Está en la página 1de 52

TODO

PENSAMIENTO
CAUTIVO
Dr. Richard Pratt, Jr.

INP SHALOM
Mérida, Yucatán

1
Lección 1. Un fundamento firme

Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para
presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la
esperanza que hay en vosotros; (1 Ped. 3:15).

Una vida de obediencia a la Biblia es como una casa construida sobre un fundamento firme. Al
final de su Sermón del Monte, Jesús dijo:
Cualquiera pues que oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente que
edifico su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y
golpearon contra aquella casa; y no cayó porque estaba fundada sobre la roca. Pero
cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que
edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y
dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó y fue grande su ruina (Mat. 7:24-27).
Jesús señaló el hecho obvio que la fuerza de un fundamento determina la habilidad de una casa
para soportar tormentas y fuertes vientos. Si un hombre construye su casa en la arena, va a caer;
pero si construye su morada en roca sólida, va a permanecer segura aún en una fuerte tormenta. En
estas lecciones, intentaremos construir una casa, y mientras las lluvias y vientos de la incredulidad
asaltan nuestra casa, reposaremos seguros sabiendo que nuestro cimiento es la roca sólida de la
Palabra de Cristo. Sin embargo, antes de que podamos poner un fundamento, es mejor saber qué
tipo de "casa" vamos a construir. Por lo tanto, vamos a empezar con esta consideración básica.

A. La "Casa de la Apologética"
Una "apología" es presentar una defensa; y la "apologética" es el estudio que pertenece
directamente al desarrollo y uso de una defensa.
De una forma u otra, la apologética es un área de interés para muchas religiones y filosofías en el
mundo. Sin embargo, en estas lecciones sólo se prestará atención a la defensa de la verdad Cristiana
tal como ha sido revelada al hombre en las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamentos. Este tipo
de apologética es llamada "apologética Cristiana" pues es "la vindicación de la filosofía Cristiana de
la vida, contra las diversas formas de filosofía no-Cristiana de la vida. No nos preocupa la
apologética en general sino un tipo de apologética en particular. Para ponerlo en términos de la
analogía usada previamente, la casa que queremos construir en estas lecciones es la casa de la
apologética cristiana.

B. El significado del concepto "Apologética Bíblica"


Cuando Jesús habló del fundamento seguro que debería estar detrás de cada área de nuestras
vidas, tenía algo particular en mente. El dijo que el único fundamento que puede darnos la fortaleza
necesaria para soportar las tormentas furiosas del pecado y la destrucción, es Su Palabra. Las
Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento son la verdadera Palabra de Dios. La confesión común
de todos los cristianos es que:
Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir,
para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente
preparado para toda buena obra (II Tim. 3:16,17).
La Biblia es la autoridad absoluta para todos los creyentes; sin ésta somos dejados simplemente
adivinando los pensamientos de Dios, pero con ésta la dirección de Dios para toda área de nuestras
vidas son hechas ciertas y claras. Así con el Salmista podemos decir:
Lámpara a mis pies es tu palabra y lumbrera a mi camino (119:105).

2
De esta manera Jesús se refería a Su palabra hablada que confirmaba la Palabra escrita en todo
punto como el cimiento sobre el que tenemos que edificar. La Biblia es el fundamento sin el cual
todas nuestras empresas se desmoronarían arruinadas.
No se presenta un cuadro completo al decir que la Biblia actúa simplemente como un
fundamento para la apologética, pues aún el creyente inexperto puede ver que su autoridad es una
de las creencias más importantes en necesidad de defensa. Un gran número de ataques a la fe
Cristiana son dirigidos en contra de la Biblia. La Biblia es acusada frecuentemente de contener
errores y de tener menos o igual autoridad que cualquier otro escrito. La relación entre la
apologética y la Biblia es a veces malentendida porque frecuentemente es necesario defender la fe
en las Escrituras. La Biblia es al mismo tiempo el fundamento sobre el que nuestra defensa debe ser
construida y una de las creencias que deben ser defendidas. Muy a menudo olvidamos este doble
papel que la Biblia debe jugar. Algunos cristianos bien intencionados pierden de vista el carácter
fundamental de la Biblia y tienden a construir su defensa en simple sabiduría humana y
razonamiento. La Palabra es colocada, de esta manera, en el techo de la estructura y es sostenido
por la apologética. Sin embargo, es una dificultad muy grande tratar de sostener la Escritura con una
estructura de sabiduría humana y razonamiento como su autoridad final. Los constructores de
semejante casa pueden cerrar sus ojos y decir lo contrario, pero la destrucción para esa casa es tan
inevitable como para una casa construida en la arena.
Como seguidores de Cristo, debemos recordar siempre construir nuestra defensa de la fe
Cristiana en el fundamento seguro de la Biblia. Si lo hacemos así, no habrá un peso demasiado
grande como para no ser soportado; ni un viento demasiado fuerte como para no ser resistido.
La apologética Bíblica puede ser comparada, por lo tanto, a la relación entre un rey y sus
generales. Es claramente la responsabilidad de los generales defender a su rey, así como la
apologética defiende la Biblia. Sin embargo, es también cierto que los generales honorables deben
defender a su rey de acuerdo a las órdenes y direcciones del rey mismo. Igualmente la apologética
debe defender a la Biblia mientras se somete enteramente a los principios de defensa y direcciones
reveladas allí.
Esta función de la Biblia como guía para la apologética puede ser vista claramente en 1Pedro
3:15. "Más bien, reconozcan en el corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para
responder a todo el que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen. Pero háganlo con
dulzura y respeto." En el contexto que precede a esto, Pedro escribe acerca de los sufrimientos a
través de los cuales debe pasar todo cristiano. El sabe que los tiempos en que se sufren los ataques
del mundo pecador son frecuentemente ocasiones para olvidar que servimos a Cristo y que El debe
ser obedecido y confiado a través de toda prueba. Como Pedro espera que sus lectores den una
respuesta propia a las preguntas que sus opresores pudieran preguntar, les indica que se preparen
para su sufrimiento adquiriendo una actitud apropiada hacia Cristo. Se debe poner cuidado al orden
en que las porciones de este versículo fueron escritas. Primero Pedro dice, "Reconozcan en el
corazón a Cristo como Señor." y después añade, "y estén siempre preparados para responder..."
Antes de que una defensa sea hecha, Cristo debe ser santificado como el Señor, aquel que gobierna
y reina en cada área de nuestras vidas. Noten que tenemos que reconocer a Cristo como Señor en
nuestros corazones. Esto no quiere decir como estaríamos tentados a pensar por nuestros conceptos
modernos, que solamente nuestra estabilidad emocional debería descansar en Cristo mientras que
nuestra razón es libre para hacer lo que le plazca en la apologética. Tampoco quiere decir que el
Señorío de Cristo debe permanecer solo en lo profundo de nosotros, sin afectar nuestras respuestas
a las preguntas del mundo. Las Escrituras enseñan que el corazón es el centro de la personalidad
desde el que "mana la vida" (Prov. 4:23). Lo que hacemos en nuestros corazones no sólo gobierna
nuestras emociones, también nuestra razón y todos los demás aspectos de nuestras vidas. Además,

3
santificar a Cristo como Señor en el corazón quiere decir que Su dominio va a ser efectivo en todas
nuestras funciones externas incluyendo la defensa de nuestra fe. Así, según Pedro, someterse a la
autoridad de Cristo es necesario para una defensa apropiada. Como nuestro Señor, Cristo nos guía
al defender la fe. Esta guía viene a través de Su Palabra; y sin esta guía, todo es en vano.
En las lecciones que siguen, nos preocuparemos con establecer una apologética para la fe
Cristiana basada con seguridad en la roca sólida que es la Biblia. Hay muchos libros, algunos
mejores que otros que ofrecen distintos enfoques a la defensa de la verdad Cristiana. Esta gran
variedad muchas veces deja al cristiano confundido. Sin embargo, en toda esta confusión, algo
permanece claro. En vez de adoptar un enfoque a la apologética porque hombres famosos lo usan,
por sus triunfos aparentes en números, o la fuerza que haya dado a nuestra fe personal, debemos
apegarnos al enfoque que este de acuerdo a los principios Bíblicos. Si deseamos una defensa que va
a sostenerse y nunca caer, debemos construirla en la Palabra de Dios.

C. La Importancia de la Apologética
El estudio de la apologética y el desarrollo de la habilidad de defender correctamente la verdad
cristiana es la responsabilidad de todo creyente. Desde los más ancianos hasta los más jóvenes, los
más ricos hasta los más pobres, desde el genio hasta el de mente simple, todos los que han confiado
en Cristo para la salvación están bajo obligación de estudiar apologética. No obstante, algunos
cristianos bien intencionados frecuentemente no toman esta responsabilidad en serio.
Una razón popular para la negligencia en la apologética se basa en una mala interpretación de las
palabras de Jesús que se encuentran en Mateo 10:19.
Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella
hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el
Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.
Algunos malentendidos muy serios han salido de este pasaje, "No os preocupéis por cómo o qué
hablaréis." Muchas veces se dice que este pasaje enseña que la dependencia completa en el Espíritu
Santo cuando se defiende la fe descarta toda necesidad de prepararse estudiando. De hecho, se cree
que el estudio de la apologética demuestra falta de fe y de someterse a Dios. Sin embargo, una
interpretación como esta del pasaje no le hace justicia ni a un examen cuidadoso del pasaje mismo
ni del resto de la Escritura.
Para empezar, Jesús no está diciendo "no piensen acerca de lo que van a decir," En vez de esto,
como las traducciones más recientes muestran, Jesús esta advirtiendo contra la ansiedad y
preocupación. En los versículos que preceden a Mateo 10:19, Jesús dice que sus apóstoles serán
llevados ante gobernantes y reyes. Ir ante tan grandes hombres puede ser una experiencia
atemorizante, pero Jesús anima a los discípulos de antemano contra el temor y la preocupación.
Todo temor debe ser erradicado de aquellos que defienden la fe pues ellos nunca estarán solos.
Jesús dice que el Espíritu Santo de Dios les dará fuerza y sabiduría en tiempos de necesidad. Como
Pablo dijo, "En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado... Pero el Señor estuvo a mi lado, y
me dio fuerzas..." (2Tim. 4:16, 17). Es importante, no obstante, saber que esta obra fortalecedora del
Espíritu no es un sustituto del fiel estudio y preparación. Aunque se nos advierte que no nos
preocupemos acerca de comida y ropa (Mt. 6:25s.), nosotros de todos modos tenemos el mandato
de trabajar y ganarnos estas cosas. De la misma manera debemos cumplir nuestra responsabilidad
de preparación. Pedro escribió que debemos estar "siempre listos (preparados) para presentar una
defensa" (1Ped. 3:15). Así, aquel que es flojo en estas cuestiones falla en someterse al Señorío de
Cristo y depender del Espíritu Santo, pues la verdadera sumisión y dependencia resultará en el
cuidadoso estudio de la apologética.

4
Otra razón que se da varias veces para descuidar el estudio de la apologética es que defender la
fe es el trabajo de los que se dicen profesionales, no del Cristiano laico promedio. Se espera que los
maestros y ministros tengan una defensa cuidadosamente planeada pero se piensa que la apologética
es demasiado filosófica, abstracta e impráctica para el laico. Aún muchos que reconocen la
responsabilidad del laico en el evangelismo piensan que solo deben compartir el evangelio y luego
enviar a cualquiera que tenga dudas sobre la credibilidad de la fe Cristiana a su pastor, el "experto."
Aunque es cierto que los ministros y maestros tienen una responsabilidad mayor en la apologética
que la mayoría de los creyentes, todo creyente tiene la labor de defender la fe. 1Pedro 3:15, un
pasaje que hemos visto, no hace excepciones. Todos han de sufrir por Cristo y todos tienen que
estar listos para defender su esperanza en Cristo.
Además, Pablo deja en claro que todo creyente debería estar defendiendo la fe. Como apóstol,
Pablo fue especialmente "puesto para la defensa del evangelio"(Fil. 1:17). Sin embargo Pablo sabía
que la labor de la apologética no era responsabilidad de él sólo. Por lo que dijo a los Filipenses:
... por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del
evangelio, todos vosotros sois participantes conmigo de la gracia (Fil. 1:7).
Pablo había sido apresado por su predicación del evangelio, pero los Cristianos Filipenses no lo
abandonaron. Le habían enviado regalos por medio de representantes de su iglesia. De hecho, se
habían involucrado tanto en el ministerio de Pablo como apóstol que ellos también, estaban
"teniendo el mismo conflicto" (1:30). Un aspecto de su participación con Pablo es descrito como "la
defensa y confirmación del evangelio" (1:7). Los Filipenses eran elogiados porque tomaban en
serio la labor de defender la fe Cristiana. Así es que todos los que comparten en la defensa del
cristianismo son elogiados por la Palabra de Dios. La apologética no es para sólo unos pocos, es
para todos.
La importancia de la apologética puede ser vista en muchas otras formas. Una habilidad de
defender nuestras creencias va hacer nuestro evangelismo más efectivo. No tenemos que temer
hablar del tema del cristianismo con nuestros amigos y vecinos si podemos responder a sus
preguntas. Nunca debemos temer a los incrédulos altamente inteligentes si podemos defender la fe.
El celo evangelístico es aumentado por el estudio de la apologética. Además, el que escucha el
evangelio muchas veces puede tener sus dudas disipadas por escuchar las respuestas correctas a sus
preguntas. También, una apologética bíblica fortalece la fe del creyente. Muchos cristianos están
plagados de dudas constantes. Estas dudas muchas veces causan que el creyente no aproveche todo
su potencial para servir a Cristo. La apologética habilita al creyente para guardarse de muchas
tentaciones de infidelidad que pueda experimentar. Esta habilidad va a hacer posible que preste más
atención a otros asuntos de aprendizaje y servicio. Aún el cristiano que nunca tiene problemas de
dudas puede obtener mayor confianza y el entusiasmo necesario para ser un hijo de Dios más
obediente con un más completo estudio de apologética. La apologética es un tema de gran
importancia para todos y debe ser de gran interés para todos.
En las lecciones que siguen, vamos a construir, ladrillo a ladrillo, esta importante casa de la
apologética, basada firmemente en la Palabra de Dios. Mientras hacemos esto, hay sólo una
esperanza: que los creyentes estén mejor equipados para servir a su Señor y edificar Su reino por la
obediencia a El y la efectividad en ganar a los perdidos.

Preguntas de Repaso
1. ¿Cuál es el significado de "Apologética Cristiana" como el término será usado en estas
lecciones?

5
2. Describa la relación mutua entre la Biblia y la apologética.

3. ¿Cuáles son dos objeciones que frecuentemente son usadas contra el estudio de la apologética?
¿Cómo responderías a estas objeciones?

4. ¿Cuáles son algunos de los beneficios personales que deberías obtener al estudiar apologética?

5. Señala varias maneras en que 1Pedro 3:15 se relaciona directamente al estudio de la


apologética.

6
Lección 2. Donde Empezó Todo

En el principio creó Dios los cielos y la tierra (Gen 1:1)

En la lección anterior vimos como la Biblia se relaciona con nuestra defensa de la fe Cristiana.
Debemos desarrollar nuestra defensa sólo del modo que estudiamos en la Biblia y aplicamos los
principios que allí se encuentran a nuestro procedimiento. Si vamos a seguir completamente con
esta perspectiva, hay varios asuntos que necesitan ser discutidos comenzando con un vistazo al
concepto bíblico de la creación.

A. Dios y Su Creación
Ciertamente no es insignificante que la Biblia empiece con una declaración, sin reservas, de que
Dios es el Creador de todo. La Biblia es un libro religioso diseñado para enseñar el camino a la
verdadera religión y como tal, deja claro en sus declaraciones iniciales la importancia de reconocer
a Dios como el creador de todas las cosas. No es exageración el decir que la Biblia entera desarrolla
este tema de Dios como Creador y Señor. El hombre nunca hubiera estado en el Edén antes del
pecado, la caída del hombre en pecado no hubiera ocurrido, y la salvación cumplida por la muerte y
resurrección de Jesús no hubiera tenido sentido si no hubiera habido creación por Dios. El Edén era
la relación armoniosa entre Dios y su creación. El pecado es la rebelión de las criaturas contra su
Creador. La salvación es la libertad del pecado y el estado recto de la criatura ante Dios. Juan habla
de este carácter fundamental de la actividad creadora de Dios diciendo, "Todas1as cosas por él
fueron hechas y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho" (Juan 1:3).
Cuando pensamos por un momento acerca de Génesis 1:1, reconocemos que el acto de la
creación forma una división básica. Por un lado está Aquél que creó, y por otro lado está aquello
que Él creó. Consecuentemente, una distinción es hecha entre Dios, el Creador, y la creación de
Dios. Llamaremos a esto la "distinción entre el Creador y la criatura" pues este es un concepto que
debe ser explorado más y al cual se hará referencia frecuentemente. Está distinción entre el Creador
y sus criaturas nunca debe ser olvidada ni puesta a un lado ni por un momento pues es indispensable
para el desarrollo de apologética bíblica.

1. Dios. Independiente de todo


Los cristianos de hoy a veces piensan en Dios como algo más que un viejo abuelo que se sienta
en las nubes mirando cómo ocurren eventos decepcionantes en la tierra debajo de Él sin poder hacer
nada. Piensan que Dios es prácticamente inútil y sin importancia para el mundo, excepto cuando los
hombres tienen antojos y deseos que quieren que les cumpla. En la mente de muchas personas, Dios
es prescindible en el proceso del mundo. "Él solo es necesario en tiempos de desastre y trauma
personal," ellos dicen. Además, Dios mismo muchas veces es tomado como dependiente de su
creación. El desea que las cosas sean distintas de como son y muchas veces es tomado por sorpresa
por hombres astutos. A pesar de como este tipo de pensamiento ha crecido en la iglesia, está sin
embargo muy lejos de la imagen bíblica de Dios. Dios no es un viejito dependiente; Él es el
todopoderoso Creador y constante sustentador de todas las cosas. Romanos 11:36 habla acerca de
esto:
“Porque de Él y, y por Él, y para Él, son todas las cosas”
Una mirada más de cerca va a revelar la gran riqueza del conocimiento de Dios contenida en este
pasaje. Primero, Pablo dice que toda la creación es "de Él." En otras palabras, Dios la creó de la
nada; la creación no vino a existir por sí misma. Finalmente, dice que la creación es "para Él," esto
es, para su gloria y placer de Dios, no para el hombre o cualquier otra criatura. Aún así, la segunda

7
descripción de la creación dada es también instructiva. La creación es "por Él". Aquí Pablo no habla
de como Dios se relacionó con la creación al principio, ni cual será su posición al final. Él habla de
Dios como Aquél que sustenta y sostiene su creación en todo momento. La creación continúa su
existencia por Dios. El punto básico es este: Así como Dios fue el poder creativo en el principio, Él
es el poder sustentador ahora. Del mismo modo, que Dios no fue creado por la creación, Él no es
sostenido en alguna manera por su creación. En Hechos 17:25 leemos: “Ni es honrado por manos
de hombres, como si necesitase de algo; pues Él es quien da a todos vida y aliento y todas las
cosas.”
Es suficientemente claro, Dios no necesita algo que deba o pueda ser suplido por la creación,
pues en realidad todo lo contrario sucede. Todas las necesidades de la creación son suplidas por
Dios. Dios es, en este sentido, independiente.

2. La Creación. Dependiente de Dios


Mientras podríamos hablar de Dios como independiente de su creación, debemos afirmar
también la dependencia total de la creación en Dios. Sabemos que los hijos dependen de sus padres
pero cuando van creciendo necesitan cada vez menos el cuidado de sus padres. Hasta un niño recién
nacido puede sobrevivir un poco tiempo sin sus padres. Sin embargo, este no es el tipo de
dependencia que tiene la creación en Dios. La creación no puede, ni aún por un momento en la
forma más mínima, existir aparte del poder sustentador de Dios. Las Escrituras hablan acerca de
esto en varias ocasiones.
“... Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hechos 17:25).
“Y Él es antes de todas las cosas, y todas cosas en el subsisten” (Col. 1:17)
Dios une, provee, y sostiene todas las cosas sin excepción. Desde el mayor al menos, cada
aspecto de la creación es completamente dependiente de Dios para que continúe su existencia.
Tenemos que estar de acuerdo con Juan Calvino en que la creencia en Dios como el Creador debe
estar unida con la creencia en Él como el Señor controlador de la historia. El mundo no puede
continuar por su propio poder. Toda la existencia es de y por Dios. En verdad debemos pensar en la
creación como completamente dependiente de Dios.
Veremos en las lecciones que siguen que el reconocimiento de esta distinción entre el Dios
independiente y la creación dependiente es una de las diferencias fundamentales entre los cristianos
y no-Cristianos. Los cristianos luchan por ver todo a la luz de la dependencia de la creación en Dios
mientras que el no cristiano trata de negar la dependencia de la creación. Aunque traten con todas
sus fuerzas de negarlo algunos no cristianos, de alguna manera u otra, toda persona que no ha
confiado en Cristo para salvación falla en considerar la distinción entre Creador y criatura y de
alguna manera, pone a Dios y a su creación en dependencia mutua y atribuye a la creación un grado
de independencia. Con toda la diversidad de opinión entre los no cristianos, este es uno de los
factores que los une: Niegan la distinción entre el Creador y la criatura.

3. Dios Revelado al Hombre


Mientras debemos insistir como cristianos que se mantenga la distinción entre Dios y la
creación, no debemos olvidar que Dios se ha revelado y dado a conocer su voluntad al hombre.
Aunque Dios ha adoptado varias maneras de revelarse en diferentes tiempos, vamos a prestar
atención a las dos maneras básicas en que ha decidido revelarse en todas las épocas.

a. Todo aspecto de la Creación


Dios ha construido tan maravillosamente el universo creado que Él es revelado en toda porción
de este. Cada elemento del mundo, sin excepción, muestra a Dios y su voluntad al hombre.

8
Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día
emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría (Sal. 19:1-2).
La creación, en todo su esplendor, da a conocer las gloriosas cualidades de Dios y sus justos
requerimientos que hace del hombre. Como Pablo ha dicho:
Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles
desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas,... quienes
habiendo entendido el juicio de Dios... (Ro. 1:20, 32).
Aunque los hombres caídos lo niegan y a los Cristianos frecuentemente se les hace difícil
notarlo, la Biblia enseña llanamente que a todos los hombres, Dios claramente se les revela a través
de todo aspecto de la creación, aún su propia hechura. La manifestación de Dios es ineludible. No
podemos conocer un solo aspecto de la creación sin ser llevados hacia el Creador. "Los cielos
anunciaron su justicia, y todos los pueblos vieron su gloria" (Sal. 97:6).
El hombre puede entenderse a sí mismo y a la creación que lo rodea sólo mientras reconozca la
distinción entre el Creador y la criatura que es revelada allí y puede ver la voluntad de Dios más
claramente a través de su observación de la creación. Por ejemplo, no es suficiente saber que las
vacas comen pasto. Una verdadera aprehensión de las vacas y del pasto revela el poder providencial
y el cuidado de Dios y la tarea que fue dada al hombre de dominar sobre todas las otras criaturas
para la gloria de Dios (vea Gen. 1:28). La distancia entre la tierra y su estrella más próxima es
verdaderamente entendida sólo mientras sea reconocida su forma de mostrarnos a Dios, pues los
múltiples años luz de distancia son solamente el trabajo de los dedos de Dios y muestra al hombre
su necesidad de humildad ante Dios y dar gracias por Su gracia (vea Sal. 8:1-5). Así como la
creación no puede existir separada de Dios, tampoco puede estar callada acerca de Dios. Mientras
más aprende uno acerca de cualquier hecho en el universo, más le va a revelar a Dios y su voluntad.

b. Revelaciones especiales de Dios


A Dios por diversas razones siempre le ha parecido apropiado acompañar su revelación en toda
la creación con revelaciones especiales de sí mismo. En el huerto del Edén, Él habló de una manera
audible a Adán acerca del árbol del conocimiento del bien y del mal. A los patriarcas Dios se les
manifestó en sueños, apariciones, y visiones. A Moisés, Dios le habló en la zarza ardiente y en las
tablas de piedra. A los apóstoles, El habló a través de la vida y palabras de Jesús, Su Hijo. Para
nuestros tiempos, Dios ha hablado por las Escrituras inspiradas.
El uso de aspectos particulares de la creación para revelación ha tenido la intención de
complementar de una forma u otra la cualidad reveladora del resto de la creación. Antes de que el
pecado entrara al mundo la obediencia del hombre fue probada por revelación especial. Después de
la caída, las manifestaciones especiales tenían el doble propósito de mostrar el camino de la
salvación en Cristo y ayudar al hombre a entender mejor la revelación de Dios y su voluntad en
todos los demás aspectos de la creación. El pecado ha puesto al hombre bajo condenación y lo ha
cegado hacia la verdadera conciencia de Dios revelado en toda la creación. De esto resulta, que las
Escrituras están como un medio a través del cual podemos entendernos nosotros mismos, al mundo
y a Dios.
“Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir,
para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente
preparado para toda buena obra” (2Tim. 3:16,17).

La revelación de Dios en la Escritura es dada para dirigirnos hacia el verdadero conocimiento.

9
La revelación de Dios en toda la creación y en la Escritura no quita la distinción radical entre
Creador y criatura. Como veremos, la revelación de Dios forma una de las bases sobre las que esa
distinción puede y debe ser reconocida por el hombre.

B. La Dependencia del Hombre de Dios


El Salmista nos lleva a recordar quienes somos con estas palabras:
“Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo
suyo somos, y ovejas de su prado” (Sal. 100:3).
El hombre no es menos dependiente de Dios que el resto de la creación, pues él mismo fue
creado por Dios y es sustentado por Él. El hombre es la corona de la actividad creadora de Dios,
pero el sigue siendo una criatura y regresa al polvo (Gen 2:7). "En Él vivimos, y nos movemos y
somos" (Hechos 17:28) y sin Dios no somos nada. Todo lo que el hombre posee le ha sido dado por
Dios. Como con el resto de la creación, si Dios quitara su mano de nosotros, no podríamos siquiera
seguir existiendo. Existimos completamente por la voluntad de Dios. Esta dependencia total del
hombre en Dios tiene muchas implicaciones, pero hay dos aspectos de nuestra necesidad de Dios
que son especialmente importantes para futuro trabajo en la apologética.

1. El Conocimiento Dependiente del Hombre


La distinción entre el Creador y la criatura afecta el punto de vista del cristiano acerca de la
habilidad del hombre de conocerse a sí mismo, al mundo alrededor de él, y a Dios. En las lecciones
siguientes, nos ocuparemos en el conocimiento del hombre en mayor detalle, especialmente por
haber sido afectado por el pecado, pero es importante hablar primero acerca del conocimiento del
hombre en una manera menos específica. Como ya hemos visto, el hombre depende totalmente de
Dios. Esto incluye su conocimiento. El entendimiento que tiene Dios de sí mismo y de la creación
es independiente, pero el conocimiento del hombre es dependiente. El Salmista lo dice así:
“En tu luz veremos la luz” (Sal. 36:9).
Aparte de la luz de Dios en la revelación por medio de la creación y la Escritura, nunca
podríamos conocer la luz. Dios sabe todo y es en Su conocimiento que debemos depender si es que
queremos conocer algo. Cualquier entendimiento verdadero que los hombres tienen se deriva con
intención o sin intención, de Dios. Esto, como veremos, fue cierto del primer hombre y continúa
aún hasta hoy. Jesús mismo dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida” (Juan 14:6).
Pablo afirmo esto al decir que en Cristo: “están escondidos todos los tesoros de la sabiduría
y del conocimiento” (Col. 2:3).
Todo lo que puede llamarse propiamente verdad, no solo aquella llamada "verdad religiosa"
reside primero en Dios, y los hombres conocen verdaderamente sólo cuando van a la revelación de
Dios de sí mismo como la fuente de la verdad, pues es Dios el que enseña al hombre conocimiento
(Sal. 94:10). Vamos a ver después, que esta dependencia del hombre en Dios en el área del
conocimiento no quiere decir que los hombres no tienen una habilidad verdadera para pensar y
razonar ni de que están "programados" por Dios de manera analógica a la forma en que las
computadoras "conocen." Los hombres sí piensan, sin embargo, el verdadero conocimiento depende
y se deriva del conocimiento de Dios como ha sido revelado al hombre.

2. La Moralidad Dependiente del Hombre


Así como los hombres tienen que depender de Dios para el conocimiento en general, ellos tienen
que depender de El para dirección en el área de la moralidad. En una época en que los valores y
metas tradicionales son puestos en duda estamos forzados a preguntar de nuevo como los hombres
deben distinguir entre lo correcto e incorrecto, lo bueno y lo malo. La única manera de tener éxito

10
para responder ésta y otras preguntas similares es otra vez afirmando la distinción entre el Creador
y la criatura. Como el Creador, Dios desde el principio ha sido un legislador que está por encima de
su ley, pero que espera que la cumplan sus criaturas. Cuando Dios dijo, "Es bueno," Él se declaró a
sí mismo ser el único juez entre el bien y el mal y Él ha seguido reservando este derecho para sí
mismo hasta ahora. A Adán y Eva les dijo, "del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás"
(Gen. 2:17). A Moisés le declaró, "Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de
casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Ex. 20:2,3). Acerca de Jesús, Dios
dijo, "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd" Mat. 17:5). No puede haber
una corte a la que podamos llevar los juicios de Dios; Él es el juez supremo. Aquello que Él declara
acerca de la moralidad ata a todos los hombres, y si deseamos conocer el bien y el mal, como
criaturas debemos recordar nuestra dependencia de Él en este aspecto.
Llegar al enfoque bíblico para la apologética es una tarea difícil. Dios es el Creador y si
nosotros, sus criaturas deseamos conocer verdaderamente y escoger correctamente, debemos
depender completamente de su revelación.

Preguntas de Repaso:
1. ¿Qué tiene de significativo que la Biblia empiece como lo hace en Génesis 1:1?

2. ¿Qué es lo que queremos decir con la distinción entre el Creador y la criatura?

3. ¿Cómo es Dios independiente? ¿Quiere decir esto que no tiene contacto con el mundo?

4. ¿Cómo depende la creación de Dios? ¿Puedes apoyar tu respuesta con la Escritura?

5. ¿Cuáles son las dos formas básicas en las que Dios se revela a sí mismo hoy en día? ¿Cuál de
estas necesitamos para poder entender la otra correctamente?

11
Lección 3. El Carácter del Hombre antes del Pecado

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó
(Gen. 1:27).

Un entendimiento de la apologética bíblica descansa en una perspectiva correcta del carácter del
hombre. "Conócete a ti mismo" ha sido un aforismo popular entre pensadores desde los primeros
días de la filosofía, pues un conocimiento de nosotros mismos va a equiparnos mejor para nuestras
diversas tareas en el mundo. La Biblia ve a la historia del mundo y del hombre en tres etapas:
creación, caída, y redención. El mundo fue creado, cayó bajo la maldición del pecado, y es
redimido por la muerte y resurrección de Jesucristo. De acuerdo con esta triple perspectiva,
examinaremos el carácter del hombre en estas tres categorías. En esta lección, hablaremos del
hombre antes de la caída, y en las siguientes dos lecciones, del hombre caído y redimido.

A. El Hombre a la Imagen de Dios


A diferencia del resto de la creación el hombre fue creado en la imagen de Dios (ver Gen. 1:27).
Este hecho tiene demasiadas implicaciones como para que nosotros lo examinemos completamente.
Tendremos que limitarnos a un atisbo del significado de la creación del hombre a imagen de Dios.
Exteriormente, el hombre se asemeja a Dios en sus características físicas y habilidades.
Interiormente, el hombre tiene la habilidad de pensar y razonar como solo los humanos pueden, y el
hombre se asemeja de una manera única a Dios porque es un alma que no muere (ver Gen. 2:7).
Además, en mayor semejanza a su Creador, el hombre fue hecho para gobernar como rey sobre la
tierra. Como el representante de Dios, esta desentrañando el gran potencial latente en la creación
para ser usado en servicio de Dios (ver Gen. 1:27-31).
Mientras que estas características se verifican hasta cierto punto en todos los hombres del
mundo, el hombre antes de la caída era a la imagen de Dios, en una forma especial. Antes del
pecado, el hombre era la imagen perfecta creada de Dios. Originalmente, Dios hizo al hombre recto
(Eccl. 7:29).
Por lo tanto el hombre estaba a la imagen de Dios sin pecado. Mientras estaban en el huerto del
Edén, Adán y Eva vivían en armonía con Dios. Ellos caminaron ante Él sin avergonzarse. Pablo
describe este estado como poseyendo: “el cual conforme a la imagen del que lo creó se va
renovando hasta el conocimiento pleno...” (Col.3:10).
En otro lugar dice que si uno es restaurado al carácter original de Adán, él ha sido: “creado
según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:24).
De estos pasajes, pueden observarse dos cualidades importantes del hombre antes de la caída.
Primero, tenía "pleno conocimiento" (Col. 3:10). En otras palabras Adán y Eva nunca olvidaron la
distinción entre el Creador y la criatura en lo que respecta a su conocimiento. Ellos dependían de la
revelación de Dios como su fuente de verdad, y conformaban todos sus pensamientos al estándar de
verdad revelada por Dios. Fue por esta razón que a Adán le fue dada la difícil tarea de cuidar del
huerto y nombrar a cada animal de la tierra. Él estaba consciente de su necesidad de escuchar a
Dios en toda circunstancia si el quería tener verdadero conocimiento. De la misma manera, antes
del pecado, al conocimiento del hombre de la verdad se sumaba el de su carácter moral, el poseía la
"justicia y santidad de la verdad." Adán obedeció perfectamente todo lo que Dios requirió de él y
vivió en paz con Él. En todas las maneras posibles, el hombre antes del pecado conocía la verdad y
vivía de acuerdo a esta verdad.

12
B. Sin Pecado y Finito
Aunque el hombre era la imagen de Dios perfecta antes del pecado, a pesar de todo era la imagen
de Dios finita y creada. Dios está presente en todo lugar (ver 1Reyes 8:27; Isa. 66:1) pero el hombre
está limitado por su cuerpo físico a la existencia finita. Dios es todo poderoso (ver Sal. 115:3); nada
está más allá de su poder. Claro que, el hombre, tan poderoso como su tecnología moderna lo ha
hecho, sigue siendo incomparablemente débil y limitado ante Dios. De la misma manera, mientras
el conocimiento que tiene el hombre es limitado, Dios sabe todas las cosas completamente y
perfectamente (ver Job 37:16; Sal. 139:12; Prov. 15:3; Jer. 23:23-24). Como dijo el escritor de
Hebreos:
“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas
están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tendremos que dar cuenta” (Heb.
4:13).
Aún Adán hubiera estado de acuerdo con Isaías, quien dijo:
“Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros
caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isa. 55:9).
De hecho, comparados con el conocimiento de Dios, los pensamientos del hombre son "vanidad"
(Sal. 94:11). Como consecuencia, el hombre está limitado a entender aquello que fue revelado por
Dios y tiene que darse por satisfecho con un conocimiento incompleto.
“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; más las reveladas son para nosotros
y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”
(Dt.29:29).
Lo finito del conocimiento del hombre nos lleva a un asunto importante que necesita ser
discutido. Aunque Adán no sabía todo, él tenía verdadero conocimiento (ver Col. 3:10). El
entendimiento que el hombre tiene de todo lo que sabe está limitado por su perspectiva, por el
tiempo, y por los cambios que ocurren en las cosas que conoce. Estas y otras limitaciones son
simplemente parte del orden creado. No obstante, debemos mantener en mente que antes de la caída
en pecado, el conocimiento que Adán tenía se derivaba de Dios por depender de su revelación.. De
manera que, todo lo que Adán sabía, lo sabía verdaderamente, pues el iba a la única fuente de la
verdad-- Dios. Es claro entonces que lo finito del hombre no le impide conocer la verdad. Mientras
el conocimiento venga de Dios, es verdad.
Porque estaba limitado, Adán se enfrentó con misterios, "cosas secretas" (Dt. 29:29) las cuales el
no podía saber. Aún el hombre perfecto no podía poner cada aspecto de su conocimiento junto en un
paquetito bien cerrado; había cabos sueltos necesariamente en el pensamiento, dificultades
humanamente indescifrables y paradojas. Aunque estos misterios pudieron ser muy grandes, el
conocimiento del hombre no estaba descalificado por esto ni tampoco desechado. La certeza de
Adán descansaba en la revelación de Dios, no en su propia habilidad de conocer aparte de Dios. El
conocimiento perfecto que tiene Dios de todas las cosas valida nuestro conocimiento incompleto
cuando dependemos de Él. Vamos a tomar un ejemplo de este tipo de misterio que nos confronta
hoy en día.
La encarnación de nuestro Salvador Jesucristo está llena de misterios. Confesamos que Él es
Dios y hombre. Podemos entender su verdadera divinidad y su verdadera humanidad hasta cierto
punto, pero cuando investigamos que más implicaciones tiene la enseñanza llegamos al fin de
nuestra habilidad para entender. ¿Podemos explicar cómo Jesús "crecía en sabiduría" (Lc. 2:52) si
Él es el Dios que todo lo sabe? ¿Podemos explicar cómo Jesús, quien es Dios, murió realmente en
una cruz? Podemos hacer algunos débiles intentos de responder estas preguntas, pero cualquier
persona honesta pronto se dará cuenta de que ésta y otras cuestiones están más allá de su habilidad
para entender. Aunque no podemos captar todas estas nociones, podemos estar seguros de que Jesús

13
es Dios y hombre a la vez, que creció en sabiduría y que Él murió. No importa que no podamos
comprender completamente. Nuestra seguridad no descansa sobre esa base; descansa en la
revelación de Dios.
Mientras entendemos cada vez más la verdad Cristiana, vamos a descubrir que al final de cada
doctrina de la Escritura hay una inhabilidad de parte del hombre para comprender las ideas y su
relación con otros conceptos verdaderos. Hay muchas contradicciones aparentes dentro de la verdad
Cristiana, pero esto no debería causar que dudemos la enseñanza de la Biblia por dos razones.
Primero, debe servir para mostrarnos nuestra limitación. Los hombres deben reconocer su estado de
criaturas y decir con Pablo,
“¡Oh profundidad de las riquezas de sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son
sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Ro. 11:33).
Segundo, la Biblia no debe ser puesta en duda cuando no podemos entender todo porque detrás
de la revelación de la Biblia está la mente de Dios para la cual no existe el misterio y en la que aún
las ideas más irreconciliables de nuestras mentes son conciliadas. No hay misterio para Dios; El
sabe todo perfectamente. El misterio es la limitación de la criatura, no del Creador. Mientras
nosotros dependamos de Él para el conocimiento, los más grandes misterios no nos separaran de la
verdad.

C. La Lógica, Dios y el Hombre


Un asunto que continuamente aparece en la discusión al llevar a cabo la apologética bíblica es el
papel de la lógica en relación con Dios y el hombre. En esta lección vamos a restringirnos a una
pequeña parte de la cuestión; otras facetas van a reservarse para mayor discusión más adelante.
Adán fue creado como una criatura pensante y racional; como tal fue distinguido de los animales y
fue hecho para reflejar la sabiduría de Dios (2 Pe. 2:12; Judas 10). Como hemos visto, en el jardín
Adán usó sus habilidades para razonar en dependencia de Dios; él moldeó su pensamiento de
acuerdo a la instrucción dada por Dios. De seguro, Adán usó la lógica, por lo menos de una forma
poco sofisticada, pero la usó en sumisión a Dios. Él nunca, menospreció su dependencia de Dios,
pensando que su lógica podía darle discernimiento independientemente. Por lo consiguiente, el uso
de la habilidad de razonar de Adán estaba siempre sujeto a limitación y dirección por la revelación
de Dios. Dios siempre era considerado como el fundamento y el pastor de la verdad, pues Adán fue
hecho a imagen de Dios y sin pecado.
Se pueden hacer varias observaciones del papel que tuvo el razonamiento lógico en la vida del
hombre antes que el pecado entrara al mundo. Primero, que la razón no es mala en sí misma.
Debido a que el Cristianismo ha sufrido tantos ataques por aquellos que dicen ser "razonables" y
"científicos," algunos cristianos han pensado que su único refugio es rechazar la razón y la ciencia
como malas en sí mismas. Sin embargo, el uso de la mente del hombre no es malo, pues en el
Huerto Adán razonó; usó su mente. Él fue el que nombró a los animales y cuidó el huerto.
Ciertamente, si la razón humana es usada independientemente de Dios, va a llevarnos a la mentira y
al error, pero si es usada en dependencia a la revelación de Dios, la verdad será descubierta. La
razón en sí misma no se opone a la fe o a la verdad.
En segundo lugar, la lógica no está por encima de la distinción entre el Creador y la criatura.
Cuando hablamos del uso humano de la razón, debemos recordar que la lógica es cuando mucho un
reflejo de la sabiduría y el conocimiento de Dios. Aunque en la Escritura, Dios ajustándose al
hombre se revela a si mismo en términos de la razón de la criatura, la lógica, como le llamamos, no
es mayor o igual a Dios, ni tampoco es una parte del ser de Dios. La lógica aún en sus formas más
refinadas y sofisticadas, está dentro de la esfera de la creación y es una cualidad del hombre como
imagen de Dios, no de Dios mismo.

14
Como la lógica es parte de la creación tiene limitaciones. Para empezar, la lógica es un sistema
que cambia y se desarrolla. De hecho, hay varios sistemas de lógica que tienen puntos que están en
conflicto con otros. Ni siquiera hay una definición de contradicción que sea aceptada
universalmente. Además de esto, aún si todos los hombres se pudieran poner de acuerdo con un
sistema de razonamiento, la lógica humana no podría ser usada como el juez entre la verdad y la
mentira. El Cristianismo es en algunos puntos razonable y lógico pero la lógica encuentra el fin de
su habilidad cuando llega a temas como la encarnación de Cristo, y la doctrina de la Trinidad. La
lógica no es Dios y nunca debe recibir el honor que sólo se le debe a Dios. La verdad se encuentra
en el trono del juicio de Dios, no en la corte de la lógica.
Por lo tanto, debemos tener cuidado para evitar los dos extremos que se toman comúnmente con
respecto a la razón y a la lógica. Los hombres desean rechazar la razón en favor de la fe ciega o dar
a la lógica cierta cantidad de independencia de Dios. Ninguna de estas posiciones es apoyada por el
carácter del hombre antes del pecado. El hombre fue creado como una criatura racional, pero se
espera que se de cuenta de las limitaciones de su razón y de la dependencia que tiene su lógica del
Creador.
El carácter del hombre antes de que el pecado entrara al mundo es fundamental para la tarea de
la apologética. Mientras nadie en estos días está completamente sin pecado, muchas de las
cualidades del hombre antes de la caída han llegado hasta este día. Mientras defendemos la fe
Cristiana, tratamos con hombres y mujeres que descienden de Adán. Como tales, es importante
tener un entendimiento firme del estado del hombre antes de la caída.

Preguntas de Repaso:
1. ¿En cuáles tres categorías debemos de pensar acerca del carácter del hombre?

2. ¿Qué significa cuando se dice que el hombre está a imagen de Dios?

3. Describe el punto de vista de Adán sobre su propio conocimiento y sus decisiones morales antes
de que el pecado entrara en el mundo. ¿Puedes apoyar tu respuesta con la escritura?

4. ¿Cómo está limitado el conocimiento del hombre por su finitud?

5. ¿Porqué hay misterios que los hombres no pueden comprender? ¿Puedes dar un ejemplo de
algún misterio de este tipo?

6. ¿Cómo podemos tener certeza de cualquier cosa, si hay misterios que no podemos entender?

7. ¿Cuáles son dos implicaciones concernientes al uso de la lógica que podemos obtener de Adán
antes de la caída?

15
Lección 4. El Carácter del Hombre en el Pecado

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él
son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (1Cor. 2:14)

En la lección anterior discutimos el carácter de los seres humanos antes de la caída en pecado
pero nuestra visión del hombre es incompleta si no examinamos los efectos de la caída en el
hombre. "El conocimiento de nosotros mismos yace primero en considerar lo que nos fue dado en la
creación..., en segundo lugar, traer a la mente nuestra condición miserable después de la caída de
Adán." (Juan Calvino, Institución, II,1,1.) El carácter del hombre ha cambiado bajo la maldición
del pecado. El hombre ya no es la imagen perfecta de Dios; el ya no vive ni piensa como lo hicieron
Adán y Eva antes de la caída. De hecho, como veremos en esta lección, el pecado ha afectado de tal
manera al hombre que actualmente niega su dependencia total de Dios. Para tener un entendimiento
de esta condición del hombre, vamos primero a discutir la caída original del hombre y el estado de
las cosas que siguieron.

A. La Caída de la Humanidad
Dios había hecho al hombre y a la mujer a su propia imagen y los había colocado en el huerto del
Edén. Desde que Adán y Eva reconocieron su estado de criaturas. Ellos gustosamente se dedicaron
al servicio de Dios. Sin embargo, conforme pasó el tiempo, la fidelidad del hombre había de ser
probada, pues Dios había colocado el árbol del bien y del mal en medio del jardín y dijo, “mas del
árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día en que de él comieres, ciertamente
morirás” (Gn. 2:17).
Mucho más estaba en juego para el hombre que la simple abstinencia de un fruto particular. "A
Adán le fue negado el árbol de la ciencia del bien y del mal para probar su obediencia y aprobar que
estaba voluntariamente bajo el mando de Dios" (Inst. II,1,4). Dios había hablado y revelado su
voluntad con respecto a ese árbol prohibido. Adán y Eva fueron puestos a prueba para ver si
reconocían o negaban la autoridad de Dios y su dependencia de Él.
El tercer capítulo de Génesis se enfoca en la caída del hombre. La serpiente, quien descubrimos
en otro lugar de la Biblia que era el diablo (Gen. 3:15; Ro. 16:20), se aproximó a Eva y la tentó a
que abandonara lo que Dios había ordenado. Colocando ante la mujer la elección más importante de
su vida dijo, “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él serán abiertos vuestros
ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Gen. 3:4-5).
Las palabras de la serpiente claramente contradecían la revelación de Dios. Eva se enfrentó con
una decisión: ¿quién era confiable? Dios había dicho "morirás" y la serpiente dijo, "no morirás." La
mujer tenía que creer al uno o al otro. Además, la astuta serpiente no estaba satisfecha con decir que
Dios simplemente se había equivocado. También sugirió que si Eva comía el fruto la distinción
entre Creador y criatura se habría quitado. Alardeando dijo: "Seréis como Dios" (Gn. 3:5).
Tan necio como puede parecer, Eva fue engañada por las mentiras de la astuta serpiente. La
tentación de ser como Dios era demasiado grande. Habiéndose despojado de toda reverencia por su
Creador, Eva decidió que ella ya no necesitaba depender de Dios para el verdadero conocimiento ni
para dirección en moralidad. La serpiente había puesto en duda la confiabilidad de Dios en estos
asuntos y Eva había sucumbido a sus sugerencias. Antes de esto, Eva había aceptado la revelación
de Dios reconociendo su dependencia total de Él pero ahora ella había decidido que depender de
Dios era opcional. Una lectura cuidadosa de Génesis 3:6 muestra la esencia del error de Eva.

16
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era codiciable para alcanzar la
sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como
ella.
Eva no rechazó inmediatamente la Palabra de Dios ni acepto inmediatamente la palabra de la
serpiente. En lugar de esto, miró ella misma al árbol y determinó su carácter al comprometerse a sí
misma a independencia de Dios. Ella se dijo a si misma, "¿Para qué escuchar a todos los demás?
Voy a hacer leyes por mi misma; ¡Voy a decidir por mi misma!" Al hacer esto, rechazó la distinción
entre Creador y criatura. Tomó la revelación del Dios independiente y la puso al mismo nivel que
las palabras de la serpiente y se colocó a si misma como la juez final entre éstas.
Eva dio el fruto a su marido Adán. Adán comió y la raza humana cayó bajo el poder del pecado.
Esto, por lo tanto, es la esencia del pecado; la rebelión del hombre contra el reconocimiento de su
dependencia de Dios en todo y el asumir su habilidad para ser independiente de Dios.
Es importante recordar que la distinción entre Creador y criatura continuó a pesar de que el
hombre decidido no reconocerla. Adán y Eva no estaban menos en dependencia actual de Dios
después de la caída de lo que estuvieron antes. Ellos simplemente rehusaron reconocer su
dependencia. Un niño puede engañarse a si mismo pensando que no necesita a sus padres pero no
por esto es menos dependiente. De una manera semejante, Adán y Eva pensaron que eran
independientes de Dios, pero aún necesitaban de Dios para todo, aún para la habilidad de
rechazarlo. Lo que Dios requirió de Adán y Eva era que admitieran su dependencia y vivieran de
acuerdo con esta. Ellos fallaron en cumplir lo que demandaba y cayeron en el pecado. Pensando en
si mismos como sabios, se hicieron necios, pues la Palabra de Dios fue cierta después de todo, ellos
murieron.

B. Los Efectos de la Caída


La caída del hombre en el huerto no fue un evento aislado en el pasado con pocos efectos en el
hombre hoy en día; la caída puso a todos la humanidad bajo el yugo del pecado. “Por tanto, como
el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos
los hombres, por cuanto todos pecaron” (Ro. 5:12).
Desde el nacimiento, todos están corrompidos por el pecado (ver Sal. 51:5; Ef. 2:3). Como Adán
y Eva rechazaron la distinción entre Creador y criatura, todos los hombres niegan la revelación de
Dios tanto en toda la creación como en su revelación especial.
Pablo describe el rechazo de la revelación en toda la creación en Romanos 1:18-32. Allí dice que
aunque la creación revela claramente el carácter y la voluntad de Dios, el hombre incrédulo,
suprime o detiene "con injusticia la verdad" (v.18). Rehúsan a creer a Dios como es revelado en la
creación y "su necio corazón fue entenebrecido" (v. 21). "Profesando ser sabios se hicieron necios"
(v.22) pues ellos adoraban "a las criaturas antes que al Creador" (v.25). Porque "ellos no
aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada..." (v.28). El hombre
caído en el pecado se niega a reconocer la revelación de Dios en todos los aspectos de la creación.
El incrédulo también fracasa en cuanto a dar su propio lugar a la revelación especial de Dios.
Jesús ilustró cómo Israel afirmó su independencia de la revelación especial de Dios con la parábola
de los labradores de la viña (cf. Mt. 21:33-44). Los labradores tenían su sustento a costas del dueño
de la tierra pero se negaron a honrarlo. Como resultado, el dueño de la tierra envió mensajeros
especiales a los granjeros. De hecho, Él aún envió a su Hijo pero los labradores lo odiaron y
mataron. De la misma manera, mientras que todos deberían someterse a la revelación especial de
Dios en la Escritura, la rechazan. De hecho el pecado tiene tan sujeto al ser humano que no puede
someterse a la Escritura.

17
Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios,
ni tampoco puede (Ro. 8:7).

Por lo tanto, el hombre en su estado caído es incapaz de entender la revelación de Dios.


No las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (1Cor. 2:14).

En lugar de inclinarse a la revelación de Dios la humanidad sigue el ejemplo de Adán y Eva


suponiendo que todas las cosas deben ser medidas por la "vara de su propia estupidez carnal"
(Inst.I,2,2).
El fracaso de la humanidad para reconocer la revelación de Dios en la naturaleza y de recibir las
Escrituras como los medios para conocer a Dios y su voluntad, ha dejado al ser humano en una
condición difícil. Jeremías exclamó en su día, “He aquí aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y que
sabiduría tienen?” (Jer. 8:9).
¿Qué podemos ver si nuestros ojos están cerrados? ¿Qué nos va a quitar la sed si nuestro pozo
está seco? Nada. Lo mismo es cierto de la sabiduría y el conocimiento. Sólo Dios "enseña al
hombre conocimiento" (Sal. 97:4) a través de su revelación. Si rechazamos su Palabra, rechazamos
toda verdad y en principio conocemos sólo falsedades. “El principio de la sabiduría es el temor de
Jehová” (Pr. 1:7).
El que confía en su propio corazón (Prov. 18:2) es un necio. El odia el conocimiento (Pr. 1:29) y
las palabras de conocimiento no pueden ser halladas en sus labios (Pr. 10:18; 14:7; 19:1). Por su
rechazo a la revelación de Dios, los hombres andan en la vanidad de su mente, teniendo el
entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios...(Ef. 4:17-18).
Por esta razón leemos, “El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos” (1Cor.
3:20).
Mientras los hombres sigan dando la espalda a la revelación de Dios o a Él mismo y a su
voluntad van a ser incapaces de llegar a un verdadero conocimiento de si mismos, del mundo y de
Dios.

C. Inconsistencias y Verdad Superficial


Los efectos del pecado en la vida de los no cristianos son bastante obvios cuando simplemente
niegan la verdad revelada en la Escritura o groseramente malinterpretan el mundo alrededor de
ellos. No obstante, no todos los pensamientos o declaraciones de hombres pecadores son notados
tan fácilmente. ¿Cómo es posible que los no-cristianos pueden pensar y expresar ideas que son
correctas? Los creyentes e incrédulos por igual afirman que dos más dos son cuatro. Muy pocos, si
acaso alguno, negaría que hay palabras impresas en esta página. De hecho, hay ocasiones en la
Biblia donde se reconoce que hombres caídos hablan verdad (Mt. 23:1ss.; Hechos 17:28). ¿Cómo
podemos entender estos asuntos con relación al rechazo del hombre pecador a Dios como la fuente
de la verdad?
La solución a este problema yace en una mirada de cerca a la condición del hombre caído y dos
aspectos de su conocimiento. Primero, aunque los incrédulos rechazan la revelación de Dios de si
mismo, ellos no pueden ser completamente consistentes en este rechazo. La razón para la
inconsistencia que está presente en todo hombre caído hasta cierto punto es que aún los hombres
pecadores están hechos a imagen de Dios y retienen muchas de sus habilidades originales (ver Gn
9:6; Stg. 3:9). El hombre aún piensa y razona; aún percibe el mundo. Puesto que la gracia común de
Dios restringe el principio del pecado y la depravación, los no cristianos todavía pueden pensar y
hablar de acuerdo a los efectos restantes de su ser a imagen de Dios sin reconocerlo a Él como su
Creador.

18
“Cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley...
mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones...” (Ro. 2:14,15).
El hombre caído empieza con la noción de su propia independencia y habilidad para conocer la
verdad sin tomar en cuenta a Dios. Si él obrara conforme a esta noción consistentemente, no podría
tener conocimiento verdadero pues la dependencia de Dios es el único camino de la verdad. De
manera que, el no-cristiano puede fallar y falla en ser consistente y frecuentemente se vuelve a su
conocimiento de Dios y del mundo que todavía le queda. Por esto frecuentemente piensa y dice lo
que en cierto sentido podemos llamar la verdad.
Junto con la inconsistencia en los intentos del no creyente de detener la revelación de Dios,
podemos también entender su habilidad para conocer la verdad cuando reconocemos el carácter de
su aprensión de la verdad. Refiriéndose al hombre caído "su capacidad para entender... es una cosa
inestable y transitoria a la vista de Dios..."(Inst. I,6,1). Los no-cristianos sólo pueden conocer la
verdad por inconsistencia con sus principios pecaminosos de pensamiento y este hecho causa que su
conocimiento sea cuando mucho verdadero superficialmente. Una analogía sería útil.
Las palabras de Jesús a los fariseos eran frecuentemente dirigidas hacia la diferencia entre sus
acciones externas y sus motivos internos. El valor de sus mayores tareas religiosas estaba
corrompido por sus motivos de gloriarse en su justicia propia y orgullo. Los Proverbios dicen que
hasta
“El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová” (Prov. 15:8).
Los Fariseos tenían piedad externa o superficial pero su devoción estaba corrompida por lo que
se encontraba detrás de sus acciones exteriores.
El mismo tipo de distinción puede ser hecha en el área del conocimiento en general. Nunca
debemos satisfacernos con la apariencia de las declaraciones que parecen verdaderas de los
hombres pecadores. Debemos de darnos cuenta de lo que se encuentra detrás de las ideas que son
representadas. Por ejemplo, un Testigo de Jehová podría decir honestamente, "Jesús es Señor."
Todos estaríamos de acuerdo de que esta declaración es cierta superficialmente. Sin embargo, los
Testigos de Jehová niegan la divinidad de Cristo y piensan que el Señorío de Cristo es el de un
ángel especial. Por lo tanto, nosotros tendríamos que considerar esta declaración como falsa. La
razón por la que podemos afirmar y negar esta declaración al mismo tiempo se encuentra en la
diferencia entre la declaración superficial y aquello que encierra. Esta distinción puede ser hecha en
términos de lo que uno dice en contraste con lo que uno quiere decir, o la aserción de que algo es un
hecho en contraste con lo que un hecho es. Una manera de discernir este principio es preguntar que
es lo que significa eso que es dicho o pensado. El hombre caído puede decir que el mundo es
redondo pero ¿qué es lo que quieren decir con mundo? ¿Es la creación del Dios de la Escritura o el
producto de un largo proceso evolutivo? Pueden decir que la honestidad es buena y el asesinato
malo. Sin embargo, ¿qué quieren decir con "bueno y malo"? ¿Lo bueno y lo malo son definidos por
la ley de Dios o por otro principio? Como un árbol hermoso recientemente plantado en tierra
venenosa, cuando los no cristianos son inconsistentes con su negación de la verdad y retroceden a la
revelación innegable de Dios, la tierra de su independencia de Dios contamina aquello que es cierto
superficialmente. A veces, debemos ir demasiado hondo por debajo de la superficie antes de
descubrir el significado falsificador, pero en la raíz de todo cada idea y declaración que el no
cristiano afirma está la suposición "soy independiente de Dios y se esto por mi propia cuenta, aparte
de Él y de la consideración de su voluntad."
Para resumir la perspectiva apropiada sobre las declaraciones verdaderas hechas por no
cristianos, se puede decir que son verdaderas y falsas a la vez. Los incrédulos pueden pensar y
hablar verdad en el sentido de que sus pensamientos vienen a veces de la revelación ineludible de
Dios y son producidas por la gracia común de Dios a través de las inevitables cualidades del

19
hombre como imagen de Dios. Además, son verdaderos en el sentido de que la revelación de Dios
puede actualmente confirmar sus declaraciones en la superficie, y proveer una estructura
alternativa para las declaraciones que hacen, esta revelación puede llevarlos a reconocer a Dios y
obedecerle. No obstante, al mismo tiempo, podemos hablar de tales afirmaciones hechas por
incrédulos como falsas porque no son el resultado de obediencia voluntaria a la revelación de Dios
sino el resultado de la negación de la distinción entre Creador y criatura. Además, las declaraciones
son falsificadas por la estructura no-cristiana de significado y por lo tanto alejan de la adoración de
Dios. Sin otra razón, el solo compromiso con la independencia humana falsifica todas las
afirmaciones no cristianas.
Entender la condición del hombre caído en pecado y la permanencia de este en la incredulidad es
de una importancia vital para la defensa del Cristianismo. Reconocer la falta de esperanza y
futilidad del pensamiento no cristiano provee dirección y da una confianza al creyente defendiendo
su fe.

Preguntas de Repaso:
1. ¿Cuál es la esencia de la falla de Eva en el Edén? ¿Cómo se encuentra este pecado en la raíz de
la vida de todo incrédulo?

2. ¿Cómo han reaccionado los incrédulos a la revelación de Dios en cada aspecto de la creación?
¿Y a la revelación especial de Dios?

3. ¿Qué efecto tiene el compromiso con la independencia en el conocimiento y la moralidad del


incrédulo? ¿Puedes apoyar tu respuesta con la Escritura?

4. ¿Porqué los hombres caídos pueden afirmar la verdad y hacer buenas obras?

5. ¿En qué sentido los no cristianos pueden decir la verdad? ¿En qué sentido son sus declaraciones
verdaderas falsas?

20
Lección 5. El Carácter del Hombre Redimido por Cristo

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí
todas son hechas nuevas (2Cor. 5:17).

Si no fuera por la gracia de Dios, todos estarían perdidos en el pecado y bajo el juicio de Dios.
Sin embargo, Dios en su gran misericordia envió a su Hijo divino, Jesucristo, para pagar la deuda
del pecado al morir en la cruz y para traer una nueva era de vida por su resurrección. Todos los que
han confiado en Él son liberados de la maldición de la ira de Dios y entran en la bendición de Dios.
Por lo tanto, no hemos completado nuestra visión del hombre hasta que consideremos el carácter de
aquellos redimidos por Dios en Cristo.

A. La Reversión de la Caída
Hay cierto sentido en que podemos ver la aplicación de la salvación a la vida del individuo como
la reversión de lo que pasó en la caída. Si recuerdas, la falla básica de Eva fue que asumió su
independencia de Dios al negarse a someterse prontamente a su Palabra. Eva rechazó la distinción
entre Creador y criatura al pensar que era capaz de saber la verdad por su propio discernimiento sin
tomar en cuenta a Dios. Exactamente lo opuesto es evidente en la vida de alguien que confía en
Cristo. Pablo pone esto claramente diciendo,
“Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría,
agradó a Dios salvar a los creyentes por medio de la locura de la predicación” (1Cor 1:21).
Usar la sabiduría humana como el criterio para la verdad, como Eva había hecho en el huerto,
nos aleja de Dios y lleva a la falsedad. Por esto es que la cruz como el camino de la salvación hace
que demos la espalda a la independencia del pensamiento humano y pecador con el fin de conocer a
Dios. Eva pensó de sí como independiente y se vio como la jueza final. Cuando verdaderamente
creemos en Cristo, reconocemos nuestra dependencia de la Palabra de Dios como sabiduría y
verdad incontenibles. Esta aceptación de la Palabra de Dios es el principio mismo de la redención
en Cristo.
“Así que la fe es por el oír y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10:17).
La reversión de la caída no se detiene con la conversión inicial. Cubre la totalidad del proceso
redentor. Aquel que confía en el mensaje del evangelio está convencido con Pablo,
“Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso...” (Ro. 3:4).
Aunque la tendencia del hombre en pecado es la de abandonar el verdadero conocimiento y
falsamente afirmar su independencia de Dios, el creyente sostiene que la Palabra de Dios siempre
puede ser confiado pues Él es veraz. Como dijo Isaías, “Yo soy Jehová que hablo justicia, que
anuncio rectitud” (Is. 45:19).
La Palabra de Dios es fiel y el creyente en Cristo confiesa su confianza total en ella. A pesar de
las apariencias, a pesar de los consejos de otros, a pesar de las tentaciones de Satanás, el creyente
afirma,
“No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el
Dios nuestro” (1Sam.2:2).
Que esta actitud hacia la Palabra de Dios es una reversión de la caída queda claro por las
palabras de Pablo a los Corintios.
“...Os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.
Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de
alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo” (2Cor. 11:2-3).

21
En este pasaje Pablo está advirtiendo a los Corintios contra extraviarse de su predicación de la
Palabra de Dios pues ellos tenían que ser fieles sólo a Cristo. Les advirtió de esta manera porque
tenía miedo que cayeran presas del mismo engaño que la serpiente usó en la tentación de Eva.
Temía que ellos se extraviaran de la "sincera fidelidad" (2Cor. 11:3). Antes de la caída, Eva escuchó
a la Palabra de Dios con devoción peculiar. En la caída volvió su espalda a la Palabra de Dios. Sin
embargo, como Cristianos tenemos que recibir continuamente la Palabra de Cristo con una
devoción sin cuestionarla. Tenemos que hacer lo totalmente opuesto de lo que Eva hizo cuando
pecó. Ser redimido por Cristo es experimentar una reversión de la caída.

B. Restauración por Regeneración


Cuando pensamos de la salvación en Cristo normalmente pensamos en el efecto que confiar en
Él va a tener en nuestro destino eterno. Por supuesto, este fin es importante pero en estos momentos
vamos a enfocarnos más cuidadosamente en el significado de la reversión de la caída en cuanto a
cómo afecta el carácter del hombre en las áreas del conocimiento y la moralidad. Jesús le dijo a
Nicodemo el requisito para entrar en el reino de Dios diciéndole,
“Os es necesario nacer de nuevo” (Jn. 3:7).
Un nuevo nacimiento debe venir sobre el incrédulo. Así como nació en Adán y por esto cayó en
yugo del pecado, un nuevo principio, una regeneración, debe ocurrir. Pablo lo expresó con estos
términos.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí
todas son hechas nuevas” (2Cor. 5:17).
Cuando somos salvados de nuestros pecados no sólo somos regenerados personalmente; hay una
esfera completamente nueva de existencia (nueva creación) a la que entramos. Por lo tanto, la vida
entera del creyente tiene que experimentar el cambio de regeneración.
El uso que Pablo hace del término "nueva criatura" es bastante instructivo pues señala a la
relación de la redención y el estado original de la creación antes de la caída. Cuando el mundo y el
hombre fueron creados primero no eran afectados por el pecado. Pero porque el hombre eligió
pensar por si mismo independiente de Dios toda la creación fue puesta en pecado. Sin embargo, en
muchos aspectos, la obra de redención de Cristo es la restauración de los hombres y del mundo
hacia su estado original en que fueron creados primero.
“...y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”
(Ef. 4:24) “...y revestíos del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va
renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:10).
Los creyentes en Cristo están siendo restaurados de acuerdo con el carácter original de la imagen
de Dios. A ellos les es dada justicia, santidad y verdadero conocimiento, todo esto que fue perdido
en la caída. Se debe notar especialmente el hecho de que la restauración por regeneración no
incluye sólo una porción del hombre. Esta involucra todo su carácter, aún sus procesos de
pensamiento.
“...llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2Cor. 10:5).
Los cristianos son actualmente restaurados hasta cierto grado al estado original del hombre antes
de la caída en todo aspecto de su personalidad. Nosotros no somos sólo salvados para estar en el
dulce “ahí se va”. Somos llevados a una nueva creación y restaurados como imagen de Dios por la
regeneración.
Como imagen restaurada de Dios, el hombre redimido busca hacer justicia a la revelación de
Dios en toda la creación y en la Escritura. Él se da cuenta que no es suficiente saber que la lluvia es
la condensación del agua evaporada. El pregunta qué es la lluvia y cómo revela el carácter y la
voluntad de Dios. Si no hubiera pecado, esto no sería un problema. El hombre podría simplemente

22
observar el mundo y saber a través de este. Sin embargo, por causa del pecado "es necesario que
otra y mejor ayuda sea añadida para dirigirnos algo hacia el mismo Creador del universo" (Calvino,
Inst. I,6,1). Esta mejor ayuda es la Escritura. El cristiano está comprometido a escudriñar las
Escrituras para encontrar las verdades que llevan al conocimiento de la salvación y también para
aquellas verdades que llevan a un conocimiento de la creación al revelar a Dios y su voluntad al
hombre. Esto no es decir que la Biblia se vuelve un libro de texto de ciencias naturales, como si el
cristiano no necesitara ver el mundo y pudiera simplemente leer su Biblia y llegar a verdad
científica. En lugar de esto, las Escrituras establecen principios generales en los que cada
investigación del mundo debe apoyarse. Por ejemplo, el verdadero conocimiento de la lluvia, nos
revela la misericordia de Dios y como Dios espera que nosotros tratemos a nuestros enemigos con
amabilidad (Mt. 5:45s.). Claro que la investigación científica sobre la naturaleza de la lluvia va a
intensificar y clarificar el entendimiento cristiano de estas cosas, pero el verdadero conocimiento de
la lluvia es descubierto por una investigación que se apoya y es gobernada por las Escrituras. Como
una criatura restaurada, el cristiano busca mantener la distinción entre Creador y criatura en su
conocimiento y moralidad, y por lo tanto, pone en un lugar apropiado la revelación de Dios.

C. El Creyente y el Pecado que Permanece


La vida del cristiano no está sin culpa. Aunque ha sido restaurado al estado original, esta
restauración no es completada hasta la segunda venida de Cristo. El cristiano está envuelto en una
batalla furiosa entre la justicia y el pecado. Pablo describe este conflicto en estos términos.
“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne y
éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gal. 5:17).
El Espíritu Santo que mora dentro del creyente está en guerra contra la apostasía del
pensamiento carnal. Como resultado, hay dos principios obrando en el creyente, uno hacia la
obediencia y el otro hacia la desobediencia. Aunque el cristiano busca ser dependiente de Dios al
mirar a su revelación en busca de conocimiento y moralidad, fracasa en su intento de llevar a cabo
su deseo consistentemente. En ocasiones aún el cristiano regresa al pecado de la caída por rebelarse
en contra o ignorar la distinción entre Creador y criatura. Esta regresión se manifiesta en el rehusar
reconocer la revelación de Dios en todas las cosas, incluyendo la Escrituras. Así como el no
cristiano no puede escapar de sus cualidades como imagen de Dios, el cristiano no puede escapar
por completo de los restos del pecado en su vida. Es inconsistente con su principio de dependencia
total de Dios y por lo tanto, sostiene falsedades en sus pensamientos y acciones.
Es por esto que el cristiano es exhortado en repetidas ocasiones a evitar y resistir el pecado.
Pablo dice, “así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo
Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo
obedezcáis en sus concupiscencias” (Ro. 6:11-12).
Y de un modo más positivo,
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro
entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y
perfecta” (Ro. 12:2).
El depender de Dios para el conocimiento y la moralidad no viene automáticamente aún para el
cristiano. Tiene que involucrar cierto esfuerzo, ir tras la "santidad, sin la cual nadie verá al Señor"
(Hb. 12:14). Es una larga y difícil tarea pero una que debe de estar en progreso continuo si vamos a
conocer a Dios y su voluntad. Mientras pensamos en la habilidad del cristiano para conocer
verdaderamente por causa de la regeneración y la reversión de la caída, debemos también de
recordar que el pecado aun afecta la vida del cristiano.

23
El carácter del hombre redimido por Cristo es básico para un entendimiento de la apologética
bíblica. La obra de Cristo en la cruz y su resurrección renovado hacia el verdadero conocimiento y
justicia a aquellos que creen en Él. Aunque el pecado esté aún presente, aquel que es redimido por
Cristo puede depender de Dios para el conocimiento y la moralidad.

Preguntas de Repaso:
1. ¿Cómo es la regeneración una reversión de la caída?

2. ¿En qué sentido es el hombre redimido restaurado al estado del hombre antes de la caída?

3. ¿Cómo la reversión y restauración experimentada por el creyente ocasiona que trate con la
revelación de Dios en todas las cosas y en la Escritura?

4. ¿Cómo el pecado que permanece afecta el conocimiento y moralidad del creyente?

24
Lección 6. El Punto de Vista No Cristiano

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones
de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Col. 2:8).

De nuestra breve mirada al carácter del hombre, es evidente que hay dos clases de personas
viviendo en el mundo hoy, aferrándose a perspectivas opuestas acerca de Dios y de sí mismas. Estas
dos perspectivas serán llamadas filosofía Cristiana y no-cristiana pues tienen su raíz o en el
compromiso con la total dependencia en Dios o la adhesión a la independencia. Además estas
perspectivas incluyen no sólo los llamados "asuntos religiosos" y "asuntos teológicos"; éstas
abarcan todo aspecto de las vidas de aquellos involucrados. Vamos a resumir las perspectivas
básicas de la filosofía no-cristiana y vamos a poner atención a la filosofía Cristiana en la próxima
lección.

A. La Estructura
Las peculiaridades de la filosofía no cristiana son el resultado de lo que caracteriza a los no
cristianos. En Efesios 4:17-19 Pablo describe a los no cristianos de tal forma que revela el tipo de
filosofía que eran capaces de producir. Ellos andan,
“... en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos a la vida de
Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que
perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lasciva para cometer con avidez toda clase de
impureza”.
Los no cristianos permanecen aun bajo la maldición del pecado; negando la distinción entre
Creador y criatura y comprometiéndose a la independencia de Dios, viven en futilidad. Todos sus
esfuerzos están entenebrecidos y son impuros. Por esta razón Pablo en otro lugar, describe la
filosofía no cristiana en estos términos:
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas...” (Co 2:8).
Se debe ser cuidadoso para entender a Pablo correctamente. El no está contra la filosofía en
general; él mismo fue un tipo de filósofo. En lugar de esto, él está en contra de la filosofía no
cristiana. La filosofía que está basada en la lealtad a la independencia pretende tener la verdad pero
sólo ofrece ruina y muerte eterna. Por lo consiguiente, Pablo habla de la filosofía no cristiana como
"huecas sutilezas." Muchos son engañados por las perspectivas de aquellos que no tienen a Cristo,
pero ellos algún día van a descubrir el vacío que verdaderamente se encuentra allí.
Ha habido muchos incrédulos importantes que han hecho valiosas contribuciones al
conocimiento y vida del hombre, pero en su totalidad la filosofía no cristiana tiene el potencial de
nada más que vanos engaños.
Podemos pensar al principio que Pablo pudo haber exagerado en el caso, pero sus palabras que
siguen prueban otra cosa.
“... huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos de
los hombres y no según Cristo” (Col. 2:8).
A pesar del valor que puede ser encontrado en diversas porciones del pensamiento no cristiano
aquello que lo vacía y lo hace engañoso es ese compromiso común en todo no-cristiano: la filosofía
debe estar basada en la independencia humana. La filosofía no cristiana no tiene una base neutral.
Se apoya en su lealtad a las "tradiciones de los hombres" y los "rudimentos del mundo." Nada
puede ser verdadero a menos que sea demostrado por el pensamiento humano independiente. Para
ser más agudo, Pablo señala el carácter verdaderamente religioso de esta lealtad, diciendo que la
filosofía no cristiana es según el hombre y "no según Cristo". En otras palabras, todos los no

25
cristianos rechazan las declaraciones de Cristo por su determinación de ser independientes. Aún
aquellos que buscan ser neutrales niegan la declaración de Cristo como el incuestionable Señor del
universo. El decir que el Cristianismo puede ser verdad es decir que puede no serlo.
Pero Dios requiere una lealtad completa a su Palabra. En estas pocas palabras, Pablo ha entrado
al corazón mismo de la filosofía no cristiana. Aparte de inconsistencias no intencionales, los no
cristianos nunca piensan o actúan de acuerdo a cualquier principio que no sea su propia supuesta
independencia. El incrédulo puede actuar de otro modo sólo después de que es llamado por Dios y
regenerado. En este sentido, la filosofía no cristiana puede ser comparado con un gran edificio que
descansa completamente en la única viga de apoyo de la lealtad a la independencia.
La lealtad a la independencia es tan fundamental para la filosofía no-cristiana que no importa
cuanto el incrédulo diga lo contrario, toda razón que el pueda tener para sostener su compromiso
actualmente se apoya en ésta. Si un incrédulo es retado a dar una razón por su compromiso religioso
el puede responder de varias maneras, pero siempre va a responder con una razón supuestamente
válida de acuerdo a su principio de independencia. El puede argumentar que su experiencia de
alguna manera le informó de su independencia, pero su confianza en la experiencia como un criterio
para la verdad está también fundado en esta lealtad. Esencialmente, los no cristianos tratan de
levantarse a sí mismos por las cintas de sus zapatos, apoyando su lealtad a la independencia con
argumentos basados en su lealtad a la independencia. La filosofía no cristiana puede por lo tanto ser
comparada con un edificio cuyo techo sostiene sus propios cimientos; no hay un suelo sólido debajo
de este. La filosofía no cristiana es en verdad "según las tradiciones de los hombres."

B. El Dilema
Cuando el hombre rechazó la distinción entre Creador y criatura y se comprometió a sí mismo
con la independencia respecto a Dios, descartó toda posibilidad de adquirir verdadero
conocimiento. El hombre fue metido en un dilema que no puede ser evitado por el incrédulo y que
revela la futilidad del pensamiento pecaminoso. Comparado con el antiguo teatro griego donde el
mismo actor frecuentemente actuaba diversos papeles cambiando de máscaras, el ciego espiritual,
sordo, y mudo incrédulo insiste en usar dos máscaras. Cuando le da la espalda a Dios el incrédulo
afirma con seguridad absoluta que la distinción bíblica entre Creador y criatura es falsa; por lo tanto
se pone la máscara de seguridad absoluta. Sin embargo, cuando da la espalda a Dios, el incrédulo
queda en la posición de no tener una base firme para el conocimiento y por lo tanto tiene de ponerse
la máscara de incertidumbre total. Mientras que un incrédulo puede usar una o la otra máscara en
diferentes momentos, bajo la máscara el incrédulo está atrapado en el dilema indescifrable de estar
tanto absolutamente seguro como totalmente inseguro al mismo tiempo. Este dilema se vuelve una
parte importante de la defensa bíblica del Cristianismo. Por consiguiente, veremos este dilema del
pensamiento no-cristiano con algo de detalle.
Por un lado, si el no creyente dice tener seguridad absoluta, sólo puede hacer esto al ignorar su
inseguridad total. Como fue ilustrado anteriormente, la seguridad es imposible para el no cristiano
puesto que él ha rechazado la única fuente del verdadero conocimiento y se queda con
especulación finita. Para que el incrédulo sostenga cualquier perspectiva tenazmente tiene que
hacerlo menospreciando por completo su conciencia limitada y su rebelión contra Dios. Por otro
lado, si el incrédulo afirma inseguridad total, dudando de la habilidad del hombre para conocer, lo
hace solamente ignorando que su perspectiva es en realidad una declaración de seguridad absoluta.
Frecuentemente esta posición del incrédulo es un intento para evitar la arrogancia y el dogmatismo.
Él puede decir que no podemos estar seguros de lo que pensamos que sabemos o que podemos
llegar sólo a un "probable conocimiento." Tal postura puede parecer menos presuntuosa
superficialmente, pero realmente es una declaración de seguridad absoluta así como una de

26
inseguridad total. Los no cristianos que afirman la inseguridad total del conocimiento del hombre
dicen, "Es absolutamente cierto que no hay certezas absolutas." El incrédulo puede continuar
manteniendo esta perspectiva tan solo mientras haga caso omiso de lo absolutamente seguro que
debe estar para sostenerla.
Sería útil en este momento ilustrar más cómo la filosofía no cristiana exhibe el dilema de
simultáneamente sostener la certeza absoluta y la incertidumbre total. Haremos esto considerando
las tres preocupaciones principales del pensamiento humano: Dios, el mundo externo, y el mismo
hombre. Esta descripción está lejos de ser exhaustiva pues daremos sólo unos cuantos ejemplos
como ilustraciones. Sin embargo, estos asuntos son muy importantes para una apologética bíblica y
van a ser discutidos más en las lecciones siguientes.

1. Con Respecto a Dios


Una manera en que la futilidad de la filosofía no cristiana puede ser vista es con respecto a la
pregunta sobre la existencia de Dios. Por una parte, el incrédulo puede ser un ateo, sosteniendo que
es absolutamente cierto que no hay Dios. Sin embargo, al sostener este punto de vista el incrédulo
intenta ignorar el hecho de que su investigación limitada del universo y lo que hay más allá lo
obliga sobre su misma base a estar totalmente inseguro sobre la existencia de Dios, no puede estar
absolutamente seguro de que Él no existe. No obstante, esto no quiere decir que el incrédulo pueda
afirmar que la existencia de Dios es incierta. Al tomar esta postura de agnosticismo, es llevado al
mismo dilema que el ateo. El incrédulo mantiene esta perspectiva de incertidumbre total mientras
ignora que el agnosticismo necesariamente involucra la certidumbre absoluta de que Dios no se ha
revelado a si mismo de una manera que pueda requerir el reconocimiento y la sumisión de todos los
hombres. El agnóstico está absolutamente seguro de que la existencia de Dios es incierta. Como
resultado, el incrédulo no puede negar, o pretender ignorancia sobre la existencia de Dios sin
exhibir la futilidad de su rebelión contra Dios.

2. Con Respecto al Mundo Exterior


El dilema de la filosofía incrédula se muestra a sí mismo en lo que los no cristianos tienen que
decir acerca de su medio ambiente creado. La pretensión de seguridad absoluta es hecha, por
ejemplo, cuando el no cristiano dice que el mundo es en cierto sentido ordenado e inteligible. Él
está absolutamente seguro de que el orden que discierne está en realidad y actualmente allí. Sin
embargo, el no cristiano es enfrentado al hecho de que no ha investigado y no puede investigar el
mundo externo de manera que pueda evitar la incertidumbre total. La presencia de lo desconocido
pone en duda todo lo que el incrédulo dice conocer. La incertidumbre total con respecto al mundo
externo frecuentemente involucra la noción de que el mundo no tiene orden y está gobernado por la
casualidad y no tiene sentido para el hombre. Es obvio que aún cuando el incrédulo niega la
posibilidad de conocer el mundo de este modo, el está haciendo una declaración de certidumbre
absoluta acerca del carácter del mundo. El sabe de seguro que el mundo es de tal tipo que está sin
orden y es el producto de simplemente la casualidad. Una vez más, el incrédulo se enfrenta al
dilema de estar completamente seguro y estar completamente inseguro al mismo tiempo.

3. Con Respecto al Hombre


Acaso no es terriblemente sorprendente que los incrédulos muestran la futilidad de su
pensamiento cuando consideran a Dios y al mundo externo. No obstante, debe ser observado que
los incrédulos no pueden escapar del problema aún cuando hablan de sí mismos. La posición de
certeza absoluta es tomada cuando los no cristianos intentan describir al hombre. En cierta manera u
otra los incrédulos pervierten la descripción bíblica del hombre como imagen de Dios. Puede

27
pensarse del hombre como un dios o tan sólo como un animal. Se puede pensar de él como
importante o sin importancia. Cualquiera que sea el caso, el incrédulo haciendo semejante
pretensión de certeza absoluta ignora el hecho de que su investigación limitada sobre la naturaleza
del hombre lo lleva de vuelta a la incertidumbre total. Por otra parte, algunos incrédulos pueden
estar convencidos de que el carácter verdadero del hombre no puede ser conocido con seguridad.
Sin embargo su incertidumbre total es una declaración de certeza absoluta de que el verdadero
carácter del hombre no puede ser conocido con seguridad. Aún los pensamientos del incrédulo
concernientes a la naturaleza de su propia existencia lo dejan en el dilema de todo pensamiento
contrario a Dios.
No importa lo que diga o profese, el incrédulo no puede evitar estar, al mismo tiempo,
absolutamente seguro y totalmente inseguro. Consecuentemente, se queda imposibilitado para decir
cualquier cosa acerca de Dios, el mundo, o el hombre. La filosofía no-cristiana está basada en el
compromiso con la independencia y esta lealtad ha llevado al hombre a vanidad y desesperanza.
En la apologética, tratamos con incrédulos y su forma de pensar. Por lo tanto es importante saber
el carácter de su punto de vista. La estructura y el dilema del pensamiento incrédulo descrito aquí
no es completo, pero estos elementos que han sido vistos son ciertos en todo el pensamiento no
cristiano y deben ser comprendidos por el apologista Cristiano.

Preguntas de Repaso
1. ¿Cómo es que toda la filosofía no cristiana está basada en la lealtad del incrédulo a la
independencia?

2. ¿Por qué no puede ser sostenida la lealtad a la independencia?

3. ¿Cuál es el dilema que enfrentan todos los no cristianos?

4. Ilustra el dilema del pensamiento no-cristiano con respecto a Dios, al mundo y al hombre.

28
Lección 7. El Punto de Vista Cristiano

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones
de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Col. 2:8).

En la lección pasada examinamos la estructura básica y el dilema ineludible del punto de vista no
cristiano. En esta lección nos ocuparemos de contrastar la filosofía Cristiana con la filosofía no
cristiana. Esto se hará primero al exponer el carácter de la filosofía Cristiana, y segundo, al discutir
la relación que existe entre los dos puntos de vista.

A. La Estructura
A diferencia de los no cristianos, los que creen en Cristo son capaces de tener mucho más que
vanidad oscurecida. Como el apóstol Pablo dijo,
“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios,
para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.”
Los cristianos pueden saber y seguir la verdad de la revelación de Dios y por lo tanto pueden
producir una filosofía que no es según perspectivas humanas independientes. Los creyentes en
realidad son capaces de desarrollar una filosofía que agrade a Dios. La razón para esto se encuentra
en el compromiso religioso que se está en la base del punto de vista Cristiano. Después de describir
la filosofía no cristiana como hemos visto en Colosenses 2:8, Pablo prosigue a revelar la naturaleza
del compromiso religioso que es fundamental para la filosofía Cristiana.
“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis
completos, en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Col.2:9-10).
En estos versículos Pablo da las razones para tener una filosofía Cristiana que es según Cristo. El
da tres ideas importantes respecto a esto. Primero, "en Él habita corporalmente toda la plenitud de
la Deidad." Cristo es Dios en forma corpórea y la filosofía tiene que estar basada en la lealtad a Él y
a su Palabra revelada en la Escritura. Sólo Dios conoce el universo exhaustivamente; solo Él puede
enseñar la verdad al hombre. Por lo tanto, si Cristo es Dios, debemos comprometernos con Él si
queremos tener una perspectiva que va a ser más que sutileza hueca. Segundo, "y vosotros estáis
completos, en Él." Es sólo por la unión con Cristo por fe que somos habilitados para ver a Dios, al
mundo y a nosotros mismos correctamente. Aparte de la fe en Él como la lealtad fundamental de
nuestras vidas, no podemos tener ninguna filosofía verdadera. La tercera razón que Pablo provee
para tener una filosofía de acuerdo con Cristo es que “es la cabeza de todo principado y potestad”.
Confiar en cualquier principio como más básico que la dependencia total en Dios es suponer que
hay otra autoridad por encima de Cristo. No obstante, no hay corte a la que podamos llevar a Cristo.
No hay ningún juez sobre él. Por lo tanto, lo que declara debe ser aceptado sin preguntas porque Él
es la autoridad absoluta en todas las cosas. Cada aspecto de la filosofía cristiana debe descansar
sobre un compromiso con la dependencia en Dios. La filosofía cristiana puede ser comparada con
un edificio grande que está sostenido por una viga de lealtad a la dependencia en Dios.
El compromiso cristiano con la dependencia en Dios a menudo es mal entendido de dos maneras.
Por un lado, a menudo se piensa que el compromiso con Cristo involucra sólo asuntos relacionados
con la iglesia. Los llamados asuntos seculares no son afectados por ese compromiso. Sin embargo,
este punto de vista está equivocado porque la lealtad al principio de la dependencia se extiende a
todas las áreas de la vida. Inclusive en la agricultura, el creyente reconoce que su conocimiento
viene de Dios.

29
“Después de que ha emparejado la superficie, ¿no siembra eneldo y esparce comino? ¿No
siembra trigo en hileras, cebada en el lugar debido, y centeno en las orillas? Es Dios quien lo
instruye y le enseña cómo hacerlo” (Isaías 28:25-26).
Toda nuestra sabiduría y conocimiento viene de Dios.
“Que nos enseña más que a las bestias del campo, que no hace más sabios que las aves del
cielo” (Job 35:11).
El cristiano busca la dependencia en Dios en todas las cosas para que pueda manejar todas las
cosas de acuerdo con este principio:
“Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando
gracias a Dios el Padre por medio de él”. (Col. 3:17)
Por otra parte, el compromiso con la dependencia total es mal entendido a veces como queriendo
decir que la filosofía cristiana es meramente escuchar la Escritura y orar. Sin embargo, los cristianos
no obtienen enteramente su filosofía sólo de la Biblia y de la oración, aunque sean cosas muy
importantes. Es incorrecta esa imagen de pasividad respecto a la acción cristiana. El cristiano mira
el mundo y descubre respuestas a sus preguntas por una búsqueda e investigación activas. Dios no
ha revelado en la Escritura respuestas detalladas para cada pregunta específica que se pueda
formular. Sin embargo, Dios nos ha dado directrices dentro de las cuales debemos construir nuestra
filosofía. Cuando Dios ordenó a Noé que construyera el arca, le dieron ciertas directrices por
revelación especial pero las cosas específicas fueron aprendidas aplicando esos principios a la
situación. Por ejemplo, Dios le dijo a Noé que sellara el arca pero no le específico la cantidad de
brea que debía poner. Noé, por tanto, tuvo que determinar la cantidad de brea que debía usar por
medio de ver cuánta era necesaria para que el arca no tuviera rajaduras. Se ordena a los creyentes
que dominen la tierra (Gen 1:28), pero no se nos dan los puntos específicos para cada aspecto de ese
menester. La filosofía cristiana no es meramente leer la Biblia y orar. Es una construcción
regulada por los principios de la Escritura.
A diferencia de los no cristianos, los creyentes tienen un suelo sólido que sostiene su
compromiso religioso con la dependencia en Dios. Es cierto que si un cristiano busca justificar su
dependencia por medio de alguna evidencia, esa evidencia estará basada en la dependencia humana.
Por ejemplo, un cristiano puede argumentar que su habilidad mental limitada en comparación con la
magnitud del universo es una razón para depender en Dios. Sin embargo, aun así esa razón es
convincente sólo si la dependencia en Dios ya ha sido aceptada. Como con la filosofía no cristiana,
también se piensa circularmente en la filosofía cristiana. No obstante, existe una diferencia
importante. La noción de la dependencia humana no depende en si misma para sostenerse.
Descansa sobre el suelo sólido de Dios y Su revelación. Cuando se le pregunta por qué es
dependiente en Dios, el cristiano responderá que se le ordena que lo haga en la revelación de Dios,
y que la Escritura es la autoridad para el cristiano porque es la Palabra de Dios. Declarará que sabe
que la Biblia es la Palabra de Dios por el testimonio del Espíritu Santo y la obra de redención de
Cristo. Dios, Cristo, el Espíritu Santo, y la Escritura todos se verifican a sí mismos porque no hay
otra autoridad suprema a quien apelar. No hay otro mayor en autoridad que Él mismo por quien
pueda jurar Dios.
Una acusación que a menudo se expone en este punto en contra del cristiano es que su
compromiso con la dependencia en Dios es en sí mismo una decisión independiente. En otras
palabras, el no cristiano puede decir que el subrayar la dependencia en Dios es el proceso
independiente de determinar que el cristianismo es la mejor opción de las religiones del mundo.
Por supuesto, esto es lo que parece haber ocurrido desde la perspectiva del no creyente. No
obstante, el cristiano se da cuenta que este no es el caso porque no se comprometió con la
dependencia en Dios después de una decisión independiente de hacerlo. Le fue dada la gracia de la

30
regeneración de Dios aparte de su propia voluntad. Por medio de la cual fue habilitado para
comprometerse a una total dependencia.
“Por lo tanto, la elección no depende del deseo ni del esfuerzo humano, sino de la
misericordia de Dios” (Ro 9:16).
No hay elección humana independiente en el compromiso con Cristo. Sólo el Creador que habla
en Su revelación es el fundamento sobre el cual descansa la fe cristiana.
Tanto los cristianos como los no cristianos están involucrados en argumentación circular; son
imposibles de evitar cuando consideramos nuestra convicción más básica. No obstante, una
diferencia importante debe notarse entre ellos. El pensamiento circular no cristiano consiste en el
intento de justificar la suposición infundada de la independencia por medio de pensamiento
independiente y es el resultado de la inhabilidad del pecador de hacer las cosas diferentemente
aparte de la fe en Cristo. Sin embargo, el pensamiento circular cristiano consiste en el
reconocimiento de que nada es más grande que la autoridad de Dios y Su Palabra. El primero es
evidencia del pensamiento fútil tratando de sostenerse a sí mismo. El segundo es la prueba de
mentes iluminadas que regresan al único que no necesita de alguna evidencia, a Dios el Creador de
todo. A pesar de las similitudes, estas diferencias forman un gran abismo entre los dos puntos de
vista del mundo el cuál cruza sólo aquel que ha sido tocado por la gracia regeneradora de Dios.

B. La Respuesta
La filosofía cristiana provee un escape de la futilidad del dilema no cristiano. En Cristo se
encuentra la base de la certeza del hombre y la respuesta a su incertidumbre. La filosofía cristiana
es respaldada por el compromiso a la dependencia en Dios que descansa en Dios y Su revelación.
Puesto que Dios es visto como la fuente de todo conocimiento, el cristiano no enfrenta el problema
de estar irreconciliablemente en certeza e incertidumbre. Por supuesto que hay certeza e
incertidumbre en la filosofía cristiana pero éstas son compañeras bajo el Señorío de Cristo.
Por un lado, el cristiano puede tener certeza del conocimiento del hombre siempre y cuando
sea dependiente en la revelación de Dios. Descansar nuestra filosofía en Dios y Su revelación
significa que aceptamos como ciertas aquellas cosas reveladas. A diferencia del no cristiano, la
certeza del cristiano no se destruye por lo que no conoce. Dios conoce todas las cosas
exhaustivamente y por lo tanto es capaz de proveer certeza para el ser humano a pesar de su finitud.
Mientras el hombre dependa en la revelación de Dios para entender a Dios, el mundo y a sí mismo,
conocerá verdaderamente sin temor al error.
Por otro lado, existe incertidumbre para el cristiano. Reconoce que es incapaz de tener
conocimiento de todas las cosas. Existen asuntos que están más allá de su comprensión y que no
fueron revelados por Dios. En tales áreas el cristiano confiesa incertidumbre y confía en la
sabiduría y entendimiento de Dios. Por ejemplo, el creyente es incapaz de resolver el misterio de la
divinidad y humanidad de Cristo. Sin embargo, confía en que no es un misterio para Dios y que es
verdad porque Él lo dice. Depender en Dios es confiar en Él en esas áreas que no podemos
entender. En este sentido, se puede decir que los cristianos tienen una incertidumbre dependiente.
Para aclarar la diferencia entre la certidumbre e incertidumbre cristiana y no cristiana,
consideraremos varias ilustraciones de la perspectiva cristiana respecto a estos asuntos. Los
incrédulos están en el dilema de la certeza absoluta y la total incertidumbre. Sin embargo, los
cristianos encuentran la solución a esta dificultad por medio de tener una certeza dependiente y una
incertidumbre dependiente. Mostraremos cómo esta solución se relaciona con el concepto cristiano
de Dios, el mundo y el ser humano.

31
1. Respecto a Dios
El cristiano tiene una certeza dependiente acerca de la existencia y el carácter de Dios porque
recibe como verdadera la revelación de Dios en la Escritura. Dios ha dicho y revelado que puede ser
conocido por aquellos que se comprometen a creer en Su Hijo. Aun así, el cristiano tiene una
incertidumbre dependiente porque no conoce todo acerca de Dios. Dios ha mantenido escondidas
algunas cosas; además el pecado remanente en la vida del creyente le estorba para conocer lo
revelado como debiera. Aun así, esta incertidumbre no destruye todo lo que el cristiano conoce de
Dios porque Dios tiene todo entendimiento y conocimiento, y la filosofía cristiana depende de la
revelación del Dios que todo lo conoce.

2. Respecto al Mundo
La filosofía cristiana no cae presa del dilema del pensamiento no cristiano cuando considera el
mundo externo. La certeza dependiente se encuentra en la perspectiva cristiana porque la Escritura
enseña que Dios ha creado un mundo ordenado que es entendible y que Él ha provisto directrices en
la Biblia para entenderlo. La incertidumbre dependiente está presente en el punto de vista cristiano
por varias razones. Lleva tiempo aplicar la enseñanza de la Biblia a los muchos aspectos de todo el
universo. Además, la presencia del pecado trae consigo la posibilidad de que el cristiano pueda ser
negligente con la Biblia o mal entender el mundo, la Biblia, o ambos. Consecuentemente, la
filosofía cristiana tiene una certeza dependiente y una incertidumbre dependiente cuando considera
el mundo externo.

3. Respecto al Ser humano


El Cristiano al considerarse tiene una certeza e incertidumbre dependientes. El cristiano sabe
que es la imagen de Dios porque Dios lo ha revelado en la Escritura. No obstante, al igual que hay
aspectos desconocidos del mundo externo, también hay misterios acerca de nosotros que el cristiano
no es capaz de entender. Además, el pecado causa que el creyente mal entienda y algunas veces
rechace la verdad de su propio carácter. Aun así, el cristiano está comprometido a la noción de que
Dios entiende totalmente el carácter humano. De esta manera, aunque el cristiano tenga una
incertidumbre dependiente, también tiene una certeza dependiente.
En tanto que los no cristianos han alterado su relación con Dios y han caído presa del dilema del
juicio de Dios como consecuencia, los cristianos, por su parte, han sido vueltos a unir a Dios y han
encontrado en Él la confianza que necesitaban para tener certeza y la solución a su incertidumbre.

C. El Mito de la Neutralidad
Ahora que hemos visto la diferencia entre la filosofía no cristiana y la cristiana, es importante
ver que estos puntos de vista son sólo posiciones que pueden ser adoptadas por el ser humano. Por
supuesto, tanto el cristiano como el no cristiano pueden ser más o menos congruentes con sus
perspectivas, pero no hay área de neutralidad entre las dos filosofías. Contrario a la perspectiva
bíblica, algunos cristianos y no cristianos no creen que no exista una posición neutral, un lugar para
estar fuera de la lealtad a la independencia o la dependencia. No todos los incrédulos declaran ser
neutrales pues algunos están comprometidos abiertamente con sus creencias religiosas. Sin
embargo, especialmente en el marco de referencia del aprecio por la ciencia, muchos no cristianos
declaran que no tienen una lealtad fundamental o por lo menos que llegaron a sus convicciones
después de mirar el mundo desde una posición neutral. Difícilmente pasa un día en el que no
escuchemos a alguien decir, “Sólo quiero ver los datos objetivos tal y como son. Quiero alejarme
de preguntas de carácter religioso”. Aunque tengan buenas intenciones, estos no creyentes están
lejos de ser neutrales. Simplemente no se dan cuenta que inclusive el buscar la neutralidad es

32
rechazar a Cristo. Él no pide “honestidad neutral” pues esa posición simplemente es una forma
disimulada de lealtad a la independencia. Como Jesús dijo,
“El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.” (Mateo 12:30)
Aunque parezca raro, hay un sentido en el que los cristianos también tratan de encontrar un lugar
para la neutralidad. De hecho, la idea de un área de neutralidad entre los cristianos y los no cristianos ha
sido una idea central de muchos apologistas en el pasado. Esencialmente, a veces los cristianos buscan
equivocadamente un terreno en común entre el creyente y el incrédulo sobre el cual puedan construir un
argumento a favor de la credibilidad del cristianismo. Es importante para el desarrollo de una
apologética bíblica mirar esas supuestas ideas neutrales y ver por qué no son neutrales para nada.
La consistencia lógica se ofrece como un principio en el cual concuerdan los creyentes e incrédulos.
Si queremos mostrar al no cristiano que el cristianismo es verdadero podemos presentarle la lógica de
creer en Dios, Cristo y la Escritura y por medio de eso, razonar con él, para que entre al reino o por lo
menos, lo encaminemos en esa dirección. No obstante, debe tenerse cuidado, porque aunque los
creyentes y los incrédulos puedan concordar en la necesidad de un pensamiento bien ordenado, el
concepto cristiano de los límites y funciones de la lógica difiere en gran manera del concepto de los
incrédulos. La razón humana, en sus formas más puras y sofisticadas pertenece, sin embargo, al ámbito
de lo creado, y está influenciada por la lealtad del que razona. La lógica no es neutral.
Algunas veces se sugiere la experiencia sensorial como una esfera de neutralidad. Se supone que el
no creyente ve y oye las mismas cosas que el cristiano y que por lo tanto es un terreno neutral en el cual
se podría trabajar. Aun así, debemos recordar que aunque ambos sean expuestos a la misma
información, los cristianos están comprometidos a entender esa información como es a la luz de la
revelación de Dios, y los no cristianos están comprometidos a construir mal el mundo en términos de su
lealtad a la independencia. De hecho, no existen los llamados “hechos comprobados” de alguna ciencia
que los creyentes e incrédulos acepten en común. Ya sea en psicología, biología, historia, matemáticas,
filosofía, teología, etc. los “hechos” de la ciencia son entendidos diferentemente por los cristianos y los
no cristianos por lo que no son neutrales. No existe un terreno neutral para hablar acerca de “hechos”
sin la influencia de nuestros compromisos fundamentales. Entendemos los datos como cristianos o los
entendemos como no cristianos.
Algunas veces se objeta esta noción con esta pregunta, ¿Cómo pueden los cristianos comunicarse
efectivamente con los no cristianos? La respuesta a esta pregunta radica en el hecho de que aunque no
hay neutralidad y no hay punto de acuerdo real entre los creyentes e incrédulos, tenemos en común el
mundo en que vivimos, nuestra creación a la imagen de Dios y el ofrecimiento gratuito del
evangelio. Los cristianos y los no cristianos caminamos en el mismo mundo. Caminamos por las
mismas aceras, compramos en las mismas tiendas y comemos los mismos alimentos. En este
sentido podemos realizar las mismas funciones mecánicas en este mundo. Como imagen de Dios,
aun el hombre caído razona, piensa, siente las cosas, y es capaz de usar el lenguaje humano.
Consecuentemente, podemos comunicarnos e inclusive concordar superficialmente, aunque
permanezcan nuestras diferencias radicales. Además, como imagen de Dios, el no cristiano conoce
en su corazón a Dios y Sus mandatos. Cada hecho de la creación le habla de Dios aunque lo
niegue. Aun las mismas palabras del no cristiano hablan de la consciencia acerca de Dios la cual
nunca logra evadir del todo. Finalmente, nos podemos comunicar efectivamente con el no cristiano
porque la obra potencial del Espíritu Santo siempre está presente. Es por medio del Evangelio
hablado a oídos sordos que el Espíritu Santo abre el corazón y trae fe en Cristo. El reconocimiento
de la naturaleza mítica de la neutralidad no destruye toda esperanza de una comunicación efectiva
con el incrédulo. De hecho, es sólo cuando reconocemos que no hay neutralidad que comenzamos
a comunicarnos con el no cristiano de una manera relevante a su necesidad de Cristo.
Existen dos posturas opuestas en el mundo hoy en día. No se puede desarrollar una apologética
bíblica si no se reconoce la existencia de estas perspectivas.

33
Preguntas de Repaso
1. ¿Cuál es el compromiso fundamental de la filosofía cristiana?

2. ¿Cómo deberían justificar su compromiso los cristianos?

3. ¿Por qué es importante apelar a Dios y la Escritura como el terreno sólido donde descansa
nuestro compromiso?

4. ¿Cómo difiere el pensamiento circular de los cristianos del de los no cristianos?

5. ¿Cuál es la solución cristiana al dilema del pensamiento no cristiano?

6. ¿Por qué son complementarias en el sistema cristiano la certeza e incertidumbre dependientes?

7. ¿Cómo a veces los cristianos y los no cristianos declaran ser neutrales?

8. Si no existe un terreno neutral, ¿Cómo pueden los creyentes comunicarse efectivamente con los
incrédulos?

34
Lección 8. Actitudes y Acciones
“Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para
responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con
gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia, para que los que hablan mal de la
buena conducta de ustedes en Cristo, se avergüencen de sus calumnias”. (1Pe 3:15-16)

Ahora que hemos considerado algunos aspectos de la enseñanza bíblica acerca del hombre y sus
filosofías, podemos poner nuestra atención en asuntos relacionados más directamente con la
práctica de la apologética. Las ideas que hemos visto hasta ahora son importantes como trasfondo
para defender la fe, pero necesitamos decir mucho más aun acerca del “cómo” de la apologética
bíblica. En esta lección, nos ocuparemos de algunas actitudes y acciones básicas que son
importantes para defender la fe.
En una lección anterior vimos que 1 Pedro 3:15 estableció la responsabilidad de que cada
cristiano esté preparado para defender el evangelio. Una mirada más cercana al pasaje revela que
no sólo se nos dice que presentemos defensa sino tenemos también algunas direcciones valiosas de
cómo hacer la defensa. Pedro habla de las actitudes y acciones de la apologética enfocándose
primero en la necesidad de un método bíblico, “Honren en su corazón a Cristo como Señor” (3:15).
Segundo, se refiere a las actitudes de “gentileza y respeto” (3:15) cuando hablen con un no
creyente. Tercero, habla de la importancia de una “conciencia limpia” y una “buena conducta en
Cristo” (3:16). Siguiendo estas tres categorías, aunque en orden inverso, encontramos que la
Escritura tiene mucho que decir acerca de la relación de la apologética con nuestras vidas, nuestro
enfoque, y nuestros métodos.

A. Una vida Coherente


Un andar cotidiano cristiano coherente es un aspecto indispensable para la apologética bíblica. A
menudo los cristianos se interesan tanto en las técnicas de la práctica de la apologética o en la teoría
que sustenta a la apologética que olvidan cómo afectan con sus vidas a su defensa. Es este descuido
que hace que la apologética cristiana se reduzca a un aire caliente, palabras vacías sin el testimonio
concreto de una vida piadosa. Pedro, conociendo estas cosas, advierte a sus lectores que deben
vivir con una “consciencia limpia” de tal forma que les injurien sólo por su “buena conducta en
Cristo” (1P 3:16). El mundo incrédulo a menudo juzga el valor del evangelio por la coherencia de
la vida que observan en el creyente. Ya sea en la iglesia, trabajo o el hogar, hacemos inefectiva
nuestra defensa por las incongruencias en nuestras vidas. En ocasiones podemos escuchar a un
cristiano defendiendo su fe ante un incrédulo y al mismo tiempo, atacando a su hermano cristiano
con quien tiene discrepancias en asuntos secundarios. Tales cristianos no se dan cuenta que su
oposición explícita hacia otros creyentes realmente estorba su defensa de la fe. De hecho, quizá no
haya un obstáculo mayor a la apologética cristiana que las peleas y riñas que hay en la iglesia.
Jesús mostró su preocupación por el efecto de la desunión en el testimonio de la iglesia al mundo al
decir,
“Yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo
reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí” (Juan
17:23)
Debemos llenar nuestras iglesias con unidad y amor cristiano si queremos convencer al mundo
incrédulo. Un factor que a menudo estorba al cristiano para defender la fe en el trabajo o la escuela
es su propio fracaso en ser irreprensible ante sus coetáneos y superiores. Un empleado que se
emborrachó en la fiesta navideña de la compañía difícilmente se presenta firme por el evangelio

35
cuando se discute el lunes siguiente el verdadero significado de la navidad. Un estudiante cristiano
encontrará difícil defender el cristianismo frente a su grupo, si la noche anterior lo descubrieron
haciendo trampa en sus tareas. En nuestros vecindarios, la unidad de nuestros hogares, la
apariencia física de nuestras casas, nuestras actitudes amigables y útiles hacia nuestros vecinos
afectan nuestra habilidad de ofrecer una defensa eficaz de la fe. Cuando estas áreas de nuestras
vidas no son coherentes con el estándar cristiano, nuestra apologética tampoco llegará a la medida.
El nombre de Cristo caerá en desgracia y será el objeto de difamación y burla por nuestra culpa.
Aun las áreas más privadas de nuestras vidas cristianas fortalecen o debilitan nuestra defensa del
cristianismo. Las prácticas básicas de lectura bíblica cotidiana, meditación y oración son vitales
para la apologética bíblica. De acuerdo con el salmo 1, el hombre justo es aquel que “en la ley del
Señor se deleita, y día y noche medita en ella” (Sal 1:2)
Debemos involucrarnos diariamente en la lectura y aplicación de la Palabra de Dios a nuestras
vidas. De otro modo, nos alejaremos de los caminos de justicia y haremos que nuestra defensa sean
palabras de hipocresía. Además, como veremos, algo central del método bíblico de defensa de la fe
es la habilidad de dar respuestas bíblicas a la objeción de los incrédulos. Sólo alguien que está
familiarizado con la Biblia por medio de la lectura y meditación regular tendrá la riqueza de
conocimiento necesario para dar una respuesta bíblica a las preguntas de los incrédulos. Sin el
conocimiento de la Escritura es prácticamente imposible una defensa bíblica.
Además, una vida de oración constante es la clave para la apologética eficaz. El cristianismo no
es una religión de asentimiento impersonal de ciertas nociones religiosas, defendibles por medio de
argumentos rígidos. Es una relación personal dinámica entre el creyente y Dios a través de Cristo.
Por medio de la oración llamamos a Dios “Padre nuestro que estás en el cielo”. Una vida de
oración nos acerca a Dios y nos hace conscientes del poder vivo de su Espíritu Santo. Pablo dijo,
“Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).
Será sólo hasta que nuestras vidas estén llenas de oración que veremos el desarrollo de la
apologética bíblica en nuestras vidas. Esto es cierto especialmente cuando estamos practicando la
defensa de la fe en la vida real. Muy a menudo, los cristianos estudian apologética y crecen en
confianza personal. Esta auto-confianza se exhibe en que abordan al no creyente sin la menor
consciencia de su necesidad de la ayuda de Dios para esa situación. Aunque pueden sentirse
seguros y trabajan duro defendiendo la fe, raras veces tales cristianos ven bastante fruto de su labor.
Puede ser que desconcierten al incrédulo pero no lo convertirán por su propia fuerza. Debemos ser
constantes en la oración antes de enfrentar a nuestros oponentes y después de haber hablado con
ellos para que podamos estar confiados nada más en Cristo.
La necesidad de un andar cristiano coherente no puede ser enfatizada demasiado. Sin esto,
nuestros esfuerzos en la apologética son vanos. Podemos tratar de convencer con palabras a los
incrédulos para que vayan al cielo, pero si vivimos como aquellos destinados para el infierno,
difícilmente podemos esperar algún éxito. Los defensores más poderosos de la fe caerán si carecen
de una vida coherente.

B. Un Enfoque Cuidadoso
En 1 Pedro 3:15-16, Pedro habla de la manera de enfoque que debemos tener en la apologética
bíblica, diciendo que debemos hacerlo con “gentileza y respeto”. Pedro nos recuerda que debemos
ser cuidadosos cuando hablemos con los no creyentes; nuestro enfoque puede marcar toda la
diferencia del mundo cuando defendemos la fe. De hecho, algunas veces el enfoque habla más
fuerte que las palabras. Existen numerosos ejemplos de personas que no fueron persuadidas por los
argumentos sino por las actitudes del apologista. Hay muchos pasajes de la Escritura que dan

36
dirección para nuestro enfoque. Consideraremos algunos de ellos y luego resumiremos su
enseñanza.

“Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada
momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán
cómo responder a cada uno” (Col 4:5-6).

“Recuérdales a todos que deben mostrarse obedientes y sumisos ante los gobernantes y las
autoridades. Siempre deben estar dispuestos a hacer lo bueno: a no hablar mal de nadie, sino
a buscar la paz y ser respetuosos, demostrando plena humildad en su trato con todo el mundo
(Tito 3:1-2).

“No tengas nada que ver con discusiones necias y sin sentido, pues ya sabes que terminan en
pleitos. Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos,
capaz de enseñar y no propenso a irritarse. Así, humildemente, debe corregir a los
adversarios, con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la
verdad, de modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los tiene cautivos,
sumisos a su voluntad” (2 Timoteo 2:23-26).

Por supuesto, estos versículos sólo son algunas de las porciones de la Escritura que pueden
relacionarse con el enfoque apropiado en la apologética y sería imposible derivar todas las
implicaciones de estos pasajes. Sin embargo, existen cierto número de directrices que pueden
sugerirse en este momento. Cada una de éstas, está diseñada para ayudar al apologista a evitar los
extremos que surgen a menudo cuando abordamos a un incrédulo.

1. Firmeza Amable
Parece inevitable que los cristianos vengan a un incrédulo con demasiada firmeza o demasiada
amabilidad. Hemos visto que Pedro dice que debemos defender la fe con “gentileza” (1 Pedro 3:15)
y Pablo le dijo a Timoteo “humildemente, debe corregir a los adversarios” (2 Timoteo 2:25). El
apologista que trata de seguir estos mandamientos bíblicos algunas veces pensará que la gentileza
es equivalente a comportarse con inseguridad acerca de su lealtad a la dependencia en Dios. En
estos casos, el cristiano puede sentirse tentado a declarar cosas como… “Bueno, no tengo certeza de
que el cristianismo es verdadero…” o “supongo que es posible que esté equivocado…” No
obstante, estos creyentes necesitan recordar la firmeza que deben tener. La gentileza no debe
transigir, sino mantenerse firmemente en la confianza en la Palabra de Cristo. Por otro lado,
algunos cristianos, convencidos de la necesidad de la firmeza de convicción, van en busca de los
incrédulos con toda la artillería. Viéndose como cruzados invencibles, persiguen al incrédulo,
buscándolo sin misericordia y tratando de cazarlo para el Reino. Tales personas necesitan recordar
la directriz bíblica de la gentileza al abordar a un incrédulo. Perjudicamos al incrédulo si no
ofrecemos las exigencias del evangelio con firmeza. Debemos ser firmes con los incrédulos como
llamaríamos a un amigo que está a punto de caerse en el barranco. No obstante, también debemos
ser gentiles, no sea que en nuestro entusiasmo acabemos empujándolo al barranco en vez de
salvarlo de la muerte. La gentileza firme de la apologética bíblica puede compararse con la guía
cuidadosa de un amigo amoroso dirigiendo a un amigo ciego a un lugar de seguridad en este
mundo: la seguridad de Cristo.

37
2. Desafío Respetuoso
Pedro también dice que debemos defender la fe con “reverencia” (2 Pedro 3.15) o respeto hacia
los incrédulos. No obstante, también esta noción es malentendida por muchos apologistas. Muy
frecuentemente, los cristianos tienen la idea de que respetar al incrédulo implica que no podemos
desafiarlo: “Es mucho más inteligente que yo. Ni siquiera puedo comenzar a discutir con él”. Es
verdad que de acuerdo con los estándares humanos un creyente puede estar por debajo de la
inteligencia y prestigio de un incrédulo.
“Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según
criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna”
(1Co 1:26).
Sin embargo, esto no significa que no deberíamos desafiar aun a los más grandes entre los
hombres. Debemos responder a cada persona (Co 4:5-6) corrigiendo a aquellos que se oponen (2T
2:25). Debemos estar listos y dispuestos para desafiar a los incrédulos. De hecho, una de las tareas
más importantes de los apologistas es desafiar a los no creyentes de tal manera que le demuestre
que no tiene razón para sentirse orgulloso o confiado en sus habilidades. Debemos hacerle saber
que sólo es un ser humano.
Sin embargo, algunos cristianos desafían pero no tienen reverencia y respeto. Piensan, “No
importa quién se crea que es, pero este incrédulo es un don nadie. Es un necio. Sólo yo tengo la
verdad” Esta actitud se muestra a menudo en el estudiante que piensa que sus profesores incrédulos
son tontos sin remedio y los desafía con un aire de arrogancia y superioridad. Estos creyentes
necesitan recordar la instrucción bíblica relacionada con la reverencia y el respeto. No debemos
“hablar mal de nadie, sino a buscar la paz y ser respetuosos, demostrando plena humildad en su
trato con todo el mundo” (Tito 3:2). Al mismo tiempo que debemos desafiar al incrédulo para que
abandone sus caminos de independencia y confíe en Cristo para salvación, debemos también
hacerlo respetuosamente. El desafío respetuoso es un aspecto importante del enfoque cuidadoso.

3. Respuestas Directas
Otro problema que a menudo surge cuando abordamos a un no creyente es la tendencia a hacer
caso omiso de sus preguntas y llevar la conversación hacia cualquier meta personal o seguir
cualquier línea de pensamiento que desee trazar. Por un lado, está la perspectiva de que debemos
presentar defensa a cada uno (1P 3.15) y que esto significa el cristiano debe seguir la dirección de la
conversación cualquiera que esta sea. El deseo de ser genuinos en nuestra preocupación por las
preguntas del incrédulo es bien intencionado. Sin embargo, no existe apoyo bíblico para asumir que
debemos responder cada pregunta sin excepción. Dar respuesta a cada persona, como dice Pedro,
es diferente a responder cada pregunta. De hecho, Pablo le dijo a Timoteo, “No tengas nada que
ver con discusiones necias y sin sentido, pues ya sabes que terminan en pleitos” (2T 2:23).
Debemos estar preparados y dispuestos para responder los cuestionamientos de los incrédulos, pero
siendo cuidadosos de evitar el tipo de preguntas que sólo llevan a discusiones inútiles. En vez de
eso, debemos dirigir nuestras conversaciones con el mundo incrédulo para que Dios pueda
concederles el arrepentimiento (2T 2:25). Debemos tener un propósito definido, llevar a Cristo a
los perdidos. No debemos estar interesados en mostrar nuestras habilidades para discutir y
argumentar. Debemos escoger responder aquellas preguntas y seguir esas líneas de pensamiento
que lleven la conversación al asunto principal: fe en Cristo y sumisión a él como el Señor.

4. Preparación Cuidadosa
La práctica de la apologética bíblica es un asunto difícil de discutir porque implica relacionar los
principios bíblicos a un mundo de circunstancias cambiantes. Esta dificultad ha causado que los

38
defensores de la fe vayan a un extremo o al otro. Una perspectiva es que debemos estar
preocupados por la individualidad del incrédulo con quien tenemos contacto al punto de evitar toda
estructura de nuestro enfoque en la apologética. Algunos dicen, “No puede haber un sistema o
método que siempre funcione, así que no prepares ningún método”. Aunque tengan buenas
intenciones, estos creyentes han olvido el mandato bíblico de prepararse para defender la fe y no se
dan cuenta de que sólo los que son tremendamente creativos y bendecidos son capaces de decir algo
sin una estructura previamente concebida. Por otro lado, hay algunos que ven la necesidad de un
método y sugieren, después de investigar, un enfoque detallado para usarse en toda situación. Las
palabras de Pablo en Colosenses 4:4-6 hablan de este asunto. Debemos caminar con “sabiduría”
hacia los incrédulos. Sin embargo, ese actuar con sabiduría debe ser sazonado con sal. Entonces,
seremos capaces de conocer cómo debemos responder a cada persona. La sabiduría en la
apologética implica tanto la sazón de la preparación bíblica para enfrentar las situaciones como la
flexibilidad de hablar en cada situación y con las personas con interés y amor cristiano. Las
necesidades de un hombre mayor en su lecho de muerte son bastante diferentes a las necesidades de
un estudiante universitario. Sus preguntas serán diferentes y debemos estar preparados para
responder a ambos individualmente. Con una preparación cuidosa el apologista será capaz de
enfrentar diferentes personas y circunstancias de una manera que complazca a Dios y sea útil a su
prójimo.
Hay muchos otros asuntos que se relacionan con nuestras actitudes y acciones en nuestros
encuentros con los incrédulos. Apenas hemos visto algunos de los asuntos centrales. La única
manera de tener con seguridad un enfoque cuidadoso es revisarlo constantemente a la luz de la
Escritura, pero tal enfoque proveerá las bases para una apologética bíblica exitosa y eficaz.

C. Un Procedimiento Correcto
Además de una vida coherente y un enfoque cuidadoso, la apologética bíblica debe seguir un
procedimiento correcto también. El tipo de respuestas que damos a las preguntas de los incrédulos
son muy importantes para la defensa del cristianismo. Para desarrollar un método apropiado
debemos tener presentes los principios básicos de la Escritura que hemos discutido en las lecciones
previas. Será útil mencionar de nuevo algunos de ellos.

1. La apologética bíblica construye un método basado en la enseñanza de la Escritura.


La Biblia tiene mucho que decir sobre apologética. Ofrece un trasfondo teológico que da las
bases y la meta de defender la fe. La teología de la Biblia provee directrices generales que
gobiernan el método de apologética. Además, existen numerosas referencias específicas acerca del
tipo de procedimiento que debe usarse por los creyentes al ser confrontados por los incrédulos.
Además de todos estos puntos útiles, la Escritura contiene muchos ejemplos de cómo los varones de
Dios han defendido la fe en el pasado y debemos tomar en cuenta esos ejemplos al estar
desarrollando un procedimiento correcto. Algo fundamental de la apologética bíblica es que debe
ser bíblica.

2. La apologética bíblica requiere que los creyentes presente su caso a favor del cristianismo
con la seguridad completa de que su fe es verdadera y totalmente defendible.
Cuando defendemos la fe, apoyamos nuestra defensa en la veracidad del cristianismo y
respondemos a la incredulidad desde esta postura. Un procedimiento apropiado comienza con la
convicción firme de que Jesús es el Señor (1P 3:15) y que Su Palabra es verdad sin lugar a dudas. El
cristiano nunca debe conceder la posibilidad de que Cristo no es el Señor porque él está limitado y
puede descubrir un dato nuevo que demuestre que el cristianismo es falso. Él sabe con certeza que

39
su fe es verdad porque Dios, que sabe todas las cosas, lo ha revelado así. Los apologistas cristianos
a menudo son tentados a abandonar este principio al argumentar que el cristianismo es meramente
una “hipótesis posible” o que es “probablemente verdadero”. No obstante, cuando procedemos de
esta manera, estamos concediendo que es posible que sea falsa la religión cristiana. Tal método no
debe ser aceptado por el apologista bíblico. Cuando defendemos la fe debemos estar firmes en
nuestra lealtad a la dependencia en Dios.

3. La apologética bíblica debe mantener la distinción Creador-criatura.


Los cristianos deben recordar siempre cuando defienden la fe que la razón humana nunca debe
tratarse como la autoridad suprema o final. La meta de la apologética es lograr que las personas se
sometan dependientemente a Dios y no debemos tratar de llevarles a ese punto por medio de animar
al incrédulo a continuar estableciéndose como el juez de la credibilidad del cristianismo. Muy a
menudo, los apologistas meramente desafían a los incrédulos a limpiar algunas de las fallas de su
supuesta razón independiente. No obstante, en ninguna parte de la Escritura se le dice a los
hombres que se sienten como jueces sobre las declaraciones de Cristo; Constantemente se les
exhorta a abandonar sus caminos de necia rebelión y a reconocer su total dependencia de Dios.

4. La apologética bíblica toma en consideración los efectos del pecado y la regeneración


sobre la habilidad de conocer verdaderamente y de tomar decisiones morales correctas.
Los no cristianos rechazan a Dios como la fuente de verdad; los cristianos, por su parte,
reconocen su dependencia en Dios y Su Palabra buscando someter todo su ser a Él. Por esta razón,
no existen “datos neutrales” sobre los cuales el cristiano pueda edificar un caso a favor de la fe
cristiana. No existen tales puntos de apoyo para la fe. Los cristianos buscan entender todos los
datos a la luz de la Escritura, y los incrédulos buscan rechazar todo reconocimiento de Dios. Un
procedimiento apropiado para defender la fe debe reconocer este carácter de todos los datos y actuar
en correspondencia.

5. La apologética bíblica busca comunicarse efectivamente y convencer al no cristiano sobre


la base de que es la imagen de Dios y que está consciente de su estado como criatura.
La historia de la apologética está plagada por la idea de que la racionalidad o la lógica es lo que
hace posible que un incrédulo pueda convencerse del cristianismo. De hecho, de una manera o la
otra, esta ha sido la dificultad con la mayoría de los procedimientos apologéticos. Cuando se sigue
un método bíblico debemos recordar que la comunicación eficaz viene por el hecho de que el
hombre caído todavía es imagen de Dios y por lo tanto, conoce a Dios aunque rehúse reconocerlo.
Cuando sea que hablemos con el incrédulo podemos sentirnos confiados no porque es razonable o
lógico. Podemos hablar con él sobre la base de quién es y lo que ya conoce.

Estos cinco principios forman un buen trasfondo para el desarrollo posterior de un procedimiento
apropiado en las lecciones futuras. Si se mantienen en mente, no será difícil construir un método
bíblico.
En esta lección hemos introducido la práctica de defender la fe. Aunque estas perspectivas
fueron meramente preliminares, nuestra vida, enfoque y procedimiento son aspectos esenciales de
la apologética bíblica.

40
Preguntas de Repaso:
1. ¿Qué efectos pueden tener sobre nuestra defensa los varios aspectos de nuestra vida cristiana?

2. Menciona tres principios para recordar cuando hablemos con un incrédulo. ¿Puedes apoyar
éstos con la Escritura?

3. ¿Cuáles son los cinco principios bíblicos que deben guiar nuestro procedimiento cuando
defendemos la fe? ¿Puedes apoyar éstos con la Escritura?

41
Lección 9 La Estructura Básica de una Defensa Bíblica
“Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él.
Responde al necio como merece su necedad, para que no se estime sabio en su propia
opinión”. (Proverbios 26:4-5)

Observar los errores cometidos por otros en la apologética, como hemos hecho en la lección
anterior, ciertamente es valioso, pero es mucho más importante la tarea de desarrollar
positivamente una defensa bíblica del cristianismo. En esta lección buscaremos proponer la
estructura básica de una apología que toma en consideración las directrices encontradas en la
Escritura. Sin embargo, antes de comenzar, debe recordarse que la Biblia no nos da unas
instrucciones paso a paso para defender la fe. Por lo tanto, es necesario reconocer que la estructura
sugerida en esta lección sólo es una entre muchas que reflejan adecuadamente los principios
bíblicos involucrados. Las sugerencias de esta lección pueden ser útiles para algunos y no para
otros. Además, a veces sólo algunas de estas ideas serán apropiadas para las situaciones
particulares. Sin embargo, cualquier enfoque opcional que se adopte debemos asegurarnos de que
el método esté en línea con los principios bíblicos que hemos discutido en las lecciones previas.

A. Evangelismo y Apologética
Un asunto importante para la estructura de la defensa bíblica es la relación entre la apologética y
el evangelismo. Muchas prácticas no bíblicas surgen de un malentendido de esta relación y se
encuentran entendimientos valiosos en una perspectiva correcta. El evangelismo y la apologética
son similares en varios respectos. Ambos son responsabilidades que tienen, hasta cierto punto,
todos los creyentes. Todos los creyentes deben esparcir el evangelio de Cristo y defenderlo por
medio de sus palabras y hechos. Tanto el evangelismo como la Apologética asumen que hay un
grado de disposición por parte del incrédulo de escuchar y discutir las declaraciones de Cristo en su
vida. Ni el evangelista ni el apologista deben tirar sus perlas preciosas de verdad ante aquellos que
sólo desean burlarse de Cristo (Mateo 7:6). En ambas áreas el cristiano está lidiando con asuntos de
vida o muerte. Muchos piensan que la apologética es un mero ejercicio intelectual en que nada está
en juego sino ganar o perder un argumento. Sin embargo, como hemos dicho antes, en la
apologética ofrecemos al incrédulo la opción de la salvación o el juicio, tal y como lo hacemos en el
evangelismo. De esta manera, la apologética bíblica no puede garantizar la conversión del
incrédulo como tampoco lo puede hacer el evangelismo. A pesar de todos nuestros esfuerzos y
nuestros argumentos más profundos, el incrédulo no será ganado a menos que sea tocado por la
gracia de Dios y se disponga para creer con su corazón. Nadie se volverá un ganador de almas
porque aprenda sobre apologética; sólo la gracia de Dios puede hacer que el evangelio sea eficaz.
Estas conexiones cercanas entre el evangelismo y la apologética pueden notarse por la manera en
que están relacionadas en la Escritura. En Hechos 26:2 se nos dice que Pablo presentó su defensa
ante el rey Agripa, pero ofreció el evangelio de Cristo como un parte vital, o más bien, como el
clímax de su defensa, diciendo,
“que el Cristo padecería y que, siendo el primero en resucitar, proclamaría la luz a su propio
pueblo y a los gentiles” (Hechos 26:23).
Además, cuando Pablo escribió a Timoteo acerca de su primera defensa del cristianismo,
mencionó que tenía esperanza de que en su defensa “se llevara a cabo la predicación del mensaje y
lo oyeran todos los paganos” (2 Timoteo 4:17). En otras palabras, la apología de Pablo iba ser
completa sólo si cumplía con la necesidad de la proclamación del evangelio a los gentiles.
Cualquiera que sean nuestras circunstancias, la defensa de la fe debe estar entrelazada con la

42
declaración de las buenas noticias de que la salvación del pecado y la muerte ha venido por medio
de la muerte y resurrección de Jesús, el Hijo de Dios.
Si las similitudes entre la apologética y el evangelismo se mantienen presentes, podremos evitar
un entendimiento equivocado. La apologética no es un intento de confrontar sólo la mente del
incrédulo al tiempo que dejamos su voluntad y emociones para el evangelismo. Cuando
defendemos la fe apropiadamente no argumentamos meramente a favor del cristianismo en
preparación para un paso posterior de desafiar al incrédulo a venir a Cristo para salvación. En vez
de eso, la apologética confronta la personalidad entera del incrédulo con las exigencias de Dios en
Cristo. La Defensa del evangelio no precede meramente al ofrecimiento del evangelio; implica la
declaración del evangelio.
Mientras que es importante tomar en cuenta la afinidad de la apologética y el evangelismo,
también es necesario hacer algunas distinciones. A menos que lo hagamos, puede resultar una de
dos tendencias. Por un lado, el creyente puede tender a abandonar todos los intentos de defender la
fe y meramente sustituirlo con la predicación de la fe. Si la apologética y el evangelismo son
enteramente iguales, el cristiano puede rehusarse a responder las preguntas de incredulidad y decir,
“¡debes creer lo que estoy diciendo porque debes creer!” Este procedimiento, obviamente, está muy
lejos del de Cristo y sus apóstoles quienes tomaron en serio las objeciones de sus opositores. Por
otro lado, si no se distingue entre la apologética y el evangelismo puede causar que el cristiano
piense que tiene que dar una defensa larga y elaborada para que el incrédulo confíe en Cristo. Si el
no creyente se acercara a tal cristiano y le dijera que desea creer, el cristiano respondería, “¡Espera
un momento! No puedes creer en verdad hasta que haya respondido a las objeciones que tienen
usualmente otros en contra de la fe en Cristo”. Debemos recordar que en respuesta a situaciones
similares, Pablo respondió simplemente, “Cree en el Señor Jesús y serás salvo” (Hechos 16:31). La
identificación total de la apologética con el evangelismo a menudo lleva a métodos y prácticas no
bíblicas. Se debe tener el cuidado de distinguir entre ambos.
Es útil ver la diferencia entre la apologética y evangelismo como una de empuje o intención. El
evangelismo está dirigido hacia la proclamación del juicio venidero y las buenas noticias de
salvación en la muerte y resurrección de Cristo. Se le dice al incrédulo con certeza: “El que cree en
el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que
permanecerá bajo el castigo de Dios” (Juan 3:36).
Sin embargo, la apologética se ocupa más con la justificación de estas declaraciones. Hacemos
una defensa a todo el que nos pide razón de nuestra esperanza (1 Pedro 3:15). En este sentido,
podría decirse que el evangelismo trata más de lo que debemos creer y la apologética del porqué
debemos creer. Por supuesto, existe bastante terreno en común en ambas áreas, pero podemos
pensar de la apologética como un evangelismo extendido porque busca defender y convencer al
incrédulo del mensaje de juicio y esperanza como se presenta en el evangelio.

43
Sobre esta base, podemos señalar con mayor claridad cómo comenzar y terminar la defensa del
cristianismo. Como hemos ya señalado, en 1 Pedro 3:15 se nos dice que nuestra preparación para la
defensa debe ponerse en efecto cuando se nos pregunta por qué tenemos la esperanza cristiana. En
conversaciones ordinarias con los incrédulos se pueden presentar oportunidades apologéticas como
resultado de la discusión de un asunto particular controversial. Cuando el cristiano da su punto de
vista, tiene la oportunidad de mostrar que su opinión surge de su fe cristiana y en ese punto puede
defender su lealtad a la dependencia en Cristo. Al final de su defensa estará el desafío para el
incrédulo a someterse a las buenas noticias de Cristo.
Por ejemplo, un creyente puede expresar su opinión sobre la guerra, la pena capital, o cualquier
otro asunto. Cualquiera que sea la respuesta particular que se de, si la conversación dura lo
suficiente, el creyente se involucrará en defender su compromiso con Cristo del cual surge su
opinión. Una vez que la defensa ha comenzado, debe estar entrelazada con el evangelio y debe
dirigirse a desafiar eficazmente la independencia del hombre pecador y su llamado al
arrepentimiento. La apologética es traída a la conversación entre el cristiano y el incrédulo cuando
surge la necesidad de la defensa y sirve para traer a colación de una manera eficaz y convincente las
buenas noticias de Cristo.

B. La Justificación Bipartita
Proverbios 26:4-5 ofrece unas instrucciones útiles para justificar las afirmaciones del evangelio.
Existe un riqueza de instrucción práctica contenida en estos versículos; en ambos se nos dice cómo
responder al necio. El libro de Proverbios tiene mucho que decir acerca del necio. Esencialmente,
es una persona que cuestiona la fiabilidad de la sabiduría de Dios revelada al ser humano. Ha
rechazado el temor de Dios y de esta manera, toda la sabiduría. Para nuestros propósitos, se puede
pensar en el necio como un incrédulo que está pidiendo una defensa de la fe cristiana. Por un lado,
se nos dice que no respondamos al necio de acuerdo con su necedad (v.4). En otras palabras,
debemos responder al incrédulo sin abandonar nuestra dependencia en la revelación de Dios;
debemos responder desde la perspectiva de la filosofía cristiana. Por otro lado, el proverbio enseña
que debemos responder al necio como merece su necedad (v.5). Hay un sentido en el que debemos
defender la fe usando la perspectiva de la filosofía no cristiana. Veremos ambos medios de
justificar la fe cristiana.

1. Argumento por medio de la Verdad


El argumento por medio de la verdad se trata básicamente de responder desde una perspectiva
cristiana a las objeciones y preguntas del incrédulo acerca de la credibilidad de las declaraciones
cristianas. Notemos que el escritor de Proverbios dice porqué argumentar por medio de la verdad.
“Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, para que no seas tú también como él”
(Prov. 26:4)
El incrédulo necio no tiene esperanza de liberarse de los efectos del pecado en su vida. No
puede encontrar a Dios por medio de su filosofía y ni siquiera puede conocerse a sí mismo o el
mundo correctamente. Si el cristiano no reconoce la importancia de argumentar por medio de la
verdad, también quedará atrapado en la misma futilidad. Muy a menudo, los cristianos tratan de
justificar el cristianismo por medio de negarlo en su método apologético y de esta manera se hacen
semejantes al incrédulo necio. Tal confusión se puede evitar si le damos el lugar apropiado al
argumento por medio de la verdad. En Atenas, Pablo comenzó su defensa por medio de argumentar
desde la perspectiva cristiana acerca del carácter verdadero de Dios. El dijo,

44
“…eso que ustedes adoran como algo desconocido es lo que yo les anuncio. "El Dios que
hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos
construidos por hombres…” (Hechos 17:23-24).

También en Hechos 22, Pablo comenzó su defensa presentando su historia de conversión desde
la perspectiva cristiana. Lo importante no es si comenzamos o no nuestros argumento con un
argumento por medio de la verdad en cada situación, pero debemos asegurarnos de nunca
abandonarlo porque este tipo de argumento es esencial para la apologética bíblica.
Al argumentar desde la perspectiva bíblica, el cristiano muestra que el compromiso con la
dependencia en Dios no es frustrante y le permite a la persona vivir libre de la futilidad del dominio
del pecado. Como dijo Pablo, “No estoy loco…Lo que digo es cierto y sensato” (Hechos 26:25).
El argumento por medio de la verdad puede tener diferentes formas dependiendo de las
situaciones diversas que enfrentemos, pero sin importar qué forma tenga, la respuesta debe ser de
acuerdo con la revelación de Dios en la Escritura. Por esta razón es imperativo que el defensor de
la fe estudie bien y se familiarice con la Biblia. Difícilmente alguien pueda argumentar por medio
de la verdad, si es ignorante de la verdad. Cada aspecto de la revelación bíblica es susceptible de
ser usado en la apologética, y la efectividad del apologista dependerá en gran medida en su
habilidad de usar adecuadamente “la Palabra de verdad” (2Ti 2:15). En la Palabra de Dios está la
verdad del Espíritu que convencerá al incrédulo de su necesidad del salvador y la suficiencia de la
muerte y resurrección de Cristo para salvación. Como siervos obedientes nunca debemos responder
al necio de acuerdo con su necedad, sino de acuerdo con la verdad de la Palabra de Dios.
Existen tres pasos básicos en el argumento por medio de la verdad. Primero el cristiano debe
admitir que su respuesta proviene de su confianza en Cristo como Señor y Salvador. Esta confesión
puede tomar la forma de una declaración sencilla o de una narración más elaborada sobre la
experiencia personal de conversión. Cualquiera que sea el caso, una de las mejores maneras de
evitar mucha de la confusión que podría surgir por omitir este paso es comenzar el argumento por
medio de la verdad con una clara declaración del compromiso fundamental con Cristo.
El segundo paso del argumento por medio de la verdad puede tomar una de dos formas. Si, por
un lado, el apologista no conoce la información bíblica para dar una respuesta cristiana, no debe
desanimarse. El cristianismo provee una explicación inclusive para nuestra ignorancia. Podemos
ser ignorantes por nuestras limitaciones como seres humanos. No obstante, podemos estar seguros
que si se puede encontrar una respuesta debe ser dada en dependencia de la revelación de Dios. Por
ejemplo, muchos cristianos no saben acerca de la llamada evidencia científica a favor y en contra de
la evolución. No obstante, esto no pone en tela de juicio la certeza del registro bíblico de la
creación. Aunque el cristiano quizá no conoce todo, conoce la fuente de todo y puede descansar
confiado en el Creador del cielo y la tierra y oponerse a las falsedades de la incredulidad. Lo
desconocido no es una amenaza para lo que se conoce por la Palabra de Dios, pues Dios conoce
todo sin excepción; y Su revelación es totalmente confiable. Como sea que el argumento por medio
de la verdad proceda en situaciones reales, es no obstante argumento de verdad – verdad que nunca
falla – y debe ser presentado como tal, inclusive ante una gran ignorancia.
Por otro lado, si el creyente conoce la respuesta cristiana a la objeción del incrédulo, debe
justificar la posición cristiana. El establecimiento del punto de vista cristiano ciertamente involucra
referirse a la Biblia y las respuestas contenidas en ella, pero se debe incluir mucho más en el
argumento por medio de la verdad. Cuando se ven a la luz de la Escritura, el mundo externo y la
experiencia y reflexión personal del cristiano son apoyos para la postura cristiana. El mundo y el
ser humano son lo que la Biblia dice que son, y el cristiano debe usar estos aspectos de la creación
para ilustrar y apoyar la posición bíblica. Esto no quiere decir que las evidencias encontradas fuera

45
de la Biblia son herramientas neutrales para usarse sin reconocimiento de la verdadera naturaleza de
los compromisos religiosos. Estos tipos de evidencias están tan condicionadas religiosamente como
las evidencias bíblicas. Como creyentes en Cristo estamos convencidos que la Biblia habla
verdaderamente acerca del mundo y la experiencia privada del creyente, y que esta correspondencia
entre la Escritura y la vida puede ser vista, desde la postura cristiana, como ejemplos de la manera
en que el cristianismo escapa de la futilidad del pensamiento pecaminoso. Es de esta manera como
podemos entender la defensa del apóstol Pablo de la resurrección de Cristo en 1 Corintios 15:3-8.
Esencialmente, hay tres niveles de argumentos usados por Pablo en este pasaje. Primero (vv.3-4),
argumenta que la muerte, entierro y resurrección de Cristo están de acuerdo con la Escritura del
Antiguo Testamento y la tradición apostólica. Pablo argumentaba, Cristo “resucitó al tercer día,
conforme a las Escrituras” (15:4). Segundo, (vv.5-7), ofreció un argumento histórico externo
apoyado por las declaraciones de muchos testigos. Declaró con firmeza que Cristo apareció a más
de quinientos hermanos al mismo tiempo (1Co 15:6). Tercero (v.8), Pablo apoyó la fiabilidad de la
resurrección de Cristo por medio de su propia experiencia en el camino a Damasco. “me apareció a
mí” (1Co 15:8). Debemos notar que Pablo está argumentando desde una postura distintivamente
cristiana y no desde una postura neutral. Además, debemos notar el hecho de que Pablo no
argumenta a favor de la mera probabilidad de la resurrección. La evidencia de la Escritura provee
certeza de la resurrección de Cristo. Al mismo tiempo de que esto es verdad, debemos estar
conscientes también del hecho de que el apóstol no titubeó en usar evidencia extra-bíblica a la luz
de la Escritura. Alineándonos con el ejemplo de Pablo, existen básicamente tres fuentes de
evidencias que pueden usarse en el argumento por medio de la verdad. Podemos apoyar las
afirmaciones cristianas con evidencia de la Escritura, del mundo externo y la experiencia personal.
Consideraremos cuidadosamente cada una de estas evidencias.

Evidencia de la Escritura
El cristiano considera a la Escritura como la autoridad divina en las preguntas que debe
responder. Consecuentemente, el apoyo del punto de vista cristiano con la evidencia bíblica es, de
muchas maneras, la manera más fundamental de apoyo. Proveer evidencia a favor de una postura
basándonos en la Escritura no significa simplemente que citamos un versículo que “prueba” el
punto en cuestión. Muy a menudo tal método no prueba nada en realidad. Encontrar apoyo bíblico
para una posición se logra por medio de relacionar los principios bíblicos o lo que podemos llamar
la lógica bíblica a las preguntas de interés. Cualquiera que sea el caso, cuando el cristiano ha
entendido correctamente los asuntos y el apoyo bíblico para una posición, su perspectiva ha sido
apoyada. En la Escritura se encuentra la voz de Dios hablando a las preguntas y debates que son
tan importantes para defender el cristianismo.

Evidencia del mundo externo


Cuando es visto a la luz de la Escritura, el mundo externo provee muchas evidencias para el
punto de vista cristiano. Por supuesto, se debe ejercitar gran precaución cuando se usa este tipo de
evidencias, porque muchas veces, inclusive el creyente, no entiende el mundo alrededor
correctamente. Las evidencias del mundo externo se muestran a veces para probar algo diferente de
lo que se pensó que probarían. Por ejemplo, hace años algunos cristianos ingenuos argumentaban
que la revolución del sol alrededor de la tierra “probaba” la centralidad de la tierra y sus habitantes
en el plan de Dios para el universo. No obstante, hoy en día, la ciencia ha mostrado que en realidad
la tierra gira alrededor del sol. Lo que en otro tiempo era usado incorrectamente como una
evidencia a favor del cristianismo ya no es aceptable, inclusive para los cristianos. Por tanto, se

46
debe prestar atención para ejercitar cuidado y moderación en el uso de las evidencias del mundo
externo.
Aunque debemos ser cuidadosos, las evidencias externas deben usarse cuando sea posible para
defender el cristianismo. La religión cristiana afecta la manera en que el creyente ve el mundo
externo y este hecho debe aclararse. Los cristianos no creen en el cristianismo a pesar de los datos,
como algunos teólogos modernos han sugerido. Creen por los datos y sólo a pesar de la mala
interpretación de los datos que hacen los hombres pecaminosos. Esta perspectiva permite y
convoca a un uso apropiado de los argumentos científicos, históricos y lógicos a favor de la
perspectiva cristiana. Existe la tendencia de los apologistas cristianos a hacer que el caso a favor
del cristianismo se sostenga o caiga con base en estas evidencias. Tal punto de vista, abandona la
única manera verdadera de entender la evidencia, un compromiso con Cristo y Su Palabra. Por otro
lado, algunos creyentes que desean asirse firmemente a su compromiso piensan que la evidencia de
este tipo no tiene ningún papel. No obstante, esta perspectiva no puede ver la importancia de la
suficiencia de la Escritura que deja en claro el carácter verdadero del mundo. La posición bíblica es
que las evidencias externas son importantes. Pablo las usaba a menudo. Por ejemplo, apeló al
conocimiento de Dios que tenía la gente de Listra al señalar el orden del mundo externo, diciendo,
“Sin embargo, no ha dejado de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, dándoles lluvias
del cielo y estaciones fructíferas, proporcionándoles comida y alegría de corazón.” (Hechos 14:17)
También le comentó a Festo,
“...porque no sucedió en un rincón” (Hechos 26:26)
El evangelio de Juan pone gran énfasis en las evidencias históricas o las señales de la divinidad
de Jesús. Juan dice directamente,
“Jesús hizo muchas otras señales milagrosas…Pero éstas se han escrito para que ustedes
crean” (Juan 20:30-31)
Las evidencias externas, si se usan correctamente, son una parte vital del argumento por medio
de la verdad.

Evidencias de la Experiencia Personal


Todavía hay un recurso más de evidencia que el creyente puede usar en un argumento por medio
de la verdad: la evidencia de su experiencia personal con la fe cristiana. Las evidencias del mundo
externo usualmente son sujetas a la inspección pública en alguna modalidad, pero la evidencia de la
experiencia personal usualmente son privadas. Tales aspectos de la vida privada como la
experiencia de conversión y la relación creciente del creyente con su Dios son dos de los
argumentes más prominentes que deben usarse. Muy a menudo, Pablo defendió la fe relatando su
encuentro con Cristo en el camino a Damasco (Hechos 26:12-20). Presentaba su encuentro privado
con Cristo como un hecho que debía ser aceptado como cierto porque él lo declaraba. Por supuesto,
debe existir la evidencia externa de una conversión verdadera en la vida cambiante del creyente,
pero la conversión y la intimidad continua con el Espíritu Santo son fuentes de evidencia innegable
del punto de vista cristiano.
Después de la presentación de evidencias, llegamos al tercer paso en el argumento de acuerdo
con la verdad. Debe ser obvio que en la mayoría de los casos el incrédulo no quedará satisfecho
con la justificación dada en el paso dos del argumento de verdad. En tales casos, el argumento por
medio de la verdad debe avanzar un paso más. Ya que la defensa bíblica ha sido hecha es necesario
exponer el hecho de que el no cristiano rechaza la evidencia cristiana porque está comprometido
con la independencia. Todo pensamiento que tiene el incrédulo en contra del cristianismo es el
resultado de su deseo de establecerse como el juez independiente de la verdad. Vivimos en un día
cuando muchos incrédulos piensan que son neutrales y objetivos. Por lo tanto, su compromiso

47
básico debe ser expuesto. Esto puede hacerse por medio de una serie de preguntas. Si el cristiano
desea mostrar al incrédulo que se ha comprometido a la independencia debe decir simplemente que
este es el caso y luego preguntar, ¿Por qué crees eso? o ¿Cómo sabes eso? una y otra vez hasta que
el punto sea obvio. El incrédulo piensa y cree como lo hace porque ha determinado que está en lo
correcto independientemente. Por ejemplo, el incrédulo puede argumentar que el Dios cristiano no
existe. Cuando se le pregunta ¿Por qué? Puede decir, “no me has mostrado evidencia para
convencerme”. Cuando se le pregunta por qué piensa que la evidencia no es convincente, tendrá
que admitir que la evidencia no cumple con su criterio independiente de verdad. Cuando se le
pregunta por qué acepta su criterio de verdad se le puede mostrar que éste es el resultado de su
decisión independiente de mirar las cosas sin sujeción a la Biblia y a Dios.
Al poner en evidencia el compromiso del incrédulo, el cristiano revela la verdad de que todo
hombre ha elegido estar con Cristo o en contra de él. La línea de división está claramente marcada
y la puerta está abierta para demostrar la desesperanza de la manera de pensar no cristiana.
A manera de resumen, el argumento por medio de la verdad puede verse como una respuesta a
las objeciones del incrédulo con razones cristianas. Hay tres pasos básicos. Primero, el cristiano
debe admitir que todas sus opiniones están reguladas por su fe en Cristo. Segundo, debe dar la
evidencia cristiana o la explicación de su ignorancia en el asunto particular en el momento.
Tercero, debe mostrar por qué el no cristiano no aceptará el punto de vista cristiano – por su lealtad
pecaminosa. Con estos tres pasos en mente, no debe ser difícil construir un argumento por medio
de la verdad para defender el cristianismo.

2. Argumento por medio de la Necedad


Proverbios 26:4, 5 también dice que debemos argumentar por medio de la necedad. Debemos
responder al incrédulo por medio de sus propios preceptos e ideas. No obstante, el propósito de tal
argumento no es para establecer positivamente el punto de vista cristiano sino demostrar la necedad
del pensamiento pecaminoso.
“Responde al necio como merece su necedad, para que no se estime sabio en su propia
opinión”. (Prov. 26:5)
El apologista cristiano busca usar las evidencias y argumentos aceptables para el sistema
incrédulo para remover confianza en sí mismo que tiene el no creyente. El incrédulo no tiene
sabiduría y su autoconfianza es un mero engaño. El desencanto del incrédulo con su manera de
pensar viene a medida que el cristiano le muestra eficazmente que su rechazo de Cristo está basado
en una perspectiva contradictoria y frustrante que nunca puede guiar al verdadero conocimiento de
sí mismo, del mundo o de Dios. La filosofía no cristiana está bajo el juicio de Dios y no puede ser
otra cosa más que autodestructiva. Jeremías habló del reproche inevitable del pensamiento
pecaminoso al decir,
“Tu maldad te castigará, tu infidelidad te recriminará. Ponte a pensar cuán malo y amargo es
abandonar al Señor tu Dios y no sentir temor de mí afirma el Señor, el Señor Todopoderoso” (Jer.
2:19).
Aquellos que abandonan a Dios son corregidos y desaprobados por sus propios esfuerzos. El
Salmista oro así,
“¡Condénalos, oh Dios! ¡Que caigan por sus propias intrigas! ¡Recházalos por la multitud de
sus crímenes!” (Salmo 5:10)
Además leemos,
“Han caído los paganos en la fosa que han cavado; sus pies quedaron atrapados en la red que
ellos mismos escondieron. Al Señor se le conoce porque imparte justicia; el malvado cae en la
trampa que él mismo tendió”. (Salmo 9:15-16)

48
Todos los planes, engaños y esfuerzos de los incrédulos se voltean contra ellos cuando el juicio
de Dios se revela. Esta futilidad inherente es mostrada al no creyente cuando el creyente señala las
inconsistencias internas en el sistema de pensamiento incrédulo. En esta capacidad el apologista
viene a ser un mensajero de juicio al revelar a su oponente la desesperanza y futilidad de su rechazo
de Cristo.
El argumento por medio de la necedad, al igual que el argumento por medio de la verdad, tiene
tres pasos básicos. Habiendo expuesto el hecho de que el incrédulo está comprometido a pensar
independientemente de Dios, la futilidad de su posición puede ser demostrada por medio de pedirle
que justifique esa lealtad. Si el incrédulo trata de justificarla o trata de argumentar que su
independencia no necesita justificación, no es difícil mostrar que su misma respuesta está basada en
su compromiso con la independencia, preguntándole por qué piensa que su respuesta tiene validez.
Al hacerlo así, el incrédulo no ha dado justificación alguna; simplemente ha ilustrado cómo su
lealtad a la independencia es tan extensa. Si el incrédulo argumenta que no es posible justificar su
compromiso hacia la independencia, entonces el creyente puede preguntarle por qué se aferra tanto
a él. Cualquiera que sea el caso, no es difícil mostrarle al no creyente que se ha comprometido
ciegamente a la independencia y que ha negado categóricamente el cristianismo sin razón
justificada. Además, el no cristiano además queda en la frustración de desear una posición
razonable en contra del cristianismo cuando se le ha descubierto en un círculo vicioso de futilidad,
un círculo que puede ser destruido sólo por medio de creer en el evangelio.
Los incrédulos razonan en círculos pero también los cristianos lo hacen. El segundo y tercer
paso en el argumento por medio de la necedad busca dejar en claro que los razonamientos circulares
de los cristianos y los no cristianos son radicalmente diferentes. El razonamiento circular cristiano
provee el cumplimiento del propósito del ser humano en la tierra, el otro arroja al incrédulo a un
enredo de inconsistencias y contradicciones. La futilidad de la incredulidad es evidente no sólo en
el compromiso sin fundamento a la independencia, sino también es discernible en las objeciones
particulares que los incrédulos ofrecen en contra del cristianismo.
El segundo paso en el argumento por medio de la necedad puede tener una de dos formas
dependiendo del tipo de objeción que ponga el incrédulo. Por un lado, si el incrédulo declara tener
certeza absoluta se le debe mostrar la incertidumbre total de su declaración. Por otro lado, si el
incrédulo declara tener incertidumbre total se le debe mostrar la certeza absoluta de su posición.
En otras palabras, se debe mostrar al incrédulo que su punto de vista se contradice a sí mismo al
estar absolutamente cierto y totalmente incierto al mismo tiempo. Veremos como se aplica esto con
respecto al punto de vista no cristiano de Dios, el mundo y el ser humano.

Objeciones respecto a Dios y Su Revelación


El incrédulo no puede tener certeza alguna acerca de su punto de vista sobre Dios y su revelación
porque no ha conocido y no puede conocer exhaustivamente toda la creación, mucho menos a Dios.
Su ignorancia lo fuerza a estar totalmente incierto. El no cristiano, sin embargo, no puede estar
tampoco en incertidumbre, pues estar en incertidumbre es estar ciertamente incierto, y el incrédulo
no puede tener tal certeza. Se puede mostrar a la mayoría de los no cristianos la realidad de este
dilema por medio de señalar su ignorancia en asuntos religiosos. No pueden hablar
consistentemente acerca de Dios o Su revelación.

Objeciones respecto al Mundo


Muy a menudo los no cristianos objetarán el cristianismo con base en consideraciones respecto
al mundo externo. Aun así, el incrédulo no puede mantener una posición de certeza porque es
incapaz de tomar en consideración todos los factores y contingencias del universo. No obstante, no

49
puede estar tampoco en incertidumbre, pues tal posición habla con certeza acerca del carácter del
mundo. No le queda más remedio que caer en este dilema. Siempre hay nuevas ideas y nuevos
descubrimientos acerca del mundo que dejan al incrédulo en una posición de estar tanto
absolutamente cierto como totalmente incierto. Es imposible que escape de este problema.

Objeciones respecto al Ser Humano


De manera similar, toda posición no cristiana de certeza respecto al ser humano es totalmente
incierta y toda posición incierta tiene certeza absoluta. Consecuentemente, cuando el incrédulo
objeta el cristianismo en cuanto a su punto de vista sobre el ser humano, se le puede mostrar que es
incapaz de mantener su posición consistentemente.
El segundo paso del argumento por medio de la necedad puede ser resumido como sigue. El
cristiano puede buscar mostrar la inhabilidad del incrédulo de tener certeza por medio de señalar
que el no cristiano no ha examinado toda la evidencia en el universo. Puede hacer por medio de
referirse a algunas cosas que el no cristiano consideraría evidencia aceptable que apunte a favor de
la perspectiva cristiana. Sin embargo, aun más importante es que el cristiano señale que el
incrédulo no puede examinar toda la evidencia; su finitud hace que sea imposible realizar un
examen exhaustivo. Puesto que algún dato desconocido podría probar que su entendimiento
limitado está equivocado, el no cristiano no puede tener certeza de que la evidencia en verdad está
en contra de la posición cristiana. Si desea mantener su posición, lo hará por medio de escoger
ciegamente estar en contra de Cristo, no debido a la evidencia.
Por otro lado, la posición de incertidumbre total puede ser resumida por medio de decir que no
hay suficiente evidencia para estar seguro de una cosa o la otra. “Eres demasiado dogmático”,
puede decir el incrédulo al cristiano. “No podemos estar seguros acerca de estas cosas”. A primera
vista podría parecer que esta objeción no es tan osada como la respuesta mencionada anteriormente.
No obstante, debe verse que cuando el no cristiano dice que no hay evidencia suficiente, no está
difiriendo en su argumento básico del incrédulo que dice que la evidencia está en contra del
cristianismo. El primero está tan opuesto a la fe como lo está el segundo. Una de las mejores
maneras de ilustrar esto al incrédulo es responder a su objeción diciendo, “No has visto evidencia
suficiente para saber con certeza que deberíamos tener dudas”. Si el incrédulo responde que está
inseguro sobre esta objeción también, entonces su respuesta no es para nada una objeción. Es
meramente la expresión de su duda personal, no de la necesidad de la duda. A la luz de esto,
podemos ver que el incrédulo no puede argumentar que la evidencia está en contra del cristianismo
ni que no hay suficiente evidencia porque no puede estar seguro de ninguna de las dos
declaraciones. El incrédulo queda atrapado en un dilema sin fin. No puede tener certeza o
incertidumbre consistentemente. Queda atrapado en sus propias trampas.
El tercer paso del argumento por medio de la necedad deja en claro por qué el incrédulo enfrenta
futilidad. Es debido a su compromiso con la independencia, su negación de la distinción entre el
Creador y la criatura, que queda atrapado por su propio sistema. Para cerrar el argumento por
medio de la necedad, el cristiano debe desafiar el compromiso del incrédulo con la independencia.
El rebelde contra Dios debe ser confrontado con su necesidad de arrepentimiento y fe en Cristo.
Mientras muchos casos de apologética bíblica comienzan con el evangelio, ciertamente en la
mayoría se debería concluir con él.
Los puntos de esta lección son importantes aunque sólo se cubrieron en forma de bosquejo. Se
debe tener precaución porque en estos asuntos hay muchas consideraciones que pueden hacer
necesario que el bosquejo estructurado aquí sea alterado o acortado. Sin embargo, todos los asuntos
discutidos en esta lección deben ser dominados por el creyente lo mejor que pueda. Un

50
conocimiento de la estructura básica sugerida aquí puede llegar a ser indispensable para el
apologista cristiano.

Preguntas de Repaso
1. ¿Cómo son similares la apologética y el evangelismo? ¿Y diferentes?

2. ¿Por qué podemos llamar a la apologética “evangelismo extendido”?

3. ¿Cuándo debemos comenzar nuestra defensa de la fe?

4. ¿Cuál es la presentación de dos partes descrita en Proverbios 26:4-5?

5. ¿Cuáles son los tres pasos básicos en el argumento por medio de la verdad?

6. ¿Cuáles son los tres pasos básicos en el argumento por medio de la necedad?

7. ¿Cómo debe comenzar y terminar una defensa bíblica?

51
Una estructura sugerida para una apología bíblica
Un asunto particular a menudo da pie para la presentación del evangelio
y una oportunidad para defender la fe cristiana

Admite tu compromiso de fe
Argumento por medio
de la Verdad
Certeza Dependiente Incertidumbre Dependiente
Si la respuesta es conocida, provee una respuesta Si la respuesta es desconocida, provee justificación
bíblica y evidencia bíblica para el asunto particular en de tu ignorancia y muestra porqué el cristianismo no es
cuestión. menos cierto por ello.

Si el incrédulo no está convencido, muéstrale que esa incredulidad


se debe a su compromiso con la independencia.

Muéstrale que el compromiso con la independencia no se puede justificar.


Argumento por medio
de la Necedad
Certeza Absoluta Incertidumbre Total
Si el incrédulo tiene certeza de que la evidencia está Si el incrédulo está incierto porque no hay suficiente
en contra del cristianismo, muéstrale que no conoce ni evidencia para estar seguro, muéstrale que no tiene ni
puede conocer suficiente para estar seguro que entiende puede conocer suficiente para estar seguro de que
correctamente su evidencia. debería estar incierto.

Desafía al incrédulo a reconocer que su compromiso con la independencia


es la fuente de su futilidad

Presenta el mensaje del evangelio de arrepentimiento y fe

52