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CONCEPCIÓN SOCIOLÓGICA: APORTES DE EMILE DURKHEIM

Sociedad:

Durkheim define a la sociedad como “el conjunto de sentimientos, ideas, creencias y valores que
surgen a partir de la organización individual a través de este tipo de grupo y que tiene una existencia
diferente y superior a cada uno de sus miembros, es decir, que existe gracias al grupo pero no está
en ninguno de ellos de forma individual. Dicha sociedad cumple dos funciones: la integración y la
regulación; cuando la segunda no es ejercida adecuadamente los individuos se encontrarán en una
situación de anomia.” (Durkheim, 1998)

Solidaridad:

Para Durkheim (1998) cada una de las actividades que se llevan a cabo en la sociedad tiene una
función; dependiendo del nivel de desarrollo de la misma, se responderá a diversos elementos tales
como ideas o sentimientos comunes, búsqueda de la eficiencia; lazos identificados por el autor
como Solidaridad Social.
De esta forma, el paso de una sociedad tradicional a una moderna implicará la transformación de
dichos lazos y, en consecuencia, de la forma como las normas y la conducta se desarrollan. En las
sociedades tradicionales, Durkheim identifica como forma de funcionamiento de las relaciones
entre los individuos una solidaridad mecánica, ya que en este tipo de sociedades los vínculos surgen
gracias a la existencia de una conciencia colectiva que está basada en la uniformidad de creencias y
costumbres y en donde la diferencia es considerada por la totalidad del grupo como una amenaza,
con el resultado de que aquél que rompe con lo establecido será fuertemente castigado por la
mayoría. Frente a ella, en las sociedades modernas, los lazos sociales se establecen a partir de una
solidaridad orgánica en forma de complementariedad debido a las diferencias existentes entre los
miembros. Es en estas sociedades donde la diversidad es la característica central, donde la división
del trabajo ha hecho posible que la individuación y la cohesión social avancen a la par. En la
medida en que un individuo se especializa y desarrolla la función para la cual está más capacitado,
requerirá más de los otros que, de esta forma, lo complementan al ofrecerle todo aquello que él no
puede atender por estar concentrado en hacer lo que mejor puede. Así, individuación y cohesión
social se fortalecen simultáneamente. (Lukes, 1984)
A lo largo de esta obra, Durkheim realizó un análisis de la transformación de la sociedad como
consecuencia del cambio de modelo económico y productivo, es decir, de la llegada del capitalismo
y la industrialización. La sociedad de la modernidad parece marcada por una gran variedad de
intereses, creencias, pensamientos, etc., así como por la división del proceso productivo entre una
multiplicidad de actores que son interdependientes entre sí. Durkheim identifica a este patrón de
organización como solidaridad orgánica. En este contexto, las reglas que antes servían para
organizar e interpretar al mundo han dejado de cumplir ese rol; probablemente, debido a la
multiplicidad de caminos y objetivos y consecuentemente, a que cada individuo cuenta con
diferentes perspectivas en cuanto a la mejor forma de organizarse y los valores que debe dominar.
(López, 2009)

Conciencia colectiva

Para Durkheim: “El conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los
miembros de una misma sociedad, forma un sistema determinado que tiene vida propia: también
llamado conciencia colectiva. Es, pues, algo completamente distinto a las conciencias particulares
aunque sólo se realice en los individuos”
La conciencia colectiva es mucho menos importante en una sociedad con solidaridad orgánica que
en otra con solidaridad mecánica. Es más probable que los miembros de una sociedad moderna se
mantengan unidos por la división del trabajo y la necesidad de que otros realicen ciertas funciones
que mediante una conciencia colectiva poderosa.

En una sociedad caracterizada por la solidaridad mecánica, prácticamente la totalidad de sus


miembros comparten la misma conciencia colectiva; esta se percibe con gran intensidad; es
extremadamente rígida y su contenido suele ser de índole religiosa.

En una sociedad de solidaridad orgánica, la conciencia colectiva es más reducida y la comparte una
cantidad menor de individuos; se percibe con menor intensidad; no es muy rígida y su contenido
queda definido por el concepto de “individualismo moral”

ANOMIA

Durkheim “sostiene que si la sociedad cumple adecuadamente, tanto la colectividad como cada uno
de sus miembros, lograrán un orden estable que les permita desarrollarse plenamente. Cuando esto
no ocurre, y la sociedad cae en una situación de anomia, pierde su fuerza para regular e integrar a
los individuos, pudiendo producirse consecuencias adversas tales como el suicidio” (López, 2009)

Para Durkheim la anomia es “un mal crónico que se caracteriza por la falta de límites a las acciones
individuales, ya sea porque no hay normas que las regulen o porque no hay fuerzas colectivas que
sean capaces de sostenerlas como tales y que se preocupen por garantizar su cumplimiento.

Debido a que los límites se encuentran debilitados o no existen, el individuo se encuentra en una
situación complicada debido a que sus pasiones y deseos se hallan desbocados al perder todo punto
de referencia. Este hecho le genera un constante sentimiento de frustración y malestar, ya que todo
aquello que logra le parece poco, pues siempre quiere algo nuevo que supone le generará un mayor
placer.

La anomia es más nítida en el ámbito económico y en la situación conyugal, siendo estas dos las
que más contribuyen a la tasa social de suicidios. La anomia económica se deriva del cambio
acelerado en los sistemas productivos que ha llevado a que las normas que antes servían para
organizar al grupo se debilitaran sin haber sido reemplazadas por otras capaces de responder en
forma adecuada a las nuevas condiciones. La ausencia de reglas representa un grave problema,
generándose un alto grado de malestar ante la insuficiencia de los logros frente a las expectativas.

La anomia conyugal tiene que ver con el debilitamiento del matrimonio tal y como ha ocurrido con
el resto de las instituciones sociales. El matrimonio supone una fuente de estabilidad, sobre todo
para los hombres que mayormente se encuentran dominados desde una edad temprana por deseos y
pasiones que, al no ser controlados los mantiene en una situación de desenfreno que genera
malestar. Al contraer matrimonio, el hombre entra en una institución que le pone límites a sus
acciones, le da la estabilidad y el orden que hasta ese momento le habían faltado. Para la mujer el
matrimonio tiene un efecto contrario debido a que no se encuentra dominada por las pasiones
características de los hombres; en su caso el matrimonio se presenta como una forma de
regulaciones excesivas que la hacen sentirse atrapada y frustrada.
Si las reglas de la moral conyugal se debilitan, tal y como ha venido ocurriendo por la
transformación de las instituciones sociales tradicionales, los deberes por los cuales los esposos
están sujetos el uno al otro serán menos respetados, y las pasiones y los apetitos que esta institución
de la moral contiene y reglamenta se desenfrenarán, se desajustarán, se exasperarán debido a esa
desregulación. Los involucrados, incapaces de asimilarlo, sufrirán un desencanto que puede
incrementar la probabilidad de suicidios. El hombre, sobre todo, dejará de sentirse satisfecho con la
mujer que tiene a su lado y las pasiones que en su soltería lo sometían volverán a aparecer.

La educación

Durkheim sugiere que la educación es el medio para enseñar al individuo a contener sus pasiones a
las normas sociales. La moral, es entendida como el conjunto de reglas externas que determinan
imperativamente la conducta, es central en un cuerpo colectivo. Es la encargada de fijar y regular
las acciones de los hombres imponiendo con ello deberes para lo cual el cuerpo que lo ejerce
debiera ser reconocido como una autoridad legítima con mandato imperativo. De esta forma, y a
partir de la determinación y regularización de comportamientos, la moral logra poco a poco la
disciplina que suponen los límites y la coerción necesarios para contrarrestar los deseos ilimitados
de los que los individuos son presos (Durkheim, 2002).

Los Hechos Sociales


Los hechos sociales configuran todos los fenómenos que se desarrollan en el interior de la sociedad,
siempre y cuando presenten algún interés social; es decir, cada individuo, come, duerme razona, etc.
y a la sociedad le interesa que dichas funciones se ejerzan en forma regular, por lo tanto si estos
fueran hechos sociales, la sociología no tendría objeto propio y se confundiría con otras ciencias.
Por ejemplo los roles que uno ejerce como hermano, esposo o ciudadano, no son creados por la
persona, sino están definidos, fuera de ella y sus actos, en el derecho y en la costumbre, estas
acciones son puramente objetivas, porque las ha recibido por medio de la educación; lo mismo
sucede con las creencias religiosas que existen antes de nuestro nacimiento, como también se da con
el sistema de signos o el idioma que utilizamos para expresarnos. En efecto, son modos de actuar,
de pensar y de sentir que presentan la propiedad importante de que existen fuera de las conciencias
individuales. Enfatizando que no solo son exteriores al individuo, si no que están dotados de un
poder imperativo y coercitivo en virtud del cual se imponen a él, así no lo quiera.
Un hecho social se define como toda manera de hacer, establecida o no, susceptible de ejercer sobre
el individuo una coacción exterior o también el que es general en la extensión de una sociedad
determinada teniendo al mismo tiempo una existencia propia, independiente de sus manifestaciones
individuales.

División del Trabajo


Según Durkheim, El problema central es la solidaridad social, la respuesta a esta interrogante se
encuentra en los vínculos que unen a los hombres en la sociedad, para el cual es necesario
determinar la naturaleza y las funciones de la solidaridad social en la sociedad "desarrollada"
moderna, a diferencia de las sociedades primitivas o tradicionales, y como se explica el tránsito
histórico de una sociedad a otra. Para el cual, investiga la función de la división del trabajo,
señalando a qué demanda social corresponde; así también, visualizar las causas y condiciones de las
cuales depende; terminado por clasificar sus principales formas.
La división del trabajo es una característica de la sociedad altamente desarrollada. A medida que la
especialización del trabajo aumenta, los individuos se ven obligados a intercambiar su actividad,
a cumplir funciones mutuamente complementarias, componiendo, así, un todo único. La solidaridad
en la sociedad desarrollada es consecuencia natural de la división de los papeles en la producción.
La división del trabajo, lo visualiza desde dos puntos de vista, la primera aparece entre las
sociedades primitivas, en las que la “solidaridad mecánica”, se pone de manifiesto y prevalece por
la ley represiva; la sociedad, está formada por familias o clanes, todos similares, que desarrollan la
misma tarea, predomina la conciencia colectiva sobre la individual; la solidaridad se determina por
la similitud de los individuos que la componen, por la identidad de las funciones sociales. El
derecho expresa la fuerza de la conciencia colectiva, su misión es castigar al individuo que infringe
la costumbre o la ley.
La segunda es propia de las sociedades avanzadas, en las que se manifiesta una mayor
individualidad, las reglas jurídicas definen la naturaleza y las relaciones de las funciones. La
diferenciación de los miembros del grupo permite que cada uno de ellos desarrolle su propia
individualidad, por tanto comienza a predominar la conciencia individual sobre la colectiva.
En su discusión de los fines sociales, Durkheim, muestra una tendencia anti-mecanicista latente. La
teoría del desarrollo unilineal está basada sobre datos etnográficos deficientes. Asume la ausencia
de división del trabajo entre las sociedades primitivas, así como la de la “solidaridad mecánica”
entre las sociedades modernas. Las leyes represivas y restituidas se usan como indicadores de la
solidaridad mecánica y orgánica, pero Durkheim no establece con ninguna precisión las perfectas
relaciones que él da por sentadas entre sus tipos de solidaridad y de leyes. Para él, capitalismo trae
consigo tres formas anormales de la división del trabajo, (la anomia, la desigualdad social y la
organización inadecuada de la división del trabajo).

Tipo de Derecho
La sociedad en donde el predominio esté dado por el tipo de Solidaridad mecánica entonces se
identificará con el Derecho represivo, ya que la conciencia colectiva es fuerte, el derecho es
impuesto por la colectividad, y es independiente de la acción del Estado. La Solidaridad orgánica se
vinculará al Derecho restitutivo, donde la conciencia colectiva es más débil y el orden jurídico será
impuesto por los grupos sociales derivados de la organización de la Justicia, tribunales, jueces,
policías entre otros.
Cuando el sociólogo emprenda la tarea de explorar un orden cualquiera de hechos sociales, debe
esforzarse en considerarlos por el lado en que se presenten aislados de sus manifestaciones
individuales. (Sociedad y Derecho).

Derecho y Estado
Se define por las funciones que cumple dentro de la sociedad. Es un tipo de conciencia colectiva,
pero no abarca a toda la conciencia. No se olvide que para él lo que define derecho de estado es ser
un grupo de funcionarios sui generis, en el seno del cual se elaboran representaciones y voliciones
que comprometen a la colectividad, aunque no sean obra de la colectividad. No es exacto decir que
el Estado encarna la conciencia colectiva, ya que ésta lo desborda por todos lados. En gran parte es
difusa.
El Estado sólo es sede de una conciencia especial, restringida, pero más allá, más clara, que
tiene de sí misma un sentimiento más vivo. Por otra parte, el Estado no ejecuta nada, sus órganos
dan órdenes para que se actúe.
El Estado es, rigurosamente hablando, el órgano mismo de pensamiento social para dirigir la
conducta colectiva. Cuanto más avanza en la historia más vemos multiplicarse las funciones del
Estado, que se vuelven más importantes, y este desarrollo de las funciones se hace sensible
materialmente por el desarrollo paralelo del órgano. El “cerebro social” (expresión metafórica para
aludir al Estado) ha crecido en el curso de la evolución. El Estado persigue también otros fines,
tiene otro papel que cumplir además del de velar por el respeto de los derechos individuales. El
Estado ha tenido funciones liberadoras del individuo (en particular ha liberado al obrero y al patrón
de la tiranía corporativa a la vieja usanza autoritaria). La carrera que se abre a la actividad moral del
Estado es ilimitada. El Estado tiene tarea liberadora del individuo. Lejos de ser tirano del individuo,
es él quien rescata al individuo de la sociedad. El Estado no está destinado a desplegar una actividad
social: no se trata simplemente de multiplicar los intercambios, sino de hacer que se efectúen de
acuerdo a reglas más justas; no se trata de hacer que cada uno tenga a su disposición una buena
alimentación, sino de que cada uno sea tratado como se merece, quede liberado de toda dependencia
injusta o humillante, que se vincule a los otros y al grupo sin perder su personalidad. Y el agente
especialmente encargado de esta actividad es el Estado. En consecuencia, el Estado no está
destinado a convertirse, como lo desean los economistas liberales, en simple espectador de la vida
social en cuyo juego sólo puede intervenir negativamente; tampoco puede ser, como lo quieren los
socialistas, un simple engranaje en la máquina económica. Es, ante todo, el órgano por excelencia
de la disciplina moral. Desempeña hoy en día ese papel al igual que antes, aunque la disciplina haya
cambiado. Error de los socialistas. Para Durkheim el Estado es un órgano distinto al resto de la
sociedad. Resultado de una concentración que desprende de la masa colectiva a un grupo

El Estado sólo es sede de una conciencia especial, restringida, pero más allá, más clara, que tiene de
sí misma un sentimiento más vivo. Por otra parte, el Estado no ejecuta nada, sus órganos dan
órdenes para que se actúe.

El Estado es, rigurosamente hablando, el órgano mismo de pensamiento social para dirigir la
conducta colectiva. Cuanto más avanza en la historia más vemos multiplicarse las funciones del
Estado, que se vuelven más importantes, y este desarrollo de las funciones se hace sensible
materialmente por el desarrollo paralelo del órgano.

El “cerebro social” ha crecido en el curso de la evolución. El Estado persigue también otros fines,
tiene otro papel que cumplir además del de velar por el respeto de los derechos individuales. El
Estado ha tenido funciones liberadoras del individuo (en particular ha liberado al obrero y al patrón
de la tiranía corporativa a la vieja usanza autoritaria). La carrera que se abre a la actividad moral del
Estado es ilimitada. El Estado tiene tarea liberadora del individuo. Lejos de ser tirano del individuo,
es él quien rescata al individuo de la sociedad. El Estado no está destinado a desplegar una actividad
social: no se trata simplemente de multiplicar los intercambios, sino de hacer que se efectúen de
acuerdo a reglas más justas; no se trata de hacer que cada uno tenga a su disposición una buena
alimentación, sino de que cada uno sea tratado como se merece, quede liberado de toda dependencia
injusta o humillante, que se vincule a los otros y al grupo sin perder su personalidad. Y el agente
especialmente encargado de esta actividad es el Estado. En consecuencia, el Estado no está
destinado a convertirse, como lo desean los economistas liberales, en simple espectador de la vida
social en cuyo juego sólo puede intervenir negativamente; tampoco puede ser, como lo quieren los
socialistas, un simple engranaje en la máquina económica. Es, ante todo, el órgano por excelencia
de la disciplina moral. Desempeña hoy en día ese papel al igual que antes, aunque la disciplina haya
cambiado. Error de los socialistas. Para Durkheim el Estado es un órgano distinto al resto de la
sociedad. Resultado de una concentración que desprende de la masa colectiva a un grupo
determinado de individuos cuyo pensamiento social está sometido a una elaboración de tipo
particular. Por consiguiente, interpretar la cuestión social de su tiempo en términos de cuestión
moral. Y en este plano realzaría la necesidad de garantizar un consenso moral para conseguir la
cohesión y la paz social. Como problema moral (derivado del desarrollo insuficiente de una nueva
moral laica correspondiente a la solidaridad orgánica), la cuestión social exigía una solución de
naturaleza Se define por las funciones que cumple dentro de la sociedad. Es un tipo de conciencia
colectiva, pero no abarca a toda la conciencia. No se olvide que para él lo que define derecho de
Estado es ser un grupo de funcionarios sui generis, en el seno del cual se elaboran representaciones
y voliciones que comprometen a la colectividad, aunque no sean obra de la colectividad. No es
exacto decir que el Estado encarna la conciencia colectiva, ya que ésta lo desborda por todos lados.
En gran parte es difusa.

. El Derecho es organización de la solidaridad. En él se encuentran reflejadas todas las variedades


esenciales de la solidaridad social. El Derecho reproduce las formas principales de la solidaridad
social. Por ello encuentra que la línea divisoria entre el derecho público y el derecho privado se
desvanece. El Derecho asume una función social y los individuos, aunque a título diverso, son
funcionarios de la sociedad. Para él hay dos clases de reglas jurídicas: las represivas (derecho penal)
y las restitutorias (derecho civil, derecho mercantil, derecho procesal, derecho administrativo y
constitucional). Estas últimas no implican necesariamente un sufrimiento del agente, sino que
consisten tan sólo en poner las cosas en su sitio, en el restablecimiento de relaciones perturbadas
bajo su forma normal, bien volviendo por la fuerza el acto incriminado al tipo de que se había
desviado, bien anulándolo, es decir, privándolo de todo valor social. Lo que pretende después es
buscar a qué clase de Emile Durkheim solidaridad social corresponde cada una de esas especies de
reglas jurídicas. Todo ello pone de relieve la importancia estructural del Derecho en su sistema de
pensamiento. En tal sentido entiende que el lazo de solidaridad social a que corresponde el derecho
represivo es aquel cuya ruptura constituye el crimen En cuanto a la naturaleza misma de la sanción
sustitutiva se distingue por no ser expiatoria, el reducirse a un simple volver las cosas a su estado.
No se impone a quien ha violado el derecho o a quien lo ha desconocido, un sufrimiento
proporcionado al perjuicio; se le condena, simplemente, a someterse. El funcionamiento de ambos
tipos de reglas es distinto: mientras el derecho represivo tiende a permanecer difuso en la sociedad,
el derecho restitutorio se crea órganos cada vez más especiales.
REFERENCIAS
Durkheim, E. (1998). La división del Trabajo Social. Ciudad de México: Colofón.

Durkheim, E. (2002). La educación moral. Madrid: Trotta.

López, M. d. (2009). El concepto de anomia de Durkheim y laa aportaciones teóricas posteriores. Revista de
Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, 130-147.

Lukes, S. (1984). Emile Durkheim: Su vida y su obra. Madrid: Siglo XXI Editores.

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