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Crímenes de ‘honor’, tradición y cultura

Introducción

El siguiente paper se enfocara en el entendimiento de los llamados “crímenes de honor”, es una


búsqueda desde occidente para entender la naturaleza y la legitimidad que manejaban estos
crímenes, y cuales han sido las estrategias tanto nacionales como internacionales, utilizadas para
contrarrestar estos delitos, que atentan en su mayor porcentaje a las mujeres, en áfrica, con más
casos registrados en Afganistán, Pakistán, Irán, Irak, Palestina, Turquía, Jordania, Congo,
Uganda, Nigeria, India y Bangladesh.

La reputación del hombre y de toda la familia depende de la buena conducta de la esposa, madre
o hija. A la mujer se le asigna la responsabilidad y el poder de controlar el honor masculino y al
mismo tiempo, la misma sociedad patriarcal demuestra las debilidades de las mujeres y la
superioridad masculina, que se ve tan marcada en los estados africanos. Dicho esto, se evidencia
la creación de una paradoja ya que la virtud primordial para los hombres, que es el honor
depende de la mujer, a la que de facto se le priva de sus derechos y libertades fundamentales
como individuo, lo anterior para recalcar que los crímenes de honor son prácticas culturales
perjudiciales en el ejercicio de los derechos humanos, pero, estos crímenes de honor no son
reconocidos como delitos en algunas legislaciones internas. El motivo de lo señalado
anteriormente se encuentra tanto en el amparo que les otorga el concepto de honor y el apego que
tienen estas culturas a la tradiciòn y a sus pràcticas socioculturales.

En este sentido el objetivo de este ensayo se enfocará en la explicaciòn y el análisis s de los


crímenes de honor como prácticas culturales perjudiciales y demostrar que se necesita una
definición universal y se clasifiquen esto crímenes como tales, lo anterior a la luz de la
convenciòn sobre la eliminación de todas las formas de discriminaciòn contra la mujer
(CEDAW) el ùnico instrumento de carácter jurídico y universal que alude a las prácticas
culturales como lo son los crímenes de honor, pero que se queda corta a la hora de la
erradicación de estos delitos. Por esto este necesario incluir en esta convención un instrumento
de carácter vinculante para los estados miembros.

¿Cómo podemos definir estos crímenes?

Según Human Rights Watch, los crímenes de honor “son actos de violencia, generalmente
mortales, cometidos por los miembros varones de la familia contra mujeres de la familia, que
consideran que han traído deshonor a la familia”. En efecto estos delitos constituyen una
manifestación de las prácticas culturales y de la violencia basada en el honor, ejercida en ciertas
sociedades que dejan a las mujeres en la posición de subordinaciòn frente a los hombre, quienes
simplemente actúan demostrando su dominio sobre ellas. Estos delitos en la mayoría de Estados
Africanos son tolerados en orden de limpiar la imagen del clan o de la familia (muchas veces tras
la persecución colectiva de las comunidades) , y la única manera de hacerlo es con la sangre de
la mujer “infractora”, lo curioso es que muchos de los comportamientos que se consideran
“inadecuados” son simplemente ejercicios de valentía impulsados por la literatura, la cultura
occidentalista y las exposiciones a los procesos globalizadores actuales, como estudia una carrera
universitaria, negarse a un matrimonio arreglado, dedicarse a un empleo mal visto entre los
suyos, o eligiendo una vida sentimental y sexual libre. Estas mujeres son tiroteadas, apuñaladas,
degolladas, lapidadas, envenenadas, decapitadas, electrocutadas, quemadas o enterradas vivas
por miembros de su familia, hermanos, padres, o esposos y está tan naturalizado que no existe
castigo alguno para los perpetuadores, que además de hacerlo en pleno uso de todas sus
capacidades en muchos casos, se escuchan orgullosos y sin arrepentimiento alguno. De esta
forma, los crìmenes de honor se enmarcan en un contexto cultural en el que las mujeres son
vistas como propiedad del hombre, y donde el honor constituye el valor primordial del hombre,
naturalizando la violaciones a los derechos humanos y a los derechos fundamentales de la mujer,
este contexto cultural es de vital importancia para el entendimiento correcto de estos delitos, ya
que amparar estas pràticas por la cultura está ligado a la defensa cultural.

Aunque no existe una definición universal de crímenes de honor, Welchman y Hossain (2005)
señalan que dichas atrocidades se encuentran justificadas en el orden social que exige la
preservación del honor. Esto se expresa en el control, sobre todo de la conducta sexual de la
mujer, que el hombre o la familia ejercen sobre ella. En consecuencia, existen varias
manifestaciones de crímenes de honor, tales como los asesinatos por honor, la mutilación genital
femenina (MGF), la inducción al suicidio, los ataques con ácido, los crímenes relacionados con
la dote , el confinamiento, los asaltos y la interferencia en la elección del marido (Welchman y
Hossain, 2005).

Según Radhika Coomaraswamy (UN Commission on Human Rights, 1999), “el honor se define
en términos de roles sexuales y familiares asignados a la mujer, dictados por la tradicional
ideología familiar” (párr. 18), y señala como ejemplo de las prácticas que manchan el honor
familiar, la violación, el adulterio, las relaciones pre-matrimoniales –incluyendo o no las
relaciones sexuales–, o el mantenimiento de una relación amorosa con la persona no aceptada
por la familia. En consecuencia, a las mujeres que actúan de forma no tradicional y no aceptable
por la comunidad se les culpa de traer vergüenza y deshonra a la familia.

Vs Occidente
Para empezar es necesario observar cómo todas estas culturas comparten la misma premisa
cultural más no religiosa (Husseini, 2012), de enajenar la figura femenina, convirtiéndola en un
ser cuya pretensión es ser un “objeto de arte” (Adichie, 2012), y expandiendo esa idea como
propósito en cada aspecto de la mujer a lo largo de su vida, lo cual arraiga la idea de la mujer
como propiedad de la familia o del hombre que esté encargado de su manutención, limitando el
carácter individual y por ende el ejercicio pleno de sus derechos.

En comparación con la violencia doméstica “occidental”, este tipo de crímenes sustentados en la


presión social y la honorabilidad de los clanes, evoca una naturaleza del crimen más compleja,
pues los perpetradores del crimen no son los únicos responsables del mismo, estos ‘actores
materiales’ actúan en la mayoría de los casos presionados por las comunidades en las que viven,
los estándares sociales, las tradiciones, entre otros que convirtieron a todos los miembros de estas
comunidades en responsables por las muertes de tantas mujeres y la naturalización de estos
comportamientos violentos e irracionales adjudicando la cultura, la tradiciòn, pero ante todo el
querer que el honor permanezca en su familia, estos actos de violencia atroces contra el gènero
femenino.

Si bien hablamos de culturas completamente distintas, la comparación histórica tiene lugar en los
procesos de las primeras globalizaciones, en las que las culturas anteriormente herméticas se
vieron obligadas a adoptar nuevas costumbres y fusionar su existencia con las demás
poblaciones. Es así como empiezan a llegar ideas que denominaban a África como periferia, de
la misma manera que denominaban a América Latina como territorio para aprovechar y drenar
en materias primas y a Asia como continente bárbaro y atrasado, todos en comparación con
Europa. Estos discursos jerarquizadores (Eurocentrismo, Americanidad, Orientalismo) son solo
un inicio de los conflictos culturales posteriores, y en Africa ha sido un discurso orientador de
cada proceso socio-político actual. El choque de estas culturas en el continente africano ha
desarrollado múltiples discursos que buscan la instauración de los derechos humanos y de la
mujer como se ven en occidente, en el papel, claramente, sin embargo la pugna entre la tradición
y el “desarrollo occidental” es lo que ilumina la naturaleza de este paper.

Sin embargo no es el único paradigma que podemos utilizar para intentar, desde la perspectiva
ajena, entender este concepto; la lingüística también explica la problemática, desde la falta de
definición de conceptos o lo que significan estas características culturales, la definición del rol de
la mujer y lo que representa la feminidad, que no representa la masculinidad y viceversa, le
otorga fundamentos mal formados para interpretar lo correcto o incorrecto en lo que a roles
respecta, y esto sólo amplía la definición opresiva y el entendimiento erróneo de las
complejidades de ser mujer, por ejemplo en la doctrina se pueden encontrar varias criticas del
concepto de los “crímenes de honor” ya que el término honor utilizado para recalcar este delito,
implica que la mujer trae el crimen en sí misma (El Akkary, 2014, p.77)
Multiples visiones del “problema”

Por otro lado los paradigmas feministas y los correspondientes colectivos feministas africanos
como Womanists, en voz de la escritora Alice Walker, African womanism expuesto por la
escritora y crítica nigeriana Chik Wengue Okonjo Ogunyemi, Africana womanism termino
empleado por Clenora Hudson-weems, STIWANISM - Social transformation including Women
in Africa acuñado por la autora Molara Ogundipe Leslie, motherisim introducido por por la
autora fallecida Catherine Obianuju Acholonu, feminismo entre otros aunque con naturalezas
distintas en lo que representan las mujeres en la cultura africana, todos estos movimientos
confluyen en la defensa de los derechos fundamentales e individuales de la mujer africana, la
definición de los conflictos que atormentan al género femenino en África se resume para todos
estos colectivos en la “violencia” y lo atribuyen no solo a la cultura o tradición sino a la
educación en torno a los roles en las sociedades, el respeto, la igualdad de condiciones y la
necesidad de una deconstrucción de la mujer como objeto y construcción como sujeto -
individuo.

Para aterrizar el carácter deshumanizador que tienen estas muertes en los sistemas judiciales,
culturales y sociales podemos encontrar cifras de La comisión de derechos Humanos en Pakistán
(organización independiente), en donde encontraron que entre 2016 y 2017 se han presentado
349 casos de “crímenes de honor” que han sido reconocidos, sin embargo no todos los crímenes
son reconocidos y esto solo es una prueba más de la ineficacia de los Estados Africanos para
controlar o al menos diagnosticar la situación de los derechos de las mujeres en sus territorios,
con el agravante de que no existen marcos legales, jurídicos o sociales que dignifiquen la muerte
en estos casos. Y es aún más preocupante cuando sus confesados perpetuadores claman tener
razones legítimas y eso es suficiente para ser absueltos de castigos consecuentes con los actos de
violencia cometidos.

Acciones internacionales

Raji Sourani, el director del Centro Palestino por los Derechos Humanos (CPDH), organización
palestina, que existe desde 1995, con naturaleza activista por los derechos individuales y
colectivos de la población Palestina, comenta, que como en Gaza, muchos otros Estados
mantienen políticas y sentencias que no corresponden en ninguna medida a las atrocidades
cometidas, y que por el hecho de ser parientes debería ser juzgado de manera más estricta o al
menos en equilibrio con los homicidios en general, que en muchas ocasiones los crímenes son
encargados a niños de las familias, o clanes, para evitar un largo tiempo detenidos o ser
perdonados fácilmente.
Pese a que el ordenamiento jurídico internacional ha reconocido la grave situación de
desigualdad en la que se encuentran las mujeres en todo el mundo, la Convención sobre la
Eliminación de la Discriminación contra la Mujer es el único tratado internacional de carácter
universal que invoca a los Estados a la erradicación de las prácticas culturales perjudiciales
(Mountains, 1996). No obstante, la Convención no las especifica ni tampoco alude directamente
al delito del crimen de honor. Así las cosas, el Comité Cedaw ha tratado la cuestión de los
crímenes de honor en varias recomendaciones. Este órgano convencional (UN Committee on the
Elimination of Discrimination Against Women, 1992) se refirió específicamente a los crímenes
de honor, a los cuales incluye como parte “de las actitudes tradicionales que les asignan a las
mujeres funciones estereotipadas causando actos violentos” y subraya al mismo tiempo la
necesidad de la “eliminación por la legislación de la defensa del honor como el motivo
justificante para agredir a las mujeres” . Por su parte, el Comité (UN Committee on the
Elimination of Discrimination Against Women, 1990) expresó su preocupación acerca de graves
consecuencias para la salud de las mujeres y niñas que tiene la práctica de la mutilación genital
femenina como formas de persecución.

De igual manera el consejo europeo ha tomado varias iniciativas en la lucha contra la violencia
de género, sin embargo el instrumento más elaborado sobre esta cuestión es el Convenio sobre
prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y violencia doméstica, el cual en uno
de sus artículos estipula que “ Las partes adoptarán las medidas legislativas o de otro tipo
necesarias para garantizar que, en los procedimientos penales abiertos por la comisión de uno de
los actos de violencia incluidos en el ámbito de aplicación del presente Convenio, no se
considere a la cultura, la costumbre, la religión, la tradición o el supuesto “honor” como
justificación de dichos actos “ (art. 42). Esto es un avance en el sistema jurídico internacional ya
que no acepta la cultura o la tradición como un justificante para la violencia contra la mujer. Sin
embargo esto no se aplica de igual manera regionalmente lo que hace que varios grupos de
estados se queden por fuera, pero esto le ha de servir a la comunidad internacional en la
promoción de igualdad y erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres.

Casos en Africa

En Libia Mujeres y niñas sufrieron de violaciones por parte de fuerzas armadas y corrieron el
riesgo de ser asesinadas por parientes varones en un intento de restaurar el "honor" en la familia.
Uno de esos incidentes es donde un padre en Tomina mató a sus tres hijas después de haber sido
violada por las tropas de Gaddafi, esto se ve como un crimen de honor ya que para la familia es
algo mal visto cuando sus mujeres, que son las encargadas de mantener el honor dentro de la
familia, mantienen relaciones sexuales con o sin consentimiento fuera del matrimonio, y su
castigo es la muerte en este caso.Así mismo en Egipto se ven casos de crímenes de honor, por
ejemplo el arresto en mayo de 2013 de cinco hombres por la muerte de tres parientes mujeres
que creían que tenían relaciones extramatrimoniales y en Sudáfrica, donde se comete un
asesinato a mujeres por parte de su novio o pareja íntima cada seis horas.
Conclusion

No cabe duda de que los crímenes de honor son fruto de la justicia ejercida por la sociedad en
nombre de la tradición, que tienen un enorme impacto en la vida de millones de mujeres en todo
el mundo, el hecho de que estas prácticas prevalezcan en algunas comunidades y estos crímenes
se cometen en nombre de la cultura de varios estados africanos, pero ¿cuando es más importante
la construcción cultural que los derechos del individuo? ¿qué debe imperar, la cultura o la
mujer?

Para responder estas preguntas, utilizaremos un enfoque personal, sustentando en las lecturas y la
experiencia personal con respecto a el carácter cultural que representan los derechos de los
individuos, más específicamente de las mujeres; para nosotras la construcción cultural, si bien
representa una de los pilares fundamentales de las sociedades actuales y constituyen información
fundamental para entender, explicar, prevenir y de cierta manera controlar muchas de las
dinámicas de los seres humanos dentro de las poblaciones particulares, indiscriminadamente de
su ubicación geográfica, configuración política, sistemas económicos , en los que se desarrollen;
no es congruente que esto determine el comportamiento de toda una sociedad en torno a “roles”
de género.
Los derechos del ser humano, también han sido construidos a través de estas dinámicas entre
individuos y el hecho de que no se le atribuyen a cada individuo, por ser de un género, o tener
comportamientos distintos a los “aceptados” en la comunidad, nos parece ilógico, pues en un
periodo de transición y construcción como el actual, la tradición no es escudo suficiente para
defender actos atroces contra cualquier ser humano, y más si estos son impulsados el ego, la ira,
el odio, son premeditados y sus perpetradores se encuentran “orgullosos” de tales fechorías.

Y además, teniendo en cuenta los nuevos objetivos de esta región, como influir en el sistema
internacional, buscar representación formal en los debates internacionales como en el consejo de
seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), e integrarse de manera provechosa en
el comercio internacional, no se puede escapar a los debates de derechos humanos, a la necesidad
de enmarcar y castigar jurídica y socialmente este tipo de agresiones y de educar de manera
apropiada las nuevas generaciones y corregir lo que significa ser mujer en africa, proceso que ya
ha empezado pero que está lejos de terminar.

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