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Lynn Segal

Soñar la realidad
El constructivismo de Heinz von Foerster
Introducción de Paul Watzlawick

Barcelona-Buenos Aires-México
Título original: The dream ofreality. Heínz von Foerster's constructivism
Publicado en inglés por W. W. Norton and Company, Nueva York

Traducción de Ferran Meler-Ortí

Cubierta de Mario Eskenazi

1! edición, 1994

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© 1986 by Lynn Sega!


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y Editorial Paidós, SAICF,
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ISBN: 84-493-0032-0
Depósito legal: B-30.16511994

Impreso en Hurope, S.L.,


- ~- wf""..:
Recaredo, 2 - 08005 Barcelon;r
... ~.~~~\,_"..4.../: . -. ·-

Impreso en España - Printed in-sp_ain


SUMARIO

Sobre el autor .. ... ..... .... .... ....... ... ...... ... ..... ...... ..... ... ...... ..... ... 9
La realidad - Historia del decimoctavo camello ..... ...... .. 11
Prólogo de Heinz van Foerster .......................................... 13
Prólogo de Paul Watzlawick .............................................. 17
Prefacio ...... ..... .... ..... .... .... ..... .... ...... ..... .... ....... .. ....... ... ....... .. . 19
Introducción .... ...... ... ..... ... .......... ....... .. ....... ... ..... .... ..... ..... ... 25

l. El mito de la objetividad .............................................. 29


2. Las dificultades del lenguaje ........................................ 59
3. Maturana y el observador ............................................. 93
4. El sistema nervioso ........................................................ 101
S. Computación ................................................................... 121
6. Biocomputación .. ..... .... ..... .... ..... ..... ....... ... .. .. .... ........ ... ... 151
7. Clausura .......................................................................... 167

Apéndice: una entrevista con Heinz von Foerster .. ...... .. 199


Figuras y tablas .. .... ..... ... ..... ...... ... ....... ... .... ..... ....... ... ..... ..... 215
Índice analítico ...... ... ..... .... .... ..... ..... .... ..... ..... ...... ... ....... ... ... 217

,
SOBRE EL AUTOR

Lynn Segal, especialista en clínica social, es investigador


titular del Mental Research Institute (MRI) y miembro del Brief
Therapy Project de ese instituto. Se licenció (Bachelor of Arts)
en psicología por la Hofstra University (1966) y se graduó (Mas-
ter on Social Work) en terapia social por la Adelphi University
(1968). En 1977 recibió el premio Don D. J ackson Memorial; fue
uno de los organizadores y codirectores de El Camino Hospi-
tal Pain Program, y ha sido el presidente del comité de forma-
ción del MRI. Actualmente divide su tiempo profesional for-
mando a otros especialistas en Brief Therapy y en sistemas
familiares, investiga en psicoterapia y mantiene una consulta
privada en Palo Alto. Ha dirigido seminarios de formación por
todos los Estados Unidos y Europa.
Junto con Fisch y Weakland es autor del libro The Tactics
of Change: Doing Therapy Briefly.

-- ----- -------
LA REALIDAD- HISTORIA DEL DECIMOCTAVO CAMELID

Un mullah cabalgaba en su camello hacia Medina cuando


vio un pequeño rebaño de camellos y, a su lado, un grupo de
tres jóvenes muy afligidos.
«¿Qué os ha ocurrido, amigos míos?», preguntó él, y el ma-
yor de los jóvenes contestó, <<nuestro padre ha muerto.»
«Que Alá le acoja en su gloria. Os acompaño en el sentimien-
to. Pero seguro que os debe de haber dejado algo en herencia»,
les preguntó.
«SÍ», contestó el joven, «estos diecisiete camellos. Era todo
cuanto tenía.»
«¡Pues alegraos! ¿Qué os aflige entonces?»
«Tan sólo que su última voluntad», prosiguió el hermano
mayor, «fue que yo recibiera la mitad de sus propiedades, el
mediano un tercio y el menor un noveno. Pero ya hemos inten-
tado repartir estos camellos de todas las maneras y nunca
resulta.»
«¿Es eso todo cuanto os aflige, amigos míos?», dijo el mu-
llah. «Tomad pues mi camello por un momento y veamos qué
podemos hacer.»
Entonces con dieciocho camellos el hermano mayor reci-
bió la mitad, es decir, nueve camellos, y quedaron nueve. El
hermano mediano recibió un tercio de los dieciocho camellos,
esto es, seis, y quedaron tres. Puesto que el hermano menor
tenía que recibir una novena parte de los dieciocho camellos,
es decir, dos, quedó un camello. Era el del mullah, el cual vol-
vió a montarlo y se alejó cabalgando mientras con la mano se
despedía sonriente de los felices hermanos.

De esta historia comenta Heinz von Foerster: «Al igual que


sucede con el camello decimoctavo, necesitamos de la realidad
como de una muleta que se abandona cuando se aclara todo
lo demás».
1
PRÚI.DGO
de Heinz van Foerster

En el fondo el Heinz von Foerster que escribe estas líneas,


que viaja por aquí y por allá, hablando y siendo invitado por
los círculos de terapeutas de familia, es una invención de Paul
Watzlawick.
Conocí a mi inventor por primera vez hace más de diez años
en California. Mi actividad profesora! en la Universidad de Illi-
nois, después de treinta años, había llegado a su fin, y busca-
ba un lugar donde mi esposa y yo pudiéramos retirarnos con
tranquilidad y pasar el resto de nuestras vidas procul negotiis.
Paul Watzlawick se presentó primero por teléfono con un acento
austríaco similar al mío, hablándome de amigos comunes, como
Gregory Bateson, y de intereses comunes, por ejemplo las pa-
tologías de la lógica. Poco después nos conocimos personalmen-
te y en nuestro mutuo placer por evitar lo obvio y en poner
en tela de juicio la certeza se sembraron las semillas de una
amistad.
Cuando con ocasión del segundo Congreso Don D. J ackson
Memorial me invitó a hablar ante los miembros e invitados del
Mental Research Institute de Palo Alto, acepté. La primera tarde
fue Gregory Bateson quien dirigió su discurso a la sesión ple-
naria, y yo lo hice en la segunda.
En las conferencias de Bateson siempre había ciertos pun-
tos que me impresionaban particularmente. Alguien le pregun-
tó, por ejemplo, si algo determinado era o no la causa de otra
cosa determinada, a lo que él contestó bruscamente que «Cau-
s~~~·,.~~~~t::.c;!o>~c:~te!l;~_i~!!~milares no son palab~;:ts apr2Ji~­
áª-~.JI~"!:P1Jªr..§Uª. cat¿:;a d-~~~§~a f~nomenolog!_~~~_E_e~~bus­
car e.~)a !!s!~~!--~~Ja fisiolog!~.~~Lé!.P.~icología, en la genética,
1 ~~!1~~~-~~1!1:(1 ~-rre_~LX. entonces dilo ÍY cito textualmen-
!e}: <~E~!~s ,~i~:'!,~j~~~s e~tán de .!!?-~:~~~_[Q.~QI~Ü!!§_~nsatas».
Lo que más me impresionó -y, en mi opinión, esto es lo
esencial- fue que no dijera que estas divisiones son inútiles,
14 SOÑAR LA REALIDAD

o engañosas, o callejones sin salida o cualquier otra cosa. Dijo


que eran «insensatas».Madió-queaio -que él apiiniao-a yTo que
~~!'§\ un~,~.Pi,~.!~~!ogía_~n la__cu_ruestas categonas s~
entretejen elaborando el conjuntOCfe Ta epistemología.
Después, casualmente, oí cómo algunos participantes co-
mentaban la costumbre que Bateson tenía de dar respuestas
enigmáticas y desconcertantes a preguntas sencillas y claras.
Por esta razón empecé mi ponencia, titulada «Contradicciones,
Paradojas, Círculos Viciosos, y otros Dispositivos Creativos»,
diciendo que el problema con las expresiones de los grandes
hombres es que son demasiado transparentes. Pero, paradóji-
camente, lo que es transparente no se puede ver. En cambio,
mi intención es hacer opacas algunas de estas expresiones de
modo que sean visibles, por lo menos un momento, antes de
que, una vez clarificadas, desaparezcan.
Al parecer esta estrategia despertó interés. Por otro lado,
me puse al corriente y quedé fascinado por el abanico de los
problemas que se discutieron en este congreso; tenían que ver
con problemas de filosofía y de las teorías del conocimiento
y de la comunicación, problemas en los que nosotros, en el Bio-
logical Computer Laboratory de la Universidad de Illinois, es-
tábamos muy interesados. Esencialmente se trata de proble-
mas de cognición, y era -y aún es- este punto de incumbencia
e ignorancia comunes lo que hace que el diálogo entre los psi-
coterapeutas y yo sea vivo y fecundo.
Ocurrió que mi amigo y colaborador, con quien acostum-
bro a elaborar mis pensamientos, Humberto Maturana, el «neu-
rofilósofo» como le gusta que le llamen, también participó y
acentuó los aspectos biológicos de este diálogo, en el que to-
das las partes reconocían la necesidad de un lenguaje que in-
cluyera al observador (terapeuta) en el proceso en curso de
interacción e intervención; un enfoque que no podemos adquirir
mediante una estructura ortodoxa de pensamiento, basada en
la independencia y la exclusión del observador, es decir, en la
idea de «objetividad».
En las muchas ocasiones que se presentaron más tarde para
continuar este diálogo tuve finalmente la oportunidad de ob-
servar a través de un espejo translúcido la terapia familiar en
acción. La mayor parte del tiempo estuve sentado en mi silla,
tenso, en la oscura sala de observación, viendo cómo un uni-

&.
PRÓWGO 15

verso, la familia, se desplegaba ante mí. Experimenté las diver-


sas cegueras de sus miembros respecto a los demás, incluso
su ceguera respecto a sus propias cegueras: no veían que no
veían.
Una vez que mis colegas hubieron salido de la sala de ob-
servación y me dejaron solo, tuve una experiencia de lo más
sorprendente y reveladora. Quería saber si podría detectar me-
jor las claves no habladas de la comunicación si el sistema de
audición no estuviera en funcionamiento. Así pues, lo apagué.
Y lo que entonces sucedió fue en efecto muy extraño. Había
cinco personas, sentadas tranquilamente alrededor de una
mesa, que giraban sus cabezas como en cámara lenta, mirán-
dose entre sí y de vez en cuando abrían y cerraban los labios;
el niño, completamente separado, se comía las uñas, mirando
atentamente el lugar. Se detuvo un momento, abrió los labios,
y después continuó mordiéndose las uñas ... Esto continuó así
durante una eternidad de treinta minutos. De pronto el tera-
peuta apareció, y detrás de él, los demás. Sonreían, se dieron
apretones de mano, y toda una charada social, que lo hacía todo
comprensible, puso fin a la sesión.
Más tarde me enteré de que este caso tuvo una conclusión
afortunada. Según parece, debieron de haber sido los ruidos
que yo no pude oír, que estaban modulados por el abrir y ce-
rrar de los labios, los que proporcionaron un ámbito a todos
los participantes para reinventar sus relaciones con los demás,
el mundo y la imagen que de ellos mismos tenían. Cierto es
que podría haber utilizado la palabra «lenguaje» para dar cuen-
ta de estos cambios fundamentales, pero entonces la magia del
lenguaje no se habría puesto de manifiesto.
Siempre que hablo en público, explico antes que nada lo
que voy a decir, después lo digo y, finalmente, lo repito. Nor-
malmente me atengo a mi predicción: digo lo que he prometi-
do decir. Pero en mis recapitulaciones apunto hacia una am-
pliación del contexto general dando la vuelta al tema, lanzando
nueva luz sobre algunos puntos, inventando ejemplos diferen-
tes, etc.
Cuando Lynn Segal decidió utilizar cintas de vídeo y mag-
netofónicas de algunas de mis conferencias, junto con mis no-
tas aumentadas por las suyas propias, para presentar el nú-
cleo de estas ideas en un relato bien ordenado con un comienzo,
16 SOÑAR LA REALIDAD

un desarrollo y un final, fui escéptico. En algunas ocasiones


había presentado mis pensamientos en una serie de cuatro o
cinco fascículos en los que recapitulaba los anteriores. Tuve
la impresión de que la empresa de Lynn Segal se asemejaba
más a deshacer los secretos del cubo de Rubik que a relatar
una historia sobre la evolución de algunas ideas. Pensándolo
bien, sin embargo, esta empresa podría también considerarse
como un ejercicio de invención de una realidad.
En tal caso, mi esperanza es desempeñar el papel del deci-
moctavo camello. Ciertamente, sin la sabiduría del mullah el
camello no jugaría ningún papel. Afortunadamente se ha en-
contrado el mullah: ¡es Lynn Segal! Y por ello quiero felicitar-
le y darle las gracias.

HEINZ VON FoERSTER


Febrero, 1986
:s PRÓLOGO
o de Paul Watzlawick

a
r
o
e
Lynn Segal ha acometido la tarea extremadamente difícil
1 de presentar toda la obra de un científico famoso, traducida
en un lenguaje no técnico y legible en un volumen relativamente
breve. La dificultad se ve agravada por el hecho de que Heinz
von Foerster se resiste a cualquier categorización sencilla, pues-
to que transciende las fronteras académicas tradicionales de
las disciplinas científicas. Como un tardío hombre del Renaci-
miento o, dicho de otro modo, como el precursor de una era
en la que las ciencias humanas y naturales empezarán a con-
verger, fascina a sus oyentes y lectores por su saber enciclopé-
dico, unido a la facilidad con la que establece relaciones total-
mente nuevas, y nos fuerza de este modo a poner en tela de
juicio nuestros métodos tradicionales de interpretación con-
ceptual del mundo. Se trata del proceso que Arthur Koestler
denominó biosociación, al que atribuye la capacidad creativa
del hombre.
Heinz von Foerster es uno de los principales miembros de
aquel extraordinario y talentoso grupo de científicos que en
1949 se unieron bajo los auspicios de la Fundación Josiah Macy
Jr. con el propósito de estudiar «los mecanismos circulares de
feedback causal en sistemas biológicos y sociales». Fue Warren
McCulloch, el presidente de estos encuentros, quien invitó a
Heinz von Foerster para que éste presentara una teoría de la
memoria que había desarrollado cuando todavía se encontra-
ba en Viena y que, sin que entonces él lo supiera, se construyó
sobre principios que hoy se denominan cibernéticos.
Bien pronto, aquello que entonces empezó siendo el estu-
dio de procesos dinámicos de una naturaleza general reveló su
importancia específica para la comprensión del hombre y de
sus interacciones sociales ..f9,!!!.12I..e..!ld~L.9.,l,!~_el QQ_§.~txªdQ&J;~J
fenóm~no qbse:ryado y el mismo proceso de observación for-
m.an una ,tQ!<:!1!9~~li<21~LPl!,t;;~:l~ cle§compQper~s:.~~IL~.us ele-
18 SOÑAR LA REALIDAD

mentos a riesgo de reificaciones absurdas, tiene amplias con-


secuencias para nuestra comprensiÓn -del hombre y de sus
problemas -ante todo de los métodos con los que, en el senti-
do «literal» de la palabra, éste «construye» su realidad, reac-
ciona después ante ella como si existiera independientemente
de él «allí afuera», y finalmente quizá llega al conocimiento
perplejo de que sus reacciones son a la vez el efecto y la causa
de su construcción de la realidad-. Este «espacio curvo» de
la experiencia humana del mundo y de sí mismo, esta «clau-
sura» -como la denomina Heinz von Foerster-, encuentra su
expresión simbólica en la imagen del Ouroboros, la serpiente
que se muerde la cola, y su expresión poética en las palabras
de T. S. Eliot, para quien «el fin de toda nuestra exploración
será llegar donde empezamos a interpretar por primera vez ese
lugar».
Es mérito de Lynn Segal haberlo conseguido en la estruc-
tura de este libro -cuyo último capítulo describe «una curva
hacia atrás» sobre el primero e introduce al lector en lo que
acaba de leer- como si fuera por primera vez.

PAUL WATZLAWICK

----
~""---[
l- PREJ:A.CIO

Existe la difundida opinión de que la filosofía debe ser dejada

' a los filósofos, la sociología a los sociólogos y la muerte a los


muertos. Creo que ésta es una de las más importantes herejías
-y tiranías- de nuestro tíempo.

Heinz von Foerster es cibernético, matemático, físico y fi-


JoHN FowLEs 1

lósofo. Fue el 30 de junio de 1978, en San Francisco, cuando


por primera vez le escuché hablar ante el Congreso Bianual
de Terapia Familiar del Mental Research Institute. Su confe-
rencia ofrecía la rara oportunidad, tanto al personal del Insti-
tuto como a los participantes, de escuchar a un cibernético ha-
blar sobre los conceptos fundamentales que los terapeutas
familiares habían tomado prestados de la cibernética para es-
tablecer el modelo de comportamiento familiar.
Von Foerster es un orador electrificante y atesora un pro-
fundo saber que presenta con entusiasmo y humor. Habla muy
deprisa, con un fuerte acento vienés, y envuelve cada frase con
una gran riqueza de ideas. En la década de 1950, alguien es-
cribió afectuosamente una historia de ciencia-ficción sobre él
en la que un ordenador especial transcribía su intenso modo
de hablar en un lenguaje comprensible. No es nada extraño que
mis colegas se quedaran desconcertados por su ponencia. «Bri-
llante quizá», decían «pero resulta extremadamente difícil de
comprender.» Aunque me pasó algo similar, estaba fascinado
por el material que exponía. Sólo debía averiguar de qué esta-
ba hablando.
Afortunadamente, en los años siguientes nuestros caminos
siguieron cruzándose, lo que me proporcionó nuevas oportu-

l. Fowles, John (1970). The aristas: A self-portrait in ideas. Boston: Little,


Brown, pág. 8.

==
~1 20 SOÑAR LA REALIDAD

nidades de escucharle y, al familiarizarme poco a poco con sus


1 ideas, encontré que eran útiles para mi trabajo como psicote-
rapeuta y docente. Von Foerster transforma las ideas filosófi-
cas y psicológicas de un tema que parece inútil y aburrido en
herramientas conceptuales prácticas, por lo que sus teorías me
ayudaron a conseguir una comprensión más profunda sobre
cómo el lenguaje y la lógica forjan el pensamiento, particular-
mente en los modelos utilizados por los psicoterapeutas para
llevar a cabo sus cometidos profesionales. Progresivamente se
hacía también evidente que von Foerster, al igual que Freud,
tenía algo que ofrecer a todo aquél que se tomara el tiempo,
e hiciera el esfuerzo necesario para comprender sus ideas. De
este modo llegué al convencimiento de que estas ideas debían
ponerse al alcance de un público más amplio.

EL LIBRO

Dos hechos me llevaron a escribir este libro. El primero fue


que el Mental Research Institute (MRI) adquirió una colección
de conferencias de von Foerster, grabadas tanto en cinta mag-
netofónica como de vídeo. La biblioteca de cintas del MRI pro-
porcionaba una muestra representativa del material de von
Foerster que contenía la mayor parte de los argumentos, ideas,
historias e ilustraciones que le había escuchado en sus confe-
rencias. El segundo fue que compré un ordenador con un sis-
tema de procesamiento de textos de una capacidad excelente.
Mi secretaria, que tenía el mismo procesador de textos, pudo
transcribir segmentos de cinta magnetofónica de las conferen-
cias en el disco del ordenador que yo pude editar en mi propio
sistema.
Expliqué a von Foerster que deseaba editar sus conferen-
cias en un libro. Se mostró entusiasmado y alentador, y me su-
girió que le dejara examinar una muestra de mi trabajo. Mis
primeros borradores le gustaron, y en el verano de 1982 em-
prendí la finalización del proyecto.
Durante el año siguiente, después de editar la mayor parte
del material, me di cuenta de que el libro, de pronto, presenta-
ba serios problemas. Había transformado la transcripción en
la interpretación que Lynn Segal hacía de Heinz von Foerster.

--~---
PREFACIO 21

En segundo lugar, había seguido el esquema básico que él uti-


lizaba en sus conferencias, y aunque éste era muy apropiado
para la presentación oral, desgraciadamente era inadecuado
para un libro, y significaba que el material tenía que someter-
se a una reelaboración en profundidad.
A von Foerster le gustó el modo en que presentaba sus ideas
y el esquema básico que proponía para la elaboración del ma-
terial, pero, al mismo tiempo, tenía la impresión de que el li-
bro debía ser mi propio proyecto. Me exigió que me dirigiese
directamente al lector. El modo como me lo planteó fue: «¡Le
doy completa libertad para que escriba su propio libro!». Y para
ello se ofreció a darme todo su material -diagramas, ejem-
plos, referencias bibliográficas, anécdotas, etc.-. Además siem-
pre estaría dispuesto a discutir conmigo sus ideas cuando fuera
preciso, pero yo debía contar mi propia historia. La escritura
y la interpretación debían ser mías. En otras palabras, mi pa-
pel había cambiado; ya no era el editor sino el autor -el úni-
co autor.
Inicialmente su proposición me dejó sumamente preocupa-
do. Carecía de formación formal en filosofía, matemáticas o
neurofisiología. En realidad uno de los motivos para editar sus
conferencias era profundizar en mi comprensión de estos te-
mas. Después de sopesar los pros y los contras decidí aceptar
su generoso ofrecimiento si podíamos alcanzar un compromi-
so. Continuaría mi plan original-presentar el material de con-
ferencias de von Foerster en forma escrita- pero, en lugar de
editar sus conferencias, el libro sería mi exposición sobre ellas.

UNA ADVERTENCIA AL LECTOR

El cambio que significa pasar de editar una transcripción


a elaborar mi exposición del constructivismo de von Foerster
requiere que el lector tome nota de lo siguiente: primero, mu-
chas frases escritas en tercera persona se desprenden del ori-
ginal de la transcripción, es decir, traducen las palabras de von
Foerster. Segundo, las citas sin número de referencia son mi
propia interpretación de lo que von Foerster dice. La razón de
su abundante utilización es que he intentado dar cuenta tanto
del hombre como de sus ideas. Tercero, las citas con números
22 SOÑAR LA REALIDAD

de referencia se han añadido a efectos de clarificación. Cuar-


to, todos los diagramas y la mayoría de ejemplos son de von a
Foerster. Quinto, aunque el libro presenta el material que pro-
cede de varias conferencias de von Foerster, no pretende ser ti
una presentación completa o exhaustiva de su pensamiento, del a
constructivismo, u otros temas afines. Sexto, aunque von Foers-
ter ha leído y aprobado el manuscrito final, me hago respon- t
sable de la presentación del material.
Además, a medida que esta obra avanzaba, decidí incluir t
muchas de las ideas de Humberto Maturana, un neurofisiólo- 1
go chileno, íntimo amigo y colaborador de von Foerster. La obra
de Maturana complementa y amplía las tesis de von Foerster. (

Finalmente, en mi incesante búsqueda por hacer compren- t


sible este material, escogí evitar en todo lo posible la dificul-
tad inherente a la utilización de la fórmula él/ella, y sus res- '
1
pectivos posesivos y pronombres. La utilización que hago de
la forma masculina no es ninguna expresión de desdén. Sin em-
bargo, es posible que el lector se encuentre con alguna frase
que parezca sexista, y por ello debo pedirle disculpas.

AGRADECIMIENTOS

Casi nunca un libro es obra de una sola persona. Somos re-


ceptores de una larga historia de las ideas. Además, nuestra
familia, los amigos, los colegas, los estudiantes y las secreta-
rias generalmente desempeñan un papel importante en el pro-
ceso. Finalmente, está la interacción entre autor y editor(es) que
da al manuscrito la forma de un producto acabado. Aunque soy
el único autor de este libro, éste no se habría podido comple-
tar sin la ayuda de muchas personas y quisiera aprovechar esta
oportunidad para agradecérselo.
A Heinz y Mai von Foerster, me gustaría expresarles mi pro-
fundo aprecio y gratitud por todo el afecto, el estímulo y la ayu-
da que me demostraron desde el principio hasta el final de este
proyecto. También el generoso ofrecimiento de su tiempo, su
energía, sus ideas y habilidades editoriales. Sin su concurso
no habría podido escribir este libro. Y la auténtica recompen-
sa de este proyecto fue el haber podido pasar mucho tiempo
en su compañía.

------- - -----
PREFACIO 23

A Paul Watzlawick, le agradezco el haber dedicado su tiempo


a escribir un prólogo.
A Carol Wilder, mi amiga y colega, le agradezco igualmen-
te el permitirme publicar la excelente entrevista que realizó
al doctor von Foerster.
A Sharon Lucas, le doy las gracias por transcribir las cin-
tas magnetofónicas que eran difíciles de escuchar o de entender.
A J ohn Herr y David Kahn, les debo agradecer especialmen-
te las deliciosas horas dedicadas a discutir este material, en
las que me ayudaron a clarificar mi propio pensamiento.
A mis colegas, amigos y estudiantes que han leído partes
de este manuscrito, Ann Brandewie, Neil Brast, Freda Carpen-
ter, J oyce Emamjomeh, Richard Grossman, Maria Kent, Allen
Vanderwell, Marty Weiner y Lenora Yuen, les doy las gracias
por las sugerencias y los comentarios constructivos.

LYNN SEGAL
Mental Research Institute
Palo Alto, California

-
INTRODUCCIÓN

Que Dios nos salve de lo que el hombre hace en el nombre de


Dios.
PALADIN, Have Gun will Travel 1

El constructivismo de Heinz von Foerster tiene que ver con


la convergencia de dos temas centrales: ~tcómo conoc~mos lo
~~_QD:~I!!o~.~MYJ~L\!D--ª-P~JI!l!!!J~e9cupación por el es-
.!~s!.2~~~!_.l!.al d~LI!l"Yl!4.RY~.!:L1:1U!!l<;l!!ÍQfild. Para el constructivis-
ta, los sueños de la razón denotan un denominador común que
pasa por nuestro lenguaje y nuestra lógica, y que se manifiesta
como deseo cJ.e gue lo gue damos en llamar «realidad» tenga
una cierta figura y forma. El dsr§eo tiege varias diq;U(P,Siones.
En primer lugar queremos que la realidad exista indepen-
dientemente de nosotros en tanto que observadores de la mis-
ma. En segundo lugar Q,~s~arn2s que lfl re§t,lidag sea descubri-
ble, gue nos sea acce§!_ple. En tercer lugar, .9ue~Q.!L~.~-gos
secretos estén sujetos a .!:!.na legq]idad con la que podamos pre-
decir, y en última instancia, controlar la realidad. En cuarto
lugar deseamos la certeza; deseamos saber que lo que hemos
descu~·~~~~'á'~'ía~realidad es cierto.
El constructivismo radical cuestiona este deseo y asume la
impopular tarea de demoler la fantasía de una realidad obje-
tiva. Los co~structivistas sostienen gue no hay observaciones
-es decir, no ha datos, no ha le es de la naturaleza, no ha
ob"etos externos ue sean in e endientes de los observadores-.
La le_gaJL.~ a cert~e todosJos fenóm~po~~~tyrales s~g
:eropi~sla_<ks del 9\!e las describe y no de lo que se describe.
La lógica del mundo es la lógica de la descripción del mundo.
El constructivismo identifica, para todos aquéllos que quie-

l. Paladines un personaje de ficción en Have gun will travel, western te-


levisivo de emisión semanal, en la década de los sesenta.
26 SOÑAR LA REALIDAD

ran mirar a través de las lentes de su epistemología, los límites


de lo que podemos conocer. Sin embargo, el objetivo básico del
constructivismo no es criticar las epistemologías tradiciona-
les, sino dar cuenta de la cognición, de la totalidad de nues-
tras facultades mentales, sin tener que suponer primero una
realidad independiente.
Los constructivistas sostienen que para comprender el mun-
do hemos de empezar comprendiéndonos a nosotros mismos,
es decir, a los observadores. En esto consiste el dilema. No po-
demos dar cuenta del observador del modo en que lo hicieron
la mayoría de los biólogos, los psicólogos, los neurofisiólogos,
etc. Sus métodos tradicionales de hacer ciencia separan al ob-
servador de sus observaciones, prohibiendo la autorreferencia
para preservar la objetividad. Si hemos de comprender la
percepción, el observador debe ser capaz de dar cuenta de sí
mismo, ae su proprncapacidad de percibir. De este modo, a di-
ferencia de Tos" científicos y filósofos tradicionales, los cons-
tru.~ti~~a_?o_Etan la ~~!orreferencia y la recursión. Y pues-
to que cualquier cosa que se diga en un informe científico se
dice con el lenguaje, el constructivismo apunta a formular una
epistemología que pueda dar cuenta de cómo nace el lenguaje.
Adoptar la posición constructivista es potencialmente libe-
rador, permitiéndole a uno aprovechar su potencial creativo.
Esta posición rechaza la creencia en una única respuesta co-
rrecta que excluya todas las demás posibilidades. La existen-
cia de una riqueza de elección es el sello de un sistema adap-
table o, en el caso de los seres humanos, sano. Examinemos
el imperativo ético de von Foerster: «Actúa sieml?re de t~mq<io
9..ue incrementes el número de elecciones». O su imperativo mo-
ral: «A¿~ enriquece cuando B se enriguec:~». Para el construc-
tivista, la vida es un juego de suma no igual a cero: todos los
jugadores ganan o todos los jugadores pierden. La cooperación,
y no la co~~~-~~_ión, es el sine q~<2..~E~t::J3!:~~!§!~gcia §_og}íJ
El precio de este modo de enfocar el mundo, sin embargo, es
que uno debe sustituir la noción de objetividad por la de res-
ponsabilidad. A fin de cuentas, la preocupación moral del cons-
tructivismo es reducir los monstruos de la razón -el fascismo,
el genocidio, la guerra nuclear, y el totalitarismo- revelando
la naturaleza del que sueña.

r
&

1
INTRODUCCIÚN 27

CóMO ESTÁ ORGANIZADO ESTE LIBRO

El capítulo 1, «El mito de la objetividad», presenta el pro-


blema de la objetividad: ¿Qué podemos conocer más allá de
nuestra experiencia? Las implicaciones históricas, filosóficas
y científicas de este problema se examinan a la luz de cómo
nuestro culto científico de la «objetividad» influye sobre la com-
prensión que tenemos de nosotros mismos y del mundo.
El capítulo 2, «Las dificultades del lenguaje», discute el
modo en que el lenguaje estructura nuestros dispositivos lógi-
cos {el silogismo, la causalidad, etc.) e inventa «cosas», lo que
nos conduce a creer que descubrimos «Cosas» en el mundo real
y no que las inventamos.
El capítulo 3, «Maturana y el observador», presenta el sis-
tema de Humberto Maturana para tratar el problema de la ob-
jetividad cuando se hace ciencia (dar cuenta del fenómeno ob-
servado), sobre todo al estudiar la cognición y la funcionalidad
del sistema nervioso central.
Considerados en conjunto, los capítulos 4, 5, 6 y 7 intentan
explicar de qué modo somos capaces de tener una experien-
cia tan rica del mundo cuando nuestros sentidos no codifican
la naturaleza de los estímulos que los excitan. Estos cuatro ca-
pítulos integran varios conceptos «el sistema nervioso», «com-
putación», «biocomputación», «el sistema nervioso», y «clau-
sura»- en un intento por explicar la cognición sin dar por
supuesto que los objetos de percepción existen independien-
temente del observador. De este modo la ecuación cognitiva en-
tera se transforma. La pregunta científica que se plantea es la
siguiente: ¿Qué clase de mundo es producido por un sistema
nervioso cerrado o sin inputs? En otras palabras, dado un sis-
tema nervioso cerrado, ¿cuál es la naturaleza de la cognición?
El capítulo 4 trata del sistema nervioso, acerca de su estruc-
tura y función. El capítulo 5 presenta el concepto de «compu-
tación», su encarnación en los ordenadores, y el uso de máqui-
nas «lógicas» para establecer los modelos de los procesos
cognitivos. El capítulo 6, «La biocomputación» aplica concep-
tos computacionales al sistema nervioso. El capítulo 7 presenta
y aplica los conceptos de «clausura» y de «recursión infinita»*

* Sustantivación del verbo to recur, «Volver a la mente», que indica una


repetición. Optamos por dejarlo así, recursión, aunque existe la vecindad teó-
28 SO!\rAR LA REALIDAD

a las operaciones del sistema nervioso. De este modo, se habla


del sistema nervioso como de una red neuronal sensoriomo-
triz cerrada que computa una realidad estable. El apéndice con-
tiene una entrevista mantenida por Carol Wilder con von Foers-
ter en su casa de Pescadero (California). Von Foerster describe
su infancia, su emigración a América y muchas de las inteli-
gencias privilegiadas que ha tenido el placer de conocer y con
las que ha trabajado durante los últimos cuarenta y cinco años.
Finalmente, el lector tomará nota de que la obra de von
Foerster, un marco conceptual para la comprensión de la cog-
nición, es «no tanto un edificio en su mayor parte terminado,
sino más bien un espacio claramente forjado, donde las prin-
cipales líneas de edificación están establecidas y el acceso es-
tá claramente indicado». 2 La obra de von Foerster abre más
puertas de las que cierra. 3

rica con el término propio de la gramática generativa <<recursivo» y <<recur·


sividad»: <<La regla según la cual se puede utilizar un número infinito -teó-
ricamente- de veces para la producción de la misma frase».
2. Varela, Francisco. Como introducción a Observing systems. Seaside,
CA.: Intersystems Publications, pág. xi.
3. Comentario personal de un colega del Mental Research Institute, Vin
Mo ley.
l. EL MITO DE LA OBJETIVlDAD
1

Lo que conocemos se considera generalmente el resultado de


nuestra exploración del mundo real, del modo que las cosas son
realmente... Cómo conocemos es un problema mucho más mo-
lesto. Para resolverlo, la mente tiene que, por decirlo así, emer-
ger de sí misma; pues en este punto ya no tenemos nada que ha-
cer con los hechos que en apariencia existen independientemente
de nosotros en el mundo exterior...
1
PAUL WATZLAWICK

Cloquet odiaba la realidad, pero se daba cuenta de que todavía


era el único lugar donde se podía pillar un buen bistec.
2
WOODY ALLEN

El pez es el último en saber que vive en el agua.


Aforismo chino 3

El problema de la objetividad se centra en la pregunta: ¿Qué


podemos conocer acerca de la realidad? La epistemología do-
minante (teoría del conocimiento) que subyace a la mayoría de
las explicaciones de los procesos de cognición empieza con el
supuesto de que el mundo, es decir, la realidad objetiva, existe
independientemente de nosotros, los observadores. De este
modo, el imperativo lógico para el filósofo, el psicólogo o el neu-
rofisiólogo es dar cuenta de cómo percibimos y tenemos co-
nocimiento de nuestro mundo.
Aunque podamos afirmar lingüísticamente la noción de ob-
jetividad -conocimiento de un objeto independiente de la
observación-, no hay modo alguno de probar la existencia de

l. Watzlawick, Paul (comp.) (1984). The invented reality. How do we know


what we believe we know? Nueva York: W. W Norton, pág. 9.
2. Allen, Woody (1980). Side effects. Nueva York: Ballantine, pág. 13.
3. Fuente de referencia desconocida.
30 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

la realidad o de confirmar nuestro «Conocimiento». Los filóso-


fos de la ciencia son muy conscientes de este dilema y, cuando
se les presiona, admiten que los científicos deben garantizar me-
ramente la objetividad de la realidad, si quieren hacer ciencia
y ofrecer explicaciones científicas de los fenómenos observados.
Este libro tiene que adoptar un procedimiento contrario a
estos supuestos. Construirá una epistemología que sostenga que
lo que conocemos es una función del observador y no de lo que
es observado. Sin embargo, antes de construir esta epistemo-
logía, nos es preciso examinar detenidamente el problema desde
las perspectivas semántica, filosófica y neurológica. De este
modo, la pregunta que tenemos planteada es: ¿Qué significa
la noción de «objetividad» y por qué la rechazan los construc-
tivistas?

PUNTOS DE PARTIDA

Nuestro punto de partida inicial será examinar el modo en


que el lenguaje genera la noción de objetividad. Cada uno de
nosotros es un observador, un sistema biológico capaz de ob-
servación. ~1!->s observadores vive11 en ~1 l~ng}laje del mism()
m9do q~~- el_E~~~l1_el_~~ua_:__g!_}_<::~-~uaj~~~2-~!-~éd!~lE-_de __
;~z:~Í~ae:~J,~~~~L~5;~-it~~:rf~!~~~~~~~i~ ~~~:ee~:rs~~
----------------·----- -~-----·····-··-··--·-----·---~----· .............. q¡ _______ ....
él mismo.» 4 El lenguaje usa símbolos para representar cosas,
que puea:en ser tanto concretas como conceptuales. Por ejem-
plo, no hay nada semejante a una silla en la palabra «silla» o
semejante a una mesa en la palabra «mesa». Para poder utili-
zar símbolos se requiere un acuerdo entre los observadores.
Hablar una lengua significa compartir acuerdos sobre la per- .',,
cepción de la «realidad», una palabra cuyas raíces latinas se
remontan al sustantivo res, que significa «Cosa». 5 Sin embar-
go, si examinamos detenidamente el término res, encontramos

4. Maturana, Humberto. Conferencia <<Biology of social systems», pro-


nunciada ante los miembros del Health Science Centre, el21 de junio de 1983;
presentada por el Programa de Terapia familiar del Departamento de Psi-
quiatría de la Universidad de Calgary (Canadá). Con financiación de la Al-
berta Heritage Foundation for Medical Research.
S. Ibíd.

- - - - -- ____
L ______
··~
EL CONOCIMIENTO OBJETIVO 31

que res se refiere a asuntos de gestión y de propiedad. La raíz


latina res aparece en la palabra «república», la propiedad pú-
blica; res define lo que es poseído. El corredor de bienes raí-
ces vende realidades, propiedades inmuebles, aquellas cosas
que son inmóviles. Por lo tanto res es, en esencia, un concepto
jurídico.
Damos por sentado que la «realidad» contiene cosas u
objetos que existen de modo independiente del observador.
Cuando menos ésta es la creencia común. La mayoría de los
lingüistas sostienen que el lenguaje surge del modo en que
aprendemos a nombrar estos objetos:..C~gg~~d2~5~2:r! l<!_~ ~~g­
tídos es percibirlos, una palabra que deriva del vocablo latino
queslgnifica «asir~;. Asirperceptiva'"ffiente un objeto es perci-
birlo. x-fá."1ñversa,
las palabras «ilusión» y «alucinación» de-
notan que se perciben cosas que no se encuentran allí, es de-
cir, que se percibe falsamente la realidad. 6 Los psiquiatras
describen a los pacientes que alucinan como si hubieran «per-
dido el contacto con la realidad». Así, los términos «realidad»,
«percepción», «ilusión» y «alucinación», son circularmente in-
terdependientes, y cada uno de ellos da su significado a los
demás.
El lenguaje diferencia implícitamente lo verdadero de lo fal-
so distinguiendo entre percepción e ilusión. La palabra «obje-
tivo» denota conocimiento de la cosa como tal, el modo en que
es realmente, independiente de la observación.
Por definición, el conocimiento objetivo es más bien descu-
bierTo antes-queinveñtadü: cuando se.descubre
algo que resi-
de en la realidad, se dice que el descubrimiento es «Verdade-
ro». La objetividad es el summum bonum del método científico,
y los científicos, al haberse encargado de una función que an-
teriormente cumplían sacerdotes y chamanes, se han conver-
tido en nuestros enlaces oficiales con la realidad.

EL CONOCIMIENTO OBJETIVO

Sin embargo, ¿pueden los observadores tener un conoci-


miento objetivo?

6. Ibíd.
32 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

La clave para solucionar este problema se encuentra en la


cuestión: ¿En qué medida es correcto nuestro conocimiento?
¿En qué medida son correctas las percepciones que tenemos
de la realidad? Como explica von Glasersfeld/ ya en el siglo
VI a.C., los filósofos definían el conocimiento como aquello que
representa o explica alguna otra cosa. El conocimiento se juz-
gaba correcto cuando se consideraba equivalente, isomórfico
o característico del fenómeno original. Von Glasersfeld describe
esta relación como icónica, es decir, efcoñodmferiio es unlcq-
no, umi'iñiageñ qué repréSeñt~Cafgiiria-ofra-cosa:-----···--"
~aturaTilleirte:-explíca vOiiGiase-rsfefa:-Ioslilósofos pronto
se plantearon la pregunta: ¿En qué medida mi conocimiento
es correcto? ¿En qué medida es acertada mi imagen? Estas pre-
guntas ayudaron a crear una paradoja que atormentó a filóso-
fos y científicos durante más de dos mil años.
¿Cómo se puede juzgar la precisión de la imagen que uno
ha elaborado? Si se toma una segunda imagen, se nos plantea
el mismo problema que teníamos con la primera. ¿Cómo to-
mar una imagen del original que no sea una imagen, una co-
pia, una representación? Es imposible tener experiencia de algo
antes de experimentarlo. Sólo podemos volver a comprobar
nuestras imágenes con otras nuevas o con las de otros obser-
vadores. Como señala von Glasersfeld, la historia de la filoso-
fía occidental es una historia de errores geniales: sistemas fi-
losóficos que no han logrado solucionar este problema.

HISTORIA DE LA OBJETIVIDAD EN LA ÉPOCA MODERNA

La cultura occidental contemporánea glorifica el conoci-


miento y la verdad. Los científicos, nuestros nuevos sumos sa-
cerdotes del conocimiento, son <<nuestro enlace capaz y miste-
rioso con la realidad, nuestros embajadores de la sabiduría». 8
Antes del siglo XVI se utilizaba un aparato conceptual dife-
rente para examinar la realidad. Durante mil quinientos años

7. Von Glasersfeld, Ernst (1984), Conferencia ante el Congreso del Men-


tal Research Institute, Munich, Alemania.
8. Mahoney, Michael (1976). The scientist as a subject: The psychological
imperative. Cambridge, MA: Ballinger Publishing Co., pág. 3.
HISTORIA DE LA OBJETIVIDAD 33

los hombres creyeron que Dios había hecho al hombre a su ima-


gen y que lo había situado en el planeta inmóvil Tie,rra, el cen-
tro del universo espiritual y vivo de Dios. La r~alidad era je-
rárquica, «empezaba con Dios en la cúspide y descendía a través
de los ángeles, los seres humanos y los animales hasta formas
de vida cada vez más inferiores». 9 Todas las ;;tccion~s huma-
nas se explicaban teológicamente, es deéir, como si tuvieran
lugar para mayor gloria de Dios. La ciencia medieval, en su ma-
yor parte una rama de la filosofía cristiana, intentaba compren-
der el sentido y la significación de los fenómenos observados.
Pero, a diferencia de los científicos modernos actuales, los cien-
tíficos medievales no intentaban predecir y controlar la natu-
raleza.10
En 1543 el concepto medieval de realidad empezó a descom-
ponerse. Nicolás Copérnico se atrevió a afirmar que la Tierra
se movía sobre su eje y giraba alrededor del Sol. Siguiendo sus
pasos, Kepler y Galileo proporcionaron demostraciones adicio-
nales en apoyo de estas afirmaciones revolucionarias, y acele-
raron así el derrumbamiento del universo geocéntrico ptolo-
meico que había estado vigente durante mil seiscientos años.
El hombre ya no vivía en el centro del universo.
Con este cambio en el pensamiento, la realidad cobró una
nueva apariencia. Los filósofos y científicos, ·que ya no daban
por sentado que el gran libro de la naturaleza estuviera escri-
to en lenguaje bíblico, afirmaban que el verdadero lenguaje de
la naturaleza era matemático. Galileo barrió las ideas escolás-
ticas de las substancias y las explicaciones teleológicas, argu-

:6~!~;~~t;~t~Er~?~~~4;6s~í~*<:~ioi;\~cfad~;~~~~~Ái1~a~~o;
que los átoil:,?..:t·s~m~~y~~,~~-~~~p~~_!()xl:lntiemEo ..q~~. son
homogéneos e inrinitos, y en 1os que todos los procesos pue-
den formularse matemáticamente. El mundo real es matemá-
tico. «En resumen, todo lo que contaba era el número.» 11
La imagen del mundo sin espiritualidad de Galileo se pro-

9. Capra, Fritjof (1982). The turning point: Science, society and the rising
culture. Nueva York: Bantam Books. (Trad. cast. en Roselló Imp., El punto
crucial, Barcelona, 1986.)
10. Ibíd.
11. Matson, Floyd W (1964). The broken image: Man, science and society.
Nueva York: George Braziller, pág. 27.
34 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

pagó y fue formalizada por el filósofo y matemático francés


René Descartes, el cual redujo el funcionamiento de la natura-
leza a un sistema geométrico. Tal como lo enuncia Capra:

A la edad de veintitrés años, Descartes tuvo una visión ilumi-


nadora que había de modelar por entero toda su vida. Después
de algunas horas de intensa concentración, durante las cuales
pasó revista a todo el saber que había acumulado, percibió, en
un repentino destello de intuición, «la fundamentación de una
ciencia maravillosa» que prometía la unificación de todo el co-
nocimiento... En su visión Descartes percibió cómo podía reali-
zar este plan. Vio un método que podría permitirle construir una i
ciencia de la naturaleza completa sobre la que podría tener cer- ,,
teza absoluta; una ciencia basada en las matemáticas, en los pri- ,
meros principios plenamente evidentes. 12

La ambición de Descartes queda reflejada en el título de


su obra más famosa, Discours de la méthode pour bien con-
duire sa raison et chercher la verité dans les sciences (Discurso
del método para conducir rectamente la propia razón y buscar
la verdad en las ciencias), editada en Francia en 1637.
El cogito ergo sum* de Descartes convertía la mente en algo
más digno de confianza que la materia, y le llevó a concluir
que ambas estaban separadas y eran fundamentalmente dife-
rentes. De este modo, afirmó que no existe nada que siendo del
cuerpo pertenezca a la mente, y nada que siendo de la mente
pertenezca al cuerpo. Esta separación de mente y cuerpo se ha
dado en conocer como el dualismo cartesiano.
~-du~!~m~;E~~!i~, a De~.C:a.~.!~-~._:>.l:!pe_rar alg_1:1~s pr5Jble-
mas. Primero, y uaao que como hombre religioso creía en la

~:~~~~~~~a!:ceaii1crJ~'a~ ~~~~6~~~es~~{ri!*~í~e~~ITí~~a;
1
('
eñfá""'sa1Vacióñ~de~su~alma.~En segundolugar, salvóiós proble- 1
mas de ambigüedad asociados a los datos sensoriales. Duran-
te centenares de años, los filósofos supieron que esos datos
podían ser ilusorios o distorsionados, pero los sistemas racio-
nalistas, como las matemáticas, evitaban el problema de la in-
certidumbre limitándose al dominio lógico. A saber, dadas las

* «Pienso, luego existo».


12. Capra, Fritjof (1982).

-
HISTORIA DE LA OBJETIVIDAD 35

leyes de la suma -un sistema lógico- dos más dos siempre


1
es igual a cuatro. El sistema de Descartes quería deducir las
leyes de la materia.
El mundo de la materia de Descartes era una máquina per-
fecta, cuyas propiedades podían describirse y predecirse ma-
temáticamente. De?c~es afirmaba g~~-J~Blateria sólo tenía
propiedades primarias -número, figura, tamaño, posici6n y
movimien!o=:AI igji~}USé~!!~rié~q~~~~feñtiii<::?s,
Descartes creía que las cualidades primarias eran propieda-
des del mundo real, independientes de la observación.
Las cualidades de la mente eran la imaginación, el pensa-
miento, la voluntad y otras funciones mentales superiores. «La
mente no estaba localizada en el espacio ni sus operaciones
estaban sometidas a las leyes mecánicas. Es por ello que cual-
quier persona vive dos historias colaterales, una de ellas con-
sistente en lo que le sucede a su cuerpo y dentro de él, la otra
consistente en lo que le sucede a su mente y dentro de ella. La
primera pertenece al ámbito público, la segunda al privado. Los
acontecimientos de la primera historia son acontecimientos en
el mundo físico; los de la segunda son acontecimientos en el
mundo mental.» 13
Como creyente, Descartes suponía que Dios había creado
ambas substancias. Sin embargo, una vez Dios hubo creado el
mundo de la materia, el hombre pudo descubrir deductivamen-
te el plan original divino, con independencia de la experiencia
sensorial, y hacerlo del mismo modo en que se deducen los sis-
temas matemáticos.
La escisión mente-cuerpo sigue atormentando a aquellos
científicos que estudian los fenómenos de la cognición y la na-
turaleza de la materia. Como comenta el físico Werner Heisen-
be!:~· «esta div_is~ó~?; (eL~~<;t)ismo ~ir}~~i~~~I~-~-P~!let!"ado _E!9-
fundamente en la mente humana durante los tres siglos
----·-··--~·~-~~•-•.oc ·-·······~~'''''•''''·''' -·h"·'"' '"'"""""--· •. ,.,.,. . •'''"''-'''
~-~fi~~aar~=~~~~¡;~f~!~~~·~ela¿i;¿~~~~~:r~~~~le~~
· -
Cieti-reaiTCiaéG:·cr~-----··· · .,.._. · · ·· · -
Sin embargo, estos problemas tardaron años en salir a la

13. Ryle, Gilbert (1949). The concept of mind. Nueva York: Barnes and
Noble, págs. 11-12.
14. Capra, Fritjof (1982).
36 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

superficie. En la cadena de acontecimientos que históricamente


siguieron, la obra de Descartes preparó el camino para la me-
cánica de sir Isaac Newton, el príncipe heredero de la ciencia
clásica. Newton redujo el universo mecanicista cartesiano de
la materia a las tres leyes del movimiento (ley de la inercia, ley
de la aceleración, y el principio de la igualdad de la actio y de
la reactio) y a la ley de la gravedad. Su cálculo describe un mun-
do material sin alma, sin finalidad, formado por conglomera-
ciones de materia que se mueven en un sistema coordinado de
tiempo y espacio absolutos.
Como señala Rapoport, 15 la matemática de la ciencia clá-
sica proporcionaba a los físicos un poderoso instrumental para
comprender la naturaleza, un denominador común que permi-
tía la comprensión de fenómenos en apariencia tan diferentes
como la mecánica, la luz, el sonido, el calor, la electricidad y
.el magnetismo.
Sin embargo, a diferencia de Descartes, que se limitaba a
la deducción, Newton, un empirista, insistió en que todas las
deducciones, al margen de lo rigurosas que fuesen, habían de
ser confirmadas por la observación. Al demostrarse que la ima-
gen mecanicista newtoniana del mundo era fructífera, ésta em-
pezó a impregnar la conciencia occidental, influyendo en cada
ámbito del aprendizaje humano. Por cientos, los divulgadores
llevaron el saber newtoniano al público en general. Así, por
ejemplo, el filósofo social francés Saint-Simon proclamaba que
«la gravedad universal es la única causa de todos los fenóme-
nos físicos y morales». El filósofo y matemático d'Alembert re-
sume el impacto del pensamiento newtoniano así:

La ciencia de la naturaleza acumula día a día nuevas rique-


zas ... Se ha reconocido el verdadero sistema del mundo... En re-
sumen, desde la Tierra a Saturno, desde la historia del cielo has-
ta la de los insectos, se ha revolucionado la filosofía de la
naturaleza; y casi todos los ámbitos del saber han adoptado nue-
vas formas ... Esta fermentación, que se propaga a través de la na-
turaleza en todas direcciones, ha arrastrado a su paso casi con
violencia todo lo que con anterioridad estaba en su camino, como
un río que ha reventado sus diques... De este modo, desde los prin-

15. Rapoport, Anatol. (1968). Prefacio a Modern Cybernetics Research for


the behavioral scientist, Buckley, W. (comp.). Chicago: Aldine, págs. xiv-xv.
HISTORIA DE LA OBJETIVIDAD 37

cipios de la ciencia secular hásta los fundamentos de las revela-


ciones religiosas, desde la metafísica hasta las cuestiones de
gusto, desde la música hasta la moral, desde las discusiones es-
colásticas de los teólogos hasta los asuntos de comercio, desde
la ley natural a la ley arbitraria de las naciones ... Todo ha sido
discutido, analizado o, por lo menos, mencionado». 16

La concepción científica de la realidad que emergió en el


siglo xvn es, en buena medida, la responsable de nuestro idi-
lio con la causalidad. «Newton dio al mundo la primera for-
mulación rigurosa de la doctrina de la causalidad. Dicho de
un modo más sencillo, la doctrina afirma que las mismas cau-
sas generan los mismos efectos.» La doctrina causal afirma que
«la evolución de cualquier sistema físico está controlada por
leyes rigurosas. Éstas, juntamente con el estado inicial del sis-
tema (que se supone aislado), determinan sin ambigüedad cual-
quier estado futuro y también cualquier estado pasado. La his-
toria completa del sistema durante todo el tiempo está, de este
modo, determinada por las leyes y por el estado inicial». 17
La doctrina de la causalidad parecía satisfacer la eterna bús-
queda de certeza y de objetividad. Los filósofos y los científi-
cos del siglo XVI y xvu creían haber salvado, si no resuelto, el
problema de la objetividad. El método que utilizaban reque-
ría dos factores:
En primer lugar, suponían que la naturaleza opera sin
voluntad o propósito, como un enorme sistema de relojería,
independiente tanto del hombre como de Dios. Cuando el em-
perador Napoleón I preguntó a Laplace, el matemático y as-
trónomo Francés;-·caiiiüeiiCafaba Dlos-eriSü--srs-feffia;Lapi~ice
.Et;FE"?~-~:_~~-~€cesi~?.B~:~!R?'!~-~s». O, como Rooert J. Op-
penheimer expTica7a gigantesca máquina (el universo new-
toniano) era objetiva en el sentido de que ningún acto o inter-
vención humanos determinaba su comportamiento». Matson
ha expresado la misma idea, aunque desde un punto de vista
un poco diferente, al escribir: «A través de la inexorable reduc-
ción de toda realidad conocible a las dimensiones de un meca-

16. D'Alembert, Elements de philosophie; citado en Matson, op. cit.,


pág. 28.
17. D'Abro, A. (1951). The rise of the new physics (vol. 1) Nueva York: Do-
ver Press, pág. 45.
38 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

nismo objetivo, la brecha entre quien conoce y lo conocido, entre


el mundo objetivo y el subjetivo, se convierte en la medida de
la distancia entre la apariencia y la realidad». 18
En segundo lugar, desarrollaron procedimientos de objeti-
vación de la observación para excluir los prejuicios humanos,
o dejarlos sin efecto, que se configuraron como el método cien-
tífico.
Aunque la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica
han alterado radicalmente el enfoque que el físico tiene de la
realidad, este cambio no ha afectado al ciudadano medio. Y lo
que es igual, o incluso más importante, muchos científicos no
han revisado tampoco su concepción acerca de la realidad y
de la naturaleza del trabajo científico. De este modo, la mayo-
ría ve el mundo como lo veían los científicos del siglo xvn, y
supone que es posible sostener la objetividad y conocer la
realidad.


'1' VERDAD, ENTENDIMIENTO Y REALIDAD
'1

Nuestra mentalidad característica del siglo xvn se manifies-


ta en la vida cotidiana. Si este último enunciado parece dispa-
ratado, entonces detengámonos y examinémoslo: ¿Ha repara-
do últimamente algún aparato mecánico, o ha recogido datos
bursátiles, zanjado una disputa, repasado los deberes de su hijo
o tomado parte en un jurado? ¿O, acaso se gana la vida com-
probando nuevos medicamentos, diseñando ordenadores, o bien
ejerce la abogacía o investiga las reclamaciones de seguros?
Éstas y otras incontables actividades requieren la acumulación
de datos o de información: no precisamente cualquier dato, sino
los datos que son correctos o precisos, es decir, que son verdad.
A la búsqueda de objetividad y de verdad se la conoce por
muchos nombres. En el lenguaje corriente, buscamos la im-
presión general, el factor esencial o los hechos. Los que tienen
una mentalidad más científica hablan de dar cuenta de la di-
vergencia, establecer datos fidedignos y válidos, hacer predic-
ciones precisas y validar hipótesis.

18. Matson, Floyd W. (1964). The broken image: Man, science and society,
Nueva York: George Braziller, pág. 42.
VERDAD, ENTENDIMIENTO Y REALIDAD 39

Simplificando mucho, la búsqueda de la verdad es una es-


pecie de trabajo de investigación policial. Supongamos un po-
licía que sospecha que J ones, un ex convicto, vende drogas ile-
gales. Después de convencer a un juez para que le conceda una
orden de registro, el policía entra en el apartamento de Jones
y encuentra medio kilo de heroína y los avíos para diluirla. El
policía ha destapado o, mejor dicho, ha descubierto la prueba
concreta que encaja con su convicción. La realidad ha confir-
mado la visión del mundo del policía.
Ésta es, dicho brevemente, la forma y la manera en que su-
ponernos que el mundo objetivo se establece, poniendo de
acuerdo algo que hay en la mente con algo que creernos que
existe independientemente de nosotros en el mundo concreto.
Buscar continuamente la confirmación directa de nuestros
pensamientos y percepciones no resulta práctico. La mayoría
de nosotros no tiene el tiempo, el dinero, las aptitudes o los
recursos pertinentes para hacerlo. Así, confiarnos en que lo que
los demás dicen es verdad. Validarnos o modificarnos nuestras
ideas y percepciones poniéndolas en consonañCia con lasper-
cepciones de IüsCTeiñá5."ffilícfeñfénie.ríie·iúúica··saoemósio que
pasa por las cabezas de los otros. De este modo resultaría más
exacto decir que hacernos que nuestras percepciones compi-
tan con lo que los demás dicen sobre las suyas propias.
A veces esperarnos que los demás nos digan cómo son las
cosas realmente leyendo sus libros. El libro contiene lo que
otros dicen que son hechos. Así, el libro se convierte en nues-
tra fuente de verdad, es decir, de Realidad. La credibilidad del
libro depende de los procedimientos del autor. Las afirmacio-
nes deducidas mediante procedimientos científicos gozan de
nuestra mayor estima. De este modo, somos más propensos a
creer en los dictámenes de un laboratorio de pruebas indepen-
diente que no en el folleto de propaganda del fabricante.
Cuando confiarnos en nuestros propios sentidos, si duda-
mos de la información procedente de un dato sensorial lo com-
probarnos con otro distinto. Se demostró una confirmación de
la realidad mediante el emparejamiento de dos percepciones
sensoriales (inputs), por ejemplo, en la versión cinematográfi-
ca de la novela clásica de Alejandro Dumas, El conde de Mon-
tecristo. Durante, el héroe de la historia, anhela la compañía
de otro hombre tras muchos años de cautiverio injusto y solí-
40 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

tario. Un día empieza a moverse una gran piedra de su maz-


morra y entra arrastrándose un hombre viejo y de aspecto mu-
griento. Atónito, y sin poder mediar palabra, Durante no puede
creer lo que ven sus ojos. Primero, el visitante se queda inmó-
vil. Durante quiere averiguar si se trata de una alucinación. Con
los ojos desorbitados, conteniendo su respiración, camina ha-
cia el anciano visitante. Entonces, cuando se encuentra esca-
samente a medio brazo de distancia de él, se detiene y le toca
con cautela los cabellos y el rostro, y después de realizar su
conexión táctil, la expresión de su rostro sufre una metamor-
fosis. Rodeando con sus brazos al visitante, lo abraza de todo
corazón y empiezan a saltarle lágrimas de alegría. «Temía que
no fuese real», exclama Durante. Al correlacionar sus sentidos
del tacto y de la vista, Durante creía haber confirmado la rea-
lidad del visitante.
Sin embargo, no podemos utilizar la modalidad de un úni-
co sentido para confirmar otro y confirmar así la realidad ob-
jetiva. El ojo no puede oír; el oído no puede ver. Sólo podemos
l correlacionar la experiencia de un sentido con otro. Paul Watz-
--l- lawick lo expresa así: «Por muy diferentes que sean entre sí
¡ las visioneSfiTosófíca:deíiHfíca;·soéial, ideoTo-gíéamndividual
el mundo tienen todavía una cosa en común: la suposición
ásica de que existe una realidad y que determinadas teorías,
~~í~~<?_E~~'::!cciones~pe~~~~~s la ref_~n (se le ajustan)
ás correctamente que otras». -

CoNSTRUCTIVISMO

Raras veces los científicos ponen en tela de juicio la supo-


sición de que la realidad existe independientemente del obser-
vador. Cuando lo hacen, deben correr el riesgo de ser etique-
tados de excéntricos o bien de buscar publicidad. Sin embargo,
un número cada vez mayor de estudiosos y científicos célebres
se sienten tanto intelectual como emocionalmente obligados
a correr este riesgo. Conocidos como constructivistas, entre sus
filas se encuentran el antropólogo Gregory Bateson, el psicó-

19. Watzlawick, Paul (comp.) (1984). The invented reality: How do we know
what we believe we know? Nueva York: W. W. Norton, pág. 15.
CONSTRUCTJVIS1,10 41

lago-filósofo Ernst von Glasersfeld, los psicólogos J ean Piaget


y Paul Watzlawick, los biólogos Humberto Maturana y Fran-
cisco Varela, el neurofisiólogo Warren McCulloch, el físico Er-
win Schrodinger y, claro está, Heinz von Foerster. Von Foers-
ter -cibernético, matemático, físico y filósofo- afirma que
CONSTRUIMOS O INVENTAMOS la realidad en lugar de descubrirla.
Nos engañamos a nosotros mismos al dividir primero nuestro
mundo en dos realidades -el mundo subjetivo de nuestra ex-
periencia y el llamado mundo objetivo de la Realidad- y al
afirmar, luego, que nuestro entendimiento está basado en la
adecuación de nuestra experiencia a un mundo que supone-
mos que existe independientemente de nosotros.
A primera vista la noción de una realidad construida pare-
ce insondable y absurda. Todo no es caos; en el mundo domi-
na el orden. ¡Existe! ¡Nada podría ser tan obvio! La realidad
construida de von Foerster socava las bases a partir de las cua-
les obtenemos conocimiento. ¿Piensa que simplemente inven-
tamos la realidad confeccionándola en nuestras cabezas? ¿El
constructivismo es sólo otra versión del solipsismo de David
Hume?
No, von Foerster no es un solipsista. No piensa que simple-
mente imaginamos el mundo. No niega la realidad. Como el
resto de nosotros, esquiva repetidamente los coches que vie-
nen de frente en el sentido de su marcha y no intenta atrave-
sar las paredes. Más bien, tal como lo expone Rolf Breuer, von
Foerster sostiene que «.. .la objetividad dada del mundo es apa-
rente y que es incorrecto suponer que los biólogos, los psicó-
logos, los antropólogos o los físicos descubren la realidad y la
representan en su descripción o formalismo». 20 Von Foerster
sostiene que carecemos de una base para utilizar la «objetivi-
dad» como validación de los argumentos científicos. Nuestra
creencia en la objetividad impide el progreso científico; impi-
de sobre todo la comprensión de nosotros mismos.
Ésta es la cuestión clave del constructivismo. Si suponemos
una realidad objetiva, entonces ésta determina desde el comien-

20. Breuer, Rolf. «Self-reflexivity in literature: The example of Samuel


Beckett's novel trilogy», en Watzlawick, Paul (comp.) (1984), The invented rea-
lity: How do we know what we believe we know? Nueva York: W W Norton,
pág. 145.
42 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

zo las explicaciones que demos del observador. Al rechazar la


objetividad, los constructivistas no abrazan el solipsismo. Re-
chazan la ilusión de la existencia de alternativas entre una
realidad objetiva y el solipsismo. A este respecto sus esfuer-
zos científicos son únicos. Los científicos en su totalidad es-
tán muy familiarizados con este problema. Como el físico Max
Planck21 apunta:

"L":Hay un Il1undo real que existe con independencia de nues-


-+--:rro acfo-ae-- coriociriiienfo.
2. El mundo externo real no es directamente conocible.

El físico D'Abro sostiene que «el primero de estos enuncia-


dos no puede probarse o refutarse ni mediante argumentos a
priori ni mediante experimento; la posición del solipsismo es
inatacable. Por razones pragmáticas, sin embargo, la existen-
cia independiente del mundo externo ha de ser admitida». 22
«NO», contestan von Foerster y Maturana. «No estamos dis-
puestos a hacer esta suposición pragmática.» Quieren evitar
la clase de pensamiento que aparece en el número de diciem-
bre de 1984 de la revista Scientific American, donde Cooper
y Shepard/3 en su artículo titulado «Turning Something Over
in the Mind»,* afirman, <<nuestros resultados confirman empí-
ricamente lo que es subjetivamente evidente, a saber, que nues-
tra mente puede modelar los procesos físicos, sometiéndolos
a las limitaciones geométricas que se hallan en el mundo ex-
terno». Su punto de partida son las limitaciones físicas en el
mundo externo. Su investigación apunta a explicar cómo la
mente recrea lo que existe con independencia de ella. Pero,
¿cómo saben los autores de este artículo que las limitaciones
físicas existen en realidad con anterioridad a ser conocidas por
un observador que conoce gracias al funcionamiento de un sis-
tema nervioso? La investigación que ellos llevan a cabo, como

* <<Dándole vueltas en la mente>>.


21. Planck, Max (1932). Where is science going? Nueva York: Norton,
pág. 82.
22. D'Abro, A. (1961). The rise of the new physics (vol. 1). Nueva York: Do-
ver Press, pág. 14.
23. Cooper, Lynn A. y Shepard, Rodger, N. (1984, diciembre). <<Turning so-
mething over in the mind», Scientific American, vol. 251, n. 6, pág. 106.
UNA OJEADA A LA OBJETIVIDAD 43

la mayoría de investigaciones sobre los procesos mentales, es


una petición de principio.
Los constructivistas sostienen que para explicar el obser-
vador, no tenemos que suponer la existencia independiente del
mundo externo.

UNA OJEADA MÁS DETALLADA A LA OBJETIVIDAD

¿Qué nos pueden decir los sentidos sobre el mundo? No se


trata de un problema trivial. La ciencia «avala una epistemo-
logía (teoría del conocimiento) llamada empirismo. Esta epis-
temología es, según se dice, diferente de algunas otras (por ejem-
plo, el racionalismo, el misticismo) por el hecho de que hace
de la experiencia sensorial la fuente última de conocimiento.
Para el empirista, todo conocimiento genuino debe derivarse
de, o ser en última instancia relativo a los datos de los sen-
tidos».24 Pero los sentidos no nos pueden dar certeza per-
ceptiva.
La ciencia tradicional intenta controlar los prejuicios del
observador excluyendo al observador mismo. Esta postura se
puede hacer remontar hasta Galileo, que escribió: «Pienso que
estos gustos, colores, etc., no son más que meros nombres, y
residen únicamente en el cuerpo sensible; de manera que si
se eliminara al animal (hombre), entonces todas estas cualida-
des serían abolidas o aniquiladas». 25 Como se afirmó con an-
terioridad, la supresión se consigue con el lenguaje.
El fundamento universal para la objetividad es el siguien-
te: si una explicación científica es válida, cualquier científico
cualificado puede -dados el tiempo, el dinero y los medios téc-
nicos necesarios- reproducir el experimento y observar los
mismos resultados. Se dice que los «descubrimientos científi-
cos» son independientes de la persona que lleva a cabo el tra-
bajo científico. Si son repetibles, la comunidad científica con-
cluye que representan un descubrimiento sobre la realidad en
lugar de una construcción realizada por el observador, y del
primer científico que los hace públicos se dice que los ha des-

24. Mahoney, Michael, op. cit., pág. 129.


25. D'Abro, A. op. cit., pág. 14.
44 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

cubierto -por ejemplo, Isaac Newton descubrió la gravedad-.


(El lector quizá se dé cuenta de lo natural que parece la pala-
bra descubrimiento en el contexto de este párrafo. Sin embar-
go, este término, «descubrimiento», encubre la suposición me-
tafísica de que se pueden descubrir cosas que existen con
independencia de los observadores.)
Mientras que el sentido común sugiere que el método cien-
tífico debe controlar los prejuicios individuales, surge un pro-
blema cuando preguntamos si una comunidad de observadores
puede ser objetiva. Que se compartan acuerdos entre observa-
dores-científicos no prueba que sus datos sensoriales sean ob-
jetivos, es decir, independientes de los observadores. La pro-
posición en su conjunto es absurda. ¿De qué modo puede haber
ciencia sin observadores? ¡No habría nada que observar!
Los científicos admitirán que, en el mejor de los casos, las
verdades científicas son válidas consensualmente, pero, como
explica D'Abro, 26 los científicos suponen la objetividad por ra-
zones pragmáticas. Así, disponemos de «acuerdos» sobre ex-
plicaciones, que reciben el nombre de «explicaciones científi-
cas». Pero científicos y profanos creen que la objetividad valida
la veracidad de las observaciones y de las explicaciones, pun-
to éste que justifica una discusión ulterior. Las explicaciones
científicas utilizan el objeto, que existe con Inae-pendel1da_4~1
ooservaaüi,como base de su explicación, pero seguramente se
trata de una contraéiTCcRm;porque-¿"cómOse puede utilizar lo
qiienojmede. ser conocido-;Ta-cósa en sí misma, paravaHdar
una expiicacióíiT ____ - . --
Así pues, podemos distinguir dos epistemologías: la epis-
temología del sistema observado, avalada por la ciencia tradi-
cional, y la epistemología del observador, avalada por los
constructivistas. Los científicos tradicionales abrazan una epís-
temología según fácuarrárealfdadpuede confirmarse mediante
ra c~oin-paración de los rriúiiaosinú~inoyexterño. Lüs"construc-
tivistas, alalJrazir-una epístemología "de-córreTación, sostie-
ll~!!_9E~~~~sjracreencia eii_lln~t~_aliaad óbjetíva surge de la
correlación de nuesrra__~P~!i~.E5:~i~-~~-!!~s.>!.i~J. Puedo ver un ob-
jeto, toco un objeto; por lo tanto, puedo correlacionar mi expe-
riencia de él y operar con él. Si correlaciono mi experiencia
de un lápiz, puedo escribir con él.

26. D'Abro, A. op. cit., pág. 14.


CONFIRMACIÓN Y CORRELACIÓN 45

CoNFIRMACióN Y coRRELACióN

El constructivismo expresa dudas acerca de la idea de que


emparejamos la experiencia con la realidad. Los constructivis-
tas sostienen que no necesitamos suponer la «objetividad» para
hacer ciencia. No existen descubrimientos que sean indepen-
dientes de los observadores. Los sistemas de observación sólo
pueden correlacionar sus experiencias sensoriales con ellos
mismos y con cada uno de los demás. «Todo cuanto tenemos
son correlaciones», dice von Foerster. «Veo el lápiz y lo cojo;
puedo correlacionar mi experiencia del lápiz y utilizarlo... hay
un profundo hiato que separa la escuela de pensamiento (so-
bre la realidad) de una escuela de pensamiento, en la que los
distintos conceptos de "confirmación" y "correlación", respec-
tivamente, se toman como paradigmas explicativos de las per-
cepciones. Esto es, la escuela dice que mi sensación del tacto
es confirmación de mi sensación visual de que "aquí hay una
mesa". Una escuela dice que mi sensación de tacto, en correla-
ción con mi sensación visual, genera una experiencia que po-
dría describir como "aquí hay una mesa".» 27
Como se ha afirmado anteriormente, no podemos ver lo que
oímos u oír lo que vemos. Éstas son sólo inferencias que sur-
gen de correlacionar dos modalidades sensoriales. La visión
estereoscópica proporciona otro ejemplo del modo en que ma-
lentendemos «Confirmación» por «correlación». No confirma-
mos lo que vemos con el ojo izquierdo mediante lo que vemos
con el ojo derecho. La inversa tampoco es cierta. Cada ojo nos
presenta una imagen diferente. Al correlacionar estas dos imá-
genes, construimos algo nuevo, la percepción de la profundidad.

EL ESTUDIO DE LA PERCEPCIÓN

No es casual que muchos constructivistas pongan en tela


de juicio la objetividad. Las investigaciones de la percepción
les fuerzan a enfrentarse a la cuestión de la incertidumbre per-
ceptiva. Los científicos que investigan fenómenos diferentes a

27. Von Foerster, Heinz (1981). «Ün constructing a reality». Reimpreso en


Observing systems. Seaside, CA: Intersystems Publications, pág. 295.
46 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

los de la cognición pueden evitar la incertidumbre perceptiva


suponiendo que cuando los prejuicios del experimentador es-
tán adecuadamente controlados, los sentidos comunican da-
tos objetivos sobre el mundo real. Esta posición no será ope-
rativa cuando se estudie la percepción.
Por ejemplo, si un científico estudia la vista, ¿qué piensa
éste del objeto que ve la persona con quien experimenta? ¿En
qué ámbito afirma que el objeto existe? ¿En el ámbito percep-
tivo compartido por él y el sujeto de experimentación, o en el
ámbito de la realidad, independiente del sujeto de experimen-
tación y del científico?
Cualquiera que estudie la percepción como un científico tra-
dicional, se excluirá de sus observaciones, relegando lingüís-
ticamente los objetos presentes en sus experimentos al ámbi-
to de la Realidad -con una R mayúscula-. Si tiene que diseñar
un experimento en el que el sujeto mire una pelota coloreada,
entonces realiza experimentos para explicar cómo el sujeto pue-
de verla. Suponiendo la existencia objetiva de la pelota, inten-
ta explicar cómo la ve el sujeto, es decir, de qué modo el apa-
rato psicofisiológico representa la pelota en la experiencia
fenomenológica del sujeto. En otros términos, explica cómo el
sujeto percibe (capta) la realidad objetiva. Supone, a priori, que
los objetos existen en el mundo, lo que es una suposición me-
tafísica. ¿El propósito de su experimento es aprender cómo per-
cibimos la realidad objetiva o aprender sobre la percepción?
Los constructivistas sostienen que ambos son diferentes. El ob-
servét_dor íexperim~nté:lQQ!:)Y el ~jJ>J.t:!TIª-_üQ§_~:ryªg~üe1_~1,!jeto del
e_)(:p~~L~-~-1:!!2l..P-!:l_e_4~B-~~-tétr.<:le_ª~l:l~n:lg ..~!Lque .P~I<::l!?.~J?.Ja pe-
lqJ¡l,p~rq~QB~Q.. §.igr!ificé;l qu({Jª.IJ~!QJél.~Xi§Jgt ing~peJ]._<;lj_ente­
mente de ellos.
Esta cuestión sutil pero muy importante impregna la lite-
ratura sobre la percepción y el cerebro. En su libro de éxito,
The Brain, Richard Restak escribe: «Si abres el circuito de te-
levisión que va desde una cámara a una pantalla, en ningún
lugar encontrarás una imagen en miniatura del mundo. Y si
abrimos un cráneo para examinar el cerebro, todo cuanto des-
cubrimos en su interior es un órgano rosáceo con la textura
de un aguacate. En ambos casos, en realidad, los objetos que
se encuentran en el entorno no han sido puestos dentro de la
televisión o del sistema nervioso, sino que han sido transfor-

'
CODIFICACiúN INDIFERENCIADA 47

mados en representaciones simbólicas: puntos brillantes en la


pantalla de televisión, o neuronas que funcionan activamente
en el interior de nuestro cerebro». 28 En la descripción de Res-
tak se encuentra implícita la suposición de que los objetos exis-
ten, independientes de los observadores que los transforman
en representaciones simbólicas.
¿De qué modo los científicos dan cuenta de su propia ca-
pacidad de observar los sujetos con los que experimentan? Esta
cuestión afecta al problema central que desde hace casi cien
años ha incomodado a todo aquél que ha estudiado la percep-
ción: el problema de la codificación indiferenciada.

CODIFICACIÓN INDIFERENCIADA

En 1860, Johannes Mueller formuló el principio de las ener-


gías nerviosas específicas. Observó que cualquier cosa que se
le haga al ojo, por mucho que se exciten los bastones y los co-
nos, provocará que en aquél siempre se produzca una sensa-
ción de luz. Por ejemplo, un golpe en el ojo producirá una sen-
sación de luz, es decir, veremos las estrellas. Este principio es
válido para todas las modalidades sensoriales.
Si traducimos el principio de Mueller de las energías ner-
viosas específicas al lenguaje moderno, aquél nos dice que no
es el agente estimulador el que produce la sensación que ex-
perimentamos, sino que es el sistema nervioso. Cualquiera que
sea el estímulo que presentemos a un sensor particular -ojo,
oído, nariz, etc.-, siempre producirá una experiencia de la mo-
dalidad de ese sentido.
Podemos volver a enunciar esta noción, una vez más, como
el. ifiñCii?focie"la codíflcaCÍón indifen!nciada:'"ñ"uesiios Órga-
ños sensoriales sóiOCOCIITrcáñ"cuANTA.esiíiñü1acTón-recrñeñ, NO
·~-o~E·_0\~~-~~i~~~cióN.-l-\~TiJ~-es;- ill!~~tréJ"s-órgaiJ:2.s .~·~!1-
soriales, nu~stros enlace~. emw.Dcos con la ~J2~9-.L-!l-2..S:24!­
fican lo ql!_e les. es_tigml~ a funcionar. ¿Cómo percibimos un
mundo tan rico, lleno de señales, sonidos, olores y colores?, pre-
gunta von Foerster. El físico sir Arthur Eddington lo dice de
este modo:

28. Restak, R. (1984). The Brain. Nueva York: Bantam Books, pág. 51.

_j_
48 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

Observador

p f

Sujeto

Figura l. Sistemas observado y observador.

Consideren cómo se alcanza nuestra supuesta familiaridad


con un trozo de materia. Cierto influjo procedente de la materia
actúa sobre la terminación de un nervio poniendo en marcha una
serie de cambios físicos y químicos que se propagan a lo largo
del nervio hasta una célula del cerebro; allí ocurre algo misterio-
so, y surge en la mente una imagen de la sensación que no puede
pretender asemejarse al estímulo que la excita. Todo lo conocido
acerca del mundo material debe, en un sentido u otro, haber sido
inferido de los estímulos transmitidos ... Es una asombrosa proe-
za de desciframiento que seamos capaces de inferir un esquema
de conocimiento natural de una comunicación tan indirecta. 29

Imaginen lo que sucede cuando un científico tradicional,


que intenta ser objetivo separándose él mismo de su observa-
ción, investiga la percepción de la presión. La figura 1 mues-
tra dos ojos. Un ojo representa el experimentador, el sistema
observador, mientras que el otro representa el sujeto, o siste-
ma observado. Un sensor mecánico conecta el receptor táctil

29. Eddington, sir Arthur (1936). Science and the unseen world; Citado
por Joad, C.D.M. Cuide to Philosophy, Nueva York: Dover Publication, pág. 34.
CODIFICACIÚN INDIFERENCIADA 49

del sujeto, dibujado en forma de pera, al contador (f), que mide


cuántas veces se enciende el sensor de presión. El contador (p)
mide la presión aplicada al cuerpo del sujeto.
El experimentador ejerce presión sobre la piel del sujeto
mientras tiene a la vista sus dos contadores. Al correlacionar
la lectura de los dos contadores, valida que está aplicando pre-
sión al receptor táctil del receptor. Entonces puede preguntar
al sujeto, «¿qué experimenta?». «Presión», contesta el sujeto,
pareciendo confirmar la conclusión misma del observador.
Aquí tenernos en acción el principio de correspondencia. El ob-
servador hace corresponder cada contador con el otro y con
el informe del sujeto.
El sujeto no puede ver al experimentador ejerciendo la pre-
sión. Tampoco puede ver los contadores que miden la presión
y la relación de encendido de su sensor. Aun así el sujeto expe-
rimenta presión. ¿Cómo lo sabe?
Si el experimentador reproduce el experimento con calor
o con algo tan frío corno el hielo, el sensor del sujeto, unido
a un contador similar, sólo verá cuántas veces se enciende, no
lo que lo perturba. El sujeto no tiene, o necesita, un contador.
Sencillamente siente presión, calor o frío. ¿Cómo llega a esta
experiencia? O, según la formulación de Eddington: ¿Cómo crea
el sujeto esta experiencia a partir de una serie de impulsos ner-
viosos que sólo codifican la cantidad de estirnulación, no aque-
llo que los estimula?
El experimentador verifica la experiencia de presión del su-
jeto emparejando las observaciones a partir de sus dos conta-
dores. Uno muestra la presión y el otro la proporción en la que
el sensor se activa. Entonces el experimentador formula una
hipótesis: «Mi rnicropipeta tiene que estar en un receptor de
presión, pues los contadores están correlacionados». El expe-
rimentador pasa por alto cómo el sujeto sabía que se aplicaba
presión sobre su brazo. El sujeto no podía ver el contador
de presión ni lo que el experimentador hacía a su brazo. El su-
j~~2_percibía Pt:~siqi,!,. ª!:!:r:!q:U~. ~l!,..~L~t~!!l~~vioso sólo codifi=
~-~!gr:Gt~S>..cl~.~~!!!!!!:!lGt~!é>n, n9"qg~~?L9~ql!~J~.J?.~rtl!~· El men-
saje del sensor no contiene nada relacionado con la presión.
¿Cómo transformarnos los ochenta millones de voltios de im-
pulsos de corriente eléctrica que viajan a través de nuestro sis-
tema nervioso en la experiencia de presión, de visión, o en cual-

____ . ___
__....._.
so EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

quier otra? Si el observador utilizara una epistemología que


diera cuenta de su propia capacidad de percibir y sentir, esta
cuestión no pasaría desapercibida. Preguntaría, «¿cómo soy ca-
paz de percibir?».
Contestar a estas preguntas requiere abandonar la creen-
cia de que nuestros sensores -nuestros ojos, nuestros oídos,
etc.-, cuando no están contaminados por la emoción o la emo-
tividad, funcionan como cámaras y micrófonos, cablegrafian-
do los datos al cerebro, el cual, al igual que un aparato de tele-
visión reconvierte la señal vista y el sonido producido por la
realidad.
En resumen, el problema se puede revelar como un error
de lógica. Al igual que todos los buenos científicos tradiciona-
les hacemos inferencias lógicas, es decir, A implica B, escrito
A~ B. Si A es verdadero, entonces B tiene que ser verdadero.
Si A es falso, entonces B tiene que ser falso. Si se coloca un
peso en nuestro brazo y nuestro sistema nervioso funciona co-
rrectamente, tenemos sensaciones visuales y táctiles. Enton-
ces me digo a mí mismo, y a otros, que «siento y veo el mundo.
Mis sensaciones (B) son "percepciones reales" implicadas por
el mundo (el peso), que sé que existe». Entonces tenemos que
A (el mundo)~ B (mi experiencia).
Pero precisamente, tal como von Foerster afirma, «sucede
justo a la inversa. El sentiCi:Ode"Ia-lmplicacÍÓnes que infiero

~~fi~k~~1~~~~fa~~~~~~-a~f%~~1º~~~~ri~:~i~
ción lógica A~ B, A es nuestra experiencia y B es nuestra infe-
rencia de una realidad. Está claro que esto invierte nuestro
modo de pensar acerca de nosotros mismos y del mundo.

~UNA OJEADA MÁS DETALLADA AL OBSERVADOR

Q~ Presuntamente la realidad contiene objetos que tanto se en-


~"cuentran estacionarios como cambian su posición en el espa-
j ,..) .cio. Aungu~si~E!2S objetos, cg_1:p.() los sere~um_~nos, tienen
;Q, ~ 1-!!l~-.e-~_g-__!!ctura ,y~rjabJ~~--§-~_J>.~__r~!b_.. ~n como ~i tuvieran. _identi-
t!;í 2 dad y continuidad. Nuestra estructura cambia constantemen-
~ ~ te,j)~~~o.E_!!estros amíg<?.i.YJ~~~s_p()_~I~so:rrQ~~n.~como si
~ ),.. siempre fuéramos las mismas personas. «¿Qué entendemos por
;r
UNA OJEADA AL OBSERVADOR 51

cambio?», pregunta von Foerster. «A pesar del cambio de apa-


riencia de un objeto, como por ejemplo cuando se hace rotar
un cubo o cuando una persona da vueltas, lo tomamos como
el mismo objeto.» 30 ¿Cómo se ejerce el cambio en un «árbol
que crece, o cuando nos encontramos con un viejo compañero
de escuela después de una década o dos? ¿Son diferentes o son
los mismos?». 31 Percibir la realidad d~ende del hecho de dis-
!l!!K!Ü!"_~tre igy~~!!~!~-Y~~!l!Jil~. ,, . -~ ·~ hc..c:;.c . -
, - ---

LOs renen nacidos ñofieneiCcónstancia objeta!, la capaci-


dad de distinguir objetos estables. No pueden calcular la equi-
valencia, una operación lógica que tiene que realizarse para
percibir un objeto que cambia su estructura y posición en el
espacio como ese mismo objeto. Los estudios sobre la evolu-
ción y desarrollo mental de los niños, dirigidos por el psicólo-
go suizo J ean Piaget, muestran que aprendemos a percibir la
constancia del objeto. Este proceso tarda unos dieciocho me-
ses. Piaget llama «inteligencia sensoriomotriz» a este tipo de
aprendizaje y afirma que «implica el establecimiento de rela-
ciones y correspondencias (funciones) y clasificación de esque-
mas (véase la lógica de clases), en estructuras de ordenación
y reunión que constituyen una subestructura para ulteriores
operaciones del pensamiento». La inteligencia sensoriomotriz
«organiza la realidad construyendo amplias categorías de ac-
ción que son los esquemas permanentes del objeto, el espacio,
el tiempo, la causalidad... ». 32
Por ejemplo, sentémonos con un niño de cinco años y dis-
pongamos cinco monedas idénticas formando una hilera en el
extremo superior de una mesa. Entonces le damos al niño cin-
co de esas monedas y le pedimos que forme una hilera que se
empareje con la que hemos hecho. Este niño lo puede hacer
fácilmente. Un niño de cinco años también puede decirles que
cada hilera tiene el mismo número de monedas. Si, no obstan-
te, aumentamos el espacio que separa las monedas en una de

30. Von Foerster, Heinz (1981). «Notes on an epistemology of living things».


Reeditado en Observing systems. Seaside, CA: Intersystems Publications, págs.
258-259.
31. Ibíd.
32. Piaget, Jean y Inhelder, Barbe! (1969). The psychology of the child.
Nueva York: Basic Books. (Trad. cast. en Morata, La psicología del niño, Ma-
drid, 1984).

+
52 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

las hileras y le preguntamos qué hilera contiene más monedas,


un niño de cinco años dirá que la hilera más larga tiene más
monedas que la más corta. Elkind puntualiza que el mismo ejer-
cicio con un niño de siete años da un resultado diferente. «En
primer lugar el niño considera la pregunta un poco estúpida
y replica que claro que las dos hileras tienen el mismo núme-
ro de monedas puesto que no se ha añadido o quitado nada
y que espaciar las monedas entre sí no altera su número. El
niño mayor considera evidente, o a priori, aquello que sólo po-
cos años antes no sabía que existía. Una vez se ha construido
¡ I:J:nEQ_I!qepto, inmediatamente se externa/iza de manera que apa-

r~~~~} :~~eJ~tei1'dfe~fit!ff!:~~1fv1i~J:·~it;tt{I~-a{f~~~~
~g¡ lf;,,';!'~':,7f:;:f~~~;"Jre17~~1f;~~-'J:fjj.~~~~ji!/'c~~~r:;,;~
~_ nas al~ujt?-_tQ es loque conc;!J!:<:_e..E:.~vic_cjón de que hay una
1
AJ) realidad independiente delJ!t!:nsam(ento. » 33
La obra de Piaget sugiere que reevaluamos el significado
del conocimiento factual. El Webster's New World Dictionary34
define un hecho como «2. Una cosa que realmente sucedió o
que es realmente verdadera; 3. el estado de cosas como real-
mente son, realidad; tatsiichlichkeit, verdad; el hecho en opo-
sición a la imaginación». Sin embargo, si hurgamos un poco
más y consultamos el American Heritage Dictionary/ 5 encon-
tramos que la palabra «hecho» deriva de la raíz latina facere,
que significa «hacer o fabricar». Facere es la raíz latina en pa-
labras como factor, forma, artefacto, benefactor, edificio, in-
fectar, justificar, modificar, anular, perfecto, perfeccionar, apro-
vechar, rectificar, etc.
En su octogésimo primer aniversario, en un debate con el
lingüista Noam Chomsky, Piaget afirmó: «Cincuenta años de
-ex~k~.§sJían ens~fíaCl_()_4_~e ~r c<mocimiento no resulta

33. Elkind, David (comp.) (1958). Six Psychological Studies by lean Pia-
get. Nueva York: Vintage Books, págs. xi-xii.
34. Webster's New World Dictionary of the American Language (2a edi-
ción) (1980). David B. Guralnik, editor en jefe. Nueva York: Simon and
Schuster.
35. The American Heritage Dictionary of the English Language (1969). Edi-
tado por William Morris. Nueva York: The American Heritage Company, Inc.,
& Houghton-Mifflin, Co.

--------
¿Y EL PROGRESO TECNOLóGICO? 53

de un mero registro de observaciones sin una actividad estruc-


turadora por parte del sujeto». 36 Así pues, no hay «hechos .P_!l_:__
~ Un hech~erpreta a partir del momento de su ob-
servación.
E~~;;structivista Ernst von Glasersfeld/7 quien compar-
te con Piaget su concepto de la cognición, escribe: «El cons-
tructivismo radical sostiene... que las operaciones mediante las
que reunimos nuestro mundo de experiencias pueden ser ex-
ploradas, y que el conocimiento de este modo de operar... pue-
de ayudarnos a hacerlo de manera diferente y, quizá, mejor».
El resto de este libro examinará esas operaciones.

¿Y EL PROGRESO TECNOLÓGICO?

El lector puede preguntar por el modo en que los construc-


tivistas reconcilian su refutación de la objetividad con los tre-
mendos avances tecnológicos de nuestra cultura que son di-
rectamente atribuibles a los descubrimientos científicos.
Los constructivistas sostienen que los avances tecnológicos
muestran «Uno» de los muchos caminos posibles para produ-
cir un resultado o realizar predicciones. Una teoría científica
probada es un excelente medio para alcanzar una meta.
Von Glasersfeld explica que, 1) el conocimiento, especial-
menteelc'óllücilliieiitü' científico, es litil si nos "permife prede-
~Tr¡:~~=CJe.§.E~cau~~! ..QMe..'2!~E--~-tos f~Jl~ld~iiaü~'el
~oi1ociwi~.n,t(),,Y~,!!2~.~ÜEY~ . <:l...~.~!.~.PX92Q§.!!2.J2ª-~-~L~!!~-~.Ü9-
n~~1~-Y!.-~-g)~ prác_!ica, se de~alúa¡ 31vop Glasersfeld concluy~
que, «cualquier estructura cognitiva [se refiere a una teoría o
modelo] que 'sírve a sÚ-propósitü'en nuestra'épo~a,pi="li'éba,-pz;
consiguiente, ni más ni menos que esto, a saber, que dadas las
circunstancias que hemos experimentado (y determinadas al
experimentarlas) ha hecho lo que se esperaba de ella. Lógica-
- mente, esto no J?.OS da_~_!l.9:~ta de cómQ~mundQ_g,lz_tiiivo

36. Piattelli-Palmarimi, Massimo (comp.) (1980). Language and learning.


The debate between lean Piaget and Noam Chomsky. Cambridge: Harvard
University Press, pág. 23.
37. Von Glasersfeld, Ernst. «Ün radical constructivism>>, en Watzlawick,
Paul, (comp.) (1984). The invented reality: How do we know? Nueva York: W.
W. Norton, pág. 18.
54 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

podría ser; simplemente significa que sabemos de un camino


víai>Te-qliecondüce a una meta -~e 1-íemos escqgido bajo cir-
cunsú\riCias especiflcaseñ-nuestro mundo de experiencia. Nada
nos dicé :....:::y- nada pueae decirnos___: acercade
cuántos otros
[1 caminos- puede'liaber o'cóinoesa experiencia, que considera-
¡1
_!J:lOS fain~~!a,podría conectarse conerñrundomás allá de nues-
tra t;xteriencia».

'

!
---· «E ~metafísico», prosigue von Glasersfeld/8 «bus-
ca conocimiento del mismo modo en el que usted buscaría una
pintura que fuera acorde con el color con el que ya ha pintado
la pared... Filósofos y científicos, operando sobre la base del
principio de correspondencia, intentan hacer que los sistemas
de relaciones o estructuras concuerden con la "naturaleza".»
(El término naturaleza es un sinónimo de Realidad.)
«Si, por otro lado», prosigue von Glasersfeld, «decimos que
algo es "adecuado", tenemos en mente una relación diferente.
Una llave es adecuada si abre una cerradura. Describe la ca-
pacidad de la llave, no la cerradura. Gracias a los ladrones pro-
fesionales sabemos muy bien que hay muchas llaves que, con
una forma un poco diferente de la nuestra, abren la cerradura.»

LA TEORÍA DEL OBSERVADOR

La obra de von Foerster intenta comprender al observador.


Los constructivistas están más preocupados por cómo cono-
cemos que por aquello que conocemos. ¿Cómo conocemos?
¿Qué significa fijarse en el lenguaje objeto?
Francisco Varela describe las ideas de von Foerster como
_u~-~-~~~ra la CO}E,l?,rensiQ.~:<I~12i.Pi~s ~e. sogp)ción
~ILcl..s!~~ l<;ls.~es,sdEsiPB~~#clel o1J~~I.::Ye.f!2LY.9e kul~e es~­
rr servado están conectadas «inextricablemente». «El estudio de
l! los sistemas de primer orden (io que estudiá'mos) y el estudio
: de los sistemas de segundo orden (nosotros, los observadores)
, se reflejan en tales descripciones. Este par que se especifica
recíprocamente, en todos sus detalles, constituye un espacio
donde la cognición puede ser comprendida correctamente. »39

38. Von Glasersfeld, Ernst. Ibíd., pág. 24.


39. Varela, Francisco (1981). «lntroduction», Observing systems. Seaside,
CA: Intersystems Publications, pág. xi.
LA TEORÍA DEL OBSERVADOR 55

De este modo el observador tiene que dar cuenta de él mismo


en sus observaciones.
¿Cómo da razón el observador de él mismo? No se trata de
una noción fácil de resumir. Von Foerster presenta el proble-
ma con el siguiente acertijo:

«ESTA FRASE TIENE _ _ _ LETRAS»

Nos pide que insertemos la palabra perdida, es decir, que


deletreemos el nombre de un número que dé cuenta con exac-
titud de todas las letras que hay en la frase, incluyendo las le-
tras de la palabra perdida.
Sólo determinados números resuelven el problema. Las
palabras «diez» o «cincuenta» no funcionarán. Si insertan lapa-
labra «treinta y una», no obstante, encontrarán que la frase,
incluyendo su respuesta, contiene -~tUE!ta_le!r.e~s. ¡Pero
existe otra respuesta correcta! Para-reso1ver-esle-proolema, ¡la
respuesta misma tiene que tomarse en cuenta! Alentamos al
lector a que deje la lectura y encuentre la segunda solución
correcta. Le sugiero una: ~~<J:r~t!!!él.__ys.,ld.~~-
El acertii2_i_ht~~!Iª=.~!l(~[~~~-~~1J[p~·to__E!:.X:trern.-<3:d§lll:lellte
importap_!~-=-h,~.)'J1'll:ÍS_~~--una ~l!:-~Elif!:Sta correcta C!_!_ste prob~­
!!1.a~L<;l_~S~ia~_!!"-<!-cll(:!212':l.le,_~-!2~~E~I!E~~Pllest':l.~Jl~S~S.é\..I."_~~s
a sl!§._Q[oblemas~~--de~_i_:rL?2ll:lf!QI.J.es__q~i:,1engaf! una__y_§ólo una
respuesta. Los científicos dependen en gran medida de las ma-
temáticas, un sistema construido para generar respuestas ne-
cesarias a sus preguntas. Si preguntamos cuánto es dos veces
tres, la respuesta tiene que ser seis. La frase de von Foerster
es única, pero tiene dos respuestas correctas.
§!~~2J.!ii9_~J.on Foe~_!e~~ ul!e~ns~~S\l~P.(:i~.9:~l-~9!?-.s-

~~~~~y~~li~n~~~~~~tñ1~c1~~T~~ ~:~;~~~~ee~t:~j~~~~
que permite y alienta al observador a incluirse en sus obser-
vaciones no puede generar respuestas necesarias. Los construc-
tivistas sostienen que realmente no se ha perdido nada. Para
empezar, nunca tuvimos certeza. Podemos inventar llaves que
abran nuestros problemas, pero estas invenciones nos dicen
algo acerca de la llave, no acerca de la cerradura. Algunas lla-
ves abren el acertijo de von Foerster. Aunque la certeza se pier-
da, la elección se incrementa.
56 EL MITO DE LA OBJETIVIDAD

RESUMEN

Me gustaría utilizar la siguiente cita de un artículo de von


Foerster, «Notes on an Epistemology for Living Things», 40
para resumir mis comentarios sobre la objetividad:
"
Mientras que en el primer cuarto del presente siglo los físi-
cos y los cosmólogos se vieron obligados a revisar las nociones
básicas que regían las ciencias naturales, en el último cuarto de
este siglo los biólogos forzarán una revisión de las nociones bá-
sicas que rigen la ciencia misma. A principios del siglo xx era
claro que el concepto clásico de una "ciencia última", tina cien-
cia que implicaba una descripción objetiva del mundo en la que
no hay sujetos (un "universo sin sujeto"), contiene contradicciones.
Para eliminar estas contradicciones la ciencia se vio obliga-
da a dar cuenta de un "observador" (es decir, como mínimo un
sujeto). Hay dos ejemplos de este cambio del pensamiento cientí-
fico: 1) las observaciones no son absolutas sino relativas al pun-
--!1 to e v1sta<féT06servador (esdecir, su sistema coordinado -la
;¡ teoría de la relatividad formulada por Einstein-); 2) las ob~~:r:~
ll!·: vacione~a~f:S~~.~} 1
...~~~~e~~~~~~-~!_p~~~?"~~-~!!m!~!i!.l~es-
peranza e premccwn ue ooservaaor (es uec1r su mcertldumbre
· es absoluta -el principio de incertidumbre formulado por Hei-
senberg).
Dados estos cambios en el pensamiento científico, estamos
frente a la perogrullada que dice que una descripción (del uni-
verso) implica alguien que describe (lo observa). Lo que necesita-
mos ahora es una descripción de "quién describe" o, en otras pa-
labras, necesitamos una teoría del observador. Puesto que sólo
los organismos vivos se cualifican de observadores, parece que
esta tarea corresponde al biólogo. Pero el biólogo también es un
organismo vivo, lo cual quiere decir que en su teoría tiene que
responder no sólo de él mismo, sino también de su formulación
escrita de la teoría. Se trata de un nuevo estado de cosas en el
discurso científico, puesto que, en la línea del punto de vista tra-
dicional que separa al observador de sus observaciones, se evita-
ba cuidadosamente la referencia a este discurso. Esta separación
no se había dado por excentricidad o desatino. Los científicos obe-
decían esta regla de separación porque, bajo determinadas cir-

40. Von Foerster, Heinz (1981). «Notes on an epistemology of living things».


Reeditado en Observing sytems. Seaside, CA: Intersystems Publications, págs.
258-259.

__..____
-------------------·------··
RESUMEN 57

cunstancias, cuando el observador se incluía a sí mismo en su


descripción (observaciones), ésta conducía a paradojas, como la
que encontramos en el enunciado "soy un mentiroso".
Entretanto, no obstante, ha ido quedando cada vez más claro
que esta restricción rigurosa, es decir, la exclusión del observa-
dor, no sólo creaba problemas éticos asociados a la actividad cien-
tífica, sino también paralizaba el estudio de la vida en su pleno
contexto desde las organizaciones moleculares a las sociales. La
vida no se puede estudiar in vitro; se tiene que explorar in vivo.
En contraste con el problema de la investigación científica clási-
ca, que postula primero un "mundo objetivo" de descripción in-
variante (como si hubiera algo así) e intenta luego describirlo, aho-
ra nos hemos lanzado al desafío de desarrollar un "mundo
subjetivo" de descripción invariante, es decir, un mundo que in-
cluye al observador. Éste es el problema.
Sin embargo, de acuerdo con la tradición de la investigación
científica clásica, que perpetuamente pregunta ¿cómo? en lugar
de ¿qué?, esta tarea reclama una epistemología del ¿cómo cono-
cemos? y no una que se base en la pregunta ¿qué conocemos?.
L LAS DlFlCULTADES DEL LENGUAJE

... El lenguaje es él mismo el vehículo del pensamiento. 1

El pensamiento y el lenguaje se pertenecen el uno al otro. Un


niño aprende un lenguaje de tal manera que, de repente, empie-
za a pensar dentro de él. 2
LUDWIG WITTGENSTEIN
1

No hay ninguna etapa en el desarrollo de un niño, observa


Wittgenstein, 3 en la que el lenguaje se utilice para comunicar
~~Q.l!Q~ra pensar. La gál"mática-y la sintaxis son las reglas
para pensar que los filósofos llaman epistemología. Gregory
Bateson explica que ~e-11 Qc<;id~rg~_ nue~Jr(l l~11gl!ª-~~- !lQS __R!:e::-
~~.!!!.<l con una visión de_L~]]undo cal!~al de .tiQo)ineal. La len-
~a afirma CQI.!.!iE~amente mediantej~~t.?.~.lt:!!Q.Y_ ciel
Qre~_Q_~ª.Lji_~pen'~ de algúll}P0~,2~_E_!:l~!i~~_9_e.s
__y_atributos». 4
Consideren este ejemplo hipotético: Mark, de cuatro años
de edad, y su hermana de dos años, Pat, juegan en la sala de
estar mientras su madre está en la cocina. La madre oye que
Pat llora y, apresuradamente, entra para consolarla. Cuando
entra, Mark dice: «No la he tocado».

l. Wittgenstein, L. Philosophical investigations (1953). Oxford (Inglaterra):


Basil Blackwell, pág. 329. Citado por Brand Gerd, The Essential Wittgens-
tein. Nueva York: Basic Books, 1979.
2. Wittgenstein, L. Philosophical remarks (1975) Oxford (Inglaterra): Ba-
sil Blackwell pág. 5. Citado por Brand Gerd, The Essential Wittgenstein. Nueva
York: Basic Books, 1979.
3. Wittgenstein, L. Philosophical investígations (1953). Oxford (Inglaterra):
Basil Blackwell, pág. 330. Citado por Brand Gerd, The Essential Wittgens-
tein. Nueva York: Basic Books, 1979.
4. Bateson, Gregory (1979). Mind and nature: A necessary unity. Nueva
York: E.P. Dutton. págs. 60-61.
60 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

A la temprana edad de cuatro años, Mar k ha asimilado una


importante regla de la epistemología de su cultura. Al señalar
que «no la he tocado», proclama su inocencia adoptando lapo-
sición newtoniana sobre la causalidad. Sin quererlo, sostiene
que sin tocarla no podía haberle transmitido una fuerza o un
efecto que la hiciera llorar. No hay relación causal entre su pro-
pio comportamiento y la aflicción de su hermana.
Sin embargo, la causalidad es sólo un ejemplo de cómo el
lenguaje determina nuestro pensamiento. El lenguaje estruc-
tura una variedad de dispositivos lógicos, descriptivos y expli-
cativos que utilizamos para comprendernos nosotros mismos
y la realidad. He agrupado los comentarios de von Foerster bajo
las siguientes categorías: representación, sustantivación, loca-
lización de la función, silogismos lógicos, paradoja, causalidad
y explicaciones.

REPRESENTACIÓN

Al definirnos como agentes pasivos de la percepción, el len-


guaje disimula el modo en que participamos en nuestra expe-
riencia sensorial. Por ejemplo, cualquiera sabe que las bombi-
llas eléctricas producen luz, y parece natural decir «encender
la luz», «dar la luz». Pero, ¿la bombilla produce luz? Un físico
diría que los electrones corren a través del filamento de la bom-
billa y que, cuando se calienta suficientemente, el filamento
emite ondas electromagnéticas que actúan sobre los conos y
los bastones de la retina ocular. Bajo estas condiciones, si un
observador se sitúa de modo adecuado y su sistema nervioso
funciona, tiene experiencia de la luz. Los ciegos no ven la luz.
Al definir la luz como una propiedad de la bombilla eléc-
trica, el lenguaje encubre igualmente la forma que tenemos de
participar en nuestra experiencia sensorial, cuando define la
luz como una propiedad objetiva del mundo, como una propie-
dad independiente del observador. Esto vale también para el
sonido. Decimos (y pensamos) que arquear la cuerda de un vio-
lín produce sonido. «No», sostiene von Foerster, «Se producen
variaciones periódicas de la presión del aire que viajan por el
espacio. Si un oído, con un cerebro conectado al mismo, se en-
cuentra casualmente en el mismo espacio, oímos música. Tam-
SUSTANTIVACIÓN 61

poco un fuego de campamento produce calor. Cuando notamos


un incremento en la velocidad molecular media del espacio de
aire a nuestro alrededor, decimos que "calienta".»
«El problema empieza ya con el libro del Génesis», afirma
von Foerster. «Allí se dice: "Dios se cernió sobre la superficie
de las aguas y las tinieblas cubrían la faz del abismo. Y Dios
dijo 'Que se haga la luz', y se hizo la luz". Pero, ¿cómo podía
haber luz? No había nadie para verla. No puede haber luz sin
un observador. Dios puede que dijera, "que se haga la radiación
electromagnética de una banda de frecuencia determinada" y
se hicieron las radiaciones electromagnéticas de aquella ban-
da de frecuencia. Pero señoras y señores, esto es estéticamen-
te tan desagradable, que debe de estar equivocado. Esto es lo
que creo que tuvo lugar: "Y Dios_se cernió sobre la superficj~
de las ag~<;l:~~ijo_:_j!faya "!.i~~ón!"', y se,_~~lu_Z;»*

S USTANTIVACIÓN

La sustantivación denota el proceso lingüístico que convier-


te verbos en sustantivos. Así, el lenguaje nos permite conver-
tir acciones o procesos en cosas. La sustantivación afecta pa-
tológicamente a todas las lenguas indoeuropeas al permitirnos
crear cosas de la sutilidad del aire. Podemos decir que un ca-
ballo galopa, pero el lenguaje nos permite decir también que
un caballo tiene un buen galope. Aunque sea gramaticalmente
correcta, esta última frase afirma que el caballo posee un ga-
lope del mismo modo que posee herraduras.
La sustantivación tiene lugar en muchos ámbitos, incluida
la psiquiatría. El lenguaje ha sosegado a muchos psicoterapeu-
tas con el pensamiento de que el comportamiento es una cosa.
Históricamente, los psiquiatras han calificado un determinado
comportamiento aberrante como «esquizofrenia», pero mucho
antes ya empezaron a llamar a sus pacientes «esquizofrénicos»

* Resulta fácil malinterpretar los enunciados sobre la radiación electro-


magnética como si significaran que existe una realidad independiente del
observador, la cual contiene radiación electromagnética. Von Foerster utili-
za el término «radiación electromagnética» en el sentido constructivista, para
describir una clave que es útil para resolver problemas.
62 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

y a pensar que padecían de esquizofrenia del mismo modo


como podían padecer de una enfermedad en el hígado. Algu-
nos médicos se aferraron tanto a las sustantivaciones que lle-
garon a creer que la enfermedad mental era una enfermedad
tangible, y que podía ser «extirpada» mediante psicocirugía.
. Cuanao.sustantTviLmos-algo, lO convertimos en una mercan-
cía, algo que se compra y se vende. Como educador, von Foers-
ter está particularmente preocupado por las consecuencias
negativas de la sustantivación de la «información» y del «CO-
nocimiento».

~.~J2!2S~~9.§J2f.il!lor.9!'!!t:,s...J'~l!.~.!!}.!!ayor_p~r,t~.Rr:!".~i<?.~ que
se dan en cada hombre y, de hecho, en todo organismo, es decir
la «información>> y el «conocimiento>> 1 son ahora persistentemente
co~mercancías, o sea, substancias~··La· información, Cfá-
ro está, es el proceso mediante el que se adquiere conocimiento,
y el conocimiento es el proceso que integra las experiencias pa-
sadas y presentes para formar nuevas actividades como la acti-
vidad nerviosa que se percibe internamente como pensamiento
y voluntad o, externamente, como habla y movimiento.
Ninguno de esos procesos puede «transmitirse>> del modo en
que, por ejemplo, lo afirmamos en la frase <das universidades son
las depositarias del conocimiento que puede transmitirse de ge-
neración en generación>>. 5

Comprensiblemente, muchos estudiantes se sienten decep-


cionados por los sistemas educativos que «confunden crear nue-
vos métodos con dispensar aquellos bienes llamados "conoci-
miento"», bienes que son imposibles de repartir.
Pensar acerca del pensamiento es particularmente suscep-
tible de sustantivación. Podemos decir que la gente piensa; tam-
bién podemos decir que tienen pensamientos. La palabra <<pen-
samiento>>, sin embargo, es un nombre. Muchos nombres son
<<COsaS>>, tienen una substancia material y se encuentran en un
lugar determinado. Suponiendo que una persona «tenga pen-
samientos», pronto intentamos descubrir dónde se encuentran.
¿Pero, se puede hallar un pensamiento? Muchos investigado-

5. Von Foerster, Heinz. «Perception of the future and future of percep-


tion>>. Reeditado en Observing systems (1981), Seaside, CA: Intersystems Pu-
blications, pág. 194.
WCALIZACIÓN DE LA FUNCIÓN 63

Figura 2-A. Diagrama de Figura 2-B. Diagrama de


Frenología, Reisch-1503. Frenología, Redfield-1886.

res creen que el pensamiento, la memoria, la imaginación y


otras funciones mentales se alojan en áreas específicas del ce-
rebro, un punto de vista teórico llamado localización de la
función.

LoCALIZACIÓN DE LA FUNCIÓN

Von Foerster hace remontar la génesis de esta creencia a


los anatomistas del siglo xv, que sabían que la personalidad
y los rasgos de carácter se correspondían con la forma y las
protuberancias del cráneo. La figura 2A muestra el mapa di-
bujado por Reisch en 1503. La memoria se aloja en el lóbulo
frontal superior izquierdo; en otros lugares se alojan la per-
cepción, las fantasías y la imaginación. Tales planos ilustran
lo mejor del trabajo especulativo, ayudado e incitado por nues-
tra capacidad de sustantivación. Más tarde, los frenólogos,
como Redfield, trazaron la cartografía de centenares de loca-
64 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

lizaciones en el cráneo, donde cabía suponer que cada área re-


presentaba una función mental superior (figura 2B).
Sirviéndose del rostro y del cráneo, Redfield afirmó haber
encontrado no menos de ciento ochenta y seis funciones loca-
lizadas. Por ejemplo, el área 149 era la localización de la fun-
ción «republicanismo»; el 148, la del «amor fiel»; y el 149 A,
la de la «responsabilidad».
«No crean que la localización de la función acabó en la Edad
Media», afirma von Foerster. «La búsqueda de la localización
de las funciones cerebrales parece que no se detiene nunca.»
En 1881, Exner (véase figura 3), un brillante neurofisiólogo aus-
tríaco, afirmaba que podía cartografiar con precisión cente-
nares de «Centros» corticales. Durante muchos años, su obra
contribuyó a que se comprendieran erróneamente las funcio-
nes mentales.
Exner, al observar que una lesión cerebral, causada por una
herida de bala o por cualquier otra herida, iba unida a la pér-
dida de comportamiento o de una función determinados, como
la facultad del habla, de la vista o de andar, afirmaba errónea-
mente que la localización de estas lesiones tenía que darse allí
donde se alojaban las funciones perdidas. Exner no habría co-
metido este error si hubiera sido consciente de cómo sustanti-
vaba los procesos.
En una de las conferencias de von Foerster una mujer que
le escuchaba le dijo:« Usted argumenta contra la localización
de la función pero tengo una experiencia personal que me hace
creer en ella. Recientemente mi marido sufrió una leve con-
moción cerebral. Después de recuperar la conciencia, no po-
día hablar. Naturalmente, nos inquietamos muchísimo y lo lle-
vamos rápidamente al hospital. El médico encontró un pequeño
coágulo de sangre en su cerebro. Una vez que se retiró el coá-
gulo, pudo volver a hablar. ¿No prueba esto que su centro del
habla estaba dañado?», le preguntó.
«NO», contestó von Foerster. «El coágulo de sangre de su
marido no prueba que su centro del habla estuviera dañado.
Razonar de este modo implica un error fundamental de deduc-
ción. La lesión de un área particular del cerebro puede estar
relacionada con una pérdida temporal o permanente de la fun-
ción. No prueba la localización de la función. El cerebro funcio-
na como un sistema total. Naturalmente, la lesión de una par-
LOCALIZACIÓN DE LA FUNCIÓN 65

Figura 3. Localización de la función basada en las lesiones cortica-


les, Exner, 1881.

te del sistema puede conducir a un deterioro de funciones como


el habla o la visión.
»Consideren la siguiente analogía. Supongan que tienen un
cocn(tqúe no arranca. Un mecánico da con el problema -=-mi
I?ed.~~§~ecmug~~§I>o.ila}"aaí,~Elentacióil-ae·-¿üffibilstible im~
pidiendo que fa gasOTI.na entre en el carburador-. ¿Conclui-
-rTañ- qiieTacapaCTa-aa-aeñióv!iñieil:'tü-deCcü;:ii~·está localiza-
da en el depósito? No, ¡claro que no! :§L~FZ_ll!!lento de la
localización de la fun~~giere __q~~J~ S?J2~st<I~dde mov~r­
se del coche se encuentra localizada en la alimentación de com-
~~~t!~!~"'j'Es'·rgi_<:_li!2I..§.~:.~l~~~-!~Pa~~--- su t.§.fa[~i9. et~uede-
t~E!nin~J~ s~~'ltsid~~ d~)OCOll,!OC!ón del C<:)C~. Naturalmente,
si el motor empieza a manifestar un problema porque una de
sus partes se ha roto, ¡el coche no se moverá! Atribuir la pérdi-
da de la función a la ausencia de tejido cerebral es un error.
Siempre nos las vemos con el cerebro en su totalidad. Un cere-
bro lesionado tiene una limitación específica, pero funciona
aún como un cerebro en su totalidad.
66 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

da comprenderse por separado. El sistema tiene que compren-


derse mir~~ª?.-~t2<las~l~.~]?~t~-:s:~nlli.~to.»
Er6trsqaeda ue1:iñiemona es otro mtento ae localizar las
funciones cerebrales, de sustantivar los procesos mentales. La
búsqueda se intensificó cuando los psicólogos empezaron a uti-
lizar metáforas computacionales para comprender el cerebro.
Las metáforas computacionales son comprensiblemente atra-
yentes. La memoria del ordenador es finita, tiene una locali-
zación finita. Si abrimos la caja de un microordenador, pode-
mos ver los chips de «memoria». «Los ordenadores no tienen
memoria», sostiene von Foerster. «Éste es el primer error. Los
ordenadores tienen sistemas de almacenaje. Si utilizan a la li-
gera esta encantadora metáfora se acabarán preguntando:
"¿Puede esta máquina escribir sus memorias?". ¡No de lama-
nera en que se conciben hoy en día!»
En segundo lugar, von Foerster demuestra, por vía de la re-
ductio ad absurdum, que nuestra memoria no funciona como
los dispositivos de almacenaje en los ordenadores. Un sistema
de almacenamiento de datos (que desafortunadamente recibe
el nombre de memoria) es un sistema gigantesco de archiva-
ción. Cada archivo tiene una dirección. El ordenador recupe-
ra datos de cada archivo buscando la dirección, yendo hacia
él, recuperando los datos y mostrándolos luego en el monitor
o utilizándolos para computar. Naturalmente, lo hace de un
modo extremadamente rápido. Von Foerster: «Si nuestra me-
. m~ tr~?~~¡.¡.Ioe1a.Ee el sist~g¡~ g~-~~@:~:f!t4~-
\lta l1IT or e , 1e2 hat fmnus un ·cerebro de·un ·kilé5me-

,~!:~:1f~l~~;l!~~:l~?:f~~~:~!~~~~:
tensión, señala von Foerster, nos llevaría diez años reconocer
un objeto o un estado de cosas, lo cual sería en extremo perju-
dicial para nuestra supervivencia.
Pero existe incluso un argumento mejor contra la suposi-
ción de que la memoria es un sistema de almacenamiento de
datos. En un ordenador los datos almacenados se recuperan
a partir de un depósito basado en un emparejamiento perfec-
to. Aquellos lectores que hayan utilizado ordenadores perso-
nales sabrán lo frustrante que puede resultar el tener una má-
quina incapaz de encontrar lo que buscan porque han puesto
LOCALIZACIÓN DE LA FUNCIÓN 67

un espacio en blanco adicional entre las palabras o han escri-


to una letra con mayúscula. El ordenador es implacable cuan-
do compara.
Ahora se plantea la siguiente pregunta: ¿Qué sucede cuan-
do queremos recordar algo, como por ejemplo, cuando quere-
mos encontrar nuestro coche que hemos dejado en un parking?
Si nuestra mt::~i_a_g~~-~~~~~~~g__l~l1 ordenador, nunca en-
contraríamos nuestro coche porque nunca vemos las cosas dos
vécescreTñiiSñio-iñooo:·rxísteñmultiPies variables que inter-
vienen eñ Ia compútación de una imagen en la retina, y éstas
nunca son exactamente las mismas. Si nuestra memoria tra-
bajara como los sistemas de almacenamiento de datos, nunca
encontraríamos algo que formara pareja. Afortunadamente, la
memoria funciona de manera distinta; así pues, podemos re-
conocer nuestro coche desde diferentes ángulos, distancias y
condiciones de iluminación.
Alrededor de 1925, von Damerous, un joven y brillante neu-
rólogo, demostró la falacia lógica en que se basaba la asocia-
ción de las lesiones corticales con la pérdida de funciones ce-
rebrales. En primer lugar afirmó que la capacidad de visión
estereoscópica (la visión espacial) tenía que estar localizada
en el ojo izquierdo. Si alguien pierde el ojo izquierdo, ya no tiene
visión estereoscópica. Por lo tanto, el ojo izquierdo tenía que
alojar esta función.
Von Damerous sostuvo después que si aceptábamos esta
conclusión también teníamos que admitir el mismo argumen-
to para el ojo derecho. Porque si se pierde el ojo derecho, tam-
bién se pierde la capacidad de visión espacial. Así, ambos ar-
gumentos son igualmente ridículos. «Una vez se ve la falacia
en este razonamiento», nos dice von Foerster, «el argumento
a favor de la localización de las funciones cerebrales se hace
añicos.»

r ~s~~:~~~ ~;;e:e¿í5~12'~a¿fanc{~~~~;~s;t~t~t:a~3~--­
0
sa
p~~E~~~I1~e ..~ª~~i~i~-~J~!~~2.~i~~-7
qüTeñaice:··"En e1lado1zquierdcnertgo esw; ·en · -etderech(Jaque~
llo. Con mi hemisferio izquierdo doy patadas al balón, y con
el derecho huelo las flores", o cosas por el estilo. Como cons-
tructivista, permítanme dejar mi posición perfectamente cla-
ra: el cerebro siempre funciona como un todo, como una tota-

+
68 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

lidad. Incluso si está dañado, es aún un cerebro en su totalidad,


un cerebro en su totalidad pero con una lesión. Una persona
con una lesión cerebral puede funcionar con limitaciones es-
pecíficas, mostrando determinadas deficiencias, pero esto de
ningún modo prueba la localización de la función».
Existen otras pruebas adicionales que sugieren que el ce-
rebro funciona como un sistema total. Si las células nerviosas
se deterioran con suficiente lentitud, otras partes del cerebro
las compensan. Louis Pasteur, el gran químico francés, se man-
tuvo profesionalmente activo hasta su muerte a la edad de se-
tenta y tres años. Legó su cuerpo a la Facultad de Medicina
de la Sorbona, cuyos forenses llevaron a cabo la autopsia del
cadáver, y con gran sorpresa suya, encontraron que el hemis-
ferio izquierdo, el lado del cerebro que creían que albergaba
las facultades de la lógica y del pensamiento, estaba consumi-
do casi en su totalidad por un tumor cerebral enorme. El tu-
mor de Pasteur crecía lentamente, lo que permitía al tejido ce-
rebral sano participar en funciones que por lo general eran
operativas en el hemisferio izquierdo. Si las funciones cerebra-
les estuvieran localizadas, no se daría la compensación.
En resumen, el intento de comprender la función cerebral
localizada surge a partir de errores epistemológicos que pue-
den impedir nuestra comprensión de la cognición:

l. Primero, sustantiva procesos, sugiriendo que están loca-


lizados en tejidos específicos del córtex cerebral.
2. Supone que las áreas corticales localizadas son centros
de desciframiento para los dispositivos sensoriales y de
almacenaje, que reifican nuestra creencia en una reali-
dad «objetiva».
1
¡3. El argumento de la localización de la función sugiere que
el sistema nervioso es un sistema abierto, y que nuestros
sistemas sensorial y motor son independientes, un tema
que se examinará con más detalle en los capítulos pos-
teriores.
4. Finalmente, y lo que es quizá más importante, el argu-
mento de la localización de la función evita el problema
primario de la cognición, el principio de la codificación
indiferenciada. No contesta a la pregunta: ¿Por qué te-
nemos una experiencia tan rica del mundo cuando nues-
LOS SILOGISMOS LÓGICOS 69
1
tros sensores tan sólo codifican la cantidad de estimu-
lación que reciben, no la naturaleza de los estímulos per-
turbadores?

Los SILOGISMOS LÓGICOS

El silogismo lógico es un sistema de razonamiento que uti-


lizamos para hacer inferencias. Los filósofos racionalistas
utilizaron el silogismo para obtener conocimiento. Creían que
la mente estaba dotada de un conocimiento a priori (innato),
de principios y de facultades plenamente acabadas, que se po-
dían descubrir mediante el recto uso de la razón. Platón llamó
a este conocimiento innato «eidético», conocimiento a priori
de la~-J~-r;;~;y¿r;;a:~-eñii-e'Tasqlie.se.iñé1üiiiaiiTüsCOñce})tüS 1i¡
de número, diferencia, bien, mal, correcto y erróneo. ¡

Alrededor del año 300 a.C., Aristóteles acabó de componer


el célebre Organon,* palabra griega con la que se designaba
aquello que servía de instrumento. Mediante el uso del silogis-
mo definió catorce reglas de razonamiento para sacar conclu-
siones correctas a partir de proposiciones. «Se decía que las
conclusiones que. se conseguían. mediante el sífogisrrio s~aiis­
facían tres cÓndidone'S':erañ-cieifaS';-iiecesarlás'y .. nuevas:-;; 6
E~ ~~t~.. ~~i:J.té~i¿, i.iñaC:üñC:llisJ:óilñéce·sa:iia.·signifíca·q:ueesuna
conclusión única, es decir, que no puede haber ninguna otra
respuesta.
El silogismo era la vía regia de todo racionalista hacia la
certeza~-·cañío-expllca"truffieñ,'~-uña-personáqllénoprenei:a
Ia-ceriei'a·a-Ia<lud:a-en fa mayürúi dttlüs'asuntos es Uriápersü=
na poco común y aún lo es más la que la obtiene. Era como
si la certeza fuera un tesoro enterrado y nosotros, que tanto
lo deseamos, tuviéramos que encontrar todavía un mapa que
nos pudiera conducir hasta él. Alrededor del año 300 antes de
nuestra era, los matemáticos creían que habían encontrado ese

* El Organon aristotélico agrupa los siguientes escritos sobre lógica: las


«Categorías», los «Analíticos I y Il», la «Interpretación», los «Tópicos» y las
«Refutaciones Sofísticas».
6. Guillen, Michael (1983). Bridges to infinity: The human side to mathe-
matics. Los Angeles: Jeremy B. Tarcher, Inc., págs. 11-12.
7. Guillen, Michael. Ibíd., pág. 12.
70 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

mapa en los principios que orientan la lógica aristotélica. Eucli-


des siguió esos principios al elaborar los teoremas de la geo-
metría (el estudio de las figuras), que durante dos mil años fue-
ron aclamados como modelos de certeza».
Un silogismo es un argumento que consta de tres partes.
Contiene: 1) una premisa mayor; 2) una premisa menor; y 3)
una conclusión. Como explica Pospesei,B «Un argumento es un
conjunto de enunciados, uno de los cuales (la conclusión) su-
puestamente se sigue de los demás (las premisas). Existen dos
tipos de silogismos, el deductivo y el inductivo».

El silogismo deductivo

La mayoría de lectores estará familiarizada con el célebre


silogismo deductivo acerca de Sócrates. En primer lugar, la pre-
misa mayor: Todos los hombres son mortales. En segundo lu-
gar, la premisa menor: Sócrates es un hombre. En tercer lugar,
la conclusión: Sócrates es mortal. La conclusión es ineludible,
es absolutamente necesaria.
«¿La mortalidad de Sócrates es una propiedad de Sócra-
tes?», pregunta von Foerster. «Es poco probable», contesta; «es
una propiedad del silogismo.» Una vez declaramos a todos los
hombres mortales, y definimos a Sócrates como un hombre,
la estructura del silogismo nos exige inferir la mortalidad de
Sócrates. Esta conclusión es una necesidad lógica del silogis-
mo, no un hecho necesario sobre Sócrates. Claro está que un
constructivista sostendría que esto no es muy sorprendente.
¿Qué otra cosa es un silogismo, sino un dispositivo lógico que
construimos? Así como el lenguaje nos confunde al atribuir
la luz a la bombilla eléctrica, también el silogismo nos con-
funde al atribuir las propiedades del observador al sistema ob-
servado. Inconscientemente inventamos estas propiedades con
la lógica y suponemos que las descubrimos en los sistemas que
observamos.
Von Foerster: «Permítanme que llame su atención sobre los
siguientes puntos, empezando por la primera premisa: todos

8. Pospesel, Howard (1974). Propositionallogic: Introduction to logic. En-


glewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, pág. 4.
LOS SILOGISMOS LóGICOS 71

los hombres son mortales. Esto significa que todos los hom-
bres morirán. ¿Es un hecho absoluto? Es una mera suposición.
Evidentemente no es mala, pero todavía es una suposición. Te-
nemos algunas evidencias conflictivas. Miren a su alrededor.
Estamos sentados aquí más o menos vivos. ¿Quién sabe que
todos los hombres son mortales? ¡No tengo la menor idea! Si
consideran esta proposición desde un punto de vista probabi-
lístico, podemos elaborar el siguiente argumento. Hay cerca de
ochenta mil millones de personas que han vivido en la Tierra
a lo largo de toda la historia. En el planeta, hay cerca de cua-
tro mil millones de personas vivas en este momento, por lo que
¡hay cerca de un cinco por ciento de probabilidades de que uno
sea inmortal! Suponiendo que todos muramos, ¿quién infor-
mará de que todos los hombres son mortales? La proposición
en su conjunto es ridícula.
»Es preciso mirar más en profundidad estos dispositivos
lógicos y las palabras de sus proposiciones. Empezamos con
la premisa mayor, "Todos los hombres son mortales", sin preo-
cuparnos de su semántica, como si la proposición fuera una
verdad universal. Un modo más preciso de presentar este silo-
gismo sería como sigue: si todos los hombres fueran mortales
y Sócrates es un hombre, entonces Sócrates podría ser mor-
tal. Fíjense en lo que ha sucedido. Algo ha desaparecido: ¡La
certeza!»
El razonamiento silogístico impregna el pensamiento coti-
diano. Al condensar el proceso, nuestro razonamiento silogís-
tico se hace invisible. Por ejemplo, uno de los miembros de un
matrimonio se encara con el otro por su inaceptable compor-
tamiento durante el cóctel que dio su vecino. El acusado res-
ponde diciendo, «discúlpame, debí de beber demasiado». Cuan-
do el enunciado del acusado se desarrolla en toda su forma
silogística, se lee como sigue: 1) premisa mayor: las personas
que se emborrachan no piensan lo que dicen; 2) premisa me-
nor: yo estaba borracho; 3) conclusión: «por lo tanto, ¡no sa-
bía lo que decía!».
Aquí tenemos dos ejemplos más, sacados del encantador li-
bro de lógica de Howard Pospesel. 9 El primero: «Un amigo
mío que padecía de ataques de vértigo se sometió a las prue-

9. Pospesel, Howard. Ibíd., pág 2.


72 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

bas que le prescribió un neürocirujano. Cuando se reunieron


para discutir los resultados, se produjo la siguiente conversa-
ción: DOCTOR: "David, usted tiene un tumor benigno en el oído
interno. Se llama neuroma acústico". DAVID: "¿Cómo puede es-
tar seguro de que es benigno?" DOCTOR: "Los neuromas acústi-
cos son siempre benignos"».
Pospesel ofrece un segundo ejemplo más mundano con el
que quiere expresar la frecuencia con que utilizamos este dis-
positivo lógico. La Biblioteca de la Universidad de Miami tie-
ne aseos en cada planta. Los pisos impares alojan los aseos para
hombres; los pares, los aseos para. mujeres. Pospesel escribe:
«Un día, hace poco, al entrar distraídamente por la puerta de
unos de esos aseos, me asaltó el temor neurótico de que entra-
ba en los aseos equivocados. La ansiedad se disipó cuando di-
visé un urinario». 10
Una vez más vemos la condensación del silogismo lógico.
El pensamiento de Pospesel, si lo presentáramos formalizado,
se leería: «Todos los aseos con urinarios son para hombres. Este
aseo tiene un urinario. Por lo tanto, es un aseo para hombres».
¡Por suerte Pospesel no se encontraba en un dormitorio de la
Universidad de Stanford que tiene aseos unisex!

Silogismos inductivos.

El silogismo inductivo es la base de la ciencia natural. Al


razonar de forma inductiva, inferimos el caso general a partir
de lo que conocemos sobre casos específicos. Por ejemplo: Só-
crates es un hombre. Sócrates es mortal, porque efectivamen-
te ¡murió! Por lo tanto, todos los hombres son mortales. «Pa-
rece totalmente disparatado», afirma von Foerster; «¿cómo se
puede razonar así? Sin embargo esto es exactamente lo que ha-
cemos al hacer inferencias inductivas. Consideremos la infe-
rencia inductiva expuesta, pero en su formulación más abstrac-
ta: están ustedes examinando algo (un proceso o bien una cosa)
y observan que dos propiedades -Pl y P2- están siempre pre-
sentes en cada caso específico. Entonces predicen que en to-
dos los casos futuros en los que encuentren Pl también encon-
trarán P2.»

10. Pospesel, Howard. Ibíd., pág. l.


PARADOJA Y AUTORREFERENCIA 73

Ustedes pueden predecir que su autobús llegará a tiempo


porque nunca, durante los últimos dos meses, ha llegado con
retraso, o que su coche arrancará porque es nuevo y nunca ha
tenido problemas de puesta en marcha. Sin embargo, con el
tiempo, se equivocarán. Los silogismos inductivos sólo funcio-
nan hasta cierto punto. Se producen errores al hacer inferen-
cias inductivas porque la estructura lógica es inherentemente
falible. Desafiando la creencia en la certeza, David Hume ex-
plicó este extremo de modo bastante drástico al argumentar
que justamente porque el sol ha salido cada mañana ello no
nos permite suponer que «pecesariamente» el sol salga maña-
na. Así, von Foerster argumenta que «necesidad» y «casuali-
dad» son propiedades de los aparatos lógicos del observador,
no de los sistemas que observa. La necesidad y la casualidad
provienen de nuestras reglas de pensamiento.
En.!e~~~-~~:})_~~c:e~idad _:--" proviene de la capacidad par~;

~;~i~-7i~~l:§:~~rov~
PARADOJA Y AUTORREFERENCIA

Una paradoja es un enunciado que es falso cuando es ver-


l
dadero y verdadero cuando es falso. La paradoja se puede pro-
ducir siempre que los enunciados sean autorreferenciales. Por
ejemplo: 1) este enunciado es falso; 2) soy un mentiroso; 3) por
favor haga caso omiso de esta observación; 4) está prohibido
prohibir.
Cada enunciado hace observaciones sobre sí mismo. A par-
tir del momento en que ustedes elaboren enunciados autorre-
ferenciales los lógicos inmediatamente protestarán diciendo:
«¡No pueden hacerlo!». «¿Pero, por qué no?» podrían ustedes
preguntar. «Porque», contestan los lógicos, «los enunciados
autorreferenciales producen paradojas. ¡Contaminan los sis-
temas lógicos! »
¿Cuál es la razón del reparo del lógico ante la paradoja? La
respuesta es bastante sencilla. Los lógicos trabajan con enun-
ciados declarativos llamados proposiciones. Hace más de 2000
años, Aristóteles pensó que si una proposición tiene sentido,
tiene que ser verdadera o falsa. Cada proposición tiene que sa-
74 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

tisfacer este criterio para poder formar parte de una doctrina


científica; de otro modo, es inaceptable. La paradoja, por su
parte, hace indeterminable el valor de verdad de una proposi-
ción. Los enunciados o las proposiciones paradójicos no son
ni verdaderos ni falsos.
Sin embargo, no pensemos que el inconveniente de la para-
doja se limita a la filosofía. Los científicos utilizan proposicio-
nes para realizar explicaciones científicas. Así, la ciencia y la
filosofía comparten el mismo reparo lógico ante la paradoja.

Las raíces etimológicas de la paradoja

La palabra tiene dos raíces griegas, para, que significa «fue-


ra» y doxein que significa «hacer notar, señalar, mostrar, en-
señar». Así, paradoja significa «fuera de lo que se enseña». «Ür-
la
todoxi<l>;~(Cfe raligriega ortho que significa «recto») significa
;rectamente;sTñceniineiiieo dentro deTas enseñanzas». Duran-
tem1TeSCfeaños,-íaCfoctriña ortodüxaTtie!aaristotélica. Los
primeros que elaboraron enunciados paradójicos desafiaron
la doctrina aristotélica.
Von Foerster describe con humor el modo en que durante
el siglo VI antes de nuestra era un hombre que procedía de Creta
viajó por mar hasta Atenas, y al desembarcar anunció, «soy de
la isla de Creta y todos los cretenses son mentirosos». Este
famoso cretense, Epiménides, confundió a los lógicos aristo-
télicos. «Si eres de Creta, y todos los cretenses son mentirosos,
entonces debes haber mentido. ¡Ajá! Pero si has mentido, en-
tonces dices la verdad porque decías que todos los cretenses
son mentirosos. Pero cuando dices la verdad, tienes que haber
mentido.» Los aristotélicos resolvieron este difícil problema ig
norándolo.
Cuando la Iglesia cristiana empezó a representar «la doc-
trina», todo lo que se enseñara fuera de su doctrina se califi-
caba de paradójico. A aquéllos que rechazaban su doctrina se
les consideraba personas paradójicas. Entre el primer y segun-
do milenio, sin embargo, Aristóteles fue descubierto de nuevo,
y los filósofos y lógicos volvieron a considerar sus escritos «la
doctrina» y así, el término paradoja recuperó su significado
original. Quienes expresaban sus ideas públicamente al mar-
PARADOJA Y AUTORREFERENCIA 75

gen de la doctrina de la Iglesia recibieron un nuevo nombre:


~~--~--····-"}·"·~-----·~·-·'-'····
SiP"nifica «e1ecc10n». ..
LOS nereticos eran quienes -
heréticos. La raíz griega de la palabra herético es heiresis, que
-"·-·-·~--~---·-
mantenían su
fi~Facrzre e~. LaTgfesTa·p·rolii'6Iá'Titeiecdón,Yaciilié-
ñesms~eñ.-e1egir se les quemaba en la hoguera.

La paradoja del barbero

La historia del barbero puede clarificar de qué modo fun-


ciona una paradoja. Como todas las paradojas, consta de una
proposición que es verdadera cuando es falsa y falsa cuando
es verdadera. La historia es la siguiente:
En una pequeña aldea vive un barbero, que afeita a aque-
llos aldeanos que no se afeitan ellos mismos. Si vives en la al-
dea y no te afeitas tú mismo, el barbero te afeita. Claro está,
si te afeitas tú mismo, el barbero no te afeita.
Ahora bien, ésta es la pregunta que genera la paradoja: ¿Se
afeitará el barbero él mismo? El modo en que la lógica solía
analizar esta pregunta era el siguiente: si el barbero se afeita
él mismo, sería alguien «que se afeita él mismo» y pertenece-
ría a la llamada clase de «los que se afeitan ellos mismos». Si
fuera así, entonces no debería afeitarse él mismo, puesto que
él sólo afeita a quienes no se «afeitan ellos mismos». Pero si
no se afeitara él mismo no sería de los que se afeitan ellos mis-
mos ¡y debería afeitarse él mismo!
La conclusión de nuestro pensamiento silogístico oscila
cuando intentamos abrirnos camino a través de la paradoja.
Durante los últimos dos mil años ésta ha dado unos tremen-
dos quebraderos de cabeza a lógicos y filósofos ya que los aris-
totélicos sabían que una proposición sensata tiene que ser ver-
dadera o falsa y la paradoja confunde esta regla. Entonces, ¿qué
hacer? El filósofo Bertrand Russell encontró una solución in-
teresante llamada «La Teoría de los Tipos Lógicos».

Bertrand Russell y la paradoja


i
El compromiso de Bertrand Russell en el tema empezó cuan-
do encontró una paradoja en la obra de Gottlob Frege. Tal como

1
76 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

explica Guillen 11 «... a finales del siglo XIX los matemáticos se


embarcaron en masa en un programa para hacer con la arit-
mética lo que Euclides hizo con la geometría. La idea general
era reformular el batiburrillo de resultados aritméticos que
se habían acumulado durante siglos en alguna forma de for-
mato lógico». Declarando su fe en el razonamiento deductivo,
muchos matemáticos pusieron manos a la obra, pero Gottlob
Frege fue el primero en declarar que ya la había concluido. Se-
gún Guillen, Frege «trabajó desde 1893 a 1902 derivando cen-
tenares de teoremas de la aritmética a partir precisamente de
unos pocos supuestos, y los resultados tangibles adoptaron la
forma de un monumental tratado en dos volúmenes titulado
Grundgesetze der Arithmetik (Leyes fundamentales de la Arit-
mética). Los supuestos de los que partía, al igual que los de
Euclides, se podrían poner en tela de juicio, pero sus conclu-
siones se extraían según los principios del razonamiento de-
ductivo que eran coherentes con los de Aristóteles, aunque no
idénticos técnicamente». 12
Frege estaba a punto de publicar el segundo volumen cuan-
do Russell descubrió en el primer volumen de su obra una pa-
radoja, precisamente igual a la de la historia del barbero. La
paradoja de Rllssell tiene que ver con la H>gi,c:ét el~ cJases y los
efémentos'lógícos que pueden contener las clases. Una clase
es úña-colé-cCTón lógica de ob}éfos que comparten una propie-
dad defiñida. 'Si se define una'C1ase ae-libros-.:.....:todos los-li6ros
pas'aaóS,' presentes y futuros- se pueden separar lógicamen-
te toaos los obJeiüs-aer urilverso eii düs-cla-se-s: Tos
que tienen
cualidad de miembros de la clase y los que no la tienen. Si ad-
mitimos un enunciado autorreferencial, al preguntar si la cla-
se es un libro no se produce ninguna paradoja. La clase de los
libros no es un libro.
Si una proposición afirmara que un objeto, simultáneamen-
te, tiene y no tiene la cualidad de miembro de la misma clase,
se trataría sencillamente de una simple contradicción. De
acuerdo con las reglas de la lógica aristotélica, la proposición
sería, o bien revisada para eliminar la contradicción, o bien
descartada.

11. Guillen, Michael, op. cit., pág. 14.


12. Guillen, op. cit., pág. 14-15.
PARADOJA Y AUTORREFERENCIA 77

También podemos tratar una clase o un conjunto a partir


del nivel lógico siguiente. Al elaborar enunciados (proposicio-
nes) acerca de las clases en lugar de acerca de sus elementos,
podemos hablar de clase de ideas, y preguntar luego si nues-
tra clase de libros tiene la cualidad de ser miembro de ella.
De nuevo, nuestro universo lógico construido se divide en dos
grupos. Una clase de ideas es una idea, y por ello puede tener
la propiedad de la autopertenencia. En esto no estriba ningu-
na paradoja. Una vez más, si consideramos la clase en cuanto
a la cualidad de ser miembro de sí misma, es decir, por la auto-
rreferencia, no se plantea ninguna paradoja.
Sin embargo, en el tercer nivel de abstracción, el de una cla-
se de las clases, todo es un poco más confuso. Si decimos que
S representa la clase de todas las clases que tienen la cuali-
dad de ser miembros de sí mismas, entonces se plantea la pre-
gunta: ¿Cómo clasificamos S? ¿Se pertenecerá S a sí misma?
Sí, de hecho tiene la cualidad de ser miembro de sí misma. Tam-
poco ahora ha aparecido ninguna paradoja ni se ha violado nin-
guna de las reglas de la lógica al permitir enunciados autorre-
ferentes, es decir, la clase que se refiere a sí misma.
Ahora tenemos que plantear las mismas preguntas a la otra
mitad de este universo lógico -NS, la clase de todas las cla-
ses que no tienen la propiedad de ser miembros de sí mismas-.
Aquí es donde Russell descubrió la paradoja. Si NS no tiene
la propiedad de ser miembro de sí misma entonces pertenece
a «la clase de las clases que NO tienen la propiedad de ser
miembros de sí mismas». Pero esto significa que es un miem-
bro de las clases que tienen la propiedad de pertenecerse a sí
mismas.
Volvamos a nuestro relato. Russell escribió una breve nota
a Frege en la que, esencialmente, decüt: «Estimado señor Fre-
ge, he descubierto una paradojá-eñ-·el conjunto de sus enun-
CCiados teóricüs~Cünsídére poriin.iliomeñtó~ercon}uiitóae-ro­
dos los conjuntos que no se contienen a ellos mismos como un
elemento». Frege recibió la carta cuando su segundo volumen
estaba a punto de publicarse, por lo que estaba en una situa-
ción terriblemente difícil ya que a la edad de ochenta y dos
años no podía rehacer la obra de toda su vida. Después de pen-
sarlo una y otra vez, llegó a una solución maravillosa.
Publicó su segundo volumen tal como lo había planeado e
78 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

incluyó la carta de B. Russell. Guillen escribe: «En un epílogo


más bien triste a su segundo volumen, Frege escribió: "Es poco
probable que un científico se encuentre con algo más indesea-
ble que ver cómo se hunden sus fundamentos precisamente
cuando la obra ha terminado. Precisamente en esta tesitura me
puso la carta del señor Bertrand Russell cuando la obra esta-
oacasi impresa"». 13 Frege solucionó su problema sugiriendo
que la siguiente generación de lógicos debería resolver el pro-
blema de la paradoja.
No resulta sorprendente que Russell decidiera resolver el
problema de Frege. Su biografía contiene un fascinante relato
acerca del proceso. Russell escribe:
Al principio, supuse que sería capaz de superar la contradic-
ción bastante fácilmente y que probablemente había un error tri-
vial de razonamiento. Gradualmente, sin embargo, se hizo evidente
que no era así. Burali-Forti ya habían descubierto una contradic-
ción similar, y resultaba que en el análisis lógico existía una afi-
nidad con la antigua contradicción griega de Epiménides el cre-
tense, que decía que todos los cretenses son mentirosos. Parecía
indigno de un hombre perder el tiempo en estas trivialidades,
¿pero qué era lo que yo tenía que hacer? Había algo equivocado
desde el momento en que tales contradicciones eran inevitables
en las premisas ordinarias. Trivial o no, el asunto era un desafío.
Durante toda la segunda mitad de 1901 supuse que la solución
sería fácil, pero al final de aquel período concluí que se trataba
de una gran tarea.

Durante los años 1903 y 1904, Russell vivió en el campo.

~
Cada mañana iba a su escritorio y se sentaba ante una hoja
de papel en blanco sin escribir nada hasta la hora del almuer-
zo. Después de almorzar repetía el proceso, y lo hizo durante
todo el verano de 1903 y de 1904. Sabía que él, una de las per-
sonas más inteligentes de Inglaterra, era incapaz de resolver
uno de los problemas más ridículos de la lógica. Pero rehusó
darse por vencido. 14 1
13. Frege, Gottlob. Fundamental laws of arithmetic. Citado en Guillen,
M., op. cit., pág. 15. (Trad. cast. en Laia, Fundamentos de la aritmética, Bar-
celona, 1972).
14. Bertrand, Russell. The autobiography of Bertrand Russell, vol. I (Trad.
cast. en Aguilar, Autobiografía. Tomo 1, Madrid, 1968). Citado por Hudges,
P. y Brecht, G. Vicious circles and infinity. An anthology of paradoxes (1979).
Middlesex (Inglaterra): Penguin Books, pág. 12.
PARADOJA Y AUTORREFERENCIA 79

Alrededor de 1905, Russell pensó que tenía una solución


para su problema, «La Teoría de los T.!E_~ico~_>>: En esen-
cia, concluía: «La solución a la paradoJa es simple: No LA ACEP-
TO, LA PROHÍBO~jun-coiifuñTono-pueae~ser-coñSTCieraao como
üno-ae5us propios elementos!». :Oe este modo, en un discurso
logico;To"s enuncuiaüs-'autorreferentes estan proliiT:>í<fo~'Erí're:
sumen, «Sea lo que sea lo que comprenda el conjunto de una
colección, no tiene por qué ser algo de la colección».
La teoría de los tipos lógicos fue ideada para prevenir la
malicia paradójica. Tal como exponen Watzlawick, Fisch y
.Weakland, «tendría que ser inmediatamente evidente que la hu-
manidad es una-cTáse<Ie indivTcfuos--p~ero-que-ella miSñiaño
és iiñíiiQíVi(JOO.'Cü~iTquie-rTnteñtüae tra1ar'a'uñaeii teríñTriOs
aerütrüesti-cüildeñ:acrü-a-'IIevarno·s···ara'bsüiciü~y·a·Tac'üñhi-
sión».15 La tipología lógica trata supuestamente estos proble-
mas inSistieñCfO"'eñ"-(íüe.siempremañteñgamosseparáCIOsl)s
ñiveles eñ que ni:iT>Taiños so5reToSféñónieño·s:··sr<:¡ueremos"iiii:
llzar.eneñguaje para hálJTái:·sobre-·el fenguafe necesitamos uti-
lizar un metalenguaje. Si queremos hablar acerca del metalen-
guaje necesitamos utilizar un meta-metalenguaje.
Mientras, por el lado positivo, la tipología lógica puede evi-
tar ciertas clases de confusión y absurdos lingüísticos, crea pro-
blemas cuando deseamos comprender al observador. Da sos-
tén al canon científico de objetividad al separar al observador
de sus observaciones. El observador no debe incluirse en sus
observaciones. Por lo tanto, tiene prohibido utilizar enuncia-
dos autorreferenciales.
Si aplicáramos la solución de Russell a la «paradoja del bar-
bero», la traduciríamos como sigue: ¡El barbero no se plan-
tearía la pregunta de si puede afeitarse él mismo porque la pre-
gunta es autorreferencial! Infringe la regla de no mezclar
conjuntos y elementos. Von Foerster comenta: «Pero claro, se-
ñoras y señores, estas reglas fueron elaboradas por el señor
Bertrand Russell. Es su sistema de lógica. Y como bien sabrán,
la autorreferencia es un fenómeno común. ¿Significa esto que
no permitiremos nunca a una persona que examine su propia

15. Watzlawick, Paul; Weakland, John; Fisch, Richard (1974). Change: Prin-
cipies of problem formation and problem resolution. Nueva York: W W Nor-
ton, pág. 6.
¡ 80 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

experiencia, simplemente porque el señor Bertrand Russell es-


tableció estas reglas?, o que ¿el sistema observado y el siste-
ma ooservarite síempre tieneri{iüeser aiferéñfes TSi tenemos
<IOSS1s1emás-observaiifes;-por ejéiiij:>IO,aos·seres· ·numanos,
- a ·~a~·-----···· --·-·~·····:r-··-----~·-···r~·-·-······· ·· -· ""
¿~().1!1~~~9~-g~~~l} es e ~~J?et~ara _9.l}.;Ien:-
Tal como señala Keeney acertadamente, si obedeciéramos
siempre la Teoría de Tipos de Russell, nuestro mundo de la ex-
periencia sería uniforme y estaría estancado. Bateson, Kestler,
Fry, Wynne y otros han demostrado que el humor, la poesía,
el aprendizaje y la creatividad sólo püéderi nacer cuando se
proaucé úna mala caraéler{záCiórí dé 7ipos logicos, es decir,
cuanao·se ·m:e2:"i::lai1 los ñrveTés:'6 • • · •· ·•··
. La aiitórréférenciaésüñca·so particular de una noción más
general, la recursión. Esta noción es un concepto central del
modo en que van Foerster piensa sobre el observador. « ... La or-
ganización de interacciones sensoriomotrices e interacciones
ubicadas en procesos centrales -cortical-cerebral-espinal,
córtico-tálico-espinal, etc.- es de naturaleza circular. En otras
palabras, es recursiva.» La recursión participa en estas consi-
deraciones siempre que los cambios en las sensaciones de una
criatura se expliquen por sus movimientos, y sus movimien-
tos, por sus sensaciones. Como veremos en los capítulos siguien-
tes, van Foerster usará la computación recursiva, la computa-
ción de la computación, para desarrollar una comprensión de
la cognición.

CAUSALIDAD

Nuestro mecanismo predilecto de explicación es la causa-


lidad. Durante los últimos trescientos años, un período de
tiempo marcado por la influencia de la ciencia clásica, la civi-
lizaCión occidental se obsesíorio con el uso exclusivo de la cau-
salidad eficiente, es aecír; unaforina de ex¡)Hé:aCióñeñia que
Ta·cau:s·a.precedé alefecfo. Aunque ésta es sólo una de las mu-
cnasforñiasd:e.ca"lisaiía:aailispoiiT5Ie:-s~ísica clá-
sica ha contribuido a que la trate.mos como nuestro único mo-

16. Keeney, Bradford P. (1983). Aesthetics of change. Nueva York: Guilford


Press, pág. 31.
1

-
CAUSALIDAD 81

delo para elaborar explicaciones.· Cuando somos incapaces


de elaborar explicaciones causales eficientes, frecuentemente
nos encontramos sin saber cómo explicar los fenómenos ob-
servados.
Por ejemplo, al escribir sobre su experiencia con su maes-
tro don Juan, el antropólogo Carlos Castañeda 17 cuenta que él
y don Juan solían pasear juntos, y durante los paseos don Juan
le señalaba cosas para que Carlos las observara. «Mira esto»,
o «¿ves aquello?», pero Carlos no las podía ver. Exasperado,
don Juan le preguntaba, «pero, ¿por qué no miras?» y Carlos
respondía, «miro, pero no lo veo». Don Juan finalmente com-
prendió el problema.« ¡Ajá!», dijo, «ahora comprendo. Sólo ves
las cosas que puedes explicar. Si no puedes explicar algo, no
lo puedes ver. Pasas por alto aquellas cosas que no puedes ex-
plicar.»
Sin darnos cuenta nos ponemos una camisa de fuerza lógi-
ca al dejar que la causalidad eficiente determine todos nues-
tros esquemas explicativos. Un remedio para este problema pue-
de ser comprender la estructura de las explicaciones causales
y las modalidades alternativas de explicación causal que nos
son asequibles.

La relación triádica de la causalidad

Utilizamos la explicación causal para explicar la observa-


ción del cambio. Podemos observar los objetos que cambian
su posición espacial, o los cambios químicos, como cuando un
líquido cambia de color o cuando el agua se convierte en va-
por. Podemos observar cambios en el desarrollo, como cuan-
do una simiente se desarrolla en árbol o un niño se desarrolla
en persona.
Una explicación causal consta de tres partes: una causa, un
efedo~y liñaregrá-de"trañsTorm"'acióñ, Ia cual PlfecreTaml5f€ii
ilamarsé o
una le-·~deTa· naTuraTe:ita~ üñ. rinci""ío:'Laie~o·Ta
-----~----·-··-:Y-.~~-"·Y··----· ·•····---M•·••"'""h~""·' ...~.. 12 ······~--.-..E-..... y
regla actúa sobre la causa y produce el efecto.

17. Castañeda, Carlos (1972). Journey to Ixtlan: The lessons of Don Juan.
Nueva York: Simon and Schuster. (Trad. cast. en Fce. Esp., Viaje a Ixtlán, Ma-
drid, 1984).

+
82 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

' Examinemos el siguiente ejemplo hipotético. Supongan que


sostengo un trozo de tiza. Abro los dedos y el trozo de tiza cae
al suelo. Un físico que viera cómo dejo caer el trozo de tiza
podría decir, «aquí tenemos un ejemplo excelente de causali-
dad eficiente, es decir, donde la causa precede al efecto. Iden-
tificaré los principales elementos en esta relación triádica.
El efecto -el trozo de tiza cayó al suelo-. La causa -Lynn
Segal abrió los dedos-. La regla de transformación -¡la gra-
vedad!».
La psicología popular nos proporciona otro ejemplo de cau-
salidad. Un jefe insulta verbalmente a un empleado, y éste, para
conservar su trabajo, no dice nada aun cuando se siente furio-
so. Llamaremos a este incidente «la causa». Nuestro emplea-
do insultado llega a casa y grita a su mujer e hijos sin razón
aparente. Llamaremos a esto «el efecto». ¿Cómo se podría ex-
plicar? Según el psicoterapeuta, el hombre desplazó los senti-
mientos de enfado que sentía para con su jefe hacia su mujer,
un objetivo mucho más seguro. Así, el desplazamiento de la
agresión es la regla de transformación.
Éstos son unos pocos tópicos populares psicológicos que
los psicoterapeutas y los juristas utilizan como reglas de trans-
formación cuando elaboran explicaciones causales eficientes
del comportamiento humano: baja autoestima, pobre concep-
to de sí mismo, falta de confianza, una personalidad agresiva,
miedo a fracasar, o la vieja solución segura, el complejo de Edi-
po. Obsérvese que todos ellos sugieren una causalidad en un
único sentido, es decir, la causalidad eficiente.

Aristóteles y la causalidad

Aristóteles fue uno de los primeros filósofos en ocuparse


de la causalidad. En el volumen VIII de su Metafísica escribe:

·=j~~¡:;;S:::::;;~J.l~-IE.~-E~,~~~,~~YI1E~.~~~~~~I1ti9_<?~a}a.IP~teria inmanente
e a que-a!g<ne ñace; por7jemplo;eiofónce é!S causa de la esta-
1 tua, y la plata, de la copa, y también los géneros de estas cosas.
En otro sentido es causa la especie y el modelo; y éste es el enun-
1 ciado de la esencia y sus géneros (por ejemplo, de la octava musi-
1 cal, la relación de dos a uno, y, en suma, el número) y las partes
1


CAUSALIDAD 83

que hay en el enunciado. Además, aquello de donde procede el


principio primero del cambio o de la quietud; por ejemplo, el que
aconsejó es causa de la acción, y el padre es causa del hijo, y, en
suma, el agente, de lo que es hecho, y lo que produce el cambio,
1
de lo que lo sufre. Además lo que es como el fin; y esto es aquello
para lo que algo se hace, por ejemplo, el pasear es causa de la
salud. ¿Por qué, en efecto, se pasea? Decimos: para estar sano.
Y, diciendo esto, creemos haber dado con la causa. Y cuántas co-
sas, siendo otro el motor, se hacen entre el adelgazamiento, la pur-
ga, las medicinas o los instrumentos del médico y la salud antes
de alcanzar ésta. Pues todas estas cosas son causa del fin, y se
diferencian entre sí porque unas son instrumentos, y otras, obras.
Así, pues, las causas se dicen, sin duda, en todos estos sentidos;
pero ocurre que, diciéndose las causas en varios sentidos hay tam-
bién varias causas de lo mismo, no accidentalmente (por ejem-
plo, de la estatua son causa el arte del escultor y el bronce, no
en algún otro aspecto sino en cuanto estatua; pero no son causa
del mismo modo, sino lo uno como materia y lo otro como aque-
llo de donde procede el movimiento), y causas recíprocas (por
ejemplo, el trabajar es causa de la buena salud, y ésta, del traba-
jar; pero no del mismo modo, sino lo uno como fin y lo otro como
principio del movimiento). Y todavía, una misma cosa es causa
de los contrarios; pues si lo que estando presente es causa de és-
tos, eso mismo, estando ausente, lo consideramos a veces causa
de lo contrario; (por ejemplo consideramos causa del naufragio
la ausencia del piloto, cuya ausencia era causa de la presencia,
y ambas, tanto la presencia como la ausencia, son causas en cuan-
to que mueven). 18

La ciencia clásica, con la importancia que da al análisis


cuantitativo, redujo la rica noción de causalidad aristotélica
a la causa eficiente; Ta,!.E.<.?!!l?_~eñala R(lJ?Opor_!, «ell)é~minosl

~~~~éád.~~sª~t,ª~§~~:~~~!:fat~f~5¡l~~~;~~~fi~l~ª~~= ,
estiran esde detrás"».

18. Ross, W. D. (comp). The works of Aristotle (Vol VIII), Metaphysica (2a
edición). Londres: Oxford University Press. págs. 1013-1014. Citado a partir
de la Metafísica de Aristóteles, edición trilingüe, Editorial Gredos.
19. Rapoport, Anatol. Prefacio a Modem cybemetics research for the be-
havioral scientist (1968). Buckley, W. (comp.). Chicago: Aldine, pág. xvi.

'•
t 84 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

Un examen detenido de la causalidad final

La causa final tiene lugar cuando el efecto precede a la cau-


sa. Los cibernéticos que estudian el comportamiento orienta-
do a metas apoyan la causalidad final.
Pueden pensar, ¿qué es esto? ¿Cómo puede el efecto prece-
der a la causa? Von Foerster lo explica: «Bien, a fin de estar
aquí a las 9 de la mañana, tenía que salir de Pescadero a las
7:20. El efecto de salir de mi casa a las 7:20 fue causado por
mi deseo de estar aquí con ustedes a las 9:00. Así pues, el efec-
to precedió a la causa».
La causa final tiene ciertas ventajas. Elimina el cálculo de
las trayectorias necesarias para producir un efecto deseado.
No se tiene que hacer todo correctamente a la primera. Se tie-
nen reiteradas oportunidades de corregir el error. Von Foers-
ter lo demuestra:
«Deseo dar a María, la mujer que se encuentra en la pri-
mera fila, mi pañuelo. Primero, quiero hacerlo utilizando la cau-
salidad eficiente, es decir, lanzándole el pañuelo. Para ello tengo
que calcular el impulso y la trayectoria. Una vez que lo lanzo,
no hay feedback, no hay ninguna posibilidad de corrección del
error. (Lanza físicamente el pañuelo.) En este caso ella lo coge.
Excelente. Pero tengan presente que una vez salió de mi mano,
no podía hacer nada sino esperar que mis cálculos fueran co-
rrectos.
'1
"" »Sin embargo hay otro ,dispositivo
.. ----···-·---·---···· de explicación
_,. _,_______ ,. ,...... ',, ................,._____ llamado
_. . !_
·~· ·-···-·----1'--·~~

cal!.s~_!!_~ad__ina.!.<ll!.~..P~~9:Q.l:l:!iJi2:~1?arg_q:5.~.Kli.fEY que mi pa-


lñuelo le llega a ella. (Deja el estrado por el patio de butacas
1 y recorre el pasillo, llevando el pañuelo.) Vean, no tengo que
:¡ calcular la trayectoria. Puedo tomar diferentes rutas para an-
¡ dar hasta su asiento y entregarle mi pañuelo. (De pie, delante
del asiento de María, le entrega su pañuelo.) Puesto que mi com-
portamiento está orientado por una meta, podría tomar mu-
chas rutas diferentes. Si chocaba con un problema, simplemen-
te podía adaptarme a él.»
Imaginen qué significaría si las aerolíneas comerciales uti-
lizaran en sus vuelos la causalidad eficiente para llevarnos a
nuestros destinos. Tendrían que apuntar el avión, calcular el
impulso, y lanzarlo como un proyectil primitivo. Las posibili-
dades de alcanzar nuestro destino serían realmente pocas. La
CAUSALIDAD 85

causalidad final elimina prácticamente el problema, al permi-


tirnos alcanzar nuestro destino dentro de los horarios de lle-
gada previstos.
Von Foerster comenta: «Cuando se utiliza la palabra "por-
qué" se habla el lenguaje de la causalidad eficiente. Siempre
que se utilizan las palabras "a fin de", se habla el lenguaje de
la causalidad final. Quizá quieran intentar sustituir la palabra
"porqué" por la palabra "para". O bien, sencillamente, obser-
var en qué condiciones utilizan cada uno de estos términos.
»Usted podría decir, por ejemplo, "lo siento, debo irme". La
otra persona pregunta, ''¿por qué tiene que irse?''. ''Porque quie-
ro ... mmm ... para encontrarme con Joe, debo irme ahora:' Éste
es un enunciado que ilustra la utilización y el uso de la causa
final. Se va ahora (efecto), porque tiene que encontrarse con
Joe (causa) más tarde.»

Causalidad circular

En el curso de los últimos cuarenta años la causalidad fi-


nal ha adquirido de nuevo respetabilidad en los círculos cien-
tíficos. La razón es la aparición de la cibernética, la ciencia
de la información y del control. Al adoptar un enfoque más com-
prensivo la cibernética utiliza tanto la causalidad eficiente
como la final, ambas combinadas en el concepto de feedback.
Pongamos por caso que tenemos cuatro acontecimientos
-a, b, e, d-, los argumentos causales tradicionales toman dos
formas: la causalidad eficiente en la que a causa b que a su
vez causa e que causad; o la causalidad final, en la que d, ope-
rando hacia atrás causa a. La cibernética ha mostrado que cuan-
do d retroenvía informaciones hacia a, ambas causalidades son
operativas; los cibernéticos denominan esta situación causa-
lidad circular: a causa b que causa e que causa d que causa a.
La cibernética también hizo suya la antigua pregunta: ¿Todo
cambia o el cambio es sólo una ilusión? La cibernética ofrece
un modelo de estabilidad dinámica. Las estabilidades obser-
vadas en un nivel son el resultado de cambios sistémicos que
suceden en otros niveles. Por ejemplo, el funámbulo tiene que
mover constantemente su peso (primer orden: cambio), a fin
de mantenerse en la cuerda floja (segundo orden: estabilidad).
86 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

El cuerpo humano tiene que cambiar constantemente para


mantener los equilibrios químicos necesarios para que conti-
'
núe la vida. La estabilidad dinámica descansa en la causali-
dad circular.
!1

Cultura y causalidad

Von Foerster cuenta las siguientes historias para ilustrar


cómo la cultura afecta nuestra comprensión de la causalidad:
«Ahora, me gustaría concluir mi discusión de la causalidad su-
giriendo que nuestra cultura desempeña un importante papel
en las predilecciones que tenemos en relación a las explicacio-
nes causales. Muchos jóvenes que se adhirieron a los Peace
Corps norteamericanos lo aprendieron por sí mismos.
»Algunos de mis mejores amigos trabajaron como maestros
entre los ibo, una tribu extraordinariamente inteligente que vive
en la costa oeste de África. Enseñaban física y matemáticas,
haciendo uso de experimentos para demostrar a los ibo las ver-
dades de la física. Cuando los estudiantes ibo, que tenían eda-
des comprendidas entre los once y los catorce o quince años,
vieron cómo los maestros realizaban los experimentos se que-
daron atónitos. Dijeron, "ajá, estos maestros no saben su ofi-
cio. Tienen que hacer experimentos para demostrárselo a ellos
mismos. Si realmente supieran lo que están diciendo, enton-
ces nos hablarían simplemente de física". En nuestra cultura
el experimento es el marchamo de la verdad. No es así en la
de ellos, donde lo es la autoridad.»
«Mi esposa y yo», prosigue, «tuvimos una experiencia simi-
lar cuando tuvimos el placer de hospedar a Ignatius, un joven
estudiante africano de agricultura. Pueden imaginarse el shock
cultural que experimentó cuando tuvo que vivir en Champaign
(Illinois). En aquel día uno de septiembre -entonces ya vivía
con nosotros-, se sintió terriblemente nostálgico y su princi-
pal consuelo eran unas fotografías de familia y una foto en blan-
co y negro del jefe de su clan.
»Antes de las vacaciones, mi esposa y yo pensamos que le
gustaría tener una cámara fotográfica para Navidades. Esta-
ba encantado. Compró carretes y empezó a hacer fotografías.
Al cabo de pocos días, sin embargo, se me acercó y se quejó:
LA CONSTRUCCIÓN DE EXPLICACIONES 87

"Heinz, acabo de recoger las fotografías que llevé a revelar, y


me han timado". "¿Timado? ¿En qué sentido?", pregunté. "Mira,
he utilizado película de color para hacer algunas fotografías,
incluyendo una fotografía de mi jefe. Hice una fotografía de
1
su fotografía, y todas las copias son estupendas excepto las de
la fotografía de mi jefe; ¡volvió a salir en blanco y negro! Y como
ves, utilicé película de color. Su fotografía debía ser en color.
Me timaron."
»Le dije: "Ignatius, te equivocas. No te han timado. La foto-
grafía del jefe no tendrá ningún color más que el blanco y el
negro. Si haces una fotografía de una imagen en blanco y ne-
gro con película de color, tu fotografía saldrá en blanco y
negro". "No", dijo." ¡Me timaron! Utilicé película de color y la
copia salió en blanco y negro."
»No sabía qué decir. Pero en aquel instante, por suerte, en-
tró Tommy, mi brillante hijo y profesor de física. "Tommy", dije,
"¿Nos puedes ayudar?" Después de describirle el problema,
Tommy dijo, "Ah, es fácil, Ignatius", y empezó a explicar la in-
teracción de los tintes y los fotones. Cuando Tommy acabó, Ig-
natius dijo, "Sí, sí, muy bien. ¡Pero, mira, me timaron! Utilicé
película de color y la fotografía salió en blanco y negro". Por
favor tengan presente que Ignatius no era una persona incul-
ta. Era un estudiante que estaba matriculado en la universidad.
»Por suerte, justo en aquel momento llegó otro visitante. Se
trataba de mi estimado amigo John White, un voluntario del
Peace Corps que había trabajado en Nigeria. "¡John!", dije,
"¿puedes ayudarnos? Ignatius compró una película de color
e hizo fotografías de un retrato en blanco y negro. Le salió una
fotografía en blanco y negro, y ahora cree que le han timado.
¿Se lo puedes explicar?" John se giró hacia Ignatius y con una
voz fuerte, autoritaria, le dijo "¡es imposible!", después de lo
cual Ignatius dijo, "¡Ajá! ¡Ahora lo entiendo!".»

LA CONSTRUCCIÓN DE EXPLICACIONES

Gregory Bateson dedicó los últimos treinta años de su vida


a estudiar la comunicación humana, describiendo a menudo
cómo el lenguaje desdibuja la distinción entre descripciones
y explicaciones. Bateson presentaba a veces sus ideas en una

d
88 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

forma escrita que él llamaba un metálogo -una conversación


ficticia entre un padre y su hija.
Von Foerster tiene en mucha estima el metálogo de Bate-
son titulado «¿Qué es un instinto?» 20 por dos razones. En pri-
mer lugar, Bateson señala que una ley de la naturaleza es una
invención. En segundo lugar, muestra que una hipótesis es un
enunciado que une dos conjuntos de descripciones, no dos con- •
juntos de hechos.
Von Foerster: «Éste es un metálogo de Bateson que es par-
ticularmente pertinente para la discusión de hoy. Se titula
"¿Qué es un instinto?". Bateson siempre empieza sus metálo-
gos con la hija que plantea preguntas difíciles a su pádre».

Hija (H): Papá, ¿qué es un instinto?

[Von Foerster (VF): si mi hijo o hija me preguntara ahora,


«¿qué es un instinto?» daría, claro está, arrogantemente una
definición léxica, es decir, «Un instinto es el aspecto innato de
un comportamiento complejo que es ... ». Bateson evita esta
trampa.]

Padre (P): Cariño, un instinto es un principio explicativo.

[VF: así, en lugar de dirigirse a la significación semántica


de la pregunta que ella le plantea, cambia inmediatamente el
foco de su conversación hacia su significación dialógica. ¿Cuál
es la significación política del lenguaje? ¿Qué sucede cuando
alguien utiliza la palabra «instinto» en un diálogo? ¿Qué con-
secuencia tiene el lenguaje para nuestro modo de pensar y com-
portarnos?]

H: Pero, ¿qué explica?


P: Cualquier cosa, casi todo. Cualquier cosa que quieras ex-
plicar.

[VF: espero que vean que algo que explica cualquier cosa
no explica nada. Así lo sospecha la hija, pues dice:]

20. Bateson, Gregory (1972). «What is an instinct?», en Steps toan eco·


logy of mind. Nueva York: Ballantine Books, págs. 38-39.
LA CONSTRUCCIÓN DE EXPLICACIONES 89

H: No seas tonto. No explica la gravedad.


P: No, pero es porque nadie quiere que la explique. Si lo qui-
sieran, ¡la explicaría! Sencillamente podríamos decir que la
Luna tiene un instinto cuya intensidad varía inversamente al
cuadrado de la distancia ...
H: Pero esto es una tontería, papá.
P: Sí, seguramente; pero fuiste tú quien mencionaste el ins-
tinto, no yo.
H: Muy bien, pero entonces, ¿qué explica la gravedad?
P: Nada, querida, porque la gravedad es un principio expli-
cativo.
H: ¡Ah! ¿Quieres decir que no puedes utilizar un principio
explicativo para explicar otro? ¿Nunca?
P: Casi nunca. Esto es lo que quería decir Newton cuando
afirmó Hypotheses non-fingo.
H: Y ¿qué quiere decir eso?
P: Bien, ya sabes qué son las «hipótesis».
H: Cualquier enunciado que une dos enunciados descripti-
vos es una hipótesis.
P: Si dices que hubo luna llena el primer día de febrero y
otra el primero de marzo, y luego unes de algún modo esas dos
observaciones, el enunciado que las une es una hipótesis.

[VF: fíjense, señoras y señores. Bateson define una hipóte-


sis como un enunciado que une dos «enunciados descriptivos».
Una hipótesis no une dos hechos. Indica que debemos investi-
gar el ámbito descriptivo, es decir, de qué modo hacemos des-
cripciones.]

H: Sí. Y ahora sé lo que quiere decir non, pero ¿qué es fingo?


P: Bien, fingo es la palabra latina que equivale a «hacer».
Forma un nombre verbal, fictio, del que formamos «ficción».
H: Papá, ¿quieres decir que sir Isaac Newton pensaba que
todas las hipótesis se inventaban como los cuentos?
P: Sí, justamente:
H: ¿No descubrió la gravedad con la manzana?
P: No. La inventó.
H: ¡Oh!*

* Gregory Bateson, << What is an Instinct?», en Steps toan ecology of mind.


NY, 1972, págs. 38-39.
90 LAS DIFICULTADES DEL LENGUAJE

Los constructivistas, como Bateson, sugieren que incluso


algo tan aparentemente no infringido como es una «ley de la
naturaleza» puede ponerse en tela de juicio. Von Foerster dice
que tenemos que observar cuidadosamente la distinción entre
una ley y una ley de la naturaleza. Una es una orden o disposi-
ción legal en un contexto social; la otra es un principio expli-
cativo. Suponemos erróneamente que ambas tienen la misma
estructura lógica. Habitualmente el «juego de la ley» tiene tres
conjuntos de jugadores: los legisladores, la policía y la pobla-
ción que tiene que obedecer la ley. Si se infringe la ley, se reci-
be un castigo o, como mínimo, así se supone que funciona el
sistema. En ciencia, podemos decir que los planetas obedecen
la «ley de gravitación» de Newton. Pero, ¿qué sucede con el cé-
lebre caso del planeta Mercurio? Mercurio desobedece la ley
de gravitación de Newton ya que se mueve alrededor del Sol
no exactamente del modo en que Newton prescribiera. ¿Casti-
gamos por ello a Mercurio? No. Es al legislador, sir Isaac New-
ton, a quien castigamos y sustituimos su ley por la que propu-
so Albert Einstein. Así, la «ley», tal como se utiliza en ciencia,
tiene una función diferente a la de la ley que asociamos con
nuestros sistemas legales.

RESUMEN

En este capítulo hemos examinado las relaciones que hay


entre el lenguaje, el pensamiento y nuestro modo de ver la rea-
lidad. El lenguaje, al operar por encima de nuestro nivel coti-
diano de conciencia, estructura nuestro pensamiento pun-
tuando corrientes circulares de interacción en causalidades
unidireccionales. Sustantiva procesos y, sin que nos demos
cuenta, nos hace caer en esquemas causales corrientes para
explicar el mundo. Cuando surgen las paradojas, que nos des-
conciertan y apartan de nuestros hábitos tradicionales de la
lógica y de la razón, queremos eliminarlas. Anhelamos tanto
la certeza que nos asimos a la creencia de que el mundo puede
ser comprendido mediante nuestra lógica bivalente, basada en
sólo dos valores: verdadero y falso.
¿Y si, como sugiere von Foerster, la autorreferencia fuera
el modus operandi del organismo humano? ¿No deberíamos

-
RESUMEN 91

considerar la noción de autorreferencia, aunque sólo fuera por


un breve período de tiempo, para ver dónde nos conduce? En
el siguiente capítulo examinaremos el esquema del doctor Hum-
berta Maturana, que une al observador con sus observaciones
1
utilizando un lenguaje dependiente del sujeto.
3. MATURANA Y EL OBSERVADOR

Cualquier cosa que es dicha lo es por un observador a otro ob-


servador, que puede ser él mismo. 1
HUMBERTO MATURANA

LA CIENCIA BASADA EN EL OBSERVADOR

El biólogo Humberto Maturana sostiene que las explicacio-


nes científicas no necesitan un «lenguaje objeto»: «Podemos
poner la objetividad entre paréntesis». Aboga explícitamente
por definir los enunciados como dependientes del sujeto que
los enuncia y, en consecuencia, por unir el observador y sus
observaciones.
Los científicos elaboran enunciados científicos para expli-
car los fenómenos observados. El proceso de elaboración y va-
lidación de estos enunciados es el método científico. El méto-
do científico ejecutado por los observadores implica cuatro
operaciones de distinción. Cuando las operaciones son cohe-
rentes, una comunidad de observadores declara válida una ex-
plicación científica. 2 Una predicción científica, como todas
las predicciones, no predice lo que sucede en el mundo objeti-
vo; es más bien la predicción de nuestra experiencia. No pre-
decimos dónde se encontrará la Luna una noche y a una hora

l. Maturana, Humberto. Conferencia «Biology of social systems», pronun-


ciada en el Health Science Centre el 21 de junio de 1983 y presentada por
el Family Therapy Program, del Departamento de Psiquiatría de la Universi-
dad de Calgary (Canadá). Subvencionado por la Alberta Heritage Founda-
tion for Medical Research.
2. Maturana, Humberto. <<Biology of language: The epistemology of rea-
lity>>, en Psychology and biology of language and thought: Essays in honor
of Eric Lenneberg (1976). George A. Miller y Elizabeth Lenneberg (comps.).
Nueva York: Academic Press. págs. 28-30.

1
94 MATURANA Y EL OBSERVADOR

determinadas, sino que predecimos dónde podremos encontrar


la Luna una noche y a una hora determinadas. Maturana ha
desarrollado un método para hablar de las experiencias.

Operaciones de distinción

Keeney señala que, «el acto más básico de la epistemología


es crear una distinción. Sólo somos capaces de conocer nues-
tro mundo al distinguir un modelo de otro.... Aunque esta idea
pueda parecer intuitivamente evidente, hace muy poco que se
ha formalizado en la obra de G. Spencer-Brown, Laws of form,
reconocida como una de las contribuciones al pensamiento ci-
bernético más importante. 3
Maturana señala que una parte significativa de la obra cien-
tífica consiste en especificar las operaciones necesarias para
hacer observaciones. Distingue cuatro clases de operaciones
que tienen que ser coherentes para validar una explicación cien-
tíff.ej.
1 1., Hacer una distinción: el observador especifica las ope-
' i-raCloñes a:e aistiñciOn necesanas para observar el fenó-
\ meno que el científico desea explicar. En resumen, ex-
! tiende una receta que especifica qué acciones tiene que
;¡ llevar a cabo un observador para percibir el fenómeno.
;lt.(onstruir WJ:.g_l;jp_ótesis: el observador enuncia una hi-
. ¡ pótesis explicativa. La hipótesis es un sistema mecáni-
l co, isomorfo al sistema distinguido en el apartado l. El
l científico hace la hipótesis de que si se deja operar su
! sistema explicativo, éste generará el fenómeno que él de-
., ;l sea exp 1"1car.
j3J CalcuJg:.!~ el observador calcula entonces otro fenómeno
\ ~ que el sistema del apartado 2 generará también, si se le
~ t •
1 ¡ deJa operar.
L4I.Ya[iqar.: entonces el observador se adentra en operaciones
r-1 para ver si puede observar el fenómeno calculado en la
' ! operación del apartado 3. Si el fenómeno se puede obser-
j var, la explicación enunciada en el apartado 2 ha sido vali-
dada. El sistema experimental es isomorfo al fenómeno.

3. Keeney, Bradford P. (1983). The aesthetics of change. Nueva York: Guil-


ford Press. pág. 18.
LA CIENCIA BASADA EN EL OBSERVADOR 95

Maturana utiliza el relámpago como ejemplo:

1
~f~~!J1~-~~~t~!l:~j~i~=~e~:1~a~:}~~:d:~!e:~:~:o:nr:~
l lampaguear.
2.1 Construir una hipótesis: si las nubes movidas por el viento
••<tse~carg~añ·estaticaiñenfe-porfhcción, se establecerá una
\diferencia de potencial entre las nubes, o entre las nu-
¡ bes y la tierra. Cuando esta diferencia de potencial sea
'lo suficientemente grande, saltará entre ellas un rayo.
3. 1Calcular: si ponemos un conductor entre las nubes y la
-riíerra:puedo cargar un condensador, y si éste está car-
' gado, hará que se encienda una bombilla eléctrica.
4. ; Validar: hacemos volar una cometa con un alambre co-
--;;:ectado a un condensador que, a su vez, está conectado
;a una bombilla eléctrica. Si la bombilla se enciende, la
:explicación resulta válida para una comunidad de obser-
vadores científicos. 1
«Fíjense», dice Maturana, 4 en que «la única cosa que tie-
nen para satisfacer la conclusión (etapa 4) es una coherencia
de observaciones entre los apartados 1 al 4. Para ello, los ob-
servadores tienen que ser coherentes. No se exige la objetivi-
dad. El método científico (operaciones 1-4) permite afirmar que
se dispone de una explicación que puede ser válida en una co-
munidad de observadores. La objetividad no aparece en estas
operaciones.
»No hay modo de introducir la objetividad. Ustedes espe-
cifican las observaciones que se pueden realizar a fin de ob-
servar. Las explicaciones científicas no son subjetivas. Son de-
pendientes del observador que las realiza -válidas en una
comunidad de observadores. Si se exige la objetividad, nos en-
contramos en un aprieto porque no hay modo de probarla.
»Intentar hacerlo así tan sólo conduce a una confusión, a

4. Maturana, Humberto. Conferencia «Biology of social systems», pro-


nunciada en el Health Science Centre el 21 de junio de 1983 y presentada
por el Family Therapy Program, del Departamento de Psiquiatría de la Uni-
versidad de Calgary (Canadá). Subvencionado por la Alberta Heritage Foun-
dation for Medica! Research.

1
96 MATURANA Y EL OBSERVADOR

una dificultad lingüística tremenda. Disponemos de un lenguaje


que postula objetos como si realmente estuvieran en el mun-
do externo, como si hubiera algún modo de probar su existen-
cia bajo circunstancias en las que no se puede. El dominio de
la percepción en su conjunto se apoya en un gigantesco signo
de interrogación.»

i
«El problema», afirma Maturana, «estriba en la forma de
habTár: ~NO estoy diciencfo que n<r'haya realidad, sino que no
podemos utilizar el objeto como criterio de validación para
nuestros enunciados científicos, ¡que no nos es necesario, y por
ello no lo usamos! Así pues, no nos creamos que, al afirmar
que una explicación es científica, tenemos algo más que un
acuerdo en el ámbito de los observadores que satisface estas
condiciones (las cuatro operaciones arriba señaladas) y que ello
tiene que ver con la experiencia humana.»
Maturana define un observador como un sistema con com-
ponentes y propiedades que permiten al primero realizar aque-
llas operaciones que son necesarias para observar. Así, el do-
minio de las observaciones posibles queda determinado por
las propiedades del sistema que observa.

Unidad

El observador d}stingl!~ «Unidad~~s>~~Una ur1idad es cual-


,q~i~L~~~a ql1eun ()l?_~"~L'Y.~~"Ll?~ll.~~,~~Ei~~~gl!~r. Puede ser con-
ceptual o concreta. Este libro es una unidad; una idea es una
unidad; un observador es una unidad. Distinguimos unidades
mediante el lenguaje, y si queremos que otros distingan nues-
tras unidades tenemos que especificar las operaciones de dis-
tinción necesarias para observarlas.
Quiero enfatizar que Maturana define explícitamente la rea-
lidad como dependiente del sujeto. Los objetos sólo existen para
nosotros en tanto que observadores, y si deseamos precisar de
qué modo los demás pueden tener una experiencia similar, te-
nemos que especificar qué «hicimos» para realizar la obser-
vación. La objetividad continúa estando entre paréntesis: (ob-
jetividad). Maturana no niega la realidad; simplemente rechaza
utilizar el lenguaje que afirma que los objetos de la percep-
ción existen con independencia de los observadores.

- - - " " --~----


-
LA CIENCIA BASADA EN EL OBSERVADOR 97

Como defiende Spencer-Brown, 5 <<nuestra comprensión de


un universo así no proviene del descubrimiento de su aparien-
cia presente, sino de recordar qué hicimos al principio para
producirlo».
El siguiente ejemplo puede ayudar a clarificar la posición
de Maturana. Normalmente, si preguntamos a un científico si
existen los unicornios, su primera respuesta será decir que no.
Su respuesta se basa en la objetividad. Sólo determinados ani-
males existen en la realidad. Si preguntamos a Maturana si los
unicornios existen, responderá preguntando qué operaciones
de distinción son necesarias para observar uno. Si contesta-
mos que es necesario ir a un museo y contemplar tapices me-
dievales, estará de acuerdo en que, bajo esas condiciones, se
puede observar un unicornio. Si vamos a un zoológico no ob-
servaremos ninguno. Aquí el quid de la cuestión es que Matu-
rana no es solipsista. No se trata simplemente de actualizar
operaciones de distinción. El científico tiene que precisar
las operaciones de distinción que satisfacen a una «comuni-
dad» de observadores, es decir, a sus colegas. Pero, si habla-
mos de este modo, resulta claro que el objeto percibido nece-
sita de un observador para aparecer.

Unidades simples y compuestas

Las unidades son simples o compuestas. Una unidad sim-


P!~"!l.o tJ~~e"coi11ponentes. Sus propiedades la especifican. Al
distinguir una unidad simple, el observador no puede o no es-
coge hacer ulteriores distinciones que especificarían los com-
ponentes de la unidad. La idea original de átomo representa
nuestra concepción fundamental de unidad simple en la natu-
raleza, es decir, aquélla que no puede descomponerse en una
unidad compuesta que tenga componentes. En la actualidad
las partículas elementales se conciben como las unidades sim-
ples últimas de la naturaleza.
El observador puede descomponer una unidad simple dis-
tinguiendo sus componentes. Cuando un amigo ha hecho un

5. Spencer-Brown, G. (1973). Laws of form. Nueva York: Bantam Books.


pág. 104.

-'·
98 MATURANA Y EL OBSERVADOR

pastel y nos comemos una porción, acostumbramos a hacer dos


clases de comentarios. Si lo tratamos como una unidad sim-
ple, decimos que es delicioso, ligero, que tiene un gusto ri-
quísimo, etc., y cuando lo consideramos como una unidad
compuesta, hablamos de la receta. Al utilizar el lenguaje, des-
componemos el pastel en sus componentes y hablamos de cómo
fueron reunidos.
Las unidades compuestas tienen dos características que no
se encuentran en las unidades simples: la organización y la es-
tructura. La organización de una unidad compuesta hace re-
ferencia a aquellas relaciones «invariantes» entre sus compo-
nentes que definen y especifican la unidad, dándole una
identidad diferenciadora. Cuando reconocemos un objeto y le
damos un nombre, reconocemos su organización.
La estructura hace referencia a los componentes «reales»
y a las relaciones entre los componentes que permiten la con-
servación de la unidad de la organización. Una unidad com-
puesta puede tener diferentes estructuras mientras conserva
su identidad. Un ejemplo evidente es el ser humano. Con el cre-
cimiento y la edad se producen cambios estructurales, pero re-
conocemos la unidad al considerar que la persona es la mis-
ma. Cada vez que cambiamos nuestra posición en el espacio,
cambiamos nuestra estructura pero conservamos nuestra or-
ganización como sistema vivo. Los sistemas vivos son sistemas
dinámicos; sus estructuras están sometidas a un cambio cons-
tante mientras que su organización se conserva.
Nosotros no somos sólo sistemas vivos, somos personas, una
unidad compuesta diferente, lo que significa que conservamos
una organización diferente. Mientras dura la vida somos simul-
táneamente muchas unidades. Nos componemos y descompo-
nemos como estudiante, como amigo, como paciente, o como
cualquier otra unidad, y podemos ver las diferencias entre unas
y otras mediante las operaciones de distinción que son nece-
sarias para observarlas. Por ejemplo, una estrella de rock pue-
de que no sea distinguida como tal por su sargento de instruc-
ción mientras hace el servicio militar. El sargento le ve como
un soldado y un sistema vivo mientras que, desde el punto de
vista de la estrella de rock, su identidad como persona famosa
puede permanecer intacta. Así pues, las distinciones siempre
dependen del sujeto.

A,
RESUMEN 99

Cambiando nuestro uso del lenguaje, explicitamos qué hace


ercioservadorpará oo-servar,. y deesiemo<Ioiioiiemos-éñfasls
en que la observación siempre depende del sujeto. Por consi-
~guíeiite,Ios argumeñtos déiitíficos="o cua:rg:merütro -argumen:

d~ 1i ;~r~~1c1ó~ae~J~1~~~b]~iZ;f~%t~ñ~~~;ifta~ffe~á:~~~
del observador.

RESUMEN

El sistema de Maturana de utilización del lenguaje evita la


trampa de la objetividad, es decir, de intentar descubrir si algo
«realmente es así». Los terapeutas de familia luchan con este
problema cuando aplican la teoría de sistemas a la dinámica
familiar. La pregunta se plantea repetidamente: ¿Cuál es el «sis-
tema familiar»? ¿Es esencialmente la pareja conyugal, la fa-
milia nuclear, la familia en sentido amplio? ¿Debe extenderse
el sistema a fin de incluir la comunidad o la nación? Matura-
na precisa claramente que siempre es el observador quien hace
las distinciones. Las unidades que especifica aparecen a tra-
vés de las operaciones de distinción que hace el observador.

------ J
~
.

4. EL SISTEMA NERVIOSO

El cerebro por sí solo no es responsable de la mente, aun cuan-


do sea un órgano necesario para su manifestación. En efecto, un
cerebro aislado es un absurdo biológico tan carente de sentido
como un individuo aislado. 1
SIR JULIAN HUXLEY

La neurona: la aristócrata entre las estructuras del cuerpo, con


sus brazos gigantes extendidos como los tentáculos de un pulpo
hacia las provincias fronterizas con el mundo externo, esperan-
do las constantes emboscadas de las fuerzas físicas y químicas.
2
SANTIAGO RAMóN y CAJAL

En el decurso de sus conferencias, von Foerster trata el sis-


tema nervioso central desde algunas perspectivas que se pre-
sentan aquí en el orden siguiente: 1) material anecdótico e his-
tórico, ilustrador del perenne debate sobre la localización de
la conciencia humana -en otras palabras, qué órgano corpo-
ral es el responsable de las funciones mentales superiores-;
2) la evolución del «internuncial» que conecta nuestros siste-
mas sensorial y motor; 3) la estructura y la función de la neu-
rona, el componente básico del sistema nervioso.

PERSPECTIVA HISTÓRICA

Durante los últimos dos mil años, los hombres han discre-
pado sobre qué órgano corporal produce la conciencia y las
funciones mentales superiores. Un grupo, los «cardiocentris-
tas», colocaba el espíritu o conciencia humana en el corazón,

l. Restak, Richard (1979). The Brain: The last frontier, Nueva York: War-
ner Books, pág. 20.
2. Ibíd., pág. 26.

_l_
102 EL SISTEMA NERVIOSO

mientras que otro, los «cefalocentristas», la colocaba en el ce-


rebro. Hasta hace poco, el enfoque predominante ha sido el car-
diocéntrico.
Von Foerster comenta: «La mayoría de nosotros celebramos
el día de los cardiocentristas regalando a las personas que ama-
mos cajas en forma de corazón repletas de bombones o envián-
doles cartas de felicitación con corazones dibujados en ellas.
Aristóteles (384-322 a.C.) era un cardiocentrista. Solía explicar
que el corazón era la sede de toda actividad mental y señaló que
si abrimos el cráneo, tanto el del hombre como el de los ani-
males, y tocamos el cerebro notaremos que éste está frío. Creía
que esto probaba que el cerebro era un dispositivo para enfriar
la sangre. Sin él, decía Aristóteles, la sangre se sobrecalenta-
ría y empezaría a hervir».
Los cefalocentristas, encabezados en primer lugar por Alc-
menón de Crotona, un sacerdote filósofo, insistieron en que el
cerebro era la sede de nuestra actividad mental y emocional.
__ !!~P-~0::at~_~Q_(:}?O? a.C.), considerado el padre de la medici-
na, y el gran físico griego Galeno (130-200 d.C.), nombrado físi-
co (médicofde los-gladiadores, defendieron la posición cefalo-
centrista. Galeno llevó a cabo experimentos en los que demostró
que afapTícar presión al cerebro de un animal, éste queda pa-
ralizado. Sin embargo el pensamiento que prevaleció fue el aris-
totélico.
En el siglo xvn, el físico Harvey (1578-1657), célebre por su
obra sobre el sistema cardiovascular, supuso que el corazón
era la sede de nuestra vida mental y emocional. Harvey, cre-
yendo al igual que sus contemporáneos que el corazón era el
animaooraercuerpo,. escribió:-<<se-considera al cerebro el prín-
cipe de iüdasTas regione's.-si.ñ embargo, nadie disputa este pues-
to al corazón porque su gobierno es amplio, pues el corazón
se contempla en las criaturas que necesitan un cerebro». 3
El sistema nervioso había sido identificado durante el si-
glo xv1 pero se creyó que era un conducto que conectaba los
«espíritus animales», responsables de las funciones mentales
superiores, con el cuerpo material. Von Foerster se refiere a
este modelo como el enfoque «reticular» del sistema nervioso.
Los reticulistas creían que el sistema nervioso estaba compues-

3. Restak, Richard (1984). The Brain. Nueva York: Bantam Books, pág. 23.

l
PERSPECTIVA HISTÚRICA 103
1
1:

Figura 4. Los «espíritus animales>> de Descartes.

to de tubos interrelacionados, distribuidos a través del cuer-


po, cuyo propósito era el de transportar la esencia vital del
cuerpo. Uno de los reticulistas famosos, el filósofo René Des-
cartes (1595-1650), construyó el modelo que se puede ver en la
figura4.
Descartes quería dar cuenta del comportamiento de un jo-
ven arrodillado cerca del fuego. Von Foerster dice, «si el fue-
go, A, está cerca del pie, B, las partículas del fuego que se mue-
ven con mayor rapidez tienen el poder de hacer mover un área
de piel en el pie del joven. Esto, a su vez, tiene como resultado

--------·- -
L. ... _ _
104 EL SISTEMA NERVIOSO

contraer la pequeña hebra, C, que lleva al cerebro. (Es exacta-


mente lo mismo que estirar de un extremo de una cuerda que
está atada a una campana suspendida del campanario de una
iglesia, y hacer que suene.) Ahora, estando abiertas las entra-
das de los poros o pequeños conductos "DE"... (ahora viene el
enunciado importante) los espíritus animales de la cavidad F
están dentro de ellos y éstos los transportan en parte a los
músculos que sirven para que retire el pie del fuego, en parte,
1
t
a aquéllos que sirven para que gire los ojos y la cabeza para
mirar su pie, y en parte, a aquéllos que sirven para mover las
1
manos hacia adelante e inclinar el cuerpo en su totalidad para
protegerlo».
Von Foerster traduce la explicación de Descartes a un len-
guaje más sencillo. «Primero, algo tira de la cuerda y hace so-
nar la campana. Entonces se abre la puerta dejando salir a los
espíritus animales. Éstos, a su vez, tiran del pie hacia atrás
mientras hacen que la cabeza gire hacia la perturbación. Esto
empieza a parecerse a la descripción que podemos encontrar
en un laboratorio conductista moderno -sólo que los conduc-
tistas han dejado de lado las referencias a los espíritus ani-
males.»
El primer hombre que defendió públicamente la posición
neuronista fue Santiago Ramón y Cajal, el brillante artista y
neuroanatomista español del siglo XIX. Knudtson lo descri-
be así:

Nacido en 1852, en medio de la pobreza de Petilla de Aragón,


una aldea con tejados de barro cocido en los Pirineos del norte
de España, Caja! fue el hijo mayor de un padre ordenancista, que
había dejado su granja para aprender las técnicas quirúrgicas y
las sangrías propias de un cirujano-barbero y, más tarde, las de
un médico. El muchacho carecía de interés por la ciencia; era un
truhán y un revoltoso que ocasionalmente tuvo problemas con
la policía local por sus travesuras. Su talento para el arte, por
otro lado, fue precoz, pero su padre no podía soportar la "peca-
minosa diversión" de su hijo. Finalmente Justo Ramón Casasús,
agotada su paciencia, llevó al muchacho por la fuerza, llevando
también un bosquejo del apóstol Santiago, ante la mirada críiica
de un pintor de brocha gorda. "¡Qué pintarrajo!", dijo con des-
precio el pintor. Ni es un apóstol, ni tiene las proporciones de la
figura, ni los ropajes son correctos, ni el niño será nunca un ar-
PERSPECTIVA HISTÓRICA 105

tista:' Triunfante, el padre de Ramón y Cajal negó al muchacho


cualquier entrada de dinero para arte. Anhelaba para su hijo,
como el mismo Ramón y Cajal escribió en su autobiografía, que
"renunciara a mi locura por la pintura y me preparara a seguir
la carrera médica" .4

Cajal terminó la licenciatura en medicina en cuatro años


y, después de la graduación, el ejército español lo reclutó y en-
vió a Cuba. Después de un serio ataque de malaria se licenció
del servicio y volvió a la Universidad de Zaragoza, donde ob-
tuvo el doctorado en medicina.
Le llevó casi siete años obtener un cargo académico en la
Universidad de Valencia, donde empezó a darse cuenta de su
verdadera vocación: el estudio de la neuroanatomía. En 1887,
mientras estaba en Madrid, visitando a otros «que, en la capi-
tal, cultivaban los estudios microscópicos», aprendió de Luis
Simarro, un psiquiatra, las técnicas de la tinción utilizando ni-
trato de plata, desarrolladas por el neuroanatomista italiano
Camillo Golgi, un reputado reticulista. Knudtson continúa:

Al igual que otros histólogos, Cajal había encontrado que las


tinciones convencionales dejaban invisibles en su mayor parte los
axones y las dendritas, coloreando sólo el núcleo de la célula. Gol-
gi dejaba en remojo el tejido, primero en dicromato de potasio,
y después en nitrato de plata, dando tinción a la longitud com-
pleta de las neuronas cuyos axones quedaban desprotegidos del
revestimiento graso de mielina. Además despejaba el denso labe-
rinto de células entrelazadas al teñir misteriosamente acaso tan
sólo una entre centenares de neuronas. Pero podía llevar días man-
tener el cultivo en remojo hasta que el tinte penetrara en las cé-
lulas. Y quizás a causa de la sutil diferencia entre las neuronas
individuales los resultados, como mínimo al principio, fueron tan
irregulares que Golgi, finalmente, abandonó. Cajal se dispuso a
refinar el método de tinte de Golgi y hacia 1888 hizo el descubri-
miento decisivo: utilizando el cerebelo de pájaros y mamíferos,
confirmó que las células nerviosas terminaban en ramificacio-
nes libres que podían diferenciarse unas de otras y, lo que era
más importante, que no se fusionaban con las células vecinas. De-
mostró que determinadas células nerviosas, por ejemplo, las si-

4. Knudtson, P. <<Painter of Neurons», en Science 85, septiembre de 1985,


pág. 67.
106 EL SISTEMA NERVIOSO

nuosas fibras de los axones enviadas hacia las dendritas de las


neuronas adyacentes, llamadas células de Purkinje, las envolvían
"como marfil o lianas alrededor de los troncos de los árboles"
pero nunca se les unían. 5

j Desgraciadamente, lo que Cajal vio en su microscopio no


j pudo ser captado por una cámara. Las técnicas fotográficas
\ eran todavía muy primitivas. «Para captar los detalles del re-
1 corrido de una fibra nerviosa a través de una gruesa sección
j de tejido, Cajal habría tenido que intercalar múltiples instan-
! táneas, porque las lentes no podían mantener la imagen ente-
1 ra del corte enfocado en profundidad a lo largo de la sección.
Al crear mentalmente una única neurona enfocada en profun-
..c:,_.. 'aiaáéra-partfr de(Ilversos enfoques microscópicos, un Cajal
artista mostró imágenes de la neurona que posiblemente nin-
6
1 gún fotógrafo podría igualar.» Los frutos de sus dotes artís-
1ticas fueron la condición necesaria e indispensable para el éxito
de su proyecto.
En 1889, después de haber intentado sin éxito dar a cono-
cer públicamente su descubrimiento a través de su propia re-
vista, Revista Cuatrimestral de Histología Normal y Patológi-
ca, presentó su trabajo en el congreso de la Sociedad Anatómica
Alemana. En ese congreso fue capaz de convertir a Rudolf von
Kolliker, el célebre anatomista y reputado reticulista, a lo que
ahora denominamos la posición neuronal: el sistema nervioso
esfa coiistTfüfdO~por"~i:iéuroiias separadas.
- :OUra:il"ieiOsuTHmosanos'delsiglo XIX, se aceptó finalmen-
te el valor de su trabajo. Utilizando sus diapositivas y dibujos,
Ramón y Cajal mostró de forma concluyente que los nervios
no eran tubos interrelacionados sino células independientes
separadas por una pequeña abertura llamada sinapsis. La obra
de Ramón y Cajal marcó el principio del fin de la posición re-
ticulista, y al revolucionar por completo nuestro modo de pen-
sar en neurofisiología, el descubrimiento de las neuronas es-
timuló una reinvestigación completa del sistema nervioso. El
neurobiólogo de la Universidad de Harvard, David Hubel, es-
cribe que la obra capital de Ramón y Cajal, La estructura del

S. Knudtson, P. Ibíd., pág. 68.


6. Knudtson, P. Ibíd., págs. 69-70.

_j__
LA EVOLUCIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL 107

sistema nervioso en el hombre y los vertebrados, publicada en


España en 1904, es «la obra individual más importante en el
ámouoaera-neurooiotogra~--- - -- -- ------- -- -----
Hay un par de puntos que se pueden inferir de la presenta-
ción de von Foerster: l. Los modelos de cognición reflejan el
paradigma científico dominante de su época; por ejemplo, la
posición reticulista de Descartes daba sostén a su filosofía dua-
lista de la mente y la materia. 2. El descubrimiento de la neu-
rona por parte de Ramón y Cajal obligó a los científicos a re-
conceptualizar la idea que tenían del sistema nervioso.

LA EVOLUCIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL

J. F. Fulton empieza su extenso tratado de neurobiología con


una breve relación del desarrollo evolutivo del sistema nervioso.
«Una estimación de estas tempranas etapas del desarrollo no
deja lugar a dudas acerca de la interacción entre los sistemas
sensorial y motor, y del funcionamiento del sistema nervioso
como un ordenador que une la resolución a la acción apro-
piada.»8
Los protozoos elementales y las esponjas primitivas se en-
cuentran entre los primeros animales que mostraron la facul-
tad motriz. Tienen lo que se llama una «unidad motriz inde-
pendiente» y su movimiento resulta de pequeños elementos
contráctiles. Este organismo se ilustra en la figura SA. En ella
el objeto redondo como una cebolla representa las fibras mus-
culares; la protuberancia de la parte superior es un pequeño
sensor que adopta la forma de un triángulo.
Si el valor del pH del medio de los protozoos es demasiado
ácido, el sensor envía una señal que produce la contracción
muscular; y si estos contractores se distribuyen por toda la su-
perficie del animal, sus contracciones cambian la forma del
animal. De este modo, las contracciones provocan una curva-
tura en su cuerpo que, a su vez, cambia las sensaciones al cam-

7. Knudtson, P. Ibíd., pág. 70.


8. Fulton, J. F. Physiology of the nervous system, reeditado en von Foers-
ter, Heinz (1981). «Computation in nerve nets», reeditado en Observing
systems. Seaside, CA: Intersystems Publications, pág. 48.
108 EL SISTEMA NERVIOSO

. ..
..
.. . . . . . .... ;,
..

A B e
Figura S. La evolución del sistema nervioso.

biar la relación física del animal con su medio ambiente. Sus


comportamientos sensorial y motor son interdependientes.
En etapas posteriores, las unidades motriz y sensorial del
animal se separaron espacialmente. La figura SB muestra las
fibras que conectan el sistema motor del animal con su apara-
to sensorial. Esto marca el comienzo de un sistema nervioso
primitivo. Es igualmente importante saber que, en esta etapa
del desarrollo, los elementos del sistema se especializaron. Al-
gunas células se destinaron a sentir y otras al movimiento.
La figura SC representa un avance significativo en la evo-
lución del sistema nervioso central. Otras células neuronales
separan los conectores entre los sensores y los músculos del
animal. Estas células conectoras reciben el nombre de «inter-
nunciales»: el mensajero intermedio. Entonces estas señales
-1nternuiiCia.Tes-aedíStintos activadotes pueden integrarse y re-
<~pieseiú:ar un ordenador elemental.*
Vüñ"FoerSl:er-sereñere·a.-ro's~íliternunciales como «el paso
esencial en la organización compleja del sistema nervioso cen-

* NT puesto que «computare» significa pensar (putare) conjuntamente


(cum), (de la versión alemana pág. 117, 2).
LA EVOLUCIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL 109

tral de los mamíferos... Fundamentalmente, el internuncial


consta de células sensoriales especializadas que sólo respon-
den a un "agente" universal, a saber, la actividad eléctrica de
los axones aferentes que tienen sus terminaciones a su alrede-
dor... Una vez desarrollado el código genético a fin de montar
una neurona de interconexión, es realmente fácil añadir la or-
den genética "repetir". Por eso, creo que ahora resulta senci-
llo comprender la rápida proliferación de estas neuronas a lo
largo de las capas verticales adicionales con el número crecien-
te de conexiones horizontales que forman esas complejas es-
tructuras interrelacionadas que llamamos "cerebros"». 9
Así pues, la perspectiva evolutiva presenta una imagen un
tanto novedosa del sistema nervioso, es decir, un conjunto de
sensores (células nerviosas especializadas) y unidades motri-
ces (músculos y esqueleto) unidos entre sí por una red de célu-
las sensoriales universales, «neuronas internunciales», algu-
nas de las cuales reciben el nombre de cerebro. Acostumbramos
a asociar las células sensoriales a los sensores exteriores del
cuerpo: los ojos, los oídos, etc. La perspectiva evolutiva subra-
ya que el sistema nervioso en su conjunto está constituido por
sensores, y la mayoría de ellos se destinan a percibir los im-
pulsos procedentes de otros axones neuronales. Estamos sin-
tonizados con nuestro propio sistema. La proporción de los sen-
sores internos en relación con los externos es de 100.000 a 1;
"esto significa que para cada cono o bastón en la retina ocular,
cÜya-fl1nCiónesreacClonar a"Ioseslímulüs extErnOs, es decir,
-;-lo-~-f~tones;e~ist~~~~oo~ooo~ileur61las quereacdéman a los
estfmufOS internos:··- 0 4 ""' ~"'"""'~<t~Jiii!'MZU#•.M •.-~~--~---"';--~""-'':C-:::o::;;---o
3

Igual, si no más importante, es el hecho de que el enlace


entre estos dos sistemas muestra que los sistemas sensorial y
motor no son independientes. En nosotros percibir y actuar
no son operaciones independientes. Esto nos sugiere que el sis-
tema nervioso funciona como un sistema cerrado, cuestión cen-
tral sobre la que volveremos a hablar con más detalle en el ca-
pítulo 7.
La clausura del sistema sensoriomotor en el sistema ner-
vioso sugiere las siguientes proposiciones:

9. Von Foerster, Heinz (1981) «Ün constructing a reality», en Observing


systems. Seaside, CA: Intersystems Publications, pág. 298.

j____ _
110 EL SISTEMA NERVIOSO

1\t.l()\Ti~ient() ~ (cambio en la percepción sensorial) pero


no
--.-
~ cesanamente.
2 (Cambio en la !'ercepción sensorial) ~ Movimiento.
••• ..• • ·~-. ---¡~· - ·--

L~ circularidad que se describe en esta clausura permite


dar cuenta dd:origen del pensamiento. Von Foerster señala que
«las estructuras lógicas de la descripción surgen de la estruc-
tura lógica del movimiento: "aproximarse" y "retirarse" son
los precursores del "sí" y del "no" ». 10 De donde su aforismo:
la lógica de la descripción es la lógica del que describe. Enun-
ciado en unos términos un poco diferentes por Humberto Ma-
turana, «la lógica de la descripción es isomorfa a la lógica de
la operación del sistema que describe». Somos el sistema que
describe.
Esta posición es conforme a la de Piaget, que escribe, «.. .las
raíces del pensamiento lógico no deben hallarse sólo en el len-
guaje, aunque las coordinaciones del lenguaje sean importan-
tes, sino que esas raíces deben encontrarse de un modo más
general en la coordinación de las acciones ... ». 11 La noción de
una inteligencia sensoriomotriz elaborada por Piaget se enla-
za con la noción de una clausura sensoriomotriz en el sistema
nervioso.
Finalmente, en el libro de Susan Langer, Philosophy in a New
Key, se perfilan unas relaciones similares entre el movimien-
to, la verdad y el origen del pensamiento:
La utilización de signos es la primera manifestación auténti-
ca de la mente. En la historia biológica surge tan pronto como
lo hace el célebre "reflejo condicionado", por medio del cual las
circunstancias concomitantes de un estímulo asumen una fun-
ción-estímulo. Lo concomitante se convierte en un signo de la con-
dición, con respecto a la que la reacción es efectivamente adecua-
da. Éste es el origen efectivo del pensamiento, ya que éste es el
lugar donde nace el error y, juntamente con él, la verdad. 12

10. Von Foerster, Heinz. <<Thoughts and Notes on cognition», reeditado


en Cognition: A multiple view (1970), Paul L. Garvin (comp.). Nueva York: Spar-
tan, pág. 43.
11. Piaget, Jean (1970). Genetic epistemology. Nueva York: Columbia Uni-
versity Press (trad. cast. en Debate, La epistemología genética, Madrid, 1986).
12. Langer, Susan (1951). Philosophy in a new key. Nueva York: New Ame-
rican Library.
LA ESTRUCTURA DEL SISTEMA NERVIOSO 111

Von Foerster añade el siguiente comentario: «La verdad sur-


ge de la noción de er,ror, no al revés. Sólo cuanáo-teiieiñoserror
podemos tener verdad. La verdad tiéiú~ que ser'Hfelééc10rien-
tré-acCi6n adécuadaé ii:iadécuada. Cuando esto rtóse~aa:;-etcort­
cepto de verdad no existe». Así pues,- cuaiqüierdíspOsrtívo1o-
gico quenos dé siempre certeza, nunca nos proporcionará
verdad.

LA ESTRUCTURA DEL SISTEMA NERVIOSO

La unidad básica del sistema nervioso es la neurona, la


auténtica heroína del sistema nervioso central. La figura 6 nos
muestra una neurona piramidal procedente del córtex cerebral
de un gato.

Cuerpo celular

La gran mancha oscura en su centro, que aloja el núcleo


celular, se llama el «perikarión», es decir, el cuerpo celular.
Karyon es la palabra griega que designa «el hueso de un fru-
to», «la nuez» y peri, en griego, significa «alrededor». Así «pe-
rikarión» significa «alrededor del hueso». Es lo que hay alre-
dedor del núcleo del cuerpo celular.

Dendritas

La dendritas aparecen como lanzadas hacia arriba desde


el cuerpo celular, y se extienden en todas las direcciones como
las ramas de un árbol. Transportan señales desde otras neuro-
nas al cuerpo celular. Las neuronas pueden tener dendritas
múltiples, cosa que hace posible para una célula individual re-
cibir señales procedentes de millares de otras células nervio-
sas. Esta ordenación física de muchas entradas para una sola
salida o resultado desempeña un papel importante en las ca-
pacidades computacionales de la neurona, tal como explora-
remos más adelante.

_j
112 EL SISTEMA NERVIOSO

recurrente
y colateral
delax6n
Ax6n

Figura 6. La neurona cortical.

r
r
LA ESTRUCTURA DEL SISTEMA NERVIOSO 113

Axón
El axón, una estructura de apariencia lisa si se la enfoca
con un microscopio, transporta señales desde el cuerpo celu-
lar a otras neuronas, glándulas y músculos. Una célula nerviosa
puede tener muchas dendritas pero fundamentalmente sólo tie-
ne un axón.

Propagación
El axón tiene una única propiedad, que es la de ser un pro-
pagador activo de un impulso eléctrico de cerca de ochenta mi-
livoltios. Un axón se dice que está polarizado, cuando hay un
número desigual de iones de cloro, potasio y de sodio en rela-
ción con su membrana celular semi permeable, tanto· interna
como externa. Esta diferencia da lugar al «potencial de acción»
de la célula: su capacidad para generar un impulso nervioso.
«La distribución no aleatoria de iones conduce a un poten-
cial de reposo eléctrico de la positividad externa en relación
a la interna. Cuando se reduce el potencial de reposo (como,
por ejemplo, gracias a algún estímulo adecuado), el axón se des-
polariza, lo cual es una condición para la excitabilidad. Incre-
mentar el potencial de reposo equivale a hiperpolarizar o inhi-
bir. Si se despolariza el axón, se produce en primer lugar una
respuesta activa local (es decir, una reacción a corta distancia,
no propagada). Si la despolarización alcanza una dimensión
suficiente (umbral), se genera una respuesta de tipo diferente,
un impulso nervioso (un vector de potencial de acción). Esto
implica el cambio temporal de la permeabilidad de la mem-
brana a fin de que el sodio penetre y el potasio se desprenda.
Estas alteraciones eléctricas locales se compensan mediante
la afluencia de los iones correspondientes de los alrededores.
Los movimientos de estos iones excitan las áreas adyacentes
del axón para que respondan. De acuerdo con esto se puede
decir que el impulso nervioso es autogenerativo.» 13

13. Notas de la Association for Advanced Training in the Behavioral Scien-


ces, una empresa privada de Los Ángeles especializada en cursos para pre-
parar a los psicólogos para el California State License Exam. Notas de un
curso dado a psicólogos en San Francisco, en enero de 1984.
114 EL SISTEMA NERVIOSO

Figura 7. Sinapsis neuronal.

Sinapsis

Las neuronas interactúan unas con otras en el espacio que


se halla entre ellas y que llamamos sinapsis. Así pues, una si-
napsis es una conexión funcional entre neuronas. En la figura
7, se puede ver el axón (Ax) con su botón terminal (EB), sepa-
rado de la dendrita (D) en su espina (ep) por un espacio vacío
diminuto (es), llamado «espacio sináptico». La sinapsis permi-
te la transmisión de una señal, que recorre el axón para ser
transmitida a la neurona siguiente a través de las dendritas.
Comparada con la superficie lisa del axón, la superficie de la
dendrita es rugosa a causa de las espinas que salen de ella,
de manera que cada espina la une a un axón aferente.

La transmisión del impulso nervioso entre neuronas

El impulso eléctrico no salta de una neurona a otra. La co-


nexión sináptica entre neuronas está químicamente mediati-
zada. Una lista de estos productos químicos, los neurotrans-
misores, incluiría sustancias como norepinefrina, acetilcolina,

=
EL SISTEMA ENDOCRINO 115

dopamina, epinefrina, indoleamina y serotonina. Se ha demos-


trado que estas substancias intervienen en el sueño, el humor
y otros estados anímicos.

Efectos inhibidores y activadores

Las sustancias neurotransmisoras «producen una despola-


rización o una hiperpolarización, respectivamente, al abrir o
cerrar los poros de la membrana celular postsináptica. Cada
sustancia transmisora (probablemente existen a docenas) puede
ser o excitadora o inhibidora, pero no lo uno y lo otro al mis-
mo tiempo en una sinapsis dada. Por tanto hay sinapsis exci-
tadoras y sinapsis inhibidoras ... ». 14
Desde el instante en que una neurona recibe entradas pro-
cedentes de otras neuronas a través de sus dendritas, en cual-
quier momento dado recibe una cierta combinación de respues-
tas inhibidoras y activadoras. Tal como lo entendemos hoy, una
función compleja de la distribución espacial de los valores de
estas entradas, inhibición y activación, redunda en que la neu-
rona se excite o se inhiba. Es el principio del «todo o nada».

EL SISTEMA ENDOCRINO

Aunque no forma propiamente parte del sistema nervioso,


el sistema endocrino tiene un significante efecto sobre él y, por
esta razón, presentamos este breve esbozo.
El sistema endocrino consta de algunas glándulas que se-
gregan hormonas en el flujo sanguíneo. Entre ellas se cuentan
la pituitaria, la tiroides, las paratiroides, el páncreas y las glán-
dulas suprarrenales. Dependiendo de la hormona específica,
se dice que una célula está «inhibida» o «activada». Algunas
hormonas actúan sobre objetivos específicos en el cuerpo, mien-
tras que otras actúan en todos los tejidos. El sistema endocri-
no se halla asociado a la homeostasis corporal, así como a la
regulación del crecimiento y desarrollo corporales.

14. Shepro, David; Belamarich, Frank y Levy, Charles (1974). Human ana-
tomy and physiology. Nueva York: Holt, Rinehart and Winston, Inc., págs.
142-143.
116 EL SISTEMA NERVIOSO

Los sistemas nervioso y endocrino son interdependientes.


Cada uno actúa sobre el otro. Las glándulas suprarrenales, que
son las responsables de la producción de hormonas como la
epinefrina y la norepinefrina, tienen un interés especial para
esta exposición. En el cerebro, estas sustancias actúan como
neurotransmisores, y desempeñan un papel directo en el po-
tencial postsináptico de acción neuronal.
Así pues, tenemos dos sistemas fisiológicos interdependien-
tes -el sistema nervioso y el endocrino- que efectúan una se-
gunda clausura en el sistema nervioso. La actividad en el sis-
tema nervioso afecta a la actividad del sistema endocrino que,
a través de la producción de hormonas o neurotransmisores,
afecta a la actividad del sistema nervioso.

FUNCIONAMIENTO DEL SISTEMA NERVIOSO

Dados estos componentes, podemos preguntar ahora: ¿Qué


funciones cumple este sistema de axones y dendritas? Pode-
mos adelantar algunas respuestas a esta pregunta examinan-
do un axón mediante una sonda eléctrica fina, una micropipe-
ta, un instrumento lo suficientemente pequeño para penetrar
en un axón. Una vez se ha insertado ésta y se ha amplificado
y representado su output en un voltímetro y en un oscilosco-
pio, encontramos que existe una diferencia de ochenta milivol-
tios (en el interior negativo en relación con el externo) entre
la pared interna y la externa de su membrana (véase figura 8).

t
«Es un sistema fantástico», comenta von Foerster. «Si lapo-
sTCi.óñ--ae-"eqll.iTibrTo se ve perturbada en cualquier punto, se
invierten las polaridades del axón. El interior se vuelve positi-
vo y el exterior negativo. Todas las cargas eléctricas en las pro-
, ximidades inmediatas de la perturbación se dirigen apresura-
damente hacia la posición, intentando compensar ese cambio
de polaridad. Esto provoca perturbaciones adicionales, que se
extienden a lo largo del axón de un modo similar a una onda.»
La analogía que presentamos a continuación muestra de qué
modo el tejido nervioso propaga un impulso eléctrico. Imagi-
nemos un teatro lleno de gente. Cada persona de la primera
fila estrecha su mano con la de las personas que están a su de-
l! recha y a su izquierda. De repente, la persona de la última bu-


FUNCIONAMIENTO DEL SISTEMA NERVIOSO 117
1
¡

-70mV

'
+ + ++ +++++++ ++

t +++ ++ ++ + + + +
Na+

Figura 8. Potencial de acción neuronal. El potencial neuroplasmáti-


co intracelular de la fibra nerviosa normal en «reposo» es negativo
en relación al potencial extracelular. Los iones de sodio (Na+) y de
cloro (Cl-) se encuentran en grandes concentraciones en el seno del
fluido extracelular; y los iones de potasio (K+) y proteína (An-) se en-
cuentran en grandes concentraciones en el seno del neuroplasma. El
potencial a través de la membrana plasmática tiene un valor que os-
cila entre los -70 y los -90 milivoltios.

taca, a la derecha, levanta sus manos por encima de la cabeza


(movimiento que es análogo a la perturbación de un sensor).
Si cada uno sigue estrechando las manos de sus vecinos, este
movimiento será absorbido. De este modo, la persona que está
a su izquierda permite que alguien levante sus manos, y sus
vecinos hacen lo mismo. La perturbación inicial ha pasado de
una persona a otra, dando la apariencia de una onda que viaja
desde la derecha de la fila hacia su izquierda. Así pues, tene-
mos una señal. Cada vez que la persona de la derecha levanta
sus manos, podemos ver la señal viajando desde la derecha ha-
cia la izquierda. Esto es lo que sucede en el axón.

Codificación

Llegamos ahora a un punto esencial en la descripción de


cómo funciona el sistema nervioso central. Consideremos, por
un momento, una célula sensorial receptora que reacciona al
118 EL SISTEMA NERVIOSO

contacto. Le aplicamos cierta presión y observamos su respues-


ta. Si aplicamos sólo una pequeña cantidad de presión, pode-
mos observar unos pocos impulsos que viajan a través del axón,
aproximadamente cinco por segundo. Si aplicamos una presión
mayor, el número de impulsos aumentará. Cuanta más pre-
sión apliquemos, mayor será la frecuencia de los impulsos.
Se puede observar qué aspecto tendrá esa cadena de im-
pulsos en un osciloscopio. Cada punta representa un «encen-
dido» neuronal. Cuando introducimos una micropipeta en un
receptor de presión y amplificamos su output mediante un dis-
positivo acústico, oímos «p-p-p-p-p-p» o «prrrrrrrrrrr», según
la fuerza con que presionemos. El lenguaje de la neurona son
los impulsos eléctricos, cuya frecuencia cambia con la inten-
sidad de la perturbación.
Podríamos hacer ahora lo mismo con un sensor diferente,
como por ejemplo, un sensor de calor. Encontraremos una vez
más que la frecuencia de los impulsos que viajan por el axón
es una función de la intensidad de la perturbación. En este caso,
aplicaremos calor. De este modo llegamos al punto central de
esta discusión: La iictivi"daa e[ectni:aaeTcicélula receptora -de
hechó; de- tóaastiis celülas ñüviosas~solócodifica la intensi-
acürae Tirexcttácioii;1iicúarse -refleja- en eriiañiúo- de veces
-¿¡:ite?a cHula se«-aíspara».--NOcoai.ficaTa naiuraleza del es tí-
mufa é.xcíicidor.T..a íiifensidad del impulSo-nervioso siempre es
la misma. El potencial de acción de la neurona, es decir, 80 mili-
voltios, opera sobre la base del principio de «todo o nada». O se
excita o no se excita. Ésta es la razón por la que las propiedades
eléctricas de una neurona son o bien caracterizadas como se-
mejantes a un interruptor o bien digitales. Y ésta es también
una forma manifiesta de un mal uso del lenguaje de la neurona.
Por un lado, la frecuencia de las puntas que se desprenden
del axón es análoga álá presioii qúe-se -a.plicááT sensor. Por
otro lado, er impulso mismo es discreto: se enciende o no se en-
cíenae:-sin embargo, «discreto» no significa que la neurona sea
«digital». «Digital» y «discreto» no son conceptos sinónimos.
Digital tiene que ver con la representación numérica. Von
Foerster comenta: «Un dígito es lo que se encuentra en un con-
tador. Por ejemplo,eTsfstema de numeración romanOño es di-
gitáFdelétiea los números. Digital significa que un-número tie-
rieún valor según la posición que ocupa-en una cifra: los nú-
RESUMEN 119

meros derivan su valor a partir del lugar determinado que ocu-


pan; por ejemplo, el número decimal.563-signiHca-Cinco-veces
cien más seis veces diez más tres veces unó, lo Cüal proviene.
de la costumbre-de contar con Tos dédos.-·Asi;effmpulSo ner-
vioso es discreto, pero la frecuencia del impulso es análoga a ;
la excitación particular. De este modo, la pregunta de si la neu-
rona es un dispositivo digital o analógico es errónea. Denota
un mal uso del lenguaje de aquélla».

RESUMEN

Para resumir consideraremos una vez más la cita de Hux-


ley que abría este capítulo: «El cerebro por sí solo no es res-
ponsable de la mente, aunque sea un órgano necesario para
su manifestación. En efecto, un cerebro aislado es un absurdo
biológico tan carente de sentido como un individuo aislado». 15
La mayoría de las neuronas que componen el sistema ner-
vioso central, incluidas las del cerebro, son sensores universa-
les que enlazan el aparato sensorial y el motor en un sistema
cerrado. En un examen más detenido, encontramos también
que los sensores especializados, los conos y bastones del ojo,
los receptores táctiles, etc., al igual que todas las neuronas, sólo
codifican la intensidad de la estimulación que reciben, no la
naturaleza del agente perturbante. Las neuronas, al operar so-
bre la base del principio de «todo o nada», o lanzan un impul-
so de 80 milivoltios o no lo lanzan. De este modo, el sistema
nervioso es una FM o sistema de Frecuencia Modulada, que
codifica sólo la frecuencia en la que la neurona se dispara.
De hecho, no hay nada en una neurona o en una colección de
neuronas que dé cuenta de las diversas funciones mentales que
habitualmente reciben el nombre de cognición. Sólo cuando tra-
tamos las neuronas y el sistema motor del cuerpo como compo-
nentes de un sistema cerrado que funciona recursivamente, que
es capaz de computación, podemos empezar a explicar la cog-
nición. El capítulo 5, «Computación», el capítulo 6, «Biocom-
putación», y el capítulo 7, «Clausura», se dedicarán a la expli-
cación de la cognición y de sus implicaciones epistemológicas.

15. Restak, Richard, M. D. (1979). The Brain: The last frontier. Nueva York:
Warner Books, pág. 20.

r
5. COMPUTACIÓN

El término computación indica cualquier operación que trans-


forma, modifica, reordena o clasifica las entidades físicas ob-
servadas, los «objetos» o sus representaciones, los «símbolos».
1
HEINZ VON FoERSTER

Si no sabemos que no sabemos, entonces creemos que sabemos.


R. D. LAING'

CEREBROS Y ORDENADORES

Se acostumbra a asociar la computación con los ordena-


dores. Pero el significado de computación es mucho más am-
plio. «Computación» tiene dos raíces latinas: cum, que signifi-
ca «juntos, en compañía», y putare, que significa «contemplar,
considerar, sopesar». Cuando contemplamos o consideramos
dos o más entidades juntas, ciúizpt.itamos o calculamos su re-
laCión:--~- -- --·---·
Naturalmente, se puede calcular con números. Dependien-
do del operador utilizado, se pueden hacer cálculos con los nú-
meros «2» y «3» de distintas maneras. Si el operador es la mul-
tiplicación, 2 veces 3 es igual a seis; si el operador es la suma,
2 más 3 es igual a cinco.
«Ahora bien», advierte von Foerster, «debemos tener cui-
dado. La computación o el cálculo se produce en el sistema ner-
vioso. En consecuencia podemos decir que el sistema nervio-
so un
es ordenador o urú>lstérna de computación. Pero esto sólo
es corrécto sl. secomprende lá noción geñeraldécoinplitacíón;

l. Von Foerster, Heinz (1981). <<Ün constructing a reality», en Observing


systems. Seaside, CA: Intersystems Publications. págs. 234-235.
2. Laing, R. D. (1972). Knots. Nueva York: Bantam Books, pág. 55.
122 COMPUTACIÚN

si, en cambio, esta noción no se comprende, corremos el peli-


gro inminente de pensar que la inversa es también verdad -que
cualquier cosa que sea un ordenador es un cerebro-. Así pues,
el cerebro es un ordenador pero los ordenadores no son cere-
bros o "cerebros electrónicos". Además, los ordenadores no si-
mulan la-sTuñ:Cíoiies-cerebrales puesto que rió sabemos toda-
vía- éómofunciona d cerebroj -
----M~~hii'S-p~rs.onasasocléin los ordenadores y el cerebro. Aho-
ra nos podemos plantear una pregunta importante: ¿Existe al-
guna relación entre el cerebro y el ordenador? Sí. No todos los
ordenadores son cerebros, pero todos los cerebros son orde-
.na dore-s; todosTos--cere5rosiTevaii_a.cabo1a computaCión. Las
ríietáTorasactu:a1esaé-carácter-coñipulaéloiiáTlian liévado a
que los estudiosos del cerebro crean erróneamente que existe
un isomorfismo funcional entre los ordenadores y las funcio-
: nes mentales. Los ordenadores no tienen problemas, somos «no-
¡'
i sotros » quienes los tenemos. Los ~!:~e~~~2~~~-I1<?1?!:2~esan fJ:Z-
1

l
1 formación. Procesan
l -"~-·---~---~~--~··_,_--
acumulan datos...
Antropomorfizar las
~~.,.,,.,.,...,...,.,_"""""'~--·

1• máquinas nos ha conduci o a una gran confusión entre las má-

l quinas y aquello que no entendemos: el cerebro. Este antropo-


··>·~

morfismo ha tentado a muchos investigadores del cerebro a


pensar que los ordenadores son cerebros y, por consiguiente,
a pensar que el cerebro está construido y funciona como un
ordenador.
Algún día los ordenadores tendrán memoria. En el futuro,
esta capacidad humana puede que se incorpore a una máqui-
na, pero ello dependerá de nuestra comprensión previa de lo
que es la memoria y de cómo funciona. Pero si no comprende-
mos la memoria, ¿cómo podemos incorporarla a una máqui-
na? Y puede que hayamos pasado por alto este aspecto funda-
mental de la situación a causa de la confusión lingüística.
Von Foerster dice, «puesto que hoy vivimos en una era de
ciencia y de tecnología, y no de emoción y sentimentalismo,
los adjetivos que nos parecen atractivos para las máquinas no
son los del carácter, sino los del intelecto. Aunque es bastante
posible, y quizás incluso apropiado, hablar de un "soberbio sis-
tema IBM 360-50", "del valiente 1800" o del "astuto PDP 8", nun-

3. Extraído de una conversación con Heinz von Foerster grabada en cin-


ta magnetofónica.
CEREBROS Y ORDENADORES 123

ca he visto a nadie que utilizara ese tipo de lenguaje. En lugar


de ello, sí que hablamos de modo romántico sobre lo que pare-
cen ser las funciones intelectuales de las máquinas. Hablamos
de sus "memorias"; decimos que esas máquinas almacenan y
recuperan "información", "solucionan problemas", "demues-
tran teoremas", etc. En apariencia, tratamos con tipos bastan-
te inteligentes. Incluso existe la pretensión de diseñar un CIA,
un coeficiente de inteligencia artificial, en un intento de trans-
ferir a este nuevo ámbito de la "inteligencia artificial", con efi-
cacia y autoridad, estos conceptos erróneos acerca de esas fa-
cultades y capacidades de las máquinas que, todavía hoy, son
bastante populares entre algunos conductistas prominentes.
»Sin embargo, aproximadamente a lo largo de la última dé-
cada-;-ha-suceafCfo algo"sínguhir y penoso,-a--saber, que no tan
-sóío-Ios-lñgénleros--quetial:iajaiiconesio,s-~;istemashañ comeñ-
za.do-gracfi.i'aimente. acreerqÜee'sas fundoñesmeñta1es, cu-
yos nombres se aplicaban en primera instancia de modo me-
tafórico a algupas de las operaciones de las mág_uinas, residen
d~ hecho ~E-~~~~!.ná<i~1~a~~:-~L~93:l"ª~~~[gunos biÓZ()gos :-tenta~
dospor la ausencia de una teoría comprensiva del origen del
p~~~--~fñléiiiü-_ · ha~-~~~~~~~-~.<::E~-~~-q~e-ª~!~E~i!lad~~ ~91?~-
raciones de las máquinas, las cuales desgraciadamente llevan
el nombre de algunos de los procesos mentales, son de hecho
isomorfismos funcionales de esas operaciones. Por ejemplo, en
la búsqueda de una base fisiológica para la memoria, empeza-
ron a buscar un mecanismo neuronal que "congelara" las con-
figuraciones temporales (cinta magnética, baterías, o núcleos)
o configuraciones espaciales (hologramas) del campo electro-
magnético a fin de poder examinarlas ulteriormente». 4

Ordenadores digitales

Comprender de qué modo funcionan los ordenadores digi-


tales resultará útil para clarificar la distinción entre cerebros
y ordenadores. Los ordenadores se inventaron originalmente
para eliminar el trabajo monótono que comportaba el cálcu-

4. Von Foerster, Heinz (1981). «Thoughts and notes on cognition», en Ob-


serving systems. Seaside CA: Intersystems Publications, págs. 234-235.
124 COMPUTACION

lo. En 1617, John Napier, el matemático escocés que inventó


los logaritmos que llevan su nombre, publicó su Robdología,
donde describía un método en el que se utilizaban varillas para
realizar multiplicaciones y divisiones. Conocidas como «los
huesos de Napier», estas varillas de cálculo precedieron a la
moderna regla de cálculo.
Otro precursor de los ordenadores digitales de alta veloci-
dad fue el que construyó el matemático Blaise Pascal en 1642.
El dispositivo de Pascal utilizaba resortes y ruedas dentadas
para incorporar el sistema de numeración decimal.
El sistema de numeración decimal consta de diez dígitos
representados por los símbolos: 1, 2, 3, 4, S, 6, 7, 8, 9, O. La base
de este sistema es el diez. El sistema decimal es un sistema de
numeración posicional, lo que significa que cada número toma
su valor de la posición que ocupa. Por ejemplo, el número S31
es igual a (S X 102) + (3 X 101) + (1 X 10°). De este modo, tene-
mos que (S X 100) + (3 X 10) + (1 X 1) es igual a S31.
Puesto que el ordenador de Pascal estaba basado en el sis-
tema decimal, su capacidad de contar o de mantenerse al
tanto de los números (que es diferente de la de computarlos)
funcionaba como el cuentakilómetros de un coche. El cuenta-
kilómetros utiliza un conjunto de ruedas entrelazadas, en el
que cada rueda consta de diez dientes; el eje motor trasero con-
duce la rueda del cuentakilómetros representando las décimas
partes de kilómetro. Tras una vuelta completa, el diente de la
rueda golpea el de la rueda que cuenta kilómetros, provocan-
do que ésta dé una décima parte de vuelta. Este proceso co-
rresponde a la operación de «llevarse» en la suma.
La utilización del sistema numérico binario marca el co-
mienzo del ordenador digital moderno. A diferencia del siste-
ma decimal, que utiliza diez dígitos, el sistema numérico
binario tiene sólo dos; el O y el l. Además de operaciones pu-
ramente matemáticas, los números binarios también pueden
manejar gráficos y letras, y procesar instrucciones. La tabla
de la página siguiente muestra letras y números decimales es-
critos en números binarios.
Los números binarios permiten a los ingenieros sustituir
las ruedas dentadas incómodas por relés mecánicos, es decir,
por conmutadores de apertura-cierre. Cuando el relé está abier-
to, representa un «0», y cuando está cerrado un «l». Los relés

i'·~- --
r
CEREBROS Y ORDENADORES 125

Letras y Representación
Decimal Binario símbolos binaria
1 001 A 0100 0001
2 010 B 0100 0010
3 011 e 0100 0011
4 100 0011 1101
5 101 + 0010 1011

controlados eléctricamente se abren y cierran más deprisa que


sus predecesores mecánicos, conectándose y desconectándo-
se unas veinte veces por segundo. En otras palabras, un orde-
nador que utilice relés electroquímicos podría hacer cerca de
20 cómputos por segundo.
Hacia 1945, los tubos al vacío sustituyeron a los relés elec-
troquímicos. Aunque requerían grandes cantidades de energía
y, por lo tanto, generaban problemas de calor, los tubos al va-
cío podían abrirse y cerrarse miles de veces por segundo, con
lo que proporcionaban un incremento sustancial de la capaci-
dad de computación de la máquina. Los tubos al vacío (los
ordenadores de primera generación) dieron paso a los transis-
tores, que tenían un funcionamiento frío y más rápido (orde-
nadores de segunda generación), y que los ingenieros pronto
combinaron en circuitos integrados (ordenadores de tercera ge-
neración) y los miniaturizaron, empaquetando miles de mini-
transistores en un diminuto chip de silicio (ordenadores de
cuarta generación).
Puesto que, generalmente, los ordenadores tienen que cum-
plir todas las instrucciones serialmente, una tras otra, y no de
un modo auténticamente paralelo, la velocidad es uno de los
correlatos de la capacidad computacional.
Los superordenadores, como el Cray, pueden cambiar mil
millones de veces por segundo. El ordenador doméstico, por
término medio, alcanza entre los dos y los seis millones de con-
mutaciones por segundo. Pero, al margen de lo voluminoso y
rápido que sea el ordenador, su componente fundamental es
un conmutador de dos posiciones, que puede estar abierto o
cerrado.
Junto a la realización de operaciones matemáticas básicas
-suma, resta, multiplicación y división- los números bina-
126 COMPUTACIÓN

ríos son perfectamente idóneos para la computación de las fun-


ciones lógicas. En 1854, George Boole popularizó un álgebra
que combinaba la matemática y la lógica. En 1938, Claude Shan-
non, que trabajaba para los laboratorios Bell, encontró una apli-
cación práctica para el álgebra de Boole: el interruptor analí-
tico telefónico. Siguiendo la pista de Shannon, los ingenieros
incorporaron el álgebra booliana a los circuitos de los ordena-
dores electrónicos, lo que permitió que la máquina realizara
operaciones lógicas. Cada variable booliana es verdadera o fal-
sa, y el ordenador la representa con un «1» o un «Ü» binarios.
El estudio formal de estas computaciones se llama cálculo
proposicional. Puesto que examinaremos de qué modo el sis-
tema nervioso computa funciones lógicas, haremos una breve
digresión a partir de nuestra descripción de los ordenadores
digitales y describiremos cómo se computan las funciones
lógicas.

Cálculo proposicional

Pospesel dice, «todos los días, cada uno de nosotros presenta


argumentos y se encuentra con argumentos propuestos por
otros. Los argumentos pueden juzgarse de dos modos. Por un
lado, poéfemos Cletermmar·ra·verdad·o la falsedad de las pre-
ITiiSa-s-qiié·s_e_é_iicuentran en el argumento; esta determinación
puede-aenominarse en}ÜiCiar el contenido del argumento. Por
~6ir6Tad0,-podem6saétermliiar siTa coríCiiisión se sigue de sus
premisas. Si evaluamos un argumento en esta línea enjuicia-
mos su forma». 5 Enjuiciar la forma és lá. tarea de los lógicos.
I.os lógicos, siguiendo la doctrina de Aristóteles, operan con
proposiciones (enunciados declarativos) que se consideran ver-
daderos o falsos. Puesto que el lógico sólo se preocupa por las
conexiones lógicas en un argumento, simplifica su trabajo sus-
tituyendo las proposiciones por letras. Tradicionalmente, los
lógicos utilizan las letras «P» o «O» para representar las pro-
posiciones. La letra «P» puede significar cualquier cosa, como
«soy un elefante», «llueve» o «la Luna está hecha de queso».

5. Pospesel, Howard (1974). Propositional Logic: Introduction'to logic, En-


glewood Cliffs, NJ: Prentice Hall, pág. 2.
CEREBROS Y ORDENADORES 127

Los argumentos se construyen sobre la base de los conec-


tores lógicos que utilizamos para ensartar las proposiciones
unas con otras. Aunque las funciones lógicas pueden parecer
extrañas, las utilizamos continuamente en el lenguaje natural.
Por ejemplo, «ese bulto se vende a peso, no por unidad ... si no
aparece lleno al abrirlo, es porque los contenidos se han sedi-
mentado durante el embarque». O bien, «Si hoy el banco toda-
vía está abierto y mi cuenta no está al descubierto, entonces
te puedo pagar». Finalmente, el titular de un rotativo, «el to-
que de queda estará vigente de modo indefinido hasta que cese
la violencia». 6

y Negación o
pero no o
sin embargo no es o bien ... , o bien
además, por otra parte es falso
todavía no es cierto, verdad
incluso si, aun cuando

Las funciones lógicas se calculan. Von Foerster: «Ahora,


para darles una idea de sobre qué trata la lógica ortodoxa, les
mostraré cómo los lógicos calculan las funciones lógicas uti-
lizando sólo una proposición que llamaré "P". Con una propo-
sición sólo se pueden calcular cuatro funciones lógicas: 1) la
afirmación, 2) la negación, 3) la tautología y 4) la contradicción.
Cak:úiaré las funciones lógicas empezando por la afirmación:

l. Afirmación
»Puedo afirmar P; puedo decir "Pes así". Ahora, "Pes así"
será verdadera cuando P sea verdad, y "Pes así" será falsa cuan-
do P sea falsa. 1
P Sí (P)
V V
F F

6. Jbíd., págs. 19-22.


128 COMPUTACIÓN

2. Negación
»Puedo negar también la proposición P. Decimos 1 P, indi-
cando la negación mediante el signo 1 situado ante la letra.
Cuando P es verdadera, 1 P será falsa. Y cuando P es falsa, 1 P
será verdadera. Si la proposición P representa que llueve, en-
tonces 1 P representa que no llueve. Llueve o no llueve.

3. Tautología
»Algunas proposiciones, llamadas tautologías, siempre son
verdaderas. Por ejemplo, consideremos la proposición, "el sol
brilla". Según Aristóteles, este enunciado es verdadero o falso.
Pero expresado como una tautología es siempre verdadero, a
saber, "el sol ha salido o no ha salido". Esta proposición es ver-
dadera con independencia de si el sol brilla o no. Si el sol ha
salido, la proposición es verdadera. Si el día está gris y nubla-
do, la proposición es verdadera.

P Po -,P
V V
F V

»Aunque la tautología no dice nada, se debe tener presente


que estamos en un nivel puramente lógico. En el plano del diá-
logo interpersonal, si alguien nos dice, tanto en privado como
delante de otra gente que "eres o no eres un ladrón", esto pue-
de llegar a influir en nuestra vida. Así pues, debemos diferen-
ciar los dominios en los que estas cosas se dicen para recono-
cer su sentido.

4. Contradicción
»A la inversa, algunas proposiciones, llamadas contradic-
ciones, siempre son falsas. Empezamos el ejemplo con la pro-
posición P: "Hace sol". Ahora la contradicción: "Hace sol y no
hace sol". Esta proposición siempre es falsa, independientemen-
te del estado del sol.

,.
CEREBROS Y ORDENADORES 129

P Py 1 P
V F
F F

»La afirmación, la negación, la tautología y la contradic-


ción agotan las funciones lógicas que podemos producir con
una proposición individual. Sin embargo, también podemos uti-
lizar dos o más proposiciones. Tradicionalmente, una segun-
da proposición se presenta como "Q". De este modo tenemos
las proposiciones P y Q.
»Dos proposiciones pueden combinarse de dieciséis modos
distintos, generando dieciséis funciones lógicas, tal como mues-
tra la tabla l.
»Consideremos la función lógica "y" que ocupa el número
8 en la tabla, escrita como P A Q. Cada una de las proposicio-
nes, P y Q, tiene dos valores de verdad: verdadero (V) o falso
(F). Esto significa aquí que hay cuatro combinaciones posibles
de P, Q -VV; FV; VF; FF-, que agotan la lista de combinacio-
nes posibles. Ahora podemos preguntarnos cuándo la función
lógica "y" es verdadera o falsa. La operación lógica "y" es ver-
dadera si y sólo si la proposición P es verdadera y la proposi-
ción Q es verdadera. De este modo, a partir de la lista exhaus-
tiva de las cuatro combinaciones posibles sólo hay una que
computa una "y" verdadera, a saber, si y sólo si ambas propo-
siciones, P y Q, son verdaderas.
»Examinando la función lógica "o", en la tabla (columna 2)
se muestra que tres de las cuatro combinaciones generan una
"o" que es verdadera.
»Por ejemplo, podemos examinar la proposición: "Si Bob
o J oe asisten a la reunión, habrá quórum". Si Bob asiste habrá
quórum. Si Joe asiste habrá quórum; y si ambos asisten, tam-
bién habrá quórum. Tres de los cuatro casos son verdaderos.
»De este modo, las funciones lógicas son instrucciones com-
putacionales. Las funciones lógicas generan proposiciones un
poco más complejas. Ello se ve de un modo más claro al ope-
rar con dos proposiciones que permiten dieciséis modos de
combinar P y Q en una estructura más compleja».
Puesto que tratamos con un sistema lógico que tiene dos
valores, a saber, verdadero o falso, las funciones lógicas com-

1
-
w
o

pv---,p 2 3 4 5 6 7 8 9 pA---,q 11 12 13 14 15 pA---,p


y V V

pq qv---,q pvq p+q q q->p p p=q pAq ---,pv---,q ---,pAq ---,p ---,pAq ---,q pA---,q ---,pA---,q qA---,p (")
o
~
"ti
e::
vv V V V V V V V V F F F F F F F F ~
(")
FV
VF
V
V
V
V
V
F
V
F
F
V
F
V
F
F
F
F
V
V
V
V
V
F
V
F
F
V
F
V
F
F
F
F
oz
FF V F V F V F V F V F V F V F V F

Tabla l. Cálculo de las funciones lógicas con dos proposiciones.


CEREBROS Y ORDENADORES 131

putacionales pueden incorporarse a un ordenador. Los circui-


tos lógicos del ordenador, llamados gates (puertas), reciben dos
o más señales de input (entrada) y tienen una señal de output
(salida). Estas puertas permiten a los programadores escribir
instrucciones para la toma de decisiones.
Una puerta con dos inputs puede computar las dieciséis fun-
ciones lógicas descritas más arriba. El ordenador utiliza el nú-
mero binario 1 para representar el valor verdadero, y el bina-
rio O para representar el falso. De este modo, el ordenador tiene
la instrucción de que si y sólo si ambos inputs P y Q tienen
el binario 1, el output será un l. Si ambos, o uno sólo tienen el
O, el output será O.
El número de funciones lógicas es exponencialmente expo-
nenClalré-spé-etoarnúmeró·ae proposiciones. Por ejemplo, si
tenemos tres proposlc1onéspooerñosgeñerar'25o-fiincTonesTO-
glcas;siTéñemos cuaTro propOSícwnes erñumero defiiiiCió-
nes lógicas generables es de 65.536. La fórmula es (2) 2 De N.

este modo, con tres proposiciones tenemos 2 por 2 a la tercera


potencia, que simbolizamos como 2 8 , y que es igual a 256.
Como se puede apreciar a partir de la tabla 2, el número
de funciones lógicas se incrementa con suma rapidez. Tratar
con números muy elevados de proposiciones es extraordina-
riamente complejo. En el capítulo 6, que trata de la biocom-
putación, examinaremos las redes neuronales con un prome-
dio de un millar de inputs y un solo output. Si consideramos
cada input a partir de otra neurona como una proposición, el
número de funciones lógicas computado es astronómico.
Finalmente, llegamos a una pregunta en extremo importan-
te: ¿Qué clase de verdades demuestran en el fondo los lógicos?
Von Foerster responde: «Hasta ahora, la presentación que he
hecho (fe las tablas de verdad hasido sencilla. Pero ha que-
daao- sin plantear la cuestióñesencial: '''¿:Bajo qué condicio-
nes pueciü'Ilaílai-s1--u:na~--proposi'C1:onesver<Iadera o falsa?''.
Se trata de un problema difícil, pero existe una respuesta
sencilla.
»Si leen la introducción a cualquier libro de lógica encon-
trarán que se dice algo así "si desean saber si una proposición
en ella misma es verdadera o falsa NO LE PREGUNTEN A UN LóGI-
co". Los lógicos sólo estudian lo que sucede cuando se combi-
nan las proposiciones, no si son verdaderas o falsas».
132 COMPUTACIÓN

Número de Número de
proposiciones funciones lógicas

1 = 4
2 16
3 256
4 65.536
5 4.294.967.304
6 18.446.744.073.709.551.616

Tabla 2. Crecimiento exponencial de las funciones lógicas.

Volviendo al ordenador digital

Boole tradujo las operaciones numéricas en valores de ver-


dad. El ordenador puede comparar dos valores y determinar
si son iguales o si uno es mayor que el otro. Cada uno de estos
cálculos o computaciones genera un valor de verdad.
Los programadores han utilizado el álgebra de Boole para
diseñar las instrucciones que permiten a un ordenador tomar
decisiones. Todas las frases hipotéticas, sin importar la com-
plejidad con que estén enlazadas unas con otras, realizan en
la práctica la siguiente operación: Si ..., entonces hacer... En otros
términos, si la condicional es verdad, entonces llevar a cabo
la instrucción A; si es falsa, llevar a cabo, en su lugar, la ins-
trucción B.
Por ejemplo: l. El ordenador de una escuela secundaria pue-
de programarse para comprobar las notas de los estudiantes:
«Si un estudiante tiene tres o más notas por debajo de la pun-
tuación de aprobado, enviar a sus padres un impreso que les
informe de sus cualificaciones». 2. El ordenador de una fábri-
ca puede programarse como sigue: «Si es domingo y la máqui-
na B está en funcionamiento, hacer sonar la alarma de la ofi-
cina del ingeniero». 3. Se puede escribir un subprograma que
de hecho diga al ordenador, «SÍ el usuario escribe "s-a-1-i-r",
desconectar».
Examinemos este último ejemplo más detenidamente por-
que revela aquello que el ordenador no puede hacer: compren-
der el lenguaje natural. El programador ha situado un código
CEREBROS Y ORDENADORES 133

en el programa que representa las letras s-a-1-i-r. También ha


dispuesto un bucle en el programa de modo que cada vez que
se use el teclado para introducir datos el ordenador compro-
bará los datos y verá si son iguales al código para s-a-1-i-r. Si
lo son, la máquina se apaga. Si no lo son, la máquina realiza
otras instrucciones. La comparación se hace por simple sus-
tracción. Si la respuesta es O, coloca el número binario 1 en
un registro para significar la igualdad. No sabe lo que simbo-
lizan las letras s-a-1-i-r.
Muchas personas lamentan las limitaciones de los progra-
mas para ordenador en lo referente a la revisión y corrección
ortográficas. El programa comprueba la ortografía emparejan-
do las palabras del usuario con una lista de palabras que se
encuentran en una carpeta-diccionario. Si una palabra no es
igual a ninguna palabra de las que se encuentran en la carpe-
ta del diccionario, el ordenador lista la palabra como un posi-
ble error. Así, no detectará ninguna falta en la frase, «Vivo en
una caza verde», cuando queríamos escribir, «Vivo en una casa
verde».
Los ordenadores digitales han eliminado el trabajo monó-
tono del cálculo y pueden llevar a cabo tareas útiles. Un orde-
nador ha facilitado mucho la redacción de este libro. Sin em-
bargo, tal como describe J ohn K. Stevens en el número de abril
t ~ti
de 1985 de la revista Byte: <:::>
'-41' t SlO'-l '
Aunque el hardware actual es en extremo impresionante, es
evidente que la velocidad de la función de la retina a tiempo real
co4 1
continúa siendo inigualable. En realidad, para simular diez mi-
lésimas de segundo (ms) del procesamiento completo de tan sólo
una célula individual de la retina se requeriría cien veces la so- 1
lución de cerca de quinientas ecuaciones no lineales, y llevaría
como mínimo algunos minutos de procesamiento en un superor-
denador como el Cray. Teniendo presente que existen diez millo-
nes, o más, de estas células que interactúan entre sí de modos
complejos, llevaría un mínimo de cien años del tiempo del Cray
simular lo que sucede en el ojo muchas veces cada segundo. 7

7. Stevens, John K. (1985, abril). <<Reverse engineering the brain>>, Byte·


The Small Systems Journal, vol. 10, n. 4, pág. 286.

~ ~--- ~~-------~~------ - - -
134 COMPUTACIÓN

CoMPUTACióN SEMÁNTICA

Como sugiere von Foerster, nuestra extensa comprensión


de las computaciones lógico-matemáticas da cuenta del éxito
en el desarrollo de ordenadores digitales de alta velocidad. Von
Foerster: «Sin embargo, sólo ahora se está empezando a explo-
rar y comprender lentamente la estructura de las relaciones
seinántlcasqu-e,1ncorporaaa alaórgaiüzadón funcional yana-
tómica -de nuestrócereoro:nosiiace'-responüer a otros e inte-
ractuar-con ellos-a tráves aeflengúáje y de la conducta... Toda-
-vía-e-stoy perp1eJ6porTa mfsterío-sáma:riera en que es posible
que Jlm, un amigo de Joe, ál oír los ruiclos que se asocian a
la lectura en VOZ alta de las letras ANN ES LA HERMANA DE J OE
-o al verlas- sepa que Ann es la hermana de J oe y, de facto,
Jim cambie por completo su actitud respecto al mundo, de
acuerdo con la nueva idea que se forma de la estructura rela-
cional de los elementos en este mundo». 8
Continuamente realizamos computaciones semánticas pero
raramente las identificamos como tales. Von Foerster señala
que «llamaré computación a la simple permutación de tres le-
tras A, B, C, en la que la última letra ocupa ahora el primer
lugar -C, A, B-. De modo similar designo como computación
cualquier operación mediante la que se suprimen las comas
entre las letras -por ejemplo, CAB-; lo mismo sucede con la
transformación semántica que cambia, en inglés, CAB en TAXI,
etc.».*
La computación semántica nos ayuda a comprender y re-
solver problemas. Von Foerster ilustra esta noción con la ayu-
da de un acertijo estudiado por P. Weston. 9 Weston analizaba
la estructura relacional de los acertijos semánticos, sobre todo
aquéllos que se conocen como la variedad «Smith-Robinson-
Jones». En este tipo de acertijos se presenta un relato en for-

* Conservamos el ejemplo en inglés a efectos de economía. Baste seña-


lar que CAB significa también taxi. Al citar el ejemplo, el autor quiere ex-
presar que el cálculo o la computación semánticos asignan a la computa-
ción un significado.
8. Von Foerster, Heinz (1981). «Thoughts and notes on cognition», en Ob-
serving systems. Seaside, CA: Intersystems Publications, pág. 238.
9. Weston, P. (1970, agosto). <<To uncover; to deduce; to conclude», Com-
puter Studies in Humanities and Verbal Behavior, vol 3, n. 2, págs. 77-89.
COMPUTACIÓN SEMÁNTICA 135

ma de enunciados, aparentemente desconexos, seguidos de pre- 1


guntas que parecen imposibles de responder habida cuenta de
la forma original del acertijo. Consideremos el ejemplo si-
guiente:

Tres hombres hacen funcionar una máquina de tren: Smith,


Robinson y J ones; son, y no necesariamente de un modo respec-
tivo, ingeniero, bombero y guardafrenos. En el tren hay tres hom-
bres de negocios con los mismos nombres -el señor Smith, el
señor Robinson y el señor Jones-. Consideremos los siguientes
hechos, relativos a todos: l. El señor Robinson vive en Detroit.
2. El guardafrenos vive a medio camino entre Chicago y De-
troit. 3. El señor J ones gana anualmente 2.000 dólares. 4. Smith
ha vencido al bombero en el billar. 5. El vecino más próximo del
guardafrenos es uno de los pasajeros que gana tres veces más que
el guardafrenos, que gana 1.000 dólares al año. 6. El pasajero cuyo
nombre es el mismo que el del guardafrenos vive en Chicago. 10

Entonces se nos pide que respondamos a preguntas como:


¿Quién es el ingeniero? ¿El pasajero con el mismo nombre que
el bombero vive al este del señor J ones? En la forma presente
del problema, estas preguntas son imposibles de responder sin
un ordenador potente y una preparación matemática. Las re-
laciones no pueden ser computadas. Al «recomputar» los da-
tos, sin embargo, las relaciones se pueden representar, propor-
cionando alguna posibilidad de solucionarlo. Examinen el
gráfico de la figura 9.
Estudiar el gráfico es más sencillo que estudiar la forma
original del acertijo, porque todas las relaciones se pueden ver
simultáneamente. Cada línea representa un grupo de hechos.
La primera línea representa a los ferroviarios; la segunda, sus
oficios; la tercera, los pasajeros; la cuarta, sus ubicaciones; la
quinta, los salarios. Con la utilización de elaborados algorit-
mos, el problema Smith-Robinson-Jones se puede solucionar.

10. Wylie, C. R. Jr. (1957). One hundred and one puzzles in thought and
logic. Nueva York: Dover Press.
136 COMPUTACIÓN

Figura 9. Estructura semántica del problema «Smith, Robinson y


Jones».

MÁQUINAS LÓGICAS

Cuando se aplica el concepto de máquina al comportamien-


to humano se corre el peligro de que nos desalentemos. Sugie-
re algo frío e inhumano, que tiene escaso o ningún valor si lo
que queremos es comprender a otras personas. Ross Ashby, 11

11. Ashby, Ross (1968). «Principies of the self-organizing system>>, en Mo-


dern cybernetics research for the behavioral scientist. Buckley, W. (comp.),
Chicago: Aldine, págs. 110-111.
MÁQUINAS LóGICAS 137

el psiquiatra y cibernético británico, adopta un enfoque dife-


rente. Sugiere que una de las principales contribuciones de la
cibernética es la formulación de conceptos que se aplican tan-
to a sistemas físicos como conceptuales y afirma: «El hecho
de haber identificado como mínimo los caracteres esenciales
de la "máquina en general" creo que constituye uno de los avan-
ces sustanciales de la última década [se refiere a la década de
1950]». Se tenían que superar dos factores antes de que este
avance se pudiera realizar: 1) la idea de que la máquina había
de estar compuesta de materia concreta -« ... se pueden dar fá-
cilmente ejemplos que muestren que lo esencial es si el siste-
ma, de ángulos o de ectoplasma, o de lo que les parezca, se com-
porta de un modo conforme a la ley y similar a una máquina»-;
y 2) la idea que se debe tener en cuenta es el concepto de ener-
gía -« ...cualquier calculadora muestra que lo importante es
la regularidad del comportamiento-; que se gane energía, se
pierda, o que incluso se cree, es sencillamente algo irrevelante».
William Buckley, 12 al comentar el artículo de Ashby, «Prin-
cipies of the Self-Organizing System», adelanta una segunda
crítica del concepto de máquina explicando que «aunque esa
obra pueda parecer a más de uno una "pura" especulación abs-
tracta, a muchos les ha proporcionado, en cambio, una sólida
fundamentación lógica para permitirles desvelar el misterio
de muchas de las características emergentes de los sistemas
complejos que tienen especial interés para el teórico del com-
portamiento».
Von Foerster se sirve de la palabra «máquina» para deno-
tar un dispositivo conceptual utilizado para llevar a cabo la
computación. La contemplación de las cosas juntas se tiene que
llevar a cabo en «algo», que por motivos de simplificación, von
Foerster llama una máquina. Estas «máquinas lógicas» mues-
tran las potencialidades y las limitaciones de muchos de los
conceptos asociados a la cognición, incluyendo la memoria, el
aprendizaje y el comportamiento holístico.
Von Foerster ve dos ventajas en el uso de máquinas lógicas
como herramientas conceptuales: l. Las máquinas «posibili-
tan el método más directo para enlazarTii's varíaóTes"exteriias
·-- - -

12. Buckley, W. (comp.). Modern cybernetics research for the behavioral


scientist. Chicago: Aldine, pág. 70.
138 COMPUTACIÚN

de un sistema -a saber, estímulo, respuesta, valores de entra-


da (input), valores de salida (output),* causa, efecto- con los
estados internos y las operaciones del sistema. 2. La interpre-
tación formal se deja completamente abierta y se puede apli-
car-aranimaren su totalidad; o álas-rel1rüones de células en
el intér10rdáeranimar; o a células individuales y sus modalida-
aes-óperafiVa-s >>:1-Y -

MÁQUINAS TRIVIALES

Dice von Foerster: «Quiero presentarles algunas máquinas


preciosas que son realmente divertidas si se pasa tiempo ju-
gando con ellas. Primero me gustaría presentarles lo que lla-
mo máquina trivial. Es una cosa digna de confianza. Siempre
que se opera con ella, se comporta de un modo predecible. La
mayoría de los aparatos y chismes mecánicos de nuestra vida
cotidiana son máquinas triviales. El interruptor de la luz es
una máquina trivial. Si se abre el interruptor, se enciende la
luz; al cerrarlo, la luz se apaga. A no ser que se rompa, funcio-
nará siempre así; es predecible al cien por cien. Examinemos
esta máquina (figura 10) y veamos cómo funciona.
Una máquina trivial consta de tres partes: una entrada re-
presentada por la letra X; una función de transferencia, repre-
sentada por la letra F; y una salida, representada por la letra
Y. Examinemos un interruptor. El input es abrirlo. La funCión
de transferencia es permitir el paso de la corriente eléctrica
a través del circuito. Y el output o resultado es que el filamen-
to de la bombilla se calienta y vemos luz.
Examinaremos una máquina trivial con cuatro entradas ad-
misibles y una salida o resultado. La función de la tabla 3 mues-
tra todas las entradas y salidas admisibles.

* Los términos input y output salvo excepciones se dejarán en inglés. Se


opta por hacerlo así en aquellos casos en que "valor de entrada", "entrada",
"datos" etc. en caso de de input; o bien "producto", "resultado", "valor de
salida", para el caso de output, no cubren económicamente su significación
cibernética. [T.]
13. Von Foerster, Heinz (1981). «Molecular ethology: An immodest pro-
posa! for semantic clarification», en Observing systems. Seaside, CA: Inter-
systems Publications, págs. 154-155.

-- -- ----- __.....___
MÁQUINAS TRIVIALES 139

X ------~~F
- - - - - ¡ u - -----~y
-----¡

Figura 10. Una máquina trivial.

La columna enumera las cuatro entradas lícitas de la má:


quina: alfa, beta, gamma, delta. La columna Y enumera sus
salidas lícitas, dada una entrada específica. Por ejemplo, si
entramos una alfa en la máquina sale un O. Si entramos una
beta, sale un l. Si le entramos una gamma sale un O, y si
le damos una delta sale un l. Se trata de una máquina muy
simple. Está completamente determinada y es completamen-
te predecible. (Los símbolos de entrada son arbitrarios. Po-
dríamos utilizar las letras A, B, C, y D, y tendríamos la misma
máquina.)
Podemos hacer un poco más humana esta máquina conec-
tándole un simulador de voz a fin de que cada vez que salga
un 1, la máquina diga «adiós», y cada vez que salga un O, diga
«hola». Ahora, si le damos una beta dice «adiós», si le damos
una gamma dice «hola», si le damos delta dice «adiós», y si
le damos una alfa dice otra vez «hola». Dándole otra delta
nos da otro «hola». El comportamiento de la máquina es ¡per-
fectamente comprensible y perfectamente predictible! No im-
porta cuántas veces o en qué orden le demos a la máquina
sus entradas admisibles; dirá de un modo predecible «hola»
o «adiós».

X:Y
alfa: O
beta: 1
delta: 1
gamma: O

Tabla 3. La función de una máquina trivial.

l
140 COMPUTACIÓN

Máquinas triviales y dispositivos lógicos

La máquina trivial es un modelo prototípico de predictibi-


lidad y certeza. La máquina trivial dice, «cada vez que me des
el mismo valor de entrada, te daré el mismo resultado». Así
pues, las máquinas triviales funcionan con independencia de
la historia o de la experiencia.
Esto es exactamente lo que queremos que hagan las expli-
caciones causales. Cada vez que tenemos la misma causa (el
input o valor de entrada), queremos tener el mismo efecto (out-
puto valor de salida). La regla causal detransformación que
opera en la causa para pro-duCir eTeteC:iü es -análoga-ala-fiin-
ci~~-4~ tr~E~~-~~ii"~i~:-de.J~~~-á9?Iii.~~ ----- -----·---------- --- --------
Los silogismos deductivos son máquinas triviales. El input
es la premisa menor del silogismo: Sócrates es un hombre. Su
función de transferencia es la premisa mayor del silogismo:
todos los hombres son mortales. Su output es la conclusión:
Sócrates es mortal. Von Foerster comenta: «Existe una máqui-
na llamada la "Máquina Trivial Todos-Los-Hombres-Son-Mor-
tales". Si introducimos en ella a nuestros amigos, salen ca-
dáveres».
Y continúa: «Supongamos que hacen sonar el timbre cada
vez que dan de comer a su perro. Poco después, tan pronto
como suene el timbre, el perro comenzará a producir saliva,
incluso si no tiene delante su cena. Podemos ahora aplicar el
lenguaje de la causa y del efecto a estos acontecimientos. El
timbre es la causa, la saliva es el efecto y el perro la regla de
transformación. Sé que suena un poco gracioso. Acostumbra-
mos a pensar que el condicionamiento da cuenta del proceso
de salivación del perro. Pero el perro es la regla de transfor-
mación.
»Claro está que cuando se trabaja con organismos vivos se
tiene que ser extremadamente cuidadoso al determinar cuál
es la causa y cuál es el efecto. Por ejemplo, Pavlov, el célebre
científico ruso, guardó en un libro sus notas impecablemente
precisas y detalladas acerca de sus célebres experimentos so-
bre el reflejo condicionado. Recientemente, un científico po-
laco intentó repetir los experimentos de Pavlov. Como Pavlov,
hacía sonar el timbre cuando daba de comer al perro, y pron-
to el perro empezó el proceso de salivación cuando sonaba el
MÁQUINAS NO TRIVIALES 141

timbre sin que tuviera delante la comida. Sin embargo, durante


su último experimento el científico quitó el badajo de la cam-
pana del timbre y agitó con la mano la silenciosa campana de-
lante del perro: el perro empezó la salivación.
»Así pues, tenemos que ser cuidadosos al definir los estí-
~~.<?..~.E.;:t~a lo~_<?J.:ganis~.9S vivos. El sonido del_!imbre es un
estímulo para Pavlov, ¡pero no lo es para el perro!»
-" '~" ' ,_ '""'• ' '-'">~.' ~~ •. . ~- '~ • .,. - ·~-'- - ••

MÁQUINAS NO TRIVIALES

«Ahora, síganme atentamente. Estamos a punto de entrar


en el reino de las máquinas no triviales. Son dispositivos ex-
tremadamente delicados», comenta von Foerster. «Si la obe-
diencia es el rasgo característico de la máquina trivial, pare-
ce que la desobediencia es el de la máquina no trivial. Sin
embargo, como veremos, la máquina no trivial es obediente
a una voz diferente. Quizá se podría decir que es obediente a
su voz interior.»
Las máquinas no triviales tienen algo llamado estado in-
terno, representado en la figura 11 por la letra Z, que las dis-
tingue de las máquinas triviales. El estado interno de la má-
quina no trivial cambia cada vez que la máquina calcula un
output. Esta máquina es recursiva: cada vez que opera cam-
bia sus reglas de transformación.
El diagrama se hace un poco más claro si miramos las ta-
blas A y B, debajo del diagrama de la máquina. Las tablas A
y B representan el comportamiento de la máquina en cada uno
de sus dos estados internos. Las columnas X e Y representan
los valores de entrada (inputs) y de salida (outputs) admisibles
de la máquina. Aliado de la columna Y se encuentra una ter-
cera columna Z que indica el estado interior de la máquina.
Supongamos que esta máquina está conectada a un simu-
lador de voz que convierte el output de la máquina (O o 1) en
«hola» o «adiós».
Esta máquina está en el estado interior A. Empezamos dán-
dole un valor alfa, y dice «hola» (0). Debemos examinar la co-
lumna Z para ver si su estado interior ha cambiado. La Z nos
indica que la máquina ha mantenido el estado interior A.
Ahora le damos un valor beta, y dice «adiós» (1). La colum-
142 COMPUTACION

función de transmisión y= f(x, z)


función de estado: z' = Z (x, z)

(i) Leer el símbolo de in¡ut X.


(ii) Comparar x con z, e estado interno de la máquina.
(iii) Escribir el símbolo de output apropiado y.
(iv) Cambiar el estado interno z por el nuevo estado z'.
(v) Repetir la secuencia anterior con un nuevo estado de input x'.

e>
X y t

tJL
.4 1 ""
o 1J
:ñU'JZ>
o A.

Figura 11. Máquina no trivial.

na Z da instrucciones a la máquina para que se mantenga en


el estado interior A.
Ahora le damos un valor gamma, y dice «adiós» (1). La co-
lumna Z muestra que la máquina ha cambiado su estado inte-
rior. Tenemos que utilizar la tabla B para ver de qué modo se
comportará ahora la máquina.
Le damos un valor alfa, y la máquina dice «adiós» (1) y re-
gresa de nuevo al estado interior A. El cambio en el estado in-
terior de la máquina cambia los outputs de la máquina para
el mismo conjunto de inputs.
Imaginémonos que quisiéramos analizar el modo en que
esta máquina funciona operando con ella. Sabemos que sólo
tenemos cuatro inputs admisibles que producen dos outputs,
«hola» y «adiós». Al observar de qué modo se comporta la má-
quina, tenemos que adivinar sus reglas de funcionamiento. Es

---- ~~-~-~~~~.-----------~
MÁQUINAS NO TRIVIALES 143

muy probable que supongamos que esta máquina es como to-


das las demás máquinas -una máquina trivial.
Después de unos pocos intentos, si la máquina está en el
estado By le damos un valor gamma, dice «hola». Estaremos
tentados de pensar, «¿qué te pasa?; hace un momento te di una
gamma y me dijiste "adiós"».
«Está bien», diremos, «te daré una beta». Y le damos un
valor beta y dice «hola». Así es exactamente como respondió
hace unos pocos minutos. Así pues, le damos un valor gamma
y dice «adiós». Exclamamos,« ¡Ajá!, creo que sé cómo funcio-
na esta máquina». Así, intentamos una variedad de inputs, a
la espera de descubrir un modelo o regla que gobierne el com-
portamiento de la máquina. Al cabo de un rato estamos total-
mente confusos porque la máquina nunca hace lo que prede-
cimos que hará. Cambia constantemente su estado interno y,
por decirlo de alguna manera, opera con una psicología di-
ferente.
La máquina infringe nuestras nociones «triviales» acerca
de la~éausalíaad-. Súponemos que un determinado sistematie-
n-e ql.le- ~~r~Jire<éleci61e:_~a~~fri~~iª~~~s 1:1.'? _!!"!~~al'es vi~l<:~ esta
creencia, ya que tienen un comportamiento tan complejo que
no podemos predecir lo que harán a continuación, aunque la
máquina esté totalmente determinada y funcione adecuada-
mente. Las máquinas no triviales son también únicas porque
operan en el presente. La experiencia de la máquina la trans-
forma en una máquina diferente.
Las máquinas no triviales tienen un repertorio de compor-
tamiento extremadamente complejo. De este modo, el proble-
ma consiste en identificar, es decir, inferir, todas las máqui-
nas posibles dado que tenemos una máquina trivial con un
cierto número de inputs y outputs admisibles.
La tabla 4 establece la lista del número posible de máqui-
nas no triviales, concretamente con dos estados de salida. La
máquina que utilizamos cuenta con dos inputs de doble valor.
Si miramos la última- columna de la segunda fila, encontra-
mos el número 6 x 1016 • Este número superastronómico re-
presenta el número de las máquinas posibles que nuestro ex-
perimentador puede encontrar cuando busca inferir las reglas
de funcionamiento de la máquina.
Sean el número de inputs y el de outputs de una máquina

1
144 COMPUTACIÓN

no trivial iguales, y exista una cantidad n de ellos; entonces


N será el número de las diferentes máquinas posibles:

n N
16
2 2 =65536
4 28192= 102466
30
8 23.2 = 10969685486

Tabla 4. Número de las diferentes máquinas no triviales.

Von Foerster afirma: «Quienes estén familiarizados con la


astronomía o la cosmología recordarán que Eddington estimó
el número total de partículas elementales existentes en el cos-
mos en 1072 • Los números asociados con las máquinas no tri-
viales son unas mil veces más grandes que la cifra estimada
por Eddington. Ello significa que si tuviéramos que escribir
cada función de estado de una partícula elemental del univer-
so, necesitaríamos un millar de universos. Y todavía no hemos
hablado de algunas de las máquinas más amplias señaladas
en la tabla. Casi está más allá de nuestra comprensión inten-
tar captar lo rápido que aumentan las posibilidades».
El primer hombre en concebir de un modo riguroso una
máquina no trivial fue el matemático británico Alan Turing.
Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para la sección
de la Inteligencia Británica que se dedicaba a descifrar el có-
digo militar alemán, escrito en clave. Turing descubrió que
aquél operaba como una máquina trivial, y aunque fue difícil
de descifrar en un principio, una vez hubo descubierto su re-
gla de transformación, supo que la descodificación en el futu-
ro sería fácil.
Decidido a hacer impenetrable el código británico, Turing
desarrolló un código secreto que funcionaba como una máqui-
na no trivial, de manera que, al cambiar continuamente sus
reglas de transformación, no dejaba a los alemanes casi nin-
guna posibilidad de descifrarlo.
«No resulta nada sorprendente que las máquinas no trivia-
les sean muy impopulares», comenta von Foerster. «Su impre-
dictibilidad las hace en extremo desagradables. Puede ser un
auténtico horror interactuar con algo impredecible. Nos gus-
LAS REPRESENTACIONES INTERIORES 145

ta interactuar con entidades que sean predecibles. Nuestros


coches arrancan y paran convenientemente y pueden mover-
se en la dirección en la que los conducimos. Si nuestras má-
quinas no funcionaran correctamente, si dejaran de ser pre-
decibles, las odiaríamos.
»Los conductistas, sobre todo los skinnerianos, son exper-
tos en trivializar sus animales de laboratorio, al reducirlos a
entidades altamente predecibles. Algunas veces los animales
acaban tan trivializados que mueren, lo cual es demasiado pre-
decible, incluso para los skinnerianos. »
_!:as Ill:_ftql!inas no triviales nos dicen al,go S()_bJ~-~LtiemE_2:
actúan en el aquí y ahora y vemos cómo esta misma noción
aparec·e·errtosescmoscterouctrsm:o·:zeñ" ""'aeorra~nés
··- ·-- --····"·-~--·--·--·-- .........-~-~-~--- . ·-·--·--..)L. ---·-·-·-·---·--------···----g __ -------·
·-----------·.--·-·.
asii\ti~ª_s_qlJ.§Jl9Jl~!!-~!L!eJª g~jlJ.i<::.!QJª.ngstón_q~~~n YC>i_l1te-
-~_y ~S.Jªl:>l~~-J;'.~te~_!:<::l!_gj<:>.P:<::~~<,:>~ti__~gen_que tenem9s muchos
x._c:!~f~!-~!l1~~J:q~s,_,Y_q!l~.ePr~_g_c:!i~:t1c:lC>. a~x_pe}'"imentar ~St()S :yoe~
3-~0!!§llil1~- <ll1en11estra ~:x:periencia interior se_ y~~lY<:l~n­
sa y novedosa.

LAS REPRESENTACIONES INTERIORES Y EL HOMÚNCULO

Von Foerster comenta: «Permítanme que mientras trata-


mos de este tema aborde la noción de representaciones inte-
riores. Se trata de unos recursos explicativos demasiado fa-
miliares que se utilizan para explicar la memoria. Oirán
repetidamente a psicólogos, neurólogos y otros investigado-
res del cerebro utilizar estos términos».
Y continúa: «Conceptos como memoria, cartografías del ce-
rebro y engramas sugieren que elaboramos representaciones
internas de nuestra experiencia, las cuales utilizamos para
guiar nuestro comportamiento futuro. Según los teóricos de
esta creencia, en este momento estoy haciendo representacio-
nes de este atril, de esta pizarra y de todas estas encantado-
ras personas que se encuentran en la sala.
»A fin de que mañana pueda recordar esta escena, tengo
que referir estas representaciones internas. Con la cartogra-
fía sucede lo mismo. Supuestamente, los organismos vivos le-
vantan mapas de su entorno y luego los utilizan para valerse
por sí mismos en el mundo.
146 COMPUTACIÓN

»Ahora bien, señoras y señores, estas atractivas teorías ca-


recen completamente de sentido. Si elaborara una represen-
tación interna de algo como un atril, significaría que en mi
cerebro hay un atril diminuto. Como mínimo existe una repre-
sentación del atril. Esto significa que tiene que haber algo o
alguien que pueda mirarlo e informarme de su presencia cuan-
do uso mi memoria.
»Así llegamos a una teoría que nos resulta familiar: la no-
ción de homúnculo. Todas las teorías de la representación in-
terna requieren lógicamente que haya algo dentro de nosotros
que pueda mirar las representaciones e informarnos de su con-
tenido. Este algo se suele llamar un homúnculo. Homúnculo
significa "hombre minúsculo" que mira las cosas. Así pues,
es el homúnculo quien sabe si en mi cabeza hay la representa-
ción de un atril. Es el homúnculo quien me da esos datos.
»Pero ahora se nos plantea una pregunta importante:
¿Cómo funciona este homúnculo? ¿Tiene memoria? Si el ho-
múnculo mira un atril diminuto, entonces tiene que tener tam-
bién una representación interna del atril en su cabeza. ¿ Sig-
nifica esto que el homúnculo tiene un hombrecito minúsculo
en su cabeza? ¿Dónde se detiene esta cadena? Pronto los ho-
múnculos nos saldrán por los ojos. Además, si sabemos cómo
funciona el homúnculo, entonces sabremos cómo funcionamos
nosotros, y si sabemos eso, no necesitaremos del homúnculo:
lo podemos eliminar. Existe una herramienta diseñada exac-
tamente para esto, que se llama la navaja de Ockham. Elimi-
na todos los argumentos lógicos innecesarios. Una limpia pa-
sada de la navaja de Ockham* y nos libramos del homúnculo,
de los mapas y de las representaciones interiores.
»A riesgo de confundirlos, permítanme hacer unas pocas
precisiones adicionales. El término "memoria" es útil en con-
versaciones o como una especie de taquigrafía para referirse
a algo más. Por ejemplo, digo "no recuerdo" o "no tengo faci-
lidad de memoria". Sin embargo, no estoy utilizando la pala-
bra "memoria" o "recordar" con la acepción de que soy inca-
paz de acceder a representaciones de una experiencia previa.
Ésta era la precisión esencial que quería hacer.
»Conocemos la teoría del engrama desarrollada por el pre-

* Essere non sunt multiplicanda praeter necessitatem.


TRIVIALIZAR PERSONAS 147

mio Nobel sir John Eccles. Sir John pasó la mayor parte de
su vida buscando el engrama -una función localizada- y, cla-
ro está, nunca la encontró. Cuando se aproximó al final de su
carrera bromeaba diciendo que había empezado a dudar de
si existían el aprendizaje o la memoria. También conocemos
la teoría del holograma elaborada por el profesor de la Uni-
versidad de Stanford Karl Pribram. Un holograma es una ima-
gen conseguida a partir de un proceso fotográfico sofisticado
en el cual los lásers generan modelos de interferencia que que-
dan registrados en una placa fotográfica especial. La hologra-
fía es muy fascinante, sobre todo por sus propiedades holísti-
cas, pero el holograma no nos ayudará a comprender la
memoria. Preferiría tener un agujero en mi cabeza antes que
un holograma. Déjenme que les cuente eh por qué.
»Si tuviera hologramas en mi cabeza, sería incapaz de pen-
sar. Los hologramas no pueden pensar. Son sólo fotografías.
Necesitaría también un homúnculo que los mirara y una in-
creíble cantidad de espacio para almacenarlos. Como pueden
ver, un holograma sólo nos da una imagen única de lo que su-
cede aquí y ahora. Por ejemplo, estando aquí, podría hacer en
una milésima de segundo, aproximadamente, un holograma
de lo que estoy viendo.
»Ahora, como pueden ver, he adoptado una nueva posición
en la tarima por lo que necesito hologramas adicionales. Si
siguiera en esta línea, pronto mi cabeza estaría tan llena de
hologramas que no tendría espacio para nada más. ¿Entonces,
dónde colocaría a mi homúnculo? E incluso si encontrara un
lugar donde colocarlo, en fracción de segundos no sería capaz
de estar a la altura de la masa de hologramas acumulados. El
homúnculo necesitaría su propio ordenador IBM y, ¿dónde lo
colocaría? Los hologramas ocuparían todo el espacio. Está cla-
ro, pues, que los hologramas no nos ayudan de hecho a com-
prender los sistemas de observación.»

TRIVIALIZAR PERSONAS

Von Foerster prosigue: «Intentamos trivializar cualquier


cosa, incluso a las personas. Los niños empiezan como máqui-
nas no triviales; nunca sabemos qué puede hacer un niño. Si
148 COMPUTACIÓN

le preguntamos, "¿cuánto es dos por dos?" y nos responde "ver-


de", le decimos, "no, tienes que decir cuatro". Le trivializa-
mos. Ideamos escuelas y exámenes para comprobar lo bien que
se les ha trivializado. Y si la trivialización conseguida es in-
completa, tiene que repetir curso. Una puntuación perfecta
indica una trivialización perfecta. ¿No sería preferible que las
escuelas favorecieran la diversidad en sus pruebas?
»Por ejemplo, se podría contestar que Napoleón nació sie-
te años antes de que se redactara la Declaración de Indepen-
dencia de los Estados Unidos. ¿Tenemos que responder siem-
pre que nació en 1769?»
El estudio formal de las máquinas no triviales, llamada teo-
ría de máquinas con estado finito, es una aproximación holís-
tica al estudio de sistemas. La máquina no trivial se convierte
en una nueva máquina o sistema cada vez que su estado inter-
no cambia.
Von Foerster sostiene que los seres humanos son máqui-
nas no triviales, animales recursivos que cambian sus estados
interiores en respuesta a su propio comportamiento. Así pues,
los estudios de la máquina con estado finito apoyan la opinión
de que siempre funcionamos como un sistema holístico en el
presente. «Puedo recordar el pasado», continúa von Foerster,
«pero no puedo acceder directamente a él. Señoras y señores,
el pasado ya se acabó. Estoy delante de la tarima. Pero ya no
estoy subido encima de ella. No hay nadie allí. Ahora estoy de-
trás de la tarima. Soy un von Foerster diferente del que les
hablaba hace tan sólo unos pocos segundos. El que tienen ante
ustedes es un Heinz von Foerster completamente diferente. El
que veían hace un momento ha desaparecido. Todos nosotros
funcionamos así. Nos comportamos como una totalidad.»

MÁQUINAS TRIVIALES CONTRA MÁQUINAS NO TRIVIALES

Von Foerster: «La máquina trivial es el pilar, el paradig-


ma, que subyace a nuestras condiciones lógicas de trabajo en
casi todos los campos de estudio».
Lo que sigue es una lista incompleta de los esquemas ex-
plicativos que funcionan exactamente como una máquina
trivial:
MÁQUINAS TRIVIALES CONTRA MÁQUINAS NO TRIVIALES 149

Input Función de transferencia Output


l. Causa Ley de la naturaleza Efecto
2. Estímulo Sistema nervioso central Respuesta
3. Motivación Carácter Actos
4. Meta Sistema Acción
j S. Premisa menor Premisa mayor Conclusión
6. Argumento dependiente Argumento independiente Función

Von Foerster prosigue: «Estas máquinas tienen las siguien-


tes propiedades:

l. Son predecibles.
2. Son independientes de su historia. Sea lo que fuere lo
que sucedió en el pasado, no influirá en el presente.
3. Son sintéticamente determinables. Las podemos reunir
y sintetizar.
4. Son analíticamente determinables. Si queremos averi-
guar cómo funcionan, les damos inputs, observamos los
outputs y desciframos la función de transferencia.

»En contraste, la máquina no trivial es:

l. Sintéticamente determinable, es decir, podemos montar


una máquina no trivial igual que lo podemos hacer con
una máquina trivial. Por ejemplo, anotamos una tabla
de transferencia.
2. A diferencia de la máquina trivial, sin embargo, es de-
pendiente de su historia. Lo que hace, su output, está de-
terminado por su experiencia, su historia.
3. Es analíticamente indeterminable; operando con ella no
podemos descifrar lo que la máquina está haciendo por-
que es demasiado compleja.
4. Por lo tanto es analíticamente impredecible.

»Si se quiere utilizar la palabra "realidad", la máquina no


trivial modela la realidad con la que tratamos. La máquina tri-
vial es sólo una esperanza, una fórmula mágica de cómo que-
remos que sean las cosas. Y quizá lo que es incluso más im-
portante, puesto que la mayoría de las cosas son no triviales,
150 COMPUTACIÚN

la trivializamos. Trivializamos los sistemas complejos a fin de


predecirlos y explicarlos».

RESUMEN

Computar significa considerar las cosas en conjunto. Com-


putamos en muchos dominios: en el dominio sensorial, en el
dominio lógico-matemático y en el dominio semántico.
Los ordenadores digitales de alta velocidad pueden llevar
a cabo millones de operaciones de cálculo en un segundo. El
cerebro también lleva a cabo cómputos. Pero debemos tener
cuidado. Podemos decir que todos los cerebros son ordenado-
res, pero debemos evitar la tentación de decir que los ordena-
dores son cerebros. Hasta la fecha, los ordenadores no tienen
«memoria» o «inteligencia». Algún día, estas capacidades hu-
manas, simbolizadas por los términos mencionados en este ca-
pítulo podrán incorporarse a los ordenadores, pero si tenemos
que alcanzar este objetivo, primero tenemos que darnos cuenta
de que todavía no comprendemos de qué modo funciona nues-
tra propia memoria o inteligencia. Además, nuestra capacidad
para comprender el funcionamiento del cerebro se ve dismi-
nuida si, erróneamente, suponemos que las metáforas utiliza-
das para describir las capacidades del ordenador, como el tér-
mino «memoria», nos dicen algo sobre cómo funciona el
cerebro. El cerebro no tiene bancos de datos.
Finalmente, las máquinas triviales y no triviales nos pro-
porcionan un instrumento conceptual útil para comprender
las similitudes en la mayoría de los esquemas explicativos que
computamos para explicar nuestra experiencia. La máquina
trivial compendia y resume nuestra búsqueda de certeza.
6. BIOCOMPUTACIÓN

Teniendo presente que existen diez millones, o más, de células


en la retina que interactúan unas con otras de un modo comple-
jo, llevaría un mínimo de cien años del tiempo del superordena·
dor Cray simular lo que tiene lugar en nuestro ojo muchas ve-
ces cada segundo.
1
JOHN K. STEVENS

Ahora estamos en condiciones de investigar la computación


en el sistema nervioso. Tal como se enunció en el capítulo 4,
la internuncial marca el comienzo de la computación en el sis-
tema nervioso central. Compuestas de sensores universales, o
no especializados, las neuronas internunciales reciben múlti-
ples inputs mientras emiten un solo output, un impulso de 80
milivoltios de tensión.
Computar es comparar dos o más cosas entre sí. Así pues,
cuando computamos, establecemos relaciones. La computación
tiene lugar en el plano neurológico. Cada neurona, al recibir
impulsos procedentes de centenares de miles de neuronas, lle-
va a cabo una computación compleja, es decir, establece una
relación que da como resultado el que la neurona se excite o
no se excite. Si se excita, pasa su computación compleja, en
forma de impulso eléctrico, a la neurona vecina. Este impulso,
juntamente con los que provienen de otras neuronas, impacta
en la neurona receptora para, o bien inhibir o bien facilitar el
potencial de excitación de la misma.
Comenta von Foerster: «Si examinamos atentamente esta
descripción podremos sacar las siguientes conclusiones. Un im-
pulso facilitador es como decir "sí"; un impulso inhibidor es
como decir "no". Ahora bien, ¿a qué se parece esto? Si usted

l. Stevens, John K. (1985 abril). «Reverse engineering the brain». Byte-


The small systems journal, vol. 10, n. 4, pág. 286.
1

1
152 BIOCOMPUTACIÚN

es un lógico, dirá, "¡ajá!, este sistema se asemeja a las opera-


ciones que tienen lugar en el cálculo proposicional. Cada neu-
rona presináptica es una proposición. Si emite un impulso fa-
cilitador, su valor de verdad es 'verdadero'. Si emite un impulso
inhibidor, su valor de verdad es 'falso'. Este sistema puede com-
putar funciones lógicas"».

REDES NERVIOSAS

Basados en estas nociones, en la década de los cuarenta


Warren S. McCulloch y Walter H. Pitts desarrollaron un for-
malismo para explorar las posibilidades computacionales de
neuronas interrelacionadas. Las redes nerviosas estaban cons-
tituidas por «neuronas formales».
La figura 12 muestra una neurona formal. La neurona pro-
piamente dicha es la figura triangular con una extensión ver-
tical terminada en punta hacia arriba que simboliza el peri-
karión (el cuerpo celular). Cada línea con un rizo alrededor de
la parte superior del triángulo representa una sinapsis inhibi-
toria. Los objetos en forma de botón situados cerca del lado
derecho e izquierdo del triángulo, llamados botones termina-
les, simbolizan las sinapsis facilitativas. Cada neurona ha re-
cibido también un valor de umbral, simbolizado por la letra
griega theta, e.
Una theta de la neurona denota cuántos impulsos facilita-
dores son necesarios para que sobrepase su umbral y se exci-
te. Si una neurona tiene un umbral O, se puede suponer que
siempre se excita. Si el umbral es 1, es decir, una theta de va-
lor 1, necesita por lo menos un input facilitativo para excitar-
se. Si su valor theta es igual a 3, necesita tres inputs facilitati-
vos para excitarse, etc.
McCulloch y Pitts 2 hicieron las siguientes suposiciones
acerca de sus neuronas formales:

l. «La actividad de la neurona es un proceso del tipo "todo


o nada". [La neurona, o bien se excita o bien no se excita.]

2. McCulloch, W. S. y Pitts, E. (1943). «A Logical calculus of ideas imma-


nent in nervous activity». Bulletin of Mathematical Biophysics, vol. 15, n. 115.
REDES NERVIOSAS 153

INPUT FIBERS
x1 X2 X3X4

inhibición
doble
n3 =-2

excitación
triple
n1=+3

4
OUT PUT

Figura 12. Representación simbólica de la neurona formal de McCu-


lloch.

2. »Se debe excitar un número fijo de sinapsis dentro del


período de la adición latente a fin de excitar una neurona en
cualquier momento. Este número es independiente tanto de la
actividad como de la posición previas de la neurona».

[Von Foerster comenta: «Hay dos cuestiones aquí: a) den-


tro de un período fijo de tiempo, un cierto número de impul-
sos aferentes tienen que llegar a excitar la neurona. Por lo tan-
to los impulsos tienen que llegar simultáneamente para que
la neurona se excite». (Un «período de adición latente» es una
ventana temporal en la que puede tener lugar la computación
simultánea, probablemente de algunas milésimas de segundo
154 BIOCOMPUTACiúN

de duración.) «b) la neurona formal de McCulloch-Pitts es una


máquina trivial. Este sistema no es dependiente de la historia.
Lo que sucedió en el pasado no tendrá efecto sobre su funcio-
namiento en el presente. Es una máquina de computación cons-
tituida por elementos triviales. Ambos deseaban ver qué se po-
día hacer con un sistema así.»]

3. «La única demora significante dentro del sistema ner-


vioso es la demora sináptica.»
[Von Foerster: «Tenemos que esperar hasta que alguna cosa
ocurra y esta espera ha de ser referida puramente como sinap-
sis. La sinapsis tardará algún tiempo hasta transmitir un
impulso».]

4. «La actividad de cualquier sinapsis inhibitoria impide


de modo absoluto que la neurona se excite en ese momento.»

[Von Foerster: «Un input inhibidor puede impedir que la


neurona se excite».]

5. «La estructura de la red no cambia con el tiempo.»

[Von Foerster: «La estructura de la red no cambia con la


experiencia».]

Ahora podemos preguntar de qué modo los impulsos inhibí-


torios afectan a la capacidad de excitarse de la neurona. La res-
puesta es sencilla: los impulsos inhibidores son aditivos a la
theta. Supongamos que una neurona tiene una theta de valor
1 y que tiene dos inputs, uno facilitativo y el otro inhibitorio.
Cuando el input inhibitorio se activa, hace subir temporalmente
el valor theta de la neurona hasta 2. Si los inputs facilitativo
e inhibitorio de esta neurona se activan simultáneamente, el
valor theta de la neurona es 1, y la neurona no se excitará.

La computación de las funciones lógicas

El elemento simple, representado en la figura 13, puede com-


putar funciones lógicas. Ahí se muestra una neurona con dos
REDES NERVIOSAS 155

A B

.&.18 o 1 2 3j
O lO 10 o 01
1 JO 1 , o 01
011 1 1 O Cl
t lf f t 1 Oj
S~® (A, B)

!
Figura 13. Computación de 4 funciones lógicas con la neurona for-
mal de McCulloch.

fibras facilitativas marcadas con las letras A y B. Dependien-


do del umbral de la neurona, su valor theta, podernos exami-
nar bajo qué condiciones se activa y de este modo qué funcio-
nes lógicas computa. Estas posibilidades se representan en la
tabla que acompaña a la figura 13.
Las columnas A y B contienen una lista exhaustiva de las
cuatro posibilidades de excitarse que tienen las fibras A y B.
Las columnas 0-3 representan cuatro valores de umbral dife-
rentes para esta neurona. Por ejemplo, según vernos en la co-
lumna 1, cuando la neurona tiene el valor theta O, siempre se
excita; cuando el valor theta es 1 se excita tres de las cuatro
veces; un valor theta de 2 hace que la excitación de la neurona
se produzca sólo en dos de las cuatro condiciones posibles,
156 BIOCOMPUTACIÚN

1 1. 3
A& Red nerviosa Símbolo
1 ~8 t 1
?1 Valor umbral
lógico Nombre

CA•A)!(S·S) Contradicción
(siempre falso)

Ni A ni B

i

Sólo A

No B

+ ~ l Sólo B
o .. a.z
No A

~ AoB
~ 6 FIG.12b O•!)t(e·l, («o» excluyente)

7 l
b
t..r
~8··1
¡,¡ No ambas,
AyB
AyB

9 ~ FIG.12a. ~·e) dA·!) A equivale a B


'í A~6

B implica A

12 8 l.t{ B
l A:2 8·1
A implica B

AoB
(«o» incluyente)
1 Tautología
1 L~l( 8 ,0 ~,•J•<&t& (siempre verdadero)
1 ( - •

15

Tabla 5. Cálculo de 15 funciones lógicas con una neurona formal, de


McCulloch.

l~-----------------------
REDES NERVIOSAS 157

cuando tanto A como B se excitan simultáneamente. Finalmen-


te, cuando el valor theta es 3, la neurona no se excita nunca.
Podemos ahora preguntar qué funciones lógicas computa
esta neurona. Para hacerlo sólo nos es preciso considerar que
los 1 y los O representan los valores «Verdadero» y «falso». En
la columna O, encontramos que, al igual que los válores de ver-
dad del último capítulo, las cuatro posibilidades son verdaderas.
Así pues, esta neurona, con un valor theta de O, computa una
tautología; cuando el valor theta es 1, la neurona computa
una «O» lógica; cuando el valor theta es 2, este sistema compu-
ta una función lógica «y»; y cuando el valor theta es 3,
computa una contradicción: siempre es falsa.
Es importante tener en cuenta que los O y los 1 son un sis-
tema de notación arbitrario. Podríamos representar con la mis-
ma facilidad los valores de verdad con el O y los de falsedad

~
con un 1; el resultado sería el mismo.
'
La tabla 5 muestra, con dos excepciones, todas las funcio- .
nes lógicas con dos líneas de inputs que pueden ser computa- .

das por una única neurona formal de McCulloch, si se hace 1


un uso pleno de la flexibilidad de este ele.mento al utilizar di-
versos umbrales y uniones sinápticas. Por conveniencia, esta
tabla enumera en seis lenguajes diferentes todas las funciones
lógicas que se pueden computar con dos proposiciones. La pri-
mera columna da una representación digital de la función de
verdad de Wittgenstein (segunda columna), considerada como
un número digital arbitrario que ha de leerse hacia abajo. La
tercera columna muestra el elemento correspondiente con sus
uniones sinápticas y el valor de umbral apropiado. La cuarta
columna muestra la lógica simbólica; la quinta, el nombre de
las funciones lógicas. 3
Von Foerster comenta: «El formalismo de McCulloch y Pitts
es uñ'iñodo 'deCOñtemplár la computaéióri en el sistema ner-
yiQ.i~Iªfiª]~9nli'aiis~o permite a una persorüicontemp1ar-el
sistema nervioso a su manera. cada véz que lo contemplamos
de modo diferente, tenemos una maquinaria computacional di-
ferente. Esto no significa que el sistema nervioso lleve a cabo
todo esto. Más bien, dependiendo del formalismo que constru-

3. Von Foerster, Heinz (1981). «Computation in nerve nets». Reedición en


Observing systems. Seaside, CA: Intersystems Publications, pág. 35.
158 BIOCOMPUTACIÚN

yamos, seremos capaces de dar cuenta de ciertos fenómenos.


Si lo examinamos mediante un formalismo distinto, podremos
explicar fenómenos diferentes. Desgraciadamente, ésta es una
posición un poco impopular, puesto que a cada uno le gusta-
ría que su formalismo diera cuenta de todo».

Invariantes de computación

Cuando vemos un objeto en movimiento, su imagen en nues-


tra retina cambia, pero el cambio pasa desapercibido. Percibi-
mos el objeto como si no cambiara, como un «invariante». Por
ejemplo, un cubo de madera visto desde ángulos diferentes se
percibe, aun así, como el mismo cubo. Aunque sus proyecciones
difieran en nuestra retina, lo percibimos como inalterable. Lla-
mamos a esta invariancia su «cubicidad». La invariancia re-
sulta de una computación llevada a cabo en el sistema nervioso.
Para ejemplificar la forma de computación con una red
neuronal simple, von Foerster afirma, consideremos «las redes
periódicas de dos capas, de la figura 14. La capa superior re-
presenta las células receptoras sensibles a, en este caso, la "luz".
Cada receptor (neuronas del nivel superior) está conectado con
tres neuronas en la capa inferior (computacional). Dos sinap-
sis excitativas (dos de las cuatro fibras que descienden) están
conectadas a la neurona que se encuentra inmediatamente de-
bajo. (Esta conexión se simboliza mediante botones que se co-
locan cerca del cuerpo celular.) Cada sinapsis inhibidora de la
neurona (fibra) está unida a cada una de las neuronas de de-
bajo, una a la izquierda y otra a la derecha. (Esta conexión se
simboliza mediante la fibra que rodea la parte superior del
cuerpo celular.)
»La capa que computa (la capa inferior de células) no res-
ponderá a la luz uniforme proyectada en la capa del receptor
(la capa superior de las células) porque los dos estímulos exci-
tadores en la neurona que computa serán exactamente com-
pensados por las señales inhibitorias procedentes de los dos
receptores laterales. Esta respuesta cero prevalecerá tanto bajo
la estimulación más fuerte como bajo la más débil, así como
también sobre los cambios lentos o rápidos de iluminación. La
REDES NERVIOSAS 159

LUZ

FOTOCÉLULAS

NEURONAS

o o o o o o o o o o
Figura 14. Red neuronal periódica de dos capas -sin obstrucción.

pregunta justa puede plantearse ahora: ¿Por qué no hace nada


este complejo aparato?
»Examinen la figura 15 en la que se sitúa una obstrucción
en el camino de la luz que ilumina la capa superior (receptor)
de las células. De nuevo, todas las neuronas de la capa infe-
rior se quedan en silencio, excepto aquéllas que se encuentran
al borde de la obstrucción, ya que reciben dos señales excita-
doras del receptor de arriba, pero sólo una señal inhibitoria
del sensor de la izquierda. No importa cuántas neuronas es-
tén bloqueadas por la barra; lo importante es que hay neuro-
nas en cada uno de los bordes de la obstrucción.
»Comprendemos ahora la importante función de esta red;
computa cualquier variación espacial en el campo visual de
este "ojo", con independencia de la intensidad de la luz ambien-
160 BIOCOMPUTACIÚN

LUZ

FOTOCÉLULAS

NEURONAS

o o 1 o 00 o o 1 o
Figura 15. Red neuronal periódica de dos capas -con obstrucción.

tal y de su variación temporal, e independientemente del lu-


gar y la extensión de la obstrucción.» 4
Von Foerster: «Este sistema está inhibido lateralmente. Se
trata de una importante noción que recorre la literatura en neu-
rofisiología. Personas como H. Maturana y J. Eccles afirman
que el sistema nervioso en su conjunto sólo es inhibición late-
ral. Tenemos facilitación central-inhibición lateral. Este siste-
ma siempre agudiza nuestra capacidad de percibir el cambio.
Ésta es la fisiología que nos permite percibir la "diferencia"
o el "cambio". Este sistema percibe una diferencia que elabo-
ra una diferencia.

4. Von Foerster, Heinz (1981). «Ün constructing a reality». Reedición en


Observing systems. Seaside, CA: Intersystems Publications, págs. 303-304.


REDES NERVIOSAS 161

»Ver el cambio es importante desde el punto de vista evo-


lutivo. Por ejemplo, un lagarto que esté perfectamente inmóvil
aún no ve. Todos los conos y bastones del ojo están inundados
de impulsos inhibitorios. Si nada se mueve en su campo visual,
el único modo que tiene para poder ver es mover su cabeza
arriba y abajo muy rápidamente.»
Esta red cuenta también el número de obstrucciones, in-
dependientemente de su tamaño o posición. Dadas veinticin-
co obstrucciones, el número de entidades en el campo visual
es de veinticinco. Eso significa que este sistema ve N-idad, don-
de N es una variable cuyo valor es el número de objetos en el
campo visual.
Esta red no necesita tiempo para contar. No lleva a cabo
la suma. La excitación de dos neuronas de la capa inferior es
una experiencia diferente de la excitación de cuatro, seis u ocho
neuronas. La red computa la gestalt entera de una sola vez. Pro-
cesa en paralelo -todo a la vez- en lugar de hacerlo serial-
mente, es decir, una cada vez.
Von Foerster dice al respecto: «Quería mostrar cómo fun-
cionan las redes nerviosas porque a través de todo el sistema
nervioso central se producen computaciones neuronales simi-
lares. Mi dibujo utilizaba redes en las que cada capa tenía sólo
once neuronas. Una red similar en el sistema nervioso utiliza-
ría varios millares de neuronas».

Lo que el ojo de la rana le cuenta al cerebro de la rana

Hace veinte años, Jerome Lettvin, Humberto Maturana, Wa-


rren McCulloch y Walter H. Pitts concluyeron un notable estu-
dio sobre las redes nerviosas, e informaron de su funcionamien-
to en un artículo fascinante titulado «What the Frog's Eye Tells
the Frog's Brain». 5
Afirmaron que el ojo de la rana le cuenta (computa) a su
cerebro la presencia de cuatro propiedades, que pueden enun-
ciarse en forma de cuatro preguntas:

5. Lettvin, J. Y.; Maturana, H.; McCulloch, W. y Pitts, W. (1959). «What the


frog's eye tells the frog's brain>>, (lo que el ojo de la rana le cuenta al cerebro
de la rana) en las actas del Institute of Radio Engineers, vol. 47, págs.
1940-1959.
162 BIOCOMPUTACIÚN

l. ¿El objeto de percepción tiene un contorno afilado?


2. ¿Es un objeto redondo?
3. Si el objeto es redondo, ¿cómo de redondo?
4. ¿Tienen los cantos del objeto una curvatura cerrada?

Sostenían que cualquier cosa que fuera pequeñ'a, redonda


y negra podía ser una chinche, algo que la rana puede comer.
Así pues la red detecta chinches. También informa de la pre-
sencia de sombras alargadas, como el ala de un ave. Así pues
la red alerta del peligro inmediato. Por tanto tenemos el soft-
ware computacional incorporado al sistema como «hardware
biológico».

McCulloch y Pitts

Warren McCulloch, filósofo y neurofisiólogo, y Walter H.


Pitts, matemático y neurofisiólogo, realizaron el primer estu-
dio formal de las redes nerviosas en 1943. Su destacado estudio
fue publicado en un artículo titulado «A Logical Calculus of
Ideas Immanent in Nervous Activity», en el Bulletin of Mathe-
matical Biophysics. 6 McCulloch y Pitts mostraron que una red
nerviosa podía computar cualquier comportamiento que pu-
diera describirse de un modo claro e inequívoco, con un nú-
mero finito de palabras. Para cada descripción inequívoca de
un comportamiento, podían diseñar una red nerviosa apro-
piada.
Von Foerster dice: «Cuando su artículo se publicó por pri-
mera vez, toda la gente que estaba interesada en el cerebro y
la cognición dijo, "ya lo tenemos. Ésta es la respuesta. Ahora
comprendemos qué sucede en el sistema nervioso. Si podemos
describir un comportamiento particular, podemos generar una
red nerviosa apropiada que dé cuenta de él. Por lo tanto pode-
mos sacar la conclusión inversa: puesto que tenemos un de-
terminado comportamiento, tiene que haber redes nerviosas
correspondientes en el sistema nervioso central que compu-
ten el comportamiento"».
Al comentar el formalismo que McCulloch y Pitts utiliza-

6. McCulloch, W. S. y Pitts, W. Op. cit.

-
REDES NERVIOSAS 163

ron, en 1951, el matemático John von Neumann afirmó: «A me-


nudo se ha sostenido que las actividades y las funciones del
sistema nervioso humano son tan complicadas que ningún me-
canismo de carácter ordinario podría posiblemente llevarlas
a cabo... El resultado McCulloch-Pitts pone punto final a esto,
ya que demuestra que cualquier cosa que pueda expresarse en
palabras de un modo completo e inequívoco es ipso facto rea-
lizable por una red neuronal finita adecuada». 7

El problema de las descripciones inequívocas

El formalismo McCulloch-Pitts depende de las descripcio-


nes «inequívocas». Así pues, el problema consiste en que no
hay modo de realizar «enunciados inequívocos».
Von Foerster comenta a este respecto: «Cada enunciado, de-
claái:Cióñ -o- ae-scdpdones intrínsecamenteamofgiia:-üCam:
hT'-üecia.'Cfsurge cmiñaüTe~peieas con tüs'ámigos,tus'seresque-
r~os, o !lis-enemTg-os;yi:ecurrlmos ái término 11 malentendido"
J2a~~~~~Eif~ar-_riüestraDf!@'~r!Sias con 1os demás. Se~o~as}
senor~s, perm1tanme que sug1eraque raras veces es as1. S1 nos
_@li}teEJ:i:~'iára-mos las c~sas.,i:>o'!!ían ser muchísimo más fá-
ciles. No. Lo que pensamos es que "realmente" nos compren-
demos unos a otros. ¡Éste es el problema!».
Por ejemplo, los lingüistas anglosajones ilustran lo que es
la ambigüedad mediante la oración: «Time flies like an arrow».*
Podemos interpretar esta oración de dieciséis modos diferen-
tes, dependiendo de si tratamos la palabra time como un nom-
bre o un verbo: «Time goes by».**« You can time something.»***
«Time flies.» Son algunos ejemplos que invitan a pensar en
otros.
Von Foerster observa que «la ambigüedad es también ma-
nifiesta cuando traducimos una oración en otro idioma y la vol-
vemos a traducir a la lengua de origen». Traduzcamos el re-

* El tiempo vuela como una flecha.


* * El tiempo se va.
*** Puedes regular algo.
7. Von Neumann, John. «The general and logical theory of automata»,
en Cerebral mechanism in behavior. Jeffres, L. A. (comp.) Nueva York: John
Wiley and Sons, pág. l.
164 BIOCOMPUTACIÚN

frán inglés «Üut of sight, out of mind» (Ojos que no ven, cora-
zón que no siente) al chino, y traduzcamos otra vez la traduc-
ción china al inglés: acabaremos teniendo un «Blind moron»
(ciego imbécil).
Ciertamente la ambigüedad desvirtúa el teorema de
McCulloch-Pitts. Pero la imperfección tiene una solución sen-
cilla. ¡Ignorarla! McCulloch y Pitts mostraron que podían de-
signar una red nerviosa que generaría (computaría) cualquier
comportamiento inequívoco. Así pues, tenemos el empareja-
miento de dos formalismos -la red y el lenguaje-. Evidente-
mente, el lenguaje es ambiguo. Nuestro propósito, sin embar-
go, es comprender cómo funciona el sistema nervioso y no casar
dos formalismos.

Dos puntos más de interés

l. Von Foerster: «Consideremos la proporción existente en-


tre nuestros sensores internos y externos. Tenemos entre cien
y doscientos millones de sensores externos, incluidos los de
los ojos, los oídos, la nariz, la boca y la superficie de la piel.
Estos sensores reciben perturbaciones externas. Nuestro ce-
rebro tiene 10 10 neuronas, es decir, sensores internos que per-
ciben impulsos eléctricos de otras neuronas, lo que significa
que somos cien mil veces más sensibles a nosotros mismos que
a lo que damos en llamar el mundo externo».
2. En el capítulo 5 se describía la relación exponencialmen-
te exponencial entre el número de proposiciones y el número
de funciones lógicas que aquéllas pueden computar. Dos pro-
posiciones pueden computar dieciséis funciones; tres propo-
siciones pueden computar doscientas cincuenta y seis, etc. Cada
espina dendrítica realiza una conexión sináptica con otra neu-
rona, la cual tiene, por término medio, entre mil y diez mil
conexiones sinápticas. Una célula de Purkinje individual (neu-
rona) tiene cerca de un millón de sinapsis y maneja aproxima-
damente un millón de proposiciones.
RESUMEN 165

RESUMEN

En primer lugar, la excitación de cada neurona depende de


múiTiples mputs ~piocé~dérifé"s-aeofrasneuronas; por tanto, ¡la
exCítáCíoñd.e'"caaa~iieuroña. es una computación!
En segundo lugar, el input que cada neurona recibe es una
computaCíón, cómo Il1ostraré en· su momertl:o, de modo que el
sistema nerv1osó computa s-us-propias coriipufacTones~ ..
Habitualmente pensamos que la transmisión de un impul-
so nervioso es análoga a la de una corriente eléctrica que via-
ja por un alambre roto. Cuando llega a la brecha, análogamen-
te a lo que sucede con la sinapsis en el tejido nervioso, la
corriente cruza y continúa su trayecto. En el sistema nervioso
la brecha está salvada químicamente. Esta descripción es si-
milar a una carrera de relevos: cada corredor pasa el testigo
al siguiente corredor -¡el mismo testigo!-. Esta conceptuali-
zación está equivocada. El sistema nervioso no funciona así.
Aunque cada impulso axonal tiene la misma amplitud, aproxi-
madamente unos ochenta milivoltios, es, en todo caso, el pro-
ducto de una computación que implica miles de neuronas que
funcionan de común acuerdo. El sistema transmite computa-
ciones. El output de la neurona A, una computación compleja,
se convierte en uno de los muchos inputs implicados en la com-
putación que provoca la excitación o la no-excitación de la neu-
rona B. Así, este sistema computa sus propias computaciones,
una noción del todo diferente de la de un simple relevo.
En tercer lugar, la noción de las redes nerviosas descrita
en este capítulo proporélona-iiñ moCíelü eficaz-·queSé'""püedé
U.tilízai'pará~aar"cüéñfa~a-e·1a. rfque:útdeT~=teiPe-ri'eñcíáfíllñía-
na. Si tratamos las neuronas como elementos binarios que tie-
nen dos valores, podemos calcular el número posible de dife-
rentes redes que se pueden formar con un número finito de
neuronas. Esta fórmula es 2 elevado a n (donde n indica el nú-
mero de elementos) al cuadrado. Una red de tres elementos ten-
dría 29 o 512 redes posibles. ¡Una red de cuatro elementos
permite la formación de 65.536 combinaciones posibles o re-
des! Diez neuronas pueden generar 10 100 redes posibles. Tal
como se ha enunciado antes, una neurona de Purkinje tiene
cerca de un millón de inputs. ¡Puede formar 2 a la 1.000.0002
redes!
166 BIOCOMPUTACIÚN

En cuarto lugar, para simplificar la presentación, las bio-


corii}:mlaciones descritas en este capítulo se' han presentado
como proces-6~s.Tírieáfes: El enfoque1ineaf=--.:.input ~ computa-
Cío!i ~ oupuf:- eridija conla suposición mas general de que
el sistema nervioso es un sistema abierto, es decir, que nues-
tros sistemas sensorial y motor funcionan independientemen-
te. Pero tal como indican los estudios evolutivos del sistema
nervioso, existe una clausura entre nuestros sistemas senso-
rial y motor. La percepción y la acción son interdependientes.
(Véase el capítulo 5.)
Ahora estamos preparados para discutir uno de los concep-
tos más difíciles en los modelos de von Foerster y de Matura-
na -un sistema nervioso cerrado-. ¿Qué quieren decir cuan-
do afirman que el sistema nervioso no tiene inputs ni outputs?
¿Que sólo tiene perturbaciones? A diferencia del cuerpo, que
es termodinámicamente abierto -literalmente, que toma ener-
gía-, afirman que el sistema nervioso ¡es cerrado! Así pues,
estamos preparados para examinar la computación de la com-
putación en un sistema cerrado.
7. CLAUSURA

Por un lado, nuestra percepción está en nuestro substrato bioló-


gico como cuerpo; por otro lado, nuestras descripciones son ple-
namente capaces de dar indefinidamente descripciones de sí mis-
mas a muchos niveles. A través del sistema nervioso, estos dos
modos de clausura se sobreimponen a fin de constituir la expe-
riencia más íntima y más difícil de encontrar de todas: nosotros
mismos.
1
FRANCISCO VARELA

CLAUSURA EN DIFERENTES CAMPOS

La clausura aparece en muchos campos diferentes, inclu-


yendo la termodinámica, las matemáticas, la biología y la teo-
ría general de sistemas.

Clausura termodinámica

La energía no puede entrar ni salir de un sistema termodi-


námicamente cerrado. Los sistemas cerrados tienen una super-
ficie «adiabática» que prohíbe el tránsito de calor, energía y
radiación. Los organismos vivos son termodinámicamente
abiertos; la energía, medida en calorías (unidades de energía),
penetra en el cuerpo como alimento y sale en forma de pro-
ductos desechables.

l. Varela, Francisco J. (1984). «The creative circle: Sketckes on the natu-


ral history of circularity», en The invented reality: How do we know what
we know? Paul Watzlawick (comp.) Nueva York: W W Norton, pág. 318.
168 CLAUSURA

Clausura algebraica

En un sistema algebraico cerrado, todas y cada una de las


operaciones tienen que producir elementos que pertenezcan
al conjunto de elementos del sistema. Tomemos los números
naturales como los elementos del sistema (positivos, núme-
ros enteros) y examinemos la suma. Si sumamos 5 y 6 obtene-
mos 11, un número natural. Si multiplicamos dos números se
generan también números naturales. Así pues, si tenemos un
sistema algebraico en el que a) los elementos son números na-
turales y b) las operaciones son la suma y la multiplicación,
el sistema se dice que es «algebraicamente cerrado».
Sin embargo, si restamos 5 de 3, surge un problema porque
esta operación genera un número negativo. Por lo tanto, bajo
la resta el sistema ya no es cerrado. Para restar 5 de 3 y mante-
ner la clausura del sistema tenemos que inventar nuevos núme-
ros y así crear nuevas condiciones límite interiores al sistema.
Si los números negativos forman parte del conjunto de elemen-
tos, entonces puede llevarse a cabo la resta y el sistema toda-
vía será algebraicamente cerrado. Sumar números negativos
expande las condiciones límite y enriquece el sistema.
La división crea nuevos problemas. Si el sistema ha de con-
tinuar cerrado, los elementos del sistema se tienen que expan-
dir para incluir las fracciones. Históricamente, es así como se
inventaron nuevos números. Cuando surgió la necesidad de nue-
vas operaciones matemáticas, se inventaron nuevos números
que mantenían la clausura del sistema.
Como lo explica Watzlawick, «para los matemáticos grie-
gos, los números eran magnitudes concretas, reales y percep-
tibles a las que se consideraba como las propiedades de obje-
tos igualmente reales. Así pues, la geometría se preocupaba de
la medida y la aritmética del cálculo. Oswald Spengler, en su
lúcido capítulo, «Sobre el significado de los números», mues-
tra no sólo que la noción de cero como número era impensa-
ble, sino también que las magnitudes negativas no tenían lu-
gar en la realidad del mundo clásico... La idea de que los
números eran la expresión de magnitudes continuó siendo do-
minante durante dos mil años ... ». 2

2. Watzlawick, Paul; Beavin, Janet y Jackson, Don D. (1967). Pragmatics


of human communication. Nueva York: W. W. Norton, pág. 123. Watzlawick
CLAUSURA EN DIFERENTES CAMPOS 169

Clausura sistémica

Von Foerster: «Me gustaría ahora presentar la noción de


clausura sistémica. Primero, la describiré; en segundo lugar,
la analizaré a partir de una perspectiva conceptual; después
comentaré las implicaciones filosóficas de los sistemas cerra-
dos, las nociones de autonomía y de responsabilidad; y final-
mente, de una manera en exceso simplificada y comprensiva,
presentaré la "teoría de la función recursiva", un formalismo
que podemos utilizar para tratar la noción de clausura sisté-
mica. Un formalismo proporciona una representación matemá-
tica que nos permite ilustrar y manipular ideas conceptuales,
lo cual puede resultar extremadamente ventajoso».
Una entidad está sistémicamente cerrada cuando sus ele-
mentos se generan unos a otros mediante operaciones de pro-
ducción en el sistema. Permítanme ilustrar este concepto des-
cribiendo un «reproductor autocatalítico», un sistema cerrado
simple pero razonablemente sofisticado.
Un reproductor autocatalítico (figura 16) funciona de la si-
guiente manera: supongamos que el sistema contiene dos ele-
mentos químicos, A y B. Químicamente, no reaccionan uno con
el otro, lo que puede ser un problema porque queremos que
se unan y formen el compuesto AB. Se les puede engañar e in-
ducirlos a unirse mediante la introducción del catalizador C,
que se combinará con A, formando AC, que, a su vez, reaccio-
nará con B, y formará un nuevo compuesto, ABC. Entonces el
catalizador se separa del elemento ABC, como si dijera «ya he
hecho mi trabajo, ya puedo irme», y queda el compuesto AB.
La unión AB no es por sí misma estable y después de cierto
tiempo se descompone en los componentes originales A y B.
Entonces el juego puede empezar de nuevo: esto es la autoca-
tálisis.
Esencialmente, esto es lo que ocurre en muchos laborato-
rios farmacéuticos. El compuesto AB se produce con un repro-
ductor autocatalítico. Simplificando mucho, las compañías far-

cita a Spengler, Oswald (1926). (Trad. esp.: La decadencia de Occidente, for-


ma y actualidad (vol. 1), Madrid, Espasa-Calpe, 1983.)
170 CLAUSURA

A B
Figura 16. Un reactor autocatalítico.

macéuticas alimentan la máquina con A, B y C y retiran poco


a poco el compuesto AB.
Von Foerster comenta: «Este sistema está química y sisté-
micamente cerrado. Los elementos participan en su propia pro-
ducción. ¿Se desarrollan los mismos procesos en los organis-
mos vivos? Un grupo de filósofos chilenos, familiarizados con
la autocatálisis, afirman que sí. "Si examinamos la organiza-
ción de un organismo vivo", dicen, "vemos componentes -el
ADN, los péptidos, las cadenas de péptidos, etc.- cuya propia
interacción es la que los produce". Estos procesos no son for-
tuitos o indefinidos. Reciben el nombre de autopóiesis, el sis-
tema que se compone, se crea, se inventa a sí mismo».

AUTOPÓIESIS

El término «autopóiesis» fue acuñado por tres neurofiló-


sofos chilenos, Valera, Maturana y Uribe. La autopóiesis deri-
va de dos palabras griegas: auto y poiesis (el hacer, la produc-
AUTOPÓIESIS 171

ción o la poesía), y sugiere algo que se hace por sí mismo. El


capítulo 3 describía la definición que Maturana daba de una
unidad como algo con estructura y organización. La organiza-
ción da a la unidad su clase de identidad; la estructura puede
cambiar con tal que la organización se conserve. Maturana de-
fine la autopóiesis como la «organización» de los sistemas vi-
vos. Así pues, la autopóiesis identifica procesos interactivos y
específicos entre componentes que producen el substrato de
que constan estos componentes.
Andrew define la autopóiesis como «la capacidad que los
sistemas vivos tienen de desarrollar y conservar su propia or-
ganización, siendo la organización que se desarrolla y se man-
tiene, idéntica a la que lleva a cabo el desarrollo y la conserva-
ción».3 Varela describe una máquina autopoiética como «Un
sistema homeostático (o, mejor, de relaciones estáticas) que tie-
ne su propia organización (definida como una red de relacio-
nes) como una variante fundamental». 4 Como explica Keeney,
«Varela observa que la clausura organizacional, la forma más
elevada de retroalimentación, difiere del feedback más simple
en que "este último requiere e implica una fuente externa de
referencia, que está completamente ausente en la clausura or-
ganizacional". Ésta implica una red de circuitos de feedback
interrelacionados que está cerrada y no tiene ni inputs ni out-
puts en relación con el medio ambiente externo, sino que se
alimenta de sí misma como la serpiente recursiva que se come
su propia cola». 5
«Por favor, fíjense en que», afirma von Foerster, «esta defi-
nición de la vida no incluye la reproducción. Rechaza la creen-
cia de que la reproducción es necesaria para definir los siste-
mas vivos. En este momento estamos todos vivos, pero ninguno
de nosotros se reproduce. Estamos realizando nuestra autopóie-
sis. Maturana, Varela y Uribe dirían que la reproducción es un
epifenómeno de la vida. Para evolucionar como una raza, te-
nemos que reproducirnos, pero aquí se trata de una cuestión

3. Andrew, A. M. (1979). «Autopoiesis and self-organization>>, Journal of


Cybernetics, n. 9, pág. 359.
4. Varela, F. J. (1979). Principies of biological autonomy. Nueva York, El-
sevier North Holland, pág. 13. •
5. Keeney, Bradford P. (1983). The aesthetics of change. Nueva York: Guil-
ford Press, pág. 84.

+
172 CLAUSURA

diferente. Así pues, la reproducción no es la condición necesa-


ria para identificar la vida, y si examinamos a fondo y de un
modo consecuente las implicaciones de la autopóiesis, nues-
tra actitud respecto de muchos problemas, como la cuestión
del derecho a la vida, puede cambiar.»
Von Foerster continúa: «Los sistemas autopoiéticos son autó-
nomos. Determinan sus propias operaciones. Si no lo consiguen,
se desintegran y mueren. La autonomía significa "autogobier-
no, hacerse uno mismo sus propias leyes". Como sistemas vi-
vos, cada uno de nosotros somos autónomos y responsables de
nuestro propio comportamiento, de lo que decimos y hacemos.
La responsabilidad, la autonomía y la autopóiesis son comple-
mentarias.
»Naturalmente cualquiera podría objetar: "Pero, ¡por Dios!
¿Qué haces cuando se te obliga a actuar en contra de tu volun-
tad? Los que tienen poder pueden obligarte a hacer ciertas co-
sas". Los neurofilósofos chilenos contestan, "no, señoras y se-
ñores, el poder no es la causa del comportamiento de los demás,
sino que es la sumisión la que causa y produce el poder. Al-
guien puede apuntar una pistola a tu frente y exigirte el dine-
ro, pero no tienes por qué dárselo. No digo que él no te dispa-
re; esto es asunto diferente. Lo que digo es que incluso con una
pistola en tu frente, todavía tienes la libertad de actuar autó-
nomamente". Si vives en Chile, dado el clima político, esta po-
sición puede ser esencial. Ésta es mi referencia filosófica a la
clausura. Los sistemas vivos son sistemas autopoiéticamente
cerrados. Consiguientemente, se crean a ellos mismos, ¡son
autónomos!».

CLAUSURA DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL

Cuando un observador dice que el sistema nervioso consta


de los subsistemas independientes sensorial y motor que inter-
actúan con el medio ambiente, no ha comprendido la organi-
zación conceptual del sistema nervioso. Como Maturana apun-
ta, el sistema nervioso es « ...una red neuronal cerrada de
neuronas interactivas ... todos los cambios en la actividad neu-
ronal relativa ... siempre conducen a otros cambios en la acti-
vidad neuronal relativa ... Una red neuronal cerrada no tiene
CLAUSURA DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL 173

superficies de input o de output como rasgos característicos


de su organización, ... dado un sistema cerrado, el interior y
el exterior sólo existen para un observador que lo contempla,
no para el sistema... El entorno en el que se sitúa el observa-
dor actúa sólo como un elemento intermedio a través del cual
las neuronas efectoras y sensoriales interactúan, con lo que se
completa la circularidad del sistema nervioso». 6
El concepto de clausura neuronal es difícil de comprender.
Creemos que el sistema nervioso es abierto, que recibe inputs
del entorno. Sin embargo, si, como sostienen von Foerster y Ma-
turana, el sistema nervioso es cerrado, entonces es un sistema
«sin input», lo cual significa que todo su output se convierte
en su propio input. Una vez el sistema se pone en funcionamien-
to, no entra ni sale nada.
Von Foerster: «Se podría objetar que decir que un sistema
no tiene ningún input no es válido. La pregunta aquí es: "¿Qué
lenguaje se debería adoptar?". El primer científico que examinó
sistemas neurológicamente cerrados fue Ross Ashby. Sus ex-
perimentos iniciales, repetidos por sus estudiantes y actual-
mente llevados a cabo en París por investigadores que utilizan
grandes ordenadores, tenían por objetivo examinar los siste-
mas cerrados sin input».
Entonces se plantea la siguiente pregunta: ¿Qué es un sis-
tema sin input? Si tenemos un sistema e identificamos algo
como un output, y hacemos de este output el input, entonces
tenemos lo que llamamos un sistema sin input. Se trata del pun-
to de partida de la teoría de las funciones recursivas.
Ashby construyó un sistema con elementos lógicos que com-
putaban funciones lógicas. Cada elemento tenía dos inputs X
o Y, y un output, Z. Z también retroactuaba sobre F y cambia-
ba el modo de operar de ésta. Cada elemento era una máquina
no trivial.
«Lanzando una moneda, o mediante cualquier otro méto-
do similar, Ashby interrelacionaba sus elementos, pongamos

6. Maturana, Humberto. Conferencia «Biology of social systems», dada


en el Health Science Centre, el 21 de junio de 1983, presentada por el Pro-
grama de Terapia Familiar del Departamento de Psiquiatría de la Universi-
dad de Calgary (Canadá). Patrocinada por la Fundación Al berta Heritage para
la Investigación Médica.

.
---~--~~
174 CLAUSURA

por caso 20, haciendo que el output de cada uno fuera el input
del otro elemento hasta que todos los inputs y los outputs de
los elementos estuvieran interrelacionados. En consecuencia
formaban una red de elementos computantes que estaba com-
pletamente determinada. Evidentemente, tuvo que señalar las
condiciones iniciales asignando el output de cada elemento a
un O o a un l. Una vez asignados, la red estaba completamente
cerrada.
»Entonces abrió el interruptor. La máquina empezó a pro-
ducir una serie fortuita de O y de 1, pero después de funcionar
durante ocho o diez días, empezaron a surgir las estabilidades,
por ejemplo, el número 011.
»Era un resultado fabuloso. Nadie podía creer lo que veían
sus ojos. Por ejemplo, los estudiantes de Ashby observaron que
la periodicidad de este sistema sin input producía siempre nú-
meros primos -una periodicidad de 3, 5 o 7-. Éste era el punto
de partida de los sistemas sistemáticamente cerrados que ope-
ran recursivamente.»
Si consideramos que el sistema nervioso es cerrado, tal
como hacen Maturana y von Foerster, nos vemos confrontados
con una opinión muy diferente acerca de lo que tomamos o no
del entorno. Cuando observamos nuestro propio comportamien-
to o el de otro, el comportamiento aparece orientado por un
fin que está en relación con el entorno. Creemos que tanto no-
sotros como los demás recogemos datos (input) con un siste-
ma sensorial independiente, los procesamos mediante el cere-
bro, y adoptamos la acción apropiada (output).
Consideremos un perro que intenta escapar del patio tra-
sero de una casa. Al no encontrar ninguna salida en la cerca,
se escapa a través de un túnel que ha excavado bajo la cer-
ca. Un observador puede pensar que los perros actúan orien-
tados por fines. Esta interpretación implica que el perro tiene
un sistema nervioso abierto y recoge información de su entor-
no. Sih embargo, si consideramos el mismo comportamiento
suponiendo que el perro tiene un sistema nervioso cerrado, lle-
gamos a una opinión completamente distinta. La cerca se des-
cribe ahora como una perturbación (más que un input) que
cambia las operaciones en el interior del sistema nervioso del
perro. Enunciándolo en la jerga informática, la cerca es una
LA DOBLE CLAUSURA DEL SISTEMA NERVIOSO 175

perturbación paramétrica. Maturana 7 ofrece el siguiente


ejemplo de un piloto que utiliza los instrumentos para hacer
volar el avión:
Consideremos qué sucede en un vuelo instrumental. El pilo-
to está aislado del mundo externo (no goza de visibilidad); todo
lo que puede hacer es manipular los instrumentos del avión.
Cuando el piloto aterriza, su mujer y amigos le abrazan con ale-
gría y le dicen: <<¡Qué aterrizaje más maravilloso has hecho!; es-
tábamos asustados por la espesa niebla>>. Pero el piloto contesta
con sorpresa: <<¿Vuelo, aterrizaje? ¿Qué queréis decir? No he vo-
lado ni aterrizado. Sólo manipulaba ciertas relaciones internas
del avión a fin de obtener una particular secuencia de lectura en
un conjunto de instrumentos».

Finalmente, retornemos al ejemplo de un sistema algebrai-


co cerrado. Sus elementos son números naturales y utiliza sólo
una operación, la suma. En el sentido de Maturana, estamos
describiendo la organización del sistema. Si tiene que «vivir»
como un sistema cerrado, cualquier cambio en su estructura
tiene que ser tal que su organización se conserve. La pregunta
surge ahora: ¿Qué sucede si añadimos la operación de la mul-
tiplicación? Se trata de un cambio estructural que conserva
la organización del sistema, su clausura, pero algo diferente
les sucede a los valores absolutos de números como el 2 y el
3 cuando cambiamos la operación de la suma por la multipli-
cación. El resultado será 6 en lugar de 5. La pregunta se plan-
tea ahora así: ¿El cambio es debido a un input o a una pertur-
bación? Maturana y von Foerster dirían que se trata de una
perturbación. El cambio ocurre porque hemos cambiado la ope-
ración dentro del sistema.

LA DOBLE CLAUSURA DEL SISTEMA NERVIOSO

En el sistema nervioso central existen dos clausuras -una


clausura sensoriomotriz y una clausura sináptico-endocrina-.

7. Maturana, Humberto (1976), <<Biology of Language: The epistemology


of reality» en Psychology and biology of language and thought: Essays in ho-
nor of Eric Lenneberg, George A. Miller y Elizabeth Lenneberg (comp.) Nue-
va York: Academic Press, pág. 42.
176 CLAUSURA

Como recordará el lector, el sistema endocrino participa en la


producción de los neurotransmisores.
Von Foerster dice al respecto: «Podemos imaginar qué su-
cedería si algo interfiriera en la producción de los transmiso-
res neuronales. Estas substancias facilitan la transmisión de
los impulsos nerviosos desde el axón a las dendritas. Incluso
el más minúsculo cambio en los neurotransmisores puede afec-
tar marcadamente al modo en que funcionan las neuronas.
»El sistema endocrino produce las substancias transmiso-
ras neuronales que se hallan en las sinapsis. Las glándulas adre-
nalínicas producen esteroides y los lanzan al flujo sanguíneo
para su distribución por todo el sistema.
»Podemos extraer algunas analogías entre la teoría de la
comunicación y el sistema nervioso. En primer lugar, tenemos
la comunicación "emisora a emisora", la transmisión de im-
pulsos eléctricos entre neuronas. En segundo lugar, tenemos
la comunicación "a quien pueda interesar" mediante el siste-
ma endocrino, cuyos mensajes químicos afectan a amplios gru-
pos de neuronas de forma simultánea. Estos mensajes quími-
cos se diseminan para que las neuronas singulares los utilicen
de un modo distintivo. Así pues, el sistema endocrino controla
la transmisión sináptica. Ahora bien, ¿quién controla al siste-
ma endocrino?: la pituitaria, o glándula maestra.
»No quiero agobiarles con la neuroendocrinología. Pueden
encontrar lo que les digo en cualquier buen manual. Mi obje-
tivo es subrayar la interdependencia entre el sistema nervioso
central y el endocrino. Para apreciar la importancia de esta re-
lación, he dibujado el siguiente diagrama que reúne a estos dos
sistemas en su contexto funcional. Por favor, miren la figura 17.
»Los cuadrados negros con la letra N representan los ha-
ces de neuronas sinápticamente conectadas unas con otras. En-
tre los espacios de cada caja negra hay una línea negra delga-
da con pequeñas líneas que la cortan; representa el vacío
sináptico. En el lado izquierdo de la figura se encuentra una
línea con flechas marcada como SS, que representa la superfi-
cie sensorial del organismo, la suma de todos los sensores del
cuerpo. En el lado derecho de la figura se encuentra otra línea
con las letras MS, que representa el sistema motor del orga-
nismo. En la parte inferior de la figura se encuentra una caja
delgada de forma rectangular con pequeños puntos, que repre-
LA DOBLE CLAUSURA DEL SISTEMA NERVIOSO 177

syn

MS

Figura 17. Clausura del sistema nervioso central en dos dimensiones.

senta el sistema pituitario, la glándula maestra que regula el


sistema endocrino.
»Los impulsos nerviosos que viajan horizontalmente (de iz-
quierda a derecha) finalmente alcanzan y actúan sobre la su-
perficie motriz del cuerpo (MS) cuyos cambios (movimientos)
siente inmediatamente la superficie sensorial (SS). Las flechas
en el dibujo indican este movimiento. Los impulsos nerviosos
que viajan verticalmente (desde la parte superior a la inferior)
estimulan la neuropituitaria (NP), la cual libera esteroides en
el flujo sanguíneo, de forma que éstos alcanzan finalmente el
vacío sináptico, con lo que se modifica así el modus operandi
de todas las uniones sinápticas. Esto, a su vez, modifica el mo-
dus operandi de todo el sistema.
»El sistema tiene dos clausuras: la clausura del círculo sen-
soriomotor y la clausura sináptico-endocrina». 8

¿Cómo funciona este sistema?

Von Foerster prosigue: «Escribo en la pizarra moviendo el


trozo de tiza que sostengo en mi mano derecha. Esto provoca
la excitación de los sensores en la retina de mis ojos. Si aparto
mi cabeza de la pizarra, estas excitaciones cambiarán. Al igual

8. Von Foerster, Heinz (1981), «Ün constructing a reality», reeditado en


Observing systems, Seaside, CA: Intersystems Publications, págs. 304-305.
178 CLAUSURA

que un sistema holístico, actúo sobre las sensaciones. Los cam-


bios en la sensación están directamente asociados a los estí-
mulos procedentes del sistema sensorial en la superficie del
cuerpo. Así pues, cuando quiero escribir en la pizarra, tengo
que llevar estas dos fuentes de input sensorial, mi ojo y mi
mano, a una eventualidad, lo cual significa reunirlos (correla-
cionarlos) de modo que pueda empezar a escribir. Actúo, por
decirlo así, sobre la estimulación de la superficie de mi cuerpo.
»Si me han seguido hasta aquí, entonces mi siguiente cues-
tión no les cogerá por sorpresa: a saber, tiene que haber un
intervalo, un aparente vacío entre mi superficie sensorial y mi
superficie motriz. Por el momento, permítanme llamar a este
intervalo la "sinapsis sensoriomotriz". Y pueden hacerlo tan
estrecho como quieran. Pueden cerrar la "sinapsis sensorio-
motriz" para una pequeña laguna sináptica, que he hecho en
esta figura con forma de buñuelo o rosquilla de la figura 18.
»He enrollado el diagrama que se puede ver en la figura 17
alrededor de sus dos ejes de simetría circular hasta que los
límites artificiales desaparecen. Emerge un anillo (semejante
a un buñuelo) que tiene la topología de una doble clausura. Aquí
la laguna sináptica es el meridiano estriado situado delante
y en el centro, y la neuropituitaria es el ecuador puntuado: la
clausura neuronal y endocrina en perfecta interacción. Ésta
es, en resumidas cuentas, la organización de una entidad bio-
lógica -o si lo prefieren, en forma de buñuelo» .

.Figura 18. Clausura del sistema nervioso central en tres dimensiones.


LA DOBLE CLAUSURA DEL SISTEMA NERVIOSO 179

McCulloch y la heterarquía de valores

Von Foerster prosigue: «Hay una interesante cuestión aso-


ciada con esta configuración en forma de buñuelo. Procede de
un artículo escrito por Warren McCulloch titulado "A Hete-
rarchy of Values Determined by the Topology of Nervous
Nets". 9 McCulloch se preguntaba qué comportamiento se po-
dría asociar con las trayectorias neuronales de carácter circu-
lar que observaba en el cerebro, y que se denominaban "dro-
mos". En su artículo, describió cómo los dromos, al operar en
paralelo, darían cuenta del comportamiento de los valores, es
decir, de cómo manifestamos la elección.
»Cuando tenemos que llevar a cabo una serie de eleccio-
nes, ¿cada contexto de elección está determinado, es decir, es
relativo a la instancia y contexto específicos o, como se creía
comúnmente, escogemos según una jerarquía de valores? En
una jerarquía hay un summum bonum, un valor último bajo
el que se subsumen todos los demás valores.
»La "heterarquía" procede de la palabra griega heteras, que
significa "el otro", y de archein, cuyo significado es "gobernar".
Así pues, una heterarquía significa el gobierno del vecino de
uno. En una jerarquía se gobierna dentro de un círculo. "Je-
rarquía" deriva de la palabra griega hieros, cuyo significado
es "lo sagrado". En una jerarquía los dioses, es decir lo sagra-
do, son quienes gobiernan desde arriba. McCulloch utilizó el
término heterarquía para diferenciar las elecciones de valores
determinadas por el contexto de la noción más familiar de je-
rarquía».
Los valores heterárquicos, expresados en el comportamiento,
son elecciones relativas, dependientes del tiempo y del contexto.
Gregory Bateson utilizó el término «anomalía del valor» para
referirse a una situación en la que un sujeto realiza una serie
de elecciones que no se adecuan a nuestra suposición de que
el comportamiento axiológico es jerárquico.
Por ejemplo, supongamos que se pide a un sujeto que esco-
ja entre manzanas y plátanos; escoge manzanas. Luego se le

9. McCulloch, W. S. (1969). «A heterarchy of values determined by the to-


pology of nervous nets», en McCulloch, W. S.: Embodiment of mind, Cam-
bridge, Ma: M.I.T. Press, págs. 40-43.

--~~-- --------------------
180 CLAUSURA

pide que escoja entre plátanos y cerezas, y escoge los plátanos.


Finalmente se le pide que escoja entre cerezas y manzanas, y
escoge las cerezas. Así pues, prefiere A a B. Prefiere B a e y
prefiere e a A. Sus juicios de valor son circulares. Según la teo-
ría tradicional de los valores, las cosas no serían así. Supone-
mos que los juicios de valor tienen que basarse en una jerar-
quía. Nuestro sentido común nos dice que las elecciones
heterárquicas no tienen sentido. Un comportamiento así es
anómalo.
Mceulloch fue capaz de dar cuenta de la anomalía devalo-
res al relacionarla con lo que observó en la estructura ana-
tómica del cerebro. Escribe: «El término "jerarquía" en este
contexto tiene dos implicaciones; cada dromo (es decir, la pro-
pagación circular de un impulso nervioso que penetra en el
sistema nervioso a través de una raíz dorsal y sale por una raíz
ventral) determina algún beneficio, meta o fin, y dos dromos
no determinan exactamente el mismo fin».
Al igual que Humberto Maturana, Mceulloch examinó la
anatomía y la relacionó con el comportamiento, relacionando
en consecuencia las configuraciones drómicas en el cerebro
con el comportamiento valorativo. Afirma:

Puesto que los organismos viven para estos fines, los aprecian
no como medios para alcanzar otros fines o como una conducta
impuesta por ellos, sino más bien por tener esa clase de poder
o importancia que culminaba en la noción de lo sagrado o divino
-ésta es la implicación de una "jerarquía" cuando se aplica a
los valores-. La segunda implicación, que surge de la estructu-
ra sacerdotal de la Iglesia, es que la mayoría de los fines están
ordenados por el derecho que tiene cada uno a inhibir todos los
que le son inferiores. El número de fines, aunque sea muy gran-
de, es finito. El orden es tal que hay algún fin preferido a to-
dos los demás, y otro tal que todo es preferido a él, y que cuales-
quiera de los tres, si el primero es preferido al segundo y el se-
gundo al tercero, entonces el primero es preferido al tercero. Ló-
gicamente, por lo tanto, afirmar una jerarquía de valores es
afirmar que los valores son magnitudes de alguna clase. Si los
valores fueran magnitudes de cualquier clase, la red nerviosa irre-
ducible se representaría ... en un plano. 10

10. Ibíd.
LA DOBLE CLAUSURA DEL SISTEMA NERVIOSO 181

Diciéndolo del modo más sencillo, McCulloch examinó dos


modos básicos de interrelacionar una serie de circuitos ner-
viosos retroalimentados (los dromos). En un caso, había un sim-
ple conjunto interconexo de neuronas que tenían un efecto in-
hibitorio. Así pues, si tenemos cuatro circuitos, como los
círculos que rodean una diana, cada circuito más externo in-
hibe un circuito más interno. Si el circuito más externo se en-
ciende, todos los demás circuitos se inhiben. La inhibición es
lineal -desde la parte superior a la inferior-. Es un mecanis-
mo causal unidireccional.
Inversamente, en una heterarquía las interconexiones en-
tre los circuitos son circulares. Esto es similar a la doble clau-
sura que von Foerster propone en su topología del sistema ner-
vioso. Existe una clausura entre las superficies sensorial y
motriz del cuerpo y entre el sistema nervioso y el sistema en-
docrino. En un plano bidimensional, una clausura se desplie-
ga de derecha a izquierda, y la segunda desde arriba hacia aba-
jo. Envuelta en un espacio tridimensional, sin embargo, una
superficie se convierte en un torus (protuberancia redondeada).
McCulloch concluye que las posibilidades computaciona-
les de esta red son increíblemente complejas, meta-astronómi-
cas o, como apunta von Foerster transcomputacionales. McCu-
lloch escribe: «Un organismo con una red constituida por sólo
seis neuronas que pudiera dar cuenta del comportamiento de
elección heterárquico está suficientemente dotado para ser im-
predecible para cualquier teoría basada en una escala de va-
lores. Es una heterarquía de valores y, por lo tanto, es dema-
siado rica interconectivamente para someterse a un summum
bonum». 11
Resumiendo, el trabajo de McCulloch demuestra que nues-
tro sistema nervioso está dotado de configuraciones de neuro-
nas que pueden dar cuenta de la anomalía de la estimación de
valores. Se trata de mecanismos complejos que no se prestan
fácilmente a una lógica sencilla. Además, la noción de valores
relativos es antitética a las religiones organizadas, a los movi-
mientos sociales y políticos, o a cualquier grupo organizado
que afirma su summum bonum. Estamos, pues, inclinados a
considerar la elección determinada por el contexto como anó-

11. Ibíd.
182 CLAUSURA

'
11
1
1
1
mala, como patológica, como irracional, más que como la con-
dición neurofisiológica sine qua non bajo la que manifestamos
valores en nuestro comportamiento cotidiano.

TEORÍA DE LA FUNCIÓN RECURSIVA

Mediante la utilización de un formalismo matemático lla-


mado teoría de la función recursiva, podemos mostrar que la
autonomía de los sistemas autopoiéticos se extiende más allá
del nivel celular, hacia nuestras capacidades cognitivas y de
comportamiento. Los formalismos matemáticos representan sis-
temas en el papel, haciendo de este modo más fácil manipu-
larlos y entenderlos. La teoría de la función recursiva está ideal-
mente indicada para estudiar la clausura; la autonomía, la
autopóiesis y la biocomputación. Puede resultarnos de ayuda
ver de qué manera estas ideas están estrechamente interrela-
cionadas.
Von Foerster explica: «El formalismo que voy a utilizar con-
tiene variables y operadores. Por favor, no se alarmen por es-
tos términos. Son bastante sencillos. Una variable es una enti-
dad conceptual cuyo valor puede cambiar. Los matemáticos
representan variables con letras del alfabeto. Siempre habla-
mos de X, Y y Z. Para facilitarles las cosas, sólo hablaré de las
X. Para distinguir una X de otra, sin embargo, utilizaré subín-
dices. Si tenemos dos X, las llamaré Xo y X, para mostrar que
son diferentes una de otra. Utilizamos un sistema similar para
dar los nombres a nuestros hijos, ya que damos a cada hijo o
hija el mismo apellido, indicando su familia y origen, y tam-
bién un nombre de pila diferente para distinguirlo o distinguirla
de sus hermanos o hermanas.
«Mis X pueden representar números, descripciones, propo-
siciones lógicas, colecciones o disposiciones. Se puede repre-
sentar casi todo mediante una X: la disposición de nuestras
sillas, el salario medio de todos los que estamos en esta habi-
tación ... Si quiero utilizar X para representar los salarios pue-
do decir que X, representa mi salario, que X 2 representa el sa-
lario del hombre que está sentado justo enfrente de mí, etc.
Estoy seguro de que se hacen una idea de cómo funciona esto.
»Los operadores actúan sobre las variables. Las letras Op

--- --------------- -----~----------·---


__ ........__ ---
TEORÍA DE LA FUNCIÚN RECURSIVA 183

representan los operadores. Los operadores hacen cosas en fun-


ción de las variables; el resultado depende de las variables y
del operador de que se trate.
»Si X es una descripción, el operador cambiará la descrip-
ción. Si X es un número, el operador cambiará el número. To-
dos ustedes están familiarizados con los cuatro operadores:
suma, resta, multiplicación y división.

1 »Ahora permítanme que les muestre dos modos de regis-


trar estas operaciones. Consideremos la variable X Si quie-
0 •

ro mostrar un operador (Op) que opera sobre Xo, utilizo la no-


tación Op(Xo)· El resultado de esta operación se escribe como
X 1 • El subíndice indica que Xo ha sido modificado. Escribi-
mos la Xo modificada como X 1 • Si repito la misma operación
(Op) en X 1 , obtengo X 2 • Pero como supongo que verán, podría
escribirlo como Op(OP(X que es el equivalente de X 2 , así:
0 )),

»Describiré el mismo proceso en un contexto más familiar


-un niño pequeño jugando con un sonajero-. Se lo pone en
la boca, lo mastica y se lo refriega por la cara. Cada uno de
estos comportamientos, que podemos anotar como X, es una
operación sobre su sonajero. Puedo representar los resultados
de esta serie de operaciones como X 0 , X 11 etc.
»Quisiera que examinaran la siguiente pregunta: cada vez
que el niño pequeño participa de uno de estos comportamien-
tos, ¿está el niño operando sobre el mismo objeto? Para mí la
respuesta es no. ¡Todavía no hay objeto! ¿Por qué? Porque el
niño no tiene una familiaridad de comportamiento con lo que
llamamos sonajero. X 1 es una experiencia diferente de Xo o
X 2 • Así, en este ejemplo, Piaget diría que el niño pequeño no
experimenta lo que nosotros llamamos sonajero como una cons-
tante. Yo diría que el niño no ha desarrollado todavía la com-
petencia sensoriomotriz. Utilizo este término para enfatizar el
comportamiento motor que debe surgir a fin de que desarro-
lle una estabilidad de comportamiento con el sonajero. Sólo
entonces utiliza plenamente el sonajero, lo controla, sabe qué
hacer con él. Ha desarrollado una competencia sensoriomo-
triz en relación con este juguete particular.
»Ahora llego a una cuestión muy difícil. Ya que para el niño
184 CLAUSURA

no hay ningún juguete; sólo hay un comportamiento sensorio-


motor. El niño sólo tiene acceso a lo que se representa en la
retina y en las sensaciones táctiles que surgen de las opera-
ciones con el sonajero. Pero puesto que el niño puede con-
trolar el sonajero, puede anticipar y hacer predicciones tam-
bién acerca del sonajero. Ahora la competencia sensoriomotriz
puede recibir un nombre, y el modo más sencillo de llamar-
la es un sonajero. La cosa, sin embargo, también se llama un
sonajero. Los dos, el sonajero y el comportamiento sonaje-
ro son complementarios. De modo que tenemos la siguiente
ecuación:

Nombre del comportamiento = Nombre del objeto».


Por ejemplo, supongamos que el «objeto» que consideramos
es el sonido. Podemos hablar del sonido como de un objeto en
el mismo sentido que una silla o una mesa son un objeto. Von
Foerster da un ejemplo de cómo la competencia sensoriomo-
triz surge en su propio hijo, al que se le dio una trompeta de
juguete cuando aún era un bebé. «Al principio no podía hacer
nada en absoluto con ella. Se la ponía simplemente en la boca.
Pero, en una ocasión, al respirar y sacar el aire mientras tenía
la trompeta en la boca, produjo un sonido. El niño se quedó
absolutamente fascinado. Jugueteó azarosamente con la trom-
peta, se la puso en la boca y otra vez emitió un sonido. Al cabo
de pocos días podía producir de un modo consistente un soni-
do a partir de la trompeta. Había desarrollado una competen-
cia sensoriomotriz. »
Ahora estamos en condiciones de examinar qué podría ex-
plicar la estabilidad que surge de una secuencia de operacio-
nes. ¿Por qué, por ejemplo, surge la estabilidad? Si cada ope-
ración de lo que llamamos un objeto es diferente, cómo puede
surgir estabilidad de una secuencia infinita de operaciones?
Para responder a esta cuestión tenemos que volver a la presen-
tación que von Foerster hace de la teoría de la función recursiva.
Von Foerster: «Vemos que X 3 = Op(Op(Op(Xo))), y X 4 =
Op(Op(Op(Op(Xo)))). Podrían pensar que este proceso es inter-
minable. Podría aplicar una secuencia infinita de operadores
y seguir eternamente. Sin embargo, no puedo trazar el diagra-
ma de una secuencia infinita de operaciones sobre nuestra va-

-----·-- ---

---~
.
TEORÍA DE LA FUNCIÓN RECURSIVA 185

riable X. El universo en su conjunto sería demasiado pequeño


para una representación de este tipo.
»¿Tiene sentido llevar a cabo una infinidad de operaciones
sobre una variable? Diez años atrás la respuesta habría sido
no. La mayoría de los críticos decía: ,-,Mis queridos filósofos,
las secuencias infinitas de operaciones carecen de sentido. No
producen nada. Sólo lográis eliminar el valor inicial de vues-
tra variable. Nunca alcanzáis la última operación, así pues no
producís nada. Es un juego sin fin"».

X("') = Op(Op(Op(Op(Op(Op(...... .
Von Foerster continúa: «Examinen esta expresión y se da-
rán cuenta de que 1) la variable independiente X el argu- 0
,

mento principal, ha desaparecido; 2) que, X("') expresa una re-


cursión indefinida de un operador Op sobre operadores Op, y
que cualquier recursión indefinida dentro de esa expresión pue-
de ser sustituida por X(oo); en consecuencia:

X("') = Op(:Op(:Op(......... .
- - - x(oo) ---+

»Ahora llegamos al paso esencial de este argumento: una


concatenación infinita de operadores sobre operadores puede
sustituirse simplemente por X"'. Por lo tanto, podríamos sus-
tituir la concatenación infinita de operadores dentro de un ope-
rador mediante X"', transformando así una expresión infinita
en una expresión finita, donde X"' es el resultado de una ope-
ración sobre X"'. Por lo tanto: X("') = Op(XJ.
»Así pues, X(~l es sustituido por esta serie interminable de
operadores. Éste es el paso esencial. Una secuencia infinita pue-
de transformarse en una secuencia finita.
»Ahora podemos preguntar: ¿existen valores que resuelvan
la ecuación X(~l = Op(XJ? Y, en efecto, encontramos que se
pueden enunciar ciertos valores en esta ecuación y, en conse-
cuencia, resolverla. Esta ecuación produce un valor propio, se-
mejante al valor producido por la oración "Esta oración tiene
____ letras". La solución a estos problemas muestra que
ciertos valores estables emergen de cálculos recursivos in-
finitos.
t 186 CLAUSURA

»Es por esta razón que estos valores se llaman "valores pro-
pios", en alemán se denominan Eigenwert, y en inglés self-value.
Una secuencia continua de operaciones recursivas (operacio-
nes sobre operaciones) produce algo: Eigenwert.
»Los valores propios son valores que satisfacen la condi-
ción para Xoo. También podemos tener funciones propias, co-
lecciones propias, ordenaciones propias, etc., dependiendo de
la variable inicial. Si la variable inicial es el comportamiento,
como cuando un niño se pone un sonajero en la boca y lo mas-
tica, entonces las operaciones del niño con el sonajero alcan-
zarán finalmente un equilibrio estableciendo ese valor propio
de la operación: la competencia sensoriomotriz del niño en el
manejo de un sonajero.
»Los valores propios se autoproducen. Esto es lo que suce-
de en los sistemas autopoiéticos. Las operaciones sobre los com-
ponentes producen los componentes. Si uno opera sobre algo
en un sistema algebraico cerrado, produce esos valores que for-
man parte de su propio conjunto. Es la operación la que pro-
duce siempre sus propias entidades.
»Si recuerdan, el sistema nervioso actúa sobre sí mismo.
Cada neurona se activa después de realizar cálculos comple-
jos. El resultado de esta computación es el input de la compu-
tación de otra neurona. Así pues, podemos sustituir fácilmente
las palabras "computación de la computación" por "operación
sobre la operación".
»Los valores propios se pueden comprender con mayor fa-
cilidad si podemos verlos surgir ante nuestros propios ojos. He
traído una calculadora programable que usaré para generar
un valor propio. Queremos ver si existe una solución para una
operación recursiva infinita cuando la operación calcula la raíz
cuadrada.
»La programaré para calcular la raíz cuadrada de cualquier
número que se le proponga. Así pues, una vez empieza, calcu-
la continuamente las raíces cuadradas. Podríamos predecir que
la calculadora continuará funcionando eternamente, o, como
mínimo, hasta que se agoten las baterías. Pero podrán obser-
var que sucede algo interesante. En un minuto o menos, la cal-
culadora dejará de producir valores diferentes. Se estabiliza-
rá alrededor de un valor, un valor propio producido por la
secuencia infinita de operaciones.
TEORÍA DE LA FUNCIÓN RECURSIVA 187

»¿Quiere alguien darme un número? 93. Gracias. Anotaré


la cifra 93. Le pediré a este joven de la primera fila que presio-
ne el botón de puesta en marcha de la calculadora y que vaya
diciendo los resultados de los cálculos. Por favor, dígame el re-
sultado. Empezamos con el número noventa y tres. Correcto,
9.64. Parece posible, porque la raíz cuadrada de 100 sería 10.
Ahora calculará la raíz cuadrada de 9.64. ¿Cuál es el siguiente
resultado? 3.11. Ahora calculará la raíz cuadrada de 3.11. Aho-
ra irá muy deprisa, sin contar los números cuando calcula la
raíz cuadrada de su solución previa, 1.76. 1.33. 1.15. 1.07. 1.02.
1.01. 1.00. 1.00. 1.00. 1.00. 1.00, lo que significa que si tomamos
la raíz cuadrada de 1, tendremos l.
»Así pues, 1 es el valor propio de la operación de una raíz
cuadrada. Intentémoslo con un valor inicial diferente, 75. Bien,
empecemos con 75, 8.66. 2.94. 1.72. 1.31. 1.14. 1.07. 1.03. 1.02.
1.01. 1.00. 1.00. 1.00. 1.00. 1.00, etc. El valor inicial desapareció.
Se ha ido, ya no está aquí. Lo único que queda de esta opera-
ción recursiva es el estado de equilibrio; ¡el argumento origi-
nal -el argumento inicial, 7 5- ha desaparecido! Sólo queda
el valor propio. Podríamos conseguir resultados semejantes con
operaciones diferentes».

Recursión y cognición

Von Foerster sostiene que ése es el tipo de recursión infini-


ta que tiene lugar en el sistema nervioso. Ya hemos visto la in-
teracción del sistema sensoriomotor del cuerpo. Cuando toma-
mos parte en el comportamiento sensoriomotor con algo,
actuamos sobre el objeto y generamos valores propios, más co-
múnmente conocidos como objetos de la percepción.
Por ejemplo, consideremos un niño que interactúa con lo
que para nosotros es una «pelota». Después de una interacción
suficiente, el niño empieza a experimentar la «pelota» como
un invariante. Su comportamiento recursivo, actuando sobre
los resultados de sus operaciones previas, consigue una esta-
bilidad, del mismo modo en que la calculadora alcanzaba su
estabilidad.
¿A qué accede el niño cuando sucede esto? El constructi-
vista dirá que el niño accede a su comportamiento -a sus ope-

~-~-~·---
188 CLAUSURA

raciones y a sus correlaciones sensoriomotrices-. El obser-


vador, sin embargo, ve que el niño interactúa con una cosa, una
pelota.
A diferencia del niño, el observador hace hincapié en el len-
guaje, en un lenguaje «Cosa». El lenguaje del observador sus-
tantiva su propia experiencia sensoriomotriz, la correlación en-
tre la imagen en su retina y el movimiento de sus ojos. El niño
sólo siente las limitaciones de sus acciones impuestas por lo
que nuestro lenguaje objeto denota como una pelota. Estas li-
mitaciones controlan sus comportamiento y este control debe
tener una forma particular.
Empujemos una silla y ésta «objetará», se opondrá a nues-
tro movimiento. Nuestro comportamiento sensoriomotor se or-
ganiza al interactuar con ella. Así pues, es experimentada, con
la ayuda del lenguaje, como un objeto. La silla impide nuestro
comportamiento, permitiendo que se estabilice una convergen-
cia de nuestro comportamiento sensoriomotor en relación con
esa silla (objeto). Es así como el constructivista explica los
objetos.
Los objetos son señales para comportamientos propios. Las
señales representan algo más. En el intercambio de dinero (una
señal del oro mantenida por el gobierno, pero que desgracia-
damente ya no es amortizable) las señales o monedas se utili-
zan para lograr entrar en el metro o para poder jugar en una
de las máquinas tragaperras. En el ámbito de la cognición, los
objetos son los nombres intercambiables que damos a nues-
tro propio comportamiento. Cuando ustedes hablan de una pe-
lota, hablan de la experiencia que surge de su comportamien-
to sensoriomotor recursivo cuando interactúa con ese algo que
llaman pelota. La «pelota» como objeto se convierte en una se-
ñal intercambiable en su experiencia y lenguaje para ese com-
portamiento que sabemos que tenemos que adoptar cuando ju-
gamos con una pelota. Ésta es la idea constructivista de lo que
sucede cuando hablamos de nuestra experiencia con objetos.
Sin duda, estos objetos se experimentan como invariantes,
es decir, como si tuvieran la constancia de objetos. Tal como
demuestra la teoría de la función recursiva, las operaciones
recursivas generan valores «estables» y de una infinitud de va-
lores posibles emergen los valores propios. Von Foerster afir-
ma: «Si hablara en alemán me expresaría con mayor claridad.
TEORÍA DE LA FUNCIÚN RECURSIVA 189

El término alemán para "objeto" es Gegenstand, el cual deno-


ta algo que está ahí contra ti -precisamente esa cosa que im-
pide o limita tu comportamiento-. Llamamos a ese algo un
objeto. Y esta limitación estabiliza nuestro comportamiento
(comportamiento propio estable) que percibimos como cosas.
»Hay algo más sobre lo que quisiera insistir; se trata de algo
muy importante. A partir de un continuo infinito de posibili-
dades, las operaciones recursivas esculpen un conjunto preci-
so de soluciones discretas. El comportamiento propio genera
entidades discretas e identificables.
»El hecho de producir la discreción (o la discontinuidad)
a partir de una variedad infinita tiene consecuencias increí-
blemente importantes. Nos permite empezar a dar nombres a
las cosas. El lenguaje consiste en la posibilidad de esculpir a
partir de un número infinito de experiencias posibles aquellas
experiencias que permiten interacciones estables de ti mismo
contigo mismo».

Solipsismo

Von Foerster continúa: «Ahora que hemos terminado de for-


marnos estas magníficas, fantásticas y sorprendentes ideas de
la experiencia humana, algunos de ustedes estarán pensando
con toda probabilidad "Heinz von Foerster nos ha servido un
vino viejo en una botella nueva. Se trata precisamente del vie-
jo juego filosófico del solípsismo". (Los solipsistas sostienen
que sólo Yo existo; todo lo demás es un resultado de mi imagi-
nación, una alucinación.) "Heinz von Foerster, ¿qué entiende
por responsabilidad? ¿Ante quién será usted responsable? ¿Ante
usted mismo? ¿Y qué? Uno siempre puede responderse a sí mis-
mo. En su filosofía no hay nadie más que usted. La ética y la
responsabilidad son conceptos carentes de significado en su
mundo solipsista"».
El solipsismo, la forma más extrema de subjetivismo, sos-
tiene que una persona sólo puede conocer su propia concien-
cia; cuando su conciencia deja de existir, no existe nada más.
El filósofo C.E.M. Joad explica que « ... puesto que todo nuestro
conocimiento se refiere a nuestros estados mentales, no se pue-
de enunciar que exista algo que sea diferente o distinto de nues-
190 CLAUSURA

tros estados mentales. Por ello, no hay fundamento para afir-


mar la existencia de algo que no se puede conocer, y mis estados
mentales constituyen, mientras no se demuestre lo contrario,
el universo. No puedo decir si existe algo además de ellos, pues-
to que al encontrarme completamente dentro del círculo de mis
propias ideas, encarcelado por fuera en la prisión de mi pro-
pia experiencia, no puedo traspasar esos muros»Y Aunque no
hay razón para pensar que el solipsismo esté en lo cierto, J oad
observa que es sumamente difícil de refutar. De hecho, es im-
posible de refutar.
Von Foerster, sin embargo, da la siguiente solución para la
acusación de que el constructivismo es solipsista: «Suponga-
mos que soy un próspero hombre de negocios que lleva puesto
el bombín (figura 19). Como solipsista, insisto en que soy la úni-
ca realidad; todo lo demás sólo existe en mi imaginación. No
puedo negar que mi imaginación contiene otras personas
-científicos, hombres de negocios, doctores, amas de casa,
etc.-. Puesto que son semejantes a mí, tengo que conceder a
estas apariciones el privilegio de ser solipsistas, de pensar que
son la única realidad y que cualquier otra cosa o persona es
una quimera de su imaginación. Sin embargo, tampoco ellos
pueden negar que sus imaginaciones estén pobladas por per-
sonas -y una de ellas puede que sea yo-». Así pues, un solip-
sista puede imaginar otras personas que imaginan que son so-
lipsistas, es decir, que insisten en que son la única realidad.
La solución dada por von Foerster al dilema del solipsista
consiste en aplicar el principio de relatividad. Primero, enun-
cia el principio de relatividad en su forma general: «Una hipó-
tesis que sostiene que A es verdad y que B es verdad será re-
chazada si no sostiene que A y B son ciertas al mismo tiempo».
Sin embargo, el principio de relatividad no es una hipótesis;
no puede probarse que sea verdadero o falso. Es un postulado
que se supone que es verdadero. Así pues, evocar el principio
de relatividad es una cuestión de elección.
El principio de relatividad se puede ilustrar mediante un
ejemplo sacado de la cosmología. Durante muchos años, se
creía que el planeta Tierra era el centro del universo. Supon-

12. Joad, C. D. M. (1936). Cuide to philosophy. Nueva York: Dover Publi-


cations, pág. 56.
TEORÍA DE LA FUNCIÓN RECURSIVA 191

Figura 19. Solipsismo.

gamos que criaturas de aspecto humano habitan el planeta


Marte. Al igual que sus homólogos en la Tierra, tienen una
cosmología en la que Marte ocupa el centro del universo, es
marscéntrica. Los científicos marcianos disponen de datos que
muestran cómo todo da vueltas alrededor de Marte; todos los
planetas se representan en epiciclos; pueden predecir la posi-
ción de los planetas, etc.
Los científicos de cada planeta han establecido de un modo
independiente la hipótesis de una cosmología en la que su pla-
neta es el centro del universo. ¿Quién tiene razón? El planeta
Tierra y el planeta Marte no pueden ser simultáneamente el
centro del universo. El principio de relatividad dispone que la
hipótesis «Centralidad de un planeta» tiene que descartarse.
192 CLAUSURA

Sin embargo, si los científicos de cada planeta afirman que cada


uno de sus planetas da vueltas alrededor del Sol, es decir, si
afirman la heliocentricidad, la contradicción desaparece y el
principio de relatividad admite esta hipótesis.
El argumento solipsista contiene una contradicción seme-
jante. Si soy un solipsista, supongo que sólo yo exi~o. Por lo
tanto, tengo un problema. Al igual que el hombre del bombín,
tengo una imagen de usted en mi cabeza, y puedo imaginarle
imaginándome, a mí, en su cabeza. En muchos aspectos tene-
mos propiedades idénticas. Cada uno de nosotros, sin em-
bargo, no puede ser la única criatura del universo. Así pues, si
mantengo mi posición solipsista, sostengo que yo tengo la alu-
cinación de usted, pero usted no tiene la alucinación de mí. Us-
ted es sólo una aparición.
A partir del momento en que supongo que usted tiene la
alucinación de mí, entonces el principio de relatividad afirma
«no, no puede jugar a ese juego». Usted y yo no podemos ser
ambos solipsistas teniendo cada uno la alucinación del otro.
Von Foerster soluciona esta contradicción escogiendo evo-
car el principio de relatividad. Rechaza la hipótesis solipsista
y la sustituye por una hipótesis de elaboración propia, una hi-
pótesis que da cuenta de cada uno de nosotros por separado
y de ambos al mismo tiempo. Von Foerster dice: «Ahora se da
el importante paso de la externalización. Por ejemplo, en el
ejemplo cosmológico, la posición heliocéntrica postula que el
Sol es el centro del sistema solar y que los planetas Tierra y
Marte rotan alrededor del Sol. De repente se ha generado, ex-
terno a los planetas individuales, un marco de referencia, a sa-
ber, el Sol. Volviendo sobre el dilema solipsista, si reconozco
la similitud, la identidad entre yo mismo y el otro, y escojo evo-
car el principio de relatividad, postulo la existencia del mun-
do exterior.
»La distinción clave aquí es la habitual interpretación de
que la experiencia está completamente invertida. En lugar
de que mi experiencia es una consecuencia resultante de algo
externo, es decir, del mundo, el mundo se postula como 11:ma
consecuencia de mi experiencia».
Von Foerster escribe al respecto: «Sin embargo, se debe ob-
servar que puesto que el principio de relatividad no represen-
ta una necesidad lógica, ni es tampoco una proposición que

_.,¿____ . - - -
EL JUEGO DE LA REALIDAD 193

se pueda demostrar que sea verdadera o falsa, el punto esen-


cial que se ha de reconocer aquí es que soy libre de escoger
si adopto o rechazo el principio de relatividad. Si lo rechazo,
soy el centro del universo; mi realidad son mis sueños y pesa-
dillas; mi lenguaje es un monólogo, y la lógica monológica. Si
lo adopto, ni yo ni el otro podemos ser el centro del universo.
Como en un sistema heliocéntrico, tiene que haber un tercero,
una referencia central que es la relación entre tú y yo, y esta
relación es la identidad: Realidad es igual a Comunidad. ¿Cuá-
les son las consecuencias de todo esto en el ámbito de la ética
y de la estética? El imperativo ético: actúa siempre de modo
que aumente el número de posibilidades. El imperativo estéti-
co: si deseas ver, aprende cómo actuar». 13
Este último punto justifica una explicación adicional. Von
Foerster sostiene que la ética surge de la elección -de hecho,
de dos elecciones-. En primer lugar uno escoge ver la identi-
dad entre uno mismo y el otro. En segundo lugar, uno escoge
evocar el principio de relatividad, y abandonar de este modo
la hipótesis solipsista. Este proceso sólo puede surgir del he-
cho de reconocer a otra persona. El proceso en su conjunto de-
pende de que se vea una identidad entre uno mismo y el otro.
Pero el argumento no valdrá para una botella o para un perro.
Es sólo la identidad con otro ser humano lo que desafía a uno
a que encuentre una solución al solipsismo. Esta identidad se
convierte entonces en la base para un comportamiento ético.
Haz a los otros según quieras que los otros te hagan a ti. De
este modo, tenemos la base para el juego de la realidad.

EL JUEGO DE LA REALIDAD

Von Foerster continúa: «Ahora bien, ¿qué juego es la reali-


dad? En primer lugar, al menos tiene que haber dos jugado-
res dispuestos a jugarlo. Crean un amplio tablero encima del
cual hay colecciones de objetos que convienen en denominar
"El mundo". Entonces, ellos mismos se ponen sobre ese table-
ro e inventan un conjunto de reglas para los objetos. Acuerdan

13. Von Foerster, Heinz (1981), «Ün constructing a reality», reeditado en


Observing systems, Seaside, CA: Intersystems Publications, págs. 307-308.
194 CLAUSURA

llamar a estas reglas "Las leyes de la naturaleza". Si durante


el juego resulta que las reglas que aplican al crear objetos no
cuadran con las reglas que inventaron para jugar con ellos, cam-
bian estos objetos o cambian "Las leyes de la naturaleza".
»Ahora pueden empezar a jugar. La meta del juego es, para
ambos, ponerse de acuerdo sobre cómo tienen que moverse so-
bre el tablero, incluso si no están de acuerdo. Resulta claro que
A puede ganar sólo cuando B gana y a la inversa. Pues cuando
B pierde, A también ha perdido. Entonces la realidad desapa-
rece y empiezan las pesadillas».

LA CLAUSURA FINAL

Ahora se puede afirmar: el constructivismo rechaza el prin-


cipio de objetividad e intenta desarrollar una epistemología
que lo pone todo al revés. Empieza con el observador y escoge
a continuación postular o especificar el mundo exterior. Sin
embargo, el constructivismo habla de la experiencia de la «CO-
seidad» como de la competencia sensoriomotriz que surge del
manejo de cosas. ¿No es una contradicción? ¿Está von Foers-
ter diciendo que no existen cosas allí afuera, pero que necesi-
tamos interactuar con ellas para formar la competencia sen-
soriomotriz?
Von Foerster responde: «La "cosa" es generada por el len-
guaje y el lenguaje se dirige a alguien más». (Esta explicación
es también válida para la comunicación con uno mismo tal y
como lo enuncia Maturana: «Todo cuanto puede ser dicho lo
es por un observador a otro observador, que puede ser él mis-
mo o ella misma.».) «Nos estamos ocupando de un argumento
circular muy interesante que depende de la posición que uno
tome al elaborar explicaciones. La competencia sensoriomo-
triz y los objetos son dos modos complementarios de dirigirse
a una forma particular de experiencia, es decir, la experiencia
de la coseidad.
»Llegamos ahora al punto más importante. Disponemos de
dos modos de dar cuenta de la experiencia de la "coseidad",
y ambos modos tienen que utilizar el lenguaje. Uno, el cons-
tructivismo, sostiene que la experiencia implica el mundo; el
otro, la posición que defiende la realidad objetiva, sostiene que

_A._---
LA CLAUSURA FINAL 195

el mundo implica la experiencia. En otras palabras, ¿qué su-


cede con este objeto que da cuenta de mi acción de percibirlo?
Y ahora se plantea la pregunta fundamental: ¿Qué posición per-
mite dar cuenta de la emergencia del lenguaje?
»El enfoque sensoriomotor (la posición constructivista) per-
mite dar cuenta de la emergencia del lenguaje. Si se parte del
hecho de que los objetos ya están aquí, en realidad, entonces
no se está en condiciones de dar razón de la emergencia del
lenguaje. El lenguaje se convierte en puramente denotativo. Esto
significa que sencillamente da nombre a las cosas que ya exis-
ten. Se pasa por alto el milagro del surgimiento del lenguaje.
El enfoque constructivista permite, en cambio, tener en consi-
deración la ontogénesis del lenguaje. El enfoque objetivista es
sólo ontológico. Ésta es la diferencia esencial que existe entre
estas dos modalidades de explicación.
»La ontología no se pronunciará sobre cómo se produjeron
las cosas. Los constructivistas sostienen que esto excluye ex-
plicar la aparición de ciertas cosas. Por ejemplo, si me miro
el ombligo desde un punto de vista ontológico, soy incapaz de
explicar esa cosa curiosa que está sobre mi estómago. Es un
rizo ornamental. ¿Por qué debe estar ahí? Es inútil; es una bro-
ma. No hay modo de dar razón de esta peculiaridad de mi
cuerpo.
»Üntogenéticamente, el ombligo es una condición necesa-
ria para mi existencia. Doy cuenta de mi venir al mundo. La
ontología sólo da cuenta de mi ser ahí. Ontológicamente, el len-
guaje no puede justificarse a sí mismo. Necesitamos pregun-
tar no qué es el lenguaje, sino cómo emergió. Preguntar qué
es el lenguaje siempre nos invitará a presumir la existencia de
un mundo objetivo. Primero hubo cosas y luego aprendimos
a nombrarlas.
»El argumento alternativo es que el lenguaje es connotati-
vo. Cuando pronuncio algo, no me estoy refiriendo a algo de
ahí fuera. Más bien genero algo en ustedes, toco, por así decir-
lo, una gama completa de correlaciones semánticas -como
cuando un violinista, al tocar una cuerda con el arco, les afec-
ta con su música-. Esto es lo que sucede cuando les digo
"mesa" a ustedes. Ustedes no piensan en una mesa en particu-
lar; piensan en ella como un constructo en una red semántico-
relacional. Y esperan a ver qué haré con mis palabras poste-
196 CLAUSURA

riores respecto a esa noción de mesa, no respecto a una mesa.


Si digo, "sentémonos a la mesa", considerando la hora, sabrán
con certeza qué vamos a hacer: comer.»
Así, el lenguaje tiene que ver con las correlaciones de com-
portamiento en el sistema nervioso. En la terminología de Ma-
turana, se trata de un comportamiento de segundo orden. En
consecuencia, siempre puede ser relativo al organismo. No ne-
cesita «Cosas» para explicar su nacimiento. Está claro que el
organismo es una entidad, pero en esto consiste la auto-
rreferencialidad de todo el argumento.
Así pues, las «Cosas» asumen la noción no-constructivista
1
de lo que es una cosa, es decir, los objetos, en el lenguaje cuando
un observador habla con otro observador que puede ser él mis-
mo. Pero la epistemología de la confirmación, la epistemolo-
gía de la realidad objetiva, plantea un problema. No puedo dar
cuenta de la génesis del lenguaje, puesto que el lenguaje obje-
tivista es denotativo. Así pues, por definición, el lenguaje ya
debe de haber existido a fin de nombrarla. El enfoque denota-
tivo del lenguaje sólo puede ser ontológico.

EL RESUMEN FINAL

Así se ha cerrado el círculo. El capítulo 1 empezaba defi-


niendo cómo vivimos en un lenguaje, un lenguaje objeto que
genera una realidad objetiva. Se examinó entonces la noción
de objetividad desde las perspectivas epistemológica, lingüís-
tica y neurólogica. También se trató el principio de codifica-
ción indiferenciada.
Los capítulos 4, 5, 6 y 7 plantearon entonces la pregunta:
¿Podemos dar cuenta de la cognición o de la percepción sin
postular primero la existencia de una realidad objetiva? Como
explicación alternativa de la cognición y de nuestra experien-
cia de la realidad hemos propuesto tratar el sistema nervioso
como un sistema computacional cerrado. Así pues, disponemos
de dos formas diferentes para explicar la cognición.
Se presentó el problema del solipsismo, la identidad del otro 1
estipulada, y, al evocar el principio de relatividad, postulamos
el mundo. La elección que hace el observador de inferir el mun- 1
do sobre la base de la experiencia de la percepción de otro oh- ,
EL RESUMEN FINAL 197

servador se presentó como la base para un comportamiento


ético.
Entonces surgió la pregunta: puesto que estas dos formas
de explicación, estas dos epistemologías, utilizan y necesitan
el lenguaje, ¿pueden responder del lenguaje? Encontramos que
sólo la noción connotativa del lenguaje propia del constructi-
vismo permite la emergencia del lenguaje del comportamien-
to de segundo orden que surge en un contexto social.
Un lenguaje denotativo genera una realidad objetiva pero
no puede generarse él mismo; no puede dar cuenta de sí mis-
mo. Un lenguaje connotativo puede dar cuenta tanto de la ex-
periencia humana como de la emergencia del lenguaje.
Este capítulo final cierra los conceptos de este libro doblan-
do el capítulo 7 sobre el capítulo 1, cerrando este sistema de
ideas -la clausura final-. Por consiguiente, me gustaría su-
gerir al lector que tenga interés y disponga de tiempo, que vuel-
va a leer este libro ya que ello sería sumamente útil. Si se acepta
la noción según la cual somos máquinas no triviales, entonces
no hay más que un paso para llegar a la aceptación de que cada
viaje que vuelva a producirse a través de estos siete capítulos
será una experiencia diferente.
APÉNDICE

UNA ENTREVISTA CON HEINZ VON FOERSTER

Carol Wilder: Señor von Foerster, desde Viena a la Costa


del Pacífico ha hecho usted un largo camino. Desearía pedirle
que nos explicara de qué modo llegó aquí y cuáles son los he-
chos que intervinieron decisivamente en ello.

Heinz von Foerster: El primer acontecimiento de esta cla-


se fue venir al mundo un viernes 13 de noviembre de 1911. Era
un día de suerte. Había nacido en una familia que en sí misma
reflejaba en cierto modo el microcosmos que era Viena antes
de la Primera Guerra Mundial, un mundo de movimiento, de
ideas, de teorías, de tensiones, de filosofías, de orientaciones
políticas. No olviden que Theodor Herzl, el fundador del mo-
vimiento sionista, era vienés; Freud, también vienés, fundó el
psicoanálisis; en el arte, la nueva dirección de la vanguardia
y del Jugendstil (modernismo), los pintores Gustav Klimt y
Schiele, los arquitectos Otto Wagner y Adolf Loos, del «Wie-
ner Werkstatte», introdujeron elementos en la vida cultural de
la época que aún hoy no han dejado de funcionar. Mi bisabue-
lo, que era arquitecto, hizo un gran trabajo de renovación ur-
banística, sustituyendo las viejas fortificaciones de Viena por
la representativa Ringstrasse y, a cierta distancia de ésta, de-
finiendo los distritos urbanos y suburbanos, colocó un segun-
do anillo, el «Gürtel», o cinturón. Este concepto arquitectóni-
co de la ciudad todavía funciona. En la Universidad de Viena
había personas como Ernst Mar k, un precursor de A. Einstein,
que inició una revolución en los fundamentos de la física al
poner en tela de juicio los conceptos de espacio y tiempo ab-
solutos de la física newtoniana, y Boltzmann, que dio una in-
terpretación de la segunda ley de la termodinámica que aún
hoy tiene resonancia. Al mismo tiempo se empezó a prestar
atención y a actuar conforme a preocupaciones sociales. La cau-
sa de las mujeres fue defendida entre otras por mi abuela, una

--------------
-
200 SOÑAR LA REALIDAD

de las primeras sufragistas que fundaron el primer periódico


en Europa, llamado Die Frauenzeit, dedicado por completo a
la liberación de la mujer. El «celibato de los maestros» fue el
grito de guerra de aquella época, y, mientras vivió, mi abuela
luchó por cambiar la ley que en Austria obligaba a una maes-
tra a abandonar el servicio cuando quedaba encinta.
En 1914 estalló la Primera Guerra Mundial. Mi padre fue
inmediatamente movilizado junto con todos los demás hom-
bres de su familia y generación. El ejército austríaco, bajo el
mando de un viejo emperador, tenía un concepto particular-
mente ingenuo de cómo se tenía que hacer la guerra: sentado
encima de un caballo, sacaba el sable y atacaba al enemigo.
Por el otro lado, el enemigo estaba atrincherado y disparaba
con ametralladoras. En consecuencia, las primeras batallas se
perdieron de un modo trágico. Los dos miembros, para mí, más
importantes de mi familia, mi padre y mi tío fueron captura-
dos en las primeras semanas de la guerra y durante los cuatro
años siguientes crecí sin padre. Mi madre me llevaba con ella
donde fuera, principalmente a las grandes casas de campo de
los parientes, y así me familiaricé con el mundo de los adultos
de mi alrededor. Este mundo era el del teatro, el arte, el perio-
dismo, la filosofía y la ciencia. Sin saberlo entonces, absorbí
muchas cosas. Durante la vida activa uno a menudo trata los
problemas de un modo determinado, sin prestar demasiada
atención a por qué lo hace así, y sólo en los períodos más con-
templativos se da cuenta de que en algún lugar del pasado, qui-
zá cuando tenía cinco o seis años, un venerable anciano le ha-
bía dicho, «Vive ahora, no en el pasado, no en el futuro, sino
aquí y ahora».

CW: Un ejemplo impresionante de lo que acaba de decir era


para mí cuando usted hablaba de su tío Ludwig.

HvF: ¡Oh! el tío Ludwig, sí. Se trata de una historia sobre


una realidad construida, de una leyenda familiar y del mundo
en general. Cuando tenía cinco o seis años, de vez en cuando
me llevaban a visitar a un tío que había diseñado y construido
él mismo una hermosa casa. Siempre había excelente choco-
late -en aquella época un acontecimiento memorable-. Una
vez me preguntó qué deseaba ser cuando fuera mayor. Dije:

.1
APÉNDICE 201

E in Naturforscher.* «Ajá», exclamó el tío Ludwig, «entonces tie-


nes que saber muchas cosas». «SÍ», contesté, «sé muchas co-
sas». Podría haberme hecho trizas, pero en lugar de eso dijo:
«sabes mucho, pero no sabes si estás en lo cierto». Sólo ahora,
cerca de setenta años más tarde, después de haber observado
a hijos y nietos, sé la razón que tenía. A mis veintinueve años,
cuando estudiaba en la universidad, di con un libro que influ-
yó en mí (y en la filosofía moderna) a fondo y profundamente.
Era el Tractatus Logico Philosophicus, de Ludwig Wittgenstein.
Sólo entonces me di cuenta de que el tío Ludwig y el autor del
libro eran una y la misma persona. La familia no hablaba de
su filosofía.

CW: Pero entonces usted se convirtió en un físico. ¿Cómo


sucedió?

HvF: Totalmente lógico: suspendía todas las asignaturas.


Como puede ver no era un estudiante aplicado, como se dice
hoy en día. Simplemente no estudiaba, ni para aprobar los exá-
menes, ni para aprender idiomas, ni historia, ni nada. Y lo sus-
pendía todo. Pero en materia de matemáticas y física sabía las
respuestas antes de que me preguntaran: era todo perfectamen-
te claro y evidente. Sin embargo en el «Humanist Gymnasium»,
que es como se conocía a mi escuela, se ponía mucho más én-
fasis en el latín y el griego que en las matemáticas y la física.
Es por ello que sólo pude aprobar los exámenes de la escuela
superior mediante el sistema del trueque: mis vecinos eran muy
buenos estudiantes así que me pasaban las respuestas de la-
tín y griego, y, a cambio, yo les pasaba las soluciones a los pro-
blemas de matemáticas y física. Cuando ya dejé la escuela su-
perior pensé: sigamos así; no hay ningún problema en ello.

CW: Ya veo, era natural y evidente.

HvF: Sí. Por otro lado, hubo, claro está, cosas sobre las que
pensaba: si supiese más y con mayor profundidad acerca de
ellas, podría satisfacer algunas de mis curiosidades básicas:
¿Qué sucede? ¿Qué forma el mundo? ¿Qué lo mantiene unido?

* Un investigador de la naturaleza o naturalista.


202 SOÑAR LA REALIDAD

Si había de investigar en biología o en cualquier otro campo


como éste y no sabía qué eran los elementos básicos del mun-
do físico, entonces el trabajo biológico o psicológico en el que
estaba interesado carecería de fundamentos. Sabía de un modo
instintivo que las matemáticas y la lógica eran disciplinas fun-
damentales en lo que se refiere a la estructura de las descrip-
ciones, y que la física es la condición básica para lo que se tie-
ne que describir como la relación de cosas que se desea
observar; estas disciplinas me darían una sólida base sobre la
que llevar a cabo mis futuras investigaciones.
Quizás habría vuelto a la biología mucho antes de lo que
lo hice si la Segunda Guerra Mundial no me hubiera forzado
a posponer las respuestas a mis preguntas. Entonces no podías
perseguir tus propios intereses. Tenías que sobrevivir. Para mí
significaba salir de Austria después de que Hitler la invadiera
en 1938. Algunas ramas de mi familia eran judías. Todo el mun-
do en Viena lo sabía. No podía tener un trabajo allí. Quería
casarme, necesitaba un trabajo y decidí que el mejor lugar a
donde podía ir era Berlín. Nadie nos conocía allí. Durante bre-
ves estancias en esa ciudad me había sentido muy impresio-
nado por la gente que sobrevivía a las malas situaciones con
Galgenhumor (jovial desesperación). No existía ninguna situa-
ción en un mundo amargo y desesperado sobre la que no hi-
cieran alguna broma. Encontré un trabajo en un laboratorio
de investigación, y cuando me tocó presentar pruebas de mi
inexistente genealogía aria conseguí posponerlo hasta que el
arrasador bombardeo de Berlín me liberó de esta preocupa-
ción. También me liberó de todas mis pertenencias terrenales,
algunas de las cuales había apreciado realmente ya que habían
pertenecido a mi familia durante mucho tiempo.

CW: ¿Pasó los años de la guerra en Berlín?

HvF: Sí, en parte, y en parte también en un monasterio me-


dieval de Silesia, que había sido secularizado en 1820. Desde
entonces había servido a diferentes objetivos, entre otros los
de la Academia Militar para los cadetes del ejército prusiano.
Ahora, en 1943, había sido transformada en un laboratorio de
investigación y teníamos que trabajar allí porque habían bom-
bardeado nuestro laboratorio en Berlín. Goring, el mariscal de
APÉNDICE 203

campo de Hitler, había declarado ilícito bombardear Berlín.


Desgraciadamente, los aliados no quedaron impresionados por
esa declaración y bombardearon Berlín casi hasta arrasarla.

CW: ¿Pero siguió investigando mientras sucedía todo eso?

HvF: Sí, me dedicaba a la física del plasma y trabajaba en


el problema del radar, en el radar de onda corta alemán. Se
trataba de una investigación básica y fundamental que no po-
dría encontrar aplicaciones prácticas hasta años después. Ésa
era la idea global: alargar el objetivo hasta el punto que Hitler
no pudiera conseguirlo.

CW: ¿Y cómo sobrevivió al final de la guerra y qué le trajo


a los Estados Unidos?

HvF: Me había casado en Berlín en 1939. Vivíamos allí, en


el centro mismo del Berlín Oeste y habíamos tenido tres hijos,
hasta que las bombas arrasaron nuestra casa, juntamente con
la vecina «Gedachniskirche» (cuyas ruinas son ahora un mo-
numento a los caídos). Afortunadamente, escapamos de las
bombas y nos trasladamos a Silesia. Sabíamos que no pasaría
mucho tiempo antes de que los rusos nos echaran de allí. La
cuestión era sólo: ¿escaparíamos no sólo de los rusos sino tam-
bién de los nazis, que llamaban traidores a los que no daban
gustosamente sus vidas para la victoria final y les disparaban
en el acto? Nos escapamos por los pelos y pasamos por aven-
turas increíbles -demasiadas para hablar de ellas ahora.

CW: Todavía no me ha contado cómo es que vino a parar


precisamente a Pescadero.

HvF: Estoy convencido que durante toda mi vida había es-


tado buscando con mi imaginación un lugar así. Lo reconocí
en cuanto lo vi, y me aferré a este lugar con todas mis fuerzas.

CW: Pero durante sus treinta y cinco años de residencia en


los Estados Unidos habrá vivido en otros lugares.

HvF: Claro. Escapé de Berlín, adonde volví cuando los ru-


204 SOÑAR LA REALIDAD

sos tomaron Silesia en abril de 1945. La artillería rusa bom-


bardeaba la ciudad, que ya estaba ardiendo a causa del bombar-
deo masivo. Entonces me retiré a Heidelberg donde mi mujer
y mis hijos habían encontrado refugio en casa de su familia,
y, finalmente, en 1946 nos encontrábamos en Viena. En aquel
momento, unos amigos de los Estados Unidos me invitaron a
venir y llegué a Nueva York en 1949. Después de años de ham-
bre, tanto mental como física, me emborraché de la energía que
impulsaba Nueva York y de su vitalidad resultante. Era como
si estuviera en las alturas todo el tiempo. Había escrito un li-
brito sobre la memoria, y lo había enviado a mis amigos de
los Estados Unidos. Me llamaron y me dijeron que debía ir a
Chicago, ya que allí existía un grupo de científicos que estaba
muy interesado en mi trabajo.
Volé a Chicago, en las líneas aéreas Capital, en vuelo noc-
turno por dieciocho dólares -todo lo que me podía permitir-.
En el departamento de Neuropsiquiatría de la Medical School
de la Universidad de Illinois, había un hombre que descollaba
sobre todos los demás, Warren McCulloch, quien había empe-
zado a pensar sobre los procesos mentales de un modo nuevo,
y tanto él como su gente estaban intrigados por el modo en que
yo había cuantificado ciertos procesos mentales, dado que mis
cifras coincidían con los resultados que ellos habían obteni-
do. Tuve que dar una conferencia el mismo día que llegué y,
aunque apenas podía hablar inglés, por no decir nada de mi
experiencia en dar conferencias, no importaba. Todos escucha-
ban. Si buscaba a tientas una palabra ellos me ayudaban. Era
embriagador. En contraste con la cultura de donde yo prove-
nía, aquí lo que importaba era el contenido y no la forma de
presentarlo.

CW: ¿Fue esta conferencia lo que dio pie a su participación


en las Macy Conferences?

HvF: Sí. Mi visita a Chicago fue en febrero, y Warren me


invitó a asistir al congreso de Nueva York que se celebraba en
marzo.

CW: Sé de estas conferencias y de sus participantes a tra-


vés de Gregory Bateson. Me dijo que él había participado en
APÉNDICE 205

una en 1942, sobre la inhibición central en el sistema nervio-


so. Fue entonces cuando Norbert Wiener y Julian Bigelow pre-
sentaron la noción de feedback. Bateson fue entonces movili-
zado y enviado a la flota del Pacífico, y allí descubrió que había
estado dando vueltas a esas ideas durante todo el tiempo. Me
explicó que tras la guerra corrió a la Macy Foundation y dijo,
«¿podemos celebrar otro congreso?». Y Frank Fremont Smith,
el director del programa de congresos le dijo: «Warren McCu-
lloch está precisamente aquí y va a haber otro». Esto dio lugar
a una serie de encuentros durante diez años de unas veinticin-
co de las mejores cabezas procedentes de diversas disciplinas.
En 1949 usted se incorpora a estos encuentros y desempeña
un papel esencial. ¿Puede hablarme de ello? ¿Qué pasaba en
los Simposios Macy? ¿Cómo las considera ahora?

HvF: Ya le hablé de Warren McCulloch, que era el director


del departamento de Neuropsiquiatría de la Medical School
en la Universidad de Illinois.

CW: En cuanto a su formación, ¿qué era Warren McCulloch,


un neuropsiquiatra, un físico, un filósofo o qué?

HvF: La expresión «en cuanto a su formación» y Warren


McCulloch son difíciles de combinar. Era una especie de re-
ceptáculo creativo para cualquier idea fascinante, ya fuera ló-
gica, matemática, psicológica, fisiológica, neurofisiológica, fi-
losófica o poética. En sus escritos aparece la mejor justificación
de su comportamiento cuando pregunta: «¿Qué es un número
que un hombre puede entender, y qué es un hombre que pue-
de entender un número?». Esa pregunta resume su obra, fisio-
lógica, neurológica, psiquiátrica, matemática, lógica y teoló-
gicamente.
Podría decir más. Pero deje que por el momento vuelva a
nuestro encuentro en el sótano de la Medical School en Chica-
go. El barrio era una zona de desastre por su pobreza, por el
abandono y por su estado desvencijado. Unos pocos meses más
tarde, cuando mi familia se reunió conmigo los McCulloch nos
llevaron a pasear en coche. Nuestros hijos, de cinco, seis y ocho
años, miraron por la ventanilla y exclamaron:« ¡Chicago ha sido
fuertemente bombardeado!». Tenían mucha experiencia y re-
1

l
206 SOÑAR LA REALIDAD

conocían una ciudad destruida cuando veían una. Pero en ese


sótano no nos dábamos cuenta de los alrededores. Estábamos
hablando de mi teoría de la memoria. Estaba claro que, para
hacerla funcionar, tenía que introducir el concepto de apren-
dizaje. Al recordar lo que recuerdas describes un feedback. Con
el feedback tienes un sistema circular de carácter causal, un
sistema cibernético. Así, Warren dijo: «Heinz von Foerster: con
su idea cibernética de la memoria, usted debería participar en
el Simposio Macy donde se discutirán los mecanismos de feed-
back circulares de carácter causal en los sistemas biológicos
y sociales».

CW: Esto sucedió en 1949. Debió de ser el sexto encuentro.

HvF: Exactamente. Déjeme que le haga un breve resumen


de la Fundación J osiah Macy J r. y de los encuentros que pa-
trocinaba. Un miembro de la familia Macy se había quedado
paralítico y un grupo de científicos que participaban en un en-
cuentro interdisciplinario le había ayudado. La familia, en con-
secuencia, decidió que financiaría una serie de encuentros cien-
tíficos de carácter interdisciplinario. El director del programa
de congresos era Frank Fremont Smith, muy conocido y res-
petado por la comunidad científica. Los problemas tratados
eran de una gran variedad: glaucomas (sobre los que se sabía
muy poco en esa época), enfermedades hepáticas, envejecimien-
to, etc. Había entre diez y doce encuentros que se efectuaban
cada año. Uno de ellos era «Causalidad circular y Mecanismo
de Feedback en Sistemas Biológicos y Sociales». Los miembros
de este grupo se habían reunido cinco veces a intervalos de me-
dio año, de modo que se conocían muy bien unos a otros.

CW: Ésta era su sexta reunión, aunque en los volúmenes pu-


blicados corresponde al volumen l. Y entonces usted se con-
vierte en el editor de los simposios.

HvF: Sí. En esa reunión se había decidido publicar las ac-


tas. Después de que presentara mi teoría de la memoria en in-
glés, de la que a partir de entonces había hablado a favor du-
rante cinco o seis semanas, los miembros del grupo celebraron
una reunión de negocios. Yo no podía participar, era un invita-

- - - - - - - ____,L_______
APÉNDICE 207

do. Después me llamaron y me dijeron que habían decidido pu-


blicar las actas a partir de ahora. Y me dijeron que estaban
horrorizados por mi precario inglés y que habían pensado en
un aparato para que aprendiera inglés rápidamente. «Hemos
encontrado una solución», dijeron. «Hemos decidido nombrarle
editor de estos congresos.»
Algo así no podía haber pasado en Europa. Sólo en América.
Estaban en lo cierto. Aprendí inglés rápidamente. Después
de un mes tenía cerca de dos kilos y medio de hojas de color
verde en las que se habían transcrito todas las conversaciones
a partir de una cinta magnetofónica. Compré los diccionarios
necesarios y me puse manos a la obra. Era increíble. Personas
como Norbert Wiener o Margaret Mead hablaban como si ya
estuvieran editados. No tenías que cambiar ni una coma. Otros
-entre los que me incluyo- no me lo pusieron tan fácil.

CW: ¿Quiénes eran los participantes? ¿De dónde procedían?

HvF: Aquí está la lista, treinta personalidades en total; to-


das ellas notables. No diremos todos sus nombres ahora, pero
examinemos las disciplinas a las que pertenecen. Comprende-
remos entonces la emoción que creaba su diversidad, sus dife-
rentes enfoques. Provenían de campos como la psiquiatría, la
ingeniería, la fisiología, la antropología, la informática, la neu-
rofisiología, la zoología, la psicología, la sociología, la filoso-
fía, la matemática, la biofísica, la electrónica y la astronomía.

CW: Leí una vez estas transcripciones y, como le dije, se trata


de los documentos intelectuales más notables que nunca he leí-
do. El entusiasmo, la energía y el compromiso de estas perso-
nas se hace patente en estas páginas. Pienso que las actas Macy
son un ejemplo significativo del paso de las metáforas de la
ciencia física, de la energía, a las ciencias de la información.
Bateson siempre ha afirmado que el lenguaje de la ciencia fí-
sica es inapropiado para las ciencias humanas.
¿Podría explicarme qué piensa de los límites de las metá-
foras tecnológicas aplicadas a los sistemas humanos? Sé que
hay personas que desaprueban grandemente a un investigador
del comportamiento que habla de feedback, de input, de out-
put, de computación analógica y digital cuando se habla de co-
208 SOÑAR LA REALIDAD

municación humana, y algunos rigurosos científicos de la com-


putación creen que se trata de un uso corrupto del lenguaje
disciplinar. Pero en las actas, usted habla el lenguaje de la ci-
bernética y lo aplica a los sistemas biológicos, sociales y tec-
nológicos. ,

HvF: Tengo la impresión de que los encuentros mostraban


un estado de cosas semejante al de las plantas cuando se abren
camino hacia arriba y en un terreno muy difícil. Éramos vás-
tagos pero aún no flores. Lo que vemos aquí, y eso es lo fasci-
nante, es una ciencia en status nascendi, en situación de deve-
nir. Por lo general, en los grandes encuentros se presentaron
artículos, que trataban temas populares·, quizás algunos de ellos
urgentes. Todo el mundo ha visto un abstract, un resumen; ha-
blan de lo que creen que saben. En cambio en las actas .de las
reuniones todos intentaban saber, llegar al fondo. Alguien de-
cía: «Querría informar acerca de la esencia del humor». «¿Qué
entiende por esencia?» «¿Cómo define humor?» «¿Qué entien-
de por "informar"?», etc.

CW: En la venerable tradición platónica del simposio, leí


las actas con la misma voracidad de quien lee una novela de
misterio.

HvF: Y nadie encuentra la solución.

CW: Pero hay indicios ...

HvF: Exacto, y los indicios se encuentran y están esparci-


dos por aquí y allí. Uno de los indicios es, por ejemplo, el tor-
pe título al principio del congreso. Era evidente que estaban
buscando algo que al resguardo del paraguas de este comple-
jo título les permitiera preguntarse e informarse unos a otros
acerca de los intereses que en realidad tenían.

CW: ¿Cuándo cambió el lema del congreso por «ciber-


nética»?

HvF: Cuando llegué a los Estados Unidos en 1949 acababa •·'


de publicarse el libro de Norbert Wiener, Cybernetics. Warren

___.____ ---
APÉNDICE 209

me dijo: «¿Por qué no lo lee antes de venir al Simposio Macy?».


Así lo hice. Cuando me nombraron editor de los congresos, el
largo y tosco título me causaba espanto y dije, «¿puedo pre-
sentar mi primera moción?». «¿Cuál es su primera moción?»,
me preguntaron. «Me gustaría llamar a estos congresos no
"Causalidad Circular y Mecanismos de Feedback en Sistemas
Biológicos y Sociales", sino "Cibernética"». Recibí un gran
aplauso -pensaron que era una buena idea-. Recuerdo que
Norbert Wiener estaba tan afectado por la unánime adhesión
recibida por su original idea que dejó la habitación para disi-
mular sus ojos humedecidos.

CW: Bien, el título es una metáfora que sintetiza lo que se


trataba en el congreso, y de hecho reorientó su trayectoria.

HvF: Completamente. Norbert Wiener creó este lema a cau-


sa de su interés por los mecanismos teleológicos. La teleolo-
gía se había convertido en una palabra malsonante entre los
científicos; pertenecía a las épocas oscuras. En la actualidad
un científico no hablaría de mecanismos teleológicos, de una
causa final. De causas eficientes, sí; de causa final, no. Pero
en los Simposios Macy los científicos estaban examinando me-
canismos causales, con causas en el futuro en lugar de en el
pasado. Sabían que era extremadamente importante compren-
der ciertos mecanismos, donde la causa eficiente no obtenía
resultados. Pero el lenguaje para estos nuevos procesos toda-
vía no estaba determinado. En uno de los congresos, J ohn von
Neumann, por ejemplo, se enfadó de verdad a causa del mal
uso y del abuso de ciertos términos que se sacaban del lenguaje
de la informática. Un día cogió una rabieta. Dio un puñetazo
en la mesa y gritó, en su expresivo inglés húngaro: «¿Pero us-
tedes qué están haciendo?». Y en su enfado, explicó de un modo
fabuloso las distinciones y aplicaciones apropiadas de las no-
ciones de digital, analógico, discreto y continuo. Fue soberbio.
La norma de la publicación de las actas era que todo el mun-
do tuviera su intervención en el simposio después de mi edi-
ción; a la sazón podían cambiar lo que quisieran y von Neu-
mann, un perfeccionista, pensó que tenía que reelaborar la
intervención que había hecho estando enojado. Yo pensaba que
había elaborado sus puntos con mucha claridad, pero él cin-
210 SOÑAR LA REALIDAD

celó, perfeccionó y elaboró esa intervención. Los encargados


de la Fundación Macy, para editar la versión final, no pudie-
ron disponer de su intervención ya que la demoraba una y otra
vez; finalmente tuvieron que imprimirla sin la bella historia
de von Neumann. Había señalado que la gente había adopta-
do acríticamente términos de otro campo para sus especiales
propósitos y a veces los términos no se adecuaban en absolu-
to. Piense en un carpintero que ve a alguien que utiliza alica-
tes para clavar clavos; no es difícil imaginarse qué dirá el car-
pintero.

CW: A propósito de lo «digital» y lo «analógico», estos tér-


minos provienen tanto de la neurociencia como de la informá-
tica y se utilizaron libremente en los Simposios Macy. Ahora,
los estudiosos de la comunicación humana los están utilizan-
do con muy poca escrupulosidad; a veces digital significa len-
guaje y analógico significa no verbal, metafórico. Se trata de
usos que parecen intuitivamente atractivos, pero me gustaría
saber, ¿cómo podemos tomar prestada una expresión con un
significado muy específico de un campo y utilizarla, para nues-
tro propósito, en el estudio de la comunicación humana, que
es flexible y compleja?

HvF: En el estadio creativo de la formación de una idea está


permitido utilizar todo cuanto sea necesario para avanzar. A
Friedrich Schiller, el poeta alemán, le gustaba el olor de las
manzanas podridas, y con manzanas podridas en su armario
f
escribió uno tras otro bellos poemas y obras de teatro. Los re-
sultados: una poesía inmortal. En cambio se han olvidado las
manzanas podridas. En los Simposios Macy vemos también las
manzanas podridas. Lo que sucedió después es un poco dife-
rente. Tal como señaló von Neumann al principio, existen cua-
tro conceptos: digital, analógico, discreto y continuo. Después,
estos términos se confundieron completamente y se utilizaron
aquí y allá, al tomar una cosa por otra. En este estadio experi-
mental se buscaba la herramienta intelectual correcta.

CW: Sí, creo que algunos de estos términos tienen fuerza


por sí mismos, que avanzan como una especie de ídolos, y se
utilizan con ciega devoción: feedback, «homeostasis», «digital-
analógico», etc.

.J...
APÉNDICE 211

HvF: Esto tiene como consecuencia que en lugar de utili-


zar el lenguaje como una herramienta que exprese pensamien-
tos y experiencias, aceptamos el lenguaje como una herramien-
ta que determina nuestros pensamientos y experiencias. Quizá
cuando siento que el lenguaje me controla, entonces empiezo
a controlar el lenguaje.

CW: Esto me lleva a formular una pregunta que desde hace


mucho tiempo he querido plantearle. El feedback es uno de los
conceptos más importantes que aparecen en los Simposios
Macy y, como dijo Bateson, la primera vez que se introdujo el
término, todo el mundo se volvió un poco loco con la noción
de una idea muy poderosa. Usted ha estado íntimamente iden-
tificado con la noción de recursión, de autorreferencia, de va-
lores propios y demás, que me parecen como un feedback que
ha llegado a su mayoría de edad. ¿Podría decirme algo más so-
bre la relación entre feedback y recursión?

HvF: Recordará que en los Simposios Macy se presentaban


una y otra vez ciertos problemas. Parecían ser abordables me-
diante la noción de autorreferencia, de un circuito causal cir-
cular. El problema es que la autorreferencia da origen a lapa-
radoja. Por lo tanto, desde un punto de vista científico, tenemos
que excluirla.

CW: El enunciado «Yo miento», por ejemplo, ¡no está per-


mitido!

HvF: Exactamente. Basado en la premisa de que cada pro-


posición expresada tiene que ser o verdadera o falsa -cotas
de la investigación científica-, llegamos a un sistema en el que
tienen que excluirse las proposiciones que son verdaderas cuan-
do son falsas y las falsas cuando son verdaderas. Están verbo-
ten, prohibidas. Ahora bien, en cualquier tipo de teoría de la
interacción, pongamos por caso, en una teoría de la comuni-
cación o en una teoría del cerebro, de la sociología, del lenguaje,
etc., el observador, el teórico tiene que incluirse en el sistema
sobre el que teoriza. Pongamos que, por ejemplo, uno quiera
escribir una teoría del cerebro. Creo que nadie negará que se
necesita un cerebro para escribir esa teoría. Ahora bien, a fin

-
212 SOÑAR LA REALIDAD

de que esta teoría pueda formular cualquier afirmación de in-


tegridad, tiene que ser capaz de dar cuenta de cómo está es-
crita. Esto es, una teoría que describa el funcionamiento del
cerebro tiene que, por decirlo así, describirse a sí misma o, si
se prefiere, escribirse a sí misma.
Al principio suena disparatado. La razón es que, por lo ge-
neral, estamos preocupados por describir los cerebros de otros
y no nuestro propio cerebro. El tipo de teoría del que hablo
tiene que adecuarse a la extraordinaria limitación de descri-
birse a sí misma -volver sobre sí misma, como la serpiente
que se muerde la cola-. Esto constituye una similitud con el
feedback. Sin embargo, la teoría de la función recursiva va mu-
cho más al fondo. Es precisamente el aparato formal para tra-
tar este «volver doblándose sobre sí mismo». El significado de
la «recursión» es volver a recorrer el camino que ya se ha re-
corrido. Uno de sus resultados es que bajo determinadas con-
diciones existen en realidad soluciones que, al introducirse nue-
vamente en el formalismo reproducen las mismas soluciones.
Se les llama «valores propios», «funciones propias», «Compor-
tamientos propios», etc., dependiendo del dominio en el que
se aplique este formalismo -el dominio de los números, de
las funciones, de los comportamientos, etc.-. La expresión «va-
lor propio» proviene de la expresión alemana Eigennwert, que
en inglés se traduce por la expresión self-value. Se trata de una
expresión acuñada por David Hilbert, a finales del siglo XIX,
para las soluciones de problemas con una estructura lógica
muy similar a la de los que estamos viendo aquí.

CW: ¿De qué modo me ayuda esto a comprender lo que di-


cen los demás? ¿Qué significado adquiere aquí «lenguaje»?

HvF: El fenómeno «lenguaje» es tan rico que la palabra


«comprensión» puede tener muchos aspectos diferentes. Co-
nozco dos importantes escuelas de pensamiento que enfocan
este problema de un modo muy distinto. Una quiere compren-
der las reglas de la concatenación, mediante las cuales corre-
gir oraciones o, en su jerga propia, ir ensartando «Oraciones
bien construidas». La otra quiere comprender el repentino cam-
bio que experimenta la vida de una persona, cuando esta per-
sona oye el ruido producido por alguien más, un ruido que en

-------------------
APÉNDICE 213

un caso puede sonar como «te quiero» o en otro como «tu hijo
ha muerto». Estas dos escuelas tratan correctamente el pro-
blema del «lenguaje», pero abordando dos funciones muy di-
ferentes. Creo que una quiere comprender el monólogo, mien-
tras que la otra quiere comprender el diálogo. Estoy seguro de
que lo que decíamos antes, feedback, recursión, valores-propios,
etc., que en nada puede contribuir a la solución de los proble-
mas del monólogo. Sin embargo, las herramientas conceptua-
les para manejar el diálogo son exactamente las mismas que
las que antes habíamos mencionado.

CW: ¿Qué tienen que ver los Eingenwerten con el lenguaje


o el diálogo?

HvF: Quizá me acusará de practicar un juego talmúdico con


usted cuando digo que existen también dos casos. Uno consi-
dera el lenguaje desde un punto de vista ontológico -es decir,
cómo «eS» el lenguaje-; el otro lo hace desde un punto de vis-
ta ontogenético -es decir, cómo surge el lenguaje, cómo «de-
viene»-. Mi opinión es que el lenguaje no puede ser compren-
dido en absoluto ni ontológica ni monológicamente. Veo el
problema del lenguaje muy similar al problema del ombligo.
Onto]ógicamente, el ombligo no tiene sentido. Es divertido, un
inexplicable rizo en medio de nuestras barrigas. Ontogenéti-
camente, sin embargo, vemos que se trata de una necesidad:
no estaríamos aquí sin él.

CW: Me gusta muchísimo la historia que me cuenta del om-


bligo. Pero perdóneme, ¿qué tienen que ver nuestros ombligos
con sus Eingenwerten?

HvF: Cuando vemos cómo devienen las cosas, no podemos


ver cómo son las cosas. Los valores propios (Eigenwerten), las
formas propias, se reproducen recursivamente. Las vemos sólo
en su forma acabada, no del modo en que surgen, no la histo-
ria de su evolución que se encuentra ahora implícitamente in-
corporada a su forma. Así es como veo el lenguaje -como un
comportamiento propio que evoluciona a través de las interac-
ciones recursivas de todos nosotros-. Un vestigio de esto lo
puedo ver en la misma naturaleza autorreferencial del lenguaje.
214 SOÑAR LA REALIDAD

CW: ¿En qué medida?

HvF: Llamo lenguaje sólo a ese sistema de comunicación


que puede hablar de ese mismo sistema. Tenemos lenguaje por-
que podemos hablar de él. Nuestro vocabulario contiene lapa-
labra «VOcabulario», nuestro lenguaje tiene la palabra «pala-
bra» y, claro está, «lenguaje». No creo que las abejas tengan
esta clase de vocabulario.

CW: Alude usted al «verse» en el sentido de «Viéndose uno


viéndose ... ».

HvF: No. Aludo al «verse» en el sentido de verse uno mis-


mo a través de los ojos del otro. Si fuera de otro modo, habría
ceguera. Es aquí donde el lenguaje, el tú y la ética coinciden,
y se convierten en uno.

CW: No quisiera terminar nuestra conversación aquí, pero


se ha hecho muy tarde. Muchas gracias por su tiempo.
FIGURAS Y TABLAS

í Figura l. Boceto hecho a mano por Heinz von Foerster.


Figura 2a. Clarke, E. y Dewhurst, K. (1979). An illustrated history of
brain function. CA: University of California Press.
Figura 2b. Ibíd. (El número de la figura en el texto original es el120.)
Figura 3. Ibíd.
Figura 4. Clarke, E. y O'Malley, C. D. The human brain and spinal
cord. CA: University of California Press. pág. 331.
Figura S. Dibujada por Lebbeus Woods para Heinz von Foerster, en
Von Foerster, Heinz (1981), «Ün constructing a reality>>. Reedita-
do en Observing systems, Seaside CA: Intersystems Publications,
pág. 297.
Figura 6. Shall D. A. (1956). The organization of the cerebral cortex.
Londres: John Wiley. (El número de la figura en el texto original
es 2.)
Figura 7. Dibujada por Heinz von Foerster, en von Foerster, Heinz
(1981), <<Ün constructing a reality». Reeditado en Observing sys-
tems, Seaside, CA: Intersystems Publications, pág. 299.
Figura 8. Noback, Charles R. (1967). The human nervous system: Ea-
sic elements of structure and function. Nueva York: McGraw-Hill,
pág. 49. (El número original de la figura es 3-1.)
Figura 9. Von Foerster, Heinz (1981), <<Technology: What will will it
mean to librarians?», reeditado en Observing systems, Seaside, CA:
Intersystems Publícations, pág. 219.
Figura 10. Dibujada por Heinz von Foerster.
Figura 11. Ibíd.
Figura 12. Computaciones en las redes neuronales, en Currents in
modern biology, (vol. 1, n. 1). Amsterdam: North-Holland Publis-
hing Company, pág. 56.
Figura 13. Ibíd., pág. 57.
Figura 14. Dibujada por Heinz von Foerster.
Figura 15. Ibíd.
Figura 16. Ibíd.
Figura 17. Dibujada por Rodney Clough para Heinz von Foerster, en

1
1

i
von Foerster, Heinz (1981), <<Ün constructing a reality», reeditado
216 SOÑAR LA REALIDAD

en Observing systems, Seaside, CA: Intersystems Publications,


pág. 305.
Figura 18. Ibíd.
Figura 19. Dibujada por Gordon Pask para Heinz von Foerster en von
Foerster, Heinz (1981), <<Ün constructing a reality», reeditado en
Observing systems, Seaside, CA: Intersystems Publications, pág.
307. ~
Tabla l. Construida por Heinz von Foerster.
Tabla 2. Ibíd.
Tabla 4. Construida por Heinz von Foerster.
Tabla S. Ibíd., pág. 59.

...
ÍNDICE ANALÍTICO

r A.I.Q. (Coeficiente de inteligencia ar-


tificial), 123
cálculo, 36
«Cálculo lógico de ideas inmanente
«A quien pueda interesar>>, comuni- en la actividad nerviosa, Un>>
cación, 176 (McCulloch y Pitts), 162-163
acertijos recreativos, 134-135 Capra, Fritjof, 33, 34, 35
Acetilcolina, 114 cardiocentristas, 101, 102
afirmación, 127, 129 Castañeda, Carlos, 81
Alcmenón de Crotona, 102 causalidad
Alembert, Jean Le Rond d', 36, 37 - Aristóteles y, 82-83
alucinación, 31 - circular, 85-86
ambigüedad, 163 - cultura y, 86-87
American Heritage Dictionary, 52 - eficiente, 80-82, 84, 209
Andrew, A. M., 171 - final, 83-85
Aristóteles, 69, 70, 82, 83, 102, 126 la doctrina de la, 36-37
Ashby, Ross, 136, 137, 173, 174 lenguaje y, 59-60, 80-87
átomos, 97 relaciones triádicas de, 81-82
autopóiesis, 170, 171, 182, 186 véase también Lógica; Silo-
axones, 113, 114, 117, 176 gismos
células
Bateson, Gregory, 59, 80, 87, 88, 89, estimuladas versus inhibidas,
90, 179, 204, 207, 211 115
Bigelow, 205 estructura de, 111
biología - internunciales, 101, 108-109, 151
como ciencia, 56, 57 - técnicas de tinción de, 105-106
- la teoría del origen del pensa- véase también Neuronas
miento de la, 110 cerebro
Boole, George, 126, 132 como totalidad funcional, 65-68
botones terminales, 152 - dromos en el, 179, 180, 181
Breuer, Rolf, 41 - el centro del habla en el, 64
Buckley, William, 137 - hemisferios del, 67
budismo zen, 145 la compensación en el, 68
Bulletin of Mathematical Biophysics, la localización de la función en
162 el, 63-68
Burali-Forti, 78 la teoría engramática del, 145,
Byte, 133 146, 147
la teoría homuncular del, 146, la teoría hologramática del, 147
147 las representaciones internas
del, 145-147
218 SOÑAR LA REALIDAD

lesiones del, 64, 67 clasificación del, 61


los circuitos de televisión compa- como competencia sensoriomo-
rados con el, 46-47 triz, 183, 187-188, 194
los computadores comparados de segundo orden, 196
con el, 27, 66, 67, 119, 120, 121-133 determinado a un fin, 174-175
percepción y, 45-47 sumisión y, 172
tumores del, 68 valor, 179-181
véase también Sistema nervioso computación, 121-150
central; Neuronas bio-, 27, 131, 151-166, 182
Cerebro, El (Restak: The Brain), 46 de funciones lógicas, 127-132,
Chomsky, Noam, 52 154-158
cibernética, 84, 85, 94, 206, 208 de invariantes, 158-161
ciencia semántica, 134-136
clásica, 35-36, 56, 83 computadores
conocimiento de la, 32-33, 44, 53 antropomorfizar los, 122-123
dependiente del sujeto, 55, 93-99 computación serial mediante,
experimentos en, 43, 47-50 125
<<explicaciones» a través de la, 44 datos versus información en los,
fundamental, 56 122
la base matemática de la, 33-34, digitales, 123-126, 132-133, 150,
35-36, 55 210
leyes descubiertas por, 25, 35, 36, el cerebro comparado con, 27,
44, 88-89, 193-194 66-67, 119, 120, 121-133
medieval, 32-33, 64 el tiempo de procesamiento en la
metodología de la, 26, 27, 35-37, retina versus, 133
38-39, 43-44, 47-50, 56-57, 93, 95, gates (puertas) en los, 131
96-97 las generaciones de, 125
véase también Biología; Física lenguajes de los, 132-133
clausura, 167-197 los primeros modelos de, 123-126
algebraica, 168, 175 «memorias>> de los, 122, 150
autonomía y, 169 programas para, 133
del sistema nervioso central, 27, terminología de, 123, 208-210
109-110, 116, 166, 172-182, 196 comunicación, teoría de la, 175-176,
doble, 175-182 214
en anillo (torus), 178, 181 conceptualización, 54-57
final, 194-196 Conde de Monte Cristo, El (A. Du-
organizacional, 171 mas), 39
perturbaciones y, 174-175 conductismo, 145, 207
responsabilidad y, 169 conocimiento
sistémica, 169-170 científico, 31, 43-44, 53
termodinámica, 167 como mercancía, 61-63
codificación indiferenciada, 47-50, información versus, 39, 61-63
68-69 la definición filosófica de, 31-32
código genético, 109 objetivo, 31-32
cognición constructivismo
- naturaleza de la, 27, 29, llO, 123 epistemología del, 194, 197
- recursión y, 187-189 la objetividad según el enfoque
comportamiento del, 40-44
ÍNDICE ANALÍTICO 219

las contribuciones de Maturana Epiménides, 74, 78


al, 91, 93-99, 110, 160, 161, 166, epinefrina, 115, 116
170-175, 180, 194, 196 epistemología
las contribuciones de McCulloch constructivista, 194, 197
al, 41, 152-157, 162-164, 179-181 de confirmación, 196
método científico versus, 26, 93, de correlación, 44
95, 97 de la objetividad, 43-45, 46, 51-53,
principio de la relatividad y, 38, 54-55, 56-57
56, 190-192 empirismo como, 43-44
radical, 53 tradicional, 26, 29-30
solipsismo, 41-42, 97, 189-193, 196 equivalencia, 51-52
- tecnología y, 53-54 esponjas, 107-108
- temas centrales del, 25-26, 40-43 esquizofrenia, 61-62
véase también temas específicos «estabilidad dinámica>>, 85
contradicción, 76, 78, 127, 128-129 estereoscópica, visión, 67
Cooper, Lynn A., 42 esteroides, 177
Copérnico, Nicolás, 33 Estructura del sistema nervioso en
corrección del error, 84 el hombre y los vertebrados, La
Cray, el computador, 125, 133 (Ramón y Cajal), 106-107
cuentakilómetros, 124 Euclides, 76
Cybernetics (Wiener), 208 Exner, Sigmund, 64-65

D'Abro, 42-43, 44 feedback, 205, 209


dendritas, 111, 113, 164, 176 Fisch, R., 79
Descartes, René, 34-35, 36, 103-104, física clásica, 36, 44, 80-81, 89-90
107 Frege, G., 75-78
descodificación, 144 frenología, 63-64
despolarización, 113 Fry, W., 80
Dios, la visión cartesiana de, 35 Fulton, J., 107
Discourse de la Méthode (Descartes), función, localización de la, 60, 63-69
34 función recursiva, teoría de la, 169,
dopamina, 115 174, 182-193, 211
dromos, 179, 180, 181 funciones exponencialmente expo-
dualismo cartesiano, 34-35, 107 nenciales, 131, 164
Dumas, A., 39
Galeno, 102
Eccles, John, 146-147, 160 Galileo Galilei, 33, 43
Eddington, Sir Arthur, 47-48, 144 Gegenstand, 189
Einstein, A. 56, 90 Génesis, 61
elección determinada por el contex- glándulas adrenalínicas, 115, 176
to, la, 181-182 Golgi, Camilla, 105
Elkind, D., 52 Goring, Hermann, 202-203
J <<emisora a emisora>>, comunicación,
176
gravedad, la ley de la, 44, 89-90
Grundsetze der Arithmetik (Frege),
empirismo, 43-44 76-78
endocrino, sistema, 115-116, 176, Guillen, Michael, 76, 78
177-178
1 engramas, 145-147 Heisemberg, Werner, 35, 56
220 SOÑAR LA REALIDAD

heliocentrismo, 192 causalidad y, 59-60, 80-87


hemisferólogos, 67 como sistema de comunicación,
heréticos, 7S 214
Hervey, William, 102 computador, 132-133
<<Heteroarquía de valores determina- connotativo versus denotativo,
dos por la topología de las redes 195-196, 197, 212-213
nerviosas, Una» (McCulloch), 179 de la psicología, 61, 66
Hilbert, David, 212 dependiente del sujeto, 91, 93,
hiperpolarización, 113, 115 95-96, 97-99
Hipócrates, 102 dispositivos lógicos del, 27, 43,
hipótesis, 94 60, 69-87, 90
hipótesis non-fingo (Newton, 1.), 89 emergencia del, 194-196, 212-214
Hitler, Adolf, 202, 203 enfoque ontogenético versus on-
hologramas, 147 tológico del, 195-196, 213
homeostasis, 115, 171, 210 explicaciones y, 60, 86, 87-90
homúnculus, 145-146 la experiencia analizada por el,
hormonas, 115 188-189, 194-196
Hubel, David, 106-107 la localización de la función y el,
Hume, David, 41, 73 60, 63-69
Huxley, Julian, 101, 119 la naturaleza autorreferencial
Hypotheses non-fingo (Newton, 1.), 89 del, 213
las matemáticas como, 33-34
identidad, 193 meta-, 79
Ignatius (estudiante de agricultura), objetivo, 30-31, 46, 52
86-87 paradoja en, 60, 73-80, 90, 211
ilusión, 31 re-presentación en el, 60-61
indoeuropeas, lenguas, 61 silogismos y, 60, 69-73
indoleamina, 115 símbolos en el, 30
información, conocimiento versus, sustantivación en el, 60, 61-63, 68,
38-39, 61-63 90-91, 95-96
inmortalidad, 34, 70-71, 140 Lettvin, Jerome, 161
inteligencia artificial, 123, 150 <<llevarse», 124
interruptor analítico telefónico, 126 lógica
véase también Shannon aristotélica, 74, 75, 76, 82-83
interruptor como máquina trivial, autorreferencia en la, 73-80
138 de la descripción, 25
deductiva, 65-66
Joad, C. E. M., 189-190 en el cálculo de proposiciones,
126-132
Keeney, Bradford P., 80, 94, 171 en el lenguaje, 27, 43, 60, 69-87, 90
Kepler, J ohannes, 33 funciones de la, 127-132, 140-141,
Kestler, 80 154-158
Knudtson, P., 104-105 inductiva, 72-73
mala caracterización de tipos ló-
gicos, 80
Langer, Susan, 110
verdad y, 132
Laplace, Pierre Simon de, 37
véase también Causalidad; Silo-
latente, suma, 153
gismos
lenguaje
ÍNDICE ANALíTICO 221

máquinas lógicas, 136-145 metálogos, 87-89


como sistemas determinados, véase también Bateson, G.
143, 149, 174 Metaphysica (Aristóteles), 82-83
de estado finito, 148 micropipetas, 16, 118
dispositivos lógicos versus, Müller, Johannes, 47
140-141
el sistema nervioso central en Napier, John, 124
comparación con las, 136-166 Napoleón Bonaparte, 37
la dependencia de la historia de navaja de Ockham, la, 146
las, 145, 149, 153-154 negación, 127, 128, 129
los estados internos de las, nervioso, sistema: véase Sistema
141-143, 145 nervioso central
no triviales, 141-145, 148-150, 150, neuronas
173-174, 197 capas de, 158-159
no triviales versus triviales, 148- encendido paralelo de las, 161
150, 150 estimulación versus inhibición
obediencia de las, 141 de las, 151-152
periodicidad de las, 174 formal de McCulloch, la, 152-166
predecibilidad de las, 138-139, «la actividad "todo o nada",, de
143, 144-145, 149 las, 152
reglas de operación en las, 142- el deterioro de las, 68
145 los impulsos generados por las,
triviales, 138-141, 147-150, 154 111-120, 151, 176
máquinas no triviales, 141-145, postnápticas, 115, 116
148-150, 150, 173-174, 197 presinápticas, 152
máquinas triviales, 138-141, 147-150, redes de, 152-165
150, 154 valores de umbral de las, 152, 155
Mark, Ernst, 199 véase también Sinapsis
Matson, Floyd W., 37-38 neuronistas, 104-106
Maturana, Humberto, 27, 41, 42 neuropituitaria, glándula, 177, 178
contribuciones al constructivis- neurotransmisores, 114-115, 176
mo de, 91, 93-99, 110, 160, 161, New World Dictionary (Webster), 52
166, 170-175, 180, 194, 196 Newton, Isaac, 36, 37, 44, 89-90
McCulloch y Pitts, el formalismo de, Norapirefina, 114, 116
152-166 «Notas sobre una epistemología de
McCulloch, Warren S. las cosas vivas» (Von Foerster), 56
contribuciones al constructivis- numéricos, sistemas, 124-125
mo de, 41, 152-157, 162-164,
179-181 objetividad, 29-57
von Foerster y, 204-205 como problema filosófico, 27,
Mead, Margaret, 207 29-57
mecánica quántica, 38 conocimiento y, 31-32
memoria, 66-67 crítica constructivista de la,
cartografía y, 145, 146 40-44
- del computador, 122-123, 150 desarrollo infantil y, 51-52
- la base fisiológica de la, 123 el lenguaje como base de la,
Mercurio, 90 30-31, 46, 52-53
metafísico, realismo, 54 en el método científico, la, 27, 31,
222 SOÑAR LA REALIDAD

35-38, 38, 43-44, 47-50 psicocirugía (neurocirugía), 62


epistemología de la, 44, 46, 50-53, psicología, 61, 66, 99
54-55, 56, 196 Ptolomeo, 33
historia reciente de la, 32-38 Purkinje, células de, 106, 164, 165
la autorreferencia en la, 25-26,
54-57, 79-80, 212 Ramón y Cajal, Santiago, 104-107
lo racional por, 43-44, 194-195, rana, el cerebro de la, 161
196-197 Rapoport, Anatol, 36, 83
subjetividad versus, 38-40, 41 realidad
objetos - casualidad versus necesidad en
como Gegenstand, 189 la, 73
como perturbaciones, 17 4-17 5 - certeza de la, 25, 31
como señal de valores rigen, - como correlación de los sentidos,
187-189 39-40, 43, 45, 48-49, 53-54
la constancia de los, 50-51, 188 - como juego, 193-194
la «Coseidad>> de los, 194-195, 196 - confirmación de la, 37-38, 44
operaciones de distinción, 93-96 - el concepto medieval de la, 32-34
operadores, 182-183 - experiencia y, 53-54
- jerárquica, 33
páncreas, 115 la materia como base de la, 34-35
paradoja, 60, 73-80, 90, 210-211 las leyes inherentes a la, 25, 90,
«paradoja del barbero», 75, 79 193-194
paratiroideas, glándulas, 115 véase también Constructivismo;
Pascal, Blaise, 124 Objetividad
Pasteur, Louis, 68 Redfield, J., 63-64
Pavolov, Ivan, 140-141 reflejo condicionado, 110
Peace Corps, 86 - experimentos de, 138-139
percepción profunda, 45 regla de cálculo, 124
percepción, la base biológica de la, reglas de transformación, 81-82,
45-47, 49-50 141
perikaryons, 111, 152 Reisch, F., 63
Philosophy of a New Key (Langer), relatividad, teoría de la, 38, 56, 190-
110 192
Piaget, Jean, 41, 51, 52, 110, 183 reproductor autocatalítico, 169, 170
Pitts, Walter H., 152-154, 162-163 «respuesta local activa», 113
pituitaria, glándula, 115, 176 Restak, Richard, 46-47
Planck, Max, 42 res, 30-31
polarización, axón de, 112-113, 117 reticulistas, 102-103, 106
Pospesel, Howard, 70, 126 retina, 133
«potencial de acción», 113, 117, 118 Revista Cuatrimestral de Histología
«potencial de reposo», 113 Normal y Patológica, 106
Pribram, Karl, 147 Robdología (Napier), 124
principio de incerteza, 56 Russell, Bertrand, 75-80
Principies of the Self-Organizing
System (Principios de sistema Saint Simon, conde de, 36
autoorganizativo) (Ashby), 137 Schiller, Friedrich, 210
proposicional, cálculo, 126-132 Schrodinger, Erwin, 41
protozoos, 107 Scientific American, 42
íNDICE ANALÍTICO 223

secuencias infinitas, 185 evolución del, 107-110


Segal, Tommy, 87 invariantes computados por el,
semántica, 134-135, 136 158-161
serotonina, 115 la ambigüedad interpretada por,
Shannon, Claude, 126 163-164
Shepard, Rodger, 42 la biocomputación por el, 131,
silogismos 151-166, 182
deductivismo, 64-65, 69-72, 140 la clausura doble del, 175-182
inductivos, 72-73 la computación por el, 121-160,
lenguaje y, 60, 69-73 182
operaciones de distinción versus, la figura (gestalt) computada por
93-96 el, 161
véase también Causalidad; la recursión en el, 26, 27, 28, 80,
Lógica 169, 173, 182-187
Simarro, Louis, 105 las células internunciales del,
simuladores de voz, 139, 141-143 101, 108-109, 151
sinapsis perspectiva histórica sobre el,
excitadoras, 158 101-107
función de las, 114, 122-123, propagación de los impulsos en
175-176, 177-178 el, 111, 119, 151, 176, 177
inhibitorias, 152, 153, 158-159 sensores externos versus senso-
sensoriomotrices, 178 res internos del, 109, 164
sistema analógico contra sistema di- sistema endocrino y, 115-116,
gital, 210 176-178
sistema de numeración posicional, teorías científicas del, 101-107
124 topología del, 177-178, 181
sistema nervioso central, 101-120 véase también Cerebro;
codificación en el, 117-119 Neuronas
codificación indiferenciada en el, sistema numérico binario, 124, 125
47-50, 68-69 sistema numérico decimal, 124
como base de la percepción, Skinner, B. F., 145
49-51 <<Smith-Robinson-Jones», el acertijo
como máquina no trivial, 138-166 de, 134-135, 136
como sistema abierto, 68, 174 Smith, Frank Fremont, 205, 206
como sistema autopoiético, Sociedad Anatómica Alemana, 106
170-172, 182, 186 Sócrates, 70, 140
como sistema cerrado, 27, 109, solipsismo, 41-42, 97, 189-193, 196
116, 166, 172-182, 196 Spencer-Brown, C., 94, 97
como sistema de frecuencia mo- Stevens, J ohn K., 133
dulada, 119 superficies adiabáticas, 167
como sistema digital versus sis- sustantivación, 60, 61-63, 66, 68, 90,
tema discreto, 118-119 95-96
el sistema sensoriomotor del,
51-52, 80, 107-111, 165-166, 172, tautología, 127-129, 157
173, 174, 175-177, 181, 183-184, teleología, 209
187-189, 194 <<Teoría de los tipos lógicos, La» (B.
estructura y función del, 27, Russell), 75-80
111-115 terapia de familia, 99
224 SOÑAR LA REALIDAD

tiroides, glándula, 115 educación de, 201-202


«todo o nada», principio de, 118 el imperativo estético de, 193
torus, 178, 181 el imperativo moral de, 26
Tractatus Logico-Philosophicus (L. en la Segunda Guerra Mundial,
Wittgenstein), 201 202-203
tumores cerebrales, 68 en las Macy Conferences, 204-211
Turing, Alan, 144 entrevista con, 199-214
escritos de, 55-57
<<umbral>>, 113 imperativo ético de, 26, 193
unidades motoras independientes, infancia de, 199-201
107-109 McCulloch y, 205
unidades compuestas versus sim- trasfondo de, 28, 199-214
ples, 97-99 véase también Constructivismo y
<<Universo sin sujeto», 56 temas específicos
Uribe, G., 170, 171 von Glasersfeld, Ernst, 32, 40-41,
53-54
valor de verdad, 132 von Kolliker, Rudolf, 106
valores von Neumann, John, 162-163,
- anomalías de los, 179, 181 209-210
- heteroarquía de los, 179-182
- jerarquía de los, 179-182 Watzlawick, Paul, 40
- relativos, 181 Weakland, John, 79
- summum bonum y, 181 Weston, P., 134
valores propios, 185-189 White, J., 87
Varela, Francisco, 41, 54, 170-171 Wiener, Norbert, 205, 207, 208
variables, 182-183 Wilder, Carol, 28, 199-214
<<vector de potencial de acción», 113 Wittgenstein, Ludwig, 59, 157,
von Damerous, E., 6 7 200-201
von Foerster, Heinz Wynne, L., 80
- como físico, 201-203