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HECHOS 5:1-11.

Comunidad de Creyentes
Al final del capítulo cuatro de Hechos, Lucas vuelve a sacar a luz el hecho de
que todos estaban unidos…
(Hechos 4:32) La congregación de los que creyeron era de un corazón y un
alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de
propiedad común.

El amor a Dios hizo crecer el amor al prójimo. Este amor se vio reflejado en la
unidad entre los hermanos, el compañerismo y la ayuda mutua. Puestos los
ojos en el Cielo, dejaron de enfocarse en las cosas de este mundo. Se
desapegaron de los bienes materiales y compartían lo que tenían…
(Hechos 4:34-35) No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos
los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo
vendido, (35) y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a
cada uno según su necesidad.

Esto es lo contrario de lo que enseña el mundo, que es la avaricia y la


acumulación de bienes. La Biblia enseña que quien no trabaja no come, pero
también nos enseña a compartir con aquellos que pasan por momentos de
necesidad. Si se cumplieran estos dos principios, no habría necesidad en la
sociedad.
(Deuteronomio 15:4-8) Y no habrá menesteroso entre vosotros, ya que el
SEÑOR de cierto te bendecirá en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da por
heredad para poseerla, (5) si sólo escuchas fielmente la voz del SEÑOR
tu Dios, para guardar cuidadosamente todo este mandamiento que te
ordeno hoy. (6) Pues el SEÑOR tu Dios te bendecirá como te ha
prometido, y tú prestarás a muchas naciones, pero tú no tomarás
prestado; y tendrás dominio sobre muchas naciones, pero ellas no
tendrán dominio sobre ti.

Dios quiere bendecirnos, pero esa abundancia no es para “acumularla”, sino


para disfrutarla y compartirla, pues así se multiplica. (Por ejemplo: en lugar de
amasar grandes cantidades de dinero en el banco “para tener seguridad
financiera”, podemos usarlo para invertir, lo cual promueve más prosperidad en
la sociedad).

Luego de hablar del deseo de Dios para prosperarnos, la Biblia nos llama a que
ayudemos a quien esté pasando por necesidad…
(Deuteronomio 15:7-8) Si hay un menesteroso contigo, uno de tus
hermanos, en cualquiera de tus ciudades en la tierra que el SEÑOR tu
Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano
pobre, (8) sino que le abrirás libremente tu mano, y con generosidad le
prestarás lo que le haga falta para cubrir sus necesidades.

Aun la gente que es trabajadora a veces pasa por momentos de necesidad. La


Biblia enseña que en esos momentos, los hermanos deben salir en apoyo de
los necesitados, para ayudarles a salir adelante.
(1 Timoteo 6:17-19) A los ricos en este mundo, enséñales que no sean
altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas,
sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las
disfrutemos. (18) Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas
obras, generosos y prontos a compartir, (19) acumulando para sí el
tesoro de un buen fundamento para el futuro, para que puedan echar
mano de lo que en verdad es vida.
(Santiago 2:15-16) Si un hermano o una hermana no tienen ropa y
carecen del sustento diario, (16) y uno de vosotros les dice: Id en paz,
calentaos y saciaos, pero no les dais lo necesario para su cuerpo, ¿de
qué sirve?
(1 Juan 3:17-18) Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su
hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar
el amor de Dios en él? (18) Hijos, no amemos de palabra ni de lengua,
sino de hecho y en verdad.

Contrario a lo que algunos creen, la Biblia no está en contra de las


riquezas. Una y otra vez el Señor dice a Su pueblo que quiere bendecirlos,
pero no sólo materialmente sino sobre todo en lo espiritual.
(3 Juan 1:2) Amado, ruego que seas prosperado en todo así como
prospera tu alma, y que tengas buena salud.

ALGUNOS SE APROVECHARON
En tiempo de los apóstoles, algunas personas se aprovecharon de la
generosidad de los creyentes, y se volvieron “vividores” (gente que vive de los
demás, como parásitos). Pablo tuvo que tratar este tema en una de sus cartas:
(2 Tesalonicenses 3:6-16) Ahora bien, hermanos, os mandamos en el
nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano
que ande desordenadamente, y no según la doctrina que recibisteis de
nosotros. (7) Pues vosotros mismos sabéis cómo debéis seguir nuestro
ejemplo, porque no obramos de manera indisciplinada entre
vosotros, (8) ni comimos de balde el pan de nadie, sino que con trabajo y
fatiga trabajamos día y noche a fin de no ser carga a ninguno de
vosotros; (9) no porque no tengamos derecho a ello , sino para
ofrecernos como modelo a vosotros a fin de que sigáis nuestro
ejemplo. (10) Porque aun cuando estábamos con vosotros os
ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco
coma. (11) Porque oímos que algunos entre vosotros andan
desordenadamente, sin trabajar, pero andan metiéndose en todo. (12) A
tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo, que
trabajando tranquilamente, coman su propio pan. (13) Pero vosotros,
hermanos, no os canséis de hacer el bien. (14) Y si alguno no obedece
nuestra enseñanza en esta carta, señalad al tal y no os asociéis con él,
para que se avergüence. (15) Sin embargo, no lo tengáis por enemigo,
sino amonestadle como a un hermano. (16) Y que el mismo Señor de paz
siempre os conceda paz en todas las circunstancias. El Señor sea con
todos vosotros.

VIDA EN COMÚN
Luego del avivamiento de Pentecostés, muchos creyeron en Jesús. Entre
ellos, nació el deseo de dejarlo todo para seguir a los apóstoles. Este deseo
los llevó a vender lo que tenían y unirse a los apóstoles.
(Hechos 2:41-47) Entonces los que habían recibido su palabra fueron
bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil almas. (42) Y se
dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la
comunión, al partimiento del pan y a la oración. (43) Sobrevino temor a
toda persona; y muchos prodigios y señales eran hechas por los
apóstoles. (44) Todos los que habían creído estaban juntos y tenían
todas las cosas en común; (45) vendían todas sus propiedades y sus
bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada
uno. (46) Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el
pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de
corazón, (47) alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el
Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos.

Así como los discípulos de Jesús lo dejaron todo para seguirle, así muchos
creyentes estaban dispuestos a dejarlo todo para seguir a los apóstoles. Ellos
vendían lo que tenían, y se lo daban a los apóstoles, quienes administraban lo
que recibían para cubrir las necesidades de la comunidad de creyentes que se
formó.
(Hechos 4:32) La congregación de los que creyeron era de un corazón y
un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las
cosas eran de propiedad común.

Lucas menciona en particular a un hombre que se despojó de sus bienes…


(Hechos 4:36) Y José, un levita natural de Chipre, a quien también los
apóstoles llamaban Bernabé (que traducido significa hijo de
consolación), (37) poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo
depositó a los pies de los apóstoles.
Más adelante, en Hechos, veremos que Bernabé lo vendió todo para dedicarse
a servir a Dios, y lo veremos ministrando junto a Pablo.
[Nota: Es curioso que él, siendo levita, poseyera un campo, ya que los levitas en Israel no
tenían propiedad de tierras (Num. 35:1-7; Num. 19:20-24; ). Tal vez el campo que tenía como
propiedad era en Chipre, donde él había nacido, lo cual también era algo inusual. ¿Qué hacía
un levita en Chipre, una nación gentil y comerciante?].

FALSA GENEROSIDAD
Muchos siguieron el ejemplo de Bernabé, vendiendo sus propiedades y
llevando el dinero a los apóstoles, incluyendo a una pareja:
(Hechos 5:1-2) Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer,
vendió una propiedad, (2) y se quedó con parte del precio, sabiéndolo
también su mujer; y trayendo la otra parte, la puso a los pies de los
apóstoles.

Ananías y Safira también vendieron una propiedad para contribuir a la


comunidad…pero no lo dieron todo.

En realidad, nadie obligaba a los creyentes a vender las pertenencias y darlo


todo. Es algo que se dio naturalmente. Lo malo de Ananías y Safira fue la
farsa, pues fingieron darlo todo, cuando en realidad sólo entregaron parte. Si
no lo querían dar todo, sólo tenían que decirlo. Pero ellos querían llevarse la
fama de generosos cuando no lo eran. Tal vez pudieron haber engañado a los
hombres—pero no a Dios. El Señor le reveló a Pedro lo que estaba
sucediendo, y él lo confrontó…
(Hechos 5:3-4) Mas Pedro dijo: Ananías, ¿por qué ha llenado Satanás tu
corazón para mentir al Espíritu Santo, y quedarte con parte del precio del
terreno? (4) Mientras estaba sin venderse, ¿no te pertenecía? Y después
de vendida, ¿no estaba bajo tu poder? ¿Por qué concebiste este asunto
en tu corazón? No has mentido a los hombres sino a Dios.

Pedro confrontó a Ananías, pero fue Dios mismo quien trajo juicio…
(Hechos 5:5-6) Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró; y vino un
gran temor sobre todos los que lo supieron. (6) Y los jóvenes se
levantaron y lo cubrieron, y sacándolo, le dieron sepultura.

Luego se hizo evidente que la mujer de Ananías también era parte de


complot…
(Hechos 5:7-10) Después de un lapso como de tres horas entró su mujer,
no sabiendo lo que había sucedido. (8) Y Pedro le preguntó: Dime,
¿vendisteis el terreno en tanto? Y ella dijo: Sí, ése fue el
precio. (9) Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para
poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los que sepultaron
a tu marido están a la puerta, y te sacarán también a ti. (10) Al instante
ella cayó a los pies de él, y expiró. Al entrar los jóvenes, la hallaron
muerta, y la sacaron y le dieron sepultura junto a su marido.

¿Por qué Dios hizo esto? Seguramente fue para que la gente supiera que
nadie puede burlarse de Él.
(Hechos 5:11) Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos
los que supieron estas cosas.
En la próxima entrada terminaremos de estudiar el capítulo cinco…

HECHOS 5:12-42. Unidad y Milagros


En varias instancias, Lucas hace énfasis al hecho que los creyentes en Jesús
estaban unidos (Hechos 1:14; 2:1,46; 4:32), y lo vuelve a repetir en Hechos 5…
(Hechos 5:12) Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y
prodigios entre el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.

Lamentablemente esta unidad entre creyentes no permanecerá a lo largo del


libro ni de la historia. La realidad es otra, pero la Palabra lo enfatiza porque
eso es lo que está en el corazón de Dios.
(Salmo 133:1) Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos
habiten juntos en armonía.

Jesús dijo que el amor entre hermanos es una señal de aquellos que están
conectados con Dios.
(Juan 13:34-35) Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los
otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los
otros. (35) En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor
los unos a los otros.

Cuando Jesús oró por sus discípulos también oró por nosotros, los que íbamos
a creer en Él en el futuro. Su oración estaba enfocada en la unidad entre los
creyentes.
(Juan 17:20-23) Mas no ruego sólo por éstos, sino también por los que han de
creer en mí por la palabra de ellos, (21) para que todos sean uno. Como tú, oh
Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el
mundo crea que tú me enviaste. (22) La gloria que me diste les he dado, para
que sean uno, así como nosotros somos uno: (23) yo en ellos, y tú en mí, para
que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me
enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí.

Pablo también habló muchos sobre la unidad entre hermanos.


(1 Corintios 1:10-13) Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor
Jesucristo, que todos os pongáis de acuerdo, y que no haya divisiones entre
vosotros, sino que estéis enteramente unidos en un mismo sentir y en un
mismo parecer. (11) Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos
míos, por los de Cloé, que hay contiendas entre vosotros. (12) Me refiero a
que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo, yo de Apolos, yo de Cefas, yo
de Cristo. (13) ¿Está dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por
vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?
Pablo fue testigo de la división que se dio entre los creyentes, y por eso instó
una y otra vez al amor y unidad entre hermanos.

UNIDAD ENTRE HERMANOS


La unidad no es lo mismo que “uniformidad”. Debemos reconocer que no
somos iguales, pues Dios nos hizo únicos y diferentes; pero a pesar de esas
diferencias, debemos aprender a respetarnos y amarnos.

De esta unidad fraternal habla Pablo cuando compara a la iglesia con el cuerpo
humano, y luego da ejemplos de lo que implica el amor fraternal…
(Romanos 12:4-18) Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros,
pero no todos los miembros tienen la misma función, (5) así nosotros, que
somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente miembros los
unos de los otros. (6) Pero teniendo dones que difieren, según la gracia que
nos ha sido dada, usémoslos: si el de profecía, úsese en proporción a la
fe; (7) si el de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; (8) el
que exhorta, en la exhortación; el que da, con liberalidad; el que dirige, con
diligencia; el que muestra misericordia, con alegría. (9) El amor sea sin
hipocresía; aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno. (10) Sed afectuosos
unos con otros con amor fraternal; con honra, daos preferencia unos a
otros; (11) no seáis perezosos en lo que requiere diligencia; fervientes en
espíritu, sirviendo al Señor, (12) gozándoos en la esperanza, perseverando en
el sufrimiento, dedicados a la oración, (13) contribuyendo para las
necesidades de los santos, practicando la hospitalidad. (14) Bendecid a los
que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. (15) Gozaos con los que se
gozan y llorad con los que lloran. (16) Tened el mismo sentir unos con otros;
no seáis altivos en vuestro pensar, sino condescendiendo con los humildes. No
seáis sabios en vuestra propia opinión. (17) Nunca paguéis a nadie mal por
mal. Respetad lo bueno delante de todos los hombres. (18) Si es posible, en
cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres.

[Nota: Les recomiendo leer todo el capítulo de Primera de Corintios 12, donde
Pablo expande sobre este tema.]

La Biblia dice que nuestro amor a Dios se refleja en nuestro amor al prójimo…
(Juan 13:35) En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis
amor los unos a los otros.

A los Hijos de Dios se les reconoce por dos cualidades:


* porque hacen las cosas como Dios manda (justicia);
* porque aman y respetan a los demás.
Así lo explica Juan en su epístola:
(1 Juan 3:10-18) En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo:
todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios; tampoco aquel que no
ama a su hermano. (11) Porque este es el mensaje que habéis oído desde el
principio: que nos amemos unos a otros; (12) no como Caín que era del
maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras
eran malas, y las de su hermano justas. (13) Hermanos, no os maravilléis si el
mundo os odia. (14) Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida
porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en
muerte. (15) Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y vosotros
sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. (16) En esto
conocemos el amor: en que El puso su vida por nosotros; también nosotros
debemos poner nuestras vidas por los hermanos. (17) Pero el que tiene
bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón
contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él? (18) Hijos, no amemos
de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

(1 Juan 4:20-21) Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es


un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede
amar a Dios a quien no ha visto. (21) Y este mandamiento tenemos de El: que
el que ama a Dios, ame también a su hermano.

La unidad entre los creyentes requiere de esfuerzo (Efe. 4:3-6), pero bien vale
la pena. El amor a Dios y amor al prójimo atrajo a muchos a creer en Jesús…y
también fueron atraídos por los milagros que presenciaron…

ATRAÍDOS POR LOS MILAGROS


Entre los judíos había cierto recelo en contra de los seguidores de Cristo, ya
que las autoridades religiosas no los aceptaban.
(Hechos 5:13) Pero ninguno de los demás se atrevía a juntarse con ellos; sin
embargo, el pueblo los tenía en gran estima.

Muchos no se atrevían a seguir a los apóstoles por miedo a los líderes, pero
luego muchos se convencieron al ver los milagros y señales.
(Hechos 5:14-16) Y más y más creyentes en el Señor, multitud de hombres y
de mujeres, se añadían constantemente al número de ellos, (15) a tal punto
que aun sacaban los enfermos a las calles y los tendían en lechos y camillas,
para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cayera sobre alguno de
ellos. (16) También la gente de las ciudades en los alrededores de Jerusalén
acudía trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos, y todos eran
sanados.

Mucha gente creyó en Jesús por los milagros que vieron hacer en Su
Nombre. En su Evangelio, Juan explica que los milagros sirven para que la
gente abra los ojos y reconozcan que Jesús es Dios.
(Juan 20:30-31) Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de
sus discípulos, que no están escritas en este libro; (31) pero éstas se han
escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al
creer, tengáis vida en su nombre.

A pesar de los milagros, los religiosos se voltearon en contra de Jesús y lo


persiguieron, porque sus hechos amenazaban la autoridad de ellos. Lo mismo
sucedió con los apóstoles…

DE NUEVO, PERSECUCIÓN
No todo fue gloria para los apóstoles, ya que a la par de los milagros sufrieron
persecución. Ellos estaban amenazando el status quo, y los líderes religiosos
no se quedaron con los brazos cruzados…
(Hechos 5:17-18) Pero levantándose el sumo sacerdote, y todos los que
estaban con él (es decir, la secta de los saduceos), se llenaron de celo, (18) y
echaron mano a los apóstoles y los pusieron en una cárcel pública.

Aunque los saduceos estaban en puestos de autoridad en ese tiempo y tenían


en sus manos el poder para apresar y aun matar a sus enemigos, la realidad es
que hay alguien que está sobre ellos: Dios. El Sumo Sacerdote encarceló a
Pedro, pero el Señor lo liberó porque él tenía un propósito que cumplir…
(Hechos 5:19-20) Pero un ángel del Señor, durante la noche, abrió las puertas
de la cárcel, y sacándolos, dijo: (20) Id, y puestos de pie en el templo, hablad
al pueblo todo el mensaje de esta Vida.

Dios no los liberó de la cárcel simplemente para ser libres, pues de haber sido
así hubieran huido y se hubieran escondido. Pero el Señor les instruyó ir al
lugar más público: a la entrada del Templo, para hablar la verdad. En ese
lugar volvían a estar en riesgo de ser nuevamente apresados…
(Hechos 5:21) Habiendo oído esto, entraron al amanecer en el templo y
enseñaban. Cuando llegaron el sumo sacerdote y los que estaban con él,
convocaron al concilio, es decir, a todo el senado de los hijos de Israel, y
enviaron órdenes a la cárcel para que los trajeran.

Lo interesante es que nadie en la cárcel se había dado cuenta que los


apóstoles ya no estaban allí…hasta que los fueron a buscar para llevarlos al
juicio…
(Hechos 5:22) Pero los alguaciles que fueron no los encontraron en la cárcel;
volvieron, pues, e informaron, (23) diciendo: Encontramos la cárcel cerrada
con toda seguridad y los guardias de pie a las puertas; pero cuando abrimos, a
nadie hallamos dentro. (24) Cuando oyeron estas palabras, el capitán de la
guardia del templo y los principales sacerdotes se quedaron muy perplejos a
causa de ellos, pensando en qué terminaría aquello.

Como mencionamos anteriormente, Pedro no aprovechó su libertad para huir,


sino que fue a cumplir el propósito que Dios le encomendó: “hablar el mensaje
en el Templo” (5:20). Ellos no estaban escondidos, sino delante del pueblo…
(Hechos 5:25-26) Pero alguien se presentó y les informó: Mirad, los hombres
que pusisteis en la cárcel están en el templo enseñando al
pueblo. (26) Entonces el capitán fue con los alguaciles y los trajo sin violencia
(porque temían al pueblo, no fuera que los apedrearan).

Para entonces, el pueblo ya estaba del lado de Pedro y los apóstoles, por el
testimonio que daban, en palabra y hechos.

Pero, en cuanto a los líderes religiosos, ellos querían hacerlos callar y


deshacerse de ellos. Por eso los volvieron a agarrar para llevarlos a un juicio
religioso…
(Hechos 5:27-28) Cuando los trajeron, los pusieron ante el concilio, y el sumo
sacerdote los interrogó, (28) diciendo: Os dimos órdenes estrictas de no
continuar enseñando en este nombre, y he aquí, habéis llenado a Jerusalén
con vuestras enseñanzas, y queréis traer sobre nosotros la sangre de este
hombre.
Los religiosos querían que los apóstoles dejaran de hablar de Jesús, pero
Pedro les dijo que no podían dejar de hablar lo que creían…
(Hechos 5:29-32) Mas respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Debemos
obedecer a Dios antes que a los hombres. (30) El Dios de nuestros padres
resucitó a Jesús, a quien vosotros habíais matado colgándole en una
cruz. (31) A éste Dios exaltó a su diestra como Príncipe y Salvador, para dar
arrepentimiento a Israel, y perdón de pecados. (32) Y nosotros somos testigos
de estas cosas; y también el Espíritu Santo, el cual Dios ha dado a los que le
obedecen.

Recordemos que la mayoría de los líderes religiosos eran saduceos, y no


creían en la resurrección. Pero Pedro les estaba diciendo que Jesús había
resucitado, y no sólo eso, sino que Él era el Mesías.
(Hechos 5:33) Cuando ellos oyeron esto, se sintieron profundamente
ofendidos y querían matarlos.

Ya que las amenazas para hacerlos callar no estaban funcionando,


comenzaron a contemplar la idea de matarlos, tal como habían hecho con
Jesús. Pero un hombre sabio entre ellos les aconsejó que tuvieran cuidado
con lo que iban a hacer…

CONSEJO DE GAMALIEL
Antes que pudieran matar a Pedro y a Juan, un hombre de concilio intervino…
(Hechos 5:34-39) Pero cierto fariseo llamado Gamaliel, maestro de la ley,
respetado por todo el pueblo, se levantó en el concilio y ordenó que sacaran
fuera a los hombres por un momento. (35) Y les dijo: Varones de Israel, tened
cuidado de lo que vais a hacer con estos hombres. (36) Porque hace algún
tiempo Teudas se levantó pretendiendo ser alguien; y un grupo como de
cuatrocientos hombres se unió a él. Y fue muerto, y todos los que lo seguían
fueron dispersos y reducidos a nada. (37) Después de él, se levantó Judas de
Galilea en los días del censo, y llevó mucha gente tras sí; él también pereció, y
todos los que lo seguían se dispersaron. (38) Por tanto, en este caso os digo:
no tengáis nada que ver con estos hombres y dejadlos en paz, porque si este
plan o acción es de los hombres, perecerá; (39) pero si es de Dios, no podréis
destruirlos; no sea que os halléis luchando contra Dios.

Los líderes religiosos supuestamente estaban defendiendo su fe. Pero


Gamaliel los hizo recapacitar, y los llevó a considerar que tal vez no estaban
peleando contra esos hombres sino contra Dios. Para Gamaliel y para todos
los líderes religiosos no les hacía sentido lo que los seguidores de Jesús
predicaban; pero Gamaliel tuvo la sabiduría de considerar que ese nuevo
movimiento podía ser de Dios. Si era de Dios, iba a permanecer; pero si no lo
era, se apagaría por sí solo.

Este pensamiento sabio de Gamaliel no sólo aplicaba a ese momento, ya que


también podemos aplicarlo para el día de hoy. A lo largo de la historia de la
Iglesia, el Espíritu se ha manifestado en nuevos movimientos que amenazan
el status quo de la iglesia. Los que han sido de Dios, dan fruto y permaneces;
los que no son de Dios, simplemente desaparecen. Nuestra actitud debe ser
no de “crítica a lo nuevo”, sino de atención y expectativa para ver si el
movimiento es de Dios o no.

¿Quién era Gamaliel?


Lucas señala que era un maestro de la Ley…pero no era un simple maestro,
sino un maestro de maestros. Le llamaban “Raban”, gran maestro. Gamaliel
era uno de los principales discípulos de Hilel, líder de una de las dos
principales escuelas religiosas judías (la otra escuela era de Shamai). Pablo
fue discípulo de Gamaliel (Hechos 22:3).

Según la Mishna (escrito judío), cuando Gamaliel murió, con él se fue lo último
de la reverencia por la Ley y la pureza.

Aunque Gamaliel era fariseo, él era muy respetado por todos, incluyendo los
saduceos. Por ello, cuando dio su consejo, el Concilio atendió sus palabras y
no mataron a los apóstoles. Sin embargo, sí los castigaron y volvieron a
amenazarlos.
(Hechos 5:40) Ellos aceptaron su consejo, y después de llamar a los
apóstoles, los azotaron y les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús
y los soltaron.

Pero ni el castigo ni las amenazas lograron intimidar a los apóstoles, porque


ellos siguieron haciendo lo que Dios les había encomendado…
(Hechos 5:41-42) Ellos, pues, salieron de la presencia del concilio,
regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por
su Nombre. (42) Y todos los días, en el templo y de casa en casa, no cesaban
de enseñar y predicar a Jesús como el Cristo.
Jesús les había dicho a los apóstoles que iban a ser perseguidos por su fe, así
que no fue una sorpresa sino que lo esperaban, y genuinamente se regocijaron
como dijo el Señor…
(Mateo 5:10-12) Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por
causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los
cielos. (11) Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan
todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de
mí. (12) Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es
grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.