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UNVERSIDAD ANDINA DEL

CUSCO
FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIA POLÍTICA
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

PROYECTO DE TESIS
INEFICACIA DE LA ORDENANZA MUNICIPAL N° 005-2014-
CM/GRQ, QUE PROHIBE LA QUEMA DE PASTOS,
PLANTACIONES Y BOSQUES NATURALES EN LA
PROVINCIA DE QUISPICANCHI

TESIS PRESENTADO POR:


FRANZ ROOMELL SAMANEIGO
CCORIMANYA

PARA OPTAR EL TÍTULO


PROFESIONAL
DE ABOGADO

ASESOR:
DR. CARLOS EDUARDO JAYO SILVA

CUSCO-PERÚ
2017
INTRODUCCIÓN

La provincia de Quispicanchi está ubicada a 45 kilómetros, al este de la Ciudad del Cusco,


y tiene una geografía accidentada, contando con una gran variedad de cerros entre estos
se encuentran Sara Wasin, Wiracochan, Wilka, Kuri y Kunyawasi de una extensión
territorial de 21 hectáreas cuadradas aproximadamente cada una, dichos cerros cuentan
con flora, fauna y en algunos casos con habitantes y sembríos de maíz y papa; como es
de saber de todo habitante de la región del Cusco que no se cumplen las 4 estaciones del
año como son primavera, verano otoño e invierno, sino que contamos con dos estaciones
la época de lluvias y de secas, la época de lluvias comienza con el mes de noviembre y
termina en el mes de abril, y la época de secas comienza el mes de mayo y termina el mes
de septiembre (aproximadamente); en la época de lluvias como es de esperar la provincia
al igual que gran parte de la región cuenta con un paisaje verde y lleno de vegetación,
pasa lo contrario con la época de secas en la que el paisaje de la región es amarillo y la
vegetación se seca por esta razón es que es susceptible de ser quemada.

En la provincia de Quispicanchi se vienen realizando grandes incendios de los cerros


antes mencionados, incendios que llegan a cubrir en muchos casos casi toda la extensión
territorial que ocupan los cerros la cual es muy extensa; estos incendios son provocados
por gente campesina que piensa que para que los cerros puedan recuperar su fertilidad se
deben purificar con el fuego, también son provocados por gente sin escrúpulos que sufre
una alteración mental como es la piromanía que es la tendencia patológica o enfermiza
de provocar incendios y por último por personas que son descuidadas al quemar los
desperdicios de la cosecha de sus sembríos, ya que no toman las medidas del caso y el
incendio que provocaron se les sale de control incendiando más de lo que planearon.

En el año 2013 el gobierno regional del Cusco emitió una ordenanza en la que prohíbe la
quema de pastos, plantaciones y bosques naturales, además de exhortar a los gobiernos
locales de implementar esta ordenanza dentro de su jurisdicción con un debido
reglamento; en respuesta a la ordenanza del gobierno regional del Cusco la municipalidad
provincial de Quispicanchi emitió la ordenanza municipal Nº 005-2014-CM/GRQ, cual
es una copia de la ordenanza emitió el Gobierno Regional del Cusco, y hasta la fecha la
municipalidad Provincial de Quispicanchi no ha implementado un reglamento para que
dicha ordenanza que prohíbe la quema de pastos, plantaciones y bosques naturales sea
cumplida y aplicada de forma eficaz.
Actualmente existe la necesidad de un reglamento adecuado para que la ordenanza Nº
005-2014-CM/GRQ se puede aplicar de forma objetiva, y que las autoridades de la región
puedan actuar en caso de algún incendio sobre todo para tomar las medidas preventivas
y de seguridad.
PRESENTACIÓN

La quema de Pastos, Plantaciones y Bosques naturales, es el fuego que se extiende sin


control en terreno forestal o silvestre, afectando a combustibles vegetales, flora y fauna,
teniendo como características muy agraviantes al medio ambiente la velocidad con la que
se puede extender desde su lugar de origen, su potencial para cambiar de dirección
inesperadamente, y su capacidad para superar obstáculos como carreteras, riachuelos y
rocas.

Si bien las causas inmediatas que dan lugar a la quema de pastos, plantaciones y bosques
naturales pueden ser muy variados, en todos ellos se dan los mismos presupuestos, esto
es, la existencia de vegetación en concurrencia con periodos más o menos prolongados
de sequía.

El calor solar provoca deshidratación en las plantas, que recuperan el agua perdida del
sustrato. No obstante, cuando la humedad del terreno desciende a un nivel inferior al 30
% las plantas son incapaces de obtener agua del suelo, con lo que se van secando poco a
poco. Este proceso provoca la emisión a la atmósfera de etileno, un compuesto químico
presente en la vegetación y altamente combustible. Tiene lugar entonces un doble
fenómeno: tanto las plantas como el aire que las rodea se vuelven fácilmente inflamables,
con lo que el riesgo de incendio se multiplica. Y si a estas condiciones se suma la
existencia de períodos de altas temperaturas y vientos fuertes o moderados, la posibilidad
de que una simple chispa provoque un incendio se vuelve significativa.

Por otro lado, al margen de que las condiciones físicas sean más o menos favorecedoras
de un incendio, hay que destacar que en la gran mayoría de los casos no son causas
naturales las que provocan el fuego, sino la acción humana, ya sea de manera intencionada
o no.

Las causas que originan un incendio forestal se clasifican en: Intencionados, Negligencias
y Rayos.

Debido a estas condiciones que se han mencionado anteriormente, es que en la región del
cusco existen muchos lugares en especial los cerros que cuentan con estas características,
debido a ello es que sufren de la quema de pastos, plantaciones y bosques naturales que
tanto perjudican al medio ambiente de la región del Cusco.
En la municipalidad provincial de Quispicanchi se ha realizado esta actividad perjudicial
desde tiempos remotos, teniendo un registro desde la década de los 60 en la municipalidad
provincial de Quispicanchi, teniendo como principales causas a los campesinos que tienen
la costumbre de quemar los cerros, a los agricultores descuidados y a personas pirómanas.

Los cerros que sufren con mayor frecuencia incendios forestales son Sara Wasin,
Wiracochan, Wilka, Kuri y Kunyawasi, ubicados en la provincia de Quispicanchi,
afectando de esta forma la flora, fauna, a los pobladores y sobre todo al medio ambiente.

En contraposición a esta problemática es que la municipalidad provincial de Quispicanchi


a pedido del Gobierno Regional del Cusco es que emite la Ordenanza municipal Nª 0005-
2014-CM/GPG en la que se prohíbe la quema de pastos, plantaciones y bosques naturales,
dicha ordenanza es buena para repeler los incendios en la provincia de Quispicanchi pero
no cumple con su finalidad debido a que dicha ordenanza no cuenta con un reglamento
en el cual se indique que medidas son las que se deben implementar o adoptar por parte
de las autoridades para que de forma eficaz se cumpla con la prohibición y no se siga con
este agravio al medio ambiente.

El objetivo de este trabajo de investigación es advertir que la ordenanza provincia sufre


de dicha falencia y proponer medidas a implementar en el caso de emitirse un reglamento
para la ordenanza municipal Nª 0005-2014-CM/GPG, por ejemplo, en el caso de defensa
civil se crearon grupos de vigilancia nocturna para resguardar la seguridad de los
ciudadanos en altas horas de la noche, de igual forma en los meses de agosto y septiembre
se puede formar un grupo que vigile las principales vías de los cerros Sara Wasin,
Wiracochan, Wilka, Kuri y Kunyawasi, para de ser el caso se pueda prevenir los incendios
forestales o capturar al causante.
1 PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA:

El Cusco posee un paisaje de fuertes contrastes. Este paisaje combina elevados


alineamientos de montañas con dilatados altiplanos y mesetas de relieve suave, así como
con profundos valles y cañones. Debido a la gran diversidad de pisos altitudinales, el
departamento tiene una gran variedad de climas y paisajes, lo que influye poderosamente
en la agricultura y la distribución de la población.

Lo provincia de Quispicanchi ubicada en la región del Cusco cuenta con una gran
cantidad de cerros entre los cuales tenemos como principales al Sara Wasin, Wiracochan,
Wilka, Kuri y Kunyawasi, los cuales a su vez cuenta con flora, fauna y en algunos casos
son utilizados para la agricultura y centros poblados, en los meses de agosto y septiembre
el paisaje de la provincia de Quispicanchi es de un color amarilloso debido a la intensa
radiación solar es que se seca la vegetación existente en los cerros, ello pone a la
vegetación de los cerros en una predisposición de sufrir la quema de pastos, plantaciones
y bosques naturales.

Los causantes de la quema de pastos, plantaciones y bosques naturales por una parte son
los campesinos que tienen la creencia de que los cerros en estas épocas los cerros están
infértiles y deben ser purificados a través del fuego para que cuando llegue la época de
lluvias puedan reverdecer con facilidad; otros causantes también son los agricultores
quienes queman las plantas secas que sobran tras las cosechas, en muchos casos realizan
incendios controlados pero en otros el fuego se les sale de control y terminan provocando
el incendio de hectáreas de terrenos ubicados en los cerros; por último tenemos a personas
pirómanas que generalmente son adolescentes las cuales disfrutan viendo y produciendo
incendios.

En el gobierno de Jorge Acurio Tito se emite la Ordenanza Regional Nº 047-2013


CR/GRC-CUSCO la cual prohíbe la quema de pastos, plantaciones y bosques naturales,
está a la fecha no tiene una efectiva materialización en cuanto a se refiere la prohibición
de la quema de pastizales, plantaciones y bosques naturales, debido a que la ordenanza
impone esta prohibición de forma muy general, sin tener en cuenta la forma por la cual
se va a llevar a cabo de forma efectiva, ello conlleva a pensar que el asesoramiento del
señor Jorge Acurio Tito el cual no fue eficiente, es por ello que la ordenanza carece de
requisitos suficientes para que se pueda concretar y cumpla con su finalidad.
Si se hace un análisis detenido de la ordenanza Nº 047-2013 se tiene lo siguiente, que la
ordenanza lo único a lo que se limita, es a regular la mera prohibición de la quema de los
pastizales, plantaciones y bosques naturales, además de encargar a los demás organismos
del gobierno regional como son la gerencia Regional de Recursos Naturales y Gestión del
Medio Ambiente, y otros, que implementen programas educativos y preventivos, además
de la correspondiente reglamentación de la ordenanza, lo cual a la fecha no es una realidad
la ordenanza no está reglamentada ni implementada.

Una ordenanza tiene rango de ley dentro del territorio geográfico correspondiente de la
entidad que lo emite, por lo que se ven involucrados los gobiernos provinciales y
distritales de la región del Cusco, los cuales a la fecha no tienen un reglamento pertinente
para la aplicación efectiva de la ordenanza municipal, ya que revisando la normativa de
las mismas no se encuentra una ordenanza provincial o municipal que reglamente la
ordenanza analizada, teniendo una ausencia de una regulación normativa eficaz, es de
esperar que las autoridades tengan una actividad nula en cuanto al tema de quema de
pastos, plantaciones y bosques naturales se refiere, ya que no hay una implementación o
mecanismo férreamente establecido para combatir este daño al medio ambiente.

En la provincia de Quispicanchi se implementó la ordenanza municipal Nª 05-2014-


CM/GPQ a sugerencia del gobierno regional del Cusco el cual prohíbe la quema de
pastos, plantaciones y bosques naturales, la cual tampoco cuenta con un reglamento para
aplicar, implementar y tomar medidas para prohibir de forma eficaz la quema de pastos,
plantaciones y bosques naturales, teniendo como consecuencia la ausencia de medidas
preventivas y de acciones por parte de la autoridades del gobierno provincial de
Quispicanchi.

Enfocándonos en el verdadero problema acerca de la quema de pastos, plantaciones y


bosques naturales, este problema se encuentra en toda la región del Cusco especialmente
en los meses de julio y agosto, debido a que en estos meses es cuando hay escasa y casi
nula presencia de lluvias, además tener un cielo despejado, lo que conlleva a tener la
presencia de intensa luz solar, y naturalmente la vegetación, especialmente la de los cerros
se seca, lo que la hace susceptible de ser material para un incendio, lo peor de todo esto
es que cuando se inicia una pequeña llama de fuego, se puede convertir en un incendio de
enormes proporciones llegando a provocar que todo un cerro o varios cerros terminan
incendiados provocando las siguientes consecuencias:
Aumento del pH de la superficie del suelo hasta un 0.4-0.5, lo cual altera la solubilidad
de los iones, en específico de aquellos envueltos en ciclos de nitrógeno y fósforo.

Reduce el volumen y la diversidad de los microorganismos, en ocasiones hasta el punto


de la esterilización. Aceites destilados y aromáticos de los árboles y arbustos crean una
capa hidrofóbica (que repele el agua y no permite la infiltración de agua al suelo) sobre
el suelo lo cual aumenta la erosión. Se liberan nutrimentos al ecosistema como iones
inorgánicos para la absorción por parte de las plantas después de un fuego de poca
intensidad, nutrimentos tales como nitrógeno y azufre son volatilizados o lavados fuera
del ecosistema después de un fuego de alta densidad.

Y quienes son los que provocan estos incendios en su gran mayoría son las personas del
campo que tienen la creencia de que si queman los cerros estos reverdecerán con mayor
rapidez, además de ser una forma de purificar la tierra.

Como un penoso ejemplo se puede citar el siguiente caso, el cerro denominado Kuri ha
sido víctima de un incendio forestal el 28 de agosto del 2013 viéndose involucrado 5
hectáreas de bosque de eucalipto y 9 hectáreas de pastos naturales, dicho incendio duró 4
días, debido a la ausencia de medidas preventivas y de vigilancia es que no se llegó a
capturar al culpable, además de la terrible ausencia de medidas para contrarrestar el
incendio, de esta forma se deja en evidencia la ineficacia de la Ordenanza Regional del
Cusco; existen más casos en relación con la vigencia de la ordenanza municipal Nº 05-
2014-CM/GPQ los cuales serán detallados más adelante con cuadros estadísticos.

1.1 FORMULACIÓN DEL PROBLEMA

1.1.1 PREGUNTA GENERAL

¿Es eficaz la Ordenanza Municipal de la Provincia de Quispicanchi N° 005 – 2014-


CM/GPQ, en la prohibición de la quema de pastos plantaciones y bosques naturales,
ubicados en los cerros cuya ubicación tienen por el Este Sara Wasin, por el Norte
Wiracochan, por el Oeste Wilka y por el Sur Kunyawasi, en la provincia de Quispicanchi?

1.1.2 PREGUNTAS ESPECÍFICAS

¿Cómo afecta en la quema de pastos, plantaciones y bosques naturales en la provincia de


Quispicanchi la Ordenanza municipal Nº 005-2014-CM/GRQ?
¿Cuáles son las consecuencias de la Ordenanza Municipal de la Provincia de
Quispicanchi N° 005 – 2014-CM/GPQ en la prohibición de la quema de pastos,
plantaciones y bosques naturales de la provincia de Quispicanchi?

1.2 OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN

1.2.1 Objetivo General

Determinar la eficacia de la Ordenanza Municipal de la Provincia de Quispicanchi N°


005 – 2015-CM/GPQ

1.2.2 Objetivos Específicos

Determinar el grado de afectación de la Ordenanza Municipal de la Provincia de


Quispicanchi N° 005 – 2015-CM/GPQ en la quema de pastos, plantaciones y bosques
naturales.

Determinar las consecuencias de la ordenanza municipal Nº 005-2014-CM/GRQ de la


provincia de Quispicanchi en la quema de pastos, plantaciones y bosques naturales de la
provincia de Quispicanchi.

1.3 JUSTIFICACIÓN

En el caso del gobierno provincial es necesario dar a conocer su ineficiente gestión y


asesoramiento jurídico, debido a la calidad de sus ordenanzas y a la ausencia de
reglamentos es que no se pueden implementar las ordenanzas que emiten, esto es
lamentable ya que los ciudadanos requerimos de gobernantes competentes que puedan
favorecer el desarrollo y pueden brindar las condiciones necesarias a los ciudadanos para
que pueden tener una vida plena.

La ineficacia del gobierno provincial de Quispicanchi al establecer la prohibición de la


quema de pastos, plantaciones y bosques naturales, puesto que existe la ordenanza pero
no un reglamento para que la ordenanza se pueda ejecutar y aplicar de forma objetiva,
debido a la inexistencia de un reglamento que precise y prevea mecanismos y formas para
prevenir, contrarrestar y resguardar los cerros para que sufran la quema de pastos,
plantaciones y bosques naturales; la provincia de Quispicanchi es un huérfano cuando se
trata de seguridad y medidas preventivas de incendios forestales en los cerros.

Frente a un incendio forestal las autoridades no toman medidas, ni siquiera la policía con
la justificación de que no existe una orden u reglamento expreso de la municipalidad
provincial de Quispicanchi, hasta la sociedad civil tomó acciones para contrarrestar sin
contar con el apoyo de las autoridades que deberían ser las primeras en tomar acciones o
como mínimo ayudar.

Los pastos, las plantaciones y los bosques naturales y sobre todo los cerros son propios
de la geografía que rodea a la provincia de Quispicanchi es por ello que necesitan una
protección eficaz contra las personas inconscientes que realizan prácticas como la quema
de plantaciones, pastos o la piromanía, ya sea por costumbres o por trastornos mentales,
además de imponerles una adecuada sanción para evitar posteriores ataques al medio
ambiente de la provincia.

Hay que sugerir medidas y mecanismos que se puedan implementar como un programa
para que se junten a personas que en caso de incendio puedan acudir a los cerros, con la
debida movilidad, implementación y seguridad necesarios para que no sufran algún
accidente todo ello proporcionado por la municipalidad provincial de Quispicanchi u otro
grupo organizado como defensa civil para que resguarden las entradas principales para
los cerros, en los horarios diurnos y nocturnos.

2 MARCO TEORICO

2.1 Antecedentes de la Investigación

Toda investigación debe poseer una fuente bibliográfica seria que respalde, asevere,
soporte o refute resultados al momento de confrontarla porque es la manera como se
puede considerar la sustentación de dicha investigación y emanar una opinión
responsable, es por ello que se buscó incesantemente documentación adecuada para este
trabajo (MADRIGAL, 2009).

Se hizo lo posible por ofrecer una valiosa información, en este sentido es preciso destacar
el aporte valioso dado por el ingeniero Ricardo Velez y otros autores en su libro titulado
“La defensa Contra Incendios Forestales” fundamentos y experiencias, año (2000) demás
de los 2 congresos que se han realizado en Venezuela sobre incendios forestales, el
primero del 18 al 21 de Octubre del 2005 en la Universidad de los Andes en la ciudad de
Mérida y el segundo del 17 al 20 de Octubre del 2007 en Valencia Edo Carabobo
(MANTA NOLASCO, 2004).

Tamayo (2006) en la antigüedad se tenía pocas noticias acerca del fenómeno de los
incendios forestales, a nivel mundial no es sino hasta finales de la edad moderna que
requiere, quizá esa sea una de las razones por las cuales en algunos países o lugares aún
no se practiquen estrategias educativas para erradicar, prevenir o mejor aún concienciar a
la colectividad en cuanto a esta problemática, como también sea la falta de voluntad
política, a medida que se profundice se ira aclarando el panorama, entonces se harán las
reflexiones ajustadas a la realidad que sea está viviendo (DEWIN, 2007).

Gómez (1994) a nivel de la Educación Ambiental, las acciones de concientización se


mantienen diversificadas, a la población rural se llega a través de representaciones
teatrales por los pueblos para mostrar el drama del incendio; el fuego en una simulación
(juegos de mesa y ordenador) en la medida que se estudia cada incendio se obtiene una
información valiosa que sirvió para disipar las lagunas que se tiene de los incendios de
causa desconocida las cuales hoy en día gracias a estos programas se han reducido
conscientemente (MANTA NOLASCO, 2004).

El estudio de los incendios forestales en el Perú fue realizado sobre el área nacional, que
abarca una superficie de 1´285,215 km2, para el periodo comprendido entre el año 1973
y el año 2000. El objetivo de la investigación fue caracterizar el problema de los incendios
forestales peruanos a través de la descripción del ambiente donde se desarrollan los
incendios forestales, del impacto de los incendios forestales sobre la población y los
recursos naturales, de las estadísticas del área afectada y del número de incendios
forestales y de la organización actual para el manejo de los incendios forestales. El
análisis del problema permitió diagnosticar un conjunto de factores biofísicos,
dificultades y deficiencias en la política ambiental actual, desde el punto de vista de su
uso como elementos de toma de decisiones que contribuyan a reducir la gravedad de los
incendios forestales en el país (MANTA NOLASCO, 2004).

La incidencia de los incendios es particularmente causada en los países con clima


mediterráneo, donde el fuego es parte de la naturaleza y la sociedad. En esta zona, la
recurrencia de una estación anual seca y las altas temperaturas favorecen la aparición y
propagación de incendios. Sin embargo, también contribuye a la proliferación de los
incendios una serie de variados factores socio-económicos, entre los que cabe citar: i) el
mantenimiento de prácticas ancestrales como la quema de rastrojos y otros residuos
agrícolas, ii) el éxodo de la población rural, que ha provocado por un lado el abandono
de terrenos de cultivo, sustituidos por especies vegetales más favorables a la aparición y
el desarrollo de incendios forestales, y por otro lado el abandono de prácticas más
favorables a la aparición y desarrollo de incendios forestales, y por otro el abandono de
prácticas tradicionales de explotación sostenible del monte, que permitían aprovechar los
recursos que este le brindaba, al tiempo que se mantenía el bosque limpio y menos
expuesto a la propagación de fuegos (MADRIGAL, 2009)

Las causas que originan un incendio forestal se agrupan pues en tres categorías principales
(DEWIN, 2007):

Intencionados: representan un 60-70% de los casos. Las motivaciones son variadas,


siendo con diferencia las más comunes la quema no autorizada, ilegal e incontrolada de
superficies agrícolas, ya sea para la eliminación de rastrojos o matorrales (“quema
agrícola”) o para regeneración de pastos. Otras motivaciones menos corrientes detrás de
un incendio provocado son la piromanía, usos cinegéticos, vandalismo, venganzas
personales, especulación urbanística, bajar el precio de la madera, etc.

Negligencias y otras causas accidentales: representan un 15%-25% de los casos. En este


apartado, las quemas agrícolas (en este caso autorizadas, pero en las que los autores
perdieron el control del fuego extendiéndose éste por la superficie forestal colindante)
están también entre las causas habituales. Otras causas son las colillas y hogueras mal
apagadas, quema de basuras, trabajos forestales, ferrocarril, motores y máquinas, etc.

Naturales: representan menos de un 5% de los casos. Se deben casi siempre a la acción


de un rayo.

Por último, en contadas ocasiones (menos del 2%) un incendio es una reproducción de un
incendio anterior que no llegó a extinguirse del todo y se extiende a una nueva zona.

Cabe aclarar que los porcentajes indicados son valores promediados -la frecuencia de la
intencionalidad, por ejemplo, puede variar mucho de unas regiones a otras.

Fases del incendio: Un incendio posee tres fases distintivas: iniciación, propagación y
extinción.

Iniciación: es el comienzo del incendio producido por causas naturales o


mayoritariamente por la acción del hombre.

Propagación: es la extensión del incendio por la vegetación cercana.

Extinción: es la finalización del incendio por causas naturales (lluvia o falta de


vegetación) o por acción humana (labores de extinción)
La propagación del fuego dependerá de las condiciones atmosféricas, de la topografía del
lugar en el que se produzca y de la vegetación presente en el mismo. Normalmente se
ocasionan en climas secos o subsecos, como el mediterráneo, donde la vegetación sufre
estrés hídrico y además algunas especies vegetales como los pinos contienen resinas que
ayudan a que el incendio se propague mejor y sea más virulento. Asimismo, generalmente
también poseen mecanismos de adaptación al fuego como por ejemplo las piñas serótinas
(MANTA NOLASCO, 2004).

Tipos de incendio:

Según por donde se propaga:

Fuego de suelo o subsuelo: El fuego se propaga por la materia orgánica en


descomposición y las raíces. Casi siempre se queman despacio y en combustión
incandescente (poca o ausencia de llama) al no disponer de suficiente oxígeno.

Fuego de superficie: El incendio se propaga por el combustible que encontramos sobre el


suelo, incluye la hojarasca, hierbas, arbustos y madera caída pero no inmersa en la
hojarasca en descomposición.

Fuego de copas:

Antorcheo: Paso de fuego de superficie a fuego de copas, pero solo de forma puntual en
algunos pies.

Copas pasivo: Es el fuego que avanza por las copas de los árboles acoplado y dependiente
de un fuego de superficie, si se extingue este se detiene el de copas.

Copas activo: Es el fuego que avanza por las coronas de los árboles independientemente
de la superficie. Solo se puede atacar de forma indirecta y suele necesitar un viento mayor
de 30 km/h y proximidad de copas (alta densidad aparente de copas y largas copas).

El fuego, como proceso físico-químico que necesita un material combustible, la presencia


de oxígeno y una fuente de calor, ha estado presente en la tierra desde que apareció una
atmósfera enriquecida en oxígeno. En un principio estaba ligado a fenómenos naturales
(rayos, caídas de meteoritos, choques de piedras, etc.) pero posteriormente el hombre
utilizó el incendio provocado, más o menos controlado, como herramienta para abrir
comunicaciones, conseguir caza o incrementar la superficie agrícola (DEWIN, 2007).
Los incendios naturales pueden ayudar a regular la biomasa vegetal y los acúmulos de
materia orgánica sobre el suelo, controlar plagas y contribuir a la selección de las
especies. En la actualidad, se puede decir que menos del 20 % de los incendios tienen un
origen natural, la mitad de los cuales son producidos por rayos, siendo de escasa
importancia otros producidos por erupciones volcánicas, meteoritos o chispas generadas
de la caída de rocas. Así, se considera que más del 80 % de los incendios son de origen
antrópico, intencionados o no, de los que un tercio se califican como auténticamente
destructivos (ICONA, 1991).

De este modo, el fuego se ha convertido en un factor ecológico de origen antrópico en la


mayoría de los casos, que se produce con una frecuencia y una intensidad mucho mayor
que los de origen natural y que puede provocar la degradación, en muchos casos
irreversible, de muchas hectáreas de monte. El resultado final se traduce en la aparición
de procesos de erosión y, en algunas zonas, incluso en la desertificación (RUBIO, 1989).

Los efectos del fuego sobre el ecosistema dependen del tipo de incendio, y en general los
incendios forestales se pueden dividir en tres grandes grupos. El primero de ellos lo
constituyen los incendios prescritos o controlados cuya finalidad es fundamentalmente
preventiva, pudiéndose controlar y medir la temperatura así como el tiempo de actuación.
Además de la eliminación de combustible acumulado, este tipo de incendios contribuyen
a la estimulación de la germinación de ciertas especies y suministran nutrientes al suelo
a través de las cenizas. El segundo grupo incluye los fuegos planeados para la destrucción
de bosques por motivos agrícolas o ganaderos y el tercer grupo lo forman los incendios
no controlados, originados tanto por causas naturales como por la actividad del hombre,
siendo mínima, en este tipo de incendios, la posibilidad de medir la temperatura
alcanzada, por lo que la intensidad del fuego se deduce de la reducción que se produce en
la vegetación y en el horizonte orgánico y de la cantidad de suelo mineral que queda al
desnudo (WELLS, 1992).

En los países mediterráneos los incendios forestales son considerados como uno de los
desastres ecológicos de mayor importancia. En España su expansión ha sido alarmante,
afectando a la mayor parte de las comunidades autónomas. En el pasado Galicia era
considerada como un área con un riesgo de incendios relativamente bajo debido a su clima
templado-húmedo y a la naturaleza y composición florística de sus bosques naturales,
constituidos por diferentes especies caducifolias altamente resistentes al fuego (roble,
castaño, abedul, fresno, álamo, etc.), que determinan un ambiente húmedo incluso en
verano. Además, no arden fácilmente y en su sotobosque se acumula poco combustible
(WELLS, 1992).

Sin embargo, durante los últimos dos siglos, esta región se ha visto fuertemente
modificada por las actividades humanas, con el empleo del fuego en las prácticas
agrícolas y la introducción de árboles de hoja perenne, en particular resinosas y
eucaliptos. La repoblación masiva con estas especies alóctonas provocó diversas
modificaciones como son: un microclima más seco, hojarasca más difícil de
descomponer, mayor acumulación de matorral, alta densidad en las plantaciones, rápido
crecimiento y gran vulnerabilidad al fuego. Estos factores inciden decisivamente en el
comportamiento del fuego y facilitan el desarrollo de incendios, lo que supone un elevado
riesgo de erosión del suelo sobre todo por el acentuado relieve de la zona noroccidental
de la península y por la elevada erosividad climática de sus lluvias. No obstante, a pesar
de lo dicho hasta ahora, no hay que olvidar que en Galicia los incendios forestales son un
problema de clara intencionalidad. La figura 4 representa la superficie total afectada por
incendios forestales así como el número de incendios ocurridos durante las tres últimas
décadas en España y en Galicia (MANTA, 1998).

Se hace distinción entre la superficie arbolada y la superficie no arbolada (esta última


incluye las dehesas y monte abierto, el matorral y monte bajo, los pastos y las zonas
húmedas). En España el número de incendios forestales ha ido en aumento desde los años
70 hasta la actualidad. Desde comienzos de la década de los 70 hasta el año 2000 el
número de incendios registrados ha pasado de 42000 en la década de los 70 a superar la
cifra de 180000 incendios de media contabilizados en la década de los 90. Sin embargo
la superficie afectada por estos incendios no sigue el mismo comportamiento, de manera
que se observa una disminución importante del número de hectáreas afectadas a partir de
los años 80. No obstante, la década de los 80 fue especialmente trágica con casi 2 millones
y medio de hectáreas afectadas en todo el territorio español, pero en la década de los 90
el número de hectáreas afectadas por los incendios se redujo en un 34 %. En todos los
casos las zonas de superficie no arbolada son las que presentan un mayor índice de
afectación por los incendios forestales (TAMAYO, 2006).

En Galicia el problema de los incendios forestales es todavía más preocupante si cabe


porque, teniendo en cuenta que esta Comunidad representa el 5.8 % de la superficie total
de España, durante estas tres últimas décadas soportó el 45 % de los incendios producidos
en todo el territorio español y además, con una superficie forestal que supone,
aproximadamente, el 16 % de la superficie forestal total de España, la superficie recorrida
por el fuego en Galicia, durante el mismo período, representa el 25 % de toda la superficie
quemada en España y el 26 % de la superficie arbolada quemada, bien entendido que la
misma superficie puede resultar afectada por el fuego más de una vez (CARBALLAS,
1979).

Los datos representados en la figura 4 muestran cómo durante la década de los 80 en


Galicia se alcanzaron las peores cifras con más de 650,000 hectáreas afectadas por
incendios. Fue entonces cuando se creó la Subdirección General de Defensa Contra
Incendios Forestales, y se diseñó una estrategia, basada en una estructura comarcal, para
La humedad relativa del aire, que depende de la humedad atmosférica y de la temperatura,
influye indirectamente en el riesgo de incendio a través del poder desecante que ejerce la
atmósfera sobre la vegetación y sobre el suelo, en los días más calurosos y secos. El grado
de humedad del suelo se relaciona con la turgencia de las plantas de manera que cuando
la humedad del suelo disminuye hasta alcanzar el punto de marchitez, la susceptibilidad
de la vegetación a los incendios es máxima (DEWIN, 2007).

El viento renueva la masa de aire en contacto con la vegetación facilitando la


evapotranspiración y desecamiento de las plantas. Por otra parte, el viento al renovar el
oxígeno aviva la combustión y también favorece la velocidad de propagación del fuego
(RUBIO, 1989).

El porcentaje de luz solar que llega al suelo influye en la temperatura alcanzada por el
mismo y éste varía en función del grado de cobertura vegetal. Además la radiación solar
condiciona la biomasa vegetal o cantidad de material combustible que se acumula sobre
el suelo, así como otros parámetros microclimáticos como puede ser la humedad
ambiental. La velocidad de propagación del fuego influye en la intensidad del mismo y
en el tiempo de exposición del suelo a altas temperaturas, siendo los incendios lentos los
que producen unos efectos más perjudiciales para el suelo. Las velocidades del fuego
varían entre 0.1 m min-1, las más lentas, y 50 m min-1 en los incendios más rápidos
(GOMEZ, 1994).

La temperatura alcanzada en la superficie del suelo depende de la intensidad del fuego.


Debido a que el suelo en general es un mal conductor, aunque en superficie las
temperaturas sean muy elevadas, a veces de hasta 1200-1400ºC, a pocos centímetros de
profundidad apenas se aprecia ningún cambio, de modo que por debajo de los 5 cm
raramente se sobrepasan los 40ºC, alcanzando su máximo de temperatura con un cierto
retraso de tiempo con respecto a los picos máximos en la superficie. En general, la
temperatura disminuye en profundidad siguiendo una curva exponencial negativa
(PRITCHETT, 1987).

Si el suelo tiene una cierta humedad se alcanzan menores temperaturas que en el suelo
más seco, debido a que se incrementa la capacidad de absorber calor sin incrementarse la
temperatura (hasta que el agua se evapora). Sin embargo, a causa de la alta conductividad
térmica del agua, se favorece el flujo de calor hacia el interior del suelo, atenuando su
excesiva intensidad en la superficie pero perjudicando a los microorganismos del suelo
(PRITCHETT, 1987).

Los efectos del fuego dependen mucho de las características de la vegetación. Ciertos
aspectos morfológicos y fisiológicos de las plantas aumentan su susceptibilidad al
incendio. La presencia de determinados compuestos comunes en algunas plantas tales
como resinas, aceites y esencias volátiles aumentan su grado de inflamabilidad (capacidad
de producir llama ante una fuente de calor) y de combustibilidad (modo de arder una vez
inflamada). Además, en general, este tipo de compuestos incrementan su concentración
durante el período estival, con lo que se favorece aún más el riesgo de incendio
(PRITCHETT, 1987).

La cantidad de material combustible es uno de los factores de mayor importancia en el


comportamiento del fuego, al igual que su disposición y continuidad. Los restos de
hojarasca, cortezas, ramas muertas, etc. que se acumulan en el mantillo del suelo sin
descomponer, son en general un material muy combustible, los valores encontrados
fueron los siguientes: 6 t ha-1 año-1 bajo los eucaliptos (Eucaliptus globulus), 5 t ha-1
año-1 bajo pinos (Pinus pinaster y Pinus radiata) y 2.5 t ha-1 año-1 en el robledal (Quercus
robur). También influye la velocidad de descomposición y mineralización de los
combustibles acumulados en el suelo. En el caso de Galicia, estos procesos de
descomposición ocurren lentamente debido a que los altos contenidos de aluminio y la
acidez del suelo inhiben la actividad microbiana responsable de esta descomposición,
influyendo también el carácter más difícilmente biodegradable de algunos de estos restos
(PRITCHETT, 1987).

Se han establecido índices de combustibilidad para las diferentes especies en función de


su susceptibilidad al fuego y el valor máximo de riesgo lo presenta el pastizal, seguido de
pinares, eucaliptales y robledales, citando las formaciones forestales más comunes en
nuestra comunidad (CARBALLAS, 1979).

2.2 Bases Teóricas

2.2.1 Las Normas Legales y El Cumplimiento De Las Sanciones

Los dispositivos legales existentes, que norman el manejo y extracción de bosques


naturales, y prevén sanciones específicas para los autores de hechos tipificados como
delitos, son:

El Decreto Ley N° 21147, "Ley Forestal y de Fauna Silvestre".

El Decreto Supremo N° 161-AG, "Reglamento de Extracción y Transformación


Forestal".

El Decreto Legislativo N° 613, "Código del Medio Ambiente y los Recursos Naturales".

El nuevo Código Penal, en su Título XIII, tipifica como delitos contra la ecología, “a todo
acto que atente contra los recursos naturales y el medio ambiente", estableciéndose por lo
tanto penas privativas de la libertad, de 2 a 4 años (Codigo Penal, 1991).

El Decreto Legislativo N° 613, en su Artículo N° 126 señala: "Aquel que contraviniendo


las leyes, reglamentos o disposiciones establecidas por la autoridad competente altere,
explote, queme, destruya, dañe o tale en todo o en parte bosques u otras formaciones
vegetales, sean estas naturales o cultivadas, dentro de un espacio o área natural protegida,
será reprimido con prisión no mayor de dos años y multa de la renta de 500 a 700 días.
La pena será de prisión no menor de dos años y multa de la renta de 1,000 a 1,500 días,
si se practica en áreas donde existen vertientes que provean de agua a algún centro
poblado o a un sistema de irrigación". (DEWIN, 2007)

La legislación antes citada tipifica que la quema está considerada como delito; por lo
tanto, sujeta a sanciones. En cambio, los incendios no están siquiera mencionados y por
lo tanto no son considerados como delito, ni se prevén sanciones para sus autores. Tal
como señalamos en el capítulo respectivo, las causas más frecuentes de los incendios
accidentales son las quemas de formaciones vegetales con fines agropecuarios. La ley no
considera explícitamente esta relación entre quemas e incendios, dando lugar a una
ambigüedad en su interpretación y aplicación. Por ejemplo, las autoridades del Ministerio
de Agricultura, de las zonas estudiadas, consideran que el incendio no está considerado
como delito y por lo tanto no pueden sancionar a los responsables (GALIANO, 2000).

Lo descrito permite entender, que la falta de sanciones efectivas a los autores de incendios
radica en la imprecisión y la ambigüedad de la legislación encargada de regular la
conservación de los recursos naturales. A ello se suma la debilidad y falta de dotación de
personal de las instituciones encargadas de hacer cumplir estas leyes (MADRIGAL,
2009).

2.2.2 La Institucionalidad y El Control De Las Quemas

El presente acápite está destinado al análisis de las funciones que cumplen las
instituciones (gubernamentales y no gubernamentales) en los ámbitos de la investigación,
respecto a la aplicación de las normas legales en el uso y manejo de los recursos naturales,
especialmente en el caso de las quemas y los incendios de formaciones vegetales
(MANTA NOLASCO, 2004).

2.2.2.1 El Ministerio de Agricultura

Es una de las instituciones gubernamentales que, según los dispositivos legales, debería
cumplir un papel activo en el control de las quemas e incendios. Sin embargo, la Agencia
Agraria tiene limitados recursos humanos, logísticos y presupuestarios, por lo que su
accionar se reduce a la ejecución de funciones muy elementales En el ámbito de la cuenca
media del río Vilcanota, los campesinos manifiestan que, para efectuar el roce, tala y
quema de bosques, deben pedir permiso al Ministerio de Agricultura. Sin embargo, como
vimos anteriormente sólo 3 de 15 campesinos lo hicieron, lo cual es un indicador de la
pérdida de importancia de esta institución, como una entidad ejecutiva. Asimismo, en los
incendios registrados por el presente estudio, constatamos que la intervención del
Ministerio de Agricultura fue mínima, por lo que los autores de estos hechos quedaron
impunes, sin embargo, en dentro de sus funciones e encuentra los siguiente (GOMEZ,
1994):

"En los casos de incendios de pastos naturales y bosques forestales se procederá a su


inmediata investigación, responsabilizando a las personas más próximas al incendio. Se
obligará a los pobladores del sector involucrado a participar en las Brigadas de amago de
incendios‟, en caso de resistencia se les denunciará ante la autoridad de Defensa Civil
(BARRENA, 1998).
De los hechos ocurridos se determinará a los responsables y se elaborará un informe
notificando a los autores o posibles implicados para que comparezcan al Ministerio de
Agricultura y a las dependencias de la Policía Forestal, para que estas últimas autoridades
canalicen o remitan la denuncia ante el Juzgado de Instrucción, quién procederá a realizar
las investigaciones y ejecutar las sanciones correspondientes" (GOMEZ, 1994).

A pesar de que el Ministerio de Agricultura, con sede en la ciudad de Cusco, desarrolla,


sobre todo entre los meses de julio y octubre de cada año, una intensa campaña destinada
a la prevención de quemas e incendios, mediante el empleo de radio, acciones de
capacitación y difusión de folletos y cartillas informativas, las quemas e incendios afectan
cada año extensiones que superan largamente las 20,000 hectáreas. De ese modo
contribuyen a la rápida degradación de la cobertura vegetal en la selva alta,
principalmente. Los signos más evidentes de estos hechos son las extensas áreas
deforestadas, la erosión y la desertificación de suelos, cuyos paisajes de asemejan cada
vez más a los alto andinos (MADRIGAL, 2009).

Las comunidades campesinas, nativas y colonos Revisando la Ley General de


Comunidades Campesinas N° 24657 y los estatutos de varias comunidades campesinas,
se aprecia que no existe ninguna referencia en relación a las sanciones para los autores de
los incendios de formaciones vegetales. Según las autoridades comunales, cualquier
campesino que desee rozar, talar y quemar un bosque primario, primero debe pedir
permiso a la Asamblea Comunal. Luego, con esa autorización, recién deben acudir al
Ministerio de Agricultura. Sin embargo, se observa que los campesinos cumplen poco
estas disposiciones (MANTA NOLASCO, 2004).

Los estatutos comunales no contemplan estas acciones como parte de las funciones que
deben cumplir las directivas comunales. No se trata de falta de información de los autores
de las quemas (que los tienen bien identificados), sino que probablemente los directivos
no consideran ésta como una de sus funciones (MADRIGAL, 2009).

Hay un hecho adicional que puede ayudar a comprender este asunto. En las comunidades
citadas, gran parte de los comuneros ha generado incendios en algún momento de su
existencia. Por ello da la impresión que nadie o pocos campesinos se sienten con la
autoridad moral de denunciar a los autores de un incendio. Existe, por tanto, una especie
de encubrimiento colectivo que dificulta la aplicación de la ley. (GALIANO, 2000)
Lo anterior no significa que no haya propuestas que permitan superar este problema.
Pensamos que una forma de hacerlo es incorporando en los estatutos comunales la función
de velar por el uso adecuado de los bosques primarios y secundarios (GALIANO, 2000).

2.2.3 El sector educación

La injerencia del sector educación en el uso, manejo y control de los recursos naturales
es nula y en el caso específico de las quemas e incendios de formaciones vegetales no
cumple ningún papel (BARRENA, 1998).

El presente estudio ha mostrado que muchos de los incendios han sido ocasionados por
niños y jóvenes. Por lo que los jardines, escuelas primarias, colegios secundarios e
institutos superiores presentes en cada zona, deberían cumplir un rol activo en la tarea de
concientizar y educar a los alumnos, en los temas de conservación de los recursos
naturales. Sobre todo, debería hacer notar los efectos perniciosos de los incendios.
(GALIANO, 2000)

Por ello, sería conveniente incorporar, en las currículas de estudios, temas vinculados al
manejo y conservación de los recursos naturales.

2.2.4 Los Municipios

En los ámbitos de estudio se encuentran concejos provinciales y distritales.

Las acciones medioambientales de ambos tipos de municipios se circunscriben al


mantenimiento del ornato público al interior de los perímetros urbanos. En cambio, su
injerencia en el área rural es insignificante.

Los municipios son una de las instituciones de mayor estabilidad en el medio rural. Es
decir, su existencia es permanente y no está sujeta a posibles desapariciones por falta de
financiamiento o cambios en las leyes. Esta presencia estable, aunque débil en la vida
rural, debería ser reforzada de la siguiente manera (GALIANO, 2000):

a. Elaboración de planes de desarrollo municipal que incluyan aspectos ecológicos y


medioambientales.

b. Capacitación al personal estable (encargados de la planificación) en los temas antes


indicados y en la elaboración y ejecución de planes de desarrollo.
c. Con este bagaje de recursos y conocimientos, los municipios se deben proyectar hacia
las comunidades campesinas del medio rural, para ejecutar acciones vinculadas al manejo
y conservación de los recursos naturales.

2.2.5 La policía nacional

En los ámbitos bajo estudio se encuentran delegaciones de la Policía Nacional del Perú.
Sus funciones más relevantes, con respecto al medioambiente natural, son: el control de
las salidas de madera, (las que deben estar debidamente autorizadas), el control de salida
de especies declaradas en peligro de extinción y, en general, hacer cumplir las leyes que
tienen que ver con el adecuado manejo de los recursos naturales (GOMEZ, 1994).

En cuanto al control de las quemas e incendios, una de sus funciones es investigar los
sucesos y detener a los autores para que las autoridades respectivas apliquen las sanciones
pertinentes. Sin embargo, durante los últimos años, probablemente por falta de recursos
humanos y logísticos, su accionar en este campo ha sido poco relevante. Se ha limitado
sólo a atender tímidamente algunas denuncias de incendios que no han merecido mayor
atención (GOMEZ, 1994).

Con una normatividad adecuada, sus funciones deberían ser potenciadas para cumplir un
papel mucho más efectivo; sobre todo, en cuanto a la identificación y captura de los
autores de los incendios de formaciones vegetales (MADRIGAL, 2009).

Recientemente se ha creado la Policía Ecológica que puede constituirse en una rama


especializada de la Policía Nacional. Su accionar deberá considerar actividades de
resguardo del medio ambiente, no limitándose tan sólo a los ámbitos de los parques,
santuarios y reservas nacionales (MANTA NOLASCO, 2004).

Diversas actividades del hombre están vinculadas al uso del fuego, como la agricultura
de tala y quema, la obtención de nuevos pastos, la quema de residuos de cosecha las que
pueden desencadenar en incendios forestales. En el país más de 3,000 familias
campesinas y nativas fueron afectadas por incendios y quemas y anualmente, son más de
50,000 ha las arrasadas por el fuego cada año (GALIANO, 2000).

La quema de la vegetación es una importante fuente de contaminación a la atmósfera con


diferentes consecuencias en el clima y en el aire a escala local, regional y global. Las
quemas en nuestra región están relacionadas principalmente a las actividades agrícolas.
Durante la época seca (Mayo a Noviembre) grandes cantidades de fuegos son producidos
en la Amazonía y en la región andina se inician entre Junio y septiembre. Los
contaminantes producidos, como monóxido de carbono (CO), óxidos de nitrógeno (NOx)
y material particulado, producen problemas en la salud pública (GALIANO, 2000).

Los incendios de vegetación, especialmente cuando son descontrolados, constituyen una


fuente sustancial de contaminación del aire en zonas urbanas y rurales. Afectan la salud
de la población e incrementan el deterioro ambiental (GOMEZ, 1994).

Asimismo, agravan la contaminación del aire, y elevan el riesgo de infecciones


respiratorias agudas en los niños y ancianos. Los incendios destructivos (no controlados)
son frecuentes en todas las zonas con vegetación. Por lo general, se producen debido a
negligencias. La quema de biomasa, contribuye significativamente a la emisión de
contaminantes gaseosos y partículas tóxicas, gases reactivos y de efecto invernadero, pero
a diferencia de algunas fuentes antropógenas, es difícil de cuantificar. La naturaleza de
esta quema impide que la combustión sea completa y, como resultado, se produce un gran
número de contaminantes. Entre estos se encuentran algunos muy conocidos como el
material particulado, los óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre y el monóxido de
carbono. Luego de su emisión y durante su transporte, los contaminantes del aire
experimentan transformaciones fisicoquímicas (ICONA, 1991).

I. CAUSAS:

Los objetivos que persiguen las quemas difieren, en algún sentido, según las zonas donde
se efectúan, sean estas en las zonas tropicales o subtropicales, tales como: Lares, La
Convención, Qosñipata, Quincemil, Puerto Maldonado; en los valles interandinos como
Cusco, Urubamba, Calca, Acomayo, Canchos, Quispicanchis, Apurimac, etc. o en las
zonas Alto Andinas. Podemos generalizar estas causas en la siguiente forma (ICONA,
1991):

1. Se piensa que la quema es necesaria para eliminar hierba seca y ayudar a la fresca y
nueva a que crezca. Los ganaderos buscan este objetivo y sostienen que entre las cenizas
brotarán nuevos y mejores pastos, verdes y más suculentos (MADRIGAL, 2009).

2. Los agricultores prenden fuego para eliminar la hierba seca y vieja y producir cenizas
que constituyen “fertilizantes”; para limpiar un área y habilitarla al cultivo, para eliminar
matorrales y malezas; igualmente se somete a la quema terrenos eriazos con la finalidad
de rehabilitarlos a la agricultura. En las zonas tropicales y subtropicales de nuestra
Región, los campesinos desbrozan áreas de bosques y matorrales dejan que los troncos
caídos se sequen y luego prenden fuego, para posteriormente cultivar principalmente
plátanos, papayas, piñas, yuca, maíz, calabaza, zapallos, etc. entre los tocones de los
árboles; pocos años más tarde, cuando los elementos nutritivos del suelo, están agotados,
el campesino abandona estos campos y procede a desbrozar otra área y a repetir la práctica
(MADRIGAL, 2009).

3. La quema se efectúa con la finalidad de eliminar semillas de malezas, en muchos casos


para eliminar depredadores y plagas, como ratas e insectos dañinos; esta práctica se
observa en La Convención, Quincemil y Limatambo, después de la cosecha de maíz,
yuca, tomate o porotos (MADRIGAL, 2009).

4. Los cazadores también queman la hierba y pastos, porque los brotes tiernos y nuevos
atraen a venados y vicuñas que acuden a pastar y que a su vez atraen a las fieras. En otras
ocasiones inician los incendios para hacer salir a los animales que desean cazar
(MADRIGAL, 2009).

5. Igualmente se sabe que el relámpago ha ocasionado en más de una oportunidad


incendios forestales; y aún algunos viajeros prenden hogueras con el objeto de buscar
abrigo y pasar la noche en el camino (MADRIGAL, 2009).

6. Un aspecto interesante y causa de fuego constituyen las botellas de plástico y de vidrio


reciclable que son abandonados por los turistas, que luego de ser llenado con agua de
lluvia y activado por el sol en época de estío se convierte en una lupa e inicia incendios
locales (MADRIGAL, 2009).

7. Finalmente, podemos acotar que los incendios forestales también son iniciados con el
objeto de atemperar el clima frío reinante en los meses de julio y agosto o para obtener
mayor humedad atmosférica y conseguir lluvias en los meses de agosto y septiembre
(MADRIGAL, 2009).

II. EFECTOS:

Ecológica y biológicamente la quema es un desperdicio de recursos, el fuego es uno de


los factores que ha modelado el paisaje y contribuye en la degradación de los ecosistemas,
causando importantes consecuencias ecológicas, el fuego daña a las plantas sometiendo
sus tejidos a temperaturas letales, los efectos indirectos muchas veces no son tan
evidentes, pero se sintetiza en lo siguiente (MANTA NOLASCO, 2004):
1. Las quemas se efectúan en el punto culminante del período seco (Julio, Agosto) cuando
las temperaturas en la amazonía nuestra son altas y existe sequedad o escasa humedad
relativa en la atmósfera; esto implica una mayor proporción en la capacidad calórica de
la biomasa vegetal; como consecuencia, la hojarasca y la vegetación seca combustionan
totalmente e incluso el humus llega a arder, esto se agrava debido a que las quemas se
hacen en una época inapropiada de la temporada de sequía y a una hora inoportuna
(MANTA NOLASCO, 2004).

2. A las poblaciones animales de vertebrados e invertebrados las afecta en forma adversa.


En los incendios perecen venados, osos, jaguares, gatos monteses, serpientes, cuyes
silvestres, ratones, aves e insectos. Se queman huevos de aves, reptiles, semillas, huevos
y pupas de insectos, se destruyen hábitats y la diversidad de las comunidades y se
destruyen alimentos con los que se nutren todas las especies, aunque sólo sea
temporalmente (MANTA NOLASCO, 2004).

3. Al llegar a quemarse el humus, se pierde la materia orgánica y se produce una reducción


del contenido del nitrógeno por combustión de compuestos orgánicos y de sustancias
nitrogenadas; paralelamente a este hecho se elimina la microfauna del suelo (organismos
reductores) generadora del suelo agrícola, de aquellos organismos que transforman la
materia orgánica en elementos inorgánicos útiles para el aprovechamiento por los
productores (MANTA NOLASCO, 2004).

4. Existe alteración de los factores ambientales que podemos resumirlos así:

Se observa la desaparición de la materia orgánica existente, generándose cambio de


hábitats para muchos invertebrados, requiriéndose cientos o miles de años para su
recuperación (MANTA NOLASCO, 2004).

Como resultado de la eliminación de la cubierta vegetal o del sotobosque existe


incremento de la iluminación a nivel del suelo, lo que conduce a una mayor evaporación
de la humedad del suelo, pérdida de la capacidad de retención hídrica y predominio de
especies heliofítas. La falta de sombra conduce a que el suelo se caliente y enfríe más
rápido. Las variaciones de temperatura entre el día y la noche son muy notables (MANTA
NOLASCO, 2004).

La recepción de la precipitación por el suelo es violenta, ya no es atenuada por el follaje


o por la materia orgánica existente en la superficie del suelo. A esto se suma la ausencia
de macro invertebrados excavadores, lo que hace que la porosidad del suelo disminuya;
por lo tanto, se incrementa el escurrimiento favoreciendo la erosión (MANTA
NOLASCO, 2004).

Al ser quemado el humus, tanto el nitrógeno como el azufre se volatilizan y escapan del
hábitat, los demás elementos minerales se hacen solubles por lo tanto arrastrados con el
agua de escorrentía, perdiéndose la fertilidad del suelo.

5. El enriquecimiento de elementos nutritivos en forma mineral no es más que aparente,


pues las cenizas son arrastradas por los vientos frecuentes en esta temporada y lavadas
con facilidad por las primeras lluvias, muy violentas en la región. Los efectos en este
sentido son la pérdida de materia orgánica, masiva solubilización de los elementos
nutritivos, elevación del pH como consecuencia de la formación de compuestos minerales
básicos a partir de los minerales alcalinos y alcalino-térreos, y por último, disminución
de la capacidad de retención de agua en los suelos (MANTA NOLASCO, 2004).

6. Las especies vegetales que no mueren bajo el fuego incrementan su abundancia a


expensas de las débiles y sensibles. Se observará una densidad mayor de las especies cuya
latencia o germinación sean breves; por lo que después de un incendio habrá predominio
y abundancia de especies pirrófitas, como algunos helechos (MANTA NOLASCO,
2004).

7. Cuando ha sido quitada la cubierta vegetal, la precipitación pluvial remueve el estrato


orgánico del suelo; la sílice y otros minerales del suelo se filtran hacia abajo y el material
orgánico se oxida. Si el suelo es erosionado por la lluvia, queda expuesta una capa de
óxido de aluminio y de hierro, que al contacto con el aire, forma una costra dura e
impermeable llamada laterita. Una vez formada esta costra, parece ser relativamente
permanente y la vegetación que allí pueda crecer (incluida las plantas cultivadas) es muy
exigua; lo que trae consigo la pérdida de suelos fértiles y el desequilibrio en los
ecosistemas (MANTA NOLASCO, 2004).

8. Las plantas leñosas que sobreviven a los incendios suelen tener lesiones que
constituyen puertas de entrada para hongos, insectos y parásitos. Cuanto más grande sean
las lesiones, más tiempo se requerirá para que sanen, por consiguiente, será mayor la
posibilidad de infecciones (MANTA NOLASCO, 2004).
9. Los humos de la quema o incendio están compuestos por una mezcla de gases (bióxido
de azufre, monóxido de carbono, anhídrido carbónico, metano, etc.) alquitrán, carbón,
vapor de agua y cenizas. Estos componentes contribuyen con la contaminación del aire
en los primeros niveles de nuestra atmósfera (baja tropósfera) (MANTA NOLASCO,
2004).

10. Efectos en la salud Los estudios epidemiológicos sobre la exposición de la población


al humo proveniente de la quema de la biomasa vegetal, muestran una relación consistente
entre exposición e incremento de síntomas respiratorios, mayor riesgo de enfermedades
respiratorias y disminución de la función pulmonar. La contaminación producida por el
humo proveniente de incendios de vegetación es un aspecto de salud pública importante
e implica riesgos significativos para la salud humana y el ambiente (MANTA
NOLASCO, 2004).

Los gases producidos por un incendio forestal incluyen aldehídos, monóxido de carbono,
dioxina, óxidos de nitrógeno, ozono, hidrocarburos aromáticos policíclicos, compuestos
orgánicos volátiles. El humo además contiene acroleína, formaldehído y benceno, pero
en concentraciones mucho menores que el material particulado y monóxido de carbono.
Se sabe o se prevé razonablemente que el benceno, la dioxina, el formaldehído, los
hidrocarburos aromáticos policíclicos y algunos compuestos orgánicos volátiles son
carcinógenos (MANTA NOLASCO, 2004).

La exposición al humo de los incendios forestales puede reducir la función pulmonar y


causar bronquitis, sibilancia, tos, dificultad respiratoria, opresión y dolor en el pecho,
irritación de la garganta y los senos nasales, flujo nasal, dolor de cabeza y ardor en los
ojos, la nariz y la garganta (RUBIO, 1989).

Los adultos de edad avanzada, los niños y las personas con enfermedades
cardiovasculares o pulmonares tienen más probabilidades de verse afectados por el humo
de un incendio forestal. La exposición a esa clase de humo puede empeorar los síntomas
de asma, alergias respiratorias y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (MANTA,
1998).

En la investigación de las causas de los incendios forestales, lo primero que se busca es


el área de inicio del fuego, y una vez en ese escenario, se peinará al milímetro la zona
para buscar los indicios y elementos que iluminen sobre aquello que provocó la chispa
origen del fuego precursor del incendio. Lo que se intenta localizar es el Agente de
Ignición. Será un agente natural (rayo, meteorito, volcán) o un agente antrópico
(encendedor, cerilla, cigarrillo, cohete, proyectil, fusible, etc.). Es decir, el agente de
ignición es el origen de la chispa que causó el fuego (RUBIO, 1989).

Cuando el agente de ignición es antrópico la investigación debe proseguir y en muchas


ocasiones podrá determinar la persona o personas que prendieron el fuego. En otras
ocasiones no se logrará esta determinación, pero seguirá existiendo esa persona. Se trata
del Causante. El causante es una persona responsable o irresponsable. La determinación
del grado de Responsabilidad del causante es difícil en un primer momento. Este grado
de responsabilidad ha de discernir si se trata de responsabilidad nula por un hecho fortuito,
un accidente (cuando se han tomado todas las precauciones establecidas, y aun así, se
prende fuego), una negligencia (cuando se ha descuidado alguna precaución y el fuego
ha prendido), una temeridad, (cuando se descuidan varias medidas preventivas, y es muy
probable que prenda el fuego), un hecho intencionado (cuando el objetivo es prender
fuego, aunque no se pretenda ocasionar daño), un atentado (cuando se prende fuego con
intención de ocasionar daño), y el resto de niveles que se quieran añadir en esta escala de
graduación de la responsabilidad del causante. En la mayoría de los casos el grado de
responsabilidad solamente puede determinarse tras la instrucción de un procedimiento en
donde a la luz de todas las pruebas y testimonios, se aclare esta responsabilidad,
independientemente de que constituya delito, falta, infracción administrativa, o carezca
de pena (GOMEZ, 1994).

Además del grado de responsabilidad del causante, lo que se puede conocer con bastante
precocidad en numerosas ocasiones es el uso que se pretendía con el fuego, (quema
agrícola, quema de pastos, hoguera para cocinar, para calentarse, etc.) o el uso de aquellos
artefactos que en su funcionamiento anormal provocaron la chispa origen del fuego
(cosechadora, cortadora radial, línea eléctrica, etc.). Este uso del fuego tiene, por tanto,
una Motivación, bien sea por acción (motivación activa) al realizar un fuego para un uso
determinado, o bien por omisión (motivación pasiva) en el diseño, funcionamiento,
mantenimiento o empleo de unos equipos que ocasionaron un fuego (DEWIN, 2007).

Como corolario, en primer lugar, la prevención sobre las causas de ignición tiene que
incidir, sobre todo, en identificar las motivaciones del origen del fuego, de forma que se
adecue la normativa preventiva para reducir los riesgos en el empleo del fuego, o en el
empleo de aquellos artefactos que puedan originar el fuego. Además del resto de medidas
de concienciación, conciliadoras, compensatorias, etc. (BARRENA, 1998).
En segundo lugar, la labor preventiva debe fijarse en las responsabilidades de los
causantes, mediante medidas educativas, disuasorias, coercitivas y represivas.

Además de las causas de ignición, han de existir unas condiciones para la ignición, ya
sean condiciones ambientales naturales (humedad, temperatura, combustible fino, etc.) o
unas condiciones propiciadas por el hombre con objeto de que prenda el fuego
(combustibles especiales, aceleradores, etc.)

CAUSAS DE PROPAGACIÓN.

Un fuego no es un incendio. Para que un fuego se transforme en un incendio tiene que


existir una propagación sin control. Por ello, han de haber, además de unas causas de
ignición, unas causas de propagación. En cualquier manual de incendios forestales se
explica el triángulo de propagación del fuego forestal: Topografía, Meteorología y
Combustible. Estos son, en realidad, tan sólo los factores naturales de propagación, a los
que hay que añadir el Tiempo (GALIANO, 2000).

El incendio forestal supone la ruptura de numerosos equilibrios inestables de los factores


anteriores, por lo que la predicción de su comportamiento siempre es una tarea
complicada con muchas abstracciones e hipótesis. Sin embargo, una vez concluida la
extinción del incendio forestal, es mucho más fácil realizar un diagnóstico para cada zona
del incendio y para cada momento, en donde se determine el grado de participación de
cada uno de estos factores naturales de propagación (MADRIGAL, 2009).

Además de los factores naturales de propagación, otro factor fundamental de es el factor


antrópico. En España son muy escasos los incendios forestales que se propagan de forma
natural sin intervención humana. Normalmente, se acude a los incendios forestales y se
intenta la extinción de los mismos, modificando los factores naturales de propagación
(PRITCHETT, 1987).

Entre los factores antrópicos de propagación hay que añadir tres grupos importantes
(MANTA, 1998):

a) La diligencia en la extinción. Los tiempos de detección, movilización y acceso, la


eficacia de los equipos de extinción, la adecuada toma de decisiones, etc. debería de
revisarse de forma crítica en cada incendio forestal, y llegar a las conclusiones que
correspondan (MANTA NOLASCO, 2004).
b) Los factores estructurales, desde la propia estructura de la organización del sistema de
prevención y extinción de incendios forestales, hasta los factores estructurales del
territorio, como la existencia de caminos, áreas cortafuegos, tomas de agua, ordenación
de los combustibles, planificación de los trabajos de prevención, etc., también han de
analizarse y cuantificarse para conocer el peso que la diferencia entre un estado óptimo y
el estado real de estas estructuras tiene en la propagación (MANTA NOLASCO, 2004).

c) Los factores coyunturales, en ocasiones aun existiendo una excelente diligencia en la


extinción y un estado óptimo de los factores estructurales, se producen circunstancias
especiales que merman eficacia en la extinción: árboles o rocas que bloquean caminos,
explosiones por bombas de la guerra civil, equipos que se rompen, etc. Todos aquellos
imprevistos que no deberían ocurrir, pero que ocurren, limitando la eficacia de las labores
de la extinción, y por ende, agravando la propagación del incendio. Pueden y deben
ponderarse también estos factores (MANTA NOLASCO, 2004).

Tanto a la intervención humana en la propagación, como a los factores naturales de


propagación les denominaremos Agentes de Propagación, para mantener similitud con
las causas de ignición. El Causante, o causantes de la propagación: normalmente la
propagación se produce debido a los factores naturales y a la participación de los factores
antrópicos de la propagación (MADRIGAL, 2009).

Pero en ocasiones hay una participación activa en la propagación de alguno de los sectores
del incendio forestal. Es el caso de que haya habido una intencionalidad del incendio y se
haya prendido y mantenido el fuego de forma activa, en uno o varios focos. El causante
de la propagación podrá ser la misma o distinta persona que el causante de la ignición.
También hay causante identificable en las quemas de ensanche y contrafuegos que se
planifiquen como ayudas a la extinción (WELLS, 1992).

Lo que varía radicalmente en uno y otro caso es la Motivación. Es decir, el objeto que se
persigue ayudando de forma activa a la propagación del fuego. Pero también hay
motivación en el objeto que se persigue limitando la propagación del fuego, con las
labores de extinción. Y también puede existir motivación, cuando ni se ayuda ni se limita
la propagación del fuego, dejando arder el monte. Las motivaciones de la propagación
más frecuentes suelen ser de orden económico (producir o evitar daños y perjuicios, o
beneficios indirectos), de orden ecológico (evolución de los ecosistemas) o de orden
social (empleo, venganzas, etc.) (PRITCHETT, 1987).
Finalmente, también existe una Responsabilidad en la propagación del fuego. Hay unos
responsables directos cuando existe una propagación activa del incendio. En esta
propagación activa la responsabilidad puede graduarse, como en el caso de la ignición,
desde nula si se trata de un hecho fortuito, accidental, negligente, temerario, o se trate de
un hecho intencionado o un atentado. Estos hechos deberán penarse cuando proceda. Por
supuesto, en el caso de quemas de ensanche, contrafuegos, y demás quemas realizadas
adecuadamente para la prevención y extinción de un incendio forestal, nadie duda que se
trata de un hecho beneficioso, que reducirá los daños económicos, ambientales y sociales
del incendio forestal, y por tanto esta responsabilidad, si cumple su objetivo, debe ser
premiada, no penada (GALIANO, 2000).

Sin embargo, existe una responsabilidad indirecta de la propagación, que por doloroso
que sea reconocerlo, habremos de asumir los técnicos y los políticos, cuando la diligencia
de la extinción no sea la óptima y cuando el diagnóstico de los factores estructurales de
la propagación haya detectado carencias. También en este caso, puede graduarse la
responsabilidad de la propagación. La prevención sobre la propagación debe encaminarse
en reducir los riesgos ambientales de propagación cuando ello sea posible (manejo de
combustibles) y sobre todo en optimizar los factores antrópicos de forma que eviten o
reduzcan la propagación del fuego. También debe encaminarse la prevención en el
diagnóstico y corrección de las motivaciones dolosas, así las responsabilidades de los
causantes, mediante medidas educativas, disuasorias, coercitivas y represivas
(BARRENA, 1998).

CLASIFICACIÓN DE LAS CAUSAS

La clasificación de las causas en la actualidad no distingue entre la ignición y la


propagación. El parte de incendios forestales normalizado establece seis grupos: Rayo,
Negligencias, Otras Causas, Intencionado, Causa Desconocida, e Incendio Reproducido.
Comete, además, el yerro de incluir como negligencias, causas que pueden serlo o no.
Todos sabemos, que un incendio forestal puede originarse como consecuencia de una
quema agrícola, una quema de pastos, o una quema de basuras, por ejemplo. Y todos
sabemos que esa quema agrícola, de pastos o de basuras puede convertirse en un incendio
forestal por un hecho fortuito, un accidente, una negligencia, una temeridad, con
intencionalidad e incluso puede ser un atentado. Este grado de responsabilidad, se
determinará una vez concluida la investigación e instrucción del proceso si lo hubiera
(ICONA, 1991).
Por ello, en la mayoría de los casos, es imposible conocer en el momento de redactar el
parte de incendio si esa quema ha originado un incendio por negligencia o de forma
intencionada, (no hay más casillas de grados de responsabilidad) lo que hará dudar al
redactor del parte de incendio, y sea cual sea la casilla que marque, dará lugar a una mala
interpretación de las causas cuando se elaboren las estadísticas. Si se pretende que las
estadísticas sobre la causalidad de incendios forestales sirvan para realizar un diagnóstico
veraz que oriente sobre las medidas de prevención que deben tomarse, como ordena el
artículo 44.1 de la Ley 43/2003 de Montes, debería considerarse la modificación del parte
de incendios forestales y de otros documentos estadísticos, de forma que se separen
nítidamente las causas de ignición y las causas de propagación, y dentro de cada grupo
que se establezca, a su vez, una separación clara entre los grados de responsabilidad del
causante y las causas, que por otra parte deberían tener un elenco mayor de supuestos que
los quince actuales (rayo, quema agrícola, quema de pastos, trabajos forestales, hogueras,
fumadores, quema de basuras, escapes de vertedero, otras negligencias, ferrocarril, líneas
eléctricas, motores y máquinas, maniobras militares, otras, incendio reproducido)
(MANTA NOLASCO, 2004).

Los incendios forestales son uno de los mayores problemas de los montes españoles. La
prevención de los mismos debe tener como apoyo el conocimiento de las causas que los
originan. El concepto de causa de un incendio forestal implica distinguir entre causa de
ignición y causa de propagación. Para la ignición hay que separar el causante (persona),
el agente (origen de la chispa), la motivación (uso que se pretende del fuego) y la
responsabilidad del causante (nula, accidental, temeraria, negligente, intencionado,
atentado) (MANTA NOLASCO, 2004).

Para las causas de propagación hay que hacer el mismo análisis, distinguiendo entre los
agentes de propagación (factores naturales de propagación y los factores antrópicos de
propagación), los causantes de la propagación, las motivaciones de la propagación y las
responsabilidades en la propagación. Las estadísticas sobre incendios forestales deben
recoger una información clara y veraz sobe las causas de ignición y las causas de
propagación, que sirvan de base para una prevención eficaz. El avance de la metodología
de la investigación sobre causas de incendios forestales, y el esfuerzo que las
administraciones realizan en esta tarea, debe tener como resultado una revisión a fondo
del diagnóstico de la prevención de los incendios forestales, para lograr una mayor
eficacia (TAMAYO, 2006).
Los bosques, si son gestionados de forma sostenible, ofrecen una fuente constante y
renovable de recursos y servicios ambientales. Son fuente de alimentos, fibra,
combustible, medicinas, materiales de construcción, así como de valores culturales y
estéticos. Una pequeña parte de los incendios forestales son naturales, al ser originados
por rayos. Así, hay que aceptar que el fuego es un elemento más de la naturaleza y que el
fuego ha modelado el paisaje que hoy conocemos. Sin embargo, lo que resulta inédito es
la extensión y violencia del fenómeno desde hace unas décadas. Y es preocupante que el
80% de los incendios forestales en España tengan un denominador común: han sido
provocados por el ser humano (MADRIGAL, 2009).

Además de la pérdida de vidas humanas y los enormes daños materiales que ocasionan
los fuegos, los daños ecológicos son también significativos. Sin duda alguna, no hay plena
consciencia de la relevancia que tienen las pérdidas ecológicas que se producen tras los
incendios. Tras las llamas la destrucción de la vegetación y la fauna, los impactos sobre
los balances hidrológicos, la calidad del agua y la atmósfera, las pérdidas irreparables de
tierra fértil y erosión del suelo, y los efectos sobre el paisaje deben ser evaluados. Está
comprobado que los ecosistemas vegetales más próximos a la madurez ecológica arden
con más dificultad que otras formaciones vegetales y después del incendio la regeneración
de la cubierta original, con igual composición y estructura, es más rápida (MANTA,
1998).

El éxito en la recuperación de las diferentes especies vegetales afectadas por el incendio


depende, por un lado, de la adaptación de éstas al fuego este hecho favorece el desarrollo
de estas especies llamadas pirófitas y de las condiciones ambientales posteriores al
incendio: fertilidad, iluminación, oscilaciones térmicas. En los momentos iniciales
después del incendio empiezan a recuperarse las especies dotadas de mecanismos de
resistencia al fuego, así como las plantas herbáceas muy frugales que se ven favorecidas
por el momentáneo aumento de la fertilidad y por la ausencia de competidores.
Posteriormente se inicia la regeneración de las especies antes existentes que van
desplazando a las especies oportunistas, dominantes en el momento inicial (GOMEZ,
1994).

Sin embargo, la recurrencia de los incendios en un mismo lugar favorece que las especies
mejor adaptadas al fuego se conviertan en dominantes y que la vegetación instalada sea
cada vez más pirófita. Lógicamente, la fauna que sufre más directamente los efectos
negativos de un incendio en los momentos iniciales es aquella que presenta menor
movilidad, de manera que se ve afectada por el fuego, por la onda de calor o por procesos
de asfixia. Por ejemplo, la fauna de invertebrados que ocupa el mantillo superficial del
suelo disminuye drásticamente tras el incendio. La destrucción de los ecosistemas y las
cadenas tróficas dificulta la regeneración de la fauna preexistente antes del incendio,
fundamentalmente por la ausencia de estrato vegetal que aporte alimento y por las
condiciones extremas que presenta el suelo (PRITCHETT, 1987).

Otras especies, como aves y otros vertebrados de mayor movilidad, pueden huir hacia
zonas limítrofes con las áreas incendiadas e irá recolonizando la zona a medida que se va
regenerando la cubierta vegetal. Pero las poblaciones faunísticas se van afectadas por la
pierde hábitat, de recursos tróficos, de lugares de nidificación o refugio y, en general, la
drástica pérdida de calidad de los ecosistemas Por otro lado, la repetición de incendios en
una determinada zona boscosa, provoca el abandono definitivo de las especies más
exclusivas, por ejemplo del bosque interior, que son sustituidas por otras más generalistas,
mejor adaptadas a los espacios despejados (MANTA, 1998).
Como consecuencia de los incendios, los balances hidrológicos en el bosque resultan
profundamente alterados. Por un lado se reduce la cubierta vegetal que hacía de paraguas
respecto al agua de lluvia (evitando la escorrentía superficial = erosión), y que permitía
el retorno de ésta a la atmósfera mediante la transpiración de las plantas. Por otro lado, el
incendio incrementa la impermeabilidad del suelo, sobre todo de aquellos más orgánicos,
ya de por sí muy impermeables cuando están excesivamente secos, impidiendo la
penetración del agua en el suelo, y reduciendo así la humidificación de éste
(MADRIGAL, 2009).

Complementariamente, la infiltración del agua de lluvia se ve dificultada por la


destrucción de la estructura superficial del suelo (arrastre de las cenizas, y otras partículas
finas) que origina una compactación del suelo al quedar los poros obturados impidiendo
la penetración del agua. Como consecuencia de estos procesos, aumenta
considerablemente la escorrentía superficial, duplicándose los valores habituales. Con las
primeras lluvias tras el incendio se originan las mayores escorrentías de agua superficial,
hasta un 20% de la precipitación, cuando lo normal es que no supere el 5% de la lluvia
caída (TAMAYO, 2006).

Las aguas que drenan rápidamente los suelos quemados, apenas penetran en el suelo y no
se ven frenadas por la vegetación por lo que presentan un elevado potencial erosivo. Son
aguas muy turbias debido a la elevada presencia de partículas y cenizas en suspensión. El
material en suspensión que portan, así como los nutrientes que llevan en disolución, afecta
a la calidad de las aguas contaminándolas. Además, la posterior sedimentación de estos
materiales va colmatando los fondos de los ríos, estuarios, embalses y rías (por ejemplo,
la colmatación de las rías cantábricas por efecto de las quemas y la acción deforestadora
del hombre) (WELLS, 1992).
La contaminación del aire es uno de los problemas menos considerados de los muchos
causados por los incendios, a pesar de que éstos liberan a la atmósfera importantes
cantidades de CO2, además de otros gases y partículas. En todo caso, se liberan cantidades
de CO2 muy inferiores a las cantidades emitidas por la combustión de combustibles
fósiles. Otros gases liberados en grandes cantidades a la atmósfera por los incendios son
los compuestos nitrogenados y diversos hidrocarburos. Los compuestos más
contaminantes se liberan cuando la combustión es incompleta, cuando el frente de fuego
es muy rápido o en las combustiones humeantes posteriores al incendio. Las partículas de
carbón y las cenizas son otro de los problemas atmosféricos que causan los incendios.
Éstas tienen efectos diferentes según su tamaño (GALIANO, 2000).

La pérdida de suelo por erosión es el daño ecológico más grave ocasionado por los
incendios. El suelo, además de ser el soporte y la fuente de nutrientes de la vegetación y
la fauna, es un bien escaso, sobre todo en los terrenos forestales, donde los suelos por lo
general tienen muy reducida su fertilidad. El suelo es un bien difícilmente recuperable,
de modo que la degradación de sus características iniciales físicas, químicas y biológicas,
y sobre todo la pérdida de sus partículas más finas y de los nutrientes por la erosión hacen
que tenga un proceso de regeneración extremadamente lento (WELLS, 1992).

Después del incendio la cobertura normal del suelo, que a veces supone la existencia de
varios estratos de vegetación (arbóreo, arbustivo...), queda drásticamente reducida,
apareciendo el suelo ligeramente cubierto por cenizas y restos calcinados que desaparecen
rápidamente con el viento y las primeras lluvias. El flujo de agua sobre el terreno
incendiado llega a duplicar, como consecuencia de la pérdida de cubierta vegetal, la
impermeabilidad de la superficie del suelo. Este flujo es laminar en las partes elevadas de
las laderas y canalizado en las zonas más bajas, dando lugar a cárcavas de erosión. La
erosión en los terrenos incendiados aparece fundamentalmente con las primeras lluvias y,
en el clima mediterráneo, en los dos primeros meses después del incendio. No sólo existe
erosión física, también aparece erosión química debido a la pérdida de nutrientes y a la
disminución con el tiempo de la fertilidad (MANTA NOLASCO, 2004).
Tras la combustión, la materia orgánica vegetal se puede mineralizar o pasar a enriquecer
momentáneamente el suelo en forma de nutrientes. Sin embargo, una buena parte de los
elementos nutritivos se pierden en la atmósfera, contaminándola, debido a la
volatilización que sufren en el momento del incendio. Otros nutrientes se pierden
disueltos en las aguas de escorrentía. El incremento de la fertilidad del suelo después del
incendio llega a ser de 2 a 10 veces su valor inicial en los primeros momentos. Pero esta
fertilidad es efímera ya que la mayor parte de los nutrientes incorporados tras el incendio
se pierden en un año. Los nutrientes más solubles contenidos en las cenizas son lavados
rápidamente del suelo, desapareciendo con las primeras lluvias. La pérdida de nutrientes
es mayor cuanto más intenso sea el incendio. En los primeros momentos tras el incendio,
se produce un mayor aporte de nutrientes por la muerte de raíces y por el menor consumo
de la vegetación superviviente. Desgraciadamente los nutrientes liberados son arrastrados
por la escorrentía ocasionada por las primeras lluvias (CARBALLAS, 1979).

Los incendios también alteran la actividad bacteriana y de los hongos, responsables de


procesos biológicos de suma importancia en el suelo. En el caso de las bacterias existe
una esterilización inicial, debido a los efectos de la onda de calor y la desecación del
suelo. Más tarde, el incremento del pH (disminuyen los niveles de acidez) y la fertilidad
favorecen la recuperación de éstas. Respecto a los hongos, no ocurre lo mismo y, en
general, resultan afectados negativamente, entre otras razones porque se adaptan mejor a
los suelos ácidos y el aumento del pH después del incendio les perjudica enormemente.
Las micorrizas, hongos simbióticos con las raíces de diversas especies vegetales, resultan
especialmente afectadas (MADRIGAL, 2009).

Finalmente es preciso analizar el impacto de los incendios sobre el paisaje. El paisaje es


un elemento integrador de muchos valores imposibles de evaluar únicamente bajo
parámetros medibles. Globaliza valores estéticos y emotivos, culturales, científicos y
ecológicos. Con el incendio forestal se destruyen los ecosistemas y se malogran todos los
múltiples usos de los montes y el paisaje: naturales, ecológicos y productivos, así como
los referentes al ocio. Tantos son los impactos ecológicos de los incendios que, además
de ser imposible cuantificarlos económicamente, es difícil analizarlos hasta sus últimas
consecuencias (PRITCHETT, 1987).

Detección de los Incendios Forestales Vía Satelital


Los incendios forestales han contribuido en todo el mundo al deterioro de los recursos
naturales y a pérdidas económicas (directas o indirectas) y de vidas humanas. En México,
esta situación no es la excepción; de acuerdo con las condiciones climáticas y
meteorológicas, cada año se presentan incendios forestales de diversas magnitudes. De
1970 a 2006 han ocurrido en promedio unos 7000 incendios forestales por año,
afectándose en promedio unas 221179 hectáreas (WELLS, 1992).

Las causas de los incendios forestales en México son atribuibles principalmente a las
actividades humanas (98% del total nacional) y el resto se debe a causas naturales
derivadas de fenómenos como descargas eléctricas o erupción de volcanes. Para 2009 se
calcula que las actividades agropecuarias representan 41% de las causas que originan los
incendios forestales; le siguen las causas desconocidas, con 13%, fumadores con 12%,
fogatas 11%, y el resto 13%. En muchos sistemas ecológicos los incendios forestales
tienen un gran impacto negativo por la degradación que sufren el suelo y la cobertura
vegetal, y por las emisiones de gases de efecto invernadero. Han sido identificados,
asimismo, como una herramienta de uso extensivo para la remoción de selvas y bosques,
sobre todo en regiones tropicales. Los efectos causados por los incendios a los
ecosistemas forestales no necesariamente son siempre negativos. Por ejemplo, en los
bosques templados, después de un incendio se propicia el rebrote de pasto tierno que sirve
para la alimentación del ganado y de la fauna silvestre; se facilita la germinación de las
semillas de algunas especies de árboles; se abate el combustible ligero (pastos, hojarasca,
hierbas, etcétera); se controlan ciertas plagas, enfermedades y vegetación indeseable; se
incorporan nutrientes al suelo, y se evita o disminuye la presencia de incendios de grandes
magnitudes. En 1998, al atravesar México por uno de sus peores años en este aspecto
(14445 incendios que afectaron casi 850000 ha), se hizo evidente la necesidad de
encontrar una solución tecnológica que ayudara en su detección y en el análisis de
propagación (WELLS, 1992).

Nuestro clima mediterráneo se caracteriza por la coincidencia de la época del año más
cálida con la época más seca, y por la presencia de tormentas secas. Por lo tanto, al menos
desde que existe el clima mediterráneo (hace unos pocos millones de años), anualmente
ha habido, de manera natural, incendios forestales. Por ello, gran parte de las plantas
mediterráneas ha adquirido una serie de estrategias adaptativas que les permiten persistir
a incendios recurrentes. Por lo tanto, el fuego ha sido un factor modelador de la
biodiversidad mediterránea. Además, muchas especies de la flora y fauna dependen de
los espacios abiertos generados por los incendios. Sin fuego, al igual que sin sequía
estival, no se podría entender la biodiversidad de nuestras latitudes (WELLS, 1992).

Sin embargo, esto no implica que los incendios siempre sean beneficiosos; cada especie
está adaptada a un régimen de incendios concreto (régimen de incendios ecológicamente
sostenible), es decir, a la frecuencia, intensidad y estacionalidad de fuegos que ha ocurrido
durante su historia evolutiva; regímenes de incendios fuera del rango histórico pueden ser
perjudiciales para la biodiversidad. Por lo tanto, los incendios de por sí no son
perjudiciales para la biodiversidad, aunque puede haber regímenes de incendios que sí lo
sean. Para la conservación de la naturaleza es importante favorecer los regímenes de
incendios ecológicamente sostenibles, y evitar los ecológicamente insostenibles.
El fuego y el paisaje tienen muchos aspectos en común. Los dos presentan un carácter
natural y cultural, cuentan con una dimensión espacial que trasciende los límites de la
propiedad y las fronteras político-administrativas, y son realidades dinámicas en
permanente trasformación (WELLS, 1992).

La imagen del paisaje es resultado de su evolución histórica, y el comportamiento del


fuego también depende del registro de episodios pasados y de la memoria histórica de la
sociedad con la que convive. El paisaje actual es diferente al de mediados del siglo XX.
La transformación de las estructuras territoriales debido a las dinámicas socioeconómicas
desde los años 50, y más recientemente al cambio global, han favorecido incendios cada
vez mayores, más rápidos e intensos y más complejos, por la presencia de personas y
bienes que son prioritarios en la protección. En realidad, el fuego se propaga leyendo el
paisaje, y ambos evolucionan conjuntamente. Por eso, la prevención eficaz y la protección
de bienes y personas contra el riesgo de incendios deben planificarse a escala de paisaje,
integrándose en las políticas e instrumentos de ordenación territorial y urbana, igual que
se gestiona el riesgo de inundaciones (MANTA NOLASCO, 2004).

Los usos agrícolas, forestales y ganaderos tienen una relación directa con el riesgo de
incendios ya que influyen en la cantidad y distribución de la vegetación, la cual actúa de
combustible para las llamas. En las últimas décadas, la intensificación de la agricultura
(pérdida de paisaje en mosaico en zonas marginales) y de la ganadería (abandono de
pastos) así como la reducción de los aprovechamientos forestales (extracción de madera,
leñas y pastoreo del sotobosque) ha favorecido la expansión del combustible forestal y,
con él, la aparición de incendios de alta intensidad capaces de asolar grandes superficies
al superar las posibilidades de los medios de extinción (DEWIN, 2007).
Por lo tanto, sin actuar sobre las “cargas de combustible” a escala de paisaje difícilmente
se puede limitar la capacidad de un territorio de “sostener” un gran incendio forestal.
Dado el alcance limitado y el elevado coste de los tratamientos preventivos, surge la
necesidad de integrar los usos agrarios o el fuego controlado (e incluso la gestión de
fuegos naturales quemando en baja intensidad) para reducir o redistribuir el combustible,
favoreciendo su extracción o pasando de arbolados jóvenes y densos a maduros y
espaciados. Esto se justifica incluso desde la perspectiva coste-eficiencia si se tienen en
cuenta los costes evitados en prevención, extinción y restauración. La opción de la no
gestión del paisaje nos mantiene en el actual panorama de riesgo de incendios extensos,
intensos y severos, que suponen una gran amenaza para las personas, casas e
infraestructuras y para el mismo ecosistema, y que puede verse agravado por el cambio
climático (MADRIGAL, 2009).
Prueba de ello es que el abandono en cualquier terreno de los usos agrícolas, ganaderos,
industriales o urbanos, hace que en pocos años sea invadido por vegetación forestal.
Entonces, ¿cómo consiguieron nuestros ancestros conquistar terreno al monte y
mantenerlo para sus cultivos, la cría del ganado, los asentamientos urbanos y el desarrollo
industrial? Pues con la mejor herramienta de gestión del territorio que jamás ha existido,
las quemas controladas. El fuego es el elemento que más ha contribuido al desarrollo de
la civilización. Indispensable en nuestra manera de preparar los alimentos, la única fuente
de iluminación nocturna que la humanidad ha conocido durante miles de años, la forma
de combatir el frío en los lugares inhóspitos y su capacidad para transformar materiales y
de adaptar el paisaje a las necesidades de la población, deberían haberlo transformado en
deidad universal (RUBIO, 1989).

¿Por qué nos enfrentan al fuego cuando quieren concienciarnos frente a los incendios
forestales? No se dieron cuenta, supongo, de que el fuego es un factor ecológico, el único
recurso en la extinción de incendios cuando el agua deja de sernos útil, y su prescripción
profesional rigurosa la forma más racional de compensar la despoblación de nuestro
medio rural para la prevención de los Grandes Incendios Forestales que nos amenazan.
Los principales factores ambientales que influyen en el estado de la vegetación y por tanto
en el comportamiento de los incendios forestales (intensidad, velocidad, saltos de
fuego,...) son la precipitación y la temperatura (MADRIGAL, 2009).

La precipitación tiene un efecto muy claro sobre el desarrollo de las plantas, y no basta
con conocer la cantidad de precipitación registrada, sino saber en qué momento del
desarrollo de la vegetación ha caído. Así, por ejemplo, una primavera seca es condición
suficiente para tener grandes incendios en las zonas sometidas a este déficit hídrico. La
temperatura, por su influencia sobre la humedad relativa, es la que condicionan en mayor
medida la sequedad tanto de la vegetación viva como de los restos vegetales muertos, y
con esto su "disponibilidad": predisposición a arder. Las olas de calor provocadas por la
entrada de vientos de carácter subtropical sahariano son decisivas en esta variable, y está
demostrado que estás son cada vez más frecuentes, largas e intensas, y cada año se baten
los récords de temperatura del mes del año anterior (TAMAYO, 2006).

Los incendios forestales, tal y como los hemos conocido (frecuencia, estacionalidad,
severidad, etc.), están sufriendo un profundo cambio motivado por la expansión de las
masas forestales y su interacción con la población, pero también por la variación de las
condiciones meteorológicas que los gobiernan, innegablemente afectadas por el
denominado cambio climático. Y los escenarios de cambio climático nos auguran una
disminución de precipitación en primavera y una entrada más temprana de las olas de
calor, lo que contribuirá a que las campañas de mayor riesgo de incendio comiencen antes
en primavera, y que las condiciones ambientales impliquen un comportamiento del fuego
más virulento e intenso, limitando mucho la eficacia de los medios de extinción en su
control (TAMAYO, 2006).

Existe una opinión general de que todo fuego es malo, las causas de los incendios son
humanas y en su mayoría intencionados, y que, ya que esos comportamientos son
educables y sancionables, son por tanto evitables; problema solucionado. Esta visión se
ve reforzada por el uso generalmente simplista que se hace de la magnífica estadística
disponible, que debería ser siempre interpretada según las áreas geográficas definidas por
el Ministerio competente. Mezclar y sumar los datos de las distintas realidades, genera
resultados matemáticamente correctos, pero que no se corresponden con ninguna de ellas
(TAMAYO, 2006).

Por otra parte, es necesario incidir en mostrar las motivaciones, que distan mucho de ser
las que suelen argumentarse, tales como "intereses urbanísticos", "mercado de la madera"
o similares, auténticos "cisnes negros", fenómenos de bajísima incidencia pero de altísimo
impacto, en absoluto generalizables. Casi el 70% de los incendios llamados intencionados
vienen de las quemas agrícolas y de la regeneración de pastos. El hecho de incluir en
"intencionados" esta motivación, criminaliza y falsea la realidad, trasladando una visión
en la que parecen existir muchas personas con interés e intención de quemar el monte.
Llamando a esta motivación por su nombre y gestionando esa realidad, los incendios
intencionados quedarían en porcentajes cercanos al 20%. Tenemos por tanto un problema
principal de choque entre la prohibición generalista actual y el uso del fuego en el ámbito
rural, herramienta a la que hemos atribuido los innegables daños del incendio forestal, sin
ser evidentemente lo mismo (WELLS, 1992).

Trasladar esto es imprescindible para que la sociedad, una vez entendido el problema real,
genere políticas de gestión del fuego eficaz y realista, a sumar a las actuales de prevención
y extinción de incendio forestales. Seguir en la simple "lucha contra el fuego" es como
querer luchar contra la lluvia por las tormentas de verano; no parece muy inteligente. La
sociedad actual es más urbana de lo que nunca antes ha sido. Esta realidad afecta
enormemente a la percepción social sobre el monte en general y sobre la gestión de los
incendios forestales en particular. La imagen es la de un gran frente de llama que arrasa
con todo, desconociéndose que el impacto de cada incendio sobre la vegetación, su
"severidad", es muy variable, afectando de diversas maneras a pasto, matorral y arbolado,
según su "intensidad". Este punto de visto es igual de distante respecto a las consecuencias
sobre la población, los dispositivos de prevención y extinción y quienes trabajan en ellos
(CARBALLAS, 1979).

La educación social es determinante a la hora de hacer entender a la población los


mensajes relacionados con los incendios forestales, pero son patentes y preocupantes las
carencias en este necesario contacto entre ciudadanos y dispositivos de prevención y
extinción. El principal canal de información de la población son los medios de
comunicación, en los que es un serio perjuicio el sensacionalismo imperante y la
estacionalidad vinculada al verano (BARRENA, 1998).

Pero el principal problema en general es del propio sector, en el que la información sobre
la emergencia se protege en exceso desde las Administraciones competentes, con lo que
la que circula se apoya en fuentes no contrastadas y opiniones de ciudadanos ajenos a los
dispositivos, mermando la imagen de profesionalidad del operativo y generando
desconfianza. Actualmente las redes sociales suponen una oportunidad para la difusión
de los mensajes correctos y como canal de avisos a la población, por lo que las
Administraciones deben desarrollar estos servicios de comunicación, no meramente como
herramientas para justificarse, sino como parte de una educación social de la que todos,
en mayor o menor medida, somos responsables (BARRENA, 1998).
Las administraciones públicas, han asumido en solitario la responsabilidad de luchar
contra los incendios forestales y se han centrado durante décadas en tratar de evitar que
se generen, negligente o intencionadamente, conatos de incendio y en procurar la más
rápida y contundente intervención para apagar los que se producen. Así, a las sucesivas
campañas publicitarias de cada verano para evitar incendios, se han sumado las reformas
del Código Penal para castigar con extrema severidad a quien provoque un incendio. Y a
la creciente dotación de medios civiles terrestres y aéreos de extinción, ha seguido la
Unidad Militar de Emergencias (UME) y la aplicación de nuevas tecnologías para la
detección y control de los incendios (DEWIN, 2007).

Sin embargo, hemos de asumir una realidad, tan sorprendente como cierta; mientras se
ampliaban, año tras año, los recursos en extinción y se apagaba muy eficazmente el
80/90% de los fuegos, el problema en vez de disminuir, por inverosímil que parezca, se
ha agravado. El peligro real, los Grandes Incendios Forestales (GIF), se van a generar
siempre que se presenten las condiciones ambientales extremas que los impulsan (sequia,
calor, viento, baja humedad,...). No son probables, son seguros, y hemos de asumir
convivir con ellos cada vez más frecuentemente, en más lugares y durante más meses. Y
para convivir con algo que puede llegar a ser desastroso, hay que protegerse. Prevenir es
actuar. Hay que entender que es tan grave y tan peligroso el resultado, que aquello que lo
inicia ha pasado a ser casi irrelevante. La eterna intencionalidad mitificada (exculpatoria
para todos nosotros) o la negligencia aislada que provocan los incendios, son inherentes
a la actividad humana y en cualquier caso no alteran la enorme gravedad de lo que
posteriormente suponen, por lo que es la prevención (más resiliencia) y son las
consecuencias (más seguridad) lo que toca gestionar (DEWIN, 2007).

Si a medio y largo plazo no se interviene en evitar que cada paisaje que puede arder nos
ponga en peligro, poco podrán hacer más aviones, más brigadas forestales, más bomberos,
más ejército. Es necesario establecer políticas territoriales (activas y preventivas)
comprometidas con el control de la vulnerabilidad de los espacios agroforestales y sus
entornos de interface urbano forestal, al objeto de romper la continuidad de los terrenos
que arden, disminuir la densidad y estructura del combustible vegetal que quema y poner
fuera de riesgo las zonas de interface urbano forestal que peligran (GALIANO, 2000).

Hay que cambiar la esencia de la sensibilidad contra los incendios; la prioridad es


preguntar ¿Estás tú seguro? ¿Está tu familia segura? ¿Es segura tu vivienda, tu casa, tu
urbanización, tu pueblo? Y luego, ¿qué haces para estar más seguro? ¿Que debes hacer
para estar más seguro? Para, finalmente, gestionar activamente un paisaje que arde. La
paradoja de la extinción explica con simplicidad el efecto negativo que se produce cuando
aplicamos presión en exceso sobre la extinción para reducir superficie quemada. El éxito
inicial de esta política, que reduce el número de incendios, se invierte con el tiempo
creando algunos pocos incendios más grandes debido a la sobreacumulación de
combustible en los montes, permitiendo incendios forestales más intensos y rápidos que
antes de las políticas de extinción no teníamos (MADRIGAL, 2009).

Esta paradoja se explica con las generaciones. Con el abandono rural de los años 50, los
primeros grandes incendios aparecen por tener un paisaje continuo por primera vez en
décadas. Es la 1ª generación de incendios que se ataca con los primeros retenes y
cortafuegos. Aparece la 2ª generación con el imparable proceso de acumulación de
combustible. Los incendios son ya continuos e intensos. La profesionalización,
especialización y diversificación de los medios es la respuesta y es la situación general
de los años 70 y 80. Pero los 90 aparecen los primeros incendios grandes con ambiente
de fuego, focos secundarios masivos y velocidades extremas de los fuegos conectivos. Es
la 3ª generación de incendios. Posteriormente la 4ª con la aparición de la interface y la 5ª
con la simultaneidad de grandes incendios han completado la serie (MANTA NOLASCO,
2004).

Este proceso marca a la vez una realidad de profesionalización diferente donde cada
dispositivo se ha adaptado aisladamente a su situación generacional y de fuegos tipo.
Hace falta adaptar las competencias y habilidades de la capacitación del personal de
extinción a las necesidades del momento de incendio (generación) para poder generar una
comunidad de incendios abierta. No todos tenemos los mismos incendios, la misma
paradoja ni la misma generación. Saber quién es quién es la clave de la profesionalización
transversal y operativa en España (MANTA NOLASCO, 2004).

El actual sistema se caracteriza por presentar un mensaje con un elevado nivel de


protección ciudadana (protección civil) frente a cualquier tipo de riesgo. Así, de forma
generalizada, se ha asentado en la conciencia global la protección que todo ciudadano
tiene asegurada por derecho. En estas condiciones un elevado porcentaje de ciudadanos
en general, viven bajo una falsa sensación de absoluta y total seguridad en la que, ante
una catástrofe que nadie imagina para sí mismo, “…a mí no me puede suceder…”, las
administraciones acudirán en su defensa o incluso la evitarán (MANTA, 1998).
Ya hemos señalado que la sociedad actual vive en entornos urbanos: exactamente el 80%
de la población española. Pero desde hace ya unos años, un porcentaje importante de
urbanitas buscamos el acercamiento al ámbito rural, ya sea en residencias alejadas del
entorno urbano, en segundas residencias o como lugar de ocio recreativo-cultural. Esto
motiva una elevada dispersión de asentamientos y ha creado estructuras en el paisaje del
tipo interfaz urbano-forestal, generando un nuevo territorio de riesgo. Este es más
vulnerable, condiciona el número y tipología de medios necesarios, incrementa las
dificultades de extinción exponencialmente y por tanto hacen más irreal, si cabe, la falsa
sensación de seguridad. NO se concibe la incapacidad de los dispositivos para hacer frente
a la extinción en cualquier situación, incluso las más extremas, ni la imposibilidad de
atender todas las necesidades simultaneas que se producen. Al contrario, se entiende que
se trata de dispositivos con capacidad y obligación para atender y solucionarlo todo, y
este exceso de confianza en el sistema motiva la ausencia de conciencia de riesgo. Cuando
la realidad demuestra de repente que no es así... “el fuego estaba llegando a MI campo o
a MI casa y no venía nadie a apagarlo”, la incapacidad genera indignación entre la
población, contra ello no cabe sino la concienciación sobre el riesgo real y la implantación
de una cultura de la autoprotección que genere entornos preparados para recibir el fuego,
y en casos de simultaneidad en la interfaz, permita disponer de edificaciones defendibles
y oportunidades válidas para trabajar en la extinción. El ciudadano debe reflexionar sobre
su propio entorno, sus bienes y su propia vida, y la administración debe formar a la
sociedad, especialmente a los más pequeños, diseñar un marco normativo adecuado y
elaborar planes de emergencias y de autoprotección que ayuden a prediseñar las
actuaciones (TAMAYO, 2006).

La sociedad debe conocer, entender y asumir que el fuego y los incendios siempre han
estado aquí, y que, junto con el ser humano y sus aprovechamientos agrícolas, ganaderos
y forestales, es responsable del paisaje peninsular actual y de su biodiversidad. Dejar
evolucionar libremente el ecosistema sin intervención (es decir sin gestión) pero
pretendiendo erradicar el fuego del mismo, agrava el problema por acumulación de
combustible. El cambio climático además lo magnifica, induciendo, junto a otros factores,
un escenario en el que los incendios serán y son ya cada vez más frecuentes e intensos, y
por ello más nocivos para el monte y peligrosos para la población (RUBIO, 1989).

La eliminación total de los incendios no es posible; es simplemente una batalla perdida y


un sumidero inagotable de recursos públicos. Frente a este tipo de incendios y las
emergencias civiles simultáneas que suponen, los dispositivos de extinción se demuestran
ineficaces sea cual sea su dimensionamiento. Por ello, es necesaria una "Estrategia de
Comunicación y Responsabilidad Social" que, asumiendo esta realidad, genere una
responsabilidad personal, social e institucional compartida (RUBIO, 1989).

Conservar nuestros montes y su biodiversidad es posible manteniendo los factores que


los generaron, es decir, promocionando el uso sostenible de los productos forestales
aprovechables y gestionando la acumulación de los no aprovechables, el combustible
forestal. Es necesario por tanto recuperar un régimen de fuego sostenible y esto implica
el uso del fuego prescrito y controlado, y la gestión (sin extinción necesariamente) de los
incendios de baja intensidad. En cualquier caso, la autoprotección es imprescindible para
adaptar la presencia humana a la del fuego y el incendio. Una infraestructura humana
preparada es más resistente al paso del fuego y aumenta las opciones de poder ser
defendida llegado el momento del incendio (RUBIO, 1989).
Debido a su amplio territorio, Argentina presentan una gran diversidad de climas, en este
sentido, distintos factores geográficos inciden en forma directa, determinando las
características climáticas de las diferentes regiones. Por otra parte, las cadenas
montañosas que se extienden de norte a sur en el oeste argentino, constituyen un factor
de relieve que facilita la circulación de masas de aire en el este del país y que determina
diferentes tipos de vientos (TAMAYO, 2006).

Diferentes factores meteorológicos se producen en el territorio argentino, algunos de ellos


son locales, otros en cambio, hallan su origen más allá de las fronteras argentinas, tal es
el caso de los vientos cálidos y húmedos que proceden del anticiclón atlántico y que
afectan a las regiones ubicadas al norte de la Patagonia, o los vientos del oeste que
provienen del anticiclón del Océano Pacífico, así como también los vientos fríos del
anticiclón de la Antártida; estos tres vientos afectan el clima argentino en forma
permanente, no así los vientos locales, entre los cuales se cuentan (PRITCHETT, 1987):

El Zonda, que es cálido y seco y sopla generalmente entre mayo y octubre y se origina al
este de la precordillera de La Rioja, San Juan y Mendoza;

La Sudestada, que se origina en el litoral pampeano y se caracteriza por su alto contenido


de humedad; El Pampero, proviene del suroeste y es frío y seco, ocurre mayormente en
verano, después de varios días de aumento constante de la temperatura y la humedad; Los
Tornados, consisten en una masa de aire en forma de embudo vertical que alcanza un
movimiento rotativo de hasta 500 km/h, se originan entre octubre y marzo en la cuenca
del Río de la Plata. El movimiento del aire (viento) en nuestro país, junto con las
condiciones de humedad y temperatura que se dan en las distintas zonas, definen, en
términos generales, cuatro tipos de clima (ICONA, 1991):

1) Cálido:

Se da en el ángulo noreste de Argentina. De acuerdo a la disminución de la influencia


oceánica que se da hacia el oeste y a las modificaciones del relieve montañoso, se
distinguen tres variedades de este tipo de clima: subtropical sin estación seca, subtropical
con estación seca y subtropical serrano (ICONA, 1991).

2) Templado:

La cantidad y distribución de las lluvias determinan dos variedades de clima templado, al


este, el pampeano o húmedo y al oeste se produce una franja de transición hacia el clima
árido. La temperatura media es de 15º C. (ICONA, 1991).

3) Frío:

Hay dos tipos: el frío húmedo u oceánico, con una temperatura media de alrededor de 7º
C; y el frío nivel que prevalece en la Antártida (ICONA, 1991).

4) Árido:

Según la altura y latitud, este clima presenta cuatro variedades: el árido de alta montaña,
cuya temperatura depende de la altura y con una amplitud térmica muy grande; el árido
de sierras y campos, con una temperatura media aproximada de 18º C; el árido de estepa,
cuya temperatura media mensual es de 15º C aproximadamente, presenta frecuentes
heladas y se dan incluso en el verano; y el árido frío, con una temperatura media de
alrededor de los 10º C, presenta una amplitud térmica bastante grande y las heladas se
producen durante todo el año (ICONA, 1991).
El clima en Misiones es por definición geográfica, subtropical sin estación seca. Su rasgo
climatológico más saliente lo constituyen las temperaturas medias de 20º C y las
precipitaciones que se producen durante todo el año que superan los 1600 mm anuales.
La región central o el Nordeste tienen marcas un poco más elevadas que las del resto de
la provincia, lo cual explica la variedad y la exuberancia de la formación selvática propias
de esas zonas. La humedad de la región es casi siempre elevada y se manifiesta también
en el alto grado de vapor de agua convertido en rocío, que suele expresarse con mucha
intensidad y mantiene el nivel de humedad superficial del suelo por sobre los valores
normales. Según estudios realizados en la provincia, el rocío representaría entre un 10 y
un 12 % del total de las lluvias que caen en la región (GOMEZ, 1994).

La temperatura media es sensiblemente menor a la de otras zonas de análoga latitud. Los


factores que coadyuvan para que esto suceda son en primera instancia, la altura (a mayor
altura, menor temperatura). La región capitalina, al estar a menor altura que el resto de la
provincia, tiene una marca termométrica mayor, propia de su ubicación geográfica. En
segundo término las lluvias frecuentes y la presencia de una frondosa vegetación inciden
en la determinación de una temperatura más moderada, como sucede en el interior de la
provincia. A pesar de que la amplitud térmica no es de importancia entre estación y
estación, puede producirse un cambio brusco de temperatura entre el día y la noche,
especialmente en los lugares próximos a los cauces de agua. Las heladas no son cotidianas
durante los meses invernales, aunque su esporádica aparición afecta el cultivo de algunas
especies tropicales. Por esa causa de la inferior presión atmosférica que se registra en la
provincia, que tiene apostado un centro receptor de vientos, que sufre la influencia del
anticiclón del Atlántico Sur, de vientos cálidos y húmedos, con escasa injerencia en la
zona, los vientos predominantes no suelen superar los 10 km. horarios (WELLS, 1992).

En el clima de la Provincia de Corrientes, se pueden distinguir tres tipos distintos. Hacia


el noreste, en la región que lindera con la Provincia de Misiones, los veranos se
caracterizan por ser húmedos y calurosos. La lluvia, en esta área, es abundante en las
estaciones intermedias. A lo largo del Río Paraná, en cambio, el clima es más parecido al
que se encuentra en la región chaqueña subtropical; siendo seco en invierno, y muy
caluroso y lluviosos en verano (MADRIGAL, 2009).

Por último, en los departamentos del sur de la provincia, el clima ya es característico de


la región mesopotámica. Aquí, todo se muestra moderado, las precipitaciones son
regulares durante casi todo el año, con veranos calurosos e inviernos bastante frescos.
Respecto a las precipitaciones lluviosas que ocurren en la provincia, también se puede
hacer una clasificación distinguiendo dos áreas en función de este parámetro. En la región
que se encuentra a orillas del Río Paraná llueve menos de 1.100 mm, siendo menos
lluviosa que a orillas del Río Uruguay donde se registran precipitaciones de 1.200 a 1.600
mm No obstante, la Provincia de Corrientes, en general, no presenta una estación seca
demarcada. La temperatura media anual en verano es superior a 21º C, mientras que en
invierno ronda los 10º C. (WELLS, 1992).
El clima en Entre Ríos se inserta en el área de transición de los climas subtropicales
(región norte) a los templados (demás territorios) y se caracteriza por sus abundantes
precipitaciones durante todo el año. Por su situación geográfica en Entre Ríos la
temperatura disminuye de norte a sur. En la parte subtropical, la temperatura promedio
en verano es de 26º C y en inviernos es bastante suave. El resto del territorio, tiene un
clima con temperaturas que van desde los 7º C a 10º C en invierno, y de 19º C a 23º C en
verano, con una amplitud media que varía entre los 10º C y 16º C. (WELLS, 1992).

En la parte subtropical, las precipitaciones superan los 1.000 mm anuales y predominan


los vientos norte, este y noreste, mientras que en la parte templada las lluvias son
inferiores a 1.000 mm anuales y circulan vientos del sur, sureste, noreste y pampero
(GALIANO, 2000).

A lo largo de su historia, la humanidad se ha servido del fuego tan reiterada y


frecuentemente, con tan poca prudencia, que es difícil concebir hoy la existencia de masas
vegetales cuya evolución no haya sido alterada por su acción. El paso del fuego coloca a
las plantas en situaciones extremas y les ocasiona un trauma tan profundo, que
únicamente sobreviven al suceso aquellos individuos que cuentan con mecanismos de
defensa más desarrollados y sólo cuando se trata de incendios poco intensos y que
avanzan con rapidez (MADRIGAL, 2009).

Así, el piso herbáceo y los pies leñosos de escaso porte son arrasados; el matorral y los
arbustos de menor talla perecen totalmente o pierden su parte aérea; los árboles y los
demás arbustos sucumben si el fuego es de copas o cuando, siendo de superficie, la
calcinación de los tallos o el chamuscado de las hojas rebasan las cotas letales. Los
sistemas radicales subsisten o mueren según su profundidad y la protección que les
deparen los niveles superiores del suelo. Las semillas en general mueren, salvo las de las
pirófitas, que están mejor acondicionadas para la pervivencia (MADRIGAL, 2009).

El fuego en el bosque se alimenta de combustibles forestales, produce efectos caloríficos


que alcanzan a la flora y a la fauna del entorno y origina productos residuales minerales.
El fuego introduce pues, una serie de cambios físicos, biológicos y químicos en el bosque
cuyos efectos nos proponemos estudiar (CARBALLAS, 1979).

Efectos sobre las plantas; El calor radiante que incide sobre los tallos de las plantas, la
intensidad del fuego y el tiempo de exposición, deseca los tejidos vegetales matando
plantas y árboles. Es la subida de la temperatura interna de las células vivas, juntamente
con el tiempo en que se mantiene, lo que acarrea la muerte, sin que se sepan con exactitud
ni los niveles térmicos letales, ni los tiempos mínimos de actuación, pero sí que existe
correlación entre ellos: a mayor temperatura, menor tiempo y viceversa (ICONA, 1991).

La resistencia del árbol depende de sus propios mecanismos de defensa (capa cortical,
altura de la ramificación, etc.) y de las circunstancias ambientales (temperatura inicial de
la vegetación, terreno e inflamabilidad de hojas y ramas, faja de materia orgánica
circundante, etc.). El soflamado de las hojas arrastra desde el embotamiento fisiológico
hasta la pérdida de la planta. En las raíces, la corteza es más delgada y por eso, si la
humedad o los materiales acumulados en el suelo no contrarrestan los efectos del calor,
resultan afectados particularmente los ejemplares pertenecientes a especies con raíces
superficiales. Las repercusiones biológicas guardan relación con la gravedad de las
heridas sufridas. Estas provocan siempre disminución de la actividad fisiológica y, a
veces, la muerte inmediata. Si la lesión es leve, cicatriza con el paso del tiempo y
desaparece todo rastro (MADRIGAL, 2009).

Las cepas sufren alteraciones que pueden ser fatales, salvo que la naturaleza, porosidad y
contenido de agua de los horizontes superiores del terreno las protejan por aislamiento.
El incendio, al consumir total o parcialmente material leñoso, reduce el volumen útil de
madera aprovechable y obliga a la tala de pies que no han alcanzado su punto de
cortabilidad. Los productos deteriorados no pueden ser utilizados en los destinos más
cualificados y mejor compensados. Se altera desfavorablemente el equilibrio oferta-
demanda al ofrecerse al mercado cantidades masivas. Además, se encarecen los costos de
explotación porque usualmente los leñadores exigen primas altas por manipular
materiales calcinados y ennegrecidos. Por último los árboles no apeados y los no extraídos
se deprecian totalmente al cabo de poco tiempo (MANTA NOLASCO, 2004).

Es precisamente la presencia de árboles muertos en pie, de tocones y de troncos


abandonados, lo que atrae en plazo muy breve a los insectos xilófagos (escolítidos,
bupréstidos, curculiónidos, etc.). También aparecen hongos cromógenos y de pudrición,
cuyos representantes, voraces en general, están normalmente bien capacitados para
detectarla. Una vez instalada, por serle particularmente propicio el hábitat la nueva
población prolifera de forma espectacular multiplicando su capacidad destructiva
(MADRIGAL, 2009).
La situación no pasa desapercibida a los respectivos depredadores y parásitos de los
nuevos huéspedes, los cuales acuden sin tardanza al área quemada. A esta primera
colonización siguen otras de especies insectívoras y así sucesivamente. Esto, en una corta
etapa, modifica tanto cualitativa como cuantitativamente el censo anterior al incendio. En
cuanto a enfermedades, el resultado más frecuente y nocivo es el aumento de la
podredumbre en raíces y tocones (MADRIGAL, 2009).
Las alteraciones que sufren los individuos que integran el bosque, repercuten en su
estructura y desarrollo. El grado de estabilidad conseguido por la evolución natural y la
aparición de tratamientos silvícolas adecuados, corre el riesgo de perderse. La
desaparición parcial o total de la cubierta arbórea implicará pérdida de crecimiento de los
árboles. Las perturbaciones en la estructura de la masa, por probable modificación de la
composición florística y retraso en su restauración inicial, trastornan los planes de
ordenación y provocan interrupción total o parcial del pastoreo, empobrecimiento de la
capa vegetal, degradación de las condiciones de germinación y de arraigo de plantitas,
con el consiguiente deterioro del ecosistema y propensión a la aparición de plagas
(MANTA NOLASCO, 2004).
La destrucción de la cubierta vegetal supone asimismo cambios trascendentes en el
microclima insaturado. La capacidad del bosque para disminuir en su ámbito la media de
las temperaturas, rebajando las máximas y elevando las mínimas con respecto al entorno
exterior; su labor moderadora de la insolación, de la irradiación térmica y de la absorción
de la luz; la menor velocidad del viento, frenada por la espesura de la arboleda y un
porcentaje de humedad relativa más alta y menos oscilante a causa de la acción conjunta
y duradera de temperaturas más bajas, menor poder desecante del aire y mayor
infiltración, al prolongarse a lo largo del tiempo, favorecen la creación y mantenimiento
de un microclima que tan activamente interviene en la transformación de los residuos
vegetales en humus y en la reconstrucción del suelo (MANTA NOLASCO, 2004).

Cambio tan radical como el producido por la súbita desaparición de la cubierta, repercute
bruscamente en el proceso de formación del horizonte superior del suelo vegetal y
compromete seriamente su existencia. La acción del calor sobre el suelo se manifiesta de
manera diversa. La intensidad de la quema en el suelo vegetal se aprecia por la
profundidad de penetración, ésta depende de su composición, del volumen de agua que
contiene y de la violencia y velocidad de avance del fuego. Los suelos ricos en materia
orgánica y los calizos, tienen menor conductividad térmica que los silíceos; y el agua, no
obstante puede ser buen vehículo para la transmisión del calor, en general lo absorbe,
evaporándose y amortiguando la temperatura. Las consecuencias negativas del paso del
fuego se traducen primero en una sensible pérdida de humedad, que ocasiona a su vez la
destrucción del mantillo, la modificación de la estructura coloidal y la compactación de
las tierras (MANTA NOLASCO, 2004).

La desaparición repentina de la cubierta vegetal arrastra un crecimiento considerable de


la absorción de luz, como también disminución de la capacidad de retención del agua, de
la amplitud diaria de las variaciones térmicas y de la evaporación. La acumulación de
carbón y cenizas en la superficie modifica la composición química del suelo. En el suelo
carbonizado el humus desaparece en parte y los elementos minerales son removidos de
las materias orgánicas provoca un efecto beneficioso inmediato con la mineralización del
nitrógeno y la liberación de potasio; pero a la larga resulta funesto, porque las bases
minerales se diluyen por arrastre superficial, lavado interno o drenaje profundo. Opina
igualmente que así como el resultado puede ser favorable para los suelos podsólicos, es
nefasto para los ordinarios. Si a esa mayor desecación y compactación de los terrenos se
une la reducción de su fertilidad, derivada de las modificaciones físico-químicas que
experimentan por la acción del calor, se comprenden las mayores dificultades que en ellos
encuentran las semillas para germinar, las jóvenes plantitas para arraigar, los brinales para
rebrotar y los vegetales en general en su desarrollo normal (MADRIGAL, 2009).

2.2.6 Detección

Cuando un foco de fuego se transforma en un incendio forestal comienza una cadena de


sucesos, que hemos visto se terminan convirtiendo en una suma de tiempos. Sabemos que
el incendio, según va pasando el tiempo, si las condiciones son favorables para ello, se va
complicando haciéndose cada vez más grande y por tanto más difícil de controlar, por
ello, el objeto primero de cualquier sistema de defensa es iniciar lo antes posible las
labores de extinción, para lo cual lo primero es la rápida detección del mismo. Para ello,
todos los servicios contra incendios disponen de un sistema de vigilancia y una red de
comunicaciones. Todo sistema de vigilancia debe cumplir cuatro objetivos (TAMAYO,
2006):

– Debe ser rápido, claro y preciso, proporcionando la información necesaria para evaluar
la gravedad de la alarma y poder poner en marcha y dirigir hacia ella, los medios de
extinción en el menor tiempo posible.
– Debe proporcionar información suficiente para valorar los medios que, en principio,
son necesarios para la extinción.

– Debe proporcionar información periódica de cómo va evolucionando el incendio, o


según se le demande.

– Debe ser preventiva en las zonas de mayor tránsito de personas y de mayor sensibilidad,
a la aparición de incendios por la presencia negligente de estas personas.

En general, la vigilancia se hace desde puntos de observación, puntos desde donde se


divisa la superficie a vigilar. Se denomina “Vigilancia Fija”. También se realizan
recorridos por itinerarios concretos, en lo que se denomina “Vigilancia Móvil”. Pero
también hay otros sistemas como la vigilancia aérea, o detección con cámaras de T.V. o
con detectores de infrarrojos (GOMEZ, 1994).

También se tienen notificaciones de incendios por personal ajeno al Servicio de extinción,


personal que al tener conocimiento de un incendio lo notifica generalmente por vía
telefónica. De forma que podemos establecer los siguientes sistemas de vigilancia
(DEWIN, 2007):

Vigilancia fija.

Vigilancia móvil.

2.2.6.1 Tipos de Humos

Todo vigilante, en el área que observa, tiene zonas que ve directamente, y otras que no
observa, por lo que en general es muy probable que no vea las llamas, y que lo que vea
sea el humo, por lo que debe interpretar ese humo que ve. Por ello, cuando estamos
observando debemos tener presente que hay que averiguar dónde está la base del humo,
pues el viento puede tumbar la columna y que la veamos lejos de donde se origina.
Debemos transmitir esta circunstancia. Además hay distintos tipos de humos, según sea
el origen, el color o la textura, circunstancia que también se debe transmitir (RUBIO,
1989).

a) Por su origen:

Falsos: No son humos, son, por ejemplo, polvareda por el tránsito de vehículos, de
ganado, o por remolinos de aire, vapores de industrias,etc.Legítimos: Correspondientes a
fuegos autorizados. Periódicos: Como quemas de basureros, o humos procedentes de
torres de industrias. Eventuales: Como quemas autorizadas de matorral, pastos o rastrojos,
etc. Ilegítimos: Humos de procedencia desconocida, que pueden ser debidos a un incendio
(WELLS, 1992).

b) Por su color:

Blanco: Corresponde a quema de combustibles ligeros (pastizales, cereales, etc.). Gris


claro: El fuego afecta a combustibles de tipo medio, como matorrales pequeños, etc. Gris
oscuro: Se ven afectados combustibles más gruesos y pesados, como matorrales grandes,
arbolado, etc. Amarillento: Tonalidad habitual que proporciona al quemarse las resinosas
(WELLS, 1992).

c) Por su textura:

Ligera: Poca densidad, liviano. Nos indica que hay poca cantidad de combustible, que
está disperso. Densa: Humo espeso. Nos indica presencia de gran cantidad de
combustible, y/o donde la combustión es muy intensa. Ya vimos en el capítulo del fuego,
que un humo negro nos indicaba mucho combustible y, por tanto, oxígeno insuficiente
para consumir tanto combustible, por lo que la inyección de aire con más oxígeno puede
agravar muchísimo más el problema. Situación que se da en muchas ocasiones cuando el
incendio sube rápidamente por una ladera o rampa, al coronar en la cumbre, si en ésta hay
la misma vegetación, al haber más oxígeno, el incendio se hace más virulento y se nos
producen mayores longitudes de llama (WELLS, 1992).

2.2.7 Prevención
Se entiende por PREVENCIÓN al conjunto de acciones encaminadas a que no se
produzcan los incendios, así como aquéllas que, una vez iniciado el fuego ayudan a que
éste no se propague y a que podamos combatirlo con eficacia. Veamos qué acciones
podemos realizar (CARBALLAS, 1979):

A. Acciones encaminadas a que no se produzcan los incendios. Estas acciones intentarán


modificar los hábitos de los ciudadanos en el uso del fuego. Los ciudadanos, en general,
usan el fuego en el monte de dos formas diferentes según sean procedentes del medio
urbano o del medio rural, pero lo que se pretende es disminuir el número las imprudencias
y perseguir los delitos (CARBALLAS, 1979).
B. Acciones encaminadas a conocer las circunstancias en las que el fuego producido causa
mayores daños, a fin de activar las medidas necesarias para combatirlo antes de que
adquiera grandes proporciones. Para ello está la predicción meteorológica
(CARBALLAS, 1979).

C. Acciones encaminadas a mejorar la infraestructura de lucha, tanto para detectar los


focos lo más rápidamente, como mejorar el sistema de vigilancia con la adecuación de
puntos de vigilancia, etc., así como la infraestructura para llegar al foco y disponer de
elementos de lucha, como mejorar la red viaria y construcción de puntos de agua
(CARBALLAS, 1979).

D. Acciones de mejora de la masa vegetal, para intentar aislarla, interrumpir la


propagación del fuego, hacerla más resistente ó disponer de puntos de apoyo para poder
realizar un combate eficaz. Esto se consigue con la selvicultura preventiva, fajas
cortafuegos, etc (CARBALLAS, 1979).

2.2.8 Obras Lineales


Consisten fundamentalmente en el mantenimiento de áreas cortafuegos, que pueden ser
perimetrales o en el interior de la masa. Perimetrales: Independizan, separando la masa
de cultivos, pastizales, basureros, urbanizaciones, etc. Interior de la masa: se crean a lo
largo de vaguadas, divisorias, caminos, etc. adecuando y limpiando la masa en una franja
estrecha en esos trazados. Siempre intentaremos que las áreas cortafuegos interrumpan el
movimiento del fuego. Por ejemplo, en las realizadas junto o siguiendo cursos de agua
conservaremos la vegetación natural que es muy húmeda, eliminando la vegetación seca,
etc. (PRITCHETT, 1987).

En las vaguadas puede producirse efecto chimenea, por lo que habrá que tratar que los
árboles corten esta circulación. Los tipos de áreas cortafuegos son: Área cortafuegos:
Superficie relativamente ancha, de alrededor de 100 m en la que se ha modificado la
vegetación natural, pasando de una vegetación densa e inflamable a otra mucho menos
densa, y por tanto menos inflamable (BARRENA, 1998).

No se retira todo el arbolado, que queda claro, pero debe estar podado. Debe intentar ser
perpendicular a los vientos dominantes y debe permitir el acceso a ella de los medios de
extinción para utilizarlo como punto de apoyo. Hay que tener presente que, al ponerla en
luz, habrá una proliferación de especies de matorral heliófilo muy inflamable, lo que se
debe evitar, es decir, hay que mantener limpia el área. De nada sirve si está llena de
matorral (masa continua) (GOMEZ, 1994).

Faja cortafuegos: Faja de anchura fija que se limpia hasta el suelo mineral. Debe detener
el avance del incendio y debe servir como punto de apoyo. Es evidente que las fajas
cortafuegos tienen una capacidad determinada, ya que su capacidad de impedir la
progresión disminuye mucho cuando en la propagación del fuego es un factor
predominante la convección, y desde luego no funcionan cuando la propagación es por
focos. Fajas auxiliares: Faja de anchura fija, a ambos lados de una carretera, en la que se
poda el arbolado y se roza el matorral (ICONA, 1991).

Su función es triple: a) Impedir que pasen fuegos que se puedan producir en las
inmediaciones de la carretera. b) Que el fuego, al llegar a ella, sea un fuego de suelo,
sobre combustibles ligeros, es decir de pequeña intensidad, lo que permite la acción de la
carretera como cortafuego. c) Sirva de apoyo para el combate por equipos como retenes,
vehículos autobombas, etc. Línea de defensa: Fajas estrechas o sendas limpias de
matorral, que pueden usarse para el movimiento en el monte. Su función es que se pueden
limpiar rápidamente con herramientas manuales y utilizarla como punto de apoyo para
dar un contrafuego (GALIANO, 2000).

2.2.9 Extinción de los Incendios Forestales


Ya sabemos que los lados del Triángulo de Fuego son: Oxígeno contenido en el aire, el
Combustible y el Calor necesario para iniciar y mantener la combustión. En el caso de un
incendio forestal, dos de estos elementos están en el ambiente: el oxígeno del aire y el
combustible constituido por vegetación viva o muerta en condiciones de arder. El calor
inicial es aportado en forma natural (rayos) o por acción humana (RUBIO, 1989).

También sabemos que, al unirse estos 3 elementos, en adecuada proporción, se inicia el


proceso de la combustión y el calor generado por el propio proceso mantiene dicha
combustión. Por lo que el propósito de todos los esfuerzos de extinción del fuego tiende
a romper o debilitar, directa o indirectamente, uno o más lados del Triángulo de Fuego
(PRITCHETT, 1987).

Entonces las acciones que se pueden realizar son:

A) Sobre el Oxígeno
1. Sofocar las llamas aislando el combustible del aire, por ejemplo, cubriendo el
combustible con tierra, usando un bate fuego, cubriendo con agua, etc. 2. Desplazar
violentamente y por unos instantes la masa de aire en contacto con el combustible en
llamas, por ejemplo, con una explosión, batiendo una rama. Es el mismo efecto que
cuando soplamos con fuerza una llama de una cerilla o una vela. 3. Disminuir la
proporción del oxígeno del aire aumentando la del vapor de agua, por ejemplo, lanzando
agua pulverizada (DEWIN, 2007).

B) Sobre el Calor: Enfriar, reducir la temperatura del combustible en llamas. La mayor


capacidad del enfriamiento la tiene el agua y más aún si es aplicada en forma pulverizada,
ya que el calor se consume intentando evaporar el agua. No siempre el agua está presente
y es difícil de transportar y aplicar, pero en muchas ocasiones podremos disponer de
tierra, pues el suelo mineral es un sustituto del agua y por ello es importante su utilización,
aunque su efecto sea parcial (GOMEZ, 1994).

C) Sobre el Combustible

La permanente presencia del oxígeno y la común carencia de agua nos obliga en muchas
ocasiones a realizar las acciones sobre el combustible: 1. Cortando la continuidad del
combustible en la trayectoria del incendio, mediante el establecimiento de una faja libre
de combustible entre lo quemado y lo verde, con un ancho suficiente que impida la
ignición por radiación o convección. 2. Modificando su contenido de humedad al lanzar
agua. 3. Impidiendo su combustión al cubrirlo con productos químicos. El
comportamiento del incendio y su previsible evolución nos condiciona si podemos
realizar estas acciones directamente sobre las llamas (con equipos de tierra como retenes,
etc., maquinaria o medios aéreos) o bien tenemos que realizar algunas de ellas
indirectamente, alejado de las mismas, es decir, nos condiciona el método de combate.
La LONGITUD DE LA LLAMA nos indica si podemos acercarnos al frente y trabajar
directamente sobre las llamas o nos tendremos que alejar (MANTA, 1998).

La VELOCIDAD DE PROPAGACIÓN nos indica si los medios que estamos en la


extinción somos suficientes para producir trabajo mayor que la tasa de crecimiento del
incendio y poderlo controlar, o si por el contrario el avance del fuego es más rápido que
nuestro trabajo. Pero tanto de una forma u otra, siempre todos los equipos realizarán una
o varias de estas acciones que hemos descrito (PRITCHETT, 1987).
2.2.10 Métodos de Combate
En la lucha contra los incendios forestales, se producen múltiples situaciones, por lo que
deberemos disponer de diferentes alternativas para su combate. Pero, desde que llegamos
al incendio y comenzamos a trabajar, pasamos por todas las fases del combate: por el
ataque inicial para parar la progresión del incendio; trataremos, al tiempo o más tarde, de
rodear todo el incendio con una línea, lo que hemos definido como línea de control y
procederemos después a la liquidación del mismo, dejando el borde absolutamente frío
(PRITCHETT, 1987).

Pues bien, en todas estas fases, y en todo momento, el combate consistirá en realizar unas
u otras de las acciones básicas, directamente sobre las llamas, en el borde del incendio o
alejados de él, dependiendo de la distancia de la línea de control que hemos establecido
al mismo borde del incendio. Estas formas son (GOMEZ, 1994):

2.2.10.1 Método Directo


Este método consiste en que la línea de control se establece interviniendo en el borde
mismo del incendio, al actuar sobre las llamas y sobre el combustible inmediato a ellas.
El método directo, también llamado ataque directo, implica que tengamos que realizar
fundamentalmente las siguientes acciones básicas, una sólo o varias combinadas
(BARRENA, 1998):

a) Enfriar el combustible con agua, productos químicos o tierra, según tengamos


disponible. b) Desplazar al oxígeno del aire, atacando la base de las llamas con bate
fuegos o bien cubriendo el frente con tierra (por ejemplo, con palines o con bulldozer).
c) Cortar la continuidad del combustible próximo a las llamas, mediante una línea de
defensa en el borde del fuego que, en este caso, no se amplía con quema de ensanche.
Estaremos tan cerca del fuego que en ocasiones el combustible ardiendo hay que
empujarlo al interior del área quemada (MANTA, 1998).

2.2.10.2 Método Indirecto


Consiste en establecer la línea de control a cierta distancia del borde del incendio. En este
método se aprovechan todas las barreras naturales y artificiales presentes carentes de
combustibles y se construyen las líneas de defensa que sean necesarias a fin de completar
la línea de control. Algunos combatientes denominan como Método o ataque paralelo a
la acción de construir líneas de defensa paralelas al borde, especialmente por los flancos
del incendio, muy cerca de las llamas, a 2 ó 3 metros. Otros combatientes consideran el
ataque paralelo como una combinación de directo e indirecto. Después de establecida la
línea de control, hay dos acciones para completar el trabajo, en función de donde estemos
situados y en función de la intensidad del incendio (BARRENA, 1998).

Quemar toda la vegetación que hay entre la línea y el incendio, es decir, eliminar el
combustible intermedio, siempre que se pueda controlar el fuego que creamos. Esperar a
que el fuego llegue hasta el borde y se consuma totalmente sin traspasar la línea. Esta
opción se puede completar con la acción de disminución de la capacidad de arder de la
vegetación, aumentando su contenido de humedad con agua o impregnándola y
cubriéndola con retardantes (GOMEZ, 1994).

Se puede sustituir la eliminación de la vegetación en la construcción de la línea si


conseguimos que ésta no tenga capacidad de arder, al igual que antes, incrementando su
contenido de humedad o cubriéndola con retardantes, es lo que se llama “cortafuegos
químicos” (TAMAYO, 2006).

El ataque indirecto se utiliza cuando: El calor y el humo impiden el trabajo del personal
próximo al borde. La topografía es abrupta o la vegetación es densa o una combinación
de ambas. Si el borde es tan irregular que requiere excesivo trabajo y la vegetación en
llamas es de escaso valor. También es aconsejable cuando hay rápida propagación del
fuego, amplio frente y gran emisión de pavesas y, por supuesto, en incendios de copas
(TAMAYO, 2006).

2.2.11 El control del incendio


Una etapa, un momento en el combate al fuego es el control del incendio. Consiste en
detener, contener el avance de las llamas extinguiéndolas directamente en su frente de
avance y en otros lugares activos o bien, si ello no es posible, circunscribiendo, rodeando
al fuego con una línea de control, para que no se siga propagando. Hay otras etapas
durante el combate, pero ésta es una de las más importantes. Para contener al incendio,
para detener su avance, de modo de poder extinguirlo más tarde, se identifican dos
métodos: el directo y el indirecto, dependiendo, respectivamente, si el incendio es
controlado con el trabajo de la brigada junto al fuego o bien si el personal trabaja a una
cierta distancia de él, interviniendo la vegetación en la trayectoria del fuego para dejar al
incendio sin combustible (MANTA NOLASCO, 2004).

Estos métodos no son excluyentes, son complementarios. Se puede empezar el combate


de una forma y seguirlo de otra, o trabajar en combate indirecto en un lugar del incendio
y en combate directo en otro. En este método el control del incendio se logra extinguiendo
al fuego en el frente de avance, llamado la cabeza del incendio, y en otros sectores activos.
Para ello los brigadistas cubren al fuego con tierra lanzada con palas, enfrían con agua y
cortan la continuidad de la vegetación combustible en el mismo borde del incendio
(RUBIO, 1989).

Este método, también conocido como ataque directo, se usa en vegetación de poco
tamaño, en incendios iniciándose, aún pequeños, en sectores menos intensos de un
incendio mayor y para extinguir pequeños focos de fuego originados por pavesas, o sea
brasas transportadas por el viento más delante de la cabeza. Con este método se reduce la
superficie y el daño al mínimo y el borde del incendio queda extinguido de inmediato. Si
se dispone de agua es, sin duda, el método más efectivo. Sin embargo, expone al personal
al humo y al calor, se pueden producir accidentes en topografía abrupta transitando para
acercarse a las llamas y, además, pavesas pueden encender fuegos que encierren al
personal, especialmente en laderas (RUBIO, 1989).

El control se logra rodeando al incendio, encerrándolo dentro de una línea de control, a


cierta distancia de la cabeza del incendio y de sus lugares activos. A esa distancia ya no
es posible lanzar tierra o agua, por lo que el combate indirecto se basa en eliminar o cortar
la continuidad de la vegetación en la trayectoria del incendio. Una línea de control, por
su parte, es el conjunto continuo de cortafuegos naturales y artificiales ya presentes en el
área afectada y de los cortafuegos que se construyen durante el combate. También forman
parte de la línea de control los bordes del incendio extinguidos naturalmente y los bordes
que se extinguen mediante el trabajo del personal (DEWIN, 2007).

A su vez, un cortafuego es una faja de terreno que no tiene combustible o donde éste no
está en condiciones de arder. De esta forma los cortafuegos cortan la continuidad de la
vegetación, impidiendo así que el fuego se propague al carecer de combustible.
Cortafuego es un término amplio, de uso general. Hay varios tipos de cortafuego, pero
todos tienen algo en común: carecen de combustible o, en algunos casos, el combustible
no está en condiciones de arder (RUBIO, 1989).

Por ejemplo, una línea cortafuego es una faja de terreno, de la longitud que sea necesaria
y de varios metros de ancho, donde se ha cortado y extraído toda la vegetación y se ha
raspado y cavado el terreno hasta el suelo mineral. Los cortafuegos de agua y de
retardante, cubren a la vegetación con agua y productos químicos e impiden que se
incendie (WELLS, 1992).

La línea de fuego es una franja estrecha de terreno donde la vegetación combustible en la


trayectoria del incendio se elimina con fuego, aplicado a partir de una faja de un ancho
no mayor a un metro, donde el suelo se ha raspado y cavado hasta el suelo mineral, o sea
hasta que sólo haya tierra y piedrecillas. El fuego así aplicado se llama quema de
ensanche, la que por avanzar contra el viento podrá apagarse luego de algunos metros,
pero, aunque ello ocurra, cumplirá su objetivo de ensanchar la faja carente de
combustible, sin el esfuerzo del personal, como en el caso de la línea cortafuego
(PRITCHETT, 1987).

Para construir una línea de fuego, una vez que el Jefe de Incendio determina dónde se va
a iniciar y terminar y cuál va a ser su trayectoria, la brigada trabaja dispuesta en una fila,
con las herramientas de corte adelante para abrir paso y eliminar vegetación, a
continuación, las herramientas de raspado y cavado para eliminar la vegetación
superficial hasta el (GALIANO, 2000) suelo mineral y luego equipos de encendido para
la quema de ensanche.

Durante el combate o método indirecto para establecer la línea de control se aprovechan


los cortafuegos presentes y se construyen los que sean necesarios (línea de fuego, línea
cortafuego, cortafuego de agua, cortafuego de retardante), uniéndolos para que no queden
lugares por donde pueda seguir avanzando el fuego. El borde del incendio ya extinguido
y la parte posterior del incendio, llamada cola, también son parte de la línea de control y
permiten anclar en ellos a otros cortafuegos (ICONA, 1991).

El método indirecto se usa cuando el calor y el humo impiden el trabajo del personal, si
el terreno es de topografía abrupta, si la vegetación es densa, si la propagación es rápida,
si hay emisión de pavesas, si el frente es muy amplio y en incendios de copas. En general,
cuando no es posible el ataque directo. El trabajo, a su vez, es más seguro para el personal
y las condiciones de trabajo más confortables permiten sostener más tiempo el trabajo,
con mejor rendimiento. Pero, como desventaja, se sacrifica vegetación, que puede ser
valiosa (RUBIO, 1989).

Dentro del método de combate indirecto, una variante de la quema de ensanche, es decir
del concepto y acción básica de extinción de usar fuego para eliminar vegetación en la
trayectoria del incendio, es el contrafuego. Sólo varía la magnitud. El contrafuego es
utilizado para quemar vegetación en zonas más amplias y creando un fuego que logre
avanzar contra el incendio, quemando el combustible en la trayectoria que, por su
comportamiento, lleva el incendio. Cuando los dos fuegos se encuentran el incendio se
extingue por carencia de vegetación combustible. Es un recurso extremo, dada la
probabilidad que sea inmanejable y que complique la situación (GALIANO, 2000).

Una forma de ataque indirecto, ya que no se trabaja sobre directamente en el borde, es el


llamado método paralelo, donde se construyen cortafuegos paralelos a los bordes del
incendio, flanqueando al incendio, como pinzas, desde la cola hacia la cabeza.

Una vez controlado el avance del incendio, logrando detenerlo dentro de la línea de
control, se inicia la etapa llamada de liquidación, donde se extingue todo fuego en el borde
del incendio y al interior de la línea de control. En el curso del combate al fuego, el Jefe
de Incendio y los otros mandos que componen la organización necesitan planificar
acciones, dar instrucciones y emitir informes de avance de la operación.

La mayor parte de los incendios forestales están provocados intencionalmente por


pequeños campesinos. La corta y quema, que se practica en el nordeste de la India para
una agricultura migratoria, es la principal causa de destrucción. Las zonas más afectadas
son Arunachal, Pradesh, Assam, Manipur, Meghalaya, Mizoram, Nagaland y Tripura.
Puede calcularse que, en escala nacional, los incendios en 4,35 millones de ha son de
atribuir a dicho método de cultivo. Esto tiene tanta más importancia si se piensa que al
crecer la población y disminuir la cantidad de tierra por persona, no sólo aumenta la
extensión sacrificada a la agricultura migratoria, sino que, además, el período de barbecho
de regeneración, que antaño era de 30 años, ahora ya es de sólo dos años.

También la necesidad de proporcionar pasto al ganado es causa importante de incendios


intencionales. Aunque oficialmente se han clasificado como pastos permanentes 12,5
millones de ha, en la mayor parte de ellas no queda en la práctica nada de hierba. La
necesidad se satisface quemando bosques para que después el ganado ramonee los brotes
tiernos.

Otra importante causa de incendios en la India central es la producción de hojas de tendu


(Diospyros melanoxylon). Se enrollan dichas hojas y se rellenan con tabaco para hacer
unos cigarrillos llamados bidi. La recogida del material y su venta son una fuente
secundaria de ingresos. En el verano es frecuente prender fuegos para que broten
vigorosamente las hojas nuevas. El problema se agrava porque la recogida de hojas de
tendu se contrata de año en año; los compradores no tienen, por consiguiente, el menor
interés en mejorar el cultivo. Para ellos lo más rápido y económico es pegar fuego a la
parcela, fuego que por negligencia se propaga muchas veces a otras partes del bosque.

También ocasiona incendios forestales la recogida de la flor de mahus (Madhuca indica)


con la que en la zona central septentrional de la India se prepara una infusión muy popular
o se hierve con semillas de sal (Shorea robusta) para comerla cuando escasea el grano.
Los cosechadoras hacen fogatas con hojas secas con la única intención de facilitar la corta
de las flores. Es frecuente que el fuego escape a su control y se propague al bosque, ya
que esta actividad se lleva a cabo en los meses de verano, con tiempo cálido y seco.

EFECTOS DEL FUEGO

Los incendios afectan a los recursos forestales de diferentes maneras. Si arde un bosque
en vías de regeneración, se retrasa el crecimiento de la nueva cosecha de madera y se
prolonga la rotación. Cuando en Maharashtra se quema teca recién plantada, es costumbre
cortar los arbolitos a nivel del suelo, estimulando así la aparición de brotes vigorosos; de
todos modos, se pierden uno o más años de crecimiento. Los incendios perjudican
seriamente la regeneración de importantes especies en los bosques de sal (Maithani,
Bhauguna y Lal, 1986). También sufre mucho la regeneración del pino indio longifolio.
Las plantaciones de eucalipto muchas veces tienen que ser replantadas, ya que mueren
con el fuego o hay que cortar los renuevos.

El fuego intenso puede llegar a matar también árboles maduros, a pesar de que los protege
su corteza que, con los años, se hace bastante gruesa. Más que las especies indígenas
sufren los eucaliptos, cuya densidad por hectárea y rendimiento en la madurez disminuyen
cuando han estado expuestos al fuego. En la región de Haldwani, comparando el
rendimiento de una plantación para pasta de papel con el teórico, según las tablas de
rendimiento, se encuentra una densidad media de alrededor del 60 por ciento. No
obstante, no es posible saber qué parte de la baja se debe al fuego y cuál es atribuible a
otras causas (Gane, 1987).

La defoliación que tiene lugar durante el incendio limita el crecimiento y, por


consiguiente, se pierde incremento. Cuando hay incendios repetidos se deteriora el suelo,
que se queda sin nutrientes y es fácil víctima de la erosión si muere la vegetación de la
superficie. No se ha investigado en la India la magnitud de las pérdidas atribuibles a
incendios. La única referencia escrita existente es un estudio de Rawat ( 1949) sobre el
resultado de las quemas controladas en las plantaciones de sal de Bengala, según el cual
el fuego redujo significativamente el crecimiento en diámetro de los árboles. Estudios
realizados en Australia indican que el incremento de varias especies de eucalipto se
reduce a causa del fuego, y que el retraso persiste durante varios años. La pérdida
cumulativa de incremento anual depende de la gravedad del incendio pero, en general, es
de entre uno y tres años.

La calidad de la madera sufre cuando se chamusca la base de los árboles y se daña el


cambium, ya que eventualmente resulta defectuosa la troza inferior del tronco. A través
de los tejidos dañados por el fuego penetran infecciones que son causa de pudrición. Los
registros de la madera vendida en el almacén de Ballarshah de la Corporación de
Desarrollo Forestal de Maharashtra revelan que en 1984/85 y 1985/86 el precio que
alcanzaron las trozas dañadas por el fuego fue inferior en un 9,8 por ciento al precio medio
de todas las trozas vendidas. En los bosques de pino longifolio de Nainital, en Uttar
Pradesh, las cicatrices ocasionadas por la extracción de resina desfiguran la madera y
facilitan la penetración del fuego que, por ese motivo, llega a matar al árbol.

Estas pérdidas tangibles tienen ulterior repercusión por reducir la producción y el empleo
en las industrias que usan madera como materia prima. Por ejemplo, Chatterjee (1978) ha
calculado que en el caso de la madera aserrada cada rupia producida crea 2 169 rupias de
empleo y 11 994 rupias de valor añadido de otras formas. A pesar de que esos
multiplicadores están basados en los precios de 1965, bastan todavía para ilustrar el efecto
de los incendios sobre la economía en general.

En la India no se han investigado hasta la fecha los efectos intangibles de los incendios,
potencialmente mucho más graves. Los fuegos no extinguidos queman la vegetación,
perjudican a toda la materia orgánica y son causa de que aumenten las inundaciones y de
que se intensifique la erosión del suelo. Además, perturban el hábitat y la forma de vida
de la fauna silvestre. La situación es grave dada la falta de conocimientos e incentivos
para planear la defensa contra incendios.

2.2.12 El Proyecto de Técnicas Modernas de Control de Incendios Forestales


La cuantía de los daños y el derroche de recursos naturales que significan los incendios
no contenidos ha colocado a la defensa contra el fuego entre los temas prioritarios de la
política forestal. En 1984 el Gobierno inició, con ayuda de la FAO y el PNUD, la
ejecución de un proyecto de aplicación de técnicas modernas para el control de incendios
forestales. Su propósito es demostrar que los daños y pérdidas que ocasionan los
incendios se pueden reducir considerablemente con simples medidas de prevención,
detección, extinción y notificación (CARBALLAS, 1979).

El proyecto se lleva a cabo en dos zonas en que la situación es característica de toda la


India: Chandrapur y Haldwani. Chandrapur (estado de Maharashtra) tiene una superficie
de 162 600 ha de colinas con bosque natural de teca y extensas plantaciones de teca.
También abarca el Parque Nacional de Tadoba y sus comunicaciones son buenas. La
superficie del proyecto en Haldwani, 372 700 ha en el estado de Uttar Pradesh, es más
variada y contiene montañas cubiertas de pino longifolio y bosques naturales de sal. Los
llanos de Terai están en su mayoría poblados de plantaciones de eucalipto para la
producción comercial de pasta para papel (DEWIN, 2007).

Las actividades del proyecto se concentran en los cuatro elementos esenciales de una
estrategia integrada para el control de incendios: Las medidas de prevención en la parte
montañosa consisten en el despeje y manutención de cortafuegos y, en la llanura, en el
uso de equipo mecanizado (tractores con arado) para hacer cortafuegos que protejan a las
plantaciones de eucalipto. Esas medidas han demostrado ser eficaces no sólo por reducir
las pérdidas ocasionadas por incendios, así como la magnitud de éstos, sino también por
facilitar el acceso y el trabajo inicial del personal que ataca los frentes de fuego. Otras
medidas preventivas incluyen la quema controlada de la materia combustible - sobre todo
pasto elefante - existente en torno a los cargaderos, junto a los caminos, etc.
(PRITCHETT, 1987).

El proyecto ha hecho demostraciones para crear conciencia del peligro que representa el
fuego en los bosques, y de los daños que causa. Se han puesto cartelones en todas las
zonas del proyecto, los cuales indican las épocas de máximo peligro, y todos los años se
dedica una semana especialmente a este tema. Como primer paso en el esfuerzo por ganar
la cooperación de la población rural en la prevención, detección y supresión de incendios,
se hizo una encuesta para averiguar la actitud de los campesinos hacia los mismos. Los
resultados fueron alentadores, ya que más de la mitad de los entrevistado se daba cuenta
del efecto devastador de los incendios forestales (GALIANO, 2000).

Se ha formulado la normativa de un Sistema para Calificar la Peligrosidad de Incendios


aplicable a los principales tipos de materia combustible. Aprobado ya por el Gobierno
para su empleo en escala nacional, el sistema contiene información necesaria en las
actividades diarias, y es muy útil también para prescribir y planear quemas. Incluye
información indispensable para determinar la estrategia que deba seguirse al combatir los
incendios durante la temporada peligrosa (GOMEZ, 1994).

Cabe perfeccionar el sistema adquiriendo equipo electrónico para la elaboración de datos


que, por ahora, se hace a mano, repasando lenta y laboriosamente los registros. Elemento
clave de todo programa de protección contra incendios bien concebido son los partes e
informes. Se han preparado con ese fin impresos especiales que ya se utilizan en todas las
zonas del proyecto (RUBIO, 1989).

Estos partes, debidamente utilizados y analizados, sirven para incrementar el caudal de


datos referentes a incendios forestales, a saber, causas directas, condiciones materiales
(velocidad del viento, tipo de la materia combustible, etc.), duración o extensión, cómo
fueron detectados, costo y tipo de los medios de control usados, daños experimentados,
etc. Especial importancia tienen los datos sobre costos, ya que hasta la fecha no se ha
intentado normalizar la evaluación de los daños causados por incendios forestales
(RUBIO, 1989).

La importancia que se atribuye a las notificaciones desde que se inició el proyecto está
permitiendo reunir información más abundante y digna de confianza. Eso, a pesar de que
en los partes que se han investigado, con frecuencia se calculan muy por lo bajo los daños
económicos y ni siquiera se cita el costo de la extinción. Posiblemente eso sea debido a
que el impreso utilizado para la notificación es demasiado detallado o sobreestima la
capacidad de los guardas forestales para llenarlo con precisión. Con el fin de obviar este
defecto cabría llevar a cabo la notificación en dos fases: en la primera, el parte inicial del
incendio (PB) con los datos esenciales de cada uno, y en la segunda, un informe detallado
del incendio (IDI) con cálculos preestablecidos para evaluar y cuantificar los daños
tangibles, informe que sería redactado posteriormente por un ingeniero forestal
(TAMAYO, 2006).

Además, para calcular los valores se prepararán modelos que simulen la composición de
una hectárea de los principales tipos de bosque. Resumiendo, se ha preparado y ya se
cuenta con un importante instrumento de planeamiento como son las normas para evaluar
los daños ocasionados por los incendios forestales. La variación de productividad que
tiene lugar al disminuir la superficie quemada anualmente ha sido calculada mediante un
sistema computadorizado que simula la zona del proyecto en Chandrapur. El modelo
correspondiente se ha usado para extrapolar el rendimiento anual futuro de situaciones
«con incendio» y el cambio a esos rendimientos ocasionado al disminuir en 10 años la
rotación de las plantaciones de teca y en 20 años la de los bosques naturales (GALIANO,
2000).

En los últimos cinco años el proyecto ha demostrado la eficacia, en las condiciones


reinantes en la India, de los métodos modernos de control de incendios. El personal ha
mostrado que dichos métodos reducen la superficie quemada a un nivel tolerable desde
el punto de vista de la ordenación del recurso. Prueba la eficacia del proyecto el hecho de
que, aun cuando el número de incendios notificados no varió, el área quemada en
Chandrapur se redujo del 15 por ciento correspondiente a 1985, al 1,86 por ciento en
1989, y del 13 por ciento al 1,3 por ciento en Haldwani. Una evaluación económica
llevada a cabo por la FAO (Saigal, 1989) indica que, tomando sólo en cuenta su efecto
sobre la duración de la rotación y la productividad de la cosecha, esta reducción de la
superficie quemada ha incrementado el PIB originado por el sector forestal en un
promedio de 9 087 rupias (535 dólares EE.UU.) por ha en el bosque de teca de Chandrapur
y en 1 295 rupias (76 dólares EE.UU.) por ha en el bosque de sal de Haldwani. El proyecto
ha demostrado también la posibilidad de hacer, con éxito, uso intensivo de mano de obra
y herramientas nacionales, así como de cortafuegos y quemas controladas (MADRIGAL,
2009).
El demostrado éxito de las técnicas ideadas en el marco del proyecto ha conducido a una
segunda fase del mismo, en coincidencia con el Octavo Plan Quinquenal de la India, así
como a extenderlo a otros 10 estados con un total de 40 000 km² de bosque productivo
que equivalen al 75 por ciento de los bosques de utilidad comercial de la India (MANTA
NOLASCO, 2004).

No obstante, la evaluación económica ha hecho resaltar aspectos que necesitan ser


perfeccionados. Urge consolidar el caudal de datos básicos fidedignos. Es preciso
determinar el rumbo que debe tomar el planeamiento futuro en materia de incendios,
sabiendo cuándo y dónde es probable que se presenten y las características de cada zona.
Todos estos datos son necesarios para extender con éxito a otras partes de la India los
métodos mudemos de extinción. El proyecto todavía no ha tenido tiempo de reunir la
información indispensable para comparar la efectividad en función del costo de distintas
combinaciones de personal y equipo, pero, de todos modos, por el momento conviene
seguir concentrando los fondos disponibles en la dotación básica de equipo e
instalaciones. También conviene que el Instituto de Investigaciones Forestales de la India
lleve a cabo lo antes posible un programa para averiguar el efecto de los incendios sobre
el rendimiento de los bosques en todo el territorio de la India (RUBIO, 1989).

Aunque puede parecer en principio que la denominación del nombre es intrascendente,


(Analista, Técnico de Apoyo, Jefe de Planificación, etc) es necesario dejar muy clara la
potencialidad de este elemento técnico y por tanto las ventajas y sus atribuciones
recomendadas allá donde ya se usa. Es necesario, por tanto, aclarar toda discusión
nominal con argumentos de peso. ¿Por qué el término Analista?: Primero, porque el
correcto análisis de la propagación de un incendio forestal es un requisito fundamental
para la seguridad del personal y para la eficacia sobre el control de unos incendios cada
vez más complejos (PRITCHETT, 1987).

La simple potencialidad o no de una emergencia de este tipo puede marcar la diferencia


entre colapso del sistema por infravaloración en el envío de recursos (el incendio se
escapa) o colapso del sistema por sobrevaloración y simultaneidad de eventos (un
incendio inicial con muchos medios y otro con pocos). Pero además la figura de un
analista es especialmente importante en los incendios de una cierta entidad o tamaño o
simplemente con cierta virulencia y riesgo importante en las operaciones. Es típico
observar en muchos dispositivos al personal técnico demasiado atareado gestionando
medios en el Puesto de Mando, cuyo gracioso símil sería el de un “hombre orquesta” (toca
muchos instrumentos a la vez). El Director de Extinción suele atender dos emisoras,
teléfono y debe coordinarse allí con muchos responsables, con lo que no le queda tiempo
para ver el incendio en su generalidad (RUBIO, 1989).

En segundo lugar, toda tarea importante (como hemos dicho antes que es la de este
análisis) requiere una dignificación; esto es un nombre con solera para ese puesto de
trabajo que ha de distinguirse de otros de distinta función y relevancia. Nosotros
consideramos que los técnicos provenientes de la extinción, en muchos dispositivos
desterrados a la redacción de proyectos y dirección de obras cuando ya no son tan jóvenes
(como sucede con los técnicos de brigadas helitranportadas) son personal muy válido, con
experiencia y con una buena base para formarse y posteriormente trabajar como analistas
evitando así la pérdida de todo su saber hacer (DEWIN, 2007).

Y, en tercer lugar, aunque muy relacionado con el anterior, para incentivar y afianzar esta
nueva actividad (la de analista) se requiere una estandarización del lenguaje a emplear
para poder avanzar en estructuras como las administrativas que, si no, no evolucionan
adecuadamente, siendo lo más fácil siempre mantenerse sin cambios. Por ello, llamemos
a las cosas por su nombre o incluso por el mejor de sus nombres posibles y que a nuestro
juicio es el de Técnico Analista. Que es una manera abreviada de técnico analista de la
propagación del incendio forestal (que evidentemente resultaría muy largo. Así, tenemos
el puesto de trabajo de Analista de Incendios Forestales cuya principal ventaja es la de
ser un experto en propagación del incendio forestal y en la optimización de estrategias
según tipologías prestablecidas (GOMEZ, 1994).

2.2.13 Técnicas y tácticas para atacar incendios


En su Manual de Brigadas Contra Incendios, el Centro de Adiestramiento en Seguridad,
Ecología y Sobrevivencia de PEMEX señala que las técnicas y tácticas para atacar
incendios tienen como principio la eliminación de uno de los cuatro elementos que
intervienen en la combustión (combustible, comburente, energía de activación y la
reacción en cadena). No son una receta de cocina para combatir cualquier incendio pues
dependen del escenario y de una gran variedad de factores. El objetivo es eliminar los
elementos que intervienen en la combustión. Los especialistas de PEMEX señalan que
dependiendo de la clase de incendio se tienen diversos mecanismos de extinción como
son (GALIANO, 2000):

Dilución o eliminación del combustible: retiro, bloqueo o eliminación del combustible.


Sofocación o inertización: se llama así al hecho de eliminar el oxígeno de la combustión
o técnicamente “impedir” que los vapores que se desprenden, se pongan en contacto con
el oxígeno del aire. Este efecto se consigue desplazando el oxígeno por medio de una
determinada concentración de gas inerte, o cubriendo la superficie en llamas con alguna
sustancia o elemento incombustible (por ejemplo, la tapadera que se pone sobre el aceite
ardiendo en la sartén, la manta con que se cubre a alguien o a algo ardiendo, etc (GOMEZ,
1994).

Enfriamiento: este mecanismo consiste en reducir la temperatura del combustible. El


fuego se apagará cuando la superficie del combustible se enfríe a un punto en que no
produzca vapores. Por lo tanto, para apagar un fuego por enfriamiento, se necesita un
agente extintor que tenga una gran capacidad para absorber el calor. El agua es el más
utilizado, por ser el más barato y más abundante de todos los existen-tes. La ventilación
ayuda a combatir el incendio, porque elimina el calor, vapores y humo de la atmósfera,
reduciendo al mismo tiempo las oportunidades de una explosión por acumulación de
vapores (ICONA, 1991).

Inhibición o interrupción de la reacción en cadena: consiste en impedir la transmisión de


calor de unas partículas a otras del combustible, interponiendo elementos catalizadores
entre ellas. Sirva como ejemplo, la utilización de compuestos químicos que reaccionan
con los distintos componentes de los vapores combustibles neutralizándolos (polvos
químicos y halones) (GALIANO, 2000).

2.2.14 Generalidades

Al atacar un incendio no se emplea una sola táctica, sino un proceso que requiere la
aplicación de una serie de ellas, indica el Centro de Adiestramiento en Seguridad,
Ecología y Sobrevivencia. El dominio de las tácticas del avance, evoluciones, maniobras
y retroceso con mangueras, forma parte de ese complicado conjunto de acciones dirigidas
a la extinción de incendios. Es necesario que los movimientos se efectúen en forma
mecánica pero inteligente; evitando fallos en el momento del combate que pudieran ser
desastrosos tanto para el que los comete, como para todo el grupo de ataque
(PRITCHETT, 1987).

Por esto, el objetivo es que cada hombre sepa lo que debe hacer, conozca el equipo que
utilizará y no trate de actuar independientemente estorbando los planes de quien dirige la
maniobra, sino que sea capaz de integrarse en cualquier grupo de defensa contra
incendios, adaptándose inmediatamente y sin entorpecer la labor del conjunto. Lo primero
que se debe hacer es asegurarse de pisar firme, pues con frecuencia se estará expuesto a
resbalones, tropezones, etc., principalmente cuando el agua cubre el suelo y no se ve
donde se pisa, manifiestan los especialistas. Durante las maniobras de combate de
incendios con líneas de ataque, el personal que las integra debe desarrollar diversos
movimientos para desplazarse de un lugar a otro, incluso a diferentes velocidades, pero
siempre haciéndolo de manera coordinada (RUBIO, 1989).

Existe una posición específica para los integrantes de la línea, al desplazarse con ella, las
personas que portan la línea deben colocar su pie izquierdo adelante, con la punta hacia
el frente, separando el pie derecho y formando un ángulo entre los pies de forma que el
bombero se sienta cómodo (DEWIN, 2007).

La manguera debe sujetarse con ambas manos, colocando la izquierda delante del cuerpo
casi totalmente extendida, mientras que el brazo derecho sostiene la manguera bajo la
axila, colocando en forma de escuadra perpendicular el tronco del cuerpo. El tórax estará
un poco inclinado hacia el frente y la vista dirigida en la misma dirección. Los
desplazamientos pueden ser avances, retrocesos, laterales izquierdos y laterales derechos.
En ocasiones, por enfrentar el incendio a contraviento, estos desplazamientos pueden
realizarse abajo, en cuclillas con vista al frente, para evadir los productos de la
combustión (GOMEZ, 1994).

Antes de atacar un incendio, el hombre que va a contribuir a su extinción no puede confiar


únicamente en su valentía y su buena voluntad, los héroes no apagan los fuegos, lo hacen
aquellas personas que, actuando con precaución, están suficientemente entrenadas como
para no exponerse a un riesgo más grave que aquel que pretenden dominar, explica el
Centro de Adiestramiento en Seguridad, Ecología y Sobrevivencia. Después de
asegurarse de que la pisada es correcta hay que adoptar la posición más adecuada para
exponerse lo menos posible al calor del incendio. Consiste en poner el cuerpo de canto,
agachándose lo más posible y protegiéndose tras el abanico de agua, sin embargo, aún en
esta posición el paso debe ser firme, lento y calculado (PRITCHETT, 1987).

Antes de iniciar el avance, conviene asegurarse de que el funcionamiento de la boquilla


es correcto, así como comprobar con qué presión se cuenta en la manguera, para lo cual
debe abrirse y cerrarse dos o tres veces la boquilla observando los cambios en el flujo de
agua. De igual modo, deben observarse todas las características del incendio que se trata
de extinguir para determinar de antemano la maniobra que se va a ejecutar y lo que se
espera lograr con ella, así como el camino a seguir hasta llegar al punto elegido y los
obstáculos y riesgos que presenta (RUBIO, 1989).

Si una vez iniciado el avance, se presentara algún acontecimiento imprevisto, tal como el
estallido de una válvula de seguridad, o la caída de un compañero, no se soltará nunca la
manguera ni se volverá la espalda al fuego. No debemos olvidar que nuestra única defensa
contra el fuego es el agua y si la perdemos, también nos perdemos nosotros (TAMAYO,
2006).

En maniobras en que intervenga más de un hombre, todos sin excepción, deben obedecer
la voz de mando de una sola persona para evitar equivocaciones y desgracias. En el avance
hacia el fuego es conveniente mantener siempre la barbilla baja, la niebla cerca de la cara
y el paso firme y seguro. Unas esferas con espuma, muy ignífugas y biodegradables,
podrían ayudar a apagar incendios de forma eficiente y a distancia, de modo que los
bomberos y otros efectivos que actúan en la extinción del fuego, no vivirían tanto riesgo.
Se trata de un sistema creado por el inventor español Eusebio Moro, quien ha explicado
que las cápsulas pueden apagar el fuego o evitar que avance de manera "casi instantánea"
(GOMEZ, 1994).

El sistema creado por este emprendedor, en Alcora Castellón, consiste en unas cápsulas
de unos dos metros de diámetro que contienen un compuesto acuoso con un agente
químico y otros elementos que explotan como si fuera una bomba de racimo cuando está
encima del fuego. Las bolas se podrían descargar y rellenar con un camión cuba en un
lugar próximo, para después ser transportadas con un helicóptero o avión que las
depositaría sobre el fuego. Según ha explicado Moro, se trata de un sistema más
económico que el actual, ya que las aeronaves deben hacer largos trayectos para cargar
agua al mar, a piscinas o embalses (DEWIN, 2007).

El coste de cada una de estas esferas, unos 70 euros, sería inferior al gasto en combustible
que se consume en los trayectos, según ha indicado. Se ahorraría también en tiempo,
porque se podría actuar rápidamente y de manera muy exacta sobre el foco del fuego
evitando su propagación. Además, la espuma que contienen las esferas es "altamente
ignífuga" y está especialmente diseñada para "ahogar" el fuego rápidamente, y supone
una ventaja frente al agua, ya que esta se lanza desde distancias muy altas, lejos del fuego,
y del calor gran parte del líquido se evapora (PRITCHETT, 1987).
Las cápsulas que ha diseñado Moro cuentan con un detonador automático que hace que
explosionen a pocos metros de las llamas por lo que su efectividad es muy superior a la
de los métodos tradicionales. Todo el material del que están elaboradas las cápsulas y
otros elementos son totalmente biodegradables, por lo que no causa ningún perjuicio al
medio ambiente. El inventor ha destacado además que este sistema se puede utilizar por
la noche, con una especie de lanzaderas o "catapultas" que lanzarían las cápsulas hasta el
punto exacto necesario. Moro se ha lamentado de que en una provincia como la de
Castellón, la segunda más montañosa de España, no se apueste por métodos de extinción
de incendios más modernos y que pueden contribuir tanto a conservar la masa forestal
como a evitar daños a las personas encargadas de la extinción. Otras patentes de Moro,
uno de los inventores más prolijos de España, son los árboles artificiales, diseñados para
absorber CO2 en las grandes ciudades, o el Eco-Mmotion, un sistema que permite que
los coches depuren el aire diez veces más de lo que contaminan mientras circulan
(ICONA, 1991).

El inventor ha trabajado también en filtros de purificación de aire en la industria cerámica


castellonense, pero, sin embargo, plantea su futuro fuera de España ya que sus patentes
están despertando más interés en otros países. Así, el gobierno chileno se ha interesado
por varios de los inventos de Moro encaminados a la protección del medio ambiente e
igualmente varias empresas estadounidenses y el propio gobierno han mostrado interés
por su árboles artificiales (RUBIO, 1989).

2.2.15 Agentes extintores


Agua:

Extingue el fuego por enfriamiento y puede ser empleada en forma de chorro o finamente
pulverizada. El agua a chorro, solamente deberá emplearse en fuegos de la clase "A". El
agua pulverizada se puede emplear en fuegos de la clase "A" y en fuegos de la clase "B",
cuando se trate de líquidos combustibles de los llamados pesados, como el fueloil, gasoil,
etc.) (BARRENA, 1998).

Anhídrido carbónico ("nieve carbónica" o CO2):

Es un gas inerte, por lo que se utiliza como elemento de sofocación en los fuegos. Es
eficaz para fuegos producidos por líquidos inflamables y en fuegos eléctricos por no ser
conductor y no dejar residuos (CARBALLAS, 1979).
Polvo seco:

Generalmente es un compuesto químico a base de bicarbonato de sosa y un agente


hidrófugo. Actúa por sofocación y paralización de la reacción en cadena. Actualmente se
emplean principalmente dos tipos de polvo seco; el polvo seco químico normal y el
polivalente, o antibrasa. Este último, refresca mucho más el combustible, por lo que es
más efectivo que el normal para fuegos de tipo "A". Además, existen una serie de
formulaciones de polvo seco especiales para combustibles de tipo "D" (ICONA, 1991).

El polvo seco normal es efectivo en fuegos de clase "B", "C" y fuegos en presencia de
tensión eléctrica. Se puede emplear en los de clase "A", pero seguidamente habrá que
utilizar agua para que no se reaviven las llamas.

Espuma química:

Se forma por la mezcla de una solución ácida en otra básica. Al mezclarse íntimamente,
ambas soluciones reaccionan, produciéndose anhídrido carbónico (CO2), con el
consiguiente aumento de presión que lanza la espuma extintora. Este tipo de espuma tiene
el inconveniente de atacar los metales, ser conductora de la electricidad y disolverse en
los alcoholes, por lo que no se usa en la actualidad (GALIANO, 2000).

Espuma física:

Es una masa de burbujas unidas entre sí por un estabilizador, que se aplica en forma de
manta sobre los líquidos en combustión, impidiendo o apagando el fuego por sofocación.
Esta espuma se disuelve en los hidrocarburos solubles en agua, como los alcoholes,
acetona, etc., por lo que no es posible emplearla en fuegos de este tipo. Nunca se deberá
utilizar conjuntamente con el agua, ya que ésta rompe la manta de espuma. Es eficaz para
combatir fuegos de clase "B" con las limitaciones antes mencionadas y en los de clase
"A", dejando permanecer bastante tiempo la manta formada. Por los inconvenientes que
presenta, la espuma física cada vez se usa menos (RUBIO, 1989).

Sustitutos de halones:

Son agentes extintores que actúan en la extinción de fuegos como paralizadores de la


reacción en cadena. Tales compuestos resultan muy eficaces contra fuegos eléctricos y
son aceptables para fuegos de clase "A" y "B". Sustituyen a los denominados halones, ya
que éstos, como CFC,s (clorofluorocarbonados) que son, perjudican la capa de ozono y
además contienen bromo que, según se ha demostrado, también contribuye a la reducción
del ozono en la atmósfera. Por ello, el uso de los halones ha sido prohibido y en su
sustitución se usan últimamente otros productos como el FM200, el NAF SIII, el
INERGEN, etc., de similar eficacia extintora y que no presentan los inconvenientes de
aquellos (PRITCHETT, 1987).

2.2.16 Incendios Forestales en el Perú


Tres áreas naturales protegidas son afectadas por incendios forestales en el norte de Perú.
El fuego aún no ha sido controlado. En el departamento de Lambayeque se han quemado
alrededor de 80 hectáreas del Refugio de Vida Silvestre Laquipampa y más de 150
hectáreas hectáreas del Bosque de Protección Pagaibamba, según señalaron los jefes de
las áreas naturales protegidas. En el departamento de Cajamarca, aproximadamente 3000
hectáreas se han quemado y el fuego ha ingresado en el Parque Nacional Cutervo, como
lo reportó desde la misma zona del incendio el alcalde distrital. Fuera de estos espacios
naturales, se reportan numerosas zonas que están en llamas y que comienzan a afectar a
las comunidades locales y a la biodiversidad (BARRENA, 1998).

Los jefes de las áreas naturales protegidas y las autoridades locales manejan dos versiones
para explicar lo ocurrido. Algunos señalan que los incendios ocurrieron por causas
naturales y otros les atribuyen la responsabilidad a las quemas realizadas por los
pobladores. En lo que sí coinciden todos, es que los departamentos sufren una sequía
importante y que esta genera ya pérdidas económicas significativas en la población
(BARRENA, 1998).

El ecólogo tropical y miembro de la Fundación ProNaturaleza, Ernesto Ráez, lleva meses


advirtiendo esta situación. Cerca de 24 especialistas de los países de Bolivia, Brasil y Perú
enviaron una carta en agosto informando a las autoridades sobre lo que podría ser una de
las sequías más intensas de los últimos años. En el caso de Perú, la carta fue enviada a la
Presidencia del Consejo de Ministros (PCM), al Ministerio del Ambiente y al Ministerio
de Agricultura. Según señala Ráez, recibieron primero una respuesta del jefe de despacho
documentario de la PCM. “Nos respondió el 26 de setiembre, más de un mes más tarde,
nos respondió diciendo que habían transferido el documento al Ministerio del Ambiente”,
sostiene el experto. Luego les llegó una carta del Ministerio del Ambiente, pero para Ráez
en ella no se mencionaba el tema más importante: cómo se iba a canalizar la alerta a la
institución correspondiente (BARRENA, 1998).
El experto explica a Mongabay Latam que las tareas de prevención y control de incendios
forestales, como indica la ley forestal, le competen al Ministerio de Agricultura. “Este
señor de la PCM para empezar transfiere la pelota al sector equivocado; el sector al que
le corresponde, no responde (la carta) que es el Ministerio de Agricultura”. Ráez explica
además que “la ley forestal y el reglamento actual de la ley forestal establecen claramente
que provocar incendios forestales es una falta gravísima, la ley determina que debe
considerarse en el Plan Nacional Forestal y de Fauna Silvestre el control de incendios
forestales, pero no tenemos plan nacional forestal, estamos atrasadísimos en la
implementación de la nueva ley forestal, entonces en la medida que no hay dispositivos
que traten el tema, tampoco nadie asume responsabilidades” (BARRENA, 1998).

Sobre el papel del Instituto de Defensa Civil (INDECI), concluye que la institución
produce informe permanente de eventos de desastre y de pérdidas materiales y humanas
que ocurren en el Perú, “tiene una estadística permanente de incendios y quemas, pero se
dedica a reportar, nunca jamás ha tomado proactividad al respecto para evitar que se
produzca esto” (BARRENA, 1998).

Además, precisó que manejan una hipótesis de lo ocurrido y esta es diferente a la señalada
por Defensa Civil. Para el jefe del área, los incendios se están produciendo por causas
naturales. “Me atrevería como una hipótesis a atribuirle (la responsabilidad) a la
variabilidad climática, como es seco y se han ausentado las lluvias, eso provoca que
cualquier fricción o caída de un árbol cause un incendio forestal a nivel natural, más aún
si el tema se da en varios focos del norte. En Salas, el lugar donde se ha propiciado (el
incendio), es en pleno bosque, por eso que el tema de la proximidad a un terreno agrícola
es bastante lejano”. De esta forma Martínez descarta la teoría de que el incendio se habría
provocado por una quema agrícola fuera de control (BARRENA, 1998).

Las labores para aplacar el incendio son realizadas por bomberos especializados del
Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), procedentes
de Cusco, quienes han llegado a la zona para “contener, reforzar y hacer una evaluación
para ayudar a mitigar”, precisa. Cerca de 20 personas trabajan junto a los bomberos de
Machu Picchu, con experiencia en este tipo de desastre, y una de las piezas clave son los
comuneros voluntarios, señala el jefe del área, quien contó que incluso están durmiendo
en la zona (CARBALLAS, 1979).
Detener un incendio de esta magnitud es muy difícil. William Martínez le explica a
Mongabay Latam la estrategia que desarrollan en campo para controlar el avance del
fuego. “Se hace un corte de frente, es decir, el viento está avanzando por ejemplo de sur
a norte, entonces donde está avanzando se deja un tramo y comienza a hacerse un corte a
la tierra, y comienzas a sacar la hojarasca, comienzas a hacer zanjas, a quitar todo, cosa
que cuando el viento llegue allá, se encuentra con un frente (las zanjas) que no puede
avanzar porque no hay combustible” (BARRENA, 1998).

El incendio pone en peligro tres ecosistemas característicos del Refugio de Vida Silvestre
Laquipampa: el bosque seco de colina, el matorral espinoso que es una transición y el
bosque montano bajo. “Es decir puedes encontrar especies tanto de bosque seco como la
pava aliblanca, que es la especie representativa y por lo que fue creada el área, pero
también puedes encontrar otras especies como pumas, hay corredores del oso”. Si bien
menciona Martínez que la población de pava aliblanca aún no ha sido afectada, la del oso
de anteojos si está en peligro, porque el incendio se desarrolla en el corredor de este
mamífero (CARBALLAS, 1979).

Finalmente, al cierre de esta nota el Gobierno Regional de Lambayeque declaró el estado


de emergencia en los distritos de Cañaris, Incahuasi y Salas, porque los incendios
amenazan a varios centros poblados. Según el Informe de Emergencia No. 800 del Centro
de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) y del INDECI, emitido el 21 de
noviembre, los incendios han afectado a los centros poblados de Chillvaca, Tungula,
Nasicuj, Sincuinual, Huarnuar, Marayhuaca, Cueva Blanca, Andanga y Kongacha. Los
tres últimos serían los más impactados (BARRENA, 1998).

El parque nacional más antiguo en peligro

El Parque Nacional Cutervo es el más antiguo del Perú y desde el 14 de noviembre está
amenazado. Ese día se registró un incendio en los sectores de Chavín, María, El Pilco,
parte del Cerro Shipasbamba y La Chira, ubicados en los distritos de Socota y San Andrés
de Cutervo, provincia de Cutervo, Departamento de Cajamarca. Según reportó el
Sernanp, alrededor de 2000 hectáreas de la zona de amortiguamiento han sido afectadas
y el fuego ingresó al área natural protegida y quemó cerca de 0.75 hectáreas. Este era el
escenario hasta el sábado, cuando se creía que el fuego había sido controlado
(BARRENA, 1998).
Sin embargo, el alcalde del Municipio de Cutervo, Aníbal Pedraza, señaló esta mañana
desde la misma zona del incendio, que “la situación es bastante crítica porque estos
incendios no dejan de parar, dejamos supuestamente el sábado ya controlado y empezó el
día de ayer noche, ahora estamos continuando en este trabajo en las faldas del cerro Ilucán
que es un colchón acuífero, reserva natural de la provincia de Cutervo”. Esta es una de
las principales fuentes de abastecimiento de Cutervo, por eso el alcalde junto a los
pobladores intentan sofocar el fuego, pero aún no han tenido suerte. “Ha llegado ayer otro
contingente de bomberos del Cusco, igual la población como conocemos bastante del
lugar estamos ahí tratando de controlar desde el día de ayer en la tarde. Nos ha causado
estragos bastante delicados a nuestra flora, fauna, la conservación del medio ambiente”.
Mientras conversamos, Pedraza le grita a los pobladores que tengan cuidado, que el fuego
está avanzando (CARBALLAS, 1979).

Pedraza tiene la teoría de que el incendio fue causado por una costumbre que suele poner
en práctica la población local. “La teoría que se tiene es que se habría originado por esa
vieja costumbre que se tiene que quemando bosques llamarán a las lluvias y la verdad eso
no es correcto, y estamos cerca de ocho días en este trabajo por los diferentes puntos que
se ha originado”. La sequía es una de las más fuertes de los últimos 25 años, señala el
alcalde. Además, las poblaciones sufren de escasez de agua. “No hay agua en algunas
comunidades para abastecer a las familias, a los animales, las plantas, hay muchas
pérdidas económicas en la ganadería y mucho más. (BARRENA, 1998).

El INDECI confirmó esta mañana que el incendio continúa y que desde ayer afecta a las
áreas de cultivo “en los distritos de Conchán y Querocoto, en la provincia de Chota;
distrito de Pomahuaca, provincia de Jaén; distritos de Utco, provincia de Celendín,
departamento de Cajamarca” (BARRENA, 1998).

El Bosque de Protección Paigabamba

Este incendio fue el último en reportarse. Según el Sernanp, el fuego ingresó a un sector
del Bosque de Protección Paigabamba el sábado por la tarde, aunque ya se había iniciado
algunos días antes fuera del área natural protegida. Hasta el momento se han perdido 150
hectáreas dentro del bosque y 400 en la zona de amortiguamiento (CARBALLAS, 1979).

El jefe del área, Joel Córdova, le explicó a Mongabay Latam que “el día de ayer comenzó
a avanzar (el incendio) en parte del área, en una zona que se llama Canchipampa. Y,
bueno, el fuego era incontrolable; los pobladores de esa zona trataron de alguna manera
de poder hacer algo para apagarlo, pero no se pudo, el calor era bien sofocante y por un
tema de seguridad no se acercaron”. Otro de los espacios afectados por el incendio es la
zona de Cusilhuan, señala Córdova, una de las zonas límites del área natural protegida
(GOMEZ, 1994).

Hoy los comuneros y los guardaparques no pudieron entrar a la zona. “Por temas de
seguridad no se están realizando labores, lo que pasa es que se está coordinando con el
COER de Cajamarca, el Centro de Operaciones de Emergencia de Cajamarca, también
con la Administración Técnicas Forestal de Fauna Silvestre de Cajamarca, para el tema
de solicitar apoyo con bomberos especializados en este tema en incendios forestales”
(BARRENA, 1998).

El experto le explicó a Mongabay Latam que las tareas de prevención y control de


incendios forestales, como indica la ley forestal, le competen al Ministerio de Agricultura,
“pero este señor de la PCM para empezar transfiere la pelota al sector equivocado; el
sector al que le corresponde, no responde (la carta) que es el Ministerio de Agricultura”.
Ráez nos explica además que “la ley forestal y el reglamento actual de la ley forestal
establecen claramente que provocar incendios forestales es una falta gravísima, la ley
determina que debe considerarse en el Plan Nacional Forestal y de Fauna Silvestre el
control de incendios forestales, pero no tenemos plan nacional forestal, estamos
atrasadísimos en la implementación de la nueva ley forestal, entonces en la medida que
no hay dispositivos que traten el tema, tampoco nadie asume responsabilidades”. Sobre
el papel del Instituto de Defensa Civil (INDECI), concluye que “Defensa civil produce
un informe permanente de eventos de desastre y de pérdidas materiales y humanas que
ocurren en el Perú, tiene una estadística permanente de incendios y quemas, pero se
dedica a reportar, nunca jamás ha tomado proactividad al respecto para evitar que se
produzca esto” (CARBALLAS, 1979).

Dos hipótesis sobre la causa

A las seis de la tarde del jueves 16 de noviembre se reportó un incendio en la localidad


de Pescadera, distrito de Salas, provincia de Lambayeque. Este sería el inicio de una serie
de fuegos que irían registrándose uno a uno en distritos aledaños como Incahuasi y
Cañaris. Según el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), los puntos afectados se
encuentran “cada uno distante del otro”, por lo que se maneja la hipótesis de que no
obedecen a causas naturales, sino a quemas agrícolas que se salieron de control
(BARRENA, 1998).

El Refugio de Vida Silvestre Laquipampa es uno de los espacios más afectados. El jefe
de esta área natural protegida, William Martínez, conversó con Mongabay Latam y dijo
que maneja una hipótesis de lo ocurrido y esta es diferente a la señalada por Defensa
Civil. Los incendios se están produciendo por causas naturales, “me atrevería como una
hipótesis a atribuirle (la responsabilidad) a la variabilidad climática, como es seco y se
han ausentado las lluvias, eso provoca que cualquier fricción o caída de un árbol cause
un incendio forestal a nivel natural, más aún si el tema se da en varios focos del norte",
dice William. "En Salas, el lugar donde se ha propiciado (el incendio), es en pleno bosque,
por eso que el tema de la proximidad a un terreno agrícola es bastante lejano”. Martínez
descarta la teoría de que el incendio se habría provocado por una quema agrícola fuera de
control. Según sus cálculos, las pérdidas están “por cerca de las 80 hectáreas, se está
propagando, pero está bajando la velocidad del fuego en un 80 %, pero eso es más que
todo por vías naturales. El tema es que la exactitud del hectárea eso lo vamos a saber
cuándo pase este proceso” (BARRENA, 1998).

El alcalde del Municipio de Cutervo, Aníbal Pedraza, tiene la teoría de que el incendio
fue causado por una costumbre que suele poner en práctica la población local. “La teoría
que se tiene es que se habría originado por esa vieja costumbre que se tiene que quemando
bosques llamarán a las lluvias y la verdad eso no es correcto, y estamos cerca de ocho
días en este trabajo por los diferentes puntos que se ha originado” (CARBALLAS, 1979).

Las labores para aplacar el incendio son realizadas por bomberos especializados del
Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), procedentes
de Cusco, quienes han llegado a la zona para “contener, reforzar y hacer una evaluación
para ayudar a mitigar”, precisa. Cerca de 20 personas trabajan junto a los bomberos de
Machu Picchu, con experiencia en este tipo de desastre, y una de las piezas clave son los
comuneros voluntarios, señala el jefe del área, quien contó que incluso están durmiendo
en la zona. Detener un incendio de esta magnitud es muy difícil. William Martínez le
explica a Mongabay Latam la estrategia que desarrollan en campo para controlar el
avance del fuego. “Se hace un corte de frente, es decir, el viento está avanzando por
ejemplo de sur a norte, entonces donde está avanzando se deja un tramo y comienza a
hacerse un corte a la tierra, y comienzas a sacar la hojarasca, comienzas a hacer zanjas, a
quitar todo, cosa que cuando el viento llegue allá, se encuentra con un frente (las zanjas)
que no puede avanzar porque no hay combustible” (BARRENA, 1998).

Zonas en peligro

El incendio pone en peligro tres ecosistemas característicos del Refugio de Vida Silvestre
Laquipampa: el bosque seco de colina, el matorral espinoso que es una transición y el
bosque montano bajo. “Es decir puedes encontrar especies tanto de bosque seco como la
pava aliblanca, que es la especie representativa y por lo que fue creada el área, pero
también puedes encontrar otras especies como pumas, hay corredores del oso”. Si bien
menciona Martínez que la población de pava aliblanca aún no ha sido afectada, la del oso
de anteojos si está en peligro, porque el incendio se desarrolla en el corredor de este
mamífero (GALIANO, 2000).

Finalmente, al cierre de esta nota el Gobierno Regional de Lambayeque declaró el estado


de emergencia en los distritos de Cañaris, Incahuasi y Salas, porque los incendios
amenazan a varios centros poblados. Según el Informe de Emergencia No. 800 del Centro
de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) y del INDECI, emitido el 21 de
noviembre, los incendios han afectado a los centros poblados de Chillvaca, Tungula,
Nasicuj, Sincuinual, Huarnuar, Marayhuaca, Cueva Blanca, Andanga y Kongacha. Los
tres últimos serían los más impactados (CARBALLAS, 1979).

El Parque Nacional Cutervo es el más antiguo del Perú y desde el 14 de noviembre está
amenazado. Ese día se registró un incendio en los sectores de Chavín, María, El Pilco,
parte del Cerro Shipasbamba y La Chira, ubicados en los distritos de Socota y San Andrés
de Cutervo, provincia de Cutervo, Departamento de Cajamarca. Según reportó el
Sernanp, alrededor de 2000 hectáreas de la zona de amortiguamiento han sido afectadas
y el fuego ingresó al área natural protegida y quemó cerca de 0.75 hectáreas. Este era el
escenario hasta el sábado, cuando se creía que el fuego había sido controlado (DEWIN,
2007).

El fuego sigue avanzando

Aníbal Pedraza señaló esta mañana desde la misma zona del incendio, que “la situación
es bastante crítica porque estos incendios no dejan de parar, dejamos supuestamente el
sábado ya controlado y empezó el día de ayer noche, ahora estamos continuando en este
trabajo en las faldas del cerro Ilucán que es un colchón acuífero, reserva natural de la
provincia de Cutervo”. Esta es una de las principales fuentes de abastecimiento de
Cutervo, por eso el alcalde junto a los pobladores intentan sofocar el fuego, pero aún no
han tenido suerte. “Ha llegado ayer otro contingente de bomberos del Cusco, igual la
población como conocemos bastante del lugar estamos ahí tratando de controlar desde el
día de ayer en la tarde. Nos ha causado estragos bastante delicados a nuestra flora, fauna,
la conservación del medio ambiente”. Mientras conversamos, Pedraza le grita a los
pobladores que tengan cuidado, que el fuego está avanzando (GALIANO, 2000).

La sequía es una de las más fuertes de los últimos 25 años, dice el alcalde de Cutervo.
Además, las poblaciones sufren de escasez de agua, “no hay agua en algunas comunidades
para abastecer a las familias, a los animales, las plantas, hay muchas pérdidas económicas
en la ganadería y mucho más. Estamos en una crisis total”. El INDECI confirmó esta
mañana que el incendio continúa y que desde ayer afecta a las áreas de cultivo “en los
distritos de Conchán y Querocoto, en la provincia de Chota; distrito de Pomahuaca,
provincia de Jaén; distritos de Utco, provincia de Celendín, departamento de Cajamarca”
(BARRENA, 1998).

El Bosque de Protección Paigabamba.

Este incendio fue el último en reportarse. Según el Sernanp, el fuego ingresó a un sector
del Bosque de Protección Paigabamba el sábado por la tarde, aunque ya se había iniciado
algunos días antes fuera del área natural protegida. Hasta el momento se han perdido 150
hectáreas dentro del bosque y 400 en la zona de amortiguamiento. El jefe del área, Joel
Córdova, le explicó a Mongabay Latam que “el día de ayer comenzó a avanzar (el
incendio) en parte del área, en una zona que se llama Canchipampa. Y bueno el fuego era
incontrolable, los pobladores de esa zona trataron de alguna manera de poder hacer algo
para apagarlo pero no se pudo, el calor era bien sofocante y por un tema de seguridad no
se acercaron”. Otro de los espacios afectados por el incendio es la zona de Cusilhuan,
señala Córdova, una de las zonas límites del área natural protegida. Miles de héctáreas
consumidas Esta mañana Córdoba señaló que el sector arrasado por el fuego sería mayor,
estimó que se trata de “unas 300 hectáreas aproximadamente, obviamente hay que hacer
una evaluación, pero fuera del área se ha quemado más bosque, existe bosque natural que
no es área protegida pero que igual ha sido afectado”. Fuera del área calculan una pérdida
de 500 hectáreas, se estaría hablando de 800 hectáres en total (ICONA, 1991).
Hoy los comuneros y los guardaparques no pudieron entrar a la zona. “Por temas de
seguridad no se están realizando labores, lo que pasa es que se está coordinando con el
COER de Cajamarca, el Centro de Operaciones de Emergencia de Cajamarca, también
con la Administración Técnicas Forestal de Fauna Silvestre de Cajamarca, para el tema
de solicitar apoyo con bomberos especializados en este tema en incendios forestales”. En
el caso del Bosque de Protección Paigabamba existen dos ecosistemas: el bosque húmedo
y el pajonal arbustivo. Existe una gran biodiversidad de especies de árboles, las orquídeas
son las especies más representativas, así como el árbol de la quina. En cuanto a fauna, el
oso de anteojos es el más característico (GALIANO, 2000).

2.3 Definición de Términos

INCENDIO FORESTAL

Es el fuego que se extiende sin control sobre combustibles forestales situados en el monte
(BARRENA, 1998).

INCENDIO CONTROLADO

Es aquel que se ha conseguido aislar y detener su propagación (DEWIN, 2007).

INCENDIO EXTINGUIDO

Situación en la cual ya no existen materiales en ignición en o dentro del perímetro del


incendio ni es posible la reproducción del mismo (GALIANO, 2000).

CONATO DE INCENDIO

Incendio menor de una hectárea (DEWIN, 2007).

PLAN LOCAL DE PREVENCIÓN DE INCENDIOS

Las entidades locales con terrenos forestales en su territorio podrán presentar a la


población planes locales de prevención de incendios, que serán obligatorios para las
entidades locales situadas en zonas de alto riesgo. Estos planes tendrán carácter
subordinado respecto a los planes de prevención de incendios de demarcación y una vez
aprobados formarán parte de los planes locales de emergencia que establece la Directriz
Básica de Protección Civil de Emergencia por Incendios Forestales (GOMEZ, 1994).

Aquellos municipios que carezcan de medios para ello podrán solicitar apoyo técnico de
la administración forestal para su redacción.
El contenido mínimo de los planes locales de prevención de incendios forestales será el
siguiente: 1) Descripción física, económica y sociológica del municipio. 2) Inventario y
división en zonas en función de su riesgo de incendios. 3) áreas de especial protección y
prioridad de defensa. 4) Ordenanzas y normas de aplicación municipal con inclusión de:
Planes locales de quemas, sistemas de prevención en urbanizaciones, campamentos y
zonas tradicionales de uso recreativo. 5) Inventario de medios propios y movilizables. 6)
Protocolo de actuación en función de los distintos grados de alerta de incendio. 7)
Cartografía referente a los puntos anteriores (GOMEZ, 1994).

PLAN LOCAL DE QUEMAS

Las entidades locales podrán elaborar, con la participación de los consejos locales
agrarios, planes locales de quemas que será la normativa reguladora en la gestión del uso
cultural del fuego adecuada a las peculiaridades de cada territorio (GOMEZ, 1994).

Los planes locales de quemas contendrán, como mínimo: Inventario de acciones o


actividades tradicionales que requieren del fuego como herramienta cultural.
Cuantificación y justificación. Propuesta de regulación y organización de las acciones o
actividades en el tiempo y en el espacio, tanto agrícolas como ganaderas o cinegéticas,
que garantice al máximo la conservación de los montes frente al riesgo de incendio
(GOMEZ, 1994).

Cartografía donde quede reflejada la organización propuesta con partidas, fecha de


quema, ciclos de quema, etc. Medios que la entidad local y los particulares pueden aportar
para la consecución de la organización propuesta (DEWIN, 2007).

QUEMA PRESCRITA

Según el prontuario forestal. Es la que se realiza según un plan técnico bajo prescripción,
condicionada por los combustibles, meteorología y topografía, para estimar un
comportamiento del fuego acorde con una gestión sostenible, que marque unos objetivos
con compatibilidad ecológica (DEWIN, 2007).

SELVICULTURA PREVENTIVA

Conjunto de reglas que se incluye dentro de la selvicultura general, con la finalidad de


conseguir estructuras de masa con menor grado de combustibilidad, es decir, con mayor
resistencia a la propagación del fuego. También denominada ordenación de combustibles
forestales. Consiste en modificar la vegetación en algunos rodales o bandas para que
respondan a modelos de combustibles en los que el fuego no sea tan intenso o no se
propague de un modo tan virulento (GOMEZ, 1994).

CORTAFUEGO

Barrera Natural o artificial para separar, detener y controlar la propagación del fuego o
para tener una línea de contención desde la que poder trabajar. Puede estar rozada o
cavada hasta el suelo mineral, o bien ser una faja de campo raso o cubierta con ciertos
árboles, que se mantiene para contener la propagación de posibles incendios (DEWIN,
2007).

FAJA AUXILIAR DE PISTA

Es una faja de anchura generalmente fija, a ambos lados de una carretera o pista, en la
que se poda el arbolado y se roza el matorral (GOMEZ, 1994).

ÁREA CORTAFUEGOS – ELEMENTO DE RUPTURA

Superficie relativamente ancha en la que la vegetación natural, densa y muy inflamable,


se modifica para conseguir otra vegetación de menor biomasa o menos inflamable, con el
fin de que se detengan los fuegos de suelo que lleguen hasta ella o puedan controlarse
más fácilmente, sirviendo de base para establecer líneas de defensa (DEWIN, 2007).

ORDEN DE ÁREA CORTAFUEGOS

El orden supone una clasificación de las áreas cortafuegos. Se clasifican en tres órdenes
(1 ,2 o 3) en función denla superficie que engloban (superficie defendida). La estructura
de 3er orden limita el incendio a la superficie que encierra. Si el incendio llegase a superar
esta superficie quedaría acotada por la estructura de 2º orden y en el peor de los casos, si
se rebasa este orden, quedaría limitado por la estructura de 1er orden (DEWIN, 2007).

ELEMENTO O ELEMENTO CORTAFUEGOS

Cada una de las áreas cortafuegos que componen la red de áreas cortafuegos. Se
caracteriza por tener continuidad y definir un orden de área cortafuegos (GOMEZ, 1994).

TRAMO O TRAMO ÁREA CORTAFUEGOS

Cada una de las partes en las que se divide un elemento cortafuegos. La división se realiza
en función de sus características que definirán tanto la anchura total del tramo, como la
anchura de las diversas bandas que lo componen el perfil transversal del tramo (banda de
decapado, banda de desbroce y banda auxiliar) (GALIANO, 2000).

BANDA DE DECAPADO

En caso de existir, constituye el eje del área cortafuegos. Se hace desaparecer por
completo la vegetación existente, llegando a suelo mineral, a fin de evitar el fuego de
subsuelo (MADRIGAL, 2009).

BANDA DE DESBROCE

Se sitúa a ambos lados de la banda de decapado. Se realiza un desbroce del matorral y un


apeo de los pies arbóreos hasta su eliminación total o hasta la densidad especificada. La
anchura de la banda es variable en función de las características particulares que define
el tramo de área cortafuegos (GOMEZ, 1994).

BANDA AUXILIAR

Se sitúa a ambos lados de la banda de desbroce. Se realiza un desbroce del matorral y un


apeo de los pies arbóreos hasta la densidad especificada. La anchura de la banda es
variable en función de las características particulares que define el tramo de área
cortafuegos (GOMEZ, 1994).

ÁREAS DE DISCONTINUIDAD

Zona sin vegetación, o cuya vegetación ha sido tratada para impedir o retrasar el avance
de un posible incendio (GALIANO, 2000).

PREVIFOC – NIVEL DE ALERTA DE INCENDIOS – NIVEL DE PREEMERGENCIA


DE INCENDIOS

La participación de cada uno de los medios que intervienen en la vigilancia viene definida
en el PREVIFOC en función del nivel de alerta. El nivel de alerta (o nivel de
preemergencia) se determina en función del índice de peligrosidad de incendios
forestales. Este índice es determinado diariamente, con una previsión de 48 horas,
indicándose tres niveles de preemergencia, para cada una de las 7 zonas homogéneas en
las que se ha dividido el territorio durante la época de mayor riesgo (DEWIN, 2007).

Nivel 1: situación de preemergencia con un grado de peligrosidad bajo-medio

Nivel 2: situación de preemergencia con un grado de peligrosidad alto.


Nivel 3: situación de preemergencia con un grado de peligrosidad extremo.

MODELO DE COMBUSTIBLE

Estructura de la vegetación tipo a la que se le supone un comportamiento frente al fuego


conocido. Supone un total de 13 modelos de combustible agrupados en 4 grupos
(GALIANO, 2000):

- Pastos, matorral, hojarasca bajo arbolado, restos de corta y operaciones silvícolas.