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MARCO TEORICO

Generalidades del cultivo de sandía

La sandía (citrullus lanatus), es una planta hortícola perteneciente a la familia de las cucurbitáceas.
Son plantas anuales, con periodos vegetativos de 75 a 90 días, de abundante ramificación y de
buen vigor. Resulta un alimento muy refrescante que aporta muy pocas calorías al organismo,
también aporta algunas vitaminas A, B, C y minerales.

Su hábito de crecimiento es de guías rastreras con zarcillos en los extremos, que a su vez se
encuentran cubiertos de pubescencia. Sus frutos adquieren diferentes formas y colores
dependiendo de la variedad a cultivar. Estos pueden ser, esféricos, elipsoidales o cilíndricos, de
pulpa roja, amarilla o blanca (Bolaños, 1998).

La familia de las cucurbitáceas ha creado cierta confusión acerca de su origen, pero Casseres
(1976), afirma que el centro de origen de la sandía (citrullus lanatus), pertenece al sur de África.

Morfología de la sandía

Planta

La sandía es una planta anual, herbácea, de porte rastrero o trepador de la cual se aprovechan sus
frutos (MAGA, 1989).

Sistema reticular

El sistema radicular es muy ramificado. La raíz principal profunda y raíces secundarias distribuidas
superficialmente. Tras comprobar que la introducción de genes de resistencia a de fusariosis esta
enfermedad en algunas variedades comerciales no aseguraba una producción normal en suelos
muy contaminados. Adicionalmente, dicho patrón ofrece resistencia a Verticillium y tolerancia a
Pythium y nematodos, confiriendo gran vigor a la planta y un potente sistema radicular con raíces
suberificadas de gran tamaño (MAGA, 1989).

Tallos

De desarrollo rastrero. En estado de 5 a 8 hojas bien desarrolladas, el tallo principal emite las
brotaciones de segundo orden a partir de las axilas de las hojas. En las brotaciones secundarias se
inician las terciarias y así sucesivamente, de forma que la planta llega a cubrir 4 a 5 metros
cuadrados. Se trata de tallos herbáceos de color verde, recubiertos de pilosidad que se desarrollan
de forma rastrera, pudiendo trepar debido a la presencia de zarcillos bífidos o trífidos, y alcanzan
una longitud de 4 a 6 metros (Reche, 1998).

Hojas

Pecioladas, pinnado-partidas, divididas en 3 a 5 lóbulos, que a su vez se dividen en segmentos


redondeados, presentando profundas hendiduras que no llegan al nervio principal. El haz es suave
al tacto y el envés muy áspero y con nervaciones muy pronunciadas. El nervio principal se ramifica
en nervios secundarios que se subdividen para dirigirse a los últimos segmentos de la hoja,
imitando la palma de la mano (Reche, 1998).

Flores

De color amarillo, solitario, pedunculado y axilar, atrayendo a los insectos por su color, aroma y
néctar (flores entomógamas), de forma que la polinización es entomófila. La corola, de simetría
regular o actinomorfa, está formada por 5 pétalos unidos en su base. El cáliz está constituido por
sépalos libres (dialisépalo o corisépalo) de color verde. Existen dos tipos de flores: masculinas o
estaminadas y femeninas o pistiladas, coexistiendo los dos sexos en una misma planta, pero en
flores distintas (flores unisexuales). Las flores masculinas disponen de 8 estambres que forman 4
grupos soldados por sus filamentos (Reche, 1998).

Las flores femeninas poseen estambres rudimentarios y un ovario ínfero velloso y ovoide que se
asemeja en su primer estadio a una sandía del tamaño de un hueso de aceituna (fruto incipiente),
por lo que resulta fácil diferenciar entre flores masculinas y femeninas. Estas últimas aparecen
tanto en el brote principal como en los secundarios y terciarios, con la primera flor en la axila de
la séptima a la décimo primera hoja del brote principal. Existe una correlación entre el número de
tubos polínicos germinados y el tamaño del fruto (Reche, 1998).

Fruto

Corresponde a una baya globosa u oblonga en pepónide, formada por 3 carpelos fusionados con
receptáculo adherido, que dan origen al pericarpo. El ovario presenta placentación central, con
numerosos óvulos que darán origen a las semillas. Su peso oscila entre los 2 y los 20 kilogramos.
El color de la corteza es variable, pudiendo aparecer uniforme (verde oscuro, verde claro o
amarillo) o con franjas de color amarillento, grisáceo o verde claro sobre fondos de diversas
tonalidades verdes. La pulpa también presenta diferentes colores (rojo, rosado o amarillo) o
mostrar tamaños y colores variables (negro, marrón o blanco), dependiendo del cultivar (Reche,
1998).

Variedades de sandía

Según Bolaños (1998), se reconocen dos tipos de sandía: las americanas, de frutos largos, grandes
y con cáscara gruesa y las variedades japonesas de frutos redondos, pequeños y de cáscara delgada.
En el grupo de las variedades americanas destaca la ‘Charlestón Gray’, que se cultivó mucho en
Bolivia y las variedades japonesas,‘Crismón Sweet’, que es la variedad que se cultiva actualmente.

Ecología del cultivo

El cultivo de la sandía se adapta muy bien a alturas comprendidas entre los 0 y 900 msnm, aunque
su desarrollo se obtiene mejor cuando se cultiva entre los 25 a 150 msnm. La mejor época de
siembra se sitúa en los meses cuando hay menos humedad relativa, siendo estos fuera de la estación
lluviosa, Octubre a Enero, ya que el cultivo no tolera los encharcamientos, por ser susceptible a
enfermedades fungosas (Pérez, 1990).

Requerimientos climáticos

El cultivo de sandía a diferencia del melón, es menos exigente en temperatura. Siendo los
cultivares más exigentes que los normales. La temperatura óptima que requiere el cultivo está
comprendida entre los 25º a 28º C para su etapa de desarrollo, y para su floración requiere una
temperatura óptima de 18º a 20º C. Durante la formación y madurez del fruto requiere de 23º a 28º
C. Cuando las temperaturas diferencian entre el día y la noche en un rango de 20º a 30º C, causan
trastornos fisiológicos a las plantas. En algunos casos, se abre el cuello, los tallos y el polen
producido no es viable, la sandía es de clima cálido y no tolera las heladas, la humedad relativa
óptima para la sandía se sitúa entre el 60% y el 80% (Infoagro, 2003).

Requerimiento edáfico
El cultivo de la sandía no es muy exigente en calidad de suelos, aunque es mejor plantarla en suelos
planos, profundos, drenados, ricos en materia orgánica (Infoagro, 2003). Se adapta muy bien a
suelos de textura franco-arcillosa pero prefiere suelos con textura franco-arenosa, con un pH
comprendido entre 6 a 7, no soporta la salinidad (Ruano y Trescastro, 1990).

Requerimiento nutricional del cultivo

Bolaños (1998), recomienda aplicar 100 kg N/ha, 20 kg/ha de P2O5 y 30 kg/ha de K2O. Por
supuesto que el volumen de fertilizante depende de la densidad de siembra y el grado de fertilidad
del suelo. Miguel (1997).

Bertsch-Hernández y Ramírez Castrillo (1997), evaluaron las curvas de absorción de nutrimentos


en sandía (Citrullus lanatus), encontrando que para obtener una producción de 44 toneladas
métricas de sandía por hectárea se consumen del suelo 108 kg Ca, 89 kg K, 57 kg N, 23 kg Mg y
8 kg P; sin embargo, los elementos que más se consumen en el fruto son: potasio 56% y fósforo
50%. En sandía, los momentos de máxima absorción coinciden con la emisión de guías e inicio de
floración, 33-40 días después de la siembra (dds) y después de la máxima floración e inicio de
llenado de frutos (45-50 dds). El 60% del N se consume antes de los 40 dds; el P sufre una
absorción más gradual y el K se consume más tardíamente que en melón (a los 45 dds sólo se ha
consumido el 35%).

Labores culturales para el cultivo de sandía

Preparación del terreno

El terreno se prepara con anticipación a la siembra utilizando una aradura profunda y seguidamente
dos pasadas de rastra en forma cruzada. Dependiendo del tipo de suelo, la densidad de siembra va
a diferenciar, pero regularmente se siembra de 1.8 a 2.0 m entre surcos y 0.90 a 1.25 m entre
posturas, colocando de 2 a 3 plantas, se utilizan de 0.45 a 0.5 kg/ha de semilla (Pérez, 1990).

Temporada de cultivo
La semilla de sandía germina mejor cuando la temperatura del suelo se encuentra en 15º C mínima
y la óptima de 25º C. Para la fase vegetativa la humedad relativa óptima se sitúa entre 60% y el
80%, siendo un factor muy determinante para su floración (Infoagro, 2003).

Las actividades para sembrar sandía son variables, dependiendo de la ubicación del lugar, existen
algunas áreas que se pueden sembrar con humedad residual en los meses de noviembre a
diciembre, luego áreas de riego, el cual puede ser por gravedad o por goteo, que se realiza durante
los meses de época seca, que comprende de diciembre a abril y la sandía que se siembra durante
la época lluviosa que va de los meses de mayo a septiembre (MAGA, 1989).

Poda

Esta operación se realiza de modo optativo, según el marco elegido, ya que se han apreciado
mejores rendimientos en la producción de sandías podadas. Tiene como finalidad controlar la
forma en que se desarrolla la planta, eliminando brotes principales, para adelantar la brotación y
el crecimiento de los secundarios. Consiste en eliminar el brote principal cuando presenta entre 5
a 6 hojas, dejando desarrollar de 4 a 5 brotes secundarios que parten de las axilas de las mismas,
confiriendo una formación más redonda a la planta (Reche, 1998).

Polinización

Normalmente si las condiciones ambientales son favorables es aconsejable el empleo de abejas


(Aphis melífera) como insectos polinizadores, ya que con el empleo de hormonas los resultados
son imprevisibles (p. ej. malformación de frutos, etc.), debido a que son muchos los factores de
cultivo y ambientales que influyen en la acción hormonal. El número de colmenas puede variar
de 2 a 4 por hectárea, e incluso puede ser superior, dependiendo del marco de plantación, del estado
vegetativo del cultivo y de la climatología del lugar de plantación. Se buscan asociaciones en las
que coincidan las floraciones de la polinizadora y polinizada en relación de 30 – 40% de
polinizadora + 60 – 70% de polinizada o 25 – 33% de polinizadora + 67 – 75% de polinizada
(Reche, 1998).

Recolección
Generalmente esta operación es llevada a cabo por especialistas, guiándose por las siguientes
características externas (Reche, 1998):

a. El zarcillo del pedúnculo del fruto debe estar completamente seco, o la primera hoja situada
por encima del fruto estar marchita.
b. Al golpear el fruto con los dedos debe producir un sonido sordo.
c. Al oprimir el fruto entre las manos se oye un sonido claro como si se resquebrajase
interiormente.
d. Al rayar la piel con las uñas, esta se separa fácilmente.
e. La cama del fruto toma un color amarillo marfil.
f. La capa cerosa (pruína) que hay sobre la piel del fruto ha desaparecido.
g. Pérdida del fruto de 35 – 40% de su peso máximo.

Plagas en el cultivo de sandía

Según Casseres (1976), un grupo numeroso de insectos causan daños considerables al cultivo de
la sandía. Los de importancia económica son: mosca blanca (Bemissia tabaci), los pulgones de los
géneros Aphis y Myzus, nemátodos del género Meloidogyne. Para su control es necesario
implementar un programa fitosanitario con métodos preventivos y técnicas culturales apropiadas
para no crear resistencia a los pesticidas.

Araña roja: Tetranychus urticae, (Acarina: Tetranychidae).

Esta plaga causa daños de consideración al cultivo; generalmente se desarrolla en el envés de las
hojas causando decoloraciones, como manchas amarillentas que se pueden apreciar en sus
primeros síntomas. Cuando se incrementa su población es notoria la desecación y defoliación del
cultivo, sus ataques más graves se producen en los primeros estados fenológicos, las temperaturas
elevadas y la escasa humedad relativa favorecen el desarrollo de la plaga (Infoagro, 2003).

Mosca blanca: Bemisia tabaci.


Las partes jóvenes de las plantas son sensibles para ser colonizadas por los adultos, estos a su vez
ovipositan en el envés de las hojas, de esta manera emergen las primeras larvas, las cuales pasan
por tres estadios larvarios y uno de pupa. Los daños directos los causan los adultos y las larvas
alimentarse, absorbiendo la savia de las hojas, produciendo un color amarillamiento y
debilitamiento en la planta. Otro daño de consideración es la transmisión de virus del
amarillamiento en cucurbitáceas producidá por la especie Trialeurodes vaporariorun, mientras
tanto Bemisia tabaci, es potencialmente transmisora de un mayor número de virus en cultivos
hortícolas y en la actualidad actúa como transmisora del virus del rizado amarillo de tomate
(TYLCV), conocido como el “virus de la cuchara” (Infoagro, 2003).

Pulgón: Aphis gossypii, (Sulzer) (Homóptera: Aphidae).

Estas especies de pulgón son las más comunes y abundantes. Presentan polimorfismo, con hembras
aladas y ápteras de reproducción vivípara. Las formas áptera del primero presentan sifones negros
en el cuerpo verde o amarillento, mientras que las de Myzus spp. son completamente de color
verde, aunque en ocasiones se encuentran pardas o rosadas. Estos insectos forman colonias y se
distribuyen en focos, los cuales se dispersan generalmente en el verano mediante sus hembras
aladas (Infoagro, 2003).

Minadores de hojas: Liriomyza spp., (Burgess) (Díptera: Agromyzidae).

Las hembras adultas ovipositan dentro del tejido de las hojas más jóvenes, generalmente en el haz,
donde eclosionan las larvas y estas a su vez se alimentan del tejido parenquimatoso, ocasionando
galerías en casos visibles y estas en ocasiones son diferentes, aunque no siempre distinguible.
Finalizado el desarrollo larvario, estas salen de las hojas para pupar, en el suelo o en las hojas para
darle lugar posteriormente a los adultos (Infoagro, 2003).

Enfermedades en el cultivo de sandía

Las cucurbitáceas se ven afectadas por una diversidad de enfermedades producidas por hongos
fitopatógenos como Fusarium sp., mildius, enfermedades vasculares y no vasculares, que causan
daños de consideración económica. Para evitarlas se debe hacer una rotación de cultivos, sembrar
variedades resistentes y utilizar fungicidas preventivos y curativos (Infoagro, 2003).

“Ceniza” u oidio de las cucurbitáceas.


Esta enfermedad es producida por el hongo Sphaerotheca fuliginea, se manifiesta por medio de
manchas polvorientas de color blanco en la superficie de las hojas (haz y envés), afecta a los tallos
y pecíolos e incluso a frutos en ataques muy fuertes. Las hojas y los tallos afectados presentan un
color amarillento y se secan totalmente (Infagro 2003).

Marchitamiento por fusarium, el Fusarium spp.

En la sandía produce una enfermedad vascular, que penetra al suelo a través las raíces el cual se
extiende rápidamente a través del xilema, produciendo un color marrón en los vasos conductores
desde las raíces hasta el área foliar. El crecimiento de la planta se paraliza, los frutos maduran
prematuramente y la planta puede llegar a morir (Miguel, 1997).

Verticillium dahliae Kleb

Produce también marchitamiento en la planta como el Fusarium spp. Esta enfermedad se encuentra
más frecuente a temperaturas bajas. Tanto el Fusarium spp, como el Verticillium son las que más
se encuentran distribuidas geográficamente. Este hongo es extraordinariamente polífago, pudiendo
desarrollarse sobre centenares de huéspedes. Ocasiona a la planta un marchitamiento y
reblandecimiento a las hojas, produce además necrosis internerviales en las hojas, este progresa de
abajo hacia arriba sobre la planta (Miguel, 1997).

Pseudomonas solanacearum

Esta es una enfermedad bacteriana importante, sobre todo en los tropicos. Pseudomonas es también
vascular y se evoluciona en la planta muy rápido. Al principio se manifiestan marchitamientos
unilaterales de las hojas y aparición sobre el tallo, raíces y afecta grandemente a los frutos dándoles
un aspecto de pecas (Monera y Olmos, 2003).

Comercialización de la sandía

La comercialización de las variedades de tamaño pequeño-mediano se realiza en cajas con 4 a 8


frutos. En las variedades de tamaño grande la comercialización se realiza a granel en palets. Las
perspectivas de futuro en cuanto a la comercialización radica en el tamaño del fruto, ya que éste
tiene el problema de ser demasiado grande para los tamaños familiares de la sociedad, los cuales
se están reduciendo considerablemente. Es por ello que en el futuro la tendencia probablemente
sea hacia frutos de tamaño pequeño (inferior a 2 kg). Probablemente también aumente la cuota de
mercado para los cultivares sin semillas, y se tienda a la diversificación de tipos y al desarrollo de
cultivares más uniformes en cuanto a las características organolépticas (Reche, 1998).

Variedad de estudio

Variedad Charleston Gray: Posee polinización abierta, con un ciclo de vida de 80 a 90 días,
tolerante a antracnosis y tolerancia moderada a Fusarium. Se adapta a climas áridos y tropicales,
los frutos son alargados, con extremos redondeados; la epidermis es grisácea, con un reticulado
fino de color verde; la pulpa es roja brillante, dulce y de buen sabor y las semillas son oscuras. El
peso oscila entre 28 a 35 libras y es resistente al transporte (INIFAP 2006)

Variedad Crimson Sweet: Presenta frutos oblongos, de tamaños y pesos medianos, el color de la
cáscara es verde claro, con venas verde oscuro y la pulpa es de color rojo con escasas semillas.
Esta variedad tiene gran demanda en el mercado norteamericano por las características del tamaño
del fruto. (INIFAP 2006)

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