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Hola querido amigo.

Hace mucho tiempo que no nos vemos. Espero hacerlo muy pronto. A decir verdad, tengo
malas noticias que comunicarte. Ese es el motivo que me obliga primero, a escribirte y después
a verte. Hace unos meses (seis para ser exactos) termine con un tratamiento médico, la causa,
una afección cardiaca. El problema es que el tratamiento no dió los resultados adecuados y
bueno, mi corazón cada día está más débil. Por eso quiero verte antes de partir de este mundo.

Debo confesar que al recibir la noticia mi primera reacción fue de miedo. En nuestro contexto
cultural hay un gran temor por la muerte. Imagino que es porque desconocemos lo que existe
del otro lado de la línea. Sin embargo, me he puesto a leer mucho sobre el tema, en esa
búsqueda encontré a un viejo filósofo Griego, que me ha ayudado a sobrellevar la pesada
carga del temor a la muerte, su nombre es Epicuro. Al parecer, Epicuro vivió por allá del siglo IV
a. C. y fundó toda una escuela de pensamiento. Epicuro es un filósofo muy fácil de leer,
realmente a el no le preocupaban los problemas de la lógica o la dialéctica. A Epicuro le
preocupaba la verdad, pero la verdad en un sentido ético. Por esa razón me llamó la atención
su concepción de la muerte.

Tal vez me equivoque, pero Epicuro en un sentido era como Kant, es decir, a él le preocupaba
lo que sentimos; lo que sentimos tiene que ver con algo que él llama percepción. La
percepción, según Epicuro, se produce cuando las imágenes de los objetos penetran en los
órganos de los sentidos, y siempre es verdadera. Y me parece que es verdadera porque la
razón o el intelecto le sirven de filtro a los sentidos. Y aquí viene el tema que me interesa, si por
medio de nuestros sentidos percibimos, entonces cómo podemos percibir a la muerte si ésta es
un ente abstracto.

Creo que esa relación entre percepción y no ser en Epicuro, hace que su reflexión sobre la
muerte sea diferente, sino es que única. Para la filosofía tradicional la muerte es un estado de
gozo, el alma se libera del cuerpo y pasa a un estado eterno. Pero en Epicuro, de acuerdo a su
teoría de la naturaleza, el hombre en tanto a su naturaleza física está compuesto por átomos.
Así entonces, al morir el hombre no percibe ni tiene sensación alguna, sólo está
transformándose.

Me gustaría que a modo de última voluntad, leyeras la carta a Meneceo. En ella, hay por los
menos dos citas interesantes que te harán reflexionar sobre el tema. En una parte Epicuro le
dice a Meneceo: “acostúmbrate a pensar que la muerte no tiene nada que ver con nosotros,
porque todo bien y todo mal radica en la sensación, y la muerte es la privación de la
sensación”. Es difícil pensar que a través de dos citas se pueda sistematizar una doctrina, pero
bello de los Epicúreos es que al ser sus conceptos prácticos, podían resumirse muy bien. Al no
haber ningún tipo de sensación en la muerte podemos poner más énfasis en la vida. Ya no
tenemos que preocuparnos por un mundo después de la muerte, porque la vida que ahora
tenemos debe bastarnos para alcanzar la felicidad, ah pero eso sí, con ética y sin caer en
excesos.
Lo preocupante de la muerte no es su existencia, sino su inminencia. Tu sabes que Camus
habló sobre esto en el mito de Sísifo. El hombre debería de suicidarse ya que nunca podrá
alcanzar por completo su felicidad, al final en los existencialistas ésta es una salida al problema
de la muerte. Pero Epicuro celebra la vida, la celebra porque el cree que los dioses también
son felices, los dioses son seres antropomórficos pero sin preocuparse por la muerte. Y
nosotros debemos copiar la felicidad de los dioses.

Otra cita de la carta a Meneceo que me encantó es “Porque cuando existimos nosotros la
muerte no está presente, y cuando la muerte está presente entonces nosotros no existimos”.
Vaya, eso me hace suponer que tal vez la muerte sea parte de nuestro ciclo de vida. Que la
existencia, sea algún tipo de proceso dialéctico que se da entre muerte y vida, y a pesar de que
la muerte no es, ésta nos ayuda a comprender mejor lo que sí es. Es decir, la vida.

En fin, espero verte pronto, bueno, al menos antes de que me haga uno con la muerte y ya no
exista.