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14.6/ LA GUERRA CIVIL.

LA DIMENSIÓN POLÍTICA E
INTERNACIONAL DEL CONFLICTO. LAS
CONSECUENCIAS DE LA GUERRA CIVIL.

LA EVOLUCIÓN POLÍTICA.

LA ESPAÑA NACIONAL.
La muerte del general Sanjurjo, el 20 de julio de 1936 cuando volaba desde
Portugal hacia España, dejó a la insurrección sin un líder claro. En un principio la
sublevación militar no contaba con un proyecto político claro que organizase el poder y
se constituyó una Junta de Defensa presidida por el general Cabanellas, aunque
pronto se dieron cuenta de la necesidad de unificar el mando de las tropas para
favorecer su coordinación. En septiembre de 1.936 los generales sublevados eligieron
entre ellos a Francisco Franco como Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos,
uniendo así en una sola persona el poder militar, político y civil.
En adelante, el Caudillo, como le empieza a denominar la maquinaria
propagandística del bando nacional, establece una dictadura personal basada en un
régimen militar. Una Junta Técnica del Estado, formada por militares, se conforma
como órgano consultivo del dictador.

En esos momentos la propaganda nacional acaba de configurar la justificación del


golpe militar contra un gobierno democráticamente elegido. La insurrección militar ha
sido en realidad un Alzamiento Nacional contra una República "marxista" y
"antiespañola". La Iglesia Católica, duramente perseguida en la zona republicana,
termina de configurar la teoría que justifica la matanza que está asolando el país: la
guerra es una Cruzada para liberar a España del ateísmo.

La concentración de poder culmina cuando se aprobó el Decreto de Unificación. Se


unifican en abril de 1.937 todas las fuerzas políticas que apoyaban el levantamiento
militar, constituyéndose un partido único, Falange Española Tradicionalista y de las
J.O.N.S., también definido como Movimiento Nacional en el que Franco también era
el jefe. El modelo de partido único del fascismo italiano y del nacional-socialismo
alemán se imponía en la España franquista.

La concentración de poder en manos del General Franco se vio favorecida, además


de por su prestigio y habilidad personal, por la muerte de algunos militares, como
Sanjurjo, coordinador de la sublevación, o Mola, dirigente indiscutido del ejército del
norte durante los primeros momentos de la contienda; o políticos, como José Antonio
Primo de Rivera que fue encarcelado y fusilado en territorio republicano.

En Enero de 1.938 Franco organizó su primer gobierno integrado por militares y


políticos de derechas en Burgos, que se convierte en la capital de la España Nacional, e
inicia la labor de organizar el nuevo Estado con una legislación que sanciona su carácter
dictatorial y totalitario, y una estética fascista.

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LA ESPAÑA REPUBLICANA.

Desde un primer momento el gobierno republicano se vio desbordado por la


revolución social y económica que se puso en marcha, y siendo incapaz de ejercer un
control sobre ella se limitó a legalizarla. Esta revolución fue protagonizada por las
masas obreras que a través de sus sindicatos y partidos llevaron a cabo numerosas
expropiaciones y colectivizaciones de fábricas, empresas de todo tipo y propiedades
agrarias

En septiembre de 1936 se estableció un gobierno de unidad, presidido por el


socialista Largo Caballero y con ministros del PSOE, PCE, Izquierda Republicana y
grupos nacionalistas vascos y catalanes. En noviembre se incorporaron cuatro
dirigentes anarquistas, entre ellos Federica Montseny, la primera mujer ministro en
España.

El gran desafío del nuevo gobierno era recuperar el control de la situación y crear
una estructura de poder centralizada que pudiera dirigir de forma eficiente el
esfuerzo de guerra. La tarea era enormemente difícil. El poder estaba en manos de miles
de comités obreros y milicias que a menudo se enfrentaban entre sí, especialmente
los anarquistas con socialistas y comunistas. Los gobiernos autónomos eran otro
factor de disgregación. No sin dudas, el nacionalismo vasco había optado por apoyar la
República y en octubre se aprobó el Estatuto vasco. Jose Antonio Aguirre se convirtió
en el primer lehendakari o presidente del gobierno autónomo.

En la zona republicana se enfrentaron básicamente dos modelos. Por un lado, la


CNT-FAI y POUM que emprendieron la inmediata colectivización de tierras y fábricas.
Su lema era "Revolución y guerra al mismo tiempo". Su zona de hegemonía fue
Cataluña, Aragón y Valencia. Por otro lado, el PSOE y el PCE intentaron restaurar el
orden y centralizar la toma de decisiones en el gobierno, respetando la pequeña y
mediana propiedad. Su lema era "Primero la guerra y después la revolución".

Las disensiones internas fueron continuas y llegaron a su momento clave en


Barcelona en mayo de 1937. El gobierno de la Generalitat, siguiendo instrucciones del
gobierno central, trató de tomar el control de la Telefónica de Barcelona, en manos de
un comité de la CNT desde el inicio de la guerra. El intento desencadenó una
insurrección y los combates callejeros se extendieron por Barcelona.

La crisis de mayo de 1937, provocó la dimisión del gobierno de Largo


Caballero. El nuevo gobierno presidido por el socialista Negrín, tenía una mayoría de
ministros del PSOE, pero se inclinaba cada vez más hacia las posturas defendidas por el
PCE. La ayuda soviética había hecho que los comunistas pasaran de ser un grupo
minoritario a una fuerza muy influyente. Los enfrentamientos entre stalinistas y
trostkistas se rereprodujeron en suelo español. El POUM fue ilegalizado y su dirigente,
Andreu Nin, "desapareció" estando en manos de agentes soviéticos.

Aunque ya era tarde para cambiar el signo de la guerra, a partir de ese momento se
impuso una mayor centralización en la dirección de la economía y se terminó de
construir el Ejército Popular, acabando con la indisciplina de las milicias.

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A partir de marzo de 1938, momento en el que las tropas de Franco llegaron al
Mediterráneo y dividieron en dos la zona republicana, surgieron de nuevo dos posturas
enfrentadas. Mientras la postura oficial, representada por Negrín y apoyada por el
PCE y parte del PSOE, seguía defendiendo la "resistencia a ultranza", algunos
dirigentes, anarquistas y socialistas, empiezan a hablar de la necesidad de negociar
ante la perspectiva de la segura derrota.

Los acontecimientos internacionales: el Pacto de Munich en septiembre de 1938, la


retirada de las Brigadas Internacionales, la disminución de la ayuda soviética; y los
internos: la caída de Cataluña, reforzaron la idea de que la guerra estaba perdida.
Así, en marzo de 1939 el golpe del coronel Casado desalojó del poder a Negrín. La
esperanza de negociar con Franco se disipó inmediatamente, cuando el dictador exigió
la rendición incondicional.

LA DIMENSIÓN INTERNACIONAL DEL CONFLICTO.

El estallido de la guerra civil contribuyó a agudizar las tensiones e inestabilidad


existentes en el contexto europeo, dominado por la confrontación ideológica y política
entre el eje Berlín-Roma, que agrupaba a la Alemania nazi y a la Italia fascista, las
democracias parlamentarias, representadas por Gran Bretaña y Francia, y el comunismo
soviético, que pretendía una alianza con ellas para contener el avance fascista.
En estas circunstancias, la guerra de España tuvo un gran eco internacional. La
opinión pública europea se dividió entre los consideraban a los sublevados luchadores
contra el comunismo y los que eran partidarios de la República y su defensa contra el
fascismo.

EL COMITÉ DE NO INTERVENCIÓN
Aunque era de esperar que las democracias europeas, y especialmente Francia, con
un gobierno de Frente Popular presidido por el socialista León Blum, colaboraran con el
gobierno legítimo de la República, la presión de la derecha francesa y de los
conservadores británicos le condujo a la adopción de una política de neutralidad. El
objetivo era alejar el peligro de la extensión del conflicto a Europa.
En agosto de 1.936 se creó en Londres el Comité de No Intervención, al que se
adhirieron 27 países que se comprometieron a no vender, ni permitir el paso de armas ni
suministros bélicos a España. Pero la realidad fue que Alemania, Italia y Portugal, a
pesar de su adhesión, continuaron ayudando a los rebeldes mientras que la República se
vio sometida al cierre de fronteras y al embargo de armas.
Estados Unidos, que no suscribió el pacto, aprobó una ley de embargo que impidió
la exportación de material bélico a la España republicana, pero permitió los suministros
de las empresas americanas a la España sublevada, como el petróleo que proporcionó la
Texaco Oil Company o los vehículos de Ford y General Motors. Tras la postura
norteamericana se encontraba el miedo a que durante el conflicto se extendiese por
Europa el comunismo.

LA AYUDA DE LOS FASCISMOS AL BANDO SUBLEVADO.

Desde Los primeros días de la insurrección militar Hitler ordenó una ayuda
inmediata que fue constante a lo largo de la guerra. Además de la intervención de la

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flota germánica, que bloqueó los puertos republicanos, y el envío de numeroso material
militar (artillería, tanques, equipos de transmisión...), el grueso de la ayuda alemana
residió en la aviación.

En este sentido se creó la Legión Cóndor con voluntarios del ejército alemán,
pilotos, cazas, bombarderos y baterías antiaéreas. Esta intervención fue decisiva en las
ofensivas de los sublevados.
El coste de la ayuda alemana, cifrado en unos 400 millones de dólares, se reembolsó
en alimentos y materias primas hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.
La participación italiana fue más numerosa, pero de menor importancia técnica y
estratégica: Los efectivos humanos se agruparon en dl Corpo di Truppe Volontarie y
habría que añadir soporte aéreo naval y equipamiento bélico. La participación tuvo
desigual fortuna.
El régimen pro fascista portugués también prestó ayuda logística a los sublevados,
facilitándoles las comunicaciones por su territorio y el desembarco de suministros en
sus puertos, además de contribuir con unos 20.000 voluntarios.
Franco contó con ejército de África, formado por soldados mercenarios que
integraban la Legión y tropas regulares marroquíes bajo el mando de oficiales
sublevados.

LA AYUDA SOVIÉTICA Y LAS BRIGADAS INTERNACIONALES.


La Unión Soviética fue el único país que, aunque había firmado el Tratado de No
Intervención, ayudó con armas y alimentos a la República, enviando aviones, carros de
combate y abundante material bélico, además de pilotos instructores y técnicos. La
ayuda soviética permitió al gobierno republicano salvar Madrid en 1.936 y luego lanzar
la gran ofensiva de Teruel y el Ebro en 1.938. La ayuda soviética, aunque fue
importante, fue más dispersa y de menor calidad que la que recibió Franco. La
República pagó sus compras con las reservas de oro del Banco de España, calculadas
en unos 500 millones de dólares.

De menor importancia cuantitativa, aunque de gran valor moral, unos 60.000


voluntarios de 30 países, de ideas democráticas y progresistas, lucharon contra el
fascismo junto a la República, agrupados en las Brigadas Internacionales.

CONSECUENCIAS DE LA GUERRA.

Demográficamente la Guerra Civil supuso un fuerte golpe para España, pues a los
muertos por causa directa de los enfrentamientos, que se calculan en cerca de 250.000,
debemos añadir las pérdidas por el descenso de la natalidad, los exiliados, los muertos
por enfermedades ligadas a la guerra etc. y llegaríamos a unas pérdidas que rondarían el
millón de personas. Esta cifra resulta significativa en un país donde antes de la guerra se
censaban algo más de 24 millones de españoles.

El exilio, que pudo alcanzar entre 300.000 y 450.000 españoles, tuvo, además del
componente demográfico por ser en su mayoría jóvenes, una gran importancia cultural y
económica, pues entre los que partieron hacia Francia, México y la URSS había un
elevado número de intelectuales y profesionales altamente cualificados (médicos,
profesores, abogados, ingenieros...). Aunque algunos fueron retornando durante la
dictadura, muchos no volvieron a España o esperaron a la muerte del dictador en 1975.

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Las pérdidas materiales son enormes, aunque difíciles de cuantificar. Se destruyeron
viviendas, doscientas localidades sufrieron la pérdida de más de la mitad de sus
edificios, se dañaron infraestructuras y comunicaciones, disminuye la producción
agrícola, ganadera e industrial... hasta la década de los 50 no se vuelve a recuperar el
nivel de producción nacional previo a la guerra. Exponente del deterioro económico es
la disminución de la renta de los españoles, el racionamiento de alimentos y el hambre
de la posguerra y el aumento de la población activa en el sector primario.

Socialmente el resultado de la guerra trajo consigo la recuperación de la


hegemonía económica y social por parte de la oligarquía terrateniente, industrial y
financiera. Paralelamente, se dio la pérdida de todos los derechos adquiridos por los
trabajadores.

Mayor importancia aún tuvo el odio entre los dos bandos que, aunque nacido antes
de la guerra, ahora se agudiza y que se mantuvo durante décadas dividiendo la sociedad
española en dos bandos antagónicos. El régimen de Franco nunca buscó la
reconciliación de los españoles y siempre recordó y celebró su origen bélico . Durante
la contienda se ejecutó un gran número de personas en ambos bandos y después de
acabada la guerra se continuó una dura represión sobre los vencidos (unos 40.000
ejecutados).
Además de los que perdieron la vida, era importante el número de los condenados a
penas diversas, los topos (personas que permanecían escondidas), el llamado exilo
interior ( personas que eran rechazadas por haberse identificado con el bando perdedor),
los depurados y, finalmente, sobre todo hasta 1945, el maquis. Fueron entre 5.000 y
6.000 guerrilleros de los cuales la mitad murieron en el monte, otros se entregaron o
fueron capturados y fusilados y de hecho sólo hubo unos 500 supervivientes que
huyeron de España.

La Ley de responsabilidades Políticas (1.939) llevó a las cárceles y campos de


concentración a todos los combatientes del bando republicano que no se exiliaron,
calculándose que todavía en 1.945 permanecían encarcelados a causa de la guerra unos
cien mil españoles. En muchos casos sus condenas incluían trabajos forzados
(construcción de vías férreas y carreteras, obras públicas, el Valle de los Caídos etc.)

La consecuencia política de la guerra fue el establecimiento de una dictadura


militar que se prolongaría hasta 1.975, con la pérdida de libertades políticas y la
persecución de cualquier forma de disidencia. Por otra parte el apoyo a Alemania e
Italia durante la Segunda Guerra Mundial trajo consigo un largo periodo de
aislamiento internacional, que duraría hasta los acuerdos con Estados Unidos en 1.953
y la entrada en la ONU en 1.955. Este aislamiento privó a España de las ayudas
americanas para la reconstrucción del Plan Marshall (1.947).

La guerra puso fin al florecimiento cultural del primer tercio del siglo XX que
conocemos como “Edad de Plata”, iniciándose un control de la vida cultural del país por
parte del poder político a través de una férrea censura y un sistema de enseñanza
doctrinal.