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Gordo Livingstone nunca olvidó las lecciones grabadas en su

piel. Endurecido por la traición de una manada que lo dejó atrás, buscó
consuelo en el garaje de su pequeño pueblo de montaña, y juró nunca
más involucrarse en los asuntos de los lobos.
Debería haber sido suficiente.
Y lo fue, hasta que regresaron los lobos, y con ellos, Mark
Bennett. Al final, enfrentaron a la bestia juntos como una manada... y 2
ganaron.
Ahora, un año después, Gordo se ha encontrado una vez más
como el brujo de la manada de Bennett. Green Creek se ha establecido
después de la muerte de Richard Collins, y Gordo constantemente
lucha por ignorar a Mark y la canción que aúlla entre ellos.
08/2018
Pero el tiempo se está acabando. Algo viene. Y esta vez, se está
arrastrando desde adentro.
Algunos lazos, sin importar cuán fuertes, fueron hechos para
romperse.
Ravensong
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08/2018

Por Tj Klune

Secuela de Wolfsong
Una novela de Green Creek
Para aquellos que escuchan las canciones de los lobos, escucha
bien: tu manada te está llamando a gritos a casa.

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—¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el Horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro, 5
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!
Y el cuervo dijo: —Nunca más.

-Edgar Allan Poe, "El Cuervo"


08/2018
promesas

EL ALFA dijo, —Nos vamos.


Ox estaba parado cerca de la entrada, más pequeño de lo que
nunca lo había visto. La piel debajo de sus ojos parecía magullada.
Esto no iba a ir bien. Las emboscadas nunca lo hicieron. 6
—¿Qué? —Ox preguntó, entrecerrando los ojos ligeramente—.
¿Cuándo?
—Mañana.
Él dijo: —Sabes que no puedo irme todavía, —y toqué el cuervo
en mi antebrazo, sintiendo el aleteo de las alas, el pulso de la magia. 08/2018
Quemó—. Tengo que reunirme con el abogado de mamá en dos
semanas para revisar su voluntad. Está la casa y...
—No tú, Ox, —dijo Joe Bennett, sentado detrás del escritorio de
su padre. Thomas Bennett no era más que ceniza.
Vi el momento en que las palabras se hundieron. Fue salvaje y
brutal, la traición de un corazón ya roto.
—Y no mamá. O Mark.
Carter y Kelly Bennett se movieron incómodamente, parándose
lado a lado cerca de Joe. No era manada y no lo había sido durante
mucho, mucho tiempo, pero incluso yo podía sentir el bajo tumulto de
ira que los atravesaba. Pero no a Joe. O a Ox. O cualquiera en esta
sala. Tenían venganza en su sangre, la necesidad de desgarrar con
garras y colmillos. Ya estaban perdidos ante la idea de eso.
Pero yo también. Ox no lo sabía todavía.
—Entonces eres tú —dijo Ox—. Y Carter. Kelly.
—Y Gordo.
Y ahora lo hizo. Ox no me miró. Bien podrían haber sido solo
ellos dos en la habitación. —Y Gordo. ¿A dónde vas?
—A hacer lo correcto.
—Nada de esto es correcto, —replicó Ox—. ¿Por qué no me
dijiste sobre esto?
—Te lo digo ahora, —dijo, y oh, Joe. Tenía que saber que esto
no era...
—Porque eso es lo correcto, ¿a dónde vas?
—Tras Richard.
Una vez, cuando Ox era un niño, su padre de mierda se había ido
a lares desconocidos sin siquiera mirar por encima del hombro. Le
tomó semanas a Ox levantar el teléfono y llamarme, pero lo hizo.
Había hablado despacio, pero escuché el dolor en cada palabra cuando 7
me dijo no estamos bien, que estaba viendo cartas del banco hablando
de llevarse la casa donde él y su madre vivían por ese viejo camino de
tierra familiar.
¿Podría tener un trabajo? Es solo que necesitamos el dinero y
no puedo dejar que pierda la casa. Es todo lo que nos queda. Lo haría
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bien, Gordo. Haría un buen trabajo y trabajaría para ti para siempre.
Iba a suceder de todos modos y ¿podemos hacerlo ahora? ¿Podemos
hacerlo ahora? Lo siento. Solo necesito hacerlo ahora porque tengo
que ser el hombre ahora.
Así sonaba un niño perdido.
Y aquí enfrente de mí, el niño perdido había regresado. Oh,
claro, ahora era más grande, pero su madre estaba en la tierra, su Alfa
nada más que humo en las estrellas, su compañero, de todas las cosas
de mierda, clavando sus garras en su pecho y retorciendo, retorciendo,
retorciendo.
No hice nada para detenerlo. Ya era demasiado tarde. Por todos
nosotros.
—¿Por qué? —Preguntó Ox, con la voz crujiendo por el medio.
Por qué, por qué, por qué.
Porque Thomas estaba muerto.
Porque nos quitaron.
Porque venían a Green Creek, Richard Collins y sus Omegas,
con los ojos violeta en la oscuridad, gruñendo cuando se enfrentaban al
rey caído.
Hice todo lo que pude.
No fue suficiente.
Había un niño, este niño de apenas dieciocho años, que soportaba
el peso del legado de su padre, el monstruo de su infancia de carne y
hueso. Tenía los ojos enrojecidos y solo conocía la venganza. Pulsó a
través de sus hermanos en un círculo que nunca terminó, alimentando
la ira de los demás. Él era el niño príncipe convertido en rey furioso, y
él había necesitado mi ayuda.
Elizabeth Bennett estaba callada, dejando que pasara frente a
ella. Alguna vez la reina silenciosa, una afgana alrededor de sus 8
hombros, viendo esta maldita tragedia interpretarse. Ni siquiera podía
estar seguro de que ella estuviera allí.
Y Mark, él…
No, no él. Ahora no.
El pasado era pasado.
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Discutieron, enseñando sus dientes y gruñendo el uno al otro. De
ida y vuelta, cada corte hasta que el otro se desangró ante nosotros.
Entendí a Ox. El miedo de perder a los que amas. De una
responsabilidad que nunca pediste. De que le hayan dicho algo que
nunca quiso escuchar.
Entendí a Joe. No quería, pero lo hice.
Creemos que fue tu padre, Gordo, susurró Osmond. Creemos que
Robert Livingstone encontró un camino de vuelta a la magia y rompió
las barreras que mantenían a Richard Collins.
Sí. Pensé que entendía a Joe sobre todo.
—No se puede dividir la manada, —dijo Ox, y oh Jesús,
mendigaba—. Ahora no. Joe, eres el maldito Alfa. Te necesitan aquí.
Todos ellos. Juntos. ¿De verdad crees que estarían de acuerdo con...?
—Ya les dije hace días, —dijo Joe. Y luego se estremeció—.
Mierda.
Cerré mis ojos.
AQUÍ ESTABA esto:
—Eso es una mierda, Gordo.
—Sí.
—Y estás de acuerdo con eso.
—Alguien tiene que asegurarse de que no se mata.
—Y ese alguien eres tú. Porque eres manada.
—Eso parece.
—¿Por elección?
—Creo que sí.
Pero, por supuesto, no fue tan fácil. Nunca lo fue.
Y: 9
—Significa matar. ¿Estás bien con eso?
—Nada de esto está bien, Ox. Pero Joe tiene razón. No podemos
dejar que esto le pase a nadie más. Richard quería a Thomas, pero
¿cuánto tiempo antes de ir tras otra manada solo para convertirse en un
Alfa? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que acumule otro seguidor, más
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grande que el anterior? La pista ya se está enfriando. Tenemos que
terminar esto mientras todavía podamos. Esto es venganza, pura y
simple, pero viene del lugar correcto.
Me preguntaba si creía en mis propias mentiras.
Al final:
—Deberías hablar con él. Antes de que te vayas.
—¿Joe?
—Mark.
—Ox...
—¿Qué pasa si no vuelves? ¿De verdad quieres que piense que
no te importa? Porque eso está jodido, hombre. Ya sabes como soy.
Pero a veces, creo que te olvidas que yo también te conozco. Quizás
incluso más.
Maldito sea.
ELLA PERMANECIÓ en la cocina de la casa Bennett, mirando
por la ventana. Sus manos estaban retorcidas contra el mostrador. Sus
hombros estaban tensos, y ella llevaba su dolor como una mortaja.
Aunque no había querido tener nada que ver con los lobos durante
años, todavía conocía el respeto que ella me ordenaba. Ella era realeza,
tanto si quería serlo como si no.
—Gordo, —dijo Elizabeth sin darse la vuelta. Me preguntaba si
estaba escuchando a los lobos cantando canciones que no había podido
escuchar durante mucho tiempo—. ¿Cómo está él?
—Enojado.
—Eso era de esperar.
—¿Lo era?
—Supongo, —dijo en voz baja—. Pero tú y yo somos mayores. 10
Quizás no sea más sabios, pero más viejos. Todo lo que hemos pasado,
todo lo que hemos visto, esto es solo... otra cosa. Ox es un niño. Lo
hemos protegido tanto como pudimos. Nosotros…
—Trajiste esto sobre él, —dije antes de poder detenerme. Las
palabras fueron lanzadas como una granada, y explotaron cuando
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aterrizaron a sus pies—. Si se hubieran mantenido alejados, si no lo
hubieran traído a esto, aún podría...
—Lo siento por lo que le hicimos, —dijo, y me atraganté—. Lo
que hizo tu padre. Él fue... no fue justo. O correcto. Ningún niño
debería pasar por lo que pasaste.
—Y sin embargo, no hicieron nada para detenerlo, —le dije con
amargura—. Tú y Thomas y Abel. Mi madre. Ninguno de vosotros.
Solo les importaba lo que podría ser para vosotros, no lo que
significaría para mí. Lo que mi padre me hizo no significaba nada para
vosotros. Y luego se fueron y me dejaron…
—Rompiste los lazos con la manada.
—La decisión más fácil que tomé.
—Puedo escuchar cuando mientes, Gordo. Tu magia no puede
cubrir los latidos de tu corazón. No siempre. No cuando más importa.
—Jodidos hombres lobo. —Luego—, tenía doce años cuando me
hicieron el brujo de la manada Bennett. Mi madre estaba muerta. Mi
padre se había ido. Pero aún así, Abel me tendió la mano, y la única
razón por la que dije que sí era porque no conocía nada mejor. Porque
no quería que me dejaran solo. Tenía miedo, y...
—No lo hiciste por Abel.
Estreché mis ojos hacia ella. —¿De qué diablos estás hablando?
Finalmente se volvió y me miró. Ella todavía tenía la afgana
alrededor de sus hombros. En algún momento se había recogido el
cabello rubio en una cola de caballo, con los mechones sueltos y
colgando de su cara. Sus ojos eran azules, luego anaranjados, luego
azules otra vez, parpadeando sordamente. La mayoría de las personas
que la miraban pensarían que Elizabeth Bennett era débil y frágil en
ese momento, pero yo sabía mejor. Ella fue acorralada en una esquina,
el lugar más peligroso para un depredador. —No fue por Abel. 11
Ah. Así que ese era el juego que ella quería jugar.
—Era mi deber.
—Tú padre…
—Mi padre perdió el control cuando le quitaron su ancla. Mi
padre se ha alineado con...
—Todos tuvimos un papel para jugar, —dijo Elizabeth—. Todos 08/2018

y cada uno de nosotros. Cometimos errores. Éramos jóvenes y tontos,


y llenos de una ira grande y terrible por todo lo que nos habían
quitado. Abel hizo lo que creía que era correcto en ese momento. Lo
mismo hizo Thomas. Estoy haciendo lo que creo que es correcto
ahora.
—Y sin embargo, no hiciste nada para luchar contra tus hijos.
Para no dejar que cometan los mismos errores que nosotros. Te
arrastraste como un perro en esa habitación.
Ella no se mordió el anzuelo. En cambio, dijo: —¿Y tú no lo
hiciste?
Mierda. —¿Por qué?
—¿Por qué qué, Gordo? Tienes que ser más específico.
—¿Por qué los dejas ir?
—Porque éramos jóvenes y tontos una vez, llenos de una gran y
terrible ira. Y eso ahora les pasó a ellos. —Ella suspiró—. Has estado
allí antes. Has pasado por esto. Sucedió una vez. Y está sucediendo de
nuevo. Confío en ti para ayudarlos a evitar los errores que cometimos.
—No soy manada.
—No, —dijo ella, y eso no debería haber dolido como lo hizo—.
Pero esa es una elección que hiciste. Al igual que estamos aquí ahora
debido a las decisiones que tomamos. Quizás tengas razón. Tal vez si
no hubiéramos venido aquí, Ox sería...
—¿Humano?
Sus ojos brillaron de nuevo. —Thomas...
Yo resoplé. —No me dijo una mierda. Pero no es difícil de ver.
¿Qué hay en él?
—No lo sé, —admitió—. No sé si Thomas tampoco lo sabía. No
exactamente. Pero Ox es... especial. Diferente. Él no lo ve todavía. Y 12
puede pasar mucho tiempo antes de que lo haga. No sé si es magia o
algo más. Él no es como nosotros. Él no es como tú. Pero él no es
humano. No completamente. Él es más, creo. Que todos nosotros.
—Debes mantenerlo a salvo. He fortalecido las protecciones lo
mejor que puedo, pero necesitas...
—Él es manada, Gordo. No hay nada que no haría por la 08/2018

manada. Seguramente recuerdas eso.


—Lo hice por Abel. Y luego por Thomas.
—Mentira, —dijo, ladeando la cabeza—. Pero casi lo crees.
Di un paso atrás. —Necesito...
—¿Por qué no puedes decirlo?
—No hay nada que decir.
—Él te amaba, —dijo ella, y nunca la había odiado más—. Con
todo lo que tenía. Tal es el camino de los lobos. Cantamos, cantamos y
cantamos hasta que alguien escucha nuestra canción. Y tú lo hiciste.
Escuchaste. No lo hiciste por Abel o Thomas, Gordo. Incluso
entonces. Tenías doce años, pero lo sabías. Eras manada.
—Maldita seas, —le dije roncamente.
—Lo sé, —dijo ella, no cruelmente—. A veces las cosas que
necesitamos escuchar más son las que menos queremos oír. Amaba a
mi esposo, Gordo. Lo amaré por siempre. Y él lo sabía. Incluso al
final, incluso cuando Richard... —Se le cortó la respiración en la
garganta. Ella sacudió su cabeza—. Incluso entonces. Él lo sabía. Y lo
extrañaré todos los días hasta que pueda estar a su lado otra vez, hasta
que pueda mirar su cara, su hermoso rostro, y decirle lo enojada que
estoy. Qué estúpido. Qué hermoso es volver a verlo, y por favor solo
di mi nombre. —Había lágrimas en sus ojos, pero no cayeron—. Me
duele, Gordo. No sé si este dolor alguna vez me dejará. Pero él lo
sabía.
—No es lo mismo.
—Solo porque no lo dejas pasar. Él te amaba. Te dio su lobo. Y
luego lo devolviste.
—Él hizo su elección. Y yo hice la mía. No lo quería. No quería
tener nada que ver contigo. Con él. 13
—Tú. Mentira.
—¿Qué quieres de mí? —Pregunté, la ira llenando mi voz—.
¿Qué diablos podrías querer?
—Thomas lo sabía, —dijo de nuevo—. Incluso al borde de la
muerte. Porque se lo dije. Porque lo mostré una y otra vez. Lamento
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muchas cosas en mi vida. Pero nunca me arrepentiré de Thomas
Bennett.
Ella se movió hacia mí, sus pasos lentos pero seguros. Me
mantuve firme, incluso cuando colocó una mano sobre mi hombro,
apretando con fuerza. —Te vas por la mañana. No te arrepientas de
esto, Gordo. Porque si no se dicen las palabras, te perseguirán por el
resto de tus días.
Ella pasó rozándome. Pero antes de irse de la cocina, dijo:
—Por favor, cuida a mis hijos. Te los confío, Gordo. Si descubro
que has traicionado esa confianza, o si te quedas sin hacer nada al
enfrentar a ese monstruo, no podrás esconderte en ninguna parte en la
que no te encontraría. Te haré pedazos, y el arrepentimiento que
sentiré será mínimo.
Entonces ella se había ido.
ÉL ESTABA en el porche, mirando a la nada, con las manos a la
espalda. Una vez había sido un niño con hermosos ojos azules como el
hielo, el hermano de un futuro rey. Ahora era un hombre, endurecido
por los bordes ásperos del mundo. Su hermano se había ido. Su Alfa se
estaba yendo. Había sangre en el aire, muerte en el viento.
Mark Bennett dijo: —¿Está bien?
Porque, por supuesto, él sabía que yo estaba allí. Los lobos
siempre lo hicieron. Especialmente cuando se trataba de su… —No.
—¿Lo estás tú?
—No.
Él no giró. La luz del porche brillaba apagada en su cabeza
afeitada. Respiró hondo, sus anchos hombros se levantaron y cayeron.
La piel de mis palmas picaba. —Es extraño, ¿no crees? 14
Siempre el enigmático imbécil. —¿El qué?
—Te fuiste una vez. Y aquí estás, partiendo nuevamente.
Me enfurecí con eso. —Me dejaste primero.
—Y volví tantas veces como pude.
—No fue suficiente. —Pero eso no estaba del todo bien,
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¿verdad? Ni siquiera cerca. Aunque mi madre se había ido hace mucho
tiempo, su veneno aún goteaba en mis oídos: los lobos hicieron esto,
los lobos se llevaron todo, siempre lo harán porque está en su
naturaleza hacerlo. Mintieron, ella me dijo. Ellos siempre mintieron.
Él lo dejó pasar. —Lo sé.
—Esto no es... no estoy tratando de comenzar algo aquí.
Pude escuchar la sonrisa en su voz. —Nunca lo haces.
—Mark.
—Gordo.
—Que te jodan.
Él finalmente se volvió, siendo tan guapo como lo era el día en
que lo había conocido, aunque yo había sido un niño y no sabía lo que
significaba. Era grande y fuerte, y sus ojos eran de ese azul helado que
siempre habían sido, inteligentes y omniscientes. No tenía dudas de
que podía sentir la ira y la desesperación que se arremolinaban dentro
de mí, sin importar cuánto tratara de bloquearlos. Los lazos entre
nosotros estaban rotos y lo habían estado durante mucho tiempo, pero
todavía había algo allí, sin importar cuánto hubiera tratado de
enterrarlo.
Se pasó una mano por la cara, sus dedos desaparecieron en esa
barba llena. Recordé cuando comenzó a dejarla crecer a los diecisiete
años, una cosa desigual por la que le había dado mierda interminable.
Sentí una punzada en el pecho, pero ya estaba acostumbrado. No
significaba nada. Ya no.
Estaba casi convencido.
Soltó su mano y dijo: —Cuídate, ¿de acuerdo? —Él sonrió con
una sonrisa frágil y luego se movió hacia la puerta de la casa Bennett.
Y yo iba a dejarlo ir. Iba a dejarlo pasar por allí. Eso sería todo.
No lo volvería a ver hasta que... espera. Se quedaría aquí, y me iría, 15
una inversión de la forma en que una vez fue.
Iba a dejarlo ir porque sería más fácil de esa manera. Por todos
los días venideros.
Pero siempre había sido estúpido cuando se trataba de Mark
Bennett.
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Extendí la mano y agarré su brazo antes de que pudiera dejarme.
Él se detuvo.
Nos paramos hombro con hombro. Me enfrenté al camino por
delante. Se enfrentó a todo lo que dejaríamos atrás.
Él esperó.
Respiramos.
—Esto no es... no puedo...
—No, —susurró—. No creo que puedas.
—Mark, —me atraganté, luchando por algo, cualquier cosa que
pudiera decir—. Voy a volver... volveremos. ¿Vale? Vamos...
—¿Eso es una promesa?
—Sí.
—Ya no creo en tus promesas, —dijo—. No lo he hecho por
mucho tiempo. Cuídate, Gordo. Cuida a mis sobrinos.
Y luego estaba en la casa, la puerta cerrándose detrás de él.
Salí del porche y no miré hacia atrás.
ME SENTÉ en el garaje que llevaba mi nombre, un pedazo de
papel en el escritorio delante de mí.
Ellos no entenderían. Los amaba, pero podrían ser idiotas. Tenía
que decir algo.
Cogí un viejo bolígrafo Bic y comencé a escribir.

Tengo que irme por un tiempo. Tanner, tú estás a cargo del


garaje. Asegúrate de enviar las ganancias al contable. Él se
encargará de los impuestos. Ox tiene acceso a todo lo relacionado con
el banco, personal y relacionado con el garaje. Todo lo que necesites,
ve con ello. Si necesitas contratar a alguien para que tome el relevo,
hazlo, pero no contrates un mete patas. Hemos trabajado demasiado 16
para llegar a donde estamos. Chris y Rico, manejan las operaciones
diarias. No sé cuánto tiempo va a tomar esto, pero por las dudas,
deben cuidarse mutuamente. Ox te va a necesitar.

No fue suficiente.
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Nunca sería suficiente.
Esperaba que pudieran perdonarme. Algún día.
Mis dedos estaban manchados de tinta, dejando manchas en el
papel.

APAGUÉ las luces en el garaje.


Permanecí en la oscuridad durante mucho tiempo.
Inhalé el olor a sudor, metal y aceite.

TODAVÍA NO había amanecido cuando nos encontramos en el


camino de tierra que conducía a las casas al final del camino. Carter y
Kelly estaban sentados en el SUV, mirándome a través del parabrisas
mientras yo caminaba, con un paquete colgado de mi hombro.
Joe se paró en medio de la carretera. Tenía la cabeza inclinada
hacia atrás, los ojos cerrados mientras sus fosas nasales se dilataban.
Thomas me había dicho una vez que ser Alfa significaba que estaba en
sintonía con todo lo que había en su territorio. La gente. Los árboles.
El venado en el bosque, las plantas que se balanceaban en el viento.
Era todo para un Alfa, una sensación de hogar profundamente
arraigada que no se podía encontrar en ningún otro lugar.
Yo no era un Alfa. Ni siquiera era un lobo. Yo nunca quise serlo.
Pero entendí lo que él había querido decir. Mi magia estaba tan
arraigada en este lugar como él. Era diferente, pero no tanto que
importara. Él sentía todo. Yo sentí el latido del corazón, el pulso del
territorio que se extendía a nuestro alrededor.
Green Creek había estado atado a sus sentidos. 17
Y estaba grabado en mi piel.
Dolió salir, y no solo por los que estábamos dejando atrás. Había
un tirón físico que un Alfa y un brujo sintieron. Nos llamó, diciendo
aquí aquí aquí estás aquí aquí, aquí te quedas porque este es tu hogar,
este es mi hogar, esto es...
—¿Siempre fue así? —Preguntó Joe—. ¿Para mi papá? 08/2018

Eché un vistazo al SUV. Carter y Kelly nos miraban atentamente.


Sabía que estaban escuchando. Volví a mirar a Joe, con su rostro
vuelto hacia arriba—Creo que sí.
—Nos fuimos, sin embargo. Por tanto tiempo.
—Él era el Alfa. No solo para ti. No solo de tu manada. Sino de
todos. Y luego Richard...
—Me tomó.
—Sí.
Joe abrió los ojos. Ellos no estaban encendidos. —No soy mi
padre.
—Lo sé. Pero se supone que no debes serlo.
—¿Estás conmigo?
Dudé. Sabía lo que estaba preguntando. No era formal, ni
remotamente, pero él era un Alfa, y yo era un brujo sin una manada.
Cuida a mis sobrinos.
Dije lo único que pude.
—Sí.
Su cambio se apoderó de él rápidamente, su cara se alargó, su
piel se cubrió de pelo blanco, sus garras extendiéndose desde las
puntas de sus dedos. Y cuando sus ojos estallaron en llamas, echó la
cabeza hacia atrás y cantó la canción del lobo.

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TRES AÑOS

UN MES

VEINTISÉIS DÍAS 19

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desgarrado / tierra y hojas y lluvia

TENÍA SEIS AÑOS cuando vi por primera vez a un niño mayor


que se convertía en lobo, y mi padre susurró: —Ese es el hijo de Abel.
Su nombre es Thomas, y un día será el Alfa de la manada Bennett. Le
pertenecerás. 20
Thomas.
Thomas.
Thomas.
Estaba asombrado de él.
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TENÍA OCHO AÑOS, y mi padre tomó una aguja y me quemó


tinta y magia en la piel. —Va a doler —me dijo, una mirada sombría
en su rostro—. No te voy a mentir sobre eso. Va a doler como nada
que hayas sentido antes. Pensarás que te estoy desgarrando, y en cierto
sentido, tienes razón. Tienes magia en ti, niño, pero aún no se ha
manifestado. Estas marcas la centrarán y te darán las herramientas para
comenzar a controlarla. Te lastimaré, pero es necesario para quien
debes ser. El dolor es una lección. Te enseña los caminos del mundo.
Debemos herir a los que amamos para fortalecerlos. Para hacerlos
mejores. Un día lo entenderás. Un día serás como yo.
—Por favor, padre —supliqué, luchando contra las restricciones
que me detenían—. Por favor no hagas esto. Por favor, no me hagas
daño.
Mi madre miró para hablar, pero mi padre negó con la cabeza.
Ella se atragantó con un sollozo cuando fue sacada de la
habitación. Ella no miró hacia atrás.
Abel Bennett estaba sentado a mi lado. Él era un hombre grande.
Un hombre amable. Era fuerte y poderoso, con cabello oscuro y ojos
oscuros. Tenía manos que parecían poder dividirme en dos. Las había
visto crecer garras para desgarrar la carne de aquellos que se
atrevieron a tratar de quitarle lo suyo.
Pero también podrían ser suaves y cálidas. Él me tomó la cara,
los pulgares apartando las lágrimas de mis mejillas. Lo miré, y él
sonrió en silencio.
Él dijo: —Serás algo especial, Gordo. Simplemente lo sé —Y
cuando sus ojos comenzaron a sangrar en rojo, respiré, respiré y
respiré. Luego, la aguja presionó contra mi piel y fui despedazado. 21
Grité.

ÉL VINO A MÍ como lobo. Era grande y blanco, con


salpicaduras negras en el pecho, las piernas y la espalda. Era más
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grande de lo que yo sería alguna vez, y tuve que inclinar la cabeza
hacia atrás para verlo entero.
Las estrellas estaban arriba, la luna era gorda y brillante, y sentí
algo que vibraba en mi sangre. Fue una canción que no pude descifrar.
Mis brazos picaban algo feroz. A veces pensaba que las marcas en mi
piel estaban comenzando a brillar, pero podría haber sido un truco de
la luz de la luna.
Dije: —Estoy nervioso —porque esta fue la primera vez que se
me permitió salir en la luna llena con la manada. Había sido
demasiado peligroso antes. No por lo que los lobos podrían hacerme,
sino por lo que podría haberles hecho.
Él inclinó su cabeza hacia mí, sus ojos ardiendo naranja con
manchas rojas. Era mucho más de lo que alguna vez pensé que alguien
podría ser. Me dije que no tenía miedo de él, que podía ser valiente, al
igual que mi padre.
Pensé que era un mentiroso.
Otros lobos corrieron detrás de él en un claro en el medio del
bosque. Gritaron y aullaron, y mi padre se reía, tirando de la mano de
mi madre mientras la arrastraba. Ella me miró, sonriendo en silencio,
pero luego se distrajo.
Pero eso estuvo bien, porque yo también.
Thomas Bennett estaba delante de mí, el hombre-lobo que sería
el rey.
Él resopló, meneando ligeramente la cola, haciendo una pregunta
a la que no tenía respuesta.
—Estoy nervioso —le dije de nuevo—. Pero no tengo miedo. —
Era importante para mí que él entendiera eso.
Se dejó caer al suelo, tendido boca abajo, las patas delante de él
mientras me miraba. Como si estuviera tratando de hacerse más 22
pequeño. Menos intimidante. Alguien de su posición bajando al suelo
era algo que no entendería hasta que fuera demasiado tarde.
Él emitió un leve gemido desde lo más profundo de su garganta.
Esperó, luego lo hizo de nuevo.
Le dije: —Mi padre me dijo que vas a ser el Alfa. —Se impulsó
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hacia adelante, arrastrando el vientre por la hierba.
Le dije: —Y que voy a ser tu brujo. —Se acercó un poco más.
Le dije: —Prometo que haré lo mejor que pueda. Aprenderé todo
lo que pueda, y haré un buen trabajo para ti. Verás. Voy a ser el mejor
que haya habido. —Mis ojos se agrandaron—. Pero no le digas a mi
padre que dije eso.
El lobo blanco resopló. Me reí.
Eventualmente extendí la mano y presioné mi mano contra el
hocico de Thomas, y por un momento creí escuchar un susurro en mi
cabeza.
manadamanadamanada.

—¿ES ESTO lo que quieres? —Me preguntó mi madre cuando


éramos solo nosotros dos. Ella me había alejado de los lobos, de mi
padre, diciéndoles que quería pasar tiempo con su hijo. Estábamos
sentados en un restaurante de la ciudad y olía a grasa, humo y café.
Estaba confundido e intenté hablar con un bocado de
hamburguesa.
Mi madre frunció el ceño.
Hice una mueca y tragué saliva. —Modales, —ella regañó.
—Lo sé. ¿Qué quieres decir?
Ella miró por la ventana hacia la calle. El viento era fuerte,
haciendo vibrar los árboles para que parecieran huesos antiguos. El
aire estaba frío, la gente se apretaba los abrigos cuando pasaban por la
acera. Creí ver a Marty, con los dedos manchados de aceite,
caminando de regreso a su garaje, el único en Green Creek. Me
pregunté qué se sentiría si tuviera marcas en la piel que pudieran 23
desaparecer.
—Esto, —dijo de nuevo, mirándome. Su voz era suave—. Todo.
Miré a nuestro alrededor para asegurarnos de que nadie estuviera
escuchando, porque mi padre dijo que nuestro mundo era un secreto.
No pensé que mamá entendiera eso, porque ella no sabía que existían
tales cosas hasta que lo conoció. —¿La cosa brujo? 08/2018

Ella no parecía feliz cuando respondió. —La cosa brujo.


—Pero es lo que se supone que debo hacer. Es quien se supone
que soy. Algún día seré muy importante y haré grandes cosas. Padre
dijo…
—Sé lo que dijo, —y fue mordaz. Ella hizo una mueca antes de
mirar hacia la mesa, con las manos cruzadas frente a ella—. Gordo,
yo... tienes que escucharme, ¿de acuerdo? La vida es... se trata de las
elecciones que hacemos. No las elecciones hechas por nosotros.
Tienes el derecho de hacer tu propio camino. Para ser quien quieres
ser. Nadie debería decidir eso por ti.
No entendí —Pero se supone que soy el brujo del Alfa.
—No se supone que seas nada. Eres solo un niño. Esto no puede
ser colocado sobre tus hombros. Ahora no. Ahora cuando no puedes
decidir por ti mismo. No deberías ser...
—Soy valiente, —le dije, y de repente necesitaba que ella me
creyera más que nada en el mundo. Esto se sintió importante. Ella era
importante—. Y voy a hacer el bien. Voy a ayudar a muchas personas.
Padre lo dice.
Tenía los ojos húmedos cuando dijo: —Lo sé, bebé. Sé que lo
harás. Y estoy muy orgullosa de ti. Pero no es necesario. Necesito que
me escuches, ¿está bien? Necesito que me escuches. No es, esto no es
lo que quería para ti. No pensé que alguna vez sería así.
—¿Ser como qué?
Ella sacudió su cabeza. —Podemos… podemos ir a donde
quieras. Tú y yo. Podemos salir de Green Creek, ¿está bien? Ir a
cualquier parte del mundo. Lejos de esto. Lejos de la magia y los lobos
y las manadas. Lejos de todo esto. No necesita ser así. Podríamos ser 24
nosotros, Gordo. Podría ser solo nosotros. ¿Vale?
Me sentí frío. —¿Qué estás…?
Su mano salió disparada y agarró la mía sobre la mesa. Pero tuvo
cuidado, como siempre, de no quitar las mangas de mi abrigo.
Estábamos en público. Mi padre dijo que la gente no entendería los
08/2018
tatuajes de alguien tan joven. Tendrían preguntas que no merecían las
respuestas. Eran humanos, y los humanos eran débiles. Mamá era
humana, pero no creía que ella fuera débil. Yo le había contado todo
eso, y él no había respondido. —Todo lo que siempre quise fue
mantenerte a salvo.
—Lo haces, —le dije, haciendo mi mejor esfuerzo para no retirar
mi mano. Ella casi me estaba lastimando—. Tú y padre y la manada.
—La manada. —Se rió, pero no parecía que encontrara algo
gracioso—. Eres un niño. No deberían pedir esto de ti. No deberían
estar haciendo nada de esto...
—Catherine, —dijo una voz, y cerró los ojos.
Mi padre estaba parado al lado de la mesa.
Su mano bajó sobre su hombro.
No hablamos de eso después de eso.
LOS ESCUCHÉ pelear mucho, hasta bien entrada la noche.
Tiré de mis mantas a mi alrededor e intenté bloquearlas.
Ella dijo: —¿Te preocupas por él? ¿O es solo tu legado? ¿Es solo
tu maldita manada?
Él dijo: —Sabías que llegaría a esto. Incluso desde el principio,
lo sabías. Sabías lo que se suponía que era.
Ella dijo: —Él es tu hijo. ¿Cómo te atreves a usarlo de esta
manera? ¿Cómo te atreves a intentar y…?
Él dijo: —Él es importante. Para mí. Para la manada. Él hará
cosas que ni siquiera puedes comenzar a imaginar. Eres humana,
Catherine. Nunca podrías entender de la forma en la que lo hacemos.
No es tu culpa. Es solo lo que eres. No se te puede culpar por cosas
que escapan a tu control. 25
Ella dijo: —Te vi. Con ella. La forma en que sonreíste. La forma
en que te reíste. La forma en que tocaste su mano cuando pensabas que
nadie estaba mirando. Lo vi, Robert. Lo vi. Ella es humana también.
¿Qué la hace tan malditamente diferente?
Mi padre nunca respondió.
08/2018

VIVÍAMOS en la ciudad en una pequeña casa que se sentía


como hogar. Estaba en una calle con abetos Douglas a su alrededor.
No entendía por qué los lobos pensaban que el bosque era un lugar
mágico, pero a veces, cuando era verano y la ventana estaba abierta
mientras trataba de dormir, juraba que escuchaba voces que venían de
los árboles, susurrando cosas que no eran casi palabras.
La casa estaba hecha de ladrillo. Mi madre se rió una vez,
preguntándose si un lobo vendría y la derribaría soplando. Ella se rió,
pero luego se desvaneció y se veía triste. Le pregunté por qué tenía los
ojos húmedos. Ella me dijo que tenía que hacer la cena y me dejó en el
patio delantero, preguntándome qué había hecho mal.
TENÍA una habitación con todas mis cosas. Había libros en un
estante. Una hoja que había encontrado en forma de dragón, los bordes
doblados por el tiempo. Un dibujo de mí mismo y de Thomas como un
lobo que me dio un niño de la manada. Le pregunté por qué lo había
dibujado para mí. Dijo que era porque yo era importante. Entonces él
me sonrió, sin sus dos dientes frontales.
Cuando llegaron los cazadores humanos, él fue uno de los
primeros en morir.

YO TAMBIÉN la vi.
No debería haberlo hecho. Rico me gritaba que me diera prisa,
papi, ¿por qué eres tan lento? Tanner y Chris estaban mirándome, 26
lentamente pedaleando sus bicicletas en círculos a su alrededor,
esperándome.
Pero no pude moverme.
Porque mi padre estaba en un automóvil que no reconocí,
estacionado al costado de la calle en un barrio que no era el nuestro.
08/2018
Había una mujer de pelo oscuro en el asiento del conductor, y ella le
sonreía como si fuera la única cosa en el mundo.
Nunca la había visto antes.
Vi cómo mi padre se inclinaba hacia adelante y...
—Amigo, —dijo Tanner, sobresaltándome mientras pedaleaba
hacia mí—. ¿Qué estás mirando?
—Nada, —dije—. No es nada. Vámonos.
Nos fuimos, las tarjetas de juego que adornaban de los radios de
nuestras bicicletas sonaban ruidosamente mientras fingíamos que
íbamos en motocicletas.

LOS AMABA por lo que no eran.


Ellos no eran manada. Ellos no eran lobos. Ellos no eran brujos.
Eran normales y simples, aburridos y maravillosos.
Se burlaron de mí por usar camisas de manga larga, incluso en
pleno verano. Lo tomé porque sabía que no estaban siendo malos. Así
es como éramos.
Rico dijo: —¿Te pegan o algo así?
Tanner dijo: —Si lo hacen, puedes venir a vivir conmigo. Puedes
dormir en mi habitación. Solo tendrás que esconderte debajo de mi
cama para que mi madre no te vea.
Chris dijo: —Te protegeremos. O todos podemos huir y vivir en
el bosque.
Rico dijo: —Como, en los árboles y esa mierda.
Todos nos reímos porque éramos niños, y las palabrotas era lo
más divertido.
No podía decirles que el bosque no sería el lugar más seguro para 27
ellos. Que las cosas con ojos brillantes y dientes afilados vivían en el
bosque. Entonces, en cambio, conté una versión de la verdad.
—No me pegan. No es así.
—¿Tienes brazos raros de chico blanco? —Preguntó Rico—. Mi
papá dice que debes tener brazos raros de chico blanco. Es por eso que
08/2018
usas sudaderas todo el tiempo.
Tanner frunció el ceño. —¿Qué son los brazos raros de chico
blanco?
—No sé, —dijo Rico—. Pero mi padre lo dijo, y él lo sabe todo.
—¿Tengo brazos raros de chico blanco? —Preguntó Chris,
extendiendo sus brazos frente a él. Los miró de reojo y los sacudió
arriba y abajo. Eran delgados y pálidos y no me parecían raros. Sentía
envidia de ellos, de sus pelos y pecas suaves y tenues, sin marcas de
tinta.
—Probablemente, —dijo Rico—. Pero es culpa mía por ser
amigos de un grupo de gringos.
Tanner y Chris gritaron detrás de él mientras se alejaba
pedaleando, riendo como un loco.
Los amaba más de lo que podía decir. Me ataron de manera que
los lobos no podían.
—LA MAGIA viene de la tierra, —me dijo mi padre—. Desde la
tierra. De los árboles. Las flores y el suelo. Este lugar, es... viejo.
Mucho más viejo de lo que puedas imaginar. Es como... un faro. Nos
llama. Retumba a través de nuestra sangre. Los lobos también lo oyen,
pero no como nosotros. Les canta. Ellos son... animales. No somos
como ellos. Somos más. Ellos se unen con la tierra. El Alfa más que
cualquier otra persona. Pero nosotros la usamos. La doblamos a
nuestro antojo. Ellos son esclavizados por ella, por la luna sobre sus
cabezas cuando se levanta llena y blanca. Nosotros la controlamos. No
lo olvides nunca.

THOMAS tenía un hermano menor.


28
Su nombre era Mark.
Él era mayor que yo por tres años.
Tenía nueve años y yo tenía seis cuando me habló por primera
vez.
Él dijo: —Hueles raro. 08/2018

Le fruncí el ceño. —No lo hago.


Hizo una mueca y miró hacia el suelo. —Un poco. Es como...
tierra. Como tierra, hojas y lluvia...
Lo odiaba más que a nada en el mundo.

—NOS ESTÁ SIGUIENDO de nuevo, —dijo Rico, sonando


divertido. Estábamos caminando hacia la tienda de videos. Rico dijo
que conocía al tipo que trabajaba detrás del mostrador y que nos
alquilaría una película con clasificación R y no se lo diría a nadie. Si
encontramos la película correcta, Rico nos dijo que podríamos ver
algunas tetas. No sabía cómo me sentía acerca de eso.
Suspiré mientras miraba por encima de mi hombro. Tenía once
años, y se suponía que era un brujo, pero no tenía tiempo para los
lobos en ese momento. Necesitaba ver si las tetas eran algo que me
gustaba.
Mark estaba allí al otro lado de la calle, de pie cerca de la tienda
de automóviles de Marty.
Estaba fingiendo que no nos estaba mirando, pero no estaba
haciendo un buen trabajo. —¿Por qué hace eso? —Preguntó Chris—.
¿No sabe que es raro?
—Gordo es raro, —le recordó Tanner—. Toda su familia es rara.
—¡Jódete! —Murmuré—. Solo… solo esperen aquí. Me
encargaré de esto.
Los escuché reírse de mí mientras me alejaba, Rico haciendo
ruidos de besos. Los odiaba a todos, pero no estaban equivocados. Mi
familia era rara para todos los que no saber de nosotros. No éramos los 29
Bennett, pero bien podríamos haberlo sido. Fuimos agrupados con
ellos cuando la gente susurraba sobre nosotros. Los Bennett eran ricos,
aunque nadie sabía cómo. Vivían en un par de casas en el medio del
bosque a las que muchos forasteros acudían de todas partes. Algunas
personas dijeron que eran un culto. Otros dijeron que eran la mafia.
08/2018
Nadie sabía de los lobos que se arrastraban debajo de su piel.
Los ojos de Mark se agrandaron al ver que me acercaba. Miró a
su alrededor como si estuviera planeando su escape. —Te quedas ahí
mismo, —le gruñí.
Y él hizo. Era más grande que yo, y tenía la imposible edad de
catorce años. Él no se parecía a su hermano o padre. Eran musculosos
y más grandes que la vida, con pelo corto y negro y ojos oscuros. Mark
tenía el pelo castaño claro y grandes cejas. Era alto y delgado y parecía
nervioso cada vez que yo estaba cerca. Sus ojos eran hielo, y pensé en
ellos a veces cuando no podía conciliar el sueño. No sabía por qué.
—Puedo quedarme aquí si quiero, —dijo con el ceño fruncido.
Sus ojos se movieron hacia la izquierda, luego hacia mí. Las comisuras
de su boca bajaron aún más—. No estoy haciendo nada mal.
—Me estás siguiendo, —le dije—. De nuevo. Mis amigos
piensan que eres raro.
—Soy raro. Soy un hombre lobo.
Fruncí el ceño. —Bueno. Sí. Pero… eso no es… ugh. Mira, ¿qué
es lo que quieres?
—¿A dónde vas?
—¿Por qué?
—Porque sí.
—A la tienda de videos. Vamos a ver algunas tetas.
Él se sonrojó furiosamente. Sentí una extraña satisfacción por
eso.
—No se lo puedes decir a nadie.
—No lo haré. Pero, ¿por qué quieres…? No importa. Y no te
estoy siguiendo.
Esperé, porque mi padre dijo que los lobos no eran tan
inteligentes como nosotros y algunas veces necesitaban un poco de 30
tiempo para resolver las cosas.
Él suspiró. —Bueno. Tal vez lo hice, pero solo un poco.
—¿Cómo puedes seguir a alguien solo un poco?
—Me estoy asegurando de que estés a salvo.
Di un paso atrás. —¿De qué?
08/2018
Se encogió de hombros, parecía más incómodo de lo que nunca
lo había visto. —De... esto. Ya sabes. Tipos malos. Y cosas.
—Tipos malos, —repetí.
—Y cosas.
—Oh, Dios mío, eres tan raro.
—Sí, lo sé. Acabo de decir eso.
—No hay tipos malos aquí.
—Tú no sabes eso. Podría haber asesinos. O lo que sea.
Ladrones.
Nunca entendería a los hombres lobo. —No necesitas
protegerme.
—Sí, lo hago, —dijo en voz baja, mirando a sus pies mientras
barajaba sus zapatillas de deporte.
Pero antes de que pudiera preguntarle qué demonios significaba
eso, escuché la maldición más creativa jamás pronunciada estallando
en la puerta abierta del garaje de la tienda de autos.
—Maldito cabrón hijo de la reputísima madre que te parió.
Bastardo coño, ¿verdad? Eso es todo lo que eres, un coño bastardo.

MI ABUELO me dejaría entregarle herramientas mientras


trabajaba en su Pontiac Streamliner de 1942. Tendría aceite debajo de
las uñas y un pañuelo colgando del bolsillo trasero de su mono.
Murmuró mucho mientras trabajaba, diciendo cosas que
probablemente no debía escuchar. El Pontiac era un idiota que a veces
no encendía, sin importar cuánto lo lubricaba. O eso dijo.
No sabía lo que eso significaba. Pensé que era maravilloso.
—Llave inglesa, —decía.
—Llave inglesa, —contestaba, entregándosela. Me estaba 31
moviendo con rigidez, la última sesión bajo las agujas de mi padre
hace solo unos días.
El abuelo lo sabía. Él no era mágico, pero lo sabía. Padre lo había
obtenido de su madre, una mujer que nunca había conocido. Ella había
muerto antes de que yo naciera.
Habría más maldiciones. Y luego, —Martillo amortiguador. 08/2018

—Martillo amortiguador, —le dije, golpeando el martillo en su


mano.
La mayoría de las veces, el Pontiac ronronearía antes de que
terminara el día. El abuelo estaría parado a mi lado, con una mano
ennegrecida sobre mi hombro. —Escúchala, —decía—. ¿Oyes eso?
Eso, mi niño, es el sonido de una mujer feliz. Tienes que escucharlas,
¿está bien? Así es como sabes lo que está mal. Tú solo escucha, y ellas
te dirán. —Él resopló y negó con la cabeza—. Probablemente algo que
deberías saber, también, sobre el sexo más justo. Escucha, y te lo
dirán.
Yo lo adoré.
Murió antes de que pudiera verme convertido en el brujo de lo
que quedaba de la manada Bennett.
Ella lo mató, al final. Su dama.
Se desvió para no golpear algo en un camino oscuro. Acabó en
un árbol. Padre dijo que fue un accidente. Probablemente un ciervo.
No sabía que había escuchado al abuelo y a mi madre susurrar
acerca de llevarme lejos unos días antes.

ABEL BENNETT dijo: —La luna dio a luz a los lobos. ¿Lo
sabías?
Caminamos por los árboles. Thomas estaba a mi lado, mi padre
junto a Abel. —No —yo dije. La gente tenía miedo de Abel. Se
paraban frente a él y farfullaban nerviosos. Destellaría sus ojos y se
calmarían casi de inmediato, como si el rojo les trajera paz.
Nunca le había tenido miedo. Ni siquiera cuando me sostuvo 32
para mi padre.
La mano de Thomas rozó mi hombro. Padre dijo que los lobos
eran territoriales, que necesitaban su aroma en su manada, que era la
razón por la que siempre nos tocaban. No había sido feliz cuando lo
dijo. No sabía por qué.
—Es una vieja historia, —dijo Abel—. La luna estaba sola. El 08/2018

que ella amaba, el sol, siempre estaba en el otro extremo del cielo, y
nunca podrían encontrarse, sin importar lo mucho que lo intentara. Ella
se hundiría, y él se levantaría. Ella estaba de noche y él de día. El
mundo dormía mientras ella brillaba. Ella creció y menguó y algunas
veces desapareció por completo.
—La luna nueva, —Thomas susurró en mi oído—. Es tonto, si lo
piensas lo suficiente.
Me reí hasta que Abel se aclaró la garganta intencionadamente.
Quizás estaba un poco asustado de él.
—Estaba sola, —dijo el Alfa nuevamente—. Y por eso, ella hizo
a los lobos, criaturas que le cantaban cada vez que aparecía. Y cuando
estaba al máximo, la adoraban con cuatro patas en el suelo, la cabeza
inclinada hacia el cielo nocturno. Los lobos eran iguales y sin
jerarquía.
Thomas me guiñó un ojo y luego puso los ojos en blanco. El me
caía muy bien.
Abel dijo: —No era el sol, pero era suficiente para ella. Brillaría
sobre los lobos, y la llamarían. Pero el sol podía escuchar sus
canciones mientras trataba de dormir, y se puso celoso. Él buscó
quemar los lobos del mundo. Pero antes de que pudiera, ella se levantó
frente a él, cubriéndolo por completo, dejando solo un anillo de fuego
rojo. Los lobos cambiaron por eso. Se convirtieron en Alfas y Betas y
Omegas. Y con este cambio vino la magia, chamuscada en la tierra.
Los lobos se convirtieron en hombres con ojos rojos, naranjas y
violetas. Cuando la luna se debilitó, vio el horror en el que se habían
convertido, bestias sedientas de sangre que no podían ser saciadas.
Con lo último de su fuerza, ella dio forma a la magia y la convirtió en 33
un ser humano. Se convirtió en una bruja, y los lobos se calmaron.
Estaba encantado. —¿Las brujas siempre han estado con los
lobos?
—Siempre, —dijo Abel, tocando con los dedos la corteza de un
viejo árbol—. Son importantes para una manada. Como una correa.
08/2018
Una bruja ayuda a mantener a raya a la bestia.
Mi padre no había dicho nada desde que salimos de la casa
Bennett. Él se veía distante. Perdido. Me pregunté si él habría
escuchado lo que Abel estaba diciendo. O si lo había escuchado
innumerables veces antes.
—¿Oyes eso, enano? —Dijo Thomas, pasándome una mano por
el pelo—. Me impides comer a todos en la ciudad. Sin presión. —Y
entonces él centelleó sus ojos anaranjados y chasqueó sus dientes hacia
mí. Me reí y corrí hacia adelante, escuchándolo perseguirme. Yo era
como el sol y él era la luna, siempre persiguiéndose.

MÁS TARDE, mi padre dijo: —No necesitamos a los lobos. Nos


necesitan, sí, pero nunca los hemos necesitado. Ellos usan nuestra
magia. Como una correa. Une una manada. Sí, hay manadas sin brujas.
Más de las que tienen una. Pero los que sí tienen brujas son los que
están en el poder. Hay una razón para eso. Tienes que recordar eso,
Gordo. Siempre te necesitarán más de lo que nunca podrías
necesitarlos.
No lo interrogué.
¿Cómo podría?
Él era mi padre.

LE DIJE: —Prometo que haré lo mejor que pueda. Aprenderé


todo lo que pueda, y haré un buen trabajo para ti. Verás. Voy a ser el
mejor que haya habido. —Mis ojos se agrandaron—. Pero no le digas
a mi padre que dije eso.
El lobo blanco resopló. 34
Me reí.
En algún momento extendí la mano y presioné mi mano contra el
hocico de Thomas, y por un momento creí escuchar un susurro en mi
cabeza.
manadamanadamanada
08/2018
Y luego corrieron con la luna.
Mi padre vino a mí después. No pregunté dónde estaba mi
madre. No parecía importante. No entonces.
—¿Quién es ese? —Le pregunté. Señalé a un lobo marrón que
merodeaba cerca de Thomas. Sus patas eran grandes y sus ojos se
entrecerraron. Pero Thomas no lo miró, en su lugar centrándose solo
en su compañera, olisqueando en su oído. El lobo marrón se abalanzó,
mostrando los dientes. Pero Thomas estaba esperando a ser Alfa. Tenía
al otro lobo por la garganta incluso antes de tocar el suelo. Giró la
cabeza hacia la derecha y el lobo marrón fue golpeado a un lado,
golpeando el suelo con un choque discordante.
Me preguntaba si Thomas lo lastimaría.
Él no lo hizo, sin embargo. Fue y presionó su hocico contra la
cabeza del lobo marrón. Él gritó, y el lobo marrón se levantó. Se
persiguieron el uno al otro. El compañero de Thomas se sentó y los
observó con ojos sabios.
—Ah, —dijo mi padre—. Él será el segundo de Thomas cuando
Thomas se convierta en el Alfa. Él es el hermano de Thomas en todo
menos en sangre. Su nombre es Richard Collins, y espero grandes
cosas de él.

35

08/2018
el primer año / saber las palabras

EL PRIMER año, nos dirigimos al norte. El rastro estaba frío,


pero no congelado.
Hubo días en que quise estrangular a los tres lobos Bennett,
escuchando cómo Carter y Kelly se golpeaban el uno al otro en su 36
dolor. Eran insensibles y malvados, y en más de una ocasión sus garras
salieron y se derramó sangre.
A veces dormíamos en el todoterreno, estacionados en un campo,
equipos agrícolas oxidados enterrados en enredaderas cubiertas de
maleza sentadas a lo lejos como monolitos descomunales. 08/2018
Los lobos cambiaban en esas noches, y corrían, quemando la
energía casi maníaca por haber quedado atrapados en un automóvil
todo el día.
Me sentaría en el campo, con las piernas cruzadas, los ojos
cerrados e inhalando y exhalando dentro y fuera.
Si estuviéramos lo suficientemente lejos de una ciudad, aullarían.
No fue como en Green Creek. Estas fueron canciones de dolor y
angustia, de ira y rabia.
A veces eran tristes.
Pero la mayoría de las veces, abrasaban.

OTRAS VECES estaríamos en un hotel de mala muerte fuera de


los caminos trillados, compartiendo camas demasiado pequeñas.
Carter roncó. Kelly pateó mientras dormía.
A menudo, Joe se sentaba con la espalda apoyada en la cabecera
de la cama y miraba su teléfono.
Una noche, un par de semanas después de que nos fuéramos, no
pude dormir. Era la mitad de la noche y estaba agotado, pero mi mente
estaba acelerada, mi cabeza latía con fuerza. Suspiré y giré sobre mi
espalda. Kelly estaba a mi lado en la cama, acurrucado y mirando
hacia otro lado, abrazando una almohada.
—No pensé que sería así.
Giré mi cabeza. En la otra cama, Carter resopló mientras dormía.
Los ojos de Joe brillaban en la oscuridad mientras me miraba.
Suspiré mientras miraba hacia el techo. —¿Qué?
—Esto, —dijo Joe—. Aquí. Como estamos. No pensé que sería
así. 37
—No sé de lo que estás hablando.
—¿Crees que...?
—Escúpelo, Joe.
Cristo, era tan jodidamente joven. —Hice esto porque es lo
correcto.
—Claro, chico. 08/2018

—Soy el Alfa.
—Sí.
—Él tiene que pagar.
—¿A quién estás tratando de convencer aquí? ¿A ti o a mí?
—Hice lo que tenía que hacer. Ellos, ellos no entienden.
—¿Tú lo haces?
A él no le gustó mucho. Hubo un gruñido bajo en su voz cuando
dijo: —Él mató a mi padre.
Lo compadecí. Esto no debería haber sucedido. Thomas y yo no
éramos exactamente los mejores amigos, no podíamos serlo, no
después de todo, pero eso no significaba que deseara nada de esto.
Estos chicos nunca deberían haber tenido que presenciar que su Alfa
caiga bajo el peso de Omegas salvajes. No fue justo. —Lo sé.
—Ox, él... él no entiende.
—No lo sabes.
—Está enojado conmigo.
Jesús. —Joe, su madre está muerta. Su Alfa está muerto. Su
comp… tú le tiraste una bomba y luego te fuiste. Estás malditamente
en lo cierto, está enojado. Y si es contigo, es porque él no sabe dónde
más dirigirlo.
Joe no dijo nada.
—¿Te ha contestado al mensaje?
—¿Cómo hiciste…?
—Miras ese teléfono lo suficiente.
—Oh. Um. Sí. Él lo hizo.
—¿Todo bien?
Él rió. Fue un sonido hueco. —No, Gordo. Nada está bien. Pero
nada ha vuelto a Green Creek. 38
Si fuera un hombre mejor, hubiera dicho algo reconfortante. En
cambio, dije: —Para eso están las protecciones.
—¿Gordo?
—¿Qué?
—¿Por qué lo hiciste…? ¿Por qué estás aquí?
—Me lo dijiste. 08/2018

—Yo te pregunté.
Por el amor de Dios. —Ve a dormir, Joe. Tenemos un comienzo
temprano.
Él sollozó en silencio.
Cerré mis ojos.

YO NO LOS conocía. No tan bien como debería. Durante mucho


tiempo no me importó. No quería tener nada que ver con manadas y
lobos y Alfas o magia. Cuando Ox dejó que los Bennett volvieran a
Green Creek, lo primero que pensé fue Mark y Mark y Mark, pero lo
rechacé porque ese era el pasado y no tendría nada de eso.
El segundo pensamiento fue que necesitaba mantener a Oxnard
Matheson lejos de los lobos.
No funcionó.
Antes de que pudiera detenerlo, ya estaba demasiado dentro.
Los mantuve al alcance de la mano. Incluso cuando Thomas vino
a mí por Joe. Incluso cuando se paró frente a mí y me rogó, incluso
cuando sus ojos brillaron rojos y amenazó, no me permití conocerlos,
no como eran ahora. Thomas todavía tenía el mismo aura de poder
alrededor de él que siempre había tenido, pero era más intenso. Más
concentrado. No había sido tan fuerte, incluso cuando se había
convertido en Alfa por primera vez. Me preguntaba si había tenido
otro brujo en algún momento. Me sorprendió el ardor de los celos ante
la idea, y me odié por sentirme así.
Acepté ayudarlo, ayudar a Joe, solo porque no permitiría que Ox
se lastimara. Si Joe no hubiera podido controlar su cambio después de
todo lo que había pasado, si se hubiera vuelto salvaje, significaría que 39
Ox estaba en peligro.
Esa fue la única razón.
No tuvo nada que ver con un sentido de responsabilidad. No les
debía nada. No tuvo nada que ver con Mark. Él había hecho su
elección. Yo había hecho la mía. Él había elegido su manada sobre mí.
08/2018
Yo había elegido lavarme las manos de todos ellos. Pero nada de eso
importó. Ya no.
Me obligaron a conocerlos, quisiera o no. Había perdido la
cabeza cuando acepté seguir a Joe y sus hermanos.
Kelly era el más tranquilo, siempre mirando. Él no era tan grande
como Carter y probablemente nunca lo sería. No como Joe, quien creía
que iba a crecer, crecer y crecer. Era raro, pero cuando Kelly sonrió,
era pequeño y silencioso con un leve rastro de dientes. Él era más
inteligente que el resto de nosotros, siempre calculando, tomando
cosas y procesándolas antes que el resto de nosotros. Su lobo era gris,
con manchas negras y blancas en la cara y los hombros.
Carter era todo fuerza bruta, menos habla, más acción. Él
chasqueó y gruñó, quejándose de cualquier cosa. Cuando no estaba
conduciendo, levantaba las botas en el tablero, se hundía en su asiento,
el cuello de su chaqueta se levantaba alrededor de su cuello y rozaba
sus orejas. Él convirtió en armas sus palabras, usándolas para infligir
tanto dolor como sea posible. Pero también las usó como una
distracción, desviándose lo mejor que pudo. Quería que lo vieran como
frío y distante, pero era demasiado joven e inexperto para hacerlo
funcionar. Su lobo se parecía al de su hermano, gris oscuro, pero con
el negro y el blanco en las patas traseras.
Joe era... un Alfa de diecisiete años. No era la mejor
combinación. Tanto poder después de tanto trauma y ser tan joven no
era algo que deseaba a nadie. Lo entendía más que a los demás, solo
porque sabía por lo que estaba pasando. Tal vez no era lo mismo, la
magia y la licantropía no estaban ni en el mismo estadio, pero había un
parentesco que traté desesperadamente de ignorar. Su lobo era blanco
como la nieve.
Cambiaron juntos, Carter y Kelly dando vueltas alrededor de Joe, 40
se dieran cuenta o no. Le aplacaban, en su mayoría, incluso cuando le
daban mierda. Él era su Alfa, y lo necesitaban.
Todos eran muy diferentes, estos chicos perdidos.
Pero ellos tenían una cosa en común.
Los tres eran imbéciles que no sabían cuándo callar la boca. Y yo
08/2018
estaba atrapado con ellos.
—…y no sé por qué crees que deberíamos seguir haciendo esto,
—dijo Carter una noche, unas semanas después de que nos fuéramos.
Estábamos en Cut Bank, Montana, una pequeña ciudad en el medio de
la nada, no muy lejos de la frontera con Canadá. Había una pequeña
manada cerca del Parque Nacional Glacier a la que nos dirigíamos. Un
lobo con el que nos habíamos encontrado en Lewiston nos dijo que
habían tratado recientemente con Omegas. El lobo había temblado
bajo los ojos Alfa de Joe, el miedo y la reverencia luchaban en su
rostro. Nos detuvimos por la noche, y Carter había comenzado
inmediatamente.
—Dale un descanso, —dijo Kelly cansadamente, frunciendo el
ceño mientras trataba de encontrar un canal de televisión que no fuera
porno duro de los años ochenta.
Carter le gruñó sin palabras.
Joe miró a la pared.
Flexioné las manos y esperé.
Carter dijo: —¿Qué pasa cuando llegamos a esta manada?
¿Alguno de vosotros ha pensado en esto? Nos dirán que los Omegas
estuvieron allí, pero ¿qué diablos más? —Miró a Joe—. ¿Crees que
sabrán dónde está ese cabrón de Richard? Ellos no lo harán. Nadie
hace. Él es un fantasma y nos atormenta. Fueron…
—Él es el Alfa, —dijo Kelly, con los ojos brillantes—. Si él
piensa que esto es lo que se supone que debemos hacer, entonces
vamos a hacerlo.
Carter se rió con amargura mientras comenzaba a caminar de un
lado a otro de la habitación de hotel de mierda. —Buen pequeño
soldado. Siempre cayendo en la fila. Lo hiciste con papá, y ahora lo
estás haciendo con Joe. ¿Qué diablos sabéis vosotros? Papá está 41
muerto y Joe es un niño. El hecho de que él sea un maldito pequeño
príncipe no le da derecho a alejarnos de...
—Eso no es justo, —dijo Kelly—. El hecho de que estés celoso
de que no serás el Alfa no significa que puedas desquitarte con el resto
de nosotros.
—¿Celoso? ¿Crees que estoy celoso? Que te jodan, Kelly. ¿Qué 08/2018

demonios sabes? Yo fui el primogénito. Joe era el niño pequeño de


papá. ¿Y quién demonios eras tú? ¿Qué tienes que ofrecer?
Carter sabía dónde cortar. Sabía lo que haría sangrar a Kelly.
Qué obtendría una reacción. Antes de que pudiera moverme, Kelly se
lanzó hacia su hermano, con las garras extendidas, ojos anaranjados y
brillantes.
Carter se encontró con su hermano con colmillos y fuego, con los
dientes afilados y el pelaje brotando a lo largo de su rostro mientras se
derretía en su media forma. Kelly era rápido y escurridizo, aterrizando
en cuclillas sobre sus pies después de que su hermano lo golpeara en la
cara. Me puse de pie, sintiendo el aleteo de las alas de un cuervo,
necesitaba hacer algo antes de que los malditos policías fueran
llamados y...
—Suficiente.
Un estallido de rojo me golpeó en el pecho. Decía parad y ahora
y alfa soy el alfa, y tropecé con la fuerza de eso. Carter y Kelly se
quedaron inmóviles, con los ojos muy abiertos, pequeños gemidos
saliendo de sus gargantas, heridos y en carne viva.
Joe estaba parado cerca de la cama. Sus ojos estaban tan furiosos
como el rojo de Thomas. No había cambiado, pero parecía que estaba
cerca. Tenía la boca torcida, las manos en puños a los costados. Vi un
chorrito de sangre goteando sobre la sucia alfombra. Debió haber
sacado las garras y estaba clavándose en su palma.
Y el gran poder que emanaba de él era devastador. Era salvaje y
abarcante, amenazando con abrumarnos a todos. Carter y Kelly
comenzaron a temblar, con los ojos muy abiertos y húmedos.
—Joe, —dije en voz baja. 42
Él me ignoró, con el pecho agitado.
—Joe.
Se giró para mirarme, con los dientes al descubierto.
—Dije que pare. Tienes que retirarlo.
Por un momento pensé que me iba a ignorar. Que volvería a sus
08/2018
hermanos y les quitaría todo, dejándolos como cáscaras dóciles y
vacías. Ser un Alfa era una responsabilidad extraordinaria, y si él
hubiera querido, podría haber obligado a sus hermanos a seguir cada
capricho. Serían drones sin mente, su libre albedrío colgando en
pedazos.
Yo lo detendría. Si llegaba a eso.
No fue así.
El rojo en sus ojos desapareció, y todo lo que quedaba era un
chico asustado de diecisiete años enfrente de mí, con la cara húmeda
mientras temblaba.
—Estoy… —graznó—. Yo no... Oh, Dios, oh...
Kelly se movió primero. Empujó a Carter y se presionó contra
Joe, frotando su nariz cerca de la oreja de Joe y en su cabello. Los
puños de Joe aún estaban apretados a sus lados cuando Kelly lo
abrazó. Estaba rígido e inflexible, con los ojos muy abiertos y sobre
mí.
Carter vino también. Tomó a sus dos hermanos en sus brazos,
susurrándoles palabras que no pude entender.
Joe nunca apartó la vista de mí.
Durmieron esa noche en el suelo, el edredón con estampado
floral y las almohadas se sacaron de la cama y se convirtieron en un
pequeño nido. Joe estaba en el medio, un hermano a cada lado. La
cabeza de Kelly descansaba sobre su pecho. La pierna de Carter fue
arrojada sobre los dos.
Se durmieron primero, agotados por el asalto en sus mentes.
Me senté en la cama de arriba, cuidándolos.
Era ya entrada la noche cuando Joe dijo: —¿Por qué me está
pasando esto?
Suspiré. —Tenías que ser tú. Fue... —Negué con la cabeza—. Tú 43
eres el Alfa. Siempre serás tú.
Sus ojos brillaban en la oscuridad. —Vino por mí. Cuando era
pequeño. Para llegar a mi papá.
—Lo sé.
—No estabas allí.
—No. 08/2018

—Estás aquí ahora.


—Lo estoy.
—Podrías haber dicho que no. Y no hubiera podido forzarte. No
como a ellos.
No sabía qué decir.
—Papá no habría hecho eso. Él no habría...
—No eres tu padre, —le dije, con la voz más áspera de lo que
esperaba.
—Lo sé.
—Tú eres tú mismo.
—¿Lo soy?
—Sí.
—Podrías haber dicho que no. Pero no lo hiciste.
—Necesitas mantenerlos a salvo, —le dije en voz baja—. Esta es
tu manada. Tú eres su Alfa. Sin ellos, no hay tú.
—¿Y en qué te convertiste? Cuando no había nosotros?
Cerré los ojos.
No habló durante un largo tiempo después de eso. La noche se
extendió a nuestro alrededor.
Pensé que estaba dormido cuando dijo: —Quiero irme a casa. —
Giró la cabeza, con la cara contra la garganta de Carter.
Los observé hasta que salió el sol.

A VECES SOÑABA con estas pesadillas furiosas que lo hacían


despertar gritando por su papá, su madre, por Ox y Ox y Ox. Kelly
tomaría su cara en sus manos. Carter me miraría sin poder hacer nada.
No hice mucho de nada. Todos teníamos monstruos en nuestros 44
sueños. Algunos de nosotros solo llevábamos viviendo con ellos más
tiempo.

LOS LOBOS de Glacier nos señalaron hacia el norte. Su manada


08/2018
era pequeña y vivía en un par de cabañas en medio del bosque. El Alfa
era un gilipollas, estaba poniendo posturas y lo amenazó hasta que Joe
dijo: —Mi padre era Thomas Bennett. Se ha ido ahora, y no voy a
parar hasta que aquellos que lo tomaron de mí no sean más que sangre
y hueso.
Las cosas fueron más tranquilas después de eso.
Los Omegas habían llegado a su territorio. El Alfa señaló una
pila de tierra con una cruz de madera rodeada de flores. Uno de sus
Betas, dijo ella. Los Omegas pululaban como avispas, ojos violetas y
fauces babeantes. Habían muerto, la mayoría de ellos. Los que habían
escapado lo habían hecho por muy poco. Pero no antes de que
hubieran quitado a uno de ellos.
Richard no había estado entre ellos.
Pero hubo susurros más allá en Canadá.
—Conocí a Thomas, —me dijo el Alfa antes de irnos. Su
compañera se burló de los muchachos y les sirvió tazones de sopa y
gruesas rebanadas de pan—. El fue un buen hombre.
—Sí, —dije.
—Yo también te conocía. No es que nos hayamos encontrado
alguna vez.
No la miré.
—Él lo sabía, —dijo ella—. Lo que has pasado. Qué precio
pagaste. Pensó que volverías a él algún día. Que necesitabas tiempo y
espacio y...
—Esperaré afuera —dije abruptamente. Carter me miró, con las
mejillas hinchadas, caldo goteando por su barbilla, pero lo despedí.
El aire era fresco y las estrellas brillaban. 45
Que te jodan, pensé mientras miraba la extensión. Que te jodan

NO ENCONTRAMOS a Richard Collins en Calgary.


Encontramos lobos salvajes.
08/2018
Vinieron a nosotros, perdidos en su locura. Los compadezco.
Al menos hasta que nos superaron en número y fuimos por Joe.
Gritó cuando le cortaron la piel, sus hermanos gritando su
nombre. El cuervo extendió sus alas.
Estaba exhausto cuando terminó, cubierto de sangre Omega,
cuerpos cubriendo el suelo a mi alrededor.
Joe estaba apoyado entre Carter y Kelly, con la cabeza inclinada
mientras su piel se entretejía lentamente. Su respiración se sacudió
pesadamente en su pecho. Él dijo: —Tú me salvaste. Tú nos salvaste.
Desvié la mirada.
Mientras dormía, levanté el teléfono desechable que llevaba.
Destaqué el nombre de Mark y pensé en lo fácil que sería. Podría
presionar un botón y su voz estaría en mi oído. Diría que lo siento, que
nunca debería haberlo dejado ir tan lejos. Que entendí la elección que
había hecho hace tanto tiempo.
Envié un mensaje de texto a Ox en su lugar.
Joe está bien. Se metió en algunos problemas. Él está
durmiendo. Él no quería que te preocuparas
Esa noche soñé con un lobo marrón con su nariz presionada
contra mi barbilla.

SONÓ UN TELÉFONO mientras estábamos en Alaska.


Miramos hacia abajo, inseguros de qué hacer. Habían pasado
cuatro meses desde que dejamos Green Creek atrás, y no estábamos
más cerca de Richard de lo que habíamos estado antes.
Joe tragó con dificultad mientras recogía el teléfono desechable
del escritorio de otro motel sin nombre en el medio de la nada.
Pensé que iba a ignorarlo. En cambio, conectó la llamada. 46
Todos lo escuchamos. Cada palabra.
—Maldito idiota, —dijo Ox, y no quería nada más que ver su
cara—. ¡No puedes hacerme esto! ¿Me escuchas? No puedes. ¿Incluso
te preocupas por nosotros? ¿Lo haces? Si lo haces, si una parte de ti se
preocupa por mí, por nosotros, entonces debes preguntarte si esto vale
08/2018
la pena. Si lo que estás haciendo lo vale. Tu familia te necesita. Te
necesito.
Ninguno de nosotros habló.
—Idiota. Bastardo.
Joe colocó el teléfono en el borde de la cama y se arrodilló.
Apoyó su barbilla en la cama, mirando el teléfono mientras Ox
respiraba.
Kelly finalmente se sentó junto a él.
Carter también lo hizo, todos mirando el teléfono, escuchando
los sonidos de la casa.

CONDUJIMOS por un camino polvoriento, campos verdes y


planos se extendían a nuestro alrededor. Kelly estaba detrás del
volante. Carter estaba en el asiento junto a él, con la ventana bajada y
los pies apoyados en el tablero. Joe estaba en la parte de atrás
conmigo, con la mano colgando del SUV, el viento soplaba entre sus
dedos. La música sonaba débil en la radio.
Nadie había hablado en horas.
No sabíamos hacia dónde íbamos.
No importaba.
Pensé pasar mis dedos sobre una cabeza afeitada, los pulgares
trazando cejas y la concha de una oreja. El bajo retumbar de un
gruñido predatorio en un pecho fuerte. La forma en que una pequeña
estatua de piedra se sintió en mi mano por primera vez, el peso
sorprendente.
Carter hizo un ruido bajo y alcanzó a encender la radio. Él sonrió
a su hermano. Kelly rodó sus ojos, pero tenía una sonrisa tranquila en
su rostro. 47
El camino se extendió.
Carter comenzó a cantar primero. Estaba fuera de tono y
descarado, ruidoso cuando no era necesario, diciendo más palabras
mal que correctas.
Estaba solo para la primera estrofa.
08/2018
Kelly se unió al estribillo. Su voz era dulce y cálida, más fuerte
de lo que hubiera esperado. La canción era más vieja que ellos. Tenía
que venir de su madre. Recordaba haber sido joven, verla hojear su
colección de discos. Ella me sonrió mirando a la vuelta de la esquina
en la casa de la manada. Me llamó por señas y cuando estuve a su
lado, me tocó el hombro brevemente y me dijo: —Me encanta la
música. A veces puede decir las cosas para las que no puedes
encontrar las palabras.
Miré a Joe.
Estaba mirando a sus hermanos con asombro, luciendo más vivo
de lo que lo había visto en semanas.
Carter lo miró. Él sonrió. —Tú sabes las palabras. Venga. Lo
tienes.
Pensé que Joe se negaría. Pensé que volvería a mirar por la
ventana. En cambio, cantó con sus hermanos.
Al principio fue tranquilo, un poco tambaleante. Pero a medida
que la canción avanzaba, se hizo más fuerte y más fuerte. Todos lo
hicieron hasta que se gritaron el uno al otro, sonando más felices de lo
que habían sido desde que el monstruo de su infancia había alzado su
cabeza y se había llevado a su padre.
Ellos cantaron.
Ellos rieron.
Ellos aullaron.
Ellos me miraron.
Pensé en un niño con ojos de hielo que me decía que me amaba,
que no quería irse otra vez, pero tenía que hacerlo, tenía que hacerlo,
su Alfa lo estaba exigiendo, y él volvería por mí, Gordo, tienes que
creer que volveré por ti. Eres mi compañero, te amo, te amo, te amo. 48
No pude hacer esto.
Y luego Joe puso su mano sobre la mía. Él apretó, solo una vez.
—Vamos, Gordo, —dijo—. Tú sabes las palabras. Tienes esto.
Suspiré.
Canté.
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Todos estábamos hambrientos como el loooobooo. Seguimos y
seguimos y seguimos.
Y en lo más recóndito de mi mente, lo escuché nuevamente. Por
primera vez.
Susurró manada y manada y manada.

SABÍA LO QUE venía. Cada texto, cada llamada telefónica era


más difícil de ignorar. Fue un tirón hacia casa, un peso sobre nuestros
hombros. Un recordatorio de todo lo que habíamos dejado atrás. Vi lo
mucho que lastimaron a Carter y Kelly cuando oyeron que su madre
finalmente había cambiado. Cuánto le afectó a Joe cuando Ox hizo
preguntas que no pudo responder.
Mark nunca dijo nada.
Pero tampoco le dije nada nunca.
Fue mejor así.
Por eso no discutí demasiado cuando Joe dijo por primera vez:
—Tenemos que deshacernos de los teléfonos.
Sus hermanos lucharon. Fue admirable, yendo contra su Alfa. Me
rogaron que le dijera que no, que le dijera a Joe que estaba
equivocado. Que había una mejor manera de hacerlo. Pero no pude,
porque estaba soñando con lobos ahora, con manada. Ellos no sabían
lo que hice. No había visto la forma en que los cazadores habían
llegado a Green Creek sin avisar, yendo a la casa al final del camino
para tratar con la muerte. No lo sabíamos. Desprevenidos. Había visto
a Richard Collins caer de rodillas, la sangre de sus seres queridos
manchando el suelo a su alrededor. Su cabeza se había inclinado hacia
atrás y había gritado su horror. Y cuando el nuevo Alfa puso su mano
sobre su hombro, Richard había atacado. —No hiciste nada, — 49
gruñó—. No hiciste nada para detener esto. Esto es tu culpa. Esto está
en ti.
Entonces, cuando Joe se volvió hacia mí, buscando la validación,
le dije que estaba siendo estúpido. Eso Ox no lo entendería, ¿y
realmente quería hacerle eso?
08/2018
Pero eso fue todo.
—Es la única manera, —dijo.
—¿Estás seguro?
Joe suspiró. —Sí.
—Vuestro Alfa ha hablado, —le dije a Carter y Kelly. Tomé sus
teléfonos.
Durmieron mal esa noche.
La luna era solo una astilla cuando abrí la puerta del motel y salí
a la noche.
Un contenedor de basura estaba en el borde del estacionamiento.
El teléfono de Joe fue el primero. Luego el de Carter. El de Kelly.
Sujeté el mío con fuerza.
La pantalla era brillante en la oscuridad.
Destaqué un nombre.
Mark
Escribí un texto.
Lo siento
Mi pulgar se cernió sobre el botón de Enviar.
Como la tierra. Como tierra y hojas y lluvia…
No envié el mensaje.
Tiré el teléfono al contenedor y no miré hacia atrás.

50

08/2018
electrodo de bujía / pequeños
sándwiches

YO TENÍA once años cuando Marty nos sorprendió entrando


sigilosamente en el garaje. 51
No sabía por qué estaba tan atraído por eso. No era nada especial.
El garaje era un viejo edificio cubierto por una capa de mugre que
parecía como si nunca fuera arrastrada. Tres puertas grandes
conducían a bahías con elevadores mecánicos oxidados en el interior.
Los hombres que trabajaban allí eran ásperos, metidos en las bahías
08/2018
hasta las mejillas y los tatuajes cubriendo sus brazos y cuellos.
Marty mismo era el peor de ellos. Sus ropas estaban siempre
manchadas de polvo y aceite, y había fruncido el ceño constantemente.
Su cabello era fino y tenue, y se le erizaba alrededor de las orejas. Las
marcas de cicatrices le estropeaban la cara, y su tos sonaba húmeda y
dolorosa.
Pensé que era fascinante, incluso desde la distancia. Él no era un
lobo. Él no estaba imbuido de magia. Era terriblemente, dolorosamente
humano, brusco y volátil.
Y el garaje en sí era como un faro en un mundo que no siempre
tenía sentido para mí. El abuelo llevaba un par de años en la tierra, y
mis dedos se morían por tocar una llave inglesa y un martillo
amortiguador. Quería escuchar el ronroneo de un motor para ver si
podía escuchar lo que estaba mal con él.
Esperé hasta el sábado cuando no había nadie más cerca. Thomas
estaba con Abel, haciendo lo que los Alfas y los futuros Alfas hicieran
en el bosque. Mi madre se estaba haciendo las uñas en la próxima
ciudad. Mi padre dijo que tenía una reunión, lo que significaba que
estaba con la mujer de cabello oscuro que se suponía que no debía
conocer. Rico estaba enfermo, Chris castigado, Tanner en un viaje de
un día a Eugene sobre el que había puteado durante semanas.
Sin nadie que me diga que no, fui a la ciudad.
Me quedé mucho tiempo al otro lado de la calle del garaje, solo
mirando. Mis brazos picaban. Mis dedos se crisparon. Había magia en
mi piel que no tenía salida. Las herramientas del abuelo habían
desaparecido misteriosamente después de que su dama lo mató, mi
padre dijo que no eran importantes.
Y justo cuando reuní suficiente coraje para cruzar la calle, sentí
un pequeño tirón en el fondo de mi mente, una simple conciencia que 52
se estaba volviendo más y más familiar.
Suspiré. —Sé que estás ahí.
Silencio.
—Es mejor que salgas ahora.
Mark salió del callejón al lado del restaurante. Parecía
08/2018
avergonzado pero desafiante. Vestía jeans y una camisa de Los
Cazafantasmas. La secuela acababa de salir. Rico, Tanner, Chris y yo
íbamos a ir a verla. Pensé en invitar a Mark también por razones que
no podía entender del todo. Aún me ponía de los nervios, pero no era
tan malo. Me gustó la forma en que sonreía a veces.
—¿Qué estás haciendo? —Preguntó.
—¿Por qué?
—Has estado allí por mucho tiempo.
—Acosador —murmuré—. Si quieres saberlo, iré a casa de
Marty.
Echó un vistazo al otro lado de la calle, frunciendo el ceño.
—¿Por qué?
—Porque quiero ver adentro.
—¿Por qué?
Me encogí de hombros. —Es... no lo entenderías.
El giró a mirarme. —Tal vez pueda si solo me dices.
—Me molestas.
Ladeó la cabeza como un perro. —Eso fue una mentira.
Le fruncí el ceño. —Para. No puedes hacer eso. Deja de escuchar
mi latido del corazón.
—No puedo. Es tan alto.
No sabía por qué tenía un corazón ruidoso. Esperaba que no
pasara nada conmigo. —Bueno, inténtalo de todos modos.
Él estaba sonriendo un poco ahora. —No te molesto.
—Tú lo haces. Realmente lo haces.
—Vámonos, entonces.
—¿Qué? ¿Ir a dónde? ¿Qué estás...? Hey. ¿Qué estás haciendo?
Él ya estaba marchando al otro lado de la calle. No miró hacia
atrás incluso cuando silbé su nombre. 53
Corrí detrás de él.
Su paso era más largo que el mío. Por cada paso que daba,
necesitaba tomar dos. Me dije que algún día sería más grande que él.
No importaba que él fuera un lobo. Me gustaría ser más grande y más
fuerte y me gustaría seguirle, ver qué le parecía.
—Vamos a meternos en problemas, —susurré con furia. 08/2018

—Tal vez, —dijo.


—Tu padre va a estar tan enojado.
—El tuyo también.
Pensé mucho. —No les diré si no lo harás.
—¿Como un secreto?
—Sí. Por supuesto. Como un secreto.
Él se veía extrañamente complacido. —Nunca he tenido un
secreto contigo antes.
—Uh, sí. Lo tienes. Eres un hombre lobo. Soy un brujo. Eso es
como, tan secreto.
—Eso no cuenta. Otras personas lo saben. Esto es solo un secreto
para ti y para mí.
—Eres un tonto.
Llegamos al otro lado de la calle. Las puertas del garaje estaban
abiertas. En un viejo altavoz se escuchaba Judas Priest. Pude ver dos
autos adentro, y una vieja camioneta. Uno de los chicos estaba debajo
de la camioneta. Marty estaba inclinado sobre un Chero Camaro
IROC-Z de 1985 con un hombre mayor en traje. El auto era elegante y
rojo, y no quería nada más que ponerlo en mis manos. El capó estaba
levantado y Marty estaba jugando con algo. El hombre del traje
parecía irritado. Echó un vistazo a su reloj y golpeó su pie.
Me apoyé contra el costado del garaje, Mark a mi lado. Sus
dedos rozaron los míos, y sentí algo así como un pulso de magia a lo
largo de mi brazo. Lo ignoré.
—¿Y cuándo se encendió la luz del motor? —Estaba diciendo
Marty.
—Te lo dije, —dijo el hombre de la demanda—. La semana
pasada. No hay estancamiento, no hay dudas. No tiembla, no... 54
—Sí, sí, —dijo Marty—. Te oí. Puede ser un cable defectuoso en
alguna parte. Estos autos deportivos se ven bien, pero están hechos
para la mierda. Obtienes todo el coño que deseas por un trozo de
cambio, pero se deshace y te quedas atrapado con él.
—¿Puedes arreglarlo o no? —El hombre del traje no sonó muy
08/2018
feliz. Me preguntaba si no tendría suficiente coño. Me preguntaba qué
era coño.
—Coge el manual del propietario, —dijo Marty—. Será mejor
que esté en inglés o no va a ser una mierda si el libro de reparaciones
que tengo no nos dice nada. Vamos a mi oficina y echemos un vistazo.
El hombre del traje dejó escapar un bufido, pero hizo lo que
Marty dijo. Se inclinó hacia el IROC-Z y agarró el manual de la
guantera antes de seguir a Marty hacia la oficina trasera.
Ahora era mi oportunidad. La chica bonita estaba sentada allí,
abierta de par en par. Esperándome. Iba a lubricarla y meter los dedos
dentro, al igual que el abuelo me había enseñado.
—Voy a entrar, —le susurré a Mark.
—Está bien, —le susurró—. Estoy justo detrás de ti.
Judas Priest dio paso a Black Sabbath cuando entramos. Olía a
hombre y metal, y respiré todo. El tipo debajo del camión se movió
ligeramente, pero por lo demás nada. Marty y el hombre del traje
estaban de vuelta en la oficina, bloqueados por un automóvil en un
ascensor.
La IROC-Z estaba allí, esperándome. Era hermosa, una manzana
de color rojo caramelo con adornos negros y bordes plateados. El
hombre del traje no se lo merecía.
Me incliné sobre su motor, buscando algo, cualquier cosa.
—Luz, —murmuré a Mark.
—¿Qué?
—Necesito una luz. Cuando pido algo, me lo entregas. Es la
forma en que trabajas en los automóviles.
—¿Cómo se supone que encontraré una luz?
—Con tus ojos.
Él murmuró algo, pero lo ignoré, tomándola entera. 55
—Luz, —finalmente dijo. Saqué mi mano. Era una pequeña
linterna. No era mucho, pero sería suficiente.
—Vamos, pequeña perra, —le dije.
—¿Qué? No necesitas llamarme nombres. Tengo el…
—No tú, —dije—. Es algo que haces cuando trabajas en
08/2018
automóviles. Maldices mientras te das cuenta de lo que está mal. Mi
abuelo me enseñó eso.
—Oh. ¿Ayuda?
—Sí. Cuando maldices lo suficiente, finalmente lo resuelves.
—Eso no tiene sentido.
—Funciona. Créeme.
—Confío en ti, —dijo Mark en voz baja, y sentí otro pequeño
rizo de magia arrastrándose a lo largo de mi piel. Presionó a lo largo
de mi costado, inclinándose sobre el motor conmigo. Su hombro rozó
el mío. —Así que simplemente la llamamos por nombres.
—Sí, —dije, con la cara ligeramente sonrojada—. Quiero decir,
eso es... sí.
—Bueno. Um. ¿Tú... imbécil?
Me reí. —Eres tan malo en esto.
—¡Nunca lo había hecho antes!
—Muy mal.
—Lo que sea. Me gustaría ver qué tan mejor lo haces.
Traté de pensar lo que el abuelo había dicho.
—Vamos, insignificante bastardo. Qué demonios.
—Vaya, —respiró Mark—. ¿Eso... tu abuelo te enseñó eso? Mi
abuelo tenía el cabello pegado a las orejas y siempre olvida quién era.
—Él me enseñó mucho, —le dije—. Todo, de verdad. Pruébalo
otra vez.
—Bueno. Déjame pensar. ¿Qué tal, qué pasa contigo, extraña
puta?
Me ahogué. —Oh, Dios mío.
—¿Por qué no me dices tus secretos, jodida bolsa de mierda.
—No sé por qué incluso te dejo venir conmigo.
—Puta, cabrón de mierda… 56
Él era bueno. Podría darle eso. Pero antes de que pudiera pensar
en decirle eso, lo vi.
—Ahí, —dije, señalando la linterna—. ¿Ves? ¿Justo ahí? Eso es
lo que está mal.
—No veo nada, —dijo Mark.
—Es... uf, solo dame tu mano. 08/2018

Él no dudó.
Más tarde, mucho, mucho más tarde, pensaría en este momento.
La primera vez que nos tomamos de la mano. La primera vez que nos
tocamos por nuestra propia elección. Su mano era más grande que la
mía, sus dedos gruesos y romos. Su piel era más oscura y cálida. Los
huesos se sentían quebradizos, y yo sabía de la sangre que vibraba
justo debajo. Mi padre se había asegurado de eso. Yo pertenecía a él, a
los Bennett, por lo que estaba en mi propia sangre.
Pero solo tenía once años. No entendí entonces lo que
significaba.
Él lo hizo, sin embargo.
Por eso inhaló bruscamente cuando tomé su mano, ¿por qué por
el rabillo del ojo vi el destello naranja en la oscuridad debajo del capó
del automóvil? Él gruñó un poco, profundamente en su pecho, y juré
en ese momento que el cuervo despegó. Yo…
—¿Qué demonios crees que estás haciendo?
Solté su mano, sorprendido por la voz enojada que venía detrás
de nosotros.
Antes de que pudiera darme la vuelta completamente, Mark
estaba frente a mí, empujándome detrás de él. Me puse de puntillas,
mirando por encima de su hombro.
Marty se quedó allí, luciendo enrojecido y enojado. El hombre
del traje estaba confundido, su corbata floja alrededor de su cuello.
Marty entornó los ojos cuando me vio. —Tú. Te conozco. Te he
visto antes. Tú pertenecías a Donald.
Donald Livingstone. Mi abuelo —Sí, señor, —le dije, porque
había aprendido desde el principio que si era amable con los adultos,
tal vez podría salir de problemas. 57
—Y tú, —le dijo Marty a Mark—. Te he visto siguiendo a éste
alrededor.
—Lo mantengo a salvo, —dijo Mark. —Él es mío para proteger.
Mi mano se apretó en su hombro. No entendí a qué se refería.
Éramos manada, sí, y…
—Chico, no me importa dos cosas lo que hagas siempre y 08/2018

cuando no lo hagas aquí. Vete de aquí. Este no es lugar para...


—¡Electrodo de bujía! —Espeté.
Marty parpadeó hacia mí. —¿Qué?
Empujé a Mark fuera del camino. Él graznó enojado pero se
apretó contra mí, sin dejar espacio entre nosotros. No tuve tiempo para
su idiotez de hombre lobo. Tenía un punto que hacer. —La luz del
motor de verificación. Es por el electrodo de la bujía. Hay aceite de
motor acumulado a su alrededor.
—¿De qué está hablando? —Preguntó el hombre del traje—.
¿Quién es este niño?
—Electrodo de bujía, —dijo Marty lentamente—. Eso es cierto.
Asentí con furia. —Sí, sí. Sí, señor. Lo es.
Marty dio un paso hacia mí, y por un momento estuve seguro de
que Mark iba a morir. Pero antes de que pudiera, Marty pasó junto a
mí y se inclinó sobre la IROC-Z. —Linterna, —murmuró, con la mano
extendida.
—Linterna, —dije rápidamente, entregándola.
Le tomó un momento, pero luego, —Huh. ¿Lo mirarías? Debo
haberlo perdido. Mis ojos ya no son lo que solían ser. Hacerme viejo
para esta mierda. Chico, ven aquí.
Fui de inmediato. Mark también lo hizo.
—Exceso de aceite, —dijo Marty.
—Sí, señor.
—Podría ser un problema de consumo de aceite.
—O algo con el sistema de emisiones.
—O el sistema de encendido.
—Inyección de combustible. La manguera, tal vez. 58
Sacudió la cabeza. —El combustible no tiene fugas. Sin
deterioro.
—¿De qué están hablando? —Preguntó el hombre del traje.
—No lo sé, —dijo Mark—. Pero Gordo sabe mucho. Más que
nadie que conozco. Es bueno e inteligente y huele a tierra, a hojas y...
08/2018
Golpeé mi cabeza contra el capó del auto. Grité ante el brillante
destello de dolor. Mark estaba allí en un instante, con las manos en los
hombros. —¿Dejarías de decirle a qué huelo? —Le susurré con los
dientes apretados—. Suenas muy raro.
Mark me ignoró, puso sus manos en mi cara e inclinó la cabeza
hacia abajo mientras inspeccionaba lo que supuse que probablemente
sería una herida con borbotones que requeriría puntos de sutura y
dejaría una horrible cicatriz que...
—Un pequeño golpe, —murmuró en voz baja—. Debes tener
más cuidado
Me alejé. —Bueno, tú necesitas…
—Solución fácil, —dijo Marty—. Solo debería tomar un par de
horas, salvo la necesidad de pedir cualquier pieza. Ve a tomar una taza
de café en el restaurante. Una rebanada de pastel.
El hombre del traje parecía que iba a discutir, pero asintió en su
lugar. Nos miró con curiosidad a Mark y a mí antes de darse la vuelta
y salir del garaje a la luz del sol.
Marty se volvió hacia mí. —Gordo, ¿verdad?
Asentí lentamente.
Se pasó una mano por la barba gris en la mandíbula.
—Donald era un buen hombre. Terco hijo de puta. Hacía trampas
en las cartas. —Sacudió la cabeza—. Lo negó, pero todos lo sabíamos.
Él habló de ti.
No sabía qué decir a eso, así que mantuve la boca cerrada.
—¿Él te enseñó?
—Sí. Sí. Todo lo que sé.
—¿Cuántos años tienes? 59
—Quince.
Mark tosió.
Marty resopló. —¿Quieres probar esa otra vez?
Puse los ojos en blanco. —Once.
—¿Tu padre arregla coches?
—No. 08/2018

Miró a Mark. —Bennett, ¿verdad?


—Sí, —dijo Mark.
Él asintió lentamente. —Extraño grupo.
No dijimos nada porque no había nada que decir.
Marty suspiró. —Tienes buen ojo, niño. Te diré eso.

—NO PUEDES decirle a mi padre, —le dije a Mark mientras


nos alejábamos del garaje—. No me dejará volver. Sabes que no lo
hará.
Mark me miró. —¿Esto es lo que quieres?
Sí. Lo era. Era lo que necesitaba. No conocía mucho más fuera
de la vida de la manada. Nada de lo que tenía aparte de Chris, Tanner
y Rico era mío y mío solo. A mi padre no le gustaba y llegó a intentar
prohibirme verlos fuera de la escuela. Pero mi madre había
intervenido, una de las pocas veces que alguna vez se había enfrentado
a él. Necesitaba normalidad, dijo ella. Necesitaba algo más, dijo ella.
No había estado feliz por eso, pero había cedido. La había abrazado
durante mucho tiempo después de eso. —Sí, —dije—. Esto es lo que
quiero. —Luego—, Es otro secreto. Sólo entre tú y yo.
Sus labios se crisparon ante eso, y supe que había ganado.
—Me gusta tener secretos contigo.
Hubo un extraño giro en la boca del estómago.

—ANCLAS, —dijo Abel mientras se sentaba detrás del gran


escritorio de su oficina. Mi padre estaba en la ventana, mirando a los
árboles. Thomas se sentó a mi lado, tranquilo y sereno como siempre 60
lo estaba. Estaba nervioso porque esta era la primera vez que me
permitían ingresar a la oficina de Abel. Mis brazos estaban doloridos
por los días debajo de las agujas de mi padre—. ¿Puedes decirme qué
sabes de ellas?
—Ayudan a recordarle a un lobo que son humanos, —dije
08/2018
lentamente, queriendo hacerlo bien. Necesitaba que Abel viera que
podía creer en mí—. Evitan que un lobo se pierda en el animal.
—Eso es verdad, —dijo Abel. Él extendió sus manos en el
escritorio—. Pero es más que eso. Mucho más.
Miré a mi padre, pero él estaba perdido en lo que fuera que
estaba viendo.
—Un ancla es la fuerza detrás del lobo, —dijo Abel—. Un
sentimiento o una persona o una idea que nos mantiene en contacto
con nuestros lados humanos. Es una canción que nos llama a casa
cuando estamos cambiados. Nos recuerda de dónde venimos. Mi ancla
es mi manada. Las personas que cuentan conmigo para mantenerlos a
salvo. Para protegerlos de aquellos que nos harían daño. ¿Lo
entiendes?
Asentí con la cabeza, aunque en realidad no lo hice. Miré a
Thomas. —¿Cuál es la tuya?
—Manada.
Eso me sorprendió —¿No Elizabeth?
—Elizabeth, —dijo Thomas con un suspiro, sonando soñador
como siempre lo hacía cuando la mencionaba. O la veía. O estaba
parado junto a ella. O pensó en su existencia—. Ella es... no. Ella es
más para mí.
—Quién lo hubiera adivinado, —dijo Abel secamente.
Entonces—, las anclas no son solo para lobos, Gordo. Somos llamados
por la luna, y hay magia en eso. Como que hay magia en ti.
—Desde la Tierra.
—Sí. Desde la Tierra.
Entonces me di cuenta de lo que estaba tratando de decir.
—¿También necesito un ancla? —Fue un pensamiento
inmensamente terrible. 61
—Todavía no, —dijo Abel, sentándose adelante—. Y no por un
largo tiempo. Eres joven y estás empezando. Tus marcas no han sido
completadas. Hasta que lo estén, no necesitarás una. Pero un día lo
harás.
—No quiero que sea solo una persona, —dije.
08/2018
Mi padre se volvió. Tenía una mirada extraña en su rostro.
—¿Y por qué es eso?
—Porque la gente se va, —dije honestamente—. Se mudan o se
enferman o mueren. Si un lobo tuviera un ancla y es una persona y
moriría, ¿qué le pasaría al lobo?
La única respuesta fue el tic-tac del reloj en la pared.
Entonces Abel se rió, sus ojos se arrugaron amablemente.
—Eres una criatura fascinante. Estoy muy feliz de conocerte.

—NO SABÍA sobre las anclas, —le dije a mi padre cuando


salíamos de la casa Bennett—. Para los brujos.
—Lo sé. Hay un momento y lugar para todo.
—¿Hay algo más que no me hayas dicho?
Él no me miraría. Algunos niños corrieron a nuestro lado, riendo
mientras gruñían el uno al otro. Él los esquivó hábilmente.
—Sí. Pero lo averiguarás, un día.
No pensé que eso fuera justo, pero no podría decírselo a mi
padre. En su lugar dije: —¿Quién es tu ancla? ¿Es mamá?
Cerró los ojos y volvió el rostro hacia el sol.

—¿CÓMO PODRÍAS? —La escuché decir con voz tensa y


áspera—. ¿Por qué me harías esto? ¿A nosotros?
—No pedí esto, —dijo mi padre—. Nunca pedí nada de esto. No
sabía que ella conseguiría...
—Podría decírselo. Podría decirles a todos. Lo que eres. Lo que
son.
—Nadie te creería. ¿Y cómo te quedaría eso? Ellos pensarían que 62
estás loca. Y sería usado en tu contra. Nunca volverías a ver a Gordo.
Me aseguraría de eso.
—Sé que me has hecho algo, —dijo mi madre—. Sé que has
jugado con mi mente. Sé que has alterado mis recuerdos. Quizás esto
no es real. Quizás nada de esto es real. Es un sueño, un sueño horrible
08/2018
del que no puedo despertar. Por favor. Por favor, Robert. Por favor,
déjame despertar.
—Catherine, tú eres... esto es innecesario. Todo esto es. Ella se
irá. Lo prometo. Hasta que esté hecho. No puedes seguir así.
Simplemente no puedes. Te está matando. Me está matando.
—Como si te importara, —dijo con dureza—. Como si te
importa un comino cualquier cosa que no sea ella.
—Baja la voz.
—No lo haré. No seré...
—Catherine.
Las voces se apagaron mientras tiraba del edredón sobre mi
cabeza.

—TU MADRE no se siente bien, —dijo mi padre—. Ella está


descansando.
Miré fijamente a la puerta de su habitación cerrada por un largo
tiempo.

ELLA ME sonrió. —Estoy bien. Cariño, por supuesto que estoy


bien. ¿Cómo puede pasar algo cuando el sol está brillando y el cielo es
azul? Hagamos un picnic. ¿No suena adorable? Solo tú y yo, Gordo.
Haré pequeños sándwiches con las cortezas cortadas. Hay ensalada de
patatas y galletas de avena. Tomaremos una manta y miraremos las
nubes. Gordo, seremos solo tú y yo, y seré lo más feliz que haya
estado jamás.
Pensé que ella estaba mintiendo.
63
—¡LLEVA TU CULO en la bahía! —Marty me gritó desde el
otro lado del garaje—. No te pago nada para tenerte allí de pie con tu
polla colgando. Muévete, Gordo. Muévete.
08/2018

—¿CÓMO LO SUPISTE? —Le pregunté a Thomas cuando tenía


doce años. Era domingo y, como era tradición, la manada se había
reunido para cenar. Las mesas se habían establecido detrás de la casa
Bennett. Se habían extendido manteles blancos de encaje sobre ellas.
Había jarrones llenos de flores silvestres, verdes y azules y violetas y
naranjas. Abel estaba en la parrilla, sonriendo ante el ruido y el
bullicio que lo rodeaba. Los niños se rieron. Los adultos sonrieron. La
música se reprodujo desde un reproductor de discos.
Y Elizabeth estaba bailando. Ella se veía hermosa. Llevaba un
bonito vestido de verano, las puntas de sus dedos manchadas de
pintura. La mayor parte del día había estado en su estudio, un lugar
donde solo se le permitía a Thomas, y solo cuando ella lo invitó a
entrar. No entendía su arte, las barras de color sobre el lienzo, pero era
salvaje, vital y me recordó a correr con lobos debajo de la luna llena.
Pero aquí estaba ahora, balanceándose con la música, su vestido
flameando alrededor de sus rodillas mientras giraba en un lento
círculo. Tenía los brazos extendidos, la cabeza inclinada hacia atrás y
los ojos cerrados. Se veía pacífica y feliz, y causó una punzada
agridulce en mi pecho.
—Lo supe desde el momento en que la vi, —dijo Thomas, sin
apartar los ojos de Elizabeth—. Lo sabía porque nadie que hubiera
conocido antes me había hecho sentir como lo hice entonces. Ella es la
persona más adorable que he visto en mi vida, e incluso en ese
entonces, sabía que la iba a amar. Sabía que iba a darle todo lo que ella
podría pedir.
—Guau, —respiré.
Thomas se rió. —¿Sabes qué fue lo primero que me dijo? 64
Negué con la cabeza.
—Ella me dijo que dejara de olerla.
Lo miré boquiabierto.
Él se encogió de hombros fácilmente. —No fui muy sutil.
—¿La estabas oliendo? —Pregunté, horrorizado.
—No pude evitarlo. Fue... ¿Conoces ese momento justo antes de 08/2018

que llegue una tormenta? ¿El cielo es negro y gris, y todo se siente
eléctrico? ¿Tu piel está zumbando y tus pelos están erizados?
Asentí.
—Eso es a lo que olía para mí. Como una tormenta que se
aproxima.
—Sí, —le dije, todavía inseguro—. Pero, como, la estabas
olfateando.
—Aprenderás, —me dijo Thomas—. Un día. Tal vez antes de lo
que piensas Oh, mira eso. Mi hermano se acerca. Qué momento
propicio es, dada nuestra discusión.
Giré mi cabeza, Mark Bennett caminaba hacia nosotros, con una
expresión determinada en su rostro. Desde el día en que me siguió
hasta la casa de Marty, las cosas habían sido... menos raras. Todavía
era un poco espeluznante, y le dije una y otra vez que no necesitaba
que él me protegiera, pero no era tan malo como yo pensaba que había
sido. Él era bueno. Y parecía gustarme muchísimo por razones que no
entendía del todo.
—Thomas, —dijo Mark, sonando ligeramente estrangulado.
—Mark, —respondió Thomas, sonando divertido—. Bonita
corbata. ¿No es un poco cálido para eso?
Él se sonrojó, el rojo trepando por su cuello hasta sus mejillas.
—No es... lo estoy intentando, Dios, ¿podrías...?
—Creo que iré a bailar con Elizabeth, —dijo Thomas, dándome
palmaditas en el hombro—. Sería una pena dejar que el momento se
desperdicie. ¿No crees, hermano?
—¿Por qué estás vestido así? —Le pregunté. Llevaba una
corbata roja sobre una camisa de vestir blanca y pantalones. Estaba
descalzo, y no podía recordar si alguna vez había visto sus dedos de 65
los pies antes. Se acurrucaron en la hierba, el verde brillante contra su
piel.
—No lo estoy, es solo... —Negó con la cabeza—. Yo quería, ¿de
acuerdo?
Fruncí el ceño. —Bueno. ¿Pero no tienes calor?
—No. 08/2018

—Estás sudando.
—No es porque tenga calor.
—Oh. ¿Estás nervioso?
—¿Qué? No. No lo estoy. No estoy nervioso ¿Por qué estaría
nervioso?
Lo miré de reojo. —¿Estás enfermo?
Él me gruñó.
Le sonreí.
—Mira, —dijo bruscamente—. Quería. Bueno. Puedo…
—Puedes…
Parecía que estaba a punto de explotar. —¿Sabes cómo bailar?
—Espetó.
Lo miré fijamente.
—Porque si lo hicieras, y si quisieras, podríamos... quiero decir,
está bien, ¿no? Está bien. Podemos quedarnos aquí. O lo que sea. Eso
también está bien. —Se movió nerviosamente, tirando de la punta de
su corbata. Él me miró, luego lejos, y luego a mí.
—No tengo idea de qué estás hablando, —admití.
Él suspiró. —Lo sé. Sólo soy…
—Sudando.
—¿Dejarías de decir eso?
—Pero. Estás sudando.
—Dios, eres un idiota.
Me reí de él. —Oye, solo estoy señalando…
—¡Gordo!
Giré.
Mi madre. Ella me hizo señas hacia ella. Papá dijo que había
vuelto a enfermar y que no volvería. Me dejó, diciéndome que volvería 66
más tarde, que tenía asuntos que atender antes de que él regresara. No
pregunté qué era ese asunto.
Y ahora ella estaba allí, y tenía una frágil sonrisa en su rostro. Su
cabello parecía descuidado, y ella estaba retorciéndose las manos.
—¿Está bien? —Preguntó Mark—. Ella está…
—No lo sé, —dije—. No se sentía bien antes y voy a ver lo que 08/2018

quiere. Espera, ¿de acuerdo? Vuelvo enseguida. Y tal vez puedas


decirme por qué llevas una corbata.
Antes de que pudiera alejarme, él agarró mi mano. Le devolví la
mirada. —Ten cuidado, ¿de acuerdo?
—Es solo mi madre.
Él me dejó ir.
—Hola, —dijo cuando la alcancé—. Hola, cariño. Hola, bebé.
Ven aquí. ¿Puedo hablar contigo? Ven aquí.
Fui, porque ella era mi madre, y haría cualquier cosa por ella.
Ella me tomó de la mano y me llevó alrededor de la casa.
—¿Dónde estamos…?
—Tranquilo, —dijo ella—. Espera. Ellos escucharán.
Los lobos. —Pero...
—Gordo. Por favor. Confía en mí.
Ella nunca me había dicho eso antes.
Hice lo que ella me pidió.
Fuimos por la casa hasta el camino de entrada. Vi su auto
aparcado detrás de todos los demás. Ella me condujo hacia allí y abrió
la puerta del pasajero, indicándome que entrara. Dudé, mirando hacia
atrás por encima del hombro. Mark estaba allí, parado al lado de la
casa, mirándonos. Dio un paso hacia mí, pero mi madre me empujó
hacia el automóvil.
Estaba por delante y por dentro antes de que pudiera darme
vuelta en el asiento.
Había dos maletas en el asiento trasero.
Dije: —¿Qué está pasando?
Ella dijo: —Es hora.
El polvo voló cuando dio marcha atrás en el camino de entrada, 67
casi chocando con otro automóvil.
Le dije: —¿Por qué estás…?
Ella puso el auto en el camino y voló por el camino. Miré en el
espejo lateral a las casas detrás de nosotros. Mark se había ido.
08/2018

EN MI DUODÉCIMO cumpleaños, hubo una fiesta.


Mucha gente vino.
La mayoría eran lobos.
Algunos no lo fueron.
Tanner, Chris y Rico fueron dejados por sus padres. Era la
primera vez que visitaban las casas al final del camino y tenían los
ojos muy abiertos.
—Dios mío, —respiró Rico—. No dijiste que eras rico, papi.
—Esta no es mi casa, —le recordé—. Has estado en mi casa.
—Es más o menos lo mismo, —dijo Rico.
—Oh, hombre, —dijo Chris, mirando hacia abajo el regalo mal
envuelto en su mano—. Te conseguí un regalo en la tienda de un dólar.
—Ni siquiera te conseguí un regalo, —dijo Tanner, mirando las
serpentinas y los globos y las mesas llenas de comida.
—Puedes entrar al mío, —le dijo Chris—. Fue solo un dólar.
—¿Cuántos baños tiene esa casa? —Exigió Rico—. ¿Tres?
¿Cuatro?
—Seis, —murmuré.
—Guau, —susurraron Chris, Tanner y Rico.
—¡No es mi casa!
—Solo tenemos uno, —dijo Rico—. Y todos deben compartir.
Los amaba, pero eran un dolor en mi culo. —Solo tengo uno en
mi casa.
—Ni siquiera tienes que esperar para cagar, —dijo Tanner.
—Odio cuando tengo que esperar para cagar, —dijo Chris.
Me miraron expectantes.
Suspiré. —Ni siquiera sé por qué os invité.
—¿Hay tres pasteles? —Dijo Rico con voz aguda. 68
—Es una pistola pop, —dijo Chris, empujando el regalo en mis
manos.
—Es de los dos, —dijo Tanner.
—Me debes cincuenta centavos, —le dijo Chris.
—¿Tienes hamburguesas, perritos calientes y lasaña? —Preguntó
08/2018
Rico—. Mierda. ¿Qué clase de tonterías de blancos es esta?
Los Bennett se habían ido por la borda. Ellos siempre lo hicieron.
Eran poderosos y ricos, y la gente los respetaba. Green Creek
sobrevivió gracias a ellos. Donaron dinero y tiempo, y aunque los
habitantes de la ciudad todavía susurraban culto a veces, eran unas
personas queridas.
Y yo era parte de su manada. Escuché sus canciones en mi
cabeza, las voces que me conectaban con los lobos. Me metí tinta en la
piel y me uní a ellos. Yo era ellos y ellos eran yo.
Así que, por supuesto, hicieron esto por mí.
Sí, hubo tres pasteles. Y hamburguesas, perritos calientes y
lasaña. También había una pila de regalos casi tan alta como yo, y los
lobos tocarían mi hombro, cabello y mejillas, cubriéndome con su
aroma. Estaba arraigado en ellos, en la tierra que nos rodea. El cielo
arriba era azul, pero podía sentir la luna oculta llamando al sol. Había
un claro lejos en el bosque donde había corrido con bestias tan grandes
como caballos.
Feliz cumpleaños, me cantaron, un coro me cubrió.
Mi madre no cantó.
Mi padre tampoco.
Ellos vieron.
Thomas dijo: —Ya eres casi un hombre.
Elizabeth dijo: —Él te ama, ¿sabes? Thomas. Él no puede
esperar a que seas su brujo.
Abel dijo: —Esta es tu familia. Esta es tu gente. Eres uno de
nosotros.
Mark dijo: —¿Puedo hablar contigo un momento?
Miré hacia arriba, la boca llena de pastel blanco con relleno de 69
frambuesa.
Mark estaba parado al lado de la mesa, arrastrando los pies.
Tenía quince años y era desgarbado. Su lobo era de un castaño oscuro
que me gustaba pasar los dedos por encima. A veces me mordía la
mano. Otras veces gruñía profundamente en su garganta, su cabeza
08/2018
cerca de mis pies. Y un día, semanas a partir de este momento, él se
pararía frente a mí, sudando.
Todavía insistía en que olía a tierra, a hojas y a lluvia.
Ya no me molestaba mucho.
Tenía buenos hombros. Él tenía una buena cara. Sus cejas eran
espesas, y cuando se rió, su risa era oxidada y sonaba como si
estuviera haciendo gárgaras. Me gustó la forma en que se arrastró
profundamente desde su vientre.
—Probablemente deberías seguir masticando, —me susurró
Rico—. Porque tienes pastel en la boca.
Chris me miró de soslayo. —También está en su barbilla.
Tanner se rió. —Tienes glaseado en la nariz.
Ahogué el pastel, mirándolos.
Ellos me sonrieron.
Usé una servilleta para limpiar mi cara. —Sí, —dije—. Puedes
hablar conmigo.
El asintió. Él estaba sudando. Me puso nervioso.
Él me llevó a los árboles. Las aves cantaban. Las hojas se
retorcieron en las ramas. Las piñas cubrían el suelo a nuestro
alrededor.
Él no habló durante mucho tiempo.
Entonces, —Tengo un regalo para ti.
—Bueno.
Se giró para mirarme. Sus ojos pasaron de hielo a naranja, luego
otra vez. —No es el que quiero darte.
Esperé.
—¿Lo entiendes?
Negué con la cabeza lentamente.
Parecía frustrado. —Papá dice que tengo que esperar antes, solo 70
quiero que seas mi-argh. Un día voy a darte otro regalo, ¿está bien? Va
a ser lo mejor que podría darte. Y espero que te guste. Más que nada.
—¿Por qué no me lo puedes dar ahora?
Él frunció el ceño.
—Porque aparentemente no es el momento adecuado. Thomas
podría hacerlo, y él... —Mark negó con la cabeza—. No importa. Un 08/2018

día. Lo prometo.
A veces me lo preguntaba. Thomas y Mark. Si Mark estaba
celoso. Si alguna vez quisiera lo que Thomas se convertiría. Si hubiera
querido ser el segundo de Thomas en lugar de Richard Collins. La
madre de Mark había muerto dándole a luz. En un momento todo
estaba bien, y al siguiente ella simplemente... se había ido. Solo él se
quedó.
A veces pensé que era un intercambio justo. Lo quería aquí.
Nunca la había conocido.
Nunca le dije a nadie eso. Se sintió mal decir las palabras en voz
alta.
Mark dijo: —Traje esto para ti.
En su mano había una pequeña pieza de madera. Había sido
tallada por una mano torpe. Me tomó un momento para ver en qué se
había formado.
El ala izquierda era más pequeña que la de la derecha. El pico era
más cuadrado que cualquier otra cosa. El pájaro tenía garras, pero eran
macizas.
Un cuervo.
Él me había tallado un cuervo.
No se parecía en nada al de mi brazo. Mi padre había sido
meticuloso, su magia era forzada en mi piel, ardiendo debajo de mí y
dentro de mi sangre. Había sido lo último y había dolido lo peor. Grité
hasta que mi voz se rompió, Abel me sostuvo los hombros hacia abajo,
sus ojos en llamas.
De alguna manera, pensé que esto significaba más.
Extendí la mano y tracé un dedo a lo largo de un ala.
—Tú hiciste esto. 71
—¿Te gusta? —Preguntó en voz baja.
Dije "sí" y "cómo" y "por qué, por qué, ¿por qué harías esto por
mí?"
Él dijo: —Porque no podría darte lo que quería. Aún no. Así que
quiero que tengas esto en su lugar.
08/2018
Lo recogí y cómo sonrió Mark.

—¿A DÓNDE vamos? —Le pregunté a mamá otra vez cuando


pasamos un letrero que decía: ESTÁS SALIENDO DE GREEN
CREEK, POR FAVOR REGRESA PRONTO! —Tengo que...
—Fuera, —dijo mi madre—. Lejos, nos vamos a ir. Mientras
todavía hay tiempo.
—Pero es domingo. Es tradición. Se preguntarán dónde...
—Gordo.
Ella nunca gritó. Realmente no. No a mí. Me estremecí.
Ella agarró el volante. Sus nudillos estaban blancos. El sol estaba
en nuestras caras. Era brillante, y parpadeé contra eso.
Podía sentir el territorio tirando de mí, la tierra a nuestro
alrededor palpitando a lo largo de los tatuajes. El cuervo estaba
agitado. A veces pensé que algún día volaría de mi piel al cielo y
nunca más volvería. Nunca quise que se fuera.
Empujé mis caderas para poder meter la mano en mi bolsillo.
Saqué una pequeña estatua de madera y la agarré con mis manos.
Más adelante, un puente cubierto conducía desde Green Creek
hacia el mundo más allá. No me gustaba mucho salir al mundo. Era
demasiado grande. Abel me dijo que algún día tendría que hacerlo, por
lo que era para Thomas, pero eso estaba muy lejos.
No llegamos al puente.
—No, —dijo mi madre—. No, no, no, no así, no así...
El auto giró un poco hacia la derecha cuando ella pisó los frenos.
El polvo se levantó a nuestro alrededor, el cinturón de seguridad
tirando de mi pecho. Mi cuello se inclinó hacia adelante, y agarré al 72
cuervo de madera en mi mano. La miré con los ojos muy abiertos.
—¿Qué pasó…?
Miré por el parabrisas.
Los lobos se pararon en el camino. Abel. Thomas. Richard
Collins.
08/2018
Mi padre también estaba allí. Él parecía furioso.
—Escúchame, —dijo mi madre, voz baja y rápida—. Te van a
decir cosas. Cosas que no deberías creer. Cosas que son mentiras. No
puedes confiar en ellos, Gordo. Nunca puedes confiar en un lobo. Ellos
no te quieren. Te necesitan. Ellos te usan. La magia en ti es una
mentira, y no puedes...
Mi puerta se abrió de golpe. Thomas se acercó y desabrochó mi
cinturón de seguridad, luego me sacó del coche tan limpio como
quisiera. Estaba temblando mientras me sostenía, mis piernas se
envolvieron alrededor de su cintura. Su gran mano estaba sobre mi
espalda, y él murmuraba en mi oído que estaba a salvo, estás a salvo,
Gordo, te tengo, te tengo y nadie puede llevarte de nuevo, lo prometo.
—¿Todo bien? —Richard me preguntó. Él sonrió, pero no llegó a
sus ojos. Nunca lo hizo.
Asentí con la cabeza contra el hombro de Thomas.
—Bien, —dijo—. Mark, estaba preocupado por ti. Pero supongo
que eso es lo que sucede cuando alguien toma a tu comp…
—Richard, —gruñó Thomas.
Richard levantó sus manos. —Sí, sí.
Mi madre estaba gritando. Mi padre estaba hablando con ella en
voz baja, señalando con el dedo pero sin tocarla nunca.
Abel no dijo una palabra, solo estaba mirando. Y esperando.

—ELLA ESTÁ enferma, —me dijo mi padre más tarde—. Ella


lo ha estado por un largo tiempo. Ella piensa, tiene estos pensamientos
en su cabeza. No es su culpa. ¿Vale? Gordo, necesito que entiendas
eso. No es su culpa. Y no es tuya. Ella nunca te lastimaría. Ella solo... 73
está enferma. Y le hace hacer cosas que no quiere hacer. Le hace decir
cosas que no quiere decir. Intenté ayudarla, pero...
Mi voz era pequeña cuando dije: —Ella me dijo que no confiara
en ellos. Los lobos.
—Es la enfermedad, Gordo. No es ella.
—¿Por qué? 08/2018

—¿Por qué qué?


—¿Por qué está ella enferma?
Padre suspiró. —Pasa algunas veces.
—¿Se pondrá mejor?
Mi padre nunca me respondió.

—MI ABUELO se volvió loco, —dijo Rico—. Todo lunático. Me


dio dulces y dinero y se tiró un pedo.
Tanner le dio un codazo en el costado.
—Ella no está loca, —dijo Chris—. Solo enferma. Como, la
gripe o algo así.
—Sí, —murmuró Rico—. La gripe loca.
Los sonidos de la cafetería resonaron a nuestro alrededor. No
había tocado mi almuerzo. No tenía mucha hambre.
—Todo estará bien, —dijo Tanner—. Verás.
—Sí, —dijo Chris—. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

HUBO un rasguño en mi ventana en el medio de la noche.


Debería haber tenido miedo, pero no lo tenía.
Me levanté de mi cama y caminé hacia la ventana. Mark me miró
desde el otro lado.
Empujé la ventana hacia arriba. —Qué estás…?
Él saltó adentro.
Él me tomó de la mano.
Él me llevó a la cama.
Dormí esa noche, Mark se acurrucó a mi espalda. 74

SU NOMBRE era Wendy.


Ella trabajó en la biblioteca en la próxima ciudad. Ella tenía un
perro llamado Milo. Ella vivía en una casa cerca del parque. Ella
08/2018
sonrió mucho y se rió a carcajadas. Ella no sabía nada de lobos y
brujos. Una vez, ella se fue por meses. Nadie me dijo por qué. Pero
ella regresó. Finalmente.
Ella era joven y bonita, y cuando mi madre la mató por ser el
ancla de mi padre, todo cambió.

—¿QUÉ SUCEDE cuando pierdes tu ancla? —Le pregunté a


Abel un día cuando solo éramos él y yo. A veces ponía su mano sobre
mi hombro cuando caminábamos por el bosque, y me sentía en paz—.
¿Si es una persona?
Él no habló durante mucho tiempo. Pensé que no iba a responder.
Entonces, —Si es una enfermedad o trastorno, un lobo o un brujo
pueden prepararse. Pueden controlar a su lobo o apuntalar su magia.
Ellos pueden mirar a otra persona. O una idea. O una emoción.
—¿Pero y si no es así? ¿Qué pasa si no puedes prepararte?
Él me sonrió. —Así es la vida, Gordo. No siempre puedes
prepararte para todo. A veces nunca lo verás venir. Debes aguantar con
todas tus fuerzas y creer que un día todo volverá a estar bien.

—GORDO.
Todavía estaba atrapado en un sueño.
—Gordo, vamos, tienes que despertar. Por favor, por favor, por
favor despierta.
Abrí mis ojos.
Había una llamarada anaranjada sobre mí en la oscuridad.
—¿Thomas?
—Necesitas escucharme, Gordo. ¿Puedes hacer eso? 75
Asentí con la cabeza, inseguro de si estaba despierto.
—Necesito que seas fuerte. Y valiente. ¿Puedes ser valiente para
mí?
Podría, porque algún día sería mi Alfa. Haría lo que él me
pidiera. —Sí.
08/2018
Él extendió su mano.
Extendí la mano y tomé lo que se ofrecía.
Me ayudó a vestirme antes de que él me condujera por el pasillo
de la casa Bennett. Los suelos de madera crujían bajo nuestros pies. Mi
padre me había dejado aquí antes. Él me había dicho que volvería por
mí. No sabía cuándo me había quedado dormido.
Había hombres en la casa Bennett. Hombres que nunca había
visto antes. Llevaban trajes negros. Eran lobos. Betas. Richard Collins
les estaba hablando en voz baja. Elizabeth estaba cerca de Mark. Él me
vio y comenzó a caminar hacia mí, pero ella le puso una mano en el
hombro y lo detuvo.
Abel Bennett estaba de pie cerca de la chimenea. Su cabeza
estaba inclinada.
Los extraños hombres se callaron cuando Thomas me llevó a
Abel. Podía sentir sus ojos en mí, e hice mi mejor esfuerzo para no
retorcerme. Esto se sintió importante. Más grande que cualquier cosa
que haya venido antes.
El fuego explotó y crepitó.
—He pedido mucho de ti, —dijo finalmente Abel—, de alguien
tan joven. Esperaba que tuviéramos más tiempo. Que la necesidad
nunca surgiera, no hasta que Thomas estuviera... —Sacudió la cabeza
antes de mirarme. Thomas nunca se apartó de mi lado—. ¿Sabes quién
soy, Gordo?
—Mi Alfa.
—Sí. Tu Alfa. Pero también soy el Alfa de todos los lobos.
Tengo... responsabilidades. Por cada manada que hay. Un día, Thomas
tendrá las mismas responsabilidades. ¿Lo entiendes?
—Sí. 76
—Es su vocación, al igual que ha sido la mía.
Thomas me apretó el hombro.
—Y tú también tienes una vocación, Gordo, —dijo Abel—. Y
me temo que debo pedirte que ocupes tu lugar a mi lado hasta el día en
que Thomas asuma el lugar que le corresponde como Alfa de todos.
Mi piel se enfrió. —Pero mi padre es... 08/2018

Abel parecía mucho más viejo de lo que jamás había visto.


—Tengo una historia que contarte, Gordo. Una que nunca
deberías haber escuchado en tu joven vida. ¿Escucharás?
Y como no podía negarle nada, le dije: —Sí, Alfa.
Él me dijo entonces.
Sobre una enfermedad en la mente.
Cómo podría hacer que las personas hicieran cosas que no
querían.
Les hizo perder el control.
Les hizo enojar.
Les hizo querer lastimar a otras personas.
Mamá había sido mantenida lejos. Hasta que ella pueda mejorar.
Hasta que su mente pueda ser limpiada. Pero ella había escapado.
Ella había ido a la próxima ciudad.
Ella había ido a la casa de una mujer llamada Wendy, una
bibliotecaria que vivía cerca del parque.
Una mujer que era el ancla de mi padre.
Porque a veces, el corazón quería algo que no debería tener.
Hubo una lucha.
Wendy murió.
Me estaba ahogando.
Los ojos de los hombres extraños quemaron naranja.
Mi padre había sentido romperse su ancla.
Su magia estalló. Le había hecho hacer algo terrible.
Más tarde, vería las imágenes en las noticias, a pesar de que Abel
me dijo que dejara la televisión apagada. De un barrio en una pequeña
ciudad en las Cascadas arrasado hasta sus cimientos. La gente murió. 77
Familias. Niños. Mi madre.
Mi padre no.
—¿Dónde está él? —Pregunté aturdido.
Abel asintió con la cabeza a uno de los extraños lobos. Dio un
paso adelante. Era alto y se movía con gracia. Sus ojos eran duros. La
simple vista de él hizo que mi cabeza girara. —Lo llevarán, —dijo el 08/2018

hombre extraño—. Muy lejos de aquí. Su magia será despojada para


que no pueda lastimar a nadie otra vez.
—¿Dónde?
El hombre vaciló. —Me temo que no puedo decirte eso. Es por tu
propia seguridad.
—Pero…
—Gracias, Osmond, —dijo Abel.
El hombre, Osmond, asintió y dio un paso atrás con los demás.
Richard se inclinó y le susurró al oído.
No puedes confiar en ellos, Gordo, me susurró al oído.
—Te daré tiempo, —me dijo Abel, no cruelmente—. Para
procesar. Afligirte. Y responderé todas tus preguntas que pueda. Pero
ahora somos vulnerables, Gordo. Tu padre te ha quitado a tu madre,
pero también se ha quitado de nosotros. Te necesitamos ahora más que
nunca. Te prometo que nunca estarás solo. Que siempre serás cuidado.
Pero te necesito ahora. Para aceptar tu lugar.
Thomas dijo: —Papá, tal vez deberíamos…
Abel brilló en sus ojos. Thomas se calló. El giró a mirarme.
—¿Lo entiendes?
Me sentí enfermo. Nada tenía sentido. El cuervo estaba gritando
en algún lugar de mi cabeza.
Dije, —No.
—Gordo, —dijo Abel—. Debes levantarte. Por tu manada. Por
nosotros. Debo pedirte que te conviertas en el brujo de los lobos.

MARK ME sostuvo cuando mi dolor explotó. 78


Susurró promesas en mi oído que desesperadamente quería creer.
Pero todo lo que pude escuchar fue la voz de mi madre.
No puedes confiar en un lobo.
Ellos no te quieren.
Ellos te necesitan.
08/2018
Ellos te usan.
La magia en ti es una mentira.
el segundo año / era medianoche

JOE COMENZÓ a hablar cada vez menos a medida que


avanzaba el segundo año.
Sin embargo, no importaba. Todos escuchamos su voz en
nuestras cabezas. 79

NOS DIJIMOS que el rastro no se había ido. Que Richard


Collins todavía estaba afuera, en movimiento. Planificando.
Mantuvimos los oídos en el suelo por si surgía algo. 08/2018
Una noche afuera de Ottawa, Carter desapareció por horas.
Volvió oliendo a perfume espeso, con lápiz labial en el borde de su
mandíbula.
Kelly estaba enojado con él, preguntándole cómo podía ser tan
egoísta. Cómo podía pensar en follar a una mujer cuando todos estaban
tan lejos de casa.
Joe no dijo nada. Al menos en voz alta.
Encendí un cigarrillo cerca de la máquina de hielo. El humo se
enroscó alrededor de mi cabeza en una niebla azul.
—¿Vas a decir algo también? —Carter me preguntó después de
que había cerrado la puerta del motel detrás de él.
Yo resoplé. —No es mi problema.
—Estás seguro de eso?
Me encogí de hombros.
Se apoyó contra el revestimiento del motel, con los ojos cerrados.
—Era algo que tenía que hacer.
—No pregunté.
—Eres un imbécil, ¿lo sabías?
Soplé humo por mi nariz. —¿Qué quieres que te diga? ¿Estás en
lo cierto y Kelly está equivocado? ¿Eres tu propio hombre y puedes
hacer lo que quieras? ¿O que Kelly tiene un punto y que deberías estar
pensando con tu cabeza y no con tu pene? Dime por favor. Dime lo
que quieres que diga.
Él abrió los ojos. Me recordaron tanto a su madre que tuve que
mirar hacia otro lado. —Quiero que digas algo. Jesucristo. Joe apenas
habla. Kelly está en uno de sus malditos estados de ánimo. Y tú estás
parado allí como si no te importara ni una mierda ninguno de nosotros.
Todo lo que quería hacer era tener un puto cigarrillo en silencio.
Eso es todo lo que pedí. —No soy tu padre. 80
Eso no le sentó bien a él. Un bajo estruendo rodó desde su pecho.
—No. Tú no lo eres. Él realmente se preocupaba por nosotros.
—Bueno, él no está aquí. Yo sí.
—¿Por elección? ¿O porque te sientes culpable?
Estreché mis ojos hacia él. —¿Y de qué mierda me tendría que
08/2018
sentir culpable?
Se empujó de la pared. —No recuerdo, ¿sabes? ¿Qué pasó
cuando llegaron los cazadores? Yo era muy pequeño. Pero mi padre
me lo dijo. Porque fue mi historia. Él me dijo lo que hiciste. Cómo
trataste de salvar...
—No, —dije con frialdad—. No digas una palabra más.
Sacudió la cabeza. —Es mi historia, Gordo. Pero es tuya
también. Tú huiste de eso. De tu compañero. Mark no...
Estaba en su cara incluso antes de saber que me estaba
moviendo. Mi pecho chocó contra el suyo, pero se mantuvo firme. Sus
ojos eran anaranjados, pero sus dientes eran romos.
—No sabes la primera maldita cosa sobre mí. Si lo hicieras,
sabrías que yo fui el que se quedó atrás. Yo fui quien se quedó en
Green Creek mientras tu padre despegaba con la manada. Mantuve el
fuego encendido, pero ¿alguno de vosotros alguna vez se detuvo a
pensar en lo que me hizo? No eres más que un niño subordinado que
no sabe qué carajo está haciendo.
Él gruñó en mi cara.
No retrocedí.
—Es suficiente. —Joe se paró en la puerta abierta a la habitación
del motel. Era la primera vez que escuchábamos su voz en días.
—Estábamos simplemente…
—Carter.
Puso los ojos en blanco y me empujó, saliendo de la oscuridad.
Escuchamos mientras sus pasos se desvanecían.
—No deberías habernos interrumpido, —le dije fríamente a
Joe—. Es mejor tenerlo ahora que dejarlo pudrirse. Duele más si no lo
haces. 81
—Está equivocado, ¿sabes?
—¿Acerca de qué?
Joe parecía exhausto. —Te preocupas por nosotros.
Él cerró la puerta detrás de él.
Fumé otro cigarrillo. Quemó en el camino de descenso.
08/2018

OTRA LUNA llena. Estábamos en el bosque de Salmon-Challis


en el medio de Idaho, a millas y millas de cualquier signo de
civilización. Los lobos estaban cazando. Me senté al lado de un árbol,
sintiendo la luna contra mi piel. Mis tatuajes eran más brillantes de lo
que habían sido en mucho tiempo.
Si me levantaba e iba al SUV, me llevaría menos de dos días
regresar a casa.
Green Creek nunca se había sentido tan lejos.
Un lobo apareció. Kelly.
Tenía un conejo en la boca, el cuello roto, el pelo enmarañado
con sangre.
Lo dejó caer a mis pies.
—No sé qué diablos quieres que haga con esto, —le dije irritado,
alejándolo con mi pie.
Él me ladró y se volvió hacia el bosque.
Joe fue el siguiente. Otro conejo.
—Por lo que sé, este tipo de conejo está en peligro de extinción,
—le dije—. Y estás contribuyendo a su desaparición.
Sentí un estallido de color en la cabeza, un sol brillante y cálido.
Joe se divirtió. Se reía. Él no hizo eso cuando era humano.
Lo dejó caer a mis pies.
—Por el amor de Dios, —murmuré.
Se sentó al lado de su hermano, de cara a los árboles.
Esperé.
Carter llegó, en algún momento. Él estaba arrastrando los pies.
Llevaba una tuza gorda en sus mandíbulas.
No me miró a los ojos cuando la dejó caer junto a los conejos. 82
Suspiré. —Eres un idiota.
Empujó la tuza hacia mí.
—Pero yo también.
Levantó la vista lentamente.
—Jodidos chuchos estúpidos, —dije, y había sol y manada y una
08/2018
pregunta tentativa de ¿amigosamigosamigos?
Extendí mi mano.
Presionó su nariz contra mi palma.
Luego su lengua salió y babeó sobre mí.
Lo miré furioso mientras retiraba mi mano.
Él ladeó la cabeza.
Yo cociné los conejos.
Los lobos estaban contentos.
Les dije que no tocaría la tuza.
Estaban menos contentos.
Sus canciones esa noche todavía estaban llenas de dolor y furia,
pero tenían un hilo de amarillo que las atravesaba.
Como el sol.
—¿QUÉ ESTÁS haciendo? —Kelly me preguntó. Otra noche,
otra habitación de hotel al azar en algún lugar rural de Washington.
Carter y Joe salieron a buscar comida. Habíamos pasado las últimas
noches durmiendo en el todoterreno, y estaba esperando una cama.
Pero primero tenía que deshacerme de todo el exceso.
Me quedé sin camisa en el baño, mirando al espejo, sin reconocer
al hombre que me miraba. La barba oscura en mi cara estaba creciendo
rápidamente fuera de control. El pelo negro caía más allá de mis orejas
y se enroscaba en mi cuello. Yo también era más grande, de alguna
manera más duro de lo que había sido antes. Las mangas tatuadas
llenas en mis brazos parecían estiradas mucho más de lo que nunca
habían estado. Las rosas rodeaban al cuervo, las espinas se enroscaban
alrededor de sus garras. Runas y símbolos arcaicos se extendían a lo 83
largo de mis antebrazos: rumano, sumerio, gaélico. Una amalgama de
todos los que vinieron antes que yo. Marcas de alquimia, de fuego y
agua, de plata y viento. Mi padre las había tallado en mí durante varios
años, siendo el cuervo el último.
Todos menos el que está en mi pecho sobre mi corazón. Ese fue
08/2018
mío. Mi elección. No era magia, pero había sido para mí.
Kelly lo vio. Sus ojos se agrandaron, pero él sabía mejor.
La cabeza de un lobo, inclinada hacia atrás y aullando a la luna.
Enterrado en el diseño de su cuello había un cuervo, con las alas
extendidas y tomando vuelo.
Mi elección.
Solo mía.
Mía.
Lo había mantenido cubierto durante tanto tiempo que ni siquiera
lo había pensado cuando entré aquí y me quité la camisa, queriendo
hacer algo para evitar que mi piel se arrastrara.
—¿Vas a mirar fijamente? —Le dije a Kelly, desafiándolo.
Sacudió la cabeza. —Estoy simplemente... no importa. Te dejaré
solo.
Maldita sea. —Estoy pensando.
Él pareció sorprendido.
—¿Acerca de qué?
—Me vendría bien un corte de pelo.
Dijo "sí" y "a mí también". Pasó una mano por la gruesa fregona
en la parte superior de su cabeza, el rubio aún más oscuro. Tenía el
comienzo de su propia barba, como si no se hubiera afeitado en una
semana, pero era escabrosa y fina. Él era solo un jodido niño.
Bajé la mirada hacia el juego de maquinillas baratas que recogí
en nuestra última parada. —Te digo algo, —dije lentamente, pensando
en un conejo a mis pies—. Tú me ayudas, y yo te ayudaré.
No debería haberse visto tan emocionado por algo tan sin
sentido. —¿Sí?
Me encogí de hombros. —Podría también.
Él frunció el ceño. —Pero no… nunca he cortado el pelo de 84
nadie.
Yo resoplé. —No cortar. Afeitar. Quitarlo todo.
Él se veía horrorizado. Casi me río de él. Casi.
Yo dije: —Yo iré primero. Y luego puedes decirme si quieres
que lo haga por ti.
08/2018
Sus manos temblaban un poco cuando me senté en el inodoro.
Sus rodillas chocaron contra las mías. Me miró como si no supiera por
dónde empezar. —Desde el frente hacia atrás. Arriba, y luego los
lados. Guardaremos la parte posterior para el final.
Él todavía no estaba seguro.
Recordé a su padre parado a mi lado, con una mano en mi
hombro, y le dije: —Oye. No tienes que…
—Puedo hacer esto.
—Entonces hazlo.
Su toque fue suave al principio, tentativo. Se sentía bien y
seguro, casi como antes de que Kelly hubiera nacido. Cuando la
manada tenía sentido, cuando los brujos, los lobos y los cazadores no
habían hecho todo lo posible para quitarme todo. Odiaba cómo se
sentía. Me apoyé en su toque. No era sexual, no es que quisiera que
fuera. Y estoy seguro de que no era Thomas Bennett.
Pero fue algo.
Él encendió la maquinilla.
Zumbaba cerca de mi oreja.
El cabello cayó sobre mis hombros, mi regazo. A la toalla en el
suelo.
Él inclinó mi cabeza hacia adelante y hacia atrás. Por el lado.
Una y otra vez.
Guardó la espalda para el final, tal como dije.
Finalmente, apagó la maquinilla.
Me sentí más ligero.
Pasé una mano sobre mi cabeza, los dedos arañaron los cabellos
más escuetos.
Dio un paso atrás.
Me paré. 85
El hombre que se veía en el espejo era aún más duro. La
amplitud de su pecho. La fuerza en sus brazos. Una delgada capa de
crecimiento oscuro a través de su cráneo.
Él era un extraño. Me pregunté si incluso él ya sabía quién era.
Parecía un lobo.
—¿Está bien? —Preguntó Kelly—. No lo hice... 08/2018

—Está bien, —dije con voz áspera—. Está bien.


—Mi turno. Quiero lo mismo.
Parpadeé. Mi reflejo parpadeó de vuelta. Los tatuajes parecían un
poco más brillantes entonces. —¿Estás seguro? Probablemente podría
tomar unas tijeras y...
—Quiero lo mismo, —repitió.
Carter y Joe regresaron cuando ya estaba medio hecho. Las fosas
nasales de Kelly se encendieron, y el cuervo se movió ligeramente en
mi brazo incluso antes de que abrieran la puerta.
Los ignorábamos mientras nos llamaban.
—Sigue así, —dijo Kelly—. Todo ello.
—¿Qué mierda? —Escuché a Carter decir débilmente desde la
puerta del baño.
Joe no habló.
Cuando terminé, coloqué la maquinilla en el mostrador y alargué
la mano para apartar los hombros de Kelly. Se paró frente a mí hasta
que estábamos a la altura de los ojos. Lo tomé por la barbilla y giré la
cabeza lentamente de un lado a otro.
Asentí y di un paso atrás.
Se miró en el espejo por un largo tiempo.
Él parecía mayor. Me pregunté qué pensaría Thomas del hombre
en el que se hubiera convertido. Pensé que estaría devastado.
—Hazlo, —exigió Carter—. Quiero parecer un maldito hijo de
puta también.
Maldita sea.
Joe fue el último. Nos quedamos en ese baño pequeño, sus
hermanos se amontonan a mi alrededor, mirándolo. Se levantó 86
lentamente y tiró de su cabello antes de mirar sus manos. Me pregunté
si vio al lobo debajo.
—Está bien, —dijo—. Bien.
A partir de ese momento, cada pocas semanas, lo haríamos de
nuevo. Y otra vez. Y otra vez.
08/2018

HABÍA un bolsillo secreto en mi bolsa de lona.


No lo había abierto desde que nos fuimos, no importa cuán
intenso sea el impulso.

—¿CUÁNDO lo sabías? —Joe me preguntó en un susurro, sus


hermanos dormidos en el asiento trasero, el zumbido de los
neumáticos en el pavimento el único otro sonido. Cruzamos de Indiana
a Michigan una hora antes.
—¿Saber qué?
—Que Ox era tu ancla.
Mis manos se apretaron en el volante. —¿Importa?
—No lo sé. Creo que sí.
—Él era... un niño. Su padre no era un buen hombre. Le di un
trabajo porque sabía de autos, pero no era un buen hombre. Él tomó
más de lo que dio. Y no... Ox y su madre se merecían más. Mejor que
él. Él la lastimó. Con palabras y con sus manos.
Un automóvil nos pasó yendo en la dirección opuesta. Fue el
primero que vimos en más de una hora. Sus faros eran brillantes.
Parpadeé para alejar la imagen secundaria.
—Ox vino a mí. Necesitaba ayuda, pero no sabía cómo pedirla.
Pero lo sabía. Él no era mío, pero yo sabía.
—¿Incluso en ese entonces?
Negué con la cabeza. —No. Fue... tomó más tiempo. Porque no
sabía cómo más... ya no sabía cómo ser quien era. Odiaba a los lobos,
y odiaba la magia. Tenía una manada, pero no era como antes. 87
—Los chicos del garaje.
Asentí. —Ellos no sabían. Ellos no saben, y espero que nunca lo
descubran. No pertenecen aquí en este mundo.
—No como nosotros. No como Ox lo hace.
Odiaba eso. —¿Lo hace? ¿Nunca pensaste cómo sería su vida si
08/2018
no lo hubieras encontrado?
Joe se rió amargamente. —Todo el tiempo. Cada día. Con todo lo
que tengo. Pero lo fue, eran bastones de caramelo y piñas. Fue épico e
increíble.
Tierra, hojas y lluvia
—¿Así es como lo justificas?
—Es lo que me obliga a salir de la cama cuando no quiero nada
más que desvanecerme.
Las líneas amarillas en la carretera se tornaron borrosas.
—Le di una camisa con su nombre en ella. Para el trabajo. Para
su cumpleaños. Estaba envuelta en papel con muñecos de nieve porque
era todo lo que podía encontrar. —Suspiré—. Tenía quince años. Y
fue... no debería haber sucedido. Así no. No sin que él lo sepa. Pero no
pude detenerlo. No importa cuánto lo intenté. Simplemente encajó en
su lugar. De una manera que no podría con Rico. Chris. Tanner. Ellos
son mi manada. Mi familia. Ox también lo es, pero él es...
—Más.
Estaba indefenso a la vista de eso. —Sí. Más. Supongo que él lo
es. Más de lo que la gente espera. Más de lo que esperaba. Él se
convirtió en mi ancla después de eso. Por una camisa. Por el papel de
regalo de muñecos de nieve.
—¿Qué era? ¿Antes? Tu ancla.
—No lo sé. Nada. No, aparte de las protecciones, no hice magia.
No la quería. No quería nada de eso.
—¿Fue Mark, una vez?
—Joe, —dije, la advertencia clara en mi voz.
Joe miró hacia el camino oscuro que tenía delante. —Cuando no
hablas, cuando pierdes la voz, te haces enfocarte en todo lo demás.
Pasas menos tiempo preocupándote por qué decir. Escuchas cosas que 88
quizás no has escuchado antes. Ves cosas que habrían permanecido
ocultas.
—No es…
—Me encontraron. Mi papá. Mamá. Después de que... él me
llevó. Me encontraron, y no quería nada más que darles las gracias.
08/2018
Gracias por haber venido a buscarme como lo dijeron. Gracias por
permitirme seguir siendo vuestro hijo a pesar de que estaba roto en el
medio. Pero yo solo... no pude. No pude encontrar ninguna palabra
para decir, así que no dije nada en absoluto. Vi cosas. Eso es posible
que no lo haya visto.
—No entiendo.
Joe dijo: —Carter. Él puso una máscara. Él es grande, fuerte y
valiente, pero cuando llegué a casa, lloró más que nadie. Durante
mucho tiempo, no permitió que nadie más me tocara. Él me llevaría a
todas partes, y si mamá o papá trataban de sacarme de él, los gruñiría
hasta que retrocedieran.
—Y Kelly. Yo tuve... malos sueños. Todavía lo hago, pero no
como solían ser. Cerraba los ojos y Richard Collins estaría
nuevamente sobre mí en esa sucia cabaña en el bosque, y me diría que
solo estaba haciendo esto por lo que había hecho mi padre, por cómo
había matado a todos en la manada, que mi padre le había quitado
todo. Y luego me rompería los dedos uno por uno. O él golpearía mi
rodilla con un martillo. No puedes pasar por lo que hice y no soñar. Él
estaba allí todo el tiempo. Y cuando me despertaba, Kelly estaba allí
en la cama junto a mí, besándome el pelo y susurrando que estaba en
casa, en casa, en casa.
Una salpicadura de lluvia contra el parabrisas. Solo unas gotas,
de verdad.
—Mamá y papá... bueno. Me tratarían como si fuera frágil.
Como algo precioso y roto. Y tal vez lo era. Para ellos. Pero no duró,
porque papá sabía de lo que era capaz. De lo que podría llegar a ser.
Estuve en casa dos meses antes de que me llevara en su espalda a los
árboles y me dijera qué significaba ser un Alfa.
Él estaba sonriendo. Pude oírlo. Dios, cómo dolió. 89
Sabía a dónde iba. Quién quedó.
Joe dijo:
—Mark.
—No.
—No pude entender de qué se trataba. Por qué parecía estar con
08/2018
nosotros, pero no. Hay una señal. Es química. Es el aroma de lo que
estás sintiendo. Es como si estuvieras... sudando tus emociones. Y él
estaba feliz, y se rió. Él podría estar enojado. Él era callado y brusco.
Pero siempre había algo azul en él. Solo... azul. Fue como cuando mi
madre pasó por sus fases. A veces ella era vibrante. A veces ella se
enfureció. Ella era feroz, orgullosa y superada. Pero entonces todo
sería azul, y no entendí. Era azul y añil y zafiro. Era prusiano, real y
cielo. Y entonces era medianoche, y lo entendí. Mark era medianoche.
Mark estaba triste. Mark era azul. Y era parte de él desde que podía
recordar. Quizás estuvo siempre allí y yo simplemente no lo había
visto. Pero como no podía hablar por miedo a gritar, lo observé. Y lo
vi. Está con nosotros ahora. En nuestra piel. Puedo verlo en ti, pero
está enterrado bajo toda la ira. Toda la rabia.
—No sabes de qué mierda estás hablando, —le dije con los
dientes apretados.
—Lo sé, —dijo—. Después de todo, solo soy un niño al que le
han quitado todo. ¿Qué podría entender acerca de la pérdida?
No hablamos durante mucho tiempo después de eso.

EN LA ciudad fronteriza de Portal, encontramos un lobo. Él


gimió al vernos, chaquetas de cuero, el polvo de la carretera en
nuestras botas. Estábamos cansados y perdidos, y las fosas nasales de
Joe se habían encendido cuando presionó al lobo contra el costado de
un edificio en un callejón. La lluvia no se había detenido por días.
Pero los ojos del lobo eran violetas en la oscuridad.
Él dijo: —Por favor, déjame ir. Por favor no me lastimes. No soy
como ellos. No soy como él. No quise lastimar a nadie. Nunca debería 90
haber ido a Green Creek...
Carter y Kelly gruñeron, alargando los dientes.
—¿Por qué estabas en Green Creek? —Dijo Joe, voz suave y
peligrosa.
El lobo estaba temblando. —Pensaron que te habías ido. Que no
08/2018
había Alfa. Era territorio sin protección. Nosotros, él, pensó que
podíamos conseguirlo. Que si lo tomábamos por nuestra cuenta,
Richard Collins nos recompensaría. Nos daría todo lo que quisiéramos,
cualquier cosa que...
La sangre se derramó sobre la mano de Joe alrededor de su
cuello.
—¿Los lastimaste? —Preguntó.
El Omega negó con la cabeza furiosamente, ahogándose cuando
Joe apretó con más fuerza. —Solo había unos pocos, pero ellos -oh,
Dios, eran una manada. Eran más fuertes que nosotros, y ese maldito
humano, dijo que su nombre era Ox.
—No digas su nombre, —Joe gruñó en su cara—. No puedes
decir su nombre.
El Omega gimió. —Hubo algunos de nosotros que no quisieron
estar allí. Solo quería, todo lo que quería era encontrar una manada
nueva, no, nos mostró misericordia. Nos dejó arrastrarnos fuera de la
ciudad. Y corrí. Corrí tan rápido como pude, y les prometí que no
regresaré. Por favor no me lastimes. Solo déjame ir y nunca más me
verás, lo juro. Puedo sentirlo tirando de mí hacia abajo. En mi cabeza.
Me estoy volviendo loco, pero te juro que nunca me volverás a ver. Tu
nunca...
Por un momento, pensé que Joe no escucharía.
Por un momento pensé que Joe le arrancaría la garganta al
Omega.
Yo dije: —Joe.
Él giró su cabeza hacia mí. Sus ojos estaban rojos.
—No lo hagas. No vale la pena.
El cabello blanco le brotaba de la cara cuando comenzó a
cambiar. 91
—¿Está diciendo la verdad?
Joe asintió lentamente.
—Entonces Ox lo dejó vivir. No te lleves eso. Aquí no. Ahora
no. Él no querría que lo hicieras.
El rojo se desvaneció de los ojos del Alfa.
08/2018
El Omega se desplomó contra la pared, deslizándose mientras
sollozaba.
Carter y Kelly llevaron a su hermano del callejón.
Me agaché frente al Omega. Su cuello se estaba curando
lentamente. La sangre goteaba sobre el cuello de su chaqueta.
La lluvia caía.
Yo dije: —Había lobos. Con el humano.
El Omega asintió lentamente.
—Un lobo marrón. Grande.
—Sí, —dijo—. Sí. Sí.
—¿Estaba herido?
—No, yo no... No lo creo. Todo sucedió tan rápido que fue...
—Richard Collins. ¿Dónde está él?
—No puedo…
—Puedes, —le dije, enrollando la manga derecha de mi
chaqueta. La lluvia estaba fría contra mi piel—. Y lo harás.
—Tioga, —jadeó—. Ha estado en Tioga. Omegas vinieron a él, y
él les dijo que esperaran. Que el tiempo llegaría.
Yo dije, —Está bien. Oye. Oye. Cálmate. Necesito que me
escuches, ¿está bien?
Sus ojos estaban abultados.
—¿Aún lo escuchas? ¿Todavía te llama? En tu cabeza. Como un
Alfa.
—Sí, sí, no puedo, es tan ruidoso, es como si hubiera algo más, y
me está llamando a él, nos llama a todos a...
—Bueno. Gracias. Eso es lo que necesitaba escuchar. ¿Sabes que
hay minas debajo de esta ciudad?
Su pecho se sacudió. —Por favor, por favor, no iré a él sin
importar lo mucho que llame, no importa lo que haga, no lo haré… 92
—Eres un Omega. No importará. Vive lo suficiente y perderás la
razón. Tú mismo lo dijiste.
—No, no, nonono no...
Le chasqueé los dedos a la cara. —Atento. Te hice una pregunta.
¿Sabías que hay minas debajo de esta ciudad?
08/2018
Su cabeza se rompió de lado a lado. Parecía doloroso.
—Solo grava y arena, en su mayoría. Pero si cavas lo
suficientemente profundo, si vas a la tierra, encontrarás cosas que se
perdieron.
—Qué demonios eres…
Presioné mi mano plana contra el suelo. Las alas del cuervo se
crisparon. Dos líneas onduladas en mi brazo se iluminaron. Respiré.
Exhalé. Estaba allí. Solo tenía que encontrarlo. No era lo mismo que
en casa. Fue más difícil aquí. Green Creek era diferente. No me había
dado cuenta de cuánto.
—Brujo, —siseó el Omega.
—Sí, —estuve de acuerdo en voz baja—. Y acabas de tener las
garras de un Alfa alrededor de tu garganta y vives para contarlo. Fuiste
a mi casa y te mostraron misericordia. Pero no soy un lobo. Y no soy
exactamente humano. Venas debajo de la tierra. A veces tan profundo
que nunca serán encontradas. Hasta que alguien como yo aparezca. Y
yo soy de quien debes tener miedo. Porque soy el peor de todos.
Sus ojos se volvieron violetas.
Empezó a cambiar, con la cara alargada y las garras arañando el
ladrillo del callejón.
Pero encontré la plata en la tierra, enterrada debajo de la
superficie.
La levanté y subí y subí hasta que una pequeña bola de plata
golpeó mi palma, fundida y caliente. Las garras del cuervo se clavaron
en las rosas, y golpeé mi mano contra el costado de la cabeza del
Omega mientras él alcanzaba por mí. La plata entró por un lado de su
cabeza y salió por el otro.
Su cambio retrocedió. 93
El violeta se desvaneció.
Él se desplomó contra el ladrillo.
Sus ojos estaban húmedos y sin ver. Una gota goteó por su
mejilla. Me dije que era la lluvia.
Me puse de pie, con las rodillas dobladas. Me estaba haciendo
08/2018
viejo para esta mierda.
Me volví y dejé atrás al Omega, bajando la manga de mi
chaqueta.
Sentí el comienzo de un dolor de cabeza.
Los otros me esperaban en el SUV. —¿Qué dijo él? —Demandó
Carter—. ¿Sabía él...
—Tioga. Lo vi en el mapa antes. Está a una hora de distancia.
Richard estaba allí. Puede que aún esté.
—¿Qué hiciste con el Omega? —Preguntó Kelly, sonando
nervioso—. Está bien, ¿verdad? Él está…
—Está bien, —les dije. Aprendí hace mucho tiempo cómo
mentirle a los lobos. Y la lluvia habría amortiguado el sonido de los
latidos de su corazón—. No nos molestará de nuevo. Probablemente
irá al otro lado de la frontera.
Joe me miró.
No parpadeé.
Él dijo: —Kelly, es tu turno para conducir.
Y eso fue todo.

FUE en Tioga que Joe perdió el control.


Porque Richard había estado allí. Su olor estaba en todo un motel
fuera de la ciudad, y mientras estaba descolorido, estaba allí, sepultado
bajo el hedor de Omega. Habíamos estado tan cerca. Tan malditamente
cerca.
Joe aulló hasta que se le quebró la voz.
Sus garras se rompieron en las paredes.
Sus dientes destrozaron la cama.
Kelly se acurrucó a mi lado. 94
La cara de Carter estaba en sus manos mientras sus hombros
temblaban.
Joe solo hizo retroceder al lobo cuando las sirenas sonaron en la
distancia.
Dejamos a Tioga atrás.
08/2018
Después de ese día, Joe habló cada vez menos.

HACIA EL final de ese segundo año, en un día en que pensé que


no podía dar otro paso, abrí el bolsillo secreto en mi bolsa de lona.
Dentro había un cuervo de madera.
Lo miré fijamente.
Acaricié una de sus alas. Sólo una vez.
Los lobos dormían, soñando con sus sueños de lunas y sangre.
Y cuando finalmente cerré los ojos, todo lo que vi fue azul.
abominaciones

SEIS MESES después de cumplir los trece años, besé a Mark


Bennett por primera vez.
Siete meses después de cumplir los trece años, vinieron
cazadores y mataron a todos. 95

PERO ANTES de entonces:


—Está embarazada, —me susurró Thomas.
Lo miré en estado de shock. 08/2018
Su sonrisa era cegadora.
—¿Qué?
Él asintió. —Quería que supieras antes que nadie.
—¿Por qué?
—Porque eres mi brujo, Gordo. Y mi amigo.
—Pero… Richard, y…
—Oh, se lo diré. Pero eres tú, ¿de acuerdo? Seremos tú y yo para
siempre. Vamos a ser nuestra propia manada. Yo seré tu Alfa, y tú
serás mi brujo. Eres mi familia, y espero que mi hijo sea tuyo también.
De alguna manera, mi corazón se estaba remendando.

ME PREOCUPÉ, brevemente, cuando vi la brecha de mi dolor,


¿qué podría pasarme? Yo solo tenía doce años, y mi madre estaba
muerta, mi padre fue encarcelado en un lugar de donde nunca podría
escapar, y yo estaba solo.
Había estado en todas las noticias durante semanas. Esta pequeña
y pobre ciudad donde se había producido una gran fuga de gas,
arrasando un vecindario entero. Dieciséis personas perdieron la vida,
cuarenta y siete más heridas. Un extraño accidente, dijeron los
investigadores. Fue una cosa de uno en un millón. Nunca debería
haber sucedido. Reconstruiremos, dijo el gobernador. No les
abandonaremos. Lloraremos a los perdidos, pero volveremos de esto.
Mi madre y mi padre fueron contados entre los fallecidos. Mi
madre había sido identificada por sus dientes. No se había encontrado
ningún rastro de mi padre, pero el fuego había ardido tan
ardientemente que eso era de esperar. Lo sentimos, me dijeron. Ojalá
pudiéramos contarte más.
Asentí pero no hablé. La mano de Abel era pesada sobre mi 96
hombro.
Y en la siguiente luna llena, me convertí en el brujo de la manada
más poderosa de América del Norte.
Hubo retroceso, por supuesto. Yo era muy joven. Acababa de
pasar por un trauma significativo. Necesitaba tiempo para sanar.
08/2018
Elizabeth era la más ruidosa de todos.
Abel escuchó. Él era el Alfa. Era su trabajo escuchar.
Pero él se puso del lado de quienes me protegerían.
—Él tiene su manada, —dijo Abel—. Lo ayudaremos a sanar.
Todos nosotros. ¿No es así, Gordo?
No dije una palabra.

NO DOLIÓ. Pensé que lo haría. No sabía por qué. Tal vez fue
porque los tatuajes me dolieron, o tal vez porque todo lo que conocía
era dolor cuando abrí los ojos todas las mañanas, pero aún esperaba
más.
Pero debajo de la luna, con una docena de lobos frente a mí, con
los ojos brillantes, me convertí en su brujo.
Y fue más.
Podía oírlos, más fuerte que nunca antes.
Ellos dijeron, NiñoHermanoManada.
Dijeron: AmorNuestroBrujoNuestro.
Dijeron: Te mantendremos a salvo, te mantendremos con
nosotros, eres nuestro, eres manada, eres HijoAmorHermanoHogar.
Ellos dijeron: Mío.

—TÍO, —DIJO Rico, de pie con un traje que no le queda bien y


una corbata heredada—, esto apesta.
Me miré las manos.
—Como, realmente apesta.
Levanté la cabeza para mirarlo.
—Qué chingados. 97
Lo que sea que eso signifique.
Tanner y Chris volvieron a nosotros, con los brazos cargados de
comida. Estábamos en la casa Bennett. Habíamos enterrado a mi
madre. Tenía un cofre vacío para mi padre. Elizabeth me dijo que un
velorio era otra tradición. La gente traía comida y comía hasta que no
08/2018
podían comer más.
Yo quería irme a la cama.
La boca de Tanner estaba llena.
—Tío, tienen estos pequeños sándwiches que tienen huevos.
—Así puedo oler, —dijo Rico.
Chris me dio una especie de pan. —No sé qué es esto. Pero tiene
nueces. Y mi madre dice que las nueces no te dejan estar triste.
—Eso no es una cosa, —dijo Rico.
—Eso suena loco, —dijo Tanner—. ¿Lo pillas? Por el… sí. Lo
pillas.
Todos lo miramos boquiabiertos. Él se encogió de hombros y
comió más sándwich de huevo.
—¿Dónde está el mío? —Preguntó Rico.
—Te traje un taquito, —dijo Chris.
—Eso es racista.
—¡Pero te gustan los taquitos!
—¡Tal vez quería el loco pan de nueces! ¡También estoy triste!
—Eres todo tan estúpido.
Ellos me sonrieron.
—Oh, mira, —dijo Rico—. Habla.
Lloré entonces. Por primera vez ese día. Con una mano llena de
pan de nueces y rodeado de mis mejores amigos, lloré.

ABEL Y THOMAS manejaron todo. Ningún trabajador social


vino a tratar de llevarme. La escuela no fue interrumpida. Nuestra casa
fue vendida, y todo el dinero fue guardado en una cuenta de ahorros
que nunca he tocado. También había un seguro de vida para los dos.
No me importó el dinero. No entonces. Apenas entendí lo que estaba 98
pasando.
Me mudé a la casa Bennett. Yo tenía mi propia habitación. Tenía
todas mis propias cosas.
No fue lo mismo.
Pero no tenía otra opción.
08/2018
Los lobos me protegieron del resto del mundo incluso cuando me
ocultaron cosas.
Pero descubrí. Al final.

MARK SE NEGÓ a dejar mi lado.


En las noches en que no podía soportar la vista de otra persona,
él se quedaba fuera de mi puerta.
A veces lo dejaba entrar.
Me hacía señas para que diera la vuelta, de espaldas a él.
Lo hacía.
En esas noches, las duras, oía el crujido de la ropa que se
descartaba. El chasquido y gemido de los músculos y los huesos.
Él acariciaba mi mano cuando podía darme la vuelta.
Me metía en la cama y él saltaba a mi lado, la estructura de la
cama gimiendo bajo el peso combinado. Él se acurrucaba a mi
alrededor, mi cabeza bajo su barbilla, su cola cubriendo mis piernas.
Esas fueron las noches en que dormí mejor.

MARTY ESTABA fumando un cigarrillo en la parte trasera de la


tienda cuando volví por primera vez.
Él arqueó una ceja mientras echaba el cigarro en el suelo.
Moví los pies.
—No pude ir al funeral, —dijo—. Quería hacerlo, pero un par de
chicos llamaron por teléfono. Gripe o algo de mierda. —Tosió
húmedamente antes de escupir algo verde sobre el asfalto. 99
—Sí, —dije—. Está bien.
—Pensé en ti.
Fue amable de su parte decirlo. —Gracias.
Él apagó una espesa columna de humo. Él siempre rulaba sus
propios cigarrillos, y el tabaco picante me hacía llorar.
—Mi papá murió cuando yo era un bebé. Mamá se ahorcó 08/2018

cuando tenía catorce años. Tomé mi camino después de eso. No tomé


ninguna limosna.
—No quiero nada.
Se rascó la mandíbula desaliñada. —No, no espero que lo hagas.
No puedo pagar mucho.
—No necesito mucho.
—Sí, tienes a esos Bennett en tu bolsillo, ¿verdad?
Me encogí de hombros porque no importaba lo que dijera, él no
lo entendería.
Apagó el cigarrillo en la parte inferior de su bota antes de dejarlo
caer en una lata de café de metal ya llena hasta el borde con las colillas
desechadas. Tosió nuevamente antes de inclinarse hacia adelante en su
silla de jardín, el nylon blanco, verde y azul se deshilachaba.
—Vas a trabajar duro. Especialmente si te pago.
Asentí.
—Y si ese Abel Bennett intenta darme el infierno, te dejaré caer.
¿Entendido?
—Sí. Sí.
—Todo bien. Vamos a ensuciarnos las manos.
Sabía entonces qué querían decir los lobos cuando decían que un
ancla no tenía que ser una persona.

—MIRÁLA, —dijo Rico, sonando asombrado.


Nosotros miramos.
Misty Osborn. Tenía el pelo rizado y tenía grandes dientes
frontales. Ella se rió a carcajadas y fue una de las chicas populares en
el octavo grado. 100
—Me gustan las mujeres mayores, —decidió Rico.
—Tiene trece años, —dijo Chris.
—Tienes doce años, —dijo Tanner.
No dije nada. Hacía calor, y mis mangas eran largas.
—Voy a invitarla al baile, —dijo Rico, luciendo como si
08/2018
estuviera armándose de valor.
—¿Estás loco? —Chris siseó hacia él—. Ella nunca iría contigo.
A ella le gustan los atletas.
—Y realmente no eres un atleta, —señaló Tanner.
—Solo tengo que hacerla cambiar de opinión, —dijo Rico—. No
es tan difícil. Hacerla ver detrás de mi cuerpo flaco y descuidado. Solo
mira.
Vimos cómo él se paró de la mesa del almuerzo.
Él se dirigió hacia ella.
Las chicas a su alrededor se rieron tontamente.
No podíamos escuchar lo que estaba diciendo, pero por la
expresión de Misty, no era nada bueno.
Él asintió con la cabeza. Agitó sus brazos como un lunático.
Misty frunció el ceño.
Él la señaló, luego volvió a mirarla.
Misty frunció el ceño aún más.
Ella dijo algo.
Rico regresó a la mesa y se sentó.
—Ella dijo que mi inglés era muy bueno para alguien nacido en
otro país. He decidido que es una idiota y que no merece mi amor y
devoción.
Tanner y Chris la miraron desde el otro lado del comedor.
Cuando se levantó para irse, sacudiendo su cabello, mis dedos se
crisparon. Su mesa de metal para el almuerzo se sacudió hacia la
izquierda, golpeándola en la pierna. Ella tropezó y cayó, su cara en el
puré de patatas del martes.
Rico se rió. Eso fue importante para mí.

HABLARON sobre las niñas a veces, Rico más que los demás.
101
Le encantaba la forma en que olían y sus tetas, y algunas veces dijo
que le habían dado una erección.
—Voy a tener tantas novias, —dijo.
—Yo también, —dijo Chris—. Como, cuatro de ellas.
—Eso suena como mucho trabajo, —dijo Tanner—. ¿No puedes 08/2018

tener una y ser feliz con eso?


No hablé de chicas. Ni siquiera entonces.

ESTÁBAMOS DETRÁS de la casa, Mark y yo.


Él estaba diciendo, —... y cuando cambié por primera vez, me
asusté tanto que me cagué. Rodeado de todos, solo me cagué. Me puse
en cuclillas como un perro y todo. Fue entonces cuando creo que
Thomas decidió que quería que Richard fuera su segundo en lugar de
mí.
Me reí. Se sentía extraño, pero lo hice de todos modos.
Mark me estaba mirando.
—¿Qué? —Pregunté, todavía riéndome.
Negó con la cabeza lentamente.
—Uh-nada. Es solo que es bueno. Escucharte. Me gusta esto. Me
gusta. Cuando te ríes.
Luego se sonrojó furiosamente y miró hacia otro lado.

LLEVÉ EL CUERVO de madera a dondequiera que fuera.


Cuando no podía respirar, lo apretaba hasta presionar contra mi carne.
Habría una huella en mi palma por horas.
Una vez el ala me cortó, y sangré sobre ella.
Esperaba que dejara una cicatriz.
No fue así.

OSMOND VINO a Green Creek. Hombres de traje lo siguieron.


102
Él quería hablar con Abel y Thomas. Él no me quería allí.
Abel lo ignoró. —Gordo, por favor.
Los seguí a la oficina de Abel.
La puerta se cerró detrás de nosotros.
—Es un niño, —dijo Osmond como si no estuviera en la 08/2018

habitación.
—Él es el brujo de la manada Bennett, —dijo Abel de manera
pareja—. Y él pertenece aquí tanto como cualquiera. E incluso si no
insistiera en ello, mi hijo lo haría.
Thomas asintió sin hablar.
—Ahora que eso está fuera del camino, —dijo Abel, instalándose
detrás de su escritorio—, ¿qué te trae a mi casa que una llamada
telefónica no hubiera sido suficiente?
—Elijah.
—No conozco a ningún Elijah.
—No, no lo harías. Pero la conocerías por su verdadero nombre.
—Y espero con la respiración contenida.
—Meredith King.
Y por primera vez, vi algo parecido al miedo en la cara de Abel
Bennett. —Ahora eso es algo que no esperaba. Ella... ella tendría la
edad de Thomas, ¿no?
Osmond parecía imperturbable. —Ella ha recogido el manto de
su padre.
—¿Papá? —Preguntó Thomas—. ¿De qué está hablando? ¿Quién
es…?
Abel sonrió débilmente.
—Serías demasiado joven para recordar. Los King fueron...
bueno. Eran un clan de cazadores bastante agresivo. Creían que todos
los lobos eran una afrenta a Dios y que era su deber librarlos de la
tierra. Vinieron por mi manada. Y nos aseguramos de que muy pocos
se alejaran. —Sus ojos brillaron en rojo—. El patriarca, Damian King, 103
resultó gravemente herido. Él vivió, pero apenas. Al igual que su hijo,
Daniel. El resto de su clan no. Meredith era su otra hija, pero solo
tendría alrededor de doce años en ese momento. Pero parece como si
hubiera decidido reanudar el trabajo de su padre. —Miró a Osmond—.
Elijah. Qué curioso.
—Un profeta de Yahweh, —dijo Osmond—. Un dios de la Edad 08/2018

del Hierro en el Reino de Israel. Yahweh realizó milagros a través de


Elijah. Levantando a los muertos. Lloviendo fuego desde el cielo. Al
lado de Jesús durante su Transfiguración en la cima de la montaña.
—Muy poco exagerado, —dijo Abel—. Incluso para los King.
¿No había otro hermano también?
—David, —dijo Osmond—. Aunque fue rechazado porque ya no
tenía la voluntad de cazar.
Abel asintió lentamente. —Qué sorprendente. ¿Y este Elijah?
—Ella está matando a los lobos.
Abel suspiró.
—¿Cuántos hasta ahora?
—Dos manadas. Una en Kentucky. Otra en Carolina del Norte.
Quince en total. Tres de ellos niños.
—¿Y por qué no ha sido contenida?
Osmond no estaba contento. —Ella permanece bajo radar.
Hemos enviado equipos tras ella, pero su clan es difícil de alcanzar.
Son pequeños en número, pero se mueven rápidamente.
—¿Y qué pides de mí?
—Eres nuestro líder, —dijo Osmond—. Te estoy pidiendo que
lideres.

OSMOND se fue sin cumplir. Pero antes de que lo hiciera, lo


detuve en el porche.
Él me miró con un desdén apenas disimulado.
Solté mi mano. —Puedo…
—Tu padre. 104
Asentí.
Osmond se alejó de mí. Pensé que sus dientes eran más largos de
lo que habían sido un momento antes. —No molestará a nadie nunca
más. Su magia ha sido despojada. Robert Livingstone era fuerte, pero
la arrancamos de su piel. Él no es más que un caparazón.
08/2018
Osmond me dejó parado en el porche.
De pie junto a su coche estaba Richard Collins.
Él estaba sonriendo.

CUMPLÍ TRECE, y Mark puso su brazo alrededor de mis


hombros.
Causó que se me revolviera el estómago.
Me preguntaba si era por eso que no miraba fijamente a las
chicas como Rico.
Su nariz estaba en mi pelo, y él estaba sonriendo.
Yo nunca quise que se detuviera.

MI MADRE fue sepultada cerca de un aliso rojo. Su piedra era


pequeña y blanca.
Decía,
CATHERINE LIVINGSTONE
ELLA FUE AMADA
Me senté con mi espalda contra el árbol y sentí la tierra debajo de
mis dedos.
—Lo siento, —le dije una vez—. Lo siento, no pude hacer más.
A veces fingía que ella me respondía.
Ella dijo: —Te amo, Gordo. Te amo.
Ella dijo: —Estoy muy orgullosa de ti.
Ella dijo: —¿Por qué no me creíste?
Ella dijo: —¿Por qué no me salvaste?
Ella dijo: —No puedes confiar en ellos, Gordo. Nunca puedes
confiar en un lobo. Ellos no te quieren. Te necesitan. La magia en ti es 105
una mentira…
Mis dedos cavaron en la tierra.

CARTER ESTABA arrugado y rosado y soltó un pequeño grito.


08/2018
Le toqué la frente y abrió los ojos, calmándose casi de inmediato.
Elizabeth dijo, —¿Lo ves? Le agradas, Gordo. —Me sonrió, con
la piel pálida y cansada como nunca la había visto. Pero aún así ella
sonrió.
Me incliné y susurré en su pequeña oreja, —Estarás a salvo. Lo
prometo. Te ayudaré a mantenerte a salvo.
Un pequeño puño tiró de mi cabello.

CUANDO BESÉ a Mark Bennett por primera vez, no fue


planeado. No fue algo que me propuse hacer. Estaba incómodo. Mi
voz se rompió más a menudo que no. Estaba malhumorado y tenía un
pelo pequeño en el pecho que parecía no saber si estaba yendo o
viniendo. Tenía granos y erecciones innecesarias. Accidentalmente
exploté una lámpara en la sala de estar cuando estaba enojado sin
razón aparente.
Y Mark Bennett era todo lo que yo no era. Él tenía dieciséis años
y era etéreo. Se movía con gracia y propósito. Él era inteligente y
divertido, y todavía tenía una tendencia a seguirme a donde quiera que
fuera. Él me trajo comida mientras yo estaba en el garaje, y los chicos
me dieron mierda. Marty gritaba que mi chico estaba aquí, y yo tenía
quince minutos o él iba a despedirme. Las fosas nasales de Mark
flamearían cuando me acercara, y él me miraría mientras me frotaba la
grasa de las yemas de los dedos con una tela vieja que guardaba en mi
bolsillo trasero. Él diría hey, y yo le diría hey de vuelta, y nos
sentábamos afuera del garaje, nuestras espaldas contra el ladrillo,
nuestras piernas cruzadas. Él me daría un emparedado que había
hecho. Él siempre me miraba comérmelo.
No fue planeado. ¿Cómo podría ser cuando no sabía lo que 106
significaría?
Fue un miércoles en el verano. Carter estaba arrastrándose y
balbuceando. Ningún otro lobo había sido herido por la mujer
conocida como Elijah. La manada era feliz, saludable y completa.
Abel era un orgulloso Alfa, adorando a su nieto. Thomas se preparó.
08/2018
Elizabeth puso los ojos en blanco. Los lobos corrieron bajo la luz de la
luna y sonrieron al sol.
El mundo era un lugar brillante y feliz.
Mi corazón todavía dolía, pero el agudo dolor se estaba
desvaneciendo. Mi madre se había ido. Mi padre se había ido. Mi
madre había dicho que los lobos mentirían, pero yo confiaba en ellos.
Tenía que hacerlo. Aparte de Chris, Tanner, Rico y Marty, eran todo lo
que me quedaba.
Pero luego estaba Mark, Mark, Mark.
Siempre Mark.
Mi sombra.
Lo encontré en el bosque detrás de la casa de la manada.
Él dijo: —Oye, Gordo.
Y dije: —Quiero probar algo.
Él parpadeó. —Vale.
—¿Vale?
Él se encogió de hombros. —Vale.
Había abejas en las flores y pájaros en los árboles.
Estaba sentado de espaldas a un arce de hoja grande. Sus pies
descalzos estaban en la hierba. Llevaba una camiseta sin mangas, su
piel bronceada casi del color de su lobo. Tenía las uñas mordidas, un
hábito que aún tenía que romper. Se apartó un mechón de cabello de la
frente. Parecía feliz y despreocupado, un depredador que temía poco.
Él me miró, curioso de lo que estaba hablando pero sin presionarlo.
—Cierra los ojos, —le dije, inseguro de lo que estaba haciendo.
De lo que era capaz.
Él lo hizo, porque yo era su amigo.
Me puse de rodillas y me arrastré hacia él.
Mi corazón tronó en mi pecho. 107
Mi piel estaba sudada.
El cuervo revoloteó.
Me incliné hacia adelante y presioné mis labios en los suyos.
Fue cálido y seco y catastrófico.
Sus labios estaban ligeramente agrietados. Nunca me olvidaría de
08/2018
eso.
No me moví. Tampoco él.
Solo el más mínimo de los besos en un cálido día de verano.
Me alejé.
Su pecho se sacudió.
Él abrió los ojos. Ellos eran de color naranja.
Él dijo: —Gordo, yo...
Su aliento era duro contra mi cara.
Dije: —Lo siento, lo siento, no quise…
Él puso su mano sobre mi boca. Mis ojos se sintieron abultados.
—Tienes que quererlo, —dijo en voz baja—. Tienes que estar
seguro.
No entendí. Mark era mi amigo, y yo...
—Gordo, —dijo, con los ojos todavía encendidos—. No hay... no
puedo.
Se levantó antes de que yo pudiera parpadear. Caí de nuevo en
mi culo.
Entonces él se había ido.

THOMAS ME ENCONTRÓ después. El cielo estaba veteado de


naranja, rosa y rojo.
Él se sentó a mi lado.
Él dijo: —Tenía diecisiete años cuando conocí a una chica que
me dejó sin aliento. —Estaba sonriendo, mirando a los árboles.
Esperé.
Él dijo: —No había... no había nada como ella. Ella... —Se rió
entre dientes mientras negaba con la cabeza—. Lo sabía entonces. A 108
Elizabeth le disgusté a primera vista, y papá dijo que tenía que respetar
eso. Porque las mujeres deben ser respetadas. Siempre.
Independientemente de lo que pensé, nunca podría obligarla a hacer
algo que ella no quisiera. Y lo sabía, por supuesto. Porque incluso
pensar lo contrario era terrible. Entonces me convertí en su amigo.
08/2018
Hasta que un día, ella me sonrió y yo... fue todo. Nunca había visto a
nadie sonreír así antes. Ella era mi...
—Compañera, —dije.
Thomas se encogió de hombros. —Nunca me gustó esa palabra.
No abarca todo lo que ella es. Ella es la mejor parte de mí, Gordo. Ella
me ama por lo que soy. Ella es feroz y aguda y no me deja salir con
nada. Ella me sostiene. Ella señala mis fallas. Y, sinceramente, si el
mundo fuera justo, ella sería la próxima Alfa y no yo. Ella sería mejor
en eso. Mejor que mi padre. Mejor que nadie. Soy muy afortunado de
tenerla. El día que le di mi lobo de piedra fue el día más angustioso de
mi vida.
—¿Porque pensaste que ella diría que no?
—Porque pensé que ella diría que sí, —corrigió amablemente—.
Y si lo hiciera, significaría que iba a tener a alguien a mi lado por el
resto de mis días. No sabía si me lo merecía. Y Mark siente lo mismo.
Él ha estado esperando este momento por mucho tiempo. Él está…
asustado.
Parpadeé. —¿De qué? ¿Qué tiene eso que ver contigo y
Elizabeth?
Golpeó duro.
Yo dije: —Espera.
Yo dije: —Espera un momento.
Yo dije: —¿Estás diciendo lo que creo que estás…?
Yo dije: —¿Qué?

IGNORÉ a Mark por tres días.


Animales muertos aparecieron en el porche delantero. 109
Elizabeth se rió de mí, meciéndose con Carter en sus brazos.

—¿POR QUÉ NO me dijiste? —Le grité.


—Tienes trece años, —me gruñó—. Tengo tres años más que tú.
08/2018
Es ilegal.
—Eso está bien, en realidad es un argumento bastante bueno.
Él se veía presumido.
Estreché mis ojos hacia él.
Parecía menos presumido.
—No soy un niño.
—Esa no es probablemente la mejor refutación ya que sí, lo eres.
—Bien, —dije—. Entonces tal vez solo vaya a besar a alguien
más.
Él gruñó.

—NECESITO encontrar a alguien para besar, —exigí.


Rico, Tanner y Chris me miraron con los ojos muy abiertos.
—Yo no, —dijo Tanner.
—Yo no, —dijo Chris.
—Yo… maldición. —Rico suspiró—. Nunca lo digo lo
suficientemente rápido. Bien. ¿Sabes qué? Ni siquiera me importa pon
morritos, chico amante.
Miré a Rico con horror mientras comenzaba a caminar hacia mí,
con los brazos extendidos.
—No tú.
—Guau. ¿Muy racista? Puto.
—No soy racista... eres mi... dios, ¡odio esto tanto!
—¿Mark? —Preguntó Tanner con simpatía.
—Mark, —estuvo de acuerdo Chris.
—Si fuera blanco, apuesto a que me hubieras besado, —dijo
Rico.
Lo agarré por la cara y presioné mis labios contra los suyos. 110
Tanner y Chris emitieron sonidos de extraordinario disgusto.
Me alejé de Rico con un golpe húmedo.
Él parecía aturdido.
Me sentí mejor.
08/2018

LE DIJE a Mark.
Cambió, la ropa se rasgó mientras huía hacia el bosque.
—Eres algo idiota, Gordo, —dijo suavemente Abel—. Cuando
seas lo suficientemente mayor, sabes que lo apruebo de todo corazón.

ESTABA EN EL servicio de recepción cuando entró una mujer


joven en el garaje.
Ella me sonrió.
Ella era guapa. Su cabello era negro como la noche y sus ojos tan
verdes como el bosque. Ella usaba jeans y una blusa escotada. Ella
parecía apenas mayor que Mark.
Los tipos en el garaje silbaron.
Marty les dijo que se callaran, aunque sus ojos se detuvieron
apreciativamente también.
—Hola, —dijo ella.
—¿Puedo ayudarte? —Pregunté, nervioso por razones que no
entendía.
—Eso espero, —dijo ella—. Mi auto está haciendo un ruido raro.
Simplemente lo conduje por todo el país. Tratando de ir a Portland a la
escuela, pero no sé si voy a lograrlo.
Asentí. —Probablemente podamos ayudarla lo suficientemente
rápido. —Hice clic en el viejo ordenador que tenía delante y abrí el
programa de programación.
Ella parecía divertida. —¿No eres un poco joven para estar
trabajando aquí?
Me encogí de hombros. —Sé lo que estoy haciendo.
—Lo haces. Qué dulce. —Su sonrisa se amplió. Ella se inclinó 111
hacia adelante, con los codos sobre el mostrador. Sus uñas estaban
pintadas de azul. Estaban desconchadas. Ella las golpeó contra el
mostrador. Una pequeña cruz de plata colgaba de una delgada cadena
alrededor de su cuello. —Gordo, ¿verdad?
La miré bruscamente. —¿Cómo lo supiste?
Ella rió. Sonó dulce. —Tu nombre está cosido en tu camisa. 08/2018

Me sonrojé. —Cierto.
—Eres lindo.
—¿Gracias? Um, parece que tengo una apertura en una hora.
Podría colarte si no te importa esperar?
—No me importa. —Sus ojos brillaban.
Ella me recordó a un lobo.

MARK VINO y me trajo el almuerzo.


Ella estaba sentada en la sala de espera, hojeando una revista
antigua.
La campana sonó cuando entró.
—Hola, —dijo, sonando tímido. Era la primera vez que venía
desde el momento del me-besaste-y-hui-por-los-sentimientos-lobunos-
ya-que-eres-mi-compañero-y-yo-me-olvidé-decirte fiasco.
—Mira quién decidió aparecer, —le dije.
Apenas recordé que la mujer estaba allí.
—Cállate, —murmuró Mark, colocando una bolsa de papel
marrón en el mostrador.
—No es un conejo muerto, ¿verdad? —Le pregunté con
desconfianza—. Porque juro por Dios, Mark, si es otro conejo…
—Es jamón y queso suizo.
—Oh. Bueno, eso es mejor.
—¿Conejo muerto? —Dijo la mujer.
Mark se estremeció. Sacudí mi cabeza hacia ella.
Ella arqueó una ceja hacia nosotros.
Dije: —Broma interna.
Ella dijo: 112
—Huh.
Las fosas nasales de Mark se encendieron.
Le pellizqué el brazo para recordarle que estaba en público, por
el amor de Dios. No podía ir olfateando a todos.
Él la miró por un momento más antes de volverse hacia mí.
—Gracias, —le dije. 08/2018

Se preparó solo un poco.


Él era tan predecible.

—DAME UN par de días para obtener las piezas, —le dijo


Marty—. No tardará mucho en arreglarlo una vez, pero su automóvil
es de fabricación alemana. No veo mucho por aquí. Podrías
conducirlo, pero no puedo garantizar que no empeorarás el problema y
colapsarás en el medio de la nada. Estás en el campo, niña.
—Ya me di cuenta, —dijo lentamente—. Eso es lamentable. Vi
un motel de camino a la ciudad.
El asintió.
—Está limpio. Dile a Beth que te envié. Ella te dará un
descuento. Green Creek es pequeño, pero somos buenas personas. Te
trataremos bien.
Ella rió, sus ojos brillando. Ella me miró de nuevo antes de mirar
a Marty. —Supongo que ya veremos.

ESA NOCHE Abel se sentó en el porche, saludando con la mano


mientras los miembros de su manada llegaban a la luna llena la noche
siguiente. Él parecía satisfecho.
—Gordo, —dijo cuando salí a decirle que la cena estaba casi
lista—, ven aquí por un momento.
Yo fui.
Puso su mano sobre mi hombro.
Y por un tiempo, solo... fuimos.
113
LA ÚLTIMA CENA.
No lo sabíamos.
Nos juntamos y reímos, gritamos y nos llenamos.
Mark presionó su pie contra el mío.
08/2018
Pensé en muchas cosas. Mi padre. Mi madre. Los lobos. La
manada. Mark y Mark y Mark. Era una elección, lo sabía. Podría haber
nacido en esta vida, en este mundo, pero tenía una opción. Y nadie me
quitaría eso.
Me preguntaba cuándo Mark me ofrecería su lobo.
Me preguntaba qué diría.
Me sentía ponderado, real y atado.
Thomas me guiñó un ojo.
Elizabeth arrullaba al niño en sus brazos.
Abel sonrió.
Mark se inclinó y susurró: —Esto somos nosotros. Esta es
nuestra manada. Esta es nuestra felicidad. Quiero esto. Contigo. Un
día, cuando ambos hayamos crecido.
ELLA ESTABA en el restaurante cuando fui a la mañana
siguiente, mi turno de tomar café para los chicos. Estaba sentada en
una cabina sola, con la cabeza inclinada en oración y las manos
cruzadas frente a ella. Levantó la mirada en el momento en que entré
al restaurante.
—Gordo, —dijo ella—. Brillante y temprano.
—Hola, —dije—. ¿Cómo estás...? —Busqué su nombre.
—Elli, —dijo ella.
—Elli. ¿Cómo estás?
Ella se encogió de hombros. —Estoy bien. Está... tranquilo aquí.
Toma algo de tiempo acostumbrarse.
—Sí, —dije, sin saber qué más decir—. Siempre es así.
—¿Siempre? No sé cómo puedes soportarlo. 114
—He estado aquí toda mi vida
—¿Lo hiciste? Curioso.
Una camarera me saludó desde detrás del mostrador del
comedor, moviéndose para preparar los cafés.
Comencé a caminar hacia ella cuando una mano se cerró
08/2018
alrededor de mi muñeca.
Miré hacia abajo. Las uñas habían sido repintadas. Ellas eran
rojas.
—Gordo, —dijo Elli—. ¿Me puedes hacer un favor?
Inhalé dentro y fuera. —Por supuesto.
Ella sonrió. No llegó a sus ojos—¿Puedes orar conmigo? He
estado intentando toda la mañana, y por mi vida, no puedo hacerlo
bien. Creo que necesito ayuda.
—No soy la mejor persona para…
—Por favor. —Su agarre en mi brazo se aflojó.
—Uh, seguro.
—Gracias, —dijo ella—. Siéntate, si no te importa.
—No tengo mucho tiempo. Tengo que ir a trabajar.
—Oh, —dijo ella—, no tomará mucho tiempo. Lo prometo.
Me deslicé en la cabina frente a ella. El restaurante estaba vacío
aparte de nosotros dos. La hora del desayuno ya había pasado, y el
almuerzo no comenzaría por unas horas. Jimmy estaba detrás de la
parrilla, y la camarera, Donna, estaba de pie frente a la máquina de
café.
Elli sonrió. Ella puso sus manos frente a ella, doblándolas. Miró
hacia abajo a las mías como si me animara a hacer lo mismo.
Lentamente levanté mis manos frente a mí. Los puños de mi
camisa de trabajo se deslizaron por mis muñecas un poco.
—Querido Padre, —dijo ella, mirándome—, no soy más que tu
humilde servidor, y busco tu guía. Me he encontrado en un momento
de crisis. Verá, padre, hay cosas en este mundo, cosas que le quitan a
su orden natural. Abominaciones que van en contra de todo lo que
representas. Me han encomendado, bajo tu voluntad, que derribes estas
abominaciones donde están parados. 115
—Por el poder de su Espíritu Santo, revele a mí, Padre, a
cualquier pueblo que necesite perdonar y cualquier área de pecado no
confesado. Revela aspectos de mi vida que no te agradan, Padre,
formas que han dado o podrían darle a Satanás un punto de apoyo en
mi vida. Padre, te doy la falta de perdón, te doy mis pecados y te doy
08/2018
todos los medios que Satanás tiene para apoderarse de mi vida. Gracias
por tu perdón y tu amor.
—Padre mío, en tu Santo Nombre, ato a todos los espíritus
malignos del aire, el agua, el suelo, el subsuelo y el inframundo.
Además comprometo, en el nombre de Jesús, a todos los emisarios del
cuartel general satánico y reclamo la preciosa sangre de Jesús en el
aire, la atmósfera, el agua, el suelo y sus frutos que nos rodean, el
subsuelo y el inframundo de abajo.
Me moví para ponerme de pie.
Su mano se alargó y agarró mi muñeca otra vez.
—No, —dijo ella—. Harías bien, Gordo Livingstone, en
quedarte donde estás.
—¿Estás bien, Gordo? —Preguntó Donna mientras me traía una
bandeja de cafés.
Asentí lentamente. —Solo una oración.
La mujer frente a mí sonrió.
Donna parecía insegura, pero dejó la bandeja. —Ya está en la
cuenta. Le dices a Marty que necesita cuadrar a fin de mes, ¿está bien?
—Sí, —dije—. Se lo diré.
Donna se dio vuelta y se alejó.
—Elijah, —dije en voz baja.
—Bien, —dijo ella—. Eso está muy bien, Gordo. Eres muy
joven. —Ella tomó mi mano y presionó sus labios contra ella. Sentí el
chasquido rápido de su lengua contra mi piel—. Tú solo conoces los
caminos de la bestia. Ellos te han adoctrinado temprano. Es una pena,
en serio. No sé si todavía puedes ser salvo. Supongo que solo el
tiempo dirá si puede haber una limpieza. Un bautismo en las aguas de
la salvación.
—Lo sabrá, —dije en voz baja—. Que estás aquí. En su 116
territorio.
—Verás, ahí es donde te equivocas, —dijo—. No soy Alfa. O
Beta. U Omega. —Ella ladeó su cabeza hacia mí—. Yo no soy como
él.
—Sabes lo que soy.
—Sí. 08/2018

—Entonces deberías saber de lo que soy capaz.


Ella se rió entre dientes. —No eres más que un niño. ¿Qué
podrías...?
Levanté la mano libre y eché la manga hacia atrás.
Miró al cuervo rodeado de rosas con algo parecido al asombro.
—Lo había oído, pero… —Ella negó con la cabeza—. Lo siento por lo
que te ha sucedido. Que no tuviste elección en el asunto.
—Podría gritar, —le dije—. Podría gritar ahora mismo. Una
mujer agarrando a un chico como tú lo haces. No llegarías lejos.
—¿No eres un luchador? Dime, Gordo, ¿de verdad crees que
puedes burlarme?
—Sé lo que eres.
Ella se inclinó hacia adelante. —¿Y qué soy?
—Un cazador.
—¿De qué? Dilo, Gordo.
—Lobos.
Ella me acarició el brazo. —Bien. Eso está bien, Gordo. Grita si
quieres. Grita tan fuerte como puedas. Al final, no importará. No está
cerca de la luna llena. Porque incluso ahora, una manada de lobos se
ha reunido en el bosque para deleitarse con su sed de sangre.
Monstruos, Gordo. No son más que monstruos que han hundido sus
dientes y garras dentro de ti. Yo te liberaré de ellos.
Sentía la cabeza rellena, la piel caliente. —No te acercarás.
Ella sonrió. Ella parecía un tiburón. Soltó mi brazo y se inclinó
sobre su regazo. Levantó un pequeño walkie-talkie y lo puso en la
mesa entre nosotros. Ella presionó el botón. Sonó una vez.
—Carrow, —dijo ella.
Ella soltó el botón. 117
Hubo un crujido de estática.
Luego, —Carrow aquí. Corto.
Ella dijo: —¿Estás en posición? Corto.
—Sí, señora. Listo. Corto.
—¿Y los lobos? Corto.
—Aquí. Reunidos en el claro. Corto. 08/2018

—¿Y los tienes rodeados? Corto.


—Sí. Eh, ahí hay, eh. Niños. Corto.
Ella asintió lentamente. —Mayores de edad —dijo—. Se han
perdido en sus lobos.
—No hagas esto, —dije—. Por favor, no hagas esto.
Meredith King dijo: —Es mi deber. Por la gracia de Dios, los
limpiaré de esta tierra. Dime, Gordo. ¿Lo amas?
—¿A quién? —Hubo lágrimas en mis ojos.
—A ese chico. El que vino a verte ayer. El lobo. Pensé que él lo
olió en mí. La sangre de los demás. Pero lo distrajiste bastante bien.
¿Lo amas?
—Que te jodan.
Ella sacudió su cabeza. —Las otras manadas. Ellos no tenían una
bruja. Eran... fáciles. Pero he estado construyendo hacia este momento.
Este día. Aquí. Ahora. Porque si le cortas la cabeza, el cuerpo muere.
El rey. El príncipe. Me lo agradecerás. Al final.
Puse mis manos sobre la mesa, con las palmas hacia arriba.
Ella se movió en su asiento y...
Un dolor agudo en la muñeca, como una picadura de abeja en
pleno verano.
Miré hacia abajo.
Ella retiró su mano, la jeringa ya escondida.
Le dije: —No, no puedes hacer esto, no puedes hacer esto por
favor, no es...
Los colores del mundo a mi alrededor comenzaron a sangrar.
Todo se ralentizó.
Escuché palabras de preocupación viniendo de algún lugar muy, 118
muy lejos.
—Oh, ahora, —dijo el cazador Elijah en respuesta—. Sssssssolo
está sintiéndose un poco mmmmal. Lo ayudaré. Lo conseguiré
llevareeeeeeeé…
Fue oscuro, después.
08/2018

SOÑÉ que estaba con los lobos.


Corrimos, y los árboles eran altos y la luna brillaba, y yo
pertenecía a ellos y con ellos, e incliné la cabeza hacia atrás y canté.
Pero los lobos no cantaron conmigo.
No.
Ellos gritaron.

ME DESPERTÉ lentamente.
Mi lengua se sentía espesa en mi boca.
Abrí mis ojos.
Estaba yaciendo en el bosque.
El dosel encima de mí dio paso a las estrellas en el cielo. La luna
estaba llena y gorda.
Me levanté.
Me dolía la cabeza. Apenas podía pensar.
Un gemido a mi izquierda.
Giré.
Un gran lobo marrón se arrastraba hacia mí. Sus patas traseras
habían sido rotas. Su pelaje estaba enmarañado con sangre. Estaba en
obvio dolor, pero aun así se arrastró hacia mí en la tierra y la hierba.
Yo dije: —Mark.
El lobo gimió.
Lo alcancé.
Me lamió la punta de los dedos antes de colapsar, con los ojos
cerrados.
La niebla se despejó. 119
Lo sentí entonces. Los fragmentos rotos dentro de mí. Como si
me hubieran destrozado en pedazos. No fue como cuando mi madre
había muerto. Cuando mi padre la había matado.
Fue más.
Fue mucho más.
—No, —susurré. 08/2018

MÁS TARDE, cuando Mark había sanado lo suficiente como


para mantenerse en pie, nos movimos a través del bosque.
Lideró el camino, cojeando torpemente.
Todo dolía.
Todo.
El bosque lloraba a nuestro alrededor.
Pude sentirlo en los árboles. En el suelo debajo de mis pies. En el
viento. Los pájaros lloraban y el bosque temblaba.
Mis tatuajes eran apagados y desvaídos.
Un hombre humano yacía al lado de un árbol. Él usaba una
armadura corporal. Había un rifle a sus pies. Su garganta había sido
arrancada. Miró sin ver hacia la nada.
Mark gruñó.
Seguimos adelante.
Busqué a través de los lazos de manadamanadamanada, pero
estaban rotos.
Dije: —Oh, Dios, Mark, oh Dios.
Él retumbó profundamente en su pecho.
Encontramos el claro. De algún modo.
El aire olía a plata y sangre.
Los humanos yacían en el suelo, destrozados y corneados.
Y lobos. Tantos lobos. Todos cambiados.
Todos muertos.
Los más grandes.
Los más pequeños.
Lloré ante la angustia de todo, tratando de encontrar a alguien, a 120
cualquiera que...
Movimiento hacia la derecha.
Una mujer estaba allí, pálida a la luz de la luna. Ella sostuvo a un
bebé.
Elizabeth Bennett dijo: —Gordo.
08/2018
Dos lobos estaban a su lado.
Richard Collins.
Y…
Thomas Bennett se movió hacia mí. Su lobo era más grande de lo
que alguna vez lo había visto antes. Sus ojos nunca me dejaron. Cada
paso que daba era lento y deliberado. Cuando se paró frente a mí,
comprendí todo lo que habíamos perdido.
Y lo que había ganado.
Sus ojos se volvieron rojos en la profunda y oscura noche.
A través de mi horror, dije lo único que pude.
Alfa.
el tercer año / aún no

ALGUNAS NOCHES soñé con la luna y la sangre y con Mark


arrastrando su cuerpo roto hacia mí.
Otras noches soñé besarlo en una cálida tarde de verano.
—Dices su nombre, a veces, —me dijo Carter una vez. 121
—¿De quién?
—Mark.
—No tengo idea de lo que estás hablando.
Él rodó los ojos. —Sí, está bien, Gordo. Claro que no.
—Voy a convertir tu lengua en plata si no te callas, Carter. Lo 08/2018
juro por Dios.
Él me sonrió, moviendo las cejas. —¿Es ese tipo de sueños? Ya
sabes, en los que Mark y tú se están frotando uno al otro, ya sabes...
me acabo de dar cuenta de que es mi tío y voy a dejar de hablar ahora.
Kelly se atragantó.
Joe miró por la ventana.
Maldito Thomas por dejarme con estos idiotas.

HUBO TRAMOS de días y semanas en los que estaríamos


girando nuestras ruedas.
Comimos comida de mierda en Bonners Ferry, Idaho.
Dormimos en un motel destartalado a las afueras de Bow Island,
Alberta.
Los lobos dejaron huellas enormes en las dunas de los Great
Sandhills.
Condujimos a lo largo de tramos solitarios de carretera en
Nowhere, Montana.
Algunos días no hablamos durante horas y horas.
Luego estuvieron los otros días.

—¿QUÉ CREES que están haciendo ahora? —Preguntó Kelly,


con los pies en el tablero. Su cabeza estaba contra el reposacabezas, la
cara vuelta hacia su hermano.
Carter estuvo en silencio por un largo tiempo. Entonces,
—Es domingo.
—Lo sé.
—Es tradición. 122
—Sí. Sí, Carter.
Él dijo: —Mamá probablemente esté en la cocina. Hay música en
el fondo. Un vinilo en su viejo tocadiscos. Ella está bailando. Lento. Y
ella está cantando.
—¿Qué canción?
—No lo... tal vez Peggy Lee. Eso... suena bien. 08/2018

—Sí. Lo hace. Peggy Lee cantando 'Johnny Guitar'.


No me moví cuando la voz de Kelly se rompió. Su hermano lo
hizo. Alcanzó la consola y tomó a Kelly de la mano. Los neumáticos
rodaron contra el pavimento resquebrajado. No miré hacia otro lado.
Estaba fascinado por la vista frente a mí. En algún lugar a mi derecha,
Joe respiró pero no habló.
—Johnny Guitar, —coincidió Carter—. Siempre me gustó esa
canción. Y Peggy Lee.
—A también, —dijo Kelly, resoplando en silencio—. Ella es
muy bonita. Sin embargo, la canción es triste.
—Ya sabes cómo es mamá. A ella le gusta, le gusta ese tipo de
música.
—¿Qué más?
—Está en la cocina con Peggy Lee pidiéndole a Johnny que
toque de nuevo. Y ella está preparando la cena porque es tradición.
Hay patatas asadas y puré, del tipo con crema agria y pieles de patata.
—Y probablemente también un pastel, ¿eh? —Preguntó Kelly—.
Porque ella sabe cuánto te gusta el pastel.
—Sí, —dijo Carter—. Pastel de manzana. Probablemente hay
algo de helado en el congelador. Vaina de vainilla. Consigues un
pastel caliente cubierto con helado derretido y te lo juro, Kelly, no hay
nada mejor.
—Y ella no está sola, ¿verdad? Porque los otros están allí con
ella.
Carter abrió la boca una, dos veces, pero no salió ningún sonido.
Tosió y se aclaró la garganta. Entonces, —Sí, —Su voz era ronca—. 123
Ox está allí. Y él está sonriendo, ¿de acuerdo? Él sonríe de esa manera.
Un poco tonto con el lado de su boca. Y la está mirando bailar, cantar
y cocinar. Ella le está entregando una canasta llena de panecillos
recién sacados del horno, cubiertos con ese trapo de cocina verde. Él lo
llevará afuera y lo pondrá sobre la mesa. Y cuando él regrese, ella le
08/2018
preguntará si se acordó de poner las servilletas de tela, porque no
somos incivilizados aquí, Ox, podemos ser lobos, pero tenemos cierto
decoro.
Kelly lloraba en silencio, con la cabeza inclinada. Su hermano le
apretó la mano con fuerza. Estos hombres, estos hombres grandes e
intimidantes, se aferraban el uno al otro, y casi desesperadamente.
Abrí la boca para decir algo, cualquier cosa, cuando Carter dijo:
—Y Mark también está allí, —y casi me muerdo la lengua. Carter me
miró directamente por el espejo retrovisor—. Mark está allí también.
Él los está cuidando a ambos. Está tarareando junto con mamá y Peggy
Lee. Y él está pensando en nosotros. Preguntándonos dónde estamos.
Qué estamos haciendo. Si estamos bien. Él espera que volvamos a
casa. Porque él sabe que pertenecemos a él. Con ellos. Porque es
domingo. Es tradición. Y él es...
Joe gruñó enojado. Me envió un escalofrío por la espalda.
Carter guardó silencio.
Kelly se secó la cara con el dorso de la mano.
Miré a tiempo para ver una sola lágrima caer de la mejilla del
Alfa.
Nadie habló durante mucho tiempo después de eso.

BIRCH BAY, Washington.


Allí vivía un viejo brujo, alguien en quien no quería ni pensar,
mucho menos ver. Pero ninguno de los lobos discutió conmigo cuando
les dije que apuntaran al SUV hacia el oeste. Estaban sin ideas. No
habíamos tenido una ventaja en meses. Richard Collins estaba jugando
con nosotros, y todos lo sabíamos.
El brujo no pareció sorprendido cuando llegamos a su pequeña 124
casa en una cala. —Veo cosas, —dijo desde su silla en el porche, a
pesar de que no había dicho una palabra—. Sabes esto, Gordo
Livingstone.
Sus ojos eran blancos como la leche. Había sido ciego desde que
era un niño, a principios del siglo pasado.
08/2018
Él se levantó, encorvado. Arrastró los pies lentamente a través de
la puerta.
—Sabes, —dijo Carter—, este es el punto en las películas de
terror donde suelo gritar a la pantalla para que la gente no entre a la
casa.
—Eres un hombre lobo, —murmuré—. Tú eres el que
generalmente está esperando a las personas dentro de la casa.
Él pareció ofendido.
Lo ignoré.
Grava crujió bajo mis pies mientras seguía al brujo dentro. Los
escalones del porche crujieron antes de atravesar la puerta oscura.
Gaviotas gritaban justo afuera de una ventana abierta. Más
adelante, hubo una rápida corriente contra una playa rocosa. El aire era
fresco, y la casa olía a sal, pescado y menta. En lo alto, colgados de
cuerdas del techo, estaban los cráneos de gatos y pequeños roedores.
Era una magia de la vieja escuela, del tipo que siempre tenía un
caldero burbujeando mientras hacía rodar los huesos en una taza hecha
de un árbol antiguo.
También estaba completamente fuera de sí, razón por la cual era
el último recurso.
—¿Qué diablos? —Murmuró Carter después de entrar en el
cráneo bastante grande de un animal que no creía haber visto antes.
—Definitivamente no es la opción de diseño de interiores que yo
hubiera elegido, —le susurró Kelly.
—¿Tú crees? Nada dice mejor "bienvenidos a mi cabaña de
asesinatos" como esqueletos que cuelgan del techo.
—¿Eso es un jarro de globos oculares en el estante?
—¿Qué? No, no seas estúpido, eso es un jarro de globos oculares
en el estante. Bueno, ahora oficialmente soy esa persona que no 125
debería haber entrado en la casa.
Joe entró al último. Cruzó el umbral y sus ojos se iluminaron
brevemente de rojo.
El viejo brujo estaba parado cerca de una estufa de hierro
fundido. Estaba avivando el fuego dentro. Las brasas se encendieron y
08/2018
aterrizaron en su piel. Él no se inmutó. Cerró la estufa y colocó el
atizador carbonizado junto a él antes de sentarse en un viejo sillón
reclinable. Él miró en mi dirección, con la cabeza ladeada.
—No toques el jarro de globos oculares, —siseó Kelly a su
hermano.
—Sólo quiero verlo.
—¿De qué están parloteando? —Preguntó el brujo.
—Globos oculares, —dije suavemente.
—Ah, —dijo—. Sí. Aquellos. Ojos de mis enemigos, ¡esos son!
Los saqué con una cuchara roma y oxidada. Los lobos de los que los
tomé patearon y gritaron, pero fue en vano. Eran del tipo curioso, muy
parecidos a vosotros, tocando cosas que no les pertenecían.
—Eep, —dijo Carter.
Kelly se cubrió los ojos con una mano.
Bufé, sacudiendo la cabeza.
Joe no dijo nada.
El viejo brujo se rió. —Ah, juventud. Un desperdicio.
—No queremos entrometernos, —comencé, pero me detuve
cuando él me hizo un gesto con la mano nudosa.
—Sí, —dijo—, lo hiciste. Lo dijiste específicamente. Es la razón
por la que estás aquí. Puede que sea viejo, Gordo Livingstone, pero
todavía puedo oler la mierda que siempre pareces arrojar. Y no me
mires así. Tienes casi cuarenta años. Sigue haciendo esa cara y se
congelará así. Terminarás pareciéndote a mí.
Dejé de mirarlo con el ceño fruncido.
—Eso es mejor, —dijo—. Uno pensaría que con tu compañero
de nuevo en Green Creek, habrías aprendido la felicidad otra vez.
Aunque supongo que los eventos de los últimos años se llevaron gran
parte de eso. 126
El fuego se rompió y explotó. Las gaviotas gritaron. Comencé a
desear nunca haber puesto un pie dentro de Birch Bay cuando sentí
que los ojos de mi manada se deslizaban hacia mí.
Él puso una mano al lado de su oreja. —¿Qué es eso? Nada más
para agregar? Entonces tal vez solo nos sentemos aquí y esperemos
08/2018
hasta que alguien tenga las bolas para decir lo que están pensando.
Dios sabe que yo no. Perdí eso hace unos años. Cáncer, si puedes
creerlo.
Carter hizo un sonido ahogado.
El viejo brujo sonrió. Aún le quedaban algunos dientes.
—Lobos. Bennett, creo. Siempre me han gustado los Bennett.
Montones de tontos, pero sus corazones generalmente estaban en el
lugar correcto. ¿A quién tenemos aquí?
Kelly abrió la boca para hablar, pero la cerró cuando sacudí
bruscamente mi cabeza. Asentí con la cabeza hacia Joe. Él me miró
por un momento, con la boca en una línea delgada. Luego asintió y dio
un paso adelante.
Las tablas del suelo crujieron y el viejo brujo se volvió hacia él.
—Mi nombre es Joseph Bennett, —dijo en voz baja, la voz
oxidada por falta de uso. Habían pasado meses desde que había
hablado más de un gruñido.
—Alfa, —dijo el brujo con una inclinación deferente hacia su
cabeza.
Los ojos de Joe se agrandaron levemente. —Y estos son mis
hermanos. Mi segundo, Carter. Mi otro hermano, Kelly.
Carter saludó.
Kelly le dio un codazo en el estómago.
Suspiré.
El brujo asintió. —Conocí a tu bisabuelo. William Bennett. Él
engendró a Abel. Abel engendró a Thomas. Thomas te engendró.
Dime, Alfa Bennett, ¿quién eres tú?
Joe se resistió.
—Porque, —continuó el brujo—. No estoy seguro si lo sabes.
¿Eres un Alfa? ¿Un hermano? ¿Un hijo? ¿La mitad de un par 127
apareado? ¿Eres un líder o solo buscas venganza? No puedes tener
ambos. No puedes tenerlo todo. No hay espacio suficiente en tu
corazón, aunque late como un lobo. Hay fuerza dentro de ti, niño, pero
incluso uno como tú no puede vivir solo de rabia.
—Mi padre…
—Sé de tu padre, —espetó el brujo—. Sé que cayó como lo hizo 08/2018

su padre. Uno pensaría que el nombre de Bennett está maldito por lo


mucho que sufre. Maldito casi tanto como los Livingstone. Tenéis
tanto en común, es una maravilla que incluso puedes encontrar dónde
termina uno de los dos y comienza el otro. Vuestras familias siempre
han estado entrelazadas, incluso si los lazos se rompieron.
Carter y Kelly se volvieron lentamente para mirarme.
—Estoy haciendo lo que tengo que hacer, —dijo Joe, un gruñido
silencioso en su voz.
—¿Lo estás? —Preguntó el brujo—. ¿O estás haciendo lo que tu
enojo te ha exigido? Cuando te rindes, cuando dejas que tu lobo se
enloquezca de furia, ya no tienes control.
—Richard Collins…
—Es un monstruo que se ha perdido en su lobo. Él ha
abandonado un ancla, y sus ojos se han nublado por el violeta. Él es un
Omega, un monstruo empeñado en tomar algo que nunca le perteneció.
Pero tú, Joseph. Tú no eres él. Nunca serás él, no importa cuánto
tengas que serlo para justificar tus acciones.
—¿No le dije a Joe exactamente lo mismo? —Le susurró Carter
a Kelly.
—No, —susurró Kelly—. Le dijiste que era un jodido idiota y
que querías irte a casa porque odiabas cómo los moteles olían a mierda
y remordimiento.
—Así que... casi lo mismo, entonces.
—Ellos lo entienden, —dijo Joe, sonando más enojado.
—¿Ellos? —Preguntó el brujo, aunque todos sabíamos muy bien
a quién se refería Joe.
—Ellos, —dijo Joe—. Ellos. Mi manada.
—Ah. Los que dejaste atrás. Dime, Joseph. Te enfrentas al 128
monstruo de tu juventud. Pierdes a tu padre. Te conviertes en un Alfa.
¿Y tu primera respuesta es desgarrar tu manada? —Negó con la
cabeza.
—Ox…
—Oxnard Matheson hará su parte, —dijo el viejo brujo,
08/2018
causándonos a todos congelarnos—. Se convertirá en lo que se supone
que es. La pregunta que queda es si harás lo mismo.
Joe descubrió sus dientes. —¿Qué sabes sobre Ox?
El brujo permaneció impávido. —Lo suficiente como para saber
que el camino en el que te has puesto se ha separado del suyo. ¿Es esto
lo que quieres? ¿Es esto lo que te propones? Porque si es así, entonces
has tenido éxito.
Los ojos de Joe comenzaron a sangrar. Antes de que pudiera
moverme, él se lanzó al anciano.
Apenas logró llegar a unos pocos pasos. El brujo levantó una
mano y el aire se onduló alrededor de sus dedos. Joe fue golpeado a
través de la habitación en sus hermanos. Todos cayeron al suelo con
los brazos y las piernas agitándose.
Negué con la cabeza.
El viejo brujo me sonrió. —Niños en estos días.
—Los estás hostigando.
Él se encogió de hombros. —Tengo que conseguir mis patadas
en alguna parte. No todos los días me visita la realeza.
Yo resoplé. —Realeza.
—La línea de Bennett es tan real como se puede.
—Supongo.
—¿Y tú? —Golpeó la mesa con los dedos—. Yo también estaba
hablando de ti.
Suspiré mientras los lobos graznaban, tratando de levantarse
empujándose unos a otros. —No es así. Ya no.
—¿No es así? —Me preguntó el brujo, no engañado. Él asintió
con la cabeza hacia los lobos—. La suya es una historia de padres e
hijos. La de Oxnard es lo mismo, o eso dicen los huesos. Y luego estás
tú. 129
Toqué las rosas debajo del cuervo en mi brazo.
—No es lo mismo.
—Lo es, Gordo, y cuanto antes te des cuenta, antes te darás
cuenta de todo tu potencial. Ya te has puesto en el camino correcto.
Has encontrado una manada de nuevo.
—¡Aléjate de mí, Carter! —Gruñó Kelly—. Jesucristo, eres 08/2018

pesado.
—¿Estás diciendo que soy gordo? —Gritó Carter—. Te haré
saber que a las mujeres les gusta cuando me acuesto encima de ellas.
—No somos tus mujerzuelas, —gruñó Joe.
—Espero que no. Estamos relacionados. Eso es asqueroso.
Además, solo desearías poder tener a alguien tan sexy como yo. ¿Y
quién coño dice mujerzuela? ¿Qué tienes, noventa y cuatro y revives la
gloria de tu juventud?
—¿Acabas de tirarte un pedo? —Chilló Kelly, sonando
horrorizado.
—Sí, —dijo Carter, y pude escuchar la sonrisa en su voz—. Los
burritos de microondas de la gasolinera no son tan buenos en mis
intestinos, al parecer.
—¡Bájate! ¡Bájate!
Gruñí, mi rostro en mis manos.
—Sí, —dijo el anciano mientras se reía—, definitivamente has
encontrado una Manada.
Solté mis manos y lo miré. Estaba sonriendo en silencio, con los
ojos clavados en la nada. —Necesitamos…
—Sé lo que necesitas, —dijo—. Y te ayudaré lo mejor que
pueda. Pero no puedes seguir así para siempre, Gordo. Ninguno de
vosotros puede. Si, al final, este esfuerzo resulta inútil, debes regresar
a Green Creek. Durante demasiado tiempo estuvo sin Alfa y lobos, y
solo un brujo para guiarlo. Y ahora el brujo se fue, junto con el Alfa.
Temo lo que pasará si persiste. Solo quedan unos pocos lugares de tal
poder en este mundo. El saldo debe mantenerse. Tú lo sabes mejor que
nadie.
—¿Escuchaste eso? —Dijo Carter—. ¡Nos dirá cómo matar al 130
malo!
—Eso no es lo que dijo, —murmuró Kelly.
Joe no habló.
Me volví para mirarlos. Todavía estaban en el suelo, los cuerpos
enredados juntos. Pero parecían... contentos. Más de lo que los había
08/2018
visto en mucho tiempo. Incluso Joe. Me preguntaba si habían olvidado
cuánto necesitaba tocar una manada, si necesitaban sentir el calor del
otro.
Era hora de que comenzaran a recordar eso.
Quizás era hora de que yo también lo hiciera.

AL FINAL, sabía que los lobos, al menos Carter y Kelly, estaban


decepcionados con la forma en que todo se desarrollaba. El viejo brujo
murmuró por lo bajo y luego giró la taza de madera. Los huesos se
derramaron sobre la mesa, aterrizando esparcidos casi sin sentido.
Nunca aprendí a leer huesos porque era una magia arcaica, más ligada
a la vista que la tierra como yo. Hubo momentos en que ni siquiera
creía en eso, pero el viejo brujo era una de las pocas que había
practicado, y me había quedado sin ideas. Tal vez resulte ser nada más
que hocus pocus sin sentido, pero...
Carter y Kelly se inclinaron ansiosamente sobre la mesa, mirando
los huesos como si revelaran todos los misterios del mundo. Parecían
idiotas.
Joe estaba en silencio a mi lado.
La vieja bruja entrecerró los ojos a la mesa.
—Esto es tan emocionante, —le susurró Carter a Kelly.
—No estoy seguro de lo que se supone que debemos mirar.
—Lo sé. Eso es lo que hace que esto sea tan emocionante.
—Huh. Bueno. Ahora estoy emocionado también.
El viejo brujo se sentó en su silla y dijo: —Fairbanks.
Lo miramos fijamente.
Nos miró sin vernos.
—Fairbanks, —dije lentamente. 131
—Las respuestas que buscas están en Fairbanks.
—Como, —dijo Kelly—, ¿como en Alaska? —Miró hacia la
mesa, tratando de ver lo que el brujo había visto.
—Realmente odio Alaska, —murmuró Carter, mirando los
huesos como si lo hubieran traicionado.
—¿Richard Collins está en Fairbanks? —Preguntó Joe. 08/2018

El viejo brujo lo miró bruscamente. —No dije eso. Dije que las
respuestas que buscas están ahí. Esto te pondrá en el camino correcto.
Comenzará a llevarte a casa.
—Casa, —respiró Kelly.
—Casa, —repitió el brujo.
Carter se apartó de la mesa. —¡Estupendo! Maravilloso.
Increíble. ¿Qué demonios estáis haciendo todavía de pie? Tenemos
que ponernos en movimiento. ¡Alaska, aquí venimos! —Ya había
recorrido la mitad de la puerta antes de girarse y volver a asomar la
cabeza—. Gracias. Tu ayuda es apreciada. Pero también, tal vez
consideres no colgar los esqueletos de la mascota de alguien de tu
techo. Es muy No-se-me-debería-confiar-cuidar-a-sus-hijos. Sólo una
sugerencia.
Y luego salió por la puerta.
Kelly se levantó para seguirlo. Hizo una pausa, mirándonos a Joe
y a mí antes de volverse hacia el viejo brujo. —Gracias, —dijo en voz
baja y luego fue tras su hermano.
—¿Cómo se supone que debemos saber que estás diciendo la
verdad? —Preguntó Joe.
—Joe, —le dije bruscamente—. No insultes…
—Está bien, —dijo el viejo brujo—. Él no me conoce. Es una
pregunta justa para preguntar.
—Pero…
—Gordo.
Crucé los brazos sobre mi pecho y los miré a los dos.
El brujo dijo: —No tienes que confiar en mí, Alfa. Yo no soy tu
manada. Vivo aquí, en este lugar, y sé cómo se ve. Cómo me veo. Pero 132
tengo una cierta... afición por los lobos. Siempre lo hice. —Se puso de
pie lentamente y se dirigió hacia una estantería de libros en la pared
del fondo. Tomó un gran volumen del estante del medio. Se giró y
volvió a la mesa, deslizando el libro hacia Joe.
Joe me miró. Sacudí mi cabeza hacia el brujo.
08/2018
Él tomó el libro.
La cubierta estaba hecha de cuero, roja y agrietada. Había una
hoja de oro descolorida tallada en ella.
Joe lo abrió lentamente.
Había sido vaciado.
En el interior, descansando sobre una tela azul oscuro, había un
pequeño lobo de piedra ornamentado.
—Su nombre era Arthur, —dijo el brujo en voz baja—. Me lo
dio cuando éramos jóvenes. Y vivimos y amamos hasta que un día, él
y toda nuestra manada fueron arrebatados por la furia de los hombres.
Les supliqué y les supliqué, pero mis palabras cayeron en saco roto.
Ellos... bueno. Dejaron a Arthur para el final. Logré escapar. Y
después, no supe nada más que venganza. Me consumió. Cuando
finalmente el último hombre cayó, ya no me reconocí a mí mismo. —
Extendió la mano y le pasó un dedo por la cara—. Yo era viejo. Y
todavía no me había permitido llorar. Me sentí vacío, Alfa. Y no
quedaba nada para llenar mi corazón vacío. Había quitado las vidas de
aquellos que nos habían perjudicado a mí y a los míos, pero estaba
solo. —Le quitó el libro a Joe, colocando su mano encima del lobo—.
Me siento aquí, día tras día, esperando la liberación. Esperando la
muerte. Porque sé que cuando mi corazón ya no lata, mi amado estará
esperándome, y aullaremos juntos en las estrellas. —Él se rió entre
dientes, sacudiendo su cabeza—. No puedes convertirte en mí. No
puedes dejarte consumir. Si lo haces, corres el riesgo de nunca
encontrar el camino a casa. Confía en un viejo brujo cuando dice que
entiende más que la mayoría. He amado a un lobo con todo mi
corazón. Lo sé, Alfa. Lo sé.
Joe asintió lentamente. Se dio la vuelta para irse pero se detuvo.
En cambio, fue hacia el viejo brujo y se arrodilló junto a su silla. 133
Levantó ambas manos y ahuecó la cara vieja ante él. Permitió su
medio cambio tomar forma, sus ojos ardían en la habitación oscura.
Sus garras rozaron la cara del hombre, pequeños pinchazos abollando
la piel. Un pequeño estruendo emanó de su garganta.
—Oh, —dijo el viejo brujo, suspirando feliz mientras cerraba los
08/2018
ojos—. Oh, oh, qué maravilloso es escuchar a un lobo de nuevo. Estos
viejos huesos están cantando. Gracias, Alfa. Gracias. —Volvió la
cabeza y besó una garra afilada.
Joe se levantó bruscamente y dejó la pequeña casa en la
ensenada.
El fuego estaba casi extinguido.
—Gracias, —dije en voz baja.
El viejo brujo se limpió los ojos. —Bah. He hecho mi parte.
Ahora debes hacer la tuya. Me temo que vuestro viaje está lejos de
terminar. Está Richard Collins, sí, y nunca podrá ser devuelto. Pero
hay gente mucho peor que él. No te dejes distraer.
—Mi padre.
—Sí, —susurró—. Richard Collins no es más que un arma,
franca y concentrada. Pero incluso uno como él puede ser manipulado.
Los monstruos siempre pueden. Tu historia no terminará con Richard
Collins. Me temo que hay más por delante, Gordo.
Asentí lentamente. Casi había llegado a la puerta cuando escuché
mi nombre decir otra vez.
No miré hacia atrás.
—Lo que le dije a Joe, era para ti también.
Mis manos temblaban.
—Un lobo necesita su ancla, sí. Pero también lo hace un brujo.
Has tenido tres en tu vida. Oxnard. Tu manada aquí. Pero antes de
ellos, había otro.
Me volví enojado. —No puede ser así de nuevo. No después
de…
—Solo porque no lo dejas. Llevas tanta ira en tu corazón, Gordo.
Como tu padre. Es todo lo que has conocido por mucho tiempo. Esos
chicos, ellos... te miran. ¿Harías que se convirtieran en el hombre que 134
eres ahora? ¿O el hombre que se supone que eres?
—Es mejor de esta forma.
—¿Para quién? —Se rió amargamente. Recogió los huesos en la
taza—. ¿Para ti? ¿O para Mark Bennett? Porque nunca he visto a un
lobo amar a otro tanto como a él. Ni siquiera Thomas y su compañera.
08/2018
Él te amaba. Él te amaba. Y tú lo dejaste. ¿Sabes lo que daría? Solo
por un día más con... —Se interrumpió con un sonido de asfixia. Sus
manos temblaron cuando derramó los huesos una vez más. Chocaron
sobre la mesa. No parecían nada para mí—. Está sucediendo, —
susurró.
—¿Qué ves?
Él miró hacia otro lado. —Está... oculto. La mayor parte. Los
huesos no son todo. Tú lo sabes tan bien como yo. No pueden ser todo.
—Dime.
El viejo brujo suspiró. —Serán probados, Gordo Livingstone. De
formas que aún no has imaginado. Un día, y un día antes, tendrás que
hacer una elección. Y temo que el futuro de todo lo que aprecias
dependerá de ello.
Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. —¿Qué elección?
Sacudió la elección—No puedo ver tan lejos.
—No es justo.
Él me miró con ojos ciegos. —Para los llamados, nunca lo es.
Me volví y salí de la casa.
Los lobos me observaron a través del parabrisas.
Flexioné mis manos.
Y luego caminó por el porche hacia la grava.
Estábamos a mitad de camino de entrada cuando los lobos
suspiraron como uno solo.
—¿Qué es eso? —Le pregunté.
Joe Bennett dijo: —Su corazón. Simplemente... se detuvo. Él
está….
Nos dirigimos al norte.
Joe no volvería a hablar hasta que nos encontremos cara a cara
con el cazador David King. 135

CRUZAMOS la frontera con Canadá nuevamente.


Se sentía... diferente, esta vez. Al igual que finalmente nos
dirigimos en la dirección correcta.
08/2018
Me preguntaba con qué frecuencia la esperanza se sentía como
una mentira.

MIRÉ HACIA abajo al cuervo de madera.


Cerré el bolsillo con cremallera antes de poder levantarlo.
Necesitaba enfocarme.

FUERA DE Fairbanks, Alaska, era el medio de un invierno


extrañamente templado. Parches de hierba verde se asomaban por la
nieve y el hedor a sangre rodeaba una cabaña en medio del bosque.
—Él estaba aquí, —dijo Carter, con los ojos encendidos—. Él
estuvo aquí.
—¿Se ha ido? —Le pregunté.
Kelly asintió. —Hay un latido dentro, pero es humano. Está
latiendo muy rápido. Como si estuviera asustado.
—Podría ser una trampa, —le dije, mirando la cabaña—.
Tenemos que movernos, maldita sea.
Carter ya se había ido hacia la cabaña.
Sus hermanos lo siguieron.
—Malditos idiotas, —murmuré, pero corrí tras ellos.
Carter ya había irrumpido por la puerta de la cabaña, haciendo
que se astillara y rompiera sus bisagras. Estaba medio cambiando, el
cabello le brotaba a lo largo de la cara a medida que crecían sus
colmillos. Kelly estaba justo detrás de él, más en control pero con los
ojos brillantes de color naranja. Un gran pájaro chilló sobre sus
cabezas cuando Joe golpeó el porche, los zapatos se partieron cuando 136
de sus pies brotaron de garras.
Estuve dentro de la casa solo unos segundos después.
Había sangre. Mucho de eso. Salpicó el suelo y las paredes. La
cabaña era una habitación grande, una cocina a la derecha y una sala
de estar/dormitorio a la izquierda. La pequeña mesa en la cocina había
08/2018
sido volcada. Las sillas habían sido vueltas. Un viejo futón yacía en
pedazos, el colchón hecho jirones y veteado de rojo.
Y allí, desplomado contra la pared, estaba un hombre desnudo.
Su pecho, torso y piernas habían sido cortadas. Tenía heridas
irregulares y abiertas que sabía que habían sido hechas con garras. Le
temblaba la respiración en el pecho y la piel que no estaba cubierta de
sangre estaba cubierta de sudor. Sus ojos estaban cerrados.
Richard Collins se había ido.
Carter y Joe merodearon alrededor de la cabaña, con las aletas de
la nariz ardiendo.
Kelly se arrodilló ante el hombre herido, estrechándole la mano
cuando se acercó a...
Los ojos del hombre se abrieron de golpe, levantando su mano
antes de que pudiéramos movernos y envolver la muñeca de Kelly.
Kelly cayó sobre su trasero, sorprendido por el movimiento repentino.
Sus hermanos estaban gruñendo, y yo…
—Lobos, —susurró el hombre—. Siempre son los lobos.
Y luego se desmayó.

LIMPIÉ y vendé sus heridas lo mejor que pude con lo que pude
encontrar en los restos de la cabaña. Kelly me ayudó a enderezar el
futón mientras Joe y Carter desaparecían en el bosque que rodeaba la
cabaña, para ver si podían captar el olor.
Kelly estaba agachado a mi lado, haciendo una mueca mientras
escurría un trapo sobre un recipiente de agua, ahora más rojo que
claro. —Él estaba aquí.
—Sí, —murmuré, tirando la tela al suelo.
—¿Por qué? 137
—¿Por qué, qué?
—¿Por qué estaba aquí? ¿Quién es este hombre? ¿Por qué
Richard lo querría?
Señalé una marca en el pecho del hombre, cerca de su hombro
derecho. Había sido dividida en el medio, pero todavía podía ver su
08/2018
forma. El diseño. La tinta en su piel.
Kelly lo miró con los ojos entrecerrados. —¿Es eso... una...
corona?
—Es un sigilo. La marca de un clan.
Kelly respiró profundamente. —¿De cazadores?
—Sí.
—¿Por qué lo estamos ayudando? ¡Él quiere matarnos!
—Dudo que pueda hacer gran cosa en este momento. Apaga los
ojos, niño.
Kelly apretó los dientes, pero el naranja se desvaneció a su azul
natural. No estaban tan congelados como los de su tío, pero estaban
cerca.
Desvié la mirada.
—¿Lo sabes?
Suspiré. —Lo hago.
—¿Y?
—No es importante. Todos se han ido ahora. Él no es más que un
casi atípico. Probablemente se salió cuando él tenía tu edad. —Porque
no lo reconocí. No había sido uno de los cuerpos tendidos en el suelo
mientras yo caminaba por el bosque, Mark débil y roto a mi lado. Si lo
hubiera sido, si hubiera encontrado que aún respiraba, le habría puesto
las manos sobre la boca y la nariz y...
—¿Gordo?
Kelly estaba mirándome, una expresión extraña en su rostro. Me
di cuenta de lo tenso que estaba. No podía dejar que me viera así.
Ahora no. No cuando…
—Ve a ver a tus hermanos. A ver si necesitan tu ayuda.
—Pero…
—Kelly. 138
Él me gruñó pero se levantó e hizo lo que le dije. Empujó contra
la puerta inútil, las bisagras crujieron, la madera se astilló aún más. Le
oí aullar cuando salía de la casa, y hubo una explosión de
HermanoManadaDonde antes que Carter cantara aquíaquíaquí desde
algún lugar en el bosque.
08/2018
Pasé una mano por mi cara y volví a mirar al hombre.
Sus ojos estaban abiertos.
—Lobos, —susurró—. Lobos, lobos, lobos.
—Oye, —le dije bruscamente antes de que él pudiera ponerse
más nervioso—. Oye. Mírame. King, mírame.
Eso lo atrapó. Sus ojos se abrieron brevemente cuando giró su
cabeza hacia mí. —¿Quiénes son...? —Tosió débilmente—. ¿Quién
eres tú? ¿Cómo sabes mi nombre?
—El tatuaje en tu pecho. La marca de tu clan.
—Una vida anterior.
—Me imaginé tanto.
Él parpadeó lentamente. —No eres un lobo.
—No.
—Tus brazos están brillando.
—Tienden a hacer eso.
—Eres un brujo.
—Astuto, para un cazador.
Sus dientes estaban ensangrentados cuando sonrió.
—Te lo dije. Esa era una vida pasada.
—¿Estuvo aquí?
King cerró los ojos. —La bestia. Sí. Sí. Él estaba aquí.
Mierda. Debemos haberlo perdido por una hora. Tal vez menos.
Por lo que sabía, todavía podría estar en algún lugar cercano.
Necesitaba más. Recordé las palabras de mi padre y murmuré en voz
baja, una mano extendida sobre el cuerpo de King. Una marca en mi
muñeca izquierda se encendió y cobré algo del dolor, la agonía, el
dolor del cazador y dentro de mí. Hice una mueca ante la nitidez de la
misma, la forma en que enrolló mi brazo y en mi pecho y el intestino,
moviéndose como la lava fundida. Si él viviera, sería lento por un 139
tiempo.
—Ahhh, —dijo, relajándose en el colchón hecho trizas—. Eso
es… eso es bueno.
—No es mucho, —le advertí—. Y no es permanente.
—Está bien. Dolor significa que estoy vivo. Probablemente no
08/2018
gane ningún concurso de belleza, pero si me duele, significa que
todavía estoy aquí.
—Richard Collins.
Sus ojos se abrieron de nuevo. Estaban más claros de lo que
habían sido antes. —Vino por mí. Pensé... me volví perezoso. No miré
demasiado sobre mi hombro. Habían pasado años desde... —Negó con
la cabeza—. Ni siquiera lo escuché venir.
—Sabes por qué vino.
—Sí.
—Por lo que hizo tu clan.
—Sí.
—Los lobos afuera. ¿Sabes quiénes son?
—¿Importa?
—Bennett. Todos ellos. Y yo soy Gordo Livingstone.
Él se levantó y se movió incluso antes de decir mi nombre. Se
movió rápidamente para un hombre tan herido. No sabía de dónde
venía el cuchillo, pero brilló hacia mí. Pero había estado corriendo con
lobos por tres años, y no era el hombre que solía ser.
Él trajo el cuchillo hacia mí cuando puse mi antebrazo debajo de
su muñeca. Golpeó la trayectoria del cuchillo hacia arriba y sobre mi
hombro. Le di un golpe en la cara con el revés y luego alcancé hacia
atrás, agarrando su muñeca y girándola justo antes del punto de
romperla. Gruñó cuando el cuchillo cayó al suelo detrás de mí. Lo
empujé de vuelta a la cama.
Su pecho estaba agitado mientras me miraba con los ojos muy
abiertos.
—Eso fue grosero, —le dije suavemente.
—No tuve ninguna parte en lo que le pasó, —dijo en tono de
pánico—. Ya había sido rechazado por mi clan de antemano. 140
—¿Por qué fuiste rechazado?
—Porque no pude hacerlo. No lo pude, no podía matar. —Cerró
los ojos con fuerza—. Un cazador que no puede matar es inútil. Mi
padre no pudo soportar verme. Se volvió hacia mi hermano Daniel en
su lugar. Y luego siempre estaba mi hermana. Ella…
—¿Quién es tu hermana? —Luego—, Oh, Jesús… 08/2018

—Meredith King. Elijah.


Envolví mi mano debajo de su barbilla, los dedos y el pulgar
clavándose en sus mejillas. La sangre y el sudor hicieron que mi agarre
se volviera resbaloso, pero me mantuve firme. Mis dientes quedaron al
descubierto cuando me incliné tan cerca de su rostro que nuestras
narices se rozaron. —Podría matarte ahora mismo y nadie me
detendría. Tu familia mató a la mía. Dame una buena razón por la que
no debería romperte el cuello aquí mismo.
—No tengo una familia, —dijo, rompiendo la voz—. Y no
importa. Ya no. Si él me encontró una vez, podría encontrarme de
nuevo. Si no eres tú, entonces será él. O esos niños por ahí. No he
tenido nada que ver con mi familia en décadas, pero todavía soy un
King. Nunca podré escapar de eso.
Apreté más fuerte. Sería tan fácil. Todo lo que tendría que hacer
era girar la mano hacia la derecha, y su cuello explotaría y...
—Gordo.
Cerré mis ojos.
—Gordo, déjalo ir.
—No sabes quién es él. Lo que su familia ha hecho.
Había una mano en mi hombro. —No lo sé. Pero esto no es lo
que eres.
Me reí con amargura. —No sabes lo primero de mí.
El agarre en mi hombro se tensó. —Yo soy tu Alfa. Te conozco
mejor de lo que crees.
—Maldito seas, —suspiré, dejando que la cara de King se
escapara de mi alcance. Él jadeó, sus hombros temblaban mientras caía
sobre mi trasero.
Joe Bennett estaba parado sobre mí. Sus hermanos estaban en la 141
puerta detrás de él, mirando. Esperando.
El Alfa se inclinó sobre el cazador.
Los ojos de King estaban muy abiertos.
Los de Joe eran rojos.
—¿Sabes quién soy? —Preguntó Joe en voz baja.
08/2018
King no habló. Él solo asintió.
—Bien. Mi brujo te ha ayudado. Te haré el favor de dejarte vivir.
Pero solo porque pido un favor a cambio.
—¿Qué?
—Oxnard Matheson. Green Creek. Vas allí. Y le dices que dije
"todavía no".
Los lobos suspiraron en la puerta.
—¿Lo entiendes, cazador?
—S-sí. Sí.
—Repítelo de nuevo.
—Oxnard M-Matheson. Green Creek. Aún no. Aún no. Aún no.
—Bien. —Joe se puso de pie, sus ojos se desvanecieron—.
Quédate aquí hasta que puedas moverte nuevamente. Richard no
regresará.
—¿Cómo lo sabes?
Joe sonrió violentamente. —Porque él sabe que estoy justo detrás
de él.
Y luego dio media vuelta y se alejó, empujando a sus hermanos y
dejando atrás la cabaña. Carter y Kelly lo siguieron un momento
después.
Me levanté, sacudiéndome los vaqueros.
King dijo: —Escuché, escuché que Thomas Bennett se había ido.
Contemplé levantar su cuchillo del piso y meterlo en su pecho.
—¿Y?
—Nunca he conocido un Alfa antes. Él es fuerte. Más fuerte de
lo que jamás haya visto un lobo.
—Es solo un niño, —murmuré.
—Tal vez. Pero de eso se trata todo esto, ¿no es así? Poder. 142
Siempre lo ha sido.
Yo he terminado aquí. Me volví y me dirigí a la puerta.
Luego, —Livingstone.
Suspiré. —¿Qué?
—No todos murieron.
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Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Me giré lentamente para
mirarlo. Su piel estaba pálida, y me pregunté si alguna vez llegaría a
Green Creek para darle el mensaje de Ox el Alfa.
—¿Cuáles no murieron?
Él tosió. Parecía mojado. —Cuando vinieron por Abel Bennett.
La manada. Green Creek. No todos murieron. Algunos se arrastraron
lejos. Algunos corrieron. Pero otros... observaron desde los árboles.
—Elijah.
Él sonrió débilmente. —Ella vendrá. Cuando menos te lo
esperas. Y si crees que la bestia es lo peor en este mundo, no has visto
nada todavía.
—¡Gordo! —Gritó Carter desde la carretera—. ¡Tenemos que
movernos!
—No mueras, —le dije a King—. Tienes trabajo que hacer.
Y luego di vuelta y seguí mi manada.
ÉL MURIÓ.
Meses después, cuando nos dimos cuenta de que las muertes
volvían en círculos hacia su hogar. Hacia Green Creek y aquellos que
habíamos dejado atrás.
Él murió.
Lo que quedaba de él estaba en pedazos. Al final, Richard
Collins lo encontró en un motel en Idaho. Su cabeza cortada fue
encontrada en la cama. Un contacto me había enviado las fotos.
Las palabras fueron escritas con sangre en la pared.
OTRO REY CAIDO1
Joe aulló durante horas esa noche.
143
CUANDO SALIÓ el sol a la mañana siguiente, todos
escuchamos su voz susurrando en nuestras cabezas.
Dijo hogar y hogar y hogar.
08/2018

1
Esta frase tiene doble significado, se refiere a otro King, que es el apellido del cazador, y
a como Richard Collins llamó a Thomas Bennett, 'el rey caído'
cuatro cosas / siempre para ti

TENÍA TRECE años cuando besé a Mark Bennett por primera


vez.
Un mes después, los cazadores vinieron y mataron a la mayoría
de nuestra manada. 144
Las cosas no fueron lo mismo después de eso.

CONFUNDIÓ a muchas personas.


Cómo un grupo de hombres podría ser asesinado por un grupo de 08/2018
animales salvajes.
Los hombres no pudieron ser identificados.
Osos, dijeron. Tal vez fueron osos.
Pero nunca se encontraron animales, osos u otros.
Se convirtió en leyenda más que nada.
En un año, la gente hablaba de ello cada vez menos.

BESÉ a Mark Bennett por segunda vez cuando tenía quince años.
Elizabeth estaba embarazada de otro hijo.
Carter estaba caminando y hablando.
Thomas Bennett todavía tenía una mirada embrujada sobre sus
ojos rojos, pero aceptó sus responsabilidades como el Alfa de todos.
Muchos hombres vinieron a Green Creek. Lobos. Desde el este
hacia atrás.
Siguieron a Osmond, quien se inclinó reverentemente cada vez
que Thomas estaba delante de él.
—Es un hombre extraño, —me dijo Thomas una vez.
—Él es un besa-culos —me burlé.
Los labios de Thomas se crisparon. —Eso también.
—No me gusta.
—No lo digas.
Y eso fue eso.

RICHARD se fue.
Se fue poco después de que llegaron los cazadores.
Eso lastimó a Thomas casi tanto como la pérdida de su manada, 145
aunque no lo dijo en voz alta.
Lo sabía, sin embargo. Él era mi Alfa, y yo sabía.

MARK TENÍA dieciocho. Lo besé porque quería y porque lo


08/2018
necesitaba.
Él me devolvió el beso brevemente. Traté de profundizarlo, pero
él no me lo permitió.
—Eres joven, —dijo, con los ojos parpadeando de color naranja
como si estuviera tratando de mantener el control—. No puedo hacer
esto. Aún no.
Lo empujé lejos y caminé hacia el bosque.
Él no me siguió.

—OYE, —DIJO RICO mientras el clamor del comedor se


elevaba a nuestro alrededor—. Mira. Gordo. Hemos estado hablando.
Levanté la vista para verlos a todos mirándome, Rico, Tanner y
Chris.
Casi me levanto y me voy. En cambio, dije: —Ni siquiera quiero
saber.
—Sí, —dijo Chris—. Pensamos que ibas a decir eso.
—Entonces esta es una intervención, —dijo Tanner—. Pero con
amigos. —Frunció el ceño—. Una amigo-tervención.
—Detente, —le dije—. Por favor.
Pareció aliviado.
—Hemos estado hablando, —repitió Rico—. Y ahora tenemos
que hablar contigo.
—¿Acerca de qué?
Chris se inclinó hacia mí desde el otro lado de la mesa. Él no
pareció notar que su codo estaba en sus macarrones y queso.
—Amor.
Los odiaba mucho. —Amor.
Rico asintió. —Amor, papi. 146
—Amor, —agregó Tanner, completamente necesario.
—¿Qué pasa con el amor? —Pregunté, incluso entonces,
dándome cuenta de lo ridículo que sonaba.
—Tu amor por las erecciones.
Me pregunté si podría salirme de esta haciendo que la tierra se
08/2018
abriera debajo de ellos y se los tragara a todos. Tendría que actuar
angustiado, por supuesto, y tal vez incluso llorar un poco por la
pérdida de mis amigos. Pero valdría la pena—. Rico. De. Qué. Mierda.
Estás. Hablando.
—Te gusta el pene, —dijo Rico sabiamente—. Como me
encantan las tetas.
Chris asintió.
Tanner dijo: —Tengo macarrones en mi codo.
—Os odio a todos, —les dije—. No tenéis idea.
—Chris, —dijo Rico.
Chris sacó una libreta. La abrió y la agitó en mi cara.
—He anotado diecisiete instancias en las que estabas mirando a
Mark con una expresión tonta en la cara. Tengo fechas, horarios y
todo.
—Se suponía que yo debía escribirlo, —dijo Tanner—, pero mi
letra es terrible.
—Lo peor, —dijo Rico—. Parece griego antiguo.
—¿De qué demonios estás hablando? —Les gruñí.
—Amas a Mark, —dijo Chris, entrecerrando los ojos en su bloc
de notas—. La semana pasada. Sábado. Tres treinta y siete de la tarde.
Calle principal. Mark pasó por la ventana del comedor con una amiga,
y Gordo suspiró soñadoramente antes de preguntar quién era la chica y
por qué estaba tan cerca de Mark.
—No hice nada de eso.
—Dijiste que pensabas que ella probablemente era una perra que
quería meterle las garras, —dijo Tanner, secándose el codo—. Garras,
Gordo.
—Podríamos continuar, —dijo Rico, arqueando una ceja hacia
mí. 147
—Por el amor de Dios, —murmuré.
—¡Chris!
—Hace dos semanas. Martes. A las cinco cuarenta y seis de la
tarde. Donde Marty. Mark trajo la cena de Gordo, y Gordo le hizo
CLM.
—¿CML? 08/2018

—Chúpame la cara, —dijo Rico—. Es una mirada que pones


cuando Mark se queda cerca de ti como si quisieras decirle que te
chupe la cara.
Nos castigaron durante tres días después de que empecé una
pelea de alimentos cuando arrojé mi caja de leche a la cabeza de Rico.
Si explotó antes de golpearlos y empapó a los tres con mucho más
líquido de lo que debería haber habido en esa pequeña caja de cartón,
bueno. Nadie necesitaba saber eso, excepto yo.

—NO QUIERO chuparte la cara, —le dije a Mark más tarde.


Él parpadeó. —¿Qué?
Le fruncí el ceño. —Nada. Bien. Lo que sea. ¿Cómo está
Bethany?
Él sonrió, lento y seguro. —Bien. Ella está bien. Dulce niña.
—Genial, —dije, levantando mis manos en el aire mientras me
alejaba—. Bien. Eso es simplemente genial.
Él rió, rió y se rió.

COSAS ESTABAN sucediendo. Cosas de las que no estaba al


tanto. No siempre fui invitado a reuniones con Thomas y Osmond y
los lobos del este del país. Demonios, ni siquiera estaba seguro de
dónde estaba exactamente Este. Pero a pesar de que a veces escuchaba
la voz de mi madre en mi cabeza, confiaba en Thomas. Confié en él
para saber qué hacer. Lo que significaba ser un Alfa, tener una
manada.
No debería haberlo hecho. 148

MARTY DIJO, —Oh hombre. Eso es... eso no se siente bien.


Y luego colapsó en el medio del garaje.
Lo alcancé primero.
08/2018
Su piel estaba resbaladiza por el sudor.
Su respiración era errática.
Terminó en el hospital por un par de semanas después de que
pusieron un stent en su arteria.
—Un globo, —me dijo, con aspecto gruñón cuando una
enfermera revoloteó a su alrededor. Él frunció el ceño y trató de que
ella lo dejara en paz, pero ella le dijo que había tratado con cosas
mucho peores que las suyas—. Me metieron un maldito globo, volaron
y luego pusieron un stent. Ayuda a que el teletipo siga traqueteando.
—Hizo una mueca—. Aparentemente tengo que hacer algunos
cambios en la dieta. —No parecía muy feliz con eso.
—No más comida del restaurante, —le dije en serio.
—No más comida del restaurante, —dijo con tristeza.

CUATRO COSAS sucedieron durante mi decimoquinto año.


Cuatro cosas que cambiarían para siempre la forma en que vi el
mundo.

LA PRIMERA COSA.
Thomas me llamó a su oficina. Elizabeth estaba durmiendo
arriba. Mark estaba... No sabía dónde estaba Mark. Probablemente con
Bethany. Osmond y los lobos del este se habían ido por días. La casa
estaba en silencio, como a mí me gustaba.
Entonces, cuando Thomas me llamó a su oficina, no esperaba
nada serio.
Me hizo un gesto para que cerrara la puerta detrás de mí. Lo hice,
y me senté frente a donde estaba sentado en el escritorio de su padre. 149
—Gordo, —dijo con cariño—. ¿Cómo estás?
—Bien, —dije—. Pero tal vez puedas cortar la mierda.
Él arqueó una ceja hacia mí.
Me encogí de hombros.
—¿Recuerdas cuando estabas asustado de mí? —Destelló sus
08/2018
ojos y chasqueó los dientes.
Me reí. —Solo era un niño.
—Todavía eres un niño.
—Tengo quince años, —dije, hinchando mi pecho un poco.
—Así es. Y un dolor en mi culo.
—Me amas.
—Sí, —dijo, y aunque no lo dije, sus palabras me llenaron de tal
orgullo que casi me dejó sin aliento. Él sonrió, sin embargo, porque lo
sabía. Él siempre supo—. Por eso te traje aquí. Necesitamos hablar. De
hombre a hombre
Eso sonaba bien para mí. Asentí. —Estoy de acuerdo. Es hora de
hablar hombre a hombre.
—Me alegra escucharlo. ¿Cuáles son tus intenciones con mi
hermano?
El sonido que hice me perseguiría en los años venideros. Además
del hecho de que empecé a chisporrotear y de que la saliva se
disparaba en su escritorio, me sorprendió que no me echara de allí en
ese momento.
Él no lo hizo, sin embargo. Simplemente se sentó allí, dejándome
ahogar, luciendo divertido.
—¿De qué estás hablando? —Conseguí decir.
—Mi hermano, —dijo lentamente, como si yo fuera un idiota. Lo
cual, para ser justos, no estaba ofreciendo ninguna evidencia de lo
contrario—. ¿Cuáles son tus intenciones?
—¿Mis intenciones? ¿Qué eres? Oh, Dios mío, no puedes
simplemente, Thomas.
—Qué curiosas son tus reacciones ante la mera mención de
Mark.
—No lo has mencionando. Has preguntado mis intenciones. 150
—Bien, —dijo fácilmente—. Mis disculpas.
—¡Demonios, tengo tus disculpas! ¿Qué estabas pensando?
—Que eres su compañero. Y que lo has besado. Dos veces.
—¡Ese idiota! —Grité—. ¿Cómo va y te dice...?
—Te trajo regalos.
—Animales muertos. 08/2018

—Bastante anticuado, pero tiene un alma vieja. Siempre ha sido


así. Y conoces las tradiciones de los lobos, Gordo. Has estado en la
manda desde que eras un niño.
—Voy a asesinarlo, —le prometí a Thomas—. Lo siento si amas
a tu hermano, pero voy a golpearlo con botas de punta de plata.
—¿No debería haberme dicho?
Yo farfullé más. Siguió por un buen, largo minuto.
—Estoy aquí como tu Alfa, —dijo Thomas, finalmente
sacándome de mi miseria—. Y recibí una solicitud formal de uno de
mis Betas.
Gruñí y me dejé caer en mi silla.
Thomas puso su mano sobre mi cabello. Se sintió bien. Como en
casa. —No cambies nunca, Gordo, —dijo en voz baja—. Pase lo que
pase, quédate como estás. Eres una criatura maravillosa, y estoy muy
feliz de conocerte.
Suspiré. Cuando hablé, mi voz estaba ligeramente amortiguada.
—Me gusta él.
—Eso espero.
—Pero él dice que tenemos que esperar.
—Está eso, sí. Tienes quince años. Él es tres años mayor que tú.
Nada... inconveniente debería ocurrir hasta que seas mayor de edad.
Levanté la cabeza y lo miré. —Tú tenías diecisiete años cuando
conociste a Elizabeth. Ella tenía quince años.
—Y solo hice saber mis intenciones, —dijo—. Nada más. Porque
reclamar a uno como compañero es una solicitud. Siempre hay una
opción. Tuve mucha suerte de que ella me eligió, al final.
—¿No te dijo esta mañana que si te volvieras a acercar a ella con
tu pene, ella te arrancaría la cara? 151
Él sonrió. Fue deslumbrante de ver. —Está embarazada de nueve
meses. Ella puede decir lo que quiera. Y si quisiera arañarme la cara,
la dejaría.
Suspiré. —Me gusta tu cara donde está.
—Gracias, Gordo.
—Mark, ¿eh? 08/2018

Thomas se encogió de hombros. —Si te hace sentir mejor, estaba


muy nervioso cuando vino a verme.
—¿Nervioso? ¿Por qué?
Thomas extendió sus dedos sobre el escritorio, trazando
cicatrices en la madera—. Mark es... él se preocupa. Profundamente.
Por su manada. Por su Alfa. Por ti. Y ahora que él será mi segundo...
—¿Qué pasa…?
—Richard hizo su elección, —dijo Thomas, un borde en su
voz—. Él... él no entendió. No entiende. Y no puedo encontrarle la
culpa a eso. Es... él necesita encontrar su propio camino. Y espero que
algún día, nuestros caminos se crucen de nuevo. Lo recibiré en casa
con los brazos abiertos y lo abrazaré como a mi hermano. Si eso no
sucede, no puedo encontrarle culpa a él por ello. Perdió mucho ese día.
Como todos nosotros. La pena... tiende a cambiar personas, Gordo.
Como bien sabes.
Asentí con la cabeza, sin confiar en mí mismo para hablar.
—Pero Mark será un buen segundo. Él es valiente y fuerte. Un
muy buen lobo, si lo digo yo mismo. Vaya, dudo que haya un lobo
mejor en cualquier otra manada por ahí...
Entonces dije:
—¿Estás tratando de vender a tu hermano?
El Alfa de todos suspiró. —Desearía que no lo dijeras así.
—Porque parece que estás tratando de vender a tu hermano, a mí.
—¿Está funcionando?
Me dejé caer en mi asiento.
—No. Tal vez.
—No tienes que aceptar, —dijo Thomas—. Mark nunca te
obligaría. No lo permitiría. Eres joven todavía. Hay un mundo amplio 152
para explorar. Solo te pido que no... le des falsas esperanzas a Mark,
sea cual sea tu decisión. Si necesitas tiempo, díselo. Si no sientes lo
mismo, dilo. Eres tu propia persona, Gordo. Nunca serás definido
únicamente como el compañero de un lobo.
—¿Pero qué le sucede a Mark si digo que no?
Thomas sonrió. —Estará molesto, pero aprenderá a vivir con eso. 08/2018

Y un día, puede haber otro que llame su atención y le hable a su lobo


como lo haces.
—Probablemente va a ser Bethany, —murmuré.
—Posiblemente.
Lo miré fijamente. —Ella es horrible.
—¿Oh? Ella me pareció bastante amable.
—¿Qué? ¿La conociste? ¿Cuándo? Por qué? Mark te la trajo, y
ahora te estás riendo de mí. Nunca la conociste, ¿verdad?
—No.
—Te odio.
Su sonrisa se ensanchó.
—Oh, cómo tu corazón acaba de demostrar que era una mentira.
Eso me hace feliz, Gordo. Mi pequeño brujo.
Amaba a Thomas Bennett.
YO DIJE: —Aquí está la cosa. Si digo que sí, no me tienes. Tú
no me controlas. No tienes que decirme qué hacer. Soy el brujo del
Alfa Thomas Bennett. Soy mi propio hombre. Puedo freír el pelo de
cada parte de tu cuerpo con un solo pensamiento. No puedes tratarme
como si fuera débil o frágil. Si tenemos que luchar un día, lo haremos
al lado del otro. Y me reservo el derecho de cambiar de opinión.
Especialmente si vas a ser amigo de Bethany, porque ella es la peor de
todas. —Tomé aliento y lo dejé salir lentamente—. Está bien, ¿cómo
fue eso?
Elizabeth me miró con los ojos muy abiertos, su mano sobre su
estómago hinchado.
Carter se sentó a sus pies, royendo bloques de madera. Me saludó 153
con una mano gordita.
Elizabeth dijo: —Creo... eh. Creo que eso fue mucho mejor de lo
que le dije a Thomas. Y-oh. Oh. —Ella hizo una mueca, con el labio
inferior aspirado entre sus dientes.
—¿Estás bien? —Pregunté, en pánico. Thomas y Mark estaban
08/2018
en la ciudad, y me habían pedido que velara por Elizabeth.
—Sí, —dijo Carter, con la voz alta y dulce—. ¿Bien?
—Está bien, —dijo ella—. Más que bien. Este es... activo. Aquí,
Gordo. Siente.
Me moví lenta y cuidadosamente, asegurándome de evitar los
deditos y dedos de los pies debajo de mí. Carter se agarró a mi pierna,
mordiéndome los pantalones y gruñendo en voz baja.
Elizabeth tomó mi mano y la colocó contra su vientre.
Al principio, no había nada.
Entonces...
Un empujón hacia atrás contra mi palma y mis dedos. Un pulso
de algo bajo y feliz. Mis tatuajes llamearon a lo largo de mis brazos.
—¿Eso es...? —Pregunté con asombro.
—Él te conoce, —dijo, con una sonrisa tranquila en su rostro—.
Él sabe que su manada lo está esperando.
AL FINAL, no fue como lo planeé.
No dije todo lo que había practicado con Elizabeth.
Mark entró por la puerta, seguido por su hermano, y yo dije:
—El bebé me tocó e hizo brillar mi magia, y fue raro porque sé
que se supone que es algo maravilloso, pero creo que fue mi culpa
porque estaba practicando diciendo que si me dabas tu lobo, lo
tomaría, pero soy un brujo, podría neutralizarte ahí donde estás ¿me
entiendes? Y…
Mark Bennett me tomó en sus brazos, y allí me quedé por mucho
tiempo.

LA SEGUNDA cosa.
154
—Ella quiere verte ahora, —dijo Thomas. Parecía cansado, y su
cabello sobresalía en todas direcciones, pero sus ojos brillaban.
Él mantuvo abierta la puerta para mí.
La luz se filtraba desde la gran pared de ventanas que se abría al
08/2018
bosque detrás de la casa Bennett. El cielo arriba era gris. Pequeñas
gotas de lluvia salpicaron contra el vidrio, cayendo. El olor a sangre
era espeso en el aire. Debajo de nosotros, los lobos se movieron por
toda la casa. Osmond y otros del este, aquí para ayudar a Elizabeth a
través del nacimiento de su segundo hijo.
Ella estaba sentada apoyada contra almohadas en la cama. Estaba
pálida y su cabello recogido flojamente. Ella no usaba maquillaje, y
había círculos oscuros debajo de sus ojos, pero no pensé que alguna
vez se hubiera visto más hermosa.
—Hola, —dijo ella—. ¿Te gustaría conocer al miembro más
nuevo de nuestra manada?
Él yacía acunado en sus brazos, metido con fuerza en una manta
azul oscuro. Él llevaba una gorra sobre su cabeza. Su piel era rosada y
arrugada. Sus ojos estaban cerrados, y se movió un poco. Su boca se
abrió, luego se cerró, se abrió y luego se cerró.
Elizabeth dijo: —Su nombre es Kelly.
—Kelly, —susurré con asombro.
Me incliné y lo besé en la mejilla. Le dije en voz baja que estaba
muy feliz de conocerlo. Que tuvo mucha suerte de tener a los padres
que él tenía. Que siempre lo mantendría a salvo, no importa qué.
Thomas nos miró desde la puerta, siempre el orgulloso Alfa.

LA TERCERA cosa fue... Debería haberlo visto. Debería haberlo


visto venir.
Debería haber sabido.
Porque nada dura para siempre.
Mi madre.
Mi padre. 155
Mi manada tomada de manos de cazadores.
Debería haber sabido que todo lo demás me sería quitado
también.
Pero no esperaba que fuera por Thomas Bennett.
08/2018

KELLY TENÍA cuatro meses cuando Osmond llegó a la casa


otra vez en una tarde ventosa.
Desapareció con Thomas en la oficina, Mark cerró la puerta
detrás de ellos. Los Betas de traje oscuro se encontraban fuera de la
casa junto a SUV anodinos.
Elizabeth frunció el ceño mientras cuidaba a Kelly.
Carter estaba durmiendo en su habitación, con la puerta abierta.
Elizabeth dijo: —Gordo, por favor. Una palabra.
El aire se sintió cargado. Algo estaba sucediendo.
Me puse delante de ella, un paño sobre Kelly y su pecho.
Ella dijo: —Necesito que me escuches. ¿Puedes hacer eso?
—Sí.
—Pase lo que pase, lo que sea que se decida, debes recordarlo.
Siempre serás nuestra manada. Siempre nos pertenecerás, tanto como
nosotros te pertenecemos. No importa qué. Eso nunca cambiará.
Me picaba la piel Los pelos de mi cuello se erizaron.
—No entiendo.
—Sé que no. Pero te amo. Thomas te ama. Mark te ama. Eres el
brujo de los Bennett, y siempre lo serás.
—Qué estás...
—Gordo.
Giré mi cabeza.
Mark estaba en la puerta abierta de la oficina de Thomas. Él
parecía furioso. Sus ojos parpadeaban entre el fuego y el hielo. Las
puntas de sus dedos eran puntiagudas y afiladas.
Él dijo: —Thomas necesita hablar contigo.

AL FINAL, fue simple.


156
Thomas Bennett era el Alfa de todos, tal como su padre había
sido antes que él.
Green Creek había sido un refugio seguro escondido del resto del
mundo.
08/2018
Le dieron tiempo para sanar. Para recoger los pedazos de su
manada destrozada. Para recuperarse una vez más para poder hacer lo
que debe. Él era un líder, y era hora de que él guiara.
Lo que significaba irse de Green Creek.
Ir hacia el Este.
—¿Pero qué hay de la escuela? —Exigí, sintiéndome ligeramente
histérico—. Y mis amigos. ¡Y el garaje! No puedo simplemente dejar
todo...
Thomas dijo: —No lo harás.
El silencio cayó.
Thomas me miró desde el otro lado de su escritorio.
Mark caminaba enojado detrás de nosotros.
Osmond me miró con suavidad desde cerca de la ventana.
Pero solo tenía ojos para mi Alfa. —No puedo dejar todo…
Thomas dijo: —Green Creek necesita protección. Y te confiaré
esa protección. Por eso, Gordo, te quedarás. Aquí. En Green Creek.
Parpadeé. —¿Qué quieres decir? Creí que dijiste que la manada
se estaba yendo.
Se sentó en su silla. —Lo hará. Elizabeth. Mis hijos. —Sus ojos
parpadearon sobre mi hombro—. Mark. Todos nosotros. Pero te
quedarás.
—Me estás dejando.
Él me alcanzó a través del escritorio.
Empujé mi silla hacia atrás rápidamente, así que estaba fuera de
mi alcance.
Eso lo lastimó. Pude verlo claro en su rostro.
Bien. Esperaba que doliera mucho.
—Gordo, —dijo, y nunca había sonado así al decir mi nombre,
como si me suplicara—. Esta no fue una decisión tomada a la ligera. 157
De hecho, es una de las decisiones más difíciles que he tenido que
hacer en mi vida. Y tienes todo el derecho de estar enojado conmigo,
pero necesito que me escuches. ¿Puedes hacer eso por mí?
—¿Por qué? —Pregunté, mi labio se curvó en una mueca
burlona—. ¿Por qué diablos debería escuchar todo lo que tienes que
08/2018
decir? Me dijiste que la manada se iba pero que yo no. Obviamente eso
significa que no soy tu... espera. Espera un maldito minuto. —Cerré
los ojos, mis manos se curvaron en puños a los lados—. ¿Cuánto
tiempo hace que lo sabes?
—Yo no…
—Elizabeth. Justo ahora, ella me dijo, ella lo sabía. Que estaba
pasando. Ella no solo escuchó. —Abrí los ojos. La cabeza de Thomas
estaba inclinada. Miré por encima de mi hombro a Mark. Él no me
miraría—. Todos sabían. Todos y cada uno de vosotros. —Asentí con
la cabeza hacia Osmond—. Es por eso que has venido aquí. Has
estado... qué. ¿Planeando esto? ¿Cuánto tiempo?
—Hace un tiempo, —dijo Osmond—. Estábamos esperando que
Kelly naciera antes…
—Osmond, —advirtió Thomas.
—Tiene derecho a saber, —dijo Osmond, furiosamente calmado.
—Estás jodidamente en lo cierto, lo hago, —les gruñí—. ¿Cómo
podrías pensar en dejarme atrás? ¿Qué he hecho para hacerte...?
—Eres humano, —dijo Osmond.
Mark gruñó enojado. —No puedes...
—Mark, —dijo Thomas bruscamente—. Eso es suficiente.
Mark se calló.
—Y Osmond, si vuelves a hablar sin pedírtelo, te pediré que
abandones mi territorio. ¿Estamos claros?
Osmond no pareció complacido por eso. —Sí, Alfa.
Thomas me miró de nuevo. No sabía lo que él vio. Tenía quince
años y fui traicionado por la única persona que nunca creí capaz de tal
cosa.
Él dijo: —Necesito que me escuches. ¿Puedes hacer eso, Gordo? 158
Pensé en lastimarlo. Haciéndolo sentir como me sentía. Abierto
en canal y sangrando.
Pero yo no era mi padre.
Asentí con fuerza.
Él dijo: —Eres humano, y maravilloso así. Espero que eso nunca
08/2018
cambie. Pero hay... desconfianza. Entre los lobos. Por los cazadores.
Por lo que han hecho. No somos los únicos que hemos perdido a los
que amamos.
Estaba horrorizado —Nunca lastimaría...
—Lo sé, —dijo Thomas—. Tienes mi confianza. Siempre. Tengo
fe en ti, tal vez más que nadie en este mundo.
—¿Pero?
—Pero otros no son tan fáciles de persuadir. Hay... miedo.
Cazadores y...
—¿Y?
—Dile, —escupió Mark detrás de mí—. Merece saberlo. Desde
que tomaste esta decisión, se lo dices.
Los ojos de Thomas se llenaron de fuego, pero fue breve. Se
desvaneció, y se quedó más viejo de lo que nunca lo había visto. Él
miró sus manos. —Livingstone, —finalmente dijo.
—¿Qué? Yo no... —Me golpeó entonces—. Mi padre. Ellos
piensan que voy a ser como mi padre. Soy humano, como lo fueron los
cazadores. Soy un brujo, al igual que mi padre. Y les dejas usar eso en
mi contra. Ellos no confían en mí. Y como no confían en mí, me estás
dejando aquí. Tú los elegiste por encima de mí.
—No, Gordo. Nunca eso. Yo nunca…
—Entonces quédate aquí.
—No puede, —interrumpió Osmond—. Él tiene la
responsabilidad de...
—Me importa una mierda la responsabilidad, —espeté—. No me
importa quién es para ti, para todos los demás. Él es mi Alfa, y le pido
que me elija.
El corazón de mi madre se había roto mucho antes de que supiera 159
qué buscar.
El corazón de mi padre se había roto por la muerte de su ancla,
pero nunca lo vi antes de que explotara en un estallido furioso de rabia
y magia.
Esta fue la primera vez que presencié un corazón que se rompió
08/2018
cerca.
Y el hecho de que era el corazón de mi Alfa lo hizo mucho peor.
Pude verlo, el momento en que sucedió.
Sus manos temblaron y su boca se tensó en una delgada línea. Su
aliento tartamudeaba en su garganta, y parpadeó rápidamente. En mi
cabeza, escuché susurros de manada y hermano y amor, pero también
había una canción de luto, y me dolía tan amargamente que pensé que
me desmoronaría ante el peso azul de la medianoche.
Supe entonces que nada de lo que pudiera decir cambiaría nada.
Mark también debe haberlo hecho, porque había el sonido
revelador de la ropa desgarrada a medida que los músculos y los
huesos se movían y cambiaban. Me volví a tiempo para ver un destello
marrón mientras huía, perdido en su lobo.
El cuervo revoloteó en mi brazo, sus garras cavando en las
espinas de las rosas. Me dolió, pero acogí el dolor.
—Déjanos, —dijo Thomas, sin apartar la mirada de mí.
—Pero…
—Osmond. Déjanos antes de que no tengas más remedio que
arrastrarte desde esta casa.
Por un momento, pensé que Osmond iba a desafiarlo. Pero al
final, él asintió y se fue, cerrando la puerta detrás de él.
En algún lugar de la casa, podía escuchar a Kelly llorando.
Thomas dijo, —Te amo. Siempre. Debes recordar eso.
Dije: —No te creo.
—Serás atendido. Le he pedido a Marty que...
—Marty, —dije con una risa hueca—. Por supuesto.
—Lo estoy intentando, —dijo Thomas, rompiendo la voz—.
Gordo, haré todo lo que esté a mi alcance para regresar a ti, o tenerte
con nosotros. Pero no puedo ignorar lo que mi posición me pide. Debo 160
hacer lo que tengo que hacer. Hay personas que dependen de mí para...
—¿Y qué hay de mí? —Pregunté, limpiándome los ojos—. ¿No
importo para nada?
Él se levantó rápidamente. Se movió alrededor de su escritorio,
pero di un paso atrás. Él dijo: —Gordo, tú…
Y yo dije: —No me toques, por favor no me toques, quiero 08/2018

hacerte daño y no sé si puedo controlarlo, así que por favor no me


toques.
Él no lo hizo.
—Ya lo verás, —suplicó—. Prometo que no será largo. Pronto
llegaremos a casa, o vendrás con nosotros. Siempre serás nuestro
brujo, Gordo. Siempre serás mi manada.
Él alcanzó por mí otra vez.
Lo dejé.
Él me abrazó cerca, su nariz enterrada en mi cabello.
Mis brazos se quedaron a mi lado.

TARDÓ DOS semanas.


Dos semanas para empacar la casa al final del camino.
Dos semanas para que me mudara a la casita de Marty con
girasoles que crecían salvajes y descuidados en la parte de atrás.
Dos semanas para que aparezca un letrero de SE ALQUILA en la
casa azul vacía que no habíamos usado desde que nos quitaron la
manada.
Elizabeth me besó la mañana que se fueron, diciéndome que me
llamaría todos los días.
Carter lloró, inseguro de lo que estaba pasando.
Presioné mi mejilla contra la de Kelly y él parpadeó, con la mano
en mi cabello.
Thomas se paró frente a mí, con las manos en los hombros, y me
preguntó si podía decirle algo, cualquier cosa. Pero no había hablado
con él desde ese día en su oficina, así que no dije nada. 161
Mark fue el último. Porque por supuesto que sí.
Él me abrazó.
Hizo promesas que no creía que pudiera cumplir.
Él había hecho su elección.
Él dijo: —Gordo.
Él dijo: —Por favor. 08/2018

Él dijo: —Te amo, te necesito, no puedo hacer esto sin ti.


Él dijo: —Dejé algo para ti. ¿Vale? Y sé que dijimos que íbamos
a esperar, pero necesito que lo veas. Necesito que sepas que cumpliré
mis promesas. Para ti. Siempre para ti. Porque nada me impedirá
volver por ti. Lo prometo, ¿de acuerdo? Te lo prometo, Gordo.
Él besó mi frente.
Y luego él se fue.
Miré mientras se alejaban.
Marty llegó, eventualmente. Puso su mano sobre mi hombro, los
dedos cavando. —No espero entender lo que está pasando. Pero
siempre tienes un hogar conmigo, chico.
Entonces dije: —Soy un brujo. Los Bennett son hombres lobo. Y
eligieron a otros por encima de mí.
MÁS TARDE, después de que Marty se hubiera emborrachado
en un estupor histérico y finalmente se hubiera desmayado, fui a mi
nueva habitación en su casa. Mark y Thomas habían desempacado las
cajas, tratando de instalarlo tal como lo había hecho en la casa Bennett.
No fue lo mismo.
Una pequeña caja había sido dejada en la almohada, envuelta con
una cinta roja.
Dentro había un lobo de piedra.
Yo quería romperlo en pedazos.
En cambio, lo toqué con la punta de mi dedo y comencé a esperar
a que mi corazón terminara de romperse.

LA CUARTA cosa que sucedió durante mi decimoquinto año


162
apenas se registró porque parecía tan intrascendente.
—La casa, —dijo Marty, sentándose en una silla de jardín en la
parte trasera del garaje, el humo del cigarrillo se enroscaba alrededor
de su cabeza, maldito sea el corazón—. La de alquiler. Al lado de
08/2018
donde solías vivir.
—¿Qué hay de eso? —Le pregunté, con la cabeza inclinada hacia
el sol.
—Alguien la alquiló, así lo escuché.
No importaba. Todavía estaba enterrado bajo oleadas de ira.
—¿Sí? —Dije, porque eso era lo que hacía la gente normal.
—Una familia. Madre. Padre. Ellos también tienen un niño
pequeño. Los vio fuera de casa. Parece el tipo agradable. El niño es
tranquilo. Tiene estos ojos grandes. Siempre mirando. El chico
preguntó por el trabajo. Dije que no tenía ninguna vacante en este
momento, pero que veríamos.
—Bill es mayor. Puede ser hora de que se retire.
Marty resopló. —Sí. Dile eso y avísame qué pasa.
Abrí los ojos, parpadeando contra la luz del sol.
—Solo pensé que deberías saberlo, —dijo Marty, sacudiendo el
cigarro—. En caso de que necesites... no lo sé. —Miró por encima del
hombro hacia el garaje. Había mucha música tocando. Los chicos se
estaban riendo. Marty se inclinó hacia adelante, bajando la voz—. En
caso de que necesites revisarlos. En caso de que sean... hombres lobo.
O lo que sea.
—Ellos no lo son.
—¿Cómo lo sabes?
—Lo sabría.
Él me miró por un instante antes de negar con la cabeza.
—Nunca voy a entender cómo funciona esa mierda. Solo... no sé.
No me dieron ninguna vibra extraña. Así que no creo que sean nada
más que mala suerte. El niño es lindo, sin embargo. Un poco lento,
creo. Pero mono. Su nombre es Ox, si puedes creer eso. Pobre bastardo
no tendrá ninguna oportunidad. 163
Lo que sea. No importaba —Sí, Marty. Por supuesto.
Suspiró mientras apagaba su cigarrillo en la parte inferior de su
bota antes de dejarlo caer en la lata de café medio llena. Él se puso de
pie, haciendo crujir las rodillas. Pasó una mano sobre mi cabeza.
—Un par más de minutos. Luego vuelve al trabajo. —Volvió al
08/2018
interior del garaje.
Dejó su paquete de cigarrillos.
Enganché uno, encendí una cerilla y sostuve el fuego en la punta.
Inhalé.
Quemó.
Pero fue suficiente.
Apenas si tosí.
Green Creek / por favor solo espera

JOE HABLÓ por primera vez en semanas.


Él dijo:
—Es hora de irse a casa.
164
MARK regresó por primera vez seis meses después de que se
fueran.
Él dijo: —Oye, Gordo. Hola. Hola.
Le di un portazo en la cara. 08/2018
Esperó fuera de mi ventana hasta que finalmente lo dejé entrar.

APUNTAMOS el SUV hacia Green Creek.


Kelly dijo:
—¿Qué pasa si ellos no quieren que regresemos?
Carter lo abrazó cerca.

RICO DIJO:
—Vamos a salir y emborracharnos. Estoy cansado de tener
dieciséis años y nunca haberme emborrachado. Es como si no
estuviera haciendo nada con mi vida. Hay una fiesta y vamos.
Tanner dijo:
—Mi padre me matará si nos atrapan.
Chris dijo:
—Tengo que vigilar a Jessie. Mamá debe trabajar hasta tarde.
Yo dije:
—Sí, claro. Bueno.
Nos emborrachamos. Tuve el tercer beso de mi vida con un chico
de una escuela que estaba a dos ciudades. Sabía a cerezas y cerveza, y
no me arrepentí de nada hasta que abrí los ojos a la mañana siguiente y
de inmediato vomité sobre el costado de la cama.

TOMAMOS nuestro tiempo. Lo que debería haber llevado dos


días de conducción recta, lo estiramos y alargamos.
El quinto día, cuando dormimos bajo las estrellas porque no
pudimos encontrar un motel, Kelly me preguntó si estaba nervioso. 165
—¿Por qué —Pregunté, tomando una calada profunda de mi
cigarrillo. La punta brillaba intensamente en la oscuridad. Me recordó
a los ojos de lobo.
Él no fue engañado. Él empujó su bota contra la mía.
—No, —yo dije.
—¿Cómo hiciste eso? 08/2018

—¿Qué?
—Acabas de mentir. Pero tu corazón no te delató.
—Entonces, ¿cómo sabes que mentí?
—Porque te conozco, Gordo.
—No importa, —dije, y eso fue todo.

ESPERÉ que Thomas me llamara y me dijera que me necesitaba,


que la manada me necesitaba con ellos y que lamentaba haberme
dejado atrás.
La llamada nunca vino.

SOÑÉ a veces. Con él. Su cuerpo roto gateando hacia mí, sus
patas marrones excavando en la tierra, un gemido bajo saliendo de su
garganta. Me despertaba jadeando, y buscaba el cuervo de madera
como si significara algo, como si ayudara de alguna manera.
No fue así.
Y luego estaban las noches que soñé con Thomas Bennett, su
hijo Joe agachado sobre él, rogándole que se levantara, que se
levantara, mi magia era lo único que impedía que la bestia tomara lo
que él tan desesperadamente quería. Soñé con ese impulso que había
tenido, ese impulso minúsculo y efímero en el que había pensado en
dejar caer la barrera y dejar que Richard descendiera sobre Thomas
porque se lo merecía. Me había quitado todo, y en ese momento,
cuando Joe bajó sus garras al pecho de su padre y la bestia aulló de ira,
yo había entendido a Richard Collins.
Nunca le dije a nadie sobre eso. 166

CUMPLÍ diecisiete y perdí mi virginidad. Su nombre era Rick, y


era rudo y cruel, sus labios se agarraban a la parte posterior de mi
cuello mientras empujaba, y saboreé el dolor porque significaba que
08/2018
estaba vivo, que no estaba insensible a la forma en que el mundo
realmente funcionó. Él se vino y se deslizó de mí, el condón se deslizó
de su polla y aterrizó húmedamente en el pavimento en el callejón.
Dijo gracias, lo necesitaba y le dije, sí, claro, mis pantalones alrededor
de mis tobillos. Se alejó, y recosté mi cabeza contra el frío ladrillo,
tratando de respirar.

YO DIJE: —Está dando vueltas.


Joe me miró, con la cabeza ladeada. Él no era el chico que había
dejado Green Creek tres años antes. Él era más duro ahora, y más
grande. Tenía la cabeza afeitada y la barba necesitaba un recorte. Él se
había llenado y era tan grande como sus hermanos. Vestía el manto del
Alfa, y pensé que si el chico que había sido una vez no se perdiera para
siempre, haría grandes cosas.
—Richard. Él está dando vueltas. Lo que sea que esté buscando.
Su final. Tú. Green Creek. No lo sé. Pero viene, Joe. Y necesitas estar
listo.
Había una canción en mi cabeza, y cantó,
ManadaHermanoBrujo, que te hace pensar que no lo estoy y que
venga, que venga, déjalo venir.
Pensé que el chico que había conocido ya no estaba.

YO TENÍA diecisiete años cuando me gradué temprano. Yo


quería terminarlo.
Mark estaba allí.
Busqué a los demás. 167
Él estaba solo.
—Querían estar aquí, —dijo Mark.
Asentí con rigidez.
—Pero Thomas no creía que fuera seguro.
Me reí con amargura.
—No parece tener un problema conmigo estando aquí. 08/2018

Él dijo:
—No es eso. Es... Elizabeth está embarazada.
Cerré mis ojos.

CRUZAMOS a Oregon en una carretera secundaria en el medio


de la nada.
No hubo signos.
Pero lo sabía.
Lo mismo hicieron los lobos.
Los ojos de Carter y Kelly eran anaranjados.
Los de Joe eran rojos.
Ellos estaban cantando. Incliné la cabeza hacia atrás y canté
junto con ellos.
MARTY MURIÓ.
En un momento estuvo allí y riéndose y gritándome que pusiera
el culo en marcha, y al siguiente estaba arrodillado, con las manos
apretadas contra el pecho.
Yo dije: —No, por favor, no.
Él me miró con los ojos muy abiertos.
Se fue antes de que escuchara las sirenas de la ambulancia.
Esa noche llamé a mi manada, necesitaba escuchar sus voces.
Conseguí el contestador automático.
No dejé un mensaje.

—OH HOMBRE, —dijo Carter—. ¿Crees que mamá hará asado


168
por nosotros? Como asado, zanahorias y puré de patatas.
—Sí, —dijo Kelly—. Y habrá tanta salsa. Voy a poner salsa en
todo.
Eso también me sonaba bien.
08/2018

ME DEJÓ el garaje.
Parpadeé con incredulidad ante el abogado que estaba en la vieja
oficina de Marty. —¿Disculpe?
—Es tuyo, —dijo. Vestía un traje desaliñado y parecía estar
sudando perpetuamente. Alzó la mano con un pañuelo y se enjugó la
frente. El cuello de su camisa estaba empapado—. El garaje. La casa.
Las cuentas bancarias. Todo ello. Enmendó su testamento hace dos
años. Le aconsejé que no lo hiciera, pero ya sabe cómo es. Era. —Se
limpió la frente otra vez—. Sin ofender.
—Hijo de puta, —respiré.

GREEN CREEK estaba a dos horas de distancia cuando Joe se


detuvo al costado de la carretera.
Sus manos se apretaron en el volante.
Nosotros no hablamos.
Solo respiramos.
Finalmente puse mi mano sobre su hombro y dije:
—Está bien, Joe. Está bien.
Él asintió, y después de un tiempo, seguimos adelante.
Finalmente, pasamos un letrero al costado de la carretera.
Necesitaba un trabajo de pintura, la madera astillada y desgastada.
Decía BIENVENIDOS A GREEN CREEK.

—SU NOMBRE es Joe, —me susurró Mark por teléfono—. Y él


es perfecto. 169
Parpadeé para alejar la quemadura.
Más tarde, escuché de Curtis Matheson que habían comprado la
casa azul que habían estado alquilando. También muy barato, o al
menos eso dijo.
08/2018

DEJAMOS el todoterreno al noroeste de la ciudad. El aire de


verano era pegajoso y cálido.
Joe caminó hacia el bosque, con las manos extendidas y los
dedos rozando los troncos de los árboles.
Sus hermanos lo siguieron como siempre lo hicieron.
Yo iba en la parte trasera.
La tierra latía bajo mis pies con cada paso que daba.
Mis tatuajes dolieron.
Las alas del cuervo revolotearon salvajemente.
Finalmente nos encontramos en un claro.
Joe cayó de rodillas y se inclinó hacia delante, apoyando la frente
en la hierba, con las manos a ambos lados de la cabeza.
Nos paramos encima de él. Acechando. Esperando.
HUBO UN GOLPE en la puerta.
Gruñí, la luz de la mañana se filtraba por la ventana. Era mi día
libre, y podía decir que la resaca iba a ser una perra. Mi boca se sentía
rancia, mi lengua gruesa. Parpadeé hacia el techo.
Fue en ese momento cuando me di cuenta de que no sabía el
nombre del hombre roncando en la cama junto a mí.
Recordé partes y piezas. Había estado en el hotel la noche
anterior. No era legal beber, pero a nadie le importaba. Llevaba cuatro
cervezas, y lo había visto mirándome desde el otro extremo del bar.
Parecía un camionero, llevaba una gorra desgastada en la cabeza y los
ojos ocultos en la sombra. Él era del tipo que tenía una esposa y dos
punto cinco hijos en casa en Enid, Oklahoma, o Kearney, Nebraska. Él
les sonreía y los amaba, y cuando estaba en el camino, buscaba 170
cualquier cosa dispuesta con un agujero caliente. Sin embargo, tenía
que esforzarse para lograrlo, y esperé a que bajara su whisky,
asegurándome de que estaba mirando mientras inclinaba la cabeza
hacia atrás, exponiendo mi cuello mientras tomaba un largo trago de la
botella mojada. Sus ojos siguieron el lento movimiento de mi garganta
08/2018
mientras tragaba la cerveza.
Dejé algunos billetes en la barra, golpeando con los nudillos
contra la madera antes de subir desde el taburete. Las cosas estaban
calientes y brumosas. Un chorrito de sudor goteó por mi cabello hasta
mi oreja.
Salí por la puerta con el cigarrillo encendido. Di unos tres pasos
antes de que la puerta se abriera nuevamente.
Él quería llevarme al callejón.
Le dije que tenía una cama a pocas cuadras de distancia.
Él agarró mis caderas mientras delineaba mi cuello, raspando sus
labios hasta que su lengua estaba en mi oído.
Él me dijo su nombre, y le dije el mío, pero estaba perdido.
Él follaba como un hombre acostumbrado a jadeos furtivos en las
habitaciones traseras o en las paradas de descanso. Me atraganté con
su pene, su agarre apretado en mi pelo. Me dijo que mi boca era
bonita, que me veía tan bien de rodillas. Él no me besó, pero no me
importó. Me presionó boca abajo contra el colchón, gruñendo mientras
me follaba.
Cuando terminó, se dejó caer en la cama junto a mí, murmurando
cómo solo quería cerrar los ojos por un tiempo.
Me levanté y recogí el condón que había dejado caer al suelo. Lo
tiré y luego me miré en el espejo por un largo tiempo. Había marcas de
dientes en mi cuello, un hematoma chupado en mi pecho.
Apagué la luz y colapsé junto a él.
Y ahora llaman, tocan, tocan a mi puerta.
El hombre sin nombre roncaba. Parecía más áspero a la luz de la
mañana. Cansado, y más viejo. Ni siquiera se había quitado el anillo
de bodas.
—Sí, —dije, la voz como grava—. Sí, sí, sí. 171
Me levanté de la cama, buscando los pantalones vaqueros de ayer
en el suelo. Me los puse, sin molestarme en abotonarlos. Me colgaron
de las caderas. Me arrastré hacia la puerta, preguntándome cuánto café
me quedaba. No había estado de compras en días.
Abrí la puerta.
08/2018
Las fosas nasales de Mark se encendieron.
Su mirada se deslizó sobre las marcas en mi cuello y pecho.
Me apoyé contra la puerta.
—¿Quién? —Preguntó en un gruñido apenas contenido.
—No llamas, no escribes, —le dije frotándome la cara con la
mano—. ¿Qué ha sido? ¿Cinco meses? ¿Seis? —Seis meses. Quince
días. Dependiendo de la hora que fuera, ocho o nueve horas.
—¿Quién es él?
Le sonreí perezosamente mientras me rascaba la cadera desnuda.
—No lo sé. Me dio su nombre, pero ya sabes cómo funciona.
Sus ojos brillaron anaranjados. —¿Quién diablos es él? —Dio un
paso hacia mí.
No puedes confiar en ellos, Gordo. Nunca puedes confiar en un
lobo. Ellos no te quieren. Ellos te necesitan. Ellos te usan.
Me puse derecho. El cuervo cambió de posición. Las rosas
florecieron. Las espinas se tensaron. —Quién diablos es él no es una
maldita preocupación tuya. ¿Crees que puedes aparecer aquí? Después
de meses de silencio? Vete a la mierda, Mark.
Su mandíbula se apretó. —No tuve elección. Thomas...
Me reí. No fue un sonido muy agradable. —Sí. Thomas. Dime,
Mark. ¿Cómo está nuestro querido Alfa? Porque no he tenido noticias
suyas en años. Dime. ¿Cómo está la familia? ¿Bien? Tiene niños,
¿verdad? Construyendo una manada de nuevo.
—No es así.
—Joder, no lo es.
—Las cosas han cambiado. Él es…
—No me importa.
—Puedes cagarme todo lo que quieras. Pero no puedes hablar de
él así. —Estaba enojado. Bien—. Independientemente de lo enojado 172
que estés, él sigue siendo tu Alfa.
Negué con la cabeza lentamente. —No. No, no lo es.
Mark dio un paso atrás, sorprendido.
Le di una sonrisa mezquina. —Piénsalo, Mark. Estás aquí.
Puedes olerme. Debajo del sudor y el semen, todavía soy tierra, hojas
08/2018
y lluvia. Pero eso es todo. Tal vez estás demasiado cerca, tal vez te
sientes abrumado por la simple vista de mí, pero hace mucho que no
soy manada. Esos lazos están rotos. Me dejaron aquí. Porque era
humano. Porque era una responsabilidad...
Él dijo: —No es así… —y—, Gordo, —y—, Te lo prometo, ¿de
acuerdo? Yo nunca…
—Un poco tarde, Bennett.
Él alcanzó por mí.
Le quité la mano.
—No entiendes.
Yo resoplé. —Hay un mundo de cosas que no entiendo, estoy
seguro. Pero soy un brujo sin una manada, y no tienes que decirme
mierda. Ya no.
Él se estaba enojando. —Y qué. Pobre de ti, ¿eh? El pobre
Gordo, teniendo que quedarse atrás por el bien de su manada.
Haciendo lo que su Alfa le dijo. Proteger el territorio y follar todo lo
que se mueve.
Me sentí sucio. Asqueroso. —No me tocarías, —dije
rotundamente—. ¿Recuerdas? Te besé. Te toqué. Lo supliqué. Te
habría dejado follarme, Mark. Hubiera dejado que pusieras tu boca
sobre mí, pero me dijiste que no. Me dijiste que tenía que esperar. Que
las cosas no estaban bien, que el momento no era el correcto. Que no
puedes distraerte. Que tienes responsabilidades. Y luego
desapareciste. Durante meses y sin llamadas. Sin revisar. Sin ¿cómo lo
haces, Gordo? ¿Cómo has estado? ¿Me recuerdas? ¿Tu compañero?
—Froté un par de dedos contra la marca en mi cuello. Quemó tan
bien—. Hubiera dejado que me hicieras tanto.
Sus ojos quemaron. Sus dientes eran más afilados. 173
—Gordo, —gruñó, sonando más lobo que hombre.
Di un paso hacia él.
Él rastreó cada movimiento, siempre el depredador.
—Puedes, sabes, —le dije en voz baja—. Puedes tenerme. Ahora
mismo. Aquí. Elígeme Mark. Elígeme. Quédate aquí. O no. Podemos
08/2018
ir a donde quieras. Podemos irnos ahora mismo. Tú y yo. A la mierda
todo lo demás. Sin manadas, sin Alfas. Sin lobos. Solo nosotros.
—¿Me quieres hacer ser un Omega?
—No. Porque puedo ser tu ancla. Aún puedes ser mío. Y
podemos estar juntos. Mark, te estoy pidiendo, por una vez en tu vida,
que me elijas.
Y él dijo: —No.
Lo esperaba. Realmente lo hice.
Todavía dolía más de lo que pensé que haría.
Por un momento mi magia se sintió salvaje. Como si no pudiera
ser controlada. Como si explotara de mí y destruyera todo a la vista.
Yo era el hijo de mi padre, después de todo.
Pero el momento pasó, y en su estela no quedó más que un cráter
humeante.
Él dijo: —Gordo. No puedo, no puedes esperar que lo haga, no
es así...
Di un paso atrás.
Su enojo había desaparecido. Solo el miedo permaneció.
—Por supuesto que no puedes, —dije, ronco—. ¿Qué estaba
pensando?
Me giré y volví a la casa, dejando la puerta abierta de par en par.
Él no siguió.
El hombre desconocido estaba parpadeando tristemente cuando
volví a mi habitación. —¿Qué está pasando?
No respondí. Fui a la mesita de noche y abrí el cajón. Dentro
había una caja, y en esta caja había un lobo de piedra que había sacado
una y otra vez, una promesa rota una y otra vez. Giré sobre mis talones
y volví al pasillo, la voz de mi madre en mi cabeza, diciéndome que
los lobos mienten, mienten, Gordo, te usan, y puedes pensar que te 174
quieren, incluso podrían decirte que sí, pero mienten.
Ellos siempre lo hacen.
Yo era un humano.
No tenía lugar con los lobos.
Él todavía estaba de pie en el porche.
08/2018
Sus ojos se agrandaron cuando vio la caja en mi mano.
Él dijo —No.
Él dijo: —Gordo.
Él dijo: —Solo espera. Por favor, solo espera.
Se lo tendí.
Él no lo tomó.
Yo dije: —Tómalo. Tómalo ahora.
Mark Bennett dijo: —Por favor.
Lo empuje contra su pecho. Él se estremeció.
—Tómalo, —espeté.
Él lo hizo. Sus dedos se arrastraron contra los míos. La piel de
gallina hormigueaba sobre mis hombros desnudos. El aire era frío, y
pensé que me estaba ahogando.
—No tiene por qué ser así.
—Díselo a Thomas, —le dije, luchando por pronunciar las
palabras mientras aún podía—. Dile que no quiero tener nada que ver
con él. Que no quiero volver a verlo. Dile que se mantenga alejado de
Green Creek.
Mark se vio sorprendido. —¿O qué?
—O no le gustará lo que haré.
Me permití echarle un último vistazo. Este hombre. Este lobo.
Fue un segundo que duró siglos.
Y di media vuelta y entré, cerrando la puerta de golpe detrás de
mí.
Se detuvo en mi porche durante un largo minuto. Pude oírlo
respirar.
Luego se fue.
Me permití una última lágrima por Mark Bennett.
Pero eso fue todo. 175
Lo volvería a ver, aunque no lo sabía entonces. Pasarían años,
pero un día regresaría. Todos lo harían. Thomas. Elizabeth. Carter.
Kelly. Joe. Mark. Regresarían a Green Creek, y detrás de ellos, una
bestia que significaría la muerte de Thomas Bennett.
08/2018

RODEAMOS a Joe cuando nos paramos frente a la casa Bennett


por primera vez en tres años, un mes y veintiséis días.
Frente a nosotros había una manada a la que no pertenecíamos.
Elizabeth.
Rico.
Chris.
Tanner.
Jessie.
Un lobo con gafas que no reconocí.
Mark.
Un hombre cuyo padre le había dicho una vez que la gente le
daría mierda por el resto de su vida. Que él no valía nada.
Y de alguna manera, se había convertido en un Alfa.
UNO

AÑO

DESPUÉS 176

08/2018
jodido idiota / canción del alfa

OXNARD MATHESON dijo: —Estás siendo un jodido idiota.


No levanté la vista del ordenador. Estaba tratando de encontrar la
manera de trabajar en los informes de gastos del nuevo programa que
un lobo con gafas había descargado, pero la tecnología era un enemigo
que aún tenía que destruir. Estaba dando una consideración muy real a 177
pasar el puño por el monitor. Había sido un día largo.
Así que hice lo que mejor hice. Lo ignoré con la esperanza de
que se fuera.
Nunca funcionó
—Gordo. 08/2018
—Estoy ocupado. —Apreté un botón en el teclado y el ordenador
me envió un mensaje de error. Odiaba todo.
—Puedo ver eso. Pero todavía eres un jodido idiota.
—Estupendo. Maravilloso. Fantástico.
—Yo no…
—Guau, —dijo otra voz—. Es, como, súper intenso aquí ahora.
Apenas resistí la tentación de golpear mi cabeza contra el
escritorio.
Robbie Fontaine estaba de pie al lado de Ox, mirando
curiosamente de un lado a otro entre nosotros. Llevaba una camisa de
trabajo con su nombre cosido en ella, un regalo de Ox al que había
puesto mis ojos en blanco, dado que nadie me había preguntado al
respecto. Usaba gafas gruesas que no necesitaba. Sus ojos estaban tan
oscuros que casi eran negros, y estaba sonriendo con una sonrisa que
no podía soportar. Me guiñó un ojo cuando me sorprendió mirándolo.
Él era insoportable.
—¿Están peleando otra vez? —Preguntó.
—No te contraté, —le dije.
—Oh, lo sé, —dijo fácilmente—. Ox lo hizo, sin embargo. Así
que... —Se encogió de hombros—. Algo de lo mismo.
—La última vez que trataste de trabajar en un automóvil, le
prendiste fuego.
—¿Verdad? Extraño. Todavía no sé cómo sucedió eso. Es decir,
en un momento todo estaba bien, y al siguiente había llamas...
—Se suponía que debías rotar los neumáticos.
—Y de alguna manera se quemaron espontáneamente, —dijo,
hablando lentamente como si yo fuera el imbécil—. Pero es por eso
que tenemos un seguro, ¿verdad? Además, solo trabajo en la oficina
ahora. Tengo la buena idea de que a la gente le gusta mirar a los ojos 178
cuando dejan sus automóviles. Supongo que eso es de esperar cuando
el resto de vosotros se vean tan... ya saben. Brutos.
—No lo contraté, —le dije a Ox.
—¿No tienes cosas que hacer? —Le preguntó Ox.
—Probablemente, —dijo Robbie—. Pero creo que prefiero estar
08/2018
justo donde estoy. ¿Por qué Gordo está siendo un jodido idiota? ¿Es
todo lo de Mark?
—Estoy tratando de trabajar aquí, —les recordé. Era inútil, pero
aún tenía que decirse. Ox tenía un problema en el culo, lo que
significaba que iba a decir su parte. Desde que se había convertido en
un Alfa real, había sido insufrible de esa manera.
—¿Por qué estamos mirando a Gordo? —Dijo otra voz, y yo
gemí—. Lobito, ¿estás volviendo a darle mierda al jefe?
—Rico, sé que se supone que estás haciendo el cambio de aceite
en ese Ford y Toyota.
Mi amigo me sonrió mientras se metía en la oficina.
—Probablemente, —dijo—. ¡Pero! La buena noticia es que
eventualmente llegaré a ellos. Lo que está sucediendo aquí parece ser
mucho más interesante. De hecho, esperen un segundo. —Se asomó
por la puerta hacia el interior del garaje—. ¡Oye! Traed vuestros culos
aquí. Estamos teniendo una intervención.
—Oh, Dios mío, —murmuré, preguntándome cómo mi vida se
había vuelto de esta manera. Tenía cuarenta años y pertenecía a un
grupo de perras entrometidas.
—Finalmente, —escuché a Tanner murmurar—. Estaba
empezando a ponerse triste.
—Incluso yo me estaba preocupando, —dijo Chris—. Y sabes
que no me gusta preocuparme.
La oficina era pequeña, y yo estaba sentado detrás del mismo
viejo escritorio astillado que Marty había comprado años atrás de
segunda mano. Un momento después, cinco hombres adultos se
apretujaron dentro por la puerta y me miraban, esperando que yo
hiciera algo.
Los odiaba muchísimo. 179
Los ignoré y volví a trabajar en la factura de gastos.
Tratando de trabajar en la factura de gastos.
Le dije a Ox que no había necesidad de actualizar el software.
Funcionaba bien.
Pero él dice que Robbie dijo que no podía manejar un programa
08/2018
que se había realizado a finales de los años noventa. Respondí
diplomáticamente, diciendo que Robbie probablemente ni siquiera
tenía pubis a finales de los noventa. Ox me había mirado fijamente. Yo
le había devuelto la mirada.
El software se actualizó al día siguiente, para gran alegría de
Robbie.
Pasé los siguientes cuatro días tratando de encontrar maneras de
enviarlo de regreso de donde venía.
El ordenador emitió otro mensaje de error cuando presioné F11.
Rico, Chris y Tanner se rieron de mí.
Quizás si arrojara el ordenador a sus cabezas, comenzaría a
funcionar como se suponía.
Sin duda me sentiría mejor.
Pero lo más probable era que volvieran con sus caras rotas y
cosidas, y entonces me sentiría mal y tal vez realmente comenzara a
escuchar su mierda.
—Está haciendo pucheros, —susurró Rico a Chris y Tanner.
—Aw, —dijeron.
Ese fue el problema de tener a tus amigos más antiguos como
empleados y miembros de tu manada. Debes verlos todos los días y
nunca podrías escapar de ellos, sin importar lo mucho que lo
intentaste. Por supuesto, todo esto era culpa de Ox por decirles sobre
los hombres lobo y brujos, un error que aún no le había perdonado.
—Te das cuenta que podría matarte con nada más que el poder
de mi mente, —les recordé.
—¿Pensé que dijiste que no podías hacer eso? —Preguntó
Tanner, sonando un poco preocupado.
—Eso es porque no puede, —dijo Ox—. No funciona así.
—Esto es tu culpa, —le dije. 180
Él se encogió de hombros.
—Alfa zen de mierda.
—¿No es raro? —Preguntó Rico—. Quiero decir, desde ese día
en que él y Joe tuvieron sexo mágico con la luna mística y se hicieron
compañeros o lo que sea…
—¿Dejarías de llamarlo así? —Gruñó Ox, sus ojos brillando en 08/2018

rojo.
—Bueno, eso es lo que fue, —dijo Chris.
—Te mordió y todo, —señaló Tanner.
—Y luego saliste oliendo como una casa de putas con una
extraña sonrisa en tu cara, —dijo Rico—. ¡Y bam! Alfa zen a través
del sexo mágico de la luna mística. Eso debe haber sido un infierno de
un orgasmo.
Eso... no estaba lejos de la verdad. Tan inquietante como se
sentía, había un momento singular en el que todos habían sido
golpeados con una ola de algo, mientras que Ox, el niño que había
visto crecer justo delante de mis ojos, y otro Lobo Alfa jodieron y...
—Oh, Jesús, —gemí, deseando estar en cualquier otro lugar.
—Sí, —dijo Rico—. Estoy pensando en eso ahora también.
Quiero decir, sexo a tope y lo que sea, pero no hay homo, ¿verdad? —
Frunció el ceño mientras miraba a Ox—. Quiero decir, eso no es un
requisito previo para estar en una manada, ¿verdad? Porque no sé si te
he contado esto, pero soy bastante malditamente hetero. Incluso si he
visto más hombres desnudos en los últimos años que he visto toda mi
vida. Porque hombres lobo.
—Bueno, —dijo Chris—. Hubo esa vez que tú...
—Oh, eso es cierto, —dijo Tanner—. Esa vez que tú…
—Tequila, —dijo Rico con un estremecimiento.
—¿Cuándo hiciste qué con quién? —Preguntó Robbie.
Rico frunció el ceño. —¿Por qué suenas tan sorprendido? ¡Podría
conseguir a cualquier hombre que quisiera!
—Quiero decir, sois atractivos, supongo. Para unas personas
mayores.
Todos lo miramos, a excepción de Alfa zen, que estaba parado 181
con los brazos cruzados, exudando serenidad.
—¿Mayores? —Dijo Rico lentamente—. Pequeño lobo, es
posible que no te aprecie en este momento.
—Quizás te compre un poco de tequila y veremos si cambias de
opinión, —dijo Robbie, arqueando las cejas—. ¿Es charla de garaje?
08/2018
¿Estoy haciendo una conversación de garaje ahora mismo? ¡Cervezas
y tetas!
—Tu culpa, —le dije a Ox nuevamente—. Todo esto. Cada
persona en esta sala aparte de mí es tu culpa.
Ox sonrió con calma. Fue exasperante. —Estás siendo un jodido
idiota.
Maldición. Pensé que se habían distraído lo suficiente.
—En realidad estoy trabajando ahora, en caso de que no puedas
decirlo. Que es algo que deberían considerar hacer.
Nadie se movió.
—Estáis despedidos, —intenté en su lugar.
Ellos solo se quedaron allí.
Intenté una ruta diferente. —Que les joda a todos.
—Solo dile que lo amas, —dijo Robbie—. Incluso las personas
mayores como tú merecen sacar la cabeza del culo.
—¿Cómo está Kelly? Y quítate esas gafas. No las necesitas y te
hacen parecer estúpido.
Inmediatamente se puso rojo y comenzó a farfullar.
Ox puso su mano sobre el hombro de Robbie, y hubo silencio y
calma y manadamanadamanada, y Robbie comenzó a respirar de
manera uniforme. Incluso mi enojo por su intrusión se desvaneció un
poco, lo que fue injusto. En menos de un año, Ox se había convertido
en un Alfa tan fuerte como nunca antes lo había visto. Tal vez incluso
más que Thomas o Abel Bennett. Pensamos que tenía que ver con que
había sido un Alfa humano antes de que Joe se viera obligado a
morderlo.
Cualquiera que sea la razón, Ox era diferente a cualquier hombre
lobo que yo había conocido. Y dado que él y Joe se habían apareado 182
oficialmente, su alcance se extendió sobre todos nosotros, combinando
las manadas, aunque no sin dificultades. Carter y Kelly todavía tendían
a ceder ante Joe y los demás ante Ox, pero ambos eran nuestros Alfas
cuando se trataba de eso. Nunca había oído hablar de una manada
encabezada por dos Alfas antes, pero estaba acostumbrado a presenciar
08/2018
lo imposible en Green Creek.
Ox fue cuidadoso, sin embargo, porque llegó un punto donde
surgió la cuestión del libre albedrío. Si Ox o Joe lo desearan, podrían
forzar su propia voluntad sobre sus Betas o sus humanos y hacerlos
actuar como lo consideraran conveniente. Era una delgada línea sobre
la que caminar, ser un Alfa versus ejercer su control. Si quisieran,
ambos combinados podrían convertirnos en drones insensatos.
Pero la expresión de terror en la cara de Ox la primera vez que
accidentalmente había hecho eso fue suficiente para demostrar que
nunca sucedería. No es que pensara que alguna vez lo haría, para
empezar. No era el tipo de persona que era, sin importar en qué se
hubiera convertido.
Pero hubo momentos, como este con Robbie, donde empujaría y
todos lo sentiríamos. No se trataba de control. Se trataba de ser una
manada, de estar conectado de una manera que nunca antes había
sentido. Incluso cuando habíamos sido un puñado de nosotros en el
camino dando vueltas alrededor de Joe, no había sido así. Esos años
nacieron de la desesperación y el sobrevivir en el gran mundo.
Estábamos en casa ahora y completos.
En la mayor parte.
Por eso todos se pararon en esta pequeña oficina, listos para
cavar en mí otra vez.
Pero antes de que pudieran, una fuerte punzada rodó sobre mi
brazo. Miré hacia abajo para ver dos líneas que comenzaban a
ondularse rápidamente, brillando en un profundo bosque verde.
Ox y Robbie se pusieron rígidos.
Incluso los humanos lo sintieron, si las miradas en sus caras
fueran alguna indicación.
Los ojos de Ox estaban en llamas y su voz profunda cuando dijo, 183
—Las protecciones. Ellas han sido violadas.

OX, ROBBIE y yo estábamos en la vieja camioneta de Ox.


Estaba detrás del volante, Robbie entre nosotros mientras Ox irradiaba
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ira cerca de la ventana. Los otros lo estaban siguiendo en el auto de
Rico. Era mediados de octubre, y las hojas de los árboles que rodeaban
Green Creek estallaban en naranja y rojo. Las decoraciones de
Halloween se alineaban en las tiendas de Main Street. Calabazas de
espuma de poliestireno se sentaron en las ventanas del restaurante. El
cielo ya comenzaba a desvanecerse hacia la noche, y las aceras estaban
llenas a medida que la gente dejaba el trabajo.
Apenas estábamos fuera de la ciudad cuando sonó el teléfono de
Ox. Lo puso en el altavoz y lo puso en el tablero.
—Ox, —dijo una voz baja—. Lo sentiste.
Joe Bennett, sonando como si estuviera gruñendo a través de la
boca llena de colmillos.
Ox dijo: —Sí. Desde el bosque.
—Los demás.
—Conmigo. Jessie todavía está en la escuela. ¿Contigo?
—Mamá. Carter. Kelly. Todo en casa.
Por el rabillo del ojo, vi que Ox me miraba. Entonces,
—¿Mark?
Una breve duda —Él está en camino.
—Estaremos allí pronto.
El teléfono emitió un pitido cuando Ox lo empujó en la guantera.
Conté desde tres en mi cabeza, y tan pronto como llegué a uno, dijo:
—Gordo. Él va…
—Déjalo, Ox. No importa.
—Esto no ha terminado.
—Dije que lo dejaras.
—Estoy realmente incómodo en este momento, —murmuró
Robbie entre nosotros.
Condujimos el resto del camino en silencio. 184

GOLPEAMOS el camino de tierra que conducía a las casas de


Bennett. Rocas y polvo se levantaron a nuestro alrededor cuando el
volante intentó sacudirse en mis manos. Los otros estaban muy cerca
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de nosotros.
—Los frenos necesitan trabajo, —dije suavemente.
—Lo sé.
—Tal vez podrías traerlo. Podría conseguirte un trato.
—¿Conoces al dueño o algo así?
—O algo así.
Todavía estaba tenso, pero puso los ojos en blanco, mostrando
muchos dientes cuando sonrió. Robbie suspiró entre nosotros, la mano
en el brazo de su Alfa.
Las casas aparecieron a la vista. La azul donde Ox había vivido
una vez con su madre. La mucho más grande casa Bennett, situada
más atrás en los árboles. Los SUV de la manada estaban estacionados
enfrente al lado del pequeño Honda de Jessie.
—Pensé que ella se estaba quedando en la escuela, —dijo
Robbie.
Ox gruñó bajo en su garganta. —Se suponía que debía hacerlo.
Ella nunca escucha.
Ella estaba esperando en el porche con los demás. Su largo
cabello estaba recogido en una coleta apretada, una mirada sombría en
su rostro. Ella era más dura que esa niña pequeña que Chris había
traído al garaje hace muchos años después de que su madre murió, y
más fuerte. De hecho, de todos los humanos en la manada, ella fue
probablemente la más mortal. Llevaba solo una palanca con
incrustaciones de plata, pero había golpeado a casi todos en la manada
en un momento u otro.
Elizabeth estaba parada junto a ella. Ella era tan graciosa como
siempre, parecía tan majestuosa como la reina que era. Ella no se
movió tanto como parecía flotar. Ella era más vieja ahora, las líneas en 185
su rostro más pronunciadas. Había sobrevivido a la pérdida de su
manada antes de construir otra, solo para perder a su compañero y Alfa
a las garras de la bestia y sus hijos salieran al camino. Tenía cicatrices,
pero estaban enterradas debajo de su piel. Su dolor había disminuido
con el paso de los años, y ya no parecía tan embrujada como una vez
08/2018
lo fue. Ox me había dicho que ella había comenzado a pintar de nuevo,
y aunque era azul, pensó que el alivio verde llegaría pronto.
Carter y Kelly estaban de pie a cada lado de su madre. Su tiempo
en el camino los había cambiado, y en el año transcurrido desde que
regresaron, a veces aún luchaban por reconciliar quiénes eran ahora
con quienes alguna vez fueron. Carter aún era grande, un lobo
musculoso que era más rápido para enojarse que antes. Su cabeza aún
estaba afeitada como si fuera un soldado.
Kelly había perdido parte de su masa desde que había regresado.
Era el más blando de los dos, y aunque todavía se parecía a sus
hermanos, a todos esos cabellos rubios y esos ojos azul celeste, se
habría acomodado mejor en casa que Carter. A veces, Carter aún
parecía como si no estuviera seguro de haber finalmente llegado a
casa. Kelly había encontrado su lugar de nuevo, y era casi como si
nunca se hubiera ido.
Pero todos soportaron los últimos años de monstruos y
separaciones como insignias de orgullo. No eran los niños que alguna
vez fueron. Habían sido testigos de cosas que la mayoría nunca vería.
Habían luchado por sus vidas y sus manadas contra una bestia que les
había quitado mucho. Habían ganado, pero no estábamos sin nuestras
pérdidas.
Joe se mantuvo un poco alejado de ellos. Sus brazos estaban
doblados detrás de su espalda, con la cabeza ligeramente inclinada
hacia arriba. Tenía los ojos cerrados, y sabía que estaba respirando su
territorio y lo que sea que había traspasado las barreras que había
colocado. Tenía una buena idea de lo que era, pero era mejor estar
seguro que lamentarlo.
Ox había salido por la puerta incluso antes de que hubiera 186
apagado el camión. Señaló a Jessie cuando pasaba junto a ellos,
diciendo: —Te dije que te quedaras en la escuela.
—¿Recuerdas la semana pasada cuando te golpeé contra el
árbol? —Preguntó dulcemente, golpeando su palanca contra su
hombro.
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Él chasqueó los dientes hacia ella, pero ella solo se rió. Se dirigió
a Joe, se llevó la mano a su nuca y apretó. Estaban uno al lado del otro
sin hablar. Mirando, esperando.
—Bien, —dije—. Bien.
—¿Bien? —Preguntó Robbie, y me estremecí. Había olvidado
que estaba sentado a mi lado.
—Sal. Y quítate esas malditas gafas.
Me guiñó un ojo, deslizándose sobre el banco y a través de la
puerta que Ox había dejado abierto. Kelly se puso rígido al verlo
mientras Robbie caminaba hacia la casa. No sabía qué demonios
estaba pasando entre los dos, y no quería saber. Tenía otras cosas de
qué preocuparme.
Los chicos se habían detenido detrás de mí y estaban hablando
nerviosamente cuando abrí la puerta del conductor. Rico estaba
sacando el clip de una de sus semiautomáticas 40 S&W. Tanner estaba
haciendo lo mismo. Chris parecía como si estuviera a punto de
apuñalarse a sí mismo con uno de sus cuchillos. Me preocuparon
mucho.
Traté de no darme cuenta de quién no estaba allí.
No funcionó muy bien.
—Elizabeth, —le dije, asintiendo mientras me acercaba al
porche.
Ella me sonrió suavemente. —Gordo. Nunca un momento
aburrido.
—No, señora.
—Él está en camino.
—No pregunté.
—Lo estabas pensando.
Jessie tosió, pero sonaba como si estuviera encubriendo una risa. 187
—No importa.
—Estoy segura, —dijo Elizabeth de manera uniforme. Extendió
la mano y pasó una mano por mi brazo, dejando un rastro de luz
cuando mis tatuajes se iluminaron bajo su toque. Me había llevado
mucho tiempo acostumbrarme a ser tocado por los lobos de nuevo, y
08/2018
tendía a evitar quedarme en las pilas que a veces hacían, pero ya no los
descartaba. Ox estaba contento con eso, al igual que Joe. Puse una
buena máscara.
—¿Ox habló contigo? —Preguntó Carter.
—El intentó.
—Obstinado, eh. —Me miró de arriba a abajo—. Probablemente
debería trabajar en eso.
Estreché mis ojos hacia él. —¿Lo hiciste esta vez?
Él dijo: —No —y al mismo tiempo, Kelly dijo: —Claro que sí.
Jessie tosió con dureza otra vez.
—Idiotas, —murmuré. —Cuiden vuestros malditos asuntos.
—Viejo gruñón, —bromeó Kelly.
—Así lo llamé, —dijo Robbie—. Pero luego consiguió las cejas
asesinas que a veces pone. Como ahora mismo.
Todos se rieron de mí.
Los dejé en el porche.
Ox y Joe todavía no hablaban cuando me acerqué, aunque la
mano de Ox todavía estaba en el cuello de Joe. Joe me miró cuando
me puse de pie a su lado. Sus ojos se clavaron en mí, y sentí la
atracción de la manada cuando mi brazo rozó el suyo.
Había sido... difícil, tratando de reconciliar la diferencia entre mi
Alfa y mi ancla. Nunca antes había habido dos Alfas a cargo de una
sola manada, y por un tiempo, no estaba seguro de que funcionaría.
Me atraía Joe porque era todo lo que conocía desde hacía tres años.
Estaba ligado a Ox porque me mantuvo cuerdo.
No había sido justo para él. Para Ox. Poniéndolo a mi antojo
como lo había hecho, sobre una camisa de trabajo con su nombre
cosido en el frente. Él no sabía sobre los monstruos en la oscuridad.
Pero el rugido en mi cabeza disminuyó, la ira se aquietó cada vez que 188
estuvo cerca. Cuando me di cuenta de lo que estaba sucediendo, ya era
demasiado tarde. Y luego los Bennett regresaron a Green Creek,
trayendo consigo toda una vida de recuerdos que me había obligado a
olvidar.
Se hizo más difícil la primera vez que Thomas vino a pedirme
08/2018
ayuda con Joe, quien parecía no poder mantener su cambio. O cuando
había visto a Mark por primera vez en años, parado en la acera en
Green Creek como si nunca se hubiera ido.
Nada sobre esto había sido fácil. Pero pensé que estaba
mejorando.
—¿Ox habló contigo? —Preguntó Joe.
De acuerdo, no estaba mejorando en absoluto. A la mierda a
todos y cada uno de ellos.
—Cejas asesinas, —murmuró Ox.
—Tenemos otras cosas de qué preocuparse, —les recordé.
—Claro, Gordo, —dijo Joe con facilidad. Había encontrado la
paz desde que regresó a Green Creek, especialmente después de la
muerte de Richard Collins. Él era el hijo de su padre, para mi
consternación. Era tranquilo y fuerte y no estaba por encima de una
pequeña manipulación si la situación lo requería. Me dije a mí mismo
que no era malicioso, pero todavía tenía problemas con la idea de
Thomas Bennett, aunque no era más que ceniza y polvo repartidos por
todo el bosque alrededor de la casa Bennett—. Otras cosas. Pero soy
bastante bueno en la multitarea, en caso de que no lo supieras.
—¿Omega?
Joe golpeó su hombro contra el mío—. Sí.
—¿Como los otros?
—Probablemente. Tus protecciones nos dan mucha advertencia.
Confío en ellas. Como confío en ti.
No debería haberme hecho sentir tan cálido como lo hizo.
—Simplemente estás tratando de tener mi lado bueno.
Él me miró de reojo. —¿Está funcionando?
—No.
—Kelly tiene razón, ¿sabes? 189
—¿Acerca de qué?
—Viejo cascarrabias.
—Te prenderé fuego aquí mismo. Ahora mismo.
Joe rió en voz baja antes de volver a mirar hacia el bosque. Fuera
lo que fuera, Omega o algo más, se estaba acercando. En lo alto, el
08/2018
cielo se estaba desvaneciendo y las primeras estrellas salían.
—Mark viene, —murmuró Ox.
Crují mis nudillos.
Joe soltó un bufido, sacudiendo la cabeza.
Lo escuché antes de verlo. Reconocería el sonido de esas patas
grandes en la tierra en cualquier lugar. Me dije que me quedara donde
estaba, de mantener la mirada al frente, pero no había hermano en mi
cabeza, y amor y la manada y markmarkmark como los otros lobos
recogidos en el hilo de sus alfas.
Incluso los humanos lo escucharon, aunque era débil. Estaba
atado a la manada por mi magia, por lo que pude escuchar las
canciones en mi cabeza.
La voz de mi madre me susurró, recordándome que los lobos
usaban y que mintieron, pero la aparté. Lo que Thomas sabía, o no
sabía, ya no importaba. Él se había ido, y Ox había sido cambiado.
Carter dijo: —Debe haber dejado su auto donde…
—Cállate, Carter, —siseó Kelly.
—Oh. Mierda. Cierto. Eso de lo que no hablamos para no dañar
los sentimientos de Gordo.
—¡Él puede oírte!
—Todos podemos oírte, —le dijo Elizabeth a su hijo.
—Alguien tiene que decirlo, —murmuró Rico—. Él es estúpido.
—¿Cómo está esa linda chica tuya? —Le preguntó Elizabeth.
—¿Cuál?
—Melanie, ¿verdad?
—Oh. Bien. ¿Creo? Quiero decir, no he hablado con ella en unos
meses.
—Ahora está en contacto con Bambi, —dijo Tanner.
—Bambi, —dijo Robbie—. Eso es... No sé qué es eso. 190
—Ella está caliente, —dijo Chris—. Tiene un gran par de…
—No estás en el garaje, —Jessie le recordó.
—…de sentimientos. Eso. Son agradables.
—Buen salvamento, —murmuró Tanner.
—Ella tiene los sentimientos más grandes, —dijo Rico—. Como,
a veces, ella pone sus sentimientos sobre mí… 08/2018

—Necesitamos más mujeres en la manada, —dijo Jessie con un


suspiro.
—Creo que mantendremos nuestra posición, —dijo Elizabeth a
la ligera.
Me volví y miré por encima del hombro.
Un gran lobo marrón estaba tejiendo entre los coches. Sus
hombros eran tan altos como la capota de la camioneta de Ox, sus
orejas temblando en la parte superior de su enorme cabeza. Sus patas
dejaron huellas en la tierra que eran más grandes que mi mano. Su
mirada se movió rápidamente alrededor de la manada reunida antes de
que aterrizara sobre mí. Tartamudeó y se atascó antes de que cayera.
Giré hacia el bosque.
Vino el cambio de hueso y músculo detrás de mí.
—Crees que estaría acostumbrado a ver hombres lobo
convirtiéndose en personas desnudas por ahora —dijo Rico—. Pero
ese no parece ser el caso.
—Puedes ser una de esas personas desnudas, —dijo Robbie—.
Solo deja que Ox o Joe te cambien y puedes mostrar tu basura afuera
como todos los demás.
—Por favor, no le des ninguna idea, —dijo Chris, sonando
horrorizado—. Hay ciertas cosas que nadie debería ver.
—No seas racista. Y además, crecimos juntos. Me has visto
desnudo cientos de veces. ¡Todos nos sacudimos juntos cuando
teníamos doce años!
Joe y Ox se volvieron lentamente para mirarme.
Los fulminé con la mirada. —No tuve nada que ver con eso. En 191
todo caso, es la culpa de Ox por traerlos al redil, para empezar.
—¿Por qué tienes que decírselo a todos? —Exigió Chris.
—Oh, por favor, —dijo Rico—. Estamos en una manada de
hombres lobo que a veces podemos escuchar en nuestras cabezas. Ya
no tenemos límites.
—¿Por qué todavía piensa que somos lectores de mentes? — 08/2018

Susurró Kelly.
—No lo sé, —dijo Carter—. Pero no le recuerdes que no lo
somos. Me gusta aprender cosas que me marcarán de por vida.
—Nunca me he sacudido con ellos, —dijo Tanner.
—Estuviste enfermo ese día, —le dijo Rico—. De lo contrario,
también te lo habríamos pedido.
Ox y Joe habían ofrecido convertir a los humanos en la manada.
Jessie se había negado rotundamente, diciendo que no lo quería. Chris
la había seguido poco después, y no sabía si tenía que ver con su
hermana o no. Tanner era más reticente, y de todos los humanos, pensé
que sería el que más probablemente aceptaría ser convertido. Pero
nunca hizo nada sin saber todo lo que podía sobre ello, y pensé que era
solo cuestión de tiempo antes de que le pidiera a Ox que lo mordiera.
Rico, por otro lado, no parecía dar dos mierdas de una manera u
otra. Hizo que Ox y Joe prometieran convertirlo si se trataba de una
situación de vida o muerte, pero parecía estar bien siendo quien era.
Estaba aliviado. La idea de que alguno de ellos fuera capaz de
explotar garras me produjo ansiedad.
—Llegué aquí tan rápido como pude, —dijo una voz baja—. ¿Ya
sabemos lo que es?
—Parece ser un Omega, —dijo Elizabeth.
—¿Otro? Ese es el tercero este mes.
—Curioso, ¿no? Te dejé un par de pantalones dentro. Kelly,
¿podrías agarrarlos?
Escuché la puerta de pantalla abrirse e intenté desesperadamente
enfocarme en la Omega que se aproximaba. No había necesidad de que 192
mirara por encima del hombro para ver...
Joe golpeó mi hombro otra vez.
Me volví para mirarlo.
Él sonrió.
—Cállate, —murmuré.
08/2018
Antes de que pudiera responder, Mark Bennett se colocó a mi
lado.
Tenía el pelo rapado cerca del cuero cabelludo, el más leve
rastrojo de vello. Su barba estaba tan llena como siempre, finamente
recortada y más liviana que el profundo y oscuro marrón de su lobo.
Sus ojos eran tan azules como el hielo que siempre habían sido, fríos y
buscando. Llevaba un par de jeans sueltos que colgaban
peligrosamente de sus caderas, pero afortunadamente se abrocharon y
abotonaron. Él estaba sin camisa, el pelo cubría su voluminoso pecho
y su vientre plano. Su piel estaba caliente mientras su brazo rozaba el
mío, un efecto posterior de un cambio reciente.
—Gordo, —dijo, sonando ligeramente divertido como siempre lo
hacía cuando dijo mi nombre.
—Mark, —le dije a cambio, mirando fijamente al frente.
Ox y Joe suspiraron al unísono, los insufribles Alfas que eran.
—¿Buen día?
—Bueno. ¿El tuyo?
—Bueno.
—Bien.
—Estupendo.
—Idiotas, —murmuró Joe.
Antes de que pudiera siquiera comenzar a reconocer eso, un
Omega irrumpió a través de la línea de árboles.
Era una mujer y parecía haber visto días mejores. Sus ropas
estaban hechas jirones, sus pies desnudos y cubiertos de tierra. Su pelo
salvaje alrededor de su cara, y ella vaciló ante lo que tenía delante, el
resto de la manada se extendía detrás de nosotros en fila. Habíamos
vuelto a Green Creek durante poco más de un año y en ese momento
se había convertido en una máquina aceitada. Sabíamos nuestras 193
fortalezas. Éramos conscientes de nuestras debilidades. Pero nunca
había habido una manada como esta, y nos habíamos abierto camino
hasta llegar a ser quienes éramos ahora.
Los Alfas estaban parados uno al lado del otro.
Me crují el cuello.
08/2018
Carter, el segundo de Joe, su ejecutor, gruñó.
El segundo de Ox, Mark, se colocó detrás de él y hacia la
izquierda.
Kelly estaba con su hermano.
Los humanos fueron los siguientes.
Elizabeth y Robbie llevaron la retaguardia.
Había doce de nosotros. La manada Bennett.
Y una Omega.
Por eso me sorprendió cuando sus ojos brillaron violeta y ella
cargó contra nosotros, medio cambiada y gruñendo.
Nadie detrás de nosotros hizo un sonido.
Presioné dos dedos contra una runa de tierra en mi brazo,
clavando mis uñas lo suficientemente profundas como para extraer
sangre.
El suelo rodó bajo los pies de la Omega, haciendo que se
tambaleara hacia adelante, sus manos se convirtieron en patas cuando
golpearon la tierra. Sucio pelaje gris brotaba a lo largo de sus brazos
mientras luchaba por mantener el equilibrio. Fue una batalla que
perdió, y cayó sobre su hombro, con los colmillos al descubierto, los
ojos encendidos mientras saltaba hacía mí. Su gruñido fue algo salvaje
mientras movía sus mandíbulas en mi dirección.
Mark dio un paso adelante, los músculos de su espalda se
movieron mientras trataba de ponerse enfrente de mí, como si me
estuviera protegiendo. Su mano regresó detrás de él, como si se
estuviera preparando para empujarme. Este hijo de puta pensó que él
podría...
Ella se levantó y cambió, lanzándose hacia nosotros.
Mark se tensó.
Pero todo terminó antes de que realmente comenzara. 194
Ox se movió más rápido de lo que un hombre de su tamaño
debería haber sido capaz. En un momento estaba parado con Joe, y al
siguiente su mano estaba alrededor del cuello de la Omega, deteniendo
su ímpetu hacia adelante. Ella hizo un doloroso sonido de asfixia, sus
piernas y brazos se sacudieron hacia adelante. Él la levantó del suelo,
08/2018
sus pies patalearon mientras ella intentaba atravesarlo con sus garras.
No tuvo la oportunidad antes de que él la estrellara contra el suelo con
un crujido que le sacudió los huesos, se agachó sobre ella, su rostro en
el de ella, con los ojos en llamas.
Y luego rugió.
Cayó sobre nosotros, una explosión que rodó por el bosque. Los
lobos Beta gimieron en voz baja. Los humanos se cubrieron los oídos.
Incluso Joe se estremeció.
Mis tatuajes cobraron vida, los colores se arremolinaron arriba y
abajo de mis brazos. El pico del cuervo se abrió en un grito silencioso,
las rosas florecían debajo, llenas y brillantes.
El canto del Alfa fue algo tremendo, y nadie lo cantó como
Oxnard Matheson.
La Omega instantáneamente cambió a humano, el violeta
parpadeando fuera de sus ojos. Ella comenzó a llorar, un sonido bajo y
doloroso mientras se acurrucaba. Murmuró Alfa una y otra vez, sus
hombros temblaban.
—Robbie, —dijo Joe, mirando a Ox mientras retiraba su mano
de la garganta de la Omega—, llama a Michelle Hughes. Dile que
tenemos otro.

195

08/2018
pinchazos de luz / huesos y polvo

ELIZABETH Y Jessie se llevaron a la mujer. Siguió temblando,


con la cabeza baja y el pelo sucio alrededor de la cara. Elizabeth le
pasó un brazo por los hombros y le susurró algo al oído. Jessie las
siguió, mirando a Ox antes de desaparecer en la casa. Si la Omega 196
fuera como los anteriores, estarían bien. Pero si no, Elizabeth lo
manejaría.
—No va a ser feliz, —le decía Joe a Ox cuando me volví hacia
ellos.
—Michelle no está contenta con nada, —dijo Ox, frotándose las 08/2018
manos en los pantalones de trabajo—. Nunca. Tú lo sabes.
—Aun así.
—Me importa una mierda su felicidad. Le advertimos que esto
estaba sucediendo y ella no hizo nada. Esto depende tanto de ella
como de nosotros, sin importar lo que ella diga.
Robbie caminaba de un lado a otro frente a la casa, hablando en
voz baja con su teléfono móvil. Pareció agravado antes de que él
respondiera, —No me importa lo que estoy interrumpiendo. Dile que
los Alfas de la manada Bennett necesitan hablar con ella. Ahora. —
Esperó un momento antes de suspirar—. La buena ayuda es tan difícil
de encontrar en estos días. No, estaba hablando de ti. ¡Mueve tu culo!
Jesucristo.
—Estás sangrando.
Mark estaba allí, parado demasiado cerca para alguien medio
vestido. Él frunció el ceño en mi brazo. Miré hacia abajo. Un pequeño
chorrito de sangre goteaba de las hendiduras que había hecho con mis
uñas. Sus fosas nasales se encendieron. Me pregunté cómo olía para él,
si era cobre mezclado con rayos.
—No es nada, —le dije, dando un paso atrás cuando parecía que
iba a alcanzarme—. He tenido peores.
—Te cortaste.
—Hice lo que tenía que hacer.
Él frunció el ceño hacia mí.
—No necesitas sangrar para que funcione.
Yo resoplé.
—Porque sabes mucho sobre magia.
—Ah, claro, no he estado cerca de eso durante toda mi vida ni
nada.
—No, —le advertí. 197
—Gordo…
—¿Y qué fue eso, por cierto?
Eso lo detuvo.
—¿Qué?
—Te estás poniendo en mi camino.
08/2018
Sus pobladas cejas hicieron un baile complicado.
—Ella te estaba apuntando a ti.
—Yo puedo apañármelas solo.
—No dije que no pudieras.
—No necesito que...
—Como si no lo hayas hecho muy claro. Eres una manada,
Gordo. Hubiera hecho lo mismo por cualquier persona aquí.
Maldita sea. Eso no debió haber ardido como lo hizo. Entonces
dije, —¿Cómo está Dale? —Conociendo muy bien el desagradable
rizo que se arrastraba a lo largo de mis palabras.
Sus ojos brillaron anaranjados.
—Dale está bien. No sabía que a ti te importaba tanto su
bienestar.
Le sonreí.
—¿Qué puedo decir? Soy un buen chico. No puedo esperar para
conocerlo. ¿Pensando en contarle sobre tu época peluda del mes?
Su mandíbula se apretó.
Yo le devolví la mirada.
—Desearía haber pensado traer palomitas de maíz, —escuché a
Chris murmurar.
—Esto es mejor que las demostraciones de Real Housewives que
absolutamente no miro ni grabé en mi DVR, —susurró Rico.
—Pensé que dijiste que estaban allí por Bambi, —preguntó
Tanner.
—Así es. Es exactamente por eso que están allí. No porque las
mire solo.
—Necesito una novia, —dijo Chris con un suspiro—. Estoy
cansado de ver personas desnudas con las que no quiero tener
relaciones sexuales. 198
—Eso suena como demasiado trabajo, —dijo Tanner.
—Eso es porque eres raro. No quieres una novia.
—Tal vez deberías aprender a ser feliz contigo mismo. Ser
aromántico no tiene nada que ver con eso.
—Cállate, Tanner. Me estás haciendo sentir mal.
—Los humanos son muy raros, —murmuró Kelly. 08/2018

—Es cierto, —dijo Carter—. Oye, pregunta. ¿Por qué estás


mirando a Robbie como si no pudieras decidir si es un gran error o si
quieres frotarte contra él?
Kelly gruñó a su hermano y entró dando pisotones, la puerta
cerrándose de golpe detrás de él.
—Lo estoy pasando tan bien, —dijo Carter a nadie en particular.
—Michelle se está conectando, —dijo Robbie, guardándose el
teléfono en el bolsillo—. Ella no está muy feliz. Solo para que sepas.
Ox negó con la cabeza.
—No es mi problema. Robbie. Mark. Gordo. Con Joe y yo.
Carter, corre a estos idiotas a través de sus ejercicios.
—¡Qué!
—¡Por qué!
—¿Qué demonios hemos hecho?
Ox los fulminó con la mirada.
Rico puso los ojos en blanco. —Sí, sí, sí. El Alfa dice saltar,
decimos qué tan alto. Lo tengo. Creo que me gustabas más cuando no
eras todo grr. Bastardo.
Seguí a Ox y Joe a la casa mientras Carter alegremente
comenzaba a ladrar órdenes a los demás, quienes gruñían. Sentí que
Mark me miraba antes de murmurar algo por lo bajo que no pude
entender y entré.
Kelly estaba en la gran cocina, frunciendo el ceño ante las ollas y
sartenes de la cocina, como si estuviera tratando de descubrir qué
había estado haciendo su madre antes de que la Omega hubiera abierto
las barreras. Elizabeth y Jessie no estaban a la vista. Las viejas tuberías
gimieron en las paredes. Deben haber tenido a la Omega en uno de los
baños, tratando de limpiarla. 199
Ox abrió la puerta que conducía a su oficina y la de Joe. Dudé en
la entrada como siempre lo hacía antes de entrar, los destellos de una
vida hace mucho tiempo que me golpeaban en el estómago. Mi padre
quemando su magia en mi piel, los ojos de Abel brillantes mientras
brillaban sobre mí. Abel sentado frente a mí en su escritorio,
08/2018
diciéndome que mi madre había muerto y que mi padre la había
matado. Thomas sentado en el mismo lugar diciendo que se iban a ir y
que me estaba quedando aquí porque era humano. Thomas pidiéndome
ayuda. Joe dividiendo la manada, rompiendo el corazón de Ox aún
más. Este lugar llevaba consigo una historia enojada, una historia con
la que aún no me había acostumbrado.
—¿Estás bien? —Preguntó Mark detrás de mí.
Miré por encima de mi hombro. Afortunadamente, había
encontrado un suéter colgando de una percha cerca de la puerta,
aunque se apretaba contra su pecho. No dejé que mi mirada se
detuviera. —Bien.
Él asintió, pero no dijo nada más.
—¿Están teniendo un momento? —Robbie preguntó desde algún
lugar detrás de él—. Tal vez podrías dejarme entrar así no tendré que
pararte aquí torpemente mientras trabajas en ello.
Los labios de Mark se crisparon.
Entré a la oficina, e hizo lo mismo. Robbie lo siguió, cerrando la
puerta detrás de nosotros. La habitación estaba insonorizada para
protegerse de oídos indiscretos como los que pertenecen a la Omega
en el piso de arriba. Joe y Ox estaban parados cerca de la pared más
alejada frente a una gran pantalla montada. Robbie conectó su teléfono
a un cable que de alguna manera nos permitió hacer una
videoconferencia a través del televisor. Todavía tenía mi viejo teléfono
plegable de antes de irnos a seguir a Richard Collins. Robbie suspiró
cada vez que lo vio.
—Mark, —dijo Ox—, quiero que te quedes en silencio. No fuera
de la vista. Pero solo mira.
Él asintió lentamente. —¿Por?
—Cualquier cosa que ella no nos esté diciendo. 200
Parpadeé. —¿Crees que sabe más de lo que está diciendo?
—Ella dice mucho, —dijo Joe—. Para alguien que no dice nada
en absoluto.
—La gente en el poder suele hacerlo, —murmuró Robbie,
tocando su teléfono—. Y no es que no aprecie la invitación a la
08/2018
reunión de jefazos, pero ¿por qué estoy aquí?
—Porque ella te conoce, —dijo Joe—. Y creo que todavía confía
en ti.
Él rodó los ojos. —Creo que eso terminó en el momento en que
elegí a Ox sobre ella. Y no es eso, —añadió apresuradamente, con los
ojos muy abiertos mientras miraba a Joe—. Estoy tan sobre Ox. No es
que alguna vez haya estado en Ox. Fue el síndrome de Estocolmo o
algo así. Tengo mi ojo en algo diferente.
—Uh-huh, —dijo Joe secamente—. Y por algo diferente, te
refieres a mi hermano.
Robbie tragó saliva—. Voy a callarme ahora.
Joe sonrió, afilado como una navaja. —Buen plan.
Ox se acercó y conectó la pantalla. Se iluminó de un azul
brillante cuando Robbie continuó tocando su teléfono. Volvió a mirar
a sus Alfas y dijo: —¿Listos?
Joe asintió.
La pantalla se apagó y sonó una, dos, tres veces.
Y luego apareció Michelle Hughes.
Ella era hermosa, de una manera fría y distante. Ella tenía
alrededor de mi edad, aunque parecía más joven. Su cabello era oscuro
y descansaba ingeniosamente sobre sus hombros, su maquillaje era
mínimo. Ella sonrió, pero no llegó a sus ojos. No sé si alguna vez lo
hizo.
—Alfa Bennett, —dijo ella—. Alfa Matheson. Qué lindo es
verles de nuevo. Y tan pronto después de nuestra última reunión.
—Alfa Hughes, —dijo Joe de manera pareja—. Gracias por
tomarse el tiempo para hablar con nosotros. Sé que es tarde en Maine.
Ella lo despidió con la mano. —Siempre haré tiempo para ti. Tú
lo sabes. 201
Robbie tosió. Sonaba sarcástico.
Sus ojos se desviaron hacia él. —Robbie. Te ves bien.
—Sí, señora. Gracias señora. Estoy bien.
—Eso es bueno. Tu manada parece que te está tratando bien.
Tu manada
—Lo hacen, —dijo, hinchando su pecho con orgullo—. Son 08/2018

buenos Alfas.
—¿Lo son? Curioso. —Entonces—, Livingstone.
—Michelle, —dije, sonando aburrido.
Ella era buena. Ella no dio nada por mi falta de respeto.
—Y Mark Bennett. Vaya, esto es una reunión sería. Todo por
una pequeña Omega.
—La tercera este mes, —Ox le recordó, aunque ella ya lo sabía.
—¿Vive?
—Ella lo hace, —dijo Joe—. No era una amenaza. No matamos
indiscriminadamente.
Mark se puso tenso a mi lado pero no dijo nada.
—¿No? Ox podría decir lo contrario. Como estoy seguro de que
ya lo sabes, durante tu pequeña... estadía en partes desconocidas, la
sangre de muchos Omegas se derramó en tu territorio.
—Sabes por qué, —dijo Ox, tranquilo como siempre.
—Sí, —dijo ella—. Porque estaban actuando al servicio de
Richard Collins, las pequeñas cosas patéticas que eran. O al menos,
estaban tratando de capturar su atención. Y ahora que está muerto,
bueno. Tienen que ir a algún lado.
—¿Por qué aquí? —Le pregunté.
Apenas me miró, en su lugar eligiendo responder a los Alfas.
—De alguna manera, Richard fue capaz de reunir a los Omegas
detrás de él. Lo escucharon. Lo siguieron. Él no era un Alfa, entonces
no, pero actuó como tal.
Joe negó con la cabeza. —Eso no debería haber sido posible.
Ella arqueó una ceja perfectamente formada. —¿No? Tampoco
debería haber un Alfa Matheson aquí. Antes de su cambio, no era más
que un ser humano. —Tenía una expresión de desdén leve en su 202
rostro—. Y sin embargo, todavía había algo sobre él, ¿no? Lo
suficiente como para que la manada que dejaste lo haya elegido para
dirigir. Bueno, los lobos, de todos modos.
—Ox no se parece en nada a Richard, —dijo Joe, con la voz
recortada. Nadie hablaba mierda sobre su manada. Había visto de lo
08/2018
que Joe era capaz cuando era empujado. Michelle estaba presionando,
aunque no sabía por qué.
—Son más parecidos de lo que crees, —dijo Michelle—. Ox
puede no tener la inclinación de Richard por... el caos, pero no son
como nadie que haya visto antes. Y a pesar de que su reinado terminó
bastante rápido, por lo que has dicho, Richard obtuvo su deseo. Él fue
un Alfa, aunque solo fuera por un momento.
Ella tenía razón. Incluso mientras miraba, incapaz de detenerlo,
Richard había metido la mano en el pecho de Ox. Había visto la sangre
y los trozos de Ox mojados caer al suelo. Y hubo un breve y terrible
segundo cuando los ojos de Richard habían sangrado de violeta a rojo.
La manada de Ox no hablaba mucho de eso. Cómo sintieron a Richard
irrumpir a través de ellos, incluso los humanos. Donde antes había sido
amor y hermano y hermana y manada, lo que quedaba no era más que
ira y sed de sangre, una furiosa atracción por el negro teñido de rojo.
Richard Collins había tomado el Alfa de Ox. Por lo tanto, se
convertiría en el Alfa de la manada en lugar de Ox.
Joe había terminado eso tan rápido como había comenzado.
Pero no habían olvidado cómo se sintió, aunque fue breve.
—Y le quitaste eso, —continuó Michelle—. Tú lo mataste.
Richard fue el Alfa de los Omegas. Cuando él murió, eso pasó a ti. Y
oh, están peleando, estoy seguro. Resistiendo el tirón. Pero Green
Creek estaba iluminado como un faro en la oscuridad. Algunos no
pueden evitar buscarte. Junto con el sorteo del territorio de Bennett,
solo estoy sorprendida de que no haya habido más.
Ox y yo intercambiamos una mirada. El resto de los lobos no
reaccionaron. Michelle estaba peligrosamente cerca de una verdad que
ni siquiera sabía que estaba a su alcance, algo que le había escondido 203
desde el día en que Oxnard Matheson había sido convertido en un lobo
Alfa.
Porque ella tenía razón. De alguna manera, Richard había
logrado reunir a Omegas detrás de él, y aunque no había sido un Alfa-
de hecho, hacia el final, sus ojos habían sido violetas y enloquecidos,
08/2018
ellos lo habían seguido. Lo habían escuchado.
Alfa de los Omegas era algo así como un nombre inapropiado.
Richard Collins solo había sido alfa por segundos antes de que Joe lo
matara.
Los ojos de Joe habían quemado tan brillante como nunca los
había visto antes de que mordió a Ox, dándole el poder alfa de vuelta.
Y con eso llegaron los Omegas que se habían amasado detrás de
Richard.
Había sido un susurro al principio, en la cabeza de Ox.
Pero pronto se convirtió en un rugido.
Hubo unos días después de la transición de Ox de humano a
lobo, donde pensamos que se estaba volviendo salvaje.
Y luego comenzó a extenderse a otros. Elizabeth. Mark. Chris.
Tanner. Rico. Jessie. Robbie.
Ellos también comenzaron a sentirlo, como un picor debajo de su
piel que nunca podría ser satisfecho. Eran... más malhumorados de lo
normal. Rápidos para enojarse, especialmente después de que Joe y Ox
se aparearon.
Deberíamos habernos dado cuenta de lo que era antes.
Ox estaba escuchando las voces de los Omegas. Ellos habían
seguido a Richard.
Y ahora se habían agarrado a Ox.
Ox lo había descubierto antes que los demás.
Juntos cerramos la conexión. No pudimos cortarla. Fue como si
cerráramos una puerta y la cerráramos con firmeza. Aún la rascaban,
todavía se arrojaban contra ella, tratando de romperla, pero yo era
fuerte y Ox era más fuerte.
No sabíamos qué pasaría si Ox abría esa puerta. Si él no peleaba
más con los lazos. ¿Qué pasaría con él? Con su manada, los que se 204
habían quedado atrás. A pesar de que todos éramos uno ahora, todavía
había una división fina.
O si los Omegas mismos la rompían y se derramarían.
Nunca lo descubriríamos, no si tuviera algo que decir al respecto.
Michelle Hughes no sabía nada de esto. Y planeamos mantenerlo
08/2018
así.
—¿Cuántos más crees que podría haber? —Preguntó Joe,
desviándose antes de que ella pudiera continuar.
—Oh, ni siquiera puedo comenzar a especular. Pero serán
tratados, no importa qué. No podemos permitirnos tener nuestro
mundo expuesto, sin importar el costo.
—¿Pero por qué fue tras Gordo? —Preguntó Robbie.
Michelle se inclinó hacia adelante cuando suspiré y miré hacia el
techo.
—Um, —dijo Robbie—. Olvídalo, no dije eso. Ella no fue tras
Gordo. Ja ja ja, solo bromeando. Solo una broma realmente horrible
que no debería haber…
—Robbie, —dijo Ox.
—Sí. Entendido, jefe. Cerrando ahora.
—¿Lo hizo? —Preguntó Michelle—. Fascinante. ¿Gordo?
—No fue nada, —dije, manteniendo mi voz pareja—. Estaba
frente a todos los demás. El objetivo más cercano. Nada más.
—Nada más, —repitió.
Me quedé mirando fijamente.
Ella tarareó un poco en voz baja. Entonces,
—Dime, Gordo, ¿cuándo fue la última vez que escuchaste de tu
padre?
Oh, así es como ella quería jugar. —Antes de que Osmond se lo
llevara, —dije fríamente mientras los dedos de Mark rozaban los
míos—. Antes de que él dijera que su magia sería despojada y nunca
escaparía de donde todos ustedes estarían reteniéndolo. Muy parecido
a cómo se supone que retendrían a Richard.
Ella entornó los ojos. —Eso fue desafortunado… 205
—¿Desafortunado? La gente murió. Creo que es un poco más
que desafortunado.
—No sabía que te importara Thomas Bennett, —dijo Michelle,
perdiendo un poco de compostura—. Lo has dejado muy claro después
de que él...
Y Joe dijo: —Suficiente. 08/2018

La mano de Mark estaba en la mía, apretando mis dedos. Traté


de encontrar la fuerza para alejarme pero no pude hacerlo.
—Mis disculpas, Alfa, —dijo Michelle, la máscara firmemente
en su lugar—. Estaba fuera de lugar.
—Tienes toda la razón, —dijo Ox—. No siempre estamos de
acuerdo. Lo entiendo. Pero no tienes lugar para hablar con el brujo
Bennett de esa manera. Hazlo de nuevo y tendremos un problema. ¿Lo
entiendes?
Obviamente le dolió decir: —Por supuesto, —pero no pude
encontrar nada que me importara—. Dicho eso, estoy de acuerdo con
mi consulta.
—¿Cuál es?
—Robert Livingstone.
Mark me apretó la mano. Pensé que mis huesos se romperían.
—Sabemos que estaba trabajando con Richard, —dijo—, aunque
la pregunta aún permanece en qué capacidad. Si él estaba trabajando
para Richard, o si…
—No lo habría hecho.
Todos se volvieron para mirarme.
No había querido decir eso en voz alta.
Michelle estaba sonriendo de nuevo.
—¿Qué es eso ahora, brujo?
Me aclaré la garganta.
—No habría estado trabajando para Richard. Hubiera aborrecido
a los lobos.
—¿Cómo lo sabes? —Preguntó Ox—. Me dijiste que él…
—Mi madre. Ella odiaba. Esta vida. Manada y lobos y magia. — 206
Mintieron, ella dijo, usaron, no amaron—. Ella quería alejarme de eso.
Mi padre no la dejó. Creo que, al final, él estaba alterando sus
recuerdos de alguna manera. —Me encogí de hombros—. Y luego
descubrió... su ancla. Que fue otra mujer. Mi madre la mató. Mi padre
mató a mi madre, y más. Fue el último acto de mi madre. La única
08/2018
forma en que podría vengarse de él por todo lo que había hecho. No
pudo con la pérdida, entonces él... Y luego para que todos le quiten su
magia. Para que sus propios hermanos lo despojen de su magia bajo
las órdenes de los lobos, bueno. Él los habría odiado. A ti. Entonces,
no. Él no estaba trabajando para Richard. En todo caso, Richard estaba
trabajando para él, aunque no lo hubiera sabido. No me sorprendería si
mi padre dejara que Richard pensara que él estaba a cargo. Pero
Richard no era más que un títere. Un arma que mi padre hubiera usado
para quitar a todos los que pudiera. No le habría importado que
Richard quisiera convertirse en alfa. Mi padre usó a Richard.
—¿Y cómo sabes todo esto? —Preguntó Michelle, inclinándose
sobre su escritorio. Ella tenía un brillo en sus ojos que yo no entendí.
Dije:
—Soy el hijo de mi padre. Y si hubiera sido yo en su lugar, no
puedo decir que no habría hecho lo mismo.
MARK dijo: —Estás equivocado.
Soplé humo por mi nariz. La luz del porche estaba apagada, y
apenas podía distinguirlo en la oscuridad. El aire era frío y las hojas se
balanceaban en los árboles. Estaba nublado, y olía a lluvia. No había
venido desde el interior de la casa. Después de que la reunión con
Michelle había terminado, él había sido uno de los primeros en salir de
la habitación, sin mirar atrás. No lo culpé. No había mucho a lo que
mirar atrás.
Le gruñí, clavando la colilla en mi mano. Chispas quemaron
contra mi palma, el dolor como pequeños pinchazos de luz que me
recordaron que estaba vivo.
—Te equivocas. 207
—¿Acerca de qué?
—Que hubieras hecho lo mismo.
—No lo sabes.
—Lo hago.
—¿Qué quieres, Mark?
—No sé cómo no puedes verlo. 08/2018

—¿Ver qué?
Él dijo: —Que no eres nada como él. Nunca lo has sido. Tú
viniste de él, pero él no formó quién eres. Nosotros hicimos eso. Tu
manada.
—La manada. —Bufé con burla—. ¿Qué manada, Mark? ¿La
que tengo ahora? ¿O la que me abandonó aquí?
—Nunca quise…
De repente estaba muy cansado. —Vete, Mark. No quiero hacer
esto ahora.
La amargura era aguda y penetrante. —Como si eso fuera una
sorpresa.
Inhalé. Quemó. Exhalé. El humo se escapó de mi nariz y se
enroscó alrededor de mi cara, colgando como una nube de tormenta.
—Pensé... —Se rió, pero no parecía que encontrara algo
gracioso—. Pensé que las cosas serían diferentes. Después.
Después de que volviéramos.
Después de que Richard estuviera muerto.
Después de que las manadas separadas se habían unido.
Siempre después, después, después.
—Pensaste mal.
—Supongo que lo hice.
Sentí que me miraba.
La punta del cigarrillo se encendió en la oscuridad. Era del color
de sus ojos como un lobo.
Él gruñó bajo en su pecho. Escuché el cambio de huesos y
músculos.
Miré hacia atrás un momento después.
La ropa que llevaba puesta estaba en el porche. 208
Él se había ido.

OX ESTABA esperándome cuando volví adentro.


—Me dijiste una vez que fue un lobo quien mató a tu madre.
Mierda. —Mentí. 08/2018

—¿Por qué?
—Quería que los odiaras tanto como yo. Estaba equivocado.
Él asintió lentamente. —No lo haces, sin embargo. Odiarlos. Ya
no.
—Yo no... Quiero decir, es complicado.
—¿Lo es?
Jodidos hombres lobo.

LA MUJER. La Omega
Ella estaba rota.
—Alfa, —suplicó—. Alfa.
Ella alcanzó a Ox.
Ella alcanzó a Joe.
Ella me vio, y sus ojos brillaron violeta.
Ella gruñó, un animal acorralado listo para atacar.
Elizabeth le susurró al oído, su mano alrededor del brazo de la
Omega. Pequeños rastros de sangre caían de donde clavaron sus
garras.
La Omega chasqueó sus mandíbulas hacia mí.
Elizabeth sacudió su brazo con dureza.
—Jessie, —dijo Ox—, aléjate.
Jessie lo hizo, lentamente y sin apartar los ojos de la Omega.
—Mamá, —dijo Joe—, tal vez deberías…
Elizabeth no lo miró cuando dijo: —Silencio, Joe.
Joe calló.
Ella susurró y susurró.
La Omega me miró con los ojos muy abiertos. 209
Finalmente el violeta se desvaneció a un marrón fangoso. Su
cabello estaba mojado y pegado a sus hombros. Ella tenía una toalla
envuelta alrededor de su pecho y cintura.
Su cara estaba hinchada y pálida.
—Alfa, —dijo de nuevo, con la voz quebrada—. Por favor. Alfa.
08/2018
Sus manos eran garras mientras las sostenía hacia Ox. Hacia Joe.
Joe dijo: —Ella es como los demás.
—Ella es una Omega, —dijo Elizabeth, su agarre apretado. Sus
dedos estaban manchados de sangre—. Ella no sabe nada mejor.
Ninguno de ellos lo hace.
—Alfa, —dijo la Omega con la boca llena de colmillos—. Alfa,
Alfa, Alfa.

OX dijo: —No entiendo.


—Lo sé. No lo harías Ahora no.
—He visto a Omegas. Cuando vinieron aquí. Antes. Con
Thomas. Y después, cuando todos os fuisteis. Incluso con Richard,
ellos... ellos no eran así. Ellos todavía tenían el control. Y después... no
sé. Pensé que habíamos cerrado esa puerta.
Ah, sí. La puerta. La conexión con los Omegas que había sentido
después de que Richard Collins se convirtiera en Alfa. No hablamos
mucho de eso—. ¿Cómo está?
—Lo mismo como siempre.
Me dije que lo creía.
Él se sentó detrás del escritorio en la oficina. Joe se había negado
a apartarse de su madre mientras ella cuidaba a la Omega. Era tarde.
Los humanos se habían ido a casa. Carter y Kelly estaban de patrulla,
corriendo por los bordes del territorio. Robbie estaba en su habitación.
Mark estaba... bueno. No necesitaba pensar en dónde estaba Mark. No
era de mi incumbencia.
Escogí una larga cicatriz en la madera en la superficie del
escritorio. Procedería de uno de los niños de la vieja manada, que 210
todavía no tenían el control de su cambio. Ella había muerto cuando
los cazadores habían llegado. —Se degradan.
Ox se pasó una mano por la cara. Parecía cansado y tan joven.
—¿Qué?
Elegí mis palabras cuidadosamente. —Los Omegas. Ellos se
08/2018
degradan. El ancla, es... un vínculo. Es metafísico. Una emoción. Una
persona. Un apego espiritual. Tiene un lobo para su humanidad. Evita
que se pierdan ante el animal.
—Y un brujo.
Lo miré. Él me estaba mirando, con la cabeza ladeada.
—Yo no…
—Dijiste que tienen un lobo a su humanidad. Funciona igual
para las brujas. Me lo dijiste una vez. —Cerró los ojos y se reclinó en
la silla. Crujió bajo su peso.
—Te dije muchas cosas.
—Lo sé.
—No estamos hablando de mí.
—Tal vez deberíamos.
—Ox.
—Haces esto, sabes. Desviar. —Él abrió los ojos. Eran
humanos—. No sé por qué.
Le fruncí el ceño. —Sé lo que estás haciendo. Toda esta mierda
de Alfa zen no funciona conmigo. No soy uno de tus lobos, Ox, así
que para.
Él sonrió en silencio. —Me tienes. Pero entonces, soy tu ancla.
No quiero... ¿Cómo lo dijiste? Degradarme.
—Chico, patearé tu culo de lobo hasta la próxima semana, así
que ayúdame, Dios. Marca mis palabras.
Él rió. Fue un buen sonido. Un fuerte sonido. El calor floreció en
mi pecho al complacer a mi Alfa otra vez, y lo ignoré.
Él me saludó con la mano. —¿Estabas diciendo?
—Esos Omegas. Los anteriores. Ellos no son lo mismo. No
estaban tan lejos. Cuanto más tiempo un lobo no tenga ancla, más
salvajes serán. No es un proceso rápido, Ox. Y no es fácil. Perder la 211
mente nunca lo es.
—¿Te acuerdas de ella? La mujer descalza. Marie.
Oh, lo hice. Ella había sido hermosa, a excepción de la locura en
sus ojos. Ella había estado antes que Richard. Un precursor.
—Ella estaba en camino. No tan mal como los demás, pero ella
08/2018
habría llegado allí. Todos lo hacen. Al final.
Él me vio cerrar. —Lo has visto. Antes.
Asentí.
—¿Quién?
—No sabía su nombre. Mi padre no me lo dijo. Él vino a
quedarse con nosotros. Su manada había sido aniquilada. Cazadores.
Solo era un niño. Abel intentó ayudarlo. Intenté ayudarlo a encontrar
una nueva ancla, algo a lo que aferrarse. Pero no funcionó. Él estaba
perdido en su dolor. Su Alfa estaba muerto. Su compañero estaba
muerto. Su manada había sido destruida. No le quedaba nada. —Miré
la cicatriz en el escritorio—. Nada funcionó. Estaba... lentamente
estaba perdiendo la cabeza. ¿Alguna vez lo has visto de cerca, Ox?
Comienza en los ojos. Se vuelven... vacíos. Cada vez más vacíos. Al
igual que una luz se está desvaneciendo. Puedes ver que entienden lo
que les está pasando. Hay un conocimiento allí. Una comprensión.
Pero no pueden hacer nada para detenerlo. Finalmente, se perdió con
su lobo. Él era completamente salvaje.
—¿Qué le sucedió?
—Lo único que se puede hacer.
—Fue sacrificado.
Me encogí de hombros. —Abel lo hizo. Dijo que era lo menos
que podía hacer. Mi padre me hizo mirar.
—Jesús.
Eso ni siquiera comenzó a cubrirlo. —Fue necesario. Para ver lo
que se debe hacer. Fue una misericordia, al final. Pensé en el lobo en
el callejón de un olvidado pueblo de Montana, golpeado con plata en
la cabeza.
—Eras solo un niño. 212
—Al igual que tú con toda la mierda que pasaste. Y mírate ahora.
A él no le divirtió eso. —Los otros, entonces.
Los que encontraron su camino a Green Creek.
—¿Qué hay de ellos?
—Se los dimos al hombre áspero.
—Philip Pappas. 08/2018

—Y él los llevó al este. A Maine. A ella.


—Están mejor equipados para lidiar con Omegas. —No sabía
cuánto creía realmente eso.
Pero Ox lo dejó ir. —¿Y si no pudieran ser salvados? Si no
pudieran encontrar su ancla?
Lo miré, sin pestañear. —Ya sabes lo que pasó entonces.
Él golpeó su puño en el escritorio. Él todavía era un hombre,
pero apenas. Ox siempre tenía el control y rara vez se dejaba llevar por
la ira. Lobo zen. No quería enviarlos a la muerte.
Negué con la cabeza. —A veces no hay otra opción, Ox. Un lobo
salvaje es peligroso para todos. Lobos. Brujas. Humanos. ¿Te
imaginas lo que sucedería si un lobo salvaje llegara a una ciudad? Si
esa mujer en el piso de arriba se rindiera ante su lobo y fuera hacia
Green Creek? ¿Cuántas personas morirían antes de que pudiera ser
detenida? Y si tuvieras la oportunidad de hacer algo al respecto, y
luego no lo hicieras, esas muertes estarían en ti. ¿Podrías vivir contigo
mismo sabiendo que podrías haberlo terminado antes de que
comenzara?
Él miró hacia otro lado, la mandíbula tensa. Él estaba enfadado.
No sabía con quién.
—Mi padre me dijo una vez que a veces, por el bien de muchos,
tienes que sacrificar a unos pocos.
—Tu padre es un bastardo.
Me reí. —No vas a obtener ningún argumento de mí allí.
—Pero también lo era el mío.
—Corte de una tela diferente, pero el resultado final fue el
mismo. El tuyo usó puños. El mío usó palabras.
—Y el mío no es más que polvo y huesos, —dijo Ox—. Incluso 213
entonces, todavía me perseguía por mucho tiempo, diciendo que iba a
tener solo mierda.
—Me alegro de que esté muerto, —le dije sin importarme cómo
sonaba—. Él no te merecía. O a Maggie.
—No. Él no lo hizo. Y mamá y yo no merecíamos lo que él nos
08/2018
hizo. Pero se fue, y su fantasma se está desvaneciendo.
—Eso está…
—¿Pero qué hay de ti?
Di un paso atrás. —¿Qué hay de mí?
Extendió sus dedos por el escritorio. —Tu padre. Él es hueso y
carne. Magia, todavía. De nuevo. De algún modo.
—No he tenido noticias suyas. No sé dónde está. —La oficina se
sintió más pequeña. Como si las paredes se estuvieran cerrando
Los ojos de Ox se agrandaron levemente. —Sé eso. Eso no es lo
que estoy diciendo.
—Entonces tal vez llegues a tu puto punto, Ox.
—¿Cómo te las arreglaste? Antes de mí.
—Que te jodan, —dije roncamente.
—Dijiste que yo era tu ancla.
—Lo eres.
—Y dijiste que no había habido uno durante mucho tiempo antes
que yo.
—Ox. No lo hagas.
—¿Cómo mantienes tu mente? —preguntó amablemente—.
¿Cómo te mantienes para no ceder ante tu animal?
Un cuervo de madera, pero no necesitaba saber eso. Nadie lo
hizo. Era mío. Era para mí. Sobreviví cuando todos los demás me
habían dejado atrás, y nadie podía quitarme eso. Ni siquiera Ox. No
necesitaba saber que había habido días en los que me había aferrado
con tanta fuerza que me cortaba la carne y la sangre goteaba por mis
brazos. —¿Confías en mí? —Le pregunté con los dientes apretados.
—Sí, —dijo con esa voz tranquila que me estaba conduciendo a
la jodida pared—. Casi más que en nadie. 214
—Entonces necesitas confiar en mí cuando te digo que te
desanimes. Eso no está abierto para discusión.
Él me miró.
Luché para no inquietarme.
Finalmente, él asintió. —Bien.
—¿Bien? 08/2018

Él se encogió de hombros. —Bien. Mark cree que Michelle sabe


más de lo que está diciendo.
Luché para seguir el latigazo conversacional.
—No, pensé que eso era obvio. Ella está jugando juegos. Es
político. Ella todavía no sabe qué hacer contigo. A ella no le gusta lo
que no entiende.
—¿A alguien le gusto?
—No te entiendo, pero me gustas mucho.
—Ella quiere a Joe.
Y eso no estuvo bien. —¿Qué dijo ella después de que nos
echaste de aquí?
—Lo mismo de siempre. Que se supone que es temporal. Que
Joe necesita asumir el lugar que le corresponde. Que los lobos se
ponen inquietos. Lo necesitan, ella dice. Todos necesitan que sea quien
se supone que es.
—¿Y Joe?
Ox sonrió, y recordé la primera vez que lo había visto cuando su
papá lo había traído al garaje y me había inclinado a la altura de los
ojos, preguntándole si quería un refresco de la máquina. La sonrisa que
dio entonces era casi la misma que la de ahora. Él estaba complacido.
—Apeló a su ego. Le dijo que creía que estaba haciendo un buen
trabajo y que intervendría cuando pensara que era hora.
—¿Y eso funcionó?
—Los Alfas necesitan validación constante, al parecer. Aunque
no necesitaba mucha convicción.
—Sí. Puedo ver eso. Sois todo un grupo de perras necesitadas.
—Vete a la mierda, Gordo.
—Aunque estás haciendo un buen trabajo. 215
—Gracias. Es amable de tu parte... oh, imbécil.
Me reí de él. Se sintió bien. Usualmente lo hacía cuando estaba
cerca. Joe podría haber sido el Alfa al que recurrí, pero Ox era el ancla
que me mantenía entero.
—Ella lo está enviando nuevamente, —dijo Ox finalmente.
—A Pappas. 08/2018

—Por la niña.
—Es la cosa justa que hacer.
Él me estaba mirando, pero no me estaba viendo.
—¿Lo es? Porque me pregunto.
—Pregúntale, entonces. Cuando llegue aquí.
—Él me dirá lo que él piensa que quiero escuchar. Lo que
Michelle le dirá que diga.
Sonreí. —Entonces encuentra la manera de hacerlo romperse.
buena idea / tic tic tic

LA CHICA dijo "Alfa" y "por favor" y le tendió las manos.


Ella se agitó al verme.
Otras veces lloraba, con los brazos alrededor de sí misma,
meciéndose adelante y atrás. 216
Elizabeth parecía dolida, pasando sus manos por el cabello de la
chica. Ella susurraba cosas pequeñas y cantaba canciones que
causaban dolor en mi corazón.
Joe le dijo a los humanos que se mantuvieran alejados de ella. No
quería correr el riesgo de que la Omega arremetiera. 08/2018
Nadie discutió. Los hizo sentir incómodos, la forma en que sus
ojos vacíos miraban al frente, solo volvían a la vida cuando Joe o Ox
entraban en la habitación.
Ox trató de traerla de vuelta. Alejarla de la locura. Por un breve
momento, pensé que funcionó.
Sus ojos sangraron, un bajo retumbar en su garganta.
Sus ojos se aclararon, y ella parpadeó lenta y segura como si la
niebla se estuviera quemando y ella…
Sus ojos se volvieron violeta. Se apartó de él, se echó hacia atrás
en una esquina, incluso cuando extendió la mano hacia él, con las uñas
saliendo de las puntas de sus dedos, grasientas y negras.
—Alfa, —balbuceó—. Alfa, Alfa, Alfa.

NO ME QUEDÉ en la casa la mayoría de las noches. Tenía mi


propio hogar. Mi propio espacio. Alguna vez había sido de Marty, y
luego de Marty y mío. Ahora era solo mío. No era nada grandioso,
pero lo había echado de menos casi tanto como había echado de menos
a Ox cuando nos habíamos ido. La primera vez que entré después de
regresar a Green Creek, mis rodillas se habían sentido débiles y me
había desplomado contra la puerta.
Estaba en un vecindario tranquilo al final de una calle, más atrás
que las otras casas. Estaba hecho de ladrillo, por lo que los lobos
podían soplar y soplar todo lo que quisieran. Un árbol de arce crecía en
el patio delantero con tantas hojas en el suelo como en sus
extremidades. Brillantes flores florecieron en la primavera, dorados y
azules y rojos y rosados. Una pequeña plataforma conectada en la
parte posterior, lo suficientemente grande como para una silla o dos.
Algunas noches me sentaba allí, con los pies apoyados en la 217
barandilla, una cerveza fría en una mano y un cigarrillo en la otra
cuando se ponía el sol.
Había dos habitaciones. Una siempre ha sido mía. La otra era el
de Marty, ahora una oficina. Había una cocina con electrodomésticos
viejos y un baño con un botiquín de madera. El suelo estaba
08/2018
enmoquetado, y necesitaba ser reemplazado pronto, algunos de los
bordes deshilachados y gastados.
El tejado era nuevo. Ox y los chicos habían ayudado.
La casa de Bennett pertenecía a la manada. Pero esta casa era
mía
A veces, cuando llegaba a casa, ponía las llaves en el cuenco en
el mostrador de la cocina y me quedaba allí de pie, escuchando
mientras la casa crujía y se acomodaba a mi alrededor. Recordaría a
Marty moviéndose en la cocina, diciéndome que todo lo que un
hombre necesitaba eran unos pocos ingredientes y que se daría un
festín. La mayoría de las veces era una cena frente a la televisión
cocinada en el microondas. Había estado casado una vez, me había
dicho, pero no se había mantenido. —Los dos queríamos cosas
diferentes, había dicho.
—¿Como qué?
—Ella quería que vendiera el garaje. Yo quería que se fuera a la
mierda.
Él se reía cada vez que lo decía. Siempre se convertiría en una
tos de fumador, húmeda y pegajosa, su cara roja mientras se golpeaba
la rodilla.
Él no era mágico.
Él no era un lobo.
Él no era manada.
Era un hombre humano que fumaba demasiado y maldecía con
cualquier otra palabra.
Su muerte había dolido.
Pensé que había visto a Mark en el funeral, de pie al margen de
la multitud sorprendentemente considerable. Pero cuando me abrí paso 218
entre los simpatizantes, él se había ido, si es que había estado allí. Me
dije que estaba proyectando.
Después de todo, los lobos se habían ido.

08/2018
POCOS días después de que la Omega saliera de los árboles, abrí
la puerta de mi casita. Mi cuello estaba rígido y me dolían los
hombros. Había sido un día largo, y no era tan joven como lo había
sido una vez. El trabajo afectó mi cuerpo. Tenía una botella de
pastillas para el dolor en el cajón de la mesita de noche junto a mi
cama, pero siempre me hacían sentir confuso y lento. Probablemente
hayan expirado de todos modos.
Una cena precocinada en el congelador llamó mi nombre.
Enchiladas picantes que me dieron ardor de estómago. Una lata de
cerveza que quedaba de un paquete de doce. Un cigarrillo para
terminarlo todo. Una comida digna de un rey. Una manera perfecta de
pasar un viernes por la noche.
Hubiera sido, de todos modos, si no hubiera habido un golpe en
la puerta, incluso antes de que pudiera hacer mi camino por el pasillo
hacia el dormitorio.
Pensé en ignorarlo.
Luego, a través de la puerta, —Ni lo pienses, Gordo.
Gruñí.
Yo conocía esa voz. Escuché esa voz todos los días.
Me acababa de decir adiós a esa voz un par de horas antes.
Abrí la puerta.
Rico, Chris y Tanner estaban en mi porche.
Obviamente se habían ido a casa y se habían limpiado. Duchas y
un cambio de ropa. Rico usaba pantalones vaqueros y una camisa que
lo proclamaba ser una máquina de amor debajo de franela de manga
larga. Chris llevaba puesta su vieja chaqueta de cuero que una vez
había pertenecido a su padre. Tanner llevaba una camisa de cuello con
botones desabrochada sobre pantalones de color caqui.
Y todos me miraban expectantes. 219
Dije: —No, en absoluto, —y traté de cerrarles la puerta en la
cara.
Antes de que pudiera, se abrieron paso.
Pensé en abrir el suelo a sus pies y enterrarlos debajo de mi casa.
No lo hice, porque sería un desastre que tendría que limpiar más
08/2018
tarde.
Y también porque habría preguntas.
—Vamos a salir, —anunció Rico grandiosamente, como si fuera
la respuesta a todos mis problemas.
—Bien por ti, —espeté—. Que te diviertas. Ahora vete. ¿Y a
dónde diablos crees que vais vosotros dos?
Chris y Tanner caminaban por el pasillo hacia las habitaciones.
—No te preocupes por nosotros, —gritó Chris por encima del
hombro—. Solo párate y continúa enojado.
—Robbie tenía razón, —le dijo Tanner—. Nunca noté las cejas
asesinas antes. Ahora no puedo dejar de pensar en ellas.
—¡Será mejor que no toquéis nada! —Grité tras ellos.
—Sí, van a tocar muchas cosas, —me dijo Rico, dándome
palmaditas en el hombro mientras pasaba por mi camino a la cocina.
No podía hacer nada más que seguirlo, murmurando amenazas de
muerte en voz baja. Abrió la nevera, frunciendo el ceño ante el
contenido. Lo cual, sin duda, no era mucho.
—No he ido en mucho tiempo a la tienda, —murmuré.
—Esto es triste, —dijo—. Esto me pone triste.
—Bueno, podrías irte. Entonces ya no estarías triste.
Metió la mano en la nevera y enganchó mi última cerveza. Cerró
la puerta y abrió la tapa de la lata. —No. Ni siquiera puedo hacer eso.
Porque estaría pensando en ti aquí y todavía estaría triste. —Tomó un
largo sorbo.
Lo miré fijamente.
Él eructó.
Miré un poco más.
Él sonrió. 220
Absolutamente no tuve que contenerme de darle un puñetazo en
la cara. —¿Por qué estás aquí, Rico?
—¡Oh! Eso. Cierto. Me alegra que hayas preguntado.
—No me va a gustar esto, lo sé.
—No, probablemente no. Bueno, al menos no al principio. Pero
08/2018
luego te encantará.
—Vamos a salir, —dijo Chris, entrando en la cocina.
—Y vas a ir con nosotros, —dijo Tanner, justo detrás de él.
—Ha pasado demasiado tiempo desde que lo hicimos, —dijo
Rico, y bebió más de mi cerveza—. Todo ha sido lobos y manadas y
mierda aterradora saliendo de los árboles queriendo comerme. Y ni
siquiera me hagas hablar de que los Alfas nos están haciendo entrenar.
—¿Por qué tenemos que correr? —Preguntó Chris, con la cabeza
inclinada hacia el techo—. Por millas, incluso. Quiero decir, me sale
todo el asunto de escapar de los monstruos, pero ya sé cómo hacer
eso. —Se dio unas palmaditas en su estómago—. ¿Crees que pedí por
esto? Tal vez yo quería una barriga cervecera.
—Y no te olvides de los otros lobos, —dijo Tanner, con los
brazos cruzados sobre el pecho—. Son igual de malos. Ni siquiera
sudan. Y tienen colmillos. Y garras. Y puede saltar realmente alto.
—Es completamente injusto, —estuvo de acuerdo Rico—. Por
eso no invitamos a ninguno de ellos, y vamos a beber demasiado esta
noche para nuestras edades, y nos levantaremos mañana
arrepintiéndonos de todo.
No, absolutamente no. —El garaje…
—Ox y Robbie abrirán mañana, —dijo Tanner fácilmente.
—Tengo facturas para...
—Jessie dijo que las manejaría, —dijo Chris—. La invité a
acompañarnos, pero ella dijo, y cito: 'Preferiría ver a mi ex novio y a
su compañero hombre lobo tener sexo'. —Frunció el ceño—. Creo que
ella también quiso decir eso.
—No me gusta ninguno de vosotros lo suficiente como para...
—Estás lleno de mierda, —dijo Rico—. Pendejo. 221
Gruñí. —¿No puedo tener solo una noche para mí?
—No, —dijeron todos.
—Tanner y yo pusimos ropa en tu cama, —dijo Chris—. Ve a
cambiarte.
—Porque no se puede confiar en que te vistas solo, —concordó
08/2018
Tanner.
—Que te jodan.
—Tal vez si Bambi está dispuesto a compartir, —dijo Rico,
sonriéndome lascivamente—. Pon tu culo en marcha, Livingstone. El
tiempo no espera a ningún hombre.

GREEN CREEK tenía dos bares. El Faro fue al que todos iban
los viernes por la noche. El de Mack fue el que la mayoría de la gente
trató de evitar, dado que las copas estaban sucias y era más que
probable que Mack escupiera en su bebida y lanzara una retórica
obscenamente racista mientras miraba el viejo televisor montado en la
pared mostrando perpetuamente viejos episodios de Perry Mason.
Fuimos al Faro.
No había faro en Green Creek. No estábamos cerca del océano.
Fue solo una de esas cosas que nadie cuestionó.
El estacionamiento estaba lleno cuando llegamos a la camioneta
de Tanner. Ruidoso honky-tonk se derramó desde la puerta abierta,
junto con brillantes estallidos de risa. La gente se quedó afuera en
grupos, fumando, humo enroscándose pesadamente hacia el cielo
nocturno.
—Lleno esta noche, —dijo Chris.
—Podríamos irnos a casa, —señalé.
—Nah.
—Yo podía ir a casa.
—Nah.
Los chicos abrieron las puertas y se deslizaron del camión.
No me moví.
Rico inclinó su cabeza hacia adentro. —Fuera. O te dispararé. 222
Estoy cargando.
—No lo harías.
Sus ojos se estrecharon. —Pruébame, Gordo.
Rico se había vuelto más aterrador desde que descubrió a los
hombres lobo. Casi lo creí.
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Salí del camión.
La gente nos saludó mientras nos dirigíamos hacia adentro. Era
el precio de vivir en un pueblo pequeño. Todos conocían a todos. Yo
era el hombre que arreglaba sus autos, que a veces comía en el
restaurante. Yo era un ciudadano del pueblo. Lo mismo con los chicos.
Claro, Chris y Tanner se habían ido por un tiempo, pero volvieron, el
mundo era demasiado grande para ellos. Rico ya había estado
trabajando para mí. Chris y Tanner lo habían seguido en breve. Y
después de eso, nunca se fueron.
Pero eso es todo lo que fuimos para ellos. Los chicos del garaje.
Lugareños.
Me preguntaba qué pensarían si supieran todo.
Asentí con la cabeza en respuesta, no queriendo detenerme ni
siquiera por unas breves palabras. Esperaba encontrar un rincón
oscuro, tomar un par de jarras y salir de aquí en una hora o dos. Si
realmente quisiera, podría haber pedido perdón, pero había pasado
mucho tiempo desde que habíamos hecho esto, solo nosotros cuatro.
Lo intentamos una vez después de la muerte de Richard Collins. No
habíamos hablado demasiado, mirando nuestras cervezas, los chicos
todavía estaban demasiado enojados conmigo por irme.
Pero entonces la vida había sucedido. Nos ocupamos de la
manada. El garaje. Rico conoció a Bambi. Tanner comenzó a tomar
algunas clases de negocios en línea para poder hacer más con las
finanzas del garaje y la manada. Chris comenzó a interrogar a
Elizabeth y Mark sobre todas las cosas relacionadas con lobos,
tratando de averiguar todo lo que pudo sobre un mundo que no sabía
que existía la mayor parte de su vida.
Los vi todos los días todavía. Pero todos teníamos otras cosas
sucediendo. 223
Bueno, todos tenían otras cosas que sucediendo.
Estaba haciendo todo lo posible para ignorar lo obvio, trabajando
demasiado y durmiendo muy poco.
—¡Mi bebé! —Gritó una mujer.
—Mi corazón, —ronroneó Rico cuando sus brazos de repente se
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llenaron de cabello rubio, perfume floral y tetas falsas.
Bambi era... Bambi. Ella era una chica del pueblo que había
trabajado en el bar desde que se graduó de la escuela secundaria, lo
cual, desafortunadamente, no fue hace tanto tiempo como me hubiera
gustado. Ella era una chica de pueblo pequeño que arrojaba cervezas a
una multitud mayoritariamente masculina, bonita y un poco áspera en
los bordes. Sus uñas eran de color rojo sangre, al igual que sus labios,
y llevaba un par de pantalones cortos reveladores que probablemente
le dieron más propinas. Ella tenía una toalla sobre su hombro mientras
abrazó a Rico por el cuello, rociándole la cara con besos pegajosos,
dejando lápiz labial en sus mejillas y barbilla.
Tanner parecía horrorizado.
Chris estaba entretenido.
Rico tenía un brazado de Bambi.
Puse los ojos en blanco.
Un hombre que no reconocí estaba tropezando detrás de ella. Por
un momento pensé que seguiría yendo.
En cambio, retiró su mano y le dio una bofetada a Bambi en el
culo.
Ella se tensó.
Suspiré.
Casi más rápido de lo que podía seguir, giró en redondo, agarró
al hombre por el brazo y se lo retorció a la espalda. Él graznó de dolor
cuando ella pateó la parte posterior de sus rodillas, obligándolo a bajar.
Su botella de cerveza se rompió en el suelo. La gente en el bar guardó
silencio mientras levantaba su brazo detrás de él casi hasta el punto de
romperse.
—Tócame otra vez sin mi permiso, —dijo, su voz alta y dulce—, 224
y te arrancaré las pelotas. ¿Entendido?
El hombre asintió frenéticamente.
—Bien, —dijo, besando su mejilla—. Vete fuera ahora. Y si te
atrapo en mi bar otra vez, te terminaré.
Ella lo soltó y él se levantó, solo para encontrarse con dos
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hombres grandes que trabajaban para Bambi como seguridad. Lo
tomaron de sus brazos y lo sacaron del bar.
La música sonó de nuevo.
La gente comenzó a hablar en voz alta.
—La amo muchísimo, —susurró Rico con asombro.
—Sí, —dijo Chris—. Pregunta. Una vez que recupere el sentido
y termine contigo, ¿cuál es la cantidad de tiempo adecuada en el
código del hermano para esperar antes de que pueda invitarla a salir?
—Seis meses, —dijo Tanner.
—Hazlo siete, —dijo Rico—. Solo para que tenga tiempo
suficiente para reparar mi corazón roto. Y cuando lo hagas, recuerda
siempre que llegué primero.
—Gordo, —dijo Bambi, con una sonrisa de complicidad en su
rostro—. Bueno, ¿no eres un espectáculo para los ojos doloridos?
Estos degenerados finalmente te arrastraron, ¿eh?
—Estoy herido, —dijo Rico.
La gente subestimó a Bambi. Su nombre. Su apariencia. El hecho
de que ella era dueña de un bar cuando solo tenía unos años más allá
de la edad legal para beber. Pero ella era casi tan aterradora como los
lobos y más inteligente de lo que la mayoría le daba crédito.
Y por alguna razón, ella adoraba a Rico. No la cruzaría, pero
cuestioné su gusto por los hombres.
—Contra mi voluntad, —le aseguré.
Ella aplaudió. —Bueno. Me alegro de que funcionó. La mesa en
la parte de atrás está lista para vosotros. Sentaros y traeré un par de
jarras. —Besó a un aturdido Rico en la mejilla antes de abrirse paso
entre la multitud, gritándole a la gente que se fuera de la jungla.
—No sé lo que ve en tu fea taza, —dijo Chris, empujando a Rico.
—Mi sabor latino, —dijo bruscamente Rico, una sonrisa tonta en 225
su rostro—. Ella se cansó del pan blanco.
Tanner rodó sus ojos, pero comenzó a dirigir el camino hacia la
parte posterior de la barra.
Efectivamente, había una cabina vacía en la parte de atrás, una
tarjeta doblada sobre la mesa que decía que estaba RESERVADA (NO
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TE SIENTES AQUÍ SI NO ES PARA TI, GILIPOLLAS) en una letra
rosada de niña. Ella me confundió mucho.
Rico me empujó primero al banco, luego se deslizó a mi lado.
Tanner y Chris tomaron el otro lado. Chris sacó un pequeño bloc de
notas de un bolsillo que forraba el interior de su chaqueta. Lo abrió y
lo puso sobre la mesa frente a él. Frunció el ceño, acariciando sus
bolsillos exteriores, antes de sacar un lápiz rechoncho que parecía
haber sido roído repetidamente.
—Está bien, —dijo, abriendo el bloc de notas a una nueva hoja
de papel—. La reunión para encontrarle un hombre a Gordo ahora
puede comenzar.
Y había estado yendo tan bien.
—Qué, —dije rotundamente.
—¿Qué busca Gordo en un hombre? —Preguntó Tanner,
sentándose en el banco.
—Tiene que ser un poco malo, —dijo Rico, frotándose la barbilla
pensativamente—. No puede ser sensible, porque Gordo es un
gilipollas y haría llorar a gente sensible.
—En serio, —dije—. Qué.
—Uh-huh, —dijo Chris, escribiendo algo en el bloc de notas—.
Necesita ser malo. Lo tengo. ¿Qué más?
—Tiene que tener vello facial, —dijo Tanner—. Él tiene una
cosa por el vello facial. Tengo que ponerle esa barba en el culo.
—¿De qué diablos estás hablando…?
—Probablemente debería ser más alto también, —reflexionó
Rico—. A Gordo le gusta grande.
—Peludo y gordo, —murmuró Chris, encorvado sobre el bloc de
notas. 226
—No gordo, —dijo Rico—. Bueno, no es que haya nada de malo
en ser más pesado. —Me miró de reojo—. ¿Estás de acuerdo con algo
de carne en los huesos? ¿Algún cojín para tu empuje? Sé que eres
versátil. Por qué lo sé, no me importa pensar.
—Voy a asesinarlos a todos vosotros, —le prometí oscuramente.
—Le gustan un poco lobunos, —dijo Tanner. 08/2018

—Lobuno, —dijo Chris, lápiz rascándose a lo largo del papel.


—Capaz de defenderse en una pelea, —dijo Rico.
—Probablemente también tenga que saber sobre su secreto de
mis brazos, que brilla en la oscuridad, —dijo Tanner.
—No brillan en la oscuridad.
—Eso es verdad, —estuvo de acuerdo Rico—. Y debería ser
alguien con quien se sienta cómodo. Alguien que él conoce.
—Bien, claro, —dijo Chris.
Bambi apareció como por arte de magia, sosteniendo una bandeja
con dos jarras y cuatro tazas heladas en una mano. Ella las puso
expertamente sobre la mesa sin derramar una gota. Sonrió a Rico
mientras dejaba las tazas frente a nosotros y las jarras en el medio de la
mesa. —¿Qué están haciendo?
—Tratando de conseguirle a Gordo una cita, —dijo Rico
alegremente.
—Ooh, —dijo ella—. ¿Hombre o mujer?
—Hombre.
—Estoy en ello, —dijo antes de desaparecer de donde había
venido.
Enojado me serví cerveza. Era más espuma que líquido.
Rico tomó la otra jarra y comenzó a llenar las jarras restantes.
—¿Qué más?
—¿Hay algo más necesario? —Preguntó Chris, frunciendo el
ceño ante el bloc de notas.
—Creo que eso lo reduce, —dijo Tanner.
—Está bien, —dijo Rico—. Golpéame con eso.
Chris levantó el bloc de notas y lo sostuvo cerca de su rostro,
entrecerrando los ojos ante las palabras. —Bueno. Basándonos en 227
nuestros criterios de ser peludos, grandes y lobunos y saber cómo
Gordo usa los rayos de la Fuerza porque es más o menos un Jedi…
Furiosamente sofoqué la espuma.
—…nos deja con dos opciones para que Gordo tenga relaciones
sexuales.
—Increíble, —dijo Rico—. Eso hace que nuestro trabajo sea 08/2018

mucho más fácil. ¿Quiénes son?


—Carter o Mark Bennett.
Rocié espuma en la mesa.
Rico me dio una palmadita en la espalda. —Buenas elecciones,
aunque creo que una es más obvia que la otra. ¿Pros y contras?
—Carter es joven, —dijo Tanner antes de eructar. Él se limpió la
boca—. Probablemente podría levantarse más de una vez en una
noche. Probablemente también esté ansioso por aprender. Un
verdadero deleite del público, si sabes a lo que me refiero. Los niños
siempre están ansiosos. —Hizo una mueca—. Desearía no haberlo
expresado así.
—Y él es grande, —dijo Rico—. Y sabemos que está colgando
por todas las veces que lo hemos visto desnudo. Porque hombres lobo.
Lo cual hace maravillas para mi autoestima.
—Pene grande, —dijo Chris, escribiendo en el bloc de notas.
—Y es el segundo después de Joe, —dijo Tanner—. Lo que
significa que es un verdadero buscavidas.
—Buen punto, —dijo Rico—. ¿Contras?
—Él solo duerme con mujeres, —dijo Chris.
—Hasta ahora, —dijo Tanner—. ¿Pero Kelly no dijo que los
lobos eran todos fluidos? Tal vez aún no haya encontrado a un hombre
para acelerar su motor. —Me miró—. Tal vez no debería comenzar
con Gordo. Él es más que un abrirse camino. O un último recurso.
Apunté mi taza hacia él. —Serás el primero en morir.
—Y aunque es joven, podría ser demasiado joven para Gordo, —
dijo Rico—. Gordo tiende a quererlos un poco más... maduros. En
realidad, tiene algo de hierba en el campo, ¿sabes?
—Y serás el segundo, —le gruñí. 228
—Tampoco he detectado ninguna química sexual entre los dos,
—dijo Chris. Él me miró—. ¿Pasó algo en el camino? Una noche, tal
vez, cuando los dos se sentían un poco más solitarios de lo habitual, tal
vez se rindió y él chupó ti...
—Te guardaré para el final, —le advertí. —Mientras los gritos de
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los demás aún resuenan en tus oídos.
—Pasemos a Mark, —dijo Rico—. ¿Pros y contras?
—Hay una historia allí, —dijo Tanner antes de beber el resto de
su cerveza.
—¿Eso es pro o contra? —Preguntó Chris, llenando mi taza
vacía. Menos espuma esta vez.
—No sé, —dijo Rico—. Gordo, ¿eso es pro o contra?
Me sequé la boca, enfurecido.
—Lo pondré en ambos, —decidió Chris.
—Es del tipo de Gordo, —dijo Tanner.
—Definió bastante el tipo de Gordo, —dijo Rico.
—¿Sabes cuánto tiempo lleva asfixiar a una persona? —Les
pregunté—. Por lo general, alrededor de tres minutos. Puedo hacerlo
en uno y medio.
Ellos me ignoraron. —Y él es grande, —dijo Tanner.
—Y peludo, —agregó Chris—. Excepto por la parte superior de
su cabeza.
—Todo ese pelo en el pecho, —dijo Rico—. Hombre, estar en
una manada de hombres lobo con hombres en su mayoría debe ser
como un buffet para los chicos homosexuales. —Me pateó debajo de
la mesa—. ¿Es un buffet para ti? ¿Toda esa carne humana en
exhibición?
—Lástima que Jessie no sea un lobo, —suspiró Tanner.
—Esa es mi hermana, —le gruñó Chris, tratando de apuñalarlo
con el lápiz.
—Elizabeth es atractiva para una mujer mayor, —dijo Rico.
Entonces sus ojos se agrandaron—. Por favor, no le digas que dije eso.
No quiero hacer una repetición de Ox versus Richard Collins y ver mis 229
entrañas en mi exterior.
—Guau, —dijo Tanner—. Demasiado pronto, hombre.
Demasiado pronto.
Chris sacudió la cabeza hacia Rico, obviamente decepcionado.
—Lo siento, —dijo Rico—. Me sentí mal tan pronto como lo
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dije, pero ya estaba comprometido. No volverá a suceder ¿Dónde
estábamos?
—Mark y Gordo, —dijo Tanner.
Chris asintió. —Hasta ahora tenemos más pros que contras.
—Contras, —dijo Rico—. Contras, contras, contras. ¡Oh! Tengo
uno. Como, se separaron y lo hicieron por razones que Gordo aún no
ha explicado, a pesar de que es el compañero de luna místico de Mark,
o lo que sea. Y no nos ha dicho por qué ninguno de ellos se ha quitado
la cabeza del culo desde que Gordo regresó, a pesar de que a veces se
miran entre ellos como si quisieran ahogarse con sus pollas.
Lo miré fijamente.
Él se encogió de hombros.
—¿Qué? Tú sabes que es verdad.
—Ahogarse con sus pollas, —murmuró Chris, escribiendo
exactamente eso en su bloc de notas.
—No te estoy diciendo una mierda, —repliqué—. De hecho,
estáis despedidos. Y os echan de la manada. Y no quiero volver a ver a
ninguno de vosotros. Nunca.
Rico asintió con simpatía. —Sí, probablemente diría lo mismo si
fuera tú y rodeado de amigos que son mucho más inteligentes.
—¿Por qué no puedes dejar esto en paz?
—Porque somos tus amigos, —dijo Tanner—. Hemos tenido tu
espalda más tiempo que cualquier otra persona. Nos hemos ganado el
derecho de llamarte por tu mierda.
—Jessie me dijo que te estabas poniendo patético, —admitió
Chris—. Dijo ella desde que Mark conoció a Dale, ¿auch quién coño
me pateó?
—¡Aceptamos no mencionar su nombre! —Le susurró Rico—. 230
Que te jodan.
—No tienes que patearme. ¡Tus botas tienen punta de acero,
idiota!
—Jessie dijo que eras más gruñón de lo normal, —dijo Tanner,
mirando a Chris.
—No estoy más gruñón de lo normal, —dije—. Estoy siempre 08/2018

así.
—Eh, —dijo Rico—. Más o menos. Pero ha empeorado un poco.
Los lobos están comenzando a sentirlo. —Miró por encima del
hombro antes de inclinarse hacia adelante—. Sabes, —susurró—, a
través de sus sentimientos. —Movió sus dedos hacia mí.
—Eres todo jodidamente estúpido, —dije—. Y la siguiente
persona que abra la boca descubrirá cómo es la vida sin los testículos.
Todos me miraron.
Volví a mirar a cada uno de ellos para asegurarme de que sabían
que hablaba en serio. La magia no funcionaba así, pero no lo sabían.
Por mucho que quisiera aplastar sus rostros contra la mesa, solo
me estaban cuidando como siempre lo habían hecho. Tanner tenía
razón. Los conocía más que a casi nadie. Habían estado allí durante lo
peor, incluso si no sabían lo que estaba sucediendo. La destrucción de
mi primera manada, siendo dejado por mi segunda. Mark pidiéndole a
su Alfa permiso para cortejarme. Mark dándome su lobo. Yo le di un
ultimátum y Mark eligió su manada.
Mark, Mark, Mark.
Habían tratado de mantener a Dale lejos de mí. Como si me
importara. Como si fuera frágil. Como si la sola idea de que Mark con
otra persona sería tan devastador que no podría funcionar.
Había vivido más de mi vida sin él de lo que lo hice con él.
No me importaba. Mark podría hacer lo que quisiera.
No me importa una mierda. Solo porque no había estado con
nadie más en años no significaba nada. Era…
—Oh, mierda, —dijo Chris, con los ojos muy abiertos—. Esto no
debería suceder.
—¿Qué? —Preguntó Tanner, mirando a la multitud—. ¿Qué 231
estás? Oh, mierda. Um. ¡Gordo! ¡Oye, Gordo! —Dio una palmada en
la parte superior de la mesa—. Hey hombre. ¡Mírame! Mírame.
Entonces, hablemos de algo diferente. Como... um. ¡Oh! ¿Sigues
pensando en abrir otro garaje? Eso sería genial. Simplemente genial.
—¿Qué demonios os pasa a vosotros dos? —Preguntó Rico,
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entrecerrando los ojos.
Chris sacudió su cabeza como si estuviera teniendo un ataque,
sus ojos se movían de un lado a otro.
Rico miró por encima del hombro. Hizo un extraño ruido en su
garganta y comenzó a toser.
Me volví para ver lo que habían estado mirando.
—¡No! —Dijo Tanner, pateándome la espinilla.
—¿Cuál es tu problema? —Le gruñí, bajando y frotando mi
pierna.
—Nada, —dijo—. Mi error. Totalmente no quería hacer eso.
Solo... ¡oye! ¡Gordo!
—¿Qué?
—¿Cómo estás? De verdad. Siento que no hemos hablado en
mucho tiempo. ¿Ya sabes?
—Fuimos a almorzar hoy, —le recordé—. Solo nosotros dos. Por
una hora.
—Claro, —dijo Tanner, asintiendo furiosamente—. Tan amable
de tu parte. ¿Dije gracias por eso? Porque eso fue simplemente...
agradable. Aprecio, oh, mi maldito dios, ¿por qué viene aquí? ¿Está
loco?
Rico se retorció en su asiento, poniéndose de rodillas en el
banco.
—Vete, —siseó—. ¡Vete!
—Quien diablos eres tú...
—Hola chicos. ¿Cómo les va?
Mark Bennett estaba parado al lado de la mesa. Se veía bien. Su
cabeza estaba recién afeitada, y su barba había sido cortada
recientemente. Llevaba un suéter que nunca había visto antes, un
cuello en V granate que se agarraba a sus brazos y hombros. Sus jeans 232
estaban apretados alrededor de sus muslos, y él se alzaba sobre mí.
Había un pulso de manadamanadamanada algún lugar dentro de mi
cabeza, y no importaba si venía de él o de mí. Los humanos podían
sentirlo, pero no podían transmitirlo. Entonces tenía que ser de uno de
nosotros. Había algo más, algo que se sentía verde y azul, pero no
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pude agarrarme a él, no pude analizarlo antes de que se separara tan
rápido como había llegado. Era una idea, un pensamiento, pero él lo
había retirado. Aprendimos desde el principio cómo protegernos de los
miembros de nuestra manada. Nadie estaba al tanto de todo en nuestras
cabezas. Podría empujar. Una pregunta enviada como las ondas en la
superficie de un lago. Y tal vez él respondería. Pero no pensé que
quisiera saber.
Especialmente cuando vi a un hombre de pie junto a él.
Era delgado, con piel pálida y ojos oscuros. Su cabello era
artísticamente desordenado. Parecía ser un poco más joven que yo. Él
sonrió nerviosamente hacia nosotros, labios crispados. Estaba parado
cerca de Mark, sus brazos rozando. Parecía normal junto a Mark. La
mayoría de la gente lo hizo.
—Oye, —dije, desviando la mirada—. Mark. Qué sorpresa.
—No sabía que ibas a estar aquí.
—Yo tampoco.
—Sí, —dijo Rico, sonando como si estuviera tratando de no
reírse o gritar. No sabía cuál—. Lo sacamos esta noche. Ya sabes. La
noche de los humanos y otras cosas.
Golpeé su pie debajo de la mesa.
—Me refería a la noche de los chicos, —gritó—. Mierda.
—Dale, —dijo Tanner—. Qué gusto verte de nuevo.
Me giré lentamente para mirarlo.
Él palideció. —Uh. Quiero decir... ignórame. He bebido
demasiado.
—Hola, Tanner, —dijo Dale, su voz baja y grave. Era más
profunda de lo que pensé que sería. No me gustó—. Chris. Es bueno
verte también.
Chris solo asintió y bebió el resto de su cerveza en un trago largo 233
y lento.
—Hola, —dijo Dale, y me di cuenta de que estaba hablando
conmigo—. No creo que nos hayamos conocido.
Los chicos en la mesa contuvieron la respiración.
Malditos idiotas.
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Le sonreí a Dale, enciendo el hechizo. Él se veía un poco
deslumbrado. Mark no lo hizo. Parecía que lamentaba su propia
existencia. No lo culpé. Había sangre en el agua, y tuve ganas de dar
vueltas. —Sí. Qué hay sobre eso. Parece que has conocido a todos los
demás aquí. —Chris se desplomó. Tanner estaba inmóvil, como si no
lo viera sentado frente a mí—. Soy Gordo. Encantado de conocerte. —
Extendí mi mano y él la sacudió cortésmente.
—Gordo, —dijo—. He escuchado mucho de ti.
—¿Lo has hecho? —Dije, forzándome a sonar divertido—.
Bueno, ¿cómo es eso? ¿Hablas de mí, Mark?
—Por supuesto que sí, —dijo Mark en voz baja, esos ojos de
hielo en mí—. Eres importante.
Luché por mantener la sonrisa en mi rostro. Fue una batalla que
casi pierdo. —Bien, —dije—. Importante. Porque nos conocemos
desde hace tiempo.
—Mucho tiempo.
Dale parecía confundido, pero dijo: —Viejos amigos, ¿eh?
Devolví mi sonrisa hacia él. —Desde que éramos niños.
Crecimos juntos. Luego se fue y yo me quedé aquí. Nos separamos. Tú
sabes cómo es.
—¿Oh? —Dijo Dale, mirando a Mark—. No lo sabía.
—Tuve que irme, —dijo Mark, con los puños a los lados—. Por
la familia.
—Sí, —estuve de acuerdo—. Familia. Porque nada es más
importante que la familia.
—Claro, —dijo Dale lentamente, mirando entre los dos—. Puede
ser lo más importante.
—Oh, no sé, —dije—. A veces, una familia de elección es mejor
que la de sangre. Pero eso no es para todos. —Asentí con la cabeza a 234
los chicos en la mesa—. No estoy relacionado con ninguno de estos
imbéciles, pero siguen siendo míos. Por el momento.
—Estamos tan muertos, —susurró Rico a Tanner y Chris.
—Y algunas veces las personas se colocan en posiciones en las
que no tienen opción, —dijo Mark de manera uniforme.
—Oh, Dios mío, —respiró Tanner—. ¿Tienen que hacer esto 08/2018

ahora?
Dale se rió incómodo. —Creo que me estoy perdiendo algo aquí.
Lo despedí. —Nah. No te estás perdiendo nada. Porque no me
estoy perdiendo nada. ¿Verdad, Mark?
—Cierto, —dijo Mark, entrecerrando los ojos.
Rico se aclaró la garganta. —Tan divertido como esto es, y
créanme, nunca he estado entretenido en mi vida, no queremos evitar
que disfruten la noche.
—Podrían unirse a nosotros, —ofreció Chris. Entonces la sangre
abandonó su rostro mientras me miraba—. Uh no. No hagas eso. Vete.
—Él hizo una mueca—. No quise decir eso de la manera en que
sonaba. Simplemente no... estar aquí.
Tanner puso su cara en sus manos.
—Está bien, —dijo Dale. Parecía un tipo tan agradable. Odio
malditamente a los chicos buenos—. No vamos a entrometernos. Ha
pasado un tiempo desde que tuve todo esto para mí. Voy a aprovechar
eso.
—Cristo, —murmuró Rico—. De todas las cosas para decir.
—Suena divertido, —dije alegremente—. Encantado de
conocerte. Estoy seguro de que nos veremos de nuevo.
—Igualmente, —dijo Dale antes de llevar a Mark hacia la barra.
Los vi desaparecer entre la multitud antes de volver lentamente
hacia la mesa.
Rico, Tanner y Chris se hundieron aún más en sus asientos.
Tomé un largo trago de mi cerveza.
—Es bueno, —intentó Chris.
—Trabaja en una cafetería, —agregó Tanner—. Termina en
Abby. 235
—Solo lo encontramos una vez, —dijo Rico—. Y mientras le
dijimos en la cara que pensábamos que era un tipo genial, obviamente
estábamos mintiendo, porque ¿por qué siquiera pensaríamos algo así
cuando eres nuestro amigo?
—Cuando menos lo esperen, —dije—. Cuando se les escape de
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la mente. Cuando hayan olvidado este momento, es cuando vendré por
vosotros.
No debería haberme sentido tan bien como lo hice con la mirada
de miedo en sus ojos.

ESTABA BORRACHO.
No demasiado, pero más allá de achispado.
Me sentí bien.
La cerveza estaba pesada en mi estómago.
—Tengo que echar una meada, —les dije sobre el estruendo de la
barra abarrotada.
Asintieron con la cabeza, sin levantar la vista de sus tabletas
electrónicas de trivia. El bloc de notas había sido guardado, y ya no se
hablaba de pros y contras.
Me levanté de la mesa. Mi cabeza estaba nadando
agradablemente. Me abrí paso entre la multitud, sintiendo las manos
palmeándome la espalda, escuchando mi nombre dicho a modo de
saludo. Sonreí. Asentí. Pero no me detuve.
Había una fila para el baño de mujeres.
Mujeres de pueblo pequeño, todas.
El urinario estaba en uso en la habitación de los hombres, una
mano apoyada contra la pared mientras el chico estaba meando. La
puerta del cubículo estaba cerrada, y desde dentro llegó el sonido de
arcadas.
El baño estaba demasiado caliente. Olía a orina, mierda y
vómito.
Regresé al bar. 236
Estaba más caliente ahora.
Las cosas estaban empezando a girar un poco.
Necesitaba aire.
El frente del bar estaba demasiado lleno.
Fui al lado del bar.
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Bambi me guiñó un ojo mientras vertía bebidas.
Incliné mi cabeza hacia la puerta trasera detrás de la barra.
—Adelante, —gritó ella por encima del ruido—. Todavía te
estoy buscando, ¿entiendes lo que quiero decir?
Lo hice. No me importó.
El aire de la noche fue una sacudida contra mi piel caliente.
La puerta se cerró detrás de mí, los sonidos del bar amortiguados.
Tomé una respiración profunda y la dejé salir lentamente.
El callejón estaba vacío. Había llovido mientras estábamos
dentro. El agua goteaba desde canales llenas de hojas muertas. Un
automóvil pasó por la carretera y los neumáticos rodaron contra el
pavimento mojado.
—Joder, —murmuré, frotándome la frente. Me iba a sentir como
una mierda mañana. Estaba demasiado viejo para pasar la noche
bebiendo sin pagar. Hubo un tiempo en el que pude estar a tomar
cervezas hasta la una de la madrugada y luego levantarme y estar listo
para entrar al garaje a las seis. Esos días fueron hace mucho tiempo.
Caminé por el callejón, lejos de la calle. Un contenedor de basura
estaba a la derecha contra la pared del bar. La ferretería estaba a la
izquierda. Seguí mis dedos contra el ladrillo, húmedos y ásperos.
Me puse de pie al otro lado del contenedor y oriné contra la
pared.
Gruñí ante el lanzamiento. Siguió por años.
Me sacudí antes de volver a meter mi polla en mis jeans.
La idea de volver a entrar era terrible.
Saqué mis cigarrillos de mi bolsillo y saqué un cigarrillo del
paquete arrugado. Lo metí entre mis dientes. No pude encontrar mi
encendedor. Debo haberlo olvidado en casa. Miré a mi alrededor, 237
asegurándome de estar solo antes de chasquear los dedos una vez. Una
pequeña chispa y luego una pequeña llamarada de fuego al alcance de
mi mano. Mis brazos estaban cubiertos, pero sentí el cálido pulso
cuando un pequeño tatuaje cerca de mi codo izquierdo se encendió.
Llevé la llama a la punta del cigarrillo e inhalé. Me quemó los
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pulmones. La nicotina me inundó y suspiré con un chorro de humo.
El agua goteaba sobre mi frente.
Cerré mis ojos.
Una voz a mi derecha. —Esas cosas te matarán.
Por supuesto. Así me han dicho.
Los pasos se acercaron. —Recuerdo tu primero. Pensabas que
eras genial. Y luego comenzaste a toser tan fuerte, pensé que ibas a
vomitar.
—Tengo que acostumbrarme a eso. El primero siempre duele. —
Oh, los juegos que jugamos.
—¿Lo hace?
Inhalé.
—Lo he probado, ya sabes. En tu lengua.
Sonreí perezosamente. —Sí. Lo sé. Siempre te quejaste, aunque
creo que te gustó.
—Fue como quemar hojas. Humo bajo la lluvia.
—Qué poético de ti.
Él bufó. —Sí. Poético.
Abrí los ojos y miré la forma en que el humo se retorcía entre
mis dedos. —¿Qué quieres, Mark?
Estaba cubierto de sombras, de pie más hacia la boca del
callejón. La gente tropezó detrás de él en la calle, pero no nos
prestaron atención. Para ellos, nosotros no existimos.
Debería haber sabido que me seguiría hasta aquí.
O tal vez lo hubiera sabido.
—¿Quién dice que quiero algo? —Preguntó.
—Estás aquí.
—Al igual que tú.
—¿Quién dice que quiero algo? 238
Dos parpadeos de color naranja como el final de mi cigarrillo
quemaron en la oscuridad. —Nunca dije que tú lo hiciste.
La gente pensó que era duro. Un campesino sureño. El tipo rudo
del garaje. Ellos no estaban equivocados. Pero ellos no sabían todo
sobre mí. Escupí en el suelo. —Dale parece agradable. Seguro y suave.
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Dime, Mark. ¿Crees que se está preguntando dónde estás ahora? ¿Le
dijiste que volverías después de verme partir?
—Está con un amigo suyo.
Inhalé. Exhalé. El humo era azul y gris. —Ya conociendo a los
amigos. Aunque supongo que es justo, ya que aparentemente se
encontró con los míos.
—Estás enojado conmigo.
Mi sonrisa estaba llena de dientes. —No estoy nada contigo.
—Eres manada.
Y sentí el impulso, de él, del lobo en el callejón. Era caliente y
vibrante, un susurro de BrujoManada en el fondo de mi mente.
—Es curioso cómo funcionó, ¿no? Nuestra primera manada
destruida, nuestra segunda manada dejándome atrás. Y aquí estamos
otra vez. Nuestra tercera. Me pregunto si otros lobos tienen tantas
oportunidades. Si otros brujos han tenido tantos Alfas como yo tuve.
—La primera dolió, —dijo, dando un paso más en el callejón—.
La segunda casi me mata.
—No te detuvo. Thomas silbó y tú corriste como un buen perro.
Un gruñido bajo rodó por el ladrillo. —Él era mi hermano.
—Oh, lo sé. Fuera de aquí, Mark.
Y por un momento, vaciló.
Pensé que se daría la vuelta. Deje lo que sea que esto hizo que
me doliera la cabeza. La cerveza se sentía grasosa en mi estómago, y
deseé no haber salido nunca.
Pero no lo hizo.
En un momento estaba a tres metros de distancia, y al siguiente
estaba frente a mí, la línea larga y dura de su cuerpo presionada contra
el mío. Estaba de espaldas al ladrillo, su mano en un agarre flojo 239
alrededor de mi garganta, el pulgar y el índice cavando en las bisagras
de mi mandíbula.
Respiré, respiré y respiré.
—Luchas contra esto, —gruñó cerca de mi oreja—. Siempre
peleas contra esto.
—Tienes toda la razón, —dije, odiando lo ronca que sonaba mi 08/2018

voz. Una sacudida de electricidad estaba corriendo justo debajo de mi


piel, y él lo sabía. Él tenía que saberlo. Mi cuello y mis axilas estaban
cubiertos de sudor, emitiendo señales químicas que quería mantener en
secreto.
Él apretó sus dedos con más fuerza, girando mi cabeza hacia un
lado. Su nariz llegó a mi cuello, e inhaló bruscamente. Él arrastró su
nariz por mi garganta hasta mi mejilla. Sus labios rozaron la parte
inferior de mi mandíbula, pero eso fue todo.
—Hay ira, —dijo en voz baja—. Es humo y ceniza. Pero debajo,
todavía hay tierra, hojas y lluvia. Como siempre ha habido. Como la
primera vez. Lo recuerdo. Nunca olí algo así antes. Yo quería
consumirlo. Quería frotarlo en mi piel para que nunca me abandonara.
Quería hundir mis dientes en ello hasta que tu sangre llenara mi boca.
Porque el primero siempre duele.
—¿Sí? —Le pregunté. Levanté la mano y agarré la parte
posterior de su cabeza, sosteniéndolo contra mí—. Entonces consigue
un buen olfateo. Chúpalo, lobo.
Sentí el pinchazo de garras haciendo hoyos en mi piel mientras
presionaba sus caderas contra las mías. Inhaló profundamente, y luché
para evitar que mis ojos retrocedieran. En vez de eso, arrastré mi mano
desde la parte posterior de su cabeza hasta su cuello y sobre sus
hombros hasta que pude presionarla contra su pecho entre nosotros.
Hubo un latido de nada, el tic tic del agua goteando, y luego el
aire se onduló a nuestro alrededor, las alas del cuervo revolotearon.
Una pared de aire se estrelló contra él, derribándolo contra la pared
opuesta. Sus ojos se iluminaron, sus colmillos se alargaron mientras
me gruñía. 240
—Espero que haya valido la pena, —dije con voz fría—. Porque
si tratas de tocarme otra vez, voy a freír tu trasero. ¿Me entiendes?
Él asintió lentamente.
Tomé un último trago de mi cigarrillo antes de dejarlo caer y
aplastarlo debajo de mi bota. El humo se escapó por mi nariz. La
08/2018
música latía desde dentro del bar.
Y luego me alejé, yendo hacia la calle.
Pero antes de que pudiera doblar la esquina, lo escuché hablar.
El jodido siempre teniendo la última palabra.
—Esto no ha terminado.
demasiado tarde / animal salvaje

PHILIP PAPPAS vino al día siguiente.


No confiaba en la gente del este del país. Nunca lo hice. Siempre
llegaron con un aire de superioridad, pensando que sabían más de lo
que realmente sabían. Siempre estaban mirando, asimilando todo lo 241
que podían, catalogando sistemáticamente todos los pequeños detalles
para informar a los poderes fácticos que eran demasiado gallinas para
que realmente vinieran ellos mismos.
Osmond había sido el primero. Nos traicionó por Richard
Collins. Él había pagado por sus crímenes con su vida. 08/2018
Robbie Fontaine había sido el segundo, aunque Ox me había
dicho que nunca había sido como Osmond. Tenía los ojos brillantes y
estaba ansioso, un peón en un juego del que no sabía que formaba
parte. Me hubiera encantado haber visto la expresión de Michelle
Hughes cuando se dio cuenta de que Robbie había desertado a la
manada de Ox. Oh, estaba seguro de que ella interpretó el papel del
entendimiento de Alfa. Todo el mundo sabía que un lobo, un Beta,
tenía una opción cuando se trataba de una manada. Cualquier Alfa que
obligara a un miembro de la manada a quedarse se consideraba
peligroso y se lo trataba rápidamente. Por supuesto, rara vez había
escuchado que eso sucediera, pero el poder del Alfa podría ser
embriagador. Cuanto más grande y más fuerte es la manada, más
poderoso se vuelve el Alfa. Hacer que Betas abandonen los lazos,
rompiéndolos y reduzca la fuerza de una manada.
Por lo que entendí, Robbie no necesariamente había pertenecido
a Michelle. Había sido más un vagabundo, formando el vínculo
suficiente para evitar convertirse en un Omega. Aún debió de
molestarla descubrir que el hombre al que aparentemente había
enviado para espiar lo que quedaba de la manada de Bennett había
terminado uniéndose a ella. Esperaba que ardiera.
Philip Pappas fue otra historia. Ox lo llamó el hombre brusco.
Era un Beta sin sentido que solo había encontrado una vez antes de
que los Omegas comenzaran a llegar a Green Creek. Había venido
como uno de los Betas de Osmond en una visita a Thomas después de
que Abel había muerto.
Vestía trajes arrugados y corbatas finas y parecía perpetuamente
agotado. Su cabello era fino, y tenía una barba gris oscura que parecía
que picaba. Sus manos eran grandes y sus ojos se estrecharon
constantemente. No le quitó la mierda a nadie, por lo que pensé que 242
era perfecto como el segundo de Michelle.
No confié en él.
No confiaba en nadie fuera de la manada Bennett.
—¿Dónde está ella? —Preguntó mientras estaba sentado en la
oficina frente a Ox y Joe. Mark estaba en una esquina, Carter en otra.
08/2018
Me quedé cerca de la ventana, golpeando la tapa de mi encendedor de
plata una y otra vez, mirando las orejas de los lobos contraerse cada
vez que el metal golpeaba. Dos de los lobos de Pappas permanecieron
afuera, no invitados dentro de la casa Bennett.
—Con mi madre, —dijo Joe, inclinándose hacia delante, con los
codos sobre el escritorio.
Pappas asintió. —¿Como los otros?
—Sí, —dijo Ox, con los brazos cruzados sobre el pecho—.
Exactamente como los otros. Es extraño.
Pappas arqueó una ceja. —Ellos son Omegas. Todo sobre ellos
es extraño. Es... antinatural. Un lobo no debe ser un Omega. Se supone
que no debemos ser salvajes.
—Entonces, ¿por qué hay tantos? —Preguntó Ox.
Pappas mantuvo una cara en blanco. El era bueno.
—No sabía que un puñado era considerado como muchos.
Yo resoplé.
Él me miró. —¿Algo que decir, Livingstone?
—Richard Collins ciertamente parecía tener más de un puñado.
—Una aberración.
—¿Lo fue? —Le pregunté—. Porque parecía un poco más que
una aberración.
Él no me quería. Eso fue obvio. No me importa una mierda.
—¿Qué estás tratando de decir?
Joe se aclaró la garganta, lanzándome una mirada asesina antes
de mirar a Pappas. —Creo que lo que quiere decir Gordo es que parece
haber más Omegas de lo que cualquiera de nosotros piensa.
Pappas asintió lentamente. —¿Sabes cuántas manadas de lobos
hay en América del Norte?
Joe miró a Ox, que no había quitado los ojos del lobo que tenía 243
delante. —Treinta y seis en veintinueve estados. Veintiuno en tres
estados repartidas en Canadá.
—Y en promedio, ¿cuántos miembros hay en cada manada?
—Seis.
Pappas parecía impresionado, aunque trató de ocultarlo.
—Hace veinte años, había noventa manadas. Treinta años atrás, 08/2018

cerca de doscientos.
Ox apenas parpadeó. —¿Qué cambió?
Mark se aclaró la garganta. Lo miré. Estaba mirando hacia el
piso. —Cazadores.
Pappas golpeó sus dedos en un ritmo de staccato en el escritorio.
—Clanes y clanes de cazadores cuyo deber era, o eso pretendían,
matar tantos lobos como fuera posible. Humanos que vinieron con sus
armas y sus cuchillos en nombre de matar a los monstruos. Cortan a
los lobos indiscriminadamente. Hombres. Mujer. Niños. Los que
escaparon siguieron corriendo. A veces se unían en manadas,
formando manadas improvisadas.
—¿Cómo es eso posible? —Preguntó Carter, frunciendo el
ceño—. No habrían tenido un Alfa.
Pappas se encogió de hombros. —No lo sabemos. Los lazos se
formaron, deshilachados y podridos como estaban. Aminoró el
descenso y se volvió salvaje. Y luego aparece alguien como Richard,
un Beta anormalmente fuerte en su propio descenso que casi podría ser
un Alfa, y se reunieron detrás de él. Necesitaban a alguien a quien
seguir. Era una luz en la oscuridad, y se arremolinaron a su alrededor.
Michelle no se equivocó cuando ella le dijo que cuando se convirtió en
Alfa, aunque solo fuera por un momento, todos lo sintieron. Y luego
eso fue quitado. Por supuesto que serían atraídos aquí.
—No vimos cazadores en el camino, —dijo Carter—. Además de
David King, no había nadie más.
—Eso se debe a que, como los lobos, sus números se redujeron,
—dijo Pappas—. Vejez o muerte o miedo a represalias. Venganza, si
quieres. —Él me miró y luego miró a los Alfas—. Es por eso que
David King estaba huyendo, después de todo. 244
—No vendrán aquí, —dijo Joe, sonando seguro de sí mismo—.
Los cazadores. Lo que queda de ellos. Ellos saben mejor.
Yo dije: —No creo que eso sea...
Ox dijo: —¿Qué pasó con los demás? Los Omegas que tomaste
de aquí. Ocho de ellos en los últimos seis meses. —Lo sabía. Ya se lo
08/2018
dije. Estaba probando Pappas.
—Muertos, —dijo Pappas sin dudarlo—. Todos ellos. No
tuvimos elección. Ya se habían ido demasiado lejos.
—Y supongo que hiciste todo lo que pudiste. Que Michelle hizo
todo lo que pudo.
—Ella lo hizo.
—No está mintiendo, —dije en voz baja.
Ox me miró. Él estaba enfadado. Podía sentir eso, una ola de azul
y rojo a través del hilo que me unía a él. Dijo qué y Gordo y no sé qué
hacer, él la llevará a matarla, va a morir.
—Podría lastimar a alguien, —le dije, tratando de ignorar su
angustia. Lo necesitaba para mantener la calma—. Tal vez ella no
quiera, pero para el momento en que ocurra, lo que ella quiera no
importará. Ella se habrá ido. No quedará nada más que garras y
colmillos y un deseo de cazar. Lo has intentado. Joe también. No
puedes mantenerla aquí. Ella podría lastimar a alguien. ¿Qué pasa si es
Jessie? ¿O Tanner? Chris o Rico? No podrán pelear con ella si no la
ven venir. Ella será un animal.
Apretó los dientes cuando Joe puso su mano sobre la suya.
—¿Michelle es más fuerte que yo? Más fuerte que Joe?
Pappas parecía cauteloso. ¿Por qué?
—Porque si no podemos hacer nada, ¿cómo podemos esperar que
ella lo haga?
—Mierda, —suspiró Carter—. No puedes estar pensando en...
—No, —dijo Pappas sin rodeos—. Ella no lo es. Y si le dices que
dije eso, lo negaré hasta el día de mi muerte. Pero de esto no se trata
esto. Esto es una formalidad, nada más. Una cortesía para ti. Y si esta
Omega se ha deteriorado tanto como dices, entonces ya es demasiado
tarde. 245
Ox asintió antes de levantarse de la silla. —Gordo.
—Amigo, —dijo Carter, sonando alarmado—. Espera, Ox,
espera un minuto, no puedes simplemente…
—Carter, —dijo Joe, y su hermano guardó silencio.
Ox salió de la habitación. Hice lo único que pude.
08/2018
Lo seguí.
Estaba en una de las habitaciones libres en la parte superior de
las escaleras. Kelly estaba de pie cerca de la puerta, cuidando a su
madre mientras tarareaba tranquilamente en la cama, la Omega en la
esquina, gruñendo en voz baja en su garganta. Su cabello colgaba flojo
alrededor de su cara, y ella estaba medio cambiada, sus ojos brillaban
violeta, su cara cubierta de pelo gris. Su mano derecha era una pata. La
izquierda todavía era en su mayoría humana.
Vio a Ox y sus ojos se agrandaron. Ella abrió la boca para hablar,
pero todo lo que salió fue un gruñido animal. Sus ojos se clavaron en
mí y se redujeron a rendijas antes de mirar a Ox.
—¿Qué está pasando? —Kelly preguntó nerviosamente,
recogiendo las olas de azul que salían de Ox—. ¿Qué pasó?
Él dijo: —Lleva a tu madre abajo.
—Pero…
—Kelly.
El asintió. Elizabeth no luchó contra él mientras él la ayudaba a
levantarse de la cama. Se detuvo al lado de Ox, tomando su rostro
entre sus manos. —¿No hay otra manera?
Sacudió la cabeza.
—Los demás. Ellos... —No necesitaba terminar su pregunta.
—Sí.
Ella suspiró. —¿Puedes mostrarle misericordia?
—Sí.
—¿Puedes evitar que siga lastimada?
—Sí.
Se puso de puntillas y lo besó en la frente. —Sé su Alfa, Ox, —
susurró—. Ella te lo agradecería, si pudiera.
Entonces ella se había ido. 246
Kelly nos dio una última mirada antes de seguir a su madre,
cerrando la puerta detrás de él.
La Omega gimió, la saliva goteó por su barbilla.
—Lo haré, —le dije—. Lo he hecho antes. Esto no tiene que ser
tuyo. No tienes que hacer esto, Ox.
Estaba viendo a la Omega. —Mi padre me dijo que iba a recibir 08/2018

mierda toda mi vida.


—Lo sé. —Si él no estuviera ya muerto, lo habría perseguido y
lo habría matado yo mismo.
—Que la gente nunca me entendería.
—Sí, Ox.
—Que nunca sería capaz de hacer lo correcto.
—Él estaba equivocado.
Ox me miró. —Él lo estaba. Porque te tengo a ti. Y Joe. La
manada. Yo tengo una familia. Gente que me importa. Gente que me
entiende.
—Todavía no tienes que hacer esto.
La Omega gruñó en mi dirección. Por un momento pensé que iba
a lanzarse hacia mí, pero Ox gruñó hacia ella, y ella se encogió de
nuevo en la esquina.
Sus manos estaban en puños a los costados.
—¿Crees que duele? Perder tu mente.
—No lo sé.
—¿No lo sabes?
—¿Tú sí?
—Mi madre.
Ah. —No fue lo mismo para mí. Yo no… mi madre no era lo
mismo que Maggie.
—No. No espero que nadie sea igual a ella. Ella era... especial.
—Lo sé, Ox.
—Me sentía frío. Como si tuviera hielo en mi cabeza. Todo
estaba congelado. Dolió, y no pude encontrar una manera de detenerlo.
Todo lo que quería era venganza, incluso si no quería. Cometí errores.
No sabía si alguna vez superaríamos las decisiones que siguieron 247
a la llegada de la bestia.
—Joe se habría ido incluso si no hubieras dicho nada.
—Tal vez. Perdiste tu manada una vez.
Dos veces, pero quién estaba contando.
—Lo hice.
—Murieron. 08/2018

—Sí.
—Debe haber sido como perder la cabeza. Los lazos
rompiéndose.
Y dudé.
Él asintió con la cabeza, este joven maravillosamente extraño
viendo todo lo que no podía decir en voz alta.
—Me pregunto qué hubieras hecho para detenerlo.
Cualquier cosa. Hubiera hecho cualquier cosa.
Él se movió entonces. Él había sido ese niño que una vez se
escondió detrás de la pierna de su padre, mirándome tímidamente
mientras le preguntaba si quería un refresco de la máquina. Él había
obtenido una cerveza de raíz. Se rió después de tomar el primer trago,
diciéndome que nunca había tenido una y las burbujas le hicieron
cosquillas en la nariz.
Él ya no era ese niño. Él era un tipo grande ahora. Un Alfa
fuerte, valiente y poderoso, mucho más de lo que alguna vez pensé que
era posible. Lo había visto enojado. Había visto la furia detrás de sus
ojos cuando los monstruos salieron de los árboles para tomar lo que
era suyo. Lo había visto repartir la muerte con sus manos.
Esto no fue eso.
La Omega no tuvo tiempo de reaccionar antes de estar sobre ella,
sus manos a ambos lados de su cabeza, una grotesca parodia de cómo
Elizabeth lo había abrazado minutos antes.
Pero él no estaba enojado.
Todo lo que sentí fue azul.
Él estaba triste.
Esto lo lastimó. 248
Él giró su cabeza brutalmente hacia la derecha.
Los huesos se agrietaron y explotaron, el sonido agudo en el
pequeño dormitorio.
Su pierna derecha sufrió un espasmo y su pie se deslizó por la
alfombra. Sus dedos de los pies se flexionaron una vez. Entonces dos
08/2018
veces. Sus uñas de los pies se veían como si hubieran sido pintadas
recientemente. Elizabeth debe haberlo hecho. Estaban rosas antes de
que las garras brotaran de cada una.
El violeta se desvaneció de sus ojos.
Tardó solo unos segundos en calmarse.
Se sintió como años.
Yo no era como los lobos. No pude escuchar el momento en que
su corazón se detuvo.
Me pregunté cómo sonaría. Un tambor atronador que saltó
algunos latidos antes de quedarse en silencio.
Ella se desplomó con una baja exhalación.
Las garras se cayeron.
El cabello retrocedió de su rostro cuando su cambio se
desvaneció.
Todo lo que quedaba era una mujer joven.
Ox se inclinó hacia adelante, su frente presionada contra la de
ella.
Cerré mis ojos.
Susurró,
—Tu manada te aullará a casa. Todo lo que necesitas hacer es
escuchar su canto.

JOE MIRÓ a Ox tan pronto como abrimos la puerta e


inmediatamente lo arrastramos por el pasillo hacia su habitación. Me
miró por encima del hombro. Él no habló, pero entendí.
Carter y Kelly estaban abajo con su madre en la cocina,
acurrucada a ambos lados de ella mientras sostenía una humeante taza 249
de té, con la cuerda de la bolsa apoyada en sus dedos.
Podía ver a Mark a través de las ventanas en la parte delantera de
la casa, parado afuera frente a los lobos que Pappas había traído.
Parecía que no estaban hablando, y pensé que Mark estaba haciendo
posturas, como a veces lo hacía.
08/2018
Los humanos no estaban en la casa. Tan pronto como supimos
que Pappas estaba en Green Creek, los habíamos enviado. Jessie había
mirado a Ox antes de jadear y salir por la puerta principal. Los chicos
la habían seguido con menos actitud, por lo que estaba agradecido.
Pappas todavía estaba en la oficina.
Al igual que Robbie.
—…y ella te envía saludos, —estaba diciendo Pappas, la puerta
no estaba cerrada.
—Eso es... genial, —dijo Robbie, sonando incómodo.
—Ella se preocupa por ti.
—Estoy bien.
—Puedo ver eso. Y le diré lo mismo. Aunque siempre hay un
lugar para ti si alguna vez decides que quieres volver a casa.
Eso me irritó muchísimo, especialmente porque Pappas tenía que
saber que estaba justo afuera de la puerta. Ellos habrían escuchado mis
latidos del corazón. Lo que significaba que quería que yo lo escuchara.
—Este es mi hogar, —dijo Robbie—. Ox y Joe son mis Alfas.
Esta es mi manada.
—Así es, —dijo Pappas. Él estaba entretenido—. Bien. No
estaría haciendo mi trabajo si no extendiera la oferta de la Alfa. Hiciste
un buen trabajo para ella. Ella estaba impresionada. Y sabes que no
está impresionada por mucho en estos días.
Eso fue suficiente. Abrí la puerta el resto del camino.
—Robbie, —le dije, ¿puedes hacerme un favor y llamar a los
demás? Házles saber que la situación ha sido manejada.
Pareció aliviado, parado de inmediato. —Entendido, jefe.
—Te dije que no me llamaras así.
—Sí. Muchas veces. Aún lo haré, jefe.
Él sonrió agradecido cuando pasó a mi lado. 250
Esperé hasta que se fuera para cerrar la puerta por completo.
Pappas se quedó en su silla, mirándome con curiosidad. Él no
tenía miedo.
—Ir al territorio de otro Alfa y tratar de reclutar a un miembro de
su manada es una cosa, —le dije, recostándome contra la puerta—.
¿Pero llegar a la tierra de Bennett? ¿Con dos Alfas? —Negué con la 08/2018

cabeza—. Eso toma algunas bolas. O una gran cantidad de estupidez.


El jurado todavía está fuera.
Si Pappas hubiera sido del tipo que sonrió a cualquier cosa,
estaba seguro de que habría estado sonriendo entonces. Él no estaba
intimidado. Me preguntaba si él sabía qué error era ese.
—Gracioso, eso. Viendo cómo Robbie nos perteneció una vez.
—Y aquí estaba pensando que la libre voluntad aún importaba.
Que los lobos tenían una elección a quién pertenecer.
Pappas asintió. —Me pidieron que hiciera la oferta. Hice lo que
me dijeron. Michelle, ella está... preocupada.
—¿Acerca de qué?
—Su manada parece estar comprando una gran cantidad de la
propiedad en Green Creek. Negocios y tal.
—Comprobándonos, ¿verdad?
—Es una cuestión de registro público.
—Eso todavía necesita ser buscado.
Él flexionó sus manos. —El nombre de Bennett parece estar
vinculado a cada faceta de esta ciudad.
—Estamos invirtiendo.
—¿Para?
—El futuro. Y ayuda a las empresas locales. Nosotros las
poseemos. No los bancos. Podemos reducir el alquiler. Hacer las cosas
más baratas para todos. Los mantiene felices Michelle no necesita
preocuparse. Este es nuestro hogar. —Era más que eso, pero no
necesitaba saber. Carter y Kelly se habían hecho cargo de las finanzas
de la manada y se les había ocurrido la idea de devolver la riqueza de
los Bennett a la ciudad. Ayudó a la gente que vivía aquí, pero también
reforzó el control de la manada en este territorio. Cualquiera que 251
quisiera quitárselo sería una tontería intentarlo. No con lo atados que
estábamos a este lugar ahora.
—¿Es eso cierto? ¿Ese era el plan de Thomas? ¿Antes?
—¿Qué quieres, Pappas?
—No estoy aquí para forzar nada.
No lo creí por un segundo. —Excepto por la muerte de la 08/2018

Omega.
Él inclinó la cabeza. —Ox se ofreció como voluntario.
—No le diste ninguna opción.
—Está esa palabra otra vez. Opción. Debes pensar en mí como
una especie de maestro manipulador.
—Conocí a Osmond. —Quise decir las palabras para aterrizar
con un golpe, pero parecía apenas afectado.
—Un error.
—Uno que se prolongó durante años. Dime. ¿Has descubierto
exactamente cuándo se volvió contra vosotros? ¿Cuándo decidió que
Richard Collins valía más que todos vosotros?
—Hubo... señales. Cosas que no deberían haberse pasado por
alto.
—Y no hay nadie más.
—No que nosotros sepamos.
—Eso no significa tanto como solía.
Se inclinó hacia adelante en su silla, con las manos entrelazadas
en su regazo. Su frente tenía un brillo de sudor. No creía haber visto
nunca a Pappas sudar antes. —¿Qué estás realmente preguntando,
Gordo?
Miré hacia atrás para asegurarme de que la puerta permanecía
cerrada para que nadie nos oyera. Lo estaba. Pappas no estaba
sonriendo de nuevo cuando me volví hacia él. Él arqueó una ceja hacia
mí.
—Sabes eso.
—Tal vez solo quiero oírte decirlo.
Malditos hombres lobo. —Mi padre.
—Tu padre, —se hizo eco—. Cierto. Robert Livingstone. 252
Después de la desafortunada situación con Richard Collins, debo
admitir que me sorprendió el... subterfugio. Mantener las cosas de tus
Alfas no parece ser algo que harías, Gordo. Después de todo lo que tu
manada ha pasado. Es casi como si confiaras en mí más que ellos.
—No sabes nada de mí.
08/2018
Y ahí estaba. Una sonrisa completa. Parecía que pertenecía a un
tiburón. —Sabemos mucho más de lo que piensas. Le informas al Alfa
de todo, ¿no?
—Temporal. Y nada más.
Sacudió la cabeza. —Joe parece que no quiere irse de aquí. No lo
culpo. Este lugar, es... a diferencia de cualquier otro territorio en el que
haya estado. Puedes sentirlo cuando te acercas. Es como una gran
tormenta en la distancia, toda la electricidad y el ozono. La forma en
que Thomas Bennett alguna vez lo dejó para empezar está más allá de
mí. Él debe haberle confiado mucho para dejarlo a tu cuidado.
—A Thomas Bennett no le importó una mierda.
—¿No? Qué curioso.
Estaba cansado de esto. De él. —Dime lo que necesito saber.
Él extendió sus manos sobre sus muslos. Creí ver una pizca de
garras, pero se habían ido un momento después.
—No hay nada. O más bien, nada nuevo. En cualquier frente.
Eso no podría ser posible.
—Te advertí que Elijah todavía estaba allí afuera. Lo que su
hermano me dijo. ¿Cómo es posible que un cazador de su calibre se
deslice bajo tu radar?
Él se encogió de hombros.
—Tal vez ella ha colgado su manto. Tal vez ella está muerta. O
tal vez, solo tal vez, David King estaba lleno de mierda y se enfrentó a
hombres lobo enojados mientras se desangraba hasta la muerte,
diciendo lo que sea que creía que querías escuchar para salvar su
propia vida.
—Te estás perdiendo algo. Tal vez Michelle no… ¿estás bien?
Estaba respirando más fuerte de lo que había hecho un momento
antes. Cerró los ojos, con las aletas de la nariz llameando. Extendió la 253
mano y se secó el sudor de la frente. Si él no hubiera sido un lobo,
hubiera pensado que estaba enfermo. Pero como los lobos no se
enfermaban, no como los humanos, tenía que ser otra cosa. Era casi
como si estuviera perdiendo el control. Pero eso no fue...
—Estoy bien, —dijo finalmente, abriendo los ojos—. Ha sido un
08/2018
largo viaje aquí para hacer de nuevo en tantas semanas. Si pensara que
podría manejar un avión, habríamos volado. Pero todos esos aromas en
un lugar tan pequeño son solo... es demasiado.
Fruncí el ceño.
—No te ves así…
—No ha habido informes de ninguna actividad de cazadores en
años, —dijo Pappas de manera uniforme—. Los antiguos clanes han
sido resueltos o han desaparecido. Honestamente, debemos agradecer a
Richard por eso. Mató a más cazadores que cualquier lobo en años.
Independientemente de en qué se convirtió, hizo el trabajo sucio por
nosotros mejor de lo que podríamos hacerlo. Tenía sus defectos, pero
al final resultó ser útil.
—Defectos, —me hice eco incrédulo—. Él asesinó a Thomas
Bennett. Él asesinó a la madre de Ox. Él casi mata a Ox. Esos no son
defectos.
—Sé que es difícil, Gordo. Y aunque sus crímenes fueron
terribles, a veces sé que no se puede ver el panorama completo aquí.
Estás muy cerca.
—¿Y mi padre? ¿Cómo encaja él en tu cuadro más grande?
¿Cómo te va a resultar útil?
—Me malinterpretas deliberadamente.
Le gruñí, pasando una mano por mi rostro.
—Él todavía está afuera.
—Lo sabemos. Pero lo que sea que esté haciendo, está en la
sombra. Él es un fantasma, Gordo. No puedes atrapar lo que no está
allí.
—¿Lo estás buscando?
—¿Lo haces tú? Me parece que si alguien tuviera una razón para 254
asegurarse de que no lastimara a otra alma viviente, serías tú. ¿Qué has
hecho para encontrar a tu padre?
—Solo era un niño, —le espeté—. Cuando todos vinieron y se lo
llevaron. Cuando me prometieron que nunca volvería a lastimar a
nadie. ¿Y adivina qué? Mintieron.
—Ese fue Osmond… 08/2018

—Que se joda Osmond, y jódete tú también. Deberían haber


sabido. Acerca de Osmond. Acerca de Richard. Acerca de mi padre.
Gracias a vosotros, la gente ha muerto, buena gente. Thomas no se
merecía...
—Qué humano de ti.
Parpadeé.
—¿Qué?
—Hace un momento dijiste que a Thomas Bennett no le
importaba. Y sin embargo, aquí estás diciendo que no se merecía la
muerte que recibió. Por implicación, estás diciendo que te preocupas
por él, a pesar de que no sientes que fue recíproco. Es una cosa tan
humana de hacer. Un lobo nacido ve las cosas en términos de manada
y Alfa. De olores y las emociones asociadas a ellos. Los lobos
cambiados tienden a luchar contra ellos mismos, recordando tanto lo
que significa ser humano como lo que significa ser un lobo. Los
humanos, sin embargo. Son más... complejos. Más falibles. Tu magia
no te excluye de esta complejidad. —Sacudió la cabeza—. Es por eso
que los humanos no suelen estar en manadas. No tienen la
comprensión de lo que significa ser una manada.
—Lo hacemos bien, gracias.
Hubo esa sonrisa otra vez. —Oh, lo sé. Otra rareza de la manada
Bennett. Ox es... diferente a todo lo que alguna vez haya existido
antes. Me encuentro fascinado con él. Todos lo somos. Él es el tema de
muchas conversaciones.
Di un paso hacia él, lentamente enrollé mi manga hasta que el
cuervo quedó expuesto. Presioné dos dedos contra sus garras y por un
momento sentí su agudeza, el calor quemando mi piel. Tomé una
salvaje satisfacción cuando los ojos de Pappas se abrieron un poco. 255
—Cuando era joven, me senté en esta habitación y mi padre talló
la magia en mi piel. Mi Alfa me dijo que haría grandes cosas. Que
algún día sería su brujo. Las cosas han cambiado. Tengo nuevos Alfas,
aunque nunca esperé volver a pertenecer a una manada. Uno de estos
Alfas también es mi ancla. —Su expresión tartamudeó—. Y desde
08/2018
donde estoy parado, parece que lo acabas de amenazar. No tomo
amablemente las amenazas contra mi ancla. Contra mis Alfas. Contra
mi manada. Si quisiera, justo aquí, ahora mismo, podría llenarte con
tanta plata, todo lo que tendrían que hacer es desnudarte la piel y
tendrían una maldita estatua.
—Cuidado, Gordo, —dijo Pappas, su voz plana—. No quieres
quemar el puente cuando estás parado en medio de él.
El cuervo estaba agitado. —Cuando vuelvas, le dices a tu Alfa
que si algo le sucede a mi manada, que si tengo un indicio de un plan
contra ellos, contra nosotros, los separaré a todos, y lo haré con una
maldita sonrisa en mi cara. ¿Estamos claros?
Pappas asintió. —Como el día.
—Bien. Ahora vete de la casa de Bennett. Puedes pasar la noche
en la ciudad en el mismo motel que antes, pero espero que te hayas ido
por la mañana. Nos encargaremos de la Omega. No quiero que la
toques.
Parecía que iba a decir algo más, pero lo pensó mejor. Se puso de
pie y me rozó. Por un segundo, creí ver algo que no podía estar allí.
Un destello de violeta.
Pero tenía que ser solo un truco de la luz.
El cuervo se posó en su cama de rosas, y cerré los ojos.

LA OMEGA ardió rápidamente en la pira en el bosque. Las


estrellas brillaban por encima brillantemente. La luna estaba más que
medio llena, y sabía que los lobos sentían su atracción.
Ox se levantó y vio las llamas parpadear hacia el cielo, Joe a su
lado. Carter y Kelly estaban con su madre, con un chal sobre los
hombros. Me pregunté si estaría pensando en la última vez que se 256
enfrentó al fuego, cuando su compañero se había convertido en ceniza.
Sus hijos descansaban sus cabezas sobre sus hombros, y tarareaban
suavemente en voz baja. Parecía que era Johnny y su guitarra.
Robbie estaba parado torpemente al lado de Kelly. Parecía como
si quisiera extender la mano y poner una mano sobre la espalda de
08/2018
Kelly, pero decidió no hacerlo. Siguió mirándome, la expresión de su
rostro como si pensara que el sol brillaba en mi trasero. Era
inquietante, y yo iba a cortar eso de raíz antes de que pudiera
convertirse en una adoración al héroe en toda regla. No necesitaba un
maldito cachorro siguiéndome.
Pero, por supuesto, alguien más lo notó también.
—Parece que tienes un admirador, —murmuró Mark.
Puse los ojos en blanco. —El niño consigue estrellas en sus ojos
más fácil que cualquiera que haya conocido. Él es demasiado suave.
—¿Qué causó este nuevo afecto, piensas?
—¿Por qué? ¿Estás celoso?
—¿Quieres que lo esté?
¿Qué coño? —¿Qué eres, Jesucristo? No doy dos mierdas por él.
Él bufó. —Claro, Gordo. Vamos con eso.
—Pappas estaba jugando con su cabeza. Yo lo detuve.
Sentí la mirada de Mark en mí, pero miré las llamas.
—Nunca entendí eso. Acerca de ti.
—¿Qué?
—Cómo el exterior nunca coincidía con lo que había dentro.
Lo miré, entrecerrando los ojos.
—¿De qué diablos estás hablando?
Él se encogió de hombros. —No eres tan gilipollas como quieres
que todos piensen que eres. Es... reconfortante.
—Vete a la mierda, Mark. No sabes ni una maldita cosa de mí.
Él rió en voz baja.
—Claro, Gordo. —Extendió la mano y me apretó el brazo.
Apenas pude parar de sacudirlo. Su mano era pesada y cálida y...
Se fue.
Fue hacia Elizabeth, inclinándose hacia delante y presionando un 257
beso contra su frente.
Mi estómago se retorció en algo feroz.
Dejé los lobos y desaparecí en el bosque. Tenía protecciones para
verificar.
08/2018

LA MAGIA ES una cosa extraña y expansiva.


Mi padre había estado más singularmente concentrado. Era capaz
de grandes hazañas, de cosas maravillosas, pero tenía sus límites.
—No soy como tú, —me había dicho una vez, y no entendería
hasta que fuera mayor que lo dijo con una mezcla de envidia e
ironía—. La magia tiende a manifestarse de maneras extrañas. Puedo
sentir la manada. A veces creo que puedo escucharlos en mi cabeza.
Pero tú... eres diferente. Nunca ha habido nadie como tú, Gordo.
Puedo transmitir los secretos. Puedo darte las herramientas, los
símbolos necesarios, pero harás cosas con ellos que no puedo.
El cuervo tardó tres meses en terminarse. El dolor fue inmenso.
Me sentía como si me hubieran apuñalado con un cuchillo de carnicero
que llevaba electricidad. Le supliqué que dejara de hacerme daño, yo
era su hijo, papi, por favor, papá, por favor.
Abel me abrazó.
Thomas puso su mano en mi cabello.
Mi padre se inclinó sobre mí con la pistola de tatuajes, la tinta en
los frascos sobre la mesa estallando en colores brillantes.
Cuando finalmente se terminó el cuervo, me sentí más
concentrado que nunca antes.
La primera vez que se movió, accidentalmente encendí un árbol
en llamas.
Los lobos se rieron de mí.
Mi madre lloró.
¿Y mi padre?
Bien.
Él solo me miró.
258
LAS PROTECCIONES se sentían gruesas y fuertes. Empujé mi
mano contra ellas y se iluminaron, grandes círculos con símbolos
arcaicos tallados en el aire. Todas eran verdes, verdes, verdes.
Mi padre me había enseñado cómo hacerlos.
08/2018
Pero había aprendido a hacer más.
Nadie podría tocarlas.

LE DIJE a Ox una vez que la magia era real. Que los monstruos
eran reales. Que cualquier cosa en la que pudiera pensar era real.
Las protecciones fueron diseñadas para mantener a lo peor de
ellos.
Pero a veces mantienen las peores cosas adentro.

ME DETUVE en una habitación oscura, los restos de un sueño


desvanecido de una sonrisa secreta y ojos helados todavía aferrados a
mi piel. Giré la cabeza, casi esperando que un cuerpo fuerte se
extendiera al lado del mío. Pero él no estaba allí, por supuesto. No
había estado en años.
Mi teléfono volvió a sonar, la pantalla se iluminó de blanco.
Gruñí antes de dar la vuelta y alcanzarlo.
Lo puse contra mi oreja.
—Hola.
Silencio.
Lo aparté y entorné los ojos a la luz de la pantalla.
DESCONOCIDO.
00:03
00:04
00:05
—Hola, —dije de nuevo mientras lo ponía en mi oreja.
—Gordo.
Me senté en la cama. Conocía esa voz, pero fue... 259
—¿Pappas?
—Es... duele. —Sonaba como si hablara con la boca llena de
colmillos.
Estaba completamente despierto.
—¿Qué haces? ¿De qué estás hablando?
—Hay algo. En mí. Y no puedo… —Sus palabras se ahogaron en 08/2018

un gruñido. Entonces—, No pensé que... sería yo. Están deshilachados.


Todos los pequeños hilos. Ellos se romperán. Sé que se romperán. Lo
he visto antes.
Salí de la cama. Encontré jeans en el suelo y me los puse.
—¿Dónde estás?
Él rió. Sonaba más lobo que hombre. —Ella sabe. Lo siento, pero
ella lo sabe. Más. Que tú. Más. De lo que podría decir ¿Cuándo me
atraparon? ¿Cuándo hicieron ellos…?
—¡Pappas! —Ladré al teléfono—. ¿Dónde diablos estás?
El teléfono sonó en mi oído. La llamada había sido desconectada.
—Hijo de puta, —murmuré. Agarré una camisa del borde de mi
cama y me la coloqué sobre mi cabeza.
Salí por la puerta solo un momento después.
LOS REPRESENTANTES del Sheriff estaban en el Shady Oak
Inn, el pequeño motel a las afueras de la ciudad. Un patrullero estaba
estacionado al frente, las luces girando. Reconocí a uno de los agentes.
Algo... Jones. Había traído su moto al garaje con un embrague
defectuoso. Había gastado unos pocos dólares en la cuenta, dado que
era más fácil besar el trasero de un policía y luego pedir clemencia.
Él y otro agente que no conocía estaban con Will, el viejo dueño
del motel, que agitaba las manos como si estuviera haciendo una
impresión de una especie de pesadilla de Lovecraft. Me paré junto a
ellos, rodando por mi ventana.
—...y luego me gruñó, —estaba diciendo Will, sonando
ligeramente histérico—. No lo vi, pero lo escuché. Fue grande, ¿está
bien? Parecía grande. 260
—Grande, ¿eh? —Preguntó Jones. Él no estaba creyendo ni una
maldita palabra que Will estuviera diciendo. No lo culpé. Realmente
no. Will estaba más borracho que sobrio. Era bien conocido. Precio de
vivir en un pueblo pequeño. Todos sabían los asuntos de todos los
demás.
08/2018
La mayor parte del tiempo.
—¿Está bien? —Pregunté, mirando con indiferencia y
aterrizando cerca de él.
Jones se volvió para mirarme.
—¿Gordo? ¿Qué haces tan tarde?
Me encogí de hombros. —Papeleo. Nunca termina cuando eres
dueño de un negocio. ¿No es así, Will?
Él asintió frenéticamente. —Oh, sí. Hay montañas de eso. Estaba
haciendo lo mismo cuando lo escuché.
Estaba más que seguro que estaba en una botella de Wild Turkey.
—¿Lo oíste?
Jones parecía como si apenas estuviera restringiendo un giro de
ojos. —Aquí dirá que había algún tipo de animal en una de sus
habitaciones.
—¡Rompió todo a jirones! —Will gritó—. ¡Mesa volcada! Cama
arruinada. Tiene que ser un león de montaña o algo así. Jodidamente
grande también. Lo escuché, Gordo. Lo hice. Y fui a verlo, ¿está bien?
Porque maldita sea si iba a permitir que otro invasor entrara y
arruinara mi motel. Tenía una linterna y todo. Y lo oí.
Apuesto a que lo hizo. —¿Oíste qué?
Sus ojos estaban hinchados, su cara roja. —Este... este gruñido.
Sonaba como algo grande, ¿de acuerdo? Lo juro.
—Probablemente solo un par de niños buscando deshacerse de
sus erecciones, —dijo Jones—. Will, ¿tuviste algo para beber esta
noche?
—No. —Luego—, Bueno, tal vez solo un par de dedos. Tú sabes
cómo es.
—Uh huh.
—¿Había alguien allí? —Le pregunté, mirando la puerta que 261
Will había estado señalando. Colgaba de sus bisagras contra el
revestimiento de vinilo del motel. Incluso desde donde me senté, podía
ver las marcas de las garras en la madera.
Will asintió de nuevo, con la cabeza moviéndose arriba y abajo.
—Sí, señor. Algunos de fuera. Forasteros. En trajes. Parece que
08/2018
los hombres de negocios no hablaron mucho de nada. Habían estado
aquí un par de veces antes. Groseros, si me preguntas. Nadie estaba
allí, sin embargo. Esta vacío.
—¿Tiene algún nombre, viejo? —Preguntó el otro agente—. ¿O
simplemente tomaste dinero debajo de la mesa?
—Este es un negocio legítimo, —espetó Will—. Por supuesto
que tengo nombres. Está en el libro mayor. Te mostraré. No hago un
trabajo sucio. Y siempre he dicho que ha pasado algo raro en esta
ciudad, ¿de acuerdo? Nadie más lo ve, pero yo sí. No puedes decirme
que no escuchas los aullidos que provienen del bosque por la noche. El
hecho de que otras personas no hablan de ello no quiere decir que no
lo hará.
—Claro, —dijo el agente—. Leones de montaña y aullando en el
bosque. Lo tengo. Veamos el libro mayor.
Will se dirigió hacia la oficina, murmurando por lo bajo. El
agente lo siguió. Puse el camión en parada y quité la llave cuando
Jones comenzó a caminar hacia la habitación del motel, con la linterna
apagada y la mano en la empuñadura del arma.
Abrí la puerta.
Él me miró. —Tal vez deberías quedarte en el camión.
Me encogí de hombros. —Animal salvaje, ¿verdad?
Probablemente tiene más miedo de nosotros de lo que deberíamos
tener de él.
Jones suspiró. —Está destrozado.
—Probablemente. Pero qué más hay de nuevo.
—Al menos no está detrás del volante, —murmuró.
—Solo porque perdió su licencia luego de saltar la acera y
golpear un parquímetro.
—Dijo que sus frenos estaban defectuosos. Superaba en casi tres 262
veces el límite legal.
La grava crujió bajo mis pies mientras seguía a Jones hacia la
puerta abierta.
—¿Ves eso? —Dijo en voz baja, el haz de su linterna sobre las
marcas de arañazos. Eran cuatro, marcando la puerta profundamente.
08/2018
Ellos eran grandes.
—¿Todavía crees que fueron un par de niños?
—Más que un león de montaña. Podría haberse hecho con un
cuchillo.
—Claro, Jones.
Nos detuvimos en el porche cerca de la habitación. Jones ladeó la
cabeza, inmóvil. Entonces, —No escucho nada.
Eso es porque no había nada allí, pero no dije eso.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Él caminó hacia adelante.
Por encima de su hombro, pude ver que la habitación había sido
destruida, al igual que Will había dicho. Mesas volcadas, las paredes
arrancadas. La cama había sido hecha jirones, el colchón colgando del
marco, los resortes asomando a través de la tela.
—¿Qué demonios? —Susurró Jones.
—Niños, —dije—. Borrachos. Drogas. Alguna cosa.
Sacudió la cabeza. —Entonces, ¿qué hay de eso?
Seguí el rayo de su linterna.
La sangre salpicaba la pared. No era mucho. Pero estaba allí,
todavía mojada y goteando.

JONES ESTABA en el patrullero, informando sobre el despacho.


Él había cambiado su tono. —Animal, —podía escucharlo decir—.
Algún tipo de animal. Parece que fue lastimado. Will dice que tenía
invitados en la habitación, pero su SUV ya no está, por lo que es
posible que ya se hayan ido de la ciudad. No obtuve un número de
matrícula. 263
El teléfono estaba sonando en mi oído.
—Gordo, —dijo una voz, áspera por el sueño.
—Ox. Tenemos un problema.
—Dime.
En la tierra, al salir del estacionamiento y adentrarse en los
08/2018
árboles, había pistas. Más grande de lo que un animal tenía derecho a
ser.
—Lobos.
ella sabe / luego vino el violeta

—ABEL TE DIJO acerca de las anclas, —me dijo mi padre una


vez.
Asentí, ansioso por complacer. —Mantienen al lobo a raya. Son
las cosas más importantes del mundo.
—Sí, —dijo mi padre. Estábamos sentados en la hierba detrás de 264
nuestra casa como lo hacíamos a veces, hundiendo las manos en la
tierra para ver qué podíamos encontrar. Mis tatuajes se sienten vivos
—Lo son. Muy importantes. Quita esa ancla y todo lo que queda es
una bestia.
08/2018

YO ESTABA en el bosque, los árboles a mi alrededor doblados


por los fuertes vientos. Conocía estos bosques mejor que casi nadie,
aparte de los lobos. Crecí aquí. Conocía la disposición de la tierra.
Cómo la tierra pulsó.
Estaba respirando profundamente, con la chaqueta en un lugar
más atrás y dejada en el suelo del bosque. Los tatuajes brillaban
intensamente, y mi piel se sentía como si se estuviera arrastrando.
Extendí mis sentidos, dejándolos ondular a través del territorio a
mi alrededor. Las protecciones todavía estaban intactas. Flexioné mis
manos. Se encendieron brevemente, fuerte y fibrosas.
A lo lejos, escuché el aullido de un lobo.
No era uno de los míos.
Estaba furioso.
—Mierda, —murmuré, tomando una decisión de una fracción de
segundo.
Corrí, los pies crujían las hojas, las ramas chasqueaban contra
mis brazos.
No entendí lo que estaba pasando. Si los Omegas hubiera llegado
a Green Creek sin que yo lo supiera. Si hubiera cazadores. Si de
alguna manera mi padre hubiera logrado encontrar un camino a través
de mis protecciones. Pappas había dicho que lo estaba lastimando.
¿Qué pasaría si los otros lobos con los que había estado viajando se
hubieran vuelto contra él? Podrían haber sido como Osmond, entrando
despacio en posiciones de poder antes de cambiar y traicionar a
aquellos que estaban parados al lado. No sabía por qué iban tras
Pappas, o por qué esperarían hasta que estuvieran en tierra Bennett
para atacarlo.
Innumerables escenarios se jugaban en mi cabeza, y en mi pecho, 265
los hilos tirados, esos vínculos que había estado echando de menos por
tanto tiempo. El más fuerte fue Ox, mi ancla. Se movía rápido, cambió
a su lobo. Joe estaba a su lado, al igual que Carter. Mark estaba
trayendo la retaguardia. Me susurraron, las voces se unieron y dijeron
venimos. Te oímos, te necesitamos, no seas estúpido, gordo, no hagas
08/2018
nada sin nosotros, ManadaBrujoHermanoAmor. Cantó en mi cabeza,
más fuerte que nunca, y sentí su ira, su preocupación. Y por un
momento, pensé que sentía el miedo de Mark. Estaba asustado, su
corazón se ensartaba en su gran pecho. Me hizo tropezar, casi
enviándome al suelo.
Empujé de vuelta, estoy bien, tranquilo, seguro, seguro, parad,
parad, parad tan suave como pude, tratando de que pararan.
Funcionó, pero apenas.
Él se calmó, su angustia a fuego lento.
Estaban al este.
El aullido del lobo desconocido venía del oeste.
espera espera solo espera por favor espera no vayas
Fui al oeste.
Momentos después, vi un par de luces que brillaban a través de
los árboles a mi derecha. Cambié el rumbo y me dirigí hacia ellas.
Rompí la línea de árboles y choqué contra un camino de tierra virgen,
uno de los muchos que cruzaban el bosque.
Las luces provenían del todoterreno en el que Pappas y los dos
Betas habían llegado. Estaba tendido de lado, con el motor en marcha.
La puerta del conductor había sido arrancada de sus bisagras y había
aterrizado en la hierba a un lado de la carretera. Uno de los neumáticos
fue triturado. El SUV se había detenido contra un viejo roble.
Me puse de pie junto a la puerta, con los brazos tensos, y miré
dentro del SUV.
Estaba vacío.
Caí de nuevo, el calor del tren de rodaje caliente contra mi cara.
Miré hacia la tierra y vi más pistas. Me volví hacia los árboles y…
Uno de los Betas estaba en la zanja al borde de la carretera, 266
respirando superficialmente. Su ropa había sido destrozada. Su cuerpo
estaba cubierto con barras profundas que no estaban cicatrizando. La
cantidad de sangre era inmensa. Miró hacia el cielo, con la boca
abriéndose y cerrándose, abriéndose y cerrándose. Sus ojos eran
ligeramente anaranjados.
08/2018
Él estaba más allá de mi ayuda.
Su mirada estaba desenfocada mientras me agachaba a su lado.
La sangre se escapó de su boca y orejas.
Yo dije: —¿Quién hizo esto?
Giró su cabeza ligeramente hacia el sonido de mi voz.
Una lágrima resbaló por su mejilla.
Su boca se cerró de nuevo.
Su mandíbula se tensó.
Sus dientes estaban ensangrentados cuando dijo:
—Philip. Él perdió. El control.
Él rió. Parecía que se estaba ahogando.
Y luego murió, la luz desapareciendo de sus ojos.
Un gruñido enojado vino del bosque.
Me levanté.
Un parpadeo de naranja brillante en los árboles, el crujido de las
hojas de otoño.
Estaba siendo cazado.
Se movió con cuidado, este lobo medio cambiado. Todavía
estaba erguido sobre dos piernas, dando un paso tras otro,
manteniéndose en las sombras. No podría decir si era Pappas o su otro
Beta.
Le dije:
—Sé que estás allí.
Gruñó en respuesta.
Hubo un estallido brillante en mi cabeza, un enojado, no gordo,
no, corre, por favor, corre, no luches, no, casi allí, vengo, venimos,
por favor, por favor. Causó que mi piel vibrara con calor, que se
arrastrara con manada hermano amigo brujo hogar hogar hogar. Fui
atrapado en una red, los hilos enganchados en mi carne y tirando. 267
Otros estaban allí, débil pero seguro, los humanos que ahora
tenían que saber que algo estaba mal. Los más fuertes eran Elizabeth,
Kelly y Robbie, todavía en la casa Bennett.
Pero fueron los hilos de los lobos que se aproximaban a los que
me aferré. El rojo de los Alfas, el naranja de los Betas, fibroso y
08/2018
grueso. Y luego estaba el blanco, un blanco limpio puro que se
disparaba a través de todos ellos como un rayo de arco. Mi magia,
conectando con cada uno de ellos.
Fue una maraña de lobos, brujo, manada y míos lo que me hizo
rechinar los dientes. Mi cabeza latía con fuerza, y estaba híper-
consciente de cada paso que daba el lobo que me perseguía. Ahora
gruñía bajo en su garganta, colmillos crujiendo juntos.
Pero ya había cometido un error fatal. Estaba en el territorio
Bennett.
Y yo era el brujo de los Bennett.
Mi manada estaba demasiado lejos, y cuando el lobo se acercó a
mí, mi corazón tuvo el más mínimo repunte, una respuesta de miedo
natural al ver a Philip Pappas saliendo de las sombras, perdiéndose en
su lobo.
Uno de los hilos en mi pecho se tensó rápidamente enviando no
gordo no corre corre corre, y reconocí esa voz, conocía esa voz desde
que me dijo que olía a tierra, a hojas y a lluvia. Mark estaba
aterrorizado. Corría tan rápido como sus patas lo podían llevar, y
estaba aterrorizado.
Philip comenzó a tensarse.
Dije: —No quieres hacer eso.
Se disparó hacia mí, con las garras extendidas.
Su boca estaba llena de dientes puntiagudos.
GORDO CORRE POR FAVOR CORRE ESTOY VINIENDO
CORRE CORRE CORRE
Dije: —No, —y corrí hacia él.
El cuervo tomó vuelo.
Pappas saltó hacia mí, con las garras brillando a la luz de la luna.
Me caí de rodillas en el último segundo, reclinándome sobre mis 268
piernas mientras me deslizaba por la tierra.
Mi padre me había dicho que la magia era algo antiguo. Que
vivió en la sangre, en constante movimiento. Podría controlarse por
pura fuerza de voluntad con las marcas adecuadas talladas en la piel.
Pero podría crecer más allá del control de uno, había dicho. Si no
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había confianza en eso. Sin fe. Tenía que creer en lo que podía hacer.
De lo que era capaz. La tierra del territorio Bennett era diferente a
cualquier otro lugar en el mundo. Los Livingstone estaban atados a
ella tanto como los lobos.
Mi padre dijo que su magia se sentía como una bestia grande y
pesada.
La mía siempre se sintió como una sinfonía, todas estas partes se
movían en concierto. Me llamó por mi nombre y, a veces, pensé que
estaba viva y sensible, con su propia voluntad, y me suplicó que la
liberara. Sería arco a lo largo de mi piel, saltando de tatuaje en tatuaje,
deslizándose a lo largo de las líneas y formas en mis brazos,
deletreando secretos antiguos para la tierra y curación y destrucción y
fuego.
Golpeó duro. Lo sentí en los árboles y los pájaros que se
sentaban en ellos, las flores silvestres de otoño que florecían a lo largo
del crecimiento anterior, las hojas que se rompían de las ramas y caían
hacia el suelo. Estaba en las briznas de hierba, las raíces retorcidas que
crecían debajo de la superficie, extendiéndose una y otra vez.
Este lugar era mío, y este maldito lobo había cometido un
maldito error.
Pappas voló sobre mí y se estrelló contra el suelo detrás de mí,
rodando una, dos veces, antes de detenerse en cuclillas. Se estaba
moviendo incluso mientras yo me levantaba, pero antes de que pudiera
alcanzarme, levanté mi mano, con la palma hacia Pappas, y llamé al
territorio. Los árboles gemían cuando el aire se onduló alrededor de mi
mano. Cerré los ojos y encontré la red de hilos que unían mi manada y
los envolví alrededor de mi brazo, clavándolos en la tierra. Sentí a los
Alfas a lo largo de esos hilos, enviando pulsos de magia de
manadalobo. Carter se unió detrás de sus Alfas. Mark no lo hizo. Su 269
enfoque fue singular, y él estaba cantando gordo gordo gordo.
Los tatuajes eran brillantes como lo habían sido alguna vez
cuando abrí los ojos.
Me empujó, y la tierra se agrietó y rodó bajo los pies de Pappas,
lo que le hizo tropezar sobre sus manos y rodillas, y rugió con rabia.
08/2018
Pero antes de que pudiera volver a levantarse, di tres pasos y le di una
patada en la cabeza. Cayó hacia atrás, un arco de sangre se derramó de
su boca abierta. Aterrizó con fuerza de costado, parpadeando hacia el
cielo nocturno.
—Quédate abajo, —le advertí.
Él dijo: "Gordo" y "Brujo" y "Ayúdame" a través de la boca llena
de dientes afilados. —Está mal. Todo sobre esto está mal. Puedo
sentirlo romperse. Está en mi cabeza, oh Dios, está en mi cabeza. —
Incluso antes de que terminara de hablar, ya se estaba empujando hacia
arriba, sus garras excavando en la tierra.
—No, —espeté cuando di un paso atrás—. Te mataré. No sé lo
que pasó, pero voy a terminar contigo si no puedes encontrar tu
control.
—Control, —gruñó, los ojos brillantes de nuevo—. Está
deshilachado. Está rompiéndose. ¿No puedes ver? No pensé, se
suponía que no era yo. Está sucediendo. —Inclinó su cabeza hacia el
cielo, con los hombros rígidos cuando sus mandíbulas se abrieron de
par en par—. Ella sabe. Infección. Ella sabe sobre la infección.
—¿De qué estás hablando?
Él movió su cabeza hacia adelante, sus ojos anaranjados sobre
mí. Estaba tensándose de nuevo como si estuviera a punto de atacar.
—Omegas. Todos nosotros nos convertiremos en...
Un gran lobo marrón se estrelló contra él y lo derribó. Cayó de
espaldas, el lobo encima de él, gruñendo en su rostro. Pappas gruñó
hacia él y, antes de que pudiera moverme, giró la cabeza y mordió la
pierna derecha de Mark.
Mark gritó con enojo, tratando de sacar su pierna de la boca de
Pappas. Su piel se rasgó, la sangre se derramó sobre la cara de Pappas
mientras la sacudía de lado a lado. 270
No lo dudé.
Corrí hacia ellos, las alas del cuervo aleteando furiosamente. Las
rosas en sus garras estaban ardiendo, el fuego latiendo desde la runa
Cen en mi brazo. Era corto para Kenaz, la antorcha. Mi padre me había
susurrado un viejo poema al oído mientras lo presionaba contra mi
08/2018
piel, diciendo que este es fuego vivo, brillante y ardiente / más a
menudo, incendian, donde los hombres nobles descansan en paz.
El fuego se extendió, y atrapó el resto de las runas, ardiendo a
través de mi brazo hasta mi mano. El fuego podía ser una luz en la
oscuridad, una curación que quemaba las cicatrices que cubrían la
superficie. Podría ser el calor del frío, un medio de supervivencia en
un mundo implacable.
O podría ser un arma.
Presioné mi mano contra la pierna de Pappas, y él gritó, la
pantorrilla de Mark saliendo de su boca. Mark se movió fuera de él,
con la pierna ensangrentada mientras la sostenía coja contra su cuerpo.
No le impidió inclinar la cabeza hacia la garganta de Pappas, con los
labios curvados sobre largos colmillos, gruñendo hacia él.
Pero Pappas probablemente ni siquiera sabía que estaba allí. Se
tiró al suelo, chillando mientras trataba de alejarse de mí. Sabía que
sentía como si estuviera ardiendo desde adentro hacia afuera, y
esperaba que fuera suficiente para sacarlo de lo que sea que le hubiera
pasado. Aguanté otro ritmo, luego dos y tres, y finalmente lo solté
cuando mis Alfas salieron de los árboles, seguidos rápidamente por
Carter.
Los tres estaban cambiados, grandes e imponentes y cabreados.
Los Alfas se movieron en sincronización, uno negro, el otro blanco,
yin y yang. Sentí la ira de Ox, la furia de Joe. Carter estaba
confundido, pero ver a su tío herido le hizo quejarse. Fue a ver a Mark,
husmeó la herida y la lamió mientras se curaba lentamente, con la
lengua surcada de sangre.
Pappas se retorció en el suelo. Había una huella de mano
quemada en su pierna, carbonizada y humeante. Parecía como si lo
hubieran atrapado en su cambio, el pelo le brotaba a lo largo de la cara 271
y el cuello, los ojos parpadeaban, las garras se alargaban y luego se
acortaban nuevamente. Sabía que estaba tratando de convertirse en
lobo porque haría que el dolor fuera más manejable, pero algo lo
detenía.
Joe se acercó a mí, presionando su hocico contra mi hombro,
08/2018
haciendo respiraciones cortas y calientes a lo largo de mi piel. Las
preguntas fueron empujadas a través del vínculo entre nosotros, más
??? que palabras reales. Lo dejé continuar por un minuto o dos antes
de apartar su cabeza. —Estoy bien.
Joe gruñó lobunamente, entrecerrando los ojos mientras me
miraba de arriba a abajo. Sus fosas nasales se encendieron, y supe en
el momento en que captó el olor de la sangre de otro lobo cuando su
cabeza se sacudió hacia el SUV volcado.
—Beta, —le dije—. Muerto en la zanja. Dijo que Pappas le hizo
esto. No sé dónde está el otro.
Joe no estaba feliz por eso.
Carter se alejó de su tío. La pierna de Mark parecía estar
cicatrizando, la piel y el músculo volviéndose a unir lenta pero
seguramente. Estaba empezando a poner peso sobre ella otra vez
mientras me hacía un gesto, rozando mi costado. Pensé en empujarlo,
pero el calor de él a mi lado se estaba calmando. Me dije a mí mismo
que era solo por este momento.
Ox cambió de forma, el gemido de los músculos y huesos sonó
fuerte en la oscuridad. Se acuclilló desnudo junto a Pappas, quien
continuó gimiendo. —¿Qué pasa con él? —Preguntó en voz baja.
Negué con la cabeza. —No lo sé. El me llamó. Él sonaba fuera
de su mente. Hablando de deshilacharse y romperse. Él dijo que ella
sabe. Algo sobre la infección.
—Infección, —repitió Ox—. ¿De quién estaba hablando?
¿Michelle?
—Parece probable.
Él me miró. —No entiendo. ¿Qué tipo de infección? Los lobos
no pueden contraer infecciones. 272
—No es... —Me detuve. Porque, ¿qué había dicho? Acerca de...
Omegas. Todos nosotros nos convertiremos en...
—Ox, —dije lentamente—. Tienes que retroceder. Ahora.
Él no dudó. Él confió en mí. Estuvo cerca. En un momento,
Pappas yacía en el suelo, gimiendo de dolor, con los ojos cerrados. Al
08/2018
siguiente movió la cabeza hacia adelante, moviéndose más hacia el
lobo que hacia el hombre, con las mandíbulas extendidas hacia Ox y...
Se metió en el aire vacío donde Ox una vez estuvo.
Sus ojos eran anaranjados.
Humano.
Naranja de nuevo.
Y luego, por un breve instante, brillaron violetas.
Carter se movió antes que yo, agarrando uno de los brazos de
Pappas en sus mandíbulas y girándolo cruelmente. Se rompió, el pop
ruidoso y húmedo. Pappas gritó.
Mark miró como si estuviera a punto de arrancarle la garganta a
Pappas, pero antes de que pudiera, alcé mi bota y pateé a Pappas en la
cabeza otra vez. Gruñó mientras su cabeza se movía a un lado, fuera
de combate.
—¿Qué demonios está pasando? —Preguntó Ox.
OX CARGÓ a Pappas de vuelta a la casa de Bennett sobre su
hombro desnudo. Carter y Joe tenían a los Betas, el segundo de los
cuales había estado muerto en el bosque, con la garganta arrancada.
Mark y yo nos quedamos atrás, cubriendo tanta sangre como pudimos,
sus zarpas haciendo un mejor trabajo que mis botas. Fuimos por el
SUV al lado, los dos gruñimos mientras lo empujábamos sobre sus
ruedas. Me dolía la cabeza, como solía hacer cuando me esforzaba
mucho. Envejecer no facilitó las cosas. No había usado la runa de
fuego en mucho tiempo. No había sido necesario.
Mark se puso de pie a mi lado cuando llamé a Tanner, diciéndole
que trajera a Chris y la grúa para sacar el SUV de allí antes de que
fuera encontrado. Rico se reuniría con ellos en el garaje para ver qué 273
podía hacer, si es que había algo, o si tendríamos que desecharlo.
Sabían que para deshacerse de las placas y el VIN, no se harían
preguntas, solo para estar seguros.
Colgué el teléfono a tiempo para ver a Mark cambiando.
Lo cual, después de la noche que tuve, no era algo a lo que
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estuviese dispuesto a enfrentarme.
Pero, por supuesto, dada la forma en que mi vida iba, a un
desnudo Mark Bennett no le importaba nada.
—¿En qué diablos estabas pensando? —Espetó, incluso antes de
que el cambio se hubiera desvanecido, con la voz profunda—. Te dije
que esperaras.
Me sentí espinoso. Brusco. —Tú no eres mi Alfa.
Dio un paso hacia mí, con el pecho agitado. —No estoy tratando
de serlo. Soy tu… —Negó con la cabeza enojado—. Todo lo que
quiero es mantenerte a salvo. Estabas aquí solo, sin saber qué
demonios estaba pasando. Eso no es lo que hacemos. Así no es como
funciona una manada.
Me reí en su cara. —Yo puedo apañármelas solo.
—Ese no es el punto, Gordo. No deberías necesitarlo. No cuando
me tienes para...
—No te tengo. Para nada.
Sus ojos se estrecharon. —Somos manada. Eso cuenta para algo.
No tienes que enfrentarte a esta mierda solo.
—¿En serio? —Di un paso adelante, mi pecho golpeando el
suyo. Él no se movió. Él no estaba intimidado. El aire a nuestro
alrededor se sentía caliente—. Porque tuve que soportar esta mierda
solo durante años, y aún así lo logré. ¿Dónde estabas entonces, Mark?
Vi el momento en que las palabras golpearon tan duro como
esperaba. Fue breve, pero parecía que dolía. No me hizo sentir tan bien
como pensé. —Hice lo que pude, —dijo en voz baja, con cara de una
máscara en blanco—. Cuando pude. Tú no sabes todo lo que hice para
mantenerte...
Negó con la cabeza. —Tienes una manada ahora. Ya no estás
solo. Si no puedes confiar en mí, al menos confía en ellos. Podrías 274
haberte lastimado.
—No se trata de confianza.
—Se trata de algo.
No quería tener esta conversación. Ahora no. No aquí. Quizás
nunca. —No importa.
Mark suspiró. —Por supuesto que no. 08/2018

Nos quedamos allí en la oscuridad, mirándonos el uno al otro,


durante mucho más tiempo del que deberíamos haber hecho. Había
cosas que quería decirle, cosas furiosas llenas de ira. Quería agarrarlo
por los hombros y sacudirlo hasta que se le partiera el cuello. Quería
que pusiera sus dientes contra mi garganta y que chupara tan fuerte
que la marca nunca se desvanecería. Quería alejarme y dejarlo atrás.
Quería respirar su aroma, cálido, vivo y...
Estaba haciendo una mueca, sosteniendo su brazo sobre su
pecho. Todavía estaba cicatrizando, la piel todavía estaba parcialmente
destrozada e irritada, un torpe bulto de hueso sobresalía.
—Idiota, —murmuré, extendiendo la mano y tocándolo
suavemente. Él me gruñó, estremeciéndose mientras trataba de retirar
su brazo—. Para, idiota. Te estoy ayudando.
Saqué un poco del dolor.
Quemó.
Mi cabeza golpeó más fuerte.
No había forma de que pudiera escapar de este dolor de cabeza.
—No tienes que hacer eso, —dijo en voz baja—. Va a sanar por
sí mismo.
—Te ves patético. Y no me gusta oírte putear cuando te lastiman.
Nunca te callas al respecto.
—Yo no puteo.
Puse los ojos en blanco. —Eres casi tan malo como Carter.
—Eso es frío, Gordo. Carter es terrible cuando se trata de dolor.
—Exactamente.
Él rió. Fue un sonido tan extraño de escuchar. Después de lo que
acabamos de pasar. Después de todo lo que habíamos hecho. Aquí, en
la oscuridad, oírlo reírse me recordó la forma en que las cosas habían 275
sido alguna vez. Y como podrían ser las cosas si solo...
Me llevó un momento golpearme. Qué tan cerca estaba parado
con él. Qué caliente se sentía su piel debajo de mis dedos. Qué
increíblemente desnudo estaba. Estaba acostumbrado a la desnudez de
los lobos, habiendo estado cerca la mayor parte de mi vida. No podrías
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estar en una manada y no verlo.
No estábamos con la manada ahora.
Recordé la forma en que su nariz se había apretado contra mi
garganta en el callejón. Cuán pesado se había sentido su peso. Cómo
mi magia se sentía como si estuviera aullando ante la sola idea de
tenerlo cerca. Lo odiaba entonces, y lo odiaba ahora.
Pero lo curioso del odio es la delgada línea que lo separa de otra
cosa por completo.
Porque yo también lo amaba, sin importar lo mucho que intenté
convencerme a mí mismo que no era así. Siempre lo hice. Incluso
cuando quería matarlo, incluso cuando me sentía más traicionado, no
podía parar. Era una cosa retorcida, las raíces enterradas en lo
profundo de mi pecho, enredadas y gruesas. Pensé que moriría y se
pudriría, se convertiría en algo oscuro que no podría controlar, pero se
quedó como estaba, y lo odié por ello. Por hacerme sentir así después
de todo lo que él me había hecho y que le había hecho a él. Yo quería
que se fuera. No quería volver a verlo nunca más. Quería que le
doliera como me había dolido. Que quemara. Que sangrara. Yo quería
mantener mis manos sobre él, sentir el animal debajo. Quería
inclinarme hacia adelante y morderlo, dejando mi marca en su piel,
tatuada para que él nunca estuviera sin mí sobre él, para que todos
supieran que había estado allí, y había estado allí primero.
Yo quería matarlo.
Yo quería follarlo.
Yo quería que él me destrozara.
—Gordo, —dijo, siempre el lobo.
—No, —dije, la presa perfecta.
—Ni siquiera sabes lo que voy a decir.
Traté de dar un paso atrás. No me moví. —Tengo una maldita 276
buena idea.
Él giró su brazo. Agarró mi muñeca, con el pulgar rozando mi
punto de pulso. —Yo no fui tu primero.
Maldito sea por saber lo que estaba pensando.
—Joder, no lo fuiste.
—Y tú no fuiste el mío. 08/2018

Yo quería un nombre Dime quién diablos fue. Yo los encontraría.


Los mataría. Dije: —No me importa.
Sus ojos parpadearon anaranjados. —Pero te juro que serás el
último. Lucha conmigo. Pégame. Joder, préndeme fuego. Ódiame todo
lo que quieras...
Me enfurecí con eso. —Sal de mi cabeza, —porque podía oírlo
susurrar gordo gordo gordo a lo largo de ese hilo que se extendía entre
nosotros. Rebotó alrededor de mi cráneo hasta que todo lo que pude
hacer fue escucharlo decir mi nombre una y otra y otra vez. Él me
estaba consumiendo, y yo quería que lo hiciera. No pude soportar la
idea.
—…pero va a suceder. ¿Me escuchas? Te buscaré si eso es lo
que se necesita. Puedes huir de mí, Gordo. Pero siempre te encontraré.
Te dejé ir una vez. No voy a cometer ese error otra vez.
—Que te jodan. No quiero saber nada de ti.
Él sonrió, y era todo dientes.
—Sentí eso. En tu pulso. Tartamudeó. Se sacudió. Mentiste.
—¿Le susurras las mismas cosas a Dale? —Le pregunté,
apartando mi brazo de su mano—. ¿Cuándo lo follas? ¿Te inclinas
sobre él y le dices que él será tu único? —Le dije con desprecio—. ¿O
no significa nada para ti? ¿Lo estás usando para rascar ese picor?
Algo complicado se arrastró por su rostro, la sonrisa se
desvaneció. No pude analizarlo porque era un revoltijo de muchas
cosas. —No lo es, no es así.
—¿Él lo sabe?
—Estás desviando. Siempre estás desviando.
Yo resoplé. —Chorradas. El hecho de que no quieras escucharlo
no significa que esté desviando. 277
—No necesito... —Frunció el ceño. Cerró sus ojos. Hizo una
mueca, la garganta se balanceaba mientras tragaba. Por un momento
pareció tenso, los músculos de su pecho y los brazos apretados.
Yo quería llegar a él. No lo hice. —¿Qué pasa?
Él abrió los ojos otra vez. —No es nada. Es solo que esa mordida
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debe haber sacado más de lo que pensaba. Estoy bien.
Parecía más pálido de lo normal. —Cambia, entonces. Sanarás
más rápido. Necesitamos regresar a la casa antes de que Pappas se
despierte. Necesitamos descubrir qué demonios está pasando.
Él me miró, buscando qué, yo no sabía. Él asintió y dio un paso
atrás. Momentos después, un gran lobo marrón se paró frente a mí.
Susurró sus canciones en mi cabeza, y cada vez era más difícil
ignorarlas.

ME SIGUIÓ en mi camión, siempre mi sombra, a pesar de que


ya no éramos la misma gente. Hizo un sonido bajo cuando abrí la
puerta, y miré hacia atrás a tiempo para verlo desaparecer en los
árboles, dirigiéndose hacia la casa Bennett.
Apoyé mi cabeza contra el volante, el cuero fresco contra mi
frente. Mis pensamientos eran caóticos, una tormenta de Mark, Mark y
Mark. Todas las cosas que podría haber dicho. Por ejemplo, cómo el
sonido que había hecho cuando Pappas había cerrado sus dientes en su
pierna causó que un brillo rojo cayera sobre mis ojos. Cómo pude
haber matado a Pappas en ese mismo momento sin remordimiento
alguno. Cómo lo habría hecho con cualquiera que tratara de lastimarlo.
Nadie lastimaba a Mark Bennett. Especialmente justo enfrente de mí.
Philip Pappas tuvo suerte de no haberlo hervido desde adentro.
Si los Alfas no hubieran venido cuando lo hicieron…
Tomé un aliento. Y luego otro. Y luego otro.
Hubo un zumbido a lo largo de la enmarañada red.
Venía de Ox. Siempre Ox.
Decía hogar manada seguro hogar gordo hogar.
—Sí, sí, —murmuré—. Te escucho. 278

LA CASA al final del camino estaba brillantemente iluminada


para la hora tardía. El auto de Jessie estaba estacionado al lado del de
Oz. Alguien debe haberla llamado. Ella no iba a ser feliz. Ella tenía
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una clase para enseñar por la mañana.
Apagué mi camioneta y abrí la puerta. El aire se sintió más frío.
Pude ver mi aliento. Yo quería un cigarrillo, pero a Elizabeth no le
gustaba cuando fumaba cerca de la casa. Ella dijo que le picaba la
nariz.
Hablando del demonio.
—¿Estás bien? —Preguntó mientras subía los escalones del
porche.
Asentí. —¿Mark volvió?
—Está adentro con los demás. ¿Rico? Chris? ¿Tanner?
—Manejando el SUV en el que vinieron los lobos.
—Eso está bien. —Luego—, Philip tiene una huella de la mano
quemada en su carne. No está curando. Me dijeron que eso es lo que
haces.
—Tuve que hacer que se detuviera.
—Por herir a Mark. Debes haber estado muy enojado.
Oh, ella estaba en lo correcto.
—Lo hubiera hecho por cualquiera en la manada.
Ella sonrió serenamente. —Te creo. Aún así. La piel está
carbonizada.
—Es magia. Siempre toma más tiempo para que un lobo se cure.
Tú lo sabes.
—Por supuesto. Gracias.
—¿Por?
—Proteger a Mark.
—No lo hice, Jesucristo.
—Estaba preocupado por ti cuando se fue. No sé si alguna vez lo
he visto correr tan rápido como lo hizo entonces.
—No es el momento, Elizabeth. 279
—Recordando simplemente nuestro lado de los eventos que
ocurrieron en su ausencia. Por si te lo preguntabas.
—Yo no lo estaba haciendo.
Su sonrisa se ensanchó. —No te creo. ¿No es maravilloso?
Durante mucho tiempo, tuve el mismo desprecio por ella que
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sentía por Thomas y Mark Bennett. Ella había sabido, tal como lo
habían hecho, lo que venía. Ella había tratado de advertirme, incluso si
solo hubiera sido momentos antes. En mis pensamientos retorcidos,
eso la hizo tan culpable como su esposo. Como su cuñado.
No había ayudado cuando ella había regresado con la manada y
procedió a manipular a Ox. Oh seguro, ellos dirían, por supuesto, que
no. Por supuesto que le dieron una opción. Mantuvieron la verdad de
él todo el tiempo que pudieron, incluso si Joe le había dado a Ox su
pequeño lobo de piedra sin que Ox entendiera lo que significaba.
No fui absuelto de pecado. Había papel de regalo de muñecos de
nieve y una camisa con su nombre cosido en el frente que mostraba
que era tan culpable como ellos.
Pero había luchado contra eso. Intenté alejarlo de todo esto por el
tiempo que pude. Pero cuando me miró, con los ojos húmedos,
rogándome que ayudara a su hijo, que ayudara a Joe, recordé a la
mujer que me había sonreído desde su cama y me preguntó si quería
abrazar a Carter por primera vez.
Hubo días en que no pude soportar verla.
Hubo días en que quería sentarme a sus pies, mi cabeza sobre su
rodilla.
Hubo días en que pensé que ella era como su marido. Porque los
lobos mintieron. Usaron. Mi madre me había enseñado eso.
Y luego hubo días como el de hoy en día, cuando no pude evitar
sentir una amargura irritante hacia ella, incluso si ella estaba haciendo
todo lo posible para fastidiarme.
—No me importa si no me crees, —le dije.
Ella puso los ojos en blanco. —Bueno, eso ciertamente no fue
convincente. 280
—Muérdeme.
—No soy yo quien quiere morder...
—No lo hagas, —le advertí.
—Eres bastante inflexible.
—Tal vez porque no lo entiendes.
—Oh, creo que lo entiendo muy bien. —Su sonrisa se desvaneció 08/2018

levemente—. Pappas, sin embargo…


—¿Qué hay de él?
—Él tiene una manada.
—Sí. —Michelle Hughes era su Alfa.
—Entonces, ¿por qué está actuando como un Omega? Parecía
como si no me hubiera reconocido cuando lo trajeron aquí.
Negué con la cabeza. —No lo sé. Él es... ¿dónde está?
—Sótano. Jessie puso una línea de plata en polvo en la entrada.
Como las paredes están reforzadas, no puede salir. —Hizo una pausa e
inclinó la cabeza—. Él no está hablando aún. No sé si es capaz.
Me froté la cara con la mano. —Voy a ir abajo. Cuando los
demás lleguen aquí, mantenlos arriba. No quiero correr ningún riesgo
hasta que sepamos a qué nos enfrentamos.
—Por supuesto. Piensa en lo que dije.
—Jodéte mucho.
Ella rió en voz baja, extendió la mano y me apretó la mano antes
de dejarme ir.

CARTER ESTABA sentado en la sala de estar, Kelly se


inquietaba por encima de él. Robbie parecía entretenido cuando Kelly
trató de limpiar los restos de sangre de la cara de Carter.
—Estoy bien, —gruñó Carter, apartando las manos de Kelly—.
¿Dejarías de quejarte? Ni siquiera me lastimé. —Hizo una mueca—.
Solo la sangre de Mark en mi boca. No sé por qué siempre pienso que
es una buena idea lamer heridas abiertas cuando estoy cambiado.
Estoy asqueado.
—¡Traeré tu cepillo de dientes! —Anunció Kelly frenéticamente 281
antes de girar sobre sus talones y salir corriendo de la habitación.
—¿Siempre es así? —Preguntó Robbie, mirando asombrado a
Kelly.
Carter suspiró. —No. Usualmente. Es... no le gusta cuando
estamos separados. Y luego vuelvo cubierto de sangre, es... solo
mucho para él, a veces. —Entrecerró los ojos mientras miraba a 08/2018

Robbie—. Y no puedes darle mierda por eso. Te romperé por la mitad


si alguna vez te escucho burlarte de él.
Robbie parecía horrorizado. —Yo nunca haría eso.
—Solo digo. —Carter me vio e inclinó la barbilla en mi
dirección—. ¿Todo bien?
—Sí.
Su nariz se arrugó. —Hueles a piel quemada.
—Me pregunto por qué.
—¿Mano de la Muerte Ardiente?
Lo miré fijamente. —Te dije que no lo llamaras así.
Él se encogió de hombros. —Eh. Recuérdame que nunca te
moleste.
—Me cabreas todo el tiempo.
Él sonrió. Sus dientes estaban ensangrentados.
—Sí, pero te gusto.
Así era, pero él no iba a escucharlo de mí.
—Deja que Kelly te cuide. Ya sabes cómo se pone.
Su sonrisa se suavizó. —Sí, sí.
Miré a Robbie. —Y si haces algo para lastimar a Kelly, voy a
pegar mi Mano de la Muerte Ardiente tan lejos en tu trasero que tu
garganta estará en llamas.
Robbie tragó con dificultad mientras Carter se reía de él.
Me dirigí hacia las escaleras. Escuché los bajos rumores de un
lobo herido y enojado. Cuando llegué al sótano, vi a Jessie primero, de
pie contra la pared más alejada, con una mirada endurecida en su
rostro.
—Gordo, —dijo cuando me vio. Ella se empujó de la pared—.
¿Qué diablos está pasando? 282
—No lo sé. No todavía, de todos modos. Te quiero arriba. Mejor
aún, vete a casa. Tienes trabajo en la mañana. No eres necesaria aquí
ahora.
Ella inclinó la cabeza. —¿Me estás diciendo qué hacer?
Jessie podría dar miedo cuando quisiera. Vacilé.
—Uh. ¿Sí? O. Pidiendo. Creo que estoy pidiendo. 08/2018

Ella asintió lentamente. —Ya me lo imaginaba. Lo haré.


—Bien.
—Después de ayudar a quemar los cuerpos de esos Betas que
trajeron de vuelta.
Suspiré. Ella no era esa niña pequeña que se había reído cuando
Chris la trajo al garaje por primera vez. No sabía cómo me sentía
acerca de eso. —Consigue que Carter y Kelly te ayuden. Después de
que Kelly termine de empujar un cepillo de dientes en la boca de
Carter.
—¡Escuché eso! —Gritó Kelly por las escaleras.
Jessie resopló. —Hombres lobo, ¿eh?
—Jodidos hombres lobos.
—¿Los chicos?
—Haciendo lo que les dije que hicieran. Porque realmente me
escuchan.
Ella se inclinó y me besó en la mejilla.
—Claro, Gordo. —Echó un vistazo al otro extremo del sótano
antes de subir las escaleras, la cola de caballo rebotando detrás de ella.
Me volví hacia los demás.
El sótano era la habitación más grande de la casa de Bennett, y
en su mayoría escasa. Los lobos tendieron a congregarse aquí después
de las lunas llenas, durmiendo uno sobre el otro en pilas, a veces
cambiados y otras no. Los humanos habían llegado a necesitarlo casi
tanto como los lobos, con Rico quejándose ruidosamente de la
cantidad de personas desnudas relacionadas antes de desmayarse en la
cima de un montículo de hombres lobos demasiado grandes.
El otro lado del sótano tenía una habitación grande a un lado,
separada por una puerta corredera. La puerta y la habitación estaban 283
reforzadas con acero. Abel lo había construido décadas antes para que
los lobos jóvenes aprendieran a controlar sus cambios. Él se quedaría
con ellos, junto con sus padres, para mantener al resto de la manada a
salvo. Thomas odió esa habitación, pensando en ella como una prisión,
prometiendo que nunca la usaría como su padre. Carter y Kelly no
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habían tenido la edad suficiente para cuando la manada se fue para que
Thomas cumpliera esa promesa. Pero Joe sí y, en cambio, Thomas
había llevado la manada al claro.
Pero él había forzado algo esa noche, independientemente.
Tus brazos están brillando, había dicho Ox, con los ojos muy
abiertos y la cara pálida.
Ox, que ahora era alto y fuerte, con los brazos cruzados sobre el
pecho, ojos rojos mientras miraba a Philip Pappas merodear por los
bordes de la habitación. Joe se puso a su derecha. Mark estaba a su
izquierda. Todos se habían vestido, al menos parcialmente. Joe y Ox
usaban jeans y nada más. Mark tenía un pantalón de chándal y una
camiseta holgada. Todavía estaba favoreciendo su brazo, aunque
parecía que la piel había sido reparada en su mayoría.
Ox dijo: —Gordo. Míralo a los ojos.
Lo hice.
Pappas estaba medio cambiado, pero era como si estuviera
atrapado, como si estuviera tratando de cambiar completamente pero
no pudo. Se movió sobre sus manos y pies, sus garras arañando el
suelo. Lo que quedaba de su traje colgaba hecho jirones de su cuerpo.
Pude ver mi huella en la pierna, la piel aún carbonizada. Solo había
comenzado a sanar, pero se movía más lento de lo que debería en un
lobo de su tamaño y estatura.
Sus ojos estaban oscuros.
Y luego naranja.
Y luego oscuro de nuevo.
Alzó los dientes al verme.
Luego vino el violeta.
Fue solo un segundo. Pero estaba allí. 284
—Maldición, —murmuré—. Lo vi antes, pero no hice caso,
pensé que era un truco de la luz.
—No entiendo, —dijo Mark—. No se supone que sea así. Su
ancla no está enganchada. Como si la hubiera perdido, de alguna
manera.
—¿Tiene un compañero? —Preguntó Ox—. ¿Les pasó algo? 08/2018

—Estaba bien cuando estuvo aquí antes, —dijo Joe, frunciendo


el ceño. Se parecía tanto a su padre en ese momento que tuve que
mirar hacia otro lado—. En todo caso, habría sido después de que se
fuera.
Mark negó con la cabeza. —No habría sucedido así de rápido.
Toma tiempo.
—Dile eso a mi padre, —le dije sin querer.
Todos los lobos se volvieron lentamente para mirarme. Mark se
vio sorprendido.
—¿Qué?
—Eso es... No sé qué es eso, —dijo Ox.
Joe me miró de reojo.
—¿Acabas de... hacer una broma? No sé si alguna vez te escuché
hacer una broma.
—No fue una broma. Fue una observación.
—Puede ser gracioso, —le dijo Mark a su sobrino. Él frunció el
ceño—. A veces.
—No se sentía bien antes, —dije, tratando de que se
concentraran—. Cuando estaba hablando con él. Hubo un momento en
que se veía... No sé. Enfermo. Como si se estuviera enfermando. No
pensé mucho en eso en ese momento, pero...
Ox estaba mirándome de nuevo. —¿Cuándo estabas hablando
con él?
Mierda. —Estaba intentando atrapar a Robbie. Le dije que
Michelle lo recibiría de nuevo si quisiera.
Joe y Ox inmediatamente se transformaron. Idiotas posesivos.
—Ya le dije que se fuera a la mierda, —dije, rodando los ojos—.
Guarda las garras. Parecen idiotas. Y Joe, es bueno saber que estás 285
completamente en lo de aléjate de mi hombre. Pensé que ibas a mear
sobre Ox.
Joe me frunció el ceño. —Voy a morderte la cara, así que
ayúdame…
—Infección, —dijo Ox de repente, mirándome de cerca—.
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Cuando estábamos en el bosque, dijiste algo sobre la infección. Me
dijiste que me alejara de él justo antes de que él tratara de morderme.
Piel de gallina hormigueaba a lo largo de la parte posterior de mi
cuello.
—Fue algo que dijo. En el teléfono. Deshilachándose y
rompiéndose. —Mis pensamientos se mezclaron cuando miré dentro
de la habitación. Pappas caminaba a lo largo de la pared del fondo,
mirándome de cerca. Cuando nuestras miradas se encontraron, me
gruñó pero mantuvo la distancia—. No pensé, no es posible.
—¿Qué es?
Tú lo mataste. Richard fue el Alfa de los Omegas. Cuando él
murió, eso pasó a ti. Y oh, están peleando, estoy seguro. Resistiendo el
tirón. Pero Green Creek está iluminado como un faro en la oscuridad.
Algunos no pueden evitar buscarte. Junto con el sorteo del territorio
de Bennett, solo estoy sorprendido de que no haya habido más.
¿Cuántos más crees que podría haber?
Oh, ni siquiera puedo comenzar a especular. Pero serán
tratados, no importa qué. No podemos permitirnos tener nuestro
mundo expuesto, sin importar el costo.
Philip Pappas merodeó por los bordes de la sala de acero cuando
dije:
—Necesitamos hablar con Michelle Hughes. Ahora.

286

08/2018
salvaje

A ELLA no le divirtió la hora tardía. Eso estaba claro. A pesar de


todo, Michelle apareció en la pantalla de la oficina tan bien preparada
como siempre, luciendo indiferente al vernos un poco peor.
Ella dijo: —Alfa Bennett. Alfa Matheson. No esperaba volver a 287
hablar con vosotros tan pronto.
—No hubiéramos llamado si no fuera importante, —dijo Joe. Se
puso hombro con hombro con Ox, ambos con cara de piedra. Robbie
se removió torpemente cerca del escritorio, lanzando miradas a sus
Alfas y de vuelta a Michelle en la pantalla. Mark se quedó a un lado, 08/2018
fuera de la vista.
—¿Noche difícil? —Preguntó ella—. El territorio de Bennett
parece estar bastante animado últimamente. Me pregunto por qué es
así.
—¿Cuándo fue la última vez que hablaste con Philip Pappas? —
Le pregunté.
Ella parpadeó, sorprendida por la rapidez con que trató de
ocultarlo. —Gordo, me alegra que puedas unirte a nosotros, como
siempre. ¿Puedo preguntar por qué estás preguntando por Philip?
—Responde la pregunta.
—Hace dos días. Cuando estaba cerca de Green Creek. —Ella
entrecerró los ojos—. ¿Le ha pasado algo a mi segundo?
—Vino por la Omega.
—De eso estoy enterada. Pero hay algo más.
—Los Omegas. Antes de la chica. Los otros que retomó. ¿Qué
hiciste con ellos?
Ella ladeó la cabeza. Sabía que estaba tratando de escuchar los
latidos de mi corazón, incluso a miles y miles de kilómetros.
—¿Por qué preguntas?
—Por el bien de preguntar.
Ella asintió, con los ojos alejándose de la pantalla, como si
estuviera mirando a alguien más en la habitación. Fue breve, pero allí.
—Me temo que no había nada que hacer.
—Tú los mataste.
—Terminé su sufrimiento. Hay una diferencia, Ox entiende, ¿no?
Esa pobre mujer Omega. Él la ayudó.
Te tengo. —Y no se puede hacer nada para salvarlos.
—No. Estaban demasiado lejos.
—Y los Omegas son esos lobos que pierden sus anclas. 288
—Alfa Bennett, Alfa Matheson, ¿hay algún punto en todo esto?
¿O pidieron hablar conmigo simplemente para cubrir temas que ya son
bien conocidos por todos?
—Complácenos, —dijo Ox.
Michelle suspiró. —Sí. Los Omegas son lobos cuyos lazos están
08/2018
perdidos. Esos lobos que han perdido compañeros o manada y no
pueden encontrar una manera de aferrarse a otra cosa.
—Richard Collins tenía docenas de ellos a su disposición, —le
recordé.
—Él lo hizo. —Ella sonrió—. La manada Bennett los manejó
admirablemente.
—El mismo Richard ya había cambiado a Omega antes de morir.
—Una terrible tragedia. Ojalá las cosas hubieran sido diferentes.
—¿Cómo?
—¿Cómo? —Ella repitió lentamente—. ¿Cómo qué?
—Treinta y seis en veintinueve estados, —le espeté—. Veintiuna
en tres provincias canadienses. Eso es lo que nos dijo Pappas. Esos son
los números de manadas que quedan en América del Norte. Y me
molestó cuando lo dijo. No pude entender por qué. Pero cuanto más
pensaba en ello, más me daba cuenta. Richard tenía docenas de
Omegas detrás de él. Y hubo otros que vinieron aquí sin él. ¿Cómo
hay tantos de ellos? ¿De dónde están viniendo? A menos que las
manadas y los lobos sean exterminados a diestra y siniestra y no nos
hayas advertido, ¿cómo hay tantos Omegas? Ellos pasan. Omegas. Lo
entiendo. Pero no así. No tantos.
—¿Dónde está Philip? —Preguntó de nuevo.
—La Omega para la que vino. Acabas de decir que Ox la ayudó.
Sabías que ella ya estaba muerta.
Ella se reclinó en su silla. —¿Me estás acusando de algo, brujo?
—Dijiste que hablaste con Pappas por última vez hace dos días,
—le dije con frialdad—. Y él llegó ayer. Y sin embargo, de alguna
manera, sabías que Ox la había matado. La única manera que hubieras
sabido sería si mintieras sobre la última vez que hablaste con Pappas, o
si lo enviaste aquí estrictamente con las órdenes para que Ox tome el 289
asunto en sus propias manos. Para ver qué haría Ox. Para ver de lo que
era capaz.
La habitación estaba en silencio.
Entonces, —Philip podría haberme llamado después de que
dejara la casa de Bennett.
—¿Y él lo hizo? —Le pregunté. 08/2018

Su mirada era calculadora, pero no dijo nada.


—Porque no creo que lo haya hecho. Verás, la razón por la que
no creo que lo haya hecho es porque tu segundo estaba demasiado
ocupado asesinando a los Betas que viajaban con él.
Michelle Hughes cerró los ojos.
Maldita sea. Odiaba estar en lo cierto.
—Trató de decirme. Él habló de deshilacharse y romperse. Y no
entendí a qué se refería. Lo sé ahora. Él estaba hablando de anclas. Su
ancla. De alguna manera, la estaba perdiendo. Y tú lo sabías.
Ella abrió los ojos. La sonrisa se había ido. Independientemente
de lo que pensé de ella, Michelle todavía era un Alfa. Incluso a través
de la pantalla, irradiaba poder. —No él, —dijo ella—. Nunca él. Él
debió tener uno de los otros. Él debe haberse encontrado infectado. Él
fue descuidado, de alguna manera. Bajó la guardia.
—¿Con qué? —Preguntó Robbie, sonando ligeramente
histérico—. ¿Qué demonios podría infectar a un hombre lobo? ¡Somos
inmunes a casi todo!
Ella se inclinó hacia adelante de repente, con los ojos brillantes.
—¿Alguien fue mordido? ¿Había otro lobo expuesto? ¿Entró en
contacto con la sangre?
—¿Por qué? —Ox gruñó a ella. —¿Qué importaría si…
—Respóndeme. ¿Alguien fue mordido?
No. Oh, no jodas, por favor, por favor...
—¿Qué hiciste? —Gruñí, dando un paso adelante. ¿Qué diablos
hiciste?
—Mark fue mordido, —dijo Joe, mirando preocupado alrededor
de la habitación—. Y Carter le limpió la herida. 290
Antes de que pudiera decir algo más, Mark estaba frente a mí,
con los ojos encendidos, las manos corriendo frenéticamente por mis
brazos y hombros. —¿Te atrapó? —Exigió—. ¿Él también te lastimó?
Pensé que iba a estallar.
—No. No lo hizo. Mark, no lo hizo. Pero él consiguió...
08/2018
A ti.
Él había mordido a Mark.
—Solo importa en los lobos, —dijo Michelle cansada—. No
brujas. Incluso si Gordo hubiera sido mordido, no lo habría afectado.
No con su magia.
—¿Qué es esto? —Dijo Ox, caminando hacia el monitor.
—No sabemos de dónde vino, —dijo Michelle. Ella ni siquiera
nos estaba mirando. En su lugar, estaba mirando una tablet,
escribiendo furiosamente en ella—. O cuándo comenzó. Lo primero
que sabemos es que era un lobo en Dakota del Sur poco antes de la
muerte de Thomas. Él no podía sostener su ancla. Se convirtió en
Omega. Pensamos que era un golpe de suerte. Una anomalía. No
teníamos forma de saber en ese momento si había otros. No todos los
lobos están registrados o incluso conocidos por nosotros. Hay valores
atípicos, manadas que operan fuera de nuestro control. Omegas,
también, que son sin manada. Solitarios.
—¿Y no pensaste en decirnos? —Exigió Joe—. ¿No creías que
esta era información que necesitábamos saber?
—Lo hicimos, —replicó ella—. Thomas lo sabía. Y solo unos
días después Richard vino y Osmond nos traicionó a todos. Si fue o no
intencional, sirvió como distracción. Y ciertamente no ayudó cuando
te fuiste, Alfa Bennett. Estabas destinado a tomar el lugar de tu padre,
pero decidiste que la venganza era más importante que la manada.
Por supuesto, Thomas lo sabía. Por supuesto.
—¿Y no había nada que él pudiera hacer al respecto?
—Eso no tiene sentido, —dijo Mark, la voz plana—. Todos
nosotros fuimos heridos en un momento u otro por Omegas. Los lobos.
Los humanos, Gordo. Todos nosotros.
Michelle levantó la vista de la tablet, entrecerrando los ojos. 291
—¿Y nada?
—No, —dijo Ox—. Nada.
—Thomas cayó hace años, —dijo Robbie—. Y Richard Collins
murió el año pasado. ¿Por qué no has dicho nada desde entonces?
—Porque no sabía en quién se podía confiar, —espetó
08/2018
Michelle—. ¿Un Alfa humano? ¿Un Alfa Bennett que se niega a
aceptar su lugar? Tú, Robbie. Tú que fuiste enviado a hacer un trabajo
y terminaste uniéndote a la manada que ibas a investigar. Por el amor
de Dios, hay humanos en la manada. Ellos nos cazan. Díganme,
exactamente, ¿en qué momento se suponía que debía dar información
a una manada que parecía existir solo para servirse a sí misma? Te
burlaste del nombre Bennett.
Las manos de Joe estaban en puños a los costados.
—Repítelo. Te reto.
Ox puso una mano sobre su hombro, los dedos cavando.
Michelle lo ignoró. —Y luego está el hecho de que tu brujo es el
hijo de Robert Livingstone.
Estreché mis ojos. —¿Qué tiene que ver mi padre con esto?
Ella suspiró.
—¿Crees que es una coincidencia que cuando Robert
Livingstone escapó a la custodia, Richard Collins lo siguió poco
después? ¿O que el lobo en Dakota del Sur se infectó? Yo creo en
muchas cosas. Yo creo en la manada. Yo creo en la fuerza del lobo.
Yo creo en la superioridad de nuestra especie. No creo en las
coincidencias.
—Crees que mi padre hizo esto.
—Sí. Lo hago. Creo que ha estado jugando un juego largo y
lento. Después del primer lobo, no vimos nada parecido durante
mucho tiempo. Solo ha sido... recientemente que ha habido un
aumento, y se ha convertido en un proceso mucho más rápido para que
un lobo infectado se vuelva salvaje. Añade el hecho de que tu padre
casi ha desaparecido. Dicho eso, no tengo ninguna prueba. Y como no
puedo estar segura de que no hayas tenido contacto con tu padre,
pueden ver por qué dudaría en compartir información con su manada. 292
—No te atrevas a tratar de poner esto en él, —gruñó Mark.
—Por proceso de eliminación, es la única explicación posible. La
navaja de Occam dice...
Estaba enojado. —No me importa una mierda voladora lo que
piensas. Nunca traicionaría mi manada, jodida puta...
—¿No confías en mí? —Dijo Robbie, sonando herido—. Eras 08/2018

como mi familia. Nunca hice nada para darte una razón...


—¿Cuánto tiempo?
La voz vino detrás de nosotros.
Miré por encima de mi hombro.
Carter estaba de pie en la puerta, con los hombros alzados y la
mandíbula apretada. Kelly estaba de pie a su lado, con los ojos muy
abiertos y húmedos. Elizabeth estaba detrás de su hijo mayor, la
cabeza inclinada, la frente presionada contra su espalda.
—¿Cuánto tiempo? —Preguntó de nuevo.
Ella tenía algo parecido a la simpatía en sus ojos. Yo pensé que
era una mentira. —Dos semanas. Semana arriba, semana abajo. Pero
dos es generalmente la media. —Se miró las manos—. Al principio no
hay nada. Pero dentro de unos días, comenzará a sentirlo. Es como
electricidad debajo de tu piel. Una corriente baja. Un picor. Como el
tirón de la luna. Unos días más y la corriente crecerá. El picor se
intensificará. Cambiarás, pero no se saciará. Es como... sed de sangre.
Convertirse en salvaje siempre se trata de sed de sangre. No podrás
detenerlo. Habrá ira. Arrancarás sin quererlo. Y cuanto más cambias,
peor se pone. Es una adicción. A veces hay una pausa, después. Te
sentirás mejor. Más fuerte. Más en control. Pero eso solo señala el
comienzo del fin. Te volverás salvaje. Y no hay nada que puedas hacer
para detenerlo. —Ella volvió a mirar hacia nosotros—. Realmente
lamento que te haya pasado esto. A tu manada. Nunca quise que
llegara tan lejos.
Y lo jodido fue que le creí cuando dijo eso. Dudaba que alguna
vez pensara que su segundo se volvería salvaje.
—Tiene que haber una cura, —le dije con voz ronca—. Un
conjuro. Alguna cosa. Si este fue mi padre, entonces tiene que haber 293
una forma de revertirlo. Lo que sea que haya hecho, se puede arreglar.
La magia no es unidireccional. Lo que sea que se de, puede ser
retirado.
Ella sacudió su cabeza. —No hay nada que sepamos. Nuestras
brujas han pasado dos años tratando de encontrar un remedio. No hay
08/2018
cambios significativos en la sangre, aparte de la disminución de los
niveles de serotonina y el aumento de adrenalina y noradrenalina. El
Omega literalmente se inunda de rabia. Y no importa la fuerza de la
manada o la llamada de un Alfa. Su ancla, sin importar de qué se trate,
comenzará a triturarse. Eventualmente se romperá. Te convertirás en
un Omega. Te volverás salvaje. No puede ser detenido. Y la llegada de
la luna llena seguramente acelerará el proceso.
—Entonces no nos conoces en absoluto, —dijo Ox en voz baja
—Porque no somos como ninguna otra manada que hayas visto antes.
—Oh, cómo desearía que fuera cierto, Alfa Matheson. Si Carter
y Mark están infectados, cambiarán, al igual que todos los que
vinieron antes. Tienes razón en que nunca ha habido una manada como
la vuestra antes. Sois... una anomalía. Pero ni siquiera tú puedes
detener esto. Hay quienes creen que la licantropía es una enfermedad,
dado que puede propagarse por la mordedura de un Alfa. La forma en
que altera el cuerpo hasta un nivel celular. Por desgracia, esta... esta
cosa parece ser similar, aunque no solo celular. Es más que eso. Es
metafísico, existe solo para arrancar las ataduras del lobo. —Ella
frunció el ceño—. Es el arma perfecta. ¿Y quién mejor que Robert
Livingstone para infligirnos eso? Aquel que debe odiar las anclas más
que todos. Porque, ¿qué es más poético que un hombre que perdió todo
a causa de un ancla para arremeter contra aquellos que todavía tienen
una?
—No me importa lo que digas, —dije con dureza—. Hay una
manera de arreglar esto, y la encontraré. Puede que no te importe nada,
pero Ox tiene razón. No sabes nada sobre nuestra manada. Somos más
que esto. Somos mejores que esto.
—Sea como sea, —dijo, tocando otro botón en su tablet—, debo
hacer lo que tengo que hacer para asegurar la supervivencia de nuestra 294
especie. Al igual que con cualquier infección, el primer paso es
contenerla lo antes posible para evitar que se propague. Para aquellos
de vosotros que no estuvieron expuestos, extenderé una oferta. Dejen
Green Creek. Uniros a nosotros. Tienen tres días para hacer lo que sea
necesario.
—¿Y qué es exactamente lo que se necesita? —Preguntó Ox, 08/2018

dando un paso hacia el monitor.


Michelle apenas parpadeó. —Sabes qué, Alfa Matheson. Carter y
Mark no pueden infectar a otros. Deben ser sacrificados.
—¿Y en tres días? —Preguntó Joe, con los ojos enrojecidos.
Ella lo miró. —En tres días voy a tomar el asunto en mis propias
manos. Manada Bennett, desearía que las cosas hubieran sido
diferentes. Pero seguramente, si estuvieras en mi posición, harías lo
mismo. Si queremos sobrevivir, entonces la infección debe ser puesta
en cuarentena. Y luego erradicada.
La pantalla se puso negra.
Entonces Rico apareció detrás de los otros y dijo:
—Oye. ¿Por qué están todos viéndose como si alguien hubiera
muerto? Oh, Dios, alguien no murió otra vez, ¿verdad? Acabamos de
terminar de quemar más cosas muertas. Me niego a oler eso otra vez
esta noche. O durante los próximos ocho meses. Encuentra a alguien
más para hacerlo. Me rehúso a ser tu perra.
—Lee la maldita habitación, —murmuró Chris.
Ox gruñó y estrelló su puño en el monitor.

LA MANADA se dispersó por toda la casa. Joe y Ox bajaron al


sótano para ver a Pappas. Elizabeth llevó a Carter a su habitación y
cerró la puerta. Robbie estaba de pie en la sala de estar, mirando a
Kelly pasearse de un lado a otro mientras despotricaba, agitando los
brazos salvajemente. No vi adónde fue Mark.
—Esto... no es bueno, —dijo Tanner sucintamente, de pie en la
oficina, mirando el monitor roto. 295
—Subestimación, papi, —dijo Rico, frotándose la cara con una
mano—. Es un desastre, es lo que es.
—Podemos resolver esto, ¿verdad? —Preguntó Chris. Se paró al
lado de Jessie. Ella apoyó su cabeza en su hombro—. Quiero decir,
debe haber algo. Si se puede propagar, se puede detener.
—Algo, —estuvo de acuerdo Jessie. Ella levantó la cabeza—. 08/2018

Solo tienes que trabajar hacia atrás. Llegas a la fuente, es posible que
encuentres la cura.
Los miré.
—¿De verdad sois tan estúpidos?
Parecían sorprendidos.
—¿Cómo está eso ahora? —Preguntó Chris.
—Tienen que salir corriendo de aquí. Ahora mismo. Iros y no
miren atrás.
Jessie resopló. —Sí, vale. Claro, Gordo. Entendemos eso.
—¡Estoy siendo serio!
—Oh, ya que estás hablando en serio, —dijo Tanner—. Chicos,
miren. Tenemos que escucharlo ahora. Él está hablando en serio.
—Eso cambiará mi opinión, —dijo Rico, sacudiendo la cabeza
—Gracias, Gordo, por decirnos lo que crees que se supone que
debemos hacer. ¿Deberíamos ignorarte de inmediato y pasar a algo
productivo, o quieres pelear con nosotros en eso?
—¿Qué diablos les pasa a todos? —Les pregunté con
incredulidad—. ¿No estabas escuchando? Carter y Mark se volverán
jodidamente salvajes a menos que podamos encontrar una manera de
detenerlo. Serán como los Omegas que vinieron antes. ¿Recuerdan
eso? Cuando tuvieron que matarlos? Y eso ni siquiera toma en
consideración a los otros Omegas que podrían estar llegando hasta
aquí ahora mismo.
—Lo recordamos, —dijo Chris—. Porque ese fue el momento en
que nos paramos con nuestra manada. ¿De verdad crees que nos vamos
a ir ahora? Eso no es lo que hace la manada, Gordo. No nos
abandonarían, así que no los vamos a dejar. El hecho de que hayas 296
olvidado lo que significa la manada no significa que vayamos a
hacerlo.
—Demasiado lejos, —murmuró Rico, incluso mientras me
movía frente a Chris, mi pecho chocando con el suyo.
—No sé si lo fue, —dijo Tanner, frotándose la parte posterior de
08/2018
la cabeza—. Necesita escucharlo en algún momento, ¿verdad?
—Maldición, —dijo Chris, levantando su barbilla hacia mí
desafiante.
—Eres tan malditamente estúpido, —le dije bruscamente en su
rostro—. Vas a matarte a ti mismo. ¿Y por qué?
Él ni siquiera se inmutó.
—Por mi manada. Si crees que vamos a abandonarlos, entonces
no nos conoces tan bien como crees.
—Eres humano. ¿Con qué posibilidades te enfrentas...?
—¿Te vas, entonces? —Jessie preguntó—. Porque la última vez
que lo revisé, tú también eras humano.
La miré mientras me alejaba de Chris. —No es lo mismo. Soy un
maldito brujo. Tengo magia…
—Y soy bastante buena con un equipo, —dijo—. La palanca de
Ox también, ya que él no puede usarlo más. Ya sabes, plata y todo.
—Rico y yo obtuvimos nuestras armas, —dijo Tanner.
—Y tengo mis cuchillos, —agregó Chris.
—Y hemos sido entrenados para luchar contra los lobos, —dijo
Rico, manteniéndose firme—. Por años. Entonces, ¿qué pasa si
terminamos teniendo que patearle el culo a Carter? Se lo merece por
hacernos correr vueltas. Sabes que odio correr vueltas. Recibo agujetas
en las espinillas.
Los miré boquiabiertos.
El me devolvió la mirada.
—Estás fuera de tu mente, —dije débilmente.
—Probablemente, —dijo Chris encogiéndose de hombros—.
Pero nos hemos quedado contigo por tanto tiempo. Y demonios, nos
hemos enfrentado a Omegas enloquecidos, un aspirante a Alfa con
grandes dientes y un ego aún más grande. ¿Qué es una enfermedad que 297
hace que nuestros amigos pierdan sus canicas a la larga? Solo otra cosa
con la que nos ocuparemos.
Rico se rió, pero lo cubrió rápidamente con una tos.
—Lo siento, —dijo, haciendo una mueca de dolor—. Eso no fue
gracioso. Respuesta al miedo.
—Nos va a necesitar, —dijo Jessie, y los demás guardaron 08/2018

silencio—. Tú sobre todo.


Le fruncí el ceño. —¿Qué se supone que significa eso?
Ella me golpeó en la cabeza. —Hombres. Eres un idiota. ¿Por
qué diablos crees, Gordo? Mira. No pretendo saber nada sobre ti y
Mark. No me importa lo que les haya pasado o lo que los haya
convertido en este gilipollas que está tan acostumbrado a pretender que
no sufres como el resto de nosotros que no ves que hemos terminado
con tu mierda. Si esto sucede, si lo que nos dijo esa perra es cierto, nos
necesitarás, Gordo. Somos tus amigos. Nos necesitas tanto como te
necesitamos.
—Equipo humano por la victoria, —dijo Chris, sonriendo con
cariño a su hermana.
—Podemos hacer cosas que los lobos no pueden, —agregó
Tanner—. Si van a volverse salvajes, entonces nos necesitarán para
vigilarlos hasta que podamos encontrar la manera de recuperarlos.
—Y además, —dijo Rico, sonriéndome frenéticamente—, se ve
bien para mi credibilidad callejera cuando pateo tanto culo. —Su
sonrisa se desvaneció un poco—. Aunque realmente no puedo contarle
nada a nadie. Porque los hombres lobo son secretos. —Ahora fruncía
el ceño—. ¿Por qué demonios estoy haciendo esto? Ya estoy teniendo
sexo.
Estos ridículos humanos. Cómo tenían los corazones de los
lobos.
—Que les jodan a todos, —dije sin poder hacer nada.
No fueron engañados.

ESTABA EN MI camioneta, listo para ir a casa y dormir un par 298


de horas. Necesitaba descansar. Enfrentarme con Pappas me había
agotado. Elizabeth me había ofrecido una cama en la casa Bennett,
pero no había dormido allí en años. Ella sabía que diría que no. La
culpa que se había asentado en mi pecho por las implicaciones de
Michelle sobre mi padre no ayudaba. No podía soportar que Elizabeth
08/2018
me mirara, sabiendo que la sangre que corría por mis venas provenía
de un hombre que había ayudado a causar la muerte de su esposo, y
potencialmente la destrucción de su manada una vez más. Ella no me
culpó. No era quien ella era. Pero me culpé lo suficiente por los dos.
Tomé la salida del cobarde.
Ella lo supo. Por supuesto que sí. Ella me dejó ir con un gesto de
su mano.
El cielo comenzaba a iluminarse. Me senté en la camioneta,
bostezando mientras me inclinaba contra el volante. Joe y Ox estaban
con Pappas, tratando de encontrar la forma de que pudieran
comunicarse con él. Dudaba que funcionaría. Los Omegas podrían
convertirse en Betas nuevamente si tan solo pudieran encontrar un
ancla para traerlos de regreso. Lo había visto antes. Esto no era así. Lo
que sea que estaba sucediendo con él, lo que sea que le había roto el
ancla, no era algo relacionado con el lobo.
Era mágico. Tenía que serlo.
Pero no sabía cómo.
Estaba a punto de encender el camión cuando llamó a la ventana.
Pensé en ignorarlo.
Bajé la ventana en su lugar.
—¿A casa? —Preguntó Mark.
—Sí. —Miré hacia adelante.
—Bien. Te ves cansado.
—Me estoy poniendo viejo. No puedo usar estas noches como
solía hacerlo.
Él bufó. —No eres tan viejo, Gordo.
—Si tú lo dices.
—Sí, —dijo—. Lo digo.
Yo quería decir muchas cosas. Así que escogí la más 299
intrascendente de todas. —¿Qué estás haciendo? ¿No deberías estar?
No lo sé. Descansando. O algo.
Se apoyó contra la puerta, con las manos colgando dentro de la
camioneta. Apenas resistí el impulso de tocar sus dedos. Si Michelle
tenía razón, en un par de semanas, él no me conocería en absoluto.
—Tal vez. Tengo algunas cosas que hacer primero. 08/2018

—¿Como qué?
—Yo... ¿seguro que quieres escuchar esto?
Estaba incómodo. Yo también era un gilipollas Así que me
encogí de hombros.
Él vio a través de mí. Él siempre lo hizo.
—Ir a ver a Dale.
Escuchó el repunte de mi corazón. Él tenía que haberlo hecho.
—Un poco temprano.
—Ir a caminar. Tal vez correr un poco. Limpiar mi cabeza.
—Abby está a media hora de distancia. En coche.
—Lo sé. Pero lo necesito. Tengo que hacerlo.
Finalmente lo miré. Sus ojos brillaban bajo la luz tenue.
—¿Por qué?
Él se encogió de hombros—. Tengo que poner fin a las cosas.
Mis manos se apretaron en el volante.
—¿Por qué estás… —Entonces—, Maldito idiota.
Mark no se inmutó. —No es…
—¡Te estás dando por vencido!
Él permaneció exasperantemente tranquilo.
—No me rendiré, Gordo. Estoy haciendo lo correcto. No puedo
arriesgarme a hacerle daño. Y si de repente desapareciera, aparecería
en la ciudad. Haciendo preguntas. ¿Cuánto tiempo piensas que tomaría
antes de encontrar su camino hasta aquí? Es mejor de esta forma.
Especialmente si Michelle estaba en lo cierto acerca de la luna llena.
Eso empeorará las cosas.
Maldito sea. —Voy a arreglar esto. No sé cómo todavía. Pero lo
haré. Lo solucionaremos. Tiene que haber una manera. La encontraré.
—Sé que lo harás. 300
Tantas cosas para decir. Me estaba desesperando.
—Necesitas tener fe en mí.
Él no dudó. —Siempre lo hago.
Pensé que el cuero iba a romperse bajo mis manos.
—Solo... no lo hagas. Dile que tienes un viaje de negocios. Dile
08/2018
que te vas de vacaciones. No, no actúes como un maldito mártir. Así
no es como funciona esto.
—¿Porque ese es tu trabajo?
Todas estas palabras. Se estaba acercando peligrosamente a sonar
como la verdad. Algo que él y yo no habíamos tenido en mucho
tiempo. —Sí. Cierto. Porque ese es mi trabajo. No me lo quites.
—Escucha, Gordo, no es…
—No —yo dije—. No voy a escuchar esto. No de ti. Guardas esa
mierda ahora, ¿me entiendes? ¿Quieres romper con él? Bien. Esa es tu
elección. Pero será mejor que no comiences toda esa mierda de
despedida con nadie más. Especialmente no conmigo.
—Pappas...
—No lo eres él! —Grité. No sabía si estaba enojado o asustado o
en algún punto intermedio. Yo quería golpearlo en la boca. Quería
alejarlo de todo esto. Obligarlo a subir al camión y simplemente
conducir hasta que nada de esto importó. Donde no éramos nadie y
nada podía lastimarnos jamás. Sin manada. Nada. Solo él y yo—. Él
no eres tú. Él no tiene lo que tienes. Él no tiene...
Me ahogué.
A mí.
Él no me tiene a mí.
Extendió la mano y puso una mano sobre la mía. Mi cabeza
estaba palpitando. Los lazos se retorcían en mi pecho. Había azul,
tanto maldito azul que pensé que me estaba ahogando. Pulsó a lo largo
de los hilos, ecos de dolor teñidos de miedo e ira. No solo provenía de
él. Venía de todos ellos. Sentí la preocupación de Kelly, la furia de
Carter. Estaba Robbie, pequeñas explosiones de rojo y lapislázuli. Joe
y Ox tratando de mantener la calma para nosotros, el uno para el otro,
pero se entrelazó con un temor que era casi cobalto. Elizabeth estaba 301
cantando en algún lugar, y todo era azul. Todo lo que teníamos era
azul.
Los lazos estaban doliendo.
Y Mark. Siempre Mark.
Él dijo: —Tal vez me pegue. Tal vez un día a partir de ahora se
08/2018
estrellará sobre mí y voy a romperme justo en el medio. O tal vez no
sucederá hasta que sienta ese primer zarcillo en mi cabeza. Ese tirón
hacia el lobo que no podré detener. Pero por ahora, voy a hacer lo que
tengo que hacer. Y tal vez sea lo mejor. Quizás esto es lo que se
suponía que sucedería. Él no es como nosotros. Él no es parte de esto.
No creo que se suponía que lo fuera. Nunca me sentí así con él. No es
como si me sentía con... —Suspiró, sacudiendo la cabeza—. No tengo
miedo de mucho, Gordo. No lo hago. Soy un lobo. Tengo una manada
fuerte. Pero nunca me preocupé por perderlo. Fue... una distracción,
creo. Algo que ni siquiera sabía que necesitaba. Hay cosas más
importantes ahora. Cosas que tenemos que hacer. Cosas que yo tengo
que hacer. Para arreglar las cosas. —Apretó mi mano hasta que mis
huesos crujieron. No quería que lo dejara ir. Odiaba la forma en que se
sentía en mi cabeza, el susurro de gordo gordo gordo como un latido
del corazón que nunca se detendría—. No tengo miedo de mucho. Pero
creo que tengo miedo de esto. Lo que podría significar. En lo que
podría llegar a convertirme. A quién podría olvidar.
Bajé la cabeza, tratando de respirar a través del dolor en mi
pecho.
Se aclaró la garganta. —Sé que harás lo que puedas. Y te ayudaré
por el tiempo que pueda. Pero si algo me sucede, si yo...
—No, —dije roncamente—. No hagas esto.
—Tengo miedo, —repitió—. Porque incluso cuando todo se
sentía perdido, incluso cuando nuestra manada se dividía y rompía una
y otra vez, siempre tenía mi ancla. Incluso cuando él no me quería de
vuelta. Y ahora me lo quitan.
Él se alejó.
Inspiramos y exhalamos. 302
Traté de encontrar una sola palabra para decir.
Hubo demasiadas. No podría decir ninguna de ellas.
Golpeó sus nudillos contra la puerta. —Está bien, —dijo—. Eso
es. Eso es todo. Solo… duerme un poco, Gordo. Te necesitamos en tu
mejor forma.
08/2018
Y luego él se fue.
Finalmente, cuando el sol se asomaba por el horizonte, giré la
camioneta y me dirigí a casa.
nunca más / no puedo luchar contra esto

SOÑÉ con cuervos y lobos.


Volé por encima de mi bosque, mis alas extendidas.
Debajo de mí, en algún lugar de los árboles, los lobos aullaron.
Rompió el aire a mi alrededor, causando que mis plumas temblaran. 303
Yo buceé por la tierra.
Aterricé en un claro, el suelo bajo mis pies.
Había un lobo blanco frente a mí. Tenía negro en su pecho. En
sus piernas.
Decía: —Hola, pajarito. 08/2018
Abrí mi pico y grazné a cambio, —Nunca más.
Sonrió, este lobo, este gran rey.
—Te he encontrado, —él dijo—. Lamento que me haya llevado
tanto tiempo, profeta aún, pájaro o demonio.
Lo odiaba. Le odiaba. Quería hundir mis garras en su vientre.
Quería pegarle en un ojo cada vez más y ver la vida sangrar debajo de
mí.
—Lo sé, —dijo.
Otros lobos se movieron en los árboles. Decenas de ellos.
Cientos. Sus ojos eran rojos, anaranjados y violetas. Eran Alfas y
Betas y Omegas. Los bosques estaban llenos de ellos.
Dio un paso hacia mí.
Agité mis alas, saltando hacia atrás.
—Pajarito, —dijo—. Pequeña ave. Vuelas lejos. Siempre lejos.
Nunca quise que me dejaras. Nunca quise verte partir. Te quiero.
No le creí.
Él se rió, el sonido bajo y rudo. Él dijo, —Sé que no. Pero un día
espero que me perdones por todo lo que te he hecho. Por todas mis
fallas. Hice lo que pensé que era correcto. Hice lo que pensé que te
mantendría a salvo. Eres manada y manada y
manadamanadamanada…
Sus ojos estaban rojos.
Grité, —Thomas.
Thomas, Thomas, Thomas.
Estiró el cuello hacia adelante, presionando su hocico contra mi
cabeza, y yo dije: —Oh. Oh, oh, oh y…

—Y PARECE que tendremos nieve a principios de este año, — 304


anunció entusiasmado—. Esos idiotas del clima nos llaman por unos
sesenta centímetros a lo largo de las Cascades en las elevaciones más
altas. Roseland podría ver tres veces más, Abby podría tener dos
metros y medio. Tendrás que considerar cambiar esos planes de
Halloween, ya que la tormenta comenzará a tomar un botadero el lunes
08/2018
por la noche y el martes, posiblemente hasta el resto de la semana...
ODOT está instando a los que están en las comunidades de las
montañas a que se mantengan alejados de las carreteras si es posible, o
incluso a que se salgan de la carretera si es posible. Esta parece una
grande, amigos, y es mejor prevenir que lamentar, especialmente si se
tardan unos días en despejar los caminos dentro y fuera de las
ciudades. Vamos a Marnie y revisen nuestras noticias en la región...
Apagué la radio cuando llegué a los caminos de tierra que
conducían a la casa Bennett. Era media tarde, y el cielo estaba gris y
pesado. El camión se sacudió cuando llegué a un bache. Mi dolor de
cabeza no se había desvanecido.
El frente de la casa debería estar lleno de autos. Era domingo.
Fue una tradición. Pero el Equipo Humano (Dios, nunca iba a perdonar
a Chris por haberme metido eso en la cabeza) había sido advertido de
mantenerse alejado, al menos hasta que los llamaran. Tanner y Rico
estaban en el garaje poniéndose al día con el papeleo. Chris estaba en
la casa de Jessie. No estaban contentos con eso, pero estuvieron de
acuerdo.
Robbie estaba en el porche, mirándome, vistiendo esas ridículas
gafas. Él me saludó.
Asentí con la cabeza.
—Es... coherente, —dijo mientras salía del camión—. Un poco.
Fue una larga noche.
—¿Cuánto tiempo?
—Un par de horas. Está un poco confundido, sin embargo. No lo
sé. Viene y va. Nunca he visto algo así.
Los escalones del porche crujieron bajo mi peso. Robbie se veía
pálido y retraído. Él no me miraba a los ojos. Su mirada se sacudió
hacia mí, luego se alejó. De vuelta, y lejos. Él estaba nervioso. No 305
sabía por qué.
—¿Es así?
Él se encogió de hombros. Él comenzó a retorcerse las manos.
No tenía tiempo para esto. —¿Qué pasa?
Por un momento, pensé que simplemente se quedaría parado allí,
08/2018
inquieto. No tuve ningún problema dejándolo en el porche si iba a
perder el tiempo. Tenía una mierda que hacer.
No tuve que esperar mucho.
—No lo sabía, —soltó, con los ojos muy abiertos.
Allí estaba. —¿El qué?
Él hizo una mueca. —Esto. Todo. Sobre los Omegas. Acerca de
la infección o magia o lo que sea. Cualquiera de eso. No lo sabía.
—Bien. ¿Alguien dijo que lo hiciste?
Sacudió la cabeza. —No, pero, vine de allí. Yo era Osmond
después de Osmond.
—No eres como él, chico. Confía en mí en eso. Si pensara que lo
fueras, no estarías parado aquí. No me importa lo que Ox diría. Te
volvería al revés sin pensarlo dos veces.
Eso... probablemente no fue la cosa más tranquilizadora que
podría haber dicho. Él chilló.
—No voy a hacerlo, —le dije—. Porque no eres él.
—Claro, —dijo, tragando espeso—. Eso es bueno. Soy
consciente de ello. De verdad. Me gusta mucho.
—Buena conversación, —dije, girándome hacia la puerta.
—Pero es raro, ¿verdad?
Suspiré y regresé. —¿El qué?
—Eso no lo sabía. Porque Michelle lo sabía. Por mucho tiempo.
O al menos, ella sabía algo.
—Probablemente por encima de tu grado de pago.
—Pero no debería haber estado por encima de Joe. Si Thomas lo
supiera, en el momento en que Joe se convirtiera en Alfa, debería
haberle dicho.
Él tenía un punto. —Esos fueron algunos días extraños. Las
cosas fueron... caóticas. 306
Se subió las gafas a la nariz. —Tal vez. Pero este año pasado?
Después de Richard. Estábamos... tranquilos. Todo estuvo bien.
Principalmente. ¿Por qué no entonces? Especialmente desde que todos
estos Omegas siguieron viniendo aquí. Cualquiera de ellos podría
habernos mordido. Tal vez solo eran Omegas regulares y no del tipo
08/2018
infectado. Pero, ¿y si no lo fueran? ¿Por qué tomaría esa oportunidad?
Uno de los muchos pensamientos que se habían corrido se agitó
en mi cabeza. —No lo sé.
—Sé que no. Pero creo que sí.
Lo miré bruscamente. —¿Qué?
—Thomas Bennett era realeza, —dijo, cambiando su peso de
pies a pies nerviosamente—. Todos los Bennett lo son. Retrocede
años. Joe. Thomas. Abel. Incluso antes de eso. Michelle siempre se
suponía que era temporal. Un Alfa interino hasta que el Bennett Alfa
pueda ocupar el lugar que le corresponde.
—Pero...
—Pero no ha sucedido. Ella se lo ha pedido, pero ¿por qué no
empujar más? ¿Por qué no ha exigido que Joe vaya a Maine para
convertirse en el Alfa de todos? ¿Por qué ninguno de los otros lobos
intentó llamarlo tampoco? Me dijeron que después de que Abel murió,
hubo un alboroto enorme de que un Alfa podría ser asesinado en su
propio territorio, especialmente un Alfa Bennett. Prácticamente
obligaron a Thomas a reubicarse en el este.
—Thomas Bennett no se vio obligado a hacer nada que no
quisiera, —le dije con amargura.
Él parpadeó. —No, como, legítimamente forzado. Le dijeron que
si no volvía, iba a tener que ceder su título a otro. Abdicar su trono, si
quieres. La única razón por la que pudo regresar a Green Creek fue por
lo que le sucedió a Joe. Y luego... bueno. Ya sabes lo que sucedió
después de eso.
Historia en la que no quería tener que pensar.
—¿Cuál es tu punto?
—Sí, es como... está bien. Eres un Alfa, ¿verdad? Poder y
manada y bla, bla, bla. ¿Pero cuando eres alfa de todos? Es más. Es 307
increíble, o eso me dicen. Eres el lobo más poderoso del mundo.
gobiernas sobre todo, de ahí el título. ¿Por qué alguien querría
renunciar a eso?
—Crees que está tratando de permanecer justo donde está.
Robbie hizo una mueca. —He estado pensando en eso, ¿está
08/2018
bien? ¿Por qué otra razón guardaría el resto de esto de nosotros? ¿Por
qué enviaría a Philip aquí una y otra vez para conseguir a los Omegas,
solo para que nosotros matemos al último?
—Ilumíname.
—Ella los está probando, —dijo entusiasmado—. O a nosotros.
A Joe. Y Ox Joe es un Bennett, así que ella cree que sabe qué esperar
de él. ¿Pero Ox? Ella no tiene idea. Ninguno de nosotros lo hace.
Nunca ha habido alguien como él antes. Era un humano que de alguna
manera se convirtió en un Alfa sin ser un lobo. Y Richard fue capaz de
quitarle eso. Eso no debería haber sido posible.
—Nada sobre Ox debería ser posible.
Puse los ojos en blanco ante la calidad soñadora de su voz
cuando dijo: —¿Verdad? Él es simplemente... increíble.
Le chasqueé los dedos a la cara. —Enfócate.
Él sacudió la cabeza. —Uh. Lo siento. ¿De qué estábamos
hablando?
—Michelle. Probando a Joe y Ox.
—Sí. Sí. Ella no estaba... mintiendo. Acerca de lo que sucedió
con Richard convirtiéndose en un Alfa. Eso me llamó la atención,
porque rara vez hablaban sobre esos pocos momentos. —Su mirada se
volvió hacia abajo—. No... no estaba bien. Sintiéndolo. Ox es... luz.
Como el sol. Richard se sintió como un eclipse. Estaba mal. Todo al
respecto estaba mal. Pero podríamos sentirlo. Y ellos. Todos los
demás Omegas. Ellos fueron... No sé. No duró mucho, pero no fue
bueno. Y ahora, con esta, esta cosa. Ella está presionando, creo. Tal
vez ella está usando a Ox. Para sacar a todos los Omegas de su
escondite. Porque hemos sido heridos por ellos antes, y hemos sanado
bien, por lo que no pueden ser todos. Creo que ella lo sabe. Ella quiere
ver de lo que son capaces. Lo que harán. 308
—¿Para qué?
Parecía frustrado. —No lo sé. No he llegado tan lejos. Pero es
algo. Yo nunca... —Él negó con la cabeza—. El poder hace cosas
graciosas a la gente. Se les mete en la cabeza. Los hace cambiar. Ella
no fue... ella no fue siempre así. ¿Vale? Ella solía ser... diferente.
Mejor. Yo no… pensé, después de que ella me envió aquí, que cuando 08/2018

volviera, tal vez podría estar en su manada, ¿sabes? Que finalmente


me quedaría en un lugar. Ser parte de algo real en lugar de formar
estos pseudolazos que solo pretenden evitar que me resbale.
Extendí la mano y le envolví la nuca con la mano. Cerró los ojos
y se inclinó hacia ella, tarareando en voz baja.
—Tienes eso, —le dije en voz baja—. Aquí. Con nosotros. Ella
no tenía nada que ver con eso.
Él tembló cuando abrió los ojos. —Lo sé. Pero ¿y si ella está
tratando de quitarme eso?
Lo sacudí un poco. —¿Qué hacemos cuando alguien intenta
venir por nosotros?
Sus ojos brillaban naranja. —Luchamos.
—Exactamente. Ellos no piensan en ti así. Tus Alfas te quieren
aquí. Tu manada. Incluso Joe, ahora que has dejado de intentar babear
por todos lados sobre Ox.
Él sacudió su cabeza hacia atrás. —No estaba tratando de babear
por todos lados.
—Sin embargo, —dije con el ceño fruncido—, estás mirando a
su hermano con ojos locos. No sé si eso ayudará las cosas.
Él chilló de nuevo.
Di un paso atrás.
—Vamos a resolver esto, ¿de acuerdo? Pero si esto es Michelle
tirando de las cuerdas, entonces tienes que prepararte para eso. Porque
ella tendrá que ser detenida. —Otra idea me golpeó—. ¿Crees que ella
habría hecho esto a propósito?
Él parpadeó. —¿Qué?
—La infección. Si ella envió a Pappas aquí, sabiendo que ya
estaba en camino de convertirse en Omega. Como una forma de llegar 309
a nosotros. A Joe y Ox.
Sacudió la cabeza. —No, eso parece demasiado grande para ella.
Demasiado grande.
—Tú eres el que dijo que el Alfa de todos no es algo a lo que
renunciar a la ligera, —le recordé.
Parecía frustrado. —Lo sé, es solo... si ese es el caso, no puedo 08/2018

hacer que encaje. ¿Por qué correría ella el riesgo de infectar a otros?
Ya se está extendiendo. ¿Por qué querría ella que se extendiera más?
Podría volverse y morderla en el culo. —Se mordió el labio inferior.
Entonces—, ¿Qué pasa si es tu padre?
Estreché mis ojos. —Entonces lo manejaré yo mismo.
Él asintió lentamente. —Eso me molesta también.
—¿Qué?
—¿Cómo escapó?
Para eso, no tenía respuesta.
Robbie sonrió débilmente. —Nosotros, me gusta estar aquí. Me
siento a salvo. No soy Osmond. No soy Pappas.
—Lo sé.
Él suspiró. —Bien.
Me volví y me dirigí hacia adentro. Antes de cerrar la puerta,
escuché: —Gracias, Gordo.
OÍ EL MOVIMIENTO en la cocina. Miré para ver a Elizabeth
abrazar a Kelly. Su cabeza estaba sobre su hombro. Él estaba
temblando. Carter estaba apoyado contra el mostrador, con los brazos
cruzados sobre el pecho, el ceño fruncido, la boca delgada. Él estaba
mirando a la nada.
Sabían que estaba allí.
Los dejé ser.
Mark no estaba en la casa. Solo lo sabía. No sabía cómo eso me
hizo sentir. Tal vez él había cambiado de opinión. Había evitado
pensar activamente en cómo había dicho que era su ancla, incluso
después de todo este tiempo. No importaba. Ahora no. Teníamos otras 310
cosas de qué preocuparnos. Me gustaría tratar con eso más tarde si
tuviera que hacerlo.
No sabía cuándo me convertí en un mentiroso tan experto.
Bajé al sótano. Vi a Joe primero. Estaba apoyado contra la pared,
una extraña aproximación de cómo se veía su hermano de pie en el
08/2018
piso de arriba. Él me miró y asintió antes de volverse hacia Ox.
Ox estaba de pie frente a la puerta abierta. La línea de plata en
polvo permaneció a lo largo del suelo.
Pappas estaba sentado con las piernas cruzadas en el centro de la
habitación, con las manos sobre las rodillas. Él estaba desnudo. Sus
ojos estaban cerrados, y respiraba profundamente y lo dejaba salir
lentamente.
Ninguno de los dos me reconoció.
Fui a Joe primero. Extendió la mano y pasó una mano por mi
brazo, con los dedos arrastrándose mientras dejaba su aroma en mi
piel. Mis tatuajes brillaban brevemente bajo su toque. Ox era mi ancla,
y nuestras manadas eran una, pero Joe, él... era diferente. Con él. Esos
tres años nos cambiaron.
—Escuché lo que dijiste, —me dijo en voz baja—. A Robbie.
Le fruncí el ceño. —Sabes que odio cuando escuchas a
escondidas.
—Estás en una casa de hombres lobo. Todos oyen todo.
—Por eso no me gusta ninguno de vosotros.
—Mentira, —dijo, sonriendo en silencio. Cayó solo un momento
después—. Ox, él está... intentando.
Los miré. Fue entonces cuando noté que Ox respiraba igual que
Pappas, como si estuviera tratando de centrarlo de alguna manera.
—¿Está funcionando?
—No lo sé. Hubo un momento en el que pensé... —Negó con la
cabeza—. Sus ojos. Ellos son violeta ahora. Él es un Omega. Creo que
anoche fue un error. Él no se ha vuelto completamente salvaje. Al
menos no todavía.
—A menos que podamos encontrar una manera de solucionarlo,
es solo cuestión de tiempo antes de... 311
—Puedo oírte, —dijo Pappas sin abrir los ojos. Su voz era más
profunda de lo normal, como si estuviera hablando a través de una
garganta llena de grava. Pero parecía tener más control del que tenía
desde que me llamó. No sabía cuánto duraría. Si Michelle hubiera
estado diciendo la verdad, él estaba en camino.
Ox suspiró mientras nos miraba. —Gracias por eso. Estábamos 08/2018

llegando a algún lado.


Pappas abrió los ojos. Eran violetas
—No, Oxnard. Tú no estabas. Esto es una pausa. Lo he visto
antes.
Joe se empujó de la pared y se dirigió hacia Ox. Lo seguí y me
puse de pie en su otro lado. Pappas nos miraba con los ojos de un
monstruo, rastreando cada uno de nuestros movimientos. Me envió un
escalofrío por la espalda. Fue como si estuviéramos siendo cazados.
Ox me miró, señalando con su cabeza a nuestro invitado.
Así que así es como iba a ser. —Hablamos con Michelle, —dije
de manera uniforme.
—Lo hiciste.
—Sí.
Pappas me miró con curiosidad. Él estaba hablando con un
ceceo. Su boca estaba llena de colmillos. —No me digas.
—Ella nos contó todo.
—Lo dudo mucho.
—¿Por qué?
—Porque ella trata con secretos, incluso si finalmente van en su
propio detrimento. —Sacudió la cabeza de un lado a otro. Su cuello
crujió ruidosamente. Causó que mis huesos dolieran—. Y ella no
confía en ti. Cualquiera de vosotros, realmente.
—Porque somos algo que ella no comprende.
—Sí.
—Tres días.
Él parpadeó lentamente. —Tres días.
—Eso es cuanto tiempo ella dijo que nos estaba dando.
—Ah 312
—¿Para qué?
—Pensé que habías dicho que te había contado todo.
—Acerca de la infección. Cómo se propaga. Lo que implica.
Cómo se tritura tu ancla. No sobre cómo planea contenerlo. Para evitar
que se propague.
—Tus protecciones. ¿Qué hacen? 08/2018

—Me avisarán cuando se acerca algo sobrenatural. Brujas.


Lobos. Omegas.
—¿Son infalibles?
—¿Por qué?
—Sólo una pregunta.
—No —yo dije—. Están destinadas a protegernos de aquellos
que nos harían daño. Es un sistema de advertencia. Para darnos
tiempo.
—Y tu manada está atada a eso.
—Sí.
—¿Pueden ser modificadas?
—¿Por?
Sus ojos se volvieron más brillantes.
—Estás tratando de mantener las cosas fuera. ¿Has pensado en lo
que eso significa que mantendrás dentro? Es solo cuestión de tiempo.
—Abrió la boca y le mostró los dientes. Él chasqueó sus mandíbulas
hacia nosotros, una vez. Dos veces. Él se estableció de nuevo—.
Puedo sentirlo. Tirando de mí. Quiero destrozarte. Quiero probar tu
sangre. Sentir tus huesos romperse entre mis dientes. Me dijeron que
yo...
—¿A todos nosotros? —Preguntó Ox.
Pappas negó con la cabeza. Entonces, —Tal vez. Pero sería
Gordo primero.
Joe se apretujó más cerca de mí. —¿Por qué él?
—Su magia.
—¿Qué hay de eso? —Le pregunté.
—Duele. Pica. Huele mal. Es una nube de inmundicia que los
cubre a todos y me está volviendo loco. Quiero romperla en pedazos. 313
Quiero tirar de él en pedazos.
—El Omega, —murmuró Ox—. La mujer. Ella también parecía
querer ir a buscarte a ti primero.
Joe miró a Pappas. —Y cada vez que entraste a la habitación, ella
estaba más agitada.
—Eso no es... —Negué con la cabeza—. Mierda. 08/2018

—¿Qué es eso? —Preguntó Ox.


—Tiene que ser él. Mi padre.
—¿Por qué?
—La magia, tiene una firma. Una huella dactilar. Específico para
una bruja. Pero entre familia, será similar. No es lo mismo, pero es
familiar. Si mi padre hizo esto, si esta es su magia rompiendo las
anclas de los Omegas, su magia está en ellos. Y lo están reconociendo
en mí.
Joe suspiró. —Esto apesta.
Yo resoplé. —Sí. Suena bien.
Pappas me miró. —Los maté.
—Los Betas.
Él gruñó, —Sí.
—Me advertiste.
—¿Lo hice? No puedo recordar.
—Me llamaste. Dijiste que tu ancla se estaba rompiendo. Me
contaste sobre la infección. Que ella lo sabía.
—Traicioné a mi Alfa, —susurró.
—Me advertiste. A nosotros. Sabías lo que estaba sucediendo.
Querías ser detenido. No eres tú, Pappas. Es algo dentro de ti.
Se puso de pie lentamente. Él era un hombre grande. Su piel
parecía ondular, como si estuviera luchando contra su cambio. Sus
muslos eran gruesos como troncos de árbol, y los músculos se
estremecieron cuando dio un paso hacia nosotros.
Ox retumbó profundamente en su pecho, una advertencia clara
que hizo que mi piel se arrastrara.
Pappas lo ignoró. Él solo tenía ojos para mí.
—Tu magia, —dijo—. Me ofende. Me pica la piel. Serías el 314
primero. Yo vendría por ti primero.
—Ya lo has intentado, —dije fríamente—. Todavía no ha
sanado.
No reconoció la marca de quemadura en forma de mano,
ennegrecida y crujiente.
08/2018
Los dedos de Joe rodearon mi muñeca.
—Tal vez no deberías enojarlo aún más.
—Tendrás que matarme, —dijo Pappas, parándose frente a
nosotros, con los dedos de los pies a centímetros de la línea de plata—.
Al final.
—No queremos eso, —dijo Ox—. No a ti. No a ninguno de ellos
como tú. Pero lo haré. Si creo que eres un peligro para mi manada o
esta ciudad, lo haré yo mismo.
—¿Y Carter y Mark? ¿Qué pasa si se convierten en el peligro?
¿Qué harás entonces?
A eso, Ox no dijo nada.
—Te tiene miedo, —dijo Pappas, su cabeza ladeada—. El niño
que corrió con los lobos. Ella no sabe lo que quieres. En lo que te has
convertido.
—Lo único que quiero está aquí en Green Creek.
—Ella no cree eso.
Ox negó con la cabeza. —Ese no es mi problema.
Él sonrió violentamente. —Eso es ahora. Lo sé, pensé que podría
luchar contra eso. Pensé... lo oculté. De todos.
Nos quedamos callados.
—El último Omega. El hombre. ¿Lo recuerdas? Su nombre era…
Joe dijo, —Jerome. Su nombre era Jerome. Él nos temía, pero
aún así vino.
—Sí, —dijo Pappas—. Jerome. Él me hirió. Un rasguño que
apenas sangraba de uno de sus colmillos. En el dorso de mi mano. Él...
me sorprendió. Se movió más rápido de lo que esperaba. Acabábamos
de salir de tu territorio, y actuó como si lo estuviéramos sacando de su
manada. —Sus manos se flexionaron. Sus garras brillaban
apaciblemente en la luz del techo—. No sabía por qué. Pensé que no 315
era nada. Sané. E incluso si era algo, yo era más fuerte que un Omega.
Podría luchar contra eso. Podría vencerlo. —Se rió. Fue un sonido
cruel—. Estaba equivocado.
—¿Qué está haciendo ella? —Le pregunté—. ¿Qué quiso decir
Michelle con tres días? ¿Qué va a hacer ella?
08/2018
Estaba contra la plata entonces, casi más rápido de lo que pude
seguir. Me gruñó, enojado cuando su cuerpo golpeó una pared
invisible. Saliva voló y salpicó el suelo frente a nosotros mientras
golpeaba la barrera con los puños. La plata se quedó donde estaba en
el suelo, inmóvil. Jessie la había extendido, pero yo mismo la había
raspado, colocando los pensamientos de tierra y hogar y manada en
ella. No lograría pasar, sin importar lo mucho que lo intentara.
No impidió que Ox se pusiera delante de mí, con las garras fuera.
Vio una amenaza, y sus instintos habían intervenido. Su compañero y
su brujo eran su única preocupación.
—Ayúdame, —jadeó Pappas mientras daba un paso atrás. Tenía
las manos rotas, los dedos doblados en ángulos extraños. Comenzaron
a regresar a su lugar, el eco de los huesos rompiendo a nuestro
alrededor—. No puedo, no puedo luchar contra esto. No por mucho
tiempo.
—Dinos qué está planeando y te ayudaré, —dijo Ox—. Haré lo
que pueda.
—Tú la mataste. Esa chica.
—Sí.
—Ella quería ver. Si tú podías.
—Lo sé.
—Ella no pensó que tú…
—Philip. ¿Qué está haciendo?
—No es lo mismo, —dijo Pappas, comenzando a caminar de un
lado a otro. Se movió como un animal enjaulado, con los ojos puestos
en mí—. No es lo mismo que la muerte. Cuando el ancla se rompe. Se
rompe limpio. Está ahí, y luego no. Me gustaría saber. Me pasó a mí...
una vez. La amaba. Ella era humana, y yo la amaba. Pero yo estaba 316
preparado para eso entonces. Esto es diferente. Esto es trituración. Este
es el enlace deshilachado. Pieza por pieza. Era ella y luego era el
recuerdo de ella. Puedo sentirlo. En mi cabeza. Me lo está quitando.
Duele. Quiero matarte. ¿Lo entiendes? Puedo escucharlos. Moverse
por encima de mí. Después de que los mate a todos, iría por ella.
08/2018
Elizabeth. Ella pelearía conmigo. Pero pondría mis dientes en su
garganta…
Joe rugió, con los ojos enrojecidos, dando un paso hacia Pappas.
Retrocedió tambaleándose, encogido contra la pared del fondo,
gimiendo mientras se acurrucaba sobre sí mismo.
Oí el estruendo de los pies sobre nosotros, los aullidos de
respuesta de la manada escuchando la ira de su Alfa.
Pappas se meció hacia adelante y hacia atrás, con los ojos
violeta.

—SI ELLOS envían lobos, estaremos listos, —Ox nos dijo, la


totalidad de la manada se reunió en la casa de Bennett. La luz estaba
fallando. La luna, que estaría llena en menos de una semana, estaba
escondida detrás de un manto de nubes. Me preguntaba si todavía
echaba de menos el sol—. Si envían brujos, nos ocuparemos de ellos.
Lo hemos hecho antes, y podemos hacerlo de nuevo. No
abandonaremos nuestro hogar. Encontraremos una manera de arreglar
esto. Lo prometo. No pueden tenernos. No pueden tener a ninguno de
nosotros. Sois mi manada. Sois mi familia. Nada me quitará a ninguno
de vosotros. Thomas me enseñó que un lobo es tan fuerte como su
manada. Que un Alfa solo puede liderar realmente cuando tiene la
confianza de quienes lo rodean. Nunca ha habido una manada como la
nuestra. ¿Quieren una pelea? Ellos tienen una.
Los lobos cantaron a su alrededor.
Los humanos inclinaron sus rostros hacia el cielo.
El hombro de Mark rozó el mío.
Ox tenía razón.
Déjalos venir. 317
Desgarraríamos la tierra debajo de sus pies.

A LA MAÑANA siguiente, Pappas cambió de forma. Su lobo


era negro, gris y blanco. Su pelaje era grueso Su cola se agitó. Sus
08/2018
patas eran enormes. Él gruñó al verme. Sus ojos brillaban violeta.

ROBBIE LLAMÓ al Este.


No hubo respuesta.

EL GARAJE estaba cerrado ese lunes. La mayoría de los


negocios lo estaban, antes de la tormenta. Las escuelas también.
Estábamos en el claro.
El aire olía a nieve. Me picó la nariz y me hizo llorar los ojos.
Me moví rápidamente cuando un lobo cambiado vino hacia mí.
Mi piel estaba resbaladiza por el sudor. Estaba respirando
pesadamente. La mandíbula del lobo estaba abierta de par en par, pero
el suelo se partió debajo de sus patas antes de que pudiera saltar, una
columna de roca se levantó y lo derribó. Aterrizó con un impacto en el
suelo, patinando sobre la hierba y la tierra. Se levantó, sacudiendo la
cabeza como aturdido.
—Bien, —dijo Joe, de pie a mi lado—. Kelly, retrocede. Carter,
eres el siguiente.
Jessie se puso de pie delante de Tanner, con las manos envueltas
en cinta blanca, mientras esperaba que Tanner hiciera su movimiento.
Dobló hacia la izquierda, luego fue hacia la derecha, transmitiendo su
intención en el movimiento de su cuerpo. Él fue rápido, pero Jessie fue
más rápida. Ella se hizo a un lado, girando, con el puño extendido. Ella
lo golpeó en la nuca, haciéndolo tropezar y caer de rodillas.
—Tal vez sea el turno de otra persona ser golpeado por Jessie, —
murmuró, frotándose el cuello mientras hacía una mueca.
Rico y Chris se alejaron un poco de ellos. 318
Nos movimos como uno. Éramos una manada. Habíamos hecho
esto una y otra y otra vez. Robbie fue rápido de pie. Carter era un
muro de fuerza. Kelly podría moverse en las sombras. Elizabeth se
enroscó como una serpiente, enseñando los dientes. Jessie podría
enfrentar un lobo por su cuenta y ganar. Rico y Chris podrían
08/2018
descargar un solo cargador en segundos. Los cuchillos de Tanner
podían perforar la carne del lobo más resistente incluso.
Joe y Ox eran los Alfas, y nos movimos en sincronía con ellos.
Y luego estaba Mark.
El lobo marrón.
Él era fluido, esquivando todo lo que venía hacia él. Era gracia y
arte, los músculos debajo de su piel cambiaban mientras se movía.
Observé que Ox venía por él medio desviado. Esperó, se agachó, hasta
que Ox estuvo solo a unos pocos pies de distancia antes de saltar sobre
él, con las patas traseras golpeando los hombros del Alfa, haciéndolo
perder el equilibrio. Cayó de pie al otro lado de Ox, dando vueltas,
listo para cuando Ox volviera a por él.
Nos habíamos entrenado para esto.
Algunos de nosotros toda nuestra vida.
Éramos la manada Bennett.
Por eso fue sorprendente cuando Kelly se acercó sigilosamente a
Carter, quien se distrajo con la cola crispada de Robbie. Kelly se
abalanzó sobre él, con los dientes al descubierto.
Y Carter respondió golpeando a su hermano en mitad del claro,
rugiendo en pura furia. Kelly aterrizó con fuerza, la tierra y la hierba
se amontonaban a su alrededor cuando él se detuvo. Gruñó mientras
volvía a ser humano.
—Carter, qué diablos, hombre. Sólo estaba…
Pero Carter no se detuvo. Corrió hacia su hermano, un brillo en
sus ojos que nunca había visto antes.
Grité, —¡Ox!
Ox se cambió, la ropa triturándose mientras su lobo se lanzaba
hacia adelante. Kelly se arrastró hacia atrás, con los ojos muy abiertos 319
al ver a su hermano corriendo hacia él. El cuello de Carter se estiró
hacia afuera, los colmillos apuntando a la pierna desnuda de Kelly, y...
Soltó un fuerte aullido cuando Ox cayó sobre su espalda,
obligándolo a caer al suelo. Ox rugió en su oído cuando Carter se
retorció debajo de él, tratando de noquear a Ox para que se acercara a
08/2018
su hermano. La llamada de su Alfa lo sobresaltó, sacándolo de su
cambio casi al instante. Asomó a Ox, cuyos dientes estaban cerca de su
garganta.
—Mierda, —respiró—. No quise hacerlo. Dios mío, Ox, no quise
hacerlo. Yo no...
Ox le espetó.
Él se calló.
Joe se movió hacia ellos, haciendo un gesto para que Kelly
retrocediera. Pensé que Kelly iba a discutir, pero él hizo lo que su Alfa
dijo. Joe estaba parado sobre su hermano, su mano al lado de su
compañero. Él dijo: —Carter.
—¡Joe! No sé lo que pasó ¿Vale? No quise...
Y Joe dijo: —Muéstrame tus ojos.
—No es así. Lo juro. Me olvidé por un segundo. No lo soy, no
soy así. Yo no soy como ellos...
—Muéstrame. Tus. Ojos.
Carter pareció herido cuando sus ojos azules cambiaron de color.
Naranja.
Solo naranja, tan brillante como siempre.
Joe suspiró. —Ox, deja que se levante.
Ox se bajó de él, pero no antes de inclinarse y presionar su nariz
en el cuello de Carter, un pulso de hermano hogar seguro hogar
rodando a través de los hilos. Carter se hizo una bola en el suelo, un
ruido herido salió de su garganta. Kelly estaba a su lado un momento
después, poniendo una mano en el cabello de Carter, susurrándole al
oído, diciéndole que estaba bien, todo estaba bien, estaría bien, Carter,
estoy aquí, te juro que no estoy enojado. No voy a dejarte, vamos a
estar bien.
Robbie parecía como si fuera a ir hacia ellos, pero Elizabeth lo 320
detuvo, con una mano alrededor de su muñeca. Ella negó con la cabeza
cuando él la miró. —Déjalos estar, —dijo en voz baja.
Robbie asintió con la cabeza, pero se volvió hacia ellos, con los
hombros tensos.
—¿Qué diablos fue eso? —Susurró Rico.
—No sé, —dijo Tanner—. ¿Tú crees…? 08/2018

—¿Sucede tan rápido? —Preguntó Chris—. Pensé que se


suponía que tomaría semanas. ¿Tal vez es la luna llena?
—¿Podrían los idiotas estar tranquilos? —Siseó Jessie—. Pueden
oírte.
—Bien, —dijo Rico—. Lo siento por eso. Nos quedaremos aquí
silenciosamente, mirando como dos hermanos desnudos yacen el uno
sobre el otro y lloran. Aye. Mi vida.

—¿PODEMOS vencer esto?


Necesitaba escucharlo de ella. Necesitaba que dijera que sí.
Necesitaba que ella me dijera para que yo pudiera ser valiente.
Elizabeth no me miró. —No lo sé. Si alguien puede, espero que
seamos nosotros. Pero a veces la fortaleza no es suficiente.
Necesitamos prepararnos. Por las dudas. —Su voz se quebró al final.
Quería darle promesas que sabía que no podía cumplir.
Pero no pude encontrar las palabras.
La dejé de pie en la cocina.

CONTACTÉ a algunos contactos antiguos. Brujas sin manadas,


ya que no podía confiar en esas con lobos. No cuando no sabía de lo
que Michelle era capaz.
Abel me había dicho una vez que la luna había perdido su amor.
Que los lobos llegaron a ser por eso. Que las brujas fueron creadas
debido a un último esfuerzo para evitar que el sol quemara a los que le
cantaban.
Eran chorradas, por supuesto. 321
Una vez, cuando la magia floreció, había más de nosotros. La
magia aún no había comenzado a desvanecerse, desapareciendo con
cada generación que pasaba. Los aquelarres existían, grupos de brujas
que se contaban en docenas. Algunos fueron buenos. Algunos no lo
fueron. La mayoría de ellos fueron quemados.
08/2018
Todavía quedaban algunos de nosotros. Eran mayores, mucho
mayores que yo.
El viejo brujo junto al mar había sido uno de ellos. Él, también,
había sido parte de una manada una vez. Él, también, había amado a
un lobo. Habría sido mi primera llamada, de no ser porque su corazón
se detuvo en el momento en que nos fuimos. Recordé lo que había
visto en los huesos.
Serás probado, Gordo Livingstone. De formas que aún no has
imaginado. Un día, y un día antes, tendrás que hacer una elección. Y
temo que el futuro de todo lo que aprecias dependerá de esa elección.
Todavía no sabía lo que él había querido decir. Pero parecía que
estaba sucediendo ahora.
Había una mujer en el norte. Era un cliché en el límite, calderos
burbujeantes, encorvados sobre libros de hechizos que a menudo eran
más tontos que reales. Ella demandó hablar con los que habían cruzado
de esta vida, aunque no pensé que ella podría ser creída.
—¿Vive ella en una cabaña destruida en medio del bosque? —
Me preguntó Rico—. Como, ¿come niños y esa mierda? ¿Eso es
ofensivo para las brujas? ¿Estás ofendido? Lo siento si te ofendes.
—Aileen vive en un departamento en Minneapolis, —le dije.
—Oh. Eso es decepcionante.
—Livingstone, —dijo, su voz crujiendo por el teléfono—.
Desearía poder decir que fue una sorpresa.
—Necesito tu ayuda.
Aileen se rió hasta que se convirtió en una tos seca que se
extendió en lo que parecían eras. —Malditos cigarrillos, —finalmente
logró decir—. Deja de fumar, boyo. Lo lamentarás eventualmente, lo
que te hacen. Eso lo prometo.
Apisoné mi cigarrillo en el cenicero desbordado. 322
Ella no sabía nada. Ella nunca había oído hablar de las anclas
rotas desde el exterior. —Lo miraré, —dijo, pero sonó
disculpándose—. Ver lo que puedo ver. Pon algunos sensores por ahí.
Te quedas ahí, boyo.
—¿Has…?
—No. No, Gordo. No he oído nada sobre tu padre. Pero… 08/2018

—¿Pero?
—Hay susurros.
—No tengo tiempo para que seas vaga, Aileen.
—Muerde tu lengua, Gordo, a menos que quieras que te la
maldiga.
Suspiré.
—Hay movimiento.
Cerré mis ojos. —Brujas.
—Y lobos.
—¿En camino hacia nosotros?
—No lo sé. Pero ahora que me has dicho lo que tienes, no me
sorprendería. Esto se siente... diferente. Las cosas están cambiando,
boyo.
—Mierda.
Ella tosió de nuevo. —Siempre has tenido tu manera con las
palabras. Cuídate. Y a tu manada. Haré lo que pueda.

HABÍA un hombre en Nueva Orleans. Tenía albinismo, su piel


era sobrenaturalmente blanca. Su cabello era de un rojo pálido. Pecas
oscuras y oxidadas en su cara. Su voz era suave jazz y cálido whisky.
Practicó vudú blanco, su magia aguda y llena de bordes ásperos. Él era
un sanador, y uno poderoso en eso.
—Pauve ti bête2, —dijo Patrice en voz baja—. A eso llegaron.
Sin anclas.
—Lo sé, —le dije con los dientes apretados.
—Pero siempre ha sido más con vosotros, los Bennett. Algo 323
extra. ¿Por qué pienzas que es eso?
No sabía cómo responder eso. Nada sobre nosotros era normal.
—Tienes que reforzar esas anclas, Gordo. Elloz tiene que zer
fuertes. ¿Ou konprann3? Incluso cuando todo parece oscuro, elloz
necesitan recordar lo que tienen.
—No hay nada… 08/2018

Él bufó. —Dos lobos. En Maine. Elloz pienzan saber todo. Elloz


pienzan que su manera es la única manera. No es. Hay más. Mucho
más. Existimos, pequeño brujo, para mantener el equilibrio. Tu lugar,
tu... Green Creek.
—Es diferente, —dije en voz baja.
—Oh, sí. Grande grande. Tal vez el único lugar que en el mundo.
¿Quién no querría ezo?
La idea envió un escalofrío por mi espina dorsal. —Mi padre…
—No eres tú —Espetó Patrice—. Él hizo su elección. Tú hiciste
el tuyo.4
—La elección fue hecha por mí.

2
N.T. Pobre bestia
3
N.T. ¿Comprendes?
4
N.T. Sé que está mal, pero el que habla, habla fatal!!
—Mentiras. ¿Luchaste por lo que era tuyo? ¿O dejaste que los
lobos hicieran lo que ellos deseaban?
No sabía qué decir.
—Thomas Bennett era un buen alfa, —dijo—. Pero él cometió
errores. Debería haber luchado por ti más de lo que hiso. Ahora debez
decidir lo que no pudo. Lo que tu padre no entendió. Debez decidir
luchar, Gordo. Y lo que estáz dispuesto a hacer. De lo que eres capaz.
—No sé cómo detener esto, —admití.
—No lo sé tampoco. Miraré. Rezaré, Gordo. En mi final. Pero
debes hacer todo lo que puedas. Yon sèl lang se janm ase. Un idioma
nunca es suficiente. Loz necesitamos. Elloz nos necesita. Los lobos.
Nunca olvides ezo.
Si solo mi padre y mi madre hubieran pensado lo mismo. 324

—RESPIRA, —dijo OX en el claro, Carter sentado frente a él en


el césped. Sus piernas estaban cruzadas, sus ojos cerrados. Manos
sobre sus rodillas. Parecía cansado. Líneas de color púrpura bajo sus
08/2018
ojos. Se sentía azul y sombrío—. ¿Qué escuchas?
—Los árboles. Las aves.
—¿Qué sientes?
—La hierba. El viento.
—Este es tu territorio.
—Sí.
—Fuiste hecho para estar aquí. Fue hecho para ti.
Carter susurró, —Sí.
—Tu ancla, —dijo Ox suavemente—. ¿Qué es?
Carter estaba luchando. Su garganta funcionaba. Sus dedos se
clavaron en sus jeans. Su aliento era una espesa pluma que salía de su
boca. El aire estaba fríamente frío, y me estremecí.
—Kelly, —dijo finalmente.
—¿Por qué? —Preguntó Ox.
—Porque él es mi hermano. Porque soy su protector. Porque lo
amo. Él me mantiene cuerdo. Él me mantiene completo. Él no es como
Joe. Él no está destinado a ser un Alfa. Kelly no es tan fuerte como él.
Él me necesita. Lo necesito.
—Y él está allí, ¿no?
Carter asintió con fuerza.
—Todavía.
Pero incluso yo podía ver que comenzaba a deshilacharse.

—ES LA MANADA, —dijo Ox, viendo a Carter huir a través de


los árboles.
Esperé.
—Para mí. —Miró hacia el cielo. Ese olor a hielo congelado en
el aire era aún más fuerte. La nieve estaba llegando—. Como lo fue 325
para Thomas. Es mi manada.
No estaba sorprendido. —Está luchando. Ya.
—Lo sé. Eso no quiere decir que sea más débil.
—No puede cambiar, Ox. Si lo que Michelle dijo era cierto,
entonces empeora las cosas. —Tragué saliva espesa—. Mark tampoco.
08/2018
Él no puede, tienes que decírselo.
—Llega la luna llena. ¿Entonces qué? No tendrán otra opción.
—No lo sé.
Él sonrió débilmente.
—Él te necesitará. Ahora más que nunca.
Bajé la cabeza. —¿Ya sabes?
—¿Sobre ti siendo su ancla? Sí. Lo sé.
Respiré profundamente. —¿Qué pasa si…? Ox, ¿qué pasa si no
soy suficiente? Para él. Eso…
—Eres suficiente, —dijo Ox en voz baja—. Incluso si no lo crees
tú mismo, tienes una manada que lo cree por ti. Y un lobo que hará
cualquier cosa para mantener su ancla a salvo.
—Tenemos que arreglar esto, —dije, sonando desesperado—.
Tenemos que encontrar la forma de evitar que esto suceda.
Sus ojos se encendieron rojos. —Créeme. Estoy empezando.
VI A MARK y Ox desaparecer en el bosque.
Detrás de mí, escuché a Robbie suplicar en su teléfono.
—Por favor, Alfa Hughes. Por favor llámame. Necesitamos
ayuda. No puedes dejarnos así. No puedes hacernos esto. Por favor.
Por favor, no le hagas esto a mi familia.

A MEDIDA QUE la escasa luz comenzó a desvanecerse, bajé las


escaleras hacia el sótano.
Detrás de la línea de plata había un lobo Omega cambiado.
Gruñó al verme, chocando contra la barrera una y otra vez.
Finalmente, comenzó a sangrar. 326
Pero él no se detuvo.

MÁS TARDE, en casa, saqué una bolsa de lona del armario.


Desabroché el bolsillo secreto.
08/2018
En el interior yacía un cuervo de madera.
Remonté las alas con mi dedo.
Lo puse en la mesita de noche al lado de la cama.
Lo miré durante mucho tiempo, esperando el sueño que nunca
llegaría.

LA NIEVE comenzó a caer justo antes de la medianoche.


tormenta

—HIJO DE PUTA, —dijo Chris, limpiándose copos de hielo de


la cara—. Esto no podría haber esperado?
—Somos el único camión de remolque en la ciudad, —le recordó
Rico, levantándose de cuclillas—. Y como este idiota decidió tomar la 327
curva más rápido de lo que debería, significa que tenemos que salir a
la calle mientras todos los demás están sentados frente al fuego,
abrigados y cómodos y probablemente bebiendo un buen brandy y...
—Lo conseguimos, —murmuré, asegurándome de que el gancho
estaba fijo en la parte delantera del automóvil. Estuvimos en la casa de 08/2018
Bennett bajo confinamiento, esperando que sucediera algo. La
advertencia de Michelle de tres días aún no había pasado, y Green
Creek estaba enterrado bajo un pie de nieve con más caídas. Odiaba
ser reactivo en lugar de proactivo, pero mantener los oídos en el suelo
no había revelado nada. Michelle Hughes y Maine estaban en silencio.
Philip Pappas era más lobo que hombre.
Recibí una llamada de Jones, el policía del motel, diciéndome
que un gilipollas había perdido el control de su automóvil antes de
estrellarse contra un banco de nieve y aplastar el guardabarros
delantero contra el neumático. Había sido abandonado cuando Jones lo
había encontrado en su SUV mientras patrullaba y me había llamado.
A Ox no le había gustado demasiado que abandonáramos la
seguridad de la casa Bennett. Le había prometido que seríamos
cuidadosos. Las protecciones fueron silenciosas. Sabríamos si fueron
violadas. Lo que Michelle estaba planeando, estaríamos listos para eso.
Pensé que la tormenta había llegado en el momento correcto. Green
Creek estaba esencialmente aislado ahora. Nadie podría entrar.
Mark tampoco se había alegrado de que nos fuéramos, si la
expresión de su rostro había significado algo. Pero él no había dicho
una palabra, solo se acercó y tocó mi hombro antes de desaparecer más
adentro de la casa. Los chicos me habían molestado sin piedad con
lobos posesivos y marcas de olor.
Idiotas.
Todavía no había tenido el coraje de preguntarle qué había
pasado con Dale, aunque sabía que algo había sucedido. Traté de
decirme a mí mismo que no era asunto mío. O que podría esperar. O
que no significaba nada.
—¿Bien? —Llamó Tanner desde el asiento del conductor de la 328
grúa.
—¡Sí! —Chris gritó de vuelta—. Se ve bien.
El aguilón de la grúa crujió cuando el cabrestante zumbó a la
vida. El sedán se elevó, la parte delantera hacia la parte trasera del
camión.
—Gracias, Gordo, —dijo Jones. Luces rojas y azules giraban 08/2018

perezosamente detrás de él—. Sé que es una mierda estar aquí afuera,


pero no quería arriesgarme a que alguien viniera por esa curva y se
topara con ello.
—Está bien, —gruñí cuando el automóvil se detuvo—. Lo
llevaremos al garaje y nos ocuparemos de él una vez que pase la
tormenta. ¿Tienes un ojo en el conductor?
Sacudió la cabeza. Él parecía preocupado.
—No. No podría haber estado aquí por mucho tiempo. Pasé hace
unas horas y no estaba allí. Tuvo que suceder desde entonces.
Rico y Chris se miraron el uno al otro. —¿A dónde se fue el
conductor? —Preguntó Rico.
—No lo sé, —dijo Jones—. Afortunadamente hacia la ciudad,
aunque todo está cerrado. Sería una suerte si alguien golpeara con sus
cabezas en el momento del impacto, y luego decidiera que sería una
buena idea ir a la nieve sin rumbo fijo.
Chris dejó escapar un silbido bajo. —Helado humano.
Jones suspiró. —Se supone que debo estar de vacaciones en unos
días. Puedo despedirme de ese beso si hay algo duro allí afuera. Solo
mi suerte.
—¿Mirando la matrícula? —Pregunté.
—Eso es lo extraño. Ven y mira. —Él sacudió la cabeza hacia la
parte trasera del automóvil.
Lo seguimos y…
—No hay matrícula, —dijo Rico—. Huh. Tal vez... ¿las llevó
con él?
—¿Se golpeó la cabeza y luego tomó sus matrículas antes de
salir a la tormenta? —Preguntó Chris—. Eso es un poco raro.
—Tan extraño como hombres lo… 329
—Rico, —espeté.
Él tosió. —Bien, jefe. Lo siento.
Jones nos miró con curiosidad antes de negar con la cabeza.
—Busqué las matrículas antes de llegar aquí, pensando que tal
vez las golpearon en el accidente. Pero no hay nada, ni siquiera
08/2018
huellas. Está bien, sin embargo. Puedo pasar por el garaje después de
la tormenta y obtener el VIN para verificar eso. Lo averiguaré de
alguna manera.
—A menos que eso haya sido borrado, —dijo Rico
alegremente—. Tal vez hay un cuerpo en el maletero.
—No me gustas, —dijo Jones, señalando con el dedo a Rico—.
Vacaciones. Primera vez en dos años. No me jodas.
—Sí, Oficial.
La radio en su hombro crepitó a la vida. Jones suspiró.
—No hay descanso para los cansados. ¿Van a estar bien para
devolver esto al garaje? ¿Necesito seguirles?
Lo despedí.
—Nos encargaremos de eso. Llámame si sucede algo más.
Él asintió con la cabeza antes de volver a su coche patrulla.
Nos saludó con la mano mientras pasaba junto a nosotros
tocando la bocina antes de dirigirse hacia la ciudad.
—Extraño, ¿verdad? —Dijo Chris, mirando al auto—. No crees
que sea...
—Llevémoslo al garaje, —le dije, interrumpiéndolo—. Quiero
volver a la casa antes de que esta tormenta empeore. Chris, con Tanner
en la grúa. Rico, conmigo.
—Moved los culos, —bramó Tanner—. Estoy jodidamente
helado.
Movimos nuestros culos.

FUE LENTO, regresar a Green Creek. La nieve caía más fuerte


de lo que recordaba haberla visto. Los caminos habían sido tratados
antes de la tormenta, pero no estaba haciendo demasiado. Grandes 330
derivas se alineaban a ambos lados de la carretera. Seguimos la grúa
lentamente, la barra de luz encima un destello amarillo brillante.
Rico tenía su teléfono, instalado en el tablero, con el altavoz
encendido, tratando de continuar la conversación que había tenido de
antemano. —Bebé, —estaba diciendo—. Bebé, escúchame. Te juro
08/2018
que estoy...
—No me importa, Rico, —dijo Bambi, la voz crujiendo por el
teléfono—. Se suponía que vinieras aquí. Pero en cambio me dices que
hay una situación que tienes que manejar y no estarás en la ciudad por
un par de días. Y cuando te pregunto qué situación, me dices que es un
gran secreto.
Me giré lentamente para mirarlo.
Él se encogió de hombros.
—¿Qué se suponía que iba a decir? —Murmuró.
—¡Escuché eso, Rico! ¿Con quién estás hablando? ¿Quién es
ella? Si tienes una perra embarazada, te juro por Dios que te mataré.
—Hola, Bambi, —dije, seco como el polvo—. Rico no me dejó
embarazado. Lo juro. E incluso si lo intentara, terminaría golpeado en
su culo.
—¿Es ese Gordo? ¿Es Gordo, a quién estás jodiendo a mis
espaldas?
—¡Te dije que no estoy jodiendo a nadie más que a ti! —Gritó
Rico—. Sabes que eres mi única.
—Como si yo creyera eso. Eres un buen conversador, Rico. Veo
cómo coqueteas con las mujeres. Me lo hiciste a mí, después de todo.
—¿Qué puedo decir, mi amor ? Las mujeres me aman.
—Probablemente deberías haber mantenido la boca cerrada, —le
dije.
Hizo una mueca cuando Bambi comenzó a hacerle saber lo que
pensaba sobre eso. Los desconecté, mirando la grúa que teníamos
delante. El automóvil conectado al gancho temblaba ligeramente y
rebotaba en la carretera. Pasamos el letrero que nos da la bienvenida a
Green Creek, en su mayoría cubierto de nieve. Llegamos a Main
Street, las tiendas cerradas a cada lado de nosotros, las ventanas 331
heladas en el hielo. Las luces de neón del restaurante eran un faro en el
blanco. La única vez que las había visto apagadas fue después de la
muerte de la madre de Ox. El propietario había apagado las luces
durante un par de días para honrarla, a su manera. No había sabido
cómo me sentía al respecto, pero habíamos estado en el camino poco
08/2018
después y me había olvidado de eso hasta ahora. La memoria era algo
divertido.
Era Halloween, y las aceras deberían estar llenas de gente
preparándose para los truco o trato. En cambio, Green Creek parecía
abandonado. Una ciudad fantasma.
Hubo un chillido de estática mientras conducíamos por Main
Street. Eché un vistazo mientras Rico levantaba su teléfono del tablero,
frunciendo el ceño.
—Y otra cosa, yo... que tú... Rachel me dijo que hablaste... y...
—Bambi, se está interrumpiendo, —dijo Rico—. No puedo
escuchar lo que dices.
—¿Qué? Estoy... si tu... te mataré... no creas que... hay...
El teléfono emitió un pitido cuando se cortó la llamada.
—Huh. —Rico levantó el teléfono del tablero y frunció el
ceño—. Sin señal. —Me miró—. ¿Crees que es la tormenta?
Me encogí de hombros.
—Podría ser. Para empezar, no tenemos la mejor recepción de
móvil aquí. Sorprendido, duraste tanto tiempo. Aunque no sé, eso no
es necesariamente algo malo. —Miré hacia abajo a mi propio teléfono.
Sin servicio.
—Jefe, —crujió la radio.
Levanté el auricular. —Sí, Tanner.
—¿Dejaste la puerta del garaje desbloqueada cuando recogimos
la grúa?
—Sí. Haz salir a Chris y que las abra. Vamos...
No hubo tiempo para reaccionar. En un momento, Chris, Tanner
y el camión de remolque cruzaban la intersección en forma de T y
tiraban en restaurante hacia la derecha. El siguiente, un viejo camión
de cabina doble con una cuchilla quitanieves negra pegada al frente, 332
chocó contra la puerta del conductor de la grúa. Rico gritó a mi lado,
gritando Tanner y Chris y no no, cuando la grúa comenzó a inclinarse
sobre las ruedas del lado del pasajero. El sedán que remolcaba giró
hacia la izquierda, luego giró a la derecha cuando la camioneta volcó
de costado, patinando en la nieve. El metal chilló cuando el auge
08/2018
arrastró el automóvil junto con el camión. Se estrelló contra el frente
del restaurante, y el vidrio se rompió cuando el camión entró en el
restaurante.
Me desvié bruscamente a la izquierda incluso cuando una
brillante explosión de algo estalló en mi cabeza, el viejo camión
gimiendo cuando comenzó a deslizarse sobre la superficie resbaladiza.
El volante se sacudió en mis manos mientras luchaba por sujetarlo,
apretando los dientes contra la embestida que rodaba sobre mi cuerpo,
mis tatuajes sintiéndose como si estuvieran en llamas. Pensé que
íbamos a volcar también, pero de alguna manera nos mantuvimos
erguidos, parándonos a unos metros de la intersección.
Rojo ardió en mi pecho. Las raíces enredadas se retorcían.
—¡Qué diablos! —Gritaba Rico, con la voz quebrada—. ¡Gordo,
qué mierda!
El camión de cabina doble comenzó a retroceder lentamente.
Gruñí, poniendo mis manos en mi cabeza, tratando de enfocarme,
tratando de aclarar mi visión y…
—¿Qué hacemos? —Preguntó Rico frenéticamente. —¿Qué
hacemos?
—Algo está mal, —me callé cuando volví a mirar—. Algunas
cosas…
La puerta del pasajero en el camión de doble cabina se abrió.
Un hombre salió desde el interior, de pie contra la puerta.
Llevaba Kevlar, un pasamontañas que le cubría la cabeza y la cara.
Gafas sobre sus ojos. Lo único que pude distinguir fue la punta de su
nariz, el destello blanco de los dientes.
En sus manos sostenía un rifle semiautomático. 333
Lo señaló directamente hacia nosotros, con los codos apoyados
en la parte superior de la puerta.
Agarré a Rico por el cuello y lo empujé hacia abajo mientras
estallaban los disparos. El parabrisas se hizo añicos. Rico gritó, pero
no pensé que fuera golpeado. No podía oler la sangre.
08/2018
El cuervo extendió sus alas incluso cuando algo intentaba
enjaularlo.
Cerré mi mano en el suelo de la camioneta. El marco se sacudió
cuando los lazos de la manada se encendieron brillantemente, azul,
azul hielo y rojo, rojo, rojo. Estaba sumido en mi furia, me deleitaba y,
en lo profundo de mi cabeza y mi corazón, las raíces de los hilos que
nos unían se agitaban como una guarida de serpientes, zumbando y
retorciéndose.
Pero se sintió diferente.
No pude distinguir los lobos.
No pude escucharlos.
Estaba enojado.
El camino se resquebrajó debajo del camión cuando empujé.
Apreté los dientes mientras el pavimento se deslizaba,
sacudiendo el camión que nos rodeaba mientras Main Street se dividía
en el medio. Los disparos se cortaron, y escuché que el hombre gritaba
atrás atrás atrás, y todo lo que podía pensar era en Chris y Tanner,
Chris y Tanner, sabiendo que tenían que estar heridos, sabiendo que
tenían que estar asustados, y yo no lo permitiría. No permitiría nada de
eso.
—Quédate aquí, —gruñí a Rico.
—¿Qué? Gordo, no. Tenemos que…
Lo ignoré. Levanté la mano y rompí el espejo retrovisor. El aire
frío y la nieve entraron por el parabrisas destrozado. El vidrio estaba
tirado en el tablero.
Abrí la puerta del conductor. Rechinó en sus bisagras.
Salí de la camioneta, apoyando mi espalda contra la puerta. La
tormenta se arremolinaba a mi alrededor. Nadie se acercó detrás de
nosotros. Levanté el espejo retrovisor sobre mí en ángulo, girándolo 334
hasta que pude ver enfrente del camión.
Pude ver la grúa de costado en el restaurante. La rueda trasera
todavía estaba girando. El gancho se había roto, y el automóvil que
habían estado remolcando se había escapado del restaurante. La puerta
del conductor todavía estaba cerrada, lo que significaba que Chris y
08/2018
Tanner probablemente todavía estaban dentro. Traté de sentirlos, traté
de alcanzar los hilos, pero era como si estuvieran enmudecidos, y no
los podía encontrar, no podía aferrarme a ellos.
—Mierda, —murmuré.
Giré el espejo.
El camión de doble cabina había caído en la grieta en el medio de
la calle y se encontraba, con el morro delante lugar, en un ángulo
agudo. La parte trasera del vehículo apuntaba hacia el cielo gris. No
pude ver al hombre con el rifle.
Miré hacia atrás en el camión. Rico me estaba mirando con los
ojos muy abiertos. Tenía una herida en la mejilla y la sangre le corría
por la mandíbula. —Por mí. Te quedas justo por mí...
Una brillante lanza de dolor rugió en mi cabeza. Era como si
unos dedos largos y delgados hubieran llegado dentro de mi cráneo y
estuvieran agarrando mi cerebro, apretando con fuerza, cavando
adentro. Apreté los dientes cuando una oleada de náuseas me recorrió,
el vértigo hizo que mi estómago se revolviera. Las protecciones.
Alguien estaba jodidamente violando mis malditas protecciones.
Escuché a Rico diciendo mi nombre, diciéndome que me
levantara, que tenía que levantarme, por favor, Gordo, por favor, y en
algún lugar en lo más recóndito de mi mente, oí gordo gordo gordo, y
conocía esa voz. Yo conocí al lobo detrás de ella. Estaba furioso, y
venía por mí. Traté de decirle que no, que no, que se mantuviera
alejado, que se quedara atrás, pero que no podía concentrarme. No
pude encontrar el hilo que nos conectaba, perdidos en la neblina de la
tormenta que entraba y salía de mi mente.
Luego, detrás de nosotros, una voz en la nieve.
Al principio no pude entenderlo. Lo que estaba diciendo. Parecía
más grande de lo que una voz humana normal debería ser. 335
Amplificada, de alguna manera. Estaba de rodillas en la nieve, con las
manos desnudas frías y mojadas en el suelo frente a mí. Traté de
levantar la cabeza, pero era muy pesado.
—¿Qué es eso? —Preguntó Rico, con la voz quebrada—. Gordo,
¿qué es eso?
08/2018
Respiré, respiré y...
—...y esta ciudad ha sido marcada por Dios como un lugar impío,
que necesita una limpieza. Tus pecados son muchos, pero eres
humano. Eres falible. Es de esperarse. Las aguas benditas se han
retirado de la tierra debajo de tus pies. ¿Y sabes algo mejor?
¿Comprendes las profundidades de lo que se esconde en el bosque? Es
desafortunado, de verdad. Caminas por las calles de esta ciudad,
encogiéndote tras las abominaciones que se han infiltrado en tus vidas.
Sus sombras se alargan, bloqueando la luz del Señor. Ustedes se dicen
que sus ojos les están engañando, que no creen en la retorcida
depravación. Pero ustedes saben. Todos y cada uno de ustedes saben.
Levanté la cabeza.
Allí, caminando por el medio la calle hacia Green Creek, había
una figura. Al principio no era más que una mancha negra contra el
blanco de la tormenta, copos girando a su alrededor. Pero con cada
paso que daba la figura, se enfocaba más.
Era una mujer.
Ella estaba hablando, su voz retumbando y haciendo eco a
nuestro alrededor.
Detrás de ella había una fila de vehículos como el que se había
estrellado contra la grúa, los neumáticos crujían en la nieve, las
cuchillas quitanieves en la parte delantera. Algunos tenían barras
claras en la parte superior, hileras de bombillas LED brillando.
Y allí, a cada lado de ella, era algo que no esperaba.
Dos lobos cambiados.
El de la derecha era rojo y blanco, su pelaje grueso y largo. Sus
dientes estaban al descubierto en un silencioso gruñido, una gruesa
línea de baba colgando de su boca.
El de la izquierda era gris, blanco y negro, como el lobo gris. 336
Pero era más grande que cualquier lobo que había visto antes, su
espalda llegaba casi a los hombros de la mujer, sus enormes patas
parecían más grandes que la extensión de mis manos.
Ambos tenían cadenas alrededor de sus cuellos, eslabones
plateados que parecían haberse incrustado en su piel.
08/2018
La mujer sostenía los extremos de las cadenas.
Como si fueran correas.
Los ojos de los lobos desconocidos se encendieron.
Violeta.
Omegas.
La mujer habló de nuevo. Su voz atravesó la tormenta, aullando
desde el vehículo directamente detrás de ella.
—Las ciudades de la llanura conocían el pecado. Ellos conocían
el vicio. Ellos fueron Admah. Zeboiim. Bela. Sodoma. Gomorra. Todo
en la tierra de Canaán. Y Dios envió tres ángeles a Abraham en las
llanuras de Mamre. El Señor le reveló a Abraham el pecado atroz que
era Sodoma y Gomorra. Y Abraham, el profeta, rogó a los ángeles que
perdonaran a los que estaban en las ciudades de la llanura si se podían
encontrar cincuenta justos. Y el Señor estuvo de acuerdo. Pero
Abraham sabía lo que era la gente. Él sabía de qué estaban hechos. Y
regresó al Señor una y otra vez, pidiendo que baje el número. De
cincuenta a cuarenta y cinco. De cuarenta y cinco a cuarenta. A treinta.
A veinte. A diez. Para encontrar diez personas. De miles, que podrían
ser justos. Y Dios estuvo de acuerdo. Él dijo que sí. Encuentra solo a
diez personas justas y las ciudades se salvarían.
Los lobos a sus lados gruñeron. Sus fosas nasales se encendieron.
La respiración de Rico fue rápida y alta.
La mujer no estaba vestida como el hombre que nos había
disparado desde el camión. Ella no tenía un chaleco Kevlar o un
pasamontañas. Llevaba un abrigo pesado, el cuello levantado alrededor
de su cuello y cara. Su piel era pálida, sus labios delgados. Tenía una
cicatriz en la cara, comenzando en la frente, deslizándose sobre su ojo
y sobre su mejilla. Ella tuvo suerte de no haber sido cegada. Algo con
grandes garras y dientes había tratado de matarla. Y ella había 337
sobrevivido. Me pregunté si ahora llevaba la piel de ese lobo sobre los
hombros, la cabeza de la cual descansaba sobre la de ella, la longitud
que caía detrás de ella como una capa.
No había tenido esa cicatriz la última vez que la había visto,
sentada frente a mí en el restaurante cuando yo era pequeño, y
08/2018
preguntando si podíamos orar.
Meredith King.
Elijah.
Ella era mayor ahora. Ella tenía que estar en sus tempranos
cincuenta. Pero se movía fácilmente, ingeniosamente, como una mujer
mucho más joven. Sostuvo las pesadas cadenas en sus manos
enguantadas, y los lobos se mantuvieron al mismo ritmo que ella,
haciendo coincidir sus pasos con los de ella.
Ella dijo: —Dos ángeles fueron enviados a Sodoma para
investigar. Allí encontraron al sobrino de Abraham, Lot. Y mientras
ellos partían el pan con Lot, los pecadores de Sodoma estaban afuera
de la puerta de Lot. “¿Dónde están los hombres que vinieron a ti esta
noche?” ellos preguntaron. “Tráiganlos a nosotros para que podamos
conocer a los ángeles del Señor.” Lot, para apaciguar la lujuria de la
creciente multitud, ofreció sus dos hijas vírgenes. La oferta fue
rechazada. La multitud se movió hacia la casa, decidida a derribar la
puerta. Los ángeles, habiendo visto que no había nada bueno en
Sodoma, golpearon a la multitud con ceguera y le dijeron a Lot su
decisión de destruir la ciudad. Porque no había cincuenta hombres
justos. No había veinte hombres justos. Ni siquiera había diez. Y Lot
se negó, porque él sabía lo que estos hombres querían decir. Él sabía lo
que estaban pidiendo. En sus corazones negros, ellos pensaron en
profanar hombres justos en la ciudad de Sodoma. Albergaban a los
monstruos del hombre, los pecados del mundo. Los ángeles le dijeron
a Lot que reuniera a su familia y se fuera. “No mires detrás de ti”.
Los dedos alrededor de mi cerebro se aferraron con más fuerza, y
grité de dolor, con la sensación de que mi cabeza se estaba rompiendo.
—Y huyeron, —dijo Elijah—. Huyeron, incluso cuando el fuego
y el azufre comenzaron a llover del cielo. Porque Dios es un dios 338
amoroso, pero también es un dios vengativo. Él herirá al mundo, la
maldad que se pudre como enfermedad. Las ciudades de la llanura
fueron destruidas. Y a pesar de que le dijeron que no mirara hacia
atrás, la esposa de Lot hizo precisamente eso, y pagó el precio por ser
una no creyente, convirtiéndose en un pilar de sal. Y cuando el fuego
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terminó, todo lo que quedaba era un páramo humeante, una tierra
muerta y en ruinas guardada como un recordatorio del poder del
pecado. De la abominación.
—Green Creek es el Nuevo Sodoma. Tienen monstruos en
vuestro bosque. Hubo una limpieza aquí una vez. Al menos, un intento
en una. Dios derramó su justa furia a través de mí, pero yo no era lo
suficientemente fuerte. La herida fue cauterizada, pero aún así se filtró.
Y pronto comenzó a pudrirse. —Ella dejó de caminar. Los camiones
detrás de ella se detuvieron. Los lobos rozaron contra ella, moviéndose
de lado a lado, con los ojos llenos de violencia asesina—. Dudo que
haya siquiera un hombre justo en este lugar. Una persona capaz de
estar con Dios como yo lo he hecho. —Su voz hizo eco a través de la
nieve—. Green Creek es una puerta de entrada al infierno. Donde las
bestias se arrastraron desde el fuego ardiente y metieron sus dientes en
la tierra. Fallé una vez. Y pagué el precio por ello. —Alzó una mano
enguantada, haciendo sonar la cadena. Tocó la cicatriz en su rostro, el
ojo debajo de él brumoso blanco y sin ver—. No voy a fallar
nuevamente. Toda comunicación externa ha sido cortada. Sus
teléfonos. Internet. Todas las señales se han bloqueado. La ciudad de
Green Creek está bajo cuarentena por orden de Dios y el clan de los
King. No soy más que un mensajero, aquí para asegurarme de que se
cumpla la palabra del Señor. —Ella sonrió terriblemente—. Este lugar
conocerá la luz de Dios, o no será más que un páramo… o no será más
que un páramo… o no será más que un páramo…
Ella soltó las cadenas.
—Oh, mierda, —respiró Rico.
Elijah dijo: —Muérdelos, muchachos.
Los Omegas rugieron hacia adelante.
Me levanté rápidamente, dando un portazo al camión. 339
—No te muevas, joder, —le gruñí a Rico, ignorando el tirón que
sentía en mi cabeza, los dedos larguiruchos se habían convertido en
ganchos cuando las barreras se movieron, convirtiéndose en algo
retorcido y podrido. Sentí las piernas débiles y tropecé con el primer
paso que corrí, de alguna manera logré mantenerme en pie. Oí el
08/2018
gruñido de lobos detrás de mí, el sonido de sus patas en la nieve, las
respiraciones agitadas en sus pechos.
El cuervo estaba luchando por batir sus alas, ejerciendo más
fuerza de la que debería haber sido necesaria. Las rosas parecían
podridas, marchitándose hasta que pensé que se estaban muriendo. Las
espinas estaban ennegrecidas y agrietadas.
Corrí hacia el camión de doble cabina que todavía estaba pegado
a los restos de Main Street. Pude ver a los hombres dentro,
desplomados hacia adelante e inmóviles. Miré por encima del hombro
a tiempo para ver al lobo rojo saltar sobre mi camión, con la cadena
detrás de él hasta que aterrizó justo detrás de mí. Golpeó el suelo con
fuerza, sus patas se deslizaron por debajo. Se estrelló contra la tierra
con un gemido bajo, acumulando nieve a su alrededor mientras
aterrizaba de costado, con una cadena pesada arrastrándose detrás de
él.
El lobo gris más grande no siguió. Rodeó el lado del conductor
del camión, con las garras clavadas mientras corría hacia mí. El lobo
rojo estaba luchando por ponerse de pie cuando el lobo gris pasó
corriendo junto a él. Había estado rodeado de lobos la mayor parte de
mi vida, y reconocí cuando el lobo comenzó a descender hacia el
suelo, los músculos se enroscaban en sus patas. Estaba casi en el
camión de doble cabina cuando el lobo saltó hacia mí.
Pateé mis piernas frente a mí, cayendo en mi lado, deslizándome
por la nieve y debajo del camión en ángulo. El hielo y la grava me
desgarraron la piel. Me volví a tiempo para ver que el lobo gris se
estrellaba contra el costado del camión de doble cabina, el metal
gimiendo, el camión que se movía detrás de mí, raspando a lo largo del
pavimento roto. El lobo estaba aturdido, con la boca abierta, tumbado 340
boca arriba, la lengua colgando en la nieve, respirando pesadamente y
los ojos desenfocados.
Me paré…
aquí y aquí y aquí y aquí hay otra protección torcida está torcida
está torcida
…y gritó cuando una voz llenó mi cabeza, los dedos delgados 08/2018

cavando aún más profundo. Las protecciones alrededor de Green


Creek estaban destrozadas como si se las estuviera separando con una
fuerza mayor de la que había sentido antes. Era…
fuerte son fuertes son más fuertes de lo que pensábamos de lo
que esperábamos están torciéndolas están rompiéndolas
…demasiado para que lo tomara, jodidamente me llenó, y estaba
seguro de que me estaba quemando por dentro, y aunque no había
escuchado su voz en décadas, a pesar de que había sido un niño la
última vez que le había puesto los ojos encima, conocía esa voz. La
conocía hasta mis huesos.
El lobo rojo estaba de pie y...
Estaba rodeado.
A cada lado de mí estaban lobos Alfa, cambiados y gruñendo.
Detrás de mí, presionando su hocico contra mi espalda, había un
Beta marrón. Podía sentir el sonido bajo de la canción que estaba
cantando, pero fue enterrado bajo el rugido de las protecciones rotas y
la voz de mi padre.
Otro, pero él permaneció oculto, moviéndose detrás de los
edificios a la derecha.
Y otros. Nuestra manada. Todos ellos.
—Chris, Tanner, —le dije con los dientes apretados—. En la
grúa. Rico en mi camioneta. Ellos necesitan ayuda.
Joe retumbó humildemente y desapareció en la brecha que
separaba Main Street.
Mark jadeó un aliento caliente contra mi nuca.
El lobo rojo se encogió contra el gruñido de un Alfa enojado, un
gemido bajo en la parte posterior de su garganta. Sus orejas estaban
aplastadas, sus hombros estaban bajos sobre el suelo. Su cola estaba 341
acurrucada detrás de sus patas traseras mientras retrocedía lentamente.
Por un momento sus ojos parpadearon, el violeta se volvió marrón
antes de volver otra vez.
El lobo gris se había levantado a sus pies. Sus ojos violeta se
estrecharon hacia mí, los dientes crujieron cuando dio un paso, la
08/2018
cadena arrastrándose a su lado. Detrás, podía ver a Rico en la
camioneta, asomando la cabeza por la puerta.
El lobo gris se enrolló y...
Carter se lanzó desde un callejón. Chocó contra el costado del
lobo gris y lo derribó. Colmillos y garras cavaron en la carne, el
estallido de sangre impactando contra la nieve blanca. El lobo gris
gruñó de cólera cuando aterrizó en el suelo, girando la cabeza para
tratar de cerrar sus mandíbulas alrededor de cualquier parte de Carter
que pudiera llegar. Era más grande que Carter, pero Carter era más
rápido. Se giró, evitando los colmillos que se movían en su dirección.
La pata trasera de Carter golpeó la cadena, y él gritó de dolor, una fina
voluta de humo se enroscó.
Ox corrió hacia mi camioneta y Rico. El lobo rojo se arrastró
hacia atrás, tratando de alejarse de los Alfas que cargaban. Incluso a
través de la tormenta en mi cabeza, podía escuchar a Ox diciendo: sed
manada sed manada sed manada y correr correr corremos no
luchamos no aquí no ahora corremos. Incluso antes de que sus
palabras terminaran de hacerse eco, el cuervo comenzó a moverse. Se
sentía enjaulado aún, como si algo estuviera tratando de sofocar al
pájaro, pero no fue suficiente.
Crucé los brazos, las manos agarrando las muñecas opuestas.
Clavé mis uñas en mi propia piel y la rasqué, deslizando mis manos
hasta que estaban de palma a palma, resbaladiza de sangre.
El lobo gris estiró su cuello más para intentar alcanzar a Carter, y
hubo un breve momento en el que pensé que vacilaba, con las aletas
de la nariz llameando cuando su nariz entró en contacto con el costado
de Carter, pero no importó. Mi sangre goteaba sobre la tierra, y las
cadenas que rodeaban los cuellos de cada uno de los lobos extraños se
sacudían, jalando a los lobos por el cuello. Las piernas tanto del lobo 342
rojo como del lobo gris patearon, tratando de encontrar un apoyo en el
suelo, pero apreté los dientes, las palmas presionadas una contra la
otra, y...
están rompiendo, están rompiendo, están ROMPIENDO
…Obtuve un paso hacia adelante, sintiendo que mi cabeza se
08/2018
estaba partiendo en el medio. No era solo la voz de Robert Livingstone
en mi cabeza. No, fue un maldito coro de voces resonando cuando las
protecciones se volvieron contra mi magia, siendo quitadas de mí y
convertidas en otra cosa.
Empujé a través de la bruma que había comenzado a caer sobre
mis ojos.
Los lobos salvajes gruñían mientras flotaban a tres metros del
suelo. Mark se paró a mi lado, presionado contra mí, con la cola
enroscada alrededor de mis caderas. Él me estaba poniendo a tierra,
tratando de estallar a través de la cacofonía de voces en mi cabeza. Él
estaba aquí, era manada gordo manada aquí
AmorCompañeroCorazón, y lo que sea que estuviera sucediendo con
las protecciones fue llevado a un segundo plano. La escena enfrente de
mí volvió a centrarse en un enfoque sorprendente.
La cabeza de Carter se movió hacia mí cuando una ola de mi
furia rodó a través de los hilos entre nosotros.
Ignoré a Rico mientras caminábamos junto a la camioneta, la
puerta se abrió, Ox mordiéndolo suavemente en la mano y tirando. Lo
escuché jadear cuando pasamos, pero no importaba. Él estaba a salvo.
Su Alfa se ocuparía de eso.
Mark se quedó a mi lado con cada paso que daba.
La nieve vaciló y se sacudió a nuestro alrededor como si
estuviera reaccionando a la fuerza invisible de la magia que ardía en
mi pecho.
Apreté mis manos en puños. La sangre chapoteó entre mis dedos.
Las cadenas se sacudieron, envolviendo a los lobos salvajes.
Aullaron cuando la plata les quemó la carne.
Allí, de pie a una docena de metros por el camino, estaba Elijah.
Los cazadores la habían rodeado, las puertas de sus camiones se 343
abrieron detrás de ellos.
Todos tenían pistolas apuntando a nosotros.
Elijah miró a los lobos que flotaban a tres metros del suelo,
retorciéndose de dolor mientras su piel ardía. Ella sonrió, luego volvió
su mirada hacia mí.
—Gordo Livingstone, no puedo creerlo. Ciertamente has crecido 08/2018

bien. Pero supongo que todos éramos más jóvenes entonces. Dios sabe
que yo ciertamente lo era. Pero ese es el camino de las cosas. El
tiempo no se detiene para ningún hombre. —Su sonrisa se amplió—.
O mujer. —Ella levantó la vista de nuevo a los lobos—. Esos son
míos. Mis mascotas.
—¿Qué coño estás haciendo aquí? —Le gruñí.
Los cazadores detrás de ella se rieron cuando Elijah ladeó la
cabeza. —¿No oíste nada de lo que dije? Gordo, esta ciudad, este
lugar, ha sido juzgado. Ha sido encontrado culpable. Estoy aquí para
repartir el castigo por los pecados de Green Creek. La plaga debe ser
erradicada. Durante demasiado tiempo, las bestias aquí han infectado
estos bosques. Vinimos aquí una vez. No estábamos preparados. No
cometeremos ese error otra vez.
Mark gruñó a mi lado, con las orejas apretadas y los dientes al
descubierto.
La nieve cayó a nuestro alrededor.
Un pulso se elevó detrás de mí. Y a pesar de que la tormenta en
mi cabeza tronó, no se comparó con la fuerza de mi manada.
Carter llegó primero, moviéndose hasta que se paró al lado de
Mark, los hombros rozando juntos.
Algunos de los cazadores dieron un paso atrás.
Ox fue el siguiente. Sus ojos ardieron furiosamente.
Rico presionó su mano contra mi espalda.
Las patas de Joe aplastaron la nieve cuando llegó a nuestra
izquierda. Chris y Tanner estaban de pie a cada lado de él, Chris
sangrando por una herida en la cabeza y Tanner cojeando. Pero fueron
desafiantes.
Vinieron más lobos. 344
Elizabeth y Robbie, ambos se movieron y gruñeron, agitando las
colas mientras estaban parados al lado de su manada.
Jessie trajo la parte trasera. Golpeó la palanca de Ox contra su
hombro.
Los cazadores estaban asustados. Los cañones de sus rifles
08/2018
temblaron. El primero que disparó iba a ser el primero en morir. Me
encargaría yo mismo.
—La manada de Bennett, —respiró Elijah—. Cuán... expectante.
Permítame presentarme. Mi nombre es Elijah. La manada de lobos que
vino antes de que mataran a la mayoría de mi clan. Estoy aquí para
asegurarme de que eso nunca vuelva a ocurrir. —Ella me miró—. Me
dijeron que mi hermano, que descanse en paz, advirtió a tu brujo de
mí.
La sensación de azul amenazaba con abrumarme. Venía de
Elizabeth. Me di cuenta de que, aparte de Mark y yo, ella era la única
que se había enfrentado a Elijah antes. Había visto de lo que era capaz.
Ella había sobrevivido solo para vivir luego de la destrucción de la
mayor parte de su manada.
Y yo le había ocultado la existencia a Elijah.
Pero eso no fue...
—¿Cómo supiste lo que dijo tu hermano? —Exigí—. La única
persona a la que le dije fue... —No.
No, joder, por favor no.
Los lobos estaban confundidos, pero para mi horror lo perdí.
—Philip Pappas, —dijo Elijah, la sonrisa se desvaneció de su
rostro—. Quien a su vez le dijo a Michelle Hughes. Michelle Hughes,
quien le pidió a mi clan que regresara a Green Creek y erradicara la
infección que se extendía entre las bestias que acechan a esta ciudad.
Debo admitir que no era exactamente ideal, formando una alianza con
los lobos, pero ella me prometió que tendría mi venganza. Solo tenía
que esperar. Pero como profeta del Señor, entendí que un día, mi
tiempo llegaría. El enemigo de mi enemigo es mi amigo, después de
todo. —Levantó la cabeza del lobo y la dejó descansar sobre sus 345
hombros. Se había afeitado el pelo cerca del cuero cabelludo. La
cicatriz en su rostro se dibujó por el costado de su cabeza. La nieve
cayó sobre su piel y goteó por su rostro como lágrimas—. Tenemos un
código. Ningún ser humano debe ser dañado a menos que ayude
activamente a los lobos. Mientras la gente de Green Creek se
08/2018
mantenga fuera de mi camino, no serán tocados. En cuanto a los
traidores que están parados con los lobos, les daré esta oportunidad
una vez. Aléjense. Dejad esta manada atrás. En las fronteras de su
territorio, están las brujas preparadas para permitirles atravesar las
barreras que han requisado a Gordo Livingstone. Tienen hasta la luna
llena, cuando me dicen que parte de tu manada se volverá salvaje. Si
no aceptan esta oferta, no se les mostrará cuartel y se les cazará como
si fueran de los Bennett.
Fue Jessie quien habló. —Ya somos de los Bennett, coño. Y si te
sacaron una vez como dijiste que lo hicieron, entonces puede volver a
ocurrir.
Los lobos rugieron a nuestro alrededor.
La boca de Elijah era delgada.
—Ya veo. Me advirtieron de tu... lealtad. Lo he visto antes. La
forma en que los lobos afirman su control sobre los humanos. Es
desafortunado que no puedas ver en lo que te has convertido.
Hubo un revelador chasquido de músculos y huesos, y Oxnard
Matheson se puso de pie lentamente, desnudo, con nieve cayendo
sobre sus hombros.
—Alfa, —dijo Elijah, asintiendo con deferencia—. Me dijeron
que eres inusual, incluso para un lobo. El compañero del chico que
sería el rey. Un Alfa humano que se rindió al pecado del lobo. —Alzó
la mano y tocó la piel del lobo que le colgaba de la espalda—. La tuya
sería una piel impresionante de poseer. Creo que la tendré.
—Parece que te han dicho muchas cosas.
—Algo necesario en la guerra.
—Ya has cometido un error, —dijo Ox en voz baja, dando un
paso adelante. Los rifles apuntaron hacia él, los cazadores comenzaron
a murmurar su inquietud. 346
—¿Oh? —Preguntó Elijah, con voz helada. —¿Y qué sería eso
exactamente?
—Llegaste a mi territorio sin haber sido invitada, —dijo Ox—,
con la intención de lastimar a mi familia. Los Omegas vinieron una
vez, con la intención de hacer lo mismo. Éramos más pequeños
entonces. Inseguros. Asustados. Pensamos que estábamos solos. —Sus 08/2018

ojos se enrojecieron—. Solo unos pocos se arrastraron lejos. Al resto


les arrancaron la garganta. Su sangre empapó esta tierra, y juré que en
cualquier momento haría lo que fuera necesario para mantener a mi
manada a salvo.
Elijah entornó los ojos. —No te temo, lobo...
—No, —dijo Ox—. Pero tu clan sí. Lo puedo oler. El sudor
goteando por la parte posterior de sus cuellos. La forma en que los
latidos de su corazón tartamudean y tropiezan. Puede que no tengas
miedo, pero están aterrorizados.
—Harán lo que les digan.
listos preparados correr proteger a los humanos volver a la casa
hogar seguro hogar
—Entonces ya están muertos, —dijo Ox, y es ahora, es ahora, es
ahora...
Un sonido electrónico resonó ruidosamente detrás de nosotros.
—Hey tú! —Gritó una voz desde un altavoz—. Retírate. Repito,
retírate. Bajen sus armas y… ¡santa mierda! ¿Son esos lobos?
Jones.
Muchas cosas sucedieron a la vez.
Ox: moveros seguro casa ahora
y,
los lobos en el aire sobre nosotros gritaron cuando las cadenas se
tensaron
y,
Rico y Chris y Tanner y Jessie corriendo
y,
el cuervo se liberó de su jaula, las alas se extendieron mientras
arrojaba los lobos salvajes a los cazadores, sus mandíbulas abiertas 347
mientras gruñían, los ojos de Elijah abiertos de par en par, los
cazadores gritando,
y,
dos disparos.
Una bala zumbó cerca de mi oreja.
08/2018
La segunda bala hizo gruñir a Ox mientras lo golpeaba en el
hombro. Lo sentí, un estallido de duele duele, Dios mío, duele, y dio
un paso atrás.
Elijah saltó fuera del camino cuando los lobos salvajes se
estrellaron contra el grupo de cazadores que se había reunido detrás de
ella.
Joe rugió enojado, incluso cuando Ox cayó de rodillas, su cambio
asumiendo el control. Los músculos de su espalda se ondularon
cuando el pelaje negro brotó a lo largo de su piel. Sus manos se
convirtieron en grandes patas, su rostro se alargó cuando el lobo
emergió.
Mark se empujó contra mis piernas, obligándome a alejarme de
los cazadores gritando, que estaban escabulléndose por el dolor de los
lobos heridos.
Nosotros corrimos.
Miré por encima de mi hombro antes de desaparecer en la nieve
que giraba. Elijah se había levantado y nos estaba mirando. Ella captó
mi mirada y levantó su mano, moviendo sus dedos hacia mí.
Pasamos por el coche patrulla.
Jones estaba adentro, ojos sin vida.
Un chorrito de sangre se deslizó desde el agujero en el centro de
su frente.

348

08/2018
suficiente

MIS PULMONES estaban ardiendo cuando llegamos a la casa al


final del camino. Los lobos se habían quedado detrás de los humanos,
asegurándose de que no se detuvieran. Chris y Tanner estaban
flaqueando. Elizabeth y Robbie los mantuvieron en pie, permitiéndoles 349
apoyarse sobre sus espaldas, empujándolos.
Pasamos frente a la casa azul, Kelly guiando el camino,
cambiando hacia humano, los pies deslizándose en la nieve cuando
llegó al porche de la casa Bennett. Sus ojos estaban muy abiertos y
temerosos mientras nos miraba a tiempo para ver a Ox caer al suelo, 08/2018
resbalar en la nieve, dejando un rastro de sangre detrás de él.
Rico dio un paso hacia él. —¿Qué pasa con Ox? —Preguntó con
voz aguda—. ¿Él está bien? Por qué está él así.
—Plata, —gruñí, empujándolo fuera del camino—. La bala
estaba hecha de plata. Jessie. En la casa. Un cuchillo. Tenemos que
sacar la bala. No tengo la fuerza para hacerlo yo mismo.
No vaciló, golpeó las escaleras a toda carrera, la puerta de la casa
Bennett se abrió de golpe cuando desapareció dentro.
Elizabeth cambió de nuevo a ser humano, agarrándose a Chris y
Tanner, apartándolos de Joe, que estaba parado sobre su compañero,
gruñendo enojado. —Está bien, —dijo ella, cara cenicienta—. Él
estará bien. Necesitamos que te vean. Rico, Robbie, necesito tu ayuda.
Rico asintió, mientras Tanner y Chris protestaban en voz alta.
Carter se paró frente a Kelly, caminando de un lado a otro, con
las aletas de la nariz llameando. Robbie parecía en conflicto, mirando
hacia adelante y hacia atrás entre Ox y Elizabeth. Elizabeth tomó su
nombre con agudeza antes de conducir a los humanos hacia la casa,
pisándoles los talones.
—Joe, —dije, levantando las manos en un gesto de
apaciguamiento—. Necesito ayudar a Ox, ¿está bien? Ya sabes como
soy. Sabes que no haré nada para lastimarlo más.
Por un momento, pensé que Joe iba a arremeter contra mí, pero
Mark estaba a mi lado, con los labios pegados a los dientes y gruñidos
en la garganta. Los lobos cantaban en mi cabeza, y todas sus canciones
eran azules y estaban llenas de dolor y confusión y alfa alfa alfa. Las
otras voces que había escuchado en la calle se habían calmado. No
sabía lo que eso significaba. Ya no podía sentir las protecciones, al
menos no como habían estado antes.
Eso tuvo que esperar. 350
Necesitaba ayudar a Ox.
Me temblaban las manos, la sangre aún húmeda en ellas.
Pude ver el momento en que el olor metálico golpeó la nariz de
Joe, porque gimió en mi dirección, dividido entre su compañero y su
brujo herido. —Estoy bien, —le dije—. Estoy bien. Pero necesito
08/2018
llegar a Ox.
Jessie salió volando de la casa, con un gran cuchillo de cocina en
la mano. Bajó de un salto los escalones y aterrizó con gracia en el
fondo. Sus mejillas estaban enrojecidas, su respiración era dura y
rápida.
Joe sacudió su cabeza hacia ella, agachándose sobre Ox como si
él pensara que ella era una amenaza.
Ella extendió la mano libre y lo golpeó en la cabeza.
—Deja eso, —espetó ella—. Déjanos hacer lo que necesitamos.
Si no vas a ayudar, lárgate del camino.
—Tal vez no deberías enojar al Alfa enloquecido, —murmuré.
Ella puso los ojos en blanco. —No tenemos tiempo para la
mierda mística de la magia lunar. O se mueve, o lo hago mover.
Joe soltó un suspiro, el vapor se enroscó alrededor de su rostro.
Y él se hizo a un lado.
Me puse de rodillas junto a Ox. Estaba temblando, pero tenía los
ojos abiertos y alerta. Pude ver donde su pelo estaba lleno de sangre,
pero sería más fácil si... —Ox, necesito que cambies de forma, ¿de
acuerdo? Necesito ver la herida mejor. No tengo tiempo para afeitarte
el cabello.
—¿No hará el cambio que la plata entre en su torrente sanguíneo
más rápido? —Preguntó Kelly, sonando como un puñetazo—. Hará…
—No está cerca de su corazón, —dije—. Si me muevo rápido, no
importará.
Joe se inclinó, acariciando la cabeza de Ox. Fue por favor y
ayuda y OxAmorCompañero. Ox se estremeció en el suelo en la nieve,
y el largo gemido se convirtió en un gruñido sordo mientras volvía a
ser humano. Se quedó sin aliento cuando el cabello se derritió, dejando 351
nada más que piel blanca y un agujero ensangrentado y desigual en el
hombro, aproximadamente del tamaño de un cuarto de dólar que
parecía como si estuviera humeando.
Su espalda se arqueó del suelo.
—Joder, —dijo con los dientes apretados—. Jesucristo, eso
duele, Gordo, es… 08/2018

—Tienen que sujetarle, —le dije—. Kelly. Carter. Les necesito


para…
Kelly estaba allí, empujando sobre los hombros de Ox.
Carter dio un paso hacia nosotros, todavía un lobo. Sus ojos
brillaban naranja. Los cerró, y pude sentirlo tratando de forzar su
cambio, pero algo estaba mal. Abrió los ojos otra vez, y por un
momento juré que vi...
Mark apareció, humano y arrodillado a los pies de Ox. Puso sus
manos sobre las espinillas de Ox, forzándolas a bajar a la nieve. Él me
miró y asintió.
—Va a ser rápido, —le advertí a Ox—. Quédate tan quieto como
puedas. Cuanto más te muevas, más tiempo llevará.
Él asintió con la cabeza, los ojos enrojecidos y las fosas nasales
encendidas.
No lo dudé.
Tomé el cuchillo de Jessie y corté la piel alrededor de la herida
de bala, haciendo que la abertura fuera más ancha. Las manos de Ox se
cerraron en puños y sus dedos se curvaron, pero giró su cabeza hacia
Joe, quien presionó su nariz contra su frente.
—¿Están listos? —Les pregunté a Kelly y a Mark.
Ellos asintieron.
Puse mi mano sobre la herida, cerca pero sin tocar. Estaba
agotado, pero empujé. Me llevó un momento encontrarla, la bala de
plata incrustada en su hombro. Pero una vez que lo hice, me aferré a
ella y tiré hacia arriba. Ox gritó cuando lentamente se salió de él,
manteniéndose en el mismo camino que había usado para entrar en él.
El olor a carne quemada llenó mis fosas nasales, pero estaba tan
jodidamente cerca de... 352
La bala se deslizó de la herida. Fue realmente la más pequeña de
las cosas.
Ox jadeó cuando lo dejó, con la garganta trabajando mientras Joe
gruñía en su oído.
Puse mi mano sobre la herida otra vez, esta vez presionando
08/2018
contra su piel.
Traté de sacar tanto dolor como pude. Mi visión comenzó a nadar
segundos después, y escuché a Mark decir:
—Gordo, es suficiente. Gordo. Gordo.
Unos brazos se envolvieron a mi alrededor, tirando de mí. Caí
contra un cálido pecho.
—Está bien, —susurró Mark en mi oído—. Está bien. Mira. Él
ya está comenzando a sanar. Lo hiciste. Gordo, lo hiciste. Está bien.
Asentí con la cabeza, incapaz de encontrar la fuerza para abrir los
ojos.
No recuerdo mucho después de eso.

ME DESPERTÉ en una habitación que no era la mía. La luz


estaba apagada. Estaba caliente.
Parpadeé lentamente, con los músculos rígidos y doloridos. Mis
tatuajes se sentían quemados, débiles. No quería nada más que cerrar
los ojos y alejarme de nuevo.
Pero luego recordé todo.
—Joder, —gemí, volviendo la cabeza hacia la almohada.
—Suena bien.
Suspiré. Por supuesto. No lo miré.
—¿Cuánto tiempo he estado fuera?
—Unas horas, —dijo Mark desde algún lugar de la habitación.
—¿Ox?
—Curándose. Él estará bien.
Cerré los ojos otra vez. Sabía dónde estábamos. La almohada olía
a él. Yo reconocería ese olor en cualquier lugar. Estaba quemado en mí 353
desde que era un niño—. Eres un jodido imbécil.
Mark resopló. —Me alegra saber que te sientes mejor.
—Cambiaste. Carter también.
—Estabas en problemas.
Apreté los dientes. Me dolía la mandíbula.
—Escuchaste lo que dijo Michelle. Lo empeora. ¿Es eso lo que 08/2018

quieres?
—Estabas en problemas, —repitió.
—Tenía la situación bajo control.
—En contra de Elijah, quieres decir.
—Sí.
—A quien aparentemente conocías bien.
Maldita sea. Debería haber sabido que esto me iba a morder el
culo. Abrí los ojos nuevamente y volví la cabeza. Mark estaba de pie
junto a la ventana de su habitación, recortado contra la tenue luz que
entraba. Escarcha cubría el cristal. Fuera, la nieve aún caía en copos
gordos. Sus ojos brillaban en las sombras. Un pensamiento me golpeó,
duro y mordaz. —No lo hice, no sabía sobre Michelle. No sabía sobre
Pappas. Elijah. No soy mi padre Mark, tienes que creerme. Yo no soy
mi…
—Lo sé. Lo sabemos. Joe... no estaba feliz. Pero Elizabeth llegó
a él, creo. Aparte de ella, y tú y yo, nadie más sabía de Elijah. De lo
que era capaz. Pero ella le dijo a los demás. Sobre lo que sucedió la
última vez.
Me levanté hasta quedar sentado con un gemido. Yo estaba sin
camisa, mi piel resplandecía en el aire fresco de la habitación. Alguien
me había sacado de mi ropa y me había puesto un par de pantalones de
chándal mientras estaba inconsciente. Tenía una buena idea de quién
era. —¿Los chicos?
Mark inclinó su cabeza ligeramente—. Magullados. Un poco
ensangrentados. Pero nada serio. Ellos fueron remendados. Fueron
muy afortunados. Todos vosotros lo fueron.
Levanté mi cuello, estirando los músculos rígidos. 354
—¿Y los cazadores?
—No se acercaron a la casa. Ellos se están alejando. Por ahora.
—Por supuesto que sí, —murmuré, deslizando mis pies al
suelo—. Malditos gilipollas melodramáticos. Elijah dijo que nos
estaba dando hasta la luna llena. —No sabía lo que eso significaba.
08/2018
Pero no importó. Ella estaría muerta para entonces. Me encargaría yo
mismo—. No puedo creer que no haya visto esto venir. Michelle. Ella
nos traicionó.
—No sé qué podrías haberlo hecho, —dijo Mark lentamente. —
¿Lobos trabajando con cazadores? Está jugando un juego peligroso. —
Hizo una pausa, considerando—. Pero ella no es la única que guarda
secretos.
Hice una mueca en la comprensión. Me lo merecía.
—David King.
—¿Qué hay de él?
—Él fue quien me dijo que su hermana todavía estaba allí.
—¿Y no pensaste en decir nada? —Ahí estaba. El primer indicio
de ira.
—No pensé, no sé lo que estaba pensando.
—Nunca lo haces.
Puse los ojos en blanco. —No eres gracioso.
—No estoy tratando de serlo. —Sus ojos se iluminaron de color
naranja brevemente—. Y si hubiéramos visto lo que Michelle haría o
no, aún debiste habernos dicho.
—Lo sé.
Él se burló. —¿Lo haces? Porque no te creo.
Lo fulminé con la mirada. —La he jodido, ¿de acuerdo? Sé eso.
—No confías en nosotros. No confías en tu manada.
Ahora me estaba enojando. —Vete al infierno, Mark. No sabes
qué diablos...
—Me tomó un poco descubrir por qué.
—Y ahora me vas a decir, ¿verdad?
Él me ignoró. —No confías en nosotros. Incluso después de todo
lo que hemos pasado No confías en nosotros porque piensas que todo 355
esto es temporal. Que tu manada te va a dejar nuevamente.
—Caramba, me pregunto de dónde sacaría esa idea.
Él frunció el ceño hacia mí. —¿Puedes hablar en serio por una
vez?
Me reí. No fue el mejor sonido. —Mierda. Lo mencionaste,
08/2018
Mark. Si tu mierda de pseudopsicópata fuera cierta, si no confiara en
mi manada, sería por gente como tú.
—Te lo dije antes. Siempre regresaría...
—Pero no lo hiciste, —le dije bruscamente—. Jodidamente me
dejaste y… no. ¿Sabes qué? No estoy haciendo esto ahora. O nunca.
Hay cosas más importantes de las que tenemos que preocuparnos.
—No confías en nosotros, —dijo Mark, como si yo no hubiera
hablado. Pensé muy seriamente en invocar mi magia y golpearlo por la
ventana. Estaba bastante seguro de que sobreviviría la caída—. Y yo
soy el culpable de eso. Yo. Elizabeth. —Tragó saliva—. Thomas. Y
lamentaré por el resto de mi vida no pelear más duro.
—Él era tu Alfa, —murmuré—. Es un poco difícil decir que no
cuando podría obligarte a hacer lo que quisiera.
—Él no era así.
—Por supuesto.
—Gordo.
Suspiré. —Lo sé. —Porque sin importar los sentimientos
complicados que tenía hacia Thomas Bennett, él no era... Él nunca
había quitado el libre albedrío de su manada. Podrían haber tomado
decisiones que no le habían gustado, pero siempre los escucharía.
—¿Y tú? —Me preguntó Mark.
—Sí.
Mark negó con la cabeza. —Fue... cualquier cosa que pudiera
decirte sobre él, sería la verdad. No tendrías que creerme, pero nunca
te he mentido, Gordo. Ni una sola vez. Jamás.
Asentí, incapaz de hablar.
—Lo mató dejarte aquí. Dejarte atrás. Él luchó con colmillo y
garra por ti. Contra aquellos en Maine. Tú eras suyo. Tú le pertenecías
tanto como él a ti. Él era tu Alfa, Gordo. Tú eras su brujo. Todos 356
éramos jóvenes. Todos estábamos sobreviviendo. Y todos estábamos
afligidos por los que habíamos perdido.
—Podría haberse quedado aquí, —le dije roncamente,
mirándome las manos—. Pero en cambio, dejó a un niño solo para que
pudiera ser rey. —Un niño al que también le quitaron casi todo.
08/2018
Thomas acabó de terminar el trabajo.
—Eso no fue... —La mandíbula de Mark se tensó—. No fue así.
Él, si no hubiera sido Alfa de todos, entonces existía la posibilidad de
que los lobos pudieran haber caído en el caos. Tenía que sopesar las
necesidades de unos pocos con las necesidades de muchos.
—Y sabemos dónde caí en esa decisión, ¿no?
—Estaba tan enojado, Gordo.
—Yo también.
—Jesucristo, —gruñó Mark. —¿Puedes escuchar por una vez en
tu maldita vida?
Levanté la cabeza. Mark siempre fue frío. Calmado. Y recogido.
Pero en este momento estaba furioso. —Yo no…
—Estoy tratando de tener una conversación honesta contigo, la
primera que hemos tenido en años, y estás siendo un gilipollas.
El cuervo cerró sus garras alrededor de un tallo de espinas. Una
rosa se sentía como si estuviera floreciendo.
—Luchó por ti, —dijo Mark, con voz dura—. Esos gilipollas
especistas odiaban que eras humano. Todavía estaban aterrados de lo
que le había sucedido a la manada de Bennett por culpa de los
cazadores. Los humanos no… no era como si estuvieran en nuestra
manada. Mi padre pensó que los humanos eran la fuerza detrás del
lobo. Todos los demás pensaron que eran una debilidad. Una
responsabilidad. Las brujas eran la excepción, porque tenían magia.
—Entonces, ¿qué diablos estaban...? Mi padre.
Mark asintió. —Eras el hijo de tu padre. Eso es todo lo que
vieron. Tú no eras tu propia persona. Tu padre perdió el control. Eras
un niño cuando mi padre te hizo su brujo. Y luego vinieron los
cazadores, y se... agravó. Fue demasiado. Y Thomas sabía, él sabía
que habría anarquía a menos que aceptara su lugar como Alfa de 357
todos. Lo odiaba por eso. Elizabeth también lo hizo, al menos un poco.
Pero nada comparado con el odio que mi hermano tenía por sí mismo.
Perdimos a nuestro padre. Nuestras tías y tíos. —Mark inclinó la
cabeza—. Nuestros pequeños primos. Era... estábamos perdidos,
Gordo. No creo que tan siquiera Thomas supiera lo perdidos que
08/2018
estábamos. Pero creo que Osmond sí. Y creo que jugó con eso. Si él ya
estaba trabajando con Richard Collins para entonces, no lo sé. Pero fue
Osmond quien convenció a Thomas de que regresara. Y fue Osmond
quien dijo que necesitabas quedarte. —Me miró con una expresión
indescifrable—. Thomas no te mintió. Él siempre iba a volver por ti.
Simplemente le llevó más de lo que pensó que sería. Y para cuando
llegamos a casa, no querías nada para hacer con nosotros. Con lobos.
—No sabía qué más hacer. Me dejaste, Mark. Jodidamente me
dejaste. Thomas te dijo que lo siguieras, y tú solo...
—Casi rompí los lazos con la manada. Por eso.
—¿Qué? —Pregunté, sorprendido.
—Casi me fui de la manada.
—¿Por qué?
Él se rió amargamente. —Por qué. ¿Por qué? Así podría
quedarme aquí, idiota. Así podría estar contigo.
—Yo te lo pedí. Te lo supliqué. Y me dijiste que no. Porque
serías un Omega.
—No importa ahora, ¿verdad? Ya está sucediendo.
Estaba frente a él antes de darme cuenta de que me estaba
moviendo. Mi pecho golpeó el suyo. Respiró bruscamente, sus fosas
nasales ardiendo. Sus ojos parpadearon anaranjados. Hubo un pequeño
estruendo en la parte posterior de su garganta.
—No lo hagas. No vas a ser un Omega. No dejaré que suceda.
—Gordo, —gruñó, y juré que vi un toque de colmillo.
—Cállate. Tuviste tu tiempo para hablar. Es mi turno. ¿Me
escuchas?
Él asintió lentamente.
—Te odié. Por el tiempo más largo. A todos. A ti. Elizabeth. 358
Thomas. Todos vosotros. Me habéis dejado aquí. Y todo lo que quería
hacer era hacerles daño lo mejor que sabía. Y luego todos regresaron a
Green Creek, actuando como si no fuera nada. Como si no me
necesitaran. Como si ni siquiera os acordabais de mí. Y luego, tú
intentaste tomar a Ox y...
—Bastante seguro de que fue Joe. 08/2018

—Sé que fue Joe, —le espeté. —¿Y sabes cuándo fue la primera
vez que escuché de Thomas? Fue por Joe. No fue lo siento, Gordo. No
fue así. Nunca quise dejarte atrás. Fue porque él me necesitaba para
ayudar a su hijo. Él necesitaba que yo ayudara a Joe. Después de todos
estos años, vino a buscarme porque quería usarme.
Ellos no te quieren, mi madre había dicho. Te necesitan. Ellos te
usan.
—Vino hacia ti, —dijo Mark en voz áspera—, porque eras el
único en quien confiaba lo suficiente como para ayudar a su hijo.
Respiré profundamente. A través de los lazos entre nosotros,
todo lo que sentí fue tristeza azul.
—Después de... después de encontrar a Joe, después de que lo
llevamos de vuelta de Richard, él no era el mismo. No hasta Ox y él
encontró su voz otra vez. E incluso entonces, se despertaba gritando en
medio de la noche. Sobre el monstruo que venía por él. El monstruo
que se lo llevaría de nuevo. Thomas no sabía qué más hacer. Esas
lunas llenas antes de que Joe lograra su cambio eran... duras con él. Su
lobo estaba allí bajo su piel, y lo estaba destrozando. Thomas vino a ti
porque eras su manada, incluso si él no era tuyo.
Incliné mi cabeza, poniéndola en el hombro de Mark. Mis ojos
estaban ardiendo, mi cuerpo temblaba. Una mano llegó a la parte
posterior de mi cuello, los dedos en mi pelo. Fue tierra. Fue familiar.
Fue tan peligroso.
Su boca estaba cerca de mi oreja cuando dijo:
—Yo quería hacerlo. Por ti. Quizás me hubiera convertido a
Omega. Tal vez no. Tú eras mi ancla, incluso entonces. Pudo haber
sido suficiente, pero estaba demasiado asustado para descubrirlo. Eres
mi compañero, Gordo. Tierra, hojas y lluvia. 359
Me estremecí contra él. —Te odio.
—Lo sé. Aunque el latido de tu corazón diga lo contrario. Creo
que lo crees. Y lo siento por eso.
—Dios te maldiga.
—Lo sé también.
08/2018
Levanté la cabeza pero no me aparté. Él no dejó caer su mano.
Cada aliento que dejé salir, lo asimilé. Sus ojos buscaron los míos. Él
miró hacia abajo brevemente. Sus labios se crisparon cuando su
mirada se encontró con la mía otra vez. —Me gusta el tatuaje.
No entendí —¿De qué estás hablando? Has visto todos mis...
Excepto que él no lo hizo, ¿verdad? No. No había visto el que yo
había conseguido después de que se fuera. El que había sido solo para
mí. Para recordar.
No había visto al lobo y al cuervo con tinta en la piel sobre mi
corazón.
—¿Cuánto tiempo has tenido eso? —Preguntó con los dientes
afilados.
Dije: —No se trata de ti, —pero incluso yo sentí el tartamudeo
en mi corazón.
—Claro, Gordo.
—No es así.
—Bueno. Así que, ¿conoces un montón de lobos que se parecen
a mí cuando cambio, entonces?
—Idiota, —murmuré mientras reía en silencio.
Él dejó caer su mano.
Di un paso atrás, aunque no quería nada más que presionarme
contra él. Las cosas estaban cambiando, y en el peor momento posible.
Me sentí arrastrado en un millón de direcciones diferentes.
Él entendió. Él me sonrió tristemente.
—Tengo cosas que decirte, Gordo. Muchas cosas. Cosas que
quizás no estés listo para escuchar. Pero quiero decir cada palabra. Si
llega al punto en el que empiezo a ser salvaje...
Negué con la cabeza furiosamente.
—No. No, no dejaré que eso suceda. No lo haré… 360
—Lo sé, —dijo suavemente—. Sé que no lo harás. Pero a veces
suceden cosas que no esperamos. Como encontrar a un chico con
magia en su piel que lo es todo. —Cerró los ojos—. O perder la
cabeza.
Mis manos se curvaron en puños a los lados.
—Si este es mi padre, entonces tiene que haber una forma de 08/2018

revertirlo. Lo encontraré. He…


—Ya ha comenzado.
Di un paso atrás, con los ojos muy abiertos y mojados.
—¿Qué?
—Carter.
—¿Qué pasa con Carter?
—Él... le tomó un tiempo. Para salir de su cambio. Fue más
difícil para él de lo que debería haber sido.
Me froté la cara con la mano. —¿Hirió a alguien?
—No, aunque sí le gritó a Robbie por acercarse demasiado a
Kelly. Ox fue capaz de interponerse entre ellos a tiempo.
—¿Por qué está sucediendo tan rápido? Michelle dijo…
—Incluso si pudiéramos creer una sola palabra, —dijo—, podría
ser cualquier cantidad de cosas. Podría ser la venidera luna. O el estrés
en el cuerpo debido al cambio. La ira hacia los cazadores. O Michelle
podría estar mintiéndonos sobre cuánto tiempo lleva.
No quería saber la respuesta, pero tenía que preguntar.
—¿Y tú?
Él miró hacia otro lado.
—Está ahí. Está calmado. Pero está ahí. Puedo sentirlo. —Se
encogió de hombros torpemente mientras dejaba escapar un suspiro
tembloroso—. No quiero que suceda, Gordo. No quiero perder esto.
Esta ancla. —Su sonrisa era temblorosa—. Es la única parte de ti que
ha sido mía.
Hubo días antes, días largos, en los que el solo pensamiento de
este lobo frente a mí me llenó de rabia. Hubiera dado cualquier cosa
por no volver a escuchar el nombre de Bennett. Dejar atrás el mundo 361
de los lobos e intentar olvidar que me habían hecho lo mismo.
Pero ahora solo estaba lleno de angustia. De remordimiento.
Había perdido el tiempo. Mucho tiempo.
Di un paso hacia él.
Él nunca miró hacia otro lado.
08/2018
Él inhaló mientras nuestras rodillas chocaban juntas.
Sus ojos brillaban en la oscuridad.
Presioné mi frente contra la suya.
Sus dedos se arrastraron a lo largo de mis brazos.
Él exhaló.
Inhalé.
Sería tan fácil. Ahora. Aquí, al final. Tomar lo que estaba
ofreciendo. Lo que siempre había ofrecido.
Su aliento estaba caliente contra mis labios cuando…
Su cabeza se sacudió hacia un lado.
Suspiré.
—Ox, —dijo en voz baja—. Es Ox. Él nos quiere abajo.
Iba a asesinar a mi Alfa.
Me moví para alejarme de Mark.
Él se aferró a mi mano. —Oye.
Miré hacia arriba. Él me estaba sonriendo tímidamente.
—Vamos a... ¿podemos hablar de esto más tarde?
Dije: —Sí, —y mi voz era ronca.
—Está bien, —dijo—. Bien.
Por ahora, fue suficiente.
Tendría que serlo.
Tuvimos una maldita guerra para luchar.

DESCENDIMOS la escalera en la casa de Bennett, Mark


caminando cerca de mí. Los escalones de madera crujieron bajo
nuestros pies, y el murmullo de la conversación se detuvo ante el
sonido.
Jodidos hombres lobo. 362
Estaban en la gran sala. Todos ellos. Nuestra manada.
Rico se sentó en un sofá de gran tamaño, Jessie se colocó en el
brazo. Ambos observaron cada paso que daba. Las heridas de Rico no
eran tan malas como se veían en el camión.
Chris y Tanner estaban maltratados y magullados. La frente de
08/2018
Chris había sido limpiada, y había una pequeña hilera de puntadas
negras en la parte superior. Dejaría una cicatriz, pero una que sabía
que usaría con orgullo. La rodilla de Tanner estaba ligeramente
hinchada y envuelta en una venda, pero tenía una mirada decidida en
su rostro.
Equipo hijo de puta humano.
Elizabeth se sentó en el sofá, con las piernas acurrucadas debajo
de ella. Kelly estaba a su lado, presionados hombro con hombro.
Carter se sentó a sus pies, con la cabeza echada hacia atrás, los ojos
cerrados mientras respiraba lentamente, lo sostuvo y luego la dejó salir
por la nariz. La mano de Kelly estaba en su cabello.
Robbie estaba detrás del largo sofá, retorciéndose las manos. Sus
gafas estaban incrustadas en su rostro, pero no pude encontrar la fuerza
para decirle que se veían ridículas. Él debe haber estado creciendo en
mí.
Y los Alfas.
Se pararon cerca de las ventanas, erguidos y rígidos, de espaldas
a la manada. Un aura de poder los rodeaba. Hubo hilos, sí, todos entre
nosotros. Lobos. Humanos. Brujo. Y había un tinte siempre presente
de ecos azules a lo largo de ellos. Pero fue abrumado por Joe. Por Ox.
Estaban furiosos, aunque esa furia no parecía estar dirigida hacia nadie
en la casa.
No era un lobo, pero aún entendía el sentimiento urgente de una
fuerza invasora en nuestro territorio. Unir eso con la traición de una
mujer que, aunque no confiamos en ella, no esperábamos arrojarnos a
un grupo de cazadores. Especialmente no Elijah, que había estado aquí
una vez y se había llevado casi todo. Era un cuchillo en la espalda,
retorcido cruelmente.
Si sobrevivimos a esto, si sobrevivimos a los cazadores y la 363
infección se disemina en dos de los nuestros, Michelle Hughes iba a
pagar.
Me encargaría de eso.
Y a pesar de que nos sentíamos azules, había verde. Todavía.
Ahora. El verde del alivio, porque estábamos aquí. Estábamos juntos.
08/2018
Éramos manadamanadamanada.
Carter rompió el silencio.
—Sabes, —dijo con voz un poco ronca—, Espero que estén en
camino de trabajar lo que sea que esté pasando entre vosotros dos.
Quiero decir, fue realmente asqueroso ver a mi tío subirte por las
escaleras en sus brazos como una damisela en apuros y gruñir a
cualquiera que intente entrar a su habitación para ver cómo estás.
Me volví lentamente para mirar a Mark, quien de repente
encontró la pared muy interesante. —¿Hiciste qué?
Él fruncía el ceño. —Cállate.
—No. Seriamente. Hiciste qué.
—Fue todo hombre lobo de las cavernas, —dijo Rico—. Pensé
que iba a morderme la cabeza cuando llamé a la puerta. Te golpeó en
la cabeza y luego te llevó a su guarida. Probablemente deberías
preguntar si te lamió mientras dormías. Ya sabes, para limpiarte y esas
cosas.
—¿Qué le pasó a Dale? —Le susurró Tanner a Chris. —¿Sigue
siendo una cosa de la que no hablamos?
—¿Dejarías de decir su nombre? —Chilló Chris—. Vas a
arruinar su magia mística de la luna.
Jessie suspiró. —Realmente desearía no haber dicho eso. Suena
tan ridículo ahora.
—Ignora a mi hijo, —me dijo Elizabeth—. Fue realmente
bastante dulce cómo Mark quería cuidarte. Dudo mucho que te haya
lamido mientras dormías.
Carter abrió los ojos. Eran un azul pálido normal.
—Dijiste una vez que te despertaste y que papá estaba oliéndote
el pelo.
Kelly gimió, inclinando su cabeza hacia atrás en el sofá. 364
Robbie se inclinó y tocó torpemente el hombro de Kelly.
Sorprendentemente, Kelly no intentó encogerse de hombros. Robbie se
sonrojó ligeramente, se subió las gafas a la nariz, pero no movió la
mano.
—Esa ropa te queda grande, papi, —me dijo Rico—. Como si no
08/2018
fuera tuya. Algo así como cierto lobo te las dio para que pudieras oler
como él.
Fruncí el ceño.
Mark se pavoneó.
Fruncí el ceño con más fuerza.
—Están por ahí, —dijo Ox, y todos nos quedamos en silencio—.
Puedo sentirlos. Es como... una sombra. Cubriendo la tierra.
Estaba mirando por la ventana, viendo caer la nieve. No parecía
que estuviera fallando. La luz ya se estaba desvaneciendo, lo que
significaba que ya era tarde.
Joe lo miró, estudiándolo de perfil, pero no habló.
Ox habló de nuevo. —Esto... Elijah. Gordo. Me dijeron que es
conocida por la manada de Bennett. Los que vinieron antes.
Asentí con la cabeza, aunque él no podía verme, mientras trataba
de encontrar las palabras para explicarle a mi amigo, mi Alfa, a este
chico que se había vuelto más de lo que cualquiera de nosotros creía
posible. —Yo... sí.
—Está bien, —dijo Ox, exhalando lentamente—. Ya he tenido
noticias de Elizabeth. Lo que ella sabe. De lo que le pasó a tu manada.
Me gustaría saber de ti ahora. Por qué.
Ox estaba enojado.
—No estaba... —comenzó Mark, pero lo tomé de la mano y la
apreté con fuerza. Él me miró, y sacudí mi cabeza ligeramente.
Frunció el ceño pero no habló.
Esto estaba sobre mí.
Tal vez Mark había estado en lo cierto con lo que había dicho en
su habitación. Sobre la confianza. Sobre secretos. Yo estaba en esta
manada. Yo era el brujo de los Bennett. Mi familia había estado 365
entrelazada con la suya por generaciones. Fue una larga historia
retorcida tan profundamente en mis huesos que incluso cuando pensé
que podría, nunca me libraría del todo.
Y no quería hacerlo.
Thomas Bennett era un lobo.
08/2018
Pero también había sido humano.
Él cometió errores, sí. Como su padre. Y el mío.
La diferencia entre Thomas y Abel y mi padre, sin embargo, fue
enorme. Los lobos hicieron lo que pensaron que era correcto.
Mi padre había cedido a su dolor.
Esto no se trataba de Mark, al menos no del todo.
Cuando estábamos en el camino, los hermanos Bennett y yo,
había sido diferente. Hicimos lo que teníamos que hacer para
sobrevivir. Me dije que no tenía nada que ver con buscar venganza
para Thomas Bennett. Estuve allí porque Joe me había pedido que lo
siguiera. Necesitaban a alguien que cuidara de ellos.
No creí que eso fuera cierto ya.
Una parte de mí se había ido por culpa de Thomas Bennett. Él
había hundido sus garras en mí profundamente cuando yo era un niño,
y no importa cuán complicada se había vuelto nuestra relación, él
había sido arrancado de mí de todos modos.
Dijo el cuervo, pensé.
Nunca más.
Dije, —Pappas.
—Salvaje, —dijo Ox—. Creo que el hombre que era se fue. Solo
está el lobo.
—Bueno.
Se giró para mirarme. Tuve un momento raro cuando recordé a
un niño pequeño que se escondía detrás de la pierna de su padre.
Nunca antes había tomado cerveza de raíz. —¿Crees que es cómplice?
Negué con la cabeza. —No. No completamente. Creo... creo que
Michelle Hughes le ocultó cosas. Lo que sabía sobre la infección es
una cosa. Los cazadores, sin embargo. ¿Elijah? Él no podría haberlo
hecho. 366
—Pero él sabía de ella, —dijo Ox.
—Sí.
—Porque se lo dijiste. —No fue una acusación, aunque se sintió
como tal.
—Sí.
—¿Por qué? —Preguntó Joe—. Quiero decir... no lo entiendo, 08/2018

Gordo. ¿Cuánto tiempo sabías de ella?


—Desde que encontramos a David King en Fairbanks.
Los ojos de Joe brillaron. —¿Y no pensaste en decir nada?
—No les dije a ninguno de vosotros sobre David King hasta
mucho después de que se fuera, —le recordó Ox—. Aún no.
¿Recuerdas?
Joe lo miró, frunció el ceño. —Eso no es…
—Y luego, cuando llegó Richard. Él vino por mí. Y todavía no
dije nada.
—Eso es porque eres un imbécil sacrificado, —dijo Rico.
Entonces—, sin ofender, alfa. Bueno. Tal vez alguna ofensa.
—Lo hiciste porque estabas tratando de mantenernos a salvo, —
argumentó Joe—. Y aun así, Gordo lo vio.
—Entonces es posible que Gordo estuviera tratando de hacer lo
mismo, ¿no?
Todos me miraron.
Maldita sea. —Yo…
Mark me apretó la mano. Ni siquiera me había dado cuenta de
que todavía estaba sosteniéndola.
—Pensé que sería suficiente, —le dije—. Si lo supieran.
Nosotros tendríamos... todo aquí. Todo por lo que habíamos pasado.
Fue demasiado. Thomas. Los años que estuvimos separados. Richard.
Esperaba que al decirle a Pappas y al decirle a Michelle ellos hicieran
algo al respecto. Por lo que sabía, ella ya se había ido. No quería
volver a hacer las cosas mal. No cuando todavía estábamos sanando.
Nosotros, no sabía cómo ser manada. No como era antes. No con todos
aquí. No es que no confié en ninguno de vosotros. Es más que no
confié en mí mismo. Y pensé que si algo salía bien, si era necesario, 367
podría encargarme yo solo.
—Hombres, —dijo Jessie, sonando cabreada—. Sois todos un
montón de mártires gilipollas. No me extraña que Elizabeth y yo
somos las personas más inteligentes en la maldita habitación.
—Estoy de acuerdo, —dijo Elizabeth, mirándome—. Tienen
08/2018
suerte de tenernos.
—Probablemente se hubieran quedado con las cosas a medias,
sin una sola idea sobre lo que estaban haciendo, —dijo Jessie.
Elizabeth asintió. —Y conseguir ser infectados.
—Oh, —dijo Rico. —¿Podemos bromear sobre eso ahora? No
estaba seguro de si todavía era demasiado pronto o qué. Porque si lo
piensas bien, es divertido porque, sí, por las miradas que tengo,
todavía es demasiado pronto. Cerrando ahora.
—Hay más, —dije, haciendo una mueca de dolor.
—Por supuesto que sí, —dijo Chris. Golpeó su hombro contra el
de Tanner—. ¿Recuerdas los días en que lo más extraño de nuestras
vidas era cuando Gordo intentaba hacer crecer ese bigote?
—Esos fueron buenos días, —suspiró Tanner—. Hicimos ese
cartel de Se Busca con su cara con bigote y los publicamos por toda la
ciudad, diciéndoles a todos que protegieran a sus hijos.
—¿Has intentado dejarte bigote? —Me preguntó Mark.
—Asqueroso, —dijo Kelly, arrugando la nariz—. Podemos oler
eso, tío Mark.
—¿Qué pasa, Gordo? —Me preguntó Ox.
Lo mejor es terminar con esto.
—Tú también lo sentiste. Las protecciones. Cuando fueron
corrompidas.
Él asintió lentamente. —Elijah dijo que había brujas. Lo que
significa que no están tratando de ocultar nada. Están tratando de
mantenernos a todos.
—Sí. Pero también sentí algo más. Escuché algo más.
—¿Qué? —Preguntó Joe.
—Mi padre.
Silencio. 368
Entonces, —Genial, —gimió Carter—. Tenemos una chica
religiosa extraña que usa pieles de sus muertes en la espalda y que
tiene Omegas salvajes con cadenas, uno de los cuales intentó
olfatearme y matarme al mismo tiempo. Brujas que tienen a la ciudad
rodeada de magia espeluznante para mantenernos dentro. Michelle
08/2018
Hughes es una especie de polluelo malvado y estúpido, y Mark y yo
nos volvemos locos. ¿Y ahora estás diciendo que tu querido padre está
hablando en tu cabeza? Que se joda este día. Que se joda todo este día.
No podría estar más de acuerdo.

DORMIMOS esa noche juntos.


Todos nosotros.
Los sofás y las sillas se alejaron.
Las gruesas y pesadas mantas estaban extendidas en el suelo.
Montones de almohadas.
Los Alfas estaban en el medio. El resto de la manada los rodeaba.
Incluso Rico lo hizo con una queja mínima, aunque dijo que estaba
agradecido de que todos llevaran ropa esta vez.
Me recosté con mi cabeza presionada contra la pierna de Ox, sin
poder resistir el impulso de estar cerca de mi ancla.
Mark debe haber sentido lo mismo, porque nunca llegó lejos.
Nos acostamos uno frente al otro en la oscuridad, sus ojos helados
mirando siempre. Hubo un momento antes de que me quedara
dormido, escuchando las voces de mis Alfas cantando en mi cabeza,
cuando Mark extendió la mano y trazó un dedo sobre mis mejillas. Mi
nariz. Mis labios y mi barbilla.
Un beso fue presionado contra mi frente.
Y luego dormí.

LOS TELÉFONOS no funcionaban.


Internet no funcionaba.
Nos cortaron. 369

PAPPAS rondaba la línea de plata en polvo en el suelo. Gruñó al


verme, con los pelos de punta levantados.
Ox rugió con todo lo que tenía.
Sus ojos violetas parpadearon, y pensé que tal vez él… 08/2018

No.
Se encendieron de nuevo.
Él estaba perdido.
—Tendremos que tratar con él, —me dijo Mark más tarde,
mirando a la nada—. No podemos arriesgarnos a hacerle daño a nadie
ni a divulgar lo que tenga en su boca. Tendremos que tratar con él.
Pronto.
No quería nada más que quemar el mundo.

HICIMOS NUESTRO camino a través de la nieve. Los árboles


estaban cargados de blanco a nuestro alrededor. Ox y Joe habían
cambiado, dejando grandes huellas de patas detrás de ellos. Mark
caminó en dos piernas a mi lado mientras seguíamos detrás de los
lobos.
Seguía nevando, pero no estaba bajando tan fuerte como el día
anterior. El cielo por encima era de un gris oscuro, y el sol de la
mañana estaba escondido en algún lugar detrás de las nubes. Sabía que
la luna también estaba allí, ensanchándose y llenándose. No era un
lobo, pero incluso yo podía sentirlo.
Carter se había quejado de que lo habían dejado, diciendo que era
el segundo de Joe, por lo tanto, debería ir a enfrentar a las brujas. Joe
parecía como si estuviera a punto de ceder, pero Elizabeth intervino, y
sin que ella dijera una palabra, se entendió que Carter no iría a ninguna
parte. Él suspiró, pero se desplomó contra Kelly, quien no se había
alejado más de unos pocos metros de su hermano desde que se habían
despertado.
Robbie se ofreció voluntario para acompañarnos, pero Ox le 370
había dicho que se quedara. Él no quería que la gente de Michelle
jugara con su cabeza.
Los pájaros llamaban, cantando en los árboles.
El hielo crujió debajo de nuestros pies.
Nuestro aliento flotaba a nuestro alrededor.
Mark dijo: —Tu padre. 08/2018

—Mi padre, —murmuré, caminando sobre un árbol que había


caído años antes.
—En tu cabeza.
—Correcto.
—¿Eso es normal?
Puse los ojos en blanco.
—Oh, por supuesto. Lobos enloqueciendo. Cazadores de
monstruos de Jesús. Traición desde lo alto. Querido viejo padre en mi
cabeza. Claro, Mark. Todo sobre esto es normal.
—¿Por qué sin embargo?
—¿Por qué, qué? —Pregunté, viendo a los enormes lobos
caminar delante de nosotros, sus colas juntas.
—¿Por qué está él en tu cabeza?
—¿Porque tiene problemas de conexión?
Mark me miró con los ojos entrecerrados.
—No puedo decir si estás bromeando o no.
—No lo sé, Mark. No lo he visto desde que era un niño y él
asesinó a dieciséis personas junto con mi madre después de que ella
asesinara a la mujer con la que estaba teniendo una aventura.
Mark resopló.
—Así que. Bastante normal, entonces.
Lo miré boquiabierto.
—¿Estás decidiendo seriamente que este es un buen momento
para probar y encontrar el sentido del humor?
—Siempre he sido divertido.
Él era un mentiroso. —No, no sé por qué está en mi cabeza. No
sé lo que significa. Ni siquiera sé si fue real. O si está incluso en
Green Creek. Si hay un montón de brujas de Michelle aquí, ¿realmente 371
crees que trataría de mostrar su cara?
Mark se frotó la mandíbula. —A menos que también esté
trabajando con Michelle.
Lo miré fijamente. —No lo hagas. No digas eso. Nos vas a
confundir, y yo te prenderé fuego sin pensarlo dos veces.
Él me sonrió. —Nah. No creo que lo harías. 08/2018

Me gustaba más cuando nos despreciamos.


—El nunca haría eso. No como Elijah. Sería por debajo de él.
—Porque él odia a los lobos. Eso es lo que le dijiste a Michelle.
Él los culparía por... todo.
—Sí.
Mark agarró mi mano enguantada. Me volví para mirarlo, una
pregunta en mi cara.
Él me estaba estudiando pensativamente, y me hizo sentir
incómodo. Estaba tan acostumbrado a esconderlo todo de él, y este
cambio entre nosotros, esta cosa que había pasado la mayor parte de
mi vida ignorando, no era algo para lo que me había preparado. Estaba
mareado con eso.
Él dijo: —Tú no eres él.
Intenté apartar mi mano, pero él la agarró con fuerza.
—Lo sé.
—¿Lo haces? —Preguntó—. Porque no sé...
—Jesús, joder, Mark. Te dije que no quería escuchar tu mierda
sobre...
—Hizo su elección, —dijo Mark—, hacer lo que hizo. Y a pesar
de que podrías haber hecho lo mismo, aunque tenías todo el derecho
de odiarnos con todo lo que tenías, no lo hiciste.
—Lo hice, —repliqué, de repente enojado por razones que no
entendía—. Yo os odié. Y a Thomas. Y a Elizabeth. Odiaba a los lobos
y a las manadas. Te odiaba.
—Pero parte de ti no, —dijo Mark, sonando seguro—. Tu
historia, es... —Negó con la cabeza—. Podrías convertirte en el
villano, Gordo. Y hubiera estado dentro de tus derechos. En su lugar,
simplemente elegiste ser un gilipollas. 372
—¿Estás... felicitándome? Porque si lo estás haciendo, realmente
estás haciendo un mal trabajo.
Sonrió con su sonrisa secreta, pero se desvaneció casi tan pronto
como apareció.
—No eres tu padre.
—Sé eso. 08/2018

—¿Lo haces?
Tiré mi mano lejos. —No es así como va esto. Se trata de unos
idiotas que creen que pueden entrar en nuestro territorio y joder con
nosotros. Es sobre el hecho de que no he llegado a matar a nadie en
semanas, y está empezando a molestarme.
—Te vuelves gruñón cuando eso sucede.
—Bien, —le dije, frunciendo el ceño—. Así que tal vez guardes
la mierda introspectiva hasta más tarde, ¿de acuerdo? —Abrió la boca
para responder, pero lo interrumpí—. Y lo juro por Dios, si dices que
puede que no haya un más tarde, no seré responsable de lo que suceda
después.
La sonrisa regresó.
—Tus amenazas no suenan tan mal ahora que sé que tienes mi
lobo tatuado en tu pecho.
—Muérdeme, —espeté, caminando detrás de los Alfas.
Mark se rió entre dientes detrás de mí.
—Oh, lo haré.
Jodidos hombres lobo.

UNA VEZ, hubo un viejo puente de madera cubierto que cruzaba


un arroyo a lo largo de un camino de tierra que salía de Green Creek.
Entonces Richard Collins había venido con Osmond y los
Omegas, y había sido destruido en todo lo que siguió.
El puente, como se dijo después, era demasiado viejo. No se
había mantenido tan bien como debería haberse hecho.
Muchos se sorprendieron de que no hubiera caído antes.
Una donación había llegado a la ciudad por una familia notable. 373
Elizabeth Bennett, en nombre de su difunto esposo, había dado
cincuenta mil dólares para que se reconstruyera.
Hubo una ceremonia el verano siguiente. Un corte de cinta donde
Elizabeth Bennett había estado con sus hijos, los tres vestidos
elegantemente con trajes perfectamente adaptados. El resto de la
08/2018
manada había observado con una multitud considerable cuando el
alcalde pronunció un discurso enlatado de agradecimiento. La cinta
había sido cortada, y la gente había aplaudido.
El nuevo puente era casi una réplica exacta del antiguo, aunque
mucho más robusto. Era parte del encanto de Green Creek, dijo el
consejo municipal que había aprobado el diseño. Una puerta de
entrada a una pequeña ciudad de montaña.
La única diferencia real era la placa en el lado del puente de
Green Creek, seis palabras grabadas en metal:
Que nuestras canciones siempre se escuchen
La gente se había quedado perpleja ante la leyenda.
Pero lo sabíamos. Oh, cómo lo sabíamos.
El puente ahora parecía una postal, madera roja apenas visible a
través de la nieve.
Y había gente parada frente a ella.
Estaban vestidos bien para el clima frío. Eran cuatro y, aunque
no reconocí a ninguno de ellos, los reconocí como brujos desde el
momento en que los vi. Les dije a mis Alfas que la magia tenía una
firma, una huella digital. Los lobos salvajes lo sabían más que nadie, y
por eso estaba convencido de que mi padre estaba detrás de la
infección.
Y podía sentir las barreras frente a nosotros, aunque ya no eran
mías. Pappas me había preguntado si las barreras eran infalibles. Lo
mucho que había sabido en ese momento, dudaba que alguna vez lo
descubriéramos. Pero pensé que tal vez esa era su manera de tratar de
advertirnos. No había escuchado. O al menos, no había entendido lo
que había estado tratando de decir.
Pero las protecciones no eran infalibles. Era fuerte y mi magia 374
era expansiva, pero incluso mis protecciones en el territorio Bennett no
pudieron sobrevivir al ataque de múltiples brujas empeñadas en
manipularlas. La magia no era realización de deseos. Era severa y
áspera, arrancando la sangre y los huesos de la bruja, enfocándome
con la tinta grabada en mi piel.
08/2018
Las brujas, tres hombres y una mujer, parecían cautelosos a
medida que nos acercábamos. Observaron a los Alfas, que se
detuvieron cerca de las barreras. Los lobos no podían verlos, no como
yo, pero podían sentirlos. Ox me dijo una vez que el aroma de la
magia le picaba la nariz como si estuviera a punto de estornudar. Olía
a ozono fuerte y ahumado.
—Alfas Bennett y Matheson, —dijo la mujer con rigidez. Ella
estaba tratando de ser deferente, pero estábamos tan lejos de estar de
pie en la ceremonia, era ridículo—. Nos sentimos honrados de estar en
tu presencia. Alfa Hughes le envía sus saludos.
—Sí, —dije secamente—. Tal vez tome su honor y lo empuje
hacia arriba en su…
Ox gruñó hacia mí.
Mark decidió hacerse cargo, lo que probablemente fue mejor
para todos nosotros. Conocía la diplomacia, donde yo solo quería
romper algunos huesos.
—Lo que nuestro brujo quiso decir es que no estamos
exactamente aquí para recibir los respetos de la Alfa Hughes. Así que
tomen su honor y métanselo por el culo.
Quizás no tan diplomático.
Joe le gruñó.
Afortunadamente, recordé que era un sureño de treinta y nueve
años antes de desmayarme un poco. Estaba cerca, sin embargo.
Las brujas no estaban complacidas. La mujer se dirigió a los
Alfas. —Ella ha hecho lo que debe hacer para garantizar la
supervivencia de los lobos. —Miró a Mark—. Y como la manada de
Bennett se ha encontrado con miembros infectados, debe ser
contenida. Seguramente, si nuestros roles fueran revertidos, harías lo
mismo. 375
—Verás, —le dije—, no sé si eso es verdad. Encontraríamos una
manera de arreglar esto. Y lo haremos.
La mujer ladeó su cabeza hacia mí.
—¿Como el Omega que arreglaste en Montana?
Parpadeé. —Qué demonios estás
08/2018
Y acabas de tener las garras de un Alfa alrededor de tu garganta
y has vivido para contarlo. Fuiste a mi casa y te mostraron
misericordia. Pero no soy un lobo. Y no soy exactamente humano.
Venas debajo de la tierra, a veces tan profundo que nunca serán
encontradas. Hasta que alguien como yo aparezca. Y yo soy de quien
debes tener miedo. Porque soy el peor de todos.
—Entonces, —dijo la mujer—. El Omega que mataste en un
callejón. Un equipo que Michelle había enviado para rastrear a
Richard Collins lo encontró antes que los humanos. El hedor de tu
magia estaba sobre él, Livingstone. Así que no nos hables de arreglar
nada.
—Él era un Omega, —le gruñí—. ¿Quién trabajó para Collins?
Él no estaba...
—¿Y qué sucederá cuando Mark Bennett se convierta en
Omega? —Preguntó—. ¿Harás lo mismo por él? Cuando la sed de
sangre descienda y él se pierda en su animal?
Los lobos gruñeron cuando di un paso adelante. La fuerza de las
protecciones rodó sobre mí y me hizo apretar los dientes. Sentí como
si mil agujas diminutas picaran a lo largo de mi piel, sin profundizar lo
suficiente como para extraer sangre, pero de cerca. Estuvieron bien.
Mucho mejor de lo que esperaba que fueran.
Para su crédito, las brujas parecían preocupadas, dando un paso
atrás como si pensaran que irrumpiría por las protecciones de todos
modos. O eso o no les gustó el sonido de los lobos Alfa enojados. Eran
más inteligentes de lo que parecían.
Y debería haber terminado allí. Los habríamos amenazado,
habrían replicado inútilmente, y entonces nos habríamos marchado. El
punto de mostrarnos, nos dijo Ox, era asegurarse de que Michelle
Hughes entendiera que sabíamos de ella. Que no nos acobardaríamos. 376
Que ella había traído esta pelea a nuestra puerta, y una vez que
hubiéramos terminado aquí, una vez que hubiéramos encontrado una
forma de curar a Carter y Mark y hubiéramos cuidado de los
cazadores, íbamos a ir tras ella.
Pero, en cambio, apareció una figura en el puente.
08/2018
Por un breve momento pensé que era mi padre, y mi corazón
tropezó en mi pecho.
Mark oyó, y se apretó cerca de mí. Mis Alfas se rozaron contra
mí, las colas se movieron peligrosamente.
Pero no se sentía como él. Yo conocería la magia de mi padre.
No estaba en estas protecciones. No estaba en estas brujas.
Quienquiera que fueran, no le pertenecían a él.
No detuvo el miedo, por breve que fuera.
Un miedo que pronto cambió a incredulidad cuando vi quién era.
Una incredulidad que se convirtió en furia cuando Mark se puso
rígido a mi lado.
—¿Dale? —Preguntó, con la voz ahogada.
Dale salió del puente, la nieve crujía debajo de sus pies.
—Mark, —dijo Dale, asintiendo a modo de saludo—. Hola.
—¿Qué diablos estás haciendo aquí? —Espeté.
Dale me miró fríamente.
—Estoy aquí como el brujo de Alfa Michelle Hughes. Para
asegurarme de que las protecciones se mantienen. Es mi trabajo. —
Extendió la mano y tocó contra ellas. Un pulso profundo floreció en
mi cabeza cuando las protecciones estallaron en color, y sentí cuán
lejos a nuestro alrededor se estiraron. No abarcaban todo el territorio,
pero todo Green Creek estaba rodeado.
Antes de que pudiera detenerlo, Mark cambió a medias y se
lanzó hacia Dale, con los colmillos al descubierto, los ojos
resplandecientes de color naranja. Chocó contra las protecciones, que
resonaban con el sonido profundo de una pesada campana. Cayó de
nuevo a la nieve.
Los Alfas gruñeron mientras caminaban de un lado a otro delante
de nosotros mientras yo me arrodillaba al lado de Mark. Él gimió, sus 377
ojos se desvanecieron en azul hielo.
—Idiota, —le dije, ayudándolo a levantarse—. ¿Estás bien?
Sacudió la cabeza. —Bien. —Miró a Dale—. ¿Cómo diablos eres
un brujo? No olí la magia en ti.
Dale se encogió de hombros.
—Hay formas de esconderse uno mismo, Mark. No es tan difícil. 08/2018

¿No es así, Gordo?


—Cuando salgamos de aquí, —le prometí—, iré por ti primero.
—No sabía cómo había logrado entrar en mis protecciones sin que yo
lo supiera, pero ahora no importaba. Había cometido un error al
revelarse a sí mismo.
Dale no estaba impresionado.
—Michelle te dio la oportunidad. Ella te dijo lo que sucedería si
permitieras que vivieran los lobos infectados. Hacemos lo que
debemos para sobrevivir. Seguramente puedes apreciar eso.
—Todo este tiempo, —dijo Mark, sonando aturdido—. Estabas
trabajando para ella todo este tiempo.
Dale parecía casi arrepentido.
—Me preocupaba por ti, Mark. Más de lo que pensé que haría.
—Él me miró—. Incluso si tu mente estuviera... en otro lado. Si eso te
ofrece algún tipo de solaz. Estar tan cerca de los Bennett, conocerte
íntimamente—. Sacudió la cabeza—. No cambiaría eso por nada en el
mundo.
Oh, sí. Él iba a ser el primero.
Estaba el chasquido familiar de músculos y huesos, y Oxnard
Matheson y Joe Bennett estaban desnudos en la nieve.
Ahora las brujas dieron un paso atrás.
Incluso Dale.
—Estás aquí por Michelle Hughes, —dijo Ox lentamente—.
Porque ella te dijo que vinieras.
—Ella quería…
—Eso fue retórico, —gruñó Joe.
La cara de Dale adquirió el color de la nieve.
—Tu Alfa, —dijo Ox, voz mortalmente calmada—, ha enviado 378
cazadores. En nuestro territorio. Para matar a nuestra manada.
La bruja se erizó. —Están bajo órdenes estrictas de manejar solo
a los Omegas infectados…
—¿Y realmente crees que ahí es donde van a parar? —Preguntó
Joe con frialdad—. ¿No tienes idea de quiénes son? Vinieron una vez.
08/2018
Ellos mataron a mi abuelo. Ellos mataron niños. ¿Crees que van a
detenerse en dos lobos?
La mujer se volvió hacia Dale, con los ojos muy abiertos.
—Ella envió a los King? Dale, ¿qué demonios está ella...?
—Ella sabe lo que está haciendo, —espetó Dale, y la mujer
guardó silencio. Miró a Ox—. No lastimarán a nadie más.
Y dije: —Ya han matado a un policía humano.
—Mierda, —murmuró uno de los otros brujos—. Sabía que esta
era una mala idea.
Dale parecía tenso. —Si hubiera una razón…
Joe no estaba teniendo nada de eso. —La razón fue que él estaba
en el lugar equivocado en el momento equivocado. Ellos lo asesinaron.
Derramaron sangre inocente, y eso está en tu Alfa. Su muerte está en
sus manos.
—Dale, —rogó Mark, y Cristo, odiaba oírlo—. Escúchame. Por
favor. Si hay alguna parte de ti que se preocupa por mí, debes dejarlos
salir. Mi manada. Deja a Carter y a mí aquí, está bien. Pero tienes que
sacar a todos los demás de aquí.
—Sí, —dije, dando un paso hacia las protecciones—. Abre las
barreras. Ven. Te preocupaste por él, ¿verdad? Hazlo. Mira qué pasa.
—Gordo, —dijo Mark.
—No, —repliqué—. Absolutamente no. ¿De verdad crees que te
dejaría aquí solo? Que se joda eso y que te jodan. —Me volví hacia
Dale—. Ábrelas. Hazlo ahora. Si lo haces, te daré una ventaja. Si no lo
haces y yo salgo de aquí, no te va a gustar lo que haga. —Miré a las
otras brujas detrás de él—. Eso cuenta para todos. ¿Creen que esto
puede contenerme? Me puede llevar algo de tiempo, pero soy un
Livingstone en el territorio de los Bennett. Yo voy a salir. Y no hay
ningún sitio donde puedan correr que no les encuentre. 379
Por un momento pensé que una de las brujas se rompería. Los
hombres parecían preocupados, la mujer temerosa.
Pero al final, fue Dale quien dio un paso al frente.
Simples centímetros nos separaron, pero estaban llenos de una
pared de magia. Pude ver las protecciones claras como el día. Pude ver
08/2018
la magia que usaban, los arcaicos símbolos arremolinados que eran
cerradura y llave.
—Sabes lo que se debe hacer, —dijo en voz baja, aunque tenía
que haber sabido que todos los lobos podían oírlo—. La infección será
contenida.
—¿Y crees que si hacemos lo que nos pides, si solo... matamos a
Mark y Carter, todo esto terminará? No puedes ser tan estúpido.
Miró por encima de mi hombro, luego me miró.
—Podría ser. Mi Alfa no es el monstruo que crees que es.
Me reí con amargura. —Ella se alineó con el clan de cazadores
que asesinó a la mayor parte de la manada Bennett. El mismo clan que
mató a niños. Y luego ella los envió aquí. Si no crees que eso la
convierta en un monstruo, entonces tienes una moral seriamente
jodida, amigo mío.
Él no estaba aturdido. —Le ha dado a la manada de Bennett una
amplia advertencia. Esto no está en ella. Esto es por todos vosotros.
—Tenemos a Pappas. Lo mataré tan pronto como regresemos a
la casa.
—Alfa Hughes es consciente de que Philip Pappas está perdido
para ella. Es lamentable, pero las bajas siempre lo son.
Golpeé mis manos contra las barreras. Mis tatuajes parecían que
estaban ardiendo. Dale apenas parpadeó.
—Te mataré. Voy a matarte.
—Amenazas vacías, me temo, —dijo Dale—. Las barreras se
mantendrán...
Mark dijo: —Si me prometes que todos los demás estarán a
salvo, iré contigo ahora mismo. No voy a luchar, Juro que no voy a
luchar, —y yo dije: —Cierra la maldita boca. No te dejaré, no te
dejaré. 380
Mark me miró con ojos tristes. —Gordo. Ellos…
—No, —dije, sacudiendo la cabeza—. Estoy malditamente
enfermo y cansado de los malditos mártires en esta manada.
—Eso es rico viniendo de ti, —dijo Mark, dando un paso hacia
mí. Hizo una mueca cuando se acercó a las protecciones—. Pero si eso
significa… 08/2018

—¿Y Carter? —Preguntó Dale.


—Él haría lo mismo, —dijo Mark sobre las protestas de sus
Alfas—. Sé que lo haría. Mientras puedas prometerme aquí y ahora
que nadie más saldrá lastimado. Que los cazadores abandonarán Green
Creek y nunca regresarán.
Dale asintió lentamente.
—Eso suena razonable. —Y antes de que pudiera encontrar la
manera de golpearle la garganta con los dientes, continuó—. El
problema con eso, sin embargo, es que no sabemos quién más en tu
manada está infectado.
—No hay nadie, —dijo Mark—. No hay nadie más.
—Sí, —dijo Dale, no cruelmente—. Eso es lo que tú dices. Pero,
¿cómo puedes probarlo? Por lo que sabemos, su manada completa está
infectada. Todos los lobos. ¿Realmente podemos aprovechar esa
oportunidad?
Me golpeó entonces. Debería haberlo visto antes. Pero lo había
olvidado. —Él está mintiendo.
Él pareció sorprendido. —¿Mentir sobre qué?
Miré a mis Alfas. —Mark fue a Dale. Justo después de hablar
con Michelle. Él fue a la mañana siguiente. Dijo que iba a terminar las
cosas con él.
—¿Mark? —Preguntó Ox.
Mark volvió la cabeza lentamente para mirarme.
—Sí. Lo hice. Fue... Dijo que estaba... que lo entendía. Fue más
fácil de lo que pensé que sería.
—Y si él quisiera, —le dije, con los pensamientos girando
furiosamente—, si a Michelle le importara una mierda los lobos
salvajes, Dale podría haberlo matado allí mismo. Pero no lo hizo. No 381
se trata de la infección. No se trata de Mark y Carter. Se trata todo de
la manada. —Me volví hacia Dale—. Michelle Hughes está usando la
infección como una excusa. Para matarnos. A todos nosotros. Ella
supo. Antes. Acerca de Pappas. Aunque Pappas no creía que lo hiciera.
Ella supo. Y ella lo envió aquí de todos modos, sabiendo lo que podría
08/2018
pasar.
Dale no habló. Él solo me miró.
—¿Dale? —Preguntó la mujer, sonando insegura—. ¿De qué está
hablando?
—Nunca ha sido sobre la infección, —le dije, mirando
directamente a Dale—. Ella no quiere la manada de Bennett. Ella no
quiere a Joe. Ella quiere el territorio. Ella quiere Green Creek. Ella
envió a los cazadores aquí para limpiarnos a todos. Todo lo demás era
solo accesorio. ¿Cómo lo hizo? ¿Encontró a mi padre? ¿Ella lo obligó
a hacer esto?
Dale se rió. —Oh, Gordo. No importa qué tan lejos corras, no
importa cómo trates de esconderte, siempre tendrás la sombra de ser
un Livingstone que cubre cada centímetro de tu piel. Es algo de lo que
nunca escaparás. No. No, ella no tiene nada que ver con Robert
Livingstone. Y yo tampoco, antes de preguntar. Él es... no sabemos
dónde está. Por lo que sabemos, está muerto.
—¿Pero el resto? —Preguntó Joe, con los ojos rojos.
Dale no se encogió de miedo. —El resto es como es. Corréis a
este lugar. Vosotros siempre lo hacéis. Green Creek era un refugio
para los Bennett mucho antes de que alguno de vosotros siquiera fuera
un pensamiento. Alfa Hughes entiende esto. Y dado que parece que no
puedes aceptar tu lugar en este mundo, ella te quitará eso.
La mujer dijo: —Esto nunca fue parte de...
Dale ni siquiera se volvió para mirarla cuando dijo:
—Otra palabra y tú terminarás allí con ellos. ¿Entendido?
Las brujas no hablaron.
—Ella luchó con esto, —dijo, teniendo la audacia de sonar
disculpándose—. Le dolió. Le causó un gran dolor. Especialmente...
especialmente sobre Pappas. Él era su segundo. Ella se preocupa por 382
él. Pero sabía que para proteger a todos los lobos, había que hacer una
elección. Y al final, ella fue lo suficientemente fuerte como para tomar
esa decisión. Ella es el Alfa de todos. Sí, ella te ha subestimado en el
pasado. No volverá a hacer eso. Los cazadores son la solución final.
—Porque nos mataremos los unos a los otros, —dije lentamente,
08/2018
la última pieza cayendo en su lugar—. Y Green Creek quedará abierto
para que lo tomen.
—Eres más inteligente de lo que la mayoría te da crédito, —dijo
Dale, y no podía creer que Mark se enamorara de él—. Este lugar es
diferente. Alfa Matheson puede dar fe de eso. Cualquier magia que
haya en la tierra lo llevó a convertirse en un Alfa humano por
necesidad. No había Alfa aquí, y el territorio necesitaba uno. Estuviste
aquí, Gordo, como guardián, pero incluso tú te fuiste eventualmente.
Había una manada, pero nadie para dirigirlos. Y así Ox se convirtió en
lo que se necesitaba. —Sacudió la cabeza—. Ni siquiera puedo
comenzar a imaginar el poder en este lugar. Y no puedo esperar para
saber qué tan profundo va.
Los lobos dieron un paso adelante hasta que nos paramos hombro
con hombro frente a las brujas, frente a Dale. Él no retrocedió, no
como aquellos detrás de él, que dieron un paso atrás. Escuché la furia
en mi cabeza, las canciones de los lobos que querían hundir sus dientes
en la carne de los que nos precedieron. A través de los hilos, el resto
de la manada gritaba su ira.
—Michelle jugó su mano demasiado pronto, —dijo Ox, voz baja
y fuerte—. ¿Quieres una guerra? Tienes una. Porque una vez que
terminemos con los cazadores, vendremos por ti. Y como dijo mi
brujo, no hay ningún sitio donde puedas correr que no te encontremos.
Y él se volvió y se alejó, dirigiéndose hacia los árboles.
Joe escupió en el suelo frente a las brujas antes de seguir a su
compañero. Escuché el sonido de ellos cambiando detrás de mí antes
de que Ox aullara, el sonido rompiendo el aire inmóvil que nos
rodeaba.
Incluso Dale se estremeció ante el sonido.
—Estáis jodidamente acabado, —dije, sonriendo fuertemente—. 383
Tal vez soy solo alguien de un pequeño pueblo que trabaja en un
garaje. Pero tengo una buena memoria y recordaré cada una de
vuestras caras. Harían bien en comenzar a correr ahora. Porque la
última vez que alguien vino por nuestra manada, terminó con la cabeza
arrancada. Y pueden estar jodidamente seguros de que será lo menos
08/2018
que les haré.
Me giré y seguí a mis Alfas.
Solo había dado unos pasos antes de mirar por encima de mi
hombro.
Mark se paró frente a las brujas. Sus manos estaban en puños a
los costados. Él no estaba hablando, y tampoco lo estaba Dale, pero no
pude evitar sentir un ligero resquicio de ira en su nombre. Tal vez Dale
no había significado mucho para él, no a la larga, pero había
significado algo. Dale lo usó. Me juré a mí mismo que iba a ser una de
las últimas cosas que haría. —Mark, —le dije bruscamente.
Mark asintió hacia Dale antes de darse la vuelta y caminar hacia
mí.
Sus ojos brillaban anaranjados.
Quería decir algo, lo que fuera para que todo vuelva a ser
correcto, para que sea como lo había sido la noche anterior, pero las
palabras me fallaron.
Entonces, en cambio, hice lo único que pude pensar cuando
estuvo a punto de pasar de largo: extendí la mano y cogí la suya.
La tensión alrededor de sus ojos se alivió. Bajó la mirada hacia
nuestras manos unidas, luego volvió a mirar hacia mí.
Él arqueó una ceja.
—Cállate, —murmuré—. Si haces una gran cosa sobre esto, te
voy a dar a Dale yo mismo.
Él me apretó la mano.
Y luego nos llevé a casa.

384

08/2018
ven a buscarme / tira y afloja

—HIJOS DE PUTA, —gruñó Chris—. Esas malditas perras.


¿Quién diablos creen que son?
—Bastardos, —dijo Tanner, sonando furioso—. Todos ellos.
¿Puedo dispararles? ¿Por favor? Por favor di que puedo dispararles. 385
—En las nueces, —escupió Rico—. Voy a dispararles en las
nueces, y mientras están gritando de dolor, voy a empujarles el puño
hasta que lleguen a sus estómagos. Y luego voy a tirar de sus
estómagos por sus bocas y derramar el contenido de sus estómagos en
sus rostros, y me va a gustar. 08/2018
Todos giramos lentamente para mirarlo.
—¿Qué? —Preguntó—. Están en nuestro garaje.
Estábamos acuclillados al otro lado de la calle, escondidos detrás
de lo que quedaba del restaurante. La nieve seguía cayendo, la calma
había pasado. Era espesa de nuevo, esta tormenta. Robbie había
encontrado una vieja radio en la casa azul. Ox dijo que había
pertenecido a su madre, y que habían bailado en su cocina con la
música que tocaba. Logramos encontrar una estación fuera de Eugene,
que dijo que se esperaba que la tormenta dure unos días más.
La grúa todavía estaba tendida de lado en el restaurante, apoyada
precariamente por el aguilón. Una fina capa de hielo cubría el costado
del conductor y el polipasto de la nieve arrastrada por el viento. No
parecía que hubiera habido nadie más en el restaurante, y le agradecí a
dios por los pequeños favores. O bien la tormenta o las advertencias
lanzadas por los cazadores habían mantenido a la gente en el interior.
No sabía cuánto duraría.
El clan King se había apoderado del garaje.
Podríamos verlos dentro, moviéndose. Las luces estaban
encendidas, y una de las puertas del garaje estaba abierta. Habían
estacionado sus camiones en el frente como una barricada, de
parachoques a parachoques. Algunos cazadores parecían estar de
patrulla, moviéndose por el exterior del garaje. Uno se paró en la parte
superior de la cabina de uno de los camiones, vigilando.
Jones se había ido, al igual que su coche patrulla. No sabía lo que
habían hecho con su cuerpo.
Quería lanzar un asalto frontal completo. Para sacarlos. Para
deshacerse de la mayor cantidad de ellos que pude. Pero Ox había
dicho que esto solo era de reconocimiento. Y, si es necesario, una
distracción. 386
Porque los lobos estaban en movimiento.
—Será mejor que no toquen mis herramientas, —murmuró
Chris—. Esa mierda es cara.
Jessie resopló. —Manera de tener tus prioridades correctas.
—¡Oye! ¿Sabes cuánto tiempo tardé en...?
—Cállate, —gruñí, bajando mis binoculares—. Todos vosotros. 08/2018

—Oh, claro, —dijo Tanner, mas perra de lo que le había


escuchado alguna vez—. Mira al jefe hombre aquí. Sonando todo duro
y mierda. Vi la forma en que Mark te besó en la frente antes de que
nos fuéramos y la expresión burlona de tu rostro cuando lo viste
alejarse.
—En serio, —gruñó Rico—. ¿Es eso lo que tendremos que
aguantar ahora? Quiero decir, ya tenemos suficiente con Ox y Joe. Se
suponía que eras el gilipollas para siempre. ¿Cómo se supone que debo
actuar ahora que eres el gilipollas con el corazón de oro? Está
arruinando mi visión del mundo, hombre. No es genial.
—¿No haces lo mismo con Bambi? —Preguntó Chris.
—Me gustan sus tetas. Y la forma en que me hace pensar. No es
una mierda mística de magia lunar. Es la pasión carnal del cuerpo y la
mente.
—Ella tiene un gran escaparate, —dijo Jessie, extendiendo la
mano para limpiar la condensación de la ventana.
Todos giramos lentamente para mirarla.
Jessie puso los ojos en blanco. —¿Qué? Ella lo tiene. Y al menos
no suena espeluznante cuando yo lo digo.
—Eso no lo hace mejor, —dijo Chris, mirándola con cautela.
Maldito equipo humano.
—No importa, —dijo Rico con un suspiro—. Probablemente va a
romper conmigo de todos modos. Quiero decir, ¿podemos llevar a
todos a su bar con la menor explicación posible? Eso no va a ir bien.
Había sido idea de Carter. El Faro estaba tan lejos de la calle
principal como podría estar y aún estar en Green Creek. La ciudad en
sí era pequeña, con solo unos pocos cientos de personas contadas 387
como residentes. Muchos de ellos vivían en hogares repartidos a lo
largo de Green Creek. Menos de cien vivían en Green Creek, y
muchos ya se habían ido antes de la tormenta. El núcleo más duro se
había quedado para cerrar las escotillas. No sabíamos hasta qué punto
los cazadores estaban aquí para hacer, y no queríamos arriesgarnos.
08/2018
Los lobos se movían rápidamente por la ciudad, reuniendo a
tantas personas como podían y llevándolas al bar. A Mark no le había
complacido la idea de que los humanos estuvieran a cargo de localizar
a los cazadores y asegurarse de que se quedaran donde estaban, pero
tan pronto como Carter señaló que tenía que dejar de pensar como un
idiota, se había echado atrás.
Bueno, principalmente. Se había echado atrás después de haber
abordado a Carter y haberle sostenido la cara en la nieve hasta que su
sobrino literalmente lloró.
Él no me miraría después.
No sabía qué hacer con eso.
Los Bennett eran conocidos, y no pensé que tendrían dificultades
para convencer a la gente de ir, especialmente a la luz de lo que Elijah
había dicho a su llegada. La historia que se estaba tejiendo era una de
palurdos hasta arriba de metanfetamina empeñados en causar
problemas. Robbie parecía seguro de que era creíble y convencería a la
gente de mantenerse alejada.
—O eso o los hará correr con sus armas, —había dicho,
subiéndose las gafas a la nariz—. La gente se pone rara cuando se trata
de los palurdos que van hasta arriba de metanfetamina.
Los lobos podrían moverse más rápido de lo que podríamos.
Y estaban los Omegas salvajes de los que preocuparse. Los que
Elijah había llamado sus mascotas.
Sabía que si otro lobo se acercaba al garaje, serían olidos casi de
inmediato. Pero éramos humanos, y la tormenta era espesa. Incluso si
los Omegas tenían partes de sus mentes intactas, seríamos menos
perceptibles que el resto de la manada.
Por eso nos habíamos agazapado en el restaurante por una hora. 388
Estuvo bien.
Todo estuvo bien.
—Siento que deberíamos hablar sobre el elefante en la
habitación, —dijo Tanner.
—¿Te refieres a Dale? —Preguntó Chris.
—Exactamente. Quiero decir, ¿le damos a Mark mierda por 08/2018

ignorar la magia mística de la luna y dormir con el enemigo? ¿O lo


ponemos en Gordo por ignorar la conexión con el lobo que quiere
tomarlo carnalmente debajo de la luna llena?
Todo no estuvo bien.
—Chicos, —dijo Rico, apretando su abrigo a su alrededor
mientras se estremecía—, este no es el momento adecuado para hablar
de esto.
Eso me sorprendió —Gracias, Rico…
—Porque antes de que podamos hablar sobre culpar a Mark o
Gordo, tenemos que averiguar si Dale puso algún tipo de hechizo de
control mental de brujo en Mark que lo hizo empalmarse por Dale.
Que se joda. Que se jodan todos y cada uno de ellos.
—Huh, —dijo Chris, frotándose la mandíbula—. Nunca lo había
pensado así. Oye, Gordo.
Lo ignoré.
—Gordo.
Lo miré fijamente. —Qué.
No tenía sentido de auto-preservación.
—¿Dale puso algún tipo de hechizo de control mental sobre
Mark para hacerlo sexualmente sumiso?
Ordené a Jessie que controlara a su hermano.
Ella ladeó su cabeza hacia mí. —¿Por qué? Yo también quiero
saber. Ahora que tú y Mark van a ser...
—No vamos a ser nada, —le gruñí.
Todos se volvieron lentamente para mirarme.
—Gordo, —dijo Jessie—. Te das cuenta de que eres un
mentiroso, ¿verdad? —Miró a su hermano—. Él lo sabe, ¿verdad?
Chris suspiró. —Gordo no sabe cómo lidiar con todos sus 389
sentimientos. Él tiene que fingir que es un idiota, pero realmente está
pensando en los muslos de Mark alrededor de su cuello.
Tanner hizo una mueca. —Ahora estoy pensando en los muslos
de Mark alrededor de su cuello. Uf.
—Corazón de oro, —dijo Rico solemnemente.
—Os odio a todos, —murmuré, levantando los prismáticos de 08/2018

nuevo, esperando que eso fuera el final.


No fue así.
—Vamos a resolver esto, —dijo Chris en voz baja. Él puso su
mano sobre mi brazo—. ¿Lo sabes bien? Puedes ser feliz. Él va a estar
bien. También lo estará Carter. Vamos a vencer esto.
Y eso fue todo, ¿no? Odiaba lo bien que podían leerme, incluso
si no supieran necesariamente acerca de ese casi beso en la habitación
de Mark. Una parte de mí deseaba haber sido más fuerte, que hubiera
dado media vuelta y me hubiera ido, dejándolo allí parado. Pero
incluso eso no era nada en comparación con el recuerdo hace mucho
tiempo de la forma en que su boca se sentía contra la mía. La forma en
que se había sentido en mi contra. La sensación de sus manos sobre mi
piel. Lo había mantenido encerrado durante tanto tiempo, metido en
una caja y atado con cadenas, metido en un rincón oscuro para recoger
el polvo.
Pero las cadenas se habían roto ahora, la caja se partió por la
mitad.
Durante mucho tiempo, Mark no había sido más que un
fantasma. Incluso cuando se paró frente a mí, incluso cuando habíamos
luchado lado a lado, rara vez me había permitido pensar en lo que una
vez fuimos. Lo que podríamos haber tenido si no fuera por manada y
lobos y puta terquedad humana.
Por supuesto que esperaría hasta que el mundo se derrumbara a
nuestro alrededor.
Él estaba actuando fuerte. Y valiente. Pero era tan experto en
Mark Bennett como en la primera vez que nos besamos.
Él estaba asustado.
Fue más allá de la idea de convertirse en un Omega, más allá de 390
la idea de perder su ancla.
Perdí mi manada. Una y otra y otra vez.
Pero también él.
Lo había olvidado.
En mi enojo. En mi dolor
08/2018
Aquí estaba él, enfrentado a perderlo de nuevo.
Y todavía no sabía cómo detenerlo.
La mano de Jessie se presionó contra la mía, y fue solo entonces
que me di cuenta de que estaba temblando.
Tomé una respiración profunda y lo dejé salir lentamente.
—Estoy bien, —le dije bruscamente—. No te preocupes por mí.
Hay otras cosas…
Ahí.
A través de la puerta de garaje abierta.
Dos lobos salvajes.
La cabeza del lobo rojo estaba baja, la nariz al suelo.
El lobo gris estaba en posición vertical, con las orejas crispadas.
Las largas cadenas habían sido retiradas, aunque todavía tenían
eslabones de plata alrededor de sus cuellos, como un collar. Parecía
como si la plata hubiera sido incrustada en su piel.
—Mierda, —murmuré—. Omegas. Ambos. Aún dentro.
Rico gimió en voz baja.
—¿Es demasiado pedir que los malvados hombres lobo mueran
cuando un brujo los arroja al otro lado de la carretera?
—¿Elijah? —Susurró Jessie.
Negué con la cabeza.
—¿Cuántos de ellos hay?
—Veinte. Eso puedo ver.
—No puedes... no sé, —dijo Tanner—. ¿Matarlos? ¿De algún
modo? ¿Congelar el aire en sus pulmones o algo así? La luna llena es
en dos días. Nos estamos quedando sin tiempo. No entiendo por qué
no los tomamos de frente.
—Ox y Joe dijeron que esto era solo reconocimiento, —Chris le
recordó—. No quería que hiciéramos nada para llamar la atención 391
sobre nosotros mismos.
—Lo sé, pero ¿por qué no podemos juntar la manada y hacer que
las calles se vuelvan rojas con su... y, santo infierno, me he convertido
en un monstruo rabioso. —Tanner negó con la cabeza—.
Probablemente no sea algo bueno.
—Ya sabes por qué, —dijo Jessie, limpiando la ventana de 08/2018

nuevo—. Jones ya murió por ellos. No podemos arriesgarnos a que


otra persona se lastime. No hasta que sepamos más.
Las orejas del lobo gris se crisparon. Su cabeza giró en nuestra
dirección.
—Abajo, —susurré.
Todos golpeamos el suelo del restaurante.
El viento aullaba afuera.
El aire estaba frío.
Mi corazón estaba acelerado.
En mi cabeza vinieron los lobos en una explosión de color, de
Manada hermano amor brujo. Envié suaves oleadas de calma, aunque
me pareció una mentira. No sabía si me creían.
—Quédense abajo, —les susurré—. No se muevan a menos que
yo diga.
—¿Qué es… —comenzó Chris, pero negué con la cabeza, y él se
calló.
Tomé una respiración profunda y la sostuve en mi pecho.
Me levanté.
Miré por encima del mostrador de la cafetería por la ventana.
Los hombres aún se movían dentro del garaje. Los pocos afuera
se movían de un lado a otro en la nieve.
El lobo gris estaba de espaldas a nosotros, mirando más adentro
del garaje.
El lobo rojo no estaba a la vista.
Probablemente estaba solo en el garaje.
Dejé escapar el aliento que estaba conteniendo.
—Bueno. Todo despejado. Fueron… 392
Un gruñido bajo a mi derecha.
Giré mi cabeza.
Allí, con la cabeza gacha inclinada hacia el suelo para mirarnos
desde el otro lado de la grúa, estaba el lobo rojo.
—Bueno, joder, —dije.
08/2018
Los labios del lobo temblaron sobre afilados colmillos.
Sus orejas se aplanaron en la parte posterior de su cabeza.
No había espacio suficiente para llegar a nosotros. Al menos no
todavía.
Chris se quedó sin aliento detrás de mí.
Levanté mi mano hacia ellos sin apartar la mirada del lobo.
Sus ojos violetas brillaban en la nieve.
—Lento, —dije, la voz plana—. De vuelta por donde llegamos.
Sin movimientos bruscos.
Tanner dijo: —Gordo, —pero yo negué con la cabeza.
—Ahora.
Los escuché moverse. La mirada del lobo se lanzó sobre mi
hombro, pero chasqueé los dedos, devolviendo su atención a mí.
Gruñó humildemente.
No miré hacia otro lado.
Los otros se estaban moviendo detrás de mí. Sabía que no
teníamos mucho tiempo. O el lobo trataría de venir por nosotros o los
cazadores serían alertados. Nuestra manada estaba demasiado lejos.
Pero me he enfrentado a algo peor.
Había visto los monstruos en la oscuridad.
Este gilipollas no sabía con quién diablos estaba tratando.
Le sonreí al lobo.
—Voy a matarte. A todos vosotros. Sólo espera y verás.
Gruñó más fuerte cuando dio un paso adelante. Sus hombros
chocaron contra la grúa, que crujió ominosamente, el aguilón raspó
contra el suelo y el marco se estremeció. No le gustó ese sonido,
retrocediendo un paso o dos de distancia.
—Vamos, —dije en voz baja—. Ven. 393
El cuervo batió sus alas.
El lobo se agachó y comenzó a arrastrarse hacia mí, garras negras
excavando en la nieve.
—Eso es, —dije—. Ven a buscarme, hijo de puta.
Retrocedí lentamente.
08/2018
Me gruñó.
Escamas de nieve soplaron desde una ventana rota.
Los hombres rieron cruzando la calle en el garaje.
El vaso crujió debajo de mis pies.
El lobo estaba debajo de la camioneta, con las uñas clavadas en
la madera y el hielo mientras se acercaba a mí, las mandíbulas abiertas
de par en par.
Nunca más.
El cuervo voló.
La manada lo sabía. Ellos sabían. Los sentí. A todos ellos.
Los Alfas estaban allí. En mí. En mi cabeza.
gordo gordo gordo
Y Mark.
Siempre Mark.
Tiré de esos hilos. Los que nos conectaron a todos.
Y empujé.
Hubo un chillido de metal cuando el aguilón se retorció, la grúa
tembló.
El lobo abrió la boca e inclinó la cabeza hacia atrás para aullar
aullar y...
El aguilón se rompió a un lado, el suelo de linóleo debajo se
partió.
La pluma aterrizó fuera del restaurante en la nieve.
Por un momento, la grúa quedó suspendida.
El aullido del lobo se cortó incluso antes de que comenzara
cuando la grúa colapsó encima de él. Escuché un crujido húmedo
cuando seis toneladas de metal se encontraron con hueso y músculo.
No lo dudé.
Incluso cuando los cazadores comenzaron a gritar en señal de 394
advertencia, me levanté y corrí hacia la parte de atrás del restaurante.
La puerta por la que habíamos entrado estaba abierta, entrando nieve.
Una ola de aire frío me cubrió cuando pasé por la puerta, mirando por
encima del hombro por si el lobo había sobrevivido al camión que caía
sobre él y venía detrás de mí.
08/2018
No fue así.
—Creo que está muerto, —les dije a los demás—. Pienso.
Me encontré con alguien.
Giré.
Chris. Me encontré con Chris. Rico estaba a su izquierda. Jessie a
su derecha. Tanner estaba del otro lado de Jessie.
Ellos no se estaban moviendo.
—¿Por qué demonios os estáis deteniendo? —Exigí, abriéndome
paso a través de ellos—. Tenemos que... hijo de su puta madre.
En el callejón detrás del restaurante, frente al Equipo Humano,
estaba el lobo gris.
No tuve mucho tiempo para analizar sus detalles cuando me llegó
el día en que Elijah llegó a Green Creek. Sabía que era grande, casi
más grande que cualquier lobo que había visto antes, pero ahora, aquí,
de cerca, entendí lo enorme que era. Antes de Ox, Thomas Bennett
había sido el lobo más grande que había visto en mi vida. Antes que él,
su padre, Abel. Carter era más grande que sus hermanos, incluso Joe,
su Alfa, pero ninguno de ellos se comparaba con el tamaño del Omega
frente a nosotros.
Sus ojos se volvieron hacia mí.
Di un paso atrás.
Sus fosas nasales se encendieron, y hubo un breve momento
cuando el violeta en sus ojos se desvaneció en un profundo y fangoso
marrón que creí que casi parecía familiar, pero luego el violeta volvió
a brillar como siempre.
Solo dos formas de salir de esto.
A través del callejón detrás del lobo.
O volver por el camino por el que pasamos frente al restaurante.
Hacia los cazadores. 395
Tanner y Rico sacaron las armas pero se retiraron, sabiendo que
los disparos llamarían la atención de los cazadores.
Los cuchillos escondidos debajo de las mangas de Chris
aparecieron.
Jessie golpeó la vieja palanca de Ox contra su hombro.
08/2018
El lobo no estaba impresionado.
Dio un paso hacia nosotros y…
—A la mierda, —dijo Jessie.
Y antes de que pudiera detenerla, ella me empujó, dio tres pasos
corriendo y giró la palanca hacia arriba, hacia la cabeza del lobo feroz.
La palanca que estaba incrustada de plata.
El lobo gritó de dolor cuando su cabeza se sacudió hacia un lado,
una herida ardiente junto a su hocico y mejilla y hasta su ojo, que se
cerró y sangraba. Bajó la cabeza hacia el suelo, pateando furiosamente
la herida humeante que aún no había empezado a cerrarse.
—Vamos, —nos escupió, bailando fuera del camino cuando el
lobo intentó pegarle, fallando por unos bueno treinta centímetros.
Rico y Tanner la siguieron, dando al lobo herido un amplio
espacio. Trató de girar sobre ellos, pero Chris estaba allí en su otro
lado, cortando a lo largo de la espalda del lobo mientras corría en el
estrecho espacio entre el Omega y la pared de ladrillo de la ferretería
contigua al restaurante. El lobo giró la cabeza, moviendo sus colmillos
detrás de él, pero ya había pasado, corriendo detrás de los demás.
Rojo goteaba sobre blanco.
El lobo se volvió hacia mí.
Dio un paso hacia mí.
Levanté una mano, las rosas floreciendo debajo del cuervo, listo
para terminar esto ahora.
Pero luego vaciló.
El lobo resopló, sacudiendo su cabeza violentamente de un lado a
otro. La cadena alrededor de su cuello apenas se movió, los enlaces
profundamente en su piel. Parpadeó rápidamente con su ojo bueno y
bajó la cara hacia la nieve, empujándola hacia abajo, dejando rayas de
sangre detrás de ella. 396
Y yo... no pude hacerlo.
—Gordo, —gritó Rico—. ¡Mueve tu culo!
Me moví.
El Omega apenas miró en mi dirección.
—¿Qué diablos está mal con eso? —Chris me preguntó tan
08/2018
pronto como los alcancé, saliendo por el otro lado del callejón detrás
del restaurante.
Eché un vistazo hacia atrás. El Omega estaba tocando su cara
otra vez. —No lo sé.
—¿Por qué no lo mataste? —Jessie me preguntó, ya se alejaba
del restaurante.
No respondí.

A MEDIO CAMINO hacia El Faro, nos encontramos con Mark y


Elizabeth. Ella vino a mí primero cuando Chris, Tanner y Rico
compartieron con Mark su indignación por los cazadores que estaban
en el garaje.
—¿Estás bien? —Me preguntó, y recordé que Thomas me había
dicho que nunca había nadie más para él.
—Sí, —murmuré.
—Mató a uno de los Omegas, —le dijo Jessie, mirándome con
curiosidad—. El rojo. Le dimos algunos golpes al más grande, pero
aún estaba en posición vertical la última vez que lo vimos.
—¿Y Elijah?
Jessie negó con la cabeza.
Elizabeth tocó mi brazo.
—¿Gordo?
Parpadeé.
—Estoy bien.
Ella no parecía que me creyera, pero lo dejó pasar. Miró por
encima del hombro a los demás antes de bajar la voz.
—Tenemos tantos como pudimos. Están en El faro.
—Algo está mal, —dije, porque la conocía. 397
Ella suspiró.
—Mark.
Mi estómago se revolvió.
—¿Qué hay de él?
Ella sacudió su cabeza.
—Es... había un hombre. ¿Jameson? Creo que su nombre es 08/2018

Jameson. Vive en el parque de caravanas. —Su nariz se arrugó—.


Huele terrible.
—¿Tipo grande? ¿Con bigote? —Jameson era un imbécil en un
buen día, y estos no fueron buenos días.
Ella asintió. —No quería venir con nosotros. Nos dijo que lo
dejáramos en paz. Mark, él... él no se tomó eso bien. Estaba enfadado.
Pensé que iba a cambiar en ese mismo momento. Mark lo asustó. Pude
olerlo, aunque trató de ocultarlo.
—¿Se quedó atrás? —Pregunté, no me gustaba a dónde iba esto.
—No, —dijo ella—. Aceptó ir cuando Mark pasó el puño por la
pared de su remolque.
—Jesucristo.
—Es la luna, creo. Está tirando de él. Se está volviendo más
fuerte. Fuera lo que fuese, salió de allí casi de inmediato. Está
sucediendo, Gordo. Carter. Y ahora Mark.
Incluso con todo lo que había sucedido, me sorprendió que
todavía fuera capaz de sentirme desanimado ante el sonido de miedo
en la voz de Elizabeth Bennett.
—Lo solucionaremos, —le dije, aunque me sentía como un
mentiroso.

—ESTOY BIEN, —dijo Mark mientras nos acercábamos al


Faro, la nieve crujía bajo nuestros pies. La energía todavía estaba
encendido, y el Faro estaba iluminado como si fuera un viernes por la
noche.
—¿Estás seguro de eso?
Él rodó los ojos. —Me estaba molestando. 398
—Jameson.
—Sí. No escucharía.
—Entonces abriste un agujero en su casa.
—Escuchó después de eso.
—Mark.
—Gordo. 08/2018

Lo agarré del brazo. —¿Podrías parar? Por el amor de Dios. No


puedes ocultar esto. No de mí.
—Es casi gracioso viniendo de ti. Hablando de esconder cosas.
Eso me dolió, aunque me lo merecía. Sin embargo, no era Mark.
Él no cavó en las heridas abiertas. —No seas un idiota.
Él hizo una mueca. —Lo siento. No, no sé de dónde vino eso.
Él estaba mintiendo. Los dos sabíamos exactamente de dónde
venía. —Necesito saber si tienes el control. No puedes entrar en una
habitación llena de humanos si hay una posibilidad de que cambies.
Por un momento pensé que iba a alejarse. Respiró por la nariz
mientras los demás entraban. Cuando la puerta se abrió, las voces se
derramaron, algunas de ellas enojadas. No tenía ganas de enfrentar a
las personas que se habían quedado en la ciudad. Con suerte, habían
comprado la historia de gilipolleces.
—No voy a lastimarlos, —dijo Mark, frunciendo el ceño.
—Muéstrame tus ojos.
—Gordo…
—Hazlo, Mark.
Él me enseñó sus ojos.
Naranja. Solo naranja.
Solté un suspiro de alivio.
—Solo... quédate a mi lado, ¿de acuerdo?
Sus labios se crisparon. Vi la insinuación de dientes.
—¿Vas a mantener a todos a salvo del gran lobo malo?
—Cristo. Eso no va a ser nada. Nunca. ¿Me escuchas? De hecho,
dices eso otra vez y te mataré yo mismo. Creo que me gustaba más
cuando nos odiamos.
Él me tomó de la mano. —Nunca te he odiado, Gordo. 399
Desvié la mirada. Quería decirle lo mismo, pero no pude. Porque
lo odié. Los había odiado a todos. Me había llevado mucho tiempo
descubrir cómo parar. Y no sabía si había llegado hasta allí.
Sonaba triste cuando dijo: —Lo sé. Está bien, sin embargo. Solo
necesité que mi ex fuera un brujo malvado y que me volviera loco para
08/2018
que volvieras a mí. Vale la pena, si me preguntas.
—Eso no es gracioso, —dije roncamente.
—Es un poco gracioso.
—Cuando esto termine, necesitamos tener una larga
conversación sobre esta cosa a la que llamas tu sentido de...
Entonces se movió, casi más rápido de lo que yo podía seguir. En
un momento él estaba frente a mí, su mano en la mía. Al siguiente fui
empujado detrás de él cuando comenzó a cambiar, gruñendo bajo en su
garganta.
Miré por encima del hombro.
El lobo gris estaba parado en el medio del camino.
Su cara aún no se había curado, no completamente. La plata en la
palanca era fuerte, y el lobo era un Omega. Su poder de sanar se había
ralentizado. La herida se estaba tejiendo nuevamente, pero su boca
estaba cubierta de sangre, y su ojo derecho estaba hinchado.
Y estaba enojado.
—Entra, —Mark gruñó hacia mí.
—Que te jodan, —repliqué—. No voy a dejarte…
—Si es como los otros, primero vendrá por ti. No puedo
retenerlo si estoy preocupado por...
—No necesito que te preocupes, ¡mierda!
Abordé a Mark a un lado cuando el lobo salvaje se lanzó contra
nosotros. Caímos en la nieve, Mark golpeó el suelo primero. Aterricé
encima de él mientras el lobo navegaba sobre nosotros, los dientes
chasqueando, fallando mi cuello por pulgadas. Su aliento caliente
apestaba, y casi podía sentir su peso en el aire sobre nosotros.
—Solo querías ponerte encima de mí, —dijo Mark desde debajo
de mí.
—En serio, —espeté, apartándome de él y poniéndome de pie—. 400
Ahora no es el momento.
El lobo había aterrizado cerca del Faro, patinando en la nieve
pero logrando mantenerse en pie. Sus orejas se cerraron hacia el bar, y
supe que podía oír probablemente docenas de latidos de corazón
dentro. Sus ojos parpadearon violetas, y dio un paso hacia la puerta del
08/2018
bar, y...
—¡Oye! —Grité, tratando de llamar su atención—. ¡Por aquí,
maldito perro callejero!
Lentamente giró su cabeza hacia mí.
Tragué saliva.
Realmente era un gran hombre lobo.
Mark estaba a mi lado, medio cambiado, y antes de que pudiera
masticarlo por eso, el lobo gris se agachó, listo para atacar.
Los gritos vinieron del interior del bar.
Todos dudaron.
Y entonces Carter salió del Faro, la puerta se estrelló contra la
pared y la madera se astilló. Él también cambió a medias, y entonces
me di cuenta de que la gente dentro del bar lo había visto, pero antes
de que pudiera siquiera comenzar a procesar esta jodida monumental,
él había atacado al lobo gris desde atrás.
Cayó fuerte, deslizándose en la nieve. El rostro de Carter se
alargó, el pelo le brotó de las mejillas y gruñó al lobo que tenía debajo.
El lobo gris se levantó rápidamente, derribando a Carter de espaldas y
en la nieve.
Aterrizó, sus ojos color naranja se abrieron de par en par,
exhalando pesadamente.
El lobo gris se levantó lentamente sobre él, con los labios hacia
atrás y los dientes al descubierto.
Toqué la runa en mi brazo, listo para prender fuego al hijo de
puta, y Elizabeth estaba de pie en la puerta, con los ojos encendidos,
lista para atacar lo que fuera que estaba detrás de su hijo, y Ox y Joe
rugieron desde adentro del Faro, su canción Alfa sobre nosotros
porque uno de su manada estaba en peligro, uno de la manada estaba a 401
punto de…
El lobo gris dejó de gruñir.
Sus ojos se estrecharon.
Cuando el lobo bajó la cabeza, Carter levantó sus garras, listo
para deslizarlas, para arrancarle los ojos como lo habían entrenado,
08/2018
pero...
No sucedió.
El lobo gris simplemente... lo olfateó.
Sus ojos eran violeta, y sus pelos estaban levantados, pero puso
su hocico contra el pecho de Carter e inhaló.
—Um, —dijo Carter, ceceando a través de la boca llena de
colmillos—. ¿Chicos? ¿Qué diablos está pasando?
—Carter, —dijo Elizabeth—. Necesito...
Joe y Ox aparecieron detrás de él, ignorando la cacofonía de
voces que se alzaban detrás de ellos. Sus ojos estaban rojos, y cuando
Joe vio a su hermano en el suelo con un extraño lobo encima de él,
trató de empujar a su madre. El lobo gris lo oyó venir y le dio la
espalda a Carter, gruñendo a Joe. Comenzó a retroceder lentamente,
poniendo a Carter detrás que se vio obligado a retroceder en la nieve.
—¿Qué demonios está pasando? —Chilló Carter, sobresaltado de
su cambio cuando se puso una cara llena de cola.
—Joe, —dijo Elizabeth bruscamente, haciendo que su hijo se
detuviera antes de que pudiera alcanzar al lobo gris—. No.
Joe se vio sorprendido mientras miraba a su madre.
—Pero va a lastimarlo.
—No creo que lo haga, —dijo Mark pensativamente a mi lado—.
Está... protegiéndolo.
—¿De qué ? —Preguntó Joe.
—De ti. De todos nosotros. Da un paso atrás, Joe.
—Pero…
—Joe.
Joe hizo lo que su tío le pidió.
El lobo gris lo miró con cautela, de pie sobre Carter. Una vez que
estuvo seguro de que Joe no era una amenaza, dio la vuelta y puso su 402
hocico contra el pecho de Carter otra vez, retumbando en su garganta.
Carter trató de apartar la cara, pero chasqueó en sus dedos,
gruñendo una advertencia. —¿Cuál diablos es su problema? —
Preguntó Carter, sonando molesto.
—Creo que le gustas, —dijo Elizabeth suavemente.
—¡Oh, mamá, mamá, gracias por tu aporte! ¡No sé dónde estaría 08/2018

sin ti!
—No hubieras nacido sin ella, —dijo Joe, servicial como
siempre.
—¡Ox! —Gritó Carter, tratando sin éxito de apartar al lobo de
él—. Haz tu soy-un-Alfa-tan-especial quítame a este hijo de puta.
—Parece que te está yendo bien solo, —dijo Ox, saliendo del bar
y hacia la nieve. El lobo gris lo fulminó con la mirada por encima del
hombro. Ox se aseguró de darles un amplio rodeo cuando se acercó a
nosotros, para gran indignación de Carter.
—¿Qué pasó? —Ox nos preguntó en voz baja—. Rico dijo que
los cazadores estaban en el garaje.
Fruncí el ceño. —Como si ya no quisiera matarlos, están tocando
mis cosas.
—Concéntrate en lo que es importante, —le dijo Mark a Ox, y yo
le di una consideración muy real al mandarlo a través del
estacionamiento del bar. Pero no pensé que sería bueno para lo que
estaba pasando entre nosotros, así que no lo hice.
—No me gusta cuando las personas tocan mis cosas.
—Estoy seguro de que Dale estaría de acuerdo con eso, —dijo
Ox, porque a pesar de que era un Alfa, todavía era una perra.
Mark comenzó a asfixiarse.
Odiaba a todos.
—Mató al lobo rojo. Aplastado debajo del camión.
—¿Os siguieron?
Negué con la cabeza. —Los chicos y Jessie se aseguraron de que
nuestras pistas estuvieran cubiertas la mayor parte del camino hasta
aquí.
—¿Y de qué se trata? —Preguntó, señalando con la cabeza al 403
lobo que ahora tenía el cuello del pelaje de Carter entre los dientes e
intentaba arrastrarlo lejos. El lobo gris no estaba yendo tan bien, ya
que Kelly había salido del bar con un impresionante grito de guerra,
había agarrado la pierna de su hermano y lo estaba empujando en la
dirección opuesta.
—Ni siquiera podría empezar a decírtelo. 08/2018

—¡Kelly! —Gritó Carter—. ¡Sálvame!


—Lo hago, —Kelly gritó.
El lobo gris sacudió bruscamente la cabeza hacia atrás, tratando
de alejar a Carter de Kelly mientras gruñía una advertencia.
—¿Estamos jugando al tira y afloja con Carter ahora? —Dijo
otra voz. Levanté la vista para ver al equipo humano apiñándose
alrededor de Elizabeth, incluso cuando los gritos en el bar se hicieron
más fuertes. Rico tenía las manos en las caderas, y tenía la cabeza
ladeada y los ojos entrecerrados—. Porque no sé si eso va a atraer a la
población general de Green Creek ahora que han visto a la mitad de
los Bennett, que supusieron que eran ricos bichos raros que vivían en
el bosque, de repente convertirse en monstruos justo enfrente de ellos.
—Algo se rompió dentro del bar, e hizo una mueca—. A Bambi
probablemente no le va a gustar eso. O el hecho de que he estado
ocultando esto de ella.
—Puedo hablar con ella por ti, —dijo Jessie, dándole palmaditas
en el brazo—. Darle un toque de mujer.
—Te mantienes alejada de ella, —dijo Chris, mirando a su
hermana—. Ya crees que tiene una buena estantería. No está bien
tratar de robarle la novia a Rico.
—¿O sí? —Preguntó Rico, mirando a Jessie de arriba a abajo—.
Es decir, siempre que puedo mirar, no me importa… ay, vete a la
verga, culero, no se supone que mi brazo se tuerza de esa manera.
¡Para!
Jessie esperó un momento para probar su punto, pero luego soltó
el brazo de Rico.
Chris y Tanner se rieron.
Jessie los miró. 404
Se alejaron lentamente de ella.
—¿Um, chicos? —Robbie dijo, viniendo detrás de ellos, mirando
frenéticamente—. Tan divertido como esto es, creo que tenemos un
problema.
Señaló por encima del hombro en el bar.
08/2018
Presionadas contra las ventanas había muchas, muchas caras,
ojos abiertos de par en par, bocas abiertas mientras observaban a un
lobo del tamaño de un caballo que intentaba robar a Carter de su
hermano, cuyos ojos brillaban intensamente.
Will, el dueño ebrio del motel, habló primero.
—¡Lo sabía! —Gritó, con los ojos enrojecidos e inyectados en
sangre—. Malditos animales. ¡Nadie me creyó, pero vinieron y se
quedaron en mi motel! León de montaña mi culo. ¡Mira el tamaño de
ese cabrón! ¡Cambiaforma! ¡Estamos rodeados de cambiaformas!
—Joder, —dijo Ox sucintamente.
imperfecto

ELLOS FUERON... fuertes. La gente dentro del bar. Algunos se


encogieron de los Bennett, tratando de alejarse lo más posible de ellos
mientras aún permanecían en el Faro.
Will, el bastardo que era, trató de decirle a cualquiera que lo 405
escuchara que sabía que algo estaba sucediendo en esta ciudad, que
había estado sucediendo durante años, y que todos lo habían llamado
loco. —¿Quién está loco ahora? —Dijo, riendo salvajemente—.
¿Quién está loco ahora?
—Podría hacerlo de nuevo, —le dije a Ox en voz baja—. Alterar 08/2018
sus recuerdos. Como lo hice con la gente después de Richard.
Ox negó con la cabeza lentamente. —Estuviste fuera de tus pies
por unos días después de eso. Y solo hubo un puñado. Hay casi
cincuenta personas aquí. Te necesito fuerte.
Él tenía un punto. Gastar tanta energía me haría inútil durante al
menos una semana. Y no teníamos tiempo para eso ahora.
—Siempre hay después.
—Tal vez. —Miró a la gente que estaba frente a nosotros.
Estaban comenzando a ponerse ruidosos de nuevo. Jameson, el dueño
de un nuevo agujero en la pared de su remolque, estaba mirando a
Mark como si esperara que Mark cambiara y se lo comiera allí mismo.
Hubiera sido divertido si la situación no hubiera sido tan jodida.
Especialmente porque Mark parecía estar a punto de hacer
exactamente eso. Me quedé cerca, tratando de calmarlo.
Otros todavía estaban en la ventana, mirando hacia donde Kelly
y Robbie estaban vigilando a Carter. El lobo gris no había estado muy
contento cuando Carter había intentado seguirnos dentro, gruñéndole
hasta que Carter dejó de intentar escapar. Tenía una buena idea de lo
que estaba sucediendo allí, y pensé que Elizabeth también lo haría, si
la mirada cómplice en su rostro significaba algo. Los otros eran... muy
jóvenes. Demasiado inexpertos. Incluso Joe y Ox parecían perplejos.
No sabía si importaría a la larga. El lobo era un Omega. Si era como
Pappas, no sabía si había alguna vuelta atrás. Era mejor si Carter no lo
supiera. Al menos no hasta que podamos estar seguros.
Él estaba en un rudo despertar, de todos modos.
—¿Qué vamos a hacer? —Murmuró Mark. Estaba inhalando y
exhalando por la nariz, y sabía que lo estaba haciendo para mantener
su ritmo cardíaco lento. No sabía si estaba funcionando—. No
podemos… Ox. Hay una razón por la cual las manadas se mantienen 406
ocultas.
Ox inclinó la cabeza. —¿Por qué sin embargo? Porque el Alfa de
todos dice que así es como debería ser? Ella nos traicionó. ¿O es
porque podría traer cazadores sobre nosotros? Ellos ya están aquí. Y
estamos atrapados dentro porque las brujas han rodeado a Green Creek
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y nos han quitado nuestras protecciones. Estas personas están en
peligro. ¿No tienen derecho a saber por qué?
Mark palideció. Su voz era áspera cuando hablaba.
—¿Sabes lo que dices? ¿A qué arriesgas? No se trata solo de
nosotros, Ox. Si esto se lleva a cabo, si esto se extiende más allá de
nuestras fronteras, pone en riesgo a otras manadas. La gente tiene
miedo de lo que no entienden. Y no nos entenderán.
—Lo entiendo, —dijo Ox ligeramente—. Lo hago. Pero no
podemos vivir con miedo. Si vamos a tener esperanza por un mañana,
entonces tenemos que lidiar con eso hoy.
Mark negó con la cabeza. —No lo haces, no estabas allí. No
viste lo que nos hicieron. Lo que los humanos le hicieron a nuestra
familia. Entraron y... hubo niños, Ox. Eran solo niños, y ellos...
Ox se llevó una mano al cuello y acercó su frente a la de Mark.
—Respira, —susurró él, sus ojos brillaban rojos, y las fosas nasales de
Mark se encendieron—. Necesito que respires. Sé que duele. Sé que sí.
Lo detendremos, ¿está bien? Vamos a encontrar una manera de
detenerlo.
Mark retrocedió, saliendo del alcance de Ox. Por un momento
pensé que iba a arremeter.
—No lo entiendes, —gruñó, más profundo de lo que cualquier
ser humano podría hacerlo. Las personas más cercanas a él
retrocedieron lentamente—. Tú estás bien. No tienes esta… esta cosa
dentro de ti. Todavía tienes tu ancla, y está intacta. Puedo sentirlo, Ox.
Cada puto segundo, puedo sentirlo. El hecho de que todavía consigas
mantener todo lo que amas no significa que tengas que sacar tu mierda
de Alfa sobre mí. No es justo. Nada de esto es justo.
La sangre comenzó a gotear de sus manos donde sus garras se
habían abierto en la parte carnosa de sus palmas. 407
—Mark, —advirtió Ox, con los ojos encendidos—. Necesito que
te calmes. Escúchame, ¿de acuerdo? —Él alcanzó a Mark otra vez—.
Estamos aquí. Tu manada está aquí. Gordo es...
—No, —dijo Mark, con el pecho agitado mientras retrocedía un
paso. Se topó con una mujer, que se quedó sin aliento y estuvo a punto
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de caerse. Ella fue atrapada por Jameson, quien miró a Mark—. No me
digas que me calme. No me hables de Gordo.
—Mark, —dijo Joe, acercándose a Ox—. Estás asustando a la
gente. Este no eres tú. Esto no es lo que eres.
Mark se rió amargamente. —No sabes la primera maldita cosa
sobre mí. Te fuiste, Joe. Mi hermano murió. Fue cortado a tiras, y te
fuiste. Ni siquiera lo pensaste un segundo, e incluso si lo hicieras, ¿fue
por mí? ¿O tu madre? ¿O solo se trataba de Ox? ¿Fue solo por tu puto
compañero?
La garganta de Joe hizo clic mientras tragaba, con la mandíbula
apretada.
—Eso es correcto, —dijo Mark, con voz dura—. Todo lo que
quería era mantener a todos a salvo. Eso es todo lo que siempre quise.
Y entonces esos malditos cazadores vinieron, y me quitaron todo. Y
luego Thomas tomó lo que quedaba de mi corazón destrozado y lo
puso debajo de su talón, diciéndome que no tenía otra opción. Me tenía
que ir. Y justo cuando pensaba que finalmente podría perdonarlo,
cuando pensé que todo estaría bien otra vez, él murió. —El azul del
hielo dio paso al naranja—. Y luego cometiste los mismos errores que
él.
—Mark, —espeté, dando un paso adelante—. Corta eso. Te estás
poniendo nervioso. Eso no va a ayudar...
—¿Están asustados? —Mark gruñó, girando sobre la gente en el
Faro—. Deberían estarlo. ¿Quieren ver de qué tienen tanto miedo?
Deja que les enseñe.
Él comenzó a cambiar.
Antes de que pudiera dar un paso al frente, Elizabeth estaba allí
detrás de él, con una mano en su hombro.
No tuve tiempo para reaccionar. 408
Él giró, mano levantada. Le dio una bofetada en la cara, y cuando
cayó sobre sus Alfas, mientras el sonido de un pequeño hueso
rompiéndose sonó en la habitación, los ojos de Mark Bennett
parpadearon. Azul. Naranja. Azul.
Violeta.
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Y luego se desvaneció.
Mark se veía horrorizado mientras bajaba la mano.
La habitación explotó a nuestro alrededor cuando la gente
comenzó a gritar. Jessie y Chris corrieron al lado de Elizabeth y la
ayudaron a levantarse. Tanner y Rico se pararon frente a ellos, con los
brazos cruzados sobre el pecho mientras miraban a Mark. Elizabeth
estaba murmurando que estaba bien, que estaba bien, incluso cuando el
hueso de su mejilla comenzó a sanar. Ox parecía furioso, Joe asesino,
y creí escuchar a los lobos fuera rugir de ira.
Un arma se disparó.
Sacudí la cabeza hacia el sonido, seguro de que los cazadores nos
habían encontrado, que todos estábamos jodidamente atrapados aquí
y...
Bambi se paró en la parte superior de la barra, con la pistola
apuntando hacia arriba. Pedazos de yeso la salpicaron desde un
agujero en el techo. Tenía los ojos entrecerrados y su voz fría cuando
dijo: —La vuelves a tocar y te pondré una bala en la cabeza. Tal vez
no te matará, seas lo que seas, pero apuesto a que te hará perder
velocidad.
Mark estaba herido. Él levantó sus manos frente a su cara. Sus
dedos temblaban, las garras se hundían. —Elizabeth, —susurró—. No
quise, no quise hacerlo. Yo no... —Él dio un paso hacia ella.
Bambi le apuntó con el arma. —Lo digo en serio, Mark Bennett.
Otro paso y veremos si el color de tu cerebro coincide con la
decoración.
—Mierda, —susurró Rico—. Estoy saliendo con ella.
—No es el momento, —susurró Tanner—. Pero en serio. Mis
respetos, hombre.
Golpearon el puño sin apartar la mirada de Mark. 409
—Estoy bien, —dijo Elizabeth, apartando las manos de Joe de
ella—. Él me tomó por sorpresa. Joe, deja de gruñirle. Sabes tan bien
como yo que puedo tomar a Mark en una pelea justa cualquier día.
—Ox, —dijo Mark, con los ojos muy abiertos y suplicando—, no
fue… fue un accidente. Lo juro. Yo estoy en control. Lo prometo. Lo
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prometo. Lo prometo…
—Quédate aquí con todos, —le dijo Ox a Joe—. Trata de
mantener calmados a todos. Llevaré a Mark y...
Y yo dije —No.
Ox cerró los ojos y suspiró. —Gordo, si él es... si es él quien está
cambiando, y si es como los otros, irá primero detrás de ti. Tienes que
saber eso.
—No me importa, —dije, caminando entre Mark y el resto de la
manada. Sus manos se curvaron en la parte posterior de mi camisa, su
frente presionada contra mi cuello. Él sonaba cerca de hiperventilar—.
No hay nada más que puedas hacer que no hayas probado.
Ox entornó los ojos.
—¿Qué vas a hacer?
—No lo sé, —admití—. Pero averiguaré algo. Siempre lo hago.
Solo... necesito que confíes en mí, ¿de acuerdo? Esto no es porque él
es mi... no es por eso.
Elizabeth resopló, su mejilla roja brillante.
—No sé si eso es exactamente cierto. Pregúntale a Carter sobre
eso en este momento.
—¿Qué? —Preguntó Joe—. ¿Qué diablos tiene esto que ver con
Carter?
—Lo explicaré más tarde, —dijo Elizabeth, dándole palmaditas
en la mano.
—Siempre dices eso, y nunca lo haces, —murmuró Joe—. Soy
un adulto ahora. Soy tu Alfa.
—Y sigo siendo tu madre, —dijo Elizabeth bruscamente—. Te
traje a este mundo. Te sacaré de allí, Alfa o no.
Joe gimió.
—¿Tuviste que decir eso delante de todos? Por Dios. 410
—Bien, —dijo Ox después de mirarme por un largo momento—.
Llévalo de regreso a la casa y…
Negué con la cabeza.
—Lo llevaré a la mía.
—Gordo…
—Ox. 08/2018

Estaba frustrado conmigo, pero no había nada que pudiera hacer


al respecto ahora.
—Solo... quédate ahí. ¿Vale? No persigas a los cazadores.
Cuando nos movemos contra ellos, nos movemos juntos. ¿Entendido?
Asentí.
—Entonces ve. Enviaré a Carter a la casa solo para estar a salvo.
Kelly y Robbie pueden ir con él para vigilarlo y controlar a Pappas.
—No te olvides del otro lobo, —dijo Elizabeth—. Dudo mucho
que deje que Carter llegue muy lejos sin él.
Ox gruñó molesto.
—Sí. Y el otro lobo. El resto de vosotros se quedará conmigo y
verá qué podemos hacer sobre... —Él asintió con la cabeza hacia los
otros en el bar, que nos estaban mirando en silencio.
—Mejor tú que yo, —murmuré, girándome y agarrando a Mark
de la mano. Pensé que iba a protestar, porque se resistió cuando intenté
alejarlo. Su mirada fue centrada en Elizabeth. Ella le sonrió, aunque
hizo una mueca cuando lo hizo.
—Ve, —dijo en voz baja—. Te veré pronto.
Él asintió con fuerza y me dejó atravesar la puerta y salir a la
nieve.
Robbie y Kelly estaban de pie cerca de la puerta. Carter todavía
intentaba levantarse, pero el otro lobo no lo dejaba. Sus patas
delanteras estaban sobre su pecho, sosteniéndolo hacia abajo. Giró su
cabeza hacia mí, sus ojos brillando violentamente al verme. Su nariz se
crispó, y de nuevo me golpeó con una ola de familiaridad. Como si
debería conocer a este lobo. Era posible que había conocido a ella (él)
antes de que se hubiera convertido Omega, pero por mi vida, yo no
podía recordar haber visto nunca un lobo como este antes. Hubiera 411
recordado un cambio de ese tamaño.
—¿Todo bien? —Kelly preguntó, con voz tensa.
—Estamos bien, —dije suavemente—. Vuelve a la casa. Toma a
Robbie y Carter también. Quédate ahí hasta que oigas hablar de Ox.
No se dejen ver.
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Kelly asintió lentamente.
—¿Mark?
Mark no habló.
—Kelly, —dije—. Ahora.
Robbie tomó el codo de Kelly en su mano, tirando de él
suavemente hacia Carter, quien nos gritaba que le dijéramos lo que
estaba pasando, y por qué nos estábamos separando, y ¿alguien podría
quitar al puto lobo de él por el amor de Dios?

MARK NO habló mientras lo llevaba a casa. Él sostuvo mi mano


con fuerza, tanto que estaba seguro de que habría hematomas. Pero no
intenté que se calmara. No quería que lo hiciera.
Evité las derivaciones más profundas lo mejor que pude a medida
que recorrimos la milla más o menos hasta mi casa. Todavía estaba
nevando y no parecía estar desapareciendo pronto.
Estaba sudando cuando llegamos a mi puerta. El camino de
entrada estaba vacío, y fue solo entonces cuando me di cuenta de que
habíamos dejado la camioneta cuando Elijah había venido. No la había
visto en el camino esta mañana. Deben haberla movido. El coche
patrulla de Jones también se había ido.
Solo había estado a dos días de sus vacaciones, había dicho.
—Cristo, —murmuré, tirando de Mark por el camino de entrada.
Mis llaves todavía estaban en el camión. Había un repuesto, y tuve que
dejar la mano de Mark para inclinarme y cavar. Él miró hacia abajo al
suelo.
Excavé a través de la nieve hasta que encontré la roca con la
llave debajo. Abrí la puerta mosquitera, desbloqueé la puerta y la abrí.
Me aparté, mirando a Mark. 412
—Dentro.
Parecía aturdido mientras levantaba la cabeza.
—¿Qué?
Sacudí mi cabeza hacia la puerta abierta. —Mueve tu trasero.
Él dudó. —Gordo, si yo estoy... si esto está sucediendo, entonces
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necesito estar lo más lejos de ti que pueda estar.
—Entra en la casa.
Sus ojos se estrecharon. Eso fue mejor. Podría lidiar con que esté
enojado conmigo. Nos puso de nuevo en terreno llano.
—¿Eres estúpido? —Gruñó.
—Lo juro por Dios, si no te metes en esta jodida casa, voy a
perder mi mierda, y no te gustará cuando lo haga.
Él frunció el ceño.
Esperé.
Con un bufido, me empujó y entró a la casa, murmurando en voz
baja sobre putos brujos mandones.
Miré hacia la nieve.
Estaba tranquilo.
Sabía que no duraría mucho.
Lo seguí adentro y cerré la puerta detrás de nosotros.
YA ESTABA en la cocina cuando salí de la habitación y me
cambié a ropa seca. Me sentí centrado, en mi propia casa, con la
cabeza despejada por primera vez en lo que parecían días.
Se paró frente al fregadero, mirando por la ventana hacia el
blanco. No se volvió, aunque sabía que yo estaba allí. Él siempre lo
hizo.
—Te dejé ropa, —dije en voz baja—. En la cama. Pueden estar
un poco apretadas, pero es mejor que tener el olor a perro mojado en
mi casa.
Él bufó, sacudiendo la cabeza. —Estúpido.
—No voy a discutir eso. Espero que no estuvieras esperando algo
más romántico de mi parte. Esto es más o menos todo lo que 413
obtendrás. Yo no hago mierda así.
Él giró su cabeza levemente. —¿Romántico?
Sí, no había querido decir eso. —Cállate. Olvida que dije algo.
—No sé si puedo. Sigue siendo mi corazón.
—Mark. Cambia tu maldita ropa.
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Soltó un suspiro al darse la vuelta. Él me miró, buscando qué, no
sabía. Parecía tener el control, al menos más que antes. No sabía
cuánto tiempo duraría eso. La luna llena estaba a menos de dos días de
distancia. Nos estábamos quedando sin tiempo.
Él asintió y comenzó a salir de la cocina. Pero antes de ir por el
pasillo hacia el dormitorio, se detuvo.
—Sabías.
—¿Qué?
—El traerme aquí en lugar de a la casa de la manada.
Sentí sus ojos en mí, pero no pude mirar hacia atrás.
—No sé de lo que estás hablando.
Un latido de silencio. Entonces, —Creo que sí. En la casa, no
tienes... te quedas, a veces. Pero no como los otros. Siempre vuelves
aquí. Eres manada, pero esta es tu casa. Huele a ti. Este lugar. El peso
de ti, es... en todas partes. Sabías que traerme aquí me ayudaría.
—Ve a cambiarte, Mark.
Él fue.
Escuché los sonidos de él moviéndose lentamente a través de mi
casa, la madera crujiendo bajo sus pies, las puntas de sus dedos
arrastrándose a lo largo de las paredes, dejando atrás su aroma. Sabía
lo que estaba haciendo. Sabía a qué nos dirigíamos, y no sabía si había
algo que pudiera hacer para detenerlo. No sabía si quería que se
detuviera. ¿Cuándo fue la última vez que estuvo aquí? ¿Cuándo fue la
última vez que sintió que era bienvenido aquí?