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CONTROL POLITICO

El poder, entendido por Max Weber como "la posibilidad de imponer la propia
voluntad sobre la conducta ajena", se ha considerado de naturaleza maligna a través del
tiempo por la tendencia que existe de quien lo ostenta a aumentarlo, llegando incluso al
despotismo y la tiranía.

El control político es una institución que explica y comprueba la democratización


del poder, cuyas funciones están racionalmente distribuidas en un Estado constitucional.
Gracias al control político, vigilante, indagador y fiscalizador, es posible limitar los
excesos, ya que el supremo poder no admite competencia ni par.

Partiendo del supuesto de que "el poder tiende a corromper y el poder absoluto
corrompe absolutamente", en el primer capítulo de su obra, la doctora Carla Huerta
Ochoa, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, establece la
relación existente entre el orden normativo y el poder. Aunque se manifiesta en distintas
formas como el poder económico, ideológico o militar, enfatiza que su análisis jurídico
remite necesariamente al poder político, que se basa en el ejercicio de la coacción
haciendo uso de la fuerza legal.

Los gobernados tienen derecho de limitar a su detentador para evitar el exceso en


su práctica. La Constitución, por ser ley suprema y organizadora del Estado, es el
instrumento idóneo para controlar el poder político que la teoría clásica distribuye en los
órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial, sin embargo, en la actualidad se concibe que
una tajante separación de las funciones correspondientes a su ejercicio diluye una de las
mejores posibilidades de control, que es la cooperación, es decir, la realización conjunta
de actos.

Esta interdependencia de los órganos evita la concentración del poder en una sola
mano y cumple con la función de ser equilibrio y limitación. Así, aunque el Legislativo es
un órgano deliberante autorizado para elaborar leyes, también cuenta con facultades
político-administrativas como la delimitación del territorio del Estado; el desafuero y juicio
político son ejemplos de sus facultades político-jurisdiccionales. El Poder Ejecutivo se
encarga de la correcta observancia de las normas, pero realmente legisla al expedir un

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reglamento, haciendo uso de su facultad reglamentaria. Por su parte, el Judicial se
encarga de asegurar la eficacia del sistema jurídico a través de la defensa de la
Constitución y los derechos fundamentales, además de regular entre el Legislativo y el
Ejecutivo, vigilando que no se invadan las esferas competenciales.

Los órganos constitucionales autónomos también rompen con la concepción


tradicional del principio de división de poderes, sin embargo, son un límite al poder, no un
medio de control. El control puede clasificarse, por su temporalidad, como previo
(preventivo) y posterior al acto, el primero busca evitar un daño causado por el uso
excesivo de facultades de la autoridad, y el segundo, pretende remediarlo una vez que ya
ocurrió. Así, el control del poder político es la facultad concedida a los órganos del Estado
por el orden jurídico para que vigilen la observancia de las limitaciones establecidas al
ejercicio de sus funciones, y las hagan efectivas.

Históricamente, los pueblos en su búsqueda de libertad han rechazado el


monopolio del poder absoluto, utilizando mecanismos de control a través de sus
instituciones. El enfrentamiento entre Monarquía y Parlamento, concluyen en Inglaterra
con el triunfo de Pitt (1784), más tarde, el pueblo insurgente en la Revolución Francesa
(1789) logra que se reconozca como fuente del poder político, la voluntad general. Y que
para preservar la libertad, el Estado debe sostenerse sobre la división y separación de
funciones. Desde entonces en un Estado constitucional la conformación del poder es
triangular: gobierno, parlamento y pueblo. Y que en todo sistema político democrático, el
control político es mutuo.

De acuerdo con Loewenstein hay dos tipos de control: el horizontal y el vertical.


El primero comprende el control intraórgano, que se produce cuando opera eficazmente
dentro de la organización de un solo detentador del poder que bien puede ser un órgano
colegiado. Y el control interórgano, que funciona entre diversos detentadores del poder
que cooperan en la gestión estatal. En éste último control, se dan dos casos: a) cuando
los detentadores del poder comparten constitucionalmente el ejercicio de la función,
controlándose mutuamente, ejemplo: la aprobación de un tratado suscrito por el Ejecutivo,
tiene validez cuando el Parlamento lo apruebe; y b) el detentador individual de un poder
está autorizado constitucionalmente para intervenir discrecionalmente en la actividad del
otro, ejemplo: el Presidente observa una ley aprobada por el Parlamento, devolviéndola.

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CONTROL CONSTITUCIONAL

El Control Constitucional es un mecanismo que consiste en verificar si las leyes


contradicen a la Constitución por el fondo o por la forma. El control de la legalidad tiene la
misma finalidad respecto a las normas de inferior jerarquía. Además, el control de la
constitucionalidad y de la legalidad de las normas jurídicas comprende también la
protección de los derechos fundamentales de la persona consagrados en la Constitución.

Doctrinariamente y en la práctica existen dos sistemas de control de la


constitucionalidad y legalidad de las normas jurídicas, según sea el órgano al cual la
Constitución encargue dicho cometido. Uno de ellos se denomina CONTROL
CONCENTRADO porque se crean órganos constitucionales con la específica finalidad de
ejercer el control de la constitucionalidad de las leyes; y, el otro sistema se llama
CONTROL DIFUSO, porque cualquier operador del derecho, en caso de conflicto entre
una norma de superior jerarquía con otra de inferior jerarquía, debe preferir la primera al
resolver un caso concreto. Por su origen, al primer sistema se le llama austriaco o
europeo y al segundo americano.

Con la evolución de los sistemas de control, diversas Constituciones, entre ellas la


nuestra, establecen ambos sistemas, puesto que no son incompatibles, no obstante que
difieren en cuanto a sus efectos, pues en el sistema concentrado la sentencia que declara
la inconstitucionalidad de la ley deroga la ley inconstitucional; mientras que en el sistema
americano o difuso el órgano que debe resolver, que puede ser el órgano jurisdiccional,
inaplica la ley inconstitucional al caso concreto del que está conociendo, pero la norma
queda vigente.

El Control Difuso, como Control de la Constitucionalidad de las Leyes tiene su


origen en los principios del constitucionalismo norteamericano en el cual, se le reconoce a
la Constitución el carácter de Norma Suprema y se le da a los jueces la función de velar
por la protección de la misma. Al juez lo obliga la ley y por encima de ésta la Constitución.

El Sistema de Revisión de la Constitución, Judicial Review, inaugurado por el


juez Marshal quien aplicó el método difuso en el caso Marbury vs. Madison en 1803 en
USA, todos los jueces y todos los tribunales deben decidir sobre los casos concretos que

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les son sometidos "de conformidad con la Constitución, desistiendo de la ley
inconstitucional". Lo que constituye "la verdadera esencia del deber judicial". Sin embargo,
en este sistema de control de la constitucionalidad, este papel le corresponde a todos los
tribunales y no a uno en particular, y no debe considerarse sólo como un poder, sino
como un deber que les está impuesto para decidir sobre la conformidad de las leyes con
la Constitución, inaplicándolas cuando sean contrarias a sus normas.

Teniendo en cuenta los antecedentes, podría valuarse que el método denominado común
o difuso faculta a todos los jueces de un país determinado a declarar la
inconstitucionalidad de las leyes; pues, si la Constitución es la ley suprema del país y si se
reconoce el principio de Supremacía Constitucional, la Constitución se impone a cualquier
otra ley que le sea discordante.

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DIFERENCIA ENTRE CONTROL POLITICO Y CONTROL CONSTITUCIONAL

El control de constitucionalidad en nuestro Derecho conforma un sistema


institucional amplio y complejo. Puede y debe ser realizado tanto por medios políticos
como jurisdiccionales. La finalidad perseguida en ambos casos es idéntica: sostener la
vigencia y efectividad de la Constitución misma, como Ley Suprema ; y ello involucra tanto
el régimen de gobierno (republicano, representativo y federal) como el sistema liberal de
derechos y garantías individuales que conforman el plexo de Derechos Humanos.

El control "político" de constitucionalidad corresponde, según la Constitución


Nacional, tanto a las Cámaras de Diputados y Senadores al Presidente de la, como al
cuerpo electoral. Este control se funda en el propio sistema republicano, que traduce la
voluntad del pueblo como supremo legislador, en forma directa o por vía de
representación; esto es, según los medios constitucionales previstos al efecto.

Así, por ejemplo, el cuerpo electoral ejerce el control de constitucionalidad


mediante la crítica pública expresada, en general, por medio del sufragio (con límite en el
sistema derechos y garantías constitucionales), y también en particular tanto mediante un
referéndum o una consulta popular, ad hoc y vinculantes, o, incluso, por medio de la
prensa.

La "crítica" que interesa rescatar es la que se manifiesta como “análisis” (juicio,


apreciación, estimación, opinión, evaluación, calificación) y como “censura” (reproche,
acusación, burla, sátira, reprobación). La Corte Suprema interpretó que el ejercicio de la
libre crítica a los funcionarios por razón de actos de gobierno, hace a los fundamentos
mismos del régimen republicano. Así, por ejemplo, entre muchísimos otros, “Héctor
Costa” de 1987 (La Ley 1987¬B, 269), “Juan Amarilla” de 1998 (La Ley, 1998¬F, 118)

La Constitución establece que el Poder Judicial también tiene el poder-deber para


ejercer el control de constitucionalidad cuando le atribuye el conocimiento y decisión de
puntos regidos por la Constitución, las leyes nacionales y locales y los tratados
celebrados. El fundamento es funcional, y deriva implícitamente del principio de división
de poderes.

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Art. 116 de la Constitución Nacional: Corresponde a la Corte Suprema y a los
tribunales inferiores de la Nación, el conocimiento y decisión de todas las causas que
versen sobre puntos regidos por la Constitución, y por las leyes de la Nación, con la
reserva hecha en el inc. 12 del Artículo 75: y por los tratados con las naciones extranjeras:
de las causas concernientes a embajadores, ministros públicos y cónsules extranjeros: de
las causas de almirantazgo y jurisdicción marítima: de los asuntos en que la Nación sea
parte: de las causas que se susciten entre dos o más provincias; entre una provincia y los
vecinos de otra; entre los vecinos de diferentes provincias; y entre una provincia o sus
vecinos, contra un Estado o ciudadano extranjero.

Lo que diferencia a ambas manifestaciones del control, podría decirse, es el


criterio rector y la posibilidad y elementos disponibles para efectuar el cálculo de
razonabilidad de las consecuencias de la decisión que, frente a una ley o acto
inconstitucional, se adopte; dicho de otra manera, ¿el medio adoptado es razonable para
conseguir el fin constitucional que lo justifica o permite?

 en el control político, por ejemplo, la decisión aparece influenciada por criterios de


"oportunidad" y sus consecuencias son –o deberían ser– generales y abstractas;
 en el control jurisdiccional, en cambio, la decisión sólo puede estar influenciada
por criterios de "justicia" aplicables al caso concreto, y en ello van sus
consecuencias.

Veamos un caso nacional para ilustrar, brevemente, el punto. Las normas de


emergencia dictadas por el Congreso de la Nación responden, generalmente, a un cúmulo
de circunstancias económicas, sociales, etc. Esa es la “oportunidad” considerada para su
dictado. Ahora, supongamos que el Parlamento no efectúa el control de constitucionalidad
de la normativa, o si lo efectúa decide que la misma no es inconstitucional, esto es, los
costos sociales previstos de su aplicación son razonables frente al fin que con esa
normativa se persigue; y que, del mismo modo, a su turno, el titular del Poder Ejecutivo
coincide pues no la veta.

Supongamos ahora que los ciudadanos que se hubieran sentido afectados por
aplicación de ese plexo normativo, lo cuestionaran judicialmente. Podrían obtener así una
decisión concreta del Poder Judicial –control de constitucionalidad mediante– que

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rescatara sus derechos, frente a la injusticia derivada de la aplicación de la normativa
general ante sus situaciones particulares.

Esto permite afirmar que sólo en la medida en que funcionen los controles (político y
jurisdiccional) y se eviten decisiones inconstitucionales –que son tales por afectar
derechos y garantías individuales de manera irrazonable por inoportuna e injusta– se vive
en un Estado constitucional de Derecho.

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EJEMPLOS DE PODER POLITICO

Una de las características fundamentales de la Democracia está dada por el derecho


que tienen los ciudadanos de fiscalizar, controlar y, eventualmente, revocar el ejercicio
del poder que han delegado en los agentes estatales.

Para que estas facultades de la ciudadanía puedan ejercerse con eficacia, se


requieren herramientas institucionales que faciliten el acceso a la información pública,
mecanismos que permitan hacer efectiva la responsabilidad política de las autoridades
que incurran en conductas definidas previamente como reprochables y, por cierto, una
auténtica libertad de opinión y expresión.

Así encontramos como ejemplos de estos mecanismos:

Referéndum revocatorio, el voto programático, cámaras ciudadanas digitales,


iniciativa popular de ley –en tanto permite a los ciudadanos proponer cambios que
afecten a los representantes–, derecho de petición, derecho de reunión, libertad de
manifestación, etc.

En cuanto a tipos de gobiernos democráticos, cada ordenamiento constitucional se


define por uno u otro modelo de gobierno o adopta y combina características de más de
uno de acuerdo con su realidad política y social.

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EJEMPLOS DE PODER CONSTITUCIONAL

Controversias Constitucionales:
Una controversia constitucional es un proceso jurisdiccional seguido ante la Suprema
Corte de Justicia de la Nación como instancia única en la que se dirimen conflictos de
constitucionalidad o de legalidad surgidos a partir de las distribuciones competenciales en
los distintos órdenes jurídicos o derivados del principio de división de poderes.

Acciones de Inconstitucionalidad:
Las acciones de inconstitucionalidad son uno de los juicios de control de
constitucionalidad previstos en la Constitución federal, y se encuentra en su artículo 105,
fracción II. El objetivo de los juicios de control de constitucionalidad es justamente revisar
que las normas jurídicas secundarias y los actos de las autoridades respeten la
Constitución. Las acciones de inconstitucionalidad, en concreto, sirven para reclamar la
inconstitucionalidad de una norma general. El tipo de control constitucional que se ejerce
mediante este juicio suele llamarse “control abstracto”, pues no es necesario probar que la
norma reclamada ha producido un daño específico, sino que basta argumentar
hipotéticamente y de manera abstracta cuál es la afectación que su vigencia provoca a
uno o más artículos de la Constitución federal.

Juicios de Amparo:
El juicio de amparo es un procedimiento autónomo con características específicas
propias de su objeto, que es el de lograr -se dice en el Manual del Juicio de Amparo, de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación- la actuación de las prevenciones constitucionales
a través de una contienda equilibrada entre el gobernador y el gobernante.

El juicio de amparo se ha consolidado como uno de los medios jurisdiccionales de


control de la constitucionalidad de mayor importancia y trascendencia para el sistema
jurídico mexicano, junto con las controversias constitucionales y las acciones de
inconstitucionalidad. El punto de partida es que el amparo procede contra actos de las
autoridades que vulneren las garantías individuales, teniendo sus resoluciones efectos
restitutorios al buscar como finalidad el precisamente restituir al quejoso en el goce de la
garantía individual violada, es decir, dejarlo como estaba antes del acto lesivo de la
autoridad.

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Juicios Políticos:
El Juicio Político es un proceso sumario de una sola instancia a cargo de un
órgano formalmente legislativo (Congreso de la Unión), pero el proceso es de índole
materialmente jurisdiccional (se juzga y se condena con fuerza imperativa) seguido contra
un servidor público de alta jerarquía de cualquiera de los tres poderes públicos por la
comisión de conductas (acciones y omisiones) graves. En caso de determinarse
responsabilidad concluye con una sanción: destitución e inhabilitación.

El Juicio Político constituye una función de control constitucional: formalmente


legislativa, pero materialmente jurisdiccional llevada a cargo por un órgano político
(el Poder Legislativo) que sólo permite la remoción o inhabilitación de ciertos servidores
públicos de alta jerarquía a los que se sancionan por violaciones a la Constitución, leyes y
programas federales. La mayoría del cuerpo legislativo puede destituir de sus cargos a los
principales empleados públicos federales: entre ellos a otros legisladores que no forman
parte de esa mayoría en las Cámaras respectivas. El único de los altos empleados
públicos que no puede ser destituido por este procedimiento es el Presidente de la
Republica.

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