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En los últimos días de verano, Kalfurayen y su Esta oscureciendo- dijo el pequeño, con una voz
pequeño hijo Linkoyán, subieron a la montaña a un poquito temblorosa- y todavía nos queda
buscar los frutos del bosque que les servirán para mucho para llegar al bosque.
pasar un buen invierno.
Es cierto hijo- respondió Kalfurayen- pero no te
Mientras caminaban bajo el sol que ya estaba a preocupes, si nos alcanza la noche en la montaña,
punto de irse a dormir, Linkoyán tomó la mano de hacemos una fogata, nos tapamos con la manta
su mamá. que tejo tu abuela y esperamos el amanecer.

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Kalfurayen y Linkoyan llegaron al bosque y Linkoyan no soltaba la mano de su madre y
comenzaron a llenar una canasta con deliciosos y miraba para todos lados con cierto temor.
dorados piñones. Sin embargo, ese día el sol Kalfurayen al ver que su pequeño hijo estaba
estaba más cansado que al principio del verano, y asustado, buscó unas ramas secas e hizo una
por tanto, decidió irse a dormir un poco más hermosa y gran fogata.
temprano. -Ahora si que podremos pasar la noche aquí –
El cielo comenzó a llenarse de estrellas y las aves exclamó Kalfurayén –
nocturnas iniciaron su canto. ¡Tenemos un fogón como el de nuestra casa!

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Todo cambió para Lnkoyan, ahora el bosque era ¿Y cómo se te quito el miedo?
más amable, ya que se parecía a su hogar. -preguntó el pequeño con curiosidad, mientras
¿Sabes Linkoyan?- dijo la mamá con ternura – calentaba sus manitos en el fuego.
cuando yo era niña también le tenía miedo a la
oscuridad. De hecho una tarde que salí con mi ¡Mi papá me contó una historia tan bonita-
papá al bosque a recoger digueñes, nos alcanzó la respondió Kalfurayen- que desde ese día le perdí
noche y me puse a llorar. el temor a la noche, a los ojos de las lechuzas, al
canto de las ranas y a muchas otras cosas
maravillosas que suceden cuando el sol se
esconde.

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¡Cuéntame la historia! – exclamó Linkoyan con
gran entusiasmo mientras se acurrucaba junto a
su mamá y se tapaba con la manta que había tejido
su abuela.
-Hace muchísimo tiempo – dijo Kalfurayén,
cuando los humanos aun no conocíamos el fuego,
la vida era mucho más difícil y la noche mucho
más oscura y fría