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Rodrigo Fabian Alfaro Uribe

Arcos de Guadalajara

Los Arcos de Guadalajara, son un monumento representativo de la Ciudad


de Guadalajara, en el estado de Jalisco, México. Dicho monumento fue erigido como
entrada de la ciudad a raíz de la inauguración de la carretera México-Morelia-Guadalajara,
en el año de 1938. La obra se realizó durante el periodo del gobernador Silvano Barba
González, quien encargo el proyecto al Arq. Aurelio Aceves.

El monumento consistente en dos arcos de estilo neoclásico, semejantes a los Arco de


triunfo en Europa. Los Arcos, como comúnmente se les conoce, tienen ocho metros de ancho
por catorce metros de altura, y a cada lado de ellos se observan nichos con fuentes
monumentales. En medio del arco se lee Guadalajara capital del Reino de Nueva Galicia
fundada en este lugar el día 14 de febrero de 1542. El monumento está coronado por una
segunda estructura que cuenta con una seria de ventanas de arco de medio punto, conocida
como Sala de Banderas, y que servía como mirador.

Los Arcos fueron construidos por el Arq. Aurelio Aceves en 1942 a solicitud expresa del
gobierno encabezado por Silvano Barba González para celebrar los 400 años de la
fundación de la ciudad. Por aquellos días el lugar en donde se ubica el monumento era
llano, se consideraba que iba a ser la entrada a la ciudad, por tal motivo en el lado oriente
del monumento se lee la frase "Una estancia agradable, es garantía de regreso" y en
el poniente "Guadalajara, ciudad hospitalaria". El Arq. Aceves realizó el diseño basándose
en los típicos arcos europeos, sin embargo añadió en la decoración final azulejos
artesanales representativos de Tlaquepaque. Además, en medio de cada arco, se grabó
el escudo de armas de la ciudad.

En 1959 se instaló en la parte superior la Sala de Banderas, donde se rendía los respetos
a los lábaros patrios de los distintos países del Continente Americano. Además se usaba
como mirador, ya que proporcionaba una excelente vista de la ciudad. En 1981, dada su
importancia, se cerró la Sala de Banderas y se instaló en el lugar la Secretaría de
Turismo del Estado de Jalisco y se mantiene ahí hasta el día de hoy.

Instituto de astronomía y metereología

En Jalisco, al inaugurarse la Universidad de Guadalajara, en 1925, el Observatorio


Astronómico, Meteorológico del Estado se integró a ella, convirtiéndose así en su primera
dependencia dedicada esencialmente a la investigación científica en meteorología.

En un oficio fechado el 10 de octubre de 1925 y firmado por el secretario Ramón Delgado


y el visto bueno del rector Enrique Díaz de León, se nombró “Director del Observatorio
Astronómico de Jalisco” (sic) al presbítero Severo Díaz Galindo. Bajo la dirección de Díaz,
el Observatorio alcanzaría renombre. Incluso más allá de las fronteras del país se recibían
y enviaban colaboraciones; existía participación en las sociedades científicas y de
profesionales más importantes de la época: El propio Díaz llegó a ser honrado al presidir
desde 1923 hasta su muerte en 1956 la Junta Auxiliar en Jalisco de la Sociedad Mexicana
de Geografía y Estadística.

A la muerte del pater Díaz se nombró como director del ya (desde 1947) Instituto de
Astronomía y Meteorología al licenciado Jesús Arias Villegas, quien se incorporó al
Observatorio en 1945 como ayudante a propuesta de Díaz Galindo. Arias permaneció en
el puesto hasta su renuncia en 1963, año en que asumió la dirección el químico
farmacéutico Pablo Gonzalo Franco, quien se especializaría en cuestiones de sismología
y vulcanología.

Con el profesor Franco se incorporó un grupo multidisciplinario, cuyo trabajo y esfuerzo


fructificaron al desarrollarse, del 1 al 3 de octubre de 1965, una exposición sobre
tecnología espacial montada por la NASA, gracias a los contactos establecidos
previamente por Frederick Mardus -ingeniero neoyorkino que se había integrado al
instituto- acontecimiento de enorme importancia ya que significó una muestra de primera
mano a la comunidad jalisciense de la carrera al espacio que en esos momentos se vivía.

Otras actividades de divulgación en aquellos días, eran las visitas de grupos escolares,
destacamos de ellas las realizadas por cadetes del Colegio del Aire que continúan a la
fecha.

En 1973 asumió la dirección del IAM el ingeniero civil Enrique Flores Tritschler, quien es
mejor recordado por sus programas humorísticos transmitidos por una radioemisora local
especializada en noticias; por cierto, las cápsulas de dichos programas eran grabadas con
las voces de personal del instituto en el sótano de la torre del telescopio. A pesar del
aparente abandono manifiesto hacia trabajos académicos (la cúpula del telescopio se
transformó en bodega) hubo cierta interacción con astrónomos profesionales, y se
realizaron pláticas de difusión en el Paraninfo de la UdeG a cargo de los doctores Manuel
Peimbert y Silvia Torres, del Instituto de Astronomía de la UNAM el 19 y 20 de julio de
1979.

Con la jubilación en 1992 del ingeniero Enrique Flores Tritschler de la UdeG, y por
consiguiente, su separación del cargo de director del IAM, siguió un periodo de transición
hacia la etapa en la que se comenzó a desarrollar mayor actividad en los ámbitos
científicos, fue nombrado director del IAM el doctor Francisco Villalpando Ibarra: aunque
ingeniero agrónomo de profesión, su posgrado fue en la disciplina de agrometeorología.
Sin embargo duró poco menos de cuatro meses en el cargo, ya que recibió una invitación
para colaborar en la sede en Suiza de la Organización Meteorológica Mundial. A su
renuncia, Rogelio García Castro quedó como secretario encargado del despacho de
dirección; durante la gestión de éste último llegaron, enviados por el Departamento de
Investigación Científica y Superación Académica (DICSA) de la UdeG, los tres primeros
prestadores de servicio social de la carrera de física de la propia Universidad. Hasta
entonces, ningún futuro físico había sido aceptado en el IAM, a pesar de que, en tiempos
anteriores no mostraban inconveniente alguno en admitir para tal servicio a estudiantes de
carreras tan escasamente relacionadas con las disciplinas ahí cultivadas, tales como
arquitectura y químico a nivel técnico.
En mayo de 1993 finalmente se nombró director del IAM, que sería directora, a la maestra
en ciencias Valentina Daydova Belitskaya, quien se desempeñaba como profesora
investigadora de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la misma UdeG. De su
período en la dirección podemos mencionar el logro de la participación de personal del
instituto en congresos científicos especializados, no como meros espectadores, sino como
ponentes. Se estableció el 22 de junio de 1994 un convenio general de cooperación
científica y académica entre la UdeG y el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y
Electrónica (INAOE), siendo uno de sus frutos concretos la publicación de reportes
técnicos relativos a las condiciones meteorológicas de los posibles sitios para emplazar el
Gran Telescopio Milimétrico, quizá el proyecto científico más importante en el país.

Enterada la maestra Davydova de algunas “leyendas oscuras” relativas a ciertas


autoridades anteriores del IAM, en el transcurso de la auditoría iniciada el 25 de febrero
de 1994 por la Contraloría de la Universidad de Guadalajara, ordenó hacer excavaciones
en el jardín y estacionamiento del instituto ante una decena de testigos. A las pocas
paladas, la leyenda se transmutó en ignominiosa realidad: aparecieron restos de
documentos y libros científicos que habían sido incinerados y enterrados del Pbro. Severo
Díaz Galindo.

El cambio sustancial en las actividades principales del IAM, además de apreciarse en los
trabajos publicados por el personal del instituto a partir de la administración de la maestra
Davydova, se materializó con la adquisición una estación meteorológica automática, sin
por ello descuidar la extensión y enseñanza.

El primero de junio de 2001 fue nombrado director del IAM al doctor en ciencias
meteorológicas Ángel R. Meulenert Peña, durante su gestión mantuvo y procuró mejorar
lo relativo a su especialidad, uno de sus más grandes logros fue implementar
eficazmente el Sistema de Alerta Temprana y la adquisición del Radar Meteorológico
como herramientas de apoyo.

A partir de junio de 2010, asumió el Dr. Hermes Ulises Ramírez Sánchez el cargo como
director del Instituto de Astronomía y Meteorología de la Universidad de Guadalajara.

Caja de agua

En 1850 Guadalajara era una pequeña ciudad que apenas alcanzaba los 5.500 habitantes
y se abastecía de manantiales yarroyos cercanos.

Hacia 1870 el agua potable en la ciudad comenzó a escasear, ya que la población había
llegado a alcanzar los 8.000 habitantes. Los manantiales que tradicionalmente habían
abastecido a la ciudad, el manantial del Sotillo y el arroyo del Alamín, no tenían suficiente
agua en determinadas épocas para surtir a una población en crecimiento. Estas
circunstancias de escasez explican que el Ayuntamiento se planteara la necesidad de
acometer obras hidráulicas para solventar los problemas de abastecimiento.

Se realizaron estudios por parte del ingeniero municipal Antonio Sanz para buscar el lugar
idóneo desde donde abastecer de agua potable a la ciudad, y se eligieron las fuentes de
Torija, situadas entre los términos de Torija y Valdegrudas, tanto por la calidad de su
agua, como por la cantidad y por su localización elevada, que posibilitaba la traída de
aguas por gravedad.

En 1877 se había redactado ya el "Proyecto de traída de aguas desde los manantiales


llamados Fuentes de Torija". Incluía toda la obra hidráulica necesaria desde la zona de
captación de aguas a unos 20 Km de distancia de la capital, su canalización, toda la
construcción de la conducción, con multitud de pequeños acueductos para salvar los
desniveles, y, por último, un depósito de unos 2.000 m³ de capacidad, situado entonces a
las afueras de la ciudad en un paraje denominado Alto de la Cruz. Desde ese depósito
partían dos grandes tuberías para distribuir el agua por toda la ciudad.

El depósito se llenó por vez primera en 1880, tras la inauguración de la traída de aguas
desde las fuentes de Torija. Todavía forma parte de parte de las infraestructuras
hidráulicas de la ciudad y se mantienen en uso las mismas válvulas que se instalaron
durante su construcción.

Es un proyecto redactado por el ingeniero municipal Antonio Sanz. La dirección de las


obras, tanto de las canalizaciones hidráulicas como de las edificaciones que se
proyectaron, fue llevada a cabo por mismo Antonio Sanz y por el arquitecto
municipal Vicente García Ron.

Es una construcción semienterrada con capacidad para 2.000 m³ de agua. Es de planta


rectangular, de 38 x 24 m, de unos 915 m² desuperficie. La estructura del depósito es de
fábrica de ladrillo visto, con una cubierta de tierra y vegetación en toda su extensión.

Respecto a la estructura de este depósito, se distinguen dos salas de factura simétrica


comunicadas entre sí, pero con posibilidad de funcionar de manera independiente. Se
destaca el gran muro partidor que divide al depósito en dos compartimentos diseñados
para ponerlos en comunicación o utilizarlos de forma independiente, por ejemplo, cuando
era necesario aislar uno para limpiar el otro. Este muro partidor está desdoblado en otros
dos muros que forman un túnel o paso abovedado. Este túnel sirve para comunicar
ambos lados de la instalación y facilitar su control y mantenimiento.

La organización interior se compone de pilastras de ladrillo con base de piedra, de una


altura de 4 m, y arquerías de medio punto, también de ladrillo de media altura, de unos 6
m. La disposición corrida y en paralelo de bóvedas rebajadas de ladrillo, que se van
apoyando en las líneas de arcadas, da soporte a la cubierta. El conjunto ofrece una
imagen que recuerda a los antiguos aljibes.

Argumentos para considerar a la caja de agua patrimonio cultural.

La caja de agua representa en la historia de guadalajara unas de las obras más


importantes en el ámbito de la ingeniería hidráulica. Su importancia social reside en que
hasta la fecha sirve para abastecer de agua a ciertas colonias y en ser fuente de
suministro para el riego de parques y jardines. Por el lado arquitectónico la edificación
tiene suma importancia por su estilo neocolonial. Entre sus características sobresalientes
están los arcos de medio punto que descansan sobre las pilastras en la parte baja de la
construcción donde se localizan el aljibe, además de las fachadas de mampostería que
dan al edificio ese toque colonialista. Otro rasgo importante que ayuda a argumentar que
dicha construcción debe considerarse patrimonio cultural son los ingenieros y arquitectos
que plantearon el proyecto a mediados del siglo XIX, entre ellos figuran personajes como
Antonio Sanz y Vicente García Ron.

Es un edificio que es emblema del la ingenieria hidráulica en la región, además de


equipararse en belleza arquitectónica con otras cajas de agua que se contruyeron a lo
largo de la historia en diversas ciudades del páis.