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Historia del Rosario

En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que
representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra
"rosario" significa "corona de rosas".
Siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos,
marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de
coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro
de Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una
oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires.
La Iglesia recomendó rezar el rosario, el cual consistía en recitar los 150 salmos de David, pues
era considerada una oración sumamente agradable a Dios y fuente de innumerables gracias
para aquellos que la rezaran. Sin embargo, esta recomendación sólo la seguían las personas
cultas y letradas, pero no la mayoría de los cristianos. Por esto, la Iglesia sugirió que aquellos
que no supieran leer, suplantaran los 150 salmos por 150 Avemarías, divididas en quince
decenas. A este "rosario corto" se le llamó "el salterio de la Virgen".
La Santa Iglesia recibió el Rosario en su forma actual en el año 1214 de una forma milagrosa:
cuando Nuestra Señora se apareciera a Santo Domingo de Guzmán y se lo entregara como un
arma poderosa para la conversión de los herejes y otros pecadores de esos tiempos.
Desde ese momento Santo Domingo dedicó su vida a predicar y hacer popular la devoción del
Rosario, la cual se propagó rápidamente alrededor del mundo con increíbles y milagrosos
resultados.
El rezo del Rosario mantuvo su fervor por cien años después de la muerte de Santo Domingo y
empezó a ser olvidado.
En 1349, hubo en Europa una terrible epidemia de peste a la que se le llamó ¨la muerte negra"
en la que murieron muchísimas personas.
Fue entonces cuando el fraile Alan de la Roche, superior de los dominicos en la misma
provincia de Francia donde había comenzado la devoción al Rosario, tuvo una aparición, en la
cual Jesús, la Virgen y Santo Domingo le pidieron que reviviera la antigua costumbre del rezo
del Santo Rosario. El Padre Alan comenzó esta labor de propagación junto con todos los frailes
dominicos. Ellos le dieron la forma que tiene actualmente, con la aprobación eclesiástica. A
partir de entonces, esta devoción se extendió en toda la Iglesia.

¿Cuándo se instituyó formalmente la fiesta de la Virgen del Rosario?


El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos
vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, su religión podía
peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la
Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota. Días más
tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, el
Papa instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre.
Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del
Rosario.
La fuerza del rosario
A lo largo de la historia, se ha visto como el rezo del Santo Rosario pone al demonio fuera de la
ruta del hombre y de la Iglesia. Llena de bendiciones a quienes lo rezan con devoción. Nuestra
Madre del Cielo ha seguido promoviéndolo, en muchas de sus apariciones.
El Rosario es una verdadera fuente de gracias. Dios ha querido que muchas gracias nos lleguen
a través de María, ya que fue por ella que nos llegó la salvación.
Rezar el Rosario es como llevar diez flores a María en cada misterio. Es una manera de
repetirle muchas veces lo mucho que la queremos.
Al rezarlo, recordamos con la mente y el corazón los misterios de la vida de Jesús y los
misterios de la conducta admirable de María: los gozosos, los dolorosos, los gloriosos y los
luminosos. Nos metemos en las escenas evangélicas: Belén, Nazaret, Jerusalén, el huerto de
los Olivos, el Calvario, María al pie de la cruz, Cristo resucitado, el Cielo, todo esto pasa por
nuestra mente mientras nuestros labios oran.
Dice San Juan Pablo II: “El Rosario es una escalera para subir al cielo… El Rosario nos
proporciona dos alas para elevarnos en la vida espiritual… Es la oración más sencilla a la
Virgen, pero la más llena de contenidos bíblicos… Cuando rezamos el Rosario, está la Santísima
Virgen rezando con nosotros. El Rosario nos pone en comunión vital con Jesucristo a través del
corazón de su madre”.

Los 15 beneficios prometidos por la Virgen a quien reza el Rosario


El codificador más importante del Rosario fue el monje dominico Alan de la Roche,
que murió en 1475 y está considerado el apóstol de la devoción por el Rosario en varios países
de Europa.
En sus memorias, Alan narra que recibió directamente de la Virgen quince promesas
válidas para todos los devotos del santo Rosario, aún hoy de gran actualidad y que manifiestan
la intensidad del amor que la Virgen siente por todos nosotros.
1. “A todos los que recen devotamente mi Rosario, prometo mi especial protección”.
Es una garantía que la Virgen ha repetido muchas veces, y que recuerda la oración “Bajo tu
amparo nos acogemos”.
2. “El que persevere en el rezo de mi Rosario recibirá gracias poderosísimas”.
3. “El Rosario es un arma poderosa contra el infierno: destruirá los vicios, librará del pecado
y abatirá las herejías”.
Se trata de una promesa muy particular: aunque no se nombra a Satanás, se habla de la lucha
contra el infierno.
4. “El Rosario hará florecer de nuevo las virtudes y las obras buenas, y obtendrá para las
almas la más abundante misericordia de Dios”.
Esto nos impulsa a comprender que el Rosario rezado con María hace florecer en nosotros la
vida y la imagen de la Virgen.
5. “El que confíe en mí rezando el Rosario no será oprimido por las adversidades”.
María se pone a nuestro lado y nos asegura que el que reza el Rosario encontrará siempre
cerca su corazón maternal, dispuesto a sostenernos y a ayudarnos.
6. “Quien rece el Rosario meditando sus misterios no será castigado por la justicia de Dios:
se convertirá si es pecador, crecerá en gracia si es justo y será hecho digno de la vida
eterna”.
Con estas palabras se subraya que el Rosario traza una vía de santidad porque, rezado con
María, hace que seamos guiados por ella. La Virgen ilumina el camino.
7. “Los devotos de mi Rosario, en la hora de la muerte, no morirán sin sacramentos”
8. “Los que rezan mi Rosario encontrarán, durante la vida y en la hora de la muerte, la luz de
Dios y la plenitud de sus gracias, y participarán de los méritos de los bienaventurados en el
paraíso”.
9. “Cada día libraré del purgatorio a las almas devotas de mi Rosario”.
10. “Todo lo que se pida mediante el Rosario será obtenido”.
Es la promesa de la intercesión más plena, que comprende en particular la gracia de la
conversión
11. “Los que propaguen mi Rosario serán socorridos por mí en cada una de sus
necesidades”.
12. “He obtenido de mi Hijo que todos los devotos del Rosario tengan como hermanos en la
vida y en la hora de la muerte a los santos del cielo”.
María, lo sabemos, es la Reina de todos los santos, y en el momento de la muerte, ella misma
viene con todos los santos para hacernos partícipes de su comunión.
13. “Los que reciten mi Rosario fielmente serán todos hijos míos amadísimos, hermanos y
hermanas de Jesús”.
14. “La devoción a mi Rosario es un gran signo de predestinación”.
Ninguno de nosotros está seguro de ir al paraíso o al purgatorio, aunque obviamente todos
esperamos no ir al infierno.
Los frutos espirituales del Rosario
El rezo de cada uno de los misterios del Rosario nos brinda innegables frutos espirituales, de
gran provecho para nuestra alma:

Misterios gozosos

La Anunciación Humildad y fidelidad a la gracia


La Visitación Amor al prójimo
El nacimiento de Jesús Espíritu de desprendimiento
La presentación de Jesús en Obediencia y pureza
el Templo
El encuentro de Jesús en el Gozo de hallar a Jesús y seguirlo
Templo

Misterios gloriosos

La Resurrección de Nuestro La fe
Señor Jesús
La ascensión de Nuestro Esperanza y dese de vida eterna
Señor Jesús
La venida del Espíritu Santo Amor de Dios, docilidad al Espíritu, deseo de
vivir en gracia, celo apostólico
La asunción de María al Devoción a María, perseverancia final
Cielo
La coronación de María Confianza en la intercesión de María

Misterios dolorosos

La agonía de Jesús Arrepentimiento, contrición


La flagelación de Jesús Mortificación de los sentidos. Pureza
La coronación de espinas Valor, coraje moral
Jesús con la cruz a cuestas Paciencia en las pruebas
La crucifixión de Jesús Renuncia al pecado. Deseo de salvación de las
almas.

Misterios luminosos

El bautismo de Nuestro Arrepentimiento y conversión, purificación


Señor Jesús
Las bodas de Caná A Jesús por María
El anuncio del Reino de Dios Arrepentimiento y confianza en Dios
La transfiguración de Jesús Deseo de santidad
La institución de la Eucaristía Amor a la Eucaristía