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DESPUES DE LOS SALUDOS….

Con la Constitución de 1991, el advenimiento del Estado Social de Derecho, la globalización,


y el Neoconstitucionalismo de la Corte Constitucional colombiana, se produjo un fenómeno
de constitucionalización del derecho y judicialización de la política, que rompió con los
paradigmas que históricamente marcaron la enseñanza del derecho. Hoy, con creciente
intensidad, el individuo adquiere mayor autonomía frente a la sociedad y el Estado,
llegando incluso a ser considerado sujeto de derecho internacional, producto del cambio de
paradigma que determina en la postmodernidad, las relaciones entre individuo, Estado y
sociedad.

La globalización como fenómeno económico, político y cultural pone a prueba la capacidad


del Estado para garantizar a su población la convivencia en condiciones de paz, equidad y
justicia; las fuerzas internacionales del mercado, la banca y el derecho internacional
humanitario, entre otros factores, condicionan las decisión que internamente
corresponden al gobierno de cada Estado; con todo esto, nuestra realidad constitucional se
complejizó de tal manera, que realizar una reforma a la justicia, no es asunto que pueda planearse
a puerta cerrada, en los recintos de poder como otrora sucedía, ahora, el reclamo popular de una
mejor justicia, hace que instituciones como la universidad, se involucren profundamente en la
discusión y el debate académico de asuntos políticos – sociales, que definen los más altos valores
en nuestra sociedad.

Es así que, hemos sido convocados en este recinto, para reflexionar sobre el bien social de la justicia,
asunto que en Colombia preocupa profundamente a la sociedad, y de manera particular a las
escuelas de derecho. La postmodernidad nos plantea, el reto de encontrar armonía entre lo
moderno y lo tradicional, lo local y lo universal. Asi mismo, la necesidad de construir una sociedad
inclusiva, respetuosa de la singularidad de la persona humana, pero al mismo tiempo, consciente
del valor político del consenso democrático, como respeto a la autonomía de los pueblos; todo esto
impone a los abogados, particularmente a los que optamos por la docencia, la tarea de reflexionar
con humildad sobre la vigencia y validez de la estructura axiológica con la que fuimos formados y
con la cual forjamos nuestra idea de justicia y de derecho, para luego estar dispuestos a reordenar,
deconstruir y construir en nosotros, un renovado compendio de valores que nos permita tener una
visión antropológica del ejercicio de la profesión del derecho.

Quienes enseñamos abogacía, debemos tener claro, que de nada sirve la experticia en la operación
del derecho como dispositivo social, sino se aprende en la universidad a amar la justicia, como la
más noble de las virtudes; sólo así podremos asumir con dignidad, la responsabilidad de formar a
quienes representarán la justicia en la sociedad de hoy y mañana.

En la escuela de derecho de la Universidad del Sinú, estamos empeñados en formar profesionales


que se enorgullezcan, no de su institución, ni de sus profesores, eso llegará por añadidura si la tarea
se hace bien, lo realmente importante es que nuestros discentes en su proceso de formación,
construyan la moral, que guiará sus actos como persona, ciudadano y abogado; entendiendo la
diferencia entre abogado y licenciado en derecho, tal como sabiamente la presenta Ángel Osorio en
su opúsculo -El alma de la toga-, licenciado en Derecho, es todo aquel que obtiene una autorización
del Estado para ejercer la abogacía, pero abogado es quien inspira en la sociedad el respeto y
promoción de la justicia. De manera entonces, que en nuestra Escuela de derecho, la misión es
entregar a la sociedad, profesionales orgullosos de la justicia que representan, esperando ser
reconocidos por lo que aportan, más que por lo que reciben, convencidos de que la alta dignidad de
un cargo no se transfiere a la persona que lo ostenta, sino que por el contrario, es la alta dignidad
de la persona, la que ratifica la dignidad del cargo.

Todo lo anterior, valida entonces el encuentro de hoy, porque es en el intercambio de pareceres y


realidades, que podemos aspirar al crecimiento social; por eso, los invitamos a que aprovechemos
al máximo, la presencia ilustre de la más alta dignidad del poder público en Colombia, magistrados,
jueces, fiscales y legisladores, quienes tienen sobre sus hombros la difícil tarea de repensar el
sentido de justicia, que debe orientar la convivencia de los colombianos.

Contamos también con la presencia, de la más alta dirigencia de la organización comunal,


representando la máxima expresión organizada de participación ciudadana del país, quien, en este
conversatorio, mostrará una visión comunitaria de la justicia, recordándonos desde el liderazgo
comunal, lo que el profesor Mosset Iturraspe dice de la abogacía “el derecho ha dejado de ser liberal
para convertirse en social, por su eco o resonancia en la vida de la comunidad. El hacer del
profesional del derecho no queda ahora liberado a su iniciativa, imaginación, preocupación o
ciencia…; sus semejantes tienen derecho a no ser defraudados”
SEAN TODOS BIENVENIDOS..