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ESCUELA SECUNDARIA GENERAL Nº 6

“ILHUICAMINA “
BLVD. REBOCEROS Nº 402 HDA. ECHEVESTE

11DES0054Z TEL 7 75 10 06 LEON, GUANAJUATO

CUENTO CON VALOR PARA CONTARSE

Este cuento no lo comenzaré como muchos otros, con el clásico “había una vez”, ni tampoco diré
que trata de un príncipe encantador, de hechizos, brujas, ogros y esas cosas fantásticas que a uno
se le ocurren. No puedo negar que trata de una princesa, pero no como la que estás pensando
ahora, sino una muy especial que conocí y no es inventada, sino de la vida real de la cual esta vez
te platicaré.

En alguna ocasión me encontraba platicando con mi mamá acerca de la importancia que tiene el
convivir con otras personas y ambas coincidimos que nadie puede estar solo, pues siempre
necesitamos de alguien que nos apoye, nos quiera, nos respete, nos escuche o hasta nos regañe
por algo que hicimos mal. Después de tanto y tanto rato de charlar, hasta casi agotar mis fuerzas y
mi saliva – porque olvida decirles que me encanta platicar-, surgió en mí una duda y vino a mi
mente el recuerdo de una niña de la escuela que cursa el cuarto grado, que no tiene las mismas
características que el resto de las niñas. En el recreo está sola la mayoría de los días y siempre
acostumbraba a sentarse en unas escaleras al lado del desván; siento que la mayoría de los
alumnos la vemos con curiosidad, asombro, sospecha y, la verdad, en más de una ocasión con
miedo.

Un día decidí acercarme a ella, le pregunté su nombre y simplemente se volteó; me sentí triste y
pensé en retirarme, pero mejor insistí; ella decidió pararse e irse del lugar. Confundida me fui a mi
salón, en el que se encontraba mi maestra y le platiqué lo que sucedió. Ella me contestó: - no te
sientas mal por la actitud de Ana, pues ella es una niña muy especial, tiene síndrome de down; lo
importante es lo que acabas de hacer: tratar de acercarte a ella y hacerla tu compañera a pesar de
las diferencias. Recuerda que hemos hablado mucho acerca de la inclusión y este es uno de esos
casos.
Al día siguiente, me encontraba con mis compañeras a la hora del recreo y las invité a que
fuéramos con Ana; ellas contestaron: “que ni loca se acercarían a esa niña rara”.

-¿ Qué tal si nos pega? – preguntó una.

- ¿Y si nos dice cosas? – dijo la otra.

- Dicen que esa niña es muy burra, tonta y no aprende – concluyó la última.

No vayan, - les dije – pero no se expresen así de Ana. Me arrimé a ella y saqué de mi bolso del
suéter dos caramelos; le ofrecí y me movió la cabeza “no”; me senté junto a ella, le dije que se
veía muy sabroso lo que estaba comiendo y , ¡no lo podía creer!, me ofreció y yo contenta acepté,
pues sentí que era un gran paso. Nuestra platica fue breve, porque más bien parecía entrevista; yo
hablaba como perico, y ella sólo me miraba y se reía, yo no entendía muy bien algunas de sus
palabras.

Dieron el toque para entrar al salón y me despedí prometiéndole regresar en ocasiones a buscarla;
me sonrió y , aunque no hablaba mucho y se limitaba a decir sí o no, me sentí a gusto a su lado
porque su trato fue bueno y respetuoso conmigo.

Desde ese día asisto de vez en cuando al lugar de siempre, la invito a estar con mis compañeras,
aunque sólo ha querido en un ocasión, pero no me rindo en hacer reflexionar a muchos niños y
niñas de la escuela que Ana es como cualquier otra persona y merece ser querida, aceptada y
respetada.

Algunas veces le leo cuentos y ella me dibuja lo que entiende de ellos, pues no escribe ni lee. Aun
así, hay algo mágico que nos une: la gran amistad que ha surgido a pesar de las diferencias que
tenemos.

Autora: Yazmín Alejandra Macías Valdiv


NOMBRE: LAILA JORDANA PAZ RICO

GRADO: 2° GRUPO: “L”

CELULAR:

DOMICILIO: RÍO DE LOS CASTILLOS, #902

COL.: PEDREGALES DE ECHEVESTE