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La era del capital

La construcción de naciones.

Mitad del siglo XIX “el principio de nacionalidad” 1848 y 1870, la creación de una Europa de
estados-nación, quizá existiera considerable incertidumbre en cuanto al progreso económico, el
liberalismo, tal vez incluso la democracia, pero no hubo ninguna vacilación respecto a la función
central de la nacionalidad. 1848 la primavera de los pueblos, fue en términos internacionales,
afirmación de la nacionalidad uniendo a todos los miembros de sus naciones contra los gobiernos
opresores.

Francia era ya un estado nacional independiente, y a pesar de ello nacionalista, bajo una caricatura
del gran Napoleón; Italia y Alemania se unieron bajo los reinos de Saboya y Prusia, Hungría logro la
propia dirección estatal mediante el compromiso de 1867, Rumania se convirtió en estado por fusión
de los dos principados, solo Polonia fracaso en su intento de independencia. Las insurrecciones
populares de principios de la década de 1870 precipitaron otra crisis interior e internacional, lo que
conseguiría la independencia para Bulgaria.

Hasta fuera de Europa era dramáticamente visible la construcción de naciones ¿Qué fue la guerra
civil norteamericana sino el intento de mantener la unidad de la nación norteamericana contra el
desperdigamiento? Era una característica dominante de la época, necesaria transformacion de las
naciones en estado nación soberano, con un territorio coherente definido por el área que ocupan los
miembros de una nación, que a su vez la definen su historia pretérita, su cultura común y su
composición étnica. Fue un producto de la Revolución francesa, consecuentemente, debemos
distinguir con mucha claridad entre la formación de naciones y el nacionalismo.

Europa se hallaba evidentemente dividida en naciones. La mejor forma de determinar estas era la el
hecho político, la historia institucional o la historia cultural de lo literario. Francia, Inglaterra, España
y Rusia eran indudablemente naciones porque tenían estados identificados. Hungría y Polonia eran
naciones porque existió un reino como entidad autónoma; Alemania era nación por dos razones:
debido a sus numerosos principados que formaban la Federación Alemana y porque todos los
alemanes cultos compartían el mismo lenguaje y la misma literatura escrita. Italia aunque nunca fue
entidad política tenía la más antigua cultura literaria común.

El criterio histórico eran las instituciones y cultura de la clase gobernantes, se identificarían fueran o
no demasiado incompatibles con el pueblo común. El argumento ideológico era más radical,
democrático y revolucionario, apostaba a que ningún pueblo debía ser explotado y gobernado por
otro. Si el problema era cultural, no se trataba de la “alta cultura” de la que poco poseía, sino de la
cultura oral –baladas, cantos, etc. costumbres y formas de vida de lo folclórico- del pueblo común, o
sea, el campesinado a efectos prácticos. La primera etapa del florecimiento nacional pasaba por la
adquisición de esta herencia folclórica.

Los defensores del estado nación no solo afirmaban que decía ser nacional, sino que también debía
ser progresivo, es decir, capaz de desarrollar una economía viable una tecnología, una organización
estatal y una fuerza militar. El argumento más simple de aquellos que identificaban los estados
nación con el progreso era la negación del carácter de naciones “reales” a los pueblos pequeños y
atrasados, tenían que hacerlos desaparecer mediante la asimilación, por ejemplo, hubo pequeños
grupos lingüísticos con una culta minoría selecta, las cuales consideraban la desaparición de su
lengua. Esto no debe interpretarse simplemente como una conspiración de algunas naciones para
oprimir a otras, ya que no pretendía necesariamente su desaparición sino solo su degradación del
estatus de “idioma” al de “dialecto”-

Existía, pues una diferencia fundamental entre el movimiento para fundar estados nación y
nacionalismo. El primero era un programa encaminado a construir una estructura política con
pretensiones de estar fundamentado en el segundo.

Las naciones nacientes, el mito y la propaganda se dio a mediados del siglo XXI, después de su fase
sentimental y folclórica, el movimiento nacional tendía a ser político, con el surgimiento de grupo de
mandos mas o menos grandes dedicados a la idea nacional con organizadores de sociedades
nacionales, intentos de establecer instituciones educativas y culturales. En esta etapa al movimiento
le faltaba aun apoyo serio por parte de la masa de la población, este provenía principalmente de la
capa intermedia que existía entre las masas y la burguesía o aristocracia local. Los sectores más
tradicionales, atrasados o pobres de un pueblo eral los últimos en participar en tales movimientos:
obreros, siervos y campesinos. Por otro lado, existía desde mucho tiempo atrás otra forma de
nacionalismo, más tradicional, más revolucionario y más independiente de las clases medias locales,
aunque no tenían gran consecuencia económica y política, lo que los llevaba al hambre y odio.

La nación no era un desarrollo espontaneo, sino elaborado, tenía que ser realmente construida. D ahí
la importancia de las instituciones que podían imponer uniformidad nacional, lo que significaba
primeramente el estado, sobre todo la educación pública, los puestos de trabajo públicos y el servicio
militar. Los sistemas educativos de los países desarrollados se extendieron sustancialmente a lo largo
de este periodo a todos los niveles. La educación secundaria se desarrolló con las clases medias y
siguieron siendo institucionales de la minoría selecta. El mayor progreso se produjo en las escuelas
primarias, cuyo objetivo, no era solamente enseñar los rudimentos del alfabeto y la aritmética, sino
imponer a sus pupilos los valores de la sociedad (moralidad, patriotismo, etc.)

Realmente, estas instituciones fueron de crucial importancia por el idioma nacional convirtiéndose en
idioma hablado y escrito del pueblo. De ahí también la crucial importancia que tuvieron para los
movimientos naciones en su lucha por la obtención de la autonomía cultural, ósea, para controlar la
parte destacada de las instituciones estatales. Las escuelas y las instituciones, al imponer un idioma
de instrucción, imponían también una cultura, una nacionalidad.

La paradoja del nacionalismo se hallaba en que, al formar su propia nación, creaba automáticamente
el contra nacionalismo de aquellos a quienes forzaba a elegir entre la asimilación y la inferioridad. La
nación no sería plurinacional, sino que absorberían en su nación a los inmigrantes.

Consecuentemente, el nacionalismo parecía seguir siendo de fácil manejo en un marco de liberalismo


burgués y compatible con este. Se pensaba que un mundo de naciones sería un mundo liberal, y un
mundo liberal se compondría de naciones. Con todo, el futuro iba a demostrar que la relación entre
ambos no era así de simple

Las fuerzas de la democracia.

Si el nacionalismo fue una de las fuerzas históricas que reconocieron los gobiernos, la democracia
fue la otra. Los movimientos nacionalistas de este periodo se convirtieron en movimientos de masas.
Sin embargo, los campesinos, siguieron sin sentirse afectados por el nacionalismo y las nuevas clases
obreras ponían un común interés de clase internacional por encima de las afiliaciones nacionales.
Desde el punto de vista de las clases gobernantes lo notable no era lo que creían las masas, sino que
sus creencias contaban ya en política, por definición eran numerosas, ignorantes y peligrosas. Pero
puesto a que ellos formaban el grueso del pueblo, el gobierno debería atender en primer lugar sus
intereses, el liberalismo que formaba la ideología básica del mundo burgués, no disponía de defensas
teóricas frente a esta contingencia. Su manera característica de organización política era el gobierno
representativo a través de asambleas elegirás, y lo representado no eran (como en los estados
feudales) intereses o colectividades sociales, sino conjuntos de individuos de estatus legalmente
igual. Por otra parte, y de modo más decisivo, las revoluciones de 1848 habían mostrado la forma en
que las masas podían irrumpir en el círculo cerrado de sus gobernantes.
El reavivamiento de la presión popular en la década de 1860 imposibilito que la política se aislara del
sufragio universal. Estos progresos hacia el gobierno representativo provocaron dos problemas
políticos totalmente distintos, el de las clases y el de las masas, es decir, el de las minorías selectas
superiores y de la clase media, y el de los pobres que siguieron estando muy al margen del proceso
oficial de la política. Entre ellos se encontraba la categoría intermedia, quienes, como dueños que ya
eran participaban al menos parcialmente en la politica representativa existentes. Ni las viejas
aristocracias hacendadas y hereditarias, ni la nueva burguesía contaban con la fuerza del número,
pero, a diferencia de la aristocracia, la burguesía necesitaba esa fuerza. Porque, ambas tenían riqueza
de influencia, pero solo la aristocracia se hallaba parapetada en instituciones que las protegían contra
el voto, en las cámaras de los lores o en otras similares.

Por su lado, los burgueses confiaban en sus riquezas, en su carácter de indispensables, y en el


histórico destino que hicieron de ellos y de sus ideas los fundamentos de los estados modernos. Lo
que realmente les convirtió en fuerza, fue la habilidad que lograron obtener para movilizar el apoyo
de los no burgueses que contaban con el número y por tanto con votos. De ahí la crucial importancia
que para ellos tenía la conservación del apoyo de la pequeña burguesía de las clases trabajadoras y,
más raramente, de los campesinos.

No obstante, a efectos prácticos, el liberalismo continuo en el poder, ya que representaba la única


política económica considerada como apropiada para el desarrollo, y representaba la ciencia, la
razón, la historia y el progreso. En este sentido, casi todos los estadistas y funcionarios civiles de la
década de 1850 y 1860 eran liberales, al margen de su afiliación ideológica.

La genuina oposición, la derecha, provenía de aquellos que resistían al progreso amenazador del
presente de movimiento, estabilidad, orden y progreso, esto era atrayente a grupos de la burguesía
liberal que creían que un mayor progreso aproximaría una vez más la revolución.

El conservadurismo se basaba en lo que representaba la tradición, la vieja y ordenada sociedad, la


costumbre en vez del cambio, la oposición a lo que era nuevo. Importancia crucial tenían las iglesias,
organizaciones que, si bien estaban amenazadas por el liberalismo, todavía eran capaces de movilizar
encontrar de estas poderosísimas fuerzas. La iglesia estaba en contra ya que el liberalismo promovía
el naturalismo (que niega la acción de dios sobre los hombres), el racionalismo (el uso de la razón sin
referencia a Dios), el racionalismo moderado (la negativa a la supervisión eclesiástica por parte de la
ciencia y la filosofía), el indiferentismo (la libre elección de cualquier religión o de ninguna), la
educación secular y la separación de la iglesia y el estado. Inevitablemente, la línea de división entre
la derecha y la izquierda se convirtió en gran parte en la que existía entre lo clerical y lo anticlerical.
El derecho al voto continúo estando tan restringido en la mayoría de los casos que era imposible el
planteamiento de una política mo0derna o de cualquier otra en la que intervinieran las masas.

Al nivel más modesto de la lucha económica y la defensa propia persistió la organización de la clase
obrera que estaba en constante crecimiento, los obreros mantuvieron fuertes sindicatos locales. En
1860 se evidencio que el proletariado estaba volviendo a la escena, surgió con una rapidez inesperada
y pronta fue seguido por la ideológica que hasta entonces se había identificado con sus movimientos:
el socialismo. Este proceso de aparición fue una curiosa amalgama de acción política e industrial, de
diversos tipos de radicalismos que iban desde el democrático hasta el anarquista. Perro por encima de
todo era internacional, y no solo porque sucedió simultáneamente en varios países, sino por su
condición de inseparable de la solidaridad internacional de las clases obreras. Se organizó realmente
y por la Asociación Internacional de Trabajadores, la Primera Internacional de Karl Marx (1864-
1872) donde se discutía la verdad, el manifiesto comunista en el sentido de que el trabador no tiene
patria, ejemplo, la tradición revolucionaria francesa era notoriamente nacionalista. Los triunfos y
derrotas de la izquierda en cualquier lugar del mundo parecían tener que ver aun con ellos inmediata
y directamente.

La internacional, fundad en Londres, comenzó como curiosa combinación de dirigentes sindicalistas


británicos de tendencia liberal-radical. Sus batallas ideológicas acabarían finalmente con ella, la
primera gran batalla la ganaron los socialistas. Incapaz de mantener por más tiempo el control de la
Internacional, Marx la clausuro en 1872. No obstante, y como quedo demostrado, las ideas de Marx
habían triunfado.

Aunque la internacional no había dado origen todavía a partidos de la clase obrera de importancia, en
una serie de países se había asociado al surgimiento de la clase obrera atravesó de un movimiento
masivo industrial y sindical. Esta oleada de huelgas obreras se extendió por todo el continente.

Surgieron nuevos sindicatos que entregaron sus masas a la Internacional. Desde luego asustaron a los
gobiernos, sobre todo en 1871, cuando el apogeo del atractivo popular de la Internacional coincidió
con la Comuna de Paris; el liberalismo se hallaba demasiado comprometido con una ortodoxia como
para considerar seriamente la política de reforma social, pero estuvieron dispuesto a realizar este
sacrificio porque aunque habían considerado como fórmula cierta la ruina de cualquier intromisión
publica en el mecanismo de mercado libre, ahora se hallaban convencidos de que si querían contener
la organización y las actividades de clase obrera tenían que reconocerlas primero.

El objeto de estas reformas fue evidentemente poder evitar el surgimiento de la clase obrera como
fuerza política independiente, y sobre todo como fuerza revolucionaria. Esto se logró en países con
movimientos ya establecidos de obreros., en los sitios en donde ya era poderosa la trabajadora
organizada. Esta fue la hazaña mas significativa de la Internacional, pues de este modo logro que la
clase obrera fuse independiente y socialista.

Por otro lado, no la convirtió en insurrecta. Y es que, a pesar del terror que inspiraba en los
gobiernos, la Internacional no planeaba la inmediata revolución. Marx se habría contentado con que,
al menos en los grandes países industriales, se hubieran establecido organizados movimientos
obreros políticos e independientes como movimiento de masas cuyo objetivo fuera la conquista del
poder político, emancipados tanto de la influencia intelectual del radicalismo liberal (nacionalismo)
como de la ideología de tendencia izquierdista (anarquismo). Ni siquiera pretendió que tales
movimientos fueran marxistas, tal pretensión hubiera sido utópica, puesto que Marx no contaba
virtualmente con seguidores. Tampoco creía en que el capitalismo se hallara a punto del colapso, ni
en el inmediato peligro de derribo. Confiaba simplemente en poder iniciar la organización de los
ejércitos que librarían la larga batalla contra el bien atrincherado-.

A principios de la década de 1870 se tenía la impresión de que el movimiento había fracasado, ya que
solo en Alemania se había producido un avance visible, en 1870 Marx empezó a concretar algunas
esperanzas en Rusia. La mayoría de estas variaciones no se evidenciaron hasta el final de la década
de 1880l cuando se resurgió la Internacional como frente común de los partidos de masas
principalmente marxistas.

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