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UNIVERSIDAD METROPOLITANA DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

Facultad de Historia, Geografía y Letras

La c ó lera de Aquiles
presente en la Il íada

Nombres: Francisca Edwards


Daniela Martínez
Constanza Santibáñez

Sección: A

Fecha: 2012-06-27
Introducción

En el presente trabajo tenemos como objetivo llegar a comprender y analizar la cólera de


Aquiles como el asunto principal presente en la Iliada, no podríamos comprender este
relato sin antes observar discriminar claramente que el tema principal no es la guerra de
dos pueblos ni como se resuelve este problema y si ésta llegase a ser comprendida así
estaríamos incurriendo en un grave error puesto que como lectores debemos adentrarnos y
hacer una recreación de la obra, sin perder los márgenes constitutivos que ha tenido desde
un comienzo, es decir centrarnos en la cólera de Aquiles y no en el conflicto de los
pueblos.

Para lograr llegar a un conocimiento y entendimiento verdadero, nos basaremos en un


marco teórico el cual contemplara la visión del mundo griego, y tener conocimiento que las
creación Homérica es entendida en la actualidad como primer intento de tragedia es por
esto que aquí la concatenación de hechos que están destinados a un fin, es reconocida
como los comienzos de la tragedia, para no caer en un error al intentar traer la obra al
presente sin comprender el contexto en el cual fue creado, además haremos una síntesis e
inducción del significado de catarsis, para de este modo, tener la comprensión acabada de
este termino, cómo es utilizado en la obra, y comprender la relación que tiene más adelante
con la concatenación de hechos que ocurren; sin lugar a dudas es indispensable
comprender la Iliada y los sucesos que allí ocurren como los comienzos de la tragedia
griega, ya que se aprecian los rasgos característicos de esta, como es el fallo trágico, y de
cómo este puede ser superado a través de las cuatro virtudes cardinales, desarrolladas y
especificadas a lo largo de la historia por Aquiles.

A continuación presentaremos un marco teórico que no adentrará al tema principal de


nuestro trabajo, y con ellos esperamos que nuestro tema esté desarrollado de la mejor
manera, para que sea útil al desarrollo de nuestros estudios y a la vez esté acorde a lo que
se espera.
Marco teórico

Para adentrarnos en la comprensión de lo que significa la cólera de Aquiles en la Ilíada,


tema de nuestro trabajo; debemos tener clara la visión de mundo que poseía la Antigua
Grecia o, por lo menos, intentar abarcar lo que nos sea indispensable para comprender la
trascendencia que posee esta obra de Homero para el griego clásico.

Ante todo, debemos saber que La Ilíada, es atribuida al poeta griego Homero (siglo VIII a.
C.) y aunque está aún en disputa reconocer si las obras fueron creadas por él o incluso si
éste existió realmente, se le considera el primer poeta occidental y sus obras fueron las más
importantes para el griego clásico. En cuanto a la composición de la Ilíada, a pesar de las
controversias, la opinión mayoritaria es que fue creada en la segunda mitad del siglo VIII
a.C.

La Ilíada, que obtiene su título de Ilión, uno de los nombres de Troya, nos muestra, a través
de su historia, la concepción del mundo griego, en cuanto a la relación entre los dioses y el
hombre, así como la importancia que tenía para ellos el acto humano, la mesura y la
justicia y el modelo de hombre que estos poseían.

Para Micea Eliade, el mito es una historia sagrada, por ende, de carácter real, que se sitúa
en los tiempos primigenios y explica cómo, gracias a las acciones de seres sobrenaturales,
algo ha llegado a existir. Esto puede ser la realidad completa, o sea, el cosmos, o tan sólo
un fragmento: sea un lugar, un ser vivo u otra cosa. La función principal del mito, según
Cencillo, es darle un sentido a la existencia humana y sus acciones, así como proporcionar
un saber totalizador que reúne de forma intuitiva las diferentes dimensiones de la realidad
que puede percibir todo ser humano.

El hombre griego, como toda civilización, creó los mitos para dar respuesta a las preguntas
que tenía sobre la vida, pero, a diferencia de las otras civilizaciones, los griegos alcanzaron
el más alto sistema mitológico del mundo antiguo, construyendo un conocimiento
profundo de la existencia y condición humana, ya que lograron concebir dioses
antropomórficos, lo cuales, siendo perfectos en virtudes y defectos, encarnaban y eran la
prospección y proyección de todos los aspectos de la condición humana.

Por esto, también, se dice que el humanismo se crea en la Antigua Grecia, ya que, a pesar
de ser un pueblo que poseía una concepción religiosa, lo que esta representa es una visión
arquetípica del ser humano, mediante la cual, el hombre, que es un ser imperfecto pero con
posibilidad de perfeccionarse, obtiene una guía para lograrlo y alcanzar el estado de areté,
que, en uno de sus sentidos, es la posesión de las cuatro virtudes cardinales: fortaleza,
templanza, prudencia y justicia; en las cuales, las tres primeras corresponderían a las tres
partes del alma y la justicia generaría la armonía entre ellas.

Para el hombre griego era importante lograr perfeccionarse y volverse un hombre justo ya
que, en su concepción de mundo, los dioses y los humanos conformaban una relación
armónica, y los humanos eran los únicos con la posibilidad de romper el equilibrio
cósmico, debido a que poseían la capacidad de elegir, tomar decisiones tanto justas y
buenas como injustas y funestas; y serían estas decisiones las que podrían provocar un
desorden en el Universo que afectaría a los hombres y los dioses.

Esta libertad de elegir, es tan peligrosa para el griego antiguo, porque el hombre, como se
dijo anteriormente, es un ser imperfecto y esto se refleja, por ejemplo, en su incapacidad de
conocer la verdad absoluta, por lo cual, sus actos están sujetos al error, debido a su
ignorancia. Por esto es que para el griego antiguo fuera tan trascendental el acto humano y
cómo lograr que estos fueran lo más justos posibles, para no provocar un daño a sí mismos
y al cosmos.

Para esto es, por tanto, que el hombre debe perseguir las cuatro virtudes cardinales que lo
llevarán a no cometer actos errados. En el mito del carro alado de Platón, este nos da una
visión de lo que son las cuatro virtudes cardinales, por medio de la representación de un
carro conducido por un áuriga y que poseía dos caballos, uno blanco y el otro negro.

Para Platón, las cuatro virtudes cardinales quedaban resumidas este carro que representaba
al alma humana: en primer lugar, el caballo negro representaba nuestra parte concupiscible,
que poseerá la virtud de la templanza o moderación, siempre y cuando el áuriga, que es la
razón, controle al caballo negro, es decir, los instintos y pasiones humanas. Después
tenemos al caballo blanco, que es lo irascible, poseerá la virtud de la fortaleza o valentía y
buscará defender el bien, por último, el áuriga debe ser la razón, que poseerá la virtud de la
prudencia, ya que sabrá discernir entre lo bueno y lo malo. La justicia será la suma de las
otras tres virtudes y será la responsable de que las otras actúen en armonía.

En el caso de la epopeya la Ilíada, observamos de forma patente un claro ejemplo que


representa esta visión de mundo griega, ya que Aquiles, encolerizado con Agamenón,
decide no participar en la guerra junto a sus guerreros, provocando un desorden cósmico
que recrudece la guerra y baja la balanza en favor de los troyanos, haciendo que Patroclo,
íntimo compañero de Aquiles, quiera ayudar a sus compatriotas y bajar a pelear, cayendo
muerto en manos de Héctor, príncipe troyano. En este punto, Aquiles vuelve a la guerra,
pero esto no calma el desequilibrio que generó tanto daño a los aqueos y a sí mismo, por
esto, aunque se venga de Héctor y lo mata, no es hasta que termina por conseguir las cuatro
virtudes cardinales y consigue actuar de manera justa, devolviendo al padre de Héctor su
cuerpo para darle sepultura, que el equilibrio vuelve al cosmos y los aqueos cumplen su
destino de destruir a Troya.

A continuación, presentaremos en detalle los argumentos que nos llevan a dar como tesis
que el tema central de la Ilíada es la cólera de Aquiles y por qué esta es una representación
ejemplificada de la cosmovisión griega, así como un modelo para que los hombres busquen
la justicia en sus actos.
1. Origen y causa de la cólera de Aquiles

Esta obra tiene como meollo la cólera del pélida Aquiles contra el rey Agamenón y las
consecuencias que esta tiene para los aqueos, los cuales están inmersos en la lucha en
contra del pueblo troyano, debido a que uno de los hijos del rey Príamo, Alejandro, se robó
a Helena, esposa de Menelao, rey de la Esparta micénica; por lo cual se unieron en su
ayuda muchos pueblos aqueos para ir a recuperar a su esposa. Sitiaron a Troya durante
nueve años, pero el libro sólo nos cuenta lo ocurrido en un periodo del último año de la
guerra, en el cual, Aquiles, el mejor de los guerreros aqueos, se niega a participar en la
batalla, ocasionando que los troyanos estén a punto de vencer a los aqueos.

El tema central de la Ilíada, como se dijo anteriormente, no es la guerra de Troya, ni el


destino del protagonista, sino que es mostrarnos la cólera de Aquiles, y la serie de hechos
que se desarrollan a partir de esta, que provocarán consecuencias funestas, tanto para el
protagonista y los que lo rodean.

Esta ira estará ligada al campo psicológico y moral, pues se refiere a conductas enfermizas,
que en este relato cometerá Aquiles. Estos actos errados son los que se deben remediar,
pues sin lugar a dudas traerán en un futuro próximo consecuencias terribles. La cólera
descrita, además, estará más allá del bien y del mal, pues es enviada por los dioses.

La mênis, (nombre griego que significa 'cólera'), desciende del cielo, ya que nace de la ira
de Apolo. El sacerdote del templo de Apolo, Crises, pide la devolución de su hija Criseida,
la cual fue hecha prisionera por Agamenón. El rey se niega pues era muy codicioso, por lo
que ofende al representante del dios y le niega su petición. Por esto, Apolo envía una peste
a los aqueos, la cual posee un rasgo simbólico puesto que proviene de la ira de Apolo; esta
provoca la ira de Agamenón, y también la de Aquiles. Es decir, esta cólera brota, se
expande y empieza a crecer.

Aquiles para calmar la ira divina recomienda que se le dé la libertad a la cautiva; el Atrida
se encoleriza, y solo accederá con tal de que Aquiles le entregue a cambio a la esclava
Briseida, amada por el pélida, por lo que Aquiles, furioso ante la injusticia del acto del rey,
se retira de la lucha y los aqueos se darán cuenta de que sin él no lograrán ser vencedores.
Estos son, por tanto, los hechos que motivan la cólera.

2. Desorden cósmico y los hechos concatenados que provoca la cólera del pélida

Puesto que Aquiles es un semidiós, ya que Peleo fue su padre (mortal) y Tetis (diosa
marina) su madre, además de que Apolo es quien esparce la ira debido al desaire que
recibe su sacerdote y que, tanto Hera como Atenea, buscan la destrucción de Troya, porque
Paris no las consideró las más hermosas; se ven involucrados, en distintos niveles, los
hombres y los dioses, generándose un conflicto universal, puesto que todo el Universo
griego está presente en la lucha. Y, ante el caos que produce este desorden cósmico que
causa la ira de Aquiles, además de la tardanza en el cumplimiento del destino de Troya, los
funestos sucesos concatenados podrán terminar al aplacarse el desequilibrio universal, en
cuya tarea trabajarán los dioses, ayudando a uno y otro bando, para lograr cumplir con el
destino cósmico.

Todos los troyanos y aqueos son víctimas de la cólera, y el sufrimiento de los guerreros
aqueos sólo llegará a su fin cuando el desorden cósmico provocado por la ira termine. Zeus
accederá a los ruegos de Tetis, que exige al dios que vengue la injusticia de Agamenón
hacia su hijo Aquiles y, mediante un engañoso sueño, hará que Agamenón reanude la
lucha, pero sin Aquiles, los aqueos no vencerán. Y este no cambiará de parecer hasta la
muerte de su amado amigo Patroclo, debido a cuánto le afecta este hecho.

Luego, en medio de la batalla, Héctor incendia las primeras naves, hecho que podría causar
el fin de los aqueos, pero Aquiles aún enceguecido por la mênis no se quiere incorporar al
campo de batalla, por lo que envía a Patroclo vistiendo su armadura para que atemorice a
los troyanos y con esto cesar el violento ataque, pero como Zeus ya había decretado el fin
de la cólera con el deceso de Patroclo, éste muere a manos de Héctor y aquí es cuando la
consecuencia de la cólera llega al punto culminante. Aquel suceso hiere profundamente a
Aquiles ya que era este era su gran compañero y, por ende, ahora es donde la cólera ya no
se vuelve contra los aqueos sino que se vuelve irremediablemente contra el mismo Aquiles,
habiéndose provocado el deceso de Patroclo por culpa de su ira.

Es este momento, la cólera de una u otra forma se ve transformada en sed de venganza en


contra del príncipe troyano, por lo que comienza la expulsión de la ira: Aquiles entra al
campo de batalla y enceguecido de dolor se enfrenta con quien encuentre a su paso, hasta
llegar donde está Héctor (es importante mencionar que Héctor llevaba puesta la armadura
de Aquiles, lo cual es un símbolo que pone de manifiesto la lucha consigo mismo y sus
pasiones descontroladas). En ese instante, Zeus ubica en la balanza la vida de ambos pero
Héctor cae ante Aquiles.

En esta catarsis de expulsión de la mênis, Aquiles, luego de asesinar a Héctor, arrastra los
restos de este atados en su carro durante nueve días, mutilando el cuerpo día tras día, pero
cuando llega Príamo el anciano padre de Héctor a pedir los restos de su amado hijo y
Aquiles ve la vejez y el dolor de este padre, le entrega el cuerpo en un acto completamente
limpio de odio y de venganza, ofreciéndole la oportunidad al padre de hacer los merecidos
funerales, que también pudo hacerle a Patroclo.

Es con este acto que Aquiles termina de alcanzar las virtudes cardinales propias de un
héroe, donde cesa su cólera y pone fin al desorden cósmico que enturbió la guerra.
Después de esto, los acontecimientos siguen el curso que las parcas había tejido: Aquiles
muere en la guerra, los aqueos vencen a Troya, ésta es destruida y Helena vuelve con su
esposo Menelao.
3. Las cuatro virtudes cardinales que permiten reestablecer el orden cósmico

Como nos referimos en el marco teórico, para que un hombre logre hacer que sus actos
sean justos y, además, alcance el título de héroe, es necesario que adquiera las cuatro
virtudes cardinales. A continuación mostraremos los hechos en los cuales el pélida Aquiles
va obteniendo a través de la obra las virtudes, que finalmente le permitirán obrar
justamente al devolver el cuerpo de Héctor a su padre Príamo y, con esto, reestablecer el
orden cósmico.

En primera instancia, la fortaleza es una virtud que posee desde siempre, puesto que es hijo
del héroe Peleo y Tetis, la diosa marina, por lo tanto, como semidiós, la fortaleza le es
propia desde sus orígenes, y, además, en el libro se le menciona como el mejor guerrero de
los aqueos y el único que puede volver a su favor la batalla.

Por otra parte, la templanza es la segunda virtud que adquiere cuando cesa el odio contra
Agamenón, moderando sus pasiones y resolviendo luchar a favor de los Aqueos, pese a la
injusticia que cometió su rey, ya que sin su ayuda los troyanos jamás podrán ser vencidos y
porque, además, para vengar a Patroclo debe unirse a la batalla junto a sus compañeros.

En tercer lugar, alcanza la prudencia al obedecer a su madre Tetis cuando ésta lo insta a
que debe esperar hasta el amanecer y no reaccionar bajo sus impulsos, sino que esperar
durante la noche, a que Hefesto forje la nueva armadura con la que enfrentará a Héctor, en
venganza por la muerte de Patroclo.

Por último, luego de que las tres partes de su alma están en armonía, cuando ya ha matado
a Héctor y comienza a mutilar su cuerpo, sin querer permitirle a nadie entregarlo para
sepultura, por no haber satisfecho aún su deseo de venganza; ayudado por los dioses,
Príamo llega a implorar con una humanidad infinita el cuerpo de su hijo. Aquiles,
conmovido y viendo reflejado su padre mortal en el rey de Troya, le devuelve el cuerpo de
su hijo. Este es el acto justo que le entrega la última virtud cardinal, la justicia, y
reestablece el orden cósmico que había roto su cólera.

Con la recopilación de hechos que hacen de Aquiles un héroe, damos cuenta que al
alcanzar las cuatro virtudes cardinales, consigue también la excelencia, puesto que piensa y
obra de forma perfecta y, por ende, logra alcanzar el areté que es la virtud máxima a que
todo hombre debe aspirar.
Conclusión

A través del presente trabajo, quisimos exponer lo más claramente posible la trascendencia
que posee la Ilíada para el mundo griego, asimismo el tema que nos concierne que es la
cólera de Aquiles en la obra ya que sin comprender este conflicto, estaríamos incurriendo
en una falacia pues interpretaríamos de forma errada la obra, como una guerra entre dos
pueblos y no como la cólera de Aquiles como conflicto principal. Usando los
conocimientos que adquirimos en el curso y los autores que fueron estudiados en el mismo
periodo. Creemos haber logrado nuestro cometido y profundizar nuestros conocimientos
tanto de la visión cósmica griega como de la obra en cuestión.

En primer lugar, podemos observar que la Ilíada es una obra cumbre dentro de la literatura
universal, porque sintetiza magistralmente, no sólo un gran sentido estético literario, sino
también una representación cabal de todo lo que conforma la visión de mundo de la Grecia
Antigua.

Posteriormente conocemos la forma de concebir su sistema mítico, haciendo partícipes


directos a los dioses de los acontecimientos importantes de la vida humana, tanto en las
batallas entre polis como en las luchas internas del alma de los héroes épicos. Los griegos,
por tanto, demuestran que para las civilizaciones antiguas los mitos son una realidad
totalmente verdadera y tangible, que son la respuesta esencial de los actos más
trascendentales del hombre y configuran todo su destino.

Por tanto, podemos indicar que, para la visión mítica griega, el cosmos es una relación
armónica entre los hombres, la naturaleza y los dioses, la cual sólo puede romper el
hombre al cometer un acto injusto, entendiéndose como un acto errado y malo, el cual
provoca un rompimiento de la armonía y lleva a la batalla a dioses, que lucharán entre
ellos, tomando bandos opuestos, y al hombre, que batallará consigo mismo y con esto
llegar a provocar la perdición de la gente que él mismo ama.

Asimismo, observamos cómo para el hombre griego el destino de la humanidad depende


de los actos de cada individuo que compone su comunidad, sobre todo, los que cometan los
hombres más destacados del pueblo, ya sean semidioses, reyes o héroes. Lo cual podemos
ver claramente en que, la cólera de uno de sus guerreros, provocada por la injusticia de uno
de sus líderes, pudo haber llevado a todos los aqueos a la muerte y la destrucción.

En esta misma línea, se configurará, entonces, al acto humano como uno de los
componentes de la condición humana más importantes y delicados, debido a que si estos
no son cuidadosamente guiados por las virtudes cardinales, podrán ser un arma que
romperá el equilibrio cósmico y traerá amargas consecuencias, tanto al que comete el error,
como al resto de su pueblo. Por esto, el hombre, aun siendo imperfecto y sin la capacidad
de reconocer la verdad absoluta ni las consecuencias que pueden acarrear sus actos, puede
y debe aprender a controlarse, cuidar sus decisiones por medio de las virtudes cardinales,
las cuales le permitirán que, dentro de su humanidad, no se haga daño ni a sí mismo ni a
los demás.

En conclusión, creemos que la obra la Ilíada nos ofrece una visión estupenda de la
cosmovisión griega, con la cual podemos vivir, junto a Aquiles, los terribles frutos que
acarrean la obediencia a las pasiones humanas, en las cuales podemos perder hasta lo que
más amamos y, como, para arreglar los problemas que hemos causado, debemos
dominarnos bajo la razón, única capaz de darnos la posibilidad de concretar nuestro destino
de la mejor forma, lograr que nuestros pueblos ganen la gran guerra y, de paso, ayudar al
alma de un padre que ha perdido a su hijo, a que vuelva a la calma y con esto se
reestablezca el orden perdido en un comienzo.
Referencias

Libros

Cencillo, L. 1970. Mito, Semántica y Realidad. Editorial Católica

Eliade, M. 1991. Mito y Realidad. Barcelona. Editorial Labor S.A

Homero. 1984. Ilíada. Santiago de Chile. ERCILLA S.A

Lesky, A. 2001. La Tragedia Griega. Barcelona. El Acantilado

Thiele, G. 1969. Homero y su Iliada. University of Texas. Colección Estudios


Monte Avila

Documento electrónico

Giménez, F. Lecciones sobre Platón. Profesor de Filosofía de IES. Disponible en:


http://www.filosofia.net/materiales/tem/platon.htm