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EN LO PRINCIPAL: TÉNGASE PRESENTE

OTROSÍ: ACOMPAÑAN DOCUMENTOS, CON CITACIÓN

EXCMA. CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

CIRO COLOMBARA LÓPEZ y ALDO DÍAZ CANALES, abogados, en


representación convencional de la recurrente Sra. DOROTHY AURORA PÉREZ
GUTIÉRREZ, en autos de Acción de Protección caratulados “PÉREZ con
BERMÚDEZ”, Ingreso a Corte N° 61.877 – 2018, a V.S. Excma. Corte con
respeto decimos:

Que, por este acto, venimos en solicitar a esa Excma. Corte que tenga
presente lo siguiente, respecto de las argumentaciones vertidas por la defensa del
señor Bermúdez Soto, en el recurso de apelación en contra de la sentencia dictada
en autos por la Tercera Sala de la Iltma. Corte de Apelaciones de Santiago, con
fecha 16 de octubre de 2018.

1. La parte apelante afirma que la “sentencia que se impugna carece de


reales fundamentos o verdadera motivación” y dice que habría sido
dictada, “sin cumplir con el deber de fundamentación que es exigible a
toda resolución judicial”.

La sentencia apelada está claramente fundamentada, pues señala y


desarrolla, entre otros argumentos, que el artículo 4° de la ley N° 10.336, norma
expresa, especial y vigente, establece la inamovilidad del Subcontralor General de
la República; que éste es Juez de Cuentas, y que aunque no forme parte del Poder
Judicial, se trata de un órgano jurisdiccional que goza de independencia, y que, no
puede ser removido por el Contralor a su sola discreción, como lo hizo. Añade, que
no se siguió el procedimiento que fija la ley y que se constató una discriminación
ilegítima, puesto que otros funcionarios de la entidad citados como testigos en la
causa que indica no fueron despedidos.
Agrega el fallo que el Contralor, además, se arrogó las facultades del Tribunal
llamado por ley a conocer del juicio de amovilidad que debió iniciar para la
remoción que pretende. Señala que se han vulnerado los artículos 6 y 7 de la
Constitución Política. Concluye, en suma, que las actuaciones del Contralor
vulneran las garantías constitucionales de igualdad ante la ley, a no ser juzgado por
comisiones especiales y de propiedad de doña Dorothy Pérez Gutiérrez y, por ende,
acoge la acción constitucional y ordena que sea restituida a su cargo.

2. Sobre la reiteración de que, en su opinión, el asunto no sería materia de


Recurso de Protección, sino que de materia lato conocimiento.

El señor Bermúdez Soto insiste por 4ª vez en ello, que fue ya rechazado 3
veces. En efecto, el fallo apelado resolvió que la vulneración de garantías
constitucionales envuelta en este caso es precisamente propia de la acción de
protección, como remedio ante actuaciones ilegales y arbitrarias que amenazan,
privan o perturban derechos fundamentales. Previamente, lo resolvió al declarar
admisible el recurso y frente al escrito que pedía rechazar la Orden de No Innovar.

3. Señala que “la interpretación sostenida por la sentencia conlleva erigir


al Subcontralor como un funcionario al margen de la jerarquía de la
Institución.”.

La ley N° 10.336, Orgánica Constitucional de la Contraloría, establece el


cargo de Subcontralor como un tipo de empleado diverso de “los demás”
empleados de la Contraloría y también es un cargo especial respecto del propio
Contralor, pero ello en ningún caso implica que queda al margen de la jerarquía de
la institución. En efecto, conforme al artículo 27 el Subcontralor debe estudiar los
asuntos que por “disposición” del Contralor pasen a su despacho. También debe
presentar a éste los informes que emanen de su estudio. Debe cooperar, en
general, a la labor que corresponda al Contralor “de acuerdo con la ley”. A su vez,
debe solicitarle autorización para hacer uso de feriado legal o de permisos
administrativos con o sin goce de sueldo. Es el Contralor quien dispone los
cometidos y comisiones de servicio nacionales e internacionales que deberá servir y
cumplir el Subcontralor, y también es al Contralor, como jefe del servicio y jerarca,
a quien el Subcontralor le debe solicitar los medios materiales, logísticos y el
personal para poder cumplir adecuadamente sus funciones, todo lo cual, entre
otros, deja de manifiesto que sí está sometido a la jerarquía de la institución.

Sin embargo, es evidente que se trata de un funcionario distinto a “los


demás” funcionarios de la Contraloría, ya que la propia ley excluye al Subcontralor
del sistema de evaluación y calificaciones (artículo 48 N° 1); lo deja fuera del
sistema general de remoción de empleados (artículo 4); le fija una renta específica
e inferior a la del Contralor (artículo 45); exige para dicho cargo tener el título de
abogado (artículo 2); le asigna funciones públicas privativas (artículo 27); fija
quienes le subrogarán en caso de impedimento o ausencia (artículo 28); lo
establece en la Planta de la institución como un cargo de denominación específica
(artículo 44, B).

Además, especialmente, en el inciso primero del artículo 107 (inciso que fue
objeto de modificación expresa mediante la ley N° 19.817, del año 2002) le otorga
competencia para el conocimiento de los juicios de cuentas en primera instancia.
Enseguida, en los artículos 107 a 129 la citada ley de rango orgánico constitucional,
establece los deberes y facultades del Subcontralor y Juez de Cuentas en el
juzgamiento de éstas (conocer y dar traslado de la demanda -reparo-, declarar
rebeldía u otorgar ampliaciones de plazo para contestar la demanda, abrir término
probatorio, encomendar diligencias al secretario abogado del tribunal, autorizar que
éste firme “por orden del juez” providencias de mero trámite, ordenar medidas para
mejor resolver, dictar sentencia, etc).

La ley establece también que le afectan las causales de implicancia y


recusación de los artículos 195 y 196 del Código Orgánico de Tribunales y, en su
artículo 127, le otorga mérito ejecutivo a las sentencias definitivas firmes que dicte,
cuya acción de cumplimiento luego es ejercida por el propio Consejo de Defensa del
Estado (artículo 128).

Es decir, es la ley 10.336, tal como lo indica el fallo apelado, la que le otorga
un carácter especial distinto al de “los demás” funcionarios de la Contraloría, y no
por ello le deja al margen de la jerarquía del Contralor, salvo cuando la propia ley
así lo indica, como acontece respecto de la remoción.
4. Señala que esta interpretación “consagra una verdadera perpetuidad
para el cargo de Subcontralor”.

Ello no es efectivo, puesto que en general los cargos públicos de planta como
el de la especie, no tienen una duración específica (como la que se introdujo de
manera especial y constitucionalmente sólo para el Contralor) sino que duran
mientras no opere una causal legal de cese. Así, al igual que la generalidad de los
funcionarios de planta, se sirve el cargo mientras no cese por causa legal y, tal
como sucede con la generalidad de los jueces del país, el Subcontralor General
sirve el cargo en tanto dure su ´buen comportamiento´ y para acreditar que no lo
ha cumplido, se requiere un juicio de amovilidad ante el tribunal que la ley designa,
y no por la decisión discrecional de una persona que se ha arrogado tales
competencias jurisdiccionales.

5. Sostiene que los empleados de exclusiva confianza no tienen derecho a


la estabilidad en el empleo. Añade, que la interpretación contenida en el
fallo implica que “no existiría norma que regule el nombramiento del
Subcontralor”.

Es efectivo que los cargos de exclusiva confianza propiamente dichos, esto


es, aquellos que copulativamente, tanto para su nombramiento como para su
remoción, dependen de la voluntad discrecional del jefe del servicio, no gozan de
estabilidad en el empleo. Ello, puesto que el artículo 89 del Estatuto Administrativo
señala: “Todo funcionario tendrá derecho a gozar de estabilidad en el empleo y a
ascender en el respectivo escalafón, salvo los cargos de exclusiva confianza”.
(Destacados añadidos).

Sin embargo, el cargo de Subcontralor General no es discrecional para


efectos de su remoción, sino que sólo para efectos de su nombramiento. Por ende,
al igual que los altos directivos públicos, no constituyen cargos de exclusiva
confianza propiamente tales. Son cargos que se “asimilan” a tal “calidad” sólo
para ciertos efectos acotados, esto es, sólo para su ingreso o sólo para su
remoción, respectivamente1. Se trata de una tipología diversa contemplada en la

1
Jordán, Tomás. Informe en Derecho “Opinión Jurídica sobre el estatuto legal de remoción del Subcontralor(a)
General de acuerdo a los artículos 3 y 4 de la Ley Nº 10.336”.
ley y que ha sido reconocida y desarrollada por la propia jurisprudencia de
la Contraloría General (que ahora insólitamente la olvida), entre otros, en los
dictámenes N°s 3.586, de 2006 y 52.500, de 2009, N°s 12.520 de 2011.

Por ende, la estabilidad en el empleo es un derecho de quien sirva el cargo


de Subcontralor, ya que no se trata de un cargo de exclusiva confianza y dicha
estabilidad se aplica a “todo” funcionario (en planta y que no sea de exclusiva
confianza).

A ello, se suma especialmente, que tratándose de un órgano jurisdiccional,


tiene estabilidad como elemento esencial y por su propia naturaleza, pues de lo
contrario no contaría con real independencia y autonomía, básicas para resolver las
causas de acuerdo a la ley y al mérito de los procesos que conozca.

6. Indican que este fallo al aplicar el artículo 4° de la ley 10.336,


establecería un “régimen único propio de las monarquías absolutas, sin
parangón en el derecho público nacional”.

Contrariamente a lo que hoy sostiene su defensa, el 15 de diciembre de


2015, cuando el señor Bermúdez Soto se presentó como candidato a Contralor ante
la Comisión de Constitución de la Cámara Alta, señaló expresamente que el
artículo 3° de la ley 10.336, que hoy con vehemencia invoca, es propio de una
Contraloría con “constitución monárquica”. Por ello, prometió ante el Senado
instar por la pronta modificación del citado artículo 3° sobre exclusiva confianza.

Sin embargo, en la primera oportunidad que el Contralor tuvo para solicitar


oficialmente modificaciones a la ley orgánica de la Contraloría y así cumplir lo
prometido, el día 27 de mayo de 2016, despachó a la entonces Sra. Presidenta de
la República, el oficio N° 39.701 de 2016, en el cual no instó por la eliminación o
modificación de ese artículo 3° (que había indicado como propio de una
monarquía). Al efecto, en un otrosí se acompaña el respectivo diario de sesiones
del Senado que citó su exposición ante el Congreso y copia del oficio señalado.

7. Señala que “La inamovilidad del Subcontralor es un pecado …que pone


en riesgo la gestión del actual Contralor y de todo el que asuma dicha
responsabilidad en el futuro.”.
Salvo que se estime que la independencia y la legalidad en las actuaciones de
los funcionarios públicos y jueces pone en riesgo la gestión de sus superiores
jerárquicos; o que se estime que en las instituciones públicas o en la Contraloría no
deben existir contrapesos intraórganos, no se advierte de qué manera la
inamovilidad del Subcontralor y Juez de Cuentas podría poner en riesgo la gestión
del Contralor, más aún si éste puede iniciar un juicio de amovilidad si estima que el
Subcontralor no ha tenido buen comportamiento en su cargo.

No se advierte cómo el cumplir con una ley expresa y vigente (artículo 4 de


la ley 10.336) podría poner en riesgo la gestión del Contralor o de sus sucesores.

Recordemos además, que los anteriores Contralores Generales han trabajado


con esa norma, incluso lo han señalado por escrito como consta en este expediente.
A su vez, quienes han ejercido el cargo de Subcontralor General han renunciado
voluntariamente, sea porque se aprestaban a jubilar o porque lo consideraron
conveniente. Pero nunca se les ha requerido presentar su renuncia dentro de 48
horas apercibiéndoles con la vacancia del cargo, y ello es así, precisamente
porque tanto Contralores como Subcontralores tuvieron presente la inamovilidad
que establece el artículo 4° de la ley 10.336.

En efecto, a diferencia de lo que ha sostenido el señor Bermúdez Soto, cabe


señalar, a modo de ejemplo, que es un hecho público y notorio, que en el año
2007, la Subcontralora señora Noemí Rojas Llanos no renunció dentro de las 48
horas de que se le requiriera la renuncia (a ella y a 24 jefaturas de la Contraloría)
sino que una semana después y sólo para hacerse efectiva varios meses
más tarde. Así lo informaron Emol, El Mostrador, Cooperativa y diversos otros
medios, que no sólo dan cuenta del mayor lapso transcurrido entre la solicitud y la
renuncia, sino que además, consignaron que no estaba obligada a hacerlo, ya
que el cargo de Subcontralor era inamovible.

Es más, la inamovilidad del Subcontralor y Juez de Cuentas era una cuestión


totalmente pacífica, no sólo en los medios de comunicación; lo era para la propia
Contraloría (como dan cuenta las copias acompañadas de documentos oficiales
presentados por la Contraloría y por la Cancillería ante la OEA); para los
legisladores (como se advierte de la historia de la ley 19.817, del año 2002); y en
los textos de más de 20 autores y expertos, incluido el Manual de Derecho
Administrativo del propio académico señor Bermúdez Soto.

Sólo se ha generado artificialmente controversia en este punto, ahora que el


señor Bermúdez Soto en su calidad de Contralor ha planteado una cuestión
absolutamente distinta a la que él y la institución que dirige señalaban por escrito
antes. Sólo ha construido esta controversia para justificar su propia actuación
inmotivada, arbitraria e ilegal, olvidando su propia doctrina anterior, desconociendo
el texto expreso de la ley; obviando que la propia Contraloría en distintos años,
ante organismos nacionales e internacionales, ha sostenido reiteradamente y por
escrito la inamovilidad del Subcontralor; obviando la doctrina de más de 20 autores
y expertos en Derecho Público del país; y movilizando todos los recursos públicos
de la Institución y del Estado para sostener su deliberado, evidente e infundado
cambio de argumentación.

8. Sostiene que el Artículo 4º de la ley N° 10.336, que establece el juicio de


amovilidad para remover al Contralor y Subcontralor, fue tácitamente
derogado por el Artículo 4º del decreto ley Nº 3.551, de 1980. También
indican que “no es sostenible que la intención del legislador del año 1980
haya sido consagrar la exclusiva confianza para los funcionarios, salvo
uno, el Subcontralor” y agregan que ello se ve “ratificado por la historia
del establecimiento del citado Decreto Ley”.

En el núcleo de la argumentación del señor Bermúdez Soto, está que en el


año 1980 un decreto ley derogó tácitamente la norma que consagra la inamovilidad
del Subcontralor, y para ello cita como “historia fidedigna” de dicho decreto ley, que
en una de las minutas de la Junta de Gobierno se precisó respecto de los
Fiscalizadores y Municipios que “el personal de estos servicios pasa a ser de
exclusiva confianza del Jefe del Servicio”.

Entonces, la defensa del señor Bermúdez Soto ahora olvida que en su propio
alegato, ante la 3ª sala de la Iltma. Corte de Apelaciones de Santiago, en esta
misma causa, exhortó expresamente a los señores Ministros a recordar que “el
texto de la ley se independiza de la historia de su establecimiento” y solicitó que no
se considerara el análisis que realizaron los señores diputados, en el año 2002,
cuando a propósito de la última modificación de la ley 10.336 -relativa al
juzgamiento de las cuentas-, se refirieron a que el Subcontralor gozaba de
inamovilidad. No obstante, ahora sí considera válida y útil la historia de una norma,
pero esta vez, la historia de la discusión de un decreto ley.

En efecto, hoy invoca y hace primar la historia del decreto ley Nº 3.551
(dictado el 26 de diciembre de 1980 por la Junta de Gobierno), por sobre la historia
fidedigna de la ley N° 19.817, del año 2002, que es precisamente la última
modificación de la ley orgánica de la Contraloría en la cual el Congreso Nacional
discutió y se refirió de manera expresa al Tribunal de cuentas y al Subcontralor, y
en la cual, como consta en este expediente, los parlamentarios señalaron que éste
goza de la inamovilidad que poseen los miembros del Tribunales Superiores de
Justicia. También fue considerada dicha inamovilidad en varios proyectos de ley
posteriores presentados en la presente década.

Pero aún más grave, al revisar el texto del mismo decreto ley que el apelante
invoca, se advierte que éste en su argumentación presenta como norma y
conclusión común que todo el personal de las entidades “fiscalizadoras y
municipios” es de la exclusiva confianza del jefe del respectivo servicio y omite
deliberadamente que las disposiciones que dicho decreto ley fija para la Contraloría
General son completamente distintas de las que fija para las entidades
fiscalizadoras, a las cuales trata en artículos distintos y también es diversa de la
normativa que fija para los municipios. En efecto, en el Título I que se denomina
“De la Contraloría General de la República y De las Instituciones Fiscalizadoras”
hace claras distinciones entre ellas, las regula separadamente, y cuando en sus
artículos 2° y 3° establece que “todo” el personal de las entidades fiscalizadoras
serán de la exclusiva confianza del jefe del servicio cita sólo a la Fiscalía Nacional
Económica, al Servicio Nacional de Aduanas, a la Dirección del Trabajo y a la
Superintendencia de Seguridad Social.

En cambio, para la Contraloría destina un articulado distinto y especial, en el


que dispone sólo una modificación parcial, la que se incorpora a la ley 10.336, en la
que sólo habla de “los demás” empleados y no de “todos” los empleados, dejando
así vigente la inamovilidad del Subcontralor General y Juez de Cuentas.

Asimismo, en el Título II “De las Municipalidades”, regula separadamente a


los funcionarios municipales y, en su artículo 22, también excluye a los jueces de
policía local de la exclusiva confianza que fija para todos los empleados
municipales.

Entonces, por las múltiples razones señaladas, es bastante evidente que la


norma que consagra la inamovilidad y el sistema de remoción del Subcontralor no
fue derogado hace tres décadas, en 1980, como pretende el apelante.

9. También reclama que el fallo no considera que un decreto ley posterior


(de 1980) deroga a una ley anterior (1963).

Baste decir que con ello la defensa del señor Bermúdez Soto olvida reglas
básicas de interpretación.

En efecto, una ley especial, como es la que regula la inamovilidad y fórmula


de remoción del Subcontralor (artículo 4 de la ley 10.336), prima y, por ende, no es
contradictoria sino que complementaria, con la ley general que regula la remoción
de “los demás” empleados de la Contraloría (artículo 3 de la ley 10.336). Tal como
sostiene Bobbio: “Por efecto de la ley especial, la ley general pierde vigencia
parcialmente”2.

10. Sostiene que de entenderse vigente el artículo 4° de la ley 10.336


sobre inamovilidad, debería referírsele a la posibilidad que terceros ajenos
y no el Contralor, persigan la remoción del Subcontralor, o cuando
invoquen causales en que haya incurrido en el ejercicio de funciones de
juez de cuentas.

Cabe recordar que la ley N° 10.336 contempla claramente los mecanismos


para la remoción del Subcontralor y, además, contempla los recursos de apelación
y de revisión respecto de sus resoluciones judiciales, al tiempo que el ordenamiento

2
BOBBIO, Norberto, Teoría General del Derecho, Editorial Temis, Bogotá, p. 196.
jurídico contempla el recurso de queja entregado al conocimiento de esta Excma.
Corte Suprema, para los efectos disciplinarios.

11. Indica que el fallo es erróneo pues no considera que el cargo de


Subcontralor es sólo administrativo y no es un órgano jurisdiccional.

Hay que recordar que el artículo 107 de la ley N° 10.336 le otorga


directamente al Subcontralor la función pública de Juez de Cuentas. Esto es,
jurisdicción conforme al artículo 5° inciso final del Código Orgánico de Tribunales.
Por lo mismo, múltiples documentos oficiales que constan en el expediente y,
además, diversos fallos de esta Excma. Corte Suprema, reconocen al Juzgado y al
Tribunal de Cuentas su carácter jurisdiccional.

Así, por ejemplo, el 4 de octubre del año en curso, en autos Rol 7427-2018,
la 3a sala de esta Excma. Corte Suprema, se pronunció sobre un Recurso de Queja
presentado en contra de los miembros del Tribunal de Cuentas de Segunda
Instancia de la Contraloría General de la República, debido a que éstos confirmaron
la sentencia del Juzgado de Cuentas de 3 de agosto de 2017, pronunciada por la
señora Juez de Cuentas.

En el considerando Undécimo, al referirse a la comparecencia del Consejo de


Defensa del Estado en defensa del Tribunal recurrido, sostiene que el Tribunal de
Cuentas de Segunda Instancia “constituye un órgano jurisdiccional con
funcionamiento distinto e independiente de la Contraloría General de la
República…”. Como es obvio, lo mismo es aplicable al Juzgado de 1a instancia.

Es evidente que si la Excma. Corte Suprema de Justicia ejerce su potestad


disciplinaria a través del conocimiento del Recurso de Queja respecto de las
decisiones adoptadas en la jurisdicción de cuentas, es porque se trata de órganos
jurisdiccionales, y no entes meramente administrativos.

12. Señala que si el Subcontralor sólo puede ser removido por un juicio de
amovilidad, entonces no está obligado a seguir los lineamientos del
Contralor General, lo que afecta el principio de control jerárquico.
Conviene recordar que es evidente que el Subcontralor sí debe seguir los
lineamientos del Contralor en el ámbito del trabajo administrativo, pero ni éste ni
ningún funcionario público debe hacerlo cuando se trata de órdenes improcedentes,
como las que se describen en el recurso de protección, las que el Contralor le
instruyó, a través de sus asesores de confianza, a la Subcontralora Dorothy Pérez.
Entre ellas, firmar un oficio que omitía información dirigido a la Cámara de
Diputados, o sobreseer sumarios prescritos y sin sanciones para los funcionarios de
diversas entidades públicas cuya responsabilidad estuviera acreditada en tales
procesos y, además, sin sanciones para los funcionarios de la propia Contraloría
que retardaron tales procesos llevándolos a la prescripción. A fin de que SS. Excma.
aprecie el tipo de resoluciones de que se trata, se adjunta en un otrosí, la
transcripción oficial y pública de la resolución N° 110, de 11 de enero de 2016,
firmada por el Contralor General señor Jorge Bermúdez, en que éste sobresee por
prescripción y, por ende, sin sanciones, un sumario administrativo relativo al pago
irregular de remuneraciones por $ 1.628 millones de pesos en los Departamentos
de Personal y Dpto. III de Carabineros (área del fraude), detectados en el informe
final de auditoría N° 215/13, emitido en junio 2014. Tampoco se ordenó investigar
ni denunció la responsabilidad interna por el retraso que llevó a tal prescripción.

Efectivamente, todos los funcionarios de Contraloría deben seguir los


lineamientos del Contralor, salvo cuando es legalmente improcedente y, además,
en el caso del Subcontralor, cuando se trate del contenido de sus decisiones
jurisdiccionales o se tenga efectos en ellas. Así, es útil recordar que según el
artículo 129, inciso segundo, de la ley 10.336, en el caso que los sumarios arrojen
responsabilidad civil, el Contralor dispondrá que se eleven los antecedentes al juez
de primera instancia, a fin de que, considerándose las conclusiones del sumario
como un reparo, prosiga el juicio correspondiente. Por ende, la negativa a suscribir
tales expedientes sumariales sobreseyéndolos, también se relaciona con el efecto
en los juicios de cuentas en tramitación.

13. Reclama que el fallo concluye que sí habría existido una discriminación
porque a “otros funcionarios que como la Subcontralora fueron citados por
el fiscal a cargo de la investigación del caso Fraude en Carabineros, no se
les haya pedido la renuncia como a ella”.
La defensa del señor Bermúdez Soto afirma que la pérdida de confianza no
se produjo sólo por la citación a declarar como testigo, e insiste en omitir los demás
hechos en que se basa, aludiendo a que no puede explicar o dar a conocer a la
Excma. Corte tales fundamentos, porque estarían protegidos por secreto.

Sostiene eso, pese que el día 21 de agosto, esto es, a sólo horas de haberle
pedido la renuncia y antes de emitir y notificar la resolución que declaró la
vacancia, el señor Bermúdez Soto expuso su decisión ante los medios de prensa y
también vía twitter en la cuenta institucional. Luego, diariamente se refirió al
asunto en los medios, e incluso, el 27 de agosto, esto es, a sólo 5 días de haber
declarado vacante el cargo de doña Dorothy Pérez (y sin que ésta a esa fecha
hubiera concedido ninguna entrevista a ningún medio de comunicación), él
ventiló públicamente sus “razones”, en una extensa entrevista en el canal de
televisión CNN Chile, en horario “prime”, esto es, en el horario más visto de la
televisión chilena, en donde tal como consta en el documento que se acompaña en
un otrosí, el Contralor, refiriéndose y difamando a la señora Dorothy Pérez, indicó
“Que una alta autoridad de la Contraloría esté involucrada en el mayor fraude,
me parece que ameritaba que se tomaran decisiones”.

No sólo insiste en omitir sus fundamentos objetivos, sino que además, para
profundizar una y otra vez en sus argumentos de efecto, destaca que fue “citada 2
veces”. Pero omite que en ambas ocasiones fue citada sólo como testigo, esto es un
tercero que colabora con la investigación, y jamás como imputada, ni formalizada,
ni mucho menos ha sido condenada por un Tribunal.

Insiste en dicho argumento de efecto, pero también omite que en dicha


causa (fraude de Carabineros) han concurrido como testigos (esto es, reiteramos,
como terceros que colaboran con la investigación, sin que hayan sido imputados,
formalizados o condenados) una veintena de funcionarios activos de la Contraloría,
entre ellos, la abogada y entonces Jefa de la División de Auditoría Administrativa,
(quien aprobaba los informes finales de auditoría de esa División y, en particular,
del área encargada de auditar Carabineros desde el año 2011); la auditora y
entonces Jefa directa del área de auditoría denominada “Administración General y
Defensa Nacional”, unidad que estaba directamente a cargo de las investigaciones
en Carabineros; el abogado y entonces Jefe de la Unidad de Gestión de Procesos de
la División de Auditoría, unidad responsable de monitorear (y reportar directamente
a la Jefa de la División el avance de las auditorías y sumarios); diversos
funcionarios de la División Fiscalía quienes también concurrieron reiteradamente a
declarar, y su abogada asesora de confianza (que también está a cargo de la
revisión de los sumarios previo a la firma del Contralor y ejercía, además, como
fiscal en el sumario interno por el caso Carabineros), señorita Loreto Valenzuela
Torres, sin que a ninguno les haya pedido la renuncia.

Con el ánimo de proseguir en sus argumentos de efecto señala que la señora


Dorothy Pérez sí fue jefa de dos funcionarios hoy imputados, pero nuevamente y de
manera deliberada omite que ellos fiscalizaron a Carabineros desde los años´90 y
hasta los años 2006-2007, en tanto que la señora Pérez recién ingresó a la División
de Auditoría 3 años después, en el año 2010. También omite que la señora Dorothy
Pérez nunca JAMÁS fue jefa directa de tales funcionarios, pues dicho cargo lo servía
una auditora de carrera. Y NUNCA fue la encargada de fiscalizar en el área de
Carabineros como a raíz de sus dichos se ha instalado por los medios.

Por lo demás, insistir en tales argumentos con el sólo objeto de incrementar


el manto de duda que el propio señor Bermúdez Soto artificiosa, infundada y
dañinamente ha arrojado sobre la honorabilidad de nuestra representada,
demuestra que éste persiste sin comprender que en Chile rige el Estado de
Derecho, y que la determinación de responsabilidades y la remoción del cargo de
que se trata están regladas por ley y no se obtienen por la vía de difamar,
alimentar sospechas infundadas, ni arrogándose la facultad de así juzgarlo.

14. Señala que por su condición de Subcontralora, la situación no puede


ser análoga a la de los “demás funcionarios citados que no reemplazan o
subrogan al jefe superior del Servicio”.

Sobre este punto, cabe señalar a VS. Excma. y recordar al señor Contralor
que otras altas jefaturas en servicio en la entidad, que lo subrogan actualmente,
también han sido citados a declarar en sede penal en causas vigentes y tampoco se
les ha pedido la renuncia, lo que también demuestra su actuar discriminatorio.

Ello, porque un testigo es alguien que colabora con una investigación, y


sobre todo, porque en un país democrático, con un ordenamiento jurídico y debido
proceso claro y respetado como es Chile, no se establece la responsabilidad
administrativa, civil, ni penal de las personas en base a meros dichos de las
asesoras de confianza, a especulaciones, o a caprichos y tampoco a través de
constantes difamaciones vertidas a través de los medios de comunicación. Se
requiere siempre que la autoridad facultada expresamente por la ley haya
determinado esas responsabilidades; se requiere que tales decisiones sean
debidamente fundadas y que se hayan adoptado en procedimientos legales y
transparentes; se requiere debido proceso, nada de lo cual ha cumplido.

La Constitución asegura a todas las personas, entre otros derechos, la


igualdad ante la ley; no ser juzgado por comisiones especiales; y el derecho
de propiedad en sus diversas especies.

Ni la ley ni autoridad alguna pueden establecer diferencias arbitrarias.

Ninguna magistratura puede atribuirse ni aún a pretexto de circunstancias


excepcionales otra autoridad o derechos que los que expresamente se les hayan
conferido en virtud de la Constitución o las leyes.

POR TANTO,

SÍRVASE V.S. EXCMA., tener presente lo señalado.

OTROSÍ: Por este acto, venimos en acompañar, los documentos que se indicarán,
solicitando se tengan por acompañados, con citación:

1. Informe en Derecho del abogado y profesor de Derecho Constitucional, Sr.


Tomás Jordán D., denominado “Opinión Jurídica sobre el estatuto legal de remoción
del Subcontralor(a) General de acuerdo a los artículos 3 y 4 de la Ley Nº 10.336”.

2. Copia de los dictámenes N°s 3.586, de 2006 y 52.500, de 2009, N°s 12.520 de
2011, de la Contraloría General de la República.
3. Copia del diario de sesiones del Senado, Legislatura 363ª, Sesión 82ª, del
miércoles 16 de diciembre de 2015 en que se indica que en la exposición del
candidato a Contralor ante el Senado, éste al aludir al artículo 3° de la ley 10.336
que contempla la exclusiva confianza, señaló que en razón de ello la Contraloría
tiene una “Constitución Monárquica”, por lo que planteó que instaría por la
modificación o eliminación de dicha norma, en la que hoy busca ampararse.

http://www.senado.cl/appsenado/index.php?mo=sesionessala&ac=getDocumento&
teseid=57632&nrobol=s184305_P&tema=Proyecto&legiid=&parl_ini=34&tagid=9

4. Copia del oficio N° 39701, de 27 de mayo de 2016, en que el Contralor solicita


seis modificaciones a la ley orgánica de la Contraloría, omitiendo la relativa al
artículo 3° de la ley 10.336, pese que así lo había ofrecido al Senado.

5. Transcripción oficial de la resolución N° 110, de 11 de enero de 2016, firmada


por el Contralor señor Jorge Bermúdez, en que éste sobresee un sumario
administrativo relativo al pago irregular de remuneraciones por $ 1.628 millones de
pesos en Carabineros de Chile.

6. Impresión de twitter subida por CNN Chile, el día 27 de agosto de 2018, y


reproducida a la fecha por cerca de 5.000 personas, en que se cita al Contralor,
quien al referirse a nuestra representada señala: “Que una alta autoridad de la
Contraloría esté involucrada en el mayor fraude, me parece que ameritaba que se
tomaran decisiones”.

https://twitter.com/cnnchile/status/1034229871285809152?lang=es
6. Copia de tres notas de los medios de comunicación Emol, El Mostrador y
Cooperativa, que en diciembre del año 2007 informaron que la Subcontralora
señora Noemí Rojas Llanos no estaba obligada a renunciar, pues conforme a la
ley de la Contraloría gozaba de inamovilidad, y que, además, dan cuenta que
ésta no renunció dentro de las 48 horas de requerida la renuncia sino que mucho
después.

https://www.emol.com/noticias/nacional/2007/12/04/284091/contralor-acepto-la-
renuncia-de-noemi-rojas.html

https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2007/12/04/contralor-mendoza-define-
nuevo-equipo-y-excluye-a-subcontralora-noemi-rojas/?v=desktop

https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/organismos-del-
estado/contraloria/mendoza-dio-curso-a-la-renuncia-de-la-subcontralora-
general/2007-12-04/142717.html