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Abrió la caja de truenos en los ochenta con un polémico ensayo titulado El

fin del arte, en el que este filósofo estadounidense celebraba la libertad sin
límites del arte moderno. Desde entonces no ha dejado de reflexionar sobre el
tema, tanto desde el ensayo filosófico como desde la crítica. (28 julio 2001
Babelia)

Texto CATALINA SERRA

Arthur Coleman Danto (Estados Unidos, 1924) es filósofo, pero sus estudios sobre
historia de la filosofía, sus muchos años de docencia en la Universidad de Columbia o
sus variados cargos en asociaciones profesionales no obtuvieron ni una mínima parte de
la repercusión de un ensayo titulado El fin del arte, que publicó en 1984, en plena
efervescencia del mercado, y a raíz del cual la revista neoyorquina The Nation le invitó
a ejercer la crítica de arte. Desde entonces sus ensayos, libros y artículos han entrado en
las universidades y han provocado numerosas polémicas y debates. En España se
publicó hace dos años y con notable éxito Después del fin del arte. El arte
contemporáneo y el linde de la historia (Paidós) y en estos momentos se está trabajando
en la traducción de otros tres de sus libros. La editorial Akal publicará el próximo año
Beyond the Brillo Box: The Visual arts in Post-Historical Perspective, de 1992, y
Paidós prevé publicar su última obra, The Madonna of the Future, y en diciembre de
2001 editará The Transfiguration of the Commonplace (La transfiguración de lo banal)
(1980), considerado el libro clave en su teoría del fin de una cierta manera de entender
el arte que, afirma, se produjo cuando Andy Warhol exhibió sus famosas cajas Brillo, lo
que permitió una nueva era de libertad que el filósofo considera estimulante y creativa.

PREGUNTA. ¿Puede cualquier objeto ser una obra de arte?

RESPUESTA. Sí, cualquiera puede serlo, pero eso no quiere decir que cualquiera lo
sea. Hay unas restricciones, pero lo que no hay son limitaciones en relación a qué
aspecto podría tener este objeto artístico. Por ejemplo, este cenicero que está encima de
la mesa no es arte ahora en cuanto objeto, pero no sé si podría serlo en otro contexto.
Diría que habría que plantearse qué significa y cómo está conectado con la obra del
artista y su contenido.

P. ¿Hay que visitar las exposiciones acompañado de un filósofo o de un artista para


entenderlas?

R. Cuando visitas una exposición tienes que ir preparado a pensar como filósofo y como
artista. Lo que no puedes esperar es entrar, ver y salir. Hay que pensar. Pensar sobre
cuál es la declaración que hace allí el artista, qué hace y qué significa su obra. El arte
requiere tiempo. Tienes que leer, tienes que pensar y mirar. Tienes que trabajar para
hacer la lectura artística, para que poco a poco la obra revele sus secretos.
P. Otras obras visuales, como el cine, son más accesibles. ¿Hasta qué punto el arte
no pone barreras al público para hacerse inteligible?

R. Las películas son arte popular y ahí radica su importancia, en el hecho de que son
populares y todos tienen acceso a ellas. El pop art también era popular porque se hacía
arte con objetos cotidianos, con el cómic, con las latas de sopas o con las cajas de jabón.
Pero la gente, en cambio, no lo veía así. Se sorprendía. Nunca había pensado en estos
objetos cotidianos como objetos artísticos. La gente los reconocía, pero nunca los había
visto como arte y fue entonces cuando se hizo necesario pensar en ello.

P. En muchas obras de arte es más importante la idea o el concepto que el mismo


objeto, pero éste se sigue coleccionando. ¿Qué parte de fetichismo hay en la
valoración de estos objetos por encima del proceso creativo?

R. Ciertamente, en la última mitad del siglo XX, los objetos han sido sólo los vehículos
de las ideas que el artista quiere transmitir. Pero los museos y las galerías necesitan
objetos para exponer y la gente también sigue queriendo coleccionarlos por lo que toda
la estructura artística depende de esta fetichización del objeto. Las ideas no pueden
comprarse ni venderse, no tienen copyright, aunque son ellas las que hacen que estos
objetos sean interesantes. Por tanto, ahora el arte está en un momento más intelectual
que sensual.

P. Cuando habla del fin del arte parece que se refiera más bien al fin de la pintura.
¿Era ajustado el título de su ensayo?

R. El título era bueno porque sí que hay una conexión entre lo que se hace ahora y el
pasado. Antes no era necesario plantearse si una cosa era arte o no, se daba por seguro.
Ahora esta pregunta ha dado lugar a otra cosa. En mi opinión hay tres periodos. En el
primero se daba por sentado qué era el arte y nadie lo cuestionaba; en el segundo
empezó a plantearse la pregunta sobre si una cosa era arte o no; y la tercera, que es la
actual, esta cuestión ya no es importante porque no hay límites al arte. En mi ensayo me
refiero no al fin del arte, sino al fin de un cierto modo de pensar en el arte. El fin de una
era en la que hay una normativa dominante, y eso sí que ha llegado a su fin. La
diversidad de obras impide que ahora haya un relato único que englobe todas las
posibilidades de hacer arte. Y eso es lo que quiero decir cuando hablo del fin del arte.

P. ¿Por qué considera que este fin del arte empezó con el pop art y no con el
dadaísmo de principios de siglo?

R. Es cierto que Duchamp y el dadá de Berlín ya hablaban del fin del arte y tenían la
sensación de que algo había acabado. Pero 1964, cuando Warhol exhibió las famosas
cajas Brillo, fue una fecha fantástica y maravillosa porque la pregunta dejó de ser, ¿qué
es el arte? Lo que interesaba era saber por qué esto es arte y aquello no. Eso permitía
hacer filosofía de esta pregunta. En general, a lo largo del siglo XX se pensó en la
definición del arte. Hay algunos antecedentes, como los ready mades de Duchamp, en
los que se cuestionó el contenido de la obra artística, pero no trataban el tema en su
plena generalidad filosófica. Esto ocurrió en los sesenta con el pop art y con los objetos
de Warhol. Nadie había pensado nunca que unas cajas de detergente pudieran ser
objetos de arte. Nos enfrentamos a cosas aparentemente iguales que eran distintas y allí
entró el pensamiento filosófico para clarificar la definición del arte. Al fin, pensar el arte
se hizo accesible en su generalidad.

P. Su próximo libro tratará sobre el arte y la belleza. ¿Es posible hablar de belleza
en el arte?

R. La belleza casi ha desaparecido del discurso artístico. Era algo que preocupaba a
principios de siglo, pero ahora la gente se queda atónita si se le habla de este tema. Ha
desaparecido. Sigue habiendo alguna conexión entre arte y belleza, pero no es tan
profunda como antes.

P. ¿Cree que hay un nuevo interés de los artistas por la belleza?

R. En mi opinión, si la gente vuelve al concepto de belleza hay que plantearse qué


significado tiene ahora el concepto de belleza. Qué propósito cumple o para qué sirve
esta belleza. El arte es una propuesta, no sólo objetos bellos. Si lo son es porque esto
contribuye a su significado artístico. En la naturaleza, la idea de la belleza es más
inmediata, pero en arte te planteas por qué, para qué, con qué finalidad. La respuesta a
la pregunta sobre la belleza en el siglo XI era que escenificaba la venerabilidad de la
imagen. En el siglo XIX se perdió el significado de la belleza que Kant y otros filósofos
habían definido en los siglos anteriores, y si ahora la gente quiere volver a la belleza hay
que replantearse su significado.

P. ¿La total libertad del arte es una incitación a la libertad individual o social?

R. No lo sé. Lo que importa es que los artistas deben ser libres para tratar todo tipo de
cuestiones porque la sociedad se beneficia de la sola posibilidad de que estos temas se
planteen. Hay muchas cuestiones en liza. Algunas son morales y otras afectan a la
misma idea de libertad. Es un debate, al que el arte contribuye en parte, sobre sus
límites y sobre el grado de libertad que realmente tenemos. Lo que reivindico es que no
puede haber restricciones al discurso sobre estas cuestiones esenciales. Hay que
proteger los derechos de expresión como un bien social. La censura aún se ejerce, y hay
que dejar muy claro a las autoridades que siempre hay que proteger el libre intercambio
de ideas.