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Ainhoa de Federico de la Rúa

ANÁLISIS DE REDES SOCIALES


Y TRABAJO SOCIAL

SOCIAL NETWORK ANALYSIS


AND SOCIAL WORK
Ainhoa de Federico de la Rúa
Département de Sociologie et Ethnologie
Université Toulosse II le Mirail (Francia)
ainhoa.federico@univ-lille1.fr

Recibido: 10/12/07; Aceptado: 23/3/08

Resumen
El interés del trabajo social y la intervención social por el análisis de redes sociales
aparece en los años 70 con la fundación de la INSNA. El análisis de redes sociales es una
aproximación con ciertas orientaciones teóricas singulares dentro de la sociología  y una
metodología específica, cuyas expresiones más comunes son el análisis de redes personales y
el de redes completas. El análisis de redes sociales se ha aplicado específicamente en el campo
del trabajo y la intervención social. Concretamente, esta aproximación ha dado sus frutos
en el área del apoyo social, ya se trate de apoyo social informal, institucionalizado, o mixto,
pero también al adaptarse las herramientas del ARS a la intervención social. Además, esta
perspectiva es prometedora en cuanto a nuevos usos futuros para el trabajo y la intervención
social, tanto más en la medida en que se integren mejor sus herramientas.

Abstract
Social work and social intervention have been interested in social networks since the
70’ along with the foundation of INSNA. Social network analysis (SNA) is a sociological
paradigm with specific theoretical orientations and a genuine methodology, its most frequent
expression being personal network and whole network analysis. SNA has been specifically
applied in the field of social work and social intervention. One of the areas where it has
been more fruitful is in social support, wether informal, institutionalised or a combination
of both. SNA’s tools have also been directly adapted to social intervention. Furthermore,
this perspective is promising as far as new applications in social work and social intervention,
more so to the extent a better integration is achieved between social work and SNA.

Palabras clave: Análisis de redes sociales, Teoría sociológica, Metodología, Apoyo


social, Novedades en el trabajo social.
Keywords: Social network analysis, Sociological theory, Methodology, Social support,
New applications for social work.

Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [9-21], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Análisis De Redes Sociales Y Trabajo Social

Podemos encontrar el concepto de red en casi todas las disciplinas científicas, entre ellas
las ciencias sociales, pero también se trata de un término que ha entrado en el vocabulario
común en el que tiene significados diversos. Cualquiera que sea la moda actual sobre dicha
palabra, hace más de medio siglo que el concepto de red comenzó a adquirir una definición
específica y a ser utilizado de forma precisa en las ciencias sociales.
Recordemos a dos de los pioneros para mostrar cómo ambos lograron realizar una
contribución al conocimiento a partir de marcos teóricos diferentes. A principios de los
años 30 en Estados Unidos, Jacob Moreno, psicólogo social de origen rumano, sugirió
considerar como “átomo social” (« social atom »), no tanto al individuo, sino al individuo y
las relaciones interpersonales de atracción y rechazo que se organizan a su alrededor. Esta
visión reconoce en el campo intelectual de la psicología social un objeto intermediario
entre el grupo, forma elemental del orden social, y el individuo, receptáculo de las pasiones
y de la personalidad. Al estudiar una institución de rehabilitación, Jacob Moreno se pre-
guntó porqué algunas jóvenes se escapaban en serie y descubrió que estaban ligadas entre
ellas y que formaban “una red” (« a network »). En este concepto identificó la existencia
de relaciones que iban más allá de la frontera de los grupos y les dio una posición teórica
precisa. Primero, se trata de un fenómeno “estructurado”: dichas redes de relaciones, tan
informales como puedan parecer, no dejan de estar reguladas, organizadas, estructuradas,
por principios que es preciso esclarecer. Segundo, Jacob Moreno atribuyó a dichas redes
una función: permiten una cierta forma de comunicación de la información y contribuyen
a la circulación de los rumores, y por lo tanto, a la formación de la opinión publica que
asegura una función de regulación social. Son supra-individuales, pero están desligadas
de las organizaciones que son capaces de trascender, son informales pero no informes y
son funcionales. Así pues, en 1934, las redes adquieren sus títulos de nobleza teórica en
el campo de la psicología social.
Veinte años más tarde, en el campo de la antropología social inglesa, disciplina también
habituada a la observación directa de pequeños sistemas de interacción social, se descu-
bre la importancia de ciertos sistemas de relaciones interpersonales. John Barnes estudia
una parroquia Noruega. Le interesan dos cuestiones: el tipo de estratificación social y el
funcionamiento del poder. En ella, distingue un campo de actividad económica ligado a la
pesca, un campo territorial (vecindad y cooperación agrícola) y, por fin, un tercer campo
que une los dos anteriores. Este último no comporta « ni unidades, ni fronteras; ni organización
de coordinación. Está constituido por los lazos de amistad y conocidos que todo nativo de Bremnes hereda
en parte, pero que sobretodo instaura por si mismo […] la mayor parte de dichos lazos existen entre
personas que reconocen tener un estatus aproximadamente igual y, yo pienso, que se podría decir que estos
lazos constituyen el sistema de clases de Bremnes 1. » (Barnes, 1954, p. 237). Así pues Barnes puede
retomar sus interrogantes. Por una parte, los actores evalúan su posición social dentro de
la red en que están, sobretodo, en contacto con personas poco diferentes; por lo tanto,
aunque saben que existen diferencias de riqueza, se pueden concebir como iguales. Por
otra parte, si cada habitante está asociado a muchos otros en la red de formas diferentes,
permitir que aparezcan oposiciones graves y conflictos pondría en peligro dichos lazos.

1
«The third social field has no units or boundaries; it has no coordinating organization. It is made up of the ties of friendship
and acquaintance which everyone growing up in Bremnes societly partly inherits and largely builds up for himalayen. […] Most of
the ties are however, between persons who accord approximately equal status to one annoter, and it is these ties which, I think, may
be said to constitute the class system of Bremnes.»

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La red tiene aquí como efecto funcional el de evitar conflictos en las diferentes instancias
de poder de la colectividad.
Ambos ejemplos son significativos de la variedad de aproximaciones que, al principio y
a continuación, precisarán el concepto de red. Una de ella parte de las relaciones entre los
individuos, los pequeños grupos, y desemboca en la idea de regulación social por las redes,
crisol de la opinión pública. La otra, parte de agrupaciones institucionales para reconstituir
la matriz de las instituciones de una sociedad. Ambas reconocen por el camino las redes
como una realidad estructurada y estructuradora que cumple funciones específicas. Ambas
orientaciones, fundamentalmente contrastadas, siguen siendo hoy (más allá de los grandes
desarrollos que se han producido en la disciplina2) una característica importante del vasto
campo intelectual que se reconoce bajo la etiqueta de las redes.
El trabajo social y la intervención social ha mostrado interés por el análisis de redes
sociales en los últimos 30 años. Cuando se publicó la primera edición de la revista Connections
en 1977, sólo cuatro trabajadores sociales estadounidenses y canadienses eran miembros
de la INSNA3: Diane Pancoast, Harry Wasserman, Mike Pennock y Harvey Stevens.
Pancoast se interesaba por las “redes de ayuda natural” dentro de la clásica temática de
las redes de apoyo social. Wasserman estudiaba las sinagogas de Los Angeles y la práctica
religiosa. Pennock analizaba los sistemas de servicios sociales y Stevens se interesó por los
sistemas de registros de las agencias de servicios sociales privadas (Connections 1977 1,1).
Así pues, el trabajo social ha estado presente en los primeros momentos de cristalización
del debate académico sobre las redes sociales. Sin embargo, la presencia del trabajo social
en la constitución del paradigma del análisis de redes sociales no ha tenido, hasta ahora,
un peso específico y por ello podríamos decir que tal vez la aproximación más interesante
para éste sea la aportada por la perspectiva sociológica. Volvamos, así pues, de nuevo a la
definición del objeto de interés del análisis de redes sociales tal como se ha cristalizado
dentro del campo de la sociología.

1. Redes observadas y sistemas relacionales


1.1. Dos métodos
Como los pioneros antes citados, vamos a partir de consideraciones empíricas para
definir el objeto de este artículo y diremos que una red de relaciones sociales es identifi-
cable si definimos un conjunto de actores, un tipo particular de relaciones, y si dichas relaciones son
observables, ya sean existentes o inexistentes entre esos actores. Si podemos examinar las
relaciones entre cada actor y todos los demás, entonces hablaremos de red completa, global,
total o sociocéntrica. Así pues, podríamos observar, mediante una encuesta, las relaciones
entre los miembros de una asociación, los concejales de un municipio, los profesionales
de un servicio… que formen redes no demasiado grandes. Por otra parte, las relaciones
objeto de registros sistemáticos permiten trabajar sobre redes completas de gran tamaño
(a partir de datos administrativos, boletines, registros, etc.).
Si el conjunto de actores no está delimitado, se trata de una red abierta: una red de
amistad, de parentesco, a menudo de vecindad, una red sexual… Por definición esa red

2
Aquellos interesados en el desarrollo histórico general del análisis de redes pueden referirse a las obras de
John Scott (1991) y Linton Freeman (2004).
3
International Social Network of Social Network Analysis. Traducido: Asociación Internacional de Ana-
listas de Redes Sociales.

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no puede ser observada de forma exhaustiva. Entonces se procede mediante sondeo ato-
místico y se pide a cada encuestado que describa las personas con las que mantiene el tipo
de relación examinada. Se llama estrella relacional al conjunto formado por las relaciones
directas de un actor focal encuestado (que se llama ego) con otras personas (llamadas alter).
Se hablará de red personal o egocéntrica si podemos pedir a ego que describa las relaciones entre
los alteri (en inglés: personal community, ego network, personal network).
Se pueden situar dichas definiciones con referencia a objetos clásicos: los sistemas
de parentesco son redes típicamente constituidas por tres tipos de lazos elementales: la
alizanza, la consanguinidad y la filiación. La psicología social de los pequeños grupos se
interesa también por las estructuras relacionales en los grupos y ciertos de sus efectos
(comunicación, influencia) y se apoya a menudo en observaciones de laboratorio que
permiten constituir pequeñas redes completas, pero que no tienen en cuenta las perte-
nencias simultáneas de los actores a diversos sistemas relacionales. Finalmente un análisis
de redes es mucho más preciso que la mayoría de los estudios sobre la sociabilidad en la
medida en que se recogen las propiedades específicas de cada relación con cada persona
y su organización sociométrica global. Por ejemplo, la encuesta describe cada relación con
los vecinos de ego y no lo que hace en general con los vecinos.
Las redes completas y las redes personales son dos tipos de objetos diferentes cons-
truidos por dos métodos de observación diferente. Pero ambos comparten orientaciones
teóricas comunes relativas a los modelos de racionalidad de los actores y de las limitaciones
y oportunidades que los sistemas de relaciones implican, utilizan ciertas técnicas similares
para identificar a los alteri y utilizan algunos indicadores sociométricos análogos. Los dos
tipos de redes pertenecen a niveles diferentes: las redes personales siempre son subconjuntos
de las redes englobantes, tanto si se trata de redes cerradas o abiertas, del mismo modo
que una familia nuclear es un subconjunto de una red de parentesco. A nivel de una red
completa el análisis a) se centra en un caso, b) muestra una organización de las relaciones
que pueden escapar a la conciencia de los actores, c) permite la observación sistemática
de los subgrupos, de sus interconexiones, de posiciones poco frecuentes ocupadas por
actores centrales o intermediarios. A nivel de las redes personales, el análisis a) identifica
regularidades, b) se limita a lo que perciben los actores, c) permite a menudo un análisis
más sistemático de las pertenencias múltiples de los actores y de la variedad de los roles
que adoptan en distintas relaciones. La elección de una u otra aproximación dependerá
del objeto de la investigación.

1.2. Orientaciones teóricas más que una teoría unificada


¿Podemos decir que las redes sociales sean objeto de una teoría unificada? John Barnes
nos daba una respuesta negativa: él pensaba que no hay nada que se parezca a una teoría
de las redes sociales y que tal vez no la hubiese nunca. Adoptaba una posición prudente.
Diez años después, Ronald Burt escribía “el análisis de redes no es un corpus unificado de
conocimientos acumulativos a lo largo de los años… es una federación laxa de aproximacio-
nes que progresan en varios frentes gracias a los esfuerzos teóricos de muchas personas”4
(1980, p. 79). Poco después de dicha afirmación, a partir de los años 80 los investigadores
trabajando con análisis de redes sociales hacen un esfuerzo sentar los principios teóricos
4
« Network analysis is not a single corpus of knowledge cumulating with each passing year. […] A loose fédération of
approaches, progressing on many fronts as a result of the efforts of many persons, is currently refferenced as network analysis. »

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compartidos subyacentes de lo que llaman análisis estructural. El análisis estructural consi-


dera la estructura social como una red de relaciones entre actores sociales, como una red
de redes interdependientes. Barry Wellman, fundador de la INSNA, afirma en 1988 que
se puede identificar un núcleo de cinco ideas comunes al los analistas de redes sociales: 1.
Las estructuras de relaciones tienen un poder explicativo más importante que los atribu-
tos personales de los miembros que componen el sistema. 2. Las normas emergen de la
interacción y en función de la localización en la estructura de relaciones existentes. 3. Las
estructuras sociales determinan el funcionamiento de las relaciones diádicas. 4. El mundo
está formado por redes y no por grupos. 5. Los métodos estructurales complementan y
suplantan los métodos individualistas.
Unos años después Degenne y Forsé (1994) sitúan el análisis estructural (o interaccionismo
estructural, según la expresión acuñada por ellos mismos) de forma teóricamente más precisa
entre las tradiciones holistas e individualistas. Como las corrientes holistas el análisis estruc-
tural presupone que los actores tienen márgenes de acción limitados por la estructura social,
pero de modo más débil: La estructura no se reduce a una suma de acciones individuales
(aunque estas inciden en ella). La estructura ejerce un condicionamiento formal que deja
al individuo libre de sus actos aunque, teniendo en cuenta este condicionamiento, todo
no le está permitido. También supone como el individualismo metodológico que los actores
tienen motivaciones e intereses y actúan de forma racional para satisfacerlos. Pero también
tiene en cuenta, como la perspectiva interaccionista, el hecho de que los actores no están
aislados, sino que son interdependientes y ajustan sus relaciones mediante la interacción.
La existencia de estas relaciones obliga a formular los intereses como relativos y sometidos
a las limitaciones y oportunidades ofrecidos por la estructura en que los individuos están
inmersos. Al mismo tiempo que los actores están condicionados por la estructura social
concreta en que se hallan, la (re)producen por medio de sus interacciones cotidianas. Más
tarde, Michel Forsé y Simon Langlois insistirán en que se pueden identificar, al menos,
actitudes epistemológicas comunes a los especialistas del análisis de redes que “agrupa a
través del mundo los investigadores de un campo quienes, aún sin compartir exactamente
las mismas perspectivas teóricas, tienen en común una concepción de la sociología como
ciencia positiva y acumulativa”5 (1997, p. 28).
La diversidad aparente no puede, en definitiva, ocultar un importante fondo de ideas co-
munes. Para empezar la idea de que una red puede tener regularidades, una cierta organización de
las relaciones. Se llama entonces estructura (en un primer sentido débil de la palabra estructura)
a las principales características empíricas, medidas por índices, construidas por el examen de
las matrices que registran las relaciones entre actores: densidad, conectividad, segmentación
en cliques o clases de equivalencia estructural, distancias, centralidad, etc6. Después, ¿cómo
explicar dichas regularidades? Se puede suponer de manera teórica que el establecimiento
de una relación o la imposibilidad de crearla dependen de la manera en que las relaciones
5
« regroupe à travers le monde les chercheurs du domaine qui, sans partager exactement les mêmes perspectives théoriques, ont
en commun une conception de la sociologie comme science positive et cumulative »
6
Aquellos que se quieran familiarizar con los conceptos y métodos del análisis de redes sociales se pueden
referir a los siguientes textos básicos Scott, 1992; Lozares 1995; Rodriquez, 1995; Requena Santos, 1996; Pizarro,
1998; Lazega, 1998; Molina, 2001; Mercklé, 2004; Freeman, 2004, Ferrand y de Federico 2005, que dirigirán al
lector que pretenda especializarse a las obras metodológicas de referencia: Marsden y Lin, 1982; Marsden, 1990;
Freeman et al., 1991; Degenne y Forsé, 1994; Wasserman y Faust, 1996; de Nooy et al., 2004; Carrington et al.,
2005; Doreian et al., 2005.

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existentes ya están organizadas. Entonces diremos que la red constituye un sistema relacional,
concepto más teórico que el de red, dado que definir un sistema supone que se formulen
hipótesis sobre la interdependencia de las relaciones entre ellas. Así pues podemos llamar
estructura las principales reglas que aseguran la producción de dicho sistema particular (Ferrand,
1997). Entonces empleamos la palabra estructura en su sentido fuerte para designar un mo-
delo generativo: el tabú del incesto es una de las reglas estructurales del parentesco, pero es
necesario definir algunas más para poder definir un sistema de parentesco particular.
La red como forma colectiva toma, según los análisis, bien el estatus de variable in-
dependiente que explica las estrategias de los actores o de los efectos colectivos, bien el
estatus de variable dependiente, explicada por los motivos y principios que conducen a
los actores a crear y suprimir relaciones. Encontramos en el análisis de redes sociales cuatro
tipos principales de análisis.
- El primero trata de comprender las conductas de los actores a partir de las relaciones
en que están implicados y de las posiciones particulares que ocupan en una red. Se considera
que las posiciones en dichas estructuras son principios explicativos tan poderosos o más
que las características personales que los definen fuera de todo contexto: edad, ingresos,
nivel educativo, etc. (Wellman y Berkowitz 1988, p. 30). Se tienen en cuaenta tres efectos.
Un efecto cognitivo y normativo: mostramos que la red puede influir en las orientaciones, las
opiniones, las normas y las creencias de los actores (Ferrand y Mounier, 1996, 1998). Un
efecto instrumental: las relaciones ofrecen posibilidades de movilización de recursos de
todo tipo, por lo tanto medios de acción (Lin, 1995, 2001). Finalmente un efecto de control:
las relaciones imponen límites a las acciones posibles y controlan la acción.
- El segundo trata de explicar los efectos colectivos a partir de las características de la
red en cuestión. El tipo de estructura condiciona la difusión de la información, el control
social y la cohesión, la diferenciación del poder y de los conflictos, etc. (Lazega, 1992,
2001; Stokman y van den Boos, 1992; Galaskiewicz, 1985).
- El tercer tipo de análisis tiene como objetivo explicar la red misma, las razones y
las condiciones de su existencia, con sus propiedades particulares y sus condiciones de
transformación. Actualmente se están logrando progresos importantes tanto para definir
los modelos estadísticos que permiten evaluar las transformaciones de una red completa
en momentos diferentes como de los modelos de simulación de dichas transformaciones
(Snijders, 2002; de Federico de la Rúa, 2005).
- El cuarto tipo de análisis, finalmente, tiene por objetivo explicar las características
de las redes personales (lo que autoriza a una interpretación parcial de una red global) a
partir de la influencia de modelos culturales (Heran, 1988; Fischer, 1982a, 1982b), por una
intención estratégica de los actores o por la influencia de constricciones estructurales. En
este sentido, una relación diádica entre dos actores puede ser entendida en función de su
imbricación (embeddedness) entre otras relaciones del actor.
Así pues aparece un bucle entre la acción y las relaciones existentes, dado que la ac-
ción puede consistir a crear una relación, modificando con ello la red, que a continuación
tendrá una influencia en la acción y así sucesivamente (Burt, 1982). Los actores de la red
son particularizados por sus relaciones recíprocas, pero no determinados: disponen de
márgenes de libertad variados que dependen de la organización de la red y de las posicio-
nes que ocupan en ella. Una cuestión crucial para la acción es la posición del actor en la
estructura, que nunca está afianzada definitivamente.

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Definir un fenómeno o una entidad en términos de red de relaciones es casi siempre


posible y razonable: pocas realidades sociales no comportan relaciones entre actores dotadas
de una mínima organización, por lo tanto descubrir la existencia de una red es afirmar lo
evidente. La cuestión interesante es mostrar cuáles son las particularidades estructurales de la red
que forma dicha realidad, tarea totalmente diferente y apasionante. Sólo es posible producir
proposiciones científicamente interesantes al realizar comparaciones entre las propiedades
estructurales y los efectos de tipos diferentes de redes utilizando métodos de descripción
y conceptualización sistemáticos.

2. Aplicaciones e interés para el trabajo y la intervención social7


Anteriormente apuntábamos la presencia de trabajadores sociales en la fundación de
la revista Connexions y la creación de la INSNA. Por aquella misma época Garrison y
Werfel escribieron un artículo en el que consideraban el uso potencial de la llamada “sesión
red” (network session) en el trabajo social clínico que describían como una sesión en la que
los trabajadoes sociales se entrevistan y dan consejo a un cliente en presencia de su red
social natural para ayudar al cliente individual y para reforzar su red (Garrison & Werfel,
1977). Así pues, asumían, tal y como lo hacen los analistas de redes sociales actuales, que
en la red de un individuo existen recursos que pueden ser utilizados para beneficio del
individuo. Se ha desarrollado toda una extensa literatura sobre el apoyo social y el capital
social dedicada a esta idea fundamental.
A pesar de la evidencia de algunas aplicaciones positivas de la aproximación de las
redes sociales en el trabajo social, Timms (1983) y Allan (1983) apelan a la prudencia de
los trabajadores sociales profesionales a la hora de implicarse en la creación o el apoyo del
desarrollo de las redes de cuidados informales de sus clientes (redes de apoyo). Algunos
años después de estos tímidos principios, Seed (1987, 1990) apoyó el uso del análisis de
redes sociales en la investigación y la práctica del trabajo social y aclaró cómo se debieran
utilizar dichas herramientas en el trabajo social. Muchos trabajadores sociales se apoyan
en la perspectiva de análisis de redes sociales desde entonces.

2.1. Uso desde el trabajo social


La principal aplicación de la aproximación del análisis de redes sociales en el trabajo
social ha sido en el área del apoyo social. El apoyo social se suele referir a la ayuda recibi-
da de redes sociales informales, pero ésta puede también proceder de redes formales de
profesionales como los propios trabajadores sociales, doctores, enfermeras, psicólogos,
psicoterapeutas o profesionales de la terapia ocupacional. Los profesionales de la inter-
vención social han utilizado la perspectiva del análisis de redes para examinar las redes de
apoyo social, ya sean profesionales, informales o mixtas.

Redes de apoyo informal.


La investigación en las redes de apoyo informal ha cubierto temas como la enfermedad
mental, los inmigrantes en los USA, las madres trabajadoras en China… Walsh (1994)
examinó clientes con enfermedades mentales graves a los que se les proponían servicios de
rehabilitación en su entorno natural. Se dio cuenta de que, aunque no había diferencias entre

7
Esta sección debe mucho al capítulo de Deirde Kirke (2008).

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los tamaños de las redes personales o las percepciones de la pertinencia del apoyo social
recibido entre hombres y mujeres, diferían en el tipo de ayuda que recibían de personas
diferentes en sus redes, lo que Walsh (1994) describió como clusters diferentes. Basándose
en estos resultados, Walsh sugiere que los trabajadores sociales deberían revisar las redes
sociales de sus clientes hombres y mujeres según clusters antes de hacer intervenciones
para mejorar sus redes. Otro ejemplo relacionado con la psiquiatría es el de Hardiman
(2004), quien examinó el apoyo social recibido por adultos con deficiencias psiquiátricas
en agencias para la salud mental dirigidas por los consumidores. Estas agencias implica-
ban a los participantes en redes de cuidados entre pares, que de otra manera les hubiesen
faltado. El autor sugiere que los proveedores de servicios, incluidos los trabajadores
sociales, deberían tomar nota de esta manera de favorecer el apoyo natural de los clientes
psiquiátricos en un entorno comunitario.
En un estudio más generalista, Colarossi (2001) examina las diferencias de género en
las estructuras de apoyo (frecuencia y satisfacción del apoyo recibido de parientes, pares
y otros adultos). El autor descubrió que los adolescentes y las adolescentes difieren en la
proporción de amigos y adultos que les apoyan y también en la satisfacción que derivan
de dicho apoyo. Las implicaciones de estos resultados para el trabajo social son que los
trabajadores sociales deberían ser capaces de ayudar a los adolescentes a identificar qué
miembros de sus redes son útiles para tipos particulares de problemas, permitiéndoles así
utilizar las distintos tipos de apoyo de forma más eficaz (Colarossi, 2001).
En otro estudio sobre el apoyo social a las personas sin hogar, Eyrich, Pollio y North
(2003) dan consejos similares a los proveedores de servicios. Aquellos que han estado sin
casa durante poco tiempo (menos de 12 meses) y aquellos que han lo han estado durante
un periodo más largo (más de 12 meses) tienen redes de apoyo diferentes. Ambos sugieren
que los proveedores de servicios deberían, por lo tanto, dirigirse a diferentes fuentes de
apoyo para las personas sin hogar según la duración de dicha situación.
Otros ejemplos interesantes dentro de la literatura del apoyo social incluyen dos artícu-
los sobre madres chinas en China e inmigrantes coreanos en los USA. Yuen-Tsang (1999)
demostró al estudiar las redes de apoyo de las madres chinas que éstas son de naturaleza
comunal y por lo tanto diferentes de las redes habitualmente encontradas en el oeste. Por
ello, aconseja que en las intervenciones sociales en China se adopte una estrategia en tér-
minos de redes sociales completas, en lugar de redes personales. Por su parte, Lee (2005)
confirma la importancia de que los trabajadores sociales tengan en cuenta las diferencias
culturales entre sus clientes inmigrantes coreanos y otras comunidades de clientes. En las
comunidades coreanas, los conflictos de pareja son un grave problema, dadas las diferencias
culturales relativas al papel de la mujer en la sociedad. Por ello son necesarios los programas
para reducir las tensiones de pareja con intervenciones culturalmente sensibilizadas y que
incluyan programas de educación.

Redes de cuidados formales e informales


Los trabajadores sociales también se han visto implicados en la tarea de expandir y
mejorar las redes de sus clientes al ligar los cuidados formales recibidos de profesionales
con aquellos recibidos de la familia, los amigos y los vecinos. Un modelo ejemplar de esta
aproximación que combina apoyo formal e informal es el llamado “wraparound” (se po-
dría traducir como “envolvente”). Este sistema se desarrolló en 1991 en Ontario (Canada)

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para asociar diferentes formas de apoyo social e informal necesitado por una familia con
niños, con necesidades especiales (Hesch, 1998, Ochocka y Lord 1998). El apoyo extenso
y apropiado ofrecido por el programa “wraparound” combinaba el apoyo profesional que
permitía el presupuesto a las familias y los niños con un apoyo comunitario continuado
que colmaba las necesidades que el sistema formal no podía cubrir.
Otro ejemplo de los esfuerzos de los trabajadores sociales por crear redes entre los
sistemas de apoyo formales e informales es el descrito por Cantley y Smith (1983) en que
los trabajadores sociales ligados a un hospital de día psico-geriátrico tuvieron un papel
importante para establecer un “Grupo de Apoyo de Parientes”.

2.2. Ampliaciones posibles en el trabajo social


Como hemos visto más arriba, los conceptos de las redes sociales han sido utilizados
por los trabajadores sociales en sus investigaciones y sus prácticas. Sin embargo no han
utilizado las técnicas de análisis de redes sociales para medir las redes de apoyo social. Las
investigaciones a menudo consideran los tamaños de las redes, pero no utilizan las técnicas
del análisis de redes sociales para examinar la estructura social de las redes de apoyo con
detalle, ni han tratado de comparar el impacto de estructuras con diferentes características
en términos de densidad o de cohesión.
En algunas ocasiones se han utilizado conceptos como el de “puente” (Ochocka y Lord
1998) pero sin agotar sus posibilidades al no referirse a las teorías que lo fundamentan
(Granovetter 1973). Sabemos que los puentes reducen la fragmentación en las comuni-
dades. También que permiten el acceso a recursos que no están disponibles en la propio
red. Este concepto es interesante para el trabajo social para tratar de abrir posibilidades
de acceso a recursos más amplios para los clientes de los trabajadores sociales.
Por otra parte, muchos estudios apuntan a la idea de que los lazos fuertes son los
mayores proveedores de apoyo social (Wellman y Wortley 1990), que los distintos tipos de
apoyo son ofrecidos por distintas personas en una red y que las mujeres son las mayores
proveedoras de apoyo, tanto a otras mujeres como a hombres (Fischer, 1982, Wellman y
Wortley 1990). Estos estudios sugieren que los investigadores interesados por el apoyo
social deberían tener en cuenta la fuerza de las relaciones en las redes, así como el género.
Algunos investigadores dentro del trabajos social se han interesado por el papel del género
en el apoyo social (Colarossi 2001, Walsh 1994) pero la fuerza relativa de los lazos no ha
sido directamente examinada. Los trabajadores sociales debieran interesarse tanto por los
lazos fuertes, al ser los mayores proveedores, como por los débiles, que permiten el acceso
a recursos más especializados.
Las investigaciones se han centrado a menudo en las redes personales de los individuos
con necesidades particulares, pero los trabajadores sociales podrían examinar redes que
van más allá de lo personal. El estudio de redes completas combinando lazos familiares,
de amistad, de vecindario, de trabajo y con profesionales daría una comprensión más com-
pleta de las comunidades en las que se desea realizar la intervención social, permitiendo
así crear recursos utilizables a nivel comunitario y no solo a nivel individual. El estudio de
redes completas permitiría también situar a los clientes de los trabajadores sociales en el
contexto de las redes dentro de las que funcionan.
La literatura sobre las redes sociales suele mostrar los aspectos positivos de las redes
de apoyo, sin embargo es preciso estar atentos a los aspectos potencialmente negativos

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de las redes. Por ejemplo, algunos adolescentes que utilizan drogas apoyan a sus amigos
para que lo hagan también (Kirke 1995). En esos casos la intervención social puede tener
que centrarse en la ruptura de lazos fuente de influencias negativas en lugar de o además
de crear lazos con influencias positivas. También, en esos casos puede ser benéfico que
el trabajador social intervenga en la red de relaciones y no sólo en el individuo que utiliza
drogas.

Conclusión
Las investigaciones futuras dentro del trabajo social que se interesen por las redes socia-
les deberán fundamentarse en los conceptos y resultados apuntados por sus predecesores
analistas de redes sociales tanto en la investigación como en la práctica. Sería importante
que dichas investigaciones y propuestas estén al tanto de los avances dentro del análisis
de redes sociales y que vayan más allá de una concepción metafórica de las redes a un uso
aplicado de los conceptos y la metodología del análisis de redes sociales para medir dichos
conceptos. Veinte años atrás Seed (1987) propuso los procedimientos para aplicar el análisis
de redes sociales a la investigación y la intervención en los servicios sociales utilizando las
redes de relaciones sociales para representar lazos entre personas, lugares, actividades o
acontecimientos. Más recientemente, Murty y Gillespie (1995) hicieron su propuesta sobre
cómo incorporar el análisis de redes sociales al currículo del trabajo social. En un breve
artículo excelente, definen los conceptos de las redes sociales y debaten su pertinencia
dentro del currículo del trabajo social. El análisis de redes sociales es relevante dentro del
trabajo social al interesarse por las relaciones de diferentes tipos entre individuos o dentro
de grupos y la intervención social puede beneficiarse de su conocimiento. Los trabajadores
sociales pueden también investigar las redes sociales dentro del marco de su trabajo o en
colaboración con analistas de redes sociales, asegurando de esta manera que los desarrollos
del análisis de redes sociales se adapten mejor a las necesidades de la profesión, así como
a los intereses de la comunidad de los analistas de redes en su conjunto.

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Joel Martí • Carlos Lozares

REDES ORGANIZATIVAS
LOCALES Y CAPITAL SOCIAL:
ENFOQUES COMPLEMENTARIOS
DESDE EL ANÁLISIS DE REDES SOCIALES

LOCAL ORGANISATIONAL NETWORKS AND


SOCIAL CAPITAL COMPLEMENTARY APPROACHES
FROM A SOCIAL NETWORK ANALYSIS

Joel Martí
Carlos Lozares
joel.Marti@uab.cat
carlos.Lozares@uab.cat
Universidad Autónoma de Barcelona

Recibido: 19/12/07; Aceptado: 23/3/08


Resumen
Los vínculos entre organizaciones locales son considerados como un recurso fundamen-
tal en las prácticas de intervención social y desarrollo comunitario. El artículo muestra como
a partir de distintas formas de concebir dichos recursos bajo el marco teórico del capital
social y de su operacionalización y análisis desde la aproximación de las Redes Sociales es
posible abordar diferentes dimensiones en el estudio y gestión de estas redes. En primer
lugar se realiza una aproximación conceptual a distintos enfoques en el estudio del capital
social, su pertinencia en tanto que recurso social de y entre las organizaciones locales y el
papel que juega en la medida y estructuración de dicho capital el análisis de redes sociales.
En segundo lugar, se presentan y comparan dos redes de organizaciones locales analizadas
desde distintos enfoques de capital social, con diversas metodologías y métodos de aproxi-
mación pero en ambos casos basados en Análisis de Redes Sociales.

Abstract
Links between local organizations are considered as basic resources in practices of social
intervention and community development. This article shows different conceptualizations
of these resources under the theoretical frame of Social Capital and its analysis under Social
Networks methods. This approach allows the study and management of different dimensions
of these networks. Firstly, a conceptual framework is made to different approaches in the
study of social capital, its role as a social resource of and between local organizations, and
its study from Social Networks Analysis. Secondly, two local organizations networks are
analyzed and compared from different approaches to Social Capital, and from different
methodologies and methods, but in both cases based on Social Networks Analysis.

Palabras clave: Análisis de Redes Sociales, Capital Social, Organizaciones Locales


Keywords: Social Network Analysis, Social Capital, Local Organizations
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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [23-39], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Redes Organizativas Locales y Capital Social: Enfoques Complementarios Desde El Análisis...

1. Marco conceptual: el Capital Social, organizaciones locales y análisis de


redes sociales
1.1. Enfoques sobre Capital Social
La literatura actual sobre capital social (CS en adelante) es amplia y diversa en cuanto
a las definiciones y perspectivas adoptadas, como lo son también sus ámbitos de aplica-
ción: el desarrollo económico y el empleo (Woolcock, 1998; Leana y Van Buren, 1999);
la salud (Lomas, 1998; Kawachi y otros, 1997), la participación política (Newton, 1997;
Klesner, 2007), la inmigración (Cheong y otros, 2007; Gualda, 2004) o la pobreza (Forni
y Nardone, 2005) son sólo algunos de ellos. Las concepciones clásicas de Bourdieu (1980,
1989), Coleman (1988, 1990) y Putnam (1995, 2000) han sido la base para que se hayan
planteado otras perspectivas del CS, tanto en el plano teórico como en el aplicado. Dichas
perspectivas se pueden reducir a tres tipos genéricos, aparte de otros criterios de clasifica-
ción, según se adopte un enfoque atributivo, reticular o cognitivo. Estas aproximaciones
no son excluyentes, de forma que, frecuentemente, un mismo autor o concepción teórica
del CS se sitúa en una o más a la vez.
En la primera aproximación, la atributiva, se puede situar a Putnam (1995, 2000). Su visión
se caracteriza por conceptualizar el capital social como un contenido cualitativo atributivo
que, siendo producto de las relaciones sociales, es un recurso que constituye y desarrolla
la comunidad. Dichos contenidos se refieren, primero, a la confianza en el otro y sus
consecuencias como la fiabilidad, apertura, honestidad y veracidad mutuas; segundo, a los
valores o normas de personas o colectivos que influyen en la dinámica interpersonal; y,
tercero, a la cercanía y la naturaleza personal de los vínculos como relaciones de intimidad,
de calidad personal y de mutua identificación. Putnam habla también de redes, aunque no
las trate en la perspectiva reticular.
La segunda aproximación, la reticular, se centra en las relaciones entre personas o
grupos, según la unidad de base elegida, a la hora de generar otras formas colecti-
vas. Muchos autores la denominan también estructural. Bajo este enfoque el CS se
entiende como un recurso centrado y distribuido en la estructura de las relaciones o
redes. Sólo indirectamente, y como resultado que proviene de la articulación de las
relaciones y de la formación de grupos cohesivos y/o clases de equivalencia, aparecen
los atributos o clasificaciones. En este enfoque podemos situar en parte a Coleman,
ya que su perspectiva estructural se basa en las relaciones pero, sobre todo, a Burt
(1976, 1992).
Una tercera aproximación, la cognitiva, se centra en imágenes, representaciones o espacios
mentales compartidos que están en la base de las relaciones y la colaboración efectiva entre
los agentes (Nahapiet y Ghoshal, 1998; Cohen y Prusak, 2001).
Vistas conjuntamente las tres aproximaciones se pueden resituar, de hecho, en distin-
tas dimensiones o incluso fases de los procesos sociales: los actores diseñan estrategias
y acuden a la interacción, bajo determinados contextos e intereses y también bajo deter-
minadas representaciones cognitivas de la realidad social, entre las cuales está la percepción de
la estructura de relaciones existente y la posición que uno/a ocupa en la misma. Estos
procesos de interacción social conllevan y desarrollan dinámicas reticulares a nivel micro y
meso (la “red social”) que, a su vez, generan resultados, productos o hechos sociales en forma
de recursos (informativos, económicos, cognitivos, etc.) que son apropiados por los ac-
tores; entre dichos recursos se encuentran identidades, normas y valores, que constituyen

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Joel Martí • Carlos Lozares

también el capital social generado en la interacción. Este CS generado en la interacción


retroalimenta relaciones sociales sucesivas (Lozares, 2006).
En este artículo optamos por una expresión, que sea a la vez más sintética, ya que
engloba las precedentes, y más clarificadora pues puede evitar superposiciones no expli-
citadas de los tres enfoques. En una primera clasificación se hace la distinción entre (i) los
contenidos o recursos de CS de naturaleza fáctica como son el soporte, apoyo o intercambio
económico, de bienes, servicios, etc., en cuanto que son signos externos de confianza, y
(ii) los contenidos de naturaleza cognitiva. En una segunda clasificación, transversal a la prece-
dente, se establece la distinción entre, (i) por un lado, la visión atributiva propia a Putnam y
(ii), por otro, la visión reticular, propia a Burt (1976, 1982, 1992) y más genéricamente a los
analistas de las Redes Sociales.

Contenidos o recursos en las relaciones de tipo


Fácticos Cognitivos
Bajo perspectiva atributiva CS de la 1ª aproximación CS de la 3ª aproximación
Bajo perspectiva reticular CS de la 2ª aproximación CS de la 2ª aproximación

Este artículo se centra en la perspectiva reticular, tanto en su dimensión fáctica como


cognitiva.

1.2. El entramado reticular de las organizaciones locales como Capital


Social y el Análisis de Redes Sociales
En este artículo focalizamos nuestro análisis sobre un conjunto de organizaciones
locales que tienen como objetivo intervenir en la esfera pública (por ejemplo, mediante la
participación en la definición de políticas públicas, la cogestión de proyectos sociales o el
desarrollo de otras actividades colectivas). Estas organizaciones son de naturaleza pública y
privada, y sus dinámicas de interdependencia suelen englobarse en la literatura politológica
bajo el concepto de gobernanza (Maintz, 2000; Pierre, 2000; Börzel, 1997).
Por otro lado, nos centramos además en el nivel “local”. La pertinencia de este nivel
se debe a que define un ámbito cercano de actuación para administraciones y organiza-
ciones sociales, constituye un microespacio socio-económico y una entidad simbólica y,
para multitud de decisiones que tienen que ver con la esfera pública (relacionadas, por
ejemplo, con la salud, con la educación o con la búsqueda de empleo), los vínculos y la
proximidad local siguen siendo un criterio y un apoyo fundamental (Ferrand 2002).
La aproximación reticular, por la que se ha optado, nos muestra el CS como un entramado
de relaciones de intercambio existente entre las organizaciones locales. Dicho capital puede
integrar tanto los contenidos relacionales fácticos como cognitivos. Vista esta aproximación
desde el lado fáctico o de intercambios materiales, primer caso de estudio, nos permite sustantivar
el CS por indicadores relacionales que expresen signos externalizados de cooperación,
intercambio y participación o de confianza, reciprocidad y normas compartidas entre los
miembros, individuos y/o organizaciones. La aproximación desde el lado cognitivo, segundo
caso de estudio, muestra el CS como representaciones que las organizaciones locales tienen

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [23-39], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Redes Organizativas Locales y Capital Social: Enfoques Complementarios Desde El Análisis...

del mapa de sus relaciones y el entramado cooperativo o participativo mutuos. Sobre di-
chas representaciones se establecen las estrategias de colaboración, alianzas e incidencias
entre las organizaciones. En este caso, tratándose de representaciones, la introducción de
métodos cualitativos de observación es especialmente pertinente.
El ARS ofrece un marco conceptual, analítico y operativo desde el que analizar pre-
cisamente el enfoque reticular del CS. El ARS proviene de diferentes corrientes y teorías
antropológicas, psicológicas, sociológicas y matemáticas: de la Gestalt Theory de Kurt Lewin,
(1936, 1951), de los sociogramas de Moreno (1934) y de los grupos dinámicos de Heider
(1946). En cuanto a su desarrollo, los años 1960 y 1970 marcan un gran momento del
ARS en la sociología, aunque no necesariamente dentro de la sociología dominante, y no
sólo en autores o investigadores sobre dicha temática (Coleman, 1988, 1990; Laumann,
1966; Freeman, 1977; White, 1963; Boyd, 1969; Lorrain y White, 1971; Granovetter, 1973;
Lee, 1969), sino también en la aparición de revistas y otras publicaciones, (Galaskiewicz,
Wasserman y Faust, 1994; Alba, 1982). Lo específico del ARS consiste en disponer de un
marco teórico o conceptual y de una capacidad de operacionalización, análisis y represen-
tación importantes a la hora de tratar las relaciones. El objeto directo del ARS consiste
precisamente en poner en evidencia y analizar la estructura y grupos que se generan en la
red y las características de los individuos que provienen de su posición reticular.

2. Análisis de casos
En este apartado presentamos y comparamos dos análisis de redes organizativas loca-
les correspondientes a dos estudios más amplios llevados a cabo por los autores. Ambos
estudios permiten realizar un análisis del CS relacional. El primero, después de haber
llevado a cabo un proyecto participativo y, el segundo, un diagnóstico CS relacional de las
organizaciones con respecto a determinados proyectos comunitarios; en ambos casos se
utilizan métodos sociocéntricos basados en ARS.
Sin embargo, los objetivos de cada caso de estudio, el tipo de CS analizado y los ins-
trumentos de información y la manera de análisis o interpretación son distintos. El primer
caso está centrado en la medida de los vínculos de tipo fáctico cooperativo existentes
entre organizaciones locales; para ello, se utilizan técnicas de análisis propias del ARS. El
segundo caso aborda, en el marco de un diseño de investigación-acción y desde estrategias
cualitativas/interpretativas, las representaciones existentes sobre el mapa organizativo
local. Las dimensiones que marcan las diferencias entre ambos casos son tanto de índole
teórico como epistemológico, metodológico y tecnológico, así como también la naturaleza
específica de los dos contextos analizados. Estas dimensiones se señalan esquemáticamente
en el cuadro siguiente.

Primer caso de estudio Segundo caso de estudios


Los objetivos Se trata de analizar la red resultante Consiste en un autoanálisis de entidades
de un programa de intervención en vistas a definir, como plan de acción,
educativa una vez finalizado. Impli- alianzas, coordinaciones y espacios de
caba la cooperación entre organi- trabajo conjunto en un plan de dinamiza-
zaciones. ción comunitaria.

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Joel Martí • Carlos Lozares

Primer caso de estudio Segundo caso de estudios (Cont.)


La relación entre Existe una separación entre el El proceso de investigación se sitúa
el conocimiento proceso de intervención (proyec- “dentro” de la intervención y, por tanto,
y los proyectos to comunitario) y el proceso de introduce cambios en el desarrollo de la
sociales investigación (estudio de dicho acción a medida que se estudia.
proyecto).
Las formas de Se estudian las relaciones fácticas Se estudian las representación o dimen-
CS analizado de colaboración entre organizacio- sión cognitiva del mapa de relaciones
nes. La pregunta del investigador entre las entidades. La pregunta que se
es ¿cuál es la red organizativa o CS hacen las organizaciones es, ¿cómo perci-
resultante del proyecto realizado? ben sus relaciones?
Los contextos Se trata de una gran ciudad como Se trata de un barrio de la periferia
estudiados: en Barcelona y un gran volumen metropolitana de poco más de 10.000
ambos casos se asociativo. Las entidades y organi- habitantes y con un volumen reducido de
trata de redes zaciones que han participado en el entidades. Por ello es posible una mayor
organizativas “Proyecto Educativo de Ciudad” proximidad a dicho universo.
locales son 298 organizaciones.
La estrategia Análisis distante con una clara Se trata de una investigación-acción en la
metodológica de distinción entre el objeto de estudio que los participantes son co-generadores
relación entre (las red de relaciones entre organi- de conocimiento y sujetos de cambio de
investigador y zaciones) y el sujeto investigador. su entorno relacional (Rodríguez Villa-
participantes sante, 1998).
La estrategia Aproximación cuantitativa basa- Orientación basada en entrevistas y sesio-
metodológica da en la medición de relaciones nes de trabajo con las entidades partici-
seguida con mediante cuestionario sociométrico pantes en el proyecto y en una estancia
relación a los y su posterior análisis mediante el intensiva en el terreno; supone una óptica
métodos álgebra del ARS. comprensiva y cognitiva.
El diseño de La población se define a priori (orga- La población se identifica según va
análisis en la nizaciones que han participado en avanzando el trabajo de campo pues se
definición de la el proyecto); es decir, se trata de una ‘observa todo lo que se relaciona’.Es una
población estrategia nominalista en el ARS. estrategia realista.
El diseño de la Son interrogadas todas las organi- Se establecen vínculos entre unidades de
selección de las zaciones de la población sobre sus la población por las percepciones que
unidades vínculos mutuos. tienen las unidades seleccionadas por
muestreo teórico.
El diseño de los Protocolo cerrado (cuestionario so- Entrevistas semidirigidas, observación y
instrumentos ciométrico) por correo electrónico a participación
de recogida de las organizaciones estudiadas.
información.
El diseño de los El ARS; en concreto, de los: indi- Representación simbólica de las rela-
instrumentos de cadores de centralidades y grupos ciones en forma de sociograma y su
análisis. cohesivos. discusión en sesiones de trabajo.

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Redes Organizativas Locales y Capital Social: Enfoques Complementarios Desde El Análisis...

2.1. El caso del Proyecto Educativo de Ciudad en Barcelona.

Contexto y planteamiento del caso


El Proyecto Educativo de Ciudad de Barcelona (PEC en adelante) es un programa
impulsado por el Ayuntamiento de este municipio con el objetivo de codefinir subpro-
yectos de naturaleza educativa de muy diverso tipo por las entidades participantes dentro
del PEC y de llevarlos a cabo por medio de las acciones coordinadas de las entidades o
asociaciones que los han definido y diseñado.
El programa se inició en el año 2004, y, en 2006 se realizó una evaluación de su de-
sarrollo en la que se incluye el análisis del que este apartado representa una parte. Más
concretamente, en el análisis que aquí se presenta se busca, primero, mostrar la importancia o
prominencia de las entidades o grupos de entidades en la colaboración según los indicadores
globales del ARS; segundo, identificar y caracterizar, desde el punto de vista reticular, los
grupos temáticos de entidades según la función o naturaleza de las entidades, por ejemplo
de escuelas o centros educativos, empresas, asociaciones de vecinos, etc.; tercero, identificar
y caracterizar los grupos específicos que se generan en su interior de la red por razones
exclusivamente relacionales; cuarto, contrastar la clasificación de los grupos temáticos de
entidades con los que se originan por criterios relacionales.
En el caso estudiado, la red de entidades genera una nueva realidad, el CS, que proviene
de los intercambios (interacciones o acción) entre ellas por razones de colaboración, como
una práctica de soporte o ayuda mutuo, esto es, por una relación de tipo fáctico. Este
capital pasa a ser un nuevo recurso educativo distribuido y a la merced de las entidades y
de sus agrupaciones. Además, este recurso es particularmente benéfico pues proviene de
entidades de muy diversa naturaleza y función. Esta red posee, adicionalmente, una indu-
dable y marcada connotación política junto a la social, dada la vinculación que establece
entre la naturaleza pública y privada y entre los diferentes tipos de entidades. Dado que el
proyecto del PEC está en fase de replanteamiento, los resultados de este estudio permiten
una planificación más objetiva del nuevo PEC.

Diseño metodológico
Las entidades colaboradoras en el PEC son un total de 298. Tienen un mayor peso las
culturales (28%), los centros educativos (25%) y otros servicios de las administraciones
públicas (23%). Hay, por el contrario, una menor presencia de entidades de vecinos y de
familias (7%), de entidades de educación no formal (6%), medios de comunicación (6%)
y otras (5%).
A todas estas entidades se les envió un cuestionario por correo electrónico que, entre
otras, incluía la siguiente pregunta:
“Como sabéis, uno de los aspectos más relevante del PEC es la red de relaciones que se establecen y
las posibilidades de crear nuevas en el futuro. Por esto, nos gustaría saber con qué entidad has colaborado
dentro del PEC del 2004 al 2006”.
Después del refuerzo telefónico al cuestionario enviado por correo electrónico, de las
298 entidades colaboradoras se obtuvieron respuestas válidas de 227, el 76,17%. El peso
de estas entidades por áreas temáticas con resultados válidos es prácticamente el mismo
que el de la población. Los resultados fueron procesados con Ucinet y se sintetizan en el
siguiente subapartado.

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Los resultados
La endogamia relacional entre entidades del mismo grupo temático es manifiestamente
visible (Figura 1). Con todo, se dan también casos de relaciones mixtas.

Figura 1. La red del PEC según clasificación por entidades temáticas

Escuelas, institutos y otros centros de educación formal


Organizaciones de familias y vecinos
Asociaciones empresas de educación no formal
Asociaciones empresas culturales
Asociaciones y empresas de medios de comunicación
Asociaciones y empresas de otros sectores
Administraciones públicas
La Figura 2 nos muestra las diferentes mediciones de la centralidad: Grado Nodal, Proxi-
midad e Intermediación, que se describen a continuación (los símbolos indican el tipo de
entidades siguiendo la leyenda de la Figura 1).

Figura 2. Centralidades de entidades, según tipo


Grado Nodal Proximidad Intermediación
20 59,000 20 6,647 20 34,789
231 54,000 231 6,547 231 25,181
289 39,000 64 6,466 289 19,880
40 24,000 100 6,461 55 10,114
55 23,000 22 6,430 44 10,039
44 23,000 44 6,426 40 9,944
213 17,000 289 6,420 37 7,686
37 14,000 66 6,417 199 5,032
199 13,000 55 6,413 213 4,343
66 12,000 1 6,411 295 3,768

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El Grado Nodal de una entidad es el número de relaciones que tiene con otras enti-
dades. Entre las 10 primeras entidades con más relaciones dentro la red predominan,
claramente, el grupo de entidades de escuelas e institutos de enseñanza y otras entidades
de enseñanza no formal (6 entidades), seguido de las entidades empresariales de otros
sectores productivos (2 entidades) y de las entidades de empresas culturales (1 entidad) y
de la Administración pública (1 entidad). El análisis a partir del grado nodal nos da una
centralidad del conjunto de la red es de 24,89%. Es una centralidad relativamente baja,
es decir hay una relativa ausencia de jerarquía global y de una presencia de colaboración
general bien distribuida, (Figura 2).
El Grado de Proximidad de una entidad mide su capacidad de alcanzar vía directa o in-
termedia al resto de las entidades. Es un indicador que nos permite analizar su influencia
de colaboración más allá de sus vínculos directos. En este análisis también se ha tenido
sólo en cuenta los 10 primeros nodos o entidades con mayor proximidad dentro la red del
PEC. Según la clasificación de las entidades por áreas temáticas observamos que entre las
10 primeras entidades con mayor proximidad predominan claramente, como preceden-
temente, las escuelas e institutos de enseñanza (7 entidades). En un muy lejano segundo
término siguen las entidades empresariales de otros sectores productivos, las entidades de
educación no formal y de la administración pública (Figura 2).
El Grado de Intermediación de una entidad de la red mide el número relativo de los pares
de entidades de la red que necesitan pasar por la entidad en cuestión para conectarse
entre sí. En este análisis hemos cogido también las 10 primeras entidades con más grado
de intermediación dentro la red del PEC y los hemos comparado según la clasificación
por grupos de áreas temáticas. Podemos observar que entre las 10 primeras entidades
predominan de nuevo las escuelas e institutos de enseñanza, (5 entidades). En segundo
término encontramos las entidades de empresas culturales y las Administraciones Públicas
(2 entidades cada tipo) y las entidades empresariales otros sectores productivos (1 entidad).
La centralidad global de la red es de 34%. La red no está excesivamente concentrada en
torno a nodos con un peso significativo de intermediación (Figura 2).
Con el análisis por puntos de corte (Figura 3) se adivina la importancia que tienen en
toda la red las entidades que cumplen esta característica ya que su ausencia la deja sin
comunicación completa. Se da una mayor presencia en dichos punto de corte en le grupo
de entidades de institutos y escuelas de enseñanza (el 4% superior a su presencia en la
población) y de entidades, empresas y asociaciones de educación no formal (en un 3%).
Hay una presencia menor a su representación poblacional (en un 7%) de entidades de la
Administración pública.

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Figura 3. Puntos de corte

Un segundo nivel de análisis se ha realizado agregando las entidades en función de sus


áreas temáticas. Una vez agregadas, se han analizado las relaciones entre estos grupos.
La Figura 4 muestra la matriz sociométrica en este caso en el que los nodos son grupos
de entidades definidas temáticamente. Esta Figura 4 indica el número de relaciones que
cara grupo mantiene, de salida o entrada, con los otros grupos, representándose en la
diagonal principal las relaciones entre las entidades que forman cada grupo. Los grupos
de entidades con más relaciones absolutas internas entre sus entidades son, por este orden,
las entidades de escuelas e institutos de enseñanza, las entidades de la Administración
pública y las entidades de empresas o Asociaciones culturales. Los grupos de entidades
con mayor número de relaciones de salida, y por este orden, son de nuevo las entidades de
escuelas e institutos de enseñanza, las entidades empresas de otros sectores productivos
y las entidades de comunicación.

Figura 4. Relaciones entre grupos de entidades


A B C D E F G
A. Escuelas, institutos y otros 44 15 15 54 12 0 38
centros de educación formal
B. Organizaciones de familias y 0 1 6 0 0 0 5
vecinos
C. Asociaciones empresas de educa- 0 0 5 4 7 0 0
ción no formal
D. Asociaciones empresas culturales 9 4 2 17 0 0 9
E. Asociaciones y empresas de 16 2 5 2 3 0 0
medios de comunicación
F. Asociaciones y empresas de otros 42 0 8 4 0 0 0
sectores
G. Administraciones públicas 3 0 2 12 0 3 38

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Pero a su vez, la matriz de la Figura 4 que corresponde a las relaciones entre grupos
de entidades puede tratarse como una matriz de un nuevo análisis de redes. Algunos de
sus resultados (Figura 5) son los siguientes.
Los grupos de entidades con mayor grado nodal de entrada (Figuras 5) son, y por este
orden, las entidades, asociaciones o empresas culturales y las escuelas e institutos de
enseñanza y las administraciones de carácter público, y, de salida, las escuelas e institutos
de enseñanza. En cualquiera caso las entidades de escuelas e institutos de enseñanza juegan un rol
importante en el Grado nodal, tanto en las relaciones de colaboración interna, como en sus relaciones de
estrada o de salida con respecto a otros grupos.
El indicador de Lejanía (Figura 5) mide el la ‘distancia’ de un nodo para alcanzar al
conjunto de los otros si es de salida, y de ser alcanzado por los otros, si es lejanía de
entrada. Desde este punto de vista tendrán más capital relacional los que tengan menor
valor en dicho indicador (cercanía o proximidad) ya que entonces con menos pasos alcan-
za al resto. En consecuencia, si observamos lejanía de salida las escuelas e institutos de
enseñanza y las entidades, asociaciones y empresas culturales junto a las entidades de la
Administración pública son las que con mayor ‘facilidad’ alcanzan al resto. Por la lejanía
de entrada, las entidades educativas de enseñanza no reglada y las de asociaciones y em-
presas culturales, seguidas por las escuelas o institutos de enseñanza son las más ‘fáciles’
de ser alcanzadas por el resto. Significa globalmente que el grupo de entidades, escuelas e institutos
de enseñanza se encuentran también entre las entidades que con más proximidad llegan a todos los otros
grupos y son alcanzados por ellos.
Si se considera la centralidad de Intermediación (Figura 5), las Administraciones públicas, las
entidades de empresas de tipo cultural y medios de comunicación y las escuelas, institutos y otros centros
de educación formal son los que mayor poder de intermediación poseen.

Figura 5. Centralidades de grupos de entidades


G. G.
Lejanía Lejanía Inter-
Nodal Nodal
Entrada Salida mediación
Salida Entrada
Escuelas, institutos y otros
134,00 70,00 8,00 7,00 3,67
centros de educación formal
Organizaciones de familias
11,00 21,00 9,00 10,00 0,67
y vecinos
Asociaciones empresas de
11,00 38,00 6,00 11,00 3,00
educación no formal
Asociaciones empresas
24,00 76,00 7,00 8,00 5,17
culturales
Asociaciones y empresas de
25,00 19,00 10,00 9,00 1,00
medios de comunicación
Asociaciones y empresas de
54,00 3,00 13,00 9,00 0,00
otros sectores
Administraciones públicas 20,00 52,00 9,00 8,00 6,50

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Resumen
El análisis permite mostrar, considerando la red en su totalidad y el conjunto de me-
didas de centralidad nodal, proximidad e intermediación que el grupo de entidades de las
escuelas e institutos de enseñanza y otras instituciones de educación y de la administración
juegan una función clave como centros de concentración de relaciones. Algo similar sucede
cuando examinamos las red no de las entidades individualmente sino de los grupos de
entidades temáticas como nodo de la red.
Las escuelas e institutos de enseñanza conectan bien sus centro propios y, en todo caso,
mucho mejor que lo que suceden en cualquier otro grupo de entidades; segundo, que las
centralidades de grado, proximidad e intermediación de este grupo, considerado como un
solo nodo son los más elevados con respecto a los de otros grupos de entidades; y, tercero,
estas entidades manifiestan un buen grado de equilibrio entre las relaciones internas o intra
al grupo y las inter o relaciones con otros grupos de entidades.

2.2. Propuesta de desarrollo comunitario en un barrio del área metropo-
litana de Barcelona
Contexto y planteamiento del caso
El caso que presentamos en este apartado corresponde a un barrio del área metro-
politana de Barcelona, creado a finales de los años sesenta para erradicar núcleos de
barraquismo, y que históricamente ha sufrido un déficit importante de servicios y equi-
pamientos. La población actual se estima entorno a los 12.000 habitantes y entre ella se
encuentran colectivos especialmente débiles en cuanto a su acceso al mercado laboral y
a recursos culturales y sociales, reflejándose en una incidencia importante de situaciones
de exclusión social.
En el año 2001 se realizó un trabajo de forma conjunta entre una plataforma vecinal
existente en el barrio y un consorcio público formado por distintas administraciones
implicadas (dos ayuntamientos, Diputación de Barcelona y Generalitat de Catalunya).1 El
objetivo de este trabajo era el de elaborar una propuesta de dinamización comunitaria que
integrara las entidades de la zona, servicios públicos y administraciones. Para el diseño
organizativo de esta propuesta se partió de un diagnóstico previo que, entre otros aspec-
tos, ‘mapeaba’ los distintos recursos del territorio y las proximidades existentes entre los
mismos, con vistas a explorar posibles alianzas y coordinaciones.
El mapa de actores refleja, en este sentido, el capital social tal como es percibido por
los propios agentes, y constituye el punto de partida desde el que estos pueden definir
estrategias de relaciones con los otros.

Diseño metodológico
Tratándose, en este caso, de una aplicación menos ortodoxa y habitual de los métodos
de análisis de redes, vamos a fundamentar previamente el diseño metodológico seguido.
En las metodologías participativas aplicadas al desarrollo local y comunitario, el
“mapeo” de actores se muestra fecundo para estudiar las redes existentes y definir, con
los grupos interesados en diseñar políticas locales, estrategias colectivas que faciliten la
gestión de los conflictos existentes y la consecución de objetivos compartidos (Garrido,

1
Trabajo realizado por Ó. Rebollo, A. Céspedes y J. Martí. Departamento de Sociología, UAB. 2001.

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2001; Rodríguez Villasante y Martín, 2006). Se trata de diseños metodológicos en los que
esta dimensión analítica es inseparable de la procesual: al abrir espacios de encuentro y
reflexión sobre los objetivos de trabajo y sobre las propias redes de actores con los mismos
sujetos, las representaciones y las prácticas se reconstruyen constantemente, modificando
sus posiciones en la red y la estructura en su conjunto.
El análisis de redes persigue, desde esta aproximación, tres objetivos. En primer lugar,
identificar los diferentes actores, entornos y sectores sociales presentes en la comunidad local y las dinámicas
relacionales existentes (redes de cooperación e influencia, conflictos y puntos de bloqueo,
posiciones más centrales y más intermediadoras, situaciones de exclusión, posiciones de
equivalencia, etc.). En segundo lugar, y más allá del objetivo puramente descriptivo, abrir
un proceso de reflexión sobre las redes locales con los mismos actores. Desde este planteamiento, no
se trata sólo de obtener una “fotografía” de la comunidad, sino un “espejo” en el que
cada cual se visualice en relación con los otros; la red social se construye discursivamente,
puesto que es a partir de esta construcción que los actores desarrollan sus interacciones
cotidianas. En tercer lugar, se persigue definir estrategias relacionales (a partir de la reflexión
sobre “cómo nos podríamos relacionar” para abordar los objetivos deseados).
En el caso presentado, el primer nivel de análisis de abordó mediante entrevistas semi-
dirigidas a las principales asociaciones y servicios públicos, así como a cargos responsables
de las administraciones públicas, realizándose un total de 18 entrevistas. Estas entrevistas
incluían, entre otras, preguntas sobre relaciones existentes y proximidades con otras orga-
nizaciones y recursos del barrio. Con los resultados de estas entrevistas se realizó un grafo
en el que se proyectaba el mapa de organizaciones percibido por los entrevistados, y que
fue devuelto para su discusión en sesiones de trabajo con la plataforma vecinal, por un
lado, y el consorcio público, por otro. Ello permitió abordar el segundo y tercer nivel.

Los resultados
El sociograma presentado en la Figura 6 muestra los siguientes niveles de actores:
• Las cuatro administraciones públicas directamente implicadas en el barrio e impulsoras
del consorcio público como ente de gestión.
• Los servicios públicos que intervienen en el barrio: los centros educativos, centros de
salud, servicios sociales, etc., dependientes de las administraciones.
• Las entidades prestadoras de servicios: empresas, asociaciones profesionalizadas,
etc.
• Las asociaciones ciudadanas: vecinales, culturales, deportivas, etc.
• Finalmente, se incluyó también como parte del sociograma una tipología de la población
del barrio, construida a partir de los discursos de las entrevistas, y que se consideró
de utilidad para reflexionar sobre aquellos sectores con los que se relacionaban las
organizaciones del barrio. En las entrevistas se distinguían tres grandes segmentos,
entendiendo que las personas pueden pasar, en distintos momentos y etapas vitales,
de uno a otro:
• Sectores integrados en los distintos niveles de actividades delictivas.
• Sectores “normalizados” (sic), refiriéndose a aquellos perfiles más integrados en el
mercado laboral y menos próximos a dinámicas de exclusión social.
• Entre los dos sectores anteriores, se definían situaciones muy diversas de exclusión
y/o de riesgo social.

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La proyección de los actores y vínculos en el sociograma se realiza de forma simbólica,


en forma de mapa mental/conceptual. En este sentido, refleja las representaciones que los
actores entrevistados tienen de la red (en especial, de aquellos con los que se trabajó más
intensamente en la discusión de los resultados: los miembros de la plataforma vecinal). Este
tipo de representación permite, también, expresar (en cursiva en la Figura 6) determinadas
dinámicas relacionales de forma cualitativa.

Figura 6. Mapa de actores

CONSORCIO

Interlocución

. PLATAFORMA

COORDI-
NADORA ENTIDADES
ENTIDADES
DEPORTIVAS
AV COMERCIANTES

JUNTAS
ESCALERAS

•No identificiación

Sectores •Fuga / emigración


integrados en Tendencia de las intervenciones sociales
dinámicas a concentrar esfuerzos
delictivas hacia un sólo sector de población Sectores
“normalizados”
Sectores excluidos / en
riesgo

LEYENDA
Grupos
Entidades prestadoras Sectores de
Administraciones cohesivos
de servicios población *
Servicios públicos
Asoc. ciudadanas * Tipos construidos a partir de
los discursos de las entrevistas

Del diagnóstico realizado destacamos los siguientes puntos con relación a la interpre-
tación del sociograma.
Se observa la fuerte centralidad que juega en la red la Plataforma. No solo por su volumen y
por el peso de algunas de las organizaciones que la forman (agrupa asociaciones ciudadanas,
entidades prestadoras de servicios y también profesionales de los servicios públicos del
barrio), sino también porque es el principal interlocutor de las administraciones por parte
vecinal (con relaciones no exentas de conflicto) y su papel de puente con otros conjuntos
cohesivos como la Coordinadora (una federación de entidades, algunas de las cuales forman
parte también de la Plataforma). Sin embargo, se plantea que la copresencia de servicios y
asociaciones en un mismo espacio provoca indefinición sobre sus objetivos, y dificulta la
diferenciación de debates vecinales de los propiamente técnicos.
También forma parte de esta plataforma la Asociación de Vecinos (AV en la Figura 6) cuyo
liderazgo histórico y base asociativa se ha debilitado en los últimos años. Sin embargo, la
AV desarrolla un proyecto para la dinamización de juntas de escaleras de vecinos, lo que
sitúa a esta entidad con una alta capacidad de intermediación en tanto que ejerce de puente
entre vecinos del barrio y el tejido asociativo local.
Más allá de la plataforma vecinal y de la coordinadora de entidades se identifican otros
entornos asociativos, algunos de ellos aglutinando un volumen importante de población
(como las entidades deportivas). Sin embargo, estas entidades parecen estar aisladas con
respecto al conjunto de la red (son otros componentes, en lenguaje de ARS).
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Se considera que, mayoritariamente, los esfuerzos de intervención social de entidades


y determinados servicios se concentran en lo que se define como sectores excluidos o en
riesgo de exclusión, lo que produce efectos perversos (picaresca en unos casos, dependencia
institucional en otros y recelo y frustración entre los sectores etiquetados como más
“normalizados” –que se sienten marginados en el acceso a los recursos).
La situación de degradación y conflicto que se vive en la zona provoca falta de identificación
de ciertos sectores con el barrio y fugas: una parte importante de la población no está a
gusto en el barrio y suele “hacer vida” en otras zonas (compras, paseos, matriculación en
centros educativos, etc.). En cuanto puede, se va a vivir a otro barrio.

La propuesta de trabajo
La devolución de estos resultados y su debate con los actores permite articular la re-
flexión sustantiva (sobre el diagnóstico de la problemática tratada y sobre la definición de
líneas de acción para dar respuestas a la misma) con la reflexión procesual (sobre cómo
las organizaciones locales se organizan para ello) y, por lo tanto, definir el “sociograma
proyectado”, es decir, la propuesta organizativa de desarrollo comunitario. Algunos aspec-
tos de esta propuesta son intraorganizativos (cambios proyectados en el interior de cada
organización para facilitar la cooperación con otras) y no se detallarán aquí; otros apuntan
a la modificación de determinadas dinámicas relacionales y se sintetizan seguidamente:
En el nivel técnico, creación de un espacio de trabajo conjunto (Comité Técnico) para la
coordinación de los servicios públicos estables (centros educativos, servicios sociales, etc.), con
la potencial implicación de recursos técnicos no estables (entidades prestadoras de servicios,
etc.). En este sentido, se fomentan vínculos entre actores estructuralmente semejantes.
Consolidación de la plataforma vecinal como espacio de trabajo conjunto del tejido
ciudadano, fomentando su apertura a otros entornos asociativos con peso en el barrio y en
contacto con otros sectores (asociaciones deportivas, de comerciantes, etc.), que permitan
coordinar proyectos y actividades dirigidas a sectores más diversos de población.
Atribución de un papel estratégico al programa de dinamización de escaleras desa-
rrollado por la Asociación de Vecinos, como puente entre la ciudadanía organizada y no
organizada mediante el proyecto de dinamización de juntas de escaleras.
Constitución de una Comisión de Seguimiento, entendida como un espacio extensivo de
información, participación y evaluación de las intervenciones en el barrio, punto de en-
cuentro entre el tejido asociativo y los servicios y administraciones de la zona.

Figura 7. Sociograma proyectado (propuesta organizativa) *


(nivel político, técnico, ciudadano)

CONSORCIO
COMISIÓN DE SEGUIMIENTO
INFORMACIÓN, PARTICIPACIÓN Y EVALUACIÓN

COMITÉ TÉCNICO.
COORDINACIÓN SERVICIOS ESTABLES INTERLOCUCIÓN
ENTIDADES
COMERCIANTES
PLATAFORMA ENTIDADES
DEPORTIVAS
COORDI-
NADORA AS
AV OTR OS
ON P
N C GRU
ACIÓ S Y
REL IDADE
ENT
PUENTE AV/JUNTAS/VECINOS-AS

JUNTAS
ESCALERAS

* Por simplicidad expositiva, esta figura incluye únicamente aspectos parciales de la propuesta organizativa.

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3. Conclusiones
En este texto hemos realizado una aproximación teórica al CS en las organizaciones
locales y, en particular, hemos argumentado como su dimensión reticular puede tratarse
mediante el Análisis de Redes Sociales, sea prestando atención a su componente fáctico
o representacional (cierto es que el segundo caso presentado permite igualmente identi-
ficar dinámicas fácticas de relación, pero poniendo el énfasis en la percepción del mapa
de actores que éstos tienen). Constatamos pues la posibilidad de considerar el análisis del
CS desde enfoques diferentes y la aproximación reticular desde dos perspectivas meto-
dológicas distintas, vinculadas a los objetivos de la investigación y/o a su utilidad social.
Con ello se muestra también como, frente a un uso más “ortodoxo” del ARS, en el que
se emplean cuestionarios sociométricos u otras formas de medición orientadas a la cuan-
tificación de las relaciones y a la construcción de sociomatrices para su posterior análisis,
otras formas de observación de los vínculos, más interpretativas, centran su atención en
la red como construcción discursiva en la que se proyectan las representaciones de los
distintos actores.
Nuestro objetivo no ha consistido en extraer consecuencias sustantivas, aunque las
hemos expuesto para dar cuenta de lo fructífero del método seguido en los dos casos,
sino en mostrar cómo, a partir de una exposición equilibrada, en ambos casos de estudio,
de objetivos, métodos empleados y conclusiones, es posible la aplicación eficaz del ARS
en diferentes situaciones y con distintos propósitos.
Por otro lado, y situándose en epistemologías distintas, cada uno de los diseños re-
querirá sus propias formas de validación. En análisis formal de redes sociales, la validez,
la fiabilidad y el error de medida, así como la exactitud de los informantes (“accuracy of
self-report”) han sido señalados como criterios a considerar (Marsden 1990; Wasserman
y Faust 1994: 56). Un análisis realizado mediante técnicas cualitativas y participativas en el
marco de un diseño de investigación-acción, como el segundo caso presentado, requerirá la
consideración de criterios adecuados a esta aproximación, como los definidos por Anderson
y otros (1994): validez dialógica, democrática, catalítica, de resultado y de proceso.

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Maurice Lévesque • Marie Robert

REDES SOCIALES JUVENILES:


SU INFLUENCIA EN LOS
COMPORTAMIENTOS DE FUGA

YOUTH’S SOCIAL NETWORKS:


INFLUENCE ON THEIR RUNNING
AWAY BEHAVIOURS
Maurice Lévesque Ph. D.
Marie Robert Ph. D.
University of Ottawa
mlevesqu@uottawa.ca
University of Quebec-Outaouais
marie.robert@uqo.ca

Recibido: 10/12/07; Aceptado: 23/3/08

Resumen
La mayor parte de las investigaciones que se interesan en el estudio de los adolescentes
de la calle, están orientadas a dos tipos de preocupaciones : la identificación de circunstancias
que condujeron a los jóvenes ‘a la calle’ y la observación de condiciones de vida de dicha
situación. Si bien el examen de factores de tipo familiar y personal ha contribuido mucho
a la comprensión del fenómeno de la fuga, el papel de las redes sociales, ha sido explorado
menos. Este artículo tiene como objetivo determinar si algunas características estructura-
les de las redes sociales, en las que participan los jóvenes en dificultad, pueden tener una
influencia significativa sobre el comportamiento de fuga. Los análisis demuestran que los
factores que contribuyen a la fuga no proceden exclusivamente de situaciones adversas,
sobre las cuales los jóvenes no tienen mayor control, sino que también son producto de
dinámicas sociales en las que ellos participan. Nuestros resultados identifican varias carac-
terísticas de las redes sociales que son asociadas con la fuga, particularmente el nivel de
diversidad y la presencia de adultos significativos en las redes. Dichos resultados pueden ser
interpretados de dos modos : un enfoque psicosocial pone énfasis en la influencia de la red
sobre el comportamiento de los jóvenes y un enfoque estructural concibe las redes sociales
como un depósito de recursos, accesibles y útiles para aquellos que se fugan, pudiendo así
modificar la experiencia de la fuga.

Abstract
Most research on homeless adolescents focuses on two areas: the circumstances that
lead the adolescent to life on the street and the living conditions on the street that confront
the adolescent. While the study of personal and family issues has greatly clarified the phe-
nomenon of the adolescent runaway, the influence of the social network has been given
much less attention. This study will try to determine whether the structural characteristics

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [41-60], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Youth’s Social Networks: Influence On Their Running Away Behaviours

of the troubled adolescent’s social networks significantly influence the decision to runaway.
Our analysis reveals that certain characteristics of the network do indeed influence flight
behavior. The article shows that the factors contributing to flight derive not just from adver-
sarial situations over which adolescents have little control, but are, rather, also the result of
social dynamics in which they freely participate. Our analysis also shows that some factors
related to the composition of social networks, specifically the degree of internal diversity
and the presence within them of adults significant to the adolescent, are factors associated
with flight. This result can be interpreted using two different approaches to the social net-
work: a psycho-social approach that emphasizes the network’s influence on the adolescent’s
behavior and a sociological approach that sees the network as a resource whose availability
and utility to the runaway can modify the nature of the flight experience.

Palabras clave: Redes sociales, Capital social, Fuga, Jóvenes de la calle, Adolescente
Keywords: Social Networks, Social Capital, Runaway, Homeless, Teenager

Introduction
Most research related to adolescent runaways focuses on two concerns. The first aims
at identifying what in the adolescent’s past might have contributed to becoming homeless-
specifically, the situations, events, or contexts that qualify as potential “risk factors” of
homelessness (Wolfe et al., 1999; Whitbeck et al., 1997; Powers and Jaklitsch, 1993). The
second concern is with the observation of the actual conditions of life on the street, with
emphasis on the difficulties and risks that confront the homeless adolescent (McCarthy
and Hagan, 1992; Whitbeck et al., 2000). These difficulties and dangers often include
health risks or threats to physical well-being: infectious diseases, suicide, violence; or the
adoption of undesirable behaviors such as criminality and drug abuse. In contrast, the
research presented here tries to understand how the social network of adolescents troubled
by family and personal issues may influence the adolescent’s propensity to flee. While the
examination of personal and family problems has shed much light on the phenomenon
of the runaway, the role of the social network has been explored to a much lesser degree.
Our study aims to examine adolescent flight in relation to social networks by focusing on
the experiences of a group of adolescent runaways troubled by personal and family issues
over a period of two years. In order to better understand the role of the social network and
with a view towards prevention of the behavior, we will consider factors already known to
contribute to the phenomenon. The literature suggests that in order to better understand
why some adolescents flee, we should consider not just factors operative before the flight
decision but also factors associated with life in the street.
This article aims to identify whether some structural characteristics of the social
networks that troubled adolescents may be involved with can significantly influence the
propensity to flee. The analysis takes into account other aspects seen as influencing the
behavior of adolescent runaways (risk factors). The study focuses on three groups of
adolescents under the care of the Youth Centres of Quebec: the first group never ran
away; the second ran away for a certain time but then stopped and the third group can be

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [41-60], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Maurice Lévesque • Marie Robert

considered as recidivist since the members of the group persisted in runaway behavior
throughout the period of observation1.

The risk factors


One of the most important areas in the study of adolescent homelessness is the
nature of the factors that drive the adolescent to flight. Two of the most important of
these factors are the adolescent’s family situation and the adolescent’s own behavioral
problems (Robert, Pauzé and Fournier, 2005; Robert, Fournier and Pauzé, 2004). The
families of homeless adolescents seem to be more marked by intra-family conflicts than
those of non-homeless adolescents. This results in a lack of care, emotional support, and
affection between family members (Wolfe, Toro and McCaskill, 1999; Whitbeck, Hoyt and
Yoder 1999). Parenting practices also seem to be deficient in terms of the support and
supervision provided (Whitbeck, Hoyt and Ackley, 1997; Schweitzer and Hier, 1994). As
well, it appears that a higher percentage of homeless adolescents have suffered negative
experiences during childhood, including separation from parents, new family configura-
tions, and placement in foster homes (Craig and Hodson, 1998; Kufeldt and Nimmo, 1987.
Research consistently shows a high rate of abuse among those adolescents (Wolfe, Toro
and McCaskill, 1999; Janus et al., 1995; Whitbeck and Simons, 1990; Powers, Eckenrode
and Jaklitsch, 1990). Most scientific studies have also underlined the high degree of drug
abuse and behavioral problems among homeless adolescents before they adopted running
away and itinerant behaviours. A final element that should be mentioned is the manner
in which adolescents relate to other relevant social spheres, especially the school and peer
groups. The homeless adolescents have often suffered repeated academic failure and have
been suspended or expelled from school (Caputo et al., 1994 ; Powers and Jaklitsch, 1993).
Those adolescents subject to repeated episodes of homelessness are as a group most likely
to abandon education and become embedded in the sub-culture of the street (Smart et
al., 1994 ; Caputo et al., 1994). According to the literature, they suffer some problems
establishing stable bonds with peer groups within the school environment as well as in
their immediate social spheres (Simons and Whitbeck, 1991). Associated with a deficient
family environment, which deprives them of some forms of social support provided by
adults, this difficulty forming bonds leads them to connect with peers of similar age and
situation (Bao, Whitbeck and Hoyt 2000). In other respects, the experience of having
been homeless also exacerbates pre-existing risk factors such as drug-taking and criminal
behavior (Hoyt and Bao, 2000; Bao, Whitbeck and Hoyt, 2000).

1
Centres jeunesse are public establishments in each region of Québec (Canada) in charge of providing
specialized help to young people and their families experiencing major difficulties, and to young mothers who
have severe problems adapting. More specifically, these public organizations are responsible for enforcing three
laws that aim to protect youth against abuse (physical and sexual) and negligence. They also intervene with
minors who have carried out criminal acts, or who have difficulties or behaviour troubles such as delinquency,
running away, suicide threats, etc. The young people targeted by this research project are in the last category.
Centres jeunesse may offer this help following young peoples’ or their parents’ request. This help is made up of
several different types of interventions, including rehabilitation or psychosocial intervention. The young people
the Centres jeunesse take on may continue to live in their environment or may be housed in a more protected
setting, according to the evaluation of their situation and their needs.

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [41-60], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Youth’s Social Networks: Influence On Their Running Away Behaviours

Social networks
The existing literature on homeless adolescents has not carefully examined the support
provided by the adolescent’s social network. In a study by Ennet, Bailey and Ferderman
(1999), one quarter of the participants were unable to identify a single person with whom
they shared some activities or spent time with. These adolescents displayed more high-
risk behaviors than others-including drug use and multiple sexual partners. The study also
showed that some of the homeless adolescents maintained contact with their families.
Surprisingly, it seems that maintaining family contacts while living on the street does not
reduce the most common types of its associated high-risk behaviors (particularly the
consumption of drugs and alcohol). These results are partly confirmed by the work of
Unger (1998) and his colleagues, which emphasizes that the presence of social support for
the homeless adolescent has no effect on high risk behavior (particularly the consumption
of drugs). These two studies suggest that the social networks of the homeless adolescent
have an ambiguous role in relation to the survival strategies they develop. For example,
the support given by the social network of homeless youths contributes to their emotional
well-being (Unger et al., 1998), but does not appear to actually solve any of the problems
that he or she is confronted with (Hagen and McCarthy, 1998).
The precise effects of the social networks on the behaviors of these adolescents are
difficult to grasp because the networks are usually heterogenous-consisting of people from
different social groups (Snijders and Baerveldt, 2003; Haynie, 2002; Engels and ter Bogt,
2001; Barone et al., 1998). This fact leads to the conclusion that the heterogeneity of the
adolescent’s social network can produce multiple, contradictory influences with regard to
behaviors (resulting in encouragement or discouragement of high-risk behavior). However,
in the case of delinquent behaviors, a significant number of criminological studies have
shown that adolescents who adopt this type of behavior are more likely to have delinquent
peers within their network (Haynie, 2001).
The authors who postulate heterogeneity in the social networks of adolescents thus
suggest two inherent limitations in the criminological studies that emphasize the influence
of the social network: one concerns the methological approach and the other focuses
on the very idea of a social network. In terms of the methodology, because the studies
often examine the effects of the social network only at discrete points in time, we cannot
be certain of the role the network has over the long term, nor of its role in facilitating
or inhibiting flight behavior. On the conceptual level, in these studies the idea of social
network pertains exclusively to the psycho-social influence that the members of the net-
work can exert on behavior patterns. In general, we conceive of the social network as a
medium for the transmission of models or norms that adolescents voluntarily adopt (a
selection mechanism by the members of the network) or under a comparative pressure
placed upon them in the expression of these models by the members of their network
(the socialization mechanism created by the members of the network).
However, there is a sociological approach in which the social network refers to some-
thing altogether different. Rather than accentuating social networks as norms and values
likely to influence behavior, we might think of social networks as pools of resources that
are available to those who participate (Montgomery, 1992; Lin, 1999). In particular, this
approach is based on empirical and conceptual work developed by Granovetter (1973),
who demonstrated the advantages for individuals participating in social networks with

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [41-60], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Maurice Lévesque • Marie Robert

certain characteristics, such as the presence of weak ties2. Using Granovetter’s hypothesis,
many works have picked up on, systematized and widened this concept to show that the
value of the resources that can be tapped through social networks depends on the array
of social status, these networks make accessible (Lin, 2001; Erikson, 2004). Since social
networks serve as a means to convey resources, the access they can give to high social status
potentially provides resources of higher value than the access to social status which have
resources of lesser value. (For instance, when looking for a job, contact with an employer
can be more beneficial than with the unemployed.) The ability to access these resources
(an ability that constitutes individuals’ social capital) is what allows individuals to imple-
ment actions that will help them achieve their various objectives.
In terms of runaways, we can presume that in addition to exercising a normative influ-
ence through the values and norms they convey, social networks also exercise an influence
through the resources they provide either to facilitate or discourage running away. These
resources can be physical (shelter, for example), informational (where to find shelter), or
any other type of support for a runaway (for example, offering solutions to problems or
difficult situations). We can, therefore, hypothesize that it will be easier for an adolescent
to decide to runaway or to persist in living as a runaway if he knows people who are able
to provide him with the means to do so.
Similarly, access to resources that keep youth from running away or from not running away
again can play an important role in whether young people fall into a life in the street or whether
they curtail the time they spend there. We might think of useful ressources for social integration
according to a predominant model, such as a job, references to helping organizations, etc.

The population studied


The general objective of this research is to examine the influence of social networks
on runaway adolescents in the context of their different experiences while taking into
account other factors also recognized as relevant. The research design was developed in
order to allow for a comparison between groups of adolescents who had adopted different
behaviors in relation to flight, thus allowing for the identification of those factors.
The studies are based on a comparison of the experiences of 246 runaway adolescents
under the care of four Quebec Youth Centres, in Montreal, Quebec City, the Eastern Town-
ships, and the North Shore3. The sample consists of 71% males ranging in ages between
12 and 18 years old with an average of 15.4 These adolescents were encountered on two
occasions. The first observation (T1) allowed for the collection of information regarding the
general situation of the adolescent and his family over the course of the year that preceded
the adolescent’s supervision by a youth centre. The second observation (T2) then targeted
the adolescent’s experiences of the first 12 months of supervision by the centre.

2
One can define weak ties as social bonds which have little emotional commitment, such as relationships
with work colleagues, acquaintances, etc. On the other hand, strong ties imply a significant emotional commitment
such as family, marital, or friendship bonds. This latter category generally connect individuals who are in the
same social groups whereas weak ties can connect individuals who have different social status, an employer and
employee, for example, (Lin. 1999).
3
The data derive from a longitudinal study directed by Professor Robert Pauzé of the University of
Sherbrooke. The sampling method is described in the research report conducted by him and his collaborators
(Pauzé et al., 2000).

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [41-60], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Youth’s Social Networks: Influence On Their Running Away Behaviours

In terms of the types of runaway behaviors, it is possible to identify three distinct groups
of adolescents. The first group consists of those that had never been runaways (63%). The
second group (16%) claimed to have already runaway at least once by the time of the first
meeting (T1), but to have not repeated the experience between the first meeting (T1), and
the second one (T2). For this group, the observations made at T2 therefore correspond to a
time when they had not adopted runaway behaviors. Finally, the members of the last group
had runaway at least once by the time of the first meeting and had done so again during the
second period of observation. This last group of recidivist runaways represented 21% of
the sample. The first instance of measurement (T1) relates to the adolescent’s situation of
the 12 months preceding the intervention of the youth centres, whereas the second instance
of measurement relates to the 12 months following the intervention.

The data
During the two meetings, two sets of information had been gathered in relation to these
adolescents. The first set relates to the behaviors and situations that have been identified
by much of the research as being related to the flight tendency (Wolfe et al., 1999; Whit-
beck et al., 1999; Janus et al., 1995; Whitbeck and Simons, 1990; Powers et al., 1990; Craig
and Hodson, 1998; Kufeldt and Nimmo, 1987). The second set tries to identify structural
characteristics of the social networks in which the adolescents find themselves.
On the behavioral level, three factors have been considered: academic performance, as
measured by the number of school years that had to be repeated, regular alcohol consump-
tion, and the use of hard drugs. The degrees of habitual drug use by adolescents were
identified using the Substance Abuse Severity Indicator (Pauzé et al. 2000), which is used
to derive descriptive information about the types of substances consumed, the frequency
of their consumption, the age of first consumption, etc. The family situation is evaluated
by means of three indicators. The first indicator relates to the family dynamic as defined
by the Family Assessement Device (Epstein et al., 1983). This instrument measures several
dimensions of the family dynamic (the resolution of problems, the ability to communicate,
the definition of roles, the expression of emotion, the investment of emotion, and the
control of behaviors). These dimensions suggest either a well-functioning family (where
there is mutual acceptance), or a dysfunctional family (where the relationships are marked
by much negative emotion). A rating equal to or greater than 2.17 indicates a dysfunctional
family dynamic. The second indicator identifies the presence of parental violence within
the family environment. The measurement is facilitated by the use of scales for both verbal
aggression: shouting, swearing, threatening, insulting, ridiculing, and physical aggression:
shaking, striking, throwing to the ground (see Conflict Tactics Scales, Straus, 1979). The higher
the rating, the more significant the level of violence. Generally, a rating equal to or greater
than 3 indicates the presence of physical or verbal violence directed at the adolescent.
Finally, we have considered the effects of any placement in a substitute environment that
may have occurred in the course of the adolescent’s life. With the exception of academic
performance and the substitute environment, all of the data related to these indicators was
collected during these two sets of interviews. In addition to observing the characteristics
of the family dynamic, information was also collected regarding the family structure (intact,

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Maurice Lévesque • Marie Robert

single-parent, reconstituted). Finally, information regarding the socio-professional status


and education levels of the parent was also gathered, but only at T14.
The second set of data consists of indicators that attempt to define the structure of the
adolescent’s social network. This data relates to the presence of people in the adolescent’s
social network who adopt certain behaviors: consuming drugs or alcohol, committing
crimes, quitting school. The objective here is to evaluate the degree to which the adoles-
cents are in contact with people displaying behaviors that can be associated with a certain
type of (social) marginality (Ennett et al., 1999). Another indicator measures the presence
of friends in the social network who are older than 18, this being an element reflecting
the influence of adults, an influence that can be positive or negative depending on the
nature of the relationship and the type of behavior displayed by the adult (Tavecchio et
al., 1999). A more global measurement of this same indicator is performed in considering
the total number of adults in the network-whether they are friends or not. Finally, there
are two indicators that target the network in its entirety, its size, being the total number
of people in the network, and its diversity. Its diversity is measured by the presence in the
network of people who are defined by seven different categories: the immediate family,
the extended family, companions from school or work, friends, companions from leisure
activities, teachers, and youth centre workers. The diversity index relates to the number of
categories represented in the network of the adolescent. The underlying assumption of
this measurement is that the more diversified the network, the greater will be the diversity
of resources available to the adolescent connected to that network (Degenne and Forsé,
1999; Lévesque and White, 2001). All the information relative to the network structure
has been gathered during the two collection sessions with the adolescents.

The results
Bivariate Analyses
Table 1 shows the descriptive data of all the indicators used in the analysis model as well
as the results derived from the bivariate analysis. On the level of behavioral characteristics,
the recidivist adolescent runaways are proportionately more numerous in having adopted
high-risk behaviors such as regular consumption of alcohol and hard drugs). Also, the regu-
lar consumption of alcohol remained stable during the two observations of the two other
groups of adolescents while it was clearly more widespread during the second observation
of the recidivist runaways. Pertaining to the use of hard drugs, it remains consistently high
(greater than 60%) during the observations of the recidivists, while it tends to diminish for
the other two groups during the second observation. In terms of the consumption of these
substances, the comparison between the two observations reveals a definite deterioration in
the situation for the recidivist runaways while for the other groups the situation seems to
improve. In terms of academic performance, within the three groups, a similar proportion
(43%) did not have to repeat a grade. But 17% of the recidivists had to repeat more than
two grades compared to only 10% of those who were runaways only at T1 and to only 2%
of those who had never been runaways. The trend is consistent: the number of school years
repeated is positively and significantly related to the profile of the runaway.

4
Hereafter, the term “parent” refers to the person considered by the adolescent to be the most significant
parental figure.

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Youth’s Social Networks: Influence On Their Running Away Behaviours

The results regarding the characteristics of family experiences are also as expected. More
than two-thirds of the recidivists have, in the past, been the object of an officially supervised
placement compared to 30% of those who had never fled. Similarly, compared with the
other adolescents, a greater proportion of recidivist runaways experience a dysfunctional
family dynamic as well as parental violence. These tendencies were apparent during the two
observations. However, the family dynamic appears to improve by the second observation
for almost all the groups, with the exception of non-runaways. This improvement in the
family situation by T2 is possibly attributable to the intervention of the youth centres.
The correlation between the family context and the flight behavior does not, however,
appear to be associated with the structural characteristics of the family. Hence, it appears
that the adolescents from single-parent, reconstituted, and intact families do not display
different patterns of flight behavior. In the same way, the level of education as well as
the professional status of the parent do not allow the identification of any significant
tendencies that can be associated with any of the groups. In fact, for this sample, the
negative family behaviors that were taken into account are not significantly related to
the socio-economic status of the parents. The only relationship that might be identified
pertains to the family dynamic, which is even more dysfunctional when the parent is not
working-but it is quite a weak relationship.

Table 1 : Behavioral characteristics, characteristics of situation, families and network


characteristics of adolescents.

Recidivist Runaways Never


N
runaways at T1 only ran away
% % %
Characteristics of behavior and situation
Consumption of alcohol T1 (regular) ** 46,2 30,0 23,2 230
Consumption of alcohol T2 (regular) **** 59,6 29,4 28,6 226
Consumption of hard drugs T1 (presence) *** 61,5 52,5 32,6 230
Consumption of hard drugs T2 (presence) **** 63,5 35,3 21,4 226
Number of academic years repeated T1 ** more than two 17,3 10,0 1,9 246
two 17,3 20,0 14,9
one 23,1 27,5 39,6
none 42,3 42,5 43,5
Placement of the child T1 (yes) **** 67,3 57,5 29,9 246
Family dynamic ado T1 (dysfunctional) **** 69,2 52,5 34,6 245
Family dynamic ado T2 (dysfunctional) ** 63,5 35,3 36,4 226
Parental violence T1 (significant level) **** 80,8 67,5 42,2 246

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Maurice Lévesque • Marie Robert

Recidivist Runaways Never


N (Cont.)
runaways at T1 only ran away
% % %
Parental violence T2 (significant level) **** 61,5 32,4 30,7 226
Family Characteristics
Type of family T1 single-parent 46,2 51,3 44,4 244
reconstituted 28,8 20,5 22,2
intact 25,0 28,2 33,3
Parent’s levelof education T1 university 14,6 11,8 15,0 162
CEGEP + university certif. 8,3 35,3 25,0
secondary 43,8 35,3 36,3
primary 33,3 17,6 23,8
Parent’s professional status T1 at home 10,4 14,7 3,8 162
on social assistance 25,0 17,6 21,3
actively looking for work 64,6 67,6 75,0
Characteristics of the social network
Presence of persons consuming drugs / alcohol T1 (yes) *** 76,9 70,0 49,4 246
Presence of persons consuming drugs / alcohol T2 (yes) 79,2 65,5 58,3 149
Presence of persons committing offences T1 (yes) * 44,2 35,0 24,7 246
Presence of persons committing offences T2 (yes) ** 33,3 10,3 9,7 149
Presence of friends older than 18 T1 (yes) 38,5 47,5 31,2 246
Presence of friends older than 18 T2 (yes) * 45,8 75,9 51,4 149
Presence of friends that have quit school T1 (yes) * 44,2 40,0 24,7 246
Presence of friends that have quit school T2 (yes) 52,1 58,6 36,1 149
Number of adults in the network T1 (average) 5,5 4,7 5,8 246
Number of adults in the network T2 (average) 6,8 6,6 6,7 246
Size of network T1 (average number of people) 11,0 11,0 11,6 246
Size of network T2 (average number of people) 10,7 9,8 10,3 246
Diversity of network T1 (average number of categories) 4,4 3,9 4,1 246
Diversity of network T2 (average number of categories) 4,0 4,3 4,3 246
* p < 0.05, ** p < 0.01, *** p < 0.001, **** p < 0.000

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Among the seven indicators of the network structural characteristics that were
measured during the two observations, only four presented significant differences, de-
pending on the groups of adolescents. Hence, the size of the network, its diversity, and
the number of adults within it do not differ significantly from one group to another.
On the contrary, in the first observation the proportion of adolescents whose social
network includes people displaying high-risk behaviors (regular consumption of alcohol,
hard drugs), committing crimes or quitting school is clearly higher for the recidivist
runaways than for the other groups. This means that from the inception, the recidivist
runaways’ social networks are characterized by attributes of deviency. The presence of
delinquent behaviors by members of the revidivist runaways’ social networks persists
at the second observation. The results also show that in the period of time between the
two observations, the composition of the adolescents’ social networks evolved appreci-
ably. A larger proportion of non-runaways socialize with people who regularly consume
drugs and alcohol at the second observation, whereas there is no marked change for
the other groups. At the second observation, in all three groups, the proportion of
adolescents socializing with persons that had committed offenses had collapsed. In
this area, the difference between the recidivists and the other groups has increased at
the second observation. Effectively, at this point, the proportion of recidivists con-
nected to people who have committed offenses is three times greater than observed in
other groups. The number of friends who had quit school was greater in the second
observation, which is explainable, at least in part, by the fact that one year “leaked out”
between the two points of observation and that some of the people could have quit or
completed school. This information does not necessarily indicate a change regarding
the composition of the network.
Finally, the proportion of adolescents who have friends older than 18 years in-
creases in all groups between the two observations. This evolution is probably linked
in part to the increase in age that occurred between the two observations. Never-
theless, this evolution is strongly associated with the flight behavior of one group
of adolescents. In effect, it is apparent that the presence of friends over the age of
18 years is a characteristic of the non-recidivist runaways’ network in the second
observation while it is not the case at the time of the first observation. Put another
way, the presence of friends who are older than 18 years appears to be significant
for the group of runaways at T1 only during a period in which these adolescents did
not run away. This fact supports the hypothesis of a possible positive effect of the
presence of older friends upon flight behavior. In effect, this presence seems to be
significant for those adolescents who have not been recidivist and it appears only
during a non-runaway period. This hypothesis is examined more thoroughly in the
multivariate analysis which follows
To summarize, the bivariate analysis highlights tendencies already mentioned, espe-
cially, on the one hand, the correlation between the propensity to flee and the adoption
of certain high-risk behaviors and on the other, the propensity to flee and the presence
of adverse family characteristics. They show that the behaviors of the adolescents in
our sample are not significantly different from those observed in many other studies
of adolescent runaways. These analyses tend to show that certain characteristics of the
social network are associated with flight behavior. Some questions, however, remain

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unanswered. For example, can the presence of drug-takers within the network be said
to have a specific influence if we take into account the fact that the adolescents already
take drugs? Also, does the presence of friends who have quit school have an influence
that is significant beyond its effect on the academic performance of the adolescent?
These investigations focus on the interactions that may exist between the behavior of
individuals and the characteristics of the networks in which they participate. For ex-
ample, the consumption of hard drugs could probably help to establish contacts with
other drugtakers (the selection effect) which might or might not exercise an influence
on the adolescent (the socialization effect). Thus, we are speaking here of the psycho-
social influence of the network upon behaviors. The interactions between members
of the network can be more complex and the influence of the latter ones can be felt
on several aspects of behavior. The multivariate analysis will allow us to appreciate the
many areas of influence that are exerted by the members of the social networks of the
adolescents that are part of our study.

The Multivariate Analyses


Table 2 shows the results of a multinomial logistic regression analysis that allows us
to simultaneously identify the influence of the list of factors presented earlier on the
propensity to become part of one of the three groups of adolescents. The group that
has never runaway forms the comparison group for the interpretation of the results. The
analyses allow for the identification of factors that contribute significantly in distinguish-
ing the adolescents in the two groups of runaways from those that have never displayed
the behavior. The results disclose tendencies very different from those identified by the
bivariate analysis.
To begin with, let us look at the influences affecting a group of runaways at the first
point of observation only (T1). When we simultaneously consider the range of factors,
only three appear to significantly influence the propensity to become part of the group of
runaways defined at T1 only (compared with the group of non-runaways) and therefore
to adopt a runaway behavior that does not persist over time. The fact of having been
subjected to an institutional or foster placement in the past is positively associated with
the propensity to runaway (or = 7.06). It may be recalled that for this group of adoles-
cents, these two events occurred before being taken into the care of the youth centres.
The available information does not enable us to establish the direction of causality linking
these two events. In effect, the placement can appear after the flight and become a con-
sequence of it, or the placement can act as the incident which provokes the flight. Even
if the direction of the relationship is not established, one fact remains - that compared
to the non-runaway group of adolescents, those that have been subjected to placement
have a greater chance of attempting to runaway. The two other factors associated with
the T1 runaways refer only to their social network.
The number of adults that are a part of the adolescents’ social networks defined at T1
has a slightly negative impact on the propensity to flee (or = 0.73). At the same time, the
presence of friends in the social network who are older than 18 years at T2 is positively
associated with being a runaway at T1 only (or = 8.17). It should be noted that while the
presence of adult friends is significant at T2, it is not at T1. We recall that for this group
of adolescents the situation at T2 corresponds to a period during which they were not

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Table 2 : Results of multinomial regression model.

Runaways T1 only 1 Recidivist runaways 1

B Odd Ratio B Odd Ratio


Intercept 7,9914 9,8545
Characteristics of behavior and situation
Age ‑0,5647 0,5685 ‑0,9764 0,3767
Sex (masculine) 0,6397 1,8959 ‑2,0522 0,1285
Consumption of alcohol T1 (rerular) 0,9409 2,5623 1,9491 7,0224
Consumption of alcohol T2 (regular) ‑0,9729 0,3780 2,0492 7,7620
Consumption of hard drugs T1 (present) ‑0,0990 0,9057 2,5232 * 12,4690
Consumption of hard drugs T2 (present) 0,1397 1,1499 0,1951 1,2154
Number of academic years repeated T1 more than two 2 2,3269 10,2458 5,3312 * 206,6901
two 2 ‑0,3137 0,7307 2,1793 8,8402
one  2
‑1,7232 0,1785 ‑0,6844 0,5044
Placement at T1 (yes) 1,9547 * 7,0618 1,4711 4,3539
Family dynamic ado T1 (dysfunctional) ‑0,3554 0,7009 2,0254 * 7,5795
Family dynamic ado T2 (dysfunctional) ‑0,1816 0,8340 0,2911 1,3380
Parental violence T1 (significant) 0,8076 2,2425 3,1555 ** 23,4649
Parental viloence T2 (significant) ‑0,8487 0,4280 0,9947 2,7040
Family characteristics
Type of family T1 single-parent 3 ‑0,4239 0,6545 ‑1,0372 0,3544
reconstituted  3
‑0,5874 0,5558 0,0567 1,0584
Parent’s level of education university 4 0,8638 2,3722 ‑1,7705 0,1702
CEGEP + university cert.  0,3220
4
1,3798 ‑3,8448 * 0,0214
secondary  4
0,0485 1,0497 ‑0,8075 0,4460
Parent’s professional status at home  5
1,7546 5,7810 1,1758 3,2407
social assistance 5 ‑0,6121 0,5422 ‑0,3027 0,7388

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Runaways T1 only 1 Recidivist runaways 1


(Cont.)
B Odd Ratio B Odd Ratio
Characteristics of the social network
Presence of persons consuming drugs / alcohol T1 (yes) 0,6887 1,9911 0,8265 2,2852
Presence of persons consuming drugs / alcohol T2 (yes) 0,3119 1,3660 2,2728 * 9,7066
Presence of persons committing offences T1 (yes) * ‑1,4505 0,2345 ‑1,1559 0,3148
Presence of persons committing offences T2 (yes) ** 0,7441 2,1046 2,6216 * 13,7575
Presence of friends older than 18 T1 (yes) ‑0,2427 0,7845 ‑1,4248 0,2406
Presence of friends older than 18 T2 (yes) * 2,1009 * 8,1736 ‑0,0954 0,9090
Presence of friends that have quit school T1 (yes) * 0,8357 2,3064 1,6409 5,1599
Presence of friends that have quit school T2 (yes) 0,3428 1,4089 ‑0,2097 0,8109
Number of adults in the network T1 (average) ‑0,3114 * 0,7324 0,0479 1,0490
Number of adults in the network T2 (average) 0,0794 1,0827 0,0437 1,0447
Size of network T1 (average number of people) 0,0683 1,0707 ‑0,0968 0,9078
Size of network T2 (average number ofpeople) ‑0,2055 0,8142 0,0328 1,0333
Diversity of network T1 (average number of categories) ‑0,1610 0,8513 0,3403 1,4054
Diversity of network T2 (average number of categories) 0,1385 1,1485 ‑0,9946 * 0,3699

N 142
Degree of liberty 70
Chi-square 6 136,8780 ***

* p < 0.05, ** p < 0.01, *** p < 0.000


1
 : The reference category is « never been a runaway ».
2
 : The reference category is« none ».
3
 : The reference category is « intact ».
4
 : the reference category is « primary ».
5
 : The reference category is « actively looking for work ».
6
 : The model predicts 75 % of/from the collection of observations (85 % for recidivist runaways, 83 %
for the non-runaways and 36 % for the runaways at T1 only).

runaways. So it seems that, as suggested earlier, the presence of adults as well as adult friends
in the social network contributes to the reduction of the propensity to flee. However, other
analyses show that between the two points of observation there has been no increase in
the number of adolescent runaways of this type that socialize with adult friends. We may
suggest hypothetically, that the significant influence of this factor at T2 is possibly due

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to the transformation of the relationship between the adolescent and his adult friends
or to the fact that the adult friends are not the same ones or a combination of those two
scenarios. The available data however, does not allow us to test these hypotheses. Also,
it must be specified that the regression model does not allow us to perfectly explain the
behaviors of the runaways at T1 only. In effect, the model allows us to properly classify
36% of them-compared to nearly 85% of the adolescents from the two other groups. This
situation shows a greater complexity in the situation and behaviors of those adolescents, a
situation that remains difficult to comprehend using the factors considered in the analyti-
cal model, while the last one accounts very well for the behaviors of recidivist runaway.
These results once again emphasize the profound heterogeneity of adolescent runaways
(Robert, Pauzé and Fournier, 2005 ; Schaffner, 1998; Farrow et al., 1992).
The analytical model allows us to predict the behavior of recidivist runaways much
more precisely. The results allow us to isolate the influence of a larger number of factors
(8) over their trajectories and define their tendencies more clearly. In the sphere of be-
haviors, as could be expected, the consumption of hard drugs at T1 strongly exacerbates
the propensity to recidivate (or = 12.47). Also, the repeated academic failures, indicated
by the fact of having failed more than two academic years, are associated with having
runaway repeatedly (or = 206). On the other hand, the regular consumption of alcohol
does not constitute a significant factor for this group or the other. In the area of fam-
ily characteristics, the presence of a dysfunctional family dynamic as perceived by the
adolescents at T1 as well as situations of parental violence again at T1, are two elements
that increase the probability that the runaway behavior will persist (or = 7.58 and 23.46).
Curiously, being subjected to placement does not significantly influence the situation of
this group of runaways. And yet it is among the members of this group that we find the
highest proportion of adolescents who have have been placed in substitute environments
(67%). The fact that this experience does not appear to have a significant influence on their
flight behavior may indicate that its relevance fluctuates according to the basic situation
the adolescents find themselves in. For the recidivist runaways,this experience is not a
determining factor in the progression of their experiences, especially in light of the other
aspects of their situation.
These results support the hypotheses relating to the heterogeneity of adolescent runa-
ways and their flight behavior histories. They focus attention on the likelihood that the
experiences of the runaway are not mechanistically determined by any situation or event
in particular. They incline our analysis towards the conception that the experiences of the
runaways are strongly colored by conjunctions of events, situations, and personal actions
put into play by the adolescents themselves and the people in their social networks.
Only one family characteristic significantly influences the behaviors of recidivist
runaways: the lower the level of education of the parent, the higher the probability the
adolescent will join the ranks of recidivist runaways. It is necessary to clarify that the level
of education of the parent has a specific effect in conjunction with his or her professional
status but also on the nature of the family, which leads to the belief that the powerful
influence of this factor goes beyond that of the structure of the family and the social
status of the parents.
Finally, certain characteristics of content and structure of the social network exert an
influence on the propensity of adolescents to be part of the group of recidivist runaways.

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At first, the presence within the network at T2 of people who consume drugs and alcohol
increases the probability of being a recidivist runaway (or = 9.71). The same tendency is
apparent when the network at T2 includes persons who have committed offenses. The fact
of being involved with persons who have adopted these behaviors therefore constitutes
a situation that tends to accentuate the propensity to persist in flight behavior. It must
be noted that more advanced analyses show that the presence of a single person who
adopts the behaviors in question is sufficient to exert an influence, influence which does
not seem to increase with numbers. This illustrates the fact that the social network may
exert an influence even if that influence is not reinforced by multiple relationships. In
fact, the multiplicity of similar relations very often amounts to a form of redundancy of
exchange (for example, of information conveyed) and does not necessarily increase the
quantity of resources exchanged (Burt, 1992; Degenne and Forsé, 1999).
In terms of the structure of the network, there is a negative relationship between the
diversity of the networks at T2 and the probability of being in the group of recidivists
(or = .37). The diversity of the network, measured here by the fact of access to persons
whose social status is diverse, seems therefore to constitute a resource that allows for the
reduction of flight behavior. These results are consistent with both the theories and em-
pirical analyses of networks which have shown that, particularly in relation to persons of
a lower social status, the diversified network can, at least potentially, constitute a resource
more significant than the network that is more homogenous (Campbell et al., 1986; Lin,
1999; Lévesque and White, 2001).

Discussion
Several of the results of this study isolate tendencies that are already known, in par-
ticular those that relate to factors traditionally taken into account to analyse the behaviors
associated with flight (for example, the consumption of intoxicants, academic and family
difficulties, etc.). Among these elements, the influence of the adolescents’ social networks
is certainly the most important. As we have seen, our analyses enable us to identify the
specific contribution of the social networks upon the flight behavior while taking into
account other factors also known to influence these behaviors. The analyses thus em-
phasize the dynamic effects between the behaviors adopted by the adolescents and the
characteristics of their social networks.
In relation to the recidivist runaways, we observe simultaneously a significant relation
between the consumption of hard drugs, the presence within the network of people who
take drugs, and the propensity to run away. These two factors that help to explain the flight
response may well reinforce each other: drug consumption probably facilitates the integra-
tion into networks consisting of drug takers (the selection effect), while participation in
such networks may influence the consumption of drugs (the socialization effect). What is
remarkable, however, is that this influence is felt not just in the consumption of drugs but
also beyond it, in the persistence of flight behavior. While the influence of the network
(comprised of, among others, drug takers) on the adolescents’ consumption of drugs can
be explained in psychosocial terms, such an explanation is less persuasive when we need
to understand the direct influence of the network on the persistence of adolescent flight
behavior. By which mechanism can the network keep the adolescent in this situation? The
same problem presents itself in relation to results that suggest the importance of people

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within the adolescent recidivists’ network who commit offences. As others have indicated
(Brannigan and Caputo, 1993) the fact that recidivist runaways are very much in contact
with people who have committed offences can be interpreted in terms of a greater degree
of integration within a marginalizing network. The influence of the network is here, as
well, of a psycho-social nature and asserts itself through the influence of norms that are
conveyed and also help to modify the behaviors.
One of the results of our analyses allows us to form an hypothesis more sociological
than psychosocial on the influence of the network on the persistence of flight behavior.
In effect, we see that less diversity in the networks increases the chances of persisting in
a flight behavior: the recidivist adolescents’ networks display less diversity. If we consider
that if, in a general sense, network diversity contributes to a diversity of resources (De-
genne and Forsé, 1999), it is probable that the persistence of flight behavior depends on
this diversity of resources to which the recidivist runaways have no access because their
network is formed mainly of runaways who share similar experiences. What is therefore
central to the understanding of the influences of the network upon flight behavior are
the availability or non-availability of resources within the network (Montgomery, 1992).
This sociological approach also allows us to interpret another research result. In effect, the
reduction in the propensity to run away is associated with the presence of adults within
the networks. These people can be thought of as posessing resources that can facilitate
some types of social integration.
Two important methodological limitations of this study can affect the potential for
generalizing to the larger population of adolescent runaways. To begin with, our sample
is comprised of adolescents who were placed in the care of youth centres. Our sample
therefore suffers bias from criteria deriving from the decision-making processes associated
with the choice of clientsat the youth centres. However, the importance of this limitation
must be considered in the light of certain studies which demonstrate that the clients of
the youth centres form a group (already?) at risk of homelessness. In effect, 50% to 75%
of homeless adolescents had already had contacts with the child protection system during
their lifetimes (Powers, Eckenrode et Jaklisch, 1990). Secondly, it must be clarified that the
period of observation from which the data of our study derive is relatively short and that
these data describe a limited reality at two discrete points in the lives of the adolescents.
Taking into account the great variability and instability of situations experienced by the
adolescents, it is possible that a slightly different picture could emerge from the analysis of
richer data regarding their experiences, especially if the data derived from longer periods
of observation and if it took into account the mechanisms of transition that are at work
during the adolescents’ experiences.

Conclusion
This article has intended to show the influence of social networks on the behaviors of
runaway adolescents. The study compares three groups of adolescents who have either
closely skirted the runaway’s trajectory or actually experienced the life of the runaway to a
greater or lesser degree. The study allows us to identify the specific influences of the social
networks while also integrating into the analysis well known factors related to flight, such
as negative family and personal experiences. The analyses suggest a specific influence of
social networks on the flight behavior of adolescents. The analyses lead to the conclusion

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that the simple observation of the factors or antecedents that lead to flight are not sufficient
to understand the essence of the flight dynamic. The adolescent runaways do not only
flee as a reaction to adverse situations, our analysis reveals that flight is also the result
of dynamic social relations in which the adolescents actively participate. Extending well
beyond the family, these social relations provide resources that can influence the adoles-
cent’s experience of flight. However, the influence of the social network is not a simple
one. The results suggest that the social networks can as easily increase the propensity to
flee as decrease it. The results therefore highlight the fact that the studies which ascribe
a great importance to the simple presence of connections as a tool for the integration
of the adolescents appear to be insufficient. If these connections can contribute to an
emancipation, they can also lead to the deepening of marginality.
This situation invites the development of more precise research protocols in order to
reveal the network’s mechanisms and resources at work in these two dynamics. More spe-
cifically, the results of this study lead to two lines of inquiry: the first refers to the necessity
of more precisely identifying network resources that contribute to the development of
patterns of marginalization and (re?) integration. These resources must be identified within
the framework of the experiences of adolescents taking into account the totality of their
situation, including the nature of contexts (familial, academic, etc,) in which they live, the
behaviors they have adopted, and the strategies they use to manage their life trajectories.
The other line of inquiry relates to the access to network’s resources that influence life
trajectories. Therefore, the question that can be asked is how these resources are created
and how the adolescents develop and use their social networks.
Even in this context of uncertainty with regard to modalities for creating and using em-
bedded resources in social networks, in terms of prevention, these conclusions emphasize
the importance of maintaining or creating social diversity in the networks youth participate
in. Often, interventions that target youth in difficulty have the effect of shutting these
young people into social networks that are made up of other youth in the same situation
or of professionals who specialize in helping this population. This situation can result in
restricting contact with individuals who are outside the social arena these young people
occupy, thus restricting the possibilities for accessing resources that could be useful, even
essential, to young people’s social re-insertion, and which can be found, at least in part,
outside this social space. The issue then is in the capacity to intervene in an individualized
and adapted way with targeted groups without excluding them from other social spaces.
Though this challenge for interventions is not specific to the situation of youth in difficulty
(we also see it in other sectors, such as the fight against poverty (Lévesque, 2005), it may
have a particular importance in the youth context because of their greater vulnerablity
and the heavier, even definitive, consequences of insertion into fringes that break with
dominant social connections.

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José Luis Molina • Rosario Fernández • Jaime Llopis

EL APOYO SOCIAL EN SITUACIONES DE CRISIS:


UN ESTUDIO DE CASO DESDE LA PERSPECTIVA
DE LA REDES PERSONALES1

SOCIAL SUPPORT IN CRISIS SITUATIONS:


A CASE STUDY FROM THE PERSPECTIVE
OF PERSONAL NETWORKS
José Luis Molina
Rosario Fernández
Jaime Llopis
Universidad Autónoma de Barcelona
joseluis.molina@uab.es
Christopher McCarty
University of Florida
chrism@bebr.ufl.edu

Recibido: 11/10/07; Aceptado: 23/3/08

Resumen
En este trabajo se pretende mostrar cómo el estudio de las redes personales permite
aproximarse al apoyo social de una forma integral, incorporando las aportaciones realizadas
hasta ahora en este campo en una visión holista de la persona. Gracias a un estudio de caso
y a una encuesta a 360 personas en España y Estados Unidos mostramos cómo las redes
personales permiten entender mejor el cambio en la estructura, composición y función de
las relaciones sociales que se produce ante una situación vital de estrés.

Abstract
This paper shows how social support can be better understood through personal net-
works, as far as all types of relationships are taking into account. This holistic perspective
allows the better understanding of changes that occur in the social environment of people
affected by a dramatic situation like the illness of a child. We illustrate this change with a
case study and data taken from a survey in Spain and the USA (N=360).

Palabras claves: Redes personales, Apoyo social, Relaciones sociales, Estrés


Keywords: Personal networks, Social support, Relationships, Dramatic situation

1
Una versión preliminar de este artículo ha sido publicada con el título “El apoyo social desde la perspectiva
de la redes personales” por María Zúñiga en el libro Redes sociales y Salud Pública. Monterrey, México. Universidad
Autónoma de Nuevo León (pp. 73-98).

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El Apoyo Social En Situaciones De Crisis

1. El apoyo social
La literatura sobre apoyo social dispone ya de varias décadas de desarrollo, impulsada
originalmente por la Epidemiología, la Medicina Preventiva, la Psicología Comunitaria y
otras disciplinas en un intento de aprovechar recursos alternativos a la institucionalización
para la superación de situaciones de vulnerabilidad social o de enfermedad física o men-
tal (Cf. Gottlieb, 1983; Gracia, 1997; Barrón, 1990). En este periodo se han acumulado
evidencias, instrumentos y modelos explicativos que nos ayudan a entender el efecto de
las redes sociales en el bienestar.
Desde el punto de vista de la evidencia empírica la existencia de un apoyo social escaso
se ha relacionado con la mortalidad general (Berkman y Syme, 1979, citado en Lazarus,
1986:264), con la mortalidad de pacientes con afecciones coronarias (Woloshin et. al., 1997)
y con alteraciones de la salud como la neurosis (Henderson et al., 1978, citado en Lazarus
1986:264) entre otras. Por otra parte, el apoyo social ha sido considerado un factor protector
frente a la mortalidad en población anciana (Nebot et al., 2002), ha sido relacionado con la
calidad de vida en pacientes con infección por VIH (Remor, 2002) y con la mejora en el
seguimiento de pacientes con HTA esencial (Menéndez et al., 2003). Además, el hecho de
contar con una red social extensa parece tener un protector frente a la demencia (Fratiglioni
et al., 2000; Cf. Kadushin, 1982 para los excombatientes del Vietnam), del mismo modo
que contar con redes sociales diversas está relacionado con una menor susceptibilidad a
padecer el resfriado común (Cohen,S. et. al., 1999). Los ejemplos pueden multiplicarse.
En general puede afirmarse que existe una relación positiva entre apoyo social y bienestar
individual, aunque no están claros los mecanismos mediante los cuales las relaciones so-
ciales afectan a la cognición, las emociones y la salud y no siempre la presencia de apoyo
social conlleva los efectos positivos mencionados (Cohen et.al., 2000:4).
En este punto cabe mencionar la aparición de los grupos de afectados, de autoayuda y
de ayuda mutua, grupos formales o de desconocidos que proporcionan diferentes utilidades
ante situaciones de estrés. Tendremos oportunidad de ver un ejemplo más adelante.
Por lo que se refiere a los instrumentos para medir el apoyo social, disponemos en la
actualidad de un amplio conjunto de cuestionarios y escalas (Cf. Wills y Shinar, 2000; Shel-
don et.al., 2000). Normalmente se trata de cuestionarios con un número variable de ítems
que exploran aspectos funcionales del apoyo social en una o más de sus dimensiones (Weiss,
1974; Dean y Lin, 1977; Schaefer et.al., 1981). Las dimensiones exploradas, expresivas e
instrumentales, suelen ser el apoyo emocional (que contribuye a la sensación de que uno es
amado y cuidado), el apoyo tangible (incluida ayuda directa como los préstamos o regalos
y los servicios como cuidar de alguien que está enfermo o facilitar un empleo o trabajo)
y el apoyo informacional (referencias y orientaciones de utilidad práctica).
A esta exploración funcional se añade la medición en algunos casos de aspectos estruc-
turales de las redes sociales de apoyo (número de grupos, personas conectoras, densidad de
relaciones, Cf. Barrera 1980 y Villalba, 1993) como información fundamental para poder
diseñar estrategias de intervención destinadas a facilitar los recursos sociales necesarios.
Otro criterio que distingue los instrumentos de medición del apoyo social es su énfasis
en la percepción del apoyo social disponible o en el apoyo social recibido en sus diversas di-
mensiones en un periodo dado. En el primer caso se enfatiza la percepción de la existencia
de disponibilidad de un apoyo que tiene efectos de control del estrés. En el segundo se
busca registrar el conjunto de utilidades obtenidas por esta vía. Es interesante destacar el

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José Luis Molina • Rosario Fernández • Jaime Llopis

hecho que estas medidas proceden de marcos teóricos diferentes y que no pueden utili-
zarse indistintamente, entre otras cosas porque ambos tipos de apoyo no están fuertemente
correlacionados (Cohen et.al., 2000). En general la valoración del apoyo tiende a permanecer
estable a través del tiempo mientras que el apoyo recibido varía en función de los periodos
concretos de medición.
En el apartado de la medición hay que considerar al menos dos aspectos adicionales:
el coste y la variación. Las familias y los proveedores de apoyo suelen soportar situaciones
de estrés continuadas (Cf. Maya Jariego, 2000, para cuidadores de enfermos de Alzheimer)
y, por otra parte, el hecho de verse obligado a aceptar ayuda puede afectar la autoestima
de un individuo, con sus consiguientes consecuencias. En relación a la variación, no se
puede considerar el apoyo social sin tener en cuenta tanto las características individuales
como las diferentes circunstancias en las que éste puede producirse a lo largo de las fases
de una enfermedad o en una situación de vulnerabilidad.
Por último, por lo que se refiere a los modelos explicativos, podemos distinguir en general
entre dos modelos. El primero de ellos considera a las relaciones sociales como un factor
principal (main effect model) en la consecución de bienestar en los individuos. Este efecto
beneficioso se explicaría tanto por la adopción de conductas saludables por el hecho de
pertenecer y participar en una red social como por el efecto positivo del sentido de perte-
nencia a un grupo o red, lo cual proporciona a su vez seguridad y estabilidad.
El segundo modelo propone un efecto amortiguador (stress-buffering model) del apoyo
social, que actuaría modificando las respuestas negativas frente a un evento estresante, fa-
cilitando recursos y permitiendo una revaloración del evento y una positiva adaptación.
Pensamos que el balance de estas décadas de investigación e intervención en el campo
del apoyo social es enormemente positivo. Aunque quedan abiertos importantes interro-
gantes acerca de los mecanismos de influencia entre red social y salud, disponemos en la
actualidad de teorías, instrumentos y hallazgos empíricos que permiten orientar tanto la
investigación futura como la definición de políticas públicas de intervención.
En este trabajo nos proponemos aportar una visión complementaria del apoyo social
a través del estudio de las redes personales incluyendo las perspectivas estructurales, fun-
cionales y contextuales del mismo. Pensamos que este enfoque puede ayudar a un amplio
rango de profesionales relacionados con la salud y el bienestar social y comunitario, a
identificar situaciones de riesgo y a definir con más efectividad estrategias de apoyo. Desde
un punto de vista conceptual, esta propuesta representa una ampliación de las medidas
estructurales de apoyo social pero que tiene la particularidad de incluir lazos débiles en
el análisis, pone de manifiesto la red funcionalmente operativa a la hora de proporcionar
apoyo y en general, ofrece una visión de conjunto del ambiente social que rodea a un
individuo y del cual emerge el apoyo. Hall y Wellman propusieron hace 20 años una pers-
pectiva de análisis en relación a las redes personales y el apoyo social que compartimos
plenamente y que solamente ahora estamos en condiciones de llevar a cabo, básicamente
por la disponibilidad en la actualidad de herramientas informáticas como Egonet2 para
poder recoger la información necesaria. Sus argumentos se presentan a continuación (Hall
y Wellman, 1985:36).

2
http://www.mdlogix.com/egonet.htm

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El Apoyo Social En Situaciones De Crisis

Proporción de lazos fuertes y lazos débiles. La mayor parte de las personas disponen de rela-
ciones que no proporcionan apoyo por lo que centrarse solamente en las que lo proporcionan
constituye una imagen distorsionada de la realidad social a la que conceptualmente se
alude. Esta afirmación la podemos ilustrar con la Tabla 1 en la que puede apreciarse cómo
en las redes personales de personas inmigrantes en España y Estados Unidos3 (N=369)
entre un 34,49% y un 57,91% pueden considerarse como no pertenecientes al núcleo
íntimo o fuerte.

Tabla 1. Respuesta a la pregunta ¿Cómo de próximo/a se siente de cada una de las personas
de su red personal (45 alteri)?
N=369 Media % % acumulado
1. No me siento nada próximo/a 4,76 10,58 10,58
2. No muy próximo/a 10,76 23,91 34,49
3. Bastante próximo/a 10,54 23,42 57,91
4. Próximo/a 8,20 18,22 76,13
5. Muy próximo/a 10,73 23,84 100
N alteri 45 100
Cambios en la función de la red social. El apoyo social no solamente se proporciona de forma
continua por el núcleo íntimo alrededor del individuo sino que puede proporcionarse por otras
partes de la red personal en diferentes circunstancias. Éste es precisamente uno de los problemas
de investigación que hay que resolver: cuándo y en qué circunstancias se proporciona y
obtiene nuevo apoyo social.
Contexto. El apoyo social tiene que estudiarse en su contexto, en el conjunto de la red per-
sonal pues proveedores de apoyo y otros tipos de personas están conectados de diversas
formas.
Lazos débiles. Por último, los lazos débiles pueden ser valiosas fuentes de información
y ayuda ya sea directa o indirectamente, por lo que hay que tenerlos en cuenta en el análisis.
A estas sólidas razones nos permitimos añadir otras: estructura, formalidad-informa-
lidad y cambio.
Estructura. Las medidas estructurales de la red personal permiten explorar si deter-
minadas estructuras son más adecuadas que otras para la provisión de apoyo social como
sugieren Cohen y Syme (1985:13). Esto solamente puede realizarse recogiendo una muestra
lo suficientemente amplia de la red personal como para poder realizar este tipo de análisis
(30 o más alteri o personas nominadas por el informante o ego). La relación ya comentada
entre diversidad de la red y resistencia al constipado común (Cohen et.al. 1999) o mejora
del bienestar psicológico (Hirsh, 1980; Kadushin, 1982) son aplicaciones de comparación
entre medidas estructurales y bienestar.
Formalidad-informalidad. Una segunda posibilidad es el estudio simultáneo de las fuentes
formales y las informales de apoyo al ser posible identificar profesionales en la red personal
y su importancia percibida. Nada más necesario para el profesional que se encuentra ante
la disyuntiva de cómo intervenir con los recursos disponibles, frecuentemente escasos.

3
Proyecto financiado por la NSF Award No. BCS-041742. La descripción del proyecto puede encontrarse
en http://www.egoredes.net

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José Luis Molina • Rosario Fernández • Jaime Llopis

Cambio. Por último, y reconociendo que no se trata de una característica propia de esta
aproximación, el estudio de las redes personales permite una aproximación longitudinal,
recogiendo los cambios que se producen antes y después de la aparición de una enfermedad
o de una situación de necesidad.
En el siguiente apartado realizaremos una revisión del concepto de red personal, así
como una explicación de la técnica utilizada para representarlas. En el siguiente apartado
presentaremos algunos ejemplos de aplicación basados en investigaciones en marcha.

2. El estudio de las redes personales4


El estudio de las redes personales se remonta a los años 50 en el trabajo de antropó-
logos británicos en ciudades mineras del sur de África principalmente, dónde intentaban
representar la complejidad de relaciones interétnicas que tenían lugar en estas grandes
ciudades y para la que la teoría social disponible, centrada en comunidades homogéneas
delimitadas geográficamente, no estaba preparada (para una historia de la aproximación
Cf. Molina, 2005). Estos antropólogos desarrollaron técnicas y conceptos que todavía
hoy son de utilidad, como por ejemplo la existencia generalizada de un núcleo íntimo y
efectivo (con un alta densidad de relaciones) y un círculo extendido de conocidos menos
denso, ambos con funciones fundamentales para la vida del individuo.
Una segunda tradición proviene de sociólogos americanos que en los setenta y
ochenta se ocuparon de la llamada “Cuestión Comunitaria” (Cf. Wellman, 1979, 1997),
la transformación de la comunidad en la sociedad “moderna” y urbana. Esta tradición
de investigación se centra en la localización de las redes de apoyo social, redes de
iguales constituidas por parientes, amigos y vecinos que proporcionan socialización,
información y ayuda en general. Laumann (1973), Fisher (1982), el Proyecto East
York iniciado por Barry Leighton y Barry Wellman en 1968 y que continuó hasta los
noventa, Schweizer et. al (1998) en California, proporcionaron una gran base empírica
para formular las características globales de redes personales en la sociedad ameri-
cana y canadiense. Los límites residenciales eran todavía importantes, pero estaban
constantemente atravesados por cartas, llamadas de teléfono y redes de transporte.
Más recientemente, internet proporcionó más oportunidades para complementar las
interacciones cara a cara y mantener activas las relaciones, relaciones que, gracias a
los estudios longitudinales, sabemos que cambian durante el tiempo. Esta tradición
también parte de esta visión de núcleo fuerte-periferia de las redes personales (ver la
conocida imagen realizada por Barry Wellman de la red social de un habitante de East
York en la Ilustración 1).

4
Parte de este apartado está basado en la publicación homónima en Empiria (2005).

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El Apoyo Social En Situaciones De Crisis

Ilustración 1. Red personal típica de una persona de East York. Adaptado de Wellman
(1999)

Vecinos Inmediata Familia

Extendida

Persona
de East
York

Lazos íntimos
activos

Lazos no íntimos
activos

Amigos Compañeros de trabajo

Mientras que los estudios de redes personales suelen centrarse en los lazos fuertes y
en un número reducido de personas, nuestra propuesta consiste en extender el número
de personas de la red personal a más de 30 (McCarty, 2002) con el objetivo de captar em-
píricamente la estructura de las redes personales y poder disponer de una aproximación
de su composición en términos de proporción de hombres y mujeres, tipos de relación o
cualesquiera variables en las que estemos interesados en investigar.

2.1. Redes sociocéntricas, egoredes y redes personales


En las redes personales distinguimos entre un ego, o persona que constituye el eje o
foco y un alter, la persona relacionada con ego, a menudo nominada por éste. El plural de
alter es alteri, es decir, el conjunto de personas relacionadas con ego. Por supuesto, todos
los alteri o parte de ellos también tienen relaciones entre sí.
En la literatura se suelen confundir las expresiones redes egocéntricas y redes personales. Sin
embargo, creemos importante distinguir entre ambas.
Para disponer de una red social necesitamos de nodos y relaciones. Los nodos los
podemos obtener de una lista preexistente o bien utilizar uno o más generadores de nombres
para obtenerla. Así, por ejemplo, en las encuestas sobre redes personales se suelen utilizar
los siguientes generadores de nombres (Fisher, 1982; Grossetti, 2004):
Si tuviese que ausentarse temporalmente de la ciudad, ¿a quién le pediría que se ocupase
de regar las plantas, recoger el correo o simplemente de echar un vistazo?
¿Con quién habla de temas relacionados con el trabajo?
En los últimos tres meses, ¿a quién ha ayudado en tareas domésticas como cocinar,
mover muebles, lavar o realizar pequeñas reparaciones?
¿Con quién ha compartido alguna de las siguientes actividades en los últimos tres meses
(comer o cenar en casa, comer o cenar fuera, recibir visitas, visitar, encontrarse en algún
lugar fuera de casa como un bar o restaurante…)?

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¿Con quién discute regularmente de temas relacionados con el ocio o aficiones en


común?
¿Nos puede decir las iniciales de su novio/a o de su mejor amigo/a con la que se vea
muy a menudo? (en el caso de que se trate de una persona casada se piden los años de
convivencia)
Cuando comparte sus problemas personales, ¿con quién lo hace?
Si tuviese que tomar una decisión importante referente a la familia o el trabajo ¿Con
quién la discutiría?
Si tuviese que pedir prestada una importante cantidad de dinero a un conocido ¿a
quién lo haría?
¿Hay personas importantes para Ud. que haya tenido algún contacto en los dos últimos
años y que no aparezcan en la lista?
Una vez obtenida la lista de nombres con estos generadores o con el que propondre-
mos más adelante, hay que relacionar a los alteri entre sí. Para hacerlo necesitamos una
definición de relación. Así, por ejemplo, una posible definición de relación podría ser si A y
B se “conocen” o si A y B “se prestan ayuda”. El resultado es una red de relaciones. Es
importante observar que cada definición de relación implica una red diferente. No es lo mismo
la red de personas que se prestan ayuda, que la red de personas que se reconocen mutua-
mente y se saludan sin más.
Una red sociocéntrica es el resultado de aplicar una determinada definición de relación
a un listado de personas, organizaciones u otros elementos. Así, si la red de la Ilustración 3
es el conjunto de personas que viven en un edificio y la relación definida “se visitan entre
sí”, podemos observar cómo hay dos grupos de vecinos, con dos de ellos que conectan
ambos grupos. Se trata de una red sociocéntrica o completa, vista desde el punto de vista de
un observador externo. Otras definiciones de relación (“se prestan dinero en ocasiones”,
por ejemplo) nos darían naturalmente otras redes.

Ilustración 2. Red sociocéntrica ficticia de un edificio de vecinos

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El Apoyo Social En Situaciones De Crisis

Esta red sociocéntrica puede ser analizada a partir de sus egonetworks (por ejemplo con
Ucinet 6- Netdraw5; Borgatti et.al. 2002). Cuando hablamos en este caso de egonetwork o
egored nos referimos al subconjunto de relaciones de un ego dado. Así, si la red completa
está compuesta por 10 vecinos, de cada uno de ellos se puede extraer o identificar su egored
(Ilustración 4). En este caso ego aparece en la red, así como el resto de personas a las que
está directamente conectado.

Ilustración 3. Red egocéntrica de uno de los nodos

Alter

Ego
Alter

Alter

Alter

Normalmente, por cada definición de relación se obtiene un contexto institucional


diferente (vecinos, familia, amigos, compañeros de trabajo, de estudios, colegas…). Las
redes personales, por el contrario, intentan captar todos los contextos institucionales que envuel-
ven la vida de un individuo. Para ello nuestra recomendación es utilizar un generador de
nombres muy flexible. Si la lista es lo suficientemente larga (30 o más alteri, como hemos
comentado) es posible obtener estos contextos diferentes, aunque algunos de ellos con una
sola persona, a la que llamamos aislados [isolates], aunque muy importantes conceptualmente
por mostrar ámbitos de actuación relativamente desconectados de otros o etapas pasadas
de la vida de una persona.
El generador de nombres que utilizamos en la investigación sobre Aculturación y redes
personales (Cf. nota 4) ha sido el siguiente:

Por favor, escriba una lista de 45 personas que Usted conozca por su nombre
y viceversa. Puede ser cualquier persona. Intente incluir gente que sea próxima e
importante para Usted. También puede incluir personas que pueden no ser tan
cercanas pero que acostumbra a ver mucho. Puede ayudarle pensar en diferentes
grupos de personas en diferentes lugares. Escriba el nombre y el apellido de forma
abreviada para que solamente Usted pueda reconocer a las personas. Es importante
que no abrevie demasiado para poder reconocerlas más tarde. Por ejemplo: Mig
Cervan por “Miguel de Cervantes”

5 http://www.analytictech.com Ver las opciones disponibles en Network>Ego Networks.

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Junto con este generador de nombres proponemos utilizar también una definición de
relación flexible que permita relacionar a los alteri entre sí.

Por último le vamos a pedir que nos diga si cada una de las personas que ha
nombrado tiene o no relación con el resto. Aquí nos interesa saber si estas personas
tienen una relación propia, independiente de Usted.

El resultado es una red personal que podemos representar de diferentes formas6, como
tendremos ocasión de ver más adelante.

3. Características de las redes personales


En este apartado intentaremos sistematizar algunos de los principales hallazgos de las
investigaciones realizadas sobre redes personales. Examinaremos brevemente el tamaño,
la composición de los atributos de los alteri, los tipos de relaciones y contenido de las
relaciones, la estructura de la red personal y la dinámica de las redes personales.
Tamaño. La respuesta a la pregunta ¿a cuántas personas conoces? depende de cómo
definamos “conocer”, tanto más teniendo en cuenta que los dispositivos informáticos de
los que disponemos (agendas electrónicas, programas de software social) nos permiten
almacenar, comunicar e identificar “contactos” de forma casi instantánea. Utilizando la
definición de contactos activos, definidos como personas con las que existe reconocimiento
y accesibilidad mutuos, podemos decir que la media de contactos activos es de aproxima-
damente 290 personas, con una desviación típica de 250. Esta desviación está relacionada
con la clase social y las profesiones o rangos ocupacionales asociados, de forma que las
clases sociales altas y las personas con categorías ocupacionales superiores, sobre todo
los representantes institucionales, disponen de redes más amplias (y con más recursos,
lógicamente). Así, la clase social y la categoría ocupacional influyen en el tamaño de las
redes personales, así como el sexo y la edad, disponiendo de redes “máximas” en la ma-
durez (Cf. Ferrand et.al. 1999).
Composición. Entendemos por composición de la red personal la distribución de los
atributos de los alteri o relaciones de ego. La primera constante, con una larga tradición
en Ciencias Sociales, es la homofilia (Blau, 1964), es decir, la tendencia a interactuar con
iguales. Lin (2001) propone una interesante reformulación de esta idea fundamental en
los siguientes términos: los iguales tienen en común el control de los recursos asociados
con la posición social compartida por lo que las relaciones entre ellos son naturalmente
expresivas, de socialización e instantáneas. Esta socialización natural u “homófila” tiene
el objetivo de asegurar los recursos compartidos fortaleciendo los vínculos. En cambio la
relación que se produce entre posiciones sociales desiguales es forzosamente intencional y
“artificial”, exige un costo y suele tener fines instrumentales. Esta relación es “heterófila”.
Los lazos fuertes y débiles de Granovetter (1973) pueden aproximadamente asimilarse a
estos dos conceptos. En cualquier caso podemos afirmar que las relaciones tienden a ser
homófilas, por lo que el sexo, la clase social, la profesión y otras características considera-
das relevantes en un contexto dado (como el grupo étnico, la religión, el fenotipo) de una
persona, influirán en la composición de su red personal.
6
Se puede encontrar material didáctico sobre Egonet y otros programas de redes sociales en http://www.
redes-sociales.net(apartado Talleres).

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El Apoyo Social En Situaciones De Crisis

Así, las mujeres tenderán a tener más mujeres en su red personal, los compañeros
de estudios tienden a permanecer más tiempo entre los contactos activos y seguramente
se desarrollan pautas de consumo y gusto asociados a cada grupo que permiten el reco-
nocimiento mutuo (Bourdieu, 1979). En el caso de los jóvenes, la probabilidad que se
relacionen con otros de extracción social diferente y la probabilidad que cambie su estatus,
son más altas.
Tipos de relación. Aunque los tipos de relaciones se pueden multiplicar, normalmente
se distingue en la literatura entre “familiares cercanos”, “familiares”, “mejores amigos”,
“buenos amigos”, “compañeros de trabajo”, “vecinos” y “conocidos”. Naturalmente, los
compañeros de trabajo, los amigos y los compañeros de ocio pueden ser los mismos. Los
estudios orientados a la estimación de las redes personales globales (Cf. McCarty et. al.
1997) sugieren que la proporción de familiares se sitúa, en promedio, en torno al 25%,
la proporción de compañeros de trabajo alrededor 20% y la de vecinos en torno al 6%.
Igualmente, estos estudios sitúan en más del 50% de las redes personales fuera de los
lugares de residencia.
En el caso de minorías étnicas (como los hispanos en California) el porcentaje de
familiares puede llegar al 70%. Este dato (Schweizer et. al, 1998) es interesante pues nos
permite hipotetizar un rasgo de las redes personales de comunidades inmigradas (Cf. Maya
Jariego 2002 para una tipología de las redes personales en España).
Contenido. Como hemos comentado en el primer apartado en la literatura sobre apoyo
social suele distinguirse entre contenidos instrumentales, informativos y expresivos o
emocionales. Otra vez el género es importante, pues las redes con más mujeres tienden
a contener más apoyo social, de cualquiera de sus tipos. Además, es interesante ver que
el apoyo cotidiano tiende a ser provisto por vecinos y compañeros de trabajo más que
por familiares, si bien sabemos que al final de la vida, con el aumento de la dependencia,
los roles de apoyo se fortalecen, especialmente por parte de los hijos/as adultos. Éstos
(políticos o no) tienden a proveer de más apoyo social a los padres cuanto más densidad
de relaciones haya entre los miembros de la red (Wellman & Frank, 2001).
Por último, el contenido de la relación con los amigos tiende a ser de socialización y
confidencia.
Estructura. Ya sabemos que las redes personales disponen de una fuerte estructura de
centro-periferia, normalmente con un centro denso y una periferia más dispersa. Además,
la diversidad en la red personal es un indicador de capital social, pues puede suponerse
que diferentes grupos sociales (a los que ego tiene acceso) controlan diferentes recursos.
Seguramente las redes de las mujeres tienden a ser más densas por una variedad de razones
(más frecuencia de contacto, más apoyo social, redes más pequeñas). Podemos medir la
estructura con el número de grupos que forman la red personal, la densidad y el grado
de intermediación, entre otras7.
Dinámica. Las redes personales, incluso los amigos considerados “de toda la vida”
cambian con el tiempo. Los cambios más drásticos se dan en la juventud y con el mundo
del trabajo en la forma que ya sabemos: una punta de contactos en la madurez que decae
con el tiempo. Los cambios del estatus matrimonial (matrimonio, viudez, separación) y los
cambios de residencia afectan notablemente a los contactos (reduciéndolos). Sin embargo,
7
El grado de intermediación puede conceptualizarse como una medida de hasta qué punto ego es necesario
para conectar diferentes partes de la red.

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estos cambios siguen en general la regla siguiente (Suitor et. al, 1997; Morgan et. al., 1997):
el centro de la red es muy estable a lo largo del tiempo y alrededor de 1/3 de la periferia
cambia con el tiempo. De la misma forma, los lazos fuertes (más intensidad, frecuencia y
más antigüedad de la relación) son más estables que los débiles y, por supuesto, los lazos
familiares persisten más que el resto de lazos.

4. Apoyo social y redes personales. Un estudio de caso


En este apartado pretendemos mostrar algunas de las posibilidades que ofrece el estu-
dio de las redes personales aplicado al estudio del apoyo social y la posible intervención.
Para ello tomaremos ejemplos de una investigación sobre los cambios en las familias con
niños afectados de cardiopatías congénitas (Llopis, 2006).
En este caso analizamos una pareja, compuesta por Manuel y María (seudónimos) con
dos hijas. La más pequeña tiene 21 meses y le fue diagnosticada una cardiopatía congé-
nita poco después de nacer. Mientras el bebé estuvo ingresado en la Unidad de Cuidados
Intensivos (UCI), Manuel y María conocieron a otras parejas en su misma situación. Allí
mismo, en el hospital, encontraron un tríptico de presentación de la Asociación de padres
afectados por esta enfermedad (Asociación de ayuda a los afectados de cardiopatías infantiles de
Cataluña – AACIC8). Al cabo de un mes y medio, y una vez fuera de peligro inmediato,
Manuel y María fueron a la asociación a buscar información y “ayuda”.
Esta circunstancia cambió la vida de la pareja. Defendemos a continuación la hipótesis
que la red social de ambos se transformó en al menos dos direcciones. La primera, el cambio
de función y composición de la red social preexistente, tomando funciones de apoyo y más relevancia
relaciones hasta el momento con otro contenido (trabajo, amistad…). En segundo lugar,
la aparición en la red de nuevas personas, con una función de apoyo social (emocional en este caso) muy
definida (otros afectados o miembros del Grupo de Padres de la Asociación).
Empecemos con Manuel. Manuel tiene alrededor de 35 años y es directivo de una
empresa. En las distintas sesiones del Grupo de Padres organizadas por la Asociación,
manifiesta que uno de los aspectos que le viene angustiando es el sentido de culpabilidad
que siente cuando su mujer le recuerda que se pasa todo el día fuera de casa trabajando.
Conciente de esta situación, Manuel al llegar a casa participa activamente en el trabajo
doméstico permitiendo que su esposa pueda dedicar parte de su tiempo a la otra hija. La
presión sobre su esposa María es muy fuerte: la niña pequeña precisa de toda su atención.
En este sentido, una de las utilidades de tales sesiones es precisamente compartir con
otros padres y madres los mismos problemas o discutir con personas que hayan vivido o
vivan las mismas experiencias.
La red de Manuel está formada en un 53,33% por mujeres frente a un 46,66%de
hombres, algo que muestra un cambio en su red pues de un varón de su edad, con un
trabajo de profesional liberal, cabría esperar un porcentaje de hombres superior al 60%.
Dado que las redes sociales con una mayor proporción de mujeres tienden a contener
más apoyo social, es posible que la red de Manuel haya experimentado un cambio en su
contenido en los dos últimos años.
A nivel de estructura, la red de Manuel está compuesta por tres grandes grupos: la
familia (de la cual el 30% es por descendencia y el 20% por matrimonio o alianza) repre-

8
http://www.aacic.org/

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El Apoyo Social En Situaciones De Crisis

sentada en el Grupo 2 de la Ilustración 4, situado a la izquierda; los amigos de “la infancia


o juventud” (20%) representados en el Grupo 3 (situado en la parte inferior derecha) y,
finalmente, los miembros de la Asociación u otros padres afectados (Grupo 1, superior derecha).
La distribución de los alteri en relación al lugar de residencia es básicamente local (Área
Metropolitana de Barcelona), a excepción del 13% que corresponde precisamente al
grupo de padres y madres cuya relación nace en la UCI del hospital y que tuvieron que
desplazarse desde otras provincias para ingresar a su hijo/a. María, su esposa, está en el
centro de la red, algo habitual en las redes personales. Es significativo que no aparezcan
compañeros de trabajo en la red de Manuel, una muestra de la importancia secundaria del
mundo profesional en sus prioridades actuales.

Ilustración 4. Red personal de Manuel. En color claro “pertenecen a la Asociación o


son afectados (cardiopatías)”

Veamos ahora el caso de María en la Ilustración 8. El Grupo 4 (parte superior derecha)


está formado también por personas de la Asociación o personas afectadas, con las que se
establecen relaciones de socialización y en un caso, relaciones de confianza. Éste es un cam-
bio estructural de fundamental importancia en la vida de María, tanto por la función como
por la importancia relativa en su ambiente social. Otra vez la familia vuelve a tomar fuerza
(Grupos 1 y 2, la familia por descendencia y la familia por matrimonio respectivamente),
aunque los ex-compañeros de trabajo (Grupo 1, superior izquierda) y los amigos (Grupo
5, centro derecha) siguen siendo importantes, con sus funciones de apoyo fortalecidas.
Estos compañeros de trabajo tenían funciones de consejo profesional y socialización. Sin
embargo, con la aparición de la enfermedad de su hija y el abandono del trabajo por parte
de ésta, dos de las ex-compañeras del trabajo se convierten en proveedoras de ayuda y, en
conjunto, siguen representando una parte importante del mundo social de María.

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Ilustración 5. Color (negro o gris) y etiqueta hacen referencia a la existencia o no de


apoyo afectivo (cardiopatías)

A nivel de composición, la red de Maria está formada mayoritariamente por mujeres


en un 56,66% frente a un 43,33% de hombres, algo que cabía esperar. Igualmente, es de
destacar que el 70% de las personas de su red proveen de apoyo afectivo, por lo menos
desde su percepción.
Por lo que se refiere a la distribución geográfica, ésta es también básicamente local, a
excepción de las parejas con las que tramaron amistad en las largas y angustiosas esperas
en la UCI.
Con el caso de Manuel y María podemos ver una de las aplicaciones de las redes
personales aplicadas al apoyo social: la valoración de la transformación de las funciones
de la red social preexistente y la introducción de nuevos proveedores de apoyo, un grupo
de ayuda mutua en este caso, con una gran importancia en la vida de estas personas. Los
amigos, la familia, ex-compañeros de trabajo se refuerzan en sus roles de apoyo mientras
que las relaciones profesionales, en otras circunstancias seguramente mucho más valoradas
y presentes, desaparecen prácticamente de los informes de nuestros informantes. Las redes
sociales cambian para adaptarse a las nuevas circunstancias. Valorar la situación real y las
posibilidades de intervención implica captar la totalidad de la red personal.

Conclusión
En los últimos años se han acumulado estudios empíricos, se han desarrollado métodos
de investigación y programas informáticos que hacen posible abordar de forma realista el
estudio de las redes personales y evaluar su impacto en diferentes dimensiones de la vida
social, el apoyo social en este caso. Estudiar las redes personales y sus cambios delante de
situaciones críticas, como por ejemplo la aparición de una enfermedad crónica en un hijo,
nos ayuda a entender los cambios que se producen para adaptarse a las nuevas circuns-
tancias. La apreciación de estos cambios exige un estudio longitudinal, o bien interesarse
de forma retrospectiva sobre los detalles de las relaciones cotidianas antes de producirse
la crisis. Esta visión global de la persona permite conocer la composición, la estructura y

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El Apoyo Social En Situaciones De Crisis

la función de la red social y apreciar en qué condiciones aparecen nuevos proveedores de


apoyo (otros padres afectados en el caso que hemos estudiado), se transforman otros roles
(como ex – compañeros de trabajo) o se refuerzan en su función de apoyo otros ya existentes
(como la familia y la pareja). Entender estos cambios y su dinámica es el primer paso para
abordar planes de intervención encaminados a mejorar la situación de estas personas. Ésta
es al menos nuestra propuesta.

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Barbara Schramkowski

EL IMPACTO DE LAS RELACIONES PRÓXIMAS


CON LA POBLACIÓN AUTÓCTONA EN EL
DESARROLLO DE LA INTEGRACIÓN. EL CASO
DE LOS JÓVENES INMIGRANTES EN HUELVA

THE IMPACT OF CLOSE RELATIONS WITH


AUCHTOCTONOUS POPULATION IN
INTEGRATION DEVELOPMENT. THE CASE
OF YOUNG IMMIGRANTS IN HUELVA
Barbara Schramkowski
Universidad de Huelva
barbara.schramkowski@dstso.uhu.es

Recibido: 22/12/07; Aceptado: 23/3/08


Resumen
Examinamos la integración de un grupo de jóvenes inmigrantes en el ámbito privado
de la sociedad española a través de la creación de amistades, las relaciones de pareja, la
participación en asociaciones, etc. basándonos en una encuesta cuantitativa que se llevó a
cabo en varios centros escolares en Huelva. A partir de los más de 400 casos se muestra una
asociación entre el tiempo de estancia de estos jóvenes en España y su grado de integración.
Además, centrándonos en los siete jóvenes que no tienen buenos amigos en España, estu-
diamos algunos factores como el racismo o el origen étnico que parecen estar relacionados
con este escaso nivel de integración con los españoles. En la última parte, vemos necesario la
utilización de parámetros cualitativos para completar el análisis de los factores que influyen
en el desarrollo de la integración social de la población de referencia.

Abstract
This article, based on a quantitative research carried out recently in several schools in the
province of Huelva, analyses the integration of a group of young immigrants into Spanish
society and thus focuses on aspects like friendships, partnerships and group participation.
The over 400 cases allow us to reconstruct the relationship between the length of stay of
the young immigrants in Spain and their degree of social integration. In addition, we study
other factors, such as racism and the ethnic origin that tend to impact social integration,
especially within the peer group. In order to complete the analysis of the factors that tend
to be related to the development of social integration, we present some individual cases,
basing us on qualitative interviews that were also carried out within our investigation.

Palabras clave: Jóvenes inmigrantes, Integración social, Redes sociales, Tiempo de


estancia, Amistades
Keywords: Young immigrants, Social integration, Social networks, Length of stay, Friendships

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El Impacto De Las Relaciones Próximas Con La Población Autóctona En El Desarrollo...

1. Introducción
En reiteradas ocasiones se habla del impacto positivo que tiene la incorporación de
los inmigrantes en el ámbito privado de la sociedad receptora para el desarrollo de su
integración en otros ámbitos como el aprendizaje del idioma, el grado de satisfacción o la
identificación con el destino migratorio (Gualda y Schramkowski, 2007; Schramkowski,
2007; Steinbach, 2004). Sin embargo, diferentes estudios señalan que su integración a
través de las amistades, parejas y la participación en asociaciones o grupos suele ser es-
casa. También se pone de relieve que el tiempo que los inmigrantes lleven en el destino
migratorio suele ser un factor importante para el desarrollo de la integración a este nivel
(Aparicio y Tornos, 2005; Maya, 2002).
A lo largo de este trabajo se abordará la incorporación social de los jóvenes inmigrantes
en la provincia andaluza de Huelva, analizando tanto el impacto del tiempo de estancia
como las posibles razones por las cuales algunos jóvenes manifiestan, por la falta de rela-
ciones cercanas con personas autóctonas, no tener buenos amigos. Por último, conocere-
mos algunos casos concretos que nos mostrarán la trascendencia de la consideración de
variables subjetivas para la evaluación de las redes cercanas. Para explorar estos aspectos
nos basamos en un estudio que investiga la situación y los procesos de integración de
más de 400 jóvenes de diferentes países de origen. También se hará referencia a algunas
entrevistas cualitativas que igualmente se realizaron (Gualda, 2008).

2. Marco teórico
La integración social 1 se define como la incorporación de los inmigrantes en el ámbito
privado de la sociedad autóctona, cuyo éxito se mide por indicadores como las amistades
interétnicas, las relaciones de noviazgo, las bodas interétnicas, la pertenencia a asociaciones o
grupos y la participación en actividades de tiempo libre (Schramkowski, 2007; Strassburger,
2001). Así se van formando redes sociales - definidas como el conjunto de relaciones de
amistad, de intercambio de ayuda instrumental, de tipo afectivo, etc. que tiene una persona,
que no se limitan a las relaciones con personas del mismo origen (familiares, compatriotas),
sino que están igualmente compuestas por personas autóctonas.2 Estas últimas pueden
facilitar el acceso a ciertos ámbitos, recursos, informaciones y oportunidades del país a
las que los inmigrantes no tendrían acceso sin estas conexiones con los autóctonos. Estos
contactos les permiten hallar las vías necesarias cuando se trata, por ejemplo, de encon-
trar un trabajo o una vivienda (de Miguel, 2006; Weyer, 2000).3 Además, se supone que
el contacto con los autóctonos facilita su incorporación en todos los ámbitos y clases de

1
Aparte de esa dimensión, se mencionan las siguientes dimensiones de la integración en la literatura
(Schramkowski, 2007; Strass­burger, 2001): Integración cultural: aprendizaje del idioma del país receptor & proceso
en el curso del cual los inmigrantes se familiarizan con su cultura; integración estructural: participación en las insti-
tuciones y estructuras (p. ej. mercado laboral, sistema educativo) y acceso a la ciudadanía; integración identificativa:
sentimientos de pertenencia hacia la sociedad receptora.
2
Hay que tener en cuenta que suele haber más personas autóctonas dentro de los vínculos más débiles que
a menudo son vitales a la hora de acceder a un puesto de trabajo o a una información sobre el contexto receptor
(Granovetter, 1973), pero a lo largo de este trabajo nos centramos en los lazos fuertes.
3
Las relaciones intensas con las personas del mismo grupo étnico se discuten de manera controvertida. Por
un lado, se les da una gran importancia para fortalecer y servir de apoyo durante la primera fase del asentamiento
o en épocas de crisis. Por otro lado, se pone de manifiesto que las redes sociales, compuestas únicamente por las
personas del mismo origen étnico, pueden favorecer procesos de segregación (Hadeed, 2005).

78

Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [77-92], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Barbara Schramkowski

una sociedad, no solamente en las clases bajas, y el desarrollo de una identificación con la
sociedad del destino (Gualda, 2004).
No obstante, diferentes estudios que abordan las redes sociales de ciertos grupos de
inmigrantes, apuntan más hacia una escasez de relaciones íntimas y de amistad con las
personas autóctonas. Por ejemplo, una exploración de las redes personales en relación a
la adaptación psicológica, llevada a cabo por Isidro Maya, pone de relieve el predominio
de las relaciones sociales dentro del mismo grupo étnico: “Prácticamente el 90% de los
inmigrantes entrevistados tiene menos de un 13% de españoles en su red personal” (2002:
4). Esta tendencia se ve confirmada por un estudio que igualmente resalta que la mayoría de
los entrevistados, aunque tampoco sean jóvenes, no mantiene amistades con españoles, y
que son principalmente las relaciones familiares las que les conceden el apoyo emocional y
social. Asimismo, se manifiesta una relación entre la composición de estas redes y el tiempo
que llevan residiendo en España, es decir que una estancia mayor conlleva generalmente
el incremento de las amistades con los autóctonos (Aparicio y Tornos, 2005).
Esta relación entre el tiempo de estancia y el desarrollo de la integración social, se
ve confirmada por una investigación, realizada con inmigrantes de Turquía y de la Ex-
Yugoslavia en Alemania (Esser, 1990a/b), que expone las siguientes conclusiones:
- El número de amistades con personas autóctonas aumenta claramente entre los de
segunda generación4 debido a su más alto nivel de integración (por ejemplo en cuanto al
conocimiento del idioma, a la familiarización con la cultura del país de destino).
- Son sobre todo los de primera generación (y media) 5 los que, debido a no haber estado
escolarizados durante mucho tiempo en Alemania, tienen pocos amigos autóctonos.
Sin embargo, no podemos asumir que la incorporación social es algo que aumenta
automáticamente con estancias más dilatadas. Suponemos que hay igualmente que tener en
cuenta otros factores que influyen, como los intereses y la personalidad del inmigrante o las
condiciones del contexto de recepción. Asimismo, tenemos que señalar que las amistades
contribuyen solamente hasta un cierto punto al desarrollo de una sociedad integrada. Otros
factores como las políticas migratorias, el marco legal y las imágenes predominantes frente
a la inmigración determinan las condiciones básicas e influyen hasta qué grado una persona
puede sentirse como en casa en la sociedad que le ha recibido (Schramkowski, 2007).

3. Metodología
Para acercarnos a la incorporación y a las redes sociales de los inmigrantes en España,
nos basamos en una investigación que se llevó a cabo en la provincia de Huelva a finales
del curso escolar en 2007 (Gualda, 2008)6. Por medio de un cuestionario semi-estructurado

4
Los inmigrantes de segunda generación son los que nacieron en el destino migratorio de, como mínimo, uno
de sus padres (Gualda, 2007: 9). En el estudio, que presentaremos, hay aún pocos casos de segunda generación
(3,0%), pero podemos destacar la tendencia al alza de una segunda generación en toda España, así que en el 2007
el 4,8% de los extranjeros ya había nacido allí (Ministerio de Trabajo y de Asuntos Sociales, 2007).
5
Los inmigrantes que pertenecen a una primera generación son los que emigraron a un país diferente al
suyo en edades más mayores, y los de generación y media son los que también nacieron en el país de origen,
pero que llegaron con menos de 14 años al país de destino (Gualda, 2007: 9).
6
Esta investigación está subvencionada por la Junta de Andalucía, Consejería de Gobernación, Dirección
General de Coordinación de Políticas Migratorias. Se ha beneficiado igualmente de la financiación obtenida del
‘German Academic Exchange Service (DAAD)’ a través de una beca postdoctoral que obtuvo para la partici-
pación en esta investigación la autora de este artículo.

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que abordaba las diferentes parcelas de la integración, se entrevistó a 413 jóvenes extran-
jeros, escolarizados mayoritariamente en los cursos correspondientes a 12-17 años, con
una edad media de 14 años. El objetivo de esta investigación era conocer la situación de
este grupo y el desarrollo de su inserción en la sociedad española. El trabajo de campo se
realizó en 35 Institutos de Educación Secundaria, que cuentan con al menos cinco alumnos
inmigrantes censados oficialmente en las edades de referencia, e implicó varias visitas a
los centros escolares7. En total, pudimos entrevistar a más de la mitad de los escolares de
origen extranjero a partir de los censos del curso anterior proporcionados por los Institutos.
Para profundizar en el tema y en ciertos aspectos que consideramos de mayor importancia,
realizamos también varias entrevistas en profundidad y dos grupos de discusión8.
Al acercarnos al muestreo, destacamos que tiene una distribución parecida entre ambos
sexos, que los jóvenes provienen de 33 países diferentes y que residen todos en Huelva.
Representan a los grupos más numerosos de inmigrantes en España, encabezados por los
rumanos (27,8%) y los marroquíes (19,5%). También hay muchos jóvenes de Latinoamé-
rica (23,7%), que son en su mayoría de Colombia (9,3%) y de Ecuador (7,6%). A parte
de los rumanos, hay otros grupos importantes cuyo origen proviene de Europa del este,
concretamente de Polonia y de Ucrania9.

4. Acercamiento a la integración y a las redes sociales de los jóvenes en Huelva


Cuando echamos un primer vistazo hacia la integración social y las redes de los ‘nuevos
onubenses’, observamos tendencias opuestas. Por una parte, descubrimos varios indicado-
res que apuntan hacia una buena y creciente incorporación a este nivel. En este sentido,
resulta llamativo que casi dos tercios manifiestan tener muchos amigos españoles, que
una gran mayoría ha hecho nuevos amigos españoles en el último año y que un tercio ha
iniciado una relación de noviazgo con un español en este periodo de tiempo10. Además,
alrededor de un tercio menciona a un español como mejor amigo y/o pertenece a alguna
asociación o grupo, mayoritariamente deportivo, donde muchos tienen buenos amigos.
También vemos que alrededor de la mitad, con un promedio de 53,8%, declara participar
en las fiestas típicas españolas como Semana Santa o la cabalgata de Reyes. Esta tendencia
se ve confirmada por un estudio que se realizó con escolares en la misma provincia (Gual-
da, 2006) y que resalta, entre otras cosas, que el 38,0% de los escolares autóctonos tiene
amigos que provienen de otros países. También concluye que una décima parte menciona

7
El trabajo de campo se realizó en los siguientes fases: 1. Contacto telefónico para concertar cita personal
(primera vista), 2. Segunda visita concertada para pasar las entrevistas, 3. Comprobación de cuestionarios, llamadas
de depuración, 4. Tercera visita: sorteo de un premio, revisión personal de cuestionarios con dudas, o aspectos
no cumplimentados. 5. Última tanda de llamadas telefónicas para completar aspectos pendientes. Este proceso
ha permitido la mejora de la calidad final de los datos auto-cumplimentados.
8
Utilizaremos las siglas “HIJAI, 2007 (abreviatura de las palabras ‘Hijos Inmigrantes Jóvenes Adolescentes
Integración’)” en el análisis cuando nos referimos a los datos que provienen de nuestro estudio, y las entrevistas
cualitativas se clasificarán de la siguiente forma: grupo de discusión (GD1, 2007) o entrevista (E1, 2007, etc.).
9
Lo que salta a la vista en la provincia de Huelva, es el fuerte crecimiento del colectivo rumano cuya presencia
ha aumentado en un 135% solamente entre el 31 de diciembre de 2006 y el 30 de junio de 2007. Ahora es el
grupo más numeroso con 6.235 personas, seguido por los marroquíes (5.102), los portugueses (2.883), los polacos
(1.903), los colombianos (1.149) y los ecuatorianos (1.128) (Instituto de Estadística de Andalucía, 2007).
10
Para mejorar la legibilidad, utilizamos únicamente la forma masculina cuando nos referimos a algo que
incluye a ambos sexos, pero que, por supuesto, incluye tanto a las mujeres/chicas como a los hombres/chicos.

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a un inmigrante entre los mejores amigos y que más de la mitad reconoce que su imagen
de los extranjeros había mejorado debido a esas amistades (Hierro, 2006).
Pero, por otra parte, nuestro estudio revela que un tercio de los jóvenes reconoce
participar “mucho menos” o “menos” en actividades sociales en comparación con otras
personas de su edad y no tener a nadie con quien hablar de temas íntimos y personales.
Asimismo, más de la mitad de los jóvenes entrevistados desearía contar con más amigos
españoles, y un 1,7% declara no tener buenos amigos. La situación de este grupo la abor-
daremos detalladamente más adelante.

5. El impacto del tiempo de estancia


La agrupación de los encuestados por los años que residen en el destino migratorio,
refleja claramente el intenso crecimiento que está experimentando toda España en materia
de inmigración en los últimos años11. Casi la mitad ha llegado recientemente, y solamente
un 5,5% de los 402 jóvenes lleva más de nueve años o ya nació en España (Tabla 1)12.

Tabla 1. Tiempo de residencia en España13


Frecuencia de casos Porcentaje (%)
Nació aquí 12 3,0
10 años y más (1997-1990) 10 2,5
5 a 9 años (2002-1998) 110 27,4
3 a 4 años (2003-04) 78 19,4
Hasta 2 años (2005-07) 192 47,8
TOTAL 402 100
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.

Entonces, hay que acentuar que no contamos con el mismo número de casos en las
distintas categorías para abordar las posibles asociaciones de la integración social y el
tiempo de estancia en España. Sin embargo, los siguientes indicadores, que nos concede la
literatura en cuanto a la integración social (Schramkowski, 2007), confirman que el tiempo
suele jugar a favor del aumento de la creación de nexos con la sociedad autóctona.
Comenzamos con las amistades interétnicas. Ya sabemos que la mayoría de los jóvenes
reconoce tener muchos amigos españoles, pero podemos observar que esa tasa varía según
el tiempo que llevan residiendo en el destino migratorio. En los casos extremos, se observa
que un 90% del grupo que lleva diez años o más tiene muchos amigos españoles, una cifra

11
Para tener una impresión del fuerte crecimiento que se produce a nivel nacional, citamos el último informe
del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales: “A 30 de septiembre de 2007 había en España 3.740.956 extran-
jeros con certificado de registro o tarjeta de residencia en vigor, lo que implica un aumento del 5,8% respecto
al segundo trimestre del año. (...) El incremento acumulado en los 12 últimos meses es del 33,9%”. Los datos
del Censo y del Padrón nos ilustran la no menos intensa evolución de la inmigración en la provincia de Huelva.
Mientras en el 1991 había 2.089 extranjeros, esta cifra aumentó en los siguientes diez años a 6.196 (2001). Cinco
años más tarde, en el 2006, la tasa se había cuadruplicado y alcanzó 24.368 personas, y se estima que llegue a
28.035 personas a finales del año 2007 (Instituto de Estadística de Andalucía, 2007).
12
A lo largo de este artículo trabajamos con 402 casos, porque el resto no indicó el año en el que llegaron.
13
Respuestas agrupadas de la pregunta literal del cuestionario: “¿Cuándo llegaste a España?”.

81

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que baja al 41,7% entre los que llegaron en los dos últimos años (Tabla 2). En ese último
grupo observamos también el índice mayor de casos de los que no tienen ningún amigo
o tienen pocos amigos autóctonos. Y cuando tomamos como referencia a los jóvenes que
llevan hasta cuatro años en España, notamos que casi todos desearían contar con más
amigos españoles y que un 6,4% niega tener buenos amigos.

Tabla 2. Entre tus grupos de amigos, ¿cuántos son españoles?


Ninguno o pocos Muchos/as
10 años y más 10,0% 90,0%
Hasta 2 años 41,8% 41,7%
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.
Cruce estadísticamente significativo.

También observamos que los jóvenes con estancias más dilatadas suelen mencionar
a más españoles, cuando se les pregunta por sus tres mejores amigos. Por ejemplo, entre
los que nacieron en España, un promedio del 72% nombra a españoles como mejores
amigos, una tasa que baja al 28% entre los ‘recién llegados’ (Tabla 3).

Tabla 3. Porcentaje de autóctonos entre los tres mejores amigos14


Nació aquí 10 años y más 5 a 9 años 3 a 4 años Hasta 2 años
1º amigo español 66,7 40,0 52,7 35,9 22,9
2º amigo español 91,7 50,0 53,6 53,6 30,7
3º amigo español 58,3 60,0 58,2 52,6 30,2
Promedio 72,2 50,0 54,8 47,4 27,9
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.
Cruce estadísticamente significativo.

Abordando otros indicadores, vemos que éstos igualmente apuntan hacia una creciente
incorporación social en estancias más largas:
- Relaciones de noviazgo
La mitad de los jóvenes que viven en España hace más de nueve años reconoce haber
iniciado una relación de noviazgo con un español. Entre los que llegaron en los dos últimos
años hay ‘solamente’ un cuarto que afirma haber iniciado tal relación.
- Pertenencia a asociaciones
Cerca dos tercios de los jóvenes de la segunda generación y de los que llevan diez años
y más, son miembros de alguna asociación o grupo, en cambio esta tasa baja a un cuarto
entre los que llegaron recientemente.

14
En esta tabla, que ha sido elaborada a partir de la siguiente pregunta: “Menciona el lugar de nacimiento
(país) de tus tres mejores amigos/as”, se muestran sólo los datos referentes a los amigos españoles.

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- Participación en las fiestas españolas


Observamos también un mayor grado de participación en fiestas españolas como el
carnaval, la cabalgata de Reyes, los bautizos, las bodas o primeras comuniones entre los
jóvenes que viven en España desde hace más años, lo que nos hace suponer una mayor
frecuencia en los contactos con autóctonos.

Tabla 4. Participación en las fiestas nombradas15


Bautizos, bodas,
Cabalgata de Reyes Carnaval
primera comunión
Nació aquí 91,7 83,3 66,7
10 años y más 80,0 80,0 90,0
5 a 9 años 70.9 58,2 63,6
3 a 4 años 67,9 59,7 65,4
Hasta 2 años 52,1 37,0 49,5
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.
Cruce estadísticamente significativo.

También podemos confirmar, como se resalta en la literatura (Schramkowski, 2007),


que la incorporación al ámbito privado de los autóctonos suele ser proclive al desarrollo
de una identificación con ésta. Podemos enfatizar que el grado de identificación con respecto
a la sociedad española aumenta con estancias más largas. Entre los jóvenes de segunda
generación y los que llevan diez años o más tres cuartos (75,0%) se sienten como parte de
la sociedad española. Mientras entre los que llevan hasta nueve años solamente la mitad
(50,8%) afirma sentirse como parte de ella.16
Para seguir, nos centramos ahora en las redes sociales. Descubrimos que, como nos
señalan los siguientes ejemplos, parecen ser más frágiles entre los que llevan pocos años
residiendo en España:17
- Indican con mayor frecuencia recibir “muchas menos” o “menos” visitas de los
amigos y familiares de las que desearían.
- La respuesta “Recibo invitaciones para distraerme y salir con otras personas: mucho
menos o menos de lo que deseo” se repite con bastante frecuencia.
- La afirmación recibir “mucho menos” o “menos” amor y afecto se halla solamente
entre los jóvenes que residen en España desde hace menos de diez años.
- Comparando los niveles de participación en actividades sociales en relación con las
personas de la misma edad, vemos que un quinto de los jóvenes que llevan hasta cuatro
años manifiesta participar “mucho menos”, una respuesta que no se da ninguna vez
entre los que llevan diez años o más y tampoco entre los de la segunda generación.

15
En la tabla se seleccionaron algunas de las fiestas sugeridas por la pregunta: “¿Participas en las siguientes
fiestas españolas?”.
16
Diferenciamos solamente entre los grupos mencionados porque existe una asociación estadísticamente
significativa. El grado de identificación se deriva de la siguiente pregunta a la cual había que contestar en una
escala que van de 0 a 10 “¿Te sientes como parte de la sociedad española?”
17
Las respuestas siguientes se han extraído de la escala de DUKE-UNC-11 que se utilizó en el cuestionario
para medir el apoyo social (Martínez et. al., 2004).

83

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En este sentido, observamos en nuestros datos que los procesos de integración son más
claros a partir de una estancia de alrededor diez años. También confirmar que: “(e)l grueso
de los inmigrantes ven afectadas sus redes de apoyo tras el desplazamiento, de forma que
tienen una menor disponibilidad de ayuda en caso de necesidad” (Mayo, 2002: 20). Suelen
ser los familiares y, a veces, algunos compatriotas a los que suelen recurrir en busca del apoyo
necesario en esta fase inicial de su asentamiento (de Miguel, 2006).

6. “No tengo buenos amigos”


Aparte de abordar las asociaciones entre el tiempo de estancia y la integración social,
nos parece interesante resaltar la situación de los siete jóvenes que reconocieron no tener
buenos amigos y así, explorando estas situaciones extremas, profundizar en los posibles
factores que puedan estar relacionados con una escasa integración social18. Otra vez se
confirma la tendencia expuesta anteriormente, es decir, estos jóvenes viven en España desde
hace relativamente pocos años, habiendo llegado entre el 2003 y el 2006. Pero no podemos
limitarnos a explicar el hecho de que no tienen buenos amigos solamente por sus cortas
estancias, así que abordamos otras características, por las que destacan en comparación con
el total de la muestra. Empezamos por los indicadores mencionados más frecuentemente
en la literatura para abordar la integración social (Schramkowski, 2007).
- Amistades, relaciones de noviazgo, pertenencia a asociaciones
Aunque este grupo reconoce no tener buenos amigos, la mayoría sí manifiesta tener
algunos amigos autóctonos y dice haber hecho nuevas amistades durante el último año. Sin
embargo, expresan que les gustaría tener más amigos españoles, ninguno de ellos mantiene
una relación de noviazgo con un español, y solamente una chica pertenece a un grupo
deportivo donde afirma contar con amigos íntimos. Los problemas que tiene una parte
del colectivo inmigrante para el establecimiento de relaciones estrechas con las personas
autóctonas se deben, según ellos, por un lado a las diferencias culturales, y por otro lado
a factores personales como la timidez de una parte de los extranjeros y su tendencia a
agruparse con las personas del mismo origen19.
- Participación en las fiestas españolas
También observamos que participan poco en las diferentes fiestas españolas. Solamente
un chico acude a algunas de las típicas fiestas, mencionado precisamente Semana Santa,
las romerías y la cabalgata de Reyes, y otra chica afirma su participación en las fiestas
patronales.
- Composición de las redes del apoyo social
Hay varias respuestas que apuntan hacia un bajo nivel de apoyo social: la mayoría
manifiesta participar “mucho menos” o “menos” en actividades sociales en comparación
con otras personas de su edad20, y varios no tienen a nadie para hablar de temas íntimos
y personales. En cuanto a las personas con las que cuentan para pedir ayuda, obtener
18
Este grupo supone un 1,7% del total de la muestra.
19
Añadimos que entre los otros 403 encuestados igualmente hallamos, con bastante frecuencia, que la ten-
dencia por la que muchos jóvenes inmigrantes no tienen amigos españoles se explica por la timidez e inseguridad
de los inmigrantes, algo que retomaremos más detalladamente cuando se presenten algunas conclusiones de las
entrevistas de profundidad.
20
En el total de la muestra, la relativamente baja participación en las actividades sociales, incide en mayor
medida entre los entrevistados de algunos países de procedencia (Marruecos, China y Rumania), representando
alrededor de un quinto de los que reconocen participar “mucho menos”.

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consejos o para divertirse, salta a la vista que sus redes cercanas son muy limitadas. Nin-
guno menciona a amigos españoles, y con la excepción de una chica, que indica a dos
amigas de su país de origen que ahora igualmente están en España, tampoco enumeran
amigos del mismo origen. Entonces, sus redes están compuestas de algunos familiares
cercanos, precisamente de los padres y/o de los hermanos que han inmigrado con ellos.
Así se confirma que una gran parte de los inmigrantes durante el primer período después
del acto migratorio concentra su demanda de ayuda en una pequeña red de familiares y
compatriotas (Mayo, 2002), disponiendo así de menos apoyo social.
- Estructura familiar
En cuanto a las estructuras familiares, que Alejandro Portes y Patricia Fernández
nombran como uno de los factores claves que influyen en el desarrollo de la integración
(2006), hay que acentuar que los jóvenes casi no cuentan con familias extensas (pe. tíos,
primos, abuelos) en España y que muchos no disponen ni del núcleo familiar, es decir, de
ambos padres y de hermanos (si tienen), en España. Varios viven solamente con uno de
sus progenitores o con los hermanos, mientras los padres parecen seguir residiendo en
los países de origen, situaciones que se repiten en un 16,2% del total de los encuestados.
Es precisamente la convivencia en familias incompletas y derrotadas que, a menudo, no
pueden prestar tanto apoyo emocional y social a los hijos, lo que implica un riesgo más
alto del fomento de una ‘downward assimilation’ (Portes y Fernández, 2006), es decir de
una integración negativa.21 Sin embargo, hay que señalar que la gran mayoría de los padres
tienen, según los jóvenes, estudios secundarios y algunos incluso carreras universitarias.
Pero parece que (aún) no han podido transformar este capital social y cultural en un valor
en el destino migratorio, porque los trabajos que efectúan allí (pe. en fábricas, la agricultura,
como empleados del hogar) son de clase obrera, suponiendo igualmente un cierto riesgo
hacia una integración más bien negativa (Portes y Fernández, 2006).
- Expectativas educativas
No obstante, tenemos que subrayar que todos los jóvenes expresan expectativas edu-
cativas altas lo que apuntaría hacia una integración positiva: casi todos desearían estudiar
carreras universitarias o grados superiores, y creen que, siendo realistas, conseguirán sus
metas. Pero hay que añadir que el promedio de edad de este grupo es de 15,6 años, y
que suele ser bastante común que a esta edad aún no sepan estimar de manera realista
las condiciones que se requieren para el alcance de una educación superior y de buenas
posiciones en el mercado laboral.
- Países de origen
También es probable que los países de origen o, más bien, las imágenes predominantes
que se asocian a los inmigrantes de estos países influyan en su escasa incorporación social.
Los siete provienen de Marruecos, Rumania y China, países a los que ligamos estereotipos
y prejuicios más bien negativos, una tendencia que se refleja claramente en las ideas del
total de los encuestados. Preguntándoles por el o los grupos peores tratados por los es-
pañoles, llama la atención que mencionan con mayor frecuencia a los marroquíes (24,0%), y
en segundo lugar hallamos a los rumanos (7,8%). También nombran a otros grupos como
por ejemplo “los pobres”, “los del sur”, o “los africanos”. Cuando analizamos la literatura,

21
Una integración negativa se mide por indicadores como la formación y el fracaso escolar, el haber estado
ya en la cárcel, los puestos que se obtengan en el mercado laboral, el nivel de ingresos, etc.

85

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se confirma la existencia de prejuicios negativos hacia los marroquíes, un colectivo que


reconoce sentirse poco aceptado por los españoles (Aparicio y Tornos, 2005).
En cuanto a los chinos, hay pocos jóvenes en la muestra que citan a este grupo. Sin
embargo, son los propios chinos los que reconocen con mayor frecuencia haber vivido
experiencias de rechazo o haber observado ese tipo de experiencias entre sus familiares o
personas de su país. También hay casi un tercio de los jóvenes que entrevistamos que pro-
cede de Marruecos y Rumania y que indica haber vivido experiencias racistas (Tabla 5).

Tabla 5. Frecuencias de haber vivido experiencias racistas según los países de origen22
HACIA LAS PERSONAS
A TI MISMO HACIA TU FAMILIA
DE TU PAÍS
China (60,0%) China (60,0%) China (80,0%)
Ucrania (43,5%) Argentina (37,5%) Argentina (62,5%)
Argentina (37,5%) Lituania (25%) Sahara (55,6%)
Marruecos (28,8%) Ucrania (17,4%) Colombia (52,6%)
Inglaterra (28,6%) Marruecos (15,0%) Lituania & Polonia (50,0%)
Rumania (28,1%) Portugal & Inglaterra (14,3%) Marruecos (42,5%)
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.

En la literatura encontramos varias pistas que nos confirman la relación entre los
prejuicios negativos y los problemas del establecimiento de relaciones estrechas con los
autóctonos y la integración en general. Por ejemplo, Hartmut Esser (1990a) describe que
los prejuicios negativos, acompañados con un cierto nivel de rechazo y una mayor proba-
bilidad de sufrir discriminaciones, suelen predominar hacia ciertos grupos de inmigran-
tes, representando para éstos un obstáculo que dificulta el establecimiento de amistades
con los autóctonos. Alejandro Portes y Patricia Fernández (2006) igualmente nombran
al contexto hostil de recepción (a nivel político y social) como un factor que dificulta la
incorporación de los inmigrantes, refiriéndose sobre todo a la obtención de un buen nivel
de formación y trabajo.
- Intenciones de retorno a sus países de origen
En cuanto a sus ideas de futuro, llama la atención que solamente dos de estos siete
jóvenes se quedarían en España si pudieran elegir, y, según ellos, ninguna de sus familias
tiene intenciones de quedarse en España. Esas incertidumbres sobre un posible retorno
al país de origen provocan una cierta inseguridad con respecto a la incorporación defini-
tiva en la sociedad del país de destino. Siguiendo los resultados de un estudio que pone

22
Elaboramos esta tabla, basándonos en las siguientes preguntas del cuestionario: “¿Has percibido en tu
pueblo o ciudad algún sentimiento negativo o algún tipo de rechazo o discriminación hacia... a) las personas de
otros países, b) hacia tu familia, c) hacia ti mismo?”. Hay que añadir que, elaborando esa tabla, hemos conside-
rado solamente los grupos de inmigrantes con cinco participantes o más en la encuesta, y que los chinos son
aquellos con la menor frecuencia de casos, precisamente cinco, mientras hay 80 jóvenes de origen marroquí y
114 rumanos. Por lo tanto hay que tener una cierta cautela en cuanto a la comparación de las experiencias de
rechazo indicadas.

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de relieve que los inmigrantes que quieren quedarse en España con absoluta certeza son
los que tienen las redes más amplias y por eso también frecuencias elevadas de apoyo
(Maya, 2002) podemos suponer una vinculación entre los deseos de retorno y la escasa
integración social.
- Inestabilidad de la vida
La escasez de las relaciones de amistad de los jóvenes también tiene que ver con una
cierta inestabilidad que se refleja en sus biografías. Muchos se han mudado de barrio o
de ciudad y han cambiado de centro escolar en los pocos años que llevan residiendo en
España, circunstancias que dificultan el establecimiento de una red de amistades estable.
- Percepción del trato de los españoles hacia las personas de otros países
El trato de los españoles hacia los inmigrantes, es percibido de forma general, como
negativo. Estas impresiones se justifican con expresiones del tipo: “porque dicen que les
quitan el trabajo y que no se comportan bien.”23 y “porque nadie quiere relacionarse con
un extranjero.” Sin embargo, hay que señalar que un joven opina que se trata a los extran-
jeros igual que si fueran españoles, y que otro entrevistado no sabe qué indicar “porque
depende del extranjero y también de la gente con la que te encuentras”.
- Pautas de auto-identificación
Se nota que este grupo se identifica en mayor medida con los países de origen que
con España, y más con el pueblo o la ciudad donde los jóvenes vivían antes del acto mi-
gratorio que con su lugar de residencia español. Preguntándoles si se sentían parte de la
sociedad española, algunos manifiestan un grado medio de identificación con el destino
migratorio, y los demás responden no sentirse parte para nada parte, explicando, en el
caso más extremo, que percibe un “rechazo continuo que me hace odiar cada vez más a
la sociedad española”.
Podemos suponer que las tendencias de auto-identificación están ligadas a las amista-
des que mantienen con los autóctonos porque observamos una mayor identificación con
el España entre los que cuentan con más autóctonas entre su grupo de amigos. Por otra
parte, la identificación se produce con el lugar de procedencia en aquellos que no poseen
este tipo de amistades, una tendencia que se ve confirmada por varios estudios (Gualda y
Schramkowski, 2007; Schramkowski, 2007; De Federico, 2002).
- Grado de felicidad y satisfacción relativamente bajo
Como último factor queremos destacar que el nivel de felicidad presentado por estos
jóvenes, es inferior al promedio del total de los encuestados, y que varios manifiestan estar
menos satisfechos en comparación con la que sería su situación en el país de origen.24
Esto se puede deber a no tener suficientemente cubiertas sus necesidades de naturaleza
psicológica debido a la fragilidad de sus redes sociales de apoyo (Maya, 2002).
Como esos siete jóvenes llevan pocos años residiendo en España, podemos suponer
que sus redes de apoyo social y de amistades se irán ampliando con el paso de tiempo y
que, a esta red de apoyo se insertarán cada vez más personas autóctonas y familiares cer-

23
Citas sin referencia bibliográfica provienen de las entrevistas realizadas a los jóvenes que se adaptaron al
lenguaje literario por razones de la legibilidad.
24
El grado de felicidad y de satisfacción se deriva de las siguientes preguntas del cuestionario a las cuales
había que contestar en escalas que van de 0 a 10: “¿En qué medida te consideras una persona feliz?” y “Global-
mente, ¿en qué medida estás satisfecho/a con tu vida últimamente?”.

87

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canas debido a procesos de reagrupación familiar. Además, como muestran los siguientes
ejemplos, hay algunas tendencias que apuntan hacia una creciente integración.
- Tres indican querer educar a sus hijos en castellano y en el idioma del país de origen.
- Cuatro dicen que han establecido nuevas amistades con españoles en el último año,
y seis dicen que les gustaría contar con más amigos españoles.
- Expresan metas educativas altas.
No obstante, hay que subrayar que encontramos varios indicadores como la falta de
familias extensas, a menudo incluso sin el núcleo familiar, o las imágenes generalmente
negativas que se asocian a los países de origen (Portes, 2006) que nos alertan sobre el riesgo
de futuros problemas de integración. También hemos observado una escasa incorporación
social, es decir, estas personas cuentan con pocas amistades y relaciones cercanas con
personas españolas, un factor que, como comenta Maya, supone un riesgo más elevado
de sufrir depresiones: “... entre los elementos que (…) previenen la depresión en ese
colectivo se cuentan tener una red amplia, estar casado, disponer de apoyo confidente y
estar satisfecho con las relaciones interpersonales” (Maya, 2002: 1).

7. “Depende de la personalidad de cada uno”


Las entrevistas en profundidad y el grupo de discusión que realizamos nos permiten
ahora acercarnos a las redes sociales desde una perspectiva cualitativa. Vamos a tratar
algunos factores, que aún no han sido discutidos aunque igualmente afectan al desarrollo
de la integración social. Analizamos los casos de Ana de 23 años, proveniente de Bolivia
(E1, 2007), y de Julián, un rumano de 18 años (E3, 2007).25 Mientras Ana, que reside en
España desde hace seis años, manifiesta tener solamente un amigo español, Julián, que
llegó hace 10 meses, cuenta ya con “un montón” de amigos españoles. Esta diferencia
que se opone a la tendencia general que presentamos, y que indica que las redes sociales
serían más amplias para una estancia mayor en el lugar de destino, se debe a los siguientes
factores:
- “Depende de la personalidad de cada uno”26.
Vemos que el hecho de contar con muchos o pocos amigos autóctonos está también
vinculado con la personalidad del inmigrante, aunque hay que mencionar que este fac-
tor no tiene mucho que ver con el hecho de ‘ser inmigrante’. Julián manifiesta tener ya
“muchísimos” amigos en España por ser “una persona abierta” y porque sale “siempre,
todos los fines de semana”, yendo a discotecas, botellones y acudiendo a fiestas como
las romerías o la Semana Santa. En cambio, Ana explica que lo de contar solamente
con un amigo autóctono se debe sobre todo a su timidez: “Yo soy muy tímida, (…) y
a lo mejor al hablar (…) me pongo nerviosa.” Añade que tiende a callarse más con las
personas españolas por sentirse insegura. Debido a esta sensación, junto a la cercanía
cultural que percibe, le resulta más fácil relacionarse con otros latinoamericanos: “Me
siento más afín a ellos (…) Nosotros hemos vivido desde pequeños cosas que ellos
(los españoles) a lo mejor no pueden entender.” Tampoco sale mucho por la noche ni
acude frecuentemente a otros tipos de diversión, porque no le atraen y además trabaja,
casi todas las noches, cuidando a una persona mayor. Comparándose a sí misma con su
25
Todos los nombres, que se mencionan, son ficticios.
26
Las citas de las entrevistas y del grupo de discusión y se han adaptado al lenguaje literario por razones
de legibilidad.

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Barbara Schramkowski

hermana, que igual que Julián se reúne a menudo con amigos españoles y que participa
en casi todas las fiestas españolas, acentúa: “Depende de la personalidad de cada uno,
porque mi hermana, por ejemplo, no ha tenido dificultad ninguna. (…) Porque es más
social, es más abierta, habla más.”
- “…amigos de verdad, pues la mayoría de la gente tiene pocos. Se confunde compa-
ñerismo con amistad” (G1, 2007).
Asimismo, tenemos que señalar que Ana distingue entre ‘amigos’ y ‘compañeros’,
manifestando que la mayoría de las personas que conoce “son conocidos, no son ami-
gos” porque, según ella, el establecimiento de una amistad requiere mucho tiempo. Por
el contrario, Julián no hace esta distinción y le atribuye otro sentido a la palabra ‘amigo’:
“Siempre he hecho amistades, tengo muchísimos amigos en Portugal también (donde vivía
4 años), tengo amigos italianos también, me quedé dos semanitas”.
- Percepciones sobre la propia red social
Ana, que prefiere tener “… pocos pero buenos (amigos)…”, está contenta con su red
de apoyo debido a la buena relación que tiene con sus seis hermanos. También se lleva
bien con sus padres y las parejas de sus hermanos, dispone de su único amigo español,
con quién puede contar para cualquier cosa, y se comunica frecuentemente con su mejor
amiga que sigue en Bolivia. Con la familia extensa, sus primos, tíos y abuelos, no contacta
muy a menudo, algo que siempre ha sido así porque no hay buenas relaciones. En cambio,
Julián tiene solamente a su madre en España, mientras que su padre y su hermana siguen
en Rumania. De este modo, suponemos que – para no quedarse solo – siente más la ne-
cesidad de establecer relaciones de amistad con otras personas. Y como antes de venir a
España, había vivido cuatro años en Portugal, declara que siempre le echarán de menos
los amigos de alguna parte y dedica mucho tiempo a mantener los contactos.
- Contexto cultural y religioso
También observamos que a veces es el contexto cultural y religioso el que dificulta
la integración social. Tomamos el ejemplo de Samia de 16 años y origen marroquí (G1,
2007) que debido a las costumbres de su familia se queda en casa por las tardes y por
las noches, mientras en Marruecos sí salía, y lamenta no poder juntarse con las amigas
que tiene en España: “Ellos no vienen a mi casa ni yo a las suyas. Pero en Marruecos no,
siempre yo dando vueltas. Aquí sólo de casa al Instituto”. También plantea que debido
a su orientación religiosa al Islam no podría tener un novio español: “Es que no pienso
(estar) con uno que no sea de mi religión. Él tiene que tener la mía y luego casarme con
él”. Pero igualmente admite conocer a mujeres marroquíes que le dan menos importancia
a sus creencias religiosas y que se casaron con españoles.
Así constatamos que es necesario tener cuidado a la hora de dar una valoración de
la integración de forma unilateral siguiendo algún indicador como la cantidad de amigos
españoles, la participación en las típicas fiestas o las relaciones de noviazgo. Son indicadores
que indiscutiblemente influyen, pero igualmente tenemos que considerar otras variables
como la personalidad del inmigrante, su manera de entender el concepto ‘amigo’, ciertas
pautas culturales, etc.

8. Conclusiones
Para resumir, destacamos que unas estrechas relaciones entre la población inmigrante
y los autóctonos en una sociedad como la española, en la que una de cada diez personas

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El Impacto De Las Relaciones Próximas Con La Población Autóctona En El Desarrollo...

es extranjera27, constituyen la base esencial para que pueda aparecer otra vez un ‘nosotros’
global, entre los ‘nuevos vecinos’ y ‘los de siempre’. De esta forma, se conseguiría evitar
el desarrollo de una sociedad segregada. También es cierto que el desarrollo de tales re-
laciones no depende solamente de los esfuerzos y la disposición de los inmigrantes sino
igualmente de la población autóctona y de las opciones que ésta les conceda.
En cuanto a nuestro estudio, hay que subrayar que una parte de los jóvenes manifiesta
haber logrado una buena integración a nivel social y dispone de personas españolas en su
red cercana de apoyo. Asimismo, observamos que el tiempo de residencia de los encuestados
en España, suele ser proclive al desarrollo de su incorporación social. Sin embargo, otra
parte de los jóvenes mantiene (aún) pocas o casi ninguna relación cercana con las personas
autóctonas y tiene redes de apoyo bastante limitadas, compuestas de forma predominante
por la familia cercana (padres y hermanos) y, en algunos casos, también por algún amigo
del mismo grupo étnico.
Queremos volver a mencionar uno de los aspectos que tiene que ver con esta situación,
y que tenemos que considerar para favorecer la integración. Se nota que las imágenes y
los discursos predominantes en relación a ciertos grupos de inmigrantes son más bien
negativos. Así pues, suelen sufrir, con más frecuencia, incidentes de rechazo y de discri-
minación, y queda claro, que – para fomentar una integración positiva – tenemos que
trabajar igualmente con los autóctonos, teniendo en cuenta las imágenes predominantes
hacia (ciertos) inmigrantes.
Para terminar, queremos plantear ciertas dudas que nos han surgido con respeto a la for-
ma de evaluación de la integración social y de la integración en general siguiendo solamente
los indicadores expuestos. Es cierto que los indicadores asociados con la integración social,
como las relaciones de amistad, de noviazgo, la participación en las fiestas, la composición
familiar, etc. nos han servido para evaluar tal dimensión. Sin embargo, las experiencias
de algunos jóvenes, extraídas de las entrevistas cualitativas, nos señalan que igualmente
tenemos que prestar atención a otros factores como las personalidades, las necesidades,
las pautas culturales y las perspectivas subjetivas. Hemos visto que una persona que ya
lleva muchos años en el destino migratorio y que tiene pocos amigos autóctonos por ser
una persona tímida, puede estar perfectamente satisfecha. Del mismo modo, una persona
que disponga de varios amigos españoles puede negar sentirse integrada debido a otros
factores. Por eso consideramos necesario complementar las investigaciones cuantitativas,
que abordan los procesos de integración, con entrevistas en profundidad.

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tionssoziologie, Opladen, Westdeutscher Verlag, 73-100.
27
A principios del año 2007, la población empadronada en España superó los 45 millones y el número de
extranjeros empadronados se situó en 4,48 millones, suponiendo casi un 10% (Instituto Nacional de Estadística,
2007).

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Stanislava Yordanova Stoyanova

FACTORS INFLUENCING THE CHOICE OF


FRIENDS - ANALYSIS OF BULGARIAN
FRIENDSHIP NETWORKS

FACTORES QUE INFLUYEN EN LA ELECCIÓN


DE AMIGOS: ANÁLISIS DE REDES
DE AMISTAD BÚLGARAS
Stanislava Yordanova Stoyanova
South-West University “Neofit Rilski”
Bulgaria
avka@abv.bg

Recibido: 13/12/07; Aceptado: 23/3/08


Resumen
Este artículo presenta los resultados de una investigación que tiene lugar en 2006 usando
un análisis sobre la red de amigos. Se estudian las relaciones de 223 pares de amigos. Había
reciprocidad en las nociones de los que respondieron sobre el hecho de cómo percibían a sus
amigos y cómo estos les percibían a ellos –como hombres o mujeres, como jóvenes, como
habitantes de una ciudad, como vecinos, familiares, a través de características personales
dominantes, como extranjeros, como europeos. Usualmente los amigos tenían la misma
ocupación y el mismo estatus social. La identidad étnica, territorial Europea y de género
influenciaban la elección de amigos y el desarrollo de la amistad.
Los miembros de la mayoría étnica en Bulgaria mantenían amigos principalmente con
los miembros del grupo étnico y con gente que declaró la misma religión, mientras que la
gente de minorías étnicas mantuvo más frecuentemente amigos con miembros de los grupos
étnicos externos y con gente de diferentes religiones. La identidad europea unificó a los
miembros a encontrar cosas más comunes entre ellos cuando tenían diferentes identidades
étnicas. La identidad territorial y la identidad de género dominaban más en las amistades
de la gente joven que de los mayores.

Abstract
This paper presents the results from a research carried out in 2006 in Bulgaria by using
the analysis of friendship network. The studied relationships were between 223 couples of
friends. There was reciprocity in the respondents’ notions about the fact how they perceived
their friends and how their friends perceived them – as men/women, as young people, as
inhabitants of a city, as neighbours, as relatives, through dominant personal qualities, as
foreigners, as Europeans. Usually the friends had the same occupation and the same social
status. The ethnic, territorial, European and gender identity influenced the choice of friends
and the development of the friendship. The members of the ethnic majority in Bulgaria
maintained friendships mainly with the members of the ethnic in-group and with people

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Factores Que Influyen En La Elección De Amigos: Análisis De Redes De Amistad Búlgaras

confessing the same religion, while the people from the ethnic minorities maintained most
frequently friendships with members of the ethnic out-groups and with people confessing
different religions. The European identity unified the friends to find more common things
between them when they had different ethnic identities. The territorial identity and the
gender identity dominated more in the young people’s friendships than they did in the
elderly people’s friendships.

Palabras clave: Análisis de redes sociales, Amistad, Identidad étnica, Identidad terri-
torial, Identidad sexual
Keywords: Network analysis, Friendship, Ethnic identity, Territorial identity, Gender
identity

Friendship
Friendship can be defined as an interpersonal relationship between two people that
is characterized by mutual positive regard. Friendship is an intimate, caring relationship
with attributes such as reciprocal tenderness and warmth of feeling; reciprocal desire to
keep the friendship; honesty and sincerity; trust; intimacy and openness of self; loyalty;
and durability of the relationship over time (Testo, 2008). For two individuals to form a
friendship, they must be acquainted ahead of time, perhaps as a result of working at the
same firm. Each individual must then exert effort, which could involve inviting the other
person to dinner, buying gifts on special occasions, etc. Friendships form most easily when
effort is reciprocated (Brueckner, 2006). When the racial and ethnic minorities become
more integrated into friendship networks and these networks become more integrated into
the overall culture, problematic behaviors might decline (Haynie & Payne, 2006).

Social network
A “network” signifies the existence of relationships that go beyond the group bounda-
ries – the relationships between individuals, small groups, institutionalized groups and the
realization of social regulation. The friendship network is an open network, that means
it does not have any limits and it cannot be studied thoroughly (Ferrand & Federico de
la Rùa, 2006). The friendship network is characterized by some kind of uncertainty of
the relationship, the last one is not regulated like for example the relationships between
superiors and subordinates. There is a social variability concerning the mean of the term
“friend”. There are close friends (we meet them frequently, we discuss the most intimate
topics with them, we rely on them), simply friends and well-known people (they are con-
sidered as friends in so far as they have not done anything wrong to us and we could pass
nicely together). Social network describes the complex interpersonal linkages in a social
system and it is generally divided into structural and interactional dimensions. Size or
range, density, proximity, type of relationship, homogeneity, and reachability are compo-
nents of the structural dimension. Characteristics of individual ties such as frequency of
contact, intimacy, duration, reciprocity, and durability, are considered as the interactional
dimension. Several factors influence the formation of social networks: physical proximity
or propinquity, reciprocity of liking and self-disclosure, individual judgment of the other
person’s characteristics (e.g., physical features, social skills, academic achievement, similar-
ity), developmental stages, etc. (Tsai, 2006).

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Stanislava Yordanova Stoyanova

The hypothesis of the research was that the most friends share a lot of common features
– they have the same status, they belong to the same social group (ethnic, professional,
religious, etc.), they share their opinions. Another hypothesis supposed that the analysis
of the friendship network would reveal that the ethnic, territorial, European and gender
identity influence the choice of friends and the development of the friendship.

Identity
The identity means standardization, comparing, equalization (Todorova, 2004). The
identity is created by means of the achievement of the sense of belonging to a group. The
individual compares oneself to the other people and establishes the similarities with the
in-group and the differences with the out-groups. The identity is related to the internal
co-ordination and stability, to the image of oneself as possessing some durable and stable
traits in spite of the social roles that the individual executes in the different situations
(Cuéllar, Nyberg, Maldonado & Roberts, 1997).
The component of the ethnic identity were the pride of the belonging to an ethnic
group (related to the attachment to the ethnic in-group, the positive attitudes towards the
ethnic in-group, the interest in the culture, history and the traditions of the ethnic in-
group) and ethnic differentiation (the wish for having friends and conjugal partner from
the ethnic in-group), the inclusion in the social life and cultural practices of the ethnic
in-group (speaking the language of the ethnic in-group, confessing the religion of the
ethnic in-group, celebrating the ethnic holidays, etc.). (Valk & Karu, 2001; Phinney, 1992;
Verkuyten, 2002; Verkuyten, 2003).

Method
The method of this study included the unification of a name generator (every respondent
indicates the initials of four of his/her friends) and a name interpreter (every respondent
indicates his/her socio-demographical characteristic, his/her friends socio-demographical
characteristic, as well as he/she answers the questions about the maintained relationships
concerning the frequency of the meetings, the themes of the conversations, the duration of
the relationship, the mutual perceptions of the two parts in the relationship). The research
was carried out in 2006. The personal open friendship networks were studied – every
respondent described the relationships between his/her friends. The analysis concerned
these facts that were observed and marked by the actors in the network. The respondent
is called «Ego», and the people he/she maintains some relationships with –«Alters» (Fer-
rand & Federico de la Rùa, 2006).

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Factores Que Influyen En La Elección De Amigos: Análisis De Redes De Amistad Búlgaras

Table 1. Name generator and name interpreter for studying the friendship networks
How do How many Ordinarily, what
you think How do times did are your relations
How much your friend you perceive you meet with this person?
time do perceives you? your friend? your friend (you could enclose
Your His/her you know (choose no ( choose no during the all the letters that
friend’s first His/her His/her ethnic His/her His/her him/her more than 3 more than 3 past month? correspond to
name gender age group religion occupation from? answers) answers) your answers)
a) you counsel
a) as a student a) meetings with him/her
every day
b) you share your
b) as an b) meetings personal problems
a) as a
European once per
student week
a) he/she c) you speak about
b) as an the politics
studies c) as an c) meetings
European 2-3 times
(please, inhabitant of d) you speak about
per week your plans about
indicate a city c) as an the future
what) ......... inhabitant d) meetings
d) as a young of a city 2-3 times e) you speak about
..................... per month other countries,
a) Christian ......... person
a) man d) as a other people and
young e) meetings their manner
e) as a person once per of life
b)woman b) Muslim b) he/ month
foreigner
she works e) as a f) you speak about
f) only travels
c) atheist (please, foreigner
f) as a friend phone calls
a) indicate or messages, g) you frequently
f) as a friend no meetings
Bulgarian d) other what) ......... a) from ...... feed together
g) as a man/
(please, ..................... years g) as a man/
woman h) you go out
b) other indicate ......... woman together to the
(please, which one ) b) from .... cinema, parties...
h) other h) other
indicate ........... c) months (please, (please, j) you work/study
which unemployed indicate together
indicate what) .
what) ............
one) e) I do not c) less than ............................. ........................ k) you live
................ know d) pensioner a month .................. ............ together
Who of your What are the relations between
Your friends mentioned your friends who know each
first Your Your Your ethnic Your above know each other?
name gender age group Your religion occupation other?
.................. knows a) they avoid each other
a) you study ...................... b) they know each other slightly
a) man (please, c ) they get on together
indicate
. .................. a) they avoid each other
b) a) Christian what) .......
knows...................... b) they know each other slightly
woman
b) you work c ) they get on together
b) Muslim
(please, .................. a) they avoid each other
c) atheist indicate knows...................... b) they know each other slightly
what) ......... c ) they get on together
a) Bulgarian d) other ....................
.................. a) they avoid each other
(please, .........
knows...................... b) they know each other slightly
b) other indicate c ) they get on together
c)
(please, which one)
unemployed .................. a) they avoid each other
indicate ....................
knows...................... b) they know each other slightly
which one) d) pensioner c ) they get on together
...................

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Stanislava Yordanova Stoyanova

Sample
The studied social network embraced 40 friendships of 10 students in psychology by
correspondence in the second course, 88 friendships of 22 regularly students in psychology
in the third course, 28 friendships of 7 regularly students in pedagogy in the forth course
in the South-West University in Bulgaria, and 40 friendships of 10 residents of village
Kostenetz in Bulgaria. The data were elaborated by means of UCINET and PAJEK.
The studied relationships were between 223 couples of friends. 13 couples of friends,
the respondents maintained friendships with, avoided each other. 34 couples of friends,
the respondents maintained friendships with, knew each other slightly. 176 couples of
friends, the respondents maintained friendships with, got on with each other.

Results
Fig. 1 Scheme of the relationships between friends, three-dimensional image

1 indicated the respondents’ friends who avoided each other; 2 indicated the respondents’ friends
who knew each other slightly; 3 indicated the respondents’ friends who got on with each other.

The symmetry of the friendships could be established because the students frequently
indicated as their friends other respondents who were studied, too. In the friendship net-
works, we found some structures where the respondents maintained close relationships
only with other respondents.
The clique is a structure composed by no accidental connections between the actors
where all the actors are related between them. 15 cliques were found - unifications between
at least five of the actors. The kernel of the actors in the network who were the most
strongly related between them was the students in psychology in the third course and their
friends. The density of this kernel was 2.19; the density of the periphery was 0.055. The
density was computed as the number of the directed connections was divided into the
number of the ordered couples.

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Factores Que Influyen En La Elección De Amigos: Análisis De Redes De Amistad Búlgaras

The measurement of the centrality was based on the number and the length of the direct
ways (connections) between the actors. The students in psychology in the third course had the
most connections with the other actors in the social network. For all of the respondents, the
average index of centrality degree=11.075; SD=5.399. The coefficient of variation = 48.8%,
namely the studied social network was moderately homogeneous in its structure positions.
The minimum number of connections between the actors was 3, the maximum was 43. The
network centralization expresses the degree of inequality. In this case, Network Centralization
= 16.12%, that is to say that the advantages to what the positions of the actors in the network
were related were almost uniformly distributed in the network. There was no a leading actor
who centralized big power and resources compared to the other actors. The homogeneity of
the network= 0.62%, that is to say the network consisted of heterogeneous actors.
One actor could be related to a big number of other actors, but they could be uncon-
nected with the rest part of the network as a whole. In this case, the actor is central only
for a section of the network – Closeness centrality. The studied social network was broken;
there were interminable distances, a few actors who were not connected between them.
The students in psychology in the third course had the biggest closeness to the other ac-
tors in the network. For all of the respondents, the average index of Closeness centrality
was nCloseness=35156.518; SD=5235.667. The coefficient of variation = 16.6%, that is
to say the studied social network consisted of some relatively unconnected between them
elements. There were a few components of the network that were connected between
them, but unrelated to the other parts of the network. Two of the parts of the network
(loops, closed chains) were isolated by the other parts of the network. The density of the
network= 0.0194 (with the loops). The number of couples who were not connected to
the other elements of the network was 35050. The average distance between the couples
who were connected between them was 4.10602 (the couples needed four mediators to be
joined). The outermost members of the network had a distance of 11 mediators far from
the other members of the network. The group cohesion was very little (Distance-based
cohesion = 0.049; this index varies from 0 to 1, the big values indicate the big cohesion). The
fragmentation of this network was big (Distance-weighted Fragmentation = 0.951).

Table 2. Kinds of relationships – triads in the investigated friendship network


Type of triads Number of such triads

75802

309

1256649

540

98

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(The type of triad was indicated according to Borgatti, Everett, and Freeman’s scheme
(1999) defining the existence of 16 possible triads in each network).
The reciprocal friendships existed only between 5.75% out of the actors in the triads.

The ethnic characteristics of the friendship network


The respondents were 44 Bulgarians, 3 Macedonians, 1 Serb and 1 Turk. 179 (91.3%)
were the maintained friendships with Bulgarians; 8 (4.1%) were the maintained relation-
ships with Macedonians; 6 (3.1%) were the maintained relationships with Serbs and 2 (1%)
were the maintained relationships with Turks. The ethnic characteristics were important
in the friendship because every respondent was informed about his/her friend’s ethnic
belonging.
The Serb and 93.2% out of the Bulgarians (N=41) maintained friendships only with the
members of the own ethnic group. 6.8% out of the Bulgarians (N=3) and one Macedonian
maintained friendships with people from the own ethnic group and with people from
another ethnic group. Two Macedonians and the Turkish woman maintained friendships
with people from the own ethnic group and with people from two other ethnic groups.
One Macedonian maintained friendships with three Macedonians and one Bulgarian; two
Macedonians maintained friendships with two Macedonians, one Bulgarian and one Serb.
One Turk maintained friendships with two Turks, one Bulgarian and one Macedonian.
The studied foreigners had 8 Macedonian friends, 6 Serb friends, and 2 Turk friends. The
members of the ethnic majority in Bulgaria maintained friendships mainly with the members of the ethnic
in-group, while the people from the ethnic minorities maintained most frequently friendships with members
of the ethnic out-groups (χ|6|2=41.439; p=0.000).
12.5% out of the studied Macedonians (1 out of 8 relationships) perceived their friends
as foreigners. All respondents of the other ethnic groups (179 relations with friends Bul-
garians, 6 relations with friends Serbs, 2 relations with friends Turks) did not perceived
their friends as foreigners (χ|3|2=23.495; p=0.000). 12.5% out of the studied Macedoni-
ans (1 out of 8 relationships) were perceived by their friends as foreigners. 100% of the
respondents of the other ethnic groups (179 relations with friends Bulgarians, 6 relations
with friends Serbs, 2 relations with friends Turks) were not perceived by their friends as
foreigners (χ|3|2=23.495; p=0.000). The Macedonians were the studied ethnic group whose members
maintained the most frequently friendships with the members of the ethnic out-groups.
62.5% out of the studied Macedonians (5 out of 8 relationships) perceived their friends
as a man/a woman (through the gender belonging). The majority of the respondents of
the other ethnic groups (148 out of 179 relations with friends Bulgarians, 4 out of 6 rela-
tions with friends Serbs, 2 relations with friends Turks) did not perceived their friends
through the gender belonging (χ|3|2=11.187; p=0.011).
All the respondents-Turks (2 relationships) perceived their friends as neighbours, rela-
tives or through some dominant personal characteristics. The majority of the respondents
of the other ethnic groups (157 out of 179 relations with friends Bulgarians, 8 relations
with friends Macedonians, 6 relations with friends Serbs) did not perceived their friends
as neighbours, relatives or through some dominant personal characteristics (χ|3|2=16.215;
p=0.001).
In 66.7% of the friendship relations with Serbs, the politics was discussed (4 out of 6
relations). In the majority of the friendships with the other ethnic groups, the politics was

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not discussed (145 out of 179 relations with friends Bulgarians, 7 out of 8 relations with
friends Macedonians, 2 relations with friends Turks) (χ|3|2=9.061; p=0.028).
All respondents (131 relationships) who shared some personal problems did not
perceive their friends as foreigners. 3.1% out of the respondents (2 out of 65 relation-
ships) who did not share any personal problems perceived their friends as foreigners.
The respondents kept themselves in control not to reveal themselves towards their friends - foreigners
(χ|1|2=4.072; p=0.044).

The religious characteristics of the friendship network


44 out of the respondents (89.8%) were Christians and 5 out of the respondents (10.2%)
were Muslims. 173 (88.3%) were the maintained friendships with Christians. 14 (7.1%)
were the maintained friendships with Muslims. 8 (4.1%) were the maintained friendships
with atheists. 1 (0.5%) was the maintained friendship with a person whose religion was
not known by his/her friend. The religion was important in the friendship because almost
all respondents were informed about his/her friend’s religion.
79.5% out of the Christians (N=35) and two of the Muslims maintained friendships
only with people confessing their own religion. 13.6% out of the Christians (N=6) and
no one Muslim maintained friendships with people confessing their own religion and with
people confessing another religion. 3 out of the Christians and one Muslim maintained
friendships with people confessing their own religion and with people confessing two
other religions. One Muslim and no one Christian maintained friendships with people
confessing the same religion and with people confessing three other religions; one Muslim
and no one Christian maintained friendships with people confessing different of his/her
religions. The people from the ethnic majority in Bulgaria maintained friendships mainly with people
confessing the same religion, while the people from the ethnic minorities more frequently maintained friend-
ships with people confessing different religions (χ|4|2=20.167; p=0.000).
In the majority relations with friends whose religion was not known, in the majority
friendships with atheists and Muslims, the friends talked about other countries, other
people and their way of life1, and for travels2. In the majority friendships with Christians,
the friends did not talk about other countries, other people and their way of life3, or
about travels4.

The occupational characteristics of the friendship network


36 out of the respondents studied (73.5%). 4 out of the respondents worked (8.2%). 2
out of the respondents were unemployed (4.1%). One respondent was a pensioner (2%).
6 out of the respondents studied and worked (12.2%).
106 out of the investigated 196 friendships (54.1%) were between people who studied.
60 (30.6%) friendships were between people who worked. 14 (7.1%) friendships were
between people who were unemployed. 8 (4.1%) friendships were between people who
were pensioners. 8 (4.1%) friendships were between people who studied and worked. The
1
1 relation with a friend whose religion was not known; 4 out of 8 friendships with atheists and 9 out of
14 friendships with Muslims;
2
1 relation with a friend whose religion was not known; 4 out of 8 friendships with atheists and 11 out of
14 friendships with Muslims;
3
140 out of 173 friendships with Christians; χ|3|2=20.901; p=0.,000; Phi=0.327;
4
109 out of 173 friendships with Christians; χ|3|2=11.037; p=0.,012; Phi=0.237;

100

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occupation was important in the friendship because every respondent was informed about
his/her friend’s occupation.
33.3% (N=12) out of the students and two workers maintained friendships with people
having the same occupation like theirs. 22.2% (N=8) out of the students and one unemployed
man, and one pensioner maintained friendships with people having the same occupation
like theirs and with people having a different occupation. 30.6% (N=11) out of the students
and two workers maintained friendships with people having the same occupation like theirs
and with people having two different occupations. 11.1% (N=4) out of the students, one
unemployed man and three respondents who studied and worked maintained friendships
with people having the same occupation like theirs and with people having three different
occupations. One student and one respondent who studied and worked maintained friend-
ships with people having different occupations. The respondents who studied and worked maintained
friendships with members of the most various social groups (χ|16|2=34.687; p=0.004).
61.7% out of the respondents (29 out of 47 relations) who perceived their friends as
students were perceived by their friends as young people. 70.5% out of the respondents
(105 out of 149 relations) who did not perceive their friends as students were not per-
ceived by their friends as young people. The students frequently maintained friendships with young
people (χ|1|2=15.822; p=0.000). All respondents (2 relations) who perceived their friends as
foreigners were perceived by their friends as students. 69.1% out of the respondents (134
out of 194 relations) who did not perceive their friends as foreigners were not perceived
by their friends as students. The investigated students had a few friends foreigners who studied in the
South-West University (χ|1|2=4.367; p=0.037).
In 62.5% out of the relations with friends who were pensioners (5 out of 8 rela-
tions), the respondents were perceived as neighbours, relatives or through their dominant
personal qualities. In the majority of the relations with friends who studied, worked, or
were unemployed people (100 out of 106 relations with friends who studied; 51 out
of 60 relations with friends who worked; 11 out of 14 relations with friends who were
unemployed; 7 out of 8 relations with friends who studied and worked) the respondents
were not perceived as neighbours, relatives or through their dominant personal qualities
(χ|4|2=24.603; p=0.000). In 62.5% out of the relations with friends who were pensioners
(5 out of 8 relations), the respondents perceived their friends as neighbours, relatives or
through their dominant personal qualities. In the majority of the relations with friends
who studied, worked, or were unemployed people (101 out of 106 relations with friends
who studied; 50 out of 60 relations with friends who worked; 11 out of 14 relations with
friends who were unemployed; 7 out of 8 relations with friends who studied and worked)
the respondents did not perceive their friends as neighbours, relatives or through their
dominant personal qualities (χ|4|2=26.584; p=0.000). The biggest part of the friendships between
pensioners was between neighbours or relatives.
In 50% of the relations with unemployed friends (7 out of 14 relations) and in 87.5% of
the friendships with pensioners (7 out of 8 relations), the politics was discussed. In the majority
of relations with friends who studied and worked (94 out of 106 relations with friends who
studied; 48 out of 60 relations with friends who worked; 7 out of 8 relations with friends who
studied and worked at the same time), the politics was not discussed (χ|4|2=36.065; p=0.000).
The politic themes were related to the unemployed people and pensioners’ economical problems.

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The age characteristics of the friendship network


The respondents did not indicate the age of 8 of their friends. Two respondents did not
indicate their age. We collected the date for the age of 188 friends-alters and 47 friends -
egos. The age was less important in the friendship than the other discussed factors because
more respondents were not informed about his/her friend’s age than about his/her friend’s
other characteristics like the ethnic belonging, the occupation and the religion.
The friends-alters were from 16 to 84 years old (37 friends were from 15 to 20 years
old – 19.7%; 122 friends were from 21 to 35 years old – 64.9%; 29 friends were from 36
to 84 years old – 15.4%), the respondents were from 18 to 63 years old (8 respondents
were from 15 to 20 years old - 17%; 33 respondents were from 21 to 35 years old – 67.3%;
6 out of the respondents were from 36 to 63 years old – 12.8%).
20 respondents maintained friendships only with people from the same age group.
18 respondents maintained friendships with people from the same age group and with
people from another age group. 9 respondents maintained friendships with people from
the same age group and with people from two other age groups. The age of the respondents
was not related to their preferences for friendship with some age groups (χ|8|2=13.163; p=0.106).
The elderly people more frequently perceived their friends as neighbours, relatives or
through their dominant personal qualities than the young people did (in 31% out of the
friendships with people from 36 to 84 years old or in 9 out of 29 relations; in 8.2% out
of the friendships with people from 21 to 35 years old or in 10 out of 122 relations; in
10.8% out of the friendships with people from 15 to 20 years old or in 4 out of 37 rela-
tions) (χ|2|2=11.468; p=0.003). The elderly people more frequently were perceived by their
friends as neighbours, relatives or through their dominant personal qualities that the young
people were (in 37.9% out of the friendships with people from 36 to 84 years old or in 11
out of 29 relations; in 5.7% out of the friendships with people from 21 to 35 years old or
in 7 out of 122 relations; in 13.5% out of the friendships with people from 15 to 20 years
old or in 5 out of 37 relations) (χ|2|2=22.686; p=0.000). The elderly people like the pensioners
more frequently had friends among their neighbours and relatives that the young people did.
The elderly people more frequently talked about the politics with their friends than the
young people did (in 69% out of the friendships with people from 36 to 84 years old or
in 20 out of 29 relations; in 9.8% out of the friendships with people from 21 to 35 years
old or in 12 out of 122 relations; in 18.9% out of the friendships with people from 15 to
20 years old or in 7 out of 37 relations) (χ|2|2=49.919; p=0.000).

The gender characteristics of the friendship network


11 out of the respondents were the men (22.4%) and 38 were the women (77.6%). 60
out of their friends were the men (30.6%) and 135 were the women (68.9%). The gender of
one of 196 alters was not indicated. 22 out of the respondents maintained friendships only
with people from the same gender. The gender of the respondents was not related to their preferences
towards friendships with people from the same or the other gender (χ|3|2=7.248; p=0.064).
69.6% out of the investigated women (94 out of 135 relations) went out with their
friends to the cinema, parties and other places. 60% out of the investigated men (36 out
of 60 relations) did not go out with their friends to the cinema, parties and other places.
The women went out more frequently with their friends to the cinema and parties than the men did
(χ|1|2=15.262; p=0.000).

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The homophily was a relation between two actors who belong to the same group/category (Ferrand, & Federico
de la Rùa, 2006). The strongest was the homophily according to the ethnic belonging, then according the religious
confession, the gender, the age and the most heterogeneous were the friendships according to the occupation.

The duration of the acquaintance– antiquity


189 (96.4%) friendships were between people who have known each other from more
than one year (10 friendships dated from one year; 20 friendships dated from two years;
37 friendships dated from three years; 3 friendships dated from four years; 10 friendships
dated from five years; 7 friendships dated from six years; 10 friendships dated from seven
years; 8 friendships dated from eight years; 3 friendships dated from nine years; 12 friend-
ships dated from ten years; 3 friendships dated from eleven years; 2 friendships dated from
twelve years; 2 friendships dated from thirteen years; 11 friendships dated from fifteen
years; 5 friendships dated from sixteen years; 1 friendship dated from seventeen years; 4
friendships dated from eighteen years; 2 friendships dated from nineteen years; 9 friend-
ships dated from twenty years; 3 friendships dated from twenty one years; 1 friendship
dated from twenty two years; 1 friendship dated from twenty five years; 7 friendships
dated from thirty years; 6 friendships dated from thirty five years; 1 friendship dated from
forty years; 2 friendships dated from forty five years; it was indicated that 9 friendships
dated from more than one year without any specification of the period) and 5 (2.6%)
friendships were between people who have known each other from less than one year,
but more than one month (1 friendship dated from three months, 1 friendship dated from
six months, 1 friendship dated from nine months, 1 friendship dated from ten months, 1
friendship dated from eleven months). The mean age of the respondents was 25.81 years
old (SD=10.4 years old). The most respondents maintained friendships from childhood days and they
indicated namely these friends as close, they though of them firstly. The antiquity of the relation is
a condition for the increase of the interchange, the reinforcement of the confidence and
of the investments (time, emotional attachment, money, etc.).5

Table 3. According to the respondents, their friends perceived them as:


Category of perception Number of friends who perceived Percentage of friends who perceived
the respondents in this way N=196 the respondents in this way5
Friend 185 94.4%
Young person 70 35.7%
Student 62 31.6%
Man/woman 38 19.4%
An inhabitant of a city 9 4.6%
European 7 3.6%
Foreigner 2 1.02%
Colleague 2 1.02%
Other Neighbour 8 4.1%
Relative 7 3.6%
N=24;
Personal qualities 5 2.6%
12.2% A loved person 1 0.5%
A familiar person 1 0.5%
5
The summarized percentages were most than 100, because the respondents provided more than one
answer, one respondent provided maximum 4 answers.
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According to almost all of respondents, their friends perceived them simply as friends.
1/3 out of the respondents considered that their friends perceived them as young people
(the respondents’ average age was 25.81 years old, SD=10.4 years old) and as students
(39 out of the respondents were students). A big deal among the friendships was between
fellow-students. 1/5 out of the respondents considered that the gender belonging domi-
nated their friends’ perception. Very few friends (one out of 25) were perceived as relatives,
very few were the neighbours (one out of 25) and the colleagues among the friends, that is
8.67% out of the investigated friendships according to the perceptions of the alters about
the ego were polyvalent – several roles were presented in the same relationship between
the two actors. The respondents indicated mainly objective characteristics, not personal qualities, when
they defined how their friends perceived them.

Table 4. The respondents perceived their friends as:6


Category of perception Number of perceived friends Percentage of perceived
in this way N=196 friends in this way6
Friend 180 91.8%
Young person 77 39.3%
Student 47 23.98%
Man/woman 35 17.9%
An inhabitant of a city 12 6.1%
European 3 1.5%
Foreigner 2 1.02%
Colleague 2 1.02%
Other Neighbour 8 4.1%
N=24; Relative 11 5.6%
12.2% Personal qualities 2 1.02%
A loved person 1 0.5%

Almost all of the respondents perceived their friends simply as friends. More than
1/3 out of the respondents perceived their friends as young people and as students. A
big deal among the friendships was between fellow-students. 1/5 of the respondents
perceived their friends through the gender belonging. Very few respondents (one out of
20) perceived their friends as relatives, very few were the neighbours (one out of 25) and
colleagues among the friends, that is 10.71% out of the investigated friendships accord-
ing to the perceptions of the ego about the alters were polyvalent – several roles were
presented in the same relationship between the two actors. The respondents indicated mainly
objective characteristics, not personal qualities, when they defined how they perceived their friends. The
territorial and the European identity did not dominate in the perception of the friends.

6
The summarized percentages were most than 100, because the respondents provided more than one
answer, one respondent provided maximum 4 answers.

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Reciprocity of the perceptions in the friendship


91.5% out of the respondents (43 out of 47 relations) who perceived their friends as
students were perceived by their friends as students, too. 87.2% out of the respondents
(130 out of 149 relations) who did not perceive their friends as students were not perceived
by their friends as students, too (χ|1|2=102.426; p=0.000).
84.4% out of the respondents who perceived their friends as young people (65 out
of 77 relations) were perceived by their friends as young people, too. 93.3% out of the
respondents who did not perceive their friends as young people (111 out of 119 relations)
were not perceived by their friends as young people (χ|1|2=120.734; p=0.000).
79.2% out of the respondents (19 out of 24 relations) who perceived their friends
as neighbours, relatives or through their dominant personal qualities were perceived by
their friends as neighbours, relatives or through their dominant personal qualities. 97.1%
out of the respondents (167 out of 172 relations) who did not perceive their friends as
neighbours, relatives or through their dominant personal qualities were not perceived
by their friends as neighbours, relatives or through their dominant personal qualities
(χ|1|2=113.985; p=0.000).
All respondents (2 relations) who perceived their friends as foreigners were perceived by
their friends as foreigners. All respondents (194 relations) who did not perceive their friends
as foreigners were not perceived by their friends as foreigners (χ|1|2=196; p=0.000).
Usually the friends had the same occupation and the same social status. The friends were people having
the same characteristics. There was reciprocity in the respondents’ notions about the fact how they perceived
their friends and how their friends perceived them.
All respondents (3 relations) who perceived their friends as Europeans were perceived
by their friends as Europeans. 97.9% out of the respondents (189 out of 193 relations)
who did not perceive their friends as Europeans were not perceived by their friends as Eu-
ropeans. There was reciprocity of the respondents’ notions about one’s European identity
and the friend’s European identity (χ|1|2=82.259; p=0.000). The European identity was not yet
a part of the respondents’ identity during the time when this study was carried out – in December 2006.
50% out of the respondents (1 out of 2 relations) who perceived their friends as foreigners
were perceived by their friends as Europeans. 96.39% out of the respondents (188 out of
194 relations) who did not perceive their friends as foreigners were not perceived by their
friends as Europeans. The European identity unified the friends to find more common things between
them when they had different ethnic identities (χ|1|2=12,648; p=0,000).
58.3% out of the respondents (7 out of 12 relations) who perceived their friends as
inhabitants of a city considered that their friends perceived them as inhabitants of a city.
98.9% out of the respondents (182 out of 184 relations) who did not perceive their friends
as inhabitants of a city considered that their friends did not perceive them as inhabitants
of a city. There was reciprocity of the respondents’ notions about one’s territorial identity
and the friend’s territorial identity (χ|1|2=84.269; p=0.000). The territorial identity did not
dominate in the respondents’ identity. 75% out of the respondents who perceived their friends
as inhabitants of a city (9 out of 12 relations) were perceived by their friends as young
people. 65.2% out of the respondents (120 out of 184 relations) who did not perceive
their friends as inhabitants of a city were not perceived by their friends as young people.
The territorial identity dominated more in the young people’s notions about their friends than it did in the
elderly peoples’ notions about their friends (χ|1|2=7.796; p=0.005).

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8.3% out of the respondents (1 out of 12 relations) who perceived their friends as
inhabitants of a city were perceived by their friends as foreigners. 99.5% out of the re-
spondents (183 out of 184 relations) who did not perceive their friends as inhabitants of
a city were not perceived by their friends as foreigners. The territorial identity was related to
the ethnic identity, but the connection between them was weak (χ|1|2=6.768; p=0.009). According
to Moser and Lidvan (1992), a person feels comfortable if the quarter he/she is living in
is a bigger one, if he/she likes the population of this quarter, if he/she frequently meets
the other people living in this quarter, if he/she has some friends living in this quarter
and if he/she has a strongly expressed territorial identity.
88.6% out of the respondents (31 out of 35 relations) who perceived their friends as
a man/a woman were perceived by their friends as a man/a woman. 95.7% out of the
respondents (154 out of 161 relations), who did not perceive their friends as a man/a
woman were not perceived by their friends as a man/a woman. There was reciprocity in
the respondents’ notions about the fact how they perceived their friends and how their
friends perceived them (χ|1|2=130.49; p=0.000). 65.7% out of the respondents (23 out
of 35 relations) who perceived their friends as a man/a woman were perceived by their
friends as young people. 68.9% out of the respondents (111 out of 161 relations) who did
not perceive their friends as a man/a woman were not perceived by their friends as young
people. The perception of the gender identity more dominated in the young people’s friendships than it
did in the elderly people’s friendships (χ|1|2=14.775; p=0.000). 83.9% out of the respondents
who perceived their friends simply as friends (151 out of 180 relations) were not perceived
by their friends as a man/a woman. 56.3% out of the respondents who did not perceive
their friends simply as friends (9 out of 16 relations) were perceived by their friends as
a man/a woman. In the friendships where the gender identity dominated, the relations developed in
something more than the friendship was (χ|1|2=15.147; p=0.000).

Table 5. Frequency of the contacts between friends:


Frequency of the contacts during the past month Number of friends N=196 Percentage of friends
Meetings 2-3 times per week 77 39.3%
Every day meetings 44 22.4%
Meetings once per week 25 12.8%
Meetings once per month 20 10.2%
Phone calls or messages, no meetings 15 7.7%
Meetings 2-3 times per month 13 6.6%
Meetings once per week and phone calls or messages 1 0.5%
Meetings 2-3 times per month and phone calls or messages 1 0.5%

More than a half of the respondents met their friends every day or 2-3 times per week,
that means frequent interactions. The other indicators for the intensity of the relation-
ships were the long standing 96.4% out of the friendships, as well as the big number of
the discussed themes with one and the same friend.

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Table 6. The respondents defined their friendships in the following ways:7


Categories of the relationships Number of friends Percentage of friends
the respondents the respondents
maintained such maintained such
relations with N=196 relations with 7
Share personal problems 131 66.8%
Counsel with him/her 125 63.8%
Go out together to the cinema, parties... 119 60.7%
Speak about the plans for the future 113 57.7%
Speak about travels 80 40.8%
Frequently feed together 67 34.2%
Work/study together 49 25%
Speak about other countries, other people
47 23.98%
and their manner of life
Speak about the politics 39 19.9%
Live together 27 13.8%
More than a half of the friendships were characterized by the sharing of the personal
problems, counseling, going out together, and speaking about the plans for the future.
In 1/3 out of the investigated friendships, the conversations about travels and the feed
together were typical. ¼ out of the friends worked or studied together. 1/5 out of the
friends have spoken about other countries, other people and their manner of life, as well as
about the politics. 1/10 out of the friends have lived together, 29 out of the respondents
(59.2%) were regularly students and had room-mates who also were students.

Table 7. Scope of the friendships:8


Number of the categories Number of such Percentage of such
in the friendships relationships N=196 relationships8
1 23 11.7%
2 25 12.8%
3 32 16.3%
4 43 21.9%
5 23 11.7%
6 21 10.7%
7 15 7.7%
8 8 4.1%
9 6 3.1%
7
The summarized percentages were most than 100, because the respondents provided more than one
answer, one respondent provided maximum 9 answers.
8
The summarized percentages were most than 100, because the respondents provided more than one
answer, one respondent provided maximum 9 answers.

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Factores Que Influyen En La Elección De Amigos: Análisis De Redes De Amistad Búlgaras

The most frequently the friendships were characterized by four categories: sharing
of the personal problems, counseling, going out together, and speaking about the plans
for the future.

Discussion
The hypothesis of the research that the most friends share a lot of common features
– they have the same status, they belong to the same social group (ethnic, professional,
religious, etc.), they share their opinions – was proved. The friends were people having
the same characteristics. There was reciprocity in the respondents’ notions about the fact
how they perceived their friends and how their friends perceived them – as men/women,
as young people, as inhabitants of a city, as neighbours, as relatives, through dominant
personal qualities, as foreigners, as Europeans. Usually the friends had the same occupation
and the same social status. The respondents who studied and worked maintained friend-
ships with members of the most various social groups. The students frequently maintained
friendships with young people. The elderly people like the pensioners more frequently had
friends among their neighbours and relatives that the young people did. The biggest part
of the friendships between pensioners was between neighbours or relatives. The elderly
people more frequently talked about the politics with their friends than the young people
did. The politic themes were related to the unemployed people and pensioners’ economical
problems. The most respondents maintained friendships from childhood days and they
indicated namely these friends as close, they though of them firstly.
The hypothesis that the ethnic, territorial, European and gender identity influence the
choice of friends and the development of the friendship was proved, too. The respondents
indicated mainly objective characteristics, not personal qualities, when they defined how
their friends perceived them and when they defined how they perceived their friends.
The ethnic characteristics were important in the friendship because every respondent
was informed about his/her friend’s ethnic belonging. The members of the ethnic majority
in Bulgaria maintained friendships mainly with the members of the ethnic in-group, while
the people from the ethnic minorities maintained most frequently friendships with mem-
bers of the ethnic out-groups. The respondents kept themselves in control not to reveal
themselves towards their friends – foreigners. The European identity was not yet a part of
the respondents’ identity at the end of 2006, the European identity did not dominate in
the perception of the friends, but the European identity unified the friends to find more
common things between them when they had different ethnic identities. The territorial
identity was related to the ethnic identity, but the connection between them was weak.
The people of the ethnic majority in Bulgaria maintained friendships mainly with people
confessing the same religion, while the people from the ethnic minorities more frequently
maintained friendships with people confessing different religions. The religion was impor-
tant in the friendship because almost all respondents were informed about his/her friend’s
religion. The friend’s different religion impels the members of the ethnic majority to speak
about other countries, other people and their way of life, or about travels.
The territorial identity did not dominate in the respondents’ identity. The territorial
identity dominated more in the young people’s notions about their friends than it did in
the elderly peoples’ notions about their friends.

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Stanislava Yordanova Stoyanova

In the friendships where the gender identity dominated, the relations developed in
something more than the friendship was. The perception of the gender identity more
dominated in the young people’s friendships than it did in the elderly people’s friendships.
The women went out more frequently with their friends to the cinema and parties than
the men did.
The analysis of the friendship network is a method that could be successfully used to
clarify the factors that influence the choice of friends.

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Estrella Gualda Caballero

IDENTIDADES, AUTOIDENTIFICACIONES
TERRITORIALES Y REDES SOCIALES DE
ADOLESCENTES Y JÓVENES INMIGRANTES

IDENTITIES, TERRITORIAL AUTO-IDENTIFICATIONS


AND SOCIAL NETWORKS OF TEENAGERS
AND IMMIGRANT YOUNGSTERS
Estrella Gualda Caballero
Universidad de Huelva
estrella@uhu.es

Recibido: 11/12/07; Aceptado: 23/3/08

Resumen
Este trabajo analiza las redes sociales y las pautas de identificación territorial de una
muestra de 413 adolescentes y jóvenes inmigrantes en Huelva y provincia (España), de
primera generación y media y segunda generación. Se describen las redes sociales de los
inmigrantes y sus identificaciones territoriales, para después analizar sus vínculos a través
de un análisis bivariable, y de la aplicación de una regresión logística multinomial, que toma
como variable dependiente la autoidentificación territorial. Entre los principales resultados
cabe destacar la división de la muestra básicamente en tres grupos de alrededor de un tercio
del total: identificados con el origen, con el destino y con una identificación múltiple o trans-
nacional. Contar, entre otras cosas, con amigos españoles en la red es uno de los factores
que se asocian a la mayor identificación con España, mientras que mantener contactos con
familiares en el origen es importante para entender la identificación con el país de origen.
En cambio, los resultados sugieren que los identificados transnacionalmente se nutren de
amigos tanto españoles como no españoles (algunos de estos últimos que están fuera de
España y con los que contactan por múltiples vías). Concluimos también que aunque las
redes sociales contribuyen a explicar las autoidentificaciones de los inmigrantes, hay otros
factores en el escenario explicativo de este objeto de estudio polifacético.

Abstract
This work studies the social networks and territorial identities, considering a sample of
413 adolescents and youngters interviewed in Huelva (Spain) belonging to a first and a half
and second generation immigrants. The immigrant’s social networks and territorial identities
are first described in a univariable analysis, and, in order to analyse their links, in a second
and third step, it was made a bi-variable analysis and a multinomial logistic regression. In
this last case the territorial identity was the dependent variable. Among the results, we found
three main groups: those identified with Spain (the destination country), those with the
country of origin, and those with a transnational identification or a multiple identity, each
group representing around one-third of the sample. One of the factors more associated

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Identidades, Autoidentificaciones Territoriales Y Redes Sociales De Adolescentes Y Jóvenes...

with the identification with Spain was having Spanish friends. One factor linked with the
identification with the country of origin was having differents ways of keeping in touch
with relatives there. Nevertheless, the results suggest that those identified transnationally
have Spanish and non Spanish friends, and that they keep in touch with the last ones by
different ways (chats, messenger, e-mails…). It was also concluded that although the social
networks contribute to explain the autoidentifications of immigrants, there are other factors
in the arena for the explanation of this multifaceted object of study.

Palabras clave: Redes Sociales, Adolescentes y jóvenes inmigrantes, Identidad, Iden-


tificación territorial, Identidad transnacional.
Keywords: Social Networks, Adolescents and Young Immigrants, Identity, Territorial
Identifications, Transnational Identity.

1. Identidades y autoidentificaciones
Parece claro que las identidades, entre las que se incluyen las identidades étnicas, se
construyen a partir del diálogo que se produce entre la auto-evaluación que cada individuo
hace sobre sí mismo y la evaluación externa que recibe de los otros (Newby y Dowling,
2007), en un proceso complejo. La construcción de la identidad personal y la forma en que
se da lugar a las autoidentificaciones en los inmigrantes son complejas, pues participan en
ellas las relaciones sociales que se establecen tanto dentro como fuera de la familia (Ricuc-
ci, 2005), pudiendo entonces afirmarse que la identidad y las identificaciones se arraigan
en múliples elementos (familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc.) que están
presentes en la vida cotidiana. Algunos autores, no obstante, documentan la importancia
que tiene la socialización en la familia étnica como componente central para la formación
de la identidad étnica entre los niños inmigrantes (Umana, Bhanot y Shin, 2006).
Uno de los procesos cognitivos que se activan especialmente con la experiencia
migratoria es la búsqueda, construcción, afirmación, negación o reconstrucción de las
identidades e identificaciones personales. La llegada a un nuevo contexto sociocultural,
que aporta nuevas pautas y valores de referencia, hace que cualquier extranjero cuente con
la experiencia de comparar y contrastar su bagaje con el que el nuevo contexto le aporta.
El duelo migratorio que se produce al confrontar nuevas realidades va unido, entre otras
cosas, a la posibilidad de que las identidades se modifiquen1. De esta forma, en su trayec-
toria vital, los inmigrantes a menudo internalizan una nueva identidad nacional cuando
se trasladan a otro país, a través de un proceso de aculturación psicológica, que produce
la identificación con valores diferentes a los del lugar de origen (Grant, 2007). Si bien los
procesos de conformación de identidad son susceptibles de cambio a lo largo de toda
la vida, algunas situaciones son más propicias a ello, produciendo incluso rupturas con
identidades previas. Es el caso del tránsito a otras etapas de la vida (adolescencia, juventud),
o la ruptura que produce la misma experiencia migratoria (Rodríguez, 2006). Así, con la
llegada a otro país, que aporta nuevas visiones y confronta estilos de vida, se intensifican
de manera especial los procesos de construcción y reconstrucción identitaria.
Las identidades e identificaciones, aunque puedan permanecer bastante estables a
lo largo de una vida, no necesariamente tienen porqué ser fijas. Factores a los que se ha
1
Aunque la posibilidad del cambio de identidad no tiene que ver sólo con el hecho migratorio, éste suele
precipitar a veces esta circunstancia al encontrarse de forma nítida el individuo en un nuevo escenario que
contribuye a remover sus concepciones más íntimas.

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Estrella Gualda Caballero

atribuido diferente peso en la conformación de las identidades son algunos como la clase
social, el origen cultural, la acción individual… (Rodríguez, 2006). La identidad étnica ha
sido incluso asociada a factores como el estrés, los problemas de salud, la autoestima o la
depresión, en un plano más psicológico, donde la existencia de crisis de identidad se asocia
en mayor medida con estos fenómenos (Juang, Nguyen, Lin; 2006; Romero, Martínez y
Carvajal, 2007). Experiencias vitales, a veces negativas o incluso traumáticas ligadas a la
discriminación o el racismo acompañan a veces estos procesos de construcción identitaria,
ligados en no pocas ocasiones al contacto cotidiano con otras personas.

2. Redes sociales
No hace falta recordar, pues la bibliografía al respecto en los últimos años es abun-
dante, que el capital social, entendido en términos de redes de apoyo personal y social, es
importante en la vida de las inmigrantes y un acicate para su integración social, mediando
en los procesos y trayectorias migratorias (Gualda, 2005), y habiendo dado lugar a hipótesis
diversas relativas a la importancia que las redes tienen para los inmigrantes en diversos
momentos de su proceso migratorio: desde antes de salir, al asentamiento en la sociedad
de destino migratorio. Las redes son especialmente importantes porque generan vínculos
de confianza entre personas de grupos minoritarios que tienden a confiar en sus comuni-
dades y, de esta forma, compensan otras deficiencias (Kazemipur, 2006).
Algunas investigaciones han detectado diferencias según se trate de redes familiares
o de redes personales. Así, por ejemplo, hay quien subraya que las redes de amigos
(frente a las familiares) tienen la ventaja de conectar a los inmigrantes con miembros
de la sociedad más amplia, se trate de amigos que residan o no en la misma ciudad. De
esta forma, la existencia de redes de amistad, o contar con una red de conocidos (en
el sentido ya descrito relativo a la fuerza de los “lazos débiles” por Granovetter -1973,
aunque en otro contexto), pueden permitir salir del encapsulamiento familiar y ofrecer
nuevas oportunidades que serían inviables en el ámbito familiar. Los efectos negativos
del encapsulamiento familiar para los inmigrantes o de comunidades herméticas fueron
ya descritos (Miguel, Pascual y Solana, 2004; Pascual, Miguel y Solana, 2007; Maya, Mar-
tínez y García, 1999).
Es habitual que los jóvenes inmigrantes reconstruyan sus redes de amistad después
de llegar a un nuevo país. Esto entraña dificultades que pueden amenazar su crecimiento
psicológico. La formación de las redes sociales debe ser comprendida igualmente en un
contexto macro, sociocultural, que da forma a la experiencia individual. En este sentido,
algunos elementos del contexto pueden influir en la manera en la que los jóvenes re-
construyan sus redes de amistad (como sería el caso de la densidad de población según
nacionalidad de origen en un territorios), etc. (Tsai, 2006). Otro de los elementos que se
abordan en la bibliografía es la importancia que a veces tiene vivir cerca de la comunidad
étnica, que se convierte entonces en un factor protector cuando la proximidad de jóvenes
coétnicos incrementa la creación de nuevas redes de amistad. Esto puede ser especialmente
importante si la sociedad receptora proporciona un contexto hostil.

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Identidades, Autoidentificaciones Territoriales Y Redes Sociales De Adolescentes Y Jóvenes...

3. Identidad, identificación territorial e identificación


Desde un punto de vista etimológico la identidad alude tanto a un “conjunto de rasgos
propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás”,
como a la “conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás”2, entre
otras acepciones. Mientras que identificación se refiere a la acción y efecto de identificar
o identificarse y se trataría entonces del acto de reconocer la identidad. La identidad se
refiere a la persona que la tiene y la identificación a su reconocimiento. En este trabajo,
como se explicará más adelante, se consulta precisamente a los entrevistados sobre sus
autoidentificaciones. Pero no puede perderse de vista que la identidad y la identificación
se encuentran entrelazadas, y no pueden existir de forma independiente, considerándose
a veces como dos caras de una misma entidad. Adicionalmente, ha de tenerse en cuenta
que la formación de identidades es un proceso aún más complejo que comporta a su vez
procesos de identificación, y de desidentificación, que se nutren de <<sentimientos de “homoempa-
tía” y “heteroantipatía” o bien de “vacío de identidad”>> (Pérez, 2001). Esto es, la observación
de los parecidos y las diferencias que tenemos respecto a los demás ayuda a configurar
la autopercepción de uno mismo, la identidad. Pero en todo este juego contar con otros,
establecer y mantener relaciones sociales, son compañeros en el camino complejo de
conformación identitaria. “La identificación/ desidentificación implica entonces tanto la
instrospección o mirada hacia dentro cuanto la mirada hacia fuera, contrastando el self
con los otros” (Pérez, 2001). El simple hecho de contar con identidad parece bueno para
la persona. De ahí que refiriéndonos a extranjeros, el duelo y estress migratorio, que a
veces se acompañan de un vacío respecto a dudar o no saber quién es uno o una, puede
ocasionar efectos negativos.
Dado el carácter de construcción sociocultural de las identidades, que para conformarse
cuentan con un importante ingrediente de subjetividad, no resulta extraño encontrar que
un mismo inmigrante pueda encontrarse con diferentes identificaciones, según en qué se
enraicen éstas. En lo que más nos interesa en este trabajo, que es discutir sobre el vínculo
entre identificaciones y redes sociales, es preciso también tratar con una noción no lineal
de la identidad, contando con la importancia del contexto y de estar situacionalmente
identificado (Gaudet y Clement, 2005). Esto nos lleva a considerar, en términos de pro-
babilidades que, en la medida en que una parte de las redes sociales con las que se cuenta
son redes presentes en el escenario de proximidad del individuo (aun siendo inmigrantes),
es fundamental cómo se configure este escenario cercano del inmigrante, del cual puede
provenir una parte de su red social que puede nutrir su proceso identitario.
Concretando algo más, respecto al tipo de identificación al que específicamente se
refieren los datos de este trabajo, la territorial, es obvio que los extranjeros tienen rela-
ciones con los lugares en que residen (Morén, 2004): llevan a cabo acciones sociales en
ellos y mantienen relaciones sociales con personas que los habitan, pudiendo afectar estas
relaciones sociales a la construcción de identidades y sentidos de pertenencias que pueden
tener, así como, en un terreno personal, a cómo se sienten, y qué previsiones de futuro
manejan (orientación al retorno, etc.). Es precisamente esta dimensión de la identidad y de
las identificaciones, la que se encuentra unida al territorio, la que en este trabajo observamos
en relación a la propia descripción que los extranjeros realizan de sus redes sociales.

2
Véase en Diccionario de la Real Academia Española, en http://www.rae.es.

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Estrella Gualda Caballero

4. Objetivos y metodología
Este trabajo busca conocer cómo son las redes sociales de un grupo de inmigrantes
adolescentes y jóvenes entrevistados en Huelva para, a partir de aquí, conectar la descrip-
ción hecha de éstas con los procesos de autoidentificación de los mismos hacia diferentes
territorios correspondientes con el origen familiar, el destino migratorio o un escenario
territorial más amplio (el mundo).
Los aspectos metodológicos básicos que guían el trabajo han sido descritos en el tra-
bajo de Barbara Schramkowski en este mismo número de Portularia, por lo que eludimos
repetir de nuevo dicha descripción. Sólo recordar que los datos que siguen se basan en
la aplicación de una encuesta a 413 adolescentes y jóvenes inmigrantes escolarizados en
Huelva, de alrededor de 12-17 años (edad media de 14 años). En lo que sí nos parece
oportuno detenernos ahora es en explicar brevemente qué variables son las que mane-
jamos más específicamente en este trabajo y cómo se operativizaron, a fin de una mejor
comprensión del texto que sigue:

Identificación territorial
Respecto a la cuestión de la identificaciones territorial, se formuló una pregunta sencilla
en el cuestionario: De los siguientes lugares, ¿con cuál o cuáles te identificarías?, a la que el entre-
vistado podía responder: “Sí”, “No”, o “No sabe, no contesta”. La lista sugerida sobre la
que se contestaba incluía lugares del origen (país, pueblo o ciudad en que he vivido antes
de venir a España), del destino migratorio (pueblo o ciudad en que vivo actualmente,
Andalucía, España), el mundo, o ningún lugar. También se posibilitaba al entrevistado
de manera abierta que indicara con qué otros lugares o cosas se identificaba, ante lo que
algunas personas declararon identificarse con espacios tales a “Miami”, “el mar”, etc. pero
se trató de respuestas anecdóticas. En un segundo nivel de análisis se construyó una nueva
variable (identificación territorial agregada) a partir de las anteriores en que se resumía
la identificación en cuatro grupos (origen, destino, mundo, ninguna identificación). Para
llegar aquí se recodificó caso a caso la variable de forma tal que si un chico o chica había
contestado, por ejemplo, que sí se identificaba tanto con España como con Andalucía se
le asignaba a la nueva categoría de “identificación con el destino migratorio”. La misma
pauta de codificación se aplicó para el resto de identificaciones considerando siempre
todas las respuestas emitidas sobre la identificación.

Redes y contactos sociales


La participación o no de los adolescentes y jóvenes inmigrantes en redes sociales
se observó en nuestro cuestionario de maneras diversas, algunos de cuyos resultados
se describen en este trabajo. Una vía fue solicitando al entrevistado que mencionara el
nombre y el país de nacimiento de sus tres mejores amigos o amigas. En muy pocos
casos encontramos que el adolescente o joven indicara en esta cuestión no tener buenos
amigos o amigas. A partir de las respuestas a estas preguntas, que supondrán un primer
nivel descriptivo, se profundiza en la cuestión generando una nueva variable que intro-
duce la idea de la endogamia y exogamia regional respecto a la red de los tres mejores
amigos. Esto es, se codificó si se trataba o no de amigos del mismo país o continente de
origen o de diferente.

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Identidades, Autoidentificaciones Territoriales Y Redes Sociales De Adolescentes Y Jóvenes...

Otra de las estrategias empleadas para conocer el apoyo social que podía tener el en-
trevistado fue incorporar la escala de DUKE-UNC-11 de apoyo social funcional, validada
en España por Bellón y otros (1996) y basada en una escala Likert de cinco puntos. Se
incorporaron once ítems relacionados con el apoyo cognitivo, instrumental y emocional a
partir de una pregunta genérica que era “De las siguientes cosas, indica en qué medida te ocurren
esas cosas normalmente”. El entrevistado contestaba a partir de una escala Likert de uno a
cinco puntos (mucho menos de lo que deseo, menos de lo que deseo, ni mucho ni poco,
casi como deseo, tanto como deseo). A partir de los once ítems se construye un índice
sintético que subdividimos en cuatro categorías: sin déficit, con déficit moderado, déficit
medio y déficit extremo. Sin deficit, corresponde a los que contestaron que no tenían “ni
mucho ni poco” apoyo social o “casi como deseo” o “tanto como deseo” en los once
ítems formulados. Con déficit moderado serían los que en entre uno a tres ítems declararon
que tenían menos y mucho menos apoyo social del que deseaba. Con déficit medio serían
los que en entre cuatro a seis ítems declararon que tenían menos y mucho menos apoyo
social del que deseaban. Y, con déficit extremo, están los que en entre siete a once ítems tenían
menos y mucho menos apoyo social del que deseaban.
Aunque no se consultó sobre la frecuencia de los contactos sociales con personas en
el lugar de origen, el cuestionario incluyó dos baterías de preguntas relativas a los medios
por los cuales se mantenía el contacto con familiares y amigos en este país (messenger,
chats, teléfonos, e-mails, cartas y visitas personales). A partir de aquí se elaboran dos ín-
dices, uno relativo a la frecuencia de aparición del uso de medios de contacto con amigos
y otro para familiares, con cuatro categorías cada uno (“no contacta”, si el entrevistado
no contacta por ningún medio, “contacta por un medio”, “por dos o tres medios” o “por
cuatro o cinco medios”, que sería la máxima frecuencia de medios usados posibles para
el contacto con familiares o amigos).
Comentar, por último, antes de iniciar la descripción, que alrededor del 48% de nuestra
muestra había llegado sólo dos años antes a España en el momento de ser entrevistados,
un 43% llevaba en torno a 3 a 8 años, un 6% llevaba nueve y más años en España y un
3% nació aquí, integrando una “segunda generación” de inmigrantes.

5. Identidad territorial
Llama la atención que, encontrándonos con una población adolescente y joven que en
su mayoría lleva en España menos de 9 años (y de estos un 47% un máximo de dos años),
un 35% de los mismos se declare identificado con este país (Tabla 1), lo que probablemente
pueda ser explicado por la escolarización de estos chicos y chicas (donde comparten todos
los días espacios con españoles, lo que les hace recibir de forma natural elementos propios
de la cultura que les rodea), así como por su edad. Destaca la complejidad existente en el
hecho de identificarse, haciéndose esto de forma múltiple. Así, al sugerir diferentes ámbi-
tos territoriales de identificación encontramos que el adolescente y joven puede declarar
que se identifica con diversos elementos a la vez (por ejemplo: con España, Andalucía
y el pueblo en que reside). La pauta básica fue la fragmentación de los entrevistados en
tres segmentos: los orientados al origen, al destino y al mundo en general, además de un
pequeño grupo que dijo no encontrarse identificado con ningún territorio. El tiempo de
estancia en España fue una de las variables que parecían modular más claramente las ten-
dencias encontradas hacia una identificación territorial u otra. De esta forma, se trata de la

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Estrella Gualda Caballero

segunda generación de adolescentes y jóvenes inmigrantes (nacidos en España) y los que


llevan residiendo en España nueve o más años los que en mayor medida se identificaban
con lugares de su destino migratorio.

Tabla 1. Auto-Identificación territorial (agrupada)


Porcentaje
Destino migratorio 35,1
Origen migratorio 28,0
Mundo 32,7
Ningún lugar 4,2
Total (n=413) 100,0
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.

Por otra parte, como ya señalamos, los datos nos remiten no sólo a identificaciones
mono-territoriales sino, normalmente, multiterritoriales, en un doble sentido: orientadas
hacia origen o destino migratorio de la familia, u orientadas hacia el mundo (donde nor-
malmente se incluyen las anteriores). Un mayor tiempo de estancia en España, parece
afectar, a una debilitación de las señas de identidad hacia el origen migratorio, mientras
que se fortalecen las identificaciones territoriales múltiples. ratándose de jóvenes y ado-
lescentes que han sido socializados en su mayor medida en España (y entrevistados a una
edad media de 14 años), no resulta tan extraño que se decanten sobre todo por el destino
migratorio y el mundo al ser preguntados sobre sus identificaciones.

6. Apoyo social de los inmigrantes


Dada la importancia que las relaciones sociales establecidas pueden tener en los pro-
cesos de identificación se intentó detectar cuál era de forma genérica el apoyo social con
que contaban los inmigrantes, para lo que se aplicó la escala de DUKE-UNC-11 de apoyo
social funcional, validada en España por Bellón y otros (1996), como ya se describió en la
metodología. Coincido con Capilla, González y Vázquez (2008) cuando subrayan la defi-
nición de apoyo social de Thoits (1982) al resaltar la importancia de la afiliación, el afecto, la
pertenencia, la identidad, la seguridad y la aprobación como necesidades sociales básicas. Estas
necesidades se cubren necesariamente a través de la relación social. Si nos centramos en
lo que adolescentes y jóvenes declararon, a través del índice sintético construido a partir
de los once ítems empleados al efecto (véase en la metodología), alrededor de la mitad de
los entrevistados (47%) puntuó sin déficit de apoyo social en los once ítems considerados.
Un 38,8% se encontró con déficit moderado, y un menor número de casos se englobaba
en lo que hemos definido como déficit medio o extremo (14%). Desde la óptica contraria,
esto es, si se tienen en cuenta los casos que dijeron tener tanto o casi tanto apoyo social
como deseaban en los once ítems considerados, encontramos que alrededor del 70% de
los entrevistados citó contar con este apoyo entre 7 a 11 veces. Si se incluye en el cómputo
a los que se sitúan en un punto intermedio (“ni mucho ni poco” apoyo social), entonces
la cifra alcanza al 81% de casos.

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Tabla 2. Apoyo y déficit social


Índice de déficit Porcentaje Índice de apoyo Porcentaje
Sin deficit 47,1 Con deficit o neutro 7,3
Déficit moderado 38,8 Apoyo moderado 13,6
Déficit medio 8,0 Apoyo medio 19,6
Déficit extremo 6,1 Apoyo extremo 59,6
Total (n=413) 100,0 Total (n=413) 100,0
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.

7. Las redes de los mejores amigos


Entrando en otro tipo de vínculos sociales, las redes de amistad, nos hemos interesado
sobre si adolescentes y jóvenes inmigrantes tienen amigos o no, y especialmente, el origen
de nacionalidad de los mismos a fin de conocer pautas básicas en el establecimiento de
relaciones sociales de los inmigrantes. Nos interesa saber si los extranjeros se relacionan
o no con españoles, sobre la posibilidad de que la existencia de relaciones de amistad con
españoles, puede fomentar la existencia de pautas identitarias orientadas a España. Una
primera aproximación permite conocer que para muchos extranjeros es muy frecuente la
existencia de relaciones de amistad con españoles en su red de amigos (61% declaró tener
muchos, un 16% algunos, y sólo un 14,5% pocos o un 7,9% ninguno). Incluso a un 58%
de los entrevistados les gustaría contar con más amigos españoles, aunque a un 34,9%
(que normalmente ya tienen muchos amigos españoles), esto les daría igual.
Un elemento central en este trabajo es conocer la configuración de redes sociales
de los inmigrantes centrándonos ahora en los mejores amigos, sobre la hipótesis que
posteriormente testaremos de la posible influencia de las redes de amistad en los
procesos de conformación de identidad. El cuestionario de referencia consultó a los
entrevistados sobre “El nombre y el lugar de nacimiento (país) de tus tres mejores amigos/as”.
Así mismo, también conocemos el “País de nacimiento del entrevistado” y “País de nacimiento
de tu padre y de tu madre”, variables a partir de las cuales se delimitó el origen familiar,
centrándonos siempre en los países de referencia, y en contrastar si los amigos citados
eran del mismo país que el entrevistado o no, datos que vamos a analizar.
Si nos atenemos a los datos globales, un primer aspecto de interés es conocer que
para una parte sustancial de los entrevistados, la red de mejores amigos (le llamamos ahora
así a la integrada por el primer, segundo y tercer mejores amigos citados) está integrada
por españoles, lo cual es un indicador importante de integración social en el destino
migratorio, a ser tenido en cuenta, toda vez que la presencia de muchos inmigrantes
entrevistados no es muy dilatada en España (en nuestro estudio un 48% llevaba en
Huelva en el momento de ser entrevistado sólo desde 2005). Así, con nuestros datos,
un 35,4% citó como primer amigo a un español, un 43,4% citó como segundo amigo
a un español y un 44,1% lo citó como tercer amigo. Hay que tener en cuenta aquí que
una persona podía decir tanto que ninguno de sus tres amigos era español, como citar
sólo al primero, o sólo al segundo o al tercero, a los tres u otras tres opciones. Lo que
se constata es que un mínimo de algo más de un tercio cuenta entre sus mejores ami-
gos con españoles, y que esta cifra se aproxima al 50% en el caso del segundo y tercer

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Estrella Gualda Caballero

amigo. Son datos, a nuestro modo de ver, optimistas, por cuanto el entrevistado citó
libremente a sus amigos, indicando sus lugares de origen. De todas formas, otra lectura
que puede hacerse es negativa, pues en la medida en que la presencia en las aulas de
los inmigrantes puede favorecer la formación de amistades autóctonas, debería resultar
extraño que sólo un 50% de ellos citara entre sus mejores amigos a españoles, toda vez
que la mayor parte de alumnos en el aula lo son. Las tendencias a la homofilia, basada
en la proximidad que proporciona pertenecer al mismo origen pueden hacer entender
este particular, entre otros factores que rodean los procesos de integración. En ulteriores
explotaciones consideraremos este aspecto con más atención para perfilar qué influencia
tiene o no el contexto escolar y poblacional en que se encuadran estas relaciones.
Huelva, igual que otros ámbitos en España, se ha convertido en pocos años en un
contexto donde la diversidad cultural está presente y se concreta en la presencia de personas
de múltiples países de origen, como las estadísticas dan buena cuenta de ello (Observa-
torio Permanente de la Inmigración, 2007). Las relaciones de amistad intra e interétnicas
en este contexto, entendiendo por ellas las que se producen entre personas de diferente
origen étnico, pueden ser de diferente tipo. La pauta que encontramos con los datos
empíricos disponibles apunta hacia la endogamia y exogamia en las redes sociales de los
entrevistados. Endogamia en un sentido más estricto cuando las relaciones de amistad se
mantienen con personas del mismo país, y endogamia entendida de forma menos estricta
cuando se establecen con personas del mismo continente. La exogamia reflejada en las
relaciones con personas de otro continente y en las relaciones con españoles. Los datos
de nuestra investigación, creando una nueva variable donde se evalúa caso a caso esta si-
tuación de endogamia y exogamia en la red de los tres mejores amigos, apuntan hacia que
el grueso de los amigos de adolescentes y jóvenes inmigrantes en Huelva pivota en torno
a personas de España (por una obvia influencia del contexto escolar y municipal) –mayor
en el segundo y tercer amigo que en el primero- o del propio país de origen (mayor para
el primer amigo y algo menor para el segundo y el tercero). Encontramos también que
para un menor número de personas los mejores amigos son del mismo u otro continen-
te, siendo evidentes por tanto las tendencias hacia la homofilia en el establecimiento de
relaciones de amistad, siguiendo a De Federico (2005), tanto en términos de estructura de
oportunidades como de similitud nacional3.

3
La homofilia, entendida como la preferencia en este caso de amigos de las mismas características se con-
cretaría como “estructura de oportunidades para conocer a alguien ligada a la proximidad geográfica del lugar de
residencia (es más probable devenir amigo de alguien que vive cerca), la similitud de sexo… [variable a la que en
este trabajo no nos referimos] y la similitud nacional (es más probable ser amigo de alguien de igual nacionalidad
que de alguien de nacinalidad distinta)” (De Federico, 2005:171-172).

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Tabla 3. Endogamia o exogamia en el país del primer, segundo y tercer mejores amigos (%)
Origen de los amigos Primer mejor amigo Segundo mejor amigo Tercer mejor amigo
España 38,1 46,7 51,1
Mismo país de origen
47,2 42,0 37,6
que el entrevistado
Mismo continente (no
computan los casos de 8,5 5,8 7,4
la categoría anterior)
De otro continente 6,2 5,5 3,9
Fuente: Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007. Se trata de tres variables construidas a par-
tir de las respuestas respecto al país de nacimiento del amigo y el país de nacimiento del entrevis-
tado. En el caso de nuestra muestra hay un 3% de segunda generación, nacidos en España, donde
se considera a los efectos de esta codificación el “país de origen familiar”
(padre, madre) del entrevistado.

Entrando ahora en algo más de detalle respecto a las redes de los tres mejores amigos
(Tabla 4), se podrían hacer algunas sugerencias de interés. En el análisis país por país se
observa la tendencia a la homofilia por similitud nacional, cuando se trata de nacionalidades
que en el contexto onubense tienen una presencia importante. Pero al mismo tiempo, las
pautas menos frecuentes, pero existentes, de homofilia por similitud continental, apare-
cen especialmente en aquellos chicos y chicas inmigrantes cuya procedencia de origen
no es tan común en la provincia (sería el caso de Bolivia en nuestros datos). Así, frente
a una lógica endogámica de las relaciones sociales (la tendencia endogámica a mantener
relaciones con personas del mismo origen que se ve matizada cuando en el contexto de
origen son pocas o nulas las personas que hay de la misma nacionalidad), encontramos
una lógica exogámica de mantener relaciones con los autóctonos, grupo mayoritario en
los municipios de residencia y en el ámbito educativo, respecto al que son más probables
los contactos cotidianos. Estas lógicas operan, con el matiz continental, de forma clara
en todas las nacionalidades observadas.
Por otra parte, lo de tener a los mejores amigos entre personas de otro continente se
manifiesta como una tendencia anecdótica en este tipo de relaciones interétnicas. Algo
más de incidencia tenían las relaciones establecidas con personas del mismo continente sin
incluir el propio país (tipo: Colombia-Ecuador, Ecuador-Bolivia; Rumania-Polonia, Croacia-
Polonia, etc.). La proximidad cultural y geográfica a otros países, así como la proximidad
en términos lingüísticos, fenotípicos, etc. contribuyen a estas relaciones. Si bien suele ser
menor del 10% por término medio el porcentaje de adolescentes y jóvenes inmigrantes en
Huelva que cuentan entre sus mejores amigos con personas del mismo continente, estas
cifras son muy elevadas sobre todo para personas de Bolivia (primer, segundo y tercer
amigo), que tienden a relacionarse con otras personas de América Latina en una gran pro-
porción, lo que probablemente se debe a la menor presencia de efectivos del mismo país
en los ámbitos de residencia. Esto ocurre de forma similar (aunque no respecto a los tres
amigos como en el caso boliviano) con personas de otros países cuyos efectivos en la edad
de nuestros entrevistados tampoco son muy importantes (Polonia, Sáhara, Bolivia, Ucrania
e Inglaterra). Los rasgos particulares que muestra el contexto, en este caso, en relación al

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peso que tiene la población del propio país de origen en el municipio y las probabilidades
de relación social que ello comporta, permite a adolescentes y jóvenes, como sugiere Tsai
(2006) reconstruir las redes de amistad. Adicionalmente, algunas peculiaridades históricas
en la zona, como es el caso de las relaciones que hubo desde hace mucho tiempo entre
españoles y portugueses, o de algunos grupos sociales, como ocurriría para los ingleses,
permitiría observar algunas pautas de relación específicas, que podrían hacerse extensivas
a personas de otros países. Análisis posteriores examinarán esta cuestión con más detalle
con apoyo de datos censales y técnicas específicas para testar la influencia del contexto
macro en la configuración de las relaciones sociales de amistad.

Tabla 4. Primer, segundo y tercer mejor amigo de adolescentes y jóvenes inmigrantes en Huelva
% del mismo
continente % de otro
% mismo país % España % Ns/ Nc
sin incluir el continente
propio
1º 2º 3º 1º 2º 3º 1º 2º 3º 1º 2º 3º 1º 2º 3º
Rumania 59,1 51,3 44,3 27,0 33,9 40,0 3,5 0,9 3,6 0,0 6,1 0,8 7,8 7,8 11,3
Marruecos 43,2 42,0 37,0 35,8 46,9 44,4 3,7 1,2 0,0 0,0 3,7 3,8 4,9 6,2 14,8
Colombia 34,2 28,9 23,7 55,3 60,5 55,3 5,3 2,6 5,1 0,0 2,7 0,1 2,6 5,3 15,8
Ecuador 48,4 41,9 35,5 32,3 35,5 35,5 6,4 9,7 12,9 0,0 9,7 6,4 3,2 3,2 9,7
Ucrania 26,1 34,8 21,7 39,1 34,8 39,5 4,3 21,6 12,9 0,0 0,2 4,2 8,6 8,6 21,7
Polonia 50,0 35,7 64,3 21,4 50,0 35,7 49,9 7,1 0,0 0,0 7,2 0,0 0,0 0,0 0,0
España 58,3 0,0 50,0 58,3 75,0 0,0 16,6 0,0 8,3 16,7 16,7 25,0 8,3 8,3 16,7
Sáhara 33,2 33,3 11,1 33,3 44,4 66,7 22,2 11,1 11,1 0,0 0,1 0,0 11,1 11,1 11,1
Argentina 37,5 37,5 25,0 37,5 37,5 62,5 12,5 0,0 0,0 0,0 12,5 0,0 12,5 12,5 12,5
Bolivia 25,0 0,0 12,5 25,0 50,0 37,5 50,0 25,0 37,5 0,0 25 12,5 0,0 0,0 0,0
Brasil 62,5 37,5 37,5 12,5 37,5 25,0 12,5 12,5 12,5 0,0 0,0 12,5 12,5 12,5 12,5
Lituania 25,0 37,5 0,0 62,5 50,0 75,0 12,5 12,5 12,5 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 12,5
Inglaterra 71,4 28,6 14,3 28,6 71,4 42,9 0,0 0,0 28,6 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 14,2
Portugal 28,6 0,0 0,0 57,1 71,4 42,9 0,0 0,0 14,3 0,0 14,3 0,0 14,3 14,3 42,8
Bulgaria 42,9 42,9 14,3 28,6 42,9 71,4 14,3 0,0 0,0 0,0 14,2 14,3 0,0 0,0 0,0
Base: Para simplificar la tabla hemos tomado de referencia los 15 países de origen de los entrevis-
tados en los que contábamos con mayor volumen de personas entrevistadas, representando estos
quince al 91% de casos. Los primeros seis países de las tablas contaron con la mayor parte de las
entrevistas (especialmente importantes Rumania y Marruecos, con 27,8% y 19,6%), mientras que
el resto tuvieron menos del 3% de las entrevistas.
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.

Por último, resaltar la complejidad y diversidad de las relaciones sociales que se esta-
blecen en ocasiones, donde no pocas veces se combinan como primer, segundo y tercer
mejor amigo personas que son originarias de países diferentes.

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8. Redes sociales e identificación territorial


De acuerdo con Lubbers, Molina y McCarty (2007:727) referirnos a la identificación
es hacerlo de un concepto dinámico, contextual y negociable que refleja las complejidades
que entrañan las identidades y las autoidentificaciones. Entre los factores que afectan a esta
complejidad se encuentran las posibles y diferentes raíces de las identidades (culturales,
territoriales, sociales,…). Pero también la manera en que las redes personales afectan a
la identidad, esto es, los vínculos existentes entre ego y alters. Empleando una regresión
logística multinomial a fin de conocer los factores asociados al tipo de auto-identificación
étnica que habían encontrado en su investigación (orientada hacia el propio grupo étnico
–ej.dominicano-; orientación plural o transnacional –ej.Wolof, africano, latinoamericano-; o
genérica –ej. Mujer, persona-), se emplearon diversas variables predictoras a un nivel meso
y micro. Los predictores a un meso-nivel tenían que ver con las redes personales de los
inmigrantes (importancia de alters españoles, o de redes residentes en España, densidad,
betweenness, proximidad, tipo de red, etc.). Junto a estos se tuvieron en cuenta una serie
de variables control que, como características individuales, operaban a un micro-nivel
(años de residencia en España, país de origen, género, educación, empleo, experiencias
de racismo o remesas).
Los resultados del trabajo de Lubbers, Molina y McCarty muestran las asociaciones
existentes entre las características de la red (su estructura y composición) y la identificación
étnica. Así, por ejemplo, se constató que entre los de identidad étnica exclusiva era menor el
peso de las redes de amigos españoles, así como una mayor densidad de redes familiares,
los de identidad genérica se asociaban más a la existencia de redes diversas. La etnicidad en
el estudio que manejamos es un rasgo menos sobresaliente entre los entrevistados que
se relacionan más con personas que viven en España a con personas y familiares que
viven fuera de España en el país de origen. Este tipo de datos son sugerentes para este
trabajo, aunque operamos sobre un segmento de menor edad y el instrumento empleado
sea diferente. Hasta el momento conocemos que una parte de adolescentes y jóvenes
inmigrantes se autoidentificó con el mundo, así como con diversos lugares de España.
También conocemos que entre las redes de amistad de éstos se encuentran incluidos los
españoles. Pasamos ahora a indagar de forma más específica las relaciones que se produ-
cen entre las redes de amistad y las autoidentificaciones. Siempre desde la perspectiva de
lo que los adolescentes y jóvenes inmigrantes declaran en las entrevistas, y teniendo en
cuenta que no observamos un proceso, sino su resultado en el momento temporal en que
se recoge la información.
Apreciamos las asociaciones entre redes sociales e identificación territorial a partir de
tres aspectos claves: el déficit de apoyo social, según la valoración de los entrevistados
(Tabla 5), la existencia o no en la red de mejores amigos de los inmigrantes de españoles
(Tabla 6) y la diversidad de medios de contacto que se emplean para mantener las rela-
ciones con personas que no residen en España (Tabla 7). Centrándonos en los resultados
relativos a dos primeras filas con mayor número de casos en la tabla siguiente, la tendencia
encontrada es que los de menor déficit de apoyo social se encuentran en mayor medida
identificados con España o el mundo. Algo parecido ocurre respecto a los de déficit bajo,
respecto a su mayor identificación con España.

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Estrella Gualda Caballero

Tabla 5. Déficit de apoyo social, por Autoidentificación territorial (% de fila)


Identificación territorial
Déficit de apoyo social (Me- Destino Origen Ningún
Mundo Total
nos y mucho menos) migratorio migratorio lugar
Sin déficit (180) 35,0 26,1 36,7 2,2 100
Bajo (150) 38,0 27,3 27,3 7,3 100
Medio (31) 12,9 51,6 35,5 0,0 100
Alto (21) 47,6 14,3 33,3 4,8 100
Total (382) 35,1 28,0 32,7 4,2 100
Cruce estadísticamente significativo.
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.

La segunda vía de aproximación es a través de la red de mejores amigos declarada.


Después de llevar a cabo diversos cruces de variables apreciamos que la asociación bivariable
es estadísticamente significativa cuando el adolescente o joven tiene amigos españoles en
su red de los tres mejores amigos y declara una identificación con su pueblo de residencia
actual, España o Andalucía. En cambio, otras pautas de identificación no guardan asociación
estadística con que entre los mejores amigos haya españoles. Tener amigos españoles en
la red de los mejores amigos se asocia a pautas de identificación en el país de residencia,
especialmente respecto al pueblo o lugar en el que se reside.

Tabla 6. Amigos españoles en la red de los tres mejores amigos, por Autoidentificación territorial
Identificación con el Identificación con Identificación con
pueblo o ciudad en España Andalucía (% de fila)
que vivo actualmente (% de fila)
(% de fila)
Sí Resto Sí Resto Sí Resto
Con amigos 66,3 33,7 46,0 54,0 46,8 52,8
españoles (252)
Sin amigos 42,7 57,3 27,5 72,5 30,5 69,5
españoles (131)
Total (383) 58,2 41,8 39,7 60,3 41,3 58,5
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007. Cruces estadísticamente signifi-
cativos. Resto: Se refiere a la agrupación de los que contestan
“No”, “No sabe” y “No contesta”.

La red social es de nuevo importante, observada ahora en término de los contactos


que se mantienen con amigos y familiares que están fuera de España. Apreciamos que los
que más se identifican con el lugar de origen son los que contactan por diversos medios.
Así, conforme se pasa de no contactar por ningún medio con los amigos que están fuera
de España, a contactar por uno, o más medios, la identificación al origen tiende a ser

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Identidades, Autoidentificaciones Territoriales Y Redes Sociales De Adolescentes Y Jóvenes...

mayor. Esta pauta se mantiene idéntica referida a los contactos con la familia (aunque no
mostremos la tabla). En cambio, cuando se testa esta asociación con otros lugares hacia
los cuales se puede producir la identificación (España, Andalucía…) hayamos que esta
relación no es estadísticamente significativa, lo cual parece sugerir la importancia de los
contactos con el lugar de origen, al menos a fin de mantener la identidad orientada hacia
el mismo. También se puede pensar en que precisamente por estar identificado más con
lugares diferentes a España, se mantienen en mayor medida los contactos.

Tabla 7. Contactos con amigos en el lugar de origen, por Autoidentificación territorial


Me identificaría con el
Me identificaría con mi
pueblo o ciudad en el que
país de origen (% de
he vivido antes de venir a
fila)
España (% de fila)
Sí No Sí No
No contacta (71) 26,8 73,2 40,8 59,2
Contacta por un medio (101) 48,5 51,5 65,3 34,7
Contacta por dos o tres medios
47,9 52,1 62,3 37,7
(167)
Contacta por cuatro o cinco
53,5 46,5 67,6 32,4
medios (71)
Total (410) 45,4 54,6 60,2 39,8
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.

9. Factores determinantes de la identificación territorial


La identidad puede proyectarse sobre diferentes características, como puedan ser el
sexo, la edad, la etnia o el territorio, según es el caso de este trabajo. Identificarse con un
lugar puede estar asociado tanto a las relaciones sociales que se mantienen en éste, como
al hecho de compartir la lengua que en él se maneja, estar a gusto, e incluso sentirse parte
del lugar, por citar algunos factores que por sentido común parecen encontrarse parejos
a contar con una determinada identidad territorial. Con la idea de testar si estos y otros
factores tenían o no incidencia en la variable de identificación definida previamente se
lleva a cabo una regresión logística multinomial que toma como variable dependiente la
relativa a la identificación territorial. Se llevan a cabo dos modelos de regresión, uno de ellos
vinculando las variables independientes asociadas a las redes sociales con la identificación
territorial, y un segundo modelo, donde se incorporan otras variables independientes que
no necesariamente tienen que ver con las redes sociales, pero que considerábamos que
podían ayudar a entender de manera más amplia los factores que contribuyen a conformar
las identificaciones territoriales. El modelo empleado fue el de Forward Stepwise (método de
pasos sucesivos hacia delante), que consiste en que las variables especificadas son testadas
una a una antes de ser introducidas en el modelo, basándose en el nivel de significación
del estadístico de la razón de verosimilitud. Uno de los aspectos de interés del método
usado al trabajar con variables categóricas es que el conjunto de variables asociadas con

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una categórica se van introduciendo o sacando del modelo en un solo paso y esto permite
someterlas a revisión para detectar y eliminar redundancias (Norušis, 2004). Este control
se hizo también con el método Backward (hacia atrás).
Las variables introducidas en el modelo respecto a las redes sociales, habiendo realizado
antes un análisis bivariable para su selección, fueron las siguientes: endogamia o exogamia
de la red de los mejores amigos, existencia en la red de mejores amigos de españoles o no,
contactos con familiares, contactos con amigos, número de amigos españoles, confianza
interpersonal en los españoles. El modelo considerando estas variables logra pronosticar
correctamente un 43,7% de casos observados, especialmente en las identificaciones hacia
el destino migratorio y las múltiples (mundo). Al usar el procedimiento Forward, útil para
evitar la multicolinealidad, el modelo resultante final eliminó variables como la confianza
interpersonal o la endogamia y exogamia en el primer, segundo y tercer amigo, variables
éstas que redundan con otras que se mantuvieron como más explicativas y que fueron:
tener entre los mejores amigos a españoles y no españoles, cantidad de amigos españoles
(más allá de los tres mejores) y uso de diversos medios de contacto con familiares y amigos
que se encuentran fuera de España.
El análisis de los coeficientes de regresión significativos estadísticamente y sus signos
permite observar que la identificación con España (o destino migratorio) guarda una aso-
ciación con los amigos españoles que se tengan, en el sentido de que a mayor incidencia
de no tener amigos españoles, es menor la identificación con este país. Si se contacta por
menos medios con el país de origen, esto se asocia también a una mayor identificación
con España. Respecto a la identificación con el país de origen, ésta es mayor si se usan
más medios de contacto con éste. También ocurre que a mayor incidencia de no tener
amigos españoles, la identificación con el país de origen es mayor. Por último, en cuanto
a la identificación al mundo, se asocia ésta a efectuar contactos con amigos por más vías
diferentes (chats, messenger…). También encontramos que a mayor contacto con familiares
en el origen, es menor la identificación con el mundo. Igualmente se asocia la identificación
múltiple de forma negativa con tener ningún amigo español.
Por último, aunque no es el tema central del artículo, se siguió la misma pauta para
elaborar un segundo modelo intentando entender las pautas de identificación territorial de
los adolescentes y jóvenes inmigrantes en Huelva, incorporándose en el análisis algunas
variables adicionales que en el análisis bivariable guardaban relación con la identificación
territorial: conocimiento del castellano, percepción de las oportunidades en España (en
vivienda, trabajo, etc.), sentirse parte de la sociedad española, estar a gusto o no con el lugar
en que se reside, importancia asignada a las tradiciones propias, confianza interpersonal
en españoles y orientación a quedarse o retornar. De las anteriores, y a través de nuevo
de un forward analysis, las variables seleccionadas fueron, respecto a las redes sociales: la
relativa a los contactos establecidos con familiares. También otras como el sentirse parte
de la sociedad española o no, las oportunidades percibidas en España, la orientación hacia
mantener tradiciones o no y la orientación a quedarse en España o el retorno. El juego
de estas variables pronostica la identidad territorial en un 61,2% de los casos, siendo el
pronóstico más claro respecto a las identificaciones con el mundo y con España, que con
respecto a la identificación al origen.

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Identidades, Autoidentificaciones Territoriales Y Redes Sociales De Adolescentes Y Jóvenes...

Tabla 8. Regresión logística multinomial. Porcentaje pronosticado4


Observado Porcentaje correcto pronosticado
Destino migratorio 62,5%
Origen migratorio 43,5%
Mundo 70,7%
Ninguna 85,7%
Porcentaje global 61,2%
Fuente: A partir de Gualda, E. (Dir.) (2008): Estudio HIJAI, 2007.

Es interesante destacar aquí que se clasifica mejor a los inmigrantes identificados con
el mundo o sin autoidentificación territorial, así como a los que lo están con el país de
destino migratorio, mientras que la predicción de los que se encuentran identificados con
el origen es más débil. Posteriores trabajos, deben indagar aún más profundamente esta
cuestión. Por otra parte, estos datos ponen de relieve la complejidad de entender la con-
formación de identidades territoriales, y también la existencia de otras variables en juego,
no incluidas en estos análisis, que pueden formar parte de las experiencias biográficas de
adolescentes y jóvenes. Otra evidencia a la que se llega es que es diferente la explicación
de las identificaciones territoriales orientadas al origen migratorio, que hacia el destino o
el mundo, en el sentido de que las variables en juego se conjugan de manera diferente, a
veces con y otras sin importancia explicativa.

10. Conclusiones
Una sociología de lo cotidiano, de énfasis interaccionista, arraigada en obras como las
de Mead (1972), Cooley (1993) o Goffman (1971), vendría a plantear que las relaciones
sociales, se encuentran en buena medida basadas en la imagen que sobre sí mismos y sobre
los otros tienen los grupos sociales y las personas. Uno es en relación a cómo sea valorado
por los demás, aunque también, diríamos, a las relaciones que mantengamos con nuestros
entornos micro y macrosociológicos. Frente a la identidad personal del individuo, su identidad
social se iría formando permanentemente a partir de la influencia de circunstancias sociales,
modificándose la imagen del yo a través de la interacción o de imágenes y etiquetamientos
colectivos que le son influyentes (Aparicio, Tornos y Labrador, 1999). La misma interacción
se basa en la percepción que tengamos del otro y de cómo ese otro generalizado nos vea a
nosotros mismos. Estas imágenes sobre nosotros, nuestros grupos de referencia, los otros
y cómo pensamos que somos vistos por los demás influyen sobre los comportamientos
que esperamos en los demás, y en lo que pensamos que se espera de nosotros, siendo
de influencia en la interacción social. Todo ello contribuye al desarrollo de nuestro self.
Estos procesos afectan a la creación de identidades étnicas y se encuentran presentes en las
relaciones sociales interétnicas. En el ámbito de las migraciones las identidades territoria-
les parecen conformarse de manera similar, basadas, entre otros factores, en la existencia
de relaciones sociales directas con personas de un territorio al que han llegado, y pueden
servir para la trasmisión de saberes socioculturales en ambos sentidos de la relación social.

4
El modelo obtenido se ajusta según los indicadores de bondad de ajuste y nivel de significatividad de la intersec-
ción final. Respecto a la Pseudo R-cuadrado el valor de Nagelkerke (,540), Cox y Snell (,490) y McFadden (,285).

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Estrella Gualda Caballero

Pero hemos visto en este trabajo que entre las variables que afectan a las identificaciones
están los contactos que se mantienen con amigos y familiares en el origen, siendo hoy
algunos de estos contactos de carácter virtual (chats, messenger o correos electrónicos)5.
Se hace patente en este nuevo contexto tecnológico que no es absolutamente preciso
que siempre exista un contacto cara a cara para recibir influencias que puedan moldear la
construcción de las identificaciones territoriales. Este factor, a modo de ejemplo, permite
observar cómo la construcción identitaria debe ser entendida igualmente en su contexto
estructural, pues algunas limitaciones y facilidades al establecimiento y mantenimiento de
relaciones sociales se producen en éste.
Por otra parte, del mismo modo que opera en el caso de la construcción de identidades
sociales y étnicas, la aparición de identidades territoriales pone de relieve la definición y
distinción colectiva entre nosotros y ellos, unida en cierta medida a las habituales prácticas
de categorización social (Tajfel y Turner, 1986; Turner, 1982) y a la necesidad humana de
adscribirse a un grupo o una pertenencia concreta. En este caso, el grupo se basa en un
territorio de pertenencia hacia el cual opera la identificación. Uno de los hallazgos más
interesantes de la investigación, ya anticipado en otras investigaciones, es precisamente la
importancia que cobran en el colectivo inmigrante las pautas de identificación múltiple o
transnacional, más allá de un único territorio: el mundo como escenario de construcción
de identidades lo encontramos en uno de cada tres casos aproximadamente en nuestros
datos. Pero normalmente se trata del mundo, como sugiere Moraes (2007), en un sentido
limitado por la experiencia concreta de cada individuo, en muchos casos con familias
repartidas entre varios países. Entre los factores que parecían contribuir más a estas
identidades múltiples estaba precisamente los contactos establecidos con los amigos, más
que con los familiares, propiciados por la aparición de internet, elemento tecnológico
estructural sin el que hoy no se podrían probablemente entender bien algunas relaciones
sociales transnacionales que operan en el escenario de las migraciones.
Pensando en un futuro a medio plazo, similar argumentación a la de Federico (2003)
respecto a las dificultades para predecir cómo serán las relaciones sociales, por el complejo
juego que suponen elementos estructurales y no estructurales en su desarrollo, se podría
hacer respecto a las dificultades de previsión de las identificaciones que hoy se pueden
fácilmente nutrir de lo que ocurre tanto en espacios presenciales como virtuales de relación
social, donde el contacto, aunque lo sigue siendo, lo es de otra manera, y donde también
participan aspectos macro y microsociales en su conformación.

5
En nuestra muestra el teléfono sigue siendo el medio de contacto predominante pero la incidencia de
medios que requieren una conexión a internet es muy elevada. Así, dijeron que para contactar con la familia sí
usan chats/messenger un 45%, correo electrónico un 30%, teléfono un 86%, cartas un 28% y visitas personales
un 27%. Para contactar con los amigos el teléfono se emplea menos y el uso de internet es mayor: chats y mes-
senger (54%), correo electrónico (38%), teléfono (63%), cartas (22%) y visitas personales (24%).

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Identidades, Autoidentificaciones Territoriales Y Redes Sociales De Adolescentes Y Jóvenes...

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Tomás Alberich Nistal

IAP, REDES Y MAPAS SOCIALES:


DESDE LA INVESTIGACIÓN
A LA INTERVENCIÓN SOCIAL

ACTIVE-RESEARCH ACTION, NETWORKS


AND SOCIAL MAPS: FROM RESEARCH
TO SOCIAL INTERVENTION

Tomás Alberich Nistal


Universidad de Jaén
alberich@ujaen.es

Recibido: 20/12/07; Aceptado: 23/3/08


Resumen
La sociedad actual está caracterizada por la inestabilidad, el miedo y por algunos de sus
síntomas o enfermedades, como son la hiper-especialización, la dependencia, el corporativismo
y el localismo, en un contexto de mercados globalizados y del incremento de la desigualdad
social. Frente a estas enfermedades está la autonomía y la participación directa de personas y
colectivos. Desde las ciencias sociales se han desarrollado, desde hace bastantes años, teorías y
metodologías que favorecen estos valores de profundización democrática. Una de las corrientes
metodológicas que ha demostrado su utilidad es la conocida como Investigación-Acción Parti-
cipativa (IAP). Método que ha utilizado las técnicas cuantitativas y cualitativas con un enfoque
diferente al tradicional y que desarrollando sus propias técnicas, como es la construcción de
mapas sociales, útil para conocer la estructura de las redes sociales.

Abstract
The actuality society are characterised by instability, fear and some of the illness or indi-
cations, as is the hyper-specialization, the dependence, the corporate spirit and the localism,
in a context of globalization markets and the increase of the social inequality. Opposite to
these illnesses it is the autonomy and the direct participation of persons and collectives. From
the social sciences there have developed, for years, theories and methodologies that facility
these values of democratic deepening. One of methodologies that has prove its utility is the
Participative Action-Research. This method has used quantitative and qualitative techniques
with a different approach from the traditional one, and developing its owns technologies, as
the construction of social maps, useful for know the structure of social networks.

Palabras clave: Participación ciudadana, Redes Sociales, Metodologías, Investigación-


Acción Participativa, Mapa Social.
Keywords: Citizen participation, Social networks, Methodologies, Participatory Action-
Research, Social Map.

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Iap, Redes Y Mapas Sociales: Desde la Investigación a la Intervención Social

1. En qué sociedad estamos. Síntomas de la democracia actual


El miedo global
Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Los que no trabajan tiene miedo de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las
armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche
sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que pudo ser, miedo de
morir, miedo de vivir…
Eduardo Galeano (Patas Arriba, Escuela del Mundo al Revés)
En el siglo XV había un afán de aventura física e intelectual, hoy el sentimiento dominante
es el de la seguridad y el miedo, dos signos de la senilidad del sistema.
Sampedro (2006).

Introducción
Si una de las características de nuestra sociedad es la inestabilidad y el miedo la otra
es la hiper-especialización. Nos hemos ido acostumbrando a la inestabilidad en el empleo
y al incremento de las diferencias entre clases y en las clases trabajadoras (los fijos y los
funcionarios, por un lado, el resto de los trabajadores por otro). Con la cultura norteameri-
cana vino también la comida rápida y otros aspectos de la sociedad basura: el contrato precario,
provisional, parcial, eventual…, las privatizaciones y, desde los años 80, la disminución
del Estado. Así, llevamos hablando tres décadas de las crisis económicas y de la “crisis
del Estado de Bienestar”. Por no decir claramente que esa crisis viene principalmente del
deseo imparable de los que más tienen por querer tener más y que el Estado protector
y redistributivo quede reducido al mínimo en un mundo privatizado y globalizado. Para
los neocon no se trata de que el Estado tenga una función redistributiva sino, más bien al
contrario, que favorezca el aumento de las diferencias socioeconómicas. Es decir, redis-
tributivo sí pero al revés, quitar a los trabajadores y a los precarios para dar más beneficio
a los pudientes. Así nos instalamos en la sociedad de la provisionalidad, la inestabilidad y
la inseguridad, en que lo único fijo y como proyecto para toda la vida es la hipoteca. Una
sociedad en la que todo fluye, todo se disipa, todo cambia, y en la que los derechos, los
valores y los principios se diluyen, se nos escapan entre las manos. Es el tiempo líquido,
la modernidad líquida tan gráficamente bien expresada por Zigmunt Bauman (Vidas desper-
diciadas, Amor Líquido,…). Hablando de la generación X, los nacidos en la década de los
años 70, y respecto del tema del empleo, nos indica: “Mientras que el prefijo ´des`, en ´desempleo`,
solía sugerir una salida de la norma –como en ´desorientado` o ´desmotivado`- nada semejante sugiere el
concepto de ´superfluidad`. (…) Ser ´superfluo` significa ser supernumerario, innecesario, carente de uso
–sean cuales fueren las necesidades y usos que establece el patrón de utilidad e indispensabilidad-. Los otros
no te necesitan; pueden arreglárselas igual de bien, si no mejor, sin ti.” (Bauman, 2005:24). Estamos
en la sociedad de los tres tercios en un mundo globalizado: tenemos las clases poderosas

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Tomás Alberich Nistal

(élites socioeconómicas), las amplias clases medias, cada vez más fragmentadas, y el resto,
los insolventes, los innecesarios o superfluos. Nadie los necesita.
Por otro lado (y en correspondencia con más fragmentación social) vivimos en una
sociedad individualista pero caracterizada por la dependencia, por la delegación y el corpo-
rativismo. “Las causas que provocan la falta de participación son: la dependencia,…, la delegación,… y
la compartimentación o el fraccionamiento del análisis de la realidad y de sus soluciones, que se manifiesta
en tres aspectos: compartimentación temporal [vivir el presente]… disociada del futuro (sin perspectiva) y del
pasado (sin memoria histórica), compartimentación en el espacio [y] sectorial” (Martín Recio, 1998).
1. La dependencia de los demás, principalmente de los especialistas pero también del
cabeza de familia, de los subsidios y “ayudas” sociales, del Estado, de las sustancias que nos
crean adicciones y nos hacen más dependientes… Si nos duele algo o tenemos un problema
dependemos de lo que nos diga el médico, el psicólogo,…
Las noticias están trufadas de referencias a los “expertos”. Si hay violencia entre los
jóvenes o en la escuela, los expertos nos dirán por qué. Si hay violencia en la sociedad, los
sociólogos y otros expertos (médicos-sociales) nos dirán porqué la sociedad está enferma y
cómo actuar. Ante cualquier problema lo primero es hacer un estudio y lo primero de lo
primero una encuesta y aportar unos datos. Todo medio de comunicación que se precie
entrevistará a un experto o a un gran especialista que nos aportará unas cifras, unos porcen-
tajes, aparentemente objetivos, pulcros, incuestionables. Pero, ¿se pregunta alguna vez, en
profundidad y rigurosamente, a los jóvenes, a los estudiantes, a los afectados por la noticia?
¿Se les da la palabra para que hablen con libertad y, sobre todo, para que participen en la
solución, o sólo se les considera parte del problema? ¿Dónde queda la experiencia directa,
tanto personal como grupal? ¿Dónde queda la participación de los afectados?
Se nos olvida que para “curar” hay que tener en cuenta no sólo los diagnósticos que hacen
los médicos y expertos sobre los síntomas sino también lo que el propio “paciente” (los
ciudadanos) están dispuestos a cambiar y dispuestos a hacer para conseguir ese cambio.
Se retransmite diariamente la imagen de que gran parte de la sociedad es dependien-
te y vive de las subvenciones, de los subsidios y de las ayudas sociales: los agricultores,
la población inmigrante, las personas con discapacidad, los mayores, los excluidos, las
asociaciones y ONG… todos parecen vivir del “Estado”, no de su trabajo, del esfuerzo
realizado o de los derechos reconocidos. Así no es de extrañar que parte de los trabajadores
y de las clases medias quieran menos Estado, menos burocracia, menos impuestos, menos
subvencionar a esos grupos que se ven como una carga. Esa imagen ha calado tan hondo
que incluso algunos de los grupos citados se consideran a sí mismos como una carga social:
son dependientes de lo que el Gobierno quiera darles de pensión, de subvención o ayuda
social, y eso con la arbitrariedad de lo que se otorga graciosamente. En sentido contrario
sólo se dan tímidos avances, como por ejemplo el RMI, renta mínima de carácter universal
en algunas Comunidades Autónomas, o la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía
Personal… precisamente conocida como Ley de Dependencia.
2. La delegación permanente educa y socializa a las personas en la responsabilidad
mínima, personas de responsabilidad limitada: yo voto, yo elijo, tú actúas. Elegimos concejales,
diputados, presidentes de asociación,… y a partir de ese momento los problemas que los
solucionen ellos “que para eso les hemos votado”. Que participen ellos. Los problemas
de mi comunidad, de mi barrio, de mi urbanización, de mi ciudad,… que lo solucionen
ellos que para eso están, que lo solucionen los “políticos”.

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3. Unidos a los dos anteriores están la enfermedad del corporativismo y del localismo.
La compartimentación permanente. Lo importante es lo cercano y lo que me afecta directa-
mente; lo de fuera, lo de los demás, no importa. Cada carrera profesional desarrolla valores
hiper-especializados. La mayoría de las asociaciones y organizaciones del tercer sector se
mueven en una lógica también localista y/o corporativista. Buena parte de la sociedad vive
en mundos separados, las denominadas sociedad militar, la eclesiástica, la de los “católicos”,
“musulmanes”,… se considera que tienen sus propias normas y sus propias lógicas (y, lo que
es peor, algunos defienden que sus propias éticas). Son eso: “sociedades” se autodenominan
así para desarrollarse como mundos paralelos. La multiculturalidad puede también recrear
ese problema: grupos-guetos de la misma procedencia sin apenas relación con el exterior.
Y por otro lado el lenguaje de los expertos: los profesionales escriben y hablan para
que les entiendan sólo sus colegas, los de su profesión. Incluso obligados para poder
desarrollar su currículo a utilizar siempre un lenguaje propio, super técnico y codificado,
excluyente y no comprensible para los de los demás, para que así su corporación profesional
les considere como miembros propios de la comunidad científica y puedan publicar en
sus revistas. “Hablamos de un modelo de concepción del mundo que desmotiva a pensar globalmente
y refuerza únicamente la actuación en un campo tan específico que, a la manera que denunciaba Morín
(1995), ciega a la inteligencia” (Manzano, V. 2007).
Frente a estas enfermedades ¿qué se puede hacer, qué se está haciendo? Frente a la
dependencia permanente hay que desarrollar la autonomía de las personas, el autoapren-
dizaje, el proceso de desarrollo del ser, de la persona, si es que queremos individuos libres,
superando la separación permanente entre la teoría -enseñada por el sistema educativo- y
la práctica. Frente a la delegación permanente hay que desarrollar experiencias de partici-
pación ciudadana, corresponsabilidad, solidaridad y democracia directa. No podemos ni
debemos delegar todo. Y frente al corporativismo está la acción integral, multidisciplinar,
tanto a nivel local como global.
No se trata de pensar que podemos vivir en una sociedad sin representantes, o de
enfrentar la democracia directa y participativa a la democracia representativa. De lo que se
trata es de profundizar y ampliar la democracia actual, mediante procesos participativos.

Síntomas, enfermedades de la democracia actual Objetivos a desarrollar


DEPENDENCIA, burocracia AUTONOMÍA, educación autorreflexiva y
(de los subsidios, subvenciones, del crítica, autoconocimiento personal y colectivo.
especialista…) Democracia participativa y directa.
DELEGACIÓN PARTICIPACIÓN
(yo voto: que me lo arreglen ellos) Corresponsabilidad, solidaridad.
COMPARTIMENTACIÓN, ACCIÓN INTEGRAL local, regional y
Corporativismo, global: glocalismo.
Localismo Compartir, cooperar (desarrollo de la
sociedad del conocimiento en un mundo en
red interconectado)
GLOBALIZACIÓN uniforme con más desigualdad. Redistribución, justicia social. Derechos Humanos.
Multiculturalismo excluyente, asimilacionismo Interculturalidad. Descentralización, subsidiariedad.
impuesto, fundamentalismos… Libertad. Más democracia.

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Desde las ciencias sociales se han desarrollado, desde hace bastantes años, teorías
y metodologías que favorecen los valores de profundización democrática. Uno de los
métodos que ha demostrado su utilidad es el conocido como Investigación-Acción Par-
ticipativa (IAP).
Expondremos, en un primer apartado, como se encuadra este método dentro de las
diferentes perspectivas teóricas de la investigación y, posteriormente, una explicación de
la utilidad de este método y de la técnica de los mapas sociales para el conocimiento de
las redes sociales.

2. Teorías, Métodos y Técnicas de Investigación


Las técnicas clásicas utilizadas para la investigación social las podemos clasificar en
dos grandes tipos o perspectivas:
1. Distributivas o cuantitativas. Con ellas distribuimos la realidad, cuantificándola y
separándola según los datos que tenemos. Conseguimos un conocimiento de tipo “cen-
sal” o estadístico; técnicas útiles para saber aspectos cuantificables de la realidad. Trata de
conseguir un conocimiento objetivo. Por ejemplo: equipamiento familiar, renta, viviendas,
intención de voto,...
2. Estructurales o de tipo cualitativo. Nos sirven para conocer la estructura de la socie-
dad, las redes sociales existentes y así estructurar la realidad por grupos sociales, agrupaciones
de afinidad, roles,... Con ellas conocemos y construimos opiniones, aspectos subjetivos y
las relaciones que se dan entre los grupos (por ejemplo, actitud ante problemas sociales,
propuestas de solución,...).
Existe una tercera perspectiva, que denominamos dialéctica, que parte de la conside-
ración del objeto a investigar como sujeto (protagonista de la investigación) y de que la
finalidad de la investigación es la transformación social. Utiliza algunas técnicas especí-
ficas propias para la investigación pero sin rechazar el uso de las técnicas cuantitativas y
cualitativas. “Si la encuesta es la técnica de investigación paradigmática en las distributivas, y el grupo
de discusión de las estructurales, la asamblea es la técnica paradigmática de las metodologías dialécticas”
(Valero, A. 1996). La asamblea, que pretende ser una reunión y debate entre iguales que
dirija el conjunto del proceso investigador, y otras técnicas de contraste y participativas
que veremos, las incluimos como parte de las técnicas de la perspectiva Dialéctica y del
Socio-praxis, utilizadas en la metodología de la Investigación-Acción Participativa (ver
cuadro de la página siguiente).

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Iap, Redes Y Mapas Sociales: Desde la Investigación a la Intervención Social

Niveles y perspectivas de la investigación social


Niveles Discurso hegemónico
Correspondencia
Tecnológico Metodológico Epistemológico con la evolución
temporal y lógicas
(cómo y con qué se hace) (por qué y cómo se invest.) (para qué, para quién
socioeconómicas
[Juegos de lenguaje] [Funciones de lenguaje] [Efectos del lenguaje] predominantes
D Hasta el Siglo XX
Pregunta-respuesta Función referencial Asimetría
I
del lenguaje “CRECIMIENTO”
S
Técnicas cuantitativas: Lo investigado como Lo importante es
T
Análisis estadístico objeto crecer en magnitudes
R
- Encuestas (puede cuantitativas (más
I
ser mediante [cierra] producción, más renta,
B
muestreo o con “los elementos de la PIB,…).
U
encuesta-censo) red” Produce un Efectos no deseados:
T
- Entrevista cerrada conocimiento censal, - puede haber más
I
(estructurada o (conocimiento estadístico que quiere desigualdad y pobreza
V
directiva) descriptivo) ser objetivo. aunque se crezca.
A
Conversación Simetría táctica, Siglo XX
Función estructural del
P asimetría estratégica “DESARROLLO”
lenguaje
E E Técnicas cualitativas: Desarrollo es
R S - Entrevista: Lo investigado como crecimiento y mayor
Produce un
S T semidirectiva, objeto (al que se le pide bienestar para la
conocimiento de la
P R abierta, grupal, en “que hable”) mayoría1. Es incremento
estructura de la red
E U profundidad.Grupo con cambio cualitativo.
(explora sus caminos,
C C de discusión [abre para cerrar] Efectos no deseados:
sus relaciones)
T T - Grupo triangular - deterioro
I U - Historias de vida Para conocer opiniones, medioambiental y
- Análisis del discurso
V R - Análisis estructural sentimientos, agotamiento de los
(conocimiento
A A de textos conocimiento de lo recursos. Despotismo
explicativo)
S L - Observación subjetivo ilustrado, tecnocracia
Asamblea. Participación Función pragmática del
D Técnicas participativas: lenguaje (el habla es acción)
I - Socioanálisis. Siglo XXI
A Simetría
Analizadores Metodologías Implicativas
L (construidos, históricos). - Análisis institucional - DESARROLLO
E Lo investigado como
- Autoencuesta. Construcción de la red SOSTENIBLE Y
C sujeto (libera el decir y
Autoevaluación → hacer otra red PARTICIPATIVO
T el hacer)
- Delphi
I - DAFO (debilidades, IAP Agendas 21, Cartas de
C amenazas fortalezas, (Propositivo e implicativo Aalborg,…
A [abre]
oportunidades) para el investigador)
- Dinámicas de grupo → Recrear la red (a partir Efectos no deseados:
Para transformar y
- Técnicas de la Animación de las redes existentes) puede haber desarrollo
democratizar
Sociocultural (ASC) - Programa de Acción sostenible parcial
Y - Observación participante Integral (PAI). y/o impuesto por
- Tetralemas - Presupuesto Participativo. algunos. Localismos,
- - - - - - - - -- - - - - - -
- Flujogramas - Plan Comunitario. corporativismos,…
SOCIO- - Sociograma y Mapas ------
- Diagnóstico Rural (respuestas:
PRAXIS Sociales Particip acción integral,
Asimetría táctica
- La asamblea no es una - Núcleo de Intervención glocalismo –acción
Simetría estratégica
reunión entre iguales. Es Participativa (NIP). local+global…)2
una acción-proceso que - Enfoque del Marco
parte de la desigualdad. Lógico.
Fuente: Elaboración propia a partir de las propuestas de J. Ibáñez, Colectivo IOÉ y T. R. Villasante
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Las tres perspectivas se centran de modo diferente en cada nivel: “la perspectiva distri-
butiva puntúa sobre todo el nivel tecnológico (es empirista), la perspectiva estructural puntúa sobre todo el
nivel metodológico (articula empirismo y formalismo), la perspectiva dialéctica puntúa sobre todo el nivel
epistemológico (articula empirismo, formalismo e intuicionismo)” (Ibañez, J. 1993: 49).
Las diferencias entre lo que llamamos “perspectivas” y los niveles metodológico y
epistemológico no siempre están claramente definidas y pueden dar lugar a una cierta
confusión. La Epistemología hace referencia a la teoría de la ciencia (para qué, para quién
se investiga). La Epistemología es el marco teórico del que partimos, compuesto por una
base ideológica y teórica común y general, conjunto de paradigmas de una escuela científica.
Define las finalidades de la investigación y las teorías que utilizamos para interpretar los
hechos (los datos producidos), orientando el análisis de los datos. Interviene, sobre todo,
al principio de la investigación y al final.
El Método se refiere al conjunto de los procedimientos utilizados para llegar a la
formación de un enunciado o de un conocimiento determinado, por qué se hace así, qué
camino utilizamos en el proceso investigador. Podemos decir que la Metodología incluye y
estructura el conjunto de técnicas que vamos a utilizar y cómo y porqué se van a utilizar en
cada momento. Mientras que en el nivel epistemológico definiremos el objetivo y la finalidad
que queremos darle a la utilización de esa metodología y a la propia investigación.
Es habitual hablar (aunque no sea exacto) de “métodos cuantitativos” para referirse
a la utilización de técnicas cuantitativas, o de “métodos cualitativos” para referirnos al
conjunto de las técnicas cualitativas.
La IAP es una metodología porque ordena y organiza un conjunto de técnicas y las
orienta en un cierto sentido (participativo).
Las Perspectivas hacen referencia a los diferentes tipos de investigación y conocimien-
tos que producen:
1. Distributiva -que es sobre todo conocimiento descriptivo.
2. Estructural -más explicativo y opinativo.
3. Dialéctica, es más propositivo-transformador.
Las perspectivas nos indican por tanto las líneas y ejes fundamentales de cada tipo de
investigación. Desde cada una de las perspectivas citadas se han ido produciendo nuevos
paradigmas de conocimiento y nuevas escuelas epistemológicas.
12

La Perspectiva Dialéctica
“Una primera acepción del término dialéctica es la de ´diálogo`. Al igual que en un diálogo hay dos
argumentaciones, dos razones, que se contraponen, en la dialéctica hay dos ´lógicas`, dos razones que se
confrontan” Rubio, M J. (1997).

1
“Desarrollo: Proceso de crecimiento de una economía, a lo largo de la cual se aplican nuevas tecnologías
y se producen transformaciones sociales, con la consecuencia de una mejor distribución de la riqueza y de la
renta” (R. Tamames).
2
Desde propugnar la “actuación local, pensamiento global”, de los movimientos ecologistas y alternativos
de los años 90 y el trabajo en lo micro (mi barrio, mi comunidad,...) se ha ido pasando al actuar en lo global sin
dejar de pensar en lo local. Se generaliza en nuestra década el buscar la combinación adecuada entre acción global
y local, tarea no siempre fácil. En palabras de Boaventura de Sousa Santos: “Lo global transcurre localmente. Es
preciso hacer que lo local contra-hegemónico también transcurra globalmente”.

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El paradigma dialéctico moderno se desarrolla a partir de las propuestas de Wilhelm


Hegel y Karl Marx. Los rasgos del paradigma dialéctico son:
Todo se haya en relación. La naturaleza y la sociedad como un todo en interacción.
Todo se transforma.
El cambio cualitativo. La acumulación de cambios cuantitativos provoca cambios
cualitativos.
La lucha de los contrarios o la ley de la unidad de los contrarios (si no hay conflicto
no hay progreso).
Ley del desarrollo en espiral. Lefebvre añade esta ley que supone que lo nuevo no
destruye lo anterior sino que lo integra en sí y lo mejora, superándolo.
La posición de sujeto en proceso (Ibáñez) nace desde la actividad de conocimiento del
sistema social, y la investigación le permite constatar que sólo transformando el sistema
social seguirá siendo posible sobrevivir como sujeto.
“La investigación sociológica dialéctica ensaya, para intentar realizarse, sacar a los miembros de la
sociedad de la posición individual y débil de ´sujetos consumidores`, para colocarlos en la posición fuerte
y colectiva de ´sujetos productores`” Gumpert, L. (1993)
El Socio-Praxis (Tomás R. Villasante, 1994) parte de la perspectiva dialéctica, revisando
algunas de sus propuestas en los diferentes niveles. A nivel tecnológico considera que la
asamblea no es una reunión entre iguales (considerarla así es algo excesivamente utópico).
En la asamblea, lo mismo que en la investigación de las redes sociales mediante la IAP, se
parte de conocimientos y posicionamientos diferentes. En una asociación u organización
social hay dirigentes, cuadros, profesionales, vecinos, personas acostumbradas a lo público
y a participar, y otras que no lo han hecho nunca. No todos participan igual. En cualquier
proceso se parte de posiciones de desigualdad: por ejemplo en las reuniones sindicatos/
empresarios, ciudadanía/poder local,...
Es necesario partir de estas desigualdades realmente existentes, si bien para transfor-
marlas y conseguir mayores cotas de igualdad de oportunidades. Así las técnicas serán
sobre todo procesos (de programación, de dinamización,...) para conseguir llegar a una
situación de más igualdad en la relación entre actores sociales que son diferentes, y llegar
a realizar asambleas o reuniones como negociación entre sujetos cuasi-iguales, dentro de
la diversidad.
Con las técnicas de la perspectiva distributiva llegaremos a un conocimiento de los
elementos que componen la red social. Las cualitativas nos permitirán conocer la estruc-
tura de la red (sus caminos, sus relaciones, sus nodos). La perspectiva dialéctica propugna
la creación de otras redes sociales diferentes. Desde el Socio-praxis se plantea “recrear
la red”: transformar pero a partir de las redes existentes. Se trata, no de crear otra red a
partir de la nada, sino de re-crear la red o crear una nueva a partir de lo que hay. A nivel
epistemológico, se parte de una situación de asimetría (táctica) para conseguir una simetría
(estratégica). Desde esta perspectiva se da mayor importancia a la exploración de lo que
ya existe, analizando sus posibilidades potenciales transformadoras y planteando procesos
instituyentes y reflexivos de los sujetos.
La IAP se enmarca así dentro de lo que se denomina metodologías implicativas, que
suponen la inclusión de negociaciones y participación plural en procesos complejos.
Por sus contenidos, también las podemos denominar simplemente como metodologías
participativas. A partir del análisis propuesto por Tomás R. Villasante (2006) estas me-

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todologías las podríamos agrupar en dos grandes tipos: nuevas tendencias del mercado
desde la globalización o desde los movimientos sociales e investigadores alternativos. Así
tendríamos:
a) Desde la globalización: los procesos de Calidad Total (Toyota, grandes empresas,…),
Investigación participante (Banco Mundial) y Planes Estratégicos (grandes ciuda-
des).
b) Desde los movimientos sociales [y desde el análisis crítico]: filosofía de la praxis
(neomarxismos), socioanálisis (Francia), IAP (Latinoamérica en origen), y socio–
praxis. En esta línea podemos hablar de nuevas corrientes de la sociología práctica
y de las corrientes críticas en economía, trabajo social, etc. (y del movimiento “Otra
Investigación es Posible”).
A veces estas diferentes corrientes metodológicas aparecen enfrentadas pero otras son
complementarias y no excluyentes unas de otras. Los planes estratégicos o la implantación
de sistemas de calidad total no tienen por qué obedecer sólo a exigencias del mercado. Hay
planes estratégicos locales que entre sus objetivos están claramente los procesos de participa-
ción ciudadana y el avance de la democracia local. El clasificar todas las nuevas metodologías
en dos grandes tendencias puede ser en algunos casos clarificador pero en otros forzado o
artificial. Por ejemplo, entre los que propugnan la creación de nuevas redes de cooperación
informativa y de interacción entre las personas en una nueva Sociedad del Conocimiento nos
podemos encontrar aportes teóricos de ambos tipos de tendencias.

3. La Investigación-Acción-Participativa (IAP)
La IAP tiene sus orígenes en la confluencia de un conjunto de escuelas críticas de inves-
tigación social y de las escuelas de la pedagogía social: educación popular latinoamericana,
teorías de Paulo Freire -pedagogía de la liberación, Educación de Adultos,... que han confluido
con bases epistemológicas comunes europeas (búsqueda de una sociología práctica, socio-
praxis, sociología dialéctica,...). En 1977 se celebró el primer encuentro internacional sobre
IAP en Cartagena de Indias. En 1997, veinte años después, se celebró un Congreso Mundial
sobre IAP en la misma ciudad.
¿Qué es la IAP? Existen muchas definiciones y diferentes “escuelas” y denominaciones
en la actualidad. Se puede definir como un método de estudio y acción que busca obtener
resultados fiables y útiles para mejorar situaciones colectivas, basando la investigación en la
participación de los propios colectivos a investigar, que así pasan de ser “objeto” de estudio
a sujeto protagonista de la investigación, controlando e interactuando a lo largo del proceso
investigador (diseño, fases, devolución, acciones, propuestas...) y necesitando una implicación
y convivencia del investigador externo en la comunidad a estudiar.
Tradicionalmente se ha defendido que la investigación sociológica produce un conoci-
miento objetivo y que la investigación debe de ser externa, objetiva y desideologizada, para
lo cual se pretende que el investigador se mantenga al margen de lo investigado, fuera de
la comunidad para no influir ni verse influido por ella, tratando los hechos sociales como
“cosas” (cosificación). Pero desde las ciencias exactas –experimentales- se ha demostrado la
imposibilidad práctica de que el científico no influya en el hecho investigado. Dado que esto
es así, desde las escuelas críticas de ciencias sociales se plantea la necesidad de ser consciente
de ello y explicitarlo, buscando el aprendizaje mutuo mediante técnicas de investigación nuevas
(como la observación participante, debates, dinámicas de grupo,...), sin rechazar la necesidad

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de utilizar otras técnicas de investigación clásicas (entrevistas, grupos de discusión,...) pero


con una orientación diferente. El que la objetividad total no exista y que el investigador
influya siempre en lo investigado no significa que da igual como actuemos, antes bien: hay
que explicitarlo precisamente para no manipularlo.
La IAP, por tanto, no rechaza el papel del especialista, profesional de la investigación,
conocedor de las técnicas de análisis, pero sí se replantea el para qué y el para quién de la
investigación, como primer problema a resolver, rechazando que la entrega del saber obtenido
en la investigación quede en exclusiva para el cliente que contrata.
Se trata de superar e integrar los métodos citados: “el esquema metodológico –más o menos
rígidamente pero muy estructurado, diseñado desde arriba por los expertos- no puede ser válido para producir
un tipo de conocimiento que persigue ser crítico, reflexivo, colectivo, participado, emancipador. Pero aún más,
la IAP no termina en la producción de conocimientos, sino que pretende actuar frente a las realidades sociales,
transformándolas desde el protagonismo de los actores…” nos indican Moreno Pestaña y Espadas
Alcázar (2002). Los mismos autores concluyen que lo más importante en la IAP, su “hilo
conductor, debe plantearse como un proceso cíclico de reflexión-acción-reflexión, en el que se reestructura la
relación entre conocer y hacer, entre sujeto y objeto, de manera que vaya configurando y consolidando con cada
paso la capacidad de autogestión de los implicados” (Moreno Pestaña y Espadas Alcázar, 2002).
Como decíamos, la IAP es una metodología porque ordena/organiza un conjunto de
técnicas y las orienta en un cierto sentido democratizador. Que esa democratización se de a
nivel solo micro (dentro de un grupo, dentro de una institución o de un sistema productivo)
o se plantee preguntas a nivel macro (cambio de ese sistema) dependerá del nivel episte-
mológico (para qué/para quién se realiza la investigación). Así tenemos, por ejemplo, la
utilización de la IAP en empresas para organizar y mejorar los procesos de formación o de
organización interna que no suponen un cuestionamiento de las relaciones de producción o
de la relación entre las clases sociales (capital-trabajo) pero si pueden suponer un avance en
la democratización interna de las relaciones laborales (como también ha ocurrido en algunas
experiencias de aplicación del método de calidad total).
“En el mundo empresarial la IAP se ha aplicado con éxito entre otros en Detroit Diesel, Shell, Statoil
y en España en el Grupo Mondragón y en DaimlerChrysler, por citar algunos ejemplos. El método consiste
básicamente en plantearse un problema e ´investigar` con la participación de todos los actores involucrados
diversas soluciones” nos señala Bezos Daleske, C. (2003) en el artículo precisamente titulado
“La formación basada en Investigación Acción Participativa como herramienta de cambio
organizativo”. Este autor explica la utilización de la IAP en la formación continua en em-
presas y cómo los empleados participan “a través de una entrevista anual sobre su desarrollo”. El
que, desde otras posiciones, consideremos insuficientes estos procesos participativos o que
los podamos considerar como una IAP de baja intensidad o light no invalidan otros aspectos
de la IAP como método. Será el nivel epistemológico el que nos dirá el para qué y el para
quién se realiza esa IAP. Pero eso no define el que sea o no una investigación participativa
(ya que nadie está imbuido de la capacidad o autoridad para decir qué es o qué no es una
IAP, aunque si se pueda opinar al respecto).

4. Ejemplo de Fases y Técnicas para realizar una IAP


Nos limitamos aquí a concretar de forma esquemática cómo se puede realizar una IAP,
citando las principales técnicas y fases que se desarrollan con la metodología de la Investi-
gación-Acción Participativa en un municipio o en un espacio territorial concreto (comarca,

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barrio,...). Estas fases y técnicas siempre varían al adaptarlas a cada caso, se deben de tomar
sólo como un ejemplo3.
Partimos para realizar estos esquemas de ejemplos prácticos de IAP realizadas en mu-
nicipios y dirigidas desde el Master en “Investigación, Gestión y Desarrollo Local” de la
Universidad Complutense de Madrid (UCM), desde 1996 a 2006 (actualmente denominado
Investigación Participativa para el Desarrollo Local). Investigaciones que fueron dirigidas
o coordinadas por los citados R. Villasante, Garrido, Alberich, Martín y otros. Finalmente
se adjuntan algunos esquemas sobre las fases realizadas en la IAP y de los mapas sociales
elaborados.

Primera Fase. Autodiagnóstico


Se comienza con una propuesta general de objetivos de la investigación. El objetivo último
de la investigación es, por ejemplo, conocer las problemáticas sociales de la juventud, de la
infancia, el propio funcionamiento de la participación ciudadana, el asociacionismo, etc.
1. Recogida de información: Datos secundarios (estadísticos, sociales,...). Recogida de
conocimientos sensibles (elaborados en su momento con otros objetivos y con otras me-
todologías).
2. Comisión de seguimiento. A partir de una reunión general en que se convoca a todas
las entidades potencialmente interesadas (asociaciones, colectivos, instituciones...) se explica
la metodología y los objetivos, y se avanza en su concreción con el debate. Se constituye la
Comisión de Seguimiento con las entidades y personas más interesadas (habitualmente presi-
dentes o dirigentes de asociaciones y representantes de las instituciones). Esta Comisión tiene
reuniones mensuales o bimestrales, para supervisar, revisar y reorientar el proceso investigador.
Se avanza así en la construcción del objeto-sujeto de estudio. En esta fase es importante las
hipótesis de partida, y su contraste mediante preguntas en las reuniones.
3. Se captan voluntarios para la constitución del grupo mixto investigador, de técnicos
más vecinos colaboradores, a partir de las reuniones de la Comisión de Seguimiento y de las
entrevistas a colectivos. A este grupo de trabajo le llamamos Grupo IAP o GIAP, siendo el
verdadero motor de todo el proceso.
4. Se pueden buscar elementos analizadores nuevos que provoquen reacciones estudia-
das. Por ejemplo, una Rueda de Prensa de presentación de la investigación y “desembarco”
en la calle con grabadoras de audio y video. O empezar a buscar hechos significativos de la
historia reciente del barrio o la comunidad (analizadores históricos) que luego utilizaremos
para plantear en los grupos de discusión y talleres.
5. Inicio del trabajo de campo: entrevistas abiertas a representantes políticos, personal
técnico y líderes/dirigentes sociales.
6. Se elabora un primer informe con un autodiagnóstico provisional y concreción
del trabajo futuro, distinguiendo entre finalidades de la investigación (fines últimos, más
o menos abstractos que parten de un ideario o base ideológica mínima), los objetivos
generales y los específicos. Se incluye el método y proyecto a realizar (acciones previstas,
cronograma, con programación flexible).

3
Una reflexión sobre los procesos del aprendizaje y sobre la propia enseñanza universitaria y de la IAP la po-
demos encontrar en el artículo de Javier Garrido “Perspectiva y prácticas de Educación-Investigación Participativa”
(Revista Política y Sociedad, UCM, 2007).

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Segunda Fase: Trabajo de Campo y Primeras Propuestas


1. Trabajo de campo. Continuación de las entrevistas abiertas y semidirectivas en cada
distrito o barrio. También se realizan: observación participante, hacer de exploradores o
“detectives” de barrio; entrevistas grupales y grupos de discusión con la base asociativa
de las entidades y con la base social del barrio. Se trata de conversar con los sectores no
oídos. La parte de las redes sociales que sabe, conoce, pero habitualmente no participa.
Se continúa la recogida de información.
2. Análisis del discurso. Análisis de contenido de los discursos recogidos en las entre-
vistas y grupos de discusión.
3. Segundo informe. Primeras conclusiones provisionales. Para su debate con los co-
laboradores de la investigación y en reuniones de la Comisión de Seguimiento. En algunos
casos se redacta o se comienza a trabajar en una Guía de Recursos Sociales junto a un
directorio de infraestructuras y equipamientos. Estos informes también se llevan para su
debate a talleres y reuniones (Jornadas, Seminarios,...). Se realiza un primer Mapa Social
o Sociograma, donde se expone gráficamente todos los colectivos e instituciones que hay
en un territorio y que tipos de relaciones existen entre ellos (ver siguiente apartado). Qué
conjuntos de acción y relaciones existen y cuales nos empezamos a plantear que podrían
existir.
4. Talleres y Jornadas en las que utilizaremos técnicas de participación, tormenta de
ideas, dinámicas de grupo, elaborar escenarios de futuro...
- Técnica DAFO: realizamos un diagnóstico sobre Debilidades, Amenazas, Fortalezas
y Oportunidades, que nos dará un análisis más completo que el debate sólo sobre
las problemáticas existentes o sobre puntos fuertes y puntos débiles del municipio
(en estos debates con la población siempre sale antes y de forma más abundante lo
negativo que lo positivo).
- Jerarquizar los problemas y las propuestas de actuación (según importancia y según
urgencia).
- Técnica DELPHI: varias reuniones seguidas donde no sólo se opina sino que también
se jerarquizan las valoraciones, objetivos, líneas de actuación y propuestas concretas.
En cada nueva reunión se parte de la selección de temas y de las conclusiones de la
anterior. En nuestro caso no utilizaremos apenas esta técnica ya que es más acon-
sejable para investigaciones macro o donde los participantes tienen dificultades de
desplazamiento. 4
Posibles JORNADAS abiertas de debate, donde participen vecinos, dirigentes y exper-
tos de otras ciudades,... Se trata, a partir de aquí, de empezar a “cerrar” con las técnicas,
para llegar a propuestas concretas que han ido saliendo en las fases anteriores (ir cerrando
lo que se abrió en la primera fase).

4
Esta técnica también se realiza por correo a partir de una selección de “expertos” o conocedores de un
tema, a los que se les mandan sucesivos envíos de un cuestionario abierto. Con el siguiente cuestionario se les
comunica un resumen de conclusiones a partir del anterior. En este caso la participación es anónima. Puede ser
interesante como comienzo de una investigación en la que es muy difícil reunir a las personas informadas.

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Tercera Fase: Conclusiones y Propuestas de Acción


Construir el Programa de Acción Integral (PAI). Con: Programación Auto-sugestiva
(sugerente), Integral 5 y de Sinergias6.
Desarrollar aspectos tales como: Debates/Retroalimentación. Recogida de informa-
ción permanente. Planes de Formación. Propuestas a las instituciones. Evaluaciones y
mecanismos correctivos.
Informe Final. Se entrega un informe a los diferentes sujetos-actores que han participa-
do en la investigación (Ayuntamiento, asociaciones, miembros de la Comunidad Local,...),
que incluye, entre otros aspectos:
-Diagnóstico (problemáticas detectadas, puntos fuertes y débiles del municipio,
DAFO).
-Mapa de Recursos Sociales o Socioculturales. Mapas sociales o sociograma.
-Conclusiones y propuestas de actuación (PAI). Acciones concretas con programación
y evaluables; propuesta de creación de indicadores para el municipio.

5. Mapa Social y Sociograma


“En el esquema reticular, cada cosa es un punto y cualquier punto se conecta con cualquier
otro y, lo que es más: cualquier punto conforma a cualquier otro, pues en la red todos los puntos
se constituyen mutuamente. (...) A diferencia de las raíces de los árboles [que simbolizan el
organigrama clásico de la estructura de una organización jerárquica] los rizomas se conectan
bajo tierra, como las madrigueras, crecen horizontalmente bajo la superficie. El rizoma, como
entendía Deleuze, es un sistema acentrado, no jerárquico, definido por una circulación de estados;
un rizoma es un mapa en perpetua producción, siempre modificable, conectado, desmontable, y
con sus puntos de fuga...” (Chantal Maillard, citando a Umberto Eco. Babelia-El País,
29.10.2005).

Por Mapa Social entendemos una representación gráfica de los grupos, organizaciones y
colectivos de un territorio concreto y de las relaciones que se dan entre ellos. “El sociograma
tiene por misión representar gráficamente las relaciones de distinto tipo, que están presentes en un momento
determinado, entre un conjunto de actores. Aquí el sociograma (lo instituyente) se enfrenta al organigrama (lo
instituido, lo cristalizado) de manera que aporta a la investigación una perspectiva de lo que está pasando en
el momento presente y por dónde deciden los implicados que han de desarrollarse las propuestas de actuación.
Por el contrario, una de las limitaciones del sociograma … es su estatismo (en la acepción de estático) y su
cualidad descriptiva, no explicativa” (Martín, 1999). Mientras que el organigrama nos representa
sólo relaciones de poder jerarquizadas, el sociograma o mapa social nos permitirá ver las
relaciones en la red social, en una malla más completa, compleja y próxima a la realidad,
incluyendo, como veremos, algunas de las relaciones jerarquizadas o en diferentes niveles y
también, en algunos casos, las relaciones entre diferentes redes. Finalmente tendremos en
5
Un Programa para ser Integral tiene que dar respuesta a tres tipos de preguntas:
• Preguntas referidas a la socialización: de redes, relaciones, cultura local, de la vida cotidiana, preguntas
de género.
• Preguntas de la economía política... y en referencia a las clases sociales. ¿El Programa es solidario?
• Preguntas de la ecología política... y la sustentabilidad. ¿Tiene futuro?
6
Sinergia: “fuerzas, factores o medios de distintas clases, que concurriendo a un mismo fin generan una
acción que resulta ser superior a la de la mera suma de sus componentes” (R. Tamames, Diccionario de Eco-
nomía. Madrid, 1988).

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Iap, Redes Y Mapas Sociales: Desde la Investigación a la Intervención Social

cuenta su cualidad en principio sólo descriptiva, siendo conscientes de ella y completando


los mapas sociales con informes explicativos y propositivos.
En la metodología de la IAP habitualmente representamos tres niveles o tipos de
organización:
- las del ámbito del poder: administraciones públicas, poderes económicos y fácticos
(representadas con un triángulo),
- las organizaciones sociales del tercer sector (rectángulo),
- y los grupos de población: jóvenes, adultos, mujeres, varones, mayores, inmigrantes...
(representadas con círculos o elipses).
- a partir de ahí se representa qué tipo de relación existe: intensa, normal-habitual, de
confrontación o enfrentamiento, ignorarse o no relación,... mediante líneas de diferente
grosor y tipo, entre cada organización (ver leyenda tipo en página siguiente).
En estos ejemplos, mapa social y sociograma lo hemos utilizado casi como sinónimos,
aunque su diferencia está en los niveles representados. Una definición más concreta de
sociograma la encontramos en Ander-Egg (1995): “Diagrama utilizado en sociometría para
objetivar gráficamente las relaciones mutuas existentes entre los miembros del grupo estudiado. Suele
obtenerse analizando cuatro dimensiones: las elecciones, los rechazos, las expectativas de elección y las
expectativas de rechazo. En su forma más simple, se realiza preguntando a cada unos de sus miembros a
quién o quiénes les gustaría tener por compañero y a quiénes rechaza”. Es decir, que cuando hacemos
un Sociograma representamos personas (y microgrupos) y las relaciones que se dan dentro
de ellas, en un colectivo u organización concreta, mientras que hablaremos de Mapa Social
para referirnos a la representación gráfica de elementos colectivos (asociaciones, institu-
ciones,…) en un ámbito territorial concreto (un municipio, barrio,…). Cada elemento de
la red es, en este caso, una entidad. El sociograma lo podríamos realizar también en un
nivel mixto o superior, cuando queremos analizar qué relaciones internas se dan en una
organización concreta entre sus diferentes órganos y personas significativas dentro de
ellas. Por ejemplo, en la realización de un diagnóstico sobre una asociación, nos interesa
ver qué elementos son los más significativos y sus relaciones: presidente, junta directiva,
comisiones de trabajo o vocalías, voluntariado, grupos activos, socios no activos, etc. En
este caso representamos personas y grupos de afinidad en el mismo mapa.
En las investigaciones realizadas sobre la evolución de algunas asociaciones en barrios
de Madrid (años setenta y ochenta)7 y de algunos conflictos internos, se ha visto que entre
los principales actores de las asociaciones (miembros del grupo formal, líderes comuni-
tarios, sectores activos…) y en las redes sociales donde estaban inmersos estos grupos,
se entrecruzaban cuatro tipos de relaciones diferentes: de afinidad político-ideológica, de
parentesco (familiares), de amistad (y por proximidad vecinal) y, en menor medida, eco-
nómicas. En la evolución de la entidad, en los conflictos internos de cada asociación y en
las formas de coordinación con otras entidades y barrios, estaban presentes estas cuatro
formas de relacionarse y constituían de hecho la “agenda oculta” permanente en el mapa
de relaciones, aparentemente por debajo de las relaciones formales, oficialmente recono-
cidas, de presidente, secretario, tesorero, vocales, comisiones de trabajo, representantes
en coordinadora o federación, etc.

7
Ver: Tesis Doctoral del autor (1994): “Política Local, Participación y Asociacionismo” UCM.

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Tomás Alberich Nistal

La técnica del mapeo se ha revelado como de gran utilidad para:


1. Realizar un diagnóstico participativo sobre las redes sociales, introduciendo debates
y provocando una reflexión colectiva sobre el papel de cada entidad u organización
en el ámbito local y qué funciones y relaciones están establecidas. En los procesos de
IAP realizados desde los años noventa la hemos utilizado una vez que hay un primer
conocimiento del medio social en el que estamos, y se han utilizado ya otras técnicas
de investigación clásicas. Así, el trabajo de campo y los talleres en que se construyen
diagnósticos con la técnica DAFO nos servirán al equipo investigador (GIAP) para ir
construyendo el Mapa Social.
2. Proponer cambios. A partir de los debates realizados sobre la realidad existente se
proponen nuevos conjuntos de acción. En definitiva se trata de ponerse en una posición
de futuro de cómo se puede trabajar para cambiar las relaciones actuales y elaborar un
Programa de Acción Integral (PAI o PAIS, si le añadimos el objetivo de la sostenibi-
lidad, un PAI sustentable). Elaborar posibles escenarios de futuro.
3. A partir del Mapa veremos donde se dan las relaciones más conflictivas, las más neutras
o inexistentes, las diferentes pero que se pueden superar y donde las de mayor afinidad.
Si, en una primera fase, tratamos de juntar en el mismo recinto o grupo de trabajo a las
entidades o colectivos más enemistados, la reunión y el propio proceso puede ser un
fracaso. Por lo tanto debemos trabajar primero con los afines y con los no “enemigos”
(autoaislados, diferentes o indiferentes,…). Con los que se pueden tender puentes y
unirse en lo común, programa de mínimos con las posibles propuestas unitarias, lo
que todos están de acuerdo que sería beneficioso para el barrio. Estos grupos de afi-
nidad nos servirán para llegar a otros con los que no se está en compañía pero no se
considera “enemigos”. También podrán realizar una labor de ser intermediarios para
facilitarnos el llegar a los que menos relación tienen con los demás. En definitiva la
técnica del mapeo nos será útil para crear nuevas redes de afinidad, crecer desde los
más afines a los menos y tender puentes con los no afines.
Los antagónicos quedarán para el final. En última instancia es posible que haya grupos
que nunca van a querer participar y se auto-posicionen en contra. En este caso el proceso
servirá para que queden aislados. Así ocurre, en algunas experiencias realizadas, con grupos
muy marginales o fuera del sistema (traficantes, racistas, ultras,…).
Una forma concreta de utilizar esta técnica en unas jornadas es dividir a los participantes
en varios grupos amplios (de unas ocho o diez personas), cada uno de ellos lo más hete-
rogéneo posible y repartir tarjetas en blanco para construir el mapa: unas serán de forma
triangular para representar a las instituciones y ámbitos del poder, otras rectangulares para
representar a los agentes, entidades y colectivos sociales y otras circulares para los grupos
de población. “Cada grupo rellena las tarjetas con los diferentes protagonistas existentes en el territorio
y las pone sobre una cartulina para después relacionarlas (…) En el grupo se discute hasta llegar a un
consenso y luego al ponerlo en común se explica la razón de cada una de las relaciones. En Asamblea se
intenta generar un único esquema y se reflexiona sobre las zonas donde el mapa se hace más denso en sus
relaciones, donde estas se hacen más intensas, los bloqueos existentes, los elementos articuladores (dinami-
zadores) y los espacios vacíos de relaciones. Al hacer estos mapas también es interesante definir aquellos
elementos comunicadores (personas, grupos, etc.) que adquieren un peso importante en la conexión de unos
niveles con otros” (Basagoiti, Bru, Lorenzana, 2003:12). Estos elementos comunicadores
serán de diferente tipo dentro de las relaciones de las redes sociales y según el nivel en el

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Iap, Redes Y Mapas Sociales: Desde la Investigación a la Intervención Social

que estemos trabajando. Entre el nivel político y las asociaciones/entidades sociales los
comunicadores son principalmente los técnicos (traducen de forma cotidiana el discurso
de arriba hacia abajo y trasladan necesidades y propuestas de abajo hacia arriba). Entre
las asociaciones y organizaciones sociales/políticas y los grupos de población (activos,
voluntarios, usuarios, vecinos…): los comunicadores son los dirigentes de las asociaciones
y sus sectores activos, líderes naturales y comunitarios. Y los medios de comunicación local
(cada vez más numerosos y diversos) son también comunicadores entre todos ellos, entre
todas las partes de la red social.
El esquema de elaboración del trabajo de campo en la IAP lo vemos a continuación,
elaborado a partir de la propuesta de Martín, P. (1999):

Entrevistas/grupos
Entrevistas a
Entrevist Entrevistas a de discusión con la
instituciones asociaciones base social

Grupos de Análisis de textos y Reuniones de


colaboradores. GIAP discursos. Triangulación "devolución". Talleres

sociograma del MAPA SOCIAL


analizador EN LA
histórico ACTUALIDAD

MAPAS SOCIALES
IMAGINANDO EL
FUTURO
(PROPUESTAS
DE ACCIÓN)

Cuando no se tiene tiempo para realizar toda la investigación y se quiere ir a enseñar la


técnica directamente con agentes o técnicos activos del municipio, una formula puede ser,
después de realizado un DAFO, el ir a la representación directa, mediante, como decíamos
anteriormente, el reparto de cartulinas (triángulos, rectángulos y círculos) de los posibles
diferentes actores y agentes colectivos y representarlo en una pared.
Finalmente, podemos también realizar mapas sociales tomando como eje del mismo un
tema que nos interesa especialmente como, por ejemplo, la cultura, la educación o lo servicios
sociales. Pero debemos de tener especial cuidado en no fragmentar artificialmente la realidad,
ya que en un municipio todo está interrelacionado, especialmente en los de menor tamaño.
Vemos más adelante, en el ejemplo del mapa social de una ciudad (Torrejón de Ardoz, con
más de cien mil habitantes) que se ha cogido como eje temático la Educación y en él se
representan inevitablemente buena parte de los actores y aspectos socioculturales.

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Tomás Alberich Nistal

EJEMPLOS DE IAP Y MAPAS SOCIALES

LEYENDA TIPO de MAPAS SOCIALES

Imágenes del poder


Instituciones públicas
Medios comunicación…

ASOCIACIONES (de todo tipo):


De vecinos, culturales, jóvenes, AMPAS,
ONGS, de comerciantes,…
Sindicatos, agrupaciones locales de
partidos políticos,…

colectivos y grupos
de población
(jóvenes, varones
adultos, mujeres,
minorías,…)

Sin relación (en blanco)

Relación débil o puntual ………

Relación normal (estable)

Relación fuerte

RELACIÓN CONFLICTIVA: x x
(débil, normal o antagónica fuerte)

Se pueden añadir flechas si la relación se considera sólo unidireccional. También se


puede agrupar o superponer instituciones, asociaciones o colectivos, si las relaciones son
muy intensas. Conjuntos de acción: los dibujamos (con línea discontinua - - - - ) a partir de
los grupos de instituciones-entidades-colectivos donde se dan las relaciones más intensas,
tanto las actuales como las que proponemos que podrían darse, en base a un proyecto de
actividad o programa de acción, PAI,...

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Iap, Redes Y Mapas Sociales: Desde la Investigación a la Intervención Social

Mapas Sociales de Torrejón de Ardoz (Madrid).


Elaborado por Grupo IAP. 1998. (Dirección: Tomás R. Villasante y Tomás Alberich)

FAPA: Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos. UP: Universidad Popular.

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Tomás Alberich Nistal

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Iap, Redes Y Mapas Sociales: Desde la Investigación a la Intervención Social

Sociograma y relaciones de afinidad

EXCLUIDOS
PRECARIOS Y

SOLVENTES
ASALARIADOS

ALTA

EJE DE CLASE
AFINES

DIFERENTES

AJENOS

OPUESTOS

EJE DE AFINIDAD

Fuente: Tomás R. Villasante y Pedro Martín

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Tomás Alberich Nistal

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Eva Mª Aguaded Ramírez • Antonio José Rodríguez Cárdenas • Beatriz Dueñas Comino

LA IMPORTANCIA DE LAS REDES SOCIALES


EN EL DESARROLLO DE COMPETENCIAS DE
CIUDADANÍA INTERCULTURAL DE LAS FAMILIAS
DE ORIGEN INMIGRANTE Y AUTÓCTONOS

THE IMPORTANCE OF SOCIAL NETWORKS IN


THE DEVELOPMENT OF CITIZEN INTERCULTURAL
COMPETENCE IN IMMIGRANT AND
AUTOCHTONOUS FAMILIES

Eva Mª Aguaded Ramírez


Antonio José Rodríguez Cárdenas
Beatriz Dueñas Comino
eaguaded@ugr.es
cantine@correo.ugr.es
beatrizdc83@yahoo.es
Universidad de Granada

Recibido: 15/10/07; Aceptado: 23/3/08

Resumen
Desde hace varias décadas se está estudiando el efecto que poseen las redes sociales
sobre las personas en los proyectos migratorios. En este artículo destacamos una serie de
aspectos que se ven inmersos en los procesos de elaboración de estas redes sociales. La ca-
lidad que posean estas redes, van a repercutir en la formación de una series de competencias
interculturales concretas, consideradas éstas como habilidades que sirven para ser eficaces
y que, desde el punto de vista de la ciudadanía intercultural, incluye dos concepciones im-
prescindibles como son la de estatus y la de proceso.
Para cumplir con estos dos aspectos clave, la sociedad multicultural necesita de una
formación en ciudadanía intercultural que incluya la competencia ciudadana y ésta, a su vez,
la habilidad de comunicación y es aquí donde diferentes agentes, como los componentes de
los centros educativos, de los servicios sociales y, sobre todo, de las asociaciones y ONGs
toman especial relevancia, tal y como demostramos en este artículo, en el que damos a co-
nocer una investigación realizada, tanto con familias de origen autóctono, como con familias
de origen inmigrante con el objetivo de conocer cuáles son las redes sociales con las que
se desenvuelven y cómo estas redes pueden ayudar a que las familias puedan desarrollar
competencias que les permita convivir en una sociedad multicultural

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La Importancia De Las Redes Sociales En El Desarrollo De Competencias De Ciudadanía ...

Abstract
For several decades the effect that have the social networks in the migratory projects
of the people has been studying. In this article we emphasized a series of aspects that are
immersed in the processes of elaboration of these social networks. The quality that has
these networks, is going to repel in the formation of a series of intercultural competences,
considered these like abilities that serve to be effective and that, from the point of view of
the intercultural citizenship, include two essential conceptions: the one is the estatus and
the other one is process.
In order to fulfill these two aspects, the multicultural society needs a formation in
intercultural citizenship that includes the citizen competence and this one, as well, the
communication ability. Is here where different agents: the components of the educative
centers, the social services and, mainly, the components of the associations and ONGs take
special relevance, so and as we demonstrated as much in this article, in which we present
an investigation made with families of native origin, like with families of immigrant origin
with the objective to know which are the social networks with which they develop and how
these networks can help to that these families can develop competences that allow them to
coexist in a multicultural society.

Palabras clave: Redes sociales, Competencias Interculturales, Ciudadanía Intercultural,


Familias, Participación.
Keywords: Social networks, Intercultural Competencies, Intercultural Citizenship,
Families, Participation.

1. Redes sociales y Competencias Interculturales


1.2. Las redes sociales.
En un intento por comprender los procesos migratorios que se van sucediendo en
nuestro país, es necesario prestar atención al papel que juegan las redes sociales utilizadas
por la población inmigrante, tanto en su país de origen como a la llegada al país de aco-
gida. Siguiendo a Litwin, 1995, citado por Martínez, García y Maya (2001: 100), escribió
sobre dicho concepto “la red social es un término usado por los científicos sociales para abarcar la
comprensión de las diversas dinámicas interpersonales que tienen lugar en el entorno inmediato de los seres
humanos”. En este contexto, es importante conocer el tipo de apoyo que desempeña cada
uno de los componentes que configuran las redes sociales estudiadas en otras investiga-
ciones, como es el caso de Bravo y Fernández (2003) donde exponen tres tipos de apoyo:
emocional (confianza), instrumental (ayuda) y sentimiento de vinculación (afectividad) (140).
Por tanto, el estudio de las redes sociales es un tema muy complejo, debido a la multitud de
factores que se van solapando a lo largo del proceso de formación y funcionamiento. Un aspecto
clave a la hora de observar dicho proceso, es el punto de partida. Es decir, no es lo mismo
hablar de redes sociales antes de llegar al país de acogida, que una vez llegado al destino.
De esta forma, en el momento de tomar la decisión de emigrar, la calidad que posean
las redes sociales tomará una relevante importancia. En este punto, Granovetter 1973,
citado por Palacio y Madariaga (2006: 94-95), menciona, a partir de la teoría de los lazos
débiles, que “se tiene más acceso a los recursos a través de los conocidos (lazos débiles) que a través de los
familiares y amigos íntimos (lazos fuertes)”. Esto, a su vez, tiene diversos matices, ya que existen
multitud de combinaciones de situaciones concretas. No será lo mismo si hablamos de
redes entre personas de niveles socioeconómicos altos que bajos, ya que los enlaces se
moverán en dichas circunstancias. Este hecho, nos alerta sobre la influencia que poseen

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Eva Mª Aguaded Ramírez • Antonio José Rodríguez Cárdenas • Beatriz Dueñas Comino

ciertas variables en el momento de establecerse un tipo de red u otra. Al respecto, conviene


citar el trabajo realizado por De Miguel, Solana y Pascual (2004), donde nos muestran la
trascendencia de unas variables u otras (sexo, tamaño de la red, capital económico, choque
cultural, tiempo de estancia, etc.) en el funcionamiento de las redes sociales.
Otro aspecto que debemos considerar es el proceso cíclico o ciclo abierto que se
produce entre las personas que integran las redes sociales. Aquellas personas que reciben
ayuda se pueden convertir en ayuda prestada en un futuro. En todo este proceso se ge-
nera un aprendizaje de comportamientos ante las situaciones que se van desarrollando,
ya que los sujetos se encuentran ante situaciones extremas que deben solventar con es-
fuerzo, alguna veces de manera más positivas y otras más negativas. En este camino de
adaptación al entorno social, las asociaciones toman un papel relevante, ya que actúan
como puentes/enlaces/lazos, tanto entre la comunidad inmigrante como con la autóctona
(vecinos, administraciones, u otros servicios). Teniendo en cuenta que un “43´5% de los
inmigrantes llegados a Andalucía han tenido relación con alguna asociación” (Pérez y Rinken 2005:
122), observamos que quizás deberíamos tener más en cuenta el trabajo desarrollado por
estas instituciones. Esto se podría llevar a cabo trabajando de manera colaborativa tanto
con asociaciones y/u ONGs, estableciendo una forma de trabajo donde se dieran cruces
de información y conocimiento de manera lineal. Por ejemplo, trasladándolo al ámbito
educativo, podríamos afirmar que tendrían una participación importante en el camino de
la integración del alumnado inmigrante en la escuela, tanto a nivel de ayuda a la familia
como a nivel de aporte de conocimiento de la cultura y costumbres hacia el profesorado,
que en numerosas ocasiones se ve indefenso ante el desconocimiento de su alumnado.
El impacto de las redes sociales en el asociacionismo, se ve reforzado por el artículo
69 LODILE, donde se promueve el asociacionismo entre inmigrantes.
Dietz y Rosón (2002) aportan un claro ejemplo de la utilidad de las redes sociales,
donde las recomendaciones proporcionadas por otros inmigrantes son una de las vías más
utilizada para el acercamiento a las ONG granadinas.
Por otro lado, tenemos que poseer una visión crítica en el manejo de las redes sociales,
ya que los lazos entre el inmigrante y la sociedad pueden desembocar en la formación de
guetos y reagrupamientos masivos en zonas concretas de las localidades, llegando a ser
contraproducente para la integración de los sujetos. A esto hay que sumarle la falta de
recursos, nivel de ingresos, problemas legales en los trámites, etc.

1.2. Desarrollo de competencias de ciudadanía intercultural en las familias


de origen inmigrante
Cuando hablamos de competencias, nos estamos refiriendo a la habilidad para funcio-
nar eficazmente, pero el desarrollo de estas competencias en el campo de la ciudadanía
intercultural, implica mucho más que eso.
La ciudadanía es un concepto histórico que ha ido variando, según las circunstancias
sociales, económicas, políticas y culturales.
Así, históricamente, este concepto de ciudadanía, se había vinculado a la nacionalidad,
pero los cambios de una sociedad de bienestar a una sociedad de información, los recientes
movimientos migratorios, la profundización de las desigualdades y la persistencia de una
desigualdad jurídica, social, política y cultural entre los géneros han influido en la evolución
del concepto (Soriano, 2001).

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La Importancia De Las Redes Sociales En El Desarrollo De Competencias De Ciudadanía ...

Para nosotros, un concepto claro de ciudadanía intercultural es aquel que es dinámico


y en el que se perciben dos concepciones claves, como son:
- Estatus, que es el reconocimiento jurídico y legal de la condición de ciudadanos y
ciudadanas (concepto clásico) “Es ese vínculo, esa posibilidad de participar activamente en la cons-
trucción social, lo que confiere al hecho de ser ciudadano y ciudadana una especial dignidad”. (Soriano,
2001: 93), y también,
- Proceso, que implica el ejercicio real de ciudadanía (concepto actual). Esta nueva
concepción, subraya el proceso social e insiste en incorporar el sentimiento de pertenencia
a la comunidad. De ahí el concepto inclusión, donde el grupo mayoritario puede determi-
nar, con sus conductas y actitudes, los sentimientos de inclusión de las minorías. “(…) es
este espacio social donde las personas comparten valores y normas de comportamiento y toman decisiones
para la resolución de problemas asociados a la vida pública. Es en ese espacio común donde se desarrolla
y crece el sentimiento de pertenencia a la comunidad política de referencia que constituye un elemento clave
en la práctica de la ciudadanía”. (93) (Soriano, 2001: 93)
Respecto a cuáles deberían ser las competencias básicas de una ciudadanía intercultural
diversos autores aportan algunas como las siguientes (Alboan, 2006):
- Las competencias cognitivas: conocer derechos y deberes, así como dimensión
económica: producción, consumo…; medio ambiente e información acerca de
otras culturas.
- Dimensión ética y axiológica: creación de identidad local y global.
- Capacidad para actuar: acentúa el aspecto de participar activamente en el proceso
social.
En una sociedad multicultural, se hace necesaria una formación en ciudadanía inter-
cultural (Soriano, 2007), que ha de estar compuesta por cuatro aspectos: a) El sentimiento
de pertenencia, b) El desarrollo del juicio crítico, c) La participación ciudadana, y, d) La
competencia ciudadana.
El último componente, la competencia ciudadana, contiene habilidades que permiten
la comunicación entre personas culturalmente diferentes, por lo tanto, preparar a la ciuda-
danía para vivir en sociedades plurales implica preparar, sobre todo, para la comunicación
(Soriano, 2007).
Nosotros, entendemos la comunicación intercultural como intercambio cultural mu-
tuo, en el que las personas interpretamos los mensajes en relación a nuestros referentes
culturales que pueden coincidir, o no, con el emisor. Aquí, tiene cabida, la eficacia comu-
nicativa entendida como el grado de comprensión suficiente entre las personas que están
comunicando y, para alcanzar esta eficacia, hay que superar las barreras que puedan existir,
teniendo en cuenta, para ello, las competencias interculturales (Soriano, 2007).
La comunicación será entendida como intercultural si (Soriano, 2007):
- Las personas pertenecen a referentes culturales distintos y,
- Ambas, perciben un grado de comprensión mutua o satisfacción y van superando
los obstáculos.

1.3. Impacto de las redes sociales en el desarrollo de las competencias de


ciudadanía intercultural
El interés generado por estudiar las redes sociales y los sistemas de apoyo social de las
personas que sufren problemas psicosociales ha sido un tema de interés desde la década

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de los 70 y, desde entonces, son numerosos los estudios (Lynam, 1985; Die y Seelbach,
1991; Leslie, 1992; Aroian, 1992; Berry, 1997; Clarke y Jensen, 1997; Martínez, García y
Maya, 1999) que han demostrado la efectividad del apoyo social a la hora de afrontar los
problemas y conflictos de la vida cotidiana en los adultos y muchos los trabajos escritos
(Furnham y Li, 1993; Holding y Baezconde-Garbanati, 1990; Griffith y Villavicencio, 1985;
Janes, 1990; Kuo y Tsai, 1986; Miller-Loncar et al., 1998; Sluzki, 1992; Vega et al., 1991) que
han demostrado gran interés en el tema del apoyo social. Sus efectos positivos son bien
conocidos, aunque se continúan investigando los mecanismos por los cuales disponer de
alguien que acompañe a la persona inmigrante incide en la sensación de bienestar.
En este mismo sentido, pero enfocado a un objetivo diferente, podríamos decir que
la finalidad este trabajo es ofrecer una visión global de la influencia de las redes sociales
en el desarrollo de las competencias de ciudadanía intercultural y, para ello, realizaremos
una revisión de algunos de los elementos que consideramos que afectan a dicho proceso,
compuesto éste por diferentes niveles, tal y como proponen Massey, Arango, Hugo et al.
(1993) y resumimos en el siguiente párrafo.
En primer lugar, partimos de un nivel micro, en el que interaccionan las características
personales de quien plantea la movilidad, tales como las que se refieren al capital humano
(formación académica, nivel educativo de la familia, etc), a rasgos psicológicos (por ejemplo,
la capacidad de resolución de problemas) y al capital económico. En el otro extremo, situa-
ríamos un nivel macro que engloba los modelos económicos neoliberales, los cuales quedan
más lejos de un posible control por parte del individuo. En este nivel, nos encontramos
con fenómenos tan complejos como los que explican los factores de atracción (pull) de
los estados industrializados receptores, y los factores de expulsión (push) consecuentes de
la presión de una economía globalizada sobre mercados menos competitivos y con menos
capacidad de autodefensa y, finalmente, entre ambos niveles nos encontramos con un nivel
intermedio formado por el contexto del que se parte. En la mayoría de los casos estamos
hablando de la familia, punto central en la toma de decisiones. En este contexto, también
se incluyen las redes sociales de quien realiza el desplazamiento, teniendo en cuenta la
posesión o no de contactos previos, red de apoyo , tiempo de estancia, etc.
Además, cuando hablamos del impacto de las redes sociales, no podemos obviar la
relevancia que posee la participación social de los integrantes, en la que pueden darse di-
ferentes niveles, en función de la responsabilidad que asumen los participantes, tal y como
establecen Díaz Bordenave, 1998; Fundación Kaleidos, 2003, en Alboan , 2006:
- Formar parte: Alude a la permanencia de un individuo en un grupo.
- Sentirse parte: El sentimiento es imprescindible para la autonomía.
- Tomar parte: Implica tener una función responsable dentro de un grupo.
- Tener parte: Supone un desempeño directo de acciones que conllevan una respon-
sabilidad en el grupo.
Por consiguiente, debemos partir del concepto de participación social desde un dis-
curso proactivo, donde el marco de referencia sea toda la población, ampliando, así, toda
una gama de redes mucho más eficaces y beneficiosas para todos. En este punto, es donde
entran en juego las competencias interculturales, ya que éstas se irán construyendo a la
vez que se van extendiendo dichas redes. La calidad de las redes sociales va a repercutir de
manera directa en la formación y puesta en práctica de las competencias interculturales.
Por lo cual, no utilizaremos las mismas competencias para relacionarnos con redes for-

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La Importancia De Las Redes Sociales En El Desarrollo De Competencias De Ciudadanía ...

madas por integrantes de la propia familia, con redes formadas por miembros de ONGs,
asociaciones, AMPAS, etc.
Teniendo en cuenta todo lo mencionado hasta ahora, vemos el papel que asumen las
Asociaciones y las ONGs como generadoras de redes sociales y, a su vez, de competen-
cias interculturales. Los niveles de participación citados pueden ser trabajados en estas
instituciones, para, poco a poco, ir implantándolas en nuestra sociedad en todos los
sectores. Como vemos, se va formando una triangulación de “apoyo/ayuda” entre estos
tres conceptos: redes sociales, participación y competencias interculturales.
Algunos autores (Alexander y Campbell, 1964, Coleman, 1974, Epstein y Karweit, 1983;
Hartup, 1996, Chickering, 1969; Hartup, 1992) han establecido que el tipo de interacción
con los iguales es especialmente significativa en el nivel de aspiración y el logro registrados
y en el aprendizaje de actitudes, valores e informaciones respecto al mundo que nos rodea,
configurándose esto último como uno de los elementos más relevantes en el estudio de
esas redes de interacción en el desarrollo de las competencias interculturales.
En este punto es donde se sitúa nuestra investigación y es desde donde partimos para
realizar la investigación que presentamos en el apartado siguiente.

2. Investigación realizada
Los datos que presentamos en este artículo forman parte de una investigación más
amplia, en la que se recogió información durante cinco años consecutivos, que dio lugar
a una tesis doctoral1, pero debido a que, los datos que presentamos en este informe nece-
sitaron de un año más de trabajo, no formaron parte del documento final, aunque, dada
la riqueza de los mismos, hemos decidido darlos a conocer al conjunto de investigadores
y a otras personas interesadas desde este artículo.

2.1. Objetivos
Los objetivos de la investigación se concretaron en los siguientes:
a) Analizar las redes sociales utilizadas por las familias de origen inmigrante y de
origen autóctono.
b) Examinar las concepciones sobre las propias competencias interculturales que
poseían estas familias.
c) Razonar sobre cómo la utilización de las diferentes redes sociales puede ser un
componente esencial a la hora del desarrollo de las competencias interculturales en las
familias investigadas.

2.2. Metodología
La investigación que aquí presentamos se enmarca en el paradigma interpretativo de
investigación educativa, ya que lo que hemos hecho es una aproximación subjetiva y el uso
de métodos cualitativos. Este tipo de paradigmas lo que pretende es indagar en el interior
de la persona y entenderla desde su subjetividad, como consecuencia, la teoría que creamos
desde las situaciones particulares se basa en datos generados durante la investigación y,
por tanto, no está establecida previamente.

1
AGUADED, E., (2005). Diagnóstico Basado en el Currículum Intercultural de Aulas Multiculturales en Educación
Obligatoria. (Tesis Doctoral publicada). Granada: Universidad de Granada..

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Trabajar con la metodología cualitativa nos pareció lo más adecuado para analizar
las competencias de ciudadanía intercultural de las familias, porque el diseño de esta
metodología es muy flexible y utiliza una gran variedad de instrumentos de recogida de
datos: la entrevista, los cuestionarios, la observación participante o no participante, para
aproximarse al pensamiento y a la actuación de los sujetos.

2.3. Procedimiento
La entrevista fue realizada por un entrevistador, que realizó todas las encuestas.
La duración de la entrevista osciló entre una hora y una hora y media aproximada-
mente, dependiendo, sobre todo, de los niveles de lengua española y de la necesidad de
un traductor para realizar la entrevista. Siempre comenzamos en español y se continuó
con el idioma de elección del entrevistado.
Participaron diez inmigrantes de distintas nacionalidades, que desempeñaron labores de
intérprete y actuaron, también, como mediadores, que facilitaron la entrada y los contactos
en cada comunidad. En la mayoría de los casos fueron del mismo sexo y cultura que los
entrevistados, y algunos tenían experiencia en actividades de recogida de información.
Además, pudimos contar con los mediadores interculturales de los ayuntamientos de las
localidades donde se realizó la investigación, que se prestaron a ayudarnos con el proceso
de mediación, incluyendo la actividad de traducción, dado que, a posteriori, aportamos la
información obtenida para que pudiera ser utilizada desde estos Servicios de Mediación
Intercultural.
Las entrevistas se realizaron, tanto en los centros educativos en los que están escolari-
zados sus hijos/as, como en las casas, las asociaciones, los ayuntamientos y en los lugares
de trabajo y de ocio, dándose situaciones tan llamativas, como el hecho de tener que ir a
un campo de recogida de frutas y realizar las entrevistas en el descanso.
No todas las entrevistas se realizaron en una sola visita, sino que, en 142 de los casos
se necesitaron entre 2 y 5 sesiones, puesto que o no tenían más tiempo para dedicarnos o
hablaban un dialecto que los traductores no dominaban y tuvimos que utilizar estrategias
fuera de las preestablecidas, como necesitar un compatriota de traductor entre el sujeto
que entrevistábamos y la persona que tenía el papel de traductor oficial de la investigación
y que, posteriormente, nos realizaba la traducción a nosotros. Así que, como pueden com-
prender y habrán vivido todas las personas que hayan realizado este tipo de investigaciones,
la complicación a la hora de obtener la información dio lugar a que necesitáramos tiempo,
casi tres años de trabajo, y esfuerzo.

2.4. Población y Muestra


La población de nuestro trabajo de investigación eran las familias, tanto autóctonas,
como de origen inmigrante procedentes de diferentes países y que hubieran decidido ubi-
carse en Andalucía y, concretamente, en la provincia de Huelva, en siete de las localidades
en las que había más población de origen inmigrante.
La muestra estuvo compuesta por 623 familias, de las que 203 familias eran de origen
inmigrante y 420 familias de origen autóctono. En algunos de los casos participaron los
dos miembros de las familias (43,2%) y en el restante, participó sólo uno de ellos, siendo,
en este caso, mayor el número de mujeres (75,7%), al de hombres.

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Las localidades en las que tenían fijadas sus residencias estas familias son: Ayamonte,
Isla Cristina, Lepe, Cartaya, Punta Umbría, Palos de la Frontera y Moguer.
Dada la imposibilidad de utilizar un método aleatorio, se efectuó un muestreo por
cuotas, estratificado por localidades con afijación proporcional. Las cuotas se establecie-
ron en función de las variables de nacionalidad y sexo, y se basaron en la distribución de
inmigrantes regularizados y también no regularizados.
Para la selección de los sujetos que compusieron la muestra se utilizaron dos estra-
tegias complementarias: la técnica de «bola de nieve» y el contacto con instituciones que
proporcionan servicios a los inmigrantes.
También hay que mencionar que, de las familias contactadas, sólo rechazaron participar
5 de cada 100 de las personas con las que se contaba, en inicio, para que formaran parte de
la investigación, aunque debemos decir que contábamos con que esta situación se podía
dar. Respecto a las cuotas preestablecidas, hubo modificaciones en las cuotas masculinas
de cuatro de las nacionalidades más minoritarias y que compensamos con datos relativos
a mujeres del mismo país de procedencia.

2.5. Técnicas de recogida de datos


Los instrumentos que utilizamos fueron tres:
a) Una entrevista estructurada, en la que los autores Martínez, García y Maya, (2001)
elaboraron preguntas respecto al proceso migratorio, necesidades, recursos y problemas.
La entrevista constaba de 42 ítems, que estructuraron en siete bloques temáticos, que
son los siguientes: datos sociodemográficos y legales, proyecto migratorio, indicadores de
aculturación, percepción de problemas, percepción de rechazo, utilización de recursos y
satisfacción vital.
b) Una entrevista semiestructurada de apoyo social, concretamente la Arizona Social
Support Interview Schedule (ASSIS) (Barrera, 1980), traducida y adaptada por Martínez,
García y Maya, (2001) y que explora seis categorías de apoyo: sentimientos personales,
ayuda material, consejo, feedback positivo, asistencia física y participación social. Dicha
categorización recoge de manera exhaustiva los tipos de apoyo social que tradicional-
mente se han definido en la literatura especializada: el Apoyo Emocional se describe por
la combinación de las áreas de Sentimientos Personales y Participación Social, el Apoyo
Informacional por las categorías de Consejo y Feedback positivo, y el Apoyo Tangible
por la Ayuda Física y Material.
A través de esta entrevista se facilita a los participantes la discriminación sobre qué
se entiende por acción de ayuda, quién la provee y cuál es su naturaleza. Se obtienen
cuatro indicadores acerca de la estructura y funcionalidad del Sistema de Apoyo: tamaño
percibido de la red, necesidad de apoyo, utilización de la red para obtenerlo y satisfacción
con el apoyo recibido.
El tamaño percibido de la red hace referencia al número de personas disponibles para
proveer apoyo al menos en una de las categorías citadas y permite conocer la proceden-
cia de los vínculos, la disponibilidad de la red para cada uno de los tipos de apoyo y la
multiplicidad, atributo que hace referencia al potencial sinérgico de los lazos sociales. Por
todo ello, el ASSIS puede ser considerado como un potente instrumento para medir la
estructura y las características de los recursos naturales de apoyo o, en otras palabras, el
Sistema de Apoyo Social (Thoits, 1982). En cada una de dichas dimensiones los autores

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obtuvieron un indicador adecuado de consistencia interna: el coeficiente de Cronbach


fue 0,85 en disponibilidad, 0,73 en utilización, 0,62 en satisfacción y 0,73 en necesidad
y que nosotros hemos repetido casi en su totalidad, dándonos los resultados siguientes
respectivamente: 0,87, 0,72, 0,63 y 0,74.
c) Por último, se utilizó el cuestionario que aparece en la tabla 1, para conocer cuáles eran
las competencias interculturales, que las personas participantes consideraban que tenían.

Tabla 1. Cuestionario sobre competencias interculturales.


En
Nº Sí No ?
parte
De mis competencias interculturales
Tengo clara mi identidad cultural, los valores vinculados con
1 mi cultura y las creencias que determinan mi manera de ver
a quienes tienen una cultura distinta..
Tengo clara mi manera de percibir la cultura del país
2 meta.
Tengo claros los estereotipos con que en el país meta per-
3 ciben mi propia cultura.
Conozco algunas características de la vida diaria —comidas,
4 bebidas, días festivos, etc.— y de las condiciones de vida
—nivel de vida, vivienda, etc.— del país meta.
5 Conozco algunos datos importantes relativos a la geografía,
la gente y la historia del país meta.
Puedo reconocer algunas de las convenciones de un sistema
6 cultural distinto del mío: maneras de comportarse y rela-
cionarse, tabúes, etc.
7 Quisiera dejar de lado mis estereotipos para percibir mejor
la cultura del país meta.
Puedo darme cuenta de las actitudes fuertemente etnocén-
8 tricas que condicionan a la gente y los textos y distanciarme
de ellas.
Sé resolver malentendidos derivados del desconocimiento
9 de otras culturas. Con frecuencia surgen de diferencias in-
terculturales que no todo el mundo tiene presentes.
10 Puede ponerme en el lugar de otra persona, para ver las
cosas desde su punto de vista.

11 Puedo ser tolerante respecto de otras culturas, independien-


temente de mis convicciones morales.

2.6. Resultados
a) Respecto a los resultados obtenidos en las preguntas relacionadas con el proceso
migratorio, necesidades, recursos y problemas.
Algunos datos de relevancia obtenidos son que en el estado civil de la población par-
ticipante en nuestra investigación, se dan claras diferencias en la distribución de hombres

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y mujeres, ya que, mientras entre los hombres predominan los solteros, entre las mujeres
el grupo más numeroso es el de las que viven en pareja, ya sea en matrimonio o en rela-
ciones no formalizadas por ritos religiosos o civiles. Además, hemos de destacar la elevada
proporción de mujeres divorciadas, separadas o viudas, que son el 24,4%, en comparación
con los hombres, que forman el 4,2%.
Otro de los datos que se obtuvo de la población con la que se trabajó fue el de la
situación administrativa que presentaban en España y se obtuvo que 27,7% de las perso-
nas participantes seguían en situación irregular, concretándose en que la proporción de
irregulares es menor entre mujeres, ya que de ellas el 17,8 estaban en esta situación. Un
gran número de los participantes, el 73,2%, decían que habían entrado en nuestro país con
visado de turista, o sólo con el pasaporte cuando no era necesario el primero, el 11,7% decía
haber entrado con visado de estudiante, el 9,8% decía haberlo hecho clandestinamente y
el 2,4% con contrato de trabajo.
La media de edad de los participantes se sitúa en 32,4 años y no se dieron diferencias
significativas entre sexos.
El 65,3% de los entrevistados han cursado estudios secundarios o superiores, aunque
el nivel de estudios es menor entre las mujeres, situándose en el 54,3%.
Podríamos decir que el hecho de que el colectivo con el que se trabajó fuera tan joven,
se relaciona con el carácter reciente del fenómeno migratorio en España y, concretamente
en Andalucía, ya que más el 68,3% de la población inmigrante lleva en España menos de
cinco años.
Los resultados obtenidos en las preguntas realizadas sobre los apoyos recibidos están
expuestos en la tabla 2.

Tabla 2. Proporciones del flujo con respecto a la ayuda concedida por familiares y/o
amigos según el tipo de desplazamiento y la forma de ayuda
Documentados Indocumentados
Cuenta con familiares o amigos en España 89,4 73,3
Recibió algún tipo de ayuda de esos familiares o 54,7 92,5
amigos:
Recibió ayuda o préstamo monetario: 43,5 76,5
Recibió ayuda en alojamiento y/o alimentación: 56,4 89,5
Recibió ayuda para conseguir o buscar trabajo: 76,4 78,5
Recibió ayuda en un contrato de trabajo: 46,7 32,2

b) Respecto a los resultados obtenidos en apoyo social.


Se trabajó con las 12 características estructurales y funcionales de las redes de apoyo
aportadas por los autores ya mencionados Martínez, García y Maya, (2001), referidas a
las dimensiones de tamaño, composición, disponibilidad, utilización y suficiencia. Las dos
dimensiones que determinan el tipo de estructura reticular son el tamaño y la composi-
ción de la red. El tamaño medio de las redes para el total de los entrevistados, familias
inmigrantes y autóctonas es de 6,5, aunque, si diferenciamos entre ellas, obtenemos que,
para las familias inmigrantes los datos son 3,5 y para las autóctonas es de 9. La variable
tamaño da lugar a diferentes tipologías, expuestas en la tabla 3:

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Tabla 3. Tipología de Redes Sociales Martínez, García y Maya, (2001).


Tipo Descripción Utilización de recursos y
bienestar
Redes Centran sus solicitudes de ayuda en una Siguen una pauta
pequeñas pequeña red formada por otros heterogénea de uso de
con inmigrantes compatriotas: cuentan con los recursos: acuden
predominio unos cuatro vínculos, dos tercios de los significativamente a
de cuales son amigos. El uso intensivo de los amigos para pedir
amigos esta red de iguales garantiza una adecuada ayuda sobre el trabajo
compatriotas satisfacción de las diversas necesidades: esto o las relaciones y,
es, las múltiples funciones cubiertas por los comparativamente, no es
amigos permiten a los encuestados no sólo frecuente que soliciten
sentirse satisfechos con la ayuda recibida, ayuda a los recursos
sino disponer de recursos suficientes para formales para problemas de
la adaptación subjetiva. Cuentan con un vivienda, ni que se muestren
alto índice de antecedentes migratorios en autosuficientes en lo que
la familia. se refiere a la familia o al
dinero.
Redes La red personal está afectada por la Dado que no cuentan
mínimas con migración, de forma que apenas se cuenta con recursos naturales
predominio con dos personas para todas las áreas de suficientes, es más común
de apoyo. Esto hace que las necesidades estén que acudan a los recursos
amigos cubiertas de forma deficiente y que los formales para resolver
compatriotas sujetos se muestren menos satisfechos con problemas interpersonales
sus intercambios de apoyo que el resto. Es o monetarios; o bien que
poco probable que los miembros de este desarrollen actitudes de
cluster cuenten con otros emigrantes en la autosuficiencia e inhibición
familia. de las propias necesidades
en las áreas de trabajo, salud,
dinero y familia. Es
el grupo donde podemos
encontrar más encuestados
que afirmen que les ha ido
mal desde que están en
España o que se muestren
insatisfechos con sus
circunstancias actuales.

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La Importancia De Las Redes Sociales En El Desarrollo De Competencias De Ciudadanía ...

Tipo Descripción Utilización de recursos y


bienestar
Redes mixtas Aunque es típico de la mayoría de los En consonancia con la
de tamaño inmigrantes centrar diversos tipos composición de su red,
medio de demandas en el grupo de amigos, recurren significativamente
centradas sólo un pequeño porcentaje de ellos más a los amigos y menos
en los llega a desarrollar una red de tamaño a los familiares cuando
amigos mediano basada prioritariamente en esta experimentan dificultades
composición. En este crecimiento de la red relacionadas con el trabajo,
por medio de la incorporación de nuevos el dinero, la vivienda o las
vínculos parece tener un papel importante relaciones personales.
la relación con españoles, pues es el tipo de
red donde tiene más peso tal subgrupo.
Redes de Concentran las demandas de apoyo en Al contrario del tipo de
tamaño la familia, hasta el punto de que, en un red anterior, recurren con
medio entorno de unas seis personas, apenas más frecuencia a familiares
centradas en cuentan con no familiares ni con españoles. y menos a amigos para
la familia Esto es posible porque se trata del grupo problemas de trabajo,
con más familiares residentes en España y dinero, vivienda, familia y
donde son más numerosos aquellos que ya relaciones.
han completado la reagrupación familiar.
Es el tipo de red donde menos funciones
cumplen los amigos y, al contrario, donde
más multiplicidad tienen los vínculos
familiares.

Estas variables son: Tipo 1, redes de tamaño medio centradas en la familia; Tipo 2,
redes mixtas de tamaño medio centradas en los amigos; Tipo 3, redes mínimas con pre-
dominio de amigos compatriotas; y Tipo 4, redes pequeñas con predominio de amigos
compatriotas. Los resultados se exponen en el Gráfico 1.

Gráfico 1. Proporción de las familias en los diferentes grupos de redes sociales

150

100

50

0
Tipo I Tipo II Tipo III Tipo IV

Fam ilias Inm igrantes Fam ilias Autóctonas

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c) Y, respecto a los resultados obtenidos en competencias interculturales.


Respecto a las competencias interculturales manifestadas, los resultados obtenidos
quedan expuestos en los gráficos 2 y 3, en los que se exponen los datos de las diferentes
preguntas.

Gráfico 2. Resultados en Competencias interculturales de las Familias de origen inmigrante.

120
100
80
60
40
20
0
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11

Sí No En parte NS/NC

Gráfico 3. Resultados en Competencias interculturales de las Familias de origen autóctono.

350
300
250
200
150
100
50
0
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11

Sí No En parte NS/NC

Estos datos ponen de manifiesto que las familias de origen autóctono muestran menos
competencias interculturales y, sobre todo, menos interés por adquirirlas que las familias
de origen inmigrante.

2.7. Conclusiones
Una vez analizados los datos, podemos plantear diferentes conclusiones:
Las familias de origen inmigrante tienen redes sociales más pequeñas que las familias
de origen autóctono.
El porcentaje de las familias que incluyen entre sus redes sociales a las asociaciones
y/u ONGs son más entre las inmigrantes que entre las autóctonas.

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La Importancia De Las Redes Sociales En El Desarrollo De Competencias De Ciudadanía ...

Las familias que expresan que cuentan con las ONGs y/o asociaciones entre sus redes
sociales manifiestan, a su vez, poseer más competencias interculturales, tanto en las familias
de origen autóctono como familias inmigrantes.
Los participantes dicen que estas asociaciones les han hecho sentirse más valorados
en su llegada a la sociedad de destino y también valorados por las personas que provienen
de otras sociedades, en el caso de las familias de origen autóctono.
Además, plantean que estas asociaciones les ayudan a conocer a los otros y los cauces
de participación que, de otra manera, les hubiera resultado muy difícil adquirir.
Así que, después de expresar estas conclusiones, podríamos expresar como conclusión
general que las ONGs y/o asociaciones son uno de los elementos principales de las redes
sociales para la adquisición de competencias interculturales, que nos permita a vivir de forma
más adecuada en una sociedad multicultural, como ésta de la que formamos parte.
Por tanto, creemos que es muy importante que, en estos momentos, estas ONGs y/o
asociaciones recojan el testigo e incluyan, entre sus acciones principales, actividades diri-
gidas al desarrollo de competencias interculturales en sus usuarios y, sobre todo, acciones
de apertura a las personas que no se acercan de motus propius a sus instalaciones, ya que
hemos podido comprobar que las bondades para los individuos particulares y para la
sociedad en general son demasiadas como para desaprovechar este recurso, que hace que
los ciudadanos se sientan más valorados y, por tanto, más motivados a la participación y la
aplicación de sus derechos y deberes en la sociedad de destino, lo que podría llevar a prestar
mejores ayudas a las personas que, por otra parte, a ellos/as les sirvan de redes sociales.

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Nicolás Gómez Núñez

INTRODUCCIÓN A LAS REDES SOCIOTÉCNICAS


DE “REVENDEDORES” Y “PRODUCTORES” QUE
HABITAN MEDIOS SOCIALES URBANOS
EN SANTIAGO DE CHILE

INTRODUCTION TO SOCIOTECHNICAL
NETWORKS OF “TOUTS” AND “PRODUCERS”
THAT INHABIT URBAN SOCIAL SPACES
IN SANTIAGO DE CHILE

Nicolás Gómez Núñez


paralelo7@hotmail.com
Universidad Católica Silva Henríquez. Chile

Recibido: 11/12/07; Aceptado: 23/3/08

Resumen
El artículo revisa la organización económica ubicada en la pobreza desde la
tecnología social que es creada y reproducida por la confianza que está entre los in-
dividuos que la integran; además, platea que la tecnología social se inscribe en redes
sociotécnicas.
La reflexión se sostiene en los antecedentes aportados por las mujeres que han partici-
pado en programas de micro crédito en las comunas de la región Metropolitana de Chile,
entre 2001 a 2003.

Abstract
The article reviews the economical organization among poverty from the social tech-
nology point of view, which is created and reproduced for the confidence of the individu-
als who form part of it; furthermore, it states that social technology is inscribed within
sociotechnical networks.
This thought is sustained on the information given by women who have participated
in microcredit programs in different communities in the Metropolitan region in Chile,
between 2001 and 2003.

Palabras clave: Tecnología Social, Red Sociotécnica, Confianza


Keywords: Social Technology, Social Technical Network, Trust

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Introducción A Las Redes Sociotécnicas De “Revendedores” Y “Productores” Que Habitan ...

Introducción
En el presente artículo se plantea que la noción de red permite observar que “hacer
negocio” desde la pobreza y en medios sociales diferenciados, desiguales y segmentados,
supone distinguir modos de participación eficiente según las cualidades normativas de los
mercados, lo cual es factible si los individuos saben hacerse parte de varios registros de
códigos socioculturales para crear y gestionar las reglas de las interacciones que delimitan
los vínculos de las redes sociotécnicas.
Esta manera de abordar las actividades de la economía informal reviste importancia prác-
tica y analítica si, por un lado, constatamos que los programas implementados tanto por los
Estados como por las organizaciones no gubernamentales han avanzado incorporando a los
beneficiarios, o población objetivo, como sujetos de derechos económicos, sociales y culturales,
lo que ha permitido dejar de apreciarlos como carentes de capacidades y asumir que ellos son
los principales gestores de las maneras que les ayudan a dar respuesta a su situación.
En esta perspectiva, el uso de la categoría de red no sólo facilita explicar el desarrollo
local desde sus bases económicas (González, 1993:226-227), sino que, además, genera una
ruptura epistemológica en la concepción de la protección social en tanto se torna relevante
la sociabilidad como recurso que da acceso a las redes (Márquez, 2002:79) donde se repro-
ducen las representaciones sociales y los sistemas de comunicación (Castells, 1999:111); y
permite implementar una “gestión territorial de lo social” (González, 1993:225).
De esta manera, si el foco es la reproducción de la sociabilidad, la forma de estar en ella
implica. Primero, la creciente probabilidad de resignificar el rol de los equipos técnicos que
ahí intervienen. En este sentido, los trabajadores sociales se vuelven vulnerables al verse
obligados a dejar el modelo de capacitación técnica y profesional que los convencía de ser
los que “lideran” (Castells, 2002:157) el proceso de empoderamiento de los receptores de
sus servicios, por tanto, serían desplazados hacia la “calificación social” (Perret y Roustang,
2000:91) que los sitúa en una posición similar a la que tienen los que se asocian para poner
en marcha iniciativas que colectivamente se han sancionado como pertinentes.
Segundo, se aprecia la consecuente modificación en los supuestos de uso de las técnicas
y herramientas para la intervención, por ejemplo: es cada vez más difícil el desempeño de los
diseños de investigación que sostienen que las estrategias de sobrevivencia surgen sin estar
inscritas en “acuerdos básicos, socialmente definidos y concretamente aplicados” (Forni,
Benenci y Neiman, 1991:77). Pero, la crudeza de esta modificación es más evidente si revi-
samos los quehaceres que requieren una teoría práctica, debido a que su saber sobre cómo se
desenvuelve lo que hacen, es inmediatamente demandado por los asuntos del contexto donde
se encuentran (Durkheim, 1997:10), por lo que no es posible que los equipos técnicos hagan
un paréntesis en el acontecer y se detengan a preparar respuestas que orienten conductas, o
descansen en la misión de expresar lo real como sí lo hace la ciencia.
Tercero, el aprehender a desempeñarse en las “reglas” (Winch, apud., García, 1994:94) o
en las “tradiciones” (Gadamer, apud., García, 1994:94) que son necesarias para adecuar los
tiempos sociales (Bourdieu, 2006:62-65), al menos: el de la implementación del programa y
el de la vida cotidiana de los beneficiaros, supone abandonar las categorías que permitían
representar a los beneficiarios en la planificación, especialmente cuando se idea desde la
noción de “suburban way of life” (Fava, apud., Castells, 1999:121) como si existiese una
cultura urbana homogénea creada por la relación entre el habitat y los que son parte de
las poblaciones objetivo.

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Nicolás Gómez Núñez

Por otro lado, a nivel del análisis que permite construir conocimiento sobre lo que
es “hacer negocio” cuando se lo revisa desde la noción de red, es necesario suponer que
los vínculos no son sólo nodos que pueden ser investigados de manera aislada, mas bien
ellos deben ser considerados como arreglos normados de interacciones con tradición que
se expresan como una “tecnología social” (Forni, 1988:59; Sen, 2000:68-74) que, siendo
creada por la actividad de la organización económica, se inscribe en “redes sociotécnicas”
(Latour, 2007:170-177). Este tipo de redes estaría conformado, además, por la moviliza-
ción que los trabajadores de esas organizaciones hacen de símbolo, objetos, artefactos,
maquinarias, contratos y entidades divinas que dan coherencia a la realidad en la cual
desempeñan sus labores.
Al revisar de esta forma la organización económica, ella refuta el supuesto que indica que
sólo es necesario “levantarse una mañana diciendo: hoy comienzo a trabajar” (Samuelson,
1968:88), y abre la entrada a otras variables que habitualmente no se ajustan a las de tipo
y monto de capital, cantidad y calidad de los recursos humanos y envergadura de ventas.
Entre estas variables se encuentra la cultura de la organización económica que da sustento
a la gestión de los arreglos sociales y, en particular, al tipo de vínculos que adquieren los
valores que facilitan interpretar los contenidos de la sociabilidad donde se desempeñan
las actividades eventuales y normales del “negocio”.
En este artículo trataremos este asunto ligándolo a las configuraciones de la red que se
especifican en los encuentros de mayor proximidad social, o confianza, entre los individuos
que están en la trayectoria de la organización económica, debido a que la tecnología social
de la organización económicas se presenta siempre que suceden, previamente, experiencias
donde se transfiere el “saber hacer negocio”, y estas situaciones están basadas en dos di-
mensiones de la confianza: “expectativas sobre los encuentros” (Vélez-Ibañez, 1993:29) y
“procesos de negociación” (Márquez, 2002:81) mediante los cuales se clausuran o reducen
las incertidumbres dentro de los contextos pragmáticos.
Por tanto, el tratamiento de la confianza no sólo nos permite explicar el surgimiento de
las relaciones de reciprocidad (Durston, 2001) e interdependencia de redes sociotécnicas,
sino que, especialmente, hace posible suponer que las reducciones de los costos de las
transacciones que están en el “hacer negocio” son resultados posibles porque la presencia
de la confianza amplia los intercambios dinámicos entre los integrantes de la organización
económica y de ellos con los demás grupos, lo cual potencia sus recursos (Dabas, 1993;
González, 1993). De esta forma, la red (Kliksberg, 2000; Durston, 2000; Dirven, 2001 y
Espinoza, 2002) y específicamente la sociotécnica, se manifiesta como la infraestructura
del capital social pero, debido a las peculiaridades que adquiere la confianza, es factible
sostener que el capital social no está distribuido de manera similar en cada organización
económica ubicada en medios sociales urbanos, sino que, por el contrario, su distribución
es diferenciada y desigual (Espinoza, 2002:96; Lechner, 2004).
Antes de continuar es importante señalar que en esta reflexión no se abordarán las
variaciones en las estructuras temporales que definen la inversión y el ahorro en el “hacer
negocio”, los conflictos que se generan entre los individuos que cooperan en la reproduc-
ción de los arreglos sociales que constituyen la tecnología social, y también se dejará de
lado la desigual distribución de los beneficios materiales y simbólicos (1).
1
En una primera indagación esta desigual distribución la hemos visto condicionadas por los roles de género
presentes en el grupo que está en la red de la organización, y por la ubicación que cada individuo tienen en los

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1. Organizaciones económicas y destino de los ingresos monetarios de las familias


Los argumentos que continúan se apoyan en la interpretación de los datos aportados
por las unidades de análisis seleccionadas desde los registros de dos Programas de Micro
Crédito (PMC) (2): Programa de Ayuda al Trabajo Independiente y Solidario de la Funda-
ción Solidaridad Trabajo Para un Hermano (PMC PATIS- TPH) y programa de la Fun-
dación Ayuda y Esperanza (PMC AyE); y durante la implementación de las herramientas
de relevo de información se observaron cinco cualidades que las especifican: a) la mujer
desempeña un papel importante tanto en el inicio como en la gestión de la organización
económica, su presencia fue de 91% en los casos que usaron los servicios del PMC
PATIS-TPH y de 77% en los del PMC AyE; b) las organizaciones económicas se ubican
principalmente en el sector comercio (los cuales serán nombrados como revendedores),
luego en el productivo (los cuales serán nombrados como productores) y pocos casos se
encontraron en el de servicios; c) la mayor parte de las organizaciones presentaba más de
un año de funcionamiento al momento de la aplicación de las herramientas del estudio
(70% en las del PMC PATIS-TPH y 61% en las del PMC AyE) y, de dichos casos, 29% de
las organizaciones que usaron los servicios del PMC PATIS-TPH se encontraban con una
trayectoria que temporalmente ya abarcaba más de tres años, mientras que en el PMC AyE
esos casos representaron el 42%, d) el desempeño de las organizaciones se desenvuelve
principalmente al interior de la vivienda donde está la familia de la mujer que se declara
representante de los que trabajan en la organización (67% en los casos del PMC PATIS-
TPH y 76% de los del PMC AyE); y e) las opiniones de las entrevistadas, especialmente
las del PMC AyE, indican que sus actividades son “muy comunes donde viven” (44%),
“poco comunes” (28%) y “únicas donde vive” (13%).
A partir de la revisión de los ingresos monetarios aportados a la economía familiar
por las organizaciones cuyos miembros han usado los servicios del PMC PATIS-TPH, se
constata que cuando la organización se mantiene en funcionamiento el ingreso promedio
familiar es el doble más alto que el ingreso de aquellas familias que ya no cuentan con el
“negocio”. Así, para el grupo que cesó sus actividades el ingreso promedio es de $ 70.
833 pesos chilenos (135 dólares americanos) (3), mientras que para los que mantienen sus
actividades es de $143.673 pesos chilenos (274 dólares americanos).
Esta diferencia si bien es alentadora en la evaluación de la importancia de la organi-
zación económica en la vida de las familias, también presenta un límite al crecimiento de
los aportes que la organización puede llegar a hacer debido a que las entrevistadas que

ordenes jerárquicos establecidos desde la posesión de información técnica. Es importante indicar que Sen, en el
artículo indicado en la bibliografía de este documento, presenta varias investigaciones que llegan a conclusiones
similares, por lo que es posible señalar que la forma en la cual los roles están construidos en la cultura de las
organizaciones económicas, conforma una variable para estimar que es factible que existan roles de género que
son habitados independientemente del sexo y edad de los individuos.
2
Los argumentos del presente artículo se basa en los datos del estudio: “La relevancia social y económica de
los programas de micro crédito”, realizado entre enero de 2002 y mayo de 2003, desde el Programa de Magíster
en Desarrollo Humano de la Universidad de la Frontera, Temuco, Chile. Este estudio utilizó tres muestras: a) una
conformada por 43 de las 60 personas que han participado en el PMC PATIS-TPH de la comuna de Huechuraba;
las que corresponden al 70% del total de casos que hasta 2002 tenía el programa; b) una muestra de 130 casos
del PMC AyE, los que representan al 24% de los 532 usuarios del PMC que tenían información confiable para
ser ubicados, y c) una muestra intencional de 11 casos seleccionados según sexo y actividades económicas con
mayor presencia entre las personas que han hecho uso de los servicios de los PMC.
3
La convertibilidad se calcula asumiendo que $ 1 dólar americano es equivalente a $523 pesos chilenos.

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indican variaciones al alza en sus ingresos monetarios reconocen que dichas utilidades
sólo les permiten “darse vuelta” (Ver tabla: I-1 en anexo).
En cuanto al uso de los recursos económicos y considerando sólo las opiniones de las
usuarias del PMC AyE, el 76% señaló que los destina a cubrir el pago de los servicios y pro-
ductos que satisfacen las necesidades básicas de la familia: el 75% gasta más de $35.000 pesos
chilenos (66 dólares americanos) en alimentación, 56% indicó que ocupa entre $10.000 (19
dólares americanos) a $25.000 pesos chilenos (47 dólares americanos) en el pago de energía
eléctrica y agua potable, y 8% mencionó haberlos invertido en la actividad económica.
De ahí que podamos anticipar dos conclusiones. Primera, el total de recursos mone-
tarios que logran las familias les ayuda a reproducir las rutinas que hacen posible que sus
miembros participen en las plazas laborales del mercado formal, asistan al cumplimiento
de las labores domésticas en la casa, mantengan las actividades del “negocio”, resistan
la situación de cesantía y participen en los sistemas educacionales. Segunda, este tipo de
economía familiar es precariamente eficiente para afrontar las necesidades del presente y
es impertinente para hacer inversiones que sustenten una mejor calidad de vida, debido a
que las entrevistadas señalaron que destinan menos de $1.000 pesos chilenos (2 dólares
americanos) para vivienda (68%) y salud (88%); y no contribuye a que los miembros de
la familias salgan desde la satisfacción de las necesidades básicas y pasen a satisfacer otras
necesidades como las de esparcimiento por ejemplo, la cual representó un gasto menor a
$1.000 pesos chilenos (2 dólares americanos) en el 93% de los casos.
Otro aspecto significativo dentro de los criterios que orientan el destino de los recursos
monetarios lo conforma el ahorro. El 68% de las entrevistas que hacen uso de los ser-
vicios del PMC AyE indicaron que ahorran para adquirir una vivienda, lo cual se explica
por la situación habitacional de las personas (64%), donde 27% vive de “allegada”, 17%
está pagando la vivienda, 15% arrienda y 5% está ocupando un sitio de manera irregular;
mientras que los demás casos (35%) se encuentran en una de las siguientes situaciones:
habita en una casa pagada (23%) o en una cedida gratuitamente (12%). Además, el 23%
mantiene ahorros para los imprevistos, 5% los destina a la compra de bienes para la casa,
3% los utilizará en la educación de los hijos y 3% lo prevé para la vejez.

2. Construcción de las redes sociotécnicas de los “revendedores” y “productores”


La organización económica presenta engañosos límites sobre la envergadura de las
relaciones que la mantienen en funcionamiento y, en particular, sobre el tipo de individuos
que la componen. En un primer acercamiento sólo se podría observar a un conjunto
poco numeroso de personas que regularmente se reúne a desempeñar las actividades de
la gestión: comprar, producir, vender, limpiar, calcular las ganancias y perdidas, entre otros
quehaceres; y en los casos en los cuales “hacer negocio” se desenvuelve a partir de la reventa
de productos por ejemplo, es probable que fijemos nuestra atención en un trabajador que
espera la clientela, con lo cual nos permitimos suponer que es él quien autogestiona su plaza
laboral y trabaja por cuenta propia, por ende, es él el medio de vinculación del “negocio”
con las instancias colectivas que están más allá de la intimidad de su organización.
Esta primera impresión, sin embargo, es sólo una elaboración de sentido común que
cae por el peso de los datos que se comienzan a confeccionar en la medida que accedemos
a las estrategias que habitualmente usan los que trabajan en la organización, debido a que
ese primer orden es posible en la medida que hay complejos de relaciones que trascienden

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al “negocio”, y que organizan las rutinas de los encuentros según jerarquías articuladas en
base a contraprestaciones de reciprocidad (Mauss, 1979:254-255; Bourdieu, 2006:56) que
son construidas tanto por los vínculos de los miembros de las familias de los que trabajan
en la organización como por los que surgen a medida que ellos descubren, participan,
desechan y vuelven a retomar las redes de donación que se les presentan como disponibles
en un momento de su propia trayectoria como habitantes de distintas organizaciones.
En esas extensiones sociales de la organización económica es destacable ver como los
trabajadores no son seres sociales que exclusivamente se constituyen como tales para y
desde su desempeño en las rutinas del “negocio”, mas bien ellos cumplen cargos en otras
instancias asociativas. Indudablemente, estas participaciones presentan regularidades debido
a que son solidarias con sus desempeños laborales y, por lo mismo, sus formas de saber
hacer “negocio” incorporan disposiciones culturales que siendo manejadas pertinentemente
en esos contextos distintos, son puestos en uso dentro de la organización económica.
Al establecer la descripción de la organización económica desde esta ubicación es difícil
mantener el supuesto que: “hacer negocio” sólo se define por la historia de las relaciones de
un grupo de trabajo que revisa su proceder de manera hermética y que, por esa condición,
se vuelve invulnerable a lo que acontece más allá de sus desempeños. Por el contrario, es
factible sostener que la participación de cada uno de los trabajadores en otros ámbitos de
la vida cotidiana permite introducir conocimiento que contribuyen a dotar de cualidades
específicas a la cultura de la organización y, al mismo tiempo, el ingreso de individuos
que facilita iniciar y proyectar la trayectoria, o “cooperadores”, amplía los vínculos de la
organización con otras formas organizadas como, por ejemplo, los distintos mercados en
los cuales ellos se encuentran.
Sin embargo, cabe esperar que las posibilidades de participación de esos individuos
sean más estrechas de las que habitualmente se supone, y mas bien ellos tendrían mayores
probabilidades de acceder a espacios de sociabilidad conformados por organizaciones
que hacen economía social (Donovan, Bravo y González, 2004:150-157) y cuya red so-
ciotécnica se caracteriza por la pobreza de sus relaciones informales (Bennett M. Berger,
apud., Castells, 2002:122) y por sostenerse en “redes de familia, amigos y vecinos que se
interpenetran profundamente” (Gutkind, apud., Castells, 2002:123).
Esto hace difícil establecer en qué momento los miembros de las familias dejan de
estar ausentes en la construcción y reproducción de los arreglos sociales que sostienen a
la tecnología del “negocio”, especialmente porque hemos identificado que ellos participan:
acercando información que se constituye en parámetros de comparación para ampliar las
opciones de compra de insumos, estimar inversiones y captar nuevos clientes; se convierten
en inversionistas al entregar un espacio físico, su fuerza de trabajo, su saber hacer y/o sus
ingresos monetarios para que la organización supere los problemas que no logra resolver
mediante la venta de productos y servicios; y “cooperan” reemplazando en las tareas
domésticas: preparación de alimentos, aseo de casa, educación de los niños, cuidado de
enfermos, a los que se asumen como responsables de la organización y tienen a su cargo
los miembros dependientes de sus familias.
Además, hemos identificado casos en los cuales la participación de un miembro de la familia en
la toma de decisiones sobre los recursos disponibles deja de ser pertinente con la trayectoria de la
gestión económica, por lo cual, los que están “haciendo negocio” lo ubican en una categoría que se
articula desde la mayor lejanía social con respecto al obrar de los trabajadores de la organización.

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“Entrevistador: Después que recibió el dinero (préstamo o micro crédito) de la Fun-


dación, ¿Qué es lo que hizo?
Entrevistada: Nada. Porque me lo robaron. Me la robó mi querido y amado esposo. Y
ahí me dejó con los brazos cruzados. Todo empezó cuando yo quedé embarazada de mi
hija, de la más chica. Ahí empezaron los problemas. Se puede decir que vivíamos juntos,
llegaba cuando él quería y daba plata cuando él quería. Él era maestro del aluminio.
Entrevistada: Claro. Yo le decía: Mamá, me quiero separar, estoy aburrida, yo a él ya
no lo quiero de tanto daño que me hizo, tú misma te diste cuenta.
Ella me decía que yo lo tenía que ayudar, que salga. Y si yo le daba otra oportunidad y
me fallaba. Ella me decía que tenía que luchar porque recién estay empezando.
Pero la rabia que a mí me da es que lo miran a él no más. Ella nunca me ha preguntado:
¿Cómo te sentí’? Nunca me ha preguntado como me siento como persona, como mujer,
nunca me han preguntado.” (Reconstrucción del discurso II-1: Miembros de las familias
en la situación de lejanía social)
Esta categoría de individuos se caracteriza porque: a) desconocen tanto la composi-
ción como el ritmo que tienen las relaciones que contribuyen a sustentar la trayectoria
del “negocio”; b) no se sienten parte de las actividades de la organización económica y, a
nivel cultural, c) los valores de inversión y ahorro no son nociones interpretativas que les
permiten prever el futuro probable de la trayectoria del “negocio”.
Centrando la atención sólo en el tipo de relación que mantienen las organizaciones
económicas con los individuos “cooperadores”, y basándonos en las opiniones de los que
han participado en los servicios del PMC AyE, hemos podido observar que ellos cuentan
con un diagnóstico favorable sobre el estado de la confianza a nivel macro social, debido
a que el 60% indicó que sí se podía confiar en las personas. Sin embargo, esta evaluación
no se traduce en posibilidades inmediatas de ayuda cuando las entrevistadas debe afrontar
problemas en sus “negocios” como, por ejemplo: ausencia de herramientas, falta de materias
primas, carencia de recursos monetarios, impedimentos para el transporte de servicios y
productos, dificultad para obtener orientación en asuntos administrativos, posibilidades
para atraer clientes y contratar a nuevos trabajadores, debido a que más de la mitad señaló
que no cuenta con “cooperadores” en estas materias; y en los casos en que sí existen, ellos
se encuentran entre los parientes cercanos y vecinos con los cuales se mantiene una rutina
de reciprocidades (Ver tabla II-1 en anexo).
Si consideramos a las organizaciones en las cuales participan los que se asumen como
responsables de la organización económica. Primero observamos que ellos no mantienen
una asistencia regular en otros tipos de organizaciones. Segundo, cuando la participación
se manifiestan como importante para los trabajadores se aprecian diferencias entre los que
“hacen negocio” mediante la reventa de productos y los que se dedican a la producción
de lo que venden, debido a que los primeros se orientan a constituir organizaciones que
nacen desde los que habitan en el “barrio” para dar respuesta a las necesidades recreativas
como los clubes deportivos dedicados especialmente al foot ball; y a las necesidades de
creencias religiosas (75% se ubicó en la Iglesia Católica, 19% en la Iglesia Evangélica,
6% en “otra Cristiana” y 2% en la Mormona); mientras que los “productores” asisten
especialmente a conformar organizaciones que les permiten enfrentar los problemas del
“hacer negocio” y cuyo desempeño va más allá de sus relaciones de vecindad como, por
ejemplo: sindicatos (Ver tabla II-2 en anexo).

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Tercero, tanto “revendedores” como “productores” son similares en su participación


en cuanto se presentan dispuestos a asistir a organizaciones que deben resolver cuestiones
relativas a la convivencia, especialmente la seguridad pública; y formalizar jurídicamente la
membresía de un “vecino” a una unidad territorial delimitada geopolíticamente, o, Juntas
de Vecinos.
Si nos detenemos a sopesar las consecuencias de las posibilidades de vinculación que
tienen tanto “revendedores” como “productores”, suponemos que los primeros presentan
una cultura económica que está abierta a reinterpretar los contenidos de la sociabilidad
que se recrea en el “barrio”.
Esta forma de habitar permite que la organización económica desempeñe varias fun-
ciones que son solidarias con las de venta, por tanto, también asiste creativamente a con-
formar otros complejos de relaciones no mercantiles que constituyen al mercado (Mauss,
1979:252), lo que conlleva a sostener que los “revendedores” ingresan a redes sociotéc-
nicas que transfieren recursos que serán transformados en inversión, ahorro o consumo;
consolidan interacciones no monetarias entre consumidores y proveedores, contribuyen
a sostener actividades de capacitación para que los que ahí se involucran aprehendan a
gestionar las relaciones sociales (4); y se hacen parte de universos simbólicos articulados
por los valores de cooperación, confianza, innovación y cohabitación que “reintegran la
economía a la sociabilidad” (Perret y Roustang, 2000:269).
“Sí. Yo les digo que pongan no más todo lo que quieran, todavía hay un cartel de un
Jardín Infantil. ¿Cómo le voy a quitar eso?, me piden por favor que se los ponga; para no
llevarme mal con la gente, no vale la pena. A veces vienen vecinos y me dicen si le puedo
entregar la llave a los chiquillos o (me dice) véamelo un poquito para que no vayan a dejar
la puerta abierta. Si uno puede hacer algo, lo tiene que hacer.”(Reconstrucción del discurso
II-2: Redes sociales de los negocios de reventa de productos)
Así, las organizaciones económicas de “reventa”: bazares, paqueterías y verdulerías,
se ubica en un lugar de privilegio en el sistema de posiciones de la red del “barrio” e,
inmediatamente, esa forma de estar en el espacio público nos permite observar su multi-
funcionalidad al ser una [garita] del control y una instancia de difusión de las actividades
de las organizaciones que coexisten con ella.
Esta multifuncionalidad es pertinente según las actividades que debe desenvolver la
organización porque el “negocio” gana en ubicación en el mercado de consumo pero,
también, funciona negativamente al verse transformada en una despensa del “barrio”
cuando sus “vecinos” consideran que las “cosas” obtenidas por “fiado” (sistema de crédito
local) pueden no ser pagadas, lo que lleva a la quiebra de la organización.
Por el contrario, las organizaciones que producen lo que venden: ropa, velas, ali-
mentos y muebles, se caracterizan porque ellas definen sus relaciones asumiendo que
deben permitirles ampliar la demanda de sus productos y acercar las oportunidades que
favorecen especializar sus quehaceres. De ahí que sus capacidades asociativas son los

4
Los estudios realizados en Chile como los de Hardy (1985) y Razeto, Klenner, Ramirez y Urmeneta
(1990), permiten suponer que las organizaciones económicas presentan relaciones importantes con otras formas
asociativas que buscan soluciones a los problemas inmediatos derivados de la falta de recursos económicos y
sociales, y que generan instancias de aprendizaje distintas y distantes a la de los sistemas educacionales formales,
especialmente porque en ellas se valoran las capacidades de las personas en su lucha contra las condiciones de
marginación política y escasez de oportunidades para generar ingresos económicos.

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aspectos centrales de su gestión y las interacciones en las cuales entran, los medios que
aseguran su trayectoria. En estos casos, la forma de construir la tecnología social no se ve
absolutamente determinada por la cultura del “barrio” y, por esta razón, el saber hacer en
la organización económica está constantemente incorporando las particularidades de los
universos simbólicos que sustentan las demandas de los distintos mercados (5).
Es importante indicar que la participación en los mercados tanto para los “productores”
como para los “revendedores” implica asumir las condiciones que imperan en la economía
informal, por ende, ellos habitan una categoría que articula el espacio local y que es solidaria
con otros desempeños y necesidades que sólo se satisfacen mediante su existencia.
“Yo pertenezco a la agrupación de microempresarios. De esa institución, el noventa
por ciento son informales y no van a ser nunca formales por la forma de pensar que tie-
nen. Bueno, yo soy informal en todo, somos los que no tenemos patentes, vamos y nos
instalamos a vender sin permiso, así trabajo yo y así he trabajado todo este tiempo. En
este minuto yo estoy tramitando la patente y ni si quiera tengo plata para pagar la patente,
incluso ya llegó la resolución y no tengo para pagar.
El drama es que como somos microempresarios y la mayoría somos informales, no
pagamos impuestos, no tenemos como demostrarles a ellos cuanta plata recibimos mensual-
mente, entonces para que me ayuden en algún proyecto todos tenemos que estar formales
y la gente le tiene terror a Impuestos Internos por varias razones. Primero, porque tienes
que estar pagando todos los meses el IVA (referencia al impuesto por venta presunta),
tienes que pagar a una persona que te lleve las cuentas y nosotros no somos vendedores
en grandes.” (Reconstrucción de discurso II-3: Productores Informales)
Esta ubicación indica que dentro de las organizaciones económicas hay un sector de
su cultura que se organiza desde el contenido de un rol cuyo indicador más visible es el
nombre del rótulo que le asignan los clientes y/o los miembros de las organizaciones del
sector formal de la economía, por tanto, ser parte del sector informal supone conocer las
maneras apropiadas para que dicha condición de integración subordinada no de resultados
adversos que detenga la trayectoria de la propia organización, para lo cual se hace necesario
que la cultura contenga y reporte una imagen del espacio comercial en donde se ubican
los tipos de organizaciones según si ellas son del sector formal o informal; y se precisen
las formas regulares de sus encuentros.
Es en este nivel donde apreciamos una segunda diferencia entre “revendedores” y
“productores” en la medida que los primeros ubican a sus pares poniendo énfasis en su
calidad de competencia, mientras que los “productores” tienen una “necesidad” que los
conduce a relacionarse con otras organizaciones económicas para satisfacer la demanda
que van obteniendo y para “postular” a la adjudicación de recursos: información, merca-
deo, monetarios y políticos.

5
En la descripción que hace Rebecco (1993) sobre un apicultor que mantiene su organización econó-
mica en la comuna de Huechuraba, no sólo se constata que la familia es la que conforma su principal red de
“cooperadores”, además, cada miembro de la familia permite el acceso a redes y registros socioculturales que
dotan de contenido al “negocio”: “ella vende joyas y artesanía en alambre y cuero que él fabrica en su taller.
También compra fardos de ropa usada que lava, plancha y pone en una linda bolsa de plástico. Los días de
feria en Huechuraba, Roberto la lleva en un furgón japonés. Ella participa además en la feria de artesanía en la
calle Santo Domingo, como además de hacer artesanía, Roberto sabe de carpintería, el va confeccionando los
cajones, alzas, centrífugas y otros implementos necesarios a la ampliación de sus familias de abejas y confección
de miel.” (Rebecco, 1993:241)

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Estos elementos inherentes a los “productores” originan un ordenamiento según la


menor distancia social, por tanto, los “talleres” pueden llegar a ser ubicados en la categoría
de “socios”, lo que abre la posibilidad de establecer relaciones comerciales, o circuitos
sociotécnicos más amplios y diversos de los que pueden tener los “revendedores” (ver
tabla II-3 en anexo).
Ser “socios” implica ser “amigos”, conocerse y reconocerse por esta proximidad so-
cial. Sin embargo, es de suponer que esta categoría no adquiere su contenido sólo porque
existe alguien que la enuncia, por el contrario, suponemos que antes de esa actividad de
ordenamiento, los que trabajan en las organizaciones económicas de producción elaboran
su contenido a medida que los compromisos son realizados según el pacto acordado. Por
ende, dichas relaciones de asociatividad van promoviendo una tradición de trabajo y unas
reglas de interacción que se institucionalizan en el repertorio de la imagen simbólica de la
cultura de los que trabajan en esos desempeños económicos.
De ahí que cabe sostener que es muy probable que nos encontremos ante una tecnología
social que se reproduce en la medida que la confianza permite distribuir información sobre
cómo se ingresa y actúa en los contratos entre organizaciones, lo cual especifica la acción
colectiva. Y que si bien dicha dimensión se presenta variable según se trate de “producto-
res” o “revendedores”, ella implica que la organización económica no sólo es la reunión
de individuos, sino que, fundamentalmente, una red sociotécnica donde se transfieren y
aprehenden los contenidos de la participación eficiente que mantiene su trayectoria.

3. Cierre de la reflexión y búsqueda de conclusiones


Para cerrar el argumento de este artículo es necesario presentar algunas interrogantes
que permitan ir en búsqueda de hechos y procesos para estimar conclusiones. Estas cues-
tiones se ubican en dos niveles, el primero está referido a la conformación de la tecnología
social y su ubicación en redes sociotécnicas, en donde es importante plantarse: ¿Qué pro-
cesos indican variaciones en la administración de los recursos humanos y materiales en la
trayectoria de las organizaciones económicas gestionadas en medios sociales urbanos?
Algunas pistas pueden ser encontradas si asumimos que el espacio local donde se
encuentran las organizaciones económicas no necesariamente está conformado por redes
delimitadas de producción económica, por el contrario, según González (1993), sería nece-
sario observar que dichas redes presentan contornos difusos y, por ende, no son realidades
centradas en sí mismas. De esta manera, la misma noción de espacio local puede verse
desbordada por las relaciones reales o virtuales que presentan las redes sociotécnicas de
los individuos que trabajan en la organización económica.
Por tanto, los procesos que indican variación en la forma de administrar la gestión de la
organización económica deberían ser revisados a la luz de los circuitos ligados a la produc-
ción, es decir: los que son conformados por organizaciones económicas y consumidores,
entre ofertas de trabajo y organizaciones económicas y los articulados por las organizaciones
económicas y la agregación de las variables anteriores (González, 1993:219)
Otra forma de organizar respuestas posibles es a través del reconocimiento de medios
sociales que reportan experiencias significativas a los trabajadores. Uno de ellos está con-
formado por la relación, muchas veces precaria, de la familia con los sistemas educacionales
donde asisten los niños y jóvenes, debido a que en ellos se aprenderían otros significados
de lo económico y de las posibilidades de su participación en los mercados.

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El segundo nivel de cuestiones está ubicado en la cultura de las organizaciones econó-


micas y ahí es interesante iniciar el recorrido, al menos, a través de la siguiente pregunta: ¿El
universo simbólico de la organización económicas está limitado sólo por las nociones de
éxito y fracaso social, a partir de lo cual, los trabajadores evalúan sus desempeños y revisan
el obrar de la sociedad en la cual ellos se encuentran; o además contempla distinciones
relativas a: futuros deseados y probables, espacios sagrados y profanos y estancamiento
e innovación?
Las posibles respuestas revisten interés si concluimos que la trayectoria de una orga-
nización económica juega parte de su viabilidad cuando los trabajadores deciden por el
empleo de un tipo de tecnología social entre las varias que ellos pueden conocer; y por
hacerse parte de alguna de las redes sociotécnicas que descubren, por lo cual, los modos
de vinculación de las informaciones técnicas que hacen posible asignarle un valor a las
relaciones de cooperación y reciprocidad y que le facilitan a los trabajadores organizar
simbólicamente el espacio local, requieren una especial atención.
Y en este asunto es necesario ver si posee capacidad interpretativa la noción de cultura
que la supone como un conjunto articulado de valores que promueve sentidos de acción,
los que pueden presentarse distintos u opuestos en relaciones sociales similares (Bourdieu,
1995:82-97); y plantea la posibilidad que una red sociotécnica cree y reproduzca estructuras
simbólicas que reportan soportes recurrentes para consolidar mandatos culturales que
dotan de coherencia a la organización económica en un período de su trayectoria.
Por lo que se ha revisado en este artículo parece haber una alta probabilidad de que
existan sistemas de relaciones que consolidan sentidos de acción, especialmente cuando
los que trabajan en la organización económica establecen categorías en las cuales ubican a
individuos según su mayor o menor distancia con el obrar del “negocio” y cuya existencia
no es inmediatamente observables en la cotidianeidad de la organización económica, debido
a que esas categorías sólo emergen cuando exploramos en la biografía de la organización
o enfrentamos a sus trabajadores preguntándoles cómo ellos elaboran el futuro si se pre-
sentan los problemas que afectan la vida comercial.

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [169-182], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Nicolás Gómez Núñez

Anexo
Tabla I-1-: La evaluación de los aportes de las organizaciones económicas a la eco-
nomía familiar.
Dimensión Productores Revendedores
Evalua- “Vendíamos a un precio adecua- “Mucho, porque claro, él me da
ción de la in- do porque estamos en una población la palta de la comida y yo lo que voy
cidencia del que económicamente no está bien. juntando de mi negocito, primero
negocio en Gracias a dios hemos salido adelan- mi negocio. Voy comprando lo que
la economía te. Es poco lo que se gana, porque me falta en mi negocio y platita
familiar hay que ser sincera, es poco lo que que voy juntando yo, que tasas,
se gana uno y al menos nos alcanza que mesita, todo eso ha salido del
para comer; nos damos vueltas para negocito, digo yo: si no tuviera mi
la comida. almacén ¿Qué haría? A veces a mi
Algunas veces decimos mejor marido le va mal en el trabajo, ahora
cerremos el negocio que para qué está enfermo y parece que lo van
si sabemos que es para puro comer a hospitalizar, entonces yo tengo
y para pagar las deudas y, a la vez, para darme vuelta si eso pasara.”
digo que con eso nos ayudamos y (2:29 (511:521) [Economía familiar]) + (2:10
sin ese negocio como me ayudaría”. (503:509) (Economía familiar])
(3:3 (31:38) Economía familiar) + (3:9 (193:196)
[Economía familiar)

Tabla II-1: Relaciones de reciprocidad de la red de apoyo de las usuarias de PMC AyE
para solucionar problemas del Plan de Negocios (6)
A esa persona a la que le puede pedir, le ha hecho algún Sí No Vacías
favor en el último año (%) (%) (%)
Herramientas 16 7 78
Materias primas 13 5 82
Dinero 20 10 70
Transporte 15 5 81
Ayuda administrativa 14 13 73
Clientes 13 4 83
Contratar a alguien 11 2 87

6
Esta tabla ha sido construida a través de las respuestas afirmativas a una pregunta que presenta alternativas
dicotómicas.

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Introducción A Las Redes Sociotécnicas De “Revendedores” Y “Productores” Que Habitan ...

Tabla II-2: Participación en organizaciones sociales locales según rubro de las usuarias
del PMC AyE.
Participa en alguna organización Producción No responde Reventa No responde
(%) (%) (%) (%)
Sí No Sí No
Club Deportivo 0 83 17 5 94 1
Cuerpo de Bomberos 0 83 17 1 98 1
Junta de Vecinos 33 50 17 33 66 1
Sindicato 17 67 16 5 94 1
Iglesia 17 67 16 22 77 1

Tabla II-3: Proximidad social entre usuarios de los créditos


Dimensión Productores Revendedores
Proximidad “Tengo varios amigos que trabajan en “Con los vecinos y con mi
social confección pero no son mi competencia, sobrina que vive acá al lado,
tengo claro que no son mi competencia, ella también esta en él (PMC),
es que yo no pienso como los chilenos, ella se metió ahora último. Ella
éste me va a cagar, éste me va a joder, yo se metió por las de ella, yo no
no pienso así, son mis socios. le dije que se metiera.
¿Por qué son mis socios?, porque si yo Ella vivía donde la mamá,
tengo mucho trabajo llego muerto de la ella me dijo, me metí en la
risa donde ellos y digo, ¿cómo están de Fundación, y yo le dije que
pega?, y me dicen siempre más o menos o bueno. A ella le compraron
estamos mal. Yo les traigo pega, háganme carro para completos y tuvo
estos diez buzos para pasado mañana y un tiempo que le fue re mal
se los pago al contado. Entonces, con y ahora, en el verano, se le
esa visión que tengo de los amigos que compone la pega.
tengo allá, no son mi competencia, te Entrevistador: ¿Usted le va
diste cuenta. ha ayudar?
Voy el día de mañana si una institución No, no le ayudo yo, porque no
me pide mil quinientos buzos y si tengo le gustan las personas que le
diez talleres chicos, de los cuales soy digan las cosas.”(2:38 (772:818)
amigo, que son más chicos que los míos (Super) [red económica]
y otros más grandes que mi taller; y voy
a lograr hacer mil buzos en una semana.”
(2350:2378 [Red Económica]>)

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Esther Casares García

Estudios sobre el cambio en la


estructura de las relaciones familiares

STUDIES ON THE STRUCTURAL CHANGES


IN FAMILY RELATIONSHIPS

Esther Casares García


Universidad Pública de Navarra
casares@unavarra.es

Recibido: 15/12/07; Aceptado: 23/3/08


Resumen
La familia ha sufrido una serie de cambios desde el principio de la industrialización,
y todavía hoy continúa. Cambios que conducen, inevitablemente, a hacer una revisión de
algunos estudios sociológicos que definen la propia realidad de la familia y que analizan
los importantes cambios constatados como son, las funciones que venían desempeñando
tradicionalmente las familias, las relaciones familiares y las relaciones entre ésta y la sociedad.
De cómo los efectos del cambio tecnológico han influido en las familias, en la forma de
relacionarse y en la organización familiar produciendo una readaptación general.

Abstract
The family has undergone a series of changes since the onset of industrialization; these
changes continue today. Such modifications lead, inevitably, to a review of certain sociolo-
gical studies which define the very reality of the family and analyze the important changes
experienced, such as the functions traditionally performed by families, family relationships
and the relationships between the family and society. The effects of technological change
have influenced families, the way they interact and the way in which the family is organized,
producing a wide-ranging re-adaptation.

Palabras clave: Sociología de la familia, Familia nuclear, Familia extensa, Relaciones


familiares, Proceso de cambio, TICs
Keywords: Sociology of the family, Nuclear family, Large family, Family relationships,
Process of change, TICs

Estudios sobre el cambio en la estructura de las relaciones familiares


La familia es probablemente la institución que más ha cambiado en los últimos tiem-
pos, si como sostienen muchos analistas sociales se encuentra supeditada al cambio social,
económico y tecnológico –en forma de simbiosis-, bien siendo la causa o bien siendo el
efecto, entonces con el cambio de una sociedad, basada en la agricultura por otra instalada
en la industria, que se llevó a cabo en una primera fase entre 1750 y 1830, y en una segunda
entre 1830 y 1920, se tendría que haber producido una “gran transformación”, en términos
de Polanyi, en sus estructuras más elementales. Y si más recientemente se ha producido

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Estudios Sobre El Cambio En La Estructura De Las Relaciones Familiares

el paso de una sociedad fundamentada en la industria a otra dependiente de los servicios,


se tendría que haber manifestado otra “gran transformación” que necesariamente tendría
que haber afectado a las estructuras consolidadas anteriormente. Un escenario que ha sido
formulado por Cowan (1985: 181) mejor que nadie cuándo dice “si pensamos acerca de la
interacción entre tecnología y sociedad, tendemos a pensar en términos bastantes grandiosos: ordenadores
masivos invadiendo el lugar de trabajo, vías de tren cruzando vastos terrenos, ejércitos de mujeres y niños
trabajando en los molinos y en las fábricas. Estas grandes visiones nos han cegado respecto a una revolución
tecnológica importante, y de forma un tanto extraña ya que ha ocurrido delante de nosotros: la revolución
tecnológica en el hogar. Esta revolución ha transformado la conducta de nuestras vidas diarias de una
forma inesperada. La industrialización del hogar fue un proceso muy diferente a la industrialización de
los otros medios de producción y el impacto de aquel proceso no fue ni lo que podríamos creer ni lo que los
estudiosos de las otras revoluciones industriales podrían haber predicho”.
Según Rapoport (1982), entre los elementos distintivos de los cambios, que se han
producido y que se están produciendo, en las familias en los países desarrollados estaría la
diversidad organizacional, lo que significa que existen variaciones en la estructura familiar,
tipo de hogar, modelos de redes de parentesco, y diferencias en la división del trabajo
dentro del hogar, por ejemplo, las diferencias entre una familia en la cual trabaja sólo el
padre y una familia en la cual trabajan el marido y la esposa, o diferencias entre familias
reconstituidas formadas después del divorcio y que se vuelven a casar.

Cambios reticulares de la familia nuclear


El aislamiento de las familias nucleares es una de las características estructurales más
importante en el análisis conceptual de la familia. Esta premisa fue inaugurada por Parsons
en diversos años (1943, 1953, 1955 y 1959) denominándola como la familia nuclear aislada,
es decir, la típica forma familiar de las sociedades industriales, un tipo de familia que se
conoce también con la denominación de familia conyugal al estar basada en el matrimonio.
El aislamiento estructural procede del hecho de que la familia haya dejado de formar parte
integral de un amplio sistema de relaciones de parentesco, ya que aunque todavía existen
relaciones entre miembros de las familias nucleares, éstas son más una elección que como
anteriormente eran una obligación. El concepto habría que incluirlo en su teoría más amplia
de la diferenciación estructural de la sociedad, lo que implica que la mayor parte de las
instituciones se especializan en unas pocas funciones abandonando otras, una evolución
que afecta a las familias porque las obliga a reducir sus funciones y a transferirlas a otras
estructuras de la sociedad, en detrimento de lo que ocurría anteriormente en donde, la
familia, era una unidad de producción. Por otra parte, la familia nuclear aislada es la que
funcionalmente mejor encaja en el sistema económico de la sociedad industrial, primero
por la movilidad geográfica que requiere su mercado de trabajo lo que está en contra de
las obligaciones vinculantes de una familia extensa, y segundo por la tensión que se origina
entre los valores basados en el logro –valores universales- propios de la sociedad y los
valores adscritos –valores particulares- propios de la familia, que son mucho más impor-
tantes y distorsionadores cuándo las familias son extensas, ya que las obligaciones de, por
ejemplo, colocar a algún pariente en algún puesto declinan. Los cambios ocurridos en la
industrialización afectaron gravemente al sistema social y al significado del parentesco en
la sociedad surgida, por lo que las familias llegaron a ser más especializadas y otras agen-
cias adoptaron sus funciones. El cambio en las funciones de las familias también implicó

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Esther Casares García

cambios en su estructura, de manera que la típica familia anterior dejó de ser funcional,
y ello por tres cuestiones: a) las funciones de la familia extensa han sido asumidas por
agencias especializadas, b) la fuerza de trabajo en las sociedades industriales requiere de
trabajadores móviles, c) los individuos logran su estatus a través de méritos individuales
en las sociedades industriales.
Algunos aspectos de la nuclearización de la familia han sido criticados por numero-
sos autores, entre otros cabe señalar la denominación que hacen de esta teoría como de
“ficción” por parte de Sussman (1959) en un primer momento en 1959, y de Sussman y
Burchinal (1980) en una segunda ocasión en 1962. El apoyo empírico de estas afirmaciones
procede, en el primero de ellos, de un estudio sobre parentesco y relaciones familiares
en Cleveland, lo que incluía cuidado de niños, ayudas ante las enfermedades, ayudas
financieras, cuidado de la casa, consejos, regalos, y ceremonias tales como cumpleaños,
nacimientos, aniversarios. Los resultados fueron que el 92,5% de las familias de clases
trabajadoras cumplían activamente con estos requisitos, además de que el 70% de la clase
trabajadora y el 45% de la clase media tenía parientes viviendo relativamente cerca, es decir,
las familias modernas americanas no se encuentran aisladas sino todo lo contrario. En la
segunda publicación se constata cómo el crecimiento de grandes zonas metropolitanas y la
especialización concomitante el individuo tiene menos necesidad de abandonar la aldea, el
pueblo, la ciudad o el suburbio del complejo urbano para encontrar un empleo de acuerdo
a su especialización, es por ello que acaban concluyendo que “la familia nuclear aislada nace
de las teorías y la investigación relacionadas con grupos de inmigrantes que vienen a la ciudad a trabajar
durante el periodo de urbanización en la sociedad occidental” (Sussman y Burchinal, 1980: 95).
No obstante, Parsons (1956) replicará clarificando algunas cuestiones conceptuales que
habían servido de equívoco, dado que las estrechas relaciones que las familias mantienen con
sus parientes no van en detrimento con el concepto de familia nuclear aislada, toda vez que
este tipo de familias se encuentran estructuralmente aisladas de otras partes de la estructura
social tales como el sistema económico, y por ello forman parte de la estructura social en
tanto que unidades estructurales, por lo que el concepto de familias extensas o redes fami-
liares no son obligatorias, sino de libre elección. El hecho del aislamiento no significa que
tengan que romperse las relaciones con los parientes dada la importancia psicológica que para
el individuo tiene la familia nuclear donde nació y creció, pero cuándo las familias se alejan
del marco campesino dejan de ser unidades del sistema social firmemente estructuradas,
como tampoco son unidades residenciales o económicas, ni tampoco grupos corporativos,
lo que supone que la frecuencia de las visitas, de la actividad común y de la comunicación
telefónica y escrita se convierte en una relación muy variable por ser un recurso que puede
aprovecharse selectivamente dentro de límites considerables. Por ello, concluirá que, no
obstante, ante el caso de una necesidad especial, la obligación primordial de ayudar, si no
hay una provisión organizada de la comunidad y en ocasiones aunque la haya, recaerá sobre
los parientes más cercanos con capacidad financiera para afrontar la situación.
Esta última versión parsoniana ha sido corroborada en los estudios empíricos de
Young y Willmott (1957), en el barrio londinense de Bethnal Green, en donde se pudo
comprobar el papel que jugaban las redes familiares al ayudar a encontrar una casa, un
trabajo, contactar con la comunidad o como una respuesta a una situación de pobreza
intensa y extensa en un momento en que no existía el estado de bienestar. Y por el estu-
dio empírico de Rosser y Harris (1965) en la pequeña localidad escocesa de Swansea en

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Estudios Sobre El Cambio En La Estructura De Las Relaciones Familiares

el sentido de afirmar que las familias nucleares suponen una unidad estructural básica de
la sociedad, y aunque las relaciones de parentesco son importantes para los individuos,
en términos de la estructura social como un todo no son de mayor y crítica importancia.
Los resultados obtenidos coincidieron en gran parte con los obtenidos por Young y Wi-
llmott en Bethnal Green: “Deberíamos enfatizar que la alta incidencia de variación individual en el
comportamiento de parentesco en áreas urbanas es en sí mismo una conclusión importante y significativa
de nuestro estudio, y de otros previos. El parentesco es esencialmente una cuestión menor en la estructura
urbana de Swansea, aunque importante en la vida de los individuos. El sistema de parentesco en sí
mismo no supone un gran peso estructural desde el punto de vista de la sociedad como un todo” (Rosser
y Harris , 1965: 287-288).
La evidencia empírica de las hipótesis teóricas ha promovido numerosos estudios
buscando rastros de tal evolución en el pasado, por ejemplo y entre otros, cabe citar los del
historiador Laslett (1977) y el Grupo de Cambridge “Historia de la Estructura Social y de la
Población”, contradiciendo la teoría parsoniana, ya que sobre la base de sus investigaciones,
los grandes hogares de familia extensa eran relativamente poco comunes antes de la revo-
lución industrial en Inglaterra, para sostener esta afirmación se basó en una serie de datos
procedentes del estudio de 100 comunidades inglesas entre 1574 y 1821, que mostraron
que sólo el 10% de los hogares estaba formado por parentesco extranuclear, además de
que el tamaño medio de la unidad familiar se mantuvo constante, en torno a 4,75 desde
el siglo XVI, hasta finales del siglo XIX, cuándo un constante descenso lo estabilizó en la
cifra de 3 en los censos contemporáneos. Por lo tanto, la familia nuclear pudo haber sido
una de las características fundamentales y duraderas del sistema de la familia occidental,
precisamente el hecho de la preeminencia de los hogares aislados del norte de Inglaterra
podría haber sido una de las causas que facilitaron la revolución industrial en esa zona
del planeta, ya que ésta necesitaba de familias móviles, aunque en estudios posteriores
encontró parecidas tasas de familias aisladas en el norte de Francia, en Holanda, Bélgica,
Escandinavia, parte de Italia y Alemania.
Este supuesto ha sido criticado por Anderson (1971) al sostener que Laslett pudo
cometer un error al no tener en cuenta el significado que le dieron al término familiar
los que confeccionaron la lista en su momento, sobre todo en el contexto de la compo-
sición de la unidad familia, lo que supone en una determinada época, en algunos grupos
sociales, una abuela corresidente pudiera ser una matriarca poderosa y reverenciada, en
otra solamente se le diera alojamiento de mala gana mientras todos esperaban su pronta
muerte, y en otra fuera considerada como una vieja amiga (Anderson, 1988). Precisamen-
te, en su estudio sobre Preston en el condado de Lancashire, Anderson (1980) llegó a la
conclusión, en base a una muestra rural no representativa del 10% de 1851, que el 23%
de los hogares estaba formado por una familia extensa provocado precisamente porque
la industrialización hacia necesario acudir a los lazos familiares para cambiar de casa, para
obtener información sobre trabajos, para socorrer a los hijos huérfanos, o en ausencia
de un Estado de Bienestar, para cuidar de las personas mayores, y que éstas hicieran lo
mismo con los hijos. Sobre este mismo condado –Lancashire-, Roberts (1984) encontró
parecidas evidencias, aunque al menos dos matizaron los descubrimientos anteriores, ya
que encontró una gran red de apoyos sobre todo procedente de mujeres de clases traba-
jadoras, además de que gran parte de las relaciones no estaban basadas en el autointerés
mutuo, sino en los lazos emocionales que se desarrollaban entre las familias. Sin embargo,

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Esther Casares García

autoras como Nicholson (1997) sostiene que la familia nuclear es un fenómeno reciente,
ya que se desarrolló en primer lugar entre las clases altas del siglo XVIII, entre las clases
medias del siglo XIX, y entre las clases trabajadoras por su falta de medios económicos
de la década de los cincuenta del siglo XX.

La familia extensa y redes familiares


Como quiera que sea, si importante fue el concepto de familia nuclear aislada, también
lo fue el de familia extensa para dar cuenta de que las relaciones de parentesco extenso
también podían sobrevivir en la sociedad urbana moderna, sugiriendo además que los
grupos de amigos, los grupos de vecinos y los grupos de trabajo podían resultar viables.
Con el fin de aclarar la confusión que se estableció en un momento dado, Litwak (1965)
argumentó la existencia de cuatro estructuras familiares: la familia extensa, la familia disuelta,
la familia nuclear aislada, y una cuarta que se podría denominar como “la familia extensa
modificada” que consiste de una coalición de familias nucleares en un estado de parcial
dependencia. Tal dependencia parcial significa que los miembros de la familia nuclear
intercambian servicios significativos entre sí, diferenciándose de la familia nuclear aislada,
a la vez que retienen una autonomía considerable (que no está sujeta económicamente o
geográficamente), y que por consiguiente se diferencia de esta manera de la familia extensa
clásica. Este concepto sugiere que la familia nuclear es independiente, pero permanece
activa en situaciones donde se pueden conseguir ayudas, tanto de la familia extensa como
de las instituciones. Un punto de vista que es compartido por especialistas como Allan
(1985) al aceptar la importancia que ha mantenido el parentesco en la sociedad industrial
como complemento de la familia nuclear. Apoyándose en una investigación sobre una
ciudad dormitorio en el este de Anglia, ciudad del Reino Unido, argumenta que en circuns-
tancias normales, en el parentesco no nuclear no dependen el uno del otro, y aunque, en
algunas familias puede haber poco intercambio de servicios significantes la mayor parte
del tiempo, en muchas de ellas se siente una obligación para mantenerse en contacto. La
evidencia de los datos demostró, no únicamente que muy pocos hijos cuándo se casaban
rompían totalmente las relaciones con sus padres, sino que además mantenían el contacto
frecuente con los hermanos. A pesar de que los servicios significativos normalmente no
se intercambian como norma, el parentesco muchas veces significa una obligación para
ayudarse entre sí en tiempos de dificultad o crisis. Al contrario que Litwark, Allan cree que
estos tipos de relaciones están limitados a una familia elemental consistiendo en esposas,
maridos, padres, hijos hermanos y hermanas. Las obligaciones no se extienden a tíos, tías,
sobrinos, primos o parentesco más lejano. De manera que prefiere el término “familia
elemental modificada” a “familia extensa modificada”, dado que para él es más exacto
describir el rango del parentesco que resulta importante a un individuo.
En este baile de etiquetas, Willmott (1988) ha acuñado el de “familia extensa dispersa”,
refiriéndose con ello a dos o más familias relacionadas que cooperan la una con la otra
a pesar de vivir a bastante distancia. Los contactos ocurren de forma muy frecuente, en
término medio una vez a la semana, pero menos frecuentes que aquellos que mantienen
las familias extensas que viven más cerca. Los miembros de estas familias no dependen
el uno del otro a diario. Los datos fueron obtenidos en una investigación llevada a cabo
en Londres en la década de los ochenta, y las conclusiones fueron que la familia extensa
dispersa estaba llegando a ser dominante en Gran Bretaña. La mayor parte del tiempo la

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Estudios Sobre El Cambio En La Estructura De Las Relaciones Familiares

familia nuclear es bastante autosuficiente, pero en épocas de emergencia la existencia del


parentesco extenso llega a ser imprescindible, así que Willmott argumenta que en la Gran
Bretaña actual aunque el parentesco en gran medida se elige, no solamente sobrevive
sino que también la mayor parte del tiempo funciona muy bien. Una conclusión a la que
llega también McGlone (1998) cuándo mantiene que las redes de parentesco fuera de la
familia nuclear son todavía importantes, por lo que el núcleo de las familias con hijos
dependientes incluye no solamente la familia nuclear sino también los abuelos, y a pesar
de todos los cambios sociales que podrían haber debilitado el parentesco, la gente todavía
valora el parentesco y en su mayoría intenta retenerlo incluso cuándo viven a distancia
de sus parientes.
En España la transición de la familia extensa a la familia nuclear aislada fue estudiada
en un primer momento por De Pablos (1976: 356) dentro de los estudios llevados a cabo
por la fundación FOESSA de 1975 en el análisis de la modernización de la sociedad es-
pañola “si desde el punto de vista de la unidad de residencia no puede hablarse de una evolución de la
familia extensa a la nuclear, desde el punto de vista relacional sí se está produciendo esa evolución. Lo que
caracteriza cada vez más a la familia urbana moderna, y en particular a las capas medias asalariadas,
que hoy aparecen como modelo e ideal en nuestras sociedades industriales, es su dependencia y autonomía
respecto del grupo familiar extenso”. Lo cual suponía de hecho el surgimiento de dos tipos de
familias: la extensa residencial y la familia relacional. Por otra parte, en base a los datos que
aportó el Censo de Población de 1970 de los cerca de nueve millones de familias, se pudie-
ron obtener varias conclusiones: a) los hogares sin núcleo familiar (una o varias personas
ocupando una vivienda) representaban el 10,73% y eran predominantes en el medio rural,
b) la familia nuclear reducida (dos a cinco miembros) era la realidad que más abundaba en
el país con el 59,39% del total de los hogares, siendo mayoritaria en las zonas intermedias,
c) la familia nuclear (más de cinco miembros) suponía el 9,33%, siendo predominante en
las zonas intermedias, d) la familia nuclear ampliada (un núcleo familiar al que se le han
unido otros miembros: parientes, huéspedes, servicio doméstico, etc.) representaba el 15%
de las familias españolas, siendo más corriente en las zonas rurales donde predominaba
la gran propiedad y, consiguientemente, la población activa del campo estaba constituida
por asalariados agrícolas, e) las familias plurinucleares (constituidas por dos o más núcleos
familiares, en general varias generaciones viviendo en una misma unidad residencial) supo-
nía el 5,83 % de los hogares, aparecían claramente asociadas a las zonas rurales del norte
peninsular donde predominaba la pequeña propiedad agrícola y ganadera.
Igual o parecida conclusión ha obtenido Del Campo (1982) en una encuesta realizada
en 1979 a 1586 mujeres madrileñas casadas, viudas o separadas de 18 a 59 años de edad, ya
que los resultados mostraron que a pesar del alto nivel de emigración de las entrevistadas,
lo que suponía que entre el 19% y el 25% de los padres y suegras vivían fuera de Madrid,
la frecuencia de contactos era relativamente alta, como lo demostraba el hecho de que el
32% del total de mujeres casadas declaraban ver a su madre semanalmente o más, el 22%
ver al padre, y el 25% ver a la suegra con la misma intensidad. “Aunque las condiciones de vida
de la sociedad urbana e industrial obligan a padres e hijos a mantener residencias separadas, sus relaciones
no desaparecen, si bien tienen un contenido más libre, independiente e igualitario que en otras épocas. La
distancia social hacia otros parientes, incluso hermanos, es mayor y se ha desembarazado totalmente de
los lazos formales que estrechaban las relaciones propias de la familia extensa tradicional” (Del campo
y Navarro, 1985: 166).

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Esther Casares García

Los últimos datos procedentes de la investigación “Tendencias Sociales” dirigida por


Tezanos (2001) revelan una tendencia hacia el debilitamiento de los lazos familiares. La
investigación que se ha venido realizando desde 1995 a través de diversas encuestas anuales
y por medio de estudios “delphi” de expertos en ciencias sociales, refleja la creencia de
la opinión pública en el sentido de que se augura una reducción del papel desempeñado
por la familia, así como un aumento de las separaciones matrimoniales, una reducción en
el número de hijos por familia, una menor ligazón con los familiares, una menor dispo-
sición de ayuda a las personas mayores y una acentuación de las vivencias de aislamiento
y soledad. La opinión de los expertos recogida de una manera sectorial en el año 2000
permitió corroborar que las principales tendencias para la próxima década apuntan hacia
un aumento de los hogares monoparentales, un incremento del número de personas que
viven solas, de las familias con un solo hijo, de las separaciones y divorcios, del retraso de
las edades de maternidad y una extensión de las prácticas de emparejamiento no forma-
lizadas. En definitiva un panorama de cambio de la institución familiar producto de los
hogares rotos y del descenso vertiginoso del número de hijos por mujer, con lo se debilita
la red de parentesco extensa que ha existido hasta ahora.

Expertos (2000) Opinión Pública (2000)


- Mayor predominio de hogares - Aumento de la cohabitación.
monoparentales, especialmente de - Mayor número de separaciones y
aquellos encabezados por mujeres. divorcios.
- Mayor número de hogares integrados - Elevación de la edad de llegada de la
por una persona. maternidad.
- Mayor prevalencia de hogares con hijos - Emancipación tardía de los jóvenes
únicos o sin hijos y paternidad - Incremento del número de matrimonios
- Mayor predominio de familias civiles.
reconstruidas. - Mayor predominio de hogares
- Menos hogares con familias nucleares monoparentales, fundamentalmente de
clásicas. aquellos encabezados por mujeres.
- Aumento de la cohabitación - Aumento de los matrimonios con un
heterosexual. solo hijo.
- Mayor incidencia de matrimonios entre - Mayor predominio de familias
españoles y personas de otros países, reconstruidas.
religiones y culturas. - Mayor número de hogares integrados
- Mayor número de adopciones de niños por una persona.
procedentes de otros países.
Fuente. Sánchez (2001: 66)

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Estudios Sobre El Cambio En La Estructura De Las Relaciones Familiares

La coincidencia entre las familias nucleares y el hecho de que muchas de estas fa-
milias se reconviertan en algún momento de su existencia en familias extensas, es lo que
provocó un tipo de análisis muy fructífero, cuarta característica estructural significativa
en torno a la familia denominado como interacción familiar o negociación del rol, lo que implica
que los individuos se comportan en la familia negociando continuamente para obtener
los mejores resultados, de manera que las relaciones familiares seguirían las prácticas del
cálculo racional de obtención de beneficios a través de inversiones en tiempo, energía y
emoción. Esto vendría a significar que no es que la familia extensa sea incompatible con
la industrialización, sino que los valores del mercado implican “modelos alternativos de
pago” que suponen una mayor ganancia en relaciones familiares próximas y frecuentes.
Es por ello que, las clases sociales más altas están más interesadas en las familias extensas
ya que pueden ganar más que las familias bajas en las que no hay nada que repartir. Ade-
más “los modelos estructurales afectan en parte los procesos de tensión y de ajuste entre emparentados.
Algunas relaciones tienen que ser definidas en detalle, si la casa incluye ciertos parientes. Por ejemplo, si
cohabitan en el hogar un hombre y su suegra, pueden existir reglas que exigen mucha reserva y evitan la
interacción entre los dos. Los modelos de socialización están igualmente afectados por la presencia de tal
o cual pariente. Una abuela puede continuar supervisando la socialización de una joven nuera, o bien un
chico joven puede ir a la casa del hermano de su madre para ser educado. Los que viven en un mismo hogar
compartirán probablemente el mismo presupuesto: los intercambios económicos en parte están determinados
por los tipos de hogares” (Segalen, 1977: 44-45).

Tecnologías y pautas de comunicación en la familia


Una de las discusiones más fructíferas que se originaron en torno a la evolución de
familia fue la que giró en torno al surgimiento de la familia nuclear aislada en detrimento
de la familia extensa. El panorama que se abría ante este hecho parecía demasiado irreal
e impersonal, por lo que numerosas investigaciones empíricas se volcaron hacia la nueva
realidad por medio de levantar acta sobre cómo se las apañaba esta nueva familia a través
de la medición y de la explicación. El estudio de las nuevas redes sociales basadas en los
contactos de todo tipo entre familiares y sustitutos se abrió camino como estela en el agua,
¿era real el aislamiento familiar?. Entre otras aportaciones cabría citar el llevado a cabo por
Litwark y Szelenyi (1980), en su análisis sobre los efectos de la sociedad tecnológica, en
las relaciones sociales, en los mecanismos que permiten la cohesión de grupo y cuándo las
relaciones personales son limitadas o de rápida rotación entre sus miembros. Para que la
familia extensa siga siendo viable los parientes deben aprender a comunicarse e intercambiar
servicios en situaciones que no sean personales. Para que la vecindad siga siendo viable los
vecinos deben aprender a intercambiar servicios y comunicarse a pesar de la rotación rápida
del vecindario, y para que las amistades sigan siendo viables los amigos deben aprender
a hacer ambas cosas a la vez. Con lo cual, uno de los principales problemas en el estudio
de la familia es comprobar hasta qué punto los parientes son importantes en la familia
nuclear aislada, como producto de la movilidad tanto geográfica como social.
En un estudio pionero desarrollado por Bell (1968) en Escocia ya se apuntaba la
importancia no solamente de los contactos cara a cara sino también de los mantenidos a
través del teléfono y a través del correo, así como la calidad y la cantidad de los contactos,
la ayuda mutua entre los miembros de una familia extensa fluye en varias direcciones según
las etapas del ciclo familiar, siendo especialmente importante en las dos primeras etapas

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Esther Casares García

del ciclo: formación del hogar y crianza de los hijos, y en la última cuándo la persona es
totalmente dependiente.
En este sentido las clases sociales se caracterizan por un determinado tipo de contacto,
según Willmot (1988) y Allan (1985), los contactos de las clases medias aún siendo menores
que los que mantienen las clases trabajadoras, son importantes, sobre todo las que man-
tenían las esposas de las clases trabajadoras con sus respectivas madres. McGlone (1998)
en un estudio comparativo del British Social Attitudes Surveys de 1986 y 1995 llegaron a
las siguientes conclusiones: el 47 % de la población sin niños dependientes, y el 50% con
niños dependientes vieron una vez a la semana a la madre, porcentaje que aumentó en
aquellos que vivían a menos de una hora conduciendo. Las llamadas telefónicas también
fueron intensas, de aquellos que tenían la dependencia de unos niños, el 78% habló una
vez a la semana con la madre, un 54% con el padre, un 45% con algún hermano adulto, y
39% con otro pariente. Otras conclusiones fueron que los contactos eran mayores entre
los trabajadores manuales frente a los no manuales, particularmente entre aquellos con
niños dependientes, una diferencia que podría ser explicada por la tendencia de los pri-
meros en vivir cerca de sus familiares; un menor contacto en las familias de clase media
en las que la mujer se encontraba trabajando a tiempo completo; y entre las familias que
trabajaban los dos.
Los sentimientos de deudas y obligaciones familiares basados en, por ejemplo, compar-
tir casa, o dar apoyo económico, emocional o moral ha sido una cuestión relevante en el
ámbito familiar después del cuestionamiento histórico de las redes familiares. Según Finch
(1989) se debería proceder a eliminar el tópico según el cual existió una época dorada en
las obligaciones y ayudas familiares que se prestaban antes de la Revolución Industrial,
ya que no existe evidencia de un apoyo especial sobre aquellos hijos que no fueran los
primogénitos, incluso gran parte de la ayuda que se prestaba se encauzaba más sobre el
autointerés que sobre la obligación, de manera que mucha gente que admitían a hijos de
parientes en sus casas los empleaban más tarde en el servicio doméstico, tampoco existe
suficientes evidencias de la ayuda a los padres, excepto cuándo se ocupa el hogar de aque-
llos, por lo que el cuidado de los mayores procedería de una época posterior –en torno a
los últimos cincuenta años- cuándo la esperanza de vida aumentó de tal manera que, se
originó una importante presión para que la familia acogiera a aquellos padres o madres
que se habían quedado solos o que no podían mantenerse por sí mismos. La excepción de
todo esto sería la relación entre padres e hijos en la que los primeros ayudan sin esperar
un equivalente en el futuro. Pero, de cualquier forma no existe suficiente evidencia de
que en la actualidad existan menos sentimientos de deber con respecto a los parientes. Es
por ello que las obligaciones familiares no siguen una pauta común sino que dependen
de cada caso familiar, de la región, del género, de la etnicidad, generación y situación
económica. En un estudio posterior realizado por Finch y Mason (1993) denominado
“Obligaciones familiares” desarrollado en Manchester, encontraron que la gente acepta
las responsabilidades familiares en casos especiales en los que la ayuda se presenta como
legítima y cuándo no se tiene otro medio de ayuda; existe una mayor probabilidad para
que se acepten responsabilidades familiares cuándo es limitada en términos de tiempo,
esfuerzo o habilidades; las responsabilidades entre padres e hijos tienen un estatus especial
teniendo en cuenta que en general las relaciones son permisivas y no obligatorias.

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Estudios Sobre El Cambio En La Estructura De Las Relaciones Familiares

En España la solidaridad familiar se ha podido comprobar a través de los diferentes


cambios estructurales que han ocurrido en su sociedad en los últimos treinta años. Según
Iglesias (2000) ésta se podría escrutar a través de: a) tardío Estado de Bienestar en donde
el sistema de bienestar no ha asegurado a la población en la enfermedad, en los accidentes,
en el nacimiento o en la muerte; b) crecimiento económico al ampliar la base patrimonial
de las familias en sectores como la vivienda y utilizarla bien para compartirla con los hijos,
bien por la cesión a algún descendiente, por la venta para repartir el montante entre ellos,
o por la ayuda en tanto que aportaciones económicas decisivas para adquirirla; c) calidad
de las relaciones familiares y del clima familiar que provocan altas tasas de satisfacción
y un gran nivel de interacción, aunque podría disminuir en el caso de padres-hijos por
efecto del divorcio; d) densidad de las relaciones familiares, destacándose la construcción
de la cotidianeidad en base al contacto de la red familiar, de la planificación del ocio y de
las vacaciones conjuntas; e) proximidad residencial, porque si más cerca se encuentran
los familiares, mayor será su apoyo recíproco sobre todo entre los abuelos-hijos-nietos;
f) incorporación de la mujer al trabajo, al trastocar el papel tradicional que desempeñaba
la mujer en los apoyos familiares como cuidado de los enfermos, compañía familiar en
los hospitales, apoyo a minusválidos, atención cotidiana y parcial de los nietos, que ahora
sólo lo desempeñan las mujeres con más de cincuenta años por encontrarse fuera del
mercado de trabajo.
La comunicación telefónica como sustituta de la comunicación cara a cara es una de las
características más significativas de la cultura occidental. Con todo lo que implica a favor y
en contra, el caso es que se ha convertido en uno de los indicadores de integración de las
personas. El hecho de que el teléfono se haya implantado en una proporción significativa
de hogares hasta alcanzar valores próximos a la cobertura total, las bajadas de las tarifas
telefónicas, el uso del teléfono móvil y el correo electrónico, dan muestra de la era de co-
municación total en que nos encontramos. Según Gualda y Rodríguez (2007) en un estudio
en la Comunidad de Andaluza el 69% de los encuestados emplean el contacto telefónico
y un 3% el correo electrónico para comunicarse con los parientes que no conviven, sobre
todo con hermanos e hijos. La emancipación física de los jóvenes con respecto al hogar
materno, los desplazamientos de éstos por motivos de estudios, la atención a los padres
que residen en otra ciudad, cuándo no en otro barrio, o el alejamiento de familiares y
amigos se suple con la comunicación telefónica.
Frente e estos cambios las TICs tienen una importante efecto sobre los contactos
familiares y la calidad de vida de sus miembros y como sostiene Cabero (1999) el impacto
de las nuevas tecnologías de la comunicación es tal que nos podemos ver “transformados,
influenciados y enredados” de tal manera que es necesario una formación y conocimiento
de estos medios para evitar que los miembros de la familia se dispersen y/o aíslen. Mu-
chos son los que piensan que las TICs suponen una amenaza de los habituales contactos
familiares, y al mayor número de aplicaciones sólo posibles vía telemática y que excluye
de determinados servicios a personas carentes del conocimiento adecuado en su uso. La
rápida introducción de estas tecnologías en el hogar familiar nos lleva a plantearnos la
cuestión de que se hace necesaria una conciliación entre las necesidades de las personas y
las nuevas tecnologías de la comunicación
Está claro que las nuevas tecnologías nos llevan a un cambio en las pautas de comuni-
cación que afecta a las relaciones familiares. Según el Informe Panel Hogares. XV Oleada

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Esther Casares García

(2007) se han registrado un importante aumento en lo que se refiere a las TICs en los
hogares, a excepción del teléfono fijo, que continúa su descenso progresivo, situándose
en el 82,7%. El porcentaje de hogares con ordenador se sitúa en el 57,8% y el de hogares
conectados a la Red alcanza ya el 40%.
El proyecto anual Digital Future organizado y coordinado por el USC Annenberg
School Center, analiza el impacto de las TICs y de cómo influye en el comportamiento
social, tanto de usuarios como de no usuarios en Estados Unidos. Las entrevistas han sido
realizadas a las familias con el fin de comprobar la influencia que las nuevas tecnologías
han desempeñado sobre la vida diaria de los que ya usan Internet, los nuevos usuarios y
los que aún no utilizan la Red. Más del 87% de los internautas aseguraron que Internet
no ha cambiado el tiempo que pasan con su familia o amigos. El 13% restante se divide
equitativamente entre quienes piensan que Internet ha contribuido favorablemente a su
vida social y los que aseguran que les ha reducido el número de horas de estar con los
amigos o familiares. Parecidos datos refleja la X Encuesta AIMC a usuarios de Internet
(2008) donde un 10% de los encuestados declara que ha disminuido el tiempo que dedica
a estar con amigos o pareja por el uso de Internet.

Conclusión
En todo caso los efectos del cambio tecnológico pudo tener unas consecuencias de-
vastadoras en la organización familiar, porque produjo una readaptación general, que en
opinión de Ogburn y Nimkoff (1976), supuso nada menos que sesenta y tres cambios,
entre los que cabría destacar: el incremento en el porcentaje de divorcios, la amplia difusión
del control de nacimientos y disminución del tamaño de la familia, la pérdida de autoridad
de los padres, el incremento de parejas sin casarse, el incremento del número de esposas
trabajando fuera de casa, el incremento del individualismo y la libertad de los miembros
de la familia, la transferencia de funciones de la familia al Estado y finalmente el declive
del comportamiento religioso. Desde la perspectiva de que son muchos los factores que
pueden incidir en todos estos cambios, sin embargo un factor que permanece constante no
puede ser responsable de nada, por lo que se podría deducir que aquellos factores de fácil y
rápida transformación, como fueron las invenciones y los descubrimientos: en la influencia
del tamaño de las familias (los anticonceptivos), en la educación y sentimientos religiosos
(los avances de la ciencia), y en las relaciones entre las partes (la ideología democrática). El
resto de las transformaciones podían ser achacables a los avances tecnológicos concretos
porque posibilitaron que la producción saliera del hogar para ir a parar a organizaciones
económicas exteriores, porque mejoraron los medios de transportes y permitieron la
separación de trabajo y residencia por lo que un número elevado de comidas se hicieron
fuera del hogar y se creó toda una industria de alimentos preparados y de restaurantes,
porque resolvieron varias facetas del trabajo dentro del hogar como el lavado de la ropa
y el secado, y porque posibilitaron comprar los fines de semana grandes cantidades de ali-
mentos que grandes frigoríficos podían conservar. Todos estos cambios relegarían a la familia
a desempeñar dos funciones todavía importantes (aparte de la procreación): la cobertura de
afecto y la educación de los hijos antes de ir a la escuela.
Una publicación que vendría a reforzar los argumentos anteriores es la titulada Cambios
de modelos de la vida familiar europea (Boh, 1989) en donde se analizan cuáles han sido los
principales cambios en la estructura familiar desde 1945 hasta el presente, para lo que se

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Estudios Sobre El Cambio En La Estructura De Las Relaciones Familiares

lleva a cabo un seguimiento en 14 países. La principal conclusión obtenida es que la divi-


sión de funciones entre familia y trabajo, y los problemas derivados como consecuencia
de la incompatibilidad de ambas instituciones estarían creando tensiones insalvables en los
papeles desempeñados en las dos esferas, sobre todo a partir de la consideración de que
vivimos en una época en la cual la mujer se ha incorporado en grandes proporciones al
mundo del trabajo, por lo que esto debe lógicamente incidir en las dos funciones básicas
de la familia: la del mantenimiento y la de la procreación. Por ello el libro mencionado
destaca tres cuestiones básicas en torno a la relación trabajo‑familia: a) interrelación entre
nuevas formas de organización del trabajo y el desarrollo de nuevas formas de vida; b)
incompatibilidades entre el mundo de la familia y el del trabajo; c) estrategias para armo-
nizar el mundo del trabajo y el de la reproducción.

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Pedro Sánchez Vera • Marcos Bote Díaz

REDES SOCIALES Y FAMILIA EN ESPAÑA.


CONSISTENCIA Y DEBILIDADES

SOCIAL NETWORKS AND FAMILY IN SPAIN.


CONSISTENCY AND WEAKNESSES

Pedro Sánchez Vera


Universidad de Murcia
psvera@um.es
Marcos Bote Díaz
Portland State University. USA
bote@pdx.edu

Recibido: 17/10/07; Aceptado: 23/3/08


Resumen
La consistencia y el protagonismo que presentan las redes familiares está frecuentemente
ligado a las limitaciones que presentan los Estados de Bienestar. Referido a la sociedad
española, los cambios sociales han sido importantes y rápidos, a pesar de lo cual, la familia
sigue siendo –y de manera constante- la institución más valorada por los españoles. Sin
embargo quedan muchos ámbitos del cambio que están afectando a la solidaridad familiar
y que presentan nuevos retos e incertidumbres.

Abstract
The consistency and involvement with the family networks is often linked to the
limitations presented by the Welfare State.  In the  Spanish society the social changes
have been significant and rapid, but the family remains being, and  constantly, the
most valued institution by the Spaniards.  However,  there  are still  many areas of chan-
ge affecting  the family solidarity and presenting new challenges and uncertainties.

Palabras Clave: Familismo, Cambio social, Estado del Bienestar, Igualdad de género,
Solidaridad familiar, Valoración del matrimonio, Ciclos familiares.
Keywords: Familism, Social change, The Welfare State, Gender equality, Family solidarity,
Valuation of marriage, Family cycles.

Introducción
Cada vez es mayor la preocupación dentro de la sociología por ver las implicaciones entre
la familia, los estados de bienestar y las políticas sociales, en la medida que las políticas sociales
interactúan con el funcionamiento actual de la familia. Sobre este asunto se han producido
algunos libros importantes en los últimos años (v.gr: Carling y Duncan 2002). En un muy inte-
resante trabajo (Naldini, 2003) se analiza el modelo de de microsolidaridad familiar en España
e Italia, lo cual es muy interesante para conocer las relaciones entre familia-mercado-Estado.

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Redes Sociales Y Familia En España. Consistencia Y Debilidades

En la Europa del Sur ha predominado un modelo de solidaridad familiar y de parentela


(family/kinship solidarity model) con sólidos lazos familiares y de parentesco, una mayor
institucionalización del matrimonio, unas bajas tasas de divorcio –este asunto ya no es
exacto al menos para el caso español- y de cohabitación, así como pocos nacimientos ex-
traconyugales. Por otra parte, las obligaciones familiares se han extendido frecuentemente
a miembros de la familia extensa de ambos cónyuges y sus parentelas.
La protección social en el régimen mediterráneo sigue apoyándose sobre todo en la
familia como productora y distribuidora de bienestar. El concurso de las mujeres en la
provisión de cuidados no remunerados, principalmente para mayores y niños, ha sido
decisivo en el mantenimiento de una sólida cohesión social en los países de la Unión
Europea meridional.
Los poderes públicos de estos sistemas (nos referimos al modelo mediterráneo), han
dado tradicionalmente, por descontado, la existencia de una fuerte obligación moral entre
los miembros familiares, lo cual se ve reflejado en como los países latinos familistas han
hecho un esfuerzo de gasto público mucho menor respecto ala familia que en los países
más desfamilizados de la Europa del Norte. Así, la familia ha sido el principal canalizador y
amortiguador de las carencias estatales en las políticas económicas y sociales en el régimen
mediterráneo del bienestar, al haberse asumido que una parte importante de las actividades
de bienestar y satisfacción vital de los ciudadanos serían cubiertos por la familia, con o sin
ayudas públicas. Complementando, la acción de la familia a los servicios ofertados por
las organizaciones privadas son y sin ánimo de lucro.
En una análisis de redes sociales (ARS), cada vez va a ser más central el debate sobre
la consistencia o las debilidades del Estado del Bienestar, el protagonismo que vaya a
cubrir la familia (crecientemente inoperante, como tendencia social), y la importancia de
las políticas de familia (Iglesias de Ussel, 1998) en sociedades envejecidas y con altas tasas
de dependencia (Pérez Ortiz, 2007).
Sobre este debate, y tomando como ejemplo el protagonismo e implicación de la familia
de clase baja española, un especialista en la materia, referido al mayor protagonismo cuida-
dor de la misma dice lo siguiente: “A pesar de los cambios recientes a finales del siglo XX,
la familia sigue siendo la primera institución de servicios sociales en la sociedad española.
Por supuesto no todas las familias son iguales. Es un dato empírico que las familias de
clase baja son más ayudadoras que las de clases altas. Este hecho tiene varias lecturas: a) las
familias pobres tienden a ser más ayudadoras porque tienen más situaciones de precarie-
dad entre sus miembros; b) a eso contribuye el que además son más extensas, tienen más
miembros en posibles situaciones de precariedad, y menos ingresos per capita; c) quizás
es que las familias de clases más bajas sean más generosas; d) es posible también que sean
más pobres precisamente porque son mas altruistas. La realidad es una combinación de
estas cuatro hipótesis” (De Miguel, 1998: 416-417).
En algunas sociedades, principalmente las anglosajonas, la familia nuclear se ha con-
vertido últimamente en un rareza. Téngase en cuenta, por ejemplo, que los hogares esta-
dounidenses compuestos por un matrimonio y sus hijos pasaron de un 45 % a principios
de 1970 a ser menos de un 1/4 a principios del siglo XXI.
En las sociedades latinas los cambios en las nuevas formas familiares han sido también
notables, pero en modo alguno son comparables a las de otros países. En los regímenes
anglosajón y nórdico las familias monoparentales son ya la cuarta parte del total de fa-

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Pedro Sánchez Vera • Marcos Bote Díaz

milias con algún hijo menor de 18 años. En países como España e Italia, sin embargo, la
proporción no llega a una de cada 10. Las implicaciones teóricas del modelo mediterráneo
del régimen de bienestar, debería considerar no sólo las relaciones entre familia, mercado
laboral y estado, sino que también debe considerar los modos de funcionamiento familiar
y las relaciones familiares. Otra consideración importante es que en los análisis del Estado
del Bienestar, desde la perspectiva del género, deben prestar atención a los recursos de
los miembros de la familia y de la parentela en las “estrategias familiares” y en las reper-
cusiones intergeneracionales.
Por estas latitudes del sur de Europa, la última generación de amas de casa ha duplicado
su papel de madres, primero cuidando a sus propios hijos y después a sus nietos (Iglesias de
Ussel, 1998). Sin embargo, la gran transformación social acaecida en los roles de la mujer
–sobre todo en países como España, donde estos han sido tan rápidos como intensos-, hace
presagiar que la actual generación de madres trabajadoras, no parece que vaya a reproducir
los mismos roles que sus predecesoras. Así, en países como España e Italia, el fenómeno
del doble sueldo (trabajan ambos cónyuges) está cada vez más extendido. Volviendo a las
redes familiares, nos encontramos con una incidencia creciente de estos nuevos roles de
la mujer en el funcionamiento familiar, de tal suerte que, lo que antes era un “asunto de
mujeres” en el ámbito privado familiar, se convierte progresivamente, en un problema
social, que concierne al conjunto de la sociedad, y que debe de ser solventado desde una
óptica de conjunto y no meramente individualizadora al modo “anglosajón”.
Referido a la evolución reciente de la población europea, distintos especialistas, han
puesto de relieve como se ha reducido notablemente el tamaño objetivo de la red familiar
(v.gr: Pérez Díaz, 2003; Pérez Ortiz, 1996; Rodríguez, 1994; Vizcaino, 2000; Walace, 2000).
Esta reducción de la red de parentesco afecta de manera desigual a las generaciones, pues
a modo de ejemplo, mientras que la generación actual de adultos mayores, tiene una red
de familiares directos relativamente alta, no puede decirse lo mismo de las nuevas gene-
raciones (Pérez Díaz, 2003:62). Esta circunstancia puede afectar favorablemente a las
generaciones de jóvenes que pueden tener el apoyo continuado de sus padres y abuelos,
pero que genera manifiestas incertidumbres sobre la continuidad de la misma, tal como
hemos puesto de relieve en distintos lugares (v.gr: Sánchez Vera, 2003 y 2007). Este debi-
litamiento creciente del “vinculo social” desde la perspectiva familiar -lo hemos señalado
en otros lugares (Sánchez Vera, 2003)- es uno de los grandes retos para el análisis de redes
sociales en las sociedades actuales.
Desde la perspectiva familiar son frecuentes las reflexiones sobre el debilitamiento de
la red familiar como ámbito de ejercicio de la solidaridad entre las generaciones, entre estos
analistas se encuentra Francis Fukuyama, el cual aborda la familia moderna desestructu-
rada como uno de los ámbitos de “la gran ruptura” (Fukuyama, 2000) y su incidencia
en distintos ámbitos de la vida social. El fenómeno de la longevidad y de las trayectorias
familiares diversas crearán un cierto desamparo. Sobre este particular –y aunque muy
centrado en la sociedad americana- señala lo siguiente (o.c: 160): “La persona anciana de
principios del siglo XXI, pongamos por caso una mujer perteneciente al baby boom ya
envejecida, divorciada dos o tres veces, vivirá sola sus últimos años en una casa o un piso
y recibirá de vez en cuando la visita de un hijo (o hija) ya jubilado y que intenta sobrellevar
el deterioro de su propia salud. Su conexión con estos parientes será débil debido a que
la larga y azarosa vida personal que llevó de joven (los distintos matrimonios y parejas

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Redes Sociales Y Familia En España. Consistencia Y Debilidades

sexuales, los hogares separados y los conflictos respecto a la división de los bienes comu-
nes y la custodia de los hijos) habrá dejado a sus descendientes una relación sentimental
pero algo desapegada, que tendrá que competir con las exigencias de la distancia física y
de actividades más agradables que los deberes familiares”.
Es verdad que las reflexiones sobre la pérdida de influencia de la familia extensa y la
crisis de la familia como institución en las sociedades post-industriales, es un asunto rela-
tivamente recurrente en los análisis sociológicos actuales. En cualquier caso, la caída de la
natalidad y la consiguiente reducción del tamaño de la familia, no tiene porqué traducirse
en el debilitamiento de la solidaridad relacional de las redes de parentesco. Un fenómeno
ligado a esto ha sido la tendencia a la separación convivencial entre las generaciones. Sin
embargo, no hay que perder de vista la elevada valoración que la familia sigue teniendo
en determinados países, y que tal como señalan algunos de los grandes especialistas en
Sociología de la Vejez (v.gr: Bengtson, 1986; Streib y Beck, 1980), no hay que perder de
vista el hecho de que el aumento en la esperanza de vida incrementa las posibilidades
de coexistencia y tanto de interacción de tres generaciones en el ámbito familiar. A este
hecho de naturaleza demográfica, vienen a decir alguno de los referidos autores, que se
ha exagerado con frecuencia sobre la desaparición de la familia extensa en las sociedades
industrializadas, pues aunque sea cierto el hecho de la mayor distancia física que caracte-
riza a los medios urbanos –incluso esto ha sido cuestionado también por algunos autores
(Troll, L. (1971)-, sin embargo las relaciones entre los miembros de la familia extensa
sigue siendo muy importante en la mediada que se intercambian afecto, ayuda y servicios,
y sobre todo, -tal como señala un especialista en la materia (Ward, 1984)-, los sujetos si-
guen otorgando una gran importancia a sus relaciones familiares. Otros especialitas se han
referido a la emergencia de la denominada “intimidad a distancia” –esto es, la propiciada
por las tecnologías: teléfono celular, internet, etc- como una nueva forma de revitalización
de las relaciones familiares (Rosenmayr, 1963), en opinión de alguno de estos especialistas
este nuevo modelo creciente de solidaridad familiar, implica una elevada frecuencia de
interacción y solidaridad. Referido al caso de España, Meil (2000: 67) ha puesto de relieve
como el principio de separación residencial entre las generaciones, no ha implicado un
debilitamiento de los intercambios monetarios y/o de los servicios de apoyo mutuo entre
las generaciones.

2. Importancia de la familia en España


Pese a la importancia y alcance de los cambios sociales que han transformado pro-
fundamente la sociedad española desde la transición política -tras la muerte del dictador
Francisco Franco acaecida en noviembre del año 1975-, sorprende la vitalidad y la elevada
valoración que sigue gozando la institución familiar a pesar de que se hayan disparado las
cifras de divorcios y que el proceso de modernización y de secularización de la sociedad
española ha entrado en todos los órdenes.
No es de extrañar esto en un país que no ha conformado aún un Estado del Bien-
estar –al menos al nivel de los países de su entorno Europeo- ni ha tenido tampoco
una auténtica política de familia, a pesar de una la retórica familista con la que se venía
adornando el régimen del general Franco (1939-1975) por influjo de la muy influyente
Iglesia Católica. La elevada valoración que entre los españoles goza la institución familiar
ha sido casi una constante en los estudios sociológicos, incluso entre las generaciones más

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jóvenes. Así desde la transición política hasta la actualidad, la familia ha venido aparecido
como una de las instituciones más amables de la sociedad española, lo que se observa de
manera constante a lo largo de los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas
de España (CIS). La familia se muestra como el aspecto vital mejor valorado, por encima
de amigos, política, religión, bienestar económico o trabajo (CIS, 1987, 2008). El grado de
satisfacción con la vida familiar también es elevado: en los últimos 15 años, el 90% de los
españoles han declarado mostrarse muy o bastante satisfecho con su vida familiar (CIS,
1994, 2000), o consideran a la familia como la institución que tiene mayor importancia
en su vida (CIS, 2008).
Durante generaciones, y aún hoy, es la familia la que ha venido actuando de verdadero
Ministerio de Asuntos Sociales (la mujer más exactamente) y resolviendo problemas de
todo orden, que van desde el cuidado a los enfermos, la atención a los adultos mayores,
la solidaridad con los miembros que quedan en paro, con los drogodependientes, los
discapacitados, y así, un largo etc., que afecta a las ayudas de todo orden y tipo a los
hijos, y muy particularmente a las hijas y nueras, en sus procesos de incorporación -de
la mujer en general- al mercado de trabajo y que ha permitido, modernizar la sociedad
española.
El sistema jurídico que regula las relaciones familiares ha sufrido en España desde
la transición política a la actualidad una turbulencia inusitada que le ha dado un nuevo
marco legal en los derechos que la regulan (Sánchez Vera, 1994). Véanse a modo de
ejemplo –pues han sido enormes los cambios legislativos a partir de la Constitución
de 1.978 en esta materia (algunos en el ámbito autonómico) -, algunos de los cambios
más relevantes:

-Despenalización de la anticoncepción (1978): varios decretos1.


-Despenalización de los delitos de “Adulterio” y “Amancebamiento” (1.980). Ante-
riormente estaban penados en el Código Civil2.
-Ley de Divorcio 1981 (Ley 30/1981, de 7 de julio).
-Supresión de las diferencias entre hijos “Legítimos” e “Ilegítimos”, “matrimoniales”
y “no matrimoniales” (1981): varios decretos.
-Modificación de la legislación sobre “Violación”, “Abusos Deshonestos”, “Estu-
pro” (supresión de los requisitos de doncellez y acreditada honestidad) (1981): varios
decretos3

1
Ver.: Ruíz Salguero, M.T (2002). La regulación de la fecundidad: Un estudio demográfico de la anticoncep-
ción. La esterilización, el aborto y el tratamiento de la esterilidad en España. Centro de Estudios Demográficos.
Universidad Autónoma de Barcelona. Barcelona.
2
El adulterio será castigado con la pena de prisión menor. Cometen adulterio la mujer casada que yace
con varón que no sea su marido, y el que yace con ella, sabiendo que es casada, aunque después se declare nulo
el matrimonio». Hace 30 años, el adulterio estaba penado en España. El artículo 449 del Código Penal vigente
entonces, tenía continuación: «No se impondrá pena por delito de adulterio sino en virtud de querella del ma-
rido agraviado». Y todavía se completaba con un artículo más: «El marido podrá en cualquier tiempo remitir la
pena impuesta a su consorte». Los Pactos de la Moncloa de 1977 no sólo sirvieron para reformar la estructura
económica de España, sino que también incluyeron un acuerdo de contenido jurídico y político que abriría la
puerta a una auténtica revolución en la sociedad, ante la «nueva realidad democrática» de España.
3
Ver: Benito de los Mozos, A.I (2004). La victima en los “delitos de género” y el principio de presunción de inocencia.
En: Estudios Multidisciplinares de Género (Centro de Estudios de la Mujer, Universidad de Salamanca, 2004).

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-Modificación de la subordinación de la mujer al marido, a igualdad (1.981): varios


decretos4.
-Ley de “Patria Potestas”, del “Régimen Económico del Matrimonio”. Ley de Derechos
y Deberes de los Cónyuges (1.981): varios decretos5
-Despenalización de la esterilización voluntaria (1983): (varios decretos)6
-Despenalización parcial del aborto 1985. (Ley Orgánica 9/85 de 5 julio 1.985. Aborto.
Modifica el art. 417 bis del Código Penal: despenalización parcial)7.
-Ley de Conciliación de la Vida Familiar y Laboral aprobada (1999) Varios decretos.
-Ley de maltratos y violencia doméstica (2002 y 2005): varios decretos8.
-Ley de “divorcio expres” (2004): Varios decretos9
- Ley de Matrimonios Homosexuales (2005): varios decretos10 .
-Ley de Dependencia (2006)11.
-Ley de Igualdad de Género (2007): varios decretos12.
-Ley de Ayudas Económicas por Natalidad (2007)13.

Todos estos cambios lejos de debilitar, han revitalizado a la institución familiar, la


cual, y a pesar del crecimiento en el número de separaciones y divorcios, tal como hemos
señalado, sigue siendo la institución más valorada por los españoles. Dejando al margen los
cambios demográficos y políticos, lo primero a destacar de los resultados de los estudios
que tienen por objeto la familia es la importancia que los españoles atribuyen a la misma.
Sobre el familismo de la sociedad española se han pronunciado distintos especialistas en
la materia (Iglesias de Ussel, 1998; Meil, 2000; Moreno, 2002), siendo importantes las
redes familiares en la solidaridad y en la reciprocidad, así como en la articulación de las
relaciones sociales (Sánchez Vera, 2003).

Esta satisfacción con la vida familiar de los españoles, se desprende, asimismo, de la


preferencia puesta de manifiesto en diversos estudios por disfrutar el tiempo libre, antes
que solo, con la familia, en compañía de amigos o en otras situaciones diversas (CIS,
1992). Si bien esto ocurre también en otros países, es evidente que en España existe un
perfil de especificidad que distingue la concepción de la familia de la de otros países de
nuestro entorno (Reher, 1996). Una importante autoridad en la sociología como (Moya,
1972: 93) señalaba:
dentro de la sociedad tradicional española resulta patente la condición sagrada
del orden familiar. Frente al exterior –y frente a todo eventual conflicto interno– se
4
Ibidem.
5
Ibidem.
6
Ruíz Salguero, o.c.
7
Ibidem.
8
Benito de los Mozos, o.c.
9
Sánchez Castillo, G (2005). Divorcio exprés y nuevos matrimonios. últimas reformas del Código Civil. En Rev. Lex
Nova. Jul-Sep. Madrid.
10
Principalmente la Ley 13 de 2005, de 1 de julio, de modificación del Código Civil en materia de derecho
a contraer matrimonio.
11
Conocida como: Ley de Autonomía Personal o Ley de Dependencia. http://webs.uvigo.es/pmayobre/
textos/varios/ley_dependencia.pdf
12
Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres.
13
http://www.tt.mtas.es/periodico/ministro/200710/MIN20071018.htm

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encuentra rigurosamente protegido por todo un sistema de tabúes culturales, cuya


explosión puede obligar, como última instancia, al crimen de sangre. La vieja ética
castellana del honor no es sino un código familiar en el que toda otra imagen de
lo sagrado se subordina a esa singular concepción del orden familiar.

Sin duda, aunque este escrito es de la década de los 70 y analiza una sociedad diferente
a la actual, buena parte de los códigos señalados siguen vigentes.
Si la familia goza de una amplia valoración social, no cuenta con menos respaldo, en
cuanto a percepción, el matrimonio. En una de las importantes encuestas sobre la materia
(CIS 1992), las tres cuartas partes de los españoles preferían vivir casados sobre el resto
de opciones: vivir solos, mantener una relación de pareja en domicilios separados, vivir
con su pareja antes del matrimonio o sin proyecto matrimonial, o compartir la vivienda
con amigos. No resulta por tanto contradictorio que en la misma proporción se considere
que el matrimonio no está pasado de moda (CIS, 1987, 1992, 1994). En estudios más
recientes (CIS 1997), tan sólo un 16% de los españoles afirma que el matrimonio es una
institución pasada de moda. Sobre este extremo –Tabla Nº 1-, la evolución en los estudios
del CIS es la siguiente:

Tabla 1. Respuestas a la pregunta “¿Es el matrimonio una institución pasada de moda?”


Valores en porcentajes. España, 1981-1999
Año 1981 1987 1991 1992 1994 1994 1995 1999
(1296) (1698) (1990) (2001) (CIS) (EEV) (2201) (2376)
(2113)
De Acuerdo 23 21 13 15 12 14 16 16
En Desacuerdo 71 73 82 74 85 82 80 75
NS/NC 6 6 5 11 3 4 4 9
Fuente: Elaboración propia sobre datos de barómetros de opinión (CIS) y Encuesta Europea de
Valores (entre paréntesis, número del estudio)

Tal como se puede apreciar en la Tabla Nº 1, en los estudios del CIS la valoración del
matrimonio como institución ha ido ganando adeptos: se ha pasado de una situación en
la que casi uno de cada cuatro españoles afirmaba que el matrimonio era una institución
pasada de moda a unos valores actuales en los que tan sólo un 16% afirma esta sentencia,
si bien cabe señalar que en años anteriores (1992, 1994, 1995) los porcentajes de acuerdo
han sido aún más bajos que en 1999, como ocurrió sobre todo a principios y mediados
de la década pasada. En cuanto a los valores de 1999, señalemos que apenas existen dife-
rencias por género, aunque existen diferencias importantes por edad –conforme aumenta
la edad, más personas señalan su desacuerdo con la obsolescencia del matrimonio–. El
estado civil también introduce importantes variaciones, hasta el punto de que el porcentaje
de personas que indican su acuerdo con la afirmación del matrimonio como institución
del pasado es el triple entre los separados /divorciados que entre los casados. Los viudos
también presentan porcentajes de acuerdo con la afirmación bajos, siendo, sin embargo,
elevado el de los solteros (CIS, 1997).

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Son las variables ideológicas las que introducen las diferencias más significativas. De
este modo, los ateos o no religiosos presentan porcentajes más elevados de duda sobre
la actualidad del matrimonio que los religiosos, los de izquierda frente a los de derecha,
los potenciales votantes de Izquierda Unida o de nacionalistas de izquierda frente a los
del Partido Popular o el PSOE y, por último, los definidos como postmaterialistas frente
a los materialistas (CIS, 1997).
Tal como han puesto de relieve distintos estudios y la propia Encuesta Europea de
Valores (EVS), España se encuentra entre los países que más importancia asignan al
matrimonio, por lo que podríamos concluir que la institución del matrimonio cuenta con
un sólido apoyo social desde prácticamente todas las capas de la sociedad, no siendo una
condición anclada en la tradición “y que no entra en conflicto con el postmaterialismo ni
la modernidad” (Valdivia, 2000: 113). Sin embargo, algunos creen que la sociedad tenderá
en el futuro a darle menor consideración, como sucederá también con la familia (Cruz
Cantero, 1994: 19).
Para la opinión pública española, todavía existe una estrecha relación entre procreación
y matrimonio. En los estudios realizados, la mayoría de los españoles piensa que los hijos
son la razón principal para tomar la decisión de casarse, y que quienes quieran tenerlos
deberían casarse. No obstante, una proporción superior de encuestados opina que tener
hijos no es la razón principal del matrimonio en la actualidad (CIS, 1994).
Las condiciones que se valoran como más importantes para el éxito del matrimonio
(Tabla Nº 2) son las orientadas a la comunicación y el respeto en la pareja: la fidelidad,
el mutuo aprecio y respeto, la comprensión y la tolerancia, el discutir los problemas, las
relaciones sexuales, hablar sobre intereses comunes y pasar todo el tiempo que sea posible
juntos. El tener hijos se presenta como un aspecto también de gran importancia para lograr
el éxito en el matrimonio, aunque las estadísticas demuestren que los matrimonios sin hijos
no se divorcian más que aquéllos que tienen sólo un hijo (Ruiz Becerril, 1999).

Tabla 2. Condiciones para el éxito del matrimonio según resultados de encuestas de


diferentes años (porcentaje de españoles que considera “muy importante” o “bastante
importante” los siguientes factores para el éxito del matrimonio). España, 1981-1999
1981 1987 1990 (CIS) 1990 1999
Aspecto
(1296) (1698) (2113) (EVS) (2376)
Fidelidad 95 96 96 98 98
Mutuo aprecio y respeto 96 97 97 98 98
Comprensión y tolerancia 95 96 95 97 97
Tener hijos* 95 85 80 95 93
Discutir los problemas - - - - 94
Relación sexual feliz 90 92 90 95 94
Hablar sobre intereses comunes - 89 85 - 90
Pasar juntos todo el tiempo que sea posible - - - - 90
Compartir tareas domésticas 61 65 64 75 78

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1981 1987 1990 (CIS) 1990 1999


Aspecto (Cont.)
(1296) (1698) (2113) (EVS) (2376)
Ingresos adecuados 85 84 90 87 83
Vivir independientemente de la familia política 70 62 70 69 70
Compartir mismas creencias religiosas 66 55 54 58 50
Buenas condiciones de vivienda 79 72 76 87 84
Pertenecer al mismo medio social 69 55 63 61 56
Tener los mismos orígenes étnicos - - - - 40
Acuerdo en cuestiones políticas 50 37 35 34 34
Que la mujer trabaje fuera de casa - - 43 - -
*En los estudios del CIS, el factor que aparece en este apartado es “Tener hijos”, mientras que
en los estudios del EVS aparece enunciado simplemente como “Los hijos”. Entre paréntesis,
número de estudio.
Fuente: Elaboración propia sobre datos de Barómetros de Opinión (CIS) y Encuesta Europea
de Valores. (EVS).

Destacan como cambios a reseñar, en primer lugar, la creciente importancia atribuida


a la ejecución compartida de las tareas domésticas: si en 1981 poco más del 50% de la
población consideraba muy o bastante importante este factor, en 1999 casi cuatro de
cada diez españoles eran de esta opinión; han decrecido, por otro lado, los factores socio-
ideológicos: la importancia atribuida al medio social de procedencia o las creencias religiosas
y políticas, aunque la mayor parte de los consultados afirma que ambos miembros de la
pareja tienen idénticos puntos de vista respecto a los mismos (CIS, 1994). Del mismo
modo, el compartir un mismo origen étnico aparece como un factor al que se atribuye
escasa importancia en 1999 (40%).
Por otro lado, a pesar del elevado familismo de la sociedad española, el grado de tole-
rancia de los españoles ante las parejas que deciden convivir sin estar casadas es elevado y
creciente, y la mayoría aprueba la cohabitación con o sin fines matrimoniales. En el marco
de los cambios en las formas de vida familiar que se han originado en los últimos años,
el aumento del número de parejas que viven juntas sin estar casadas se considera más be-
neficioso que perjudicial. En cualquier caso, incluso los entrevistados que se manifiestan
partidarios del matrimonio civil o canónico consideran que el hecho de vivir en pareja sin
casarse es una decisión personal plenamente aceptable (CIS, 1987, 1992a).
La opinión pública española reconoce que las parejas no casadas deberían tener
los mismos derechos que las casadas. Al analizar la proyección de las actitudes ante la
posibilidad de tener como vecinos a “parejas de hecho”, se observa que esta situación
hipotética no supondría incomodidad entre la mayoría, como tampoco sería un problema
la hipótesis de que un hijo/a conviviera con otra persona sin contraer matrimonio. Esta
tolerancia, aun siendo predominante en todos los casos, disminuye sensiblemente cuando
se trata de la cohabitación entre personas del mismo sexo. Respecto a los derechos de
estas parejas homosexuales, en el terreno abstracto se opina que deberían tener los mis-

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mos que las heterosexuales; sin embargo, cuando se desciende a lo concreto, la mayoría
no se muestra de acuerdo con otorgarles la posibilidad de adoptar hijos, y la muestra se
divide en proporciones muy similares a la hora de expresar su acuerdo o desacuerdo con
el matrimonio entre personas del mismo sexo (CIS, 1997). De hecho, en 1999, el 84% de
los españoles afirmaba que “un niño necesita de un hogar con un padre y una madre para
crecer felizmente (Elzo y Orizo, 2000: 122).
La distancia entre la opinión pública española y los comportamientos respecto a las
nuevas formas de convivencia es importante. Entre los entrevistados casados, tan sólo el
7% convivió con su cónyuge antes de contraer matrimonio; sin embargo, esta proporción
se multiplica entre los más jóvenes y entre quienes tienen estudios superiores (CIS, 1995) y
algo más de la mitad de los consultados tiene algún familiar o amigo que está conviviendo
con otra persona sin estar casado (CIS, 1994).
La cohabitación se muestra, pues, como una realidad establecida en el paisaje social. No
obstante, es sabida la dificultad existente en España para conocer con exactitud la cifra de
parejas cohabitantes. Los padrones municipales de habitantes no tienen todavía resuelta la
dificultad de identificar a los cohabitantes, por lo que la mayor parte de los estudios que se
han realizado sobre la cohabitación han recurrido a técnicas de investigación cualitativas
(CIS, 1987; Cea y Valles, 1994).
Por otra parte, se observa un conflicto de valores al analizar las opiniones sobre al-
gunos cambios familiares. A pesar de la elevada aceptación del divorcio o la separación
matrimonial como solución a determinados conflictos conyugales (CIS, 1997), la mayor
parte de los entrevistados califica como perjudicial el aumento del número de divorcios
que se ha observado en los últimos años (CIS, 1992a). Del mismo modo, a pesar de que la
mayoría se muestra contraria a la idea de que un solo progenitor pueda criar a un hijo tan
bien como el padre y la madre juntos, opinan que la existencia de hijos no debe limitar
la libertad de los padres para tomar la decisión de separarse. Tan sólo se muestran algo
reacias a la separación matrimonial las personas adultas (45 y más años de edad) con escaso
nivel de instrucción (CIS, 1997).

3. Cambios demográficos en el ciclo vital de la familia española


El panorama actual sobre la familia vive una sonora agitación. A los numerosos cam-
bios vividos por esta institución se le ha prestado atención desde diferentes ópticas, como
la dimensión política (Iglesias de Ussel, 1998) o la dimensión relacional del matrimonio,
en relación directa con otros estudios de ámbito europeo (Beck y Beck, 2001; Alberoni,
1992). Debido a estas continuas transformaciones, nunca ha tenido esta institución social
tantas modalidades como en el presente: familia reconstruida, familia recompuesta, mo-
noparental, homoparental, “engendrada artificialmente”, etc. A la vista de lo expuesto,
puede afirmarse que la familia occidental parece sumida en una entropía ingobernable,
que la convierte en víctima y verdugo de una sociedad donde se han perdido referentes
culturales únicos y coercitivos. La sociología no permanece ajena a estas transformacio-
nes. Si antes se decía que el amor era un azar y el matrimonio era una certidumbre, ahora
“se han invertido las tornas y sólo el amor es una certidumbre, al menos como proyecto,
mientras que el matrimonio es una situación cada vez menos definitiva y más reversible.
Es el reino de la incertidumbre” (Alberdi, 1996).

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En España, tras la transición demográfica y la aprobación de la ley del divorcio en el


año 1.981, se experimentó un intenso debate sobre la influencia del cambio social en los
roles del varón y la mujer en el seno de la familia. El cambio social afectó claramente a
la estructura familiar, descendiendo la fecundidad y la nupcialidad. En aquella época, la
caída fue intensa, lo que suscitó una gran agitación académica y social (Conde, 1982). A
grandes rasgos, cabe resumir del modo siguiente los cambios básicos experimentados por
la familia en España a lo largo de los últimos años (Del Campo, 1982):

a) Ha habido un cambio en la duración absoluta del ciclo vital familiar –desde que se
constituye hasta que se extingue– como consecuencia del generalizado alargamiento
de la vida, así como una transformación en la duración de cada una de sus etapas.
Especialmente destaca la transformación que ha experimentado la fase de nido
vacío, que ha aumentado notablemente su duración.
b) Ha cambiado significativamente el calendario de la nupcialidad.
c) Las pautas de reproducción y fecundidad han experimentado, asimismo, variaciones
sustanciales: menor número de hijos, acumulación de los mismos al principio del
matrimonio, conocimiento y uso creciente de anticonceptivos.
d) Las relaciones internas de la familia (marido/mujer, padres/hijos, familia nuclear/
familia extensa) han ido progresivamente equiparándose a las predominantes en
los países industrializados del área occidental.
e) La progresiva integración laboral de la mujer ha tenido toda una serie de conse-
cuencias en la remodelación de la dinámica familiar.
f) Las pautas de conflicto y desintegración familiar han experimentado variaciones
sustanciales, tanto en sentido cuantitativo como, sobre todo, cualitativo. De he-
cho, en una sociedad industrial, secularizada, el conflicto familiar no es que sea
forzosamente más frecuente, sino que su explicitación y reconocimiento están
menos inhibidos, dando paso a su institucionalización (en vez de a su ocultación
y represión). Esto se manifiesta, por un lado, en el creciente número de divorcios,
aunque también, de forma más dramática, en la visibilidad social de la violencia
de género.
El cambio más significativo (y el que más atañe a nuestro objeto de estudio) registrado
por la familia española durante el siglo pasado es sin duda el de las profundas variaciones
aparecidas en la estructura y dinámica del ciclo vital familiar (Tabla Nº 3). Sencillamente,
desde que se crea hasta que desaparece, la unidad familiar atraviesa una serie de etapas de
significado y trascendencia muy distintos.

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Redes Sociales Y Familia En España. Consistencia Y Debilidades

Tabla 3. Indicadores del Ciclo Vital de la Familia española en el siglo XX


INDICADOR 1900 1970-75 1999-2003
1. Diferencia de edad marido-mujer al casarse 1,90 1,90 2,02
2. Edad media de la mujer al casarse 24,60 23,70 28,39
3. Esperanza de vida de la mujer al nacer 35,70 75,10 82,16
4. Esperanza de vida del hombre al nacer 33,80 69,60 75,25
5. Duración del ciclo vital 27,80 45,10 53,77
6. Porcentaje de la duración del ciclo vital sobre la vida media de la mujer 77,90 60,00 65,44
7. Porcentaje de la duración del ciclo vital sobre la vida media del hombre 82,20 64,80 71,02
8.Número medio de hijos 4,71 2,50 1,30
9. Numero de miembros de la familia 3,87 3,84 3,12
10. Etapa de nido sin usar (hasta el primer nacimiento) 1,90 1,40 2,40
11. Duración en años del intervalo fecundo 12,70 7,50 3,90 *
12. Número medio de años entre nacimientos 2,70 3,00 3,90 *
13. Porcentaje de la duración del intervalo fecundo sobre el ciclo vital 45,70 16,60 7,25
14. Nido Vacío - 11,70 13,2
15. Porcentaje de la duración del nido vacío sobre el ciclo vital - 25,90 24,55
16. Duración de la viudez de la mujer 9,40 9,00 9,50
17. Duración de la viudez del hombre 1,60 2,20 2,30
18. Probabilidad de morir primero el hombre (mujer: 1) 1,60 2,70 4,70
* En el caso de aquellas familias que cuentan con al menos dos hijos
(el 27% del total de las familias).
Fuente: Elaboración propia. Para 1900 y 1970-75, (Del Campo, 1980); para datos actuales,
(INE, Movimiento Natural de la Población 2003b, 2004c, 1999d).

Un primer período del ciclo vital (que en la literatura sociológica suele ser designado
como nido sin usar) abarca desde el matrimonio hasta el nacimiento del primer hijo. El
segundo periodo coincide con el intervalo fecundo. La tercera etapa comprende desde el
momento en que se va el primer hijo hasta que lo hace el último; se trata de un periodo
en el que la familia puede ser percibida como “plataforma de colocación”. Viene después
el periodo de nido vacío (cuando el núcleo familiar vuelve a quedar reducido a los dos
cónyuges). Por último, se alcanza la etapa final con la defunción de uno de los cónyuges
y, posteriormente, la del supérstite (Del Campo, 1995).
Pues bien, como consecuencia de los profundos cambios demográficos, culturales
y socioeconómicos acaecidos en España desde comienzos de siglo, se han producido
importantes variaciones en la extensión y dinámica de cada una de estas etapas básicas de
ciclo vital de la familia española. Una de las transformaciones más reseñables estriba en

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la duración media del ciclo vital familiar, que en el 2001 era de 53,77 años frente a 27,8
en el año 1900. Esta radical ampliación de la duración de la familia es resultado no tanto
de cambios en las edades en que se contrae matrimonio sino de los profundos cambios
en la incidencia de la mortalidad y su correlativo impacto en la esperanza de vida de los
individuos. Sencillamente, mientras que dicha esperanza media de vida era en 1900 de
tan sólo 33,8 años para el hombre y de 37,7 para la mujer, en 1975 alcanza los 69,6 y los
75,1 respectivamente. Apenas en unas generaciones se ha duplicado ampliamente (Del
Campo, 1980; INE, 2004).
Como consecuencia de este alargamiento sustancial de la vida, la parte que corresponde
en ella al ciclo familiar decrece y ello pese al importante alargamiento de éste. En el año
1900, la duración del ciclo vital familiar representaba el 82,2 por 100 del total de la vida
del hombre y el 77,9% del total de la vida de la mujer. En el año 2003, supone el 71% y
el 65,4% respectivamente. De aumentar la esperanza de vida, estos porcentajes podrían
igualarse pese al retraso en el inicio del ciclo familiar.
Por otro lado, la etapa de nido sin usar se ha acercado a la del resto de países de nuestro
entorno. Este período se ha ido alargando, entre otras cosas, debido a la voluntad de la
mujer de retrasar la maternidad, supeditándola a la estabilidad laboral. Si en 1900 este
período era de 1,9 años, en 2001 el valor es de 2,4 años.
Otros indicadores que conformaban el ciclo vital, al menos durante tres cuartas partes
del pasado siglo, han perdido relevancia. Un claro ejemplo es lo que se llama el período
fecundo, es decir, el número de años de la etapa fecunda que las mujeres invertían en tener
el número medio de hijos. En la actualidad, con un número medio de hijos por mujer de
1,3 y un 46% de las mujeres entre 15 y 59 años que no tienen ningún hijo (Encuesta de
Fecundidad 1999), este indicador no tiene mucho sentido, si bien puede señalarse que el
período entre el nacimiento del primer y el segundo hijo (en el caso de las mujeres que
han tenido al menos dos hijos, un 26,31% según la encuesta de fecundidad) es de 3,9
años, muy por debajo de los 12,7 años que invertían las mujeres de 1900 para tener sus
4,71 hijos. Es decir, la duración del intervalo fecundo se ha reducido sensiblemente y se
tiene muchos menos hijos, aumentando considerablemente el esparcimiento entre naci-
mientos. Tenemos así que, mientras a principios de siglo la etapa fecunda dentro del ciclo
vital familiar comprendía prácticamente la mitad de la duración de éste (exactamente el
45,7%), en 1999 (año de la encuesta de fecundidad) este periodo es tan sólo del 7,25%. Sin
duda, estamos asistiendo al divorcio definitivo entre el matrimonio (familia) y la función
de procreación.
La llamada etapa de nido vacío resulta difícil de integrar en el ciclo vital. En el caso de
que se tenga sólo un hijo, esta etapa comenzaría a los 59,8 años en el caso de la mujer y
los 62 en el caso del varón. En cambio, si se tienen dos hijos, esta etapa comienza a los
63,7 años en el caso de la mujer y a los 65,9 en el del varón. Este periodo (inexistente a
principios de siglo, cuando la etapa de “nido vacío” coincidía con la desaparición de la
familia) alcanza una duración más que apreciable y que ha ido en aumento. En caso de
que se tenga tan sólo un hijo, desde que éste se marcha hasta el fallecimiento de uno de
los esposos transcurren 13,2 años, lo que supone una novedad total en la mesura de la
familia. Si se tienen dos hijos, cuando éste último se va de casa, a los cónyuges les quedan
10,7 años de nido vacío. Es decir, las nuevas posibilidades que ofrece el envejecimiento son
múltiples. Si en ocasiones esta etapa es vivida bajo la predominancia de un sentimiento de

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Redes Sociales Y Familia En España. Consistencia Y Debilidades

soledad (IMSERSO, 2002; Iglesias de Ussel, 2001 a), no cabe duda de que debe apostarse
por una actitud positiva y una vejez activa a la hora de enfrentarse al abandono del hogar
de los hijos, aprovechando esta etapa de la vida para llevar a cabo proyectos que habían
sido demorados en el tiempo. En el caso de que sea tan sólo uno de los progenitores el
que alcance esta etapa, la opción de establecer una relación afectiva puede ser una perfecta
iniciativa para emprender la última etapa del ciclo vital, con las ventajas que esto puede
comportar para el estado anímico del sujeto mayor.

4. Epilogo
La familia en España ha tenido una serie de transformaciones relativamente rápidas
y de amplio calado, que sin embargo no han alterado en profundidad el familismo de la
sociedad española.
Las limitaciones y carencias que ancestralmente ha presentado el Estado de Bienestar
de España, han dado un protagonismo importante a la institución familiar que ha llevado
a que los lazos de solidaridad familiar hayan tenido que cubrir importantes lagunas no
cubiertas por las administraciones públicas. El envejecimiento de la población y las ne-
cesidades derivadas del cuidado a los adultos mayores, la precariedad del empleo juvenil
y la tardanza en la emancipación de los jóvenes o la escasez de políticas que hasta fechas
recientes –sobre todo hasta la reciente entrada en juego de la Ley de Discapacidad-, son
algunos ejemplos de las referidas carencias. Sin embargo, también deben ser tomados en
consideración una serie de rasgos de carácter cultural que favorecen una cierta fidelidad
familiar, y de otro una serie de cambios y transformaciones de la familia. En cualquier caso
y re3ferido a la atención a los adultos mayores, los estudios sociológicos siguen poniendo
de relieve como el cuidado de los mayores es responsabilidad de la familia. Los últimos
barómetros del CIS (v.gr: 2004), el 86,8 % de los encuestados consideraba que es un deber
“principalmente de los hijos” asistir a sus padres mayores. El mismo porcentaje cree, sin
embargo, que esto no exime al Estado y las administraciones públicas de su obligación de
velar por el bienestar de los mayores.
Unas cierta imagen de crisis en la institución familiar es un hecho relativamente ex-
tendido, en la medida que en la sociedad tradicional, las actividades familiares quedaban
en la privacidad y las imágenes negativas de esta no trascendían el ámbito doméstico, sin
embargo, hoy es cada vez más frecuente la presentación de estadísticas de separaciones
y divorcios, de malos tratos a mujeres, o cómo a través de los medios de comunicación
son frecuentes estas imágenes perversas: abandonos, adulterios, incestos, y por supuesto
violencia de género. A pesar de todo, la familia sigue apareciendo como un referente central
en la vida social de los españoles.
Un fenómeno en el que hay que incidir aún más es el de las diferencias de género en
el ejercicio real de la solidaridad familiar son decisivas. Referido en concreto al cuidado
de los mayores adultos, según los estudios realizados sobre vejez y familia en España, son
las familias las que en un 90 % cuidan al anciano cuando está enfermo (Moreno, 2000:
124-130). A este respecto y de manera muy gráfica, Iglesias de Ussel se refiere a la familia
y en concreto la mujer, como “el verdadero Ministerio de Asuntos Sociales en España”
(Iglesias de Ussel 1998: 260). De manera igualmente gráfica y de forma más contundente,
Luis Moreno se refiere al “rol cambiante de la supermujer” meridional” (Moreno, 2000:
124-130) para poner de relieve el esfuerzo que supone para la mujer la coexistencia del

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Pedro Sánchez Vera • Marcos Bote Díaz

cambio de roles en el ámbito laboral y el mantenimiento de ciertas obligaciones familiares,


sobre todo en lo concerniente a la atención a los mayores. Distintos estudios sociológicos
recientes realizados por el Instituto de la Mujer, por el CIS, o por distintos investigadores,
han puesto de relieve la pervivencia de una desigual distribución de tareas dentro del hogar
(Cruz Cantero, 1995, págs. 53-57). Un estudio de Tabula de 2000 (De Miguel 2000) prestaba
especial importancia a este aspecto, y afirmaba lo siguiente: “Es un hecho que la igualdad
de los sexos respecto a la ejecución de tareas domésticas resulta bastante lejana”.
Con todo, un buen número de estudios sociológicos, han destacado, de una parte, la
tendencia progresiva de los varones a compartir las tareas domésticas, y por otra, la pervi-
vencia de diferencias importantes de género en la distribución de obligaciones sobre dichas
tareas (Cruz Cantero 1995). Aunque, en lo referente al cuidado de mayores, como muy bien
matiza Inés Alberdi, y con respecto al mayor número de varones que de mujeres –según la
encuesta del CIS de 1993- que declaran cuidar de un anciano con la ayuda de alguien más:
“Cabe suponer que aquellos que les ayudan sean, en gran parte, esposas hijas o hermanas,
con lo que se corroboraría que las mujeres son las que llevan en mayor medida la carga
del cuidado de los ancianos. Y esta idea se refuerza porque, por el contrario, aquellos que
dicen no tener ningún tipo de ayuda para atender a los mayores (42% dicen que tienen que
atender a un anciano) son, fundamentalmente, mujeres. Entre estos aumentan las personas
con menor nivel cultural, las que viven en el medio rural, así como las que tienen más de
tres hijos. Es decir, que en el cuidado de los ancianos encontramos en gran medida a las
mujeres, ya que son muy numerosas las que llevan a cabo esa responsabilidad en solitario
y, por otra parte, encontramos un gran número de hombres que comparten el cuidado de
un anciano con alguna mujer que también cuidado de él (Alberdi, 1999:343).

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José Ramón Bueno Abad • David Muñoz Rodríguez

“SUSURROS DEL CUARTO MUNDO:


LAS VOCES DE LA CALLE”
UNA INVESTIGACIÓN CUALITATIVA DESDE EL
ÁMBITO ACADÉMICO DEL TRABAJO SOCIAL

“WHISPERS FROM THE FOURTH WORLD:


STREET VOICES”
A QUALITATIVE RESEARCH OF
ACADEMIC SOCIAL WORK
José Ramón Bueno Abad
David Muñoz Rodríguez
Universitat de Valencia
jose.r.bueno@uv.es

Recibido: 18/1/08; Aceptado: 23/3/08


Resumen
En el marco de la docencia en la Diplomatura de Trabajo Social se realiza una propuesta
a los alumnos y alumnas: acercarse, mediante uno de los instrumentos de la investigación
cualitativa (la entrevista en profundidad), a las situaciones de exclusión y, en concreto, a la
que atraviesan las personas sin hogar. Mediante esta propuesta pedagógica se busca esti-
mular un aprendizaje que permita contextualizar los conocimientos y habilidades, así como
buscar una radiografía de las personas sin hogar en nuestro entorno más próximo. Los
resultados de esta investigación nos acercan igualmente a una situación, la de las personas
sin hogar, que está relacionada con los procesos de exclusión, y que está experimentando
cambios considerables en algunos de sus aspectos. La emergencia de nuevos perfiles nos
lleva a plantear la posible necesidad de la revisión de algunos de los recursos y prestaciones
actualmente existentes, además del cambio de orientación en la articulación de nuevos
recursos y formas de intervención.

Abstract
In Social Work studies a proposal to the students is made: to tackle, by means of some of
the instruments of qualitative investigation, situations of exclusion and, in particular, those
which the homeless undergo. By means of this pedagogical proposal we try to stimulate a
kind of learning that allows the contextualisation of knowledge and abilities. We also aim
to conduct a thorough analysis of the people without a home in our nearest surroundings.
The results of this investigation allow us to approach a situation, the one of the homeless,
that is related to processes of exclusion and that is undergoing considerable changes in
some of  its aspects. The emergency of new profiles leads us to raising the possible need
of the review of some of the resources and services nowadays existing, besides the change
of orientation in the joint of new resources and forms of intervention.

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“Susurros Del Cuarto Mundo: Las Voces De La Calle” Una Investigación Cualitativa

Palabras clave: Exclusión social, Personas sin hogar, Propuesta pedagógica, Investi-
gación cualitativa.
Keywords: Social exclusion, Homeless people, Pedagogical proposal, Qualitative
research.

1. Introducción
En el ámbito de la docencia de la Diplomatura de Trabajo Social y a partir de las
actividades prácticas de la materia de Psicología Social de la Inadaptación, impartida por
el Profesor José Ramón Bueno Abad, se plantea a los alumnos la realización, de forma
voluntaria, de una práctica basada en los procesos de observación y elaboración de una
entrevista cualitativa con una persona que se encuentre en la situación de vivir en la calle.
Los objetivos didácticos de este tipo de actividades tratan de estimular entre los alumnos
de Trabajo Social su sensibilidad y percepción, ya que muchas de estas situaciones pasan
desapercibidas e invisibles. Es preciso que abramos los ojos a esas otras realidades.
Describimos las situaciones de cuarto mundo como las situaciones vividas por perso-
nas en situaciones de marginalidad o exclusión que se dan en las ciudades, y que se hacen
visibles en su espacio público, de nuestro entorno de país desarrollado. La realización de
esta práctica supone el poner en valor la realización de un instrumento de investigación
propio de la actividad de los trabajadores sociales y favorecer una forma de conocimiento
más próxima a las realidades sociales de nuestro contexto. Consideramos que esta propuesta
incide positivamente en la confrontación de una estrategia implicativa, por la cual el estu-
diante se moviliza y reconoce en un proceso de apoyo a la construcción de una identidad
profesional propia: configura así el reto de realizar una actividad académica que le implica
en su evolución hacia un reconocimiento como profesional del Trabajo Social.
La propuesta del trabajo planteado supone el desarrollo de un proceso de observación,
exploración y descripción de un caso real de una persona que viva en la calle. Mediante
el mismo trataremos de conocer a una persona en dicha situación, observaremos el es-
pacio en el que vive y las actividades en que pasa el tiempo, se trata de reconocer cómo
vive la calle y cómo utiliza el espacio (dormir, comer, pedir, etc.) mediante un proceso
de observación durante diferentes momentos y horas del día y en diferentes jornadas.
Posteriormente se propone realizar un acercamiento a la persona sin hogar y tratar de
mantener una entrevista abierta de carácter cualitativo con dicha persona. Promoviendo la
empatía y tratando de recoger y describir sus circunstancias, inquietudes, perspectivas de
futuro… En este sentido, en los trabajos desarrollados sobre este sector de población, se
han mencionado la descripción de estas personas a través de las relaciones estructurales
básicas que mediante la entrevista tratamos de conocer y profundizar.
Finalmente, desde la perspectiva didáctica se ha trabajado en la elaboración de unos
paneles con las principales opiniones manifestadas por la persona sobre la que ha trabajado
cada alumno o alumna, respetando la privacidad de la identidad y los datos personales
de la persona sin hogar, y presentando una selección de las principales opiniones de la
persona entrevistada . Dicha actividad se muestra como exposición para el conjunto de
alumnos de la Diplomatura de Trabajo Social, como forma de vincular los elementos
teóricos con los prácticos y como forma de sensibilización para el conocimiento de esta
problemática social.

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José Ramón Bueno Abad • David Muñoz Rodríguez

1.1. Contextualización didáctica e invocación educativa de esta propuesta


Los momentos de cambios que se plantean en la actualidad para adaptar los planes de
estudios de las titulaciones Universitarias a la convergencia europea, reconocidos en los
acuerdos de Bolonia y en la formulación en créditos ECTS, aconsejan que podamos reali-
zar algunas actividades experimentales en la formulación de dichos créditos, posibilitando
así una el cambio de la concepción pedagógica, lo que implica a su vez una modificación
sustancial del “protagonista” y un replanteamiento del proceso de enseñanza-aprendizaje
basado en el trabajo de quien estudia y en el establecimiento de los objetivos propuestos
mediante la actividad educativa universitaria, diversificando las metodologías didácticas
utilizadas y ampliando los escenarios y lugares en los que puede desarrollarse la actividad
docente.
Mediante este tipo de actividades estimulamos unas actividades de aprendizaje que
permiten contextualizar los conocimientos y las habilidades y que, como indicaba Rogers
(1975), se convierten en significativos para los alumnos, esto es que requieren de la glo-
balidad de la persona, y que quedan concernidos los aspectos cognitivos y emocionales,
significando una transmisión hacia el alumno de que el tipo de actividad le enriquece,
fomentando la creatividad y la confianza en sí mismo.
Con el planteamiento de este tipo de actividades también el profesor queda comprome-
tido a un cambio de compromisos y de roles. Como hemos indicado en algunas ocasiones
(Bueno Abad, 2005), este tipo de propuestas tienen, desde el punto de vista didáctico, unas
claras connotaciones de búsqueda por parte del profesor de una zona de desarrollo para
el estudiante que se acerque a su entorno social, como indica Zabalza (2003) lo que los
profesores universitarios podemos dar a nuestros estudiantes universitarios es un “plus”
de desarrollo formativo que ellos no podrían adquirir por sí solos.

2. Método
2.1. Aproximación conceptual al fenómeno de las personas “sin hogar”.
Extensión de la situación y perfiles
Aproximarse a la situación de las personas “sin hogar” (PSH) y tratar de definir este
concepto implica introducir otro concepto, el de exclusión El concepto de exclusión
social, como uno de los componentes que dota de contenido la definición de PSH tiene
implicaciones de cierta importancia. Bauman relaciona la expansión de la exclusión (cor-
poreizada en la “subclase” o underclass) con una renuncia de la sociedad a “incluir a todos
sus integrantes” (Bauman, 2005: 103). El concepto de exclusión nos remite a una dualidad
expresada como una oposición (dentro-fuera); la diferencia de posiciones en estos dos
opuestos está vinculada a los procesos de dualización y segregación social. La tensión entre
las posiciones excluido-integrado fuerza a interrogarse asimismo por ambos polos y, con
mayor atención, por la relación social de la que son expresión y mediante la cual se nos
muestra una perspectiva de construcción de la realidad (Bueno Abad, 2000).
Coincidimos con lo expuesto por algunos autores en el sentido de que, al definir la
exclusión social, hay que superar la ambigüedad (Pérez et al., 2002). Reconocer la com-
plejidad del fenómeno no debiera ir parejo a un relativismo que, a la postre, confunde
más que explica y favorece un uso excesivo y poco exacto del concepto de exclusión. Una
postura intelectual, el relativismo, que en su justa medida resulta saludable, puede llevar
a una incapacidad para describir los procesos que se enmarcan dentro de aquello que se

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“Susurros Del Cuarto Mundo: Las Voces De La Calle” Una Investigación Cualitativa

pretende explicar, en este caso la exclusión, y además corre el riesgo de instalar el análisis
en una cierta parálisis. Robert Castel, a renglón seguido de la reclamación de la “especi-
ficidad de la exclusión en el conjunto de la cuestión social”, plantea que “si ponemos la
mira en la ‘lucha contra la exclusión’, nos privamos de los medios para intervenir sobre
sus causas” (Castel, 2004: 70).
Por consiguiente, a partir del reconocimiento de la exclusión no como una posición
fija, sino como un conjunto de procesos que configuran las diferentes ubicaciones sociales,
siguiendo a Castel (1995), la concepción de la exclusión la realizamos considerando toda
una serie de situaciones con estatus diferenciados, que comparten la marginalidad respecto
de la imagen ideal que la sociedad (en cada periodo histórico) ofrece de sí misma. Esta
perspectiva nos lleva a reconocer la exclusión social como un proceso social, no como un
estado, en el que se ven implicadas múltiples dimensiones y causas (Bueno Abad, 2005).
Entre los elementos presentes en este proceso señalamos especialmente el papel del Estado.
Las carencias en materia de política social y el movimiento histórico de repliegue de los
estados del bienestar inciden negativamente en los procesos de exclusión social. Aunque
no es el único agente, el Estado puede jugar una papel de primer orden para garantizar
protección social y una adecuada redistribución del producto y los recursos sociales. Así,
por ejemplo, en la relación del individuo con el mercado, se produce una falta de articula-
ción del sistema social a través del Estado, produciendo una ruptura entre el Estado y la
Sociedad de Derecho (Bueno Abad, 2000). La consolidación de una división social entre
individuos, según el diferente acceso a la condición de ciudadanía, reaparece, devuelta por
la lengua del tiempo, en el horizonte próximo. Esta división, además de las consecuencias
inmediatas sobre los propios sujetos, trae consigo la amenaza de devolver al asistencialismo
a los servicios sociales. En el ámbito de la atención a las PSH este riesgo, cuanto menos,
se hace visible en la persistencia de una mayoría de recursos institucionales destinados a
la subsistencia, en detrimento de otro tipo de recursos orientados a la integración y a la
inserción social (Eroski/Consumer, 2005).

2.2. Dificultades en la definición


Desde este marco, emerge la consideración de diferentes factores en la configuración
de los recorridos vitales de las PSH. Factores socioeconómicos relacionados con la pre-
cariedad laboral, con el coste de la vivienda, con la solidez o debilidad de los sistemas
públicos de protección, etc., se entrecruzan con factores relacionados con la disolución
de las redes comunitarias y familiares, así como con toda una serie de sucesos que, desde
una óptica individual, han cristalizado en los sujetos, configurando posiciones y situaciones
relacionadas con la educación formal, la salud mental, etc.
Al definir la situación de las PSH, por tanto, sería conveniente tener presentes tanto
los factores y las dimensiones implicadas, así como la interacción entre unos y otras que
configuran los procesos que llevan a las personas a la situación de exclusión. Partimos
por tanto de una concepción que reconoce la multicausalidad y la multidimensionalidad
del proceso que origina y mantiene la situación de las PSH (Bueno Abad, 2005; Muñoz
et al., 2003).
El contenido de la definición de las PSH no es unánime. Según los autores o las fuentes
consultadas, encontramos diferencias en lo referente a aspectos incluidos en el concepto
“persona sin hogar”. El INE, tomando la definición del grupo de trabajo sobre PSH

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José Ramón Bueno Abad • David Muñoz Rodríguez

de Eurostat, plantea que persona sin hogar “es alguien que no tiene acceso durante el
período de referencia a un alojamiento que cumpla los criterios de habitabilidad humana
comúnmente aceptados, tanto si el alojamiento es legalmente de su propiedad como si es
alquilado, u ocupado de forma gratuita con permiso del propietario, o bajo contrato u otro
acuerdo de naturaleza no temporal (incluyendo los proporcionados por el sector público u
organizaciones no gubernamentales y los proporcionados por empleadores)” (INE, 2004:
8). Esta definición, aunque amplía perspectivas anteriores, incluyendo dentro de las PSH las
situaciones de infravivienda, sigue teniendo el centro de atención en la cuestión residencial,
dejando fuera aspectos importantes que concurren en la situación de las PSH.
Los autores del proyecto “Madrid: Cuartos Mundos”, relacionan éstos (los “Cuartos
Mundos”) con la situación de las PSH. Recogiendo la propuesta de Busaniche, plantean
acotar el Cuarto Mundo como aquel formado por personas o familias con ingresos in-
feriores al 25% de la renta media de referencia (Busaniche, 2002). Entienden que cuatro
ejes atraviesan los “cuartos mundos”: relaciones estructurales básicas (sociales, familiares
y laborales); actividades que son consideradas ilegales o alegales; presencia de otro tipo
de problemas asociados; relación de contraste entre los sujetos del “cuarto mundo” y el
resto de la ciudadanía (Chulilla et al., 2005). La relación de estos ejes con las PSH permite
compensar la importancia de la vivienda en las situaciones incluidas dentro de la catego-
ría de “sin hogar”. Así también, Cabrera incluye en la definición de PSH además de las
personas que carecen de un sitio para vivir, a aquellas que también sufren una pérdida
de lazos familiares y sociales y están en una situación de desarraigo y exclusión social
(Cabrera, 2000).
Los itinerarios que conducen a la situación de “sin hogar” están vinculados, para
la mayoría de los autores, a sucesos estresantes ocurridos en las trayectorias vitales de las
PSH. Factores como el acceso al empleo, disponibilidad de rentas, vivienda, enfermedad
(física, mental, dependencia de sustancias), rupturas familiares, nivel educativo, etc., rela-
cionados con diferentes dimensiones (social, cultural, etc.) y niveles, aparecen recogidos en
los distintos estudios como factores presentes en las historias de las PSH. La importancia
atribuida a cada uno de estos factores varía según los autores.
Pensamos por tanto que la definición de las PSH debería pasar por el reconocimiento
de los diferentes factores que configuran dicha situación, tratando de incorporar más ele-
mentos que el hecho residencial, siendo además necesaria la vinculación de estos factores
con los procesos generales que componen las situaciones de exclusión social.

2.3. Un Perfil Cambiante


El INE estimaba que 21.900 personas eran atendidas en centros específicos destinados
a las PSH (INE, 2005). La cuantificación del número de PSH es uno de los puntos débiles
en los estudios sobre las condiciones de vida en nuestras sociedades. Resulta, cuando menos,
curioso que en las “sociedades de la información” haya una cantidad nada desdeñable de
personas cuya situación se desconoce. Una de las dificultades a la hora de especificar las PSH
que existen actualmente, proviene de la ausencia de una definición unívoca y aceptada por
todos los agentes implicados en la atención y el estudio del fenómeno. Las cifras del INE,
según FEANTSA, serían la “punta del iceberg de la situación de exclusión residencial en
la que se encuentran los grupos más vulnerables de nuestra sociedad” (FEANTSA, 2007:
2). Los autores de un estudio sobre los factores de las PSH en Madrid plantean que, para

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el conjunto del Estado Español, la cifra de PSH oscilaría entre 50.000 y 200.000 (Muñoz
et al., 2003). Éstas parecen ser las magnitudes más aceptadas en la bibliografía que hemos
consultado (véase, por ejemplo, Sánchez Morales, 1999). Por nuestra parte, teniendo en
cuenta el limitado alcance del presente trabajo, aportamos la duda sobre el impacto de
la inmigración (especialmente aquella considerada “irregular”) en la magnitud actual de
las cifras de PSH. Asimismo, el encarecimiento de la vivienda en los últimos años, junto
con la persistente temporalidad en el empleo, son factores que podrían repercutir en la
evolución de la cifra de PSH.
Cuando hablamos de perfiles de las PSH estamos intentando dejar patente que, por
un lado, no se puede hablar de “perfil”, en singular, al abordar un fenómeno que afecta
a tantas personas; por otra parte, si hace unos años se tenía una especie de retrato medio
de las PSH, hoy en día está en proceso de cambio y, probablemente, uno de los rasgos de
este cambio sea la diversificación, aún mayor, de situaciones entre las PSH.
La encuesta realizada por el INE ofrecía, entre otros datos, una imagen que en nues-
tra sociedad es relativamente reciente: casi la mitad de las PSH son extranjeros (INE,
2005). La mayor vulnerabilidad de las personas extranjeras en nuestro país genera una
sobrerrepresentación de este colectivo entre las PSH. Según datos del INE, las personas
extranjeras empadronadas suponen el 9,3% de la población española; sobre la población
inmigrante sin empadronar no hay datos exactos. Esta creciente presencia de las personas
inmigrantes entre las PSH supone un rasgo relativamente novedoso en el perfil de éstas
últimas. Algunos autores anuncian un aumento progresivo del número de inmigrantes
entre las PSH (Muñoz et al., 2003).
El 17,3 de las PSH son mujeres, siendo mayor este porcentaje entre las personas
más jóvenes (entre 18 y 44 años) (INE, 2005). Sánchez Morales (1999) apuntaba ya un
incremento del número de mujeres, especialmente en los segmentos jóvenes y de mediana
edad. El imaginario común atribuye a las PSH una edad elevada y una presencia elevada
de problemas derivados del consumo del alcohol. La edad media de las PSH que ofrece
la encuesta de 2005 del INE es de algo menos de 40 años. En nuestro contexto cultural
suele considerarse que una persona de alrededor de 40 años es relativamente joven. Entre
los resultados de la encuesta del INE también encontramos que un 30% de las PSH son
abstemias. Es considerable también el porcentaje de PSH que tienen hijos, alcanzando a
ser el 46% del total (INE, 2005).

2.4. Experiencia recogida por los alumnos y alumnas de la asignatura psi-


cología de la inadaptación social
Tal como recogíamos en el primer apartado del presente texto, dentro del marco de
la asignatura Psicología de la Inadaptación Social, incluida en los estudios de la Diploma-
tura de Trabajo Social de la Universitat de València, se planteó la realización del ejercicio
práctico titulado “Susurros del Cuarto Mundo: voces de la calle”. El trabajo a desarrollar
consistió en la observación, exploración, descripción y posterior entrevista de una PSH.
Mediante este ejercicio se proponía a los y las estudiantes observar cómo vive una PSH,
conocer las actividades que realiza, la utilización que hace del espacio, de los recursos…
Las sugerencias para el desarrollo de la actividad fueron el realizar una observación durante
unos días y, posteriormente, intentar un acercamiento a cada una de las PSH, manteniendo
una entrevista. Los aspectos sobre los que se ha propuesto la realización de cuestiones a

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plantear en la entrevista cualitativa (para permitir la aproximación a la situación de cada


una de las PSH) han sido:
A) La relación con la sociedad: La relación social que se rompe o modifica sustancialmente es
la relación con el resto de la comunidad, se produce una ruptura severa y condiciona
la cotidianeidad de dichas personas, sin embargo este tipo de situaciones no siempre
suponen un aislamiento total, sino que en ocasiones aparecen relaciones personales
de ayuda, con algunas personas se mantienen ciertas comunicaciones, apoyos, etc.
B) Las relaciones familiares: Hablamos en este caso de la modificación o ruptura de las
relaciones derivadas de vivir en la calle, estas relaciones situadas en el ámbito de la
privacidad pueden representar un elemento de importancia en las situaciones de
exclusión o problematicidad social.
C) Las relaciones laborales: situaciones que nos recuerdan la ruptura con los procesos de
mantenimiento en el mercado laboral y la dedicación a actividades de mendicidad,
aparcacoches, recogida de papel, etc., que suponen la falta de una actividad laboral
cotidiana.
D) La relación con la salud: Situaciones en que la persona ve deteriorada su estado de
salud, así como posibles situaciones de dependencia del consumo de determinadas
sustancias, que afectan a su salud física o mental.
E) La configuración de redes: Relaciones estructurales que se han roto y que pueden suponer
la presencia de nuevas redes de relaciones de personas que comparten situaciones
y que pueden servir de acompañamiento en sus situaciones de falta de seguridad,
etc. También de la presencia de instituciones, organizaciones o entidades sociales
que pretenden cubrir este apartado de creación de apoyo y de programas de ayuda
a los mismos.
F) La invisibilidad: Las personas que viven en esta situación se convierten en invisibles
en la interacción con las situaciones normalizadas. Se trata de hacer visible la cara
humana de la persona que vive esta situación, su carácter de individualidad y su res-
peto por su situación más allá de los estereotipos y los estándares al uso de la vida
normalizada. Relación con la sociedad (comunicaciones, apoyos, etc.); relaciones
familiares; relaciones laborales; relación con la salud; configuración de redes (presen-
cia de nuevas redes de relaciones de personas; también la presencia de instituciones,
organizaciones o entidades sociales que pretenden cubrir este apartado de creación
de apoyo y de programas de ayuda a los mismos); invisibilidad.
A pesar de estas recomendaciones, a los y las estudiantes no se les impuso un criterio
unitario para la recogida de datos, así como tampoco se elaboró un guión común para la
realización de las entrevistas, dejando a cada estudiante libertad para el establecimiento
de criterios y selección de variables en la realización de los ejercicios prácticos. Cada en-
trevista fue recogida en un informe. Los datos y comentarios a continuación expuestos
están extraídos de los diferentes informes.

3. Resultados
3.1. Resultados de las entrevistas según sexo, nacionalidad y edad
Se realizaron un total de 65 entrevistas, la mayoría en la ciudad de València, además
de en algunas poblaciones de la provincia (Torrent, Alberic, Algemesí, Xàtiva…). Entre
los aspectos recogidos que podemos encontrar en la práctica totalidad de las entrevistas

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son el sexo, la edad y si la persona entrevistada es o no extranjera. En los Cuadros 1 y 2 se


recoge la síntesis de estos datos. Para otro tipo de factores (comunidad autónoma de origen,
posibles enfermedades, etc.) no existe unanimidad, debido a la libertad de criterio a la hora
de planificar la aproximación a la situación de PSH en la realización de este ejercicio.

Cuadro 1: Entrevistas. Cantidad y porcentajes por nacionalidad y sexo

Según sexo Personas extranjeras por sexo:


Mujeres: 8 12,3% Mujeres: 2 25%
Hombres: 57 87,7% Hombres: 6 75%

Según procedencia Personas españolas por sexo


Extranjeros: 8 12,3% Mujeres: 6 10,5%
Españoles: 57 87,7% Hombres: 51 89,5%
Fuente: Elaboración propia a partir de las entrevistas de los alumnos/as

El porcentaje de personas entrevistadas que provienen de otros países es del 12,3%.


Este porcentaje contrasta con los que se vienen recogiendo por distintas agencias dedicadas
al estudio o atención de la situación de las PSH. Así, por ejemplo, el INE aporta datos
según los cuales la proporción de personas extranjeras entre las PSH estaría alrededor
del 48,2% (INE, 2005). Este hecho apunta a la posible representación social de las PSH,
asociada todavía a personas españolas y de edad avanzada, que tal vez dificulta la visibilidad
(incluso para quienes se acercan con herramientas conceptuales distintas de las nociones
de sentido común) de este colectivo.
Del total de personas entrevistadas, las mujeres suponen el 12,3%; si hablamos del
total de personas extranjeras entrevistadas, la mujeres representan el 25% [Cuadro 1]. En
esta variable (a pesar de que la muestra no está consensuada previamente sino que se ha
dado libertad a cada estudiante para que escojan las personas sobre las que van a trabajar),
los resultados se acercan a otros estudios elaborados de forma más sistemática. Llama la
atención, por ejemplo, que estas cifras presentan una menor disparidad (en relación a la
anterior variable referida a la nacionalidad de origen de las PSH) respecto de las recogidas
por otras agencias, como el INE (2005), que sitúa la proporción total de mujeres entre
las PSH entorno al 17%.

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Cuadro 2: Entrevistas. Edad media total, por sexo y por nacionalidad;


porcentajes por edades

Porcentajes por grupos de edad


Edades Medias
De 18 a 29 años: 14,3%
Edad media total: 46,4 años
De 30 a 44 años 26,5%
Edad media mujeres: 42,7 años
De 45 a 64 años 53,1%
Edad media hombres: 46,3 años
Más de 64 años 6,1%
Edad media personas
extranjeras: 31,8 años
Edad media personas
españolas: 47,7 años
Fuente: Elaboración propia a partir de las entrevistas de los alumnos/as

La edad media en las entrevistas realizadas es de unos cuarenta y seis años. Por sexos,
la edad media de las mujeres está en unos cuarenta y dos años, registrando los hombres
una edad media de cuarenta y seis años. Las personas extranjeras entrevistadas tienen una
edad media más baja, situándose ésta en unos treinta y un años. Por grupos de edades, el
tramo comprendido entre los cuarenta y cinco y los sesenta y cuatro años agrupa algo más
de la mitad de las personas entrevistadas; los tramos inferiores recogen alrededor del 40%
y, finalmente, las personas mayores de sesenta y cuatro años son apenas un 6% [Cuadro
2]. En la encuesta del INE la mayor proporción de personas se agrupan en el tramo de
treinta a cuarenta y cuatro años, siendo, por otro lado, menos del 3% las personas con
más de sesenta y cuatro años (INE, 2005).

3.2. Principales aspectos recogidos en las entrevistas


Los itinerarios de las PSH entrevistadas presentan algunos elementos comunes. Tal
como señalábamos en la introducción al presente texto, los recorridos vitales de las PSH
aparecen a menudo atravesados por uno o varios sucesos que, siguiendo los relatos de
las propias PSH, parecen desencadenar toda una serie de rupturas. Entre las personas
entrevistadas es alta la frecuencia con la que las propias personas identifican algún suceso
como un elemento causal de su actual situación. Son circunstancias subjetivamente muy
significativas en la vida de las personas que las han vivido. Así por ejemplo, una persona
de 61 años explica que “la muerte de mis padres significo una gran desgracia y a partir
de entonces mi vida cambio por completo”; otra persona, de unos 23 años, identifica
“malas relaciones con su familia, a causa de la existencia de maltratos físicos por parte de
su padre” como la causa que le obliga a salir de casa. Hay también referencias a rupturas
de pareja y a la pérdida del empleo o de la empresa propia como elementos importantes
en sus recorridos vitales.
Retrospectivamente son factores identificados como una especie de hitos que señalan
el inicio de procesos, a menudo rupturas (en el ámbito familiar, laboral, comunitario, etc.),
a partir de las cuales las PSH entrevistadas trazan las líneas que separan una situación an-
terior de “normalidad” relativa, con su actual situación, marcada por la problematicidad.

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“Susurros Del Cuarto Mundo: Las Voces De La Calle” Una Investigación Cualitativa

En este sentido expresa una persona así la secuencia de hechos que “le llevan” a la calle:
“la empresa cerró y me quedé en el paro. Estuve cobrando el paro durante dos años y
cuando se me terminó no encontré trabajo y no pude pagar la hipoteca y después el banco
me embargó el piso y me quedé en la calle”.
Las redes de apoyo suelen aparecer conformadas por contactos esporádicos, la ma-
yoría entre PSH y entidades de apoyo o personas que a título individual ofrecen algún
tipo de ayuda (ropa, comida, dinero…); también emergen relaciones de mayor intensidad
entre personas en situaciones similares y, con menor frecuencia, con algún familiar. Las
situaciones en las que se sigue manteniendo algún contacto familiar únicamente se dan en
personas que no se encuentran alejadas de su lugar de origen o de la localidad de referencia
familiar; por ejemplo, una persona que suele estar en una ciudad mediana, según el informe
de la entrevista, “va algunos días a su pueblo donde todavía vive una prima hermana” y
ésta le proporciona algún recurso (ropa, alimento, alojamiento temporal). Encontramos
ejemplos de creación de redes de apoyo basadas en contactos puntuales con asociaciones
o parroquias; en el caso de las PSH que se mueven frecuentemente por las mismas zonas,
se da algún contacto con propietarios de comercios (bares, tiendas…) y personas (en las
puertas de los supermercados, por ejemplo).
El apoyo entre las propias PSH aparece reflejado en algunos grupos pequeños (general-
mente dos personas) que definen conjuntamente estrategias de búsqueda de recursos; por
ejemplo, nos cuenta el informe de una entrevista, que tres personas se reparten así las tareas:
“cada día uno se quedaba pidiendo por algún parque con los cartones de los tres, mientras
los otros dos intentaban buscar dinero”. En los espacios que permiten la confluencia de
grupos más numerosos de PSH encontramos relaciones de apoyo entre grupos formados
por varias personas. Así por ejemplo, contaba una persona que duerme debajo de uno de
los puentes del antiguo cauce del río Turia como había asumido la relación con el resto de
personas con las que comparte el espacio como una “familia”: “aquí tengo otra familia (…)
todos los que viven aquí, yo los cuido”. Hay también formas de apoyo, en las cuales está
presente una especie de afinidad generacional: una persona extranjera y joven (veintitrés
años) tiene relaciones con varias personas jóvenes que estudian y comparten el alquiler
de un piso, las cuales puntualmente le guardan la bisutería que vende para obtener dinero.
Una situación parecida se recoge en la entrevista a otra persona, esta vez no extranjera y
también joven (diecinueve años), que mantiene relación con varias personas de su misma
edad, que le ofrecen alojamiento en determinadas ocasiones y le posibilitan el acceso a
Internet. Por otro lado, esta es la única persona que nombra esta red telemática como una
de las herramientas que utiliza para conseguir contactos que le permitan acceder a algún
tipo de recurso. Como hemos indicado, es significativa la coincidencia generacional en
estos dos casos que acabamos de citar.
La situación de las PSH entrevistadas en lo referente a la salud aparece sobre todo en
dos dimensiones: por una parte aquellos aspectos referentes al propio estado de salud,
física y mental, percibido por las personas entrevistadas y, por otro lado, a la relación o
uso de los servicios sanitarios (hospitales, ambulatorios, etc.).
La percepción de la propia salud, en muchos casos, se realiza de forma negativa, en
función de la existencia en los recorridos de las PSH de episodios de consumo de sustancias
(alcohol, heroína y cocaína fundamentalmente). El deterioro excesivo del estado de salud de
las personas con problemas por el consumo de estas sustancia (bien porque sigan tomando

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en el momento de la entrevista, bien porque las hayan tomado de forma excesiva en algún
periodo), se interpreta como consecuencia de dicho consumo y no como el resultado de
estar en la calle; hay una percepción de estas sustancias como elemento causal, que deriva
en una situación de “sin-hogar”, por tanto no es la “calle” la que inicia el deterioro de la
salud, si bien puede ser percibida como un factor que agrava las consecuencias del abuso
de sustancias. Así en uno de los informes leemos que la persona entrevistada dice que
“tiene diversos problemas de salud derivados de su consumo de alcohol, de tabaco y por su vida en
la calle (problemas de hígado, muchas toses...)”.
También existen, por otro lado, personas que identifican directamente el hecho de estar en la
calle como el elemento causal de sus problemas de salud. Este tipo de percepción es más frecuente
en personas que no tienen problemas de consumo de sustancias: leemos en uno de los informes,
por ejemplo, que una persona que padece infección de orina “dice que podría ser debido a que
no tiene medios para mantener una higiene adecuada”. Este tipo de interpretación suele
ir ligado a personas con una percepción más crítica de su propia situación, con elementos
de culpabilización menores que en otras personas que relacionan la mala salud con su
situación (presente o pretérita) de consumo de sustancias.
Las referencias a los servicios relacionados con la salud narran situaciones de contactos
puntuales, a menudo relacionados con situaciones de urgente necesidad. Además, hay ele-
mentos que dificultan tanto la relación con los servicios sanitarios, como la posibilidad de
mantener tratamientos médicos. Una de las personas entrevistadas comenta que “cuando
le han recetado algún tratamiento no lo ha seguido. Sólo ha acudido al médico a través del servicio
de urgencias”. En otra de las entrevistas, se plantea la necesidad de encontrar un lugar
donde poder guardar las pertenencias antes de poder ser intervenido quirúrgicamente:
“[dice que tiene un problema en los pies] se lo tienen que operar, pero a él ahora no le
viene bien porque no tiene donde dejar sus cosas”. El no poder acceder de forma regular
a recursos donde poder guardar las cosas o poder conservar en buenas condiciones los
medicamentos (en una nevera para mantenerlos a un temperatura adecuada), se convier-
te para las PSH en un factor limitante en el ejercicio del derecho a la sanidad. Aparecen
asimismo relatos en los cuales no es excesivamente forzado interpretar posibles tratos
discriminatorios; por ejemplo una persona cuenta que “sólo una vez que se mareó en la
calle le llevó la policía al médico, pero que éste le dijo que él estaba bien, que no necesitaba
medicación”; otro ejemplo, éste más elocuente, es el de una chica que, según cuenta el
informe de la entrevista, “cuatro horas después de haber parido, le dieron el parte médico
[alta médica] para que se fuera”.
Las estrategias de búsqueda de recursos de las personas entrevistadas son diversas.
Hay personas que viven de pensiones y ayudas monetarias y no intentan conseguir más
dinero, aunque en estos casos sí que es frecuente, debido a la insuficiencia de los ingre-
sos, el recurso a algún tipo de ayuda externa para obtener alimentos, ropa o alojamiento.
En una de las entrevistas una persona nos explica que su “modo de conseguir dinero es
pidiendo en la calle y aparcando coches. Otras ayudas son las que recibe en el centro de
día”: en esta persona vemos la utilización de diferentes estrategias, algo así como una red
de posibilidades en la cual se activa alguno de los nodos cuando fallan los otros. El hecho
de padecer algún tipo de adicción supone una limitación en el acceso a determinados
recursos, tal como vemos en el caso de una persona cuando explica que “suele dormir
en la calle y puntualmente afirma que lo acogen en un centro, pero no por más de una

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noche (él no cumple las condiciones que se exigen en estas instituciones) y el hecho de ser
toxicómano le cierra muchas puertas”. En el caso de las personas extranjeras entrevistadas
en el ejercicio que comentamos, utilizan estrategias diferentes, como la venta de bisutería,
aparcar coches, buscar entre los contenedores, etc. La utilización de redes de compatriotas
con algún tipo de afinidad familiar se presenta, en el caso de una persona extranjera, como
la estrategia fundamental para la búsqueda de empleos o trabajos esporádicos.
Por lo que respecta a la utilización del espacio hay relativa concentración en el uso
de espacios como jardines, solares y espacios similares, construyendo pequeñas cabañas,
techados o simplemente lechos de cartones y mantas para pernoctar; también hay perso-
nas que utilizan cajeros automáticos, portales y otro tipo de espacios resguardados. Uno
de los puentes del antiguo cauce del río Turia aparece en varias de las entrevistas como
lugar donde pasan la noche y parte del día diferentes personas, algunas con estrategias
de búsqueda de recursos basadas en el trabajo en el campo, como jornaleros, y otras que
durante el día realizan otro tipo de actividades (pedir dinero, aparcar coches, etc.); conflu-
yen en este puente además personas españolas y extranjeras. En la búsqueda de espacios
para cuestiones como la higiene personal hay referencias al uso de fuentes (ubicadas en
la calles, jardines o polideportivos), a lavabos de supermercados o bares y, en algunas
ocasiones, a parroquias o albergues. Algunas de las personas entrevistadas, en el momento
de la entrevista se encontraban en albergues.

4. Discusión
Es preciso recordar la formulación abierta de la propuesta que se hace a los alumnos y
alumnas de la asignatura para la realización del trabajo. Éste está planteado como la suma
de pequeñas investigaciones, las cuales tienen en común un objetivo genérico, objetivo al
que después cada uno de los alumnos da forma y traza sus propias estrategias de aproxi-
mación. Por consiguiente hay que valorar los resultados del presente trabajo en relación a
esta particularidad. No obstante, aunque no se trate de un estudio de carácter compacto
y sistemático, aporta un conjunto de miradas de gran valor para conocer la interpretación
y los relatos que sobre su propia situación realizan las sesenta y cinco PSH entrevistadas.
Por otra parte, los resultados de los informes también nos permiten asomarnos a la re-
presentación que sobre esta situación realizan otros tantos alumnos y alumnas, futuros
profesionales del campo de la intervención social.
En esta aproximación a los resultados de las entrevistas realizadas por los alumnos y
las alumnas encontramos un perfil que, en general, está más cercano a una fotografía de
las PSH que cada vez es menos frecuente. Algunos autores consultados mencionan como
“nuevos perfiles” aquellos que apuntan a un cambio en la figura de las PSH; dicho cambio
tiene, entre otros, rasgos un descenso de la edad de las PSH y una mayor incidencia en
mujeres y personas extranjeras (véase por ejemplo: Sánchez Morales, 1999; Chulilla et al.,
2005). En los datos de las entrevistas que comentamos aquí, sigue apareciendo un perfil
relacionado con personas de mayor edad, hombres y españoles. Pensamos que estos resul-
tados podrían deberse precisamente a la representación social que se tiene de las PSH. Los
perfiles más o menos emergentes entre las PSH, con situaciones más diversas (inmigrantes
con trabajo temporal, personas que no consumen drogas, etc.), dificultan la visibilidad de
buena parte de este colectivo. En una parte considerable de los informes de las entrevistas,
en el trabajo de localización y selección de los casos aparecen reflejadas percepciones que

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asocian la representación de las PSH con situaciones de extrema indigencia, situaciones


que son visibles por estrategias como la mendicidad.
La mayoría de las personas entrevistadas mantienen una relación puntual con los
recursos, públicos o privados, destinados a la ayuda y apoyo de las PSH. En estas rela-
ciones prima el aspecto asistencial, orientado a la subsistencia y centrado en la solución
de coyunturas puntuales. Son minoritarios los recursos generadores de relaciones más
estables, destinados a ofrecer servicios dedicados a, por ejemplo, la potenciación de las
capacidades mediante fórmulas de intervención prolongadas y multidimensionales. Las
personas entrevistadas no perciben los recursos como parte de procesos que puedan aca-
bar por lograr su “salida de la calle”. Antes bien, la percepción es la de que estos recursos
pueden ser utilizados puntualmente para la cobertura de necesidades concretas, a lo sumo
durante un corto período de tiempo. Emerge una consideración, constatada hasta cierto
punto por las observaciones y los catálogos de recursos y prestaciones, del apoyo como
una forma únicamente de atender la urgencia, quedando insuficientemente cubierta la
atención, por decirlo de algún modo, de lo necesario: la atención que debiera dirigirse
hacia las causas más evidentes, algunas relacionadas con factores estructurales (acceso a la
vivienda, empleo, etc.) queda, por el contrario, circunscrita en la mayoría de los recursos a
la atención de las consecuencias de la situación de estar sin hogar. El reconocimiento de
la existencia de factores estructurales implica que la intervención debe movilizar aquellos
agentes con capacidad de intervención en tales elementos. El Estado, con sus diferentes
agencias, se sitúa como uno de los principales agentes de una intervención que rechace
el asistencialismo y busque transformaciones en los diferentes niveles que atraviesan las
situaciones de las PSH.
En la línea de lo que acabamos de comentar en el párrafo anterior, pensamos que no
sólo es necesario el cambio de orientación en la articulación de nuevos recursos y formas
de intervención, sino que además la emergencia de nuevos perfiles (lo que equivale a
decir itinerarios con situaciones diferentes) nos lleva a plantear la posible necesidad de la
revisión de algunos de los recursos y prestaciones actualmente existentes. El aumento de
personas inmigrantes entre las PSH, la mayor presencia de mujeres, la menor proporción
de PSH con problemas por el consumo de drogas (heroína, alcohol…), etc., obliga a un
replanteamiento de las formas y los medios de intervención con este colectivo.
En la búsqueda de líneas que orienten este cambio en los recursos destinados a las
PSH pensamos que pueden ser útiles investigaciones y trabajos como el que estamos
comentando en el presente texto. En las entrevistas recogidas podemos ver los relatos
que las propias PSH realizan de sus itinerarios. La atención a los elementos que aparecen
señalados por los propios sujetos como importantes en el proceso de exclusión (rupturas
familiares, ausencia de empleo y de rentas, desarraigo, ruptura de la relación con la sociedad,
etc.) puede servir para orientar acciones y estrategias de intervención.
En lo que referente a la experiencia didáctica que ha supuesto el ejercicio descrito
en el presente texto, hay varias consideraciones que merecen ser resaltadas. En primer
lugar el hecho de poner en contacto a estudiantes, futuros y futuras profesionales del
ámbito de la intervención social, con situaciones y personas que se encuentran fuera
del aula, tiene varias implicaciones. Desde el punto de vista formativo la experiencia
ha sido valorada de forma positiva por la totalidad de los alumnos y alumnas que han
participado. Esta valoración está, en buena parte de los casos, relacionada con la im-

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portancia que atribuyen los estudiantes al contacto con situaciones reales: este contacto
permite actualizar parte de los contenidos teóricos recibidos en el periodo formativo,
a la vez que es vivido como una forma de adquisición de experiencia en la relación
con personas en situación de exclusión. Esta experiencia implica, como decíamos en el
primer apartado del presente texto, a los aspectos cognitivos y emocionales, por lo que
previsiblemente la incorporación de los contenidos al bagaje de cada alumno o alumna
tiene una mayor repercusión, generando además en cada uno de ellos un afianzamiento
de la autopercepción positiva de sus capacidades para abordar futuros acercamientos a
situaciones de precariedad y exclusión social.
Asimismo, las experiencias de observación y la posterior entrevista han sido útiles
para el desarrollo de las capacidades de exploración y evaluación de la realidad social, las
cuales son necesarias para la emisión de diagnósticos sociales y la realización de los análisis
previos a cualquier intervención. La redacción del informe posterior, con la exigencia de
sistematización de la experiencia, resulta favorable para la adquisición de habilidades en la
recuperación de los aprendizajes adquiridos en la práctica profesional, así como para poder
documentar y comunicar ésta. La sistematización de experiencias es de suma importancia
en la construcción colectiva del saber, así como en la mejora de la disciplina desde la que
se articula la intervención o la aproximación a la realidad social.
La realización de este tipo de ejercicios puede ser un instrumento interesante en la
trasgresión de los límites que impone el aula en los procesos formativos y en la supera-
ción de la dicotomía dentro/fuera referida al ámbito en el que se desarrolla la formación.
Complementando las enseñanzas teóricas con una ampliación de los escenarios formativos
podemos, como ya hemos comentado anteriormente, ayudar a la contextualización de los
conocimientos. El tipo de conocimientos adquiridos mediante esta actividad permite el
contraste y favorece la reflexión crítica sobre los entornos y los dispositivos, ayudando a
consolidar en los estudiantes hábitos de pensamiento autónomo y estrategias propias de
acercamiento y relación con la realidad social.

Referencias
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Christian Van Kerckhove

ÉTICA, DEONTOLOGÍA Y DERECHO. UNA TEN-


TATIVA DE PERFIL CONCEPTUAL DENTRO DEL
TRABAJO SOCIAL

ETHICS, DEONTOLOGY AND LAW. AN EXPLORA-


TORY ATTEMPT AT CONCEPTUAL DELINEATION
WITHIN THE SOCIAL WORK FIELD

Christian Van Kerckhove


Faculty of Social Work and Welfare Studies
at University College Ghent, Belgium
christian.VanKerckhove@hogent.be

Recibido: 25/10/07; Aceptado: 31/1/08


Abstract:
The basis for this paper lay in the fact that there is a fairly sizeable conceptual vagueness
and confusion in the social field about ethics, deontology and law, although scientifically
objective data are still missing. I have tried to show that the core of the problem could be
the disconnection between ethics and deontology. The result is that one has first developed
a general deontology – of which the professional deontology is part – which allows for an
absolute ethics only. A series of legal rules, which supported the education of the individual
to what they need to be, were then linked to this deontology.
In my search for solutions to the conceptual vagueness and confusion, I have tried to
redefine the concepts of ethics, deontology and law from a historical point of view. This
first attempt at renewed conceptual delineation already brought some clarification into the
complex conflict domains. Insight into the history, the nature and structure of problems is
in itself a valuable step towards solutions.
Nevertheless, I think that a structural solution can only be found if we no longer take
deontology – for which we used Bentham’s definition – as the central pillar for the deve-
lopment of our professional acts. Why? Because deontology reduces us too much into
abstract, universal human beings. An appropriate starting-point seems to be the individual’s
characteristic traits, in other words, in a human being’s potential for giving meaning to the
good life. The result is that a universal and abstract humanity (the Enlightment Humanism)
will be replaced by a blooming, rich diversity of particular individuals. The legal rules sill,
as a result, no longer focus on universal similarity, but will have to provide frameworks
within which people can act ethically. This means that the legal rules need to constitute the
possibility grounds for a good life rather than its sufficient conditions.
Is this a dream or a feasible aim? Well, that is another subject of discussion.

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Ética, deontología y derecho. Una tentativa de perfil conceptual dentro del trabajo social

Resumen
La base de este ensayo reside en le hecho de que existe una vaguedad y confusion con-
siderables en el ámbito social en relación con la ética, la deontología y el derecho, aunque
aun falten datos científicamente objetivos. He intentado mostrar que la causa del problema
podría ser la desconexión existente entre deontología y ética. El resultado es que primero he
desarrollado una deontología general—de la que es parte la deontología profesional—que
permite únicamente una ética absoluta. A continuación conecté una serie de reglas legales a
dicha deontología que apoyan la educación de los individuos a lo que éstos necesitan ser.
En mi búsqueda de soluciones a la vaguedad y confusión conceptuales, he intentado
redefinir los conceptos de ética, deontología y derecho desde un punto de vista histórico.
Este primer intento de desarrollar un perfil conceptual renovado arrojó alguna luz sobre
complejos dominios conflictivos. La visión histórica, así como la naturaleza y estructura de
los problemas son en sí mismas un paso valioso hacia una solución.
Sin embargo, pienso que una solución estructural puede encontrarse solo si no tomamos la
deontología—para lo cual he usado la definición de Bentham—como el pilar central del desa-
rrollo de nuestros actos profesionales puesto que la deontología nos reduce demasiado a seres
humanos abstractos y universales. Un punto de partida apropiado parece ser las características
típicamente humanas, es decir, el potencial de los seres humanos para dar sentido a una buena
vida. El resultado es que una humanidad universal y abstracta (el Humanismo Ilustrado) será re-
emplazada por el florecimiento de una rica diversidad de individuos particulares. Como resultado,
las reglas legales no se centran en la similitud universal, sino que tendrán que proporcionar marcos
dentro de los que la gente pueda actuar éticamente. Esto significa que las reglas legales necesitan
constituir las bases posibles de una buena vida en vez de sus condiciones suficientes.
Si es esto un sueño o un propósito alcanzable será sin embargo, otro tema de discusión.

Palabras clave: Deontología, Ética, Derecho, Trabajo social.


Keywords: Deontology, Ethics, Law, Social work.

1. A few facts
1.1. Quantitative findings
At the workshop ‘The social worker between hammer and anvil’1, the following ques-
tions were asked: What do I need to do? What am I allowed to do? What can I do? What
do I want to do? To receive an answer to those questions, each participant was requested
to describe a typical case and to classify it into one of the following categories: ethics (E),
law (L), deontology (D), ethics and law (E-L), ethics and deontology (E–D), law and de-
ontology (L-D) and ethics, law and deontology (E-L-D). In total, 26 cases were collected.
The result can be seen in the histogram below

E
D
R
E-L
answers/cases in %
E-D
L-D
E-L-D
0% 10% 20% 30% 40%

This workshop was organised by the Faculty of Social Work and Welfare Studies at University College
1

Ghent and was supported by the Ministry of the Flemish Community.

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Christian Van Kerckhove

How can we read these findings? Given the high percentage of the category E-L-D, we
can say that the social work field faces problems that are regarded as particularly complex.
Conversely, the purely deontological problems are almost non-existent (only 2%). Cases
combining deontology and ethics again constitute an especially large group (23%).
We can look at the findings from a different perspective. If we count all percentages
together of categories related to ethics (E, E-L, E-D, E-L-D), the total is 78%. The sum
total for all cases related to deontology (D, E-D, L-D, E-L-D) is 76%, while it is 67% for
all cases in which law plays a role (L, E-L, L-D, E-L-D). We can conclude from this that
the problems are not only complex, but that there is a certain vagueness in the delinea-
tion of the field categories (E, L, D and their mutual relations). This vagueness could be
related to the vague definitions of the concepts of ethics, deontology and law used by
the workshop participants.

1.2. Definitions
The workshop organisers had agreed not to start from clear definitions for the concepts
of ethics, deontology and law. Each participant was asked to make their own definition.
Let me restrict myself to a couple of striking examples.

1.2.1. Ethics
a. Examples
“Related to the values and norms which we use at work.”
“Related to what is generally known in the community as right and wrong, as what
can be done and what cannot.”
“What the community thinks is right or wrong. Responsible actions along the com-
munity values norms and values.”
“That which norms and values allow us or do not allow us to do.”
“Have an eye for the values that you yourself and the client find important.”
“Act for the general benefit of the community.”

b. What do these examples teach us?


The striking element is that ethics is always placed within a social context. Ethics, as
it is described in the examples above, is social or political ethics. One’s own deeds are
measured against what other people (in essence the community) determine is right or
wrong or regard as values and norms. This means that ethics is always seen as something
heteronomous (what is it that the other person wants?) rather than autonomous (what
is it that I want?). In autonomous ethics, the individual will determine independently
what is right or wrong and which norms and values they want to operate with.
The heteronomous view of ethics, i.e. the prescription by the other person of what
good or bad deeds are, could possibly explain why many social work field problems
are unjustly regarded as ethical problems. Indeed, the social work field is focused on
the actions of other people.

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Ética, deontología y derecho. Una tentativa de perfil conceptual dentro del trabajo social

1.2.2. Deontology
a. Examples
“that which was taught during professional training.”
“knowledge of duties related to the profession.”
“rules one needs to take into account while at work.”
“agreements about what is permissible or not in relation to the task one has.”

b. What do these examples teach us?


Deontology is related to the rules that were enforced upon us by other people and
that taught us how to act at work.

1.2.3. Law
a. Examples
“objective rules that aim at order in society.”
“the community rules, values and norms that protect people and society.”
“everything included in rule of law.”
“the collection of legal rules that were created to let society run smoothly.”
“legal stipulations to invoke one’s rights (based on ethics).”

b. What do these examples teach us?


Just as was the case with deontology, it is clear that law is related to rules. These rules are
now valid for society as a whole. The purpose of law is good organization of society.
It is remarkable that those rules (values and norms) are also seen as ethical.

1.3. Problem
Perhaps with the exception of the concept of deontology, we see that the definitions
of law and ethics are almost dialectically woven into one another. This could be an expla-
nation for the findings that the delineation between the fields is not very sharp. It seems,
therefore, necessary to look for new and sharply delineated definitions for the concepts
of ethics, deontology and law within the field of social work. The new definitions will
contribute to clearer problem definitions and inventorization, which in its turn may lead
to structural solutions.
Problems never appear out of the blue. This means that we also need to inquire into
the causes of the large degree of vagueness in the definitions. The fact that the concepts
of ethics, deontology and law within the social work field are not clear may be rooted in
history and/or ideology/philosophy? This article wants to suggest an answer.

2. A classical approach to ethics


Before I look for possible answers to the questions above, I would like to sketch a
more classical approach to ethics. This approach will function as a pillar for the search
for answers.

2.1. World structure


For the concept of ethics, I will depart from the following world structure. We can
divide the world into three types of relations:

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a. human being
b. human being <-> human being
c. human being → nature

Relation c is the field of investigation of economics, in which human dependence of


non-human nature is central. We, human beings, need nature (resources) to live.
Relation b is the field of investigation of sociology, politics and, closely related to it, law.
People need one another to live. The question is which is the best way to live together.
Relation a is the field par excellence of ethics. In this respect, ethics inquires into
a human being behaving towards itself. On this view of ethics, self-care is central (au-
tonomy).
This world structure view allows me to give a place to the three concepts that were at
the basis for the categorization of social work cases: law, deontology and ethics. Let me
now make a first attempt at giving meaning to the concepts.

2.2. Ethics, law and deontology

a. Ethics: the development of a self-relation that focuses on the question: how can
I lead a good life;

b. Law: rules that structure my social relations to other individuals and that
envisage a way of living together well;

c. Deontology: rules that aim at a way of working together well with someone else
(e.g. a client).
The concept of deontology originated with the philosopher Bentham.
He used it to introduce an important nuance, i.e. the distinction be-
tween people as they are (ontology) and people as they need to be
(deontology). A deontological framework will shape individuals into
what they need to be.

2.3. Not all our deeds are ethical


From the world structure and the definition of the concept of ethics, it already appears
that not all our deeds are ethical deeds. Within ethics or morals, too, (I use the two terms
for the same concept), it is noted that not all our deeds are moral:
Moral: is related to right and wrong deeds with respect to our quest for a
good life
Immoral: all deeds that are inconsistent with moral deeds
Amoral: all deeds except for moral deeds

It is self-evident that we will now pay attention neither to the immoral deeds, nor the
amoral ones, but that we will concentrate on the moral or ethical ones.

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Ética, deontología y derecho. Una tentativa de perfil conceptual dentro del trabajo social

2.4 What are ethical deeds?


2.4.1. Essential conditions

a. Freedom
We can take our lives into our own hands, at least partially. This may vary between the
most banal decision, like what shall I eat tonight?, and really fundamental questions, like
do I want children or not?
Of course, we, people, are not free in the absolute sense of the word (the notion of
absoluteness does, indeed, not belong to earth), but we always have the freedom to make a
choice. We are never forced into one single reaction. Note that this does not mean that we
are free to choose what is happening to us or what will be happening to us. We have not
been able to decide to be born, for instance. This is not what freedom means. In addition,
we are not free to determine what will happen to us. But we are free to react to what is
happening to us on our own discretion. For instance, we are completely free to carry out
a task. This freedom implies, however, that we are fully responsible for our decision. And
this is the difficulty. This is the reason why people so much want to say that they are not
given a free choice. Because those who do not have a free choice, are not responsible for
the consequences of any choices made.
This does not mean that what we prefer to do will also actually take place. In this re-
spect, too, there is a gap between dream and reality. I am free, for instance, while relaxing
in my armchair, to decide to learn how to deep-sea diving. But does this also mean that
I will do some deep-sea diving? Everything depends on my sense of reality: do I really
want it or is this just an impulse?
Thus, we, people are free to (partially) give sense to our lives in the way that we choose.
This implies the possibility of making mistakes. We need to be careful at all times. So we
need to make sure that we do not ruin our lives. Paying attention to this carefulness is also
part of the starting-point of ethics.

b. Sensitivity
An essential element of ethics is the presence of a certain degree of sensitivity. A hu-
man being must have the sensitivity to distinguish right from wrong. Without this sensitivity,
ethics is not possible. Given this sensitivity, each individual can judge one’s own or other
people’s actions and behaviour in terms of good or bad. A minimal but overriding proof
is the potential of a human being, wherever they may live in the world, for indignation.

c. Reflection
Ethics presupposes the skill of reflection, of thinking about what can be good or bad.
Ethics is, in the first place, a theoretical matter.
But do not let yourself be fooled. The fact that ethics is a theoretical matter, does not
imply that all ethicists will give the same response to the question of what is right and
what is wrong. This may be explained by the fact that, though a theoretical matter, ethics
still is particularly subjective.
Yet, the ethical question cannot remain stuck in subjectivity. Ethics needs to be free
from each type of prejudice in order to arrive at a general rational consensus. Conversely,
rationality is not a sufficient condition of ethical behaviour. The origin of ethics is rational

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Christian Van Kerckhove

and emotional openness for everything that stimulates a human being to lead a good life
every single day. It is one of the most important tasks of a social worker or remedial
educationalist to enable this openness.

2.4.2. Motivations
These few basic conditions of ethics, however, do not yield an answer to the question
why we should behave ethically. This is the issue of motivation. What is a motivation?
A motivation or motive is the reason one has - or one thinks one has – to do something
or not to do something. The motivation is, in other words, the most acceptable explana-
tion for your behaviour after having thought about it. A motivation is, therefore, the best
answer that you can give to the simple question: why do I do this? Why don’t I do that?
If we leave the purely functional motivation aside, we can distinguish between the
following types of motivation.

a. External motivations
An external motivation lies beyond ourselves. We decide to do (or not to do) some-
thing under pressure of the outside world (the boss, family, society, God, etc.). Let me
give two clarifying examples:
• Orders:
I do something because I am asked to. A negative definition of an order stresses the
power and effect of an order due to the fear for punishment when I disobey. More
positively, orders are powerful because I trust or feel affection for the person who
gives me the order. The affection is related to the fact that the order will protect me
or help me to progress. A kind of order for my own benefit.
• Customs:
This type of external motivation follows from the fact that you got used to doing
something. You do it without really thinking about it, simply because everyone in
your environment behaves in the same way.
Customs are, therefore, the consequences of the comfort that is obtained from a
certain routine and also from the concern not to thwart other people.

b. Internal motivations
The reason for our actions are within us. They just arise without anyone enforcing
them and without the idea that you are copying someone else. Whims are perfect examples
of this type of motivation.
At first sight, each whim seems to lack any motivation. We just do something, perhaps
because we like to do it, purely for fun. In this respect, a whim provides the greatest feeling
of freedom, because it is purely personal and does not depend on anyone else except you.
A whim can, however, also be the result of unconscious imitation of someone. A whim
can also be the consequence of a negative reaction or refusal of an order: you wanted to
thwart and the order is a good occasion.

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Ética, deontología y derecho. Una tentativa de perfil conceptual dentro del trabajo social

2.4.3. ‘Have to’ versus’ must’


An external motivation like an order tells us how we have to act. If an external moti-
vation is at the basis of our ethical deed, then we define ethics as rules that are enforced
from outside and that tell us how we have to act.
Given the fact that the motivation for our deed comes from outside, we can speak of
hetoronomous ethics. Historically, this type of ethics was generally a type of absolute eth-
ics, in which the contrast between right and wrong was central. The best-known example
is religious ethics. God determines what is right and wrong (dogmas) and shows us how
we have to act. It is self-evident that our freedom to act is restricted to a large degree.
When our ethical deeds are directed by an internal motivation, we act within an autono-
mous ethics. I decide myself how to act ethically. When this form of autonomous ethics
takes into account not only the structure of our actions, but also the situation in which
we find ourselves, we can speak of a relative ethics in which the opposition right-wrong
is central. Let me go into detail.

2.4.4. ‘Good and bad’ versus ‘right and wrong’


As rational thinkers, we can all make a choice between, for example, matters that we
want to do and those that we do not want to do, between things that we like and those
that we don’t like, between things that we want to learn and those that we do not want
to learn. We are completely free. But in order to avoid making a frivolous choice, we had
rather inform ourselves beforehand. To be able to make a really rational choice we need
sufficient information. Without this needed knowledge, we do not really make a choice,
but we act upon prejudice or we dive into an adventure. Without the necessary knowledge,
we do not behave as rational beings, but as ‘chickens without heads’.
However, we cannot know everything. But, at the same time, and also fortunately,
this is not a problem that we cannot overcome. We can live our lives without knowing
astrophysics, furniture making or the rules of the art of football. Yet, there are things that
we need to know, simply because our lives depend on it. Jump from the sixth floor of a
building, eat nails and drink sulphuric acid are all dangerous activities. You can arrive at
work late every time, but you do not need to be surprised that you will be fired.
Which conclusion do we need to draw from this? Well, some things and decisions or
choices are good for us and others are not. This implies that we can make and must make
a distinction between what is good for us and what is bad. But does this mean that we
what is good and what is bad? Of course not, Worse, in one particular situation, a choice
and its related deed can be good, while the same choice and deed can be wrong in another
situation. The result is that what is good in one situation, is bad in another situation, and
vice versa. Consequently, good and bad are relative concepts. But this does not mean that
they are relativistic concepts. If they were, we would be discharged of any responsibility.
In this respect, a relativistic ethics corresponds to an absolute ethics. Within an absolute
ethics, we act within the boundaries of right and wrong that others have set for us. Both
concepts direct our behaviour in an almost dogmatic way. It is dogmatic because we cannot
ourselves determine what it is that we find right or wrong. What is right and what is wrong
is enforced on us from outside in a way that we cannot dispute. And just because of this
heteronomy in an absolute ethics, we are not responsible for our own deeds. A relative
ethics, however, places all responsibility within the individual, because this type of ethics

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Christian Van Kerckhove

is of the autonomous kind. We ourselves decide how to act in a certain situation. This
responsibility is not to be found in an absolute ethics, because someone has decided for
me how I need to act (rightly or wrongly). This absolute ethics is an easy ethics, because
I bear no responsibility for my ethical deeds - indeed, I do not have the full freedom to
direct my actions; instead, it is someone else who directs me.

3. How do ethics and deontology relate to one another?


On the basis of the general, classical approach to ethics, the question can be formulated
about the relationship between ethics and deontology. It seems useful to remind ourselves
of Bentham’s view, the intellectual father of modern prisons2. Within the deontological
framework, a human being is shaped from what they are (ontology) to what they need
to be. In deontology, my autonomy (how I determine myself what I am and how I act)
is reshaped into a heteronomy (how somebody else tells me what I need to be and how
I need to act).
The origin of this reversal of autonomy into heteronomy or of ethics into deontology
can be situated in the transition from Ancient Greece to our western monotheistic society.
The core of the problem is a conflict between knowledge of oneself and care of oneself.
This conflict constituted the point of discussion in the excellent Platonic dialogue ‘Alcibi-
ades I’3 and the core of the Delphi principles. The Delphi principle is the gnoti seauton,
the task to learn oneself. Without realizing we have created an image that is one-sided and
distorted because of our philosophical tradition. Besides the prophesying ‘know yourself ’,
there is also the prescription epimeleîa heautou, take care of yourself.
Let me first show how our modern scientific era has filled in the task of knowing
oneself. Only on that basis will I briefly sketch the transition of ethics into deontology.
For this, I will return to Ancient Greece.

3.1. Deontology of the problem: “Know yourself”


3.1.1. General
Sketching the image of modern human nature aimed at determining the behaviour of
individuals and at subjecting them to particular targets. In short, a human being becomes
an objectively describable and scientifically explicable and predictable individual.
With the aid of an archaeology of human sciences, cf. the literal subtitle ‘The words
and the things’4, Foucault5 indicates at which moment our western culture turns ontology
into deontology. Foucault focuses basically on three knowledge domains that develop
between 1650 and 1800:

1. general grammar
2. analysis of riches
3. natural history.

2
These modern prisons à la Bentham have had the aim to re-educate, which is to shape the prisoner into
what needs to be a model citizen. It is clear that here, too, deontology plays a role. The prison aims at turning
who you are (ontology) into what you need to be (deontology).
3
Not for nothing is the complete title “Alcibiades I or about human nature”.
4
The published translation is ‘The Order of Things’.
5
What follows is derived from Michel Foucault’s work.

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Ética, deontología y derecho. Una tentativa de perfil conceptual dentro del trabajo social

From 1800, these domains develop further into:

1. philology
2. political economics
3. biology.

In each of these domains, there is an individual that has been objectified and is com-
pletely describable, which is a human being who is given rules about:

1. how to talk
2. how to work
3. how to behave.

The result is a transition from ontology into deontology: from what a human being is
into how a human being needs to talk, work and behave. The clearest example of the turn
is the moment when we face new language rules. From one day to the next, we become
people who can no longer write correctly. If we do not want to be excluded from society,
we need to accept these rules as absolute truths without protest. A similar problem or
alienation is what left-handed people experience – formerly more than now. Their left-
handedness was classified as deviating behaviour and all attempts were made at procuring
the one and only just and normal behaviour. We all know the statement that adults use
with children: “Offer your right hand”. This form of socialisation is nothing more than
deontological behavioural standardization.
This behavioural encoding can be defined in a different way. The deontology kneads
the subject into an object, into something that no longer has its own will. Deontology, as
defined by Bentham as shaping the individual into something it needs to be, is no more
than objectification. Foucault distinguishes three uses:
1. the first has already been mentioned before: scientific use, for instance, the objec-
tification of the speaking subject in general grammar, philology and linguistics; or: the
objectification of the productive subject, the working subject in economic analyses; or
still: the objectification of the simple fact that we are living beings in biology;
2. the second use studies the objectification of the subject and the classification prac-
tices: foolish and rational people, sick and healthy people, criminal and honest people;
3. the third use investigates the manner in which individuals objectify themselves into
subjects: in sexuality, for instance – how one has learned to recognize oneself as a sexual
object.

3.1.2. In the margin


In the margin of the transition from ontology to deontology, it seems useful to look
at the core principles of supervision in professional education. Two central themes
emerge:

• Person-oriented: to shape personalities and raise them for discussion


• Task-oriented: to aim at understanding of problem solving and to offer techniques.

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [231-245], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Christian Van Kerckhove

It seems to me that we can rightly ask ourselves the question whether our supervision
approaches, too, are not examples of this transition from ontology into deontology. In
other words, is supervision practice-oriented deontology?
Is it not the case that objectification of the concept of social worker or remedial edu-
cationalist shapes each future worker or educationalist from what they are at the moment
that they start their training via person-oriented and task-oriented supervision into what
they need to be as social workers or remedial educationalists.

3.2. How ethics or self - care degenerates into deontology or ‘ self -


knowledge’
We have claimed above that one of the basic conditions of ethics is freedom. Without
freedom there cannot be any ethics. At the same time, such a freedom implies the need
that we make something of our lives ourselves6. For this reason, I have defined ethics
above as a self-practice or self-realisation focusing on the question: how can I lead a
good life? In this respect, ethics is a technique of the self. This trade implies that we need
to determine ourselves what is a good life and that we ourselves are responsible for the
realisation of this good life. If we do not let ourselves be guided by what we want our-
selves, but by what somebody else enforces as the good life, we do not act within ethics
but within deontology.
Let me explain this. In “On the Genealogy of Ethics”, Foucault gives a sketch of the
various elements at play:
1. which part of myself or my behaviour is relevant for moral deeds? It constitutes
the ethical substance and could be about longings, intentions or emotions;
2. in which way are people invited or stimulated to recognize their moral obligations?
It is related to the manner of subjectification;
3. the third viewpoint is constituted by self-practice or asceticism (in a very wide
sense);
4. the teleological viewpoint: what kind of existence do we aim at with our ethical
behaviour?
Ethics as care of oneself is an art of existence that cannot be automatically equalled
to narcicism. Self-glorification is a self-relation that is much more oriented towards other
people than a direct confrontation with oneself7.
In self-care, the ethical substance is the starting-point for the development of a good
life. This means that I myself determine which of my actions come into consideration for
ethical judgement. The ancient Greeks like Aristotle put ethical substance, in particular the
virtues (Aristotle), at the basis of ethics. The Stoics introduce a change in the manner of
subjectification. As universal and rational beings, they step away from ‘the art of a good
life’, i.e. to live in accordance with the virtues, to the idea that as members of human so-
ciety, we need to behave ourselves in a particular way. This is the first time that we see the
transition to deontology. Indeed, the Stoic life-economy does not start from the self but
from the other. The consequence is the emergence of calculations from which rules arise
that determine how to define oneself with respect to oneself. With this change of focus,
self-care as the basis for ethical behaviour becomes all the more problematic.
6
See J.P. Sartre, On existentialism., Methuen Publishing Ltd, 1974
7
Think of the way in which Freud defines the notions of primary and secondary narcicism.

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Ética, deontología y derecho. Una tentativa de perfil conceptual dentro del trabajo social

Within western monotheism, self-care is completely changed into care of the other.
We look at ourselves from the perspective of the other, which means that we will wonder
which view the other has about us more and more. ‘Knowledge of oneself ’ supplants
‘care of oneself ’. Self-practice is replaced by knowledge practice. The technique of the
self is changed into the technique of self-revelation (is what I do that the other requires
me to do good enough?). Ethics is changed into a deontology definitively. A change that
was founded by modern science in modern times.

3.3. Implications for the social work field


What does our view of ethics, deontology and their mutual relations teach us? First, it
is clear that the above definitions of ethics and deontology are not the most common ones
today. Especially with regard to deontology. What we have denoted as deontology is usually
referred to as ethics today. In other words: ethics is no longer regarded as self-practice,
but as a system of rules that tell me how to behave with respect to other people within a
framework of right and wrong rather than within the possibilities of good and bad. The
definitions of the concept of ethics as enumerated above (paragraph 1.2. definitions, a.
ethics) show this. It is the first explanation for the fact why the borderline between the
three concepts is so vague.
However, there is another problem. The definitions of deontology quoted as examples
from the cases, in their turn do not correspond to what I have denoted as deontology
above. A new problem arises: how can we distinguish the concepts of ethics, deontology
and law from one another and what is their mutual relation?

4. How do ethics, deontology and law relate to one another?


Let me return to Foucault and remind ourselves of the following elements:

1. ethic substance
2. manner of subjectification
3. self-practice or asceticism
4. teleology.

Ethics is present when I start from the ethical substance that I have determined myself.
This means that I myself fill in what my ethical behaviour is. I myself can determine what
is good or bad for me, and how I need to behave accordingly. If, conversely, one starts
from the manner of subjectification for self-practice, we no longer talk about ethics but
about deontology. In this framework, we placed the definition of deontology given by
Bentham. Within deontology people are shaped into what they need to be. This approach
needs to be developed further.
Shaping people into what they need to be, is what we call education. You could refine
this definition and say that education is the guidance of young people on their way to
adulthood. This does not solve the problem, because what is being an adult? Since young
people do not determine themselves what adulthood is, they are subjected to it via the
manner of subjectification. So they learn what it is to be an adult and how to behave
like one, by trial and error sometimes. In other words, one has learnt to behave within a
straitjacket of sets of rules. In society, the set of rules is mainly the domain of law. This

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Christian Van Kerckhove

almost automatically clarifies the link between deontology and law. In this respect, law is
no more than a set of rules that needs to allow us to behave as we have been taught in
the way that the deontology teaches us to behave.
Of course, this education is not purely an abstract matter. We have always been brought
up to adults in actual situations. In those situations we learn how to behave. Let me take
a couple of examples. The first example is about family relations, in which we learn how
to behave as a child, a sister, a brother, a mother and a father. We could speak here of a
family deontology. The rules can be defined as family legal rules. In social relations, the
second example, we learn how to act as social beings. The rules used here are political
legal rules, which need to prevent or solve social inter-subjective conflicts. The (coming
into) existence of conflicts does imply that the manner of subjectification, or socializa-
tion, if you want, has failed or that the legal rules have failed to settle matters. Our social
prestige is determined by our professional activity to a large extent, which leads us to the
third example. During our training, we are shaped into professional people, for instance,
social workers or remedial educationalists. As professional people, we have learnt to use
a number of rules that enable us to follow our professions as we are taught that we need
to follow. These rules could be called the professional legal rules.
Summarizing, we may claim that we have given a preliminary delineation of the concepts
of ethics, deontology and law. Ethics determines my self-relation, i.e. it determines how I
want to give meaning and direction to my life with the aim to be able to lead a good life. De-
ontology determines how someone else enforces what I need to be, how I need to interpret
my identity, inclusive of my professional identity. This enforcement arises by education, for
instance, training or socialization. Finally, law regulates social inter-subjective traffic. The legal
rules can be found at diverse levels but they are related to deontology in the first place, this
means, what I need to be, what is expected of me as a father, citizen or educationalist.

5. Which conflicts may arise?


Given the three conditions for ethical behaviour, it is self-evident that various con-
flicts may arise. Without going into detail, we can state that wherever my freedom is
restricted, my potential for ethical behaviour will be restricted likewise. Of course, this is
a problem between ethics and deontology, between ethics and law, but also between law
and deontology.
Let me look at each of these fields of conflict more closely. I will run through them
in arbitrary order and will present an example briefly.

5.1. The conflict between ethics and law


Mostly, this field includes a conflict between what we want or do not want (ethics) and
what we are allowed to do or not (law). In the context of the work field, this means that
we may experience, for instance, an injustice, but that we do not get or have the possibility
to counter this injustice. An injustice may be a situation in which a person does not have
or get the possibility to be what they want to be. The conflict has an ethical basis because
the possibility of building a good life is restricted or liable to be pushed aside. The solu-
tion to these conflicts lies mainly at the level of law. The legal rules need to create minimal
conditions so people can be themselves. But if law wants to provide these conditions, it
may clash with deontology, with what I need to be.

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Ética, deontología y derecho. Una tentativa de perfil conceptual dentro del trabajo social

5.2. The conflict between law and deontology


The conflict between law and deontology is a field of tension between what is permis-
sible (law) and what is expected of us (deontology). These tensions are felt most sharply
in our professional situation, especially when there is a so-called deontological code. It is
possible that those behavioural rules prescribe a behaviour that might clash with what is
defined as (im)permissible by law. Of course, we do not like such a conflict, but this does
not mean that there is an ethical problem. Indeed, the conflict is not about what we want
as individuals, but about how we are not able to behave in our professions in the way we
are expected to because of external circumstances. The problem is that we act within a
general framework of law that does not always take into account the specific professional
deontology or vice versa. In addition, there is the problem that the frame of law is adapted
to social changes less quickly, while our professional activities make us face the changing
social conditions, so we are obliged to anticipate.

5.3. The conflict between ethics and deontology


A discrepancy may arise between what we want (ethics) and what is expected of us
(deontology).
In places where I am taught who I am (in their eyes) and who I need to be as a con-
sequence, I cannot act on the grounds of my own (internal) motivations. This implies
that I cannot be responsible for my own deeds from an ethical point of view. From a
deontological point of view, however, I am responsible because my ethical freedom, of
course, enabled me to be responsible for he fact that I let myself be shaped into what
was wanted of me. This freedom does lie at the basis of deontology, because if I am not
free, I cannot possibly be changed from what I am into what I need to be. Yet, the core
of the problem is not here.
Ethics and deontology come into conflict, when I experience that the deeds that are
expected of me do not lead to the realisation of the ethical aim, to know the good life.
The conflict with this aim can be situated at two levels. First, I can judge that what I need
to do is in contrast with my personal ethical rules. When I still do what I am obliged to
do deontologically, this deed will lead me further away from my aim to lead a good life.
Frustration all over. At a second level, I notice that my deontological behaviour does not
contribute to the construction of a framework within which my clients can give their own
meaning to their lives. The result is not only that I get frustrated, but also that the client
loses faith in me and the social work.

6. Is there a solution?
The basis for this article lay in the fact that there is a fairly sizeable conceptual vagueness
and confusion in the social field about ethics, deontology and law, although scientifically
objective data are still missing. I have tried to show that the core of the problem could be
the disconnection between ethics and deontology. The result is that one has first devel-
oped a general deontology – of which the professional deontology is part – which allows
for an absolute ethics only. A series of legal rules, which supported the education of the
individual to what they need to be, were then linked to this deontology.
In my search for solutions to the conceptual vagueness and confusion , I have tried
to redefine the concepts of ethics, deontology and law. This first attempt at renewed

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [231-245], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Christian Van Kerckhove

conceptual delineation already brought some clarification into the complex conflict
domains. Insight into the nature and structure of problems is in itself a valuable step
towards solutions.
Nevertheless, I think that a structural solution can only be found if we no longer take
deontology – for which se used Bentham’s definition – as the central pillar for the devel-
opment of our professional acts. Why? Because deontology reduces us too much into
abstract, universal human beings. An appropriate starting-point seems to be the individual’s
characteristic traits, in other words, in a human being’s potential for giving meaning to the
good life. The result is that a universal and abstract humanity will be replaced by a bloom-
ing, rich diversity of particular individuals. The legal rules sill, as a result, no longer focus
on universal similarity, but will have to provide frameworks within which people can act
ethically. This means that the legal rules need to constitute the possibility grounds for a
good life rather than its sufficient conditions.
Is this a dream or a feasible aim? Well, that is another subject of discussion.

Bibliography
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S. Fischer Verlag.
Plato (1927). Alcibiades 1. Trans. W.R.M. Lamb, in : Plato, Charmides – Alcibiades – Hip-
parchus – Lovers – Theages – Minos – Epinomis. Loeb Classical Library. Harvard:
University Press.
Sartre, J.P. (1965). L’existentialisme est un humanisme. Paris: Les Editions Nagel.

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [231-245], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Yolanda Domenech López

EL GRUPO DE APOYO COMO CONTEXTO


DE AYUDA PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD
EN LA COMUNIDAD VALENCIANA

SUPPORT GROUPS FOR THE DISABLED IN


THE VALENCIAN COMMUNITY.
Yolanda Domenech López
Universidad de Alicante
yolanda.domenech@ua.es

Recibido: 14/11/07; Aceptado: 10/3/08


Resumen
Este artículo presenta una parte de los resultados obtenidos en la tesis doctoral titulada;
Grupos de apoyo para personas con discapacidad en la Comunidad Valenciana; Propuestas desde el Tra-
bajo Social defendida en Junio de 2006 en la Universidad de Alicante. En ella, se analizan las
prácticas de intervención grupal para personas con discapacidad y sus familiares. En estas
líneas se recoge parte del análisis realizado a partir de las entrevistas a los profesionales que
dirigen los grupos, al grupo como tal en alguna de sus sesiones y a algunos usuarios de los
mismos. En concreto, se analizan los beneficios de la experiencia grupal para los usuarios
de las mismas, esto es los participantes en el grupo sean afectados o familiares.

Abstract
This article presents part of the results obtained from a research conducted for the
doctoral thesis of the author (June 2006, University of Alicante) under the title Support
Groups for the Disabled in the Valencian Community: Proposals from Social Work. In that work,
group intervention practices for the disabledand their families are analyzed. The start point
of the analysis was the information obtained through interviews to the professionals who
direct such groups, to the groups as such in someone of their meetings, and to members
of those groups as individuals. The article also analyses the benefits of this experience for
the participants in the groups.

Palabras clave: Discapacidad, Trabajo social, Grupos de apoyo.


Keywords: Disability, Socvial work, Social support,

Introducción
Este artículo presenta una parte de los resultados obtenidos en la tesis doctoral titula-
da; Grupos de apoyo para personas con discapacidad en la Comunidad Valenciana; Propuestas desde el
Trabajo Social defendida en Junio de 2006 en la Universidad de Alicante. En ella, se analizan
las prácticas de intervención grupal para personas con discapacidad y se plantean 3 obje-
tivos generales: 1) Estudiar y analizar los grupos de apoyo existentes en las asociaciones
de discapacidad de la Comunidad Valenciana, como medio y contexto de ayuda para sus

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [247-264], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


El grupo de apoyo como contexto de ayuda para personas con discapacidad

miembros.; 2) Identificar y analizar las repercusiones (beneficios o no) de la experiencia


grupal a usuarios o clientes secundarios, aquellos que no participan directamente de la
experiencia grupal y 3) Proponer pautas de actuación e intervención que sirvan para las
futuras intervenciones de Trabajo Social con Grupos.
La metodología utilizada en la investigación es cualitativa y se centra en la entrevista
como elemento esencial. Esta es definida por Alonso (1994;230) como un constructo comu-
nicativo y no un simple registro de discursos que “hablan al sujeto”. Los discursos no son así preexistentes
de una manera absoluta a la operación de toma que sería la entrevista, sino que construyen un marco social
de la situación de la entrevista. El discurso aparece, pues, como respuesta a una interrogación difundida
en una situación dual y conversacional, con su presencia y participación, cada uno de los interlocutores
(entrevistador y entrevistado) co-construye en cada instante ese discurso. Las entrevistas realizadas
a los profesionales constaban de dos partes: A) una parte poco estructurada y flexible
donde planteábamos preguntas abiertas con el objetivo de suscitar al profesional los
comentarios de los aspectos más destacados de los grupos así como su caracterización
en torno a la historia del grupo, las funciones y objetivos del mismo, los beneficios para
sus miembros, la orientación teórica utilizada, los aspectos positivos y las dificultades, así
como la relación con la asociación y su aportación a la dependencia tratada. B) Antes del
cierre de la entrevista una parte algo más dirigida donde se preguntaban, siempre que no
hubiera salido en el relato anterior, datos identificativos y aspectos concretos del grupo
que nos interesaban en aras de una clasificación posterior. En cuanto a las entrevistas
realizadas a los grupos, que no grupos de discusión, se realizaron con todos los miembros
incluidos los profesionales que los coordinaban en los espacios de reunión habituales.
Estas, se plantearon como entrevisas abiertas en torno a los temas fundamentales (His-
toria, etapas, características, beneficios personales y familiares, elementos constitutivos,
funcionamiento-qué y cómo- y rol del profesional) obteniendo respuestas emocionales
más que racionales y pudiendo observar las interaciones entre los miembros del grupo y
entre estos y el profesional. Por último, en algunos casos para completar la información,
se realizaron entrevistas individuales a algunos usuarios de los grupos estudiados. En
cuanto al análisis de la información, este se realizó a partir del esquema de codificación
realizado posteriormente, lo que nos permitió ordenar, clasificar y combinar los datos
con las reflexiones, acerca de los mismos, que íbamos realizando.
En este artículo, se analizan los beneficios de la experiencia grupal para los usuarios
de las mismas, esto es los participantes en el grupo sean afectados o familiares. De las
hipótesis de partida, señaladas en la investigación, destacamos las relacionadas con la
información que ofrecemos a continuación:
- Los grupos de apoyo y/o autoayuda como estrategia de intervención informal orga-
nizada son el sistema preferido y más deseado para la satisfacción de las necesidades
de las personas relacionadas con la discapacidad.
- Los grupos de apoyo y/o autoayuda contribuyen positivamente en la salud y el bien-
estar, tanto en los usuarios primarios de la experiencia como en los secundarios.
• La ayuda proporcionada en los grupos traspasa las fronteras de este, repercutiendo
en otras personas ajenas,a priori, a la experiencia grupal.
• Los clientes secundarios, generalmente familiares, se benefician y experimentan
cambios influidos por el trabajo realizado en el grupo.

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [247-264], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


Yolanda Domenech López

- Los grupos de apoyo/autoayuda se transforman en redes sociales extendiéndose


estos lazos más allá de la experiencia grupal.
- La reciprocidad de la ayuda constitutuye un pilar fundamental puesto que los bene-
ficios aumentan, desde el momento que los participantes son, a la vez, receptores
y proveedores de ayuda.

A continuación, se ofrece parte del análisis realizado en torno a los beneficios de los
grupos de apoyo para los usuarios directos. En aras de ilustrarlos, se muestran algunos
de los fragmentos analizados en la investigación. Para mantener el anonimato hemos
quitado algunas las claves de los códigos utilizados. Sí aparece la letra de referencia (P,G
o I ) según se trate de la información, acerca de dicho grupo, obtenida en la entrevista
realizada al profesional (P), en la sesión grupal con los miembros del grupo (G) o en las
entrevistas individuales (I).
En el siguiente cuadro se señala una relación de los grupos estudiados.

Cuadro 1: Relación de grupos estudios


Grupo de Personas con Discapacidad Intelectual Grupo de Personas con Parkinson
Grupo de Familiares de Afectados de Alzheimer Grupo de Autogestores (discapacidad intelectual)
Grupo de Familiares de personas con Discapacidad Intelectual Grupo de Padres de Personas con Discapacidad Intelectual
Grupo de Afectados por la enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa Grupo de Afectados y Familiares de personas con Discapacidad (mixto)
Grupo de Afectados de Daño Cerebral sobrevenido Grupo de Familiares de Esclerosis Lateral Amniotrófica
Grupo de Afectados por Parkinson Grupo de Familiares de Personas con Discapacidad Intelectual
Grupo de Familiares de Niños con Discapacidad Intelectual Grupo de Cónyuges de Afectados por Daño Cerebral Sobrevenido
Grupo de Afectados y Familiares de Esclerosis Lateral Amniotrófica
Grupo de Autogestores (discapacidad intelectual)
Grupo de Familiares de Personas con Discapacidad Intelectual
Grupo de Madres Portadoras (niños hemofílicos)
Grupo de Personas con Esclerosis Múltiple

1. Apoyo informacional y apoyo material


Entre los mayores beneficios que obtienen los miembros de los grupos se encuentra el
apoyo informacional y el apoyo material (Kilillea, 1976). Todas las experiencias estudiadas
sitúan la recepción y el intercambio de información como el punto de partida que motiva
a los participantes a continuar en la experiencia.
El trasvase de información que se produce en los grupos tiene su origen tanto en el
profesional que dirige la experiencia, como en algún miembro del grupo. Generalmente
estas dos fuentes de información suelen ser complementarias ya que la riqueza del grupo
reside, precisamente, en el intercambio que se da entre los participantes. En cuanto al tipo
de información, este varía de unas experiencias a otras. De manera generalizada en las
experiencias estudiadas, la información gira alrededor de: Notificaciones prácticas y/o de
funcionamiento de los distintos centros o asociaciones donde pertenece la experiencia,
información sobre las particularidades de algunas discapacidades o enfermedades por las
que se crean las experiencias (generalmente aspectos médicos y/o sociales), información
sobre recursos específicos que se pueden utilizar y los canales necesarios para hacerlo,

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Portularia Vol. VIII, nº 1. 2008, [247-264], issn 1578-0236. © Universidad de Huelva


El grupo de apoyo como contexto de ayuda para personas con discapacidad

algunas pautas concretas de cómo hacer, así como todo aquello que interese a algún
miembro del grupo y que se plantee en las reuniones.
La información sobre qué hacer y cómo hacer se da en aquellos grupos más cohesio-
nados llegando a producirse un salto entre la mera información de algo y la materialización
de ese algo.

(...)en el grupo(...) ya ha pasado de ser sólo apoyo emocional a ser incluso apoyo material en
una serie de cosas ¿no? tú me ayudas a tal, o yo te ayuda a tal o te busco información de no se
qué...para que tú puedas pedir tal (...) (P)

(...)yo, de verdad a mí me ha hecho muchísimo para mejorar con la relación con mi madre de
la enfermedad esa tan, tan, tan cruel que he tenido yo,... y yo antes actuaba de una forma y yo
ahora actúo de otra, y esto me ha ayudado...la información, sobre todo es la información, saber...
es que el que no sabe (...) (G)

La información en el grupo, está relacionada con aspectos esenciales de las distintas


situaciones por las que atraviesan los miembros que participan en la experiencia. En la
actualidad, los grupos han experimentado un aumento del trasvase de dicha información,
debido a un mayor uso de Internet como fuente de información. Tanto la búsqueda de
noticias relacionadas con la investigación en el caso de algunas enfermedades, como la infor-
mación acerca de recursos específicos se convierten en temas centrales de las sesiones.

(...) entre ellos mismos se pasan páginas de Internet, libros, oyen rumores...oyen cosas que me
a veces me han comentado.... y son unos auténticos expertos...es algo que debido al carácter de la
enfermedad les suele ocurrir y que es beneficioso a nivel general aunque (...)hay veces que el tema
de la investigación les ayuda a comprometerse con su enfermedad, también, a tener siempre una
lucecita, una esperanza, a no hundirse.... la progresión temporal es muy importante, ya es poco
tiempo... el tiempo de la enfermedad (...) (P)

Muchas experiencias señalan al grupo como el único espacio donde obtener información
sobre aspectos prácticos de las distintas enfermedades y/o discapacidades. En este sentido, el
grupo se considera el espacio más adecuado para conseguir información sobre qué hacer en
situaciones concretas. Esta información de carácter práctico es valorada muy positivamente
por aquellas personas que han tenido experiencias negativas con otros profesionales, general-
mente de la medicina. Tal y como se recoge en los siguientes relatos, el grupo se “especializa”
en temas de orden práctico siendo esto, de mucha utilidad para sus miembros.

(...)por ejemplo, mi hijo es asmático y por ejemplo en el parque te encuentras a una mamá que
su hijo también, lo están vacunando, que tiene asma y ¿sabes? Y que es una cosa normal, que hoy
en día afecta a todo el mundo y que vas al ambulatorio y hay cuarenta niños para vacunar y tal,
osea que es un tema que puedes hablar con cualquiera, todo el mundo sabe... ¡ay, pues el mío es
alérgico a esto, el mío a lo otro¡ pero de la hemofilia, gracias a dios hay pocos, entonces aquí es donde
encuentras todo, las noticias que puedan llegar y te informan, también trámites administrativos,
cualquier cosa que pueda, que nadie te informa porque nadie te informa y una dice “oye que yo
he hecho esto, podéis solicitar esto” como lo de familia numerosa, muchas cosas (...) (G)

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Yolanda Domenech López<