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Lo utilizan con un sentido particular que implica un axioma inicial: la vida es algo que no se

puede negar, no se puede ir en contra de la vida. El problema es que al utilizar este


significante central, este principio indubitable de las relaciones sociales defendido por toda
acción política, lo hacen con un sentido particular y radical, en el que muchas veces la
propia autonomía del sujeto queda en entredicho o limitada.

La vida se muestra como un significante asociado al cuerpo y desde aquí se erige una
relación con los modos clásicos de la estructura discursiva de los conservadores: la vida
queda re-unida a la familia, a la heterosexualidad y a la “normalidad” de la tradición
mediante esa disposición discursiva y se reinventa la maquinaria de acción y de discursos.
Es aquí donde se puede empezar a reflexionar sobre el biopoder.

su centro radica en la vida. Muestra la relación desde este nodo con los saberes medico-
científicos, familiares-educacionales, religiosos-políticos, etcétera. Asimismo, descubre
formas de regulación de los cuerpos, sistemas de control que se reinventan a razón de los
nuevos patrones políticos y de la exterioridad normativa. Los conservadores trabajan en la
construcción de un biopoder (a partir de una biopolítica), un sistema para ejercer el control
del otro, suspender su autonomía y la capacidad de decidir sobre sí.

Sin embargo, la vida puesta en discusión no es solamente la vida biológica, sino algo más
complejo. Una mezcla entre juicios morales y la asunción de una posición radical de la
ciencia. Es el significante matriz de la religión: la vida dada por Dios, la divinidad de la vida,
la no pertenencia al hombre de su propia vida. Pero es también una vida con significado en
el campo científico: la vida como núcleo de la acción de la ciencia, de la biología, de la
medicina. Dicha vida es defendida a su vez por la política y por el Estado, que debe
respetar y proteger los Derechos Humanos. Ciencia-Iglesia-Estado forman así un triedro
que sostiene y es sostenido por la vida a la que se refieren los conservadores.

la línea de la familia clásica, la familia heterosexual, monogámica, con mandato


reproductivo propuesta por ciertas alas de la Iglesia católica (defensora de la moral y
castigadora del mal, de los pecados y de los desvíos). Ambos espacios, la familia y la
Iglesia, estaban ligados indefectiblemente en los discursos que gestaban estos grupos.

Se trata de un mundo cambiante que muestra la apertura de una modernidad volátil, de


intercambios fluidos, de nuevas modas, ideas, prácticas sociales, sexuales, comerciales. En
ese complejo contexto, el discurso de la Tradición no tiene una gran recepción en los
discursos populares masivos, sobre todo si este proviene de los sectores acomodados del
país.

Lo que encontramos, en ese sentido, es una movilización del significante público: si antes
era el de la Tradición, ahora es la vida. Sin embargo, esto no quiere decir que se haya
descartado el significante clásico de la Tradición (familia-Iglesia), sino que se ha modificado
la estructura del discurso: la Tradición se ha desplazado en el discurso exterior de los
conservadores para dar paso a la vida y su defensa como eje comunicador mediático

Lo que les permite a los conservadores relacionar el término con múltiples nexos es el
hecho de que la vida implica una referencia desde los imaginarios sociales a la naturalidad
natural, pre-dada.
de un lado, la vida implica una naturalidad biológica y, por ende, se corresponde con el
discurso que fundamenta la medicina y las ciencias.

Al mismo tiempo, para los conservadores la vida depende de Dios. La Iglesia dispone
entonces de un discurso de soporte, porque no solo se trata de una forma biológica, sino
sustancialmente de una disposición teológica, divina.

Para los conservadores, la vida se asocia a la naturaleza natural, innegable, indiscutible.


Ello evita que prestemos atención a aquello que demarca el discurso que la soporta: una
naturalidad construida.

La vida que los conservadores defienden encierra sustancialmente un discurso


reproductivo: la reproducción biológica a través de la familia monogámica heterosexual; la
reproducción de la moral católica a través de la educación y la Iglesia; la reproducción de
las divisiones sociales de clase, económicas, desde la política. Se trata de un sistema
complejo de reproducciones sociales20.

los conservadores se oponen a ellos básicamente porque atenta contra un mandato


natural que hace que los seres humanos se reproduzcan biológicamente. Al mismo tiempo,
violenta el mandato divino que sostiene que el acto sexual lleva a la construcción de una
familia a través de la reproducción (el fin reproductor de la sexualidad).

Las mujeres, por ejemplo, al no usar métodos anticonceptivos se ven a la merced del
mandato reproductivo. Al mismo tiempo, no les da a sí mismas el control sobre su propio
cuerpo, sino que este dependerá de la biología, de la “naturaleza” y de la “divinidad” que
demarca la reproducción

se trata de una concepción de la vida que sobrepasa el terreno de lo biológico constituido


y que muestra una estructura más fuerte en términos simbólicos.

La mujer que rechaza la posibilidad de engendrar un hijo contraviene la disposición clásica


de la familia, que implica la idea del sacrificio de la mujer en pos de la defensa del núcleo
familiar22 y la reproducción (a su supuesta naturaleza natural)}

ra. La vida implica la categoría de biopolítica, pues además incluye formas


institucionalizadas de pensarla que intentan ser naturalizadas por estos grupos. Este hecho
se ve más claramente cuando notamos que estos grupos y sus ideas no se limitan a un
activismo civil, sino que superan ese ámbito y penetran las instituciones políticas formales
y las redes de poder económico.

Este interés por controlar y ordenar los cuerpos de los sujetos ha dirigido gran parte de sus
fuerzas a regular el cuerpo de las mujeres, capaz de la reproducción. Se le ha considerado
como un ser dirigido sustancialmente a la reproducción. Su rol, adscrito de ese modo a su
cuerpo, queda estancado y configura un encierro del cuerpo por sí mismo. Está condenado
a servir como espacio para la reproducción de la dominación, de su propia dominación
ideológica, (lo mismo sucede con el cuerpo masculino, adscrito a los roles clásicos, con la
diferencia de que se trata de roles de poder y autoridad social y política).

De ese modo, el sometimiento que se ejerce sobre su cuerpo, el control exterior y la


anulación de la capacidad de decisión sobre sí, condena a la mujer a la reclusión en una
aparente naturalidad. Este control sobre la mujer implica una doble maquinaria: por un
lado, se trata de la mujer reproductora constreñida a su rol materno. determinada por los
avatares de su cuerpo. Por otro lado, se trata de la perpetuación de la reproducción como
centro de las relaciones sociales y las relaciones humanas. La reproducción será entonces
el centro de las actividades: reproducción biológica, reproducción de las costumbres,
reproducción de las familias y reproducción de los patrones de conducta

A través del cuerpo de la mujer, constreñida en este dominio, se traza un método de


control sobre la familia. Se articula el modelo heterosexual monogámico clásico y la
Tradición. Este proceso se basa en la restricción de la autonomía e independencia del
cuerpo de la mujer, que no puede tomar decisiones y actuar sobre sí

Una vida biologizada-naturalizada-sacralizada a tal punto que se vuelve la carga del sujeto
que decide. Una vida que es-sí-misma, que se instala en el cuerpo de alguien y que e

se alguien lleva por mandato. Debe además ser vigilado y cuidado, al extremo del control
radical que recuerda la figura del campo

Ese homo sacer es el sujeto en el que se establece la vida naturalizada, una vida sobre la
que no hay decisión, sino solo mandato. Al mismo tiempo, se convierte en un cuerpo que
no es fundamental, sino solo útil para el cuidado del alma (de lo sagrado), es decir, se
transforma en un cuerpo receptor en donde el sujeto no puede decidir, porque la vida lo
excede, no le pertenece.

Hemos visto esta situación en los casos indicados: la vida es tan sagrada y tan importante
que no se puede usar métodos anticonceptivos. La vida es tan sagrada, es tan natural por sí
misma, que “aquello que no la reproduzca es una aberración”.

las técnicas de este nuevo tiempo buscan controlar los modos de la producción de la vida
(una de las formas es la de los conservadores, pero no la única). Este es el biopoder, un
poder que tiene una dirección ambigua y particular, y que al mismo tiempo que se integra
en las formas políticas de las democracias de los Estados Modernos, articula las tecnologías
del control clásico. A este biopoder le corresponden las biopolíticas, las formas
institucionales, sus sistemas de control formal, sus aparatos de regulación prácticos.

El cuerpo se convierte en la dirección central, pues es la bisagra que implica las pulsiones
interiores que deben ser controladas por las delimitaciones religiosas (sagradas) y por los
juegos de la reglamentación política (la biopolitica). Así, la normatividad penetra los
cuerpos, los atraviesa para constituirse como un discurso encarnado, hecho cuerpo en los
sujetos que toca y posee. Para ello, las estrategias han consistido en establecer juegos
disciplinarios para ordenar estos cuerpos. Estrategias que implican la educación por las vías
del “buen encauzamiento”27; el rigor de unas costumbres sexuales clasificadas y
estandarizadas por estos grupos y discursos; una mirada científica-religiosa-política de la
vida, que muestra que la ciencia no es aséptica, sino que es atravesada por la fuerza de
esta poderosa episteme.

A través de la familia, el vínculo con el cuerpo se da de tres maneras. En primer lugar, el


cuerpo es el centro del control y de la vigilancia de la familia. La familia clásica debe vigilar
el correcto desempeño de sus miembros, tanto en el plano del control de la sexualidad
como en el de la formación social, en sus relaciones con los otros actores y las
instituciones. La familia es la encargada de reproducir los mandatos. La vigilancia de las
buenas costumbres, es decir, de las costumbres de la tradición de la Iglesia, con sus
prohibiciones y líneas demarcatorias de lo correcto-bueno-sano, es una de las principales
labores de la familia en el tiempo clásico y en nuestros días. Pero dicha vigilancia no es
suficiente, pues esta debe recurrir a un doblez de su forma para hacerse efectiva: debe
estar acompañada de la disciplina y el castigo. La vigilancia familiar servirá entonces para
efectuar un seguimiento constante. La disciplina para educar el cuerpo y el alma, es decir,
para construir canales hacia las buenas costumbres. El castigo servirá para la corrección,
para el reencauzamiento de los sujetos28.

la disciplina es la encargada de ordenar, de encauzar, de llevar a modo de pastoreo a esos


sujetos. A través de ella se gestan técnicas de control y autocontrol (del cuerpo). El
encauzamiento de la disciplina se demuestra en los ejercicios repetitivos que hacen que el
sujeto asimile la manera correcta de ser, la manera de la naturaleza divina (naturalizada
por el discurso y ejercicio de la disciplina) hasta que se incorpora en sí y se constituye en
un habitus

La disciplina se ejerce directamente sobre el cuerpo: maneras de caminar, de comer, de


hablar, de vestirse, de mirar. Disciplinar al sujeto implica disciplinar su cuerpo y a través de
él se obtendría el control sobre los impulsos, sobre los “instintos” o sobre fuerzas impías30
la familia que se articula con las formas de vigilancia, disciplinamiento y
punición del cuerpo de los sujetos sociales no es “natural per se”, sino
naturalizada por el discurso y por la Iglesia (y durante mucho tiempo por
los discursos científicos penetrados por posiciones religiosa
Este se convierte en el centro de sus tecnologías de acción y, en ese mismo movimiento
simbólico, el cuerpo queda conectado a la Tradición como el elemento por controlar, como
el campo a través del cual el sujeto se forma como ser social y llega a “encontrar la pureza
de su alma”. Queda así clara la relación, el vínculo articulador de la familia-Iglesia y la figura
central del cuerpo en el periodo clásico, en especial para los movimientos conservadores.

El cuerpo humano estaría dominado por ciertos instintitos-tentaciones que debe controlar
en la búsqueda de su pureza, del correcto modo de ser (la naturaleza divina

En consecuencia, el que no controla el cuerpo no podrá poseer una buena alma, estará
excluido de la “gracia de Dios”: será un pecador. El cuerpo y sus placeres son una tentación
que se debe combatir. Esta es una prueba divina que se debe sobrellevar. La familia y la
Iglesia son las encargadas de educar a sus miembros, sus hijos, el rebaño, indicando qué es
lo bueno y qué es lo malo y cómo es que deben sortear esas tentaciones. La familia es
fundamental, por tanto, porque ella debe reproducir los patrones de conducta de la
Tradición, al mismo tiempo que lo hace la Iglesia. Una vez más se exhibe la unidad de estas
dos estructuras dentro del discurso clásico de los conservadores.

El cuerpo es aquello que les pertenece inmediatamente a los sujetos en el mundo. Aquello
sobre lo que se aplica el control disciplinar del periodo clásico y las formas de regulación
del biopoder. La vida en este ámbito se inserta en el cuerpo, su forma exterior: el cuerpo
biológico del sujeto es el que porta la vida, que es sagrada. Así, el cuerpo del sujeto, y su
control de este mismo, resulta la centralidad operante de su estructura. Este cuerpo-vida
es el motor y el objetivo del control de los nuevos tiempos.
biopolítica, la de los conservadores pro-vida, implica el control de la vida de los sujetos
adscribiéndolos o constriñendo sus acciones y decisiones a los mandatos religiosos-
biológicos de la reproducción (desde una plataforma política-jurídica).

Al tener el control sobre los mecanismos de producción de la vida, los sujetos quedan
obligados a reproducirse biológicamente o a evitar el sexo (abstinencia, castidad),
destinado a la reproducción. Este doblez genera un poderoso sistema de control de los
sujetos a través de sus cuerpos, y la vida queda demarcada no por la decisión de las
personas responsables, sino por el mandato de una biología naturalizada por la divinidad.

hoy, en el campo exterior y contemporáneo del control del cuerpo, el biopoder y la


biopolítica no pueden dirigirse a los cuerpos de esa manera, puesto que se debe respetar
los derechos de las personas y sus “diferencias” (al menos discursivamente). Es así que el
biopoder no puede disciplinar directamente, como sí lo hacía (y lo hace) la familia y debe
buscar maneras peculiares de adentrarse en los sujetos y en sus localidades sociales. Este
proceso ocurre a través de un proyecto moderno: el de la economía política, la
construcción de leyes que regulen la vida. Una economía política del cuerpo que gesta
desde el biopoder una maquinaria que reconecta una vez más las formas contemporáneas
de control con las formas clásicas

Como hemos dicho, el discurso de la Tradición no se ha retraído. Todo lo contrario, se ha


mantenido vigente entre las formas locales de acción y las estrategias de los conservadores
en el terreno cotidiano. Los discursos sobre la familia, la educación de los niños, la escuela,
la educación religiosa, la educación sexual, el cuidado del cuerpo, siguen funcionando bajo
la lógica clásica.

La Ciencia legitima la verdad que dispone la Iglesia. El Estado como poder político debe
confirmar y convertir en ley (dispositivo normativo formal) esta unificación del discurso. La
Iglesia, que era el par indivisible de la familia en el binomio central de la Tradición (que es
lo que está detrás de lo que conservan los conservadores), une a la familia con la Ciencia y
el Estado mostrando la fuerza del triedro de poderes.

La Iglesia, en otras palabras, determina un rol a los sujetos sociales de esta manera: las
mujeres se limitan a la reproducción y a la maternidad, al cuidado del hogar; y los varones
a ser los proveedores. La exclusión de género que proviene de los mandatos religiosos
clásicos se veía sostenida, además, por la fundamentación médico-científica que indicaba
que los sujetos tienen “una naturaleza incontrovertible” biológica. Y no se debía ir en
contra de esa naturaleza, porque está determinada por Dios.

formalidad de la política, desde la normatividad, desde el Estado. Por ello, el objetivo de


los conservadores es penetrar esta estructura para construir un canal de regulación de los
sujetos desde las leyes; estas legitiman las acciones y los roles de los sujetos. Las leyes son
el símbolo y el núcleo del poder social, las reglas y límites de acción y de los derechos de
los sujetos

La economía política del cuerpo es una de las tecnologías específicas de la biopolítica. A su


vez, esta tecnología dispone de técnicas particulares

La técnica es la del control desde el terreno político construyendo roles de género y


mecanismos de exclusión que fomentan esta economía política del cuerpo. Se trata de una
técnica basada en la suspensión (o anulación) sistemática de las libertades, de la
independencia, de la autonomía de los sujetos y de las diferencias. Implica el
establecimiento de roles demarcados y estancos en el imaginario y en las prácticas
sociales. Sus métodos, como el de la castidad, la abstinencia o “métodos naturales”, en
lugar de generar autonomía, promueven la dependencia del cuerpo a la biología (cuerpos
biologizados, sin capacidad de decidir más allá de la abstinencia).

ahora es la ley exterior, la ley del Estado la que demarca las posibilidades de acción de los
sujetos (de ahí que uno de los objetivos sea prohibir legalmente el uso de anticonceptivos
o declarar ilegal el aborto; no permitir que el matrimonio homosexual se legalice, etcétera

NUGGENT

DERECHOS SEXUALES Y TUTELAJE LA


. Sucede, sin embargo, que esa dimensión
íntima generalmente es muy vulnerada por características de la cultura
pública de
las sociedades. Hay una parte de la sexualidad que está vinculada a la
organización
de los sentimientos individuales y a procesos de simbolización muy
tempranos en
la vida de las personas, especialmente en la inicial relación con la figura
materna
y, luego, con el mundo familiar doméstico. En todos esos casos, la
pertenencia a la comunidad de los otros
está muy vinculada a la forma en que la sexualidad es considerada
socialmente
Hablar de un Estado laico, de la protección de los derechos humanos y la
sexualidad es, entonces, abordar la discusión de lo que es necesario para
darle
legitimidad ciudadana a un debate crítico sobre la sexualidad
Esta relación de tópicos polémicos tiene como rasgo común la presencia de
la
sexualidad en la vida social. Para alcanzar tales situaciones, se requiere una
pública
y explícita discusión sobre la sexualidad. La idea de una justicia asexuada es
cada
vez menos defendible en el mundo actual.
Si la creación de instituciones democráticas
es considerada como una vía importante para mejorar nuestras formas de
vida
en común, donde la cooperación y la autonomía individuales sean ideales
que
orientan la acción de las personas, entonces no hay forma de evadir la
dimensión
de la sexualidad en sus aspectos públicos
Hoy, la secularización se entiende como un proceso de transformación de
las
instituciones políticas y la cultura pública que implica el paso de la
autoridad
religiosa al consenso ciudadano como fuente de legitimidad de las normas.
Es mejor ver los logros. El mayor progreso moral de la
secularización social está condensado en la Declaración Universal de los
Derechos
Humanos, quizá el documento moderno de mayor fuerza moral. Se trata de
una
declaración ajena a cualquier prescripción religiosa, revelación sobrenatural
o
fe. Está
Los derechos sexuales y reproductivos, en adelante ddssrr, pueden
entenderse
como una manera de hacer explícita la adecuación de los derechos
humanos a
los cambios en la cultura pública de las sociedades modernas,
especialmente en
lo que concierne a la situación de las mujeres
Los ddssrr ponen en el centro del debate la sexualidad y la individuación
de la ciudadanía. La piedra de toque de este tipo de derechos es,
precisamente, la
individualidad autónoma. El uso de métodos anticonceptivos o la
interrupción
de embarazos tiene como condición básica un componente de autonomía y
de
responsabilidad individual
Este trasfondo tutelar
ayuda a entender por qué los procesos de modernización en el continente
no
implicaron un choque brutal con un orden tradicional previo, como parece
haber
ocurrido en algunos países islámicos, sino un cambio económico mediado
por la
continuidad de una cultura política que se empeñó en mantener el bloqueo
del
potencial político y cultural de la individualidad socialmente reconocida y
que
tiene en la ciudadanía su institucionalización clásica
CRÍTICA A LA DIGNIDAD HUMANA Y LA NOCIÓN
DE
“NECESIDADES BÁSICAS” COMO UN POSIBLE
MEJOR
FUNDAMENTO PARA LOS DERECHOS*
CRITICISM OF HUMAN DIGNITY AND THE CONCEPT OF
“BASIC
NECESSITIES” AS A POSSIBLY BETTER FOUNDATION
FOR RIGHTS
Juan Manuel Sosa Sacio**
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
LA MUJER ILUSION FERNANDEZ LIBRO
Capítulo 6
HOMBRES PUBLICOS - MUJERES PRIVADAS

Espacio público·espacio privado: no sólo división de tareas


sino prohibición de tareas según el sexo; por lo tanto, habrá que
articular la indagación de esta cuestión con su dünensión po~
lítica, es decir, ccn aquellos problemas vinculados a las relaciones
de poder entre hombres y mujeres.

PP134

hoy las mujeres no se


encuentran recluidas en ningún claustro doméstico; se dirá que
hoy las mujeres occidentales participan en casi todas las actividades
de la vida pública, etc. Todo esto sin duda es cierto,
pero si se consideran estas cuestiones más detenidamente pO~
drá observarse que las nuevas prácticas no han superado a las
viejas, sino que coexisten con ellas y generalmente en tensión
conflictiva de no poco tenor; la adquisición de n11evos espacios
de inserción no ha liberado a las 1nujeres de casi ninguna de
sus responsabilidades en sus espacios tradicionales

En Jo que respecta a las mujeres podemos diferenciar dos


etapas en la sociedad industrial: la primera, donde la imagen
de la ml\ier se identifica con el claustro dontéstico, y la segunda,
a partir de la segunda mitad de este siglo, donde las mujeres
alternan sus responsabilidades en el mundo público y en el
mundo privado.

PP135

La nueva clase burguesa de los comienzos del


capitalismo fue el blanco privilegiado de las estrategias
biopolíticas del Estado moderno; allí se dirigieron los discursos,
las leyes y los especialistas, y allí se construyó una particular
forma de ser mujer (esposa y madre), cuya vida transcurría en
el "privado sentimentalizado".
Obviamente, con la consolidación del
capitalismo· este modelo intenta "reconquistar" a las clases baja
y alta que comenzaron a entablar transacciones con este modelo
familiar
este modelo de familia
hegemonizaba los cimsensos de cómo debía ser la vida privada.
Tanto eri las clases baja como alta -cada cual con estrategias
propias- se desarrolló un complejo proceso de incorporación
de este nuevo modelo de la vida privada y, al mismo tiempo, de
·conservación de las. formas propias de. sociabilidad que históricamente
caracterizaron a estas clases.
PP136
La teoría de la civilidad de.Aristóteles establece la presunc
ción normativa de que la vida en la Polis es superior a cualqúier ·
otra. El ciudadano, en estricto sentido, es definido desde un
criterio bien acotado: es un hombre que participa en la administración
de la justicia y en el mantenimiento de Jos servicios.
El Estado es un cuerpo -de tales personas- adecuado para
lograr una existencia autosuficiente.
El lugar social de la mujer es Lo Privado. El mantenimiento
del hogar (esfera no pública) era, en consecuencia, no sólo su
área de acción sino el parámetro desde donde ella misma era
definida, ya que el bien que animaba la casa era un bien menor
que el que animaba la vida en la Polis.
Aristóteles separa absolutamente mun.
do público-político de mundo privado-apolítico. Dirá así que en
el estado ideal un buen Hombre es sinónimo de un buen Ciudadano.
En esta clara diferenciación de lo público y lo privado
hay, para Aristóteles, asociaciones mayores (públicas) y asociaciones
menores (privadas).
PP137
Estos pilares de la razón occidental fueron fundados -en
un mismo acto inaugural- con la legitimación de la desigualdad.
139

Sin embargo,
mientras .se mantenga Ja "necesidad'.'_de queJas.tareas domésticas.
y1a.crianza.deJo.s.hijos . .sea.una_esfera .. d.e .. resPQn'l.'1bjli.dad
femenina, mientra~ _$_ea -~'n.E;c_esario". para . u_n,,,~~iªt~m-~L--~-Q~i_a,J __ ~l
control.del.erotismo .de las mujeres, Aristóteles continuará .. vigente.
Más de una opinión objetará que es innegable que el siglo
XX Pl"e~encia nuestro ingres(). ¡iJll._''l:'.()lis". Sin duda esto es
innegable, pero en tanto se mantenga sin compartir plenamente
con los hombres la responsabilidad de la "asociación menor'', el
- hogar, nuestra circulación por las "asociaciones mayores" tendrá
fuertes limitaciones materiales que reciclarán la desigualdad
En este sentido, es de fácil constatación que el i11gi:esq__d,e
las mujeres.a la "Polii," se encuentra mucho más avanzad.o c()n
respecto . ..aLingres.Q_de .WJLfili.Ill.lJI.e.s a.l. Jiogll.r.
140
fue un discontinuo pero incesante movimiento de transformaciones
que abarcó al conjunto de las instituciones de la sociedad: no
sólo surgen.el.Estado y las naci.ones .modernas y sus form-ªª
democráticas, sino que se operan_rfldeJi11Jciones_ftnJ9d!!.l'1 llJQ:Einsión.
y profundidad .del tejido social, reorganizándose desdeJa_
familia_y_la escuela .has.t_a .llio_¡:á,rce!es yJos manicomios
pp141
Las mujeres y los niños se incluyen en aquellas formas de
sociabilidad ·correspondientes a su clase social, pero en tanto_no.
san sujetos de contrato, su posibilidad de circulación se despliega
en el mundo privado y no en el público, y no son ciudadanos en
el pleno sentido sino que la figura jurídica en la que se inscriben
es la de la_tutela
A partir de allí, las mujeres burguesas tuteladas -por el
padre y luego por el marido- desarrollarán sus vidas en el
medio privado y doméstico; los organizadores de sentido que
guiarán sus prácticas, sus sistemas de prioridades, sus sentimientos
se expresarán en las figuras de la esposa y madre.

pp144
La redefinición general que la modernidad instituye para lo
público y lo privado se significa en este punto de manera particular
en tanto ahora no sólo habrá funciones discriminadas según
los espacios, sino que ambos. espacios se regirán por có.digºª--!l.rO¡:
ii.QS.Y serán diferentes las formas de_ circulació!l c!e _l9s sa!;J-ªros .en_
uno y otro ámbito: un ámbitO_públíco racional, de saberes_racio,
nalizados, .ejercido .por. especialistas, y un ámbito privado.
senti0:_entalilf_ado, de saberes empíricos, ejercido_ P<Ji:.~uj~res
pp146

Si las profesiones se despliegan en un código público y un


saber técnico-racionalizado, el mundo doméstico, privado, sentimental
organiza sus saberes de una manera muy distinta. El
saber del mundo doméstico_ es un saber empírico, producto de
la experiencia, no objetivado en forma de principio, leyes y definiciones;
es un saber en estado espontáneo, tradicional, pFoducto
de costumbres y hábitos heredados. artefactos ni máquinas.
Es un saber incorporado, interiorizado en el cuerpo; se
lleva adentro y muchas veces su portador/a no es consciente de
su contenido y estructura: sabe solucionar problemas prácticos
sin ser capaz de dar cuenta de forma acabada de la racionalidad
propia de las soluciones alcanzadas. Se posee ,en forma
práctica las reglas del vivir bien; su saber es ético al mismo
tiempo que informativo (distingue verdadero-falso, bueno-malo,
bello-feo). Es un saber, según Anthony Giddes, parcialmente no
consciente, al que denomina conciencia práctica
pp147
hacia la mitad del
siglo XX, al irrumpir las mujeres en el mundo público, ellas
deben hacer coexistir en su vida cotidiana las funciones de su
trabajo remunerado, del mundo público y su trabajo invisible14
doméstico. Pero a esta coexistencia -más o menos conflictivano
puede entendérsela como una lógica aditiva: el problema mayor
no radica meramente .;in la sumatoria de jornadas, sino que ambos
mundos tienen i:ódigos, lógicas, criterios de valoración y criterios
de prioridades absolutamente distintos que exigen formas de
pensar, sentir y actuar muy disímiles, por no decir opuestas.

Pp148

Esta situación refuerza el mito trinitario del sentido común


que define como masculinos los valores de la inteligencia
(manifestados como elocuencia pública), del poder (ejercicio como
mando organizacional) y de la eficacia"(eíitendido instrumentalmente).
Se trata, en efecto, de tres dimensiones imbricadas
en la moderna racionalidad pública
En la práctica, ese mito de tres caras, alimentado por la
racionalidad pública, ha contribuido a construir socialmente la
imagen 'dominante del hombre moderno o, si se quiere, el principio
dominante de lo masculino: en él se concentrarían y expresarían
la hegemonía en el discurso, en el dominio de las
fuerzas burocráticas y en el mundo del trabajo. Lenguaje, poder
y economía, en cuanto aspectos públicos de la sociedad, son
definidos así socialmente como dominios del hombre
pp150
Hoy, en cambio, cuando Jos
ritos de iniciación requeridos para el acceso a la vida pública
pasan por el sometimiento a una selección para posiciones
burocráticas c!aYe en la división del trabajo intelectual y político
y por la dedicación a trabajar esas posiciones (y no sólo a
trabajar en ellas), ya no basta con estar en posesión de un
certificado educacional. Se requiere, además, estar libre de las
ataduras que impone la dedicación al trabajo familiar. Es decir,
se necesita tener una vida privada asegurada por otro.
Lo privqdo moderno se constituye precisamente ~sa
esfera de iri:ffrlfi'!fad no-pública y como el reducto de una comunidad
sostenida cotidianamente por las mujeres: .Lo privado se
subordin.a entonces al funcionamiento de lo público y se distingue
por la adopción de una propia racionalidad.
El mundo prirndo es el de la interioridad por oposición a la
exterioridad de la vida pública. Su base es el núcleo familiar,
organizado en torno de la comunidad de afectos, la educació.n
de los hijos y la gestión doméstica de los sentimientos. Esto es,
la inversión de sentimientos en tareas y valores personales,
asumidos como el producto de una elección individual.
La oposición entre público/privado tomó por lo mismo la
forma de la polaridad entre razón/sentimientos, que se desdobla
en varias otras: inteligencia/intuición, palabra/emoción,
poder/afecto, producción/consumo, eficacia/donación. Todos los
últimos términos de esas polaridades se hallarían regidos por el
principio constitutivo de la moderna vida privada: la sujeción
de la mujer a la familia a través del ingreso del hombre a la
producción de lo público, sea por medio del trabajo, del poder o
del lenguaje.
La mujer, en cambio, se hallaría a cargo de la producción
del mundo privado. Se especializaría en la racionalidad propia
de esta esfera que es la racionalidad de los sentimientos.
Pp151
El punto central en torno del cual gira íntegramente esta
concepción de la vida privada es el de la racionalidad de los
sentimientos. Se dirá, entonces, que "los temas que más importan
a las mujeres, los que les son más afines, (son) los temas del
sentimiento
Lenguaje, poder y dinero como atributos masculinos,
mientras que lo femenino se desarrolla en el mundo privado
sentimentalizado, definido como un mundo de retaguardia,
J!larginal y subalterno, privado de las características de productividad,
poder organizacional y potencialidad cognitiva
pp152

Ahora bien, la legitimidad de todo contrato social se basa en


las voluntades; son éstas la esencia de todo pacto. En el ca~o de
las mujeres, al no ser sujetos de pacto, delegan su voluntad en
el jefe de familia, varón. No serán intérpretes de su propia
voluntad, su voluntad será siempre interpretada:'°
La modernidad instituyó el contrato. Esto implica dos actores
libres (individuos) que regulan normativamente las prestaciones
y sus formas de pago y un espacio: lo público, donde
desplegarán sus prácticas. También instituyó para los sujetos
no-contractualizables que pudieran alterar el orden, los asilos
(cárceles y manicomios). Para mujeres y niños se establecieron
formas tutelares, y el mundo doméstico, privado, fue el ámbito
circunscrito de sus prácticas

El ciudadano
es el hombre libre, es el sujeto político que elige sus
representantes o es elegido como tal. De esta forma participa de
la polis y constituye, con otros ciudadanos, el contrato social,
pacto fundacional de las democracias representativas modernas.
El individuo es el hombre libre que como tal celebra con otros
individuos contratos privados en relación con bienes y servicios.
Habermas -señalará con agudeza que el ciudadano de los pri-
pp155
meros tiempos del capitalismo, en el capitalismo tardío será
reemplazado por el usuario o cliente.22
Si bien las actualizaciones del derecho van destu.
telarizando a las mujeres en lo jurídico; si bien su inserción en
el mercado laboral crea condiciones materiales (salario) y "políticas"
(individuos libres) para ellas, sus procesos subjetivos,
las marcas o cicatrices históricas de su situación de subordinación,
como la persistencia de formas más encubiertas de tutelaje
-por ejemplo, pactos conyugales actuales- hacen de este pro-
156
ceso μna complejidad que no conviene simplificar en su anáJ;:
sis.
Es sin duda el espacio de la conyugalidad y la familia el
lugar donde los reciclajes de la subordinación de género se
encuentran más a la vista y al mismo tiempo más ocultos 25 en
tanto su práctica cotidiana naturaliza relaciones d.e dependencia
objetiva y subjetiva. El tutelaje no es sólo una forma política,
es también un posicionamiento subjetivo; si el contrato
necesita para su celebración de dos ciudadanos libres, 26 iguales.
en tanto individuos, la tutela necesita un ciudadano libre y otro /
incapacitado o inhabilitado para el ejercicio de tal libertad.
157

Se significa como valorado todo aquello que pertenece a uno


de esos .mundos y como de menor importancia o valor lo que
pertenece al otro. Se producen narrativas morales, religiosas y
científicas que legitiman -generalmente naturalizando- este
estado de cosas. Se instituyen legislaciones que ordenan el lugar
de cada cual y se penalizan las transgresiones.
Al mismo tiempo se invisibiliza Jfia cuestión fundamental:
que el priuado "sentimentalizadr( sos'íiene al público "racionalizado".
Para ello es necesario volver inexistentes cosas tales
como que con las tareas hogareñas realizadas por amor por la
. esposa-madre se ahorra un salario, que para que el ciudadanoindividuo
triunfe en el mundo necesita tener la vida afectiva
asegurada por otro (en rigor por otra, una mujer esposa-madre);
que para que el individuo sea un ciudadano autónomo es
necesario que haya alguien -muchas más que una- que se
fragilice, se individue en menos, se inscriba dentro del conjunto
de las idénticas y, por lo tanto, necesite ser tutelada.
158
Actualmente, _ n¡¡_estra sociedad organiza el universo de sig- ¡;_;,"-' .. =~
nificaciones en relación con la maternidad alrededor de la idea .;,,

i!ff!ti!~t~~ 1!i.:Y:~t:sc!1i1 :e k.fl?'l%\%i


ll"•k:1!'lz~~e;d: -:~~::
·-esta perspectiva, la máternldacra~ se..n1i~fa:~Jif"eminidad; la \~:@
madre es el paradigrn_a de la mujer, en suma; la esencia de la
1nujer es ser madre .
re roducción está referida al orden de la
especie; lil. maternidad entra en el or en e a cu tura~ i ien
esta delimitación es as ante relativa, ya que la especie humana
inscribe todos sus actos -aun los que podrían pensarse
como más biológicos- como hechos culturales, habrá que pensar
la maternidad más como una función social que como un fenómeno
naturli'l inherente a las mu3eres y adscnpto !1-ª.U sexo
· _biOlo e. --~"'"''

La idea c~ntral Mu"er = Madre or fü1izª_Jllcllto_fil_col)junto


de. prescri ciones que legalizan las diferentes acciones en el
concebir, parir y criar la descendenc1a-:Coñio-1os proyectos de
vida pQsibles d~ las mujeres concretas, y también los discursos
s_obre la Mujer
161

J;;.!Jctra!\~~-c¡uíen juego fuerzas sociales que operan en la


s11bjetividad de. las mujeres, y que podnan ser analiz¡Mlas a
frli:v~§ tiil<i::.q@_ aqul·se 'd-;;;nomfoalos -"mlfos" sociales de la
matemi.dad;..Se está Planteando, entonces, ta produccion -y¡:¡¡.
nr du ·ón de '·un universo de si ni .icacwnes zma<>inartas
-consHiutfoasde lo--e ·---rn_¡¡·· 10 mascu ino mo rno ue w:.mr
Píl!:{§._n~g[(J.,Jl.e_l,gs__l)JJ..lp[rjj~de-la sociedad sino tambié~ de a
suJp,etwidad de hombres y nJJi;ler.e.s.

Estos mitos son sociales, en la medida en qu~.!}_stii.l!,Y.en


.un_ comμ_r1J()_d!! S.!:J"~nciau_ _ ~_helo~ _cplectivos-'que ordenañfíl
valoración social que la n1iite1'ilidadTíene en un· momento dado
de Ja sociedad.
162

Estas·s-ignificaciones imaginarias no sólo "aluden y eluden


lo real" sino que instituyen realidad;l;us producciones no remiten
a las fantasías originarias (escena primaria, seducción, castración)
sino a otro tipo de formaciones: la ~ucción calectiuá._
de sigJlifiCflcioneLirnagfJJ.(LI.(O:_s,_
~--Estas producciones de sentido histórico social se despliegan
discursivamente, y así como el "imaginario individual" produce
sueños, este "imaginario social" produc~n mitos, piezas fundamentales
en él i'ompecabezas social,· que ·regulan, org¡mizan,
ésH¡)ülan, y no sólo prohíben, en el obrar de Jos individuos? En
ese sentido es que se iz;:l~ ~nt~~otra~_c_os!ls,:1!i~Y!.!l~iripciones
implícitas y exphc1ta.s qué 1egaliiáii la función social que
tainbiéñ cúmp1e lá proereación
Esto remite, por lo tanto, a la producción histórica del sentido,
ya que constituyen los discursos científicos, políticos, ideológi cos;--
etc:~ por .lás· i¡Ué--úna-~(i~J~áa-1iabla-(le- S\is mUJ~f~S.

163
Desde la multiplicidad discursiva -discursos populares,
científicos, políticos, ideológicos, etc., sobre la mujer- se organiza
un i:eal l\I':'.ier = Madre, que no es la_rgali.4?-d, pero que se
coQs.füuyé..c<>II\Q_si Jg_Juera. Su.pertenencia al <>rden simbó!ic_<!..
hace posible su capacidad ordenadora de relaciones objetivas,
intefsubjetivas, subjetivas. Puede rastrearse dicha pertenencia
en el conjunto de los discursos por los que un:a sociedad habla:
científico, legal, ideológico, político, creencias populares, y más
aún en los discursos de la vida privada, afectiva
164

Subversivas”: “Malas madres” y familias


“desnaturalizadas”*
Sabina Amantze Regueiro**
Gracias a los debates dados por el feminismo y la antropología, sabemos que las concepciones
sobre la maternidad, la procreación y el parto son construcciones sociales que varían histórica
y culturalmente y no están inscriptas en la naturaleza, sino en las relaciones sociales y de poder
(Monreal Requena, 2000).

Así, la maternidad implica no sólo una dimensión biológica del embarazo y alumbramiento,
sino también “la tarea social, cultural, simbólica y ética de hacer posible la creación de un
nuevo sujeto humano” (Tubert, 1996:10-11y 36).

Dado que el niño es a su vez el padre del futuro hombre, y que de los cuidados que recibía
dependían la salud física y moral del adulto, el cuerpo de la mujer se convirtió en la matriz del
cuerpo social. Jean-Jacques Rousseau, uno de los primeros representantes de esta perspectiva,
encerraba a las mujeres en la función materna al servicio del hombre, sosteniendo que de la
buena constitución de las madres dependía la primera educación, sus costumbres, pasiones y
felicidad

Pp427

aquellas mujeres que incumplen el ideal que implica ese papel social. Se convierten así en
mujeres “desnaturalizadas”, que contradicen la supuesta naturaleza femenina, de ser “buenas
madres”.
Según Marcela Nari (2004), entre 1890 y 1940 el Estado argentino comienza a politizar la
maternidad, es decir, la convierte en objeto de preocupación pública y política, al definir quién
tiene derecho a ser madre, basándose en el derecho de la sociedad a reproducirse a sí misma.
Pp428
En suma, en su concepción sobre “la ética”, se opone por un lado, la familia unida
bajo la autoridad paterna sobre los hijos, la mujer en el hogar, lo natural, lo
auténtico, lo verdadero, el bien, Dios, la Nación. Por el otro, predomina la vida
política y social por sobre lo familiar, el partido, la guerrilla, el comunismo, el
ateísmo, lo internacional, la transformación. Cabe destacar la responsabilización
que hace recaer sobre la mujer por inculcarle la doctrina partidaria que llevó a su
hija, a la madre de la niña, a alejarse de su hogar en Uruguay para ir a la Argentina,
donde desapareció con su esposo.
Estas afirmaciones pueden ubicarse en el contexto más general de las
concepciones en torno a las familias sostenidas por las voces hegemónicas
del terrorismo de Estado. Siguiendo a Estela Grassi (1993) el
neoconservadurismo de la dictadura militar sostuvo que la crisis social que
se vivía era una crisis moral, por lo que debía leerse en términos de valores
considerados 434 “Subversivas”: “Malas madres” y familias “desnaturalizadas
suprasociales: Patria, Familia y Religión. Esto implicó la despolitización de los problemas
socioeconómicos y una naturalización del orden social. Así, el discurso familiarista que se torna
hegemónico en los ’70 se basa en la familia como entidad ahistórica, abstracta, natural y
sagrada.

433-434

De acuerdo con Grassi (1993), la recuperación estratégica del reconocimiento social de la


autoridad tradicional se tradujo en la responsabilización privada de la familia en la
reproducción ideológica y control de sus miembros, lo que permitió la culpabilización de la
familia por la desaparición de sus miembros. La familia aparecía así como la responsable de la
formación, física, intelectual, moral y religiosa de los hijos, en la cual los padres debían ser el
modelo de conducta.

434

Ahora bien, la familia desde esta perspectiva tradicional es “natural”, los lazos de sangre tornan
naturales los roles jerárquicos, hereditarios los valores familiares e indisoluble su unidad. Como
la familia es la “célula básica de la nación”, la sociedad tiene entonces un origen biológico y la
identidad nacional, el ser argentino, es producto de una combinación de sangre y espíritu
heredados.

435

La metáfora de la “subversión” como enfermedad y de la nación como familia (Filc, 1997)


justificaba la intervención del Estado en las familias, el control público de “lo privado” incluido
el ejercicio de la maternidad, con justificaciones “salvacionistas” leídas en clave moral (Fonseca,
2006) y no política

436

Isabel González Ramírez, María Soledad Fuentealba Martínez


y
Juan Pablo Llancas Hernández
El aborto y la Justicia Restaurativa
Ahora bien el aborto sin duda desde esta perspectiva es un conflicto, ya que contrapone
posiciones, valores y objetivos entre sus partícipes y la comunidad, siendo imposible que sea
percibido por las personas de la misma manera en un mismo momento y lugar, entendiendo
que tiene múltiples causas, consecuencias y reacciones.
15 Siendo así, el aborto puede concebirse como un conflicto, entre la sociedad, que conlleva
su determinación de sancionarlo o despenalizarlo y la mujer que aborta enfrentada a sus
consecuencias sociales, jurídicas y psicológicas, estrechamente vinculadas entre sí, que son
causas y efectos unas de otros recíprocamente y también manifestaciones de la realidad de
su época, como ocurre en países con fuerte represión política y social, donde se castigaba el
aborto para proteger el aumenta de la natalidad.

Sin embargo el aborto, como manifestación de un conflicto así concebido, no puede ser
ignorado, ya que se origina principalmente en las desigualdades sociales, provocadas por la
pobreza y el desamparo, que emanan de la falta de educación sexual y la pérdida de recursos de
control social informal, como son las redes de contención familiares, de la comunidad cercana,

Pp3
amigos, vecinos y compañeros de trabajo entre otros, las que generalmente se interrumpen
como dice Bustos, (Bustos, J.,2005: 25-27), por la emigración de las familias de lo rural a la
ciudad, lo que hace surgir como forma de represión el control social formal que proviene del
Derecho Penal.

Tampoco hay realmente un culpable en el aborto, debido a que existe una estrecha relación
entre la incidencia de sus prácticas y las deficientes condiciones económicas, sociales y
culturales que ofrecen las distintas regiones a sus ciudadanos. Así, se aprecia que los países
con alta incidencia de abortos, se caracterizan por ser aquellos más pobres y donde su relación
con la mortalidad de las mujeres es significativa (Bermúdez, 1998: 51).
20 Una de las consecuencias sociales vinculadas a las psico-jurídicas que produce el aborto,
son las que operan en ciudades conservadoras, o con fuertes tintes ideológicos, esto es la
discriminación social, que produce la sanción moral y el desarraigo social, que sufren las
mujeres que se practican un aborto, las que sin perjuicio del dolor por su perdida y la sensación
de culpa, padecen una exclusión social, enfrentadas a una pena (CASAS L.; 1996

La consecuencia jurídica de la pena, afecta especialmente a las mujeres de medios socioeconómicos


más vulnerables, ya que a diferencia de lo que ocurre en los grupos más
privilegiados, el aborto se hace público, producto de las enfermedades contraídas por los
precarios medios empleados, su falta de higiene y escasos conocimientos médicos de quienes
lo practican, terminando con la muerte de la mujer, su esterilidad y en ocasiones con una
sanción por la que pierden su trabajo, la custodia de sus hijos y aprecio del medio.

Pp4

SOBRE RUIDOS Y NUECES:


DEBATES CHILENOS EN TORNO A LA
SEXUALIDAD1
KATHYA ARAJO*
impacto de estos procesos generales en el ámbito
de las sexualidades se expresa, de manera fundamental, en la
pluralización de posiciones. En la contienda por imponer
visiones acerca de la sexualidad, participan distintas posiciones,
intereses y marcos interpretativos, contando con recursos
sociales desiguales, que pueden ser referidos a lugares
ocupados en la estructura social, los que elaboran construcciones
discursivas para la definición de la sexualidad y sus
formas de tratamiento2.
asociadas
con la emergencia de nuevos sujetos políticos organizados,
de manera distinguida el movimiento feminista y los movimientos
gay y lésbicos, y con la actuación renovada de sec-
Pp78
tradicionalmente vinculados a estos asuntos. La variedad
de las propuestas en juego se dirigen hacia la configuración
/ reconfiguración de la experiencia socio sexual, es decir,
a un ordenamiento / reordenamiento de los límites de lo
legítimo y lo ilegítimo3
en Chile, tal como ha sido discutido, la esfera pública
política se ha caracterizado en el lapso estudiado por la preeminencia
de criterios consensuales, el temor al conflicto, la
restricción del debate y una representación desigual de los
distintos sectores sociales, en el que priman los poderes fácticos
los cuales influyen ostensiblemente en la orientación
de las políticas públicas (Cf. Garretón, 2000; Jocelyn- Holt,
2000; Araujo, 2000a)
86
Como lo ha señalado Guillermo Nugent (2002), los
Estados nacionales en América Latina, lo que incluye Chile,
delegaron en la iglesia católica el ámbito de la orientación y
control moral de la población. Esta dimensión histórica explicaría
el carácter indiscutible y naturalizado de su presencia
en la esfera pública e influencia en asuntos públicos en la
actualidad
87
El carácter históricamente determinado de la delegación
estatal permitiría explicar el que aunque las posiciones
de la iglesia no parecen tener una influencia muy relevante
en las prácticas de la población16, su influencia ha sido significativa
en el ámbito público y político: ha tenido éxito en
definir límites de lo que puede o no entrar a debate, y en
particular, en intervenir en las acciones del estado relativas a
estas materias. De hecho, los gobiernos chilenos de la última
década a pesar de haber recogido muchos de los principios
representados por los emergentes sujetos políticos vinculados
a las luchas por nuevos paradigmas en torno a la
reproducción y la sexualidad en directa relación con los promovidos
en esferas internacionales, han tendido a limitar su
acción y el reconocimiento de sus propias posiciones en la
esfera pública. Del mismo modo, políticas públicas, programas
o medidas, tal como en el caso presentado, han sido
detenidos o sensiblemente transformados como respuesta a
la intervención de estos sectores eclesiales
88
La iglesia católica ha desarrollado posiciones que abogan
activamente contra las propuestas de los sujetos políticos
organizados que pugnan por una ampliación de la legitimidad
de concepciones, prácticas y experiencias sexuales tradicionalmente
excluidas del campo de lo admisible. Las respuestas
desarrolladas por esta iglesia insisten en la relación
indisoluble entre sexualidad y reproducción y en la heterosexualidad
como carácter irremplazable de una sexualidad
normal y moralmente aceptable.
Estas respuestas17 han sido lideradas por los sectores
hegemónicos de la iglesia católica actual, caracterizados por
posiciones fuertemente conservadoras y aún fundamentalistas,
en alianza con la derecha política, en un proceso que
como se pondrá en evidencia más adelante se ha caracteriza
89
Una consecuencia relevante de la delegación de la tutela
moral de la población es que al estar colocada en el lugar
de representar privilegiadamente en el espacio público a cada
cual en la definición de lo bueno y lo malo, lo conveniente e
inconveniente, la iglesia católica consigue hacer aparecer siendo
como de suyo el derecho a hacer residir en sí y no en los
sujetos la capacidad de elaboración moral y decisión. La suposición
subyacente, se puede proponer, es que los sujetos
no se encuentran ellos mismos en posición de tomar decisiones
en el ámbito moral sin un código definido sobre cómo
deben conducirse. La heteronomía moral es justificación de
su propia función. En esta medida, la heteronomía que es
fundamento de su influencia política es un aspecto central a
defender. Esta posición tal como se desarrolla en la actualidad
entra así en contraposición con el sujeto autónomo y
autorreflexivo, que en el caso de las sexualidades, es sostenido
y movilizado activamente por las nuevas discursividades
de sujetos políticos nacionales e internacionales que han
permeado los discursos oficiales estatales y supraestatales.
90
Ahora bien, como es evidente, los principios de autonomía,
capacidad de elección y de decisión que se enarbolan
suponen a un sujeto autorreflexivo que es capaz de sostener
estas posiciones y acciones, pero al mismo tiempo, y de
manera importante, suponen a un sujeto que es capaz de
auto orientarse éticamente.
91
Así, la imagen de homogeneidad y consistencia de la
función moral de la iglesia católica en la población, que avala
su hegemonía, no fue públicamente puesta en cuestión
por las posiciones oficiales de gobierno en este debate. Por
un lado, debido, como ya fue expuesto, al gesto público de
retroceso del gobierno respecto a sus propias posiciones ante
la intervención eclesial. Pero también como resultado de la
sanción simbólica que se efectúa al colocar a la iglesia católica
como interlocutor privilegiado en estos temas, obviando
la presencia de otras posiciones. En tercer lugar, porque la
decisión gubernamental de bajar el perfil al conflicto apresurando
su salida del espacio público mediático 20, restó la
posibilidad de un debate público amplio en torno a la cuestión
sexual que pudiera colocar en escena otras posiciones y
relativizar la hegemonía de esta institución eclesial. Una cuarta
razón de peso es el hecho de que en este debate la única
posición que asumió un discurso que recogía cuestiones
morales o éticas fue la iglesia católica, con lo cual los otros
sectores permitieron que continuara la asociación exclusiva
entre iglesia católica y dimensión moral.
95
En el caso del Estado es claro que éste no tiene ni
puede tener entre sus funciones definir la orientación moral
de una sociedad, dotándola de un código instructor para las
conductas. Plantear una posición como ésta sería reconocer
la pertinencia de soluciones absolutistas o fundamentalistas.
No intervenir en estos aspectos y no imponer visiones
morales es precisamente lo que caracteriza a los estados modernos,
secularizados e ilustrados.
No obstante, esta interpretación de las funciones del
Estado no puede hacer desconocer que los Estados tienen
una función primordial en la medida en que pueden facilitar
u obstaculizar: 1) espacios públicos plurales en los que la
diversidad de posiciones en el ámbito moral puedan ser representadas
y 2) la tarea de posibilitar a los sujetos concebirse
como sujetos morales y permitirles experiencias morales 21.
96
El ámbito de la moral resulta un campo relevante de
preocupación del Estado, no en el sentido de definirla, entonces,
sino de enfrentar su tarea de posibilitar sujetos y
experiencias morales. La responsabilidad moral del estado se
refiere a la dimensión ética de la actuación del propio estado,
ciertamente, pero también, y a este punto se dirige principalmente
esta argumentación, a su preocupación efectiva
por sostener y hacer posible la percepción de los propios
sujetos como sujetos morales o éticos así como el desarrollo
de experiencias morales particulares (aunque no necesariamente
individuales) múltiples y heterogéneas, en el marco
mínimo definido que permita el mantenimiento de lo común,
del lazo social
El “sistema de doble discurso” como solución a las
situaciones antagónicas en lo relativo a las sexualidades (Shepard,
2002), del que el debate analizado da cuenta, es un
ejemplo de las consecuencias de la falta de observancia de la
dimensión moral por parte del estado en el último sentido
descrito.
acción. Esta disonancia
se encuentra en otros ámbitos también. En el ámbito
de las sexualidades aparece de manera frecuente la contradicción
entre la anuencia a las restricciones en la generación
de políticas públicas relativas a sexualidad observadas públicamente
por el gobierno, y, por otro, la tolerancia no oficial
de ciertas prácticas y procedimientos. Lo anterior tiene como
consecuencia que las personas accedan a opciones respecto a
su vida sexual o sean empujadas por los modos mismos de
funcionamiento institucional hacia acciones que son al mis-
97
as transformaciones en las estrategias de la iglesia
católica se hicieron evidentes en este debate. En primer lugar,
y en concordancia con tendencias internacionales en las
que el Vaticano se constituye como un actor político que
desarrolla sus acciones a nivel global en la lucha en torno a
las sexualidades (Sjorup, 2000; Nugent, 2004), la posición
de la iglesia católica fue movilizada y representada por organizaciones
sociales creadas ex profeso, quedando la jerarquía
eclesiástica fuera de la confrontación directa. En segundo
lugar, adoptaron como vía la judicialización, basándose en
el argumento de los derechos, recogiendo de este modo las
estrategias utilizadas por las organizaciones de mujeres y feministas
con las que al mismo tiempo entran en directa confrontación.
En tercer lugar, tomaron como apoyo argumentativo
a la ciencia, estimulando la participación de médicos
que sostenían su posición en la campaña comunicacional
desarrollada, sancionando una novedosa y activa relación entre
ciencia e iglesia. En cuarto lugar, retomaron paradigmas argumentativos
de sectores más liberales y progresistas de la
sociedad, como por ejemplo los derechos humanos. No obstante,
y a pesar de estas diferencias, que revelan otro posicionamiento
político, esta posición mantuvo una argumentación
que se centró en tópicos morales, especialmente en torno
al principio de la vida.
99
De esta manera, aunque las modalidades de intervención
e influencia de la iglesia católica se transformaron, no
parece posible leer lo anterior como una evidencia de la pér-
100
dida de su poder político, sino más bien como una respuesta
de ésta a lo que percibe como una reestructuración de las
modalidades eficientes de poblar el espacio público y de influir
en la opinión pública.
Por otro lado, la tendencia a
desestimar temáticas morales o “valóricas”, basados ahora en
el principio de libertad individual, continuó siendo una característica
central en el abordaje del debate sobre sexualidades
por los sectores más liberales, así como de la posición
del gobierno en la definición del carácter de lo discutido.
101

DISPUTAS SOBRE EL CONTROL DE LA


SEXUALIDAD: ACTIVISMO RELIGIOSO
CONSERVADOR Y DOMINACIÓN
MASCULINA
SUSANA ROSTAGNOL*
La Modernidad ha albergado un amplio abanico de
experiencias socio-políticas dispares y hasta opuestas (liberalismo,
imperialismo, estado de bienestar, comunismo, entre
muchos); sin embargo, la preocupación por el control de
las sexualidades –plasmada en combinaciones variadas de
racionalidad médica, higienista, estatal-nacional y moral-religiosa–
no presenta cambios importantes hasta las últimas
décadas del siglo XX.
149
En el caso de los derechos humanos de las mujeres, la
sexualidad ha sido –y continúa siéndolo– un núcleo central
de tensión y confrontación de poderes. Estas luchas reiteradamente
intentan restringir la sexualidad al ámbito doméstico-
privado, excluyéndola de la arena pública y política. En
el proceso de construcción y consolidación de la separación
en las esferas pública –reservada a los hombres– y la privada
–reservada a las mujeres– la familia se convirtió en una institución
central no sólo para el mantenimiento de esta división,
sino también del orden social general.
proceso de consolidación de la jerarquía de géneros
en la Modernidad se apoyó en la separación públicoprivado.
A la mujer se le reservaba la reproducción biológica
y social, pero no las decisiones sobre las mismas; a los hombres
se les reservaba la producción de bienes y servicios, así
como de ideas y políticas. El poder les pertenecía; las mujeres,
como mucho, podían ser sus aliadas o sus cómplices
De
acuerdo a Zincone (1992, citado por Bonan, 2003:27) “el
imaginario público/privado moderno tiene su fundamento
central en la institución de dos poderes diferentes: el poder
político, ejercido entre ‘iguales’ que implica negociación,
consenso y reconocimiento recíproco de las capacidades políticas
y morales, y el poder familiar, ejercido sobre no iguales,
basado en la idea de orden natural y jerárquico del poder
decisorio, en el principio de la autoridad y, en la idea de
desigualdad natural de las capacidades políticas y vocaciones
sociales”. El ejercicio de la sexualidad queda pues a merced
de esta autoridad entre desiguales que caracteriza el
ámbito doméstico; el cual también será el recinto de la religión
150
La Modernidad se caracterizó por privilegiar un orden
y cohesión basado en la racionalidad y en aspectos ideológicos,
prescindiendo de lo sagrado y de la religión para
todo aquello relacionado con lo social y lo político. Esto
tuvo como consecuencia cierto agotamiento del poder de la
fe en las esferas políticas
Latina. La fuerza
de la fe ya no le reditúa poder político. De modo que en
las últimas décadas, la Iglesia Católica se volvió vaticanocéntrica
(Vuola, 2002); todas las órdenes provienen del poder
central: nombramiento de obispos conservadores contra
la preferencia de las iglesias locales latinoamericanas, silenciamiento
y expulsión de los teólogos de la liberación, presión
política directa sobre los gobiernos en asuntos relativos
a la ética sexual. Esta centralización, iniciada con Juan Pablo
II y reforzada con Benedicto XVI, se acompaña por el hecho
muy significativo de la expansión de la obediencia política
(ya no sólo la religiosa) al Vaticano
Los individuos que otrora conocían
el camino para llevar una vida tranquila o avanzaban en
pos de una utopía, quedaron desnudos, rodeados de inseguridades
y miedos derivados de la ausencia de certezas. Así las
‘religiones’ ganan terreno: dan respuestas certeras, muestran
el camino.
152
Todo hace pensar que el Vaticano ha estado más interesado
en influir en las conductas y prácticas de los individuos
que en su fe. En las últimas décadas del siglo XX, el
Vaticano parece haber estado disputando su propia batalla,
medir sus fuerzas con el Estado laico secular
155
La hostilidad militante de la Iglesia Católica a los derechos
sexuales y reproductivos debe ser vista a la luz de un
proyecto político y no como una voluntad de instauración
de valores morales, aunque discursivamente se aluda constantemente
a la moral. Las prácticas sexuales son por un
lado ‘un mensaje’ a través del cual se muestra y se ejerce
poder. La sexualidad o mejor dicho, el control de las sexualidades
no constituyen una meta per se, sino que la meta es
obtener una cuota apreciable de poder político. El Vaticano
se asemeja a un jugador de ajedrez donde derechos sexuales
y reproductivos son una ficha más, no un fin.
En este marco el Vaticano como estado presenta rasgos
de sociedad cortesana, sin transparencia, donde desde
las declaraciones del Papa hasta las encíclicas son inapelables.
El Vaticano promueve una sociedad doméstica – en
oposición a la sociedad moderna –. En la sociedad doméstica,
“todo transcurre dentro de un espacio idealmente jerárquico
donde el modelo de la familia nuclear es esencial como
espacio de socialización y modelo de autoridad para el conjunto
de la vida social. (...) Un aspecto muy importante en
este modelo es que la autoridad no está sujeta a ningún tipo
de consenso sino que es una especie de natural emanación
de la función parental” (Nugent, 2004: 112).
156
La jerarquía
de género se sustenta en la dominación masculina, con la
concomitante infantilización de la mujer –lo cual está presente
en algunas legislaciones– como forma de mantener la
tutela. Mientras haya tutelaje no hay reconocimiento de
derechos.
En la actualidad los grupos conservadores han centrado
su atención en cuestiones referidas al control de las sexualidades,
tanto en lo relativo a la anticoncepción y el aborto,
como a prácticas homosexuales en su diversidad, como elemento
disciplinador.
157
Aparentemente, la ‘vida’ tal como aparece en los
discursos de los activistas conservadores religiosos implica la
reproducción biológica a través de la familia monogámica
heterosexual, y a partir de allí se construye el edificio moral
que permitirá la perpetuación de este orden social. Existe
una serie de mecanismos de control y regulación de los cuerpos
mediante el cual se constriñe la capacidad de acción de
los sujetos.
Este último fragmento une los fundamentos de la biomedicina
con los de la religión católica, específicamente a
partir de los discursos que emanan del Vaticano. Esto es un
punto a subrayar, la ciencia –tal como es utilizada en los
discursos conservadores– y el catolicismo se unen para fortalecer
una postura que dificulta a las mujeres actuar como
sujetos titulares de derechos.
163
EL DEBATE SOBRE DERECHOS SEXUALES Y
REPRODUCTIVOS
EN CHILE: ¿SEPARACION IGLESIA-ESTADO?
Josefina Hurtado, Soledad Pérez, Claudia Dides.
Programa de Estudios de Género y Sociedad,
Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
P
ENSAMIEN
T
O
C
A
T
ÓLICO
Y
SEXUALIDAD
FEMENINA
:
UN
CAPÍTULO
DE
DISIDENCIA
EN
LA
HIS
T
ORIA
DE
CHILE
ACTUAL
(1990
-
2000)

En la especie humana el desarrollo de


la sexualidad sobrep
asa la actividad estrictamente reproductiva, interesando
también al
comportamiento cultural y psíquico.

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