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Filosofía y métodos de las ciencias sociales.

Popper – La lógica de la investigación (Práctico).

La lógica de la investigación de las ciencias empíricas sería idéntica a la lógica inductivista, es decir, al
análisis lógico de tales métodos inductivos. Y al igual que uno, el otro sufre el problema de la inducción
que está implicada en si están justificadas las inferencias inductivas, o debajo qué condiciones lo están. Es
decir, su pregunta principal es cómo establecer la verdad de los enunciados universales basados en la
experiencia, y de forma racional. Con esto, Popper demuestra que tal proceso inductivista lleva
forzosamente a incoherencias lógicas, debido a que si se intenta afirmar que uno sabe por experiencia que
es verdadero, reaparecen de nuevo justamente los mismos problemas que motivaron su introducción, es
decir, llega a una regresión al infinito.

Inclusive Kant trató de escapar a esta dificultad admitiendo que el principio de inducción era válido a priori
pero, para Popper, no tuvo éxito en su ingeniosa tentativa de dar una justificación a priori de los enunciados
sintéticos. Así también ocurrió con la doctrina, tan corriente hoy, de que las inferencias inductivas, aun no
siendo estrictamente válidas, pueden alcanzar cierto grado de seguridad o de probabilidad. Esta doctrina
sostiene que las inferencias inductivas son inferencias probables. Sin embargo, en resumen, la lógica de la
inferencia probable o lógica de la probabilidad, como todas las demás formas de la lógica inductiva,
conduce, bien a una regresión infinita, bien a la doctrina del apriorismo.

Para poder continuar esta tesis es necesario que se ponga en claro primero la distinción entre la psicología
del conocimiento (contexto de descubrimiento), que trata de hechos empíricos, y la lógica del conocimiento
(contexto de justificación), que se ocupa exclusivamente de relaciones lógicas. Pues la creencia en una
lógica inductiva se debe, en gran parte, a una confusión de los problemas psicológicos con los
epistemológicos; y quizá sea conveniente advertir, de paso, que esta confusión origina dificultades no sólo
en la lógica del conocimiento, sino en su psicología también. Además, la cuestión de cómo se le ocurre una
idea nueva a una persona puede ser de gran interés para la psicología empírica, pero carece de importancia
para el análisis lógico del conocimiento científico. Este no se interesa por cuestiones de hecho sino
únicamente por cuestiones de justificación o validez. Otra cosa es que queramos reconstruir racionalmente
las contrastaciones subsiguientes, mediante las que se puede descubrir que cierta inspiración fue un
descubrimiento, o se puede reconocer como un conocimiento. En la medida en que el científico juzga,
críticamente, modifica o desecha su propia inspiración, podemos considerar que el análisis metodológico
emprendido en esta obra es una especie de reconstrucción racional de procesos intelectuales
correspondientes. Por eso, la opinión de Popper sobre el asunto es que no existe, en absoluto, un método
lógico de tener nuevas ideas, ni una reconstrucción lógica de este proceso.

En el procedimiento, una vez presentada a título provisional una nueva idea, aun no justificada en absoluto,
se extrae conclusiones de ella por medio de una deducción lógica; estas conclusiones se comparan entre sí y
con otros enunciados pertinentes, con objeto de hallar las relaciones lógicas que existen entre ellas. Si
queremos, podemos distinguir cuatro procedimientos de llevar a cabo la contrastación de una teoría. En
primer lugar, se encuentra la comparación lógica de las conclusiones unas con otras, con lo cual se somete a
contraste la coherencia interna del sistema. Después, está el estudio de la forma lógica de la teoría, con
objeto de determinar su carácter: si es una teoría empírica o si, por ejemplo, es tautológica. En tercer
término, tenemos la comparación con otras teorías, que tiene por principal mira la de averiguar si la teoría
examinada constituirán un adelanto científico en caso de que sobreviviera a las diferentes contrastaciones a
que la sometemos. Y finalmente, viene el contrastarla por medio de la aplicación empírica de las
conclusiones que pueden deducirse de ella. Si la decisión es positiva, esto es, si las conclusiones singulares
resultan ser aceptables, o verificadas, la teoría a que uno se refiere ha pasado con éxito las contrastaciones
y, por lo tanto, no se han encontrado razones para desecharla. Pero si la decisión es negativa, o sea, si las
conclusiones han sido falsadas, esta falsación revela que la teoría de la que se han deducido lógicamente es
también falsa. Una vez comprendido esto, hay que tener conocimiento de que conviene observar que una
decisión positiva puede apoyar a la teoría examinada solo temporalmente, pues otras decisiones negativas
subsiguientes pueden siempre derrocarla. Durante el tiempo en que una teoría resiste contrastaciones
exigentes y minuciosas, y en que no la deja anticuada otra teoría en la evolución del progreso científico,
podemos decir que ha demostrado su temple o que está corroborada por la experiencia.

Otro tema central de la teoría del conocimiento que se trata en la investigación científica es el llamado
problema de la demarcación donde se busca un criterio que permita distinguir entre las ciencias empíricas,
por un lado, y los sistemas metafísicos, por otro. El hallazgo de este criterio aceptable tiene que ser una
tarea crucial de cualquier epistemología que no acepte la lógica inductiva, como hacían antes concordando
con el positivismo que se valía por la experiencia. Popper considera que la primera tarea de la lógica del
conocimiento es proponer un concepto de ciencia empírica con objeto de llegar a un uso lingüístico lo más
definido posible, y a fin de trazar una línea de demarcación clara entre ambas disciplinas en discusión.

La tarea de formular una definición aceptable de la idea de ciencia empírica no está exenta de dificultades.
Algunas de ellas surgen del hecho de que tienen que existir muchos sistemas teóricos cuya estructura lógica
sea muy parecida a la del sistema aceptado en un momento determinado como sistema de la ciencia
empírica. Para lograr estos sistemas teóricos se tienen en cuenta ciertos requisitos: ha de ser sintético, de
suerte que pueda representar un mundo no contradictorio, es decir, no será metafísico, sino representará un
mundo de experiencia posible; también, es menester que sea un sistema que se distinga de otros sistemas
semejantes por ser el que represente nuestro mundo de experiencia.

Lo que plantea Popper es que se aplique el método deductivo que pretendo analizar y describir, a partir de
que someta el objeto de estudio a contraste y para ver si resiste. Por medio de inferencias puramente
deductivas es posible argüir de la verdad de los enunciados singulares la falsedad de enunciados
universales. Por ende, estas consideraciones nos sugieren que el criterio de demarcación que hemos de
adoptar no es el de la verificación, sino el de la falsabilidad de los sistemas. Sin embargo, se podría pensar
que es posible encontrar una vía de escape de la falsación, por ejemplo, mediante la introducción ad hoc de
una hipótesis auxiliar o por cambio ad hoc de una definición, pero este hecho convierte en dudoso el valor
lógico del criterio de demarcación que he propuesto, y lo mejor es no aplicarlo.

El problema que sí es exclusiva de la teoría del conocimiento son aquellos de la base empírica con respecto
a las relaciones entre experiencias perceptivas y enunciados básicos. Se ha considerado con frecuencia que
las primeras mencionadas proporcionan algo así como una justificación de los enunciados básicos, ya que
se ha mantenido que estos enunciados están basados sobre tales experiencias, que mediante estas se
manifiesta por inspección la verdad de aquellos, o que dicha verdad se hace patente en las experiencias
mencionadas, etc. En este caso puede encontrarse una solución si se separa claramente los aspectos
psicológicos del problema de los lógicos y metodológicos: se ha de distinguir, por una parte, las
experiencias subjetivas o los sentimientos de convicción, que no pueden jamás justificar enunciado alguno,
y, por otra, las relaciones lógicas objetivas existentes entre los diversos sistemas de enunciados científicos y
en el interior de cada uno de ellos.

También a uno le interesaría la cuestión de la legitimidad por objetivación de cualquier hecho a estudiar.
Kant decía que una justificación es objetiva si en principio puede ser contrastada y comprendida por
cualquier persona. Por otro lado, Popper lo corrige diciendo que las teorías científicas no son nunca
enteramente justificables o verificables, pero que son, no obstante, contrastables. Una experiencia subjetiva,
o un sentimiento de convicción, nunca pueden justificar un enunciado científico; y de que semejante
experiencias y convicciones no pueden desempeñar en la ciencia otro papel que el de objeto de una
indagación empírica. Por intenso que sea un sentimiento de convicción nunca podrá justificar un
enunciado. La objetividad de los enunciados científicos descansaría en el hecho de que pueden contrastarse
intersubjetivamente.

Popper – Conjeturas y refutaciones (Teórico).

Para iniciar con la investigación, Popper se plantea como pregunta de investigación cuándo debe ser
considerada científica una teoría o cuál sería el criterio para determinar el carácter o status científico de una
teoría. Es decir, el objetivo a lograr es poder distinguir entre la ciencia y la pseudo ciencia, suponiendo que
la primera se distingue de la segunda por su método empírico, que es esencialmente inductivo, o sea que
parte de la observación o de la experimentación.

El contexto en el que se sitúa la cuestión es durante la producción de lemas e ideas revolucionarias, y de


nuevas y a menudo audaces teorías, durante la revolución en Austria. Las teorías a las que Popper le
interesan para reflexionar son la teoría de la relatividad de Einstein, la teoría de la historia de Marx, el
psicoanálisis de Freud y la llamada psicología del individuo de Adler. Estas últimas tres le inquietan debido
a que les veía una relación muy estrecha con los mitos primitivos que con la ciencia. Notaba que el
elemento más característico de esa situación era la incesante corriente de confirmaciones y observaciones,
basadas en experiencias previas, que verificaban las teorías en cuestión. Sin embargo, Popper corrige este
modo de hacer ciencia diciendo que las teorías son incompatibles con ciertos resultados posibles de la
observación y, en el caso de que el efecto predicho esté claramente ausente, la teoría simplemente queda
refutada. Este criterio de refutabilidad es una solución de al problema de la demarcación, pues sostiene que,
para ser colocados en el rango de científicos, los enunciados o sistemas de enunciados deben ser
susceptibles de entrar en conflicto con observaciones posibles o concebibles. En el caso de que se trate de
una teoría no científica, metafísica, no quiere decir, en modo alguno que carezca de importancia, de valor,
de significado o que carezca de sentido. Pero a lo que no puede aspirar es a estar respaldada por elementos
de juicio empíricos, en el sentido científico, si bien en un sentido genético, bien puede ser el resultado de la
observación.

A todo esto, la comunidad científica del momento le costaba adaptarse a la concepción popperiana.
Demuestran su postura cuando le abren un espacio a Wittgenstein, quien sostenía a la figura de la ciencia
apartada de la filosofía. Para ello, desarrollaría una especie de criterio de demarcación basado en la
verificación. Por supuesto, Popper lo confrontaría haciendo una crítica al criterio de significación. Si se
llama enunciado observacional solamente al enunciado que expresa una observación real sino también a
aquel que expresa algo que se podría observar, debemos afirmar que toda proposición genuina es una
función de verdad de enunciados observacionales y, por lo tanto, deducible de estos. Toda otra aparente
proposición será una seudo proposición carente de significado; en verdad, no será más que una jerigonza
sin sentido.

Era factible que la inquietud de Popper por confrontar a los inductivistas no terminaría ahí, pues, decidió
analizar el problema de la inducción a partir de los postulados de Hume, quien señalaba que no es posible
justificar lógicamente la inducción. Aun después de observar la conjunción frecuente o constante de
objetos, no se tiene ninguna razón para extraer ninguna inferencia concerniente a algún otro objeto aparte
de aquellos de los que se han tenido experiencia, y si se insiste con el procedimiento inductivo solo se
llegaría a una regresión infinita. En simples palabras, las teorías nunca pueden ser inferidas de enunciados
observacionales, ni pueden ser justificadas racionalmente por estos.

Con respecto a la explicación causal de un hecho psicológico de Hume, se tiene en cuenta en la costumbre
o el hábito de creer en leyes o regularidades. Se podría decir que aquel hábito de creer en leyes es el
producto de la repetición frecuente de la repetida observación de que las cosas de un cierto tipo están
constantemente unidas a cosas de otro tipo. Popper a esto le ve al menos en tres equivocaciones: el
resultado típico de la repetición, la génesis de los hábitos y, en especial, el carácter de esas experiencias o
modos de conducta que pueden ser llamados “creer en una ley” o “esperar una sucesión, sujeta a leyes, de
sucesos”. Pero no solo se encuentran estos puntos sino que también hay argumentos decisivos de naturaleza
puramente lógica. Por ejemplo, cuando se pretende reemplazar la idea ingenua de sucesos que son
similares por la idea de sucesos ante los que reaccionamos interpretándolos como similares para los
propósitos de una teoría psicológica del origen de las creencias, aun se comete la misma regresión infinita
de la teoría lógica de la inducción, que Hume quería refutar. Entonces, puesto que este procedimiento
estaba respaldado por razones lógicas, pensé que sería también aplicable al campo de la ciencia, que las
teorías científicas no son una recopilación de observaciones, sino que son invenciones, conjeturas
audazmente formuladas para su ensayo y que deben ser eliminadas si entran en conflicto con
observaciones; observaciones, además, que raramente sean accidentales, sino que se las emprenda, como
norma, con la definida intención de someter a prueba una teoría para obtener, si es posible, una refutación
decisiva.

La creencia de que podemos comenzar con observaciones puras, sin nada que se parezca a una teoría, es
absurda, ya que esta siempre es selectiva. Necesita un objeto elegido, una tarea definida, un interés, un
punto de vista o un problema. Y su descripción presupone un lenguaje descriptivo, con palabras apropiadas;
presupone una semejanza y una clasificación, las que a su vez presuponen intereses, puntos de vista y
problemas. Cabe aclara que estas observaciones, a su vez, presuponen la adopción de un marco de
referencia, un marco de expectativas, un marco de teorías. Aquí no hay ningún peligro de regreso infinito.
Si uno se remonta a teorías y mitos cada vez más primitivos hallaremos, al final, expectativas
inconscientes, innatas.

Esta expectativa instintiva de hallar regularidades, que es psicológicamente a priori, corresponde muy de
cerca a la ley de causalidad que Kant consideraba como parte de nuestro equipo mental y como válida a
priori. Pues la esperanza de hallar regularidades no solo es psicológicamente a priori, sino también
lógicamente a priori: es lógicamente anterior a toda experiencia observacional, pues es anterior a todo
reconocimiento de semejanzas, como hemos visto; y toda observación implica el reconocimiento de
semejanzas. Pero no es válida a priori. Lo curioso de esto es que la propensión a buscar regularidades e
imponer leyes a la naturaleza da origen al fenómeno psicológico del pensamiento dogmático o, con mayor
generalidad, de la conducta dogmática: esperamos regularidades en todas partes y tratamos de encontrarlas
aun allí donde no hay ninguna. Y, por ello, es indudable que esta actitud dogmática que hace aferrar a las
primeras impresiones indica una creencia vigorosa; mientras que una actitud crítica, dispuesta a modificar
sus afirmaciones, que admite dudas y exige tests, indica una creencia débil.

Así es como la crítica lógica popperiana de la teoría psicológica de Hume demuestra que la actitud
dogmática se halla claramente relacionada con la tendencia a verificar nuestras leyes y esquemas tratando
de aplicarlos y confirmarlos, hasta el punto de pasar por alto las refutaciones; mientras que la actitud crítica
es una disposición a cambiarlos, a someterlos aprueba, a refutarlos, si es posible. Esto sugiere que podemos
identificar la actitud crítica con la actitud científica, y la actitud dogmática con la que hemos llamado seudo
científica.

La ciencia, pues, debe comenzar con mitos y con la crítica de mitos; no con la recolección de observaciones
ni con la invención de experimentos. La exigencia de pruebas racionales en la ciencia indica que no se
comprende la diferencia entre el vasto ámbito de la racionalidad y el estrecho ámbito de la certeza racional:
es una exigencia insostenible y no razonable. Sin embargo, el papel de la argumentación lógica, del
razonamiento lógico deductivo, sigue teniendo una importancia fundamental para el enfoque crítico; no
porque permita demostrar nuestras teorías o inferirlas de enunciados de observación sino porque solo el
razonamiento puramente deductivo permite descubrir las implicaciones de las teorías y, de este modo,
criticarlas de manera efectiva. En otras palabras, el problema de la inducción surge del descubrimiento de
Hume de que es imposible justificar una ley por la observación o el experimento, ya que trasciende la
experiencia; del hecho de que la ciencia propone y usa leyes en todas partes y en todo momento. A esto
tenemos que agregar el principio del empirismo, según el cual en la ciencia solo la observación y el
experimento pueden determinar la aceptación o el rechazo de enunciados científicos, inclusive leyes y
teorías.

Naturalmente, se pueden inventar nuevos problemas de la inducción. Por ejemplo, cómo se saltaría,
realmente, de un enunciado observacional a una teoría. Pues, el salto no se produce a partir de un enunciado
observacional, sino a partir de una situación-problema, y que la teoría debe permitir explicar las
observaciones que originaron el problema. Esto, naturalmente, admite un número enorme de teorías
posibles, buenas y malas.

A veces se han planteado otras cuestiones. El problema original de la inducción, se ha dicho, es el problema
de justificar la inducción, es decir, de justificar la inferencia inductiva. Si se responde a este problema se
afirma que lo que se llama una inferencia inductiva no es nunca válida y, por lo tanto, obviamente, no es
justificable, surge el siguiente problema nuevo: ¿cómo se justifica el método del ensayo y el error?
Respuesta: el método del ensayo y el error es un método para eliminar teorías falsas mediante enunciados
observacionales, y su justificación es la relación puramente lógica de deducibilidad, la cual permite afirmar
la falsedad de enunciados universales si se acepta la verdad de ciertos enunciados singulares.

Otra cuestión que se ha planteado a veces es: ¿por qué es razonable preferir enunciados no refutados a otros
refutados? Porque se busca la verdad y porque se sabe, o se cree, que las teorías refutadas son falsas,
mientras que las no refutadas pueden ser verdaderas. Además, no se prefiere cualquier teoría no refutada,
sino solamente aquellas que, a la luz de la crítica, parece ser mejor que sus rivales, o aquella que resuelve
los problemas, que se halla bien testada y de la cual se cree o, más bien, se conjetura o se espera que
resistirá los tests ulteriores.

También se ha dicho que el problema de la inducción es el creer que el futuro será igual al pasado. La
respuesta de Popper es que lo razonable sería creer que el futuro será muy diferente al pasado en muchos
aspectos vitalmente importantes, debido a que es razonable creer que tal curso de acción nos ocasionará a
veces graves inconvenientes, ya que algunas de las leyes en las cuales más confiamos pueden fácilmente
resultar incorrectas.

La última manera de plantear el problema de la inducción está arraigada a la distinción entre probabilidad y
grado de corroboración o confirmación. Popper explicó por qué uno está interesado en teorías con un alto
grado de corroboración; y también explicó por qué es un error concluir de esto que uno está interesado en
teorías altamente probables. Señaló que la probabilidad de un enunciado es siempre mayor cuanto menos es
lo que afirma el enunciado: es inversamente proporcional al contenido o al poder deductivo del enunciado
y, por ende, a su poder explicativo. De acuerdo con esto, todo enunciado interesante y vigoroso debe tener
una probabilidad baja; y viceversa: un enunciado con una probabilidad alta carecerá científicamente de
interés porque es poco lo que afirma y no tiene ningún poder explicativo.

Schuster – Explicación y predicción (Teórico).

Para que a las ciencias sociales las constituyan como disciplinas científicas, se las han sido sometidas
frecuentemente a diversas críticas referidas a supuestas fallas lógicas y metodológicas, a la falta de rigor en
sus enunciados, a la dificultad de su confrontación empírica y consecuente carencia de leyes, a su
incapacidad de explicación y predicción. Por ejemplo, un físico le criticaría a un historiador el carácter
irrepetible de los hechos históricos y la imposibilidad de disponer de un conjunto de enunciados generales
que permitan explicar y predecir. Incluso se ha mencionado el carácter ambiguo de las preguntas de los
científicos sociales, su falta de interés teórico y trivialidad. Y, en este sentido, se puede encontrar una
objetividad difícil de hallar por sí misma, en las ciencias sociales, demasiado influidas por las
circunstancias generales en que se desenvuelve la investigación y, en consecuencia, impedidas de ceñirse
estrictamente a los hechos. Así, se tomó muy en cuenta los métodos de las ciencias naturales como modelo
aunque por ejemplo la generalización en ciencias sociales no sirve. Sin embargo, se señala, en primer
término, que la lógica tiene, primordialmente, un valor instrumental vinculado con el aparato deductivo
necesario para poder concluir con unas proposiciones a partir de otras y, en este sentido, si las
proposiciones se formulan con un mínimo de claridad, las deducciones pueden efectuarse sin mayores
problemas. Por supuesto, cuando se encuentran enunciados formulados de manera más o menos vaga, se
tratará de precisar cuál es el alcance de la deducción que pueda efectuarse, a pesar de que se termine
tratando de un razonamiento formalmente válido.

Volviendo a la supuesta incapacidad de estas ciencias para generalizar y obtener consecuencias empíricas
verificables, en determinados casos se puede hacer presente la formulación de hipótesis de carácter
interpretativas. Y en cuanto al problema de la objetividad, se piensa que debe desconfiarse de una
objetividad empírica pretendidamente libre de toda inferencia, incluso en las ciencias naturales, ya que
puede visibilizarse cómo los instrumentos de investigación y los mismos observadores afectan la
observación, y el conocimiento, que se estudian. Sin embargo, es conveniente considerar la idea de la
ambigüedad del término objetivo, que ha sido utilizado para referirlo a por lo menos cuatro cosas
diferentes: la objetividad como un predicado de las ideas; la objetividad como verdad; la objetividad como
un predicado de los métodos; la noción de objetividad como imparcial, como la disposición psicológica que
un investigador tiene para creer el tipo de ideas, enunciados, o metodología mencionados en los puntos
anteriores.

En definitiva, el propósito de las ciencias es brindar explicaciones adecuadas de los fenómenos que
estudian preguntándose por el por qué de algo que es o se presenta de determinada manera. También se
podría pretender brindar descripciones, es decir, responder a la pregunta acerca del cómo es algo. En
definitiva, la formulación de una pregunta requiere un contexto que nos indique el tipo de respuestas que se
desean, evitando de esta manera la ambigüedad, pues a simple vista se puede notar que al describir uno se
mantiene en el mismo nivel proposicional de lo que se describiendo, sin presentar un cambio de plano;
mientras que el explicar sí implica un cambio de plano porque, por ejemplo, explicar es subsumir,
incorporando un hecho bajo un enunciado general. En las ciencias sociales ocurre a menudo, se utilizan
descripciones para brindar explicaciones, lo que mostraría que quizás no siempre la distinción entre cómo
ocurren los sucesos y por qué suceden equivale a establecer una distinción tajante entre describirlos y
explicarlos. Por ejemplo, hay muchos enunciados del tipo indicado cuya verdad no puede conocerse de la
misma manera que los enunciados observacionales en términos de los cuales son sometidos a prueba. Pero
describen la realidad, aunque al mismo tiempo tengan una función explicativa y predictiva.

Si se ve esta peculiaridad desde un punto de vista lógico de la explicación causal se puede decir que cada
suceso individual, tanto en las ciencias sociales como naturales, es único, en el sentido de que, con sus
características peculiares, no se repite. Sin embargo, los sucesos individuales pueden ser explicados
mediante leyes generales de tipo causal porque todo lo que afirma una ley causal es que cualquier suceso de
una clase especial, que tiene características específicas, está acompañado por otro suceso que también tiene
características específicas. Todo lo que es necesario para la puesta a prueba y aplicabilidad de tales leyes es
la repetición de sucesos con las características antecedentes, es decir, la repetición de esas características
pero no de esos casos individuales. Por lo tanto, si el conocimiento de los procesos sociales que el hombre
posee es una variable que entra en la determinación de los fenómenos sociales, no hay razón para afirmar
que los cambios en esa variable, y los efectos que se puedan producir, no puedan ser objeto de leyes
sociales. no sucedería realmente así con las predicciones, pues, si bien están estructuralmente ligadas con
las explicaciones, no siempre son posible, o confiables, sin el desarrollo de técnicas efectivas y recursos
adecuados.

Si se quisieran clasificar las explicaciones, se dividirían de la siguiente manera: están las explicaciones del
tipo cómo están ligadas con aspectos descriptivos, en las que se pide una explicación, por ejemplo, cuando
no se entiende una palabra, lo que llevaría a dar su significado o sus condiciones de uso; una segunda
explicación es la del tipo qué o del tipo por qué, donde se pueden explicar tanto leyes, situándolas en el
contexto de otras leyes, como hechos singulares haciendo referencia a aspectos más generales. Este tipo de
explicación es el Nomológico deductivo.

Los componentes de las explicaciones tienen que satisfacer ciertas condiciones de adecuación, que pueden
dividirse en lógicas y empíricas. Las condiciones lógicas de adecuación son las siguientes: el explanandum
debe ser una consecuencia lógica del explanans; el explanans debe contener leyes generales; y el explanans
debe tener contenido empírico y verdadero. Considerando el esquema pueden verse las estrechas
vinculaciones entre explicación y predicción. En la explicación se dispone del explanandum. Al predecir, se
tiene el explanans y se anticipa el explanandum. Por esto, es interesante señalar que si se dispone de
adecuadas explicaciones y, en consecuencia, de leyes generales, en algún momento se estará en condiciones
de predecir, con mayor o menor aproximación. De todos modos, ante estas situaciones, conviene aclarar
que las creencias solo pueden recibir el calificativo de predicciones cuando existen sólidas razones que las
apoyen, y solamente en tanto ellas posean una fundamentación derivada de las pruebas y la evidencia
empírica. La posesión de creencias acerca de lo que sucederá en el futuro, sobre todo cuando adoptan la
forma de declaraciones publicaciones, puede tener naturalmente efectos sociales y entre esos efectos puede
haber algunos que pruebe la falsedad de las predicciones. Pues, el peso, naturalmente, es un predicado
relativo de las proposiciones, en tanto que el valor de verdad es un predicado absoluto. Si un enunciado es
verdadero depende del enunciado, o de los hechos que este considera. El peso, en cambio, es conferido a un
enunciado según el estado de nuestro conocimiento y, por lo tanto, puede variar si hay cambios en dicho
conocimiento.

Pasando ahora a otros tipos de explicaciones, aunque todavía en relación con la estructura anteriormente
expuesta, Hempel sostiene que las explicaciones causales tienen la estructura indicada, solo que se usan
leyes causales. Popper esta misma la llamará hipotético deductiva. Los modelos de explicaciones
estadístico o estadístico inductivo utilizan leyes estadísticas y de nociones probabilísticas que impiden decir
que hay propiamente deducción, ya que no permite deducir lo que pasa con los casos, sino que hay
inferencia estadística en un contexto a posteriori. Una explicación puede omitir la mención de ciertas leyes
o de circunstancias particulares que da tácticamente por sentado, y cuya mención explícita llevaría a un
argumento de tipo nomológico deductivo, lo que da cuenta de explicaciones elípticas. Relacionadas al
anterior tipo de clasificación por no mencionar leyes o principios teóricos como apoyo, las de tipo parcial
consisten en que el hecho pasible de la explicación total es deducido del hecho que se explicará
parcialmente que está incluido en él. También, lo único que les imposta a las explicaciones conceptuales
son los hechos, pues, si uno quiere explicar un hecho lo engloba adecuadamente en un hecho más amplio
que lo comprende, tal cual lo hacen muchas de las explicaciones en las ciencias humanas son de este tipo; e
inclusive, las explicaciones genéticas consisten en entender un hecho reducido a través de un hecho amplio,
solo que el hecho amplio no es aquí una hipótesis sino un hecho histórico. Al contrario, en las explicaciones
funcionales o teleológicas se explican los acontecimientos a través de hechos que no están en el pasado sino
en el futuro, se pretendería recibir una explicación en términos del fin particular al cual se dirige un medio
determinado como es en el caso de las motivaciones. En las explicaciones basadas en las intenciones, para
obtener información, se ha sostenido que la conducta intencional es un género de conducta tendiente hacia
un fin, y que se caracteriza por el hecho de que el agente debe saber cuál es su objetivo, debe creer que
existe una conexión entre su objetivo y una acción que realiza como medio para lograrlo y, sabiendo cuál es
su objetivo, debe también creer que tratará de lograrlo cuando le sea posible.

Kuhm – La estructura de las revoluciones científicas.

En simples palabras, las revoluciones científicas consisten en aquellos episodios de desarrollo no


acumulativo en los que un paradigma antiguo se ve sustituido en todo o en parte por otro nuevo
incompatible con él. Su etapa previa inicia por una sensación creciente, restringida a menudo a una
pequeña subdivisión de la comunidad científica, de que el paradigma existente ha dejado de funcionar
adecuadamente en la exploración de un aspecto de la naturaleza hacia el que había conducido previamente
el propio paradigma. Aquí, se estaría hablando del auge de la crisis.

Cuando los paradigmas entran, como es necesario que ocurra, en el debate acerca de la elección de
paradigma, su función es necesariamente circular. Cada grupo utiliza su propio paradigma para argumentar
en defensa de dicho paradigma. Esta circularidad resultante no hace que los argumentos sean incorrectos o
incluso inefectivos porque aquel que utilice como premisa un paradigma cuando argumente en su defensa,
no obstante podrá mostrar con claridad cómo será la práctica científica para aquellos que adopten la nueva
visión de la naturaleza. En esto queda claro que se trataría simplemente de lograra convencer,
persuadiendo, teniendo en cuenta que en la elección de paradigma no hay una norma superior al consenso
de la comunidad pertinente. Por tanto, para descubrir cómo terminan las revoluciones científicas, se habrá
de examinar no solo el impacto de la naturaleza y de la lógica, sino también las técnicas de argumentación
persuasiva que resultan eficaces dentro de los grupos muy especiales que constituyen la comunidad de
científicos. Una teoría nueva no tiene por qué entrar en conflicto con ninguna de sus predecesoras, ya que
podría ocuparse exclusivamente de fenómenos antes desconocidos o, también, la nueva teoría podría ser
sencillamente una teoría de nivel superior al de las conocidas anteriormente, ligándolas sin modificar
ninguna de ellas de modo sustancial.

Cabe destacar el carácter no acumulativo en el periodo preparadigmático, donde la asimilación de todas las
teorías nuevas y de casi todos los tipos nuevos de fenómenos ha exigido de hecho la destrucción de un
paradigma previo y el consiguiente conflicto entre escuelas rivales de pensamiento científico. En cambio, la
investigación normal es acumulativa debido a la capacidad de los científicos para seleccionar
sistemáticamente problemas que se pueden resolver con técnicas conceptuales e instrumentales próximas a
las ya existentes, y una novedad inesperada, un descubrimiento nuevo, solo podrá surgir en la medida en
que sus expectativas acerca de la naturaleza y su instrumental resulten estar equivocados. En principio solo
hay tres tipos de fenómenos sobre los que se podría desarrollar una teoría nueva. El primero consta de
fenómenos ya bien explicados por paradigmas existentes, los cuales rara vez suministran un motivo o un
punto de partida para la construcción teórica. Una segunda clase de fenómenos consta de aquellos cuya
naturaleza está marcada por el paradigma existente, aunque los detalles solo se pueden comprender
mediante una ulterior articulación teórica. Solo cuando fallan estos intentos de articulación, se topan los
científicos con el tercer tipo de fenómenos, las anomalías reconocidas, cuyo rasgo característico es su
obstinada negativa a dejarse asimilar por el paradigma existente. Solo este último tipo da lugar a nuevas
teorías. Además el compromiso con el paradigma ha de extenderse a áreas y grados de precisión para los
que no hay un antecedente pleno porque si no fuese así, este mismo no podría suministrar rompecabezas
que no hubieran sido ya resueltos; y lo mismo ocurre con la teoría existente que si limitara al científico tan
solo a las aplicaciones existentes, entonces no podría haber sorpresas, anomalías y crisis.

Resulta que los paradigmas difieren en otras cosas aparte de la sustancia, pues no solo se dirigen a la
naturaleza, sino que también inciden sobre la ciencia que los produce. Son la fuente de los métodos, los
problemas del campo y de las normas de solución aceptadas por cualquier comunidad científica madura en
cualquier momento dado. Como resultado de ello, la recepción de un nuevo paradigma exige a menudo la
redefinición de la ciencia correspondiente. La tradición científica normal que surge de una revolución
científica no solo es incompatible con lo anterior, sino que a menudo resulta de hecho inconmensurable.

Al cambiar el acento de las funciones cognoscitivas de los paradigmas a las normativas, los ejemplos
precedentes amplían la comprensión de los modos en que los paradigmas conforman la vida científica
dando cuenta, pues, la función de los paradigmas como vehículos de las teorías científicas. En este aspecto,
funcionan indicándole al científico las entidades que la naturaleza tiene o deja de tener, así como de qué
manera se comportan dichas entidades. Tal información suministra un mapa cuyos detalles dilucida la
investigación científica madura y, dado que la naturaleza es demasiado compleja y diversa para poder ser
explorada de manera aleatoria, dicho mapa es tan esencial para el desarrollo inacabable de la ciencia como
la observación y la experimentación. Merced a las teorías que incorporan, los paradigmas resultan ser una
parte constituyente de la actividad investigadora. En concreto, los ejemplos más recientes muestran que los
paradigmas suministran a los científicos no solo un mapa, sino también algunas de las directrices esenciales
para levantar mapas. Al aprender un paradigma, el científico aprende a la vez, y normalmente de manera
inextricable, teorías, métodos y normas. Por consiguiente, cuando cambian los paradigmas, se dan
usualmente desplazamientos importantes en los criterios que determinan la legitimidad tanto de los
problemas como de las soluciones propuestas.

Schuster – Filosofía y métodos de las ciencias sociales. Del naturalismo al escenario


postempirista.

En la historia de la filosofía de la ciencia del siglo XX, la corriente anglosajona ha sido dominante, pues lo
demostraría la corriente alemana que la tenía muy en cuenta. Esto se debe principalmente a tres grandes
momentos: el empirismo lógico, el racionalismo crítico o falsacionismo y el postempirismo. Sin embargo,
fue el postempirismo el cual constituye la escena dominante de la reflexión filosófico-metodológica
respecto de la ciencia en la actualidad, a partir de que en los años sesenta y setenta entra en crisis el modelo
clásico en la filosofía de la ciencia caracterizado por el empirismo lógico y aun por la concepción
popperiana, fuertemente crítica de aquél. Pero ambas coinciden en algunos puntos, que son los que serán
puestos en cuestión por el postempirismo: la idea de que la ciencia es centralmente un conjunto de
enunciados de distintos niveles de generalidad y abstracción, testeables empíricamente y organizados en las
teorías científicas; la confianza en la capacidad de la lógica para explicar y comprender los procesos
científicos y su legitimidad a través de la reconstrucción del método científico; la idea de que ante dos o
más teorías coexistentes en determinado momento, solo una de ellas debería poder sostenerse
legítimamente; la confianza, directa o indirecta, ingenua o sofisticada, en la experiencia como ultima ratio
de la verdad científica; y la creencia de que la ciencia es la única forma legítima de conocimiento humano.

El postempirismo no es una corriente del pensamiento filosófico, como puede haberlo sido el empirismo
lógico, el popperianismo o racionalismo crítico de Popper o así también otras tradiciones como la alemana
de la escuela de Fráncfort, por ejemplo. En todas estas tradiciones uno puede recortar alguna serie de
características, de elementos que indican los rasgos centrales de cada corriente y que en general la mayoría
de sus miembros comparte. Pero hacia mediados de la década de 1960 influyó un importante cambio en la
manera de pensar lo científico; y, aunque hubo contribuciones previas de otros pensadores, lo encabeza
fuertemente, por ejemplo, Thomas Kuhn. Resulta que en las primeras etapas de la filosofía de la ciencia
anglosajona, el problema central de esta disciplina podría dividirse en dos grandes preguntas o claves de
análisis. El eje de la preocupación que domina estos más de cuarenta años está centrado en el conjunto de
criterios que permiten distinguir ciencia y no ciencia, y que permiten distinguir aceptabilidad científica de
falsedad o inaceptabilidad de los enunciados científicos; este conjunto de criterios es lo que se va a llamar
el método científico. Es decir, el problema del método es precisamente el problema de las garantías a través
de las cuales yo puedo confiar en los productos del conocimiento. Las discusiones en las primeras décadas
del último medio siglo en las ciencias sociales estaban envueltas en lo que un representante del empirismo
lógico definió como una situación pendular. Tales ciencias, se decía, oscilaban entre dos extremos: la pura
especulación filosófica o bien una pura recopilación de datos, los que llamaba el hiperfactualismo. La
preocupación era enfrentar la teoría sin información empírica y la información sin teoría; el gran desafío de
las ciencias sociales de los ’50 fue construir lo que Bernstein denominó la teoría empírica. La teoría
empírica es justamente la cristalización de construcciones conceptuales de un nivel de generalidad y
abstracción medianamente alto para arriba, pero con un campo empírico de aplicación que permita el
control, la comparación y el testeo de un cierto nivel. De allí la preocupación y la influencia del empirismo
lógico, porque de hecho cuando se construye el concepto de teoría para las ciencias sociales proviene de la
influencia de esta corriente.

Las teorías científicas son conjuntos de enunciados, de enunciados específicos llamados hipótesis, y dentro
de ellas puede haberlas de tres niveles: de nivel empírico singular, empírico general, moviéndonos en este
nivel desde la generalidad empírica hasta los enunciados universales estrictos. Y por último, en el nivel tres
tenemos los términos teóricos. Aquí, entonces, vamos a tener los enunciados teóricos, desde el enunciado
que tiene un término teórico y todos los demás términos empíricos, al que llamamos mixto, hasta el
enunciado que tenga solamente términos teóricos, al que llamamos puro. Así podemos ir ordenando la idea
clásica de teoría: una teoría es un conjunto de enunciados con carácter hipotético. Ahora bien, de los tres
niveles de enunciados que mencionamos el más adecuado se supone que tiene que ser los de enunciados de
nivel tres. Así que no habría teoría auténtica si no hubiera algún enunciado teórico, ya sea mixto o puro.
Además, otro problema es cómo se controlan los enunciados teóricos y, pues, se consideraba apto el control
por comparación, por medio de los sentidos. Si esto era así, se solucionaba un gran problema, porque al
saber qué era lo que abreviaba no sabía cómo compararlo, aunque sea parcialmente. Porque una de las
cosas que se descubrió con este intento es la capacidad que tienen los términos teóricos de valer para casos
nuevos, acercarse a casos totalmente desconocidos. Para tratar de cerrar este punto, la idea tradicional de
teorías entonces es: un conjunto de enunciados por lo menos de nivel dos o de nivel tres.

Si se le suma la suposición de que los enunciados se ponen a prueba independientemente los unos de los
otros, entonces, la idea tradicional de teoría es que hay enunciados de diferente nivel, en general un grupo
de enunciados de base, o fundamentales o de partida, que suelen ser de alto nivel teórico, de nivel tres o
combinados de nivel tres y nivel dos, y a partir de allí se deducirían los enunciados de más bajo nivel
teórico y de menor generalidad hasta llegar al punto en que los enunciados se puedan llegar a poner a
prueba. Cada enunciado se pone a prueba independientemente de los demás; digo esto porque entonces la
verdad o falsedad es verdad o falsedad de cada enunciado. Claro, si el enunciado que resulta ser falso se
dedujo de otros enunciados, entonces la falsedad de este enunciado inmediatamente nos hace preguntar
sobre la verdad o falsedad de los enunciados premisa de los que partimos, y si estos a su vez se dedujeron
de otros, también nos hará preguntar así hasta quizá llegar al corazón de la teoría. De modo que en realidad
uno pone a prueba una teoría toda en su conjunto o en realidad no pone a prueba nada. El mismo enunciado
significaría entonces cosas distintas en dos teorías, porque el uso de los términos dependería del contexto;
lo que se llama la concepción holista de las teorías científicas. Es decir, cada término adquiere su
significado de las relaciones con los demás términos. Aunque cambie un solo término y los demás pareciera
que no lo han hecho, en realidad ya sí han cambiado, porque basta que cambie un solo término para que
cambien todos los demás. Las teorías con esta concepción ya no son conjuntos sino estructuras
enunciativas, donde la idea de estructura indica algo mucho más fuerte que la idea de conjunto.

Hay un término central, que es el núcleo de la teoría; lo que Lakatos ha llamado el núcleo duro, es decir,
aquello que le da sentido a la teoría. Con esto, se abandonó el proyecto de reducir los términos teóricos, se
empezó a establecer que los términos teóricos tienen alguna identidad propia y que la idea de reducirlos en
definitiva por definición empírica no es aplicable. Se cambia la idea de conjunto de enunciados por la idea
de estructuras enunciativas, en el sentido de que la teoría es una unidad de sentidos. Aparte, hay muchos
autores que sostienen que en ciencia no solo importa la verdad sino también la relevancia. Para que uno
pueda establecer qué correlaciones, qué regularidades que uno encuentra entre ciertas variables son
relevantes, uno tiene que tener alguna teoría en un sentido más bien blando. No hace falta que tenga
términos teóricos de un alto nivel de abstracción ni nada de eso, pero si alguna clave de lectura, que tenga
por ejemplo algunas reglas de interpretación.

Todas estas cuestiones respecto de la teoría son fundamentales y tienen una gran vigencia e importancia en
la construcción del conocimiento científico. Pero el enfoque postempirista va aun más allá. El eje de
consideración pasa de entender a la filosofía de la ciencia como un análisis circunscripto en el estudio de
las teorías a una concepción más amplia, que admite el estudio no solo de productos científicos, sino
también de los procesos científicos; llámese construcción de comunidades científicas, procedimientos a
través de los cuales una teoría se construye, formas de asociación humana a través de las cuales las teorías
adquieren sentido y se controlan. Esta idea de que las teorías no solo se controlan a través del experimento,
sino que también se controlan por ejemplo en los congresos y en las publicaciones a través de la
intercrítica, a través de la crítica mutua de los distintos miembros de las comunidades científicas, genera la
aparición de la noción de un doble procedimiento de control. Pero, en general, siempre se plantea la noción
de verdad en estos términos: unas teorías serán aceptables si representan el mundo tal cual este es. Y la
manera de entender esto es formular enunciados aislados de las teorías y ponerlos a prueba empíricamente
con los hechos de los cuales esas teorías hablan. El problema entonces planteado es: bajo qué condiciones
podemos estar seguros de que la atribución de un nombre, de una categoría universal, de un concepto a una
cosa particular es la apropiada. Y muchas veces tenemos que esperar hasta algún tiempo futuro para ir
teniendo confirmaciones de que nuestra atribución ha sido adecuada. Esta idea de confirmación a Popper
no le gusta nada, pero actualmente hay una tendencia a volver a ella, porque el refutacionismo puro
tampoco ha logrado escapar a las objeciones del propio Popper. Un convencionalista por su parte diría que
esto es muy sencillo de explicar, que ha de haber un procedimiento lingüístico racional o de otro tipo que
permite ese acuerdo. No quiere decir que vean lo mismo, sencillamente quiere decir que pueden dar a un
enlace lingüístico, a una forma de asociar conceptos que asumen como compartidos. Pero, los
postempirístas van a empezar a analizar el acuerdo de una manera mucho más sutil, van a empezar a pensar
no necesariamente que no hay ninguna relación empírica, pero que el peso del acuerdo es mayor de lo que
Popper piensa y que habrá que estudiar un conjunto de reglas lingüísticas, procedimientos de acuerdo,
formas de organización de la propia comunidad y demás, para poder comprender dicho acuerdo. Así es
como el postempirísmo abandona que el estudio de las ciencias sea centralmente el estudio de las teorías
científicas. Su campo es muy abierto y permite entender la ciencia, por supuesto en los términos del análisis
lógico de teorías, o sea, de los productos científicos, pero no solo estos en formas aisladas. Aparece como
necesaria una psicología de la ciencia, una sociología de la ciencia, una historia de la ciencia. En definitiva,
la cuestión no es solamente sobre hipótesis diferentes que se ponen a prueba independientemente sino sobre
hipótesis interpretativas. Determinadas categorías de análisis general.

De la idea habitualmente planteada de que ante un conjunto de datos no puede haber más de una única
teoría que dé cuenta de tal conjunto, proviene la tradicional noción de los experimentos cruciales. Esto es,
someter a dos teorías encontradas que no han podido ser refutadas a un conjunto de datos limitado dentro
del cual se supone que una de las dos, por lo menos, deberá caer. Ahora bien, si las teorías nombran la
realidad de modos distintos, categorizan de manera distinta, uno puede entender algunas cosas que han
sucedido en la historia de las ciencias, experimentos cruciales que han favorecido a un cuerpo teórico y una
versión distinta del experimento crucial favoreció a la que perdió en la primera. ¿Cómo es esto?, esto es así
porque depende de bajo qué modo de interpretación yo construyo el diseño experimental. Si lo construyo
en una dimensión teórico conceptual más cercana a uno de los cuerpos teóricos, sin duda es de esperar que
este salga favorecido; si lo construyo en la clave del otro, el resultado inverso no resultará sorprendente.
Germani – Una década de discusiones metodológicas (Práctico).

El notable desarrollo de las técnicas de investigación y la acumulación de observaciones bien establecidas


ha planteado sobre nuevas bases el problema de las relaciones entre teorías e investigaciones en sociología.
Pero tal cuestión se plantea de manera muy distinta dentro del círculo de la tradición empirista anglosajona
y el de la tradición espiritualista predominante en Latinoamérica y en otros países latinos. Mientras que en
los primeros se trata como se verá, de organizar y orientar la considerable masa de investigación concreta
dentro de un sistema teorético relativamente coherente y dotado de significación para los grandes
problemas de la sociología en los países latinos, lo inmediato es superar la tendencia predominantemente
filosófica de las ciencias sociales, incorporando efectivamente la investigación directa de la realidad dentro
de las tareas propias de la sociología. Es decir, el mundo latino estaba menos desarrollado que los países
anglosajones. Por ejemplo, esta inferioridad se ve en que, para los latinos, la sociología es considerada
sobre todo como una disciplina de carácter filosófico, dando lugar a la dicotomía entre ciencias del espíritu
y ciencias de la naturaleza, tan cara al pensamiento germano. Sin embargo, con el correr del tiempo, estos
progresaron al comenzar afirmando la posibilidad e incluso la necesidad de la investigación, pero la
mantenían separada de manera más o menos rigurosa de la sociología, pues consideraban a esta una
disciplina de carácter cultural con acentuación filosófica, aun cuando mantuvieran para ella el nombre de
ciencia, estando la sociografía encargada de proporcionar materiales a la primera. Este divorcio
metodológico entre las dos ramas de la sociología conduce a anular todo tránsito posible entre el momento
de la investigación y el de la teoría. Si esta se desarrolla como ciencia individualizante, si emplea métodos
de intuición inmediata, si apunta a las esencias, no se entiende de qué manera puede aprovechar los
materiales de la sociografía, disciplina de carácter generalizador, que emplea la inducción, la generalización
y los demás métodos de cuño naturalista. Por otra parte la guía que la sociografía espera de la teoría
sociológica deba serle proporcionada en forma de hipótesis verificables en formas, es decir, utilizables para
organizar observaciones y es aquí justamente donde fracasan las construcciones especulativas alejadas de
los problemas y los requerimientos de la investigación concreta. No soluciona nada el que los científicos
latinoamericanos concordaran con la idea de explicación y compresión weberiana porque volvían a
introducir un dualismo ontológico que conduce una vez más al divorcio entre teoría e investigación.
Sociología misma se ha desarrollado, sobre todo, dentro del marco de las facultades de filosofía. Su
concepción de la sociología es la de una disciplina filosófica, obra de un solo estudioso, bien distinta de la
sociografía, disciplina auxiliar de corte naturalista destinada a proporcionar al sociólogo los materiales para
su construcción conceptual.

Por otro lado, la escisión entre teoría e investigación se hace más rigurosa aun en autores que, como
Baldrich, conciben la sociología como una filosofía social. Según este autor, “la sociología no puede
consistir en una ciencia de leyes ni tampoco en una simple tipología o morfología social”, cuyo fundamento
reside en un orden trascendente de valores, de validez supratemporal y absoluta. Consecuentemente, la
investigación empírica de lo social tan solo puede limitarse a proporcionar como elementos auxiliares,
catálogos y clasificaciones de las formas sociales, las que, empero, no constituyen verdadero saber en un
sentido teorético, característica que atribuye tan solo al pensar filosófico. También Poviña señala que la
filosofía social se ocupa del deber ser, mientras que la sociología se dirige al ser, a los fines ya realizados.
Únicamente las dos reunidas pueden llegar al conocimiento de lo social. Así es como admite este
postulante, por un lado, la sociología considerada como disciplina científica más de carácter no naturalista
y por el otro la filosofía social. Para especificar más la situación de estos pensadores, ellos no conceden
importancia al cómo habrán de efectuarse las relaciones entre sociología y filosofía social, o lo que es más
importante aún, entre las partes de la sociología en las que rigen métodos opuestos entre sí; tampoco
enfrentan el problema de la verificación con respecto a los métodos comprensivo, ideal típico, etc. la
dificultad de llegar a una problemática de este tipo para aquellos que se mueven dentro de la tradición
alemana puede ulteriormente ejercitarse con un breve examen del tratado de sociología de Ayala. Este
reconoce la posibilidad y la utilidad de un conocimiento científico natural en sociología, conociendo que,
pese a todo si sigue siendo el suelo sobre el que reposa el torso de la disciplina y un suelo hasta cierto punto
firme, pero advierte que, mientras en la esfera de la naturaleza es posible desinteresarse de la esencia del
objeto, en el campo de lo humano, la peculiar situación de tal objeto introduce como ineludible una
consideración cumplida de esa esencia. Los métodos naturalistas solo darán resultados inesenciales y
fragmentarios, útiles si se quiere, mas insuficiente; el objeto mismo debe alcanzarse con los métodos
propios de las ciencias del espíritu. La escisión que se plantea así entre las dos formas del conocer
representa un lado de la crisis general del conocimiento científico. Y señala en la relativización de los
criterios de verdad su aspecto más significativo. Si aceptamos que el criterio de verdad de la ciencia en
general es lo que el autor llama el de la efectividad, es decir el experimental latu sensu, cabe ahora
preguntarse cuál es el que ha de regir en las ciencias de la cultura. Mas el autor no proporciona ninguna
aclaración a este respecto, y el fino análisis con que concluye la obra afirma, en definitiva, la incapacidad
de una sociología científica para contestar a este tipo de conocimiento plenario que, sin embargo,
corresponde a una ineludible aspiración humana. Con esto Ayala coloca a las ciencias de la cultura, que
incluyen justamente ese tipo de conocer esencial, dentro del saber de salvación, según la terminología
scheleriana que él adopta, es decir dentro de la filosofía. Por lo demás, Ayala acepta el método ideal típico
no sin reservas, insiste en la historicidad de los conceptos sociológicos, rechazando empero la necesidad de
destacar y afirmar para las categorías sociológicas el aspecto formal, sin despojar por ello tales formas de
su contenido histórico. Resulta claro, por consiguiente, que dado el significado que posee esa afirmación
inicial que se halla en la base del sistema, su validez no puede inferirse de una simple vivencia individual,
como lo hace el autor, sino que debería ser el resultado de observaciones controladas y sistemáticas.
Declarar inasequible para la metodología científica ciertos hechos, acaba por abrir el camino a toda clase de
afirmaciones incontroladas. Lo que vivencialmente parece obvio o aun posible se transforma ipso facto en
una verdad científica, y por este camino se declara de hecho inútil toda tarea de investigación, aun cuando
no se deje de afirmar una y otra vez su necesidad y utilidad. Por ejemplo, se vería la clara intención de
Medina Echavarría en fundamentar una sociología empírica que tenga en cuenta las críticas antipositivistas,
pero sin renunciar a los rasgos específicos que caracterizan el conocer científico. Muy interesante a este
respecto es su contestación a Gaos.

Cabe citar ahora Mendieta y Nuñez, que en su fecunda producción científica ha dedicado alguna atención al
problema. Según este autor, si bien en sociología el experimento propiamente dicho no es asequible por
ahora, el método experimental latu sensu es perfectamente posible, como lo demuestra la experiencia de los
investigadores norteamericanos. Y es en un método experimental adecuado a las necesidades del objeto que
reside la posibilidad de superar, en nuestra disciplina, el estado de especulación pura como cadena
interminable de teorías y conjeturas. A esto, Figueroa agrega el carácter sintético de la investigación como
medio indispensable para alcanzar el conocimiento total de la realidad social, y su afirmación de que ese
carácter sintético solo puede corresponder a la sociología, como ciencia teórica y empírica a la vez. En
definitiva, se está queriendo superar de multiples formas el dualismo metodológico y, solo en tanto se
comprenda cuál es la verdadera posición epistemológica y metodológica de la sociología, será posible
impulsar de manera efectiva el estudio concreto de la realidad social. Además insiste y aclara
considerablemente su principio de la integración de la investigación social por medio del enfoque
simultáneo de las diferentes disciplinas especializadas. Se destaca allí el papel unificador del sociólogo
como jefe de un equipo de especialistas, papel que se realiza dentro del proceso acumulativo de las ciencias
empíricas y no como una tarea puramente subjetiva y personal, como sostenían aquellos estudiosos que
conciben a la sociología como una disciplina del espíritu, y por lo tanto de orden filosófico. Pero Maclver
rechaza esa exclusión y afirma las posibilidades y la necesidad de efectuar inferencias válidas acerca de los
motivos de la acción.

La idea de la unidad de la ciencia y una completa superación de la dicotomía ciencias culturales - ciencias
naturales se halla en la obra de Kelsen. En su interesante análisis del pensamiento primitivo, y de acuerdo
con los resultados de la sociología del conocimiento, Kelsen muestra cómo el principio de causalidad se
origina a partir del principio de retribución. El primitivo interpreta la naturaleza conforme a normas
sociales. La dualidad sociedad - naturaleza se produce a través del ordenamiento de los mismos elementos
alrededor de los dos principios causalidad y normativo, que, sin embargo, tienen un origen único. Alrededor
del principio de causalidad se constituye la noción de la naturaleza y en torno al principio normativo, la
sociedad. De este modo la separación entre una y otra concebida como diferentes sistemas de elementos es
el resultado de métodos diferentes de pensar, y solo en cuantos tales, dos objetos diferentes. Mas el proceso
no acaba en esta dicotomía, la que constituye simplemente una etapa del pensamiento, etapa próxima a ser
superada por un nuevo monismo, opuesto al primitivo, pues lleva a la absorción de la sociedad en el
sistema de la naturaleza.

La obra de Kaufmann representa una contribución de primera magnitud en el desarrollo de este problema,
ya que fija en primer lugar los fundamentos del método científico en general. La tarea principal de la
metodología es la de explicar el sistema de reglas de procedimiento puesto en práctica por los científicos en
la investigación. Tal sistema tiene por objeto regular la aceptación, rechazo o eliminación de proposiciones
en el cuerpo de una ciencia. Si bien se debe admitir que tales reglas de procedimiento pueden modificarse a
través del tiempo, es evidente que han de existir ciertos principios invariables constitutivos del método
científico como tal, sin los cuales esta expresión carecería de sentido. Según él, los principios invariables
fundamentales de la metodología científica son los siguientes: los fundamentos de una decisión científica
deben encontrarse entre las proposiciones pertenecientes a la situación científica; entre tales fundamentos,
la observación desempeña una función esencial; todas las decisiones científicas son reversibles; una
decisión científica no puede conducir a la inclusión o mantenimiento en el cuerpo de una ciencia de dos
proposiciones incompatibles entre sí; toda proposición debe ser susceptible de ser aceptada o rechazada.

Es fundamental distinguir estas reglas básicas de la metodología en general de lo que Kaufmann llama
reglas preferenciales. En la investigación de todo problema científico hay evidentemente cierta serie óptima
de pasos que conducen a la solución aceptable y otras series que probablemente no conducirán a ella o bien
que no lo harán de manera tan rápida y eficiente. Los criterios que rigen aquella serie de pasos, que son
presumiblemente más adecuados para alcanzar la solución de determinado problema científico, constituyen
las reglas preferenciales. Tales reglas pueden variar según las situaciones científicas a que se aplican, es
decir, según el objeto de estudio. En las ciencias sociales, en particular, es necesario emplear
simultáneamente reglas preferenciales distintas o, como suele decirse, diferentes métodos. Pero, cualquiera
que sean estos métodos, nunca debe olvidarse que se fundan sobre las reglas básicas señaladas más arriba,
reglas que son únicas para todas las ciencias, independientemente de su objeto. Teniendo en cuenta esta
concepción metodológica de Kaufmann, resulta claro que la controversia sobre métodos en sociología se
refiere en realidad a las reglas preferenciales; puede concederse que estas difieran en cada disciplina según
el objeto, y que las ciencias del hombre y de la sociedad requieran un sistema de cánones y preferenciales
diferentes del que resulta más eficaz en el campo de la naturaleza. Mas lo que han olvidado los
sostenedores de los métodos comprensivos e intuicionales, es que la omisión del requisito de la verificación
significa simplemente abandonar el campo del método científico como tal.

Germani – Sobre algunas consecuencias prácticas de ciertas posiciones metodológicas en


sociología.

Debe afirmarse que en el campo de las ciencias sociales el predominio de una determinada teoría acerca del
método tiene efectos de vastos alcances, no solamente sobre los métodos realmente empleados, sino
también sobre el desarrollo de la ciencia misma. A diferencia de las ciencias naturales, en las ciencias
sociales, que aun mantiene cierta relación con la filosofía, las posiciones metodológicas llegan a representar
un factor de importancia en la orientación concreta de la teoría y de la investigación y hasta en la selección
de los temas de estudio. No puede negarse que la presencia de dos tradiciones intelectuales opuestas
constituye el elemento diferencial que se presenta en primer término al realizar un análisis. El olvido de la
investigación y la transformación de la sociología en una disciplina de carácter prevalentemente filosófico
y especulativo se debe sobre todo a la eliminación implícita o explícita del proceso de la verificación como
requisito esencial del conocer científico, cualquiera sea el objeto al que se aplica. Tal eliminación ocurrió
de muy distintas y aun cuando escapa a los limitados alcances de esta comunidad realizar un examen
detallado del problema, se señalará dos de sus aspectos, que pueden relacionarse de manera significativa
con el estado de los estudios sociológicos en esta parte del continente americano. El primer aspecto se
refiere al carácter privilegiado que poseería el método peculiar de las ciencias de la cultura: la comprensión.
Este término cubre una variedad de sentidos tanto en Dilthey como en los autores que lo siguieron, pero se
refiere siempre a un tipo de aprehensión inmediata, a un conocer que surge de la identidad de sujeto
cognoscente y objeto conocido. Sea que se trate de la comprensión en un nivel psicológico o en otro nivel,
nunca se está en presencia de algo construido sino de algo inmediatamente dado. En esto justamente se
oponen comprensión y explicación, siendo esta última el método característico del conocer científico-
natural. Resulta bastante claro que esta forma de intuicionismo, en el cual la vivencia se eleva a fuente
primaria de conocer, puede fácilmente transformarse en un incentivo para evadir u olvidar el penoso
proceso de la verificación, pues, lo que parece vivencialmente obvio se transforma ipso facto en una
proposición científicamente válida.

En realidad la noción de lo inmediatamente dado, tanto en lo que se refiere a la vivencia en el conocer


sobre el plano psicológico, como a la intuición, comprensión de objetos culturales, parece introducir una
peligrosa confusión entre ciencia y conciencia. La selección que se opera en el sentido común se hace por
medio del lenguaje corriente y de los conceptos que el mismo contiene. El conocimiento científico, los
sistemas de referencias, los conceptos y el lenguaje se van construyendo ad hoc teniendo en cuenta los fines
específicos del interés cognoscitivo o por lo menos del conocer científico, puesto que son numerosas las
filosofías que pretenden fundamentar otras formas de conocimiento fundado en una u otra especie de
intuición. Para estudiar más concretamente el método comprensivo y sus verdaderos alcances y significado
conviene examinar separadamente la comprensión que tiene por objeto los procesos psíquicos, de la que se
dirige a las totalidades, a las conexiones de sentido objetivas. Por supuesto, en una y en otra se habla de
totalidades individuales, y de intuición interna, pero es evidente que ambas se diferían por lo que se refiere
a su objeto. La primera es la comprensión del yo ajeno y de sus procesos psíquicos, donde la situación es la
misma: en ambos casos, la sensación o el sentimiento experimentados en un determinado momento, por
una determinada persona, son algo irremediablemente personal y único pero en ambos casos, por un
procedimiento analógico, inferimos el tipo de sensación o de sentimientos que aquella persona debió
experimentar. El elemento que, en la interpretación de las acciones humanas, induce a postular la existencia
de alguna cualidad misteriosa que parece diferenciarla del tipo de inferencia aplicado a otros asuntos en la
presencia implícita, en el proceso analógico, de una uniformidad de conducta. Una de las tareas de las
ciencias sociales es justamente la de obtener una descripción de tales normas tal como se dan en la
conciencia común, y la de verificar su correspondencia con los comportamientos y las actitudes
observables. Por otra parte, aun en el caso de la comprensión de formas espirituales objetivas, de
totalidades, se halla frente a algo parecido. Este tipo de comprensión que algunos autores diferencian de
manera más neta de la comprensión vivencial, escapa igualmente a la verificación. Las totalidades de que
se trata son formas del espíritu objetivo, conjuntos históricos sociales, por ejemplo un estilo artístico, el
llamado espíritu de una época, la iglesia, una determinada forma religiosa o cultural, etc. Se sostiene que
por medio de este método puede captarse en toda su riqueza, en su plenitud, ese todo indivisible, que,
sometido al desmenuzamiento del análisis, perdería lo que tiene de esencialmente propio y peculiar. Así se
incurre en el error ya mencionado de asumir como dado lo que es una construcción. Y como se trata de algo
dado o inmediatamente conocido se consideran superfluas las verificaciones. En su lugar aparecen a
manera de ilustraciones, o de ejemplificaciones, algunos elementos empíricos extraídos de la historia.
Ahora bien, este tipo de comprensión puede ser interpretado de dos modos: se puede suponer que lo que se
pretende captar es una esencia, o un espíritu, al que se declara por definición, por encima de toda
verificación empírica. Esta afirmación de la indivisibilidad de los conjuntos histórico-sociales encierra, sin
embargo, una verdad susceptible de verificaciones empíricas y es la existencia de determinadas relaciones
que ligan los distintos aspectos de ese todo, sea una institución, una cultura, una época, una escuela, etc. De
hecho, la sociología y las demás ciencias sociales han ido aceptando la noción de todo o de forma, pero en
sentido naturalista, es decir, como hipótesis de la existencia de determinadas correlaciones. Pero no hay que
confundir el proceso psicológico del descubrimiento con los procedimientos que fija el método científico
para que una determinada proporción sea aceptada. Por ello, Weber, al lado de la comprensión, exigía la
explicación, es decir, la verificación. Consideraba que ambas son igualmente necesarias en la sociología.
Aun las más evidentes adecuaciones de sentido solo puede considerarse como una proposición causal
correcta para el conocimiento sociológico en la medida en que se pruebe la existencia de una probabilidad
de que la acción concreta tomará de hecho, con la determinable frecuencia o aproximación, la forma que
fue considerada como adecuada por el sentido.

La otra forma que conduce a eliminar u olvidar a la investigación como una tarea propia de la sociología es
la división de esta ciencia en dos ramas o partes bien separadas: una teorética o pura y la otra aplicada o
empírica. La primera sería una ciencia de tipo cultural y la segunda una disciplina de orden naturalista. Uno
de los autores que se han preocupado por fundamentar la coexistencia de la sociología pura y la empírica es
Tonnies. Este autor distingue la sociología general de la especial y subdivide esta en tres disciplinas:
sociología pura, sociología empírica y sociología aplicada. La sociología pura es concebida como una
ciencia filosófica y, como tal, debe ocuparse de los conceptos; es sobre todo una teoría de las formas o
entidades sociales. Entidades que se dan en las conciencias de los hombres en tanto se hallan poseídos por
un querer común. La sociología aplicada es un intento de valorar determinados conceptos y teorías para la
comprensión de las evoluciones históricas. Y con esto la sociología aplicada desemboca en la investigación
de la vida social, contemporánea en su marcha adelante, en su incesante transformación. Es decir, en este
punto se vuelve sociología empírica, sociografía, cuyo objeto es precisamente la investigación del presente,
con métodos empíricos, inductivos. Concebida la sociografía como una disciplina especial de tipo empírico
se plantea un doble problema: el de sus relaciones con la sociología propiamente dicha y el de las
relaciones que, en el seno mismo de la sociografía, han de mantener teorías e investigaciones. Se debe
entonces llegar a la conclusión de que en tanto se considera la sociología pura como una ciencia dirigida a
la comprensión y no a la explicación, a la intuición inmediata de significaciones últimas o a la captación
efectiva entre la sociología pura y la empírica en el sentido que la primera sea una guía teórica de la
investigación y la segunda la verificación de la teoría.

La separación de la sociología en dos partes o en dos disciplinas, una pura, la otra empírica, conduce no
solamente a transformar la primera en una disciplina puramente especulativa, sino que reduce la segunda al
predominio de un empirismo ciego, tan alejado de la verdadera ciencia como la desenfrenada especulación
de la sociología filosófica. Esto ocurre por varios motivos: en primer lugar, por las razones expresadas, la
sociología pura no proporciona a la sociología empírica teorías susceptibles de verificación, es decir
hipótesis utilizables en la investigación concreta de la realidad; en segundo lugar la tarea de investigación
concreta escapa de las manos de los sociólogos y se desarrolla sobre todo por obra de estudiosos formados
fuera de esta disciplina. No se afirma que no pueda existir una diferenciación de actividades entre
sociólogos investigadores, pero debe admitirse que su formación debe ser común: ambos han de surgir del
terreno común de la sociología científica. Parece muy claro que la superación del empirismo desordenado,
por un lado, y de la especulación incontrolada, por el otro, no puede lograrse dividiendo teorías e
investigación en dos cuerpos distintos y separados. No solamente porque al separación es engañosa, pues
todo conocimiento es el resultado de una interacción entre el elemento lógico y el empírico, sino porque,
para que el conocimiento posea validez y fecundidad, esa interacción debe efectuarse en cada nivel del
proceso cognoscitivo, debiendo teorías y conceptos articularse de manera armónica, tanto en lo particular
como en lo general, sin solución de continuidad, sin separación de ninguna especie.

Berger y Luckmann – La construcción social de la realidad.

Los intelectuales demostraron interés en cómo se podría presentar la realidad en diversas perspectivas
teóricas con ayuda del conocimiento que orienta la conducta en la vida cotidiana. Sus respuestas
coincidieron en que la vida cotidiana se presenta como una realidad interpretada por los hombres,
intersubjetivamente, y que para ellos tiene el significado subjetivo de un mundo coherente ya
predeterminado. El método más conveniente para clarificar los fundamentos del conocimiento en la vida
cotidiana es el del análisis fenomenológico por su propiedad descriptiva y, como tal, empírica; además
resulta ser un freno contra todas las hipótesis causales o genéticas, así como contra las aserciones acerca de
la situación ontológica de los fenómenos analizados.

La conciencia es siempre intencional, siempre apunta o se dirige a objetos. Nunca podemos aprehender tal
o cual substrato supuesto de conciencia en cuanto tal, sino solo la conciencia de esto o aquello. Esto es lo
que ocurre, ya sea que el objeto de la conciencia se experimente como parte de un mundo físico exterior, o
se aprehenda como elemento de una realidad subjetivada interior. Un análisis fenomenológico detallado
revelaría las diversas capas de experiencia, y las distintas estructuras de significado que intervienen en un
marco de realidades múltiples, y más que nada en la suprema realidad. Pues, las realidades de la vida
cotidiana se presentan ya objetivada, o sea, constituida por un orden de objetos que han sido designados
como objetos antes de que uno mismo apareciese en escena. El principal causante de este fenómeno es el
lenguaje usado en la vida cotidiana proporciona continuamente las objetivaciones indispensables y dispone
el orden dentro del cual estas adquieren sentido y dentro del cual la vida cotidiana tiene significado para
uno. Inclusive, la realidad de la vida cotidiana se organiza alrededor del aquí del cuerpo y el ahora del
presente. Y, retomando el contexto de interacción social recíproca, se habla de un mundo intersubjetivo, un
sentido común compartido, que determina aquel motivo pragmático de cada quien. La vida cotidiana se
divide en sectores, unos que se aprehenden por rutina y otros que me presentan problemas de diversas
clases; sin embargo, ambos comparten los diferentes niveles de temporalidad empíricamente presente.

Dando por entendido lo anterior, los intelectuales ahora se preguntan por el modo en que se puede
experimentar a los otros en la vida cotidiana. Así es como se procede a entender que la experiencia más
importante que se tiene de los otros se produce en la situación cara a cara, que es el prototipo de la
interacción social del “aquí y ahora” de uno yuxtapuesto al del otro. Es decir, el resultado es un intercambio
continuo entre expresividades. Por otra parte, uno aprehende al otro recíprocamente por medio de esquemas
tipificadores condicionantes aun en la situación cara a cara, si bien estos esquemas son más vulnerables a
su interferencia que otras formas más remotas de interacción. La realidad social de la vida cotidiana es pues
aprehendida en un continuum de tipificaciones que se vuelven progresivamente anónimas por la incidencia
que tiene en los múltiples síntomas vívidos que atañen a un ser humano concreto y a medida que se alejan
del aquí y ahora de la situación cara a cara.

La realidad de la vida cotidiana no solo está llena de objetivaciones, sino que es posible únicamente por
ella. Se está rodeado todo el tiempo de objetos que proclaman las intenciones subjetivas de los semejantes,
aunque a veces resulta difícil saber con seguridad qué proclama tal o cual objeto en particular,
especialmente si lo han producido hombres que no se han podido llegar a conocer bien o del todo, en
situaciones cara a cara. Un caso especial de objetivación, pero que tiene importancia crucial es la
significación, o sea, la producción humana de signos. Un signo puede distinguirse de otras objetivaciones
por su intención explícita de servir como indicio de significados subjetivos. Por cierto que todas las
objetivaciones son susceptibles de usarse como signos, aun cuando no se hubiera producido con tal
intención originariamente. El lenguaje, que se puede definir como un sistema de signos vocales, es el
sistema de signos más importante de la sociedad humana. Su fundamento descansa, por supuesto, en la
capacidad intrínseca de expresividad vocal que posee el organismo humano; pero no es posible intentar
hablar de lenguaje hasta que las expresiones vocales estén en condiciones de separarse del aquí y ahora
inmediatos en los estados subjetivos. Todavía no se puede hablar de lenguaje cuando uno gruñe o aúlla o
abuchea, aunque estas expresiones vocales son capaces de volverse lingüísticas en tanto se integren dentro
de un sistema de signos accesibles objetivamente. Las objetivaciones comunes de la vida cotidiana se
sustentan principalmente por la significación lingüística, pues, son tan amplias que podría hablarse de la
separación lingüística por su capacidad de comunicar significados que no son expresiones directas de
subjetividad aquí y ahora, y apartados de la situación cara a cara. A posteriori, el lenguaje proporciona una
posibilidad para las sucesivas objetivaciones que necesita la experiencia de uno para desenvolverse; sin
embargo también puede suceder que se trascienda sin problema y por completo la realidad de la vida
cotidiana teniendo experiencias limitadas de significado o aisladas de la realidad misma. Cualquier tema
significativo que cruce de una esfera de realidad a otra puede definirse como un símbolo, y el modo
lingüístico por el cual se alcanza esta trascendencia puede denominarse lenguaje simbólico. Al nivel del
simbolismo, pues, la significación lingüística alcanza su máxima separación del aquí y ahora de la vida
cotidiana, y el lenguaje asciende a regiones que son inaccesibles a la experiencia cotidiana no solo de facto
sino también a priori. Por ejemplo, dentro de los campos semánticos así formados se posibilita la
objetivación, retención y acumulación de la experiencia biográfica o histórica. La acumulación es, por
supuesto, selectiva, ya que los campos semánticos determinan qué habrá que retener y qué habrá que
olvidar de la experiencia total tanto del individuo como de la sociedad. En virtud de esta acumulación se
forma un acopio social de conocimiento, que se transmite de generación en generación y está al alcance del
individuo en la vida cotidiana. Tanto uno como los otros se vive en el mundo del sentido común de la vida
cotidiana equipado con cuerpos específicos de conocimiento. Más aun se sabe que los otros comparten al
menos parcialmente ese conocimiento, y ellos saben que uno lo sabe. La interacción con los otros en la vida
cotidiana resulta, pues, afectada constantemente por la participación común en ese acopio social de
conocimiento que está al alcance.

Schutz – El problema de la realidad social.

El texto está centrado en una controversia que desde hace más de medio siglo divide en dos tendencias no
solo a lógicos y metodológicos sino también a los especialistas en ciencias sociales. Pues, según sostiene
una de aquellas, los únicos métodos científicos son los de las ciencias naturales, que han rendido tan
magníficos resultados, y, por consiguiente, solo ellos deben ser aplicados en su totalidad al estudio de los
asuntos humanos. Pero, de acuerdo con la otra tendencia, existe una diferencia estructural básica entre el
mundo social y el de la naturaleza, lo cual condujo al extremo opuesto: a concluir que los métodos de las
ciencias sociales difieren de los que se utilizan en las ciencias naturales. Se remarca, entonces, que el
método de las ciencias naturales consiste en explicar y el de las ciencias sociales en comprender, aunque
tanto en unos como en otros rigen los principios del control de las inferencias y la verificación por parte de
otros investigadores, así como los ideales teóricos de unidad, simplicidad y universalidad.

Este insatisfactorio estado de cosas tiene por principal origen el hecho de que las ciencias sociales
modernas se desarrollaron durante un periodo en el cual la ciencia lógica se ocupaba principalmente de la
lógica de las ciencias naturales. Frente a esto, sin ayuda ni guía en su rebelión contra este dogmatismo,
quienes estudiaban los problemas humanos tuvieron que elaborar sus propias concepciones acerca de lo que
consideraban metodología de las ciencias sociales. Pero por hacerlo sin un conocimiento filosófico
suficiente, abandonaron sus intentos una vez alcanzado un nivel de generalización que parecía justificar su
profunda convicción de que no era posible lograr lo que buscaban adoptando los métodos de las ciencias
naturales si modificarlos ni complementarlos. Resulta que se ha sometido a crítica muchas falacias de los
argumentos expuestos por los especialistas en ciencias sociales y preparado el terreno para otro enfoque del
problema. Aquí Schutz se concentrá en la crítica efectuada por los profesores Nagel de la afirmación hecha
por Weber y su escuela, lo cuales sostenían que las ciencias sociales procuran comprender los fenómenos
sociales en términos de categorías provistas de sentido de la experiencia humana, y por lo tanto el enfoque
causal funcional de las ciencias naturales no es aplicable a la investigación social.

El objetivo de las ciencias sociales es lograr un conocimiento organizado de la realidad social, entendida
esta como la suma total de objetos y sucesos dentro del mundo social cultural, tal como los experimenta el
pensamiento de sentido común de los hombres que viven su existencia cotidiana entre sus semejantes, con
quienes los vinculan múltiples relaciones de interacción. Es el mundo de objetos culturales e institucionales
sociales en el que se nace, dentro del cual se debe mover y con el que se tiene que hacer entender. Desde el
comienzo, los actores en el escenario social experimentan el mundo en que viven como un mundo natural y
cultural al mismo tiempo; como un mundo no privado, sino intersubjetivo realmente dado o potencialmente
accesible a cada uno. Esto supone la intercomunicación y el lenguaje. Todas las variantes de naturalismo y
empirismo lógico se limitan a presuponer esta realidad social, que es el objeto propio de las ciencias
sociales. Intersubjetividad, interacción, intercomunicación y lenguaje son simplemente presupuestos como
base no explicada de esas teorías, las cuales presuponen, por así decirlo, que el especialista en ciencias
sociales ya tenga resuelto su problema fundamental antes de que comience la indagación científica. En un
marco que comprende a la investigación dentro de la matriz social cultural, cambiante según el proceso
autocorrectivo. Este conocimiento es comúnmente denominado comprensión. La identificación con la
observación sensorial de la experiencia, en general y en particular de la experiencia de la acción manifiesta,
excluye de toda investigación posible varias dimensiones de la realidad social. Por ejemplo, al
conductismo, la misma conducta manifiesta que puede tener para los actores un significado muy diferente,
presencia de acciones negativas, la realidad social que contiene elementos de creencias y convicciones y
como modelo un sector particular y relativamente pequeño del mundo social aludiendo a la relación cara a
cara. En términos del pensamiento de sentido común, en su vida cotidiana los hombres tienen
conocimientos de esas diversas dimensiones del mundo social en que viven. Este conocimiento, por cierto,
no solo es fragmentario, ya que se limita principalmente a ciertos sectores de este mundo, también es con
frecuencia contradictorio en sí mismo y presenta todos los grados de claridad y nitidez. Además, el mundo
social es experimentado desde un primer momento como un mundo provisto de sentido, a partir de la
acción de nuestros semejantes y cuando se experimenta la acción del semejante en término de motivos y
fines. El hecho de que en el pensamiento de sentido común se presuponga el conocimiento actual de uno o
potencial del sentido de las acciones humanas y sus productos es, precisamente, lo que quieren expresar los
especialistas en ciencias sociales cuando hablan de la comprensión o Vertehen como técnica para abordar
asuntos humanos, a pesar de que tanto los defensores como los críticos del proceso de la Vertehen sostienen
que este es subjetivo y con razón.

Pasando a otra cuestión, todos estos pensadores concuerdan en afirmar que todo conocimiento del mundo,
tanto en el pensamiento de sentido común como en la ciencia, supone construcciones mentales, síntesis,
generalizaciones, formalizaciones e idealizaciones específicas del nivel respecto de organización del
pensamiento. Como admite el mismo profesor Nagel, esto será sumamente abstracto, y aparentemente sus
conceptos se hallarán lejos de los rasgos obvios y familiares que se encuentran en cualquier sociedad. Por
otra parte, una teoría encaminada a explicar la realidad social debe elaborar recursos particulares ajenos a
los de las ciencias naturales, destinada a coincidir con la experiencia de sentido común del mundo social.
Pues, tal estado de cosas se basa en el hecho de que existe una diferencia esencial en la estructura de los
objetos de pensamiento o construcciones mentales creados por las ciencias sociales, y los creados por las
ciencias naturales. El campo observacional del científico social, la realidad social, tiene un significado
específico y una estructura de significatividades para los seres humanos que viven, actúan y piensan dentro
de él; quienes mediante una serie de construcciones de sentido común han efectuado selecciones e
interpretaciones previas de este mundo que experimentan como la realidad de sus vidas cotidianas. Son
estos objetos de pensamiento suyos los que determinan su conducta al motivarla. De este modo, la
indagación de los principios generales según los cuales el hombre organiza en la vida cotidiana sus
experiencias, es la primera tarea de la metodología de las ciencias sociales.

Los objetos y sucesos singulares dentro de un aspecto singular son singulares dentro de un típico horizonte
de familiaridad y conocimiento previo por trato directo. Así, la tipificación depende del problema a mano
de uno para cuya definición y solución he elaborado tal tipo, al igual que, por ser un mundo intersubjetivo,
uno también se termina autotipificando. A esta percepción del actor en cuanto a la dependencia de los
motivos y fines de sus acciones con respecto a su situación biográficamente determinada se refieren los
especialistas en ciencias sociales cuando hablan del significado subjetivo que el actor asigna a su acción o
vincula con ella. Por eso se dice que el conocimiento de sentido común de la vida cotidiana está socializado
desde el principio.

Como hombre de ciencia, y no como ser humano, aquel no toma parte en la situación observada, que no
ofrece para él un interés práctico, sino solamente cognoscitivo. Esto y nada más, a mi parecer, es lo que
quiere decir Weber cuando postula la objetividad de las ciencias sociales, su alejamiento de pautas
valorativas que gobiernan o puedan gobernar la conducta de quienes actúan en la escena social. Pautas
típicas de conductas o de curso de acción a partir de lo que ha observado. A continuación coordina, con
estas pautas típicas de cursos de acción, modelos de un actor o actores ideales, a quienes imagina dotados
de conciencia. Estos principios de socialización del conocimiento de sentido común, y especialmente el de
la distribución social del conocimiento, explican al menos en parte a qué se refiere el especialista en
ciencias sociales, cuando habla del enfoque estructural-funcionalista del estudio de los problemas humanos.
Por lo menos en las ciencias sociales modernas, el concepto de funcionalismo de un organismo, como
sostiene Nagel. Se refiere a las construcciones socialmente distribuidas de pautas de motivos, fines,
actitudes y personalidades, a las que se presupone invariable y se interpreta entonces como la función o
estructura del sistema social mismo. Cuando más estandarizadas e institucionalizadas están estas pautas
entrelazadas de conducta, es decir, cuando más aprobación social tiene su tipicidad por medio de leyes,
usos, costumbres y hábitos, tanto mayor es su utilidad en el pensamiento de sentido común y en el
pensamiento científico como esquema de interpretación de la conducta humana. El postulado de la
interpretación subjetiva debe ser entendido así: todas las explicaciones científicas del mundo social pueden
y para ciertos fines deben, referirse al sentido subjetivo de las acciones de los seres humanos en los que se
origina la realidad social.

Della Porta y Keating – Enfoque y metodologías de las ciencias sociales.

La pregunta que se hacen los autores, discípulos de Thomas Kuhm, gira en torno a la cantidad de enfoques/
métodos que se le presentan a los estudiosos de la disciplina y la clasificación de las líneas principales que
los dividen, apoyándose desde ya en la filosofía de la ciencia social y la teoría del conocimiento o, en su
defecto, en la investigación empírica. Esto se debe al problema para concebir un enfoque de investigación
científica social común, pues, no todos los sociólogos comparten estas premisas o creen en una definición
común de la investigación científica. Algunos piensan que la ciencia social es preparadigmática y que aun
está en proceso de buscar un conjunto de principios y normas unificadoras; para otros, en cambio, es
posparadigmática, pues alberga una serie de premisas científicas vinculadas a una concepción particular de
la modernidad. Y hay otros para los cuales no es paradigmática, ya que no puede haber un enfoque y un
conjunto de normas hegemónicas, sino que el mundo social debe entenderse de múltiples maneras, cada
una de las cuales sirve para un propósito concreto; incluso hay quien dice que la ciencia social es
multiparadigmática, con diferentes paradigmas que luchan entre sí o se ignoran.

Por lo general, los enfoques divergentes en ciencias sociales se comparan por: su base ontológica,
relacionada con la existencia de un objeto de investigación como es el mundo real y objetivo ensamblado e
interpretado; su base epistemológica, relacionada con la posibilidad de conocer dicho mundo y las formas,
en su carácter, fuentes y límites, que adoptaría ese conocimiento; su base metodológica, que se refiere a los
instrumentos técnicos utilizados para adquirir el conocimiento.

El enfoque tradicional del positivismo es considerar las ciencias sociales similares en muchos aspectos a
otras ciencias, como las naturales. El mundo existe como entidad objetiva, al margen de la mente del
observador, y en principio se puede conocer en su totalidad a partir de la descripción y análisis de esa
realidad. Los enfoques positivistas comparten la premisa de que, tanto en las ciencias naturales como en las
sociales, el investigador se puede separar del objeto de su investigación y, por tanto, es capaz de observarlo
con neutralidad y sin afectar a dicho objeto, pues, se considera que hay normas sistemáticas y regulaciones
que gobiernan el objeto de estudio y que también son susceptibles de someter a la investigación empírica.
En el pospositivismo estos principios se relajan. La realidad se considera algo objetivo, pero solo se puede
conocer de modo imperfecto, porque la confianza positivista en el conocimiento causal se ve alterada por la
idea de que algunos fenómenos no se rigen por leyes causales, sino como mucho por leyes de probabilidad.
La epistemología realista y crítica sostiene que hay un mundo material real, pero que el conocimiento del
mismo se ve muchas veces condicionado y sometido a desafíos y reinterpretaciones. Hay ideas similares en
el constructivismo. Este enfoque no afirma, como se cree a veces, que el mundo físico es producto de la
imaginación de los investigadores sociales, sino que son estos quienes lo ordenan. Las teorías no son
descripciones que se evalúan según su correspondencia liberal como una realidad susceptible de ser
descubierta, sino modos parciales de entender el mundo, que deben ser comparados entre sí para ponderar
su capacidad explicativa. El mundo no solo se descubre mediante la investigación empírica, sino que el
conocimiento se filtra a través de la teoría que adopta el investigador. Estas ontologías y epistemologías se
funden en el enfoque interpretativo. En él los significados objetivos y subjetivos se conectan
estrechamente. Asimismo, este enfoque subraya los límites de las leyes mecánicas y da mayor importancia
a la volición humana. Puesto que los seres humanos son agentes significativos, el fin de los investigadores
debe ser descubrir los significados que motivan sus acciones, en vez de conformarse con leyes universales
ajenas a los agentes. En la esencia de este conocimiento se halla el significado subjetivo. Los enfoques
humanísticos dan mayor importancia a lo subjetivo. Para ellos, lo que distingue a las ciencias humanas de
las ciencias naturales es que en la conducta humana siempre influyen las visiones subjetivas de la realidad
externa por parte de las personas estudiadas y del propio investigador. Para las versiones más radicales de
este enfoque la realidad no existe más allá de las imágenes que los distintos agentes tienen de ella. Puesto
que la realidad es imposible, los investigadores deben centrarse en el significado a través del conocimiento
empírico.

La cuestión metodológica se refiere a los instrumentos y técnicas que se utilizan para adquirir
conocimientos. En un sentido, se trata de un tema independiente de las cuestiones ontológicas y
epistemológicas que se han tratado, puesto que hay múltiples formas de hacerse con cada tipo de
conocimiento. En la práctica, suelen estar relacionadas, ya que la ciencia social positiva se presta a los
métodos sólidos y busca datos rotundos, pruebas concretas, normas y regularidades, mientras que los
enfoques más interpretativos recurren a métodos más suaves, en los que tienen cabida la ambigüedad y la
contingencia, y reconocen la interacción entre el investigador y el objeto investigado. Todas estas
diferencias tienen que ver con la diversidad del alcance final de la investigación.

Para la tradición positivista el fin de la investigación es señalar explicaciones causales, partiendo del
principio de una relación causa-efecto entre variables. Los investigadores buscan una explicación
estructural y ajena al contexto, que permita generalizaciones y el descubrimiento de leyes universales de
conducta. Dichas leyes se pueden descubrir de dos maneras. En enfoque inductivo, vinculado al
pragmatismo o conductismo, extrae generalizaciones de observaciones específicas en gran número de
casos. Sin embargo, los positivistas de la tradición más científica insisten en comenzar por una teoría que
genera hipótesis las cuales, a su vez, se someten a la prueba de los hechos fríos y solo se aceptan si la
superan. Este es el método hipotético-deductivo, en el que el estudio de la realidad social utiliza el marco
conceptual, las técnicas de observación y medida, los instrumentos de análisis matemático y los
procedimientos de inferencia de las ciencias naturales. Como en las ciencias sociales casi nunca se pueden
realizar experimentos, se utilizan amplias series de datos y análisis estadísticos para identificar y aislar
causas y efectos de forma rigurosa y llegar a una explicación única. No quiere esto decir que solo los
positivistas utilicen los métodos cuantitativos, sino que cuando emplean otros métodos como el cualitativo,
siguen la misma lógica de inferencia. El objetivo esencial es identificar, valorar y eliminar las explicaciones
rivales. En cambio, la investigación interpretativa/ cualitativa pretende comprender los hechos desvelando
los significados que los seres humanos atribuyen a su conducta y al mundo exterior. Lo fundamental no es
descubrir leyes sobre las relaciones causales entre variables, sino comprender el carácter humano,
incluyendo la diversidad de sociedades y culturas. En concreto, y siguiendo a Weber, este tipo de ciencia
social busca comprender las motivaciones que están detrás de la conducta humana, cuestión que no se
puede reducir a un elemento predefinido, sino que debe situarse dentro de una perspectiva cultural, en la
que la cultura supone una red de significados y valores compartidos.

En definitiva, los métodos son formas de reunir datos y van unidas a la epistemología y la teoría en los
debates sobre metodología, que trata del modo en que utilizan los métodos. Luego, para estudiarlos, se
presentan primero un conjunto simplificado de opciones que se han de hacer en el diseño de la
investigación y la selección de métodos. Una primera opción consistiría en encuadrar la cuestión a
investigar. Los positivistas suelen comenzar con una hipótesis derivada por deducción de la teoría y el
conocimiento previo, mientras que los interpretativistas trabajan de forma más inductiva, elaboran la
cuestión a investigar en el curso de la propia investigación y están dispuestos a modificar el diseño durante
la misma.

Otra diferencia alude al número de casos analizados y a los criterios para elegirlos. Los positivistas eligen
un gran número de casos para alcanzar una mayor generalización y recoger más fuentes de variación y, por
su parte, los interpretativistas seleccionan los casos según su interés inherente, no porque sea típicos de una
categoría, sino por lo que nos dicen sobre los procesos sociales complejos. Más específicamente, los
primeros utilizan el lenguaje de las variables, es decir, no les interesan los casos como tales, sino las
propiedades que los diferencian, ya que están muy pendientes de las leyes generales o universales y, por
tanto, quieren conocer los factores que producen determinadas consecuencias en la vida social. Pero los
segundos han flexibilizado la premisa de que el conocimiento está al margen del contexto y de que la
misma relación entre variables se mantiene siempre y en todas partes, en lugar de ello, dan más importancia
a lo particular y lo local y a la forma en que se combinan los factores en distintas circunstancias.

Si se quiere, se puede ser más específico distinguiendo tres enfoques de estos temas de las ciencias
sociales: por un lado está el enfoque paradigmático y exclusivo donde, siguiendo la concepción de Kuhn
sobre el papel del paradigma, algunos sociólogos aspiran a una ciencia paradigmática, en la que solo haya
un paradigma correcto, que combine teoría, métodos y pautas, por lo general en una mezcla indisoluble, es
decir, se subraya la importancia de aceptar una sola forma de conocimiento. El enfoque siguiente, opuesto
al primero, es el anarquista e hiperpluralista que tiene una postura incluyente que combina el escepticismo
ante el verdadero conocimiento con el entusiasmo por la experimentación en diferentes ámbitos del saber.
Por último, entre medio de los dos anteriores, está la búsqueda del conocimiento comparable que admiten
las diferencias entre las vías del conocimiento y niegan la existencia de una mejor que las demás, al tiempo
que aspiran a hacer compatibles dichas diferencias. Sin embargo, la elección de un enfoque tiene que ver
con otra elección en la investigación de las ciencias sociales: si se empieza con una teoría, un método o un
problema. Los que busquen una ciencia social paradigmática empezarán con una teoría, cotejándola con un
punto de vista para probarla, descartarla o modificarla, contribuyendo así al conocimiento universal. Esto
suele asociarse a una metodología particular que permite la reproducción y comparación de estudios. Los
interesados en un problema concreto buscarán el método o enfoque que les ofrezca una mejor comprensión
del caso. A los partidarios del primer enfoque se les acusa de estudiar los métodos que más les conviene y
elegir solo cuestiones que se adaptan a dichos métodos. Por lo contrario, a los que se centran en los
problemas se les acusa de no añadir nada a los trabajos de historiadores y periodistas. Es decir, todo rondará
en base a las formas de combinar el conocimiento se clasifican en: síntesis, donde se funden elementos de
distintos enfoques en un todo único; triangulación, donde se utilizan distintos metodologías; perspectivas
múltiples, donde se parte de la base de que una situación tiene más de una interpretación; y fertilización
cruzada, donde nadie niega la existencia del mundo físico y las perspectivas múltiples de la misma para
combinar el análisis de casos con una concepción global.

Giddens – Acción, estructura y poder.

Todo comienza con los problemas de la acción humana que tuvieron los primeros postulantes, debido a que
le prestaron mucha más atención al concepto de acción en sí, y a las intenciones, razones y motivos, que a
las consecuencias no intencionadas de la acción, al modo en que tales consecuencias son de interés para la
teoría social. La cuestión puede verse ejemplificada a partir de la acción-descripción: ¿uno hace cuatro
cosas, o solo una cosa que puede describirse de cuatro modos distintos?

Pasa lo mismo con Goffmany su planteo del interaccionismo simbólico, que presenta falla. Él trata a los
seres humanos como agentes que razonan, que tienen intenciones, conscientes de y capaces dentro del
medio social que ayudan a constituir a través de su acción. Es decir, se plantea fuerza en la acción y
debilidad en las instituciones, lo cual se revierte cuando se ve el otro lado del dualismo que tendió a
prevalecer en las ciencias sociales y en la filosofía. Esas tradiciones de pensamiento que han ubicado en
primer lugar las condiciones no reconocidas y las consecuencias no intencionadas, y que han enfatizado los
problemas de la organización y el cambio institucional, tienen grandes falencias para desarrollar teorías de
la acción de forma acabada. Una vez más, se enfatiza la primacía del objeto sobre el sujeto, de la estructura
social o el sistema social sobre el actor social intencional.

El pensador funcionalista Parsons formuló expresamente sus ideas en términos de lo que él llama el marco
de referencias de la acción, aunque la mirada de Giddens señale la aun carencia de un concepto de acción
debido. Pues, una concepción de la acción en ciencias sociales tiene que ubicar en el centro el hecho
cotidiano de que los actores sociales son conocedores de las condiciones de la reproducción social con la
que día a día se entretejen sus actividades. Las razones que la gente tiene para sus acciones están
crucialmente implicadas en el modo en que esas acciones se sostienen. En la estructura de la acción social,
Parsons intentó integrar lo que él llamó un punto de vista voluntarista de la conducta humana con una
resolución del problema del orden en la sociedad aunque concluyó en un lineamiento básico de su
concepción fuertemente Durkheimiana. Parsons conectó voluntarismo con un reconocimiento de las
propiedades de emergentes de las colectividades, vía la noción de la internalización de valores colectivos. A
lo que el voluntarismo llega aquí, es a enfatizar la incorporación de los relatos de la motivación dentro de
un esquema de análisis de los sistemas sociales. El comportamiento de los actores sociales es considerado
como el resultado de la conjunción de determinantes psicológicos y sociales, atribuyendo prioridad a los
últimos en razón del rol preponderante que juegan los elementos normativos. El actor aparece aquí como un
agente capaz, conocedor: los actores de Parsons son dopados culturales.

Otro tema ronda alrededor del modelo de estratificación de la acción donde, a diferencia de los muchos
filósofos de la acción que con frecuencia usan motivo y razón intercambiablemente, Giddens distingue a
ambos, considerando a la motivación como referida a las necesidades que impulsan la acción y tratando
también de a la motivación como un término procesal. Pero no limita la motivación a causas accesibles a la
conciencia, sino que asigna un considerable espacio conceptual a los impulsos inconscientes. Sin embargo
no basta con distinguir meramente entre consciente e inconsciente para conceptualizar la cognoscibilidad
de los actores sociales. Es importante diferenciar los dos sentidos o niveles en los que los agentes son
capaces de conocer el medio social que constituyen en y a través de su acción. Por ejemplo, la conciencia
práctica alude al conocimiento tácito que es empleado hábilmente en la ejecución de cursos de conducta,
pero que el actor no es capaz de formular discursivamente. Así es como la cognoscibilidad involucrada en
la conciencia práctica se conforma de modo general a la noción de Wittgenstein de conocimiento de una
regla o conocimiento de cómo continuar y, en circunstancias históricas dadas, está siempre enmarcada por
las condiciones no reconocidas de la acción y por las consecuencias no intencionadas que se constituyen
como condiciones de la acción.

La mayoría de los sociólogos de habla inglesa, cuando usan los términos “estructura” o “estructura social”,
tienen en mente alguna clase de connotación de estructura como patrón visible de las relaciones sociales.
Pero a diferencia de estos estructuralistas que toman como referencia la idea de Saussure sobre la relación
entre momento y totalidad, Giddens sugiere que los sistemas sociales solo existen en y a través de la
estructuración, como el resultado de actos contingentes de una multiplicidad de seres humanos. Es decir, las
estructuras pueden entenderse como propiedades de los conjuntos o matrices de reglas-recursos que
gobiernan las transformaciones. Sin embargo, una teoría de la estructuración que está interesada en todos
los tipos de procesos sociales, incluyendo lo inconsciente, debe ubicar en un rol central a la conciencia
discursiva y práctica en la reproducción de las prácticas sociales. De todo esto se deduciría entonces que un
sistema social es una totalidad estructurada, consistiendo en las prácticas reproducidas.

En resumen, para entender la relación entre acción y estructura se debe remitir al dualismo de sujeto y
objeto que están implicados en toda reproducción social, pues, las propiedades estructurales de los sistemas
sociales son tanto medios como resultados de las prácticas que constituyen esos sistemas. Es así como las
diferencias que constituyen estructuras, y son constituidas estructuralmente, vinculan las partes con el todo
en el sentido en que la emisión de una oración gramatical presupone un corpus ausente de reglas sintácticas
que constituyen el lenguaje como una totalidad.

Volviendo a la cuestión de la cognoscibilidad de los actores sociales, en principio, Giddens mantiene que el
concepto de acción está vinculado lógicamente al de poder, si este último término es interpretado en un
sentido amplio como la capacidad de lograr resultados y los recursos son requeridos por los actores en la
producción de interacción, pero están constituidos como estructuras de dominación. Los recursos son los
medios por los cuales el poder es empleado en el curso rutinario de la acción social, dando lugar a la
dialéctica del control en los sistemas sociales. Esta noción explica la capacidad de los débiles, en las
relaciones regularizadas de autonomía y dependencia que constituyen los sistemas sociales, de volver su
debilidad contra los poderosos. Mi argumento es que, así como la acción está intrínsecamente relacionada
con el poder, así la dialéctica del control está fundada dentro de la misma naturaleza de los sistemas
sociales.

Giddens - Hermenéutica y teoría social.

Para comenzar, es importante dar a conocer las tres características del consenso ortodoxo más importantes,
ya que, combinados, proveyeron de cuerpo a la corriente principal de opinión en sociología y, en cierto
grado, para las ciencias sociales en general.. Primero, la influencia de la filosofía positivista como un marco
lógico, que tiene como propósito concebir a las ciencias sociales como una ciencia natural de la sociedad.
Segundo, al nivel del método, la influencia del funcionalismo con, otra vez, la idea de que la sociología
debería ser una ciencia natural de la sociedad. Y tercero, en el nivel del contenido, la influencia de la
concepción sobre la sociedad industrial y la teoría de la modernización, más generalmente porque
demuestra un particular punto de vista sobre el desarrollo de las sociedades avanzadas afiliado a las ideas
políticas liberales que construyeron el mundo contemporáneo.

El concepto de vertehen fue objeto de fuertes ataques por aquellos asociados al consenso ortodoxo, pero el
gran impacto positivo se dio en el mundo de habla inglesa a través de los postulados weberianos en base a
la teoría de la interpretación. Como resultado, el interés por la hermenéutica fue una respuesta a la
superación del consenso ortodoxo en el ámbito de la lógica y la metodología de la ciencia social, sugiriendo
que hay una radical diferencia entre las ciencias naturales y sociales, que la comprensión de la acción
significativa es distinta de la explicación de eventos en la naturaleza. Por ejemplo, en The idea of social
science, Winch argumenta que el objeto de las ciencias sociales concierne sobre todo con la inteligibilidad
de la acción humana. Para captar por qué los seres humanos actúan como lo hacen, debe comprenderse el
significado de su actividad. Y comprender el significado de la conducta, de acuerdo a Winch, es captar las
reglas que los actores siguen haciendo aquello que hacen. La acción significativa es una acción orientada
por reglas, donde el conocimiento de estas suministra las razones de los actores para la conducta en la cual
están involucrados. Para Winch, comprender el significado y las razones implica relacionar la conducta
observada a reglas, entendido no desde la concepción de las ciencias naturales. Ni la formulación de leyes
ni el análisis causal tiene ningún lugar en las ciencias sociales, sino que estas tienen una orientación
interpretativa o hermenéutica. Un salto lógico separa tal orientación de la lógica y el método de las ciencias
naturales.

A raíz de esto, Giddens considera apropiado formular una teoría social informada hermenéuticamente, que
está compartida por todas las disciplinas que conciernen a la conducta de los seres humanos. La
hermenéutica contemporánea está al frente del desarrollo de la teoría del texto y, al mismo tiempo, tiene
relevancia para los asuntos actuales en filosofía de las ciencias. Una teoría social informada
hermenéuticamente reconoce la necesidad de concertar una adecuada consideración de la acción con el
análisis de sus condiciones no anticipantes y consecuencias no intencionadas, por eso en vez de seguir al
funcionalismo hay un postulado mejor que es el de la teoría de la estructuración. Esta teoría se expresa por
ejemplo en que, a pesar de que el consenso ortodoxo crea necesario reemplazar el lenguaje ordinario por
uno técnico de las ciencias sociales, la relación entre ambos lenguajes muestra ser más complejo. De hecho,
la hermenéutica entra aquí de manera doble, es decir, como una doble hermenéutica, en el que el cientista
social estudia el mundo social el cual es constituido como significativo por los sujetos humanos que lo
producen y reproducen en sus actividades.

Elaborando la teoría de la estructuración Giddens intenta reunir varios desiderata que han ido surgiendo en
los debates actuales en teoría social; primero, la demanda de una teoría del sujeto, puesta primeramente por
aquellos que trabajan dentro de la tradición estructuralista; y segundo, la demanda de que la teoría del
sujeto evite el objetivismo no debería deslizar hacia el subjetivismo. En fin, ni el sujeto ni el objeto
debieran ser vistos como teniendo primacía, ya que cada una es constituida en y a través de prácticas
recurrentes. Además, es de suma importancia poder reconocer los dos principales componentes de la
conducta humana: la capacidad, que cuando hablamos de la acción humana, implica la posibilidad de que el
agente podría haber actuado de otra manera, y la cognoscibilidad, que todas aquellas cosas que los
miembros de la sociedad conocen acerca de esa sociedad y las condiciones de su actividad dentro de ella.
Una explicación de la subjetividad debe relacionar la consciencia en ese sentido, con la consciencia
práctica, entendida como la enorme variedad de modos tácitos de conocimiento sobre cómo proceder en los
distintos contextos de la vida social, y con el inconsciente.

Los recursos son propiedades estructuradas del sistema social, pero existen solamente en la capacidad de
los actores, en su capacidad de actuar de otra manera. Eso suministra un elemento esencial de la teoría de la
estructuración, la tesis de que la organización de las prácticas sociales es en lo fundamental recurrente,
pues, la estructura es tanto el medio como el resultado de las prácticas que ella organiza recurrentemente.
Así formulada, la teoría de la estructuración se separa considerablemente del punto de vista desarrollado
por Winch con respecto a la acción humana, y del objetivismo de la teoría funcionalista. Entre las
condiciones no conocidas de la acción deberían ser incluidas las fuentes inconscientes de la conducta. Estas
constituyen un límite a la cognoscibilidad/capacidad de los agentes. Pero el carácter limitado de las
prácticas cognoscitivamente reproducidas también implica un interés del análisis social en continuidad con
una preocupación del funcionalismo: la reproducción social vía de relación de retroalimentación de las
consecuencias inintencionadas, que son simultáneamente condiciones no reconocidas del sistema de
reproducción. En las ciencias sociales hoy día se tiene que rotar sobre dos ejes simultáneamente, por así
decirlo: al repensar el carácter de la acción humana, las instituciones y su relación, se tiene al mismo
tiempo que tener en mente las transformaciones de la filosofía de la ciencia. Pero se ha descubierto que la
ciencia es tanto interpretar el mundo como explicarlo y que esas dos formas de desempeño no son
realmente separables. La doble hermenéutica de las ciencias sociales implica lo que Winch llama una
ligazón lógica entre el lenguaje ordinario de los actores y la terminología inventada por los científicos
sociales. El lenguaje técnico y las proposiciones teóricas de las ciencias naturales están aislados del mundo
al cual conciernen porque ese mundo no replica. Pero la teoría social no puede ser aislada de su mundo-
objeto, el cual es un mundo-sujeto. La doble hermenéutica implica que esas relaciones sean dialógicas. El
hecho de que los descubrimientos de las ciencias sociales puedan ser tomados por aquellos a cuya conducta
se refieren, no es un fenómeno que puede o podría ser marginado sino que es constitutivo de su naturaleza.
Es el punto capital de conexiones entre dos modos posibles en que las ciencias sociales relacionan sus
resultados con la sociedad misma: como contribución a formas de dominio o promoviendo la
emancipación.

Hollis – Filosofía de las ciencias sociales.

La teoría de los juegos abstrae de la maraña del mundo social un ámbito puro, habitado por agentes
idealmente racionales, equipados con preferencias totalmente ordenadas, información completa y un
perfecto ordenador interior. Sus preferencias pueden ser perfecta y consistentemente representadas por una
clasificación de posibles resultados de interacción, y esa interacción es la suma de las consecuencias de
acciones individuales aisladas. Su información incluye el conocimiento común de que otros jugadores son
agentes racionales, y es tan completa que cualquier cosa, sabida por cualquiera, es sabida por todos los
demás. Sus ordenadores interiores se encargan de que, tomando en cuenta las probabilidades, cada uno de
ellos sea capaz de derivar la estrategia racional de todos los demás, en el caso de que exista alguna. Aunque
solo hemos considerado cuatro de los juegos que dichas personas juegan, podemos darnos cuenta de la
fuerza de la teoría y, al mismo tiempo, plantear algunas preguntas incómodas respecto a sus limitaciones.

Los juegos de coordinación introducen la noción básica de la elección estratégica. La elección racional de
Jack depende de lo que escoja Jill, y viceversa. En un juego repetido es fácil conjeturar que el surgimiento
de una convención podría guiarlos a un equilibrio mutuamente beneficioso. Eso plantea una sugerencia
interesante respecto de la clase de norma que no necesita coacciones, y, más importante, respecto al
consenso como base para una teoría del contrato social. No obstante, al reflexionar, aun cabría preguntar si
la teoría de juegos es suficiente para poder explicar con exactitud cómo y por qué las convenciones guían
las elecciones.

El dilema del prisionero aporta la idea vital de que, individualmente, las elecciones racionales pueden
agregarse en resultados colectivamente inferiores. La mano invisible suele gastar bromas a todos. Es
interesante ver que la clase de norma que prevendría que sucediera algo semejante parece necesitar
coacciones, porque de lo contrario está sujeta a la gorronería. Así pensaba Hobbes, y el Leviathan sigue
siendo crucial para las teorías del contrato social y para muchas otras. Sin embargo, si lo que realmente se
necesita es una confianza genuina y un comportamiento moral, no está nada claro que a uno le gustara tener
por vecino a un agente completamente racional. En último término ¿hasta dónde puede uno confiar en ese
majadero racional?

El juego del gallina plantea establecer el problema de cuál es la estrategia racional en un juego en el que no
hay equilibrios puros problema que se plantea también en muchos otros juegos y, por supuesto, en la vida
cotidiana. Si Jack no está seguro de su estrategia porque no está seguro de la de Jill, entonces la
incertidumbre de Jill aumenta al contemplar la de él. Esto hace que los juegos de gallina sean peligrosos, de
hecho, mortíferos, si se juegan con armas destructivas. Además, cabría que los jugadores en la vida real no
tuviera la certeza de que su juego fuera realmente el del gallina, o de que los otros jugadores tuvieran
también dudas.

La batalla de los sexos ha sido solo sucintamente discutida, pero aparecerá de nuevo más adelante. Ambos,
Jack y Jill, salen ganando de la condición, aun si las maneras de lograrlo les benefician de diferente manera.
En un juego repetido uno de los dos jugadores parece quedar atrapado en un equilibrio interior. A todo eso,
al analizar aquellos juegos en donde ser presentan equilibrios múltiples, vuelve a plantearse la cuestión más
general de las limitaciones de la teoría de juegos.

El individualismo, tal como lo presentan la teoría de la elección racional y la teoría de juegos, trata las
normas sociales de dos maneras. La primera consiste en mostrar cómo la interacción repetida genera esas
normas como soluciones a los problemas que plantean los juegos. Pero aun si eso vale para las normas
realmente consensuadas aptas para todos, no está claro que valga para las normas vulnerables a la
gorronería. El nudo de todo esto es la confianza y la cuestión de si la prudencia racional puede hacernos
fiables aun en aquellas ocasiones en las que estamos fuera del alcance de las represalias. La otra manera
consiste en entrar en las preferencias de los agentes. Así, el buen samaritano tenía preferencias altruistas
que le llevaron a rescatar a un extraño, cuando otros, con distintas preferencias, pasaron de largo al otro
lado de la calle.

INDIVIDUALISMO METODOLÓGICO

Plantea el enfoque del individualismo metodológico, el cual está orientado a producir explicaciones de la
acción humana.

La acción humana se refiere a condiciones subjetivas. Por eso, al hablar de la acción debemos hablar de
comprender la acción, no de explicarla. Sin embargo, esta corriente plantea la explicación de la acción.
Sostiene que la sociedad es el resultado de la acción de los individuos. ¿Cómo se pretende explicar la
acción?
Idea de que en todos los aspectos de nuestras vidas nos comportamos como en situaciones de mercados à
individuos racionales y egoístas que cada uno intenta aprovechar su máxima utilidad à teorías de la
elección racional con enfoque individualista
INDIVIDUALISMO Y HOLISMO METODOLÓGICO
Este individualismo metodológico es contrario al holismo metodológico. El individualista sostiene que la
explicación de los hechos sociales se debe remitir a las acciones de los individuos, y los holistas determinan
que las acciones se explican por factores globales.
Dentro del individualismo metodológico, existen posiciones más comprensivitas (como la weberiana) y
otras posiciones orientadas al enfoque explicativo (como la de Vilfredo Pareto).
Enfoques de la subjetividad:
· El holismo → análisis a partir de grupos colectivos. La sociedad se reproduce a sí misma y se necesita que
los individuos actúen de determinada manera a través de estructuras.
· El individualismo → sostiene que sólo existen agentes particulares con deseos y creencias y que actúan de
forma que dan cuenta lo que sucede. Cada agente actúa en interés propio.
ELECCIÓN RACIONAL
La idea de la teoría de la elección racional es que un individuo puede construir modelos abstractos y
universales, que permiten explicar por qué los individuos hacen lo que hacen, sin incluir sus subjetividades.
Los individuos actúan a partir de decisiones que toman, las cuales se fundan en modelos de análisis
racional.
Por esto, debemos hablar de un modelo de individuo. Además, podemos decir que ese modelo es
universal abstracto, ya que asume que todos los individuos toman las decisiones de la misma manera (no
hay ningún tipo de diferencias entre los individuos). Este esquema de toma de decisiones es racional, el
individuo es un agente racional. Así, el individuo es racional porque calcula costos y beneficios de su
acción. Se debe suponer entonces que el individuo tiene preferencias, que se establecen según un orden de
preferencia y que además se deben ponderar (se les debe asignar un peso relativo). Por otro lado, el
individuo es egoísta, es un egoísmo metodológico; es decir que asume que los individuos actúan siempre
orientados a satisfacer sus propias preferencias.
Esta teoría de la elección racional es un conjunto de supuestos que nos permite dar explicaciones, no
implica que estos supuestos son verdaderos.
Dos tipos de elecciones: paramétrico y estratégico (Elster). La importancia es sobre cuál ha sido la
racionalidad de la acción.
- Contexto estratégico: cuando ya depende de otra persona. Asume una estandarización de la preferencia en
economía y ciencia política, es decir, la idea de maximizar ganancias.
- Contexto paramétrico: cuando el contexto es el individuo, y él es el que decide bajo sus parámetros. Se
relaciona con la asignación de probabilidades subjetivas, es decir estimar las probabilidades. Es
paramétrico porque todo lo demás es constante, lo único particular es la decisión del sujeto.

TEORÍA DE JUEGOS
Construye juegos que funcionan como modelos dentro de los cuales se pueden explicar acciones diversas.
Teoría de los juegos à la teoría de la elección racional parte de un agente único en un medio independiente.
El medio establece los parámetros (decisiones tomadas en un medio independiente) dentro de los cuales
debe hacerse la elección. Cada uno podría necesitar una estrategia que tome en cuenta la estrategia del otro
à elecciones independientes que son estratégicas à teoría de os juegos analiza estratégicas elecciones
racionales en un escenario de tipo ideal, en el cual cada agente racional sabe que los demás agentes son
racionales.
El escenario básico requiere dos agentes, cada uno con una elección que hacer sobre sus acciones. Hay dos
dimensiones de la acción:
• paramétrica → decisiones tomando en cuenta al individuo en un medio independiente.
• estratégica → decisiones tomando en cuenta al otro, en función de lo que el otro haga.

Hollis habla de juegos que establecen un marco de interpretación. Cuatro/cinco juegos básicos (combinan
la decisión de dos jugadores): De coordinación → ambos jugadores comparten el
mismo interés. Al no entrar en conflicto, lo más probable es que ambos encuentren una solución que les sea
favorable. De modo que, al complementarse los intereses individuales, se pueden asociar.
1. Dilema del prisionero: Un hombre y una mujer son criminales. Al ser capturados por la policía, la
misma debe comprobar que han cometido delitos. De modo que les ofrece a ambos, el mismo trato: si
confiesa y el socio no, queda libre; si los dos confiesan, ambos son condenados a prisión por 2 años; y, si
ninguno confiesa, son 10 años de cárcel. Para ambos, la mejor estrategia es confesar, sin tener en cuenta lo
que el otro haga. Lo racional es jugar a la estrategia del equilibrio sin importar lo que haga el otro. En la
política, es importante ya que en las sociedades, se forman como forma de salida de este dilema. Según
Hobbes, la naturaleza del hombre es desastrosa, los hombres están enfrentados y viven en una disputa
continua. La única manera de terminar con esa guerra es estableciendo un poder común que mantenga
sometidos a los hombres. Los políticos realizan promesas que luego no cumplen, ya que realizan acuerdos
según sus intereses; la única garantía de mantener la paz es la creación del Estado y la figura del soberano
como poder común al que hay que respetar. Las normas, creadas bajo el Estado, permiten mantener esas
promesas y respetar las obligaciones morales en la medida que existan sanciones. También este dilema
puede explicar el porqué de las elecciones.

Pase lo que pase, la conclusión siempre será la misma. Este es el dilema del prisionero. Se obtiene así un
resultado sub óptimo, es decir, un resultado que se encuentra por debajo de lo que hubieran obtenido al
cooperar. El resultado óptimo es el mejor resultado colectivo que se puede sacar (5 años para cada uno), no
el mejor resultado individual. El juego tiene solución cuando ambos participantes acuerdan una solución.
Si los prisioneros se comunican, no se garantiza la existencia de una solución lógica y racional (ya que
pueden no respetar el pacto).
La solución fuerte es cambiar las reglas del juego, es decir lo que permite cambiar el puntaje.
2. El gallina: dos coches, uno frente al otro en una carretera desierta que se avalancha uno sobre otro hacia
un choque frontal à girar para evitarlo es un desprestigio terrible pero la colisión lo será aún más. a
diferencia del prisionero, los jugadores de la gallina no pueden realizar una estrategia amistosa. Una forma
de ganar es apostar a por la colisión, dado que el otro jugador al ser racional, no le quedará otra que girar.
En política esta estrategia es utilizada para amenazar con tecnología nuclear.

El juego de la gallina muestra que este modelo no resuelve todos los problemas explicativo, es cierta
autocritica de Hollis. (Batalla de los sexos). El juego de gallina es un juego en el cual los jugadores se
enfrentan, en una típica carrera de autos en línea recta. Este juego no tiene solución y es un juego donde no
hay estrategia racional dominante. Uno de los primeros usos de este juego fue la crisis de los misiles. Se
debe engañar al otro, haciendo de cuenta que irás a choque. Los dos aceleran y no hay solución racional
posible.
3. El dilema de los sexos: dos personas han acordado pasar la tarde juntos asistiendo a un espectáculo que
habrá de ser bien una corrida de toros, bien un concierto; pero han olvidado ponerse de acuerdo en el
espectáculo al que irán. Los dos prefieren
asistir con la compañía del otro. La solución es que tan pronto como X crea que Y espera que él vaya a los
toros e Y lo sepa, la corrida de toros se convertirá en la elección racional para los dos. Esto encierra una
lección instructiva sobre la naturaleza del poder y sobre por qué los “perdedores” son racionales al respetar
la distribución de poder que funciona en su contra, pues la estrategia fuera de equilibrio les vendría peor.

¿Por qué existen sociedades? à Porque son asociaciones de individuos que encarnan un contrato social al
hallar racional cooperar. Los juego de coordinación ilustran fácilmente esta respuesta y ofrecen la plausible
sugerencia de que las instituciones primerias simplemente son la suerte de convenciones que surgen como
guía de juegos reiterados cuando se dan equilibrios múltiples.

RESUMEN ENVIADO POR LA UES DE GIDDENS:

v Anthony Giddens, ‘Acción, estructura y poder’ y ‘Hermenéutica y teoría social’


Giddens fue un sociólogo de los años ’80, que en el ’90 fue un importante representante de la ‘tercera vía’.
Habermas era de su misma línea.
Desarrolla el ejercicio de síntesis entre las teorías objetivistas/funcionalistas (Merton y Parsons) y
subjetivistas (Schutz, Berger y Luckmann) de las ciencias sociales. Ve que ambas corrientes tienen
problemas, y busca resolverlos mediante una síntesis de ambas.
OBJETIVISMO Y SUBJETIVISMO
Es el debate entre el holismo y el individualismo metodológico.
Existe un importante dualismo entre el objetivismo y el subjetivismo, que recorre tanto la filosofía como la
sociología acerca de los problemas de la acción humana:
SUBJETIVISMO: los subjetivistas prestaron mucha atención al concepto de acción en sí, y a las
intenciones y motivos. Pero ellos han prestado muy poca atención a las consecuencias no deseadas y a las
condiciones no reconocidas. Las teorías subjetivistas se suele asociar al individualismo metodológico.
OBJETIVISMO: los objetivistas han ubicado en primer lugar las condiciones no reconocidas y las
consecuencias no deseadas de la acción y han enfatizado los problemas de la organización y el cambio
institucional. Enfatizaron también la primacía del objeto sobre el sujeto, de la estructura social o el sistema
social sobre el cual el actor se desarrollaba. El objetivismo suele coincidir con el holismo metodológico,
con el pensar los acontecimientos sociales a partir del todo, de la totalidad.
Desde este punto de partida, Giddens argumenta una concepción de la acción en ciencias sociales que tiene
que ubicar en el centro el hecho cotidiano de que los actores sociales son conocedores de las condiciones de
la reproducción social con la que día a día se entretejen sus actividades. Las razones que la gente tiene para
sus acciones Giddens las llama “racionalización de la acción”, en tanto se involucra con el monitoreo
reflexivo crónico de la conducta de los actores sociales.
¿De que esta hecho el objeto de estudio de las ciencias sociales?: Están aquellos autores que piensan que el
objeto es la acción social (como Weber, que plantea que es la conducta con un sentido). Esta perspectiva se
opone a la de pensar que los actores sociales se mueven en la estructura social (Durkheim, hecho social), lo
que la gente hace no necesariamente coincide con aquello que dice). El sentido determina el sentido de la
acción. Los actores pueden saber lo que están haciendo o no.
DOBLE HERMENÉUTICA
Giddens cree que esta distinción entre objetivismo y subjetivismo ya es suficiente, y elabora una teoría de
la estructuración, que se basa en una síntesis. Esta teoría de la estructuración se basa a la vez en una
filosofía, que llama doble hermenéutica.
Hermenéutica significa interpretación. Está de acuerdo con una teoría que plantee que todo discurso
científico es una interpretación, ya que el discurso es una interpretación. Esto significa que los biólogos,
físicos, etc. interpreten la realidad.
Sin embargo, los objetos del mundo científico natural no se interpretan (ej. virus). En cambio, los
conocimientos sociales tienen una interpretación de nivel científico, y del científico social se desprende una
realidad pre interpretada, una realidad que ya estaba interpretada. La realidad humana esta preinterpretada.
La realidad comprendida por los actores sociales es la hermenéutica.
El cientista estudia el mundo social, el cual es constituido como significativo por aquellos que lo producen
y reproducen sus actividades, los sujetos humanos. Describir la conducta humana de una manera válida es
en principio ser capaz de participar en las formas de vida que constituyen y son constituidas por esa
conducta. La hermenéutica en ciencias sociales goza de dos niveles relacionados.
La “verstehen” fue entendida como un “revivir” o “reexperimentar” los estados mentales de aquellos cuyas
actividades o creaciones tenían que ser interpretadas. El modelo ortodoxo de las ciencias naturales ya no
tiene vigencia. Los escritos de Popper, Kuhn, y muchos otros han roto exitosamente con las ideas que
dominaban los modelos positivistas de la ciencia.
La doble hermenéutica de las ciencias sociales implica una “ligazón” lógica entre el lenguaje ordinario
de los actores y la terminología inventadas por los científicos sociales. La ligazón lógica implicada en la
doble hermenéutica no depende si el actor o actores cuya conducta está siendo descrita es capaz de captar
los conceptos que usa el científico social. La doble hermenéutica depende si el científico comprende
correctamente los conceptos por los cuales la conducta de los actores está orientada.
La condición para generar descripciones de la actividad social es que en principio sea posible participar en
ellas. Esto implica un conocimiento mutuo compartido por el observador y los participantes cuya acción
constituye y reconstituye el mundo social. El mundo tiene una estructura, hay sistema social.
Giddens toma dos conceptos, agencia y estructura, y va a redefinir esos conceptos para que se impliquen
mutuamente (es decir que cuando se define agencia debemos hablar de estructura). Plantea pasar a una
dualidad entre agencia y estructura, que es la idea de mutualidad**, es decir que se impliquen mutuamente.
Dualismo es la idea de mutua exclusión. No es lo mismo que dualidad, ya que esto significa que la
estructura es dual, la interdependencia entre agencia y estructura.
En resumen, el cientista social debe describir la conducta humana de una manera válida y para eso debe ser
en principio capaz de participar en las formas de vida que constituyen y son constituidas por esa conducta.
Esta ya es una tarea hermenéutica. Pero la ciencia social es en sí misma una “forma de vida” que tiene sus
propios conceptos técnicos. De aquí que la hermenéutica entre en las ciencias sociales en dos niveles
relacionados.
La hermenéutica de las ciencias naturales tiene que ver solamente con la teoría y el discurso científico, en
tanto que analizan un mundo objetivo que no responde y no construye e interpreta el significado de sus
propias actividades. La doble hermenéutica de las ciencias sociales implica una “una ligazón” lógica entre
el lenguaje ordinario de los actores y la terminología lógica inventada por los científicos sociales. La
ligazón lógica implicada en la doble hermenéutica no depende de si el actor o actores cuya conducta está
siendo descrita es capaz de captar los conceptos que usa el científico social. Depende de si el observador
científico comprende correctamente los conceptos por los cuales la conducta de los actores está orientada.
La teoría social no puede ser aislada de su mundo-objeto, el cual es un mundo-sujeto. La doble
hermenéutica implica que las relaciones entre las ciencias sociales y la vida de los seres humanos son
dialógicas. El hecho de que los “descubrimientos” de las ciencias sociales puedan ser tomados por aquellos
a cuya conducta se refieren, no es un fenómeno que puede o podría ser marginado sino que es constitutivo
de su naturaleza. Es el punto capital de conexiones entre dos modos posibles en que las ciencias sociales
relacionan sus resultados con la sociedad misma, como contribución a formas de dominio o promoviendo la
emancipación.
Hay un diálogo entre el discurso del lego y el discurso científico. El estudio de Giddens parte de la de base
que la ciencias sociales analizan una realidad ya interpretada. Como los sujetos son capaces y cognoscentes
(agencia) entienden lo que las ciencias sociales dicen de ellos. El diálogo es más profundo que el postulado
de adecuación de Schutz y hasta puede haber un condicionamiento entre cada uno.
DUALIDAD DE LA ESTRUCTURA
La propuesta de giddens se basa en la dualidad de la estructura, la solución al dualismo entre el objetivismo
y el subjetivismo (sitúa a Berger y Luckmann en el subjetivismo). La dualidad de la estructura se base en
una redefinición de los conceptos de agencia y estructura, de tal manera en la cual se impliquen
mutuamente. Por eso, al hablar de agencia se debe hablar de estructura y viceversa.
¿QUÉ ES LA AGENCIA PARA GIDDENS Y CÓMO SE COMPONE?
AGENCIA
Se refiere a la idea de agencia como opuesta a la noción de acto. La agencia es un fluir de intervenciones
causales en el mundo de todos juntos al mismo tiempo. Involucra todas las clases de intervenciones. Es
un fluir que excede la intencionalidad. (El sentido de la acción no es idéntico a la acción según este autor, al
contrario de Weber).
El acto significa un segmento delimitado (una línea única). En cambio, la agencia es el fluir constante que
no se delimita nunca. Es el conjunto de acciones que hacemos todos juntos.
Así, Giddens establece dimensiones internas de este fluir que es la agencia.
Giddens plantea que el problema del internacionalismo es que solo nosotros somos dueños del sentido de lo
que hacemos. Plantea separar la acción del sujeto, separar el flujo de la conducta con sentido de los
individuos.
¿Cómo separar mi acción de la acción de los demás? No puede haber una acción aislada de las demás.
Además debe ser de todos juntos al mismo tiempo. Todas las intervenciones causales del mundo al mismo
tiempo. Cada uno hace muchas cosas al mismo tiempo. Este fluir es continuo, no se detiene.
MODELO DE ESTRATIFICACIÓN DE LA ACCIÓN
Giddens establece un corte de este fluir de la agencia, el cual se da mediante el modelo de estratificación de
la acción. Este segmento, que es el acto, es el registro o monitoreo reflexivo de la acción (vuelve sobre sí
mismo).
Incluye tres elementos internos:
1. Monitoreo reflexivo de la acción
2. Racionalización de la acción
3. Motivación de la acción

Y posee dos elementos que marcan el proceso de estratificación de la acción:


1. Condiciones no advertidas
2. Consecuencias no intencionadas

Monitoreo o registro reflexivo de la acción:


De este fluir que es la agencia, hay ciertos elementos de los cuales podemos dar cuenta reflexivamente, es
decir mirándonos a nosotros mismos al actuar. El registro es la capacidad de darnos cuenta de una parte de
lo que hacemos. Nos responsabilizamos de parte de lo que hacemos. Solo sobre estas cosas nos podemos
hacer responsables, ya que nos damos cuenta de estas cuestiones.
¿Dónde queda la conciencia? ¿El fluir es consciente? Giddens cree que la conciencia es una parte pequeña
que nos permite darle sentido a nuestra acción reflexivamente y retroactivamente. Ponemos el foco solo en
una parte. Tomar conciencia de lo que hacemos es un ejercicio posterior a lo que hacemos. Nos podemos
hacer cargo solo de algunas cosas de las que hacemos. El flujo de la agencia es independiente de las
conciencias individuales, pero una parte de la estructuración de la acción involucra el registro reflexivo de
la acción (la conciencia). El poder de las cosas que hacemos va más allá del registro de las cosas que
hacemos. Esto es agencia.
Racionalización de la acción:
El objeto de estudio de los científicos sociales ya está pre interpretado (doble hermenéutica). Cada vez que
actuamos, en el fluir de la agencia, se está involucrado el recurso permanente al discurso científico para
justificar nuestras prácticas. Recurrimos al discurso científico para justificar nuestras prácticas.
Los actores sociales se apropian de las consideraciones que hacen los científicos sobre la práctica. Y esto es
un elemento interno a la acción. Necesitamos tomar prestados todo el tiempo conceptos de la ciencia, esto
es una forma de racionalización de la acción.
Lo que justifica a una sociedad como moderna es la racionalización de la acción práctica.
Motivación de la acción:
Para Giddens, la motivación de la acción es un impulso desconocido para el sujeto que lo lleva a actuar.
La motivación es inconsciente. Este impulso no se puede representar, por eso es desconocido para el sujeto.
¿Qué mueve a la gente a querer hacer algo? Para Giddens esta motivación de la acción es inconsciente, no
se conoce. La motivación de la acción es el inconsciente. Hay algo que nos hace salir a hacer cosas, una
fuerza interna desconocida que nos impulsa a hacer cosas. Esto también forma parte de la agencia. Un
impulso sobre el cual no podemos reflexionar.
Además, existen dos elementos que se relacionan con la estructura:
1. Condiciones no advertidas
2. Consecuencias no intencionadas

Hay muchas condiciones que no tenemos en cuenta, lo cual genera muchas consecuencias de nuestra acción
que no son intencionales. Logramos más cosas de las que pretendemos. Ejemplo del dinero y de la
precarización laboral.
Hacemos más de lo que nos proponemos a haber según Giddens. Lo que sucede, es mucho más amplio de
lo que yo me propongo. Esto forma parte de la estratificación, hay consecuencias que no son intencionales.
Giddens va a la idea de retroalimentación de consecuencias y condiciones. Las consecuencias de mi acción
de hoy, son condiciones de mi acción de mañana. La relación social continúa en medida en que seguimos
sosteniéndola. La relación social se mantiene en medida en que necesitamos el dinero por ejemplo, lo cual
genera también consecuencias no intencionadas. La estructura es el resultado de nuestra acción, pero
también esta misma estructura se nos aparece como el medio exterior y coercitivo en el cual actuamos. La
estructura es el medio y el resultado de la agencia.
AGENTE
El agente se define por dos características:
- Capacidad: posibilidad de producir una diferencia. Es la posibilidad de hacer algo distinto a lo que estaba
previsto hacer. Es la capacidad de poder hacer algo diferente. No se esta reducido a una lógica causal.
- Cognoscibilidad: se relaciona con el conocimiento. El agente tiene la capacidad del conocimiento de las
reglas. Lo que se conoce son reglas. Hay una distinción entre dos formas de conocer las reglas: hay un
conocimiento o conciencia discursiva, y una conciencia práctica. La conciencia discursiva es el
conocimiento que podemos poner en palabras. La mayor parte de nuestro conocimiento, no se puede poner
en palabras. Hay un tipo de conocimiento que es práctico, es decir, conocemos ciertas reglas porque las
ponemos en práctica, pero no podemos ponerlas en palabras. Ejemplo del auto y la distancia. (Merton creía
que esto era el inconsciente).

RELACIÓN ENTRE AGENCIA Y ESTRUCTURA


En consecuencia, se plantea la relación entre la agencia y la estructura. La estructura social es consecuencia
de la agencia o acción, pero a su vez nuestras acciones se dan en el marco de la estructura. La estructura es
tanto el medio como el resultado de la acción. Aquí se ve la síntesis entre la agencia y la estructura.
No puede haber agencia afuera de la estructura, por eso la libertad solo se ejerce rutinariamente, dentro de
la estructura.
Ejemplo del lenguaje: el lenguaje es una estructura que existe porque lo utilizamos, es una estructura
coercitiva pero que al mismo tiempo existe por la acción que le damos. Ejemplo del juego.
¿QUÉ ES LA ESTRUCTURA PARA GIDDENS?
ESTRUCTURA
La estructura son las reglas y recursos organizados recursivamente. La estructura tiene una existencia
virtual, tiene la característica de estar ausente.
La estructura no está presente en el tiempo y el espacio. Todo lo que hacemos está estructurado. Nuestras
prácticas están estructuradas. Debido a esto hablamos de estructura. Pero la estructura no está en ningún
lado.
La estructura existe solo como las propiedades estructurales de los sistemas sociales. Los sistemas sociales
son el agregado del conjunto de prácticas del conjunto social.
La estructura tiene dos elementos que la definen:
- Reglas
- Recursos

Reglas:
Las reglas no son normas. La regla es convencional, no es negativa. Por ejemplo, las reglas de nuestro
lenguaje son convencionales. Además, las reglas habilitan a la acción. Sin reglas no hay acción, no
podemos actuar. (Reglas constitutivas, permiten jugar, y regulativas, habilitan la posibilidad de hacer las
cosas y se encuentran en la conciencia práctica).
Recursos:
El agente tiene capacidad, por la cual necesita de medios para poder ejercerla. Necesita herramientas para
ejercer la capacidad. Las más básicas son el espacio, el tiempo y nuestro cuerpo.
Estas herramientas son distribuidas por la estructura, y la estructura distribuye estas herramientas (recursos)
desigualmente. Esta distribución de recursos genera asimetrías, hay gente con mayores recursos que otros.
Estas regulaciones regularizadas de autonomía y dependencia (asimetrías) se pueden determinar como la
existencia de gente que tiene más poder que otra.
DIALÉCTICA DEL CONTROL
La dialéctica del control es la capacidad de los débiles de dar vuelta su debilidad a los poderosos.
Es la tensión entre las dos formas de definir el poder; es decir entre el poder que surge como la desigualdad
de recursos y la concepción del poder como capacidad. La dialéctica del control establece que las
relaciones de poder son bidireccionales.
Las relaciones de poder se pueden dar solamente entre agentes, es decir, entre sujetos que tienen capacidad
(que pueden actuar de otra manera). La propia asimetría de recursos presupone que quien está sometido a la
relación de poder es un agente. Presupone la capacidad de quienes están oprimidos.