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TEXTOS DE JUDAÍSMO

Tanaj (Biblia hebrea)

Torá (Éxodo 20,1-18) [siglo IX-VII a. C. ?]

20 1Dios ha pronunciado las siguientes palabras:


2
-Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud.
3
No tendrás otros dioses rivales míos. 4No te harás una imagen, figura alguna de lo que hay
arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua bajo tierra. 5No te postrarás ante ellos, ni les
darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso: castigo la culpa de los padres en
los hijos, nietos y bisnietos cuando me aborrecen; 6pero actúo con lealtad por mil generaciones
cuando me aman y guardan mis preceptos.
7
No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a
quien pronuncie su nombre en falso.
8
Fíjate en el sábado para santificarlo. 9Durante seis días trabaja y haz tus tareas, 10pero el día
séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu
hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el emigrante que viva en tus
ciudades. 11Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos, y
el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.
12
Honra a tu padre y a tu madre; así prolongarás tu vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te
va a dar.
13
No matarás.
l4
No cometerás adulterio.
15
No robarás.
l6
No darás testimonio falso contra tu prójimo.
17
No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni
su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.
l8
Todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonar de la trompeta y la montaña
humeante. Y el pueblo estaba aterrorizado, y se mantenía a distancia.

Profetas (Isaías 40,1-11; 52,7-10) [siglo VI a. C.]

40, 1Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios:


2
hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle que se ha cumplido su servicio
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble castigo por sus pecados.
3
Una voz grita: En el desierto preparad un camino al Señor;
allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios;
4
que los valles se levanten,
que los montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece y lo escabroso se nivele;

1
5
y se revelará la gloria del señor
y la verán todos los hombres juntos
-ha hablado la boca del Señor-.
6
Dice una voz: Grita.
Respondo: ¿Qué debo gritar?
Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre:
7
se agosta la hierba, se marchita la flor,
cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos;
8
se agosta la hierba, se marchita la flor,
pero la palabra de nuestro Dios se cumple siempre.
9
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión;
Alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén;
álzala, no temas, di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios».
10
Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede.
11
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

52, 7¡Qué hermosos son sobre los montes


los pies del heraldo que anuncia la paz,
que trae la buena nueva,
que pregona la victoria,
que dice a Sión: "Ya reina tu Dios"!
8
Escucha: tus vigías gritan,
cantan a coro,
porque ven cara a cara
al Señor, que vuelve a Sión.
9
Romped a cantar a coro,
ruinas de Jerusalén,
que el Señor consuela a su pueblo,
rescata a Jerusalén.
10
El Señor desnuda su santo brazo
a la vista de todas las naciones,
y verán los confines de la tierra
la victoria de nuestro Dios.

2
Escritos (Salmo 82 / 81)

Dios se levanta en la asamblea de los dioses


y en medio de los dioses los juzga:
- ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente
y os pondréis de parte de los inicuos?
Defended al desvalido y al huérfano,
haced justicia al humilde y al necesitado,
salvad al oprimido y al pobre,
libradlos del poder de los malvados.

No saben ni entienden, caminan en tinieblas


y tiemblan los cimientos del orbe.

- Yo declaro: Aunque seáis dioses,


y todos hijos del Altísimo,
moriréis como cualquier hombre,
caeréis como cualquier tirano.

Levántate, Dios, y haz justicia en la tierra,


porque tú eres el señor de todas las naciones.

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