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LA TIRANÍA DEL CONSENSO

Por Dalmacio NEGRO PAVÓN

La historia contemporánea de la manipulación del consenso comenzó con la inven-
ción por la revolución francesa de la Nación Política frente al pueblo y la Nación
Histórica; del consenso que una sociedad política imponía coactivamente acerca de
la naturaleza, los intereses, los sentimientos y la voluntad de la imaginaria Nación
Política sacralizada como persona moral, sujeto de la soberanía «popular» en lugar
de la soberanía monárquica. Este es el origen moderno de lo que llama Vaclav Ha-
vel «una cultura de mentiras». Los principales instrumentos del consenso oligárqui-
co son el miedo, la propaganda, un invento napoleónico, y la delegación del poder
atribuido al pueblo mediante la ficción de la representación. Robert Gellartely subti-
tula su libro sobre la Alemania nazi «entre la coacción y el consenso». La oligarquía
socialdemócrata dominante en Europa, y en España, aprendió mucho de las expe-
riencias totalitarias y es más sutil: en vez de la coacción física coacciona las con-
ciencias con el pacifismo y las condiciona mediante la propaganda.

La fuerza del socialismo siempre se ha debido a la propaganda más que a sus pre-
sunciones de cientificidad. Se le puede aplicar sin reservas lo que dice impíamente
Carlos Semprún, con alguna exageración al aplicarlo a la izquierda en general: «Si
la izquierda dijera la verdad no existiría». Hoy, el socialismo es una ideología de la
primera mitad del siglo XIX que ya no significa nada. Agonizante desde hacía tiem-
po, le asestó un golpe mortal la caída del Muro de Berlín el 11 de noviembre de
1989 y la «globalización» lo está apuntillando. Es una religión de la política, una
forma de gnosis, que sólo se sostiene ya como superstición; ha evolucionado teoló-
gicamente hacia una suerte de mezcolanza de liberalismo progresista e izquierdis-
mo nihilista y, hacia el laicismo radical, religión del nihilismo como Ersatzreligion,
religión sustitutiva.

Para rellenar el hueco de su periclitada ideología mecanicista pseudocientífica, se
ha hecho portavoz de la contracultura anarquizante y de las bioideologías —la de la
salud, la feminista, la ecologista, etc. —. Naturalmente, contribuyen a su supervi-
vencia como superstición los intereses creados, el dominio que tiene de la cultura y
la colaboración de sus rivales políticos, atraídos por sus prácticas: la política socia-
lizante crea muchos cargos y empleos, proporciona beneficios y subvenciones, faci-
lita múltiples negocios más o menos legales. Todo ello a cargo del súbdito contribu-
yente. El socialprogresismo es una fórmula vacía, que comparten todos los partidos
a la derecha y a la izquierda del consenso, para que vivan bastantes a costa del
resto, hubiera dicho Bastiat. Para conseguirlo, es esencial la falsificación del con-
senso social presentándolo como consenso político: el de la sociedad política, como
si ésta fuese la sociedad total.

En España, el agotado consenso socialdemócrata instaurado en 1978 para sustituir
la Dictadura personal de Franco por la impersonal de los partidos, intenta perpe-
tuarse. Atendiendo a los hechos, se puede afirmar que se propone fundar una nue-

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pues. que le ayudaría a consolidarse como una especie de totalitarismo chavista en la medida posible en Europa. reencarnado en el insustancial Partido Popular. constituye una prueba fehaciente. aparte de hacer pasar por verdades las falsedades que convengan. La Monarquía y el despotismo del consenso no se instauraron simultáneamente. un pseudorrégimen. que aceptasen el continuismo político —la falta de libertad política— mediante una metamorfosis. Es muy expresiva de esta intención fundacional la necrofílica ley de la Memoria His- tórica. Ante la ética política es una grave irresponsabilidad. tendría un cuarto objetivo. se pierden las nociones morales elementales. sus fi- nes despóticos. consiste en que el consenso establecido en torno a la Monarquía y la Constitución de 1978 no disimula su carácter oligárquico. y. si bien en momentos de disolución como el presente. la Nación Histórica y el Estado Nacional. y legitimar la nueva forma del consenso a costa. Se trataría. El objetivo de la Memoria es ilusorio. La Dictadu- ra estaba agotada por la falta de libertad política y ETA ha sido el único enemigo real de la situación política. Si. pues nunca ha pasado de ser una situación política. cuya prenda ha sido la liberación de facto de Juana Chaos. puede ocurrir cualquier cosa. de sustituirla como enemigo existen- cial por el franquismo. la III Restauración también ha agotado sus posibilidades por la falta de libertad política y su aversión al pasado real. La es- pecie de alianza formal del partido socialista con el terrorismo. es absurdo el pretender cambiar el resultado de la guerra civil para enlazar con la II República. del suicidio de la Monarquía procedente de la guerra civil y el franquismo. Evaporadas las ilusiones. Confía en sobrevivir gracias a su formidable aparato propagandístico. que era lo que se echaba de menos —no para destruir la nación—. conforme a los planes del consenso. se aventura ahora a la aniquilación definitiva del ethos tradicional. se aviniese ETA a entrar en él. En las situaciones políticas. 3. La «transición» debiera reducirse al breve período entre el fallecimiento de Franco y la aprobación de la Constitución. si es preciso. se convenció a las oligarquías partidistas en formación. Enemigo inexistente y conexión irreal. ni su odio a la Nación española. como instrumento legitimador. persigue tres cosas: dividir a los españoles en aplicación del principio «divi- de y vencerás». A tal fin. y una nueva Nación. Y toda la diferencia con lo anterior. captar clientelas ante el atractivo de las indemnizaciones económi- cas. que es probablemente lo que está sucediendo. Sin embargo. –2– .va Sociedad. situaciones de ilegitimidad y desorientación. El resto es la política del consen- so. en lo que concierne a la tosca Memoria Histórica. política- mente. Durante los trámites de rigor. con el laicismo impuesto como religión civil según el vie- jo principio cuius regio eius religio. desde que recuperó el poder el partido socialista a consecuencia del acontecimiento terro- rista del 11 de marzo de 2004. un nuevo Estado. por otra. por una parte se desplazó a los partidarios de la ruptura para traer la libertad política. incluida la disolución del régimen en el que se producen. Intelec- tualmente.

Donoso Cortés avisó que el país del socialismo es España. que su com- promiso con la delincuencia es total. el partido socialista parece haber abando- nado este eslogan sustituyéndolo.El gobierno socialista se contradice continuamente. puesto que el Estado es la otra cara de la sociedad. otra. decidido a conservar el poder a toda costa. en la historia de las con- tinuidades. sumamente útil para justificar cual- quier pirueta que se considere oportuna. como si éste no existiera previamente. en el vicio de la cobardía transfor- mado en virtud y en los intereses de un partido que apela para legitimarlos al mi- toutopía kantiano de la paz perpetua. como el anverso o el reverso de una mo- neda. ¿Seguirá siendo el problema del siglo XXI? Ahora bien.1. no sólo del Sr. Se le describe con la receta socialdemócrata «social y democrático de Derecho». Rodríguez Zapatero. y su presidente miente tanto que da que pensar que si sabe lo que hace no sabe lo que dice. con ETA. no menos sorprendente por lo tosca del artículo 1. Ya en el preámbulo afirma claramente la intención de «es- tablecer una sociedad democrática avanzada». una variante del crimen orga- nizado. La ambigua «Constitución del consenso» en el vocabulario oficioso puede satisfa- cer todas las apetencias. Su único argumento es la antipolítica concepción socialista de la paz: la paz es la gran consigna del fes- tival humanitario inaugurado por la propaganda soviética para anestesiar a las so- ciedades occidentales sumiéndolas en la anomia y el conformismo. Pérez Rubalcaba con ocasión –3– . confirma muchas cosas sobre este amasijo de intereses. según la cual «España». Retrospectivamente. evidenciada con la práctica puesta en libertad de Juana. es manifiestamente incompe- tente. una es su in- moralidad. al no repugnarle pactar con el terrorismo. Efectivamente. que el presidente del gobierno cuente con el apoyo incondicional de su partido. tres pleonasmos también útiles por su vague- dad: todo Estado es Estado de Derecho y además social y democrático. Lo de avanzada evoca en el lengua- je leninista y socialista la marcha hacia la utopía de la sociedad totalitaria de la Ciu- dad Perfecta. prueba muchas cosas. el partido socialista no se aparta de la Constitución. El espectáculo que dio con ocasión del atentado del 30 de diciembre pasado con su decisión de continuar el «proceso de paz». la tercera. Por eso es un término muy vago. y la homogeneiza. que el adjetivo «español» de sus siglas nunca ha sido más que un ce- bo y en ocasiones una coartada: basta repasar su historia. Un concepto de la paz que descansa en la afección del miedo. Sin él. «se constituye en un Estado». entre ellas la complicidad del partido socialista entero. En ese sentido hay que interpretar la afir- mación correlativa. del que decía cáusticamente Lévi-Strauss que engendra la guerra perpetua. el mayor problema político español en el siglo xx ha sido esta versión aborigen del socialismo. en contra de lo que afirman sus críticos y adversarios haciendo de la Constitución un fetiche. No es más que el vocero y el don Tancre- do de su partido. no por cierto la Nación española. se produce con zafiedad. en palabras del Sr. Por otra parte. seguramente ni los separatismos ni el comunismo ni la crisis moral de la Nación hubieran ido tan lejos.

Firme e Inteligente». ¿Por qué no se ha acabado con esta ban- da en tantos años? Objetivamente. que autoriza por ejemplo al gobierno que negocie con el terrorismo. que a estas alturas debiera saber ya lo que pasa si de verdad le interesa –probablemente no–. lo que no le ganó muchas simpatías entre los demás beneficiarios del consenso. Lo menos claro ha sido el papel de ETA. el nuevo Estado y la nueva Nación Política fraccionada que sustituirá a la Histórica. acelerando ahora la liquidación de la Nación His- tórica para fundar la nueva Sociedad democrática «avanzada». el socialismo puede aliarse legítimamente con los nacionalistas independentistas. se manifiesta y decide en las Cortes. El desorientado Partido Popular. que era posible acabar con el terrorismo. Sus adversarios le replican con toda la razón que el consenso es lo que ellos dicen que es el consenso y le invitan a que se acomode incondicionalmente en él aceptando sus iniciativas. es obvio que el terrorismo etarra mantiene una situación tensa. todo poder despótico necesita del miedo para afirmarse. Las elecciones no tienen más finalidad que decidir a quién le corresponde dirigir el consenso. y difunde la sensación de miedo en la sociedad. pero la Carta-Constitución. como sabían muy bien Hobbes. la Constitución erige abstractamente un nuevo Estado sobre «España» co- mo el nombre geográfico de un solar parcelado en Autonomías. es un dogma que el po- der les pertenece por definición. Y. Para los socialistas. Rodríguez Zapate- ro. cualquier cosa— contra –4– . Y el consenso está dirigido en este momento por el Partido Socialista. es en gran medida el problema. apro- vechando el suceso terrorista del 11 de marzo de 2004. El consenso. continuó y perfeccionó el Partido Socialista desde 1982. pide a gritos su recuperación y. Estas son el foro del consenso. como si fuese el chivo expiatorio del Partido Socialista. Hay quienes defien- den la Constitución de 1978 con la mejor buena fe. que pretende ser la del pueblo. En fin. y ad- ministró el propio Partido Popular hasta 2004. montaron un típico «agitprop» —el «Prestige». por supuesto. de inseguridad. Iraq. etc.de la resolución del asunto de Juana. cuya voluntad. Se refiere sin duda al consenso que organizó la Unión de Centro Democrático. y soportaron a regañadientes la dirección del con- senso por el Partido Popular. ha dado sencillamente un paso más en su tarea fundacional. En fin. acusándosele incluso de traición. Si el Partido Socialista comparte sus ideas básicas es una feliz coincidencia. ate- nerse a la Constitución. que son constitucio- nalmente parte del consenso por lo que tienen perfecto derecho a influir en su di- rección y administración. de todo lo que no les gusta a los populares. cansados de estar en la oposi- ción. afir- ma que se ha roto el consenso. El Partido Popular demostró cuando estuvo en el poder. aunque se responsabilice a su vocero. El Estado del vacío nihilista. Llegado el momento. Montesquieu. en «Estado Humanitario. pues le correspon- den al partido que gobierna la administración y ejecución de las posibilidades implí- citas en la Constitución. el Sr. y decirlo si lo sabe —no lo diría—.

los españoles conver- sos al Islam piden que se les devuelvan los bienes que pertenecían a lo que ellos llaman Al-Andalus. Rodríguez Zapatero en nombre del Partido Socialista. que incluye los votos. nada tiene que ver con la política. salvo quizá la vaga alusión de pasada del preámbulo. ¿Es esto lo que quiere el Partido Popular? El terrorismo le ha servido al consenso para designar un enemigo interior. lo de la Memoria tampoco es muy novedoso. si salen bien los planes del consenso. Es cierto que el socialismo siempre ha despreciado a las naciones. por ejemplo. Y esta es la ley interna del consenso. es decir. no como enemi- go sino adversario incorporable al consenso. Probablemente. ya se duda que España sea una Nación. En realidad. Juego impolítico. tratando con ella de poder a poder. se ha sometido a revisión toda la historia de España a lo largo de la tran- sición. inventando en parte una nueva. aprovechando el atentado del 11 de marzo de 2004.°. La «política» no tiene más objetivo que dirimir quién gana las elecciones. los socialistas repusieron el consenso ini- cial. tras haber reconocido como iustus hostis implícitamente al terrorismo islámico y explícita aunque oblicuamente con la «Alianza de civilizaciones». tampoco en este caso se aparta un ápice del consenso ni de la Carta otorgada bautizada como Constitución. a continuación. Ahora. y convencer a casi todo el mundo de sus virtu- des. y obtener cierta legitimidad. apli- cando la máxima «hablando se entiende la gente» los socialistas y sus aliados con- sideran a ETA un iustus hostis. como la sociedad ya no cree en nada y menos que nada en el régimen. –5– . volvieron al poder.los populares para impresionar a la opinión ingenua y acobardada y. sin perjuicio del artículo 2. pues difícilmente cabe hablar de política en sus justos términos cuando la política. Rodríguez Zapatero ante el atentado del 30 de diciembre pasado y el caso Juana no deja muchas du- das. a la política desarrollada por el consenso. los mejores puestos. que el Parti- do Socialista da por superada. Esa mentalidad se ha difundido tanto que. según el Sr. se circunscribe a las querellas entre sus integrantes sobre el reparto del botín1. ha sido el temor de que la aceptación de sus exigencias pue- da despertar a la Nación de su letargo. para negociar con ETA. en la que destacan las supercherías de los separatistas. Pues. como los mitos fundacionales en las sociedades primitivas. negocio. que mima a los musulmanes. que articula el juego entre los partidos. en los que ve un aliado objetivo en su lucha contra el cristianismo. Como el Islam radical ha sido reconocido como iustus hostis por el Partido Socialista. no se sabe bien qué significa. La Nación española asistió como convidada de piedra al espectáculo del parto constitucional y. La actitud del Sr. desvian- do las miradas del propio consenso. su triunfo salvó a ETA de la extinción. con la libertad política secuestrada por el consenso. en la que el rito periódico de las elecciones y la fiesta de la Constitución recuerdan su origen. Ahora bien. La dificultad. no habla para nada de la Nación española como una realidad histórica. Además. Por lo demás. Tiene que confiar en que. el pacifismo y la propaganda enmascararán los desaguisados. el Partido Socialista ha ido demasiado lejos y no puede retroceder. Oficialmente. palabra que. Siguiendo el método marxista. se unen en reivindicaciones como ésta el oportunismo y la destruc- ción del sentido común y del natural sentimiento nacional llevados a cabo por la Restauración socialdemócrata. Al comenzar la transición se popularizó la idea de que todo es negociable. aparentemente tolerante con ETA. A nadie se le ocurrió in- vitarla a ejercer la libertad política designando unas Cortes constituyentes que ela- 1 El reparto del botín.

a la Nación Histórica. porque funde las clases. era españolista de acuerdo con sus siglas. era que la transición fuese pacífica y ordenada. por ser enemigos por definición de cual- quier nación. tanto por el apoyo ex- terno de la todopoderosa socialdemocracia europea. Pues fueron los representantes de los partidos y algunos nombrados por el rey. Los nacionalistas. como el poder ha estado siempre en manos del consenso. de la Nación española. o nadie quiere recordar.borasen el documento. sin reparos ni la menor prudencia. En cambio. de- positario del poder de la dictadura y de la libertad política. a lo que parecía estar predestinado por la propaganda. ha funcionado. que. y los comunistas. más que adversarios. salvo los entonces muy minoritarios grupos nacionalistas y quienes esperasen obtener beneficios particulares. a preparar el acceso del partido socialista al poder. unos y otros enemigos. igual que tampoco estaba interesada en las Autonomías. Y aunque no existían graves razones para pensar que pudiese suceder de otra manera. Una chapuza desde el punto de vista del dere- cho constitucional de la que nadie se acuerda. porque sus intereses particulares se contrapo- nen a los de la Nación. Y todo el proceso de la transición ha estado condicionado en gran parte por nacionalistas —el «victimismo» de que ha- blan algunos— y comunistas. –6– . Se incluyó en el consenso a los nacionalistas. juzgando siempre por la secuencia de los hechos. anti- comunista y antimonárquico en el exilio. El poder dio por bueno que la representaban los partidos políticos recientemente constituidos. como por la plusvalía que le otorgaba el dogma de que para que se asentase la Monarquía era preciso que ese partido gobernase con ella. separatistas in pectore. a juzgar por lo que ha sido hasta ahora la película de la transición. la lógica incertidumbre y los augurios catastrofis- tas aireados por la propaganda bastaron para que las incipientes oligarquías parti- distas se arrogasen la herencia del monopolio que tenía la Dictadura de la libertad política. Pero el partido socialista renovado en Suresnes prescindió sin dudarlo de los anti- guos socialistas o los fagocitó utilizándolos como piezas decorativas. A la Nación inerme sólo se la convocó ex post facto pa- ra que refrendara lo que es en puridad una Carta otorgada. impulsó un aluvión de adhesiones al partido. Se presumía que el partido socialista. los que decidieron «cons- tituir» el pleonástico «Estado social y democrático de Derecho». Y desde el primer momento dejó sentir su gran influencia e importancia. la Constitución reglamenta el consenso entre los partidos imponiéndolo sobre los in- tereses. En definitiva. la derecha potencial fue barrida enseguida por el inven- to del centro democrático. casi inexistente en el momento de la transición. Lo único que le interesaba al pueblo. con los máximos honores. Esto. Es posible que la Nación ni siquiera anhelase una Constitución. los sentimientos y la voluntad de la Nación. unido a las ilusiones que suscita la demagogia so- cialista. otro partido de aluvión mezcla de socialdemocracia y democracia cristiana —que ya eran lo mismo en la práctica europea— destinado sin duda. disfrazado de expresión de es- ta última en aras de la paz.

en virtud de la ley electoral ad hoc que establece el sistema proporcional (con listas cerradas para más seguridad). que se movía bastante poco. a cuya imagen y semejanza han proliferado legalmente defen- sores de múltiples cosas.. por supuesto. algo así como la influencia de una útil clientela distin- guida. –7– . 6)— sino que. por lo que hay que suponer que este apartado constitucional está derogado en la práctica sin que se haya modificado la Carta. Sólo tenía el poder residual que le dejaba el gobierno dictatorial. de la «voluntad ge- 2 En la práctica. aunque estos últimos no son teóricamente verticales sino horizontales. a la que imaginativamente hay que suponer debiera representar la Monarquía conforme a su naturaleza. dentro de la tendencia de la Constitución al corporativismo. Seguramente fueron más importantes las Cortes. Entre todos formaron el Consenso que sustituyó al Movimiento. la entelequia del Consenso. En consecuencia. Al Estado de partido único. como tales órganos estata- les. más propagandística que otra cosa. designado también por los parti- dos. Sólo falta que se invente el defensor de los defensores de los defensores. 67. mientras la representación se reduce a que los electores eligen representantes que luego ac- túan como si fuesen delegados.no sólo se arrogaron constitucionalmente la repre- sentación de la Nación —de la voluntad popular» (art. es el Monarca. pues. 6) igual que los sindicatos (art. 56). 2). El «glorioso» Movimiento Nacional hacía de partido único. aunque en la práctica nunca lo fue. En contraste. viene a ser algo así como el poder espiritual abstracto de la Restauración bro- tado de la Constitución. se convirtieron en los administradores del consenso. pues no se atiene a ninguna fórmula jurídica. Curiosamente no se menciona en ninguna parte la relación del rey con la Na- ción ni se contempla que modere entre ella y las instituciones.La Constitución del consenso incluye y menciona los partidos como si fuesen órga- nos del Estado (art. Se trata de un órgano estatal más. que en realidad sólo podría hacer algo frente a la burocracia. Pues sólo tienen libertad de voto cuando los jefes de los partidos lo autorizan expresamente. 54). A la Nación. agrupaba gentes variadas. Los partidos —de hecho sus jefes2–. unos y otros son financiados por las arcas del Estado. los demás miembros de los partidos están sometidos al mandato imperativo aunque la Constitución lo prohíbe expresamente: «Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo» (art. le sucedió. En las Cortes ostentan el poder legislativo y el poder legislativo nombra al ejecutivo. pero al que todos se remi- ten. siendo en cierto modo una cámara de resonancia del gobierno. Y entre las instituciones principales están. modelo «democrático» de Estado despótico que se había afincado en Europa al calor de la guerra fría. 7). como si fuese su epicentro. Lo único visible. es decir. Cargos. es decir obligatoriamente por el contribuyente. Se notaba menos su presencia en la vida corriente que la de los actuales partidos.. en definitiva los par- tidos. a quien según la Constitución le corresponde el papel de árbitro o poder moderador del «funcionamiento regular de las instituciones» (art. de los que dependen todas las de- más. con poder omnímodo. su heredero. nadie puede defenderla constitucionalmen- te como no sea el Defensor del Pueblo (art. el Estado de los Partidos. los partidos. en la medida en que lo era el Movimiento. que sería lo procedente. situada en ninguna parte concreta.

la creación del de- recho está al albur del poder. puesto que Montesquieu. 159 y sig. Pues la permanente inseguridad jurídica constituye una carac- terística de los regímenes tiránicos. Es lo que sucede en las dictaduras. sólo representan su propia voluntad y. de hecho. Montesquieu confundió el despotismo con la tiranía y la identificación entre am- bas formas de gobierno ha lastrado el pensamiento político y jurídico. sin decir. para que no cupiesen dudas. del pueblo homogeneizado. en principio. al llegar al gobierno. mientras. un pu- dor inicial o para evitar las críticas. o bien se transgreden sin el menor escrúpulo cuando se cree conveniente. le permiten campar libremente. igual que la dictadura. sometiendo legalmente al Consejo General del Poder Judicial del art. por Kelsen para velar por los «valo- res» constitucionales en tiempos de confusión (la situación política en que se en- contraba la convulsa República de Weimar fue la causa para fijar al menos un crite- rio). el Ministerio de Justicia estuvo unido algún tem- –8– . es decir a las del consenso. 2 y 3. el poder judicial —la justicia emana del pueblo». Simbólicamente. aunque en el caso español le competen más cosas (art. la de los jefes de los partidos. La divisoria entre esta última especie de dictaduras y las tiranías suele ser bastante dudosa. aparte de devaluar su crédito. 161). que sólo aspiran a defender o conservar la sociedad. Guerra. que aspiran a cambiarla a su medida. De hecho. bien de «derecho». No obstante. aseguraba su mayor dependencia del consenso. 122. hizo gala de sabiduría política y jurídica proclamando triun- falmente la muerte de Montesquieu. modifica las leyes cuando le conviene. el Sr. a los que sustrae el juicio sobre la constitucionalidad de las leyes. en todo caso. Fue incluso más lejos. Uno de los muñidores del consenso. con motivo del asunto de los GAL. un tribunal político inventado. afirma el art. que también el Derecho—. pero. La misma Constitución había estatuido el Tribunal Constitucional (arts. es decir. y las revolucionarias. mediante una sabia forma de reclutamiento de los jueces. 117. El despotis- mo. para que el despotismo se convierta en tiranía basta for- malmente que el poder judicial pase a depender del poder político. quedaba legalmente fuera del consenso por descuido. En la tiranía. 8. o bien se actúa de hecho al margen de las leyes sin consecuencias jurídicas. era un enemigo tanto del despotismo como de la tiranía y por eso los confundió. Los partidos encontraron enseguida la fórmula para ponerlo a sus órdenes. defensor de la libertad política y del espíritu de las leyes conforme al ethos de la Nación. Ló- gico. Formalmente. existe formalmente seguridad jurí- dica y materialmente mientras no se cambian. pues aunque existan leyes su aplicación es incierta.neral». se atie- ne a ellas y las hace respetar. se trata de un contrapeso al Tribunal Supremo y a la jurisdicción or- dinaria. de la separación de los poderes. Tomó la iniciativa al respecto el más caracterizado de todos ellos. En los regímenes despóticos. el socialista. La dictadura se convierte en tiranía cuando prevalece la incertidumbre. mediante normas o le- yes ambiguas. los tres poderes tradicionales quedaron bien trabados en la unidad del consenso frente a la unidad de la Nación. rutina. como es sabido.). si bien habría que distinguir entre las dictaduras conservadoras. Ahora bien. por cierto. que. Es decir. las leyes son en el mejor caso orienta- ciones sobre la voluntad del poder que.

es- pontáneo. El Partido Popular encontró cómoda la situación y. la verdad. no alteró nada. que reproducía una práctica soviética habitual. sino que preexiste al –9– . que constituye las sociedades. Pero ¿qué es el consenso? Hablar de consenso en el orden político equivale a falsificar la realidad. Sólo existe una Sociedad u orden social cuando prevalece en ella el consenso sobre el disenso. como es su costumbre. que se reserva las decisiones políticas.. En la práctica. Pero el consenso va a más y ya no se conforma con el poder dictatorial. En suma. Pues el auténtico consenso es propio del espacio prepolítico o antepolíti- co. no se constituye por un acuerdo de voluntades conscientes o interesadas —por ejemplo las de los partidos— como si fuese una asociación mercantil. como a Federico el Grande. y el Movimiento se reprodujo a través del otro artilugio de las Autonomías —«El Estado» (no la Nación).» (art. la vida colectiva. y a veces se permiten recordarle. que «todavía hay jueces en Prusia». La Justicia vinculada al orden públi- co.po al del Interior sin que nadie protestase ante semejante aberración formal y mate- rial («la mujer del César no sólo ha de ser honrada sino que tiene que parecerlo»). dejan- do a los súbditos del Estado al arbitrio de esos partidos. Pero el Partido Socialista parece decidido a some- terlo del todo en esta nueva singladura del consenso. ya que la realidad y la verdad son lo mismo. constitucionalmente. Quizá es a esto a lo único que se resiste instintivamente el Partido Popular. si bien en Cataluña y el País Vasco se privilegió a los respecti- vos partidos nacionalistas: aquí se renunció de hecho a la soberanía estatal. protegidos por otra parte por la ley electoral como si fuesen representantes de la Nación española como un todo. Ortega reiteró en su Meditación de Europa lo dicho por Hume contra el contractualismo: la sociedad. Luego se han perfeccionado los mecanismos del consenso. 137)—. Al parecer. limitado o teñido de fraude o violencia que su autoridad no puede ser mucha».. Todo indica que se dispone a convertirse en una tiranía. «se organiza territorialmente en. es por lo común tan irregular. es decir. sólo el Partido Socialista está autorizado a modificar el rumbo del consenso. los jueces aún no aceptan monolíticamente las directrices del consenso. una abstracta dictadura colectiva de los partidos sustituyó a la dictadura personal del general Franco mediante el artilugio del con- senso presidido por el rey. decía Hume al criticar el contractualismo político: «en las pocas ocasiones en que puede parecer que ha habido consenso. En el siglo XVIII. Crea una sociedad política superpuesta a la sociedad real. y el orden político —modernamente el Estado— únicamente se justifica si protege el consenso social. en definitiva. que se conformaría con que el régi- men no traspasara los límites de la dictadura. La fórmula del consenso entre los partidos usurpa el consenso natural. histórico. social. es decir sometida al orden público interpretado por el consenso.

o sea no artificial sino natural. En su inconcluso El hombre y la gente. la lengua. bastando que prevalezca sobre el no menos natural disenso fruto de la mis- ma libertad política. la cultura. La posibilidad de con-vivir descansa en el consenso so- cial. en Europa y Occidente naciones. Se articula en torno a la convicción o conciencia. descansa en esa coincidencia básica o con- sentimiento colectivo no reglado ni contractual. Cierto que la coexistencia puede llegar a generar con el transcurso del tiempo consenso y convivencia. conformidad o coincidencia espontánea o inconsciente. Lo sustantivo es. la economía. y de la tiranía. siendo estas últimas las formas particulares de la sociedad europea. El consenso social consiste en el acuerdo. El consenso. lo explicó bastante bien siguiendo a Comte y Tocqueville. Pero el consenso se hace históricamente. de la perte- nencia a un mismo grupo social con independencia de la religión. en fin. la etnia. Y su orden político. decía Ortega. lo que en otros tiempos se llamaba la libertad natural.. y de los intereses y sentimientos particulares. La coincidencia entre los atributos puede ayudar a la formación del consenso. Las creencias. incluida la misma forma del gobierno. si se destruye el consenso social o se usur- pa extrapolándolo a la sociedad política. como tal grupo. en virtud de una solidaridad co- lectiva. el de- recho. hacen de un grupo humano lo que llamaban Comte o Tocquevi- lle un estado social o de sociedad. la moral. para contrarrestar o impedir que prevalezca –10– . y los fines colectivos. pues.acuerdo. Por ende. la libertad como natura. como una especie de conciencia general de pertenencia a una forma de vida colectiva. la conducta. La existencia de las sociedades y de las naciones. En las ideas y creencias que constituyen las sociedades. sobre el sentido de las instituciones. el orden social como un todo. entre los miembros de la sociedad. acerca a las sociedades a ser comunitarias. acerca de la religión. Nación en Europa. no es- crita ni creada por la voluntad de poder. en la que simplemente se está. Lo propio del orden político es el compromiso. cuando hay con- senso. Pero el auténtico consenso y la verdadera convi- vencia humanos descansan en la libertad. la libertad política. la estética. tiene por objeto el encauzamiento de los conflictos que no tienen so- lución jurídica. unificado por las ideas fuertes o ideas-madres del consenso. el folklore u otros atributos. Decía Simmel del compromiso que es uno de los más grandes inventos de la civilización. regido por el sentido común. También explicó muy bien Bertrand de Jouvenel lo que significa en ese nivel del orden: el compromiso político se refiere a las cuestiones superficiales del orden social. pues. fruto de la libertad natural o política. las actividades. Y el meollo del orden social es el consenso. pues la libertad primaria es la libertad de con-vivir. sino establecida por la historia. Es lo que las diferencia de la mera co- existencia propia del rebaño o la manada. en la que no existe ningu- na clase de libertad. en la libertad política. las sociedades se desintegran y se destru- yen. el paisaje. consolidada por los siglos. etc. En último análisis. Un grupo social existe. la política. La coincidencia en las ideas esenciales se ex- presa en la con-vivencia.

por ejemplos en el caso de la artificial Yugoslavia o de los regí- menes tiránicos ¿Cataluña. de una nueva Socie- –11– . frecuentemente mal interpretada por la ideología. la presión del ethos social. unificarla con los poderes legislativo y ejecutivo. Están orientadas por las creencias. la verdad histórica del orden social. aparece el derecho para restablecer el equilibrio y. la anarquía. la sociedad queda al ar- bitrio de la voluntad política desapareciendo el Derecho. no sea político sino social por lo que. la politización de la autoridad judicial es una necesidad de la lógica del consenso. Así. en el espacio prepolítico. en tanto dueño y productor del Derecho. De ahí la falsedad del Esta- do de Derecho. La teoría del conflicto social. sólo han coexistido hasta ahora con el resto de la Nación?). Galicia. afirmaba al hablar de la separación de los poderes. las costumbres. Normalmente. Sólo si éstas llegan a ser conflictivas en el sentido de irresolubles. sentencia la verdad del derecho. Politizar la autoridad judicial. es- tudia aquellos conflictos que se dan en el seno de las sociedades. no al gobierno ni al Estado.el disenso. Es lo que caracteriza a los pseudoregímenes tiránicos. cuestión de opinión y la finalidad del orden político consiste precisamente en garan- tizar ese modo de con-vivir. El mismo Montesquieu. Sin embargo. en definitiva. Es autoridad. Andalucía. que había sido juez. no sólo es. una arbitrariedad sino una falsificación de la realidad. del espíritu de este acervo extrae el de- recho el sentido de lo recto y justo. que protege al derecho. las instituciones concretas. según la realidad históri- ca. a pesar de que la Constitución afirme que «la justicia emana del pueblo». el poder político. las costumbres institucionaliza- das como tales. los usos. lo que es recto. según su ethos. bien distinto de la coexistencia impuesta por una volun- tad política (como. De ahí que el llamado poder judicial. La vida social se rige por las tradiciones. si se politiza el nombramiento y la conducta de los jueces.el derecho. tampo- co es poder sino autoridad. cree que es lo justo cuando hay que apelar al derecho. es la sumisión de la autoridad judicial al poder político y a su ideología rupturista en tanto fundacional de un nuevo ethos. en último análisis someterla al ejecutivo. que decla- ra -no administra. El Dere- cho le pertenece al pueblo. en rigor. Al juez se le reconoce la capacidad de saber interpretar y declarar la verdad del Derecho conforme al consenso: las tradiciones. de educación. los usos. las forma de trato del grupo. el País Vasco. Seguramente lo más grave que está pasando en la revolucionaria empresa fundacional acometida por el consenso en España con el pretexto de la «modernización». lo que llamaba Durkheim la «con- trainte social». de acuerdo con lo que la sociedad. que deja inerme a la sociedad al despojarla del Derecho. si éste no basta. La del conflicto político los que se dan en su superficie. que como poder es nulo. el famoso Rechsstaat. lo demás es superficial. por- que dice. especialmente las concernientes a la con- ducta. las formas de trato. la communis opinio. El juez no es un poder ni tiene poder. en los casos concretos. arbitra las posibles discrepancias. se asienta en este consenso previo: coincidiendo en lo esencial. el consenso. pues.

simple cuestión de utilidad según las circunstancias – rebus sic stantibus– mientras el verdadero consenso tiene la solidez de un mineral en el que se apoya el compromiso. salvo que el disenso responda a la necesidad de reformas que. de un nuevo Estado. Además. al orden político. difícil de entender para el modo de pensamiento artificialista–. redu- ciéndola a la anomia. no es cuestión de utilidad: simplemente. pues.dad. existe o no existe. sin minar el con- –12– .es uno de los dos medios principales de hacerlo. tampoco es exactamente un contrato. la existencia de un consenso en la sociedad al que debe atenerse. no es necesario destruir el consenso ni su espíritu. y no por cierto a lo que implica disenso. de una nueva Nación. Compromiso que no debe ser contrario al consenso social sino acorde con él. que desintegra la Sociedad. Es menos fijo. por supuesto «democrática». El sufragio libre –no condicionado por el poder de los partidos. precisamente porque es un compromiso. Para modernizar. En las leyes se fija el sentido del compromiso alcanzado. pues. desintegrando la Sociedad. el ethos de la opinión no manipulada. más aleatorio. a una razón común. fruto de la convivencia a tra- vés del tiempo. o. más provisional. una promesa compartida. con su espíritu. si bien requiere un sis- tema representativo adecuado. sobre el interés general. amortiza la Nación. lo único moderno de la modernización que lleva a cabo el consenso es su artificialismo. El consenso social. para que juzgue sobre ello el ―Tribunal de la Opinión Pública‖. que es la razón pública. no el consenso. es un hecho ―geológico‖ que hace de solar de la conducta en general y la política en parti- cular. el ethos que da unidad a la Nación Histórica. El consenso no pertenece. Y la competen- cia entre los partidos para hacer prevalecer sus respectivos puntos de vista se con- creta en compromisos públicos que puede materializar el Parlamento en forma de leyes tras la discusión para llegar a una conclusión común. sometiendo sus respectivos puntos de vista a la opinión. Como sucedáneo de la libertad política. aunque no se sepa en qué van a consistir. la Sociedad ya se había modernizado suficientemente. Lo propio del orden político es que los partidos discutan acerca de la metodología que cada uno juzga más adecuada para perseguirlo. si se prefiere –no es lo mismo pero la mentalidad totalitaria imperante desprecia la idea de bien común. Pues el compromiso. el consenso prometía y promete todas las «liberaciones» que le convienen para. corrompe el Gobierno y despolitiza el Estado. siendo el otro la publicidad. El orden político presupone. pues todo se ha redu- cido a intereses. la fi- nalidad del orden político es el compromiso. Por eso. por supuesto no contro- lada. En rigor. al menos en principio. El orden político depende de la opinión sobre el bien común. sólo faltaba que la Nación recobrase la libertad política. usurpar los sentimientos de pertenencia a la Nación de acuerdo con su voluntad.

Ésta debiera limitarse a respetarlo. Mantener la unidad es el objeto principal de lo Político. brillantemente analizada por Tocqueville. La política. pues. de la verdad social. la lógica de la política del consenso no sólo requiere absorber y manipular la autoridad judicial: ha de destruir el ethos. decía Ortega. el sentimiento colectivo de pertenencia por el que se autorregula el orden social. la política revolucionaria y el revolucionarismo progresista. por la concurrencia de opiniones. en último análisis. La política totalitaria hace de sus opiniones —de su ideología. con el pueblo suele decirse. hábitos. suplantando su verdad-realidad histórica producto de la convivencia por la opinión que se presenta como dominante. 3 La política conservadora privilegia el consenso. La política monopoliza el consenso para someter a la sociedad a los caprichos del orden político mediante el orden público. Y la película de la «transición» ha consistido casi ob- sesivamente en atacar con mayor o menor sutileza el ethos de la Nación Histórica española como para preparar el terreno a lo que ahora acontece más toscamente. a la que la revolución contrapuso la nueva Nación Política de su invención. no es simplemente convencer ni simplemente obligar. es el ámbito de la vida colectiva o social regido por la opinión. aceptando del disenso únicamente lo que puede perfeccio- nar la libertad política actualizando la tradición en tanto tradición creadora. En contraste. que permite manipular la Sociedad. la de la sociedad política revolucionaria como una fracción de la sociedad entera. de la realidad. cuya síntesis forma el consenso. El consenso está excluido. y a producirse de acuerdo con él. de la realidad social. la unidad del grupo.senso social. reduciéndose la política a imponer coactivamente. que suscita el sentimiento de la obligación política. consti- tuye el objetivo necesario de la política totalitaria característica de la tiranía contem- poránea disfrazada de democrática. El gobierno oligárquico se caracteriza porque confunde a los hom- bres libres y los manipula a su antojo mediante la usurpación del consenso y la im- posición del suyo. Pero si no hay consenso tampoco hay sociedad. de la política por ser su presupuesto. costumbres. la auténtica política liberal descansa en el consenso. con mayor o menor sutileza. El orden público es un concepto más ex- tenso que el de razón de Estado. la actividad en el orden político. el disen- so. creencias. pero mediante la convicción. el «consenso político» es una unidad natural entre los oli- garcas que conspiran eternamente contra la soberanía de la Nación Histórica susti- tuyendo la convicción por las artificiosas ficciones de la propaganda. Por eso. Se trata de la idea del orden conforme a las conveniencias y los intereses de la razón de Estado al servicio de la oligarquía gobernante. No contra el consenso o contra el pueblo según las conveniencias o los caprichos de la oligarquía. la sociedad. Mandar. Lo inventó Napoleón para superar coactivamente el desgarramiento de la Nación Histórica francesa. «democrática» en tanto se presenta como omni- comprensiva— la fuente de la verdad. La destrucción del ethos de las naciones. –13– . Da lo mismo decir que la sociedad es hechura del consenso o el consenso la esen- cia de lo social. usos. adecuen el ethos de la Nación al nivel de los tiempos3. sino una exquisita mixtura de am- bas cosas. el espíritu de la masa de tradiciones.

Este sustituye la variedad (concepto que implica cualidad) de las opiniones por la pluralidad (concepto que implica cantidad) de disquisiciones sobre el consenso. La política del consenso totalitario no es. el auténtico centro. el consenso político ha hecho lo posi- ble por destruir las tradiciones. En la plenitud de su poder. materializado en el ataque permanente a su ethos. codificándola como una especie de pensamiento único. de cara a la opinión pú- blica. esto es en esencia lo que se instituyó con la Carta- Constitución de 1978: un consenso oligárquico que separa la sociedad política de la gran sociedad de la Nación Histórica: aquélla manda y ésta obedece. las costumbres. óbice para las discrepancias entre los partidos consensuados. De ahí la disputa permanente dentro de la oligarquía de los partidos. el centro. Se basa en el control de la formación de la opinión por parte de los partidos comprometidos en el consenso. Y la Constitución regla las posibilidades y los límites de la discrepancia en el seno de la oligarquía.Su variedad hoy corriente es la política correcta. Sustituye al viejo Derecho Natural. El consenso evolu- ciona hacia un totalitarismo basado en el engaño y la manipulación permanente de la opinión. los hábitos. con el pretexto psico-sociológico de la modernización y el ag- giornamento (en el reciente sentido clerical). Tal disputa es el origen del «centrismo» político. El consenso político deviene así el centro de todo. sobre quien representa mejor el consenso. A tenor de las consecuencias. los usos. son muy útiles para mantener la ficción coram populum de la existencia de libertades. –14– . enraizados en la historia a fin de imponer su propio «ethos» o falta de ethos en tanto éste parece ser nihilista. El derecho constitucional es otro in- vento de la revolución francesa para imponer como un corsé la voluntad de la ima- ginaria Nación Política —la Nación de las oligarquías autoconstituida como socie- dad política— sobre la Nación Histórica. las institucio- nes. pues. incapaz de apuntalar un ethos capaz de resistir al oportunismo de la voluntad de poder. los símbolos. la desinte- gración de la sociedad. la ideología y. un orden espontáneo de cooperación y convivencia. Mientras las discrepancias no sean sustantivas. Una servi- dumbre voluntaria ya que refrendó la Carta. La tiranía totalitaria de la opinión pública de Tocqueville. Utilizando el Estado. más in- telectual —de ahí el gran papel de la propaganda— que la política violenta y opor- tunista de los llamados Estados Totalitarios. En su conjunto. la transición no ha sido más que una conspiración permanente con- tra el consenso natural que constituye la Nación Histórica española. el control de las instituciones. empe- zando por la libertad política. en definitiva. más suave en las formas. siempre que no se vea afectado lo esencial del consenso político: el control del poder y de la sociedad por minorías agrupadas oligárquicamente. intenta imponer como una suerte de religión civil la religión laicista. el espíritu del consenso social. y al mismo consenso en su aspecto material mediante la división de la Nación en Autonomías semiestatales.

a los que el consenso. De ahí que el consenso. incluidos los nacionalistas. por supuesto. cuya interpretación natural según la letra de la Constitución aplicándole el sentido común. han sido bautizadas como Comunidades por la propia Constitución (art. limitándose a anestesiar la conciencia de formar una nación. las Autonomías. Pero reconoce con- tradictoriamente a renglón seguido a las regiones el uso de la abstracta palabra de- rivada «nacionalidades». El mencionado artículo 2 todavía vigente de la Carta. Esta puede y debe ser interpretada. si la derecha del consen- so parece más moderada en relación con el ethos. que. aunque puedan ser oca- sionalmente más cautelosos en atención a los votos. contemplada en la transitoria cuar- ta. Patriotismo vinculado a un papel. Y. ocurriría lo mismo si el consenso fuese derechista. necesite una de- recha que cubra las apariencias. por ejemplo. dicho sea de paso. al que le conviene tenerlos contenidos o cautivos. El voto es la eucaristía del consenso político y podría ser muy peligroso que tomasen conciencia por contagio de la realidad efectiva los votantes de los demás partidos. El consenso. La política de desnacionalización-desespañolización llevada a cabo por el consenso a lo largo de treinta años ha sido bastante eficaz.Constitución de 1978 habla de «la indisoluble unidad de la Nación española» como si la palabra nación se reser- vase para la Nación Histórica natural según el sentido común. que tiene a su servicio a la mayoría de los periodistas —muchos inconscientemente –15– . una espe- cífica leyenda negra del franquismo. cuando no le ha convenido al con- senso. con la posibilidad. se hace con las palabras lo que conviene. confor- me a la política del consenso. produce. forzando la semántica lo que haga falta o cambiándola. no deja otra alternativa para expre- sarse. por cierto. aunque sea de izquierda. de integrar Navarra con el País Vasco. ¿Para fraccionar e inutili- zar el sentimiento de comunidad nacional vinculado al ethos o consenso social de la Nación Histórica española? El despotismo del consenso en el lenguaje. como si lo español sólo pudiese ser franquista. Como no hay más verdad que la del consenso político. 137 y otros). que en muchos casos ni siquiera coinciden con las regiones. el parasitario Partido Popular creyó necesario proponer como sustitutivo del sentimiento nacional el patriotismo constitucional. que enlaza con la leyenda negra de la historia de España (cuyo auge interno debe mucho a los «regeneracionistas»). para mantener una mínima cohesión que sirva de referencia. Al efec- to. aunque no es seguro que sea muy profunda. Y. débese a que se apoya en los votos más sensibles a la naturaleza del ethos español. las provincias anteriores a la reforma de Javier de Burgos en 1833 o reinos antiguos. El éxito aparente ha sido tal. por ejemplo.En ello han participado y participan todos los partidos del consenso por acción y omisión: ninguno de ellos es menos nihilista que el otro. pues se vendría abajo la mentira oligárquica del consenso. entre cuyos delitos incluye su insistencia en la unidad nacional. Así. ni siquiera se ha respetado en la práctica.

pensando que la sociedad está ya desintegrada y el ethos de la Nación Histórica suficiente- mente debilitado. el di- luvio no importa si es a largo plazo. del consenso establecido no tiene pudor. todos estaremos muertos. bien por estar muy debilitada moralmente. El concepto de neolengua de Or- well es muy importante para entender la política y la realidad española regidas por el consenso. acepta todo y ya no cree en nada. cuando los nacionalistas catalanes deci- dieron pasar de ser «nacionalidad» a ser «nación» siguiendo la lógica implícita en aquella palabra y haciéndola prevalecer sobre la mención inmediata en el texto constitucional a la Nación española. la carrera de los estatutos nuevos. Resulta que ahí es inocua. pues la Nación. bien por sentirse inerme. Ni en sí misma ni siquiera en el régimen establecido. se parece al de las corridas de toros (que a los más sensibles del consenso les gustaría suprimir). ni rubor. ese partido se ha adherido a la carrera de revisión de los estatutos de autonomía propugnada por el consenso para profundizar la división de la Nación. dicha por supuesto con el misal de la demagogia. Al parecer. el divorcio exprés.por su incultura— y medios de comunicación. Pero a continuación. Los partidos se reparten la piel de toro echándola a suertes como los pedazos de una túnica. ni siquiera el Partido Po- pular. dado el deterioro de las instituciones. más que despotismo. que asienta la Academia tergiver- sando melifluamente lo que haya que tergiversar. límites. ha sentido es- crúpulos porque se cite a Andalucía como realidad nacional en el preámbulo de su Estatuto en tramitación. El Partido Socialista y sus amigos en el consenso. igual que el toro después de las banderillas y las puyas de los pi- cadores. la más seria y –16– . perdón. la incitación a la promiscuidad sexual. alojados en el incipiente bloque nacionalista. discapacita- dos mentales. 15. apunta a la destrucción de la familia. pues langfristig. pero «París. Y lo que vendrá después. los experimentos genéticos. con otras cosas como el aborto. Puede serlo de momento. afirma ETA. el reconocimiento del terrorismo —del crimen («Lo de Madrid fue porque el gobierno no cumplió sus compromisos». Un «nazismo» gallego es impensable. pensando tal vez en la cantidad de deficientes. apela al racismo para rebasar a sus rivales por el lado derecho del consenso.. la propaganda del trabajo asalariado de la mujer. el más agreste en este asunto por consideración a sus votos. El espectáculo de la lucha del consenso oligárquico contra la reali- dad y el espíritu de la Nación Histórica. pero el ambi- guo personaje. Se discutió mucho en el caso del Estatut. Todo ser viviente es una realidad genética. al que quisiera crucificar en nombre del pueblo. ha empezado la suerte de los capotazos que llevan al desenlace final: ma- trimonio homosexual (que. etc. Por lo pronto. bien vale una misa». el extraño jefe de ese mismo partido en Galicia predica que esa región es una «realidad genética». La tiranía encubierta. impone el lenguaje del mismo modo que la señora o señorita Salgado impone como «leyes» sus prejuicios y opiniones particulares sobre las costumbres y los y las feministas reclaman a la Academia de la Lengua que modifique el lenguaje natural que consideran «sexista». la deposi- taria y transmisora natural del ethos tradicional del consenso social). a lo que es pensable.

frente a la labor de zapa del consenso. empezó a contemporizar con el comunis- mo y el socialismo. las voces de los insumi- sos al mismo. nadie se resiste y se opone con vigor. Religión tan huera. impulsó una Ostpolitik papal y eclesiástica. Pío XII. Pablo VI. dio el –17– . se acabaría por llegar a una especie de acomodo entre los dos sistemas. El consenso y la Iglesia La función social de las instituciones consiste en acomodar las conductas a la cultu- ra preservándolas de los avatares temporales. cabría esperar independencia y fortaleza de la Iglesia. El deterioro de las virtudes tradicionales y el auge de los vicios. Su muerte «hundió la Iglesia católica» (Pierre Chaunu). el occidental y el soviético. estaba destinado a predominar en el futuro. un estric- to hombre de Iglesia. sensible empero a la tem- poralidad de la política. Casi todo está maleado o arruinado por la intensa po- litización de la sociedad y de las conciencias que ha llevado a cabo el consenso. la corrupción del et- hos. Sin embargo. cuyo contenido moral en el fondo se reduce por lo visto a la obtención de dinero y poder. La puntilla sería la imposición del laicismo radi- cal como la religión del consenso. Y. tenía las ideas muy cla- ras y percibía nítidamente las diferencias. veía la política sub specie aetemitatis.responsable en todo este asunto. el socialismo. Después de todo el ethos de la Nación Histórica española es católico. Así. Como los medios de comunicación parasitan el juego del consenso. la política vati- cana temporalista de salvar lo que se pudiese en vista de las circunstancias. sirven para dar la apariencia de que existen libertades. También lo estuvo la Iglesia universal tras la muerte de Pío XII en un momento en que la intensa propaganda comunista y socialista estaban imponiendo casi como un dogma la creencia en que. sien- do el poder solamente el medio. bajo la fórmula común de la socialdemocracia. Juan XXIII. una religión de la política. está a la defensiva. etc. Su sucesor. además. o colaboran con el consenso o se inhiben de su lucha contra la cultura nacional o están desorienta- das. se deja sentir por doquiera: la anarquía se extiende y la anomia alcanza a las instituciones. Al entrar así la Iglesia en el juego del milenarismo socialdemócrata. pensaba que Occidente sería cada vez más socialdemócra- ta y buscó un modus vivendi. entonces en boga. generalmente instrumentalizando ad hoc a la demo- cracia cristiana. Impera la anomia. Mas. quizá más a la ambición de lucrarse. como según la teoría de la convergencia. Y a la verdad. otro sacerdote intachable. sin saberlo. en un comunicado sobre el atentado del 30 de diciembre)— como interlocutor. en su mayoría. dada la solidez de la Unión Soviética. que el consenso podrá hacer con ella lo que quiera sin temor a que perciban contradicciones. A todas. custodia de la Ver- dad —«la verdad os hará libres»— y por su naturaleza un contramundo en el mun- do. demasiado confusa y dividida. Por lo que destruir la Nación española implica la ne- cesidad de destruir a la Iglesia. entre ellas la libertad política.

proliferaron las interpretaciones «políticas» o politizadas del Concilio Vaticano II y comenzó la más o menos confusa defección del clero y la diáspora de muchos cristianos ganados por el temporalismo. sincretismos pseudoecuménicos.espaldarazo a la gnosis socialdemócrata como signo de los tiempos y el consenso dirigido por la socialdemocracia se afincó en toda Europa. de la nación y la patria». La Iglesia española. Los mismos púlpitos están callados. y sigue albergándolos. En su primera visita papal a Polonia. progre- sismo. Mas el nacionalismo es seguramente el mayor enemigo del cristianismo. que es mucho más grave. Prospera la gnosis —socialismo. Pero campan en el seno de la Iglesia visible como un tumor y la paralizan. New Age. más grave que el ateísmo. por otra parte. no sin muchas excepciones particulares amortiguadas por el «colectivismo» en que puede convertirse la colegialidad de los obispos en una Con- ferencia Episcopal. para evitar un cisma? ¿Por qué no arriesgarse? –18– . La política es accidental. temerosa de parecer un poder. la construcción del consenso político según la gnosis socialdemócrata. La increencia. en definitiva la cultura de la gnosis. Y los clérigos y religiosos nacionalistas o que colaboran con las oligarquías separatis- tas no sólo corroen el ethos de la Nación sino la religión. En casos graves o ex- tremos. que algunos podrían juzgar acomodaticia. ¿A pesar de ser «católica». y quizá sea mejor dado el desconcierto. es decir. apenas transcienden. tal vez acepta por eso como «colectivo». Karol Woyjtila se enfrentó a la interpretación ideológica de la historia. invoca críticamente generalidades más o menos abstractas que. no encuentran una clara y decidida oposición? Es un hecho que la Iglesia española. La gnosis penetró en la misma Iglesia. recordó a los dirigentes comu- nistas que «la razón de ser del Estado es la soberanía de la sociedad. sobre todo. vio con simpatía.— que confunde a los cristianos y. pero ha asistido bastante impasible a la destrucción sistemática del et- hos nacional. que puede asistirles alguna razón a los nacionalismos oligárquicos? ¿O es por prudencia. se expande alentada por los poderes públicos y culturales y las iglesias están cada vez más vacías. o quizá más de que la oposición cultural le acuse de serlo. nemine discrepante. los tiempos han cambiado y la Iglesia no tiene por qué practicar ningún temporalismo plegándose desorbitada- mente a las circunstancias. laicismo. Pero el clima milenarista subsiste en muchos lugares. la confusión cultural y la indisciplina doctrinal. la nacional y la del ethos europeo. ininteligible sin el cristianismo y la Iglesia. Juan Pablo II enterró la Ostpolitik. etc. a las nuevas generaciones maleducadas y deformadas por el consenso. Bajo su pontificado. ha perdido la auctoritas que le perte- nece legítimamente. a religiosos «progre- sistas». La Iglesia no sólo albergó en su seno. cientificismo. bioideologías. intensamente en España. ¿Es el signo de los tiempos o el resultado de que el ateísmo y el modo de pensamiento ideológico. tanto por su naturaleza como por la tradición.

y Maquiavelo dejó escrito que in politicis el cincuenta por ciento depende de la diosa Fortuna. y no necesariamente nega- tivas. por otra. empezando por la doctrina. El problema es fundamentalmente político. y lo poco que se perdiese materialmente. como la llamó Michael Oakeshott. Por ejemplo. Las construcciones políticas no son eternas. Las consecuencias serían únicamente políticas. el ethos de la Nación. se entendería mejor qué significa el lai- cismo gnóstico como religión de la política convertida en religión civil del Estado: instrumentum regni con el que el laicismo quiere apoderase de las conciencias.Suponiendo que pasase algo. Cronos devora a sus hijos. no está muerto sino dormido. espiritualmente no se perdería nada. –19– . hay indicios de que la úl- tima singladura del consenso obedece a que la situación política. por una parte. ¿Qué podría hacer la Nación Histórica dejada a sí misma para recuperar la libertad política frente al nudo gordiano del consenso con el que la sociedad política la ex- plota? Parece que muy poco. a pesar de todo. La auténtica política es por eso la política del escepticismo. de que. Leer a Maquiavelo es un buen consejo. Están so- metidas a la caducidad de los tiempos. lo compensaría de sobra la clarificación de muchas cosas. No obstante. también cabe con- fiar. temporales. Por ende. en el azar. habiendo agotado sus posibilidades. si no en la Providencia. Empiezan a oírse despertadores y es posible que la realidad se imponga sobre la mentira. hace un último esfuerzo para controlar el timón y mantenerse a flote y.