600/2000, 1068/2002, 298 y 760/2003, 523/2004, 882/2005).

Pues bien, a la vista de lo anterior, la pretensión de aplicar el delito


continuado al robo y a la extorsión, es objetable por varias razones:

1) no vulneran el mismo precepto penal, es más, infringen tipos penales que


aun comprendidos dentro del Título XIII del Libro segundo CP, -delitos contra el
patrimonio y contra el orden socioeconómico-, se encuentran fijados en Capítulos
distintos, el II (de los robos) y el III (específicamente destinado a la extorsión), y es que
hay diferencias notables entre ambos tipos penales y no es suficiente la tipificación
dentro del mismo título para aceptar la semejanza de las distintas figuras delictivas a los
efectos de apreciar la continuidad.

2) robo y extorsión se diferencian no solo por el objeto material sino


básicamente por su distinto "modus operandi" en la medida que en el robo, sea con
fuerza en las cosas o con violencia e intimidación, el sujeto se apodera directamente de
la cosa, mientras que en la extorsión la acción se proyecta a conseguir la realización u
omisión por parte del sujeto pasivo de un acto o negocio jurídico en perjuicio de su
patrimonio o del de un tercero, es decir, se trata de una actuación complementaria entre
ambos sujetos, donde el activo pretende la realización u omisión de un acto o negocio
jurídico aparentemente válido, aunque nulo, en tanto en el robo no se precisa
colaboración alguna del mismo pues el sujeto activo toma directa y físicamente la cosa
mueble del patrimonio ajeno.

3) de todo ello se desprende que no existe la necesaria homogeneidad


requerida en la dinámica comisiva o "modus operandi".

4) en la extorsión no solo se ataca el patrimonio como bien jurídico


protegido sino que se ofenden bienes eminentemente personales mediante el empleo de
la violencia o intimidación, en el presente caso la libertad, excluyendo nuestra

162
jurisprudencia la continuidad delictiva cuando se trata de robos con violencia e
intimidación (SSTS 78 y 1336/2000 y 1564/2002, entre otras), que debió ser la
calificación aplicada por la Audiencia en el robo con fuerza en las cosas por el que fue
condenada la recurrente, como señala el Ministerio Fiscal en su informe, pero aun
asumiendo dicha calificación, cuya modificación nadie ha solicitado y sería perjudicial
para aquélla, la conclusión sería la misma puesto que persistiría el ataque a la libertad de
la víctima.

5) por último, admitiendo hipotéticamente la continuidad delictiva entre


ambos, penológicamente carecería de efectos prácticos teniendo en cuenta las penas
impuestas separadamente por la Audiencia, que suman tres años de prisión, cuando de
aplicarse la continuidad la pena más grave sería la correspondiente a la extorsión, de
uno a cinco años en su mitad superior, de tres años y un día a cinco.

Por lo tanto el motivo no puede prosperar.

Fallo: Que debemos declarar no haber lugar al recurso de casación por


infracción de ley y de precepto constitucional dirigido por Esperanza frente a la
sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Las Palmas de Gran Canaria, Sección
Sexta, en fecha 28/07/2015, por los delitos de detención ilegal, extorsión y robo con
fuerza en las cosas, con imposición a la recurrente de las costas del recurso.
Comuníquese la presente resolución a la Audiencia de procedencia a los efectos
oportunos, con devolución de la causa que en su día remitió, interesando acuse de
recibo.

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