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Schubert y el piano, una mirada al

Impromptu Op 90 N°3
La obra aludida en el titulo corresponde a una colección de 8 piezas que Schubert
escribió bajo el nombre de Impromptus en el año 1827 pero ésta se vio publicada recién en
1857. El término Impromptu es un vocablo francés que equivaldría a decir "de pronto" o
"sin preparación", fue usado como titulo para algunas piezas para piano durante el siglo
XIX, el titulo en estas piezas no pre-establece una forma en particular como podian ser el
caso de la fuga o la sonata, ya consagradas en la epoca de Schubert, sino que expresa "el
pensamiento de orden poético o de otro orden que llevó al compositor a crear la obra" ( J.
Zamacois, "Curso de Formas Musicales", pag.229).
El impromptu n°3 es una de las piezas de mayor relevancia dentro de la obra pianisitca
de Shubert y también una de sus más conocidas por el gran público, esta obra es un buen
ejemplo no solo del Schubert pianista o de la concepción que tenía acerca del piano sino
que también representa el rol que tenía el instrumento en la Europa de la primera mitad del
siglo XIX.
El siglo XIX trajo consigo ciertos procesos sociales que influyeron a la música desde
diversos aspectos, lo más importantes tal vez hayan sido la revolución industrial, la
urbanización de la vida y la caida del mecenazgo como lugar de patrocinio y financiación
de las artes. Los dos primeros puntos trajeron como resultado el surgimiento de una clase
media con suficiente dinero en los bolsillos como para comprarse instrumentos y aprender a
tocarlos y el último punto obligó a los musicos a sobrevivir sin la ayuda de la iglesia o de
una corte real que los asistiera. El piano se volvió el intrumento fetiche para la
interpretación hogareña ya que gracias a los procesos industriales se abarataron los costos
para su fabricacion y una serie de innovaciones en cuanto a su diseño lo volvieron el
instrumento de moda. Ante este panorama los compositores se vieron escribiendo un sinfín
de piezas para el intrumento dedicadas a la interpretación amateur como forma de ganarse
la vida y Schubert segruamente no fue la exepción. No sabemos a ciencia cierta qué
motivos tuvo Schubert para escribir sus ocho impromptus pero si que el escenario social
antes mencionado era el que ocurría en sus días, ademas el deseo profundo por parte del
vienes de vivir de su música nos deja entrever como posiblidad que haya escrito su
colección de impromptus a la razón de satisfacer la demanda del flamante mercado de
música de la época y en lo que concierne particularmente al N°3 con su melodiosa
cantabilidad, su homogeneidad textural, su escaso contrapunto, la nula aparición de
secciones transitivas o disonantes , su uso de distintos recursos idiomáticos del piano e
incluso la particular tonalidad de Sol bemol mayor como elemento novedoso eran todos
ellos aspectos de una música que atraia los oidos de los interpretes de entre casa.
Siendo el piano el instrumento que encarnaba el centro de la vida musical (y también
social) durante el siglo XIX conviene hablar de la relación que tenía Schubert con el
instrumento y también con los pianistas de la época. Durante 1820 a 1850 el piano tuvo una
serie de mejorías que revolucionaron su uso, entre las múltiples mejoras se pueden
mecionar los pedales de sordina y el de una corda ( muy poco usado en la escritura
pianística de Schubert), el clavijero hecho de metal que tensionaba aun más las cuerdas
permitiendo un mayor volumen y una gama de dinámicas más amplias, los macillos
cubiertos ahora de fieltro permitían pianissimos y fortissimos más marcados, la ampliación
a seis octavas en 1820 y de siete octavas en 1850 y la creación del mecanismo de doble
escape que permitía la rápida repetición de una misma nota. Todas estas facultades en el
instrumento trajeron consigo una nueva camada de pianistas que hicieron un fuerte hincapie
en explotar todos estos rasgos mediante el desarrollo de una técnica avasalladora y virtuosa.
La nueva figura del virtuoso hizo trasladar al piano de los pequeños ambientes más
privados a su ejecución en las grandes salas de concierto ante un nuevo público más amplio
y que se quedaba absorto ante las raudas y fantásticas ejecuciones.
Schubert, por su parte, rechazó desde un primer momento el nuevo paradigma que
atravesaba a los musicos de aquel entonces. Schubert era pianista profesional, si, y dedicó
mucha de su obra al piano, pero nunca se consideró a si mismo ni tampoco nadie lo
consideró un virtuoso a diferencia, por ejemplo, de su coterráneo Czerny. Schubert era, ante
todo, pianista de sus lieds y su técnica en el piano reflejaba muy bien las caracteristicas del
género ( del cual fue un referente), un toque melodioso, pulcro, casi vocal e intimista. Más
cercano a la música de cámara que a la de concierto de gran sala, y Schubert estaba
orgulloso de su toque, es por eso que rechazaba los nuevos principios de la técnica virtuosa
acusandola de "maldito martilleo".
Con todo lo mencionado, no podemos no volver a resaltar la idea de que el impromptu
n°3 es un notable y fiel ejemplo del pianismo de Schubert y de la concepción que tenía del
instrumento. Adentrándonos más de cerca en la obra advertimos que consta de 3 planos
muy claros. Bajo, acompañamiento arpegiado y melodía:

Este modelo, como se dijo anteriormente, permanece intacto durante toda la pieza
destancandose entre ellos tres la melodía impregnada de un lirismo y una cantabilidad que
tranquilamente Schubert hubiera podido pornerle texto y hacer pasar su impromptu por uno
de sus más de 600 lieds.
Hay que decir que Schubert no poseía un piano de cola, sino un piano de mesa vienes,
instrumento de menor sonoridad y de más precaria mecánica pero "(...) dificilísima de
dominar, que exige del ejecuntante una atención extrema y una extrema prudencia"

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