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CAPÍTULO 1

L a m ú s i c a de l o s pri m i tivo s

Por extraño que parezca la inclusión de un tema de esta naturaleza en


un breviario de historia de la música occidental, nuestra familiaridad.
con las culturas primitivas extintas o vivientes, sea a través del rigor de
los científicos o de la curiosidad de los medios de comunicación, nos
mueven a establecer un hilo conductor a partir de esos ancestros. Ello
permitirá señalar semejanzas y diferencias en �1 desar:rollo de un arte
que consiste en ordenar los sonidos según un criterio estructural acor­
de con la mentalidad dominante en cada cultura y con sus connotacio­
nes sociales.
Digamos desde ahora, que resulta totalmente ajeno a aquellos pue­
blos el considerar la música como un hecho artístico. Su función es reli­
giosa y social. Es de transmisión oral, no escrita, y su Conocimiento recae
a menudo en seres que se proclaman "elegidos" por medio de poderes
sobrenaturales. Esto significa que una cantidad muy importante de esa
música aparece ligada a ritos iniciáticos, a ceremonias vinculadas con la
fecundidad, con la curación de enfermos, con la atracción o rechazo de
espíritus benéficos o malignos, etc. El músico es un intermediario entre
el hombre y los dioses. Este músico-hechicero es el poseedor de todo un
repertorio de cantos, del cual extraerá aquel que convenga en cada caso.
Es común que sea ayudado por la comunidad, a q¡.lien indica previa­
mente cuál es el canto que corresponde. De ahí que el estilo responsorial
(alternancia de solista y "respuesta" coral) esté sumamente difundido
entre las comunidades primitivas.
La música tiene asimismo uq carácter utilitario colectivo, como ocu­
rre con los cantos de trabajo, donde el ritmo marca la periodicidad y el
grado de lentitud o velocidad de los movimientos, sea para la acción de
remar o de pisar granos, por �jemplo.
PoLA SuÁREz URTUBEY

Un tercer tipo se reconoce en estas sociedades y es el canto indivi­


dual, de expresión psicológica, pues quien toca un instrumento o canta
lo hace en soledad, movido por un estado de tristeza, de alegría, de
duelo. La música que él produce está llamada a actuar sobre él mismo; .
sobre su propio espÍlitu. Es que la dualidad artista-público es absoluta­
CAPÍTULO 2
mente desconocida.
Ha sido en el siglo xx el etnomusicólogo Marius Schneider uno de los
El O riente An ti gu o
científicos más lúcidos en la indagación acerca de lo que significa el
sonido para la mentalidad primitiva. Es algo así como "el cuerpo de lo
inaferrable"; la esencia de todas las cosas es de naturaleza acústica, lo
Robert Lachmann, uno d e los primeros grandes investigadores del siglo
cual significa que puede ser captada por el hombre mediante la audi­
xx en torno de la música en Oriente, distingue cuatro grupos: r, el Asi;
ción. Pero puesto que el hombre, acústicamente, es tanto receptivo cuanto
activo, es decir que puede oír, pero también producir los sonidos, en un ?riental, principalmente China y Japón; n, Indochina y el Archipiélago
Indico; m, India, y IV, la cultura arábigo-islámica desde Persia hasta Ma­
proceso acústico--dirá Schneider- está contenido no solamente el foco
rruecos. Dicho estudio, más allá de lo puramente técnico que ofrezca
de todo conocimiento profundo, sino también cada paso decisivo en los
c cada cultura, le permite al musicólogo be�linés establecer los rasgos co­
ritmos: De . tal manera, las ceremonias visibles son sólo "traduc iones .
munes, pero también las diferencias entre su música y aquellas manifes­
ópticas y transmutaciones integrativas de un devenir esencialmente acús­
taciones de los pueblos primitivos. Una distancia sideral separa las gran­
tico, a través del cual el hombre busca actuar sobre la sustancia sonora
des culturas musicales orientales, a causa d� la creación de complejos
del mundo circundante".
sistemas de ordenación de los sonidos, sistemas usualmente elaborados
El canto, los instrumentos musicales y el cuerpo mismo del hombre a .
dentfo de un marco filosófico o de alta especulación. Sin embargo, el
través de la danza serán precisamente los medios que permitan exterio­
hecho de aparecer íntegramente relacionados con concepciones mági­
rizar tan apasionante concepción.
co-religiosas supone un relativo parentesco con las comunidades prehis­
tóricas. Ya se ha visto que entre estos últimos el canto y el baile están
vinculados con la magia y la creencia en los demonios. El músico-hechi­
cero busca alcanzar un estado de embriaguez mediante la repetición
continua de movimientos del cuerpo y de palabras que entona en una
invariable cantilena (canto monódico, monótono y prolongado, estruc­
turado en pequeñas células que se repiten exactamente como las cuen­
tas de un collar). Sólo así, en estado"de é}):tasis, podrá entrar en contacto
con la mate1ia supraterrenal.
Pues bien, Lachmann asegura que el estado de éxtasis y la creencia
en sus efectos sobrenaturales se encuentra también en la concepción
musical de los pueblos de cultura más elevada de Oriente. Y no sólo la
música vinculada con lo mágico-religioso, sino aun las expresiones so­
noras profanas. En general, hay una confianza en la fuerza de la músi­
ca para desviar el curso del mundo y asimismo del destino humano,
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