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Introduccion:

Las actividades económicas permitieron generar riqueza en la Nueva España, mediante la


extracción, transformación y distribución de los recursos naturales y fueron: la agricultura, la
ganadería, la minería, los obrajes, los talleres artesanales y el comercio. Después de la conquista
de los españoles, las actividades económicas fueron cambiando y se transformaron las formas de
propiedad de la tierra, la explotación de la fuerza de trabajo, las formas de producción, consumo e
intercambio, adoptando las características propias de una economía novohispana.

Para 1700 se encontraban conformadas las características económicas de la Nueva España, las
principales ciudades estaban fundadas destacando las de México, Puebla, Oaxaca y Guadalajara
al lado de otras que iban en constante crecimiento como Durango y los puertos de Veracruz y
Acapulco; se habían establecido los principales caminos, el de la ciudad de México a Santa Fe de
Nuevo México, de Guatemala a la Ciudad de México, pasando por Chiapas, Tehuantepec, Oaxaca
y Puebla y el de Acapulco a la Ciudad de México y de ésta a Veracruz.

La minería, aportaba los mayores beneficios económicos a la Corona, al lado de los centros
mineros se crearon presidios, misiones, nuevos centros de población, ranchos ganaderos y
agrícolas, además una amplia red de caminos. La expansión de la agricultura y ganadería
conformaron importantes ciudades y centros de abasto, que junto con los obrajes llegaron a
abastecer a toda la Nueva España, dándose un intenso tráfico de mercancías en importantes
mercados regionales.
Desarrollo:

Agricultura: En la Nueva España la agricultura fue la base de la economía, por la producción de


alimentos para la población y para el ganado, y como materia prima para otras actividades
económicas como la minería. Generó importantes ingresos para España, por la gran cantidad de
productos que se exportaban a Europa como: cacao, jitomate, aguacate, maderas, vainilla, grana
cochinilla, etc.

La tierra y el clima templado de la Nueva España favorecieron la introducción de nuevos cultivos


como el arroz, avena, cebada, sorgo, caña de azúcar, trigo, café, ciruelo, durazno, lino, cáñamo,
el añil, la vid etc.

Los productos agrícolas importantes fueron el algodón, el cacao, la vainilla y el añil, todos ellos de
origen autóctono. El algodón fue importante porque constituyó la materia prima de la industria textil.
Durante el siglo XVI el olivo y la vid, el gusano de seda, la morera (planta para alimentar al
gusano), el lino y el cáñamo tuvieron buena aclimatación pero cuando su producción representó
competencia para los productores de España se prohibió su explotación.

La agricultura indígena no obtuvo cambios importantes, los indígenas siguieron utilizando los
instrumentos rudimentarios de labranza y el sistema de cultivo de milpa y chinampa. Los productos
cultivados fueron los mismos de siglos atrás: maíz, frijol, chile, jitomate, calabaza, algodón, cacao y
maguey, entre otros y la producción siguió siendo fundamentalmente para el autoconsumo.

Ganadería: Desde los primeros años de la conquista se introdujeron a la Nueva España


diversas especies de ganados en cantidades reducidos debido a las dificultades de transporte,
pero las buenas condiciones climáticas y topográficas permitieron el desarrollo de la ganadería. El
ganado reportó amplios beneficios: el excremento como abono natural para los cultivos y una
fuerza de carga y de transporte de la producción agrícola, en los reales de minas se utilizó como
fuerza motriz, de carga y fuente básica de alimentación.

El problema principal de la ganadería fue la necesidad de grandes extensiones de tierra para el


pastoreo, que provocó la destrucción de cultivos indígenas y la apropiación de grandes
extensiones de tierra, muchas de ellas de las comunidades indígenas, formando grandes
latifundios.

El ganado caballar fue el primero en hacerse presente como cabalgadura, para nobles y caciques,
su rápida multiplicación redujo su precio y muchos pudieron disponer de caballos. Para 1524 se
introdujeron las primeras cabezas de ganado porcino (cerdos), criados y comercializados casi
exclusivamente por los indígenas, el uso de telas de abrigo y las costumbres europeas, hicieron
que el ganado lanar u ovino ocupara un lugar destacado en la economía novohispana favoreciendo
la aparición de obrajes de lana y confección de ropa. El ganado caprino (cabras) fue muy solicitado
por la dieta de los españoles, se adaptó sin problemas a las tierras áridas del norte. El ganado
vacuno (vacas) se extendió rápidamente, lo que significó una drástica disminución de los precios
de la carne en las ciudades de México y Puebla.
La introducción de bestias de carga, asnos y mulas sustituyó el trabajo de carga de los tamemes,
en forma gradual y lenta principalmente en las zonas mineras.

El rápido incremento del ganado provocó diferencias entre los españoles, para resolverlas se
instituyó la Mesta, gremio de propietarios de estancias y de ganado (similar a la española), los
“hermanos de la mesta”, como se llamó a los ganaderos pertenecientes a esta organización, tenían
la obligación de asistir a las reuniones o consejos, y devolver el ganado ajeno.

La propiedad de la tierra: La propiedad comunal del pueblo no se podía vender, regalar y/o
traspasar, sólo heredar; la tierra debía ser trabajada por todas las familias y los frutos de ella les
pertenecían. Reconocida por el gobierno español, le impuso el pago de tributo, en especie y en
trabajo. La Corona impulsó la formación de pueblos de nueva creación con el propósito de
mantener el control de las comunidades indígenas y de incrementar los tributos, realizadas por
medio de las congregaciones, que reunieron a indígenas dispersos por las persecuciones y
maltratos. La administración de las tierras comunales y la asignación de las parcelas estuvieron a
cargo del ayuntamiento indígena.

En los primeros años de la colonización los indígenas conservaron (salvo algunas excepciones)
sus tierras, pero a medida que la población indígena fue disminuyendo por las epidemias, los
trabajos forzados y la desnutrición, y que las actividades agrícolas-ganaderas cobraron mayor
importancia, los españoles empezaron a presionar para apoderarse de las tierras de los indígenas

La propiedad privada.

En los primeros años de la conquista, el medio para obtener la tierra fue a través de
las Mercedes de tierra de labranza; otorgadas por el rey de España a los soldados, como
recompensa por los servicios en la conquista y pacificación.

Las Mercedes de sitio o estancias fueron posteriores y se otorgaron para apacentar el ganado.
Entre 1591 y 1616, debido a la crisis financiera de la Corona española, se implementó una nueva
forma de regular la propiedad de la tierra consistente en: la adjudicación (venta de tierras baldías
en subasta pública), la composición (reglamentación de propiedades indebidamente poseídas) y
la confirmación (reglamentación de propiedades legales pero sin títulos), estimulando la
concentración de grandes propiedades agrícolas y ganaderas en latifundios.

La hacienda, o latifundio es una gran extensión de tierra privada (en muchas ocasiones de varios
miles de hectáreas) que cuenta con diferentes tipos de tierra: de riego, de temporal y de pastoreo,
de recursos naturales ilimitados; bosques, ríos, manantiales, canteras.

Las actividades económicas que se desarrollan en las haciendas fueron la agricultura y la


ganadería, cuya producción satisfacía las necesidades internas. Se convirtió en una unidad
autosuficiente y desempeñó un importante papel en los mercados regionales imponiendo los
precios de los granos. Absorbió gran parte de la fuerza de trabajo mestiza e indígena mediante el
peonaje por deudas, tuvo una organización económica, política y social propia e independiente de
las autoridades civiles, al grado de contar con grupos de hombres armados para defender las
tierras e imponer el orden. La hacienda permaneció más de tres siglos, perdiendo su importancia
hasta los años cuarenta del siglo XX.
El rancho es una pequeña y mediana propiedad privada, apareció a principios del siglo XVII, en
regiones poco pobladas del norte del territorio donde el incremento de ganado fue abriendo la
posibilidad de asentamiento y aprovisionamiento para los mineros y algunos españoles pobres,
que venían a las nuevas tierras en busca de mejores condiciones de vida. El gobierno virreinal
otorgó las tierras, las cuales eran trabajadas por la familia y, en menor medida, por algunos
trabajadores asalariados, la producción fue para consumo familiar o para comerciarlas localmente.

Mineria: A partir de 1548 se descubrieron en la Nueva España, ricas minas de plata en varios
puntos del territorio, el metal produjo grandes riquezas y fue la principal fuente de ingresos para la
monarquía de España. Las primeras minas explotadas por los españoles fueron las de
Tehuantepec, Zumpango y Taxco (Guerrero), Sultepec (Edo. de México) y Tlapujahua
(Michoacán).

El auge minero de Nueva España se inició con el descubrimiento de las minas de Zacatecas en
1546. A partir de ese momento, la actividad se extendió por diversos rumbos como Guanajuato,
Pachuca, San Luis Potosí. Se fundaron importantes ciudades en las cercanías de las minas más
ricas.

En Pachuca alrededor de 1555, Bartolomé de Medina inventó un sistema para separar la plata de
otros minerales, utilizando mercurio, sal y pirita de hierro o cobre. Este sistema fue conocido como
“beneficio de patio” o “sistema de amalgamación” y redujo el tiempo y el costo de la producción
de plata y perduró hasta 1792

En la etapa colonial la producción de minerales presentó altibajos: de 1555-1630, periodo de auge


por el descubrimiento y explotación de nuevas minas, de 1630-1740, periodo de disminución de la
producción, por escasez de mano de obra, limitaciones técnicas, inundaciones en las minas, falta
de caminos e inseguridad en ellos y escasez del mercurio, monopolizado por la Corona española.

La minería tuvo una gran importancia para la Corona, ya que sus principales ingresos provenían de
los impuestos que debían pagar los mineros por la explotación de las minas, estos impuestos
fueron: el Quinto Real, el minero debía pagar una quinta parte de lo extraído, a partir de 1548 se
redujo a la décima parte o diezmo; el derecho de amonedación, implementado en 1536 cuando se
estableció la Casa de Moneda para la acuñación de monedas de plata y cobre y el derecho de
vajilla; impuesto cobrado por la producción de vajillas y alhajas de plata y oro.

El trabajo en las minas representó una gran explotación, los accidentes eran frecuentes y las
enfermedades se presentaban tras unos cuantos años de labor. Para mantener la actividad minera
sus dueños compraban esclavos, conseguían indios cautivos o a través del sistema
de repartimiento o tenían que pagar salarios altos. La extracción de plata produjo las fortunas más
grandes de la Nueva España, los mineros exitosos eran dueños de haciendas y palacios,
compraban títulos de nobleza y exhibían su riqueza con ostentación. Los que fracasaban
realizaban cualquier trabajo, o vagabundeaban en busca de una nueva oportunidad. Algunos, que
se habían enriquecido, lo perdían todo cuando la veta o yacimiento minero se agotaba y no podían
pagar sus deudas.

Obrajes y talleres: Los obrajes (manufacturas) fueron empresas textiles dedicadas a la


fabricación de telas de lana, algodón, jergas, frazadas y sombreros para el consumo interno. Para
fines del siglo XVI su producción fue alta y de buena calidad logrando en poco tiempo satisfacer
buena parte de la demanda interna, exportando mercancías a Perú y Guatemala.
En 1751 el número de obrajes establecidos era de más de ochenta en la Ciudad de México,
Xochimilco, Puebla, Tlaxcala, Tepeaca, Celaya y Texcoco. Los obrajes de la región de El Bajío
(parte de los actuales estados de Guanajuato, Pachuca y Querétaro) abastecían la demanda de las
minas y las haciendas del norte. La alta producción de manufacturas se dio porque los obrajes
contaban con un aprovisionamiento de materias primas, además existía la división del trabajo y
una fuerte explotación de los trabajadores.

El taller artesanal
El taller artesanal formado por hombres libres, que por lo general con sus familiares, elaboraban
distintos artículos como zapatos, alfarería, vidrio, hierro forjado, talavera, laudaría (elaboración de
instrumentos musicales de cuerdas), plata, seda, bordados, muebles, cordones, pintores,
doradores, coheteros, sastres, jugueteros, entre otros productos. La producción de los talleres
artesanales fue reducida, y estuvo orientada al mercado urbano.

Fue una institución controlada por los “gremios”; asociaciones de artesanos de una misma
profesión en una localidad o región. Los gremios fueron organizaciones jerárquicas (aprendices,
oficiales y maestros), cerradas (los maestros artesanos debían demostrar “pureza de sangre”, lo
que significa no ser descendientes de judíos y moros) y monopólicas (no se podía crear otro
gremio de la misma actividad lo que cancelaba la posibilidad de competencia).

En el siglo XVII los talleres artesanales entraron en decadencia y fueron suprimidos por las
Reformas Borbónicas en 1790.

Comercio: Durante los siglos XVI-XVIII el comercio fue una de las principales actividades
económicas novohispanas fuertemente reguladas por los españoles. Distinguimos el comercio
interior en la colonia y el exterior de la Nueva España con otras naciones.

Comercio interior

Por los caminos que conducían principalmente a los centros mineros, transitaron regularmente
comerciantes españoles e indígenas, funcionarios, ganaderos, arrieros, mineros, misioneros,
religiosos, artesanos soldados españoles, nómadas chichimecas, etc.

Las recuas de mulas, los carros y carretas jalados por mulas o bueyes y las espaldas de los
tamemes indígenas, transportaron miles de toneladas de alimentos, ropas, calzado, productos de
maguey, yerbas olorosas y especias, productos tropicales, herramientas, objetos suntuarios, libros,
medicinas, cobre, cueros, sal, azogue, plomo, equipo minero, enseres domésticos, artículos para la
limpieza, implementos agrícolas, entre los productos más importantes se encontraban el maíz,
trigo, fríjol y forraje. Todo lo necesario para mantener las poblaciones mineras.

Durante el siglo XVII, al lado de la mina, se establecieron ranchos y haciendas y obrajes, dando
origen a importantes ferias comerciales, como la feria de San Marcos, y mercados locales,
principalmente en el noroeste del territorio, incrementando aún más el comercio interno. En el
centro del territorio, los mercados conservaron la organización y costumbres observadas en los
tianguis indígenas. Al sobrevenir una severa escasez de víveres, las autoridades establecieron
la alhóndiga granero municipal-, con el propósito de controlar los precios del maíz y trigo y
garantizar el abasto de alimentos, así como los abusos de los intermediarios.

El comercio de la Nueva España, tanto interior como exterior, estuvo dominado por el Consulado
de Comerciantes de la Ciudad de México, creado en 1592, agrupó a los grandes comerciantes
mayoristas, tuvo organismos, tribunales y derechos especiales con atribuciones para ejercer tareas
de gobierno, y de cobro y administración de impuestos, como el de alcabala (pago por toda venta
o permuta de mercancías). Para mediados del siglo XVIII, los comerciantes del Consulado,
compraban todas las mercancías que llegaban de España y de oriente vía la nao de China
convirtiéndose en un monopolio que dominó el comercio interior, incrementando aún más su
riqueza. Lo que le permitió convertirse en prestamista de mineros y empresarios novohispanos.

Comercio exterior

El gobierno español impuso que los barcos empleados en el comercio con las colonias fueran
construidos en España y tripulados por españoles, prohibió el comercio de las Colonias con
cualquier otro país así como el comercio entre las mismas colonias e implementó un régimen de
altos y numerosos impuestos. El comercio exterior de las colonias americanas solo se podía
realizar a través de la Casa de Contratación de Sevilla (creada en 1503), después por Cádiz, en
tres puertos de América: Veracruz, Panamá y Cartagena de Indias en Colombia.

Comercio en el Océano Atlántico

Por la vía Veracruz-Xalapa-México, viajaban los productos europeos que se embarcaban en Sevilla
y Cádiz, de España se traían cafeteras, candelabros, navajas, tijeras, peines, barajas, jabones,
aguas de color, medias y calzas de punto, hebillas, tafetanes, linos, mantillas, pañuelos
enrejillados y floreados, de muselina, de cambray, bordados de olán, batistas, cintería de seda
y raso de carranclanes de la India, encajes de Flandes, elementos indispensables para los
atuendos de la clase social acaudalada. Para la actividad minera se traían picos, cuñas, barrenas y
barretas, para los carpinteros azuelas, gubias, serrotes, para los herreros hierro en barra,
labrado, en clavazón y en planchuela, martillos de fraguas y cinceles. También pipas y medias
pipas de vino tinto, barriles de pasas, alcaparras, aceitunas, almendras, avellanas, queso
parmesano, jamones, chorizos, aceite, vinagre, entre otros muchos productos, que recorrieron
diversos caminos para llegar a las manos de ansiosos consumidores.

Los productos y las más diversas materias primas del Oriente se concentraban en Filipinas,
procedían de la India, Ceylan, Camboya, las islas Molucas, China y Japón, su destino final era
Europa, pero la capacidad económica de la Nueva España le permitió adquirir la mayoría de estas
mercancías y pocos eran los productos que llegaban a su destino final. Los galeones salían de
Acapulco con rumbo a Filipinas en el mes de marzo y llegaban a Manila tres meses después, el
retorno a la Nueva España era más complicado y tardaba entre 7 y 8 meses porque el barco venía
abarrotado de mercancías autorizadas y además el habitual contrabando, lo que le impedía
navegar con rapidez.

Comercio en el Océano Pacífico

La Nao de China o Galeón de Manila transportaba productos de Oriente a Nueva España eran:
“sedas, objetos artísticos y decorativos, muebles, marqueterías, porcelanas, loza, tejidos de
algodón, cera, oro, también llegaban las famosas “indias chinas” que eran esclavos y criados de
origen asiático, arribaron algunas manifestaciones culturales como la pelea de gallos importados
desde Malasia, algunas bebidas como la tuba extraída de las palmeras y de procedencias filipina
que aún existe en Colima y Acapulco. Se exportaba al Oriente: plomo, papelería, plata, jerguetas,
vino, vinagre, cacao, maíz, fríjol, oro en lingotes, pesos fuertes acuñados en la Casa de Moneda de
México...” (Romero Giordano, C. Breve historia de la Nao de Manila en México en el tiempo.
Formas de trabajo: Durante la época colonial predominaron tres formas de trabajo: 1. La
encomienda; 2. El repartimiento y 3. El peonaje.

La encomienda

La encomienda, fue la primera forma de explotación del trabajo indígena y consistió en la


consignación de un grupo de indígenas a los que se les llamó encomendados, que debían prestar
servicios en construcciones, cultivos de tierra, labores en minas, servicios domésticos y pagar
tributo en dinero o en especie a los españoles, llamados encomenderos. A cambio, los españoles
estaban obligados a dar protección, doctrina cristiana y buen trato a los indígenas encomendados.

Hernán Cortés, otorgó las primeras encomiendas a los conquistadores. De acuerdo con las leyes,
los indios encomendados fueron considerados hombres libres conservando sus tierras y bienes. En
la práctica, sin embargo, las leyes de protección a los indígenas fueron letra muerta; los indígenas
fueron brutalmente explotados y mantenidos en condiciones de esclavitud y fueron despojado de
sus tierras.

La encomienda tuvo importancia en las zonas de alta densidad demográfica, en la región que
comprendió Mesoamérica, y principalmente en el trabajo agrícola. A partir de 1570 fueron
prohibidos los servicios personales de los encomendados y hasta 1720 esta institución fue abolida
legalmente.

El repartimiento

El repartimiento o cuatequil, establecido a finales del siglo XVI, consistió en el trabajo forzoso de
todos los indígenas varones con edad entre los 14 y 60 años, de acuerdo a las necesidades de los
dueños de obrajes, agricultores, ganaderos y mineros.

El trabajador recibía un salario proporcional a cada provincia y al tipo de trabajo desempeñado.


Legalmente, se efectuaba por tiempo limitado de una semana y de manera rotativa, se repartía uno
de cada 25 hombres, y el sistema estaba a cargo de un juez repartidor (oficial real).

El repartimiento fue más apropiado en el trabajo agrícola ya que no requería de mano de obra
calificada. Por la explotación excesiva y por el crecimiento de la contratación de mano de obra
libre, fue abolido legalmente en 1632, aunque en la Ciudad de México se mantuvo para ciertas
obras públicas.

El peonaje

El peonaje, es el nombre que recibió, en teoría, la forma de trabajo asalariado libre, surgió en la
segunda mitad del siglo XVI. Con la introducción de trabajo asalariado en las minas, el trabajo libre
se fue incrementando rápidamente y los trabajadores fueron llamados gañanes o peones.

La consolidación del peonaje se dio por varios motivos: la expansión de las haciendas; el auge de
la minería; el incremento de la población mestiza no sujeta a las leyes de protección; y por la
disminución de la población indígena. Durante el siglo XVII, fue adquiriendo la modalidad
de peonaje por deudas, en donde el patrón adelanta una suma de dinero a los trabajadores y
cuida de que la deuda no se termine de pagar nunca, por lo que los trabajadores al morir
heredaban las deudas a sus hijos, estos a su vez a sus hijos, y así sucesivamente.
Este sistema por deudas se generalizó rápidamente en las haciendas agrícolas, persistiendo hasta
la actualidad en algunas regiones del país.

Impuestos: La Real Hacienda Pública fue la institución encargada de organizar, recaudar y


administrar los impuestos, rentas, concesiones, entre otros. La mayor parte de los ingresos
recaudados se enviaban a España y una parte menor se utilizaba como ayuda a otras colonias.
Los ingresos que se quedaban en la Nueva España, se empleaban en los gastos de la
administración pública, sostenimiento de las misiones y para gastos de las milicias.

Otra fuente de ingreso importante para la Corona fue el tributo: impuesto a las comunidades
indígenas. Éstas lo debían pagar en especie, con trabajos personales o dinero. El tributo, retomado
de la organización prehispánica, fue establecido inmediatamente después de la conquista, en 1680
se extendió a negros y mulatos no esclavos y fue abolido hasta 1811.
Conclusion:

En la segunda mitad del siglo XVII Nueva España alcanzó su madurez económica y los españoles,
La minería que había sido la principal actividad económica del siglo XVI, continuó su desarrollo y
alrededor de los nuevos centros mineros se fundaban nuevas ciudades y se construían nuevos
caminos para comunicarlas.

El incremento en la producción llevó al comercio a un dinamismo tal, que éste se convirtió en la


principal actividad económica novohispana en la segunda mitad del siglo XVII.

El desarrollo urbano y el auge permitieron que se fortaleciera la economía de Nueva España.

Hubo un desarrollo principalmente de la industria textil ya que los mestizos y los negros no tenían
acceso a los productos importados.

La población tuvo un crecimiento importante pues aumento el número de migrantes de


comerciantes.

Se dio el crecimiento tanto en el campo como en la ciudad. A partir de 1740 el auge de la


economía la novohispana es evidente.

En 1778 se dictamino la práctica de comercio libre y provoco una gran abundancia de economía.

En el siglo XVIII, Nueva España tuvo un crecimiento poblacional que, junto con el desplazamiento
delos pueblos provocado por las haciendas, causó el florecimiento de las ciudades; esto trajo
consecuencias buenas y malas, ya que surgieron nuevas actividades económicas y relaciones
entre diferentes grupos sociales, pero a la vez aumentaron problemas como la discriminación, la
vagancia, la inseguridad.
El trueque fue sustituido por las relaciones económicas, se favoreció el comercio de los pueblos
menores de la Nueva España. Los indígenas se dedicaban a la agricultura para el consumo
interno, mientras que las haciendas distribuían en el mercado. Gracias al descubrimiento de
centros mineros, y la necesidad de tierras para la agricultura y ganadería, hubo expansión hacia el
norte.
La iglesia tuvo tanto poder económico y político que el rey y los virreyes tuvieron la necesidad de
limitarla. Ésta se enriqueció con los territorios otorgados por el rey, las limosnas, el diezmo y otros
ingresos que recibían por parte de la población.
A principios del siglo XVIII la minería se había convertido en una actividad básica en Nueva
España. Las haciendas contrataron trabajadores de los pueblos indios.
El uso del sencillo arado egipcio fue una notable mejora en la agricultura. La industria textil fue muy
exitosa. A pesar de todas las dificultades que había, surgieron los obrajes, algunos lograron
trascender y el obraje se convirtió en un nuevo sistema para producir telas para las personas que
no podían pagar las costosas telas provenientes de Europa.
Por todo esto, la economía novohispana tuvo su auge en el siglo XVIII, gracias al crecimiento de la
población, las redes comerciales, la actividad industrial y, en gran importancia, la minería.

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