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Las Consecuencias Sociales de la Guerra del Pacífico; El Problema de los Huérfanos

D avid H o m e V alenzuela1.

el

Las cansas, el. desarrollo y las co n secu en cias de la

día de

hoy n o pocas controversias que

involucran

G u e r ra del Pacífico g eneran

hasta

a torios

los actores sociales de

los

países

involucrados. A

pesar de que han transcurrido más de ciento veinte años desde

el

fin

de

c o n flic to

la guerra,

parece

que

bastaran

tan

sólo

pequeñas

diferencias

para

que

este

nos recuerde su vigencia y nos invite, de paso, a reflexionar e n to rn o a él.

En

el

caso

de

C h ile,

nadie

podría

d e sco n o c e r

la

relevancia

que

ha

te n id o

en

la

c o n fig u ra ció n

de

la

identidad

nacional.

Para

citar

tan

sólo

un

ejem p lo

respecto

a

la

evaluación

que

se

ha

hecho

desde

la

historiografía,

basta

referirse

a

la

op in ión

del

influyente historiador M ario

G óngora,

quien

señala

que

de

los conflictos

bélicos

que

e n fren tó el C h ile d ecim o n ó n ico este fue el único vivido c o m o “guerra n a c io n a l”’.

 

La

historiografía

que

se

ha

referido

a

ella

es

amplia

y abundante;

los

esfuerzos

se

han

centrado

en

análisis

que

van

desde

lo

militar

hasta

lo

diplomático,

pasando

por

las repercusiones

e co n ó m icas

A pesar

de

ello,

siguen

existiendo

e

incluso

p o n d e ra n d o

determinadas

líneas

sus

im plicancias

de

investigación

ideológicas.

que

no

han

sido

lo su ficien tem ente

explorarlas,

cuyo

caso

más

evidente

es

el

relacionado

co n

las

implicancias sociales de este conflicto bélico. La Guerra del Pacífico afectó de

manera

p ro fu nd a

y duradera

a la sociedad

chilena,

y

si

b ie n

ésta

no

vivió

el c o n flic to

en

su

propio territorio, las repercusiones que tuvo en sus habitantes no pueden ser de ningún

m odo descuidadas.

E n medio de este

p anoram a, e intentan d o acercarnos a una visión social de la guerra,

en

esta ponencia centramos nuestra atención en el problema de los huérfanos derivados

de

ella y la form a

en qu e

la

sociedad

ch ilen a ab o rd ó este desafío, d e te n ié n d o n o s en el

Asilo de ία Patria, la institución más e m b le m á tica de

las que se crearon para acoger a esos

menores.

Si

bien

alarm antes

el pro b lem a de la orfan dad

alcanzó

en

el C h ile

d e c im o n ó n ic o

m agnitu des

q u e preocu paron a las autoridades, los h u é rfa n o s de

la G u e r r a del Pacífico

1

L

icen ciad o en H istoria, P on tificia

U niversidad C a tó lica de

C h ile.

1:1

p resen te tra b a jo fo rm a p arte d e u n a in v estig ació n m ayor titu lad a Guerra,

Bene/íceneta y S ra tla rú a d fm :

El

‘Asilo de la Patria',

IS 7 9 -1 S S 5 , Tesis para o p ta r ai grad o a ca d é m ico ele L icen cia d o e n

H isto ria . S a n tia g o ,

P

on tificia U niversidad C ató lica, 2 0 0 3 .

 

2

C

o n g o r a , M a rio . Ensayo Histórico sobre la Noción de E stad o en C h ile en los siglos X IX y X X . S a n tia g o , E d ito ­

rial U niv ersitaria, Sép tim a E d ició n .

1998, pág. 66 .

-

11

./(j?nt íiÍtí

<le

I

l

i

a

t

m

i

d

K

í

l

i

u

i

r

I

I

1

1

- ÍV 'J

fueron

considerados

bajo

una

c o n d ic ió n

de

o n a n d a d

debido

categoría

particular.

Estos

a

la

precariedad

e c o n ó m ic a

niños

de

sus

no

quedaron

en

padres

ni

fueron

fruto del ab a n d o n o generado por una relación no deseada, sino que su situación fue la

co n se c u e n cia directa de la mu erre ele sus progenitores d efen d ien d o los intereses de C h ile.

Por este

motivo, la sociedad

ríe es re país

los valoró

p ro fu nd am en te,

tra n sfo rm and o

el

tía rural

sentim iento de gratitud hacia aquellos h o m bres que co n arrojo ν valentía daban

su vida

por

la nación,

en

retrib u ción

generosa

hacia

q u ien es

más hab rían

J e

padecer

por aquel acto heroico: sus hijos.

De este m odo se explica el que estos menores

fuesen

calificados,

A pesar

sin ánim o de exageración, c o m o “los h u e rta n o s

más glorioso? de C h i l e ” '.

del carácter original que asu m ió la p re ocu p ación por los hu érfan o s derivados

de la C u erra del Pacífico, existían en C h ile algunas iniciativas de similar ripo que deben

ser consideradas.

Ya d u ran te

que

era o b je to

las G u erra s de

la In d ep en d e n cia

y c o m o

parte de

la reorganización

de

la Casa de H u érfan os de Santiago,

B e rn a r d o O 'H iggins,

en

1 8 22,

dispuso

la hábil ¡ración de salas

especíales para acoger c o n co m o d id ad a los hijos m enores de las

familias del sur que hu ían de los

c o n tin u o s co n flicto s armados·1.

D e una mayor persistencia en el tiem po resultó ser la fun dación del Asilo de! Salvador,

establecido

luego

de

la

G uerra

contra

la

C o n fed eració n

c o m o

parte de

los recon o cim ien to s

al ejército ven cedor en

Perú-Boliviana.

El

gobierno,

Yungay, dispuso, entre otras

medidas, la construcción de un arco de triunfo que recordara la gesta bélica. A

instancias

del Inten den re de Santiago y m iem bro

de la Sociedad Cristiana para el Socorro de las Pobres

Vergoncnmes, José Miguel de

la Barra, se acordó qu e

los fondos fueran

Traspasados para

la erección

de

un

asilo

d onde

se

acogiese

a

aquellas

mujeres,

eludas

o

huérfanas,

en

situación

de

pobreza

o

abandono,

dándole

preferencia

a aquellas que

habían

quedado

en

ral co n d ició n

a causa del co n flicto bélico. Fue fundad o el

18 de septiembre de

1844,

utilizando un terreno donado para tal efecto por Santiago Salas, en pleno barrio Yungay.

A

u n

a ñ o de su inau gu ració n, el Asilo del

Salvador mostraba notables resultados, ¡mes

bahía

so co rrid o

?. diecisiete

familias,

ayudándolas

a salir

de

la

miseria;

en

su

escuela

gratuita para

7 0

alum no s,

niños recibían

mientras

que

instrucción cristiana y lecciones

de primeras

letras más de

nu m erosas

huérfanas

fueron

acogidas

recib ien do

"a

la par

del sustento la instrucción religiosa y moral que ta n to n e c e s ita n ”'’.

3

"A silo

d e

la

P a tria ’

.

e n

E l

E sta n d a rte

C a tó lice (e n

a d e la n te ,

E E C ),

líi

J e

jim io

d e

1 8 7 9 .

4

IX 'I u.k Io , M anu el.

Margúuiciót!

e iiite^Tticiün íocia! en el

O tile

eoioniab

Lo? Expósitos:

1 7 7 0 -1 8 3 0 .

M em o ria

para o p r a ra l títu .n de P rofesor di· E s t a jo . V alp araíso , U n iv ersid ad

C a tó lic a de V alp araíso .

1 9 S 4 . pá».

29.

5

‘A n iv e rsa rio d el A silo d el S a lv a d o r”, en

La

Revista C atólica, N ° 7(\

27 de sep tiem b re de

1 S 4 Y

páu. 22

3.

-

12

-

Durante

la Guerra

contra

España tam bién

Las « t asi'a ¿o idas sucia Ιω de la Guerra T í

Pacíjico

se desarrollaron

gestiones

para ayudar a

las familias de aquellos que perdieron la vida; por tal motivo fue co m ú n ver e n la prensa

llamados a colaborar con donativos en dinero o especies a beneficio de viudas y huérfanos.

Tod as

estas

iniciativas,

sin

em bargo,

n o

llegarían

a

tener

ni

el

alcance

ni

la

trascendencia que

tuvieron

los esfuerzos que

con

similares objetivos se em prendieron

d urante la G uerra

del Pacífico, que se manifestarían

principalm ente en

la creación de

asilos y casas de

acogida

para

aquellos

m enores

que

hubieran

perdido

a sus

padres

a

causa de la contienda.

E l inicio

de la guerra y la p articip ación social.

 

La historiografía

clásica

a pesar de coincidir

en

el

alto

grado

de

interés

que

tuvo

la sociedad civil por el desarrollo del conflicto,

no

profundiza

en las formas

en que se

manifestó tal preocupación. Gonzalo Bulnes, por ejemplo,

señala que

incluso antes de

la declaración formal de guerra del 5 de abril de

1879:

“R ico s

y

pobres

se

precipitaron

a

los

cuarteles.

Las

disidencias pasadas se olvidaron y de todos ios labios no se

oía sino un

grito que aclam ab a a C h ile y al P resid ente”6.

La aten ció n de la op in ión

pública n o sólo estuvo centrada

en los aspectos propios

del desarrollo de la guerra.

R áp id am ente su rgieron voces

que

p o n d ría n su a te n c ió n

en

otras problem áticas,

tales com o

el cuidado y la a te n c ió n

de

los

heridos y el

auxilio de

las familias

de

aquellos

que

partían

a los

cam pos

de

batalla.

Se

realizaron

fun ciones

artísticas, se dispusieron bazares y se organizaron com isiones que recogieron donativos

para las familias que lo requiriesen.

La prensa tam bién jugó un rol importante en tal sentido, pues difundió las necesidades

de las familias de los militares

caídos.

U n o

de los primeros

casos

en ser destacados fue

el

de

un a

n iñ a

de

“5

a

6

año s” de

edad que

había

qu ed ad o

hu érfana

a co nsecuen cia

de

la

m uerte

de su padre,

el

cabo

I o del R egim iento

de Cazadores a Caballo,

Belisario

Rivadeneira,

en

el fragor del combate

de Calama.

E n

vista de ello apareció en

algunos

diarios

un

llamado

solicitando

que

las

señoras

de

Santiago,

“que

siem pre

h a n

dado

muestras de caridad y buen corazón”, brindaran “algún socorro a la desgraciada huérfana

que tan pequeña principia a experimentar las vicisitudes y desgracias de esra vida”'.

Las esposas de los que partían

a los cam pos de batalla

al p u n to qu e co m en zaron a verse por las calles de S a n tia g o

no

quedaban

m uch as que

en

m ejo r pie,

“reducidas

a la

6

7

B u ln e s,

“A

G o n z a lo .

Guerra T í

Pacífico. V o lu m e n

E E C ,

I. S a n tia g o ,

17 d e

ab ril d e

las n o b le s señ oras d e S a n tia g o ”, en

-

1 3

-

E d ito ria l d e! P aeíü eo ,

1 8 7 9 .

19.59, púg.

110.

./'Ίϊ'ΤΜι/ίί

di.' ¡Intima

M

i ' i í m

'///

-

J V J

m en d ic id a d ”, llevaban co nsig a a “sus hijos que no p u eden a lim e n ta r”. Se solicitaba a ia

o p in ió n pública

que en virtud de que sus maridos

baldan

partido al norte a defender

el

h o n o r de la pa:ria,

“ no se deje

a sus familias en la indigencia, sir.o que se les atienda

c o m o

se d ebe y se les

dispense la

p ro te cció n que tien en d erech o

a exigir"*.

A la labor emprendida por la Iglesia

C atólica y la Inten den cia de Santiago, a través

de

la Comisión Centra, de Donativos, se sumó la de la Sociedad Protectora, quizás la institución de

mayor protagonismo en estas marerias y que tenía c o m o objetivo principal "proteger a las

viudas

y personas qu e qu ed en en desamparo por la muerte de sus protectores”0. C eleb ró

su primera sesión oficial el 15 de mayo de 1879 y su labor se extendió por más de seis años.

U n a

im po rtante

labor

cu m p lió

la

Sociedad

Protectora

al

familias de los soldados y las autoridades

estatales,

cobrando

oficiar

de

nexo

entre

las

los sueldos atrasados de

los fallecidos en cam paña,

tra m ita n d o

las asignaciones q u e establecía

la ley y h a c ien d o

efectivos los sueldos impagos y las gratificaciones de los licenciados por invalidez.

La

labo r

de

esta

institución

es

particu larm en te

relevante

pata

el

caso

de

los

huérfanos, pues fue en el seno de sus reuniones donde se acordó fundar una institución

que

acogiese

consideraba

a

les

m eno res

desvalidos.

que

ana

institución

de

este

Su

presiden re,

B e n ja m ín

V ic u ñ a

Macicen na,

tipo

era

de

suma

importancia,

pues

no

sólo

constituía

una

muestra de caridad

hacía

los soldados

y sus familias, sino

que tam bién

serviría para imprimirle mayor vigor al patriotism o

norte. A su juicio:

de aquellos que debían batirse en el

“Soldados

que pelean

sabiend o

que sus hijos

no

morirán

de ham bre

no

necesitan

beber ‘aguardiente

co n

pólvora’

para romper el fuego. Ksos soldados pelearán hasta vencer

 

o

m orir”10.

La

o p in ió n

de V ic u ñ a

M a c k e n n a

fue apoyada

por

am plios

sectores

de

la o p in ió n

pública,

esp ecialm ente

aquellos

ligados

a

la

Iglesia

C ató lica.

El

ediror¡alista

de

El

Estandarte Católicc,

R o d o lfo Verga ni A n tú n ez, postulaba que:

“Sí pregu ntáram os a cada u n o de

nuestros valientes que es

lo que más

los

inquiera

al

partir a los cam p os

de

batalla,

de todos los labios escucharíamos esta sola respuesta:

nos

inquieta

el

porvenir

de

nuestras

esposas

y

de

nuestros

S

“M u ch as J e

las

m u jeres”, e n

E E C ,

2 9

d e

a h n l

de

1379.

9

“O tra

,

en

E E C ,

O

de

mavo

de

1879.

 

10

"V iu d a s y h u érfan o·,”, en

E E C ,

2 0

d e m ayo ríe

1879.

14-

La;· LHnsiMii'tidcis sofiííítü de la (m erw ¡leí P acífico

hijos,

quienes

quedarán

e n

la

indigencia

si

por

acaso

su cum biéram os en la c o n tie n d a ”11.

D e las bu enas intenciones rápidam ente se pasó a la acción. Gracias a un im p o rtan te

donativo

de

Dom ingo

Fernández

C o n ch a

se

arrendó

un

local

para

el

hogar

de

los

huérfanos

de

la

guerra,

que

con

la

aprobación

general

fue

bautizado

co m o

Asilo de

la

P atria de

Nuestra deñora del Carmen,

q u e d a n d o

a cargo

de su d irección

al presbítero

R a m ó n

A ngel Jara.

El

2 0

de julio

de

1879,

día

de

la

Patrón a del

E jército

de

C hile,

fue solem nem ente

inaugurado el más em blem ático de los litigares que acogieron a los

huérfanos de la G uerra del Pacífico.

S e

daba

inicio

de

esta

form a

a una

de

las

más

loables

iniciativas

surgidas

co m o

consecuencia de la G uerra del Pacifico, que estaría llamada a brindar notables beneficios

a las familias de quienes perdieran la vida e n co m b a te . Su

origen estaba

m arcado tanto

por

la gratitud

hacia

aquellos

que

dejaron

todo

por

su

patria,

co m o

por

los sinceros

sentimientos

de caridad

hacia esos menores que quedaban virrualmenfe desprotegidos

tras el heroico gesto de sus padres.

E l

objetivo

principal

del Asilo

de

ία

P atria

era b rin d a r

alojam iento,

a lim e n ta ció n y

e d u cación

a los

hijos

de

en

los campos

de batalla

los

soldados

que

m u rie ra n

en

la G u e r ra

del

Pacífico,

tan to

com o

a consecuencia

de

heridas o enfermedades

adquiridas

durante

la campaña.

Para

que

q u e fuera

hu érfano de

madre,

un

niño

fuese

admitido

en

el

Asilo

no

aceptand o ta m b ié n

en

su sen o a aquellos

era

necesario

m enores

que

perdieran c o m o co n secu en cia directa ele la guerra a alguna persona que cum pliese el rol

patern o, fuese un tío, h e rm a n o , abuelo o p r o te c to r 12.

Los

asilados

debían

tener

entre

6

y

14

años

de

edad.

En

el

interior

recibirían

hospedaje,

alim entación

y

educación

católica,

siendo

divididos

en

dos

secciones

com pletam ente separadas, una para los

hijos de oficiales y otra para los descendientes de

soldados y clases, Los hijos J e

oficiales y de jefes de alta graduación recibían educación

co nform e al plan de hum anidades, co n énfasis e n

la instrucción

literaria para facilitar

su p o sterior ingreso a. la universidad o, si lo deseasen, seguir la carrera de armas al igual

que sus progenitores.

Los hijos de soldarlos y elases recibían una educación orientarla al aprendizaje de un

oficio que

les permitiese solventar sus gastos en el futuro. Se

talleres de zapatería y carpintería.

11

12 “A silo de la P atria", en

E d ito ria l,

E E C ,

26 de m ayo de

E E C ,

1879.

27 ele ju lio

de

188 0 .

-

15

-

insudaron

para tal efecto

Jim utdít iíe Historia Mi'ittiv (Jll ■IV)

E n un prim er m o m e n t o

la in stitu ción gozó

del u n á n im e apoyo m oral y e c o n ó m ic o

de la sociedad chilena.

Fue co m ú n ver llegar al

establecí m ien to a familias acom odadas

que

llevaban

regalos

a los

menores

internos

y d onaban

dinero

para

el sostenim iento

de

la obra.

Los

una

subvención

donativos

estatal

de

financiamiento.

que

h ab ían

p erm itid o

la

fu n dació n

$ 6 0 0 0

anuales,

se constituyeron

en

ele 1 esta b lecim ien to

y

su

principal fuente

de

D igno

de

ser

m en cion ad o

C o r m a z Araos,

decidió

volver

quien

luego de

al

norte

no

sin

es

el

aporte

destacar

p o r

del

su

antes

renunciar

sargento

h e ro ís m o

mayor

en

el

de

artillería,

A lberto

C o m b a te

ele C alam a,

a todos

sus

ingresos

por

concepto

de

sueldos y gratificaciones, en

b eneficio del hogar de los hu érfan o s ele la guerra'b

C o n f o r m e

avanzó el co n flicto bélico las solicitudes de ingreso fuero n

a u m e n ta n d o

progresivamente. Sin embargo, y debido a lim itaciones económ icas y de infraestructura,

el ho gar sólo pudo

acoger y educar a un

p ro m ed io

levem ente

superior al

c e n te n a r de

menores por año

-

N ú m e r o de H u érfano s

In tern o s en el A silo de la Patria, según fecha y

ascendencia

paterna.

Fecha

N° de A silados

R elación

Mijos

Soldados-O ficiales

Julio de i 879

10

Sin Información

Agosto de 1880

60

37-23

Abril de 1881

104

Sin Información

Fuero de 1882

118

66-52

Diciembre de 1882

128

56-72

Junio de 1883

128

56-72

Noviembre de 1884

128

Sin Información

Febrero de i 885

130

Sin información

Otras instituciones dedicadas al cuidado de los hu érfanos.

D e b id o a que el Asila de ία Patria logró satisfacer en alguna m edida los req u erim ien tos

de

los

niños

que

habían

quedado

huertanos,

al poco

tiem po

se hizo ver

la necesidad

de

organizar

una insritución

que acogiese a las niñas que hu bieran

qu ed ad o en similar

co n d ic ió n .

Por tal

m otivo,

un

grup>o de señoras

de

San tiago

propuso

al d irectorio

de

la

Sociedad

Protectora

la

tu n d a ció n

de

un

esta b lecím ien to

que

acogiese

a

las

hijas

de

13

“H erm o sa a c c ió n ", en

F F H ,

1]

J e

o ctu b re de

1879.

 
 

-

-

L o

lOnsi’Litcnciíis sociales de la (jiterríí del P ílá fico

los

soldados

muertos

en

campaña.

So licitab an

de

la

beneficios que

ésta le había proporcionado al Asilo de

Sociedad

Protectora

los

la Patria, esto es,

“una

mismos

cantidad

determ inada

para su instalación

y una corta subvención

proporcionada al

núm ero

de

las asiladas para

su m a n t e n im ie n t o " H.

El secretario

de la Sociedad Protectora, Em ilian o Liona, le respondió a Dolores V icuñ a

de

M orando,

secretaria

del Asilo

de

las

Huérfanas,

que

dicha

institución

apoyaba

la

iniciativa, pero que una vez fundada ella debía quedar, tal com o en ese mismo período

se había acordado para el Asilo de la Patria, bajo la supervisión de la Comisión Central de

D onativos1'’.

Luego

de

estas

consultas

preliminares,

la

iniciativa

tom ó

más

fuerza

llegando

a

h acerse

realidad

una

vez que

se

co nvino ,

siguiendo

un

criterio

huérfanas

de

la guerra en

el Asilo de la

Purísim a,

institución

qu e

práctico,

acoger

a

las

tenía

por C apellán y

D irector al propio presbítero Jara.

E l Asilo de la Purísim a acogió un total de doce hijas de soldados muertos en combate

entre

fines de

1879

y m ediados

de

mayo de

1880.

Las

infantes recibían

en

el interior

del

establecimiento

alimento,

educación

y abrigo

junto

con

una

marcada

form ación

católica.

Por

este

motivo

fue

habitual

su

participación

en

festividades

religiosas

y

variadas procesiones, en las que aparecían acom pañadas

por los huérfanos del Asilo de

la PatriaA A diferencia de esta institución, que era dirigida y administrada por hombres,

el

Asilo de

la

Purísim a

tenía

co m o

adm inistradoras

a

tres

religiosas

de

la

Inm aculada

C

o n cep ció n ,

congregación

que

tenia

co m o

característica

principal

su

énfasis

en

la

enseñanza industrial de mujeres obreras.

A l

igual

que

otras

instituciones

de este

tipo,

el Asila de

la

Purísim a

financiaba

sus

actividades principalm ente co n fondos donados por

particulares recurriendo tam bién a

los tradicionales

mecanismos

para financiar los establecimientos de beneficencia, tales

c o m o

la organización de rifas y fiestas p erió dicas1'.

Si bien el Asilo de ¡a Purísim a tuvo un alcance m ucho

menor que su símil masculino,

no

faltaron

las

donaciones

generosas

que

buscaban

brindarle

un

m ejor

futuro

a las

huérfanas de la guerra. Así, por ejemplo, se recibió con gratitud el ofrecim iento de dos

becas para las hu érfanas de “los valientes del

n o r t e ”

directora del im portante colegio de señoritas Santa

por parre de C o n s ta n z a M o nasterio ,

Rosa A

14 “A silo para las h u érfanas de la gu erra", en

15 ¡bicíem.

E E C ,

6

de d iciem b re de

1879.

16 é a se p o r e je m p lo : "Ig lesia d e la P u rísim

V

a ’’, en

E E

C ,

6

de n o v ie m b re J e

1 8 7 9 ;

“P ro c e s ió n ” , en

E E C ,

8 de

n

o v iem b re de

1879; "P

ro c e s ió n en

la

P u

rísim a ", e n

E E C ,

9 d e d icie m b re de

1 8 7 9 , e n tre o tro s.

17 “R ifa " en

E E C ,

12 y 15 de noviem bre de

1879.

18 “Sociedad Protectora”, en EEC , 9 de enero de 1880, y “O frecim iento de das becas”, en E E C , 2 4 ele marzo de 1880.

1 7 -

JoniiíJii

de

Hi s i ur i i i

M í f í t i ; v '(//

i

V i

Pero

la

a Santiago.

preocupación

En

regiones

por

los

tam bién

huertanos

surgirían

de

la

guerra

iniciativas

que

no

se

limitaría

tan

buscarían

atender

sólo

a

las

necesidades de aquellos que h ab ían perdido a sus padres en la guerra y que, por diversos

motivos, principalm ente

relacionados p or la distancia

que tenían

sus lugares de origen

c o n

la capital,

no les era propicia su instalación en el Asilo de la P aína.

Así c o m o la Sociedad Protectora al p oco tiem po de ser fundada c o m en z ó a ser imitada

en

regiones,

iniciativas similares

surgieron

en

al

menos

dos

ciudades

que

intentaron

e m u la r la labor que en San tiago cu m plía el Asilo de la Pa tríu. En

C u ric ó , a fines de ju lio

de

1879, y ten ien d o c o m o

telón

de fo n d o un m eeting realizado en

el T eatro M u nicipal

de esa ciudad al que concurrieron

más de un

millar de personas, se acordó, junto con

establecer una institución sim ilar a la Sociedad Protectora de San tiago, la organización de

u n

estab lecim iento

q u e

acogiese a los hu e rta n o s

de

la guerra.

Luego

de p ro n u n ciarse

sendos

discursos

patrióticos, se designé) c o m o

organizar

estas

instituciones

a

Pedro

A n to n io

presidente

de

Urzúa,

que

la directiva

seria

asistido

encargada

de

por

Ignacio

B e ni tez, co m o v icepresiden te1'1.

E n Q uillota tam bién se organizaría una institución similar;

esta vez, más que por el

impu lso de asociados, era resultado de

los esfuerzos ele una co n o c id a b e n efacto ra de la

zona, M anu ela España. El

hogar seria bautizado co m o “H u ertan o s ele la G u e r r a ”, y para

fin

a n cia r su instalación se organizó

un bazar en la calle A h u m a d a , el que estuvo abierto

al

público

entre el

3 de no viem b re

y

el

18 de diciem bre

de

1880. T a m b ié n

recogió los

be

neficio s

de un esp ectáculo ele una c o m p a ñ ía de zarzuela que se presentó en el Teatro

M

unicipal

de Santiago, rep ortándole un a suma total de $ 1 .0 2 5 ^ .

 
 

Si

bien

no

tenemos

noticias

ciertas

del

futuro

de

esros

establecimientos,

su

sola

m

e n c ió n

nos

permite

colegir

que

el

p ro blem a

de

los

h u ertano s

de

la guerra

no

tue

de corto

alcance,

lo qu e

llevó a que

fueran

los

particulares,

am e

el silencio

inicial del

E

stado, quienes tuvieran

que asu m ir

la creación y el so ste n im ie n to ele estas instituciones

qu e acogían a las víct imas indirectas

del c o n flic to bélico.

L a p articip ación estatal en to rn o a los h u érfan os de la G u erra del P acífico.

La

preocupación

del

Estado

por

la

suerte

de

los

soldados

y oficiales

que

habían

to m ad o parte de la guerra, así c o m o ta m b ié n p o r c: destin o de los familiares de aquellos

19

2 0

"G ra n

“B a :a r ”, en

n o v ie m b re

M een ivaen

E E C .

d e

ΐ

1 8 8 0 .

E E C .

4

v

d e

2 s

J e

ju lio de

n o v ie m b r e ;

8

1S79.

v

17

d e

d ie ie m b r e

-

18-

d e

1 S 8 0 ;

“ l V n e t ir k > ’\

en

E E C .

1 0

y

15

d e

que

habían

caído en

combate,

tuvo en

Líi.S i'flIlSiV T d 'Ilt'iü .t .10C!£T¡t\S líe

íll

L ÍtU 'IT íl

liiíi !"*(ICí_fíCO

diciem bre

de

1881

un

im portante

hito

co n

la

p rom u lgación de la Ley de R ecom pensas al Ejército y A rm ada de C h i l e ' 1.

E n

lo referente a nuestro tema,

la ley incluía una serie de trascendentales iniciativas

que ten d rían directa

incidencia en el futuro del Asilo de ία Patria.

Por sugerencia

del Ejecutivo, la ley disponía en

medidas que

tenían

relación

con

el destino

de los

cuatro de sus artículos

hijns de aquellos

que

im portantes

habían

caído

en

com bate.

En éstos se

contem plaba

que

el

Estado

debía

fundar y sostener

Escuelas

Prácticas

de

Agricultura

y Mi ¡te ría en

las

provincias

más

im portantes

del

país.

Estas

instituciones

debían

proporcionar

“asilo

e

instrucción

gratuita

a

todos

los

hijos

de

los

individuos

del

ejército

o

arm ada

qu e

hayan

fallecido

durante

la

guerra,

sea

a

co

n se c u e n cia

de

acció n

ele guerra

o

de

m u erte

n a tu ra l”. Las

hijas

de

los

soldados

y

oficiales

m uertos en

co m b a te

ta m p o c o

fu ero n

olvidadas

por

la citada

ley,

por cu a n to

se

dispuso

crear

cuatro

grandes

escuelas

dedicadas

a

brindarles

“asilo

e

instrucción

p

ráctica” en las provincias de C o q u im b o , S a n tia g o , Talca y C o n c e p c ió n .

 
 

La

prom ulgación

y

posterior

aplicación

de

la

Ley

de

R ecom pensas

al

Ejército

y

la A rm ada

junto

con

satisfacer

una

necesidad

h ab ían

participado

en

la

guerra,

representó

largamente

la

prim era

Estado en el tema de los huérfanos derivados del co n flicto

esperada

por

intervención

aquellos

co ncreta

que

del

bélico. Al crear las Escuelas

Prácticas de Agricultura y Minería, se ponía un

m an to

de duda respecto al

futuro del

establecim iento qiie basta entonces se había encargado con éxito de la atención de esos

m

eno res,

por cu anto

las

Escuelas

Prácticas

represen tab an

una

‘co m p eten cia

directa’

para

el

Asilo de

la

Patria.

Ello

implicaba

serios

riesgos

para

e!

so sten im ien to

de

esta

institución

que, como

hemos visto,

financiam iento de sus actividades.

recibía tina

importante

subvención

estatal para

el

E l fin d e la guerra y el cierre del A silo de la P a tria

 

A

contar

de

1881

la guerra

dejaba

atrás sus

días

de

mayor actividad

y la aten ció n

de

la

o p in ió n

pública

com enzaba

a

centrarse,

cada

vez c o n

mayor

inrensidad,

en

el

choque

entre

clericales

y

anticlericales.

La

confron tación

ideológica

derivada

de

la

discusión ile las llamadas ‘leyes laicas’ fue violenta, llegando a co n m over a gran parte de

la sociedad y dejando tras de

sí im portantes co nsecu en cias políticas y sociales. E n m edio

de este panoram a, p o d em os señalar que el Asilo de ία Patria fue un a de las instituciones

21

" Proyecto J e

demás (itiMíatcíones re/erentes a

T o m o

ley a p ro bad o

p o r

el

C o n g re s o ”, en

la βΐierra, ijiie h a

B ello,

Guerra Je t Piid/íci).

d ad o a

ia luz. ín Jrvti.vi Je

1982, págs.

509-510.

Óülií man ios o ficiales, L'OíTt's/ioníit’n d a y

Chile, Perú y Bu liria. V o lu m en

III,

V. Santiago, E d itorial A nd rés

-

1 9 -

.fu m a d a

i l

-

j

H

i

s

i

t

m

t

t

más

afectadas

M i/ ia ir

por

f/ ii

este

/

V

)

e n fre n ta m ien to,

condicionado por esta disputa.

al

p u n to

que

su

cierre

estaría

tuerte m ente

A ntes

de

reseñar

algunos

anteced en tes

del

proceso

de

declive

y cierre

del

Asilo

cíe ía

Patria,

conviene

dar

cuenta

de

dos

importantes

hechos

que

condicionaron

tal

determinación.

E n el segu nd o semestre de

1 8 80, la institución

le solicitó al Ejecu tivo la ap ro b ació n

de sus estatutos

con el o b je to de o b te n e r personalidad jurídica. El g o b ie rn o r ápid am en te

le conced ió

tal solicitud,

aunque

ejecutivo

la adm inistración

de

la

modificó

los estatutos

p oniend o

bajo

el

control

del

institución. Al

presbítero

jara

y a la jerarquía

de

la

Iglesia C atólica nc

le agradaron

las modificaciones, desechando la solicitud inicial. C o n

esto, la institución

qu edó fuera

del control de la ley.

O rro aspecro polém ico al que se vería en fre n ta d o el Asilo Je la Patria fue la adquisición

de u n

nuevo local para los h u érfano s

efe la guerra. S e

co nsideró

que el sitio ideal para

este

propósito

era el antiguo

C o n v e n to

de

San

Miguel,

ocu p ad o

por esos días

por

la

Escuela

M ilitar y el batallón

C a m p o

de M arte. Tras

hacer c o n

éxito diversas gestiones

ante la autoridad

militar para la cestón del recinto y acordar un precio de venta co n

los

d u e ñ o s del local, se com pró gracias a n u m erosos donativos.

el

Esta recolección J e

tondas m olestó sobrem anera a los sectores liberales, puesto que

recinto

adquirido

estaba

contiguo

a una

iglesia

inconclusa

que

luego

se

pretendía

reconstruir y bautizar c o m o T e m p lo de la Gratitucf N acio nal. Se postulaba e]ue el d in ero

recolectado en ayuda ele los

h u érfano s de la guerra

fin a lm e n te se destinaría a otros fines

que servirían a la propagación ele los

El oficialism o liberal y su

prensa

preceptos religiosos de la Iglesia C atólica.

partidaria difundieron

num erosos

ataques co ntra

los

administradores

clerical. Utilizando

del Asilo,

qu e

a su vez serían

d u ram en te

replicados

la prensa y la tribuna

del C o n greso N acional, se acusó

por la prensa

al presbítero

ja r a

de haberse apropiado de la ad m inistració n y dirección

riel hogar de los huérfanos

de

la guerra,

eclesiástica,

toda

vez que

la

idea

sino

que

en

m edio

de

de

su

fun dación

las

sesiones

de

había

surgido

no

en

la

Sociedad

Protectora,

la jerarquía

institución

e m in e n te m e n te civil y laica.

Este h e cho era más grave aún por cu anto la Iglesia C atólica

tom aba bajo su exclusivo cuidado a los h u érfano s de la patria, m on opo lizando el destino

y la educación

de

los

hjjns

de

los

héroes

de

C h ile,

sin

permitir

qu e

el

Estado,

en

la

p erson a del Ejecutivo, vigilara las co n d icio n e s de su m a n te n im ie n to y que se íes entregaban A

los co no c im ien to s

22

A silo",

la ; ed ito ria les "T e m p lo v A silo " y “ t i A silo tre n te al p a ís", en La Epoca, 2 2 v 2 1 de respectiva trien re.

“T em p lo

y A silo"

y

"

a

d irecció n

del

en

L a

É poca.

24

de

d iciem bre

de

I8 S L

V éanse

d icie m b re de

tam bién

1881,

-20-

Lrt.s remecí leticias soeiíilt's i(c i<i t iik 'iw del ñicí/ico

E n una sesión de la Cámara de Diputados, el radical R am ó n Allende Padin señaló

al respecto:

“El

director

del

esta b lecim ien to

rebus ó

la

person ería

jurídica porque In que quiere es a toda costa construir allí

un tem plo con los d iñeros de los particulares. ¿Para qu é un

templo? ¿Es acaso

un

establecim iento

eclesiástico? ¿Van

a

ser sacerdotes los hu érfano s allí asilados?”21.

P aralelam en te

al proceso

de

ho stigam iento

el Gobierno,

lenta

pero

sostenidamente,

puso

de q u e

era víctima

el As tío de la

Patria,

en

marcha

los

mecanismos

para hacer

efectivo el cum plim ienro de la Ley de

Recom pensas

de diciem bre de

1881. El M inistro

de

G uerra,

Carlos

Castellón,

dirigió

a

todos

los

C o m an d an tes

G enerales

de Arm as

de

la

República,

una

circular

con

el

propósito

de

recopilar

inform ación

estadística

de los h u érfa n o s

de guerra para co n o c e r

‘su

de

recolección

de datos

fue

dispar.

Mientras

n ú m e ro ,

que

en

edad y c o n d ic ió n ’"'1. El

Melipilla,

Llanquihue,

proceso

Castro

y

Q uincbao

no

se

reportaron

menores

inscritos,

en

Rancagua

tan

sólo

tres

huérfanos

fueron

anotados

en

los

registros

correspondientes,

al

tiem po

que

en

Linares

se

estableció cque sólo cu atro

m eno res

estaban e n

c o n d ic io n e s de ser in clu id os d entro de

los b e n efic io s que la ley

disponía.

M ucha m ejor suerte corrió el proceso de acreditación en Santiago. El

de

1882,

el

C o m an d an te

General

de

Armas

de

Santiago,

Pedro

Lagos,

10 de octubre

remitió