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Lista de contenidos

Introducción

. Créditos
. Agradecimientos
. Introducción
Contenidos
Capítulo 1: antes de empezar

. El arte de las justificaciones


Capítulo 2: lo que hay que saber

. La fuerza del pensamiento


Capítulo 3: pasos previos

. Actitudes ante la vida


Capítulo 4: la interpretación

. Interpretación del lenguaje simbólico de las anécdotas


Capítulo 5: todos somos padres o hijos

. Las relaciones padres – hijos


Capítulo 6: buen provecho

. El simbolismo de las comidas


Capítulo 7: el espejo

. Las relaciones de pareja


Capítulo 8: conducir-nos

. El coche, nuestro vehículo


Capítulo 9: vida sana

. La salud y sus simbolismos


Epílogo

. Conclusiones
. Diccionario de simbolismos
.Libros del mismo autor











Tristán Llop
El lenguaje simbólico de las anécdotas

La letra pequeña de la vida

Nueva Vibración

Título: El lenguaje simbólico de las anécdotas, la letra pequeña de


la vida
Autor: Tristán Llop
Diseño portada: Francesc Lattrapa
© Tristán Llop
© Nueva Vibración s.l., 2010
http://nuevavibracion.com
nvibracion@ono.com

ISBN: 978-84-920868-8-7

Reservados todos los derechos, no se permite la reproducción


total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema
informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier
medio, sea este electrónico, mecánico, reprográfico, gramofónico u
otro, sin el permiso previo y por escrito del titular del copyright.
Agradecimientos

A quienes me han hecho partícipes de sus


vivencias, dando sentido a este libro.

A quienes me han iluminado con sus


sugerencias o con su simple presencia.

A quienes, en los cursos y seminarios, me han


animado a escribirlo.

A mi esposa Aurora, especialmente, que con


una paciencia infinita, ha seguido con cariño y tesón
la elaboración de este libro. Me ha dado su amor y su
luz día a día. Me ha asesorado y ayudado en las tareas
de corrección, además de animarme a acabarlo.
A mi hermano Lorenzo, que siempre está
dispuesto a poner su sabiduría al servicio de sus
hermanos y que siempre tiene un minuto, en sus
múltiples ocupaciones, para ayudarme con la
corrección.

A mis hermanas Soleika y Milena, que nunca


pierden la ocasión de transmitirme su amor
incondicional.

A mis hijos Silvia y Sergi que además de ser


para mí una continua fuente de inspiración, se
prestan, con gran vehemencia y dedicación, a realizar
la labor de espejos y me ayudan así a mejorar día a
día.
A todos ellos gratitud, amor y buenos
pensamientos por la luz y el conocimiento aportados.
INTRODUCCIÓN

Usted me ha apartado de la observación excesivamente


vigorosa de las cosas exteriores y sus relaciones, haciéndome
volver sobre mí mismo y enseñándome a considerar con más
equilibrio la variedad del hombre interior.
Carta de Goethe a Schiller

Todos los acontecimientos tienen un nexo común, la clave


está en encontrarlo.

Estaba dando una conferencia sobre las relaciones


padres-hijos y una de las asistentes pidió la palabra para
comentar que ella mantenía muy buenas relaciones con su madre.
En ese preciso momento su silla se rompió estrepitosamente y se
quedó sentada en el suelo…

Estaba planteándome en serio la posibilidad de cambiar de


casa, de vender la mía para ir a vivir fuera de la ciudad y mientras
estaba enfrascado en estos pensamientos, sonó el teléfono:
- Sí, diga…
- Está Fermín…
- Perdone, pero se equivoca.
Después de colgar, decidí replantearme de nuevo el tema, ya
que esta anécdota parecía indicar que me equivocaba en mi
estrategia. (Sigo viviendo en el mismo sitio).

Se presenta en este libro un lenguaje innovador que abre


esperanzadoras perspectivas a la comunicación. Se caracteriza por
facilitar una conexión directa con nuestro propio centro de
recursos, propicia el acceso a herramientas que generalmente son
de uso limitado como pueden ser la intuición y el sentido común.
Me refiero al lenguaje de las anécdotas.

Las anécdotas, si las interpretamos, conceden un significado


a esos grandes y pequeños acontecimientos que sazonan nuestra
vida diaria. Se dice que el simple aleteo de una mariposa puede
cambiar el mundo, tras la lectura de este libro entenderéis
porqué.

Alguien puede interpretar que lo que le ocurre es fruto del


azar. Otros piensan que todo forma parte de un proyecto, de un
propósito. Mi interés por las anécdotas, por la letra pequeña de la
vida, se enmarca en esta segunda interpretación.

El lenguaje simbólico de las anécdotas, en mi opinión, está


llamado a ser unos de los pilares de la futura psicología analítica,
porque facilita información sobre la vida del paciente en tiempo
real a través de la interpretación de las anécdotas, de los hechos
recientes que le suceden. Se dispone, así, de una base informativa
actual para relacionar las anécdotas vividas con las patologías que
padece la persona. Además, la información que ofrecen las
anécdotas hace que sea menos necesaria la regresión, volver hacia
atrás en la vida de un paciente, buscando patrones paternos y
maternos. El análisis del suceso reciente ofrecerá numerosas
pistas para el desarrollo de la terapia.

Se puede afirmar, sin temor a errar, que un denominador


común de todos los seres humanos es la búsqueda de la felicidad.
Aportar mi granito de arena para propiciar ese estado de ánimo es
mi principal deseo. Se sabe que necesitamos vivir experiencias
para crecer y éstas nos van colocando en las condiciones
necesarias para enfrentarnos a cada secuencia, a cada aventura, a
cada anécdota: las difíciles nos predisponen a la tristeza, las
afortunadas estimulan nuestra alegría. Como consecuencia, nos
vemos sometidos al vaivén de los acontecimientos. Sin embargo,
es posible escapar a la influencia de este oleaje y llegar a controlar
los procesos anímicos, para dirigir nuestra vida. Para ello
debemos estar dispuestos a interpretar lo que nos sucede todos
los días. Una de las claves implícitas en el lenguaje de las
anécdotas y que utilizamos poco, consiste en aprender a
relativizar nuestra existencia.
Relativizar equivale a ver los problemas con mayor
perspectiva; con mayor capacidad de raciocinio. Al conseguirlo,
reducimos el tamaño de éstos, lo cual facilita la llegada de la
solución; equivale a intentar ver el espectáculo de nuestra vida
desde el tendido, al mismo tiempo que estamos luchando en el
ruedo. Esta disociación de la conciencia, o sea, ser y estar, vivir el
proceso de la vida, al tiempo que lo analizamos, puede
conseguirse aprendiendo a leer la letra pequeña de la vida,
sabiendo interpretar el lenguaje simbólico de las anécdotas que
suceden a diario, utilizando pequeños trucos que a menudo
pueden facilitar grandes resultados.

Cuando una persona nos cuenta algo que la atormenta, una


forma de ayudarla a relativizar es inducirla a cambiar de
escenario, es decir, recomendarle que se aleje del lugar donde se
presenta su problema, física o como mínimo mentalmente. De
esta forma habremos logrado que lo perciba desde otro ángulo,
que lo mire desde una nueva perspectiva.

Jugando con la ley de las analogías, podríamos decir


que en la vida de un ser humano, lo mismo que en el texto de un
periódico, se pueden realizar, entre otras, dos importantes
distinciones: los grandes titulares y las noticias breves, la letra
grande y la letra pequeña. Lo primero podría ser asimilado a los
acontecimientos más relevantes, lo segundo a las anécdotas
cotidianas. El propósito de este libro es precisamente llamar la
atención sobre esas noticias cotidianas que, por ser menos
llamativas, pasan a menudo desapercibidas, pero que nos
informan sobre la vida diaria y las necesidades de la gente. En la
letra pequeña se puede encontrar información más precisa,
detallada, objetiva. Algunas personas leen periódicos que son todo
titular, con pocos artículos de fondo, en cambio otras prefieren
ahondar en los temas y captar la sustancia. A éstas últimas me
dirijo de forma especial.

La letra pequeña de los contratos ha sido, en infinitas


ocasiones, causa de litigio, debido a que pocas veces se le concede
la importancia que merece. Sin embargo, lo cierto es que gracias a
ella nos enteramos del verdadero contenido de los documentos en
cuestión. El genial Walt Disney lo descubrió a pesar suyo, ya que
cedió, sin darse cuenta, los derechos de su primera creación de
éxito: “Oswaldo, el conejo de la suerte” precisamente por olvidar
leer la letra pequeña. Otros se beneficiaron de ella.

Todos los días se nos presentan una gran variedad de


situaciones y acontecimientos y en la mayoría de los casos resulta
difícil poder descubrir entre ellos un nexo de unión e incluso un
sentido. Este libro trata precisamente de facilitar un método que
ayude a unir las piezas de este puzzle para poder percibir la figura
resultante, se trata de buscar un denominador común entre todos
los acontecimientos. Las piezas, por separado muestran una parte
de la realidad; son como los miembros disgregados de un cuerpo,
en cambio, unidas forman una figura que redimensiona el
escenario y nos brinda la oportunidad de modificarlo. Mantener
mucho tiempo la atención fija en una misma realidad - darle
muchas vueltas a un pensamiento, una emoción o un hecho
material- ralentiza nuestro avance, genera un lastre que frena la
evolución personal. Cada pieza por separado -cada
acontecimiento, anécdota, suceso de nuestra vida- ofrece una
información fraccionaria, nos induce a creer en una realidad
múltiple, cuando en el fondo es unitaria, nos acaba llevando
siempre a la misma conclusión: debo cambiar algo en mi vida.

Aprender a leer la letra pequeña de la vida, es decir,


aprender a estudiar y analizar las anécdotas que se suceden a
diario, facilita mucho la tarea de vivir, ya que genera, además de
información, la posibilidad de comprender mejor los procesos que
rigen nuestra existencia. Empezamos así a ser conscientes de la
gran cantidad de barreras que levantamos a diario con nuestra
actitud. Cada una de ellas nos obliga a mover mucha energía para
su derribo, tanto las nuestras como las de los demás, ya que
mantenerlas genera una separación entre seres humanos y, por lo
tanto, una dificultad para captar el mensaje que nuestros
congéneres nos tienen reservado. Comprender ese proceso es
dejar de sentirse amenazado, es dejar de luchar contra los
elementos, equivale a disolver los enemigos, en definitiva, nos
acerca a la felicidad.

Comprender la letra pequeña de la vida es perder el miedo a


romper los moldes, a desmontar las justificaciones, a eliminar las
pantallas que nos separan de los otros y de nuestra propia
realidad.

“El lenguaje simbólico de las anécdotas” presenta una


serie de anécdotas que pueden resultar comunes a muchas
personas, ya que podemos ver reflejadas en ellas nuestra realidad
cotidiana. Las interpretaciones que se ofrecen tienen un carácter
práctico, se apoyan en más de dos décadas de experiencia, de
análisis de infinidad de casos que he tenido ocasión de observar a
través de mi labor como investigador en el campo de las
relaciones humanas y a través de los cursos de anécdotas y de
otras materias que he impartido. Sería ilusorio por mi parte
querer establecer generalizaciones, soy consciente de que cada
caso es único, sólo pretendo facilitar un método a partir del cual
cada persona deberá elaborar su propia receta.

Es importante analizar la letra pequeña de la vida para evitar


caer siempre en los mismos errores o en una soporífera rutina.
Para ello debemos utilizar como herramientas de base la intuición
y el sentido común, además del conocimiento que hemos
acumulado en las distintas áreas de experimentación por las que
hemos pasado. Pero sabemos que en numerosas ocasiones estos
útiles están dormidos o se están utilizando de forma limitada.

La premisa principal para despertar y desarrollar la


intuición, el sentido común y el conocimiento es la voluntad. Cada
persona debe poner su motor en marcha y tiene que desear
comprender lo que sucede en su vida. Si estás en disposición de
mover tu voluntad, este libro puede resultarte útil y beneficioso,
de lo contrario se convertirá en una lectura más a añadir a tu
biblioteca.

El secreto de la elaboración de una receta de cocina radica en


perder el miedo a experimentar con nuevos ingredientes, ya que
ésa es la manera de apropiarse del plato para convertirlo en una
vivencia íntima. Os animo a que hagáis lo propio y os lancéis a la
aventura de analizar vuestras experiencias.

Las anécdotas reflejadas en este libro son verídicas, aunque


los nombres y algunos lugares mencionados sean ficticios para
preservar la intimidad de sus protagonistas.

He ordenado los capítulos de forma en que se pueda seguir


un itinerario que considero coherente. Lo primero, antes de
ponerse a analizar una anécdota, es eliminar las justificaciones
que actúan como trampas. En el segundo capítulo aprenderemos
a tomar conciencia de las facultades de las que estamos dotados.
En el tercero veremos las fases por las que solemos pasar cuando
nos adentramos en el mundo de la comprensión de nuevos
valores. En el cuarto capítulo se aborda ya la forma de interpretar
una anécdota. En los siguientes encontraréis directamente
anécdotas y su interpretación, clasificadas por su temática. Al
final, he incluido un diccionario de simbolismos que puede
resultar muy útil a la hora de interpretar una anécdota.

Detrás de cada capítulo he añadido un pequeño resumen de


los puntos más relevantes.

Aprovecho para pedir disculpas por si alguien pudiera


sentirse molesto por mis interpretaciones, a la par que agradezco
encarecidamente la colaboración de quienes, con sus anécdotas,
han hecho posible este libro.

El lenguaje simbólico de las anécdotas es una


eficaz herramienta de autoconocimiento, que nos permite
profundizar en la raíz de los episodios que se suceden a diario en
nuestro tránsito por la tierra.
Interpretar una anécdota es empezar a aprender una nueva
forma de descifrar y comprender el lenguaje que se esconde tras la
letra pequeña de la vida.

Os invito a que, después de leer estas páginas, os animéis a


cuestionaros vuestras anécdotas. Si preguntáis, el universo
siempre se encarga de dar la respuesta.

Encontraréis abundante información sobre mis actividades


en: http://nuevavibracion.com.
CAPÍTULO 1:
EL ARTE DE LAS JUSTIFICACIONES

Apartados de
este capítulo

Todos contra
ella
¿Usted cómo
reaccionaría?
El sentimiento
En este mundo la mitad de las teorías
de culpa
tienen como razón justificar nuestros actos.
Me enfadé...
Pavel Vejinov
pero tenía razón
Mis hijos son
muy absorbentes
Claves a
recordar

Cuando nos enfrentamos al análisis de las anécdotas, uno de


los primeros obstáculos es el de las justificaciones.

Desde el principio de los tiempos, hemos mostrado siempre


una gran habilidad para justificar cada uno de nuestros actos,
para encontrar razones, más o menos convincentes, que nos
ayuden a defender un estatus, una posición inamovible, a
mantenernos en un lugar “tranquilo” y “seguro” del camino. A lo
largo de la evolución esta forma de anclarse, de “estar en el
mundo”, ha anquilosado al ser humano, ha atrofiado alguna de
sus potencialidades, del mismo modo que si dejamos aparcado un
vehículo durante meses o años sin moverlo de su plaza, dejará de
realizar la función para la cual fue creado y lo más probable es que
se estropee.
El universo se encuentra en constante progreso y resulta
contraproducente quedarse atascado en una vía. Así, cada vez que
una persona lo intenta se produce una tensión, lo cual provoca la
intervención de una mano providencial (léase “casualidad”,
circunstancia propicia o desfavorable) que la arranca de su
marasmo, de su posición estática.

Relatan los textos de la Tradición cabalística que al principio


de los tiempos, Jehová[1] decidió dividir la Tierra en setenta y dos
pueblos[2]. Su idea primigenia fue transmitir a cada una de esas
aldeas un tipo de conocimiento concreto, una sabiduría necesaria
para su evolución, (como si en un pueblo enseñaran matemáticas,
en el otro geografía, etc.), dando al ser humano herramientas para
cumplir su misión. De esta manera las personas podrían adquirir
todo tipo de conocimientos y llegarían así a la omnisciencia
después de haber pasado un periodo determinado en cada uno de
esos pueblos[3].

Pero Jehová se encontró con un obstáculo inesperado, que


ha perdurado hasta nuestros días: el de los apegos. La gente se
identificaba tanto con su lugar de residencia, con su terruño, con
sus tradiciones, sus ritos y sus costumbres que llegado el
momento se negaba a abandonarlos en busca de nuevos
conocimientos. [4]

Miles de años después, seguimos apegados, encadenados a


los mismos patrones y olvidamos que nuestra evolución consiste
en adquirir constantemente nuevos conocimientos. Nos
apegamos a una verdad, a una idea, a una concepción
determinada del mundo. Así justificamos sin cesar cada uno de
nuestros actos, buscamos “buenas razones” para defenderlos,
razones que pueden resultar positivas en un primer momento,
pero que deben ser modificadas al ritmo de nuestra propia
evolución. Sin darnos cuenta, esas justificaciones favorecen el
error, ya que inducen a pensar que somos aquella idea que
defendemos. Dicho de otro modo, cuando nos justificamos, más
aún, cuando encontramos un punto de apoyo sólido, una persona
que nos da la razón, que corrobora nuestros argumentos, nuestra
coartada, corremos el peligro de caer en un círculo vicioso. Sería
como si la amante de un asesino asegurara que la noche del
crimen la pasó con ella y que lo repita tanto que el propio
delincuente llegue a creérselo. A continuación podemos ver un
claro ejemplo de justificación que nos cuesta (o nos fastidia)
detectar.
Todos contra ella

Elena contó cómo sentía que se había urdido una


estratagema en su contra. Según ella era una persona dulce y
atenta, entregada a los demás y que había sido injustamente
castigada por la sociedad una y otra vez. Relató, que tras haber
vivido una existencia plagada de desgracias, en los últimos
tiempos tenía la impresión que Dios la había abandonado a su
suerte de forma definitiva.

Elena se había ido a trabajar a una isla con el compromiso


verbal de un buen empleo. También había apalabrado un
apartamento. Cuando llegó, se encontró sin el trabajo prometido y
sin la vivienda, que había sido ya alquilada. Coincidiendo con esas
circunstancias, había prestado dinero a unos amigos y ahora que
lo necesitaba ellos se negaban a devolvérselo.

Decidió, visto el panorama, volver a la península y mientras


cruzaba una calle para cargar sus maletas en el taxi que la llevaría
al puerto, le robaron su perro - el único ser que, según ella, la
quería de verdad-. Unos días más tarde, la llamaron de la
comisaría para comunicarle que habían detenido a la ladrona y
recuperado al perro, pero al cabo de unos minutos el agente volvió
a telefonear para decirle que mientras mantenían la anterior
conversación, la ladrona había vuelto a escapar con el can (se
trata de un hecho verídico, aunque parezca la escena de un
vodevil).

Elena relató también la historia de su infancia, marcada por


un trato difícil con su madre, con quien había dejado de
relacionarse, porque, según ella, la madre era muy egoísta. Por
otro lado, Elena solía abandonar todos sus trabajos al cabo de
poco tiempo ya que consideraba que siempre la explotaban.
Tampoco tenía mejor suerte en el aspecto sentimental: su pareja
la había plantado.
Así pues, estaba convencida que todo el mundo se había
aliado en su contra, que nadie la comprendía, que estaba viviendo
en un mundo egoísta y que chocaba con la gente debido a su gran
sensibilidad.

Elena creía en la coartada que había establecido en su vida,


en su justificación, según la cual una sociedad gris la maltrataba
debido a su exceso de virtudes y esa creencia la estaba empujando
a vivir un sinfín de despropósitos, además de impedirle avanzar.

Si analizamos las experiencias relatadas por Elena (en


diferentes consultas, que van mucho más allá de una simple
anécdota), podemos interpretar que la chica había heredado de su
madre un patrón de comportamiento que la llevaba a mostrar - de
forma inconsciente- una actitud egoísta. Al desarrollar de manera
repetitiva esa forma de ser, creaba una imagen que acaba
reflejándose en los demás, como en un espejo. De este modo, la
gente que ella se encontraba a diario le revelaba esa misma
actitud.
En segundo lugar, al comprobar la postura distante – según
su propia perspectiva – que mostraban los demás, desarrolló una
especie de escudo protector que la aislaba todavía más y que
impedía que saliera o entrara en ella cualquier atisbo de amor.

El verdadero problema estriba en que Elena ha tejido una


compleja red de justificaciones (considerar que la explotaban;
considerar que todos eran egoístas con ella; considerar que todos
la trataban mal…) que la impulsan a adoptar una actitud errónea
ante los demás y de la cual ella acaba siendo la más perjudicada.
Todos somos egoístas en un momento u otro de nuestra
existencia; la cuestión estriba en darse cuenta de ello, aceptarlo y
descomponer la justificación que utilizamos como coartada.

Así sucede en la anécdota del pastel:

Luís corta un pastel en dos trozos, uno visiblemente mayor


que el otro. A continuación los ofrece a un amigo.
- Toma un trozo.
- Elige tú primero.
- Anda, escoge tú.
- Vale.
El amigo prefiere entonces el trozo más grande y su anfitrión
le recrimina:
- Pero, ¡qué mala educación!, has elegido el más grande.
- ¿Cuál hubieras elegido tú? – pregunta el amigo.
- El más pequeño.
- Pues justo el que te ha tocado, ¿de qué te quejas?

El anfitrión buscaba una coartada para poder justificar su


“egoísmo” al desear el trozo más grande (podía haberlos cortado
iguales o haber escogido primero) y se enfadó al salirle mal la
jugada.

Volviendo al argumento que nos ocupa, cuanto más tiempo


dedique Elena a pensar que es un ser amoroso y que los demás
son los malos de la película, más le costará reaccionar y romper la
rueda de acontecimientos (anécdotas) que tienen como cometido
empujarla hacia delante, en dirección a una toma de consciencia.

Cuando tiramos una piedra a un estanque, se producen


ondas a su alrededor. Por analogía, nuestras actitudes frente a la
vida también generan cambios en las personas que nos rodean y
esa sacudida estará en sintonía con la energía que hemos puesto
en circulación. Si la piedra resulta ser una postura egoísta, pues
ésa será también la energía que recogeremos de nuestro entorno.
En cábala existe una máxima que reza: el universo nunca planta
nada, recoges lo que has plantado tú.

En definitiva, desde nuestro punto de vista, una actitud


razonable si se empiezan a desencadenar en la vida una serie de
sucesos desagradables, consiste en hacer uso del sentido común,
el cual debe inducirnos a abortar esa dinámica. El mejor sistema
para romper esa rutina es cambiar de actitud en relación con lo
que se está viviendo lo más rápida y drásticamente posible.
¿Usted cómo reaccionaría?

En el transcurso de una conferencia sobre anécdotas en la


Facultad de Ciencias de la Información de Madrid, una persona
del público planteó su duda:
- Todo lo que dice usted sobre la reacción o la justificación
está muy bien, pero si entra un ladrón en mi casa y pretende
agredir a mi familia, lo mato sin pensármelo dos veces y mi
justificación será la defensa propia. Y usted, ¿cómo reaccionaría
en tal circunstancia?

- Probablemente de la misma forma que usted. Si alguien


intenta agredir a mi familia trataré de defenderla con todo lo que
tenga a mano y puede darse la mala fortuna que mate al agresor.
Ahora bien, acometido el acto pueden darse dos tipos de
reacciones:

La primera consiste en dedicar gran parte de la vida a


justificarse, con el uso de todo tipo de argumentos, y contar que se
mató al agresor para defender a la familia y repetirlo hasta la
saciedad para tratar de auto convencerse de haber actuado con
corrección.

En cambio, la segunda opción consiste en pedir perdón a


aquella alma por haberle segado la vida. Es decir, se trata, una vez
superada la reacción instintiva, de salirse de la rueda de
justificaciones. Yo me apuntaría preferentemente a esta opción,
porque opino que quitarle la vida a una persona es siempre un
acto injustificable y nadie debería alegrarse de ello, ni siquiera
esgrimiendo las mejores excusas, aun cuando exista gente que
parece hacer grandes méritos para merecerlo.

Avanzar una respuesta ante una situación hipotética nos


prepara ante la eventualidad de que dicha situación nos
desestabilice (nos genere pena, dolor, miedo...). Pero también
prefigura el tipo de respuesta que estamos dispuestos a dar y que
de algún modo podría determinarnos, facilitando que la respuesta
real, dado el caso, se parezca mucho a la proyectada. Si me
convenzo de que la única salida razonable a un ataque es la
muerte del agresor, es posible que ante una situación de agresión
diferente a la imaginada, en la que mi vida nunca corra peligro,
responda a la forma proyectada. Luego, al intentar justificar lo
ocurrido, hablaré de la casualidad o la fatalidad, sin tener en
cuenta que mi forma de prever la realidad determina mi
respuesta. Es lo que podríamos llamar una proyección[5].

La vida nos obliga a recorrer un circuito de


experiencias. Algunas parecen favorables y otras menos, pero en
su conjunto todas promueven nuestro avance. El error forma
parte de la condición humana y debe ser aceptado como tal, pero
una cosa es admitirlo y otra muy distinta tratar de justificarlo.

Uno puede propinarle una bofetada a su hijo porque ha


perdido los nervios, pero parece absurdo justificarlo
argumentando, por ejemplo, que los niños necesitan disciplina.
Podríamos entonces aplicar ese mismo razonamiento a la
actividad de una fábrica. Imaginemos que un patrón entiende que
sus obreros trabajan a un ritmo demasiado lento o que les falta
disciplina y contrata a unos matones para imponer nuevas
normas zurrando a sus trabajadores.

Es probable que muchas personas estén pensando, después


de leer estas líneas, que las dos situaciones son distintas, porque
los padres deben educar a sus hijos y tutelarlos. Pero, según mi
modo de entender la vida, los empresarios también deben asumir
la formación de sus empleados. ¿Por qué deben ser distintas las
normas aplicadas a unos u otros? ¿Por razón de edad, sexo,
religión, estado civil, color de la piel?

Podríamos entrar en un debate sin fin, ya que el ser humano


es un gran especialista en justificaciones, pero precisamente
tratamos de conseguir superarlas, y evitar que generen en
nosotros un patrón de comportamiento, como ha sido el caso de
Elena, que la ha llevado a cerrarse al mundo exterior y a pensar
que todos están en su contra. Para ello es preciso tomar
conciencia cada vez que estemos justificando un acto erróneo.
Toda agresión resulta injustificable. Sin embargo, embestimos a
diario a nuestro prójimo, con ninguneos, críticas, levantando la
voz, engañando... o argumentamos la necesidad de una guerra
para justificar intereses vergonzosos.

Nuestro comportamiento crea su propio campo de fuerza, de


energía, de modo que los demás responden a aquello que
proyectamos, a lo que ofrecemos. Cuando nuestras justificaciones
nos impiden entender lo que nosotros mismos generamos (Elena
es incapaz de darse cuenta que genera egoísmo), se produce un
atasco.

Se trata, pues, de darnos cuenta del sistema que utilizamos


para justificarnos y desembarazarnos de él. Sin embargo cuando
lo descubrimos, caemos a menudo en una trampa dolorosa: el
sentimiento de culpa.
El sentimiento de culpa

El sentimiento de culpa es una actitud que surge con fuerza


cuando se empieza a tomar conciencia de la necesidad de
desmantelar las justificaciones.

Según Freud, el sentimiento de culpa nace de la tensión


interna producida por el desacuerdo entre lo que uno desea
realizar y lo que la realidad le indica que es necesario, correcto o
conveniente que haga. Esta tensión interna desequilibra y
desasosiega al individuo, el cual acaba buscando un mecanismo
de defensa que lo libere de ella. Uno de ellos es la justificación. El
individuo se auto justifica, pero en su fuero interno “sabe” que
existe una impostura, que ha hecho trampa. El sentimiento de
culpa es la manifestación de ese “saber.”

La culpa es un aspecto de nuestra personalidad que, a todas


luces, convendría erradicar, ya que representa uno de los
sentimientos más inútiles que arrastra el ser humano. Sentirse
culpable sólo conduce a buscar de forma inconsciente una
situación de auto castigo.

Valga el ejemplo de una madre que relataba que un día


propinó una bofetada a su hija. Minutos después se sintió
culpable al darse cuenta que aquello había sido fruto de la
descarga de una tensión acumulada con anterioridad. Pensando
en ello, mientras preparaba la comida, le salpicaron unas gotas de
aceite hirviendo y le produjeron quemaduras en la mano
izquierda (simboliza el pasado).

Cada persona puede comprobarlo por sí misma recordando


una situación en la cual afloró un sentimiento de culpabilidad y
rastreando los momentos posteriores para comprobar si tuvo
lugar alguna circunstancia que pueda entenderse como un auto
castigo: un golpe, una quemadura, un resbalón, una caída, un
corte, un rasguño, algo doloroso…
Concluiremos que el sentimiento de culpa resulta inútil y
debe ser sustituido por una comprensión de la actitud errónea
cometida y una intención de enmienda que ayudará mucho más a
tranquilizar la conciencia que el auto castigo.

El sentimiento de culpa resulta inútil para el avance del


individuo, ya que la modificación del comportamiento erróneo
parece ser la actitud más correcta para progresar.

Se tiene la falsa creencia que la culpabilidad sirve para


descargar la conciencia. Ello se debe, en gran medida, a la
influencia de una “educación religiosa” que penaliza numerosos
actos con la bandera de la moral o la ética y favorece con ello el
sentimiento de culpa, pero siempre se basa en una mala
interpretación de las escrituras.
Me enfadé... pero tenía razón

“¡Tengo razón!” ¿Cuántas veces ha sido esgrimido este


argumento y utilizado a modo de justificación para deteriorar las
relaciones con una persona querida?
Una noche, en el transcurso de un viaje, fui invitado a
casa de unos amigos en Costa de Marfil y tuve la oportunidad de
charlar con el anfitrión, que aquel día cumplía años. Patrick me
contó que su padre había sido una persona centrada en sus
propias necesidades y que debido a ello él siempre se había
sentido despreciado. Ése fue el principio de una acalorada
discusión con su hermana, que en contraposición relató que su
padre había sido una persona maravillosa, que la colmaba de
detalles. Ambos cruzaron argumentos para defender su punto de
vista y se enfadaron, hasta que los demás conseguimos cambiar de
tema.

Si tuviéramos que dibujar un perfil humano del padre


¿a quién deberíamos creer? ¿Quién tiene razón? ¿Alguno de los
dos estaba mintiendo? Parece evidente que ambos decían la
verdad, su verdad, aquello que habían sentido. Quizá los dos
tuvieran una lección distinta que aprender. Cada cual transmite lo
que siente.

Lo mismo sucede cuando dos personas discuten sobre un


tema cualquiera, ambas defienden una visión propia de la
realidad, que viven y captan a su manera y por ello tienen razón
cada una por su lado. Pero todos tendemos a querer defender
nuestro punto de vista, aun cuando ello pueda valernos un serio
disgusto. Nos empeñamos en presionar al contrincante para que
ceda y podamos ganar por KO o como mínimo por los puntos (en
lenguaje pugilístico). Es como si estuviéramos defendiendo un
castillo, levantando altas murallas (argumentos) y cavando un
foso alrededor (falta de empatía). Es curioso constatar que en la
mayoría de las ocasiones esa persona con la que discutimos forma
parte de nuestro círculo más íntimo, la queremos y en cambio
somos capaces de causarle desasosiego, incluso dolor, guiados
únicamente por la “necesidad” de tener razón, como en el caso de
Patrick con su hermana.

La experiencia (y los golpes recibidos en ambas mejillas)


debería inclinarnos a preferir que la razón se la lleve el otro, si con
ello conseguimos mantener la armonía. Más aún si tenemos en
cuenta que la razón es un elemento totalmente subjetivo y
depende del ángulo bajo el cual se enfoque. Siempre existe más de
una verdad.

Así, ante la falta de alternativas, será preciso abdicar de la


razón en beneficio de una relación, ya que ésta encontrará muchas
dificultades para avanzar si tiene que enfrentarse a justificaciones.

Pero nos queda otra opción: el pacto. Pactar es la forma más


delicada de dejar intacta la muralla del contrincante, sobre todo
cuando estamos conviviendo en el mismo “castillo”, como es el
caso de los matrimonios, por ejemplo.

Tratar de comprender la perspectiva del otro, las razones


que le empujan a pensar de una manera determinada, puede
resultar de una gran ayuda a la hora de mantener relaciones con
el prójimo.

Por otro lado, ceder la razón, aun cuando pueda dejar un


poco maltrecho nuestro orgullo, representa un acto de humildad y
esta actitud se transforma en una llave que abre numerosas
puertas y más de un corazón.

Estamos hablando de flexibilidad, de la capacidad de ser


conscientes de cuáles son nuestras prioridades, objetivos, de lo
que resulta importante y de lo que es superfluo, de cuál es el
medio y cuál el fin. En definitiva, de lo que estamos dispuestos a
sacrificar o a ofrecer en bien de la concordia y la armonía.
Mis hijos son muy absorbentes

Alba tenía razones para ser feliz, unos hijos sanos y bien
educados, un trabajo estable, bien remunerado y que le
encantaba, un marido que la quería y a quien amaba. Pero en lo
más profundo de su ser le costaba sentirse bien con ella misma y
empezó a desarrollar síntomas de depresión.

Tenía una gran habilidad para escribir cuentos (trabajaba


con niños), sin embargo, dedicaba poco tiempo a esta actividad
debido, -según su propio relato- a que sus hijos la necesitaban y
entre el trabajo y las tareas del hogar se quedaba sin tiempo. Esto
desembocaba en un bloqueo de su creatividad y la consiguiente
frustración que esto genera.

- Tengo que ocuparme de la casa y de los niños, que me


absorben mucho con sus estudios. Mi marido me ayuda cuando
puede, pero trabaja muchas horas.
- ¿Y el fin de semana? -le pregunté.
- Dispongo de algo más tiempo.
- Entonces podrías aprovechar para escribir.
- Tampoco puedo, porque el fin de semana acompaño a mis
hijos en sus actividades, uno tiene partido de fútbol, la mayor
de baloncesto y también me quedo sin tiempo. Se me escapa el
fin de semana y ya vuelve a ser lunes.

Vemos que en primer lugar Alba se justifica a sí misma. A


continuación, sin darse cuenta, justifica también a su marido, lo
cual en realidad equivale a seguir justificándose a sí misma, ya
que le sirve de coartada.

Si Alba fuera feliz con su vida todo estaría bien, sin embargo
la necesidad de consultarme y el tono triste de su exposición
evidenciaban un vacío, una carencia que podría llenarse con el
desarrollo de su creatividad. Era indudable que algo se dejaba en
el tintero a la hora de expresar su verdadera personalidad. Ella
creía estar dotada de cualidades literarias y estaba reprimiendo su
vocación, amparándose en sus múltiples obligaciones. De la
información que me proporcionó en la consulta se deducía que
Alba temía de alguna manera lanzarse por el terreno de la
literatura debido a que le faltaba seguridad en sí misma y porque
hacerlo le generaría cambios. Podría implicar demostrar su
verdadero potencial y disponerse a crear, le generaba miedo.

Las razones de Alba eran coherentes, todo lo que


argumentaba era cierto, sin embargo la estaban conduciendo a un
punto muerto, le impedían avanzar. Su depresión era el síntoma
claro de un malestar interior que le costaba reconocer y que
estaba somatizando.

Este caso nos muestra la sutileza de los mecanismos de la


mente. El reto, cuando se desmontan las justificaciones, consiste
en saber enfrentarse a la subsiguiente desnudez del alma, ya que
la persona se ve obligada a definirse y también a responsabilizarse
de sus propios procesos, aciertos y errores. Todo ello lleva
implícito un proceso de desapego de las enseñanzas recibidas en
la infancia, de los patrones heredados y de los miedos adquiridos.

Alba acabó comprendiendo que ella era quien obstaculizaba


el despliegue de su creatividad. Por temor a fallarse a sí misma y a
los demás. Analizando su comportamiento, se dio cuenta que se
buscaba mil ocupaciones en casa (por otro lado útiles, aún sin ser
imprescindibles) con tal de evitar tener tiempo libre para escribir.

Sin embargo, otro aspecto de su personalidad, una incómoda


voz interior, le susurraba al oído que escribiera cuentos, que se
lanzara. Y ese inquilino, al comprobar que sus susurros eran
ninguneados, decidió ampliar el eco: primero el desánimo, luego
la inseguridad y finalmente la depresión.

Alba comprendió al fin que se cobijaba en sus justificaciones


para retrasar el momento de enfrentarse a una nueva expresión
de su creatividad. Le sugerí que abriera, sin prisa pero sin pausa
un espacio al desarrollo de su creatividad. Primero una hora el fin
de semana, ampliándolo después a dos…

Al mover la voluntad, todo se activó en su vida y, por arte de


magia, se crearon las circunstancias para que disfrutara de más
tiempo libre.
Al modificar su enfoque, propició automáticamente un
cambio de decorado. Empezó a vivir otro guión distinto.
Tomando conciencia de sus justificaciones, modificó su
realidad en un sentido que la beneficiaba.

Este ejemplo ilustra un argumento defendido a lo largo de


este libro: el universo responde a nuestras expectativas y somos
arquitectos e ingenieros de nuestras circunstancias.

Podemos concluir que el ser humano tiende a encerrarse en


la rueda de las justificaciones que adornan la mayor parte de sus
actos, (lo cual es razonable). Después crea una imagen
determinada y al final acaba creyendo que él es aquella imagen
(aquí es donde se plantea el problema.)

Sería la metáfora que Platón ilustraba con “el mito de la


Caverna”, en el cual aparecen una serie de personajes
encadenados en de una caverna que miran unas sombras
reflejadas en una pared y confunden esas sombras con la realidad,
cuando lo cierto es que sólo reflejan una realidad momentánea.
Uno de los protagonistas consigue salir de la caverna y descubre
que las sombras son el reflejo de distintos personajes que se
pasean delante de la pared exterior y que son reflejados por el sol.

Lo ideal es ser capaz, como el personaje de Platón, de


establecer la diferencia entre la imagen de la realidad que
nosotros creamos y la realidad misma. Es decir, la imagen podría
ser, por ejemplo retomando el caso de Elena, la de pensar que el
mundo es egoísta conmigo y darle vueltas a esta “verdad” hasta
creerla por completo y convertirla en mi realidad. En cambio, la
“realidad misma” sería darme cuenta que yo me estoy
comportando de forma egoísta con el mundo y que reflejo esa
“verdad” en los demás y el mundo me devuelve ese reflejo.

Eliminar esta tendencia se consigue tomando conciencia de


ella (lo cual tratamos de conseguir a través de estas páginas)
rompiendo el patrón de comportamiento correspondiente,
evitando que nos encasillen, cambiando la imagen que tenemos
de nosotros mismos. Todos utilizamos justificaciones, la cuestión
es mantenerlas el menor tiempo posible, puedo ser egoísta, pero
debo evitar ensalzar esta actitud como si se tratara de una gran
virtud.

Superar las justificaciones se logra planteando la vida como


un continuo avance, como una carrera de obstáculos que nunca se
acaba porque nuestro principal objetivo es aprender a saltar. De
este modo se formula el gran reto: Evolucionar.

Claves a recordar

Nuestra evolución consiste en adquirir constantemente


nuevos conocimientos
Es preciso tomar conciencia cada vez que estemos
justificando un acto erróneo
Cuando nuestras justificaciones nos impiden entender lo
que nosotros mismos generamos, se produce un atasco
El sentimiento de culpa resulta inútil y debe ser
sustituido por una comprensión de la actitud errónea
cometida y una intención de enmienda que ayudará mucho
más a tranquilizar la conciencia que el auto castigo
La razón es un elemento totalmente subjetivo y depende
del ángulo bajo el cual se enfoque. Siempre existe más de
una verdad
Pactar es la forma más delicada de dejar intacta la
muralla del contrincante, sobre todo cuando estamos
conviviendo en el mismo “castillo”, como es el caso de los
matrimonios
El reto, cuando se desmontan las justificaciones, consiste
en saber enfrentarse a la subsiguiente desnudez del alma, ya
que la persona se ve obligada a definirse y también a
responsabilizarse de sus propios procesos, aciertos y errores
El universo responde a nuestras expectativas y somos
arquitectos e ingenieros de nuestras circunstancias
Superar las justificaciones se logra planteando la vida
como un continuo avance, como una carrera de obstáculos
que nunca se acaba porque nuestro principal objetivo es
aprender a saltar. De este modo se formula el gran reto:
Evolucionar

Apartados de este capítulo

Todos contra ella


¿Usted cómo reaccionaría?
El sentimiento de culpa
Me enfadé... pero tenía razón
Mis hijos son muy absorbentes
Claves a recordar

[1] Según el Génesis Jehová fue la divinidad encargada de estructurar nuestro universo, de poner
en marcha todos los procesos creativos.
[2] Este número tiene connotaciones especiales, debido a que el valor numérico de las letras del
Código Hebraico (el alfabeto sagrado con el que fue escrita la Biblia) que componen el nombre de
Jehová -Yod-He-Vav-He- suma setenta y dos.
[3] El libro: “Los Ángeles al alcance de todos” (ed. Arcano Books) de Kabaleb y Solëika Llop
reproduce la lista de los 72 pueblos originales.
[4] Según relata Kabaleb en su curso: “Los Misterios de la Obra Divina”
(http://concienciacreativa.com) aquellas circunstancias adversas obligaron a Jehová a replantearse la
situación y a buscar otro sistema para transmitir a los seres humanos los conocimientos que requieren
para su avance.
[5] Profundizaremos en este tema en el capítulo 2: La Fuerza del Pensamiento.
CAPÍTULO 2:
LA FUERZA DEL PENSAMIENTO

Apartados
de este
capítulo

El
síndrome
Jonás
¿Quieres
que se vaya?, En la naturaleza nada es limitado, todos
deséale lo los mundos se penetran y todos los seres son
mejor... solidarios. Cada pensamiento nuestro, incluso
El poder el más secreto, es causa de hechos que
de la plegaria nunca conoceremos.
Dr. Marc Haven
Una
solución
drástica
Una de
cervezas…
Claves a
recordar

Después de haber superado el escollo que representan las


justificaciones, debemos tomar conciencia de las capacidades de
las que estamos dotados, de la fuerza de nuestro pensamiento,
para evitar que éste derive en nuevas anécdotas.

A todos nos ha ocurrido alguna vez estar pensando con


insistencia en una persona y que ésta nos contacte o que alguien
nos hable de ella. Pero pocas veces hemos sido conscientes del
hecho que ese contacto lo hemos propiciado nosotros mismos.
Quizá resulte complejo, desde una postura científica ortodoxa,
comprobar el potencial que encierra la fuerza del pensamiento
(aunque ya se está experimentando), pero en los albores del siglo
XXI, es innegable. Hollywood se ha encargado, a través de
numerosas películas –Pura Energía, Phenomenon, Matrix, la
Esfera, etc.-, de presentarnos una muestra de lo que el ser
humano es capaz de conseguir con la fuerza de su mente. Pero un
paso obligado para poder ejercer un control sobre ese potencial es
creer en él. Sin esta simple premisa, todo intento de utilizar la
fuerza del pensamiento será menos eficaz y por tanto puede
generar frustración. Sin embargo, lejos de pedirte que realices un
acto de fe, se ofrecen en este capítulo una serie de ejemplos de
apoyo.

Al pensar en alguien, atraemos su energía hacia nosotros (su


atención, aunque sea de forma inconsciente), se crea un campo
electromagnético, una especie de efecto imán, que acaba
generando algún tipo de anécdota, la cristalización del
pensamiento. Veremos a continuación una serie de ejemplos que
ilustran esta idea, casos en los que un pensamiento emitido con la
suficiente fuerza o bien de forma recurrente acaba plasmándose
en la realidad.

El síndrome de Jonás

La historia bíblica de Jonás escenifica un comportamiento


muy común en el género humano. Este texto está referenciado en
el libro de Kabaleb “Cómo descubrir al maestro interior I” (Ed.
Arcano Books - capítulo 14)

“Subió Jesús a la barca con sus discípulos para ir a la


región de Dalmanuta y aparecieron los fariseos pidiéndole, para
probarlo, una señal del cielo. Jesús, exhalando un profundo
suspiro dijo: Por la tarde decís: buen tiempo si el cielo está
arrebolado, y por la mañana: hoy habrá tempestad si en el cielo
hay arreboles oscuros. Sabéis discernir el aspecto del cielo pero
no las señales de los tiempos. Esta generación mala y adúltera
busca una señal, mas no se le dará sino la señal de Jonás. Y
dejándolos, se fue.” (Mateo, XVI 1-4).

En este episodio de la vida de Jesús se nos muestra cómo la


divinidad coloca sus señales de formas diversas. En el universo,
todo está perfectamente señalizado, como lo están nuestras
carreteras y las arterias principales. Ese orden es la expresión,
en el microcosmos, del orden existente en las esferas de los
mundos superiores; todo consiste en saber leer las señales. Los
hombres de la antigua Ley eran expertos –lo son aún- en
descifrar esas señales externas y existen en el mundo infinidad
de métodos para augurar lo que va a venir. Pero esas señales
externas, anunciadoras de un próximo futuro, son sólo la
manifestación de una realidad que se ha estado gestando en la
naturaleza interna del universo y en esa gestación hemos
participado todos. Lo interesante, más que saber si mañana
lloverá o si se producirán grandes tempestades de viento, de
nieve o de granizo, es conocer la razón por la que se producen,
cómo se han originado ya que si conocemos el desarrollo de su
gestación, sabremos cómo evitarlas.

Los fariseos le pedían un signo a Jesús, una manifestación


externa, mensurable, objetiva, científica, capaz de convencer a
los hombres de cátedra en la Universidad, a los doctores de la
ley y presidentes de academias. Pero Jesús vino a generar un
mundo nuevo y sus señales eran internas... Les dice Jesús que la
única señal que les será dada será la de Jonás. Conozcamos su
historia:

Jonás oyó un día la palabra de Jehová que le decía:


levántate, ve a Nínive, la ciudad grande, y predica contra ella
pues su maldad ha subido ante mí. Pero Jonás, pensando que
Jehová le haría quedar mal, en lugar de obedecer las órdenes
recibidas se levantó, tomó un barco que se dirigía a Tasis y se
hizo a la mar, huyendo de Jehová. Apenas la nave se encontró en
alta mar, Jehová levantó un violento huracán y tal fue la
tormenta en el mar que los marinos temieron que se rompiera la
nave. Muertos de miedo, cada uno se puso a invocar a su Dios
echando al mar toda su carga para aligerar. En el fondo de la
nave, encontraron a Jonás durmiendo profundamente. El patrón
fue a él y le dijo: “¿Qué haces ahí durmiendo? Levántate y clama
a tu Dios, quizá cuidará de nosotros y nos salvaremos”. Los
marineros se dijeron unos a otros: “Vamos a echar a suertes a
ver por quién nos viene ese mal”; lo hicieron y la suerte señaló a
Jonás. Entonces le dijeron: “A ver, ¿de dónde vienes, cuál es tu
tierra?” y él respondió: “Yo sirvo a Jehová, Dios de los cielos...
pero tomadme y echadme a la mar, sé yo que esta gran tormenta
os ha sobrevenido por mí”... Lo echaron al mar y el mar se calmó
en su furia. Jehová había dispuesto una ballena grande para que
tragase a Jonás y Jonás estuvo en el vientre del cetáceo por tres
días y tres noches hasta que éste aceptó cumplir el mandato y,
por orden de Jehová, la ballena vomitó a Jonás en la playa,
después de que hubiera dirigido a Jehová una inspirada
plegaria.

Obedeciendo a Jehová, Jonás se fue a Nínive, pregonando


su destrucción. Y las gentes de Nínive escucharon su palabra y
rasgaron sus vestiduras para cubrirse con una tela de saco; su
rey inició un ayuno en el que participaron hombres y animales.
Tan grande fue su arrepentimiento que Dios les perdonó la
anunciada destrucción, con lo cual Jonás quedó muy
apesadumbrado porque su oráculo se había incumplido, y
volviéndose hacia Jehová le dijo: “Por eso quise huir a Tarsis,
pues sabía que eres Dios clemente y misericordioso, tardo en la
ira, de gran piedad y que te arrepientes de hacer el mal”. Y pidió
a Jehová que le quitara la vida porque mejor morir que vivir con
la vergüenza de haber profetizado un mal que nunca se llegó a
cumplir. Ese orgullo de Jonás resulta cómico. El pobre hombre
tuvo la desgracia de ser anunciador de las tragedias de un Dios
clemente.

Así pues, la señal de Jonás es aquella que obtienen los que,


sabiendo perfectamente lo que tienen que hacer, se van por el
lado contrario pidiendo una señal que les confirme lo que ya
saben. Esa señal son las tempestades, los vientos desatados de
las ideas exaltadas, extremas, arreciando contra las emociones
que ponen en peligro de naufragio el alma y que además
convierten al individuo en una amenaza para la sociedad que le
rodea, que acaba por expulsarle de su “barco”, abandonándole a
su tempestad interna, a merced de la providencia, la única
fuerza que puede salvarle... Jonás estimaba que su honor
consistía, más que en transmutar su alma por cuenta de su
divinidad interior, en que la catástrofe sobreviniera. ¿Cuántas
muertes necesitamos para salvaguardar nuestro honor, nuestra
vanidad? Esos cadáveres que nos glorifican, pueden ser
hombres, pero también puede tratarse del cadáver de un amor,
de una amistad, de una empresa. Si en tu vida aparece la señal
de Jonás, si cuantos te rodean están contra ti, si te toca en suerte
que te achaquen la culpa del mal que están padeciendo y te ves
abandonado a la tempestad, vuélvete del otro lado, evita seguir
en la misma dirección, actúa al revés de cómo lo estás haciendo,
deja de servir a tu fútil vanidad y deja que vuelva a ti la
benevolencia. Entonces, como le ocurrió a Jonás, oirás la voz de
tu divinidad interna que te dirá: “Ve a Nínive y pregona en ella
lo que yo te diré” Siempre hay un Nínive en nuestras vidas, al
que nos resistimos ir porque allí se ve derrotada nuestra
vanidad. El reto consiste en saber identificar ese lugar“.

¡Cuánta sabiduría encerrada en estas palabras! El síndrome de


Jonás lo padece un gran número de personas, como por ejemplo
el astrólogo que contaba con cierto orgullo el accidente que había
predicho y que acabó teniendo su sobrino. Es el síndrome que
sufren las personas empeñadas en anteponer su razón ante
cualquier otra consideración, aún en contra de sus propios
intereses o los de sus allegados. Prefieren quedar bien antes de
que prevalezca lo que sería más provechoso. Es lo que le ocurrió
por ejemplo a un bombero de Boston según cuenta Deepak
Chopra en “La Curación Cuántica” (Ed. Plaza y Janés):

“Un bombero de Boston acudió de noche a la Unidad de


Vigilancia Intensiva de un hospital quejándose de fuertes dolores
en el pecho. El médico lo exploró sin encontrar rastro alguno de
disfunción cardiaca. El paciente se marchó a disgusto y pronto
volvió con los mismos síntomas, y así en varias ocasiones,
siempre decía estar convencido de que tenía un problema de
corazón pero nada pudo detectarse. Me lo mandaron a mí, pero
tampoco pude hallar ninguna irregularidad coronaria. Sus
compañeros de trabajo se reían de él. Finalmente, viendo que la
ansiedad de este hombre iba creciendo, recomendé que le dieran
la baja por motivos psicológicos. El departamento de exámenes
médicos de la Brigada de Bomberos se negó, alegando la falta de
pruebas físicas convincentes. Dos meses más tarde, el hombre
tuvo que ingresar por última vez en una unidad de cuidados
intensivos y, en este caso, como víctima de un infarto. A los diez
minutos del ataque coronario, que destruyó el cincuenta por
ciento del músculo del corazón, murió, pero le quedaron fuerzas
suficientes para susurrar con un último aliento: “ahora me
creerán, ¿verdad doctor?”.

Aquel hombre llevó el síndrome de Jonás hasta sus últimas y


funestas consecuencias. La actitud más aconsejable en este caso
hubiera sido, tanto por parte del paciente como de los médicos,
intentar averiguar en qué lugar de su psique se alojaba aquella
aparente patología cardiaca. ¿Tal vez tenía problemas de
conciencia? – El corazón, para la Tradición llamada Cábala, está
regido por el área seis, la de la Comprensión y la Conciencia - ¿o
algún padecimiento ligado a sus emociones?

El síndrome Jonás se ve nuevamente reflejado en esta


conversación entre dos amigos:
- Estoy harto de pagar facturas inútiles de mi hijo, fíjate,
tiene casi treinta años y le sigo pagando un seguro privado de
enfermedad que nunca ha utilizado.
- ¿O sea que preferirías que se pusiera enfermo para
justificar el gasto?

¿Quieres que se vaya?, deséale lo mejor...


Marina dirigía un centro de terapias alternativas. Sofía, una
amiga suya, que se había quedado sin trabajo, se instaló un día en
el centro con el pretexto que deseaba ayudar a Marina. En un
primer momento, y sin que nadie se lo sugiriera, Sofía se sentó en
la mesa de recepción y se auto asignó el puesto de telefonista.
Marina empezó a preocuparse en cuanto se dio cuenta de la poca
gracia y diplomacia que poseía su amiga para contestar a las
llamadas.

– Va a asustar a los clientes, que están acostumbrados a un


trato mucho más dulce – decía Marina. - El caso es que yo la
quiero mucho y se me haría muy cuesta arriba tener que echarla,
porque presiento que se enfadaría conmigo. Pero si la dejo
continuar con esa labor me quedo sin trabajo.

Para ayudarla a salir de esta situación, le sugerí a Marina


que pensara en Sofía visualizándola en un puesto de trabajo
maravilloso, disfrutando de su actividad, imaginando que la
contrataban y que ella podía desarrollar su personalidad y ser
feliz. Así lo hizo diariamente durante 9 días. Transcurrido un mes
volvió para contar el desenlace.

- Es increíble, le han ofrecido a Sofía un trabajo en la


televisión autonómica de Burgos (el Centro de terapias estaba en
Barcelona), su ciudad natal, y se ha trasladado allí. Además, su
hijo estaba en paro y tenía problemas económicos. Ahora ella
puede ayudarle y están viviendo juntos de nuevo. Es feliz.
Realmente resulta impresionante lo que puede conseguirse con la
fuerza del pensamiento.

El problema que se plantea a menudo cuando tratamos de


liberarnos de la presencia de una persona que obstaculiza nuestra
libertad, es que emitimos sentimientos negativos para alejarla de
nuestra vida (véase un jefe que nos hace la vida imposible, una
hermana que siempre ocupa el cuarto de baño o un amigo que
nunca calla, etc.) lo cual redunda en más apego y por lo tanto
genera una mayor necesidad de permanecer unidos a la persona
en cuestión (aunque ese deseo sea inconsciente). En cambio, si la
actitud es la contraria, es decir, si uno empieza a pensar en
positivo y lo hace de corazón, deseando que esa persona sea feliz,
que encuentre un trabajo más gratificante, que la asciendan, que
gane enteros en cualquier aspecto de su vida, los sentimientos y
pensamientos positivos pueden darle alas y facilitar una mejora
en sus condiciones de vida, lo cual redundará a su vez en nuestra
propia prosperidad.

A priori, debería resultar sencillo mandar pensamientos


positivos a una persona con la que se mantiene algún contencioso
(si sabemos que así mejorará la situación), pero en la vida
práctica, suele costar un gran esfuerzo y ello es debido a que dicha
persona, con su actitud negativa, está emitiendo un mensaje que
va directamente dirigido hacia el individuo que tiene problemas
con ella (ya que le está haciendo de espejo). Emitir buenos deseos
hacia esa persona equivaldrá a darse cuenta, aunque sea
inconscientemente, que uno acepta el mensaje, aún sin estar
todavía preparado quizá para contestarlo. Es decir, que encajamos
el reproche, nos damos cuenta que ese “enemigo” forma parte de
una realidad que es la nuestra. Por ejemplo, cada vez que
lanzamos corazones –como en la serie de dibujos animados: “Los
Osos Amorosos”, que se unen para mandar corazones de colores a
todos aquellos que mantienen una actitud negativa o están de mal
humor- cada vez que pensamos o sentimos en positivo hacia una
persona con la que tenemos abierto un frente de polémica,
añadimos una nueva piedra en la construcción del puente que
unirá nuestra conciencia con nuestra realidad, o sea la imagen
que nos refleja el otro con lo que nosotros creemos ser.

Dicho de otro modo, aún en el supuesto de que resulte muy


arduo tomar conciencia de cuál es el problema de fondo y
tengamos poco claro el mensaje que nos intenta transmitir el
espejo de turno (la persona que está enfrente), el sólo hecho de
tener una voluntad positiva, es decir, amorosa, de perdón, de cara
a las ofensas que hayamos recibido de ese espejo, servirá de
líquido corrector para ayudarnos a eliminar parte de la carga
kármica particular (facturas pendientes, relaciones del pasado
que deben ser perdonadas y asimiladas). Ello es debido a que las
fuerzas del universo funcionan con gran eficacia y procuran
proveer al ser humano de todos los sistemas imaginables para
favorecer y acelerar su evolución, aún cuando éste se resista,
como le sucedió al protagonista de la historieta siguiente.

En un pueblo vivía un hombre devoto, que mantenía muy


buenas relaciones con Dios. Unas lluvias torrenciales provocaron
una gigantesca inundación que obligó a evacuarlo. Cuando el jeep
de la policía vino a buscarle, él se negó a subir, argumentando que
Dios nunca le dejaría morir debido a las buenas relaciones que
mantenía con él. Al desbordarse una presa cercana y elevarse el
nivel del agua, tuvo que subir al primer piso para evitar ahogarse.
Entonces se le acercó una lancha de salvamento, a la cual también
declinó subir, manteniendo el mismo argumento que en la
ocasión anterior. Finalmente, el caudal del agua creció de tal
manera que se vio obligado a encaramarse a la azotea de su casa.
Allí lo divisó un helicóptero de rescate pero, como hiciera Pedro
ante Jesús, negó por tercera vez y se ahogó. Cuando llegó al cielo,
le preguntó extrañado a Dios cómo había dejado morir a un
hombre tan devoto como él y éste le contestó, con palabras santas,
que le había mandado tres transportes distintos, por tierra, mar y
aire, (que en lenguaje simbólico podría interpretarse como
elementos de salvación para su cuerpo físico, sus emociones y sus
ideas) negándose él a utilizar ninguno de los tres medios, lo cual
le llevó a perder la oportunidad de salvarse.

Vemos a través de esta anécdota lo empecinado que puede


llegar a mostrarse un ser humano y es un buen ejemplo ilustrativo
de la resistencia que a veces ejercemos ante cualquier forma de
ayuda. Tal vez porque preferimos esperar a que aparezca Michael
Landon, John Travolta o Nicholas Cage en el apartado masculino;
o Shirley MacLaine u Olivia Newton-John en el femenino y que se
presenten vestidos de ángeles para salvarnos. Todos ellos han
encarnado el papel de ángeles en distintas películas.
El poder de la plegaria

Desde el principio de los tiempos el ser humano ha buscado


respuestas a sus anhelos a través de los rezos a la divinidad. Poco
ha importado el nombre con el que nos hemos dirigido al
Altísimo, la cuestión es que siempre tuvimos claro el hecho de que
debíamos realizar la petición. Ya lo decía El Maestro: “Pedid y se
os dará”. Ahora, en pleno siglo XXI, el ser humano empieza a ser
consciente de que Dios está en su interior y que tiene la capacidad
de dirigirse directamente a Él para realizar sus peticiones. Y lo
más importante, que con el poder de su mente, con la fuerza del
pensamiento puede hacer que dichas peticiones se hagan realidad.

Es innegable el poder de la plegaria y se dan casos que


ilustran ampliamente este hecho. En su libro “Palabras que
Curan”, (Ed. Obelisco) el Dr. Larry Dossey cita un estudio que fue
llevado a cabo en el Hospital General de San Francisco por el Dr.
Randolf Byrd. Se formaron dos grupos, A y B, de pacientes con
problemas cardíacos. Se estableció entre el personal del hospital
un equipo de voluntarios que se dedicó a mandar plegarias
dirigidas al grupo A, mientras que al grupo B nadie le destinó rezo
alguno. Dossey cuenta que el grupo A resultó cinco veces menos
proclive a necesitar dosis de antibióticos y tres veces menos
propenso a empeorar que el B y además ningún paciente del
grupo A necesitó respiración asistida mientras que sí la precisaron
doce miembros del B.

Una solución drástica

- Estaba harta de que me piropearan por la calle y me dijeran


obscenidades a todas horas -contó una muchacha en el transcurso
de un seminario de anécdotas- así que pedí, a través del
pensamiento, que me ayudaran a dejar de llamar la atención por
mi cuerpo. Y lo he conseguido -dijo apesadumbrada- mira qué
aspecto tengo, ¡he engordado treinta kilos!
Cristo dijo “Pedid y se os dará” pero olvidó especificar cómo
hacerlo. Antes de realizar una petición es preciso meditar sobre
sus consecuencias, y tratar de formularla con propiedad. En este
caso, hubiera sido quizá más adecuado decir: “A partir de ahora,
deseo llamar la atención por mi inteligencia, o bien por mi forma
de ser, por mi sensibilidad, por mi altruismo”…

Pero como lo que pidió fue dejar de atraer las miradas


debido a la exuberancia de sus formas, hubo poco donde elegir.

Es importante tener en cuenta que nuestros deseos y


pensamientos nunca caen en saco roto, siempre hay “alguien” a la
escucha, dispuesto a vehicularlos para que se cumplan, sobre todo
si los expresamos con fuerza y convicción.

Una de cervezas...

En ocasiones olvidamos calibrar la fuerza que tiene


nuestro pensamiento y lanzamos maldiciones sin ser conscientes
del resultado que éstas pueden tener en el “afortunado” receptor.
Esto fue lo que le sucedió a Emilio.

Estaba buscando aparcamiento cerca de su casa y


después de la tercera vuelta encontró un hueco justo delante de su
portería, lo cual era poco habitual, sin embargo, el aparcamiento
estaba obstaculizado por un camión de cervezas que había
estacionado en doble fila para abastecer una bodega. Emilio
estuvo esperando unos minutos a que el camión se marchara,
pero ante su tardanza optó por tocar el claxon. El conductor lo vio
pero hizo caso omiso a su llamada y continuó descargando.
Pasados unos minutos Emilio decidió marcharse, muy enfadado,
pero antes le lanzó una maldición: “¡ojalá se te caigan las cervezas,
por simpático!” Pasadas unas horas, Emilio bajó a comprar unas
bebidas a la bodega antes mencionada y se extrañó mucho al ver
que todavía estaba allí el camión. Así que le comentó al
bodeguero:

- Este hombre debe ser un vago; lleva toda la mañana


aparcado delante de tu puerta.

- Calla, que como te oiga... Está enfadadísimo porque se le


ha volcado la carretilla y han caído al suelo cinco cajas de
cervezas. Parece increíble, pero se han roto todas. Lleva mucho
rato recogiendo cascotes.

La fuerza de las imprecaciones es tremenda y ello


explica la razón por la cual la gente suele temer tanto las
maldiciones gitanas. Pero es preciso saber que todo cuanto
emitimos tiene sello de ida y vuelta y por lo tanto es muy posible
que Emilio tuviera que vivir después en propia piel algún
descalabro similar al de las cajas de cerveza. Similar en cuanto a
lo que sintió el chofer del camión en aquel momento, es decir, un
probable sentimiento de rabia e impotencia ante un hecho
descontrolado. Es preciso pues tomar nota para evitar emitir
cualquier decreto negativo en momentos de acaloramiento.

La fuerza del pensamiento está en sus albores, ya que su


potencial se está descubriendo, a la par que aceptando. En efecto,
se trata de un terreno poco explorado. Es preciso contemplar la
evolución en el desarrollo de la humanidad. Primero se fue
perfeccionando el aspecto físico. Después, se ha trabajado con
intensidad el terreno de las emociones –todavía estamos en ello- y
una vez superado el paso anterior, nos tocaría trabajar sobre la
fuerza del pensamiento. Sin embargo, en la medida en que nos
encallamos en el mundo emotivo, se ralentiza el proceso mental.

En cuanto seamos capaces de concentrar la energía en un


punto (la llamada conciencia láser) y dirigirla a través de un
pensamiento, nuestro poder mental aumentará
considerablemente. Otra cuestión será saber si estamos
preparados para manejar esa fuerza...
Hemos visto en este capítulo como, en virtud de la ley
hermética de los opuestos, si pretendemos huir de una situación
determinada, en realidad lo que estamos haciendo es atraerla,
debido a la fuerza del pensamiento que utilizamos. Conviene pues
aprender a controlar todo aquello que emitimos.

Claves a recordar

Al pensar en alguien, atraemos su energía hacia


nosotros es preciso tomar conciencia cada vez que estemos
justificando un acto erróneo
Cuando un pensamiento es emitido con la suficiente
fuerza o de forma recurrente, acaba plasmándose en la
realidad
El síndrome Jonás es el síndrome que sufren las
personas empeñadas en anteponer su razón ante cualquier
otra consideración, aún en contra de sus propios intereses o
los de sus allegados
Los sentimientos y pensamientos positivos pueden
darnos alas y facilitar una mejora en nuestras condiciones
de vida
Antes de realizar una petición es preciso meditar sobre
sus consecuencias y tratar de formularla con propiedad
Todo cuanto emitimos tiene sello de ida y vuelta
En cuanto seamos capaces de concentrar la energía en
un punto (conciencia láser) y de dirigirla a través de un
pensamiento, nuestro poder mental aumentará
considerablemente
Si pretendemos huir de una situación determinada, en
realidad lo que estamos haciendo es atraerla, debido a la
fuerza del pensamiento que utilizamos. Conviene pues
aprender a controlar todo aquello que emitimos
Apartados de este capítulo

El síndrome Jonás
¿Quieres que se vaya?, deséale lo mejor...
El poder de la plegaria

Una solución drástica


Una de cervezas…
Claves a recordar
CAPÍTULO 3:

ACTITUDES ANTE LA VIDA

Apartados
de este capítulo

El ilumineti
El apagueti
El
transfugueti
Saber
dosificar es
esencial
Los
ilumineti y la
comida El que sabe, se limita a dar lecciones, el
Los que vive, se convierte en pura enseñanza
ilumineti y
apaguetis en el A. y D. Meurois Givaudan
matrimonio
Peligro de
sobrecarga
Los ángeles
son mi vida
Tener la
consulta en casa
Claves a
recordar

Si en nuestro camino hacia el análisis de las anécdotas ya


hemos superado la etapa de las justificaciones y somos
conscientes de la fuerza que detenta nuestro pensamiento, es fácil
que tengamos tendencia a mantener actitudes bastante
características. Como al ser humano en general le gusta etiquetar,
para definir estas actitudes he encontrado una clasificación que
me ha parecido ilustrativa y útil para el tema que estoy
desarrollando: los ilumineti, los apagueti y los transfugueti. Creo
que cuando avanzamos en el camino de la iluminación, debemos
enfrentarnos a un tránsito casi seguro, el de ser iluminetis o
apaguetis, para pasar al grupo de los transfuguetis y si todo va
bien poder salir del ámbito de las etiquetas habiendo asimilado
las fases necesarias para seguir nuestro crecimiento.
El ilumineti

Como su nombre indica, consideramos iluminetis


(nunca confundir con la secta de los Illuminati) a todas aquellas
personas que tienen (o creen tener) atribuida la noble misión de
iluminar a las demás, cueste lo que cueste y pese a quien pese y
tratan de realizar esa labor por mucho que el otro se resista. Si
fueran dentistas, diríamos que a menudo los iluminetis
arrancan dientes, sin que a priori les importe demasiado si el
paciente tiene caries, le duele la muela del juicio o necesita un
empaste. Los iluminetis, que en su mayoría, actúan de “buena fe”,
es decir, creen de verdad que están arreglándole la vida al que
tienen enfrente. Sin embargo, a menudo lo que pretenden dar
coincide poco con lo que el otro desea recibir.

En el duro camino de la apertura de conciencia, ésta parece


ser una etapa casi obligatoria. Cuando uno empieza a manejar
cierto nivel de información, suele sentirse inclinado a volcarla de
forma indiscriminada sobre el primero que se le acerque. Este
razonamiento es aplicable a cualquier ámbito, pero de forma
especial a los que tienen relación con la psicología profunda, el
crecimiento personal, el más allá y el ocultismo en general, ya que
en estos casos el conocimiento adquirido por estos especialistas
les hace desarrollar un deseo encubierto (o a veces incluso
declarado) de cambiarle la vida al interlocutor (sin que éste lo
haya solicitado).

Por definición, el ilumineti, para sentirse realizado,


necesita crear prosélitos, encontrar personas que se adhieran a su
causa, con varias finalidades. En primer lugar, para paliar su
propia inseguridad, ya que los aplausos y los halagos ayudan
mucho a que uno crea en su propio propósito; en segundo lugar
para nutrirse de la energía ajena, para poder ejercer de “vampiro”
y alimentarse de las experiencias de los que le rodean. En ese
sentido, podríamos decir que todos los iluminetis son gurús en
potencia, aunque resultaría exagerado afirmar que todos los gurús
son iluminetis, algunos sí son auténticos iluminados, llenos de
sabidurñia.

La diferencia entre ambas figuras, o sea entre el ilumineti y


el iluminado espiritual sería que éste último, al haber hallado su
propia fuente de energía, al haberse acercado a su propio Ego
superior (a su núcleo), deja de necesitar abastecerse de los demás.
Estamos hablando de seres como Jesucristo o Buda. Atraen a la
gente de forma natural, y por regla general evitan retenerla.

En cambio, el ilumineti filtra la luz, se queda siempre una


parte, que en general servirá para hinchar su ego. Y lo hace sobre
todo porque tiene carencias ocultas. Sin embargo, el inconsciente
presiona para que la luz salga al exterior, es entonces cuando el
ilumineti va en busca de prosélitos que le confirmen que él tiene
la luz. Y cuando su grupo de adeptos se disuelve, el ilumineti suele
entrar en una fuerte crisis personal.
El apagueti

El apagueti es un personaje creado por el ilumineti, porque


mientras vivamos en un mundo dual, siempre necesitaremos
acuñar la otra cara de la moneda. Así, el apagueti será el que
sigue su camino sin preocuparse lo más mínimo del mundo
“espiritual”; el que suele sobrecalentarse cuando el ilumineti de
turno intenta analizarle la vida (sin su permiso, claro está); es a
veces aquel que con infinita paciencia soporta los desaires de su
partenaire y asume, ora con tristeza, ora con resignación, que el
jamón de Jabugo baja mucho el nivel de vibraciones (aunque
hemos detectado en el grupo de los ilumineti algún que otro
Jabugo-lácteo-vegetariano, es decir, alguien todavía incapaz de
resistirse a un buen jamón).

Es frecuente encontrar entre los apagueti gente con un gran


corazón y una tolerancia sin límites. Hablamos de unos seres que,
bajo el punto de vista ilumineti, son inferiores, porque les resulta
complejo comprender conceptos cósmicos; porque se abstienen
de justificar sus penurias con la palabra karma; porque se quejan
de tener que preparar la cena mientras el otro está rezando a la
enésima potencia celestial o porque les cuesta entender que sea
más importante formar un grupo de acción interplanetaria que
ocuparse de la familia. La única fórmula para acabar con los
apaguetis es eliminar a los iluminetis. Para ello es preciso que
trabajemos muy duramente sobre el ego humano, ya que al
desinflarse, permitirá ver la realidad de una forma muy distinta,
dando paso entonces a la siguiente fase: transfugueti.

El transfugueti

Dentro de la tipología que acabo de definir, esa


tercera figura sería pues la de la persona que es capaz de
realizar el movimiento que la sacará de la fase ilumineti
o apagueti -a los políticos que cambian de partido se les
llama tránsfugas.
En el estado transfugueti, el individuo todavía
guarda reminiscencias de su pasado y de vez en cuando
sufre recaídas, elevándose momentáneamente sobre el
resto de los mortales (en el caso ilumineti) o
escondiéndose tras los quehaceres y rutinas diarios (en
el apagueti). Cuando uno cambia de partido es porque
entiende que sus ideas son distintas a las que defendía
con anterioridad, pero el cambio tarda en ser efectivo,
ya que resulta laborioso acostumbrarse a una nueva
dinámica, que, al ser desconocida, crea inseguridad.
Además, el transfugueti lo tiene difícil porque está en
tierra de nadie, los demás le dan la espalda ya que
reniega de su condición anterior, sin embargo el resto
del mundo está todavía receloso para aceptarle sin más,
necesitará un tiempo de adaptación.

El paso por el estado de transfugueti incluye pues


un periodo de soledad, como todos los tránsitos. Es una
etapa en la que uno abandona el deseo de querer jalonar
el camino de los demás con farolas, adjudicándose el
derecho a sacarles de su supuesta oscuridad o el de
quedarse escondido esperando a que los demás
marquen la pauta. Es una fase en la que uno empieza a
desnudar su alma cazando al vuelo las tretas de su ego,
sus propias justificaciones y las de sus ex-
correligionarios. Pero también es un estado en el que se
tiende a ver mucha paja en ojos ajenos y poca viga en los
propios. Podemos decir que la fase transfugueti está
superada cuando el individuo deja de percibir esas
pajas, cuando ejerce un importante control sobre su ego,
cuando comprende que cualquier etapa del camino es
válida para el que la está recorriendo y sobre todo
cuando rompe moldes, cuando es capaz de darse cuenta
que en la vida es preciso estar abierto a todas las
posturas pero sin radicalizarse en ninguna, en
definitiva, cuando es capaz de aceptar su condición y la
de los demás. En ese momento pasará a la condición de
persona, sin calificativos.

Saber dosificar es esencial

Es importante saber controlar la incursión en terreno ajeno.


En ocasiones, cuando tratamos de ofrecer un consejo, una ayuda,
un apoyo, quemamos al interlocutor al pretender que avance al
mismo ritmo que nosotros, sin darnos cuenta que quizá nuestra
disciplina es los cien metros lisos y la suya el maratón. Conviene
dejar que cada cual siga su propio ritmo.

Una vez nos hemos iniciado en la labor de ayudar a


los demás, conviene aprender a dosificar el remedio, es
decir, el chorro de luz-voluntad que se emite hacia los
que nos rodean. Es preciso empezar por la primera regla
de oro: ayudar tan sólo a quien lo solicite, porque al
hacerlo, esa persona se está preparando para recibir.
Acerca de lo necesaria que resulta esta dosificación, se
podría establecer un paralelismo con la enfermedad del
cáncer. En estos momentos, uno de los remedios más
efectivos de la medicina alopática (la oficial) para luchar
contra esta terrible dolencia es la radio o la
quimioterapia, que se basan principalmente en una
descarga de energía, y al oncólogo le corresponde
decidir la cantidad de radiación que impondrá al
enfermo. Si es la exacta, lo curará. Si es inferior a la que
necesita, no sanará, pero si es superior, puede causarle
una serie de efectos secundarios que mermen
considerablemente su calidad de vida. Si el médico se
acerca al sector de los ilumineti, puede que imponga su
dosis con la absoluta seguridad de que ese es el único
remedio existente y sin preocuparse por ir más allá. En
cambio, si hubiera alcanzado el estado de transfugueti
(o más allá) empezaría a replantearse muchos aspectos
de su profesión y es probable que se fuera acercando
(por lo menos a nivel informativo) a otros tipos de
medicina que ahora llaman alternativos.

La condición de ilumineti ofrece “ventajas” al


interesado, por lo tanto, sabe que en su tránsito a
transfugueti es fácil que vuelva a caer en antiguos
comportamientos porque la tentación es demasiado
grande y a menudo cuesta resistirse a las golosinas que
le ponen por delante, ¡existen tantos aprendices de
brujos en nuestros días!

A menudo el ilumineti de turno se limpia las manos


después de haber ofrecido cuatro lecciones de cómo
abrir chacras y se inhibe cuando el afectado le cuenta
que ha empezado a oír voces del más allá. Así, la persona
perjudicada tiene que ir en busca de alguien que le
explique lo sucedido y le ayude a invertir el proceso.

Los iluminetis suelen ser peligrosos porque van con el


mechero en la mano dispuestos a dar lumbre a cualquiera que se
ponga a su alcance o a crear un incendio en su propio beneficio (o
según su criterio, en el de los demás), si se tercia, como el caso de
aquel bombero americano que fue noticia porque incendió varios
bosques para conseguir horas extras que le ayudaran a
incrementar su salario.

Se ha podido observar que cuanto mayor es la resistencia de


alguien a “aprender”, mayor es la quemada (lo cual se puede
traducir en cólera, rabia) que experimenta cuando alguien está
intentando transmitirle esa luz, sobre todo si lo hace sin su
consentimiento. O sea, que a menudo generamos enfados en los
demás cuando tratamos de darles lecciones que nunca han
pedido.
Aprender a calibrar el propio láser (el enfoque de conciencia
que uno imprime a cada acto, cada emoción y cada pensamiento)
para que sólo emita la cantidad de luz que el otro sea capaz de
asimilar, es pues un punto a tener en cuenta. Para ello carecemos
de fórmulas mágicas, pero existen tres ingredientes muy
necesarios: un buen conocimiento de uno mismo, -el cual llevará
a su vez a una mejor comprensión de las personas a las que se
ayude-, mucho amor y una intuición bien desarrollada.

Por ejemplo, al campesino es mejor hablarle del campo, y


huir de la tentación de explicarle la teoría de la Relatividad, a
menos que se sustituya: velocidad de la luz por tiempo de cultivo;
masa por semillas plantadas y energía por el agua que caiga.
Quedando así la Teoría de Einstein: el tiempo de cultivo = a
semillas plantadas + el agua que caiga al cuadrado.

Los ilumineti y la comida

Resulta bastante sencillo distinguir a un ilumineti exaltado


en un restaurante, por su necesidad de hacerse notar.
Generalmente se le puede detectar por la cara de reprobación que
pone cuando le sirven la comida, ya que costará mucho que
encuentre los alimentos a su gusto, es difícil que el cocinero haya
puesto en su guiso la cantidad de amor necesaria para
complacerle. Muchos iluminetis se pasan al bando de los
vegetarianos o, en casos extremos, al de los macrobióticos. A lo
cual habría poco que objetar si esa elección se produce por
convencimiento propio, sean cuales fueran las razones. El
problema surge cuando uno se siente llamado a convencer al
prójimo de que esa es la mejor opción o en algunos casos la única
aceptable. Ahí es cuando uno se convierte en un fundamentalista
(a veces esa terapia sirve para tratar de auto convencerse de que el
jamón de Jabugo es muy perjudicial y rebaja el nivel de
vibración). En cuanto uno se ha pasado al bando de los
extremistas trata de realizar su buena acción diaria, castigando a
todo aquel que sueñe con un bocadillo de chorizo o con un
suculento chuletón de Ávila. Afortunadamente los apagueti son
una raza fuerte y al igual que los antiguos gladiadores, se curten
para todo tipo de batallas, incluso las de tipo culinario y aguantan
el chaparrón comiendo sin inmutarse.

Viene al caso una anécdota en la que un ilumineti me invitó


a comer a un restaurante macrobiótico y se pasó todo el almuerzo
alabando las excelencias de la comida natural para tener un
cuerpo sano y una buena conexión espiritual. Se dedicó a bendecir
cada uno de los bocados que se llevaba a la boca. Pero me
descolocó cuando, llegando al café, sacó su paquete de tabaco y
encendió un cigarrillo. Que cada cual extraiga sus propias
conclusiones.

Sin duda lo más triste, en relación con los iluminetis y la


comida, es que a menudo se les pasan por alto las ofensas que
generan en los demás, cuando por ejemplo son invitados a casa de
alguien que con todo esmero y con mucho amor ha preparado un
cordero lechal o un cochinillo al horno y en el momento en que les
sirven en la mesa dicen: “lo siento, si puedes prepararme una
tortilla, es que soy vegetariano”. Que nosotros sepamos, ningún
pasaje de los Evangelios explica que Jesucristo rechazara la
comida que le ofrecían. Pronunció además unas palabras muy
elocuentes al respecto: “Nunca ha manchado al hombre lo que
entra en él, sino lo que sale de él”. Uno puede ser vegetariano,
mahometano, australiano, cristiano o murciano, pero eso nunca le
dará derecho a rebajar a sus congéneres porque sean de diferente
condición. La primera regla para la convivencia es la del respeto y
la tolerancia.

Para evitar malas interpretaciones, precisemos que nadie


tiene que comer algo susceptible de sentarle mal o que
contravenga sus principios, sino que se trata de avisar con
antelación sobre nuestra condición de vegetarianos y evitar
utilizarla como arma arrojadiza contra quienes sigan otra
tendencia para acomplejarlos, ponerlos en evidencia o crear
malestar.

El respeto ha de ser siempre la base de toda convivencia, por


lo que es encomiable mantener una postura de discreción siempre
que nuestros gustos sean diferentes a los del resto de la gente,
porque ponerse en evidencia equivale a buscar una
singularización, a través de la cual perseguimos mostrar que
somos superiores.

Los ilumineti y apaguetis en el matrimonio

Hay muchas parejas en las que un miembro resulta ser un


ilumineti y el otro un apagueti (puntualicemos que resulta difícil
que dos iluminetis se soporten entre sí, por razones obvias). A
menudo ambos se reparten las tareas: el ilumineti se encarga de la
protección cósmica de la familia, del incienso, las plegarias, de las
relaciones con los ángeles y maestros ascendidos y de la elevación
espiritual, además de participar en todos los cursillos de fin de
semana que se tercien. En cambio el apagueti se queda con las
labores de orden más material y de convivencia: se ocupa de
aportar la estabilidad económica al hogar, del cuidado de los
hijos, del funcionamiento de la casa y también de las relaciones
con otros apaguetis. En ocasiones, el apagueti se atreve a
preguntarle al ilumineti si su trabajo espiritual está reñido con el
de ganar dinero y recibe la inmediata respuesta de que Jesucristo
nunca pensó en el vil metal. “Es cierto, pero... él multiplicaba los
panes y los peces y tú sólo multiplicas los gastos”, le respondería
muy a gusto el apagueti, aunque a veces se muerde la lengua en
bien de una ansiada armonía familiar.

La justificación más común del ilumineti es argumentar que


quien ha alcanzado cierto nivel espiritual siente la necesidad de
desligarse de la materia, trabajando el desapego y el amor
universal. Pero lo cierto es que para realizar una labor espiritual
(o de cualquier otro tipo) precisamos de un cuerpo físico y éste
tiene unas necesidades muy concretas. Además, el sentido común
más elemental sugiere que antes de encandilarse con el
movimiento del macrocosmos es preciso fijarse en el de la familia,
que es nuestro microcosmos. Una vez cubiertas las necesidades de
éste último, será el momento de iniciar la conquista de otros
universos.

En ocasiones, la presión (léase descarga lumínica) que


realiza el ilumineti sobre su pareja es tan intensa que ésta siente la
urgente necesidad de buscar refrigeración en brazos de otra
persona, alguien que toque más de pies en el suelo y que por lo
tanto sea más acorde con su realidad y más dispuesto a satisfacer
sus deseos “terrenales”.

Peligro de sobrecarga

Existe otro aspecto muy importante a destacar sobre la


incidencia de los iluminetis en sus hogares. Cada vez que rezamos,
que ejecutamos cualquier tipo de ritual, que echamos las cartas,
que realizamos ruedas de energía, meditaciones, que trabajamos
con minerales, etc. estamos moviendo una energía que casi
siempre acaba dejando residuos, a menos que sepamos
manejarla. Ésta podría ser una de las razones por las que muchas
personas que conviven con los iluminetis enferman con cierta
frecuencia, engordan en exceso o pasan por situaciones de
dificultad. Puede ocurrir que dichas personas, por el amor que
sienten hacia su pareja, decidan, de forma inconsciente, adoptar
el papel de aspiradoras humanas, de esponjas, atrayendo todos
los residuos hacia ellas.

Los ángeles son mi vida

Ruth mantenía con los ángeles (las 72 fuerzas energéticas)


una maravillosa relación. Los llamaba a todas horas, ejecutaba
rituales, invocaciones, les encendía velas, las paredes de su casa
lucían estampas con seres alados y además organizaba reuniones
para compartir sus experiencias angélicas con otras personas
afines. Estaba muy contenta porque la gente que iba a su casa
siempre salía de ella más alegre y feliz. Además se sentía muy
protegida ya que consideraba que su existencia era un regalo
divino. Sólo un pequeño detalle generaba distorsión en el
conjunto de su vida y era que en los últimos meses su marido
había engordado veinte kilos, y estaba pasando por una depresión
debido a las malas relaciones que mantenía con su jefe, a quien
llegó a presentar su carta de dimisión.

Con tanto ritual, Ruth había estado movilizando grandes


cantidades de energía, más de las que era capaz de manejar, en
consecuencia, aquella energía se quedó flotando en el ambiente,
en su casa.

Hemos de tener en cuenta un factor importante, dichas


energías fueron desplegadas en su hogar. Y lo que a todas luces
hizo José Luís (por amor hacia su esposa) fue actuar
inconscientemente de aspiradora de aquellas energías
desperdiciadas, paliando así de alguna manera su regreso. El
retorno de esa energía desperdiciada habría supuesto para Ruth
una serie de anécdotas incómodas o desagradables. A José Luis -
como buen apagueti, aunque desconocía este proceso- el amor
que sentía por su mujer le llevó a realizar inconscientemente
labores de protector. El suplemento de energía que fue
acumulando degeneró en un sobrecalentamiento de sus circuitos,
lo cual le llevó a desarrollar un importante sobrepeso y una
depresión para la que encontró una justificación perfecta en el
trabajo, puesto que sus relaciones con su superior jerárquico
estaban deterioradas desde hacía años.

La primera reacción de Ruth, al ser informada de este


proceso, fue el rechazo, se sintió ofendida porque aceptarlo
suponía tener que desmontar un castillo de naipes que a la postre
daba cobertura a una serie de actuaciones en su vida y con el que
se encontraba muy a gusto. Sin embargo, ante el estado de su
marido, empezó a admitir que ella podía tener algo que ver. Le
costó un poco dejar de pensar que él era un apagueti, por
contraposición a ella. A medida que fue pasando de ilumineti a
transfugueti, su vida se fue equilibrando, su marido superó la
depresión y a su jefe lo destinaron a otra oficina (le propuse a José
Luis que intentara cambiar su relación con este último,
empezando por mandarle pensamientos positivos y deseándole un
pronto ascenso, lo cual se cumplió al cabo de tres meses).

Ruth decidió a partir de entonces ser más cuidadosa y evitar


en lo posible mover la energía en su hogar, se desplazó a un
monte cercano para llevar a cabo sus invocaciones y emplazó a sus
amigas y acólitos a reunirse en un centro de terapias cercano.

Éste es un aspecto muy importante a tener en cuenta para


todo aquel que se dedique a mover energía, sea cual sea el sistema
utilizado. Es preferible hacerlo fuera del hogar, por respeto hacia
las personas con las que uno convive, las cuales a menudo ponen
la mejilla para evitar que golpeen la nuestra. Veamos otro
ejemplo.
Tener la consulta en casa

Rosa es una excelente especialista en todo tipo de terapias


vibracionales y tenía la consulta instalada en casa. Allí convivía
con su hijo y una tía. El hijo padecía importantes problemas de
sobrepeso e inadaptación escolar. En cuanto a la tía, se quejaba de
que en su habitación se producían con cierta frecuencia
fenómenos polstergeist, veía apariciones en las paredes, se
movían algunos objetos, las puertas se cerraban solas, oía
extraños ruidos cuando estaba sola en la casa. Rosa atribuía todo
ello a un posible desequilibrio psíquico, “es una mujer que
siempre se ha sentido atraída por la parapsicología y ahora los
fenómenos la desbordan”, decía. Para los problemas del hijo
también tenía una justificación: eran debidos, según ella, a la
relación conflictiva que mantenía con su padre de quien estaba
separada. Tenía explicación para todo, pero sus interpretaciones
resultaban de poca utilidad para solucionar los problemas en su
hogar, los cuales podían ser la consecuencia directa de la pesada
carga energética que allí dejaban todos los pacientes que acudían
a la consulta.

Teniendo más o menos conocimiento de este fenómeno,


Rosa realizaba frecuentes limpiezas energéticas en su hogar
quemando incienso, romero, utilizando cristales y gemas pero
aquello era insuficiente porque las energías se renovaban sólo en
aquel momento y al volver los pacientes, se sobrecargaba de
nuevo el ambiente. En este caso los que hicieron de aspiradoras
humanas fueron el hijo y la tía. Una posible solución sería pasar
consulta en otro lugar.

Es preciso huir de las generalizaciones y aún cuando en los


dos ejemplos anteriores se ha dado el caso de personas que han
engordado debido a la mala asimilación de la energía o a su
insuficiente utilización (en la mayoría de los casos por pura
inconsciencia), sería impropio deducir que todos los problemas de
sobrepeso tengan este origen.
La experiencia demuestra que a menudo las personas que
viven más tranquilas son las que piden poca energía, la justa que
son capaces de asimilar. A un campesino que se pasa la vida
recogiendo sus cosechas apenas le quedarán fuerzas para ponerse
a realizar movimientos de energía, por lo que el peligro de
sobrecargarse será mínimo. En cambio, la persona que llama a la
luz, a través de las plegarias, del trabajo con los ángeles, con el
Reiki, con la energía universal, la que reza treinta y tres oraciones
a día al maestro ascendido, ésa sí que se verá obligada a utilizar
esa luz, a llevarla a la práctica, a moverse muchísimo, ya que si la
guarda en conserva pensando que así acumulará más sabiduría,
acabará viviendo un sinfín de anécdotas que apenas le dejarán
tiempo para ordenar su vida.

Si nos acostumbramos a utilizar más el sentido común, en el


momento en el que algo deje de funcionar correctamente a
nuestro alrededor, detendremos cualquier ritual, cualquier
movimiento hasta haber averiguado la causa o hasta que todo
vuelva a la calma.

Para tratar de salir del campo de acción de los Iluminetis


podemos empezar por dejar de pensar que fregar la cocina, pelar
patatas o salir a ganar dinero equivale a realizar una actividad de
bajo nivel espiritual; y en cambio rezar, meditar u organizar
reuniones para la energetización del planeta resultan ser
actividades de alto nivel. Todo cuanto realizamos mueve la
energía necesaria para nuestro desarrollo humano, y por lo tanto
resulta útil y a cada ámbito de nuestra vida es preciso concederle
su nivel de importancia.

Si bien podemos decir que el estado ilumineti es un paso


natural en el camino hacia la espiritualidad, consideramos
necesario realizar un esfuerzo para aceptar y comprender al
sufrido apagueti. Aunque también es preciso evitar el error de
quedarse anclado en esta etapa, jugando a ser la “víctima”. En
ambos casos lo recomendable es pasar por la etapa transfugueti
para finalmente huir de todo anclaje, de toda fijación y de toda
identificación con una parte de nuestro ser o con un aspecto de lo
que vemos en el exterior.

En mi matrimonio he vivido este proceso. Llevo 26 años con


mi pareja (23 de casados). Mi trabajo y mis orígenes parecían
lanzarme a ejercer de ilumineti (para ser sincero durante un
tiempo disfruté en ese papel). En contraposición Aurora decidió
interpretar el de apagueti y lo hizo a las mil maravillas. Lo que
suele suceder en estos casos es que cada papel tiene asociados
unos intereses bien distintos. Llegó un momento en que nos
dimos cuenta que la distancia entre nosotros cada vez estaba
siendo mayor. Decidí entonces tomar cartas en el asunto porque,
para poneros en antecedentes, al conocer a mi mujer me propuse
pasar con ella el resto de mis días. Como la vida me había
enseñado que todo movimiento empieza por uno mismo, pensé
que para acortar las distancias tenía que involucrarme más en sus
intereses. Así, apagué algunas de las bombillas de mi traje de
ilumineti y me dediqué mucho más intensamente a las labores del
hogar, a ocuparme de mis hijos y a descargar a Aurora de algunas
obligaciones. Lo que sucedió entonces fue mágico, porque en la
medida en que yo dejaba de ser ilumineti, ella se alejaba de su rol
de apagueti. Un día nos encontramos los dos en el papel de
transfuguetis y fue cuando empezamos a andar el camino juntos,
tratando de huir de las etiquetas. Hoy existe una simbiosis tal
entre nosotros que a menudo uno verbaliza lo que está pensando
el otro. Cada uno ha encontrado su ámbito de actuación y hemos
aprendido a compartir nuestras experiencias, tratando de respetar
el espacio del otro, aunque a veces nos cuesta y siempre queda
cierta tendencia a enfundarnos el traje de ilumineti (Aurora
también, porque ahora le gusta más que el de apagueti).

Todos tenemos tendencia a ir asumiendo distintos


papeles en el curso de nuestra existencia, aunque algunos se
empeñan en anclarse en el mismo rol con la falsa impresión de
que eso les confiere seguridad. El ideal, dentro de nuestro camino
evolutivo, seria pasar por la fase de ilumineti, apagueti y
transfugueti y acabar huyendo de cualquier etiqueta. Para
conseguirlo es necesario asimilar la experiencia que nos transmite
cada una de esas fases.

NOTA: Dada la renuncia consciente a patentar los términos


ilumineti, apagueti o transfugueti, se otorga al lector una
completa libertad para que puedan utilizarse en la vida diaria,
bien sea para inflingirse un correctivo a sí mismo o para catalogar
al resto del personal, tanto los “amigos”, como los peores
enemigos, sin dejar de “iluminarlos” con cuantiosos ejemplos
sobre el motivo que puede llevarnos a redefinirlos. Por último
quiero sugerir que aprovechando el sentido del humor que se
intenta transmitir en estas páginas te pases -aunque sólo sea por
unas horas, para ver lo que se siente- al bando de los ilumineti
ofreciendo interpretaciones absolutamente interesadas a todo
aquel que se cruce en tu camino.

Claves a recordar

En la vida es preciso estar abierto a todas las posturas


pero sin radicalizarse en ninguna
Conviene dejar que cada cual siga su ritmo
Primera regla de oro: ayudar tan sólo a quien lo solicite,
porque al hacerlo, esa persona se está preparando para
recibir
Existen tres ingredientes muy necesarios: un buen
conocimiento de uno mismo, -el cual llevará a su vez a una
mejor comprensión de las personas a las que se ayude-,
mucho amor y una intuición bien desarrollada.
La primera norma para la convivencia es la del respeto y
la tolerancia
Cada vez que rezamos, que ejecutamos cualquier tipo de
ritual, que echamos las cartas, que realizamos ruedas de
energía, meditaciones, que trabajamos con minerales, etc.
estamos moviendo una energía que casi siempre acaba
dejando residuos, a menos que sepamos manejarla
Quien se dedique a mover energía, sea cual sea el sistema
utilizado, es preferible que lo haga fuera del hogar, por
respeto hacia las personas con las que se convive, las cuales
a menudo ponen la mejilla para evitar que golpeen la
nuestra
En el momento en el que algo deje de funcionar
correctamente a nuestro alrededor, conviene, aplicando el
sentido común, detener cualquier ritual que estemos
utilizando y evitar algún nuevo movimiento hasta haber
averiguado la causa o hasta que vuelva la calma
Todo cuanto realizamos mueve la energía necesaria
para nuestro desarrollo humano, por lo tanto resulta útil y a
cada ámbito de nuestra vida es preciso concederle su nivel
de importancia
Cualquier movimiento empieza por uno mismo
El ideal, dentro de nuestro camino evolutivo, seria pasar
por la fase de ilumineti, apagueti y transfugueti y acabar
huyendo de cualquier etiqueta. Para conseguirlo es
necesario asimilar la experiencia que nos transmite cada
fase
Apartados de este capítulo

El ilumineti
El apagueti
El transfugueti
Saber dosificar es esencial
Los ilumineti y la comida
Los ilumineti y apaguetis en el matrimonio
Peligro de sobrecarga
Los ángeles son mi vida
Tener la consulta en casa
Claves a recordar
CAPÍTULO 4

INTERPRETACIÓN DEL LENGUAJE

SIMBÓLICO DE LAS ANÉCDOTAS

Apartados de
este capítulo

Claves para
la
interpretación
Cuándo
analizar una
anécdota
Podría decirse que el sentido común
Cuidado con
es la línea más corta entre dos puntos
ser Boy Scout
Análisis de
R.W. Emerson
una anécdota
Conclusión
Ejemplos de
análisis
Claves a
recordar

Superado ya el miedo a enfrentarnos a las justificaciones,


después de haber tomado conciencia de la fuerza del pensamiento
y tras explorar las fases de ilumineti, apagueti y transfugueti, llega
el momento de desnudar significados, de buscar respuestas, de
descubrir el que sin duda está llamado a ser uno de los pilares de
la psicología analítica del futuro: el lenguaje simbólico de las
anécdotas.

La enciclopedia define lenguaje como un conjunto de señales


que dan a entender algo. El lenguaje de las anécdotas proporciona
información, en forma de señales, para ayudarnos a comprender
el mensaje que encierran los acontecimientos diarios, para que
seamos capaces de interpretar nuestra vida, de comprender sus
entresijos y de conectar con nuestra personalidad profunda.

Cualquier circunstancia capaz de llamar nuestra atención


puede ser considerada una anécdota a analizar: una caída, una
pérdida, un accidente, un robo, un encuentro, un aparato
estropeado... “me quedé sin batería en el coche y al cabo de dos
días me encontraba en cama con síntomas de agotamiento”. La
batería le da energía al coche, que representa nuestro vehículo, así
que la falta de batería de éste era señal de que la persona se estaba
descargando.

Interpretar una anécdota es el resultado de un trabajo de


doble búsqueda: interna y externa. La primera, porque cuando
interpretamos un suceso cualquiera, lo natural es que resuene en
nuestra personalidad profunda, que sintamos que algo se mueve,
que el estómago se contrae, que las palpitaciones se aceleran y
que nuestras emociones se remueven, para darnos cuenta que
hemos acertado en la interpretación. En cuanto a la segunda, a la
búsqueda exterior, es la que voy a desarrollar a continuación.

En el primer capítulo hemos comprobado lo sencillo que


resulta tapar con justificaciones todo cuanto acontece a nuestro
alrededor. En parte, esta actitud es debida a la rutina en la cual
nos sumerge la sociedad. Estamos acostumbrados a pensar que
gran parte del desarrollo de nuestra vida está ya predeterminado,
que los gobiernos, los patronos y los padres han prefijado un
guión que debemos seguir con las orejas gachas. De este modo,
cuando algún acontecimiento se sale del argumento, buscamos de
inmediato una justificación. Pero la rapidez a la que la sociedad se
mueve, nos obliga a salirnos a menudo del guión y llega un
momento en que las preguntas sobrepasan nuestra capacidad
para justificar y ni siquiera los recursos como achacarlo todo a la
buena, la mala suerte o a la casualidad nos convencen. A partir de
ese momento sentimos la necesidad de ir más allá, de intentar
comprender lo que está sucediendo. La persona está entonces
preparada para acercarse al lenguaje de las anécdotas, a la
interpretación.

Cuenta la leyenda que un sabio, cansado de las continuas


visitas de un joven aprendiz en busca de conocimiento, le convocó
a la orilla de un río. Le rogó que se pusiera de rodillas y en esta
posición agarró su cabeza y la sumergió en el agua durante unos
minutos. Cuando el joven se sintió al límite de su capacidad para
aguantar la respiración, trató de sacar la cabeza del agua, pero el
anciano se la mantuvo un poco más y finalmente le permitió
respirar. Entonces el sabio le preguntó:

- Cuando estabas sumergido, ¿qué es lo que más deseabas en


el mundo?
- Respirar, maestro, deseaba respirar.
- Pues cuando tu ansia de conocimiento sea tan grande como tus
deseos de respirar, ven a verme.

El primer requisito para interpretar una anécdota es


que la persona lo desee con fuerza, que movilice su voluntad; de
este modo estará más preparada para superar los escollos que se
le presenten y que empezarán por su propia resistencia a admitir
una visión distinta de la realidad de la que está acostumbrada a
defender.

Aprender a interpretar una anécdota requiere una conexión


con nuestro centro de recursos interno para utilizar técnicas y
herramientas que solemos aparcar en el desván de nuestra
memoria. Las fundamentales son: el sentido común, la intuición y
el conocimiento. Este último irá en función de la experiencia de
cada persona, debido a que analizar una anécdota es como
ejercitar un músculo: cuanto más tiempo le dediquemos, más
sencillo será obtener los resultados deseados.

Claves para la interpretación


El sentido común

Sentir viene del latín “sentire” y significa percibir los


sentidos, darse cuenta. Así, el uso del sentido común estará unido
a una cierta lógica interna, a escuchar los sentidos y a darse
cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor.

El sentido común es como un amigo que siempre nos


acompaña, contesta a nuestras preguntas y orienta nuestra
trayectoria. Pero lamentablemente la mayor parte del tiempo lo
amordazamos y desoímos sus consejos.

Una muestra de sentido común sería lo que apunta John


Haricharan[1]: “Si la vida es para ti como una batalla, nunca
tendrás paz, si la ves como una montaña rusa, siempre tendrás
altibajos”.

“Estaba pensando en la bronca que iba a propinarle a mi


pareja en cuanto terminara de trabajar y me equivoqué 3 veces
seguidas en la redacción del balance”. El sentido común indicaría
aquí que esta persona deberá repensar su estrategia de
enfrentarse a su pareja, porque parece que en algo se equivoca.

De todos es sabido que estamos citando al menos común de


los sentidos o, como mínimo, a uno de los menos utilizados. Pero
si somos capaces de sosegarnos y de tratar de alejarnos un poco
de la situación, de escucharlo con la máxima atención, nos
ayudará a sacarle todo el jugo al escenario y al decorado de la
anécdota. Veamos algunos ejemplos.

La intuición
Kabaleb[2] define la intuición de la forma siguiente: “Es la
facultad de reconocer en el mundo exterior los modelos o
patrones construidos a la imagen y semejanza de los que uno
tiene en su propio interior.”

Según el diccionario, la intuición es: “la percepción rápida


de la verdad sin que medie atención o razonamiento consciente,
es un conocimiento o sentimiento instintivo asociado con una
visión clara y concentrada”. La palabra deriva del latín “intueri”:
mirar adentro.

Podríamos comparar la intuición, con un periscopio que nos


permite detectar en los acontecimientos una información que
resuene en nuestro interior. Actúa en perfecta sintonía con el
sentido común y así ambos facilitan las claves de orientación
necesarias para navegar por los agitados afluentes de la vida.

Un requisito indispensable para que se manifieste la


intuición es el silencio, interpretado en el sentido del cese de toda
identificación, de ser capaces de fijar la atención en lo que se
observa. Respirar de forma consciente es una manera de
encontrar ese silencio interior. Si dejamos que nuestros canales de
percepción se colapsen, costará percibir el lenguaje de la
intuición. Sería parecido a intentar oír la radio en el interior de un
túnel, la señal llegará con poca nitidez.

Como dice Eric Rolf[3]: “la intuición acierta siempre, el


problema es comunicarse con esta información, utilizarla y
refinarla, concretando lo más posible... cada objeto trae su
metáfora. La respuesta a tus preguntas está en lo que tienes
justo delante, está allí dónde se dirige tu atención en cada
instante”.

El golf se caracteriza por ser un deporte en el que nadie le


devuelve a uno la pelota. Se fundamenta en la concentración
absoluta en una esfera, es decir, obliga a la persona a perder de
vista al resto del mundo y por lo tanto a generar un silencio
interior que facilita el desarrollo de la intuición.

Cuando frente a una anécdota, y tras haber utilizado nuestro


sentido común, se presentan varias interpretaciones posibles, la
intuición ayudará a que nos decantemos hacia la más válida.

La intuición induce a pensar en una persona minutos


antes que nos llame por teléfono; provoca un escalofrío como
preludio a una situación tormentosa; incita a percibir que le
caemos mal a alguien aunque se empeñe en sonreír y rendir
pleitesía. La intuición es un canal que aporta información que
llega desde nuestro interior.

En ocasiones puede adoptar la forma del estribillo de una


canción y anclarse en nuestra mente con la fuerza de un implante,
como le sucedió a Leire, que estaba preguntándose cómo mejorar
sus relaciones y al entrar en unos grandes almacenes sonaba la
canción de Thalía, 24.000 besos, que decía: “dame 24.000 besos y
así sabrás porque el amor quiere 1000 besos cada instante y 1000
caricias cada hora”. Le estaba invitando a poner un poco más de
cariño en su relación.

El universo puede recurrir a cualquier método para que


podamos recibir mensajes, lo importante es prestarles atención en
el momento en que aparecen.

A menudo un tren de vida acelerado obtura los canales de


comunicación con nuestro ser interno, con esa parte de la
personalidad que permanece en la sombra, que ante la
imposibilidad de elevar la voz trata de emitir señales a través de
las anécdotas. La intuición es un medio de comunicación, para
conectar con ella es preciso bajar un poco el volumen de la mente
analítica (dejar por un rato de comernos el coco), abrir los
sentidos y actuar en consonancia con la información que
recibamos. Debemos aquietar cuerpo y mente y si lo conseguimos,
en el silencio aparecerá la respuesta.
El conocimiento

El conocimiento puede considerarse otra herramienta para


la interpretación de las anécdotas, después del sentido común y la
intuición. El buen uso del conocimiento se basa en la integración
de las dos primeras herramientas, en el razonamiento de los
simbolismos y en el manejo de las informaciones que de forma
continua llegan a nuestra base de datos.
Aplicar el conocimiento consiste en saber unir todos los
ingredientes de la receta para obtener un buen plato.

Luís estaba manteniendo unas relaciones muy tensas con su


hija adolescente y cuando le estaba preparando la comida,
derramó todo el aceite del aliño. Si buscamos en el diccionario de
este libro la palabra aceite, encontramos lo siguiente: Situación
que necesita suavizarse, bálsamo, ser más indulgente o
diplomático. Utilizando este conocimiento-información, está claro
que el mensaje para Luís es que sea más suave, dulce.

El valor de la repetición

Cuando relatamos una anécdota, por regla general, solemos


repetir con insistencia y de forma inconsciente aquello que
representa la clave de su interpretación. Por lo tanto, si
enfocamos nuestra atención en esas repeticiones (para analizar
una anécdota propia podemos grabar nuestra explicación para
escucharnos después), obtendremos una pista fiable que nos
conducirá a su interpretación.

Un empresario madrileño que asistía a un curso de


Anécdotas, repitió veintidós veces la palabra “hermano” en el
transcurso de su relato. En el posterior análisis, aunque con
reparo, admitió tener problemas de comunicación con él.

En una conferencia que versaba sobre el lenguaje de las


anécdotas, Lucía contó que se le estaban fundiendo todas las
luces, tanto en su trabajo como en su casa.

- Se me escapa el sueldo en fluorescentes y bombillas –comentó-


apenas los repongo, se vuelven a fundir. ¿Creéis que tiene
algún significado?
- Quizá algún problema ensombrezca tu vida – le apuntamos.
- Todo va bien, ningún problema con mi pareja. – contestó
aireada.

Ella había mencionado, de forma inconsciente y sin que


hubiera una referencia previa a esta cuestión, la palabra “pareja”.
Incluso llegó a repetirla un total de nueve veces, durante su
intervención, para volver a negar que tuviera problemas en su
relación. Antes de que esto sucediera habíamos propuesto un
pequeño juego. Pedí a los asistentes que pensaran en una persona
con la que mantuvieran una relación tensa y que escribieran en un
papel la forma que les parecía más adecuada para optimizar la
comunicación con dicha persona. Algunos apuntaron: podría
mejorar mi relación con un beso, otros, con un ramo de flores, o
mirando a los ojos, etc. Lucía escribió: con un abrazo. Recogimos
todos los papeles y los volvimos a distribuir al azar. Sugerimos a
cada asistente que aplicara el mensaje que le había tocado en el
sorteo a la persona con la que estaba enfrentada. A Lucía le tocó
una papeleta escrita por otro asistente en la que también ponía:
“darle un abrazo”.

Uniendo la información sobre las bombillas fundidas (la luz en


la relación), la pareja y el abrazo, resultó fácil deducir que quizá le
convenía obsequiar a su pareja con más abrazos. A la salida de la
conferencia le comentó a una amiga:

- Esta noche voy a mimar un poco a mi marido, porque la


verdad es que últimamente he sido bastante fría con él.

Aunque reticente al principio, había comprendido el mensaje


de la anécdota: cuando una luz se funde, quedamos a oscuras.
Puesto que uno de los lugares donde se desarrollaba la anécdota
era su casa y Lucía la comparte con su marido, podíamos
presumir que existía algún punto oscuro en su relación de pareja.

Nuestros personajes invitados

A la hora de intentar comprender la información que se


esconde detrás de una anécdota, suelen surgir ciertas reticencias,
sobre todo cuando hemos “invitado” a algún personaje para que
ejerza de espejo de nuestra realidad. El rechazo del “emisario”
(aquél que debe traernos el mensaje) se manifiesta asignándole el
papel de malo de la película, de culpable de todos nuestros
sinsabores.

Éste es un caso bastante común porque la vida suele devolver


de forma muy sutil la imagen de lo que proyectamos y en general
lo hace en un terreno distinto, para que nos esforcemos un poco
en ir más allá de los simples detalles. Así ocurre a menudo que
una semilla que plantamos en el terreno profesional se transforme
en un fruto que estaremos llamados a recoger en el plano personal
o viceversa.

La reticencia a aceptar los reflejos de nuestra personalidad,


nuestros personajes invitados, constituye un freno importante
cuando uno se decide a analizar una anécdota. Para poder superar
esa barrera puede sernos de gran ayuda aplicarnos una dosis de
humildad.

Cuándo analizar una anécdota

En nuestra realidad cotidiana, las anécdotas se suceden


a un ritmo vertiginoso y si tuviéramos que analizarlas todas, le
faltarían horas al día. Por esta razón, la gente se pregunta ¿cuándo
resulta conveniente interpretar una anécdota?

Si un individuo cuenta una misma vivencia a muchas personas


distintas, es señal de que tiene relevancia para él, aunque se
resista a admitirlo, por lo tanto, merece la pena tratar de
interpretarla. Cualquier actividad, movimiento o circunstancia en
la vida puede considerarse una anécdota, pero sólo debemos
esforzarnos en su análisis si le concedemos importancia.

- Es habitual que se funda una bombilla con el uso, ¿cada vez


que ocurra tengo que pensar a la fuerza que tiene un
significado especial? –preguntó con curiosidad Dolores.

Depende, sería la respuesta más acertada. Si uno se encuentra


en un despacho con una sola lámpara y se funde la bombilla,
distorsiona su trabajo y tendrá sentido analizarlo. En cambio si
son diez las lámparas de una habitación y se funde sólo una, es
probable que el hecho pase desapercibido.

Una anécdota ha de ser analizada cuando llama la atención.


Por ejemplo, si alguien tropieza con una tapa de alcantarilla, esta
incidencia puede tener poca relevancia, pero si ocurre tres veces
en un mismo día, y por uno de los tropiezos se cae y se hiere en la
rodilla, tal vez resulte interesante analizarlo. En este caso, tal vez
la vida esté avisando a esta persona que está chocando todo el rato
con la misma realidad (alcantarilla) y que acabará por lastimarse.
Si supiéramos hacia dónde se dirige, podríamos decirle en qué
ámbito de su vida está el problema.

Cada uno puede analizar sus propias anécdotas, pero también


tratar de ayudar a una persona que solicite su colaboración. En
este caso, la interpretación que realizamos de las anécdotas ajenas
ha de ser discreta, ya que pueden quedar al desnudo algunas
intimidades.

Una de las reglas de oro, cuando alguien trata de ayudar a otra


persona a través de la interpretación de una anécdota, es procurar
siempre dar la caña de pescar antes que facilitar el pez, es decir,
proporcionar pistas que induzcan al otro a ser consciente de su
realidad. Una buena forma de conseguirlo es aportar ejemplos
paralelos de historias vividas por otras personas, con contenidos
semejantes, dejando que el interesado las relacione libremente
con su propia realidad. O bien proporcionarle el hilo conductor, la
clave que le ayudará a llegar a un razonamiento determinado.

Si ofrecemos a un individuo una interpretación directa y cruda


de su anécdota (aunque en casos complejos puede ser necesario),
lo acorralamos sin brindarle la posibilidad de escapar, porque ello
le obliga a enfrentarse a la situación. En cambio, al contarle otra
historia paralela, se le ofrece la posibilidad de utilizar la salida de
emergencia, que sería la de hacerse el sordo, como si aquello nada
tuviera que ver con su vida.

Las personas sabias siempre han sido grandes narradoras de


cuentos, ellos saben relatar una historia y conseguir que sus
oyentes puedan identificarse sin tener que empujarlos contra las
cuerdas.

Una anécdota debe ser interpretada cuando tiene una


relevancia o un sentido especial para nosotros y debemos
guardarnos bien de forzar a los demás a explicar sus
anécdotas.

Cuidado con ser Boy Scout

Los Boy Scout son una asociación americana de jóvenes que


se caracteriza, entre otras actividades, por llevar a cabo buenas
acciones. Un día, el jefe de sección preguntó a uno de sus
subalternos:

- ¿Cuál ha sido tu buena acción de hoy?


- He ayudado a una anciana a cruzar la calle.
- ¿Y consideras algo tan fácil como una buena acción?
- ¡Si hubieras visto cómo se resistía...!

Debemos ser cautelosos con el análisis de las anécdotas ajenas.


Cuando obligamos a una persona a escuchar la interpretación que
realizamos de sus anécdotas, sin que ella nos lo haya solicitado,
estamos emulando al Boy Scout de la historia.

Lo más probable es que la anciana, al marcharse aquel Scout


tan “servicial”, cruzara la calle de nuevo para volver donde estaba.

A nuestro interlocutor le servirá de poco nuestro análisis si es


forzado, pero con el agravante de que se enfadará con nosotros
por habernos entrometido en su vida. Es preferible esperar a que
los demás soliciten ayuda para acudir a asistirlos.

Además de la interpretación de anécdotas, nos referimos


también al hecho de ofrecer cualquier consejo sin que haya sido
solicitado. Los “iluminetis” (ver capítulo 3) son muy dados a
regalar consejos gratuitos, y lo afirmo con conocimiento de causa,
por haberlo practicado a menudo. He mareado al contrario en
incontables ocasiones, con el total convencimiento de que mi
visión del mundo era la más válida y por tanto universalmente
aplicable a cualquier situación. Sin embargo, con los años, y las
“heridas de guerra” acumuladas, se aprende a relativizar las
verdades y a respetar al que se tiene enfrente. Desde el momento
en que uno está convencido de que posee la verdad, está creando
una frontera que lo separa de aquellos que ven la vida de otra
forma.

Por mucho que creamos comprender la realidad ajena, es


preciso aprender a moderar los impulsos y evitar exponerle al otro
su propia película, vista con nuestros ojos, sin haber sido
expresamente invitados a ello. Y aún en este supuesto, casi
siempre resultará más beneficioso para ambas partes enseñar a
pescar en vez de facilitar el pez.

Análisis de una anécdota

El relato:
La primera parte de la interpretación de una anécdota
consiste en escuchar el relato. Se le pide a la persona que explique
lo que le ha sucedido con todo tipo de detalles y si estamos
relatando nuestra propia anécdota, como ya he comentado, se
puede grabar. Para ser capaces de captar los detalles y la
información necesaria con el fin de analizar la anécdota, será de
gran ayuda crear unas condiciones determinadas:

- Escuchar es el arte de prestar atención a todo cuanto sucede a


nuestro alrededor y en especial a lo que transmiten nuestros
interlocutores. Es preciso distinguir entre escuchar y oír. Este
último es un acto casi inconsciente, ya que solemos poner el
piloto automático cuando oímos. En cambio, para escuchar es
preciso prefijar la atención y para ello conviene tener en cuenta
los siguientes parámetros:

La relajación: La tensión equivale a fijar una realidad


estática y por lo tanto impide que lleguemos al fondo de la
cuestión que estamos analizando. Relajarnos ayudará a generar
en nosotros una mayor apertura de todos los canales para captar
el máximo posible de detalles.

La humildad: Si nos comportamos de forma prepotente, si


creemos que ya tenemos las respuestas antes de que haya
empezado el relato (porque presumimos de conocer a la persona
que lo expone), puede ocurrir que muchas informaciones y
detalles pasen desapercibidos o que el “emisario” los omita. La
humildad abre puertas y permite ser consciente que cada persona
o situación tiene un mensaje importante que aportar y facilita en
gran manera la escucha de la anécdota.

Evitar preparar la respuesta: Tenemos tendencia a preparar


las respuestas en la parrilla de salida de nuestra mente mientras
escuchamos a los demás, o incluso antes y ello limita la capacidad
de captación de detalles. Es preciso esperar a que nuestro
interlocutor acabe su relato antes de elaborar y emitir nuestra
respuesta.
Detectar repeticiones: Ya hemos mencionado antes la
importancia de apuntar las repeticiones, ya que la persona que
explica la anécdota tiende a insistir una y otra vez en el punto más
relevante de su anécdota con el fin de facilitar las claves para su
interpretación.
Los obstáculos: En el transcurso del análisis de
una anécdota, mientras escuchamos el relato,
siempre se presentan obstáculos que deberemos
superar y la mejor manera de conseguirlo es
conocerlos. Veamos algunos de los más comunes:

- Los propios sentimientos: A menudo aquello que sentimos por


la persona que cuenta la anécdota (o nuestras propias
justificaciones) puede interferir en su interpretación, razón por
la que es preciso desapegarse y distanciarse de los
componentes emotivos. Sería como simular que acabamos de
conocer a la persona que explica la anécdota aunque seamos
nosotros mismos.

- El juicio: Juzgar algunos elementos del relato o a personas que


formen parte de él puede distraernos de su contenido y actuar
como obstáculo.

- La culpabilidad: El sentimiento de culpabilidad hacia una


situación determinada puede falsear los datos o su análisis,
porque nos llevará a pensar que aquél es el punto central que
debemos analizar.

- El miedo al cambio: Las anécdotas proponen siempre un


movimiento hacia delante y el miedo al cambio, a lo
desconocido, puede llegar a frenar o a distorsionar su
interpretación.

- La distracción: Es preciso mantener un máximo de atención


cuando se escucha el relato de una anécdota, la distracción
puede llevar a la pérdida de datos.

- La falta de objetividad: Decantarse hacia un punto


determinado antes de haber realizado la composición con todos
los datos puede incitarnos a perder de vista el relato y por tanto
dificultar el análisis del mismo.
- La falta de información: Es preciso escuchar el relato completo
de la anécdota para poder manejar todos los datos, ya que la
falta de información puede inducirnos en error y llevarnos a
concluir antes de tiempo.

- Evitar los pre-juicios: Si antes de haber escuchado ya hemos


prejuzgado, de poco nos servirán los datos objetivos que
transmita la anécdota.

Preguntas:

Una anécdota suele relacionarse con un momento, una actitud


o unas circunstancias cercanas en el tiempo. Para proceder a su
análisis resultará útil, después de escuchar el relato, formular las
siguientes preguntas básicas:

¿Qué hacía la persona en el momento en que se produjo la


anécdota? La respuesta nos permitirá situar a la persona en una
actividad determinada, lo cual puede facilitar pistas para la
interpretación. Por ejemplo, estaba preparando un informe para
mi jefe. La anécdota podría estar relacionada con el jefe.

¿Dónde y con quién estaba? Esta pregunta la sitúa en el lugar


de los acontecimientos y nos permite saber si estaba con alguien y
buscar la posible relación con la anécdota.

¿De dónde venía? Puede ayudar a averiguar si la anécdota tiene


relación con una actuación pasada. “Salía de casa de mi madre
cuando tropecé y me caí”. Es fácil que está anécdota esté
relacionada con la madre.

¿Dónde se dirigía? Puede indicar si tiene relación con una


actuación futura, con algo que se esté a punto de realizar.

¿Qué sintió? Se busca la relación de la anécdota con las


emociones de quien acaba de vivirla.
¿En qué estaba pensando? Se busca la relación que pueda tener
con una idea, un razonamiento determinado, que puede abocar en
una futura acción.

¿Qué es lo que más le llamó la atención? Si hubo algo que le


llamó la atención o que apareció en su mente en el momento en
que se produjo la anécdota puede ofrecer pistas sobre su
significado. “Justo antes del accidente vi un cartel que decía:
piénsalo dos veces”. Sólo hace falta relacionar el mensaje con el
dilema de la persona en esos momentos.

¿Cuál es el sector de su vida en el que tiene problemas? Esta


pregunta puede llevarnos de forma directa al meollo de la
cuestión. Pero antes de determinarlo es preciso analizar la
anécdota.

Después de formular estas preguntas, dejaremos que la


persona interesada se exprese y se explaye y tomaremos buena
nota de cada una de sus respuestas, de la entonación o del énfasis
que pone en ellas, ya que a menudo estará proporcionando pistas
muy interesantes sobre la clave de la anécdota.

Análisis:

Después del relato y de las preguntas se procederá a


realizar un análisis y para ello será preciso relacionar la
información recibida de la siguiente manera.

- Relacionar con elementos de nuestra vida: Toda la


información facilitada durante el relato de la anécdota debe ser
relacionada con los elementos activos de la vida del individuo
(pareja, padres, hijos, hermanos, trabajo, etc.).

- Simbolismo de los elementos: Para realizar el análisis


resultará muy útil repasar el diccionario de simbolismos del final
del libro.
- Relacionar con problemas que tengamos: Es importante
relacionar los acontecimientos que se están viviendo, sobre todo
los de índole problemática, con la anécdota porque casi siempre
guardan relación.

- Simbolismo: Es preciso analizar si la anécdota en sí tiene un


simbolismo. Por ejemplo, una inundación ya representa en sí
misma una anegación de nuestras emociones, que nos están
sobrepasando sin que podamos controlarlas. Esta anécdota en sí
ya tiene un simbolismo propio, aparte del que representen sus
detalles.

Los mensajes exteriores:

Otro factor a tener en cuenta son los mensajes exteriores que se


presentan en el momento en que se procede a analizar una
anécdota.

Por ejemplo, en una clase de anécdotas[4] una señora con


notable sobrepeso rompió la silla en la que estaba sentada y se
cayó al suelo. Fue en el preciso instante en que estaba diciendo
que mantenía buenas relaciones con su madre, lo cual, dadas las
circunstancias (la rotura de la silla), parecía ajustarse poco a la
realidad. Ella se empeñaba en negar las desavenencias y la caída
quizá vino a darle un toque, a indicarle que se estaba quedando
sin argumentos (acababa de romper la plataforma que la
sostenía: la silla).

Podemos complementar el análisis con el uso de la Astrología.


La madre tiene relación con el sector IV del horóscopo, que
también representa la base de la emotividad. Por lo tanto,
apoyándonos en este conocimiento, podríamos deducir que
mantener relaciones tensas con la madre equivale a tener una
base emotiva que se tambalea.

Pero el sentido común también puede indicarnos que sus


afirmaciones (sobre sus buenas relaciones maternas) se asentaban
sobre una base poco estable (la silla que la sostenía se había roto).

Si en aquel momento hubiéramos estado analizando su


anécdota, deberíamos haber formulado una serie de preguntas
dirigidas a indagar sobre las relaciones con su madre, ya que ése
era un posible hilo conductor.

Conclusión:

Una vez analizada la anécdota se procederá a la


conclusión, que debe llevarnos a una toma de conciencia, paso
previo necesario para evitar que otra anécdota aparezca en
nuestra vida para repetirnos el mensaje. Pero al mismo tiempo
debe ser el punto de inicio de un cambio de actitud, ya que la sola
toma de conciencia puede paralizar la aparición de anécdotas
durante un periodo de tiempo, pero éstas se reproducirán si
mantenemos la misma actitud que las ha motivado.

- ¿Cuál es el mensaje de la anécdota? Es preciso dar respuesta


a esta pregunta al término del análisis para dar por terminada la
anécdota, sacar una conclusión plausible acerca de su significado,
siempre acorde a la persona que la ha vivido, ya que es ella la que
tiene que tomar conciencia. Lo que piensen los demás resultará
poco relevante.

- ¿Qué aspectos de tu vida estás en disposición de cambiar para


evitar que la anécdota vuelva a repetirse? Debe tenerse en cuenta
que la anécdota ofrece una información, que después de ser
analizada debe servir para cambiar algo en nuestra vida, debe ser
utilizada de forma práctica.

Ejemplos de análisis

Veamos algunos ejemplos de cómo analizar una anécdota


siguiendo las indicaciones anteriores:
Rosa tuvo un aparatoso accidente automovilístico del que
por fortuna salió ilesa, aunque su coche quedó para el desguace.
Dada la importancia del tema quiso comprender su significado.
Analicemos la anécdota siguiendo el guión expuesto.

Primero escuché su relato: “venía de trabajar y me dirigía a


mi casa, vivo con mi marido en las afueras de la ciudad.
Acababa de llamar a mi marido para que supiera que ya estaba
regresando. Dije a mi marido que me esperara porque quería
hablar con él. Mi marido se enfadó y discutimos. Creo que por
culpa de mi marido me despisté y me salté aquella señal de stop,
aunque tal vez fuera un poco acelerada. Entonces me embistió un
coche por la derecha y me echó de la carretera. Creo que me han
dado una segunda oportunidad porque me podía haber
matado”. (Este relato es literal).

A continuación procedo al análisis del relato y constato que


Rosa ha repetido cinco veces la palabra marido, lo cual ya me
proporciona pistas. Acto seguido me centro en las preguntas. Ya
me ha comentado qué hacía, dónde estaba, con quién estaba, de
dónde venía, hacia dónde se dirigía. Le pregunté entonces qué
sentía justo antes del accidente: “rabia, estaba muy enfadada con
mi marido por como estaba nuestra relación.” ¿Qué pensabas?
“Había decidido pedirle a mi marido la separación y estaba
pensando en cómo lo haría”. Las dos últimas preguntas de
nuestra lista carecen de sentido en este caso. Paso pues a la
interpretación.
Parece, a la luz de los datos, bastante evidente que el
accidente de Rosa se relaciona con su marido y el deseo que ella
tiene de separarse. Podría haberle preguntado sobre sus
problemas de pareja, pero resultaría irrelevante ya que tratamos
de comprender el sentido de la anécdota (el accidente) en su
realidad inmediata y debemos evitar despistarnos con
exploraciones psicológicas. Vayamos pues al simbolismo.

El coche representa su vehículo (ella), que se dirige a casa


para pedirle la separación a su marido y se salta una señal (stop)
que exige que se pare (quizá a meditarlo un poco más); el
resultado es que otro vehículo le impacta por la derecha (que
según la tabla de símbolos, que se encuentra al final del libro, es el
futuro); ella sale ilesa y creyendo que le están ofreciendo una
segunda oportunidad.

La conclusión que yo extraería de esta anécdota es la


siguiente: Rosa está conduciendo (su vida) de forma despistada y
tal vez demasiado acelerada, lo cual le lleva a saltarse las señales
que le indican que frene, que se pare a mirar a izquierda y derecha
(los datos que le ofrece el entorno, sus relaciones en el pasado y
sus posibilidades de futuro) antes de seguir. El resultado de
saltarse las señales es que le embisten por la derecha, es decir, que
el futuro se le echa encima de forma escandalosa e imprevista
destrozando su vehículo. Podríamos deducir que la vida está
advirtiendo a Rosa que debe tomarse las cosas con calma y
meditar un poco más sobre la separación, porque si sigue
adelante con esa celeridad y sin tener en cuenta las señales, el
resultado será nefasto para ella y tendrá un coste muy elevado
(coche nuevo).

Rosa decidió replantearse su separación y evitar, en lo


posible, la toma de decisiones impulsivas.

Rodolfo estaba conduciendo su coche (su vida, sus


circunstancias) y de pronto embistió al de delante que estaba
parado en un stop. Como acababa de realizar un curso de
anécdotas, él mismo me dijo que en ese momento estaba
pensando en acelerar los trámites de un asunto que tenía el
juzgado. El código de circulación señala la obligación de mantener
una distancia de seguridad (tiempo para meditar), que
Rodolfo se saltó. La consecuencia es que chocó (la vida le frenó
de golpe). Él, además, añadió que había tenido la intuición de
que debía dejar que los asuntos del juzgado siguieran su ritmo
natural, pero la ninguneó. La anécdota parecía pues darle la razón
a su intuición (que siempre acierta), si se acerca demasiado rápido
y sin prestar la debida atención (si acelera los trámites), el
resultado será un accidente (una situación de riesgo), que le
costará una pérdida de tiempo por el papeleo y el arreglo del
coche y de dinero, porque el seguro le subirá la póliza. La
conclusión es que debería esperar a que los trámites sigan su
curso.

Mari tenía unas relaciones difíciles con su pareja, se sentía


encadenada a él y le resultaba imposible desengancharse, aunque
él la humillaba a la mínima oportunidad. Me contó en una
consulta que había ido a casa de su pareja y que estuvo llamando
al timbre sin obtener respuesta. Como sabía que él estaba en casa,
porque se habían citado allí, decidió llamar a la campana que
estaba al lado del timbre. Al sacudirla con fuerza salió un grupo de
unas 50 avispas que habían hecho allí su nido y se abalanzaron
contra ella. Dio un salto hacia atrás y se quedó inmóvil, las avispas
pararon en seco a 10 centímetros de su cara, dieron media vuelta
y volvieron a la campana. Mari me explicó entonces que hasta ese
día ella tenía una fobia enorme a las avispas, al punto que cuando
veía una se atragantaba y tenía sensación de ahogo. Su pareja
abrió entonces la puerta y ella, con una determinación nunca vista
antes, fue a la cocina a buscar un spray anti insectos y se dirigió a
la campana a eliminar las avispas.

En el análisis de la anécdota vimos que Mari se dirigía a casa


de su pareja, iba pensando en su relación y en que ésta le estaba
creando muchas servidumbres. Al llamar a la puerta de su pareja
se encuentra con un ataque de insectos (bajos instintos), del
cual se salva dando un paso atrás (retrocediendo), consigue
entonces superar sus miedos y enfrentarse al “enemigo” (a la
realidad de sus relaciones, a sus miedos). Dedujimos que la
relación con su pareja había llegado a un punto que podía resultar
peligroso, pero la anécdota le decía que ella sería capaz de
enfrentarse a ese peligro (dando un paso atrás con
serenidad) y de reaccionar con fuerza (ir a buscar el spray),
venciendo los miedos del pasado (miedo a la soledad).

El día después de la consulta, Mari fue a ver a su pareja, le


planteó un cambio en la relación, que ésta se basara en un
intercambio. Él se puso histérico y la amenazó. Ella le mostró la
fuerza interior que antes permanecía oculta y consiguió romper la
relación. Se sintió entonces tan bien como el día anterior cuando
había sido capaz de enfrentarse a su fobia, las avispas.

El lenguaje de las anécdotas nos ayuda a tomar conciencia


del modo en que lo sobrenatural actúa en las vidas humanas,
introduce situaciones para el análisis que facilitan nuestro
autoconocimiento, puede entenderse como una percepción de
nuestro vínculo con una fuerza superior a la cual cada persona
puede llamar como desee. O presentado de otro modo: las
anécdotas nos permiten conectar las circunstancias físicas,
externas, con nuestra personalidad interior. Allí, en las
profundidades de nuestro ser, se fraguan los guiones que luego se
escenifican en el teatro de la vida.

Siguiendo este razonamiento, una forma de acercarse a ese


ordenador central es intentar comprender el mensaje que se
esconde detrás de cada anécdota, ya que ésta es portadora de un
contenido, de una información que puede utilizarse para avanzar
más deprisa, pero que por encima de todo puede ayudarnos a
comprender mejor nuestra realidad, a profundizar en los
mecanismos ocultos de nuestra personalidad. En esta nueva era
de la comunicación resulta imprescindible conocer el lenguaje de
las anécdotas.

Claves a recordar

Cualquier circunstancia capaz de llamar nuestra


atención puede ser considerada una anécdota a analizar
Interpretar una anécdota es el resultado de un trabajo de
doble búsqueda: interna y exterior
Llega un momento en que las preguntas sobrepasan
nuestra capacidad para justificar y ni siquiera los recursos,
como achacarlo todo a la buena, la mala suerte o a la
casualidad, nos convencen
El primer requisito para interpretar una anécdota es que
la persona lo desee con fuerza, que movilice su voluntad
Aprender a interpretar una anécdota requiere una
conexión con nuestro centro de recursos interno para
utilizar técnicas y herramientas que solemos aparcar en el
desván de nuestra memoria. Las fundamentales son: el
sentido común, la intuición y el conocimiento
La intuición es un canal que aporta información que
llega desde nuestro interior
El universo puede recurrir a cualquier método para que
podamos recibir mensajes, lo importante es prestarles
atención en el momento en que aparecen
La intuición es un medio de comunicación, para conectar
con ella es preciso bajar un poco el volumen de la mente
analítica, abrir los sentidos y actuar en consonancia con la
información que nos llegue
El buen uso del conocimiento se basa en la integración
del sentido común y la intuición, en el razonamiento de los
simbolismos y en el manejo de las informaciones que de
forma continua llegan a nuestra base de datos
Cualquier actividad, movimiento o circunstancia en la
vida puede considerarse una anécdota, pero sólo debemos
esforzarnos en su análisis si le concedemos importancia
Una de las reglas de oro, cuando alguien trata de ayudar
a otra persona a través de la interpretación de una
anécdota, es procurar siempre dar la caña de pescar antes
que facilitar el pez, es decir, proporcionar pistas que
induzcan al otro a ser consciente de su realidad
Con los años se aprende a relativizar las verdades y a
respetar al que se tiene enfrente. Desde el momento en que
uno está convencido de que posee la verdad, está creando
una frontera que lo separa de aquellos que ven la vida de
otra forma
Una anécdota suele relacionarse con un momento, una
actitud o unas circunstancias cercanas en el tiempo
Las anécdotas nos permiten conectar las circunstancias
físicas, externas, con nuestra personalidad interior. Allí, en
las profundidades de nuestro ser, se fraguan los guiones
que luego se escenifican en el teatro de la vida
Una manera práctica de acercarse a nuestro ser interno
es intentar comprender el mensaje que se esconde detrás de
cada anécdota, ya que ésta es portadora de un contenido, de
una información que puede utilizarse para avanzar más
deprisa, pero que por encima de todo puede ayudarnos a
comprender mejor nuestra realidad, a profundizar en los
mecanismos ocultos de nuestra personalidad
Apartados de este capítulo

Claves para la interpretación


Cuándo analizar una anécdota
Cuidado con ser Boy Scout
Análisis de una anécdota
Conclusión
Ejemplos de análisis
Claves a recordar

[1] La mañana tardó toda la noche en llegar (ed. Luciérnaga.)


[2] Los signos y sus decanatos (ed. Indigo)
[3] La medicina del alma (Ed.Terapión)
[4] Me refiero a un curso dedicado a la enseñanza e interpretación de anécdotas.
CAPÍTULO 5:

LAS RELACIONES PADRES – HIJOS

Apartados de este capítulo

¡Papá, quiero ser artista!


La letra con
sangre entra

Saber
cambiar de
posición

Mantener el
equilibrio

La familia y
el hogar, un
entorno sagrado

Una madre
de armas tomar
Desatar los viejos nudos familiares
proporciona sin duda a quien lo consigue
Pero una buena dosis de la apetecida libertad.
entonces... ¡mi Miguel Requena
madre me
quiere!

“Anitá” y la
“responsabilidá”

El mejor día
de mi vida

La nueva
generación

Claves a
recordar
A partir de este capítulo entro de forma directa en el
simbolismo. He tratado de abordar los aspectos que me han
parecido más comunes y que más se suelen repetir.

En la vida de una persona se suceden numerosas


anécdotas relacionadas con los padres o con los hijos. Para ser
capaces de analizarlas resultará muy útil comprender la
información que se presenta en este capítulo. Además, es preciso
tener en cuenta que los patrones ejercen de freno a la hora de
analizar anécdotas.

Para poder entender a fondo las relaciones entre padres e


hijos es preciso comprender los patrones que les unen.
Imaginemos una cadena en la que cada eslabón está representado
por un miembro de la familia. Todo ser humano está llamado a
formar su propia cadena, desconectándose de la de sus padres.
Para conseguirlo, es imprescindible conocer los puntos de unión y
ahí es donde estriba la mayor dificultad, dado que los patrones de
comportamiento se transmiten de forma sutil.

Puede resultar interesante plantearse preguntas sobre la


relación con nuestros padres. Como por ejemplo: ¿Cada cuánto
los llamo por teléfono o los visito? ¿Cuándo les di el último beso?
¿Cuándo les dije “te quiero” por última vez? ¿Cuándo fui capaz de
darles la razón aunque pensara lo contrario? ¿Cuándo he tratado
de ponerme en su lugar? ¿Qué les reprocho? ¿Cómo creo que
podrían haber mejorado mi educación? ¿Por qué creo que me
trataron como lo hicieron?

A una persona que asistió a un curso de Anécdotas le


pregunté sobre las relaciones con su madre y contestó que eran
estupendas, pero cuando quise saber la última vez que había
hablado con ella, declaró que seis meses atrás y concluyó que la
llamaba poco porque siempre acababan discutiendo. Parece pues,
que cuanto menos vemos a una persona mejores son las
relaciones con ella, ¿o pasa justo lo contrario?

El padre y la madre son dos arquetipos fundamentales


en la vida de la persona. En la mitología griega, el padre simboliza
el espíritu y la madre la materia[1], en ese sentido un trato
complicado con el progenitor sería indicio de una relación difícil
del individuo con su propia espiritualidad, o sea con su Ego
superior. Lo mismo puede decirse de la relación con la madre,
pero referido a la materia, es decir, a la economía y a la
estabilidad. He podido comprobar la veracidad de este supuesto
aplicado a la vida a través del proceso onírico, ya que en ocasiones
he analizado relatos de sueños en los que la persona soñaba que
se peleaba con su madre justo antes que se le presentara algún
bache económico.

Por otro lado, para ahondar en la importancia de estos


dos grandes arquetipos –el padre y la madre-, es interesante
recurrir a la Astrología. Según esta disciplina, el Zodíaco está
dividido en doce sectores o Casas. Cada una representa una
parcela de la vida de la persona. La Casa IV está conectada con la
madre, con el hogar, la familia, los ancestros y la base de la
emotividad. Si confluyen disonancias sobre este sector, lo que se
tambaleará en la vida del individuo serán todas esas áreas en su
conjunto. Dicho de otro modo, una relación conflictiva con la
madre nos llevará a construir nuestras relaciones emotivas y
materiales sobre arenas movedizas. La Casa X está conectada con
el padre, con el jefe, con la vida social y profesional. Así, un trato
difícil con el padre coincidirá a menudo con una relación
complicada con los superiores jerárquicos o bien con problemas
en el ámbito laboral. Por lo tanto, lo que vivimos en un aspecto de
nuestra realidad puede desteñir sobre otros, ya que se produce un
efecto carambola o dominó.

¡Papá, quiero ser artista!

El padre de un joven que padecía esquizofrenia vino a


consultarme para que ayudara al chico a través de la lectura de su
carta astral. Quique –dotado de una gran sensibilidad- estaba
acabando la carrera de música y se auguraba a sí mismo un futuro
brillante en este ámbito. Sin embargo, su padre, un “hombre
hecho a sí mismo” muy competente y emprendedor, tenía otros
planes para él: quería que su hijo tomara el relevo en sus
negocios. Le importaban poco sus cualidades artísticas, sólo
ansiaba que fuera como él: emprendedor, con olfato para los
negocios, ambicioso y carismático. La falta de valoración paterna
unida a una sobreprotección materna (necesaria para defenderle
de la “agresividad” del padre) y a la frágil y sensible naturaleza del
chico, propiciaron que la personalidad de éste fuera dividiéndose
en diferentes aspectos indefinibles: uno anhelaba realizarse como
artista, otro contentar a su progenitor y conseguir que éste se
sintiera orgulloso de él, otro esconderse donde fuera…

Quique estaba recibiendo tratamiento psiquiátrico y


psicológico. Su padre, al percatarse de la falta de avance en las
terapias propuestas, buscó una vía alternativa. Cuando vino a
recoger el resultado del estudio astrológico comentó:

- El problema de mi hijo es que es un “acojonao”, yo


con dieciocho años abandoné el hogar paterno y me fui a
China y fíjate él, tiene veintiséis y todavía se esconde bajo
las faldas de mamá. ¡Yo me busqué la vida!

Ante la contundencia de aquella sentencia que, en vistas del


tono taxativo con el que fue pronunciada, dejaba poco espacio
para cualquier otro tipo de valoración, le sugerí la posibilidad de
que el verdadero cobarde fuera él, porque al fin y al cabo su hijo
había tenido la valentía de quedarse en casa para intentar arreglar
su realidad (ya que pienso que cuando uno se marcha con el fin
inconsciente de huir de algún problema, se lo lleva consigo). En
efecto, aquel hombre me explicó que en la época en que se marchó
a China se enfrentaba a una situación familiar un tanto difícil.
Ahora la vida volvía a colocarle en la misma tesitura, pero esta vez
a través de su hijo. Los problemas de Quique tenían, bajo mi
punto de vista, una posible salida, necesitaba que su padre le
dijera: “te quiero, tal cómo eres y por lo que eres” y así se lo
transmití a su progenitor.
- Pero si le digo esto, difícilmente me va a creer –replicó el
padre.

- Es evidente, porque para que él se lo crea, primero


debes creértelo tú y ahí es donde radica la dificultad.

Si hubiera mantenido aquella conversación con un hombre


del pasado, éste posiblemente habría acabado retándome a un
duelo porque lo que recibió en aquel momento el padre de Quique
fue algo parecido a una bofetada. De hecho se levantó, dio media
vuelta y cogió las de Villadiego. Nunca le volví a ver.

Lo que percibí que deseaba el padre era quitarse de encima a


su hijo como fuera. Sólo hablaba de mandarle al extranjero a
hacer cursillos de idiomas, de perfeccionamiento, de cualquier
cosa. Él era consciente de que Quique tenía un problema, pero era
incapaz de darse cuenta que arrastraba un patrón que él mismo le
había transmitido a su hijo y que la única forma de romper aquel
eslabón de la cadena era tomar conciencia de ello. Es probable
que si hubiera seguido escarbando habría descubierto que el
abuelo también vivió una falta de aceptación con su hijo y ésa fue
una de las razones que le incitaron a huir a China. La falta de
aceptación era el patrón que, a mi entender, se iba transmitiendo
en esa familia.

Este caso me induce a reflexionar sobre el problema de la


emancipación tardía de nuestros jóvenes. Quizá algunos se
quedan en casa de sus padres para intentar recoger unos valores
que tardan en llegar o con los que les cuesta conectar o bien
porque hay asignaturas pendientes con la familia.
La letra con sangre entra

Carmen (maestra de educación infantil) un día citó a la


madre de uno de sus alumnos para comentarle ciertas actitudes
que mostraba su hijo en clase y que interferían en su labor
docente. La intención de la maestra era que los padres ayudaran
a la criatura a centrarse un poco, pero obtuvo una respuesta
inesperada:

- Esté tranquila señorita, en cuanto llegue su padre a


casa se sacará el cinturón y verá usted como el niño ya se portará
mucho mejor.
Carmen lloró, sintiéndose culpable por la paliza que iba a
recibir su alumno.

Éste es, evidentemente, un caso extremo, (o espero que lo


sea), que ocurrió en una escuela de una zona deprimida de
Barcelona, pero sirve como muestra para ilustrar la manera en
que reaccionamos cuando alguien nos hace ver que la actitud de
nuestros hijos es distinta a la que esperábamos (un dechado de
virtudes que responda a nuestras más altas cualidades).

Ya hemos visto con anterioridad que nuestros vástagos


suelen seguir un patrón de comportamiento que nosotros les
hemos transferido y lo ideal sería que al vernos reflejados en ellos
fuéramos capaces de tomar conciencia de la relación existente
entre ambas generaciones. Es preciso tener en cuenta que la toma
de conciencia es semejante a la firma de un contrato, una vez la
hemos rubricado es imposible volverse atrás porque el “cobrador
del Frac” (nuestra conciencia) nos vigila sin descanso. La única
manera de disolver ese acuerdo es modificar la actitud que lo ha
generado, o sea, romper un eslabón de la cadena, un patrón de
comportamiento.

Cuando una criatura nace, los abuelos le encuentran


inmediatamente un parecido: “es clavadito a su madre...”, “tiene
la nariz de su padre”. La semejanza física, al igual que más tarde
las virtudes, son rápidamente aceptadas por los progenitores. La
dificultad estriba en admitir también los defectos, más aún
cuando éstos se muestran de forma muy sutil. Por ejemplo, ¿cómo
se va a reconocer un padre muy trabajador en su hijo si éste es un
vago? Pero lo cierto es que una parte de ese padre está reflejada
en su descendiente. Puede ser que él sea vago a la hora de
compartir sus emociones con la familia. La actitud del hijo en el
trabajo no es más que el reflejo de esa misma actitud que el padre
tiene con respecto a su manifestación de las emociones. Lo
fundamental es tratar de comprender esa relación, de encontrar
esos puntos de unión. Por lo tanto cuando veamos una actitud que
nos molesta en nuestros hijos lo que conviene es preguntarnos en
qué ámbito de nuestra vida estamos mostrando nosotros esa
misma actitud. Pero por encima de todo, cuando nos creamos
incapaces de comprender esa relación, es preciso acuñar la
siguiente frase en el corazón y la mente: “te quiero, tal como eres
y por lo que eres”. Si lo conseguimos, podemos tener la absoluta
seguridad de que estaremos facilitando las relaciones entre padres
e hijos.
Saber cambiar de posición

El squash es un deporte en el que juega un gran papel la


colocación de los jugadores en la pista. Una buena posición
facilitará la consecución del punto. Un día estaba jugando con un
amigo y me colaba todos los puntos de saque. Tal vez aburrido
por ganarme las partidas, me dijo:

- ¿Te has dado cuenta que siempre tratas de recibir


mis saques en la misma posición? Así sólo me devuelves
uno de cada diez, ¿qué tal si cambias de posición?

Al llevar este consejo a la práctica, empecé a devolver saques


y obligué a mi compañero a cambiar la forma en que los realizaba.
Cuando salí del gimnasio, en el trayecto de vuelta a casa,
reflexioné sobre aquello y, tratando de aplicarlo al resto de mi
vida, llegué a la conclusión de que cuando las cosas estén
funcionando mal, una posible salida es hacer un cambio de
posición ya que con ello se consigue que los demás, por el efecto
dominó, también varíen la suya.

Este razonamiento puede aplicarse a las relaciones paterno-


filiales y quizá sea ésta una de las mejores fórmulas para
enfrentarse a los jóvenes de hoy, que requieren un cambio
constante de estrategia, ya que se niegan a aceptar
sistemáticamente la rutina de unas normas impuestas.
Mantener el equilibrio

Tomando como base el orden de la Creación de los


cuatro elementos según el Génesis (Fuego, Agua, Aire, Tierra), es
posible establecer la simbología de estos elementos:

· El Fuego corresponde a la voluntad, al impulso inicial, al


arranque, al chispazo que lo pone todo en marcha, a la
formación ética y los valores espirituales (entendidos como
aquellos que nos acercan a nuestro Ego superior y nos ayudan a
tomar conciencia de que somos algo más que un cuerpo físico).
· El Agua son los sentimientos, las emociones, el amor, los
deseos que todo lo mueven, una vez que el chispazo inicial ha
provocado el arranque.
· El Aire representa la estructuración, la organización, las
ideas, el pensamiento, el razonamiento, la lógica, el
entendimiento, la comunicación, los estudios.
· La Tierra simboliza la materialización, los valores materiales,
lo práctico, el trabajo físico.

Éstos son los elementos con los que trabajamos en el ámbito


humano. Si descuidamos uno de ellos se crea un desequilibrio. Es
lo que podría ocurrir si, al disponernos a crear una melodía, sólo
utilizáramos algunas notas de la escala musical, en este caso la
composición quedaría incompleta, coja, daría un resultado de
calidad inferior. De modo que, si pretendemos que los únicos
valores que merece la pena cultivar son los académicos, o sea, si le
concedemos prioridad absoluta al elemento Aire, las cosas
acabarán fallándonos. Conozco el caso de una pareja de
empresarios cuyo hijo de seis años pasaba más tiempo con el
personal de servicio que con sus padres. Ellos pensaban que lo
más importante era cultivar la formación académica, así que lo
inscribieron en uno de los colegios más caros de Barcelona, pero
desatendieron la parte emotiva. Un día su maestra le pidió que
dibujara a la persona que más quería y retrató al chofer, que era el
adulto con quien a menudo hablaba y jugaba. Si el Aire es el
elemento que tiene la preferencia, podemos tener al frío
intelectual, a la rata de biblioteca.

Si la prioridad la tiene el Fuego, tendremos al iluminado que


cree a pies juntillas que la salvación de su alma pasa por la
renuncia a los placeres, a los sentidos o a los bienes terrenales.

El predominio del Agua dará al sensiblero o al muy pasional,


que lo pasará todo por el filtro de las emociones.
Si le damos preferencia al elemento Tierra, dará al que sólo
concede importancia al dinero y a sus bienes terrenales.
Si en la educación descuidamos uno de los cuatro elementos,
crearemos una carencia que un día u otro nos veremos obligados a
compensar.

Es preciso recordar que cada persona tiene unas necesidades


evolutivas distintas y que mientras una precisará más Fuego, otra
requerirá más Agua, otra más Aire o más Tierra. Lo importante es
comprender que dicha necesidad debe ser cubierta para que el
interesado pueda pasar página y seguir su camino en busca de
nuevas experiencias. La dificultad, en ocasiones, estriba en saber
exactamente qué nos piden nuestros hijos. Por ejemplo ¿qué nos
está indicando que nuestro hijo se despierte una docena de veces
por la noche? ¿Requiere atención, amor, que lo escuchemos...?
Sin duda está pidiendo algo que cree o siente que le falta, así que,
como padres, nos toca ir probando hasta dar con la clave.
La familia y el hogar, un entorno sagrado

En la actividad cotidiana que mantenemos fuera de nuestro


domicilio, tienen lugar todo tipo de acontecimientos, de anécdotas
y la mayoría influyen en nuestro comportamiento, nos hacen más
irascibles, nos cansan, agotan, hacen que perdamos los nervios.

A menudo los condicionamientos sociales difícilmente


permiten que uno se desahogue y así volvemos a casa con toda la
carga en la espalda. Sin embargo, olvidamos que allí es donde
esperan aquellos que más nos quieren, los que cuidan de nuestros
valores más preciados y ellos serán los que recibirán en pleno
rostro esa descarga, a menos que procuremos remediarlo. La
familia, es decir, el círculo de personas con quien convivimos y el
hogar constituyen un entorno sagrado, por esta razón es preciso
poner el máximo empeño en preservar su seguridad, en ofrecerle
nuestras mejores atenciones. Para favorecer esta actitud
propongo aquí llevar a cabo un sencillo ejercicio que puede
realizarse todos los días antes de traspasar el umbral de la casa:

· Pararos en la puerta, antes de entrar, durante un minuto.


Respirad profundamente 3 veces. Inspirando por la nariz y
expulsando el aire lentamente por la boca. Después os decís
mentalmente las siguientes palabras: “Dejo fuera de mi casa
todas las penas, las tensiones, los problemas y rabias que
pueda haber generado durante este día y pido que se vayan al
mar para que allí se disuelvan. Decreto que al entrar, voy a
ofrecerle a mi familia lo mejor que hay en mí”.

Si somos capaces de realizar este acto de conciencia


todos los días antes de entrar en su domicilio veremos que, como
por arte de magia, las relaciones familiares mejoran en muy poco
tiempo.
Una madre de armas tomar

En las relaciones de familia son frecuentes los casos en que


unos hijos se ven obligados, por el empuje de un padre o una
madre despóticos, a valerse por sí mismos con mucha más
prontitud de lo habitual. A veces, el hecho de verse
menospreciados les sirve como acicate para crecer más deprisa y
para conseguir una posición que de otro modo difícilmente
hubieran podido ambicionar. Mi intención, lejos de justificar esta
actitud, es la de llegar a comprender los mecanismos que unen a
padres e hijos. Veamos el caso de Joaquín.

Joaquín vino a mi consulta para intentar comprender las


relaciones tempestuosas que había mantenido desde la pubertad
con su madre. Ella era una mujer muy enérgica, acostumbrada a
mandar y a imponer su voluntad por encima de cualquier
circunstancia. Esta actitud, que Joaquín había padecido a lo largo
de toda su infancia y su adolescencia, había ido generando en él
un ansia cada vez mayor de abandonar el nido, de dirigir su vida,
de ser libre. Lo mismo ocurrió con Lola, una de sus cinco
hermanas. A los dieciocho años, el primero y a los diecinueve la
segunda, se marcharon de casa y empezaron a trabajar por su
cuenta.

- Mi madre me ofreció trabajo en su empresa – me explicó


Joaquín – pero sabía que si me quedaba con ella, yo cargaría con
las tres cuartas partes del trabajo y ella se llevaría el cien por cien
del reconocimiento.

Lola siguió el mismo razonamiento y así los dos, tras


más de cuatro décadas de duro trabajo, se encuentran ahora en la
cúspide de sus carreras. Han conseguido construir un imperio,
cada uno por su cuenta.

Joaquín me consultó porque necesitaba comprender su


relación con su madre. Él la quiere pero sigue teniendo clavada la
espina de que la mujer nunca lo valoró como se merecía. Le
formulé la siguiente pregunta:

- ¿Crees que la actitud de tu madre ha influido en el hecho


de que hayas levantado tu imperio?
- En realidad pienso que sí, ya que si ella me hubiese
valorado de un modo distinto, es probable que me hubiera
quedado a trabajar en su empresa.
- ¿Así, podríamos afirmar que la influencia de tu madre ha
sido decisiva para que ahora puedas disfrutar de todo cuanto
tienes?
Joaquín tardó unos instantes en contestar.
- ¿Quieres decir, que gracias a ella he conseguido triunfar en
los negocios? ¡He sido yo el que he estado sudando la camiseta
desde mi juventud...!
- ¿Y a quién dirías que te pareces en eso?
- A mi madre...

En aquel momento se abrió un nuevo horizonte para


Joaquín, ya que fue capaz de tomar conciencia del alcance que
había tenido en su vida el comportamiento “negativo” de su
madre y recordó el dicho: “al revés te lo digo para que lo
entiendas” que le repetía en sexto su profesor. Además, asoció
también su propia historia a la de su hermana Lola y se dio cuenta
que ellos dos habían sido, de todos los hermanos, los únicos que
habían destacado en su vida profesional.

Esta experiencia muestra que los padres a menudo tratan de


ayudarnos, consciente o inconscientemente, por las buenas o por
las malas, con vaselina o con calzador, de forma natural o con
fórceps. Aunque nos cueste entenderlo o aceptarlo, ellos forman
parte integrante de nuestro proyecto de vida y aportan su esencia
lo mejor que saben, en ocasiones será a golpes (quizá con la
intención de prepararnos para soportar los palos de la vida) y
otras veces de forma más delicada. Sin embargo, en nuestra mano
está siempre la posibilidad de modificar ese guión.
Para aquellos padres que se estén frotando las manos
pensando que acaban de conseguir una nueva justificación que les
concede patente de corso para tratar duramente a sus hijos,
preciso que el mismo razonamiento también es válido desde el
punto de vista de los hijos. Dicho de otro modo, si sus hijos les
están haciendo la vida imposible, es debido a que subyace una
“lección” de vida en su actitud y es preciso realizar un esfuerzo
para tratar de descubrirla. Lo ideal, evidentemente, es ser capaces
de aprender las cosas en armonía, sin violentar la realidad ajena
ni la propia.
Pero entonces... ¡mi madre me quiere!

A Ariadna le atormentaba pensar que su madre la odiaba


profundamente.

- Desde pequeña me ha estado tratando de forma muy dura,


me ha impuesto unas normas muy estrictas, como si pretendiera
convertirme en un robot. Hasta el punto que un día me obligó a
llevar unos zapatos nuevos que me iban pequeños y mis pies
empezaron a sangrar. Aún así, tuve que seguir llevándolos
durante todo aquel día. Otro ejemplo que ayudará a evaluar su
crueldad conmigo se dio cuando me operaron, mientras estaba en
el hospital, mi madre estuvo contándole una serie de
despropósitos a mi novio (con quien convivo hace años, desde que
me marché de casa) para tratar de convencerlo de que me
abandonara. ¿Acaso esa actitud es digna de una madre amorosa?

A lo largo de distintas consultas fue relatando más


historias sobre las relaciones con su madre, facilitando
importantes datos. Durante la guerra civil, mientras el padre de
Ariadna estaba en el frente, los militares requisaron su casa para
usos propios y la madre, además de tener que soportar su
presencia, fue violada por uno de ellos. Aquella experiencia
endureció mucho su carácter y la abocó a desarrollar un odio
visceral hacia los hombres, a la par que pensaba que eran
incapaces de defenderla. Resulta pues bastante fácil deducir que
el comportamiento duro que mantuvo con su hija tenía como
objetivo prepararla para poder vivir situaciones límite y su
resentimiento hacia los hombres propició que tratara de
“proteger” a su hija procurando que su novio la abandonara, ya
que lo creía incapaz de defenderla. Ariadna también contó que
desde que se marchó del hogar materno apenas llamaba por
teléfono y que se mantenía distante con sus padres. Me explicó
que todos los días su padre la esperaba a la salida del trabajo para
preguntarle cómo estaba –antes había relatado que una de las
cosas que le molestaba de su progenitor era que siempre se dejaba
dirigir por su madre, que le faltaba criterio propio– Con toda esta
información, le formulé la siguiente pregunta:

- ¿Si tu padre siempre cumple las consignas de tu madre,


podríamos deducir que es ella la que lo manda a tu trabajo todos
los días para saber cómo te encuentras?
- Supongo que sí.
- Entonces, ¿cabe la posibilidad de que ella se esté
preocupando por ti?
Ariadna se quedó pensativa durante unos minutos, tratando
de asimilar la información facilitada y concluyó:
- Pero, entonces...¡mi madre me quiere!

Ariadna se echó a llorar, acababa de dar un paso importante


de cara a la superación de su trauma, tomando consciencia de que
su madre la quería, aunque tuviera una forma muy peculiar de
transmitirle su amor.

A menudo ocurre que la pantalla que nos creamos por


nuestros traumas emotivos del pasado nos impide reparar en los
detalles más evidentes.
“Anitá” y la “responsabilidá”

Quizá penséis que he cometido un error ortográfico al


escribir Anitá, pero así es como dice llamarse esta mujer y cuando
alguien la llama Anita, se enfada.

Me explicó que estaba enfrentada con sus padres porque


pensaba que desde pequeña le habían impuesto demasiadas
responsabilidades, obligándola casi a saltarse la etapa infantil, a
atravesarla sin apenas disfrutarla. Como sea que generalmente
solemos transmitir de forma automática los patrones que
heredamos, sobre todo cuando los negamos, le pregunté si había
hecho lo mismo con sus dos hijos.

- Nunca se me ocurriría tal cosa – contestó.


A continuación ofreció una serie de detalles interesantes
sobre su vida, entre ellos relató la muerte de su marido
practicando escalada.

Cuando un miembro de la pareja desaparece, el que queda


suele verse obligado a asumir una doble ración de responsabilidad
(de esa forma la vida la estaba reconectando con el patrón de sus
padres) y transfiere, sin percatarse de ello, una parte importante
de dicha responsabilidad a sus hijos. Le insinué por tanto que la
muerte del padre podía haber forzado a sus hijos a vivir un nivel
de responsabilidad mayor del habitual. Al decírselo su tez
palideció y tuvo que respirar profundamente para retomar
contacto con la realidad. Acababa de darse cuenta que, muy a
pesar suyo, sus hijos habían heredado el mismo patrón que ella (el
de asumir más responsabilidades de las habituales).

El paso siguiente fue explicarle que, si entendía las razones


por las que sus padres le habían conferido aquellas
responsabilidades, podría romper la cadena que supone el patrón
de comportamiento y ayudar así a que sus hijos se liberasen de la
citada carga. Después de meditarlo comprendió que ella era una
persona que, desde pequeña, huía sistemáticamente de las
normas (ésa fue la razón que la llevó a cambiar de forma un tanto
insólita la acentuación de su nombre) y ello le había acarreado
más de un problema en el área profesional. En efecto, en sus
labores de docencia se empeñaba en cambiar determinadas reglas
o en saltárselas. Además, sus hijos también estaban teniendo
dificultades en el instituto porque se negaban a aceptar las
normas establecidas. Comprendió así que sus padres, teniendo en
cuenta el carácter de su hija, habían tratado de evitarle esos
problemas cargándola con más responsabilidades de las que
correspondían a su edad.

El proceso a través del cual los padres nos transmiten


determinados valores es en muchas ocasiones inconsciente.
Kabaleb dice[2] que el padre físico puede considerarse como un
portavoz del padre eterno, o sea del Ego Superior. Eso significa
que el cometido del progenitor es –en parte- encaminar los pasos
de sus hijos por la senda que estos han decidido explorar en su
periplo evolutivo. Al escribir estas líneas, me viene a la memoria
el caso de un hombre al que expuse- en el marco de un curso de
Astrocábala- estas mismas ideas.

- Discrepo totalmente de lo que dices – comentó- mi padre


pretendía que yo fuera agricultor como él y que me partiera el
espinazo en las labores del campo para seguir llevando el negocio
familiar. Me niego a pensar que eso fuera lo que me tenía
reservado mi Ego Superior, cuando a mí lo que más me apetece es
estudiar psicología y vivir en la ciudad.

- Es preciso matizar –le contesté- que el padre físico traduce


a menudo de forma simbólica los designios del Padre eterno. En
este caso, es posible que la intención inconsciente de tu padre
fuera llevarte a experimentar lo que significa tener que sudar para
ganarse el pan, inducirte a realizar trabajos manuales. Pero esto
puede ser compatible con unos estudios.

Desde el momento en que uno es consciente de cuál es su


cometido profundo, puede arreglárselas para llevarlo a cabo. En
este caso, aquel hombre podía irse a vivir a la ciudad y dedicarse a
estudiar su carrera, pero teniendo en cuenta que su Ego Superior
le pedía que combinara las actividades intelectuales con labores
manuales que supusieran un esfuerzo físico. Su reto consistía
pues en trabajar a la vez los elementos Tierra y Aire.
El mejor día de mi vida

Rocío, una buena amiga, relató un día una anécdota muy


curiosa. Vive con su madre y ambas mantienen una relación un
tanto tensa. Rocío está convencida de que aquella siempre le ha
escatimado caricias, palabras tiernas, gestos que demuestren su
amor.

Un día un vecino llamó al interfono y le comunicó que su


madre había tenido un accidente delante de su casa. Se fue
corriendo al cuarto de baño para llevarse un frasco de Rescate
(esencia de flores de Bach que utiliza en caso de emergencia),
pero tuvo tan mala fortuna que, tras agacharse para coger el
frasco, al levantar la cabeza se golpeó con un mueble hiriéndose
levemente. Aquel incidente hizo que se retrasara en ir a
comprobar lo que le había pasado a su madre. Después de lavarse
la sangre a toda prisa, salió corriendo. Cuando llegó a la calle, las
vecinas le explicaron que habían sacado a su madre de debajo de
una furgoneta y que ya la estaban atendiendo en la ambulancia.
Rocío se acercó al vehículo médico y su madre estaba tranquila
relatando la aventura, sin aparentemente haber sufrido daños. Un
miembro de la guardia urbana le comentó que habían apuntado la
matricula de la furgoneta que la había atropellado y que la
localizarían muy pronto, ya que se había dado a la fuga.

Rocío subió a casa con su madre, y al sentarse ésta en el sofá


le dijo:
- Hija mía, hoy me he dado cuenta de que me quieres.
- Pero mamá, yo siempre te he querido.
- Sí, pero hoy he sido consciente de ello porque he visto el
miedo inscrito en tu rostro cuando has llegado a la ambulancia, he
sentido que estabas sufriendo por mí.

Las dos mujeres se fundieron entonces en un efusivo abrazo


regado con abundantes lágrimas.
Por la tarde apareció el conductor de la furgoneta,
disculpándose por haber huido, argumentando miedo escénico,
les dijo que la guardia urbana le había sugerido visitarlas. Estaba
más pálido que un finado, temiendo que lo denunciaran. Por el
contrario, Rocío le dijo que debía darle las gracias por lo que
había sucedido, que había sido el mejor día de su vida.

En efecto, resultaba providencial que, habiendo sido


atropellada una anciana de ochenta y siete años, quedando su
cuerpo tendido debajo del vehículo, hubiera salido del trance sin
un solo rasguño. El conductor sólo atinaba a repetir “¿pero
señora, me va usted a denunciar?”, a lo que ella contestaba que se
sentía muy feliz por lo sucedido. El hombre se fue de casa de
Rocío perplejo, sin entender nada de lo que allí había sucedido. Y
ella, desde el fondo de su corazón, agradecía aquel percance, ya
que le había permitido iniciar un proceso de reconciliación con su
madre y con ella misma.
La nueva generación

A todas luces parece evidente que algo ha cambiado en


nuestros hijos. El sector puntero de la pedagogía actual, está
debatiendo sobre el nacimiento de una generación de niños que
poseen una serie de atributos psicológicos y patrones de
comportamiento desconocidos hasta ahora. Ignorar esos nuevos
patrones es perder una oportunidad de comprender mejor a
nuestros descendientes. Algunas de las características de esos
niños son las siguientes:

- Poseen una fuerte autoestima.


- Tienen dificultades para aceptar una autoridad absoluta (sin
explicación o alternativas).
- Se frustran con sistemas que son como rituales y que
prescinden de pensamientos creativos.
- Se niegan a responder a la disciplina apoyada en el sentimiento
de culpa.
- Son tímidos a la hora de expresar lo que necesitan.
- Se aburren fácilmente y muestran periodos muy cortos de
atención.
- Tienen exceso de energía.
- Aprenden fácilmente a través de las propias experiencias y se
resisten a aprender de memoria.
- Los castigos sólo sirven para frustrarlos.

Resultará pues de suma importancia, en la relación


padres-hijos que se tengan en cuenta estos cambios. Los mayores
deben tratar de encontrar caminos que puedan ayudar a los
jóvenes a descargar su energía y aceptar que nuestras vías de
aprendizaje están obsoletas.

Podemos concluir, como resumen de este capítulo, que


los padres son los primeros personajes de nuestra obra, una
función cuyo guión elaboramos personalmente de principio a fin.
En ocasiones los progenitores son los sufridos portadores de un
mensaje de difícil digestión, como, por ejemplo, cuando se dan
casos de malos tratos.

Imaginemos por un momento qué papel nos gustaría


desempeñar en cualquier película si pudiéramos elegir. Lo más
probable es que nos decantemos por los que despiertan
admiración o ternura. ¿A quién, en circunstancias normales, le
apetecería encarnar el papel de Drácula o el de la madrastra de
Blancanieves? Parece pues lógico pensar que para aceptar el papel
de “malo” en la “película” de un semejante es preciso amarlo
mucho, aunque a veces ese amor se cubra de oscuros ropajes o
tome la apariencia de una rana, siendo en realidad un apuesto
príncipe.

También es importante tener en cuenta que siempre


estamos a tiempo de sanar las relaciones con nuestros padres, aún
en el supuesto de que hayan fallecido, ya que se trata de un
trabajo interno.

Sabemos que el objetivo de todo ser humano es el de


formar su propia cadena, el de crear su historia, su familia, su
descendencia (en hijos o en obras). Ello se consigue al romper la
cadena que nos ata a nuestros padres, pero para lograrlo es
preciso comprender el proceso de elaboración de los materiales
que han formado esa cadena, es decir, entender las circunstancias
que nos han unido a nuestros progenitores, las alegres y las
dolorosas. El colofón de ese proceso se alcanza cuando somos
capaces de perdonar y de perdonarnos, porque ese es el corte
definitivo, el que nos brindará la libertad para poder volar sin
lastre.

Superado este trance deberemos cambiar el rol y pasar


de ser hijos a ser padres y por lo tanto a comprender la realidad
desde el ángulo opuesto. Esta posición nos obligará a tomar
conciencia que nuestros hijos necesitan un carburante distinto al
que utilizábamos nosotros a su edad. Y, en la medida de lo
posible, es preciso ayudarlos a romper la cadena que los ata a
nosotros. Pero ése es un paso que deben dar ellos, aunque nuestra
experiencia puede resultarles de utilidad, siempre y cuando la
soliciten.

Claves a recordar

El padre y la madre son dos arquetipos fundamentales


en la vida de la persona
Un trato difícil con el padre coincidirá a menudo con una
relación complicada con los superiores jerárquicos o bien
con problemas en el sector del trabajo. La mala relación con
la madre puede generar dificultades económicas o falta de
estabilidad material
La toma de conciencia es semejante a la firma de un
contrato y nunca tiene vuelta atrás. La única manera de
disolver ese acuerdo es modificar la actitud que lo ha
generado, o sea, romper el patrón de comportamiento
Cuando las cosas estén funcionando mal, una posible
salida es hacer un cambio de posición ya que con ello se
consigue que los demás, por el efecto dominó, también
varíen la suya
Si en la educación de nuestros hijos descuidamos uno de
los cuatro elementos de la Creación (Fuego, Agua, Aire y
Tierra), crearemos en ellos una carencia que un día u otro
nos veremos obligados a compensar
A menudo los condicionamientos sociales difícilmente
permiten que uno se desahogue y así volvemos a casa con
toda la carga en la espalda
Los padres siempre tratan de ayudarnos, consciente o
inconscientemente, por las buenas o por las malas, con
vaselina o con calzador, de forma natural o con fórceps
En nuestra mano está siempre la posibilidad de
modificar el guión de nuestra vida
Lo ideal es ser capaces de aprender las cosas en la
máxima armonía y sin violentar la realidad ajena ni la
propia
La pantalla que nos creamos por nuestros traumas
emotivos del pasado nos impide reparar en los detalles más
evidentes
Los padres son los primeros personajes de nuestra obra,
una función cuyo guión elaboramos personalmente de
principio a fin
Para aceptar el papel de “malo” en la “película” de un
semejante es preciso amarlo mucho, aunque a veces ese
amor se cubra de oscuros ropajes o tome la apariencia de
una rana, siendo en realidad un príncipe
Siempre estamos a tiempo de sanar las relaciones con
nuestros padres, aún en el supuesto de que hayan fallecido,
ya que se trata de un trabajo interno
El colofón en el proceso de romper patrones se alcanza
cuando somos capaces de perdonar, de pedir perdón y de
perdonarnos, porque ése es el corte definitivo, el que nos
brindará la libertad para poder volar sin lastre
Apartados de este capítulo

¡Papá, quiero ser artista!


La letra con sangre entra

Saber cambiar de posición

Mantener el equilibrio

La familia y el hogar, un entorno sagrado

Una madre de armas tomar

Pero entonces... ¡mi madre me quiere!

“Anitá” y la “responsabilidá”

El mejor día de mi vida

La nueva generación

Claves a recordar

[1] El psicoanalista francés Paul Diel sugiere una interesante interpretación del mito de Edipo en
su libro La Mythologie Grèque (Ed.Payot), al decir que el padre representa la tendencia a la
espiritualización y la madre la tendencia a la materialización. En ese sentido, matar al padre sería matar
a esa voz interior que nos lleva a elevarnos, a tomar conciencia de la existencia de nuestro núcleo y a
intentar reconectar con él. Desposarse con la madre significaría casarse con la materia, o sea,
concederle valor y carta de naturaleza solamente a la capa más exterior de nuestra “cebolla”. Se trataría
de un conflicto que todos los seres humanos están llamados a vivir en un momento u otro de su
desarrollo.
[2] En su libro Cómo Descubrir al Maestro Interior(Ed. Arcano Books)
CAPÍTULO 6:

EL SIMBOLISMO DE LAS COMIDAS

Apartados de
este capítulo

Simbolismos
ligados a los “Las comidas son uno de los cuatro
alimentos fines del hombre, me cuesta recordar los
otros tres”.
Anónimo
Claves a
recordar

Hace unos años se produjo una anécdota digna de ser


reseñada. Una patera alcanzó la playa de una costa española. En
ella viajaban un grupo de emigrantes y entre ellos, un bebé de seis
meses con su madre. Se daba la circunstancia que el pequeño se
encontraba deshidratado y a la joven se le había cortado la leche
debido al esfuerzo del viaje. Una mujer, que también era madre de
una niña de escasos meses y estaba tomando el sol en aquella
playa se acercó al grupo y se ofreció para amamantar al bebé. Éste
se enganchó con fuerza a aquel pecho adoptivo y quedó saciado.
Las autoridades de la localidad en la que ocurrieron los hechos
decidieron condecorar a la mamá adoptiva por su labor
humanitaria. Unas horas después del suceso la mujer afirmó en
televisión que al principio tenía miedo que el bebé la rechazara,
pero que en cuanto empezó a mamar lo sintió como si fuera hijo
suyo. Sirva esta tierna anécdota como introducción al tema de la
comida.

La primera relación que tenemos con los alimentos se da en


el seno materno, dónde captamos todas las substancias que
nuestro cuerpo necesita. Cuando nacemos nos espera -en la
mayoría de los casos- la leche materna, por lo que seguimos
manteniendo un estrecho contacto con la persona que nos ha
estado alimentando durante nueve meses.

A medida que crecemos, los cuidados de los padres van


menguando. Cuando somos pequeños nos trituran los alimentos y
nos dan de comer, y más tarde nos ofrecen unos euros para que
vayamos al Burger, sin menoscabo del amor que sienten hacia
nosotros. Más bien parece que van dejando un espacio entre ellos
y nosotros para que seamos capaces de definir nuestros gustos,
para que sepamos lo que queremos y para que aprendamos a
buscarlo con nuestros propios medios.

Podríamos decir, en cierto modo, que los cambios en los


hábitos de la alimentación equivalen a cambios en la forma de
percibir la vida, lo que viene del exterior, lo que nos alimenta. Así
diríamos que un niño que se nutre exclusivamente con arroces,
pastas y patatas fritas, puede tener tendencia a creer que los
recursos con los que va a abastecerse en el exterior son limitados y
ello restringirá sus posibilidades. En cambio, una persona con una
alimentación amplia y equilibrada tendrá probablemente mejores
perspectivas ya que si le falta un ingrediente, sabrá que dispone
de muchos otros para confeccionar su guiso, para realizar su obra.
Quizás podríamos deducir de todo ello que si a uno le aburre o le
disgusta la vida que está llevando, un cambio de dieta es
susceptible de aportarle nuevas energías o una visión distinta de
lo que está viviendo. Es cuestión de probar...

Según afirma Kabaleb en su libro “Cómo descubrir al


maestro interior” (Ed. Arcano Books) la comida física simboliza el
alimento espiritual. Aplicando esta idea pueden extraerse
conclusiones muy interesantes, como veremos en los ejemplos
expuestos a continuación. El tipo de manjares que a uno le sirven,
la forma de prepararlos y presentarlos, la apetencia o rechazo que
producen en el consumidor, todos esos detalles constituyen una
estupenda fuente de información subliminal acerca de los
personajes implicados y de paso nos ayudarán a analizar las
anécdotas que estén relacionadas con la comida.

Tal y como se ha repetido en otros capítulos de este libro, el


principal punto de avance del ser humano se basa en la toma de
conciencia, es decir, en comprender la realidad que se está
viviendo y aplicarle el conocimiento y el sentido común.
Partiendo de esta premisa, comprenderemos que es preciso
sensibilizarse acerca de la importancia de preparar la comida con
amor, con dedicación y con esmero, ya que si el cocinero se
encuentra alicaído o de mal humor en el momento de llevar a
cabo la transformación alquímica de los alimentos, transmitirá su
estado anímico a todo el que coma de su puchero.

Por ejemplo, la dueña de uno de los restaurantes más


exquisitos y concurridos del extrarradio madrileño le contó a mi
hermana Soleika su secreto mejor guardado: energetizaba con
Reiki[1], o sea con amor, todos sus platos. Antes de conocer este
detalle, al probar uno de sus manjares, mi hermana la felicitó y le
comentó que parecía cocinado por los mismísimos ángeles; fue
entonces cuando le explicó como lo conseguía.

La forma de comer de cada persona expresa en cierto modo


su personalidad. Por ejemplo, comer con las manos puede ser el
reflejo de una necesidad de palpar las experiencias (simbolizadas
por la comida) de forma directa, o sea de aproximarse más a la
realidad que uno está viviendo. En ese sentido, los cubiertos
serían algo parecido a un intermediario entre la persona y su
comida, lo cual ayudaría a tener más perspectiva, más espacio.

Simbolismos ligados a los alimentos

A cada alimento se le asocia, de acuerdo con la Tradición, la


sabiduría popular o el sentido común, un simbolismo. Enumeraré
algunos a modo de ejemplo.
La sal: Dice a este respecto Kabaleb (en la obra citada) “La
sal es la que revela el sabor de los alimentos, lo que permite
distinguirlos unos de otros, reconocerlos, identificarlos. La sal
física actúa de este modo en los alimentos físicos pero la sal
espiritual sirve para identificar y conocer los alimentos
espirituales, es decir para saber la filiación de las distintas
fuerzas que mueven los mecanismos de la personalidad, para
saber el valor de cada cosa, para discernir lo verdadero de lo
falso, lo que nos conviene o es susceptible de perjudicarnos. La
alimentación salada irá retrocediendo y la alimentación dulce
irá en progresivo aumento a medida que la sociedad avance
hacia el Reino de Cristo.”

La sal está regida por el planeta Saturno, simboliza pues las


normas, la estructura, la rigidez, lo cual puede dar a entender que
las personas que suelen cocinar soso necesitan incorporar a su
vida normas, requieren de una estructura más férrea tal vez
porque tiendan a desmadrarse; son las que tienen que realizar
más esfuerzos a la hora de discernir lo que les conviene. Sin
embargo, a partir del momento en que somos capaces de
incorporar esas normas en nuestro interior, el proceso se invierte.
Por eso dice Kabaleb que a medida que vayamos acercándonos a
nuestro Ego superior (o personalidad crística) iremos necesitando
menos sal, menos normas porque tendremos incorporados tanto
el discernimiento como las leyes. Saturno rige la piedra, que
también es símbolo de rigidez. De ello podemos deducir que las
personas que cocinan con demasiada sal tienden a menudo a ser
demasiado rígidas en algún aspecto de su personalidad. Cuando el
médico retira totalmente la sal de la alimentación puede ser
debido a que uno está ya al límite de su rigidez y es preciso
trabajar el elemento contrario: el azúcar, la dulzura, la
diplomacia, el amor, o porque la persona se ve dominada por las
normas, las que se auto impone o las que le dicta la sociedad.

Vuelve a mi memoria el caso de una madre que me contó


que le sucedía una anécdota curiosa, cuando cocinaba para su hijo
de 15 años le salían los guisos salados, lo cual nunca le pasaba con
su marido. Analizando la cuestión vimos que estaba tratando de
controlar en exceso la vida de su hijo adolescente, se mostraba
muy rígida, queriendo aplicar las normas que a ella le habían
inculcado, cuando alguna de ellas ya había caducado. En cuanto
se dio cuenta de ello y puso voluntad para ser más comprensiva,
los guisos volvieron a la normalidad.

El azúcar: Es un elemento, si atendemos a los


símbolos, de orden venusiano ligado a la dulzura, la paz, la
armonía, la diplomacia, el amor[2]. Pero es preciso tomarlo en su
justa medida, ya que un exceso de azúcar resulta empalagoso y
ésta será la impresión que suscite la persona que se haya pasado
en la dosis. Tampoco será fácil encontrar el equilibrio si falta un
elemento dulce, la sensibilidad. En este sentido, la diabetes
podría representar una mala asimilación del amor que proviene
de la sociedad (representado por los alimentos). En cambio, una
hipoglucemia (falta de azúcar) podría mostrar una imperiosa
necesidad de dar y recibir amor.

La adicción que tienen algunas personas al chocolate (como


elemento dulce) podría ser interpretada como una insuficiencia
de afecto, una necesidad de ser más apreciados, de hecho son
conocidas sus propiedades antidepresivas, por su aportación de
serotonina. Pero conviene recordar que las cosas casi nunca son
absolutas, así que cuando veamos a alguien ponerse 4 cucharadas
de azúcar en el café, sería arriesgado diagnosticarle una absoluta
falta de amor, más bien diremos que en alguno de los apartados
de su vida tiene una carencia afectiva.

El tomate: El color natural de la mayoría de los


tomates, una vez maduros, es el rojo, que corresponde al planeta
Marte, el de la acción, el movimiento, la guerra, la energía. Así
podemos deducir que esta hortaliza representa de alguna manera
una inyección de energía. Mi hijo, un Sagitario ascendente Leo
(ambos signos de Fuego, de acción), de pequeño, cada vez que se
sentía flojear, pedía un tomate y lo devoraba vorazmente, tras lo
cual se sentía de nuevo en su salsa. Ahora, que ya es adolescente,
sigue devorando tomates.

Las especies: Sirven generalmente para condimentar


un guiso, para añadirle un toque especial o mejorar su sabor.
Simbólicamente podríamos asociarlas con los detalles, con esas
circunstancias que mejoran la calidad de vida. Así, podríamos
deducir que la persona que utiliza especies en su vida tendrá
tendencia a ser detallista con la gente de su entorno. Pero
demasiadas especies pueden representar una necesidad de
agasajar en exceso, lo cual, como todos los extremos, nos llevará a
conseguir lo contrario de lo que buscamos.

Una amiga que andaba un poco desesperada detrás de una


pareja, pues había pasado por varios fracasos sentimentales, tenía
tendencia a cocinar, cuando venía un pretendiente, con una gran
cantidad de especies. El resultado es que asustaba a los
candidatos.

El picante: Las especies picantes, los pimientos, las


guindillas, etc. se asocian con la necesidad de movimiento, de
vivir anécdotas y experiencias picantes, especiales. En algunos
países con temperaturas muy altas, el picante sirve para eliminar
toxinas, para levantar el ánimo y huir de la apatía. Pero el exceso
puede llevar a perder sensibilidad gustativa, es decir, cuando uno
se excede con las experiencias fuertes, éstas acaban volviéndose
monótonas. (Para Indiana Jones, descubrir los huesos fosilizados
de la amante de Tutankamon es como, para cualquier mortal,
jugar una partida de petanca).

La carne o el pescado: Si cuando cocinamos la carne


o el pescado nos salen muy hechos, puede ser señal de que
llevamos las cosas demasiado al límite, que mareamos la perdiz,
que esperamos mucho antes de decidirnos o de actuar (es preciso
cocinarlas en su punto). Si están secas es que les falta líquido
(agua), simbólicamente serían emociones, sentimientos,
sensaciones. Si quedan crudos es que a nuestros proyectos les
falta un hervor, que debemos dedicarles un poco más de tiempo,
elaborarlos más.

El agua: Está asociada, en el orden simbólico, con las


emociones. Cuando el agua sale de sus conductos naturales
(inundaciones, escapes, goteras, etc.) es indicio que nuestras
emociones se están exaltando y saliéndose de madre (rabias,
odios, sentimientos de venganza, críticas, pataletas, malas
relaciones, etc.). Una inundación puede asimilarse a un gran
descontrol, las emociones se han desbordado de forma
escandalosa y nuestra capacidad de raciocinio está muy mermada.
Será necesario tratar de salir fuera de la situación, ver las cosas
desde otro ángulo para poder tomar decisiones coherentes. Un
escape suele ser el anuncio de que un asunto se nos está
escapando de las manos, se sale fuera de su marco de referencia,
lo cual lo llevará hacia derroteros inesperados, incontrolados.

Una amiga estaba viviendo una situación difícil con su hijo y


el vecino de arriba tuvo un escape que le inundó la habitación del
chaval. Tras limpiar los desperfectos causados por el agua, decidió
sentarse a conversar con su hijo para tratar de acercar posiciones.
Linda vivía en una casa adosada y se enfrentó a sus vecinos por
una cuestión comunitaria. Al poco tiempo empezó a tener goteras,
que representa que las emociones se filtran por un lugar
inadecuado, permitiendo que nos demos cuenta que tenemos una
fuga en algún sitio y que debemos repararla.

Cuando el agua se atasca y deja de salir por sus conductos


estipulados, es señal de que se están produciendo retenciones
emotivas, de que nos mostramos tacaños a la hora de prodigar
sentimientos, de que nos cuesta compartir, dar o recibir, declarar
nuestro amor, etc. La rotura de un recipiente que contiene agua –
un vaso, una jarra, una botella, un jarrón de flores, una pecera-
puede ser indicativo que la persona está atravesando un trance de
mucha presión emotiva y que en cualquier momento puede
explotar (o el asunto ha explotado ya). El miedo al agua puede
traducir un temor a enfrentarse a cierto tipo de emociones, a
perder el control.

La bañera está asociada con la relajación, con desprenderse


de lo que nos sobra, de las sobrecargas energéticas. En cambio, la
ducha es la recarga de energía, la limpieza matutina, la
regeneración. Así, es más aconsejable ducharse por la mañana y
bañarse por la noche.

También podemos citar algunos de los elementos que


aparecen asociados a los alimentos y que fácilmente harán acto de
presencia en una anécdota sobre esta temática.

La Boca : Dice la Tradición que la boca es el vestíbulo


del corazón. Podemos asociarla, también, con la comunicación,
con la familia (simbolizada, según algunos autores, por los
dientes) y, por supuesto, con la alimentación. Masticar facilita la
asimilación de los alimentos, y ayuda a una mejor digestión de los
mismos. Extrapolando, podríamos decir que las personas que
mastican bien lo que comen son generalmente las que asimilan de
forma más rápida sus experiencias de vida. Todo lo contrario de
las que tragan sin apenas masticar, lo cual les obliga a un
replanteamiento de la experiencia vivida debido a que, en un
primer análisis, la han engullido sin apenas pensar.

Éste es el caso de Alicia, una persona que siempre acaba


de comer la primera porque apenas mastica. Curiosamente, en su
vida familiar, suele aceptar los planteamientos que le hace su
pareja de forma inmediata, sin embargo, al día siguiente empieza
a encontrar pegas y a replantearse las cosas.

En la boca tenemos la lengua y ya sabemos lo que se


dice popularmente cuando alguien habla más de la cuenta:
podrías haberte mordido la lengua. Así que visto al revés, cuando
nos mordemos la lengua, puede ser señal de que hemos hablado
más de la cuenta o que vamos a decir algo incorrecto o doloroso
para otra persona. Tomemos entonces un periodo de reflexión
antes de hablar o después.
La cocina: Es el centro alquímico de la casa, donde se
producen las transformaciones; el lugar en que los alimentos en
estado bruto se convierten en comestibles y gratos al paladar,
generando armonía. Será pues de suma importancia mantener
una buena higiene en ese espacio del hogar. Una desorganización
de la cocina simboliza a menudo una falta de coordinación de cara
a la utilización de los propios recursos y refleja a la vez una mala
organización interior. En efecto, cuando hay desorden en la
cocina, ignoramos los recursos de los que disponemos, lo cual
puede llevarnos, por ejemplo, a comprar alimentos repetidos, con
el consiguiente riesgo de que se estropeen. Todo ello equivale a
ser poco consciente del propio potencial. Y si alguien desconoce
sus recursos, tendrá problemas a la hora de ofrecerlos a los
demás. Resulta difícil invitar a alguien a comer una paella sin
saber si se dispone de arroz. Siguiendo esta línea argumental,
diremos que si los utensilios utilizados, es decir, el medio para
realizar la comida (la experiencia) son demasiado viejos o están
muy gastados, puede significar que usamos recursos obsoletos a la
hora de solucionar nuestros problemas, que nuestros consejos
huelen a rancio y es preciso proceder a una actualización. Valerse
de la misma justificación en repetidas ocasiones es como volver
una y otra vez a freír con el mismo aceite, o como utilizar una
sartén que ha perdido su capa antiadherente.

Una cocina pequeña nos obligará a organizarnos mejor,


a optimizar uso de nuestros recursos, a hacer más con menos.

La nevera: Es el lugar donde guardamos nuestros


recursos alimenticios hasta el momento de utilizarlos. Si solemos
tenerla vacía indicará que disponemos de pocas reservas, que
vivimos al día, que nuestros recursos son limitados. Si está
demasiado llena será difícil controlar su contenido, así que habrá
recursos de los que somos poco conscientes y esto puede llevar a
que caduquen antes de haberlos utilizado.

Si se nos pudren los alimentos o caducan es señal de


que estamos perdiendo oportunidades que la vida sitúa ante
nosotros, desperdiciamos la ocasión de comernos algo que podría
sernos de provecho.

Si las cosas están bien ordenadas es que sabemos de qué


recursos disponemos.

A través de este capítulo he intentado transmitir la


importancia de la comida en la vida de las personas, pero sin caer
en el error de pensar que nuestra vida mejorará sólo por el hecho
de comer más sano, sino que el concepto de alimentación es
mucho más profundo. Está enraizado en nuestro propio ser y se
inicia en el primer contacto con la madre.

Precisamente este libro tiene como objetivo principal dar


alimento-información, o mejor aún, transmitir una forma
diferente de alimentarse, que sería la de dar significado a los
hechos que acontecen a nuestro alrededor. En este sentido,
podríamos decir que las anécdotas son alimentos, y que si son
masticadas de la forma adecuada, cuerpo, mente y corazón lo
agradecerán, a la vez que estaremos más cerca de nuestro Ego
superior y por tanto más próximos al cumplimiento de nuestros
objetivos personales.
Es importante comer bien, pero también lo es prestar
atención a lo que se come, a como se ingiere, se prepara, se
comparte, se ofrece y se disfruta.

Claves a recordar

Si a uno le aburre o le disgusta la vida que está llevando,


un cambio de dieta es susceptible de aportarle nuevas
energías o una visión distinta
La comida física simboliza el alimento espiritual
El principal punto de avance del ser humano se basa en
la toma de conciencia, es decir, en comprender la realidad
que se está viviendo y aplicarle el conocimiento y el sentido
común
La sal está regida por el planeta Saturno, simboliza las
normas, la estructura, la rigidez
El azúcar está ligado a la dulzura, la paz, la armonía, la
diplomacia, el amor
Las especies simbólicamente podríamos asociarlas con
los detalles, con esas circunstancias que mejoran la calidad
de vida
El agua se asocia con las emociones, cuando se atasca y
deja de salir por sus conductos estipulados, es señal de que
se están produciendo retenciones emotivas
Una desorganización de la cocina simboliza a menudo
una falta de coordinación de cara a la utilización de los
propios recursos
Es importante comer bien, pero también lo es prestar
atención a lo que se come, a como se ingiere, se prepara, se
comparte, se ofrece y se disfruta
Apartados de este capítulo

Simbolismos ligados a los alimentos

Claves a recordar

[1] El Reiki es una técnica japonesa de transferencia de energía por imposición de manos.
[2] Dicen a este respecto T. Dethlefsen y R. Dahlke en su libro La enfermedad como camino (ed. Plaza y
Janés): “Detrás del deseo del diabético de saborear cosas dulces y de su incapacidad para asimilar el azúcar y
almacenarlo en las propias células, está el afán poco reconocido de la realización amorosa, unido a la
incapacidad de aceptar el amor, de abrirse a él. El diabético tiene que alimentarse de sucedáneos para
satisfacer unos deseos auténticos, puede recibir amor el que es capaz de darlo. El diabético sólo da amor en
forma de azúcar en la orina. Quien evita dejarse impregnar difícilmente retiene el azúcar. El diabético quiere
amor (cosas dulces) pero nunca se atreve a buscarlo activamente (“a mí el dulce no me conviene”)...
CAPÍTULO 7:

LAS RELACIONES DE PAREJA

Apartados
de este capítulo

Los
elementos
básicos
Evitar la
repetición de
patrones en la
separación

Repetición
de la jugada

Las
multirelaciones
Es ilusorio ver al contrario como el
La enemigo ya que es la materialización de lo
importancia de que una forma de vida es incapaz de
los detalles distinguir de sí misma. Con demasiada
frecuencia denunciamos a la sombra allí
Todo donde una luz trabaja en secreto.
va bien, quizá
mi esposa... Anne y Daniel Meurois Givaudan
Y cogió las
de Villadiego…

¿Qué
sucede si me
separo?
Meditando
en el armario

Yo quería
meditar
Claves a
recordar

Los elementos básicos

Nuestro cuerpo requiere para funcionar correctamente una


serie de componentes básicos como pueden ser el magnesio, el
hierro, el fósforo, el zinc, el calcio, el azúcar, las sales minerales,
entre muchos otros. La carencia de alguno de ellos crea un
desequilibrio, hace que salte la alarma que al dispararse activa
uno de los centros neurálgicos, lo cual nos impulsará a ir al
médico y éste nos recetará el componente necesario.

Es curioso comprobar cómo muchas de las sustancias que


precisa el organismo, para ser asimiladas, necesitan otra que las
complemente. Por ejemplo, el calcio, para ser asimilado, requiere
la ingestión de fósforo. Para poder aprovechar el caroteno de la
zanahoria, es preciso que la consumamos con aceite, ya que
aporta una vitamina liposoluble. Todo ello es posiblemente
debido a que vivimos en un mundo dual. Imaginemos ahora que
las relaciones de pareja se asientan en el mismo principio, es
decir, que buscamos en el otro un ingrediente del que carecemos y
que resulta complementario para nuestra evolución y que sin ese
elemento, nuestro avance es mucho más lento. Será entonces
necesario averiguar cuáles son los componentes de esta fórmula
(que es casi tan secreta como la de la Coca-Cola). Es decir, resulta
importante conocer la esencia primordial que intenta
transmitirnos ese ser que realiza la función de reflejo. Ser
consciente de esos ingredientes nos habilitará para poder
preparar la fórmula.

Evitar la repetición de patrones en la separación

Según la psicología junguiana, la pareja representa el otro


yo, el estrato inconsciente del individuo, la sombra, y parte de su
función consiste en hacer patentes los defectos y virtudes que
guardamos en nuestro interior. Partiendo de este razonamiento,
podemos deducir que en el momento en que decidamos
separarnos de dicha pareja, una parte de nosotros se quedará
huérfana.

La necesidad de cubrir ese hueco nos empujará a buscar un


nuevo espejo, pero tenderemos a perseguir los mismos
ingredientes que nos proporcionaba la última pareja, con la
salvedad de que haremos a conciencia lo imposible (o lo
intentaremos) para evitar que el nuevo pretendiente cultive los
mismos defectos que el anterior.
Lo que puede ocurrir, por ejemplo, es que si lo que nos
molestaba del último cónyuge era que colgase sus prendas íntimas
de las lámparas (es un decir), puede que el nuevo las deje encima
del televisor. Y tendrá tendencia a ser así hasta que tomemos
conciencia de ello, porque para que las cosas cambien, tenemos
que ser conscientes de lo que esos defectos tratan de hacernos
comprender.

Dicho de otro modo, si dejar las prendas íntimas en


cualquier lugar de la casa - excepto en el cesto de la ropa sucia- es
sinónimo de desorden, de falta de sensibilidad o de respeto hacia
el otro, la forma de eliminar ese defecto consistirá en buscar en
qué aspecto de la vida uno está faltando al orden, al respeto o a la
sensibilidad.

Si por ejemplo nos estamos mofando de nuestra pareja


porque llora cuando mira algún dibujo animado o porque se
emociona viendo a los concursantes de un reality, estamos
mostrando una falta de sensibilidad o de respeto. Si evitamos
escucharle cuando evoca por enésima vez aquella proeza que hace
que se sienta importante, también nos mostramos insensibles.
Hablar mal de su madre o criticar a cualquier miembro de su
familia, tanto si es en su presencia como a sus espaldas, es caer en
el mismo error.

Si somos capaces, siguiendo el caso antes expuesto, de


darnos cuenta del apartado de nuestra vida en el que estamos
faltando al respeto, hiriendo la sensibilidad de alguien o siendo
desordenados, ese estado de consciencia será el que nos abrirá la
puerta y permitirá encontrar uno de los ingredientes de la fórmula
y habiéndolo descubierto podemos estar seguros, si tratamos de
ponerle remedio, que lo estaremos eliminando de la próxima
pareja. Se evitará, así, la repetición del patrón.

Realizando un trabajo sistemático de toma de conciencia de


patrones, conseguiremos la liberación de todo aquello que nos
ataba a la pareja anterior y podremos iniciar realmente una nueva
vida.

Repetición de la jugada

Daniel se había casado con una chica afable con la que


mantenía un buen nivel de comunicación, por lo menos hasta el
momento en que empezaron a convivir. A partir de entonces las
cosas cambiaron, fue como si alguien le hubiera cosido los labios a
su mujer, apenas hablaba. Al cabo de un año, Daniel se cansó de
esta situación y decidió separarse. Unos meses después empezó a
salir con Loli, una compañera de trabajo. Con ella, daba largos
paseos por la orilla del mar y mantenían entretenidas y
románticas conversaciones, parecía que compartían muchas
aficiones. Un día Daniel le propuso a Loli iniciar la convivencia y
ella aceptó. Al cabo de un par de semanas de estar viviendo
juntos, Loli se volvió literalmente muda, era como si se hubieran
agotado todos los temas de conversación. Transcurrido un mes,
Daniel la invitó a marcharse de su casa. Su comentario fue: “Ya he
aguantado a una que no hablaba durante un año y ha sido
suficiente, me niego a soportar a otra”.

Queda clara la forma en que se ha producido la


transferencia de patrones de una pareja a otra a partir del
momento en que la unión se hizo “oficial”.

Daniel me consultó porque le interesaba conocer los motivos


por los que se le había repetido aquel patrón y quiso saber
asimismo cuáles eran los rasgos a modificar en su personalidad,
para evitar que volviera a reproducirse aquella misma situación
en el futuro. El común denominador entre ambas relaciones
parecía evidente: la falta de comunicación. Todo ello me indujo a
pensar que en la vida de Daniel existía una parcela en la que le
costaba comunicarse. Estirando un poco del hilo pude deducir
que se trataba de las relaciones que mantenía con su madre. Era
una mujer muy posesiva y autoritaria y él siempre callaba ante
todas sus imposiciones, dejándose manejar sin oponer la más
mínima resistencia y sin articular palabra. A través de las
separaciones, de la repetición de patrones, la vida le mostraba que
era preciso trabajar la relación con su madre, intentar
comprender la razón de esa actitud, en todo caso, hablar con ella
porque quedarse mudo era la postura fácil, la más cómoda. Por
otro lado, según los postulados astrológicos, las relaciones que
cualquier hombre mantiene con su madre suelen estar muy
conectadas con las que mantiene con su pareja. Lo mismo sucede
en el caso contrario, el de las mujeres con sus padres. Y ello es
debido a que la Luna, en el tema astral de un hombre, simboliza a
la mujer en general (madre, pareja, hermana) y en cambio el Sol
en un tema femenino representa lo masculino (padre, esposo,
hermano.) En este caso Daniel tenía malos aspectos de su Luna
con otros planetas. Como hemos constatado en el capítulo
anterior, tener una madre o un padre con unas características
determinadas, nunca es el resultado de un proceso aleatorio, ni de
una lotería. Así el primer paso de cara a la rotura de los patrones
que dificultaban la vida de pareja de Daniel, sería tomar
conciencia de la razón de ese autoritarismo y de esa posesividad
por parte de su progenitora. Una vez averiguada la causa, el paso
siguiente sería restablecer la comunicación con la madre. Al
eliminar a su “mudo” interior, Daniel dejaría de generar la
necesidad de buscar un espejo que reflejara esa mudez.

Eso fue, poco más o menos, lo que hizo, le costó un tiempo,


pero cuando se volvió a casar la falta de comunicación dejó de ser
un problema.

Las multirelaciones

Si seguimos el argumento según el cual, en las relaciones de


pareja, cada miembro necesita encontrar los ingredientes secretos
de su fórmula, cuando uno es consciente de que le falta alguno de
ellos, a veces puede decidir buscarlo en otras personas. Es decir,
en ocasiones uno puede buscar, el cariño, erosionado tras años de
relación conyugal, en brazos de otra persona, sin por ello romper
los lazos de su matrimonio. Ello creará una situación difícil
porque el interesado deberá ser capaz de manejar las emociones
de varios contendientes a la vez y las suyas propias. A menudo
cuando uno se encuentra en esta situación, se le plantean
problemas de orden moral pero la cuestión va más allá de la ética
y es preciso analizarla.

Partimos de la premisa que el ser humano se mueve


principalmente a través de las emociones. Éstas son generadoras
de alegrías y penas, de equilibrio y frustración, de esperanza y de
desidia. Cuando se está inmerso en una relación a tres bandas, tal
vez lo ideal sería saber aprovechar los valores que ofrece el tercero
en discordia para complementar a la pareja “oficial”. Es decir,
supongamos que una persona que vive en pareja se enamora de
otra, porque con el paso de los años ha notado a faltar el
romanticismo, los detalles o la sensibilidad en su relación, en este
caso le convendría llevar a cabo una introspección que quizá le
descubra que ella tampoco está desarrollando esos componentes
hacia otras personas, ya que si faltan en el espejo, es señal de que
escasean en el origen de ese reflejo... Imaginemos ahora que dicha
persona encuentra esos elementos en otro partenaire, una posible
opción sería incorporarlos a su fórmula y una vez agregados,
deberían servirle para mejorar las relaciones en su pareja inicial.
Es importante tratar de compartir todas las mejoras que la vida
nos ofrece. De este modo, al conseguir cariño o aumentar su
sensibilidad gracias al otro partenaire, tiene la posibilidad de
incorporar ese cariño y esa sensibilidad a su primera pareja y
conseguir así que la nueva relación redunde en una mejora de sus
relaciones anteriores. Esta podría ser una opción, que algunas
personas, por desgracia escasas, viven con éxito. Ahora veamos
cuál es el caso más común.

A menudo lo que suele suceder cuando alguien se


enamora o pierde la cabeza por otra persona, estando
comprometido, es que empieza por encontrar en el nuevo amor
muchos de los ingredientes que echa en falta en su relación oficial
de pareja y ello hace que se decante cada vez más por el recién
llegado, hasta que en un momento dado la balanza se inclina
totalmente a su favor. También es preciso apuntar que la nueva
flor puede hacernos olvidar los aromas que antaño proporcionó la
que en apariencia se está marchitando. Así, con la báscula
decantada, se puede decidir que más vale lo nuevo por descubrir
que lo viejo conocido y resolver separarse. Sin embargo, para
evitar equívocos muy comunes, recordaremos que desde el
momento en que esa nueva persona inscrita en el sector de los
amantes cambie de escenario y se sitúe en la parcela de la pareja
“oficial”, recibirá la transferencia de información del partenaire
anterior, que la pondrá, de forma inconsciente, al corriente de
todas las necesidades requeridas por su anterior unión. Veamos
un ejemplo concreto.

Luís estaba casado con Isabel y se enamoró de Beatriz. Ésta


última era su amante pero en cuanto él se separó para ir a vivir
con ella, la convirtió en su nueva pareja y entonces Isabel se vio en
la “obligación” inconsciente de traspasarle a Beatriz todos los
archivos con los datos de las necesidades existenciales de Luis,
para que pudiera hacerse cargo del “expediente”, lo cual resultaría
de provecho para el plan evolutivo de Luís. Con el fin de acelerar
ese proceso, Isabel incluso llamó por teléfono a Beatriz para
pasarle los datos personalmente, relatando con pelos y señales
todos los aspectos negativos del carácter y la personalidad de
Luís. La astrología nos ayuda a comprender ese proceso. Los
patrones que nos son transmitidos por la pareja están inscritos en
el sector VII del tema astral, en cambio las experiencias amorosas
extramatrimoniales o fuera de la pareja habitual se inscriben en el
sector VIII. He podido observar en infinidad de ocasiones cómo se
traspasan los patrones de un personaje a otro cuando alguien se
compromete con quien antes era su amante.

En consecuencia, cuando alguien se separa, antes de volver a


formar una nueva pareja, es conveniente que realice una lista
exhaustiva de lo que se le reprocha a la anterior pareja. Y que
intente averiguar a qué parte de su propia personalidad
corresponden cada uno de esos reproches.
La importancia de los detalles

A Alejandro le preocupaban sus relaciones con su mujer, que


andaban algo deterioradas, y se preguntaba qué podía hacer para
mejorarlas, así que concertó una cita conmigo. Entró en mi
consulta soltando humo por las orejas.

- Siento el retraso, pero me he encontrado con unos Testigos


de Jehová que me han tenido un cuarto de hora dándome la
paliza, soltándome un discurso sobre la importancia de los
detalles en la vida de las personas. Si pensaban que me iban a
adoctrinar, lo tienen claro...
-
Tras haber oído el relato de la historia que estaba viviendo con
su mujer y teniendo en cuenta lo que acababa de ocurrirle, le
pregunté si recordaba cuándo había sido la última vez en que le
había regalado algo (léase flores, bombones, una entrada al teatro
o a un concierto, una palabra amable, una sonrisa sincera, un
poema) a su pareja. Respondió que le faltaba tiempo para esos
menesteres y que ya le daba el suficiente dinero como para que se
comprara ella misma todo lo que necesitaba. Sin entrar a juzgar
su falta de delicadeza, le sugerí la posibilidad que aquellos
personajes que se había encontrado por la calle y que provocaron
su retraso, le estuvieran aportando una respuesta a su pregunta
de cómo mejorar sus relaciones de pareja. Le expliqué que tal vez
se trataba de empezar a tener más detalles con su compañera de
ruta. Entonces se quedó pensativo unos instantes y, dándose
cuenta de la coincidencia, comentó su intención de comprarle
aquel mismo día un ramo de flores a su mujer. Para él, éste fue el
arranque de un cambio de estrategia a la vez que inició una mayor
valoración de su personalidad femenina, simbolizada por su
esposa.

Con este ejemplo podemos percibir, una vez más, que el universo
siempre responde a nuestras preguntas, aunque sea de la forma
más insólita e inesperada.
Todo va bien, quizá mi esposa...

Una mañana de otoño me encontraba en la oficina y recibí la


llamada de un amigo desde el interfono invitándome a que bajara
a tomar un té con él. A sabiendas que dedico parte de mi tiempo a
la interpretación de anécdotas, me contó que andaba algo
preocupado porque en pocos días se le habían estropeado varios
electrodomésticos: la lavadora, el televisor, el frigorífico y además,
el contestador automático.

Como sea que mi amigo me estaba contando aquella anécdota


en un bar, a modo de simple comentario, de pensamiento en voz
alta (por lo menos así lo interpreté, ya que la experiencia me ha
demostrado la inconveniencia de desentrañar una anécdota sin el
permiso expreso del aludido), me guardé muy mucho de
interpretarla. Me limité a sugerirle que quizá pasaba alguna cosa
en el seno de su hogar, a lo cual me contestó muy convencido:

- Yo estoy bien, pero ahora que lo dices... quizá mi mujer sí


tenga algún problema.

Tras desearle que todo aquello se solucionara con prontitud,


nos despedimos.

Al cabo de unos días llamó de nuevo a mi puerta, pero esta vez


decidió subir. Me comentó que estaba preocupado porque la
noche anterior se había despertado sobresaltado por un
estruendo, al levantarse pudo comprobar horrorizado que la
pecera que adornaba su salón había estallado, esparciendo por el
parquet la friolera de ciento cincuenta litros de agua. A las tres de
la mañana la familia tuvo que dedicarse a intentar repescar
alguno de los peces que chapoteaban en el suelo.

Fue entonces cuando traté de analizar su anécdota. Empecé por


preguntarle si todos los electrodomésticos los usaba su mujer en
exclusiva y acabó aceptando que su matrimonio pasaba por una
pequeña crisis. Le expliqué entonces que la lavadora servía para
lavar los trapos sucios; el frigorífico para mantener los alimentos
que ingerían; la televisión para ver imágenes del exterior; el
contestador servía para recibir mensajes, comunicación del
exterior y que la explosión de 150 litros de agua era señal de que
las relaciones estaban en una situación límite y las emociones se
habían desbordado sin ningún control. Iniciamos entonces un
trabajo para procurar que mejoraran sus relaciones de pareja.

Cuando uno se muestra reacio a entender los mensajes que le


manda la vida, a veces éstos se acumulan, como ocurrió en este
caso, o como sucede cuando desatendemos la correspondencia
durante semanas. Pero en ocasiones, ni así se logra una toma de
conciencia por parte de los interesados. Lo atribuyen todo a la
casualidad, a la mala suerte, hasta que acaba sucediendo algo tan
notorio, que se ven obligados a reflexionar.

Y cogió las de Villadiego...

El relato de Margarita es más triste. Su marido la abandonó el


mismo día en que dio a luz a su primer hijo y tras un sermón
sobre la inmadurez y la falta de responsabilidad de los hombres, o
al menos de alguno de ellos, preguntó si podía ofrecerle una razón
coherente que justificase un comportamiento tan reprochable. Le
ofrecí algunos ejemplos paralelos (situaciones parecidas vividas
por otras personas) para ayudarle a comprender que ella había
estado tejiendo de forma inconsciente aquella situación. Su
marido era una persona enérgica, activa y con personalidad antes
de conocerla, pero esas cualidades se desvanecieron a su lado, ya
que él se dejaba manejar por ella sin oponer la más mínima
resistencia. Quizá por ello fue en numerosas ocasiones objeto de
burla entre los familiares masculinos de su mujer, que eran más
“machos”, y ella, sin darse cuenta, participó activamente en
aquellas burlas. Margarita lo dominaba por completo porque la
naturaleza la dotó de un carácter fuerte y enérgico, y lo mantenía
debajo del ala, como a un polluelo. Era tal la presión que él sentía,
que en ocasiones ni siquiera se atrevía a informar a su esposa
cuando se aventuraba a tomar unas cervezas con los amigos,
buscaba entonces una excusa. Él se sintió anulado y fue a buscar
consuelo en los brazos de otra mujer. Pero para atreverse a
romper el matrimonio debía esperar el momento de máxima
debilidad de su pareja, y esa ocasión se la brindó el parto.

A raíz de nuestra conversación, Margarita pudo empezar a


tomar conciencia de lo sucedido y a planificar cambios en su
actitud, ya que al año de su separación estaba comenzando a
notar los mismos síntomas en su nueva pareja.

Pero antes de terminar la consulta preguntó:

- ¿Significa entonces que tengo que cambiar y dejar de ser yo


misma? ¿Cómo puedo ser menos dominante, si es
precisamente uno de los rasgos más importantes de mi
personalidad?

Si la vida ha dotado a Margarita de un fuerte carácter es para


que lo utilice, por lo tanto sería un error intentar anularlo. Sin
embargo tenía que aprender a utilizarlo sin propiciar la anulación
de la personalidad del que tiene enfrente. Le convenía pues
aplicar la técnica del rodeo, la cual se basa en la utilización de una
de las principales características femeninas, la diplomacia,
concediendo a la pareja un espacio para la toma de decisiones,
aún cuando al final ésta siga la influencia que ella le marca. De
esta forma, el partenaire se sentiría más útil y la relación habría
ganado enteros. Pongamos un ejemplo.

Suena distinto decretar: “Cariño, este verano vamos a París de


vacaciones”; que sugerir: “Cariño, ¿has visto el catálogo de la
agencia de viajes?, ¿Verdad que sería estupendo que pudiéramos
ir a París? Siempre me has dicho que era uno de tus sueños y es
una ciudad preciosa. Seguro que lo pasamos muy bien”.

¿Qué sucede si me separo?


¿Tengo que separarme? Ésta es sin duda una pregunta
peliaguda por sus implicaciones profundas. Es poco
recomendable aportarle a otro una respuesta afirmativa en ese
sentido, la experiencia demuestra que es preferible sugerir a quien
esté viviendo ese trance que busque las respuestas en sus sueños,
en su intuición, a través de la meditación o de las anécdotas, pero
que evite hacerlo a través de terceras personas, sin que por esta
razón se pierda la confianza en ellas. En principio, estas últimas
tendrán tendencia a ofrecer una respuesta interesada, coloreada
por sus propias vivencias y por los sentimientos que compartan
con la persona afectada. Confiar la decisión a las amistades (en el
sentido mencionado), es como aventurarse por arenas movedizas.
Y también puede serlo recurrir a determinados especialistas en
mancias (adivinos) porque con frecuencia estos profesionales leen
en la mente del consultante su inclinación momentánea,
diciéndole luego lo que quiere oír, pero que sólo refleja una
decisión temporal. Del mismo modo puede ocurrir que se les
malinterprete y que uno sólo escuche aquello que le interesa.
Justo es admitir, y he podido comprobarlo en más de una ocasión,
que existen canalizadores y videntes capaces de acceder a los
campos en los que se prefigura nuestra realidad y sacar de ellos
valiosas informaciones, pero si damos con uno de ellos se negará a
facilitarnos una respuesta tajante sobre nuestra situación.

Existe otro factor más importante a tener en cuenta: cuando


alguien ofrece una respuesta interesada basada en su propia
emotividad e inclina la balanza a favor de una u otra polaridad,
acaba entrando en la vida del interesado y por tanto creando lazos
kármicos con esa persona. Si fuéramos más conscientes de ello tal
vez nos mostraríamos más cautelosos a la hora de intentar dirigir
y/o manipular la vida de los demás.
Meditando en el armario

Un empresario me contó que sintiéndose invadido por la duda


de una posible separación, que le llevaría a romper con quince
años de matrimonio, decidió encerrarse durante veinticuatro
horas en un armario. Se sabía una persona lenta en la toma de
decisiones (su signo zodiacal es Escorpio[1]), por lo tanto recluirse
en sí mismo se presentaba como la mejor forma de hallar la
respuesta, para conseguir estar libre de influencias exteriores
susceptibles de ralentizar el proceso. El problema era la falta de
tiempo ya que al día siguiente emprendía un viaje de tres semanas
de duración y antes de partir quería dejar zanjado el asunto de su
matrimonio. Para acelerar el proceso de interiorización, se le
ocurrió encerrarse en el encierro, es decir, recluirse en un armario
hasta haberse decidido. Salió de él con una firme e irrevocable
decisión. Evitó contarle esta anécdota a la gente de su entorno por
temor a que pensaran que era muy excéntrico o le faltaba un
tornillo, pero a él le resultó útil este método, que en definitiva es
lo único que cuenta.
Lo que hizo aquel hombre fue recurrir a la introspección y a la
meditación, a sabiendas que nadie mejor que él iba a poder
ofrecerle una respuesta a su dilema.

Yo quería meditar

En ocasiones la lista de descontentos con la pareja es


pequeña, concentramos las quejas en un par de reivindicaciones,
fue el caso de una chica que dijo haberse separado porque su
pareja se resistía a dejarla meditar. Él alegaba que le daba miedo,
le creaba angustia que su mujer lo hiciera.

Si utilizáramos el sentido común, desde el punto de vista de


la mujer diríamos que la actitud del marido era muy egoísta, al
impedir que su esposa desarrollara una de las actividades con las
que se sentía más realizada. Pero ¿qué sucede si cambiamos de
óptica? ¿Supone una actitud egoísta imponerle al marido una
actividad que le asusta? ¿Y si en lugar de practicarla en su
presencia la mujer se hubiera conformado con meditar cuando él
estaba trabajando? Que cada cual extraiga sus propias
conclusiones.

Si partimos del supuesto que la pareja, a modo de espejo,


refleja una parte oculta de nuestra personalidad, separarse podría
significar, en muchos casos, emprenderla a pedradas contra ese
espejo porque hemos dejado de soportar la imagen que está
reflejando. Pero como vivimos en un mundo dual, al poco tiempo,
la necesidad de nuevas experiencias nos impele a lanzarnos en
busca de otro personaje, que en el caso de renunciar a tener
pareja, puede presentarse en forma de amigo, de familiar o de
socio en el trabajo, dispuesto a proporcionarnos ese ansiado
reflejo. Y entonces ocurre que la falta de toma de conciencia sobre
los elementos a comprender de nuestra antigua imagen, puede
motivar que volvamos a verla reflejada intacta, tal cual era con
anterioridad, aunque con matices distintos. En términos
coloquiales, aparecerá el mismo perro, con distinto collar, para
despistar un poco.

Dispuestos a evitar que se reproduzcan los mismos patrones,


conviene tomar conciencia de quienes somos realmente y cambiar
esa identidad que tanto nos duele ver reflejada. Romper el espejo
sólo resultará útil cuando estemos dispuestos a asumir los
defectos que vimos en él y aceptarlos como propios. Dicho de otro
modo, para poder romper de verdad con el otro, primero es
preciso modificar la imagen que él o ella representa dentro de
nosotros. Este proceso, lejos de ser sencillo, suele producir un
cierto dolor ya que se trata de romper la rueda esquizofrénica de
justificaciones en la que hemos estado encerrados durante un
largo periodo, una rueda que utilizábamos de cobertura y a la vez
de defensa personal, “ayudándonos” a distinguir sólo los trazos
positivos de nuestra personalidad.

Propongo para ello un ejercicio sencillo que consiste en


elaborar una lista de las justificaciones que se alegan. Algo así
como: me disgusta de esa imagen (es decir, de mi pareja) que...

- Nunca se ríe con mis chistes.


- En cuanto cruza la puerta de casa, le entra el mal humor, en
cambio en el trabajo es muy alegre.
- En contadas ocasiones habla con nuestros hijos, su función se
reduce a la de cajero automático.
- Casi nunca comparte mis aficiones, mis inquietudes.
- Nuestra relación está en punto muerto.
- Apenas soporta a mi familia.
- Jamás valora mi trabajo.
- Ronca como un motor de explosión.
- Quiere tenerme bajo control a todas horas.
- Sus celos son enfermizos.
- Siempre tiene razón, o eso parece creer.
- Los grandes almacenes son su lugar predilecto de
peregrinación.
- Le cuesta soportar a mis amigos...

Esta lista puede ser mucho más larga, pero pretende ser sólo
un ejemplo de lo que se suele alegar como justificaciones. Una vez
elaborada, tratando que sea lo más completa posible, es preciso
tomar conciencia que estas actitudes son el reflejo de lo que uno
guarda en su interior y le cuesta identificar, porque si hubiera
conseguido reconocerlas, sería innecesario verlas representadas
por un personaje exterior. La parte más emocionante del ejercicio
(la que genera más movidas), como habréis adivinado, es la de
intentar identificar en uno mismo el comportamiento que se
asemeja al que aborrecemos en el otro. Al principio, la reacción
habitual será la del rechazo, sobre todo si uno se queda con el
concepto literal, ya que en la mayoría de casos es importante
saber extrapolar y leer entre líneas.

Espero que lejos de tomar mis explicaciones como un acto de


fe, las pongas en tela de juicio e intentes probar en persona su
resultado.
Quiero terminar este capítulo con una cita de Kabaleb sobre
la necesidad de equilibrio en las relaciones de pareja. En su libro
“Cómo descubrir al maestro interior” (Ed. Arcano Books) dice al
respecto:

“El átomo está formado por unas partículas de energía de


carga positiva llamadas protones y otras de carga neutra
llamadas neutrones. Estas partículas constituyen el núcleo
central alrededor del cual giran los electrones, como los planetas
giran alrededor del Sol. En su estado natural de equilibrio, los
protones, que son la fuerza masculina, se encuentran
neutralizados por los neutrones, que son la fuerza femenina, y de
esta forma realizan funciones normales, como parte del tejido
del universo. Pero cuando en un átomo se produce una
estampida de neutrones o de protones, se rompe el equilibrio.”

Claves a recordar

Buscamos en el otro un ingrediente del que carecemos y


que resulta complementario para nuestra evolución y sin ese
elemento, nuestro avance es mucho más lento
Resulta importante saber cuál es la esencia primordial
que intenta transmitirnos ese ser que realiza la función de
reflejo
Realizando un trabajo sistemático de toma de conciencia
de patrones, conseguiremos la liberación de todo aquello
que nos ataba a la pareja anterior y podremos iniciar con
garantías una nueva vida
Cuando alguien se separa, antes de volver a formar una
nueva pareja, es conveniente que esa persona realice una
lista exhaustiva de lo que le reprocha a la anterior pareja
El universo siempre responde a nuestras preguntas,
aunque sea de la forma más insólita e inesperada
Cuando alguien se muestra reacio a entender los
mensajes que le manda la vida, a veces éstos se amontonan
en su buzón
Cuando alguien ofrece una respuesta interesada basada
en su propia emotividad e inclina la balanza a favor de una
u otra polaridad, acaba entrando en la vida del interesado y
por tanto creando lazos kármicos con esa persona
La pareja, a modo de espejo, refleja la parte oculta de
nuestra personalidad
Romper el espejo sólo resultará útil cuando estemos
dispuestos a asumir los defectos que vimos en él y aceptarlos
como propios
Intentar identificar en uno mismo el comportamiento
que se asemeja al que aborrecemos en el otro será una de las
claves
Apartados de este capítulo

Los elementos básicos


Evitar la repetición de patrones en la separación

Repetición de la jugada

Las multirelaciones

La importancia de los detalles

Todo va bien, quizá mi esposa...


Y cogió las de Villadiego…

¿Qué sucede si me separo?


Meditando en el armario
Yo quería meditar
Claves a recordar

[1] Escorpio es un signo de interiorización de las emociones, en el que uno necesita hacerse un cóctel
con la información, elaborarla lentamente. Le gusta poco dar respuestas rápidas.
CAPÍTULO 8:

EL COCHE, NUESTRO VEHÍCULO

Apartados
de este capítulo

Una
advertencia
que cayó en
saco roto
Avanzar a
empujones
Cambio de
rumbo Para conducir un vehículo es preciso
Una de estudiar el código de la circulación, y para
negocios dirigir tu existencia, el lenguaje de la propia
Cuidado vida.
con el futuro Anónimo
Sin fuerzas
Salir del
circuito
habitual
La gran
“cagada”
Claves
para recordar
El coche, entendiendo como tal cualquier vehículo conducido
por uno, guarda una relación directa con nuestro vehículo
personal: el cuerpo. Y como tal, las disfunciones del primero
pueden ser indicativas también disfunciones en la persona y
pueden facilitar pistas sobre los posibles fallos humanos.

Por otro lado, podemos establecer una analogía entre lo


que nos pasa con nuestro coche y la forma en que manejamos
nuestra vida. Siguiendo este razonamiento, podríamos decir que
una persona que descuida la limpieza o el cuidado de su coche,
quizá esté descuidando su propia imagen o bien las repercusiones
que su conducta puede tener en los demás.

Vemos pues, que el coche puede representar, amén de


una fuente inagotable de anécdotas, un camino hacia el
autoconocimiento, siempre y cuando seamos capaces de escuchar
e interpretar su diálogo simbólico.
Una advertencia que cayó en saco roto

- “Mi marido y yo llevábamos varias semanas en tratos con una


empresa constructora para la compra de un piso ya
construido –contaba Norma. - Él estaba muy entusiasmado y
sólo veía las ventajas de aquella transacción, yo, en cambio,
tenía mis dudas, la intuición me decía que podían surgir
obstáculos imprevistos. Se lo comuniqué a Ramón, pero éste,
como era habitual en él, hizo caso omiso, ya que es un ser
muy racional que se fía poco de las corazonadas.

Llegó el día del compromiso y cogimos el coche con la


intención de ir a entregar una paga y señal. Poco antes de llegar a
las oficinas de la constructora, y estando parados en un semáforo,
una camioneta realizó una maniobra extraña y chocó con nuestro
coche rompiéndonos el faro delantero derecho.

Para mí, estaba claro el mensaje: la derecha simboliza el futuro.


El faro, la luz, por lo tanto nos estaban advirtiendo de que
estábamos quedándonos a oscuras en algún detalle de la
transacción, que era preciso leer la letra pequeña, fijarse en los
detalles, ya que quedarnos sin un faro restringiría parte de la
visión, impidiendo que percibiéramos algunos detalles. Hice a
Ramón partícipe de mis pensamientos, le conté que tenía la clara
sensación de que nos íbamos a equivocar con aquella compra,
pero él me contestó que yo estaba mal de la cabeza, que aquello
había sido una simple casualidad y que vaya tontería pretender
relacionar el golpe con la compra del piso.

Una vez estrenado nuestro nuevo hogar, Ramón tuvo que


admitir, muy a pesar suyo, que mis intuiciones y majaderías
estaban bien fundadas, ya que el piso resultó bastante
problemático, tenía desperfectos de los que la constructora
declinó hacerse cargo. Si hubiéramos escuchado el mensaje de
aquella anécdota, nos habríamos ahorrado muchos dolores de
cabeza”.
Son numerosas las ocasiones en las que uno de los
componentes de la pareja ve clara la repercusión de una anécdota
en su vida o la naturaleza de su mensaje, pero en cambio la otra
parte se niega a creer en esa evidencia. En estos casos lo mejor es
tratar de encontrar un punto intermedio que satisfaga ambas
partes. Por ejemplo, en este caso Norma podría haberle dicho a su
marido que quería ver el piso con más detenimiento antes de
firmar definitivamente. Es probable que este tipo de explicación le
hubiera parecido a su marido más plausible y lógica que contarle
que el faro roto equivalía a una falta de visión en la compra que
iban a realizar.
Avanzar a empujones

Olga estaba atravesando un periodo de estancamiento. Era


consciente de que tenía que introducir cambios en su vida pero le
costaba decidirse a dar el primer paso. Estaba sumida en estos
pensamientos al volante de su utilitario cuando un vehículo que
calculó mal su frenada embistió su coche por detrás, cuando
estaba parada en un semáforo. Superado el enfado inicial, Olga
trató de analizar la anécdota y concluyó que la vida la estaba
empujando, el choque había desplazado su coche hacia delante,
forzándola a moverse, a avanzar. Le estaba sugiriendo que tomara
las decisiones necesarias para cambiar de rumbo. Pero como le
costaba hacerlo por sí misma, necesitó un empujón desde fuera.

Cambio de rumbo

Álex había aceptado la invitación de unos amigos para


pasar un fin de semana en su finca, así que, llegado el viernes, se
subió a su todo terreno y enfiló la carretera. Había decidido
aprovechar la ocasión para declararse a Julia, una buena amiga
que también había sido invitada por sus anfitriones. Tras salir de
la autopista, le pareció haberse despistado y se paró para
preguntar a un repartidor que había detenido su furgoneta.

- Perdona, ¿voy bien para ir a Sant Vicens?

- Te equivocas, tienes que dar media vuelta y cuando llegues


a la próxima rotonda, sigue en dirección a Molins y allí ya
encontrarás indicaciones.

Álex siguió la ruta que le habían indicado pero al mismo


tiempo trató de analizar la anécdota que acababa de vivir. Su
intuición le sugirió que quizá el camino equivocado podía estar
relacionado con su intención de declararse aquel fin de semana y
decidió cambiar de estrategia y esperar unos días más. El tiempo
le dio la razón porque una semana más tarde Julia le confesó que
tenía novio, pero que por temor a hacerle daño había retrasado el
momento de decírselo.

Una de negocios

Antonio se dirigía a una cita de negocios en una población


cercana a su ciudad. Introdujo la dirección exacta en el GPS y se
fue tranquilo. Los nervios aparecieron cuando se dio cuenta que
estaba pasando por tercera vez por la misma plaza y ya llegaba
tarde. Entonces se le ocurrió que para centrar a su GPS debería
dejar de hacerle caso y llevarlo por otras calles. Al final consiguió
su objetivo. Lo curioso para él fue darse cuenta que su
interlocutor empezó a dar vueltas alrededor del negocio que
debían firmar, para llevarlo hacia nuevos derroteros. Antonio se
dio cuenta y declinó firmar.

Cuidado con el futuro

Nelli estaba planteándose volver con su antigua pareja, con


la que ya había pasado por dos separaciones dolorosas. Iba en su
coche pensando en el tema cuando un autobús pasó tan cerca que
le arrancó el retrovisor de la derecha de cuajo. Como la derecha
representa el futuro, Nelli entendió que la opción que se estaba
planteando le traería más problemas.

Sin fuerzas

Nico iba a coger su coche y se encontró con la desagradable


sorpresa de que se había dejado la luz interior encendida,
vaciándole la batería. Dos días más tarde estaba en cama
aquejado de agotamiento y exceso de estrés.

Salir del circuito habitual

Ester se fue, como cada día, a buscar su coche para ir a


trabajar. La sorpresa fue que por más que lo intentó, sus llaves se
negaron a abrir el coche (que iba con un sistema automático) y
tuvo que ir al concesionario que se lo vendió para que le cambiara
la pila de las llaves. En ese momento ella estaba viviendo una
situación difícil en su vida personal y la anécdota le indicaba que
las soluciones tenía que buscarlas fuera de su circuito habitual (en
el concesionario), porque si seguía la rutina de siempre se
encontraría bloqueada.

La gran “cagada”

Ernesto acababa de lavar el coche y la cera lo había dejado


brillante. Se dirigía a realizar una compra importante y tenía
ciertas dudas. Cuando estaba parado en un semáforo, vio caer en
el capó una enorme cagada de gaviota. Después del consiguiente
enfado pensó que estaba a punto de “cagarla” y pidió más
garantías para realizar la compra.

El coche es una fuente inagotable de elementos


interpretativos, la cual crece en la medida en que los coches van
mejorando su calidad y sus prestaciones. Por ejemplo ahora que
se les está equipando con GPS (ordenadores que facilitan, entre
otras cosas, la localización de cualquier lugar al que se quiera
acudir), si este utensilio se estropea, podemos deducir que
nuestro sistema de orientación está fallando, que nos cuesta saber
por dónde vamos, que tenemos poco claros nuestros objetivos.
Observar el estado y las características de un vehículo siempre nos
proporcionará indicaciones sobre su propietario. Y por otro el
hecho de que los vehículos puedan alcanzar cada vez mayores
velocidades sería indicativo de la creciente capacidad del ser
humano de acelerar sus procesos. Siguiendo el hilo argumental de
este capítulo, podríamos concluir que el perfeccionamiento de
nuestros vehículos tendría que redundar en una mejor
conducción, es decir en una mejora de nuestra conducta en
relación con nosotros mismos y con los demás.

Claves a recordar
Podemos establecer una analogía entre lo que nos pasa
con nuestro vehículo y la forma en que manejamos nuestra
vida
La derecha simboliza el futuro
Es preciso leer la letra pequeña, fijarse más en los
detalles
Son numerosas las ocasiones en las que uno de los
componentes de la pareja ve clara la repercusión de una
anécdota en su vida o la naturaleza de su mensaje, pero en
cambio la otra parte se niega a creer en esa evidencia
Observar el estado y las características de un vehículo
siempre nos proporcionará indicaciones sobre su
propietario
Apartados de este capítulo

Una advertencia que cayó en saco roto


Avanzar a empujones
Cambio de rumbo
Una de negocios
Cuidado con el futuro
Sin fuerzas
Salir del circuito habitual
La gran “cagada”
Claves para recordar
CAPÍTULO 9:

LA SALUD Y SUS SIMBOLISMOS

Apartados de este
capítulo

Una mala
caída
Y Bush atacó
Una de
riñones
Y me quedé
sin voz
Demasiado
peso
Más vale ser rico y con buena
Y se licuó
salud, que pobre y enfermo.
Lo vomitó
Snoopy
Dolores de
cabeza
Una de juicio
¿me oyes, me
ves?
Algunos
órganos importantes
Claves a
recordar
La salud es uno de los temas que más preocupa a nuestra
sociedad. Nuestras dolencias nos facilitan pistas interesantes
sobre la dirección que sigue nuestra vida.

Visto desde la óptica de la astrología, la salud está


representada por la Casa VI y es un espacio terminal. Esto
significa que las anécdotas relacionadas con la salud pueden estar
mostrándonos situaciones que están llegando a término, que
necesitan ser comprendidas de forma rápida, sin dilación.

Una mala caída

Pilar estaba reconsiderando su vida profesional y había


tomado la determinación de volver a dar clases de arte, porque su
ocupación actual apenas le daba para comer. Cuando se dirigía a
ofrecer sus servicios a una escuela, tropezó en la calle, con tan
mala fortuna que al caer y querer apoyarse se rompió el brazo
derecho. Al analizar la anécdota vio que se dirigía hacia un posible
nuevo trabajo y que se rompió su herramienta de trabajo (el
brazo, inutilizándole la mano con la que pintaba). Además, la
derecha representa el futuro (como podemos ver en el diccionario
de simbolismos). Así que sintetizando, esa vuelta al pasado que
ella estaba programando le resultaría bastante accidentada,
creándole problemas en el futuro y dejándola en una situación de
parada forzosa (estuvo dos meses sin poder trabajar).

Y Bush atacó

Antes de iniciar la guerra de Irak, el que era presidente de


los EEUU se atragantó con una galleta y estuvo a punto de morir
ahogado. Si hubiera sabido analizar las anécdotas, se hubiera
dado cuenta que la vida le estaba diciendo que algo se le iba a
atragantar si seguía adelante. La historia nos ha mostrado que así
ha sido y ahora el nuevo presidente Obama está preparando (en el
momento de escribir estas líneas) la retirada de sus tropas de ese
país árabe.

Una de riñones

Cuando tenía un año y medio a mi hija le diagnosticaron


un reflujo de orina en el riñón (significa que la orina en lugar de
evacuarse vuelve hacia los riñones). Aurora y yo estábamos
pasando por momentos difíciles debido, principalmente, a mis
continuos viajes, ya que trabajaba en Madrid y vivía allí 5 días a la
semana. Como yo sabía que los riñones están relacionados, en el
ámbito de los símbolos, con la pareja, en cuanto me dieron el
diagnóstico atamos cabos. Decidimos entonces superar nuestras
diferencias y dar un nuevo enfoque a la relación, con la seguridad
de que al hacerlo desaparecería el reflujo de orina. Para probar
que íbamos en serio, mi hija estuvo, durante unos meses,
despertándose de 20 a 30 veces por noche, obligándonos a
levantarnos por turnos para atenderla. Ella misma se curó a base
de beber litros de agua. Así, bebía un biberón entero de agua antes
de acostarse y al cabo de media hora tenía pipí. Cuando lo había
hecho pedía agua de nuevo y se zampaba otro biberón, ya os
imagináis como sigue… Cuando volvimos a hacerle las pruebas,
sus riñones estaban en perfecto estado.

Y me quedé sin voz

Elisenda solía apuntarse a cualquier corrillo en el que se


practicara el deporte nacional de la crítica y disfrutaba poniendo
verdes a sus compañeras de trabajo. En un curso de autoestima al
que acudió le hablaron del poder de las palabras y de cómo éstas
pueden afectar a las personas, aunque sea de una forma
inconsciente. A partir de ese momento, se activó su conciencia y la
vez siguiente que se dedicó a criticar, se quedó sin voz, lo cual la
llevó a comprender que para ella se tenía que acabar esa práctica
porque la lastimaba.

Demasiado peso
Adolfo vino a verme preocupado porque tenía un dolor
persistente en la espalda y los médicos le habían realizado
diversas pruebas sin saber de dónde venía y sólo atinaban a
recetarle calmantes. Él pensó entonces que podía tratarse de un
mensaje, de una anécdota. Adolfo estuvo contándome algunos
capítulos de su vida reciente y lo más llamativo es que estaba
llevando el peso de su familia. Cuidaba de su madre enferma,
ayudaba a su padre en el taller, además de ocuparse de sus hijos,
ya que su mujer tenía un horario muy largo. Parecía claro que
estaba echándose una gran carga de responsabilidad a la espalda,
de ahí su dolor. Para aligerar ese peso decidió delegar alguna
tarea en sus hermanos y, como por arte de magia, el dolor
desapareció.

Y se licuó

Alex estaba pasando por un mal momento en el ámbito


familiar, se había producido un enfrentamiento con su padre. Al
creerse poseedor de la razón absoluta decidió romper las
relaciones con su progenitor. El día en que iba a llamar a su
hermana para comunicarle su decisión, empezó a tener una
diarrea persistente que le duró 3 días, el tiempo que tardó en
“ablandarse”, en darse cuenta que estaba siendo demasiado
drástico. A la par, tomó conciencia que la razón resulta un bien
inútil si te aleja de las personas a las que quieres.

Lo vomitó

Angelines estaba harta de cómo la trataba su hermana y


decidió cantarle las cuarenta. Preparó concienzudamente el
discurso que le iba a largar. Pero el día de autos, la comida le
sentó mal y estuvo vomitando durante una hora. Cuando acabó,
estaba en tal estado de debilidad que tuvo que posponer la bronca
a su hermana. Si Angelines fuera capaz de analizar su anécdota, se
daría cuenta que su discurso iba a asemejarse más a un vómito
que a una reivindicación y que además el resultado sería malo,
puesto que se sentiría más débil que antes.

Dolores de cabeza

La cabeza es el centro de mando del cuerpo, el lugar de


dónde salen las órdenes. Así, las anécdotas relacionadas con la
cabeza pueden tener su origen en malas decisiones, en direcciones
errónea, en una sobrecarga de operaciones (estrés), en una mala
racionalización, en una falta de dirección. Y como es el centro que
se encarga de marcar los objetivos, también puede significar que
se han marcado objetivos erróneos o que han dejado de cumplirse
los objetivos pactados (con el Ego Superior). Tom me contó que
había descubierto, tras meses de sucederle lo mismo, que cada vez
que discutía con su padre, tenía dolor de cabeza. El padre (en
nuestro cuadro de simbolismos) representa el Ego superior.

Una de juicio

Andrea se peleó con su hijo y acto seguido tuvo un dolor


de muelas que la obligó a ir al dentista, donde le anunciaron que
debían extraerle la muela del juicio. Los dientes se relacionan
simbólicamente con la familia. Andrea dedujo que su anécdota del
dolor de muelas estaba relacionada con la forma en que trataba a
su hijo, como si fuera todavía un niño y careciera de juicio.

¿Me oyes, me ves?

Para comprender lo que representa una enfermedad o la


disfunción de un órgano, en ocasiones basta con ver qué es lo que
nos impide hacer y relacionarlo con un apartado de nuestra vida.
Por ejemplo, si tenemos tapones en los oídos, otitis o sordera,
deberemos preguntarnos qué es lo que nos negamos a escuchar. Si
se trata de la oreja izquierda, el tema se relacionará con el pasado
y la derecha con el futuro.

A Alina se le taponaron los oídos justo el día en que su


marido le pidió la separación.
Si seguimos el mismo razonamiento pero aplicado a la
vista, podremos relacionar las dificultades de visión con
problemas para ver algunas cosas que suceden en nuestra vida.
Puede costarnos ver lo que tenemos cerca, o las cosas que están
más alejadas, las situaciones inmediatas o lo que viviremos a
medio plazo.

Algunos órganos importantes

El corazón está relacionado con el amor, con nuestra manera


de darlo y de recibirlo; el estómago con la digestión, veremos a
través de sus disfunciones los problemas que se nos presentan a la
hora de digerir las situaciones vividas; los pulmones con las ideas
y nuestra forma de encajarlas o de enrocarnos en ellas; los
genitales con lo que creamos, con nuestra creatividad. El hígado
es el centro energético y si tenemos problemas con él, nos
sentiremos débiles.

Claves a recordar

Nuestras dolencias nos facilitan pistas interesantes sobre


la dirección que sigue nuestra vida
Las anécdotas relacionadas con la salud pueden estar
mostrándonos situaciones que están llegando a término, que
necesitan ser comprendidas de forma rápida, sin dilación
Es importante tener en cuenta el poder de las palabras y
la manera en que éstas pueden afectar nuestras relaciones
Apartados de este capítulo

Una mala caída


Y Bush atacó
Una de riñones
Y me quedé sin voz
Demasiado peso
Y se licuó
Lo vomitó
Dolores de cabeza
Una de juicio
¿me oyes, me ves?
Algunos órganos importantes
Claves a recordar
CONCLUSIONES

El juego de la vida tiene unas reglas cada vez más claras y este
libro pretende ayudar a reconocer alguna de ellas.

Los acontecimientos se suceden en nuestra vida y pasamos


gran parte del tiempo pensando que la “culpa” la tiene la
casualidad, la buena o la mala suerte. Es tiempo de avanzar, de
mirar más allá, de darnos cuenta que todo está al alcance de
nuestra mano y que somos mucho más sabios de lo que creemos
ser. Es hora de leer la letra pequeña de la vida y analizar las
anécdotas importantes para dejar de perder el tiempo repitiendo
patrones. Cuando alguien es capaz de comprender lo que sucede
en su vida, se siente libre y a la par más feliz.

Estamos inmersos en una sociedad en la que todo sucede


muy deprisa y en la que las respuestas acompañan a las preguntas
en tiempo real. Hacernos preguntas ha sido siempre una
constante en nuestra evolución. Ha llegado el momento de ser
conscientes que el universo contesta a todas y a cada una de ellas.
Lo que sucede en ocasiones es que emitimos demasiadas a la vez,
lo cual dificulta la labor de discernir qué respuesta corresponde a
qué pregunta.

La interpretación de las anécdotas está llamada a ser


uno de los pilares de la nueva psicología analítica, debido a que
ofrece información fresca sobre lo que sucede en nuestra vida a
tiempo real. Esto ayudará a los psicólogos a ahorrarse, en muchos
casos, tener que bucear para encontrar respuestas en los patrones
generados o heredados de los padres.

Os propongo que dejéis de lado vuestros prejuicios, vuestras


justificaciones, que os olvidéis de lo que os han enseñado antes y
os lancéis sin miedo a la interpretación de vuestras anécdotas.

Lo escrito en las páginas anteriores es sólo una pequeña


guía, una muestra, un ejemplo de cómo interpretar una anécdota.
Vosotros sois los que tenéis que leer la letra pequeña de
vuestra vida y descubriréis un mundo repleto de significados.

PAUTAS PARA EL CAMBIO

Cuando las cosas van mal, cuando las anécdotas


desagradables se suceden una tras otra, nos caemos, recibimos un
golpe, chocamos, nos rallan el coche… entonces se hace difícil
ponernos a analizar. Es el momento de aplicar algunos pequeños
trucos que ayudarán a que retomemos aire y reenfoquemos la
situación.
Salir y volver a entrar: cuando algo nos agobia es preciso
salir del ambiente asfixiante. Por ejemplo, si el problema lo
tenemos en casa o en el trabajo, resultará más fácil encontrar la
solución fuera de ella. Así que lo aconsejable será salir a pasear,
buscar lugares en los que nos encontremos a gusto, que nos
recarguen de energía y una vez allí, replantearemos la situación.
Cambiar de tercio: si notamos que estamos atascados en
una situación, atrapados en el tiempo y nos cuesta un mundo
saber hacia dónde debemos dirigirnos, es preciso cambiar de
tercio. Para conseguirlo, aplicaremos pequeños cambios en
nuestra rutina, a sabiendas de que queremos encaminarnos hacia
un cambio mayor. Variaremos la ruta en el camino a casa o al
trabajo, cambiando de acera; tomaremos otro transporte distinto
al habitual. Cambiaremos algunos hábitos alimenticios.
Doblegar rigideces: cuando sentimos que somos demasiado
rígidos, que sobra sal en nuestros guisos, nos resultará útil
cambiar las normas. Cambiar la hora del despertador cada día
durante una semana, diez minutos arriba o abajo; ducharse y
enjabonarse con la otra mano; vestirse en un orden distinto al
habitual; cambiar de colores; buscar un motivo para ser feliz.
Protegerse: cuando nos sentimos muy vulnerables, cuando
todo nos afecta, cuando acabamos el día agotados por el trato con
los demás, cuando pensamos que nos atacan (energéticamente
hablando), es preciso protegerse. Una forma sencilla de hacerlo es
imaginar que creamos a nuestro alrededor una figura geométrica
cualquiera, delimitamos mentalmente sus límites y la cerramos a
nuestro alrededor. La cubrimos en el exterior de espejos, para que
cualquier energía que venga hacia nosotros rebote. Cada día debe
variarse la figura.
Diccionario de simbolismos

Este diccionario tiene como objetivo facilitar pistas sobre el


simbolismo de los componentes de una anécdota. Mi experiencia
de más de 20 años me ha llevado a interpretar las cosas de cierta
manera, pero es sólo una posibilidad. Tú como lector eres quien
debe profundizar en aquello que te interese. En numerosos casos,
el simbolismo expuesto servirá también para la interpretación de
sueños. A la hora de interpretar, deberá tenerse en cuenta si lo
que nos ha ocurrido es positivo o negativo para nosotros. Por
ejemplo, en la palabra Piel encontramos: amor y sensibilidad. Si
tenemos problemas en la piel, pérdida de melanina, manchas,
enfermedades, podremos pensar que se trata de problemas con el
amor o con la sensibilidad. Cada concepto deberá adaptarse a la
situación vivida. Será distinto interpretar la abeja si nos ha
picado, que si ha hecho un panal delante de casa y nos regala su
miel.

Concepto Simbolismo

A
Rebajarse, aterrizar, bajar de nivel,
ABAJO
humildad
Trabajo en equipo, laboriosidad, cumplir
ABEJA
objetivos, productividad
Proyecto con dificultades para llegar a buen
ABORTO
fin, algo que debe abortarse
Necesidad de cariño, situación agradable,
ABRAZO
un proyecto se acerca a su realización
Protección, calor - recubrimiento de las
ABRIGO
apariencias
ABRIGO, El asunto que llevas entre manos necesita
necesidad de una mayor protección
Situación conflictiva, difícil, grave, algo
ACCIDENTE
llama nuestra atención
Estamos demasiado cerca, debemos dejar
ACCIDENTE,
más distancia. Prestar mayor atención a lo que
choque por delante
sucede delante de nosotros
ACCIDENTE, Nos están empujando, debemos espabilar,
choque por detrás actuar
ACCIDENTE, Estamos a punto de realizar algo que nos
choque por la derecha traerá problemas, conflictos futuros
ACCIDENTE,
Arrastramos problemas del pasado, temas
choque por la
inacabados vuelven a llamar a la puerta
izquierda
Situación que necesita suavizarse, bálsamo,
ACEITE
ser más indulgente o diplomático
AEROPUERTO Periodo de movimiento, de cambios
AFONÍA Hablar más de la cuenta, ofender, pasarse
AGUA Sentimientos - emociones
Sentimientos fríos, se necesita más amor,
AGUA, FRÍA
más dulzura
Demasiado apego, empalago; situación que
AGUA, que quema
quema
ÁGUILA Altos vuelos, poder
AGUJERO Pérdida, anomalía, trampa
AIRE Pensamiento - ideas - lógica - razón
Algo desagradable que se repite, necesidad
AJO
de renovación
ALARMA Señal de peligro
Necesidad de socorro, de cuidados – señal
AMBULANCIA
de socorro
AMIGO Ayudas de gente cercana, facilidades
Necesidad de cariño, mejorar relaciones,
AMOR
ser más dulce, entregarse más
Cortar una tendencia errónea, algo que nos
AMPUTAR lleva por el mal camino
ANDAR Hacer camino, moverse, ir más allá
Ayuda providencial, salir del atolladero,
ÁNGEL
aprovechar las oportunidades, paz
ANILLO Alianza, compromiso, unión
Instintos básicos – Primitivismo, situación
ANIMALES
en la que dominan las emociones
Necesidad de cambio de rumbo, falta de
ANSIEDAD
paciencia
Necesidad de reconocimiento, señal de que
APLAUSOS
las cosas se hacen bien, vas por buen camino
Estás en, o se está creando a tu alrededor
ARAÑA
una telaraña, un lío
ARBOL Protección material, cobijo, enraizamiento
Anuncia dificultades, necesidad de
ARMA
defenderte, violencia
Símbolo de posesiones, necesidad de
ARMARIO
guardar, representa nuestro ropaje interno
ARMARIO,
Desorden interior
desordenado
ARMARIO,
Orden interno
ordenado
Elevarse o subir de nivel, zona de control,
ARRIBA
dirección
Está relacionado con el éxito, la buena
ARROZ
fortuna
Subida espiritual o bajada material, sin
ASCENSOR
esfuerzo, cambio de status
ATAQUE Falta de dar o recibir amor, problemas de
CORAZÓN relación
Comunicación exterior colectiva - viaje
AUTOBÚS
condicionado, movimiento en grupo
Algo se te echa encima en la vida, sensación
de estar atrapado, que te falta fuerza para
AVALANCHA afrontar una situación

Situación relacionada con las ideas, con el


AVIÓN ansia de volar, de ir más lejos en alguna
actividad, de liberarse de una opresión
Dulzura, amor (necesidad o exceso),
AZÚCAR diplomacia

B
BAILAR Libertad, movimiento, alegría
Un tema que debe ser visto, estar expuesto,
BALCÓN
visto en panorámica, con perspectiva
BALÓN Las cosas vienen rodadas
BANCO, de Estabilidad, un tema debe descansar para
sentarse verlo en perspectiva
BANCO, de Relacionado con los recursos, con los
caudales valores, con guardarlos o ampliarlos
BAÑO Algo estancado, falta de movimiento
BARCO Poca estabilidad, falta de control
Algo se interpone en tu proyecto, sospesa
BARRERA
mejor los pros y contras
Debes desprenderte de algo que huele mal,
BASURA
que ya ha acabado su vida útil
Un tema te va a plantar cara, prepárate
BATALLA
para la batalla o ríndete
BATERÍA Energía de nuestro vehículo (cuerpo)
BAUTIZO El proyecto está bendecido, buena conexión
Inocencia, nuevo inicio, vulnerabilidad,
BEBÉ
renovación
Sellar una unión, algo satisfactorio,
BESO
complacencia
Irá sobre ruedas, movilidad limitada, tarea
BICICLETA con esfuerzo
BODA Unión, compromiso, relación
BOLSO Contenedor de valores en general
BOTAS Protección, necesidad de cubrirse
Trabajo, esfuerzo, tozudez, tesón
BURRO

C
CABALLO Aventura, fidelidad
CABELLO Fuerza, vitalidad, libertad
CABEZA Dirección, orientación, criterio
CACTUS Situación conflictiva, punzante
CADÁVER Final, liquidación, fin de un periodo
Estar atado, encadenado, necesidad de
CADENAS
liberarse
CAÍDA Pérdida de equilibrio, freno
El tema debe descansar, reposar,
CAMA
reflexionar
CAMPANA Llamada, señal para estar alerta
Humildad, tu proyecto se está comiendo el
CÁNCER
terreno de otro
CANDADO Tema cerrado, seguridad, desconexión
CANGREJO Vuelta hacia atrás, duda
CARA Dar la cara, enfrentarse a la realidad
Protección, ir demasiado despacio, llevar el
CARACOL
problema a cuestas
CARICIA Necesidad de dulzura
El tema hace gracia o hace reír por su
CARCAJADA
inviabilidad
Encierro, algo que no tiene salida,
CÁRCEL
penalización
CARRETERA El camino es largo
CARTA Información cristalizada
CASA La materia o la base de nuestras emociones
CASCO Protección de pensamientos, de objetivos
CEGUERA
Hay algo que no queremos ver
(temporal)
Falta de confianza, de seguridad, necesidad
CELOS
de posesión
CEREZAS Dualidad, dulzura
CERRADURA Posibilidad de abrir o de cerrar
CHIMENEA Situación cálida
CHOCOLATE Necesidad de amor, de dulzura, de cariño
Tener una anécdota con un ciego es señal
CIEGO
de que hay algo que no podemos ver
CIELO, despejado Se presenta un periodo sin problemas
Posibilidad de problemas, se acerca una
CIELO, nublado
tormenta
CINE Vas a ver reflejada tu realidad
CIUDAD Muchas posibilidades de acción
CHOCAR contra Nos dirigimos hacia una situación
alguien conflictiva o equivocada
COCHE Nuestro vehículo (cuerpo), conducta
Centro alquímico de transformación de
COCINA
alimentos
COLEGIO Tendrás que aprender una lección
COLORES Diferentes opciones a elegir
COMER Alimentarse en todos los sentidos
COMIDA,
Corresponde al alimento espiritual
alimento físico
COMIDA, antojos Corresponden a una necesidad interna
COMIDA, boca Vestíbulo del corazón
COMIDA, sin No tomar conciencia del alimento que
masticar recibimos
COMIDA, delantal Signo de pureza para la transformación de
alimentos
COMIDA, guisos Ser demasiado estricto con las normas
salados
COMIDA, guisos
Faltan normas, demasiado indulgente
sosos
COMIDA,
Necesidad de alimento espiritual
necesidad de comer
COMIDA,
Necesidad de cariño, que tu vida sea más
necesidad de azúcar,
dulce
de chocolate
COMIDA, no saber No saber utilizar los alimentos que
guisar disponemos
COMIDA, salir
Corrupción oculta, podredumbre
gusanos
COMIDA, tirar
No asimilación de la comida espiritual
comida
CONTESTADOR Recepción de información
CORAZÓN Amor, sentimientos
CORRER Escapar a una situación
Se relaciona con los bajos instintos, con
CUCARACHA
malos pensamientos
CUCHILLO Situación cortante
Anuncio de dificultades
CUESTA

D
DEDO, pulgar Voluntad, decisión
DEDO, índice Dirección, señalar, marcar un objetivo
DEDO, corazón Normas, leyes, estructura
DEDO, anular Pareja, socios, unión
DEDO, meñique Apoyo, diplomacia, relaciones
DEMONIO Tendencia a buscar experiencias difíciles
DENTISTA Asuntos a solucionar con la familia
DEPRESIÓN Necesidad de cambios
DERECHA Se relaciona con el futuro
DESIERTO Falta de vida, falta de sentimientos
DESPEDIDA Debes despedirte de algo en tu vida
DEUDA Tienes asuntos pendientes
DESCALZO Falta de protección
DESPERTAR Debes despertar de tu letargo
DÍA Cosas claras, que están a la vista
DIAMANTE Belleza, dureza, longevidad
DIENTES Familia, seres queridos
La materialización de la luz - nuestros
DINERO
valores
DINERO, Quedarte sin valores, sin luz, sin recursos,
arruinarse mal uso de los recursos
DINERO, dar Transmitir valores, luz
DINERO,
Encontrar luz, valores, facilidades
encontrar
DINERO, ganar Haber generado valores, luz
DINERO, Mala utilización de los valores, luz,
malgastar recursos
DINERO,
Contiene nuestros valores, recursos
monedero
DINERO, olvidar Olvidarse de nuestros valores, luz
DINERO, pedir Pedir luz
DINERO, pedir
Pedir un adelanto sobre tus valores
crédito
DINERO, perder Perder luz, valores, físicos, emotivos…
DINERO, que nos
Estar viviendo a un nivel superior al debido
roben
DINERO, robar Apropiarse de un valor no generado
DIOS Ego superior, conexión con el más allá
DISPUTAS Relaciones conflictivas
DIVORCIO Asuntos que deben separarse, disociarse
DNI Nuestra personalidad.
DOLOR, de cabeza Tomas una dirección equivocada
DOLOR de
Alimento no digerido a cualquier nivel
estómago
Debes dormir una situación o despertar de
DORMIR
ella
DUCHA Limpieza, carga de energía

E
Una realidad está en ciernes, a punto de
EMBARAZO
arrancar
ENCICLOPEDIA Necesitas más información
ENEMIGO Conflicto con una parte de ti
ENFERMEDAD Debes sanar una parte de ti
ENGAÑO Debes dejar de engañarte
ENTIERRO Algo ha llegado a su final y debes enterrarlo
Debes mezclar nuevos elementos en tu
ENSALADA
proyecto
Subida espiritual o bajada material con
ESCALERA
esfuerzo
ESCORPIÓN Hay algo oculto
ESCUELA Tienes una lección a aprender
ESCULTURA Debes darle forma a una realidad
ESPEJO Ausculta tu personalidad oculta
Una nueva realidad va a arrancar con
ESQUELETO
fuerza
ESTACIÓN Debes ir más allá en algún tema
EXAMEN Vas a pasar una prueba
Llamada de atención, acontecimientos
EXPLOSIÓN repentinos

F
FACTURA Deuda, algo a pagar
FAMILIA Trabajo en grupo, unificación de tendencias
FERIA diversión
FETO Se está formando una tendencia
FIEBRE Se eleva la temperatura en algún asunto
FIESTA Necesidad de cambiar de aires
FOTOGRAFÍA Contiene la energía de la persona
FLOR Belleza, armonía, algo poco duradero
FRUTA crecimiento, abundancia
Espiritualidad –moral– purificación-
FUEGO
regeneración
FUNERAL Algo que debe darse por acabado
FUMAR Cortina de humo, algo que no se ve
FÚTBOL Juego en equipo
Algo está inmaduro
FUTURO
G
GAFAS Cambia tu forma de ver la vida
GALLINA Pierde el miedo a avanzar
GATO Exceso de independencia
GLOBOS Suelta los amarres
GOLPEARNOS Llamada de atención, culpabilización
GOLPES, nos
Dirigimos mal un aspecto de nuestra vida
damos en la cabeza
GOLPES, nos dan Se está formando una situación conflictiva
por la derecha (futuro)
GOLPES, nos
Vamos por mal camino
lastimamos un pie
GRILLO Llamada de atención
GUITARRA Cambia la música, la letra, el guión
GUSANO Se mueven bajos instintos
H
HALCÓN Tus asuntos vuelan alto
HAMBRE Necesitas ir más allá
HELADO Demasiada frialdad
HERIDA Algo en tu vida debe sanarse
Facilidad para encontrar gente que piensa
HERMANO
como tú
Debes poner más calor, cariño a la
HIELO
situación
HIJO Una obra está en camino
HOMBRE Relacionado con la voluntad
Hay un trabajo a realizar sin que se note
HORMIGAS
mucho
HOSPITAL Una tendencia necesita ser curada
Poca implicación, miras los toros desde la
HOTEL
barrera
HUEVO Algo se está cociendo en el interior
Necesidad de ver las cosas desde otro
HUÍDA
ángulo
HURACAN Necesidad de un cambio brusco de ideas

I
IGLESIA Debes comunicar con tu ser interior
IMPOTENCIA Falta de creatividad
INCENDIO Debes purificar algo en ti vida
INFANCIA Vuelve la vista atrás para comprender algo
INFARTO Falta de comunicación, de amor
INFIDELIDAD Persigues demasiados propósitos a la vez
INFIERNO Buscas conocimiento por la vía dolorosa
INSECTOS Hay algo inútil en tu vida
INUNDACIÓN Se desbordan las emociones
INVIERNO Deja que las cosas descansen
INVISIBLE Hay algo que no ves
INYECCIÓN Busca una solución más directa
ISLA Te estás aislando en algún aspecto
Se relaciona con el pasado.
IZQUIERDA

J
JABÓN Más dulzura, más delicadeza
JARABE Actúa sin dilaciones, más directo
Evita las dispersiones, contempla la belleza
JARDÍN
a tu alrededor
JAULA Huye de los condicionamientos
JOYAS Menos superficialidad y más al grano
JUBILADO Jubila esa tendencia
JUEZ Toma cartas en el asunto
JUEGO Tómatelo menos en serio
JUICIO Aplica el sentido común
Deja que los demás opinen
JURADO
L y LL

LABERINTO Te despistas de lo esencial


LADRÓN Vives fuera de tus posibilidades
LAGARTIJA Se te está escurriendo algo
LAGO Se estancan tus emociones
LÁMPARA Emisor de luz, permite ver claro
LAVADORA Para lavar los trapos sucios
LECHE Clarifica sentimientos
LEÓN El orgullo está presente
LIMPIAR Necesidad de estar limpio
LOCURA A uno de tus proyectos le falta coherencia
LORO Estás viviendo una situación repetida
LOTERÍA Dejas las cosas en manos del azar
LOBO Tu proyecto está en estado salvaje
LOMBRICES Se esconde algo podrido
LUCHA Lucha de tendencias
LUNA Mujer, madre - Imaginación - Variabilidad
LLAVE Tienes la clave
LLORAR Descarga tensiones
Limpia una situación
LLUVIA

M
MADRE Base de las emociones
MAGIA Puedes conseguirlo todo
MALETAS Prepárate a cambiar cosas
MALFORMACIÓN Algo debe ser rehecho
MANO derecha
Mala utilización del poder
lastimada
MANO izquierda
Mala interpretación de las reglas
lastimada
MAQUILLAJE Las apariencias engañan
MAPA Marca la dirección a seguir
MAR Quieres abarcar algo demasiado grande
MAREMOTO Cambios emocionales bruscos
MARIDO Representa la voluntad, la parte espiritual
Estás perdiendo el tiempo mirándote el
MARIPOSA
ombligo
MATRIMONIO Busca la complementación
MÁSCARA Estás tapando lo obvio
MEDICINA Estás poniendo un parche
MENDIGO Situación de precariedad
MENTIRA Te estás mintiendo
MERCADO Tendrás numerosas oportunidades
METRO Comunicación interior colectiva - viaje
condicionado
MINA Busca en lo más profundo
MISA Escucha tu ser interno
MONASTERIO Retírate a meditar
MONEDAS Valora más las cosas
MONO Divertido, pero insustancial
MONSTRUO Te dará malos resultados
MOSCAS Estás mareando la perdiz
MOSQUITOS Asunto molesto pero de poca importancia
MUDANZA Deberás cambiar algo
MUELAS Algo relacionado con la familia
MUJER Estabilidad material, emociones
MUERTE Algo que se acaba
MUERTOS Tendencias inútiles
Falta de voluntad
MUÑECA

N
NACIMIENTO Inicio de una nueva realidad
NADAR Controlar las emociones
NARIZ Hacer caso al olfato
NATURALEZA Decantarse hacia lo natural
NAVIDAD Cambios espirituales
NECESIDAD de
Necesidad de sentimientos
beber
NEGRO Debes inclinarte hacia la claridad
NEVERA Conserva más lo que tienes
NIEVE Demasiada frialdad
NIÑOS Nuevos proyectos
NIEBLA Dificultad para ver claro
NOCHE Cosas ocultas, oscuras
NÚMEROS, 0 Se inicia una nueva ronda
NÚMEROS, 1 Voluntad, empuje
NÚMEROS, 2 Amor, suerte
NÚMEROS, 3 Orden, estructura
NÚMEROS, 4 Poder, expansión
NÚMEROS, 5 Trabajo, energía
NÚMEROS, 6 Conciencia, luz, memoria
NÚMEROS, 7 Belleza, armonía, prosperidad
NÚMEROS, 8 Comunicación
Imaginación, visualización
NÚMEROS, 9
O

Debes trabajar más en los asuntos que te


OFICINA
preocupan
OJO Mira las cosas con perspectiva
OLAS Emociones encrespadas
OSCURIDAD Asuntos poco claros
OPERACIÓN Algo debe ser extirpado
OREJA Pon más atención
ORINA Emociones contaminadas
ORO Valores duraderos
Situación de debilidad
OVEJA

P
Ego superior, elemento de mando,
PADRE
dirección
PAISAJE Ampliar los puntos de vista
PÁJAROS, en
Nuevas ideas
vuelo
PAPELES Dispersión
PAREJA La otra parte de ti
PARTO Nueva tendencia
PASILLO Proyecto en tránsito

PASTEL Algo que festejar


PATINAR Asuntos poco claros, arenas movedizas
PAYASO Asunto poco serio
PELEA Lucha de tendencias
PELÍCULA Ver las cosas sin atarse a ellas
PENDIENTE Las cosas se ponen cuesta arriba
PERIÓDICO Comunicación de noticias
PERRO Bajos instintos
PIEL Amor, sensibilidad
PIERNAS Movimiento
Entrega de sentimientos, conexión con el
PIES
alma
PINTURA Ver la vida con más matices
PISCINA Emociones estancadas
POLVO Habla de algo innecesario, sucio
POR LA
La situación conflictiva proviene del pasado
IZQUIERDA
POZO Problema con raíces profundas
PRECIPICIO Algo abocado al fracaso
PRISA irreflexión
PROBLEMAS DEL
Problemas para dar y/o recibir amor
CORAZÓN
PROBLEMAS EN
Problemas en la relación de pareja
LOS RIÑONES
PUENTE Sortea los problemas sin enfrentarte a ellos
PUERTA Nueva oportunidad

R
RADIO Recibimos información
RAÍCES Asunto que debe anclarse
RATA Bajos instintos, malas emociones
REGALO Nos espera algo agradable
RELIGIÓN Unir tendencias
Las normas que rigen nuestra vida-control-
RELOJ
tiempo
RESCATE Debemos recuperar algo
RESPIRAR Cambio de pensamiento
REY Ego superior
REZAR Comunicación interior
RÍO Transmisión de emociones
RIÑONES Relaciones de pareja
ROBO Pérdida de valores
ROCA Asunto estable
ROPA El proyecto debe vestirse
ROSA Necesita amor
Cualquier opción es válida
RULETA

S
SACERDOTE Comunicación interior
SANGRE experiencias
SELVA Cosas confusas
SEMÁFORO Control
SERPIENTE conocimiento
SILLA Paciencia. espera
SOL Hombre - Voluntad - Luz
SORPRESA Algo inesperado
SORTEO El destino decide
SUCIEDAD Algo se nos escapa
SUBIR elevarse
Dispones de todo lo necesario para
SUPERMERCADO solucionar tus problemas

TARDE, llegar Falta de respeto, de autoestima


TEATRO Cosas fingidas
TECHO No se puede llegar más lejos en un asunto
TELÉFONO Comunicación de salida o de entrada
TELEVISIÓN Ver el espectáculo desde fuera
TERREMOTO Cambios internos
TIERRA Realidad material - materialización
TORMENTA movidas
TORTUGA Las cosas van demasiado lentas
TRABAJO Debes insistir más, poner voluntad
TRAICIÓN Te estás traicionando
TREN Las cosas siguen su curso
Debes sortear los problemas buscando en
TÚNEL tu interior

U
UÑA, se rompe Necesitas ayuda
UNIFORME Debes seguir un guión
Necesitas energía
UVA

V
VACACIONES Cambio de valores
VASO Contenedor de emociones
VELA Buscar conexión con el ser interno
VENTANA Ver con más perspectiva
VÉRTIGO Falta de autoestima, de creer en sí mismo
VIAJE Necesidad de cambio
VIDRIO Fragilidad
VIENTO Cambio de ideas
VINO Visión borrosa, alterada de la realidad
VOLAR Ir más allá de los límites
VÓMITO Asunto mal digerido
Participar
VOTAR

Z
ZANAHORIA Necesitas un incentivo
ZAPATOS No salgas de tus fronteras
LIBROS DEL MISMO AUTOR EN PAPEL

El Lenguaje simbólico de las anécdotas (la


letra pequeña de la vida) ed. Nueva Vibración
Tú Decides, editorial Nekuda
El por qué del silencio y otros relatos, con Elsa
Levy, Editorial Nekuda
Guía de respuestas de los 72 genios de la
cábala, firmado Kashiel, ed. Arkano Books
Masonería, el código de la luz, con Kabaleb,
firmado Kashiel, ed. Arkano Books
La clave está en los evangelios, con Kabaleb, ed.
Arkano Books
Le livre des talismans angéliques, ed. Alain
Labussière (en francés)
Les mystères de l’œuvre divine, con Kabaleb, ed.
Alain Labussière (en francés)

Encontraréis amplia información sobre las actividades


de Tristán Llop en su blog:
http://nuevavibracion.blogspot.com