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sistema de administración de justicia penal, como son las normas reguladoras del trámite

procedimental, es justo reconocer la presencia de otros elementos que deben coexistir junto a
éstas si se quiere una justicia penal eficiente; el tema de la eficiencia de la administración de
justicia penal es sumamente complejo, pasa por diversos requerimientos; en un principio,
incluso desde un plano aparentemente extraprocesal, se debe reparar en las normas jurídicas
de Derecho Penal material a cuya aplicación se pretende proveer.

1.1.1.2. Definición de la administración de justicia penal

Manuel Valleta sobre la administración de justicia penal dice que es: “La acción de los
tribunales a quienes pertenece exclusivamente la potestad, las leyes en los juicios civiles y
criminales, y cuyas funciones son juzgar y hacer que se ejecute lo juzgado. (Valletta, 2001,
pág. 36)

La potestad de administrar justicia le corresponde a los tribunales por medio de su máximo


representante el juez quien se encargará de juzgar las acciones delictivas y por ende hacer que
se cumpla lo juzgado determinando la transparencia en cuanto a la administración de justicia;
igualmente indica que al asumir la calidad de jueces, se adquiere una responsabilidad personal
frente a los litigantes y estos son por tal titulares del derecho de pedir el resarcimiento del
daño causado, pero se dice que estos actos son del juez y no del Estado, pero debe asumir la
responsabilidad el Estado porque este nombró al juez incumplido en sus obligaciones; tal
como lo establece la Constitución de la República una nueva forma de Estado, el Estado
Constitucional de Derechos y justicia, cuyos rasgos básicos son:

1) El reconocimiento del carácter normativo superior de la Constitución de la República.

2) La aplicación directa de la Carta Magna como norma jurídica.

3) El reconocimiento de la jurisprudencia constitucional como fuente primaria del derecho.

Por lo que el juez pasaría a ser una especie de creador del derecho en base a estos nuevos
paradigmas; a este respecto el juez dispone de un orden de valores que le proporciona la
solución justa más allá de la ley, e incluso contra la ley, y es a ese orden a quien deberá
endosarse la responsabilidad, que los jueces recurran a elementos normativos no literalmente
recogidos en la ley no sólo resulta inevitable, sino también plausible, pero siempre que esos
estándares de conducta, principios o valores puedan ser razonablemente inferidos de la ley o

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de la Constitución de la República.

Ernesto Correa en su obra: “Glosario Jurídico Festivo” publicada en el año 2012 refiere: Entre
los beneficios que la Constitución de muchos países disponen a sus ciudadanos figura que:
“Se garantiza la gratuidad de la administración de justicia”. Así tal, administración es un gesto
de desprendimiento del Estado, pues un bien tan laudable, tan preciado y tan difícil de
conseguir, se concede de manera gratuita. (Correa, 2012, pág. 25)

Muchos estados concuerdan en que la administración de justicia debe ser concedida de


manera gratuita por cuanto es el Estado quien administra a los habitantes, en sus respectivos
territorios; la justicia debe ser prioridad en el mundo por cuanto cada nación maneja su
legislación y su sistema procesal los cuales deben ser aplicados a fin de garantizar el respeto
de derechos de los ciudadanos; por lo que la administración de justicia será rápida y oportuna,
tanto en la tramitación y resolución de la causa, como en la ejecución de lo decidido; por lo
tanto, en todas las materias, una vez iniciado un proceso, los jueces están obligados a
proseguir el trámite dentro de los términos legales, sin esperar petición de parte, salvo los
casos en que la ley disponga lo contrario.

José García en relación a la administración de justicia dice: la Administración de Justicia


Penal, es un servicio público a cargo del Estado y tal es así que en el momento de posesionar
a los jueces, los que desempeñan tal actividad juran hacerlo legalmente, esto es hacer un voto
de lealtad, de lo que se colige que los jueces somos encargados de la función de administrar
justicia en debida forma, de lo contrario existiría una inadecuada administración de justicia,
por lo que el Estado sería civilmente responsable por este hecho. (García, 2009, págs. 5-6)

La Constitución de la República en el artículo 167 establece que la potestad de administrar


justicia proviene del pueblo y es ejercida por los órganos de la Función Judicial y demás
órganos y funciones determinados en la Carta Magna mismos que serán los encargados de
fomentar el respeto e igualdad de derechos determinados en la legislación nacional supliendo
la necesidad de la ciudadanía en general; también hay que hacer hincapié, en que el servicio
público de administrar justicia, es la resultante de todos los agentes o funcionarios vinculados
a él y de ahí que a veces pueda resultar difícil determinar el autor del acto o de la acción que
perjudica al Estado.

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1.1.1.3. Principios de la administración de justicia penal

Mariana Yépez explica que: La Función Judicial se rige bajo el amparo de los principios
dispuestos en la Constitución de la República y el Código Orgánico de la Función Judicial y
son principios importantes de la administración de justicia que guían a una correcta aplicación
de la misma. (Yépez, 2010, págs. 106, 107)

Principio de Supremacía Constitucional.- Arroyo Luis considera que: Los jueces, las
autoridades administrativas y servidoras y servidores de la Función Judicial aplicarán las
disposiciones constitucionales, sin necesidad que se encuentren desarrolladas en otras normas
de menor jerarquía; en las decisiones no se podrán restringir, menoscabar o inobservar su
contenido. (Arroyo, 2011, pág. 43)

Cualquier juez, de oficio o a petición de parte, sólo si tiene duda razonable y motivada de que
una norma jurídica es contraria a la Constitución de la República o a los instrumentos
internacionales de derechos humanos que establezcan derechos más favorables que los
reconocidos en la Carta Magna según los artículos 424 y 425, suspenderá la tramitación de la
causa y remitirá en consulta el expediente a la Corte Constitucional, la que en un plazo no
mayor a cuarenta y cinco días resolverá sobre la constitucionalidad de la norma.

Interpretación integral de la norma constitucional.- Según Rómel Salazar de acuerdo al


artículo 6 del Código Orgánico de la Función Judicial considera que: Los jueces aplicarán la
norma constitucional por el tenor que más se ajuste a la Constitución de la República en su
integralidad; en caso de duda, se interpretarán en el sentido que más favorezca a la plena
vigencia de los derechos garantizados por la norma, de acuerdo con los principios generales
de la interpretación constitucional. (Salazar, 2013, pág. 23)

Se trata de la labor interpretativa que tiene por finalidad encontrar un sentido a las normas
contenidas en la ley suprema; para tal efecto se han diseñado en el derecho constitucional
determinados principios que orientan la labor del intérprete de las normas constitucionales;
entre estos tenemos: Principio de la unidad de la Constitución donde el intérprete debe
comprender que ésta contiene un conjunto de normas que han de ser correlacionadas o
coordinadas entre sí; Principio de la concordancia práctica; es decir que la unidad antes
mencionada remite a la necesidad de coherencia, o en otros términos, a la falta de
contradicciones entre las distintas normas que integran el sistema constitucional, a lo cual se

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denomina concordancia práctica.

Principios de legalidad, jurisdicción y competencia.- Aguirre Vanesa hace referencia al


artículo 7 del Código Orgánico de la Función Judicial al señalar que: La jurisdicción y la
competencia nacen de la Constitución de la República y la ley; solo podrán ejercer la potestad
jurisdiccional los jueces nombrados de conformidad con sus preceptos, con la intervención
directa de fiscales y defensores públicos en el ámbito de sus funciones; las autoridades de las
comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas ejercerán las funciones jurisdiccionales que
les están reconocidas por la Carta Magna y la ley. (Aguirre V. , 2009, pág. 124)

La legalidad, junto con la razonabilidad y la igualdad, es una de las condiciones


fundamentales a las cuales está sujeta la validez de todas las limitaciones que se establecen a
las libertades constitucionales; el principio de legalidad constituye el rasgo distintivo por
excelencia del estado de derecho; significa que en el seno de una organización política global
impera solamente la voluntad de la ley, y no la voluntad de los gobernantes; el concepto de
legalidad no alude a una ley en sentido formal, sino a cualquier norma jurídica, ley, decreto,
resolución, ordenanza, que por su forma y contenido tenga validez para el ordenamiento
jurídico.

La jurisdicción es la potestad que tiene el Estado en su conjunto para solucionar conflictos


particulares a través de la imposición de la ley y el Derecho; esta potestad es encargada a un
órgano estatal, el judicial; la jurisdicción es la potestad que tiene el Estado de administrar
justicia por medio de los órganos del Poder Judicial de acuerdo con la Constitución de la
República y las leyes; la noción de jurisdicción como potestad es insuficiente; la jurisdicción
es un poder y deber atribuido por ley al juez; este tiene el deber administrativo de hacerlo; un
juez no puede negarse a resolver un proceso puesto a su conocimiento.

La competencia es el derecho y la facultad de un tribunal para conocer ciertos asuntos


concretos frente a los demás tribunales de mismo orden jurisdiccional; la competencia no
puede ser un derecho y menos una facultad, porque la competencia surge del poder
jurisdiccional el cual es el que posibilita el actuar de los órganos jurisdiccionales otorgándoles
una especial capacidad que no la tiene cualquier órgano, como es la capacidad de administrar
justicia ya que la función de administrar justicia se desarrolla por imperio del estado y de
acuerdo a los mandatos constitucionales y legales.

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Principio de independencia.- Según José Valle al considerar el artículo 8 del Código
Orgánico de la Función Judicial, estima que este principio es donde: Los jueces solo están
sometidos en el ejercicio de la potestad jurisdiccional a la Constitución de la República,
instrumentos internacionales de derechos humanos y a la ley; al ejercerla, son independientes
incluso frente a los demás órganos de la Función Judicial; ninguna función, órgano o
autoridad del Estado podrá interferir en el ejercicio de los deberes y atribuciones de la
Función Judicial. (Valle, 2010, pág. 90)

La independencia que ya no se entiende como una garantía individual de los jueces en el


ejercicio de sus funciones, sino que el propósito de la Asamblea Constituyente en relación con
la administración de justicia fue la re-materialización del principio de independencia para
hacerlo operante y vinculado con el principio de responsabilidad; si aceptamos este criterio, la
autonomía individual de los jueces es de carácter institucional, y por lo tanto la independencia
es de la justicia y no respecto del juez, lo que tiene un alcance diferente, los jueces carecen de
independencia frente a los órganos administrativos de la Función Judicial, pero son
independientes frente a lo externo.

Principio de imparcialidad.- Sánchez Pablo explica que: La actuación de los jueces de la


Función Judicial será imparcial, respetando la igualdad ante la ley; en todos los procesos a su
cargo, deberán resolver siempre las pretensiones y excepciones que hayan deducido los
litigantes, sobre la única base de la Constitución de la República, los instrumentos
internacionales de derechos humanos, los instrumentos internacionales ratificados por el
Estado, la ley y los elementos probatorios aportados por las partes. (Sánchez, 2009, pág. 20)

Entendido, la trascendencia del origen, su alcance y sus clases, podríamos visualizar,


entonces a la imparcialidad como aplicar la justicia, de una manera recta que implique
igualdad, equidad, paridad, es decir consiste en poner entre paréntesis todas las
consideraciones subjetivas, que puedan influir en el Juez el momento de la administración de
justicia, como bien se enuncia en el Código Orgánico de la Función Judicial el mismo que
hace alusión al principio de imparcialidad en su artículo 9; es decir a falta de designio
anticipado o de prevención en favor o en contra de personas o cosas, de que resulta poderse
juzgar o proceder con rectitud; esta definición, ya nos da entender que la imparcialidad
constituye la principal virtud de los jueces.

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Principio de unidad jurisdiccional y gradualidad.- Efraín Torres toma como referencia al
artículo 10 del Código Orgánico de la Función Judicial manifiesta que: Implica que ninguna
persona que administre justicia estará fuera de la Función Judicial; tiende a eliminar los fueros
y tribunales especiales como la justicia militar y policial; sin embargo la propia Constitución
de la República reconoce la posibilidad de otras potestades jurisdiccionales. (Torres, 2009,
pág. 78)

De conformidad con el principio de unidad jurisdiccional, ninguna autoridad de las demás


funciones del Estado podrá desempeñar funciones de administración de justicia ordinaria, sin
perjuicio de las potestades jurisdiccionales reconocidas por la Constitución de la República; la
administración de justicia ordinaria se desarrolla por instancias o grados.

Principio de especialidad.- Vives Antón sobre este principio señala que: La ley
especial prevalece sobre la ley general; es aquella más detallada o específica; el principio de
especialidad está penetrado por un sentido valorativo, que debe prevalecer por resultar más
adecuada al caso. (Antón, 2012, págs. 1-2)

Según el artículo 11 del Código Orgánico de la Función Judicial; la potestad jurisdiccional se


ejercerá por las juezas y jueces en forma especializada, según las diferentes áreas de la
competencia; este principio no se contrapone al principio de seguridad jurídica, las decisiones
definitivas de los jueces deberán ser ejecutadas en la instancia determinada por la ley; la
garantía de la especialidad de los jueces en los procesos penales está consagrada en la ley
constitucional, promueve el establecimiento de leyes, procedimientos, autoridades e
instituciones específicas para los procesos respecto de quienes se alegue han infringido las
leyes penales, por lo que debe el Estado formalizar por un lado, un proceso penal con
instituciones judiciales especiales que atiendan con la ley penal, y por el otro, un conjunto de
normas sustantivas para el sometimiento a proceso y eventual sanción.

Principio de gratuidad.- Carocca Aníbal conceptualiza que: El principio de gratuidad


implica que por norma general todas las pretensiones derivadas en los procesos, se encuentran
exentas de pago o libres de impuestos, y que las personas pueden tener un abogado en forma
gratuita que las represente en el proceso. (Carocca, 2008, pág. 550)

El acceso a la administración de justicia es gratuito; el juez deberá calificar si el ejercicio del


derecho de acción o de contradicción ha sido abusivo, malicioso o temerario; el régimen de

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costas procesales será regulado de conformidad con las previsiones del Código Orgánico de la
Función Judicial en su artículo 12 y de las demás normas procesales aplicables a la materia;
quien haya litigado en estas circunstancias, pagará las costas procesales en que se hubiere
incurrido, sin que en este caso se admita exención alguna; las costas procesales incluirán los
honorarios de la defensa profesional de la parte afectada por esta conducta; quien litigue de
forma abusiva, maliciosa o temeraria será condenado, además, a pagar al Estado los gastos en
que hubiere incurrido por esta causa.

Principio de publicidad.- Ángel Maza considera que: Las actuaciones o diligencias


judiciales serán públicas, salvo los casos en que la ley prescriba que sean reservadas, no
podrán realizase grabaciones en video de las actuaciones judiciales, se prohíbe a los jueces dar
trámite a informaciones sumarias o diligencias previas que atenten a la honra y dignidad de
las personas o a su intimidad. (Maza, 2013, pág. 45)

La publicidad garantiza la trasparencia en el acto del juzgamiento y busca que la decisión


judicial sea justa e imparcial; garantiza así mismo el conocimiento directo de la comunidad
sobre la actividad probatoria y las decisiones que adoptan los jueces, le permite a la
comunidad ejercer cierto control en los operadores de justicia; nuestra Constitución de la
República en su artículo 76 numeral 7 literal d) prevé que los procedimientos serán públicos
salvo las excepciones previstas por la ley; las partes podrán acceder a todos los documentos y
actuaciones del procedimiento; hoy se habla que la publicidad es el alma de la justicia y debe
hacerse extensiva a todas las partes del proceso, logrando una participación protagónica del
procesado y su defensor.

Principio de responsabilidad.- Cevallos Alfonso sobre el tema lo define así: La


administración de justicia es un servicio público que debe ser prestado de conformidad con
los principios establecidos en la Constitución de la República y la ley; el Estado será
responsable en los casos de error judicial, detención arbitraria, retardo injustificado o
inadecuada administración de justicia, violación del derecho a la tutela judicial efectiva, y por
las violaciones de los principios y reglas del debido proceso. (Cevallos, 2011, pág. 23)

La consideración del artículo 15 del Código Orgánico de la Función Judicial; la


responsabilidad subsidiaria o indirecta del Estado surge cuando el funcionario en el ejercicio
del cargo incurre en una acción u omisión irregular productora de daño y una vez verificada
su insolvencia en el proceso judicial respectivo, el Estado en forma subsidiaria asume la

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obligación de reparar el daño causado y con derecho de repetición contra el funcionario; es
decir, para tomar operante la responsabilidad del Estado por actos irregulares de los jueces
productora de daños a los administrados deben concurrir los presupuestos siguientes: Acto u
omisión que origine error judicial y una administrada víctima del error judicial.

Por consiguiente, si no concurren los presupuestos señalados, el Estado debe asumir la


obligación subsidiaria de la reparación de los daños causados por las irregularidades de los
funcionarios.

Principio de probidad.- Gloria Bernal considera que: Todas los servidores actuarán con
apego a la normativa jurídica, cuidando con el los intereses institucionales, sujetándose a la
buena práctica y cuidándose en no cometer actos ilegítimos e ilegales” (Bernál, 2012, pág. 56)

La Función Judicial según el artículo 21 del Código Orgánico de la Función Judicial tiene la
misión sustancial de conservar y recuperar la paz social; garantizar la ética laica y social como
sustento del quehacer público y el ordenamiento jurídico; y, lograr la plena eficacia y
acatamiento del ordenamiento jurídico vigente; toda servidora y servidor de la Función
Judicial en el desempeño de sus funciones observará una conducta diligente, recta, honrada e
imparcial.

Principio de acceso a la justicia.- Arazi Roland desde su criterio considera que: Los
operadores de justicia son responsables de cumplir con la obligación estatal de garantizar el
acceso de las personas y colectividades a la justicia; el Consejo de la Judicatura, en
coordinación con los organismos de la Función Judicial, establecerá las medidas para superar
las barreras estructurales de índole jurídica, económica, social, generacional, de género,
cultural, geográfica, o de cualquier naturaleza que sea discriminatoria e impida la igualdad de
acceso y de oportunidades de defensa en el proceso. (Arazi, 2007, pág. 233)

El artículo 75 de la Constitución de la República en concordancia con el artículo 168 numeral


4, establece que el acceso a la administración de la justicia será gratuito, y que la ley
determinará las costas procesales; en este punto la doctrina hace una distinción entre
la gratuidad de la administración de la justicia y la gratuidad de la justicia, siendo esta última
mucho más amplia e incluiría no solo la exoneración de las tasas de acceso al servicio público
de justicia, sino también todos los gastos que puedan poner a las partes en desventaja al
momento de litigar.

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Principio de tutela judicial efectiva de los derechos.- Víctor Moreno lo define como: “El de
acudir al órgano jurisdiccional del Estado, para que este otorgue una respuesta fundada en
derecho a una pretensión determinada que se dirige a través de una demanda, sin que esta
respuesta deba ser necesariamente positiva a la pretensión. (Moreno, 2013, pág. 84)

La Función Judicial, por intermedio de los jueces, tiene el deber fundamental de garantizar la
tutela judicial efectiva de los derechos declarados en la Constitución de la República y en los
instrumentos internacionales de derechos humanos o establecidos en las leyes, cuando sean
reclamados por sus titulares o quienes invoquen esa calidad, cualquiera sea la materia, el
derecho o la garantía exigido; además en el artículo 75 de la Carta Magna establece que toda
persona tiene derecho al acceso gratuito a la justicia y a la tutela efectiva, imparcial y expedita
de sus derechos e intereses, con sujeción a los principios de inmediación y celeridad; en
ningún caso quedará en indefensión; el incumplimiento de las resoluciones judiciales será
sancionado por la ley.

Principio de seguridad jurídica.- Antonio Pérez, en su obra: La Seguridad Jurídica, señala:


En su acepción estrictamente empírica puede existir una seguridad impuesta a través de un
derecho que garantice inexorablemente el cumplimiento de una legalidad inicua, de hecho la
manipulación de la seguridad jurídica por los despotismos de todo signo representa una
constante histórica. (Pérez, 2013, pág. 45)

Los jueces tienen la obligación de velar por la constante, uniforme y fiel aplicación de la
Constitución de la República, los instrumentos internacionales de derechos humanos, los
instrumentos internacionales ratificados por el Estado y las leyes y demás normas jurídicas; El
artículo 82 de la Constitución de la República señala que el derecho a la seguridad jurídica se
fundamenta en el respeto a la Carta Magna y a la existencia de normas jurídicas previas,
claras, públicas y aplicadas por las autoridades competente; de lo que se desprende que la
seguridad jurídica, no es otra cosa que la posibilidad que el Estado debe darnos mediante el
derecho, de prever los efectos y consecuencias de nuestros actos o de la celebración de los
contratos para realizarlos en los términos prescritos en la norma.

1.1.1.4. El retardo injustificado en la administración de justicia penal

Escola Héctor se refiere a que: Existe retardo injustificado cuando el proceso se prolonga más
allá de los plazos en que deberá concluir, pero cuando no exista regla alguna específica para

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cada proceso en razón de la materia, el retardo es injustificado cuando en general demora el
proceso por el triple del tiempo señalado en la ley. Cuando la resolución se ha dictado
tardíamente no se inerva la acción contra el Estado para que pague los daños ocasionados a
los sujetos procesales con el retardo en la tutela judicial efectiva de sus derechos. (Escola,
2013, págs. 44,45)

La Constitución de la República en su artículo 172, inciso tercero dice: Las juezas y jueces
serán responsables por el perjuicio que se cause a las partes por retardo, negligencia,
denegación de justicia o quebrantamiento de la ley; así mismo el Código Orgánico de la
Función Judicial en el artículo 32 establece que el Estado será responsable por error judicial,
retardo injustificado o inadecuada administración de justicia, por cuanto existe la violación
del derecho de la tutela judicial efectiva.

Durán Fernando al respecto dice que: “El retardo de justicia constituye la actitud contraria a
los deberes que las leyes procesales imponen a los jueces en cuanto a resoluciones, plazos y
trámites” (Durán, 2009, pág. 89)

Recordemos primeramente que la administración de justicia, es un servicio público a cargo


del Estado y tal es así que en el momento de posesionar los jueces, los que desempeñan tal
actividad, juran hacerlo legalmente, esto es hacer un voto de lealtad, de lo que se colige que
los jueces son los encargados de la función de administrar justicia en debida forma, de lo
contrario existiría una inadecuada administración de justicia, por lo que el Estado Ecuatoriano
sería civilmente responsable por este hecho.

Revisemos a continuación las piezas que deben presentarse para que se configure un retardo
en la administración de justicia.

Sujeto Activo.- El juez de cualquier categoría o grado, porque es el único encargado de


administrar justicia.

Sujeto Pasivo.- Es el Estado como titular del interés violado lo que no excluye que un
particular tenga carácter de perjudicado.

Acción Típica.- Consiste en negarse a administrar justicia o eludir juzgar bajo pretexto de
defecto o deficiencia de la ley; es un acto positivo que implica omisión.

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Consumación.- Se consuma la acción irregular en el momento en que el juez se niega a
juzgar o retarde sin justificación alguna.

Si tomamos en cuenta que la finalidad es evitar que debido al retardo que se produce a veces
en la emisión de resoluciones judiciales que impliquen directamente la libertad personal del
procesado, tenemos lo siguiente; al comentar el precepto constitucional artículo 77 referido a
las libertades y seguridades personales, queda establecida la protección de la libertad física de
la persona en el sentido de que no puede ser detenido ni impedido de movilizarse libremente
excepto por mandato judicial o flagrante delito; siendo el juez penal la persona encargada de
dar inicio al proceso, dirigir la instrucción y resolver, mediante decisión judicial los asuntos
penales correspondientes.

1.1.1.5. La inadecuada administración de justicia penal

Helen Mack sobre el tema: Se dice que existe una inadecuada administración de justicia
penal, cuando el Estado incumple su obligación de proporcionar un servicio de justicia eficaz
y oportuno en primer lugar, a los daños ilegítimos que se causen por el habitual
funcionamiento de aparato burocrático de la Administración de Justicia; y, en segundo lugar
por todos aquellos actos u omisiones realizados, culposa o dolosamente, por los operadores de
justicia, que causen un daño ilegítimo a los involucrados en el proceso judicial. (Mack, 2010,
págs. 3-4)

Existe inadecuada administración de justicia penal cuando las resoluciones que se dictan no
están plenamente conformes con los méritos procesales, son incoherentes o no resuelven
todos los puntos controvertidos, así como cuando no pueden ser ejecutadas total o
parcialmente, lo cual causa daño o perjuicio que debe ser reparado a los justiciables por el
Estado; en la inadecuada administración de justicia la tutela del derecho no es la correcta por
insuficiencia, imposibilidad o impertinencia, en razón por la cual si bien se la concede no
puede hacerse efectiva total o parcialmente y como consecuencia el titular sufre perjuicio,
como cuando debiendo resolver el juez en atención a los méritos del proceso la restitución del
predio invadido con el pago de los daños y perjuicios a su dueño, solo se ordena la restitución.

Abarca Luis al respecto manifiesta que: “Se puede incurrir en inadecuada administración de
justicia no solo en el ejercicio de la Jurisdicción ordinaria sino también en el ejercicio de la
jurisdicción Constitucional tanto por los jueces ordinarios como por los jueces de la Corte

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Constitucional” (Abarca, 2013, págs. 45,46)

La obsolescencia de los procedimientos legales, la lentitud de los trámites, la ausencia de


sistemas modernos para la administración de los despachos y la falta de control sobre los
funcionarios y empleados judiciales, propician corrupción e ineficiencia; una prioridad a este
respecto es la reforma de la administración de justicia, de manera que se revierta la ineficacia,
se erradique la corrupción, se garantice el libre acceso a la justicia, la imparcialidad en su
aplicación, la independencia judicial, la autoridad ética, la probidad del sistema en su
conjunto y su modernización; se dice que existe una inadecuada administración de justicia,
cuando el Estado incumple su obligación de proporcionar un servicio de justicia eficaz y
oportuno, a los daños ilegítimos que se causen por el habitual funcionamiento de aparato
burocrático de la administración de justicia.

1.1.1.6. De los órganos jurisdiccionales competentes en materia penal

Según el artículo 399 del Código Orgánico Integral Penal establece que los órganos
jurisdiccionales competente en materia penal, su estructura, funciones y competencias se
encuentran determinados en el artículo 170 del Código Orgánico de la Función Judicial
cuando establece que los órganos jurisdiccionales, sin perjuicio de otros órganos con iguales
potestades reconocidos en la Constitución de la República, son los encargados de administrar
justicia y hacer ejecutar lo juzgado; serán los siguientes: las juezas y jueces de paz; los
tribunales y juzgados que establece este Código; las cortes provinciales de justicia y la Corte
Nacional de Justicia.

Las juezas y jueces de paz.- Julio Echeverría dice: Las juezas y jueces de paz resolverán en
equidad y tendrán competencia exclusiva y obligatoria para conocer aquellos conflictos
individuales, comunitarios, vecinales y contravenciones, que sean sometidos a su jurisdicción,
de conformidad con la ley. En ningún caso podrá disponer la privación de la libertad ni
prevalecerá sobre la justicia indígena. (Echeverría, 2009, pág. 11)

La Constitución de la República hace mención de la justicia de paz en un solo artículo; esta


norma presenta de manera muy general la labor de los jueces de paz, las materias de su
competencia, elementos esenciales como la conciliación, la informalidad al no ser necesaria la
participación de un abogado y algunos requisitos específicos que debe cumplir el juez de paz
para ejercer su cargo, como el respeto de la comunidad frente al juez de paz; como lo expresa

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el artículo 189 al establecer que los parámetros más corrientes, comunes y ordinarios de lo
que sería la justicia de paz en Ecuador.

Los tribunales y juzgados.- Generalmente, los jueces y tribunales competentes


para investigar y tramitar un proceso penal son los correspondientes al lugar en el que se ha
cometido el delito; si éste se desconoce, para determinar el juzgado o tribunal deberá
atenderse al lugar; en el que se hayan descubierto las pruebas materiales del delito; en que se
haya realizado la detención; de residencia del presunto inculpado; en defecto de las anteriores
será competente cualquier juez o tribunal que hubiese tenido conocimiento del delito; pero la
competencia de los distintos juzgados y tribunales no se determina de forma exclusiva
atendiendo criterios sino también funcional; así, existen determinados delitos que por su
gravedad o sus características son enjuiciados por juzgados y tribunales específicos.

Las cortes provinciales de justicia.- Isabel Garrido afirma que las cortes provinciales de
justicia fueron: Creadas por mandato constitucional, son las instituciones que operan en cada
provincia y están encargadas de recibir procesos de apelación, es decir de revisar las
decisiones de los jueces y juezas. Conoce casos apelados en las distintas materias
correspondientes y los resuelven conforme lo determina la ley. Están divididas en salas
especializadas y mantienen jurisdicción provincial. (Garrido, 2012, pág. 124)

En cada provincia funcionará una corte provincial de justicia integrada por el número de
juezas y jueces necesarios para atender las causas, que provendrán de la carrera judicial, el
libre ejercicio profesional y la docencia universitaria; las juezas y jueces se organizarán en
salas especializadas en las materias que correspondan con las de la Corte Nacional de Justicia;
el Consejo de la Judicatura determinará el número de tribunales y juzgados necesarios,
conforme a las necesidades de la población; en cada cantón existirá al menos una jueza o juez
especializado en la familia, niñez y adolescencia y una jueza o juez especializado en
adolescentes infractores, de acuerdo con las necesidades poblacionales. En las localidades
donde exista un centro de rehabilitación social existirá, al menos, un juzgado de garantías
penitenciarias.

Corte Nacional de Justicia.- Juan Larrea estima que: “La Corte Nacional de justicia es el
máximo órgano jurisdiccional del Ecuador, tiene competencia sobre todo el territorio
nacional” (Larrea, 2010, pág. 58)

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La Corte Nacional de Justicia estará integrada por Juezas y Jueces en el número de veinte y
uno, quienes se organizarán en salas especializadas, y serán designados para un período de
nueve años; no podrán ser reelectos y se renovarán por tercios cada tres años; la Corte
Nacional de Justicia tendrá jurisdicción en todo el territorio nacional y su cede estará en
Quito; le corresponde conocer los recursos de casación, de revisión y los demás que
establezca la ley; desarrollar el sistema de precedentes jurisprudenciales fundamentado en los
fallos de triple reiteración.

1.1.2. La prueba pericial en los delitos del ejercicio público de la acción

1.1.2.1. Definición de la prueba pericial

Manuel Valletta la define como: Aquella que se efectúa a través de peritos. Es el medio por el
cual las personas ajenas a las partes, que tengan conocimientos especiales en alguna ciencia,
arte o profesión y que han sido previamente designadas en un proceso determinado, perciben,
verifican hechos y las ponen en conocimiento del juez, y dan su opinión fundada sobre la
interpretación y apreciación de éstos, a fin de formar la convicción del magistrado siempre
que para ello se requieran conocimientos. (Valletta, 2001, pág. 551)

En base a la doctrina se indica que la prueba pericial es aquella prueba proveniente del
dictamen de los peritos, designados previamente conforme a la ley, son personas llamadas a
informar ante el juez o tribunal, por razón de sus conocimientos especializados en alguna
ciencia, arte o materia, acerca de los hechos suscitados, mismos que servirán para esclarecer
la realidad y los puntos controvertidos ayudando así a formar la convicción del magistrado en
un determinado proceso.

Guillermo Cabanellas en su obra: “Diccionario Jurídico Elemental” manifiesta: “La que surge
del dictamen de los peritos, personas llamadas a informar ante un tribunal por razón de sus
conocimientos especiales y siempre que sea necesario tal asesoramiento técnico o práctico del
juzgador sobre los hechos litigiosos”. (Cabanellas, 2008, pág. 56)

En relación al tema el tratadista da a conocer que el fiscal tiene la facultad de nombrar y


posesionar a los peritos, busca los elementos de convicción; además según el artículo 444,
numeral 12 del Código Orgánico Integral Penal ordenar el peritaje integral de todos los
indicios que hayan sido levantados en la escena del hecho, garantizando la preservación y

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correcto manejo de las evidencias; entonces la prueba por peritos o prueba pericial es el medio
de prueba consistente en la actividad procesal desarrollada a instancia de las partes en virtud
de la cual una o varias personas expertas en materias no jurídicas elaboran y transmiten al
tribunal un dictamen o exposición ordenada de información especial.

Rafael Martínez define a la prueba pericial de la siguiente manera: Medio demostrativo y la


ilustración propuesta a iniciativa de alguna de las partes o del juzgador, que se desarrolla
mediante la intervención de expertos en un arte, oficio o ciencia. El experto o conocedor de la
respectiva rama del conocimiento humano recibe el nombre de perito y debe estar autorizado
o reconocido por el tribunal para emitir el dictamen que proceda. (Martínez, 2008, pág. 675)

La noción de prueba ha estado presente en toda manifestación de la vida humana, y al igual


que la sociedad ha evolucionado, la prueba lo ha hecho también, convirtiéndose en la piedra
angular de todo razonamiento, probar no es otra cosa que demostrar que un hecho ha existido
de un modo determinado y no de otro, por lo tanto, la conceptualización de este término,
estará dado de acuerdo a la actividad y circunstancias que se la aplique; en definitiva la
prueba pericial es el medio de comprobación de las circunstancias ocurridas en un
determinado entorno y para esto los peritos son los encargados de realizar dicha actividad.

1.1.2.2. Características de la prueba pericial

Ferreira Angelina expresa: “Las conclusiones del experto califican obviamente una situación
determinada, pero los jueces deben valorar las pruebas conforme a la sana crítica racional, a la
luz de las reglas de la lógica y la experiencia”. (Ferreira, 2013, pág. 35)

La actividad pericial, tiene por objeto exclusivamente cuestiones concretas del hecho, que
exigen una percepción especial debido a su naturaleza, que la realizan expertos o personas
calificadas en la materia, en razón de su técnica o ciencia; en Ecuador, el perito tiene que estar
registrado en la nómina del Consejo de la Judicatura, y tiene la obligación de realizar una
verificación o comprobación de los hechos; en la clasificación de las pruebas periciales, se
encuentra el dictamen de intérpretes, cuando existan documentos con caracteres desconocidos
y en la eventualidad de que el juez tenga que examinar a las personas que desconocen el
idioma castellano.

Francisco Ramos considera que la prueba pericial es: “La actividad de las partes encaminada

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a convencer al juez de la veracidad de unos hechos que se afirman existentes en la realidad”
(Ramos, 2010, pág. 90)

Las características de esta prueba son:

a) La pericia es una actividad procesal probatoria. En cuanto tal, tienen lugar en el periodo
de prueba del proceso con la finalidad de facilitar la percepción y la apreciación de hechos
concretos objeto de debate. No obstante, se admite su aportación en la fase declarativa o
de alegaciones.

b) El elemento fundamental de esta prueba es la aportación de máximas de experiencia, de


las que carece el juez o tribunal.

c) La pericial es una prueba personal que, al igual que en la testifical, ambas consisten en la
intervención personal de un tercero en el pleito.

d) En la prueba pericial el testigo declara sobre la percepción de hechos ocurridos y


percibidos directamente por él; por el contrario, al perito se le llama para que tome
conocimiento de unos hechos y dictamine sobre ellos o los valore.

e) El testigo es insustituible, mientras que el perito puede ser sustituido por otro profesional
con análogos conocimientos; no obstante, esta característica ha quedado un poco
desnaturalizada, al poderse realizar una prueba pericial sin presencia del perito en el
juzgado.

1.1.2.3. Intervención de los peritos en la obtención del informe pericial

Sánchez Pablo al respecto expresa que: “Los peritos son una particular especie de testigos que
se trata de personas que cuentan con información relevante acerca del caso que se está
juzgando y deben venir a dar cuenta de ella en forma oral y sujeta a la contrariedad del juicio”
(Sánchez, 2009, pág. 172)

La pericia procederá siempre que, para la explicación y mejor comprensión de algún hecho, se
requiera conocimiento especializado de naturaleza científica, técnica, artística o de
experiencia calificada; es decir, la pericia aporta al proceso, no sólo al juez; el testigo se
caracteriza por un concepto de generalidad; el perito por el de especialidad; mientras que los
peritos, por el contrario, son elegidos por el juez; en lo que se refiere al testigo, éste es un

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medio de prueba y un tercero, o sea, no es un sujeto de la relación procesal, pero a diferencia
del perito, no se le puede reemplazar por otro, ya que los hechos determinan según quién los
presencie o escuche, qué persona puede declarar; además, mientras que el perito declare sobre
la base de sus conocimientos, o sea, dictamina, el testigo lo hace sobre sus percepciones, y el
primero toma conocimiento del asunto por encargo del juez.

Durante la etapa pre procesal o de investigación llamada Indagación Previa, o en la etapa de


Instrucción Fiscal, los peritos realizarán los respectivos reconocimientos, ya del lugar de los
hechos como de evidencia física, y elaborar informes sobre la experticia realizada; este
documento finalmente será incorporado por el fiscal durante la etapa de juicio como prueba
documental, así como el testimonio del perito bajo juramento, será valorado como prueba
testimonial.

El artículo 511 numeral 2 del Código Orgánico Integral Penal establece que el desempeño del
perito es obligatorio; sin embargo, la persona designada deberá excusarse si se hallare en
alguno de los casos establecidos en este Código para la excusa de los fiscales; los peritos no
podrán ser recusados; sin embargo, el informe no tendrá valor alguno, si el perito que lo
presentó tuviere motivo de inhabilidad o excusa.

Fernando Bedoya confirma que: “El informe pericial que realiza el perito debe tener su firma
donde acredite que dicho informe fue elaborado por el y tenga validez ante un proceso legal.
El informe pericial al terminarlo de redactar deberá contener la firma y rubrica del perito la
cual garantiza su fiel trabajo” (Bedoya, 2009, pág. 2011)

En el caso de que hubiesen desaparecido los vestigios de la infracción, los peritos opinarán, en
forma debidamente motivada si tal desaparición ha ocurrido por causas naturales o
artificiales; esta opinión deberá sujetarse los principios del debido proceso y la presunción de
inocencia; el procesado tiene derecho a conocer oportunamente el informe pericial, a formular
observaciones y a solicitar aclaraciones al perito, sin perjuicio de su derecho a interrogarle en
la audiencia; los hechos que caracterizan las condiciones técnicas y procesales necesarias para
efectuar una investigación pericial, tienen un gran significado para la valoración de la
conclusión del perito por el tribunal, el instructor o el fiscal, pero ellos no son los que
conforman a fin de cuentas el contenido principal del dictamen pericial como fuente de
prueba, por cuanto no están ligados a determinados conocimientos especiales del perito.

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En definitiva de acuerdo al artículo 257 del Código Orgánico de la Función Judicial establece
que el informe de perito o peritos será redactado con claridad y con expresión de los
fundamentos en que se apoye; y si fuere obscuro o insuficiente para esclarecer el hecho
disputado, el juez, de oficio o a petición de parte, exigirá de ellos la conveniente explicación;
una vez presentado el informe de perito deberá ser claro y preciso en su informe en la
diligencia realizada de no ser así el juez solicitara que amplié su explicación para esclarecer el
hecho.

1.1.2.4. Requisitos del informe de la prueba pericial

Javier Jiménez sostiene que: “El análisis probatorio pericial consiste en establecer las
evidencias que corroboren la existencia de aquellas proposiciones fácticas que configuran los
elementos de la teoría del delito” (Jiménez, 2012, pág. 81)

Según lo establecen las distintas normas, el dictamen pericial que es la expresión material de
la pericia, debe presentarse imperativamente por escrito y con copias para las partes del
proceso, además el informe pericial deberá contener como mínimo el lugar y fecha de
realización del peritaje, identificación del perito, descripción y estado de la persona u objeto
peritado, la técnica utilizada, la fundamentación científica, ilustraciones gráficas cuando
corresponda, las conclusiones y la firma.

El informe pericial, sus explicaciones o aclaraciones, se presentarán de forma verbal y por


escrito, de conformidad con la normativa procesal correspondiente; en caso de que el informe
sea escrito, el juez o el fiscal obligatoriamente lo subirá sin los anexos al sistema informático
que administra el proceso correspondiente, dejando constancia e incluyendo al momento de
hacerlo el número del código de calificación de perito.

Pedro López afirma que: “Los informes periciales realizados en procesos calificados por la
ley como reservados o que tienen que ver con la información restringida por la ley, no se
subirán al sistema informático que administra el proceso correspondiente” (López, 2012, pág.
22)

Los requisitos habilitantes obligatorio de todo informe pericial son los siguientes:

 Parte de antecedentes.- En donde se debe delimitar el objeto del peritaje, esto es, se tiene
que especificar claramente el tema sobre el que informara en base a lo ordenado por el

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juez o el fiscal.

 Parte de consideraciones técnicas o metodológicas a aplicarse.- En donde se debe


explicar claramente, como aplican sus conocimientos especializados de una profesión, arte
u oficio.

 Parte de conclusiones.- Luego de las consideraciones técnicas, se procederá a emitir la


opinión técnica, o conclusión de la aplicación de los conocimientos especializados sobre
el caso concreto analizado; la conclusión será clara y directa en relación a la pericia
realizada.

 Parte de inclusión de documentos de respaldo, anexos o explicación de criterios


técnicos.- Deberá sustentar sus conclusiones ya sea con documentos y objetos de respaldo
(fotos, laminas demostrativas, copias certificadas de documentos, grabaciones de audio y
video) o, con la explicación clara de cuál es el sustento técnico o científico para obtener
un resultado o conclusión específica; se debe exponer claramente las razones
especializadas del perito para llegar a la conclusión correspondiente; no se cumplirá con
este requisito si no se sustenta la conclusión con documentos, objetos o con la explicación
técnica y científica exigida.

Sin perjuicio de los requisitos que deben constar obligatoriamente en todo informe pericial,
verbal u escrito, el peritaje designado puede incluir cualquier otra información que considere
relevante como parte de su trabajo; pues como lo habíamos manifestado, los encargados o
responsables de los informes periciales serán aquellas personas que cumplan con todos los
requerimientos establecidos en el artículo 511 del Código Orgánico Integral Penal, y tomando
en cuenta el informe pericial será único.

1.1.2.5. Definición de delitos del ejercicio público de la acción

Luis Carvajal manifiesta: Por regla general la mayoría de los delitos son de acción pública, es
decir que afectan a la sociedad, consecuentemente el Estado asume el ejercicio de acción
penal, esto es la pretensión punitiva. Si es delito de acción pública no se necesita presentar
denuncia, aquí puede denunciar quien quiera, es decir no es necesario que el ofendido
presente la denuncia, sino que el fiscal en base al parte policial o de oficio puede iniciar el
proceso penal. (Carvajal, 2012, págs. 146-147)

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En términos generales, en derecho procesal, existen procesos que requieren ser iniciados y
continuados por una persona con derecho a ello; ejercer la acción en un proceso es iniciarlo, e
instar a que se cumplan todas sus etapas hasta su culminación; en los procesos criminales lo
común es la acción pública; en general, la mayoría de estos delitos comienzan a investigarse a
partir de una denuncia, pero pueden ser investigados tan pronto tengan los poderes públicos
conocimiento de los hechos por cualquier medio; llegada la noticia de un posible crimen a los
organismos del Estado, este actúa sin necesidad de intervención o pedidos de persona alguna.

Zambrano Alfonso sostiene que: En los delitos de acción pública, la acción está en manos del
fiscal es decir del Estado; todos los que no son de acción privada y dependientes de instancia
privada son delitos de acción pública. (Zambrano, 2010, pág. 67)

En los dependientes de instancia privada, lo que se requiere es la denuncia o conformidad


para instar la acción de la víctima, y después el proceso sigue como si se tratara de un delito
de acción pública, por eso es que se dice que comparte características de ambas clases de
delitos de acción pública y de acción privada; en los delitos de acción privada, el fiscal no
interviene, la víctima inicia la acción son los delitos de calumnias e injurias, competencia
desleal, violación de secretos e incumplimiento de los deberes de asistencia familiar cuando la
víctima sea el cónyuge.

Es importante considerar que el artículo 195 de la Constitución de la República determina que


la fiscalía dirigirá, de oficio o a petición de parte, la investigación pre procesal y procesal
penal; durante el proceso ejercerá la acción pública con sujeción a los principios de
oportunidad y mínima intervención penal, con especial atención al interés público y a los
derechos de las víctimas; de hallar mérito acusará a los presuntos infractores ante el juez
competente, e impulsará la acusación en la sustanciación del juicio penal; para cumplir sus
funciones, la Fiscalía General del Estado organizará y dirigirá un sistema especializado
integral de investigación, de medicina legal y ciencias forenses.

1.1.2.6. Características del ejercicio público de la acción

Florián Eugenio en su obra: “Práctica Procesal Penal II” publicada en el año 2008 con
respecto a las características de la acción penal pública manifiesta: Resulta interesante
examinar algunas de las características de la acción penal pública entre las cuales tenemos que
son las siguientes: (Florian, 2008, págs. 11,12)

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En la actualidad no hay duda que los procesos son y deben ser públicos, a fin de garantizar un
proceso justo, cuando en un proceso penal rige la reserva o secretismo, se presta para el
abuso, para la violación de derechos de las personas, por ello la publicidad no solamente
constituye un principio que debe ser aplicado en el juicio penal o para la práctica de la prueba,
se debe observar estrictamente en todo el proceso penal, es una garantía del debido proceso,
de un proceso justo y debido.

Publicidad.- César Castro considera que: La publicidad no puede ser entendida solamente
como uno de los principios que rige un sistema procesal, es una garantía del debido proceso;
sabido es que antaño los procesos se llevaban a cabo con suma reserva, ello devenía en la
violación de los derechos de las personas, particularmente de las personas a quienes se
investigaba el cometimiento de un delito, conocida es la historia de tortura, violencia física y
psíquica de las que eran víctimas las personas a quienes se investigaba, de quienes se
pretendía obtener una supuesta confesión, los ciudadanos estaban privados de conocer los
procesos judiciales. (Castro, 2010, pág. 89)

Que quiere decir que este tipo de acción lo ejerce el Estado y por ende como órgano
autónomo protector de la sociedad es el encargado de restablecer la paz social; además se dice
que por su importancia en la vida de la sociedad, el Estado ha dispuesto que su actividad sea
fundamentalmente dirigida a reintegrar la paz social perturbada por el delito, y por ello, la
Fiscalía General del Estado, como ente protector de la sociedad ejerce a plenitud
integralmente durante todo el desarrollo del proceso penal la acción penal.

Oficialidad.- Eduardo Gómez considera que: Es de suma importancia tomar en cuenta el rol
de la Fiscalía General del Estado el cual debe de oficio o a petición de parte dirigir la
investigación durante el proceso, este rol se encuentra establecido en la legislación nacional
vigente, resaltando también que se encuentra determinado en la Constitución de la República.
(Gómez, 2013, pág. 67)

Se considera un verdadero monopolio de la Fiscalía General del Estado que la Carta Magna
haya determinado que sea el titular de la acción penal pública; recordemos que en el marco
constitucional y legal de la Constitución de la República, la Fiscalía General del Estado es un
órgano de la Función judicial cuyo ámbito de actuación está señalado en el artículo 195 en la
Constitución de la República, en el Código Orgánico de la Función Judicial y en el artículo
511 del Código Orgánico Integral Penal.

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Indivisibilidad.- Ávila Ramiro considera que: La acción penal es única no existen distintas
acciones que correspondan a cada agente, esta característica ayuda a descifrar a todos los que
han participado en la comisión del delito; no existen distintas acciones que correspondan a
cada agente, sino una acción indivisible. (Ávila, 2011, pág. 45)

Los derechos, al igual que las personas, son integrales; no se puede sacrificar un derecho a
costa de otro; las personas al mismo tiempo están ejerciendo múltiples derechos a la vida,
libertad de movimiento, de pensamiento, de expresión, vivienda, y a la vez lo puede estar
violando; así como en la vida no se puede afirmar que se ejerce un derecho a la vez, así
tampoco se debe analizar los derechos sin consideración de los otros; una persona es digna
cuando todos los derechos están satisfechos.

Obligatoriedad.- Humberto Vaca la obligatoriedad de acuerdo a: “La Constitución de la


República y demás leyes decretan la obligatoriedad de ejercer la acción penal con especial
atención al interés público a la Fiscalía General del Estado” (Vaca, 2013, pág. 23)

Con la expresión obligatoriedad de la acción penal pública aludimos al deber de la Fiscalía o


de iniciar, sostener y perseverar en la persecución penal de todo delito del cual tome
conocimiento, sin que pueda suspenderla, interrumpirla o hacerla cesar a su discreción; es
decir el rol que debe cumplir el Estado es de suma importancia ya que por medio de la
Fiscalía General del Estado se puede ejercer este tipo de acción penal tomando en cuenta que
no es necesario que la víctima intervenga en las diligencias procesales ya que la legislación
nacional establece la obligatoriedad de ejercer la acción penal pública a la entidad antes
mencionada; existe la obligación por parte de la Fiscalía General del Estado de ejercitar la
acción penal ante la noticia de la presunta comisión de un hecho ilícito.

Walter Guerrero expresa que: El ejercicio de la Acción Penal Pública es irrenunciable por
cuanto quienes ejercen la acción, no pueden retractarse del dictamen fiscal acusatorio, de la
denuncia o de la acusación particular, con el propósito de impedir que continúe la
sustanciación de la causa, pues si bien es verdad que de acuerdo a lo establecido en el Código
Orgánico Integral Penal cabe el desistimiento de la acusación particular en los procesos por
delitos de acción pública, el trámite continúa con la sola intervención del fiscal, el perdón de
la parte ofendida o la transacción con ésta no extingue la acción pública por una infracción
que debe perseguirse de oficio. (Guerrero, 2004, pág. 67)

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La acción penal pública es indivisible, en razón de que una vez que se la promueve involucra
a todos aquellos que de una u otra manera han intervenido en la comisión de un delito o han
concurrido a su ejecución, es decir, a quienes alguna responsabilidad tuviere supuesto que
nadie deberá escapar a la represión penal; es decir, que ni el fiscal ni el denunciante ni el
acusador particular, pueden obligar al juez para que limite la iniciación o la prosecución del
proceso solo en contra de uno de los presuntos culpables de la infracción de acción pública.

1.1.3. Valoración de la prueba pericial por parte del juzgador

1.1.3.1. Definición de valoración de la prueba pericial

José Segovia en su obra “Práctica Penal” publicada en el año 2011 señala: La valoración de la
prueba constituye una operación mental de gran importancia, exclusiva del Juez de Garantías,
que se realiza en todo proceso y, más aún, en el proceso penal, puesto que de ella depende que
el Tribunal de Garantías Penales llegue o no a la certeza para llegar a la convicción que le
permitirá determinar si una persona es culpable o inocente. (Segovia, 2011, pág. 154)

Desde todo punto de vista el tratadista nos da a conocer que el juez o tribunal juega un papel
preponderante en un proceso penal, según el caso a tratarse ya que mediante esta operación
mental dependerá si se determina o no el estado de inocencia de la persona, esta valoración
esclarecerá las circunstancias mediante los medios de prueba para determinar el grado de
responsabilidad de los sujetos procesales para así llegar a la verdad; esta valoración de la
prueba establecerá el grado de convicción de los medios de prueba practicados por los sujetos
procesales; en nuestro medio observamos que hay cierta distorsión o manipulación al
momento de conseguir las diferentes clases de prueba existentes en el proceso penal.

Rafael Martínez dice: Apreciación que el juez hace de los medios de demostración que se
desahogaron en el juicio, y les asigna el efecto que su criterio y buena fe le dicten. Desde
luego, esto no queda a su dirección total, sino que en algunas normas se aplican a cada tipo de
pruebas. El tribunal goza de la más amplia libertad para determinar su valor, unas enfrente de
las otras, y para fijar el resultado de dicha valuación contradictoria, a no ser que la ley fije las
reglas para hacer esta valuación. (Martínez, 2008, pág. 862)

Como parte del manejo de la prueba, se da un valor capital a la cadena de custodia respecto de
los elementos físicos o contenido digital que se hayan obtenido en la investigación y que se

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constituirán en prueba durante la etapa de juicio; el objetivo de esta tutela consiste en
garantizar la autenticidad y estado original; esta cadena debe iniciar desde el momento mismo
de la obtención de las evidencias; en definitiva, la valoración de la prueba está determinada,
en cuanto a su legalidad, es decir, cómo se obtuvo, si existe o no causas para su exclusión, si
se dispuso por parte de autoridad competente, si fue obtenida en cumplimiento de los
principios de inmediación y contradicción, si son auténticos o existe alteraciones que puedan
causar como efecto la falta de eficacia probatoria, si se sometió a la cadena de custodia y si
esta responde a los criterios ya enunciados.

Ricardo Andrade en su libro: “Derecho Procesal Penal Ecuatoriano” publicado en el año 2015
dice: Ni el informe ni las conclusiones u observaciones del perito que se contengan en el
informe pericial son definitivos o concluyentes. El perito es también una persona humana, y
como tal, susceptible de incurrir en errores (más aún si de por medio existe pago de
honorarios profesionales, siempre excesivamente altos); por ello, la valoración jurídica del
informe pericial queda a criterio del Fiscal, Juez Penal o Tribunal penal, quienes por lo tanto,
pueden aceptarlo o no, pero con el debido sustento o motivación. (Andrade, 2015, pág. 405)

Parte de la nueva estructura y concepción de la valoración de la prueba se vincula, también,


con la preservación de la escena del hecho o indicios, en la medida en que la base del proceso
está constituida, precisamente, por los medios de convicción que van a adquirir el rango de
prueba en la audiencia de juicio; es por esta razón que la conservación es vital, para que no se
contamine y los medios que se puedan obtener sean lo más fidedignos a los hechos; de ahí
que toda persona que intervenga en un primer momento, o lo que se conoce como el primer
contacto con la escena del delito, es responsable hasta el momento en que el personal
especializado en la rama tome contacto con la escena.

1.1.3.2. Reglas de la sana crítica

Luis Abarca en su obra: “La Violación del Debido Proceso Como Causa Para La Casación Y
La Acción Extraordinaria De Protección” publicada en el año 2013 dice: Es materia de
casación y de la acción extraordinaria de protección cuando se vulneran las reglas de la sana
crítica en valoración de la prueba. Se violan estas reglas cuando el juzgador da a los
resultados probatorios un sentido distinto al que las pruebas consideradas tanto
individualmente como en su conjunto significan en forma natural lógica y necesaria, es decir
que encajan como un rompecabezas y no se contradicen entre sí; por lo que en todo caso en

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que existe contradicción entre el significado de las pruebas o no encajan en relación de
conformidad con el objeto de proceso se vulneran las reglas de la sana crítica, como sistema
de valoración de la prueba. (Abarca, 2013, págs. 48,49)

La doctrina antes mencionada refiere a que no debe existir contradicción entre las pruebas y el
hecho suscitado por cuanto ambos aspectos llevarán al objetivo de valorar la prueba, tarea que
le corresponde al juez mismo que deberá realizarlo de la forma más correcta posible, y no se
vulnere los derechos de las partes procesales al momento de que estas pruebas lleven al
veredicto final por parte del juzgador.

Paúl Carvajal manifiesta: La sana crítica interviene en la valoración de las pruebas, las que
deben ser valoradas con la lógica, la razón, y las garantías constitucionales previstas en la
Constitución y las normas del debido proceso. Aquí permite excluir las pruebas ilegales y la
prueba ilícita misma que tiene relación con los elementos de convicción y con la prueba,
significa que interviene en todo el proceso, porque se valora en todo el proceso, esto implica
que la sana crítica que es un método de valoración de la prueba, interviene en todo momento.
(Carvajal, 2012, págs. 244-245)

La sana crítica racional es la operación intelectual realizada por el jue y destinada a la correcta
apreciación del resultado de las pruebas judiciales, realizada con sinceridad y buena fe; ha
sido definida como la lógica interpretativa y el común sentir de las personas y como la
combinación de criterios lógicos y de experiencia que debe aplicar el juzgador; en otras
palabras, la sana crítica racional es el método de apreciación de la prueba, donde el juez la
valorará de acuerdo a su lógica, experiencia y los conocimientos científicamente afianzados;
además las reglas de la sana crítica racional no constituyen un sistema probatorio distinto de
los que tradicionalmente se han venido reconociendo.

1.1.3.3. Pruebas que deben ser valoradas por el juzgador

Segovia José en su obra: “Práctica Penal” publicada en el año 2011 respecto a las pruebas
valederas dice: La prueba en materia penal es sinónimo de garantía, la misma no debe ir en
contra de la moral y las buenas costumbres, para que no se pierda su naturaleza, que le
convierte en imperativa. Su validez se condiciona al hecho de que no sean obtenidas a través
de medios como torturas, maltratos, coacciones, amenazas, engaños, inducción a la comisión
del delito u otros medios corporales o psíquicos que vulneren la voluntad del sujeto, que

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violan también los derechos humanos reconocidos por nuestra legislación y por instrumentos
internacionales o que se utilicen procedimientos que induzcan a la comisión del delito.
(Segovia, 2011, pág. 130)

Los medios de prueba constituyen un aspecto fundamental, son la base primordial al interior
del proceso penal, pues aquellos serán los que fijen una resolución justa o injusta en la causa
cuyo conocimiento y decisión tendrá el tribunal de garantías penales competente; de lo
anterior, surge la necesidad de que esos medios de prueba sean válidos y efectivos, conforme
a la ley, a las garantías del debido proceso; pero dichos medios pueden ser susceptibles de
alteración, y su manipulación puede tener lugar en varios momentos:

1) A la hora de formarla o recogerla;

2) Al presentarla e incorporarla; y,

3) En la valoración para decisión judicial.

Pico Joan sobre las pruebas valederas considera que: “Para que las pruebas sean valederas,
sean éstas de cargo o de descargo, para justificar la responsabilidad penal del acusado o la
inocencia del mismo, se requiere que sean pedidas, ordenadas, practicadas e incorporadas al
juicio” (Pico, 2010, pág. 18)

Lo que quiere decir que las pruebas que deben ser presentadas ante los tribunales de garantías
penales correspondientes, salvo las consideradas como pruebas urgentes o anticipos
jurisdiccionales de prueba, que serán practicadas por los jueces penales; por consiguiente toda
prueba que quebrante estas garantías, así como las constitucionales, no tendrá validez alguna
para fundamentar la acusación o para producir la convicción del tribunal de garantías penales
en la sentencia, por más que el único medio para conseguirlas sea la violación de un derecho,
hecho que se encuentra contemplado no sólo en ley adjetiva penal sino también en nuestra
Constitución de la República y en los instrumentos internacionales suscritos y ratificados por
el Ecuador, que de igual forma protegen estas garantías.

1.1.3.4. Ineficacia de las pruebas obtenidas al margen de la ley y la Constitución

Segovia José dice: “La ineficacia de la prueba no sólo afecta a las pruebas obtenidas
directamente en el acto constitutivo de la violación de un derecho fundamental, sino también a

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