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DEPARTAMENTO DE GEOLOGÍA Y MINAS E INGENIERÍA CIVIL

GEOINFORMATICA

TEMA:

Datos en SIG

ELABORADO POR: Eduardo Torres


REVISADO POR: Ing. Galo Guamán
FECHA: 21/10/2018
1. ¿Con que trabajo en un sig?
Los datos son el elemento clave de un SIG, pues sin ellos el resto de
componentes no tienen utilidad alguna. La preparación de un adecuado
conjunto de datos es base para poder llevar adelante con garantías todo
proyecto SIG.
Los datos son el combustible que alimenta a los restantes subsistemas,
y sin los cuales un SIG carece por completo de sentido y utilidad.

2. Modelos para la información geográfica


Existen tres niveles de modelos:
 Modelo geográfico: la creación de un dato geográfico implica el
establecimiento de un modelo relativo a como se va a interpretar la
realidad geográfica. El modelo geográfico es un esquema que constituye
una forma particular de entender el hecho geográfico en sí, pero que
todavía no incorpora elementos relativos a su representación o
almacenamiento.
Existen muchos modelos geográficos distintos, entre los cuales
cabe destacar dos de ellos:
Campos: es un modelo de variación dentro de un marco n- dimensional en el
cual en cada punto dentro de dicho marco se tiene un valor de la variable
estudiada.
Por definición, un campo es continuo, ya que todos los puntos tienen un
valor asociado. De igual modo, este valor es único, y no existe un
elemento del espacio vectorial de partida que tenga asociados varios
elementos del de destino, sean estos escalares o vectores.
Entidades secretas:
A diferencia de los campos, el modelo de entidades discretas no asocia a cada
punto geográfico un valor, sino que concibe un entorno geográfico como un
espacio vacío sobre el que se sitúan distintos elementos (entidades) que lo van
rellenando. Cada una de dichas entidades posee unas características propias,
constantes para toda ellas, que son las que conferirán sus propiedades
particulares a los puntos que se sitúen en su interior.

 Modelo raster
En el modelo ráster, la zona de estudio se divide de forma sistemática en
una serie de unidades mínimas (denominadas habitualmente celdas), y
para cada una de estas se recoge la información pertinente que la
describe.

La característica principal del modelo ráster, y que le confiere gran parte


de sus propiedades más interesantes, especialmente de cara al análisis,
es su sistematicidad. La división del espacio en unidades mínimas se
lleva a cabo de forma sistemática de acuerdo con algún patrón, de tal
modo que existe una relación implícita entre las celdas, ya que estas son
contiguas entre sí, cubren todo el espacio, y no se solapan. Por tanto, la
posición de una celda depende de la de las restantes, para así
conformar en conjunto toda la malla regular que cumple las anteriores
características. Dicho de otro modo, el orden propio de las celdas,
presente gracias a la división sistemática realizada, aporta un elemento
adicional que las relaciona entre sí.

Ilustración 1 organización de la información en modelo Raster

Dos son los elementos principales que resultan necesarios para una definición
completa de una capa ráster:
 Una localización geográfica exacta de alguna celda y una distancia entre
celdas, para en base a ellas, y en virtud de la regularidad de la malla,
conocer las coordenadas de las restantes.
 Un conjunto de valores correspondientes a las celdas.

 Modelo vectorial
En este modelo, no existen unidades fundamentales que dividen la zona
recogida, sino que se recoge la variabilidad y características de esta mediante
entidades geométricas, para cada una de las cuales dichas características son
constantes.
Utilizando puntos, líneas o polígonos, puede modelizarse el espacio geográfico
si se asocia a estas geometrías una serie de valores definitorios. La
componente espacial de la información queda así en la propia primitiva (recoge
la forma, posición y otras propiedades espaciales), y la componente temática
queda en dichos valores asociados.
Ilustración 2 modelo vectorial

3. Fuentes principales de datos espaciales

El origen de los datos con los que trabajamos en un SIG puede ser sumamente
variado y presentarse asimismo en formas diversas. La metodología seguida
en la recolección de datos condiciona directamente la forma en que estos datos
llegan a nosotros, y por tanto el uso que les podemos dar dentro de un SIG o
las operaciones que debemos realizar con ellos de cara a poder adaptarlos
para la realización de un trabajo concreto.
Se define una forma distinta de clasificar los datos espaciales con los que
trabajamos en un SIG: datos primarios (o procedentes de una fuente primaria)
y datos secundarios (o procedentes de una fuente secundaria).
Los datos primarios
Son aquellos que podemos emplear en un SIG y que, en su forma original, ya
son susceptibles de ser sometidos a las operaciones de manejo y análisis que
incorporan los SIG. En este grupo encontramos las imágenes digitales o los
datos obtenidos con GPS, todos ellos recogidos ya en origen de forma
adecuada para su empleo directo en un SIG.
Los datos secundarios
Se derivan de algún otro tipo de dato previo, el cual no es adecuado para su
empleo en un SIG. Entre estos incluimos las versiones digitales de los mapas,
así como los datos procedentes de un muestreo o levantamiento tradicional.
4. La calidad de los datos espaciales.
Todo dato espacial contiene algún tipo de error, en mayor o menor
medida. Conocer las razones por las cuales aparecen esos errores es
importante para poder evaluar correctamente la validez del trabajo que
realizamos con los datos y los resultados que obtenemos a partir de
ellos.
Por definición, ningún dato es perfecto. Todo dato que utilicemos va a
contener errores, y estos pueden ser desde totalmente irrelevantes para
el desarrollo de un proceso de análisis hasta de tal magnitud que
desvirtúen por completo los resultados de dicho análisis. Es importante
no solo contar con datos de calidad en los que estos errores sean
mínimos, sino conocer el tipo de error que existe en nuestros datos y la
magnitud de estos.

Las componentes de la calidad:

La calidad de un dato espacial depende de muchos factores. Las


características que dotan de dicha calidad al dato espacial son variadas, pues
el dato espacial es en sí complejo, y cada una de estas características es
susceptible de incorporar errores y por tanto de implicar una pérdida de calidad
por ello.
Exactitud posicional. Todo dato espacial tiene asociada una referencia
geográfica. La precisión con la que se toma esta condiciona la calidad del dato.
Exactitud en los atributos. Si la componente espacial puede tener errores,
estos también pueden aparecer en la componente temática. Los valores
asociados a una coordenada u objeto espacial pueden haber sido medidos con
más o menos exactitud, o presentar valores incorrectos por muy diversas
causas.
Consistencia lógica y coherencia topológica. Los datos espaciales no son
elementos independientes, sino que existen relaciones entre ellos. Un dato de
calidad debe recoger fielmente estas relaciones, siendo la topología la
encargada de reflejar este tipo de información.
Compleción. El dato espacial no recoge todo lo que existe en una zona dada.
Algunos elementos pueden no haberse recogido por cuestiones de escala
(menores de un tamaño mínimo), pero también pueden incluirse o excluirse en
función de otros criterios, en especial para el caso de mapas temáticos.
Calidad temporal. Aunque los datos espaciales son imágenes estáticas de la
realidad, el tiempo es importante en muchos sentidos, pues afecta
directamente a su calidad. La realidad que representa un dato geográfico es
una realidad que varía con el paso del tiempo, y por tanto este paso del tiempo
puede degradar la calidad del dato espacial en mayor o menor medida.
Procedencia. Un dato espacial puede provenir de una fuente más o menos
fiable, o haber sido generado a través de uno o varios procesos, en cada uno
de los cuales se puede haber introducido algún tipo de error.
5. Bases de datos
Las bases de datos son un elemento fundamental en el entorno informático hoy
en día y tienen aplicación en la práctica totalidad de campos. Concebidas con
un propósito general, son de utilidad para toda disciplina o área de aplicación
en la que exista una necesidad de gestionar datos, tanto más cuanto más
voluminosos sean estos.
Una base de datos es un conjunto de datos estructurado y almacenado de
forma sistemática con objeto de facilitar su posterior utilización. Una base de
datos puede, por tanto, constituirse con cualquier tipo de datos, incluyendo los
de tipo puramente espacial (geometrías, etc.) tales como los que se utilizan en
un SIG, así como, por supuesto, datos numéricos y alfanuméricos como los
que constituyen la componente temática de la información geoespacial. Los
elementos clave de la base de datos son esa estructuración y sistematicidad,
pues ambas son las responsables de las características que hacen de la base
de datos un enfoque superior a la hora de gestionar datos.

Modelos de bases de datos

Bases de datos jerárquicas. Los datos se recogen mediante una estructura


basada en nodos interconectados. Cada nodo puede tener un único padre y
cero, uno o varios hijos. De este modo, se crea una estructura en forma de
árbol invertido en el que todos sus nodos dependen en última instancia de uno
denominado raíz.
Bases de datos en red. Con objeto de solucionar los problemas de
redundancia de las bases de datos jerárquicas, surge el modelo en red. Este
modelo permite la aparición de ciclos en la estructura de la base de datos (es
decir, no ha de existir un único padre para cada nodo), lo cual permite una
mayor eficacia en lo que a la redundancia de datos se refiere.
Bases de datos relacionales. Constituyen el modelo de bases de datos más
utilizado en la actualidad. Solucionan los problemas asociados a las bases de
datos jerárquicas y en red, utilizando para ello un esquema basado en tablas,
que resulta a la vez sencillo de comprender y fácil de utilizar para el análisis y
la consulta de los datos. Las tablas contienen un número dado
de registros (equivalentes a las filas en la tabla), así como campos (columnas),
lo que da lugar a una correcta estructuración y un acceso eficiente.
Bases de datos orientadas a objetos. Se trata de uno de los modelos más
actuales, derivado directamente de los paradigmas de la programación
orientada a objetos. El modelo extiende las capacidades de las bases de datos
relacionales, de tal modo que estas pueden contener objetos, permitiendo así
una integración más fácil con la propia arquitectura de los programas
empleados para el manejo de la base de datos, en caso de que estos hayan
sido desarrollados mediante programación orientada a objetos.

Trabajos citados
Olaya, V. (16 de octubre de 2014). Sistemas de informacion geografica . Obtenido de
volaya.github.io/libro-sig/index.html.