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En una casita pequeña del campo vivía una niña llamada Nía.

Su Tenían comida y un techo en donde dormir así que ellos se


sentían muy felices con eso. Su madre era una mujer humilde
que no tenía mucha riqueza sin embargo Nía junto con sus
tres hermanos trataban de salir adelante como podían y sin
poder permitirse ningún tipo de lujo.

Su madre soñaba con que algún día su hija Nía pudiera


estudiar. Ella tenía muy claro que no querían para su hija la
vida que ella llevaba y aspiraba que su pequeñita tuviera un
futuro mejor que el que ella tenía.

Nía consciente de todo lo que hacía su madre por ella y por


sus hermanos trataba de ser una chica muy buena, aplicada,
inteligente y estudiosa, pero había ciertos días en donde se
encontraba con un problema que le ponía las cosas un poco
más difíciles. Durante el día ayudaba a su madre en todo lo
que podía incluyendo en su trabajo, pero cuando quería por fin
ponerse a estudiar, ya era de noche y todo estaba muy oscuro.
Esto resultaba un gran inconveniente para ella porque en su
casita de madera no había ningún foco que la alumbrara.

Estaba triste y desesperada. Nía quería leer y estudiar pero sin


luz no podía leer, deseaba aprobar los exámenes de la escuela
y con los años poder ir a la universidad, pero en esa habitación
a oscuras no podía hacerlo.
Invierno

Era tiempo de que las


estaciones cambiaran así
que el frio invierno
apareció y Nía una noche
se asomó a la ventana para
ver el fabuloso y mágico
paisaje nevado. Estaba
muy concentrada en el
color de la nieve cuando
se dio cuenta de que la nieve emitía una luz blanca muy bella.

Nía que era una niña muy lista, decidió aprovechar esa
pequeña oportunidad que le brindaba la naturaleza. Se puso un
abrigo caliente, sus botitas color rosado, cogió su mochila y
metió todo lo que más pudo libros, cuadernos, lápices y todo
lo que le ayudara a estudiar, y salió de la habitación caminando
muy despacito para no hacer ruido y que nadie se despertara.

La capa de nieve era muy pesada pero a pesar de todo eso se


lanzó sobre ella. Abrió uno de sus libros favoritos y gracias a
la luz brillante y blanca que se reflejaba en la nieve pudo leer
y aprovechar para aprender más. El frío era muy fuerte y sus
manos estaban tan congeladas que casi no podía pasar las
páginas, pero eso no le importaba porque sentía que valía la
pena el esfuerzo. Y se quedó allí toda la noche y todas las
noches siguientes.

Primavera

Así fue como ese invierno la ayudo pero llego el momento en


que los rayos de sol de la recién llegada primavera derritieran
la nieve. El pobre Nía observó muy triste y con lágrimas en
sus pequeños ojos negros cómo su única oportunidad de poder
estudiar se alejaba y ella no podía hacer nada.

Nía no sabía qué hacer para que el invierno regresara y esto la


tenía tan preocupada que no podía ni dormir. Una noche se
volvió a poner su abrigo y sus botitas y salió a caminar un
poco.

De pronto se resbalo en una piedra y tuvo una visión.

¡La visión que tuvo fue fabulosa! Contempló emocionado


cómo la primavera se había llevado la nieve y junto con ella la
mágica luz blanca, pero a cambio había traído un montón de
pequeñas luciérnagas que iluminaban y embellecían las
cálidas noches.

Mágica Visión

De pronto despertó de su pequeña visión y se quedó un rato


pensando sobre el hermoso espectáculo que había tenido y
surgió una nueva idea en su pequeña cabecita. Entró corriendo
a su habitación, cogió los libros y regresó al bosque. Se sentó
sobre las ramas de un árbol de capulí y dejó que sus amigas
las luciérnagas la acompañaran y le brindaran de su luz.

Noche tras noche iba a su árbol de capulí para poder estudiar.


Gracias a eso Nía pudo leer y así saber más cosas interesantes.
La niña era pobre y no tenía recursos, pero gracias a su
sacrificio, esfuerzo y voluntad, consiguió vencer las barreras
que tenía.

Así fue como durante la estación de invierno ella estiraba con


la resplandeciente luz blanca que generaba la nieve y cuando
llegaba la primavera estudiaba con la luz de sus amigas las
luciérnagas.

El resultado de su pequeño sacrificio fue que Nía consiguió


superar todas las pruebas y exámenes de la escuela siendo la
mejor estudiante.

Cuando por fin cumplió 18 años entró a la universidad y llegó


a convertirse en una mujer muy sabia y con mucho dinero
tanto que logró sacar a su mama y a sus tres hermanitos
adelante. La vida la recompenso e hizo que tenga una larga y
bonita vida.