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Los paradigmas emergentes son cambios o transiciones de un paradigma (modelo) a otro,

los cuales se dan a través de la revolución y constituyen el patrón de desarrollo de las


ciencias y de las sociedades en general.

Un paradigma es un grupo de conceptos, patrones, teorías o postulados que representan


una contribución para un campo del conocimiento. La palabra “paradigma” proviene de
dos términos griegos ‘para’, que quiere decir “junto” y ‘deiknumi’, que significa “mostrar,
señalar”; asimismo, este término proviene del griego paradeigma que quiere decir
“ejemplo, muestra o patrón”.

Originalmente, el término “paradigma” fue empleado por los griegos en textos como el
Timaeus de Platón para hacer referencia al patrón que los dioses siguieron para crear al
mundo.

Los paradigmas emergentes tienden a aparecer debido a la presencia de variaciones o


anomalías. En este sentido, los paradigmas emergentes dan lugar a la creación de nuevas
teorías que son capaces de suplantar a las teorías precedentes, a la vez que proponen
explicaciones para las anomalías que generaron su aparición.

En este sentido, los paradigmas son transformaciones que se dan cuando cambia la forma
usual de pensar o actuar y es reemplazada por una forma nueva y diferente.

Origen del término “paradigma emergente”

El término “paradigmas emergentes” fue propuesto por Thomas Kuhn, físico, filósofo e
historiador de la ciencia, nacido en Cincinnati en 1922. Estudió física en Harvard y se
graduó como summa cum laude en 1943; posteriormente, regresó a esta universidad y
obtuvo su doctorado en física en 1949.

En 1962, publica el libro La estructura de las revoluciones científicas (The Structure of


Scientific Revolutions), en el cual aparece por primera vez el término “paradigma
emergente”.
La estructura de la revolución científica cambió la forma de pensar de muchos científicos e
influyó de tal manera que hoy en día el término “paradigmas emergentes”, originalmente
paradigm shift, es ampliamente conocido.

Para el desarrollo de este concepto, Thomas Kuhn se inspiró en las teorías del
psicólogo Jean Piaget, quien señaló que el desarrollo de los niños estaba compuesto por
una serie de etapas marcadas por períodos de transición.

Fases de desarrollo de la ciencia

De acuerdo con Kuhn, los paradigmas son enfoques que proponen un camino a seguir
para la comunidad científica. Kuhn profundiza un poco más en la estructura de las ciencias
y explica que estas alternan entre dos períodos: normal y el revolucionario.

Fase normativa

La fase normativa se da cuando existe un modelo que permite explicar la realidad


observada. En este punto, los miembros de la comunidad científica comparten un marco
de investigación, una matriz disciplinaria o paradigma.

De acuerdo con Ian Hacking, filósofo, durante esta fase la ciencia no busca resolver las
anomalías que puedan surgir, sino que más bien “descubre lo que quiere descubrir”.

El problema es que cuando se acumulan muchas anomalías, los científicos comienzan a


cuestionar el paradigma y es en este momento que inicia el período de crisis en el que los
científicos están dispuestos a probar cualquier teoría que permita resolver las anomalías.

Fase revolucionaria

Por otra parte, la fase revolucionaria se da cuando en la realidad surgen anomalías que el
modelo preestablecido no puede explicar, dando origen al desarrollo de uno nuevo; es así
como nacen los paradigmas emergentes.
Estos nuevos paradigmas reemplazan al paradigma deficiente y, una vez que es aceptado,
se regresa a la fase normativa. En este sentido, la ciencia es una actividad cíclica.

Paradigmas emergentes y las ciencias sociales

Cabe destacar que para Kuhn, el concepto de paradigmas emergentes excluye a las
ciencias sociales. De hecho, en el prefacio de su libro, el autor explica que desarrolló este
término para establecer una diferencia entre las ciencias naturales y las ciencias sociales.

Kuhn justifica esta posición aseverando que dentro de las ciencias sociales no existe un
consenso respecto a la naturaleza de los problemas científicos y a los métodos a emplear.
Es por esto que estas ciencias no podrían seguir un modelo o paradigma.

Ejemplos de paradigmas emergentes

La teoría heliocéntrica constituye un paradigma emergente puesto que cambió la forma


de analizar la realidad. Para comenzar, la teoría heliocéntrica de Copérnico permitió
explicar por qué parecía que los planetas se movían hacia atrás cuando se estudiaba la
posición de estos.

Además, esta teoría sustituyó la teoría geocéntrica de Ptolomeo; es deir, se aceptó que el
sol era el centro del sistema y que los planetas, incluyendo la Tierra, giraban a su
alrededor.

Sin embargo, la teoría de Copérnico no estaba completamente desarrollada puesto que


este filósofo planteaba que los planetas se movían en órbitas cíclicas En este sentido,
surge otro paradigma que sustituye al de Copérnico y que plantea que los planetas se
mueven en órbitas elípticas.

Asimismo, la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies, la selección natural y la


supervivencia del más apto, constituyen paradigmas emergentes.
Paradigmas emergentes en la actualidad

Actualmente, los paradigmas emergentes forman parte de todos los aspectos de la


sociedad, no solo de las ciencias naturales, como lo había planteado inicialmente Thomas
Kuhn.

Existen paradigmas en el mundo de los negocios, en las ciencias sociales o en la cultura,


entre otros. Por ejemplo, en las ciencias sociales, específicamente en la lingüística, existe
el paradigma del postpositivismo.

Al respecto, Robert Rulford escribió en una columna de The Globe and Mail que los
paradigmas no se detienen en un solo área del saber, sino que se mueven de la ciencia a la
cultura, de la cultura al deporte y del deporte a los negocios.

Impedimentos para los paradigmas emergentes

El mayor impedimento para el desarrollo de paradigmas emergentes es la “parálisis de un


paradigma”. Esto término hace referencia al rechazo de nuevos modelos de análisis de la
realidad, apegándose a los modelos vigentes incluso si estos no son capaces de explicar las
anomalías. Un ejemplo de esto fue el rechazo inicial hacia la teoría heliocéntrica de
Copérnico.

PARADIGMAS EMERGENTES: Los paradigmas quieren decir cambios, un paradigma es la


resistencia al cambio de algo en concreto. Lo que podemos decir por paradigma
emergente es que puede ser de 2 maneras diferentes o resultados diferentes, una de ellas
puede ser que se pueda modificar por alguna razón en concreto, por convivencia o porque
no se logra comprender y se resiste a realizar el cambio.

Ludwig von Bertalanffy

Teoría General de Sistemas fue, en origen una concepción totalizadora de la biología


(denominada "organicista"), bajo la que se conceptualizaba al organismo como un sistema
abierto, en constante intercambio con otros sistemas circundantes por medio de
complejas interacciones. Esta concepción dentro de una Teoría General de la Biología fue
la base para su Teoría General de los Sistemas. Bertalanffy leyó un primer esbozo de su
teoría en un seminario de Charles Morris en la Universidad de Chicago en 1937, para
desarrollarla progresivamente en distintas conferencias dictadas en Viena. La publicación
sistemática de sus ideas se tuvo que posponer a causa del final de la Segunda Guerra
Mundial, pero acabó cristalizando con la publicación, en 1969 de su libro titulado,
precisamente Teoría General de Sistemas. Von Bertalanffy utilizó los principios allí
expuestos para explorar y explicar temas científicos, incluyendo una concepción
humanista de la naturaleza humana, opuesta a la concepción mecanicista y robótica.

Edgar Morín

(París, 1921) Sociólogo y antropólogo francés. Estudioso de la crisis interna del individuo,
ha abordado la comprensión del «individuo sociológico» a través de lo que él llama una
«investigación multidimensional», es decir, utilizando los recursos de la sociología
empírica y de la observación comprehensiva. Fuertemente crítico con los mass-media, ha
analizado asimismo los fenómenos de propagación de la opinión. Como ensayista está
considerado como uno de los grandes pensadores franceses actuales y es colaborador de
numerosas publicaciones científicas. Autor de más de treinta libros, reflexionó sobre el
marxismo en La autocrítica. En El espíritu del tiempo glosó los acontecimientos de mayo
del 68, y en El espíritu del tiempo II (1975) respondió a las críticas recibidas por el primero.
Sobre el estudio de los fenómenos de comunicación de masas, especialmente el cine,
publicó El cine o el hombre imaginario (1956) y Las stars (1957). Entre sus ensayos
antropológicos figuran El paradigma perdido, la naturaleza humana (1973), La naturaleza
de la Naturaleza (1977) y La vida de la vida(1980). Sus obras El paradigma perdido y El
método son utilizadas como textos de consulta por los estudiantes de filosofía.

Jean Smuts

El mariscal Jan Christian Smuts (24 de mayo de 1870 - 11 de septiembre de 1950),


condecorado con la Orden del Mérito y la Compañía de Honor, distinguido como
Consejero del Rey, y miembro de la Sociedad Real, fue un prominente estadista de
Sudáfrica y de la Mancomunidad Británica de Naciones, líder militar, naturalista y filósofo.
Además fue varias veces ministro, fue Primer Ministro de la Unión Sudafricana desde 1919
hasta 1924 y desde 1939 hasta 1948. Sirvió como Mariscal de Campo británico en la
Primera Guerra Mundial y en la Segunda Guerra Mundial.

Como primer ministro, se opuso a la mayoría de los Afrikaners que querían que continuara
y se extendiera el apartheid de facto de los años de entre guerras. Después de la Segunda
Guerra Mundial, estableció y apoyó la labor de la Comisión Fagan, que abogaba por el
abandono de toda segregación en Sudáfrica. Sin embargo, Smuts perdió las elecciones
generales de 1948 antes de que pudiera implementas las recomendaciones, y murió en
1950, al tiempo que el apartheid de jure se comenzaba a poner en ejecución.

Dirigió comandos en la Segunda Guerra Anglo-Bóer para Transvaal. Durante la Primera


Guerra Mundial dirigió las fuerzas británicas contra Alemania, capturando la colonia de
África del Sudoeste Alemana y dirigiendo el Ejército británico en África del Este. Entre
1917 y 1919, fue también uno de los cinco miembros del Gabinete de Guerra británico,
ayudando a crear la Real Fuerza Aérea. Se convirtió en Mariscal de Campo en el Ejército
británico en 1941, y prestó servicios en el Gabinete de Guerra Imperial bajo Winston
Churchill. Fue la única persona que firmó ambos Tratados de Paz al término de la Primera
y la Segunda Guerras Mundiales.

una de sus mayores realizaciones en el campo internacional fue el establecimiento de la


Sociedad de Naciones, su exacto diseño e implementación fue confiado a Smuts. Más
tarde, impulsó la formación de una nueva organización internacional para la paz: las
Naciones Unidas. Smuts redactó el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas y fue la
única persona en firmar ambas cartas: de la Sociedad de Naciones y de las Naciones
Unidas. Fue buscado para redefinir las relaciones entre Gran Bretaña y sus colonias,
estableciendo la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth).

En lo académico, Smuts promovió el concepto de holismo, definido en su libro de 1926,


Holismo y Evolución, como "la tendencia en la naturaleza para formar todos que son
mayores a la suma de las partes por la evolución creativa".

ARTICULOS CIENTIFICOS UNAD, REDALYC O DIALNET.

Artículos tomados de las bases de datos de la Unad, Redalyc o Dialnet referentes a los
Paradigmas Emergentes, Teoría de los sistemas, de la Complejidad y el Holismo
respectivamente.

N. LUHMANN Y LA ECONOMÍA DESDE LA TEORÍA GENERAL DE SISTEMAS

Para N. Luhmann, sociólogo de la universidad de Bielefeid (Alemania) y uno de los mas


reconocidos teóricos de la sociología reciente y de la Teoría General de Sistemas, la
sociedad es un sistema profundamente complejo dentro del cual se puede reconocer
varios "sistemas funcionales" tales como el político, el religioso, el jurídico, el educativo, el
científico y el económico.

Estos sistemas llamados funcionales, por cuanto se encargan de la operatividad de


aspectos concretos y vitales para la reproducción de la sociedad como un todo. Tienen
una dinámica y características similares, por supuesto, a las propias de todos los sistemas
complejos y auto referentes, esto es, son autopoieticos, concepto tomado de H. Maturana
en su trabajo en biología y que significa que el sistema se reproduce a sí mismo y no
recibe instrucciones de fuera; operan con sentido, vale decir, seleccionan entre varias
posibilidades; y son autónomos en tanto tienen cierre operacional.

Estos sistemas funcionales, a pesar de que son vitales para la autopoiesis de la sociedad
en su conjunto, tienen dos características fundamentales:
No constituyen, en ningún momento, el centro o vértice de la sociedad, ya que esta es
acéntrica, o mejor aún poli céntrica, y operan mediante la distinción sistema/entorno, y
son ellos mismos entorno unos de otros.

Se entiende además que ese aspecto central de la sociedad como sistema, cual es el estar
conformado por comunicaciones que generan nuevas comunicaciones y hacen así posible
la autopoiesis, es válido para la sociedad como un todo y para cada sistema social
funcional individualizable; y, aunque en la sociedad en conjunto, la codificación mediante
alguna forma de lenguaje hace posible la comunicación entre sistemas psíquicos, los
distintos sistemas sociales funcionales se valen de los "medios de comunicación
simbólicamente generalizados", como el dinero en la economía, el poder en la política y la
pedagogía en la educción.

Es oportuno señalar que para Luhmann entonces, no es la reunión de personas (o


individuos) lo que constituye la sociedad en general, como tampoco, en el caso de la
economía, la reunión de "agentes económicos" es lo que le da el carácter de sistema
social funcional, sino las transacciones, que son posibles mediante el dinero o cualquier
equivalente funcional (papeles valores, multas, impuestos, intereses, etc., todos ellos
expresables en numerario).

EL PARADIGMA DE LA COMPLEJIDAD EN LA ENSEÑANZA DE LA COMUNICACIÓN

Los fundamentos e implicaciones filosóficas y cognitivas del paradigma de la complejidad,


tiene un carácter transdiciplinar. Ya que desde diversas teorías, ciencias, pensamiento
científico, posiciones, conversaciones, disciplinas, aproximaciones, creaciones artísticas,
literarias o tecnológicas, se ha contribuido y continua favoreciendo a la construcción de
este paradigma emergente, en la actualidad muy utilizado en las instituciones de
educación superior.

Desde el paradigma de la complejidad se pretende la búsqueda de un pensamiento que


integre distintos contextos o diversos saberes. Hoy las instituciones de educación superior
se han visto en la necesidad de transformar sus políticas educativas y sus modelos de
enseñanza, hacia nuevas formas de pensamiento y actuación, orientadas hacia el
conocimiento de la realidad y la adquisición de nuevos valores.

La complejidad, descrita por Edgar Morín (2004) en su obra Introducción al Pensamiento


Complejo la describe como:

Un tejido (complexus: lo que esta tejido en conjunto) de constituyentes heterogéneos


inseparablemente asociados: presente la paradoja de lo uno y lo múltiple. Al mirar con
más atención, la complejidad es, efectiva mente, el tejido de eventos, acciones,
interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo
fenoménico. Así es que la complejidad se presenta con los rasgos inquietantes de lo
enredado, de lo inextricable, del desorden, la ambigüedad, la incertidumbre... de allí la
necesidad, para el conocimiento, de poner en orden los fenómenos rechazando el
desorden, de descartar lo incierto, es decir, de seleccionar los elementos de orden y de
certidumbre, de quitar la ambigüedad, clasificar, distinguir, jerarquizar..."

EL PARADIGMA HOLISTICO

La modernidad muestra signos de una sociedad "ansiogena"; al ser humano le resulta


difícil adherirse al cambio, a un progreso permanente y vertiginoso, cuya rapidez lo
perturba y desestabiliza. Emerge el desencanto, la abulia o el desenfreno; la exaltación de
los derechos y, a la vez, una ingenua justificación que soslaya deberes inseparables a
éstos.

Opciones de vida que trasuntan por una parte, una búsqueda de felicidad individual, con
una valoración de placer, en un intento de ser mas que nada "el mismo", o bien el escape,
la autocomplacencia, la enajenación, verse a si mismo como ajeno al mundo, incapaz de
integrarse a él, desagregado.

Una mirada retrospectiva de la humanidad permite constatar, por un lado, que esta
situación de crisis no es nueva; pero, por otro, rastrear y rescatar los planteamientos,
ideas y propuestas de filósofos, científicos y educadores frente a ello.

Se observa, este proceso, un conjunto de ideas vertebradoras, axiales y fundantes, que


convergen en un paradigma global, totalizante, holístico. Una respuesta amplia, integral y
unificadora, para fenómenos de iguales características . la educación debe atender y
acoger estas ideas, capitalizando la oportunidad que le ofrece la reforma educacional en
marcha.

PARADIGMA Y EDUCACION HOLISTICA

holístico, ya en su raíz etimológica holos, "todo", "entero", "completo", refiere y da cuenta


de un modo de considerar la realidad, primariamente como totalidades, "todos",
estructuras cuyos elementos o miembros se encuentran funcionalmente relacionados
entre si. Una especie de Espíritu-entidad, Nous, en la concepción de Anaxágoras y los
neoplatónicos, que compromete todos los procesos del universo. Esta visión de conjunto-
estructura, que define y da sentido a sus elementos constitutivos, se encuentra, en
similares términos, en los psicólogos "gestaltqualitat", Ehrenfels planteaba que en un todo
organizado subsiste una cualidad particular "gestalqualitat", fuera y por encima de la
suma de los componentes sensoriales, idea que recoge y profundiza Wertheimer al
señalar que "las partes están, pues, subordinadas a la totalidad; por ello es imposible
comprender un todo estructural a partir de sus ingredientes o partes, puesto que los
atributos de estas, en la medida que son accesibles a una definición, quedan establecidas
mediante sus relaciones con la configuración total que integran.
Hacia una mejor y más profunda comprensión de los principios y valores del paradigma
emergente

Pedagogía desde el corazón es un rizoma que engloba los Principios y Valores del Nuevo
Paradigma. Toda educación lleva implícita una ética, tanto del enseñar como del
aprender; además, involucra procesos que tienen que ver con la identidad no solamente
personal (autoreconocimiento) sino con la identificación con otras personas que conviven
en el planeta indistintamente de la región en que habiten (reconocimiento).

La complejidad y la incertidumbre son principios que rigen el modo de funcionamiento del


mundo actualmente. Tenemos que introducirnos más profundamente en la comprensión
del funcionamiento del universo sobre la base de lo que nos aporta la teoría del caos y
poner a un lado las que consideran el control y la predicción como los postulados
fundamentales que explican el funcionamiento del mundo. Así podríamos captar las
coincidencias que nos ocurren y que no podemos entender desde los esquemas
tradicionales (sincronicidad).

Podemos suponer que si un individuo se reconoce como parte de su entorno y asume que
no todo ocurre sólo en el plano material sino que toma conciencia de que existen otros
planos como el espiritual, empieza a vislumbrar o experimentar fenómenos asociados a la
alegría, al gozo, a la ternura, a la felicidad, que lo llevan a conformar su proceso de
autonomía y que le imprimen un carácter humanista que, a su vez, lo llevaría a
relacionarse de modo tolerante con los demás.
Profundizar en los aspectos espirituales de los individuos no se contradice con el
desarrollo del conocimiento; por el contrario, complementa e integra al ser con el saber,
en sus planos intelectual, físico y espiritual, los cuales, al fin y al cabo, conforman una
unidad armonizada.

Principios del paradigma emergente

El enfoque newtoniano-laplaciano y la utilización de ecuaciones matemáticas para calcular


casi cualquier cosa en física, química o biología, han sufrido muchos reveses al querer
predecir el comportamiento humano. El concepto matemático de sistemas dinámicos se
relaciona con la recurrencia (reversibilidad) de los fenómenos, idea que presupone que
todo fenómeno tiende a volver al estado inicial. Pero, considerando lo antes dicho en
cuanto a la dificultad para predecir el comportamiento humano, o a la dificultad para
predecir el clima y otros fenómenos similares, más allá de ciertos períodos de tiempo
determinados, ¿a qué podemos atribuir esta dificultad (digamos, más bien,
indeterminación)?

Si consideramos que todo lo que integra el universo forma parte de un sistema en no-
equilibrio, con un funcionamiento caracterizado por la no recurrencia (irreversibilidad), de
que el orden y el desorden, el determinismo y el azar pueden ser diferentes estados del
mismo fenómeno (Prigogine, 1997), de que si variamos las condiciones iniciales de un
fenómeno, puede darse lugar a tantos cursos de acción o resultados, más amplios o
mayores, aún cuando las variaciones iniciales hayan sido pequeñas (efecto mariposa),
podemos suponer que lo único cierto en el universo conocido es la indeterminación o
incertidumbre y que ello, en términos de Briggs y Peat (1999), es una cosa muy
estimulante, porque nos permite la posibilidad de innovar, de crear o de reformular las
ideas preconcebidas o estereotipadas.

Indeterminación (Incertidumbre)

Las leyes de Newton y de otras teorías físicas trajeron como resultado la idea del
determinismo científico, expresado inicialmente por Laplace. Fue en 1927 cuando Werner
Heisenberg, físico de origen alemán y dedicado al estudio de la física teórica, se dio cuenta
de que las reglas de la probabilidad que gobiernan las partículas subatómicas nacen de la
paradoja de que dos propiedades relacionadas de una partícula no pueden ser medidas
exactamente al mismo tiempo y que cualquier intento de medir ambos resultados,
conlleva a imprecisiones.

Esta afirmación de Heisenberg se tradujo en lo que fue denominado Principio de


Incertidumbre, mejor llamado Principio de Indeterminación, el cual vino a decir al mundo
que el resultado de una observación está vinculado a la presencia del observador.

El Principio de Indeterminación afectó profundamente al pensamiento de los físicos y de


los filósofos y ejerció una influencia directa sobre los aspectos filosóficos asociados al
concepto de causalidad, pero sus implicaciones para la ciencia no son las que se suponen
generalmente. Pareciera que lo derivado del principio de indeterminación tiende a anular
toda certeza acerca de la naturaleza, al suponer que el conocimiento científico está a
merced de los caprichos imprevisibles de un universo donde el efecto no sigue
necesariamente a la causa. Nada más lejos de la “verdad”: Si, por ejemplo, no se puede
predecir con certeza el comportamiento de las moléculas individuales en un gas, también
es cierto que las moléculas suelen acatar ciertas leyes, y su conducta es previsible sobre
una base estadística, tal como las compañías aseguradoras calculan con índices de
mortalidad fiables, aunque sea imposible predecir cuándo morirá un individuo
determinado.

Por su parte, una perspectiva que plantea el fin de la certidumbre (en términos de
Prigogine), nos permite apreciar y entender al mundo y a los seres vivos en permanente
interacción y no como elementos separados; ha permitido entender procesos tales como
la absorción atómica de los núcleos; ha permitido entender que el universo es complejo
pero no irracional, al favorecer la integración, mediante la mecánica cuántica, de
conceptos aparentemente contradictorios como determinismo y azar, desorden y orden.

A manera de corolario, afirmamos que:

 Podemos convivir en y con un universo lleno de probabilidades.


 Es posible el desorden y el orden, el azar y el determinismo: Esto es el caos.
 Lo único cierto es la indeterminación.
 Complejidad más anticipación igual a incertidumbre más acción (Wagensberg,
2003).
 La vida sólo es posible en un universo alejado del equilibrio (Prigogine, 1997).
 Necesitamos la incertidumbre para establecer relaciones afectivas, para aumentar
nuestros conocimientos, para fortalecer nuestra conciencia, y para desarrollar
nuestra autoestima. La incertidumbre ante el futuro, ha sido y será el motor que
mueve a la humanidad hacia delante. La seguridad absoluta en todos los órdenes
es parálisis, castradora de la personalidad y arrullo de vagancias (Zapatero, 2004).

Sincronicidad

Imaginamos que a muchos de nosotros, nos han ocurrido hechos o señales como dicen,
los metafísicos que nos conectan con ese espacio de la sincronicidad y no lo hemos
percibido como tal, por que no lo comprendemos. Muchas personas expresan testimonios
como estos: “en estos últimos días me han ocurrido cosas tan extrañas, que me han
alterado”. “Me estoy encontrando muy seguido contigo, ¿por qué?” “Estoy buscando algo
en el dormitorio y me aparece un objeto que estaba perdido o que tenía tiempo que no
veía”. En el marco de los principios del Paradigma emergente, podemos darle respuesta a
esas inquietudes e interrogantes que durante mucho tiempo, han estado allí en nuestra
mente como gestalts abiertas, es decir cosas inconclusas que ahora podemos retomar,
desde un espacio y paradigma diferente.

Deepack Chopra (2003), en su libro “Sincrodestino” plantea que más allá de nuestro ser
físico y de nuestros pensamientos, en nuestro interior existe un reino que es
potencialmente puro; en este lugar, cualquier cosa y todas las cosas son posibles. Incluso
los milagros, en especial los milagros.

El psicólogo C. G. Jung y el físico cuántico W. Pauli, coinciden en afirmar que existe en la


naturaleza un principio de vinculación no causal que se manifiesta a través de
coincidencias significativas. Dicho en otros términos, plantean la existencia de una
estrecha relación entre los acontecimientos interiores y los acontecimientos exteriores de
las personas.

El principio de sincronicidad puede ser entendido como “la coincidencia entre una imagen
mental y un hecho exterior objetivo que no están vinculados causalmente, pero que
establecen entre sí una relación de significación” (en línea: http://www.adepac.org/P06-
4.htm). David Peat (en Grandío, 2003), citando a Jung, señala que la sincronicidad es la
coincidencia en el tiempo de dos o más sucesos no relacionados causalmente, que tienen
el mismo significado o un significado parecido. También llamados actos creativos o
paralelismos acausales, las experiencias de sincronicidad se fundamentan en que las
coincidencias significativas no pueden concebirse como pura casualidad. Dado que dichos
fenómenos se multiplican y que es mayor y más precisa la correspondencia entre ellos, ya
no pueden considerarse pura casualidad, sino que, por falta de una explicación causal,
deben ser considerados combinaciones significativas.
Para complementar la tríada de la física clásica, Jung propuso la inclusión de la
sincronicidad para convertirse en una tétrada que hiciera posible el juicio completo; según
refiere Peat, sobre la base de conversaciones con Jung, la sincronicidad es para los otros
tres principios, lo que la unidimensionalidad del tiempo es para la tridimensionalidad del
espacio (Peat en Grandío, 2003). Esta relación fue ampliada posteriormente, con base en
la integración de los aportes que hiciera Pauli, incluyendo la relación opuesta
complementaria del espacio-tiempo con la sincronicidad.

Finalmente, podemos decir que la hipótesis radical subyacente a la sincronicidad es la de


suponer una conexión, en el sentido literal, entre la mente y la materia, entre lo psíquico y
lo físico.

Identidad – Autonomía

La identidad es considerada un conjunto de cualidades, virtudes, intereses, actitudes,


capacidades, potencialidades, situaciones y circunstancias de la vida que componen la
personalidad del individuo, fortalecen su autoestima y que forma parte del conocimiento
que se tiene de si mismo (Lozada,2006). Según esta definición, podríamos añadir que todo
aquello que nos representa y la forma como nos proyectamos ante el mundo, estaría
dentro del campo de la identidad de la persona.

De acuerdo a la forma con que abordemos ese proceso de identidad, surge la autonomía;
ésta se ubica como un proceso de autodeterminación, de libertad que se logra en base a
la experiencia, al contacto con los otros y con el medio. Este cúmulo de práctica, hábitos y
costumbres repercuten positivamente para alcanzar esa interdependencia en el fluir
armónicamente con las otras personas que nos rodean. En el caso contrario que la
experiencia no favoreciera el crecimiento hacia la autonomía, desarrollaríamos patrones
de conducta dependientes (sumisos) o contradependientes (rebeldes).

Complejidad

Al hablar de complejidad necesariamente nos referimos a los estudios de Edgar Morin,


quien expresa que la palabra complejidad viene de complexus: lo que está tejido en su
conjunto. Un grupo de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados,
presenta la paradoja de lo uno y de lo múltiple.

Morin toma el planteamiento de Pascal: “El todo está en las partes y las partes están en el
todo” para explicar el funcionamiento de la complejidad, que según sus propias palabras
es como un matrimonio mal llevado entre el orden y el caos. Define tres principios: el
principio hologramático, en el que no sólo la parte está en el todo, sino el todo, en cierto
modo, está en la parte. Las relaciones que se establecen entre el todo y las partes son
complejas: La unión de las diversas partes constituye el todo, que a su vez retroactúa
sobre los diversos elementos que lo constituyen confiriéndoles propiedades de las que
antes carecían. El producto es productor de lo que se produce, y el efecto causante de lo
que causa. Lo que Morín llama principio recursivo organizacional, que junto al principio
dialógico, que se basa en la asociación compleja de instancias necesarias juntas para la
existencia, el funcionamiento y el desarrollo de un fenómeno organizado, estos
instrumentos son los que nos ayudan a movernos en la complejidad (en Villanueva, 2004).

Este planteamiento no coloca en el punto intermedio entre lo que creímos y como fuimos
educados y los nuevos acontecimientos que se nos presentan y que no podemos
explicarlos, con esos conocimientos. ¿Qué hacer ante tal disyuntiva? En estas nuevas
teorías podemos encontrar, por lo menos, explicación con respecto a algo, que no
podemos explicar. Por ejemplo, el caso de una persona moribunda, que renace de sus
cenizas, a pesar de los pronósticos médicos, los cuales le daban horas vida. A partir de ese
momento, su vida cambia y se autoorganiza de una manera diferente, hacia la salud.
Retomando la explicación de Prigogine, entre más desorden haya, más cerca estamos del
equilibrio.

La aceptación de la confusión puede convertirse en un medio para resistir a la


simplificación mutiladora. Nos falta un método en el comienzo, pero podemos disponer
de un a-método en el que la ignorancia, incertidumbre, confusión, se convierten en
virtudes.

Nuestra expuesta pretensión de no renunciar al todo y a las partes parece convertirse en


una empresa imposible, deviene un círculo vicioso, atenazado por la imposibilidad lógica,
la imposibilidad del saber enciclopédico y por la renuncia omnipotente del principio de
disyunción y la ausencia de un nuevo principio de organización del saber.

Conservar la circularidad es "respetar las condiciones objetivas del conocimiento


humano", que conlleva siempre paradoja e incertidumbre. La circularidad nos permite un
conocimiento que reflexiona sobre sí mismo, transformando el círculo vicioso en círculo
virtuoso. Hay que velar, como nos recuerda Morin, por no apartarse de la circularidad: "El
círculo será nuestra rueda, nuestra ruta será espiral".

Necesitamos reaprender a aprender, constituyendo "un principio organizador del


conocimiento que asocia a la descripción del objeto, la descripción de la descripción, y el
desenterramiento del descriptor. Nos encontramos ante el nacimiento de un nuevo
paradigma: el Paradigma de la Complejidad, que se empieza a gestar en las crisis que
afectan al conocimiento en nuestro siglo. Un Paradigma que acepta que el único
conocimiento que vale es aquel que se nutre de incertidumbre y que el único
pensamiento que vive es aquel que se mantiene a la temperatura de su propia
destrucción. (Villanueva, 2004).

Podríamos concluir que complejidad es sinónimo de evolución, de cambio, de avance


hacia nuevas fuentes del saber, del aprender, del vivir, del compartir. Aspectos que nos
socializan y nos humanizan cada día más; es maravilloso despertarse y sentir la liviandad y
la despreocupación que produce el no tener el control de las cosas. “Bienvenida sea la
complejidad en nuestras vidas”.
Valores del paradigma emergente

Se concibe a los valores como pautas o abstracciones simbólicas que orientan la actuación
del ser humano, como individuo y como colectivo. Desde una visión sociocultural, se
asume que los grupos sociales crean sus propios valores y su propia cultura a partir de un
proceso dialéctico de reproducción y transformación. En este proceso de creación social
intervienen opciones y prácticas cotidianas que son objeto de escogencias y decisiones
grupales las cuales están influenciadas por el ethos colectivo.

Los valores son expresados en la interacción social mediante acciones, actitudes y juicios
valorativos, cuyo contenido y significado tienen relación con los sentimientos y
emociones, creencias y preferencias, circunstancias, necesidades, motivaciones e
intereses, normas y patrones de comportamiento, conocimientos y experiencias del
individuo en su contexto social. Las acciones, actitudes y juicios valorativos se traducen en
lo que dicen y lo que hacen los sujetos.

Desde una perspectiva moral, los valores son cualidades según las cuales los actos
humanos pueden ser buenos y aceptables para el individuo y la sociedad. La ética hace
referencia a valores universales de naturaleza moral; cuando una acción es conveniente o
favorable es considerada buena y cuando perjudica o destruye es calificada como mala.
Las cualidades buenas son llamadas valores y las malas antivalores.

Dimensión Humana

La Dimensión Humana posee gran valor dentro de la concepción del paradigma


emergente, en cualquiera de las diferentes disciplinas, ya que, darle al ser humano un
lugar preponderante en el proceso de cambio que le permita actuar como colectivo
impulsado por la fuerza del pensamiento en las representaciones de lo que esperamos y
deseamos para la sociedad del siglo XXI, puede significar un gran avance, al convertirse
ese colectivo en ente participativo y autorrealizador de las necesarias transformaciones.

Los valores deseables, junto con las nuevas actitudes y los nuevos estilos de vida, están
siendo promovidos por gran número de movimientos como el ecologista, el pacifista y
feminista, el movimiento de la salud holística y el potencial humano, corrientes
espirituales, movimientos de liberación étnica y en defensa del tercer mundo, los cuales
se han convertido en una poderosa fuerza de transformación social, que es llamada
cultura naciente (Capra, 1992). Es en esta nueva visión del mundo que queremos, donde
la Dimensión Humana juega un papel primordial convirtiéndose en el valor rector del
nuevo paradigma, necesario para que los diferentes movimientos planteados logren sus
objetivos de transformación y trascendencia social.

En palabras de Vandana Shiva: “Debemos crear procesos de conocimiento que se


contrapongan al ideal baconiano de descubrimiento de las leyes naturales por la
manipulación. Buscar el conocimiento a través de la identificación y no del control, a
través de la participación y no del dominio. Participar en la vida del organismo no es solo
un método más efectivo para conocerlo es una fuente de liberación y fuerza para el
conocedor”. En este pensamiento podemos percibir la necesidad de un enfoque con
dimensión humana, basado en la participación plena y activa de los seres humanos en los
procesos destinados a devolverle a la vida en nuestro planeta el pleno sentido de gozo y
felicidad que permita convivir en armonía.

Hablar de dimensión humana como uno de los valores del paradigma emergente, es
referirnos a una forma de pensar que tenga como fundamento la escala de lo humano;
con una sensibilidad hacia la vida como una totalidad y al mismo tiempo hacia la
cotidianidad, hacia los pequeños detalles del día a día, hacia la existencia. Quizás con esta
visión podamos entender nuestro mundo y la posición que en el ocupamos. Esto debería
ser fácil si el hombre conservar su esencia como ser vivo que forma parte de un universo
donde la diversidad es la norma y en el cual existen diferentes formas de vida.

Hay que recordar que en el ser humano moderno se manifiesta un desequilibrio entre su
capacidad intelectual la cual se ha súper desarrollado y sus capacidades físicas y
emocionales, las cuales se han atrofiado. Este desequilibrio se refleja precisamente en el
deterioro de la sensibilidad natural y del modo de reaccionar ante la vida y sus realidades
cotidianas.
Siguiendo el planteamiento del filósofo y educador, Daisaku Ikeda, en la necesidad de una
profunda toma de conciencia, buscando reafirmar quiénes somos y qué estamos
haciendo. Tenemos que restaurar nuestra percepción de la vida en sí misma, nuestra
conciencia manifiesta de las realidades del hacer cotidiano; y es aquí donde debemos
aferrarnos firmemente al ritmo del ecosistema natural.

Para poder hablar de una dimensión humana que fortalezca el nuevo paradigma esta debe
estar sustentada en el autocontrol y la moral. Necesitamos una profunda toma de
conciencia que implica reafirmar el reconocimiento de quienes somos y que estamos
haciendo, para posibilitar la creación de formas de autocontrol y autodominio que son las
que legitimarán el liderazgo moral de los pueblos. Debemos resolver la crisis de identidad
del ser humano y restablecer las conexiones orgánicas vitales con el cosmos.

Dimensionar la vida con un enfoque a escala humana es lo que puede cambiar lo que en
este momento parece una realidad inmutable: la separación entre norte y sur, el inmenso
abismo entre riqueza y pobreza, las grandes diferencias en posibilidades de acceso a la
educación y a la salud, la desigualdad en los avances tecnológicos y comunicacionales, el
ataque despiadado a la naturaleza y el irrespeto a otras formas de vida causando un
desequilibrio ecológico sin precedentes y sobre todo la amenaza del fantasma de la
guerra, la opresión del más débil por el más fuerte, la posibilidad de que países que
poseen poder económico y desarrollan programas nucleares y, bajo la mirada indiferente
de la comunidad mundial, puedan arrasar con culturas milenarias y vidas inocentes
impunemente, la guerra fratricida entre pueblos, promovida por intereses económicos y
políticos de otras naciones y el irrespeto a los derechos humanos que parecieran no ser
universales.
Hay que formar una nueva conciencia y crear valores genuinos y perdurables. Solo la
voluntad y la acción de los hombres construirán la historia con visión de un nuevo
horizonte. En el tránsito por el nuevo siglo tenderemos que enfrentar problemas. Las
personas tendrán que trascender sus propios intereses nacionales y considerar la
situación que vive el mundo como una totalidad. El desafío es trazar un nuevo rumbo en el
siglo XXI aplicando las lecciones de nuestra época y al mismo tiempo buscar los tesoros
espirituales que palpitan en las corrientes profundas de la historia. Considerar el estado
de la humanidad desde la perspectiva del futuro, buscar el equilibrio, el gozo y la felicidad
para todos los seres del planeta.

Espiritualidad

Ego: ubicado en la periferia del loto. Representa la racionalidad y el pensamiento


secuencial. Zohar (2001) plantean la teoría del loto del ser en la que se describe un
modelo psicológico del ser humano y su personalidad, indicando que los propuestos hasta
ahora se limitan a describir la capa exterior (consciente, racional) y la interior
(subconsciente, asociativa). Se incorpora un centro unitivo, espiritual. Para la presentación
del modelo eligieron la simbología de la flor de loto, la cual representa para los filósofos
hindúes: la realización espiritual, y para los budistas: la propia naturaleza del Buda, que
yace en el corazón de todo ser humano. Dicho modelo grafica las capas de esta flor
asignándole alguna de las capas del “YO”: Subconsciente: Es el centro asociativo. Tiene
que ver con las motivaciones, imágenes, arquetipos. Por ello influencia, desde dentro, la
personalidad y el pensamiento. Pero también es la “máscara” con la que me presento al
mundo, “la persona que creo ser”.

Yo; Es el centro del ser: se encuentra en la esencia del ser, su función es básicamente
unificadora o interrogadora. Vinculado a las preguntas trascendentes.

Este modelo propone entonces, el reconocimiento de la esencia espiritual del hombre. Por
ello, incorpora la idea de la inteligencia espiritual (IES) a las ya conocidas inteligencia
emocional (IE) y cociente de inteligencia (CI). Los autores explican que una mera
inteligencia racional no es suficiente para enfrentar las interrogantes existencialistas del
ser humano. Las respuestas no son meramente racionales ni emocionales.

Tal y como lo plantean los autores: “La inteligencia espiritual es el alma de la inteligencia”
(p.24). Esta inteligencia no actúa de acuerdo a los valores de la persona, sino que es la que
nos permite tener valores. De hecho, este planteamiento lo podemos relacionar con el
“punto crucial” descrito por Capra, pues se plantea que la crisis que atravesamos hoy día
es una consecuencia del poco desarrollo de la inteligencia espiritual de los humanos:
“Ignoramos las cualidades humanas y nos concentramos en actividades frenéticas, en
“ganar y gastar”. Menospreciamos fatalmente lo sublime y lo sagrado dentro de nosotros
mismos, de los demás y de nuestro mundo”. (p.30)

En el texto se plantea que, con anterioridad, las comunidades sociales tenían mayor
claridad acerca del sentido de la vida (objetivos, valores, reglas claras). Parecían no ser
necesarias o comunes las interrogantes existencialistas. Actualmente, carecemos de estas
claridades, vivimos en un mundo de excesiva racionalidad y quizá por esta necesidad,
nuestro cerebro ha evolucionado.

Tal parece que poseer un alto nivel de inteligencia ofrece la oportunidad de usar lo
espiritual para proporcionar un mayor contexto y sentido a la existencia, para lograr una
experiencia de totalidad, destino y realización personal. La IES nos permite comprender
una situación y usar nuestro libre albedrío para romper límites e incluso reglas si es
necesario. Nos permite una verdadera y propia comprensión de la realidad.

Nuestro sistema educativo descansa sobre las bases de la cultura occidental,


obstaculizadora por naturaleza, del desarrollo de la inteligencia espiritual. La crisis de
valores que atraviesa nuestra sociedad, parece ser consecuencia del escaso desarrollo de
esta inteligencia, por lo que resulta indispensable incorporar entre los planteamientos y
fundamentos de la pedagogía del siglo XXI, el desarrollo de la inteligencia espiritual a
través de experiencias significativas, profundas y trascendentes que atiendan a las
necesidades esenciales del Ser.

Usar nuestra IES significa transformar nuestra conciencia, descubrir capas más profundas
de nosotros mismos. Nos obliga a encontrar una base en nuestro propio Ego desde la cual
recuperar un sentido que nos trascienda. No será tarea fácil para la gente acostumbrada a
seguir paso a paso, mecánicamente recetas de perfeccionamiento. (p.45)

Ética

Ética puede ser definida como la ciencia y la rama de la filosofía que estudia la bondad o la
maldad de los actos humanos, entendiéndose como actos humanos aquellos que son
ejecutados libre y racionalmente por el hombre.

El conocimiento holístico en ética presenta dos conceptos que aclaran el modo de cómo
son captadas en la mente los temas propios de la Ética: Verstand y Vernunft. Verstand
significa intelecto. Se trata de la inteligencia o sea la conceptualización, análisis,
razonamiento y percepción con toda claridad de un significado, La Verstand nos puede dar
el concepto de un valor, pero nunca hacernos percibir el valor en sí mismo. Es ahí donde
entra el concepto Vernunft, un modo de captar la realidad sin necesidad de conceptos,
una manera personal y subjetiva del valor. Por lo tanto, puede aceptarse que la ética es
tan objetiva como subjetiva.

La moral es el hecho objetivo y real que está presente en todas las sociedades, es un
conjunto de normas que se transmiten de generación en generación, que evolucionan a lo
largo del tiempo y poseen fuertes diferencias con respecto a las normas de otra sociedad y
de otra época histórica, siendo utilizadas para orientar la conducta de los integrantes de
esa sociedad. La moral es impositiva y por lo tanto mecanicista, mientras que la ética
surge en la interioridad de una persona, como resultado de su propia reflexión y su propia
elección. De esta relación podría también surgir el concepto de que la ética es el
conocimiento organizado de la moral. Y ambas, moral y ética, influyen en la libertad del
ser humano.

Ya en el siglo XXI, sabemos que no hay nada estable, que lo único estable es justamente el
cambio. Es por esto que los paradigmas emergentes han influido en la definición de
normas sociales obligatorias a cumplir por el individuo para su convivencia (moral) y en la
reflexión que sobre ellas ha hecho el hombre para asumirlas o no como guías de conducta
(ética). Ya sabemos que la moral se mantiene en criterios lineales, objetivos, racionales e
impositivos hasta el punto de transmitirse de generación en generación, mientras que la
ética por su carácter individual e interno, permite interconexiones profundas entre el
mundo interno del individuo (lo no observable) y el mundo externo (observable,
consciente).

Por lo tanto, el ritmo de cambio, orden y caos social obliga a la formación individual de
una ética que conserve la importancia del bienestar comunitario, en el que todos
“éticamente”, por convicción y reflexión, nos interconectemos en la construcción social y
el rescate de aquellos valores que han sido erradicados o deformados por el pensamiento
lineal. El Yo profundo, el “ser” más allá del “tener”, el ser espiritual y reflexivo nos guiará a
conocer valores superiores y comunitarios que inciden en la vida humana.

Una frase interesante de referir es la que afirma que todos estamos unidos por el aire que
respiramos. Respiramos el mismo aire, las moléculas de otros nos respiran: esto denota
que somos la unidad en la diversidad. Sin embargo, decimos que somos individuos
separados. No deberíamos olvidar que somos sistemas vivientes en un continuo
interactuar en el que nos afectamos mutuamente. ¿Puede entonces la ética ayudarnos a
convivir mejor? Estamos seguros que sí.

Felicidad, Gozo y Ternura

Estamos frente a un mundo lleno de gente que cree que ser feliz es poseer cosas
materiales o alcanzar el éxito profesional, o tener una familia, unos hijos, una casa, etc.
Pero no se profundiza en lo que es verdaderamente la felicidad. El gozo, parece estar
asociado con mostrar a los demás lo que se tiene y no a disfrutar de lo que se es. Hay una
idea interesante que se refiere a que hoy en día vivimos en un mundo donde hay que
tener, para poder hacer y en función a esto ser. Esto significa que si mostramos a los
demás lo que tenemos: dinero, objetos, carro, casa, un buen trabajo, muchos títulos,
estatus social, eso es lo que nos permitirá hacer: un mejor trabajo, las cosas que
deseamos – o la que los demás quieren que hagamos -, ayudar a otros, estudiar una
profesión, algún pasatiempo, para finalmente ser algo o alguien en la vida.

El paradigma correcto se centra en ser, estar conectado consigo mismo, son sus
necesidades, deseos, fortalezas, áreas por mejorar, para, en función de ese ser poder
hacer las cosas que verdaderamente nos gustan, lo que verdaderamente deseamos y a
partir de allí tener las cosas que necesitamos, deseamos y merecemos.
No significa esto que el tener o poseer no sea importante, sino que lo que tengamos sea
un apoyo para ser felices, estar en un estado de gozo, satisfacción y poder ver el mundo, a
uno mismo y a los otros desde la ternura, la comprensión, el amor y el perdón.

Esto nos habla de la necesidad de que el nuevo paradigma incluya la dimensión humana,
emocional y espiritual de las personas. Es una necesidad latente y de allí lo importante de
buscar el camino, pero, ¿el camino a qué? …¿a la felicidad?...y entonces, ¿qué es la
felicidad?

La felicidad puede ser definida como un estado psicológico que trasciende la noción del
estado anímico. Dota, a quien lo disfruta, de la sensación de autorrealización y plenitud
para con uno mismo y los elementos del entorno circundante, ya sea éste físico o
imaginado. Cabe decir que, tal sensación de autorrealización y plenitud, confiere a las
personas felices una mayor serenidad y estabilidad en sus pensamientos, emociones y
actos. Jackson (2000) plantea que “…todos tenemos la capacidad de ser felices. No
importa el dinero que tengas o no tengas, no importa el tipo de trabajo ni el lugar donde
vivas. Cualesquiera que sean tus circunstancias presentes, tienes en ti mismo no solo el
poder de ser feliz, sino el poder de experimentar una gran abundancia de felicidad. La
abundancia de felicidad no es sólo librarse de la depresión y del dolor, sino que más bien
consiste en una sensación de alegría, de contento y de maravillado asombro ante la vida.

” (p. 7)

En Osho (2005) se plantea que “el sufrimiento puede darte muchas cosas que no te da la
felicidad. Aún más, la felicidad te quita muchas cosas. La felicidad te quita todo lo que has
tenido, todo lo que has sido; la felicidad te destruye. El sufrimiento nutre tu ego, y la
felicidad es fundamentalmente un estado en el que no existe el ego…La felicidad es
simplemente felicidad. Te transporta a otro mundo. Se deja de formar parte del mundo
creado por la mente humana, se deja de formar parte del pasado, de la terrible historia.
Se deja de formar parte del tiempo. Cuando eres realmente feliz, dichoso, el tiempo
desaparece, y también el espacio” (p.99 y 100).

“El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional”. Anónimo (en Marinoff, 2003)

La felicidad no tiene nada que ver con el triunfo; la felicidad no tiene nada que ver con la
ambición; la felicidad no tiene nada que ver con el dinero, ni el poder ni el prestigio. La
felicidad está relacionada con tu consciencia, no con tu carácter. Osho (2005)

El gozo está asociado con sentir placer, experimentar gratas emociones. Las emociones
pueden ser consideradas como sentimientos que surgen como reacción a un estímulo
externo o interno, sirven como mecanismo comunicativo y afectan al pensamiento y a las
acciones de la persona.
El gozo está asociado con un estado de satisfacción, con sensaciones agradables, con el
disfrute de la vida, las personas, los momentos. El gozo es una evidencia de felicidad, es
dejarse afectar por las sensaciones agradables y placenteras, sin permitir que los juicios o
creencias negativas invadan y eliminen la posibilidad de gozar. Se disfruta con todo el
cuerpo, con la mente, en ese proceso de dejarse llevar por la energía de lo que sucede en
el aquí y el ahora.

La ternura es un comportamiento que muestra la capacidad de ser afectuoso, cariñoso y


amable. Es mostrar a los demás los sentimientos positivos, es proporcionar amor.

La ternura se encuentra en directa relación con los otros. No podemos mostrar nuestra
ternura sino a través de los otros. Un maravilloso ejemplo de ternura son los niños,
quienes son un reflejo del amor sin contemplaciones, sin tabúes, sin límites. La ternura es
la demostración del amor. En palabras de Roque Schneider: “El amor es la mejor música
en la partitura de la vida. Sin él serás un eterno desafinado en el inmenso coro de la
humanidad”

Las leyes del caos y la pedagogía desde el corazón

¿Cómo es posible la existencia en un mundo tan complicado, donde estamos expuestos a


muchas enfermedades producto de la contaminación, en el cual cada día es más común la
pérdida de valores y principios?

¿Cuál es la motivación que orienta a los seres humanos a querer vivir en un mundo así?

Tal vez las leyes del caos, nos permitan visionar de qué manera los seres humanos
podemos redimensionar nuestro paradigma de vida, para estructurarlo de una forma más
agradable, humana, sencilla, saludable, vital y armoniosa. De ahí, que en los
planteamientos de Briggs y Peat, en su libro “Las siete leyes del caos” encontramos
interesantes formas de reorganizar nuestras vidas para una mejor convivencia con los
otros y con el planeta.

Tradicionalmente el mundo ha sido concebido desde enfoques clásicos como el


newtoniano-la placiano, usando ecuaciones matemáticas para calcular cualquier cosa en
física, química o biología; sin embargo estos cálculos han sufrido reveses al tratar de
predecir el comportamiento humano. Sin embargo, la dificultad de poder predecir tanto el
comportamiento humano, como otros fenómenos similares, es lo que se le puede atribuir
al principio de indeterminación o incertidumbre, que en términos de Briggs y Peat,
pueden convertirse en “una cosa estimulante, que nos permite innovar, crear o
reformular las ideas preconcebidas o estereotipadas (Almeida, 2006).

Cuando hablamos de caos, nos referimos a esa interconexión subyacente de


acontecimientos que se manifiestan aparentemente producto del azar. La ciencia del caos
se centra en modelos ocultos, en los matices, en la sensibilidad de las cosas y en las reglas
cómo lo impredecible conduce a lo nuevo.
Las ciencias del caos nos invitan a cambiar la obsesión que tenemos, específicamente los
occidentales sobre el control de la incertidumbre, por la creatividad y la sutileza. Todos
estamos conscientes de cómo florece la creatividad en momentos de caos, los vivimos
recientemente en nuestro país, con los problemas políticos que de alguna manera nos han
marcado, según unos para bien y según otros para no tan bien.

Significa esto que la creatividad, es ese momento mágico en que soltamos el control y la
verdad aflora suavemente y nos interconecta. La lógica clásica y el razonamiento lineal
ocupan claramente un puesto importante, pero la creatividad del caos sugiere que el
modo actual de vida necesita algo más. Lo que precisa es un sentido estético: un
sentimiento apropiado, de lo armónico y de lo que crecerá y morirá. Pactar con el caos
nos da la posibilidad de vivir como no controladores de la naturaleza, sino como
controladores creativos.

Esa manera suave de aceptar las cosas que suceden se traduce en salud y bienestar para
las personas, es no resistirse a los cambios, tomarlos como algo natural, practicar aquello
de ¡Qué bueno es no tener la razón!, una fórmula infalible para descansar la mente y
soltar las preocupaciones del día a día.

La metáfora del caos nos enseña que más allá de nuestros intentos por controlar y definir
la realidad, se extiende el riquísimo, e incluso infinito reino de la sutileza y la ambigüedad,
dónde la vida se vive en plenitud. La teoría del caos nos muestra lo aparentemente
pequeño e insignificante que pueden acabar siendo las cosas si se asume un papel
principal en el modo en que éstas se producen. Si prestamos atención a la sutileza, nos
abrimos a dimensiones creativas que vuelven más profundas y armoniosas nuestras vidas.

En el caso de nuestro rizoma “Pedagogía desde el corazón”, encontramos una profunda


conexión con la posibilidad de mantenernos saludables, productivos y activos por el
tiempo que nosotros así lo decidamos. La primera ley del caos, nos explica la magia de
mantener los sistemas caóticos a través de la auto-organización. Tiene que ver con el
modo en que la naturaleza crea nuevas formas y estructuras, con imprecisión y confusión;
en otras palabras es ser creativo, ir más allá de lo que conocemos, llegar a la verdad de las
cosas. La verdad es algo que se vive en el momento y que expresa nuestra vinculación
individual con el todo. Vivir con dudas creativas significa descubrir que la verdad no puede
medirse con palabras.

Enseñar y aprender desde esta perspectiva crea un abanico de posibilidades


insospechadas para los seres humanos, nos ubica en un espacio-tiempo infinito, pero a la
vez finito, porque lo podemos circunscribir a una situación específica.

Los tres pasos de la primera ley del caos, ley del vórtice: ser creativos, nos da la pauta: 1)
la turbulencia; para ser creativos necesitamos la ambigüedad de saber y no saber, de lo
inadecuado, de la incertidumbre, de la alegría, del horror, de la aceptación de los rasgos
metamórficos y no lineales de la realidad, es decir todas las facetas del caos creativo. 2) la
bifurcación y la amplificación, un error en un experimento bien planificado, puede crear
un punto de bifurcación, un momento de verdad que amplía y da lugar a la auto-
organización del trabajo y 3) el flujo abierto, partiendo del caos y la creatividad en nuestro
trabajo o en nuestra vida, a veces se produce la bifurcación, entonces la semilla germina y
es la flor de una creación que fluye sin obstáculos. El flujo es el período del proceso
creativo en el que la autoconciencia desaparece, el tiempo se desvanece o se llena por
completo y la actividad absorbe por completo. Se tiene una intensa clarividencia acerca
del momento. Los momentos del flujo y la excitación consiguiente, son la recompensa por
el descenso previo al caos, la incertidumbre, la incomodidad o el choque por la simple
ignorancia.

El mayor acto que los hombres hacen del intelecto creativo no se produce en el arte o en
la ciencia, sino en los actos espontáneos del día a día que permiten mantener la cohesión
social. La teoría del caos nos enseña que cuando nuestra perspectiva cambia, nuestros
grados de libertad se expanden y experimentamos la verdad y el ser: entonces somos
creativos, y allí se revela nuestro verdadero yo.

Segunda, ley de la influencia sutil: usar el efecto mariposa. Esta ley se puede explicar a
través del experimento de Lorenz, según el cual, se creó un modelo matemático para la
predicción atmosférica. Dada la necesidad de realizar gran cantidad de cálculos, decidió
suprimir tres decimales en los cálculos a fin de facilitarlos. Lo que le sorprendió fue la poca
semejanza entre los datos calculados con 6 que con tres decimales. El problema es que
cuando los datos de cada fase del cómputo fueron retroalimentados, la pequeña
diferencia inicial fue rápidamente ampliada. Por lo tanto, este sistema creado por Lorenz
es lo que los matemáticos llaman sistema no lineal. Es característico de tales sistemas que
diminutas influencias pueden actuar de un modo tal que transformen todo el sistema.

En vez de ver la no linealidad del sistema como un cierto tipo de defecto, Lorenz se
percató que lo que estaba sucediendo en su ecuación era muy fiable respecto de lo que
estaba ocurriendo con el tiempo real atmosférico. Como el tiempo atmosférico es un
sistema caótico lleno de retroalimentaciones reiteradas, es no lineal, y ello lo hace
increíblemente sensible a las pequeñas influencias. Esta sensibilidad procede del hecho de
que ligeros aumentos en la temperatura, velocidad del viento o la presión, crean ciclos a
través del sistema y pueden acabar produciendo un gran impacto. Por lo tanto Lorenz, se
preguntó ¿provoca el aleteo de una mariposa en Brasil un tornado en Texas?

En un sistema caótico todo está conectado con todo lo demás, mediante la


retroalimentación positiva y negativa. Así en algún punto del mundo real, uno de esos
aleteos de mariposas está impulsando un frente o cambiando la temperatura de uno u
otro modo. Tanto la naturaleza, como la sociedad y en nuestras vidas cotidianas, el caos
gobierna a través del efecto mariposa.

Según esta ley cualquier cosa que cada individuo pueda hacer desde su espacio puede
repercutir positivamente o negativamente en los espacios de los otros. Al relacionar esta
ley con los procesos humanos de interacción, no solo podemos reconocer lo importante
de influir sutilmente en los otros, en relación con su aprendizaje, a través de la sutileza del
lenguaje, de persuadir al otro de lo importante de su cuerpo, de su mente y de su espíritu,
en el proceso educativo, lo que percibe de su entorno, familiares, maestros y sociedad y lo
que asimila de estas experiencias en las que interactúa.

Tercera, ley de la creatividad y la renovación colectiva: seguir la corriente. Esta ley nos
conecta, desde la perspectiva del caos con toda la actividad en la sociedad, y nos
percatamos de que toda esa acción en la naturaleza es colectiva; en el caos, los individuos
son parte indivisible del todo. El caos ofrece muchas sugerencias sobre las formas curiosas
y paradójicas de relacionarse las personas y los grupos.

El caos nos demuestra que cuando diversos individuos se autoorganizan son capaces de
crear formas muy adaptables y resistentes. Por ejemplo, la selva tropical es un delicado
ejemplo de cooperación y coevolución. Al igual que la selva, el proceso de educar, parte
de una dinámica creativa y en constante desarrollo, y por lo tanto, proclive a cambios
permanentes, de ahí que el efecto reduccionista de luchar por aprender, por conocer
nuevas cosas, puede ser sustituido por el de fluir, suave y armoniosamente con la
corriente de la vida, sin resistirnos, sino buscando ese momento de bifurcación que nos
permite la creación de nuevas estructuras de funcionamiento individual y colectivo.

Los sistemas caóticos se retroalimentan continuamente con los llamados atractores


externos, buscando el equilibrio interno, a través de la información externa. Así, cuando
los individuos se unen, se pierden algunos grados de libertad, pero se descubren otros
nuevos. Una inteligencia colectiva emerge, un sistema abierto, absolutamente
insospechado y muy lejos de lo que cualquiera podría haber esperado al contemplar a los
individuos actuar aislados. El esquema de funcionamiento es más cooperativo que
competitivo, se basa en la suma de esfuerzos, en el compartir de ideas, de aportar
soluciones para el bien de todos.

La cuarta, ley de lo simple a lo complejo: explorar qué hay en medio, nos revela que
aquello que pueda parecer muy complicado, puede tener un origen muy sencillo, mientras
que la sencillez superficial puede ocultar algo sorprendentemente complejo. La teoría del
caos sugiere que es posible descubrir una salida si aceptamos la danza dinámica del caos
entre la simplicidad y la complejidad.

Estas ideas suelen ser inspiradoras de muchas cosas que los humanos podemos realizar,
sin angustias ni estrés; desde entender las innumerables posibilidades que tenemos de
vivir bien, saludablemente, desde el gozo, la alegría, como un acto sencillo del día a día,
pero con una profunda repercusión para los que nos rodean y para nuestro planeta. Vivir
con plenitud, significa que todas las acciones de la existencia, repercuten en las ideas, las
interrelaciones, la utilización y distribución apropiada de los recursos de la naturaleza,
apreciar el valor del colectivo, desde la biodiversidad, la educación desde el amor, los
valores y los principios. Todos estos aspectos, como lo plantean Briggs y Peat, pueden
danzar desde lo simple hasta lo complejo, sencillamente averiguando por qué están ahí,
en lo que los científicos llaman la intermitencia.
La teoría del caos nos plantea que cuando la vida nos parece más compleja, un orden
simple parece estar esperándonos a la vuelta de la esquina. Y cuando las cosas nos
parecen simples, deberíamos descubrir los matices sutiles que están escondidos. La teoría
del caos parte de que la complejidad y la simplicidad no están presentes de modo
inherente en los propios objetos, sino en el modo en que las cosas interactúan entre sí y
nosotros con ellas.

La quinta, ley de los fractales y la razón: observar el arte del mundo, nos hace referencia
a las huellas, las pistas, las marcas y las formas realizadas por la acción de sistemas
dinámicos caóticos. Una forma fractal es la forma única y efímera de un copo de nieve.
Los matemáticos han imitado esos fractales naturales usando varias clases de fórmulas de
retroalimentación no lineales. Aunque infinitos en detalles, los fractales matemáticos
carecen de la sutileza de su equivalente en la naturaleza. Sin embargo, han aproximado a
los científicos a la visualización de los movimientos reales del caos que hacen posible los
fractales naturales.

Mandelbrot introdujo la idea de los fractales, para determinar la longitud de la costa de


Gran Bretaña; y llegó a la conclusión de que ésta costa era infinita, y se puede añadir que
no solo la costa es infinita, sino que, como sufre la acción de la erosión, es una infinitud
que cambia permanentemente. Mandelbrot también descubrió que toda línea costera,
desde la más pequeña isla desierta hasta las del continente americano, tienen una
extensión infinita. Una línea costera se forma por la acción caótica de las olas y otras
fuerzas geológicas. Estas actúan a cada escala para generar, formas que repiten, a escalas
más reducidas, un modelo aproximadamente similar al que es visible a gran escala. Dicho
de otro modo, el caos genera formas y deja huellas que poseen lo que los científicos
denominan “auto semejanza a muchas escalas diferentes”.

El término auto semejante incluye esta idea de las diferencias individuales y la


singularidad, así como las similitudes. Como ya hemos dicho, hay un amplio abanico de
auto semejanza fractales que se dan tanto en las formas de la naturaleza como en la
conciencia humana. En algunas formas fractales, particularmente aquellas generadas por
las pantallas de los monitores de las computadoras mediante fórmulas matemáticas, la
auto semejanza tiene algo de mecánica. En otros fractales, de la naturaleza y del arte, lo
que es auto semejante se halla mezclado con lo que es diferente, de forma tal que
constituye un desafío a la descripción.

La educación cuando es considerada un acto de amor, de entrega, de compartir


sentimientos, nos da indicios de las semejanzas y diversidades dentro de las cuales se
mueven los seres humanos, al apreciar la diversidad, nos conectamos más, nos
interrelacionamos, respetando con sutileza las particularidades llegamos a las auto
semejanzas. Aprender a convivir con personas que se parecen o que piensan igual que
nosotros, es una tarea relativamente fácil; el gran reto es convivir con aquellas personas
que no se parecen, ni comparten las ideas y pensamientos con nosotros, es un interesante
proceso de aprendizaje.

La sexta, ley de los rizos fractales de la duración: vivir dentro del tiempo, está
relacionada con el concepto que tenemos del tiempo. Según Briggs y Peat, el tiempo en
nuestro mundo moderno es nuestro secuestrador. La esencia del tiempo se ha reducido a
una medida numérica de segundos, minutos y horas. Nunca parece que tenemos tiempo
suficiente, pero, cuando disponemos de un poco, los despilfarramos. Las cualidades del
tiempo han desaparecido. Para nosotros, el tiempo ha perdido su naturaleza interior.

La teoría del caos nos muestra que es posible reconectarnos con el pulso vivo del tiempo.
La última ley del caos tiene que ver con el hecho de vivir dentro de una nueva dimensión
del espacio fractal.

Mientras creamos que el tiempo es una línea recta, una flecha arrojada desde el pasado
hacia el futuro, es difícil recontar muchas de nuestras experiencias temporales interiores.
Usualmente las menospreciamos como ilusiones, disociaciones, rarezas de la memoria y la
percepción, en cualquier caso nada que ver con la naturaleza física y esencial del tiempo.

La teoría del caos reemplaza la línea con una compleja e inacabable figura de dimensión
fractal. A cualquier escala de aumento, los fractales revelan nuevos modelos y
complejidades. La teoría del caos sostiene que no hay líneas simples en la naturaleza. Lo
que cierta distancia podemos considerar lineal mirando más cerca revela sus giros, curvas
En momentos de crisis solemos desconectarnos temporalmente del tiempo del reloj y
entrar en un tiempo fractal, experimentando sus matices temporales.

Cuando estamos deseando entrar en una dimensión fractal, nuestra experiencia se


expande dentro del tiempo. Exploramos los matices del tiempo y actuamos en
consecuencia con nuestros ritmos internos.

Según estos autores, hay que romper con la línea del tiempo. El tiempo es como un viaje
entre dos estaciones, perdemos la posibilidad de disfrutar cada minuto del viaje, porque
solo esperamos llegar lo antes posible.

El tema del tiempo, también ha preocupado al individuo, cuando lo vincula al proceso


educativo, es una sensación que experimentamos los seres humanos con la posibilidad de
aprender lo que se nos enseña en la escuela, sin depender tanto del tiempo señalado para
ello. Si dentro del proceso educativo se respetara los ritmos y los tiempos de las personas,
tal vez seríamos más felices, los momentos de frustración se reducirían, porque cada
quien aprendería y enseñaría, sin depender de patrones estructurados de tiempo.

Cada elemento de un sistema posee su propio reloj, su medida singular de un proceso


interior que está desarrollando con respecto al entorno. En la auto-organización de un
sistema mayor, los relojes internos de los sistemas más pequeños se acompasan. Cada
sistema contiene su propia medida del tiempo y, en cuanto el sistema está conectado con
su entorno, el tiempo se enriquece y se llena de dimensiones.

La perspectiva fractal, sin embargo, nos permite formular una pregunta distinta: ¿qué
tiempo tiene significado para nosotros? Nuestro aburrimiento nos deja un tiempo vacío,
nuestra pasión y entusiasmo nos lo enriquece y nos lo devuelve polifacético. Por lo tanto,
nosotros no necesitamos más tiempo, sino un tiempo pleno, pero no lleno en el sentido
de haber hecho un montón de cosas, sino el sentido de comprometernos con la actividad
que estamos desarrollando.

El tiempo por lo tanto es relativo y depende de las experiencias particulares de cada


quien; podemos encontrar personas con 40 años que pareciera que hubiesen vivido
ochenta, y encontrar personas de 80 como si comenzaran apenas a vivir. La conciencia del
tiempo es diferente para cada persona; lo interesante es ver el tiempo como ese espacio
para la creación, el disfrute, el compartir y la integración de todos con el todo. El tiempo
del que realmente disponemos es el tiempo fractal del que ya disponemos.

La séptima, ley de la corriente de una nueva percepción: volver a unirse con el todo, nos
conecta con la imagen de nuestro planeta en el espacio, nos ofrece una percepción y una
concepción asociada a un mundo interconectado, un mundo orgánico, de una pieza sin
costuras, fluido: el todo. La totalidad es el tema central de las revelaciones místicas acerca
del mundo. Entre muchos pueblos, la totalidad es el camino de la vida diaria.

Si aprendemos y enseñamos con una visión holista del mundo, esta nueva forma de
concebir el mundo, nos conecta cada vez más con personas sanas, receptivas, tal como lo
plantea el efecto mariposa; mi visión del mundo puede influir en otros significativamente,
puedo dejar huellas y mensajes profundos en mi familia, mis alumnos. Puedo aprender y
enseñar, más desde el placer, el gozo, la alegría, que desde el deber, el esfuerzo, la
contrariedad, el peso y el fastidio. Es mostrar la sabiduría natural y espontáneamente, es
fluir con la corriente desde una nueva percepción.

Este cambio se refleja en nuestra conciencia. Entendemos que nuestra conciencia es la


esencia de nuestra individualidad. La teoría del caos nos enseña que siempre somos parte
del problema; por ejemplo, los problemas sociales que nos aquejan, se originan de
situaciones particulares, que conforman luego un todo, y no solo de determinadas
personas o hechos. Peat y Briggs señalan que debajo de nuestros sentimientos de
aislamiento y soledad como individuos separados de los demás, vibra un sentimiento de
pertenencia y de interconexión con todo el mundo.

Experimentar la solidaridad tiene que ver con el hecho de liberarnos a nosotros mismos
del hábito crónico de pensar que somos meros fragmentos inconexos. Tiene que ver con
la necesidad de experimentar que el observador siempre es parte de lo que observa.
También tiene relación con abandonar esa obsesión por el control y la predicción, y
sustituirla por una sensibilidad hacia el cambio y lo emergente. Finalmente, tiene que ver
con la utilización de la influencia sutil para convertirnos en participantes del planeta, antes
que en sus gerentes.

Hermosas palabras de Briggs y Peat para replantear la interconexión del ser humano con
el todo, son retomar los pensamientos de la creación y la visión de co-creadores junto con
Dios, y cuidar de nosotros y del planeta.

Epílogo

El recorrido que hemos hecho en este trabajo a través de los principios y valores del
paradigma emergente y de las siete leyes del caos, sitúa la perspectiva de nuestra
chifladura y del rizoma, pedagogía desde el corazón, en una interconexión interesante. Si
partimos de la interrogante ¿cómo vivir dentro del caos y la incertidumbre, si no
aprendemos cómo hacerlo? Los contenidos de este segundo trabajo, nos lo han
permitido. Adentrarse en el mundo del caos, desde esa perspectiva que presentan Briggs y
Peat en su libro “Las siete leyes del caos”, nos facilitó la conciliación con un mundo
diferente, reorganizado, agradable e interesante. Además los principios y valores
analizados desde la óptica de los autores, nos permitió la reformulación de los mismos,
más desde una profunda reflexión que desde el simple análisis, tarea por demás nutritiva,
edificante y apasionante. Estas condiciones nos orientan, cada vez más, hacia la
concepción de una existencia sin límites, sin controles, libre y abierta a las múltiples
experiencias que nos depara el día a día.