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ELEMENTOS DE LITERATURA.

ELEMENTOS

LITERATURA

DON JOSÉ GÖLL Y VEHÍ,

eatedrático de Autores clásicos.

Jíegne ego contra naturam pugno.


(QUINT. , Instit. orat., n , 8.)

MADRID,
IMPRENTA T ESTEREOTIPIA DE M. R1YADÜNE7RA,
Salon del Prado, uúm. 8.

1856.
'iPASCMLácGATX!
ÍNDICE.

INTJIODIXXIOX.

Definición y clasificación de las obras literarias i


Ciencias relativas áí estudio de las obras literarias 3
Definiciones de algunas voces q u e se emplearán con frecuencia en esta
obra 5
Utilidad de las reglas . 8

PARTE PRIMERA.

DE LA ELOCUCIÓN.

De la elocución en general 13
LIBRO P R I M E R O . — A N Á L I S I S DE LA E L O C U C I Ó N 17
CAPÍTULO PRIMERO. DEL PENSAMIENTO 20
I. Análisis del pensamiento . . . id.
II. Cualidades esenciales del pensamiento 26
CAPÍTULO H . DUL LENGUAJE 29
I. De la estrui tura del lenguaje id.
1. De las voces 30
2. De la oración gramatical 34
3. De la cláusula 39
II. Cualidades esenciales del lenguaje 45
1. Pureza 44
2. Propiedad 50
5. Armonía 52
CAPÍTULO ni. DE LAS FIGURAS 62
I. Figuras de dicción 64
1. F i g u r a s de dicción por adición ó supresión 65
2. Figuras d e dicción por repetición 67
3 . F i g u r a s de dicción p o r combinación 70
II. De los tropos 74
1. Tropos de dicción 73
2 . Tropos de sentencia 82
— 430 —
a ) . Tropos de sentencia fundados en la semejanza 83
b). Tropos de sentencia por oposición 6 c o n t r a s t e 89
c). Tropos de, sentencia por reflexión 92
III. De las figuras de pensamiento 100
1. Figuras pintorescas id.
2. Figuras lógicas 114
5. F i g u r a s patéticas 123
LIBRO I I . — D E LAS CUALIDADES DE LA. ELOCUCIÓN U0
CAPÍTULO PUCHERO. DE I.AS CUALIDADES ESENCIALES DE LA ELOCLCION. . . iü
I. Claridad id.
II. Precisión 1*7
III. Variedad y unidad 150
IV. Novedad 151
V. Honestidad 15Í
VI. Oportunidad 155
VII. Naturalidad 137
CAPÍTULO I I . D E LAS CUALIDADES ACCIDENTALES DE LA ELOCUCIÓN, ó DE LOS
DISTINTOS GEKEROS DE ESTILO 161
I. Estilo cortado 163
II. Concisión, abundancia 164
III. Energía 167
IV. Viveza, vehemencia, estilo patético 170
V. Sencillez 171
Vi. Elegancia, estilo llorido 172
VII. Magnificencia, sublimidad 173
VIH. Estilo familiar, jocoso, satírico, humorístico 181
IX. Denominaciones que los retóricos antiguos dieron al estilo. . . 183

PARTE SEGUNDA.
DE LOS DIVERSOS GÉNEROS DE COMPOSICIONES LITERARIAS.

División 187

SECCIÓN PRIMERA.
Arte poética.

LIBRO PRIMERO.—DE LA POESÍA EN GENERAL 188


I. Del fondo de la obra poética 189
II. De la forma de la obra poética 192
1. Plan id.
2. Elocución 195
3. Versificación 200
III. División de las obras poéticas 203
LIBRO II.—DE LOS DISTINTOS GÉNEROS DE POESÍA 207
CAPÍTULO PRIMERO. POESÍA LÍRICA id.
I. Del poema Úrico en general id.
II. De las distintas especies de poesía lírica 212
— 431 —
1. Oda 213
2. Elegía 221
0. Canción, letrilla, epitalamio y cantata 224
4. E p i g r a m a , madrigal, soneto 229
5. Romances y baladas 253
CAPÍTULO H . POESÍA ÉPICA ' 237
I. Epopeya id.
1. Acción épica 238
o ) . Unidad 239
b). Integridad 241
c ) . Grandeza 245
<¡). Interés 246
2 . Personajes y costumbres id.
3 . Plan, estilo y versificación 252
4. Suciota noticia de los principales poemas épicos 253
II. De otras varias composiciones épicas 239
1. Poema heroico id.
2. Canto épico id.
3. Cuentos >d.
4. Leyendas 260
5. P o e m a burlesco id.
III. Novela i'i.
CAPÍTULO H I . POESÍA DRAMÁTICA 26"
I. Del drama en general id.
1. Acción dramática 270
a). Verosimilitud 271
b). Unidad 272
c ) . Integridad 278
d). Interés 2 7 9

2. Personajes y c o s t u m b r e s 280
3 . P l a n , estilo y versificación 281
II. De las distintas especies de poemas dramáticos 288
1. Tragedia 290
2 . Comedia 294
3. Drama 297
CAPÍTULO IV. POESÍA DIDÁCTICA 299
\ ¿ I. Poema didascálico 300
II. Poema descriptivo 205
III. Epístola 3 0 3

IV. Sátira 3 0 6

V. Fábula, parábola, proverbio, metamorfosis 509


CAPÍTULO V. POESÍA BUCÓLICA 315

SECCIÓN SEGUNDA.
D e las composiciones oratorias.

Elocuencia, oratoria, retórica 3


^
CAPÍTULO PRIMERO. DEL ORADOR T DEL AUDITORIO 326
I. Cualidades del perfecto orador 326
II. Bel auditorio 333
CAPÍTULO II. DE LA COMPOSICIÓN ORATORIA >36
i

I. Del fondo del discurso oratorio -


ifi

1. De los m e d i o s de convencer 340


2. De los medios de agradar y conmover 348
II. De ¡a forma del discurso oratorio 360
4 . Plan
a ) . Exordio 305
i ) . Proposición y división 386
e). Narración. 369
d). Confirmación y refutación 371
e). Peroración 375
2. Elocución oratoria
3 . Pronunciación 379
CAPÍTULO I II. DE I.OS DIVERSOS GÉNEROS HE ORATOSIA
I. Oratoria sagrada
II. Oratoria política
III. Oratoria forense 3:>

SECCIÓN TERCERA.

Obsas doctrínales.

CAPÍTCLO PRIMERO. COMPOSICIONES HISTÓRICAS 40!


I. Divisiones de la historia, y de sus diferentes escuelas 40
II. Dotes morales é intelectuales del historiador 41
II!. Máximas, descripciones y arengas '
i l

IV. Plan y estilo


CAPÍTULO n . OBRAS CIENTÍFICAS T SÓBALES 12'

M D E L ÍJiDICE.
ELEMENTOS

DE LITERATURA.
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t -

INTRODUCCIÓN.
DEFINICIÓN Y CLASIFICACIÓN DE LAS OBRAS LITERARIAS.

Toda obra literaria (tomada esta expresión en su.mas lato sen-


tido) es una ordenada serie de pensamientos, dirigida á conseguir
un fin determinado, que en último resultado nunca debe ser otro
que el bien de la especie humana.
Si la obra tiene por fin directo la investigación ó enseñanza de
la verdad, recibe el nombre de didáctica ó científica. Si se pro-
pone expresar lo bello (delectare, juvare), se llama poética (com-
posición poética, poema, poesía). Si su fin directo es moralizar
(prodesse, idónea dicere vita), se llamará religiosa, ascética,
mística, moral, etc.
En las obras científicas se dirige el autor principalmente á la
inteligencia; en las poéticas, á la imaginación y al sentimiento;
en las morales, á la voluntad, á la acción.

E m p l e a m o s esta palabra principalmente, p o r q u e no existe n i n g u n a obra


p r o d u e l o exclusivo do u n a de las facultades del alma. E n la obra mas a b s t r a c -
t a c a b e n la imaginación y el s e n t i m i e n t o ; y la obra mas p o é t i c a , m a s e l o -
c u e n t e , m a s a p a s i o n a d a , siempre debe t e n e r por base la inteligencia. E n las
o b r a s morales t i e n e n l u g a r el c o n v e n c i m i e n t o , el s e n t i m i e n t o y el placer,
p o r q u e la r a z ó n , las pasiones y la imaginación son los móviles de la v o l u n -
t a d . P o r otra p a r t e , n i n g u n a obra se propone tampoco un fin e x c l u s i v o : la
p o e s í a , al p a r q u e d e l e i t a , i n s t r u y e y m o r a l i z a ; la c i e n c i a , además d e e n s e -
ñ a r , moraliza y d e l e i t a ; la mora! deleita t a m b i é n , y p r e s u p o n e el c o n o -
cimiento.

i
Las obras de la inteligencia humana, cuyo medio de expresión
es la palabra, entran en el dominio de la literatura tan solo en lo
que tenga relación con la belleza (belleza en el fondo ó en la for-
ma). Por esta razón, las obras literarias, tomando esta palabra
en un sentido estricto y usual, se contraponen á las obras cientí-
ficas, como se contrapone la literatura á la ciencia.

Hay o b r a s , como las oratorias, las morales, la historia, etc., que tienen
por fin direclo i n s t r u i r ó m o r a l i z a r , pero que procuran deleitar y e n t u s i a s m a r
al p r o p i o t i e m p o p o r m e d i o de los e n c a n t o s de la poesía y de la e l o c u e n c i a .
E s t a s obras conservan u n c a r á c t e r i n t e r m e d i o e n t r e las poéticas y las p u r a -
m e n t e científicas, y g e n e r a l m e n t e se c o m p r e n d e n e n t r e las l i t e r a r i a s .

§• 3 .

Unas obras se destinan a l a pronunciación, y otras tienen por


objeto producir en un auditorio una impresión determinada, ave-
ces momentánea (generalmente la persuasión); y otras se compo-
nen para ser leidas con mas ó menos detenimiento y con reflexión
mas ó menos profunda. Las primeras se llaman oratorias (ora-
ciones, arengas, discursos [oratorios, disertaciones, etc.), las
demás carecen d.e nombre genérico que las comprenda.

Algunas obras se escriben p a r a ser leidas ó recitadas en p ú b l i c o , y en este


c a s o , según m a s a d e l a n t e v e r e m o s , tienen m u c h o s p u n t o s de contacto con el
discurso oratorio. La m e r a c i r c u n s t a n c i a de tener q u e ser recitada ó leida e n
público u n a obra influye m u c h í s i m o en el carácter de su e s t r u c t u r a y d e
su estilo.
Notaremos t a m b i é n que los discursos o r a t o r i o s , u n o s se i m p r o v i s a n y otros
se r e c i t a n de m e m o r i a .

§.4.

Por último, en unas obras el lenguaje está sujeto á períodos y


frases musicales de una extensión rigorosamente determinada (ver-
sificación), y otras, prescindiendo de estas formas regulares, se
desenvuelve con entera libertad, sin limitarse mas que de un m o -

Siguiente
— 3 —
do vago á las leyes del ritmo y de la armonía. Las primeras se lla-
man obras en verso, las segundas obrasen prosa.

No deben confundirse las obras en verso con las poesías n i con las obras d e
estilo p o é t i c o ; no deben confundirse tampoco las obras en prosa con las obras
prosaicas n i con las d e estilo p r o s a i c o ; esta división de obras en prosa y e n
verso solo dice relación con la e s t r u c t u r a material del lenguaje ó del sonido.

CIENCIAS RELATIVAS AL ESTUDIO DE LAS OBRAS LITERARIAS.

§• 5 .

Como la razón debe presidir en todas las obras del entendimien-


to humano, todas indistintamente deben estar sujetas á los prin-
cipios de una buena lógica.
Empleando el lenguaje oral como medio de transmitir el p e n -
samiento , debemos valemos de este medio con toda la perfección
posible. La gramática enseña á usar el lenguaje con pureza y pro-
piedad, y por consiguiente con claridad. El tratado de la elocu-
ción (llamado por unos retórica, y por otros teoría del estilo)
enseña á embellecer la expresión y á trasmitir el pensamiento, las
imágenes y los afectos con la misma energía con que percibimos,
concebirnos y sentimos. Por consiguiente, las reglas degramática
y las de elocución ó estilo, tan íntimamente enlazadas, que es im-
posible discernirlas con toda exactitud, son, como las de lógica,
aplicables á todas las obras científicas y literarias. Constituyen la.
parte mecánica de la literatura.

L a métrica ó el a r t e de la versificación debe c o n s i d e r a r s e como u n a p a r t e


del tratado de la armonía del l e n g u a j e , y por c o n s i g u i e n t e , como u n a p a r t e
de la elocución ó teoría del e s t i l o , aplicable solamente á las composiciones
p o é t i c a s . Ya se ha dicho q u e la versificación no es m a s que u n a armonía m a s
perfecta del lenguaje.
Bacon y K a n t dan á la voz retórica el sentido empleado en el texto de e s t e
p á r r a f o . Considerándola Bacon como la tercera p a r t e de la Tradiliva, la d e -
fine : Teoría del embellecimiento del discurso. Kant la emplea en este m i s -
m o s e n t i d o , y la d i s t i n g u e de la oratoria (ars oratoria).
_ 4 —

§.e.
La literatura tiene por objeto el conocimiento de la belleza,
realizada en las obras literarias (§. 2).
El análisis filosófico de la belleza, la indagación de sus causas
y délos fenómenos que en nosotros produce, es objeto de la esté-
tica, rama de la filosofía, mas bien que de la literatura propia-
mente dicha.

La l i t e r a t u r a , p a r t i e n d o de la observación-, f o r m ú l a l a s reglas g e n e r a l m e n -
t e r e s p e t a d a s en las obras mas perfectas del i n g e n i o , y se e n c a m i n a d i r e c t a -
m e n t e á la a p l i c a c i ó n , á la p r á c t i c a . La e s t é t i c a es c i e n c i a ; la l i t e r a t u r a es
nías bien a r l e .

§• 1-

La literatura, dejando á un lado su parte filosófica (estética),


comprende una parte puramente preceptiva (teórica), y otra parte
histérico-critica.

§•8.

Además del tratado de la elocución (§. 5), pertenecen á esta


parte preceptiva de la literatura la poética, ó arte que tiene por
objeto el conocimiento de las reglas que deben observarse en los
poemas; la oratoria (retórica), ó teoría del discurso oratorio (§. 3),
y por último, las reglas peculiares de todas las demás composicio-
nes que, aunque escritas en prosa, participen mas ó menos del
carácter de literarias (historia, obras místicas, epistolares, etc.).

Los a n t i g u o s daban este sentido á Ja voz retórica c u a n d o la definian: « A r -


te de p e r s u a d i r , » — « Arte de p e r s u a d i r por medio de la p a l a b r a , » — Vis in-
veniendi in orationeomnia persuasibilia (Aristóteles),-—Benedicendi scien-
tia (Quintiliano). Véanse los capítulos 14 y 16 do las Instituciones oratorias.
Antes de i m p u g n a r las definiciones y divisiones de los grandes maestros d e la
a n t i g ü e d a d , a t r i b u y é n d o l e s e r r o r e s en que estuvieron m u y lejos d e i n c u r r i r ,
es p r e c i s o hacerse c a r g o del objeto y materia de sus obras.
L a voz retórica no t i e n e tampoco en las l e n g u a s m o d e r n a s el s e n t i d o ¡ato
q u e le dio Bacon ( § . S ) , ni menos el sentido latísimo que e q u i v o c a d a m e n t e
se le a t r i b u y e por a l g u n o de n u e s t r o s autores y en no pocos d o c u m e n t o s ofi-
ciales.
En nuestros tiempos ha tomado mucha importancia el estudio
histórico-crítico de la literatura, que, además de la vida de los au-
tores, del conocimiento, interpretación y juicio de sus obras,
comprende el examen de la influencia que recibieron de las épo-
cas y obras precedentes, la que ejercieron en su época y en las
posteriores, tanto en su patria como en las naciones extrañas; la
que recibieron ó ejercieron con relación á la ciencia, á las c o s -
tumbres y á la vida completa de los pueblos y del humano linaje.

Los h e r m a n o s Schlegel en A l e m a n i a , y en Francia Mme. Stacl y Villemain,


son los que dieron mayor impulso á este género de estudios. No carecemos
en España do excelentes e n s a y o s , como los de D. L e a n d r o Moratin , de Don
Manuel José Q u i n t a n a , de D. A g u s t í n D u r a n , de D. Alberto L i s t a , de Don
F r a n c i s c o Martínez de la R o s a , de ü . Antonio Gil y Z a r a t e , d e D . Pedro José
P i d a l , e t c . B o u t e r v e c k , Sísrnondi, C l a r u s , S c b a k s , T i c k n o r , P u i b u s q u e ,
Dozy, Wolf y otros han t r a t a d o e s p e c i a l m e n t e , y con sumo acierto, de n u e s -
tra literatura.
Las expresiones óptima litteree ( b u e n a s l e t r a s ) , humaniores litterw ( l e t r a s
h u m a n a s ) , con q u e d e s i g n a r o n los a n t i g u o s lo q u e llamamos ahora con m a s
frecuencia literatura ó bollas l e t r a s , hoy se aplican p r i n c i p a l m e n t e al e s t u d i o
d e los autores clásicos, griegos y latinos.
A d e m á s de e m p l e a r s e la voz literatura en el sentido explicado, sirve t a m -
bién p a r a expresar el conjunto de obras literarias d e u n a n a c i ó n , época ó g é -
n e r o d e t e r m i n a d o ; y así d e c i m o s : Literatura griega, española, árabe; lite-
ratura antigua , de la edad media, del siglo x v u ; literatura sagrada, pro-
fana, dramática.

DEFINICIONES DE ALGUNAS VOCES QUE SE EMPLEARÁN CON FRECUENCIA

EN ESTA OBRA.

§• <o.

En vano intentaríamos dar una definición exacta de la belleza.


Bástenos saber que damos el nombre de bellos á los objetos que
nos causan una impresipn deleitosa, pura y desinteresada. El
placer que nos causan los objetos bellos es puro, porque no es un
placer délos sentidos; es desinteresado, porque es independiente
de la utilidad, porque no excita el deseo de poseer el objeto.
— 6 —
El placer que nos c a u s a n los objetos a g r a d a b l e s , n i es p u r o (en el sentido
i n d i c a d o ) , n i es tampoco d e s i n t e r e s a d o . Los objetos útiles p u e d e n causar d o -
lor. Una fruta p u e d e ser bella ó fea (ala v i s t a ) , agradable ó desagradable
(al p a l a d a r ) , y útil ó nociva (á la salud).
El h o m b r e m a s i g n o r a n t e no confunde en este caso lo bello con lo a g r a d a -
ble y lo ú t i l .

Hallamos la belleza en el mundo físico, en el moral y en el in-


telectual.
El hombre y la naturaleza nos presentan la belleza real, y nues-
tro entendimiento crea la belleza ideal, objeto de las bellas artes.
Pero esta belleza es siempre limitada, relativa; la belleza abso-
luta solo existe en Dios.

Hay t a m b i é n , s e g ú n algunos a u t o r e s , belleza de expresión y belleza de


imitación.
§. 1 1 .

La unidad y la variedad son dos condiciones esenciales de lo


bello, y por consiguiente dos cualidades esenciales de todas las
obras de las bellas artes. La unidad satisface la razón, es una
exigencia del espíritu; la variedad halaga, es una de las princi-
pales fuentes del placer.
§• 12.

La sublimidad, según Cousin, consiste en la ausencia de lími-


tes, en lo infinito. El placer que nos causan los objetos sublimes,
además de ser también puro y desinteresado, es un placer auste-
ro, acompañado de admiración, y á veces de terror.

§• 1 3 .

Generalmente sedeüne el sentimiento, una modificación agra-


dable ó desagradable que recibe el alma á consecuencia de un fe-
nómeno psicológico. El sentimiento violento y enérgico toma en
literatura el nombre de pasión.
El entusiasmo es un momento de la pasión; es el movimiento
simpático llevado á la exaltación, é inspirado por un objeto noble
y digno de ser amado.
Algunos psicólogos e n t i e n d e n p o r pasiones todos los fenómenos de la s e n -
s i b i l i d a d , cualesquiera que sean s u n a t u r a l e z a , s u o r i g e n , su causa y su m a -
yor ó m e n o r i n t e n s i d a d . O t r o s , e m p e r o , conformándose m a s c o n el lenguaje
o r d i n a r i o , d a n el n o m b r e de pasiones á alas p e r t u r b a c i o n e s ó afectos desorde-
n a d o s del á n i m o » , á las emociones y deseos q u e p o r su m u c h a violencia o b -
c e c a n el e n t e n d i m i e n t o y avasallan la v o l u n t a d . El significado etimológico de
la palabra pasión expresa lo contrario de acción.

§. 1 4 .

La imaginación es la facultad de representarnos con viveza las


creaciones que forja nuestra mente, combinando los elementos
que de la naturaleza recibe. La imaginación no se concreta á lo
visible; los sonidos yacen en su dominio de igual suerte que la for-
ma y los colores.

§. 1 3 .

La facultad de sentir y juzgar lo bello se llama gusto ó buen


gusto.
El gusto, según Blair, es de dos especies: positivo, que siente
y conoce la belleza, y negativo, que siente y conócelos defectos.
No siempre se hallan reunidas estas dos especies de gusto; y aun-
que es preferible la primera, el buen gusto, el gusto perfecto no
puede existir sin la reunión de entrambas.
La aplicación de las leyes del gusto recibe el nombre de crí-
tica.

La diferencia de c l i m a s , de é p o c a s , d e c o s t u m b r e s , de e d a d e s , e t c . , o c a -
siona u n a notable diversidad de g u s t o s ; n a d i e , sin e m b a r g o , desconoce q u e
h a y u n buen g u s t o u n i v e r s a l y sujeto á leyes invariables.

§.16.

El genio (ingenio, numen) es la facultad de crear lo bello. La


expresión de lo bello es objeto del arle (artes de lo bello, bellas
artes). Por medio de las artes excitamos en nuestros semejantes
el sentimiento de lo bello. Y como lo interior solo puede manifes-
tarse ó expresarse con el auxilio de medios exteriores y materia-
les, todas las bellas artes deben tener un medio de expresión c a -
— 8 —
paz de impresionarnos por medio de los sentidos. En la diferencia
de estos medios estriba la diferencia de las bellas artes.

A la vista y al oido se refieren todos los medios de e x p r e s a r la belleza. L a


vista c o m p r e n d e todas las a r t e s q u e se desenvuelven en el e s p a c i o : la e s c u l -
t u r a , la p i n t u r a y la a r q u i t e c t u r a . A! oido se refieren la p o e s í a , la oratoria y
la m ú s i c a : en la poesía y en la oratoria los sonidos articulados ó p a l a b r a s son
el m e d i o de e x p r e s i ó n ; en la música, los sonidos i n a r t i c u l a d o s .

UTILIDAD DE LAS REGLAS.

§. 17.

Las reglas literarias nos indican las sendas abiertas por los
grandes ingenios, haciéndonos observar las bellezas de sus obras
inmortales, para que las admiremos, y señalándonos también sus
defectos, para que procuremos evitarlos. No entorpecen nuestras
facultades, no impiden que la fantasía se exalte, ni que arda en
nuestro corazón la llama de los afectos; sino que, apoyadas en la
razón, corrigen los desórdenes á que pudieran arrastrar fácilmen-
te uña sensibilidad extraordinaria ó una imaginación acalorada,
abandonadas sin freno alguno al ciego impulso de la naturaleza.

N i n g u n a escuela, n i n g u n a persona sensata, ha n e g a d o la utilidad de las r e -


g l a s ; pero hubo en la a n t i g ü e d a d , y h a n aparecido de nuevo en n u e s t r o s
d i a s , escuelas que r e p r o b a r o n con j u s t i c i a el abuso de ellas, su m u l t i t u d , s u
r i g i d e z y la excesiva i m p o r t a n c i a que algunos críticos r u t i n a r i o s les a t r i b u í a n .
Q u i n t i l i a n o , en el libro 2 . ° , y e s p e c i a l m e n t e en c! capítulo i 3 , c e n s u r a estos
m i s m o s d e f e c t o s , y fija con s u tino a c o s t u m b r a d o cuáles deben ser los v e r -
d a d e r o s límites del a r t e . Eral rhetorice res prorsus faciíis ac parva, si unoet
brevi priescriptocontineretur.

§. 1 8 .

Las reglas no pueden dar ingenio al que nació sin él: para s o -
bresalir en cualquiera de las obras á que se aplica el entendimien-
to humano, es preciso, antes que todo, haber recibido de la natu-
raleza las convenientes facultades, dirigir luego estas facultades
con el auxilio del arte, que es el ejemplo y la experiencia de los
siglos, y por último, desenvolverlas y fortalecerlas por medio de
la práctica, del trabajo, de esta ley imperiosa, esculpida por el
— 9 —
Hacedor supremo en la frente del hombre. Natura incipit, ars
dirigit, ususperficit. (Yosio.)

No es posible, sin e m b a r g o , someter las bellas a r t e s á principios p u r a m e n -


t e teóricos y tan fijos como los d e la c i e n c i a : lo b e l l o , lo s u b l i m e se s i e n t e ,
se a d m i r a , p e r o difícilmente se analiza y conoce. P o r esta r a z ó n , u n estudio
m e r a m e n t e teórico de la retórica y poética no p u e d e formar m a s que p e d a n -
t e s ; seria c o m p l e t a m e n t e i n ú t i l , c u a n d o no p e r j u d i c i a l , s i n o se aplicase al
análisis y l e c t u r a de las obras r e p u t a d a s u m v e r s a l m e n t e p o r clásicas, y si se
le diese mas importancia que la de dirigirnos en este estudio. Algunos saben
de memoria y c o m p r e n d e n perfectamente todos los preceptos , y sin e m b a r -
g o , carecen de g u s t o ; son malos e s c r i t o r e s , malos críticos. El estudio de
D e m ó s t e n e s , Cicerón y B o s s u e t , el de H o m e r o , V i r g i l i o , D a n t e , Shakespea-
r e y Calderón, y el de los Libros sagrados, h a n formado mas oradores y p o e -
tas q u e todos los tratados y todas las escuelas. «La filosofía, dice H e g e l , n o
« p r e t e n d e dar al a r l e r e c e t a s , m a s p u e d e darle m u y útiles consejos; s i g ú e -
l e en sus p r o c e d i m i e n t o s , y le señala los falsos caminos por donde p u e d e ex-
t r a v i a r s e ; ella sola puede dar á la crítica u ñ á b a s e sólida y principios fijos.»

§. 19.

Dividiremos esta obra en dos partes.


I. De la elocución.
Ií. Be los diversos géneros de composiciones literarias.
PARTE PRIMERA.

DE LÀ E L O C U C I Ó N .
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DI LA ELOCUCIÓN 1 GENERAL,

§• £ 0 .

Llámase elocución la manifestación de nuestros pensamientos y


afectos por medio del lenguaje oral. Eloquiest omnia qum mente
conceperis promere, atque ad (ludientes per ferré. ( Q . L. VIII.)

Eloculio esl idoneormn verborum et sententiarum ad inventionem accom-


modatio. ( C í e , a d l l e r . , 1,2.) La elocución es u n a de las partes en q u e los a n t i -
g u o s dividieron la r e t ó r i c a . P e r o como las obras literarias ó científicas c o n -
sisten todas en u n a o r d e n a d a serie d e p e n s a m i e n t o s , expresados p o r medio
del l e n g u a j e , el t r a t a d o d e la elocución d e b e considerarse como u n t r a t a d o
g e n e r a l , aplicable, como la g r a m á t i c a , á todo género de c o m p o s i c i o n e s , así
como á la conversación m a s familiar ( § . S ) .

§• 2 1 .

Las voces elocución y estilo se confunden con frecuencia. Sin


embargo, parece que la palabra elocución se refiere á las propie-
dades ó cualidades permanentes del discurso, y que la palabra
estilo [gems orationis, genus dicendi) se usa mas bien para sig-
nificar lo accidental, lo variable. «Estilo, dice la Academia, es el
modo y forma de hablar ó escribir peculiar á cada uno.» Es la fi-
sonomía del escrito ó del discurso. En el estilo se refleja, con ra-
rísimas excepciones, el carácter del escritor. Esto es lo que se
propuso dará entender Buffon cuando dijo: El estilo es el hombre.

E n las retóricas se habla de elocución poética, histórica, oratoria, para ex-


p r e s a r : estilo propio de la poesía, de la historia, d e la oratoria. Sin e m b a r g o ,
n o e m p l e a m o s la voz elocución para d e s i g n a r el estilo de u n e s c r i t o r ó de u n a
época. Admitida la diferencia q u e e s t a b l e c e m o s , no d e b e r í a d e c i r s e cualida-
— 14 —
des esenciales del estilo, sino cualidades esenciales déla elocución. Tampoco
n o s parece m u y propio el título de teoría del estilo, que en algunas obras de
l i t e r a t u r a vemos aplicado al tratado de la elocución.
L a voz frase p a r e c e confundirse t a m b i é n con las voces elocución y estilo,
c u a n d o d e c i m o s la frase castellana, la frase de Cervantes, e t c . ; p e r o en
estos casos siempre h a c e m o s referencia á la construcción material de las p a -
labras m a s que al s e n t i d o , y las voces elocución y estilo lo c o m p r e n d e n t o -
d o . La palabra dicción asimismo tan solo dice relación con la elección de las
palabras y la c o n t e x t u r a gramatical del d i s c u r s o . La dicción d e u n a u t o r p u e -
d e s e r excelente, siendo p é s i m o el estilo.
Establece la enciclopedia metódica u n a diferencia n o m u y fundada e n t r e
las voces elocución y estilo, diciendo q u e la p r i m e r a se aplica á la c o n v e r s a -
ción , y las voces dicción y estilo á las obras y discursos oratorios.
El tono de u n a composición literaria no es el estilo m i s m o , sino u n a m o d i -
ficación q u e recibe el estilo á consecuencia de la situación moral y de la i n -
tención del que habla. Tomada la voz tono en sentido propio, y aplicada á la
voz h u m a n a , expresa las inflexiones y modulaciones particulares del sonido,
q u e revelan el estado de! á n i m o .

§. 2 2 .

Elestudiodela elocución es importantísimo, porque la elocución,


junto con el plan, constituye la forma de toda obra literaria. Si
en un escrito puramente científico podemos mirar con cierta i n -
dulgencia los vicios de elocución y la falta de un buen estilo, no
sucede lo propio con las obras literarias. «En la esfera de las b e -
llas artes, dice Yillemain, la forma pertenece al alma, tanto co-
mo el mismo sugeto.»

«Las obras bien escritas son las únicas q u e pasarán á !a posteridad. El n ú -


m e r o de c o n o c i m i e n t o s , la s i n g u l a r i d a d de los h e c h o s , la misma novedad d e
los d e s c u b r i m i e n t o s , no son suficientes para a s e g u r a r la inmortalidad. Si las
o b r a s que los c o n t i e n e n están escritas sin g u s t o , sin nobleza y sin g e n i o , p e -
r e c e r á n ; porque los c o n o c i m i e n t o s , los hechos y ¡os descubrimientos con f a -
cilidad se r o b a n , se t r a n s p o r t a n , y c i e r t a m e n t e g a n a n m u c h í s i m o en ser b e -
neficiados p o r u n a m a n o mas h á b i l . » (BIJFPON, Dis. á la Acad. Fran.) En
e f e c t o , las verdades científicas pasan á ser patrimonio de t o d o s ; pero lo q u e
á n i n g ú n autor p u e d e arrebatársele es la vida que supo d e r r a m a r en la o b r a ,
s u p e r s o n a l i d a d , aquel lazo invisible que do los dispersos m i e m b r o s c o m p o n e
u n t o d o ; en u n a p a l a b r a , la forma. Han m u t i l a d o t o r p e m e n t e los d r a m a s d e
Shakespeare los q u e lian pretendido limpiarlos de defectos.
Cicerón opina t a m b i é n que la elocución es la p a r t e esencial de la oratoria,
— 15 —
y la q u e c a r a c t e r i z a al o r a d o r . . . in quooratoris vis illa divina virtusquecer-
nitur.

§. 2 3 .

La elocución recibe tres formas generales: una objetiva, otra


subjetiva, y otra que podemos llamar mixta.
En la objetiva parece que el entendimiento no hace mas que
ver ó percibir, y declarar lo que percibe por medio del lenguaje.
Comprende la narración y la descripción, á las cuales se ba dado
también los nombres de forma narrativa y forma descriptiva.
Por medio de la narración referimos hechos, por medio de la des-
cripción enumeramos propiedades y cualidades de los objetos que
pretendemos describir; tanto en la narración como en la descrip-
ción , aparecen los fenómenos como independientes de nuestros
juicios.; tanto la una como la otra pueden versar sobre hechos y
objetos reales ó sobre hechos y objetos creados por nuestra ima-
ginación.
En la forma subjetiva predominan las apreciaciones y juicios
que hacemos de las cosas; generalizamos mas, nos desprendemos
mas de los fenómenos y de la materia, para internarnos mas y
mas en la región del espíritu; en la forma subjetiva se halla mas
profundamente retratada nuestra personalidad.
Por último, existe la forma dialogada, resultado de las pre-
cedentes. En ella se finge que dos ó mas personas van manifestan-
do sucesivamente sus ideas, de un modo parecido á lo que sucede
en la conversación, ora describiendo, ora narrando, ora enun-
ciando sus juicios y raciocinios.

Estas formas se combinan de mil m a n e r a s distintas e n las obras l i t e r a r i a s ,


bien que siempre alguna de ellas p r e p o n d e r a sobre las d e m á s . En la historia,
en las relaciones de v i a j e s , en la poesía é p i c a , domina la forma n a r r a t i v a ; en
gran p a r t e de las ciencias n a t u r a l e s , la descriptiva. La ciencia en g e n e r a l c o n -
serva u n c a r á c t e r o b j e t i v o , p o r q u e las l e y e s , los principios, tienen u n a e x i s -
tencia i n d e p e n d i e n t e de las apreciaciones individuales, pero al m i s m o tiempo
la opinión tiene m u c h a m a s cabida en la ciencia que en las s i m p l e s d e s c r i p -
ciones y n a r r a c i o n e s . En la mayor p a r t e de los discursos o r a t o r i o s , en las
obras m o r a l e s , políticas y a s c é t i c a s , q u e se dirigen á la p e r s u a s i ó n , y sobre
todo en la poesía l í r i c a , p r e d o m i n a la forma subjetiva. P o r ú l t i m o , en a l g u -
— 16 —
n o s diálogos científicos y en las composiciones d r a m á t i c a s e n c o n t r a m o s ejem-
plos de la forma dialogada. Como u n a modificación de esta ú l t i m a , y u n a
mezcla de todas las d e m á s , p u e d e considerarse la llamada forma epistolar.

§• 2 4 .

Analizaremos primero la elocución; trataremos en segundo lu-


gar de sus cualidades esenciales, y discurriremos, por último, de
sus cualidades accidentales, ó del estilo.
LIBRO PRIMERO.

ANÁLISIS DE LA ELOCUCIÓN.

§• 2 5 .

De ¡a definición de la elocución (§. 20) se desprende que son


dos sus partes constitutivas -.pensamiento y lenguaje. Pensamien-
to es todo lo que no*s proponemos comunicar á los demás cuando
hablamos ó escribimos; y lenguaje es la colección de signos de
que nos valemos para conseguir este objeto. Tratándose del len-
guaje oral, los signos son los sonidos articulados ó palabras ( v o -
ces, vocablos, dicciones, términos).

Bastan para n u e s t r o objeto estas definiciones, a u n q u e en el fondo son m a -


l a s , porque e n c i e r r a n un círculo vicioso. P e r o , como todos t e n e m o s u n c o -
nocimiento bastante exacto de los dos objetos definidos, no son del todo i n -
a c e p t a b l e s , y son las q u e g e n e r a l m e n t e hallamos en los tratados de l i t e r a t u r a .

§• 20.

La relación entre el pensamiento y el lenguaje es tan íntima,


que solamente por medio de una atención profunda y de una d e -
tenida análisis podemos comprender su separación. No es posible
analizar el pensamiento, sin analizar el lenguaje, ni podemos t e -
ner un conocimiento exacto y filosófico del lenguaje, sin conocer
también los elementos del pensamiento. No podemos hablar sin
pensar, ni podemos pensar sin hablar interiormente.
S
— 18 —
Por estas razones, la lógica, la gramática y la retórica se com-
pletan mutuamente (§. 5).

El lenguaje es algo m a s q u e u n simple medio de e x p r e s i ó n ; es también u n


instrumento del p e n s a m i e n t o . Los a d e l a n t a m i e n t o s de las ideas c o r r e s p o n d e n
s i e m p r e á los a d e l a n t a m i e n t o s del l e n g u a j e ; c u a n d o en una nación se c o r r o m -
p e la l e n g u a , el espíritu nacional sufre profundas a l t e r a c i o n e s ; c u a n d o la l e n -
g u a m u e r e , m u e r e la nacionalidad.
El lenguaje oral es el m a s propio de la i n t e l i g e n c i a , y u n o de s u s m a s p o -
derosos i n s t r u m e n t o s ; p o r q u e no s o l a m e n t e c o n t r i b u y e á lijar las ideas, sino
q u e a n a l i z á n d o l a s , dándoles u n signo material, las reviste de precisión y cla-
r i d a d . Sin el lenguaje o r a l , serían poco m e n o s que imposibles la a b s t r a c c i ó n ,
la g e n e r a l i z a c i ó n , l a ciencia. Los g e s t o s , los g r i t o s , las a c t i t u d e s , i n s p i r a -
dos p o r la m i s m a n a t u r a l e z a , son la expresión g e n u i n a de la sensibilidad,
p e r o serian insuficientes y toscos para p e n e t r a r en las interioridades del p e n -
s a m i e n t o . Cuando ambos lenguajes se r e ú n e n en u n a conversación animada ó
en los g r a n d e s teatros de la e l o c u e n c i a , la expresión toma u n calor, u n a a n i -
mación , que en vano i n t e n t a r i a n r e p r o d u c i r las frias i m á g e n e s de la e s -
critura.

§• 2 7 .

El lenguaje es el cuerpo; el pensamiento, el alma. El primero,


como todo signo, recibe su valor de la cosa significada; mas sin
el auxilio del lenguaje quedaría el pensamiento como encerrado
y muerto en el fondo de la conciencia. La perfecta elocución e x i -
g e , por lo tanto, pensar bien, y enseñorearse bien del artificio
de la expresión.

Una m a n c h a ó u n a imperfección en el espejo altera la imagen en él r e p r e -


s e n t a d a ; sin e m b a r g o , en el supuesto de que c u p i e r a preferencia e n i r o el
p e n s a m i e n t o y el l e n g u a j e , no deberíamos olvidar j a m á s las tan repelidas p a -
labras de Q u i n t i l i a n o : Curam ergo verborum, rerum voló csse sollicitudi-
nem. ( 8 , pro. 4.)

§• 2 8 .

Si fuese posible reducir el pensamiento humano y el lenguaje a


las formas algebraicas, que han sido el sueño dorado de algunos
filólogos, bastarían la análisis lógica y la gramatical para c o m -
prender perfectamente todo el mecanismo de la elocución y del
estilo. Pero la imaginación, los sentimientos del ánimo, y la mis-
ma fuerza del raciocinio, vertiendo en la elocución los encantos
que la embellecen y el fuego que la anima, .influyen, no solamen-
te en el modo de pensar, sino también en la forma material del
lenguaje. A algunas de estas modificaciones del pensamiento y
del lenguaje, notables por los buenos efectos que producen en el
discurso, les han dado los retóricos el nombre de figuras. Las fi-
guras son , por lo tanto, ciertos modos de hablar, que embelle-
ciendo ó realzando la expresión de las ideas, délos pensamientos
y de los afectos, se apartan de otro modo mas sencillo, pero no
mas natural. Figura (sicut nomine ipso patet) est conformatio
qumdam oralionis remota á communi, et primum se offerente
ralione. (QÜINT.)
#

La palabra figura, lomada en sentido p r o p i o , significa la forma exterior


de los c u e r p o s . Los retóricos la han e m p l e a d o m e t a f ó r i c a m e n t e p a r a d e s i g n a r
los diversos aspectos que pueden p r e s e n t a r los p e n s a m i e n t o s y el l e n g u a -
j e . Así como la forma de u n c u e r p o es s u limitación en ei e s p a c i o , y por
ella se distingue de ios d e m á s q u e le rodean , d e la m i s m a m a n e r a las d i -
ferencias que el e n t e n d i m i e n t o percibe e n t r e u n o s p e n s a m i e n t o s y o t r o s , y
las q u e p r e s e n t a n las frases en su c o n t e x t u r a m a t e r i a l , c o n s t i t u y e n algo
parecido á lo q u e llamamos figura ó forma en la m a t e r i a . Y así c o m o la m a -
teria es capaz d e m u c h a s f o r m a s , t a m b i é n u n m ¡ s m o p e n s a m i e n t o p u e d e
ser expresado de m u c h a s m a n e r a s . Los c o m e n t a d o r e s han n o t a d o la e x -
traordinaria variedad de formas q u e dio Horacio al p e n s a m i e n t o : Todas
Hemos de morir. Cicerón dice q u e las figuras del discurso son c o m o las a c t i -
t u d e s en p i n t u r a y e s c u l t u r a : quasi gestus oralionis. (Oa., cap. 25.)

§. 29.

Resumiendo lo dicho, la completa análisis de la elocución com-


prende el estudio: 1." del pensamiento, 2."de! lenguaje, y 3.°de
las figuras.

La p r i m e r a p a r l e p e r t e n e c e en rigor á ¡a l ó g i c a , y la s e g u n d a á la g r a m á -
tica ( § . o ) ; pero a m b a s son indispensables para la inteligencia de las m a t e -
rias sucesivas.
— 20 —

CAPITULO PRIMERO.

DEL PENSAMIENTO.

I.—ANÁLISIS DEL PENSAMIENTO.

§. 3 0 .

Si descomponemos nuestros pensamientos, hallaremos en últi-


mo resultado ciertas representaciones interiores de las cosas, á
que damos el nombre de ideas. Las ideas, filosóficamente hablan-
do, son Sos términos del juicio ó del conocimiento.

No a d q u i r i m o s d i r e c t a m e n t e ias ideas de las c o s a s , p o r q u e las ideas son el


resultado de u n a análisis p o s t e r i o r ; a d q u i r i m o s conocimientos.

§. 3 1 .

Las ideas solo pueden referirse : 1." ú los objetos de la natura-


leza, seres ó substancias ; 2." á las propiedades, cualidades ó mo-
dificaciones de dichosobjetos ó substancias, y 3." alas relaciones
entre dos ó mas cosas. En esta oración : La justicia de Dios es
infinita, las palabras justicia y Dios representan ideas de subs-
tancia, la palabra infinita expresa una cualidad esencial de la jus-
ticia de Dios, la palabra de significa la relación que media entre
las ideas justicia y Dios.

Analizando bien el d i s c u r s o y ia significación de las p a l a b r a s , se, r e c o n o -


c e r á , en efecto, q u e todas las ideas son d e substancia, de modo ó de rela-
ción. Muchas p a l a b r a s r e p r e s e n t a n dos i d c a s „ c n m o p o r e j e m p l o , el v e r b o ,
q u e r e p r e s e n t a una idea de relación y otra de modo.

§• 3 2 .

Cuando consideramos las ideas de modo unidas á las de subs-


tancia, tales como nos las presenta la naturaleza, se llaman con-
cretas (crescere cum). Las voces ligero, blanco; amans (que
ama), docens (que enseña); amado, enseñado, representan ideas
— 21 —
concretas, ideas de cualidad, de acción ó de pasión, unidas á un
objeto. Pero cuando por un efecto de una descomposición mental
consideramos las ideas de modo separadas de los objetos á que es-
tán naturalmente unidas, y nos las representamos como substan-
cias, atribuyéndoles mentalmente una existencia independiente de
que en la naturaleza carecen, reciben el nombre de ideas abstrac-
tas. Representan ideas abstractas las voces ligereza, blancura,
amor, enseñanza.

No deben confundirse las ideas concretas y a b s t r a c t a s con las parciales y


complexas, ni con las simples y compuestas.

.§• 33.

En cuanto al número de objetos á que se refieren, se dividen


las ideas en individuales y generales. Madrid, Platón, Dios, son
ideas individuales ó singulares, porque cada una de ellas repre-
senta un individuo singular y determinado ; álamo, árbol,, vege-
tal, cuerpo, ser, son ideas generales, porque se refieren á una
clase entera, ó mas bien se refieren á lo que tienen de común t o -
dos los individuos comprendidos en ella. Los grados de generali-
dad de las ideas son muy diversos, como lo demuestra el ejemplo
últimamente citado. La idea de vegetal es menos general que la
de ser, y así sucesivamente , hasta llegar al individuo. La lógica
divide los géneros en géneros inferiores, a los cuales da el nom-
bre de especies cuando se consideran con relación á los géneros
superiores. Árbol es género con respecto á álamo, y con respecto
á vegetal es especie.

§. 34.

Por último, nuestras ideas se refieren á los objelos físicos que nos
rodean y nos impresionan por medio de los sentidos, ó á los ob-
jetos metafisicos y puramente intelectuales, cuyo conocimiento
adquirimos por medio de la percepción interna y de la reflexión.
Estas dos especies de ideas se distinguen, aunque impropiamente,
con los nombres de ideas físicas y metafísicas. Pero nuestra
imaginación, combinando los elementos que le ofrece la natura-
— 22 —
leza, crea representaciones de objetos físicos y metafísicos que
para el entendimiento llegan á tener una existencia real y positi-
va. ¿Quién no conoce a D. Quijote y á Sancho Panza? Las ideas
que representan los objetos físicos se designan en literatura con
el nombre de imágenes; nombre que se aplica principalmente á
las que son producto de nuestra fantasía, y mas especialmente á
las que bajo el símbolo del objeto físico representan una idea me-
tafísica, materializándola ó personificándola.

E s t o es lo q u e hace la imaginación p o é t i c a , complaciéndose en expresar


las ideas g e n e r a l e s y a b s t r a c t a s por m e d i o de i m á g e n e s m a s bellas que los
objetos de la n a t u r a l e z a . P o r esto la imaginación e s , de n u e s t r a s facultades,
la q u e p r i n c i p a l m e n t e exorna el estilo. Cuando Homero dice que ladiscordia
tiene la cabeza en los cielos, y los pies eií la tierra, da c u e r p o y vida á u n a
idea a b s t r a c t a , y e n c a r n a un p e n s a m i e n t o profundo en u n a imagen p e r c e p t i -
b l e . Véanse con d e t e n c i ó n los ejemplos s i g u i e n t e s , Henos todos de h e r m o s í -
simas imágenes:

Juslum ac tenacem propositi virum,


Non civium ardor prava jubenlium.
Non vultus instantis tyranni.
Mente quatit solida, ñeque Auster,
Dux inquietiturbidus Hadrice,
Nec fulminantis magna Jovis manus:
Si fractus itlabatur orbis,
Impavidum ferient ruinm.
(HoRAT.)

Post equitem sedet otra cura.


(ID.)

Etferlur super alis venti.


(PSAI.)

Abyssus abyssum inclamat, sonantibus luis cataractis; Fluctus tui omnes un-
da'que me obruerunt.
(P.SAL.)
Cubre la gente el suelo,
Debajo d e las velas desparece
La m a r , la voz al cielo
Confusa y varia c r e c e ,
El polvo roba el dia 3? le o s c u r e c e .
( F . L . DE LEOX.)
PÍO, felice, triunfador Trajano,
Aute quien m u d a s e postró la t i e r r a .
(RIOJA.)

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— 23 —
Rodaron d e marfil y oro las c u n a s .
(RIOJA.) *

Tú rompiste las fuerzas y la dura


Frente de F a r a ó n , feroz g u e r r e r o :
Sus escogidos principes cubrieron
Los abismos del m a r , y desceudieron
Cual piedra en el profundo, y tu ira luego
Los tragó , como arista seca el fuego.
(HERRERA.)

§. 3 5 .

Las ideas se enlazan en el entendimiento como los eslabones de


una cadena : la presencia de unas evoca el recuerdo de las que
tienen con ellas mas ó menos relación. En esto consiste la aso-
ciación de ideas, que es el principal apoyo de la memoria y del
método, y por consiguiente, de la inteligencia. Son tantas las
causas de esta asociación, como las relaciones necesarias ó con-
vencionales que pueden mediar entre los objetos.

Mas adelante t e n d r e m o s ocasión de h a b l a r de algunas de estas c a u s a s : b a s -


te por ahora dejar consignado el h e c h o .

§. 3 6 .

Guando por un acto interior de nuestro entendimiento enlaza-


mos dos ideas, una de atributo y otra de substancia, afirmando
que existe entre ambas una relación , se dice que juzgamos ó que
pensamos ; y tanto al ejercicio de esta función, como al resultado
de ella, les damos el nombre de juicio y también el de pensa-
miento.

Si decimos q u e Dios es justo, afirmamos que, e n t r e el ser Dios y la calidad


justo existe u n a relación , afirmamos q u e la idea de j u s t i c i a está contenida en
la de Dios. Si decimos : El hombre no es justo, afirmamos q u e la idea de j u s -
ticia no está contenida en la d e h o m b r e . Algunas veces la afirmación es i n s -
t a n t á n e a , i n v o l u n t a r i a , de modo q u e se confunde con la percepción m i s m a del
objeto; y en este caso el j u i c i o es directo; v. g. pienso,—existo,—quiero,—
siento,—veo. O t r a s veces la afirmación es voluntaria; no la confundimos con
la p e r c e p c i ó n , d i s t i n g u i m o s perfectamente las dos ideas que afirmamos e s t a r
r e l a c i o n a d a s , y en este caso el juicio se llama reflejo.
El raciocinio es la afirmación de u n a relación e n t r e dos j u i c i o s . P o r medio
— 24 —
del raciocinio vamos (discurriendo) de u n p u n t o conocido á otro desconocido,
d e u n a verdad'confesada á u n a verdad no confesada. lié aquí u n raciocinio:
¿Sabes que no sabes nada? Luego sabes.

§. 3 7 .

En todo juicio hay dos elementos, uno objetivo y otro subjetivo;


un objeto del cual se afirma, y un sugeto que afirma, que atribuye
al objeto una propiedad.
§• 3 8 .

Asi como del enlace de ideas resulta el juicio ó el pensamiento,


del enlace ordenado de los pensamientos resulta el discurso, la obra
literaria. Pero no todos los pensamientos contenidos en una
obra tienen la misma importancia : unos son mas extensos que
otros, y otros mas, hasta llegar á uno que los comprenda todos,
que exprese el fin del autor y dé unidad al conjunto. Conviene
distinguir mucho los pensamientos accesorios délos que constitu-
yen el fondo de la composición ; porque, en rigor, solamente los
primeros forman parte de la elocución , y pueden ser objeto del
arte de bien decir.

E n un discurso oratorio s e r á fácil distinguir esta gradación de los p e n s a -


m i e n t o s . P u e d e r e p r e s e n t a r s e bajo la forma de u n a p i r á m i d e , cuyo vértice es
la proposición del discurso, y c u y a base es la s u m a de p e n s a m i e n t o s a c c e s o -
rios q u e sirven de ampliación á los a r g u m e n t o s .
E n c u a n t o á los pensamientos a c c e s o r i o s , se d i s t i n g u i r á n mejor en u n poe-
m a didáctico. Los preceptos q u e da Horacio en su Arte poética c o n s t i t u y e n
el fondo; su verdad ó falsedad no influye en el c a r á c t e r s i m p l e m e n t e literario
ó artístico de la obra. Los demás p e n s a m i e n t o s deben c o n s i d e r a r s e como u n a
s i m p l e amplificación , ó como u n a hermosa v e s t i d u r a de los p r i m a r o s . P o d r í a n
ser falsos todos los p r e c e p t o s , y ser m u y bolla, m u y poética la e x p r e s i ó n ;
p o r el c o n t r a r i o , podrian ser verdaderos los p r e c e p t o s y malísimo el estilo.

§• 39.

Pueden ser objeto del pensamiento los fenómenos de la sensi-


bilidad : los afectos y pasiones, que conmueven y agitan nuestro
corazón, constituyen una parte muy importante de las obras l i -
terarias, é influyen notablemente en la forma que reciben los
— 25 —
pensamientos. De dos maneras pueden ser expresados los senti-
mientos del ánimo : directamente, como cuando IQS expresamos
por medio de la interjección y de las exclamaciones, cuando los
analizamos y explicarnos; ó indirectamente, como cuando arran-
camos lágrimas con la simple narración ó descripción de un s u -
ceso lamentable.

P e r o , en ú l t i m o r e s u l t a d o , siempre son p e n s a m i e n t o s , j u i c i o s , i o s q u e
c o m p o n e n el tejido del d i s c u r s o . El s e n t i m i e n t o p r o d u c e en la elocución el
mismo efecto que el calor en el c u e r p o a n i m a l : es invisible, p e r o todo ¡o p e -
n e t r a y vivifica.

Dixit Isaacpatri suo: Paíer mi. At Ule respóndil: Quid vis, flli? Ecce, inquit,
ignis el ligua: ubi est victima holocuusli ?
Dixitautem Abraham: Deus provideiiit sibi victimara holocausli, fí.íi mi.
(GE.NES.,22,7.)
Et dulces morient reminiscitur Argos.
(VINE.)
In solit tu mihi turba iocis.
(TlBULL.)

Hurí in aciem et majares et pusieras cogítate.


(TAC.)

Todo se ha perdido menos el honor.

¿Quién me dijera, E l i s a , vida m i a ,


Cuando en aqüeste valle a! fresco viento
Andábamos cociendo tiernas flores ,
Que había de ver con largo apartamiento
Venir el triste y solilario dia
Que diese amargo fin á mis a m o r e s ? ele.
(GARCILASO.)
¡ Mi h e r m a n o es m u e r t o , y le ha m u e r t o
Sancho O r t i i !
(TRIGUEROS.)
Si tienes el c o r a z ó n ,
Z a i d e , coino la arrogancia ,
Y ¡á medida de las m a n o s , ^
Dejas volar las p a l a b r a s ; ele.
(ROKANCERO )
La sexla ;ay! lf condena,
Oh cara patria , á barbara cadena.
( F . L . DE LF-OK.)
— 26 —

§• 4 0 .

Los diversos grupos de pensamientos se enlazan unos con otros


por medio de las transiciones. Llámanse transiciones las ideas y
pensamientos destinados á expresar la relación entre lo que se ha
dicho y lo que se va á decir. Son como los clavos, que unen y afifr
man las diversas partes de la obra.

Siendo l a s t r a n s i c i o n e s u n a p a r t e a b s o l u l a m e n t e indispensable en t o d a
obra literaria , n o s e g u i r e m o s el ejemplo d e H e r m o s ü l a , q u e las colocó e n t r e
las figuras. L a revocación, que consiste en a n u n c i a r q u e se vuelve al a s u n l o
después d e a l g u n a d i g r e s i ó n , y la reyecvion ó r e m i s i ó n , q u e consiste e n d e -
clarar q u e el escritor se abstiene p o r entonces d e t r a t a r de algún p u n t o , p e -
ro indicando que hablará de él en otra parte, son dos especies de transiciones,
y p o r lo m i s m o , t a m p o c o son figuras.

II C U A L I D A D E S E S E N C I A L E S D E L PENSAMIENTO.

§. 4 1 .

En una carta dirigida á la Academia Francesa por el virtuoso


Fenelon se lee lo siguiente : «Digno de ser escuchado es aquel
que no usa de la palabra masque para el pensamiento, ni del pen-
samiento mas que para la verdad y la virtud.»
Estas son efectivamente las cualidades mas importantes de los
pensamientos : verdad y bondad (§. 1 ) , á las cuales podemos
añadir la profundidad, la variedad y la buena coordinación.

La verdad consiste en la conformidad del pensamiento con su


objeto : Conformitasnotionis cum objecto. Cuando el juicio enlaza
ideas cuyos objetos se presentan en la naturaleza realmente enla-
zados ó separa ideas ouyos objetos están naturalmente separados,
se llama verdadero.

C u a n d o el juicio n o está conforme con !a n a t u r a l e z a de las cosas se llama


falso, inexacto. Esta e s la verdad objetiva, y se d i s t i n g u e d e la verdad for-
mal, q u e consiste en el a c u e r d o del p e n s a m i e n t o con las leyes g e n e r a l e s del
— 27 —
e n t e n d i m i e n t o y de la razón. E n la verdad va c o m p r e n d i d a la solidez, que
no es mas q u e la v e r d a d del raciocinio ó la verdad d e la relación que se afir-
ma existir e n t r e dos juicios ( § . 3 6 ) .

§• 4 3 .

Además de la verdad científica, que hemos definido, hay una


verdad poética, que consiste en la conformidad de los pensamien-
tos con las cosas, cuales deberían ser, admitidas ciertas suposi-
ciones. Los razonamientos de Eneas en la Eneida de Virgilio, y
las arengas de Tito Livio son verdades de esta clase. La verdad
poética, ó probable, como la llama Luzan, no debe estar en pug-
na con la verdad científica, antes bien ha de ser una vivísima ima-
gen suya.
Quum autem fictio riostra refertur ad aliquam significationem , non est
mcndacium, sed aliqua figura verüalis. ( S . AGUST.)
No hacemos uso de las palabras absoluta y relativa, que emplea H e r m o -
silla para distinguir la verdad científica d e la p o é t i c a , p o r q u e la v e r d a d a b -
soluta solo existe e n D i o s : todas las v e r d a d e s del h o m b r e son relativas.
La verdad p o é t i c a , por lo q u e toca á la e l o c u c i ó n , y por c o n s i g u i e n t e á
los p e n s a m i e n t o s , no es mas q u e la perfecta conformidad d e los medios con
el fin, la unión í n t i m a e n t r e la forma y el fondo: es lo q u e se llama verdad
de expresión.

§• 4 4 .

Toda obra científica ó literaria debe estar apoyada en la sólida


base de la verdad. Si la poesía crea ficciones, si la imaginación
exaltada emplea hipérboles, si da vida á los cuerpos inanimados,
si al son de la cítara edifica ciudades y mueve los peñascos, todas
estas ficciones han de estar animadas por una verdad substancial
encerrada en el fondo; de lo contrario, no pasarían de frivolos pa-
satiempos, indignos del arte y de la filosofía.
La regla de la verdad n o sufre excepción a l g u n a . E s cierto que en los p o e -
mas se a d m i t e n las llamadas m e n t i r a s p o é t i c a s , q u e en las obras jocosas se
abre ancho c a m p o á la exageración , y h a s t a á las c o n t r a d i c c i o n e s ; pero e n
-ninguna de estas obras se p r o p o n e el a u t o r por fin serio la mentira. El lector
rebaja lo q u e debe r e b a j a r , y sabe distinguir la h e r m o s u r a de la verdad q u e
yace en el fondo de lo que solo debe considerarse c o m o el barniz de la s u -
p e r f i c i e ^ . 38).
De lo dicho se infiere que antes de escribir ó de ocupar la
atención de un público, deben hacerse todos los esfuerzos posibles
para adquirir variados y sólidos conocimientos : la obra literaria
ó científica desecha las frivolidades de la conversación. No en v a -
no exigia Cicerón que el orador reuniera la sutileza del dialéctico,
la ciencia del filósofo, la dicción casi del poeta, la memoria del
jurisconsulto, la voz y los ademanes de los grandes actores. Quin-
tiliano exigia además la geometría, para acostumbrar el entendi-
miento á la exactitud y al método, y la música, para adquirir el
sentimiento de la armonía. (Lib. i, cap. 10.)
Cuando los conocimientos de un escritor son profundos, los
pensamientos se presentan en su espíritu bien y naturalmente or-
denados.
Scribendi reclè sapere est, et principium et.fons:
Rem tibi Socratica; yolerunl estendere charlee,
Verbaque provisam rem non invita sequentur.

La simple variedad de conocimientos sin la profundidad y solidez podría


dar u n falso brillo á la e l o c u c i ó n , pero n o u n valor real y positivo á la o b r a .
Cuando Plinio decia multum legendum, non multa, aconsejaba conciliar la
extensión y variedad de los conocimientos con la solidez y la profundidad.
A los enemigos de la enseñanza s i m u l t á n e a y enciclopédica les r e c o m e n d a -
m o s la lectura del citado libro de Q u i n i i l i a n o , y p r i n c i p a l m e n t e la del c a p í -
tulo ú l t i m o .

§. 46.

Además de los conocimientos generales, necesita el escritor un


conocimiento especial y profundísimo del objeto de que se va á
tratar, y de todo lo que con él tenga relación, no solo para que la
obra no carezca de valor intrínseco, sino también porque el co-
nocimiento profundo del asunto influyen notablemente en las
buenas cualidades de la elocución. El orador romano conside-
raba dicho conocimiento como la base del arte de bien decir
(DE O R . , I, 4 8 ) :

Sumite materwm vestris, qui scribitis, mquam


Viribus, et versale dia , quid- ferré recusent,
99
Quid valeant humeri. Cui leda pntenter tri', res.
Neo facundia deserei huno, nec ¡ucidus orda.

§• 4 7 .

Por último, la moralidad délos afectos y pensamientos seria


mas importante que la verdad misma, si las verdades substancia-
les y eternas pudiesen dejar de ser esencialmente morales. Catón
definía al orador, vir bonus dicendiperilus ; lo mismo debe d e -
cirse del poeta y de todo el que trate de comunicar sus pensa-
mientos al público (§. 1).

A veces la corrupción se oculta bajo la m á s c a r a de la v i r t u d . Los q u e ,


abusando de las dotes con q u e les privilegió la n a t u r a l e z a , emplean el p e n -
samiento y la palabra en la propagación del m a l , en extraviar la razón y en
pervertir los c o r a z o n e s , merecen el odio de todos Sos h o m b r e s honrados.
Cvrruptio boni pessima.

CAPÍTULO I I .

DEL LENGUAJE.

I. — D E LA E S T R U C T U R A D E L LENGUAJE.

§. 48.

Así corno el enlace de las ideas da vida al pensamiento, así


como de una seria ordenada de pensamientos, relacionados entre
sí y colocados según sus grados de importancia y dependencia, se
compone la obra literaria (§§. 3 6 , 37 y 3 8 ) ; asimismo el lengua-
je consta de palabras, que enlazadas unas con otras, forman las
oraciones, las cláusulas, los apartes, párrafos, etc.; divisiones
y formas exteriores, que no son mas que un reflejo de la clasifica-
ción de los pensamientos (§§. 26 y 2 7 ) .
Trataremos con separación: 1.° de las voces ó palabras, 2." de
la oración, y 3." de la cláusula.

La división de a p a r t e s , p á r r a f o s , capítulos y d e m á s m i e m b r o s s u p e r i o r e s
—• 30 —
d e las o b r a s l i t e r a r i a s , m á s p e r t e n e c e al o r d e n a m i e n t o del plan que al tratado
d e la elocución.

1. — D E L A S V O C E S .

§• * 9 .

Sin descender á minuciosos pormenores gramaticales, que no


son de este lugar, diremos algo de la clasificación de las palabras
con relación á las ideas que representan, ya considerándolas como
partes del discurso, ya definiendo algunas voces que emplea con
frecuencia la crítica literaria.

L a s p a l a b r a s expresión y voz no deben confundirse. La expresión p u e d e


c o n s t a r de dos ó m a s voces que j u n t a s signifiquen u n a idea. A un tiempo, Al
canto del gallo, A tontas y ¿i locas, son tres expresiones adverbiales.

Las ideas de substancia (§. 31) están representadas por el


nombre, el cual, según las definiciones de los gramáticos, tiene
por oficio significar las cosas. El nombre propio expresa las ideas
individuales; el común, las generales (§. 3 3 ) ; el abstracto, las
abstractas (§. 3 2 ) . También representa ideas de substancia el
pronombre, que significa la personalidad en el coloquio.

P u e d e n emplearse s u b s t a n t i v a d a m e n t e todas las d e m á s p a r l e s del d i s c u r s o


y las oraciones e n t e r a s ; v. g . : Lo BELLO,—Lo DISIPADO,—EL VIVIR,—-EL PRO'
Y EL CONTRA,—EL POR QUÉ,—EL CÓMO Y EL CUÁNDO,—EL ¡AY! del dolor,—EL,
cuando es artículo, no se acentúa.

§• 5 1 .

Alas ideas concretas (§. 32) de modo ó cualidad corresponde


el adjetivo.
El participio expresa las mismas ideas concretas de calidad,
con e l carácter atributivo del verbo. El participio denotados di-
versos estados de los seres, ocasionados por la propiedad que tie-
nen de ser susceptibles de acción (participio activo), ó de sufrir
los efectos de una acción (participio pasivo).
El artículo determina la extensión del nombre.
— 31 —

§. 52.

El verbo expresa el atributo de unjuicio, y por consiguiente,


encierra dos ideas: la de modo ó cualidad, y la de relación entre
una cualidad y una substancia, esto es, la idea de pertenencia.

El verbo expresa también la afirmación del j u i c i o ; p r e s u p o n e el s u g e t o q u e


j u z g a ó p e r c í b e l a r e l a c i ó n ; r e p r e s e n t a , e n u n a palabra, el e l e m e n t o subjetivo.
Algunos g r a m á t i c o s solamente conceden el título de verbo al verbo s e r , l l a -
mado por otros s u b s t a n t i v o , para distinguirle de todos los d e m á s , á los cuales
denominan adjetivos.

§.'53.

El adverbio modifica la significación del verbo ó de cualquiera


otra palabra que tenga un carácter atributivo.
La preposición expresa las relaciones entre las ideas.

E! adverbio contieno dos ideas : u n a de modo y otra de relación. S i e m p r e


modifica ó limita la extensión de u n a idea c o n c r e t a .

§. B4.

La conjunción y la interjección son partes del discurso, pero no


de la oración.
La conjunción denota las relaciones entre los pensamientos.
Por lo tanto, enlaza oraciones, y no puede decirse que sea par-
te integrante de ninguna.
La interjección expresa los sentimientos del ánimo.

Creemos q u e la interjección no expresa n i n g ú n j u i c i o ; p o r q u e , a u n c u a n d o


al exhalar un g r i : o de dolor ó de alegría p e r c i b i m o s ) ' j u z g a m o s que s e n t i m o s ,
sin e m b a r g o , el g r i ' o no es la expresión de este j u i c i o , sino un efecto invo-
luntario del s e n t i m i e n t o .

§• B5.

Se da irónicamente el nombre de voces cultas á las derivadas


de las lenguas sabias, y que por no haber recibido la sanción del
uso, no pueden ser conocidas sino de las personas que poseen di-
— 32 —
chas lenguas. Pertenecen á esta clase los adjetivos libidinoso, in-
salurable, superno.
Las palabras consagradas especialmente á objetos de ciencias
y artes, v. g r . : epiciclo, solsticio, amura, bauprés, e t c . , se lla-
man voces técnicas, términos técnicos ó facultativos.

§. 56.

Voces equivocas ( ó equívocos ) son las que pueden tomarse


en diversas acepciones, ó cuya significación conviene á distintas
cosas.
Guando por una rara coincidencia se escriben de la misma ma-
nera dos palabras derivadas de distintas raíces, v. gr.: mano, nom-
bre, y mano, primera persona del presente de indicativo del ver-
bo manar, se llaman homónimas.

La voz mano significa u n a porción de ideas m u y d i s t i n t a s , c o m o !o d e -


m u é s t r e n l o s s i g u i e n t e s e j e m p l o s : La mam i del hombre,—mano delelefante,
— m a n o s de carnero,—á mano derecha,—lertgo mano en el juego,—mano
delreloj,—mano de papel,—mano de seda, e t c .

§. 57.

En todos los idiomas hay voces que expresan una misma idea,
ó bien una misma idea fundamental ligeramente modificada por
algunas ideas accesorias. Estas voces reciben el nombre de sinó-
nimas. Tales son A M A R E y D I L I G K K E ; dejar, abandonar y desampa-'
rar; tranquilidad, reposo, sosiego y descanso; doméstico y ca-
sero; pleno y lleno.

P a r e e m o s ociosa ia c u e s t i ó n de si h a y voces c o m p l e t a m e n t e s i n ó n i m a s , 6
q u e expresen la misma idea sin modificación a l g u n a . No p u e d e negarse q u e
a l g u n a s voces da las que expresan u n a m i s m a i d e a , p r i n c i p a l m e n t e si e s t a
se refiere á u n objnlo m a t e r i a l , no se diferencian en nada a b s o l u t a m e n t e e n
p u n t o & la significación; m a s también es preciso reconocer que no son ¡antas
como p a r e c e , p u e s e n t r e las mismas voces q u e r e p r e s e n t a n u n objeto m a t e -
rial establece el uso levísimas diferencias que no permiten confundirlas.
L a voz pelo y la voz cabello denotan el mismo o b j e t o , pero la s e g u n d a e s m a s
n o b l e , y se usa en poesía m a s q u e la p r i m e r a .

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— 33 —

§. 5 8 .

Por último, conviene observar que las palabras, además del


sentido propio ó primitivo, tienen otros sentidos trópicos ó deri-
vados.
El uso extiende el sentido de las palabras, haciendo que e x -
presen ideas mas ó menos análogas á las que primitivamente sig-
nificaban; y estas nuevas acepciones, sancionadas por la costum-
bre, pertenecen luego al fondo común de la lengua, convirtiéndose
casi en otras tantas acepciones propias. En este caso, el nuevo
sentido de la palabra recibe el nombre de sentido extensivo. Pero
cuando el escritor da á la palabra un sentido trópico, no porque
la idea que trata de expresar carezca de voz propia en el idioma,
sino con el objeto de comunicar brillo ó energía á la expresión,
el sentido trópico de la palabra toma el nombre de figurado.

En los ejemplos citados en el párrafo 5 6 , la palabra mano ofrece u n a


porción de sentidos trópicos extensivos; pero c u a n d o digo : La mano de la
venganza clavó en su pecho el puñal, la palabra mano se torna en s e n t i d o
trópico figurado.
No es lo m i s m o sentido q u e significado : significado de u n a voz es la idea
de q u e la voz es signo on el i d i o m a , y q u e so p r e s e n t a a n t e s q u e todas al
e n t e n d i m i e n t o del que e s c u c h a y sabe la l e n g u a . Si se p r e g u n t a q u é significa
en castellano la voz mano , contestará todo el m u n d o que es « u n a p a r t e del
brazo del n o m b r e que va desde !a m u ñ e c a hasta la e x t r e m i d a d de los d e d o s » ,
sin a c o r d a r s e siquiera de las m u c h a s o t r a s acepciones que tiene la voz en el
idioma. Sentido es la idea que excita la voz en la m e n t e del que oye ó lee el»
escrito : el s e n t i d o de ia voz mano no es el mismo en n i n g u n o de los ejemplos
a n t e r i o r m e n t e citados.
Otra diferencia existe e n t r e estas dos p a l a b r a s ; d e c i m o s : Sentido de una
voz, de una proposición, de una cláusula; pero hablaríamos i m p r o p i a m e n t e
diciendo : Significado de una oración ó de una cláusula.

§- 59.

Al componer la oración, se enlazan las palabras unas con otras:


1." por medio de la concordancia; 2.° por medio del régimen (de-
clinación ó preposiciones); 3." por inmediata colocación. '

EJEMPLOS : i." Dios cierno; — Júpiter, padre de los dioses y délos hom-
3
— 34 —
bres;—El alma vive;—2.° La rosa de abril;— Volemos al combate;—3° Dul-
cemente conmovido.

% — D E LA ORACIÓN GRAMATICAL.

§• 60.

Oración gramatical, ó proposición, es la expresión de un jui-


cio ó de un pensamiento (§. 36). El nombre de proposición (po-
neré pro) indica los elementos lógicos del pensamiento; el de
oración (orare, de os), los elementos gramaticales del lenguaje.
También con la palabra frase designamos el conjunto de pa-
labras de que consta una oración; pero en este caso atendemos
solamente al sonido y a l a construcción material, y no al senti-
do (§. 21). Por esta razón decimos frase armoniosa, y no ora-
ción ó proposición armoniosa.

La voz frase se aplica a d e m á s p o r antonomasia á toda locución e n é r g i c a ó


m u y significativa, con la cual se da á e n t e n d e r m a s de lo q u e l i t e r a l m e n t e se
expresa. Andarse por las ramas,—Quedarse en blanco,—Dar con la puerta
en los hocicos, son frases familiares, que p e r t e n e c e n al fondo del idioma, y
q u e por esto deben hallarse c o m p r e n d i d a s en los d i c c i o n a r i o s .

§• 61.

Los elementos esenciales, ó términos de la oración, son dos:


sugelo y predicado (§§. 36 y 37). El sugeto es la persona ú o b -
jeto de quien se afirma alguna cosa; el predicado expresa la mo-
dificación que recibe el sugeto, ó la cualidad que se afirma hallarse
en él comprendida. La frase Dios existe es una oración, porque
es la expresión de un juicio ó de un pensamiento. Dios es el s u -
geto, y existe el atributo. ;

Cuando p a r a analizar el j u i c i o se forma u n a proposición l ó g i c a , distín—


g u e n s e en el a t r i b u t o la cópula y el predicado. Dios ( s u g e t o ) es (cópula)
existente ( p r e d i c a d o ) . A v e c e s , p o r la fuerza elíptica del i d i o m a , se s o b r e n -
t i e n d e el s u g e t o ó el a t r i b u t o ; v . g . : AJUNT;—AMAMUR;—Truena;—¡Silencio!
—¡Ay de mi!—¡A las armas! Analícense bien estas p r o p o s i c i o n e s , y sin
g r a v e dificultad se r e c o n o c e r á n en ellas los e l e m e n t o s necesarios d e todo
juicio-
62.

El nombre substantivo es naturalmente el sugeto de la oración,


pero todas las demás partes del discurso pueden serlo, especial-
mente los adjetivos é infinitivos de los verbos. También puede
serlo una oración subordinada. Sin embargo, tanto el artículo
como las partes indeclinables, solamente en casos muy especiales
pueden hacer las veces de sugeto, y aun entonces fácilmente se
suple algún substantivo.
Los siguientes ejemplos comprobarán la verdad de estas obser-
vaciones.

l.° Honestum estperfectum bonum.


(SEN.)
2." Pulchrum est bene faceré reipublicce, efiam bene dicere liaud absurdum est.
(SALMJST.)

3 . " Lo b u e n o agrada.
i." De donde nace que , aunque los ojos tornen de nuevo m u d a s veces á m i -
rarle (habla de un rio), no por eso dejan de hallar en él cosas que les causan
nuevo placer y nueva maravilla.
(CERVANTES.)
5." El y como son dos voces d i s t i n t a s .

§• 63.

El atributo se halla expresado por el verbo. Cuando el predica-


do aparece separado de la cópula, lo que solamente sucedo en las
oraciones en que esta se halla representada por el verbo substan-
tivo, el atributo es generalmente un adjetivo, y puede ser un par-
ticipio, un substantivo ó una oración completa, como puede
verse en alguno de los ejemplos anteriores y en el siguiente:

Aprende á ser h o m b r e ; rendirse á la desgracia es hacerse d o b l e m e n t e d e s -


graciado.

§- 64.

Son elementos accidentales de la oración los agregados ó m o -


dificaciones del sugeto, y los complementos directo, indirecto
— 36 —
y circunstanciales, que deben considerarse como modificaciones
del atributo.

P u e d e n a c o m p a ñ a r al sugeto ó a t r i b u t o todas las partes d e la oración y las


oraciones accesorias. Todas las modificaciones y c o m p l e m e n t o s , bajo cierto
p u n t o de v i s t a , son p a r t e s i n t e g r a n t e s del s u g e t o ó del a t r i b u t o . El s u g e l o y
el a t r i b u t o son como los polos de la oración.

.§• 6 5 .

Llámase complemento directo el objeto de la acción del verbo;


complemento indirecto, el término de dicha acción, y comple-
mentos circunstanciales, las circunstancias de lugar, tiempo, cau-
sa, modo, instrumento ó medio, cantidad, etc. Todos los com-
plementos pueden estar expresados por una ó mas palabras, ó por
una oración entera.

§• 6 6 ,

Las oraciones se dividen en incomplexas y complexas, en sim-


ples y compuestas, en principales y accesorias.

§• 67.

Es incomplexa una oración cuando el sugeto y el atributo es-


tán expresados por medio de una sola palabra, con artículo ó sin
él, y es complexa cuando el sugeto ó el atributo constan, como
generalmente sucede, de mas de una palabra.

Fiat lux es u n a oración incomplexa.


E s u n a oración complexa la siguiente de F r . L u i s de León : Por la corrup-
ción de costumbres se han hecho compraderas todas las cosas.

§. 6 8 .

Llámanse simples las oraciones que constan de un sugeto y un


atributo; y compuestas, las'que constan de dos ó mas sugetos ó
de dos ó mas atributos. Una oración compuesta puede descom-
ponerse en otras tantas oraciones simples, cuantos sean los suge-
tos ó atributos de que conste.

€ o m o los c o m p l e m e n t o s modifican ó d e t e r m i n a n el a t r i b u l o , será c o m -


puesta u n a oración q u e c o n s t e de dos ó m a s c o m p l e m e n t o s directos ó i n d i -
rectos ; también podrá considerarse c o m p u e s t a c u a n d o conste de dos ó m a s
complementos c i r c u n s t a n c i a l e s , p e r o q u e expresen u n a c i r c u n s t a n c i a de la
misma especie; v. g . : Ayer, hoy y siempre.

ORACIONES SIMPLES.
Sil merlalibus ardtium esí.
( HOHAC.)

Es muy dificultoso tener moderación en la p r o s p e r i d a d ; y los hombres e n s e -


ñados á desigual fbrturi2 suelen entregarse sin fiador en lo dulce del i m p e r i o ,
olvidados totalmente d e l d i a de mañana.
(FR. L . CE LEOS.)

ORACIONES COMPUESTAS.
Secunda res, honores, imperta, victoria: fortuita sant.
(Cíe.)
Es (D. Quijote) un hombre alio de cuerpo, seco de r o s t r o , estirado y avella-
nado de miembros,entrecano, la nariz aguileña valgo c o r v a . d e bigotes g r a n d e s ,
negros y caidos.
(CERVANTES.)

Muchas veces observamos que de una oración simple ó com-


puesta, complexa ó incomplexa, dependen otras oraciones secun-
darias, que por sí mismas nada significan, debiendo antes bien
considerarse como verdaderas partes integrantes de la primera.
Estas oraciones secundarias se llaman accesorias, para distinguir-
las de la otra mas importante, que se llama principal.

En este ejemplo de F r . P e d r o Malón d e Cliaide hay u n a oración p r i n c i p a l ,


y t r e s a c c e s o r i a s , cuyos verbos son : sirven, obedecen, ha convertido :

El solo Dios, á quien como esclavas sirven y obedecen la naturaleza y el arte,


es el que ha convertido el peñasco en fuente, en fuente de agua.

§• 70.

Las accesorias se llaman incidentes (de cadere in) cuando ha-


cen referencia á una sola palabra, determinando ó explicando su
sentido, como se verifica en el ejemplo anterior, en el que las dos
primeras se refieren al sugeto Dios, y la última al atributo. Reci-
ben el nombre de subordinadas cuando no se refieren á una sola
— 38 —
palabra, antes bien afectan al sentido total de la oración princi-
pal, como se verá en el siguiente ejemplo de Fr. Luis de León:.

Siempre fué flaca<dcfensa atirse á !a l e t r a , cuando la razón evidente descubre


el v e r d a d e r o sentido; m a s , a u n q u e flaca, tuviera aquí y en este propósito algún
valor, si las mismas divinas letras no descubrieron en otros lugares s u verdadera
intención.

L a s oraciones i n c i d e n t e s d e b e n colocarse n e c e s a r i a m e n t e d e s p u é s d e la
palabra á que se refieren. L a s oraciones de relativo son i n c i d e n t e s ; las de
infinitivo, los gerundios y las c o n d i c i o n a l e s , son s i e m p r e s u b o r d i n a d a s .
Debe a d v e r t i r s e que una oración accesoria puede ser principal con r e s p e c t o
á o t r a , porque t a n t o las oraciones i n c i d e n t e s como las s u b o r d i n a d a s p u e d e n
d e p e n d e r de otras también incidentes ó subordinadas.

§• 7 1 .

Las proposiciones principales que están como ingeridas en


otras, cuyo sentido interrumpen, pero sin afectarlo en lomas mí-
nimo, reciben la denominación de paréntesis. Al referir la aven-
tura de la vela de las armas, dice Cervantes :

No se curó de estas razones el arriero (y fuera mejor q u e se curara, p o r q u e


fuera s u r a r s e e n s a l u d ) , a n t e s , trabando de tas c o r r e a s , las arrojó gran trecho
d e sí.

Muchas oraciones ofrecen dos sentidos distintos: el literal y el


intelectual. El sentido literales el que directamente ofrece la fra-
se (se dice que se loman las palabras al pié de la letra); el inte-
lectual, el que se deduce del literal, y se conoce por el tono de la
voz, ó por las circunstancias del discurso, ó por una relación í n -
tima entre las ideas expresadas literalmente y las que en realidad
se intenta expresar (§. 58).

Si se dice de a l g u n a persona que es un Cicerón, se e n t e n d e r á q u e es u n


o r a d o r s a b i o ; p e r o si se dice en tono i r ó n i c o , se expresará el p e n s a m i e n t o
c o n t r a r i o sin variar u n a sola palabra. El s e n t i d o literal de la oración q u e d a r á
el m i s m o ; el sentido intelectual se hallará en completa oposición con el literal.
E n este texto de la Sagrada E s c r i t u r a , La lelra mata, el espíritu vivifica, se
r e c o n o c e la diferencia e n t r e a m b o s sentidos.
— 39 —

§• 7 3 .

Las oraciones se enlazan unas con otras: 1.° por medio de las
conjunciones; 2." por medio del relativo; 3.° por medio de los
modos del verbo (gerundios, infinitivos, etc.), y 4 . ° por inmedia-
ta colocación.

Las oraciones p r i n c i p a l e s , enlazadas e n t r e sí, reciben el n o m b r e de coordi-


nadas. Pueden enlazarse en la cláusula p o r medio de conjunciones ó sin
ellas. Las conjunciones que p r i n c i p a l m e n t e sirven p a r a expresar la relación
e n t r e dos ó m a s proposiciones principales son las copulativas, las disyun-
tivas, las adversativas y las ilativas.
La d e p e n d e n c i a d e las oraciones accesorias se expresa en las i n c i d e n t e s
por medio del p r o n o m b r e r e l a t i v o ; y en las s u b o r d i n a d a s , p o r medio de la
conjunción que e n c a s t e l l a n o , y de giros equivalentes en latín, y p o r medio de
las conjunciones condicionales y de los g e r u n d i o s .
Los modos del verbo c o n t r i b u y e n t a m b i é n á indicar la dependencia de las
oraciones subordinadas.

5 . - D E LA CLÁUSULA.

§• 7 4 .

Cláusula, voz derivada del verbo latino claudere, es una reu-


nión de palabras que, formando sentido perfecto, expresan, ó un
solo pensamiento, ó dos ó mas pensamientos muy íntimamente
relacionados entre sí.

En la pronunciación del d i s c u r s o , por medio de u n a pausa m u y n o t a b l e y


de cierta inflexión de la voz, es como indicamos la terminación d e la cláusula;
en la e s c r i t u r a nos valemos del p u n t o final.

§• 7 5 .

Cuando la cláusula conste de una sola oración principal, sea


cual fuere su extensión, y cualquiera que sea el número de ora-
ciones accesorias que contenga, la denominaremos cláusula sim-
ple; cuando conste de dos ó mas oraciones principales la llamad-
remos compuesta.
— 40 —

CLÁUSULAS SIMPLES.

Sed diu magnum inter moríales certamen fait, vi ne corporis, an virtute animi,
res militaris magis procederet.
(SALLÜST.)

La postrera de las tierras hacia donde e! sol se pone es nuestra España.


(MARIANA.)

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero a c o r d a r m e , no há m u -


cho tiempo que vivía un hidalgo d e los de lanza en astillero, adarga antigua,
rocin flaco y galgo c o r r e d o r .
(CERVANTES.)

CLÁUSULAS COMPUESTAS.

Animi imperio, corporis servitio magis utimur: alterum noiis cum düs, alte-
rum cum, belluis commune est.
(SALLUST.)

En partes se dan los á r b o l e s , en p a r t e s hay campos y montes pelados: por lo


mas ordinario pocas fuentes y r i o s : el suelo es recio, y que suele dar veinte y
treinta por uno cuando los años a c u d e n ; algunas veces pasa de ochenta, pero
es cosa muy rara.
(MAWANA.)

§- 76.

De la definición que hemos dado de la cláusula se desprende


lo esencial que es en ella la unidad (§. 11). Todas las partes de la
cláusula han de estar tan estrechamente ligadas entre si, que ha-
gan en el ánimo la impresión de un solo objeto, y no de muchos.

No pocas v e c e s , al tiempo que existe u n a conexión íntima e n t r e los p e n s a -


m i e n t o s de u n a c l á u s u l a , manifiéstase en el giro de la frase cierta i n c o h e -
r e n c i a q u e oscurece ó d e s t r u y e la verdadera unidad. E s t e efecto p r o d u c e n los
p a r é n t e s i s m u y extensos y los frecuentes cambios de escena 6 de objeto.
C u a n d o en vez de c o n c e n t r a r la atención en u n p u n t o d o m i n a n t e , la h a c e m o s
p a s a r de u n objeto á o t r o , no es fácil q u e , estando así d i v i d i d a , p o d a m o s
p e r c i b i r el p u n t o de enlace ni la i m p o r t a n c i a relativa de dichos objetos. De
s e m e j a n t e defecto adolece la siguiente cláusula, c e n s u r a d a por Blair con m u c h o
acierto : « Después que nosotros a n c l a m o s , ellos m e d e s e m b a r c a r o n , y yo fui
saludado por mis a m i g o s , quienes m e recibieron con m u e s t r a s de c a r i ñ o . »
La conexión e n t r e los p e n s a m i e n t o s seria m a s visible, y la cláusula tendría
m a s u n i d a d , s i s e d i j e s e : «Habiendo a n c l a d o , d e s e m b a r q u é , y fui saludado
p o r m i s a m i g o s , y recibido con m u e s t r a s de cariño.»
— 41 —

§• 7 7 .

La-Academia y muchos autores hacen sinónimas las voces cláu-


sula y período; y aun los mismos que reconocen entre ambas al-
guna diferencia, discuerdan notablemente en sus definiciones.
Dejando á un lado ociosas disputas de nombre, y fijando la aten-
ción en las cosas, la análisis de los buenos autores nos dará á
conocer tres distintas especies de cláusulas : unas, en que las
oraciones principales se coordinan sin el auxilio de, ninguna con-
junción ; otras, en que las oraciones principales se enlazan por
medio de conjunciones, sin que el sentido se suspenda ni quede
imperfecto hasta el fin; y otras, por último, en que las oraciones
se presentan enlazadas de tal m o d o , que se suspende eí sentido en
una parte d e la cláusula, y se cierra en la otra. Daremos á las
primeras el nombre de cláusulas sueltas, á las segundas, el de
cláusulas periódicas, y á las últimas, el de períodos.

En el período se da el n o m b r e de proposición ó prótasis i la p a r l e en que


se suspende el s e n t i d o , y el de conclusión ó apódosis á la q u e lo cierra.
Creemos que esto mismo quiso indicar Aristóteles en s u definición, al decir
que el período debia constar d e principio y fin.
En los ejemplos separaremos estas dos p a r t e s por medio de u n a rayita
horizontal.

CLÁUSULAS SUELTAS.

Ofrecimientos, la m o n e d a que c o r r e en este siglo: hojas por frutos llevan ya


los á r b o l e s : palabras por obras les h o m b r e s .
( D . ANTOMO PERE?..)
E! que esfuerza al flaco con palabras santas, da pan del cielo al enfermo: e¡
que consuela al triste, da de b e b e r al sediento: el que mitiga al airado con blan-
das p a l a b r a s , viste al d e s n u d o con p a c i e n c i a : el q u e á los oíros se prefiere,
muéstrase loco y digno de confusión: el que se humilla en todas las cosas, m e -
rece mayor gracia y gloria.
( Fu. DIEGO'DE ESTELLA.)
Guerras largas de varios sucesos; tomas y desolaciones de ciudades populosas;
reyes vencidos y p r e s o s ; discordias eulre p a d r e s y hijos, hermanos y hermanas,
suegros y yernos, desposeídos, restituidos , y otra vez destituidos, muertos á
hierro; acabados linajes; mudadas sucesiones de reinos; librey extendido campo
y ancha salida para los escritores.
(HCRTADO BE MENDOZA.)
— 42 —

CLÁUSULAS PERIÓDICAS.
La virtud no teme la l u z ; antes desea siempre venir á e l l a , porque es bija de
ella, y criada para resplandecer y ser vista.
( F R . L . DE LEÓN.)
El templo de la gloria no está en u n valle ameno ni en una vega deliciosa, sino
e n la cumbre de un monte, adonde se s u b e por ásperos senderos e n t r e abrojos
y espinas.
(SAAVEDRA.)

PERÍODOS.
Como en la tempestad d e v e r a n o , cuando el aire se t u r b a , e! cielo se o s c u r e -
ce de súbito, y j u n t a m e n t e el viento h r a m a , y el fuego reluce , y el trueno se
o y e , y el rayo y el agua y el granizo amontonados c a y e n d o , redoblan con increí-
ble priesa sus golpes ;•—ansí á Job, siu pensar, le cogió el remolino de la fortuna,
y le alzó y 1c batió con fiereza y priesa; de manera q u e se alcanzaban unas á otras
las malas nuevas.
( F R . L.DE LEÓN.)
Los hechos de Cristóbal Colon en su admirable navegación y en las primeras
e m p r e s a s de aquel nuevo m u n d o ; lo que obró Hernán Cortés con el consejo y con
las armas en la conquista de laNueva-España, cuyas vastas regiones duran toda-
vía en la iucertidumbre de sus t é r m i n o s ; y lo q u e se debió á Francisco Pizarro,
y trabajaron los que le sucedieron en sojuzgar aquel dilatadísimo imperio de la
América Meridional, teatro de varias tragedias y extraordinarias novedades; —
son tres argumentos de historias grandes, compuestas de aquellas ilustres haza-
ñas y admirables accidentes de ambas f o r t u n a s , que (tan materia digna á los
anales, agradable alimentoá ¡a memoria, y útiles ejemplos al entendimiento y a l
valor de los h o m b r e s .
(SOLÍS.)

§• 78.

Estas tres especies de cláusulas no se presentan siempre en el


discurso con caracteres tan distintivos como las anteriores, antes
al contrario, tanto la lengua castellana como la latina, inagota-
bles y caprichosas en el corte y giro de la frase , muy frecuente-
mente nos presentan combinados dichos caracteres en cláusulas
extensas y de una complicación no menos artificiosa que variada.
Para distinguir estas cláusulas de las demás, podria dárseles el
nombre de mixtas.

CLÁUSULAS MIXTAS.
Mira. Sancho, si tomas p o r medio la v i r t u d , y te precias de hacer hechos
virtuosos, no hay para qué tener envidia á ios que tienen , principes y señores»'

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— 43 —
porque la sangre se hereda y la virtud se a q u i s t a , y la virtud vale por sí sola !o
que la sangre no vale.
(CERVANTES.)
Era (el cardenal Cisneros) varón d e espíritu r e s u e l t o , de superior capacidad,
de corazón m a g n á n i m o , y en el mismo g r a d o religioso, p r u d e n t e y sufrido;
juntándose en é l , sin embarazarse con su diversidad, estas virtudes morales y
aquellos atributos her oicos; p e r o tan amigo de los aciertos y tan activo en la
justificación de sus d i c t á m e n e s , q u e perdia m u c h a s veces lo conveniente para
esforzar lo mejor; y no bastaba su celo á corregir los ánimos inquietos, tanto
como á irritarlos su integridad.
(SOLÍS.)

§• 79.

Las partes materiales en que, por una necesidad del aliento y


del sentido, tenemos que dividir una cláusula, valiéndonos de las
pausas en la pronunciación, y de los signos ortográficos en la es-
critura, se llaman miembros ó colones, é incisos. Pero estos nom-
bres no se emplean generalmente mas que cuando se trata del pe-
riodo, y bajo este concepto, los retóricos dividen los períodos en
bimembres, trimembres v cuadrimembres.

Si se aplicasen á las demás c l á u s u l a s , y sobre todo á las s u e l t a s , r e s u l t a r í a


falsísima la regla de que la cláusula n o debe c o n s t a r de m a s de c u a t r o m i e m -
bros. No c r e e m o s do n i n g u n a utilidad s e m e j a n t e s distinciones.

§• 80.

Las cláusulas se enlazan unas con otras: 1.° por medio de con-
junciones; %.° por medio de transiciones; 3." por simple é inme-
diata colocación.

Las transiciones, g r a m a t i c a l m e n t e consideradas, son e x p r e s i o n e s , oraciones


ó cláusulas que t i e n e n el valor lógico d e u n a conjunción ( § . 4 0 ) .

II. — C U A L I D A D E S E S E N C I A L E S D E L L E N G U A J E .

8. 8 1 .

Las cualidades esenciales y peculiares del lenguaje son tres:


pureza, propiedad y armonía.
— 44 —

L — PUREZA.

§• 8 2 .

La pureza del lenguaje consiste en su conformidad con el uso


de los buenos autores y de las personas que tienen un perfecto
conocimiento del idioma. Por consiguiente, será pura una «os
cuando pertenezca á la lengua en que hablamos; será pura una
oración ó frase cuando, al combinar las palabras, se observen
todas las reglas de concordancia, régimen y construcción; serán
puras la cláusula y la dicción en general cuando, además de po-
seer esta cualidad las voces y las oraciones, se guarde en la cons-
trucción y enlace de las cláusulas aquel carácter peculiar y dis-
tintivo del idioma, á que damos el nombre de giro castizo.

Consistiendo la corrección en la observancia do las reglas g r a m a t i c a l e s , e s


evidente q u e se halla c o m p r e n d i d a en ia p u r e z a . El uso del vulgo no basta
p a r a legitimar u n a voz ó u n a f r a s e . — C o n s u e t u d i n e m sermonis vocabo
consensum bunorurn. (Q., i , 4 . ) Horacio llama al u s o , a r b i t r o y legislador
del lenguaje : Quem penes arbitrium est, etjus, et norma loquendi.

§. 8 3 .

Los vicios contrarios á la pureza son el arcaísmo, ó uso de


voces ó locuciones anticuadas; y el barbarismo. ó uso de voces ó
locuciones nuevas. Los defectos do sintaxis y construcción se lla-
man en general solecismos.

Los barbarismos p u e d e n t o m a r el n o m b r e especial de la nación d e d o n d e


p r o c e d e n . Así decimos galicismo, grecismo, latinismo, etc.
No s i e m p r e es fácil averiguar si u n a palabra ha caído en d e s u s o , y si debe
t e n e r s e por vigente ó por anticuada. Sin e m b a r g o , en ciertos casos no p u e d e
o c u r r i r n i n g ú n género de d u d a , como c u a n d o h a sufrido alteración a l g u n a
r e g l a g e n e r a ! de ortografía. N a d i e , p o r ejemplo , d u d a r á de q u e sean voces
a n t i c u a d a s amare, dediles, fechos, cibdad, orne, contecer, e t c .
A l g u n a s palabras llegan á p e r d e r del todo su significación , como : tendal
( t i e n d a de c a m p a ñ a ) , avillar ( a f r e n t a r ) , apres ( c e r c a , j u n t o ) ; y otras p e r -
m a n e c e n en el i d i o m a , p e r d i e n d o su acepción a n t i g u a , v. g.: defender ( p r o -
h i b i r ) , atender ( e s p e r a r ) , cama ( p i e r n a ) , seña ( e s t a n d a r t e ) , buenas aves
( b u e n o s a g ü e r o s ) . En c u a n t o á las c o n s t r u c c i o n e s a n t i c u a d a s , no es difícil
<5
— 45 —
conocerlas, porque s u p o n e n la derogación de u n a ley g r a m a t i c a l . E n el
siguiente ejemplo, tomarlo de un escritor del sigio x m , se podrán n o t a r los
arcaísmos en la frase : « Madre , oit la mi c a r t a , ó pensat de lo q u e h ¡ ha , é
esforciatvos con el bou c o n h o r t e é la bona s o f r e n c i a , c non semeides á las
mugieres eñ flaqueza nin en miedo q u e h a n por las cosas q u e lies v i e n e n ,
así como non semeia vostro fijo á los ornes en sus mamuts é en m u c h a s de
sus faciendas.»

§• 84.

Por regia genera!, deben proscribirse los arcaísmos, barbaría-


mos, neologismos y solecismos; pero la poesía y el estilo jocoso
admiten algunos, especialmente arcaísmos, con tal de que no pro-
duzcan oscuridad ni sean efecto de la impericia del escritor. Las
faltas de sintaxis son las menos tolerables, porque alteran radical-
mente el idioma.

A veces es i n d i s p e n s a b l e el uso de u n a voz n u e v a , sobre todo siempre que


no convenga e n e r v a r el estilo por m e d i o d e la perífrasis; pero luego que u n a
lengua alcanzó ya cierto grado do perfección, no es posible quu se vea p r e -
cisada á m e n d i g a r frases y giros p e r e g r i n o s .

§. 85.

Sin embargo de lo dicho, no debe condenarse indiscretamente


el uso de voces nuevas cuando una imperiosa necesidad lo exige.
Las nuevas ideas que el hombre adquiere, efecto de los descubri-
mientos y de los progresos científicos, reclaman con justicia un
nuevo signo que las exprese. Pero la voz que se trate de poner
en circulación tendrá que conformarse con las reglas de etimolo-
gía y analogía, peculiares del idioma en que se desee introducir.
Conviene además no echar en olvido que el innecesario aumen-
to de voces no produciría la riqueza, sino mas bien la confusión.

Horacio exige e s t a s m i s m a s condiciones p a r a q u e la introducción de voces


nuevas sea l e g í t i m a :

Si forte necesse esi


Ináieiis monstrare recentibus abelita rerum,
Fingere cinctutis non exaudita Cethegis
Continget, dabiturque ticentia sumpta pudenter.
Et nova fictaque nuper habebunt verba fidem, si
— 46 —
Grteco fotite cadant, parce delorla
lÁcuÜ, semperque licebit,
Signatum presente nota producere nomen.

Leihnitz dice q u e las voces n u e v a s han d e ser n e c e s a r i a s , i n t e l i g i b l e s ,


sonoras y conformes con la índole del i d i o m a . Con la palabra inteligibles
q u i e r e d a r á e n t e n d e r que deben estar derivadas de las l e n g u a s sabias. El
g r i e g o , el latin y el á r a b e son las principales fuenles del idioma castellano,
de la m i s m a m a n e r a q u e lo fué el g r i e g o del latin.

§. 86.

Se forman las voces nuevas: 1.° por derivación, cuando t o -


man su origen de una palabra del mismo idioma; 2.° por compo-
sición, cuando se reúnen dos palabras simples, ó á una palabra
cualquiera se le antepone alguno de los prefijos propios de la len-
gua (a, des, pre, pro, etc., en castellano); 3.° por extensión,
cuando á una palabra del idioma se le da una acepción nueva;
4.° por traslación, cuando se emplea una palabra en un nuevo
sentido figurado; 5.° por traducción, cuando la palabra se toma
de otro idioma; y 6." por mera invención, lo que no es fácil que
acontezca, pues nunca el inventor de una palabra atiende sola-
mente á su capricho.

Algunos h a n p r e t e n d i d o reformar r a d i c a l m e n t e la ortografía con el objeto


d e simplificarla; pero no está en la m a n o de las a c a d e m i a s ni en la de los
e s c r i t o r e s el i n t r o d u c i r semejantes i n n o v a c i o n e s , ni tampoco las n e c e s i t a la
l e n g u a c a s t e l l a n a , que e s , en este p u n t o , de las m e n o s i r r e g u l a r e s .
Las variaciones ortográficas ofrecen además g r a v e s i n c o n v e n i e n t e s : ellas
h a n hecho m a s difícil el conocimiento del valor etimológico de las v o c e s , y
mas c o m p l i c a d o el estudio comparado de las l e n g u a s y de la historia del
lenguaje.

§. 87.

Una de las cosas que mas influyen en la pureza de la frase es


el perfecto conocimiento de los modismos, ó maneras de hablar
propias y privativas de la lengua. Los modismos reciben el nom-
bre de idiotismos cuando, tomados al pié de la letra, ofrecen un
sentido disparatado, ó una infracción contra las reglas ordinarias
de la gramática.
— 47 —
Uno de los m u c h o s idiotismos castellanos inspiró á Iglesias e! gracioso
epigrama s i g u i e n t e :
Hablando de cierta h i s t o r i a ,
A un necio se p r e g u n t ó :
« ¿Te acuerdas tú?» y respondió :
«Esperen q u e haga memoria. »
Mi I n é s , viendo su idiotismo ,
Dijo risueña al m o m e n t o :
«Haz t a m b i é n entendimiento,
Que te costará lo m i s m o . »

En Castilla se sale á dar u n p a s e o : en Francia y en Cataluña no se, da el


paseo; se hace. En los refranes y proverbios a n t i g u o s , así como en la poesía
popular, es donde se hallarán los rasgos mas caracleríslicos de la frase
castellana.

§. 8 8 .

La construcción figurada ó coordinación oratoria, aunque per-


feccionada por el arte, no debe considerarse como opuesta á otra
construcción mas natural. La construcción figurada, masó menos
libre en sus formas, es propia de todos los idiomas, porque se
funda en el orden con que sugiere las ideas la fantasía, exaltada
á veces por la sensibilidad; así como la construcción lógica, mas
artificial que la primera, las ordena según sus gr.ados de impor-
tancia y mutua dependencia, insiguiendo rigurosamente las leyes
prescritas por la fría razón.

La denominación d e natural, que dan los g r a m á t i c o s á la c o n s t r u c c i ó n lógica


ó directa, p u e d e dar l u g a r á m u y falsas i d e a s , y conviene a b a n d o n a r l a , c u a n d o
menos por inexacta. En la infancia de los idiomas la c o n s t r u c c i ó n es s u m a -
mente figurada. Q u e la construcción figurada es un efecto n a t u r a l do la
i m a g i n a c i ó n , lo p r u e b a n la c o m p a r a c i ó n d e u n o s idiomas con o t r o s , y las
mismas deferencias e n t r e ios varios pasajes de un d i s c u r s o ó é n t r e l o s diversos
géneros literarios.

§. 8 9 .

Mas si en todas las lenguas aparece la construcción figurada,


en todas ellas está sujeta, no obstante, á un cierto límite, que no
puede traspasarse sin faltar á la pureza del lenguaje. Y no menos
se infringen las leyes de la pureza esclavizando la frase á un paso
demasiado derecho y llano, como esmerándose en adornarla ó
— 48 —
enmarañarla con las violentas trasposiciones, de que se burló con
tanta donosidad Lope "de Vega con lo de En una de fregar cayó
caldera.

Hablando Capmany de n u e s t r o s concepListas de! siglo x v n , se expresaba


en estos t é r m i n o s : « S i n e m b a r g o , e n t r e estos e s m e r a d o s t r a s l u c q u e s , c u a n d o
n o d a ñ a n á la c l a r i d a d , por n o s e g u i r la marcha francesa de los q u e hoy e s -
criben en tono de imitadores de la n a t u r a l e z a , yo sufriría con monos r e p u g -
n a n c i a aquellos extravíos, q u e n o salían de n u e s t r a j u r i s d i c c i ó n , q u e estas
a r r a s t r a d a s y m e s u r a d a s f o r m a s , q u e t i e n e n atada la l i b e r t a d y osadía de
n u e s t r o lenguaje a n t i g u o . »

§• 90.

A pesar del mucho estudio que requieren la pureza de las voces


y la de la frase, mas fácilmente se peca todavía contra la pureza
de la construcción; porque en este punto la diferencia entreios
idiomas es mas delicada y menos sujeta á reglas. No es posible
determinar de una manera exacta el grado de fuerza elíptica, ni
la mayor ó menor libertad de hipérbaton que permite una lengua,
ni tampoco es fácil explicar en qué consiste el giro castizo de la
cláusula, aquella especie de aire de familia que tanto nos enamo-
ra en nuestros buenos escritores del siglo xvi, y que solo podria
conseguirse por medio de una constante y casi exclusiva lectura
de sus excelentes obras.

En n u e s t r o s t i e m p o s seria imponible c o n s e r v a r en toda su p u r e z a el corte


y configuración de la frase castellana, tan viva y graciosa como llena de p o m p a
y e n e r g í a . Desdo e! siglo pasado las c i e n c i a s , como las m o d a s , se nos h a n
v e n i d o i m p o r t a n d o do la nación vecina. A c o s t u m b r a d o el p e n s a m i e n t o á u n a s
formas diferentes de las n u e s t r a s , conserva n a t u r a l m e n t e las a c t i t u d e s a d q u i -
r i d a s con la c o s t u m b r e , resistiéndose á t o m a r u n a p o s t u r a que n o es suya.
Si p e n s a m o s en f r a n c é s , francesa ha de ser la frase, y gracias que n o lo sean
las palabras. En n u e s t r o h u m i l d e c o n c e p t o , los m á s concienzudos estudios
filológicos serian poco m i n o s q u e inútiles para r e m e d i a r este m a l , q u e n o
p o d r á atajarse hasta que la c i e n c i a , y sobre todo la l i t e r a t u r a , n a z c a n en
n u e s t r o propio s u e l o , y vivan y c r e z c a n r e s p i r a n d o el a m b i e n t e de n u e s t r a s
d e s i e r t a s y gloriosas m o n t a ñ a s .
N O T A . — E l Sr. Baral t a c a b a ' d e p u b l i c a r m Diccionario de galicismos, cuyo
estudio c o n t r i b u i r á n o poco á r e m e d i a r el mal de q u e lodos nos e s t a m o s
lamentando.
— 49 —

§• 9 1 .

Es de suma importancia la conservación de la pureza del len-


guaje, sobre todo cuando el idioma adquirió ya un alto grado de
perfección, y cuando existe por lo tanto una literatura verdade-
ramente nacional. No es posible en este punto la indulgencia que
algunos pretenden; porque no deben favorecerse, sino antes bien
contrarestarse, las muchas causas que tienden constantemente á
la alteración de los idiomas, tan hermosamente comparada por
Horacio con la caida y renovación de las hojas. Sin contar con
el mal uso del vulgo y de los mismos escritores, causa perenne
de corrupción; las emigraciones de los pueblos, las conquistas,
la preponderancia política ó literaria, las relaciones mercantiles,
todos los hechos dignos de memoria, dejan impresa su huella en
la historia del lenguaje, que es, como acertadamente se ha dicho,
la historia misma de la especie humana.

A medida q u e las distancias n a t u r a l e s de los pueblos van a c o r t á n d o s e , se


acercan también las i d e a s , las c o s t u m b r e s , los i d i o m a s ; p e r o no es fácil q u e
los proyectos de lengua universal dejen de ser j a m á s un hermoso delirio de
la fantasía. Creemos q u e deben h a c e r s e todos los esfuerzos posibles p a r a
g u a r d a r i n t a c t a la nacionalidad de la l e n g u a , y que m e r e c e n el respeto de
todos los a m a n t e s del s a b e r las academias é i n s t i t u c i o n e s consagradas á la
conservación de lan precioso tesoro. Los idiomas cuya l i t e r a t u r a ha p e r e c i d o ,
y que viven e n t r e g a d o s al uso v u l g a r , se c o r r o m p e n y d e s a p a r e c e n .

§• 9 2 .

Los vicios contra la pureza no son tan dignos de censura en Sos


discursos pronunciados como en los escritos; pues en los prime-
ros, ni se perciben tan fácilmente, ni tampoco trasciende tanto su
mala influencia. Además, la escritura permite el detenido esmero
en la elección y colocación de las palabras, así como las correc-
ciones posteriores; todo lo cual es imposible en la improvisación.
Tanto menos digno de venia es un autor, cuanto mas fácilmente
pudo haber evitado sus yerros.

NescU vox missa revertí. Uno de nuestros mejores e s c r i t o r e s c o u t e m p o -


4
— 50 —
ráneos tradujo con su a c o s t u m b r a d o d o n a i r e el p e n s a m i e n t o del poeta l a t i n o ,
al hacernos n o t a r q u e no tenia fe de erratas la conversación.

§• 9 3 .

Como todos los extremos son viciosos, debe evitarse de otra


parte el purismo, ó el vicio de los que afectan nimiamente la pu-
reza del lenguaje, enervando el estilo à fuerza de querer depurar
la dicción, y privándole al propio tiempo de gracia, calor y m o -
vimiento.

El p u r i s m o es la pedantería de q u e adolecen g e n e r a l m e n t e los q u e solo


estudiaron la l e n g u a en los diccionarios y g r a m á t i c a s , y no en los b u e n o s
t u t o r e s y e n el trato con personas d o c t a s . El aticismo griego y la u r b a n i d a d
r o m a n a reprobaban esta ridicula afectación de pureza. Una v e r d u l e r a de Atenas
conoció q u e Teofastro era e x t r a n j e r o , y habiéndole p r e g u n t a d o en qué lo
había c o n o c i d o , contestó : En que habla demasiado bien. ( Q u i » . , S , 1 . ) El
p u r i s m o es con respecto al lenguaje lo que el fanatismo y las s u p e r s t i c i o n e s
con r e s p e c t o á la religion.
A las palabras toca obedecer y s e g u i r , decia el g r a n Montaigne : Et que le
gascon y arrive si le français n ' y peut aller.

2. — PUOP1EDAD.

§. 94.

Esta cualidad importantísima se refiere únicamente á las voces


ó expresiones. Es propia una voz cuando expresa la idea que nos
proponemos enunciar; cuando expresa otra idea distinta se llama
impropia, y cuando enuncia la misma idea que queremos, pero
no de un modo completo, ó bien añadiéndole circunstancias que
no le pertenecen, decimos que es inexacta, que rio es precisa.
De nada serviría que supiésemos de memoria todas las voces de un
idioma, ni que fuesen muy castizas todas las de nuestros discur-
sos, sino las empleásemos en su verdadera acepción, si no fuesen
las mas adecuadas, las que mas ajustadamente correspondiesen á
las ideas que nos proponemos comunicar.

Ea (verba) sunt maxime prob^bilia, quœ semum animi nostri óptimo


promuntatqueinanimisauditorum,qua>votumiisefficiunt. (QUIN.. 8 , p r œ m . )
— ol
« E n t r e las diversas expresiones q u e e n u n c i a n u n a m i s m a i d e a , u n a sola e s
b u e n a , y no s i e m p r e la e n c o n t r a m o s c u a n d o hablamos ó escribimos. No o b s -
t a n t e , es indudable que existe, q u e todas las demás son débiles, y q u e n i n g u n a
de ellas satisface al h o m b r e de talento q u e desea darse á c o m p r e n d e r . » ( L A
BRUYKRE.) A veces p e r m a n e c e oculta á p e s a r d e todos n u e s t r o s esfuerzos; ya
parece que la divisamos como e n t r e n i e b l a s , y a s e ofusca del todo, v a d e s ú b i t o
v u e l v e á p r e s e n t a r s e . Cuando a c e r t a m o s con esta expresión única, e x p e r i -
mentamos un p l a c e r , nos acusamos de t o r p e z a , n o s parece imposible h a b e r
estado v a c i l a n d o ; p u e s , como dice el autor c i t a d o , es la mas sencilla, la m a s
n a t u r a l , la que debía ocurrírsenos a n t e s q u e t o d a s , y sin n i n g ú n género d e
esfuerzo. A u n q u e la propiedad d e las expresiones es distinta de s u p u r e z a , sin,
embargo, p u e d e considerarse la i m p r o p i e d a d como u n a especie de b a r b a r i s -
m o , porque las voces solo forman p a r t e del vocabulario de u n a l e n g u a e n
cuanto se e m p l e a n en su v e r d a d e r a acepción.

§. 95.

La propiedad de las voces es el carácter distintivo de los insig-


nes escritores. Para conseguirla conviene hacer un estudio serio
y profundo de la etimología de la lengua; de modo que, aun cuan-
do del conocimiento del griego y del latin no reportásemos otra
ventaja que el mas exacto conocimiento del valor etimológico de
las voces castellanas, esto solo bastaría para que el estudio de di-
chas lenguas debiese considerarse como el principal fundamento
de una buena educación clásica. Además de los conocimientos
etimológicos, conviene esforzarse mucho en fijar el valor usual
de las palabras, y principalmente de los sinónimos, que se distin-
guen entre sí por delicadísimas diferencias de muy difícil apre-
ciación.

En España c a r e c e m o s de u n b u e n diccionario etimológico y de u n b u e n


diccionario de sinónimos. Los laudables ensayos q u e se h a n hecho bajo u n o y
otro concepto no cumplen satisfactoriamente las condiciones de obras d e
esta naturaleza; y es de esperar que en los trabajos que a c t u a l m e n t e se están
preparando se destierre el fárrago de algunos tratados, por otra p a r t e m u y
r e c o m e n d a b l e s , y se reconozca el m u c h o aprecio que en semejantes m a t e r i a s
debe hacerse de u n a p r u d e n t e concisión, y sobre todo de u n método v e r d a d e -
r a m e n t e científico.
NOTA.—Después de escrito este párrafo, h a n v i s t o l a l u z p ú b l i c a los a p r o b a -
bilísimos trabajos de los S r e s . Mora y Monlau.
5.—ARMONÍA.

§. 96.

El sonido, elemento material de la música, además de la sen-


'sacion agradable ó desagradable que produce en el oido, tiene la
propiedad de agitar profundamente las cuerdas mas íntimas de
nuestro corazón. Pero la voz humana, eco expresivo del alma, es,
entre todos los sonidos de la naturaleza, el mas simpático, el mas
lleno de vida, el que mas hondamente nos penetra y conmueve.
Por esta razón, todas las lenguas aspiran á pulimentar con mas ó
menos cuidado la rusticidad y aspereza de las palabras, y por
esto mismo, los buenos escritores se esfuerzan y esmeran en ad-
quirir la armonía del lenguaje, faltando muchas veces, aunque
indebidamente, á las mas importantes cualidades del estilo.

No todas las l e n g u a s son i g u a l m e n ' e eufónicas. La griega y la latina lo


fueron m a s q u e las q u e a c t u a l m e n t e h a b l a m o s , ya por la fijeza de la c u a n t i d a d ,
ya por la l o n g i t u d , sonoridad y v a r i a d a s t e r m i n a c i o n e s de las p a l a b r a s , ya
p o r la m a y o r libertad de hipérbaton q u e dejaba al orador m a s a n c h o c a m p o
p a r a sü colocación armoniosa. L a s l e n g u a s del Norte son m a s á s p e r a s y de
p r o n u n c i a c i ó n mas oscura q u e las del Mediodía. Para que no se crea efecto de
u n ciego e s p í r i t u de nacionalidad el favorable juicio q u e do la castellana h i -
c i e r o n C a m p m a n y , Martínez d e la Rosa y otros escritores españoles, t r a s c r i -
b i m o s á c o n t i n u a c i ó n las imparciales palabras del sensato D' A l e m b e r t : «Una
l e n g u a a b u n d a n t e en vocales, y sobre lodo, en vocales d u l c e s , como la italiana,
s e r i a la m a s s u a v e de tocias; pero no la m a s a r m o n i o s a ; p o r q u e la a r m o n í a ,
p a r a ser a g r a d a b l e , no debe ser s u a v e , sino variada. Una lengua q u e tuviese,
c o m o la española, la feliz mezcla de vocales y c o n s o n a n t e s dulces y sonoras,
s e r i a quizás la mas a r m o n i o s a de todas las m o d e r n a s . »

§. 9 7 .

Dionisio de Halicarnaso y Cicerón, así como la mayor parte de


los antiguos retóricos, dieron tanta importancia ai tratado de la
armonía del lenguaje, no solamente por ser ¡as lenguas en que
hablaban mas susceptibles de ella que la nuestra, sino también
porque la educación musical de aquellos pueblos era mirada con
extraordinaria predilección, y la declamación teatral y oratoria,

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— 53 —
algo semejantes á un canto imperfecto, cantus obscurior, que
ahora nos parecería ridículo y afectado.

Sin hacernos cargo de estas c i r c u n s t a n c i a s , nos seria imposible c o m p r e n d e r


los admirables efectos q u e , según el testimonio de los autores c i t a d o s , p r o -
ducía en el público la r o t u n d a conclusión de un cadencioso período. La m e -
lodía nómica de los a t e n i e n s e s , y lo que se c u e n t a de C. G r a c o , q u e c u a n d o
declamaba en p ú b l i c o t e n i a á las espaldas un músico que le diese los t o n o s ,
son una prueba e v i d e n t e del aprecio con que los a n t i g u o s miraban los buenos
efectos musicales del lenguaje. Demosthenis non tum vibrarent fulmina illa,
nisinumeris contorta ferrentur. (Cíe.)

§• 9 8 .

La voz armonía implica simultaneidad y concordancia de s o -


nidos; pero como esta simultaneidad, tan agradable en la música,
no puede tener cabida en el lenguaje, entiéndese por armonía en
retórica la suave modulación que resulta del sonido de las pala-
bras y de su buena colocación, así como de la acertada combina-
ción de los acentos y pausas. Dos son los principales elementos
de la armonía del lenguaje: la melodía ó agradable sucesión de
sonidos, y el ritmo ó número, que depende de la proporcionada
longitud y buena combinación de las palabras, frases y cláusulas.
La melodía es un resultado de la diferencia y regular combina-
ción de sonidos; el número es efecto de la diferencia y regular
combinación de los tiempos, que se distinguen unos de otros por
medio de los intervalos ó pausas.

Distinctio et cequalium et scepevariorumintervallorum percussionumerum


conficit. ( C í e , De or., 3 , 36.) La armonía del lenguaje no puede acomodarse
á las reglas de precisión m a t e m á l i c a q u e son el f u n d a m e n t o de la m ú s i c a ;
no o b s t a n t e , el lenguaje de la poesía se acerca también , en c u a n t o c a b e , á
la regularidad y medida m u s i c a l e s , sujetándose á las estrechas leyes de la
versificación.

§. 9 9 .

Dependiendo la melodía de la buena combinación de los soni-


dos, debe procurarse evitar la monotonía ó molesta repetición de
las mismas letras, sílabas y palabras, así como la discordancia ó-
— 54 —
falta de unidad entre los variados sonidos de que se componen las
frases y la cláusula (§. 11). La continuada serie de vocales y con-
sonantes líquidas ocasionaría languidez y afeminación; así como
el encuentro de muchas consonantes, especialmente las muy re-
chinantes y ásperas, produce una frase escabrosa y arrastrada, que
entorpece la pronunciación y destroza los oídos.

Ccllocabunlur verba ut ínter se quam aptissime cohcereant extrema cumprimis,


taque sint quam suavüsimis vocibus.
Son contrarios á la melodía el sonsonete ó frecuente repetición de sílabas
i desinencias semejantes, v. g . : O Tite tute Tati tibi tante tyranne lulisti,—
— « E s l o s ecos iéjos s u e n a n » ; 2 . " el hiato ó e n c u e n t r o de vocales, v . g . : «Oía
á a m b o s » , — V e n i a á A s i a » ; 3 . " la cacofonia, ó colisión de sonidos á s p e r o s
y desapacibles, v. g.: Rex Xerxes,—«Error r e m o t o » , — « P e g a j o s a s ajonjeras».
P e r o u n a m a n o hábil p u e d e c o n v e r t i r en belleza alguno de los citados defectos,
c o m o c u a n d o se c o m e t e la aliteración.

§. 100.

En cuanto al ritmo ó número, deben también hermanarse la


buena proporción y la unidad con la variedad (§. 1 1 ) . La prosa no
exige, antes considera como un defecto, la regularidad del metro;
pero tampoco tolera el desorden ni la completa desproporción de
las partes de la cláusula, sino que, al contrario, muchas veces hace
gala de cierto, repartimiento simétrico de ios miembros del pe-
ríodo.

Los versos en ¡a prosa fueron r e p u t a d o s como u n grave defecto por los


retóricos a n t i g u o s . Este p r e c e p t o no debe aplicarse tan r i g o r o s a m e n t e á la
p r o s a c a s t e l l a n a , p o r q u e en ella se e n c u e n t r a n con frecuencia versos octosí-
labos, redondillos m e n o r e s , y quizás algún e n d e c a s í l a b o , sin q u e por esto
logre advertirlo el oído m a s exigente y mas delicado. Las p r i m e r a s palabras
del Quijote componen dos redondillos mayores. P e r o si se c o n t i n u a s e n dos ó
m a s versos h e r o i c o s , ó m u c h o s versos de a r t e m e n o r , ó dos ó m a s versos
c o n s o n a n t e s , llamarían n o t a b l e m e n t e la a t e n c i ó n , y entonces c o n v e n d r í a
proscribirlos.

§. 1 0 1 .

Para conseguir la variedad del ritmo deben combinarse las sí-


labas largas y breves; las palabras, frases y cláusulas de poca ex-
— 55 —
tensión se mezclarán también elegantemente con las mas llenas y
extensas, y las cláusulas cortadas, con las rotundas y periódicas;
porque, así como no se adaptan á la índole de la lengua castellana
las cláusulas estrechas y desencajadas, tampoco pueden tolerarse
la nunca interrumpida amplitud ni la monótona sonoridad del pe-
ríodo.

Una serio de monosílabos ó de frases b r e v e s y cortadas h a r í a el efecto d e


u n martilleo i n s o p o r t a b l e , p r e s e n t a r í a t r u n c a d o el s e n t i d o , y r e c a r g a n d o la
m e m o r i a , debilitaría c o m p l e t a m e n t e la conexión del p e n s a m i e n t o . Mas a g r a -
dable sonido producen los vocablos largos y las frases y cláusulas n u m e r o s a s
y r o t u n d a s ; sin e m b a r g o , si c o n s t a s e el período de una extensión d e s m e d i d a ,
se fatigaría el aliento y se fatigaría a d e m á s la a l e n c i o n , sin q u e por la m u l -
titud de parles s e c u n d a r i a s p u d i e s e el e n t e n d i m i e n t o a b r a z a r de u n a ojeada
la relación del c o n j u n t o . Non semper utendum est perpetuilate, et quasicon-
versioneverborum:$edscepecarpendamembris minutioribus oratio est. (Cíe.)

§• 102.

En la armonía de la cláusula debe observarse una gradación


constante, procurando sobre todo que una conclusión llena y so-
nora cierre el sentido de la frase musical, y deje plenamente s a -
tisfecho el oido. El agradable sonido que estas rotundas conclusio-
nes producen recibe el nombre de cadencia final.

Nonigilur durum sil, ñeque abruplum, quo animivelul respiraul ac refi-


ciuntur. Hmc est sedes or:d.ionis;hoc auditor spectat; hic latís omnis decta-
mat. ( Q D I S T . ) No deben t e m b l a r con vocablos monosílabos y ásperos los
miembros y las cláusulas , y g e n e r a l m e n t e en el final del período caen mejor
los colones extensos y c a r g a d o s de palabras eufónicas y n u m e r o s a s . Si a l g u n a
vez sufren infracción estas r e g l a s , es por r a z ó n de la a r m o n í a i m i t a t i v a .

§. 103.

Por último, el acento introduce otra nueva variedad en la ar-


jnonía de la cláusula por medio de la acertada combinación de
tiempos fuertes y débiles; influye en la melodía, contribuyendo á
la mayor ó menor elevación del tono de las sílabas, é influye en el
ritmo, porque retarda ó apresura la pronunciación de los voca-
btos y frases. Además del acento prosódico, deben tenerse en
cuenta el acento gramatical y el tono ó acento oratorio.
— 56 —
La influencia de la a c e n t u a c i ó n prosódica es tan m a r c a d a en el m e t r o , q u e
h a s t a la simple dislocación de los a c e n t o s para q u e los mejores versos q u e d e n
destruidos. Modifícanla i g u a l m e n t e el a c e n t o gramatical, el oratorio y el n o -
cional. La a r m o n í a del lenguaje es todavía m a s i m p o r t a n t e en las c o m p o s i -
ciones destinadas á la l e c t u r a solitaria q u e en las p r o n u n c i a d a s ó leidas e n
alta voz. En e s t a s el artificio de una buena pronunciación puede l l e g a r á ofuscar
los defectos de a r m o n í a ; c u a n d o , al c o n t r a r i o , en lo que leemos para nosotros
es t a n poderosa la fuerza de la i m a g i n a c i ó n , que nos p a r e c e uir r e s o n a r i n t e -
r i o r m e n t e ei eco de las palabras , y los m e n o r e s descuidos h i e r e n g r a v e m e n t e
el oido, m a s orgulloso j u e z q u e n u n c a .

§. 104.

Hasta ahora hemos tratado de la armonía que podemos llamar


mecánica, porque no tiene otro objeto que recrear el oido. Pero
como el arte no se contenta con halagar los sentidos; como la
música se dirige al corazón, y no al órgano anditivo, que no es mas
que el vestíbulo del alma; como la palabra debe estar subordina-
da al pensamiento; así también la armonía del lenguaje debe guar-
dar conveniencia con el asunto, ya con el tono general que i m -
primen en el estilo los afectos que en él dominan, ya con las ideas
y afectos particulares que en ciertas y determinadas frases se ha-
llan expresados. Esta es la armonía que se distingue con el nom-
bre de imitativa.

Es u n e r r o r vulgar el c r e e r que la m ú s i c a expresa ideas: la música no p u e d e


expresar más que los s e n t i m i e n t o s del á n i m o ; pero, como al e m b a r g a r n o s
c u a l q u i e r afecto, toma la imaginación u n r u m b o d e t e r m i n a d o , n a t u r a l m e n t e
s e p r e s e n t a n á n u e s t r o espíritu las ideas que m a s analogía guardan con el
estado de n u e s t r o corazón. De esto modo indirecto es como la música p u e d e
expresar, no imitar, los objetos.

§. -¡03.

La armonía imitativa, que consiste en la conveniencia del tono


general del sonido con el tono dominante del escrito, es la mas
apreciable, la mas difícil, la que tiene cabida en todas las com-
posiciones, así poéticas como prosaicas. Las cláusulas muy nume-
rosas y periódicas encierran pompa y magnificencia; las suaves
y lentas compadécense bien con la tristeza y ¡a melancolía; las
cortadas, rápidas, llenas de voces ásperas y fuertemente acentúa-
— 57 —
das, son propias del estilo vehemente y apasionado. Imposible
seria dar una idea de Tas delicadas medias tintas que ofrece la ar-
monía del lenguaje, pues para ello seria indispensable ir recor-
riendo toda la escala de los afectos humanos.

Para c o m p r e n d e r el efecto que p r o d u c e esta especie de armonía vaga y


genérica, bastará c o m p a r a r la oda en q u e F r . Luis d e León describe la t r a n -
quilidad de la vida del c a m p o . con la Profecía del Tajo, del mismo p o e t a , 6
con la canción de Herrera á D. Juan de A u s t r i a . Compárese también la oración
Pro lege Manilia con la p r i m e r a oración contra Catilitia.

§. toe.

Mas propia de la poesía que de la prosa es la otra especie de


armonía imitativa que aspira á la expresión particular de los o b -
jetos.
En cuanto á los sonidos, cabe una imitación perfecta, supuesto
que el lenguaje no es mas que una serie de sonidos que corres-
ponden mas ó menos directamente con los demás de. la naturaleza
que pretendemos expresar. La imitación de los sonidos se llama
onomalopeya.

Virgilio imita de esta m a n e r a el ruido de la lima y del r a s t r i l l o :


Tum ferri rigor atque argutee lamina serrm.
(GEOR.)

Ergo agre lerram rastris rimantur.


(ID.)

Y en el mismo poema, c u a n d o q u i e r e d e s c r i b i r n o s el r u m o r déla t e m p e s t a d


que se acerca, sabe e n c o n t r a r versos tan expresivos como los s i g u i e n t e s :
Continao, ventissurgentibus, aut freta ponti
Incipiant agitata tumescere; el aridus altis
Moniibus audiri fragor, aut resonantia longe
Littora misceri et nemorum increbescere murmur.
H e r r e r a , q u e con tan enérgicas expresiones pintaba los objetos t e r r i b l e s ,
es blando y suave c u a n d o nos babla de la cítara de Apolo:
Rompa el cielo, en mil rayos encendido,
V con pavor horrísono cayendo,
Se despedace en hórrido estampido.

En el sereno polo.
Con la suave cítara prefeMe,
— 58 —
Cantó el crinado Apoio
Entonces d u l c e m e n t e ,
¥ en oro y lauro coronó su frente.
La canora armonía; ele.
Compárense finalmente e n t r e sí los s i g u i e n t e s ejemplos de F r . L u i s de
León:
El aire el h u e r t o o r e a ,
Y ofrece mil olores al sentido,
Los árboles menea
Con u n manso ruido
Que del oro y del cetro pone olvido.
La combatida antena
C r u j e , y en ciega noche el claro dia
Se torna

Oye, q u e al cielo toca


Con temeroso son la trompa fiera
L a e s t r u c t u r a m i s m a de los idiomas es favorable ala onomatopeya, p o r q u e
n a t u r a l m e n t e los signos de los sonidos se c o m p o n e n de las letras c u y a p r o -
n u n c i a c i ó n m á s se acerca al sonido que se q u i e r e e x p r e s a r ; como lo d e m u e s -
t r a n las palabras s i g u i e n t e s : silbido, susurro, murmullo,estrépito, estruendo,
trueno; chistar, chiflar, cecear, cuchichear, refunfuñar, mahullar, rugir,
piar, e t c . Cuando queremos hablar de u n sonido cuyo n o m b r e no s a b e m o s ,
p r o c u r a m o s imitarlo con la voz. Las l e n g u a s a n t i g u a s c o n t i e n e n m a y o r n ú m e r o
d e voces i m i l a t i v a s , p o r q u e al pasar las voces de u n idioma á otro se v a n
modificando y alejándose cada vez m á s del primitivo tipo inspirado por la
misma naturaleza.

§. 107.

También puede expresarse el movimiento por medio del ritmo,


auxiliado por la melodía. Las silabas compuestas de muchas con-
sonantes, los diptongos, los acentos, las palabras é incisos largos,
retardando el curso de la frase, expresan la dificultad ó lentitud
del movimiento; las sílabas breves, compuestas de vocales sencillas
y consonantes liquidas, los esdrújulos, los incisos de fácil pronun-
ciación, aligeran la frase y expresan la rapidez. La interrupción
del movimiento puede imitarse por medio de cláusulas breves y
cortadas; las mas extensas y periódicas serán propias de los m o -
vimientos iguales y sosegados.

Véanse los siguientes ejemplos:


Stertiilur, exanimisque tremens procumbit humi bos.
(VIRG.)
— 59 —
Olli inter sese magna vi brachia tollunt
In nuinerum, vermntque tenaei forcipe ferrum.
(ID.)
Sube gimiendo COJI mortal fatiga
El grave peso q u e en s u s hombros lleva
Sisifo al alto m o n t e : y c u a n d o prueba
Pisar la c u m b r e , á mayor mal se obliga :
Cae el fiero peñasco ; y la enemiga
Suerte cruel su nuevo afán renueva.
Vuelve otra vez á la dificil p r u e b a ,
Sin q u e d e su trabajo el fin consiga.
(1. D E Á R Q D U O . )

Solo y penoso en prados y desiertos


Mis pasos doy cuidosos y cansados.
(BOSCAN.)
S u b o , con tanto peso quebrantado,
P o r esta Hita, e m p i n a d a , aguda sierra.
(HERRERA.)

el obliquo laboral
Lympha fugax trepidare rivo.
(IIOKAT.)
Del álamo las hojas plateadas
Mece adormido el v i e n t o ,
Y las t r é m u l a s ondas retratadas
• , S i g u e n su movimiento.
(MKLENDEZ.)

Quadrupedante putrem sonilu quatil unguta campum.


(VIRG.)

Alque rotis summas levibus perlabitur undas.


(ID.)

Radit iter liquidum, céleres ñeque eommovet alas.


(">•)
la bandera
Que desplegada al aire va ligera.
(FR. L . DELEOK.)
desparece
Cual relámpago súbito brillante.
(MELENDEI.)
Yo soy viva,
Soy activa,
Me m e n e o ,
Me p a s e o ;
Yo trabajo,
Subo y bajo;
No m e estoy quieta j a m á s .
(IRIARTE.)

La marcha m i l i t a r y la danza nos manifiestan la conexión í n t i m a que existe


— 60 —
e n t r e el sonido y el m o v i m i e n t o . Una y otra se ajustan á la m e d i d a del t i e m -
p o , y de aquí r e s u l t a su agradable y e s t r e c h a consonancia con la m ú s i c a .

§• m¿
Las conmociones interiores del ánimo admiten, como dijimos,
una expresión particular por medio de la armonía; tanto por cau-
sa de la relación natural que existe entre ciertos sonidos y nuestros
afectos, como también porque la imaginación asocia con frecuen-
cia ambas cosas, estableciendo relaciones no apoyadas tal vez en
la misma naturaleza. Las conmociones agradables se expresan
naturalmente por medio de sonidos blandos, suaves y claros; la
tristeza prefiere los sonidos oscuros y las palabras largas; las v o -
ces breves, los sonidos vivos, agudos y ásperos son mas propios
de las pasiones vivas y fogosas.

E n comprobación de lo d i c h o , p o n e m o s á c o n t i n u a c i ó n a l g u n o s ejemplos,
Tempus eral, quo prima qities morlalibus tzgris
Iveidit, el dono divum gralissima serpit
( VlRG.)
Cum subil Ulitis trislissima noclis imago
(OVID.)
Nox eral, et placidum carpebant fessa soporem
Corpora per ierras, silvoeque el sceva quierant
Mquora : quum medio volvuntnr sillera lapsu,
Quum tacet omnis ai/er
(VlRG.)
Prevenid en tanto
Flébiles tonos, enlazad coronas
De ciprés lunera!, musas c e l e s t e s ;
Y donde á las de! mar sus a g u a s mezcla
El Carona o p u l e n t o , en silencioso
Bosque de lauros y menudos m i r l o s ,
Ocultad entre llores mis cenizas.
(h. MORATIH.)
Por ti el silencio de la selva u m b r o s a ,
Por tí la esquividad y apartamiento
Del solitario monte me agradaba;
Por tí la verde yerba , el fresco viento,
El blanco lirio y colorada rosa
Y dulce primavera deseaba.
¡ A y cuánto me engañaba!
(GARCILASO.)
Dulces exuvice, dutn fala deusque sinebant.
(VlRG.)
— 61 —
¡Oh dulces p r e n d a s , por mi mal h a l l a d a s ;
Dulces y alegres cuando Dios quería!
(GARCILASO.)
Arma virumque cano Troja; quiprimns ab oris.
(VIRO.)
Cuando con resonante
Rayo y furor del brazo impetuoso
A Encelado a r r o g a n t e
Júpiter poderoso
Despeñó, airado , en Etna c a v e r n o s o ; etc.
(HERRERA. )
Ferte citi ferrum, dale tela, scandite muros
Hostis adest, eia!
(VlBG.)
Vade, age, guate, vocá zeptiiros, et labere pennis.
(lo.)
Acude, corre, vuela,
Traspasa el alia s i e r r a , ocupa el llano ,
No perdones ta e s p u e l a ,
No des paz á la m a n o ,
Menea fulminando e! hierro insano.
(Fu. L . DE L E Ó N . )

§ . 109.

La armonía debe nacer de la fuerza del sentimiento, del raudal


de la inspiración, y no de premeditadas y frias combinaciones, que
están al alcance de un escritor cualquiera, y que solo buscan con
estudiado empeño los poetas vulgares. La imitación servil é in-
mediata es un defecto, mas bien que una belleza : la onomatopeya
fácilmente degenera en trivialidad.
No es preciso estar m u y versado en c u e s t i o n e s d e b u e n g u s t o para r e c o -
nocer q u e el s i g u i e n t e pasaje de Virgilio :
At tuba terribilem sonitum procul mre canoro
Inerepuit: sequilar clamor, ccelumque remugit,
es superior á este otro verso, en q u e la imitación del sonido d e la t r o m p e t a es
mas d i r e c t a , pero m a s trivial :
At tuba terribili sonilu tarataniara dixit.
E n la p i n t u r a y en la música, c u a n d o la inspiración n o i m p u l s a al a r t i s t a ,
resalta m a s todavía q u e en la versificación la puerilidad de u n a imitación
mecánica. Es m u y frecuente hacer el elogio de u n c u a d r o diciendo q u e las fi-
g u r a s sallan del lienzo. Un aplaudido maestro c o n t e m p o r á n e o e c h ó en olvido
á Haydin, á Mozart y á Rossini c u a n d o en la descripción de u n a t e m p e s t a d
i m i t ó , como podia haberlo h e c h o quien j a m á s h u b i e s e saludado el a r t e m u s i -
cal, el r u m o r de la lluvia y el b r a m i d o de los v i e n t o s .
— 62 —
G l u e k , q u e se p r e c i a b a de ser mas poeta y pintor que músico, y que, según
el c é l e b r e dicho de W i e l a n d , prefirió las musas á las sirenas, á pesar de q u e
en la e x p r e s i ó n , y solo en la expresión , fundaba todo el m é r i t o de la m ú s i c a
d r a m á t i c a , no descendió j a m á s á las triviales y calculadas i m i t a c i o n e s q u e
t a n t a aceptación tienen g e n e r a l m e n t e e n t r e el v u l g o . La sinfonía del Joven
Enrique, de su discípulo M e h u l , es u n a de las composiciones en q u e la i m i -
t a c i ó n m e c á n i c a llega hasía donde es p e r m i t i d o , sin infringir las leyes del
buen gusto.

CAPÍTULO I I I .

DE L A S F I G U R A S .

§• n o .

Dos caracteres esenciales deben tener las formas del pensamien-


to ó del lenguaje para merecer el nombre de figuras : 1." han de
poder ser sustituidas por una forma mas sencilla, por una forma
no figurada; 2.° han de expresar la idea ó el pensamiento con mas
viveza, con mas gracia ó con mas energía. Vim rebus adjiciunt et
gratiam prmstant; et ex eo nomen duxerunt quod sint formato}
quodammodo. ( Q U I N T . , J X , 1.)

Una simple interrogación n o es figura; pero c u a n d o p r e g u n t a m o s , no p a r a


q u e n o s r e s p o n d a n , sino para e x p r e s a r la afirmación con m a s e n e r g í a , se c o n -
vierte la i n t e r r o g a c i ó n en u n a de las figuras r e t ó r i c a s q u e m a s e m b e l l e c e n el
estilo. El epíteto es figura, y no lo e s el adjetivo q u e d e t e r m i n a la idea del
s u b s t a n t i v o , y q u e , por c o n s i g u i e n t e , se emplea por necesidad.

§. t i l .

En la definición se dijo que las figuras eran modos de decir que


se apartaban de otro modo mas sencillo, pero no mas natu-
ral (§. 28). En efecto, las figuras son la expresión natural de
ciertas modificaciones del alma, que no podría retratar con la mis-
ma viveza el estilo no figurado. Lo que dijo Dumarsais, y demos-
tró Marmontel con un ejemplo, que en un dia de mercado se oian
mas figuras que en muchos dias de sesión académica, es una ver-
dad indisputable. Para acabar de convencerse de que las figuras

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retóricas son tan naturales como las formas lógicas del raciocinio,
basta fijar la atención en el hecho de que son las mismas en todas
las lenguas y en todos los países, y que, por consiguiente, son
formas propias del pensamiento y del lenguaje humano en g e -
neral ; en una palabra, formas inspiradas por la misma natu-
raleza.

El hombre d e pasiones m a s r u d a s , de talento menos c u l t i v a d o , emplea u n


estilo mas lleno de figuras q u e el q u e á fuerza de largos estudios c o n s i g u i ó
trazar á su razón u n c a m i n o recto y d e s e m b a r a z a d o . El a r t e no las i n v e n t ó ;
antes bien enseña á emplearlas con d i s c e r n i m i e n t o y c a u t e l a , haciéndolas
esclavas de la razón y del b u e n g u s t o .

§.112.

El estudio de las figuras, no solamente es de grande importan-


cia para el filósofo, por lo mucho que contribuye ala exacta aná-
lisis del pensamiento y del lenguaje, sino también para el literato,
porque los nombres de las figuras, además de prestar á la crítica
un lenguaje exacto, inducen á fijar la atención en las bellezas del
estilo, haciendo que nos impresionen con mayor energía.

Es u n a vulgaridad lo q u e se ha r e p e t i d o mil veces de lo exótico de los


nombres de las figuras. E n este p u n t o , la j u r i s p r u d e n c i a , la química, la m e -
dicina no son de mejor condición q u e la r e t ó r i c a . Q u e el estudio de las figu-
ras no es perjudicial lo d e m u e s t r a n , por no citar otros e j e m p l o s , Cicerón y
F r . Luis de G r a n a d a , q u e tan m i n u c i o s a m e n t e las estudiaron y e n s e ñ a r o n , y
cuyo estilo y buen g u s t o literario n a d a tiene que envidiar c i e r t a m e n t e á los
que j u z g a n como u n e n t r e t e n i m i e n t o pueril y u n pernicioso ejercicio e s c o -
lástico todo c u a n t o tiene t r a z a s de p r e c e p t o de retórica. Confesamos, no obs-
t a n t e , que se han hacinado m u c h a s reglas i n ú t i l e s , p r e t e n d i e n d o e n s e ñ a r el
acertado uso de las figuras, y que h u b o tiempos en que se dio á e s t a f a r t e de
la retórica u n a exagerada i m p o r t a n c i a .

§. 1 1 3 .

Dijimos también que todas las figuras eran modificaciones del


pensamiento ó del lenguaje; y no puede menos de ser así, puesto
que de pensamientos y lenguaje se compone solamente la elocu-
ción. Mas como una modificación en el pensamiento trae consi-
_ 64 —
go casi siempre una modificación mas ó menos visible en el len-
guaje; y vice-versa, como lasmadiíicacionesdel lenguaje se hacen
siempre en obsequio de la idea ó del pensamiento; la mayor par-
te de las figuras participan de un carácter mixto, y por esto no es
fácil clasificarlas en dos .grupos generales de figuras de palabra
y figuras de pensamiento, como lo han intentado muchos retóri-
cos, sin que jamás hayan conseguido ponerse de acuerdo.

En los t r o p o s , por e j e m p l o , no s o l a m e n t e se s u b s t i t u y e u n a palabra á o t r a


p a l a b r a , sino t a m b i é n u n a idea á otra idea, y sin e m b a r g o , casi todos los
p r e c e p t i s t a s convienen en dar á los tropos e! n o m b r e de figuras de p a l a b r a .
En m u c h a s de las figuras de palabra p r o p i a m e n t e d i c h a s , c o m o en la r e p e -
t i c i ó n , en el epíteto hay algo m a s que u n a simple modificación de lo m a t e -
rial del lenguaje. Al c o n t r a r i o , en otras figuras d e p e n s a m i e n t o , como la i n -
t e r r o g a c i ó n , la exclamación, la c o m p a r a c i ó n , e t c . ' , la cláusula recibe u n g i r o
e s p e c i a ! , y p o r c o n s i g u i e n t e , sufre también u n a verdadera modificación el
lenguaje.

§. (14.

Dejando pues á un lado cuestiones, si no inútiles, impropias de


este lugar, consultando la conveniencia y el uso recibido, y sin
aspirar á una exactitud de clasificación poco menos que imposible,
dividiremos las figuras en tres especies : 1." figuras de dicción,
2." tropos, 3 . figuras de pensamiento.
a

I.—FIGURAS D E D I C C I Ó N .

§. ílo.

Las figuras de dicción no son otra cosa que «unas cuantas ma-
neras de construir las cláusulas con cierta belleza y gracia, y aun
á veces también con energía.» Todas modifican lo material de la
frase, y pueden reducirse á tres clases : 1 . figuras por adición, a

2 . por repetición, y 3 . por combinación.


a a

Hermosilla da el n o m b r e de elegancias á estas formas, q u e , s e g ú n él d i c e ,


l l a m a n los rotóricos vulgares figuras de p a l a b r a ; p o r q u e , en el concepto d e
dicho a u t o r , solo puede apropiarse el n o m b r e de figuras á las formas de los
p e n s a m i e n t o s . Prescindiendo d e q u e t o l o s los r e t ó r i c o s , vulgares y no v u l -
g a r e s , han Iiecbo uso do la denominación de figuras do, dicción ó de p a l a -
b r a , y que en el lenguaje t é c n i c o es e n t e r a m e n t e n u e v a la denominación de
elegancias, nos p a r e c e u n c o n t r a s e n t i d o , inconcebible en u n - a u t o r t a n j u i -
c i o s o , negar el n o m b r e de figuras á las modificaciones materiales del sonido
ó del lenguaje, y concederle a las mortificaciones i n m a t e r i a l e s d e l p e n s a m i e n -
to. Las figuras de dicción ó de palabra son conocidas t a m b i é n con el n o m b r e
' de figuras de elocución, en cuyo caso esta palabra se toma en el mismo s e n -
tido que dicción.
Son figuras de dicción todas las gramaticales, tanio las de m e t a p l a s m o , que
consisten en alguna alteración ortográfica de los vocablos , como las d e sinta-
xis y construcción, q u e consisten en infracciones de las reglas generales del
i d i o m a , y también en el a u m e n t o , supresión ó colocación de las palabras.

1.—FIGURAS DE DICCIÓN POR ADICIÓN Ó SUPRESIÓN.

La disjuncion ó disolución (asíndeton) suprime las conjuncio-


nes, y la conjunción (polisíndeton) las multiplica. La primera se
emplea con frecuencia en la enumeración y da rapidez al estilo; la
segunda aisla en cierto modo los objetos y acrecienta la energía.

EJEMPLOS DE DISJUNCION'.

Ferie citi flammas, dale lela, impellite remos


(Vino.)
Tot res repente circumvallant, unde emergí non potest:
Vis, egestas, injuslitia, soliludo, infamia.
(TERENC.)

Hendí, r o m p í , d e r r i b é ,
Rajé, deshice , p r e n d í ,
Desafié, d e s m e n t í ,
Vencí, acuchillé, maté,
Fui tan b r a v o , que me alabo
En la misma s e p u l t u r a ;
Matóme una calentura.
¿Cuál de los dos es mas bravo?
(L. DE VEGA.)

Llamas, dolores, guerras,


M u e r t e s , asolamientos , fieros males
Entre t u s brazos cierras
(Fit. L . IIF.LEON.)
E J E M P L O S DE COISJUJiCION.

Meprce celeris et colit, etobservat, et diligit.


(Cíe.)
Y el Santo de Israel abrió su m a n o ,
Y los d e j ó , y cayó en despeñadero
El carro y el caballo y caballero.
(HERRERA.)

El epíteto es un adjetivo ó participio que se junta con el sus-


tantivo, no para determinar ó completar la idea principal, sino
para caracterizarla, presentándola con mas gracia ó con mas
energía. El epíteto puede suprimirse, quedando íntegra la propo-
sición principal; el simple adjetivo no puede suprimirse sin alte-
rar radicalmente el sentido.

E n los s i g u i e n t e s ejemplos los adjetivos morosa y agudo son e p í t e t o s ,


p e r o no ¡o es el participio composita.

Doñee virenti canities abesl


Lenesque sub noctem susurri,
Morosa: nuncet campas, et arene,
Composita repetantur hora.
(HORAC)

Tú solo á Oromcdonte
Trajiste ai hierro agudo de ¡a m u e r t e .
(HERRERA.)

Son v e r d a d e r o s e p í t e t o s , ó por lo m e n o s tienen el valor lógico de t a l e s ,


las oraciones i n c i d e n t e s q u e se emplean sin n e c e s i d a d , y solo con el objeto de
h a c e r m a s significativa la idea principal. Lo mismo p u e d e decirse de todaslas
modificaciones y complementos indirectos q u e se hallen en el mismo caso. Es
u n epíteto de sueño et p r i m e r verso de este ejemplo:

Imagen espantosa de la muerte ,


¡Sueño c r u e l ! no turbes m a s mi pecho...
(HERRERA.)

§. 118.

Los epítetos han de ser muy significativos, esto es, han de ca-
racterizar enérgicamente los objetos á que se aplican, ó hacer
resaltar una cualidad sobre la que convenga fijar mucho la aten-
— 67 —
cion. Por consiguiente, son defectuosos los epítetos impropios,
vagos ó inútiles. La mayor parte de los epítetos de Homero equi-
valen á una descripción.
No deben acumularse muchos epítetos sobre un mismo objeto,
porque, distrayendo la atención con las ideas accesorias, lejos de
pintar con mas viveza la idea principal, la ofuscan y debilitan.

Son impropios los epítetos q u e expresan u n a cualidad q u e no p e r t e n e c e al


objeto. La caduca avaricia los feroces miembros movió: en este ejemplo el
epíteto c a d u c a es m u y p r o p i o , el de feroces impropio. Son vagos los e p í t e -
tos que p u e d e n aplicarse i n d i s t i n t a m e n t e á la m a y o r p a r t e de los objetos,
v. . g . , los de esclarecido, insigne, claro, e t c . , aplicados á escritores ó á
personajes históricos. Son inútiles los epítetos c u a n d o expresan c u a l i d a d e s
que excita el solo n o m b r e del objeto, como el de liquidi, q u e Virgilio aplica
á fontes.

2.—FIGURAS D E DICCIÓN POR REPETICIÓN.

§• 1 1 9 .

En todas las figuras de dicción por repetición se repite una


misma palabra en la cláusula; y según el lugar en que dicha p a -
labra se coloca, recibe la figura distintos nombres.
Si se repite al principio de los incisos, miembros ó cláusulas,
conserva el nombre de repetición; si se repite al fin, se llama
conversión; si se repite una palabra al principio y otra al fin,
complexión.
EJEMPLOS DE REPETICIÓN.

Te dulcís conjux, te solo in liltore secum,


Te veniente die, te decedente canebut.
(VlRG.)

Nihil te noeturnnm pr/esidium yalalii, nihil urbis vioilice, nihil consensus bo-
norum omnium, nihil He munitissimus habendi sena tus locus, nihil horum ora
vullusque moverunt?
(Cíe.)

Al caballero p o b r e no le queda otro camino para mostrar que es caballero, s i -


no el de la virtud , siendo afable, bien criado, c o r t é s , comedido y oficioso; n o
s o b e r b i o , no a r r o g a n t e , no m u r m u r a d o r .
(CERVANTES.)
Ya con triste armonía
Esforzando el i n t e n t o ,
Mil quejas r e p a i t i a ;
;" Va cansado callaba.
Y al nuevo sentimiento
Va sonoro volvía ;
Va circular volaba .
Ya rastrero c o r r í a ,
Va pues de rama en rama
Al rústico seguía
El r o m a n c e Si tienes el corazón debe gran p a r t e de su energía á la r e p e t i -
c i ó n de la partícula si.
EJEMPLOS DE CONVENSÍON.

Dolelis tres exercilu», paires conscripti, interfectos; iuterfecit Antonias: áe-


sideralis clarissimos eives; eos queque vobis eripuit Anlonius: auclorilatis hujus
ordinis tifflicta es!; afflixit Antonias.
(Ce.)
Parece que los gitanos nacieron en el mundo para ladrones : nacieron de p a -
d r e s l a d r o n e s , crianse con l a d r o n e s , estudian para l a d r o n e s , y finalmente, s a -
l e n con ser ladrones corrientes y molientes á todo r u e d o .
(CERVANTES.)

EJEMPLOS DE COMPLEXIÓN.

Quem señalas damnarit, quem populas romaitut damnarit. quem omnium


exiilimatio damnarit eian vos sententiis absolvetis? (Cíe.)
Si honestidad d e s e á i s , ¿ q u é cosa mas honesta que la virtud , q u e es la raiz y
fuente de toda honestidad? Si h o n r a , ¿á quién .se debe la honra y el acatamien-
t o , sino á la virtud? Si hermosura, i q u é cosa mas hermosa q u e la imagen de la
v i r t u d ? Si utilidad , ¿qué cosa hay de mayores utilidades que la virtud , pues por
ella si; alcanza el sumo bien? Si d e l e i t e s , ¿ q u é mayores deleites que la buena
conciencia, y (lela caridad , y de la p a z , y de la libertad de los hijos de Dios,
que todo anda en compañía de la virtud? Si fama y memoria , en memoria e t e r -
na vivirá el j u s t o , y el nombre de los malos se p o d r i r á , y así como humo d e s -
aparecerá.
(En. L. DE GRASADA.)

§. 120.

Cuando se repite consecutivamente una palabra, formando ella


sola un inciso, se comete la reduplicación; cuando al principio de
un inciso se repite la última palabra del que inmediatamente le
precede, nace la figura llamada conduplicacion, que se emplea en
la poesía con mas frecuencia que en la prosa.
EJEMPLOS DE REDUPLICACIÓN.

Nunc, mine insurgite remis,


Héctorei socii.
(VIRC.)
— 69 —
Me, me adsum, qui feci : in me convertite ferrum
0 Untali.
(VIIÌG.)
La niña d e s q u e Io oyera
Djjole con osadía :
1
« T a t e , tate, caballero ;
No hagáis lai villanía.»

Con vergüenza el caballero


Estas palabras dccia:
«Vuelta, v u e l t a , mi s e ñ o r a ;
Que una cosa se m e olvida.»
(ROMAXC.)

EJEMPLOS D E COMMIPLICACION.

Sequilar pulctterriiniis Astur,


Astur equo fidens.
(VIISG.)

Oye, no t e m a s , y á mi ninfa dilc ,


Hile que m u e r o .
(VILLEGAS.)

¿Qué miráis a q u í , buen Conde?


C o n d e , ¿qué miráis aquí?
Decid si miráis la dama,
O si m e miráis á mí.
(ROMANC)

§• 1 2 1 .

En la epanadiplosis la primera palabra de una frase es la mis-


ma que la última. En la concatenación se empiezan los incisos ó
miembros con palabras tomadas del inciso ó miembro preceden-
te. Por último, si una frase está compuesta de las mismas pala-
bras que la antecedente , inviniendo el orden y los casos, se c o -
mete la figura conmutación ó retruécano, que Capmany llama
reflexión.
EJEMPLOS DE EPANADIPLOSIS.

Arribo flor entes mtatibus, Ar cades ambo.


(VIRG.)

Crescit amor mummi, quantum ipsa pecunia crescit.


Solo el h o m b r e con el h o m b r e tiene guerra ; el hombre al hombre desea m a l ;
el h o m b r e latiga y sujeta al h o m b r e .
(CERV. DE SALAZAÜ )
— 70 —
Los g r a n d e s señores tienen mayor obligación de a m p a r a r á los inocentes n e -
c e s i t a d o s : grandes llamo yo, n o solamente en el g r a d o , sino en el á n i m o ; q u e
« s t o s tales son los verdaderos g r a n d e s .
(ANTONIO P É R E Z . )

El austro proceloso airado s u e n a ,


Crece su f u r i a , y la t o r m e n t a crece.
(ARQEIJO.)

EJEMPLOS DE CONCATENACIÓN.

ln urbe luxuries creatur; ex luxuria existat avarüia necesse est; ex avaritia


erumpit audacia; inde omnia scelera ac maleficia gignuntur.
. (Cíe.)

Torva lecena lupum sequilar; lupus ipse capellam


Florentem cithysum sequitur lasciva capella.
(VlRG.)

Y asi como suele decirse el gato al r a t o , el rato á la c u e r d a , la c u e r d a a! pa-


l o , daba el arriero á Sancho, Sancho á la moza, la moza á é l , el ventero a l a
moza, y todos m e n u d e a b a n con tanta priesa, q u e no se daban punto de reposo.
(CERVANTES.)

Veo q u e el q u e tiene m u c h o tiraniza al q u e tiene p o c o ; q u e el q u e tiene p o -


eo s i r v e , a u n q u e no q u i e r a , al q u e tiene m u c h o ; que la codicia desordenada se
convierte con la malicia s e c r e t a , y la malicia s e c r e t a da lugar al robo público,
y al r o b o público no hay quien le vaya á la m a n o .
( F R . A . DE GUEVARA.)

EJEMPLOS DE RETRUÉCANO.

l'it in dominalu servilus, in servitute deminatus.


(Ce.)
Infelix Dido, nulli bene nupta marito!
Hoc pereunte fugis, hoc fugiente peris.
(AUSON.)

Cuando decir tu pena á Silvia i n t e n t e s ,


¿Cómo creerá q u e sientes lo q u e d i c e s ,
Oyendo cuan bien dices lo q u e sientes ?
( B . ARGENSOLA.)

Marqués mió, no t e a s o m b r e
Ria y llore cuando veo
Tantos h o m b r e s sin e m p l e o ,
Tantos empleos sin h o m b r e .
(PALAFOX.)

5,—FIGURAS DE D I C C I Ó N POR COMBINACIÓN.

Las figuras de dicción por combinación consisten en reunir en


— T i -
la cláusula palabras análogas, 1.° por el sonido, 2.° por los ac-
cidentes gramaticales, 3.° por la significación.

§• 1 2 3 .

Las que consisten en combinar palabras análogas por el soni-


do, son : la aliteración, ó repetición de una misma letra; la asonan-
cia (similiter desinens), por la que dos incisos ó miembros de la
cláusula terminan con sílabas idénticas; el equívoco, que se c o -
mete cuando una palabra equívoca ú homónima se toma en dos
acepciones distintas, y la panoromasia(annominatio), por la cual
se reúnen palabras que, sin ser equívocas, solo se diferencian
en alguna letra ó sílaba.
EJEMPLOS DE ALITERACIÓN.

Nec me meminisse pigebat Eüsce.


(VIRC.)

Luctaníes ventos tempestatesque sonoros.


(VlRG.)
Y de mí mismo yo m e corro agora.
(VALBUEXA.)

EJEMPLOS DE ASONANCIA.

Ul ejus semper voluntatibus non modo cives assenserint, socii obtemperarint,


hostes obedierint; sed etiam venti tempestatesque obsecundarint.
(Cíe.)

Hallóse allí Camilo con cinco dictaduras á c u e s t a s , prometiendo templo á la


concordia, d e s p u é s de tantas veces a c u s a d o , tantas veces d e s t e r r a d o , tantas
veces revocado por el pueblo romano.
(Lcis MEJÍA.)
Hay alcalde q u e de b a l d e ,
Por solo hacer del alcalde.
Ble pondrá d e San Lorenzo.
(ALARCOM.)

EJEMPLOS DE EQUÍVOCO.

Con dos tragos del q u e suelo


Llamar yo néctar divino,
Y á quien otros llaman vino,
P o r q u e nos vino del cielo.
( B . DE ALCÁZAR,)

Los diez años de mi vida


Los he vivido hacia a t r á s ,
Con m a s grillos q u e el v e r a n o ,
Cadenas que el Escorial;
Mas alcaides he tenido
Que el castillo de Milán ,
Mas guardas q u e el m o n u m e n t o ,
Mas yerros q u e el Alcorán,
Mas sentencias que el d e r e c h o ,
Mas causas q u e el no pagar,
Mas autos q u e el día de! C o r p u s ,
Mas registros que el Misal,
Mas enemigos q u e el alma ,
Mas corchetes que un g a b á n ,
Mas soplos q u e lo caliente,
Mas plumas que el tornear.
(QÜEVEDO.)

EJEMPLOS DE PARONOMASIA.

Inceptio est amentium haud amnntium.


(TERENC.)

Ex oratore arator factus c:;t.


(Cíe.)
Para orador te faltan mas de cien ,
Para arador te sobran mas de mil.
( F R . DIEGO GONZÁLEZ.)

Sospecho, prima querida,


Que de mi contento y vida
Serafina será fin.
( T . DE MOLINA.)

¿Queréis no s e r majadero?
—¿Asi á un p o b r e so responde?
—(Ap.) ¿Este es conde?'—Si; este esconde
La calidad y el d i n e r o .
(ALAP.CON.)

§• 124.

Las figuras de dicción por combinación que reúnen en Ta cláu-


sula palabras análogas por los accidentes gramaticales son tres :
la derivación, la. polipote y la similicadencia. Por la derivación
reunimos en la cláusula palabras derivadas de un mismo radical.
La polipote (traductio) consiste en repetir un nombre en distintos
casos ó un verbo en distintos tiempos. La similicadencia (simili-
ter cadens), llamada por Canipmany cadencia semejante, y por
Hermosilla cadencia igual, se comete cuando se terminan dos ó

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— 73 —
mas incisos ó miembros con nombres puestos en un mismo caso,,
ó con verbos puestos en el mismo tiempo y persona.
EJEMPLOS DE DERIVACIÓN.

Homo sum, immani uil a me. alienum puto.


(TER.)

Vttum ail senem de senectute : sic hoc libro ad amicum amicissimus de amici-
tia scripsi.
(Cíe.)
Por los engaños de Sinon vengada
La fama infame del famoso Atrida.
( L . DE VECA.)

La victoria el matador
Abrevia , y el que ha sabido
Perdonar la hace m e j o r ,
Pues mientras vive el vencido,
Venciendo está el vencedor.
(ALARCON.)

EJEMPLOS DE POLIPOTE.

Vanitasvauitatum, dixit Eeclesiastes : vanitas vaniiatum, et omnia vanita*.


(EcCLESIASTES.)

Sed pieni sunt omnes libri, plenœ sapienlumvoces, plena exemplorum vetustas.
(Cíe.)
Tityrus nunc oberai; ipsœ le, Tityre, pinus,
Ipsi te fontes, ipsa liceo arbusto vocàbant.
(VlRC.)

¡ Oh niñas, niño a m o r , niños antojos!


( L . DE VEGA.
Errado lleva el camino,
E r r a d a lleva la vía.
(ROMANC.)

EJEMPLOS DE SIMILICADENCIA.

Ac primum quanta innocenlia debent esse imperatores! Quanta deinde omni-


bus in rebus temperantia! Quanta fide! Quanta facilitate! Quanto ingenio!
Quanta humanitate!
(Oc.)
Te puncen y te sajen,
T e t u n d a n , te g o l p e e n , te m a r t i l l e n ,
T e piquen, le acribillen,
Te dividan, te corten y te rajen,
Te d e s m i e m b r e n , te p a r t a n , te degüellen,
Te h i e n d a n , te desuellen ,
— 74 —
Te e s t r u j e n , te a p o r r e e n , te magullen ,
T e d e s h a g a n , confundan y aturrullen.
(Fn. DIEGO GONZÁLEZ.)

§. 125.

Retinen en la cláusula palabras análogas por su significación la


sinonimia (metábola) y laparadiástole ó separación. Entrambas
reúnen en la cláusula voces sinónimas, solo que la sinonimia no
indica que se diferencien en el significado, y la paradiástole hace
notar dicha diferencia.

EJEMPLOS DE SINONIMIA.

Non ferara, non paliar, nonsinam.


(Ce.)
Abiit, excessit, evasit, erupit.
(Cíe.)

A c u d e , c o r r e , vuela.
( F R . L . DE LEÓN.)

EJEMPLOS DE PARADIÁSTOLE.

Quiserat qui putaretadeum amorem, quem erga te habebam posse aliquid ac-
cederé? Tantum accessit, utmihi nunc denique amare videar, antea dilexisse.
(Cíe.)

F u é constante sin tenacidad , humilde sin bajeza, intrépido sin temeridad.


(CAPMANY.)

A veces la paradiástole no indica la separación e n t r e el sentido de las p a l a -


b r a s , sino mas bien e n t r e las c o s a s , s u s t i t u y e n d o la definición á la palabra,
como p u e d e n o t a r s e en el siguiente ejemplo del P . M a r i a n a :

Dar lo ajeno y d e r r a m a r lo suyo se llama liberalidad ; la temeridad y e! a t r e -


vimiento se alaba de valor, m a y o r m e n t e si tiene b u e n r e m a t e ; la ambición se
cuenta p o r virtud y g r a n d e z a de ánimo; el mando desapoderado y violento se
viste de nombre d e justicia y severidad.

II—DE LOS TROPOS.

§. 1 2 6 .

Tropo, voz griega, que literalmente significa la acción de dar


una vuelta á un objeto físico, es la traslación del sentido de las
palabras ó de la frase. Tropus est verbi vel sermonis apropia
siqnificatione in aliam cum virtute mutatio. (QUINT., lib. 8, capi-
lo 4.)
Admitida esta definición, so dividen naturalmente los tropos en
tropos de dicción (verbi), y en tropos de sentencia (sermonis).
D u m a r s a i s , y casi todos los a u t o r e s q u e m a s h a n profundizado e s t a s m a i e -
r i a s , h a n seguido la citada división de los a n t i g u o s . La a d o p t a m o s t a m b i é n ,
sin desconocer la diferencia q u e existe e n t r e los tropos de palabra y los de
sentencia; p o r q u e debe t e n e r s e en c u e n t a q u e es m a y o r todavía la distancia
que separa los tropos de s e n t e n c i a de las figuras de p e n s a m i e n t o , con las
cuales los confunde H e r m o s i l l a , bajo el t í t u l o de formas que sirven para
presentar los pensamientos con cierto dizfraz ó disimulo.
E n los tropos de s e n t e n c i a hay traslación del sentido de la oración ; e n las
figuras de p e n s a m i e n t o no h a y traslación de n i n g u n a especie.

§. 127-

Todos los tropos, así los de dicción como los de sentencia, e s -


tán fundados en la asociación de ideas ( § . 35). No de otra suerte
podría explicarse de qué manera con el nombre de un objeto exci-
tamos la idea de otro objeto distinto, y de qué manera el sentido
literal de una oración es como el espejo del sentido intelectual que
en él se halla reflejado (§§. 58 y 72).

E n la diversidad de causas de la asociación de ideas debe b u s c a r s e ei fun-


damento de la clasificación do los t r o p o s .

i.—TROPOS DE DICCIÓN.

§. 128.

Los tropos de dicción, ó están fundados en la conexión de las


ideas, en su correlación ó correspondencia, ó en su semejanza.
v

De aquí nacen tres especies de tropos : 1 .* Sinécdoques, ó tropos


por conexión ; 2 . Metonimias, ó tropos por correspondencia;
a

3 . Metáforas, ó tropos por semejanza.


a

En la s i n é c d o q u e , la idea q u e expresa la p a l a b r a tomada en sentido propio


y la q u e exprosa lomada en sentido figurado, están asociadas p o r la relación
q u e media e n t r o u n todo y sus p a r t e s : u n a idea debe formar parte de la o t r a .
E n la m e t o n i m i a y en la metáfora el s e n t i d o propio y el figurado expresan
— 70 —
dos objetos d i s t i n t o s , dos todos c o m p l e t o s , relacionados en la metáfora p o r
razón de su semejanza , y relacionados en la m e t o n i m i a por c u a l q u i e r a otra
causa q u e n o sea la semejanza ( § . 3 5 ) .

§. 1 2 0 .

SINÉCDOQUE. La sinécdoque, voz que significa comprensión, es


un tropo que consiste en designar un objeto físico ó metafísico con
el nombre de una de sus partes , ó al contrario, en designar una
parte de dicho objeto con. el nombre del todo.

P o d e m o s d i s t i n g u i r ocho especies de s i n é c d o q u e :
i." 1)E LA P A R T E POR EL TODO; v. g. : Mil almas, mil cabezas, por mil p e r -
s o n a s , mil r e s e s ; c i e n velas, por cien b u q u e s ; el Manzanares, el Sena,
Londres, p o r la nación e s p a ñ o l a , la francesa , la i n g l e s a ; el n o m b r e d é u n
genera! ó del jefe de u n a t r i b u , por el ejércilo ó la t r i b u en lera ; c o m o : La
victoria quedó por Julio Cesar: — B E N J A M Í N está sin fuerzas y J U D Á sin vir-
tud;—cinco PRIMAVERAS, cinco I N V I E R N O S , p o r cinco a ñ o s ; — la Providencia,
la Justicia divina , por Dios.
2 . D E L TODO POR LA PARTE. Esta s i n é c d o q u e es poco frecuente, lo m i s m o en
a

latín q u e e n c a s t e l l a n o ; pero m u c h a s de las siguientes p u e d e n r e d u c i r s e á


e l l a , p r i n c i p a l m e n t e las de la m a t e r i a por la obra y del plural por el s i n g u l a r .
Sin e m b a r g o , decimos : Perecieron mil H O M B R E S , — R e s p l a n d e c í a n las PICAS;
n o siendo mas q u e el cuerpo el q u e p e r e c e , y el metal de la pica lo q u e brilla.
3 . D E L A M A T E R I A POR LA OBRA. El p i n o , por la n a v e ; el acero, por la espada;
a

el bronce, por el cañón ó la campana.


4.A
D E L N Ú M E R O : el s i n g u l a r por el p l u r a l , ó v i c e v e r s a ; ó bien u n n ú m e r o
d e t e r m i n a d o por otro i n d e t e r m i n a d o ; v. g . : El hombre, el pastor, el Belga,
el Español, el rico, por los hombres, los pastores, e t c . ; — L a patria de los C I -
C E R O N E S y V I R G I L I O S , por la patria de Cicerón}'de Virgilio;—MIL t w e s íe
lo he dicho, p o r MUCHAS veces.
5 . D E L GÉNERO POR LA ESPECIE ; como c u a n d o con los n o m b r e s genéricos
a

de animal, bruto, árbol, e l e , d e s i g n a m o s las ideas especiales d e toro, ca-


ballo, álamo, e t c . , y c u a n d o decimos mortales por hombres, animal p o r
animal irracional.
6 . D E LA ESPECIE POR EL G É N E R O ; V. g . : El H O M B R E es mortal,—No
a
sabe
ganar el P A N ; e n cuyos ejemplos lutmbre c o m p r e n d e t a m b i é n la m u j e r , y
pan toda especie de a l i m e n t o .
7. a
D E L ABSTRACTO POR EL CONCRETO;V. g . : La Juventud, la Magistratura,
la Nobleza, por los jóvenes, los magistrados, los nobles; la BLANCURA de su
tez, el MARFIL de sus dientes, por su blanca tez, sus dientes de marfil. En e s t e
último ejemplo hay también u n a metáfora.
8. a
D E L INDIVIDUO (antonomasia), e n la q u e puede lomarse el n o m b r e c o -
m u n por el propio, ó v i c e - v e r s a ; que e q u i v a l e á decir, la especie por el i n d i -
viduo , ó el individuo por la e s p e c i e ; v . g. : El Cartaginés, el Troyano, por
Aníbal, Eneas;—Es u n Cicerón, un Homero, u n Nerón, para d a r á e n t e n d e r
un excelente orador, u n poeta sublime, u n hombre cruel;—un Mecenas, u n
Zoilo, u n Aristarco, u n Creso, e t c .
Estas últimas e x p r e s i o n e s e n c i e r r a n también u n a m e t á f o r a ; p u e s e x a m i -
nándolo d e t e n i d a m e n t e , se verá q u e no h a y diferencia a l g u n a en la esencia
ni en la causa de estos tropos : Es un león,—es u n a Venus, — e s u n / « d i o , —
es u n estoico; y sin e m b a r g o , el primero se pone en todas las retóricas como
ejemplo de m e t á f o r a , y Sos d e m á s como ejemplos de antonomasia.

§. 1 3 0 .

M E T O N I M I A . Esta palabra significa trasnominación ó trastrueque

de nombres. La metonimia os un tropo que consiste en designar


un objeto con el nombro do otro, en cuya existencia ó manera
de existir baya influido, ó del cual haya recibido semejante i n -
fluencia.

Como las relaciones en q u e están fundadas las distintas especies de m e -


t o n i m i a no proceden de u n a m i s m a c a u s a , es imposible d a r u n a definición
clara y p r e c i s a ; pero la q u e acabamos de e x p o n e r quedará suficientemente
explicada luego de recorridos los variados aspectos q u e p r e s e n t a este tropo.
Todas las m e t o n i m i a s p u e d e n referirse á las ochó especies s i g u i e n t e s :
1. DE LA CAUSA pon EL EFECTO. Los a n t i g u o s decían : Júpiter por el aire,
A

T-Baco por el vino, — Neptuno por el mar. Ademas de i m i t a r estas e x p r e -


siones propias ile la a n t i g ü e d a d , decimos t a m b i é n un Homero, un Virgilio,
por las obras de estos a u t o r e s ; — u n PINCEL delicado, una PLUMA excelente;
—el APOLO ele Belveder,— el J r i c i o P I S A T , d e Miguel Ángel,—el ÓTELO tte
Shakespeare ó de Rossini; — El SOL le entró en la cabeza,— Tener buen
O Í D O , — tener LUPIAS; — las BONDADES, las VIRTUDES, las LOCURAS de los hom-
bres , por los actos bondadosos, etc.
2." D E L INSTRUMENTO POR LA CAUSA ACTIVA; V. g . : Es tm buen ESPADA, — el
mejor C O P E T A del regimiento,—la mejor PLUMA de la redacción.
3 . D E L EFECTO POR LA CAUSA. Virgilio llama á E l e n a el crimen, la
A
infamia,
y Horacio llama al hijo de Laeri.es la ruina, la perdición de los (royanos:
— Es mi ALEGRÍA, mi TORMENTO, e t c . , p o r la causa de mi alegría, de mi tor-
mento, e t c .
4. a
D E L CONTINENTE POR EL CONTENIDO; V. g . : Bebió un VASO de vino,— El
CIELO le protege,—Se levantó la E S P A Ñ A , — L l o r a JEHUSAI.EN.
o. d
D E L LUGAR POR LA COSA QUE DE ÉL PROCEDE Ó DEL CUAL ES PROPIA;
v. g. : Unas colgaduras de DAMASCO, — un pantalón de S E D A N ; — Valen mas
— 78 —
el MÁLAGA y el JEREZ que el BURDEOS y el CHAMPAGNE ; — La lucha entre GINE-
BRA y ROMA , por la lucha entre el Calvinismo y el Catolicismo.
6. a
D E L SIGNO POR LA COSA SIGNIFICADA; V. g . : El laurel, la oliva, el coturno,
el zueco (soccus), el altar, la espada, la cruz, la media luna , el cetro, el
trono, la corona, la púrpura, el sayal, e t c . , p o r la gloria, la paz, la trage-
dia, la comedia, e t c .
7 . D E LO FÍSICO POR LO MORAL, q u e se c o m e t e s i e m p r e q u e d e s i g n a m o s
a

n u e s t r o s afectos ó n u e s t r a s calidades morales e n g e n e r a l , con el n o m b r e d e


las p a r t e s físicas del c u e r p o á l a s q u e solemos referirlas ó q u e e s t á n r e p u t a d a s
c o m o su v e r d a d e r o p r i n c i p i o y a s i e n t o . F á c i l m e n t e se c o m p r e n d e el sentido-
d e l a s s i g u i e n t e s expresiones : Perdió el SESO, la CABEZA;—A o tiene CORAZÓN; r

— Un hombre sin E N T R A Ñ A S ; - — E s c l a v o del ESTÓMAGO; — Tener buenos PUL-


MONES, e t c .
8. a
D E L DUEÑO Ó PATRÓN DE UNA COSA Ó DE UN LUGAR, POR LA COSAÓ EL LUGAR
MISMO. P o r esta razón con los n o m b r e s de lares y penates e x p r e s a b a n los
a n t i g u o s la casa ú b o g a r d o m é s t i c o , y Virgilio da en a l g u n o s pasajes á las
n a v e s el n o m b r e de los c a p i t a n e s q u e las g o b i e r n a n . Nosotros decimos : Voy
á San Isidro, al Ministerio, al Tribunal, al Consejo, e t c .

§. 1 3 ! .

M E T Á F O R A . La metáfora consiste en expresar una idea con el

signo de otra con la que guarda analogía ó semejanza; como cuan-


do decimos : La F L O R de la juventud.—la CUMBRE del poder.—-

El ALMA de un negocio. Este tropo encierra siempre una compa-


ración tácita; y como todos los seres de la naturaleza pueden ser
comparados unos con otros, todos indistintamente pueden ser
objeto de la metáfora. También pueden ser tornadas metafórica-
mente, si no á titulo de figura, á título de catacresis, todas las par-
tes de la oración.

Muchos r e t ó r i c o s dividen la metáfora en c u a t r o clases: i* D E LO ANIMADO


POR LO ANIMADO; como c u a n d o Homero dice d e A q u í l e s ' q u e es u n león, y
c u a n d o á u n h o m b r e c r u e l , s a n g u i n a r i o ó a s t u t o ie d a m o s ¡os n o m b r e s d e
tigre, hiena ó zorra. 2 . " D E LO INANIMADO POR LO INANIMADO; V. g . : El CRISTAL
de las aguas.—las PERLAS del rocío,—la PRIMAVERA de la vida, — los labios
de CORAL, — la frente de MARFIL, — la NAVE del Estado. 3. A
D E LO INANIMADO
POR LO ANIMADO; V. g. : Un buen ministro es la COLUNA del Estado, — Las
OLEADAS de la muchedumbre,—Fué el AZOTE del humano linaje, — Es el
ESCUBO de la inocencia. 4. A
D E LO ANIMADO POR LO INANIMADO ; v . g. : TRAGÓLE
el mar, — DEVORADO por las llamas,—GUSANO ROEDOR de la conciencia^
SOLTÓ LA RIENDA á sus vicios,-— El crimen fué su VERDUGO.
— 79 —

§. 132.

La metáfora expresa algunas veces lo material por medio de lo


ideal; pero sucede con mas frecuencia lo contrario, y todos los
idiomas están llenos de voces que, expresando en su acepción pri-
mitiva objetos materiales ó cualidades propias de estos objetos,
se aplican á las ideas morales ó á cosas puramente intelectuales.

E n los s i g u i e n t e s e j e m p l o s , t o m a d o s al acaso, se verá comprobada la p r e -


sente observación:
DEVORABIT gladius, et SATURABITUR, et INEBRIABITUR sanguine eorum.
( JEREM., 16.)

Ctelum SEDES mea, térra autem SCABELLUM pedum meorum.


(ISA!., 06.)

Invadunturbemsomno vinoque SF.PULTAM.


Impulsa quo máximas insonat cether
Dissuftant ripee, reftuitque EXTERRITUS amnis.
Formosam resonare DOCES Amaryllida silvas.
(VIRG.)
Oscura nube de dolor el alma
De Héctor cubrió, cuando le vio caido.
( ILUDA. )
Y tu ira luego
Los tragó, como arista seca el fuego
Cercó su corazón de ardiente saña
Y de armas de tu fe y amor se visten
Cuanto el sol alto mira todo es mió ....
Heríanse en m u e r t e suya nuestros ojos
Ta! en tu ira y tempestad seguiste
(HERRERA.)
Tan poco de! mundo s é ,
Que cuna y sepulcro fué
Esta tierra para mi.

Ojos hidrópicos creo


Que mis ojos deben ser

porque e! honor
Es de materia tan frágil,
Que eoü una acción se quiebra,
O se mancha con el aire
Que el hombre q u e vive, sueña
Lo que e s , hasta despertar
Eslos son de mi privanza
Los últimos parasismos....
Desgoznado traigo el c u e r p o ,
Derrengada traigo el alma
(CALDEROS.)

Que en la corte es m e n e s t e r
Con este cuidado a n d a r ;
Qne nadie llega á besar
Sin intento de morder
Bien sé que apunta al dinero
Toda aguja cortesana
(ALARCON.)
Que de cuantos vicios hay
El primer padre es el juego.
De peña, de roble ó risco
Es al dar su condición;
Su bolsa hizo profesión
En la orden de San Francisco.

¡ Ay Pedrisco desdichado !
Esta vez te den carena.
Es viento
La palabra en la mujer.

Tanto el pensamiento cava


En esto
(TIRSO DE MOLINA.)

El fausto, la riqueza y el estado


Hincha, pero no harta, al mas templado.
( ERCILLA.)

Tenia soldados, vituallas y municiones ; faltábale el mas fuerte baluarte, que


e s el amor de sus vasallos
No hay cosa mas engañosa que la máscara de la mala y perversa religión.
Como si con el poder presente se pudiese también apagar la memoria del
t i e m p o adelante.
Las riquezas y el ocio, fuente de todos los males.
(MARIANA.)

Si fuésemos ciertos de q u e Cataluña se hubiese de humillar ai primer crujido


delazole, no d u d o , etc
(MELÓ.)

133.

La catacresis y la silepsis, en su esencia, no son tropos dis-


tintos de los que acabamos de mencionar. Reciben el nombre de
CATACRESIS los tropos que se emplean por necesidad y pertenecen
al fondo común del idioma ; v. gr. : HOJA de papel, de espada,—
CUERPO del delito,—PIES de la mesa, etc.
Se comete la silepsis cuando una misma palabra se toma á la
vez en sentido propio y en sentido figurado.
EJEMPLOS DE SILEPSIS.

Florida, para mi dulce y sabrosa


Mas que la fruta del c e r c a d o ajeno.
* (GARCILASO.)

Mas este accidente le atajó los pasos y p e n s a m i e n t o s .


(MARIANA.)

Hay catacresis y silepsis de s i n é c d o q u e , de m e t o n i m i a y de m e t á f o r a . E n


la catacresis los vocablos se toman en sentido trópico e x t e n s i v o , y no en
s e n t i d o figurado ( § . 5 8 ) ; por lo t a n t o , la calacrésis no es p r o p i a m e n t e f i g u -
ra (jj. i 10).

§. 134.

Los tropos de dicción deben su origen á la necesidad. No era


posible que ningún idioma poseyese el inmenso caudal de voces
que se necesitaría para dar nombres especiales á todas las ideas ;
ni seria fácil tampoco denotar las ideas metafísicas y muy abstru-
sas sin valemos de palabras que representasen objetos materiales,
cualidades ó relaciones de estos objetos. Por escasez de voces pro-
pias llenan el lenguaje de tropos, y principalmente de metáforas,
los niños, las personas que no saben mucho el idioma y ios pue-
blos groseros, donde no han salido todavía de' la infancia las cien-
cias y el arte de bien decir. Pero además de los tropos introduci-
dos y conservados por la necesidad, se emplean otros voluntaria-
mente , sin mas objeto que comunicar á la expresión, 1 n o b l e z a
y dignidad , 2.° concisión y energía, 3." claridad, 4.° belleza y
gracia; pues todos estos efectos vemos que pueden producir ios
buenos tropos.

Cicerón c o m p a r a los tropos con el v e s t i d o , i n t r o d u c i d o p r i m e r o por la n e -


cesidad y convertido luego en un objeto de lujo. También admite en los tropos
las dos causas ocasionales indicadas: la necesidad y el placer. Verbi translatio
constituía est inopia causa, frcquentata delectationis. (Be orat., m , 153.)
L a s causas g e n e r a d o r a s de los t r o p o s , lo mismo que las de todas las figuras,
— 82 —
son las facultades de n u e s t r a a l m a . La imaginación es la mas poderosa en l o s
tropos de p a l a b r a , p e r o t a m b i é n m u c h o s t r o p o s son debidos al i n g e n i o , é
i n d i r e c t a m e n t e á la p a s i ó n .

§. 13o.

En cuanto al uso de los tropos, deben observarse las reglas s i -


guientes : 1." Si un tropo no produce ninguno de los efectos indi-
cados en el párrafo anterior, debe desecharse por inútil; 2 . Con- a

sistiendo todos los tropos en expresar una idea con el nombre de«
otra, es necesario que la nueva idea que excite la figura sea en las
circunstancias determinadas en que hablamos la que primero deba
presentarse ala imaginación, la mas interesante de las ideas asocia-
das,y la quetengamasdirectarelacioncon la cualidad ó circunstan-
ciaque entonces consideramos en el objeto; 3 . Las metáforas de- a

ben ser exactas, y si se aplican dosómas á un mismo objeto, deben


sertambien coherentes; porque délo contrario, en unoyotro caso
se faltaría á la verdad del pensamiento; 4 . ° Las sinécdoques y
metonimias han de estar autorizadas por el uso; por cuya razón no
todas pueden traducirse. Los griegos decían cabeza querida por
persona querida; la lengua latina primero, y luego la francesa,
adoptaron esta sinécdoque, que seria defectuosísima en caste-
llano.

Todas las d e m á s reglas que con tanta profusión se hallan en las R e t ó r i c a s


están c o m p r e n d i d a s en las cualidades esenciales de la elocución. En c u a n t o á
las catacresis , corno son tropos que p e r t e n e c e n al fondo de la l e n g u a , no debe
observarse m a s r e g i a que el u s o .

2.—TROPOS DE SENTENCIA.

§. «6.

En los tropos de sentencia no se traslada el sentido de las p a -


labras, pero se trasladael sentido total de la oración : no se expresa
una idea con el signo de otra ¡dea, pero se refleja un pensamiento
en otro pensamiento literalmente expresado.
La relación entre el sentido literal y el intelectual se funda unas
veces en la semejanza, otras veces en la oposición ó contraste, y

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— 83 —
otras, finalmente, reconoce varias causas, que no pueden referirse
á un principio general.
Dividiremos los tropos de sentencia : 1.° en tropos por semejan-
za, 2.° por oposición, y 3.° por reflexión.

A u n q u e en todos los tropos de sentencia el sentido intelectual se refleja en


el l i t e r a l , damos el n o m b r e general d e tropos por reflexión á los de la t e r c e r a
e s p e c i e , y a por haberlo empleado en este sentido el c o m e n t a d o r de DumaTsais,
ya p o r q u e , siendo m u y diversas las causas de donde p r o c e d e n , n o es posible
aplicaríes u n a denominación m a s exacta.

a).— TROPOS DE SEMENCIA FUNDADOS EN LA SEMEJANZA.

§• 137.

ALEGORÍA. La alegoría es una proposición ó cláusula que en


virtud de una comparación tácita, presenta completos el sentido
literal y el intelectual.
Algunas veces el sentido literal no es completo, por estar toma-
das en sentido propio algunas palabras de la oración, y otras en
sentido figurado : en este caso la alegoría recibe los nombres de
mixta, de metáfora continuada ó de alegorismo para distinguirse
de la alegoría pura.
E J E M P L O S DE ALEGORÍA,

Vineam de JEgypto transíulhti: ejecisti gentes, et plantasti eam.


Dux itineris faisti in conspectu ejus: plantasti railices ejus, et impUvit terram,
Operuil montes umbra ejus: el arbusta ejus cedros ¡)ei.
Extendit palmites sitos usque ad mare : el tinque ad flamen propagin.es ejus.
Ui quid destruxisü maceñam ejus: et vindemiant eam omnes qui prcelergre-
diuntur viam?
Exlerminavit eam aper de silva : el singidaris ferus depastus est eam.
Deas virtutem, convertere : réspice de cáelo , et vide; et visita vineam islam.
Etperftce eam quam plaiilavit dextera tua ; et super filium hominis, quem
confirmasli Ubi.
¡ncensa igni, el suffossa; ab increpaüone vultus tai peribunt.
( PSALM. i.xx , id.)

Léase a d e m a s el capitulo xxxi de la profecía de R c e q n i e l , donde se e n -


c u e n t r a la alegoría del cedro del L í b a n o , q u e con t a n t o acierto imitó Herrera,.
Solve seuescentem, matare sanus, equum, ne
Peccet ad extremum jridendum, etilia ducat.
Nunc ilaque et versas el cxlera ludrica pono.
(HORACIO.)
Swpius ventis agitatur ingerís
Pinus, el celsiz graviore casu
Decidant turres : feriuntque summos
Fulmina montes.
Sperai infestis, metuit secundis, etc.
(HORACIO.)

Christus venit: discedile.


Caligo térra; scinditur
Pereussa solis spiculo,
Rebusque jam color redit
Vultu nitentis sideris.
( PRUDENCIO.)

No siempre de ias nubes abundante


Lluvia baña los p r a d o s ,
Ni siempre altera e! piélago sonante.
B ó r e a s , ni mueve los robustos pinos
S o b r e los montes de Pirene helados.
A los acerbos dias,
Otros siguen de paz; la luz de Apolo
C e d e á las s o m b r a s trias, etc.
(MORATIN.)

Q u e b r a n t a s t e al cruel d r a g ó n , cortando
Las alas de s u cuerpo temerosas,
Y sus brazos terribles no vencidos.
(HERRERA.)

Entre espinas Y las perlas orientales


Suelen nacer rosas tinas, | En ¡as canchas de l á m a r .
Y entre cardos lindas llores, Todas cosas
Y en tiestos d e labradores Por ser raras son preciosas:
Olorosas clavellinas. Menos villas hay que a l d e a s ;
A buscar Y al respecto de las feas
Se va el o r o . y a bailar Muy pocas son las hermosa».
A montes y peñascales, (CRISTÓBAL DE CASTILLEJO.)

Pero ¿ q u é sirve que os cuente


La causa? El efecto v e d ,
A vuestro honor conveniente:
Si es b u e n a el a g u a , bebed
Sin p r e g u n t a r por la fuente.
( ALARCON.)

EJEMPLOS B E ALKGORISMO.

Ñeque tam fui timidus , ut qui in maxìmis lurbinibus ac fluctibus reipublicœ


navem gubernassem, frontis tute nubeculam aut collega; lui contaminatum spiri-
tum pertimescerem : alias ego vidi ventos, alias prospexi animo procellas, alits
Sempestatibus non cessi, sed unum me pro omnium salute olituli.
(Ce.)
Sálvete ¡¡ores Martt/rum,
(Juos lucís i/iso in limiíte
Christi insec.utor sustulit,
Ceu turbo nascentes rosas.
Vos prima Christi victima,
Grex immolalorum tener,
Aram sub ipsam simplices
Palma el coronis ludilis.
(PRUDENCIO.)

¡ Cuántas veces procuré , c o m o aquel que quiere escapar de ios cuernos del
t o r o , tenderme en tierra y no resollar, y no me aprovechó! q u e , m u e r t o y sin
resollar , me han a r r e b a t a d o del polvo , m e han arrojado en alto una vez y otra
sin c a n s a r s e ; p e r o el perseguir a! casi m u e r t o , es levantarle, es r e s u c i t a r l e , e s
e s t i m a r l e , es s u b i r l e d e p r e c i o .
(A. PÉREZ.)

F.sie m u n d o es el camino
Para el o t r o , que e s morada
Sin p e s a r ;
Mas cumple t e n e r buen lino
Para andar esta jornada
Sin e r r a r .
( J . MANRIQUE.)

P u e s si esto loca
Mi d e s e n g a ñ o , si sé
Que es el gusto llama h e r m o s a ,
Que la convierte en cenizas
Cualquiera viento que s o p l a ;
Acudamos á lo e t e r n o .
Que es la fama vividora,
Donde ni d u e r m e n las dichas,
Ni las grandezas r e p o s a n .
(CALDERÓN.)

Acabóse la c o m e d i a ,
Y como el papel se a c a b e ,
La m u e r t o en el vestuario
A lodos los deja iguales.
,(1D.)

Las raíces son el p u e b l o ,


Y el tronco el R e y ; considera
Que de las raices saca
El árbol toda su fuerza. „
( P . PERSA.)

¡Oh lela delicada,


Antes de tiempo dada
A los agudos idos de la m u e r t e !
( GARUI.ASO )
— 86 —

§. 138.

Algunas veces una creación poética ó una composición entera


tienen un sentido alegórico, como sucede en las ficciones de la
mitología, en las fábulas, y en obras de mas importancia, cómo en
la Divina Comedia del Dante, en los autos sacramentales de
nuestro teatro, etc. En muchísimos pasajes de la Sagrada Escri-
tura se nota también un sentido alegórico. La oda de Horacio
Oh navisl referent, etc., y la de Fr. Luis de León titulada La
vida del cielo ofrecen dos hermosos ejemplos de este género de
composiciones.

P u e d e n a ñ a d i r s e á estas algunas bellísimas canciones de S. J u a n de la


C r u z , y dos de F r . P e d r o Malón de C h a i d e , q u e se e n c u e n t r a n en las ú l t i m a s
p á g i n a s de la Conversión de la Magdalena, las odas de Lope á La Barqui-
lla, e t c .

§. 139.

Para que la alegoría sea perfecta, el pensamiento expresado


bajo la imagen de otro objeto debe aparecer mas bello, mas enér-
gico ó mas claro que si se manifestase directamente. La compa-
ración tácitamente establecida debe ser exacta como en la m e -
táfora (§. 135), pero no minuciosa, porque entonces degeneraría
en un pueril y frió capricho del ingenio.

§ . 140. .

PERSONIFICACIÓN. La personificación ó prosopopeya consiste en


atribuir cualidades propias de los seres animados y corpóreos (par-
ticularmente del hombre) á los seres inanimados, á los incorpó-
reos y á los abstractos.

A l g u n a s veces esta figura no es m a s q u e un modo a n i m a d o de expresar u n


p e n s a m i e n t o , en cuyo c a s o , por c o n t e n e r s i e m p r e u n a ó m a s expresiones
t r ó p i c a s , p u e d e considerarse como u n verdadero tropo de s e n t e n c i a .
P e r t e n e c e n á esta clase las personificaciones s i g u i e n t e s :

Alque indignatum magnis stridoribus xquor.


(VIRO.)
Julia qua¡ponto Unge sonatundarefuso.
(VIRO.)

La codicia y ambición, consejeros m a l o s , le ponian telarañas delante de los


ojos para q u e no viese la luz.
(MARIANA.)

Su corona alzan las flores,


Y de un aroma s u a v e ,
Despidiéndose del d i a ,
Embalsaman todo el a i r e .
( MELENDEZ. )

P o r q u e tiembla la t i e r r a , *
Porque las hondas mares se embravecen,
Do sale á mover guerra
El cierzo
( F R . L . DE LEÓN.)

¿Cómo h e de d i s i m u l a r ,
P u e s aunque fingirlo intenten
La voz, la lengua y los o j o s ,
L e s dirá el alma que mienten?
( CALDERÓN.)

§• 1 4 1 .

Pero otras veces la imaginación ó la pasión exaltadas hacen que


realmente consideremos los objetos inanimados como dotados de
sensibilidad, de inteligencia, de habla, de acción; y entonces la pro-
sopopeya es algo mas que una frase de sentido figurado; es una
verdadera figura de pensamiento. En otras ocasiones la personifi-
cación, enlazada con la alegoría, es mas bien una creación poéti-
ca que una figura : tales son las personificaciones de las virtudes,
de los vicios, de las ciencias, de las artes, de objetos físicos, como
la del cabo de Buena Esperanza de Camoens, la de las leyes que
pone Platón en boca de Sócrates, las de la mitología, y las de
nuestros ya citados autos sacramentales.

Lcetenlur cceli, et exultet terra; eommoveatur mare, et plenitudo ejus.


Gaudebunt campi, et omnia qua: in eh sunt; tunc exullabunt omnia ligna sil-
varum.
A facie Domini, quia venit; quoniam venit judicare terram.
( PSALM, xcv.)

Misericordia et Veritas obviaverunt sibi: justitia et pax osculatm sunt.


• Veritas de terra orta est; etjustitia de cceloprospexit.
— 88 —
Elenim Dominus dabit benignitatem ; et terra nostra dabìl fructum suum.
Justitia ante eum ambulabit, etponel in via gressus suos,
( P S A L M . LXXX1V.)

Qua; (patria) tecum Catilina, sic agii, et quodammodo tacila loquitur : nullum
jam látannos facinus exlilit, nisi per te : nullum (lagitiutn siue te. Tibi uni mul-
torumneces, Ubi vexatio direptioque sociorum impunita full ac libera. Tu non
solum ad negligendas leges et qumstiones, veruni eliam ad evertendas perfrin-
gendasque valuisli. Superiora illa, quamquam ferendo non fuerunt, tamenut
potiti, lidi. Nunc vero me totani esse in metu propter te unum quidquid increpue-
rit, Calilinam timeri : nullum videri contra me consìlium iniri posse, quod à tuo
scelere abhorreat; non est ferendum. Quamobrem discede, atque lime mini timo-
rem eripe: Si verús, ne opprimar, si falsus ut tandem aliquando liniere desinum.
Ucee si tecum, ut ditci, patria loquatur, e t c .
(Cic.)
Jam gélidas Ccesar cursu superaverat Alpes ,
Ingentesque animo motus, bellumque fulurutn
Ceperat. Utventum est parvi Rubiconis ad undas,
Ingens visa duci patria; trepidantis imago
Clara, per obscuram, vullu mestissima, noctem,
Turrigero canos effundens vertice crines,
Cmsarie lacera , nvdisque adstare lacertis,
Et gemitìi permista loqui : quo tendilis ultra?
Quo fertis mea signa viri? Si jure venitis,
Si cives: huc usque licei.
(LCCAN.)

Dan voces contra mí las criaturas la tierra dice : ¿ P o r q u é le sustento f


El agua dice : ¿Por q u é no le allogo? El aire dice : ¿ P o r q u é no le abraso?
(GRASADA.)

La poesía e s u n a bellísima doncella, c a s t a , h o n e s t a , d i s c r e t a , a g u d a , r e t i -


r a d a , q u e s e contiene en los límites d e la discreción m a s alta. Es amiga de la
soledad; las fuentes la e n t r e t i e n e n , los prados la consuelan, los árboles la d e s -
enojan, y las flores la alegran.
( CERVANTES. )

Vierte alegre la c o p a , en q u e atesora


Bienes la primavera ; da colores
A! c a m p o , y esperanza á los pastores
Del premio d e su fe. la bella Flora.
( AROCUO.)

La codicia en las manos d e la s u e r t e


Se arroja al m a r , la ira á las e s p a d a s ,
Y la ambición se r i e de la m u e r t e .
(KlOJA.)

Cubrió el sagrado Bétis, d e florida


Púrpura y blandas e s m e r a l d a s llena ,
Y tiernas p e r l a s , la ribera u n d o s a ;
Y al cielo alzó la b a r b a , revestida
— 89 —
De verde m u s g o , y removió en la arena
El movible cristal de, la sombrosa
G r u t a , y la faz honrosa.
De juucos, cañas y coral o r n a d a ;
T e n d i ó l o s cuernos h ú m i d o s , creciendo
La abundosa corriente dilatada,
Su imperio en el Océano extendiendo.
(HERRERA.)

El dinero es alcalde et jues m u c h o l o a d o ,


E s t e es consejero et sotil a b o g a d o ,
Alguacil et m e r i n o hien ardit e s f o r z a d o ;
De todos los olicios es muy apoderado.
En suma te lo digo , tómalo tú m e j o r :
El dinero del m u n d o es gran revolvedor;
Señor fase del s i e r v o , d e señor s e r v i d o r ,
Toda cosa del sigro se fase por su amor.
( A R C DE HITA.)

* ) . — TROROS DE SENTENCIA POR OPOSICIÓN Ó CONTRASTE.

§• 1 4 2 .

PRETERICIÓN. Por medio de la preterición ó pretermisión fingi-


mos querer pasar por alto lo mismo que estamos diciendo clara-
mente, y á veces con mas energía.
EJEMPLOS.

Nihil de éllius inlemperanlia loquor, nihil de insolentia, nihil de tingulari ne-


quitia ac turpidine; tantumde quiestu et lucro diearn.
( C í e , /ra Verrem.)
No diré nada del cargo de conciencia q u e nos h a c e n , ni del j u r a m e n t o y nota
de ingratitud q u e nos a c u s a n ; las maldades de Hiaya nos descargarán b a s t a n -
t e m e n t e . Al q u e su mismo p a d r e , si fuera vivo, castigara con todo r i g o r , ¿será
razón que por su r e s p e t o le dejemos continuar en ella y en su tiranía tan
grave?
(MARIANA , hite, de Alonso VI.)
No q u i e r o llegar á otras menudencias, conviene á saber, de la falta de c a m i -
sas y no sobra de z a p a t o s , la raridad y poco pelo del v e s t i d o , ni a q u e l a h i t a r s e
con tanto gusto cuando la buena s u e r t e les depara algún b a n q u e t e .
(CERVANTES, Disc- sobre las armas y las letras.)

§• 1 4 3 .

PERMISIÓN'. La permisión consiste en dar licencia á otro para


que haga aquello mismo de que nos estamos quejando con cierto
— 90 —
despecho amargo. Dido, abandonada de Eneas, le dirige estas p a -
labras :
Ñeque te teneo, ñeque dicta refello.
Y, sequere Italiam ventis, pete regna per undas.
(VlRG.)

El p a s t o r Aristeo, en las Geórgicas, dirige á s u m a d r e Cirene u n d i s c u r s o ,


cuyos últimos versos c o n t i e n e n un hermoso ejemplo d e p e r m i s i ó n .

Quin age, et ipsa nianu felices ente silvas;


Fer stabulis inimicum ignem, atque interfice messes;
Ure sata, et validim in vites molire bipennem,
Tanta mea; site ceperunt twdia laudis.
(VIRG.)

Segad esa g a r g a n t a .
S i e m p r e sedienta de la sangre vuestra ;
Que no temo la m u e r t e , ni m e espanta
Vuestra amenaza y rigurosa m u e s t r a ;
Y la importancia y pérdida no es tanta
Que baga falta mi cortada d i e s t r a ;
P u e s quedan otras muchas esforzadas,
Que saben manejar bien las espadas.
(ERCU-LA.)

§. 144.

IRONÍA. Consiste esta figura en decir en tono de burla todo lo


contrario de lo que expresa la letra. Parece que solo debería ser
propia de la alegría y del estilo jocoso ; sin embargo, la cólera, el
desprecio, la desesperación misma, se valen de ella, y por consi-
guiente, la encontramos en los lugares mas vehementes y apasio-
nados.

J u n o dirige á V e n u s y á Cupido las s i g u i e n t e s p a l a b r a s :

Egregiam vero laudem, et spolia ampia refertis,


Una dolo divum sifemina vida duorum est.
(VIRG.)

L u i s X I V , p o r q u e nuestra c o r t e n o a c c e d í a á sus p r o p u e s t a s , dijo m u y


acalorado al embajador e s p a ñ o l : « P u e s bien ; yo iré á Madrid. — N o hay i n -
c o n v e n i e n t e , respondió el embajador; también estuvo en Madrid Francisco I.»
Irónicas son las siguientes palabras q u e S a n d i o dirigió á su amo d e s p u é s
de la terrible a v e n t u r a de los b a t a n e s : « Has de s a b e r , Sancho a m i g o , q u e yo
n a c i , . p o r q u e r e r del c i e l o , en esta n u e s t r a edad de h i e r r o , p a r a r e s u c i t a r e n
ella la dorada ó de o r o ; yo soy aquel p a r a q u i e n e s t á n g u a r d a d o s los peligros,
las h a z a ñ a s g r a n d e s , los valerosos fechos.

Oppida tota canem venerantur; nenio Dianam:


Porrum et cepe nefas violare, aut frangere morsu,
O sanctasgentes, quibushaic naseuntur inhortisNumina.
(jUVtNAL.)

La lección poética de Moratin, de d o n d e el s i g u i e n t e ejemplo está sacado,


es u n a c o n t i n u a d a ironía.
Ni b u s q u e s lo moral ni lo decente
Para t u s d r a m a s , ni ¡.ras ello s u d e s ;
Que allí todo se pasa y se consiente,
Todo se desfigura, no lo d u d e s ;
Allí es h e r o i c i d a d la a l t a n e r í a ,
Y las debilidades son v i r t u d e s ,
V lo que Poncio alguna vez decía
De q u e el p u d o r se ofende y el recato
P e r o ¡ q u é ! si es aquella su manía.
Mil lances ha de haber por un r e t r a t o ,
Una b a n d a , una joya , un r a m i l l e t e ;
Con lo de infiel, t r a i d o r , a l e v e , i n g r a t o .

§. US.

SARCASMO. A veces la ironía tiene un carácter sangriento, y es


una amarga irrisión con que insultamos á nuestros contrarios, á
una persona abatida por la desgracia, á un cadáver, á un objeto
digno de compasión. En este caso recibe el nombre de sarcas-
mo, de cuya figura nos presenta un ejemplo notable el Evangelio
de S. Mateo al referir los insultos que los judíos dirigían al Salva-
dor crucificado.

Prmtereuntes autem blasphemabant eum moventes capita sua.


Et dieentes: Vah guidestruís templum Dei, etin triduo illudreedificas; sal-
va temetipsum: si filius Dei es, descende de cruce.
(XXVII, 39.)

T u r n o insulta de este modo á un t r o y a n o q u e acaba de m a t a r .


En, agros, et quam bello , Trojane, petisti,
Hesperiam metire jacens. Heec premia, qui me
Ferro ausit tentare, fuerunt: sic manta condunt.
(VlRG.)
¿Son estos, por v e n t u r a , los famosos,
Los fuertes , los belígeros varones
Que conturbaron con furor ta t i e r r a ?
— 92 —
Que sacudieron reinos poderosos,
Que domaron las hórridas naciones ?
Que p u s i e r o n desierto en cruda g u e r r a
Cuanto el mar Indo e n c i e r r a ,
Y soberbias ciudades d e s t r u y e r o n ?
¿Dó el corazón s e g u r o y la osadía?
¿Cómo así acabaron y p e r d i e r o n
Tanto heroico valor en solo un dia?
(HERBERA.)

§. 1 4 6 .

ASTEÍSMO. Asteísmo, palabra griega que significa urbanidad, es


una alabanza delicada, que se hace bajo el aparente carácter de
reprensión ó vituperio.

V o i t u r e escribió al famoso Comió que «la g e n t e estaba incomodada de v e r


q u e u n j o v e n y novel capitán hubiese t e n i d o tan poco respeto á u n o s g e n e r a -
les a n t i g u o s y l l e n o s de c a n a s , t o m á n d o l e s t a n t o s cañones y haciéndoles h u i r
vergonzosamente».

C).— TROPOS DE SENTENCIA POR REFLEXIÓN.

H I P É R B O L E . La hipérbole consiste en exagerarlas cosas, aumen-


tándolas ó disminuyéndolas de un modo extraordinario. Es la h i -
pérbole un efecto natural de la viveza de la imaginación, del e n -
tusiasmo y de las pasiones. Hallárnosla en la mayor parte de las
metáforas, comparaciones y descripciones poéticas, y es uno de
los caracteres mas distintivos de la lengua y de la poesía de los
pueblos orientales.

N u e s t r o lenguaje familiar e s t á lleno de h i p é r b o l e s tan expresivas como las


s i g u i e n t e s : Huye de su sombra,—No tiene sobre quécaerse muerto,—Jugar-
se el sol antes que nazca, — Comerse los codos de hambre,— Corre que se
come la tierra, e t c . El uso n o s ha familiarizado t a n t o con ellas, q u e á cada
p a s o las e m p l e a m o s en la conversación mas t r a n q u i l a ; p o r q u e t a n t o el q u e
las emplea como el q u e las oye rebajan todo lo q u e es m e n e s t e r rebajar.
V i r g i l i o , p o n d e r a n d o la ligereza de C a m i l a , emplea la s i g u i e n t e h i p é r b o l e :

Illa vel intaette segetis per summa volaret


Gramina, neo teñeras cursa Imsisset aristas;

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— 93 —
Velmare per médium, fluctu suspensa íumenli
Ferret iter, céleres nectingeret cequure plantas.
Í / E N E I D . , Vil.)

Quod si me lyricis vatibus inseres,


Sublimi feriatn sidera vértice.
(HOR.)

La arena se tornó sangriento l a g o ,


La llanura con muertos aspereza.
(HERRERA.)

Y el cielo , que movía


Su c u r s o a r r e b a t a d o ,
El vuelo reprimía enajenado.
(ID.)

¡ A y ! que tienden
Los brazos vigorosos
A los r e m o s , y encienden
Las mares espumosas por do h i e n d e n .
( F B . L. D E L E O S . )

Con mi llorar las piedras e n t e r n e c e n


Su natural dureza y la q u e b r a n t a n ;
Los árboles parece q u e se inclinan;
Las aves q u e me e s c u c h a n , cuando c a n t a n ;
Con diferente voz se condolecen,
Y mi m o r i r , c a n t a n d o , m e adivinan;
Las fieras q u e reclinan
Su cuerpo f a t i g a d o ,
Dejan el sosegado
Sueño por escuchar mi llanto t r i s t e ;
T u s ó l a contra mí te e n d u r e c i s t e ,
Los ojos aun siquiera no volviendo
A lo que tú hiciste.
(GARCII.ASO.)

Al tocador los siglos no e n t r e t e n g a ,


Y no a l m u e r c e á las mil de la m a ñ a n a .
(VARGAS PONCE.)
Fantasmas a c e c i n a d a s ,
Siglos q u e andáis por las c a l l e s ,
Muchachas de los finados ,
Y calaveras fiambres;
Doñas siglos de los siglos,
Doñas vidas p e r d u r a b l e s ;
Viejas (el diablo sea s o r d o ) ,
Salud y gracia.
(QCEVEDO.)
— 94 —

§• 1*8.

Las mejores hipérboles, dice Longino, son las que pasan des-
apercibidas. Kn efecto, cuando ni el que habla ni el que oye n o -
tan la exageración, es prueba de que la hipérbole es natural y
oportuna. Cuando, por el contrario, la exageración traspasa los lí-
mites que el buen gusto prescribe, el oyente percibe el engaño, y
halla ridículo ó disparatado aquello mismo con que se creia l l e -
narle de entusiasmo y de admiración.

La h i p é r b o l e , a ñ a d e el a u t o r c i t a d o , es como la c u e r d a de u n a r c o , q u e
c u a n d o se t i e n d e d e m a s i a d o , se afloja. Mucha e s , no o b s t a n t e , la libertad q u e
el estilo jocoso a d m i t e en la h i p é r b o l e , y no son pocas las extravagancias e n
q u e han i n c u r r i d o a u t o r e s de m é r i t o , exagerando la exageración misma.
El siguiente epitafio, dedicado á Carlos V , e n c i e r r a una hipérbole e x a g e r a -
dísima y fría.
Pro túmulo ponas orbem, pro tegmine ccelum,
Sidera pro facibus, piro lacrymis marta.

No m e n o s defectuoso es el s i g u i e n t e e p i g r a m a de M a r c i a l :
Ucee, Auguste, tamen qum vértice sidere pulsat,
Par domas esi costo; sed minor est domino.

Y Lope de V e g a , hablando de! peñasco q u e Polifemo arrojó al m a r , p o n e


en boca del sagaz y p r u d e n t e Clisos estas h i n c h a d a s p a l a b r a s :
Y tan feroz le arroja ,
Que la cara del sol r e ü r a y moja.

Otro poeta dijo t a m b i é n :


Al pié de una corriente
Lloraba Galalea,
Ue sus divinos ojos ,
Por lágrimas estrellas, -

§. 1 4 9 .

L I T O T E . La litote, que otros llaman extenuación ó atenuación,


es una figura por medio de la cual, en vez de afirmar positiva-
mente una cosa, se niega absolutamente la contraria, ó se dismi-
nuye mas ó menos, dejando, empero, que el lector penetre toda la
intención del que habla. Muchas veces para reprender á alguna
persona decimos que no podemos elogiar su conducta; y con las
— 95 —
expresiones familiares no se mama el dedo, no se muerde la len-
gua, queremos manifestar de alguno que no se deja engañar y que
dice todo lo que piensa. Horacio elogia á Pitagoras empleando la
siguiente litote, que perdería toda su fuerza en nuestro idioma,
Non sordidus auctor natura; verique; y TitoLivio dice de Polibio:
Non spernendus auctor. San Pablo dice á los Corintios que no les
alaba por los desórdenes á que se entregaban en sus convites.

Con m u c h a razón observa Jovellanos q u e esta figura os el lenguaje de la
m o d e s t i a , p o r q u e de ella nos valemos s i e m p r e que t e m e m o s ofender con
n u e s t r o s elogios la delicadeza de otra p e r s o n a , ó q u e nos vemos en la n e c e -
sidad de elogiarnos á nosotros m i s m o s . El delicado rasgo de Virgilio en la
égloga s e g u n d a , c u a n d o pone en boca de C o n d ó n las s i g u i e n t e s palabras, ha
sido i m i t a d o por la mayor p a r t e de los poetas bucólicos.

EJEMPLOS.

Nec adeo sum informis: nuper me in litare vidi,


Quum placidmn venlis starel mare
(VIRG.)

Te , Liciane , gloriabitur riostra,


Nec me tacebit, Bilbilis.
(MARTIALI.)

A raí mesmo te doy. ¿Por qué d e s p r e c i a s


Y aborreces el don? Que no merezco
S e r despreciado, si en el mar tranquilo
Bien me m i r é , c u a n d o callado el viento,
Sus claras ondas serenaba un dia ....
No soy pues malo yo, ni tú me dejas
Por la forma que tengo
(TASSO, trad. por Jáuregai.)

§. iSO.

ALUSIÓN. Alusión, dice la Academia, es la referencia que se


hace á alguna cosa. Consiste pues esta figura en hacer notar la re-
lación que existe entre lo que se dice y un objeto que no se nom-
bra, y se supone conocido. Los hechos históricos, los mitológi-
cos, los dichos célebres, las costumbres; en una palabra, todos los
objetos de que deban tener noticia las personas á quienes se diri-
ge la obra, y hasta las palabras del idioma, principalmente las que
presentan doble sentido, pueden ser objeto de la alusión.
— 96 —
Decimos q u e los objetos deben ser m u y c o n o c i d o s , p u e s de o t r a m a n e r a
no se c o m p r e n d e r í a la i n t e n c i ó n del a u t o r , y no t e n d r í a esta figura la t r a n s -
p a r e n c i a q u e d e b e t e n e r , para que el l e c t o r p u e d a felicitarse i n t e r i o r m e n t e
d e haber p e n e t r a d o el v e r d a d e r o s e n t i d o , y á veces la malicia de la e x -
presión.
La alusión es m u y propia de la c o m e d i a , de la s á t i r a , y sobre todo de la
f á b u l a , p o r q u e á los ojos del f a b u l i s t a , el p u e b l o d e los animales es una ima-
g e n viva de la sociedad h u m a n a .
H o r a c i o , en la oda 1 . del l i b . 3.°, a l u d e á la espada de Damócles c u a n -
a

do dice: *
Destrietus ensis cui super impía
Cervice pendet, non siculm dapes
Dulcem elaborabunt saporem.....
T á c i t o , al elogiar las c o s t u m b r e s de los g e r m a n o s , c e n s u r a i n d i r e c t a m e n -
t e las de R o m a .
Nemo ilíic (apud Cerníanos) vilia ridet, neo corrumpere et corrumpiswculum
vocatur.
B o s s u e l , c u a n d o en elogio de Le Tellier dice q u e su m a n o d e r e c h a o c u l t a -
ba á la izquierda las l i m o s n a s que h a c i a , se refiere t á c i t a m e n t e á la s i g u i e n -
t e m á x i m a de S. M a l e o : Te faciente eleemosynam nesciat sinistra lúa
quod facial dextera tua.
E n el s i g u i e n t e e j e m p l o , el autor de! Quijote hace alusión á la estrella de
los tres M a g o s :
Vio (D. Quijote) no lejos del camino una venta, q u e fué como si viera una e s -
trella que á los p o r t a l e s , si no á los a l c a c e r e s , de su redención ¡e encaminaba.
Lope de Vega alude al salmo Super flumina en estos versos de la Jerusa-
len, lib. i8 : t

No Hora de Baldac s ó b r e l o s rios


El cautivo Israel tristes m e m o r i a s
De la dulce Sion , n i de q u e c u e l g u e
La lira al sauce el babilon se h u e l g a .
P o r ú l t i m o , u n o de los graciosos de Tirso de Molina, en esta chistosa
q u i n t i l l a , hace referencia á u n o de n u e s t r o s r o m a n c e s :
Aqui al sonoro raudal
De un despeñado cristal
Digo á estos olmos sombríos :
Dónde estáis, jamones míos,
Que no os doléis de mí mal ?

§. 1 5 1 .

METALÉPSIS. Consiste esta figura en tomar el antecedente por


el consiguiente, ó vice-versa, ó en dar á comprender una cosa por
— 97 —
medio de otra que necesariamente la precede, la acompaña ó la
sigue. Decimos : No olvides los beneficios, por corresponde á
ellos; Acuérdese V. de nuestro trato, por cúmplalo V.; Este en-
fermo morirá al caer la hoja, por morirá á últimos de otoño.
No debe confundirse esta figura con la metonimia, porque, así
en la metonimia como en los demás tropos de dicción, se trasla-
da siempre el sentido de una sola expresión ó palabra, y en la me-
talépsis se traslada el sentido de la oración. •

Fuimus Troes, fuit ¡litim, et ingerís


Gloria Dardanidum.
(VIRA.) •

Algunas veces se toma el a n t e c e d e n t e por el c o n s i g u i e n t e , trasladándose


el sentido de una sola palabra; en este caso vale m a s referir l a m e t a l é p s i s á la
m e t o n i m i a , como lo han hecho a l g u n o s autores. Los dos ejemplos de Virgilio
q u e cita Vossio como modelos de metalépsis p u e d e n considerarse como dos
metonimias del efecto por la c a u s a : Speluncis abdidit atris;— Post aliquot,
mea regna videns mirabor aristas. E n t r e ¡a metalépsis y la metonimia del
a n t e c e d e n t e y de! c o n s i g u i e n t e podría establecerse la misma diferencia q u e
e n t r e la alegoría y la m e t á f o r a , y de esta m a n e r a desaparecería la confusión
q u e en este p u n t o ofrecen hasta los a u t o r e s que m a s se d i s t i n g u e n por su
e x a c t i t u d . En los siguientes versos de Calderón hay u n a metalépsis en el
último:
No te m i r o , p o r q u e es fuerza ,
En pena tan r i g u r o s a ,
Que no mire tu h e r m o s u r a
t>uien h a d e mirar tu honra.

§. 1 5 2 .

R E T I C E N C I A . La Reticencia, como el nómbrelo indica, con-


siste en omitir uno ó mas pensamientos, que fácilmente suple el
lector, atendidas las circunstancias del discurso. No siempre se
interrumpe la frase, ni siempre es una pasión violenta la que ins-
pira esta figura; muchas veces aparece sin el carácter exterior de
los puntos suspensivos, y puede ser efecto de la reflexión, de la
prudencia, del pudor, de las consideraciones que nos merecen las
personas á quienes nos dirigimos. Empléala con harta frecuencia
la malignidad, dejando que la imaginación de los oyentes ó del
vulgo invente y exagere lo que hipócritamente se finge querer
— 98 —
ocultar bajo el velo del secreto. Usamos finalmente de ella siempre
que el silencio es mas expresivo que el discurso.

E n los s i g u i e n t e s ejemplos de Virgilio y Juvenal se hallarán las dos formas


d i s t i n t a s que-esla figura p r e s e n t a .
Jam ccelum terramqve sine meo numine, venti,
iliscere, et tañías audetis tollere moles!
Quosego... Sed motosprcestal componere fluctus.
» (TENEID.)

Majorum primus quisquís fuü Ule tuortim ,


Aut pastor fuü, aul illud quod dicere nolo.
' (SAT. VIH.)

Antonio P é r e z , d a n d o al rey E n r i q u e I V la e n h o r a b u e n a por la victoria de


A m i e n s , le e s c r i b e :
Viva V. M. mil años, que asi recrea los ánimos de los suyos con los efectos
d e su valor. El parabién de estos no se ha de dar á V. Vi., q u e es dárselo de obra
propia suya, sino á los suyos , á sus r e i n o s , á la Europa á mas iba á decir ;
p e r o adelante, Sire , q u e con esto V. M. lo dirá con sus e b r a s .
REY.

Pues decidme:
Para lautas prevenciones,
G u t i e r r e , ¿ q u é es lo q u e visteis?
DON GUTIERRE.
Nada; que h o m b r e s como yo
No ven: basta que i m a g i n e n ,
Que s o s p e c h e n , q u e p r e v e n g a n ,
Que recelen , q u e adivinen ,
Que No sé cómo lo diga ;
Que no hay voz que signifique
Una cosa, q u e aun no sea
Un á t o m o indivisible.
(CALDERÓN.)

Mas q u i e r o en pobre ermita mi hospedaje


Que vivir con mujer voluble, t e r c a ,
L o c u a z , sosa, g a z m o ñ a , abencerraje,
Fisgona , r u d a , necia , altiva, p u e r c a ,
Falsa , g o l o s a , y basta, musa m i a ;
¿ C ó m o a p u r a r tan larga letanía?
(VARGAS PONGB.)

§. 1 3 3 .

ASOCIACIÓN. La asociación, llamada por Dumarsais comunica-


ción enlas palabras, consiste en decir de muchos lo quedólo debe
— 99 —

aplicarse á algunos ó á unosolo, ó al mismo que habla. Por medio


de esta figura cubrimos con el velo de la modestia el elogio propio,
haciendo partícipes de él á los demás, ó bien atenuamos aparente-
mente las faltas ajenas, haciéndonos en cierto modo cómplices de
ellas.

Horacio, en s u oda á la f o r t u n a , d i c e :
Quid nos dura refugimus
Mías? Quid inlaclum nefasli
Liquimtis ?
Cuando Eneas p r e g u n t a á A n d r ó m a c a si es la esposa de P i r r o ó la viuda
de H é c t o r , A n d r ó m a c a c o n t e s t a :
Nos patria intensa, diversa per cequora veclw,
Stirpis Achillem fastusyuvenemque superbum
Servitio enixce, tulimus

§. 154.

PARADOJA. La paradoja, antilogia ó endíasis se comete cuando


con cierto enlace artificioso se juntan dos ideas al parecer incon-
ciliables, y que realmente encerrarían un absurdo si las palabras
se tomasen al pié de la letra.
Boileau nos ofrece u n modelo do esta figura c u a n d o ' n o s aconseja evitar l a '
estéril abundancia de ciertos a u t o r e s . Solís dice que Hernán Cortés conoció
q u e no convenia c o n t r a la viveza de su espíritu aquella diligencia perezosa de
los estudios. S c h l e g e l , ponderando la p e n e t r a c i ó n de u n h i s t o r i a d o r , dice q u e
fué profeta de lo pasado.
Mam absens absentem auditque videtque.
• (<ENEID., 1,4.)

Magnas inter opes inops.


( H O R . , 1, 5, c a p . 16.)

Mira a! avaro, en sus riquezas pobre,


(ARQÜIJO.)

¿Qué vale el no locado


T e s o r o , si c o r r o m p e e! dulce s u e ñ o ,
Si estrecha el nudo d a d o ,
Si mas enturbia el c e ñ o ,
Y deja en su s r i q u e z a s p o b r e al d u e ñ o ?
( F R . L . DE LEOS.V.

E s e que llama el vulgo estilo llano


E n c u b r e tantas fuerzas, q u e quien osa
— 100 —
Tal vez a c o m e t e r l e , suda en vano;
Y en su facilidad dificultosa
También convida, y desanima l u e g o ,
En los dos corifeos de la prosa.
( B . AHGKN.)

III.—DE L A S FIGURAS D E PENSAMIENTO.

§ . ' 15o.

Las figuras de pensamiento son mas independientes de la forma


exterior del lenguaje que los tropos y las figuras de 'dicción. Por
esto, al proponernos clasificarlas, prescindiremos de la diferencia
de formas con que se desenvuelve el pensamiento, y que mas ó
menos visiblemente quedan grabadas en la frase, y procuraremos
dividirlas, atendiendo tan solo á cuál de nuestras facultades pre-
pondera cuando el pensamiento toma aquel giro especial que
constituye la figura. En unas predomina la imaginación, y son las
que empleamos para dar á conocer los objetos; otras son produc-
to del raciocinio, y las empleamos principalmente en la prueba y
demostración de la verdad; otras, finalmente, son efecto de la
sensibilidad excitada, y sirven para trasmitir las emociones del
alma. Dividiremos pues las figuras de pensamiento en pintores-
cas, lógicas y patéticas.

Ka !a colocación de las figuras p r o c u r a r e m o s observar, en c u a n t o q u e p a ,


u n a gradación r i g u r o s a . E m p e z a r e m o s por la d e s c r i p c i ó n , la forma m a s
sencilla y objetiva, y concluiremos con las formas propias do los m o v i m i e n -
t o s ma< a p a s i o n a d o s , y e n q u e m a s se refleja la personalidad del escritor.

i. — F I G U R A S PINTORESCAS.

§. 156.

B K S C R U ' C I O X . La descripción consiste en pintar tan vivamente


los objetos, que parezca que los estamos viendo. Cuando quere-
mos dar á conocer un objeto, le analizamos, individualizando sus
propiedades y circunstancias. Pero la descripción poética, la des-
cripción , figura de retórica, no debe confundirse con la descrip-
ción científica, que solo tiende á la exactitud y se dirige al e n -
— 101 —
tendimiento; la descripción poética se dirige á la imaginación.
Un arquitecto no describe un edificio de la misma manera que lo
describe un poeta.

Estas descripciones vivas y enérgicas de los objetos se llaman en m u c h a s


r e t ó r i c a s hipotipósis. Solo c u a n d o u n a descripción es u n a p i n t u r a viva y
e n é r g i c a m e r e c e el nombre de figura, pues de lo c o n t r a r i o , no os mas que u n a
d e las formas generales de la elocución. Est proposita qumdam formarerum
ita expresa verois, ut cerní potius videatur, quam audiri. ( Q D I J Í T . , lib. ix,
c a p . 2 . ) En algunas retóricas se establece u n a diferencia e n t r e la hipolipósis
y la diatipósis, dándose este n o m b r e á las descripciones mas extensas y m e -
n o s e n é r g i c a s ; pero este último vocablo uo ha sido admitido en n u e s t r a l e n -
g u a , ni ha tenido tampoco g r a n d e acogida en las escuelas.

§• 137.

En toda descripción se observarán las reglas siguientes: 1 .* De-


ben trazarse concisa y enérgicamente los rasgos mas característi-
cos del objeto, sin descender á minuciosos ó insignificantes por-
menores. 2 . Las circunstancias que se elijan, deben guardar
a

unidad, presentando el objeto desde el punto de vista mas favo-


rable á la impresión que se intente producir. 3 . Los contrastes a

son uno de los medios mas á propósito para hacer resaltar, no solo
las objetos que se describen, sino también las circunstancias que
mas los distinguen.

T a n t o en la oratoria como en la poesía se emplea la descripción con fin


d e t e r m i n a d o ; nunca debe describirse por el mero gusto de describir. Es p r e -
ciso q u e el objeto sea adecuado al "fin, y que también lo sean las c i r c u n s t a n -
cias elegidas.
P a r a a p r e c i a r mejor estas o b s e r v a c i o n e s , asi como la diferencia entre las
descripciones p o é t i c a s , oratorias y científicas, c o m p á r e n s e las descripciones
del caballo q u e se e n c u e n t r a n en el libro de Job, en el^líeoran, en las Geór-
gicas, de V i r g i l i o , en el Poema de la pintura, d e C é s p e d e s , y en la Histo-
ria natural, de Buffon, con las descripciones de Cuvier y do Bossuet. Ea de
Cuvier es científica, la de Bossuet o r a t o r i a , y todas las d e m á s , sin exceptuar
g r a n parte de la de Buffon, son poéticas.

Todos los objetos pueden ser descritos, asi los que existen,
— 102 —

como los que finge la fantasía, así los materiales como los idea-
les y los abstractos; los acontecimientos, las épocas, etc.
La descripción de una perspectiva ó de un paisaje se llama to-
pografía; la del exterior de una persona ó de un animal, proso-
pografía; la de las cualidades morales de un individuo, elopeya;
la de una clase entera, carácter; y la del tiempo en que se veri-
ficó algún suceso, cronografía.
L a s descripciones extensas de los personajes so llaman t a m b i é n retratos, y
c u a n d o son dos los personajes q u e se describen estableciéndose e n t r e ellos u n a
c o m p a r a c i ó n , reciben estas descripciones el n o m b r e de paralelos. Los r e -
t r a t o s , los paralelos y las descripciones extensas de u n a c l a s e , como los c a -
r a c t e r e s de Teofastro y de L a - B r u y è r e , los artículos de c o s t u m b r e s , n o d e b e n
s e r considerados como (¡guras de r e t ó r i c a . L a s descripciones <de h e c h o s se
confunden casi con la n a r r a c i ó n . De la misma m a n e r a , para a l g u n o s la defi-
nición oratoria no es m a s q u e u n a descripción ó u n a e n u m e r a c i ó n .
Lo q u e metafóricamente se llama cuadro, es u n a descripción q u e podría
s e r r e p r o d u c i d a por la p i n t u r a .

EJEMPLOS.

LA ENVIDIA.
Pallar in ore sedet, mudes in corpore telo;
Nusquam recta acies; Vivent rubigine denles;
Pectora (elle virent; üngua est suffusa veneno ;
Risus abest nisi quemitisi moveré dolores.
(OVID.)
VERBES.

Ipse inflammutus scelere in forum venu. Ardebant oeuli, tolo ex ore cr¡¡delitos
ewtinebat Expectabant omnes quo tándem progressarus, aut quidnam actttrus
esset; cum repente homittem corripi, atquejp. foro medio nudari et deligari, el
virg'is expeiïri jubel. Clamai Ule miser, se citiem esse Romanum..
(Cíe, Verr.,1')
SEJANUS.

Corpus Mi laborum tolerans, animus audax: sui obtegens, in alios criminator;


juxta adulatio et superbid ; palam compositus pudor, inlus summa adipiscenii
libido, ejusque causa, modo largitio el laxus, sœpius industria ac vigilando, liaud
minus nonios quoiies parando regno finguntur.
(TAC, Annal., iv, I.)
LK POESÍA.
La poesía , señor hidalgo, á mi p a r e c e r , es como una doncella tierna y de p o -
ca edad y e n l o d o extremo h e r m o s a , á quien tienen cuidado de enriquecer,
pnlir y adornar otras muchas d o n c e l l a s , q u e son todas las otras ciencias, y ella
se Isa de servir de t o d a s , y todas se han de autorizar con ella ; pero esta tal don-

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— 103 —
celia no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las e s -
quinas d é l a s plazas ni por los rincones d e los palacios. Ella es hecha de una
alquimia de tai virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de
inestimable p r e c i o : hala d e t e n e r , el que la tuviere, á raya, no dejándola correr
en torpes sátiras ni en desalmados s o n e t o s ; no ha de ser vendible en ninguna
m a n e r a , si ya no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias, ó en c o -
medias alegres y artiliciosas; no se ha de dejar tratar d e los t r u a n e s , ni del ig-
norante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros q u e en ella se e n -
cierran.
(CERVANTES.)
Kn esto una gran nube t e n e b r o s a ,
El aire y cielo súbito t u r b a n d o ,
Con una oscuridad triste y medrosa
Del sol la luz escasa fue o c u p a n d o ;
Salta Aquilón con fuerza procelosa,
Los árboles y plantas i n c l i n a n d o ,
Envuelto en raras gotas de agua gruesas ,
Que luego descargaron mas espesas.
En escura liuiebla el cielo vuelto,
La furiosa tormenta se esforzaba,
A g u a , piedras y rayos todo envuelto
En espesos relámpagos lanzaba;
El araucano ejército revuelto
Por acá y por al^á se d e r r a m a b a ;
Crece la tempestad horrenda t a n t o ,
Que á los mas esforzados pone espanto.
(ERCLLA.)
Helo, helo por dó viene
El infante v e n g a d o r ,
Caballero á la jineta
En caballo c o r r e d o r ,
Su manto revuelto a! b r a z o ,
Demudada ia color,
Y en la su mano derecha
Un venablo cortador.
(ROM. , anónimo.)
Serví luego á un clerigon Y é l , comiéndose un capón
Un mes (pienso que no entero) (Que tenia con ensanchas
De lacayo y d e s p e n s e r o : La conciencia, por ser anchas
Era un hombre de opinión; Las que teólogas son),
Su bonetazo calado, Quedándose con los dos
Lucio, grave, carilleno, Alones cabeceando,
Muía de veintidoseno, Decia, a) cielo m i r a n d o :
El cuello torcido á un lado, « ¡ Ay, ama , qué bueno es Dios!»
Y h o m b r e , en fin, q u e nos mandaba ¡ Déjele, en fin, por no ver
A pan y agua ayunar Santo que, tan gordo y lleno ,
Los viernes, por a h o r r a r Nunca á Dios llamaba b u e n o
La pitanza q u e nos d a b a . Hasta después d e comer.
( T I R . DE MOLINA.)
— 104 —

§. 1S9.

ENUMERACIÓN. La enumeración consiste en presentar de un mo-


do rápido una serie de ideas ó de objetos que todos se refieran á
un mismo punto. Cuando se refieren las propiedades ó circuns-
tancias de un objeto, de un suceso, de una idea principal cual-
quiera, la enumeración apenas se distingue de la descripción mas
que en el giro de la cláusula.

La e n u m e r a c i ó n se llama también enumeración departes, acumulación,


conglobación y congerie, (congeries), n o m b r e s que á corla diferencia expresan
todos la m i s m a i d e a : La e n u m e r a c i ó n a c o m p a ñ a d a de afirmaciones ó n e g a -
ciones sobre cada u n a de las cosas e n u m e r a d a s , dice HermosiHa, se llama
distribución. T a n t o por la definición que da Capniany de la d i s t r i b u c i ó n , c o -
mo por los ejemplos q u e c u a n él y H e r m o s i H a , se verá q u e no m e r e c e la pe-
n a de considerarla como una n u e v a figura. En c u a n t o á la e n u m e r a c i ó n , d e -
bo advertirse lo m i s m o q u e se dijo de la d e s c r i p c i ó n ; s o l a m e n t e las m u y r á -
p i d a s , animadas y pintorescas m e r e c e n el n o m b r e de figuras. Las q u e n o
r e ú n a n estas c i r c u n s t a n c i a s deben referirse á u n o de los l u g a r e s oratorios.
Distributio ul quandoque est necessitatis : ita swpe orlus copiai causa ins-
tituitur. Sed si necesario fiat potius ad inventionis argumenta, quam ad
elocutionis schemata, perlinebit. (Voss.)
C é s a r , en el discurso c o n t r a los cómplices de C a l d i n a , d i c e :

Plerique eorum qui ante me sententias dixerunt, composite atque magni fice
casum reipublica; miserati sunt : qua; belli sosvitia essel, qua viclis accederent
enumeravere : rapi virgines, pueros; divelli liberes a ¡larentum complexa ; ma-
tres familiarum pati, quo; victoribus collibuissent, fana atque domos expoliari;
cosdem, incendia fieri; postremo, armis, cadavi-ribus, cruore, atqueluctu om-
nia compiere.
(SALLUST.)

E s t a m b i é n bellísima la e n u m e r a c i ó n s i g u i e n t e :

El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los c a m p o s , la serenidad d e los


cielos, el m u r m u r a r de las fuentes, la quietud del espíritu, son g r a n d e parte p a -
ra q u e las musas mas estériles se m u e s t r e n fecundas y ofrezcan p a r t o s a! m u n -
do q u e le colmen de maravilla y contento.
(CERVANTES.)

No sabré determinar con q u é ganó mas almas este apostólico varón (el M. i.
d e Avila), si con las palabras de su d o c t r i n a , ó con la grandeza de su c a r i d a d ;
consolaba á los t r i s t e s , esforzaba á los flacos, animaba á los f u e r t e s , socorría á
los tentados , enseñaba á los i g n o r a n t e s , despertaba los perezosos, levantábalos
— 105 —
c a í d o s , mas nunca con palabras á s p e r a s , sino amorosas; no con ira, sino con
espíritu d e m a n s e d u m b r e .
( F R . L . DE GRANADA.)

Al q u e en esta vida no quiere mas q u e una estrecha posada , ni el bien le zo-


zobra , ni el mal le a m e d r e n t a , ni ¡a alegría le e n g r i o , ni el temor le encoge, ni
las promesas le mueven, ni las amenazas le desquician ; entre las mudanzas e s -
tá q u e d o , y é n t r e l o s espantos seguro.
( F R . L. DE LEÓN.)

¿Qué lugar ni ocio hay para tratar con Dios donde bulle la solicitud de los
deseos de! siglo, negocios déla tierra, palabras v a n a s , y mas vanas pretensio-
nes , las iras, los odios, la ambición desapoderada y la codicia sin rienda ?
( P . SIGÜENZA )

Q u é d e n s e , que ya es t a r d e , en el tintero
La que al de Padua lo zambulle al pozo ,
La que jabelga el arrugado c u e r o , •
La que con vidrio y pez se rapa el b o z o ,
La que trece no sienta á s u p u c h e r o ,
La que al rosarlo toma cuenta al mozo,
La que reza el latín sin saber jota ,
O hace de linda, siendo una marmota.
La (pie escudriña toda ajena casta, etc.
(VARGAS P O S C E . )

§. 160.

P E R Í F R A S I S . Esta figura, que también se llama circunlocución,

consiste en expresar por medio de un rodeo y de un modo mas


enérgico, mas elegante ó mas delicado, lo que podría haberse
expresado con menos palabras ó con una sola. Algunos autores
limitan la perífrasis á la amplificación de una sola idea ó palabra;
otros la extienden á la amplificación de un pensamiento.
Se emplea la perífrasis para comunicar nobleza á la expresión,
ó para disfrazar las ideas desagradables ó poco decentes. También
se emplea, y esto es lo mas frecuente, para presentar con mas
viveza los objetos, en cuyo caso encierra casi siempre una breví-
sima descripción.

Perífrasis est,quarem unam multis ambimus verbis. ( V o s s i o . ) L a s p e r í -


frasis de palabra, llamadas por algunos pronominnciones, son tan f r e c u e n t e s ,
q u e la m a y o r p a r l e pasan desapercibidas. C o m e t e m o s esta figura c u a n d o
decimos:
El Rey de los cielos, por Dios; el hijo de Latona, por Apolo; el vencedor
de Darío, por Alejandro; el fundador de Roma , por Rámulo; el autor del
Quijote, p o r Cenantes; el padre de la poesia ó de la historia, por Romero
ó Ilerodoto; el príncipe de las tinieblas, por Luzbel; el licor de Baco, los
dones de Céres, e t c . Los contemporáneos de L o p e de Vega m i r a b a n con
asombro al fénix de los ingenios.
EJEMPLOS.

La Aurora coa sus dedos de rosa abre las p u e r t a s del Oriente.


(HOMERO.)

Jamque rubescebat steilis Aurora fugatis.


(VlRG.)

Aurea fulgebat roséis Aurora capillis.


(OVID.)

Poslera phoebea lustrabal lampade térras


Humeníemque Aurora poto dimoveral ümbram.
(VlRG.)

Fecerunt id servi Molinis (dicam enimnon derivandi criminis causa, sed ut


factum est), ñeque imperante, ñeque sciente, ñeque presente domino, quod suos
quisque senos in tali re faceré vohasset.
(Cíe.)
La luna como mueve
La plateada r u e d a , y va en pos della
La luz do el saber llueve ,
Y la graciosa estrella
De amor ¡a sigue, r e l u c i e n t e } bella.
(Fu. L, BE LEON.)

§• 1 6 1 .

ExpouoioN. La expolie-ion ó eonmoraeion présenla un mismo


pensamiento bajo distintos aspectos para imprimirle con mas
fuerza en el ánimo, ó para exornarle con las galas do la fantasía.
La expolieion es con respecto al pensamiento lo que la sinonimia
con respecto á las ideas.

.El n o m b r e d e amplificación, q u e en algunas retóricas se considera c o m o


sinónimo de expolieion, significa cierto c a r á c t e r g e n e r a l del razonamiento ó
de la e l o c u c i ó n , má"s bien que u n a figura retórica. La expolieion es u n a e s -
pecie de amplificación, ó mejor d i c h o , es u n o de los varios medios de q u e
se vale el escritor cuando trata de amplificar. Unas veces e n u n c i a m o s de u n
m o d o expreso la idea ó p e n s a m i e n t o p r i n c i p a l , y otras veces se s o b r e n t i e n d e
dicho p e n s a m i e n t o , como reflejándose en cada u n o de los p e n s a m i e n t o s p a r -
ciales , cuyo conjunto constituye la figura. S e . h a pretendido distinguir estos
dos c a s o s , formando del primero usía nueva figura llamada paráfrasis; pero
— 107 —
n o conviene a c u m u l a r nuevas d e n o m i n a c i o n e s , que no ofrezcan u n resultado
positivo y p r á c t i c o .
EJEMPLOS.
;Anciano! en todo la verdad dijiste;
Pero Aquilcs pretende sobre todos
Los otros s e r , á todos d o m i n a r l o s ,
Sobre todos m a n d a r , y como jefe
Dictar leyes á l o d o s ; y su orgullo
Inflexible será.
(ILUDA.)

Est enim hcee , judices, non scripta, sed nata lex: quiim non didicimus, acce-
pimus, legimus; verum ex natura ipsa arripuimus, liaus'mus, expressimus; ad
quam non docti, sed faeti; non instituti, sed imbuti sumus; ut si vita nostra in
aliquas insidias, si in vim, si intelaautlatronum autinimicorum incidisset, om-
nis honesta ralio esset expediendm salulis.
( C í e , pro Milone.)
fíen ! quantum scelus est in viscera condi!
Conge'stoque avidum pinguescere corpore Corpus!
Alteriusque animantem animantis vivere lelo!
(OVID., Metam., xiv.)
Parece que al tiempo q u e esperabas mayor reposo te ha sucedido mayor Ira-
bajo , y e s q u e cuando pensamos tener ya hecha la paz con la fortuna, entonces
nos pone una nueva demanda. Ya que están en flor, hiélanse los árboles; al tiem-
po d e d e s e n h o r n a r , se q u e b r a n t a n los v i d r i o s ; en seguimiento de la victoria,
m u e r e n los c a p i t a n e s ; al tiempo de echar la clave , caen los edificios; y á vista
d e l i e r r a , p e r e c e n los pilotos.
(D. A. DE GUF.VABA.)

§. 162.

COMPARACIÓN. Consiste esta figura en realzar un objeto, expre-


sando formalmente sus relaciones de conveniencia o discrepancia
con otro objeto. Cuando se hace notar la semejanza, recíbela
figura los nombres de símil, similitud, semejanza; cuando se
notan las diferencias, se llama disimilitud. Pero mas nos com-
placemos en descubrir relaciones de semejanza, y por esto la pa-
labra comparación se toma casi siempre en sentido de símil.

La comparación se d i s t i n g u e de ¡a meláfora y de la alegoría en q u e en e s -


t a s ú l t i m a s figuras se s u p r i m e n las e x p r e s i o n e s , de la misma manera, como,
así como, e t c . , q u e denotan formalmente larelacion e n t r e los objetos c o m p a -
r a d o s . Si d e c i m o s : Aquíles es un león, cometemos u n a m e t á f o r a ; si d e c i -
mos : Aquiles es arrojado como nn león, c o m e t e m o s u n a c o m p a r a c i ó n ó s í -
mil. Se ha querido lijar tífmbicn una diferencia e n t r e similitud y c o m p a r a -
— 108 —
cion , diciendo q u e !a similitud dice relación con la cualidad , y la c o m p a r a -
ción con la cantidad; que hay comparaciones de d e s i g u a l d a d , do mas á m e -
nos y de m e n o s á m a s , y que en la similitud n o existen semejantes d i f e r e n -
cias. No c a r e c e n d e ingenio estas o b s e r v a c i o n e s , pero de nada a b s o l u t a m e n t e
n o s servirían en este l u g a r .

§. m.
Podemos distinguir tres clases de comparaciones: las que se
emplean para hermosear el estilo, y constituyen uno de los bellos
adornos de la elocución poética; otras, cuyo principal objeto es
explicar algún pensamiento, y tienen cabida en ¡as obras filosófi-
cas y didácticas; y otras, de que se vale la oratoria como medio
de prueba.

E s t a s ú l t i m a s son mas bien u n a forma de la a r g u m e n t a c i ó n que u n a v e r -


dadera figura de r e t ó r i c a . Ni a u n deberla darse este n o m b r e á las de la s e -
g u n d a e s p e c i e , c u a n d o , además de a c l a r a r el p e n s a m i e n t o , no c o m u n i q u e n
m a y o r elegancia á la expresión.

§. m.
Dos caracteres presentan también las comparaciones en cuanto
á su mayor ó menor desenvolvimiento. Hay comparaciones rápi-
das que producen el mismo efecto que la metáfora, y casi se con-
funden con ella; tienen cabida en los pasajes mas animados y mas
llenos de vehemencia. Hay otras comparaciones extensas, pompo-
sas, que imprimen un giro periódico en la cláusula y comunican
al estilo dignidad y elevación, pero que son frias é inoportunas
en los momentos en que la pasión debe^arrebatar al escritor.

Hacemos esta d i s t i n c i ó n , que tal vez se t a c h e de p u e r i l , para evitar u n


e r r o r en que habria i n c u r r i d o B l a i r , si n o debiesen i n t e r p r e t a r s e con a l g u -
n a l a t i t u d sus palabras. Hablando de la c o m p a r a c i ó n , dice sin restricción
n i n g u n a q u e la pasión fuerte no a d m i t e este j u g u e t e de la fantasía. Si se
t r a t a s e de las comparaciones brevísimas que h e m o s i n d i c a d o , con los pasajes
m a s llenos de fuego de la Biblia, de los cantos de Osian y de c u a l q u i e r a de
los b u e n o s poetas l í r i c o s , podríamos d e m o s t r a r la falsedad de la r e g l a ; mas
si se trata de las pomposas comparaciones de la s e g u n d a e s p e c i e , la regla es
exactísima y no sufre excepción. Blair c e n s u r a r o n justicia las extensas c o m -
paraciones de los trágico* ingleses á que se refiere f p e r o hace bien en no ha-
— 109
Ыаг de S h a k e s p e a r e , p o r q u e n i n g ú n poeta seria tan á propósiío como este
para demostrar el efecto q u e ' p r o d u c e u n a breve y o p o r t u n a comparación en
Jas situaciones m a s a n i m a d a s y m a s terribles del d r a m a .

§. 165.

La se me janza ó de se me janza que se supone e xistir e ntre los


objetos comparados de be se r e xacta, porque de lo contrario se
faltaría á la ve rdad de l pe nsamie nto; pe ro tampoco de be se r tan
cercana y tan obvia que raye e n trivial. Si la semejanza e s muy
remota ó tomada de obje tos de sconocidos, e nge ndra oscuri­
dad y afe ctación; si se toma de obje tos poco noble s ó re pugnan­
tes, e n lugar de e mbe lle ce r e l e stilo, le afe a y le de grada. De be
advertirse, por último, que la comparación se toma casi sie mpre
de obje tos físicos (§. 132).

Cuando Milton c o m p a r a la aparición de Satanás d e s p u é s de su caida á la


del sol e c l i p s a d o , a t e r r a n d o á las n a c i o n e s c o n ' s u portentosa o s c u r i d a d , v e ­
mos con placer la felicidad y la d i g n i d a d de la s e m e j a n z a ; pero c u a n d o c o m ­
p a r a el árbol de Eva en el paraiso al árbol do P o m o n a , ó compara á Eva
misma con u n a ninfa ó dríada del b o s q u e , apenas recibimos p l a c e r ; p o r q u e
c u a l q u i e r a ve que u n árbol por precisión se ha de p a r e c e r á otro á r b o l , y u n a
mujer bella á otra mujer bella. (BLAIB Л ¿ Q u é diria Blair de las sílfides y hu­
ríes de n u e s t r o s t i e m p o s ?
Como esta figura es u n a de las mas i m p o r t a n t e s , citaremos a l g u n o s e j e m ­
plos que d e m u e s t r e n las n u m e r o s a s y variadas fases que puede p r e s e n t a r .

EJEMPLOS.

\'hms est enim serme fíei, el efftcax, el penetrabilior omni oladio aneipiti.
(S. Р., Adheb.,1,12.)
Sicut enim Corpus sitie spirtum mortuus est, ita el ftdessine operibusmort.ua est.
(S. JACOB., epist. 2, 26.)

lpsi enim diligenter scitis, guia di.es Domini, sicut fur in nocle ita veniet.
(S. Р., Adthesal., 5,2.)
A resistentibus dexterce tuce eustodi me utpupillam oculi.
( P S A I . . x i v , 8.)

Delebo eos til pulverem terror: quasi lutum ptntearum commiuuam e os atque
confringam.
(REC, ¡ib. ii, 22, i3.)
Semper quasi tume nte t super me fluctus timui Deum e t pondus ejus ferré non
potui.
(JOB, 31, 23.)
— no —
Misisli iram tuam etdevoravit eossicut stipulam.
(EXOD.,1S,7.)
Ambos cayeron en !a l l a n u r a , q u e resonó al g o l p e , como caen dos encinas e n -
trelazadas sus r a m a s , y haciendo temblar el m o n t e . El suspiraba muchas veces
en medio de s u s a m i g o s , como c u a n d o la tempestad ha pasado , y todavía se
siente por intervalos la agitación de los vientos. La hija de los reyes se retira á
la manera d e u n céfiro blando y l l g e r o c u a n d o m u r m u r a n d o agita la e a b e z a b r í -
llante de las flores y a r r u g a la superficie de las olas.
(OSSIAN-.)
La música de Carril e r a , como la memoria d é l a s alegrías pasadas , a g r a d a -
ble y triste al alma.
(¡D.)
Y como en el invierno dos t o r r e n t e s ,
Saliendo de abundosos m a n a n t i a l e s ,
Y de altísima sierra d e r r u m b a d o s ,
Sus e s p u m o s a s r e s o n a n t e s aguas
Juntan del valle en el profundo s e n o ,
Y á lo lejos el ruido estrepitoso
Oye el pastor d e s d e las alias c u m b r e s
De los montes \ e e i n o s ; ta! se oia
Espantoso clamor en la llanura
Cuando el choque empezó de las e s c u a d r a s .
(HOMERO.)
Como el hambriento león se alegra
Si en los montes halla
Corpulento a n i m a l , ó ya v e n a d o
De altísima enramada c o r n a m e n t a ,
O ya cabra montes, y se detiene
A devorar la p r e s a , a u n q u e le sigan
Ligeros canes y robustos m o z o s ;
Así al ver el valiente Menelao
Al lindo P á r i s se alegró , creyendo
Tomar venganza del raptor i n j u s t o ,
Y sin quitarse las brillantes a r m a s ,
Desde el carro saltó sobro la arena.
Cuando vio Páris q u e animoso el griego
De la p r i m e r a escuadra ya s a i i a ,
Sintió agitado el corazón l a t i r l e ,
Y se ocultó en las filas de los suyos
Para evitar la m u e r t e . A la manera
Que el ver un caminante en la espesura
Del b o s q u e umbrío verdinegra s i e r p e ,
Atrás salta m e d r o s o , se r e t i r a ,
Tiemblan todos sus m i e m b r o s , tuerce el p a s o ,
Y de mortal amarillez se c u b r e n
Sus mejillas ; así el hermoso P á r i s ,
Al Atrida t e m i e n d o , por la escuadra
Se entró de los tróvanos valerosos.
(ID.)
— il! —
Improvisum aspris veluti qui sentibus anguem
Pressil huminitens, trepidusque repente refugit
Attollentem iras el cmrula eolia tumentem:
Haud secus Androgeos visa tremefactus abibat.
(¿ENEID., n, 379.)

Atqueanimum nunc liuc celerem, nunc dividil illuc


ln partesque rapit varias, perqué omnia versal;
Sicut aqucc tremulum labris ubi lumen ahenis
Solé repercussum , aut radiantis imagine luna;,
Omnia pervalital late lora: jamque sub auras
Erigitur, summique ferit laquearía tecti.
( I D . , VIII , 20.)
Impastas stobula alta leo ceu swpe peragran
(Suadel eniín vesana fames ) si forte fugacem
Conspexi capream, aut sur geni em in cornua cervum;
Gaudet, Mam immane, comasque arrexit, el hmret
Visceríbussiiper aecumbens : lavit improba teter
Ora crúor:
Sic ruit in densos alacer Mez-entius hostes.
(ID., x,723.)
Brama e! b á r b a r o , ardiendo de d e s p e c h o ;
Víbora no se vio mas enconada,
Ni pisado escorpión vuelve tan p r e s t o
Como el indio volvió el airado gesto.
(EKCILLA.)

Los cuales con turbado s e n t i m i e n t o


Huyen del nuevo y fiero son t e m i d o ,
Cual m e d r o s a s ovejas derramadas
Del aullido del lobo a m e d r e n t a d a s .
Nunca el e s c u r o y tenebroso velo
De n u b e s c o n g r e g a d a s de r e p e n t e ,
Ni presto rayo que rasgando el cielo ,
Baja t r o n a n d o , envuelto en llama a r d i e n t e ,
Ni t e r r e m o t o cuando tiembla el suelo
T u r b a y atemoriza así á la gente ,
Como el horrible estruendo de la guerra
Turbó v a m e d r e n t ó toda la tierra.
(la.)
¿ Q u i é n , Astolfo, podrá parar p r u d e n t e
La furia d e un caballo desbocado?
Quién detener de u n rio la corriente
Que corre al mar soberbio despeñado?
Quién un peñasco s u s p e n d e r valiente
De la cima de un m o n t e desgajado?
P u e s todo fácil de parar se mira,
Mas q u e de un vulgo la soberbia ira.
(CALDERÓN.)
De la envidia, monstruo infame,
Disimulado en lisonjas,
C o m o e n t r e llores el áspid.
(CALDEROS.)

Como los ríos que en veloz corrida


Se llevan á la m a r , tal soy llevado
Al último suspiro de mi vida.

¿Qué es nuestra vida mas q u e un breve dia,


Do apenas nace el s o l , cuando se pone
En las tinieblas de la noche fria ?
Qué es mas que el h e n o , á la mañana verde ,
Seco á la tarde ?
(RIOJA.)

Sobre el'nortal de su palacio ostenta ,


Grabado en b e r r o q u e ñ a , un ancho e s c u d o ,
Desmedías lunas y t u r b a n t e s lleno.
Nácetdeal pié las bombas y ¡as b a l a s ,
Entre t a m b o r e s , chuzos y b a n d e r a s ,
Como en sombrío matorral los hongos.
Pero s i g u e , s u b e ,
Entra , y verás colgado en la antesala
El árbol gentilicio , a h u m a d o , y roto
En partes mil; empero de sus r a m a s ,
Cual suele el fruto en la pomposa h i g u e r a ,
S o m b r e r o s p e n d e n , mitras y b a s t o n e s .
( JOVELLANOS. )

P u e s no te parezca e r r o r ;
Que la poesía ha llegado
A tan miserable e s t a d o ,
Que es ya como j u g a d o r ,
De aquellos transformadores,
Muchas m a n o s , ciencia p o c a ,
Que echan cintas por la boca
De diferentes colores
( LOPE DE VEGA.)

Vt qui sese meminerunt inquilinos esse, et inconducta habitare; et modestius


¿e gerunt, et minus gravatim exeunt: ita qui inteiligunt, domicilium corporis ad
breve tempus d natura accommodatvm esse; et vivunt temperantius , et libentius
moriuntur.
( S É X E C , epist.xL.)

Consideraba que la furia de la m u c h e d u m b r e e s a manera de a r r o y o , cuya


«reciente al principio es muy brava y a r r e b a t a d a , pero luego se amansa.
( MARIANA.)

Veo q u e las leyes son contra los flacos, como las telarañas contra las moscas.
(Luis MEJÍA.)

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— 113 —
No hay soplo que asi encienda la l l a m a , como !a d e s e s p e r a c i ó n del perdón
d a fuerzas á la culpa.
( F . DE MELÓ.)

Si fuese en n u e s t r o p o d e r ¡ Qué diligencia tan viva


Tornar la cara hermosa Tuviéramos toda h o r a ,
Corporal, Y tan p r e s í a ,
Como podemos h a c e r En componer la captiva,
El alma tan gloriosa D e j á n d o n o s l a señora
Angelical, Descompuesta!
( J . MANRIQUE. )

§. 100.

ANTÍTESIS. Por medio de esta figura se contraponen unos obje-


tos á otros. Produce en la elocución los mismos efectos que el
claro-oscuro y el contraste de los colores en la pintura. Ciertas
antítesis so fundan en la contraposición de las ideas, y otra en la
contraposición de los pensamientos.

Arabas especies reconocen los retóricos antiguos al definir esta figura :


Schema quo verba vertís, sententim senlentiis opponuntur. Pueden c o n t r a -
ponerse t a m b i é n los a f e c t o s , las s i t u a c i o n e s , las diferentes p a r l e s de u n a
composición; pero estas contraposiciones se llaman con mas e x a c t i t u d c o n -
t r a s t e s , y no deben ser consideradas como figuras. Con m u c h a facilidad d e -
generan en u n j u e g o pueril y en u n a afectación ridicula las antítesis q u e s e
apoyan p r i n c i p a l m e n t e en lo material del l e n g u a j e , bien sea en la e s t r u c t u r a
de las p a l a b r a s , ó ya en la c o n s t r u c c i ó n de las oraciones. La paradoja
(§. ilví) e n c i e r r a s i e m p r e una a n t í t e s i s .

Maledicimur, el benedicimus; persecutionem patimur, el sustinemvs; blasphe-


mamur, etobsecramus.
(S. PABLO.)

Vicit pudorem libido, timorem audacia , ralionem amentia.


(Cíe.)
Magnus est Ule qui ftetilibus sic utilttr, quemadmodum argento; neo Ule minor
est qui sic argento ntiliir, quemadmodum fi-tilibus.
(SEfiEC.)

Párvula nam exemplo est magni formica laboris.


(Hon.)
Preséntase (el hipócrita) á Dios r e l i g i o s o , y tiene el ánimo muy alejado de
Dios ; m u é s t r a s e por defuera siervo suyo, y a b o r r é c e l e en su p e c h o ; gotean las
manos sangre i n o c e n t e , y álzalas al Seiíor como limpias.
(FR, L . DE LEÓN )
— 114 —
Yo velo cuando tú d u e r m e s , yo lloro cuando tú c a n t a s , yo me desmayo d e
ayuno cuando tú estás perezoso y desalentado, de p u r o h a r t o .
(CERVANTES.)

Caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y con tanto a r d o r , que
fuera bastante á derretirle los s e s o s , si algunos tuviera.
{!».)
Pasáronse las flores del verano ,
Eli otoño pasó con sus r a c i m o s ,
" Pasó el invierno con sus nieves cano;
Las hojas q u e en las aitas selvas vimos
Cayeron , y nosotros á porfía
En n u e s t r o engaño inmóviles vivimos.
(PiIOJA.)

Yo vi del rojo sol la luz serena


T u r b a r s e , y q u e en u n punto desfallece
Su alegre faz, y en torno se oscurece
El cielo, con ti niebla de horror llena.
El a u s t r o proceloso airado s u e n a ,
Crece su furia, y la tormenta c r e c e ,
Y en los h o m b r o s de Atlante se estremece
El alto Olimpo, y con espanto t r u e n a .
Mas luego vi r o m p e r s e el n e g r o velo
Deshecho en a g u a , y á la luz p r i m e r a
Restituirse alegre el claro dia;
Y de nuevo esplendor ornado el cielo.
¡Oh variedad c o m ú n , mudanza cierta!
¿Quien habrá q u e en sus males no te espere?
Quién habrá que en sus bienes no te tema?
(JUAN DE AÜQUIJO.)

2. — FÍGL'RAS LÓGICAS.

§ . 167.

SENTENCIA. S S da este nombre á toda reflexión profunda, e x -


presada de un modo sucinto y enérgico. La sentencia, bija de la
experiencia ó del raciocinio, debe encerrar una gran verdad mo-
ral ó política.

Sententia es! genérale pronunciatura earum rerum, quas in agenda sequi-


mur, aut fugimus. (Voss.) No pueden llamarse s e n t e n c i a s sin i n c u r r i r en u n a
i m p r o p i e d a d manifiesta , los principios científicos ó p u r a m e n t e especulativos.
has máximas llenen la forma de consejos ó leyes propias para la dirección
d e u u c s t r a s a c c i o n e s . Los apotegmas son dichos s e n t e n c i o s o s tomados de
otros a u t o r e s . Los adagios y proverbios, r e v i s t i e n d o las m á x i m a s y reflexio-
— lio —
n e s profundas de i m á g e n e s ó formas sencillas y p o p u l a r e s , h a c e n mas a c c e -
sible la verdad á los ojos del v u l g o ; p e r o la s e m e n c i a p r o p i a m e n t e dicha r e -
quiere dignidad y hasta gravedad en la expresión. P o r esta razón , el estilo
n i m i a m e n t e sentencioso lleva consigo cierto aire de pedantería.

EJEMPLOS.

Milíe panera íuumsuper transeúntes aguas :quia post témpora multa inveniet
illnm.
(ECCLESIAST., x i , 1 . )

Cor hominis disponit viam mam: sed Domini esi dirigere gressus ejus.
( PRUVERE., XVI. )

El grito de las e n t r a ñ a s no es un grito vano ; estas agitaciones, estas angustias


del curazon son el presentimiento de la expiación q u e se prepara.
( ESQUILO.)

Al que manda con dulzura, desde lo alto del cielo le miran los dioses con ojos,
benignos.
(ID.)

No es digno de envidia ei que no es envidiado.


(ÍD.)

. Otium sirte Hlteris mor* est, el vivi hominis sepultura.


(SEO.)

Gratum hominem semper beneflcium delectal, ittijratum semel.


(ID.)

Si ad naturam vivís, nunquam eris pauper : si atl opinionem , nuwmam divem.


(ID.)

Si eaquas aceeperisutenda , majare mensura, si modopossis, juvel reddere


Hesiodtis : qitidnatn beneficio faceré tlebeititts? Au non imitan agros fértiles qui
multo plus afferuut quam acceperunt.
(Cíe.)
Nadie tiene mas necesidad que quien desea m á s de lo necesario ; la codicia
hace que se carezca de ío mismo q u e se posee.
( P . NmE\IBEHG )

A los fuertes es deleite defenderse de los males ; porque no son tan grandes
los trabajos que se pasan para vencer , como,1a gloria de! vencimiento.
( F R . P É R E Z DE OLIVA. )

Los gozos inquietan e! corazón , y todo lo que hay en el ánimo de liviano y


vacio,luego se levanta con el viento de la prosperidad; y es menester poner
freno á la felicidad para r e g i r s e en ella b i e n , y para regirla.
( P . ROA.)

La confianza, señal es de buen natura!; de agradecidos algunas veces, de necios-


muchas.
(A, PÉREZ.)
El consejo aulcs daña que aprovecha, si el que lo da no tiene mucha c o r d u r a ,
y el que io recibe mucha paciencia.
( F U . A . HE GUEVARA. )

Lastimar con verdades sin tiempo ni m o d o , más es malicia que celo, más es
atrevimiento que advertencia.
( U. DE SAAVF.DIU.)

Que estoy soñando}' q u i e r o


Obrar b i e n , pues no se pierde
El hacer bien aun en s u e ñ o s .
( CALDERÓN.)
El mas áspero bien de la fortuna
E s no haberla tenido vez alguna.
( ERCILLA.)

§• 16H-

EPIFONEMA. Se da este nombre á las reflexiones profundas, ó á


las exclamaciones que se hacen después de narrada, descrita ó
probada una cosa. La epifonema debe referirse á lo que se ha di-
cho, expresándolo ó resumiéndolo en una fórmula breve y precisa,
y que se distinga de todo lo restante por.su mucha generalidad.
Cuando la epifonema carece de !a forma exclamatoria, conserva
siempre cierto énfasis, que realza en extremo la importancia del
pensamiento. Nada es tan ridículo corno una epifonema trivial,
fria ó inoportuna.

£sl. epiphoneina reí a arrala; t:i:l probulat summa exclimatio. ( Q . , VHI,O.)


Epiphonem.a est. cum rei nárrala aut probatm, velul omvms adjieitur pro-
nuncialum ex superiortbus expressum. (Yoss.) S e g n n la opinión do los r e -
t ó r i c o s , la epifonema debe colocarse n e c e s a r i a m e n t e al fin de la n a r r a c i ó n ,
p r u e b a ó p a r l e del discurso ó que so refiere. Sin e m b a r g o , en el caso de que
p r e c e d a á la serie de p e n s a m i e n t o s á que hace r e f e r e n c i a , ó que e s t é i n t e r c a -
lada e n t r e ellos, ¿ d e s a p a r e c e r á por esto la figura? ¿ d e j a r á de ser una v e r d a -
d e r a epifonema?
EJEMPLOS.

Miseri; egentes, violenlia atque erudelilate fatüeratorum, plerique patria, sed


omnes fama atque fortunis espertes sumus: ñeque cuiquam nostrum Henil, more
majorum lege uti; ñeque amissopatrimonio, corpusliberum habere: tanta swvi-
tia fceneratorum atque preterís fttit.
(SAI.L., Conj. Cat., Oratio legatorum. C. Mallii.)
Fas omne abrumpit, Polijdorum oblruntat, et aura
Vi potitur : quid non mortalia pectora cogis
Auri sacra fames!
(.fe, ni.)
— ii7 —
Tantee ¡nolis erat Romanam condere gentem!
(.&., i.)

Non ignara mali miseris sucurrere disco.


(ID., I.)

Estaba tan arraigada en los ánimos la codicia, que solo se trataba de e n r i -


q u e c e r s e , rompiendo con la conciencia y la reputación ; dos frenos sin cuyas
riendas se halla el hombre á solas con la naturaleza.
(SOLÍS.)

Claudio, todos
Predican ya virtud, como e l hambriento
Don Ermeguncio , cuando sorbe y llora
Dichoso aquel que ¡a practica y calla.
( L . MORATIN.)

Pues bien , la fuerza m a n d e , ella d e c i d a :


Nadie incline á esa gente fementida
Por temor pusilánime la frente;
Que nunca el alevoso fué \ a l i e n t e .
( QUINTANA. )

Tanta paciencia en pechos varoniles


No los hace leales, sino viles.
( Í J L L O A . )

¡ Qué fácil los discursos atropellas,


Si con muda elocuencia p e r s u a d e s ,
Hermosura infeliz, siempre nacida
Para mortal estrago de la v i d a !
(ID.)

No hay bien (pie en mal no se convierta y m u d e :


La mala yerba al trigo a h o g a , y nace
En lugar suyo la infeliz avena ;
La t i e r r a , etc.
( GARCILASO. )

Cuando tan pobre me vi,


Los favores merecía
De Hipólita y L a u r a ; hoy dia,
Rico, me dejan las dos.
; Qué juntos andan , ay Dios ,
El p e s a r y la alegría '.
(CALDERÓN.)

¡ Qué coro celestial I Como unas santas,


No miran si soy t u e r t o ó contrahecho.
¿A flor tan ruin acude tal enjambre?
Y ¿ dirán que hay mal pan sí es buena el hambre?
(VARGAS P O N C E . )

Daba sustento á un pajariüo un dia


L u c i n d a , y por ios hierros del portillo
— 118 —
Fílesele de la jaula el pajarillo
Ai libre viento en que vivir s o ü a .
Con un suspiro á la ocasión tardía
Tendió la mano , y no pudicndo asillo,
Dijo (y de las mejillas amarillo
Volvió el clavel que e n t r e su nieve a r d i a ) :
«¿ Adonde vas, por despreciar el n i d o ,
Al peligro de ligas y de balas,
Y el dueño buyes que tu pico adora?»
Oyólo el pajarillo enternecido,
Y á la antigua prisión volvió las a l a s ;
Que tanto puede una mujer q u e Hora.
(L. DE Y K G A , )

§. 169.

DUBITACIÓN. Cométese esta figura cuando el orador se manifies-


ta perplejo acerca de lo que debe hacer ó decir.

La duda p u e d e ser efecto de la complicación y dificultades del a s u n t o , de


la esterilidad ó a b u n d a n c i a de la m a t e r i a , de las difíciles c i r c u n s t a n c i a s e n
q u e se e n c u e n t r e el orador , y do la m i s m a p e r t u r b a c i ó n del ánimo. E n la
improvisación podrá s e r l a d u d a real y positiva; p e r o en los discursos m e d i -
tados y en los e s c r i t o s , es e v i d e n t e q u e el orador se vale de ¡a d u b i t a c i ó n p a r a
amplificar las ideas y a r g u m e n t o s , y e x p r e s a r de n n modo mas agradable lo
q u e en s u i n t e r i o r t i e n e firmemente resuello. Yosio d i s t i n g u e las d u b i t a c i o -
n e s de palabra de las dubitaciones de cosa. Mas filosófica es la diferencia q u e
otros establecen e n t r e las figuras deliberación y dubitación, diciendo q u e la
deliberación es efecto de! estado en que se e n c u e n t r a el juicio al i n v e s t i g a r l a
v e r d a d , c u a n d o pesa las p r u e b a s y tiende á fijarse; y que la d u b i l a c i ó n nace
de la-perturbación del á n i m o , de la irresolución p e n o s a , y de los c o m b a t e s
i n t e r i o r e s que levanta en el p e c h o la violencia de las pasiones. E n los m o -
nólogos d e n u e s t r o s d r a m a s y en los de la t r a g e d i a clásica se abusa alguna*»
veces de esta figura, q u e emplea Cicerón con t a n t í s i m o acierto.

EJEMPLOS.

Venia mine ad istius quemadmodum ipse apellat, studium; ut amici ejus, mor-
bura el iusaniam; ut Siculi, lalrocinium; ego quo ilumine apellem, ríeselo.
( C í e , in Yerr., vii.)
Ápud vos quemadmodum loquar, neo corisilium nec oratio suppedilut, quos, ne
quo nomine quídam apellare debeam, scio. Cives? qui il patria vestra descivistis ?
Milites? qui imperium auspiciumque otihuisti*, sueramenti religionem rupislis.
Hostes? Cor pora, ora , veslitum, habiltim, civiumagnosco: facta, dicta, consilia ,
animas hostium iddeo.
(Oratio Scipioms ad milites sedilios"S. Trr. Liv., xvm,27.)
— 119 —
Quid nomen buie costui dabo? Milites ne apel'em? qui filium imperatorisvestri
vallo et armis circumsedistis. Art cinesi Quibus tatti projecta senatus auclorilas:
hostium quoque jus, et sacra ìegationis, et fas genlium rupistis.
( Oratio Germanici Cw.saris ad seditiosos. T A C , Ann., i, Í2.)
Un quid ago? Rursus ne procos irrisa priores
Experiar? ISomadumque petam connubia supplex,
Quos ego sum toties jatn dedignata mantos?
Iliacas igitur classe», alque ultima Teucrtm
Jussa segnar? quia ne auxilio juvat ante lévalos ;
Aut bene apud memores veteris statgratta facti'ì
Quisme autem, fac velie, sinet; ratibusve superbis
lnvisam accipiet? Nescis, heu, perdita! needum
Laomedonta; sentís perjurio gentis?
Quid turni sola fuga nautas comitabor ovantes?
Aniyriis omnique manu stipata meorum
Inferar? et, quod Sidonia vix urbe revelli;
Rursus agam pelago, et venlisdare velajtibebo?
( VIRG., Mn.,\\.)
Para hablar de este misterio de la nuestra r e d e n c i ó n , verdaderamente yo m e
hallo tan indigno, tan corto y tan atajado , que ni sé por dónde comk-nce, ni
dónde acabo, ni q u é deje , ni qué tome para decir.
( P . GRANADA. )

§• 170.

COMUNICACIÓN. Por medio de esta figura el orador consulta el


parecer de sus oyentes, contrarios ó jueces, como si estuviese
plenamente convencido de que no puede diferenciarse del suyo
propio. La comunicación presta grande energía al razonamiento,
• y aunque es una de las figuras mas propias de la oratoria, no la
repele del todo la poesía.

EJEMPLOS.

Qucero, si te hodie domum luam redeuntem ¡tomines armali non modo limine,
tectoque wdium tuarum, sed primo adita vestibuloque prohiberent quid acttirus
sis? ( C í e , p r o Calcina.)

Nunc ego'Vos consulo quid mihi faciend/im putelis;id enim consüii profecía
taciti dabitis, quod egomet mihi necesario capiendum intelligo.
* ( C í e , in Verr., i. )
¿Qué parece que baria aquel rico avariento, que está en el infierno , si le d i e -
sen licencia para volver á este mundo á enmendar los yerros pasados?
( P. GRANADA.)

D e c i d m e : la h e r m o s u r a ,
La gentil frescura y tez
De la c a r a ,
— 120 —
La color y la b l a n c u r a ,
Cuando viene la vejez
¿Qué se para?
( J . MANRIQUE. )

§. _17f.

CONCESIÓN. Consiste esta figura en conceder sencilla ó artificio-


samente alguna cosa que á primera vista nos perjudica; pero dan-
do á entender que, aun concediéndola, tenemos otros medios de
defensa mas seguros y eficaces.

EJEMPLOS.

Tribuo grmeis Hileras, do mtiltarum artinm disciplina»!, non, adimo sermonis


leporem, ingeniorum acumen, dicendi copiam; denique eliam, si qua sibi alia
sumunt, non repugno : testimoniorum religionem el fidem nunquam isla nalio
eoluit. ( C í e , pro Placeo.)
Esto: wgrain nulli quondam fíexere mariti;
Non Lybice, non ante Tiro despeetus turbas,
Ductoresque alii, quos áfrica Ierra triunphis
Dives alit: placitone eliam pugnabis amori ?
(/EN., iv.)

Yo os quiero confesar, don Juan , p r i m e r o


Que aquel blanco y carmín de doña hlvira
No tiene de ella m a s , si bien se mira,
Que el haberla costado su d i n e r o ;
Pero también que m e confieses q u i e r o
Que es tanta la verdad de su mentira ,
Que en vano á competir con elia aspira
Belleza igual de r o s t r o verdadero.
Mas ¿ q u é mucho que yo perdido ande
Por un engaño tal, pues que sabemos
Que nos engaña así naturaleza?
P o r q u e e s t e cielo azul q u e todos vemos,
Ni es cíelo ni es a z u l : ¡ lástima grande
Que no sea verdad tanta b e l l e z a !
(Lnp. L. H E A R G E N S O L A . )

§• 172.

A N T I C I P A C I Ó N . Esta figura, llamada también ocupación y pro-

lépsis, consiste en prevenir de antemano las objeciones que p u -


dieran hacernos, refutándolas victoriosamente, y allanando por
este medio las dificultades que naturalmente ofrezca el asunto.
— 12! —

EJEMPLOS.

Requireíur fortasse tune, quemadmodum, cuín hcec ita sint, reliquum possit esse
magnum bellum. Cognoscite, Quirites: non enim sine caussa queeri videtur.
( C í e , p r o l e g e Man.)
\ erum ancepspugna; f'uerat fortuna. Fuisset
Quera metui montura ?
(.*:*., i.)

Dicen'las letras q u e sin ellas no se podrían sustentar las a r m a s , porque la


guerra también tiene sus leves y está sujeta á e l l a s , y que las leyes caen debajo
de lo que son letras y l e t r a d o s . A eslo responden las a r m a s que las letras no s e
podran sustentar sin ellas.
(CERVANTES. )

Diréis: «Los ciudadanos nos llaman y convidan;» como si hobiese que liar de
una comunidad liviana y inconstante, y q u e volverá la proa á la parle de donde
soplare el viento mas favorable. « D e s t r u i r l a tiranía y librar los oprimidos es
cosa muy honrosa;» es a s í , si j u n t a m e n t e y por el mismo camino no se q u e b r a n -
tasen las leyes de la piedad y agradecimiento y de toda humanidad. Dirá otro :
«No hay que hacer caso del j u r a m e n t o , pues su obligación cesó con la muerte
d é l o s reyes pasados;» verdad es; p e r o ¿ quién podrá engañar á Dios , testigo de
la intención y la perpetua amistad que aseutastes? Mas aína se p u e d e temer no
quiera vengar semejante desacato y fraude.
(MARIANA.)

Dirás que muchas barcas ,


Con el favor en popa,
Saliendo d e s d i c h a d a s ,
Volvieron v e n t u r o s a s .
No mires ¡os ejemplos
De las que van y tornan ;
Que á muchas ha p e r d i d o
La dicha de las o t r a s .
( L . DE VEGA. )

§. 1 7 3 .

SUJECIÓN. La sujeción refiere y subordina á una proposición


generalmente interrogativa, otra proposición generalmente posi-
tiva, quo es una respuesta, una explicación ó una consecuencia de
la primera.

Muchos a u t o r e s dicen q u e la sujeción es u n a i n t e r r o g a c i ó n seguida de la


r e s p u e s t a ; pero esta definición se llalla t á c i t a m e n t e i m p u g n a d a por a l g u n o s
ejemplos citados por los m i s m o s q u e la a d m i t e n . C a p m a n y pone un extenso
ejemplo de Q u e v e d o , en el cual n o se lee u n a sola proposición i n t e r r o g a t i v a ,
y uno do Cicerón y otro de D. Antonio de Guevara, en los cuales n i n g u n a i n -
— 122 —
terrogaoion va seguida de la r e s p u e s t a ; y sin e m b a r g o , afirma que «esta f i g u -
ra viene a ser la m i s m a interrogación , a c o m p a ñ a d a siempre de la r e s p u e s t a » .
Otros a u t o r e s , e n t r e ellos Vosio, y la Academia en su Diccionario, confunden
cuas; la sujeción con la anticipación. Prolepsi vicina est subjectio, quw mul-
ta, pro adversario dici possunt., breviteret minutatim proponunlur, atque
ad singuiabrevitcr itemrespondentur. (Voss.)

EJEMPLOS.

Tu meam domum reVgiosam faceré putuisli? ecquid mente?qua invaseras; qua


mana? qua disturbaras; qua voce? qua incendi jusseras; qua le ge? quam ne in
illa quidem impunilate tua scripseras; quo pulcinari? quod usurparas; quo si-
mulacro? quod ereptum ex meretricis simulacro, in Imperatoris mundo collo-
caras.
( C í e , de Harusp. resp.)
; Oh Alejandro I ó tú buscas justicia , ó b u s c a s paz , ó buscas reposo , ó b u s c a s
favor para ¡os amigos. Has ¿cómo c r e e r e m o s que buscas justicia . pues contra
razón tiranizas toda la tierra? Cómo c r e e r e m o s q u e b u s c a s p a z , pues á los q u e
t e reciben haces t r i b u t a r i o s , y á ¡os que le resisten tratas como enemigos? Có-
mo creeremos q u e buscas clemencia, pues eres u n verdugo de la flaqueza
humana?
(A. ISE GUEVARA.)

¿Qué es ta vida? Un frenesí;


¿ Qué es la vida? Una ilusión ,
Una sombra , una ficción,
Y el bien mayor es pequeño ;
Que toda la vida es s u e ñ o ,
Y los s u e ñ o s , sueño son.
(CALDERÓN.)

¿Qué i's poética? El arte de hacer coplas. ¿Qué son coplas? Unos moii tontitos
de líneas desiguales, llamadas versos. ¿Qué es un verso? Un número d e t e r m i n a -
do de sílabas. ¿Qué dificultad ofrece su composición? Los c o n s o n a n t e s . ¿Cómo
se adquieren esos consonantes? Comprando un Rengifo por tres pesetas. ¿Qué
otra cosa es necesaria, a d e m á s de esto, para hacer cualquiera obra poética digna
de la luz pública? Un poco de práctica y otro poco de poca vergüenza.
( L . MORATIN.)

¿Qué toca á la mujer? — Mecer su cuna.


¿ De nada ha d e hacer gala?—Sí: de j u i c i o .
¿.No ha de l o m a r noticias? — De sus eras.
¿Jamás ha de leer? — No por oficio.
¿No podrá disputar? — Nunca de veras.
¿No es virtud el v a l o r ? — En ellas vicio.
¿Cuáles son sus faenas ? — Las c a s e r a s ;
Que no hay manjar q u e cause mas empacho
Que mujer trasformada en m a r i m a c h o .
(VARGAS 1'ONCE.)

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— 123 —

CoitKECcioN. Nos valemos do esta figura cuando substituimos


una expresión á otra, por parecemos la primera demasiado enér-
gica, ó demasiado débil, ó inexacta.
EJEMPLOS.

Atque hœe cives, cives, inquam, si hoc nomine eos apellarí fas est, qui bœ.. de
sua patria cogitant.
{Cu:.,pro Mur.)
T'ilium unicum adolesceutulum
Hateo. Ah! quid dixi habere me? imo habui, Chrême,
Nune habeam necne, incertum est.
(TERES., Heautontimorumenos.)
Es muy averiguado q u e la prosperidad del malo es azote muy conocido; y tío
sé si se puede tlamar prosperidad lo q u e solamente iloreee en esta vida para tan
presto secarse.
( P . ORTIZ. )

Los cargos y oficios no son sino vestidos y arreos de la persona ; ó sean j a e c e s ,


q u e tales son para algunos.
(A. PÉREZ.)

En la Raquel de H u e r t a , dice Raquel á l o s q u e i n t e n t a n m a t a r l a :


Traidores Mas ¿ q u é digo? Castellanos,
Nobleza de este r e i n o , ¿así la diestra
Armais, con tanto oprobio de la fama,
Contra mi vida?

§. 175.

GRADACIÓN. La gradación consiste en expresar una serie de


ideas ó pensamientos, guardando en su colocación una progresión
ascendente ó descendente.
Esta figura so llama también aumentación, y por algunos cli-
max. Encierra una corrección tácita, y se presenta á veces unida
con la concatenación, con la cual, sin razón ninguna se confunde
en algunas retóricas.
EJEMPLOS.

Nihilagis, nihit moliris, nihil cogitas, quod ego non modo non audiam, sed
etiam, non videam, planeque sentiam.
( C í e , eatil.i.)
Yeni, vidi, vid.
Miser homo est, qui ipse sibi, quod edit, quwrit, et id cegre invenil.
Sed Ule est miserior, qui et cegre querit, et nihüinvenit.
Ule miserrimus, qui cum esse cupit, quod edit, non habet.
(PLAUT., Captiv.)
Para e m p r e n d e r una cosa es menester c o r d u r a , para ordenarla experiencia,
y para acabarla paciencia; mas para sustentarla es menester buen esfuerzo, y
para menospreciarla grande ánimo.
(A. DE GUEVARA. )

Acude , a c o r r e , v u e l a ,
Traspasa el alta s i e r r a , ocupa el llano ,
No perdones la e s p u e l a ,
No des paz á la mano ,
Menea fulminando el hierro insano.
(Fu. L. DE L E Ó N . )

Que si yo me llego á ver


De una vez desesperado,
O me m e t o á traductor ,
O me degüello, ó me caso.
(L. MORA™. )

§. 176.

SUSTENTACIÓN. Esta figura se comete cuando, manteniendo por


algún tiempo suspensos los ánimos de los oyentes ó lectores, cer-
ramos el sentido ó el discurso con algún rasgo inesperado.

A v e c e s la sustentación d e p e n d e m e r a m e n t e del giro q u e se da á la frase,


como p u e d e verse en la de Cervantes que se leerá mas abajo; pero son p r e -
feribles las q u e v i e n e n , como dice C a p m a n y , de la misma cosa, á s a b e r , del
i n g e n i o , de la o r i g i n a l i d a d , de la g r a n d e z a ó profundidad del p e n s a m i e n t o .
A la de esta s e g u n d a especie la llaman algunos suspensión; p e r o g e n e r a l m e n t e
se emplean c o m o sinónimos los vocablos suspensión y sustentación.

EJEMPLOS.

Quod convivaris sirte me tam smpe, Luperce,


Inveni, noceam qua ratione Ubi.
¡rascar, licet usque voces, miltasque, rogesque.
Quid facies ? inquis: Quid fac iam ? veniam.
( M A R T . , VI, 51.)

¿Quién piensas tú q u e arrojó á Horacio del puente a b a j o , armado de todas


a r m a s , en la profundidad del r i o T i b r e ? Quién a b r a s ó el brazo y la mano á
Mucio? Quién impelió á Curcio á lanzarse en la profunda sima ardiente q u e
apareció en la mitad d e Roma? Quién , entre lodos los agüeros adversos q u e se
le habian m o s t r a d o , hizo pasar el Rubicon á C é s a r ? Quién b a r r e n ó los navios,
y dejó en seco y aislados los valerosos españoles guiados por Cortés en e l N u e v o -
•Mundo? Todas estas y otras grandes hazañas fueron obras de la fama que los
mortales desean.
( CERVANTES. )

Caen de un monte á un valle entre pizarras,


Guarnecidas de frágiles heléchos,
Á su m a r g e n , carámbanos d e s h e c h o s ,
Que cercan olmos y silvestres parras.
Nadan en su cristal ninfas bizarras,
Compitiendo con él candidos p e c h o s ,
Dulces naves de a m o r , en mas estrechos
Que las q u e salen de españolas barras.
Tiene este monte por vasallo á un p r a d o ,
Que para lautas flores le i m p o r t u n a
Sangre á las venas de su pecho helado.
Y en este monte y líquida laguna ,
Para decir verdad como hombre h o n r a d o ,
Jamás me sucedió cosa ninguna.
( L . DE VEGA. )

Esto oyó un valentón, y dijo : Es cierto


Cuanto dice voacé, seor soldado,
Y quien dijere lo contrario miente.
Y luego incontinente
Caló el chapeo , requirió la espada ,
Miró al soslayo, fuese y no hubo nada.
(CERVANTES.)

7>. — FIGURAS PATÉTICAS.

§ . 177.

OBTESTACIÓN É IMPOSIBLE. Cuando afirmamos ó negamos con


vehemencia uña cosa, ponemos á veces por testigos de la ver-
dad que sustentamos á los hombres, á las cosas inanimadas, á
Dios, e l e . , en cuyo caso se comete la figura obtestación; ó ase-
guramos que primero que se verifique ó deje de verificarse un s u -
ceso, se trastornarán las leyes de la naturaleza, y esta es la figura
llamada imposibüe.

Beauzée habla de una ligara llamada juramento, que consiste en afirmar


vina cosa, a c o m p a ñ a n d o la afirmación con c i r c u n s t a n c i a s extraordinarias
que la hagan mas enérgica. El juramente[, e n el sentido en que explican
esta figura la mayor p a r t e de las retóricas f r a n c e s a s , c o m p r e n d e la o b t e s t a -
ción, el imposible y el j u r a m e n t o execratorio, ó la afirmación acompañada de
— 126 —
la figura execración. Hermosilla no habla m a s q u e del imposible; Capmany
t r a t a s o l a m e n t e de la obtestación. E n m u c h o s tratados no se h a c e m é r i t o d e
n i n g u n a de estas íiguras.

EJEMPLOS DE OBTESTACIÓN.

Vos enim jam, Albani tumitli al que luci, ros, inquam , imploro atque obtestor,
vosque, Albanorum óbrala; ara:, sacrorum popal; Ramani sucia; et mquales, quas
Ule, prmeeps amentia, ccesis postratisque sanctissimis lucis, subslruclionum insa-
nis molibus oppresserat :vestrx lum religiones viguerunt: vestra vis valuit, quam
Ule omni scelere polluerat : tuque ex lito edito monte, Latialis sánete Júpiter,
cujus Ule lacui, neniara , ftnesque scepe omni nefario stupro et scelere maculara!,
aliquando aü eum puniendiim oculos aperuhti: vobis illa;, vobis vestro in con-
spectu seros, sedjuslie lamen el debita; poetice soluta; sunt.
( C í e . , pro Milone.)
Testigos son esta cruz y clavos que aquí parecen ; testigos estas llagas d e pies
y m a n o s , que en mi cuerpo q u e d a r o n ; testigos e! cielo y la tierra, delante d e
quien padecí; testigos el sol y la tuna , q u e en aquella hora se eclipsaron.
(Fn. L. DE GUANABA.}

EJEMPLOS DE IMPOSIBLE.

Ante teres ergopascenturin cetbere cervi,


Vi freta destitttenl nudos in lillorepuc.es:
Ante, pererralis ambarttm finibus, e.rul,
Aut Ararim Parthus vivet, autGermania Tigrim:
Quammostró iilius tabular pectore valías.
(VIRG , eglog. i.)

Quien p r o m e t e no amar toda la v i d a ,


Ven la ocasión la voluntad enfrena,
Seque el agua del mar , sume su arena ,
Los vientos p a r e , lo infinito mida.
(T. D E M o L m . )

¿Hasme de olvidar, Ron Juan'.'


— A n t e s , J u l i a , olvidarán
Lar, estrellas su c a r r e r a .
( AI.ARCOS. )

Del bien perdido al cabo , ¿qué n o s q u e d a ,


Sino p e n a , dolor y p e s a d u m b r e ?
Pensar que en él forluna lia de estar q u e d a ,
Antes dejará el sol de darnos l u m b r e .
( EUCILI.A.)

Rubia guedeja peinará la rana,


Y anles habrá c o p l e r o sin Rengifo,
Que me atrape ninguna", si no hallo
La que voy a pintar. ¿Callan o callo?
( VARGAS P O S C E . )
— 127 —

§• 178.

DIALOGISMO. Consisto el dialogismo en referir textualmente los


discursos que ponemos en boca de personas ausentes ó presentes,
ó que nos atribuimos á nosotros mismos en determinadas circuns-
tancias. Cuando hacemos hablar á los seres abstractos ó á los ob-
jetos inanimados, se reúnen el dialogismo y la personificación.

E! simple dialogismo p u e d e e m p l e a r s e en los pasajes m a s Iranquilos ; el


dialogismo, unido á la personificación, soio ü e n e c a b i d a en el estilo muy e l e -
vado ó apasionado, y se usa también en algunas composiciones poéticas por
vía de ficción ó alegorismo.
EJEMPLOS.

Dixil inimicus : Persequar et eomprehendam. dividamtpolia, implebUur anima


mea: evaginato gìadium meum, interfielet eos mamtsmea.
(EXOÍ>., x v , 9 . )

Aderat janitor carceriti, cari»j"exprtetoris, morsterrorque soeiorum et eivìum.


Helor Sextius, cui ex omni gemitìi dotorcque certa merees compar/tbalur.— «Di
adeas, tantum dabis: ut tibi cibitm intra ferré ticeat, tantum.» Nemo recusaba!.
—«Quid, ut uno ietti securis afferai» mortem filio tuo, quid dabis? Ne diu cru-
cietur? Nescepius ferialur? Ne cum sensu doloris aliano aut crucìatu spiritus
auferatur?» Eiiam ob batic causam pecuniam lictori dabatur. O mrignum et into-
lerandum dolorem! b graverà acerbamque fortunata! non vitarn liberum, sed
mortis celeritatem pretto redimere cogebanlur.
( O c . , in Verr., v;i.)
Romani pueri longis ralionibus rissem
Disami in partes cenlum diducere.—-Dient
Filius Albini: Si de qniaqunce remóla est
lincia, quid superai?—¡'oleras dixisse: Tricas.—Eu•'
Rem poleris servare tuam. Redil uneia, quid fi! ?
—Semis.—An, beee ánimos cenino et cura peculi
Quum semel imbueril, spernnius carmina fingi
Posse linenda cedro, et levi servanda eupreto?
(HOÜAT., ep. ad. Pis.)

Si yo, por males de mis pecado?, é por mi buena suerte, me encuentro por
ahi con algun gigante, corno de ordinari» tes acontece á Ins caballeros andantes,
y le derribo de un e n c u e n t r o , ó !e parió por la mitad del c u e r p o , ó finalmente
le venzo ó le rindo , ¿no será bien tener ¡i quien enviarle presentado, y que entre,
y se hinq-e de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendida :
«Y o
. Señora , soy el gigante Caraeuliambro , señor de la insula Maündrania, á
quien venció en singular batalla el jamás como se debe alabado caballero don
Quijote de la Mancha, ol cual m e mandó que me presentase ante Sa vuestra
merced para que la vuestra grandeza disponga de mí á su talante »?
(CERVANTES.)
Dan voces contra mi todas ¡as criaturas, y dicen : «Venid y destruyamos á este
injuriador de nuestro Criador.» La tierra d i c e : «¿Por q u é te sustento?» El agua
d i c e : «¿Por qué no le ahogo?» El aire d i c e : «¿Por qué le doy huelgo?» El fuego
dice: «¿Por qué no le abraso?» El infierno dice : « ¿ P o r q u é no le trago y le a t o r -
mento?»
(P. GRANADA.)

Y a l l í , con ración escasa Come, si llenaste c u a t r o ;


De queso, agua fresca y pan, Cena, si acabaste ya.
Escribiese cada dia ¿Quieres tocino? Pues daea
Lo que fuera r e g u l a r . El drama sentimental.
¿Emporcaste un pliego? Lindo. Por cada escena dos duros
Almuerza y vuelve al t e l a r : Y un panecillo te dan, etc.
( L . MORATIN.)

§• 179.

OPTACIÓN Y DEPRECACIÓN. La optación, como su nombre lo i n -


dica, es la manifestación de algún vivo deseo. Si al simple razo-
namiento sustituimos las súplicas y los' ruegos, cometemos la
figura llamada deprecación.

EJEMPLOS DE OPTACIÓN.

Quemadmodum desiderai cenias ad fontes aquarum : ita desiderai anima mea


ad te. Deus.
Sitivit anima mea ad Deum fortem, vimini : quando ventata et apparebo ante
faciem Dei?
Fuerunt mihi lacrymce mea; panes die acnocle: dum dieitur taihi quolidie: Ubi
est Deus tuus?
(PSAL. XL1.)

He quidem, judices, exanimant et interimunt hw voces llilortis, qnas audio


assidue et quibusinterstira quolidie : Yaleant,inquit, civesmei, valeant : sint in-
cólumes, siut floréales, sint beali: stet lime urbsprmclara, mihique patria carissi-
ma, quoquo modo merita de me erìt. Tranquilla república cives mei (quoniam
mila cum illis non licei) sine meipsi, sed per me lamen, perfruantur.
( C í e , pro Milane.)
; Señor! ¡cuánto me aflijo en pensar q u e este cuerpo de tierra que traigo á
cuestas ha de estar en el sepulcro ocioso y baldío! que ni pasará trabajos, ni
se desvelará de n o c h e , ni esta lengua publicará vuestras misericordias ! ¡Olí ! si
pluguiese á vuestra divina bondad q u e , después de muerto, pudiese salir por las
plazas á p r e d i c a r á los hombres su d e s s u i d o y su engaño !
(P.ROA.)

•Pluguiese á Dios que reinase aquella sola poesía en nuestros oidos , y q u e


solo este canto n o s f u e s e dulce (el de los Cánticos), y que en él soltase la lengua
el niño, y la doncella recogida se solazase, y el artesano aliviase su trabajo! Mas
— 129 —
ha llegado la perdición del nombre cristiano á tanta desvergüenza y soltura, q u e
hacemos música de n u e s t r o s vicios; y no c o n t e n t o s con lo secreto de ellos, can-
tamos con voces alegres nuestra confusión!
( F R . L . DE L E Ó N . )

EJEMPLOS DE DEPRECACIÓN.

Réspice, et exaudí me, Domine Deus meus; illumina oculos meos, ne umquam
obdormiam in morte:
Nequando dical inimicus meus: Prcevalui adversas eum;qut tribulant me,
exultabunt si motus fuero.
Ego autem in misericordia tua speravi: exultaba cor meum in salutari tuo.
( P S A L . XII.)

Per ego vos decora tnajorum, qui totius orientis regna cnm memorabili laude
tenuerunt; per tilos viros, quibus stipendium Macedonia quondam lulit; per tot
navium classes in Grceciam missas; per tot tropea regum; oro et obtestor, ut Ha-
bilítate vestra gestisque dignos spiritus capiatis.
(QUINT., Curl., v.,24.)

Mene fugis? Per ego has lacrymas, dextramque tuam, te,


(Quando aliud mihi jam miseree nihil ipsa reliqui)
Per connubia noslra,per incosptos hymenceos,
Si bene quid de te merui, fuit aut Ubi quidquam
Dulce meum, miserere domus labenlis, et islam,
Oro, siquis adñucprecibus locus,exue menlem.
( / E N . , IV. )

¡Oh Señor mió!.... No te pido muerte dulce ni sabrosa, pues tú la tomaste


por mí tan a m a r g a ; no pido ni escojo manera ó tiempo de m u e r t e : solóte pido
que me des tal socorro de gracia y fortaleza, q u e ninguna congoja, ni agonía,
ni tentación baste para a p a r t a r m e de t i ; sino que siempre tenga yo sed de tu
justicia y amor, hasta espirar, inclinando á tí mi cabeza con perfecta obediencia.
( P . ORTIZ.)

—Váyadescon Dios, el Conde,


Y con gracia de Sant Gil:
Dios os eche en vuestra suerte
A ese soldán paladín.
(ROMÁN.)

§ . 180.

IMPRECACIÓN Y EXECRACIÓN. Arrebatados á veces de la ira ó de


la venganza, deseamos que sobrevenga algún grave mal á otras
personas ó á nosotros mismos: en el primer caso se comete la
imprecación, y en el segundo la execración. Estas dos figuras
pueden considerarse como especies particulares de la optación.

En algunas retóricas no se establece n i n g u n a diferencia e n t r e la i m p r e c a -


9
— 130 —
cion y la execración ; e n otras ni siquiera se hace m é r i t o d e esta ú l t i m a
figura.
EJEMPLOS DE IMPRECACIÓN.

Montes Gelbóe, née ros nec pluvia ventant super vos, neque sint agri primitia*.
rum; quia ïbi abjectusest clypeus fortium. clypeus Saul, quasi non esset unctus
oleo.
( R E G . , I I , 1.)

DU te perdant, fugitive, ita non modo neque et improbus, sed fatuus, et


amens es.
(Cíe,pro Dejotaro.)
Sitangereportus
Infandum caput, ac terris adnare necesse est ;
Et sic fata Jovis poscunt ; hio terminus hœret :
Atbello audacispopuli vexatus, et armis,
Finibus extorris, complexu avulsus luli,
Auxilium imploret, videatque indigna suorum
Fuñera ; nec cum se sub loges pacis iniquœ
Tradiderit, regno aut óptala luce fruatur;
Sedcadat ante diem, mediaque inhúmalas arena.
Tum vos, ó Tyrii, stirpemetgenus omne futurum
Exercele odiis ; ctnerique hœcmittite noslro
Muñera. Nullus amor populis nec fondera sunto.
Exoriare aliquis nostris ex ossibus ultor,
Qui face Dardanios ferroque sequare colonos.
Nunc, olim, quocumque dabunt se tempore vires,
fAltor a Ultor ibus contraria; fluctibus undas,
Imprecar, arma armis ; pugnent ipsique nepotes.
(JCN.,IV.)
Del soldán d e Babilonia,
De ese os quiero d e c i r ,
Que le d é Dios mala vida,
Y à la postre peor fin.
(ROM.)

Ata p e r m i t a , e n e m i g a , NO se vista t u s c o l o r e s ,
Que le aborrezca y le adores, Ni aun para verlas permita
Que p o r celos le s u s p i r e s , Que á la ventana te asomes.
Y p o r ausencia le llores,
Y q u e de noche no d u e r m a s ,
Y' do dia no reposes, Y si le has de a b o r r e c e r ,
Y en la cama le fastidies, Que largos años le goces ;
Y que en la mesa le e n o j e s , Que es la mayor maldición
Y en las fiestas v en las zambras Que pueden darte los h o m b r e s .
(ID.)

Nunca s a l g a s , t r a i d o r , de entre m u j e r e s ;
Mujer sea el animal q u e te d e s t r u y a ,
P u e s tanto á t o d a s sin razou las q u i e r e s .
(QUEVEDO.)
— 131 —
EJEMPLOS DE EXECRACIÓN.

Pereat dies in qua nalus sum, et nox in qua dictum est : Conceptas est homo.
Mes Ule vertatur in tenebras, non requirat eum Deus desuper, et non illustre-
tur lamine.
Obscurent eum tenebra; et umbra mortis; occupet eum caligo, et involvalur
amaritudine.
Noctem illam tenebrosas turbo possideat ; non computelur in diebus anni, nec
numeretur in mensibus.
SU noxilla solitaria, nec laude digna :
Maledicant ei, qui maledicunt dici, qui parati sunt suscitare Leviathan :
Obtenebrentur stella caligine ejus: expeetetlucem et non videat, nec ortum
surgentis aurora; :
l Quare misero data est lux, et vita his qui in amaritudine anima; sunt?
Qui expeclant mor lem, et non venit, quasi effodientes thesaurum :
Gaudentque vehementer cum inoenerint sepulchrum ?
(JOB, ut.)
Sed mihi vel lellus optem prius ima dehìscat,
Aut Pater omuipotens adigat me fulmine ad umbras,
Palíenles umbras Èrebi, noctemqueprofundam,
Ante, pudor, quam te violo, aut tua jura resalvo. m
( / E N . , IV.)

Viéndole asi D. Quijote, le dijo : «Yo creo, Sancho, que todo este mal te viene
de no ser armado c a b a l l e r o , p o r q u e tengo para mi que- este licor no d e b e
aprovechar á los que no lo son.—Si eso sabia vuestra m e r c e d , replicó Sancho,,
mal haya yo y toda mi p a r e n t e l a , ¿ para qué consintió q u e lo gustase?»
(CERVANTES.)
Antes para mi entierro venga el cura
Que para desposarme ; antes m e velen
Por vecino á la muerte y s e p u l t u r a ;
Antes con mil esposas me e n c a r c e l e n ,
Que aquesa tome ; y antes q u e si d i g a ,
La lengua y las palabras se me hielen.
Antes q u e yo le dé mi mano a m i g a ,
Me pase el pecho una enemiga mano ;
Y antes que el yugo q u e las almas liga,
Mi cuello abrace, el bárbaro otomano
Me ponga el suyo, y sirva yo á sus robos ;
Y no consienta al himeneo tirano.
(QUEVEDO.)

§. 1 8 1 .

CONMINACIÓN. La conminación es el anuncio de terribles males,,


hechos con el ánimo de inspirar horror y espanto hacia los obje-
tos que excitan nuestra indignación.
— 132 —
La o p t a c i ó n , la deprecación , la i o i p r e c a c i o n , la execración y la c o n m i n a -
ción en rigor no deberían considerarse c o m o figuras, puesto que son ia s i m -
ple y sencilla manifestación de un deseo. E n todos los e j e m p l o s p u e d e obser-
v a r s e que el realce de la expresión d e p e n d e de la i n t e r r o g a c i ó n , de la apostrofe,
d e la exclamación ó de otras figuras que casi siempre van u n i d a s á las a n t e s
mencionadas.

EJEMPLOS.

Ecce diesveniunt, dicit Dominas, etmittam famera in terram: non famempañis,


negué sitim aquoz, sed audiendi verbum Domini.
(AMOS, 8.)

Despexistis omne consilium meum, etincrepationes meas neglexistis :


Ego quoque in interitu vestro ridebo, el subsannabo, cum vobis id quod time-
batis advenerit:
Cum irruerit repentina calamitas, et interitus quasi tempestas irriguerit:
quando venerit super vos tribulatio et angustia :
Tune invocabunt me, etnon exaudiam: mane consurgení, et non invenient me:
Eo quod exosam habuerint disciplinam , et timorem Domini non susceperinl;
Nec aquieverint Consilio meo, et detraxerint universa; correptioni mea;.
Comedent igitur fructus via; sua;, suisque consiliis saturabuntur.
Aversio*parvulorum inlerflciel eos, et prosperila» stultorum perdei Utos.
Qui auúm meaudierit, absque terrore requiescet, el abundantia perfruetur,
timore malorum sublato.
(PROV., I.)

Spero equidem, mediis, si quid pia numina possunt,


Supplicia haussurum scopulis, et nomineDido
Saspe vocaturum. Sequar atris ignibus absens ;
Et, cum frigida mors anima seduxerit artas,
Omnibus umbra locis adero; dabis, improbe ,posnas;
Audiam ; et hwc Manes veniet mihi fama sub irnos.
(¿Es., IY. )
Dies irce, dies illa
Solvei sceclum in favilla
Teste David cum Sijbilla.
Quantus tremor esl fulurus, ele.
Cerrad los ojos á las alabanzas y a los vituperios también ; que presto veréis
tornado polvo y ceniza al q u e alaba y al a l a b a d o , y al q u e deshonra y al d e s -
honrado ; y seremos presentes delante del juicio del S e ñ o r , d o n d e tapará su
boca la maldad, y será la virtud muy honrada.
, ( J . LE AVILA.)

§. 182.

E X C L A M A C I Ó N . La exclamación es !a expresión viva de los afec-

tos y de las pasiones. El corazón ardientemente agitado prorum-

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— 133 —
pe en gritos inarticulados o" interjecciones. Pero el alma, en la
libre esfera del arte, ni se concentra y abisma en la profundidad
del afecto, ni en el arrebato de las pasiones pierde su dominio y
serenidad; los sentimientos del ánimo se reflejan en el entendi-
miento, se convierten en ideas y juicios, y la expresión, mas ó me-
nos elíptica, de estas ideas y juicios, constituye la figura llamada
exclamación.

La exclamación recibe su principa! fuerza de! tono de la voz , de la e x p r e -


sión de la fisonomía y de la acción. Además del signo ortográfico q u e en la
escritura indica la e x c l a m a c i ó n , la frase recibe u n giro e s p e c i a l , y m u y
f r e c u e n t e m e n t e va precedida de alguna interjección. La exclamación r e c o r r e
toda la escala de los afectos: la a l e g r í a , el dolor, la e s p e r a n z a , la i r a , la a d -
m i r a c i ó n , el d e s p r e c i o , e t c . ; por cuyo m o t i v ó s e h e r m a n a p e r f e c t a m e n t e con
todas las d e m á s figuras patéticas ( § . 3 9 ) .

EJEMPLOS.

O témpora! o mores! senatus haicintelligit, cónsul videt. Hic lamen vivit. Vivit!
imo vero etiamin senatum venit, etc.
( C í e , cat. i.)

O miserum el infelicem diem illum, quo cónsul ómnibus centuriis P. Sylla re-
nunciatus est! O fallacem, o volucrem fortunam! b cazcam cupiditatem! d prapos-
teram gratulationem! quam cito illa omnia ex leetitia et voluptate ad luctum et
lachrymam redierunl!
(Cíe, proSylla.)
O menteshominum cacas, alque ignara fuluri pectoral
(LUCRET.)

¡Oh cuántas b u e n a s obras tiene deslucidas la gloria de haberlas hecho! Oh


q u é de trabajos honrosos se han malogrado por no saberse olvidar de sí los q u e
los p a d e c i e r o n !
(P. MÁRQUEZ.)

¡Oh miserables oídos, que ninguna otra cosa oiréis sino gemidos! Oh desven-
turados ojos, que ninguna otra cosa veréis sino miserias! Oh d e s v e n t u r a d o s
cuerpos, que ningún otro refrigerio tendréis sino llamas!
(P. GRANADA.)

V en este mismo valle, donde agora


Me entristezco y m e c a n s o , en el reposo
Estuve yo contento y descansado.
¡ Oh bien c a d u c o , vano y presuroso!
(GARCILASO.)

Bodas hacian en Francia,


Al)á d e n t r o de París;
; Cuan bien que guía la danza
Esta doña Beatriz!
Cuan bien que se la miraba
El buen conde don Martin!
(ROM.)

§. 183.

INTERROGACIÓN. Por medio de esta figura damos á la frase el


giro interrogativo, no para manifestar nuestras dudas ó nuestra
ignorancia de alguna cosa, sino para expresar la afirmación con
mayor vehemencia, suponiendo implícitamente que los demás no
pueden menos de tener nuestra misma opinión. La interrogación,
además de ser muy propia para la expresión de los afectos, se
emplea con frecuencia en la prueba, y á veces por via de elegan r

cia y con el simple objeto de dar movimiento al estilo.


EJEMPLOS.

Sed hoc qucero, quis putei fume crimen, esse in África Ligariutn? Nempe i
qui el ipse in eadem África esse voluit, el prohibitum se 'a Ligaría queritur, e
certe contra ipsum Coesarem est cnngressus ármalas. Quid enim, Tubero, tuus
Ule districtus in acie pharsalica gladius agebat? cuyas latus Ule muero petebat?
quisensus erat armorum tuorum? quee tua mens? oculi? manus? ardor animi?
quid cupiebas ? quid optabas ?
( C í e , pro Ligario.)
Patere tua consilia non sentís ? Constrictam jam horum omnium conscientia
teneri conjurationem tuam non vides? Quid próxima, quidsuperiorenocte egeris,
ubifueris, quos convoeaveris, quid consilii coeperis, quem noslrum ignorare ar-
bitraris?
( C í e , in Catil., i.)
Usque adeone morí miserum est ?
(.-Ex., xi¡.)
Apenas de nombres
La forma existe Adonde está e¡ forzudo
Drazo de Villandrando? ¿Dó d e Arguello
O de P a r e d e s los r o b u s t o s h o m b r o s ?
El pesado morrión, la penachuda
Y alta cimera ¿acaso se forjaron
Para cráneos raquíticos? ¿Quién p u e d e
Sobre la cuera y enmallada cota
Vestir ya el duro y centellante peto?
Quién enristrar la poderosa lanza?
Quién?.... Vuelve, fiero b e r b e r i s c o ,

Y ;es esto un n o b l e , Arnesto! ¡Aquí se cifran


Sus timbres y b l a s o n e s ! . . . . ¿ De q u é sirven
— 135 —
La clase i l u s t r e , un alta descendencia,
Sin la virtud? Los nombres venerandos
De L a r a s , Tellos , Haros y Girones,
¿Qué se hicieron? Qué genio ha deslucido
La fama de sus triunfos? ¿Son sus nietos
A quienes fia su defensa el trono ?
¿ Es esta la nobleza de Castilla?
Es este el b r a z o , un di a tan t e m i d o ,
En q u e libraba el castellano pueblo
S u libertad? ¡Oh vilipendio! Oh siglo!
(JoVELLANOS.)

Tu dulce habla ¿en eúya oreja suena?


Tus claros ojos ¿á quiéu los volviste?
¿ Por quién tan sin respeto me trocaste ?
Tu q u e b r a n t a d a ^ ¿ d ó la pusiste?
¿Cuál es el cuello q u e , como en cadena,
De tus hermosos brazos a ñ u d a s t e ?
(GARCILASO.)

¿Yo en palacios suntuosos?


Yo entre telas y brocados?
Yo cercado de criados
Tan lucidos y briosos?
Yo despertar de dormir
En lecho tau excelente?
(CALDERÓN. )

¿Qué furor es el v u e s t r o , oh a r a u c a n o s ,
Que á perdición os lleva sin semillo?
¿Contra nuestras entrañas tenéis m a n o s ,
Y no contra el tirano en resistido? etc.
(ERCILLA.)

¿ Qué se hizo el rey don Juan?


Los infantes de Aragón
¿Qué se hicieron?
Qué fué de tanto galán?
Qué fué de tanta invención
Como trujeron? etc.
( J . MANRIQUE. )

(Sedirige el poeta al amor.)


¿Qué justo no escandalizas? Qué m o r a no se te da?
Qué sagrado no profanas? Qué judía se te escapa?
Qué fortaleza no allanas? Qué pobre no te enriquece ?
Qué estado no tiranizas? Qué rica no te eunobleee?
Qué discreta no te ama?
¿Qué señora se t e tapa? Qué ignorante no te llama?
Qué hidalga se te va? Qué loca no te obedece?
(ROM.)
— 136 —

§ . 184.

APOSTROFE. En la apòstrofe, torciendo el curso de la frase,


desviamos la palabra del auditorio ó lectores, para dirigirla á al-
guno de ellos en particular, á nosotros mismos, á los ausentes, á
los seres invisibles, a los objetos inanimados. Déla misma manera
que la interrogación, se emplea también la apostrofe, sobre todo
en poesía, para dar variedad y gracia á la frase. Sin embargo, en
los pasajes inspirados porla pasión es donde principalmente tiene
cabida esta figura.
EJEMPLOS,

Quomodo cantabimus cantieum Domìni in terra aliena?


Si oblilus fuero tul, Jerusalem, oblivioni delur dexlera mea.
Adhcereat lingua mea faucibus meis, si non meminero tui: si non proposuero
Jerusalem in principio Iwtitice mece.

Filia Babylonis misera : beatus qui retribuet tibi relributionem tuam,quam


retribuisti nobis.
Beatus qui tenebit, et allidel párvulos tuos adpetram.
(PSALM. c x x x v i . )

O nationes, urbes, populi, reges, tetrarchie, tyranny, testes En^Pompeii non


solum virlutis in bello, sed etiam religionis in pace; vos denique, muta; regiones,
imploro, et sola terrarum ultimarum ; vos maria, portus, insula; littoraque! Qum
est enim ora, qua; sedes, qui locus, in quo non exlent hujiis quum fortitudinis,
tum verohumanitatis, tura animi, tum consilii impressa vestigia? ....
( C í e , p r o Balbo.)
Dulces exuvim, dum fatadeusque sinebant,
Accipite liane animata, meque his exsolvile caris.
(My., iv.)

Sol, qui terrarum fíammis opera omnia lustras,


Tuque harum interpres curarum et conscia Juno,
Ifocturnisque Hecate triviis ululata per urbes,
Et Dira; ullrices , et di morientis Elisa;,
Accipite hwc, meritumque malis advertite numen.
(fu-, i v . )
Et si fata deum, si mens non leena fuisset,
Imputerai ferro argolicas fcedare latebras ;
Trojaque,nunc stares, Priamique arx alta, muñeres.
(ID., II.)

Quid loquor? aut ubi sum ? Qum mentem insania mutai?


hifelix Dido! nunc te fata impia tangunt:
Tum decuit, cum sceptra dabas.
(ID., IV.)
— 137 —
Ut gaudet, insitiva decerpens pyra,
Ceriantem et uvam purpuree,
Quamunerelur te, Priape, et te, pater
Siloane tutor finium.
(HOR., Epod., I I . )

¡Mirad, á n g e l e s , estas dos figuras, si por ventura ias conocéis! Mirad, c i e -


l o s , esta c r u e l d a d , y cubrios de luto por la m u e r t e de vuestro Señor! ¡ E s c u -
reeed el aire claro porque el mundo no vea ias carnes desnudas de vuestro
Criador! ¡Echad con vuestras tinieblas un manto sobre su c u e r p o , p o r q u e no
vean los ojos profanos el arca del Testamento desnuda! ¡Oh cielos, que tan s e r e -
nos fuisteis criados! Oh t i e r r a , de tanta variedad y hermosura vestida! Si v o s -
otros escurecisteis vuestra gloria con esta p e n a ; si vosotros, que erais insensi-
b l e s , la sentisteis á vuestro modo, ¿qué harían las entrañas y pechos virginales
d e la Madre? ¡Oh ángeles de la paz, llorad con esta sagrada Virgen! ¡Llorad
cielos, y llorad, estrellas, y todas las criaturas del m u n d o , acompañad el llanto
de María!
( F R . L. DE GRANADA.)

¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,


Cuando en a q u e s t e valle al fresco viento
Andábamos cogiendo tiernas llores,
Que había de ver con largo apartamiento
Venir el triste y solitario dia
Que diese amargo fin á mis a m o r e s ?
(GARCILASO.)

¿ A quién me quejaré del cruel engaño,


Arboles m u d o s , cu mi triste duelo?
¡Sordo mar! ¡ t i e r r a e x t r a ñ a ! ¡ nuevo cielo!
¡Fingido a m o r ! ¡ costoso desengaño !

; Dioses! si e n t r e vosotros hizo alguno


De un desamor ingrato amarga prueba,
V e n g a d m e , os r u e g o , del traidor Teseo.
(AKQOIJO. )

y pues sé
Que toda esta vida es s u e ñ o ,
i d a s , s o m b r a s , que fingís
Hoy á mis sentidos m u e r t o s
Cuerpo y voz , siendo verdad
Que ni tenéis voz ni c u e r p o ; e t c .
(CALDERÓN.)

No podemos dejar esta m a t e r i a sin r e c o r d a r la sublime y tierna apostrofe á


la luz , con q u e e m p i e z a el libro tercero de su poema el ciego Milton. C o m -
párese con las de Ossian que se e n c u e n t r a n en las colecciones de Macpherson
y del Dr. S m i t h . Schiller y Espronceda recordarían llenos de emoción
— 138 —
estos preciosos m o d e l o s , el primero en ia terrible escena c u a r t a del p r i m e r
acto del Guille rmo, y el s e g u n d o en su Himno al sol. Es también una e x c e ­
l e n t e apostrofe ia oda de Fr. Luis de León : ¿Y de jas, Pastor santo, e t c .

§ . 18o.

INTERRUPCIÓN É HISTEROLOGÍA. Estas dos figuras supone n cie rta


perturbación de l e nte ndimie nto, e fe cto de la pasión que nos ve n­
ce y domina. La inte rrupción consiste e n e l tránsito rápido de
unas ide as á otras, de jando incomple to e l se ntido gramatical de
las frase s e mpe zadas y no concluidas. La histe rología (locución
prepóstera) invi e rt
e y trastrue ca e l orde n lógico de las ide as.

La i n t e r r u p c i ó n podría fácilmente confundirse con la r e t i c e n c i a ( § . 1 5 2 ) ,


ó con u n a serie de r e t i c e n c i a s ; pero en la i n t e r r u p c i ó n no se descubre la
intención de expresar con m a s fuerza lo mismo que se calla ; antes bien p a ­
r e c e q u e las ideas se ofuscan para dar paso á los s u s p i r o s , á las l á g r i m a s , á
los gritos d e furor. N o o b s t a n t e , el sentido t é c n i c o q u e d a m o s á la voz inte r­
rupción no está del todo a d m i t i d o , y dicha figura no se d i s t i n g u e g e n e r a l ­
m e n t e de la reticencia.
Se cita g e n e r a l m e n t e como ejemplo de histerología el de Yirgilio: Moria­
mur, e l in me dia arma ruamus.

EJEMPLOS DE IN TERRUPCIÓN .

MEDEA.
Quod sce lus mis
e rilu
e nt?
Scelus e st Jasan ge nitor, e t majas sce lus
Medea mate r : occidanl; пол sunt me i:
Pereant me i sunt. Crimine e t culpa care nt;
Sunt innoce nte s: (alcor e t frate r fuit!
Quid anime , titubas? ora quid lacryma; rigani ?

O placida tánde m numina! o festum die m!


O nuptialem e
Vad : pe rfe ctum e st sce lus;
Vindicta nondum.
( S E N E C , Me d., v.)

¡ Ay de m í ! ¿dónde estoy? ; Qué horror! qué a s o m b r o !


¡Desdichada mujer, m a d r e infelice!
¡Ay m a d r e , ya no madre ¡....tristes días
Y luto esperan á las ansias mías.
¿Hay dolor semejante? ¡odiosa vida !
¡ Desesperación fiera ! ¡ horrible t r a n c e !
Cielo, ¿y esto consientes? ¿la inocencia
Atropellada así? Rayos t r e m e n d o s .
— 139 —
¥ m u e r t e , ¿dónde estáis? Hijo a d o r a d o ,
¡Qué! ¿ya no t e v e r é ? ¡Qué! ¿ t u c a b e z a
Dividida del c u e r p o , aun b o q u e a n d o ,
Mueve los tristes moribundos ojos,
Cárdenos y sin luz? ¿ P a r á o s l o vivo?
¿Por qué no abrasa un rayo vengativo
A tan infeliz m a d r e ? Moros fieros
(Nic. MORATIN.)

DON DIEGO.
Y ¿á quien debo culpar? ¿Es ella la d e l i n c u e n t e , ó su m a d r e , ó sus t i a s , ó
yo?.... ¿ S o b r e quién, sobre quién ha d e c a e r esta cólera, q u e , por mas que lo
procuro, no sé reprimir?.... ¡La naturaleza la hizo tan amable á mis ojos!.... ¡Qué
esperanzas tan halagüeñas concebí! Qué felicidades m e prometía!.... ¡Cielos!....
¿ Yo?.... ¡En q u é e d a d tengo celos! Vergüenza es Pero esta inquietud que yo
siento, esta indignación, estos deseos de venganza, ¿de qué provienen? ¿Cómo h e
de llamarlos?
(MORAT., El sí de las niñas, m, í . ) a
LIBRO SEGUNDO.

DE LAS CUALIDADES D E LA ELOCUCIÓN.

§. 1 8 6 .

Analizada ya la elocución, corresponde tratar en este segundo


libro de sus diversas cualidades.
Divídense en esenciales y accidentales. Las esenciales, por e s -
tar fundadas en la misma naturaleza del pensamiento y del len-
guaje humano, deben hallarse reunidas,sin excepción alguna, en-
toda clase de obras literarias, y constituyen labuena elocución.,
Las accidentales varían y se modifican según las circunstancias;
y de aquí nace la diferencia de estilos.

'• A u n q u e el estilo es la s u m a ó el resultado de todas las buenas y malas c u a -


lidades de la elocución, como las cualidades esenciales deben ser p e r m a n e n -
tes é i n m u t a b l e s , no p u e d e decirse q u e influyan e n la variedad de estilos,
ó por lo m e n o s n o influyen en la variedad de estilos buenos y admitidos p o r
el b u e n g u s t o , porque basta q u e falle u n a sola para que la elocución sea v i -
ciosa ( § . 2 1 ) . Sin e m b a r g o , decimos que el estilo es claro, oscuro, preciso,
redundante, variado, monótono, igual, desigual, natural, afectado, etc.
— 141 —

CAPITULO PRIMERO.

DE LAS CUALIDADES ESENCIALES DE LA ELOCUCIÓN.

§• 1 8 7 .

Las cualidades esenciales de la buena elocución son : 1 . cla- a

ridad, 2 . precisión, 3 . variedad^ unidad, 4 . novedad, 5 . ho-


a a a a

nestidad y nobleza, 6 . oportunidad, a


7. naturalidad. Todasa

juntas constituyen la corrección del estilo, que de ninguna m a -


nera debe confundirse con la corrección del lenguaje.

I—CLARIDAD.

§. 1 8 8 .

La voz claridad, tomada en sentido propio, significa el efecto


que produce la luz reflejándose en los cuerpos, é impresionándo-
nos por medio del órgano de la vista. Aplicada metafóricamente á
nuestros conocimientos, expresa el efecto producido en el enten-
dimiento, cuando el objeto del conocimiento se distingue perfec-
tamente de los demás objetos, cuando se distinguen unas cuali-
dades de otras, percibiéndose sus mutuas relaciones y su relación
con el todo. Sino percibiéramos los elementos de un objeto, ten-
dríamos de él un conocimiento obscuro; si la obscuridad provi-
niese de no percibir las relaciones de dichos elementos ó las del
objeto mismo con los demás objetos, resultaría un conocimiento
confuso.

El grado de claridad de u n conocimiento está en razón directa de la exac-


t i t u d y profundidad de la análisis d e sus elementos. Cuanto m a s se analiza
u n objeto , m a s se c o n o c e , con tal que la nimia atención en los pormenores
n o ofusque la idea del t o d o ; la síntesis debe enlazar y r e c o n s t r u i r lo que u n a
e x c e s i v a análisis podría h a b e r d e s m e n u z a d o .
— 142 —

§ . 189.

Para que nuestros conocimientos adquieran todo el grado de cla-


ridad posible, es preciso además que estén ordenados, que se
asocien en nuestra mente, según su respectiva importancia, de
manera que se perciban las diferencias que los distinguen y las
relaciones que los unen entre sí. Si hacinásemos conocimientos
sobre conocimientos sin elección ni orden, recargaríamos inútil-
mente la memoria, discurriríamos mal, no comprenderíamos el
conjunto; en una palabra, nos semejaríamos al que pretendiese
tener cabal idea de una máquina viendo tan solo confusamente
revueltos en el suelo los cilindros y ruedas de que estuviese com-
puesta. Cuando la oscuridad de los pensamientos no proviene de
cada uno de ellos en particular, sino de la falta de orden y c o n -
cierto, les damos los nombres de embrollados ó enmarañados.

Con u n solo epíteto d e m u e s t r a Horacio c u á n t o influye el método en la c l a -


r i d a d : lucidus ordo.

§. 190.

La claridad de la elocución depende principalmente de la de


los pensamientos, porque para que los demás nos entiendan es
preciso que nos entendamos á nosotros mismos; pero no puede
afirmarse de un modo absoluto que baste concebir bien para e x -
presarse con claridad. Muchas veces la oscuridad no está en la
mente del escritor, sino que depende de la expresión. Será clara
la elocución cuando el escritor, además de concebir con claridad
y de observar el debido método en la colocación de los pensamien-
tos, acierte á emplear el lenguaje como un buen espejo, en el
cual pueda verse fielmente retratada su alma.

§• 1 9 1 .

El estilo figurado, si se emplea con tino y prudencia, lejos de


oponerse á la claridad de la elocución, la acrecienta muchísimo.
Todas las figuras pintorescaspresentanlos objetos a l a imaginación

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— 143 —
como si los estuviésemos viendo; las figuras lógicas dan notable
vigor á la prueba; las patéticas, agitando la sensibilidad, excitan
vivamente el interés y aumentan la atención. Los epítetos, notan-
do las cualidades interesantes de los objetos, los hacen mas visi-
bles; y hasta los tropos de palabra y la mayor parte de los de sen-
tencia, que por razón de sil doble sentido parece que deberían
ofuscar el pensamiento, vístenle, al contrario, de cierto resplandor
suave que nos encanta, y contribuyen á grabarle mas hondamente
en nuestro espíritu. En una palabra, el estilo figurado, interesan-
do y halagando, pone la sensibilidad y la fantasía al servicio de la
razón; y para explicar las delicadas emociones del alma, los ocul-
tos misterios de la conciencia, es indudablemente mas claro que
el soñado lenguaje algebraico, bello ideal de algunos gramáticos
modernos.

Salvas algunas e x c e p c i o n e s , de que se hablará m a s a d e l a n t e , p u e d e a s e g u -


rarse que es viciosa toda figura que ofusque el sentido. F o r e s t o dicen los r e -
tóricos que las metáforas, las c o m p a r a c i o n e s , ¡as alegorías, las a l u s i o n e s , e t c . ,
han.de ser luminosas ó t o m a d a s de objetos m u y conocidos.

§. 1 9 2 .

La claridad del lenguaje depende, en primer lugar de la pureza


y propiedad de las voces, y en segundo lugar de su recta y bien
concertada colocación en la frase. El orden de las ideas lia de
hallarse sensiblemente expresado por el orden délas palabras. Así
como deben desecharse los términos anfibológicos, deben evitarse
también las oraciones y cláusulas de sentido ambiguo. Con res-
pecto á la claridad de la cláusula, la única regla que puede darse
es la de colocar la palabras de tal suerte, que no ofrezca ninguna
duda su respectivo valor gramatical, para que de este modo se
descubra la relación entre las ideas por ellas expresadas, colocan-
do igualmente las oraciones según lo exija el orden de subordi-
nación y mutua dependencia, con el objeto de que se perciba dis-
tintamente la relación entro los pensamientos.

Los adverbios y adjetivos que califican alguna p a l a b r a , los relativos , los


pronombres p e r s o n a l e s , los posesivos, q u e á tanta a m b i g ü e d a d dan l u g a r en
— 144 —
castellano, y las modificaciones del sugoto y del a t r i b u t o , se colocarán al lado
de la palabra á q u e se r e f i e r e n , 6 en u n l u g a r en que no d e n ocasión á n i n -
g ú n género de d u d a . Los l a t i n o s , á pesar del genio libre de su l e n g u a , e r a n
t a n escrupulosos en este p u n t o , q u e Q u i n t i l i a n o c e n s u r a la construcción de
esta f r a s e : Se vidisse hominem librum scrihentem, no obstante de c o n o c e r -
se bien por el s e n t i d o cuál es el s u g e t o y cuál el c o m p l e m e n t o de la oración
subordinada. No se m u e s t r a m e n o s exigente H e r m o s i l l a , al calificar de a n f i -
bológica la coordinación del s e g u n d o de los siguientes t e r c e t o s :
Mas precia el ruiseñor su p o b r e nido
De pluma y leves pajas, m a s s u s quejas
En el bosque repuesto y escondido ,
Que agradar lisonjero las orejas
De algún principe i n s i g n e , aprisionado
lin el metal de las doradas rejas.
(RIOJA, Ep. mor.)

P e r o con la anfibología y t o d o , nos parece m u c h o mejor este terceto q u e


la corrección propuesta por el inexorable c r í t i c o .

§. 1 9 3 .

La construcción figurada, colocando las palabras enfáticas en


el lugar mas visible de la cláusula, agrupando las ideas accesorias
de modo que no ofusquen las principales, dando al sentido un in-
terés gradual y una trabazón íntima que realce la unidad del pen-
samiento, contraponiendo o colocando paralelamente las palabras
y miembros de la cláusula para indicar el contraste ó la corres-
pondencia entre las ideas y pensamientos, comunica tersura á la
frase y favorece notablemente la inteligencia del sentido.

La m a y o r parte de las reglas q u e dan Blair y Hermosilla al t r a t a r de la


e n e r g í a d e la c l á u s u l a , son aplicables á la claridad. Es d e m u c h a utilidad s u
l e c t u r a , por la m u l t i t u d de ejemplos y finas observaciones q u e las a c o m p a -
ñ a n . En ellas se e n c o n t r a r á n d e s e n v u e l t a s las ideas s u c i n t a m e n t e e x p u e s t a s
en este párrafo.

§. 194.

Pero debe advertirse que la claridad es una cualidad relativa,


tanto por lo que respecta al asunto de que se trata, como por par-
te de los oyentes ó lectores á quienes se dirige el que habla ó e s -
cribe. Unas materias se 'prestan á la claridad mas que otras : á
145 —
medida que la ciencia generaliza y abstrae, hácese menos asequi-
ble á los ojos del vulgo. Por otra parte, muchas veces está la o s -
curidad en la mente del lector, y no en la del escritor ni en las
páginas del libro ; para ver los objetos, además de espacio y luz,
se necesitan ojos. Al juzgar de la claridad de un escrito, ha de
atenderse, por consiguiente, al grado de capacidad que natural-
mente debemos suponer en las personas á quienes está dirigido.
En obras destinadas al vulgo seria defectuoso un estilo muy pro-
fundo y metafisico, y adoleceria de oscuridad el lenguaje técnico ;
por el contrario, en las obras científicas es un mérito muy reco-
mendable la profundidad, y el lenguaje técnico es mucho mas cla-
ro y preciso que el lenguaje vulgar.

Q u e U Í I Í I S m a t e r i a s son m a s difíciles, y por lo t a n t o m e n o s claras, q u e otras


es a b s o l u t a m e n t e i n d u d a b l e . Las ciencias metafísicas j a m á s t e n d r á n la c l a r i -
dad de las ciencias físicas ; la filosofía escocesa será s i e m p r e m a s clara que
la fdosofíaalemana; e n t r e los mismos filósofos a l e m a n e s , la parte d e o b s e r -
vación y aplicación es c o n s t a n t e m e n t e m a s clara q u e la p u r a m e n t e e s p e c u l a -
t i v a ; Kant y I l e g e l , tan nebulosos en algunos p u n t o s , son tan perspicuos e n
otros como el m a s inteligible de los filósofos franceses. La claridad es i m -
posible e n c i e r t a s m a t e r i a s , porque no á todas partes a l c á n z a l a débil mirada del
h o m b r e ; t a m b i é n el m u n d o metafísico gira e n v u e l t o en u n a atmósfera cuyos
últimos límites son p a r a la razón h u m a n a los ú l t i m o s límites de la vida.

§. i9o.

No debe considerarse la mayor ó menor profundidad de un


pensamiento ó de un escrito como un mayor ó menor grado de
claridad. La oscuridad y la profundidad son dos cosas enterament e

distintas, como son enteramente distintas la claridad y la futilidad.


Solo para los miopes de entendimiento, ó para los que aspiran
á verlo todo de una ojeada, es oscuro el pensamiento profundo:
una vez comprendido, despide raudales de luz; su pretendida
oscuridad proviene de su resplandor mismo, que nos deslumhra.

§. "196.

La claridad es el fundamento de la buena elocución. De nada


servirían las mas excelentes cualidades del discurso, si las perso-
10
— 146 —
ñas á quienes nos dirigiéramos no pudiesen comprendernos. Pero
no basta que nos comprendan ; es preciso que nos comprendan
sin esfuerzo alguno. Quare non ut intelligere possit, sed ne om-
nino possit non intelligere curandim. La claridad es un grado de
belleza positiva; e s , como dica Yauvenargues, el barniz de los
grandes maestros.

Nobis prima sil virtus perspicuitas, propia verba, rectus ordo, non in
longum dilata conclusio: nihü ñeque desü ñeque superfluat. ¡ta scrmo et
doctis probabilis, etplanus imperilis erü quia id ipsum in consilioest
habendum non semper tam esse acrem judiéis inleniionem, ut obscuritatem
apud se ipse disculial, el tenebris oraiionis inferat quoddam iidelligenlice
suai lumen, sed mullís eum frequenter cogitationibus avocari; nisi tam
clara fuerint qum dicemus, ut in animum ejus oratio, ut sol in oculos,
etiamsi in eam non intendatur, incurrat. (QUINT., V I I I , 2.)

§. 191.

La oscuridad es la enfermedad de los entendimientos débiles;


es también el escollo donde frecuentemente tropiezan los que sin
dotes suficientes hacen gala de! arte de bien decir; y no pocas
veces es un recurso de que se vale la pedantería para imponer al
vulgo y dar ciertos visos de profundidad á las frases vacías de
sentido.
La ignorancia del asunto, la falta de lógica, la superabundan-
cia de nociones vagas y no meditadas, e! desordenado vuelo de la
fantasía, los deseos de aparentar erudición, profundidad, ele-
gancia, ingenio ó delicadeza, la concisión extremada ó la difusión
empalagosa, que ahoga las ideas culminantes en un sinnúmero de
pormenores, son las causas mas comunes de la oscuridad de la
elocución.

L a oscuridad de la elocución ha sido en todos tiempos u n o de los p r i m e r o s


y m a s perniciosos efectos de! ma! g u s t o .
L a - B r u y é r e con su nativo donaire hacia b u r l a de este lamentable extravío:
« ¿ Q u i e r e s d e c i r m e q u e hace frió? P u e s ¿ p o r q u é no m e d i c e s : Hace frío? ¿Es
p o r v e n t u r a un cargo de conciencia h a b l a r de modo que nos e n t i e n d a n , h a -
blar como habla todo el m u n d o ? » Quevedo y L o p e de V e g a , D. L e a n d r o Mo-
r a t i n y la mayor p a r t e de n u e s t r o s escritores satíricos t u v i e r o n sobradas oca-
— 447 —
siones de c h a n c e a r s e con los desvarios de n u e s t r o s c u l t o s . Del m o d o s i g u i e n t e
t e r m i n a L o p e de Vega u n m u y c u i t i - e n d i a b l a d o s o n e t o :
¿Entiendes, F a b i o , lo q u e voy diciendo?
— Y ¡toma si lo entiendo!—Mientes F a b i o ;
Que yo soy quien lo d i g o , y no lo e n t i e n d o .
P e r o ni L o p e d e Vega ni Que vedo consiguieron librarse e n t e r a m e n t e d e !
c o n t a g i o , y m a s d e c u a t r o veces p u d i e r a n h a b e r s e dicho á sí m i s m o s :
Ni me entiendes ni te e n t i e n d o ,
P u e s c á t a t e q u e soy culto.

§• 1 9 8 .

No obstante de lo dicho, en ciertas ocasiones es un mérito pre-


sentar los objetos á media luz. Hay cosas que el escritor cauteloso
debe presentar cubiertas de un finísimo y trasparente velo. E n -
contramos, por otra parte, un placer en penetrar la intención del
escritor al través de la delicadeza y finura de la expresión. Pero
nunca debe confundirse la suavidad de la luz con el efecto de las
tinieblas.

Así como los objetos de la naturaleza en c i e r t a s ocasiones nos parecen m a s


poéticos v i s t o s a la tibia luz d é l a t a r d e , ó m i s t e r i o s a m e n t e envueltos y m e -
dio ocultos entro la n i e b l a ; de la misma manera acontece con los objetos del
p e n s a m i e n t o . Las alusiones, la perífrasis, la litote, la metalépsis, y á veces la
c o m p a r a c i ó n , la metáfora y la alegoría templan a g r a d a b l e m e n t e la claridad
de! p e n s a m i e n t o . Si la imaginación se alegra y embelesa a! c o n t e m p l a r los
brillantes colores d e la poesía m e r i d i o n a l , también se c o m p l a c e e n d i v a g a r
t r i s t e m e n t e c u a n d o á la caída del c r e p ú s c u l o oye r e s o n a r el eco déla sombría
balada.

II.—PRECISIÓN.

§• 189.

La precisión consiste en no decir mas ni menos de loque debe


decirse. Una concisión desmedida y oscura es tan contraria á la
precisión como la difusión ó amplificación viciosa del discurso y
la redundancia ó superfluidad de palabras. IJoc amet, hoc spernat
promissi carminis auqtor.
— 148 —
Blair dice que ia voz precisión viene de prcecidere, c o r t a r ; y significa el
h e c h o de c e r c e n a r t o d a superfluidad, y d e podar la expresión de tal m a n e r a ,
q u e no m u e s t r e sino u n a copia exacta de la idea. Capmany la considera casi
del mismo modo que B l a i r ; pero la limita á las i d e a s . La Academia e n t i e n d e
p o r precisión la e x a c t i t u d concisa en el d i s c u r s o . Hermosilla e n u m e r a la
precisión e n t r e las cualidades de las e x p r e s i o n e s . «La propiedad, dice este a u -
t o r , c o n s i s t e en que las expresiones no r e p r e s e n t e n u n a idea distinta de la
q u e q u e r e m o s ; la precisión en q u e no la e n u n c i e n en términos g e n é r i -
cos que c o n v e n g a n t a m b i é n á o t r a s , y la exactitud en q u e no la p r e s e n t e n
m a s completa de lo q u e es en realidad.» A u n q u e en el lenguaje vulgar u s a -
m o s de ia voz precisión en s e n t i d o de d e t e r m i n a c i ó n , e x a c t i t u d , p u n t u a l i -
d a d , e t c . , no es este el sentido t é c n i c o en q u e la r e t ó r i c a la e m p l e a . La p r e -
c i s i ó n , como la define H e r m o s i l l a , está ya c o m p r e n d i d a en la propiedad; n i
las palabras vagas n i las inexactas p u e d e d e c i r s e en rigor que sean p r o p i a s , ó
p o r lo menos ao serán las m a s propias.

§. 200.

La precisión depende tanto de los pensamientos como del len-


guaje. Si recargamos el discurso de circunloquios inútiles, si des-
leimos excesivamente los pensamientos, llevando hasta el último
extremo la análisis y la prolijidad de los pormenores, si repeti-
mos inoportunamente las mismas ideas, vistiéndolas de diferentes
modos; en una palabra, si amplificamos mas de lo que permite el
asunto, pecamos contra la precisión de los pensamientos. Guando
llenamos la cláusula de palabras supéríluas, ya por valemos de
pleonasmos reprobados por el uso y que no aumenten la energía
•de la expresión, ya por no aprovechar debidamente la fuerza elíp-
tica del idioma, faltamos á la precisión del lenguaje.

No es p u e s cierto , c o m o a s e g u r a C a p m a n y , q u e la precisión p e r t e n e z c a
s o l a m e n t e á las c o s a s , á las i d e a s , y q u e la concisión p e r t e n e z c a á la e x p r e -
sión. E n estos versos do L o p e de V e g a :
Amó á Leonor Alfonso algunos a ñ o s ,
No fué Leonor de Alfonso aborrecida ,
se falta á la precisión p o r c a u s a del p e n s a m i e n t o , p o r q u e el s e g u n d o verso
no es m a s que u n a repetición del p r i m e r o . E n el m i s m o vicio se i n c u r r e
c u a n d o e n las descripciones y n a r r a c i o n e s no se omite n i n g u n a c i r c u n s t a n c i a ,
p o r inútil q u e sea. F a l t a r í a m o s , p o r ú l t i m o , á la precisión del lenguaje dicien-
do : «El vencedor llevaba en la cabeza u n a c o r o n a , la cual corona era de r a -
m a s de l a u r e l , entretejidas u n a s con o t r a s . »
— 149 —

§. 2 0 1 .

Pero así como se falta á la precisión por exceso de ideas y de


palabras inútiles, también puede caerse en el extremo opuesto de
no desenvolver suficientemente los pensamientos, y de suprimir
palabras necesarias para completar el sentido gramatical.

Si no se q u i e r e d a r el n o m b r e de preciso al a u t o r quo no dice todo lo q u e


debe decir, i n v é n t e s e otra palabra quo e x p r e s e e s t a i d e a con m a s e x a c t i t u d . L o
que aquí conviene dejar c o n s i g n a d o es que u n a de las cualidades mas i m p o r -
tantes de la elocución c o n s i s t e e n no decir mas de lo q u e debe decirse y en n o
omitir n a d a q u e n o deba ser omitido. iV¡7i¿¡ ñeque desit ñeque superfluat.

§. 2 0 2 .

La difusión y la redundancia hacen el estilo lánguido y pesa-


do ; la concision excesiva le llena de aridez, frialdad y dureza.
Ambos defectos engendran la oscuridad ; porque de la supérílua
abundancia de pormenores nace la confusion, así como de la exa-
gerada economía de conceptos y de palabras pueden nacer la v a -
guedad, la imperfección ó la vaciedad de sentido.

En el p r i m e r caso se divide la atención y se ofusca el e n t e n d i m i e n t o , c o -


mo le sucede al que en medio de u n a m u l t i t u d de objetos q u i e r e verlos todos
á la v e z , q u e se r i n d e de fatiga y no consigue ver n a d a . E n el s e g u n d o caso,
parece que el a u t o r roba de n u e s t r a vista los o b j e t o s , dejando libre campo á
nuestras imaginaciones.

§. 203.

La difusión ó estéril abundancia es defecto en que se incurre


con mas frecuencia que en el extremo opuesto de una concision
viciosa. El escritor imperito que no acierta con aquella expresión
única de que habla La-Bruyère, acumula los sinónimos y los epí-
tetos, amplifica y repite lo que ha dicho, y parece que desconfia
déla inteligencia del lector y de su inteligencia propia; «anda
siempre cerca, pero jamás acierta con el objeto.» Otras veces la
difusión es hija de la demasiada confianza : hay escritores verbo-
sos que, preciándose de facundos, cifran todo el mérito de la elo-
— 150 —
c u e n c i a e n los aluviones de palabras y en la soltura y celeridad de
l a lengua. Otros, finalmente, no acordándose de que la verdadera
elegancia es hermana de la sencillez, rellenan sus escritos de e p í -
t e t o s , metáforas, perífrasis, alegorías y comparaciones i n s u l s a s ;
c o m o si la exuberanciade los adornos fuese capaz de suplir su fal-
ta de valor intrínseco, y como si la lozanía de la expresión pudiese
encubrir j a m á s la vaciedad del pensamiento.
La aridez del estilo proviene de la falta de imaginación y de c o -
nocimientos generales y variados, así como la concisión viciosa e s
defecto de que adolecen los que se afanan por aparentar p r o f u n -
didad.

Est in quibusdam turba inamutn verborum, qui dum communem lo-


quendi morem refnrmidant, ducti speaie nitoris, circwneunt omnia copiosa
loquacitate quw dicere volunt. ( Q U I K T . )

La c o s t u m b r e de h a b l a r m u c h o , sin tiempo de m e d i t a r lo q u e se habla n i


d e c o r r e g i r lo q u e se e s c r i b e , es u n a de las principales c a u s a s d e la difusión
deí e s t i l o , y l a q u e p r i n c i p a l m e n t e lia dado fama de locuaces á ios abogados.
L a fantasía no refrenada por la fria meditación e n g e n d r a el m i s m o v i c i o ; los
n i ñ o s , las m u j e r e s , las p e r s o n a s q u e , careciendo d e sólidos e s t u d i o s , h a n ieido
ó viajado m u c h o , son g e n e r a l m e n t e difusos y a m i g o s de i n t e r m i n a b l e s d i g r e -
siones.
inútil seria advertir c u á n t o c o n t r i b u y e á la precisión de la frase el p e r f e c -
to conocimiento del i d i o m a .

III -VARIEDAD ¥ UNIDAD.

§. 204.

La variedad y la anidad s o n , corno se dijo en el párrafo 1 1 ,


dos condiciones necesarias de la belleza, y por lo mismo son t a m -
bién dos cualidades esenciales de la buena e l o c u c i o n / L a e l e g a n -
cia, la energía, la vehemencia, la sublimidad misma, fatigarían la
atención del lector mas paciente si dominasen constantemente en
una obra de algunas dimensiones. La repetición de las mismas
figuras, de los mismos giros, de las mismas cadencias, de las m i s -
m a s palabras, acabaría por causar hastío y sueño. El escritor debe
tomar ejemplo de la pintura, que tan deliciosos efectos produce
por medio de la acertada combinación de colores y de la c o n t r a -
— 151 —
posición de la luz y las sombras. Pero la variedad debe e:ítar re-
gulada por la unidad : del enlace deentrambas resulta la armonía.
La belleza de los contrastes no consiste en poner lo blanco al lado de
lo negro ; la variedad no depende de las transiciones violentas ni
de la inconsiderada mezcla de tonos y estilos. ¿Qué efecto produ-
ciría un cuadro en que se viesen reunidos el estilo del Ticiano, de
Yeiazquez, de Rubens y de Rembrant?

Así como Séneca y n u e s t r o s e s c r i t o r e s de los reinados d e F e l i p e IV y C a r -


los II abusaron, del modo b r e v e y s e n t e n c i o s o y de la a n t í t e s i s , y otros se h i -
cieron empalagosos con su estudiada d u l z u r a , ó se dejaron d e s l u m h r a r p o r
el lujo asiático de la dicción, ó deleitaron sus oidos con la m o n ó t o n a pompa de
los períodos r e t u m b a n t e s ; u n a p a r t e no despreciable de la m o d e r n a l i t e r a t u -
ra, h u y e n d o d e la m o n o t o n í a , no lia p e r d o n a d o la ocasión d e p r o d u c i r s o r -
p r e n d e n t e s efectos con pinceladas de brocha gorda.
Q:ti variare cupií rem prodigialiter unam
Delpliinum sglvis adpingii, fluctilius aprum.
(ÜOli.)

IV.—NOVEDAD.

§. -205.

La novedad es el carácter general de todo lo que por primera


vez se manifiesta á nuestra inteligencia, á nuestra sensibilidad ó á
nuestra actividad. En consecuencia, la novedad, lo mismo que la
claridad, es una relación.entre el objeto y el sugeto.
Aunque la novedad no es un elemento de la belleza, porque no
todos los objetos nuevos son bellos, ni los objetos bellos pierden
su hermosura por dejar de ser nuevos; es, sin embargo, una de
las mas abundantes fuentes de los placeres estéticos.
El placer d é l a novedad p r o v i e n e , s e g ú n J o u f r o i : i.° del s e n t i m i e n t o del
m a y o r desenvolvimiento de n u e s t r o ser ( e n s a n c h e en la esfera de n u e s t r a i n -
t e l i g e n c i a , sensibilidad ó a c t i v i d a d ) ; 2.° d e la conciencia m a s viva del placer
ocasionado por-el objeto. La novedad lija la atención y a u m e n t a la vivacidad
d e n u e s t r a s sensaciones y p e r c e p c i o n e s .

§. 206.

La novedad en los conceptos, y en el modo de ordenarlos y e x -


— i52 —
presarlos, constituye la originalidad [de la elocución. Todos los
grandes escritores se distinguen por la originalidad, por el carác-
ter propio y peculiar de su estilo, en el cual se halla como refle-
jada su fisonomía moral. Las dotes naturales, la educación, la ín-
dole de los estudios, las obras que se han leido con preferencia,
el clima, las vicisitudes de la vida, todo cuanto nos rodea influye
en nuestra manera de sentir y de pensar; y de la diferencia de
afectos é ideas nace la diferencia de estilo.
El escritor de elevado ingenio, que recibe sus inspiraciones de
la naturaleza, que raciocina por sí mismo, que consiguió asimi-
larse, y convertir en sustancia propia lo que estudió en los libros,
no puede menos de expresarse con la misma originalidad con que
piensa. Al contrario, el que abdica su personalidad, el que reduce
todo su trabajo intelectual al simple ejercicio de la memoria, y
que por falta de ingenio, ó por excesiva timidez, ó por un respeto
exagerado á los buenos modelos, jamás se atreve á soltar los anda-
dores, con vergüenza suya formará parte del esclavo rebaño de
imitadores, de que se burlaba con tanto donaire el satírico
latino.

Es t a n t a la fuerza de la imitación , tanto lo que influye en n u e s t r a vida el


e j e m p l o , q u e la mayor p a r t e de los h o m b r e s p i e n s a n y o b r a n p o r q u e de
aquel modo obran y piensan los d e m á s . No solamente eh los prendidos d é l a s
d a m a s es donde ejerce su i m p e r i o la veleidosa m o d a ; p o r q u e también a r r a s -
t r a en la c o r r i e n t e de sus caprichos las c o s t u m b r e s del v u l g o , las a r t e s , las
c i e n c i a s , la p o l í t i c a , la filosofía, las c r e e n c i a s .

§. 2 0 7 .

El escritor que no sabe despegar los labios sin auxilio de apun-


tador, que hurta los conceptos y las expresiones, que funda todo
el arte de la composición en la habilidad de zurcir ajenos retazos,
solo produce obras sin vida, sin inspiración, obras semejantes á
las figuras de cera ó á las flores artificiales, pálido trasunto de las
que se alimentan y crecen en el seno de la tierra. Este es el e s -
critor plagiario, que por ningún estilodebe confundirse con el buen
imitador.

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— 153 —

§. 2 0 8 .

La originalidad es prenda de mucha estima; pero tal como a l -


gunos la entienden, además de un sueño quimérico, es la princi-
pal causa de los delirios y extravagancias que han sido el oprobio
de las artes y de la literatura. La naturaleza y el hombre, en m e -
dio de la variedad de fenómenos y modificaciones que en la serie
de los tiempos ofrecen, están sujetos á leyes constantes; leyes
á que debe atemperarse el ingenio del artista, bajo pena de caer
en el absurdo. Los buenos modelos de las artes no pueden menos
de parecerse, como se parece un hombre á otro hombre, diferen-
ciándose tan solo á la manera que un hombre bien conformado
se diferencia de otro hombre bien conformado.

Buscar ia originalidad on las deformidades de la n a t u r a l e z a , h e r m a n a r las


serpientes con las aves y los tigres con los c o r d e r o s , j u n t a r la cabeza de la
mujer con la cola de! p e z , y concretándonos á la elocución , p e n s a r y e s c r i -
bir de un modo opuesto al modo como piensa y escribe todo el m u n d o , no es
ser o r i g i n a l , es ser ridículo y loco de a l a r .

§. 2 0 9 .

Otro absurdo á que también ha llevado el deseo de ser origi-


nal , ha sido el desprecio de las reglas y de los buenos mode-
los. Lo que en este caso el escritor consigue, es trasladarse á la
infancia del arte. Romper con las tradiciones y sacudir el freno de
toda autoridad, aislarse en medio de la historia y de la vida pre-
sente, equivale á proclamar el desorden. Quien esto hace, mira
con injusto desprecio la inteligencia del género humano, para ido-
latrar con necio orgullo su propia inteligencia.
El mundo que ahora vemos es el mundo en que nuestros ante-
pasados vivieron : lo masque puede hacer el escritor original es
cambiar el punto de vista.

Es u n a temeridad que a r g u y e ignorancia llamar plagiario a u n a u t o r p o r q u e


n o a b a n d o n ó la a n c h u r o s a , pero ú n i c a senda del buen g u s t o , solo porque
otros la hollaron a n t e s que él.
Los que se afanan en b u s c a r en u n escrito p e n s a m i e n t o s y frases tomadas
de otros a u t o r e s , se parecen m u c h í s i m o a! D. Bonifaz de q u e habla Moralin
— 154 —
en su r o m a n c e A Geroncio. La originalidad debe b u s c a r s e en ei a l m a , q u e vi-
vifica la obra y d e r r a m a calor en la elocución. No es plagiario Beüinl p o r q u e
h a y a tomado frases e n t e r a s de los g r a n d e s c o m p o s i t o r e s a l e m a n e s , no es PLA-
giario H e r r e r a c u a n d o en su Canción á la batalla deLepanto i m i l a e l Cántico
de Moisés, no es plagiario F r . L u i s do León Cuando en su Profecía del Ta-
jo imita la Profecía de Nereo. La personalidad del artista se t r a n s p a r e n l a de
u n modo visible en estás c o m p o s i c i o n e s ; y si estos son p l a g i o s , la historia de
las a r l e s , la de las c i e n c i a s , la del género h u m a n o no es m a s q u e u n a g r a n
s e r i e de plagios.

V . _ H O N E S T I D A D Y NOBLEZA.

§. 210.

Ei buen escritor, no solamente debe ser moral en el fondo, sino


también en la forma y en los mas insignificantes pormenores. La
honestidad, una de las prendas morales que mas enaltecen al
hombre, puede considerarse como una cualidad literaria, puesto
que la belleza es hermana del pudor. No basta la bondad del fin
para justificar la torpeza de los medios. Si en algunas obras de
pasatiempo y recreo, y principalmente en las satíricas y jocosas,
se toleran ciertas libertades no aprobadas del todo por la buena
cultura, el escritor que mas rígido se manifieste en este punto,
mas dignamente cumplirá con el alto fin moral que su obligación
le impone.

Algunos poelas griegos y romanos llevaron la licencia hasta el escándalo.


Nuestros a n t i g u o s satíricos, casi n u n c a i n m o r a l e s en el f o n d o , no se a v e r -
gonzaban de p r e s e n t a r con e n t e r a d e s n u d e z , y en el t e a t r o m i s m o , e x p r e -
siones q u e en el día merecerían la reprobación de las personas m e n o s s e v e r a s .
Todo lo que hemos g a n a d o en la h o n e s t i d a d de la e x p r e s i ó n , lo h e m o s p e r d i -
do quizás en c u a n t o á la moralidad i n t r í n s e c a de los poemas . dando con esto
u n vivo testimonio d e q u e la hipocresía es e l e c t i v a m e n t e un homenaje que
tributa el vicio á la virtud.

§. 2 U .

Aunque notan reprensibles como las deshonestas, se evitarán


cuidadosamente las ideas repugnantes, asquerosas ó bajas. Las
leyes del buen gusto proscriben los equívocos, las imágenes, las
metáforas, las comparaciones, las alegorías, y todas las figuras
— 155 —
que, tomadas de objetos ignobles, lejos de avalorar el pensamien-
to, lo desdoren. No es lícito decir en público todo lo que puede de-
cirse en el seno de la amistad : el público es un amigo querido,
pero también un juez digno de la mayor consideración y respeto.
Hasta en el estilo mas familiar debemos conservar siempre cierta
dignidad y compostura.

Cicerón faltó á la decencia llamando á su adversario slereus curies, y j u -


gando del vocablo con el n o m b r e de V e r r e s . T e r t u l i a n o rebaja y degrada la
imagen grandiosa del d i l u v i o , d i c i e n d o : Naturas genérale lixivium fuit. Mas
destituidas de dignidad y decoro son todavía los versos de Valbuena y de
Góngora q u e cita Hermosilla al t r a t a r de la deconcia de las expresiones.

§. 2 1 2 .

La decencia y nobleza de la elocución son tan delicadas, que á


veces reciben ofensa del simple uso de una palabra. En todas las
lenguas existen palabras mas nobles, mas decentes que otras para
expresar los mismos objetos; y á falta de palabras de esta clase,
un giro oportuno ó un epíteto bien aplicado tienen muchas veces
la virtud de ennoblecer las voces mas vulgares. Los tropos, prin-
cipalmente la sinécdoque del género por la especie, la litote, la
perífrasis, todas las figuras que, debilitando la energía de la e l o -
cución, envuelven los objetos en una ligerísima y agradable som-
bra, sirven muy oportunamente, no solo para evitar las palabras
humildes y groseras, sino también para expresar con decencia y
aun con dignidad las ideas deshonestas, asquerosas ó bajas, cuan-
do por necesidad tenemos que admitirlas en el discurso.

Debe ponerse m u c h o cuidado en no e n e r v a r n i a b i g a r r a r la elocución por


querer ennoblecerla demasiado.

VI.—OPORTUNIDAD.

§. 213.

La oportunidad de la elocución consiste en su relación íntima


con el asunto. Así como el rostro se ha llamado con razón el e s -
pejo del alma, así en el estilo ó fisonomía de la elocución debo ha-
— 156 —
liarse fielmente retratado el pensamiento generador, el espíritu
que vivifica la obra, difundiendo calor y movimiento en todas sus
partes. Los conceptos, las imágenes, los afectos, las figuras, el
lenguaje, todo debe guardar consonancia con el asunto y tono ge-
neral de la composición, y con lavariedadde objetos y tonos espe-
ciales que en sus repectivos lugares predominan.

Is est eloquens, qui el humilia subtiliter, el magna graviter, el medioeria


températe polest ¿itere. ( C í e , Orat.) De aquí nace la variedad de eslílos
que r e q u i e r e n los diversos a s u n t o s y las d i s t i n t a s composiciones l i t e r a r i a s ,
como t a m b i é n e! s i n n ú m e r o de m a t i c e s delicadísimos q u e p r e s e n t a el estilo
de u n a misma composición. La elocución i n o p o r t u n a es u n a especie de d i s -
fraz, es la piel de león , de! pacifico animal de la fábula. La oportunidad se
llama t a m b i é n conveniencia, congruencia ó decoro.

§. 2 1 4 .

Los adornos de mas precio pierden todo su mérito cuando no


están oportunamente colocados. La oportunidad es esencial en t o -
das las figuras y en todas las palabras, pero resalta muy prin-
cipalmente en los epítetos, en las imágenes, en las metáforas y
comparaciones, y en la armonía imitativa. La bajeza del estilo
degrada los mas nobles y elevados asuntos; sin embargo, nada es
tan ridículo como el fastuoso boato de la dicción y la vehemencia
ó la sublimidad del estilo en cosas cuya poca entidad requiere
una expresión humilde y sencilla.

Decia Agesilao: «Yo por cierto ño t e n g o p o r b u e n z a p a t e r o al que para pié


chico h a c e g r a n d e s zapatos.»
Con la elocución sucede e x a c t a m e n t e lo m i s m o q u e con el t r a j e , q u e ha de
ser acomodado á la j e r a r q u í a de la persona y á las c i r c u n s t a n c i a s de l u g a r y
t i e m p o . No s i e m p r e realzan la h e r m o s u r a d e las damas la magnificencia d e los
vestidos y la profusión y esplendidez de las j o y a s ; el b u e n g u s t o prefiere m u -
chas veces la h u m i l d e rosa al aderezo de d e s l u m b r a n t e p e d r e r í a . Los p e n s a -
m i e n t o s mas sublimes d e g e n e r a n en r i d i c u l e z , la v e h e m e n c i a de los afectos
en l o c u r a , los c h i s t e s mas agudos en n e c e d a d , s i e m p r e q u e i n t e r i o r m e n t e
e x c l a m a m o s : Sed nunc non erat his lo cus.
VII.—NATURALIDAD.

§. 2 1 5 .

La naturalidad de la elocución consiste en expresar nuestras


ideas y sentimientos sin descubrir ningún esfuerzo ni estudio.
Cuando un escritor es natural, parece que los conceptos debieron
presentarse por sí mismos, y el lector llega á persuadirse de que
en iguales circunstancias hubiera sentido y hablado de la misma
manera.
ut sibi quivis
Speret idem; sudet multum fruslraque laboret
Ausus idem. (HORAT.)

La mucha naturalidad se llama también facilidad, y así deci-


mos pensamientos fáciles, estilo fácil; y cuando es efecto déla
sencillez de alma se llama candor, ingenuidad ; palabras que solo
aproximadamente expresan lo que los franceses llaman naiveté.
La naturalidad, apartando los obstáculos que pudieran emba-
razar ó impedir el curso de las ideas, aligera el cansancio que pro-
duciría una atención muy continuada, aumenta considerablemente
la claridad de los conceptos, y nos identifica con el autor.

Es efecto de la o p o r t u n i d a d llevada á la ú l t i m a perfección, y no solamente


m e r e c e c o n t a r s e e n t r e las cualidades e s e n c i a l e s , sino que está í n t i m a m e n t e
e n l a z a d a con todas e l l a s , y es en cierto modo su c o m p l e m e n t o . «El estilo n a -
t u r a l nos a d m i r a , nos e n c a n t a , p o r q u e esperábamos hallar u n a u t o r , y h a -
llamos u n h o m b r e . » (PASCAL.) N O debe confundirse la n a t u r a l i d a d con la s e n -
c i l l e z ; e s t a , q u e es u n a cualidad a c c i d e n t a l , excluye los adornos y la e l e v a -
ción de estilo. La naturalidad es u n a cualidad e s e n c i a l , y p o r lo m i s m o , tan
compatible con el estilo sublime ó florido como con el sencillo.

§•216.

La naturalidad puede resaltar en obras que hayan costado al


escritor mucho trabajo y muy penosos esfuerzos, con tal que e s -
tos esfuerzos no se manifiesten en el escrito, ni siquiera lleguen á
traslucirse.
Por consiguiente, la erudición, la meditación, la corrección
— 158 —
detenida, pueden conciiiarse muy amigablemente con la natura-
lidad , no menos que la nobleza y elegancia del estilo, la vehemen-
cia de los afectos, y la elevación ó profundidad de los pensamien-
tos; porque no debe confundirse la naturalidad con el desaliño de
la expresión ni con la trivialidad de los conceptos. El arte no es
enemigo de la naturaleza; antes bien, dirigiéndola, la auxilia y
fortalece, y de ello son testigos todos los grandes maestros, todos
los autores que mas se han distinguido por la facilidad de la e x -
presión.

Una h e r m o s a y exactísima comparación de Horacio explica p e r f e c t a m e n t e


cómo deben ocultarse los esfuerzos del a r t e :
Ludentis speciem dabit et torquebitur, nt qui
Nunc satirum , nunc agrestem Cycopla movetur.
(Ép. 2, lib. u . )
L a escuela que m a s ha clamado c o n t r a la opresión de las r e g l a s , la q u e
m a s h a ensalzado ia espontaneidad de !a inspiración, es la que m a s f r e c u e n -
t e m e n t e lia pecado c o n t r a la n a t u r a l i d a d , s u b s t i t u y e n d o el c a p r i c h o p e r s o n a l
á los s e n t i m i e n t o s generales del h o m b r e y á las tradiciones de! a r t e . Muchos
p s e ' u d o - r o m á n t i c o s , parodiando el dicho d e u n famoso m o n a r c a , podrían e x -
c l a m a r t a m b i é n : La naturaleza soy yo.
Que la naturalidad no es e n e m i g a de la c u l t u r a n i de la elevada d i g n i d a d ,
podemos observarlo todos los dias en la frecuencia del t r a t o civil. E n t r e la
ridicula afectación del almibarado p e t i m e t r e y la r u s t i c i d a d del p a t á n g r o s e -
r o , existe como j u s t o medio la u r b a n a n a t u r a l i d a d de las personas bien e d u -
cadas. La dificultad eslríba en saber c o n v e r t i r el a r t e en u n a segunda natu-
raleza.
«Algunos piensan acabar una g r a n d e h a z a ñ a c u a n d o escriben de la m a n e r a
q u e h a b l a n ; como si no fuere diferente el descuido y llaneza que a d m i t e la
conversación c o m ú n , de la atención que pide el artificio y diligencia d e ! e s -
critor.» A este propósito dijo o p o r t u n a m e n t e Cicerón : Usum loquendi populo
concessi, scicniiam rnihi reservavi.

§. 2 1 7 .

Tampoco es contraria á la naturalidad la agudeza de los pensa-


mientos. Sin embargo, como la agudeza de ingenio consiste en
descubrir en los objetos relaciones muy distantes, que difícilmen-
te hubiera percibido la generalidad de los lectores, es muy fácil
que los pensamientos ingeniosos degeneren en sutiles y alambica-
— 159 —
dos, y en este caso deben desterrarse de todo género de composi-
ciones. Los simplemente ingeniosos sazonan agradablemente los
escritos festivos, y pueden admitirse en el estilo medio ó t e m -
plado.

E s ingenioso y n o c a r e c e de naturalidad el siguiente elogio, dedicado á u n


^emperador q u e hacia la g u e r r a lejos do R o m a :
Terrarum dominum propius videt Ule, tuoque
Terretur vultuBarbaras, et fruitur.
(MART.)

De Trajano, q u e d u r a n t e m u c h o tiempo habia r e h u s a d o el título de p a d r e


d e la patria por no considerarse digno de tan alto h o n o r , d i c e Plinio con
igual i n g e n i o , p e r o c o n m e n o s n a t u r a l i d a d : Soli omnium contigit Ubi ut pa-
ter patrios esses antequam jieres.
E s también ingenioso ei s i g u i e n t e c o n c e p t o de G a r c i l a s o :
Florida, para raí dulce y sabrosa
Masque la fruta del cercado ajeno
E n ia canción q u e e m p i e z a : «El a s p e r e z a do mis males q u i e r o , » ofrece e s -
te m i s m o poeta varias m u e s t r a s de p e n s a m i e n t o s sutiles y a l a m b i c a d o s , m a s
propios do u n a e n m a r a ñ a d a disertación escolástica que do los labios de u n
enamorado.
El buen g u s t o condena en los escritos serios ¡os e q u í v o c o s , ios r e t r u é c a -
n o s , las paronomasias, las antítesis de p a l a b r a s , las paradojas y toda cíase de
c o n c e p t o s q u e pongan en t o r t u r a el i n g e n i o , de la misma m a n e r a q u e r e -
p r u e b a en poesía los acrósticos y l a b e r i n t o s , c u y o solo mérito consiste en u n a
dificultad vencida. P o r desgracia también ea l i t e r a t u r a se aplaude m u c h a s
veces con entusiasmo la habilidad de u n salto mortal.

§. 218.

Los vicios opuestos a la naturalidad de la elocución ó del estilo


son la afectación, la exageración y la hinchazón. Es afectado el
estilo cuando muestra demasiado estudio en la elección y coloca-
ción de los pensamientos, de las figuras y de las palabras. Si las
ideas están violentamente colocadas y ¡as palabras parece que tro-
piezan y se atrepellan unas con otras, revelando los inútiles y p e -
nosos esfuerzos del compositor, recibe el estilo el nombre de for-
zado. La exageración consiste en ponderar los pensamientos y
afectos de tal manera que so traspasen los límites do la naturaleza
y de la verdad poética. La hinchazón es el abuso de imágenes, de N
—160 —
adornos y relumbrones, y de palabras sesquipedales y retumban-
tes. Cuando este abuso se comete, decimos que el estilo es hin-
chado, hueco, campanudo.

L a afectación denota falta de h a b i l i d a d , y t i e n e s i e m p r e algo de ridículo.


El estilo forzado nos da c o n g o j a , p o r q u e oimos balbucear al a u t o r , sufrimos
t o d o s los t o r m e n t o s que él s u f r e , y estamos con el ansia del que está p r e s e n -
c i a n d o difíciles y peligrosas s u e r t e s g i m n á s t i c a s . L a e x a g e r a c i ó n , además de
la falsedad q u e e n c i e r r a , s u p o n e cierto desarreglo de la fantasía. L a h i n c h a -
z ó n ofende m a s todavía, p o r q u e nace m u y f r e c u e n t e m e n t e de u n a e s t ú p i d a
a c t a n c i a . L o n g í n o y Quintiliano c o m p a r a n la h i n c h a z ó n del estilo con la del
c u e r p o , diciendo que es indicio de falta de s a l u d , y n o de r o b u s t e z .

§. 219.

El estilo afectado y el forzado son efecto muchas veces de la


misma timidez y demasiada lima. En ambos defectos tropiezan
muy á menudo los puristas, los que pretenden comunicar al esti-
lo una precisión matemática, los que no aciertan á dar un solo
paso sin la muleta de las reglas. Ubicumque ars ostentatur veri-
tas abesse videtur. ( Q U L N T . , 2 , 3.) Pero asi la afectación como la
exageración y la hinchazón proceden con mas frecuencia de la
vanidad del autor, que por atender al aplauso echa en olvido el
asunto. Unas veces, para ser armonioso, violenta la colocación de
las palabras ; otras veces piensa dar nobleza al estilo, empleando
voces cultas y anticuadas, ó alambicando los pensamientos ; otras
quiere ser elegante, y embute la frase de metáforas, comparacio-
nes, epítetos y perífrasis, sin atreverse jamás á nombrar las cosas
por su propio nombre; ora, por último, confunde la delicadeza con
la oscuridad, la sublimidad con la hinchazón, la vehemencia y
fuego de las pasiones con la exageración fria é insoportable. La
exageración de los afectos es la mas ridicula, ya se finja lo que
uno de nuestros escritores satíricos llama sensiblería, ya se pre-
tenda agitar intempestivamente los ánimos á fuerza de interroga-
ciones, apostrofes, exclamaciones y puntos suspensivos,- dan-
do el espectáculo de un loco metido entre personas de sano juicio.

L o n g í n o dice q u e Gorgias fué objeto de b u r l a p o r h a b e r llamado á J é r g e s


el Júpiter de los griegos, y á los cuervos sepulcros animados. Lucano abun-
— 161 —
da en expresiones de esta c l a s e , y abusa de la hipérbole hasta el e x t r e m o d e
decir que el c u e r p o de P o m p e y o puede llenar t o d a la c a m p i ñ a de L a g o , o m -
nia Lagi rura tenere potest, y que el n o m b r e y extensión del imperio r o m a -
n o son la m e d i d a de su t u m b a : Romanum nomen et omne imperium mag-
ni est tumuli modus. Censura Vida á los que por hablar metafóricamente
llaman á la g r a m a crines magnae genitricis, y á l o s establos* lares wquinas; y
el mas z u m b ó n y mordaz de los'escritores del siglo pasado se mofa del b o t i -
cario que p a r a a n u n c i a r al público u n a nueva droga á tres francos la botella,
dice que interrogó á la naturaleza y que la hizo esclava de su ciencia. S a -
b i d o e s , p o r ú l t i m o , lo de Acarrear las comodidades de la conversación, y
lo d e No te apropincues á mi; que empañarás el candor de mi castísimo
vulto.
L a s s i g u i e n t e s palabras de M o n t a i g n e , que difícilmente podrían t r a d u c i r -
se al castellano, r e s u m e n c u a n t o pueda decirse de la n a t u r a l i d a d d e la elocu-
ción. Si j'étais du métier, je naturaliserais Vari autant comme ils artiali-
sent la nature.

CAPITULO II.

DE LAS CUALIDADES ACCIDENTALES DE LA ELOCUCIÓN,

Ó DE LOS DISTINTOS GÉNEROS DE ESTILO.

§. 2 2 0 .

Las cualidades esenciales son pocas y se distinguen por su c a -


rácter permanente; las accidentales son infinitas y variables: las
cualidades esenciales constituyen el tipo fundamental de la buena
elocución; las accidentales constituyen los diversos géneros de es-
tilo, sus diversas especies, y por último, el carácter ó fisonomía
particular que generalmente distingue á los escritores nota-
bles (§. 21).
Así como la especie h u m a n a presenta u n tipo general y c o n s t a n t e que d i s -
t i n g u e al h o m b r e de los demás s e r e s , al propio tiempo que u n a variedad d e
r a z a s , p u e b l o s , familias é i n d i v i d u o s ; asimismo el estilo, sin t r a s p a s a r los
límites q u e e s e n c i a l m e n t e c o n s t i t u y e n la buena elocución, p r e s e n t a u n a v a -

— 162 —
ríedad marcada de géneros y e s p e c i e s , y r e c i b e , por ú l t i m o , el sello i n d i v i d u a l
del escritor. In oratione vero si species intueri velis, totidem pene reperias
ingeniorum, quot corporum formas. ( H U N i . , ¡ai, 10.)

§. 2 2 1 .

La obra artística y el estilo que forma parte de ella, son á la


voz efecto del arte y del artista. El arte impone sus leyes al artista
sin privarle por esto de su independencia ni de su individualidad.
Una de las cualidades esenciales de la elocución es la oportuni-
dad , y la oportunidad requiere que el estilo esté amoldado al
asunto y al género literario do la obra.
Do aquí las denominaciones de sublime, majestuoso, humilde,
gracioso, festivo, etc., que damos al eslilo por razón del sugeto ó
materia de que se habla, y las de poético, oratorio, histórico, di-
dáctico, para significar los caracteres que debe tenerla elocución
de las obras poéticas, oratorias, etc.

Al t r a t a r do cada uno de los g é n e r o s l i t e r a r i o s , indicaremos el estilo que


les es p e c u l i a r .
Quum sü autem rheloriecs atque oraloris opus orado, pluresque ejus for-
mal, sicut ostendam ; in ómnibus his et ars esl et artifex : plurimum ta-
men invicem differunt; nec solum specie, ut signum signo, et tabula tabú-
leepet actio actioni, sed genere ipso, ut Grcecis Tuscanicw statua, et Asia-
nus eloquens Altico. ( Q C I N T . , XII, 1 0 . )
R e c u é r d e s e io dicho respecto de la originalidad ( § . 2 0 6 ) .

§. 222.

Pero sin faltar á las condiciones esenciales de la buena elocu-


ción , ni á las que imponen el asunto y el carácter de la obra, to-
davía le queda al escritor un campo extenso donde puedan desen-
volverse con toda libertad sus facultades. ¥ como todo lo que
rodea al hombre influye mas ó menos directamente en el modo
de manifestar sus conceptos; por esta razón, al paso que en el es-
tilo se refleja la fisonomía moral del escritor, también se refleja
mas ó meaos vagamente el carácter de las épocas y de las na-
ciones.

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— 163 —
Bajo este c o n c e p t o , así como decimos estilo pindárico, ciceroniano, gon-
gorino, para signiíicar el carácter peculiar q u e d i s t i n g u e á P í n d a r o , á Cicerón
y á Góngora ; decimos t a m b i é n estilo d e tal ó cual época l i t e r a r i a , estilo la-
cónico, ático , oriental, provenzal, afrancesado, e t c . Cuando la l i t e r a t u r a
se desenvuelve e s p o n t á n e a m e n t e en u n p a í s , sin q u e venga á p e r t u r b a r s u
n a t u r a l desenvolvimiento la h e t e r o g é n e a mezcla de elementos extraños, tanto
en el e s t i l o , como en el lenguaje , e n c u é n t r a s e p r o f u n d a m e n t e i m p r e s o el
c a r á c t e r nacional. La pureza del estilo es algo m á s q u e la p u r e z a del i d i o m a .
Si no hicimos mérito de la p u r e z a del estilo al tratar d e las cualidades e s e n -
ciales de la elocución, es por considerarla como e m b e b i d a en todas ellas, y por
reconocer ademas las g r a v í s i m a s dificultades q u e ofreceria su exacta a p r e -
ciación.

§. 2 2 3 .

Siendo infinitas las cualidades accidentales que pueden modi-


ficar la elocución, vamos á fijarnos solamente en las principales,
y en las que determinan géneros de estilo muy marcados y gene-
ralmente reconocidos por la crítica. Bajo este supuesto, hablare-
mos: i.° del estilo cortado y periódico; 2." de la concision y
abundancia; 3.° de la energía; í.° del estilo vivo, vehemente y
patético; 5." de la sencillez; 6." déla elegancia; 7.° de la mag-
nificencia y sublimidad; 8." del estilo familiar, jocoso, satírico,
humorístico; y 9.° de las denominaciones que aplicaron al estilo
los retóricos antiguos.

I—ESTILO CORTADO Y PERIÓDICO.

§. 2 2 4 .

Se llama cortado el estilo cuando en él predominan las cláu-


sulas breves y sueltas, y periódico cuando la mayor parte de
las cláusulas son extensas y periódicas, ó verdaderos períodos.
Tanto la armonía del lenguaje como la variedad del estilo acon-
sejan entrelazar las cláusulas breves y sueltas con las extensas y
periódicas; pero sin faltar á esta regla, y recordando lo que se
dijo en el tratado de la armonía imitativa, debe ponerse muchí-
sima atención en no faltar á la conveniencia del estilo con el asun-
to. El estilo cortado es propio de la enumeración, de la descrip-
ción, de las narraciones rápidas, de los momentos en que la
— 164 —
pasión nos arrebata; el periódico es propio de la discusión tran-
quila, de la amplificación y de los asuntos elevados en general.

Cicerón, que g e n e r a l m e n t e se p r e s e n t a como el m a s perfecto dechado del


estilo p e r i ó d i c o , en su p r i m e r a catilinaria dio m u e s t r a s de q u e sabia p r e s -
c i n d i r de la oración n u m e r o s a , y c o m u n i c a r á la frase u n m o v i m i e n t o r á p i d o
y a n i m a d o , c u a n d o así lo r e q u e r í a la n a t u r a l e z a del a s u n t o . El estilo p e r i ó -
dico t i e n e s i e m p r e algo de artificial, y si no s e emplea con c a u t e l a , d e g e n e r a
m u y fácilmente en afectado y frío. El estilo cortado , c u a n d o es s e n t e n c i o s o
y profundo, a u m e n t a la g r a v e d a d de la s e n t e n c i a ; c u a n d o está dispuesto c o n
cierta s i m e t r í a , realza, como en los L i b r o s s a g r a d o s , el carácter poético de la
elocución. P e r o c u a n d o los pensamientos son triviales y p r o s a i c o s , el estilo
m a l llamado bíblico es afectado y r i d í c u l o .

II. — C O N C I S I Ó N , A B U N D A N C I A .

§. 2 2 S .

La concisión consiste en expresar muchas ideas con pocas p a -


labras.
Montaigne dice que la energía condensa el pensamiento; mas
exacto seria atribuir este efecto á la concisión. La concisión, lo
mismo que la precisión (§. 2 0 0 ) , puede depender de la sentencia
ó de la frase. Los pensamientos profundos, las imágenes muy v i -
vas y oportunas, dicen mas de lo que literalmente suena. Si estos
pensamientos é imágenes abundan en el escrito, si se omiten las
digresiones é ideas accesorias, las deducciones, las transiciones
y todo lo que, no siendo esencialísimo, pueda considerarse como
adorno ó medio de amplificación, la concisión del estilo será un
resultado de la economía en los conceptos é ideas! Pero á esta
concisión de la sentencia se agrega la concisión del lenguaje,
cuando se eliminan todas las palabras que, por la virtud elíptica
del idioma, pueden omitirse sin faltar á la pureza ni á la cla-
ridad.

T a n t o la concisión como la precisión son cualidades de la e l o c u c i ó n , del


estilo ó de la e x p r e s i ó n , si se q u i e r e ; pero no se confunda esta voz con la voz
lenguaje, porque en este caso nos formaríamos u n a idea i n c o m p l e t a , así d e
la concisión como de la precisión.
A u n q u e las voces laconismo y concisión sean por m u c h o s r e p u t a d a s c o m o
— 165 —
r i g u r o s a m e n t e s i n ó n i m a s , el uso establece e n t r e ellas u n a ligera diferencia.
L a concision no se opone á la extension material del discurso ; el l a c o n i s -
m o sí. Decimos que u n a contestación es lacónica c u a n d o , a d e m á s de sor c o n -
cisa, consta d e pocas palabras.
Tampoco debe confundirse el escritor conciso con el sucinto ó compendio-
so ; p u e s no basta s a b e r r e s u m i r ó c o m p e n d i a r , para m e r e c e r el r e n o m b r e
de conciso.

§. 2 2 6 .

Después de lo dicho, fácilmente se comprenderá cuan distinta


es la concision déla precision. La precision es una cualidad esen-
cial, y por lo mismo, cuanto mas preciso sea un autor, tanto me-
jor será su estilo; la concision es una cualidad accidental, prenda
excelente y distintiva dé los grandes escritores, muy recomenda-
ble cuando es oportuna, pero muy digna de censura siempre que
las circunstancias del asunto ó del auditorio requieran amplifica-
ción y abundancia.

Algunos a u t o r e s colocan la concision e n t r e las cualidades e s e n c i a l e s , p o r -


q u e entienden por estilo conciso aquel en que no se e m p l e a n palabras i n ú -
tiles, y por c o n s i g u i e n t e t o m a n esta voz en u n sentido distinto del nuost.ro.
G e n e r a l m e n t e se hace tanto aprecio de la c o n c i s i o n , p o r q u e e n c e r r a n d o el
p e n s a m i e n t o en poco espacio, a u m e n t a el valor i n t r í n s e c o de la o b r a , y solo
p u e d e ser fruto del genio ó de u n a meditación m u y profunda. El a u t o r m u y
c o n c i s o , p a r e c e que nos coloca en elevadísimas c u m b r e s , desde ¡as cuales,
con la celeridad del rayo, r e c o r r e n u e s t r a m i r a d a las m a s vastas l l a n u r a s .

§. 2 2 7 .

La abundancia [copia dicendi) es en ciertas ocasiones indis-


pensable para la claridad; porque los oradores concisos y pro-
fundos no están al alcance de todo el mundo. Los pensamientos
profundos y el estilo conciso, liando en la capacidad del lector, de-
jan que por sí mismo penetre y adivine lo mucho que se calla j

y muchas veces es necesario decirlo todo. Las comparaciones,


las descripciones, la enumeración, las digresiones, todas las figu-
ras cuyo principal objeto es la elegancia del estilo, las íiguras pa-
téticas, en una palabra, la amplificación oratoria, recreando la
fantasía y moviendo los afectos, además de aligerar la atención
— 166 —
por medio de la variedad, aclaran el sentido, supliendo en cierto
modo la inteligencia de los lectores. Principalmente en los dis-
cursos pronunciados, puede ocurrir que no baste ilustrar y a m -
plificar un concepto, sino que también sea preciso volver á él des-
pués de haberle dejado, para que se note su relación con las ideas
del momento, ó para que se grabe mas fuertemente en la m e -
moria.

El poeta ó el orador que so vanagloriase de preferir u n a expresión lacónica,


pero débil, fria y descolorida, á otra expresión m e n o s concisa, pero m a s b r i -
l l a n t e , m a s graciosa ó m a s e n é r g i c a , no seria e c o n ó m i c o , sino m i s e r a b l e ; y
absteniéndose de lo superfino, s e ' p r i v a r i a do lo n e c e s a r i o . (MARJIONTEL.)
De la a b u n d a n c i a debo decirse lo m i s m o q u e de la concisión y de todas las
cualidades accidentales : Ne quid nimis. Tito Livio y Cicerón p u e d e n p r o -
s e n t a r s e como modelos de a b u n d a n c i a ; P e r s i o y Tácito son verdaderos d e -
chados de concisión : n i n g u n o de estos a u t o r e s falta por lo general á la
precisión.

§. 2 2 8 .

El estilo figurado no se opone siempre á la concisión. Favore-


cen notablemente !a concisión algunas figuras patéticas, las que
consisten en la supresión de palabras, y sobro todo, los tropos y
las imágenes. Así como en el estilo figurado cabe la concisión, es
también muy posible que el sencillo' peque por redundante y d i -
fuso. La sencillez y la concisión son dos cualidades distintas.
Tampoco deben confundirse con el estrío conciso el cortado
ni el sentencioso. Este, como su nombre lo indica, es el estilo
recargado de sentencias; y aunque la sentencia supone brevedad
en la expresión, puede, sin embargo, ser difuso el estilo, tanto en
la manifestación de los pensamientos no sentenciosos, como por
razón de las frecuentes repeticiones.
En cuanto al estilo cortado , es cierto que se hermana mejor
con el conciso; así el periódico es mas propio de la amplificación;
pero se concibe sin dificultad un esfilo á la vez cortado y difuso,
como también puede concebirse la concisión ajustada al estilo pe-
riódico.

En m u c h o s libros de la Biblia, el estilo, a d e m á s de c o r t a d o , es á u n t i e m -


— 167 —
p o conciso, figurado y sentencioso. A veces las frases de un a u t o r son muy
concisas, y su estilo es difuso. Séneca y Ovidio p r e s e n t a n en s u estilo esla
a p a r e n t e contradicción. El P . Mariana ofrece i n d u d a b l e m e n t e , como todos
los autores do t a l e n t o , algunos modelos de concisión como los q u e cita C a p -
many y otros q u e p o d r í a n a ñ a d i r s e ; pero bastará recordar la mayor p a r t e de
las descripciones y a r e n g a s de su Historia de España, p a r a conocer q u e m a s
quiso i m i t a r la a m p l i t u d de Tito Livio que la profunda y nerviosa concisión
de Tácito.

HI. - ENERGÍA.

§. 229.

Se llama enérgico ó nervioso el estilo cuando produce en el


ánimo una impresión viva y fuerte, de tal modo, que parece que
los conceptos han de quedar esculpidos para siempre en la memo-
ria. Si las ideas pasan y se desvanecen sin apenas fijar nuestra
atención y sin dejar en el ánimo ninguna impresión buena ni ma-
la, el estilo sollama flojo, débil, lánguido, soporífero.

La voz energía indica la m u c h a eficacia d é l a i m p r e s i ó n . Los autores q u e


d i s t i n g u e n los p e n s a m i e n t o s y sentimientos fuertes d e los e n é r g i c o s , ó no se
e n t i e n d e n , ó consideran dos grados de u n a misma cualidad.

§. 2 3 0 .

La energía de! estilo depende no menos de la estructura del


lenguaje que de la manera de sentir y concebir. Es indudable que
si un orador concibe y raciocina con fuerza y siente con mucho
calor, se expresará también con energía, pero en las composicio-
nes escritas, en que ni la voz ni el gesto contribuyen á revelar la
fuerza interior del alma, basta la mala colocación de las palabras
para destruir todo el nervio de la elocución. Los pronombres, los
adjetivos demostrativos, las voces expletivas, el pleonasmo en
general contribuyen poderosamente á la energía de la dicción,
pero nada la enerva tanto como el uso vicioso del mismo pleo-
nasmo.

ES uso del demostrativo a u m e n t a la energía de las siguientes frases : « N o


hablaremos de aquel V i l e l i o q u e , e n c e n a g a d o en torpezas...))—«No p e r m i t i r é
— 168 —
q u e por alargar c u a t r o días esta m i cansada vejez »— « E s t o s , F a b i o , ¡ay
dolor! q u e ves ahora campos de soledad »
E n las siguientes producen el m i s m o efecto las voces expletivas y el p l e o -
n a s m o : « E s t o sí que es sufrir.» — «Yo lo digo.» — «Tú lo verás.» — «Ya n o s
v e r e m o s . » . — « ¡ Q u é ! ¿ H e m o s de padecer siempre?»—«Y ¿no ha d e confesarlo
n u n c a ? » — « C a l l a esa b o c a . » — « H a s de tocarlo con t u s propias m a n o s . »

§• 231.

Para conocer cuánto influye en la energía la acertada coloca-


ción de las palabras, inviértase el orden de una frase ó de una
cláusula bien construida, y se verá cómo pierde la mayor parte
de su vigor. Si se trastruecan las siguientes palabras de Virgilio :
Navem in conspectu nullam, la imagen se debilita y queda com-
pletamente ofuscada. Todo el arte consiste en hacer resaltar lo
mas importante, en obscurecer lo accesorio, en cercenar lo i n ú -
til, en manifestar la relación de unas ideas con otras, y en aumen-
tar gradualmente el interés.
Añádase á todo esto el efecto déla armonía imitativa, que por
medio de los sonidos ásperos y fuertes, y de las cláusulas breves
y cortadas, puede contribuir tan directamente al iiervio.de la ex-
presión.

En m e c á n i c a para g r a d u a r el valor de una fuerza r e s o l t a n t e no basta s u -


m a r todas ¡as fuerzas s i m p l e s ; es preciso lencr en c u e n t a su dirección. Lo
m i s m o sucede con la colocación de las palabras en la c l á u s u l a : una palabra
p u e d e llegar á d e s t r u i r el efecto producido por o t r a , de la m i s m a m a n e r a q u e
se debilitan ó destruyen dos fuerzas en direcciones e n c o n t r a d a s . En c u a n t o
á la armonía imitativa, es preciso no caer en el abuso de algunos a u t o r e s ,
q u e con a m o n t o n a r m u c h a s erres y con t r u n c a r á cada m o m e n t o la frase
creen h a b e r dado al estilo todo el nervio de que es capaz.

§. 232.

La imaginación, haciendo visibles los objetos, haciéndolos pal-


pables, es una de las causas mas poderosas de la energía del pen-
samiento; y por esta razón, los epítetos, los tropos de palabra,
algunos de los de sentencia, las figuras pintorescas, y sobretodo,
la hipérbole, comunican tan varonil robustez al estilo. Y como el
que concibe con energía toma un vivo interés por el objeto, y
— 169 —
siente y se expresa con ardor y eficacia, todas las figuras patéti-
cas, y especialmente la interrogación y la apostrofe, aumentan ex-
traordinariamente el vigor de la expresión y del raciocinio. El
mismo efecto producen entre las-figuras de palabra la disjuncion,
lavconjuncion y la repetición.

Cuando el p e n s a m i e n t o se aisla en las regiones de lo a b s t r a c t o , c u a n d o n i


la imaginación n i el s e n t i m i e n t o no p u e d e n t o m a r n i n g ú n i n t e r é s por el
a s u n t o , será dable aspirar á la c l a r i d a d ; de n i n g ú n modo á la e n e r g í a . « U n a
demostración m a t e m á t i c a , d i j o un filósofo del siglo pasado , no puede recibir
m a s ó m e n o s evidencia, mas ó m e n o s fuerza; solo p u e d e a l a r g a r ó abreviar el
c a m i n o , ser m a s ó m e n o s complicada, m a s ó monos clara.»

§. 2 3 3 .

Finalmente, la concisión, concentrando toda la fuerza del pen-


samiento como, en un punto, acrecienta de tal suerte el vigor de
la elocución, que muchos confunden el estilo nervioso con el e s -
tilo conciso y cortado. No obstante, si bien es indudable que coin-
ciden muy frecuentemente estos diversos caracteres del estilo, no
lo es menos que la energía se compadece muy bien con cierto
grado de amplificación, y que muchas veces, como en la repeti-
ción, en la conjunción, en la enumeración y en el pleonasmo,
nace la fuerza del discurso de la misma superabundancia de la ex-
presión.

Tito Livio, en medio de u n estilo lleno y amplificador , conserva b a s t a n t e


energía.

§. 2 3 4 .

La energía no es una cualidad esencial del discurso, como lo han


creido algunos autores, por no distinguirla suficientemente de la
claridad. Es cierto que el estilo nunca debe ser débil, que nunca
debe estar destituido del calor y nervio que consiente ó exige el
asunto, porque en este caso se faltaría á la conveniencia de la
elocución; pero en muchas ocasiones la energía seria un defecto
gravísimo. Hay materias que exigen blandura en los afectos y
suavidad en las expresiones, y no se aviene con estas cualidades
— 170 —
la energía, que supone siempre mayor ó menor grado de a s -
pereza.

P o r esta razón , los autores que aspiran al dictado de e n é r g i c o s , q u e d e s -


d e ñ a n la elegancia y la a r m o n í a , caen fácilmente en u n estilo escabroso y
d u r o , sacrificando á la fuerza de la expresión otras cualidades no m e n o s i m -
p o r t a n t e s . E n p i n t u r a y en m ú s i c a se ñ o l a con mas evidencia lo que acaba-
m o s d e observar. Las pinceladas valientes y enérgicas q u e , revelando tanta
firmeza de imaginación como seguridad de p u l s o , caracterizan de u n solo
golpe u n objeto, son el mas peligroso escollo de los p i n t o r e s medianos.

IV. — V I V E Z A , V E H E M E N C I A , ESTILO PATÉTICO.

§. 2 3 o .

La viveza y la vehemencia del estilo nacen ambas de la sensi-


bilidad. Se llaman vivos los pensamientos, los afectos y el estilo
en general, cuando están penetrados de un calor suave que les da
animación y movimiento: todo el mundo siente y reconoce la v i -
veza de un escrito, pero es imposible definirla claramente ni de-
terminar sus causas; es el fuego del alma del escritor que, seme-
jante al caiof en lo físico, se trasmite por ignorados medios al
alma de los lectores. La vehemencia manifiesta, digámoslo así,
un exceso de vida. Se llama vehemente el estilo cuando se preci-
pita con ímpetu-al reiterado impulso de la pasión y de la sucesión
rápida de las ideas, que se agolpan y hierven en el espíritu, pug-
nando por desbordarse al exterior. Quintiliano le compara con el
torrente que arrebata las piedras y las rocas. Son contrarias al
estilo vehemente todas las figuras que no tengan otra mira que el
ornamento del discurso, así como la estudiada armonía de la frase
y la pompa del período. Antes bien le distinguen las cláusulas
cortadas y rápidas, y todas las figuras patéticas.

La v i v e z a , lo m i s m o que la e n e r g í a , se confunde con m u c h a frecuencia


con la claridad, p o r q u e , tanto la viveza como la energía, dan luz á ios objetos,
y vico-versa, la claridad y vigor del estilo a u m e n t a n la animación ó i n t e r é s del
discurso. Tampoco so deslindan g e n e r a l m e n t e con m u c h a precisión el estilo
e n é r g i c o , c! vivo y el v e h e m e n t e ; pero c u a n d o usual m e n t e hablando d e c i m o s
que la fisonomía del h o m b r e debe ser e n é r g i c a , q u e están llenos de viveza
— 171 —
los ojos do u n n i ñ o , distinguimos perfectamente el sentido de e n t r a m b o s
epítetos. T a m p o c o confundimos al h o m b r e de carácter vivo con el de carácter
vehemente.

§. 2 3 6 .

No siempre los afectos se derraman con vehemencia en el dis-


curso; á veces se insinúan blanda y suavemente en el ánimo, lle-
nándole de vaga melancolía, ó arrancando lágrimas de ternura, ó
ensanchando el corazón de placer. Se da el nombre de patético en
general al estilo en que predomina la moción de afectos, ya dul-
ces y sosegados, ya enérgicos y fogosos. La suavidad y ternura
del estilo, purificadas en la dulce llama de la piedad y de la ca-
ridad cristiana, reciben en materias religiosas el nombre de
unción.

L a voz patético se toma á veces en u n sentido mas c o n c r e t o , y como s i n ó -


nimo de t i e r n o , l a s t i m o s o , melancólico; y en este sentido decimos t a m b i é n
sentimientos patéticos, música patética.

§. 237.

La viveza y vehemencia del estilo, cuando guardan consonan-


cia con la materia del discurso, hacen mas interesante la elocu-
ción, la primera produciendo una emoción agradable y blanda, y
la segunda agitando fuertemente los ánimos, y arrastrando las
voluntades por medio del triunfo'de las pasiones. Pero en asuntos
que exijan frialdad y calma, la viveza puede convertirse en afec-
tación , y la vehemencia en desapacible y fastidioso tono decla-
matorio.

¥. —SENCILLEZ.

§. 2 3 8 .

La sencillez excluye todo lo que tenga visos de ornato; así


pues, damos el nombre de sencillo al autor que , contentándose
con la claridad y la corrección del estilo, no solamente prescinde
de los adornos brillantes y movimientos apasionados, sino tam-
bién del elegante artificio en la colocación y armonía de las pala-
— 172 — -
bras. Para que el estilo sencillo pueda interesarnos, es preciso que
el fondo de la obra tenga mucha importancia propia. Es uno de
los estilos mas difíciles, porque deja al descubierto los menores
lunares del pensamiento y de la dicción, y se convierte fácilmente
en árido, áspero y pesado.

Diferenciase e! escritor árido de! escritor ¡¡ano en que el p r i m e r o desecha


todo ornato ó ignora en q u é c o n s i s t e ; el s e g u n d o no lo d e s e c h a , p e r o t a m p o c o
lo b u s c a .
El estilo sencillo c o m p r e n d e los que llama Blair estilo llano y estilo lim-
pio, considerándolos como dos grados i n t e r m e d i o s e n t r e la aridez y la e l e -
gancia. E s t e mismo autor e n t i e n d e por estilo sencillo el opuesto al afectado,
y por consiguiente el n a t u r a ! y fácil. La facilidad es la p r e n d a que m a s nos
cautiva en el estilo sencillo ; por cuya r a z ó n la palabra sencillez p u e d e e m -
p l e a r s e , como la empleó Blair, en sentido de n a t u r a l i d a d . El estilo sencillo,
aplicado á objetos de g r a n d e i m p o r t a n c i a , recibo el n o m b r e de austero y gra-
ve: « e s la m a n e r a con que habla u n h o m b r o p r o f u n d a m e n t e ocupado en n e -
gocios arduos y de la mayor entidad.» Como se dirá mas a d e l a n t e , el estilo
sencillo es el mas c o n g r u e n t e para la expresión de lo s u b l i m e .

VI.—ELEGANCIA., E S T I L O F L O R I D O .

§. 2 3 9 .

Es elegante el estilo cuando está adornado con todas las galas


de la imaginación, al tiempo que recrea dulcemente el oido con la
armoniosa, coordinación de las palabras. El escritor elegante no
se contenta con trasmitir claramente el pensamiento; se propone
además agradar, embelleciendo la expresión con las hermosas
imágenes' que le sugiere la fantasía y con todos los recursos del
arte. En la elegancia van comprendidas la gracia, la belleza, la
finura, la delicadeza de los pensamientos, imágenes y afectos.

La elegancia no se limita á la « h e r m o s u r a que r e s u l t a al estilo de la p u -


r e z a , p r o p i e d a d , b u e n a elcccion~y colocación de las palabras y frases»; p o r -
q u e d e p e n d e tanto ó m a s del p e n s a m i e n t o que del lenguaje. La elegancia
{ eligere) no es m a s q u e la elección de los a d o r n o s , dirigida por el buen g u s t o ;
ó , como algunos a u t o r e s han d i c h o , es el resultado d e la precisión y del
ornato.

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§. 2 4 0 .

Llámanse bellos en general los pensamientos, imágenes y sen-


timientos que producen en el ánimo una impresión blanda y pla-
centera. La impresión délo bello, tranquila siempre, no es incon-
ciliable con la ternura de los afectos ni con la tristeza misma,
suave bálsamo del corazón, que le llena á veces de vago y miste-
rioso encanto. La gracia, que á la idea de lo bello añade las de
viva animación y ligereza, conmoviendo suavemente el pecho, co-
munica al labio una apacible y grata sonrisa. Es todavía mas in-
definible que la belleza; es el mulle atque facetum, que tanto d e -
leitaba á Horacio, al contemplar las pinturas campestres del autor
de las Geórgicas.

No debe confundirse !o festivo ó jocoso con lo gracioso. Uno de los c u a d r o s


m a s graciosos q u e ha imaginado la poesía es el del espanto del n i ñ o Astyanax,
al a s u s t a r s e del p e n a c h o de su p a d r e . E s graciosa también la i m a g e n q u e
encierra la s i g u i e n t e estrofa :
Junto al agua se ponía
Y las ondas a g u a r d a b a ,
Y en verlas llegar h u í a ;
Pero á veces no p o d í a ,
Y el blanco pié se mojaba.
( G I L POLO.)

Y la siguiente de "Virgilio :
Malo me Calatea petit, lasciva puella,
Et fugit ad sauces ,etse cupit ante videri.

Anacreonte es el poeta m i m a d o de las g r a c i a s ; algunas veces le imitaron


felizmente n u e s t r o s p o e t a s , como puede verse en el r o m a n e o d e Cadalso:

¿Quién es aquel que baja


Por aquella colina, etc.

Bello y t i e r n o , sin que p u e d a llamarse gracioso , es el siguiente pasaje do


Garcilaso:
Busquemos"otro llano,
Busquemos otros montes y otros r i o s ,
Otros valles lloridos y sombríos
Do descansar, y siempre pueda verte
Ante los ojos mios
Sin miedo y sobresalto de perderte.
— 174 —
No lo es menos la imagen q u e p r e s e n t a n estos versos de Villegas:

Jamás el peso de la nube parda,


Cuando amenace en la elevada c u m b r e ,
Toque tus h o m b r o s , ni su mal grani/.o
Hiera tus alas.

§• 2 4 1 .

La finura presenta medio oculto el pensamiento, pero dejando


que el lector le penetre con facilidad. Es una délas cualidades que
mas gracia comunican al estilo, y una de las que mas nos agra-
dan, por el secreto placer que experimentamos al adivinar por nos-
otros mismos lo que el autor no dice claramente. La delicadeza
es la misma finura acompañada de una emoción dulce y tranqui-
la; es la finura del sentimiento. La delicadeza nace espontánea-
mente del corazón; la finura supone mas bien ingenio. El pensa-
miento fino se convierte fácilmente en agudo é ingenioso, y el i n -
genioso degenera muchas veces en sutil y alambicado, y por lo
tanto, en afectado y oscuro.

La agudeza de ingenio consiste en d e s c u b r i r e n t r e los objetos r e l a c i o n e s


m u y distantes y que difícilmente h u b i e r a n percibido la g e n e r a l i d a d de los
lectores : si estas relaciones son tan l i g e r a s , q u e c u e s t e a l g ú n esfuerzo p e -
n e t r a r el sentido, n o t á n d o s e a d e m á s cierto minucioso artificio por parte del
e s c r i t o r , el ingenio se convierte en sutileza. Los p e n s a m i e n t o s m u y sutiles
r e c i b e n el expresivo n o m b r e de alambicados. L a finura y la d e l i c a d e z a , q u e
t a m b i é n suponen aquel s i n g u l a r d i s c e r n i m i e n t o de p e r c i b i r e n t r e los objetos
relaciones que no d i s t i n g u e el v u l g o , se diferencian de la a g u d e z a de ingenio
p o r la mayor e s p o n t a n e i d a d .
F i n o , y a u n ingenioso, es el s i g u i e n t e elogio á u n e m p e r a d o r que hacia la
g u e r r a lejos de R o m a :

Terrarum dominum propius videl Ule, tuoque


Terretur vultus Barbaras el fruitur.
(MART.)

W a l l e r , poeta i n g l é s , q u e había hecho el p a n e g í r i c o de Grornwell, c u a n d o


Garios II recobró el trono también c o m p u s o versos en elogio del M o n a r c a .
Y c o m o este lo echase en cara al poeta que eran mejores los versos dedicados
al P r o t e c t o r , le contestó W a l l e r : «Los p o e t a s , S e ñ o r , t e n e m o s m a s acierto
e n las ficciones que en la r e a l i d a d . » Una r e i n a p r e g u n t ó m u y azorada á u n
m i n i s t r o q u é era lo que habia pasado en el Consejo, y r e s p o n d i ó el m i n i s t r o :
— 175 —
«Cuatro h o r a s , Señora.» Estos p e n s a m i e n t o s son í i n o s ; los de los ejemplos
siguientes son delicados :
Ter sese adtollens, cubitoque adnixa levavit;
Ter revolutatoro est, oeulisque errantibusalto
Qumsivit coelo lucem, ingemuitque reperta.
(VIRG.)
Y como en la hermosa
Flor de los labios se h a l l ó , atrevida
La p i c ó , sacó m i e l , fuese volando.
(L. MARTIN.)

§. 2 4 2 .

El estilo elegante se presenta engalanado con todas las gracias


y bellezas de la imaginación y del lenguaje. Las figuras de pala-
bra, los tropos, y principalmente la metáfora, la perífrasis, la per-
sonificación y la alegoría, y por último, las comparaciones y des-
cripciones, son los adornos que mas le distinguen. Cuando estos
adornos se emplean ya con alguna profusión, el estilo recibe los
nombres de florido, brillante. El estilo florido y brillante, que
conviene á poquísimos asuntos, es el estilo de que mas se abusa,
porque con su vano oropel deslumhra al vulgo y conquista fáciles
aplausos al escritor.

VII. — M A G N I F I C E N C I A , S U B L I M I D A D .

§. 2 4 3 .

Cuando en los adornos de la elocución encontramos unida á la


brillantez la grandeza, cuando á lo espléndido de las imágenes y
á la elevación del pensamiento corresponden la pompa de la frase
y la rotundidad del período, el estilo se llama elevado, magnífico,
majestuoso, pomposo, altísono.

Si la magnificencia de la elocución sobrepuja á la g r a n d e z a del a s u n t o , de-


genera el estilo en h i n c h a d o . Los siguientes versos de Melendez, que r e c u e r -
dan la i n t r o d u c c i ó n de la oda Qualem ministrum fulminis, p o d r á n dar u n a
idea del estilo magnífico:
Cual el ave de J o v e , q u e saliendo
Inexperta del n i d o , en la vacía
Región desplegar osa
Las alas v o l a d o r a s , no sabiendo
La fuerza que la g u i a ;
Y ora vaga atrevida, ora m e d r o s a ,
Ora mas orgullosa
S o b r e las altas cimas se levanta;
T r o n a r siente á sus pies la n u b e o b s c u r a ,
Y el rayo abrasador ya no la e s p a n t a ,
Ai cielo remontándose segura ;
Entonce el pecho g e n e r o s o , herido
De miedo y alborozo, ulano l a t e ;
Riza su cuello el viento ,
Que en cambiantes de luz brilla encendido;
El ojo audaz combate
Derecho al claro s o ! , le mira atento ;
Y en su heroico ardimiento,
La vista vuelve, á contemplar se p a r a
La baja t i e r r a , y con acentos graves
Su triunfo engrandeciendo, se declara
Reina del vago viento y de las aves.
Yo así saliendo de mi humilde suelo
En día tan alegre y v e n t u r o s o ,
A gloria no e s p e r a d a ,
D u d o , t e m o , me inflamo, y alzo el vuelo
Do el afán g e n e r o s o
Al premio c o r r e y palma afortunada.

§. 244.

El estilo sublime es un resultado de la magnificencia, de la


energía, vehemencia, de la concisión y de la sencillez misma,
adaptadas á la grandiosidad de los afectos, imágenes y pensa-
mientos. La sublimidad propiamente dicha e s , por consiguiente,
una cualidad del pensamiento ó de los objetos, mas bien que una
cualidad de la elocución; es la noble elevación del espíritu hacia
lo infinito (§. 12); es «el sonido de las almas grandes».

F á c i l m e n t e se conocerá q u e no debe confundirse el estilo magnífico ó p o m -


poso con el s u b l i m e ; p o r q u e el estilo sublime se aviene con la s e n c i l l e z , c o n
la v e h e m e n c i a , con la c o n c i s i ó n , con la b r e v e d a d y hasta con la aspereza de
la frase ; y nada de todo esto os compatible con la magnificencia y p o m p a de
la elocución. Demetrio Falereo distinguió ya ol estilo magnífico del s u b l i m e .
T a m b i é n se d i s t i n g u e n g e n e r a l m e n t e las i m á g e n e s , ideas y s e n t i m i e n t o s
g r a n d e s d e los s u b l i m e s , considerándose en este caso la sublimidad c o m o el
m a y o r g r a d o de g r a n d e z a q u e p u e d e c o n c e b i r la i m a g i n a c i ó n , ó c o m o la
grandeza absoluta de que habla Kant. L a s i m á g e n e s y p e n s a m i e n t o s se l i a -
m a n atrevidos c u a n d o p r e s e n t a n los objetos con r a s g o s t a n extraordinarios,
q u e parecen t r a s p a s a r los límites de la n a t u r a l i d a d ; v. g . :
La malicia del demonio se iba extendiendo al compás d e los siglos.
( P . MÁRQUEZ.)

Ved cómo se inclinan ios cielos para presenciar la reconciliación del p a d r e con
el hijo.
(SCHILLER.)

¥ cavaré con lágrimas las peñas


Que ocultan su sarcófago sagrado.
(RIOJA.)

§. 2 4 5 .

La sublimidad de las imágenes procede de su grande extensión,


y ppr esto excita en nuestra alma la idea de lo infinito (§. 12).
La obscuridad aumenta la sublimidad de los objetos, porque bor-
rando sus límites, los engrandece, y da lugar á que la imaginación
supla lo que no puede percibirse por medio de los sentidos. La poesía
reproduce é idealiza las imágenes de la naturaleza, crea otras nue-
vas, y por medio de todas ellas expresa y realza la sublimidad de
las ideas y de los afectos.

Además d é l a sublimidad matemática, p r e s e n t a la naturaleza la sublimidad


dinámica: es fuente de lo sublime lodo lo q u e revela u n extraordinario po-
d e r . Las elevadas c u m b r e s de los m o n t e s , los escarpados precipicios, las cata-
r a t a s , los v o l c a n e s , el m a r , el f i r m a m e n t o , las grandes b a l a b a s , las t e m p e s -
t a d e s , son p a r a el alma del poeta objetos llenos de sublimidad. Homero n o s
p r e s e n t a á los dioses m i s m o s combatiendo u n o s con otros. La religión i n s p i r ó
á la poesía s u s c u a d r o s mas s u b l i m e s : la c r e a c i ó n , el juicio final, el p a r a í s o ,
el infierno.

EJEMPLOS DE IMÁGENES SUBLIMES.

Commota cst, et contremuit térra: fundamenta montium conturt/ata sunt,et


commota sunt, quvniam iraius est eis.
Ascendit fumus in ira ejus: et ignis a facie ejus exarsit: carbones suecensi
sunt ab eo.
lnclinavit caños, et descendit: el enligo subpedibus ejus.
Etascendil super ckerubim, etvolauit: volavit superpennas ventorum.
Et posuit tenebras latibulum suum , in circuitu ejus tabernaculum ejus tene-
brosa agua in nubibus aéris.
Prce fulgore in conspectu ejus nubes transierunt grando, et carbones ignis.
Et intonuit de cmlo Dominus, et Altissimus dedil vocem suam: grande et carbo-
nes ignis.

— 178 —
El misil sagiüas sitas, etdissipavil eos: fulgura multiplicavit, el conturba-
vit eos.
Et aparuerunt fonles aquarum, et reveíala sunt fundamenta orbis terrarum:
abinerepatione tua, Domine, ab inspiratione spirilus irce lum.
Misil de summo, et accepit me: el assumpsit me de aquis mullís.
(PSALM. XVII.)

lnprincipio creavit Deus ccelum et terram. Terra autem eral inanis et vacua;
et tenebrw erant super faciem abyssi: et Spiritus Dei ferebatur super aquas.
Dixit Deus:fiatlux. Et facía est lux.
(GENES.)

Sepe etiam imnensumccelo venitagmen aquarum,


Et fcedam glomerant tempeslatem imbribus atris
Conleclm ex alio nubes; ruit arduus ether,
Et pluvia ingenti sata imta boumque labores
Diluit; itnplentur fossce, et cava flumina crescunt
Cum sonitu; fervelque fretis spirantibus mquor,
Ipsepaíer, media nimborum ia noete, corusca
Fulminamolitur dextra: quo maxuma motu
Terra tremit; fugere ferce; et mortalia corda
Per gentes humilis stravit pavor: ule flagranti
Aut Albo, autRhodopen, aut alia Ceraunia telo
Dejicit; ingeminant austri et densissimus imber;
Nunc memora ingenti vento, nunc litora plangunt.
( V I R G . , Geor., i.)

L o s cielos, que se cubrieron de lulo, resplandecieron viéndole salir del sepul-


cro vencedor. Descendió el noble triunfador á los infiernos,vestido de claridad
y fortaleza; l u e g o , aquella eterna I noche resplandeció, y el estruendo de los q u e
lamentaban c e s ó , y toda aquella tierra de atormentadores tembló con la bajada
del Salvador. Alli se t u r b a r o n los poderosos de M o a b , y pasmáronse los m o r a -
dores de Canaan;
( F R . L . DE GRANADA.)

¥ entre las nubes mueve


Su carro Dios, ligero y r e l u c i e n t e ,
Y horrible son c o n m u e v e ;
Relumbra fuego a r d i e n t e ,
Treme la t i e r r a , humíllase la g e n t e .
(FR. L.DE LEO».)

Alto y feroz rugido


La sed de guerra y la sangrienta saña
Anuncia'/lelleón; con bronco a c e n t o ,
Ensordeciendo el eco en la montaña ,
A devorar su presa
Las águilas se arrojan por el viento.
Solo la sierpe vil, la sierpe i n g r a t a ,
Al descuidado seno q u e la abriga
Callada llega, y ponzoñosa mata.
L a s víboras d e Alcídes,
— 179 —
Son las que asaltan la dorada cuna
De tu felicidad. Despierta, España ,
Despierta, ¡ a y D i o s ! y t u s robustos brazos,
Haciéndolas p e d a z o s ,
Y esparciendo sus m i e m b r o s por la t i e r r a ,
Ostenten el esfuerzo incontrastable
Que en tu naciente libertad se encierra.

Alzase E s p a ñ a , en fin ; con faz airada


Hace á Marte s e ñ a l , y el dios h o r r e n d o
Despeña en ella su crujiente c a r r o .
Al espantoso estruendo ,
Al revolver de su t e r r i b l e e s p a d a ,
Lejos de e s t r e m e c e r s e , arde y se agita,
Y vuela en pos el español bizarro.
(QUINTANA. )

§• 246.

La sublimidad de los afectos pertenece al orden moral. Cuandc-


sobreponiéndose el hombre á sus pasiones y á los intereses de la
tierra, parece que tiende á romper los lazos que. sujetan su libre
arbitrio; al ver triunfantes la ley moral y la dignidad humana,
experimenta el alma una conmoción mas noble y mas profunda
que la que podrian causarnos los mas grandiosos espectáculos de
la naturaleza. Sócrates, Escévola, Régulo, Guzman el Bueno, han
conquistado la admiración y el respeto de las generaciones con
el esclarecido ejemplo de sus virtudes. Los mártires, exclamando
en medio de los tormentos : Soy cristiano, recuerdan el mas
sublime de los sacrificios, cumplido para la redención de los
hombres en la cumbre del Gólgota.

La expresión de los afectos sublimes es g e n e r a l m e n t e simple y c o n c i s a .


Una sola p a l a b r a , el silencio m i s m o , u n a contestación sencilla ó festiva, b a s -
t a n á veces p a r a revelar lodo el temple de las almas g r a n d e s . P e r o en la m a -
yor parle de estos c a s o s , para que esos breves rasgos p r o d ú z c a n l a impresión
de lp s u b l i m e , es preciso q u e la situación esté p r e p a r a d a de a n t e m a n o , como
so observa p r i n c i p a l m e n t e en la lileratura d r a m á t i c a . Las palabras de César,
ofreciendo á Ciña s u a m i s t a d , el tan celebrado Qu'ü mourut,e¡\ Medaa su-
jierest, el grito de venganza de Macduff al e x c l a m a r : Macbeth no tiene hijos,
todas estas sublimes pinceladas no son mas que el r e s u m e n , la última p a l a -
b r a , si así puede d e c i r s e , do u n a situación dramática d e t e r m i n a d a . Edipo.
— 180 —
dice á sus'hijos: a Acercaos, abrasad á vuestro » La voz espira en sus
Sabias, y en esta r e t i c e n c i a consiste la sublimidad. No m e n o s sublime es el
silencio d e D i d o , c u a n d o sin c o n t e s t a r á E n e a s , se e n c a m i n a al bosque donde
estaba gimiendo la sombra de su p r i m e r esposo Siqueo. L o n g i n o cita el caso
de aquel p i n t o r famoso que en el c u a d r o del sacrificio de Ifigenia c u b r i ó con
u n velo el rostro de A g a m e n ó n .
V é a s e , por ú l t i m o , cómo la sublimidad de los afectos p u e d e estar e x p r e -
sada por u n d i c h o , en apariencia ligero ó festivo. Malesherbes, al salir de la
cárcel para dirigirse á la guillotina, t r o p i e z a , y dice : De muy mal agüero es
este tropezón: un romano se metería en casa corriendo. «A uno que le d e -
cía á L e ó n i d a s , antes de la batalla contra el i n n u m e r a b l e ejército d é l o s p e r -
s a s : Nos taparán el sol sus saetas; Mejor, le r e s p o n d i ó , que así pelearemos
á la sombra. A otro que le dijo t e m e r o s o : Ya están los enemigos cerca de
nosotros, le r e s p o n d i ó : Y nosotros cerca de ellos.» ( C A P M A N T . )

La sublimidad de los pensamientos se refiere á un tercer orden


de belleza: la belleza intelectual. Una gran verdad, un principio
que entrañe ilimitadas consecuencias, todo pensamiento que re-
vele la fuerza poderosa del genio, nos admira, nos conmueve. Ar-
químedes pidiendo un punto de apoyo para mover el universo,
expresaba un pensamiento sublime.

Muy f r e c u e n t e m e n t e los p e n s a m i e n t o s sublimes se p r e s e n t a n por medio de


u n a i m a g e n ; p e r o n o hay duda de que sin p e r d e r su forma a b s t r a c t a p u e d e n
c o n s e r v a r l a sublimidad. De este m o d o . e n é r g i c o y sublime, se expresa en los
Salmos y en e! Deuteronomio o! i n m e n s o poder de Dios: El transivi, el ecce
non eral;-—Dixi: ubinam sunt? [ C u á n t a s u b l i m i d a d n o e n c i e r r a n también
aquellas sencillas palabras : Ego sum qui sum! San A g u s t í n dice de Dios :
Patiens quia wternus. Massiilon empieza el elogio fúnebre de Luis X I V , l l a -
m a d o el G r a n d e , con la siguiente exclamación: ¡Solo Dios es grande, herma-
nos mios! No p u e d e hablarse de la sublimidad de los p e n s a m i e n t o s sin que i n -
v o l u n t a r i a m e n t e asalte la memoria de la admirable p á g i n a en que Pascal expli-
c a tan perfectamente la i n m e n s i d a d del u n i v e r s o ; c o n c l u y e n d o de e s i a s u e r t e :
«Todo ¡o que del m u n d o vemos no es m a s q u e u n p u n t o i m p e r c e p t i b l e en el
i n m e n s o seno de la n a t u r a l e z a ; n i n g u n a idea se a c e r c a á la extensión de, sus
e s p a c i o s ; por m u c h o que a b u l t á s e m o s n u e s t r o s c o n c e p t o s , no p r o d u c i r í a m o s
m a s que átomos en comparación de la realidad de las c o s a s ; es u n a esfera
s i n límites, c u y o c e n t r o se halla en todas p a r t e s , y la circunferencia en n i n g u n a .
— 181 —

VIH.—ESTILO FAMILIAR, JOCOSO, SATÍRICO, HUMORÍSTICO.

§. 2 4 8 .

El estilo familiar supone llaneza y confianza con las personas á


quienes n o s dirigimos; es el estilo de las conversaciones y de las
cartas entre amigos. N o debe confundirse con el estilo sencillo; el
estilo familiar puede ser m u y figurado, y carecer, por lo tanto, de
sencillez. Por otra p a r t e , el estilo sencillo poede ser g r a v e , patéti-
c o , elevado, sublime; y ninguna de estas cualidades es h e r m a n a -
ble con la familiaridad.

En el g é n e r o epistolar y en la comedia tiene cabida la familiaridad del e s -


tilo, q u e p o r regla general debe excluirse de las demás composiciones l i t e r a -
r i a s . Y a u n en la comedia m i s m a y en las c a r t a s destinadas al público, j a m á s
debe convertirse la familiaridad en bajeza, e n desaliño, e n v u l g a r i d a d .

§. 2 4 0 .

En el estilo jocoso ó burlesco respira la alegría. El escritor fes-


tivo descubre la parte risible de las cosas del m u n d o , y n o s hace
participar de su buen h u m o r . L a agudeza de ingenio es cualidad
preponderante en los escritores de esta especie. L a incoherencia
de las ideas, el contrasentido, la exageración de las imágenes y
sentimientos, y la misma discordancia d é l a frase, cuando provie-
nen de la intención maliciosa, y no d é l a ignorancia ó descuido del
escritor, bastan á veces para desarrugar el ceño de las personas
m a s graves y formales. El estilo festivo se convierte fácilmente en
chocarrero, bufón y grosero, siempre que empeñándose en hacer
reir á toda c o s t a , no acierta el escritor á encerrarse dentro de los
límites de la honestidad y del buen gusto.

El estilo festivo goza de m a s libertad todavía q u e el estilo p o é t i c o , p u e s


como sabemos q u e el escritor habla de b u r l a s , consentimos d e b u e n grado e n
p e r m i t i r l e q u e se e n t r e g u e á los m a s extravagantes caprichos del ingenio.
P o r esta r a z ó n , en el estilo j o c o s o , al lado de las voces a n t i c u a d a s , c u l t a s y
p o é t i c a s , colocamos las m a s vulgares y prosaicas : ora tropieza embarazosa
la frase llena d e hiatos y s o n s o n e t e s , ora corre fácil ó r e t u m b a n t e , parodiando
la meliíluidad afeminada ó ia majestuosa p o m p a del período. El p e n s a m i e n -
— 182 —
t o profundo se enlaza con el Irivial ó con el falso; la imagen sublime con la
i m a g e n v u l g a r ; la g r a n d e z a del s e n t i m i e n t o con la h u m i l d a d de la expresión.
E m p l é a n s e con frecuencia e n el esfilo jocoso los tropos fundados en la s e m e -
j a n z a , la i r o n í a , la a l u s i ó n , la perífrasis, la h i p é r b o l e , la a n t í t e s i s , los j u e -
"' gos del vocablo. Cervantes es el p r i m e r o de los escritores festivos; Quevedo
y Góngora son m e n o s delicados. En los graciosos de n u e s t r a s comedias y en
n u e s t r a s novelas y r o m a n c e s burlescos rebosan a b u n d a n t e m e n t e las sales y
donaires de Aristófanes, P l a u t o , Terencio y Moliere.

§. 2 5 0 .

El estilo satírico es con frecuencia familiar y jocoso, pero á ve-


ces es acre, mordaz, y también grave, vehemente, elevado. Se
llama satírico el estilo que empleamos en la censura y burla de los
defectos y vicios de los hombres.
El estilo humorístico nace de la mezcla de lo poético con lo pro-
saico, de lo tierno y patético con lo mordaz é irónico, de lo ter-
rible y sublime con lo risueño y festivo. Los alemanes é ingleses
han sobresalido en este género, propio de su clima áspero y de su
cielo nebuloso. Larra en algunos de sus artículos, y Espronceda
en el Diablo mundo, pagaron tributo á la moda ó necesidad lite-
raria de nuestra época.

El estilo jocoso debe e m p l e a r s e como u n medio de t r a s m i t i r a g r a d a b l e -


. m e n t e !a i n s t r u c c i ó n ó de c a u s a r u n a impresión m o r a l d e t e r m i n a d a . El p l a -
c e r de lo v e r d a d e r a m e n t e bello y poético es de suyo m o r a l ; m a s el placer de
)o agradable y ridículo tiene algo de sensual ó d e frivolo. El abuso de la b u r -
la , de la ironia y de la sátira mata el e n t u s i a s m o y los mas nobles s e n t i m i e n -
tos del á n i m o ; y los hombres y los pueblos que nada a d m i r a n y que por n a d a
se e n t u s i a s m a n , a l i m e n t a n en su p e c h o ios g é r m e n e s de la corrupción. El
escepticismo y la maldad se valen de la risa, de la ironía y de la sátira p a r a
i n s i n u a r s e en los corazones. La mayor p a r t e do los escritores h u m o r í s t i c o s
se complacen en d e s g a r r a r las e n t r a ñ a s con la viva p i n t u r a de ios males h u -
m a n o s , no para que desprendida el alma de ¡os objetos t e r r e n o s , vuele al cielo
llena de esperanza, sino para e n t r e g a r l a indefensa á los horrores de la d e s e s -
peración. Voltaire divierte y r e p u g n a ; Byron y Heine fascinan y m a t a n .
A pesar de lo dicho, y sin desconocer q u e el género humorístico es, digámoslo
asi, el bello ideal do la e x t r a v a g a n c i a , c r e e m o s que puede e m p l e a r s e en épo-
cas de frivolidad y e s c e p t i c i s m o , para levantar ios abatidos á n i m o s á las r e -
g i o n e s de la f e , de la moral y d e la poesía.

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— 183 —

IX. - DENOMINACIONES QUE LOS RETÓRICOS ANTIGUOS


DIERON AL ESTILO.

§. 2 5 1 .

Cicerón y Quintiliano dividen el estilo en sencillo ó tenue, me-


dio 6 templado, y grave ó sublime. Esta división, tan general-
mente adoptada en las escuelas, se funda en el grado de elevación
que imprime el tono en el estilo, y ha sido muy exactamente com-
parada con los tonos y claves de la música.
El estilo sencillo se definió ya; el medio correspondía al que
antes llamamos elegante y florido, y bajo el nombre de sublime
(gravis, uber, copiosus, granáis, robus, etc.) comprendían el
enérgico, el vivo, el vehemente, el patético, el magnífico y el su-
blime propiamente dicho.

Cicerón propone como ejemplo de estilo sencillo su oración Pro Calcina;


como ejemplo de estilo templado, la oración Protege Manilia, y como ejem-
plo de estilo sublime la que p r o n u n c i ó en defensa de R a b i n o . T a n l o C i c e r ó n
como Quintiliano sabian m u y bien que en u n a obra de alguna extensión se
c o m b i n a b a n estos t r e s géneros de e s t i l o , y q u e e n t r e estos tipos f u n d a m e n -
tales habia distintas é inapreciables gradaciones (intervalla), corno sucede
con los vientos. Decian que el estilo t e n u e predominaba en el g é n e r o didác-
t i c o , que el templado era propio de los asuntos a g r a d a b l e s , y el gVavc ó s u -
b l i m e de los q u e por su i m p o r t a n c i a agitaban las p a s i o n e s : q u e el p r i m e r o
era el lenguaje de la r a z ó n fria; el s e g u n d o , el de la imaginación ; el t e r c e r o ,
el de la sensibilidad fuertemente excitada : r e c o n o c í a n , p o r ú l t i m o , q u e la
verdadera elocuencia consistía en aplicar c o n v e n i e n t e m e n t e el estilo al a s u n t o .
D e m e t r i o Faloreo habia dividido el estilo en tenue, magnifico, elegante y
grave. Macrobio adoptó esta división , combatida p o r Proclo. En las escuelas
de retórica ha prevalecido la división en t r e s g é n e r o s , hasta que en a l g u n a s
obras m o d e r n a s ha sido t r a t a d a con u n desden injustificable. L a s páginas del
Orator ( m - v , x i x - x x v m ) , en que Cicerón habla d e esta m a t e r i a , son de lo
m a s juicioso y e l o c u e n t e q u e su insigne p l u m a produjo. Con igual elevación
y b u e n criterio se expresa t a m b i é n Quintiliano ( x i i , 1 0 ) . P a r a no a t r i b u i r á
los a n t i g u o s , errores en que no i n c u r r i e r o n , pueden consultarse además el l i -
bro c u a r t o de la retórica ad Herennium ( V I I I - X I ) ; el lib. v n , c a p . 14 de las
Noches áticas de Aulo Gelio, y el a r t . l . ° , cap. n i , lib. m del Tratado de
bellas letras de Rollin. L u z a n y Capmany i n t e r p r e t a n con fidelidad las ideas
d e los g r a n d e s maestros de Grecia y R o m a .
— 184 —

§. 2 5 2 .

También divide Quintiliano el estilo en ático, asiático y rodio.


Da el nombre de ático al correcto y limpio, que desecha todo
lo vano y redundante ; el de asiático al hinchado y copioso ; y el
de rodio al que no es tan conciso como el ático ni tan abundante
como el asiático. Siguiendo el ejemplo de Cicerón, prefiere el
estilo ático á los demás, y propone como principal modelo á De-
móstenes.

Ni Cicerón ni Quintiliano definen de u n modo p r e c i s o lo q u e e n t i e n d e n


p o r estilo ático y por estilo asiático. Mitri aulern oralionis differentiam fe-
cisse et dicenlium et audientium natura; videnlur : quod Attici, limati qui-
dem el emuncli, nihil inane, aut redundans ferebant ; Asiana gens, tumi-
dior alioqui atque jactantior, vaniore etiam dicendi gloria inflata est.
Terlium moa;, qui hwc dividebant, adjecerunt genus Rhodium : quod velut
medium esse atque ex utroque mixtum volimi : ñeque enim Attice pressi,
ñeque Asiane sunt abundantes; ut aliquid videanlur habere gentis, aliquid
auctoris. ( Q U I N - T . , x n , 1 0 . ) De estas palabras de Quintiliano se d e d u c e q u e
c a r e c e de razón Heineccio al afirmar quo la division del estilo en lacónico,
á t i c o , rodio y asiático se refiere solamente ad quantitalem, es decir, al m a y o r
ó m e n o r g r a d o de concisión ó a b u n d a n c i a . Léase por compleio el citado
pasaje de Quintiliano y los párrafos octavo y nono del Orator de Cicerón.
E n el dia la voz aticismo se emplea para i n d i c a r la c o r r e c c i ó n , la p u l i d e z , la
correcta e l e g a n c i a , el b u e n g u s t o del estilo.
PARTE SEGUNDA.

DE LOS DIVERSOS GÉNEROS DE COMPOSICIONES LITERARIAS.


DIVISIÓN.

§. 2 5 3 .

L A poesía, como arte de lo bello, entra por completo en la es-


fera de la literatura. La oratoria, la historia, las obras morales,
las ascéticas, las políticas, los diálogos y cartas, y los mismos
tratados puramente didácticos, por lo que respeta á la forma, per-
tenecen también al arte, no obstante que su fin directo sea la
investigación y transmisión de la verdad ó su aplicación útil á la
vida del hombre (§§. 1 y 2). Habiendo ya expuesto todo lo rela-
tivo á la elocución, corresponde tratar ahora de las reglas pecu-
liares de los distintos géneros de composiciones literarias.
Dividiremos esta segunda parte en las siguientes secciones:
1 . Arte poética.
a

• 2 . Oratoria.
a

3 . Obras doctrinales.
a
SECCIÓN PRIMERA.

ARTE POÉTICA.

LIBRO PRIMERO.

DE LA POESÍA EN GENERAL.

§. 2 5 4 .

PUEDE decirse que la poesía es la expresión de lo bello por me-


dio de la palabra sujeta á una forma artística.
Esta definición no es suficientemente clara, porque no tenemos
una idea clara de la belleza ni es fácil darla; pero á lo menos tie-
ne la ventaja de no ser inexacta, como la mayor parte de las g e -
neralmente adoptadas.

B l a i r , al definir la poesía a el lenguaje d e la pasión y de la i m a g i n a c i ó n


a n i m a d a s , formado por ¡o c o m ú n en n ú m e r o s r e g u l a r e s » , n o la d i s t i n g u e
p e r f e c t a m e n t e de la e l o c u e n c i a , y define m a s bien la elocución poética. L a
poesía no d e p e n d e n i del lenguaje n i del e s t i l o ; d e p e n d e del fondo de la
o b r a , está en la idea m i s m a , en el modo de concebir y de s e n t i r . Otros, con
A r i s t ó t e l e s , q u i e r e n q u e consista en la imitación, ó en la imitación de la
bella naturaleza; otros en la ficción. Bacon dice que la poesía es obra de la
i m a g i n a c i ó n ; que imita la naturaleza , p e r o exagerándola y r e u n i e n d o seres
q u e no se hallan reunidos e n ella. «La poesía no es mas que u n a historia fin-
g i d a ó fábula.» (De Dicj. et Aug. Scient., 11, i.) Casi de la m i s m a m a n e -
r a la había considerado el m a r q u é s de Santillana. « E ¿ q u é cosa es la poesía
( q u e e n n u e s t r o vulgar gaya sciencia l l a m a m o s ) , sinon u n fingimiento de
cosas ú t i l e s , c u b i e r t a s ó veladas con m u y fermosa c o b e r t u r a , c o m p u e s t a s ,
d i s t i n g u i d a s , é scandidas por cierto cuento , pesso é m e d i d a ? » Platón la h a -
— 189 —
cia consistir en el e n t u s i a s m o , c o m p a r a n d o al poeta con las b a c a n t e s , y Ho-
racio da el n o m b r e de poeta.
Ingeniara cui sit, eui mens divinior atque os
Magna sonaturum

I. — B E L F O N D O DE L A O B R A P O É T I C A .

§. 2 5 S .

Dios, el hombre, la naturaleza; el mundo intelectual, el mun-


do moral, el mundo físico; los afectos mas delicados, las pasio-
nes mas vehementes, los acontecimientos de la vida, la historia,
todo lo que puede interesar á la imaginación y al sentimiento en-
tra en el dominio de la poesía. Su campo es tan extenso como el
de la ciencia; la ciencia aspira á la verdad, la poesía á lo bello,
que, según Platón, no es mas que el resplandor de lo verdadero.

L a poesía no tiene otro objeto que c a u s a r el placer puro de la belleza. I n s -


t r u y o y moraliza i n d i r e c t a m e n t e , p o r q u e la verdad y la moral son i n s e p a r a -
bles de la v e r d a d e r a belleza; pero desde el m o m e n t o q u e , a b a n d o n a n d o la li-
' b r e esfera del a r t o , se p r o p o n e p o r fin directo la i n s t r u c c i ó n ó la m o r a l ,
p i e r d e su esencial c a r á c t e r , y d e g e n e r a en prosaica. «Lo bello se s i e n t e , y no
se define. Hállase en todas p a r t e s ; d e n t r o de nosotros y fuera de nosotros, e n
las perfecciones de n u e s t r a naturaleza y en las maravillas del m u n d o sensible,
en Sa energía i n d e p e n d i e n t e del p e n s a m i e n t o solitario y en el orden público
de las s o c i e d a d e s , en la v i r t u d y en las p a s i o n e s , en la alegría y en las l á -
g r i m a s , en la vida y en la m u e r t o . » (ROYEK-COLLARD.)

§. 256.

La poesía ha de expresar lo mas sustancial de la vida del hom-


bre, presentándole siempre en lontananza el noble fin para que
fué creado. Aunque su fin directo no sea la investigación de la
verdad, la verdad debe constituir su fondo. Por esta razón, en to-
das las poéticas se halla contenido el principio que tan felizmente
expresó Boileau de que no hay belleza sin verdad, y que ha r e -
producido la filosofía alemana, diciendo que la poesía debe ser
mas verdadera que la historia y que la ciencia misma (§§. 42, 43
y siguientes).

No m e r e c e refutarse en n u e s t r o s días la idea d e que la poesía es u n a cosa


— 190 —
t r i v i a l , u n pasatiempo agradable ó u n hermoso r o p a j e , b u e n o s o l a m e n t e p a -
r a a g r a d a r á los ojos y satisfacer la vanidad. Si esto fuese la poesía, n i el s e n -
t i m i e n t o de los pueblos h a b r í a c o m p a r a d o á los poetas con los d i o s e s , n i se
h u b i e r a n erigido templos á la gloria d e H o m e r o .

§• 2 3 7 .

No se limita la poesía á reproducir ó imitar el mundo sensi-


ble; lo engrandece, lo embellece, aclara sus misterios; rompe los
límites de lo real, y remonta su vuelo bástalas esferas de lo ideal, '
de lo posible. Solo en este sentido puede decirse que el poeta crea,
y que la ficción ó invención es esencial en la poesía (poeta, crea-
dor, inventor, trovador).

La escuela do la imitación dio lugar á que se confundiese la vulgaridad con


l a n a t u r a l i d a d , y á q u e , p r e s c i n d i e n d o del fondo, se diese u n a i m p o r t a n c i a
desmedida á la p a r t e técnica ó m e c á n i c a del a r t e .

§• 2 3 8 .

La poesía conserva un lugar intermedio entre lo individual y


-lo abstracto, entre el pensamiento vulgar y el pensamiento cien-
tífico. Su elemento propio es la imaginación. El vulgo no ve mas
que los fenómenos, los hechos; la ciencia generaliza, y despren-
diéndose de los hechos, formula leyes, principios ; la poesía hace
que so reflejen estos principios en un hecho individual, visible, y
forma de ellos creencias y sentimientos generales.

La p o e s í a , a p a r t á n d o s e del p e n s a m i e n t o v u l g a r , espiritualiza el m u n d o
físico. Donde el h o m b r e positivo no ve m a s q u e las propiedades y leyes de la
m a t e r i a , halla el poeta una fuente inagotable de dulces s e n t i m i e n t o s y e l e v a -
dos conceptos. P o r otra p a r t e , materializada cierto modo las ideas y s e n t i -
m i e n t o s p o r medio de la imaginación a r t í s t i c a : los principios abstractos d é l a
c i e n c i a , y los afectos, se r e p r e s e n t a n al e s p í r i t u corno e n c a r n a d o s en la i m a -
g e n ó r e p r e s e n t a c i ó n ideal del m u n d o e x t e r i o r .

§• 2 8 9 .

La poesía debe tener un carácter eminentemente nacional, y


popular en el buen sentido de esta» palabra. El poeta vive de las
creencias, de,los sentimientos, de los recuerdos, de las glorias
de su país. Cuando la nación muere, ciando se rompe el lazo que
— 191 —
estrechaba las individualidades, disolviéndose la entidad llamada
patria, el poeta enmudece, y arranca de su arpa tristes y des-
acordes lamentos.
Cuando la poesía se hace i n t é r p r e t e de sentimientos de otras épocas y de
otros p a í s e s , r e n u n c i a á s u i m p e r i o , y vive como destorrada en s u p r o p i o
suelo. Esto es lo q u e aconteció en parte á la l i t e r a t u r a clásica m o d e r n a . E n
el estado actual d e las l e t r a s , es útil q u e el poeta e s t u d i e todas las l i t e r a t u -
r a s , no p a r a h a c e r s e esclavo de n i n g u n a , sino mas bien p a r a c o n s e r v a r ó
r e c o b r a r su propia i n d e p e n d e n c i a , y p a r a el mayor a d e l a n t a m i e n t o de la l i -
t e r a t u r a nacional. La imitación servil d e la poesía g r e c o - l a t i n a fué causa d e
que en p a r l e q u e d a s e ahogada en su c u n a la poesía n a c i o n a l . No c o n t e n t o s
los poetas e r u d i t o s con dar cabida en sus obras á los dioses del Olimpo con
todo s u cortejo de f a u n o s , ninfas y t r i t o n e s , m i r a r o n con predilección los
asuntos de la mitología y de la historia a n t i g u a ; los v e n e r a n d o s objetos d e
n u e s t r a religión fueron considerados i n c a p a c e s de llenar el vacío de las d i v i -
nidades p a g a n a s , y c o n d e n ó s e la historia nacional al olvido m a s profundo.
La poesía p o p u l a r , h u y e n d o de los salones y de las u n i v e r s i d a d e s , pidió u n
refugio al teatro , y los aplausos del vulgo la c o m p e n s a r o n en p a r l e del i n -
justificable d e s d e n de ¡os sabios.

§. 2 6 0 .

El poeta deberá estudiar, por consiguiente, todo cuanto pueda


darle un conocimiento profundo de la nación en que vive, y del
hombreen general: el suelo de su patria, sus monumentos, sus
tradiciones, sus cantos populares, sus crónicas, sus costumbres,
sus creencias, la historia universal, la filosofía, la religión.

Solo n u t r i e n d o su e n t e n d i m i e n t o con u n a i n s t r u c c i ó n s ó l i d a , c o n la c o n -
templación asidua de la naturaleza y del h o m b r e , y con la a n t o r c h a de la fe,
podrá elevar s u espíritu al A u t o r de todo lo c r e a d o , y evitar que se convierta
la poesía e n u n estéril j u e g o d e p a l a b r a s .

§. 2 6 1 .

Ni las combinaciones frías del cálculo, ni el procedimiento cau-


to y pausado de la razón pueden dar vida á las obras poéticas, hi-
jas siempre déla inspiración. El poeta, en los momentos en que el
entusiasmo le arrebata, todo lo penetra de una mirada, y como
por encanto halla dibujada la obra en su imaginación.

P o r esta r a z ó n , lodos los pueblos h a n considerado al poeta c o m o dócil i n s -


— 192 —
t r u m e n t e de u n poder s o b r e n a t u r a l , que le dieta sus cantos ( m u s a , n u m e n ) .
Y esto m i s m o explica por qué á veces las. personas d e m a s c o n o c i m i e n t o y de
m a s delicado g u s t o son incapaces de p r o d u c i r u n a m e d i a n a p o e s í a , y por
q u é no en todos los m o m e n t o s n i en todas c i r c u n s t a n c i a s se halla el poeta
en disposición de c r e a r . No desconocieron esta verdad los antiguos c u a n d o
d e c í a n : Poeta nascitur.

§. 202.

Se lia dicho con razón que la poesía es el arte universal. Por


medio de las imágenes, déla descripción y de la narración, ofre-
ce al espíritu la idea de los objetos materiales, con menos preci-
sión, pero con'tanta viveza corno la arquitectura, la escultura y
la pintura. No puede presentar un conjunto de objetos que por
yuxtaposición en el espacio produzcan una impresión simultánea;
mas puede presentarlos sucesivamente con toda la riqueza de sus
pormenores, consiguiendo, sin embargo, que el alma perciba de
un modo evidente la unidad del cuadro. Las artes plásticas deben
concretarse á un momento dado; la poesía recorre el tiempo y
describe el movimiento.
La poesía entra también en los dominios de la música, hacien-
do que nuestra imaginación perciba (nombrando ó describiendo)
las armonías y variados sonidos de la naturaleza, favoreciendo la
transmisión del sentimiento por medio de la armonía imitativa, y
dando finalmente al elemento material del lenguaje una forma ar-
tística (versificación), sujeta , aunque de un modo imperfecto, á
las leyes de la melodía y del ritmo.

II. — D E L A F O R M A D E L A O B R A POÉTICA.

§. 2 6 3 .

La poesía es un arte puramente intelectual; el espíritu se diri-


ge directamente al espíritu por medio del lenguaje, substituyendo
las formas espirituales á las formas sensibles de las demás artes.
El lenguaje no constituye los materiales de la poesía, no equiva-
le al mármol ó á los colores en la escultura ó en la pintura, ni al
sonido en la música; no es mas que un simple medio de Iransmi-

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— 193 —
sion, un signo casi enteramente convencional, pero no un repre-
sentante natural é inmediato de la idea. Este carácter inmaterial
es el que esencialmente distingue á la poesía de las demás artes
de lo bello.
El plan de la obra y la elocución constituyen, digámoslo así,
su forma interna, que hace resaltar el poeta, dando también una
forma artística al lenguaje ó elemento exterior, por medio de la
versificación.

i.- PLAN.

§• 2 6 4 .

Una vez meditado bien el asunto y reunidos los materiales que


han de constituir la obra, debe procurarse que esta sea íntegra,
que nada falte ni que nada sobre.
IIoc amet, hoc spernatpromissi carminis auctor.

El fin p a r t i c u l a r de la obra d e t e r m i n a lo q u e en ella debe a d m i t i r s e y lo


que debe d e s e c h a r s e .

• §• 2 6 5 .

Es condición esencial de toda obra poética la unidad en la va-


riedad. Una serie de pensamientos ó de hechos no enlazados por
una idea general que los armonice y vivifique no podrán constituir
jamás una verdadera obra artística. La obra poética ha do formar
un todo orgánico, en el cual, al propio tiempo que se distinga
perfectamente cada una de las partes, se perciba la armonía y
conformidad del todo. Omnis porro pulchritudinis forma unitas
est. ( S . AGÜST.)

E n k poesía lírica domina un s e n t i m i e n t o ó u n a idea , en la épica y d r a -


mática se desenvuelve u n a acción. En los obras de la a r q u i t e c t u r a y de la
música es m a s fácil la demostración de este p r i n c i p i o .

§. 266.

Una buena distribución y colocación de partes, y su armoniosa


proporción, es otra de las primeras condiciones de todo poema,
desde el mas sencillo epigrama hasta la epopeya mas grande y
13
— 194 —
mas elevada. Cuanto mayor es la extensión del poema, tanto ma-
yor cuidado exige esta parte importantísima.

Toda obra poética ha de t e n e r la b u e n a proporción y r e g u l a r i d a d de u n a


figura h e r m o s a ó de u n b u e n edificio.

§. 2 6 7 .

Mas ni la unidad ni el método han de manifestarse en la obra


poética como un producto de la razón y de las inflexibles leyes de
una rigurosa lógica. El método ha de ocultarse de manera, que
aparezca el todo como una creación libre de la imaginación. De lo
contrario, la obra degeneraría en prosaica.

L a s p a r t e s deben conservar cierta i n d e p e n d e n c i a y cierto a p a r e n t e d e s -


o r d e n . No aparecerá el poeta como teniendo la vista c o n s t a n t e m e n t e fija en
el fin á q u e se d i r i g e . Al c o n t r a r i o , sus pasos h a n d e ser libres y desembara-
zados , c o m o si no se encaminase d i r e c t a m e n t e á n i n g ú n p u n t o , y solo i n t e n -
tase r e c r e a r su vista en los sitios m a s deliciosos. L a razón debe d i r i g i r el v u e -
lo, p e r o no cortar las alas de la fantasía. '

§. 268.

Por esto en las obras de las bellas artes es absolutamente indis-


pensable la espontaneidad. Desde el momento en que se descu-
briese al poeta luchando con las dificultades del asunto ó de la
forma, todo el encanto quedaría desvanecido, y experimentaría el
ánimo una penosa impresión.

Sentimos u n placer al ver u n a dificultad v e n c i d a , pero es p r e c i s o q u e el


triunfo del h o m b r e sobre la n a t u r a l e z a sea c o m p l e t o .
De todos m o d o s , n u n c a debe confundirse el placer de la dificultad v e n c i -
da con el de la b e l l e z a , p u e s d e lo c o n t r a r i o , los acrósticos y laberintos se-
r i a n las mejores poesías.

§. 269.

Las partes secundarias, los mas insignificantes pormenores,


todo debe interesar vivamente en una obra poética: ha de poner-
se mucho cuidado en que el interés vaya creciendo desde el prin-
cipio hasta«1 fin. A medida que el lector adelanta, va siendo mas
— 195 —
exigente, y es mas fácil el cansancio. Esta es la razón de que,
por regla general, la introducción de las obras deba ser modesta
y tranquila, y el final vivo y animado.

Non fumum ex fulgore, sed ex fumo daré lucem


Cogitat.....
Esta regla del interés gradual solo es aplicable á las a r t e s q u e se d e s e n -
vuelven p o r sucesión en el t i e m p o , como la p i n t u r a y la m ú s i c a . No c a b e
aplicarla á las q u e se desenvuelven en el espacio.

2.—ELOCUCIÓN POÉTICA.

§. 2 7 0 .

Entendemos por elocución poética el estilo propio y en cierto


modo característico de la poesía. Es, por decirlo así, la poesía de
la expresión.
La elocución poética es una consecuencia natural del modo de
concebir el poeta, al propio tiempo que un efecto del arte.

«Se s u p o n e , dice B l a i r , el á n i m o del poeta avivado por a l g ú n objeto i n t e - •


r e s a n t e , q u e enciende su fantasía ó empeña su c o r a z ó n , y de consiguiente c o -
m u n i c a á su estilo u n a elevación peculiar acomodada á sus i d e a s , y m u y d i -
ferente del tono de expresión quo es natural al hombro en s u estado de a l m a
ordinario.»

§• 2 7 1 .

Lo que principalmente distingue la elocución poética de la pro-


saica son las, imágenes. La prosa se contenta con trasmitiré! pen-
samiento de una manera clara y general; la poesía le individuali-
za, y se esfuerza en hacerle visible. Por esta razón el poeta des-
cribe ámenudo, y emplea con frecuencia la comparación, la ale-
goría, la personificación, los tropos de palabra, principalmente
la metáfora, la hipérbole y todas las figuras que mas órnenos de-
penden de la fantasía.

E n prosa d i r i a m o s : «El p e n s a m i e n t o y el lenguaje tienen u n a relación í n -


tima.» Schiller expresó de u n a m a n e r a s u m a m e n t e poética la m i s m a idea d i -
c i e n d o : «El p e n s a m i e n t o y el lenguaje son dos h e r m a n o s mellizos.»
Las i m á g e n e s agradan y d e s l u m h r a n , por cuya razón los poetas de acalo—
— 196 —
r a d a fantasía fácilmente i n c u r r e n en el abuso. En a l g u n a s composiciones de
Ovidio, en q u e debería p r e d o m i n a r el s e n t i m i e n t o , u n g u s t o delicado y cor-
recto exigiría menos s u p e r a b u n d a n c i a de imaginación. No están exentos de
este defecto m u c h o s de los mejores d r a m a t u r g o s españoles. El ejemplo de
Víctor Hugo ha contribuido á p r o p a g a r l e en n u e s t r o s tiempos.

§. 272.

La elocución poética ha de estar animada por el sentimiento


que conmueve dulcemente al poeta en presencia de lo bello. La
mayor parte de las figuras patéticas- se usan también mucho mas
en la poesía que en la prosa, especialmente el dialogismo y la
apostrofe. Sin embargo, algunas de estas figuras son mas propias
de la elocuencia, y producen un tono declamatorio, siempre que
no se emplean con suficiente cautela.

§. 273.

La poesía emplea con cierta profusión los epítetos y la perífra-


sis. El epíteto presenta el objeto con mas viveza y bajo el aspec-
to mas favorable, siendo de tal naturaleza el efecto que produce,
que basta un buen epíteto para que un objeto quede vivamente
esculpido en la fantasía (§. 1 1 8 ) . Los mismos efectos produce la
perífrasis.

Lo q u e para la prosa es indiferente ó i n ú t i l , tiene en poesía una i m p o r -


t a n c i a e x t r a o r d i n a r i a . La perífrasis se e m p l e a m u c h a s veces con el simple
objeto de e n n o b l e c e r la e x p r e s i ó n ; ia escuela clásica ha abusado de esta
íigura hasta el e x t r e m o de h a c e r s e ininteligible p a r a las p e r s o n a s no
eruditas.

§. 274.

Por otra parte, la dicción debe ser muy concisa. El poeta debe
suprimir muchas ideas intermedias, y principalmente las con-
junciones, las transiciones formales, las amplificaciones sin i m -
portancia poética, y en genera! todas las figuras que suponen ar-
tificio lógico, gramatical ó retórico y que son mas propias del que
raciocina con entera frialdad y calma.
— 197 —

§. 27o.

La imaginación acalorada no presenta las ideas siguiendo un


encadenamiento lógico rigoroso. De aquí la mayor libertad de hi-
pérbaton que distingue la elocución poética de la prosaica. Hora-
cio, en su oda Qualem ministrum fidminis alitem, daunamuestra
de la extraordinaria libertad que se permitían en este punto los
latinos, y que con tanto acierto imitaron algunos de nuestros ex-
celentes líricos. Seria intolerable en la prosa la construcción de
los siguientes versos de Rioja:
Estos, Fabio, ¡ay d o l o r ! que ves ahora
Campos de soledad, mustio collado,
Fueron u n tiempo itálica famosa.
.{Episl. mor.)

N u e s t r o s clásicos en este p u n t o h a n incurrido t a m b i é n , y no pocas v e c e s ,


en la afectación, desviándose demasiado de la encantadora sencillez, q u e r e a l -
za el m é r i t o do ios r o m a n c e s ,.y do algunos trozos a l t a m e n t e poéticos de n u e s -
t r a s a n t i g u a s c o m e d i a s . Sin embargo , la buena frase poética t i e n e u n c o r t e
y giro e s p e c i a l , que solo puede a p r e n d e r s e con la frecuente lectura de sus
obras.
Por licencia p o é t i c a , ya por vía de o r n a t o , ya p o r las exigencias del m e -
t r o , se h a n c o n s e n t i d o y han quedado sancionadas por el uso ciertas i n f r a c -
ciones de las reglas de concordancia y r é g i m e n , como se c o m p r u e b a con los
siguientes e j e m p l o s :

Articulo femenino por el masculino.


Semeja y su fragancia
La aroma mas subida.
(MELENDEZ.)

Supresión del artículo.


Los surcos se vuelven
Sepulcro á tiranos.
(ARRIAZA.)

Alteraciones en el régimen.
Una en medio las aguas.
(MELESDEZ.),
Viéronte y te temblaron
Ese tu Salvador que suspiramos
Hasta dentro en palacio, en los reales
(CARVAJAL.)
— 198 —
Y en pios é inocentes ejercicios
Santificas tu ocio
Y pl alma henchida en celestial consuelo
(JOVELLANOS.)

Y s u s m á r m o l e s a b r e á recibirme

Y cuando mi patria logre


La felicidad que e s p e r a ,
Su nuevo Augusto hallará
Marones q u e le celebren.
( MORATIN. )

E n Ja g r a m á t i c a de Salva y en el Artepoética de ü . Manuel Milá y F o n t a -


nals se e n c o n t r a r á n mas e j e m p l o s , t a n t o do estas como de las d e m á s l i c e n -
c i a s poéticas.

'•§. 2 7 6 .

Embellecen además la elocución poética la repetición artificiosa


de ciertas palabras y pensamientos, y los cortes simétricos de la
cláusula; v. gr. :
Filis un tiempo mi dolor s a b i a ;
Filis un tiempo mi dolor lloraba :
Quísome u n t i e m p o ; mas agora temo,
Temo sus iras.
Así los dioses con amor p a t e r n o ,
Asi los cielos con a m o r b e n i g n o ,
Nieguen al tiempo q u e feliz volares
Nieve á la tierra.

E n el paralelismo, que es uno de los c a r a c í é r e s de los poemas bíblicos, la


c o r r e s p o n d e n c i a de los sonidos e n t r e sí g u a r d a consonancia con la c o r r e s -
p o n d e n c i a de las i d e a s . Divídese la cláusula en dos m i e m b r o s de igual e x t e n -
s i ó n ; y en el s e g u n d o se r e p i t e el p e n s a m i e n t o del a n t e r i o r , ó se expresa u n
p e n s a m i e n t o c o n t r a r i o ; v. g r . :
In tribulatione mea invócala üominum;—el aiDeum meutn clamavi;—el exau-
divit de templo sánelo sao vocem meam;— el clamor meus in conspectu ejus in-
troivit in aures ejus.

L a s h e r i d a s de u n amigo son s a l u d a b l e s ; — i o s besos de u n e n e m i g o son


e n v e n e n a d o s . ( P R O V . , 2 7 , v. 6.)
H o m e r o repite de i n t e n t o ciertos p e n s a m i e n t o s , y t a m b i é n h a n , h e c h o uso
d e este adorno algunos poetas d r a m á t i c o s c o n t e m p o r á n e o s . Es m a s propio de
a l g u n a s composiciones l í r i c a s , en q u e n a t u r a l m e n t e se r e n u e v a n con f r e -
c u e n c i a la i m a g e n ó el afecto q u e e m b a r g a n al poeta.
— 199 —

§. 277.

Últimamente, el uso ha consagrado para la poesía muchísimas


voces que serian un defecto en la prosa, permitiendo por licencia
poética suma libertad en el uso de los arcaísmos y neologismos,
así como ciertas alteraciones en la ortografía de las palabras. Las
voces viente, almo, concento, undísono, flamígero, do, etc., tan
usadas en poesía, adolecerían de afectación en la prosa, por muy
elevado que fuese el estilo. Al contrario, muchísimas voces del
lenguaje familiar son indignas de la poesía. En opinión del Señor
Martínez de la Rosa, la voz pelo desluce los siguientes versos de
Rioja:
Ornato, lustro y vida
Del mas hermoso pelo
Que corona nevada y tersa frente.

E J E M P L O S D E L I C E N C I A S P O É T I C A S .

Arcaísmos.
De la inmortal corona que te atiende.
( J O V E L L A N O S . )

Y avaro el sol se niega á su fiemisfero.


(FORNEIÍ.)

V dé! hablando está.


(MELENDEZ.)

Latinismos.
Y las aves alígeras del cielo.
(ERCILLA.)

Y á velar tus encantos vencedores


Bajen en crespas ondas tus cabellos.
(QUINTANA.)

Neologismos.
Murmullante te afanas.
(MELENDEZ.)

Los dorados undívagos cabellos.


(MOBATIN.)

Alteraciones ortográficas.
AI fin , de un infelice
El cielo hubo piedad.
(MELENDEZ.)
— 200 —
Y se juzga seguro eu su altiveza.
(SAAVEDRA.)

Entonce el pecho generoso herido


O r d e n , b e l l e z a , variedáextremada
(MELENDEZ.)

Hierven hora en mi pecho


Por su nudez d e frío
(MELEKDEZ.)

Rastrando van por las desiertas calles.


(M. DE I.A ROSA.)
Un valor tan insine
(HERRERA.)

De esplrtus que dichosa


(MELENDEZ.)

§. 278.

El diccionario poético, sujeto á los caprichos del uso, varia no-


tablemente, según el gusto de la época. No conviene limitarle d e -
masiado, porque además do empobrecerle, se debilita, por el mu-
cho abuso que necesariamente debo hacerse de la perífrasis, de la
metáfora y de la expresión indirecta en general. Pero tampoco
debe pretenderse confundirle con el de la prosa, y menos con el
de la prosa familiar.

Herrera se lamentaba en sus t i e m p o s fio la e s i r e c b c z en q u e se había e n -


c e r r a d o el lenguaje poético, é hizo nobles esfuerzos para enriquecerle y c o -
m u n i c a r l e e n e r g í a . En n u e s t r o s dias se ha manifestado la t e n d e n c i a c o n t r a -
r i a d e c o n f u n d i r , bajo o! pretexto de u n a mal e n t e n d i d a n a t u r a l i d a d , el
lenguaje de la poesía con el de la prosa.

3.—.VERSIFICACIÓN.

§. 27e.

La costumbre antiquísima de unir la música con la poesía obli-


gó á distribuir el lenguaje en períodos y frases de una extensión
simétrica y proporcionada, de manera que se adaptase perfecta-
mente al ritmo musical. De aquí dimana probablemente el origen
de la versificación.

Todo lo relativo al m e c a n i s m o de la versificación es objeto del arte m é t r i c a .


— 20! —

§. 2 8 0 .

La versificación, dando al sonido, elemento exterior y material


de la poesía, una forma artística, realza, como se dijo, la belleza
de la elocución y déla forma interna. Y como la obra artística exí-
gela mayor perfección posible en todo lo que dice reracion con la
forma, puede considerarse la versificación, si no como absoluta-
mente esencial en la poesía, á lo menos como su lenguaje mas
propio y su exterior distintivo.

La música es ei lenguaje n a t u r a ! del s e n t i m i e n t o . Por esta r a z ó n , á medida


que el s e n l i m í e n t o y la pasión nos d o m i n a n , la voz loma una entonación m u -
sical m u y m a r c a d a , y la frase tiende n a t u r a l m e n t e al n ú m e r o poético. A d e -
m á s , la elevación del a s u n t o y de la elocución requieren u n a forma que nos
abstraiga c o m p l e t a m e n t e do lodo lo v u l g a r .

§. 281.

No por esto debe confundirse ei verso con la poesía,- ni menos


con la elocución poética. La litada no perderia su carácter emi-
nentemente poético, ni su hermoso estilo dejaria de serlo, si des-
apareciese la armonía del metro. Ni podria tampoco convertirse
en poema la oración Pro lege Manilia, por mas que una versifica-
ción rotunda y armoniosa sujetase sus variados períodos á la r e -
gularidad del ritmo.

§. 2 8 2 .

En el siglo pasado, corriendo en pos de una naturalidad exa-


gerada, que, según dijimos, no era mas que la vulgaridad, se hizo
gala de despreciar el metro, sobre todo en el teatro. Además de
sostener algunos críticos la preferencia que en el drama merecía
la prosa, muchos de los mas célebres escritores, entre ellos Goe-
the y Schiller, participaron por algún tiempo de esta preocu-
pación.

Ei público español m a s fácilmente i n c u r r a en el defecto de olvidar el fon-


do de la obra c u a n d o la sonoridad de u n a b u e n a versificación embelesa su
oído.
— 202 —

§. 2 8 3 .

Opónese por otros el inconveniente de que la versificación e x -


claviza al poeta, desviándole del curso que la inspiración le dicta,
y perjudicando notablemente el sentido. Pero un versificador me-
diano logra vencer semejantes obstáculos, que siempre señorea
y domina el buen poeta, y que, lejos de entorpecer la fantasíay de
enfriar el sentimiento, sirven de poderoso estímulo para el verda-
dero ingenio, y aumentan sus recursos, obligándole á penetrar
mas y mas en las entrañas del asunto.

Se ha c o m p a r a d o al p e n s a m i e n t o de u n a composición métrica con la voz


q u e se obliga á pasar p o r u n tubo : es m a s s o n o r a , mas e n é r g i c a y se dirige
al punto que m a s conviene.

§. 2 8 4 .

El metro, prescindiendo de la nobleza que comunica al len-


guaje y del placer que causa al oido, por medio de los acentos, de
la rima y de las pausas en castellano, y por medio de la cantidad
y de la cesura en latin, pone en relieve las palabras mas impor-
tantes, y comunica de este modo claridad y energía al estilo.

Consiente el m e t r o en la elipse y en el h i p é r b a t o n u n a libertad q u e seria


afectada é intolerable en la prosa mas poética.

§. 2 8 5 .

Por último, por medio de la armonía imitativa, precipitando ó


retardando el verso, cortándole violentamente, ó haciendo que se
deslice unido y compacto, combinando sonidos blandos y sonoros,
ó amontonando sílabas dé áspera" pronunciación y cargadas de
acentos, va siguiendo de un modo general el curso de los afectos ó
pensamientos, y contribuye notablemente áexpresar el sentimien-
to dominante en el poema. Cada género de poesía, cada compo-
sición requiere un metro especial. En la elección del metro e m -
pieza á descubrirse ya el gusto del buen poeta.

Algunos postas c o n t e m p o r á n e a s , esforzándose en dar variedad y novedad

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• — 203 —
al m e t r o , h a n atendido m a s á la parte p u r a m e n t e m u s i c a l q u e á la verdad
y energía de la expresión. O t r o s , llevados de u n necio e m p e ñ o en apartarse
de las formas clásicas y aspirando á u n a imitación p u e r i l , imposible y v i c i o -
sa en la música, y m a s defectuosa é imposible todavía en la versificación, h a n
r e u n i d o los m e t r o s mas opuestos y caprichosos en u n mismo p o e m a , convir-
t i e n d o la poesía en lo q u e los franceses llaman con t a n t a propiedad un tour
de forcé.

§. 2 8 6 .

La versificación castellana, favorecida por una lengua dulce,


enérgica y pomposa, que se presta fácilmente á la expresión de
toda clase de afectos, es rica en la variedad de metros y en las in-
geniosas maneras de combinarlos. El endecasílabo, ora agrupado
en magníficas octavas reales, ya formando ingeniosos tercetos y
sonetos, ya combinándose artificiosamente con la endecha en es-
trofas regulares ó en caprichosa silva, ya desenvolviéndose libre
y desembarazado del yugo déla rima, tiene toda la flexibilidad del
exáinetr-o latino, y así se amolda al festivo humor ó vehemencia
de la sátira, como á la majestad de la epopeya y á la elevada e n -
tonación de la tragedia. El octosílabo campea en la narración ani-
mada de nuestros romances y en el vivo diálogo de nuestras c o -
medias. Los de diez sílabas y los de arte mayor, llenos de langui-
dez y monotonía, son muy á propósito para los asuntos melancó-
licos; el, alejandrino, lento y majestuoso, respira dignidad y cierta
calma llena do grandeza; y las endechas, los de redondilla menor
y los quebrados, juguetones como el céfiro, se prestan dócilmen-
te á todas las travesuras del ingenio y á los caprichos de la ima-
ginación.

Al tratar de los distintos géneros de poesía, se hablará m a s d e t e n i d a m e n t e


del uso y propiedad de los c o r r e s p o n d i e n t e s m e t r o s .

III.- BIVISIOS DE LAS OBRAS P O É T I C A S .

§. 2 8 7 .

La poesía se divide en tres géneros: lírico, épico y dramático.


Llámase lírica (subjetiva) la poesía en que el poeta expresa de
un modo lleno de animación el estado interior de su alma; sus im-
presiones, sus ideas, sus reflexiones y los afectos mas dulces, así
como las mas violentas pasiones de su corazón.
En la poesía épica (objetiva) canta el poeta la naturaleza, lo
externo, y no como concepción propia é inspiración personal,
sino como simple narración de acontecimientos pasados. El poeta
épico refiere una serie de hechos que por su relación íntima cons-
tituyen una acción.
La poesía dramática (objetiva y subjetiva á la vez) es la repre-
sentación de una acción que se manifiesta con los caracteres déla
realidad, y nocomo la narración fria de un acontecimiento pasado.

La poesía dramática es objetiva en c u a n t o , d e s a p a r e c i e n d o c o m p l e t a m e n t e


el poeta, nos p r e s e n t a una i m a g e n de la vida, del m u n d o e x t e r i o r , por medio
del desenvolvimiento de u n a acción; y participa al propio tiempo de u n c a r á c -
t e r subjetivo, p o r q u e expresa los s e n t i m i e n t o s é ideas do ios distintos p e r s o -
najes y los motivos interiores que d e c i d e n su voluntad y se convierten en
actos exteriores.

§. 2 8 8 .

A esta diferencia esencialísima entre los tres géneros de poesía,


diferencia fundada en el distinto modo, de concebir y representar
la idea poética, corresponde una diversidad radical en las formas
exteriores de la elocución. Pertenece al género lírico la forma
subjetiva ó enunciativa; al épico, la narrativa y descriptiva, y
al dramático, la dialogada (§. 2 3 ) .

§. 2 8 9 .

No siempre se ofrecen perfectamente deslindados los tres géne-


ros; antes con bastante frecuencia se confunden, unas veces por
falta de gusto, otras por espíritu de originalidad, y otras„final-
mente, porque el asunto lo comporta ó tal vez lo exige.

Nuestros romances n a r r a t i v o s , por ejemplo, á pesar de su forma é p i c a ,


t i e n e n un sabor lírico tan notable q u e , en opinión de a l g u n o s , forman u n a d e
las p r i n c i p a l e s partes de la poesía lírica n a c i o n a l . P e r o , por m a s q u e , á c o n -
s e c u e n c i a de la libertad del espíritu h u m a n o , sea difícil e n c e r r a r l a s obras l i -
terarias en u n círculo e s t r e c h o y bien d e t e r m i n a d o , no p o r esto deben d e s -
e c h a r s e las divisiones científicas. Hemos p r e s e n t a d o los t r e s tipos f u n d a -
m e n t a l e s de la poesía ; si hay tipos i n t e r m e d i o s , si en las obras del i n g e n i o ,
y lo mismo sucede en la escala de ios seres m a t e r i a l e s , la transición de u n a
especie á otra es i m p e r c e p t i b l e , no p o r esto debe c o n c l u i r s e la imposibilidad de
u n a b u e n a clasificación. S u c e d e con esto, dice Viliemain, lo m i s m o que con los
colores del i r i s : por mas q u e se esfuerce la vista, no se descubre d e t e r m i n a -
do p u n t o de separación, pero se d i s t i n g u e n perfectamente los coloros f u n d a -
mentales.

' §. 2 9 0 .

Todos Sos demás géneros de poesía deben hallarse necesaria-


mente comprendidos en la división fundamental que hemos esta-
blecido. Sin embargo, hablaremos con separación de la poesía
didáctica, que es la que tiene por objeto instruir, y de la bucóli-
ca, que es la destinada á pintar la vida de los pastores, embelle-
ciéndola todo lo posible.

Hermnsilla adopta en su obra la división de las obras poéticas en directas


(gemís varrativum, vel enunciativum), dramáticas (dramativam, sive ac~
tivum), y mixtas (mixlum). Si admitiésemos la b a s e de esia división, n o
separaríamos la poesía directa de la m i x t a , p o r q u e , si es cierto que en la
epopeya i n t e r v i e n e n personajes y h a b l a n , no p u e d e n e g a r s e que siempre es
el poeta quien d i r e c t a m e n t e refiere los d i s c u r s o s , no dándoles m a s valor q u e
el do un hecho p a s a d o .

§. 2 9 1 .

Si en la mas remota antigüedad vemos que la poesía de ios pue-


blos se presenta amalgamada con la ciencia, con mas razón d e -
bieron entonces permanecer confundidos los tres géneros en que
la hemos dividido. Sin embargo, puede afirmarse de un modo
general q u e , tanto en la historia del linaje h u m a n o , como
en la particular de las razas y naciones, en los tiempos primi-
tivos predomina el lirismo, en los tiempos heroicos toma la
poesía un carácter épico, y últimamente se manifiesta con un ca-
rácter mas dramático, ó bajo la forma dramática propiamente
dicha.

No p r e t e n d e m o s d e d u c i r de estas observaciones las consecuencias que e n


el prólogo del Cromwell deduce Víctor H u g o , e x c e s i v a m e n t e sistemático, á
— 206 —
p e s a r de s u odio á los s i s t e m a s , al fijar y caracterizar lo q u e él llama e d a d e s
p o é t i c a s . No creemos tampoco hallarnos en total p u g n a con Hegel, q u e s u p o -
n e la poesía épica a n t e r i o r á la l í r i c a ; m a s para demostrarlo nos v e r í a m o s
precisados á e n t r a r en explicaciones impropias d e u n a obra como la p r e -
sente.

§. 2 9 2 .

Trataremos de los distintos géneros de poesía en el orden s i -


guiente: 1.° de la poesía lírica; 2.° (fe la poesía épica; 3.° de la
poesía dramática; 4.° de la poesía didáctica; y b . de lapoesía 8

bucólica.
LIBRO SEGUNDO.

DE LOS DISTINTOS GÉNEROS DE POESÍA.

CAPÍTULO PRIMERO.

POESÍA LÍRICA.

§. 2 9 3 .
SIENDO la poesía lírica aquella en que mas se refleja la indivi-
dualidad del poeta, y por consiguiente , aquella en que la inspi-
ración toma un vuelo mas libre, no cabe fijarle límites, ni en cuanto
á la diversidad de formas con que puede presentarse, ni menos
por lo que respecta á la época y á los diversos grados de cultura en
que puede florecer. Sin embargo, procuraremos señalar primero
los caracteres generales y propios de todas las composiciones lí-
ricas, descendiendo luego a tratar particularmente de cada una
de sus principales especies.

I.— DEL P O E M A LÍRICO EN GENERAL.

§. 2 9 4 .

Desde los fenómenos mas insignificantes de la naturaleza y las


circunstancias de la vida mas transitorias y triviales, hasta las
heroicas acciones que enaltecen al hombre y le eternizan, los ele-
vados sentimientos nacionales y religiosos y las mas encumbra-
das especulaciones de la filosofía, todo cabe en los dominios de la
poesía lírica, porque en todo puede hallar el poeta una fuente
inagotable de variados sentimientos y de bellos conceptos, todo
puede darle ocasión á que manifieste su manera de sentir indivi-
dual y poética, á que exprese «el fondo de su pensamiento y los
movimientos de su vida íntima».

§. 2 0 3 .

Siempre es la expresión de los afectos personales lo que carac-


teriza la poesía lírica. Si Moisés en el Cántico del pasaje del mar
Mojo refiere el suceso, si Píndar.o y Horacio en casi todos sus
cantos heroicosrefiereii también los hechos que celebran, si Her-
rera en su Canción á la batalla de Lepanío ó en su Canción á
1). Juan de Austria sigue las huellas de estos grandes modelos,
obsérvese que lo que en la composición domina, lo que consti-
tuye su verdadero fondo, es el sentimiento que embarga el alma
del poeta, y los elevados conceptos que este sentimiento le
inspira.

El h e c h o es m a s bien la o c a s i ó n , es u n e l e m e n t o s e c u n d a r i o . P r o p i a m e n -
te hablando, no se refiere; se cita, se alude á e l , suponiéndole conocido, ó si
s e refiere, se hace i n d i r e c t a m e n t e , y no de u n modo indiferente y t r a n q u i l o ,
sino de un modo lleno de i n t e r é s y a n i m a c i ó n . En las b a l a d a s , los r o m a n c e s ;
y alguna otra composición de que se hablará m a s a d e l a n t e , á medida que la
referencia d é l o s h e c h o s va tomando mayor i m p o r t a n c i a , el poema se aleja del
género lírico p a r a acercarse al épico.

§. 2 9 5 .

Otras veces parece que el principal objeto del poeta lírico es la


descripción; como cuando dedica su canto á una rosa, á un rio,
á la primavera, á la tempestad, e t c . ; pero en la rosa contempla
la brevedad de la vida, en el curso del rio ve una imagen de la in-
cesante rapidez del tiempo, en la primavera halla un objeto que
reanima su esperanza, y en el combate de los elementos mira r e -
tratadas las angustiosas luchas del corazón. Nunca el poeta lírico
describe meramente por describir; cuando no expresa directa-
mente el afecto, hace que el afecto se desprenda de la descripción
misma, á la manera que se verifica con la simple contemplación
— 209 —
de los objetos ó fenómenos de la naturaleza, ó de las obras de la
pintora, escultura y arquitectura.

La poesía d e s c r i p t i v a , do la que algunos autores i n t e n t a n formar u n g é n e -


r o s e p a r a d o , seria fria é insípida si se p r o p u s i e s e ú n i c a m e n t e p r e s e n t a r con
viveza ios objetos, sin i n t e r e s a r el c o r a z ó n .

'§. 2 9 7 .

Por último, la poesía lírica adopta de vez en cuando la forma


dialogada completa, como se verifica también en algunos roman-
ces y baladas; ó la admite de un modo secundario, como puede
verse en muchas odas, romances y canciones; ó la emplea como
un simple adorno poético, como una figura de retórica (dialogis-
nio), que comunica extraordinaria viveza al estilo.

Tampoco en estos casos son las situaciones de los personajes, s u s pasiones


y c a r a c t e r e s lo que el p o d a lírico se propone como objeto p r i n c i p a l . Desde
el m o m e n t o en que esto s u c e d i e s e , desde el m o m e n t o en q u e , d e s a p a r e -
ciendo la personalidad del p o e t a , no se d e s p r e n d i e s e de la composición u n
afecto d o m i n a n t e , perdería esta su c a r á c t e r lírico, é invadirla los límites del
drama.

§. 2 9 8 .

Si bien es cierto lo que dejamos sentado, que la circunstancia


mas insignificante puede ser objeto del poema lírico, y que en él
debe hallarse vivamente reflejada la personalidad del poeta; para
que el asunto tenga interés poético es preciso que constituyan el
verdadero fondo de la composición los sentimientos generales del
hombre ó las profundas verdades de la conciencia.

De otro m o d o , t e n d r í a n que a p l a u d i r s e los poemas mas fútiles é i n s u s t a n -


ciales y las extravagancias de u n a ficticia y exagerada originalidad. Cuando
en el c o n j u n t o de poesías líricas de u n a u t o r , además de la historia de su al-
m a , no se e n c u e n t r a n a d a g e n e r a l , n a d a que interese v i v a m e n t e á los d e m á s
h o m b r e s , el a u t o r podrá ser u n b u e n versificador, u n b u e n r e t o r i c o , m a s -no
m e r e c e r á el dictado de p o e t a .

§. 299.

Como el poema lírico no se propone otro fin que el de expresar


n
— 210 —
una situación del alma, transmitiendo vivamente el afecto; sn
extensión material no puede ser nunca muy considerable. Es el
género poético de mas cortas dimensiones.

L a elegía m a s extensa no a d q u i e r e n u n c a las p r o p o r c i o n e s del d r a m a ó del


c a n t o épico m a s insignificante. L a m a y o r p a r t o d e composiciones líricas s e
e n c i e r r a n en poquísimas estrofas, y a l g u n a s de ellas en poquísimos versos.

§. 3 0 0 .

La unidad del poema lírico está en la situación determinada


del alma del poeta. En ella se concentran como en un foco los di-
versos objetos de la naturaleza y las hermosas creaciones con que
le brinda la fantasía. Todo en el poema lírico debe ser efecto de
una impresión vivamente recibida; todas sus partes deben c o n -
tribuir á comunicar esta determinada impresión del ánimo.

La u n i d a d d e p e n s a m i e n t o p u e d e bastar en a l g u n a s composiciones d e u n
c a r á c t e r didáctico; pero no basta en el poema lírico si no está dominada por
la u n i d a d d e s e n t i m i e n t o . A l g u n a s poesías h u m o r í s t i c a s á p r i m e r a vista p a -
r e c e n d e s t i t u i d a s de semejante u n i d a d , p o r emplearse en ellas los rasgos fes-
tivos como m e d i o de c o n t r a s t e . Esto es lo que se nota en el m a s c é l e b r e , y
p o r desgracia el m a s i n m o r a l , de los m o d e r n o s líricos a l e m a n e s .

§. 3 0 ! .

La unidad en el poema lírico debe permanecer mas oculta que


en ningún otro género de composición. Verifícase esto principal-
mente en los poemas en que mas domina el entusiasmo; porque
en otros, que son hijos de una inspiración mas tranquila, y que
mas se acercan á la expresión épica ó didáctica, la unidad debe
resaltar naturalmente con mucha mayor lucidez.

C u a n d o la pasión nos a r r e b a t a , y se inflama n u e s t r a i m a g i n a c i ó n , el o r d e n


lógico de las ideas se p e r t u r b a , p r e s e n t á n d o s e r e v u e i t o s y c o n f u n d i d o s en n u e s -
tra m e n t e los objetos m a s h e t e r o g é n e o s . El a r t e conserva en apariencia este
d e s o r d e n de la fantasía, pero sujetándola d i s i m u l a d a m e n t e á las p r e s c r i p c i o n e s
d e d a r a z ó n . E s t o m i s m o establecen los críticos al decir con Boileau q u e d e -
b e ser efecto del a r t e el bello desorden de la o d a .
— 211 —

§. 3 0 2 .

Por esta razón son tan propias de la poesía lírica las transicio-
nes rápidas (extravíos) y las digresiones. Las primeras son efecto
de la concentración del espíritu, que acumula los objetos, los co-
loca en el orden con que se presentan á la imaginación, y supri-
me las ideas intermedias, los puntos de enlace. Las segundas son
debidas á la complacencia que encuentra la imaginación al fijarse
en un objeto halagüeño y que guarda íntima consonancia con el
sentimiento que nos absorbe.

En la oda en que F r . L u i s de León p i n t a con tan hermosos colores la t r a n -


quilidad de la vida del c a m p o , al r e p r e s e n t á r s e l e la imagen dei h u e r t o , se d e -
t i e n e en la descripción d e este objeto , i n t e r r u m p i e n d o al p a r e c e r la u n i d a d
de la c o m p o s i c i ó n , p e r o contribuyendo en realidad m u y eficazmente á t r a s -
m i t i r la placentera impresión q u e dilata y embelesa s u á n i m o . E n c u a n t o á
las t r a n s i c i o n e s r á p i d a s , al propio tiempo q u e n a t u r a l e s , es digno de e s t u -
diarse el magnifico p l a n del salmo 1 0 3 , t r a d u c i d o por F r . Luis de León y q u e
analiza Batteux en sus Principios de literatura. P í n d a r o , al c e l e b r a r á los
v e n c e d o r e s en los j u e g o s de la Grecia, hace el elogio de los a n t e p a s a d o s , el
del p a í s ; habla de los j u e g o s , do la religión, d é l a s altas verdades morales, d e
la dignidad de la poesía, e t c . Lo q u e en P í n d a r o es efecto de la i n s p i r a c i ó n ,
es en Horacio con m u c h a frecuencia simple efecto del a r t e . No c r e e m o s j u s -
t a la apasionada c e n s u r a de Blair, pero tampoco c r e e m o s q u e m e r e z c a a p r o -
b a r s e siempre la calculada irregularidad de a l g u n a s odas del vate latino q u e
tanto h a n dado que sudar á los comentadores.

§. 3 0 3 .

La poesía lírica es la.que mas esmero y mas animación exige


en el estilo, y la que mas ornato consiente en la elocución. En el
poema lírico exigimos en los pormenores una perfección, de que
puede prescindirse en los demás géneros, y que en muchos de ellos
tendría visos de afectación.

Sobre todo en las composiciones ligeras es preciso q u e u n a perfección y


gracia extraordinaria en !a forma e n c u b r a la poca i m p o r t a n c i a del fondo. P o r
esto las poesías m a s delicadas, al pasar á otra l e n g u a , p i e r d e n c o m p l e t a m e n -
te el perfume en que estaba e n c e r r a d a toda su preciosidad.
— 212 —

§. 304.

El lenguaje de las composiciones líricas debe ser también mas


armonioso, mas acomodado á la regularidad musical que el de
los demás géneros de poesía. En ningún otro género tiene igual
grado de importancia la armonía imitativa, que tanto contribuye
á la expresión del sentimiento. La poesía lírica es un canto.

L a r e g u l a r i d a d de las estrofas fué de todo p u n t o necesaria c u a n d o la l e t r a


iba r e a l m e n t e acompañada de la m ú s i c a ; pero se lia c o n s e r v a d o p o s t e r i o r -
m e n t e p a r a dar mayor realce á la forma artística de la o b r a , y p o r q u e la
uniformidad de los períodos musicales sostiene la u n i d a d y elevación de t o -
n o , que la intensidad del afecto i m p r i m e en la composición.
E n algunas composiciones líricas, inclusa la oda, se prescinde de la d i s t r i -
b u c i ó n en estrofas. No es esto m u y f r e c u e n t e , y casi s i e m p r e se verifica
e n composiciones q u e participan algo d é l o s d e m á s g é n e r o s .

§. 3 0 5 .

La incalculable diversidad de asuntos, que tan notables dife-


rencias introduce en la forma general y en el estilo de los diver-
sos poemas líricos, ha sido causa de que en este género de poesía
desplegase la versificación toda la riqueza y variedad de las com-
binaciones métricas.

Horacio p r e s e n t a en sus odas u n considerable n ú m e r o de m e t r o s . Los p o e -


tas de la decadencia e m p l e a r o n u n a porción de nuevas combinaciones. La
poesía provenzal hizo gala de un arte extraordinario en el modo de e n t r e l a z a r
la r i m a . En n u e s t r o s cancioneros y en n u e s t r o s poetas clásicos e n c o n t r a m o s
igual lujo de versificación; y a ' g u n o s poetas líricos contemporáneos con
p u e r i l diligencia se fian lanzado en busca de n u e v a s y s o r p r e n d e n t e s i n v e n -
ciones.

II.— DE LAS D I S T I N T A S E S P E C I E S D E P O E M A S LÍRICOS.

§. 306.

Son tantos y tan delicados los matices del sentimiento, tantas


ias formas de que puede revestirle la imaginación, y tantos losca-

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ractéres que puede imprimirle la personalidad del poeta, que s e -
ria de todo punto imposible reducir á una clasificación rigorosa la
incalculable variedad de composiciones líricas que ofrece la lite-
ratura de cualquier país medianamente adelantado. Al hablar de
las especies de poemas líricos, solamente trataremos de las que
presentan un tipo característico, y que han recibido la respetable
sanción del uso.

P r e s c i n d i r e m o s , por c o n s i g u i e n t e , de u n a m u l t i t u d de n o m b r e s que se h a n
dado á las composiciones líricas en otros países, y a u n en el n u e s t r o , d e t e -
n i é n d o n o s tan solo en las que en E s p a ñ a han adquirido u n c a r á c t e r clásico, ó
q u e por su m u c h a i m p o r t a n c i a sean dignas de especial m e n c i ó n . La poesía
m o d e r n a se ha abstenido con frecuencia de d a r á las composiciones líricas el
n o m b r e de la especie á que, p e r t e n e c e n , creyendo m a s importante d e s i g n a r -
las con u n título p e c u l i a r y significativo que revele el a s u n t o .

i. — DE LA ODA.

§. 307.

Oda en griego es lo mismo que canto. En Grecia se daba este


nombre ¿todos los poemas que podian ser cantados, y que en es-
to se diferenciaban de las elegías.

F u é el n o m b r e de oda u n n o m b r e g e n e r a l , q u e se aplicó á composiciones


d e m u y diversa índole. En R o m a imitó Horacio las formas de la oda griega,
y en los tiempos m o d e r n o s se han llamado odas las composiciones que se h a n
escrito á imitación de las griegas y latinas. L a s diferencias radicales e n t r e
las distintas especies de oda hacen imposible u n a definición exacta. V é a s e ,
si no , la distancia que separa las odas p i n d á r i c a s de las a n a c r e ó n t i c a s .

§• 3 0 8 .

Las odas se dividen generalmente en sagradas, heroicas, mo-


rales ó filosóficas y anacreónticas.'L&s sagradas, como su nom-
bre lo indica, tienen por objeto excitar y enaltecer el sentimiento-
religioso, cantando las glorias de Dios y de la religión. Las he-
roicas arrebatan de entusiasmo, celebrando las hazañas ilustres,
las glorias de las naciones y de los grandes ingenios, admiración
de las edades. Las morales, usando de un tono mus templado,
— 214 —
deben ser la fiel expresión de la tranquilidad y dulzura, amables
compañeras de la rectitud de conciencia y de la generosidad de
corazón. Las anacreónticas, así llamadas del nombre de su i n -
ventor, Ánacreonte, celebran ligera y festivamente los placeres
del amor y del vino.

H e r m o s i l l a , aspirando á u n a e x a c t i t u d i m p o s i b l e en estas m a t e r i a s , a ñ a d e
t r e s especies m a s a las c u a t r o m e n c i o n a d a s , y son las de odas gratulatorias,
eróticas y elegiacas. Es imposible a c e d a r con u n a clasificación q u e c o m -
p r e n d a todos los a s u n t o s . La p r i m e r a oda de Horacio, p o r ejemplo, no p u e d e
referirse con loria propiedad á n i n g u n a de las especies i n d i c a d a s . En r i g o r ,
n o h a y m a s q u e tres especies de o d a s : la sublime ó p i n d á r i c a , en que d o m i -
na el e n t u s i a s m o , la q u e podríamos llamar t e m p l a d a , y la festiva ó a n a -
creóntica.

§. 3 0 9 .

En cuanto al plan y propiedades generales del estilo de la oda,


baste decir que es la composición lírica por excelencia, y que por
lo tanto, a ella debe principalmente aplicarse todo lo que se dijo
del poema lírico en general. Pero si se fíjala consideración en sus
distintas especies, es claro que deberá variar el estilo á propor-
ción del asunto. En la heroica predomina la elevación; los senti-
mientos é imágenes deben ser sublimes, los pensamientos gran-
des y profundos, el estilo rápido, enérgico y lleno de la vehemen-
cia y fuego del entusiasmo. Én la moral se nota mayor tranquili-
dad en los afectos, en las imágenes domina mas bien la belleza que
Ta sublimidad, y la expresión en general es menos fogosa, menos
atrevida Pudiera compararse, como dice el Sr. Martínez de la
Rosa, la oda pindárica á un torrente, y la moralá un rio. La oda
religiosa es unas veces majestuosa, apasionada y sublime como la
heroica; inspirada otras veces por sentimientos apacibles y lle-
nos de ternura, se aproxima mas á la moral. La anacreóntica de-
be ser viva, risueña, delicada, llena de gracia y espontaneidad.
Desecha como una carga insoportable todo lo elevado y profun-
do , todo cuanto descubra el menor artificio y no sea una expre-
sión fie! del contento y dulce abandono del poeta.
— 215 —

§• 310.
«
La oda conserva generalmente una forma métrica rigorosa. Sin
embargo, Horacio alguna que otra vez prescindió de la distribu-
ción en estrofas.
Los poetas españoles se han esmerado en idear formas métri-
cas algo semejantes en lo posible a las de Horacio, siendo la e s -
trofa de cinco versos, llamada lira, la que ha tenido mayor acep-
tación. Herrera y Melendez emplearon en algunas odas estrofas
mas extensas y pomposas, y quizas por esta razón dio el primero
el título de canciones á algunos poemas que, ni por el asunto ni
por el estilo, se parecen en nada á la canción. Las coplas de cua-
tro ó seis versos endecasílabos y heptasilabos mezclados, y la lira,
son las estrofas mas propias de la animación y movimiento de la
oda. Para la anacreóntica no podia elegirse metro mas oportuno,
mas ligero que el romance heptasílabo, constantemente adoptado
por nuestros poetas. También en las odas de un carácter templa-
do se ha empleado con acierto la estrofa sáfica.

O ) . — O D A SAGRADA.

§. 3».

La antigüedad clásica no nos dejó ningún modelo de oda s a -


grada, tal corno actualmente la concebimos. Las supersticiones del
paganismo no podían inspirar jamás sentimientos tan puros, tan
ardientes, tan profundos como los que constituyen el alma de la
oda cristiana. Ni el ditirambo, ni elpaan, ni los demás himnos
de los poetas griegos, ni el Carmen swculare de Horacio admiten
punto de comparación con lo que actualmente debe ser laodare-
ligiosa.

Sabemos por la historia que casi todos los m a s célebres poetas griegos
c a n t a r o n en los templos sublimes h i m n o s dedicados á los dioses. F u é m u y
aplaudido u n o del estoico Gloanto en honor de J ú p i t e r , así como los de C a l i -
m a c o , que se hicieron e x t r e m a d a m e n t e p o p u l a r e s . Muchos coros de la t r a g e -
dia p u e d e n d a r n o s t a m b i é n una idea de lo que era la oda religiosa e n t r e los
griegos.
— 216 —
N u m a c o m p u s o c! S a i í a r e , q u e c a n t a b a n los sacerdotes de M a r t e , y a d e m á s
de la susodicha composición de Horacio, podríamos cilar o t r a s q u e d e s t i n a r o n
los r o m a n o s A las c e r e m o n i a s de su religión.
Si mereciesen el n o m b r e de religiosos todos los cantos inspirados por la
superstición ó el f a n a t i s m o , podríamos citar los sangrientos h i m n o s q u e e n
las profundidades de los bosques dirigían los bardos á 'i'hor, á T e u t a t e s y á
Odin. No hay pueblo q u e no haya elevado sus primeros cantos al A u t o r d e lo
criado.

•§. 312.

Daban los griegos el nombre de himno á los cantos - de alaban-


za. El himno en honor de Apolo se llamaba pcean, y recibían la
denominación de ditirambos los que se cantaban en las fiestas de
Baco. En el ditirambo imitaba el poeta el delirio y desorden de la
embriaguez, saltando caprichosamente de un objeto á otro, y
empleando metáforas exageradas y términos retumbantes.

E n el dia la voz ditirambo ha recibido u n a acepción m a s l a t a , p u e s se


aplica á todas las composiciones en que p r e d o m i n a n la v e h e m e n c i a de estilo
y el d e s o r d e n del d i t i r a m b o g r i e g o , sea cual fuere el a s u n t o á q u e e s t é n d e -
dicadas. En R o m a no t u v o i m i t a d o r e s esta c o m p o s i c i ó n , ni los h a tenido en
E s p a ñ a . E n otras naciones se h a n escrito d i t i r a m b o s de m é r i t o . Del'ille c o m -
pwso u n o excelente c o n t r a la impiedad de la revolución francesa. T a m b i é n la
voz himno so aplica e n castellano á los cantos en alabanza de las acciones
y de los objetos dignos de elogio. Don Diego H u r t a d o de Mendoza escribió u n
h i m n o en loor del c a r d e n a l D. Diego de E s p i n o s a ; Jovelianos t i e n e u n h i m -
no A la luna, y E s p r o n c e d a u n o Al sol. Sin e m b a r g o , se e m p l e a m a s u s u a l -
m o n t e la palabra himno para designar los cantos eclesiásticos, d e q u e se
h a b l a r á l u e g o , así como c i e r t a s canciones patrióticas, escritas para ponerse
e u m ú s i c a , y q u e h a n sido quizás las composiciones m a s p o p u l a r e s de n u e s -
tros t i e m p o s .

§. 3 1 3 .

El bello ideal de la oda sagrada está en la Escritura, y princi-


palmente en los libros del Antiguo Testamento. Los cánticos e s -
parcidos en los libros historiales y proféticos y los salmos descue-
llan notablemente sobre todo lo mas grande que ha producido la
poesía lírica profana. Pueden servir de modelo el Cántico de Moi-
sés después del pasaje del mar Mojo, que con tanto acierto imitó
Herrera en su Canción á la batalla de lepanío, el Cántico de
— 217 —
Déhora, y el de la Virgen, que se halla en el Nuevo Testamento y
se conoce con el nombre de Magníficat. En cuanto á los salmos,
difícil es la elección. Ademas del 103, ya citado, pueden estudiar-
se el 29 y 3 3 , que presentan un carácter totalmente distinto. Por
último, Isaías es el mas sublime de los poetas sagrados, es el que
mas se distingue por la grandeza de las ideas y de la expresión.

Cántica, s e g ú n Sfarmontel, es eí n o m b r e que se da á las composiciones


líricas de los libros s a g r a d o s , excepto á los salmos. Oíros dicen q u e e! c á n -
tico se refiere c o m u n m e n t e á las acciones y el h i m n o á las p e r s o n a s .

§• 3 1 4 .

Sobresalieron notablemente en la oda sagrada algunos poetas


latinos de la edad inedia, cuyos himnos ha adoptado la Iglesia en
su liturgia. San Ambrosio en el siglo iv compuso el Te-Detm, y
Fortunato en el siglo VÍ escribió los suyos, entre los cuales sobre-
sale el Vexilla regís. Los del español Prudencio le granjearon el
lauro de príncipe de los poetas cristianos. Los himnos de la Igle-
sia se distinguen en general por la suave unción de que están pe-
netrados, por la pureza é intensidad de los sentimientos, inspira-
dos por el ardor de una fe verdadera, y por la sencillez de la e x -
presión.

En su estiló y versificación se va d e s c u b r i e n d o el tránsito de la lengua l a -


t i n a á las m o d e r n a s .

§. 3 1 5 .

Fray Luis de León sobresalió en este género de oda, no solo


por sus hermosas traducciones de varios poemas de los libros sa-
grados, sino también por algunas de sus composiciones origina-
les , de las que pueden ser ejemplo la oda Noche serena y la que
empieza: ¿Cuándo será que pueda, llena de sublimidad, y la
brevísima é inspirada, A la ascensión del Señor. En las poesías
devotas esparcidas por las obras de S. Juan de la Cruz, de Fr. Pe-
dro Malón de Chaide y de Sta. Teresa, so encontrarán también
excelentes modelos. Pueden dar uña idea de lo que e¿i tiempos
— 218 —
posteriores ha sido entre nosotros ia oda sagrada, la de D. Alber-
to Lista A la muerte de Jesús, y la de Melendez titulada La pre-
sencia de Dios.

b).—ODA HEROICA.

§. 3 ) 6 .

Píndaro ha sido constantemente el modelo de la oda heroica,


que por esta razón se llama también pindárica. Sus composicio-
nes cantadas en loor de los vencedores en los juegos olímpicos,
píticos y ñemeos, presentan todas un carácter verdaderamente
grandioso. Su estilo es vehemente, apasionado, sublime. Hora-
cio procuró imitarle en algunas de sus odas, y lo consiguió en efec-
t o , bien que sin elevarse á tanta altura. Las odas Justum et te-
nace m , etc., Cwlo tonanlem, etc., Qualem minisirum fulmi-
nis, etc., y Pastor cmn traheret, etc., bastan para dar una cabal
idea de la buena oda heroica.

E n los coros de la tragedia griega se hallan también e x c e l e n t e s modelos de


oda h e r o i c a . Son de u n i n t e r é s m e n o s local q u e las odas de P í n d a r o ; hay e n
ellos m e n o s alusiones á c o s t u m b r e s e x t r a ñ a s , son m a s inteligibles p a r a los
lectores de n u e s t r a época, y por c o n s i g u i e n t e , m a s a g r a d a b l e s , p o r q u e , a d e -
m a s de las c i r c u n s t a n c i a s e x p r e s a d a s , su m é r i t o literario es g r a n d í s i m o .

§ 317.

Pasando á !a literatura española, no se puede menos de citar


en primera línea á Fernando de Herrera, llamado por su sublimi-
dad el Divino. En su Canción á D. Juan de Austria imita la dis-
posición y estilo de Píndaro. En sus Canciones por la victoria de
Lepanto y por la pérdida del rey D. Sebastian sigue las huellas
de los poetas hebreos. Por esta razón se nota en estas últimas
composiciones un sabor religioso, que embelesa y que imprime
en ellas un carácter muy distinto del que presenta la dirigida á Don
Juan de Austria, mas acomodada á las formas de la oda griega y
latina. La Profecía del Tajo, de Fr. Luis de León, merece c o -
locarse al lado de las canciones de Herrera. Por último, la oda de
Melendez, La gloria de las artes, es también digna de los elogios
— 219 —
que se le han tributado. Cienfuegos y Quintana han dado mues-
tras de las buenas dotes que sobresalieron en Herrera.

Al estudiar la Canción por la victoria de Lepanto, c o m p á r e s e con el Cán-


tico de Moisés en el paso del mar Rojo, sobre el cual está calcada. La Pro-
fecía del Tajo es t a m b i é n u n a imitación de la oda Pastor cum traheret, e t c .
P o r m a s q u e d é Herrera el título de canciones á las odas citadas , en nada
s e p a r e c e n á las composiciones literarias que llevan este n o m b r e , y de las
cuales h a b l a r e m o s m a s adelante. La dedicada á la pérdida del r e y 1). Sebas-
t i a n p u e d e considerarse como u n a elegía heroica.

c).— ODA H O t l A L .

§. 3 1 8 . :

Asi como en la oda heroica ocupa Horacio el segundo lugar, en


la moral ó filosófica merece sin disputa alguna el primero. N i n -
gún po^ta ha alcanzado á pintar con tan halagüeños colores la
tranquilidad de la vida modesta y oscura, la moderación en las
riquezas y los placeres, la brevedad de los años, y otros asuntos
parecidos, que son el tema constante de este género de composi-
ciones. La oda que comienza Beatus Ule qui procul negotiis,
aparte del rasgo satírico con que termina, es en su género uno
de los mas perfectos modelos.

V é a n s e también las oclas Rectiusvives, Licini, e t c . , Heu, fugaces, Postu-


me, e t c . , Oiium divos rogat, e t c . , Mquam memento, e t c . Horacio brilla
p r i n c i p a l m e n t e en el g é n e r o t e m p l a d o , al que p e r t e n e c e n mucíias de s u s
mejores composiciones, q u e no p u e d e n llamarse con propiedad odas morales
ni anacreónticas.

§. 319.

Fray Luis de León es el poeta español que mas se aproxima a


Horacio. En su preciosa oda Qué descansada vida, etc., se o b -
serva mas de u n rasgo digno del vate latino, prescindiendo de que
también le imita en el tono general de la composición. La moral
del poeta castellano es mas pura, y en cuanto al estilo, si no
iguala á su modelo en imaginación, tal vez le aventaja en senti-
miento. Francisco de la Torre, Rioja, Fr. Diego González y Me-
— 220 —
lendez nos han dejado en este género algunas composiciones que
honran el Parnaso castellano.

Véanse la oda de F r a n c i s c o de la T o r r e q u e e m p i e z a : / Tirsis! ¡ah Tirsis!


vuelve y endereza, e t c . ; las silvas do Rioja, A la riqueza, A la tranquilidad
y Al verano; la oda de Melendez, De la verdadera paz.

d).— ODA ANACREÓNTICA.

§. 3 2 0 .

Anacreonte, corno ya se dijo, dio su nombre a la oda en que


se celebran los placeres. La ligereza, el candor del estilo de este
poeta, convierten en un juego inocente, en una especie de des-
ahogo de un corazón alegre y tranquilo, el fondo inmoral que en-
cerrarían la mayor parte de estas composiciones si se considera-
sen seriamente. No creemos, por lo mismo, que su lectura pueda
dejar en el alma la menor sombra de perniciosos sentimientos;
todas ellas hacen asomar involuntariamente la sonrisa á los l a -
bios. Difícil es la elección, porque son todas á cuál mejor. Ci-
taremos por via de ejemplo la 1. , la 1 8 . , Be una laza; la 1 9 . ,
a a a

Del beber; la 3 . , Be Cupido, y la 3 7 . , Bel verano.


a a

Nada tienen de c o m ú n con las i n o c e n t e s h u m o r a d a s del poeta griego a l -


g u n a s de las composiciones que por boca de sus mismos autores ha calificado
la l i t e r a t u r a m o d e r n a con el bien apropiado n o m b r e de orgías.

§. 32t.

Ninguna de las composiciones en que Horacio se acerca mas al


poeta griego, puede llamarse con propiedad anacreóntica. Todas
tienen un carácter algo mas grave, y todas, sin exceptuar las mas
ligeras, descubren al poeta pensador.

§. 3 2 2 .

En España han sido innumerables los traductores é imitadores


de Anacreonte, sobresaliendo Villegas, D. José Cadalso, D. J o -
sé Iglesias y D. Juan Melendez Yaldés. La de Iglesias que princi-
— 221 —
pia Siendo yo tierno niño, y la de Melendez, Retórico moles-
to, etc., desenvuelven de un modo graciosísimo el pensamiento
de la primera de Anacreonte, y es muy digna de ligurar entre las
mejores la de Cadalso, ¿Quién es aquel que baja, etc.

L é a n s e también la do Iglesias, Debajo de aquel árbol, e t c . , y las d e M e -


l e n d e z , El amor mariposa y El amor fugitivo. El chistoso Cristóbal de Cas-
tillejo poseia toda la travesura y donaire propios de la a n a c r e ó n t i c a ; pero no
tiene n i n g u n a composición á q u e , r i g o r o s a m e n t e h a b l a n d o , p u e d a a p r o p i á r -
sele este n o m b r e .

%— ELEGÍA.

§. 323.

La elegía [canto lúgubre, lamentación) fué en su origen un


poema dedicado á la muerte de alguna persona querida. Exten-
dióse posteriormente á lamentar las desgracias de las familias y
los desastres de las naciones, hasta que expresó, por último, los
pesares, las ilusiones y aun los contentos del amor.
Versibus impariter junctis querimonia primum,
Post eiiam inclusa est voti sententia campos.

En el dia ha recobrado la elegía su destino primitivo, y cier-


tamente nos disonaría oir aplicado este nombre á una composi-
ción en que se celebrase algún acontecimiento feliz.

En Grecia y Roma lo q u e caracterizó á esta composición fué m a s bien el


taetro que el a s u n t o .

§. 3 2 4 .

De la definición que hemos dado se deduce que hay dos espe-


cies de elegía : una, que podemos llamar heroica, en la cual se la-
mentan las desgracias públicas, como las derrotas de los ejérci-
tos, el hundimiento de los imperios, las grandes catástrofes del
linaje humano; y otra, mas íntima, mas personal, y por consi-
guiente de un género menos elevado, en la que exhala el poeta
las penas de su propio corazón. Esta es la elegía propiamente
dicha.
— 222 —
M a r m o n l e l , después de afirmar q u e la elegía p u e d e r e c o r r e r todos los t o n o s ,
desde el heroico hasta el familiar, divídela en apasionada, tierna y graciosa.

§. 325.

La elegía heroica, no solo permite el calor de la pasión , sino


la grandeza de las imágenes y el entusiasmo de la oda. Los pen-
samientos altamente filosóficos que inspira la contemplación de
las miserias humanas, el amor de la patria, que es otras veces lo
que exalta la fantasía del poeta, llenándole de una indignación
noble y poderosa, y por último la grandeza del asunto, exigen
una entonación fuerte, tan acomodada al género que describimos,
como digna de censura en la elegía propiamente dicha.

La canción A las ruinas de Itálica que escribió R o d r i g o C a r o , y perfeccionó


u l t e r i o r m e n t e Rioja, la de H e r r e r a A la pérdida del rey D. Sebastian, y la
poesía d e D. Nicasio Gallego, t i t u l a d a : El dia dos de Mayo, son los mejores
modelos q u e en este g é n e r o nos p r e s e n t a n las m u s a s castellanas.

' §. 3 2 6 .

La elegía propiamente dicha debe encaminar su voz a! cora-


zón ; todo su mérito depende de la intensidad de los afectos y de
una elegante sencillez en la forma. «Admite el calor de la pasión,
pero no el arrebato del entusiasmo; muestra la languidez y el
descaecimiento de la pena, pero sin incurrir en bajeza; no luce
ingenio ni ostenta saber, porque seria ridicula esta ostentación en
una persona que se supone pesarosa; mas en medio de su dolor,
no exagera su sentimiento, pues entonces se parecería mas á los
llorones alquilados que á las personas verdaderamente afligidas.»

Nada m a s impropio de la elegía q u e el carácter q u e le a t r i b u y e Lefranc. No


debe p r e s e n t a r s e d e s g r e ñ a d a , con la e s p u m a en los l a b i o s , centelleantes de
furor sus ojos, acusando á la tierra, al cielo y á los eleme?itos; sino m e l a n -
cólica, pensativa, coronada de flores silvestres, como la d e s v e n t u r a d a Ofelia;
p e r o siempre r e s i g n a d a , s i e m p r e i n o c e n t e , siempre h e r m o s a e n m e d i o de s u
dolor p r o f u n d o , siempre d i r i g i e n d o al cielo su p o s t r e r m i r a d a .

S- 327.

En la Escritura encontraremos los mejores modelos de poesía

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— 223 — .
elegiaca. Gran número de salmos, varios pasajes de los profetas,
y sobre todo los Trenos de Jeremías, respiran una ternura y una
melancolía que arroban dulcemente el ánimo.

P u e d e n servir de ejemplo los salmos 4 1 , 42 y i 3 6 , y el cántico de E z e q u í a s .


E n algunos h i m n o s de la Iglesia, como en el Dies irce, en el Stabat líater y
otros, p r e d o m i n a también el tono propio de la elegía.

§. 3 2 8 .

Solo por lo que nos dice la crítica de la antigüedad, y por me-


dio de las imitaciones de los poetas latinos, nos es dado formar-
nos una idea de lo que fué en Grecia la elegía. En Roma sobre-
salieron Propercio , Ovidio y Tibulo. Marmontel propone al pri-
mero por modelo del género en que domina la pasión, á Ovidio
por modelo de la elegía en que domínala imaginación, y á Tibu-
lo por modelo del género en que sobresale la emoción dulce y
tranquila. Este último debe ser el carácter de la buena elegía.

No se ha conservado n i n g u n a de las elegías de los poetas griegos S i m ó n i -


d e s , Calimaco, Filólas y M i m n e r m o ; pero los idilios de Rion A la tumba de
Adonis, y de Mosco A la tumba de Ilion, así como algunos de los monólogos
y coros de la tragedia, p u e d e n considerarse como verdaderas elegías.
Es preciso t e n e r p r e s e n t e que no era el a s u n t o , sino él m e t r o , lo que daba
el n o m b r e á la c o m p o s i c i ó n . Las elegías de P r o p e r c i o y T i b u l o son eróticas.
Ovidio e n sus Heñidas es casi siempre e l e g i a c o ; en los Tristes, casi siempre
afectado.

§. 329.

Es un verdadero modelo de elegía la epístola de Martínez de


la Rosa con motivo del fallecimiento de la duquesa de Frias; d i -
fícilmente podría citarse otra poesía castellana que cumpliese tan
satisfactoriamente con todas las condiciones propias de semejantes
composiciones. Llena de dulcísima melancolía está asimismo la
Elegía á las musas de D . L . F. Moratin; tierno adiós al mundo,
que resuena tristemente en el alma, como el Ultimo pensamiento
de Weber.

Lastimado el corazón del poeta a! c o n t e m p l a r los males do la p a t r i a , alza


m i n s t a n t e el v u e l o , y desfallece, c o m o la luz m o r i b u n d a , q u e c r e c e u n
— 224 —
m o m e n t o y brilla a n t e s de espirar. La poesía de este mismo a u t o r dedicada á
la m u e r t e d e D. José Antonio Conde m e r e c e t a m b i é n ser contada e n t r e las
b u e n a s elegías.
A pesar de los i m p r e m e d i t a d o s elogios q u e se leen en a l g u n a s obras de
n o despreciable c r í t i c a , tal vez n i n g u n o de los poemas que con el n o m b r e de
elegías e s c r i b i e r o n n u e s t r o s mejores autores líricos pueda p r e s e n t a r s e como
modelo c u m p l i d o de este g é n e r o de c o m p o s i c i ó n . H e r r e r a , nacido p a r a la oda
heroica, p a r a la epopeya, n o pudo c o r t a r el vuelo de su imaginación a r d i e n t e ,
n i despojar sus armoniosos períodos de la f u e r z a , r o t u n d i d a d y pompa q u e
t a n t o los d i s t i n g u e n . Ni la canción fúnebre de J á u r e g u i , s o b r a d a m e n t e e n c o -
miada por el traductor de Batteaux, n i l a s e l e g í a s d e Melendez, se hallan siem-
p r e d e s n u d a s de frialdad ni de afectación, sin e m b a r g o de ofrecernos , sobre
todo las de! ú l t i m o , algunos trozos v e r d a d e r a m e n t e d i g n o s de la dulce lira de
T i b u l o . Garcilaso, Francibco de la Torre y Rioja son tal vez los poetas c a s -
tellanos en quienes mas sobresalen las dotes c o n v e n i e n t e s para la elegía. No
deben echarse en olvido, á p e s a r d e su c a r á c t e r algo filosófico, las s e n t i d a s ó
i m p e r e c e d e r a s coplas de Jorge Manrique á la m u e r t e d e su p a d r e .

§• 3 3 0 .

Los poetas griegos y latinos emplearen en la elegíalos dísticosde


exámetro y pentámetro. La mayor parte de los autores españoles
adoptaron el terceto, y últimamente el verso libre, por conside-
rar quizá demasiado ingeniosa la primera de estas dos combina-
ciones métftcas. La silva y las estrofas extensas y de mucho arti-
ficio en la rima podrán convenir á ciertos asuntos de la elegía he-
roica, pero nunca á la elegía propiamente dicha, cuyo estilo cor-
tado y enemigo de pompa requiere un metro que permita muy
poca extensión al período musical.

3.—CANCIÓN, LETRILLA, EPITALAMIO, CANTATA.

a).— CANCIÓN.

§. 3 3 1 .

Inútil seria querer dar uria definición de este poema, ni es p o -


sible atribuirle caracteres generales sin incurrir en crasos y ma-
nifiestos errores.
En primer lugar, como mas parecida á la oda, se presenta la
eancion italiana (canzone), que los sicilianos, y después los tosca-
— 225 —
nos, tomaron de los provenzales, y que proponiéndose por guia
á Petrarca, cultivaron con singular afición y no escaso mérito
nuestros clásicos del siglo xvi. El amor es el objeto de la mayor
parte de estos poemas, en que domina el sentimiento melancólico.
En la canción italiana se desenvuelve por lo regular un solo pen-
samiento, presentándole en cada estrofa bajo diferentes aspectos;
el estilo es mas templado y mas difuso que el de la oda; sus e s -
tancias generalmente mas largas, y terminan con una mas corta á
manera de epilogo. Nótase en la mayor parte de ellas cierta inge-
niosa simetría en el corte de la cláusula, que es casi siempre pe-
riódica. Sirva de ejemplo la lindísima de Mira de Amescua que
principia Ufano, alegre, altivo, enamorado, y la de Francisco
de la Torre, La cierva.

No hacemos mas q u e i n d i c a r de un modo indeciso los rasgos q u e m a s c o -


m u n m e n t e vemos reproducidos. Además de las m u c h a s composiciones, como
l a s q u e se citaron de Herrera y R i o j a , q u e , hablando con p r o p i e d a d , d e b e n
llamarse odas, e l e g í a s , e t c . , hay o t r a s , como la de H e r r e r a Al sueño, que
tienen u n a fisonomía m u y diversa d e la q u e h e m o s i n d i c a d o , y o t r a s en q u e
se p r e s c i n d e h a s t a de las formas m é t r i c a s g e n e r a l m e n t e usadas en las d e m á s .
E s t o s u c e d e con la mas bella canción de Garcilaso, A la flor de Guido, en la
q u e e m p l e é el m e t r o llamado lira, que tanta aceptación t u v o p o s t e r i o r m e n t e
p a r a la oda. E n la canción de este mismo pqeta, El aspereza de mis males
quiero, e t c . , q u e precede á la que acabamos d e c i l a r , se manifiestan d e u n
modo e v i d e n t e la c o n c e p t u o s i d a d , la languidez y demás defectos que tanto
afearon la canción italiana. E n t r e los m u c h o s poetas que se dedicaron á este
g é n e r o , sobresale Gil P o l o , c o n t i n u a d o r d é l a Diana de Montemayor. Ni el
estilo de la canción i t a l i a n a , ni la l o n g i t u d de sus e s t r o f a s , son á propósito
p a r a la m ú s i c a .

§. 3 3 2 .

Menos analogía guardan todavía entre sí las cantigas, decires,


preguntas y respuestas, etc., á que se da también el nombre de
canciones, y que se hallan compiladas en las colecciones llama-
das Cancioneros. Constituyen la poesía erudita ó cortesana del
siglo xv. Se diferencian notablemente por el asunto : el género
amatorio es el mas abundante; hay algunas de devoción, y mu-
chas didácticas ó doctrinales y festivas ó de burlas. En cuanto á
la forma, imitaron al principio los modelos clásicos y religiosos y
15
— 226 —
mas tarde los provenzales é italianos. Respecto á la versificación,
los versos mas empleados son el de arte mayor y el octosílabo,
que se combina frecuentemente con su quebrado de cuatro sílabas.
La copla de arte mayor y la estrofa de ocho octosílabos son las
combinaciones métricas á que muestran mas afición.

A l g u n a s do estas composiciones son m u y d i g n a s d e aprecio p o r su m é r i t o


l i t e r a r i o , a u n q u e distan m u c h í s i m o de las d e los poetas p o p u l a r e s , q u e con
t a n t o desden m i r a b a n en su t i e m p o los eruditos t r o v a d o r e s de n u e s t r o s p a l a -
cios. Son m a s i m p o r t a n t e s como estudio histórico, t a n t o por lo que respecta á
la historia d é l a l e n g u a y del a r t e , como p o r q u e de u n modo mas ó m e n o s i n -
d i r e c t o se halla reflejado e n ellas g r a n parte del espíritu y c o s t u m b r e s de la
época.
Son m u c h o s los cancioneros inéditos que se conservan en las bibliotecas,
y m u c h a s las ediciones q u e de algunos se hicieron desde el m o m e n t o de a p a -
r e c e r la i m p r e n t a . El q u e m a s se generalizó fué el Cancionero general de
Hernando del Cantillo, q u e obtuvo el honor de ser r e i m p r e s o n u e v e ó m a s
veces. Don E u g e n i o de Ochoa publicó hace poco t i e m p o el Cancionero de Bae-
na, enriquecido con i m p o r t a n t e s notas y u n excelente Juicio critico de la
poesía castellana en los siglos xiv y xv, por D. P e d r o P i d a l , en el cual hallará
t o d a s las noticias q u e a p e t e z c a quien desee conocer p r o f u n d a m e n t e esta p a r t e
i m p o r t a n t í s i m a de n u e s t r a l i t e r a t u r a .

§. 3 3 3 .

Por último, nuestros poetas modernos han escrito en capri-


chosos y variados metros algunas canciones bellísimas, cantadas
con aplauso y que han gozado de cierta popularidad. Pueden dar
una idea del género á que nos referimos las canciones de E s -
pronceda.

A u n q u e en todos los p u e b l o s , bajo u n a ú otra f o r m a , existe la canción


popular, en E s p a ñ a no h a p r e s e n t a d o u n c a r á c t e r tan lijo como e n Francia y
e n otros p a í s e s , n i podemos tampoco vanagloriarnos de u n cancionero c o m o
B e r a n g e r . Constituyen la canción p o p u l a r española las l e t r i l l a s , los v i l l a n -
cicos, los gozos, las seguidillas, los cantarcillos, las j á c a r a s , las coplas s u e l t a s
p a r a j o t a s , t i r a n a s , e t c . , y sobre todo el r o m a n c e , q u e r e s u e n a todavía en las
calles de las c i u d a d e s , y q u e en a l g u n a s provincias vive con s u a n t i g u o y
venerable traje, e n las r i s u e ñ a s faldas de n u e s t r o s m o n t e s .
— 227 —

&).—LETRILLA.

§. 3 3 4 .

En la letrilla al final de cada estrofa se repite un mismo pen-


samiento , contenido en uno ó mas versos, y á veces una sola pa-
labra. En cada una de las estrofas se aplica el pensamiento gene-
ral á un caso particular. La facilidad y la gracia son las dotes ca-
racterísticas de la letrilla. Su estilo debe ser muy sencillo, como el
de la anacreóntica, y su versificación fluida y caprichosa.

L a voz letrilla no es m a s q u e un d i m i n u t i v o de letra. Este n o m b r e se da


al texto de los p o e m a s q u e se c a n t a n , p a r a distinguirlo d é l a m ú s i c a , y en este
s e n t i d o decimos : la letra de una canción, la música de una canción, letras
para cantar. En n u e s t r a s colecciones de poesías se emplea t a m b i é n para i n d i -
c a r el t e m a q u e se amplilica en las glosas. La p a r t e que se r e p i t e se llama
estribillo, así como en la canción se llama retornelo.

§. 3 3 3 .

Pueden dividirse las letrillas en amorosas y satíricas. Juan


de la Encina, D. Diego Hurtado de Mendoza, Villegas, Góngora,
Cadalso, Iglesias y Melendez sobresalieron en la amorosa, de la
cual nos han dejado algunos modelos llenos de delicadeza y ter-
nura. En la satírica lucieron la travesura de su ingenio Góngora é
Iglesias, y mas que todos el chistosísimo Quevedo.

Son dos lindísimas letrillas a m o r o s a s , la de Góngora ( r o m a n c e 12), La mas


bella niña, e t c . , y la de Cadalso, De este modo ponderaba, e t c . , y las d e
Melendez, Si quiero atreverme, e t c . , y La flor del Zurguén. P a r a ejemplo
d e la s á t i r a , l é a n s e la de Q u e v e d o , Poderoso caballero, e t c . , la de G ó n g o r a ,
Ande yo caliente, e t c . , y las de Iglesias, ¿Ves aquel señor graduado? etc., y
Faltando yo es cierto, e t c .

c).—EPITALAMIO.

§. 3 3 6 .

El epitalamio, ó canto nupcial, fué un poema destinadoá can-


tarse en celebración de alguna boda. La materia de estas compo-
— 228 —
siciones se reduce al elogio de los esposos, y á las súplicas dirigi-
das al dios Himeneo para que proteja el nuevo enlace y lo corone
de felicidad. Catulo nos proporciona un excelente ejemplo*de epi-
talamio con el dedicado al casamiento de Julia y Manlio (car-
men I-XI). Don Nicolás Moratin escribió uno de regular mérito A
las bodas de la infanta de España D." liaría Luisa de Borbon
(silva 2. ), en el que se halla alguno que otro rasgo del poeta l a -
a

tino que acabamos de citar.

É n t r e l o s hebreos estaban ya en uso estos cantos con q u e se celebraban a n -


t i g u a m e n t e las bodas. Teócrito compuso el epitalamio imaginario de Elena y
Menelao. Catulo tiene dos m a s : el Carmen nuptiale ( L x n ) , y el Epühalamium
Pelei et Thelidos ( L X I V ) . En las Soledades de Góngora se lee u n o b a s t a n t e
m a l o , del cual tomó Moratin el verso que se repite al final de la estrofa. (Véan-
s e el Himno epilalámico y La boda de Porlici, del Sr. Martínez de la R o s a . )

d).—CANTATA.

§. 337.

La cantata es una composición que consta de un recitado, en


que se explica la situación, y de arias, dúos ó coros en que,
con el auxilio de la música, se expresa el afecto que de dicha s i -
tuación se desprende. En España es tan poco conocida, que Sán-
chez Barbero, en su Retórica y Poética, se aventuró á escribir
una por no tener ningún ejemplo de que echar mano. A pesar de
carecer de recitado, pueden considerarse como una especie de
cantatas las bien escritas composiciones de D. Leandro Moratin,
tituladas Los padres del limbo y La anunciación.

E n Italia y F r a n c i a h a n estado m u y en boga estos p o e m a s , e n los c u a l e s


h a n ensayado sus p l u m a s algunos d e los mejores poetas m o d e r n o s , como De-
lavigney Lamartine.
— 229 —

4.— EPIGRAMA, MADRIGAL, SONETO.

a).—EPIGRAMA.

§. 3 3 8 .

Damos el nombre de epigramas á unos poemas de corta exten-


sión , en que se expresa de un modo rápido é interesante un pensa-
miento festivo ó satírico, pero siempre ingenioso. Por consiguien-
te, además de la agudeza y de la originalidad y soltura del estilo,
es esencial en el epigrama moderno la brevedad. Sin exageración
podemos decir, conMarmontel, que este es por su naturaleza el mas
corto de todos los poemas. La mayor parte de los epigramas e s -
pañoles no constan mas que de ocho versos octosílabos, muchos
de cuatro solamente, y hasta de dos. En una composición tan
breve conviene emplear la rima perfecta.

La burla, la m a l i g n i d a d , u n a simple c h a n z a , u n a o c u r r e n c i a feliz, u n a


o p o r t u n a salida, u n a necedad dicha con i n t e n c i ó n , u n a antítesis, u n a h i p é r -
bole, ó u n simple equívoco, constituyen casi siempre la gracia d e los e p i g r a -
m a s m o d e r n o s . P e r o no debe abusarse, como se ha h e c h o , de los que d e p e n -
d e n de un m e r o j u e g o de p a l a b r a s , y menos c u a n d o al través de su doble
s e n t i d o se manifiesta alguna idea indecente ó contraria á las b u e n a s c o s -
tumbres.

§. 3 3 9 .

El epigrama, á pesar de su brevedad, consta de una parte en


que se excita la atención, y de otra en que de un modo imprevis-
to la curiosidad queda satisfecha. A la primera podemos darle el
nombre de nudo, y á la segunda el de desenlace.

Unas veces el epigrama va d i r e c t a m e n t e al fin, otras encierra cierta e s p e -


cie d e peripecia para que de esta m a n e r a sea la sorpresa m a y o r ; ya e m p e z a n -
d o por la alabanza y c o n c l u y e n d o con u n rasgo s a t í r i c o , ya a p a r e n t a n d o al
p r i n c i p i o s e r i e d a d , c a n d o r , b o n d a d , d u l z u r a , para convertirse de r e p e n t e
en r i s a , e n malicia ó en mordacidad. A l g u n a s veces es tanta la b r e v e d a d
del e p i g r a m a , que casi no pueden d i s t i n g u i r s e las dos partes indicadas.
— 230 —

§. 340.

Entre los griegos tuvo el epigrama mucha mayor latitud de la


que le atribuimos en el dia; dábase este nombre á las inscripcio-
nes de las estatuas de los monumentos públicos, de las ofrendas
religiosas y de los sepulcros. Unas se distinguen por la profundi-
dad del pensamiento que encierran, otras por su delicadeza, otras
también por la agudeza é ingenio. El epigrama latino conservó la
misma latitud; pero como se hizo mucho mas agudo, se acercó
mas al epigrama actual. Sin embargo, en los autores epigramáti-
cos latinos se hallan una porción de poemas que mas parecen ma-
drigales, odas, canciones que verdaderos epigramas en el sentido
que hoy damos á esta palabra.

La inscripción en el dia se diferencia del e p i g r a m a en que el objeto del


e p i g r a m a e s , s e g ú n h e m o s d i c h o , la expresión de un rasgo ingenioso , y la
inscripción no se p r o p o n e otro fin q u e conservar la m e m o r i a de algún h e c h o
6 declarar el objeto de a l g u n a cosa ( m o n u m e n t o , e s t a t u a , m e d a l l a , l á p i -
d a , e t c . ) Las inscripciones de los sepulcros se llaman epitafios. E n los e p i t a -
fios y en todas las inscripciones en g e n e r a l , las dos principales cualidades
son la b r e v e d a d y la sencillez; n o o b s t a n t e , en n i n g ú n género de composi-
ciones se ha exagerado m a s , ni en n i n g u n o el ingenio ha h e c h o t a n t a gala de
s u s extravagancias. Es b u e n epitafio el de F r . Luis d e L e ó n : Aquí yacen de
Carlos los despojos, e t c .

§• 3 4 1 .

Los dos poetas epigramáticos latinos que mas se distinguieron


*son Catulo y Marcial. El primero brilla tanto por su delicadeza
como por su ingenio; Marcial es casi siempre ingenioso y agudo.
En sus catorce libros de epigramas se encuentra el dechado de la
mayor parte de los epigramas modernos.

P a r a hacerse cargo de las diversas fases q u e p r e s e n t a el epigrama ¡atino,


v é a n s e los do Catulo A la muerte del pájaro de Lesbia, q u e es eS t e r c e r o ;
el 14, A Calvo Licinio, orador;e! 2 2 , A Varo, y ei 8 6 , De amoresuo; y los
de Marcial, 1 0 , 1 3 , 3 1 , SO y 65 del lib. i, y 90 del ív.

§. 3 4 2 .

Baltasar de Alcázar, Salvador Polo de Medina, D. Juan de Triar-


— 231 —
t e , y principalmente I). José Iglesias, se han mostrado en estos
breves y chistosos poemas dignos h^ps de la patria de Marcial.
Escribieron también algunos epigramas Hurtado de Mendoza, Cas-
tillejo, Lope, Bartolomé de Argensola, Cadalso, Jos Moratines y
muchos otros poetas que seria largo enumerar.

A d e m á s de e n c e r r a r viveza y c h i s t e , d e n o t a n b u e n g u s t o , el de Marcial tra-


ducido por Argensola con el título de Las toses, el d e L o p e de V e g a , A un
valentón, el de Alcázar, En un muladar un día, e t c . , los 2 3 , 2 9 , 32 y 57 de
Iglesias, y los de D. Nicolás Moratin, Laudable templanza y Saber sin es-
tudiar.
Son verdaderos e p i g r a m a s a l g u n a s composiciones de n u e s t r o s poetas q u e
n o llevan otro n o m b r e q u e el de quintillas, décimas, e t c . Se h a n escrito
t a m b i é n sonetos epigramáticos como aquel de C e r v a n t e s , Voto á Dios, que
me espanta, y hasta c u e n t o s e p i g r a m á t i c o s , como la Cena jocosa, de Alcázar.

b).—MADRIGAL.

§ . 34.3.

El madrigal admite poca extensión mas que el epigrama, y se


diferencia de él en que el pensamiento final ha de ser delicado.
Así como en el epigrama debe rebosar la agudeza 'de ingenio, el
madrigal ha de estar inspirado por la delicadeza y espontaneidad
del sentimiento. El estilo será fácil, sencillo, gracioso, y los mis-
mos caracteres deberá tener el metro, que generalmente es la sil-
va. Algunos de los epigramas de Catulo son verdaderos madri-
gales. Los mejores españoles son los tan conocidos de Gutierre de
Cetina, Ojos claros serenos, etc., y de Luis Martin, Iba cogien-
do flores , etc.

C).—SONETO.

§• 3 Í Í .

El soneto es un corto poema lírico, en que también se desen-


vuelve un solo pensamiento, como en el epigrama y en el madri-
gal ; pero en cuanto al carácter del pensamiento, no tiene el s o -
neto limitación alguna, puesto que solo recibe su nombre del me-
tro en que está escrito.
.— 232 —
Hay sonetos n a r r a t i v o s , dialogados, descriptivos; pero g e n e r a l m e n t e es el
l i r i s m o , la individualidad del p o e t a , lo q u e domina en la composición. E n
c u a n t o al p e n s a m i e n t o que eonsfMiye el f o n d o , u n a s veces es ingenioso c o -
mo el del e p i g r a m a , otras delicado como el del m a d r i g a l , otras elegiaco, otras
sublime.

§. 34S.

La dificultad del soneto consiste en ajustar el pensamiento al


metro sin que falte ni sobre nada, observando en ¡as ideas una
gradación exacta, de modo que el interés vaya creciendo desde el
primer verso hasta el último, y sin tolerar el mas ligero descuido
en la versificación. Estas dificultades, junto con la que en sí mis-
mo encierra el metro, no bastan para justificar el dicho de Boi-
leau, de que Apolo inventó el soneto para tormento de los poe-
tas, y que un soneto libre de defectos vale tanto como un largo
poema.

§. 3 4 6 .

Ya á mediados del siglo xv el marqués de Santillana imitó de


los italianos el ¿soneto, pero no se extendió el uso de este metro
hasta que logró generalizarse el endecasílabo. Desde entonces acá
se han escrito tantos y tantos sonetos, que apenas existe poeta
castellano que no haya destinado á este género una sección de sus
obras.

P u e d e n p r e s e n t a r s e como dechados el de L u p e r c i o Leonardo de A r g e n s o -


la, Imagen espantosa de la muerte, e t c . ; el de su h e r m a n o D . Bartolomé,
Dime, Padre común, pues eres justo, e t c . , y el de D. Juan de Arquijo, Vierte
alégrela copia, etc. Del género festivo, a d e m á s del de C e r v a n t e s , citado ya
en otro l u g a r , son excelentes el de Lupercio de Argensola, Yo os quiero con-
fesar, D. Juan, e t c . , y el de Lope de V e g a , Un soneto me manda hacer
Violante.
Herrera escribió mas de t r e s c i e n t o s sonetos, y Góngora cerca de doscientos.
El soneto en el siglo xvi corrió la misma s u e r t e que la canción italiana,
solo q u e la canción ha ido desapareciendo, y los poetas modernos siguen e s -
cribiendo sonetos.

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5.—ROMANCE Y RALADAS.

a).— ROMANCE.

§• 3 4 7 .

El romance constituye la poesía verdaderamente española. Na-


cido del pueblo y escrito para el pueblo, fué desde un principio el
mas fiel intérprete de sus creencias, de sus sentimientos y de sus
gustos. En ningún género de nuestra literatura se encuentra tan
hondamente impreso el sello del espíritu nacional. En el romance
contemplamos vigorosamente retratadas todas las épocas mas ca-
racterísticas de nuestra historia, los progresos del arte y la g e -
nuina índole del idioma; él comunicó su primer aliento á nuestra
poesía lírica, en él se hallan atesorados los preciosos y abundan-
tes materiales de la epopeya española; y si por falta de un Home-
ro no produjo una Ilíada, prestando nuevos brios á la elevada fan-
tasía de Lope de Yega, dio ser y vida á nuestro popular y glorio-
so teatro nacional.

E n el r o m a n c e , como en el soneto , la composición recibe el n o m b r e del


m e t r o . El r o m a n c e no tiene limitación en c u a n t o á los a s u n t o s de q u e puede
t r a t a r , n i en c u a n t o á la forma interior de la o b r a , ni en c u a n t o al estilo. P o r
esta r a z ó n es imposible definirle. Es probable q u e el r o m a n c e sea casi t a n
a n t i g u o como el idioma. Se conservaron los r o m a n c e s por simple tradición
oral hasta poco a n t e s de m e d i a r el siglo xvi. E n esta época algunos poetas
e r u d i t o s e m p e z a r o n á r e m e d a r los r o m a n c e s viejos, y á a l g u n o s privilegiados
ingenios de este siglo son debidos los mejores q u e poseemos. E n el último
t e r c i o del siglo a n t e r i o r los poetas cultos y cortesanos habían adoptado ya el
r o m a n c e , y desde e n t o n c e s n o se h a n desdeñado de u s a r l e los poetas q u e
m a s apego h a n manifestado á las formas clásicas de Grecia y R o m a . Se
escribieron r o m a n c e s en p o r t u g u é s , y la tradición oral ha conservado n u m e -
rosos y bellísimos r o m a n c e s lemosines, q u e d e algunos años á esta parte está
r e u n i e n d o D. Mariano Aguiló para publicar u n a colección c o m p l e t a . D. M a -
n u e l Milá dio á conocer algunos en sus Observaciones sobre la poesía popu-
lar, obra llena de e r u d i c i ó n y sano c r i t e r i o .

§. 348.

Esta composición participa de un carácter épico y lírico á la


— 234 —
vez. La forma es generalmente narrativa, y á veces una serie de
romances constituyen un todo mas ó menos compacto, como s u -
cede con los del Cid, pero nunca una verdadera acción. En el r o -
mance aparece siempre un fondo lírico, ya porque en él se refie-
re ó describe una situación determinada, debiendo considerarse
cada uno de los romances como un poema aislado y completo, ya
porque siempre trasciende la personalidad del poeta de una ma-
nera tan notable, que la expresión de un sentimiento dado puede
considerarse como el verdadero fondo de la composición.

No se e x t r a ñ e , por lo t a n t o , q u e , al paso que u n o s a u t o r e s dicen q u e los r o -


m a n c e s p e r t e n e c e n á la poesía épica, afirmen otros que deben contarse e n t r e
las composiciones líricas. P o r lo d e m á s , así como en unos toma m a s i m p o r -
t a n c i a que en otros la parte narrativa y á veces d r a m á t i c a , los hay t a m b i é n , y
no p o c o s , p r i n c i p a l m e n t e los e r ó t i c o s , en que predomina del todo el lirismo.
Todos los g é n e r o s p o é t i c o s , m e n o s el d r a m á t i c o p r o p i a m e n t e d i c h o , e s t á n
r e p r e s e n t a d o s en n u e s t r o s preciosos r o m a n c e r o s .

§. 3*9.

En cuanto á los asuntos de que tratan, pueden dividirse los


romances en moriscos, caballerescos, históricos, vulgares, doc-
trinales, amorosos y satíricos.

De las tres últimas especies forma el Sr. D. Agustín D u r a n u n a sola s e c -


c i ó n con el título ile romances varios. En el prólogo de su Romancero p u e -
den verse las metódicas subdivisiones de cada sección. En esta obra, q u e p r e -
s e n t a h e r m a n a d o s el buen g u s t o y la e r u d i c i ó n , con la fina observación del
historiador y la profundidad del filósofo, se hallarán expresadas con vigoroso
y a n i m a d o estilo, y acompañadas de sabias reflexiones todas las noticias que
acerca de tan i m p o r t a n t e materia se deseen a d q u i r i r .

§. 350.

Las guerras, los combates, los juegos públicos, los amores,


los celos de los árabes, constituyen el fondo de los romances mo-
riscos. Los asuntos son inventados por el poeta. Si por esta razón
carecen los romances moriscos de la verdad histórica material, es-
tán por otro lado penetrados de una verdad poética admirable.
Los sentimientos, las ideas, los usos y costumbres, los trajes, los
— 235 —
pormenores mas minuciosos, todo contribuye á trasportarnos á la
época que describen.

E s t u d í e n s e d e t e n i d a m e n t e los s i g u i e n t e s : Sale la estrella de Venus, e t c . ;


No con azules tahalíes, e t c . ; Si tienes el corazón, e t c . ; Batiéndole las ija-
das, e t c .

§. 3 3 1 .

Los asuntos de los caballerescos están tomados, como su nom-


bre lo indica, de los libros de caballería. Los que D. Agustín
Duran reúne en la sección de sueltos y varios son los mas intere-
santes, tanto porque pertenecen casi todos ala época tradicional,
como por la encantadora sencillez de su estilo, por su esponta-
neidad y por su carácter, algún tanto dramático.

P a r a formarse u n a ligera idea de los de este g é n e r o bastará consultar los


q u e e m p i e z a n : De Francia partió la niña,—Helo, hélopor dó viene,—Salió
Roldan á cazar,—El cuerpo preso en Sansueña.

§. 3 5 2 .

Los romances históricos tienen por objeto los hechos mas n o -


tables de la historia sagrada, de la mitológica, de la de Asia,
Grecia y Roma, de la de España desde los godos hasta mediados
del siglo xvii, de la de Navarra, Aragón y Cataluña, y por últi-
mo, de la de algunas naciones extranjeras. Algunos forman series
bastante completas, como los de Bernardo del Carpió, los de los
Infantes de Lara, los del Cid, los de D. Alvaro de Luna y otros.
Los mas importantes son los relativos á la historia de España, ya
por el interés histórico que encierran , ya por sus excelentes pren-
das literarias.

L l e n o s de fuego y valentía e s t á n los siguientes : A los pies de don Enri-


que, e t c . ; Non es de sesudos ornes, e t c . ; Fablando estaba en el claustro, e t c .
Los dos últimos embelesan t a m b i é n por la sencillez y gracia que resalta p r i n -
cipalmente e n los finales.

§. 353.

Los vulgares, que empezaron á propagarse á mediados del si-


— 236 —
glo xvn, y que son la expresión fiel de una sociedad degradada,
poetizan los instintos groseros de la plebe, ensalzando las haza-
ñas de los contrabandistas, de los ladrones, délos rufianes, de los
bandidos y de toda clase de malhechores.

§. 3 5 4 .

En los doctrínales se encuentran buenos consejos de moral; en


los amorosos, alegóricos, pastoriles, piscatorios y villanescos se
expresan, ya con suave ternura, ya con pasión y fuego, las penas
y placeres de los enamorados; por último, en los satíricos y lur-
lescosse censuran los vicios, se parodian los sentimientos exage-
rados, se elogian irónicamente en mordaces jácaras las costumbres
de los criminales, ó se desahoga simplemente el buen humor del
poeta considerando bajo su aspecto ridículo las cosas de la vida.

Los bellísimos r o m a n c e s , El tronco de ovas vestido, y Por los jardines de


Chipre, e t c . , ofrecen u n a m u e s t r a de los pastoriles amorosos, y como e j e m -
plo de r o m a n c e s burlescos p u e d e n leerse el de J u a n de la C u e v a , Huyendo
va lapoesia; el do G ó n g o r a , Por una negra señora; el de Quevedo , Una in-
crédula de años, y el de Antonio de S i l v a , Clérigo que un tiempo fui.

b).—BALADA.

§. 3 5 5 .

En la balada se refiere un acontecimiento completo, fijando so-


lamente la atención en los puntos culminantes y dejando entrever
siempre de un modo claro la profundidad del afecto. Generalmen-
te domina en la balada el tono sentimental y melancólico. Los in-
gleses las poseen hermosísimas. La balada es el canto popular de
los alemanes. La mayor parte de estos poemas, cuyos autores son
desconocidos, pertenecen en su forma actual á los siglos xv y xvi;
bien que los asuntos son de mas antigua procedencia.

B u r g u e r , G o e t h e , Schiller y Uhland h a n cautivado la atención d e la A l e -


m a n i a y de la E u r o p a con sus bellísimas y profundas baladas. El cazador
salvaje, la Canción del valiente y Leonora son d é l a s m a s hermosas de B u r -
g u e r . Se ha publicado alguna traducción española de este ú l t i m o p o e m a ,
— 237 —
i m i t a d o de u n a de las m a s célebres y a n t i g u a s baladas. De Goethe p u e d e n
verse El pescador, El Rey de Thule, traducida al castellano por D. Manuel
Milá; de Schiller, El buzo, El dragón de Rodas y la Canción de ta campana,
t r a d u c i d a por H a r t z e n b u s c h , y de Uhland El anatema del trovador y Sige-
linda.

CAPITULO II.

POESÍA ÉPICA.

§. 356.

La epopeya, que por razón de su excelencia conserva el nom-


bre general de poema épico, es la poesía épica ú objetiva en su
forma mas pura y completa.
Luego de haber dado á esta composición importante la señala-
da preferencia que merece, trataremos en este mismo capítulo de
otros poemas inferiores, que pueden considerarse como especies
subordinadas ó degeneradas, guardando en la exposición el orden
siguiente : 1.° de la epopeya; 2." de otras varias composiciones
épicas, y 3.* de la novela.

*
I.—DE LA EPOPEYA.

§. 3 5 7 .

, La epopeya se define generalmente, «la narración poética de


una acción memorable y de un interés general para un pueblo en-
tero ó para la especie humana.»
Hablaremos: 1.° de la acción; 2.° de los personajes que inter-
vienen en ella; 3.° del plan, estilo y versificación; y 4.°daremos,
Analmente, una sucinta noticia de las principales epopeyas.
— 238 —

-1.—ACCIÓN ÉPICA.

§. 358.

En las obras literarias se da el nombre de acción á una serie


mas ó menos extensa y complicada de actos humanos, tanto i n -
ternos como externos, enlazados entre sí de tal suerte, que todos
concurran á un mismo y determinado fin.

E s l a definición conviene tanto á la acción é p i c a , como á la d r a m á t i c a , c o -


m o á la de la novela y d e m á s composiciones análogas.
« La acción en su sentido mas extenso y m a s elevado es, hablando con p r o -
p i e d a d , el uso de las fuerzas físicas del h o m b r e p a r a la ejecución de su volun-
t a d . La u n i d a d de acción consiste en la d i r e c c i ó n de los esfuerzos á u n fin
ú n i c o , y la acción completa se compone d e todo lo q u e c o n c u r r e á llenar e s t e
fin, en el t i e m p o c o m p r e n d i d o e n t r e la p r i m e r a resolución y s u c u m p l i m i e n -
to.» (G. SCHLEGEL.)

Marmontel p a r a dar u n a idea inequívoca de lo q u e se entiende p o r acción


en el d r a m a ó en la epopeya, dice que es preciso d i s t i n g u i r dos especies de
acción, u n a final y otra continua. L a acción final de u n poema es la e m -
presa que se q u i e r e llevar á c a b o ; la acción c o n t i n u a es la l u c h a d e causas y
obstáculos, q u e tienden r e c í p r o c a m e n t e , los u n o s al c u m p l i m i e n t o de la e m -
p r e s a , y los otros á impedirla ó á p r o d u c i r u n a c o n t e c i m i e n t o opuesto.

§. 3 5 9 .

En la acción épica debe preponderar un carácter enteramente


objetivo f'los actos externos y los fenómenos exteriores tienen en
la epopeya mucha mas importancia que en el drama. La libertad
humana debe aparecer como arrastrada por el curso natural y
majestuoso de los acontecimientos, de suerte que en cierto modo
desaparezca todo carácter de individualidad.

Los a c o n t e c i m i e n t o s se p r e s e n t a n c o m o el c u m p l i m i e n t o d e u n a ley h i s t ó -
rica, no como resultado de los motivos personales ó del carácter de los p e r -
sonajes. E n e a s va á fundar la c i u d a d de R o m a d e orden de los dioses.

§. 3 6 0 .

De la definición de la epopeya se desprende cuáles deben ser


— 239 —
las cualidades esenciales de la acción. La acción del poema épico
será una, íntegra, grande é interesante.

ü).'—UNIDAD.

§. 3 6 1 .

Será una la acción cuando los actos, fenómenos y acciones


secundarias que la constituyen aparezcan enlazados de una mane-
ra tan íntima, que produzcan la impresión de un solo objeto ó de
un todo orgánico, concentrándose todos en un resultado común.
En el hombre, en el árbol de pomposas ramas, nos dala natura-
leza una idea perfecta de la unidad; distinguimos todas las partes
integrantes de estos objetos, sin confundirlas, pero todas concur-
ren á un centro, á un fin único general, y que es en cierto modo
el resultado de los fines parciales de cada uno de los órganos.

Así como n o bastaría la simple yuxtaposición de dichos órganos para c o n s -


t i t u i r u n a v e r d a d e r a u n i d a d , tampoco bastaría u n a m e r a serie de h e c h o s , sin
otro enlace q u e el de sucesión, ó el de causa y efecto, para constituir u n a a c -
ción. No basta tampoco la u n i d a d de a s u n t o , n i la u n i d a d de i n t e r é s , n i la
u n i d a d de personaje, n i la u n i d a d de intención expresada p o r la proposición
q u e hace el poeta al e m p e z a r , n i la u n i d a d de u n a m á x i m a g e n e r a l ó de u n
principio especulativo que p e n e t r e n todas las p a r t e s del p o e m a . La acción
debe ser u n a en si misma.
« L a s p a r t e s de la fábula e s t a r á n dependientes e n t r e sí y u n i d a s u n a s c o n
o t r a s , de m a n e r a q u e cualquiera de ellas que se quite ó se m u d e de s u l u g a r
h a g a variar y descomponer el t o d o ; p o r q u e lo que p u e d e estar ó no estar en
el todo, sin q u e se conozca y e c h e m e n o s , no es parte del todo.» ( A R I S T . , c a -
pítulo IX.)

§. 362.

Además de la unidad, exige Horacio en todo poema la sencillez


(simplex el unum). No debe confundirse la sencillez de acción con
su unidad, porque la mayor ó menor complicación de hechos es
independiente de la relación íntima que debe reinar entre ellos;
sin embargo, cuanto menos intrincada sea una acción, mas r e -
saltará su unidad, y por consiguiente, será también mayor la cla-
ridad del poema.
— 240 —

§. 363.

La unidad no excluye los episodios. Algunos autores dan este


nombre a todos los incidentes ó acciones parciales que componen
la acción total; mas otros, atendiendo al origen de dicha palabra,
aplícanla solamente á aquellas acciones secundarias «que podrian
separarse de la principal, sin hacerle falta para llegar á su tér-
mino» .

Aristóteles toma la palabra episodio en el p r i m e r sentido, c u a n d o dice q u e


el episodio « e s u n a parte e n t e r a de la t r a g e d i a , p u e s t a e n t r e los cantos e n t e -
ros d é l o s coros». En el ú l t i m o sentido, que es i n d u d a b l e m e n t e el mas a d m i -
tido, no deberían llamarse episodios la t e m p e s t a d del p r i m e r libro déla Enei-
da, el incendio de T r o y a , los amores de Dido y E n e a s , la bajada á los infier-
n o s , e t c . , que m u c h o s a u t o r e s consideran como t a l e s , ó como grandes episo-
dios. P e r o pueden considerarse como verdaderos episodios ( t ó m e s e e s t a
palabra en cualquiera de los dos sentidos mencionados) la historia de Caco y
la de Niso y Euríalo, en la Eneida, como el r a p t o de los caballos de Piheso p o r
Ulíses y D i o m c d e s , en la Ilíada-.

§. 3 8 4 .

En punto á los episodios, convendrá tener presentes estas


reglas:
1 No deben ser nunca completamente independientes de la
acción del poema; deben ser traidos naturalmente por las circuns-
tancias, pues de lo contrario romperían la unidad.
Cuando E n e a s , yendo á pedirle auxilio á E v a n d r o , le e n c u e n t r a h a c i e n d o
u n sacrificio, es m u y n a t u r a l la n a r r a c i ó n del origen de esta c e r e m o n i a . No
i n t r o d u c e Ercilla con la misma n a t u r a l i d a d las descripciones de la batalla d e
San Q u i n t í n (canto xvn) y la de L e p a n t o ( x x i v ) , y es digno sobre todo de la
m a s severa c e n s u r a en el i m p o r t a n t í s i m o relato de la verdadera historia y v i -
da de Dido, q u e casi llena dos cantos (xxxn y xxxui).

2.* Siendo su principal objeto aumentar la variedad, deberán


presentar escenas distintas de las que principalmente constituyen
la obra.
El episodio de Héctor y Andrómaca en la Ilíada, y el de Herminia y el
p a s t o r en el c a n t o v n de la Jerusalen, nos a p a r t a n u n i n s t a n t e del t u m u l t o
de las batallas, proporcionando al espíritu u n agradable descanso.
— 244 —
3 . Deben guardar una extensión proporcionada, tanto por no
a

destruir la forma artística de la obra, como por no distraer d e -


masiado tiempo al lector. El episodio será tanto mas corto, cuan-
to menor sea su coherencia con el asunto principal.
A p e s a r ' d e la mayor l a t i t u d de q u e en este p u n t o disfruta la novela, h a n
sido c e n s u r a d o s por excesivamente largos los episodios del Curioso imperti-
nente y del Cautivo, q u e i n t r o d u j o C e r v a n t e s en el Quijote.

4.* Por lo mismo que los episodios aparecen como añadiduras


de que pudierahaber prescindido el poeta, es preciso que cautiven
por su interés y belleza. Qtiia coena poterat duci sine islis.
Los referidos episodios del Quijote, en esta p a r t o , son dignos de los mas
cumplidos elogios.

§. 3 6 5 .

No se han considerado indispensables para la unidad de la a c -


ción épica las unidades de lugar y tiempo, que la mayor parte de
los críticos exigen en las obras dramáticas. La acción épica se
desenvuelve en diversos lugares y en distintos países. En cuanto
al tiempo , no pueden señalarse límites, pero casi siempre abraza
la epopeya un período bastante considerable.

La acción de la Riada d u r a mes y m e d i o ; pero en el curso de la narración


se refiere el r a p t o de E l e n a , que dio ocasión á la g u e r r a de Troya, y q u e h a b i a
acontecido veinte años a n t e s . La Odisea c o m p r e n d e c i n c u e n t a y ocho dias y
la Eneida algo mas de un año, e m p e z a n d o á c o n t a r desde los h e c h o s que r e -
fiere d i r e c t a m e n t e el p o e t a ; pero si en ambos p o e m a s se c o m p u t a el t i e m p o ,
c o n t a n d o desde la toma d e T r o y a , e l primerp c o m p r e n d e ocho años y m e d i o ,
y el s e g u n d o cerca de seis.

b).—INTEGRIDAD.

§. 3 6 6 .

Será íntegra la acción cuando no comprenda ni mas hechos•


ni menos de los que por su misma naturaleza debe comprender.
«Las fábulas bien tejidas no deben comenzarse temerariamente
donde uno quiera, ni acabarlas donde le pareciere.» El fin de la
1G
— 242 —
acción indica los hechos que deben admitirse ó desecharse, así co.-
mo los puntos extremos en donde ha de romperse la cadena délos
sucesos humanos.
Para que la acción sea íntegra es preciso que conste de expo-
sición , nudo y desenlace. La exposición comprende los hechos
que motivan la acción; el nudo, los obstáculos que hay que vencer
para que la empresa ó designio se lleve á cabo, y el desenlace con-
siste en la total desaparición de estos obstáculos.

« Doy el n o m b r e de todo á lo q u e consta de principio, medio y fin : principio


es lo q u e n o s u p o n e nada a n t e s de si, p e r o que exige algo después de s í ; fin
e s lo que nada s u p o n e d e s p u é s de sí, pero q u e s u p o n e n e c e s a r i a m e n t e , ó f r e -
c u e n t e m e n t e , algo antes de sí; medio es lo q u e supone u n a cosa a n t e s y otra
d e s p u é s . » ( A H I S T . , 8.)

§. 3 6 7 .

Á consecuencia del carácter objetivo de la epopeya, ios hechos


ó acciones secundarias, cuyo conjunto constituye el nudo, deben
ir desenvolviéndose lentamente y con alguna amplitud, de modo
que no formen un todo demasiado compacto, sino mas bien una
serie de cuadros completos, ligeramente enlazados unos con otros,
en términos de que se distingan perfectamente, como los diferen-
tes cuerpos de un vasto edificio.

P o r ¡o t a n t o , la voz nudo, tan propia y tan expresiva en el d r a m a , no se


aplica con m u c h a exactitud á la acción épica.
No c o n s i d e r e m o s , sin e m b a r g o , la epopeya como u n a serie d e c a n t o s n a -
cionales recopilados p o r u n a u t o r . Es imposible que la litada n o sea la obra
d e un solo h o m b r e . Un pueblo p u e d e c r e a r y crea los e l e m e n t o s de u n a e p o -
p e y a , pero la obra artística necesita s i e m p r e u n a individualidad c r e a d o r a , u n
artista.

§. 368.

Como en el poema épico no se trata de excitar muy vivamente


la curiosidad del lector, nada importa que se prevea y aun se fije
positivamente en la proposición cuál será el desenlace. Se ha
puesto en duda si el desenlace de la epopeya podia ser ó no d e s -
graciado. Blair se inclina á creer q u e , atendido el carácter de esta

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— 243 —
c o m p o s i c i ó n , conviene que en cuanto á ia empresa principal el
desenlace sea feliz, sin que esto impida que la suerte desgraciada
de algunos personajes interesantes ó de un pueblo entero deje en
el alma una profunda impresión de tristeza.

E s , sin e m b a r g o , desgraciado en c u a n t o á la e m p r e s a principal el d e s e n l a -


c e d e la Farsalia y el del Paraíso perdido. No p u e d e decirse lo m i s m o , si
a t e n t a m e n t e se c o n s i d e r a , de la Cristiada, del P . Hojeda, y la Mesiada, de
Klopstok.
La calma q u e , s e g ú n se dijo, debe notarse en el c u r s o d e la acción, es t a m -
b i é n propia del desenlace. No han atendido como debían á esta c i r c u n s t a n -
cia los que han j u z g a d o i n ú t i l e s los ú l t i m o s libros de la Iliada, diciendo q u e
con la m u e r t e de Héctor debia t e r m i n a r el poema.

C ) . — GRANDEZA.

§. 3 6 9 .

Será grande la acción épica si tanto la empresa principal c o m o


los medios de que se vale el poeta tienen el esplendor y la i m p o r -
tancia suficientes para levantar el á n i m o , llenándole de a d m i r a -
c i ó n , y para justificar además el magnífico aparato de la e p o p e y a .
Debe elegirse para la epopeya una empresa h e r o i c a , no de un i n -
dividuo, sino de un p u e b l o ; un hecho ilustre, memorable, en que
se refleje una época entera, y que haya ejercido un provechoso
resultado en la civilización del m u n d o .

E n ¡os b u e n o s poemas épicos se p r e s e n t a n en l u c h a nacionalidades y c i v i -


lizaciones d i s t i n t a s . Las rivalidades de los individuos ó d e las d i n a s t í a s , las
discordias de los partidos p o l í t i c o s , las g u e r r a s c i v i l e s , no son a s u n t o s d i g n o s
de la epopeya. Los a r g u m e n t o s de la Fars'alia,áe la Henriada y de la Arau-
cana 'carecen de g r a n d e z a épica. Homero nos p r e s e n t a la l u c h a g i g a n t e s c a
de la Grecia con el Asia; en el poema del Cid, en la Jerusalen libertada y e n
el Orlando furioso contemplamos la no menos gigantesca l u c h a del c r i s t i a -
n i s m o c o n t r a la religión de M a h o m a ; en otras epopeyas el i n t e r e s a n t e c o m -
bate e n t r e el bien y el m a l , la virtud y el p e c a d o .

§. 3 7 0 .

La antigüedad contribuye á engrandecer en nuestra i m a g i n a -


ción las personas y los acontecimientos, y concede mas libre c a m -
_ 244 —
po á la ficción del poeta. Las épocas heroicas son las mas propias
del poema épico. Una época anterior á toda civilización, un pue-
blo en el estado salvaje, carece de grandeza; solo presenta rasgos
de valor brutal, de pasiones violentas, de intereses puramente i n -
dividuales; no tiene carácter, no tiene historia; en una palabra,
no es pueblo. Al contrario, los pueblos en su época histórica, con
leyes que los gobiernan, y que trazan una senda fija á las accio-
nes de los individuos, presenta en su conjunto una organización
prosaica: los caracteres carecen de la espontaneidad necesaria, y
ías acciones, sometidas á principios morales ó legales, aparecen con
monotonía y como sometidas á la necesidad. La imaginación del
poeta se halla esclavizada : no cabe en estas épocas hacer uso del
maravilloso.

La mayor p a r t e de los defectos de las citadas epopeyas de Lucario, Voltaire


y Ercilla proceden de no h a b e r elegido con acierto la época. Cuando dichos
poetas se ciñen á la historia, i n c u r r e n con frecuencia en el p r o s a í s m o , ó c a -
r e c e n de elevación; c u a n d o i n t e n t a n apartarse de ella, son casi s i e m p r e fríos,
y lejos de fomentar y e n a l t e c e r el espíritu n a c i o n a l , le ofenden g r a v e m e n t e ,
c o n t r a d i c i e n d o las verdades reconocidas p o r t o d o s . La época en q u e escribe
el poeta h a do t e n e r relaciones íntimas con la época del a r g u m e n t o . Q u i e n
a h o r a se propusiese escribir u n a epopeya g r i e g a , fracasada e n s u e m p r e s a ;
y a u n c u a n d o fuese posible el acierto, no e n c o n t r a r í a u n público dispuesto á
s a b o r e a r sus bellezas.

I- 371.

Contribuye también muchísimo á la grandeza de la acción épi-


ca la máquina ó maravilloso, esto es, la intervención visible do
la Divinidad y de los seres sobrenaturales en los acontecimientos
humanos. En la Ilíada de Homero los dioses toman parte en la
grave contienda de los pueblos; las causas de los hechos reciben
un carácter imponente: el poeta salva los estrechos límites de la
tierra, y descorre á nuestros ojos los cuadros mas sublimes que
concebir pudo la.osada mente del hombre.

§. 372.

La mayor parte de los críticos consideran esencial el maravillo-


so en la epopeya, y casi ninguno de los que han aspirado al nom-
— 245 —
bre de poeta épico ha dejado de imitar en este punto al inmortal
padre de la poesía. Algunos se propusieron introducir el maravi-
lloso cristiano, por creer que el mitológico, empleado por Homero,
no era compatible con el argumento de sus obras.. El autor de la
Henriada creyó satisfacer mejor las exigencias del siglo en que es-
cribía, ideando un maravilloso filosófico, que consiste en la intro-
ducción de seres metafísicos ó morales, como la Fama, la Discor-
dia, la Envidia, la Política, el Fanatismo, la Hipocresía; pero
semejantes personificaciones, sin apoyo ninguno en las creen-
cias del pueblo, se han considerado frias y desnudas de interés
poético.

«Gomo siempre q u e d a , á pesar del influjo de la instrucción y de la s a n a


c r e e n c i a , u n fondo de s u p e r s t i c i ó n en el corazón de los h o m b r e s , me parece
q u e u n poeta p u e d e sacar de él g r a n d í s i m o provecho para dar á la epopeya
cierto aspecto maravilloso. Los agüeros que sacamos «de los fenómenos de la
n a t u r a l e z a , los presentimientos del c o r a z ó n , considerados f r e c u e n t e m e n t e
como p r e c u r s o r e s de los males que h a n de s u c e d e m o s , las visiones en sueños,
q u e suelen dejar en el á n i m o u n a impresión d u r a d e r a , la aparición de u n a
p e r s o n a difunta que creemos ver en el delirio de n u e s t r a imaginación , las
profecías d e u n h o m b r e q u e parece i n s p i r a d o , las palabras fatídicas profe-
r i d a s en el t r a n c e de la m u e r t e , y otros medios s e m e j a n t e s , p u e d e n , d i e s -
t r a m e n t e e m p l e a d o s , p r e s t a r gran auxilio al p o e t a , dando realce s o b r e n a t u -
ral y maravilloso á la obra.» ( M . DE LA R O S A . )

§. 3 7 3 .

El maravilloso debe ser un reflejo de las creencias religiosas de


la época del argumento y de la época del poeta. En Homero no
es un mero adorno poético, sino la parte mas esencial de la obra;
en Virgilio se descubre ya la incredulidad del poeta y de los tiem-
pos en que escribió. De consiguiente, ni un argumento cristiano
admite la introducción de los dioses del paganismo, ni tiene dis-
culpa alguna el absurdo de mezclar en una misma obra creencias
opuestas : absurdo en que incurrieron casi todos los poetas épi-
cos modernos, llegándose al extremo ridículo de reunir en un
mismo cuadro á Baco con Jesucristo, y á Venus con la Virgen.
— 246 —

á),—ÍNTERES.

§. 3 7 4 .

La acción épica, además de grande, debe ser interesante. El


interés de la acción depende de la misma naturaleza de la fábula,
de, que, además de hallarse retratados en ella los sentimientos ge-
nerales del hombre, presente un vivo reflejo del espíritu de la na-
ción á que se dedica la obra, de manera que en ella puede ver el
pueblo un grandioso monumento elevado á sus creencias mas í n -
timas, y á sus mas caras y entrañables afecciones. Ercilla faltó á
esta regla, haciendo que los caudillos españoles quedasen como
humillados y obscurecidos por el valeroso espíritu de Caupolican
y demás héroes araucanos.

No debe confundirsu el i n t e r é s que d e p e n d e de la acción con el que d e -


p e n d e del valor poético de la obra, á saber, de! artificio y b u e n a disposición
del p l a n , d e la simpatía q u e ciertos personajes i n s p i r a n , y finalmente, de las
g a l a s del estilo y de la versificación.

§. 37.;.

El poema épico debe ser el cuadro fiel de la civilización de un


pueblo: de sus creencias religiosas, de sus ideas, de su vida p o -
lítica; civil y doméstica, de sus artes, de sus costumbres, de sus
usos mas minuciosos. Todo debe presentarse enriquecido con un
lujo de pormenores que cautive la imaginación, enlazándolo ínti-
mamente con los acontecimientos y caracteres de los personajes.

E n los poemas d e Homero se halla reflejada la civilización griega de u n a


m a n e r a c o m p l e t a y grandiosa. Son t a n i m p o r t a n t e s p a r a la historia como
p a r a l a s a r t e s . «Un poema é p i c o , dice Hegel, es la Biblia de u n pueblo.»

2. — PERSONAJES Y COSTUMBRES.

§. 3 7 6 .

Toda acción supone la intervención de personajes obrando mas


ó menos libremente en virtud de un fin ó designio que determine
su voluntad. La extensión de la epopeya, la grandeza de la a c -
— 247 —
cion, la necesidad de presentar un cuadro completo de la civiliza-
ción de un país, requieren un considerable número de personajes
y una extraordinaria variedad de caracteres.

L a s necesidades de la acción y la n a t u r a l e z a d e la obra es lo único que en


esta m a t e r i a p u e d e servir de n o r m a al poeta. Si faltan p e r s o n a j e s , la acción
q u e d a i n c o m p l e t a , y por c o n s i g u i e n t e o s c u r a , y á veces i n v e r o s í m i l ; si s o -
b r a n , todos los i n ú t i l e s e m b a r a z a n su c u r s o , y distraen la atención y el i n t e -
r é s , c a u s a n d o p o r ú l t i m o pesadez y confusión.

§. 377.

Aunque puede muy bien concebirse cierta unidad en las accio-


nes-parciales de un poema, sin que en él predomine ningún per-
sonaje sobre los demás; sin embargo, la unidad de acción será
mas estricta y mas visible, se concentrará mas el interés, adquirirá
la obra mas sencillez y mas vida, si con dicha unidad de acción se
combina y confunde la unidad de personaje.

P o r este m o t i v o , todos los críticos j u z g a n esencial que se c o n c e n t r e la


acción en u n solo i n d i v i d u o , y en todos los p o e m a s de p r i m e r a n o t a s e presenta
confirmada esta regla. E n la Iliada, la cólera de Aquües es el lazo que e x -
t r e c h a de u n modo s u m a m e n t e profundo todas las p a r t e s del p o e m a . Ulíses,
E n e a s y Godofredo de B u l l ó n , son los héroes de la Odisea, d e la Eneida y de
la Jerusalen libertada. El personaje del Cid da al poema y á los r o m a n c e s que
llevan su n o m b r e u n a apariencia de u n i d a d de q u e p r o p i a m e n t e la acción ca-
r e c e . La falta de u n ' c a u d i l l o principal es u n o d e los mayores l u n a r e s de la
Araucana, y es mas notable esta falta p o r ser el c a r á c t e r de Caupolican el t r a -
zado con m a s brío y mas elevación.

§ . 378.'

Pero así como importa mucho que descuelle sobre todos un hé-
roe en quien descanse el peso de la acción y en quien se concen-
tre el interés, debe procurarse asimismo no darles á todos igual
importancia; antes bien convendrá observar la gradación debida,
colocándolos en distinto término del cuadro, de tal manera, que
los secundarios no oscurezcan á los principales, embrollando el
tejido de la fábula.

Homero es t a m b i é n e! verdadero modelo en este p u n t o . La Iliada no es


— -548 —
u n a galería de r e t r a t o s ; es u n c u a d r o . Aquíles y Héctor o c u p a n el c e n t r o ;
en s e g u n d o t é r m i n o e s t á n Patroclo y P r í a m o ; á u n lado A g a m e n ó n , Ulíses,
N é s t o r , Diomédes, los Ayax, Menelao ; al otro lado A n d r ó m a c a , Hecuba, H e -
l e n a , P a r í s , E n e a s ; á m a s distancia u n a infinidad d e c a u d i l l o s ; al fondo la
m u l t i t u d d e c o m b a t i e n t e s perfectamente a g r u p a d o s ; en el cielo los dioses y
J ú p i t e r pesando los d e s t i n o s .
Si Ercilla h u b i e s e acertado en esto á s e g u i r las huellas del poeta g r i e g o ,
m u c h o habría ganado la Araucana en claridad, i n t e r é s y belleza.

§. 379.

El poeta épico podrá describir con breves y significativos ras-


gos el exterior de los personajes principales; pero en lo que mas
debe esmerarse es en la pintura de sus caracteres y costumbres,
haciendo'que se desprendan naturalmente de la simple referencia
de laaccion, sin valerse de la descripción directa, que tan impor-
tante cabida tiene en la historia.

Observando lo q u e d i c e n , y sobre todo lo que h a c e n , os como nos f o r m a -


m o s idea del carácter de las p e r s o n a s que nos r o d e a n . El poeta debe p r o c e -
d e r como la n a t u r a l e z a . La explicación teórica p e r t e n e c e al dominio de la
ciencia.

§. 3 8 0 .

No debe confundirse el carácter con las costumbres. El carácter


es cierta predisposición á obrar de un modo determinado ; dispo-
sición recibida de la naturaleza, pero que se modifica notablemen-
te por la educación y los sucesos de la vida.

El c a r á c t e r es u n r e s u l t a d o de las facultades de n u e s t r a a l m a , de n u e s t r o
t e m p e r a m e n t o y de todo c u a n t o nos rodea en el tránsito do !a c u n a al s e p u l c r o ;
es el c o n j u n t o de n u e s t r a s cualidades morales en g e n e r a l , es la fisonomía del
a l m a . Nada modifica t a n t o n u e s t r o c a r á c t e r n a t u r a l como las i m p r e s i o n e s q u e
r e c i b i m o s en la infancia.

§. 3 8 1 .

Asi como el carácter es una simple predisposición, nuestra ma-


nera general de obrar es lo que constituye nuestras costumbres.
Las costumbres son como el conjunto de nuestras acciones. No
siempre están en armonía con el carácter : una voluntad enérgica
— 249 —
las dirige á su arbitrio, bien apoyada en el noble sentimiento del
deber, ó ya seducida por el mezquino aliciente del interés per-
sonal.

Sócrates había n a c i d o con u n carácter violento é i m p e t u o s o ; sin e m b a r g o ,


n a d a era t a n dulce como sus c o s t u m b r e s .
L a diferencia que establecemos e n t r e c a r á c t e r y c o s t u m b r e s nos parece m a s
exacta y fundada q u e la q u e establece B a t t e u x .

•§. 382.

Las costumbres poéticas y los caracteres deben ser buenos, con-


venientes, parecidos, iguales y variados.

Aristóteles hace m é r i t o de las c u a t r o primeras cualidades, que no todos los


críticos e n t i e n d e n del mismo modo. Ilegel exige en los caracteres riqueza,
vitalidad y fijeza.

§. 383.

En punto á la bondad, entendemos la bondad moral, esto es,


la conformidad de las acciones con las leyes inscritas en el cora-
zón del hombre. Un carácter completamente depravado repugna
á nuestro corazón; no debe admitirse con frecuencia en las obras
poéticas, y menos en la epopeya, cuyo principal objeto es excitar
la admiración con la grandeza de los acontecimientos y de las ac-
ciones insignes. Cuando se introduzca un personaje de esta clase,
será por via de contraste, y procurando siempre que el vicio nos
inspire el horror que debe inspirarnos.

No por esto se exige en los héroes de la epopeya una perfección a b s o l u t a ;


u n personaje de esta clase podría i n s p i r a r u n r e s p e t o profundo y u n a a d m i r a -
ción sosegada, pero carecería de vida, sin que n u n c a llégase á cautivar tan v i -
v a m e n t e n u e s t r o interés como u n Aquíles, en cuyo corazón arden y se agitan
las.pasiones y las debilidades h u m a n a s . La perfección del piadoso E n e a s es
fría é insípida. ¡Qué miserable c o n t r a s t e p r e s e n t a con la infeliz y a p a s i o n a -
da Dido! P o r lo d e m á s , t i e n e sus limitaciones la regla a n t e r i o r m e n t e s e n t a -
d a , y u n a m u y notable es el personaje de Salanás en e! Paraíso perdido..
K l o p s t o c k , p o r dar demasiado valor á esta r e g l a , falló á las mas i m p o n a d l e s
de la v e r d a d p o é t i c a , p r e s e n t á n d o n o s en Abbadonna á u n diablo arrepentido.'
§. 3 8 4 .

La conveniencia de los caracteres consistirá en atribuir á los


personajes las ideas y pasiones propias de la edad, sexo, estado,
educación, país, época, etc., y la de las costumbres, en su con-
formidad con el carácter y situación determinada del personaje.

Si dicenlis erunt fortunis absoua dicta,


Romani tollent equites peditesque cachinum.
Íntereril multum Davusne loquatur an heros;
Maturusne senex, an adkuc flor ente juventa
Fervidus; an matrona, potens, an sedula nutriz;
Mercatorne vagus cuitóme virentis agelli;
Colchus, an Assyrius, Thebis nutritus an Argis.

Mtatis cujusque notandi sunt Ubi mores; ele.

Siguen á este verso los expresivos retratos del joven y del a n c i a n o , que
con t a n t a gracia y m a e s t r í a copió n u e s t r o Moralin en El Viejo y la Niña.

§. 385.

Debe darse á la obra lo que se llama colorido histórico, obser-


vando fielmente las costumbres locales. Usos, trajes, muebles,
todo debe corresponder á la época y al país en que se supone la
acción, no menos que á las ideas y pasiones de los personajes.

j!. 386.

Para que sean parecidos los caracteres y las costumbres de-


ben presentarse tales como la tradición, la historia ó la litera-
tura los han transmitido. Don Juan Tenorio, el Cid, D. Quijote,
nos son tan familiares como las personas entre quienes vivimos.

Sit Medea ferox inviclaque, fiebiüslno.


Perfidus Ixion, lo vaga, tristis Orestes.
Esta regla debe observarse p r i n c i p a l m e n t e en los personajes h i s t ó r i c o s : no
p u e d e el poeta d e s n a t u r a l i z a r la v e r d a d , contradiciendo los hechos p l e n a -
m e n t e a t e s t i g u a d o s , y todo c u a n t o ponga de su invención debe estar en com-
pleta armonía con lo reconocido por v e r d a d e r o . Mas digno de c e n s u r a seria
el poeta que faltase á la verdad, n o para e n g r a n d e c e r , sino para d e n i g r a r los
grandes personajes dignos de! respeto y veneración de los pueblos. Sabido es
— 251 —
d e todos con c u á n t a frecuencia ha i n c u r r i d o en semejantes abusos la l i t e r a -
tura moderna.
Horacio aconseja q u e e n el d r a m a se prefieran los personajes conocidos á
los d e p u r a i n v e n c i ó n . Difficile est proprie communia dicere.

§. 3 8 7 .

Serán iguales los caracteres y las costumbres, si en ninguna


parte de la obra se desmienten y contradicen; antes al contrario,
si por razón de su íntima consecuencia presentan un diseño enér-
gicamente trazado, y un mismo fondo de colorido.
servetur ad imum.
Qualis ab incepto processerit, el .tibí conste!.

Nótese q u e la conveniencia, s e m e j a n z a é igualdad de los caracteres no son


mas que distintas derivaciones del mismo principio : la verdad poética.

§. 388.

La variedad de costumbres ó caracteres, tan notable en la n a -


turaleza como la variedad de las fisonomías, debe reproducirse en
las obras del poeta, tanto por respeto, á la verdad, como por evi-
tar la monotonía. Puede conseguirse la variedad, ó atribuyendo
á los personajes cualidades fundamentales esencialmente distintas,
ó conservando las mismas cualidades fundamentales, y combinan-
do las distintas cualidades accesorias, ó presentando una misma
cualidad en distintos grados.

El g r a n n ú m e r o de personajes que intervienen en la epopeya exige en


esta p a r t e u n a maravillosa fecundidad. Ninguno de los personajes de H o m e -
ro se p a r e c e á otro : los conocemos t a n b i e n , «que al oir el relato de u n a a c -
ción ó al e s c u c h a r u n r a z o n a m i e n t o , fácilmente adivinariamos quién es su
a u t o r , a u n c u a n d o se nos ocultase su n o m b r e . » ( M . DE LA ROSA.) Al lado de
Homero m e r e c e n colocarse Cervantes y Shakspeare.
Ayax, Diomédes, Aquíles, Héctor, todos son v a l i e n t e s , pero no en el m i s -
mo g r a d o . P r í a m o y Néstor son sabios y p r u d e n t e s , pero el p r i m e r o m a s t í -
m i d o . Colocólo se diferencia de Caupolican, y en p r e s e n c i a de Caupolican
quedan oscurecidos los d e m á s c a c i q u e s . Don Q u i j o t e y Sancho Panza son
tan g r a c i o s a m e n t e opuestos en genio c o m e e n figura.
— 252 —

§. 389.

A consecuencia de la objetividad del poema, los personajes


principales de la epopeya deben presentar una riqueza extraordi-
naria de cualidades, de suerte que los sentimientos universales de
la especie humana, y los particulares de la nación y de la época,
se encuentren encarnados en ellos de una manera completa. La
variedad de situaciones que exigen la extensión material y la na-
turaleza de la epopeya, da ocasión á que puedan desenvolverse
bajo todos aspectos los diversos rasgos que constituyen los carac-
teres de los personajes. Por esto, los personajes épicos caminan al
frente de los grandes acontecimientos nacionales, y en cierto modo
los simbolizan, sin que dichos acontecimientos puedan conside-
rarse como un producto de sus designios individuales.

Aquíles r e p r é s e n l a la joven G r e c i a ; en Ulíses se hallan simbolizados los


padecimientos de los griegos al r e g r e s a r á su patria ; el Cid es la expresión
m a s fiel de la a l t i v e z , de la fidelidad, del honor, del valor castellano.

3.—PLAN, ESTILO Y VERSIFICACIÓN.

§. 390.

La epopeya es uno de los poemas de mayor extensión, ya por


la naturaleza del argumento, ya por el carácter distintivo de la
obra. Por este motivo se divide en varias partes, á las que se da
el nombre de cantos ó libros. La lliada consta de veinte y cuatro,
la Eneida de doce.

E n toda fábula, a d e m á s d é l a i n t e g r i d a d , exige Aristóteles u n a proporcio-


nada grandeza. «Así corno u n animal demasiado pequeño no p u e d e ser h e r -
moso , p o r q u e se h a c e i m p e r c e p t i b l e , tampoco podría serlo u n o d e s m e s u r a -
d a m e n t e g r a n d e , p o r q u e la vista no podría c o m p r e n d e r á la v e z todas sus
p a r t e s , n i p e r c i b i r su u n i d a d . De la m i s m a m a n e r a las fábulas deben t e n e r
vina g r a n d e z a t a l , q u e fácilmente pueda ser abrazada de la m e m o r i a . »
( A r i s t . , 8.)

§. 3 9 ! .

La introducción de la epopeya comprende generalmente tres

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— 253 —
partes distintas: una, llamada proposición, en la que se anuncia
el objeto del poema; otra conocida con el nombre de invocación,
en la que el poeta implora el favor de la divinidad ó de un ser su-
perior, con el fin de que le revele los secretos impenetrables para
su limitada inteligencia; y otra que, propiamente hablando, es la
exposición, en la cual se presenta la situación de los personajes,
comenzando á manifestarse también los obstáculos cuya compli-
cación debe formar el nudo de la fábula.

Otros c o m p r e n d e n en la exposición todos los h e c h o s anteriores a l a acción.


E n este s e n t i d o p e r t e n e c e n á la exposición de la llíada todos los hechos q u e
se refieren desde el rapto de Helena hasta la d i s p u t a do Aquiles y A g a m e -
nón , y en la Eneida todos los referidos en los libros 2 . " y 3.°

8. 3 9 2 .

La narración puede hacerse de dos modos : ya siguiendo un


orden cronológico, como Homero en la llíada y el Tasso en la Je-
rusalen libertada; ya lanzándose de repente en medio de los h e -
chos (in medias res), para decir en seguida, ó poner en boca del
personaje principal, todo lo acontecido anteriormente, como lo hi-
cieron Homero en la Odisea y Yirgilio en la Eneida.

En el p r i m e r caso los preceptistas dan á la fábula el n o m b r e d e # simple,


y en el s e g u n d o , el de compuesta.

§• 3 9 3 .

La parte descriptiva no es menos importante en el poema épi-


co que la narrativa. Homero no solamente describe con viveza los
lugares de la escena, por exigirlo así las necesidades de la acción,
sino que atesora en sus descripciones todos los conocimientos geo-
gráficos de su patria; describe minuciosamente los usos y costum-
bres, la fisonomía, el ademan de los personajes, el traje, las ar-
mas, los muebles; en una palabra, presenta un cuadro completo
del mundo exterior, dando á todo una significación extraordina-
ria. Sirva de ejemplo la descripción del escudo de Aquiles.
— 254 —

§. 3 9 4 .

Forman además una parte muy importante de la poesía épica


las comparaciones extensas y pomposas, que se emplean ya como
medio de descripción y con cierto carácter episódico, ya para
comunicar al estilo dignidad y magnificencia.

Homero es t a m b i é n el modelo en esta m a t e r i a ; Virgilio t r a d u c e m u c h a s


veces las comparaciones del poeta g r i e g o , y todos los poetas épicos h a n s e -
g u i d o las huellas de estos g r a n d e s m a e s t r o s .

%. 3 9 a .

Por último, en los discursos de los personajes es donde mani-


festó también el poeta griego las altas dotes de su ingenio. Debe
notarse en los discursos la misma tranquilidad majestuosa que
en la narración y en las descripciones. El diálogo propiamente di-
cho no tiene cabida en la epopeya; siempre es el poeta quien ha-
bla, quien refiere lo que los personajes dijeron.

Ercilla es sublime eti sus d i s c u r s o s . Sin e m b a r g o , a l g u n a s veces el orador


ofusca al p o e t a ; lo que quizás pudiera c o n s i d e r a r s e como u n defecto, p o r m a s
q u e sea u n a de las cosas q u e m a s nos c a u t i v a n en el poeta español.
L a s quejas de H e c u b a , la súplica de P r í a m o , la disputa de Aquíles y Aga-
m e n ó n , y" la despedida de Héctor y A n d r ó m a c a , conservan u n c a r á c t e r v e r -
daderamente épico, y m u y distinto de lo que las m i s m a s situaciones habrían
exigido en la poesía lírica ó en el d r a m a .

De todo lo dicho se deduce fácilmente cuál debe ser el estilo


del poema épico. Una elevación constante, cierta magnificencia
sencilla, la sublimidad, la calma es lo que principalmente le dis-
tingue. Debe desenvolverse como un rio ancho y caudalosísi-
mo, cuya muda y sosegada corriente oculta debajo de una super-
ficie límpida y tranquila la irresistible fuerza de sus aguas. Tan
impropios del estilo épico serian los juguetones movimientos y los
raptos de entusiasmo de la poesía lírica, como la animada rapi-
dez del drama.

En el estilo debe reflejarse el c a r á c t e r objetivo de la obra. La personalidad


— 255 —
del poeta debe b o r r a r s e de tal m o d o , q u e parezca q u e los h e c h o s se p r e s e n -
tan por sí m i s m o s , ó como referidos p o r u n ser de u n a n a t u r a l e z a superior,
que lija su m i r a d a t r a n q u i l a en lo p a s a d o .

§. 396.

En cuanto á la versificación, los poetas griegos y latinos em-


plearon el exámetro; los españoles han adoptado con preferencia
la octava real, que es ej metro empleado por el Tasso en la Jeru-
salen libertada. «Las octavas reales, dice el Sr. Martinez de la
Rosa, me parecen piedras de sillería, propias para edificar un pa-
lacio.» En efecto, este es el metro mas acomodado al carácter ge-
neral de la epopeya. Regular en su forma, de entonación elevada,
y dando al período musical bastante anchura, consiente en el cor-
te de la frase la variedad suficiente para evitar la monotonía, sin
faltar por esto á la uniformidad de tono que exige el estilo de la
obra.

Ni el verso l i b r e , n i la s i l v a , n i el t e r c e t o , que con t a n t o acierto empleó


D a n t e p o r el c a r á c t e r especial de s u p o e m a , n i la copla de a r t e m a y o r , n i
m u c h o m e n o s la mezcla de varios m e t r o s , nos p a r e c e n m u y propios para la
epopeya. La imperfecta versificación del Poema del Cid d e m u e s t r a que no
desconoció el poeta cuáles debían ser las t e n d e n c i a s del verso épico.

SUCINTA NOTICIA DE LOS PRINCIPALES POEMAS ÉPICOS.

§. 3 9 7 .

Los poemas de Homero, que inspiraron á los criticos de la anti-


güedad las reglas de la epopeya, son el manantial abundante donde
han bebido sus inspiraciones todos los grandes poetas, desde los trá-
gicos griegos y Yirgilio, hasta Kíopstock y Chateaubriand. Lo mis-
mo Aristóteles que Horacio, lo mismo Boileau que Hegel, todas
las escuelas, todos los países le han colocado en la cumbre de la
poesía, y sin que apenas se haya fijado la atención en las aberra-
ciones de algunos atrevidos y superficiales Zoilos, cuanto mas s&
van profundizando la historia y la filosofía del arte, tanto mas cre-
ce el respecto y admiración que vienen tributando los siglos al que,
según Dante, es el padre de todos los poetas del mundo.
— 256 —
El a r g u m e n t o de la ¡liada-es la cólera de A q u í l e s . Llora el h é r o e griego
la afrenta recibida de A g a m e n ó n ; su m a d r e T h é t i s le c o n s u e l a , y obtiene de
J ú p i t e r que favorezca á los t r o y a n o s , facilitándole de este m o d o la v e n g a n z a .
Aquíles no c o m b a t e ; a n í m a n s e ¡os troyanos y v e n c e n ; las n a v e s griegas van
á ser presa de las llamas, pero Aquíles p e r m a n e c e en su t i e n d a , y solo c o n -
cede á s u amigo Patroclo que salga á i m p e d i r el i n c e n d i o . Héctor m a t a á P a -
troclo y le quita las a r m a s de Aquíles. Olvida este la injuria r e c i b i d a , y solo
piensa en v e n g a r á su querido amigo ; sale al c o m b a t e , y los troyanos h u y e n
despavoridos. Solo queda en el c a m p o Héctor, y bien p r o n t o s u s a n g r i e n t o
cadáver es alado al c a r r o del v e n c e d o r . C e l é b r e n l e los funerales de P a t r o c l o ,
y obtiene P r í a m o con sus lágrimas el idolatrado c u e r p o de su hijo.
El a r g u m e n t o de la Odisea es la vuelta de Ulíses á su t r o n o de Itaca. S a -
le por orden de los dioses de la isla de Calipso; arrojado por la cólera de N e p -
l u n o á la de los t e a c i o s , recibe de estos u n a nave que le c o n d u c e á su p a -
t r i a , y c o n s i g u e dar m u e r le á ¡os q u e , s e m b r a n d o graves desórdenes en s u
palacio y su reino, aspiraban á la m a n o de su fiel esposa P e n é l o p e . Así como
e n la acción de la ¡liada se halla fielmente expresada la época de la g u e r r a
de Troya, en la de la Odisea está como simbolizado el regreso de los griegos
á su p a t r i a .

§. 3 9 8 .

La Eneida, de Yirgilio, puede considerarse como la continua-


ción, al mismo tiempo que la mas acertada imitación, de las obras
de Homero. En Yirgilio el arte y él buen gusto suplen casi siem-
pre los atrevidos vuelos del genio.

El establecimiento de E n e a s en Italia es el a s u n t o de este p o e m a . Las d e s -


gracias por m a r y tierra, suscitadas p o r el implacable odio de J u n o , c o n s t i t u y e n
el n u d o . Una t e m p e s t a d arroja á Eneas á la L i b i a ; D i d o , r e i n a de Cartago, le
r e c i b e b e n i g n a m e n t e (lib. 1."), oye c o m p l a c i d a la narración de sus d e s g r a -
cias ("2.° y 3.°); herida por los dardos del a m o r , ríndele su c o r a z ó n y le ofrece
u n t r o n o . Huye E n e a s , c u m p l i e n d o los decretos del d e s t i n o , y la d e s e s p e r a d a
a m a n t o con sus propias m a n o s pone t é r m i n o á s u s dias ( 4 . ° ) . E n Drepana c e -
lebra el héroe t r o y a n o el aniversario de la m u e r t e de su p a d r e ; y dejando e n
Sicilia á ios ancianos y á las m u j e r e s , arriba por fin á Italia ( 5 . ° ) ; visita los
infiernos y los campos Elíseos-'^'- ), y llega á la e m b o c a d u r a del Tíber. R e c í -
0

bele con s u m o agasajo el r e y s l a t i B o , y ofrécele-la m a n o de su. hija L a v i n í a ;


p e r o la r e i n a A m a t a la h a b i a . p r o m e l i d o á T u r n o . L e v á n t a n s e c o n t r a l o s t r o -
yanos las t r o p a s latinas y s u s aliadas ( 7 . ° ) ; pide E n e a s auxilio á E v a n -
dro ( 8 . ° ) , y d e s p u é s de varios e n c u e n t r o s , en q u e t a m b i é n toman p a r t e los
d i o s e s , Amata se da la m u e r t e , y m u e r e T u r n o á m a n o s de s u rival (libros 9 ,
10, 11 y 1 2 ) /
— 257 —
L u c a n o en la Farsalia se propuso hacer la apoteosis do P o m p e y o . Su obra
es u n a historia adornada con las galas de la poesía, m a s bien que u n a v e r d a -
d e r a e p o p e y a ; se d i s t i n g u e por su moral p u r a , s u profunda filosofía y su
noble e n t u s i a s m o p o r la libertad de R o m a . Los caracteres de P o m p e y o , B r u -
t o y C a l ó n , e n opinión de algunos c r í t i c o s , t i e n e n m a s vida q u e ios de la
Eneida ; sin e m b a r g o , adolece el poema de pobreza en la i n v e n c i ó n p o é t i c a ,
d e falta de u n i d a d , de digresiones cargadas de u n a e r u d i c i ó n i n o p o r t u n a ,
d e poco g u s t o en las d e s c r i p c i o n e s , de hinchazón en el estilo y dureza en la
versificación.
Valerio Flaco c o m p u s o L o s Argonautas, Silio Itálico Las guerras púnicas,
y Estacio La Thebaida; poemas m u y inferiores á los a n t e r i o r m e n t e m e n c i o -
nados.

§. 399.

En los cantos de Ossian y en los de los antiguos Edas está


encerrada toda la poesía épica de los pueblos del Norte que, par-
tiendo de tiempos anteriores al cristianismo, ha podido llegar has-
ta nosotros. El Poema del Cid y los Niebelungen, los poemas reli-
giosos de Jesucristo, la Virgen, los Santos, etc., totalmente
eclipsados por la Divina comedia, y por último, los libros de
caballería, constituyen toda la poesía épica de la edad media. La
inmortal obra del Dante es la única que puedo colocarse al lado
de los poemas de Homero. El poema y las romances del Cid, que
indudablemente constituyen nuestra epopeya nacional, han m e -
recido los mas extraordinarios elogios de los críticos modernos, y
especialmente de los alemanes; tanto, que Hegel «no duda en c o -
locar este hermoso collar de perlas al lado de los mas bellos que
nos legó la antigüedad».

§. 4 0 0 .

Predominando ya al cabo de un modo absoluto la influencia déla


antigüedad, cantaron los poetas los gloriosos hechos de los tiempos
modernos ó los de la religión, dando á sus obras una forma rigo-
rosamente clásica, y siguiendo con tímido paso las huellas de Ho-
mero y Yirgilio. Los Lusiadas, de Camoens, La Jerusalen liber-
tada , del Tasso, y El Paraíso perdido, de Milton, son los poe-
mas que mas sobresalen en este género, mereciendo colocarse á
•17
— 238 —
inferior altura La Herniada, de Voltaire, y La Mestada, de
Klopstok.

Muchísimas obras con las pretensiones de poemas épicos se han e s c r i t o ,


a d e m á s de las q u e acabamos de citar, y no somos los e s p a ñ o l e s , p o r c i e r t o ,
los m e n o s pródigos en este p u n t o , á p e s a r de q u e , como los franceses y los
a l e m a n e s , carezcamos de u n a epopeya clásica de p r i m e r a n o t a . Sin e m b a r g o ,
e n la Araucana, de E r c i l l a , á la par de esenciales é imperdonables defectos,
brillan cualidades dignas de los mas privilegiados poetas. Voltaire m i s m o , el
m a s enconado quizás de todos los censores de esto poema , dice que el d i s -
c u r s o de Colocólo, encaminado á templar la desavenencia de los caciques, es
s u p e r i o r al que en c i r c u n s t a n c i a s análogas p r o n u n c i a Néstor en el p r i m e r c a n -
to de la llíada, y no satisfecho con esto u n o de n u e s t r o s mas insignes c r í -
t i c o s , hace extensivo el elogio del poeta francés á todos los d e m á s discursos
do la Araucana.
E n t r e las d e m á s composiciones épicas de n u e s t r a l i t e r a t u r a , p u e d e n ser
leídas con a l g ú n fruto El Monserrate, del capitán Cristóbal de Yirués , y La
Austriada, de Juan R u f o ; pero d o n d e se hallarán bellezas de m u c h a valía,
a u n q u e afeadas , como en el poema de E r c i l l a , con insufribles l u n a r e s , es e n
La Creación del Mundo, del doctor Alonso de A c e v e d o ; en El Bernardo, ó la
victoria de floncesvalles, d e D. Bernardo de V a l b u e n a ; en La Jerusalen
conquistada, de Lope de Vega, y en La Cristiada, de Fr. Diego de Ilojeda.
El Orlando furioso ha sido colocado e n t r e las p r i m e r a s epopeyas, y n o fal-
t a q u i e n conceda este n o m b r e al Quijote.
T a m b i é n se h a n llamado epopeyas El Telémaco, de Fenelon; Los Mártires,
de C h a t e a u b r i a n d ; Hermann y Dorotea, de Goethe, y otras composiciones,
•que, j u n t o con algunas de las a n t e r i o r m e n t e c i t a d a s , o c u p a n u n l u g a r medio
« n t r e la epopeya y la novela.

§. 401.

Al dar las reglas de la epopeya, hemos considerado el género


épico en su mayor pureza, tomando principalmente por norma al
divino Homero. Muchas de las obras citadas en la reseña que pre-
cede se alejan bastante del primitivo modelo; y muchos poetas
modernos nos presentan algunas que no podríamos colocar entre
las epopeyas sin destruir completamente la idea que tenemos
formada de este género de composición. Tales son: El Fausto,
de Goethe, el Don Juan y el Childe-JIarold, de Byron, el Diablo
mundo, de Espronceda, y otros.
— 299 —

II.—DE OTRAS VARIAS COMPOSICIONES ÉPICAS.

1.—POEMA HEROICO.

§. 402.

Poemas históricos ó heroicos son los que no se apartan de la


historia, y en los cuales no se hace uso del maravilloso. General-
mente se pone por ejemplo la Farsalia, de Lucano.

2.—CANTO ÉPICO.

§. 4 0 3 .

Llámanse cantos épicos ciertos poemas que, tanto por razón de


la escasa grandeza del asunto como por sus cortas dimensiones,
no merecen el nombre de epopeyas; pero que en punto al estilo y
á la forma en general se acercan, en cuanto cabe, á dicha com-
posición. A esta clase pertenece el de D. Nicolás Fernandez de
Moratin, titulado Las naves de Cortés destruidas.

5.—CUENTOS.

§. 4 0 4 .

Los poemas á que se ha dado el nombre de cuentos, como ei


Don Juan, de Esproneeda, se alejan ya mucho de la epopeya. La
acción no es heroica, búscanse situaciones mas novelescas y
dramáticas, el diálogo se sustituye con frecuencia á la forma nar-
rativa, y tanto el estilo como la versificación varian á cada paso,
siguiendo el caprichoso vuelo de la imaginación del poeta.

E s t e m i s m o n o m b r e so ha aplicado á algunas novelitas en prosa, mas p o é -


ticas de lo que g e n e r a l m e n t e a c o s t u m b r a ser la novela, como los tan c o n o c i -
dos c u e n t o s de Hoffman, los c u e n t o s á r a b e s , e t c . T a m b i é n se han escrito
c u e n t o s j o c o s o s , así en verso como en p r o s a ; p e r o los a u t o r e s que en este
g é n e r o m a s se han distinguido pecan casi todos de inmorales y licenciosos.
— 260 —

4. -LEYENDAS.

§. 4 0 5 .
Algunos de nuestros poetas han dado el nombre de leyendas a
ciertas narraciones apoyadas generalmente en la historia y en la
tradición, en las cuales divaga agradablemente la fantasía, ya de-
teniéndose en minuciosas descripciones, ya en incidentes fantás-
ticos ó populares, ya en digresiones de un carácter enteramente
lírico. Han desplegado en este género de composición dotes muy
sobresalientes el duque de Rivas y D. José Zorrilla.

5.—POEMA BURLESCO.

§. 4 0 6 .

El poema burlesco, como su nombre lo indica, es una parodia


de la epopeya. La gracia de este poemadepende del contraste que
presenta lo trivial del asunto con la grandiosidad del estilo y la
elevada entonación del metro. El Facistol, de Boi.leau, y El bu-
cle robado, de Pope, son las dos obras que en este género han ad-
quirido mayor celebridad. En España el malicioso y agudo arci-
preste de Hita escribió la encarnizada contienda entre D. Carnal
y D . Cuaresma; Lope de Vega hizo gala del buen humor español
a

en La Gatomaquia, y Villaviciosa en su Mosquea dio muestras


de elevado ingenio, y de mas que medianas disposiciones para' la
verdadera epopeya.

Atribuyese á Homero la Balracomiomaquia, ó sea g u e r r a de las r a n a s y de


los r a t o n e s . Algunos a u t o r e s h a n escrito parodias directas de la Eneida y de
o t r a s obras i m p o r t a n t e s . Es m u y fácil q u e semejantes obras ejerzan u n a i n -
fluencia perniciosa en el b u e n g u s t o del lector.

III.—NOVELA.

§. 407.

La novela es la narración de una acción interesante, en la que


se presenta generalmente un cuadro de las pasiones del hombre ó
— 261 —
de las costumbres de un país. La novela carece de la grandeza de
la epopeya, y tanto en el fondo como en la forma tiene un carác-
ter mas prosaico, se acerca mas á la realidad; por cuya razón
dijo acertadamente Federico Schlegel que la novela era la epo-
peya bastardeada.

Sin e m b a r g o , siendo la novela u n a obra de imaginación, y debiendo, p o r


t a n t o , aspirar á lo b e l l o , bien q u e en u n a esfera m e n o s elevada que el poema
é p i c o , no hay d u d a de q u e debe colocarse e n t r e las composiciones poéticas.

§. 408.

Ningún género literario, sin exceptuar el drama, ha ejercido


en nuestros dias tan notable influencia como la novela. No siempre
ha sido bueno este influjo, ni moralmente, ni literariamente con-
siderado ; y aun podemos asegurar que de ninguna composición
literaria se ha abusado tanto como de la novela. Pero el mal está
en los escritores, y no en el carácter general de la composición.

La m i s m a vulgaridad de la novela ha contribuido á popularizarla. P a r a la


generalidad de los lectores es mas inteligible q u e las obras poéticas de m a -
yor precio. S u c a r á c t e r prosaico ha h e c h o m a s asequible el género á los e s -
critores m e d i a n o s , y por esta razón h a n sido también mayores los abusos.

§. 409.

La acción de la novela debe ser una, íntegraéinteresante; p e -


ro la unidad admite todavía mayor amplitud que en la epopeya.
Pueden ser mas los incidentes, y mas variados, y se tolera mayor
difusión en los pormenores. La novela dista mucho menos del dra-
ma que la epopeya; los caracteres tienen una fisonomía mas in-
dividual ; la forma dialogada se substituye con frecuencia á la nar-
rativa. El estilo admite todos los colores y tonos, desde el mas
vulgar y jovial hasta el mas elevado y vehemente; la novela se
escribe generalmente en prosa. En cuanto á la extensión material
de la obra, hay tanta variedad como en la elección de asuntos;
no cabe comparación entre el cuento breve y sencillo, y el volu-
minoso libro de caballería ó las interminables novelas de nuestros
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folletines. En una palabra, apenas pueden darse acerca de la no-
vela mas reglas que las generales, aplicables á la mayor parte de
las composiciones literarias.

L a s d i s t i n t a s especies de n o v e l a , de que luego se h a b l a r á , p u e d e n r e d u c i r -


se á dos clases. En unas p r e d o m i n a la parte objetiva: las descripciones d e l a
n a t u r a l e z a , los h e c h o s , por medio de los cuales se revela el c a r á c t e r de los
p e r s o n a j e s , y se s o r p r e n d e la curiosidad del l e c t o r , y p o r ú l t i m o el diálogo
animado y r á p i d o del d r a m a ; En o t r a s predomina el elemento subjetivo: se
h a c e poco caso do los h e c h o s , y los c a r a c t e r e s y pasiones se analizan y r e -
t r a t a n ó por medio de los discursos de los personajes (eligiéndose á veces la
forma e p i s t o l a r ) , ó p o r medio de las descripciones directas del autor.

§. 4 1 0 .

En Grecia y en Roma no hizo la novela notables progresos, y


casi puede decirse que no existió hasta los tiempos de la decaden-
cia. El orden social de aquellos pueblos, la importancia de la v i -
da pública, la condición inferior de la mujer y de los esclavos, el
absoluto dominio del padre de familia, todo daba á la vidadomés-
tica y á las costumbres en general una uniformidad nada propia
para inspirar las complicadas situaciones que son el alma de esta
composición. La epopeya y el drama satisfacían mejorías exigen-
cias de unas imaginaciones tan cultas.

F u e r o n famosos por sus cuentos los i n d i o s , los p e r s a s y los árabes. M o n -


sieur Davis tradujo al francés un tomito de novelas c h i n e s c a s . L o s pueblos
del Norte la conocieron t a m b i é n , y d u r a n t e la edad media se conservaban t o -
davía m u c h a s n a r r a c i o n e s poéticas d e la a n t i g ü e d a d .

§. 4 1 1 .

En los siglos bajos aparecieron en el norte de Francia las nove-


las, que tan rápidamente se extendieron por Europa, y que se co-
nocen con el nombre de libros de caballería. Constituyen el fon-
do de estos libros peligrosas aventuras, duelos, torneos, amores
platónicos, encantamientos, combates con dragones y gigantes.
El valor, la religión, la cortesía y la fidelidad son llevados al ex-
tremo. Su moral es buena, y prescindiendo de los muchos dispa-
ratados y ridículos que se escribieron, los hay de un valor poéti-

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co extraordinario, que no desconoció ciertamente el inmortal au-
tor del Quijote.
Pueden referirse á tres especies principales : i * los relativos á
Carlornagno y á sus pares en las guerras contra los sarracenos.
2 . Los del rey iritis y los caballeros de la TablaRedonda.3. Los
a a

de los Amadís, que tuvieron su origen en España y Portugal.

E x t i n g u i ó s e el g u s t o por los libros de caballería, á c o n s e c u e n c i a de h a b e r


decaído el espíritu caballeresco, y m a s que todo, por su excesiva a b u n d a n c i a ,
y por los abusos á q u e dio acogida la extraviada i m a g i n a c i ó n d e sus a u t o r e s ,
y q u e con tanta gracia puso en relieve el insigne Cervantes.

§. 4 1 2 .

Á la novela caballeresca sucedieron la heroica yda pastoril. La


primera puede considerarse como una derivación de los libros de
caballería; pues aunque se desterraron de ella los nigromán-
ticos y palacios encantados, conserváronse las aventuras maravi-
llosas é increíbles, descritas con una empalagosa hinchazón de es-
tilo. La novela pastoril gozó de gran crédito en España. La Dia-
na, de Jorge de Montemayor, tuvo muchos imitadores y conti-
nuadores, entre los cuales sobresale Gil Polo, que escribió tam-
bién una Diana. Cervantes pagó